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domingo, 15 de mayo de 2022

CARTA 10. De algunos ritos antiguos.

CARTA 10. 

De algunos ritos antiguos. 

Mi querido hermano: No se deleita tanto el curioso investigador de la antigüedad profana con algún trozo de piedra, preservado de la injuria de los tiempos para recuerdo de la opulencia y grandeza de los antiguos estados o familias; como el amador de la religión en algunas reliquias del buen espíritu, que siempre ha dictado a la iglesia prácticas y usos convenientes a la conservación de la caridad. (1) Tal era el rito de las sagradas Eulogias. Apenas se hallará hombre instruido y poseído del amor fraternal que no haga un dulce recuerdo de esta muestra de la comunión eclesiástica con que se procuraba avivar en los ánimos de los fieles la verdadera unión y concordia. Aunque la historia de este rito en España se dará en nuestra obra, debo anticipar la noticia de los vestigios que quedan en esta iglesia de tan santa costumbre. Todos los códices sacramentarios, hasta los del siglo XVI, prescriben en el ordinario de la misa la bendición del pan al tiempo del ofertorio en los domingos. Y que esto se hiciese para repartirle entre los fieles, lo indica el final de la oración: ut omnes gustantes ex eo, tam animae, quam corporis recipiant sanitatem. Ofrecían este pan los fieles al tiempo del ofertorio, y acaso con él otras viandas. A lo menos, por el testimonio de Beuter, sabemos que en el siglo XVI se practicaba así en los días de San Blas y Santa Águeda (a). En algunos códices he hallado oraciones propias para la bendición del pan y del vino en estas fiestas, como también en la de San Blas para la de semillas y frutos, y en la de Santa Águeda para la de los términos. Hoy persevera en ambos días la bendición del pan; pero ya no es oferta voluntaria de los fieles al tiempo de la misa, sino otra cosa muy distinta. En las aldeas y aun en algunas Iglesias de esta ciudad se lleva al templo una torta grande de pan, la cual se bendice separadamente antes de la misa para repartir luego entre los principales concurrentes. En este mi convento de Predicadores se hace indistintamente esta repartición del pan, desmenuzado ya, luego que se concluye el ofertorio de la misa, que se canta todos los sábados en la capilla de nuestra Señora del Rosario. Igual costumbre oigo que tienen algunas iglesias de esta ciudad en la misa de la noche de Navidad. Reliquias de aquel primer instituto de las Eulogias y oblaciones, de las cuales, por ciertos indicios que tengo, confío hallar otras muestras en mi viaje. 

(a) "Usque ad nos perseverat mos vetustatis illius, quo offertur à quibusdam die S. Blasii et  S. Agathae, omne quod ad cibum pertinet et ad potum.” (Beuter de recta sacrif. ratione c. 9. 1542.) 

No ha durado tanto el rito del ósculo (beso) de paz al tiempo de la misa que conservaba aún en su vigor esta Iglesia en el siglo XIV. A mediados de él escribía aquí el dominicano Fray Guillermo Anglés la Exposición de la misa, de que hablaré en las cartas siguientes. En ella después de haber reprehendido la costumbre de algunos sacerdotes de recibir la paz besando la hostia consagrada (práctica que duraba aún el siglo XVI en las principales iglesias de Francia) (a: Le Brun. Explic. des cer. de la messe p. V. art. VII.), dice estas palabras: postquam sacerdos osculatus est calicem, vel corpus Christi. accipiando pacem, dat statim coadjutori suo, et iste aliis, et alii inter se mutuò osculantur... et ideo homines in missa existentes, ante communionem pacem dantes, se invicem osculantur... Propter hoc pacis osculum diffunditur in Ecclesia per universos fideles missam audientes. Como no queda memoria de que por aquel tiempo estuviesen separados en el templo los hombres de las mujeres, es muy verosímil que se tuviese presente la cautela con que Durando había hablado de este rito en el siglo anterior, es a saber, que no se permitiese este ósculo entre las personas de diferente sexo. En un códice de principios del siglo XV decía el sacerdote ad dandam pacem: habete vinculum pacis et caritatis ut apti sacrosancto misterio Dei. Verdad es que no prueba esto que durase el ósculo antiguo; pero tampoco se infiere de estas palabras, (2) ni es fácil averiguar cuándo se introdujo aquí el uso de las portapaces: de las cuales la más antigua de que he hallado memoria en esta provincia, es la que regaló a la colegial de San Felipe Calixto III. Y ya que hablamos de las ceremonias de la misa, notaré lo que acerca del evangelio último de San Juan dice el citado P. Anglés en la exposición lemosina que añade al fin. Si abans que dò benedictio al poblé, ô   aprés, vol dir lo evangeli de Sent Johan, faça segons que li será vigares: esto es: si antes de dar la bendición al pueblo o después quisiese decir el evangelio de San Juan, haga lo que mejor le pareciere. No digo esto por noticia muy singular, porque sabido es, que la práctica de leer este evangelio al fin de la misa, desconocida antes del siglo XIII, en ese y en los siguientes así hasta el precepto general de San Pío V quedó al arbitrio del sacerdote; pero no me acuerdo haber visto que se dejase a su discreción el decirlo antes o después de la bendición. En el ordinario de 1527, de que ya di noticia, se manda que en la misa seca que se celebraba para la bendición del ejército que se había de embarcar, se diga el evangelio último antes de la bendición. Y en los códices del siglo XV se nota en alguna fiesta otro evangelio para el fin de la misa; ahora no me ocurre cuál es: vamos a otra cosa. Me tomo esta libertad de ir escribiendo lo que me viene a la memoria, por no verme luego burlado de ella, confiando que lo diminuto se extenderá en nuestra obra, y los descuidos quedarán enmendados con tu lectura. Y pues en este punto se me ofrece lo que hay aquí en orden a los cementerios, debo advertir que cada parroquia tiene el suyo separado del templo, aunque no tan próximo a él, como supone el ritual que ya dije, escrito en el pontificado de Eugenio IV; en el cual, además de mandarse que celebrado el funeral en la Iglesia saquen el cadáver al cementerio, se previene que se hagan en él procesiones pro defunctis, a lo que parece semanales, con siete estaciones en cada una de ellas: todo lo cual indica proximidad al templo. Tal era el destinado desde el siglo XIII para el entierro de los cofrades de S. Jayme, que estaba pegado a la pared exterior de la capilla, que con esta invocación hay en la catedral. Llamábanle el fosaret (pequeño cementerio), (fosar, fossar, fosa), y era la capillita que hoy se ve frente a la Iglesia de nuestra Señora de los Desamparados. Acaso en el mismo siglo estaba también pegado a la pared del templo el cementerio de la parroquial de Santo Tomás. Así lo indica un sepulcro que se halla a la parte exterior de él en la calle del palacio arzobispal a la raíz de la pared. El vulgo cree que enterraron allí vivo a un clérigo por haber quebrantado el sigilo sacramental. Equivocación grosera nacida de la ignorancia del castigo prescrito por los cánones para este delito, que era (3) la deposición y reclusión en un monasterio. La verdad es que allí está enterrado un Pedro Desprats (d'Es prats), como consta de la inscripción que se halla sobre el mismo sepulcro en lugar elevado: la cual publicó Esclapés en su Historia de Valencia; mas por estar aquella copia llena de equivocaciones, la pondré aquí sin mudar un ápice de su ortografía. Dice así: 

anno Domini 1291 videlicet pridie calendas (kalendas) Julii obiit Petrus de Pratis civis Valentiae, septimus confrater confratiae S. Jacobi, cujus anima requiescat in pace: amen.


ANNO DNI MCC XC PMO 

(virgulilla encima de DNI y I encima de la P de PMO) 

VIDELI3 PDIE KLS IVULII OBIIT

(el 3 un poco bajo: cet; circunflejo sobre la KLS) 

PETR9 DE PRATIS CIVIS VALN 

7 ORAT OFRATIE SCI lACOBI (a) CVI9 

(La O de ofratie es una c al revés: con; virgulilla sobre sci; 9 alto : us)

AIM REQVIESCAT IN PACE AMEN. 

Lo que aquí se lee es lo siguiente: anno Domini 1291 videlicet pridie calendas (kalendas) Julii obiit Petrus de Pratis civis Valentiae, septimus confrater confratiae S. Jacobi, cujus anima requiescat in pace: amen. 

El P. Texidor, dominicano, en sus Antigüedades MS. de Valencia da por cosa cierta que en la parte exterior de la Iglesia vieja del convento de predicadores de esta ciudad se encontraron varios sepulcros semejantes al que decimos. 

(a) Esta cofradía de S. Jayme se hallaba ya erigida en la catedral de Valencia desde el año 1246 para los canónigos de ella. En el de 1262 se les permitió que admitiesen cien legos; de cuyo número era sin duda el que aquí se llama septimus confrater. El cual quiso enterrarse en el cementerio de esta iglesia, acaso por ser su feligrés. 

