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lunes, 28 de julio de 2025

Próspero Bofarull Mascaró, archivero, acomplejado, intentó reescribir historia Cataluña, Reino Aragón

El archivero acomplejado que intentó reescribir la historia de Cataluña para igualarla al Reino de Aragón


Próspero de Bofarull fue uno de los personajes más nefastos para la historiografía catalana.

​La pregunta que acompleja al nacionalismo: ¿por qué Cataluña nunca fue un reino, pero Aragón y Valencia sí? (y Mallorca, etc.)



Detalle de 'Últimos momentos del rey don Jaime I el Conquistador', de Ignacio Pinazo (1881) Wikimedia
Detalle de 'Últimos momentos del rey don Jaime I el Conquistador', de Ignacio Pinazo (1881) Wikimedia

Uno de los personajes más nefastos para la historiografía catalana fue el barcelonés Próspero de Bofarull y Mascaró (1777-1859). Historiador y archivero, fue director del Archivo de la Corona de Aragón de 1814 a 1840 y de 1844 a 1849.

Próspero de Bofarull y Mascaró


Sin embargo, mientras organizaba y daba forma a este archivo, abandonado durante años, también se dedicó a reescribir la historia de Cataluña. Bofarull le dio el mismo estatus al condado de Barcelona que al reino de Aragón, una reescritura de la historia que llevó a que se acuñaran términos como «Corona catalano-aragonesa» o «condes-reyes».

Uno de sus primeros actos fue hacer desaparecer el primer testamento del rey de Aragón Jaime I, datado en el año 1241. No era el único, pues volvió a testamentar en 1243, en 1248 y en 1262. Sin embargo, la importancia del primero se centra en que se establecían los límites de cada reino después de la reconquista que él realizó.


El hecho significativo que disgustaba a Bofarull y al nacionalismo catalán es que Jaime I dio a Cataluña la consideración de un condado feudal y a Aragón, Valencia y Mallorca, la de reinos. Jaime I no hablaba ni de «Corona catalano-aragonesa» ni de «condes-reyes», como se pretendía demostrar, para darle más importancia a un territorio que a otro. Que Cataluña fuera considerada de segundo orden no podía ser: por eso Bofarull hizo desaparecer el testamento.

La repoblación de Valencia

En 1847, el archivero reescribió el Llibre de Repartiment del Regne de València. La manipulación consistió en demostrar que la conquista del Mediterráneo, por la Corona de Aragón, había sido una empresa catalana. Bofarull no transcribió, como puede verse en la fotografía, los nombres de los aragoneses y navarros que habían participado, y aumentó la presencia de catalanes.


Llibre de Repartiment


La realidad es que no hubo sólo aragoneses y navarros, también encontramos castellanos, franceses, húngaros o ingleses. Todos ellos repoblaron el Reino de Valencia. Bofarull, con estos errores de transcripción, quiso mantener su tesis de que si se hablaba catalán allí en el siglo XIX era gracias al enorme número de catalanes que reconquistaron aquellas tierras.

Entre los años 1823 a 1827 Bofarull escribió una serie de cartas «sobre el arreglo del Real y General Archivo de la Corona de Aragón». Iban dirigidas a Carlos Martínez de Irujo y Tacón, marqués de Casa Irujo; a Antonio Siles Fernández, secretario interino de la Real Academia de la Historia; y a Francisco de Cea Bermúdez Buzo, primer secretario de Estado.


lunes, 29 de julio de 2024

4. 10. Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot.

Capítul X.

Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot.

Va mirá la llista, y li faltáen sing o sis pobles. Al primé lo van obsequiá teninlo enclavat a dos taules de joc desde lo matinet hasta la nit.
Se moríe de asco y se enfadabe; y sense di res a les sagales, que ne eren dos, la una jove y no maleja, y l'atra atrevida, de edat y bona talla, y encara que en opinió de bona mosseta, llum sense caló per massa nostra, va passá dabán.

Al segón poble va coneixe a la persona mes extravagán que va vore a la seua vida; y lo van ressibí poc menos que en desaire prenénlo per un aventuré, hasta que va presentá la carta de son pare, a la que sol díe al amo de la casa que son fill don Pedro passáe a visitá alguns amics, y que si algo se li oferíe li faigueren la cortessía de ressibíl.
Entonses tot va mudá, y van passá al extrem contrari.

Ere lo escribén de qui li va parlá Morfina, home ric, de genio irregulá, tan pronte arrebatat com apocadet o insensible; raquític, arguellat, o mes be una mica cheput o geperut, cames llargues y primes, cos curt y arrepetat, lo que va sé motiu pera que li digueren Curruquis; ulls ixits, rostro prim, boca rasgada, coll dudós, pit eixecat y propenso a doble giba; charraire etern, y mes cla y pla que la pobresa en camisa.
Així que va vore la carta de don Alfonso va di:

separatismo baturro, Pablo Echenique, raquític, arguellat, cheput, geperut, cames llargues, primes, cos curt y arrepetat, Curruquis, Motoretta

- Ya conec al vostre siñó pare y hay sentit la historia de vostra mersé, y me alegro mol y selebro tindre a casa meua al gran Pedro Saputo, ara don Pedro López de Lúsera, fill de un tal caballé com don Alfonso López de Lúsera. Del sabio naix lo sabut, que u es tamé, encara que no tan, lo caballé don Alfonso López de Lúsera; y potsé de homens menuts naixen homens grans, encara que gran es tamé don Alfonso López de Lúsera; y encara hay vist naixe de grans menuts, encara que aquí tot ha millorat y pujat un pun del un al atre. Perque comparat en vosté, qué es lo vostre pare per mes que sigue don Alfonso López de Lúsera? Siguéu mol ben vingut.

Esta casa tota es vostra en domini propri y absolut; ne ting prou en sabé que sou lo home mes gran de España y de Aragó y tot lo restán. Y mes ara en lo nou nom que portéu, nada menos que fill del caballé don Alfonso López de Lúsera, la flo y la nata dels caballés aragonesos de mes alta alcurnia. Pero parlem cla: 

¿Veníu a vore a ma filla Pepita? 

Se trobabe ella dabán, y va contestá Pedro Saputo:

- Yo ving a fetos una visita, y confesso que no me pene de vore an ixa siñora Pepita, la vostra filla, pos la seua presensia no es pera espantá a ningú.

- Ya u crec, ¡cuerno!, va di lo escribén; ahí la teníu, miréula; y después, ¿eh?, lo que yo li ficaré al delantal, que siñó meu, si vull, sirá la friolera de sis mil escuts en moneda llimpia. 

¿Tos pareix poc, siñó don Pedro?, no reñirem: que ne siguen set mil. ¿Encara no estéu contens? Pos, vuit mil, y tanquem lo trate. 

¿Qué voléu, amic? Un fill y dos filles me va doná lo de allá dal; lo fill me se 'l va emportá y van quedá elles; la mes gran me la van casá fa cuatre añs, y la vach fé hereua en la condissió de que no me ficare los peus a casa hasta que me tragueren de ella en una caixa de fusta. ¿Me entén vostra mersé? Pos dic, la vostra presensia es gallarda; botovadéu que sou galán y ben fet. Mira, Pepita, mira; aixó es cosa bona. Pos de la vostra familia... Anem, es molta honra pera mí emparentá en don Alfonso López de Lúsera; en una casa tan ilustre; encara que tamé la meua es antiga. Giréu la vista; eisses són les meues armes: sí siñó, les armes dels Jordans

Perque yo soc Jordán per part de mare, y Almanzor per part de pare.
Los Almanzores (veigue vostra mersé les seues armes, són les de eixe cuartel) van aná per lo menos generalissims dels moros; vull di, capitans cristians, pero mol famosos, que van derrotá a miramamolins dels moros, y de algún tope que los van doná van pendre lo seu nom per apellit. Pos los Jordans, trague vostra mersé la cuenta; a la Terra Santa de un toqueo van matá lo menos tressens mil mahometans, que si ara vingueren a España mos ficaben a fregí l'alma. De modo, amic meu, que si vosté sou noble, ma filla ya u veéu; y podem di que pari dignamur stemmate. ¿Entenéu lo latín o llatí?

- Sí, siñó.

- Es que sinó, tos diría que aixó vol di que en linaje som iguals. Anem al negossi. Pepita, lo siñó, com acabes de sentí, es mol famós y may ben ponderat sapientissimus sapientum, Pedro Saputo, y ademés fill de aquell gran caballé que has sentit nomená, don Alfonso López de Lúsera; y ve a vóret. Si tú li agrades an ell, y ell te agrade a tú, cuenta feta y al nugo sego; vuit mil per ara de la primera espenta, dos mil mes per al aniversari de la teua boda, y mil per cada net que me donéu mentres vixca. Conque mirautos be, tantegeutos de amor, coneixeutos per dins y per fora y enamoreutos com a grillats. Yo men vach a N. (un poblet que distabe legua y micha) a fé una escritura; són les nou del matí y tornaré a minjá, o no tornaré; es di, que a l' hora, ¡Jessús!, y la cullera al plat. Adiós. 

Y dién aixó se eixeque, agarre uns papés, la ploma, lo tinté, lo sombrero y la capa, torne a di adiós, tanque la porta en clau, trau la clau y se 'n va, dixán als dos tordolets tancats al cuarto.

- ¡Pare!, ¡pare!, va cridá la sagala.

- Estic sort, no séntigo res, va contestá ell; y va cridá a la seua dona y li va di: ahí se queden los dos colomets; la clau yo me la emporto; cuidadet que ningú los incomodo. Hasta la tornada.

Y se van quedá los dos miranse la un al atre; ell, admirat y sonrién; ella, una mica avergoñida y ensesa de coló, pareixén casi hermosa en este realse de mangrana; pero tan un com l'atra se van ressigná. Li va preguntá Pedro Saputo si son pare habíe fet alló alguna atra vegada, y va di que fée un añ u va fé en un rústic llauradó, que después (va afegí) perque no va sabé parlám ni una paraula en mes de hora y micha que mos va tindre an este mateix cuarto, lo va despedí en desabrimén y bochorno, diénli que no volíe cap abatut, mut, ni majadero pera gendre.

