champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc
archilaga, argilaga, archilagues, argilagues - Mozarabismo de desconocido étimo ibérico o prerromano (DECLLC, I, p.377) que daría el árabe hispánico al-yalaqa > aulaga, aliaga, argilaga, ulaga, argelac, etc., hasta llegar a la morfología del valenciano moderno: “de archilagues y barcers” (Ortí, M. A.: Sol de academias, Valencia, 1659, p. 32)
- Se féen aná ensenénles per a sucarrá al gorrino cuan la matansa - mondongo.
bardissa: esbarsés (barcers en valensiá) y motes que punchen que se fiquen damún de les parets, corrals, cuberts, etc.
plantas espinosas que se colocan encima de las paredes, corrales, cubiertos, etc.
Genista es un género botánico de noventa especies de arbustos de la subfamilia Faboideae. La familia Fabaceae con especies que comparten tallos densos y verdes, hojas muy pequeñas, adaptados a la sequía, la mayoría con flores blancas o amarillas, pero también de color anaranjado, rosado, rojo o púrpura. Popularmente se conoce a algunas de sus especies como hiniesta o retama de tintoreros (Genista tinctoria).
Toleran los suelos pobres y necesitan pocos cuidados para su cultivo, se utilizan en la recuperación de tierras baldías, fijación de dunas o como planta ornamental.
Son nativos de Europa, Oriente Medio y norte de África.
Genista, nombre común por el que se conoce a un género de plantas que comprende especies abundantes en Europa y, en especial, en la región mediterránea. Este género comprende unas 150 especies de arbustos o matas espinosos o inermes, más raramente herbáceas o sufruticosas (como la hierba de los tintoreros). Las ramillas son lisas o estriadas y suelen tener las hojas simples o trifoliadas, que algunas especies pierden rápidamente, o incluso no tienen hojas aparentes. Las flores son amariposadas o papilionadas, compuestas por cinco pétalos amarillos y diez estambres soldados entre sí por sus filamentos, o al menos nueve de ellos, formando una especie de tubo en torno al pistilo. Los frutos son pequeñas legumbres (véase Leguminosas) comprimidas lateralmente, dehiscentes y generalmente con varias semillas; en raras ocasiones con una única semilla. La península Ibérica es la zona donde más diversificado está este género: desde grandes arbustos de hasta 3 m, como la retama blanca; matas de hasta 1,5 m, como la bolina o palaín; y pequeñas matas de porte rastrero típicas de la alta montaña, como la genista de Sanabria.
Las genistas tienen numerosos usos. Algunas especies se utilizan para obtener tintes, como los que se extraen de las flores de la aulaga o de las raíces de la hierba de los tintoreros. Hay genistas que se usan como combustible en los hornos de yeso y cal y otras para formar setos.
Las genistas constituyen el género Genista que pertenece a la familia de las Fabáceas (Fabaceae). El nombre científico de la hierba de los tintoreros es Genista tinctorea; el de la retama blanca: Genista florida; el de la bolina: Genista spartioides; el de la genista de Sanabria: Genista sanabrensis, endemismo de la Sierra Segundera (Zamora–Orense–León) y de la Sierra del Teleno (León); y el de la aulaga: Genista scorpius. / archilaga /
Etimología:
Genista: nombre genérico que proviene del latín en la que los reyes y reinas Plantagenet de Inglaterra tomaron su nombre, planta Genesta o plante genest, en alusión a una historia que, cuando Guillermo el Conquistador se embarcó rumbo a Inglaterra, arrancó una planta que se mantenía firme, tenazmente, a una roca y la metió en su casco como símbolo de que él también sería tenaz en su arriesgada tarea. La planta fue la llamada planta genista en latín. Esta es una buena historia, pero por desgracia Guillermo el Conquistador llegó mucho antes de los Plantagenet y en realidad fue Godofredo de Anjou que fue apodado el Plantagenet, porque llevaba un ramito de flores amarillas de retama en su casco como una insignia (genêt es el nombre francés del arbusto de retama), y fue su hijo, Enrique II, el que se convirtió en el primer rey Plantagenet. Otras explicaciones históricas son que Godofredo plantó este arbusto como una cubierta de caza o que él la usaba para azotarse a sí mismo. No fue hasta que Ricardo de York, el padre de los dos reyes Eduardo IV y Ricardo III, cuando los miembros de esta familia adoptaron el nombre de Plantagenet, y luego se aplicó retroactivamente a los descendientes de Godofredo I de Anjou como el nombre dinástico.
Genista aetnensis DC.
Genista albida Willd.
Genista anatolica Boiss.
Genista andicola Gill. ex Hook. & Arn.
Genista anglica L.
Genista aristata C. Presl
Genista artwinensis Schischk.
Genista aspalathoides Lam. - leño aspalato de Berbería4
«Genista». Departamento de Agricultura de los Estados Unidos: Germplasm Resources Information Network (GRIN). Archivado desde el original el 7 de mayo de 2009. Consultado el 10 de diciembre de 2010.
A mijans de juñ, lo
Quirce va escomensá a soltá lo bestiá de merines o palomes cada tarde, y, al
pondres lo sol, sel sentíe tocá la armónica delicadamen de la
part de la serra, mentres son germá Rogelio, no parabe, lo home, en
lo jeep cap a dal, en lo tractó cap aball, sempre navegán de aquí
cap allá, este carburadó pert, se enganche lo pedal del embrague,
estes coses, y lo siñoret Iván, sense donáli importánsia, cada
vegada que visitabe lo cortijo, observabe als dos, al Quirce y al
Rogelio, cridáe al Crespo a un apart y li díe confidensialmen,
Crespo, no me dixos de la ma an estos sagals, Paco, lo Baixet, ya va
pera agüelo y yo no puc quedám sense secretari, pero ni lo Quirce
ni lo Rogelio teníen lo prodigiós flat de son pare, que son pare,
lo Paco, ere un cas de estudi, ¡Deu meu!, desde chiquet, que no es
un di, li soltaben una perdiu en un ala trencada al monte y ell se
ficáe a cuatre potes y seguíe lo rastre en lo seu nas chato pegat
an terra sense vassilá, y passán lo tems, va arribá a distinguí
les pistes velles de les ressiens, lo rastre del mascle del de la
femella, que lo siñoret Iván se fée creus, ajuntáe los seus ulls
verds y li preguntabe, pero ¿a qué dimonis fa auló la cassa, Paco,
maricón? y Paco, lo Baixet, ¿de verdat que no la sén vosté,
siñoret? y lo siñoret Iván, si la aulorara no te u preguntaría, y
Paco, lo Baixet, ¡quínes coses que té lo siñoret Iván! y a la
época en que lo siñoret Iván ere lo Ivanet, que, de chiquet, Paco
li díe lo Ivanet al siñoret Iván, la mateixa copla, ¿a qué fa
auló la cassa, Paco? y Paco, lo Baixet, solíssit, ¿es sert que tú no la
aulores, majo? y lo Ivanet, pos no, te u juro per los meus morts, a
mí la cassa no me fa auló de res, y Paco, ya te acostumarás, majo,
ya vorás cuan tingues mes añs, perque lo Paco, lo Baixet, no va
apressiá les seues cualidats hasta que va comprobá que los demés
no eren capassos de fé lo que ell fée y de ahí les seues converses
en lo Ivanet, que lo chiquet va escomensá ben tendre en la cassera,
una chaladura, gangues al juliol, a la bassa o los revolcadós,
codorniu al agost, al rostoll, tórdoles al setembre, de retirada,
als passos dels carrascals, perdius al octubre als sembrats y al
monte baix, blavets al febré, al Lucio del Teatino y, entre mich, la
cassa majó, lo cabirol y lo venado, sempre en lo rifle o la escopeta
a la ma, sempre, pimpam, pam-pim, pim-pam que está grillat este
sagal, díe la Siñora, y de día y de nit, al ivern o al estiu, a
esbarrá, al salt o en batuda, pim-pam, pam-pim, pum-pom, lo Ivanet
en lo rifle o la escopeta, al monte o per los sembrats y lo añ 43,
al ojeo inaugural del Día de la Raza, dabán del pasmo
general en tretse añs mal cumplits, lo Ivanet entre los tres primés,
a vuit muixóns de Teba, lo may vist, que ñabíe moméns en que
teníe cuatre muixóns morts al aire, algo increíble, que ere cosa
de vóres, un mosset de chupeta colsejanse en les millós escopetes
de Madrit y ya desde eixe día, lo Ivanet se va acostumbrá a la
compañía de Paco, lo Baixet, y a traure partit del seu olfato o
flat y la seua afissió y va pensá en pulíl, pos Paco, lo Baixet,
flaquejabe carregán y lo Ivanet li va doná un día dos cartuchos y
una escopeta vella y li va di, cada nit, abáns de gitát, embutix y
trau los cartuchos dels cañons hasta sen vegades, Paco, hasta que
te cansos, y va afegí después de una paussa, si conseguixes sé lo
mes rápit de tots, entre aixó y los vens que Deu te ha donat y la
teua retentiva, no ñaurá al món qui te potejo com a secretari, te
u dic yo, y Paco, lo Baixet, que ere servissial per naturalesa, cada
nit, abáns de gitás, ris-ras, obrí y tancá la escopeta, ris-ras,
embutí y traure los cartuchos als cañons, que la Régula ae,
¿estás tonto, Paco? y Paco, lo Baixet, lo Ivanet diu que puc sé lo
milló, y, al cap de un mes, Ivanet, majo, en un amén te fico y te
trac los cartuchos de la escopeta, y lo Ivanet, aixó ña que vóreu,
Paco, no sigues farolero, y Paco va exhibí la seua destresa dabán
del mosso y, aixó marche, Paco, no u dixos, seguix aixina, va di lo
Ivanet después de la demostrassió y de este modo, Ivanet per aquí,
Ivanet per allá, ni advertíe Paco que passabe lo tems, hasta que un
matí va passá lo que teníe que passá, o sigue Paco, lo Baixet, li
va di en la milló voluntat, Ivanet, ojo, la barra per la dreta, y lo
Ivanet se va armá en silensio, va pendre los puns y, en un di
Jesús, va despenjá dos perdius per dabán y dos per detrás, y no
habíe arribat la primera an terra, cuan va girá los ulls cap a Paco
y li va di en gesto arrogán, de avui en abán, Paco, de vosté y
siñoret Iván, ya no soc un mosset, que pera entonses ya habíe
cumplit lo Ivanet setse añs y Paco, lo Baixet, li va demaná perdó
y de entonses abán siñoret Iván per aquí, siñoret Iván per
allá, perque ben mirat, ya anáe pera mosso y ere de raó, pero, en
lo tems, les ansies cinegétiques li van aná creixén al pit al
siñoret Iván y ere cosa sabuda que a cada batuda, no sol ere lo que
mes matabe, sino tamé, qui tombáe la perdiu mes alta, la mes llarga
y la mes forta, que en eixe terreno no admitíe competénsia, y ficáe
a Paco per testigo, llarga diu lo Ministre, Paco, escolta ¿a quína
distánsia hay tirat yo, per aproximassió, al muixó aquell de la
primera batuda, lo del roquissal, lo que se va repujá cap als
núgols, aquell que va aná a pará a la Charca dels Galápagos, ten
enrecordes? y Paco, lo Baixet, obríe uns ulls mol grans, eixecáe la
barbilla y sentensiabe, no lay hay de recordá, lo muixó perdiu
aquell no volabe a menos de noranta metros, o, si se tratabe de
perdius ressies, la mateixa copla, no me dixos de farol, Paco, parla,
¿cóm veníe la perdiu aquella, la de la valleta, la que me va
pessigá bebén un trago de la bota...? y Paco belcabe lo cap, loíndice a la galta, reflexionán, sí, home, insistíe lo siñoret
Iván, la que portáe lo ven de cul, la del alborsé, home, que tú
vas di, que tú vas di... y Paco ajuntáe los ulls, ficáe los labios
com pera chulá encara que no chuláe, y tamé pero ressia com un
aeroplano, concluíe, y, encara que en rigor, lo siñoret Iván no
sabíe la distánsia a la que l´atre li habíe tirat a la seua
perdiu, y com veníe de ressia la que va tirá lo de mes allá,
sempre les seues eren mes llargues y ressies y, pera demostáu,
apelabe al testimoni de Paco, lo Baixet, y aixó, a Paco, lo Baixet,
lo esponjáe, se jactabe del pes del seu juissi, y se vanagloriabe
tamé de que lo que mes envejaren al siñoret Iván los amics del
siñoret Iván, foren les seues facultats y la seua disposissió pera
cobrá les pesses, ni lo gos mes fi te faríe lo servissi de este
home, Iván, fíxaten en lo que te dic que no saps lo que tens li
díen, y, assobín, los amics del siñoret Iván requeríen a Paco,
lo Baixet, pera cobrá algún muixó perdiu de ales curtes y, en tals
casos, se desenteníen de les tertulies postbatuda y de les disputes
en los secretaris veíns y sen anaben detrás dell, pera vórel
navegá ensumán, y, una vegada que Paco se veíe rodejat de la flo y
nata de les escopetes, díe, ufanánse del seu papé, ¿aón va pegá
la pilotada, anem a vore? y ells, lo Subsecretari, o lo Embaixadó, o
lo Ministre, aquí tens les plomes, Paco y Paco, lo Baixet ¿quína
direcsió portabe, anem a vore? y lo que fore, la del jaral, Paco,
sirgada contra lo jaral, y Paco, ¿veníe sola, aparellada o en
barra, anem a vore? y lo que fore, dos ne entraben, Paco, ara que u
dius, la parella, y lo siñoret Iván mirabe als seus invitats en
sorna y siñalabe en la barbilla a Paco, lo Baixet, com dién, ¿qué
tos día yo?, y, acte seguit, Paco, lo Baixet, se ajupíe, ensumabe
en insistensia lo terreno, dos metros al voltán de la pilotada y
murmurabe, per aquí se va arrancá, y, seguíe lo rastre durán
bastáns metros y, al remat, se incorporabe, esta direcsió portáe,
llugo estará an aquell carrascot y, si no, amagada an aquelles
motes, prop del alcornoque, no pot habé anat mes lluñ, y cap allá
sen anabe lo grupet detrás de Paco y, si lo muixó no estáe al
carrascot, amagat que estabe a les motes, a la voreta del alcornoque,
no fallabe, y lo Subsecretari, o lo Embaixadó o lo Ministre, lo que
fore, díe assombrat, y ¿per quína regla de tres no podíe está a
un atre puesto, Paco, me u vols explicá? y Paco, lo Baixet, fee que
pensáe uns segóns en arrogansia y, finalmen, díe en mal reprimit
despressio, la perdiu no abandone lo solc cuan trate de amagás, y
ells, se miraben entre ells y assentíen y lo siñoret Iván, los
dits grossos als sobacos de la seua chaleco-canana, sonreíe
ubertamen, ¿eh qué tos día yo? mol unflat, lo mateix que cuan
mostrabe la repetidora americana o la Cuita, la cachorra grifona, y,
de tornada als llochs, a soles en Paco, comentabe, ¿ten fixes? lo
maricón del fransés no distinguix una griba de una perdiu, o be, lo
maricón del Embaixadó no corre la ma esquerra ¿ten acates?, grave
defecte pera un diplomátic, perque, fatalmen, pera lo siñoret Iván,
tot lo qui agarrabe una escopeta ere un maricón, que la paraula eixa
no se li caíe dels labios, quína manía, y, en ocasions, al ardó
de la batuda, cuan les veus dels ojeadores se confoníen a la
distansia y les cornetes sonáen a les puntes, esbarrán als
muixóns, y les perdius se arrencaben desorientades brrrr, brrrr, brrrr, per tot arreu, y la barra entrabe rápidamen a la línia de
escopetes, y lo siñoret Iván ne tombabe dos juntes aquí y atres
dos allá, be de doblete, be de carambola, y sonaben estampits a
esquerra y dreta, que pareixíe la guiarra, y Paco, lo Baixet, anabe
contán pera adins, trenta dos, trenta cuatre, trenta sing y cambián
la escopeta forra per un atra gemela carregada, hasta sing, que los
cañons se ficáen al roch viu, y anotán al cap lo puesto aon cada
pessa caíe, bueno, en eixos casos, Paco, lo Baixet, se ficáe calén
com un perdigué, que no podíe estás coto, que ere superió a les
seues forses, se assomabe ajupit al canto de la pantalla y díe,
mastegán les paraules pera no espantá lo campo, ¡sóltom, siñoret,
sóltom! y lo siñoret Iván, secamen, ¡para quieto, Paco! y ell,
Paco, lo Baixet, ¡sóltom, per la seua mare lay demano, siñoret!
