Llibre de cuentos. Texto complet en Chapurriau.

champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc

Capítul VIII.
Ix del convén.
Se va corre la veu que sen anáe Geminita, y va ñabé una consternassió general a la comunidat. La coixa, o sigue la organista, va di, que después que la habíe escomensat a desburrá (¡una coixa desrucá a Pedro Saputo!) la fotíen fora del convén pera que aniguere a un atre a lluí la seua habilidat; afegín en lo seu desenfado natural que mes valdríe que se morigueren la mitat de les monges y hasta lo mateix pare confessó a que sen aniguere Geminita. Una agüela de nom sor Bonifacia, que habíe sigut mol viva y conserváe encara la valentía de la seua verda edat, se va presentá a la priora y li va di: ¿Qué feu, mare priora? ¿Cóm dixéu anassen, si es que no la fotéu fora, an ixa pressiosa sagala, cuan la tindríem que conservá com a una reliquia? Desde que está al convén han parat los odios y les riñes que abans ñabíe; perque veénla an ella a totes mo se amansabe lo pit y se templabe la saña. Be sabéu que sor Venancia y sor Tolomea mos teníen fartes y apenades en les seues batalles, y que fa pocs díes están al claustre nou se van enganchá (arrifá) de modo que se van fé fils los vels, y se van agarrá de les toques, y se les van arrencá, y van passá al que yo men dono vergoña de di; y presentanse allí de improvís ixa sagala, o ángel o lo que sigue, que anáe a les seues obligassions, y paranse a mirales com demananles lo pas passífic, se va aturá lo combat com per encán, y sense res mes que di en aquella grassia tan atractiva, en aquell to y veu que derretix les pedres:
¡Ay, siñores, que aixó no su creuríe la gen del siglo de persones tan virtuoses! Se van aplacá y separá, y ara ya se parlen si no com amigues al menos no com enemigues. Miréu per Deu que no fotegáu fora de casa an ixa sagala, perque feu cuenta que aventéu del convén la pau y la alegría.
Y díe be la mare Bonifacia, perque al menos este be sí que lay debíe la comunidat; tal ere l'enchís de les seues paraules, y hasta de la seua sola presensia. Així es que pera tot la buscaben. Geminita u ha dit; Geminita u ha fet; Geminita es; Geminita entre; Geminita ix; Geminita puje; Geminita baixe; Geminita va; Geminita ve.
Y en raó tot, y mes y mol mes que faigueren. Perque si se oferíe a retallá alguna pessa de roba, encara que foren uns cansonsillos de flare, portáe molta ventaja en fassilidat y perfecsió a la mateixa sor Mercedes, que ere la milló estisora de la comunidat; si cusíe, dixáe mols puns atrás a sor Ángeles, que ere tamé la milló agulla del convén; si bordáe, lo seu primor fée ajupís a totes; si vestíe alguna imache, alló ere encantás de vóreu; si contáe cuentos, pera cada un que se sabíen les mes sabudes, ne sabíe Geminita una dotsena.
Y ¡qué grassiosos!, pero al mateix tems mol dessens, com se supose, no com alguns de Lo Decamerón en chapurriau.
¡Cóm no habíen de sentí que sen anare! U sentíen mol, y no va ñabé monja ixos díes que no la abrassare, que no la besare, que no li suplicare, que no li apretare la má, si be diuen que moltes teníen tanta enveja com cariño.
A la coixa, que de un arrebato de espíritu y de una avinguda de amor li va doná un día una dotsena de besos, perque ere de genio fogós, no va tindre per convenién dili la causa per qué sen anáe pareixenli perillós descubrís perque ere malissiosa, y sobre tot fássil y resoluta. Ni creuríe tampoc la seua transformassió, al seu cas ñabíe que dili la verdat o inventá una historia mol calificada que se puguere admití y no portare a sospeches contra cap monja o contra les novissies.
Per fin va arribá lo día; res teníe ya que previndre a les dos sagales; y pera que no malpensaren la priora y sor Mercedes, no va voldre les raderes nits dormí al novissiat, sino a una segona cámara que se comunicabe en la de la priora, intermija en la de la amiga; pero passán tots los ratos libres del día en les seues caríssimes (estimades, encariñades) novissies; ratos als que vée lo ressel en que lo volíen tindre sempre al seu costat la una o l'atra de aquelles dos tendres amigues.
Va tocá un matí les sis lo rellonge del poble; y mentres la comunidat estáe al coro, va eixí vestit de dona y en un feix lo traje de home del bras, y van plorá al cap de uns minuts la seua aussensia totes les mares, espessialmén les dos que tan lo volíen y tan se regaláen en ell los radés quinse díes. Les simpletes novissies ploráen, pero se van consolá después en la esperansa de eixí a la libertat del siglo.
Va quedá viuda la comunidat; als claustres reinabe lo silensio; les parets se cubríen de dol; lo minjadó estáe desganat, y lo coro, picat y enfadat. Van tindre consell aquella nit les dos consabudes mares, van suspirá, van plorá, y van proposá de manali que tornare; pero ya ere tart; s'habíe allargat mol y no sabíen la direcsió que portáe. Van torná a suspirá, van torná a sentí la pena, y al seu cor passáe mol mes de lo que manifestaben, portanles lo sentimén casi a desesperás. Be mo se está, va di sor Mercedes; a la nostra má estáe; ¡y lo vam dixá anassen! ¿Quína nessessidat ñabíe mentres no passare algo mes? Consoleutos ara si podéu, moríu en esta tristesa. Va contestá an aixó la priora en un gran suspiro y dién:
Teniu raó, pero ya no ña remey. Y ere verdat, perque ell encara no habíe caminat dos mil passes cuan se va traure les faldes de dona y se va ficá lo traje, enfotensen per una part de la inossensia de aquelles monges, y sentín per l'atra la falta de repén de la seua acostumbrada veu y compañía, y del amor tan natural y dols de dos angelicals novissies.
Original en castellá:
Capítulo VIII.
Sale del convento.
Divulgóse la voz que se iba Geminita, y hubo una consternación general en la comunidad. La coja, o sea la organista, dijo, que después que la había comenzado a desasnar (¡una coja desasnar a Pedro Saputo!) la echaban del convento para que fuese a otro a lucir su habilidad; añadiendo con su desenfado natural que más valdría se muriesen la mitad de las monjas y aun el mismo padre confesor, que no se fuese Geminita. Una vieja llamada sor Bonifacia, que había sido muy viva y conservaba aún la valentía de su verde edad, se presentó a la priora y le dijo: ¿qué hacéis, madre priora? ¿Cómo dejáis ir, si es que no la echáis, a esa preciosa muchacha, cuando la deberíamos conservar como una reliquia? Desde que está en el convento han cesado los odios y las discordias que antes había; porque en viéndola a ella a todas se nos amansaba el pecho y se templaba la saña. Bien sabéis que sor Venancia y sor Tolomea nos tenían afligidas con sus batallas, y que hace pocos días encontrándose en el claustro nuevo se arrifaron de modo que se hicieron pedazos los velos, y se asieron de las tocas, y se arrancaron, y pasaron a lo que yo me doy vergüenza de decir; y presentándose allí de improviso esa muchacha, o ángel o lo que sea, que iba a sus obligaciones, y parándose a mirallas como pidiéndoles el paso pacífico, cesó el combate como por encanto, y sin más que decilles con aquella su gracia tan atractiva, con aquel tono y voz que derrite las piedras. ¡Ay, señoras, que eso no lo creerían las gentes del siglo de personas tan virtuosas!, se aplacaron y separaron, y agora se hablan ya si no como amigas al menos como enemigas. Mirad por Dios que no echéis de casa a esa muchacha, porque haced cuenta que echáis del convento la paz y la alegría.
Y decía bien la madre Bonifacia, porque a lo menos este bien sí que se lo debía la comunidad; tal era el poder de sus palabras, y aun de su sola presencia. Así es que para todo la buscaban. Geminita lo ha dicho; Geminita lo ha hecho; Geminita es; Geminita entra; Geminita sale; Geminita sube; Geminita baja; Geminita va; Geminita viene. Y con razón todo, y más y mucho más que hicieran. Porque si se ofrecía cortar alguna prenda de ropa, aunque fuesen unos calzoncillos de fraile, llevaba mucha ventaja en facilidad y perfección a la misma sor Mercedes, que era la mejor tijera de la comunidad; si coser, dejaba muchos puntos atrás a sor Ángeles, que era también la mejor aguja del convento; si bordar, su primor hacía encoger a todas; si vestir alguna imagen, aquello era encantarse de verlo; si contar cuentos, para cada uno que sabían las más decidoras, sabía Geminita una docena. Y ¡qué graciosos!, pero al mismo tiempo muy decentes, como se supone. ¡Y no sentirían que se fuese!, lo sentían, y no hubo monja aquellos días que no la abrazase, que no la besase, que no le suplicase, que no le apretase la mano, si bien dicen que en muchas tanto era envidia como cariño.
A la coja, que un arrebato de espíritu y de una avenida de amor le dio un día una docena de besos, porque era de genio fogoso, no tuvo por conveniente decirla la causa por qué se iba pareciéndole peligroso descubrírsele porque era maliciosa, y sobre todo fácil y resoluta. Ni creyera tampoco en su transformación, en cuyo caso había que decirle la verdad o inventar una historia muy calificada que se pudiese admitir y no indujese sospechas contra ninguna monja o contra las novicias.