Con el deseo de perpetuar esta práctica, el sínodo del Señor Aliaga, después de haber encargado mucho que no se hagan sepulturas en el templo, dedicado solamente a Dios y para sepultura de sus santos Mártires, y depósito de sus santas reliquias, manda que el cementerio se haga lo más cerca de la Iglesia que se pudiere...; y si pudiere, sea al lado que corresponde al septentrión (a). Con el esmero de los prelados de esta iglesia en conservar la antigua costumbre, tienen hoy día los fieles de esta ciudad el consuelo que falta en otras, y aun en la misma corte, de acudir a sus parroquias sin recelo de ser incomodados con la hediondez que exhalan por lo regular las sepulturas: y aunque las hay en algunas iglesias, son de bóveda, y por lo regular bien cerradas. Mas como los cementerios se hallan casi todos dentro de la ciudad, mezclados con las casas, no logran igualmente la ventaja que disfrutarían si se hallaran separados y fuera de los muros, como está mandado por el gobierno. 

(a) Sínodo dioces. Valent. de 1631 en las advertencias para los edificios y fábricas de los templos. (V. sepulturas y cementerios.) 

Esta conversación sobre los difuntos me trae a la memoria lo prescrito por el misal de 1509, es a saber, que en la feria VI post Oct. Corp. Christi, todas las misas de los clérigos, inclusa la conventual, sean de Réquiem, en sufragio de los que acompañasen con antorchas el Viático a los enfermos, o contribuyesen por cualquier otro medio al mayor culto del SS. Sacramento. (4) Esta ley dice que se impuso in illo sacro concilio Tarraconensi para toda la provincia. Mas como esta Iglesia dejó de ser sufragánea de aquella metrópoli desde el año 1492, en el primer misal que imprimió (a lo que yo creo) después de su erección en metropolitana, renueva este precepto para su nueva provincia. Pues en ese día se celebra ahora en muchas partes (5) la fiesta del corazón de Jesús, debo advertir que de esta devoción aparecen aquí varias muestras anteriores a la época que supone el P. Juan de Loyola en su Tesoro escondido. El V. poeta Juan Bautista Agnesio, que falleció el año 1553, publicó ocho años antes un breve devocionario del corazón de Jesús, repartido por las horas del oficio divino: por no hacer mérito de la justa poética que el año 1456 se había ya celebrado en el convento del Carmen de esta ciudad en honor del cor de Deu, como lo asegura el capellán del Rey D. Alonso V de Aragón en el Diario MS. que dije días pasados. 

Basta hoy para desempalagar de la tarea ordinaria. Otras especies curiosas reservo para los correos siguientes. 

Dios te guarde. Valencia, 17 de Diciembre de 1802. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Tal era el rito de las sagradas eulogias. Esta voz griega con que S. Pablo, S. Cirilo de Jerusalén, San Epifanio y otros PP. significaron la sagrada Eucaristía, se extendió después a los panes ofrecidos o benditos en el altar para enviarlos en vez de ella a los obispos como una señal de la comunión y amor fraternal, y distribuirlos a los demás fieles que no comulgaban. En los principios de esta institución, mirándose el pan bendito como suplemento de la Eucaristía, se distribuía con solemnidad después de la comunión por mano del celebrante; se comía en ayunas y en el mismo templo. Repartíase todo el año, a excepción de las ferias de Cuaresma por causa del ayuno, y en tales días en vez de él, se decía la oración sobre el pueblo, que no tuvo otro origen a juicio de Honorio Autun (Gemma animae, l. I. c. 6) Dábase juntamente vino bendito, como el pan, del que habían ofrecido los fieles. 

De la frialdad en la comunión pasó el pueblo a la tibieza en las ofrendas del pan y vino; por donde en algunas partes comenzaron a hacerse las eulogias del pan y vino que llevaban de casa los mismos curas, los cuales poco a poco fueron dejando el vino y sólo daban pan; a excepción de la pascua, jueves santo y otras grandes fiestas. Algunos párrocos pobres, no pudiendo soportar este gasto, propusieron a su feligresía que podían ofrecer cada domingo un pan para que se bendijese y repartiese al pueblo. De aquí viene la costumbre del pan bendito, que se conserva aún en algunos pueblos de España en las fieslas de los santos patronos y otras solemnidades, el cual ofrecen, no el pueblo, sino los mayordomos de fiestas como en su nombre, y ellos mismos, y no los curas suelen distribuirle.

Sobre otras significaciones de la voz eulogia pueden leerse S. Gregorio de Tours (Hist. lib. IV. cap. 16, lib. VI. cap. 5. lib. VIII. c. I, y de Gloria confess. 

c. 31.) Goar (Not. ad Eucholog. p. 155.) Casaubon (Exercit. XVI. ad Annal. núm. 33. pág. 456.) Salmas (Apparat. ad libr. de Prim. Pap. p. 242.) Suicero (Sacrar. observ. c. IV. n. 10. p. 92.) Bocquillot (Liturg. sacr. lib. II. c. 10. p. 433. seq.), y Meursio y Ducange en sus Glosarios. 

(2) Ni es fácil averiguar cuando se introdujo aquí el uso de las portapaces. Baronio (ad ann. 45. n. 26.) supone ser antiquísimo este uso de las tablillas para dar la paz en el santo sacrificio, y haberse introducido para precaver los lazos del diablo en esta ceremonia santísima instituida para fomentar la fraternal unión y concordia. Del ósculo de paz y de sus significaciones hablan Albaspineo, Bona, Grancolas y otros liturgistas. 

(3) La deposición y reclusión en un monasterio. En el concilio de Peñafiel, celebrado el año 1302, presidido por D. Gonzalo III, Arzobispo de Toledo, cap. V. se agravó la pena de los confesores fractores (infractores) del sigilo sacramental, como consta de las siguientes palabras: si qui tam nefandi criminis rei inventi fuerint, tamquam deportati et in metallum damnati, perpetuo carceri mancipetur, pane et aqua pro vitae sustentatione solummodo reservatis. 

(4) Esta ley dice que se impuso in illo sacro concilio Tarraconensi para toda la provincia. Este es el IV concilio de Tarragona, celebrado en el pontificado de Don Sancho el año 1357. Las palabras del canon son estas: "non incongruum reputamus ut nos, qui jam naturali instinctu ad laudem et honorem divini numinis obligamur, per quem vivimus, movemur et sumus, ac frui suam caelesti sempiterni glorii speramus, ad id donis spiritualibus propensius inducamur. Propter reverentiam et honorem igitur sacratissimi corporis Jesu Christi, quod in plerisque locis minus reverenter portatur, (cujus laudes propter bona tam spiritualia, quam temporalia quae humano contulit generi, nec mens cujusquam posset concipere, nec lingua proferre) approbante sacro concilio statuimus, ut in nostra ecclesia Tarraconensi, et in aliis ecclesiis cathedralibus nostrae provinciae, et in omnibus aliis ecclesiis dioecesium praedictarum, sextam die post festum sacratissimi corporis Christi, missa solemniter ac honorificè celebretur pro animabus illorum, qui dictum sacratissimum corpus Christi, cum ad infirmos portatur, sociaverint cum cereis, vel alias, impendendo eidem reverentiam, devotionem pariter et honorem. Omnes insuper rectores ecclesiarum, et presbyteri ejusdem provinciae anno quolibet, incipiendo a dicto festo usque ad sequens proximum, pro salute animarum dictorum assotiantium corpus Christi, justo tamen impedimento cessante, unam missam quilibet per se habeat celebrare, vel per alium fiat celebrari.” 

Habiéndose echado de ver inobservancia de esta constitución en los años siguientes, la renovó el concilio Tarraconense del año 1414, como se ve en la constitución publicada a nombre de su Arzobispo D. Pedro III, que empieza: non incongruum, en la cual se previene también, quod rectores et curati in die festi memorati hujusmodi faciendam solemnitatem denuntient plebibus suis. 

(5) La fiesta del corazón de Jesús. A ejemplo de la concesión del oficio de las cinco llagas de nuestro Señor Jesucristo, dice Benedicto XIV, que por parte de Doña María, reina católica de Inglaterra, se pidió a la sagrada Congregación de Ritos el año 1697 la institución de una fiesta con misa propia al sagrado corazón de Jesús para las iglesias de las religiosas de la Visitación. Frigdiano Castagnorio alegó a favor de esta súplica, entre otras razones, lo que acerca de la devoción al corazón de Jesús dejó escrito en varias cartas S. Francisco de Sales. Mas habiendo opuesto el Arzobispo de Mira Próspero Botinio, entonces promotor de la fe, que la novedad de esta fiesta se oponía a la disciplina eclesiástica, la sagrada Congregación sólo concedió por entonces que el viernes próximo a la octava del Corpus pudiese celebrarse en las dichas iglesias la misa de las cinco llagas de nuestro Salvador. 