cada vegada mes exitat, y lo siñoret Iván, sense pará de dispará,
mira, Paco, no me faigues agarrá un cabreo, aguarda a que acabo la
batuda, pero a Paco, lo Baixet, lo vore desplomás les perdius mortes
dabán dels seus chatos nassos, lo descomponíe, ¡sóltom, siñoret,
per Deu beneít lay demano! hasta que lo siñoret Iván se enfadabe,
li fotíe un puntapéu al cul y li díe, si ixes del puesto abáns de
tems, te pego un tiro, Paco, tú ya saps cóm les gasto, pero ere lo
seu un enfado de passada, puramen artifissial, perque cuan, minuts
después, Paco, lo Baixet, escomensáe a portali lo botín y se
presentabe en sixanta cuatre dels sixanta sing muixons derribats y
li díe nerviosamen, la perdiu que falte, siñoret Iván, la que va
baixá vosté prop de la archilaga, me la ha afanat lo Facundo, diu
que es del seu siñoret, la furia del siñoret Iván se movíe cap a
Facundo, ¡Facundo! bramáe en veu poderosa, y acudíe Facundo, ¡eh,
tú, listo, tingam la festa en pau!, lo muixó perdiu eixe de la
argilaga es meu y mol meu, de modo que venga, esteníe la ma uberta,
pero lo Facundo plegáe los muscles y ficabe los ulls plans,
inexpresius, un atre ne va tombá lo meu siñoret prop de la
archilaga, aixó no es ley, pero lo siñoret Iván allargabe encara
mes la ma y escomensabe a notá la cremó a les puntes o yemes dels
dits, mira, no me calentos la sang, Facundo, no me la calentos, ya
saps que no ña cap cosa que mes me fótegue que me birlon los
muixóns que yo mato, aixina que venga eixa perdiu, y, arribats an
este extrem, Facundo li allargáe la perdiu, sense rechistá, la
historia de sempre, que René, lo fransés, que ere un assiduo de les
batudes hasta que va passá lo que va passá, se fée creus la
primera vegada, ¿cóm c´est possible matá sixanta sing perdius
l´Iván y arreplegá sixanta sing perdius le Paco?, mua no compro
pa, díe, y Paco, lo Baixet, orgullós, se sonreíe com una rabosa de
Ráfels o Valderrobres y se señalabe lo cap, les apunto ací, díe,
y lo fransés obríe los ulls com un mussol de Fórnols, ¡ah, ah,
les apunte a la teta! exclamabe,
y Paco, lo Baixet, están al puesto, jun al siñoret Iván, la teta (testa) va di, siñoret Iván, lay juro per los meus morts, dic yo que sirá
cosa del parlá del seu país, y lo siñoret Iván, mira, per una
vegada has assertat, y a partí de aquell día, entre bromes y veres,
lo siñoret Iván y los seus invitats cada vegada que se reuníen
sense les siñores per als sorteos dels puestos o al taco, a la
solana, a michdía, díen teta per cap, este cartucho es mol fort, me
ha fet vindre mal de teta, o ben, lo Subse es mol tossut, si se li
fique una cosa a la teta no ña qui lay trague, y, invariablemen,
aixina u digueren vuitanta vegades, tots a riure, pero a riure fort,
a carcañada solta, que hasta los faie mal la pancha de tanta rissa,
y aixina hasta que reempreníen la cassera, y, al acabá lo quinto
ojeo, ya entre dos llums, lo siñoret Iván ficáe dos dits a
la burchaqueta alta del chaleco-canana y li soltáe ostentosamen a
Paco un billet de vin duros, tí, Paco, y que no valgue pera vissis,
que me estás eixín mol gastadó tú, y la vida está mol achuchada
y Paco, lo Baixet, agarrabe furtivamen lo billet y a la faldriquera,
pos, per moltes vegades, siñoret Iván, y, en son demá de matí, la
Régula, marchabe en Rogelio, en lo remolque, a Cordovilla, aon lo
Hachemita, a comprás un percal o unes albarques pera los sagals, que
may faltabe a casa una nessessidat, y aixina sempre, cada vegada que
ñabíe batuda, y tot anabe be hasta que la radera vegada que va
assistí lo fransés, se va armá una trifulca a la Casa Gran, durán
lo almorsá, al di de la Nieves, per lo aquell de la cultura, que lo
siñoret René va di que a Sentroeuropa teníen un atre nivell, una
inconveniensia, a vore, que lo siñoret Iván, aixó te penses tú,
René, pero aquí ya no ñan analfabetos, que tú te creus que estam
al añ trenta sis, y de unes coses van passá a datres y van
escomensá a cridás la un al atre, hasta que van perdre los modals y
se van faltá al respete y com a radé recurs, lo siñoret Iván, mol
atabalat, va maná cridá a Paco, lo Baixet, a la Régula y al
Ceferino y, es tontería discutí,
René, u vorás en los teus propis ulls, cridabe, y al personás Paco
en los demés, lo siñoret Iván va adoptá lo to didáctic del
siñoret Lucas pera díli al fransés, mira, René, per a di la
verdat, esta gen ere analfabeta fa tems, pero ara vorás, tú, Paco,
agarra lo bolígrafo y escriu lo teu nom, fes lo favor, pero ben
escrit, esmérat, se obríe als seus labios una sonrissa tirán, que
está en joc la dignidat nassional, y tota la taula pendén de Paco,
lo home, y don Pedro lo Périt, se va mossegá la galta y va colocá
la seua ma damún del antebrás de René, tu cregues o no, René,
desde fa añs an este país se está fén tot lo humanamen possible
pera redimí an esta gen, y lo siñoret Iván, ¡chitón!, no lo
distragáu ara y Paco, lo Baixet, coacsionat per lo silensio
expectán, va trassá un garabato a la part de detrás, lo reverso,
de una factura groga que lo siñoret Iván li habíe estés damún
del mantel, comprometén los seus sing sentits, obrín les aletes del
seu nas chato, una firma tremolosa, illigible y, cuan va acabá, se
va adressá y va torná lo bolígrafo al siñoret Iván y lo siñoret
Iván lay va doná al Ceferino y ara tú, Ceferino, va maná, y va lo
Ceferino, mol ñirviós, se va belcá damún dels mantels y va
estampá la seua firma y per a acabá, lo siñoret Iván se va dirigí
a la Régula, ara te toque a tú, Régula, y giránse cap al fransés,
aquí no fem distinsions, René, aquí no ña discriminassió entre
mascles y femelles com podrás comprobá, y la Régula, tremolanli
lo pols, perque lo boli li rellissáe pel dit gros achatat, pla,
sense huelles dactilás, va dibuixá penosamen lo seu nom, pero lo
siñoret Iván, que estabe parlán en lo fransés, no va repará en
les dificultats de la Régula y tal com ella va acabá, li va pendre
la ma dreta y la va sacsá ventejanla com una bandera, assó, va di, pera que u contos a
Paris, René, que los fransesos tos gasteu mol mal yogur al jusgamos,
que esta dona, per si u vols sabé, hasta fa cuatre díes firmabe en
lo dit gros, ¡mira! y, al di aixó, va separá lo dit aplanat de la
Régula, chato com una espátula, y la Régula, la dona, confundida,
se va sofocá tota com si lo siñoret Iván la mostrare en pilotes
damún de la taula, pero René, no ateníe a les paraules del siñoret
Iván sino que sol mirabe lo dit aplanat de la Régula, y lo siñoret
Iván, al advertí lo seu assombro, va aclarí, ah, be!, ésta es un atra historia, los dits grossos o pulgars de les esparteres son
aixina, René, gajes del ofissi, los dits se deformen de trensá
espart y cánem, ¿comprens?, es inevitable, y sonreíe y
carraspejabe o se aclaríe la gola y pera acabá en la tensa
situassió, se va encará en los tres y los va di au, ya podéu
llargatos, u hau fet be, y, conforme desfilaben cap a la porta, la
Régula rossegáe desconsertada, ae, tamé lo siñoret Iván té cada
cacho cosa, y, a la taula, tots a riure indulgenmen, paternalmen,
menos René, a qui se li habíe aborrascat la mirada y no va di ni
esta boca es meua, un silensio mineral, hostil, pero, en verdat,
fets de esta naturalesa eren raros al cortijo pos, de ordinari, la
vida discurríe plássidamen, en la única novedat de les visites
periódiques de la Siñora que obligaben a la Régula a está ben
atenta pera que lo coche no aguardare, que si li tocáe esperá uns
minuts, ya estabe lo Maxi refunfuñán, ¿aón collons te
fiques?, portem mija hora de plantón, de males maneres, aixina que
ella, encara que la sorprengueren cambianli les bragues a la
chiqueta Menuda, acudíe a escape al moqui moqui del claxon, a
descorre lo forrallat de la tanca, sense rentás les mans sisquera y,
en estos casos, la Siñora Marquesa, tan pronte baixabe del coche,
arrugáe lo nas, que ere casi tan sensible de flat com Paco, lo
Baixet, y díe, eixa gallinassa, Régula, fica mes cuidado, es mol
desagradable esta pudina, o algo per l´estil, pero de bones maneres,
sense faltá, y ella la Régula, avergoñida, amagáe les mans daball
del mandil o devantal y, sí, Siñora, a maná, pera naixó estem, y
la Siñora recorríe lentamen lo jardinet, los racóns de la
corralada en mirada inquisitiva y, al acabá, pujáe a la Casa Gran,
y anabe cridán a tots a la Sala del Espill, un per un, escomensán
per don Pedro, lo Périt, y acaban per Ceferino, lo Gorriné, tots, y
a cadaú li preguntabe per la seua faena y per la familia y per los
seus problemes y, al despedís los sonreíe en una sonrissa groga,
distán, y los entregabe en ma una relluenta moneda de deu duros,
tin, pera que selebréu a casa la meua visita, menos a don Pedro, lo
Périt, naturalmen, que don Pedro, lo Périt, ere com de la familia,
y ells eixíen mes conténs que unes pascues, la Siñora es bona pera
los pobres, díen contemplán la moneda a la palma de la ma, y, al
tardet, ajuntaben los cresols a la corralada y rostíen un cabridet y
lo regaben en vi y en seguida cundíe la exitassió, y lo entusiasmo
y que ¡viva la Siñora Marquesa! y ¡que vixque per mols añs! y,
com es de rigor, tots acababen una mica templats, pero conténs y la
Siñora, desde la finestra iluminada de la seua habitassió, a
contrallum, eixecabe los dos brassos, los donáe les bones nits y a
dormí, y aixó ere aixina desde sempre, pero, a la seua radera
visita, la Siñora, al apeás del automóvil acompañada per la
siñoreta Miriam, se va topetá en lo Azarías jun a la fon y va
arronsá les selles y va tirá lo cap cap a atrás, a tú no te
conec, ¿de quí eres tú?, va preguntá, y la Régula, que estabe al
quite, mon germá es, Siñora, acobardada, a vore, y la Siñora, ¿de
aón lo has tret? va descals, y la Régula, estáe per la Jara, ya
veu sixanta un añs y lo han despedit, y la Siñora, edat ya té pera
dixá de treballá, ¿no estaríe milló a un sentro benéfic? y la
Régula va humillá lo cap pero va di en resolusió, ae, mentres yo
vixca, un fill de ma mare no se morirá a un assilo, y, en éstes, va
tersiá la siñoreta Miriam, después de tot, mama, ¿quín mal fa
aquí? al cortijo ña puesto pera tots, y lo Azarías, los pantalóns
apedassats caén, se va mirá atentamen les ungles de la seua ma
dreta, va sonriure a la siñoreta Miriam y a lo no res, y va mastegá
dos vegades en les genives abáns de parlá y, li abono los geranios
tots los matíns, va di brumosamen, justificánse, y la Siñora, aixó
está be, y lo Azarías que, pas a pas, se anabe creixén, y al
