champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc
Capítul IX.
De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.
Mol al seu gust vivíe Pedro Saputo an aquell tems, volgut de tots, requerit, buscat, cridat y selebrat, próspero (com Bufa al ull, Bofarull) y ric, mes be per la seua modestia y filossofía que per les riqueses, encara que ya ere tal lo seu estat, que sa mare lluñ de serví a datres ere ella servida, pos teníe criades y se veíe estimada y respetada al poble per lo seu fill, y per nella mateixa tamé, que sabíe tratá en los grans y en los minuts sense adulá an aquells ni afoná als atres. Pedro Saputo estudiabe, cassabe, y donáe los ratos libres a les seues dos enamorades Rosa y Eulalia, que en les lecsions y trate de un home com ell habíen millorat mol lo seu bo natural, y reflejaben la seua amabilidat y la seua grandesa de ánimo, discretes, enteses, ben parlades y naturals, en tot amabilíssimes. Al poble y casa de don Severo pesse a la carta y amor de Morfina y de la promesa a son pare no pensabe anáy tan pronte per raons que ell teníe y que al seu tems declarará a qui correspongue. Y no va dixá de sentí esta contradicsió de la sort, perque encara no van passá dos mesos, cuan va sabé que habíe mort don Severo; y ni en este motiu se va atreví a aná a vore a Morfina. La sala en aixó ya no se pintaríe; y se quedaríe al seu puesto. Ixíe a pintá per alguns pobles; encara que sén totes obres de poca monta, eren les aussensies curtes y servíen sol pera renová lo gust de aquella dolsíssima vida. Pero va ocurrí al cap de un tems un cas que lo va entristí de gran manera, casi no ne teníe prou en tota la seua filossofía pera no renegá del seu poble, y agarrá a sa mare y anassen a viure a un atre.
Lo ferré un día se va cabrejá en la seua dona perque li habíe portat lo amorsá gelat; y agarrán un ferro ruén que estáe calentanse a la forja lay va embutí per la boca hasta lo garganchó, expirán la infelís al cap de un ratet. Ere lo ferré home mol estrafalari, bossal, may segú y de mol males bromes, perque es de advertí que tot u fée enriénsen. La pobre dona passáe molta pena en ell, si li apetíe fótreli lleña, lay fotíe; si acarissiali lo pel, lay acarissiáe; fela dormí a enterra despullada y sense roba al hivern, la fée dormí o gitás aixina; si li oferíe com per cariño un mosset en la cullera, al tems que obríe la boca lay tiráe a la cara o al pit. Atres vegades agarrabe un gabiñet, y fenla estirás y ficanli lo peu al coll jugabe a degollá al cordé o al gorrino, o acabáe eixecán lo bras dién: quí com Deu.
Atres li lligabe los brassos al cos y después les cames, y la fée rodá per lo cuarto y alguna vegada per la escala. Pero esta burla que va volé fé en lo ferro de la forja va superá a totes, pos va dixá a la pobre dona sense vida en menos de cuatre minuts.
Lo van prendre inmediatamen, y ficat a la presó en moltes cadenes al coll y grillets als peus, lo van jusgá aquell mateix día y lo van condená a mort; la sentensia la ejecutaríen un atre día. Ya estáe la forca eixecada y tot lo poble a la plassa aguardán la ejecussió; ya lo traíen y portáen al patíbul, cuan puján un del poble baixotet damún dels muscles de un atre poc mes alt, va di:
"¿Qué faréu, fills de Almudévar? ¿Conque enforcaréu o penjaréu al ferré, que sol ne tenim un? Y ¿qué farem después sense ferrero? ¿Quí mos luciará les relles? ¿Quí ferrará les nostres mules desmemoriades? miréu lo que passe. En ves de penjá al ferré que mos fará después muita falta, perque ye sol, enforquem un teixidó que ne tenim set al poble y per un menos o mes no ham de aná sense camisa».
- ¡Té raó!, ¡té raó!, van cridá tots; ¡penjarem a un sastre!, ¡un teixidó!... ¡un sastre!... Y sense mes que esta veu y crit agarren al primé de ells que van topetá per allí, lo porten a la forca, lo pujen y lo penchen, y fiquen en libertat al ferré.