Por fin llegó el día; nada tenía ya que prevenir a las dos niñas; y para que no maliciasen la priora y sor Mercedes, no quiso las últimas noches dormir en el noviciado sino en una segunda celda que se comunicaba con la de la priora, intermedia con la de la amiga; pero pasando todos los ratos libres del día con sus carísimas novicias; ratos que le cercenaba mucho el recelo con que advirtió le querían tener siempre a su lado la una o la otra de aquellas dos tiernas amigas.
Dio una mañana las seis el reloj del pueblo; y mientras la comunidad estaba en el coro, salió vestido de mujer con su bulto del traje de hombre del brazo, llorando a breves minutos su ausencia todas las madres, especialmente las dos que tanto le querían y tanto se regalaron con él los últimos quince días, pues no fueron menos los que le detuvieron después de tener hecho el vestido. Las simplecillas novicias lloraban por de pronto, mas se consolaron luego con la esperanza de salir a la libertad del siglo. Quedó en fin viuda la comunidad; en los claustros reinaba el silencio; las paredes se cubrían de luto; el refectorio era desabrido, y el coro, molesto y enfadoso. Tuvieron consejo aquella noche las dos consabidas madres, suspiraron, lloraron, y propusieron si le mandarían volver; pero ya era tarde; habríase alongado mucho y no sabían la dirección que llevaba. Tornaron a suspirar, sintieron de nuevo la pena, y en su corazón pasaba mucho más de lo que manifestaban, llevándolas el sentimiento casi a desesperarse. Bien se nos está, dijo sor Mercedes; en nuestra mano estaba; ¡y lo dejamos ir! ¿Qué necesidad había mientras más no sucediese? Consolaos agora si podéis, morid en esta tristeza. Respondió a esto la priora con un gran suspiro y diciendo: Tenéis razón, pero ya no hay remedio. Y era verdad, porque él aún no había andado dos mil pasos cuando se quitó las faldas de mujer y se vistió su traje, riéndose por una parte de la inocencia de aquellas monjas, y sintiendo por otra la falta repentina de su acostumbrada voz y compañía, y del amor tan natural y dulce de dos angelicales novicias.
JORNADA DÉSSIMA. NOVELA QUINTA.
Doña Dianora li demane a micer Ansaldo un jardí de giné tan majo com al mach; micer Ansaldo, comprometénse en un nigromante, lay done; lo home li consedix que faigue lo que vullgue micer Ansaldo, que, escoltada la generosidat del home, la libere de la promesa y lo nigromante, sense voldre res de lo seu, libere de la seua a micer Ansaldo.
Per tots los de la alegre compañía habíe sigut ya micer Gentile pujat al sel en sumes alabanses cuan lo rey li va maná a Emilia que continuare; ella, desenvoltamen, aixina va escomensá:
Blanes siñores, dingú dirá en raó que micer Gentile no va obrá en magnifissensia; pero di que no se pugue en mes potsé no demostro que se pot mes: lo que penso contátos en una noveleta meua.
Al Friuli, puesto alt, fret, pero mol adornat de majes montañes, mols rius y clares fons, ña una siudat que se diu Udine (Údine), a la que va viure una hermosa y noble Siñora de nom doña Dianora, casada en un gran home ric de nom Gilberto, mol amable y de bona índole; y va mereixe esta Siñora per lo seu valor sé mol volguda per un noble y gran baró que teníe per nom micer Ansaldo Gradense, home de alta condissió y en les armes y en la cortessía conegut a tot arreu. Este, volénla mol y fen tot lo que podíe pera sé volgut per nella, y assobín solissitánla en embaixades, en vano se esforsabe. Y sénli ya a la Siñora cansinesles solissituts del caballé, y veén que, encara que li negare tot lo que ell demanáe, ell no dixabe de insistí, va pensá que podríe tráuressel de damún demanánli algo extrañ y al seu juissi impossible; y a una dona que an ella acudíe moltes vegades de part dell, li va di un día aixó:
- Bona dona, tú me has afirmat moltes vegades que micer Ansaldo me vol sobre totes les coses y maravillosos dons me has oferit de part seua; regalos que vull que se quedo perque per naixó no hay de vóldrel. Si puguera está segura de que me vol tan com diéu, sense falta me entregaría an ell y faría lo que ell vullguere; y per naixó, si puguere assegurám de aixó en algo que li vach a demaná, estaría disposada a lo que me manare. Va di la bona dona: - ¿Qué es, Siñora, lo que voléu que faigue?
Va contestá la Siñora: - Lo que dessicho es aixó: vull tindre, al próxim mes de chiné, prop de esta siudat, un jardí ple de herbes verdes, flos y ábres frondosos, com si fore mach; aixó, si no u fa, que no envío ni a tú ni a dingú mes a parlám, si mes me solissite, tal com hasta ara u hay tingut amagat al meu home y als meus paréns, me queixaré an ells y ben pronte mel trauré de damún.
Lo caballé, escoltada la petissió de boca de la correvesydili, y la promesa de la seua Siñora, encara que li pareixíe algo mol difíssil, casi impossible de fé, y veén que per naixó li habíe demanat la dama alló, pera que abandonare tota esperansa, se va proposá, sin embargo, intentá fé tot lo que puguere, y per moltes parts del món va aná buscán a vore si trobabe algú que li donare ajuda o consell; y ne va trobá un que li va di, que si li pagabe be, li prometíe féu en arts nigromántiques. Micer Ansaldo, consertánu per una grandíssima cantidat de perres, va esperá lo tems que li habíe dit la Siñora. Vingut lo giné, en grans gelades, escarches y gebrades, neu, canalobres, broma y tot lo que correspón al crúo hivern, lo valerós home a un hermossíssim prat prop de la siudat en les seus arts va fé apareixe, lo primé matí de giné, segóns los que u van vore testimoniaben, un dels mes hermosos jardíns que may va vore dingú, en herbes verdes, ábres frondosos y fruites de totes les classes. Cuan micer Ansaldo, contentíssim, va vore alló, fen cullí alguna fruita de les mes majes que ñabíen y arrencán flos de les mes vistoses, de amagatóns u va fé portá a la seua Siñora, y la va invitá a vore lo jardí per nella demanat pera que per puguere vore cuán la volíe y enrecordássen de la promesa que li habíe fet y sellat en juramén, y lealmen procurare después cumplíla. La Siñora, vistes les flos y les fruites, y habén sentit parlá a mols del maravellós jardí, va escomensá a arrepentís de la seua promesa; pero en tot lo seu arrepentimén, dessichosa de vore coses extrañes, en moltes atres dames de la siudat va aná a vore lo jardí, y no sense maravella alabánlo mol, mes triste que cap atra dona va torná a casa, pensán en alló a lo que estabe obligada. Y va sé tan gran lo doló que, no podén agamál a dins, va eixí fora, y lo seu home sen va acatá; y va voldre que li contare quína ere la raó. La Siñora, per vergoña, u habíe callat mol tems, pero, al remat, obligada, lay va contá tot.
Gilberto, sentín alló se va enfadá mol; después, considerán la bona intensió de la Siñora, foragitán la ira, en mes discressió, va di: - Dianora, no es cosa prudén ni honesta escoltá embaixades de cap classe, ni negossiá en cap condissió la castidat en dingú. Les paraules ressibides per al cor escoltades per los oíts tenen mes forsa de la que mols pensen, y casi tot los es possible als que se volen. Mal vas fé, pos, primé escoltánlo y después fén un trate; pero com conec la puresa de la teua intensió, pera liberat del llas de la promesa feta, te consediré lo que no li consediría a dingú mes, portánme an aixó tamé la temó al nigromante, al que micer Ansaldo, si lo burlares, podríe demanáli algo roín per a natros. Vull que acudíxques an ell y, si pots, te les ingenios en fé que, conserván la teua honestidat, sigues liberada de esta promesa; pero si no puguere sé, per esta vegada, consedíxli lo cos, pero no l´ánim. La dona, sentín al seu home, plorabe y negabe que tal grassia vullguere dell. Gilberto va voldre, per mol que la seua dona se negare, que fore aixina, per lo que, arribat lo día siguién, al eixí la aurora, sense adornás o arreglás massa, en dos dels seus criats dabán y en una camarera zaguera, sen va aná la Siñora a casa de micer Ansaldo. Este, al sentí que la seua Siñora habíe vingut a vórel, se va alegrá mol, y eixecánse y fen cridá al nigromante, li va di:
- Vull que veigues lo que me ha fet conseguí lo teu art. Y eixín a trobála, en reverensia la va ressibí honestamen, y a una hermosa cámara en un gran foc van entrá tots; y fénla assentá, li va di: - Siñora, tos rogo, si lo llarg amor que tos hay tingut mereix algún galardón, que no tos molesto dím la verdadera raó que an esta hora tan matinera tos ha fet vindre y en tanta compañía. La Siñora, vergoñosa y casi en llágrimes als ulls, va contestá: - Siñó, ni amor que tos tinga ni la paraula donada me porten aquí, sino la orden del meu home, que, tenín mes respecte a les faenes del vostre amor que a la seua honra y la meua, me ha fet acudí aquí, y perque ell mu mane estic disposada per esta vegada a fé lo que vullgáu. Micer Ansaldo, si primé se habíe extrañat, sentín a la Siñora mol mes se va maravellá, y conmogut per la generosidat de Gilberto, la seua fogosidat se va torná compassió, va escomensá a cambiá, y va di: - Siñora, no vullgue Deu, ya que aixina es com vos diéu, que siga yo qui taco lo vostre honor, del que té compassió lo meu amor; y per naixó, lo está aquí vos, sirá com si estiguere aquí man germana, y, cuan vullgáu, libremen podréu anáton, en la condissió de que al vostre home, per tanta cortessía com ha sigut la seua, li donéu les grassies que cregáu conveniéns, tenínme a mí sempre daquiabán com amic y servidó.
La Siñora, sentín estes paraules, mes contenta que may, va contestá: - res podíe fém creure, tenín en considerassió les vostres costums, que datra cosa se haguere de seguí de la meua vinguda mes que lo que vech que feu; per lo que tos estaré sempre obligada. Y despedínse, honrosamen acompañada va torná en Gilberto y li va contá lo que li habíe passat; de aixó se va seguí una mol estreta y leal amistat entre los dos.
Lo nigromante, al que micer Ansaldo ya volíe donáli la prometuda recompensa, vista la generosidat de Gilberto en micer Ansaldo y la de micer Ansaldo en la Siñora, va di:
- Después de habé vist a Gilberto sé liberal en la seua honra y a vos en lo vostre amor, tamé yo hay de sé liberal en la meua recompensa; y per naixó, sabén que tos correspón a vos, vull que sigue vostra.
Lo caballé se va avergoñí y va intentá tan com va pugué félay agarrá, sansera o en part; pero después de cansás en vano, habén lo nigromante fet desapareixe lo jardí después del tersé día y volén anássen, li va doná llisensia y lo va despedí; y apagat al cor lo fogós amor, per la dona se va quedá ensés lo afecte.
Landacisme, s. m., lat. lambdacismus, lambdacisme, répétition vicieuse du L.
Lambdacismus... ut: Sol et luna luce lucebant alba, levi, lactea.
Marcian. Capella, De nuptiis Mercur. et philolog. 5.
Landacisme es cant una dictios finish en L, e la seguens comensa per L.
Leys d'amors, fol. 109.
Lambdacisme, c'est quand un mot finit en L et le suivant commence par L.
Languor, Langor, s. f., lat. languor, langueur, peine.
Fay venir home en langor o en caitivier. V. et Vert., fol. 13.
Fait venir l'homme en langueur ou en misère.
Lo turmen
Que m'a mes en tan gran languor.
Pierre d'Auvergne: Belha m' es la.
Le tourment qui m'a mis en si grande langueur.
Plus s'amou, magiers es lor langors.
T. de Lantelm et de Raimond: Ramon.
Plus ils s'aiment, plus grande est leur peine.
ANC. FR. Longuement sera en langor.
Nouv. rec. de fables et cont. anc., t. 1, p. 385.
Puis caï en une langor. Roman de Brut, t. I, p. 173.
ANC. ESP. Languor. PORT. Langor. IT. Languore.
2. Langui, Lagui, s. m., peine, chagrin, retard.
Lo cor e'l sen e mon langui perdrai.
G. Riquier: Aissi com selh.
Le coeur et le sens et ma peine je perdrai.
Ieu agui
El cami gran trebalh e lagui.
Leys d'amors, fol. 120.
J'eus au chemin grand tourment et retard.
ANC. CAT. Lagui.
3. Languimen, s. m., abattement, langueur, peine.
Per languimen e per tristor
De lauzengiers maldizens.
Paulet de Marseille: Sitot no m fas.
Par abattement et par tristesse de flatteurs médisants.
Lo greus trebalhs e 'ls languimens... d'ifern. Contricio e penas ifernals.
Le pénible tourment et les peines... d'enfer.
ANC. CAT. Languiment.
4. Laguios, adj., lat. languidus, languissant, nonchalant, insouciant, négligent.
Qui trop laguios
Es de far so c'a far a.
G. Riquier: Aitan grans.
Qui est trop insouciant de faire ce qu'il a à faire.
Fig. Mas l'esper es doptos,
E 'l jorn es laguios.
G. Riquier: Per re non.
Mais l'espoir est douteux, et le jour est languissant.
5. Languir, v., lat. languere, languir, gémir, souffrir.
Mais volria jauzens durmir,
Que velhan deziran languir.
Arnaud de Marueil: Dona genser.
Plus je voudrais dormir me réjouissant, qu'en veillant languir désirant.
Los uns ten rics, e 'ls autres fai languir.
Giraud de Calanson: A leys cui am.
Les uns tient puissants, et les autres fait languir.
Part. pas. Adoncs la dolor languida es trop grans. Liv. de Sydrac, fol. 41.
Alors la douleur soufferte est trop grande.
- Alangui, abattu.
Don soy fort languit. Leys d'amors, fol. 27.
Dont je suis fort alangui.
Fo ta fort afrevolida
Per la dolor e tan languida
Que no s podia em pes tener.
Passio de Maria.
Fut si fort affaiblie par la douleur et si abattue qu'elle ne pouvait se tenir en pieds.
- Infect, puant.
Vendre ni far vendre peis corromput ni languit.
Cartulaire de Montpellier, fol. 175.
Vendre ni faire vendre poisson corrompu et infect.
IT. Languire.
L'espagnol et le portugais ont conservé le participé passé languido (lánguido en castellano, lánguida, participio pasado: adjetivo).
6. Languiar, Laguiar, v., languir, souffrir, affliger, chagriner, alanguir.
Qui tant se vol laguiar, et son temps despendre. Leys d'amors, fol. 23. Qui tant se veut chagriner, et son temps dépenser.
Aver poder ni voler, nueg ni dia,
De mi loingnar del maltrag que m languia.
B. Calvo: S'ieu ai perdut.
Avoir pouvoir et vouloir, nuit et jour, de m'éloigner de la peine qui m'alanguit.
Part. prés. Laguian cum gens marrida.
Brev. d'amor, fol. 15.
Languissant comme gent attristée.
(chap. En chapurriau fem aná: trist, tristos o tristes; melancólic, melancolics, melancólica, melancóliques; decaigut, decaiguts, decaiguda, decaigudes; afligit, afligits, afligida, afligides; depressiu, depressius, depressiva, depressives; desfet, desfets, desfeta, desfetes; dessolat, dessolats, dessolada, dessolades; modorro, modorros, modorra, modorres; A Arnes alguns diuen moix, moixa.)
Lanhar, Lagnar, Laignar, v., gémir, se plaindre, s'affliger, s'inquiéter. Voyez Muratori, Diss. 33.
Mas qui que s lanh
Qu'el jass' el banh,
E gense sa colors.
Giraud de Borneil: Jois e chans.
Mais qui que ce soit qui se plaigne qu'il gisse au bain, et embellisse sa couleur.
Car si s laigna ni s rancura.
P. Rogiers: Al pareissen. Var.
Car s'il se plaint et se désole.
ANC. FR. Sa chamberrière, laquelle laignoit ou respondoit despiteusement. Lett. de rém. de 1385. Carpentier, t. II, col. 989.
IT. Lagnare.
2. Lanha, Lagna, Laigna, Layna, s. f., gémissement, affliction, plainte, inquiétude.
Als us mov lanha.
Los autres meurtris.
P. Cardinal: Quals aventura.
Aux uns suscite affliction, les autres meurtrit.
La donzell' a suferc lonc temps dolor e layna. V. de S. Honorat.
La damoiselle a souffert longtemps douleur et affliction.
En aissi m ten lo desirs en greu laigna.
Peyrols: Si be m sui.
Par ainsi le désir me tient en pénible inquiétude.
ANC. IT. Lagna.
Lansa, s. f., lat. lancea, lance.
Le mot lance a été employé par les anciens Gaulois, Allemands et Espagnols.
Voyez Aulu-Gelle, lib. XV, cap. 20. - Diodore, lib. V. - Watcher (Wachter), Gloss. germ., v°. Lanze. Voyez aussi Aldrete, p. 169. - Denina, t. I,
p. 259, et t. II, p. 335. - Leibnitz, Coll. étym., p. 119.
Anc en escut lansa non frais.
Bertrand de Born: Al dous nou.
Oncques sur écu lance il ne brisa.
Fig. Atressi m nafr' amors fort,
Com vos, de sa lansa.
Rambaud de Vaqueiras: Engles.
Également me blesse amour fortement, comme vous, de sa lance.
CAT. Llansa (MOD. Llança). ESP. Lanza. PORT. Lança. IT. Lancia.
(chap. Llansa, llanses. v. llansá : aviá, aventá, tirá, p. ej una llansa.)
2. Lansada, s. f., estafilade, coup de lance.
Fereiro s tant fort amdos que am las lansadas... trauquero li uns l'autre l'escut e l'aubert. Philomena.
Ils se frappèrent si fort tous deux qu'avec les coups de lance... ils trouèrent l'un l'autre l'écu et le haubert.
CAT. Llansada (MOD. Llançada). ESP. Lanzada. PORT. Lançada.
IT. Lanciata. (chap. Llansada, llansades: cop de llansa y partissipi de llansá: llansat, llansats, llansada, llansades.)
3. Lanceta, Lanseta, s. f., lancette.
Quatre lansetas totas novas.
Talhar la pointa de cadauna lanceta.
(chap. Cuatre llansetes totes noves. Tallá la punta de cada llanseta; cada una de les llansetes.)
Ord. des R. de Fr., 1457, t. XIV, p. 436.
Quatre lancettes toutes neuves.
Tailler la pointe de chacune lancette.
CIT. Llanceta. ESP. PORT. Lanceta. IT. Lancetta. (chap. Llanseta, llansetes: instrumén quirúrgic, paregut a un punchó o punsó.)
4. Lancier, Lansier, s. m., porte-lance, crochet auquel on suspendait la lance.
Vi sa lansa e son escut
C'om l' ac en un lansier pendut.
Roman de Jaufre, fol. 45.
Vit sa lance et son écu qu'on lui eut suspendu en un porte-lance.
- Lat. lancearius, soldat qui porte la lance, lancier.
CC lancier sian aparelhat. Trad. des Actes des Apôtres, ch. 23.
Que deux cents lanciers soient préparés.
ANC. CAT. Llancer. ESP. Lancero. PORT. Lanceiro. IT. Lanciero.
(chap. Llansé, llansés: soldat que porte la llansa.)
5. Lans, Lanz, s. m., élan, jet, élancement, trait.
Al primier lans pert ieu mon esparvier.
Bertrand de Born: Ieu m' escondisc.
Qu'au premier jet je perde mon épervier.
Adv. comp. Tan fui laissatz,
Quan la vi al prim lanz.
Sordels: Tan m'abellis.
Tant je fus étreint, quand je la vis de prime abord.
El mielhs del mon s'es perdutz en un lans.
Aimeri de Peguilain: S' ieu anc chantiei.
Le meilleur du monde s'est perdu en un trait.
ANC. CAT. Llans. ESP. Lance. PORT. Lanço. IT. Lancio.
6. Lansar, v., lancer, jeter, darder, pousser.
No ill ten pro ausberc fort ni espes,
Si lansa dreit.
Pueis lansa un dart de plom gent afilat.
Giraud de Calanson: A lieys cui am.
Ne lui tient profit haubert fort et épais, tant il lance droit.
Puis lance un dard de plomb gentiment affilé.
Fig. Ab un dous amoros esguar
Que ni lansero siey huelh lairo.
Sordel: Bel m' es ab.
Avec un doux amoureux regard que me lancèrent ses yeux fripons.
CAT. Llansar (MOD. Llançar). ESP. Lanzar. PORT. Lançar. IT. Lanciare.
(chap. Llansá: llanso, llanses, llanse, llansem o llansam, llanséu o llansáu, llansen; llansat, llansats, llansada, llansades.)
7. Eslais, s. m., élan, course, vitesse, trait, effort.
Tro a la nau del port volon far lur eslays. V. de S. Honorat.
Jusqu'au navire du port ils veulent faire leur course.
Fig. D' alegransa e de joi fai un eslais.
Roman de Gerard de Rossillon, fol. 96.
D'allégresse et de joie fait un élan.
Loc. fig. Ves ifern fay son eslais.
P. Cardinal: Pus ma boca.
Vers enfer fait son élan.
Adv. comp. D' aquesta gent marrida que vengron a eslays.
V. de S. Honorat.
De cette gent hideuse qui vinrent avec impétuosité.
Fuia 'ls mals a grant eslais.
T. d'Aimeri de Peguilain et d'Albertet: N Albertet.
Qu'il fuie les méchants à grand effort.
Aissi m venon tug d' eslais.
Aimeri de Bellinoi: Era m'agr' ops.
Ainsi me viennent tous d'élan.
Ieu m n' irai lay de gran eslays.
Rambaud d'Orange: Entre gel e vent.
Je m'en irai là de grande impétuosité.
ANC. FR. A tant s'en tourne à grant eslais,
Et Euriaus remaint dolente,
Qui de plourer pas ne s'alente.
Roman de la Violette, p. 58.
Si saillit de plein eslays jus du destrier.
Hist. de Gérard de Nevers, p. 85.
8. Eslansar, v., élancer, pousser, jeter.
En als non ai cor que m' eslans.
Rambaud d'Orange: Aras no siscla.
En autre chose je n'ai coeur que je m'élance.
Mos cors en leis amar s' eslansa.
Albert de Sisteron: En amor.
Mon coeur s'élance à aimer elle.
IT. Lanciare.
9. Eslaissar, v., élancer, précipiter, aventurer.
Braus cavals, quan s' eslaissa.
G. Adhemar: Lanquan vei.
Fougueux cheval, quand il s'élance.
(chap. Fogós caball, cuan ell s' avente, arree, arrenque, etc.)
Fig. M' es vengut en cor que m' eslais
De far un novel sirventes.
Bertrand de Born: Pus lo gens.
M'est venu en volonté que je m'aventure à faire un nouveau sirvente.
Si m dey tener qu' en trop dir no m'eslais.
Gui d'Uisel: Anc no cugey.
Ainsi je dois me tenir qu'à trop dire je ne m'aventure.
ANC. FR. Devant les Sarrasins se prent à eslaisser.
Roman de Fierabras en vers français.
Li dus s' eslaisse en 1 prael. Roman del conte de Poitiers, v. 860.
Puis ont les chevaus eslaisiés. Roman de la Violette, p. 260.
10. Relais, s. m., relais, élan.
Ab tan Bertrans s'en vai sus per relais.
Roman de Gerard de Rossillon, fol. 96.
En même temps Bertrand s'en va sus par relais.
Adv. comp. Y corre de relais.
Tal paor, que de relais
S'en torneron drech al palays.
V. de S. Honorat.
Y courir d'élan.
Telle peur, que d'élan ils s'en retournèrent droit au palais.
Lansolada, s. f., lansolade, sorte de plante.
Solvi pro VIII lanssolatis palearum... De qualibet lanssolata II albos.
Tit. de 1372. Hist. de Nîmes, t. II, pr.. p. 319.
Per sanar la carn nafrada,
Es bona la lansolada
Qu'om apela carlepepi.
Brev. d'amor, fol. 50.
Pour guérir la chair blessée, est bonne la lansolade qu'on appelle carlopepin.
(N. E. Creo que habría que buscar alguna planta “lanceolata”, como la Plantago lanceolata, con hojas en forma de lanza.
En el Dictionnaire provençal-français de Simon-Jude Honnorat, tomo 2, el autor cita a Raynouard, y le corrige: “Lanssolatis palearum, signifie ici: Lansolada de palha, plein un drap de paille, comme on le dit encore aujourd'hui. También sale algo en "Romania".)
Capítul VI.
Testamén del tío Gil Amor.
Moltes coses grassioses o extraordinaries ha vist lo lectó hasta ara; pero cap mes que la que va passá aquells mateixos díes en uns consultós de Ayerbe. Eren un agüelo, una agüela y una sagala de uns vin añs, bastán donosa, encara que una mica morena, y mol ben vestida, formán contraste en les gales dels agüelos, que ya no podíen mes de cansats; y los tres en un tuf a dol mol espés y ressién, be que sense cap siñal de habé plorat. Los acompañabe un sagal del poble en lo que igual s'habíen topetat al carré y lo van agarrá per guía, ere aprenén de barbé, de uns catorse añs de edat, nova generassió que ya no coneixíe Pedro Saputo. Li va preguntá de quí ere, y va di que ere fill de la Suspira, y que sa mare díe que encara eren en ell algo parens.
- Home, mira lo que dius: conec a ton pare y a ta mare, y no sé res de mescles en ells. A vore cóm u endilgues.
- Sí, siñó, va replicá lo aprendís mol confiat; perque ma mare es cusina tersera de la tía Simona de Tuteubusques, que es cusina germana de Ramón Portodós, y Ramón Portodós va sé en la seua primera dona gendre carnal de la mare de Juan Brams, que está casat en la filla de Tornavoltes, que es cuñat de la sogra del germá del home de Salvadora Olvena, sa padrina de vosté. Va soltá aquí Pedro Saputo una gran carcañada, se va fé sis miches creus de admirassió, va torná a enríuressen, y va di:
- En efecte, tot aixó es verdat; pero sumats tots eixos parentescos, afinidats y consanguinidats, podríes di, com diríe Bart Simpson: multiplícat per cero. Li va caure tan en grassia aquell método de trobá les families, que después cuan sentíe de parentescos lluñans que se buscáen per interés, per vanidat, o per afissió y amor a les persones, al pun sen enrecordáe y díe. Lo entronque de la Suspira. Hasta los agüelos de la consulta sen van enriure en tot lo dol y la temó que portáen. Li va di al sagal que teníe que parlá y tratá en los forastés, que sen podíe aná, pero que tornare un atre día mes desplayet a fé una nova mostra de la seua bona memoria.
Va pendre entonses la paraula lo vell, y va di:
- Natros, siñó, venim a presentatos an esta chica, ya la veéu, que es mol pobra, y vosté si voléu la podéu fé rica.
- ¿Yo?, va di Pedro Saputo; ya tos explicaréu.
- Sí, siñó, ya mos explicarem, va continuá lo agüelo. Pos, com anaba dién, es filla de un gendre que vam tindre, y de una filla que se va morí fa sis añs. Ell la va matá, ell, sí siñó, perque ere una mala testa, gos, dropo, gastadó en dones roínes, que, siñó, a tot arreu ne ñan. Conque segons aixó, esta sagala es neta nostra. Pero com son pare se va fotre lo que li van doná y li vam doná, sempre los vam tindre que portá a cascarrulles mentres va viure la nostra filla, y después de tot mo sen van aná acabán; y ara les passem no de almoyna, perque no es verdat, pero sí com Deu vol. En fin, que la chica sigue felís, que a natros de poc ya mos pot engañá lo món.
Pos siñó, yo tenía un germá que ere ric, no ric ric que diguem, perque atres u són mes; pero sí, siñó, ric de verdat per al que ell ere. Perque ademés que mons pares (¡cuáns añs fa!) li van doná mes que a mí, ell va sé mes tratán y ambulán, y la seua dona mes aspra y roína que una serba verda. Y van tindre bons añs y no mals fills, ni bons ni roíns, perque no ne van tindre cap. En mules y bueys y bestiá de tota classe de pel va guañá lo que ell se sap. Mort ara fa sing díes, dixe hereua a la nostra neta Ninila (Petronila), que es única a casa seua y a la meua, en pacte y condissions que se ha de casá dins de un añ y que sigue en la aprobassió y a gust de Pedro Saputo de Almudévar, que es vostra mersé. Y lo que ha dixat són sing mil libres en dinés y atres tantes que valen les seues possessions a casa. Miro ara vostra mersé si está a la seua má, com dieba, fé rica o pobra a Ninila, perque diu lo testamén que si passe del añ o no es a gust de la vostra mersé, tot u dixe pera les almes del purgatori y del atre món.
No se va admirá Pedro Saputo de este testamén, perque lo testadó (que al momén va adiviná quí ere) lo coneixíe y volíe mol, entráe a vórel sempre que passáe per Almudévar, de sol sentíl parlá ploráe de goch, y li díe moltes vegades: Después de Deu, Pedro Saputo; y li va oferí moltes vegades tots los seus bens y buscali novia en ells. Paraules que enteníe mol be Pedro Saputo, perque ara teníe en ell a la neboda.
- Segons la vostra explicassió, va contestá al vellet, eixe germá seu ere lo meu bon amic, lo tío Gil Amor.
- Lo mateix, sí, siñó, - va di lo agüelet.
- Que en pas descanso, va continuá Saputo. Séntigo no habél vist a les seues raderes hores; alguna vegada lo vach fe quedá a minjá juns. Pero yo voldría vore lo testamén.
- Aquí lo porto, va di lo paissano; y lay va traure; y en efecte, ficáe a la sagala les dos condissions. Li va preguntá an ella si teníe galans o pretendens.
- ¿Que si ne té?, va contestá la yaya; aixina, aixina. Y menejabe los dits de la má cap a dal.
- Pero natros, va di lo vellet, n'hi tenim buscat un; aquell sí que es bo, ric, sí siñó, de una casa mol bona. Una mica torsut porte lo coll del cap, y no li agrade mol an esta sagala; pero ya li diem que aixó ve después; lo que importe es que sigue ric.
- Es verdat, va di la velleta; y yo encara hay pensat en un atre milló que eixe, perque es mes ric, y tampoc no li agrade perque es garcho, tort de un ull, y li falte lo dit gros de una má.
¿Quína culpa té lo pobre mosso?
Volíe Pedro Saputo preguntali a la sagala, y los agüelos, parla que parlarás y torna a charrá, y no la dixáen contestá, adelantánseli sempre y reñín casi los dos per quí habíe de portá la paraula.
Al final va di lo yayo:
- Val, mira, lo que natros volem es que sa mersé mos dono un papé escrit pel seu puñ que digue que li pareix be y aprobe lo casamén que natros faigam.
- ¿Conque només es aixó?, los va preguntá ell.
- Sí, siñó, van contestá los dos; no volem res mes, que después ya u lligarem natros tot ben lligadet.
- Pos be, va di Pedro Saputo; pera fé este papé vull preguntá algunes coses a Ninila, pero a soles.
- Tot lo que vullgue, va di lo vellet; ahí la té; lo que vullgue; la chica es mol aquell, y sinó... ¡ojito!... (va di miranla en ulls amenassadós).
Natros mon anem a la fonda.
- No sirá tan rato, va di Pedro Saputo, només caldrá que ixquen un rato a la cuina. Y sen van eissí.
- Mira, li va di a la sagala; per lo que vech, traten de casát en qui tú no vols, y yo, al contrari, dessicho que te casos al teu gust.
Disme: ¿tens algún amán, algún mosso que te vullgue y te agrado? Párlam en llibertat, perque ya vech que está la teua sort a la meua má.
- Yo crec, va contestá ella, que ñan tres que me volen be, pero un mes perque fa dos o tres añs que me festeche. Y dels atres dos, si en aquell no pot sé, tamé me casaría en consevol de ells.
Li va preguntá entonses (ya sol per curiosidat) si son tío Gil Amor li habíe parlat de ell alguna vegada; y va contestá que moltes, y que díe que sol dessichabe una cosa an este món.
- ¿Y va di quína cosa ere? Se li van ensendre les galtes a la sagala en esta pregunta, y plena de vergoña va contestá, que portál an ell de gendre a casa. Entonses Pedro Saputo se va ficá a escriure una carta en contestassió a un atra que li van portá del mossen, y acabada, va cridá en veu grossa y forta, van entrá los agüelets, los va entregá la carta y va di que estáen despachats.
- Pos ¿y la chica?, va preguntá lo vell.
- Uspen los tres de dabán de mí, los va contestá en aspró, si no volen que los agarra del bras y los faiga rodá escales aball.
- ¡Siñó!
- Fora de casa meua, tos dic; ¡Au!
Los pobrets, tremolán, esglayats y no atinán casi en les portes, sen van aná plorán, sense sabé qué passáe.
Los van vore Rosa y sa mare y los va fe compassió; pero al arribá a la porta del carré y abans de eixí van sentí que lo vell li díe a la sagala:
- Tú tens la culpa, sí, tú; que no li haurás volgut doná gust.
- Ah, tunanta, va di la vella: te hay de desfé a bufetades y pessics. ¡Per no donali gust! ¡Y la herensia qué! ¡Carnussa, que mos has perdut!
- ¡Per Deu!, díe plorán la sagala. ¿Qué gust ni qué disgust li hay pogut doná yo si no me ha dit res?
- ¡No te ha dit res! Eixes coses se fan sense dís. Tú ten enrecordarás del día de avui. Y la amenassabe en lo puñ preto. La sagala juráe que res li habíe dit ni demanat; y sinó, va di, tornem a pujá.
- A pujá, va di s'agüelo, a que mos agarro en un feix y mos faigue volá per la finestra. Anem, anem, que ya te passarem la cuenta.
Van escoltá tamé tot aixó la mare y la filla, lay van contá a Pedro Saputo, extrañanles mol aquella duresa y crueldat. Pero ell les va di que ñabíe una raó pa tot alló, y que pronte aquelles llágrimes se convertiríen en goch y alegría.
- Veigáu lo que pot lo interés, pos tan sentíen los dos perdre la herensia per no habé acatat la sagala lo que malissiosamen discurríen que yo li había demanat, creén que per naixó hay volgut quedám a soles en ella. Y lo que éstos han fet, no dudéu que de cada sen u faríen noranta nou, trobanse al mateix cas.
Y aquell únic potsé u aprobaríe dels atres.
Van arribá los agüelos a Ayerbe y apenes se va sabé lo mal recado que portáen se van espantá los pretendens de la sagala y la van dixá com los muixons cuan en gran sarabastall acudixen al caure lo día, que si va algú y tire en forsa un códul escampen tots calladets y fan una revolada cap a un atra part. Pero lo mossen, lo prior de Santo Domingo y atres persones prinsipals van prometre intersedí en Pedro Saputo, y en efecte li van enviá micha dotsena de cartes, y ell los va despachá sense contestán cap; en lo que se van reafirmá en que Pedro Saputo volíe los bens del tío Gil Amor pera les almes del atre món, y ya lo mateix mossen y lo prior dels flares sels repartíen caritativamen en esperansa.
Sis díes fée que estáe a Almudévar cuan van arribá los agüelos del testamén, y ne va está vuit mes consedinlos al cariño de Eulalia y Rosa, y ne haguere consedit mol mes de bona gana. Les va dixá, pero en tan sentimén que casi va plorá en elles; y va aná cap a Ayerbe aon tamé ne portabe una apuntada.
Apenes va arribá, va cridá a Ninila y en molta afabilidat li va preguntá quins galans li habíen quedat de tans com van di que ne teníe. Ella, enrecordansen del mal trate dels agüelos, y veén que tamé la habíe entrat a un cuarto a soles, dudán, en les galtes colorades, mirán an terra, sofocada, y luchán en la vergoña, va contestá:
- Encara que sé que no soc prou hermosa... sin embargo... ningú me ha tocat encara... lo que vostra mersé vullgue fé de mí...
Pedro Saputo, al sentí aixó, se va portá la má al fron enrabiat; y la ira per una part, la compassió per un atra, pensán en la malissia dels agüelos, y en lo candor y inossensia de la sagala, va está un rato neguitós y apamplat sense sabé cóm rompre.
Al remat va eixecá lo cap y li va di entre severo y afable:
- Yo lo que dessicho es la teua felissidat, y lo que te demano es que me digues si dels pretendens que teníes ten ha quedat algún fiel después de sabé que yo no te volía doná la herensia.
- Un, va di ella, tota avergoñida, suán y tragán saliva dels ñirvis.
- ¿Es lo que tú creíes que te volíe mes?
- No, siñó, ara vech que me volíe mes que aquell, perque me ha dit que tan li fotíe si yo era pobra.
- Pos ves y que me lo porton aquí tons yayos; tornarás tú tamé en ells.
Se van presentá en lo mosso; va vore Pedro Saputo que ere ben pincho, galanet com un pintó de Arnes, gallet, no massa ardén y fogós, pero de un cor com un Alejandro. Li va pareixe be y va maná cridá a un escribén y se va fé la declarassió en forma, aprobán la boda de Ninila en aquell noble y desinteressat jove. Acabat aixó, va fé quedá als agüelos y a la sagala, y an ells los va empendre aspramen lo seu mal propósit y villana sospecha, y an ella li va encarregá mol la virtut y la fidelidat al home.
En cuan a la enregistrada de aquell poble la va vore dos vegades y sempre per casualidat: ere tiessa, jarifa, collerguida, pantorrilluda y ben plantada, en aire de ficás en jarres, descocada y capás de aventali un mentíu al fill del sol; y va di: Llástima que yo no siga tot un tersio de soldats pera emportámela de vivandera.
Original en castellá:
Capítulo VI.
Testamento del tío Gil Amor.
Muchas cosas graciosas o extraordinarias ha visto el lector hasta ahora; pero ninguna más que la que sucedió aquellos mismos días con unos consultores de Ayerbe. Eran un viejo, una vieja y una muchacha de unos veinte años, bastante donosa, aunque un poco morena, y muy bien vestida, formando contraste con las galas de los viejos, que ya no podían más de cansados; y los tres apestando con un luto muy espeso y reciente, bien que sin maldita la señal de haber llorado. Acompañábalos un muchacho del lugar que acaso toparon en la calle y le tomaron por guía, el cual aprendía de barbero, de hasta catorce años de edad, nueva generación que ya no conocía Pedro Saputo. Preguntóle de quién era, y dijo que era hijo de la Suspira, y que su madre decía que aún eran con él algo parientes. - Hombre, mira lo que dices: conozco a tu padre y a tu madre, y no sé tener mezclas con ellos. A ver cómo lo endilgas. - Sí, señor, replicó el aprendicillo muy confiado; porque mi madre es prima tercera de la tía Simona de Tutelobuscas, que es prima hermana de Ramón Llevodos, y Ramón Llevodos fue con su primera mujer yerno carnal de la madre de Juan Bramidos, que está casado con la hija de Tornavueltas, que es cuñado de la suegra del hermano del marido de Salvadora Olvena, su madrina de usted. Soltó aquí Pedro Saputo una gran carcajada, se hizo seis medias cruces de admiración, volvió a reírse, y dijo: - Con efecto, todo eso es verdad; pero sumados todos esos parentescos, afinidades y consanguinidades, podrías decir: cero y llevo cero. No obstante le cayó tan en gracia aquel método de encontrar las familias, que después cuando oía de parentescos lejanos que se traían por interés, por vanidad, o por afición y amor a las personas, al punto se acordaba y decía. El entronque de la Suspira. Hasta los viejos de la consulta se rieron con todo su luto y los temores que traían. Dijo al fin al muchacho que teniendo que hablar y tratar con los forasteros, se podía ir, pero que volviese otro día más de espacio a hacer una nueva muestra de su buena memoria. Fuese, y Pedro Saputo quedó consigo en favorecerle por el despejo que mostró en la relación de tan extraño rodeo, que no era aún parar a él o a su madre, sino al marido de su madrina.
Tomó entonces la palabra el viejo, y dijo: - Nosotros, señor, venimos a presentaros esta chica, ya le veis, que es muy pobre, y vos si queréis la podéis hacer rica. - ¿Yo?, dijo Pedro Saputo; ya os iréis explicando. - Sí, señor, ya nos explicaremos, continuó el viejo. Pues, como iba diciendo, es hija de un yerno que tuvimos, y de una hija que se murió hace seis años. Él la mató, él, sí, señor, porque era una mala testa, holgazán, pendenciero, gastador con mujeres malas, que, señor, en todas partes las hay. Conque según eso, esta zagala es nieta nuestra. Pero como su padre acabó lo que le dieron y le dimos, siempre los tuvimos que llevar a cuestas mientras vivió nuestra hija, y después de todo se nos fue acabando y dio fin de día en día, y nos quedamos per istam; y agora los pasamos no de limosna, porque no es verdad, pero sí como Dios quiere. En fin, que la chica sea feliz, que a nosotros de poco ya nos puede engañar el mundo. Pues señor, yo tenía un hermano que era rico, no rico rico que digamos, porque otros lo son más; pero sí, señor, rico de verdad para lo que él era. Porque además que mis padres (¡cuántos años hace!) le dieron más que a mí, él fue más tratante y ambulante, y su mujer más ingrata y ruin que una azarolla verde. Y tuvieron buenos años y no malos hijos; bien que hijos, ni buenos ni malos, porque no tuvieron ninguno. Con mulas y bueyes y ganados de todo pelo ganó lo que él se sabe. Hase muerto ahora cinco días, y deja heredera a nuestra nieta Ninila (Petronila), que es única en su casa y en la mía, con pacto y condiciones que se ha de casar dentro de un año y que sea con la aprobación y a gusto de Pedro Saputo de Almudévar, que es vuesa merced. Y lo que ha dejado es cinco mil libras en dinero y otras tantas que vienen a valer sus posesiones con la casa. Mire ahora vuesa merced si está en su mano, como decía, hacer rica o pobre a Ninila, porque dice el testamento que si pasa del año o no es a gusto de su merced, de vuesa merced, todo lo deja para las almas del purgatorio y del otro mundo.
No se admiró Pedro Saputo de este testamento, porque el testador (que al momento adivinó quién era) le conocía y quería mucho, entraba a verle siempre que pasaba por Almudévar, de sólo oírle hablar lloraba de gozo, y le decía muchas veces: Después de Dios, Pedro Saputo; y le ofreció muchas veces todos sus bienes y buscarle novia con ellos. Palabras que entendía muy bien Pedro Saputo, porque aquél se tenía consigo a la sobrina.
- Según vuestra explicación, respondió al viejo, ese hermano era mi buen amigo el tío Gil Amor. - El mismo, sí, señor, dijo el viejo. - En paz descanse, continuó Saputo. Siento no haberle visto en sus últimas horas; alguna vez le he hecho quedar a comer conmigo. Mas yo desearía ver el testamento. - Aquí lo traigo, dijo el paisano; y le sacó; y en efecto, ponía a la muchacha las dos condiciones. Preguntóle a ella si tenía galanes o pretendientes. - ¿Si tiene?, respondió la abuela; así, así. Y meneaba los dedos levantando la mano. - Pero nosotros, dijo el viejo, le tenemos buscado uno; aquél sí que es bueno, rico, sí, señor, de una casa muy buena. Un poco torcido lleva el cuello de la cabeza, y no le gusta mucho a esta rapaza; pero ya le decimos que eso viene después; lo que importa es que sea rico. - Es verdad, dijo la vieja; y aun yo le he pensado otro mejor que ése, porque es más rico, y tampoco no le gusta porque es tuerto de un ojo y le falta el dedo pulgar en la una mano. ¿Qué culpa tiene el pobre mozo?
Quería Pedro Saputo preguntarle a la muchacha, y los viejos, hablar y darle, y no dejarla responder, adelantándosele siempre y riñendo casi los dos por quien había de llevar la palabra. Al fin dijo el abuelo: - Vaya, mira, lo que nosotros queremos es que su mercé de vuesa merced nos dé un papel escrito de su puño que diga que le parece bien y aprueba el casamiento que nosotros hagamos. - ¿Conque no más es eso?, les preguntó él. - No, señor, respondieron los dos; no queremos más, que después ya lo endilgaremos nosotros. - Pues bien, dijo Pedro Saputo; para hacer este papel quiero preguntar algunas cosas a Ninila, pero a solas. - Todo lo que quiera, dijo el viejo; ahí la tiene; lo que quiera; apuradamente la chica es muy aquél, y si no... ¡cuidado!... (dijo mirándola con amenaza). Nosotros nos vamos a la posada. - No tanto, dijo Pedro Saputo, bastará que salgan un rato a la cocina. Y se salieron.
- Mira, le dijo a la muchacha; a lo que veo, tratan de casarte con quien tú no quieres, y yo, al contrario, deseo que te cases a tu gusto. Dime: ¿tienes algún amante, algún mozo que te quiera y te guste? Háblame con libertad, porque ya veo que está tu suerte en mi mano. - Yo creo, respondió ella, que hay tres que me quieren bien, pero uno más porque hace dos o tres años que me festeja. Y los otros dos, si con aquél no puede ser, también me casaría con cualquiera de ellos. Preguntóle entonces (ya por sola curiosidad) si su tío Gil Amor le había hablado de él alguna vez; y respondió que muchas, y que decía que sólo deseaba una cosa en este mundo. - ¿Y dijo qué cosa era? Encendiósele el rostro a la muchacha a esta pregunta, y llena de vergüenza respondió, que traérselo de joven a casa (de amo joven, de yerno). Entonces Pedro Saputo se puso a escribir una carta en contestación a otra que le trajeron del cura, y concluida, llamó con voz grave, entraron los abuelos, entrególes la carta y dijo que estaban despachados. - Pues ¿y la chica?, preguntó el viejo. - Sálganse los tres de delante, les respondió con aspereza, si no quieren que los tome del brazo y les haga rodar la escalera. - ¡Señor! - Fuera de mi casa, digo; ¡ea! Los infelices, temblando, asustados y no atinando casi con las puertas, se fueron llorando, sin saber lo que les pasaba.
Viéronlos Rosa y su madre y les dieron compasión; pero al llegar a la puerta de la calle y antes de salir oyeron que el viejo decía a la muchacha: - Tú tienes la culpa, sí, tú; que no le habrás querido dar gusto. - Ah, tunanta, dijo la vieja: te he de deshacer a bofetadas y pellizcos. ¡Por no dalle gusto! ¡Y la herencia! ¡Bribona, que nos has perdido! - ¡Por Dios!, decía llorando la muchacha. ¿Qué gusto ni qué disgusto le he podido dar yo si no me ha dicho nada? - ¡No te ha dicho nada! Esas cosas se hacen sin decirse. Tú te acordarás del día de hoy. Y la amenazaba con el puño. La muchacha juraba que nada le había dicho ni pedido; y si no, dijo, volvamos a subir. - A subir, dijo el viejo, a que nos coja y nos vuele por la ventana. Vamos, vamos, que ya te ajustaremos la cuenta.
Oyeron también todo esto la madre y la hija, y se lo contaron a Pedro Saputo, extrañando mucho aquella dureza y crueldad. Pero él les dijo que había su fin en ello, y que pronto aquellas lágrimas se convertirían en gozo y alegría. - Y ved, les dijo, lo que puede el interés, pues tanto sentían los dos perder la herencia por no haber condescendido la muchacha a lo que maliciosamente discurrían le había yo pedido, creyendo que por eso he querido quedarme a solas con ella. Y lo que éstos han hecho, no dudéis que de cada ciento lo harían noventa y nueve, hallándose en el mismo caso. Y aquel único lo aprobaría quizás en los otros.
Llegaron los viejos a Ayerbe y apenas se supo el mal recado que traían se espantaron los pretendientes de la muchacha y la dejaron como los pájaros cuando con gran bullicio acuden al caer el día, que si va alguien y tira con fuerza una piedra huyen todos callados y vuelan a otra parte. Mas el cura, el prior de Santo Domingo y otras personas principales les prometieron interceder con Pedro Saputo, y con efecto le mandaron con un propio media docena de cartas, y él les despachó sin contestar a ninguna; con que se afirmaron más y más en que Pedro Saputo quería los bienes del tío Gil Amor para las almas del otro mundo, y ya el mismo cura y el prior de los frailes se los repartían caritativamente en esperanza.
Seis días hacía que estaba en Almudévar cuando llegaron los viejos del testamento, y estuvo ocho más concediéndolos al cariño de Eulalia y Rosa, a quien hubiera concedido mucho más de buena gana. Dejólas en fin, pero con tanto sentimiento que casi lloró con ellas; y fue a Ayerbe donde también llevaba una registrada.
Apenas llegó, llamó a Ninila y con mucha afabilidad le preguntó qué galanes le habían quedado de tantos como le dijeron que tenía. Ella, acordándose de los malos tratamientos de los abuelos, y viendo que también la había entrado en un cuarto a solas, dudando, ruborosa, mirando a tierra, sofocada, y luchando con la vergüenza, respondió: - Aunque conozco que no soy bastante hermosa... sin embargo... nadie me ha tocado aún... lo que vuesa merced quiera hacer de mí... Pedro Saputo, al oír esto, dejó caer la frente en la mano sobre la mesa; y la ira por una parte, la compasión por otra, pensando ya en la malicia de los viejos, ya en el candor e inocencia de la muchacha, le tuvieron un rato desazonado y perplejo no sabiendo cómo romper. Al fin levantó la cabeza y le dijo entre severo y afable: - Yo lo que deseo es tu felicidad, y lo que te pido es que me digas si de los pretendientes que tenías te ha quedado alguno fiel después que han sabido que yo no te quería dar la herencia. - Uno, dijo ella, toda avergonzada y sudando y tragando saliva de congoja. - ¿Es el que tú creías que te quería más? - No, señor, sino que agora veo que me quería más que aquél, porque me ha dicho que no se le daba nada de que yo fuese pobre. - Pues anda y que me le traigan aquí tus abuelos; volverás tú también con ellos.
Presentáronse con el mozo; vio Pedro Saputo que era bien dispuesto, galancete, un si no es ardiente y fogoso, pero de un corazón como un Alejandro. Parecióle bien y mandó llamar un escribano y se hizo la declaración en forma, aprobando el casamiento de Ninila con aquel noble y desinteresado joven. Concluido, hizo quedar a los abuelos y a la muchacha, y a ellos les reprendió ásperamente su mal propósito y villana sospecha, y a ella le encargó mucho la virtud y la fidelidad al marido.
En cuanto a la enregistrada de aquel lugar la vio dos veces y siempre por casualidad: era tiesa, jarifa, cuellierguida, pantorrilluda y bien plantada, aire de ponerse en jarras, descocada y capaz de arrojar un mentís al hijo del sol; y dijo: Lástima que yo no sea todo un tercio de soldados para llevármela de vivandera.
JORNADA DÉSSIMA. NOVELA CUARTA.
Micer Gentile dels Carisendi, arribán de Módena, trau de la sepultura a una dama volguda per nell, donada per morta y enterrada, la que, confortada, parix un fill mascle, y micer Gentile an ella y a son fill los restituix a Niccoluccio Caccianernici, lo seu home.
Maravillosa cosa los va pareixe a tots que algú fore generós hasta en la seua propia sang: y van afirmá que verdaderamen Natán habíe sobrepassat la generosidat del rey de España y la del abat de Cluny. Después, lo rey, mirán a Laureta, li va amostrá que volíe que narrare ella, aixina que Laureta va escomensá:
Joves siñores, magnífiques y majes han sigut les histories contades, y me pareix que no mos quede mol pera di a natros (tan ocupat está tot per la excelensia de les magnifissensies contades) si no se parle de assuntos de amor, que a tota classe de narrassió oferixen abundantíssima copia. Y per naixó tos contaré un gesto de magnifissensia fet per un enamorat, que, si be u consideráu, no tos pareixerá menos que los mostrats, si es verdat alló de que los tessoros se donen, les enemistats se olviden y se fique la propia vida, lo honor y la fama, que es mol mes, en mil perills per a pugué posseí la cosa amada.
Va ñabé a Bolonia, nobilíssima siudat de la Lombardía, un caballé mol digne de considerassió per la seua virtut y noblesa de sang, que se díe micer Gentile dels Carisendi. Este, de una noble Siñora de nom doña Catalina, dona de un tal Niccoluccio Caccianernici, se va enamorá; y com no ere correspongut per l´amor de la Siñora, desesperat y sen cridat per la siudat de Módena, allí que sen va aná. En este tems, no están Niccoluccio a Bolonia, y habénsen la seua dona anat a una possessió seua a unes tres milles de la siudat perque estabe embarassada o preñada o grávida, va passá que li va sobrevindre un patatús, de tanta forsa que va apagá en ella tota siñal de vida, y per naixó un meche la va doná per morta; y com los seus paréns mes arrimats díen que sabíen per nella que no fée prou tems que estabe preñada pera que la criatura puguere está formada, tal com estabe, a una sepultura de una iglesia veína, después de mols plos, la van enterrá.
Aixó, inmediatamen, per un amic seu li va sé fet sabé a micer Gentile, que se va doldre mol, diénse an ell mateix: «doña Catalina, ara que estás morta, com yo, mentres vas viure, may vach pugué obtindre de tú ni una mirada, com no podrás prohibímu, morta com estás, te arrencaré algún beset.» Y dit aixó, sén ya de nit, organisán les coses pera que la seua anada fore secreta, montán a caball en un criat seu, sense parás un momén, van arribá aon estabe sepultada la dama; y obrín la sepultura, an ella en cuidadet y cautela va entrá, y gitánse a la seua vora, la seua cara va arrimá a la de la Siñora y moltes vegades, derramán moltes llágrimes, la va besá. Pero aixina com veém que la ganeta dels homens no té may cap límit, sino que sempre vol mes, y espessialmén la dels amáns, habén este dessidit no quedás allí, se va di: «¡Bah!, ¿per qué no li toco, ya que estic aquí, una mica les mamelles? No podré tocála mes y may la hay tocat.»
Vensut, pos, per estes ganes, li va ficá la ma al pitral y tenínla allí durán un rato, li va pareixe notá que an alguna part li bategáe lo cor; y, después de desfés de la temó, buscán en mes atensió, va vore que no estabe morta, encara que lo pols fore mol débil; per lo que, lo mes cuidadosamen que van pugué, ell y lo seu criat la van traure del monumén, la van colocá al caball, y secretamen la van portá a Bolonia. Estabe allí sa mare de Gentile, valerosa y discreta Siñora, que después de escoltáu tot de boca de son fill, moguda per la compassió, amagatontes, en foguerades y en algúns bañs caléns, an aquella li va torná la desmayada vida.
Al torná en sí, va suspirá la Siñora y va di:
- ¡Ay!, ¿aón estic?
A lo que la valerosa Siñora va contestá:
- Tranquilísat, estás a bon puesto.
Ella, una mica recuperada, mirán al voltán, sense sabé aón estabe y veén dabán della a micer Gentile, mol extrañada li va preguntá a la mare de este de quína manera habíe ella arribat allí, y micer Gentile en orden lay va contá tot. De lo que dolénse ella, después de un rato li va doná les grassies y después li va demaná, per l´amor que li habíe tingut y per cortessía, que respetare lo seu honor y lo del seu home, y al arribá lo día, que la dixare torná a casa seua; a lo que micer Gentile va contestá:
- Siñora, consevol que lo meu dessich haigue sigut en tems passats, no vull al presén ni may daquí abán (ya que Deu me ha consedit esta grassia que de la mort a la vida tos ha tornat a mí, sén lo motiu l´amor que tos hay tingut) tratátos ni aquí ni a datra part mes que com a una "cara" germana. Pero lo benefissi que tos hay fet esta nit mereix algún galardó; y per naixó vull que no me neguéu una grassia que tos demanaré.
A lo que la Siñora benignamen va contestá que estabe disposada an alló si se podíe y ere honesto. Micer Gentile va di entonses:
- Siñora, tots los vostres paréns y hasta tots los boloñesos creuen y tenen per sert que estáu morta, per lo que no ña dingú que tos espero a casa; y per naixó vull demanátos com a grassia que vullgáu quedátos aquí de amagatóns en ma mare hasta que yo torna de Módena, que sirá pronte. Y la raó per la que tos u demano es perque vull, en presensia de los millós siudadáns de esta siudat, fé de vos un pressiós y solemne don al vostre home.
La dama, sabén que estabe obligada al caballé y que la petissió ere honesta, encara que volíe alegráls en la seua vida la dels seus paréns, se va disposá a fé alló que micer Gentile demanabe, y aixina lay va prometre y li va doná la seua paraula. Y apenes habíe acabat de parlá cuan va trencá aigües y va notá que lo tems de parí habíe arribat; per lo que, ajudada per sa mare de micer Gentile, al poc rato va parí un hermós mascle, lo que va redoblá la alegría de micer Gentile y la seua. Micer Gentile va maná que se prepararen les coses nessessaries y que ella fore atenguda com si fore la seua dona, y sen va entorná cap a Módena secretamen. Acabat allí lo tems del seu ofissi y tenín que torná a Bolonia, va fé que, lo matí que teníe que entrá a Bolonia, se preparare un gran convit a casa seua pera mols nobles de Bolonia, entre los que estabe Niccoluccio Caccianernici; y habén tornat y ficat lo peu an terra y trobánse en ells, habén tamé trobat a la Siñora mes hermosa y mes llustrosa que may y que lo seu fill estabe be, en alegría incomparable als seus convidats va assentá a la taula y los va fé serví magníficamen mols manjars. Y están ya casi acabán de minjá, habénli dit ell abáns a la Siñora lo que intentabe fé y habén arreglat en ella la manera en la que se faríe, va escomensá a parlá aixina:
- Mons siñós, men enrecordo de habé escoltat alguna vegada que a Persia ña una costum, honrada segóns lo meu juissi, que es que cuan algú vol honrá mol al seu amic lo invite a casa seua y allí li amostre la cosa mes pressiada que té, sigue la seua dona, la seua amiga, o la seua filla, ¡afirmán que, si puguere, tal com li mostre alló, en mol mes agrado li mostraríe lo seu cor!; esta costum vull seguí yo a Bolonia. Vatros, per vostra mersé, hau honrat lo meu convit acudín, y yo vull honrátos a la manera persa, amostrántos la cosa mes apressiada que ting al món y que sempre tindré. Pero abáns de féu, tos rogo que me digáu lo que opinéu de una duda que tos vach a plantejá. Ña una persona que té a casa a un bo y fiel criat que se fique mol dolén; este, sense esperá a vore lo final del criat dolén lo fa portá al mich del carré y no se preocupe mes dell; ve un extrañ y, mogut per la compassió, sel emporte a casa seua y en gran solissitut y en gastos lo torne a la seua salut; voldría yo sabé ara si, guardánlo per an ell y ficánlo al seu servissi, lo seu siñó podríe doldres o queixás del segón si, al demanálay, no vullguere tornálay.
Los gentilhomens, después de uns cuans raonaméns entre ells y concurrín tots en la mateixa opinió, li van encarregá la resposta a Niccoluccio Caccianernici, que ere un oradó mol bo y templat. Este, alabán la costum persa, va di que ell y los demés estaben de acord en esta opinió: que lo primé siñó ya no teníe cap dret sobre lo seu criat, ya que lo habíe abandonat y apartat dell, y que per los benefissis ressibits del segón de justissia pareixíe habé passat a sé lo seu criat; per lo que, guardánsel, cap mal, forsa o injuria li fée al primé. Los demés homens que estaben a la taula, que tots eren homens valerosos, van afirmá que sosteníen lo que habíe contestat Niccoluccio.
Lo caballé, contén en tal resposta y que Niccoluccio la haguere donat, va di que ell tamé ere de aquella opinió, y después va di:
- Ya es hora de que segóns la meua promesa tos honra.
Y cridán a dos dels seus criats, los va enviá a buscá a la Siñora, a la que habíe fet vestí y adorná egregiamen, y ella va acudí a alegrá als homens nobles en la seua presensia, portán als brassos al seu hermossíssim fillet, acompañada dels criats. Se va assentá a la vora de un dels gentilhomens, y ell va di: - Siñós, esta es la cosa mes pressiada que ting y que vull tindre mes que cap atra; veigáu si tos pareix que ting raó.
Los atres nobles, honránla, loánla, y sobre tot miránla mol, mols hagueren dit quí ere si no la tingueren per morta; sobre tot la mirabe Niccoluccio, que volíe sabé quí ere ella, y sense pugués aguantá li va preguntá an ella si ere boloñesa o forastera. La Siñora, sentín que lo seu home li preguntabe, en molta faena se va aguantá de contestáli, pero pera seguí la orden que li habíen donat, va callá. Algún atre li va preguntá si ere seu aquell chiquet, y algún atre si ere la dona de micer Gentile o parenta; tampoc va doná cap resposta. Tornán micer Gentile, li va di un dels seus invitats:
- Siñó, hermosa cosa es esta vostra, pero pareix muda; ¿u es?
- Siñós - va di micer Gentile -, lo no habé parlat ella es bona proba de la seua virtut.
- Diguéumos, pos, vos – va seguí lo mateix - quí es.
Va di lo caballé:
- U faré de bon grado si me prometéu que per res que diga dingú se mourá del seu puesto hasta que acaba la meua historia.
Habénu prometut tots, y habén ya desparat les taules, micer Gentile, assentánse a la vora de la Siñora, va di:
- Siñós, esta Siñora es aquell criat leal y fiel del que tos hay fet antes una pregunta; ella, poc estimada per los seus, com ya no ere útil la van aventá al mich del carré, y va sé arreplegada per mí y en la meua solissitut y obres va sé arrencada de les mans de la mort; y Deu, mirán lo meu pur afecte, la ha feta passá de cos espantable a hermosa com la veéu. Pero pera que entengáu be cóm me ha passat aixó, tos u aclariré.
Y escomensán desde lo seu enamoramén della, los va contá tot lo que habíe passat hasta allavonses, en gran maravella de los oyéns, y después va afegí:
- Per naixó, si no hau cambiat la opinió que teníeu fa un rato, y espessialmen Niccoluccio, esta dona mereixcudamen es meua, y dingú me la pot reclamá en títul just.
An aixó dingú va contestá, esperaben tots lo que diríe después. Niccoluccio y los demés que allí estaben, y la Siñora ploraben de compassió; pero micer Gentile, ficánse de peu y prenén als brassos al chiquet y a la Siñora de la ma y anán cap a Niccoluccio, li va di:
- Compare, no te torno a la teua dona, a la que los seus paréns y los teus van aviá al carré, sino que te dono an esta Siñora, la meua comare, en este fillet seu, que va sé engendrat per tú y al que vach aguantá al batech y li vach ficá de nom Gentile: te rogo que perque haigue estat a casa meua prop de tres mesos no te sigue menos volguda; te juro per lo Deu que potsé va fé enamorám della pera que lo meu amor fore, com ha sigut, la ocasió de la seua salvassió, que may ni en son pare ni en sa mare ni en tú mes honestamen ha viscut de lo que u ha fet están en ma mare a casa meua.
Y dit aixó, se va girá cap a la Siñora y li va di:
- Siñora, ara ya de totes les promeses que me hau fet tos libero y libre tos dixo en Niccoluccio. Y habénli tornat a la dona y al chiquet a Niccoluccio, va torná a assentás. Niccoluccio va ressibí a la seua dona y a son fill, mol mes dichós perque lluñ estabe de esperáls; y lo milló que va pugué y va sabé li va doná les grassies al caballé; y los demés, que tots ploraben de compassió, lo van alabá mol per naixó, y tamé lo van alabá tots los que u van sentí. La Siñora, en maravillosa festa va sé ressibida a casa seua y com a ressussitada va sé mol tems mirada en admirassió per los boloñesos; y micer Gentile sempre va sé amic de Niccoluccio y de tots los seus paréns.
¿Qué diréu, pos, benignes siñores? ¿Creéu que lo habé donat un rey lo seu cetro y la seua corona, y un abat sense que res li costare habé reconsiliat a un bandido en lo Papa, y un agüelo arrimá lo garganchó a la espasa del enemic, són dignes de igualá la acsió de micer Gentile?
Este radé, jove y fogós, pareixénli que teníe dret an alló que uns atres habíen aventat y ell per la seua bona fortuna habíe arreplegat, no sol va acorá honestamen lo seu foc, sino que liberalmen lo que solíe en tot lo seu pensamén tratá de robá, tenínu, u va restituí.
Per sert que cap de les abáns contades me pareix que se assemello an esta.