tardet ixco a la serra a corre lo caro pera que no se embutixgue al
Cortijo, y la Siñora va arronsá lo fron, alt y despejat, en un
suprem esfors de consentrassió, y se va incliná cap a la Régula,
¿corre lo caro? ¿pots dim de qué está parlán ton germá? y la
Régula, arrupideta, ae, les seues coses, lo Azarías no es roín,
Siñora, sol una miqueta inossén, pero lo Azarías continuabe, y ara
estic crián una milana, va sonriure, babeján, y la siñoreta
Miriam, yo crec que fa bastantes coses, mama, ¿no te pareix? y la
Siñora no li traíe los ulls de damún, pero lo Azarías, de repén,
en un impuls amistós, va agarrá a la siñoreta Miriam de la ma, va
amostrá les genives desdentegades en un gesto de reconeiximén y va
murmurá, vingue a vore la milana, siñoreta, y la siñoreta Miriam,
arrastrada per la forsa hercúlea del home, lo seguíe entropessán,
y va girá un momén lo cap pera di, vach a vore la milana, mama, no
me esperos, pujo en seguida, y lo Azarías la va portá per daball
del oró y, una vegada allí, se va pará, va sonriure, va alsá lo
cap y va cridá firme pero dolsamen, ¡quiá! y, de improvís, dabán
dels ulls atonits de la siñoreta Miriam, un muixó negre y blanet
se va despenjá desde les rames mes altes y se va posá suaumen al
muscle del Azarías, que va torná a agarrala de la ma y la va portá
al pedrís de la finestra, y detrás de la maceta, va agarrá una
pella del pot de prenso y lay va oferí al muixó y la muixoneta
engullíe les pelles, una detrás del atra, y may pareixíe fartás
y, mentrestán minjáe, lo Azarías ablaníe la veu, li rascabe entre
los ulls y repetíe, milana bonica, milana bonica, y lo muixó,
¡quiá, quiá, quiá! demanáe mes y la siñoreta Miriam, resselosa,
¡quína gana que té! y lo Azarías embutíe una y atra vegada los
grumos al seu garganchó y espentáe después en la yema del dit y
cuan estáe mes entretingut en lo muixó se va sentí lo esgarrifán
berrit de la chiqueta Menuda, dins de casa, y la siñoreta Miriam
impressionada, y aixó, ¿qué es? va preguntá, y lo Azarías,
nerviós, la chiqueta Menuda es, y va dixá lo potet damún del
pedrís y lo va torná a pendre y lo va torná a dixá y anabe de un
costat a un atre, desassossegat, la gralleta damún del muscle, movén
amún y aball les barres, rossegán, yo no puc atendre totes les
coses al mateix tems, pero, al cap de pocs segóns, va torná a soná
lo bram de la chiqueta Menuda y la siñoreta Miriam, esgarrifada,
¿es sert que es una chiqueta la que fa aixó? y ell, Azarías, cada
vegada mes exitat, en la gralleta mirán inquieta al voltán, se va
girá cap an ella, la va torná a agarrá de la ma y vingue, va di, y
van entrá juns a la casa y la siñoreta Miriam, avansabe
desconfiada, com atemorida per un negre pressentimén, y al descubrí
a la chiqueta a la penumbra, en les seues cametes de filferro y lo
gran cap desplomat damún del cuixí, va sentí que se li ablaníen los ulls y se va portá les dos mans a la boca, ¡Deu meu! va
exclamá, y lo Azarías la mirabe, sonriénli en les seues genives
rosades, pero la siñoreta Miriam no podíe apartá los ulls del
caixonet, que pareixíe que se haguere convertit en una estatua de
sal la siñoreta Miriam, tan rígida estabe, tan blanca, y espantada,
¡Deu meu! va repetí, movén rápidamen lo cap de un costat al atre
com pera esbarrá un mal pensamén, pero lo Azarías, ya habíe
agarrat entre los seus brassos a la criatura y, dién paraules
ininteligibles, se va assentá al taburet, va aguantá lo cabet de la
chiqueta a la seua axila y agarrán la gralleta en la ma esquerra y
lo dit índice de la chiqueta Menuda en la dreta, lo va aná
aproximán lentamen a la entressella del animal, y una vegada que la
va rosá, va apartá lo dit de repén, va riure, va apretá a la
chiqueta contra lo pit y va di suaumen, en la seua veu assentuadamen nassal, ¿a que es bonica la milana, chiqueta?
La jalousie des femmes, qui est moult ardente et moult malicieuse.
CAT. Gelosia. ESP. Zelotipia (celotipia, celos). PORT. IT. Gelosia.
(chap. Sels, en plural; selet, selets cuan no són massa forts: envejeta, envegetes)
3. Agelosir, v., enjalouser, devenir jaloux.
Part. pas. D'aitan sui agelositz.
Raimond de Miraval: Chans quan.
D'autant je suis enjalousé.
4. Engelozir, v., enjalouser, devenir jaloux.
L'amor de la domna e de Peirols montet tan, qu'el dalfi s' engelozi d'ella. V. de Peyrols.
L'amour de la dame et de Peyrols monta tant, que le dauphin s'enjalousa d'elle.
CAT. Engelosir. IT. Ingelosire. (chap. Enselá, enselás, tindre sels: yo me enselo, enseles, ensele, enselem o enselam, enseléu o enseláu, enselen; enselat, enselats, enselada, enselades.)
CAT. ESP. (Géminis, gemelo, gemelos) PORT. Geminis. IT. Gemini.
(chap. Gemelo, gemelos; bessó, bessons; bessonada: cuan se tenen dos fills a la vegada; bessonera: la femella que té dos bessons, dos fills, normalmén una ovella.)
2. Gemol, s. m., jumeau.
Sapias que gemols motas veguadas so natz, et alcunas vetz tres o quatre. Trad. d'Albucasis, fol. 37.
(chap. Sápigues que bessons moltes vegades naixen (són naixcuts),
y algunes vegades tres o cuatre.)
Sachez que jumeaux nombreuses fois sont nés, et aucunes fois trois ou quatre.
3. Gemel, s. m., jumeau.
Gemini que vol dire gemels. Eluc. de las propr., fol. 111.
En septiembre de este 2013, pensando en la controversia sobre las raíces iberas del valenciano (escaramuza estival entre insólitos personajes, dentro de la Batalla de Valencia), fui a observar el nacimiento del Ebro. En Fontibre contemplé el pequeño estanque y manantial considerado, hasta hace poco, origen del río que da nombre a la península Ibérica. Al lugar acuden numerosos visitantes desconocedores de que nace 20 kilómetros arriba, en el Alto Campoo. Hacia allí, remontando el cauce del Híjar, llegué al verdadero punto cero. Fue en 1987 cuando unos científicos del Instituto Geológico y Minerocolorearon las aguas del Híjar y, como un Guadiana, observaron que resurgían en el manantial de Fontibre.
Hasta esa fecha, quien hubiera negado que el Ebro nace en Fontibre hubiera sido catalogado de ignorante o visionario. El interés en que el turismo siga dejando beneficios mantiene el equívoco. Aquel día, mientras Fontibre rebosaba de turismo patrio, en la magnífica fonda ‘La Casuca’, junto al Híjar, estábamos cuatro gatos. A Fontibre y Reinosa les interesa mantener la tradición por interés crematístico.
Extrapolando la cuestión, también a instituciones como la AVL les beneficia defender que el valenciano ‘nació’ con la llegada de las tropas de Jaime I a Valencia en 1238. Posiblemente, en toda Europa no hallaremos académicos tan bien remunerados y con una sola misión: propagar las teorías expansionistas del IEC de Barcelona. No obstante, con el truco del iberopuede que todo les sea más fácil.
¿Cuándo y dónde nace el idioma valenciano?. El debate se ha planteado tan pedestremente que provoca sonrojo. Los idiomas, exceptuando los surgidos modernamente por hibridación (o creados artificialmente, como el esperanto de Zamenhof en 1887; o el volapukde Schelyer, en 1880), tuvieron su nacimiento en la prehistoria, en sonidos simples y onomatopéyicos de colectivos cuya supervivencia dependía de la claridad gestual y fónica que comunicara peligro, negación o afirmación, placer o dolor.
No obstante, las mentes cartesianas que desean principio para todo consideran, por ejemplo, que el francés nace el 14 de febrero del 842, con la prosa de los Juramentos de Estrasburgo; o que el castellano comienza con la copia del cartulario de Valpuesta del siglo IX; pero los balbuceos de estos romances, con morfosintaxis y léxico singularizados del latín, se difuminan en la penumbra de antiguos sustratos.
cartulario de Valpuesta
Durante siglos, los idiomas pueden desarrollarse ágrafos o sin apenas testimonio escrito, como el vasco (alguna estela funeraria, Glosas de San Millán...); o carentes de anclaje oficial como el alemán, cuyas normas gramaticales y ortográficas aparecen estructuradas por primera vez en Die deutsche Rechtschreibung, de Konrad Duden (a.1880).
La especulación es inevitable en ensayos sobre la antigüedad de un idioma, sea el protofrancés o el protovalenciano. Nadie puede afirmar que los valencianos, muchos de ellos bilingües, del siglo II d.C. no se comunicaran en el idioma prerromano o ibero que influiría en el latín vulgar hablado en Valencia, actuando de germinador del romance que progresivamente adquiriría categoría de lengua culta. Hay que aclarar que llamamos valencianos a los habitantes de nuestro territorio de cualquier época, sin distinción de raza o religión; de igual modo que se considera, por ejemplo, andaluz a Séneca.
Los peones de la Batalla de Valencia que ridiculizan el origen o sustrato ibero del valenciano, aceptan idéntica teoría para el catalán; estableciendo que etnia ibérica = etnia catalana. La teoría racista-idiomática comenzó a gestarse por el 1890, en el círculo de filólogos del L'Avenç, semanario que defendía la pureza aria catalana, la de los “alemanes de la península”, sin conexión con la "raça fanàtica, enderrerida" de españoles (L'Avenç, abril 1893).
«Aquelles gents són els nostres avantpassats, aquella etnos ibèrica és la primera anella que la història ens deixa veure de la cadena de generacions que ha forjat l’ànima catalana» (Prat de la Riba: La nacionalitat catalana, 1907)
Expansionistas, pero no estúpidos, se percataron de las ventajas del binomio ibero catalán = Paísos Catalans. Ya no haría falta la rueda de molino de que el catalán, en 1238, llegó con el ejército de Jaume I cuando no existía ni Cataluña ni el catalán.
Mediante el truco del ibero, podrían referirse al protocatalán hablado en Valencia entre los siglos V a.C. al XII d. C., por ser el ibero-catalán quien habría culturizado el territorio desde Almería a Marsella. Si cuela, cuela.
Ignacio Sorolla Vidal, pupilo de Arturo Quintana Font
Cómo aniquilar el valenciano con el truco del ibero-catalán
Actualmente, el truco del íbero es herramienta de clónicos colaboracionistas como Rafael Carril Cháfer (Játiva, 1970), enseñante emperrado en liquidar lo que él llama “panvalencianismo”, sentimiento que no desea ampliar fronteras hacia Tortosa, Cartagena o Albacete, sino mantener sin histerismos ni melodramas la tradicional cultura y territorio del Reino de Valencia (denominación que no implica ser monárquico, de igual modo que los republicanos catalanes usan lo de Principado y, los americanos, títulos como el de Condado de Valencia en Nuevo México).