Va sabé aixó Pedro Saputo, que no va volé aná a la ejecussió ni habíe eixit de casa, y va aná corrén a escape a la plassa a vore si podíe impedí aquella animalada injusta; pero va arribá tart perque ya estáe garreján lo infelís del sastre. Se va umplí de horror de tan gran barbaridat, y sen va entorná cap a casa seua mut de paraules y gelat lo cor, pareixenli que lo sel y la terra se habíen cambiat lo puesto.
Per la tarde los va di als prinsipals del poble que van aná a vórel:
- Calléu al menos, siñós; que aixó no se sápigue; que aixó no ixque dels nostres muros; perque, ¿qué se dirá de natres? Si aixó arribe a sabés, y se sabrá, no dudéu que mentres lo món seguixque sen món se sitará y recordará en etern baldón del nom de Almudévar.
Pero ells se van excusá dién que no van podé convense a la multitut irrassional, ni fes sentí en aquell momén.
Y se va consumá la barbaridat mes gran que van vore los siglos.
Pedro Saputo va sentí tan disgust, que pera distraures va agarrá la espasa y una mula de son padrí y sen va aná a passá uns díes fora.
Original en castellá:
Capítulo IX.
De donde viene el dicho: La justicia de Almudévar.
Muy a su gusto vivía Pedro Saputo en aquel tiempo, querido de todos, buscado, llamado y celebrado, próspero y rico, más bien por su modestia y filosofía que por las riquezas, aunque ya era tal su estado, que su madre lejos de servir a otros era ella servida, pues tenía criadas y se veía estimada y respetada en el pueblo por su hijo, y por ella misma también, que sabía tratar con los grandes y con los pequeños sin adular a aquéllos ni confundir a éstos. Pedro Saputo estudiaba, cazaba, y daba los ratos libres a sus dos enamoradas Rosa y Eulalia, que con las lecciones y trato de un hombre como él habían mejorado mucho su buen natural, y reflejaban su amabilidad y su grandeza de ánimo, discretas, entendidas, bien habladas y naturales en todo amabilísimas. Al pueblo y casa de don Severo a pesar de la carta y amor de Morfina y de la promesa de su padre no pensaba ir tan pronto por razones que se tenía y que a su tiempo declarará a quien corresponda. Y no dejó de sentir esta contradicción de la suerte, porque aún no pasaron dos meses, cuando supo que había muerto don Severo; y ni con este motivo se atrevió a ir a ver a Morfina. Sobre que la sala con esto ya no se pintaría; y permanecería en su lugar. Salía a pintar a algunos pueblos; aunque siendo todas obras de poco momento, eran las ausencias cortas y servían sólo de renovar el gusto de aquella dulcísima vida. Pero ocurrió de ahí a algún tiempo un caso que le afligió en gran manera, no bastando casi toda la filosofía para no maldecir de su pueblo, y coger a su madre e irse a vivir a otro.
El herrero un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca y la garganta, expirando la infeliz en brevísimo rato. Era el herrero hombre muy estrafalario, bozal, nunca seguro y de muy malas chanzas, porque es de advertir que todo lo hacía riendo. La pobre mujer pasaba mucho trabajo con él porque sin más causa ni motivo que antojársele darle palos, le daba; mesarle los cabellos, se los mesaba; hacerla dormir en el suelo desnuda y sin ropa en invierno, la hacía dormir o acostarse así por lo menos; ofrecerle como por cariño un bocado con la cuchara, se lo ofrecía y al tiempo que abría la boca se lo tiraba a la cara o en el seno. Otras veces cogía un cuchillo, y haciéndola echar y poniéndole el pie en el cuello jugaba a degollar el carnero o el cochino, o concluía levantando el brazo diciendo: quién como Dios. Otras la ataba los brazos al cuerpo y luego las piernas en uno, y la hacía rodar por el cuarto y tal vez por la escalera. Pero esta burla que quiso hacer con el hierro de la fragua superó a todas, pues dejó a la pobre mujer sin vida en menos de cuatro minutos.
Prendiéronle inmediatamente, y puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies, le juzgaron aquel mismo día y le condenaron a muerte; cuya sentencia iban a ejecutar otro día. Ya estaba la horca levantada y todo el pueblo en la plaza aguardando la ejecución; ya le sacaban y llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro dijo: «¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque esforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as rellas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa». - ¡Tiene razón!, ¡tiene razón!, gritaron todos; ¡enforcar un teisidor!, ¡un teisidor!... ¡un teisidor!... Y sin más que esta voz y grito cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero.