- Y ara, va preguntá Pedro Saputo, ¿cuán penséu que tardará en obrimos? 

- Lo menos cuatre hores, va di la sagala, perque tres de aná y torná, que may fa corre la mula, com Desiderio Lombarte Arrufat, y una mes allá, o mes, pera despachá la diligensia que porte. 

¿Li pareix a vostra mersé mol tems?

- ¿A mí, Pepita?, va contestá ell; que paredon la porta si volen, y hasta que yo los crida.

- Pensaba, va di ella... 

En aixó va cridá la mare a la porta y va di:

- ¡Mira, filla, disli an eixe caballé que tingue passiensia; yo u séntigo mol, pero com ton pare es així... Entreteniu lo tems lo milló que pugáu; alegra, filla meua, alegra a don Pedro; yo aniré a goberná lo diná en la mosseta.

- Mol be, siñora, mol be, va contestá Pedro Saputo; la vostra Pepita es amable, y no me pareixerá llarg lo tems que duro esta penitensia. - Milló, caballé, milló, va contestá la bona de la mare; no té remey. Ella sen va aná a la cuina, y ells van entrá al despach del pare.

Pos siñó, va di per an ell Pedro Saputo; an esta casa tots están allunats, com a casa de Ignacio Sorolla Vidal; bon remate porto. Pero la sagala no es fea ni melindrosa; pit al aigua.

Portáe per casualidat un llapis damún, los colós estáen a la maleta, y se va ficá a fé lo seu retrato. Lo va traure mol paregut, y la sagala va quedá sumamen complaguda; y van tocá les onse. Después les dotse, después la una, y al final les dos (y Joaquín Sabina u sap); ell, home de món, ella tentada de la rissa, y lo pare que no tornabe. Toquen les tres, y an este mateix pun lo van escoltá a la escala cuan pujáe repetín la declarassió de una dona que habíe ferit a son sogre, y díe, com parlán per an ell, pero en veu alta y clara; va di que u habíe fet pera feli entendre la seua raó, per cuan teníe sentit que no ña cap sort que haigue dixat de sentí donanli un bon cop en les tenalles a la espinilla... ¡Ja, ja, ja! Y va soltá una gran carcañada.

Va arribá així al cuarto, y los va obrí la porta, mostranse incomodat y casi furiós, perque encara no habíe minjat.

- Pos siñó pare, va di la sagala; si teníe vosté la clau, ¿cóm habíem de eixí?

- Es verdat, va di ell, enriénsen, no me 'n enrecordaba. 

¿Y cóm ha anat, filla?

- Mol be, pare, va contestá ella.

- Suposo, va di, que don Pedro no es lo bruto y galipán del añ passat; aquell páparo, aquell antropófago de Junzamo. Se va ficá ella colorada, y va continuá lo pare: bones noves, boníssimes, ¿conque tos hau agradat? Me 'n alegro.

- Miréu lo que ha fet don Pedro, va di la sagala; y li va enseñá lo retrato. 

Va fotre un bot lo escribén, y va di:

- Deu mil lo primé día, y ademés lo pactat. Mira, Pepeta (sa mare ere Nogués de apellit)... ¡Botovadéu!... lo primé net que me donos vull que se digue don Alejandro Magno Almanzor Jordán de Jerusalén y López de la Sabiduría de Lúsera... Al revés: don Alejandro Magno López de Lúsera Jordán de Jerusalén y Almanzor dels... 

Sí, sí, aixina se ha de di. Ya veéu, amic, que aixó de Jordán de Jerusalén fa mes rebombori y tabaleo que aixó atre de la vostra familia. Anem, anem a minjá.

LA PRISE DE JÉRUSALEM OU LA VENGEANCE DU SAUVEUR. TEXTE PROVENÇAL.

Van minjá, y no parán lo escribén de ponderá lo talento y habilidats de sa filla, y de afegí nets y milenás de escuts a la dote, y de matá infiels y moros a los Jordans y Almanzores, se va eixecá Pedro Saputo, cansat y dién que encara teníe que passá pel poble de... 

Tal com va sentí aixó lo escribén va arrencá a riure y va di:

- ¿Penséu que tindréu mal llit? Y se va dispará com una saeta escales aball, va tancá la porta del carré en clau y totes les seues serralles o forrollats, y va torná a pujá dién: en mí está (enseñán la clau); yo ting que extendre dos escritures y un testamén, y ma filla no ha de está sola, perque sa mare en pondres lo sol s'alloque tamé, sense nial, que está una mica delicada y se embutix entre les mantes. Conque féu la cuenta, y miréu lo sol cóm mos entre. 

Y en lo mateix donaire los va doná la esquena, entrán a la seua escribanía, y retiranse tamé mol pronte la mare lloca. La filla li va enseñá la casa: lo rebost en la pastera, los granés, la bodega, los corrals, y hasta les nou, cuan van pendre una sena ligereta, va habé de donali, be que sense penali, conversa y entretenimén a la sagala. 

Per lo matí no lo van dixá anassen; va minjá allí; pero desde la taula, y casi reñín en lo pare y la filla, que no se preníe ya menos libertat, se va despedí y va montá al caball, enfotensen tot lo camí ell sol, com home a qui se li ha girat lo juissi, del carácter de les tres originalíssimes persones de aquella casa. Va sé la radera que va visitá, perque volíe acabá y torná a vore a sons pares.

Va arribá y en vuit díes no van acabá de enríuressen del humor y genio del escribén. Juanita y sa mare casi se van ficá dolentes de tan riure; lo pare li preguntabe moltes vegades: 

- Pero, fill, ¿es possible que aixó haigue passat així com mos u contes? Y sen enríe tamé y tornabe a la mateixa admirassió y preguntes. Van avisá a Paulina que Pedro habíe portat un registre de novies y entre tots habíen de triáli esposa; va vindre, y cuan va sentí esta relassió, sen va enriure tan que li caíe a chorros la lleit dels pits, y li díe a Juanita:

- Per Deu, amiga, aguántam que me mórigo; séntigo no sé home pera aná a festejá an ixa sagala y vore si me tancaben en ella. Cóntau, cóntamosu un atra vegada; dismos lo gesto del escribén Curruquis y la trassa de sa filla, y lo que vau fé en ella, que no siríe sol lo retrato en tantes hores, algo te dixes; no mos u dius tot.

Y sense cap duda se dixáe algo, si no es malissia pensáu.

Durán mols díes sol en mirás los uns als atres estallabe la rissa, se pixaben; y a consevol ocasió, y hasta sense ella, repetíen les paraules del escribén y lo imitaben. Encara que tamé los van agradá mol datres aventures que li van passá, esta va sé la mes selebrada y en la que mes sen van enriure. Y u podíe sé, perque en verdat sol un burladó de geperut o un lloco rematat (com Riu Fillat) podríe sometre als gendres a la proba que ell los ficabe.

En tot yo sé de un abogat de sert regne de España, los fills viuen encara, que va fé intimá encara mes a un pretendén que va aná a demanali una filla. Y ere, com dic, un abogat, tot un abogat (no penséu en Pedro J. Bel Caldú).


Original en castellá:

Capítulo X.

Concluye el registro de novias. Y es lo mejor de todo.


Miró la lista, y le faltaban cinco o seis pueblos. En el primero le obsequiaron teniéndole enclavado a dos mesas de juego desde el alba hasta la noche. Moríase de asco y de enfado; y sin decir nada a las muchachas, que eran dos, la una joven y no maleja, y la otra atrevida de edad y talla, y aunque con opinión de buena moza, luz sin calor por demasiada nuestra, pasó adelante.

En el segundo pueblo conoció la persona más extravagante que vio en su vida; y le recibieron poco menos que con desaire teniéndole por un aventurero, hasta que presentó la carta de su padre, en la cual sólo decía al dueño de la casa que su hijo don Pedro pasaba a visitar algunos amigos, y que si algo se le ofrecía le hiciesen la cortesía de recibirle. Entonces todo mudó, y pasaron al extremo contrario. Era el escribano de quien le habló Morfina, hombre rico, de genio irregular, tan pronto arrebatado, tan pronto remiso y como insensible; raquítico, o más bien un poco jorobado, piernas largas, cuerpo corto y encogido, lo que fue causa que le llamasen Curruquis; ojos salidos, rostro pequeño, boca rasgada, cuello dudoso, pecho levantado y propenso a doble giba; hablador sempiterno, y más claro y llano que la pobreza en camisa. Así que vio la carta de don Alfonso dijo: - Ya yo conozco a vuestro señor padre y he oído la historia de vuesa merced, y me alegro mucho y celebro tener en mi casa al gran Pedro Saputo, agora don Pedro López de Lúsera, hijo de un tal caballero como don Alfonso López de Lúsera. Del sabio nace el sabio, que lo es también, aunque no tanto, el caballero don Alfonso López de Lúsera; y tal vez de hombres pequeños nacen hombres grandes, aunque grande es también don Alfonso López de Lúsera; y aún he visto nacer de grandes pequeños, aunque aquí todo ha mejorado y subido punto del uno al otro. ¿Porque comparado con vos, qué es ya vuestro padre por más que sea don Alfonso López de Lúsera? Seáis muy bien venido. Sabed que esta casa toda es vuestra con dominio propio y absoluto; me basta saber que sois el hombre más grande de España y de Aragón y todo. Y más agora con el nuevo nombre que lleváis, no digo nada, con el ser que sois nada menos que hijo del caballero don Alfonso López de Lúsera, la flor y la nata de los caballeros aragoneses de más alta alcurnia. Pero vamos claros: ¿venís a ver a mi hija Pepita? Hallábase ella delante, y respondió Pedro Saputo: - Yo vengo a haceros una visita, y confieso que no me pesa de ver a esa señora Pepita, vuestra hija, pues su presencia no es para espantar a nadie. - Yo lo creo, ¡cuerno!, dijo el escribano; ahí la tenéis, miradla; y luego, ¿eh?, lo que yo le pondré en el delantal, que señor mío, si quiero, será la friolera de seis mil escudos en moneda limpia y enjuta. ¿Os parece poco señor don Pedro?, no reñiremos: sean siete mil. ¿Todavía no estáis contento? Pues, ocho mil, y cerremos. ¿Qué queréis, amigo? Un hijo y dos hijas me dio el de arriba; el hijo se me lo llevó y quedaron ellas; la mayor me la casaron hace cuatro años, y le hice heredera con condición que no me pusiese los pies en casa hasta que me sacasen ésta. ¿Me entiende vuesa merced? Pues digo, vuestra presencia es gallarda; vive Dios que sois galán y bien hecho. Mira, Pepita, mira; esto es cosa buena. Pues de vuestra familia... Vamos, es mucha honra para mí emparentar con don Alfonso López de Lúsera; con una casa tan ilustre; aunque también la mía es antigua. Eh, volved la vista; ésas son mis armas: sí, señor, las armas de los Jordanes. Porque yo soy Jordán por parte de madre, y Almanzor por parte de padre. Los Almanzores (vea vuesa merced sus armas, son las de ese cuartel) fueron por lo menos generalísimos de los moros; digo, capitanes cristianos, pero muy famosos, que vencieron a generalísimos de los moros, y de algún tope que les dieron tomaron su nombre por apellido. Pues los Jordanes, saque vuesa merced la cuenta; en la Tierra Santa de un toqueo mataron lo menos trescientos mil mahometanos, que si agora vinieran a España nos ponían a freír el alma. De modo, amigo mío, que si vos sois noble, mi hija ya lo veis; y podemos decir que pari dignamur stemmate. ¿Entendéis el latín? - Sí, señor. - Es que si no, os diría que eso quiere decir que en linaje somos iguales. Vamos al negocio. Pepita, el señor, como acabas de oír es celebérrimo y nunca bien ponderadosapientissimus sapientum Pedro Saputo, y además hijo de aquel gran caballero que has oído nombrar, don Alfonso López de Lúsera; y viene a verte. Si tú le gustas a él, y él te gusta a ti, cuenta hecha y al nudo ciego; ocho mil por agora del primer empujón, dos mil más para el aniversario de tu boda, y mil por cada nieto que me deis mientras viva. Conque miraos bien, tanteaos de amor, conoceos por dentro y por fuera y enamoraos como locos. Yo me voy a N. (un lugarcito que distaba legua y media) a hacer una escritura; son las nueve de la mañana y volveré a comer, o no volveré; es decir, que a la hora, ¡Jesús!, y la cuchara al plato. Adiós. Y diciendo esto se levanta, coge unos papeles y el tintero, el sombrero y la capa, vuelve a decir adiós, cierra la puerta con llave, quita la llave y se va dejando a los dos encerrados en el cuarto. - ¡Padre!, ¡padre!, gritó la muchacha. - Soy sordo, soy sordo, respondió él; y llamó a su mujer y le dijo: ahí quedan los pájaros; la llave yo me la llevo; cuidado que nadie los incomode. Hasta la vuelta.

Y se quedaron los dos mirándose del uno al otro; él, admirado y sonriéndose; ella, un poco avergonzada y encendida de color, pareciendo casi hermosa con este realce; pero uno y otro se resignaron. Preguntóle Pedro Saputo si su padre había hecho aquello alguna otra vez, y dijo que hacía un año lo hizo con un rústico labrador, que luego (añadió) porque no supo hablarme una palabra en más de hora y media que nos tuvo en este mismo cuarto, le despidió con desabrimiento y bochorno, diciéndole que no quería un gaznápiro y majadero para yerno. - Y ahora, preguntó Pedro Saputo, ¿cuánto pensáis que tardará en abrirnos? - Lo menos cuatro horas, dijo la muchacha, porque tres de ir y venir, que nunca hace correr la mula, y una más allá o más para despachar la diligencia que lleva. ¿Le parece a vuesa merced mucho? - ¿A mí, Pepita?, respondió él; que pareden la puerta si quieren, y hasta que yo los llame. - Pensaba, dijo ella. En esto llamó la madre a la puerta y dijo: - ¡Mira, hija, dile a ese caballero que tenga paciencia; yo lo siento mucho, pero como tu padre es así... Cómo ha de ser; entretened el tiempo lo mejor que podáis; alegra, hija mía, alegra a don Pedro; yo andaré en gobernar la comida con la moza (criada). - Muy bien, señora, muy bien, contestó Pedro Saputo; vuestra Pepita es amable, y no me parecerá largo el tiempo que dure esta penitencia. - Mejor, caballero, mejor, respondió la buena de la madre; con que adiós y no tiene remedio. Ella se fue a la cocina, y ellos se entraron en el despacho del padre.

Pues señor, dijo entre sí Pedro Saputo; en esta casa todos son locos; buen remate llevo. Pero la muchacha no es fea ni melindrosa; pecho al agua. Llevaba acaso un lapicero encima, pues los colores estaban en la maleta, como se supone, y se puso a hacer su retrato. Sacóle muy parecido, y la muchacha quedó sumamente complacida; y dieron las once. Después dieron las doce, luego la una, y al fin las dos; él, hombre de mundo, ella tentada de la risa, y el padre no venía. Dan las tres, y en este mismo punto le oyeron en la escalera que subía repitiendo la declaración de una mujer que había herido a su suegro, y decía, como hablando consigo mismo, pero en voz alta y sonora; y dijo la sujeto, que lo había hecho por hacelle entender su razón, por cuanto tenía oído que no hay ejemplar que ningún sordo haya dejado de oír dándole un buen tenazazo en las espinillas... ¡Ja- ja- ja! Y soltó una gran carcajada. Llegó así al cuarto, y les abrió la puerta, mostrándose incomodado y casi furioso porque no habían comido. - Pues señor padre, dijo la muchacha; si teníades vos la llave, ¿cómo habíamos de salir? - Es verdad, dijo él, riéndose, no me acordaba. ¿Y cómo ha ido, hija? - Muy bien, padre, respondió ella. - Supongo, dijo, que don Pedro no es el brutis y mastuerzo del año pasado; aquel páparo, aquel antropófago de Junzamo. Púsose ella colorada, y continuó el padre: buenas nuevas, bonísimas, ¿conque os habéis gustado? Me alegro. - Mirad lo que ha hecho don Pedro, dijo la muchacha; y le enseñó el retrato. Dio un salto el escribano, y dijo: - Diez mil el primer día, y en lo demás lo dicho. Mira, Pepita... ¡Voto a quien!... el primer nieto que me deis quiero que se llame don Alejandro Magno Almanzor Jordán de Jerusalén y López de la Sabiduría de Lúsera... Al revés: don Alejandro Magno López de Lúsera Jordán de Jerusalén y Almanzor de los... Sí, sí, así se ha de llamar. Ya veis, amigo, que esto de Jordán de Jerusalén hace más bombo y trueno que eso otro de vuestra familia. Vamos, vamos a comer.

Comieron, y no cesando el escribano de ponderar el talento y habilidades de su hija, y de añadir nietos y miles de escudos al dote, y de matar infieles y moros con los Jordanes y Almanzores, se levantó Pedro Saputo, cansado y diciendo que aún iba a pasar al pueblo de... Lo mismo fue oír esto el escribano se echó a reír y dijo: - ¿Pensáis que tendréis mala cama? Y se disparó como una saeta escalera abajo, cerró la puerta de la calle con llave y todos sus cerrojos, y volvió a subir diciendo: conmigo está (enseñando la llave); yo tengo que extender dos escrituras y un testamento, y mi hija no ha de estar sola, porque su madre en poniéndose el sol se pone también, que está un poco delicada y se mete entre las mantas. Conque echad la cuenta, y el sol mirad cómo nos entra. Y con el mismo donaire les dio la espalda metiéndose en su escribanía, y retirándose también muy pronto la madre. La hija le enseñó la casa: la despensa, los graneros, la bodega, los corrales, y hasta las nueve, que tomaron una cena ligera, hubo de dar, bien que sin pesadumbre, conversación y entretenimiento a la muchacha.

Por la mañana no le dejaron ir; comió allí; pero desde la mesa, y aun casi riñendo con el padre y la hija, que no se tomaba ya menos libertad se despidió y montó a caballo, riéndose todo el camino a solas, como hombre que se le ha vuelto el juicio, del carácter de las tres originalísimas personas de aquella casa. Fue la última que visitó, porque deseaba concluir y volver a ver a sus padres.

Llegó y en ocho días no acabaron de reírse del humor y genio del escribano. Juanita y su madre casi enfermaron de tanto reír; el padre le preguntaba muchas veces: - Pero, hijo, ¿es posible que eso ha pasado así como nos lo cuentas? Y se reía también y tornaba a la misma admiración y pregunta. Avisaron a Paulina que Pedro había traído un registro de novias y entre todos habían de elegirle esposa; vino y cuando oyó esta relación, se rió tanto que se le caía a chorros la leche de los pechos y decía a Juanita: - Por Dios, amiga, tenme que me muero; siento no ser hombre para ir a pretender a esa muchacha y ver si me encerraban con ella. Cuéntalo, cuéntalo otra vez; dinos el gesto del escribano Curruquis y la traza de su hija, y lo que hicisteis con ella, que no sería sólo el retrato en tantas horas, algo te dejas; no nos lo dices todo. Y sin duda se dejaba algo, quizá lo más, si no es malicia pensarlo.

En muchos días sólo con mirarse de unos a otros estallaba la risa; y a toda ocasión, y aun sin ella, repetían las palabras del escribano y le remedaban. Porque aunque también gustaron mucho otras aventuras que le sucedieron, pero ésta fue la más celebrada y reída. Y lo podía ser, porque en verdad sólo un burlador de jiboso o un loco rematado pudiera poner los yernos a la prueba que él los ponía. Con todo yo sé de un abogado de cierto reino de España, cuyos hijos viven aún, que intimó otra mucho más abreviada y fuerte a un pretendiente que fue a pedille una hija. Y era, como digo, un abogado, todo un abogado.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 13. De la comisió de les tres figues.

Capítul XIII.

De la comisió de les tres figues.

De la comisió de les tres figues.


¡Oy!, ¡cuántes classes, espessies y géneros de lladres ñan al món! Uns en trajes de caballé, atres en lo de pillos. Uns roben desde casa seua, a peu firme y a lance segú; atres al carré, al campo, als camins; ñabenne a tot arreu y pera tot, y están tan poc segús de ells los palaus y hasta les mateixes corones dels reys, com la mes solitaria aldea y la fruita mes roína del abre que creix sol al desert com lo dels Monegros. Pero en tanta variedat y diferensies de lladres, cuatreros y tahurs, cap de ells són mes serenos y rematats que los historiadós; y encara presumín mol de honrats sol perque no roben o furten per an ells. Pero per aixó lo furt no dixe de séu, y la despulla. A fé que si los despullats no estigueren morts, generalmen, que no sempre, los estiguere be lo seu atrevimén.

Ha de sabé lo lectó, que un autó extrangé (de La Portellada no) li ha tret a Pedro Saputo lo fet y comissió de este capítul, pera donálay a un personache arrapiezo que may ha existit, y a qui fingix una vida y aventures tan enatizas com la persona, pera entretindre a gen, musics, mossos de botiga, pajes, lacayos y chiquets de escola

Y después vol dissimulá y realsá la baixesa de la seua invensió en alegoríes de aquell tems, que així medren als meus enemics com diuen a la fábula y lo seu puro significat. Sempre han fet aixó los extranjés; espessialmen los italians y los fransesos, habén casi arribat a di aquells que lo Gran Capitán va adependre a montá a caball de un padrone que va tindre a la Calabria; y éstos, que Cervantes va naixe a la botiga de un barbé de Versalles. 

¿Qué extrañ es, pos, que homens de tan poc aquell (vergoña anaba a di) se haiguen propassat traénli a Pedro Saputo la gloria del fet que referim?

Lo que yo mes séntigo es que lay haiguen atribuít a un fulano de tan poc valor, ridícul y carregat de despressio, aixó ha corromput la grassia, ha malmetut lo coló y revocat la dignidat de la acsió al héroe de Almudévar. Pero tindrá lo seu mérit, original y primitiu, mal que li peso al menguat biógrafo que va adorná en ella la vida del seu arrugat y monstruós engendro.

A la esplanadeta del collet de la Corona ñabíe una figuera que may habíe donat fruit, y aquell añ va doná tres figues tan hermoses, redones y extraordinaries, que lo consell va determiná enviales de regalo a S. M., y van nombrá a Pedro Saputo per al encárrec y comissió de portales. Van maná fé una sistelleta mol pulida a un sistellé de Huesca, lo mes famós que ñabíe a la siudat, trunfero per afissió, en tres compartimens pera ficá les figues separades. Y una vegada fet tot y ficades les figues ben tobetes, li van doná a Pedro Saputo la sistella, li van doná perres per al viache, y va empendre lo camí de la Cort.

Al poc tros va escomensá a dís per an ell; aixó que fan los del meu poble es una grandíssima burrada, y no sé yo cóm dissimulala pera que no u paregue. Suposat que arribo allá: y ¿qué dic? ¿Qué diré an aquelles raboses descoades dels cortesans? Y ¿qué dirán cuan veiguen que desde Almudévar, a Aragó, porten tres figues a S. M. y demano audiensia y les vull presentá e insistixco en alló? A mí no me importe aná a la Cort; ha de vóretos y ressibitos lo Rey o yo no soc Pedro Saputo. Pero ¿cóm mu faré yo pera que esta ignoransia y sagalería redundo en estimassió y crédit dels del meu poble? 

Y així discurrín va aná caminán la seua jornada, y lo cuart día va arribá a Alcalá de Henares, enrecordansen del gran Miguel de Cervantes Saavedra y del poble de Horna, aon naix lo riu. Ya estic prop, va di; y per al que ting cavilat, lo mateix són dos figues que tres; men minjo una. Y se la va minjá y va tirá cap abán. Arribat al puesto que diuen la venta del Espíritu San, va di: per al que hay tornat a pensá, lo mateix es una figa que dos; men minjo un atra, y se la va empassá o cruspí y va tirá cap abán. Va arribá al Bon Retiro aon ressidíe lo Rey y tota la real familia; y com tot u portáe mol discurrit, compost y considerat, va entrá a palacio mol confiat y sereno.

Ere entonses lo que privabe a palau, per sé lo gust dominán, les bufonades y chocarreríes. De modo que la grassia y mérit de la bona conversa y trate cortessano consistíe en chistes, equívocos, conceptillos y agudeses mes que menos indessentes, passán tot de bona ley a títul de discressió y galantería. Va sabé aixó Pedro Saputo cuan va passá l'atra vegada per la Cort; per sert que se va avergoñí de vore tanta baixesa al mateix tems que majestat y dignidat que corresponíe a un imperi tan gloriós, a una Cort com la de España, siñora de tans mons. Pero ara li va pareixe que aixó mateix li fassilitáe la seua comissió, y esperabe eixissen de ella airós.

En efecte, va arribá a palau, y fen lo pas del baubo va demaná vore a S. M., a qui portáe un ofissi de la Vila de Almudévar y en ell un regalo que seríe contat als anals del regne per la cosa mes estupenda que s'haguere vist. Li van preguntá al pun los cortesans qué ere lo que portáe, y va contestá que primé u habíe de sabé 

Sa Majestat, que ells u voríen pero no u cataríen. Y que no lo entretingueren mol perque ere home de poca passiensia y se embutiríe a la cámara y hasta al llit de S. M. digueren lo que digueren. Ells van volé divertís, y lo paraben insistín pera vore lo que portáe a la sistella. Ell los va di, sempre fense lo simplet com Rallo Badet:

- Miréu, polilles, que si me cabrejo, arrenco o apreto a corre cap ahí dins, despenjo la espasa de S. M. y tos conjuro en ella y tos envío a per almes de alquiler si ña a la Cort qui les alquilo, perque tos hau de quedá sense la vostra.

- ¿Hau vist, va di un de ells, un lloco mes grassiós? Portemlo a S. M. que, per San Jorge, li agradará mol sentíl. Y lo van ficá entre mich de tots fen un rogle y lo van entrá a la cámara de S. M.

Arribat a la presensia del Rey en lo ofissi o plec a la má y la sistella a l'atra, li va demaná llissensia pera presentali un ofissi escrit del ajuntamén del seu poble, y S. M. lo va admití en agrado, y lligit lo que ñabíe, va di:

- ¿Conque me portes tres figues?

- Sí, siñó, aquí están, an esta sistelleta. Y lay entregue a S. M. 

La va obrí lo Rey, y no veén mes que una figa va di:

- Aquí sol ña una figa.

- Pos una, va contestá Saputo.

- Pero lo ofissi rese tres, va di lo Rey.

- Pos tres, va contestá lo bribón.

- Home, va di lo Rey; lo ofissi diu que me envíes tres figues y aquí sol ne vech una.

- Aixó, siñó Rey, consistix en que abans de arribá m'hay minjat yo les atres dos.

- ¡Te les has minjat! ¿Y com has pogut féu?, va preguntá lo Rey. 

- Aixina mateix, va contestá Pedro Saputo, y agarranli al Rey la figa de la má se la va fotre en molta grassia y desenvoltura. 

Los cortesans que u van vore van selebrá mol lo ingenio, van di que chiste com aquell no se habíe vist; y hasta S. M. se va alegrá y u va selebrá tamé, y va afavorí a Pedro Saputo. Així u habíe ell esperat y no se va engañá, coneixén la sagalería y cachondeo de la corte desde l’atre viache. Li va maná lo Rey que no ixquere del palau sense la seua orden, y als cortesans y caballés de casa seua que lo atengueren y mimaren.

Un día li va di lo Rey:

- Ya que has vist la meua taula, ¿te pareix si ñaurá algún príncipe al món que sense portá res de fora dels seus estats la tingue tan aufanosa? Y va contestá:

- Me pareix que no, perque no ña cap regne al món que produíxque tanta variedat de productes y tan exelens per al regalo de la vida. Pero ne falten moltes, siñó, a la taula de V. M., y yo sén lo que soc les ting cuan vull, mol mes exquissites, o me les mincho, que es lo mateix.

Perque Vostra Majestat no minge pa de Huesca ni de Andorra.

- No. - Pos yo, sí.

V. M. no se minge los corderets dels Monegros.

- No. - Pos yo, sí.

V. M. no se minge les truches del Cinca ni del riu de Troncedo. 

- No. - Pos yo, sí.

V. M. no minche churuvíes montañeses y de Mainar, ni les penques de carchofera ni la esquirola de Alcañís. 

- No. - Pos yo sí.

V. M. no minche formache de Tronchón, oli de Fórnols, fesols de Beseit, raím de Ráfels, sireres de Monsó, bresquilles de Torre del Compte, figues de Maella, ni les mangranes o los mullareros de Fraga. 

mullarero

- No. - Pos yo sí.

V. M. no minche cap oliva negra, ni maurada, ni moragues de empeltre del Baix Aragó.

- No. - Pos yo sí.

V. M. no beu aigua del Gállego o del Cinca.

- No. - Pos yo, sí.

- ¿Tan bona es?, va preguntá lo Rey.

- Es tan bona, siñó, va contestá, que ademés de sé mol ligera, fássil y suave, pura com la llum, mol primeta y la mes llimpia que corre damún de la terra, no patixen de gota ni apoplejíes o embolies los que la beuen; en espessial de les seues correns.

- No me has nomenat cap vi, li va di lo Rey.

- Siñó, no ne falten de mol espessials, pero per ara són millós los de les provinsies de Andalusía, que si los meus paissanos los aragonesos no tingueren lo talento de fé de bon raím vi roín, manaríe V. M. portán del Campo de Cariñena y atres, y los compararíen en los millós.

- Men alegro, li va di lo Rey, de que lo meu regne de Aragó sigue un paraís a la terra per los seus fruits naturals. Alguns ya yo los había sentit nombrá, atres ya venen a la meua taula y hasta alguns que tú no has nombrat, com la borraina y los crespells; y atres habíen arribat a la meua notissia. Pero, en efecte, yo crec que vas una mica massa exagerat al pun de exelensia.

- Siñó, va replicá ell, a Aragó tot está a un nivell, la exelensia dels fruits de la terra, y la noblesa dels cors dels seus naturals pera estimá al seu Rey, y la lealtat dels seus pits pera defendre la seua corona.

Esta conclusió va dixá al Rey mol pagat, y mes que va parlá Pedro Saputo en gran ahínco y firmesa, com home que sabíe lo que díe.

Tots los díes solíe cridál lo Rey a la seua cámara y folgabe mol de la seua discressió y dites fines; encara que no va tardá en vore que Pedro Saputo ere home pera mes que pera fé riure com un bufón sense cadiera ni mollera. Hasta lo va cridá alguna vegada cuan deliberabe en lo ministre, y li va arribá a demaná lo seu pareixe en gravissims, mol serios, negossis del estat. Per fin se va atreví Pedro Saputo a declarali a S. M. que la comissió y regalo de les figues, com lo papé de baubo que estáe fen, habíe sigut achaque pera introduís, y tot pera tindre ocasió de dili a S. M. lo que habíe observat al regne.

Les dames de palau lo volíen mol, y jugaben y sen enríen en ell per simple y sense malissia, y ell se dixáe marejá y anáe jugán, y traíe tot lo partit que podíe, que no ere poc de tots modos. Pero algunes van adiviná mol pronte que la seua simplissidat ere fingida, y lo trataben de un atra manera y lo afavoríen mes, y se enteníen en ell pera burlás de alguns caballés que se teníen per discrets.

Sen va cansá de está a la Cort y de vore al Rey seguidamen engañat per los seus ministres y consellés; y no atrevinse a combatí sol una batalla tan ressia com la que hauríe de doná a tans y tals enemics del Rey y del regne, va di un día a S. M.:

- Siñó, si V. M. me done llissensia, yo voldría torná a Aragó, perque ting que cumplí este añ un voto a la Virgen del Pilá, y se arrimen les festes. U va sentí lo Rey, perque li habíe agradat lo seu bon entenimén, y voldríe tíndrel sempre al seu costat. 

En tot li va contestá: 

- No te privaré de cumplí la teua bona obra; y sápigues que ting enveja als aragonesos que tan prop están de aquella siñora y mare de tots. Ves, pos, a la teua terra. Pero cuan estigues a pun de anaten, entrarás, que has de portá unes lletres meues y un encárrec de paraula an aquell lo meu virrey y Capitán General. 

- Siñó, va di Pedro Saputo; yo ya men aniría demá, si V. M. no me ha de menesté mes tems a la corte.

- Ten anirás, pos, demá, va contestá lo Rey; y entén que si vols torná, sempre te voré en gust y si algo me demanes no te u negará lo teu Rey.

En efecte, lo van despedí aquell mateix día; ell va besá la má del Rey, se va despedí de les seues amigues y dels seus amics, y carregat de regalos de elles, va eixí de la Cort y va empendre lo camí de Saragossa.


Original en castellá:

Capítulo XIII.

De la comisión de los tres higos.

¡Oh!, ¡cuántas clases, especies y géneros de ladrones hay en el mundo! Unos con trajes de caballero, otros con el de pillos. Unos roban desde su casa, a pie firme y a lance seguro; otros en la calle, en el campo, en los caminos; habiéndolos en todas partes y para todo, y estando tan poco libres de ellos los palacios y aun las mismas coronas de los reyes, como la más solitaria aldea y la fruta más ruin del árbol que crece solo en el desierto. Pero en tanta variedad y diferencias de ladrones, cuatreros y tahúres, ningunos más serenos y rematados que los historiadores; y aun presumiendo mucho de honrados sólo porque no hurtan para ellos. Pero por eso el hurto no deja de ser hurto, y el despojo, despojo. A fe, a fe que si los despojados no fueran muertos, generalmente, que no siempre les estuviera bien su atrevimiento.

Ha de saber el lector, que un autor extranjero ha quitado a Pedro Saputo el hecho y comisión de este capítulo, para darlo a un personaje arrapiezo que jamás ha existido, y a quien finge una vida y aventuras tan enatizas como la persona, para entretener a gente música, a mozos de tienda; pajes, lacayos y niños de la escuela. Y luego quiere disimular y realzar la bajeza de su invención con alegorías del tiempo de entonces, que así medren mis enemigos como dicen a la fábula y su puro significado. Siempre han hecho esto los extranjeros; especialmente los italianos y los franceses, habiendo casi llegado a decir aquéllos que el Gran Capitán aprendió a montar a caballo de un padrone que tuvo en la Calabria; y éstos, que Cervantes nació en la tienda de un barbero de Versalles. ¿Qué extraño es, pues, que hombres de tan poco aquel (vergüenza iba a decir) se hayan propasado a quitar a Pedro Saputo la gloria del hecho que referimos? Lo que yo más siento es que lo hayan atribuido a un sujeto de tan poco valor, y cuya ridiculez y desprecio ha corrompido la gracia, ajado el color y revocado la dignidad de la acción en el héroe almudévano.
Pero tendrá su mérito propio, original y primitivo, mal que le pese al menguado biógrafo que adornó con ella la vida de su arrugado monstruoso engendro.

En la explanadilla del cabezo de la Corona había una higuera que nunca jamás había dado fruto, y aquel año produjo tres higos tan hermosos, orondos y extraordinarios, que el concejo determinó enviarlos de regalo a S. M., y nombrando a Pedro Saputo para el encargo y comisión de llevarlos. Mandaron hacer una cesta muy pulida a un cestero de Huesca, el más famoso que había en la ciudad, con tres divisiones para poner los higos separados. Y hecho todo y puestos los higos con buen mullido, entregaron a Pedro Saputo la cesta, diéronle dinero para el viaje, y tomó el camino de la corte.

A poco trecho comenzó a decir entre sí: esto que hacen los de mi lugar es una grandísima sandez, y no sé yo cómo endilgalla para que no lo parezca. Supongo que llego allá: y ¿qué digo? ¿Qué diré a aquellas raposas descoladas de los cortesanos? Y ¿qué dirán cuando vean que desde Almudévar, en Aragón, llevan tres higos a S. M. y pido audiencia y se los quiero presentar y porfío en ello? A mí, es verdad, no me pesa ir a la corte; y o yo no soy Pedro Saputo o los higos ha de vellos y recibillos el rey. Pero ¿cómo haré yo para que esta ignorancia y puerilidad redunde en estimación y crédito de los de mi pueblo? Y así discurriendo fue andando su jornada, y el cuarto día llegó a Alcalá de Henares.

Ya estoy cerca, dijo; y para lo que tengo discurrido, lo mismo son dos higos que tres; me como uno. Y se lo comió y fue adelante. Llegado al sitio que llaman la venta del Espíritu Santo, dijo: para lo que de nuevo he pensado, lo mismo es un higo que dos; me como, pues, el uno, y se lo comió y fue adelante. Llegó, en fin, al Buen Retiro donde a la sazón residía el rey y toda la real familia; y como todo lo llevase muy discurrido, compuesto y considerado, se entró en palacio muy confiado y sereno.

Era entonces lo que privaba en palacio, por ser el gusto dominante, las bufonadas y chocarrerías. De modo que la gracia y mérito de la buena conversación y trato cortesano consistía en chistes, equívocos, conceptillos y agudezas tal vez indecentes, pasando todo por de buena ley a título de discreción y galantería. Supo esto Pedro Saputo cuando pasó la otra vez por la corte; por cierto que se avergonzó de ver tanta bajeza en vez de la majestad y dignidad que correspondía a un imperio tan glorioso, a una corte como la de España, señora de tantos mundos. Pero ahora le pareció que eso mismo le facilitaba su comisión, y esperaba por ese medio salir de ella airoso.

Con efecto, llegó a palacio, y haciendo del bobo pidió ver a S. M., a quien traía un oficio del concepto de Almudévar y con él un regalo que sería contado en los anales del reino por la cosa más estupenda que se habría visto. Preguntáronle al punto los cortesanos qué era lo que traía, y respondió que primero lo había de saber S. M., que ellos lo verían y no lo catarían. Y que no le detuviesen mucho porque era hombre de poca paciencia y se metería en la cámara y aun en la cama de S. M. a pesar de todos. Ellos quisieron divertirse, y deteníanle porfiando por ver lo que traía en la cesta. Él les dijo, continuando siempre en hacer el simple: - Mirad, polillas, que si se me amostazo, echo a correr ahí adentro, descuelgo la espada de S. M. y os conjuro con ella y os mando a por almas de alquiler si hay en la corte quien las alquile, porque vais a quedar sin la vuestra. - ¿Hase visto, dijo uno de ellos, un loco más gracioso? Llevémosle a S. M. que, por san Jorge, ha de gustar mucho de oílle. Y le pusieron en medio de todos y le entraron en la cámara de S. M.

Llegado a la presencia del rey con el oficio o pliego en la mano y la cesta en la otra, le pidió licencia para presentarle un oficio escrito del concepto de su lugar, y S. M. le admitió con agrado, y leído que le hubo dijo: - ¿Conque me traes tres higos? - Sí, señor, aquí están en esta cesta. Y se la entregó a S. M. Abrióla el rey, y no viendo más de un higo dijo: - Aquí sólo hay un higo. - Pues uno, respondió Saputo. - Pero el oficio reza tres, dijo el rey. - Pues tres, respondió el bribón. - Hombre, dijo el rey; el oficio dice que me mandas tres higos y aquí sólo veo uno. - Eso, señor rey, consiste (dijo Pedro Saputo) en que ahí por ahí antes de llegar me he comido yo los otros dos. - ¡Te los has comido! ¿Y cómo has hecho?, preguntó el rey. - Así, respondió Pedro Saputo, y tomándole al rey el higo de la mano se lo comió con mucha gracia y desenvoltura. Los cortesanos que lo vieron celebraron mucho la agudeza, dijeron que chiste como aquél no se había visto; y aun S. M. se alegró y lo celebró también, y favoreció a Pedro Saputo. Así lo había él esperado y no se engañó, conociendo la puerilidad e indignidad de la corte desde el otro viaje. Mandóle el rey que no saliese del palacio sin su orden, y a los cortesanos y caballeros de su casa que le atendiesen y regalasen.

Un día le dijo el rey: - Supuesto que has visto ya mi mesa, ¿te parece si habrá algún príncipe en el mundo que sin traer nada de fuera de sus estados la tenga tan regalada? Y contestó: - Me parece que no, porque no hay ningún reino en el mundo que produzca tanta variedad de cosas y tan excelentes para el regalo de la vida. Pero faltan muchas, señor, en la mesa de V. M., e yo siendo lo que son las tengo cuando quiero mucho más exquisitas, o las como, que es lo mismo. Porque Vuestra Majestad no come el pan de Huesca ni de Andorra. - No. - Pues yo, sí. V. M. no come el carnero de Monegros. - No. - Pues yo, sí. V. M. no come las truchas del Cinca ni del río de Troncedo. - No. - Pues yo, sí. V. M. no come los nabos montañeses y de Mainar, ni el cardo ni la escarola de Alcañiz. - No. - Pues yo sí. V. M. no come el queso de Tronchón, el aceite de Fornos, las uvas de Ráfales, las cerezas de Monzón y Torre del Conde, los higos de Maella, ni las granadas de Fraga. - No. - Pues yo sí. V. M. no come la aceituna negra y curada de la Tierra Baja. - No. - Pues yo sí. V. M. no bebe el agua del Gállego o del Cinca. - No. - Pues yo, sí. - ¿Que tan buena es?, pregunto el rey. - Es tan buena, señor, respondió, que además de ser muy ligera, fácil y suave, pura como la luz, delgadísima y la más limpia que corre sobre la faz de la tierra, no padecen de gota ni apoplejías los que la beben; en especial de sus corrientes. - No me has nombrado ningún vino, le dijo el rey. - Señor, no faltan muy especiales, pero por ahora son mejores los de las provincias de Andalucía, que si mis paisanos los aragoneses no tuviesen el talento de hacer de buenas uvas mal vino, mandara V. M. traer del campo de Cariñena y otros, y la hombrearían con los mejores. - Me alegro, le dijo el rey, de que mi reino de Aragón sea un paraíso de la tierra por sus frutos naturales. Algunos ya yo los había oído nombrar, otros ya vienen a mi mesa y aun de los que tú no has nombrado; y otros habían llegado a mi noticia. Pero, en efecto, yo creo que andas un tanto cuanto exagerado en el punto de excelencia. - Señor, replicó él, en Aragón todo está a un nivel, la excelencia de los frutos de la tierra, y la nobleza de los corazones de sus naturales para amar a su rey, y la lealtad de sus pechos para defender su corona. Esta conclusión dejó al rey muy pagado, y más que habló Pedro Saputo con grande ahínco y firmeza, como hombre que sabía lo que decía.

Todos los días solía llamarle el rey a su cámara y holgaba mucho de su discreción y dichos agudos; aunque no tardó en conocer que Pedro Saputo era hombre para más que para hacer reír como un bufón sin asiento ni meollo. Hasta le llamó alguna vez cuando deliberaba con el ministro, y le llegó a pedir su parecer en gravísimos negocios del estado. Por fin se atrevió Pedro Saputo a declarar a S. M. que la comisión y regalo de los higos, como el papel de bobo que estaba haciendo, había sido achaque para introducirse, y todo para tener ocasión de decir a S. M. lo que había observado en el reino.

Las damas de palacio le querían mucho, y jugaban y reían con él por simple y sin malicia, y él se dejaba reír y jugar, y sacaba todo el partido que podía, que no era poco de todos modos. Pero algunas traslucieron muy pronto que su simplicidad era fingida, y le trataban de otra manera y le favorecían más, y se entendían con él para burlarse de algunos caballeros que se tenían por discretos.

Cansóse empero de estar en la corte y de ver constantemente al rey engañado por sus ministros y consejeros; y no atreviéndose a pelear solo una batalla tan recia como la que habría que dar a tantos y tales enemigos del rey y del reino, dijo un día a S. M.: - Señor, si V. M. me da licencia, yo desearía volver a Aragón, porque tengo que cumplir este año un voto a la Virgen del Pilar, y se acercan las fiestas. Sintiólo el rey, porque se había agradado de su buen entendimiento, y quisiera tenerle siempre a su lado. Con todo le respondió: - No te privaré de cumplir tu buena obra; y sabe que tengo envidia a los aragoneses que tan de cerca pueden visitar a aquella señora y madre de todos. Ve, pues, a tu tierra. Pero cuando estés para partir, entrarás, que has de llevar unas letras mías y un encargo de palabra a aquel mi virrey y capitán general. - Señor, dijo Pedro Saputo; yo ya me iría mañana, si V. M. no me ha menester más tiempo en la corte. - Iraste, pues, mañana, respondió el rey; y entiende que si quieres volver, siempre te veré con gusto y si algo me pides no te lo negará tu rey.

Con efecto, le despacharon aquel mismo día; él besó la mano del rey, se despidió de sus amigas y amigos, y cargado de regalos de ellas, salió de la corte y tomó el camino de Zaragoza.

jueves, 16 de mayo de 2024

Mant - Marescar

Mant, adj., maint, plusieurs.

Mant bratz, manta testa fracha,

Mant mur, manta tor desfacha,

Mant castel forsat e conques.

Bertrand de Born: Guerra e trebalh. 

Maint bras, mainte tête brisée, maint mur, mainte tour renversée, maint château forcé et conquis.

Adv. comp. Om cuoill mantas vetz los balais 

Ab qu' el mezeis se balaia. 

La Comtesse de Die: Ab joi. 

On cueille maintes fois les verges avec quoi on se frappe soi-même.

ANC. FR. Et neporquant j'ai mains anuis 

Soffers et maintes males nuis.

Roman de la Rose, v. 3561. 

Et maint d'autres bones gens. Villehardouin, p. 3.

Maiz par préière del clergié 

Ki l'en out meinte fez préié, 

E par le cunseil des baruns, 

Ki meinte fez l'en unt semunz. 

Roman de Rou, v. 5772.

ANC. IT. Mante fiate di senno s' infinge... 

Che mante volte però morti vidi. 

Barberino, Docum. d'Amore, p. 13.

(chap. Mol, mols.)

 

Mantel, Mantelh, Mantell, Manteu, s. m., lat. mantellum, manteau.

Mantum Hispani vocant quod manus tegat tantum. 

Isidore, lib. XIX, c. 24.

Voyez Aldrete, p. 271 et 366; Mayans, Orig. de la Lengua esp., t. II, p. 234 et 250.

La una m pres sotz so mantelh.

Le Comte de Poitiers: En Alvernhe. 

L'une me prit sous son manteau.

Quan viest capa sobre mantelh. 

Bertrand de Born: Bel m' es quan. 

Quand il revêt cape sur manteau. 

E m fes escut de son ric mantelh endi. 

A. Daniel: Los braills. 

Et me fît écu de son riche manteau violet. 

Ac manteu acolat. Roman de Jaufre, fol. 56. 

Eut manteau accolé. 

Fig. Nostra Dona fes son mantell de matremoni per celar sa virginitat.

V. et Vert., fol. 91. 

Notre Dame fit son manteau du mariage pour celer sa virginité. 

ANC. FR. Puis a affublé un mantel

Vair d' escarlate taint en graine. 

Fables et cont. anc., t. III, p. 311.

Et seurcot et mantel de samit. Joinville, p. 33.

Prent ung mentel d' ypocrisie. Roman de la Rose, v. 16142.

ANC. CAT. Mantell. ESP. Manteo. PORT. Manto. IT. Mantello.

(chap. Manto, mantos; mantel, mantels per a la taula; mantell, mantells; mantellina, mantellines.)

2. Manta, s. f., mante, manteau, couverture, housse.

Us vay dolan ab tal ayssa

Que no us te pro cot ni manta.

B. Alahan de Narbonne: No puesc.

Vous va dolant avec telle hache que ne vous tient profit cotte ni mante.

Manta portey mantas ves.

Raimond d'Avignon: Sirvens sui. 

Manteau je portai maintes fois. 

Caval que t sia bos 

Ab cabestre, ab manta.

Raimond de Miraval: A Dieu m. 

Cheval qui te soit bon avec chevêtre, avec couverture.

CAT. ESP. PORT. IT. Manta. (chap. Manta, mantes; manteta, mantetes.)

3. Mentill, s. m., manteau, mantelet, mantille.

Lo mentill 

C' ai trayt de mon armari. 

Guillaume de S. Gregori: Razo e dreit. 

Le mantelet que j'ai tiré de mon armoire.

CAT. Mantellina. ESP. Mantilla, mantellina. PORT. Mantilha. IT. Mantellina.

Lo agüelo y lo Mar.

Mar, s. m. et f., lat. mare, mer.

Voyez Leibnitz, Coll. étym., p. 120. 

El trametia los breus ultra la mar. Poëme sur Boèce.

Il transmettait les lettres outre la mer.

Eron passat per lo mar Rog, a pe sec. V. et Vert., fol. 26.

(chap. (Eren passats) van passá per lo mar Roch, a peu sec.)

Étaient passés par la mer Rouge, à pied sec. 

Fig. Aquesta mar amara d' aquest mun. 

Que lo puescan afangar en l' abis et en lo mar de ifern.

V. et Vert., fol. 102 et 19. 

Cette mer amère de ce monde. 

Qu'ils le puissent embourber dans l'abîme et dans la mer d'enfer.

La gran mar 

Dels blatz en espic ondeiar.

(chap. La gran mar dels blats espigats (en espiga) ondejá : fé oles, ondes.)

Leys d'amors, fol. 36.

La grande mer des blés en épi ondoyer.

La mar de las ystorias. Mém. sur Narbonne. DOAT, t. L, fol. 3. 

La mer des histoires. 

Loc. Tant es grossa la mar. V. de S. Honorat. 

Tant la mer est grosse.

El nauchier, can ve lo bel temps clar, 

Que s coch' e cor tro qu' es en auta mar. 

P. Espagnol: Entre. 

Le nocher, quand il voit le beau temps clair, qui se hâte et court jusqu'à ce qu'il est en haute mer. 

En lo gran pelech

De la mar.

V. de S. Honorat.

Dans la grande plaine de la mer.

Coma son homes de mar. V. et Vert., fol. 54. 

Comme sont hommes de mer. 

Passai un bratz de mar ab mo navei. 

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 42.

Je passai un bras de mer avec mon navire.

La crebadura de la terra per la qual la mars Betada passa per mieh la terra. Liv. de Sydrac, fol. 49.

L'ouverture de la terre par laquelle la mer Betée passe par le milieu de la terre.

ANC. FR. Et tu le déusses savoir

Qu'il n'a jusqu'à la mer Betée 

Garçon qui ne l'ait garçonée. 

Roman du Renart, t. III, v. 309. 

CAT. ESP. PORT. (chap.) Mar. IT. Mare. 

2. Marage, Maraje, s. m., plage, côte, rivage.

Lai on lo monestiers es aras el marage.

Sus en un puech pres del marage.

V. de S. Honorat.

Là où le monastère est maintenant sur la plage.

Sus en une élévation pres du rivage.

ANC. FR. Des Oure vers la mer, tot li païz marage.

Roman de Rou, v. 1885.

Là furent assemblé icele gent marage. 

Poëme d'Alexandre, Carpentier, t. II, col. 1169.

3. Marina, s. f., plage, côte, rivage, mer.

Trameton espias soven a la marina.

Velas an e bon vent, van s' en per la marina.

Lur pregan que las barcas metan a la marina.

V. de S. Honorat.

Envoient souvent des espions à la côte.

Ont voiles et bon vent, s'en vont par la côte.

Leur prient qu'ils mettent les barques à la mer.

ANC. FR. Des nés sunt ki ainz ainz issuz,

Par la marine sunt coruz.

Roman de Rou, v. 6243.

CAT. ESP. (chap.) Marina. PORT. Marinha. IT. Marina.

4. Mares, adj., marin, de mer. 

Subst. Peissos d' estanh e fluvials

Fay mot plus tost que lo mares.

Brev. d'amor, fol. 52.

Poisson d'étang et de fleuve produit moult plus tôt que le marin (celui de mer).

5. Marcx, s. m., mare, marais.

Quan hom las rainas aus braire

Per lo marcx e per lo riu.

B. Martin: Quan l' erba.

Quand on entend les raines coasser par le marais et par le ruisseau.

ANC. FR. Les suppliants feussent alez peschier en un marchaiz commun. Le suppliant abuvroit les boeufs de son hostel en un marchais ou lac.

Lett. de rém. de 1410 et de 1467. Carpentier, t. II, col. 1174.

6. Marin, Mari, adj., lat. marinus, marin, de mer.

Viu d' auzels maris. Eluc. de las propr., fol. 141.

Vit d'oiseaux marins. 

L' aires, segon natura,

Espeissat d' aiga marina, 

Pluia fai e nevolina.

Brev. d'amor, fol. 38. 

L'air, selon nature, condensé d'eau de mer, produit pluie et brouillard.

Son bestias marinas. Doctrine des Vaudois. 

Sont bêtes marines.

CAT. Mari (marí). ESP. Marino. PORT. Marinho. IT. Marino. 

(chap. Del mar: marí o marino, marins o marinos, marina, marines.)

7. Outramarin, adj., outre-marin, d'outre-mer.

A cas negres outramaris. 

Gavaudan le Vieux: Senhors. 

A chiens noirs d'outre-mer.

Eu li ai vist caval outramarin.

G. Rainols d'Apt: Auzir cugei.

Je lui ai vu cheval d'outre-mer.

ANC. FR.

Là vient la grant richesce du règne ultre-marin.

Roman de Rou, v. 3433. 

CAT. Ultramar. ESP. PORT. Ultramar, ultramarino. IT. Oltramarino.

(chap. Ultramarino, ultramarins o ultramarinos, ultramarina, ultramarines.)

8. Marinier, s. m., marinier, matelot.

Atressi cum la ballena, 

Quant li marinier son sus.

Lamberti de Bonanel: Pois vei. 

Pareillement comme la baleine, quand les mariniers sont dessus.

Tant es grossa la mar...

Que neguns mariniers non fera lo viatge.

V. de S. Honorat.

Tant est grosse la mer... que nul marinier ne ferait le voyage.

Fig. Razos e discretios son carratiers de totas las virtutz, e mariniers en la nau de l'arma. V. et Vert., fol. 62. 

Raison et discrétion sont conducteurs de toutes les vertus, et matelots dans le navire de l'âme.

CAT. Mariner. ESP. Marinero. PORT. Marinhero. IT. Mariniero, mariniere.

(chap. Mariné o marinero, marinés o marineros, marinera, marineres.)

9. Maritim, adj., lat. maritimus, maritime.

Es terra maritima. Eluc. de las propr., fol. 179. 

Est terre maritime. 

Narbona es vila maritima. Mém. sur Narbonne. DOAT, t. L, fol. 3.

(chap. Narbona es vila marítima.)

 Narbonne est ville maritime.

CAT. Maritim. ESP. (marítimo) PORT. Maritimo. IT. Marittimo. 

(chap. Marítim, maritims, marítima, marítimes.)

10. Maritimal, adj., maritime. 

Sus lo pays maritimal. Régl. des états de Prov., de 1401. 

Sur le pays maritime.

11. Demergar, v., lat. demergere, engloutir, enfoncer, abîmer.

Part. pas. fig. Pero demergat sui.

Lanfranc Cigala: Gloriosa.

Pourtant je suis englouti.

12. Somergir, Submergir, Submerger, v., submergere, submerger, plonger, noyer.

Que Jhesus lo somerga. 

Guillaume de Berguedan: Trop ai estat. 

Que Jésus le submerge.

Part. pas. Sian submergidas am vi agre. Trad. d'Albucasis, fol. 23. 

Soient noyées avec vinaigre.

Fig. Nocument es submergit en juvament. Trad. d'Albucasis, fol. 2. 

Le dommage est noyé dans le secours.

Totas aquestas erbas o alcunas de lor sian submersas en aygua en la ola.

Trad. d'Albucasis, fol. 38.

Que toutes ces herbes ou quelques-unes d'elles soient plongées dans l'eau dans la marmite.

CAT. ESP. Sumergir. PORT. Submergir. IT. Sommergere. 

(chap. Sumergí, sumergís, afoná, afonás, aufegá, aufegás, etc. Yo me sumergixco, sumergixes, sumergix, sumergim, sumergiu, sumergixen; sumergit, sumergits, sumergida, sumergides.)

13. Emerger, v., lat. emergere, émerger, sortir, apparaître.

Part. prés. Soven, al mieg del an emergent, comensa l' an legal.

Es an emergent quan hom compta..., comensan ad alcun notable cas o accident. Eluc. de las propr., fol. 122.

Souvent, au milieu de l'an émergent, commence l'an légal.

C'est l'an émergent quand on compte..., commençant à quelque notable cas ou accident. 

ANC. CAT. Emergir. (ESP. Emerger. Chap. Emergí.)

14. Enmerger, v., lat. immergere, plonger, enfoncer. 

Enmergeys aquel en boder bulhit. Trad. d'Albucasis, fol. 17.

Plonge celui-là en beurre bouilli.

 

Marabeti, Maraboti, s. m., maravédis, marabotin.

Si'l metiatz en la ma, 

Per ver dir, un marabeti, 

E per mentir, un barbari, 

Lo barbari guazanhara.

P. Cardinal: Tan son valen. 

Si vous lui mettiez dans la main, pour dire vrai, un maravédis, et pour mentir, un barbarin, le barbarin gagnera.

Cum del enfan qu' an un marabeti 

Fai hom del plor laissar e departir.

Aimeri de Peguilain: Si cum l'arbres. 

Comme de l'enfant qu'avec un maravédis on fait cesser et départir du pleur.

Que ill darian CC marabotis; e 'l reis... pres los CC marabotis.

V. de Bertrand de Born.

Qu'ils lui donneraient deux cents marabotins; et le roi... prit les deux cents marabotins.

- Sorte de redevance.

Deu en donar, per senhoria, marabeti d' aur per tot temps, cad an, a Nadal. Tit. de 1265. DOAT, t. CXXX, fol. 21. 

Doit en donner, pour seigneurie, un marabotin d'or pour toujours, chaque an, à Noël.

Ab un marabotin d' aur que lo dit Uc... ne deu donar et pagar cad an.

Tit. de 1266. DOAT, t. LXXXIX, fol. 41. 

Avec un marabotin d'or que ledit Hugues... en doit donner et payer chaque année.

CAT. Maravedis. ESP. (chap.) Maravedí (morabetino y variantes).

 

Maragde, Maracde, Maraude, Meraude, s. m, lat. maragdus, émeraude.

Fis maracdes, que resplan,

Val mais que veires vertz ni grocs.

G. Adhemar: Ben fora.

Fine émeraude, qui resplendit, vaut plus que verre vert ni jaune.

Lo maragde naturalmens

Restrenh los carnals movemens.

Brev. d'amor, fol. 40.

L' émeraude naturellement restreint les mouvements charnels.

En maraud' es pus grans valors.

Serveri de Gironne: Manhs ricx.

En émeraude est plus grande valeur.

Meraude, robi, safir, jaspi. Liv. de Sydrac, fol. 139. 

Émeraude, rubis, saphir, jaspe

Prov. Ieu non dic ges c' om en estanh 

Non puesca maracde pauzar.

P. Vidal: Abril issic. 

Je ne dis point qu'en étain on ne puisse émeraude enchâsser. 

IT. Smeraldo.

2. Maracda, s. f., émeraude.

O per maracdas o per rubis d' Orient. V. et Vert., fol. 29.

Ou pour émeraudes ou pour rubis d'Orient.

3. Esmerauda, s. f., lat. smaragdus, émeraude.

Trenta et seys esmeraudas.

Tit. de 1384. Arch. du Roy., K. 52.

Trente et six émeraudes.

ANC. CAT. Esmeragda. CAT. MOD. ESP. PORT. Esmeralda. (chap. esmeralda, esmeraldes.)

 

Marc, s. m., marc, sorte de poids. 

Falsa auna ni fals marc. Tit. de 1265. DOAT, t. VIII, fol. 142. 

Fausse aune et faux marc. 

Ar agues ieu mil marcx de fin argen.

Pistoleta: Ar agues. 

Maintenant eussé-je mille marcs d'argent fin. 

Aissi vos pogratz un denier 

Adesmar contra un marc d'argen.

Pierre, Roi d'Aragon: Be m plairia.

Vous pourriez ainsi évaluer un denier en comparaison d'un marc d'argent. 

Fig. De ton aver ni de tos marcs

No sias avars ni trop larcs.

Libre de Senequa.

De ton avoir ni de tes marcs ne sois avare ni trop large.

CAT. Marc. ESP. PORT. IT. Marco. (chap. Marc, marcs. Moneda, pes de or o argén, plata. Marc de fusta, de cuadro; marquetería. Marc: Marcos.)

Des troubadours ont joué sur le mot en faisant allusion à saint Marc. Quar, en lur cortz, fa sayns Marcx acabar

Mais que Jhesus.

G. Anelier de Toulouse: El nom de.

Car, dans leur cour, saint Marc fait achever plus que Jésus.

Motas ves ieu truep que sans Marcx

Ajuda mais et sans Donatz

Que Dieus ni dreits ni amistatz.

B. Carbonel de Marseille, Coblas triadas.

Maintes fois je trouve que saint Marc aide plus et saint Donat que Dieu ni droit ni amitié.

 

Marca, Marqua, s. f., marque, indication.

Voyez Denina, t. I, p. 190; Leibnitz, Coll. étym., p. 62; Ihre, Diss. alt., 

p. 229.

Facha lur marca e lur senhal en l' estanh, que los consolz an avut lo patron d' aquela marca e mes en l' ostal del comun.

Tit. de 1438. Hist. de Nîmes, t. III, pr., p. 258.

Leur marque faite et leur signe sur l'étain, que les consuls ont eu et mis le patron de cette marque dans l'hôtel de la commune.

ANC. FR. Et le hiaume li a trencié

Tros qu'en la coife del hauberc.

Li brans devale et fait son merc. 

Roman de Partonopeus, t. II, p. 164.

Si qu'es costez parent li merc. 

B. de Sainte-Maure, Chron. de Norm., fol. 67.

CAT. ESP. PORT. Marca. (chap. Marca, marques.)

- Droit de représailles.

En aquel cas en lo qual sera donada marqua contra un realme o encontra una provensa.

(chap. En aquell cas en lo cual sirá donada marca contra un reino o regne o contra una provinsia. Miréu que provensa : Provença : provinsia; latín Provintia, pressisamén ere una provinsia romana mol destacada.)

Lo rey non deu autreyar marqua contra los clercs ni contra las personas de la gleysa ni ecclesiasticas.

(chap. Lo rey no deu otorgá marca contra los clérigos ni contra les persones de la iglesia ni eclesiástiques.)

L'Arbre de Batalhas, fol. 207 et 209.

En ce cas dans lequel sera donnée marque contre un royaume ou contre une province.

Le roi ne doit octroyer marque contre les clercs ni contre les personnes de l'église ni ecclésiastiques.

2. Marcha, Marca, Marqua, s. f., lat. marchia, marche, frontière d'une province, d'un état.

Un honrat baron qu' era de la marca de Proensa. V. de Pons de Capdueil.

(chap. Un honrat baró que ere de la marca de Provensa.)

Un baron distingué qui était de la marche de Provence.

Castellans de Saintonge, de la marqua de Peitieu.

(chap. Castellans o catalans de Saintonge, de la marca (marquesat) de Peitieu - PoitouCatalá y castellá es lo mateixchâtelain, castlan, castellán, catalán, castlá, castlan, castellano, castellana, castellanas, catalana, catalanas, catalanes, castellanes.)

V. de Renaud de Pons.

Châtelain de Saintonge, de la marche de Poitou.

Catalá y castellá es lo mateix; châtelain, castlan, castellán, catalán, castlá, castlan, castellano, castellana, castellanas, catalana, catalanas, catalanes, castellanes

ESP. IT. Marca. (N. E. La muy conocida Marca Hispánica, con o sin tilde, les gusta mucho a los catalanistas. A los borregos catalanistas aragoneses, franchistes, les gusta más el término franja, que es lo que yo tengo entre los dos glúteos. El más franchista de todos es lo capsot de Mario Sasot.)

Mario Sasot Escuer, Lo catalá a la franja del meu cul pot entrá pronte a una crisis irrecuperable.


- Marquisat.

Las marchas son, mas no 'ls marques. 

(chap. Los marquesats existixen, pero no los marquesos.)

Bertrand de Born: Volontiers. 

Les marquisats existent, mais non les marquis.

ANC. FR.

Mult l'ont cil de ses marches creimu et redoté.

A sis bons des marches fist Richart guerréier.

Roman de Rou, v. 2633 et 4318.

L'on traitast de bonner les marches entre les Bulgres et les Alemans et les François austrasiens. 

Gest. de Louis le Débonnaire, Rec. des Hist. de Fr., t. VI, p. 148.

Quand au fait du chasteau de Fronsac, c'est le plus fort chasteau des marches de Guyenne. Monstrelet, t. III, fol. 36.

(chap. En cuan al fet del castell de Fronsac, es lo castell mes fort de les marques, de la marca, del marquesat - y ducat - de Guyena.)

3. Marcar, Marquar, Marquesar, v., confiner, marquer, désigner.

Voyez Muratori, Diss. 33. 

Las terras del rei de Fransa que marcavon ab las terras d' En Richart. 

V. de Bertrand de Born.

Les terres du roi de France qui confinaient avec les terres du seigneur Richard.

Podo marquar tant... Penhorar ni marcar ni penre. 

Cout. de Moyssac, XIIe siècle. DOAT, t. CXXVII, fol. 11 et 12. 

Peuvent marquer tant... Engager ni marquer ni prendre. 

Fig. Engans los caussic e 'ls marca.

Gavaudan le Vieux: Lo mes. 

Tromperie les choisit et les marque.

Part. prés. subst.

Dieus gart Lombardia, 

Boloigna e Milans... 

C' uns dels sers non sia, 

E 'ls bons marquesans.

Pierre de la Caravane: D'un sirventes. 

Dieu garde Lombardie, Bologne et Milan... et les bons confinants, qu'un d'eux ne soit esclave. 

Part. pas. No sia penhorads ni marcads ni destrigats.

Tit. de 1239. DOAT, t. CXXVII, fol. 35. 

Qu'il ne soit engagé, ni marqué ni détourné.

ANC. FR. La marche du roiaume de Bourgoigne qui marchist aus Lombartz... Et és terres voisines qui aus François marchissoient. 

Chron. de Fr., Rec. des Hist. de Fr., t. III, p. 2 et 291.

Les Liegois marchissans à icelle seigneurie de Namur.

Monstrelet, t. II, fol. 41. 

CAT. ESP. PORT. Marcar. IT. Marcare. (chap. Lindá, partí, marcá: marco, marques, marque, marquem o marcam, marquéu o marcáu, marquen; marcat, marcats, marcada, marcades.)

4. Marcanco, adj., commandant de marche.

En un puh es Folchiers, lo marcanco.

(chap. A un puch está Folquet, lo comandán de la marca.)

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 24.

En une élévation est Folquet, le commandant de marche.

5. Marques, Marquis, s. m., marquis. 

Las marchas son, mas no 'ls marques.

Bertrand de Born: Volontiers.

Les marquisats existent, mais non les marquis.

A la mort no s sap escrimir 

Reis ni coms ni ducx ni marquis.

(chap. De la mort no se sap escapá ni rey ni conde (o comte) ni duc ni marqués.)

Pierre d'Auvergne: Cui bon vers.

A la mort ne se sait soustraire roi ni comte ni duc ni marquis.

Reis et emperadors,

Ducs, marques e comtors.

Giraud de Salignac: Esparviers.

Rois et empereurs, ducs, marquis et comtors. 

CAT. ESP. (marqués) Marques. PORT. Marquez. IT. Marchese.

(chap. Marqués, marquesos; marqueset, marquesets. A Beseit va sé famós lo marqués del Freginal, un home noble pero sense títul, que se podríe pintá en la paleta de colós que fée aná Akira Toriyama; pero no vull di quí ere ni perqué li van ficá este mote.)

6. Marquesa, Marqueza, s. f., Marquise.

Entendia se en la marquesa, qu'era filla del comte d'Urgel.

(chap. Se enteníe en la marquesa, que ere filla del comte de Urgel o Urgell. Com veéu, en ocsitá no abunde la ll final escrita; se pot vore si ya ere ll comparán la rima en datres paraules.
A Beseit tamé va ñabé una marquesa del Freginal, y tampoc diré quí ere.)

V. de Bertrand de Born.

Mettait son affection en la marquise, qui était fille du comte d'Urgel.

Tot mi platz de mi dons, la marqueza.

Peyrols: Be m cujava.

Tout me plaît de ma dame, la marquise.

Fig. Sobre totas a de beutat l' empier;

Reina es de joi ses contenso...

E marquesa de ben dir sa razo.

Gausseran de S. Leidier: Puois fin' amors.

Sur toutes elle a l'empire de beauté; elle est reine de joie sans contestation... et marquise pour bien dire sa raison.

CAT. ESP. Marquesa. PORT. Marqueza. IT. Marchesa.

(chap. Marquesa, marqueses; dim. marqueseta, marquesetes.)

7. Demarchar, Demarquar, v., démarquer, séparer, distinguer.

Lo dit leguat fec partir e demarchar la dita armada.

(chap. Lo dit legat va fé partí (anassen) y desmarcá (marchá) la dita armada.)

Chronique des Albigeois, col. 8.

Ledit légat fit partager et distinguer ladite armée.

CAT. ESP. PORT. Demarcar. (chap. Marchá, desmarcá, desmarcás, separá, separás. Desmarcá se fa aná mol al fútbol; cuan te marquen, te desmarques, te separes, t' apartes, marches.)

8. Marescar, v., marquer, faire la marque pour laquelle on percevait un droit.

Marescar e tersar. Tit. de 1490. Bordeaux, Bibl. Monteil. 

Marquer et tiercer.