El mensaje del clónico Carril es publicitado por entidades como la ‘Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya” (21/05/2011), dedicadas a reescribir la Historia rapiñando al vecino descuidado: Colón sería el catalán Colom; el Quijote, obra catalana; y los valencianos, indígenas de una colonia de Cataluña. El citado Carril —letrina de autoodio—, escribe panfletos contra el “monopoli de la ciutat de Valencia”, mientras ensalza a la magnánima Barcelona. Así, en ‘El substrat iber a la història de Catalunya’ insiste en las ventajas de la autodestrucción valenciana, proponiendo una nomenclatura ibérica para el Reino de Valencia:
«En la seva intervenció, el Rafel Carril (Xàtiva, 1970) va exposar la problemàtica política i social existent avui a València pel que fa a la relació amb Catalunya, problemàtica que va explicar fent referència a la història d'ençà els darrers tres segles. Com a causa de la divisió existent entre uns i altres, va assenyalar el monopoli polític de la ciutat de València en el conjunt del territori del país valencià i, alhora, va proposar per al país valencià una estructuració territorial en tres grans comarques d'inspiració ibera: Contestània, Edetània i Diània. Aquesta darrera, coneguda actualment com a ‘comarques centrals valencianes’, gaudeix d'una forta personalitat tant històrica com social» (Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya, 21 / 05 / 2011)
Carmen Huertas y el truco del íbero, no venimos del latín (catalán)
La propuesta, basada en el truco del ibero, impulsa la eliminación o degradación a eufemismo del topónimo Valencia, el gentilicio ‘valenciano’ y la denominación de ‘valenciana’ para la lengua, sustituyéndola por cualquier otra: llengua del Alacantí, el Xativí, llengua de la Contestània, de la Edetània, etc. El penoso autoodio de Carril le impulsa a destruir la indefensa personalidad valenciana.
Lean y analicen el mensaje en catalán de este colaboracionista de Játiva, producto de años de inmersión:
«Aquesta és la meva proposta: el País Valencià l'entendrem com dividit en dos gran territoris, l'Edetània al nord del Xúquer i la Contestània al sud. De fet, hem d'assumir que ningú està lliure d'aquest (valencià) i com que el tenim instal·lat a casa nostra, a les nostres ments i els nostres cors, no el podem desterrar de la nit al matí. Però si intentarem que agafen difussió i li prenguen l'espai a les denominacions panvalencianistes a poc a poc. Així parlarem per exemple de Contestània, de terres contestanes, o de Contestà o Edetà per referir-nos a la llengua. També és important que utilitzem procediments coadjuvants com parlar de Alcoià, Alacantí, Xativí, Castellonenc, i totes les que se vos ocurrisquen per referir-nos a la llengua. Ens cal utilitzar les seues estratègies: dividir per vèncer. De manera que quan més dividim i relativitzem el terme Valencià, més fragmentarem el panvalencianisme. A part d'això cal buscar una estratègia per implantar i consolidar la Contestània i l'Edetània. L'Edetània s'hauria de dividir en Edetània Sud, amb capital simbòlica a Llíria (que coincidiria amb l'antiga Edetà) i que aniria des del Xúquer fins a l'actual província de Castellóaproximadament, i l'Edetània Nord que, tal vegada, podría tindre com a capital Castelló, la menys conflictiva de les capitals valencianes. Deixe oberta la possibilitat de buscar una altra divisió anomenant a l'actual província castellonense Ilercavònia Sud. Pel que fa a la Contestàniasi trobe una divisió ben clara. Entre el Xúquer i Xixonala Contestània Nord o Diàniaamb capital simbòlica a Xàtiva, Saitabi, i per davall de la línia Biar-Bussot, la Constestània Sud que possiblement podria tindre la capital simbòlica a Elx. De totes aquestes demarcacions, trobe que la més forta avui, és Diània, que coincidix amb el projecte de les Comarques Centrals» (Carril: Projecte Ibers)
Con apoyo institucional, desde Cataluña se refuerza y difunde el ‘Projecte Ibers’; pero, al contrario que en Valencia, allí no anhelan sustituir el topónimo Cataluña, sino más bien afianzarlo y ampliar su frontera hasta Orihuela:
«Per mitjà del projecte ‘Ibers. Fonament nacional de Catalunya’, la Fundació d’Estudis Històrics de Catalunya vol aprofundir en la línia d’investigació que permeti treure a la llum les connexions que relacionen ibers i catalans. L’objectiu últim d’aquest projecte és eminentment pràctic: descobrir les arrels històriques profundes que fonamenten la nació catalana» (Auladell, Jordi: Director del Projecte Ibers, 2013)
Los mismos eruditos y filólogos del truco del ibero —desquiciados de hambruna imperialista—, también pretenden aumentar sus glorias con fantasías como el Descubrimiento Catalán de América. No respetan la mínima norma del decoro intelectual:
«En definitiva, el projecte Descoberta Catalana d’Amèrica no té a veure amb la història d’Amèrica, sinó amb la història de Catalunya, amb el nostre deure d’establir amb veracitat i rigor els fets i els protagonistes de la nostra història i amb el nostre dret de conèixer i divulgar història pròpia; un dret que, sovint, ens ha estat negat.» (Descoberta Catalana d’Amèrica: Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya, 2013)
Ayudandoal futuro ‘Imperi Català’, el iberista Vidal / como Ignacio Sorolla Vidal / también cuida la nomenclatura para que lo ‘valenciano’ sea eufemismo innombrable. Así, tratando de protolenguas de los siglos oscuros medievales, cita al “vasco, castellano, mozárabe levantino, aragonés, portugués, etc.” (Vidal, p.20).
En su ensayo, Vidal afana un tesoro de palabras valencianas de sustrato ibero que, según dice, «fueron integradas en el antiguo catalán”. La conclusión sería que “el íbero estuvo íntimamente emparentado con el vasco”, y gran parte del léxico que se pensaba de origen occitano o provenzal sería derivado del ibero-vasco.
Así, el “catalán hostia” (bofetada) no derivaría necesariamente del latín hostia (‘víctima’, de hostire, ‘golpear’), al estar emparentado con el vasco oste (trasero animal), ostiko (coz) y ostikarazi (pisotear); indicios que «pueden apuntar a un origen iberovasco del catalán hostia» (Vidal, p.171).
La argumentación de Vidal soslaya que el semantismo latino de víctima perduró siempre, también en español: “ser una hostia o víctima” (Horcajo, E.: El cristiano, 1883). Tampoco sustenta su propuesta de ‘hostia catalana = bofetada’ con un mínimo corpus documental. Además, el sust. fue frecuentísimo en el castellano medieval (p.ej.. en Berceo), y con las grafías ostia, hostia lo tenemos en valenciano: “Jesuchrist en la ostia sagrada... la hostia de pa alís” (Ferrer, Vicent, St.: Sermons, c. 1400).
En castellano, desde el Manierismo, abundaron metáforas y traslaciones semánticas con esta voz: ‘hostia de tabaco de mascar’, ‘hostia de amor’, ‘hostia de piedra’, etc. Tambíen en exclamaciones: ‘hostia, rehostia, recontrahostia’ (p.ej., en Pérez Galdós); pero el semantismo de hostia = bofetada, salvo que Vidal aporte documentación inédita, parece moderno; quizá del siglo XX, detalle que chocaría con la connotación ibero-catalana propuesta. En valenciano, lo más antiguo de hostia (golpe) que he encontrado es del 1919:
“¡ Che, che, tu, que m'has fet mal! .—Es un hostia cuartelera... me s´ha escapat; / yo també m´ha allastimat” (Tadeo, F.: ¡El chic soldat!, Valencia, 1919, p.8)
Expuesta la modernidad de la ‘hostia’ valenciana como bofetada, convendría que los catalanes apoyaran sus elucubraciones con base documental: ¿en qué manuscrito o impreso catalán, no valenciano, localiza el iberista la primera documentación del sustantivo como sinónimo de golpe?.
El Guadiana ibero del idioma valenciano
Los parámetros para que un sustrato ibero o de otra lengua pueda considerarse componente del origen de un idioma son relativos, como ocurre con el nacimiento de un río como el Ebro (¿Fontibre, Alto Campoo?), o del propio ser humano. Todo es cuestión de elasticidad semántica. Así, para la que fue ministra de España, Bibiana Aído: “un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no podemos hablar de ser humano”. Si está vivo, ¿no será animal, vegetal o humano?.
Meditando las verdades de Bibiana, por las orillas del Híjar o neo-Ebro observo a una lagartija y a un sapo, ¿cómo llamarían los iberos a estos seres?. En valenciano moderno tenemos ‘sangrantana’ y ‘sapo’, palabras que según el paleohispanista Vidal serían del sustrato vasco-ibero integradas en el antiguo catalán: ¿antiguo catalán en territorio valenciano del s. VI a.C. al VI d. C.?. El disparate inspira compasión.
EL bagaje léxico prerromano abarcaría aspectos de flora, fauna, física, utensilios, fenómenos meteorológicos, etc. Según el autor, basándose en Ptolomeo, el ibero aún se hablaría en el siglo II d. de C. (p.18), y es de suponer que, en siglos posteriores, la latinización e incorporación morfoléxica de germanismos y algún bizantinismo, junto al propio uso de la lengua, lo habría enriquecido y transformado.
Iberos, muladíes y moriscos valencianos
¿Hubo exterminio físico y cultural de los iberos, o fueron tolerados como sucedió con otras etnias e idiomas del Imperio Romano?. Ni romanos ni visigodos habían llegado al territorio valenciano en suficiente número como para suplantar a la población autóctona ibera. Además, las politeistas legiones romanas no combatían las lenguas del vasto Imperio, donde se escuchaban las célticas y germánicas, el arameo, el griego, el púnico y, en Valencia, el ibero; que progresivamente iría disolviéndose en el romance medieval.
La pervivencia de idiomas autóctonos estaba asegurada por condicionantes que hoy consideraríamos negativos: aislamiento geográfico y ausencia de escolarización para la inmensa mayoría de súbditos del Imperio. Cuando llega la invasión árabe, en el 711, el latín vulgar o romance habría asimilado en su morfosintaxis parte del léxico ibero valenciano. Los hijos aprendían el idioma que hablaban sus padres, no el de la inexistente escuela rural. El mecanismo de aprendizaje casero se mantuvo incluso en el siglo XVI, cuando el bilingüismo de los valencianos islamizados o moriscos les permitía enseñar la lengua a sus descendientes:
«que los pares y mares treballen a sos fills quant serán de poca edat de parlarlos en llengua valenciana: per q. quant sien grans puguen dexar la algaravía més fácilment» (Instructions... perals novament convertits en lo regne de Valencia, imp. Ioan Mey, any 1566).
Nunca hubo una expulsión ibera de nuestro territorio. Lógicamente, por el año 800 la mayoría de valencianos tenía raíces iberas; aunque, por supuesto, lo ignoraran. Cristianizados muchos de sus antepasados arrianos en tiempos del obispo Eutropio de Valencia (por el año 600), con la ocupación árabe adoptaron el islam por acomodación social y las ventajas que ofrecía el mimetismo religioso hacia la clase dominante.
Tampoco el cambio onomástico era obstáculo para un muladí o cristiano que aceptara el islamismo (aunque podía seguir hablando valenciano y ser bilingüe). En la sociedad musulmana, los que no pertenecían genéticamente a las clases o tribus podían incorporarse de forma ficticia a ellos y utilizar su nisba, indicadora de ciudad de origen, familia, tribu, etc. Esto quiere decir que un valenciano descendiente de iberos latinizados de Gavarda podía convertirse en Al Fayyar ‘el Yemení’, aunque sus antepasados no procedieran del Yemen.
La persistencia de derivados del léxico ibero sería inevitable entre mozárabes y muladíes valencianos; de igual modo que perduró tenazmente entre ellos cierto hábito contrario a la sura de Al Maidah sobre el alcohol. La tibieza y superficialidad de sus creencias musulmanas la intuimos por detalles como el arraigo de la embriaguez. Así, entre las instrucciones referentes a los moriscos (muchos de ellos con diminutivo típico del idioma: Mahomico, Borrachet, Maymonet, Maymoneta...), hallamos que:
“lo morisco que acostumara de embriagarse nol confessen aprés / como en francés (después castellano y chapurriau) / de haver begut” (Instructions... perals novament convertits en lo regne de Valencia, imp. Ioan Mey, any 1566).
El cambio de una religión a otra no era problema para los valencianos medievales, que mayoritariamente descendían de iberos y, en menor proporción, de romanos y visigodos.
Paradigma de estos cambios son dos monarcas islámicos valencianos. El famoso Rey Lobo de Valencia Zayyan Ibn Mardanix, nacido en Peñíscola en 1124, era muladí de familia iberorromana convertida al islam. Su apellido Mardanix no era de etimología árabe, sino de Mardonius, según recoge Labarta(Onomástica, p.114). Caso opuesto es el de Abú Zayd, último rey musulmán de Valencia, convertido al cristianismo y bautizado como Vicent Belvis. Sus descendientes se integraron entre la nobleza cristiana del Reino (p. ej., una hija de Abú Zayd o Vicent Belvis se casó con el noble Blasco Pérez de Tarazona).