Supo esto Pedro Saputo, que no quiso ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia; pero llegó tarde porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad, y se volvió a su casa mudo de palabras y frío del corazón pareciéndole que el cielo y la tierra se habían mudado.
Por la tarde dijo a los principales del pueblo que fueron a verle: - Cállese al menos, señores; que esto no se sepa; que esto no salga de nuestros muros; porque, ¿qué se ha de decir de nosotros? Si esto llega a saberse, y se sabrá, no dudéis que mientras el mundo sea mundo se citará y recordará con eterno baldón del nombre de Almudévar. Mas ellos se excusaron diciendo que no pudieron persuadir a la multitud irracional, ni aun hacerse oír en aquel momento. Y se consumó la barbarie más inicua que vieron los siglos.
Pedro Saputo sintió tanto disgusto, que por distraerse tomó la espada y una mula de su padrino y se fue a pasar unos días fuera.
Capítul XIII.
Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies.
Difíssil ere vóreles y mantindre lo incógnit; pero la compañía que portáe li ficáe freno, y va determiná passá pel poble pera sabé si habíen eixit del convén, y torná a vóreles sol y desplay. Lo que es conéixel elles ere impossible, perque ademés de está mes prim y mol moreno pel sol, mes alt y del tot diferén per an elles, portáe bigot y un traje mes distinguit, y se habíe esquilat com un escolástic.
A les deu del matí del segón día van arribá al poble; y mentres amorsaben y minjáen a la primera casa que van trobá uberta y aon se van fé prepará l'amorsá (paganlo), se presente un home a suplicáls que anigueren a casa seua. Eixecats los mantels van trobá la casa y van vore que ere son pare de la Juanita, estáen esperanlos ella, sa mare y una cuñada. Encara no habíen acabat de saludá y ya estáe allí la Paulina en un atra sagala veína y los pares que les acompañaben. Al momén se va tratá de ball y lo van dixá aplassat pera mes tart. Se van repartí entre sing cases, y ell va preferí la de Paulina per no sé tan sospechosa com Juanita. Pero ¡oh lo que va patí!, ¡lo que se va tindre que esforsá pera aguantás!, pera no di: ¡yo soc, tendríssima Paulina! Va passá lo día, va passá lo ball, va passá la velada, y va passá la nit, y va sé home de valor; no se va dixá coneixe. Hassaña mes gran que la de cremá les naves de Cortés, que la de passá Julio César lo Rubicón, Aníbal los Pirineus y los Alpes, Alejandro los Estrets del Parrissal y después los montes de Cilicia. En tot, al anassen va entregá a Paulina un billet tancat pera Juanita a dins de un sobre (pera que aquélla no lo obriguere abans), aon los díe a les dos: ¡Traidores! ¡Ya no me coneixéu! ¡No m'hau conegut!
Va corre a portál, y cuan lo van obrí, se van quedá mudes y com un estaquirot pel seu contingut. Perque les paraules eren de Geminita; pero, ¿quí la trobará entre ixos estudians? Loques se tornáen cavilán quí podríe sé lo que així les parláe, lo que així se queixabe de elles. Perque ell, aposta, habíe empleat mols latins en sons pares y en lo mossen del poble, y va tocá lo violín y la vihuela. Ademés Geminita ere mol blanca y los sing estudians eren ¡tan negres com un teó!
- Vaya, vaya, va di Juanita; tú no coneixes cap estudián ni yo tampoc; si algo teníe que dimos, que se haguere explicat.
Y u van dixá aixina pera no perdre l'entenimén.
Ya haurá guipat lo lectó que en la trassa que les va doná Pedro Saputo sen van eissí del convén. Y encara que no van di que no tornaríen, y son pare de Juanita pensabe que sa filla teníe una vocassió mol forta al claustre, elles sen enríen, y díen entre sí y a soles cuan s' ajuntaben: primé mortes que monges.
Los estudians van continuá lo seu viache; y al vore la direcsió que lo segón día preníe la marcha van vore la intensió de Pedro Saputo, perque ere lo que solíe guiá sempre. En efecte, los portáe a la serra y al mateix puesto de la floresta aon lo van trobá dormín; y una vegada allí van fé un alt, van traure les güeñes, formache, llenguañissa com la de Graus y butifarres que portáen de la radera aldea aon van tocá y les van aná aligerán. Satisfeta la gana los va di Pedro Saputo: "Amics, compañs y siñós meus: an este puesto me vau pendre a la vostra compañía, y an éste me dixéu, o mes be tos dixo yo, pos de aquí no puc passá. Mol tos dec; lo vostre trate y la vida que ham portat ha sigut pera mí una escola que me ha amostrat mes que pugueren les de tots los filóssofos de Grecia.
Si un atre añ an este mateix puesto, y lo mateix día y hora passareu per aquí, pot sé que tos estiga aguardán, o vinga a trobatos; y si ni lo un ni l’atre passare, sirá siñal que no me ha sigut possible vindre. No tos dono mes señes de la meua persona; y de les vostres ting les que me fan falta, perque sou honrats y generosos, que són les que yo solgo preferí dels homens. Aneuton de aquí ya y arranquéu a caminá, que la vostra jornada no done pera mes entretenimens. Adiós, compañs, adéu; lo cor me sen va en vatres.»
Y dit aixó los va abrassá, y se van emossioná tots, contestanli después un de ells:
"Qui vullgue que sigues, amic y compañ, pera natros has sigut verdaderamén l'ángel conductó guián les nostres passes y dirigín la nostra ignoransia. Y si escola pot esta dis, vosté hau sigut lo maestre y la llum de ella. Tornarem, si Deu vol, l’añ que ve, mos obligue la vostra molta discressió y la vostra amistat y trate.»
Y se van torná a abrassá, se van separá y se van doná les espales en molta pena, com fan los de Fondespala, caminán ells al michdía serra amún, y ell al nort serra aball.
Tendra y llagrimosa va sé la despedida, perque se volíen de verdat, fen de tots sing la amistat un sol cor y una sola alma. Per lo demés, les gallines y pollastres que se van minjá, los cuixots y conserves que los van regalá, les diablures y carnussades que van fé, les donselles que van alegrá, les casades que van desenfadá, les viudes que van consolá, y los abatuts a qui van humillá, no tenen número; ni vida mes ligera, alegre, plena de goch y descuidada la va passá ningú en tots los siglos y edats del món.
Barrabassades y maleses no ne van fé cap. Los van acusá al cap de algún tems que se habíen emportat disfrassada de home a una donsella de Sieso, filla de un escribén mol ric, de solá antic, que va morí com un san perque escoltáe missa tots los díes y guardáe dijú los divendres y dissaptes, se confessáe y combregáe tots los primés domenches de mes y va casá y dotá en diferentes vegades a sis donselles pobres. Hasta que va enviudá una de elles y va escomensá a enríuressen de la santidat del escribén; y después un atra que fée lo mateix. Díe la primera: "Y, ¿qué li fot a ningú?, yo vull di; bon home vach tindre, y en lo meu me quedo.» Y la segona: "mal conten del hivern de aquell añ; no dic yo mes que: ¡hala amún!, que vach tratá en bons, y dossens escuts ninguna va dixá de agarráls a no sé que fore boba.» Pero a la filla no la van pugué sonsacá. Ella, portada per la seua imaginassió, als dos díes que van passá per allí va fé la picardía de vestís de home, péndreli dinés a son pare, y aná a trobáls a pedra Pertusa, aon los va di que volíe anassen y corre món en ells. Va caminá en ells vuit díes y entonses Pedro Saputo la va podé convense, la va restituí y acompañá hasta lo seu poble. Y va di a son pare pera que veiguere lo mol honor y consiensia de ells que ni un maravedí la habíen dixat gastá de les perres que portáe. En tot cas conveníe casala contra antes milló; y que de aquell antojo de tornás estudián y corre tan libres aventures, com ere una chiquillada, a tots importabe callá, y no fé soroll. Lo escribén apretán los puñs y mirán al sel, va bramá per dolgut, y s'anáe a abalansá sobre sa filla pera apalissala, esbatussala o matala; pero lo va calmá y assossegá Pedro Saputo en la seua elocuensia, y reconsilianlo del tot en sa filla, va torná a buscá als seus compañs. Después se va casá la sagala, y ben casada, perque es gran capa una bona dote, y se amolden les persones a la auló de les riqueses.
Los estudians sen van aná sense sabé quí ere Pedro Saputo, discurrín y pareixenlos per la seua educassió, desinterés y noblesa, que deuríe sé fill de algún gran caballé, y que per alguna travessura sen hauríe anat de casa de sons pares, y li anabe milló aquella vida solta y alegre, que la apretada y formal del orden en lo que se hauríe criat. Tamé van dudá sempre si ere aragonés, castellá o navarro, inclinanse per aixó radé sol perque se dixáe cridá navarro; pero per l'acento podíe sé de consevol provinsia de España, perque un día lo teníe de una manera y l'atre de un atra, fen de lo seu parlá y trasses lo que volíe.
Original en castellá:
Capítulo XIII.
Pedro Saputo se separa de los estudiantes pasando antes por la aldea de las novicias.
Difícil era verlas y mantener el incógnito; pero la compañía que llevaba le ponía freno, y determinó pasar el lugar para saber si habían salido del convento, y volver a verlas solo y espacio. Lo que es conocerle ellas era imposible, porque demás de estar más delgado y muy tostado del sol, más alto y al todo diferente para ellas, traía los bigotes y un traje más distinguido, y se había cortado el pelo entera y legítimamente a lo escolástico.
A las diez de la mañana del segundo día llegaron al lugar; y mientras almorzaban y comían en la primera casa que encontraron abierta adonde se hicieron preparar el almuerzo (pagándolo), se presenta un hombre bien portado a suplicarles viniesen a su casa. Levantados los manteles dieron con él y se encontró con que era el padre de Juanita, y a ella que por su madre y con una cuñada los recibía. Aún casi no habían acabado de saludar ya estaba allí Paulina con otra muchacha vecina y los padres que las acompañaban. Al momento se trató de baile y le dejaron aplazado para más tarde. Repartiéronse en cinco casas, y él prefirió la de Paulina por no ser tan sospechosa como Juanita. Pero ¡oh lo que padeció!, ¡lo que se hubo de esforzar para contenerse!, para no decir: ¡yo soy, tiernísima Paulina! Pasó empero el día, pasó el baile, pasó la velada, y pasó en fin, la noche, y fue hombre de valor; no se dio por conocido. Hazaña mayor que la de quemar las naves de Cortés, que la de pasar Julio César el Rubicón, Aníbal el Pirineo y los Alpes, Alejandro el Estrecho y después los montes de Cilicia. Con todo, al irse entregó a Paulina un billete cerrado para Juanita en el sobre (a fin de que aquélla no lo abriese tan pronto), en que les decía hablando con las dos: ¡Traidoras! ¡Ya no me conocéis! ¡No me habéis conocido!
Corrió a llevárselo, y cuando le abrieron, quedaron mudas y estáticas de su contenido. Porque las palabras eran de Geminita; pero, ¿quién le encontrará en aquellos estudiantes? Locas se volvían discurriendo quién podría ser el que así les hablaba, el que así se quejaba de ellas. Porque él, de propósito, había usado muchos latines con sus padres y con el cura del pueblo, y tocó el violín y la vihuela. Además Geminita era blanco y hermosísimo, y los cinco estudiantes eran ¡tan negros! - Vaya, vaya, dijo al fin Juanita; tú no conoces ningún estudiante ni yo tampoco; si algo tenía que decirnos, que se hubiese explicado. Y lo dejaron así por no perder el juicio.
Ya habrá inferido el lector que con la traza que les dio Pedro Saputo se salieron del convento. Y aunque no dijeron que no volverían, y el padre de Juanita pensaba que su hija tenía una vocación furiosa al claustro, ellas se reían, y decían entre sí y a solas cuando se juntaban: primero muertas que monjas.
Los estudiantes continuaron su viaje; y al ver la dirección que el segundo día tomaba la marcha conocieron la intención de Pedro Saputo, porque era el que solía guiar siempre. Con efecto, los llevaba a la sierra y al mismo sitio y floresta donde le encontraron durmiendo; y llegados allí hicieron alto, sacaron la provisión que traían de la última aldea que tocaron y la fueron aligerando. Satisfecho el apetito les dijo Pedro Saputo: «Amigos, compañeros y señores míos: en este sitio me tomasteis en vuestra compañía, y en éste me dejáis, o más bien os dejo yo, pues de aquí no puedo pasar. Mucho os debo; vuestro trato y la vida que hemos llevado ha sido para mí una escuela que me ha enseñado más que pudieran las de todos los filósofos de Grecia. Si otro año en este mismo sitio, y el mismo día y hora os quisiéredes hallar, puede ser que os esté aguardando, o venga a encontraros; y si ni lo uno ni lo otro sucediera, será señal que no me ha sido posible venir. No os doy más señas de mi persona; y de las vuestras tengo las que me bastan, porque sois honrados y generosos, que son las que yo suelo tomar de los hombres. Alzad de aquí ya y echad a andar, que vuestra jornada no da lugar a más entretenimientos. Adiós, compañeros; el corazón se me va con vosotros.» Y dicho esto los abrazó, y se enternecieron todos, contestándole después uno de ellos: «Quien quiera que seáis, amigo y compañero, para nosotros habéis sido verdaderamente el ángel conductor guiando nuestros pasos y dirigiendo nuestra ignorancia. Y si escuela puede ésta llamarse, vos habéis sido el maestro y la luz de ella. Volveremos, sí, Dios mediante, el año que viene, obligándonos vuestra mucha discreción y vuestra apacibilísima amistad y trato.» Y se tornaron a abrazar, se separaron y dieron por fin la espalda esforzadamente, caminando ellos al mediodía sierra arriba, y él al norte sierra abajo.
Tierna y lagrimosa fue la despedida, porque realmente se querían, haciendo de todos cinco la amistad un solo corazón y una sola alma. Por lo demás, las gallinas y pollos que se comieron, los jamones y conservas con que los regalaron, las diabluras que hicieron, las doncellas que alegraron, las casadas que desenfadaron, las viudas que consolaron, y los bobos a quienes ejecutaron, no tienen número; ni vida más ligera, alegre, gozosa y descuidada la pasó nadie en todos los siglos y edades del mundo.
Travesuras mayor no hicieron ninguna. Achacáronles no obstante de ahí a algún tiempo que se habían llevado disfrazada de hombre una doncella de Sieso, hija de un escribano muy rico, de solar antiguo, que murió en opinión de santo porque oía misa todos los días y ayunaba los viernes y sábados, se confesaba y comulgaba todos los primeros domingos de mes y casó y dotó en diferentes veces seis doncellas pobres. Hasta que enviudó una de ellas y comenzó a reírse de la santidad del escribano; y luego otra, y hacía lo mismo. Diciendo la primera: «Y, ¿qué se le dará a nadie?, yo lo quiero decir; buen marido me tuve, y con lo mío me quedo.» Y la segunda: «mal cuentan del invierno de aquel año; no digo yo sino bien: ¡anda arriba!, que traté con buenos, y doscientos escudos ninguna dejó de tomallos si no fue boba.» Pero la hija no fue sonsacada por los estudiantes, sino que ella de su propio motivo y llevada de su imaginación, a los dos días que pasaron por allí hizo la desenvoltura de vestirse de hombre, tomar dinero a su padre, y los ir a encontrar a Piedra Pertusa, en donde les declaró que quería irse y correr con ellos. Anduvo en efecto, y corrió ocho días; al cabo de los cuales Pedro Saputo, que más particularmente le debía aquella locura, la pudo persuadir, y la restituyó y acompañó a su pueblo. Y dijo a su padre que viese en esta acción y en que ni un maravedí le habían permitido gastar del dinero que traía, el mucho honor y conciencia de ellos; que en todo caso convenía casalla cuanto antes; y que de aquel antojo de tornarse estudiante y correr tan libres aventuras, puesto que fuese una niñería, a todos importaba callar, y no dalle cuerpo ni hacer ruido. El escribano apretando los puños y mirando al cielo, rugió de dolor, y se iba a lanzar sobre su hija para matarla; pero le templó y sosegó Pedro Saputo con su mucha elocuencia, y reconciliándole del todo con la hija, volvió a buscar a sus compañeros. Luego casó la muchacha, y bien, a pesar de aquella liviandad. Que es gran capa un buen dote, y dan de sí y de las personas muy bueno y largo olor las riquezas.
Los estudiantes se fueron sin saber quién era Pedro Saputo, discurriendo y pareciéndoles por su crianza, por su desinterés y su nobleza, que debería ser hijo de algún gran caballero, y que por alguna travesura se habría ido de casa de sus padres, y le acomodaba más aquella vida suelta y alegre, que la sujeta y formal del orden en que se criara. También dudaron siempre si era aragonés, castellano o navarro, inclinándose a esto último sólo porque se lo dejaba llamar; bien que pudiendo por el acento ser de cualquiera provincia de España, que un día le tenía de una y otro de otra, haciendo de su habla y trazas lo que quería.