Pasados algunos años, el Rey de Polonia y los obispos de Cracovia y Marsella y las religiosas de la Visitación, renovaron estas preces a la Silla Apostólica, 

con cuyo motivo el P. Joseph de Galliffet escribió un tratado sobre el culto del sacrosanto corazón de Jesús, impreso en Roma el año 1726: en el cual igualmente que en la vida de la V. Margarita Alacoque, compuesta por el obispo de Soisons, que se publicó en París tres años después, y en los escritos repartidos a la Congregación de Ritos se procuró declarar el objeto de esta festividad, conforme a lo que de la adoración de la santa humanidad de Cristo enseñan los teólogos: a lo cual se agregó después un catálogo de los reinos, provincias, diócesis, iglesias seculares, órdenes religiosas y cofradías que daban culto al corazón de Jesús; nuevo peso a todo esto con el ejemplo de la fiesta del Corpus instituida por una revelación que tuvo en Lieja la B. Juliana, como se lee en las actas de los Santos en el día 5 de Abril en que se celebra su fiesta. A estas razones y otras que se alegaron después con mayor instancia, siendo promotor de la fe Benedicto XIV, dice él haber respondido, cuya solución dio motivo a que el año 1727 se suspendiese la resolución, y a que dos años después se negase. (Benedict. XIV. Canon. SS. lib. IV. p. II. c. 30. n. 16. seq.) La historia de la institución de esta fiesta y los varios decretos de la Silla Apostólica acerca de ella, y las razones alegadas por ambas partes, puede verse en la obra intitulada: Chrystotimi Ameristae adversus epistolas duas... in disertationem commonitoriam Camilii Blasii &c. Romae 1772, y en el tratado que escribió Capecelatro Delle feste de' Christiani (edit. Neapol. 1772.) página 284.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

PRIMERA JORNADA. NOVELA SEXTA

Confundix un bon home en una dita ingeniosa la malvada hipocressía de los religiosos.

Emilia, que estabe assentada a la vora de Fiameta, habén sigut ya alabat per totes lo valor de la marquesa respecte al rey de Fransa, com va agradá a la seua Reina, va escomensá a di en animosa franquesa:
Yo tampoc callaré una llissó (lecsió) que va doná un bon home laico a un religiós agarrat en una agudesa tan divertida com digna de loá.
Va ñabé no fa mol tems, a la nostra siudat, un flare menor, inquissidó de la depravassió herética que, per mol que se esforsare en paréixe san y creén de la fe cristiana (com tots u fan), ere bon investigadó de qui teníe la bossa plena, mes que de qui sentiguere indiferénsia de la fe cristiana. Y portat per la seua solissitut va trobá un bon home, bastán mes ric en dinés que en juissi, que potsé per lo vi o per la alegría de la abundánsia acalentát, habíe arribat a di un día a la compañía en la que estabe que teníe un vi tan bo que ne beuríe hasta Cristo. Aixó, contat per algú al inquissidó y entenén éste que los seus bens eren mols y que teníe ben abultada la bossa, cum gladiis et fustibus(enespases y fuéts)va córre a fótreli damún una gravíssima acusassió, buscánla afluénsia de floríns a la seua má, com va passá. Y, fénlo cridá, li va preguntá si ere verdat lo que s´habíe dit contra nell. Lo bon home va contestá que sí. A lo que lo inquissidó santíssim y devoto de San Juan Barba de Or va di:

- ¿De modo que has fet a Cristo bebedó y afissionat als bons vins, com si fore Cinciglione o algún atre de vatres, bebedós, borrachos, mamadós, gats, trascoladós, tabernáris, amáns de la mamera, y ara, parlán humildemente, ¿vols fé vore que es una cosa sense importánsia? No es com te pareix; has mereixcut lo foc per naixó, si es que volém comportámos en tú com debém. Y en éstes y en atres bastantes paraules, en rostro amenassadó o cara amenassadora, com si aquell haguere sigut un epicúreo(sibarita) negán la eternidat del alma, li parlabe; y, en ressumen, tan lo va acolloná, que lo bon home, per algúns intermediaris, li va fé en una bona cantidat de la grassa de San Juan Barba de Or embadurnás les máns (lo que mol millore la enfermedat de la pestilén avaríssia de los clérigos, y espessialmen de los flares menores que no se atrevíxen a tocá los dinés) per a que se portare en ell misericordiosamen. Esta unsió, encara que Galeno no parle de ella com mol eficás a cap part de los seus llibres, tan bon profit li va fé, que lo foc que lo amenassabe se va permutá en una creu: y com si haguere de aná a la expedissió de ultramar, per a fé una bella bandera, se la va ficá groga damún de lo negre. Y ademés de aixó, ressibits ya los dinés, lo va retindre en ell uns díes mes, ficánli per peniténsia que cada día escoltare una missa a la Santa Creu y que a la hora de minjá se pressentare dabán de ell, y lo que quedabe del día podíe fé lo que mes li apetiguere.
Y, fen estes coses diligenmen, va passá que un dels díes sentín a missa un evangelio al que se cantaben estes paraules:

«Ressibiréu sen per un y ressibiréu la vida eterna», que va retíndre firmemen a la memória; y segóns la obligassió imposada, anán a la hora de diná aon lo inquissidó, lo va trobá dinán. Lo inquissidó li va preguntá si habíe sentit missa aquell matí y ell, enseguida li va contestá:
- Sí, siñó meu.

A lo que lo inquissidó va di:
- ¿Has sentit, an ella, alguna cosa de la que dudos o vullgues preguntám?

- En verdat - va contestá lo bon home - de res del que hay sentit dudo, y tot firmemen u crec verdadé; y algo hay sentit que me ha fet y me fa tindre de vos y de los atres flares grandíssima compassió, pensán en lo mal estat en que estaréu allá a l’atra vida. Va di entonses lo inquissidó:
- ¿Y qué es lo que te ha mogut a tindre esta compassió de natros? Lo bon home va contestá:

- Siñó meu, van sé aquelles paraules del Evangelio que diuen:

«Ressibiréu lo sen per un». A lo que lo inquissidó va di:

- Aixina es; pero ¿per qué te han mogut estes paraules?

- Siñó meu - va di lo bon home - , yo tos u diré. Desde que estic aquí, hay vist tots los díes doná aquí fora a mols pobres a vegades un y atres dos calderos de sopa, que to se trauen a vos y als flares del vostre convén; per lo que si per cada un de ells ton donarán sen al atre barri tanta ne tindréu que allí dins tots aufegaréu.

Y com tots los que estaben assentats a la taula del inquissidó van arrencá a riure, lo inquissidó, sentín que se transparentabe la hipocressía de los seus sopicaldos, se va enfadá mol, y si no fore perque ya se li reprochabe lo que li habíe fet, un atra acusassió li hauríe aventat a damún per lo que en aquell chiste habíe reprobat an ell y als seus dropos invitats; y, en ira, li va maná que faiguere lo que mes li agradare sense ficásseli mes a dabán.

Séptima

lunes, 1 de junio de 2020

Vita Christi, literatura en valenciano, lengua valenciana

Vita Christi, literatura en valenciano, lengua valenciana, idiomate valentino, etc.
 
Vita Christi, literatura en valenciano. Isabel de Villena.
 
 
Un libro muy recomendable para José Luis Escal, (republicano, de izquierdas, según su descripción en Twitter - X, amante de los animales, de los libros se nota que no).
Aunque como los libros de historia no tienen dibujitos, igual se aburre antes y no acaba de leerlo.
 
Un libro muy recomendable para José Luis Escal, aunque como los libros de historia no tienen dibujitos, igual se aburre antes.

 

Vicenta María Márquez de la Plata es una destacada historiadora y escritora española, especializada en la historia medieval y en la divulgación de figuras femeninas históricas.

Perfil Académico y Profesional:
Es diplomada superior en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria por el Instituto Salazar y Castro (CSIC).
Docencia: Ha sido profesora de Nobiliaria en la Escuela Marqués de Avilés y profesora invitada en instituciones como la Universidad Moderna de Lisboa.

Reconocimientos: Ganó el Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica en 2009 con su obra La valida.

Obra Literaria:
Su trabajo se divide principalmente en dos vertientes:
Divulgación Histórica (Ensayos):
Enfoque en la mujer: Ha rescatado la historia de mujeres olvidadas en libros como Mujeres que vistieron de hombre (2021) y Mujeres e Inquisición (2021).
Realeza: Destacan títulos como El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos (2012) y Los mejores reyes fueron reinas (2018).
Su publicación más reciente es Validos y validas de los Reyes de España (septiembre de 2024).
Narrativa Ficción:
Autora de novelas como El eunuco del rey (2007) y La conjura del profeta (2015)

Vicenta María Márquez de la Plata no solo es una historiadora, sino una divulgadora incansable que ha dedicado su carrera a humanizar figuras del pasado que solían aparecer como meros nombres en los árboles genealógicos.

  1. El rescate de la mujer en la Historia
    Su enfoque principal ha sido sacar de la sombra a mujeres con poder, pero también a aquellas que vivieron al margen.
    Mujeres Intelectuales: En obras como Las damas más inteligentes del siglo XVI, analiza a figuras como Catalina de Aragón y Margarita de Austria, destacando su formación cultural y peso político.
    Mujeres Heterodoxas: Ha investigado a científicas, pensadoras y mujeres que desafiaron las normas sociales, como las que "vistieron de hombre" para poder acceder a espacios prohibidos para ellas.
  2. Erudición en Genealogía y Nobiliaria
    A diferencia de otros escritores de novela histórica, ella posee una base técnica muy rigurosa:
    Es Diplomada Superior en estas materias por el CSIC (Instituto Salazar y Castro).
    Ha publicado manuales técnicos fundamentales como Nobiliaria española (1991), que sirve de referencia para entender los títulos y linajes de España.
  3. Desmitificación de la Leyenda Negra
    En sus publicaciones más recientes, como Mestizaje y Leyenda negra, explora cómo la unión entre diferentes culturas en el imperio español fue un factor clave para la creación de una nueva identidad, argumentando contra los prejuicios históricos tradicionales sobre la presencia española en América.
  4. Curiosidades de su vida
    Aunque nació en Madrid, pasó gran parte de su juventud en Sudamérica, lo que le dio una perspectiva global de la cultura hispánica.
    Su transición a la ficción fue muy exitosa; con su novela La valida demostró que se puede hacer literatura rigurosa y amena a la vez, ganando el prestigioso Premio Ateneo de Sevilla.

El enlace entre Vicenta e Isabel de Villena:
Reivindicación de la "Mujer Intelectual": Vicenta suele citar a Isabel de Villena como el ejemplo perfecto de las "mujeres renacentistas" que, bajo el amparo de la corte o de instituciones religiosas, demostraron una cultura superior a la de muchos hombres de su época.
La perspectiva femenina del Evangelio: En su obra, Vicenta destaca cómo el Vita Christi no es solo una biografía de Jesús, sino una "teología en femenino". Isabel de Villena da un protagonismo inusual a las mujeres del Evangelio (la Virgen, María Magdalena, las santas), algo que Vicenta analiza como un acto de empoderamiento literario en el siglo XV.
Conexión con la Realeza: Como bien sabe Vicenta, Isabel de Villena era hija ilegítima del Marqués de Villena y estaba vinculada a la familia real. De hecho, se dice que la propia Isabel la Católica se interesó por el manuscrito de la Vita Christi, un tema que Vicenta trata a menudo en sus libros sobre la corte de los Reyes Católicos.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Capitol CXIII. Del primer miracle que lo senyor feu a peticio de la sua mare conuertint laygua en vi.

Capitol CXIII. Del primer miracle que lo senyor feu a peticio de la sua mare conuertint laygua en vi.

Lo primer miracle feu lo senyor per intercessio de la senyora mare sua axi com era raho. car ella volia donar sa clemencia la primera gloria de les obres sues: perque coneguessen los homens que per lo mija de sa senyoria han a obtenir lo que demanen en les necessitats sues: E lo dit miracle fon en aquesta manera: car passat vn any que lo senyor fon batejat vna germana de la excellent mare de deu feya noçes del seu glorios fill Joan: lo qual era tan amat e car a la senyoria tia sua que mes era estimat fill que nebot: en les quals noçes sa senyoria era manadora e ordenadora com a cosa sua propria. E fon conuidat lo senyor ab los seus dexebles a la festa: Lo qual vingue ab molt plaer per esser li persones tan acostades en deute: e tan cares en amor: e per aprouar lo sagrament de matrimoni. E essent tots en taula la prudentissima senyora qui per tot miraua: veu que los seruidors anauen tots torbats e afaynats consellantse a la orella: e conegue sa merce que alguna cosa fallia en lo conuit. E crida secretament a hu d´aquells demanant li la causa de que van axi torbats. lo qual respongue. Senyora lo vi es del tot fallit: e noy ha manera don ne pugam hauer. E sa senyoria moguda de molta pietat: acostas a la orella del amat fill seu: e dixli. ¶ Vinum non habent. Volent dir. Fill meu lo vi es fallit al millor del dinar: en gran congoixa sta lo novio e tots los de casa sua: sia de vostra merce ajudar los ans que la necessitat sia coneguda per los stranys. E lo senyor mirant la ab vna franquea de cara: que en los vlls seus conegue sa merce: que sa magestat deliberaua fer lo que ella manaua: e dixli. ¶ Quid mihi et tibi est mulier: non dum venit hora mea. Volent dir. O mare mia clementissima be teniu entramenes de dona: que ans sou moguda a pietat: que la vostra ajuda sia demanada per los posats en necessitat. E pus sollicita sou de socorrer als miserables: que ells de demanar vos ajuda. Deixau los vn poch congoixar e coneixer la necessitat sua: perque mes estimen la ajuda e subuencio vostra. Car la hora mia en la qual he deliberat fer miracles no es venguda: e per amor vostra haure a cuytar lo temps. E la senyora essent molt certa que lo senyor fill seu no la desobeiria en nenguna cosa: dix sa merce als ministres del conuit. Anau dauant lo meu fill e feu tot lo que sa magestat vos manara: Los quals prestament compliren lo que la senyora manat los hauia. E venint dauant lo senyor dixlos sa clemencia: que vmplissen daygua sis hydries (hydros, hidro, aygua) o gerres de pedra que eren aqui en la sala del conuit: e com foren plenes e en vi conuertides manals lo senyor que portassen a beure a vn gran prelat qui hauia nom Architicli e seya primer en lo conuit. E com hague gustat aquell tan singular vi: lo dit Architicli stigue molt admirat de hon hauien pogut hauer tan excellent vi: e feu se venir lo novio: qui li era molt familiar: e dix li. Digau gentil hom y tan mal pratich sou de conuits: y no sabeu que tota persona discreta en son conuit dona primer lo pus singular vi: e com lo gust es cansat: e fart: tot lo que ve apres es de poca estima: e perço deu esser donat lo millor primer e apres lo qui no es tan bo: e vos haueu fet lo contrari. car haueu estojat aquest vi a la fi del dinar: queus dich que es tan singular: que en ma vida non he vist semblant ni crech ni haja tal en tot lo regne. E lo nouio hoynt aço stigue marauellat: no sabent res en lo miracle: e los ministres que sabien tota la veritat: Los quals hauien posada laygua e mesa en les hydries: e d´aqui portat lo vi al dit architicli: manifestaren lo miracle a gran gloria del senyor: e aqui tots foren refermats en la vera crehença de sa magestat. E finat lo conuit despedintse lo senyor per partirsen: crida son cosin germa lo glorios Joan: dientli que leixas star la sposada e tot lo restant e quel seguis: car ab tot sia sancta cosa lo matremoni: molt pus perfet es lo stament de virginitat: en lo qual vol sia collocat en grau molt excellent. E lo dit joan ab singular plaer oblidades totes coses segui sa magestat: e james se parti dell: e era dit lo dexeble amat entre tots los altres deixebles.

Capitol CXIII. Del primer miracle que lo senyor feu a peticio de la sua mare conuertint laygua en vi.


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domingo, 15 de mayo de 2022

CARTA 8. De algunos ritos señalados de los oficios antiguos.

CARTA 8. 

De algunos ritos señalados de los oficios antiguos. 

Mi querido hermano: Aunque es regular que la noticia dada en los correos antecedentes de los códices que existen en esta Iglesia, haya despertado en ti una cierta ansia de ver los extractos y apuntaciones que voy tomando de 
ellos: no es del caso que corte yo ahora el hilo de estos trabajos por el alivio que con ellos me prometo para otras Iglesias. Mas como debo satisfacer tus justos deseos, pondré siquiera alguna muestra de lo que dan de sí estos documentos en algunas variantes más señaladas de los oficios eclesiásticos. 
Primeramente es común en estos códices antiguos decir en las primeras vísperas los cinco salmos Laudate con una sola antífona, y responsorio después del capítulo: tener antífonas propias en completas, como también las bendiciones en maitines con R. IX, y V. ante Laudes; y otros tales ritos, que aún hoy se conservan en algunas religiones privilegiadas. 
(1) No es menos frecuente el uso de las prosas después del capítulo de segundas vísperas, precedidas por lo regular del Alleluia que se cantó en la misa del día, lo cual duraba aún por los años 1533. Hasta en maitines después del IX R. las trae el breviario de 1464, llamándolas, como ya dije, verbeta. Alguna otra vez echo de ver que esta especie de prosas se injieren en el IX R., formando parte de él. Aunque es obra prolija, me he resuelto a copiarlas todas, por si más adelante se ofreciere publicar alguna colección de estos metros que aunque informes y de mal gusto por lo común, sirven para la historia de la liturgia, y aun para rectificar ciertos hechos en las vidas de los Santos. En el Adviento además de la variedad de los evangelios, que se halla en pocos códices, es común prescribirse en todos ellos para los días feriales el rezo de los salmos graduales repartidos de este modo: los cinco primeros pro illis qui sunt in purgatorio; los cinco siguientes pro illis qui sunt in peccato mortali; y los cinco últimos pro illis qui sunt in vera poenitentia. Decíanse también, así como el oficio de la Virgen, en toda la Cuaresma
(2) Las antífonas O eran nueve, anticipándose por consiguiente dos días (3). En la vigilia de la Natividad había varias muestras de alegría, como era el tañer las campanas al tiempo de cantar el V. ante laudes: Crastina die &c. 
En el segundo nocturno de los maitines de este día, la lección VI se dice ser de S. Agustín, en la cual (4) se halla el testimonio de la Sibila Erítrea, repitiéndose después de cada dístico el primero: Judicii tellus &c. Esto es en el breviario de 1464. En el oficio de esta solemnidad, que se insertó en la semana santa del año 1533, se ve que creciendo la devoción de los Prelados, añadieron todos los testimonios que profetizaron la venida de Cristo; los cuales anunciaba el Lector de este modo: dic tu, Jeremia: dicat et Isaías. Y como se notan con tinta colorada los nombre de estos profetas, y después de sus palabras la de Lector, es probable que estos testimonios los dijese otro respondiendo a la pregunta del Lector, como lo previene cuando llega a (5) la profecía de la Sibila con estas palabras (6): la Sybilla deu estar ja apparelada en la trona vestida com à dona: esto es: la Sibila debe estar ya prevenida (preparada, aparejada) en el púlpito en traje de mujer. 

(7) SIBYLLA. 

“En lo ior (iorn, jorn; día) del iudici 
veurás qui ha fet seruici.
Duna Verge naxerá 
Deu y hom qui iutiará 
de cascu lobe yl mal 
al iorn del iuhi final.
Mostrar san quince senyals 
per lo mon molt generals, 
los morts ressucitarán, 
de hon tots tremolarán. 
Dalt dels cels deuallará 
Jesuchrist, ys mostrará 
en lo vall de Iosaphat 
hon será tot hom iutiat.
Portará cascu scrit 
en lo front à son despit 
les obres que haurá fet, 
don haurá cascu son dret. 
Als bons dará goig etern, 
è als mals lo foch dinfern, 
à hon sempre penarán 
puix à Deu offes haurán.” 

Esto es: (la traducción no se corresponde, la rima está forzada)
“Eh el día del juicio 
verás la virtud y el vicio.
De una Virgen nacerá 
hombre y Dios, el cual severo 
en fiel balanza pondrá 
el bien y el mal que hallará 
en el día postrimero.
Quince señales irán 
por todo el orbe espantosas, 
que al hombre estremecerán 
y los finados saldrán 
de sus huesas tenebrosas. 
Bajará del alto cielo 
Cristo Jesús, y mostrando 
su poder, irá juzgando, 
de Josafat en el suelo, 
de Adán el mezquino bando.
Cada cual a su despecho 
llevará en la frente escrito 
todo cuanto hubiere hecho, 
alegando su derecho 
la obra buena y el delito. 
Los buenos al gozo eterno 
llamados por él serán, 
y los malos al infierno, 
do sus culpas pagarán 
en el fuego sempiterno.”  

(8) Después del IX R. se cantaba el evangelio: Liber generationis &c. 
No sólo se decían los laudes intra missam en esta noche, sino que (9) no comenzaba la misa hasta dicho el Deus in adjutorium &c. de laudes. 
Antes de comenzar el salmo Laudate Dominum in Sanctis ejus se entonaba en el coro la antífona Pastores dicite quidnam vidistis &c., (10) a lo cual respondían dos niños detrás del altar mayor: Infantem vidimus pannis involutum, et choros &c. Esta pregunta y respuesta se repetía a cada dos versos de dicho salmo; y concluido este con sus interrupciones, se decía la V antífona Parvulus &c. Ceremonias piadosas que se abolieron en esta Iglesia aun antes de la corrección de S. Pío V. Mientras se cantaba el Benedictus dos Sacerdotes con capas pluviales y acólitos incensaban todos los altares de la Iglesia. El breviario de Cartagena, a más de lo dicho, trae Benedicamus propio para las segundas vísperas de este día: costumbre que observaba en 
las principales fiestas del año la Iglesia de Zaragoza, aún en el siglo XVI, como consta por las muestras de canto que da en las composiciones de esta especie Gonzalo Martínez de Viscargui en su obra Arte de canto llano impreso allí mismo año 1512. En la Epifanía se cantaba el invitatorio 
Christus apparuit nobis, venite adoremus, sin el salmo Venite, pero se decía el himno Christe redemptor omnium &c., y antes de laudes el evangelio de San Lucas: Factum est autem cum baptizaretur &c. Ni en este día ni en el de Navidad se decía Asperges antes de la misa, aunque vinieran en Domingo; lo cual se practicaba también en esta Iglesia de un modo aún más señalado, y por las causas que expresa el ritual del año 1527 (11), donde se lee: “si algunas fiestas, especialmente la Natividad del Señor, la Epifanía, las cuatro festividades mayores de la Santísima Virgen, y la de todos los Santos cayeren en Domingo, no se haga en la misa la aspersión del agua bendita, ni se cante en la procesión la antífona Signum salutis, ni la oración Exaudi, ni la oración Omnipotens... aedificator; y esto por la reverencia debida a tan grandes solemnidades, porque son días santificados.”
En estas memorias dignas de conservarse se ve el buen espíritu que resalta siempre en medio de la variedad de los ritos antiguos. Conténtate con estas ligeras muestras de lo mucho que voy descubriendo, y dime tu parecer sobre todo. A Dios. Valencia 2 de Diciembre de 1802. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) No es menos frecuente el uso de las prosas después del capítulo de segundas vísperas. Admitidas las prosas en la liturgia, en vez de la neuma con que se cantaba el fin del Alleluia, fue fácil trasladarlas a otras partes del oficio eclesiástico. Es verosímil que por este medio fuesen substituidas en esta Iglesia a los responsorios que otras cantaban en las vísperas después del capítulo. La cual práctica dice Amalario no haberse atrevido a introducir en Metz, ignorando por qué causa se decían en las vísperas antes del cántico Magnificat, y no en laudes antes del Benedictus. El ser precedidas estas prosas del Alleluia de la misa denota haberse adoptado aquel rito cuando todavía se consideraban estos ritmos como inseparables del Alleluia y continuación de su canto. 

(2) Las antífonas O eran nueve. Esta costumbre estaba ya introducida en algunas Diócesis en tiempo de Guillermo Durando, el cual después de explicar las siete antífonas que ahora canta toda la Iglesia, añade: in quibusdam vero Ecclesiis adduntur aliae duae: prima in honorem B. V. Mariae quae concepit: secunda pro Angelo qui ad virginem introivit, vel in honorem S. Thomae, cujus festum tunc accidit (Ration. divin. off. lib. VI. 
cap. XI. §. 5.) A esta antífona añadida de nuestra Señora O Virgo Virginum, y a la de Santo Tomás O Thoma Didyme la Iglesia de París, que siempre rezó estas nueve antífonas, sustituyó el año 1680 para la vigilia de Santo Tomás otra que empieza O Pastor Israel, y para el día del Apóstol O Sancte Sanctorum. La antífona O Thoma Didyme fue justamente abrogada, dice 
Grancolas (Comm. hist. in brev. rom. lib. II. cap. XI.), porque en ella se pedía la venida de Cristo a uno de sus Apóstoles. Otras Iglesias adoptaron doce antífonas, quae exprimunt, dice Durando (loc. laud.), duodecim Prophetas, qui Christi adventum praedixerunt. Y Honorio el Obispo de Autun dice: si duodecim O cantantur, duodecim Prophetae exprimuntur. 

(3) En la vigilia de la Natividad había varias muestras de alegría. Grancolas hace memoria de varias Iglesias donde en este día, congregado el clero en el capítulo o en el refectorio después de vísperas, se cantaban las antífonas O, alternadas con el responsorio Missus est; volviendo luego en procesión con velas encendidas y a son de campana. De esta ceremonia ha quedado en algunas partes el vestigio de tocar una campana al cántico Magnificat. 

(4) Se halla el testimonio de la Sibilia Erítrea. En la Iglesia de Rouen dos días antes de la vigilia de Natividad del Señor se leía un sermón atribuido a S. Agustín, en que se hallan los versos de la Sibila Erítrea, recitados por el Emperador Constantino en su oración ad SS. Caetum c. XVIII. (V. Martene de Antiq. Eccl. rit. lib. IV. c. XII. §. 13.) 

(5) La profecía de la Sibila. Profecías se llaman comúnmente los oráculos de las Sibilas, de las cuales juzgan S. Justino M. (Orat. paraenet. ad graecos), y San Agustín (de Civ. Dei lib. XVIII. cap. 22.), que hablaron inspiradas de Dios; lo cual dijo también Constantino Magno a los PP. del Concilio Niceno (Orat. laud.) S. Gerónimo añadió que el don de profecía fue en ellas premio de su virginidad (contra Jovin. lib. I). No hay repugnancia en que fuesen profetisas siendo gentiles, pudiendo dar Dios este don a los malos, como dice Santo Tomás, de lo cual hay dos ejemplos en la misma Escritura.
Pero S. Gregorio Nazianzeno (carm. ad Nemes.) dice que ni las Sibilas ni Hermes Trimegisto hablaron de los misterios de la fe por divina inspiración, sino copiándolo de los sagrados libros de los hebreos. Y aun asegura Orígenes (contra Cels. lib. V.) que eran tenidos por herejes los sibilistas, esto es, los que contaban las Sibilas entre los Profetas. Vosio (de Sibilin. orac.) pasó más adelante que S. Gregorio Nazianzeno, asegurando que estos oráculos los forjaron los judíos cuando Pompeyo se apoderó de Jerusalén como sesenta años antes de Cristo: la cual sentencia impugna sólidamente Honorato a S. María (Anim. in reg. et us. crit. lib. II. diss. III. art. 7. §. 3). 

(6) La Sibila... com à dona. Esto es, en traje de mujer. De la existencia de las mujeres gentiles llamadas Sibilas, nadie dudó en los diez y seis primeros siglos de la Iglesia. Cicerón habla siempre de la Sibila en singular: lo cual parece haber servido de guía a Pedro Petite (lib. de Sibylla) para asegurar que no fueron muchas, sino una sola: cuyos son los oráculos atribuidos a las demás, tomando distintos nombres de los varios lugares donde había vivido. Tal vez deslumbró esto también a Postelo (de Originib. sive de var. et potiss. 
orbi latino ad hanc diem incogn. aut inconsider. histor. c. XVI.) para que buscase el principio de aquellos oráculos en una famosa mujer oriental, parienta de Noé, cuya opinión seguida de algunos desaprobó Morhof 
(Polyhist. lit. l. I. c. X. n. 18.), Marciano Capela dice que fueron dos: Solino tres: Varron diez, al cual siguieron Lactancio y S. Agustín: otros doce, con el testimonio del Cronicón Pascual, publicado a principios del siglo VII: no faltan escritores profanos que extienden su número hasta sesenta.
Hablaron de ellas y de sus oráculos en el primer siglo Hermas: en el segundo S. Justino, Atenágoras, Teófilo Antioqueno: en el tercero Lactancio y Orígenes: en el cuarto el Emperador Constantino, cuyas palabras copia Eusebio, S. Gregorio Nazianzeno y S. Agustín, y otros PP. y escritores eclesiásticos, así de este como de los siguientes. Honorato a S. María (lib. I. diss. VI. art. II. §. I. n. III. seq. et lib. II. diss. II, art. II. seq.) intenta probar con graves razones que los versos sibilinos citados por los PP. eran los que religiosamente guardaron los romanos en el templo de Apolo Capitolino en las dos arquillas donde los encerró Augusto; cuyo hecho se halla atestiguado por Varron, Dionisio Halicarnaseo, Plinio y otros historiadores gentiles. Otros críticos pretenden hallar variedad entre estos códices sibilinos que perecieron cuando se incendió el capitolio en el reinado de Tarquino; y los que se conservaban en la antigua Eritra, llamada ahora Stolar, y en otros pueblos del Asia. Sea de esto lo que fuere, es certísimo que los versos de las Sibilas que se conservan ahora divididos en ocho libros e insertos en la Biblioteca de los Padres, lejos de ser genuinos e incorruptos en todas sus partes, están viciados e interpolados, tal vez por algún cristiano que no tenía conocimiento de la buena teología, ni de la lengua hebrea, ni menos de la geografía y de la historia; lo cual demuestran con testimonios de estos mismos escritos Servat. Galeo (in Lactant. de falsa religión. lib. I. c. VI. not. 9.) y Natal Alexandro. Esta verdad nada prueba contra los lugares de las 
Sibilas alegados por los PP. de los primeros siglos, cuando estaban aún incorruptos, y como tales eran venerados en la santa Iglesia (Crasset. de Sibyll. orac.), y menos favorece a la opinión de Petit Didier (in Bilb. Dupin. t. I. cap. II. §. 4. pág. 113. seq.), y de Juan Lamy (de Erudit. Apostol. c. I, pag. 18.), que dicen haber sido fingidos estos vaticinios por los primeros 
cristianos: y a la de Dupin, Huet y otros que siguiendo al calvinista Blondelo, y aprovechándose de sus conjeturas, juzgaron no haber examinado los PP. estos oráculos a la luz de la buena crítica. Sobre si dijo o no S. Clemente Alexandrino que el Apóstol S. Pablo en algún sermón o razonamiento a los gentiles, había alegado el testimonio de las Sibilas, merece leerse Honorato a S. María (lib. II. diss. II. art. III.) La inteligencia que dio Cotelier al testimonio de aquel Padre la impugnó sólidamente Tillemont (sur. S. Paul., not. XXVI.) 
(7) Sibylla: En lo ior del iudici. Digno es de notarse que se escogiese para este oficio el lugar donde la Sibila Erítrea habla del juicio final, de la resurrección de la carne, del premio y castigo que dará a cada uno, según sus obras, el juez de vivos y muertos: lugar alegado por Lactancio (de Vita beata lib. VII. capítulo XX.), y recitado por el Emperador Constantino a los PP. del Concilio Niceno (Orat. ad Sanct. Coetum capítulo XVIII.), y sobre el cual parece haber recaído señaladamente la defensa que hizo aquel Emperador de la legitimidad de este escrito, diciendo: mendaci perspicuè convincuntur qui ista carmina non olim à Sibylla condita esse praedicant.
Y la de Lactancio por aquellas palabras: quidam... solent eo confugere, ut 
ajant non esse illa carmina sibyllina: sed à nostris ficta atque composita. Quod profectò non putabit qui Ciceronem, Varronemque legerit, aliosque veteres, qui Erythraeam (Eritrea, erítrea) Sibyllam ceterasque commemorant, ex quorum libris ista exempla proferimus. Qui auctores obierunt antequam Christus secundum carnem nasceretur (de Vera Sap. lib. IV. c. XV). Tal vez se han conservado estos versos sin interpolación ni alteración conforme estaban en sus originales o en la copia mandada sacar 
por Augusto diez y ocho años antes de Jesucristo, o en el códice hallado cinco años después, y recibido por autoridad del Senado. (Tillem, Hist. des Emp. t. I. Octav. Aug. art. VIII). Sobre la impugnación de este lugar de Constantino hecha por Henr. Valesio merece leerse lo que dejó escrito Jorge Bullo, Obispo de S. Davidshead (menevense) en su respuesta a Zuickero
De este uso de insertar retazos de las Sibilas en los oficios eclesiásticos hablaremos en su lugar. De él dio varias muestras Martene alegando los ejemplares de S. Marcial de Leimoges (Limoges, de donde procede el lemosín), de Uzez, de París y Narbona (de Antiq. Eccl. rit. lib. IV. c. XII. §. XIII). 

(8) Después del IX R. se cantaba el evangelio: Liber generationis. Este rito prescrito por el Micrólogo (c. 34.) era desconocido en la Iglesia romana, pues se halla omitido en sus antiguos ceremoniales. En algunas Iglesias en tiempo de Guillermo Durando se cantaba este evangelio al fin de la primera misa. De esto hablaremos en su lugar. 

(9) No comenzaba la misa hasta dicho Deus in adjutorium (de laudes). Igual rito se observaba en las Iglesias de Tolosa y Nantes, y otras de la Galia Céltica, diciéndose toda la misa del gallo después del Deus in adjutorium, y entonándose después de la misa la primera antífona de laudes (V. Martene loc. laud. §. XXVII). 

(10) A lo cual respondían dos niños. El ritual de Nantes prescribía que antes del Salmo Laudate Dominum in Sanctis ejus, como en esta Iglesia, pueri ludentes cum baculis stent ante altare, et dicat cantor: Pastores dicite: pueri respondeant: Infantem vidimus: et tunc incipiat aliquis antiphonam: Parvulus filius, quam subsequatur psalmus: Laudate Dominum de caelis. 
En el Ordinario de Narbona y el de Santa María de Reims en casi todo concuerda este rito con el de Valencia. 

(11) Donde se lee. El texto latino dice así: “si festivitates aliquae, praecipue sequentes, scilicet: Nativitas Domini, Epiphania, quatuor festivitates majores. B. Virg. et omnium Sanctorum, venerint in Dominica: tunc in misa non aspergatur aqua benedicta, neque in processione cantetur aña. Signum salutis, neque oratio Exaudi, nec oratio Omnipotens... aedificator &c.; et hoc ob reverentiam tantarum solemnitatum, quia dies sanctificati sunt. Sed in completorio istis diebus, et aliis in quibus non fuerit aspersa dicta aqua in missa, aspergatur de illa: nota etiam, quod tempore generalis interdicti, non aspergatur dicta aqua, nisi super personas privilegiatas, et ad divina officia admissas.” (Ordinar. Valent. edit. ibid. ann. 1527.) 

domingo, 8 de marzo de 2020

Catedral, Tortosa, Códice 106, SAN GREGORIO MAGNO, idioma Provenzal

106. SAN GREGORIO MAGNO. Un volumen en 4.° en pergamino, de 270 páginas. Es de principios del siglo XIII. Contiene las Homilías de dicho Santo Padre. La primera es sobre el Evangelio que se canta el Domingo de Ramos antes de la bendición de las palmas y ramos; y la última se titula in natale virginis.
Después de estas Homilías siguen varios sermones de Santos en idioma Provenzal, que por los siglos XIII y XIV fue la lengua literaria en el Reino de Aragón, o sea el peculiar lenguaje de nuestro pais.
Dichos sermones, que comprenden 30 folios, hacen muy notable este Códice por el idioma Provenzal con que están escritos; de tal modo que en poco tiempo se han recibido cartas de algunos centros literarios del extrangero, pidiendo copias y noticias de este curioso escrito Provenzal, único que existe en los Códices de esta iglesia.

Fon:
Códices Catedral Tortosa (100-110)

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119. BREVIARIO SEGÚN EL USO DE LA IGLESIA DE TORTOSA.
Un volumen en 4.° en cartulina de 658 páginas. Es del siglo XIV.
En este Breviario el Calendario se halla en el folio 140. En el folio 125 y siguientes hay algunas notas, de diferente letra, relativas a ciertas misas que se celebraban en esta catedral. Después del Calendario, en los folios 146 y 149 hay algunas Tablas de las fiestas, y varios datos relativos a la liturgia de esta iglesia.
Merece además notarse que en este Breviario está el rezo de San Rufo y el de su octava. Ya se tenía en los tiempos pasados como un dato importante, pues se consignó en una nota que se ve al principio de este Breviario, que dice: En el fòlio 296 de aquest Breviari está lo offici ab octava de Sant Rupho.

CÓDICES DE LA CATEDRAL DE TORTOSA

sábado, 14 de mayo de 2022

CARTA 6. Prosigue la noticia de los códices de la santa Iglesia de Valencia.

CARTA 6. 

Prosigue la noticia de los códices de la santa Iglesia de Valencia. 

Mi querido hermano: Vamos adelante con nuestros códices, que son por ahora toda la geografía y bellas artes a que se dirigen mis especulaciones. 

Conserva esta Iglesia en su archivo un ritual papal MS. en buen pergamino en 4.° con esta nota al fin: iste liber donatus est à Rmo. D. D. L. Episcopo Tusculano, Cardinali de Ursinis, Collegio Ecclesiae S. Salvatoris in lauro de urbe, Canonicorum S. Georgii in alga Venetiarum. Este Cardenal es el latino Ursino creado por Nicolao V, y hecho Obispo Tusculano por Sixto IV en 1472. 

Creo haber hablado en el correo anterior de un pontifical que tiene en las iniciales algunas miniaturas de Obispos con las planetas antiguas. Es un códice en folio menor MS. en pergamino, y parece del siglo XIV: sin duda alguna es de la Iglesia Romana. A la misma pertenecen otros libros litúrgicos impresos a fines del siglo XVI, y harto conocidos y comunes.

De esta de Valencia he visto y extractado un ritual MS. en vitela en 4.° muy usado. Es sin disputa del siglo XV, así por su carácter, como porque en la fórmula de la absolución in articulo mortis, dice: facultate mihi concessa ab Eugenio Papa; lo cual, aunque puesto por verbi gratia, viene bien con Eugenio IV, que subió al pontificado en 1431, no pudiéndose acomodar a Eugenio III, que gobernó la Iglesia en el siglo XII: tiempo en que esta ciudad estaba aún bajo el dominio de los moros. En los entierros supone los cementerios separados, pero próximos al templo; de lo cual hablaré otro día. 

Lo mismo supone un ordinario de esta Iglesia en 4.° impreso aquí en 1527 por Jorge Costilla, y otro en 1514 por Juan Jofré. Tiene además el primero algunas variantes curiosas, señaladamente en la reconciliación de la Iglesia violada; y el orden que acerca de ello establece, dice haberse observado en la reconciliación de la Iglesia parroquial de S. Juan de esta ciudad año 1506.

En la bendición del ejército que está para embarcarse, manda que (1) en las naves se diga missa sicca, y que en lugar del canon se digan de rodillas tres Padre nuestros y tres Ave Marías. Ordena igualmente que se diga el evangelio último antes de la bendición. Así se halla también en un fragmento de un ordinario MS. en pergamino. Otro códice hay que fue del uso de los Religiosos de la Orden de Predicadores de esta ciudad. Contiene el salterio, hymnodia, oficio de difuntos, de la Virgen &c. Está excelentemente escrito en pergamino, y es posterior al año 1411, en que se compuso el oficio propio del Ángel Custodio de esta ciudad y reino, cuyos himnos coloca entre los demás. No tengo presente si he dicho que hay de esta Iglesia dos impresiones del oficio de Semana santa, una en 1494 por Jayme de Villa, y otra en 1533 por Francisco Romano. Ambas son en 8.° y tienen las rúbricas en lemosín; y a la segunda se añadió el oficio de la noche de Navidad. Existen en esta biblioteca de Santo Domingo: de la primera creo que es el ejemplar que posees. En la copiosa biblioteca pública que erigió en su palacio el ilustrado Arzobispo Don Andrés Mayoral he hallado otros ejemplares de los códices pertenecientes a esta Iglesia que ya tengo referidos. Mas hay entre ellos un MS. que contiene el oficio de la Virgen, de difuntos, del Espíritu Santo y de la santa Cruz. Es posterior al año 1455 porque pone a San Vicente Ferrer en la letanía post. Ps. Peenitent. Está escrito en vitela con mucha prolijidad. Lo particular que he hallado en él es la Gloria de la misa de B. Virg. ab Adventu Nativit., donde pone alabanzas de María Santísima diferentes de las que se usaban por aquellos tiempos en otras Glorias Mariales. Dice, entre otras cosas: “Qui tollis.... Suscipe &c. Ut nos tibi placeamus jugiter, et sacrosanctae tuae Matri Mariae. Qui sedes &c. Per Mariae suffragia, quae est Mater suae prolis et filia. Quoniam tu solus Sanctus: Maria sola Mater innupta. Tu solus Dominus: Maria sola Domina. 

Tu solus Altissimus: Pater Mariae et Filius, Jesuchriste. Cum Sancto &c.” 

También trae en el oficio de la Virgen del mismo tiempo un Te Deum Marial del tenor siguiente: 

Te Matrem Dei laudamus, te Dominam confitemur. 

Te aeterni Patris templum omnis terra &c. 

Te Filii Dei thalamum coelestis curia admiratur. 

Te Sancti Spiritus sacrarium omnis spiritus incesabili voce &c. 

Sancta (ter) et immaculata Dei Mater. 

In te Cherubim et Seraphim cognoscunt chrismata potiora. 

Te Dominationes honorant Angelorum Dominam. 

Te laudat omnis hierarchia nobile Trinitatis triclinium. 

Coelum et terra quam replet gloria tua facies gratiosa. 

Te sequuntur virgines aureolis decoratae. 

Ad te per orbem terrarum lacrymosa suspirat Ecclesia, 

Mater immensae pietatis: 

Veneratur tuum Filium, qui te fecit admirabilem: 

Sanctum quoque Spiritum, qui tua sponsalia procuravit. 

Tu es Regina coelorum. 

Tu es Domina Angelorum. 

Tu es prudens thesauraria gratiarum et honorum. 

Tu es gloriosa civitas, in qua Filius Altissimi requievit. 

Tu portasti Patrem aeterni saeculi. 

Tu lactasti Angelum magni consilii. 

Tu sedes in gloria Deitatis. 

Tu es nostra interventrix, et favorabilis advocata. 

Te ergo quaesumus tuis famulis subveni redemptis pretioso sanguine Filii tui. 

AEterna fac cum servís tuis in gloria numerari. 

Salvos fac Evae filios, restauratio perditorum. 

Et rege eos, et extolle illos, ut habentes laevam sub capite dexteram tuam amplectamur. 

Et per singulos dies consolationibus uberibus repleamur. 

Et laudamus nomen tuum in saeculum, quam Dei summi colimus genitricem. 

Digneris nos dulcissima Virgo Dei Mater misericordiae in isto certamine consolari. 

Conserva nos in gratia, fons et origo totius pietatis. 

Fiat misericordia tua, Domina, super nos, ut tuae mansuetudini grati simus. 

In te, Domina, sperantes perfruamur tuis aspectibus in aeternum.

Vi en la misma biblioteca un breviario de esta Diócesis impreso por Diego Gumiel en 1517. Es en todo conforme al de 1533, salvo que todavía no pone la historia del milagro de S. Cristóbal, que ya se halla en este último, y alguna otra variante de corta consideración. Item, un calendarium perpetuum Ecclesiae Valentinae, impreso por Juan Mey en 1551.

Existía allí mismo un horarium, o códice de devociones del uso del Rey D. Jayme el Conquistador. Así consta de los índices ordenados por su actual Bibliotecario D. Vicente Esclapés. Pero de las diligencias que se han practicado para encontrar este precioso monumento, no se sacó más fruto que llorar su extravío: desgracia harto común a otras bibliotecas defraudadas de muy ricas alhajas de esta especie, por la avaricia que llaman literaria de atesorar libros, sin reparar en que sean ajenos, tal vez para sacrificar a la vanidad, lo que está consagrado a la utilidad pública. Robos dorados con no sé qué pretextos, y que frecuentemente se pagan bien a costa de las buenas letras, con caer libros y documentos preciosos en manos de herederos ignorantes. Igual suerte ha experimentado en esta biblioteca una carta original del Marqués de Mondéjar. Aunque en esta pérdida me consuela el hallazgo de otras ocho del mismo, también originales, que he copiado de la biblioteca de Santo Domingo, dirigidas a su amigo el P. M. Fr. Serafín Tomás Miguel, Religioso de este convento, conocido por sus escritos (a: Estas cartas ilustradas con algunas notas se hallarán en el apéndice núm. XI. ). Trata en ellas el Marqués de varias materias eclesiásticas, que no debo ni puedo ventilar ahora. Señaladamente se muestra empeñado en que el padre de mi Patriarca Santo Domingo de Guzmán no se llamó Felix, sino Ferrán o Fernando. Opinión que han abrazado algunos, tal vez por un cierto aire de singularidad. Al M. Miguel ninguna fuerza le hicieron las razones de Mondéjar. Antes con gran número de argumentos prueba en una disertación particular la equivocación de su amigo, y de los que le precedieron. A la prueba tomada de la autoridad de los escritores coetáneos se debe añadir el testimonio del Dominicano Rodrigo Cerratense, escritor del siglo XIII (a), que llamó Félix con todas las letras al padre de Santo Domingo, y el de un códice MS. del siglo XIV de sermones para las fiestas de todo el año, que existe en el archivo de esta Catedral, del cual pudiera útilmente aprovecharse cualquier ilustrador de las vidas de los Santos; no menos que el que intentase una nueva edición de algunos Santos Padres, hallaría grandes tesoros en MSS. de sus obras que aquí se conservan. 

(a) Conjeturo que este escritor era natural del valle de Cerrato, cerca de Palencia, donde moraba el año 1267. Compuso un santoral, que él mismo intituló: vitas Sanctorum, obra desconocida a Echard y a Nicolás Antonio, de que dio la primera noticia al público el M. Flórez en la España sagrada tom. II, pág. 210. y pág. 396. De él se hablará con extensión cuando se publiquen las adiciones que se están preparando a la Biblioteca de escritores de mi Orden que compuso el Padre Echard. 

Veríase entonces cuan fácil es a los españoles, sin salirse de su casa, perfeccionar el trabajo de Balucio, de los PP. Maurinos y de otros literatos extranjeros: y tal vez comenzaríamos a recobrar los inmensos caudales que expenden ahora los nuestros en sólo este ramo. Puede gloriarse España de que posee muchos MSS.; pero thesaurus invisus, quae utilitas? Mil fatigas, y quizá inútiles, cuesta a muchos de nuestros escritores la averiguación de sus dudas en materias de grande interés para la literatura española: mientras vemos con envidia publicados sin ella los documentos y papeles de los archivos de Francia, Italia y Alemania, en donde beben los sabios de aquellas naciones las noticias que les interesan. Por este medio se propagan las luces, se estimula la aplicación, se llenan de gloria los reinos, y brilla la verdad, saliendo de los escondrijos, donde la diligencia de sus amadores la dejó guardada. Escusada fuera esta digresión si pensara con quien estoy hablando. Pero allá me llevo mi imaginación, o más bien el ansia de ver promovida en España por este medio la sólida literatura.

Ya se me pasaba dar noticia de otro pontifical del siglo XV, que no se sabe de qué Iglesia es. Parece de esta por la uniformidad que guarda con sus códices en el rito de purificar los cementerios violados. Pudo ser de la Tarraconense, y esto es más verosímil. Llevo de él algunas apuntaciones útiles. El tiempo en que se escribió le colijo del silencio que guarda, así en las protestas del consagrante, como en el juramento del electo, acerca de la obediencia a la Silla apostólica, visita ad limina Apostolorum, y lo demás consiguiente a esto. El decreto que se pide es el de la elección del clero, y se jura obediencia al Metropolitano. También es notable el rito que precede al examen y consagración: porque el sábado precedente al Domingo destinado para este acto, se sentaba el Metropolitano en el atrio de la Iglesia, y compareciendo el Arcediano u otro Presbítero de la Iglesia del electo, pedía con muchas ceremonias la gracia de que fuese consagrado. Y conducido este finalmente y hechas varias preguntas, le decía el consagrante: "quia ergo omnium in te vota conveniunt, hodie asbtinebis, et cras, Deo annuente, consecraberis. R. Electus praecepisti: tunc discedunt in loca sua; et abstinet illa die consecrandus in pane et aqua, nisi per consecratorem cum eo fuerit dispensatum.” La bendición del báculo precede a la comunión, a la cual se sigue la de la mitra. En la bendición Abbatis Monachorum se expresa siempre la regla de S. Benito. Paso en silencio otras cosas notables, que ocuparán un digno lugar en la historia de nuestros ritos. Basten estas noticias; estoy preparando otras de más entidad, que ilustrarán juntamente la historia eclesiástica, por la conexión que con ella tiene la materia que principalmente se me ha encargado. 

Dios te guarde muchos años. Valencia a 24 de Noviembre de 1802. 


NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) En las naves se diga misa sicca. Esta clase de misas, anteriores cuando menos al siglo XIII (Thiers Superst. t. II. p. 374), sin consagración ni sumpcion del sacratísimo cuerpo de Cristo, se celebraban aún el siglo XVI en varias Diócesis de Occidente con aprobación de la Silla apostólica, como consta del libro sacerdotal, aprobado por León X, e impreso en Venecia el año 1523, y segunda vez en 1560 (c. XXXIV.) y de Juan Burchardo, maestro de ceremonias de la capilla pontificia, en su ordo missae, impreso en Roma el año 1559 (rubric. XVI. pág. 40.); y no sólo en las naves, sino aun en tierra por causas justas a juicio de los Prelados, y con su autoridad. Thiers (ib. p. 381.) asegura que nunca fueron autorizadas estas misas por Papas ni Concilios, ni regla ninguna eclesiástica, y que nacieron ab indiscreta et privata quorumdam devotione, como decía Bona (Rer. liturg. l. I. c. XV. n. 6.). Genebrardo (Liturg. apost. c. XXX.) cuenta haber él asistido en Turín el año 1587 a una de estas misas, que se celebró por la tarde solemnemente, y con ministros revestidos de sus ornamentos, en las exequias de una persona noble de aquella ciudad. A esta licencia pudiera haber dado ocasión el origen de estas misas. Si fuera cierto, como creen algunos, que fueron instituidas por el Concilio III de Cartago (capit. XXIX.) en favor de los difuntos que se enterraban por la tarde (Bocquillot Liturg. sacrae lib. II. c. VII. p. 393. sig.), de donde dicen haberse propagado después a la administración del viático a los enfermos, y para consuelo de otros legítimamente impedidos que no podían acudir al santo sacrificio. Sea de esto lo que fuere, en algunas Diócesis se toleraban en el siglo XVII, y aun después se han permitido a los Cartujos en sus celdas, como aseguran Martene y Bocquillot, y consta del breviario cartujano de 1587, donde se conserva la misa seca de nuestra Señora, que le celebraban después de los maitines y laudes del oficio parvo. El decirse la misa seca en las naves, como supone este ritual valentino, pudo nacer de la devoción de San Luis, de quien escribe Nangis el monje de San Dionisio, que la hacía celebrar en su barco a su vuelta de Tierra Santa. De aquí tomó el nombre de misa náutica o naval, cuya descripción puede verse en el citado libro sacerdotal y aprobado por León X, y en la obra de Bona (loc. laud. V. Merati observ. in thes. sacror. rit. part, I. p. 38).

La ceremonia prescrita en este ritual de decir tres veces Padre nuestro y Ave María en vez del canon, es singularísima. Lo único que se practicaba en otras Iglesias era no omitir el Pater noster. En algunas partes se mostraban reliquias de Santos al tiempo en que debía hacerse la elevación de la sagrada hostia. Por estas y otras notables variantes puede colegirse la parte que tuvo en las misas secas la privada devoción del pueblo.