Por la documentación conservada, la valenciana parece que era la lengua habitual de los moriscos: «en dicho Reyno de Valencia, la mayor parte de los moros y casi todas las moras no saben hablar aljamiado» (Bernard V.: Bib. Est. Moriscos, informe del año 1528, 105).
Tampoco es aventurado sospechar la superficialidad de creencias de los cristianos nuevos. Aunque muchos se integraran totalmente,
hay desconcertantes muestras de irreverencia hacia el catolicismo por parte de los nuevos convertidos que, tras el bautismo y conversión forzosa (especialmente en el s.XVI), cambiaron sus nombres árabes por los del santoral cristiano. Así, los inquisidores observaron la treta anti-hagiográfica de escoger nombres que no eran de santos honrados por la Iglesia. El Sínodo de Guadix (a. 1554), y el alegato del obispo Lamadrid (a. 1584) denunciaban esta práctica sorprendente de bautizar a los hijos.
Tras la expulsión de los moriscos en 1609, muchos quedaron en sus huertas como ‘cristianos nuevos’, pero el grado de adaptación al catolicismo puede que no fuera muy ortodoxo, como refleja la costumbre observada por el notario Ros en el 1700 sobre la paródica nomenclatura usada por los labradores que, sin temor a la Inquisición, llamaban ‘Juan’ a Cristo, ‘Juana Vicenta’ a la Virgen y ‘Nicolás’ a San Pedro:
Llamar ‘Juana Vicenta’ a la Virgen era burlar su divinidad y tratarla de humana. Hay otro indicio que retrotrae a los bautismos forzosos, cuando algunas moriscas adoptaban el nombre y apellido del marido; así, del morisco Joan Vacem se bautiza a su mujer como Joana Vacema. De igual modo, de ‘Juan’ (Cristo), los labradores valencianos llamaban ‘Juana” a la Virgen. Posiblemente, en el 1700, nadie era consciente de la sutil irreverencia y su origen, de igual modo que ignoraban las voces de raíz ibérica que usaban en valenciano.
Eutropio de Valencia, entre iberos y visigodos valencianos del año 600
Un ibero-valenciano del s.II que naciera, por ejemplo, cerca de Bugarra o Moixent apenas conocería más lugares a lo largo de su vida y, posiblemente, su lengua ibera sería casi ininteligible a otro ibero de Almería o Tarragona. La ruralización de la sociedad, los peligros de viajar por un territorio sin protección y las escasas y deterioradas calzadas imperiales — especialmente a partir del siglo V—, impedían el desplazamiento en gran parte de su recorrido; factores que provocarían la partición dialectal de la lengua derivada de la ibera, pero no su desaparición. Desgraciadamente, la Alta Edad Media es período de sombra documental, con apenas datos orientativos sobre la transformación y fusión del ibero en el protovalenciano.
Por sistema, los lingüísticos vascos y catalanes / o aragoneses catalanistas / manipulan cualquier testimonio que indique enlace de continuidad entre ibero y mozárabe; conexión que constituiría parentesco (padre > hijo: sustrato ibero + latinización > mozárabe valenciano). Ejemplo de ello sería el conocido testimonio dejado por Eutropio de Valencia hacia el año 600, bajo el poder visigodo. No obstante, los estudiosos vascos aseguran que el manuscrito De similitudine carnis peccati, con su disputadísimo comentario alusivo a la lengua autóctona no latina , se refería a la vasca. Esta, simplificada, sería su traducción:
«con estos barbaros nuestros, tanto de alma como de lengua... actuabas de un modo especial, pues con buenas palabras y razonando con cada uno en su propia lengua, les infundías el conocimiento de nuestro Dios, y en lengua barbara les exponías la doctrina pudiendo decir con el apóstol: ved como os hablo en vuestra lengua» (Bib. Nac. de París, lat. 13.344, De similitudine carnis peccati).
Del pasaje, usando el eufemismo ‘Levante’ para no citar al territorio valenciano, comentaba Abengochea:
«De la importancia del pasaje se percató García Bellido, suscitando dos cuestiones: la localización geográfica de este adoctrinamiento y la paternidad de la obra. Respecto a este último aspecto pensó que se trataba del obispo de Valencia del s. VI Eutropio, lo que llevaba a situar el adoctrinamiento en el área geográfica del Levante español. Mariner siguiendo a Madoz considera que no se trata del obispo de Valencia sino del presbítero Eutropio de finales del s. IV y comienzos del V... ; en definitiva, se considera como muy probable que los trabajadores en cuestión fueran vascones» (Abengochea: Sobre la cristianización de los vascones)
Por su parte, los catalanes atribuyen la misma obra al obispo Paciano de Barcelona (+ c. 380), aunque esta paternidad fue totalmente descartada. Pese a ello, los iberistas de Cataluña se apropiaron de la frase para proclamar que su idioma procedía del ibero, sin supeditación al latín, al desarrollarse ambos en paralelo desde otra protolengua común; por tanto, «Cataluña era la madre de la cultura europea». Así lo exponía el iberista Alexandre Deulofeu (Girona, 1903), tratando del citado manuscrito:
«El mismo San Paciano es más explícito en su De similitude carnis peccati cuando dice: ‘Eso hacías para todos comunalmente. Y para aquellos étnicos y para estos estimados bárbaros, bárbaros tanto de alma como de lengua... con amorosa conversación y a cada uno hablando su lengua... y en su lengua bárbara afirmaba la hebraica evangélica doctrina y podía decir bellamente como el apóstol: Ved cómo hablo la lengua de cada uno de vosotros”.
El iberista Deulofeu, gratuitamente, afirmaba que la conversación se desarrolló entre Paciano de Barcelona y una dama catalana:
«y estas palabras las dedica a una dama de Cataluña. Es, pues, indiscutible que en España se hablaban otras lenguas que el latín, y, si se hablaban otras lenguas que el latín, ¿cuáles podían ser estas sino las lenguas autóctonas que no dejó de hablar el pueblo?.
Si el latín no consiguió hacer desaparecer los idiomas ibéricos, menos lo consiguieron los nuevos invasores godos, árabes y francos, y, por tanto, las lenguas ibéricas que aparecen en los siglos X y XI no pueden ser otras que las lenguas hispánicas.
Nada más un cambio importante tiene lugar: el alfabeto. Al renacer los pueblos hispánicos, estos sustituyen los signos ibéricos por las letras del alfabeto latino, idénticamente a como posteriormente los daneses sustituyeron su escritura rúnica por la latina. El argumento más importante que se ha dado para atribuir al latín la paternidad de todas las lengua ‘neolatinas’ ha sido el hecho que estas lenguas son de raíz latina, pero esta no es una razón convincente, pues lo que seguramente pasaba es que las diferentes lenguas de los pueblos mediterráneos tenían parecido entre ellas, probablemente por el hecho de que procedían de una diversificación muy anterior. Llegamos a la conclusión de que en España el latín no ejerció más que un dominio oficial, mientras se mantenían vivas las lenguas vernáculas» (Deulofeu, A.: El problema lingüístic. Catalunya mare de la cultura europea, Figueres, 1976).
«un tratado De similitudine carnis peccati, atribuido a San Paciano, obispo barcinonense del siglo IV, o a Eutropio, que lo fue de Valencia en el VI, se alaba la caridad de una dama que hablaba en lengua vernácula a desvalidos paganos que no sabían latín".
Tal como sugiere el texto, la catequesis en lengua autóctona era bien vista en una comunidad estructurada, donde el obispo ejercía de autoridad eclesiástica y, también, política; factores que retratan la actividad del prelado Eutropio de Valencia, a quien se le atribuye la redacción del importante discurso del monarca Recaredo en el III Concilio de Toledo (a. 589). Según Llin Cháfer:
«Eutropio era abad del monasterio servitano desde el año 584. Había sido discípulo de San Donato, que había fundado en tierras valencianas este cenobio a mediados del s. VI. Como escritor ha dejado varios tratados entre los que destaca: ‘De octo vitiis’.
Trabajó por la pureza de la doctrina católica, confortó y animé a los cristianos a que permaneciesen fieles a la fe..., colaboró en la organización del III Concilio de Toledo. De regreso a Valencia, Eutropio continuó trabajando por el restablecimiento de la fe católica»
La actividad de Eutropio está documentada en De viris illustribus de su coetáneo Isidoro de Sevilla, nacido en el 556 cerca del territorio valenciano, en Cartagena, hijo de ibero-romano y visigoda. También es recordado por el culto clérigo Iohannes Biclarensis, nacido en el 540. Los escritos de Eutropio sobre evangelización y catequesis (p. ej., el relativo a ritos bautismales) se copiaban en los monasterios europeos, como atestigua el catálogo del s. XII de Cluny.
Eutropio fue obispo de Valencia (no de Barcelona ni Pamplona) y, en ‘ De similitudine carnis peccati’, recuerda el deseo de una feligresa que intentaba evangelizar a “los paganos nuestros” en su idioma nativo, aunque no aclara si eran labradores de Llíria, pescadores de la Albufera o pastores de las montañas de Alcoy. Precisamente fue la evangelización una de las prioridades de Eutropio; labor que se realizaría en lengua comprensible o autóctona. La tradición de esta práctica la mantenía siglos después Sent Vicent Ferrer (c.1400), dominico que usaba ligeros cambios en su románica para ser entendido por languedocianos, franceses, aragoneses, navarros, catalanes, castellanos, etc.
¿Fue en tiempos de Eutropio cuando se inició la catequización en el protovalenciano hablado por “los paganos nuestros’?. Lo cierto es que el adoctrinamiento en valenciano fue realidad desde Orihuela a Tortosa y por la franja de la ruta valenciana a la universitaria Lleida, con testimonios documentales de la Cancillería Real, donde se especificaba que los predicadores usaban lengua o idioma valenciano (ver Historias del idioma valenciano, 2003). La memoria del obispo ibero-visigodo nunca desapareció. En 1610, el cronista del Reino destacaba la personalidad de Eutropio y la de “los moçarabes de Valencia” (Escolano: Décadas, 1610).
Respecto a la relación entre Eutropio y la dama que adoctrinaba a los descendientes de iberos (¿creyentes del cristianismo arriano o de un culto residual pagano?), encaja en una sociedad donde la mujer participaba de forma activa. Ejemplo de ello es la aventura protagonizada por la famosa Etheria, monja española de familia noble que en el año 381 se lanzó a recorrer Palestina, Mesopotamia y Egipto, dejando constancia de su experiencia en un manuscrito de 37 folios que, tal como sucedió con ‘ De similitudine carnis peccati’ de Eutropio, hubo intentos de apropiación foránea (los franceses lo atribuían a Silvina de Aquitania). También en el caso de Etheria se dio la conexión entre ella y los obispos, que le ofrecieron apoyo y protección a lo largo del viaje.
En fin, la existencia de Eutropio de Valencia fue real, y aun suponiendo que no fuera autor del disputado manuscrito, tampoco importaría para la cuestión: si autores como Ptolomeo sugieren que el íbero aún se hablaba en el siglo II d. C. en territorio valenciano, ¿por qué iba a desaparecer totalmente en tiempos de Eutropio? ¿No perduraría, por lo menos, parte del léxico bajo el vestido del alfabeto latino e integrado en la nueva sintaxis?. No deja de sorprender la impermeabilidad hacia la declinación desinencial latina por parte de las incipientes estructuras gramaticalesdonde,porejemplo,las preposicionesadquirieronunvalor fundamental.
El truco del ibero: sí, al ibero-catalán; no, al ibero-valenciano
El planteamiento es sencillo: el pueblo ibero habría tenido en Cataluña su núcleo matriz, de donde irradiaría idioma y cultura hacia Almería por el Sur y, por el Norte, hasta Marsella (Vidal, p.17). En el libro hay un significativo capítulo dedicado a “El Lenguadoc iberizado” (p.634), fundamentado en algo de epigrafía, cuatro apuntes de antroponimia, vagas citas sobre ligures e iberos y, sobre todo, mucha especulación nacionalista.
La teoría vasco-ibera viene de lejos. En 1934, Pío Beltrán daba a conocer la inscripción ibérica en supuesta lengua vascuence (¿gudua deitzdea, ‘llamada de guerra’?), en un vaso de Liria. La interpretación, como era de esperar, no fue bien aceptada por los estudiosos vascos coetáneos. Los paleolingüistas hablan de un protocatalán de raíz y léxico vasco-ibero que singularizaría el latín en los siglos oscuros en Cataluña, del IV al XI (tan oscuros que ni existía una aldea con ese topónimo); pero idéntico planteamiento, curiosamente, no lo admiten para el territorio más iberizado de Europa: el Reino de Valencia.
Generalmente, para localizar el núcleo de florecimiento de una civilización se valoran los restos culturales hallados en su área geográfica y —para infortunio de catalanes—, la sofisticación ibérica se localiza en el Reino de Valencia: la Dama de Elche, Vasos de Liria, Plomos de Alcoy, etc. No obstante, Vidal no considera importante este hecho, aunque él mismo no halla elemento más significativo que la imagen del lobo ibérico de la valenciana Alcudia para ilustrar la portada de su libro.
