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jueves, 25 de julio de 2024

1. 6. De cóm Pedro Saputo adepreníe tots los ofissis en un rato.

Capítul VI.

De cóm Pedro Saputo adepreníe tots los ofissis en un rato.

Iguals en lo essensial y diferens en lo acsidental va fé als homens la naturalesa. Y encara que es sert que an eixa desigualdat se contenen les causes del orden primitiu general de la sossiedat, y hasta de la condissió dels individuos en particulá, pero lo que es la autorisassió no prové de ixes causes sino de les que fan al pare digne del respecte del fill, al agüelo per al jove, y al magistrat per al siudadá; sen tot lo demés ussurpasió, pressunsió, orgull, soberbia.

Ramón Guimerá Caballé, escuela, colegio

Cap autoridat representabe lo hidalgo pera empendre a la pubilla; y la caridat, si per la caridat u haguere fet, parle y obre de un atra manera. Sobre tot pera avassallá, pera ofendre, pera insultá y afrentá al pobre, al desgrassiat, al infelís, cap ley done dret; y es lo orgull tan grave ofensa del sel, que rara vegada dixe de castigál, fenmos vore tart o pronte humillat al soberbio, així com exaltat al humilde.

Entre tan ya va castigá com va pugué lo chiquet Pedro la insolensia en que lo hidalgo va parlá a sa mare, y encara se resserváe mes gran vengansa com donáen a entendre les seues paraules.

Va arribá a casa de sa padrina, pos la trobada de la plassa no lo va distraure del seu propósit y la va trobá ocupada cusín unes teles y fen cuentes pera uns vestits que habíen de fes, ya que tindríe allí al sastre en son demá. Al sentí aixó Pedro Saputo se va alegrá y va di: - Mol be, siñora padrina, mol be me ve; perque en esta ocasió escomensaré demá a adependre lo ofissi de sastre. Matinaré y vindré abans que lo maestre pera vore totes les seues operassions. Li va pareixe be a la padrina, perque res del seu fillol li podíe pareixe mal, pero li va chocá que vullguere adependre aquell ofissi habén ella consebut coses mes altes.
Va callá, empero, temén la resposta de Pedro, que tan fassilmen confoníe a tots.

En son demá va aná a casa de la padrina mol abans que lo maestre sastre, y així que se va presentá éste y se va ficá al ofissi, va mirá en molta atensió cóm preníe la mida a la mare, cóm estenén la tela a una taula aplicán la mida y fen puns y rayes blanques y dixán siñalat lo cos, les mánegues y demés pesses; cóm después va empleá la estisora y les va tallá una a una. Va pendre enseguida la mida al home, y va aná fen lo mateix part per part. Y cuan va aná a pendre la mida a una chiqueta que teníe nau añs, va di Pedro:

- Dixeume, siñó mestre, que an esta li vull tallá yo lo vestit per la meua má. 

- Sí, fill meu, va di la padrina. Pero lo mestre espantat va di: 

- ¿Hau perdut lo entenimén, siñora? ¿voléu quedatos sense la pessa y lo mocadó? 

- No vull aixó, va contestá ella; pero si lo meu fillolet Pedro erre lo tall y me fa malbé lo vestit, ya está pagat. 

- Es verdat, va contestá lo home, que tamé volíe vore la proba. 

- Y después, va continuá la dona, ting un atra pessa al arca, y a Huesca micha dotsena de botigues a la meua disposissió y a la dels meus doblés. Conque fill meu, pren la mida a tan germaneta y tállali lo vestit segons lo teu bon juissi y entenimén. Pedro entonses mol confiat va pendre la mida, va aná fen tot lo que va vore fé al mestre; y cuan va tindre siñalades les pesses a la roba, y endressades y corregides, va di al mestre: 

- Miréu si me ha iluminat avui bona llum; ¿qué diéu de eixes rayes? 

- Dic, va contestá lo mestre, lo que vosté vullguéu y cumplix a la meua confusió Per la memoria de mon pare a qui sol vach coneixe ya mort, que eixes pesses están marcades com si les haguere dibuixat lo mateix mestre Lorda Azufre de Huesca. Venga, tira les estisores y vorem. Va tirá Pedro la estisora, va tallá les pesses amostranles al mestre y a la padrina tal com les anáe retallán, y acabada la operassió va di: ara veigam lo que es cusí. 

- No fill meu, va contestá lo mestre; ara vorem lo que es jalá; que la siñora Salvadora se ha olvidat del nostre amorsá en la contemplassió de la teua habilidat.

- Teniu raó, mestre Gafo, va di ella; y en la chiqueta y la criada va traure lo amorsá per als dos mestres y tamé van fé un mosset lo home y la chiqueta.

Acabat de amorsá, y después de enríuressen y selebrá la nova grassia del chiquet Pedro, se van assentá a cusí. Va demaná un dedal lo aprendís de mestre, y com no sabíe tindre lo dit doblegat, va passá un filet per lo dedal, y embutit al dit, va fé que li lligaren lo fil per damún. Va pessigá la agulla en una hebra y sense fé pun o nugo, anáe cusín un retall perdut y passán mol depressa la agulla; y no va fé datra cosa hasta michdía. ¡Cuán sen va enriure sa padrina! ¡Cóm sen enríe y divertíe la chiqueta! Perque en tan afán y traball no resultáe costura, pespún, bordat ni cusit.

Va arribá la hora y van minjá de mol bona gana. Eixecats de la taula, va pendre Pedro lo capotillo de la chiqueta, y va cusí primé lo cos, después, les mánegues, que sol eren miches y ubertes; después les va ajuntá de hilván pera probáu. Lay va ficá a la chiqueta, y li caíe tan be, que se van admirá lo mestre y la padrina, arribán an este tems la mare de Pedro que veníe a vore cóm son fill entráe al ofissi. La chiqueta no se va volé ya traure lo capotillo hasta que vinguere son pare; y lo que faltabe, que eren les juntes del forro, la esclavina y los vivos, u va fé lo mestre en son demá, perque Pedro no va volé continuá lo ofissi dién que no ere digne de homens cabals, sino propi de geputs, coixos, enanos y monfloritos. Sol a casa seua y per an ell y sa mare va tallá y va cusí alguna vegada los vestits.

Un atre día va volé adependre de pelaire, y va aná a casa de un mestre, y va adependre a cardá y a pentiná, y abans y primé de tot a abatollá y prepará la llana. Per la nit li va portá a sa mare per mostra un vestit mol untat y un copo de estambre pentinat y acabat per nell de una dotsena que aquella tarde habíe fet. Y del ofissi va di que ere una mica despressiat, pero sano y alegre.

Lo dilluns va aná al taller de un fusté, y per la nit li va portá un marc de finestra a modo de bastidó en un enserat mol pulit y fet tot de la seua má. Pero va di a sa mare que aquell ofissi requeríe vuit díes de estudis y un mes de práctica; y que veiguere quin atre o quina dotsena de ells volíe que adeprenguere y quin preferiríe. Sa mare estáe contenta, pero no sabíe qué contestali: 

- Yo no sé, fill meu, lo que vull y lo que no vull: lo que me pareix es que sol vull lo que tú voldrás; y lo que tú faigues, tot, fill meu, tot u dono per bo, perque ya vech que te guíe una sabiduría mes alta y una llum que no arribo a entendre. Y va di ell: 

- Ya veéu, mare, cóm en poques hores hay adeprés consevol ofissi que me hay proposat. Perque hau de sabé que eixes arts y atres moltes, segons lo que yo ting observat, les sabem tots los homens naturalmén, y sol fa falta vóreles y inventá los instrumens propis si no són coneguts, y después amoldá les mans an ells, be que la perfecsió sigue cosa de la práctica y de mes tems. Pero ahí, a casa del carnissé vach vore uns papés en uns dibuixos de portes, finestrons, taules, aladres, masades, rius, bosques y montañes y me han agradat mol y voldría adependre lo art del dibuix. Si podeu aneu un día a Huesca y compreume los instrumens que fan falta, que me pareix són un llapis, dos compasos, y lo que tos diguen a la tenda, que no sirá molta cosa. Y va aná sa mare a Huesca, y li va portá tots aquells instrumens; y ell passáe después lo tems dibuixán lo que li fée goch, y va omplí lo seu cuarto de dibuixos. Después de un tems va fé lo retrato de sa mare, después lo de sa padrina, al llapis los dos; y eren tan pareguts, que tots al vorels díen: esta es la pupila, la Salvadora de Olbena.

Original en castellá:

Capítulo VI.

De cómo Pedro Saputo aprendía todos los oficios en un rato.

Iguales en lo esencial y desiguales en lo accidental hizo a los hombres la naturaleza. Y aunque es cierto que en esa desigualdad se contienen las causas del orden primitivo general de la sociedad, y aun de la condición de los individuos por sí en particular, pero lo que es la autorización no procede de esas causas sino de las que hacen al padre digno de respeto para el hijo, al anciano para el joven, y al magistrado para el ciudadano; siendo todo lo demás usurpación, presunción, orgullo, soberbia. Ninguna autoridad representaba el hidalgo para reprender a la Pupila; y la caridad, si por la caridad lo hubiera hecho, habla y obra de otra manera. Sobre todo para denostar, para ultrajar, para insultar y afrentar al pobre, al desgraciado, al infeliz, ninguna ley da derecho; y es el orgullo tan grave ofensa del cielo, que rara vez deja de castigarlo, haciéndonos ver tarde o temprano humillado al soberbio, así como exaltado al humilde. Entre tanto ya castigó como pudo el niño Pedro la insolencia con que el hidalgo baldonó a su madre, y aún se reservaba mayor venganza como daban a entender sus palabras.

Llegó en tanto a casa de su madrina, pues el encuentro de la plaza no le distrajo de su propósito y cabalmente la encontró ocupada en prevenir unas telas o paños y echar cuentas para unos vestidos que habían de hacerse, debiendo tener el sastre al otro día. Al oír esto Pedro Saputo se alegró y dijo: - Muy bien, señora madrina, muy bien me viene; porque con esta ocasión comenzaré mañana a aprender el oficio de sastre. Madrugaré y vendré antes que el maestro para ver todas sus operaciones. Pareció bien a la madrina, porque nada de su ahijado le podía parecer mal, pero extrañó que quisiera aprender aquel oficio habiendo ella concebido cosas más altas. Calló, empero, temiendo la respuesta de Pedro, que tan fácilmente confundía a todos.

Al día siguiente fue a casa de la madrina mucho antes que el maestro sastre, y así que se presentó éste y se puso al oficio, miró con mucha atención cómo tomaba la medida a la madre, cómo tendiendo el paño en una mesa aplicando la medida y haciendo puntos y rayas blancas y dejando señalado el cuerpo, las mangas y demás piezas; cómo luego echó la tijera y las cortó una a una. Tomó enseguida la medida al marido, y fue haciendo lo mismo parte por parte. Y cuando fue a tomar a una niña que tenía nueve años, dijo Pedro: - Dejad, señor maestro, que a ésta le quiero yo cortar el vestido por mi mano. - Sí, hijo mío, dijo la madrina. Pero el maestro espantado decía: - ¿Habéis perdido el juicio, señora? ¿Queréis quedaros sin prenda y el paño? - No quiero eso, respondió ella; pero si mi ahijado Pedro yerra el corte y me pierde el paño, ya está pagado. - Es verdad, respondió el marido, que también quería ver la prueba. - Y después, continuó la mujer, tengo otra pieza en el arca, y en Huesca media docena de tiendas a mi disposición y a la de mis dineros. Conque hijo mío, toma la medida a tu hermanita y córtale el vestido a tu buen juicio y entendimiento. Pedro entonces muy confiado tomó la medida, fue haciéndolo todo lo que vio hacer al maestro; y cuando tuvo señaladas las piezas en el paño, y enderezadas y corregidas, dijo al maestro: - Mirad cuerpo de mí si me ha despuntado hoy buena luz; ¿qué decís de esas rayas? - Digo, respondió el maestro, lo que vos queráis y cumple a mi confusión. Por el siglo de mi padre a quien sólo conocí de muerto, que esas piezas están señaladas como si las hubiese rayado el mismo maestro Lorda Azufre de Huesca. Ea, echa la tijera y veamos. Echó Pedro la tijera, cortó las piezas mostrándolas al maestro y a la madrina como las iba cortando, y concluida la operación dijo: ahora veamos lo que es coser. - No hijo mío, respondió el maestro; agora veamos lo que es yantar; que en verdad que la señora Salvadora se ha olvidado del nuestro desayuno con la contemplación de tu habilidad. - Tenéis razón, maestro Gafo, dijo ella; y fuese y con la niña y la criada sacó el desayuno para los dos maestros a quienes acompañaron el marido y la niña.

Almorzado que hubieron, y reído y celebrado la nueva gracia del niño Pedro, se sentaron a coser. Pidió un dedal el aprendiz maestro, y como no supiese tener el dedo doblado, pasó un hilo por el dedal, y metido en el dedo, hizo que le atasen el hilo por encima. Tomó la aguja con una hebra y sin hacer punto o nudo, iba cosiendo un retal perdido y pasando muy aprisa la aguja; y no hizo otra cosa hasta el mediodía. ¡Cuánto se rió su madrina! ¡Cómo se reía y divertía la niña! Porque con tanto afán y trabajo nunca resultaba costura, pespunte ni cosido alguno.

Llegó la hora y comieron de muy buena gana. Levantados de la mesa, tomó Pedro el capotillo de la niña, y cosió primero el cuerpo, después, las mangas, que sólo eran medias y abiertas; luego las unió de hilván para probarlo. Púsoselo la niña, y le caía tan bien, que se admiraron el maestro y la madrina, llegando a este tiempo la madre de Pedro que venía a ver segunda vez cómo su hijo entraba en el oficio. La niña no se quiso ya quitar el capotillo hasta que viniese su padre; y lo que faltaba, que eran las junturas del forro, la esclavina y los vivos, hízolo el maestro otro día, porque Pedro no quiso continuar el oficio diciendo que no era digno de hombres cabales, sino propio de jorobados, cojos, enanos y hermafroditas. Con todo, en su casa y para él y su madre cortó y cosió alguna vez los vestidos.

Otro día quiso aprender de pelaire, y fue a casa de un maestro, y luego en un punto aprendió a cardar y a peinar, y antes y primero que todo a varear y preparar la lana. Por la noche llevó a su madre por muestra el vestido muy untado y un hermoso copo de estambre peinado y concluido por él de una docena que aquella tarde había hecho. Y del oficio dijo que era un poco despreciado, pero sano y alegre.

El lunes fue al taller de un carpintero, y por la noche llevó un marco de ventana a modo de bastidor para un encerado muy pulido y hecho todo de su mano. Pero dijo a su madre que aquel oficio requería ocho días de estudios y un mes de práctica; y que mirase qué otro o qué docena de ellos quería que aprendiese y cuál preferiría. Su madre rebosaba satisfacción por todas sus coyunturas, y no sabiendo qué responder le dijo: - Yo no sé, hijo mío, lo que quiero y lo que no quiero: lo que me parece es que sólo quiero lo que tú querrás; y lo que tú hagas, todo, hijo mío, todo lo doy por bien, porque ya veo que te guía otra sabiduría más alta y otra luz que no alcanzo. Y dijo él continuando: - Ya veis, madre mía, cómo en pocas horas he aprendido cualquier oficio a que me he puesto. Porque habéis de saber que esas artes y otras muchas, según lo que yo tengo observado, las sabemos todos los hombres naturalmente, y sólo falta verlas e inventar los instrumentos propios si no son conocidos, y luego adestrar las manos a ellos, bien que la perfección sea cosa de la práctica y de más tiempo. Mas ahí, en casa del carnicero he visto unos papeles con unos dibujos de puertas, ventanas, mesas, arados, edificios, ríos, bosques y montañas y me han gustado mucho y quisiera aprender el arte del dibujo. Por vida vuestra que vayáis un día a Huesca y compradme los instrumentos necesarios, que me parece son un lapicero, dos compases, y los que os digan en la tienda, que ahora no serán muchos. Y fue su madre a Huesca, y le trajo todos aquellos instrumentos; y él pasaba después el tiempo dibujando lo que se le antojaba, y llenó su cuarto de dibujos que luego y prestísimo fueron de muy cumplido primor y arte. De ahí a algún tiempo hizo el retrato de su madre, después el de su madrina, al lápiz los dos; y eran tan parecidos, que todos al verlos decían: ésta es la Pupila, ésta Salvadora de Olbena.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 8. Ix del convén.

Capítul VIII.

Ix del convén.

Pedro Saputo ix del convén.

Se va corre la veu que sen anáe Geminita, y va ñabé una consternassió general a la comunidat. La coixa, o sigue la organista, va di, que después que la habíe escomensat a desburrá (¡una coixa desrucá a Pedro Saputo!) la fotíen fora del convén pera que aniguere a un atre a lluí la seua habilidat; afegín en lo seu desenfado natural que mes valdríe que se morigueren la mitat de les monges y hasta lo mateix pare confessó a que sen aniguere Geminita. Una agüela de nom sor Bonifacia, que habíe sigut mol viva y conserváe encara la valentía de la seua verda edat, se va presentá a la priora y li va di: ¿Qué feu, mare priora? ¿Cóm dixéu anassen, si es que no la fotéu fora, an ixa pressiosa sagala, cuan la tindríem que conservá com a una reliquia? Desde que está al convén han parat los odios y les riñes que abans ñabíe; perque veénla an ella a totes mo se amansabe lo pit y se templabe la saña. Be sabéu que sor Venancia y sor Tolomea mos teníen fartes y apenades en les seues batalles, y que fa pocs díes están al claustre nou se van enganchá (arrifá) de modo que se van fé fils los vels, y se van agarrá de les toques, y se les van arrencá, y van passá al que yo men dono vergoña de di; y presentanse allí de improvís ixa sagala, o ángel o lo que sigue, que anáe a les seues obligassions, y paranse a mirales com demananles lo pas passífic, se va aturá lo combat com per encán, y sense res mes que di en aquella grassia tan atractiva, en aquell to y veu que derretix les pedres:

¡Ay, siñores, que aixó no su creuríe la gen del siglo de persones tan virtuoses! Se van aplacá y separá, y ara ya se parlen si no com amigues al menos no com enemigues. Miréu per Deu que no fotegáu fora de casa an ixa sagala, perque feu cuenta que aventéu del convén la pau y la alegría.

Y díe be la mare Bonifacia, perque al menos este be sí que lay debíe la comunidat; tal ere l'enchís de les seues paraules, y hasta de la seua sola presensia. Així es que pera tot la buscaben. Geminita u ha dit; Geminita u ha fet; Geminita es; Geminita entre; Geminita ix; Geminita puje; Geminita baixe; Geminita va; Geminita ve.

Y en raó tot, y mes y mol mes que faigueren. Perque si se oferíe a retallá alguna pessa de roba, encara que foren uns cansonsillos de flare, portáe molta ventaja en fassilidat y perfecsió a la mateixa sor Mercedes, que ere la milló estisora de la comunidat; si cusíe, dixáe mols puns atrás a sor Ángeles, que ere tamé la milló agulla del convén; si bordáe, lo seu primor fée ajupís a totes; si vestíe alguna imache, alló ere encantás de vóreu; si contáe cuentos, pera cada un que se sabíen les mes sabudes, ne sabíe Geminita una dotsena. 

Y ¡qué grassiosos!, pero al mateix tems mol dessens, com se supose, no com alguns de Lo Decamerón en chapurriau

¡Cóm no habíen de sentí que sen anare! U sentíen mol, y no va ñabé monja ixos díes que no la abrassare, que no la besare, que no li suplicare, que no li apretare la má, si be diuen que moltes teníen tanta enveja com cariño.

A la coixa, que de un arrebato de espíritu y de una avinguda de amor li va doná un día una dotsena de besos, perque ere de genio fogós, no va tindre per convenién dili la causa per qué sen anáe pareixenli perillós descubrís perque ere malissiosa, y sobre tot fássil y resoluta. Ni creuríe tampoc la seua transformassió, al seu cas ñabíe que dili la verdat o inventá una historia mol calificada que se puguere admití y no portare a sospeches contra cap monja o contra les novissies.

Per fin va arribá lo día; res teníe ya que previndre a les dos sagales; y pera que no malpensaren la priora y sor Mercedes, no va voldre les raderes nits dormí al novissiat, sino a una segona cámara que se comunicabe en la de la priora, intermija en la de la amiga; pero passán tots los ratos libres del día en les seues caríssimes (estimades, encariñades) novissies; ratos als que vée lo ressel en que lo volíen tindre sempre al seu costat la una o l'atra de aquelles dos tendres amigues.

Va tocá un matí les sis lo rellonge del poble; y mentres la comunidat estáe al coro, va eixí vestit de dona y en un feix lo traje de home del bras, y van plorá al cap de uns minuts la seua aussensia totes les mares, espessialmén les dos que tan lo volíen y tan se regaláen en ell los radés quinse díes. Les simpletes novissies ploráen, pero se van consolá después en la esperansa de eixí a la libertat del siglo.

Va quedá viuda la comunidat; als claustres reinabe lo silensio; les parets se cubríen de dol; lo minjadó estáe desganat, y lo coro, picat y enfadat. Van tindre consell aquella nit les dos consabudes mares, van suspirá, van plorá, y van proposá de manali que tornare; pero ya ere tart; s'habíe allargat mol y no sabíen la direcsió que portáe. Van torná a suspirá, van torná a sentí la pena, y al seu cor passáe mol mes de lo que manifestaben, portanles lo sentimén casi a desesperás. Be mo se está, va di sor Mercedes; a la nostra má estáe; ¡y lo vam dixá anassen! ¿Quína nessessidat ñabíe mentres no passare algo mes? Consoleutos ara si podéu, moríu en esta tristesa. Va contestá an aixó la priora en un gran suspiro y dién:

Teniu raó, pero ya no ña remey. Y ere verdat, perque ell encara no habíe caminat dos mil passes cuan se va traure les faldes de dona y se va ficá lo traje, enfotensen per una part de la inossensia de aquelles monges, y sentín per l'atra la falta de repén de la seua acostumbrada veu y compañía, y del amor tan natural y dols de dos angelicals novissies.


Original en castellá:

Capítulo VIII.

Sale del convento.

Divulgóse la voz que se iba Geminita, y hubo una consternación general en la comunidad. La coja, o sea la organista, dijo, que después que la había comenzado a desasnar (¡una coja desasnar a Pedro Saputo!) la echaban del convento para que fuese a otro a lucir su habilidad; añadiendo con su desenfado natural que más valdría se muriesen la mitad de las monjas y aun el mismo padre confesor, que no se fuese Geminita. Una vieja llamada sor Bonifacia, que había sido muy viva y conservaba aún la valentía de su verde edad, se presentó a la priora y le dijo: ¿qué hacéis, madre priora? ¿Cómo dejáis ir, si es que no la echáis, a esa preciosa muchacha, cuando la deberíamos conservar como una reliquia? Desde que está en el convento han cesado los odios y las discordias que antes había; porque en viéndola a ella a todas se nos amansaba el pecho y se templaba la saña. Bien sabéis que sor Venancia y sor Tolomea nos tenían afligidas con sus batallas, y que hace pocos días encontrándose en el claustro nuevo se arrifaron de modo que se hicieron pedazos los velos, y se asieron de las tocas, y se arrancaron, y pasaron a lo que yo me doy vergüenza de decir; y presentándose allí de improviso esa muchacha, o ángel o lo que sea, que iba a sus obligaciones, y parándose a mirallas como pidiéndoles el paso pacífico, cesó el combate como por encanto, y sin más que decilles con aquella su gracia tan atractiva, con aquel tono y voz que derrite las piedras. ¡Ay, señoras, que eso no lo creerían las gentes del siglo de personas tan virtuosas!, se aplacaron y separaron, y agora se hablan ya si no como amigas al menos como enemigas. Mirad por Dios que no echéis de casa a esa muchacha, porque haced cuenta que echáis del convento la paz y la alegría.

Y decía bien la madre Bonifacia, porque a lo menos este bien sí que se lo debía la comunidad; tal era el poder de sus palabras, y aun de su sola presencia. Así es que para todo la buscaban. Geminita lo ha dicho; Geminita lo ha hecho; Geminita es; Geminita entra; Geminita sale; Geminita sube; Geminita baja; Geminita va; Geminita viene. Y con razón todo, y más y mucho más que hicieran. Porque si se ofrecía cortar alguna prenda de ropa, aunque fuesen unos calzoncillos de fraile, llevaba mucha ventaja en facilidad y perfección a la misma sor Mercedes, que era la mejor tijera de la comunidad; si coser, dejaba muchos puntos atrás a sor Ángeles, que era también la mejor aguja del convento; si bordar, su primor hacía encoger a todas; si vestir alguna imagen, aquello era encantarse de verlo; si contar cuentos, para cada uno que sabían las más decidoras, sabía Geminita una docena. Y ¡qué graciosos!, pero al mismo tiempo muy decentes, como se supone. ¡Y no sentirían que se fuese!, lo sentían, y no hubo monja aquellos días que no la abrazase, que no la besase, que no le suplicase, que no le apretase la mano, si bien dicen que en muchas tanto era envidia como cariño.

A la coja, que un arrebato de espíritu y de una avenida de amor le dio un día una docena de besos, porque era de genio fogoso, no tuvo por conveniente decirla la causa por qué se iba pareciéndole peligroso descubrírsele porque era maliciosa, y sobre todo fácil y resoluta. Ni creyera tampoco en su transformación, en cuyo caso había que decirle la verdad o inventar una historia muy calificada que se pudiese admitir y no indujese sospechas contra ninguna monja o contra las novicias.

Por fin llegó el día; nada tenía ya que prevenir a las dos niñas; y para que no maliciasen la priora y sor Mercedes, no quiso las últimas noches dormir en el noviciado sino en una segunda celda que se comunicaba con la de la priora, intermedia con la de la amiga; pero pasando todos los ratos libres del día con sus carísimas novicias; ratos que le cercenaba mucho el recelo con que advirtió le querían tener siempre a su lado la una o la otra de aquellas dos tiernas amigas.

Dio una mañana las seis el reloj del pueblo; y mientras la comunidad estaba en el coro, salió vestido de mujer con su bulto del traje de hombre del brazo, llorando a breves minutos su ausencia todas las madres, especialmente las dos que tanto le querían y tanto se regalaron con él los últimos quince días, pues no fueron menos los que le detuvieron después de tener hecho el vestido. Las simplecillas novicias lloraban por de pronto, mas se consolaron luego con la esperanza de salir a la libertad del siglo. Quedó en fin viuda la comunidad; en los claustros reinaba el silencio; las paredes se cubrían de luto; el refectorio era desabrido, y el coro, molesto y enfadoso. Tuvieron consejo aquella noche las dos consabidas madres, suspiraron, lloraron, y propusieron si le mandarían volver; pero ya era tarde; habríase alongado mucho y no sabían la dirección que llevaba. Tornaron a suspirar, sintieron de nuevo la pena, y en su corazón pasaba mucho más de lo que manifestaban, llevándolas el sentimiento casi a desesperarse. Bien se nos está, dijo sor Mercedes; en nuestra mano estaba; ¡y lo dejamos ir! ¿Qué necesidad había mientras más no sucediese? Consolaos agora si podéis, morid en esta tristeza. Respondió a esto la priora con un gran suspiro y diciendo: Tenéis razón, pero ya no hay remedio. Y era verdad, porque él aún no había andado dos mil pasos cuando se quitó las faldas de mujer y se vistió su traje, riéndose por una parte de la inocencia de aquellas monjas, y sintiendo por otra la falta repentina de su acostumbrada voz y compañía, y del amor tan natural y dulce de dos angelicales novicias.

martes, 23 de mayo de 2017

barretina, barret, berret, béret, boina, birrete, gorra

barretina, barret, berret, béret, boina, birrete, gorra

En chapurriau: gorra torta pera caps verts.

barretina, barret, del inglés beret o fransés béret, gascón berretboina, gorra. 
Valderrobres tamé ña un Beret, pastó de ovelles, carnissé.
Pepe es lo seu pastó.

Birrete.

de gorra: gratis, beure o minjá sense pagá. Lo que u fa té una influensia clara catalana.


maneres de du la barretina, barretina, barret, vermell, roig

alguns la porten tapanse los ulls, total, Puigdemont ya mos guíe

Uc de la Bacalaria ya ne portabe una de roija

Uc de la Bacalaria, Hugues de La Bachelerie, Bachellerie


BARRETINA 
f. 


|| 1. Barret en forma de bossa llarguera. Vna barratina de criatura, doc. a. 1565 (arx. parr. de Sta. Col. de Q.). Barratines de seda, val la dotsena sis lliures; Barratines de llana enfortides, val la dotsena dos lliures sinch sous, Tar. preus 21. A ran del cércol vermell de la barretina, girada del revers, li blanquejaven els cabells, Víct. Cat., Ombr. 11. 

|| 2. La funda que posen dins el capell, davall el suador (Palma). 

|| 
3. Flor de rosella (Empordà). «Un camp de barretines»: un camp de roselles florides (Llofriu). 


|| 
4. Tirar la barretina un pastor a una ovella: tirar-li una pedra (Ripoll). “Oh, respon el pastor, una ovella volia saltar a l'hort i li he tirat la barretina”. L'amo ja sap que el pastor vol dir que l'ha camatrencada amb un cop de roc, Catllar, 16 vii-1921. 


|| 
5. a) Passar una cosa per la barretina: passar pel cap, acudir una idea (Llofriu).—b) No cabre a la barretina: no esser una cosa comprensible, no semblar vera (Vallès, Penedès). 


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6. Peça suplementària que el terrisser superposa a la peça que ha de treballar, quan aquesta és més alta del que permet la resistència del fang (La Bisbal). 


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7. pl. Les flames que surten pels forats superiors del forn de terrisser (La Bisbal).
    Cult. pop.
La barretina és la peça més típica de la indumentària popular masculina a Catalunya. Sol esser de llana, feta amb agulles llargues com les de fer calça. La llargària o fondària és variable: en general és de dos a quatre pams, i es pot dur amollada en tota sa llargària o bé doblegada sobre el cap. Duent-la doblegada, n'hi ha que la duen plana i altres que la duen de garbío sia tombada a un costat. La part extrema o més fonda es diu el niu. Els colors dominants són el vermell (barretina vermella) i el morat (barretina musca); també n'hi ha de negres per dol, que solen esser la mateixa barretina vermella amb enforro negre, que es giren en cas d'haver de dur dol (barretina de dos intents). A més de les barretines grosses ordinàries, hi ha aquestes varietats:a) Barretina d'escórrer fesols barretina d'arròs i fideus: és petita, de forma cònica, amb una borla al cap (Empordà).—b) Barretina de xeixa: la de cotó, blanca o de color variat, que duen per dormir (Olot, Torelló, Vic, Pinós).—c) Barretina de mariner: és vermella i no molt llarga, i l'usen els mariners.—d) Barretina de capellà: barret de punt de seda negra que duen els capellans.—e) Barretina de notari: barret petit de color fosc i amb ratlletes al voltant del front (Llofriu).
    Fon.: 
bərətínə (Ross., Conflent, Empordà, Olot, Vic, Lluçanès, Vallès, Barc., Tarr., Bal.); bərətínɛ (Puigcerdá); baretína (Vall d'Àneu); baretínɛ (Sort, Tremp, Ll., Pla d'Urgell).
    Intens.:
—a) Augm.: barretinassa.—b) Dim.: barretineta, barretinot, barretinota, barretinola.
    Etim.: 
derivat de barreta. Barrette fransés.


http://etimologias.dechile.net/?birrete




catalá típic, ulls clas, aspecte de Godo, afeitat, no sigue que li diguen, catalá en bigot ojo muixonot
catalá típic, ulls clas, aspecte de Godo, ben afeitat, no sigue que li diguen, "catalá en bigot, ojo muixonot"

Classic Art Poster - Farmer with 'Barretina' by Santiago Rusinol 24 X 17.5
Classic Art Poster - Farmer with 'Barretina' by Santiago Rusiñol 24 X 17.5

Barretina es el típico gorro catalán de lana en forma de bolsa, de color rojo o morado, y a veces con una franja negra alrededor de la abertura, que en su origen se asociaba a marineros y judíos. Se la ha relacionado también con el gorro frigio rojo utilizado desde 1789, tras la Revolución francesa, por los republicanos, simbolismo que pronto se extendería por Europa y los nuevos estados americanos.
En sus diferentes variantes se extendía por un buen número de pueblos marineros cristianos del Mediterráneo como Cataluña, Valencia, Ibiza, Alta Provenza, Sicilia, Córcega, Cerdeña, parte de Nápoles y de los Balcanes y en algunas zonas de Portugal.

En Cataluña e Ibiza los hombres llevaron barretina hasta finales del siglo XIX, especialmente en las zonas rurales. Aunque la barretina ha caído en desuso en la vida cotidiana, sigue estando considerada como un símbolo catalanista y se utiliza en actos folclóricos de identidad cultural, como los bailes de sardanas o en las figuras de los belenes, como lo caganer. Como tocado indumentario aparece en la iconografía de personajes tan dispares como Jacinto Verdaguer o Salvador Dalí , Papá Pitufo.

Papá Pitufo era catalán, de Batea particularmente, un pueblo de Tarragona famoso por su vino, cantado incluso por Quico lo Cèlio, lo Noi y lo Mut de Ferreríes.



Enric Riba y García sosté la teoria que l'origen de la barretina és el barret frigi, i en relació amb això, argumenta que les proves gràfiques que es troben de la presència de barrets frigis a la història d'Amèrica, es deuen al fet que els catalans foren els veritables descobridors d'aquest continent i els seus primers colonitzadors europeus.
A Catalunya la barretina es va començar a fer servir a la segona meitat del segle XVII i a partir de 1565. Els homes catalans en van dur fins al segle XX, especialment a les zones rurals. La barretina ha caigut totalment en desús en la vida quotidiana. Tot i això, és considerada un símbol de catalanitat, i s'utilitza habitualment en actes folklòrics, com les ballades de sardanes, o a les figures del pesebre, com el caganer.
Els personatges que més han popularitzat la barretina al segle XX són segurament Jacint Verdaguer, Salvador Dalí y Arturo Quintanilla y Fuentecilla. Les seves variacions també s'utilitzen a l'escenificació d'alguna òpera ambientada a Nàpols. La barretina és una lligadura pròpia dels homes catalans, mentre que les dones portaven rets o gandalles.

La barretina és una lligadura tradicional catalana de llana de borregos catalans, en forma de bossa, habitualment de color vermell o morat, normalment de dos a quatre pams, a voltes amb un rivet negre a l'extrem. Segurament deriva de l'antic barret frigi per bé que és difícil de demostrar. Es feien servir barrets similars a gran parts dels pobles mariners cristians del Mediterrani tals com l'Alta Provença, Sicília, Còrsega, Sardenya, part de Nàpols, part dels Balcans i a Portugal.
El barretinaire era el fabricant de barretines. En aquests versos del gran poeta català Jacint Verdaguer lamenta la desaparició de la barretina mitjançant aquest personatge:
Com la flor de la magrana,
queia bé al bosc i al jardí;
los més vells la duien plana,
los més joves de garbí;
des de Nàpols a Marsella
no floria un port sense ella,
era en terra flor vermella,
en la mar coral del fi.
barretinaire
de Prats de Molló;
me diuen cantaire,
mes no canto gaire,
mes no canto, no.
  • Barretina d'arròs i fideus o d'escórrer fesols: petita, cònica i amb una borla al cap. Típica de l'Empordà.
  • Barretina de capellà: de punt de seda i negra, la duien els capellans.
  • Barretina de dormir: de roba blanca.
  • Barretina de dos intents o dos cairellsbarretina vermella amb el folre negre que es pot girar en cas d'haver d'anar de dol.
  • Barretina de garbí o plana: la que es podia dur plegada.
  • Barretina llarga: la que es deixa caure per l'esquena.
  • Barretina de mariner: vermella, poc llarga i típica dels mariners.
  • Barretina musca: la que té el color morat com a dominant.
  • Barretina de niu: es porta aixafada a la punta.
  • Barretina de notari: petit, de color fosc, i amb ratlletes al voltant del front.
  • Barretina vermella: la que és roja unicolor.

Lluch, Ernest «La revolució industrial a la Garrotxa (1777-1822)». Annals de l'Institut d'Estudis Geronins, 25, 2, 1981, pàg. 198-199. «(...) gorres molt semblants a la barretina eren emprades a diverses parts de la Mediterrània. La dificultat en precisar què és una barretina, un barret o una gorra és considerable. La barretina fou començada a utilitzar en la segona meitat del segle XVII (J. Danès) i a partir de 1565 (Joan Coromines). Existeix d'una manera molt semblant a Portugal, a Occitània i entre la marineria napolitana. (...) No coneixem una tipologia rigorosa de barretines, (...)»

miércoles, 6 de enero de 2021

Lo Camí, VI.

VI.

Pero Daniel, lo Mussol, sí que sabíe ara lo que ere tindre lo ventre sec y lo que ere un aborto. Estes coses se fan sensilles y comprensibles a determinada edat. Antes, li pareixíen una cosa de bruixes.
Lo desdoblamén de una dona no trobe puesto al servell humano mentres no se fa evidén la pancha delatora. Y assó no passe casi may abáns de la Primera comunió. Los ulls no valen, antes de eixa edat, pera constatá les coses palmaries y simples, tan, que mes abán, mos abrume. Pero tamé Germán, lo Tiñós, lo fill del sabaté, sabíe lo que ere un ventre sec y lo que ere malparí. Germán, lo Tiñós, sempre va sé un bon amic, a totes les ocasions; hasta a les mes difissils. No va arribá, en Daniel, lo Mussol, a la mateixa intimidat que lo Moñigo, per ejemple, pero aixó no ere achacable an ell, ni a Daniel, lo Mussol, ni a cap de les coses y fenómenos que depenen de la nostra voluntat. Germán, lo Tiñós, ere un mosset esmirriat, fluix y blancot de cara, pálit.

Pot sé en un pel menos negre no se li hagueren notat tan los rogles, les calves. Perque Germán teníe calves desde mol chiquet y seguramen per assó li díen lo Tiñós, encara que, per supost, les calves no foren de tiña propiamen parlán. Son pare, lo sabaté, ademés del talleret - a ma esquerra de la carretera, segóns se puje, passat lo palau de don Antonino, lo marqués - teníe deu fills: sis com Deu mane, desglosats en unidats, y datres cuatre de dos bessonades. La seua dona ere mellissa y sa mare de la seua dona, la sogra, u habíe sigut y ell teníe una germana a Cataluña que ere mellissa tamé y habíe tingut tres chiquets de una vegada, y va eixí, per naixó, als diaris y lo gobernadó los habíe socorregut en un donatiu. Tot aixó ere sintomátic sense cap duda. Y dingú apearíe al sabaté de la seua creensia de que estos fenómenos se debíen a un bacilo, "com consevol atra enfermedat". Andrés, lo sabaté, vist de frente, podíe passá per pare de familia numerosa; vist de perfil, impossible. En motius de sobres li díen al poble:
"Andrés, lo home que de perfil no se veu". Y aixó ere casi literalmen sert per lo esmirriat y prim que ere. Y ademés, teníe una mol acusada inclinassió cap a abán, algúns díen que per lo seu treball, datres que per lo seu afán insassiable de perseguí, hasta pédreles de vista, les pantorrilles de les chiques que desfilaben dins del seu cam visual. Veénlo en esta dispossisió resultabe poc creíble, vist de frente o de canto, que siguere pare de deu criatures. Y per si fore poca la prole, lo talleret de Andrés, lo sabaté, estabe sempre ple de verderols, canaris y cagarneres o cardelines engabiats y a la primavera atabalaben en lo seu cri-cri punchán mes de una dotsena de grills. Lo home, atraít per lo misteri de la fecundassió, fée en aquells animalets tota classe de experimentos. Crusabe femelles de canari en verderols y canaris mascles en cardelines femelles pera vore lo que eixíe, y ell assegurabe que los hibrids oferíen entonassions mes delicades y cadensioses que los de pura rassa.
Per damún de tot, Andrés, lo sabaté, ere un filósofo. Si li díen: "Andrés, ¿pero no ne tens prou en deu fills que encara busques la compañía dels muixóns?", responíe: "Los muixóns no me dixen escoltá als sagals". Per un atra part, la majó part dels fills estaben ya en edat de espabilás y casi de saltá del niu. Los pijós añs habíen passat a la historia. Per sert que al cridá a quintes a la primera parella de bessons va tindre una discussió acalorada en lo Secretari perque lo sabaté assegurabe que eren de reemplassos diferens.

verderol, berderol, berderol forastero, Chloris Chloris, parén del pinsá

- Pero home de Deu - va di lo Secretari -, ¿cóm han de sé de diferenta quinta sén bessons? A Andrés, lo sabaté, se ni en van aná los ulls detrás de les fortes cuixes de una mossa que habíe anat a justificá la aussensia de son germá. Después va amagá lo coll, en un movimén que recordabe al caragol que se embutix a la seua clasca, y va contestá:
- Mol fássil; Andressín va naixe a les dotse menos deu del día de San Silvestre. Cuan va naixe lo Mariano ya ere añ nou. Sin embargo, com los dos estaben inscrits al Registre lo 31 de desembre, Andrés, "lo home que de perfil no se veu", va tindre que asseptá que se emportaren juns als dos chics. Un atre de sons fills, Tomás, estabe ben colocat a la siudat, a una empresa de autobusos, autocars o coches de línia. Un atre, lo Garcho, li ajudabe a la sabatería. Les demés eren chiques, exepte, naturalmen, Germán, lo Tiñós, que ere lo mes menut o cagarniu. Germán, lo Tiñós, va sé lo que va di de Daniel, lo Mussol, lo día que este se va presentá a la escola, que mirabe les coses com si sempre estiguere assustat. Afinán un poc, resultabe sé Germán, lo Tiñós, qui habíe rebatejat a Daniel, pero este no li guardabe cap rencor per naixó, al contrari, va trobá en ell, desde lo primé día, una leal amistat. Les calves del Tiñós no van sé obstácul pera una comprensió. Si auncás, les calves van fassilitá aquella amistat, ya que Daniel, lo Mussol, va sentí desde lo primé momén una vehemen curiosidat per aquelles isletes blanques, ubertes al espés océano de pel negre que ere lo cap del Tiñós. Sin embargo, a pesá de que les calves del Tiñós no constituíen cap motiu de preocupassió a casa del sabaté ni al seu reduít rogle de amics, la Pesteta gran, guiada per lo seu frustrat instinto maternal en lo que englobabe a tot lo poble, va dessidí intervindre al assunto, per mes que lo assunto ni li anabe ni li veníe, ni li fotíe res. Pero la Pesteta gran ere mol afissionada a fotres aon dingú la cridáe. Creíe que lo seu interés sense mida per lo prójimo lo dictabe lo seu fervén anhel de caridat, lo seu alt sentit de la fraternidat cristiana, cuan lo sert ere que la Pesteta gran fée aná esta treta pera pugué ensumá per tot arreu com disfrassada, pero poc convinsén, de prudensia y discressió. Una tarde, están Andrés, "lo home que de perfil no se veu", atrafegat al seu cuchitril, lo va sorprendre la arribada de doña Lola, la Pesteta gran.

- Sabaté - va di, apenes va está dabán dell -, ¿Cóm té vosté al sagal en eixes calves?

Lo sabaté no va pedre la compostura ni va apartá la vista de la seua faena.

- Díxol está, siñora - va contestá -. De aquí sen añs no se li vorán les calves.

Los grills, los verderols y les cagarneres armaben un sarabastall espantós y la Pesteta y lo sabaté habíen de entendres a crits.

- ¡Tingue! - va afegí ella, autoritaria -. Per les nits li fique esta pomada. Lo sabaté va alsá la vista cap an ella, va agarrá lo tubo, lo va mirá y remirá per tot arreu y, después, lay va torná a la Pesteta. - Guárdossel - va di -; aixó no val. Al chiquet li va apegá les calves un muixó. Y va continuá treballán.

Alló podíe sé verdat y podíe no séu. Germán, lo Tiñós, sentíe una afissió sense mida per los muixóns. Seguramen se tratabe de una reminissensia de la seua primera infansia, desarrollada entre estridens piulits de verderols, canaris y cardelines. Dingú a la vall enteníe de muixóns tan com Germán, lo Tiñós, que ademés, per los muixóns, ere capás de passás una semana sansera sense minjá ni beure. Esta cualidat va influí mol, sense duda, en que Roc, lo Moñigo, se avinguere a fé amistat en aquell sagal físsicamen tan defissién. Moltes tardes, al eixí de les classes, Germán los díe:

- Anem. Sé aón ña un niu de vileros. Té dotse críes. Está a la tapia del boticari.

O be: - Veniu en mí al prat del Indiano. Está plovisnán y los tords eixirán a picotejá les boñigues. Germán, lo Tiñós, distinguíe com dingú a los muixóns per la violensia o los espasmos del vol o per la manera de piulá; adivinabe los seus instins; coneixíe, en detall, les seues costums; pressentíe la influensia dels cambis atmosferics en ells y se diríe que, de habéu dessichat, haguere adeprés a volá. Aixó, com pot suposás, constituíe pera lo Mussol y lo Moñigo un don de inapressiable valor.

Si anaben a cassá muixóns no podíe faltá la compañía de Germán, lo Tiñós, com a un cassadó que se estime en algo no pot faltáli lo gos. Esta debilidat del fill del sabaté li va portá per un atra part mol serios contratems. En serta ocasió, buscán un niu de gribes entre la malea de damún del túnel, va pedre lo equilibri y va caure aparatosamen damún de la vía, trencánse un peu. Al cap de un mes, don Ricardo lo va doná per curat, pero Germán, lo Tiñós, va renquejá de la cama dreta durán tota la seua vida. Claro que an ell no li importabe aixó massa y va seguí follán nius tan afanós com abáns del percanse.

A un atra ocasió, va caure a plom de un siré silvestre o bort, aon acassabe als tords, damún de una enmarañada romiguera. Una de les punches li va esgarrá lo lóbulo de la orella dreta de dal a baix, y com ell no va voldre que lay cusigueren, li va quedá lo lobulet esguellat en dos parts com la coa de un frac. Pero tot aixó eren gajes del ofissi y a Germán, lo Tiñós, may se li va ocurrí queixás de la seua coixera, de lo seu lóbulo partit, ni de les seues calves que, com díe son pare, les hi habíe apegat un muixó. Si los mals proveníen dels muixóns, benvinguts foren. Ere la seua una espessie de ressignassió estoica sense límits previssibles.

- ¿No te fa mal aixó? - li va preguntá un día lo Moñigo, referínse a la orella.

Germán, lo Tiñós, va sonriure, en la seua sonrissa pálida y trista de sempre.

- Alguna vegada me fa mal lo peu cuan ha de ploure. La orella no me fa mal may - va di.

Pero pera Roc, lo Moñigo, lo Tiñós teníe un valor superió al de un simple experto en muixóns, un ornitólogo en potensia. este ere la seua propia constitussió endeble. En este aspecte, Germán, loTiñós, ere un reclam insuperable pera buscá camorra. Y Roc, lo Moñigo, nessessitabe les camorres com lo pa de cada día. A les romeríes dels pobles de la comarca, durán lo estiu, lo Moñigo trobabe moltes ocasions de entrená los seus musculs. Assó sí, may sense una causa sobradamen justificada. Ña un afán latén de pujansa y hegemonía al colosso de un poble cap als colossos dels pobles veíns, villorrios y aldees. Y Germán, lo Tiñós, tan arguellat y delicat, constituíe un bon pun de contacte entre Roc y los seus adversaris; una magnífica fita pera desllindá supremassíes.
Lo prossés hasta les hostilidats no variabe may. Roc, lo Moñigo, estudiabe lo terreno desde lluñ. Después, li sussurrabe al oít al Tiñós:

- Arrímat y quédat miránlos, com si vullgueres furtals les avellanes que se mingen.

Germán, lo Tiñós, se arrimabe acollonit. De totes formes, la primera bufetada o galtada ere inevitable. No ere cosa de enviá al dimoni la seua bona amistat en lo Moñigo per una coissó que durabe sol un rato. Se aturabe a dos metros del grupet y mirabe als seus componens fito fito. La resposta no se fée esperá:

- No mos miros aixina, pasmat, estaquirot. ¿Es que no te han donat may una guarra?

Lo Tiñós, impertérrit, aguantabe les mirades sense pestañejá o clucá los ulls, y sense cambiá de postura, encara que les cames li tremolaben una mica. Sabíe que Daniel, lo Mussol, y Roc, lo Moñigo, esperaben detrás del taulat dels musics.
Lo colosso del grupo enemic insistíe:

- ¿Has sentit, merdeta (mierdica)? Ya estás colán de aquí o te óbrigo
l´alma en canal.

Germán, lo Tiñós, fée com si no u sentiguere, los dos ulls com a dos faros, sentrats al paquet de avellanes, coto y sense pronunsiá cap paraula. Considerabe ya lo puesto del pressunto impacte y si la herba que patejabe estaríe prou blaneta pera amortiguá la caiguda.
Lo gall adversari perdíe la passiensia:

- Ti, bachillé, pera quen adeprengues.

Ere una cosa inexplicable, pero sempre, en estos casos, Germán, lo Tiñós, sentíe abáns la consoladora presensia del Moñigo a la seua esquena que la coissó de la galtada.
La seua consoladora presensia y la seua veu próxima, calenta y protectora:

- Li has pegat al meu amic, ¿verdat? - y afegíe, mirán compassivamen a Germán -:
¿Li has dit tú algo, Tiñós?

- No hay ubert la boca. Me ha pegat perque los miraba.

La riña ya estabe armada y lo Moñigo portáe, ademés, la raó en cuan que l´atre li habíe pegat al seu amic sol per mirál, es a di, segóns les elementals normes del honor dels sagals, sense prou motiu ni justificassió.

Y com la superioridat de Roc, lo Moñigo, en aquell empeño ere cosa descontada, sempre acababen assentats al "campo" del grupo adversari y minjánse les seues avellanes.