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martes, 22 de diciembre de 2020

Lo corv. Edgar Allan Poe.

Lo corv.

Edgar Allan Poe.

Traducsió de Ramón Guimerá Lorente (Moncho).


Lo corv. Edgar Allan Poe. Traducsió de Ramón Guimerá Lorente, Moncho

Traducsió de una versió trobada a internet
que no té res a vore en la original de Edgaret "The Raven".
Carlos Arturo Torres.


I

Una nit pavorosa, ñirviós
relligía un mamotreto gros
cuan vach creure escoltá
un extrañ soroll, de repén
com si algú tocare suavemén
a la meua porta: «Visita impertinén
es, vach di, y res mes».

II

¡Ah! Men enrecordo mol be; ere al ivern,
impassién yo medía lo tems etern
cansat de buscá
als llibres la calma tranquilisadora
al doló de la morta Leonora
que habite en los ángels ara
¡pera sempre mes!

III

Vach sentí los cruixits y l´elástic
rosá de les cortines, un fantástic
terror, com may sentit había
y vach volé aquell soroll explicám,
lo meu espíritu oprimit calmá per fin:
«Un viaché perdut es,
vach di, y res mes».

IV

Ya en mes calma: «Caballé
vach cridá, o dama, suplicátos vull
tos servigáu excusá
pero la meua atensió no estabe ben desperta
y va sé la vostra cridada tan inserta...»
Vach obrí allabonses de gom a gom la porta:
oscurina, y res mes.

V

Miro al no res, exploro la tiniebla
y séntigo entonses que la meua mén
se ompli de idees com cap atre mortal
les va tindre abáns,
y escolto en oíts anhelans
«Leonora » unes veus sussurrans
murmurá, y res mes.

VI

Torno a la meua estansia en temó
y torno a escoltá mes fort fotre cops;
«algo, me dic, toque a la finestra,
compendre vull la siñal arcana
y calmá esta angustia sobrehumana»:
¡lo ven, y res mes!

VII

La finestra vach obrí: revolán
vach vore entonses un corv aleteján
com un muixó de un atra edat;
sense mes seremonia va entrá a la sala
en gesto siñorial y negres ales
y damún de un busto, al dintel de Palas,
se va posá, y res mes.

VIII

Miro al muixó negre, sonrién
dabán del seu grave y serio continén
y li escomenso a parlá,
no sense intensió irónica:
«Oh corv, oh venerable ave anacrónica,
¿quín es lo teu nom a la regió plutónica?»
Va di lo corv: «May mes».

IX

En este cas tan raro
me vach extraña de escoltá tan cla
tal nom pronunsiá
y ting que confessá que me vach assustá
pos dingú, crec, va tindre lo gust
de un corv vore, posat damún de un busto
en tal nom: «May mes».

X

Com si haguera volcat l´alma,
va callá lo muixó y ni un momén
les plomes va sorollá,
«datres de mí han fugit y yo me crec
que ell sen anirá demá sense tardá
com ya m´ha abandonat la esperansa»;
va di lo corv: «¡May mes! »

XI

Una resposta al escoltá directa
me vach di, no sense inquietut secreta,
«Es aixó y res mes.
Tot lo que va adependre de un amo desgrassiat,
al que tossut ha perseguit la fortuna
y sol este estribillo ha conservat
¡eixe may mes, may mes!»

XII

Vach girá l´assiento hasta quedám enfrente
de la porta, del busto y del vidén corv
y entonses ya, reclinat a la blana cadira
en somnis fantastics me afonaba,
pensán sempre en qué volíe di
aquell may mes, may mes.

XIII

Mol tems me vach quedá aixina ensomián,
y aquell extrañ muixó
sense pará mirán;
ocupabe lo diván
de vellut, aon juns mos assentabem
y en lo meu dol, pensaba que Ella,
may mes ocuparíe esta habitassió.

XIV

Entonses me va pareixe l´aire denso
com una auló de sucarrat incienso
de un invissible altá;
y escolto veus repetí:
«Olvida a Leonor, béute lo nepenthes
beu l´olvido a les seues fons»;
va di lo corv: «¡May mes! »

XV

«Profeta, vach di, augur de atres edats
que van aventá les negres tempestats
aquí peral meu mal,
huésped de esta morada de tristesa,
dísme, oscur engendre de la nit de paó,
si una mel ñaurá per a la meua amargó»:
va di lo corv: «¡May mes!»

XVI

«Profeta, vach di, o dimoni, tú, corv,
per Deu, per mí, per la meua gran doló,
per lo teu poder fatal
dísme si alguna vegada a Leonora
tornaré a vore a la eternal aurora
aon está felís en los querubins»;
va di lo corv: «¡May mes! »

XVII

«Que sigue esta paraula la radera,
torna a la plutónica rivera»,
vach cridá: «¡No tornos mes,
no dixos ni potades, ni una ploma
y lo meu espíritu, rodejat de densa broma
libera del pes que té!»
Va di lo corv: «¡May mes! »

XVIII

Y lo corv parat, fúnebre y adusto
seguix sempre de Palas posat al busto
y en la llum del meu cresol,
proyecte una taca umbría a la alfombra
y la seua mirada de demoni assombre...
¡Ay! ¿La meua alma en dol
de la seua sombra se podrá apartá?
¡May mes!

https://narrativabreve.com/2017/02/el-cuervo-allan-poe-en-estado-puro.html

Aquí os ofrezco la traducción de Julio Cortázar y, tras esta, la versión original (The Raven).

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

//


Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`’Tis some visitor,’ I muttered, `tapping at my chamber door –
Only this, and nothing more.’

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; – vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow – sorrow for the lost Lenore –
For the rare and radiant maiden whom the angels named Lenore –
Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me – filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
`’Tis some visitor entreating entrance at my chamber door –
Some late visitor entreating entrance at my chamber door; –
This it is, and nothing more,’

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
`Sir,’ said I, `or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you’ – here I opened wide the door; –
Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the darkness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, `Lenore!’
This I whispered, and an echo murmured back the word, `Lenore!’
Merely this and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
`Surely,’ said I, `surely that is something at my window lattice;
Let me see then, what thereat is, and this mystery explore –
Let my heart be still a moment and this mystery explore; –
‘Tis the wind and nothing more!’

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore.
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door –
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door –
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
`Though thy crest be shorn and shaven, thou,’ I said, `art sure no craven.
Ghastly grim and ancient raven wandering from the nightly shore –
Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning – little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door –
Bird or beast above the sculptured bust above his chamber door,
With such name as `Nevermore.’

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only,
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered – not a feather then he fluttered –
Till I scarcely more than muttered `Other friends have flown before –
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.’
Then the bird said, `Nevermore.’

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
`Doubtless,’ said I, `what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore –
Till the dirges of his hope that melancholy burden bore
Of “Never-nevermore.”‘

But the raven still beguiling all my sad soul into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore –
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
Meant in croaking `Nevermore.’

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion’s velvet lining that the lamp-light gloated o’er,
But whose velvet violet lining with the lamp-light gloating o’er,
She shall press, ah, nevermore!

Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
`Wretch,’ I cried, `thy God hath lent thee – by these angels he has sent thee
Respite – respite and nepenthe from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

`Prophet!’ said I, `thing of evil! – prophet still, if bird or devil! –
Whether tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted –
On this home by horror haunted – tell me truly, I implore –
Is there – is there balm in Gilead? – tell me – tell me, I implore!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

`Prophet!’ said I, `thing of evil! – prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us – by that God we both adore –
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels named Lenore –
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels named Lenore?’
Quoth the raven, `Nevermore.’

`Be that word our sign of parting, bird or fiend!’ I shrieked upstarting –
`Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! – quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

And the raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted – nevermore!

martes, 18 de septiembre de 2018

PRIMERA JORNADA. NOVELA CUARTA

Un flare, caigut en pecat digne de castic gravíssim, se libre de la pena acusán discretamen al seu abad de la mateixa culpa.

Ya calle Filomena, acabada la seua história, cuan Dioneo, que a la voreta de ella estabe assentat, sense esperá de la Reina un atra órden, sabén ya per lo orden escomensat que an ell li tocabe ara parlá, de esta manera va escomensá a di:
Amoroses Siñores, si hay entés be la intensió de totes, estém aquí per a satisfémos a natros mateixos novelán, y per naixó estimo que a cadaú té que séli permitit (y aixina va di la nostra Reina, fa poc, que siríe) contá aquella história que mes cregue que pugue divertí; per lo que, habén escoltat cóm per los bons consells de Giannotto de Civigní va salvá la seua alma lo judío Abraham y cóm per la seua prudénsia va deféndre Melquisidech les seues riqueses de la trampa de Saladino, vull contá en quina destresa se va librá un flare de un castic gravíssim.
Va ñabé a Lunigiana, poble no mol lluñ de éste, un monasteri mes abundán en santidat y en monjos del que u es avui. Allí, entre atres flares, ne ñabíe un de jove en mol vigor y vitalidat que ni lo dijú ni les vigilies podíen machacá. Este, un día cap a la vora de michdía, cuan los atres monjos dormíen tots, habén eixit sol per la roglada de la seua iglesia, que estabe a un puesto solitari, va alcansá a vore a una joveneta ben hermosa, filla potsé de algún de los llauradós de la comarca, que caminabe per los campos agarrán sertes herbes: encara no la habíe vist be cuan va sé fieramen assaltat per la incontinénsia carnal, es a di, se va fotre ruén com un caliu.
Per lo que, arrimánse, en ella va trabá conversa y tan van aná de una paraula a un atra que se van ficá de acuerdo y se la va emportá a la seua alcobeta sense que dingú sen donare cuenta. Y mentres ell, transportat per lo dessich, sense pará molta cuenta jugabe en ella, va passá que lo abad, eixecánse de dormí y passán sense fé soroll per dabán de la seua alcobeta, va sentí los gañols y l´abalot que féen los dos juns; y per a conéixe milló les veus se va arrimá a poquetet a la porta de la alcobeta a escoltá y claramen va sentí que dins ñabíe una dona, y va está tentat de fes obrí; después va pensá que convendríe tratá alló de un atra manera y va torná a la seua alcoba, va esperá a que lo flare ixquere fora. Lo flare, encara que en grandíssim plaé estiguere ensegat en aquella jove, no dixabe de tindre temó y, pareixénli habé sentit un arrastrá de peus per lo dormitori, va arrimá un ull a un foradet y va vore claríssimamen al abad escoltánlos y va compendre mol be que lo abad habíe pogut sentí que la jove estabe a la seua alcobeta. Sabén que de alló li vindríe un gran castic, se va assustá y apená mol; pero sense voldre mostrá a la jove res del seu neguit, rápidamen va imaginá moltes coses buscánne alguna que li donare salut. Y se li va ocurrí una nova malíssia, fingín que li pareixíe habé estat prou rato en aquella jove li va di:
- Vach a eixí a buscá la manera en que íxques de aquí dins sense sé vista, y per an aixó quédat en silénsio hasta que torna.
Y eixín y tancán la alcobeta en clau, sen va aná directamen a la cámara del abad, y donánlay, tal com tots los monjos féen cuan eixíen, li va di en tranquilidat:

- Siñó, yo no hay pugut este matí portá tota la lleña que había tallat, y per naixó, en la vostra llisénsia, vull aná al bosque y portála.
Lo abad, per a podé informás mes de la falta cometuda per nell, pensán que no sen habíe donat cuenta de que l´habíe sentit, se va alegrá en tal ocasió y de bona gana va agarrá la clau y li va doná llisénsia. Y después de vórel anássen va escomensá a pensá qué siríe milló fé: o en presénsia de tots los monjos obrí la alcobeta (celda) de aquell y féls vore la seua falta per a que no ñaguere ocasió de que murmuraren contra nell cuan castigare al flare, o primé sentí de ell cóm habíe ocurrit aquell assunto. Y pensán que aquella podríe sé la dona o filla de algún home a qui ell no voldríe fé passá la vergoña de mostrála a tots los monjos, va pensá que primé voríe quí ere y pendríe después partit; y anán a la celda, la va obrí, va entrá a dins, y va torná a tancá la porta. La jove, veén vindre al abad, se va ficá blanca, y tremolán va escomensá a plorá de vergoña. Lo siñó abad, que li habíe ficat la vista damún y la veíe hermosa y fresca, encara que ell fore agüelo, va sentí de repén tamé los abrassadós estímuls de la carn que habíe sentit lo seu jove flare, y per an ell se va escomensá a di:
«Bah, ¿per qué no péndre yo del plaé cuan puc, si lo desagrado y lo doló encara que no los vullga, me están esperán? Ésta es una hermosa jove, y está aquí aon dingú al món u sap; si la puc portá a donám gust no sé per qué no u hauría de fé. ¿Quí u sabrá? Dingú u sabrá may, y lo pecat tapat está mich perdonát. Un cas aixina no me passará potsé may mes. Penso que es de sabios péndre lo be que Déu mos envíe».
Y diénse aixó, y habén del tot cambiat lo propósit que allí lo habíe portat, arrimánse mes a la jove, va escomensá a consolála y a rogáli que no plorare; y anán de una paraula a un atra, va arribá a manifestáli lo seu dessich. La jove, que no ere de ferro ni de diamán, en bastanta fassilidat se va ressigná als gustos del abad: ell, después de abrassála y besála moltes vegades, puján al llit del flare, y en considerassió potsé del pes de la seua dignidat y de la tendra edat de la jove, tenín temó de oféndrela en massa pes, no se va ficá damún del pit de ella sino que la va ficá an ella sobre lo seu pit y durán un bon rato se va divertí en ella.
Lo flare, que habíe fingit anássen al bosque, habénse amagat al dormitori, com va vore al abad entrá sol a la seua alcobeta, casi del tot tranquilisat, va jusgá que la seua estratagema li ixiríe be; y, veénlo tancás a dins, u va tindre per mol sert. Y eixín de aon estabe, va aná hasta un foradet per aon va vore lo que lo abad fée y va sentí lo que díe. Pareixénli al abad que se habíe entretés prou en la joveneta, tancánla a la alcoba, sen va entorná a la seua cámara; y después de un rato, sentín al flare y creén que tornáe del bosque, va pensá en empéndrel duramen y fel encarselá per a tíndre per an ell sol la guañada presa; y fénlo cridá, duramen y en mala cara lo va repéndre, y va maná que lo portaren a la presó. Lo flare rápidamen va contestá:
- Siñó, yo no hay estat tan tems a la orden de San Benito per a que puga habé adeprés totes les seues regles; y vos encara no me habíeu enseñat que los monjos tenen que acordá tanta preferénsia a les dones com al dijú y les vigilies; pero ara que me u hau amostrat, tos prometixgo, si me perdonéu esta vegada, no pecá mes y fé sempre lo que tos hay vist fé a vos. Lo abad, que ere un home espabilat, va enténdre que aquell no sol sabíe lo que habíe fet sino que lo habíe vist, per lo que, sentín remordiméns de la seua mateixa culpa, se va avergoñí de féli al flare lo que ell tamé se mereixíe; y perdonánlo y manánli silénsio sobre lo que habíe vist, en tota la discressió van traure a la joveneta de allí, y encara se pot creure que mes vegades la van fé torná.

primera-jornada-novela-quinta

sábado, 27 de julio de 2024

3. 3. De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg.

Capítul III.

De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg.

Dos añs y mich fée que habíe tornat de la seua primera ixida, y va viure en un ay perque continuamen li escribíen y cridáen pera obres de pintura, volén tots donálay an ell en gran enveja dels pintós que hasta entonses se féen la competensia entre ells al país; y com reconeixíen la maestría de Pedro Saputo, callaben y se féen fotre. Tamé aixó sentíe ell, y pera que no patigueren nessessidat, se excusabe de la mayoría de les obres, y alguna vegada de totes per no oferís cap de mes gran empresa. Al mateix tems se li fée estret aquell sel a la seua alma tan gran; y consebín ya atres coses diferentes a les de la primera eixida, va determiná anassen a corre la España, sense limitás per tan a sol España si li veníe be.

Una vegada resolt lo viache, va comprá una mula de bona presensia y poc preu, una bona espasa (que sabíe fe aná), y lo día fixat pera la ixida, va montá y va tirá cap a Cataluña. Y sa mare, y la padrina y sa filla, Eulalia y Tereseta, que ploraren lo que vullgueren, perque per nelles no habíe ell de viure y morí an aquell racó del món.

Desmemoriada mula vella, Desideri Lombarte, Pedro Bel Caldú

No va entrá al seu plan aná a vore a les seues amigues, perque la edat les debíe aná demanán a tota pressa les raderes paraules que totes volen sentí dels homens, y ell no se trobabe an eixe cas. 

Pero passáe no mol lluñ de la aldea de les novissies, y no va pugué evitá torse allí lo camí, senne dos no podíen ficál en apuros, com sí que u faríe Morfina, que be sentíe no vórela.

Va arribá, y al entrá ixíe son pare de Juanita, que lo va coneixe; se van saludá y van aná juns a casa seua, y juns van passá después a la de Paulina, encara abans de diná, perque eren sobre les deu del matí. Com lo creíen navarro y estudián se van extrañá que viachare de aquell modo: ell, que may se quedáe parat, los va di:

- Enguañ, curs perdut. Unes vegades valen mes lletres que hassienda; atres, hassienda que lletres. Lo tems es lo que goberne; y les lletres sempre se troben; pero la hassienda pot pedres. 

Y yo me trobo ara an este segón cas. Les sagales sempre eren les mateixes, y així que lo van vore, sen va aná lo juissi de casa. Después van voldre sabé lo misteri de la seua persona, y li van di que les dos estáen demanades en matrimoni, y encara que los partits eren mol ventajosos, espessialmén lo que lograbe Juanita, li demanáen consell, ya que encara no estáen del tot obligades. 

Ell va contestá que cuan estigueren casades les diríe quí ere, ara ni u podíe di ni les conveníe sabéu. Si puguera casám en les dos (les va di), vatres siríeu les meues dones; pero la ley no u permitix, y cap voldríe vore a l'atra casada en mí. Per tan debéu casatos. Y passat lo día mol alegremen en elles, va continuá lo seu viache en son demá.

Al poc mes de dos legües va entropessá la mula desmemoriada y va caure en ell a un forat. Se va assustá de aixó y va di:

- Pos si ara me haguera trencat un bras o una cama, ¿quí me traíe de aquí y me portabe aon me curaren? Es di, que debíe portá un criat; es di, que teníe que viachá en alguna autoridat; es di, que ya no soc Pedro Saputo lo libre, lo sabut, lo sense temó, lo sense respecte a cap vanidat. Mula, mula, una me n'has fet y no men farás dos; poc valíes, y ara vals menos; ¡pren!, y tirán de la espasa la hi va embutí per lo pit hasta la empuñadura y la va dixá espiritán, y en dos potades que va pegá se va quedá morta pera sempre y carn per als corvs y llops de la comarca. Va traure de la maleteta uns tapissos, y una llibreta en blang, dos camises y un gabanet (los dinés per supost, encara que no ne va pendre cap gran cantidat de casa), va formá un paquetet en tot, va atravessá per nell la espasa, se u va ficá al muscle, y fen la siñal de la creu, va di: 

San Perico: ¡adiós, mare!; ¡adiós, amors meus!; ¡adiós, Aragó!; ¡hasta que torna!

Va arribá a Lérida, Ilerda o Lleida y va pensá en Julio César. 

Se va interná al Prinsipat, y va visitá lo famós monasteri de Montserrat, (Monserrate com lo de Fórnols) aon los flares li van contá la historia del sélebre Juan Garín en la filla del conde Jofré lo Velloso (lo pilós, pelut, Gofredo, Gottfried, Uvifredo, Wifredo, Guifredo, Guifre, etc.), y la va sentí en molta formalidat per respecte als presens. Después se va admirá de la penitensia de que parláen y del descans al que vivíen.

Va mirá les pintures que ñabíe y va passá cap abán, no parán hasta Gerona, Gerunda, Girona. Allí va voldre vore les mosques de san Narciso o Narsís; pero li van di que com la sang que chupaben dels fransesos ere sang venenosa y descombregada o excomulgada per la invicta espasa del gran Rey don Pedro, Pere, Peire III de Aragó, se van morí totes después de habeli ajudat a acabá en la canalla, a la que no li va valé portá lo estandart sagrat que diuen la Oriflama, or y flama: ni les bendissions y aigua beneita en la que los va arruixá lo papa cuan en mala hora van publicá la crusada contra lo Rey de Aragó, del que encara tenen memoria.

PEDRO III, EN LAS JUSTAS DE BURDEOS (SIGLO XIII. BURDEOS)

De allí per la costa va aná cap a la gran Barselona (Barchinona, Barcino, Barcelona, etc), y habén sabut que al port ñabíe un buque a pun de eixecá áncora o ancla y fé vela cap a Italia, va aná allá lo día y hora a la que debíe eixí; lo va vore, va envejá al mes infelís que an ell anáe, y lo va seguí en los ulls y lo cor hasta que lo va pedre de vista. Se va quedá sol mirán cap al mar, y desconsolat o desconortat, y casi plorán, va traure lo retrato de sa mare que sempre portáe damún, se va ficá de ginolls, girada la cara cap a Aragó, y va di:

- ¡Oh mare! Al teu amor y soledat oferixco este sacrifissi. Per tú no men vach a Italia; per tú no visito la siudat dels Cesars; per tú no voré la capital y siñora del món.

Seguín sempre la costa va arribá a Tarragona, y comparanla, lo que ere en lo que habíe sigut, y recordán la dominassió y poderío inmenso dels romanos, casi en ves de plorá li van doná ganes de riure considerán la vanidat y mindundi de les gran fetes humanes y dels imperis de la terra.

Va continuá y de allí va passá lo Ebro o Ebre cap a Tortosa (Dertusa, Dertosa), va entrá al regne de Valensia, va saludá a Peñíscola y va vore lo castell del papa Benedicto de Luna, XIII; va arribá a Valensia y va buscá la porta al seu muro, va vore al Rey Don Jaime fen tremolá lo seu gloriós estandart en siñal de victoria desde lo Real hasta aon estáe.
Va aná después al mateix Real, que eren palaus y jardins (ara sol jardins, solsits y enrunats aquells a la guerra de la independensia). Va visitá después lo Real primé del mateix Rey a Ruzafa, lo seu puesto ocupabe un convén de monges.

Y enrecordansen de les seues de un atre tems, va di:

- Siguéu santes les que aquí tos trobéu; pero procuréu que no penetro a dins de les reixes algún Pedro Saputo, perque li auxiliará la naturalesa que es tan poderosa, y... Perdonéu, filles del error o del espíritu de Deu, que de tot ñaurá entre vatres. Les que foreu víctimes de la violensia, del engañ o de un despit, aquí teniu un cor que tos acompañe en lo sentimén. Hau perdut lo món, y no sabéu si guañaréu lo sel; pero potsé no sirá vostra tota la culpa ni to se demanará tota la cuenta. Dites estes paraules en gran sentimén, va girá la esquena an aquell triste y melancólic edifissi, y va entrá a la siudat; a la que se va aturá prop de un añ, dedicat a la pintura, perque li van agradá los pintós valensians.


Original en castellá:

Capítulo III.

De cómo Pedro Saputo hizo otro viaje más largo.

Dos años y medio hacía que había vuelto de su primera salida, y vivió desazonado porque continuamente le escribían y llamaban para obras de pintura, queriendo todos dársela a él con grande envidia de los pintores que hasta entonces se las competían entre sí en el país; y como reconocían la maestría de Pedro Saputo, callaban y se concomían. También esto sentía él, y para que no padeciesen necesidad, se excusaba de la mayor parte de las obras, y alguna vez de todas por no ofrecerse ninguna de mayor empresa. Al mismo tiempo venía estrecho aquel cielo a su alma grande; y concibiendo ya otras cosas que la vez primera, determinó irse a correr la España cuando menos, sin limitarse por tanto a sola España si le venía a mano. Resuelto que tuvo el viaje, compró una mula de buena presencia y poco precio, una buena espada (que sabía manejar), y el día fijado para la salida, montó y echó a andar hacia Cataluña. Y su madre, y la madrina y su hija, Eulalia y Teresita, que llorasen cuanto quisiesen, porque por ellas no había él de vivir y morir en aquel rincón del mundo.

No entró en su plan ir a ver a sus amigas, porque la edad les debía ir pidiendo a toda prisa las últimas palabras que todos quieren oír de los hombres, y él no se encontraba en ese caso. Pero pasaba no muy lejos de la aldea de las novicias, y no pudo menos de torcer allí el camino, como quiera que siendo dos no podían meterle en apuro, como hiciera Morfina, aunque bien sentía no verla.

Llegó, y al entrar salía el padre de Juanita, que le conoció; se saludaron y fueron juntos a su casa, y juntos pasaron luego a la de Paulina, aún antes de comer, porque eran sobre las diez de la mañana. Como le creían navarro y estudiante extrañaron que viajase de aquel modo: él, que nunca se atajaba, les dijo: - Hogaño, curso perdido. Unas veces valen más letras que hacienda; otra hacienda que letras. El tiempo es el que gobierna; y las letras siempre se encuentran; mas la hacienda puede perderse. Y yo me hallo agora en este segundo caso. Las muchachas siempre eran las mismas, y así que le vieron, se les fue el juicio de casa. Luego después quisieron saber el misterio de su persona, y le dijeron que las dos estaban pedidas en matrimonio, y aunque los partidos eran muy ventajosos, especialmente el que lograba Juanita, le pedían consejo, puesto que aún no estaban del todo obligadas. Él les respondió que cuando fuesen casadas las diría quién era, que antes, ni se lo podía decir ni les convenía saberlo. Si pudiera casarme con las dos (les dijo), vosotras seríades mis esposas; pero la ley no lo permite, y ninguna querría ver a la otra casada conmigo. Por consiguiente debéis casaros. Y pasado el día muy alegremente con ellas, continuó su viaje el siguiente.

A poco más de dos leguas tropezó la mula y cayó con él en un hoyo. Amostazóse de esto y dijo: - Pues si ahora me hubiese roto un brazo o una pierna, ¿quién me sacaba de aquí y me llevaba adonde me curasen? Es decir, que debía llevar un criado; es decir, que debiera viajar con alguna autoridad; es decir, que ya no soy Pedro Saputo el libre, el listo, el sin miedo, el sin respeto a vanidad alguna. Mula, mula, una me has hecho y no me harás dos; poco valías, y agora vales menos; ¡toma!, y tirando de la espada se la metió por el pecho hasta el puño y se la dejó espiritando, y con dos pernadas que dio quedó muerta para siempre y pasto de los cuervos y lobos de la comarca. Sacó de la maletilla unos tapices, y un cuaderno en blanco, dos camisas y un gabancillo (el dinero por supuesto, aunque no tomó gran cantidad de casa), formó un paquetito con todo, atravesó por él la espada, se lo echó al hombro, y haciendo la señal de la cruz, dijo: san Perico: ¡adiós, madre!; ¡adiós, amores míos!; ¡adiós, Aragón!; ¡hasta la vuelta!

Llegó a Lérida y pensó en Julio César. Se internó en el Principado, y visitó el famoso monasterio de Monserrate, donde los monjes le contaron la historia del célebre Juan Garín con la hija del conde Jofré el Velloso (Gofredo o Uvifredo), y la oyó con mucha formalidad por respeto a los presentes. Después se admiró de la penitencia de que hablaban y del regalo con que vivían. Miró las pinturas que había y pasó adelante, no parando hasta Gerona. Allí quiso ver las moscas de san Narciso; pero le dijeron que como la sangre que chupaban de los franceses era sangre ponzoñosa y descomulgada por la invicta espada del gran rey don Pedro III de Aragón, murieron todas después de haberle ayudado a acabar con la canalla, a la cual no le valió traer el estandarte sagrado que llaman el Oriflama: ni las bendiciones y agua bendita que les echó el papa cuando en mala hora publicaron la cruzada contra el rey de Aragón, de que todavía tienen memoria.

De allí por la costa vino a la gran Barcelona, y habiendo sabido que en el puerto había un buque a punto de levantar áncora y hacer vela para Italia, fue allá el día y hora en que debía salir; viole, envidió al más infeliz que en él iba, y le siguió con los ojos y el corazón hasta que le perdió de vista. Quedó solo mirando hacia el mar, y desconsolado y casi llorando, sacó el retrato de su madre que siempre traía consigo, se postró de rodillas, vuelta la cara a Aragón, y dijo: - ¡Oh madre! A tu amor y soledad ofrezco este sacrificio. Por ti no me voy a Italia; por ti no visito la ciudad de los Césares; por ti no veré la capital y señora del mundo.

Siguiendo siempre la costa llegó a Tarragona, y comparándola en lo que era con lo que había sido, y recordando la dominación y poderío inmenso de los romanos, casi en vez de llorar le dio ganas de reír considerando la vanidad y pequeñez de las grandezas humanas y de los imperios de la tierra.

Continuó de allí, pasó el Ebro en Tortosa, entróse en el reino de Valencia, saludó a Peñíscola y los manes santos del papa Benedicto de Luna; llegó a Valencia y buscó la puerta en cuyo muro vio el rey Don Jaime tremolar su glorioso estandarte en señal de victoria desde su Real en donde estaba. Fue luego al mismo Real, que eran palacios y jardines (ahora sólo jardines, arruinados aquéllos en la guerra de la Independencia). Visitó después el Real primero del mismo rey en Ruzafa, cuyo sitio ocupaba un convento de monjas. Y acordándose de las suyas de otro tiempo, dijo: - Sed santas las que aquí os hallades; pero mirad que no penetre dentro de las rejas algún Pedro Saputo, porque le auxiliará la naturaleza que es tan poderosa, y... Perdonad, hijas del error o del espíritu de Dios, que de todo habrá entre vosotras. Las que fuéredes víctimas de la violencia, del engaño o de un despecho, aquí tenéis un corazón que se compadece de vosotras. Habéis perdido el mundo, y no sabéis si ganaréis el cielo; pero tal vez no será vuestra toda la culpa ni se os pedirá toda la cuenta. Dichas estas palabras con gran sentimiento, volvió la espalda a aquel triste y melancólico edificio, y se entró en la ciudad; en la cual se detuvo cerca de un año dedicado a la pintura, porque le gustaron los pintores valencianos.

miércoles, 26 de agosto de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA CUARTA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA CUARTA.

Tofano li tanque una nit la porta de casa a la seua dona, y ella, no podén fes obrí en súpliques, fa vore que se tire a un pou, y avíe allí un códul gran.


Tofanoli tanque una nit la porta de casa a la seua dona, y ella, no podén fes obrí en súpliques, fa vore que se tire a un pou, y avíe allí un códul gran. Tofano ix de casa y corre cap allí, ella entre a casa y li tanque an ell la porta, y bramán lo insulte.

Lo rey, al sentí que acababe la novela de Elisa, sense esperá, giránse cap a Laureta, li va mostrá que li tocáe an ella narrá; per lo que ella aixina va escomensá a di:
¡Oh, Amor, cuántes y quínes són les teues forses, cuáns los consells y cuántes les invensións! ¿Quín filósofo, quín artista haguere pogut alguna vegada o podríe mostrá estes sagassidats, esta inventiva, estos arguméns que inspires tú de repén al que seguix les teues patejades? Per sert que la doctrina de consevol atre es mol justeta en relassió a la teua, com mol be se pot compendre de les coses antes mostrades; a les que, amoroses siñores, yo ne afegiré una, ficada en práctica per una doneta tan simple que no sé quí mes que Amor haguere pogut mostrálay.

Va ñabé fa tems a Arezzo un home ric, de nom Tofano. An éste li va sé donada per dona una majíssima jove de nom doña Ghita, de la que ell, sense sabé per qué, pronte se va sentí selós, y donánsen cuenta ella se va enfadá; y habenli preguntat moltes vegades sobre la raó dels seus sels, y no habénli sabut ell siñalá mes que coses generals y roínes, li va víndre al ánim a la dona fel morí del mal que sense raó se temíe. Y veén que un jove, segóns lo seu juissi mol pincho, la marejáe, discretamen va escomensá a enténdres en ell; y están ya les coses tan avansades entre ell y ella que no faltáe mes que cambiá les paraules per obres, va pensá la Siñora trobá una manera per a féu.

Habén vist entre les males costums del seu home que se entreteníe eixecán lo colse, no sol va escomensá a alabál per alló, sino que lo insitáe a beure mol assobín. Y tan va pendre alló per costum, que casi totes les vegades que ella volíe, lo acabáe engatán; y cuan lo veíe ben gat, sel emportáe a dormí. Aixina se va trobá la primera vegada en lo seu amán, y después moltes vegades va continuá trobánse en ell, y tan se va confiá de les borracheres del home, que no sol habíe arribat al atrevimén de portá al querido a casa, sino que ella a vegades sen anabe en ell a la seua, que no estáe mol apartada, y después tornáe a casa., Y de esta manera continuán la enamorada dona, va passá que lo desgrassiat y cornut sen va doná cuenta de que lo animáe a beure, pero ella no bebíe may; per lo que li van entrá sospeches de lo que passáe, aixó es, que la dona lo engatáe per a pugué fé lo seu gust mentres ell dormíe la mona. Y volén de aixó, si aixina fore, tíndre probes, un día, sense beure gens en tot lo día, com si fore lo home mes abstemio (Artemio no) que ñaguere, va fé vore que anáe tou, y creénsu la dona, y pensán que ya no li calíe beure mes, lo va prepará per a dormí. Y fet aixó, segóns acostumáe a fé algunes vegades, va eixí de casa, y a casa del seu amán sen va aná, y se va quedá allí hasta mija nit.

Tofano, al no sentí a la dona, se va eixecá y va aná cap a la porta, la va tancá per dins y se va apoyá a la finestra en lo cap a fora, vigilán a vore cuán tornaríe y féli manifest que sen habíe acatat de les seues costums; y allí estáe encara cuan la dona va torná, y trobánse la porta tancada, se va assustá, y va escomensá a probá de forsála. Después de está Tofano un rato miránla, li va di: - Dona, te esforses en vano, perque aquí dins no podrás torná a entrá. Torna allí aon has estat hasta ara; y que sápigues que no tornarás may aquí hasta que de aixó, en presénsia dels teus paréns y de los veíns, te haiga fet lo honor que te convé.

La dona va escomensá a suplicá per l´amor de Deu que faiguere lo favor de obríli, perque no veníe de aon ell pensáe, sino de velá en una veína seua, perque les nits eren mol llargues y ella no podíe dormí tota la nit, ni velá sola a casa. Los rogs no li servíen de res, perque aquell animalot estabe disposat a que tots los del poble conegueren la seua vergoña, si es que no la sabíen. La dona, veén que lo suplicá no li valíe, va cambiá a les amenasses y va di: - Si no me obris te faré lo home mes desgrassiat que existix.
A lo que Tofano va contestá: - ¿Y qué podríes fém?

La dona, a la que Amor ya li habíe agullonat en los seus consells, li va contestá:
- Abans de patí la vergoña que vols fém passá sense raó, me aviaré an este pou que está aquí prop, y cuan después me trobon morta, tots creurán que tú, engatinat, me has aviát allí, y aixina, sirás pregonat, haurás de fugí o pédre tot lo que tens, o te tallarán lo cap per habém assessinat. Tofano ni se va inmutá, ni va cambiá gens la seua néssia opinió en estes paraules; per lo que la dona li va di: - Pos ya no puc patí mes, ¡Deu te perdono!

Y dit aixó, sén la nit tan fosca que apenes hauríen pogut vóres un al atre per la carrera, sen va aná la dona cap al pou; y, eixecán com va pugué una grandíssim bolo que ñabíe al peu del pou, cridán «¡Deu, perdónam!», la va dixá caure a dins del pou.

Lo códul, al arribá al aigua, va fé mol soroll, y al sentíu Tofano se va creure que se habíe aviát a dins; per lo que, agarrán lo cubo en la corda, a escape se va adressá cap al pou per a ajudála.

La dona, que se habíe amagat a un raconet prop de la porta, al vórel corre cap al pou perdén les calses, se va embutí a casa y se va tancá a dins, se va assomá a la finestra y li va di: - Se ha de beure aigua pel día, no sol per la nit. Tofano, al sentíla, se va vore burlat y va aná cap a la porta, y com no podíe entrá, li va escomensá a cridá que lo obriguere.

Ella, dixán de parlá baixet com hasta entonses habíe fet, cridán, va di: - Per los claus de nostre Siñó, borracho fastidiós, no entrarás aquí esta nit; no puc patí mes estes costums teues: ting que féli vore a tot lo món quí eres y a quin hora tornes a casa per la nit. Tofano, mol cabrechat, la va escomensá a insultá quirdán; y sentín este abalot, los veíns se van despertá y eixecá, hómens y dones, y se van assomá a les finestres y van preguntá qué ere alló. La dona va escomensá a di plorán:

- Es este mal home, que me torne gat per la nit a casa o se adorm per les tabernes y después torne an estes hores, o mes tart; ya lo hay aguantat mol, y no ha valgut de res, y com ya no u aguanto mes, hay volgut fél passá esta vergoña de tancáli la porta de casa per a vore si torne al bon camí. Lo animalot de Tofano, per la seua part, díe cóm habíe sigut la cosa y la amenassabe. La dona als seus veíns los díe:

- ¡Veigáu quín home! ¿Qué pensaríeu si yo estiguera al carré com está ell y ell estiguere a casa com estic yo? Per Deu que seguramén lo creuríeu an ell: be podéu vore lo servell que té. Diu que hay fet lo que yo crec que ha fet ell. Se ha cregut que me assustaría si aviáe no sé qué al pou, ojalá Deu que se haguere aviát de verdat y aufegat de aigua, que lo vi que se ha trascolat se hauríe batejat ben be.

Los veíns, hómens y dones, van escomensá tots a empendre a Tofano, y a fótreli la culpa an ell, y a insultál per lo que díe contra la seua dona; y enseguida va corre lo rumor de veí a veí, que va arribá hasta los paréns de la dona. Estos, anán cap allí, y sentín lo que díen uns veíns y datres, van agarrá a Tofano y lo van esbatussá, dixánlo com u haguere fet una mola de molí. Después, entrán a la casa, van pendre les coses de la dona y en ella sen van aná a casa, amenassán a Tofano en coses pijós. Tofano, veénse malparat y que los seus sels lo habíen portat per mal camí, com volíe a la seua dona, va recurrí an algúns amics que van fé de intermediaris, y al final se va torná a emportá la dona a casa, a la que va prometre no sé may mes selós; y ademés de aixó, li va doná llissénsia per a que faiguere lo que vullguere, pero en prudénsia, que ell no sen acatare. Y aixina se va quedá, tontet, cornut y esbatussat. Viva lo amor (y mórigue la avaríssia), y viva la compañía.




lunes, 9 de noviembre de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA SEXTA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA SEXTA.

Doña Isabela, están en Leonetto, y sén volguda per micer Lambertuccio, es visitada per éste, y torne lo seu home; a micer Lambertuccio lo fa eixí de casa en un puñal a la ma, y lo seu home acompañe después a Leonetto.

Lo rey li va maná a Pampínea que continuare, y ella va escomensá a di:
són mols los que diuen que Amor li trau a consevol lo señ, y que als que volen los atonte, pero me pareix una mala opinió, com ya u han demostrat algunes charrades que ham sentit, y yo tos u amostraré en esta:

A la nostra siudat, pleneta de coses bones, va ñabé una Siñora jove, noble y mol guapa, dona de un caballé mol valén. Y com moltes vegades passe, que no mos acontentem en una minjada, sino que mos agrade variá, com lo seu home no la satisfee massa, se va encaprichá de un jove, Leonetto, mol amable y cortés, encara que de baixa cuna, y ell tamé se va enamorá de ella: y com ya sabéu que poques vegades se quede sense efecte lo que les dos parts volen, no va passá mol tems hasta que se van enganchá. Va passá que, com ella ere mol maja y amable, de ella se va enamorá mol un atre caballé, micer Lambertuccio, al que ella, com ere un home desagradable y pesat, per res del món podíe disposás a vóldrel. Pero solissitánla ell mol en celestines y no valénli un no per resposta, com ere un home poderós, va maná que la amenassaren en difamála si no cumplíe lo seu gust, aixina que la Siñora, sabén cóm ere, va tindre que sedí. Y habén anat la Siñora (que doña Isabela teníe per nom), com es costum nostra al estiu, a quedás a una majíssima terra seua al campo, va passá que, habén lo seu home anat a caball an algún puesto per a quedás uns díes, va maná ella fé cridá a Lionetto per a que vinguere a está en ella; ell, contentissim, va acudí incontinenti. Micer Lambertuccio, sentín que lo home de la Siñora sen habíe anat fora, ell sol, puján al caball, sen va aná cap aon ella estabe y va cridá a la porta. La criada de la Siñora, al vorel, sen va aná corrén cap an ella, que estabe a la alcoba en Lionetto y, cridánla, li va di:

- Siñora, micer Lambertuccio está a baix, ve ell sol.

La Siñora, al sentí aixó, se va assustá, y li va demaná a Leonetto que se amagare un rato detrás de les cortines hasta que micer Lambertuccio sen anare.

Leonetto, que tamé teníe temó de ell, se va amagá; y ella va maná a la criada que obriguere a micer Lambertuccio; y ell, desmontán del seu caball y lligánlo a una arnella, va pujá cap a dal.
La Siñora, ficán bona cara, y assománse a la escala, lo milló que va pugué lo va ressibí en paraules, y li va preguntá qué fee allí. Lo caballé, abrassánla y besánla, li va di:
- Alma meua, hay sentit que lo vostre home sen ha anat fora, aixina que hay vingut a está un ratet en vos. Y después de estes paraules, van entrá a la alcoba, y tancán per dins, va escomensá micer Lambertuccio a magrejála.

Y están aixina en ella, completamen fora del pensamén de la Siñora, va passá que lo seu home va acudí, y en cuan la criada lo va vore prop de casa, va corre cap a la cámara de la Siñora y li va di: - Siñora, lo siñó casi está aquí, ya deu está al pati. La dona, al sentí aixó, y pensán que teníe dos hómens a casa (y com sabíe que lo caballé no podíe amagás perque lo seu palafrén estabe al pati lligat), se va doná per morta; sin embargo, eixecánse rápidamen del llit, va cavilá algo y li va di a micer Lambertuccio:
- Siñó, si me voleu be, per a salvám de la mort, feu lo que tos diga. Agarréu a la ma lo vostre puñal, y en mal gesto y tot enfadat baixaréu la escala y ton aniréu dién: «Votovadéu, que ya lo enchamparé a un atre puesto»; y si lo meu home vullguere retíndretos o tos preguntare algo, no diguéu res, sol lo que yo tos acabo de di, pugéu a caball y marchéu, y per cap raó tos quedéu en ell. Micer Lambertuccio va di que aixina u faríe; y desenvainán lo puñal, tot sofocat per lo esfors que habíe fet, y enfadat perque habíe tornat lo amo, va fé lo que la Siñora li habíe manat. Lo home de la Siñora, que ya habíe baixat del alazán, maravillánse de vore un atre palafrén y volén pujá cap a dal, va vore a micer Lambertuccio baixá y se va extrañá de les seues paraules y de la cara tan roija de enfadat, y li va preguntá: - ¿Qué es aixó, siñó?

Micer Lambertuccio, ficán lo peu al estribo y montán a caball, no va mes que: - Votovadéu, ya lo trobaré a un atre puesto. Y va colá.

Lo gentilhome, puján al pis, va trobá a la seua dona al cap de la escala, espantada y en cara de temó, y li va preguntá:

- ¿Qué passe aquí? ¿A quí está amenassán micer Lambertuccio, tan enfadat?
La dona, arrimánse a la alcoba per a que Leonetto la sentiguere, va contestá:
- Siñó, may hay tingut tanta temó com avui. Aquí dins ha entrat un jove que no coneixco, fugín de micer Lambertuccio, que lo perseguíe en lo puñal a la ma, y com ha trobat esta alcoba uberta, tremolán me ha dit: «Siñora, ajudéume, per Deu, que no me maton als vostres brassos». Yo me hay alsat de un brinco y només preguntáli quí ere y qué fee aquí, acudix micer Lambertuccio dién: «¿aón estás, traidó?». Yo me hay ficat dabán de la porta de la alcoba y, al volé entrá ell, lo hay parat; en aixó ha sigut mol cortés, com ha vist que no volía que entrare aquí dins, después de refunfuñá ha baixat la escala, com u hau pugut vore.

Va di entonses lo home.

- Dona, hau fet mol be; mol gran deshonra haguere sigut que mataren an algú aquí dins, y micer Lambertuccio haguere fet una gran villanía seguín an algú que se haguere refugiat a dins de la alcoba de una dona. Después li va preguntá aón estabe aquell jove.

La dona va contestá:

- Siñó, se haurá amagat.

Lo caballé va cridá:

- ¿Aón estás? Ix, en confiansa, que soc lo amo de la casa.

Leonetto, que tot u habíe escoltat, tremolán com si tinguere temó de verdat, va eixí de aon estáe.

Va preguntá lo caballé:

- ¿Qué tens tú que vore en micer Lambertuccio?

Lo jove va contestá:

- Siñó, res que yo sápiga, y per naixó crec que no deu está be del cap, o que me ha pres per un atre, perque en cuan me ha vist no mol lluñ de esta casa, al carré, ha agarrat lo puñal y me ha dit: «Traidó, ¡estás mort!». Y no me ha donat tems a preguntáli per quina raó mu díe, mes que hay escomensat a corre tan depressa com hay pogut, y hay entrat a la primera casa uberta que hay trobat, aon, grássies a Deu y an esta noble Siñora, me hay salvat.
Va di entonses lo caballé:

- Pos ves, no tingues mes temó; te portaré a casa teua, y después entératen be de lo que tens que vore en ell.

Y en cuan van acabá de sená, fénlo pujá al seu caball, lo va portá a Florencia y lo va dixá a casa. Y después, segóns les instrucsions ressibides de la Siñora, aquella mateixa nit va parlá en micer Lambertuccio de amagatóns, y en ell van tratá de no parlá de alló may mes, y aixina no sen va enterá lo caballé de la burla que li habíe fet la seua dona.

jueves, 27 de septiembre de 2018

SEGONA JORNADA. NOVELA SÉPTIMA.

Lo sultán de Babilonia envíe a una filla seua a casás en lo rey del Algarve, Portugal, la que, per diverses calamidats, en cuatre añs arribe a les máns de nou homes a diferéns puestos. Al final, restituida al pare com a donsella, torne a la voreta del rey del Algarve com a dona, a lo que anabe primé.

Potsé no se hauríe extés mol mes la história de Emilia sense que la compassió per madama Beritola no los haguere conduít a derramá llágrimes. Pero después de que an aquella história se va ficá fin, li va apetí a la Reina que Pánfilo continuare, contán la seua; per lo que ell, que ere mol ben cregudet, va escomensá:
Difíssilmen, amables Siñores, pot sé sabut per natros lo que mos convé, pel que, com moltes vegades se ha pogut vore, ne han ñagut mols que, estimán que si se faigueren rics podríen viure sense preocupassións y segús, u van demaná a Déu no sol en orassións sino en obres, no rehusán cap pena ni perill per a intentá conseguíu: y cuan u habíen lograt, van trobá que per dessich de tan gran herénsia van aná a matáls los que abáns de que se faigueren rics dessichaben que visqueren. Atres, de baix estat pujats a les altures dels reinos per mich de mil perilloses batalles, per la sang de sons germáns y dels seus amics, creén está an elles la suma felissidat, van vore (no sense la seua mort) que a l´or de les taules reals se bebíe lo veneno. Mols ñabíe que la forsa del cos y la bellesa, y serts ornaméns (adornos) en moltes ganes van dessichá, y no se van percatá de habé dessichat mal hasta que aquelles coses no los van sé ocasió de mort o de dolorosa vida.
Y per a no parlá un per un de tots los dessichos dels humáns, afirmo que no ña ningú que en tota la precaussió, segú dels azars o dessignios de la fortuna pugue sé triat per los vius. Si volém obrá be, a péndre y arramblá hauríem de disposamos lo que mos dono aquell Déu que sap lo que mos fa falta y lo que mos pot doná. Pero si los homes pequen per dessichá varies coses, vatres, grassioses Siñores, mol pecáu per una cosa, que es per dessichá sé mes hermoses, hasta lo pun de que, no bastántos los encáns que per la naturalesa tos han sigut consedits, encara en maravillós arte busquéu aumentáls.
Tos contaré lo hermosa que va sé una mora (sarracena) que, en uns cuatre añs, va tindre que casás nou vegades. Ya ha passat mol tems desde que va ñabé un sultán a Babilonia que va tindre per nom Beminedab, al que als seus díes moltes coses al seu gust li van passá. Teníe éste, entre mols fills mascles y femelles, una filla cridada Alatiel que, pel que tots los que la véen díen, ere la dona mes hermosa que se haguere vist en aquells tems al món.

Lo rey del Algarve li habíe ajudat a Beminedab a guañá una escabechina que habíe caussat moltes baixes a una caterva de árabes que li habíen caigut damún. Lo rey li habíe demanat com una grássia espessial a la filla, y ell lay habíe donat per dona; y en honrada compañía de homes y de dones y en mols nobles y un ric ajuar la va fé montá a una nave ben armada y ben provista, y enviánlay, la va encomaná a Déu. Los marinés, cuan van vore la bonansa del mar, van eixecá al ven les veles y del port de Alejandría van eixí y mols díes van navegá felísmen; y habén passat Cerdeña, se van eixecá un día contraris vens, impetuosos, y lo mar va sacsá tan la nave aon anabe la Siñora y los marinés que moltes vegades se van tindre per perduts. Pero, com eren homes valéns, fen aná tot lo seu arte y tota la seua forsa, sén combatits y esbatussats pel infinito mar, van ressistí durán dos díes; y escomensán ya la tersera nit desde que la tempestat habíe escomensat, y no parán ésta sino que encara creixíe, no sabén aón estaben ni podén calculáu tampoc per la vista, perque lo sel estabe tapat de núgols negres y tenebrosa nit, están no mol mes allá de Mallorca, van sentí que cruixíe la nave. Pel que, no veén reméi per a la seua salvassió, van aviá a la mar una chalupa, y confián mes en ella que en la nave esbadocada, allí se van aviá los patróns, y después de ells tots los homes que ñabíe a la nave, y creén fugí de la mort se la van trobá de cara: perque no podén en aquell mal tems aguantán a tans, se va afoná la chalupa y se van aufegá tots.
Y la nave, que per lo impetuós ven ere espentada, encara que tota badada estiguere y ya casi plena de aigua - no habénse quedat an ella dingú mes que la Siñora y les seues dones, y totes per la tempestat del mar y per la temó vensudes, estáen tombades a bordo com si estaren mortes - navegán mol rápidamen, va aná a varás a una playa de la isla de Mallorca, en tan ímpetu que se va empotrá casi sansera a la arena, a un tiro de pedra de la vora; y allí, batuda pel mar, sense podé sé moguda pel ven, se va quedá durán la nit. Arribat lo día cla y algo apassiguada la tronada, la Siñora, que estabe mich morta, va alsá lo cap y, tan fluixeta com estabe va escomensá a cridá a la seua servidumbre, pero en vano cridabe: los criats cridats estaben massa lluñ.
Com no contestabe dingú ni vée a dingú, se va assustá mol y va tindre molta temó; y com milló va pugué, eixecánse, a les dames que eren la seua compañía y a les atres dones va vore tombades, y les va aná sacsán, después de mol cridá a poques va trobá en vida, perque se habíen mort per lo estómec revolt y escagarsades per la gran temó: pel que la po de la Siñora se va fé encara mes gran. Pero apretánli la nessessidat de dessidí algo, ya que allí sola se veíe (y sense sabé aón estabe), tan va animá a les que vives estaben que les va fé eixecás; y veén que no sabíen aón habíen anat los homes, la nave varada an terra y plena de aigua, totes elles van escomensá a plorá. Y va arribá la hora de nona abáns de que a dingú veigueren, ni per la vora ni a cap atra part, a qui pugueren despertá la piedat y les ajudare.
Arribat michdía, per sort, tornán de una terra seua va passá per allí un gentilhome de nom Pericón de Visalgo, en mols criats a caball; éste, veén la nave, se va imaginá lo que ere y va enviá a un dels criats cap an ella per a que li contare lo que ñabíe.

Lo criat, encara que fénu en dificultat, allí va pujá y va trobá a la noble jove y la poca compañía que teníe, daball de la punta de la proa, tota tímida, amagada. Y elles, al vórel, plorán van demaná missericórdia moltes vegades, pero donánse cuenta de que no les enteníen y de que elles no los enteníen, per señes se van ingeniá en amostráli la seua desgrássia. Lo criat, com milló va pugué mirán totes les coses, va contá a Pericón lo que allí ñabíe, y éste va fé portá a les dones y les coses mes pressioses que allí ñabíe y que van podé agarrá, y en elles sen va aná a un castell seu; y allí en minjá, beure y repós reconfortades les Siñores, va compéndre, per lo ric ajuar, que la dona que habíe trobat teníe que sé una gran y noble Siñora, y va sabé quina ere al vore los honors que les atres li féen an ella. Y encara que estabe blanca y desarreglada per les penes del mar, les seues facsións li van paréixe bellíssimes a Pericón, per lo que va deliberá que si no tinguere home la voldríe per dona, y si per dona no puguere tíndrela, la voldríe tindre per amiga.
Ere Pericón home de fiero aspecte y mol robusto; y habén fet serví mol be durán algúns díes a la Siñora, y están ella tota reconfortada, veénla ell hermossíssima, apenat per no podé enténdrela ni ella an ell, y aixina no podé sabé quí ere, pero no per naixó menos prendat de la seua bellesa, en obres amables y amoroses va intentá convénsela per a pugué cumplí lo su plaé sense oposás. Pero ere en vano: ella no volíe la seua familiaridat, y mes se inflamabe lo ardó de Pericón. La dona, com ya portaben uns díes allí y sen donáe cuenta per les costums de que entre cristianos estabe, y a un puesto aon, si haguere sabut féu, lo donás a conéixe de poca cosa li servíe, pensán que a la llarga o per la forsa o per amor tindríe que satisfé los gustos de Pericón, se va proposá calsigá la miséria de la seua fortuna, y a les seues dones, que mes de tres no ni habíen quedat, va maná que a dingú manifestaren quí eren, salvo si an algún puesto se trobaren aon veiguéren que podríen trobá una ajuda per a la seua libertat. Ademés de aixó, animánles mol a conservá la seua castidat, va afirmá que ella se habíe proposat que may dingú gosaríe de ella mes que lo seu home. Les seues dones la van alabá per naixó, y li van di que observaríen tan com puguéren la seua órden.
Pericón, inflamánse mes de día en día, y mes cuan vee de prop la cosa dessichada y moltes vegades li ere negada, y veén que los seus piropos no li valíen, va prepará tot lo seu ingenio y arte, reservánse la forsa per al final. Sen va doná cuenta que a la Siñora li agradae lo vi, y com no estabe acostumbrada a beure, en ell, com ministre de Venus va pensá que podíe conseguíla, y, aparentán no preocupás de que ella se mostrare fura, va fé una nit un magnífic sopá, a la que va acudí la Siñora; y en ella, sén per moltes coses alegrada lo sopá, va maná al que la servíe que en uns cuans vins mesclats li donare de beure. Lo sommelier u va fé, y ella, que de alló no se guardabe, una mica acalentada per la beguda, va afluixá la seua honestidat; pel que, olvidán totes les adverténsies passades, se va ficá alegre, y veén an algunes dones ballá a la moda de Mallorca, ella a la manera alejandrina va ballá. Veénu Pericón, está prop li va paréixe del que dessichabe, y continuán lo sopá en mes abundánsia de minjás y de begudes, va aná allargán la velada. Al final, anánsen los convidats, sol en la Siñora va entrá a la seua alcoba; ella, mes calenta pel vi que templada per la honestidat, com si Pericón haguere sigut una de les seues dones, sense cap contensió de vergoña se va ficá descorcholí (despullá) en presénsia de ell y se va ficá al llit. Pericón no va dudá en seguíla, y apagán totes les llums, a l’atra part se va gitá jun an ella, y agarránla en brassos sense cap ressisténsia, en ella va escomensá amorosamen a voltá y girá. Después de habéu probat, no habén sentit may abáns en quina forsa espenten los homes de verdat, casi arrepentida de no habé acsedit abáns a les insinuassións de Pericón, sense esperá a sé invitada a tan dolses nits, moltes vegades se invitabe ella mateixa, no en paraules, en les que no se sabíe fé enténdre, sino en obres. An este gran plaé de Pericón y de ella, no están la fortuna contenta en habéla fet en ves de dona de un rey amiga de un castellano, va passá lo siguién:
Teníe Pericón un germá de vintissing añs de edat, guapo y fresc com una rosa, de nom Marato; éste, habénla vist y habénli agradat mol, pareixénli que segóns les seues acsións li agradabe, com Pericón la guardabe seguit, va cavilá una maldat: y al pensamén va seguí sense tregua lo criminal efecte.

Estabe entonses, per casualidat, al port de la siudat, una nave carregada de mercansía per a aná a Clarentza, a Romania, de la que eren patróns dos joves genovesos, y teníe ya la vela eixecada per a anássen en cuan bon ven bufare; en éstos se va conchabá Marato, y van arreglá que la nit siguién siríe ressibit en la dona. Y fet aixó, al fes de nit, va aná en algúns de los seus fidelíssims compañs a casa de Pericón, secretamen, habíe demanat ajuda per a lo que pensabe fé, y a la casa, segóns lo que habíen acordat, se va amagá. Y después de passá una part de la nit, habén ubert als seus compañs, allá aon Pericón en la dona dormíe sen va aná, y obrín la cámara, van assessiná a Pericón mentres dormíe y a la dona, desperta y gañolán, amenassánla de mort si fée algún soroll, se la van emportá; y tamé gran cantidat de les coses mes pressioses de Pericón, sense que dingú los haguere sentit, sen van aná al port, y allí sense tardá van pujá a la nave Marato y la dona, y los seus compañs se van doná la volta y van colá.


Los marinés, tenín ven favorable y fresc, se van fé a la mar. La dona, amargamen de la seua primera desgrássia y de ésta se va dóldre mol; pero Marato, en lo San-Crescencio-en-máque Déu li habíe donat va escomensá a consolála de tal manera que ella, ya familiarissánse en ell, va olvidá a Pericón; y ya li pareixíe trobás be cuan la fortuna li va portá noves tristeses, com si no estiguere contenta en les passades. Sén ella hermossíssima de aspecte, com ya ham dit moltes vegades, y de maneres mol dignes de alabansa, tan ardénmen de ella los dos patróns de la nave se van enchochá que, olvidánse de consevol atra cosa, sol a servíla y a agradála se aplicaben, tenín cuidado sempre de que Marato no sen donare cuenta de la seua intensió. Habénsen donat cuenta la un del amor del atre, van tindre una secreta conversa y van convindre en guañás aquell amor común, com si Amor se puguere partí com se fa en les mercansíes y les ganánsies. Y veénla mol custodiada per Marato, y per naixó impedit lo seu propósit, anán un día la nave a molta velossidat, en mes nugos que la fusta de sabina, y Marato están a la popa y mirán al mar, no sospechán res de ells, sen van aná an ell de común acuerdo y, agarránlo rápit per detrás lo van aventá al mar; y ya estaben mes de una milla náutica alluñats abáns de que dingú sen haguere donat cuenta de que Marato habíe caigut al mar; lo que sentín la dona y no veén manera de podél recobrá, nou dol va escomensá a tindre. Y al seu consol los dos amáns van vindre, y en dolses paraules y grandíssimes promeses, encara que ella poc los entenguere, an ella, que no tan pel perdut Marato com per la seua desventura plorae, se ingeniaben en tranquilisá. Y después de llargues considerassións una y un atra vegada dirigides an ella, pareixénlos que la habíen consolat, va vindre la hora de discutí entre ells quí se la emportaríe primé al catre. Y volén los dos sé lo primé y no podén arribá a cap acuerdo entre los dos, primé en paraules series y dures van escomensá un altercat y ensenénse en ira van fótre má als gaviñets, y furiosamen se van aviá la un damún de l´atre; y mols cops, no podén los que a la nave estaben separáls, se van doná un al atre, y un d'ells va caure mort, y l´atre gravemen ferit, pero va quedá en vida; aixó va desagradá mol a la dona, y com se veíe sola, sense ajuda ni consell, mol se temíe que contra nella se girare la ira dels paréns y dels amics dels dos patróns; pero los rogs del ferit y la arribada a Clarentza del perill de mort la van librá. Allí, jun en lo ferit, van baixá a terra firme, y están en ell a un albergue, va córre la fama de la seua gran bellesa per la siudat, y als oíts del príncipe de Morea, que entonses estabe a Clarentza, va arribá: pel que va voldre vórela, y veénla, y mes del que la fama diebe pareixénli hermosa, tan ardénmen se va enamorá de ella que en atra cosa no podíe pensá. Y habén sentit com habíe arribat allí, se va proposá conseguíla per an ell, y buscánli la volta y sabénu los paréns del ferit, sense esperá mes lay van enviá rápidamen; al príncipe li va agradá mol y a la dona tamé, perque fora de un gran perill li va paréixe está. Lo príncipe, veénla ademés de per la bellesa adornada en trajes reals, no podén de atra manera sabé quí ere ella, va estimá que siríe noble Siñora, y va doblá lo seu amor per nella; y tenínla mol honradamen, no com amiga sino com a dona la tratabe. Considerán la dona los passats mals y pareixénli está bastán be, tan consolada y alegre estabe mentres los seus encantos floríen que de res mes pareixíe que se tinguere que parlá a Romania.
Lo duque de Atenas, jove y guapo y arrogán, amic y parén del príncipe, va volé vórela: y fen com que viníe a visitál, com acostumbrabe a fé de Pascues a Rams, en bona y honorable compañía va aná cap a Clarentza, aon va sé honradamen ressibit en gran festa. Después de algúns díes, parlán los encantats dels encantos de aquella dona encantadora, va preguntá lo duque si eren cosa tan admirable com se diebe; a lo que lo príncipe va contestá:

- Mol mes; pero de aixó no les meues paraules sino los teus ulls vull que dónon fe.

A lo que, invitán al duque, juns van aná cap aon ella estabe; ella, mol cortésmen y en alegre cara, sabén ya de la seua vinguda, los va ressibí. La van fé sentá entre ells, pero no se va pugué parlá en ella perque poc o gens de aquella llengua enteníe; los dos la miraben com a cosa maravillosa, y mes lo duque, que apenes podíe creure que fore cosa mortal, y sense donás cuenta, al mirála, en lo amorós veneno que dels ulls bebíe, creén que lo seu gust satisfée miránla, se va enviscá an ell mateix, enamoránse de ella completamen. Y después de anássen y están sol pensán, pensabe que lo príncipe ere lo home mes felís a la terra, y después de mols pensaméns, pesán mes lo seu fogós amor que la seua honra, va determiná, passare lo que passare, privá al príncipe de aquella felissidat y fes felís en ella an ell mateix si puguere. Y, tenín al ánimo donás pressa, dixán tota raó y tota justíssia apart, als engañs va disposá tot lo seu entenimén; y un día, segóns lo plan cavilat, en un secretíssim camarero del príncipe que teníe per nom Ciuriaci, tots los seus caballs y les seues coses va fé prepará per a anássen, y venín la nit, en un compañ, ben armats, Ciuriaci lo va portá a la alcoba del príncipe de amagatóns y en silénsio. Lo va vore tot despullat perque fée molta caló. Mentres dormíe la dona, ell estabe a una finestra uberta al port, prenén la briseta que de aquella part bufáe. Habén abáns informat del que faríe als seus compañs, silensiosamén va caminá per la cámara hasta la finestra, y allí en un gaviñet, ferín al príncipe a la riñonada, lo va traspassá de part a part, y agarránlo rápidamen, lo va aventá per la finestra aball.


Estabe lo palau a la vora del acantilat y mol alt, y aquella finestra a la que estabe entonses lo príncipe donabe a unes cases que habíen sigut assolades pel ímpetu del mar, a les que poques vegades o may hi anabe dingú; pel que va passá, tal com lo duque u habíe previst, que la caiguda del cos del príncipe no va sé sentida per dingú. Lo compañ del duque, veén que alló estabe fet, va agarrá rápidamen un cabestro (brida, corda) que portabe per an alló, y fingín féli caríssies a Ciuriaci, li va fé una lligassa a la gola y va estirá estrangulánlo, de manera que Ciuriaci no va pugué fé cap soroll; y reunínse en ell lo duque, lo van acabá de asfixiá, y aon lo príncipe estabe, lo van aviá an ell tamé. Y fet aixó, veén que no los habíen sentit ni la dona ni dingú, va agarrá lo duque una llum a la má y la va eixecá sobre lo llit, y silensiosamén va destapá a la dona sansereta, que dormíe profúndamen; y miránla la va apressiá mol, y si vestida li habíe agradat sense comparassió li va agradá despullada. Pel que, inflamánse en mes gran dessich, sense está espantat pel ressién pecat cometut, en les máns encara ensangrentades, jun an ella se va gitá y están ella mich adormida, creén que ere lo príncipe, van fornicá. Después de está en ella un bon rato en grandíssim plaé, eixecánse y fen vindre allí an algúns del seus compañs, va fé agarrá a la dona de manera que no puguere fé soroll, y per una porta falsa, per aon habíe entrat ell, emportánsela y ficánla a caball, lo mes silensiosamén que van pugué, en tots los seus se va ficá en camí y sen van entorná cap a Atenas. Pero com teníe dona, no a Atenas sino a un puesto seu mol majo a les afores de la siudat jun al mar, va dixá a la mes dolorosa de les dones, tenínla allí amagada y fénla serví honradamen de tot lo que nessessitabe.

Pel matí siguién, los cortessáns del príncipe habíen esperat hasta la hora de nona a que lo príncipe se eixecare; pero com no sentíen res, espentán les portes de la cámara que estaben entreubertes, y no trobán allí a dingú, pensán que sen habíe anat an alguna part per a está sols ben a gust en aquella hermosa dona, no se van preocupá mes. Va passá que, al día siguién, un loco, entrán per les ruines aon estaben lo cos del príncipe y lo de Ciuriaci, en la maroma va arrastrá afora a Ciuriaci, y lo anabe arrossegán detrás de ell. Aixó va sé vist per mols, y se van fé portá pel loco allí aon lo habíe trobat, y en grandíssim doló de tota la siudat, van trobá lo cos del príncipe, y lo van sepultá; y van investigá este gran crimen, y veén que lo duque de Atenas no estabe, y que sen habíe anat furtivamen, van creure, com ere, que ell debíe habé fet alló y se habíe emportat a la dona. Van sustituí al príncipe per un germá del mort, y lo van insitá en tot lo seu poder a la vengansa; éste, per moltes atres coses confirmat después que habíe sigut tal com u habíen pensat, cridán a amics y paréns y criats de diverses parts, va reuní una gran, bona y poderosa hueste, y se van adressá a féli la guerra al duque de Atenas. Lo duque, sentín estes coses, com a defensa va aparellá tot lo seu ejérsit, y van vindre a ajudál mols Siñós, entre los que, enviats pel emperadó de Constantinopla, estaben Costanzo, lo seu fill, y Manovello, lo seu nebot, en atres grans hómens, que van sé ressibits honradamen pel duque, y mes per la duquesa, perque ere san germana. Están la guerra mes prop cada día, la duquesa, va fé vindre als dos a la seua cámara, y allí entre llágrimes y en moltes paraules tota la história los va contá, contánlos los motius de la guerra y la ofensa feta contra nella pel duque en la dona a la que teníe de amagatóns; y dolénse mol de alló, los va rogá que al honor del duque y al consol de ella oferigueren la reparassió que cregueren milló.
Sabíen los joves cóm habíe sigut tot aquell fet y, per naixó, sense preguntá massa, van confortá a la duquesa lo milló que van sabé y la van plená de bona esperansa, y informats per nella de aón estabe la dona, sen van aná.
Com habíen sentit moltes vegades parlá de la dona maravillosa, van volé vórela y al duque li van demaná que los hi mostrare; recordán lo que al príncipe li habíe passat per habélay enseñat an ell, va prométre féu: y fet aparellá a un bellíssim jardí, al puesto aon estabe la dona, un magnífic diná, al día siguién, an ells y algúns atres compañs a minjá en ella los va portá. Y están assentat Costanzo en ella, la va escomensá a mirá ple de maravilla, diénse que may habíe vist res tan hermós, y que sertamen per excusat podíe tíndres al duque y a consevol que per a tindre una cosa tan hermosa cometiguere traissió o consevol atra acsió deshonesta: y una vegada y atra miránla, y selebránla cada vegada mes, li va passá an ell lo que li habíe passat al duque. Pel que, anánsen enamorat de ella, abandonat tot lo pensamén de guerra, se va ficá a pensá cóm lay podríe péndre al duque. Pero mentres ell se inflamabe en este foc, va arribá lo tems de eixí contra lo príncipe que ya se arrimabe a les terres del duque; lo duque y Costanzo y tots los atres, segóns lo plan fet a Atenas, van aná a luchá a les fronteres, per a que no puguere abansá lo príncipe. Y estánse allí mols díes, tenín sempre Costanzo al ánimo y al pensamén an aquella dona, imaginán que, ara que lo duque no estabe en ella, mol be podríe conseguí lo que volíe. Com a excusa per a torná a Atenas va fingí está mol dolén, y en permís del duque, delegat tot lo seu poder a Manovello, cap a Atenas va aná a la vora de la germana, y allí, después de algúns díes, fénla parlá sobre la ofensa que del duque li pareixíe ressibí per la dona que teníe, li va di que, si ella volíe, ell la ajudaríe, traénla y emportánsela de allí aon estabe. La duquesa, creén que Costanzo per amor an ella y no pel de la dona u fée, va di que li agradaríe mol sempre que se faiguere de manera que lo duque may sapiguere que ella habíe consentit alló. Costanzo lay va prométre, la duquesa va consentí que ell u faiguere com milló li pareguere.

Costanzo, de amagatóns, va fé armá una barca ligera, y aquella nit la van amagá prop del jardí aon vivíe la dona, informats los seus que en ella estaben del que habíen de fé, y en uns atres van aná cap al palau aon estabe la dona, aon va sé alegremen ressibit per aquells que allí al servissi de ella estaben, y tamé per la dona; y en ésta, acompañada per los seus criats y per los compañs de Costanzo van aná al jardí. Y com si a la dona de part del duque vullguere parláli, en ella, cap a una porta que donabe al mar, sols sen van aná; están ya la porta uberta per un del seus compañs, y allí en la siñal convinguda cridada la barca, fénla agarrá y ficá a la barca, giránse cap als seus criats, los va di:
- Que dingú se mogue ni digue cap paraula, si no vol morí, perque no li robo al duque la seua dona, me emporto la vergoña que li fa a man germana.
An aixó dingú se va atreví a contestá; pel que Costanzo, ya a la barca y arrimánse a la dona que plorae, va maná que ficaren los remos al aigua y sen anigueren; estos, no bogán (remán) sino volán, casi al alba del día siguién van arribá a Egina. Baixán aquí a terra firme y descansán Costanzo en la dona, que la seua desventurada hermosura plorae, se va tranquilisá; y después van torná a pujá a la barca, y en pocs díes van arribá a Quíos, y allí, per temó als renecs y a la bronca de son pare y per a que la dona robada no li siguere arrebatada, li va apetí a Costanzo com quedás allí, aon mols díes la dona va plorá la seua desventura, pero después, consolada per Costanzo, com les atres vegades habíe fet, va escomensá a agarráli lo gustet a lo que la fortuna li deparabe.

Mentres estes coses anaben de esta manera, Osbech, entonses rey dels turcos, que estabe en continua guerra en lo emperadó, va vindre per casualidat a Esmirna, y sentín allí que Costanzo estabe a Quíos en una dona seua que habíe robat, y sense cap precaussió, sen va aná cap allí en unes barquetes armades una nit y de amagatontes en la seua gen va entrá a la siudat, ne va pessigá mols als seus llits abáns de que sen donaren cuenta de que los enemics habíen arribat; y an algúns que, despertánse, habíen corregut a les armes, los van matá, y, botánli foc a tota la siudat, lo botín y los prissioneros (presonés) ficats a les naves, cap a Esmirna sen van entorná. Arribats allí, trobán Osbech, que ere home jove, al revisá lo botín, a la hermosa dona, y coneixén que aquella ere la que en Costanzo habíe sigut pessigada al llit, se va ficá mol contén de vórela; y sense tardá la va fé la seua dona y va selebrá les bodes, y en ella se va gitá contén mols mesos.
Lo emperadó, que abáns de que estes coses passaren habíe tingut trates en Basano, rey de Capadocia, per a que contra Osbech baixare per una part en les seues forses y ell en les seues lo assaltare per l’atra, y no habíe pogut cumplíu encara del tot perque algunes coses que Basano demanabe, com eren menos conveniéns no habíe pogut féles, sentín lo que a son fill li habíe passat, triste se va ficá. Va fé sense tardá lo que lo rey de Capadocia li demanabe, y va solisitá que baixare contra Osbech, preparánse ell a l’atra part per a fótresseli damún. Osbech, al sabé aixó, reunit lo seu ejérsit, abáns de sé agarrat al mich per los dos poderosos Siñós, va aná contra lo rey de Capadocia, dixán a Esmirna al cuidado de un fiel familiá y amic a la seua bella dona; y enfrentánse en lo rey de Capadocia después de algún tems va trobá la mort a la batalla y lo seu ejérsit va sé vensut y dispersat. Basano, victoriós, va aná cap a Esmirna, y al arribá, tota la gen com a vensedó lo obeíe. Lo familiá de Osbech, de nom Antíoco, que teníe a la hermosa dona a cárrec, per tranquil que fore, veénla tan bella, sense observá lealtat al seu amic y siñó, de ella se va enamorá; y com sabíe la seua llengua, y an ella aixó mol li agradabe, perque uns cuans añs com sorda y muda habíe tingut que viure, per no habéla entés dingú y ella no habé entés a dingú, insitat per l´amor, va escomensá a péndre tanta familiaridat en ella en pocs díes y no tenín cap considerassió al seu siñó que en armes y en guerra estabe, van fé un trate no sol amistós sino amorós, trobán tan la un com l´atre maravillós plaé daball dels llansols. Sentín que Osbech estabe vensut y mort, y que Basano veníe de pillaje, van dessidí no esperál allí y agarrán molta part de les coses de mes valor que allí teníe Osbech, juns y de amagatóns, sen van aná a Rodas; y no habíen viscut allí mol tems cuan Antíoco va enfermá de mort.

Están allí un mercadé chipriota mol amat per nell y mol amic seu, sentínse passá als atres, va pensá que li dixaríe an ell les seues coses y a la seua dona.
Y ya afilán la dalla de la mort, los va cridá als dos, diénlos:
- Vech que men vach sense reméi; lo que me dol, perque may tan me va agradá viure com ara me agradabe. Y sert es que de una cosa me mórigo contentíssim, perque, tenín que morí, me vech morí als brassos de les dos persones a qui vull mes que a cap atra que ñague al món, als teus, mol vullgut amic, y als de esta dona a qui mes que a mí mateix hay estimat desde que la vach conéixe. Es verdat que dolorós me es sabé que se quede forastera y sense ajuda ni consell, al morím yo; y mes dolorós me siríe encara si no te veiguera a tú que crec que tindrás cuidado de ella pel meu amor com lo tindríes de mi mateix; y per naixó, te rogo que, si me mórigo, que les meues coses y ella se quedon al teu cuidado, y de les unes y de l’atra fes lo que cregues que sirá lo consol de la meua alma. Y a tú, mol volguda dona, te rogo que después de la meua mort no me olvidos, per a que yo allá puga vassilá de que soc amat aquí per la mes hermosa dona que may va sé formada per la naturalesa. Si de estes dos coses me donáreu segura esperansa, sense cap duda men aniré consolat. Lo amic mercadé y la dona, al sentí estes paraules, ploraben; y habén callat ell, lo van confortá y li van prometre pel seu honor fé lo que los demanabe, si ell se moríe; y poc después va expirá y per nells va sé sepultat honorablemen. Después de pocs díes, habén despachat lo mercadé chipriota tots los seus negossis a Rodas y volén torná a Chipre en una coca(barquet) de cataláns que allí ñabíe, va preguntá a la hermosa dona qué volíe fé, ya que an ell li conveníe torná a Chipre.
La dona va contestá que aniríe en ell, si li apetiguere, de bona gana, esperán que per l´amor de Antíoco siríe tratada y mirada per nell com una germana. Lo mercadé va contestá que lo que an ella li agradare se faríe: y, per a deféndrela de consevol ofensa que puguere sobrevíndreli abáns de que arribaren a Chipre, va di que ere la seua dona. Van pujá a la nave, y habénlos donat un camarote a la popa, per a que les obres no pareguéren contráries a les paraules, en ella dormíe a una litera (llitera) bastán minuda. Pel que va passá lo que encara no habíe sigut acordat al partí de Rodas; es di que, insitánlos la oscurina, la comodidat y la caldoreta del llit, olvidada la amistat y l´amor per Antíoco mort, moguts per les ganes, van escomensá a burchás la un al atre, y abáns de que a Pafos arribaren, de aon ere lo chipriota, se habíen fet paréns; y una vegada a Pafos, mol tems va está en lo mercadé.
Va passá que a Pafos va arribá per algún assunto seu un gentilhome de nom Antígono, en mols añs y juissi encara mes gran, pero poques les riqueses, perque habénse enfangat en moltes coses al servissi del rey de Chipre, la fortuna li habíe sigut contraria. Este, passán un día per dabán de la casa aon la hermosa dona vivíe, habén anat lo mercadé chipriota en la seua mercansía cap a Armenia, li va passá per ventura vore a una finestra de la casa an esta dona. Com ere hermossíssima, va escomensá a mirála fíxamen, y volíe enrecordássen de aon la habíe vist atres vegades, pero de cap manera li veníe al cap.
La hermosa dona, que mol tems habíe sigut un juguet de la fortuna, arrimánse al final dels seus mals, al vore a Antígono se va enrecordá de habél vist a Alejandría al servissi de son pare, en no baixa condissió; pel que, consebín una esperansa de podé torná al estat real en los seus consells, sense pensá en lo mercadé, va fé cridá a Antígono. Vingut an ella, en timidés li va preguntá si ell ere Antígono de Famagusta, com creíe. Antígono va contestá que sí, y ademés de alló va di:
- Siñora, a mí me pareix conéixetos, pero no puc enrecordám de aón tos hay vist abáns; pel que tos rogo, si no tos es engorrós, que me faigáu memória de quí sou. La dona, veén que ere ell, plorán mol li va ficá los brassos al coll, y, después de una mica, an ell, que mol se maravillabe, li va preguntá si la habíe vist a Alejandría. Sentín Antígono esta pregunta la va reconéixe, ere aquella Alatiel, la filla del sultán que se creíe morta al mar, y va volé féli reverénsia; pero ella no lo va dixá, y li va rogá que en ella se assentáre una mica. Li va preguntá cóm y cuán y desde aón habíe arribat allí, ya que se creíe per tota la terra de Egipto que se habíe aufegat al mar, fée ya algúns añs.
A lo que va di la dona:
- Mes me valdríe que haguere sigut aixina en ves de habé tingut la vida que hay portat, y crec que mon pare voldríe lo mateix, si u sapiguere.
Y dit aixó, va torná a plorá; Antígono li va di:

- Siñora, no tos desconsoléu. Contéume les vostres calamidats y quina vida hau portat; per ventura los vostres assuntos podrán encaminás de un atra manera, en ajuda de Déu.
- Antígono - va di la hermosa dona - , me va paréixe vore a mon pare al vóret a tú, y moguda per l´amor y la ternura que an ell li hay tingut, podénme amagá me hay manifestat a tú; y per naixó, lo que durán la meua mala fortuna sempre hay tingut amagat, a tú com si fores mon pare tu descubriré. Si veus que pots fém torná de algún modo a la meua condissió, te rogo que u fáigues; si no u veus cla, te rogo que may a dingú li digues que me has vist o que has sentit algo de mí.
Y dit aixó, sempre plorán, lo que li habíe passat desde que va naufragá a Mallorca hasta aquell pun li va contá; Antígono, mogut per la Piedat, va escomensá a plorá, y después de pensá un rato, va di:

- Siñora, ya que amagat ha estat quí sou, sense falta tos tornaré mes volguda que may al vostre pare, y después com dona al rey del Algarve. Y preguntat per nella que cóm, lo que habíe de fé li va di; y sense pédre tems, sen va entorná Antígono cap a Famagusta y sen va aná a trobá al rey, al que li va di:
- Siñó meu, podéu al mateix tems fétos grandíssim honor a vos, y a mí (que soc pobre per vos) gran profit sense que tos costo mol.
Lo rey li va preguntá cóm. Antígono entonses va di:

- A Pafos ha arribat la hermosa jove filla del sultán, de la que ha corregut tan la fama de que se habíe aufegat; y, per a presservá la seua honestidat, grandíssimes privassións ha patit mol tems, y ara se trobe en pobre estat y dessiche torná a son pare. Si a vos tos apetix enviálay en la meua custodia, siríe un gran honor per a vos, y un gran be per a mí; y no crec que may tal servissi se li olvidare al sultán.
Lo rey, mogut per real magnanimidat, va contestá que sí: y envián a per nella, a Fainagusta la va fé vindre, aon per nell y per la Reina en incontable festa y en magnífic honor va sé ressibida; después, lo rey y la Reina li van preguntá per les seues calamidats, y segóns los consells donáts per Antígono va contestá y u va contá tot. Y pocs díes después, demanánu ella, lo rey, en bona y honorable compañía de homes y de dones, en la custodia de Antígono la va torná al sultán; si va sé selebrada la seua tornada dingú u pregunte, tots u saben be, y lo mateix en Antígono en tota la seua compañía. Después de descansá una miqueta, va volé lo sultán sabé cóm ere que estabe viva, y aón se habíe aturat tan tems sense may habéli fet sabé res sobre la seua condissió.
La jove, que habíe adeprés be les enseñanses de Antígono, a son pare aixina li va escomensá a parlá:
- Pare meu, después de vin díes de anámen del vostre costat, per una fiera tempestat la nostra nave se va esguellá, va encallá a sertes playes allá al Ocsidén, prop de un puesto que se diu Aigüesmortes, una nit, y qué va passá en los homes que a la nostra nave anaben no u sé ni u vach sabé may; de lo que men enrecordo es de que, arribat lo día y yo casi tornán de la mort a la vida, habén sigut ya la nave vista per los llauradós, van córre a robála desde tota la comarca, y yo y dos de les meues dones vam sé ficades a la vora primé, y después agarrades per los joves que van escomensá a fugí, un en una y los atres en les atres pobretes. Qué va sé de elles no u vach sabé may; pero habénme agarrat a mí, que me ressistía esgarrañánlos, entre dos joves y arrastránme per los pels, plorán yo, va passá que, passán los que me arrastraben per un caminet per a entrá a un bosque grandíssim de carrasques, cuatre homes en aquell momén van aparéixe per allí a caball, y los que me arrossegáen me van soltá y sen van aná pitán. Los cuatre homes, que per lo seu semblán me pareixíen de autoridat, vist alló, van córre aon yo estaba y mol me van preguntá, y yo mol vach di, pero ni me van entendre ni an ells los vach compéndre. Ells, después de llarga consulta, pujánme a un dels seus caballs, me van portá a un monasteri de nones (monges), y vach sé allí ressibida y sempre honrada, y en gran devossió jun en elles hay servit desde entonses a San-Crescencio-a-la-cova, a qui les dones de aquell país adoren. Pero después de está un tems en elles, y habén adeprés ya algo de la seva llengo, preguntánme quí era y de aón, y sabén yo aón estaba y tenín temó de, si día la verdat, sé perseguida com enemiga de la seua religió, vach contestá que era filla de un gran gentilhome de Chipre, que me habíe enviat a Creta per a casám, y per azar allí habíem sigut portats al naufragá. Y moltes vegades en moltes coses, per temó a lo pijó, vach acatá les seues costums; y preguntánme la mes gran de aquelles Siñores, a la que díen «abadesa», si a Chipre me agradaríe torná, vach contestá que res dessichaba mes; pero ella, procurán pel meu honor, may me va volé confiá a dingú que cap a Chipre vinguere hasta que fa uns dos mesos, cuan van arribá allí serts homes bons de Fransa en les seues dones, entre los que algún parén teníe la abadesa, y sentín ella que a Jerusalén anaben a visitá lo sepulcro aon aquell a qui tenen per Déu va sé enterrat después de sé matat per los judíos a la Creu, an ells me va encomaná, y los va rogá que a Chipre vullgueren entregám a mon pare. Cuán me van honrá estos gentilhomes y alegremen me van ressibí jun a les seues dones, llarga história siríe de contá. Embarcats, pos, a una nave, después de mols díes vam arribá a Pafos; y allí, sense conéixem dingú ni sabé qué tenía que di als gentilhomes que a mon pare me volíen entregá, segóns los habíe sigut manat per la venerable Siñora, me va portá Déu, a qui potsé donaba llástima, a Antígono a la mateixa hora que natros desembarcáem a Pafos; lo vach cridá y en la nostra llengua, per a no sé entesa per los gentilhomes ni les Siñores, li vach di que com a filla me ressibiguere. Ell me va entendre enseguida; y fénme gran festa, an aquells gentilhomes y an aquelles Siñores segóns les seues pobres possibilidats va honrá, y me va portá al rey de Chipre, que en honor me va ressibí y aquí a vos me ha enviat. Si algo per di quede, que u conto Antígono, que moltes vegades me ha sentit esta peripéssia. Antígono, entonses, giránse cap al sultán, va di:

- Siñó meu, tal com me u ha contat moltes vegades y com aquells gentilhómens en los que va vindre me van contá, tos u ha contat; sol una part ha dixat per dítos: cuán me van parlá de la honesta vida que en les Siñores religioses habíe portat y de la seua virtut y de les seues loables costums, y de les llágrimes y dels plos que van fé les Siñores y los gentilhomes cuan, tornánmela, se van separá de ella. De estes coses si yo vullguera di lo que ells me van di, no en este día sino en tota la nit que ve no ne tindríem prou; segóns les seues paraules mostraben y lo que yo hay pogut vore, podéu está orgullós de tindre la mes hermosa filla y la mes honrada y la mes valenta que datre siñó que porto corona pugue tindre.
Estes coses va selebrá lo sultán y moltes vegades va rogá a Déu que li donare la grássia de recompensá a consevol que haguere honrat a la seua filla, y mes al rey de Chipre per qui honradamen li habíe sigut tornada; y después de uns díes, habén fet prepará grandíssims regalos per a Antígono, li va doná llisénsia de torná a Chipre, donánli al rey en cartes y en embaixadós espessials grandíssimes grássies pel que li habíe fet a sa filla. Y después de aixó, volén que lo que habíe sigut escomensat se faiguere, es a di, que ella fore la dona del rey del Algarve, an éste tot lay va fé sabé, escribínli y diénli que si li apetíe tíndrela per dona, que enviare an algú per nella. Mol va selebrá aixó lo rey del Algarve y, envián honorablemen a per nella, alegremen la va ressibí. Y ella, que en uns atres vuit homes unes deu mil vegades se habíe gitat, a la seua vora se va gitá com si fore virgen, y li va fé creure que u ere, y, Reina, en ell alegremen mol tems va viure después. Y per naixó se diu:

«Boca besada no pert la fortuna, que se renove com la lluna».


OCTAVA