Otro catalán, el lingüista Mariner (Tarragona, 1924), usando los eufemismos “lengua levantina” en lugar de valenciana, y ‘Levante’ por Valencia, decía:
«La gran importancia atribuida por Badía a los substratos prelatinos en el dominio actual de nuestra lengua levantina no estriba fundamentalmente en el citado aspecto diastrático, sino en los otros dos; concretamente, en su más reciente versión, en un cruce de ambos: renunciando ya a la hipótesis de que el latín se hubiera superpuesto en nuestras tierras a paleohispánicas distintas -el ibérico y una(s) lengua(s) indoeuropea(s)-, y admitiendo que la única de ellas en contacto con la de Roma fue en el Levante hispánico precisamente el ibérico, propone reconocer que el arraigo de éste fue mayor en la parte que, con la fragmentación románica, iba a dar lugar a las variedades occidentales de nuestra lengua, mientras que las orientales se habrían originado en territorio menos profundamente iberizado, por la presencia en él del substrato indoeuropeo al que el ibérico se había superpuesto a su vez (...) acerca de que el ibérico se documenta todavía como lengua para todo uso a más de un siglo del comienzo de la romanización incluso en la parte de Levante donde la opinión del doctor Badía es de que fue prácticamente más intensa... a la actual área catalana centro-oriental corresponden los testimonios de contacto en el plano de bilingüismo efectivo» (Mariner Bigorra: Latín y paleohispánicas, Univ. País Vasco, 1987)
Si es admisible la existencia de un protocatalán con léxico ibero en su formación: ¿por qué no aceptar similar proceso en la gestación del protovalenciano?. Hay más cuestiones: ¿cuándo se dejó de usar el ibero más o menos latinizado?, ¿fue por el año 600, en tiempos de Eutropio de Valencia?.
Los catalanes, sin complejos, plantean el tema:
«catalán, lengua romance de origen latino, se observan numerosos germanismos, arabismos y sobre todo préstamos de substrato, el ibero (...) La introducción de palabras íberas en el protocatalán debió ser provocada por iberoparlantes bilingües, y al no constar a ciencia cierta ni cuándo se dejó de hablar el íbero... palabras iberas en el catalán... la supervivencia ... convergencia lingüistica entre catalán y el occitano... la segunda romanización del proto-catalán fue la conquista musulmana» (Vidal, 16, 29).
El ensayo de Joan C. Vidal se inicia con el epígrafe ‘Vocabulario íbero en el catalán’ y, cual desinhibido cleptómano léxico, el primer sustantivo que analiza es el valenciano ‘tos’ (cast. nuca, cat. clatell). De este modo, el ensayista exhibe una larga serie de vocablos enlazados con más o menos fortuna argumental a la raíz vasco-ibera; pero, repetimos, se apropia de léxico valenciano y de voces compartidas con otras románicas, documentadas por primera vez en valenciano.
Diserta Vidal sobre el sustrato ibérico, pero ignora los cognados valencianos (voces del mismo origen etimológico, con distinta evolución fonética y morfológica) o los altera morfológicamente; mostrando tendenciosidad al denominar ‘Levante’ y ‘país valenciano’ al Reino de Valencia, mientras que usa Principado y Cataluña para su territorio.
El valenciano demuestra por medio de cognados de étimos iberos, latinos y árabes su singularidad. Así, del proto-indoeuropeo *ster derivaron el español y catalán estrella (que hoy repudian y sustituyen por estel, del latín stella) , inglés star, alemán stern, francés étoile, holandés ster, italiano stella, sánscrito str, galés seren, rumano stea, islandés stjarna, griego aster, persa setare, kurdo estêrey valenciano estrela:
El ibero en el idioma valenciano de Bernat y Baldoví
¿Cómo? ¿Los sainetistas usaban voces valencianas de étimo ibero?. Según el iberista Vidal y el etimólogo Corominas, parece que sí. Por ejemplo, el comerciante de arroz Mariano Serrano Biguer, nacido en 1870 en Sueca(la antigua Sicanade los iberos), se dedicaba en sus ratos libres a escribir sainetes en valenciano. En uno de ellos leemos:
El ‘senill’ es planta herbácea de la familia Phragmites que crece junto al río ibero Sicano (Júcar) y la Albufera. El sainetista Serrano Biguer no usó el sinónimo castellano ‘carrizo’, sino el valenciano ‘senill’ y su derivado ‘senillar’ que había escuchado desde niño a sus padres y abuelos. Tiempo atrás, en el Siglo de las Luces, el científico Cavanilles (Obs. 1797) anotaba la variedad de “canyamel senill” como voz botánica valenciana, equivalente al cast. cañamiel de Ravena.
El sainetista Serrano no era consciente de que “senill” era parte del léxico ibero o protovalenciano hablado en tiempos de Eutropio de Valencia (a. 600), o en la antigua Sicana o Cicana, que permaneció vivo entre mozárabes, muladís y demás veletas valencianos que cambiaban arbitrariamente de religión y se mezclaban con otras etnias.
Como vemos, la conexión entre prerromano-ibero, mozárabe y léxico ibero en el valenciano de Bernat y Baldoví es una realidad. El iberismo de ‘senill’ no es elucubración de ningún blavero, sino del etimólogo catalán Corominas:
“senill: nombre de una variedad de carrizo y de otros vegetales de sitios húmedos, de origen incierto, puede ser prerromano ibérico” (DECLLC, VII, p.793)
El interesante sustantivo también lo hallamos en el sainetista por excelencia Bernat y Baldoví, nacido en la ibera Sueca (aquella “ciudad Sicana, así llamada por los iberos”, Rufo Festo Avieno: Oda marítima, c. 350 d.C., v. 475). De agudo ingenio, Baldoví dirigió la revista satírica ‘La Donsayna’ y fue su principal redactor:
“entre rames y senills va tant trochera y esquiva”
(La Donsayna, 1845, p. 156)
Castellanos y catalanes conocerían la voz por los habituales intercambios ya citados; p. ej., en las campañas militares de tropas de otros reinos que pasaran por Sueca, al llegar el invierno oirían que los antepasados de Serrano Biguer recogían ‘senill dels senillars’ para combatir el frío. También los científicos conocieron la palabra gracias a Cavanilles y, especialmente, a las divulgadas novelas de Blasco Ibáñez, que solía dar realismo a sus relatos con la inclusión de léxico valenciano:
“entre los senills, las cañas se confundían” (Blasco Ibáñez: Cañas y barro, 1902).
Por cierto, en la frase de Baldoví “va tant trochera y esquiva”, hallamos otro adjetivo prerromano, ‘trochera’. De étimo ibero o celtibero, Corominas quiso ignorar la documentación valenciana al afirmar:
“trocha ha de ser castellanismo en valenciano, donde se emplea en algunas comarcas, y lo he oído en Castelló de Rugat como término de cazadores” (DCECH, V, p.652).
Lamentablemente, Corominas padeció ceguera respecto a esta familia léxica valenciana:
“encara que en Senta Creu estiguen domiciliats, nunca ixen de la Parroquia, sino quant van a trochar” (Orti Mayor: Relació dels bultos, jagants y nanos, 1743)
arca –de origen desconocido, el iberista Vidal relaciona el valenciano ‘arca’ (lucha con piedras entre niños), con el vasco harrica (harries piedra). Corominas señala al marroquí harca, ‘milicia de moros’; y el valenciano Colomina sugiere que sería grito de guerra bereber. Todo son enigmas respecto a ‘arca’, sin h- en valenciano, por lo que bien puede ser vocablo del protovalenciano de tiempos de Eutropio. En el sainetista Eduart Escalante hallamos la voz:
argamasa –de origen prerromano, según Vidal sería un híbrido del ibero *arga y latínmassa;aventurandoqueel castellanoargamasasedeberíaentonces
aceptar como catalanismo”(p.106); mas la documentaciónlorelacionaconel
mozárabeoromancevalenciano “argamassa” (Vocabulista in Arabico, s. XIII), encontrándose en más manuscritos del mismo siglo:
“d alna de Valencia... e XIII alnes d ample... de bona pedra manposta (sic) ab
argamassa” (Doc. de Morella , en CICA, XIII de deembre MCCXCVI)
“mestres piquers de Valencia... del partidor de Petrésa l assut d Algar... com
l’obra d argamassa”(ACA, Cartes Reals, Jaume II, nº 777, s.XIII)
Pero ‘argamassa’ también era castellano del manuscrito de San Román de Entrepeñas de Palencia (año 1190), y las castellanas ‘Historias Troyanas’ (c.1270), lo que señalaría raíz celtíbera. La ‘ss’ sorda, presente en antiguo castellano y valenciano:
“la argamassa” (APH. Sta. María d´Elig, Sig. 168, testament Ferrant Gonsales, c.1380, f.64), tendía a la simplificación y unificación morfológica (ss > s) desde la Edad Media:
“en trencar lo cup del dit molí qui es de pedra e de argamasa” (DCVB, entrada ‘cup’; texto valenciano del año 1412) archilaga - después del año 711, el protovalenciano de mozárabes y muladíes no guardaría su pureza (si alguna vez la tuvo), sino que generaría derivados como el valenciano moderno ‘archilaga’, que encontramos en el culto Marco Antonio Ortí Ballester, nacido en Nules (a.1593) y que fue Secretario de los Estamentos del Reino de Valencia:
“de archilaguesy barcers” (Ortí, M. A.: Sol de academias, Valencia, 1659)
Corominas afirma que era mozarabismo de origen desconocido (¿ibero *aielaga?) y que “parecía ser resultado de la arabización de un vocablo ibero o prerromano” (DECLLC, I, 377).
Los eruditos valencianos, desechando arcaísmos, recogieron la morfología moderna, hoy perseguida por el catalanismo:
ginestrera, chinéstre, chinestra, chinastra, ginestra, ginesta – vore archilaga – ginestá : terreno aon se críe la ginesta, toponímia, poble (de Tarragona)
//
bardoll – otra voz valenciana que Vidal introduce en el saco catalán de derivados del ibero (p.124). Significa vago, ladrón, desaliñado, descuidado, conjunto de cosas desordenados, etc. También lo hallamos en la literatura de cordel valenciana:
besneula -–planta de hojas blanquecinas. De dudoso étimo, ¿latín vulgar bislingua o *bisligula?. Según Vidal, emparentada con el protovasco *bini (lengua). En cast. es bizniega, viniebla o lengua de perro / https://es.wikipedia.org/wiki/Cynoglossum_officinale /. En val. aparece ‘ besneula’ por primera vez en Palmireno (Voc., Valencia, a.1569), pasando posteriormente a Cataluña, donde desplazaría al cat. maneula. En valenciano tiene uso traslaticio:
“li cau la besneula de tant de...” (El Tio Cuc, nº 88, Alacant, 1916)
cachamona – de étimo desconocido, es sinónimo del cast. cachete. No deriva del latín capŭlus (puño) , ni de la forzada connotación con el vasco * e-ra-atziki-i > atxiki (pegar, coger...):
“cachamona. Golpe dado en la cabeza con las dos manos cruzadas” (Salvá: Gramática castellana, apéndice de voces valencianas, 1838)
También designaba un juego infantil:
“açó va mal / cachamones, prim o gros” (Ros: Romanç dels jochs, Valencia, c. 1730)
cachap – mozarabismo valenciano, equivale a los catalanes llorigó y farnaca. Para Corominas es «indudablemente prerromano» y su extensión se corresponde al área mozárabe (valcachap., cast. gazapo, port. caçapo ). La voz no pasó desapercibida a los eruditos:
“cachap: gazapo” (Mayans y Siscar: Voc. valenciá, 1787)
Por su connotación paródica, la vemos en motes de personajes populares:
“Raonament entre... llaurador de Alfafar y Serafino Cachap, Valencia, 1820)
“al so Chulla, al Cachap, al Motiló” (BNM, ms. 14447, Badía y Adell: La matiná de Sen Roc, 1864, f. 23)
El derivado ‘cachapera’ (madriguera de conejos) amplió su semantismo a casa o barraca oscura y estrecha, cajones donde se encerraban a las palomas, etc.:
“viu entrar dins de aquella cachapera un home tan estirat, que pareixía un furguet” (Segona part ahon se referix el modo com perden lo temps homens y dones..., Valencia, 1784)
El iberista Vidal destaca su “origen desconocido” y su relación con la raíz *kach. De la lengua vecina dice: «en cuanto en castellano se ha desarrollado agazapado con el sentido de estar bien agachado, normalmente para ocultarse» (Vidal, p.40). Incomprensiblemente no enriquece su tesis con los acachar, acacharse, acachat, etc.; que serían cultismos etimológicos descendientes del protovalenciano:
“el poble paga acachat” (Peris Celda: Arrós en fesols y naps, Valencia, 1921, p.7)
calap –el iberista Vidal recoge el valenciano «calap, tipo de caracol» de Pego y su comarca: «se puede asumir con bastante seguridad de que se trata de una supervivencia ibera en el mozárabe local» (Vidal, p.289).
El DCVB de Alcover da el sust. valenciano “calap, caragol paregut al moro”. Curiosamente, Calap también sería apellido ibero-valenciano, sólo conservado en el Reino.
caparra–mozarabismovalencianode origen prerromano, equivale al cast. garrapata y cat. paparra, pitarra. Según Corominas: “caparra... parece provenir de un antiguo vocablo prerromano, idéntico al vasco kaspar(ra)” (DECLLC, VI, p.249):
El sufijo despectivo – arra también lo lleva el cast. ‘pitarra’, vino de poca calidad. En el País Vasco, ‘pitarra’ es la sidra casera y aguada. Hoy se le ha añadido otra dental sorda a la voz, ‘pittarra’, para maquillarla y singularizarla de sus homógrafas románicas. Curiosamente, el sufijo iberovasco – arra (que quizá no lo es en caparra), lo usamos en valenciano para la ‘vinarra’, vino barato y peleón:
“pero guardat d´un carchot / qu´et fasa anar de gaydó” / de gairó, com de costat / (El Mole, Valencia, 1840, p.30)
carchotar –derivado de carchot, es alterado morfológicamente por Vidal (escribe carxotar) y lo relaciona con el vasco hazt (dedo), pero el nudo morfosemántico es patético. Tampoco aporta testimonios catalanes que refrenden el uso de estos vocablos; lo contrario que en valenciano:
“si carchotem a tots” (El Mole, Valencia, 1840, p. 73)
En la irónica prosa del hermano de Azorín observamos el posverbal ‘carchotá’, con la ‘ch’ y el arraigado apócope tan perseguido por el catalanismo:
“de una carchotá” (Martínez Ruiz: Canyisaes, Monóver, 1909, p. 104)
cascar –del dudoso étimo latino *quasĭcare, Vidal valora su transmisión mozárabe y señala probable raíz del “antiguo ibero” (p.104). Es verbo clásico valenciano:
«li casquen lem e lescut» (Conesa, J.: Hist. Troyanes, a. 1374)
cosquerelles — como tantas voces valencianas de origen prerromano, se considera de “creación expresiva” ¿Y qué significa eso?. Pues que su gestación, posiblemente, se remontaría a los tiempos de Eutropio de Valencia. Corominas recuerda que “la forma valenciana conocida es cosquerelles” (DCECH, II, p.222); pero Vidal es más concreto:
“cosquerelles: valenciano... substrato mozárabe de la zona, que a su vez provendría de la variante íbera local” (Vidal, p. 61)
Equivalente al cat. pessigolles y cast. cosquillas, la voz valenciana sería otra
singularidad derivada del ibero-protovalenciano:
“cosquerelles, serengues y memeus” (Coloqui... de una que li díen Crisóstoma. En Cartagena, c.1770)
“que tinch por a les granotes, perque cosquerelles fan” (Rahonament... el consell que tingueren el Tio Cosme Nespla de Benifaraig, 1797)
chapa –de étimo desconocido, posible derivado del radical prerromano *klapp, que en valenciano señalaría a un cognado de sustrato ibero. En paremiología se asociaba a un tiempo ancestral, ya entre los clásicos :
“capes del temps de chapes” (Roig, Jaume: Espill, 1460)
“poms del temps de les chapes” (Gaçull, J: La Brama, Valencia, 1497)
Lamorfologíaconch-seconservó incólumehastasuprohibiciónporel catalanismo, que impone el catalán xapa‘’.
El latinistaPou, profesor en la Univ. de Valencia, recogió el sust. prerromano:
“chapa” (Pou: Thesaurus, Valencia, 1575)
Actualmente, si un funcionario valenciano escribe ‘chapa, chapes’ con la ‘ch’ clásica, se expone a un expediente; y si es estudiante, al suspenso. Pero en valenciano lleva ‘ch’: / y en CHapurriau, tamé /
chic - de étimo desconocido y relacionado indirectamente con el latín ciccum (membrana que separa los granos de la granada), Corominas es contundente
respecto a su mozarabismo: “que el vocablo existió en mozárabe se ha de admitir de todas maneras” (DECLLC,IX, p.535). Al encontrarse variables en otros idiomas: vasco chiqui (modernamente escrito txiqui), cast. chico, occitano de Burdeos ‘chic’ y algunos cognados del Sur italiano, Vidal razona:
«de origen oscuro, si bien se le ha relacionada indirectamente con el latín ciccum... hay cognados presentes en mozárabe... gascón y narbonéschic...
algunas de las variantes italianas se podrían explicar como préstamos en las lenguas del substrato, ya que los autores clásicos mencionan la presencia de íberos provenientes de la huerta valenciana en Sicilia» (p.358)
Lo sorprendente es que Vidal (enemigo de citar ‘valenciano’) sugiera que los cognados italianos de ‘chic’ pudieran tener origen en la emigración a Sicilia y Calabria de valencianos iberos. Este hecho ha sido debatido desde hace siglos por historiadores y eruditos de todas las épocas (Diodoro de Sicilia, Filisto, Strabón, Eforo, Bardetti, el francés Bochart, Ecateo, Tucídices...). Hay cognados italianos que apoyarían la llegada de iberos valencianos a Calabria y Sicilia; p.ej., nuestro ‘samaruc’ pudo generar los dialectales samarugole y siammaruca; o incluso el sardo de Cerdeña paloppo (de ‘palop’, uva valenciana). Lo cierto es que ‘chic’ y sus derivados con ch- son patrimonio del idioma valenciano, sea clásico o popular:
“grans o chichs... lo fadrí chic... un forat chich...” (Ferrer, St.Vicent: Sermons, c. 1400)
“¡Te pegaría una bascollá! Deixa al chic” (Llibret Foguera Ajuntament, Alacant, 1952)
chopar, choparse —mojarse, empaparse de agua. Aunque Corominas sugiere la derivación del latín *ex-suppare, el iberista Vidal habla de formación onomatopéyica y lo incluye entre los vocablos de origen vasco-ibero: :
“chopar: empapar” (Mayans: Voc. val., 1787)
“ben chopat en la esquena” (Casajuana: La oroneta, Valencia, 1914)
chorrar —el valenciano ‘chorrar’, con ch-, tendría la misma raíz ibera *chor que los occitanos “chorrear, charrotar’ y cast. ‘chorrear’. Vidal se apropia del verbo y falsea su morfología (escribe ‘xorrar’), pero:
“chorra lo sucre” (Beltrán, Jaume: Obres contemplatives,Valencia, 1515)
“la sanch estava chorrant” (BRAH, Ms. Porcar, J.: Dietari, 1615, f. 231)
Ante la riqueza de documentación en valenciano (chorrar, chorro, chorret, chorritó, chorritaeta , etc.), Corominas intenta disimular su contrariedad y aventura que son «quizá mozarabismos, al menos en parte, dado el enorme arraigo de chorro en la toponimia de todo el Reino de Valencia» (DCECH, II, p.395). Voz viva, presente en la literatura clásica y popular:
“li chorren les sinagües per raere” (Navarro Borrás: ¿Es de vosté eixe goset?, Valencia, 1921)
esguit, esguitar – sust. y verbo valenciano; cast. salpicadura y salpicar. Emparentado, posiblemente, con el schizzare italiano, es de etimología desconocida, por lo que se le aplica el comodín de “voz de creación expresiva y onomatopéyica” (DECLLC):
“li esguitaren la cara en aigua” (Navarro y Reig: La pau dels poblets, 1913, p.51)
El enigma aumenta por la existencia del asturiano ‘esquitar’, casi homógrafo al val. ‘esguitar’ :
«vamos a Asturias, donde vemos una forma análoga a la valenciana: esquitar‘, saltar un líquido depositado en un hoyo o en otro receptáculo en virtud de presión o percusión» (DECLLC, III, p.709) / esquichá CH /
Pero en valenciano no es sinónimo del asturiano, al adjetivar a personas irascibles:
“teníen el génit tan esquitós que feen poca lliga en...” (Gadea: Tipos d’espardenya, Valencia, c. 1890)
llacorella – como Joan C. Vidal desconoce el valenciano cae en errores, confundiendo el cat. “llicorella, nicorella” (cast. pizarra, útil para tejados) con el val. “llacorella” (rocas blandas, compuestas de carbonato de calyarcilla);afirmandoconextraña sintaxis castellana:
«la variante nicorella demostraría la antigüedad de este conjunto léxico en el catalán y que por lo tanto de que seguramente fue préstamo íbero»(p.101).
Se habrá de admitir, por igual razón, que el valenciano ‘llacorella” nacería entre los siglos VI a.C. al VI d.C.. En consecuencia, no sería préstamo; sino parte del léxico ibero que perduraría en mozárabe y romance valenciano. El sust. habría permanecido vivo entre los valencianos de la Vall d’Albaida (como recogió
Cavanilles) desde época ibera: «la marga en hojas suele llamarse allí llacorella en llibre; y la otra sobrepuesta llacorella en pilot: aquella se desprecia como inútil, y esta sirve para abonar los campos areniscos»
(Cavanilles: Obs. 1797)
llácova - quebrada o barranco abrupto; sust. valenciano de origen prerromano que, junto a otros similares, ofrece la duda sobre su origen íbero (Vidal, p.100), siendo cognado del vasco lakar, gascón lacarro (laja), aquitano lacarra (losa, piedra grande), aragonés lacarrón (losa). Para los valencianos del s. XIX, ‘llacova’ era el “terreno abrupt, desigual, aubert entre montanyes y valls estretes; cast. quebrada” (Escrig-Ll., Martí G. Diccs.).
Toponímicamente tenemos la valenciana Serra de la Llácova, derivación de la Serra Valdánger.
manteca –del prerromano *mantheika. Aparte de afirmar que es netamente
hispánico, Corominas aporta la variante ‘manteca’ (DECLLC, 5, p.437) en el mozárabe del judío Abenbeclarix, que escribía en Zaragoza por el 1100. Curiosamente, la grafía ‘mantega’ aparece en el Fuero de Avilés (a.1155), manteniéndose ‘mantega’ en catalán y en el leonés y bable de Lena. La variable etimológica valenciana ‘manteca’, hoy también castellana, la encontramos hace siglos en textos oficiales:
“manteca, la cárrega” (Vilarig: Memorial... han de pagar les mercaderíes, Valencia, any 1607)
Vidal, siguiendo a Alcover y Corominas, repitequeprocede«de*manteica,de origen pre-romano» ( p.90). El hecho de pertenecertambiénalcastellanono invalida el origen común del ibero o celtibérico (como apunta Corominas). En perfecto valenciano moderno aparece esta palabra que, posiblemente, usó Eutropio de Valencia:
“dátils, manteca y formache / de diferents calitats” (Romans... pera riures en Carnistoltes después de haver almorsat, Valencia, any 1756)
Mongó –al ignorar el valenciano, Vidal escribe ‘ Montgó ’, tal como ha impuesto el IEC de Barcelona; pero nuestro orónimo siempre se documentó como ‘ Mongó ’, sin la –t- epentética que el catalanismo introduce por doquier. Vidal señala origen prerromano iberovasco, emparentado con el étimo del actual mendi-goi, ‘montaña alta’:
“en la montanya de Mongó” (Beuter: Primera part hist. de Valencia, 1538) “derivado del latín Mons Iovis, daría Mongó” (Diago, 1600)
“Mongó significaría Mons Agón” (Escolano, 1608)
“a pres en la montanya del Mongó” (Llib.
Albará, 322, any 1622)
“ermites en Mongó se troben” (Esteve, f. Pere: Storia del Sant Sepulcre, c. 1645)
“En Denia empiezan las raíces del Mongó” (Cavanilles: Obs. 1797)
En los sainetes también figura el topónimo prejaimino:
“de Mongó vullc ser la dóna” (Barreda: La cara de Mongó, Valencia, 1873)
Hoy está prohibido el valenciano Mongó por el fascismo inmersor. Sólo admite el catalán ‘Montgó’. A los colaboracionistas no les importa que el propio Corominas reconociera la grafía valenciana del orónimo:
“Els Collons del Mongó de Denia” (Corominas: DECLLC, II, p. 834)
En el término de San Juan de Alicante existe el antiguo topónimo ‘Mongomit’, ¿diminutivo de Mongó? : “Mongomit” (Toponimia rural de Sant Joan d'Alacant, 1998, p.30)
palop –con la precaución de no citar que es apellido valenciano y nombre de uva valenciana, Vidal dice: “uva grande y gustosa; de origen prerromano” (p.192). Las primeras documentaciones las tenemos en valenciano, y es interesante que fueron aportadas por un aragonés, Lorenzo Palmireno, y un catalán, Onofre Pou,
humanistas del Renacimiento que vivieron en Valencia y ejercieron en su Universidad:
pechina –según Vidal, sería de “origen incierto. Se cree proveniente del mozárabe valenciano, con substrato ibero; y de aquí debió ser transmitido al catalán y de éste al castellano, puesto que pechina es reciente” (p.309)
De etimología desconocida, Corominas desmontó la del latín pecten, -ĭnis, basada en la confusión de Covarrubias en el 1600.
Está documentada desde tiempos medievales con el dígrafo ch:
polp - del latín polypus (‘múltiples pies’) surgieron una serie de cognados: el port. polvo, gall. polbo, cast. pulpo y val. polp:
“polp e serena” (Roig: Espill, 1460)
Todos conservan la etimológica -l- . Sólo el catalán la pierde en pop, motivo para que Vidal, tímidamente, hable de origen onomatopéyico y protocatalanidad de la voz:
«Ahora bien, en otros casos, ciertas palabras aparentan a simple vista un origen onomatopéyico, como podría ser el catalán pop ‘pulpo’, pues sin la ayuda del resto de lenguas románicas, del latín y del griego, rápidamente se podría sugerir un origen expresivo».
Es decir, que el catalán ‘pop’ y el latín ‘polypus’ derivarían en paralelo de una protolengua. Poco convincente está Vidal en este caso.
“polps, sepietes y morralla” (Roig y Civera.: El casament de les borles, Valencia, 1874)
Porcierto,elsusodichovalenciano
‘morralla’ , multitud de peces pequeños o cosas de poco valor, también sería de raíz prerromana. Destaca Vidal que «existe en vasco arrain (pez) que podría ser cognado (demorralla)siprocededeunantiguo *orrain» (p.307).
samaruc –al ser el DECLLC la fuente principal y base de conocimientos del iberista Joan Carles Vidal, veámos que dice el etimólogo barcelonés de esta voz valenciana:
«Samaruc: pececito... vocablo valenciano, común al cast. samarugo o jamarujo, port. samarugo..., italiano dialectal del Sur ciammaruca o samarùgole, calabrés ciamarúculu, gusano o caracol, de origen incierto (...) parece obligado ver una relación entre moruca / maruca y el ibero-románico samarug(o)» (DECLLC)
El ‘samaruc’ ( Valencia hispanica) se encuentra sólo en aguas del Reino de Valencia; no obstante, Vidal diserta sobre ‘samaruc’ sin mencionar que es palabra valenciana, ni que puebla el mar de Valencia. Siguiendo la estrategia de no citar nuestro topónimo y gentilicio, lo relaciona con el leonés moruca o el alto-navarro zalupa. El ictiológico sustantivo es frecuente en la literatura valenciana:
“ y no pegarme picá ni tan sols un samaruc”
(Vicent, J.: Els peixcaors de canyeta, estrenat en Alberich el 01/12/1902; editat en Barcelona, 1903, p. 22)
sapo –voz prerromana valenciana y castellana, Vidal valora la existencia del
ligur tsap, adaptación de un substrato afín al ibero (p.289) Por su parte, Corominas también apunta origen prerromano y supone queesmozarabismoenvalenciano (DCECH, V, p.157).
Dada la antigüedad en valenciano, en el DECLLC se muestra más contundente: “sapo..., puede ser que no sea mero castellanismo, sino heredado del mozárabe... hoy es vocablo único en casi todo el Reino de Valencia ” (VII, p.669), reafirmando su carácter de voz prerromana. Ha perdurado en escritores sainetistas:
“pareix un sapo” (Colom, J.: Lo que fa la roba, Castelló, 1875, p. 46)
siches – de étimo ibero, los cognados son abundantes: arag. cija, prov. cieya, sieja, siejo; cat. sitja, ciga, ciya...; cast. silo, etc.
Respectoalavoz,diceVidal:«La existencia de esta palabra en íbero se demostraría al haber podido pasar al mozárabe como xilyer» (p.135). El iberista sustituye por sistema el dígrafo ch- por x-.
Polisémica según la grafía y lengua a que pertenezca la variable, generalmente señala oquedad, depósito de trigo, hoyo, cavidad, sima, madriguera, calabozo, etc. En valenciano era usual usar el plural desde los clásicos: “ubertes ciges” (Roig: Espill, 1460), aunque su morfología adoptó la prepalatal africada sorda:
“quels moros de Bétera se havíen alçat en les siches” (BRAH, Dietari Porcar, 4 oct. 1609); y, en el mismo manuscrito: “en les Siches de Burjaçot” (Porcar: any. 1622, f. 399).
También hubo cambio de género: “en Burchasot... los Siches” (Peydró, Vicent: D. Juan Treneta, 1882, ed. 1899); manteniendo el significado de depósito de grano o cavidad:
“en lo forat de un rincó aon amagat entre siches ... en lo forat aon yo estaba” (El Mole, Valencia, 2 / 11 / 1863)
socarrar - de raíz ibera y emparentado con el vasco sukar(ra), ‘llama de fuego’, era común al castellano de Berceo. Aparece en les glosas valencianas del Vocabulista de Florencia (s.XIII), traducido al latín comburere. Vidal recuerda que “en vasco existe sugarastatu con idéntico significado al catalán sucarrar” (p.145). Lo de ‘sucarrar’ sólo lo he oído en castellano paródico y catalán, mientras que ‘socarrar’ ha sido y es morfología y fonética valenciana:
“¡Ay, agárram, que les lluernes dels teus ulls me socarren” (G.B.: La Perla d’Alberic, Valencia, 1918, p.15)
También existe el semantismo traslaticio de enfadar: “lo que me socarra es que u fasa aposta” (BNM, Chaques l’olier, c. 1850); y el diminutivo ‘socarraet’, con elisión de - d-intervocálica del valenciano moderno:
“a voreu quin socarrim” (Vercher: En la velá d’un albat, Valencia, 1865)
Existen múltiples cognados en las lenguas peninsulares, sin olvidarnos que Berceo usaba ‘socarrar’ en el castellano del siglo XIII. La existencia de homógrafos de raíz ibera o celtíbera en valenciano y castellano no denota supeditación de una lengua a otra, sino derivación de un mismo étimo y trayectoria morfológica paralela.
taboll - el valenciano taboll, ‘inmaduro’. de origen desconocido, lo incluye Vidal en su vocabulario íbero-catalán (p. 39). Corominas supone que la voz pudo nacer en esferas bilingües valencianas... puede que antes de la Conquista por una amalgama morfológica (DECLLC, VIII, p.182), ¿hibridación de léxico ibero y árabe? . Es valenciano moderno, aunque figuraba en los clásicos:
“taboll, no es eixe el diputat” (El Tío Cuc, nº148, Alacant, 1917)
tos – equivalente al cat. clatell y cast. nuca,
Vidalloenlazaetimológicamenteal prerromano hispánico*taukia (copiando a Corominas) y sus dudosos cognados: gascón tusú, tudu; roncalés taika, etc. El origen, dice, estaría en la protoforma del ibero *toke, sin rechazar *tottia. La voz estaba arraigada en el valenciano clásico de Sent Vicent Ferrer, Jaume Roig, Joan Esteve. etc. En el ms. valenciano Consolat de Mar tenemos tos, toç ; traducido a ‘cuguroz’ en la versión catalana. Es valenciano clásico y de los dramaturgos saineteros:
“te els ulls en lo tos” (Colom, J.: Cuatre comics d’ocasió, Valencia, 1873)
Es significativoque Vidal no recoja ni analice tótina, ‘cabeza’,una de esas voces valencianas de etimología desconocida que suelenarchivarsecomo“deorigen onomatopéyico o expresivo”:
“de la primera nyespla... li encale la tótina dalt del Micalet” (Mollá: El punt, Valencia, 1920)
Turia – analizando el hidrónimo prerromano, dice Vidal: «este adjetivo ibérico *thuri, ‘blanco’, puede plantearse tras conocer que el río Turia tiene como afluente principal el Guadalaviar, del árabe Wadi Al-Abyad 'Río Blanco'. El Turia es conocido popularmente (según Cortés, 1836: 292) como Río Blanco por las poblaciones castellanoparlantes de Ademuz, Chelva, y Chulilla, por lo que tal vez nos hallemos ante una traducción del topónimo prerromano que sobrevivió en el mozárabe local para luego ser traducido al árabe en su curso alto. De ser esto correcto, tendríamos que el ibérico *thuri sería cognado del vasco zuri ‘blanco’».
Wadi Al-Abyad en Omán
turma – según Vidal, «de la raíz pre-romana *turm, el sust. turma (testículo) podría pertenecer a un hipotético ámbito comúniberovasco-indoeuropeomuy antiguo».
El prerromano ‘turma’ generalmente aparece en plural y referido a los de cordero, toro, etc. / tripóns / Se documenta por primera vez en lengua valenciana:
El sustantivo era tan habitual que aparece hasta en motes burlescos como el aplicado a un inocente Jurat de Valencia, al que le gastaron la broma de hacerle creer que las ovejas tenían testículos:
“alias turmes de ovella” (BRAH, Ms. Porcar, J.: Dietari, 1624, f. 445)
En1460,cuandoJaumeRoigescribe ‘turmes’ (testículos, criadillas), en castellano sólo se conocía el significado latino de ‘turma’, escuadrón o contingente de caballería: “assi mesmo se dize turma o esquadra de caualleros” (Alfonso de Palencia: Universal vocabulario, año 1490)
El valenciano turma, testículo, estaba arraigado en el s. XV; no en castellano y catalán. Significativamente, el paleógrafo Milà i Fontanals, queriendo dar verosimilitud a su elaborado Curial e Güelfa, no se atrevió a usar el semantismo valenciano. En el Curial sólo se alude a grupo de guerreros o gente caótica, significado también presente en el castellano de Berceo:
“de rabiosa ira..., romp aquella turma de gent, fan-se fer loch” (Milà i Fontanals. Curial e Güelfa, c.1870)
El léxico valenciano de origen ibero, mozárabe o árabe se filtraba al castellano y catalán por el simple intercambio lingüístico entre comerciantes, funcionarios, soldados, clero, etc. Las filtraciones se manifestaban también en escritores residentes en el Reino. Así, el sevillano Lope de Rueda mechaba voces valencianas en sus obras: ‘casa fosca, buñolera, pancha’, e incluso frases: “no he fet yo tan gran llegea” (El Deleytoso, c.1560). Aparte de vivir en Valencia y tener amistad con intelectuales como Timoneda, Lope de Rueda se casó con la valenciana Rafela Trilles, que le facilitaría el conocimiento del idioma. Valga de ejemplo el sust. medieval ‘pancha’,
presenteenlosclásicos:“lapancha”
(Roig: Espill, 1460). Por su parte, el catalán Onofre Pou, que estudió en la Univ. de Valencia y pudo conocer a Lope de Rueda, también lo recogió en su trilingüe diccionario: “la gran pancha” (Pou, O.: Thesaurus, Valencia, 1575)
El ejemplo de ‘pancha’ es mozarabismo morfológico, del latín pantex, -icis; pero igual proceso de filtración a otras lenguas sucedía con vocablos valencianos de origen ibero, como el citado ‘turma’. El dramaturgo Guillem de Castro pone en pone en boca del escudero Galíndez esta frase, hablando de manjares:
“A la dama mía le di turmas” (Los mal casados de Valencia, c.1595).
Turmalet —El prerromano * turm (asociado a bulto, montículo, hinchazón, altura...), nos dejó también el orónimo valenciano Turmalet, elevación del terreno o colina en la partida del mismo nombre. Modernamente, los ciclistas aficionados que hacen su ruta llaman Tourmalet al montículo, por confusión analógica con el homónimo francés. Los documentos recuerdan su morfología:
“en lo terme de Xixona... una heretat dita del Turmalet” (Llibre del Loreto de Muchamel, 7 giner 1621, f. 172)
Es imposible no asociar el valenciano Turmalet al pirenaico Tourmalet. Las primeras noticias sobre la mítica montaña francesa son del siglo XVII, por lo que el pueblo pudo convertir en comprensible un topónimo enigmático. La fecunda etimología popular transformaría el prerromano Turmalet en Tourmalet. Hoy en día sigue la polémica sobre el significado: ‘viaje malo’, 'camino de mal retorno', ‘montaña lejana’, etc. Algunos etimologistas franceses consideran ‘tur’ como prefijo prerromano que significaría altura / turó ?/; y ‘mal’, montaña empinada. Los vascos, por su parte, argumentan que derivaría de iturrimalda. Nuestro 'Turmalet' no está recogido por el iberista Vidal, al desconocer el valenciano.
Conclusión: la ley del embudo.
Al ser numerosa la relación de palabras valencianas de supuesto origen ibero, sólo hemos citado unas pocas de las incluidas en el ensayo de Vidal que, recordemos, dice:
“La introducción de palabras íberas en el protocatalán debió ser provocada por iberoparlantes bilingües,y al no constar a ciencia cierta ni cuándo se dejó de hablar el íbero” (Vidal, p.29)
No hay motivo para no aplicar esta aseveración al valenciano:
“La introducción de palabras iberas en el protovalenciano debió ser provocada por iberoparlantes bilingües, y al no constar a ciencia cierta ni cuándo se dejó de hablar el íbero”.
Vidal también valora la advertencia sobre Corominas: “que cuando usa el adjetivo vasco puede hacer referencia a palabras de origen vasco o ibero” (p. 691). Sería el caso de voces como, por ejemplo, ‘socarrar’; pero nos queda un tesoro de voces valencianas híbridas de morfología prerromana o ibera con la latina, visigoda, bizantina, árabe, etc. : carchofa, sarnacho, fardacho, carabasa, carrasca, barraca, tocha, etc.
N.B.: Para consultar dudas léxicas, DHIVAM, diccionario histórico del idioma valenciano moderno: