Mostrando las entradas para la consulta Toribio ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Toribio ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de junio de 2026

Método tijera o cizalla para la creación de nombres propios en el dialecto occitano catalán.

Método tijera o cizalla para la creación de nombres propios en el dialecto occitano catalán.

Método tijera para creación de nombres propios en dialecto occitano catalán

1. El "Método Tijera" (Cortar por la O y listos)

Al quitarles la O final, muchos nombres se quedan con una terminación tan abrupta que parece que se les ha cortado la respiración a mitad de frase.

sissalla, sissalles, cizalla, cizallas

 

 

 

 

 

 

 

 

2. La evolución con solera (ejemplos: Armengol, Cugat").

Frente a la tijera moderna, están esos nombres que cambiaron en la Edad Media de forma orgánica, transformándose en palabras con personalidad propia, donde no solo se cae la "O", sino que mutan las consonantes por el habla popular de la época.

Hermenegildo - Armengol (como muchos condes de Urgel, Urgell).

Gervasio - Gervasi (tijera) frente al histórico Gelmar o Gervais (según la zona).

Raimundo - / Ramón (aquí la evolución simplificó el diptongo con fuerza). Raimón; Raimond; Junto con Ranimiro, Ramiro. Ramoncho, Ramonchu, Moncho.

Moncho, piedra, pedra, eixecacoduls

Esteban - Esteve (aquí hay mutación de la b a la v, no solo corte); Estienne, Étienne; Stephanus, Stephan, Steve Urkel no era del Urgel, etc.

San Esteban, protomártir, el primer mártir, Sant Esteve, Stephanus

Lorenzo - Llorenç (la L inicial se palataliza y la z se convierte en esa ç tan característica).

Baudilio - Boi (¡este es el rey del cambio! De Baudilio a Sant Boi o Boy (Sanboy) va un abismo que ni la mejor tijera).

Baudilio, restaurante, Valderrobres, Fabiana Arévalo

De Medardo pasamos a Sant Medir, una evolución fonética de las de antes).

Cucufato o Cucufate (Cucuphati) - Cugat (otro cambio drástico de la raíz latina medieval, nada de cortar solo la última letra).

//

Alejandro Alejandr

Alonso Alons / Alfonso; Amfos; Alfons;

Alvaro o Álvaro - Alvar o Álvar (al bar)

Ambrocio Ambroci

Ambrosio Ambrosi

Anacleto Anaclet

Anastasio Anastasi

Anselmo Anselm

Antonio Antoni (Toni)

Apolonio Apoloni

Arévalo, Aréval

Arnaldo Arnald (Arnaut, Arnaud, Arnau)

Otegi, EH, Bildu, Barcelona

Arturo Artur

Artur Quintana Font, barretina, boina de gairó


Atilano Atilan

Atilio Atili

Augusto August

Augustino Augustin

Aurelio Aureli

Basilio Basili

Benito Benit (Benet; Benezeg; Benoît) (Benedicto, Benedictus, etc.)

Bernardo Bernard (Bernatz, Bernat)

Bonifacio Bonifaci

Calixto Calixt

Camilo Camil (sin embargo, el aragonés catalanista Ignacio Sorolla Vidal no le llama Camil.)

Cándido Cándid

Casimiro Casimir

Cecilio Cecili

Celestino Celestin

Celso Cels

Cesáreo Cesáre

Ciro Cir

Ciriaco Ciriac

Cirilo Ciril

Claudio Claudi

Clodoveo Clodove (Clovis)

Cornelio Corneli

Crisanto Crisant

Cristiano Cristian


Dacio Daci

Dámaso Dámas

Damián Damiá

Danilo Danil

Darío Darí

Demetrio Demetri

Desiderio Desideri

Desideri Lombarte parlabe chapurriau

Diego Dieg (Didac; Didacus)

Diodoro Diodor

Dionisio Dionisi

Domingo Doming

Donato Donat

Doroteo Dorote

Duilio Duili


Edmundo Edmund

Eduardo Eduard

Egidio Egidi

Eladio Eladi

Eleuterio Eleuteri

Eligio Eligi

Eliseo Elise

Emilio Emili

Enzo Enz

Epifanio Epifani

Erasmo Erasm

Ernesto Ernest

Esmeregildo Esmeregild

Eufemio Eufemi

Eugenio Eugeni

Eulogio Eulogi

Eusebio Eusebi

Eustaquio Eustaqui

Eutiquio Eutiqui

Evaristo Evarist


Fabio Fabi

Fabiano Fabian

Fabricio Fabrici

Fausto Faust

Federico Federic

Felicio Felici (Félix; Feliu)

Feliciano Felician

Fernando Fernand (Ferran; Ferrand; Ferdinando, Ferdinandus)

Fidencio Fidenci

Filiberto Filibert

Filomeno Filomen

Flavio Flavi

Florencio Florenci

Florentino Florentin

Fortunato Fortunat (y Jacinto, Jacint)

Francisco Francisc (Francesc; Cesc; Cisco; Franciscus)

Fulgencio Fulgenci


Gelasio Gelasi

Gerardo Gerard

Germano German (Germán; Germain)

Gerónimo Gerónim
Jerónimo Jerónim

Gervasio Gervasi

Giraldo Girald (Giralt; Geralt; Gerald)

Godefredo Godefred

Gonzalo Gonzal

Gregorio Gregori

Gualterio Gualteri

Guido Guid

Guillermo Guillerm

Gundemaro Gundemar

Gustavo Gustav

Heberto Hebert

Heliodoro Heliodor

Heraclio Heracli

Heriberto Heribert

Hermenegildo Hermenegild (Armengol)

Herminio Hermini

Higinio Higini

Hilario Hilari

Hipólito Hipólit (Pólit de la Ascuma; San Pólit de Areñs de Lledó)

Homero Homer

Honorio Honori

Horacio Horaci

Humberto Humbert

Ignacio Ignaci (Nacho, como Sorolla Vidal.)

Natxo Sorolla, rog, roch, roig, Peñarroya de Tastavins

Ildefonso Ildefons

Inocencio Inocenci

Ireneo Irene

Isauro Isaur

Isidoro Isidor

Isidro Isidr


Jacinto Jacint

Jacobo Jacob

Josefo Josef

Julio Juli

Justo Just

Ladislao Ladisla

Laureano Laurean

Lázaro Lázar

Leandro Leandr

Leocadio Leocadi

Leonardo Leonard

Leoncio Leonci

Leopoldo Leopold

Liberato Liberat

Liborio Libori

Lino Lin

Livio Livi

Lorenzo Lorenz

Lucio Luci

Luciano Lucian

Ludovico Ludovic (Louis, Luis, Lluís, y muchas variantes como Hludovico)

Lluis Companys, Fossar, Pedrera, mausoleo


Macario Macari

Macedonio Macedoni

Magno Magn

Mamerto Mamert

Manolo Manol (Manel, de Manuel)

Marco Marc

Marcelo Marcel

Marcelino Marcelin

Marciano Marcian

Mario Mari

Mariano Marian

Martino Martin (Martín, Martí)

Mateo Mate

Mauro Maur

Mauricio Maurici

Máximo Máxim

Maximiano Maximian

Maximiliano Maximilian

Maximino Maximin

Modesto Modest

Narciso Narcis

Nazario Nazari

Nemesio Nemesi

Nicasio Nicasi

Nicodemo Nicodem

Nilo Nil

Nino Nin

Norberto Norbert


Octavio Octavi

Octavio Serret, Valderrobres


Olegario Olegari / Olaguer

Olimpio Olimpi

Oliverio Oliveri

Onésimo Onésim

Orencio Orenci

Orfelio Orfeli

Orlando Orland

Oswaldo Oswald

Oto Ot (de Moncada)

Otilio Otili

Ovidio Ovidi

Pablo Pabl

Pancracio Pancraci

Paolo Paol

Patricio Patrici

Paulino Paulin

Pedro Pedr (Pere, Pedrito, Perico, Peret,  de Petrus)

Pelayo Pelay

Perfecto Perfect

Petronio Petroni

Pío Pí

Plácido Plácid

Plutarco Plutarc

Policarpo Policarp

Pompeyo Pompey

Pompeyo Fabra, gramática de la lengua catalana; llengua valenciana

Ponciano Poncian

Porfirio Porfiri

Primitivo Primitiv

Procopio Procopi

Prudencio Prudenci

Quinto Quint

Quirino Quirin

Rafaello Rafaell

Raimundo Raimund
Ramiro Ramir
Raymundo Raymund

Regino Regin

Régulo Régul (la Régula)

Remigio Remigi

Renato Renat

Reynaldo Reynald

Ricardo Ricard

Roberto Robert

Rocco Rocc

Rodrigo Rodrig

Rogelio Rogeli

Rolando Roland

Romualdo Romuald

Rómulo Rómul (y Remo, Rem)

Rosendo Rosend

Rufino Rufin

Ruperto Rupert

Rústico Rústic

Sabino Sabin

Sacramento Sacrament

Sancho Sanch

Santiago Santiag

Santino Santin

Saturnino Saturnin (Sadurní)

Saulo Saul (: Saúl)

Segismundo Segismund

Segundo Segund

Sergio Sergi

Severo Sever

Severiano Severian

Severino Severin

Silverio Silveri

Silvio Silvi

Simplicio Simplici

Sinesio Sinesi

Sinforiano Sinforian

Sixto Sixt

Sotero Soter

Tadeo Tade

Tarsicio Tarsici

Teodolfo Teodolf

Teodoro Teodor

Teodosio Teodosi

Teófilo Teófil

Teótimo Teótim

Terencio Terenci (Moix)

Tiberio Tiberi

Tiburcio Tiburci

Timoteo Timote

Tito Tit

Toribio Toribi


Ubaldo Ubald

Urbano Urban

Valerio Valeri

Valeriano Valerian

Vasco Vasc

Venceslao Vencesla

Victorio Victori

Victoriano Victorian (San Victorián)

Victorino Victorin

Virgilio Virgili

JM Virgili i Ortiga, morts, carretera, Espanya, C14, autovía, catanazi

Vito Vit

Wenceslao Wencesla

Wilfredo o Wifredo Wilfred o Wifred (Guifre, lo pelut, piloso, pilós)

Yago Yag (= Jaume, Jaime, Jayme, Iavmes; Santiago, Thiago, etc.)

Zeno Zen

Zofio Zofi

Zósimo Zósim

//

CARTA CXVII.

Historia del monasterio de Alaón, o de la O. con el catálogo de sus Abades, y algunas curiosidades del mismo.
 
Mi querido hermano: Este antiguo monasterio de la orden de San Benito, no ha tenido la felicidad de conservar las escrituras de sus primeros siglos, como las han conservado casi todos los de esta provincia. De ellas no tienen sino copias en un libro del siglo XVI, y copias tan malas que no me atreví a tomar siquiera una nota de su contenido. El Cardenal Aguirre publicó en la colección de concilios, la escritura de su fundación, o sea el precepto con que Carlos el Calvo la confirmó año V de su reinado, el cual redujo dicho escritor al año 832 de Cristo, equivocación notable, porque Carlos no entró a reinar hasta que murió su padre Ludovico Pío en 840.
 
Y como en esto se engañó ¿quién sabe si habrá otros yerros en el contenido de la escritura? En fin, por ella consta que Vandregisilo Conde, y su esposa María habían edificado este monasterio diez años antes, con consentimiento de sus hijos, entre los cuales cuenta a Atón y su mujer Einzelina, Condes de Pallás, estableciendo en él la regla de San Benito y sujetándola al monasterio de San Pedro de Cires (Siraciense), y que lo habían dedicado Bartolomé, Arzobispo de Narbona y Sisebota (Sisebuto), Obispo de Urgel, a cuya diócesi pertenecía. Hoy es de la diócesi de Lérida. Confirma, pues, el Rey todas las donaciones que se habían hecho a la nueva casa y a su perpetuo Abad Obbonio (a: De esta escritura hablan largamente analizándola muy detenidamente los historiadores de Languedoc, tom. I al año 844.).
 
En este documento se da a este lugar el nombre de Alacoon. Otras escrituras antiguas le llaman Alagón y Alaón. Este último parece haber prevalecido, y de él por corrupción se llama el monasterio de La O; no como dicen vulgarmente, porque el estrecho barranco donde corre la Noguera de Ribagorza forme la figura de una O, que si esto valiera, mejor debiera llamarse de la L, ni tampoco de la advocación de nuestra Señora de la O, cosa muy moderna respecto de la antigüedad de la casa.
 
En un privilegio que concedió Bernardo Conde de Pallás a esta casa y su Abad Frugello (Vid. Marca Hisp. Ap. núm. XXXIII), y en otros documentos posteriores suena dedicada a Santa María y San Pedro y situada in pago Palliarense in valle Urritense.
 
Que este monasterio se edificase hacia el 834, se confirma por el testamento del Obispo de Urgel Sisebuto II hecho el año 839, en el cual deja la siguiente manda: Do et concedo similiter domum domnae meae Virginis Mariae, monasterium Alaone, Bibliotecam (libro así llamado).
 
A la claridad con que consta que en este monasterio se mandó profesar y se profesó efectivamente la regla de San Benito con Abad propio e independiente, cuya elección era propia de los monjes, no se opone lo que decía en el año 1092 de Cristo, dotando a la catedral de Roda su Obispo Raimundo Dalmacio: Abaciam Alaonis insuper eis trado (a los canónigos), et precipio ut semper monachorum conventus ibi maneat; Abas vero qui ibi erit, ab Episcopo et canonicis Sancti Vicentii (de Roda) eligatur, et semper sit eis subditus. Porque de estas palabras no se infiere, que Alaón variase de regla o perdiese el derecho de nombrarse su Abad: sólo aluden a la jurisdicción episcopal, que debían reconocer en Roda, como en su matriz; y así eligatur no es preciso tomarlo por elección, sino tan sólo por confirmación del electo. A esta sujeción era consiguiente el derecho de que ya entonces estaba en posesión el Abad de asistir a la elección del Obispo Rotense junto con los canónigos, como consta que lo verificó Abbo en la del Obispo Borrell en 1017.
 
Fáltales aquí el catálogo de sus Abades. Diré de algunos, cuyas memorias he hallado e ido apuntando en varias partes.
 
Existencia.
 
Obbonio, fundador 834. 844. (Obboni)
 
Brandila 861
 
Centullo 882 (Centull)
 
Trugello 925 (Trugell)
 
Oriulfo 973 (Oriulf)
 
Eximino 1002 (Eximin)
 
Ponce 1015
 
Abbo 1017 (Abb)
 
Velasco 1032 (Velasc)
 
Alhelmo 1039 (Alhelm)
 
Bernardo 1077 (Bernard, este es muy usado, Bernatz, Bernat)
 
A este Abad y su monasterio dio en este año el Obispo de Zaragoza Julián, la iglesia de Suriana, que era de su diócesi: va copiada del original (a: Ap. núm. XXXVIII.).
 
Álvaro. (Álvar)
 
Altemiro. (Altemir, que visitó las cuevas de Altamira.)
 
Enego. (Eneg; Eneco, Íñigo, Ignacio, Nacho, etc.)
 
Evarardo. (Evarard)
 
Estos cuatro Abades se nombran como ya difuntos en la contestación de este monasterio a la encíclica en que el de Ripoll le participó en el año 1102 la muerte de su Abad Bernardo.
 
Arnaldo 1104. (Arnald; Arnaud; Arnau)
 
Don Pedro I de Aragón dio a este Abad la iglesia de San Bartolomé, que acababa de construir en el castillo de Calasanz, para que le ayudasen a dar gracias a Dios por los beneficios recibidos de su mano, particularmente en la expugnación y toma del dicho lugar y su castillo, el cual dice que conquistó el día 23 de agosto en 1102. Va copia (b: Ap. núm. XXXIX.).
 
Bernardo 1125.
 
Va copia de una donación que le hizo ese año (era 1163) la Reina Doña Berta, mujer de Don Pedro I de Aragón (c: Ap. núm. XL.).
 
Ponce 1125. 1155.
 
Pedro Ramón 1158.
 
Ponce 1170. 1192.
 
Bernardo 1199. 1204.
 
Berenguer de Cornudella 1210. 1216.
 
Ramón de Montfromid 1227.
 
Guillermo de Cornudella 1233. 1249.
 
Bernardo de la Piedra 1255.
 
Guillermo de Claramunt 1259. (Guillerm; Guillem, Guilhem, etc.)
 
Ferrer 1272. 1295.
 
Guillermo de Villaflor 1336. 1345.
 
Pedro 1359.
 
Guillermo de Vilamur 1414.
 
Amalrico 1428 (Amalric)
 
Antonio de Mur 1487. 1490.
 
Martín de Sese (Sesé) 1540.
 
El archivo es poca cosa, según ya insinué. De códices manuscritos no vi ninguno, sino es un Breviario de la orden de San Benito de mitad del siglo XIV. Y es fama que los había muy apreciables por su antigüedad, pero tuve el sentimiento de no hallarlos, porque los había extraído de allí el Sr. Abad y Lasierra, que después fue Arzobispo de Selimbria e Inquisidor general. De estos robos literarios podía poner un largo catálogo. Mas ¿qué haré con referirlos si lejos de castigarlos el gobierno, tal vez premia a sus autores enriquecidos con la hacienda común?
 
La iglesia parece ser obra de hacia el siglo XII: está blanqueada y desfigurada con adornos y altares de mal gusto. En los claustros hay una piedra con este letrero: Ermengaudus et Ermesen. uxor eius hunc porticum fecerunt facere, et hic notatur locus sepulturae eorum.
 
No puedo acomodarme a creer que estos fuesen Condes de Urgel, como allí me quisieron persuadir, puesto que lo calla la piedra, donde quedó lugar para decirlo y mucho más.
 
Dios te guarde, etc.
 

// Harán lo mismo con nombres femeninos los pixapins?

sábado, 27 de julio de 2024

2. 15. Sap Pedro Saputo de fray Toribio, lo del códul, y se quede al seu poble.

Capítul XV.

Sap Pedro Saputo de fray Toribio, lo del códul, y se quede al seu poble.

Tan pronte va perdre de vista lo poble de Morfina, li va torná a agarrá lo malsón dels alguasils, sol en pensá que camináe cap al seu poble aon sense duda lo aguardaben pera péndrel. A tot li anáe donán la isquiarra així com per instín, y si no se apartabe tampoc se arrimabe; ademés de habé adelantat mol poc en tres díes que portáe de marcha desde la despedida dels seus compañs, perque tot ere equis y marros lo que fée.

Lo matí siguién va allargá lo pas en intensió de aviás per los montes de la serra de Guara y passá si ere menesté lo Pirineu; cuan allá a les nou poc mes o menos va vore vindre per un atre camí a la dreta una multitut de gen que per les señes ere una professó o romería. Allá van, va di y allá vach yo tamé; un estudián a tot arreu es ben ressibit, y este traje me libre de sustos. Va dixá passá la professó y va aná a ajuntás en los ressagats, que eren joves que se preocupaben mol poc de la religió de la festa, y mossetes mol alegres que tamé se trobáen milló en aquella compañía que en los que anáen dabán resán rosaris y letaníes. Va pensá en lo penitén de Barbastro y va di: ¡cuans farán avui la mateixa penitensia!

Van volé divertís en ell com gen de poc servell; pero les seues respostes eren tan agudes, les seues paraules tan tallans, que en poc rato se li van declará amics, y tres de ells lo van convidá a minjá al seu rancho.

- Si mos han de fé compañía estes sagales, va di ell, assepto lo convit, si no, no. Ya sabéu que la dona es la grassia de la vida y la gloria de la fortuna, sense elles está mort lo món y la fortuna es casi tan próspera com contraria. Cada vegada que parláe se prendaben mes de ell aquells mossos.

Un de ells al poc rato li va di:

- Ara penso yo que lo caball de Roldán, que va saltá aquelles peñes de una a l'atra (les estáe mirán de frente), habíe de sé ben saltadó y ligero.

- Yo vach está una vegada allí, va di un atre, desde Santolarieta; y lo mínim que ña de una part a l'atra es un llarg tiro de bomba.

- ¿Y sabéu vatros, va di Pedro Saputo, lo que va passá después de fotre lo caball tan gran bot?

- Natros, van contestá, no sabem mes que Roldán va saltá aquelles peñes escapán de Oliveros de Castilla.

peña de Amán

- Pos be, va di Pedro Saputo, yo tos diré lo demés. Lo caball se va reventá al caure a l’atra part, y Roldán va escomensá a corre a peu, y brincán de peña en peña hasta l'Ou de San Cosme, va pujá a dal de tot, y a Oliveros, que se va quedá a l’atra peña mirán y en tres pams y mich de nassos, li va fé dossentes sixanta y vuit figues y cuatressentes noranta set butifarres. ¿Sabíeu aixó vatres? 

- No, li van contestá.

- Pos tampoc sabréu, va continuá ell, un atra cosa que va passá encara mes grossa que lo salt. Al caball, al tems que atravessáe l'aire, li van caure les sobres al riu Flumen per art y malefissi de un encantadó; lo Flumen les va portá a la Isuela, la Isuela a Alcanadre, Alcanadre al Cinca, lo Cinca al Segre, lo Segre a l'Ebre, lo Ebro al mar, lo mar se va abalotá y de ola en ola van aná les pesses a pará a la ribera de África entre dos cabrahigos, y allí va naixe una mota, que va traure tres flos mol majes, una blanca, un atra negra, y un atra morada; va arribá una yegua y se va minchá les flos y la mota; y va parí después tres caballs dels mateixos colós que les flos; los caballs anáen tan a escape, que corríen y brincáen trenta y dos vegades mes depressa que lo ciervo mes rápit de la serra de Ontiñena.

Encantadets, en la boca uberta, bobos per dins y per fora estáen ixos joves y mossetes sentín contá al burlón de Pedro Saputo aquell maravillós cuento; y sense donassen cuenta van arribá a la ermita. Van descansá una mica, y apuntalanse al magre y cansalada, se van escomensá los ofissis, o sigue, la missa.

Estáe Pedro Saputo a la iglesia en los seus nous amics, y va vore pujá al predicadó al púlpito. ¡Oh quina casualidat! ¡Oh quina geló li va entrá al vórel y conéixel! Ere lo mateix pare prior dels carmelitas de Huesca; lo que habíe ajustat la pintura de la capella. Pero va pensá en lo seu disfrás de estudián, y se va assegurá de la borrasca.

Va arribá la hora de minjá y sen va aná al rancho aon estáe convidat, al que va reiná la franquesa y la alegría, y tamé potsé algún exés de libertat. Va durá tan lo minjá y lo beure, y lo riure, que va tindre tems un tío de un de aquells mossos que habíe minjat a la taula del predicadó, de vindre aon ells estáen y contáls un cas mol grassiós que habíe referit son pare minchán. Y los conte pun per pun lo cas de Pedro Saputo en la pintura de la capella y lo arrebato y manera en que va tancá la boca al flare que anáe a provocál tots los díes. 

- Pera un mes, va afegí, diu que va tindre que curás fray Toribio, ple de nafres y faixes. Y lo pare predicadó diu que sen enríe mol contanu, y que sol sentíe que no tornare Pedro Saputo a continuá la pintura, pos no volíe que datre ficare les mans an ella. Sentinu Pedro Saputo, va di per an ell: pos com se va escapá lo flare, segú puc aná ara al meu poble, y segú entrá a Huesca y hasta visitá al pare prior si me ve a má.

Caíe la tarde depressa; y reunida la gen dispersa van formá la professó y van marchá. Pedro Saputo se va despedí dels seus amics y va torse cap al seu poble en gran dessich de vore a sa mare y entregali les perres que habíe aplegat o arreplegat. Pero pera que no se sapiguere que va aná de tuno en los estudians, volén tindre dissimulada esta part de les seues aventures per está massa relassionada en lo del convén, va aná per Huesca, se va fé un traje nou de caballé, y va arribá al seu poble per lo mateix camí que habíe eixit.

¡Al seu poble! ¡Y casi chiquet que encara ere! ¡Y tan tems aussén!

¡Oh montes del meu poble! ¡Oh peñes, fons, valletes, riu, ambién, sel, nugols y celajes coneguts! ¡Oh sol y lluna que fa propis lo horizonte, y bañéu de la mateixa linea de ell los mateixos objectes sempre, los mateixos collets y faixes, los mateixos edifissis, la mateixa terra, y sempre del mateix modo! ¡Ay, tot aquí me coneix y me abrasse, tot es amor recíproco, tot cariño, dolsó, descans, tranquilidat, confiansa y seguridat! ¡Los ecos tan familiás; los muixonets fills del país, lo seu can acostumbrat o acostumat, lo seu vol sabut, los seus puestets frecuentats! ¡Los abres que vach vore de chiquet, si ne va desapareixe algún espessial o notable com lo platané de la Roseta sén lo cor la seua falta y no se console de no vorels! ¡Oh vana, engreída y engañosa filossofía, que este humano instín has volgut negá y vas traballá bárbara y nessia pera destruí esta sensibilidat, este amor a la patria, la coexistensia nessessaria, pressisa, natural y justa de este amor y de la vida! ¡Ay del que no cride seu lo sel que lo va vore naixe y lo mire en indiferensia! ¡Aparteulo del meu costat, pero lluñ, sí, ben lluñ, pos no lo vull com amic, ni sirá, si puc, lo meu compañ ni a la pas ni a la guerra!

Alborosat y en un jubileu que lo enarboláe y humits los ulls de tendresa va vore Pedro Saputo después de esta primera aussensia de set a vuit mesos lo horizonte, la linea del seu poble, lo monte de edifissis que se eixecáe a la vista, y va vore crusá y remontás les turcassos que pareixíe que lo saludaben en lo seu guc guc.

No ña allí ni riu, ni vall, ni fons, no ñan grans y siñalats objectes particulás; pero va trobá lo mateix amat sel, la mateixa amada terra, campiña, los mateixos camins, avingudes y erms que de chiquet recorríe; y ere, en fin, la seua vila, ere lo seu lloc, lo seu poble, la seua patria; y allí estáe la seua cuna y casa seua aon se va criá tan dolsamen; y allí sobre tot estáe sa mare y les demés persones del seu etern primé amor, que lo volíen en tendresa y lo habíen de voldre tota la seua vida.

Pero va volé entrá de nit pera evitá que se amotinaren los veíns a vórel; y se va aná aturán y fen tems, saboreján a la seua imaginassió la sorpresa y alegría de la arribada. Y perque no ere segú trobá a sa mare a casa an aquella hora va aná a la de sa padrina y va ensertá, perque estáe allí; anansen los dos después de acabá de abrassál y entendrís; y de sená tamé, pos no los van dixá anassen sense que senaren. Li van preguntá ansiosamen aón habíe estat y qué habíe fet tan tems, y ell contestáe que corre món, y vore món, y prometinlos cuentos llarcs.

Lo van visitá per lo matí totes les persones del poble, y abans y primé que ningú les seues dos amigues Rosa y Eulalia en molta franquesa y cordialidat; y tots se admiraben de vórel tan creixcut y tan home.

A los pocs díes va ressibí una carta del prior del Carmen a la que li donáe la benvinguda y li díe que no habén volgut que datre pintó continuare la obra de la capella, li suplicabe vinguere a concluíla, ya que lo de fray Toribio lo del códul no va sé gran cosa; y que en tot cas ell faríe que ni este flare ni datre lo molestaren. Pedro Saputo li va contestá al prior que aniríe la próxima semana a vores en ell, después de dixá ben encaminat un remiendo que estáe fense a casa seua, perque va volé arreglala una mica y renovala per dins. En efecte així que va tindre fet lo que mes pressa corríe, va aná cap a Huesca, y va entendre en mol gust de boca del prior lo escarmentat que va quedá fray Toribio, al que se li va maná baix pena de santa obediensia que ni una vegada parlare en lo pintó ni entrare están ell a la capella. Va continuá, pos, la seua obra, lo que va permití la estassió hasta que va calá en forsa lo hivern. Los mesos mes crugos los va passá a Almudévar dedicat al estudi y a la música.

Va vindre la primavera: la primavera, ¡ay! estassió tan apassible y dessichada, estassió tan plassentera y amable, y que pera natros ha desaparegut del añ. Lo món físic patix a la par que la moral y la política. ¡Quin tems que ham alcansat! ¡Qué diréu de natros, futures generassions!

Va vindre, com día, la primavera; va doná orden al que habíe de fé a casa seua, vivín tan en sa mare com en sa padrina, va acabá la obra de la capella, passán totes les semanes a vore y dirigí la seua perque no sen fiabe dels paletes, obrés.

Y la una y l'atra se van acabá a un tems, emportanse les singsentes libres de la de Huesca y un bon regalo que li va fé lo prior, perque li habíe fet dissimuladamen lo retrato al patriarca san Elías.

Les dos sales que va dixá pintades al poble van mereixe tantes alabanses dels forastés que les veíen, y alguns de ells en inteligensia, que lo bon agüelet del mossen va volé que tamé li pintare algo a casa seua, y li va doná gust y u va fé de vades per lo amor tan tendre que li debíe. Y a un atre ric li va pintá la sala del estrado. Lo va previndre Eulalia que no faiguere cosa milló que a la seua sala, perque se enfadaríe; y ell li va contestá: encara que vullguera no podría, perque ñabíe a la teua un ángel que me inspirabe.

No va acudí a la sita en los estudians; ells sí, y tan puntuals que per minuts portáen la hora. Burlats de la seua esperansa, van visitá a don Severo; y dissimulán Morfina, y portán recomanassió del pare pera portá al compañ del añ passat, van torse a la zurda y van passá la vía recta a Navarra per si lo trobáen. Ell se va enterá del pas de ells, pero se va aguantá y va riure; y perque va sentí no torná sisquera a un bon pasagonzalo de tuna, va carregá mes al amor de Eulalia uns díes pera consolás y ressistí aquella cridada tan forta y tossuda.


Original en castellá:

Capítulo XV.

Sabe Pedro Saputo de fray Toribio, el del guijarro, y se restituye a su pueblo.

Lo mismo fue perder de vista el lugar de Morfina, que le volvió a cargar la pesadilla de los alguaciles, sólo con pensar que caminaba hacia su pueblo en donde sin duda le aguardaban para prenderle. Con todo le iba dando la izquierda así como por instinto, y si no se apartaba tampoco se acercaba; además de haber adelantado muy poco en los tres días que llevaba de marcha desde la despedida de sus compañeros, porque todo era equis y marros lo que hacía.

La mañana siguiente alargó el paso con intención nada menos de lanzarse por los montes de la sierra de Guara y pasar si era menester el Pirineo; cuando sobre las nueve poco más o menos vio venir por otro camino a la derecha una multitud de gente que por las señas era una procesión o romería. Allá van, dijo y allá voy yo también; un estudiante donde quiera es bien recibido, y este traje me libra de sobresaltos. Dejó pasar la procesión y fue a juntarse con los rezagados, que eran jóvenes que se curaban muy poco de la religión de la fiesta, y mozuelas muy alegres que también se hallaban mejor con aquella compañía que con los que iban delante rezando rosarios y letanías. Pensó en el penitente de Barbastro y dijo: ¡cuántos harán hoy para igual penitencia!

Quisieron divertirse con él como gente de poco seso; pero sus respuestas eran tan agudas, sus palabras tan cortantes, que a pocas pruebas se le declararon amigos, y tres de ellos, le convidaron a comer en su rancho. - Si nos han de hacer compañía estas muchachas, dijo él, acepto el convite, si no, no. Ya sabéis que la mujer es la gracia de la vida y la gloria de la fortuna, sin ellas está muerto el mundo y la fortuna es casi igual próspera o adversa. Cada vez que hablaba se prendaban más de él aquellos mozos.

Uno de ellos a poco rato dijo: - Agora pienso yo que el caballo de Roldán, que saltó aquellas peñas de una a otra (las estaba mirando de frente), había de ser bien saltador y ligero. - Yo estuve una vez allí, dijo otro, desde Santolarieta; y lo menos que hay de una a otra es un largo tiro de bomba. - ¿Y sabéis vosotros, dijo Pedro Saputo, lo que sucedió después de dar el caballo tan grande salto? - Nosotros, respondieron, no sabemos más sino que Roldán saltó aquellas peñas huyendo de Oliveros de Castilla. - Pues bien, dijo Pedro Saputo, yo os diré lo demás. El caballo se reventó al caer en la otra parte, y Roldán echó a correr a pie, y llegando de peña en peña al Huevo de San Cosme se subió a lo alto, y a Oliveros, que se quedó en otra peña mirando y con tres palmos y medio de narices, le hizo doscientas sesenta y ocho higas y cuatrocientos noventa y siete cortes de manga. ¿Sabíais esto vosotros? - No, le respondieron. - Pues tampoco no sabréis, continuó él, otra cosa que sucedió aún más peregrina que el salto. Al caballo, al tiempo que atravesaba por el aire, se le cayeron las sobras en el río Flumen por arte y maleficio de un encantador; el Flumen las llevó a la Isuela, la Isuela a Alcanadre, Alcanadre al Cinca, el Cinca al Segre, el Segre al Ebro, el Ebro al mar, el mar se alborotó y de ola en ola fueron las piezas a parar a la ribera de África entre dos cabrahigos, y allí nació una mata, la cual sacó tres flores muy hermosas, una blanca, otra negra, otra morada; y llegando una yegua en calor se comió las flores y la mata; y parió luego tres caballos de los mismos colores cada uno del suyo; los cuales caballos fueron tan veloces, que corrían y saltaban treinta y dos veces más que el ciervo más ligero de la sierra de Ontiñena.

Absortos, embebidos, elevados, bobos de dentro y de fuera estaban aquellos jóvenes y mozuelas oyendo contar al burlón de Pedro Saputo aquel maravilloso cuento; y sin sentir se les acercó la ermita y llegaron. Descansaron un poco, y echando un puntal de magras de tocino, se principiaron los oficios, o sea, la misa.

Estaba Pedro Saputo en la iglesia con sus nuevos amigos, y vio subir al predicador al púlpito. ¡Oh casualidad! ¡Oh frío que le dio al verle y conocerle! Era el mismo padre prior de los carmelitas de Huesca; el que había ajustado la pintura de la capilla. Pero pensó en su disfraz de estudiante, y se aseguró de borrasca.

Llegó la hora de comer y se fue a su rancho, en el cual reinó la franqueza y la alegría, y también quizá con algún exceso de libertad. Duró tanto el comer y el beber, y el reír, que tuvo lugar un tío de uno de aquellos mozos que había comido en la mesa del predicador, de venir adonde ellos estaban y contarles un caso muy gracioso que había referido su paternidad comiendo. Y les cuenta punto por punto el suceso de Pedro Saputo con la pintura de la capilla y el rebato y manera con que cerró la boca al fraile que iba a provocarle todos los días. - Para un mes, añadió, dice que tuvo que curar fray Toribio, lleno de bizmas y fajas. Y el padre predicador dice que se reía mucho contándolo, y que sólo sentía que no volviese Saputo a continuar la pintura, pues no quería que otro pusiese las manos en ella. En oyendo que oyó Pedro Saputo, dijo entre sí; pues escapó el fraile, seguro puedo ir a mi pueblo, y seguro entrar en Huesca y aun visitar al padre prior si viene a mano.

Caía la tarde aprisa; y reunida la gente dispersa formaron la procesión y marcharon. Pedro Saputo se despidió de sus amigos y torció hacia su lugar con gran deseo de ver a su madre y entregarle el caudal que había allegado. Mas para que no se supiese que anduvo de tuna con los estudiantes, queriendo tener disimulado esta parte de sus aventuras por estar demasiadamente unida con lo del convento, fue por Huesca, se hizo un traje nuevo de caballero, y se dirigió y llegó a su pueblo por el mismo camino que había salido. ¡A su pueblo! ¡Y niño aún casi! ¡Y tanto tiempo ausente!

¡Oh montes de mi lugar! ¡Oh peñas, fuentes, valles, río, ambiente, cielo, nubes y celajes conocidos! ¡Oh sol y luna que hace propios el horizonte, y bañáis de la misma línea de él los mismos objetos siempre, los mismos collados y laderas, los mismos edificios, el mismo suelo, y siempre del mismo modo! ¡Ay, todo aquí me conoce y me abraza, todo es amor recíproco, todo cariño, dulzura, descanso, paz, confianza y seguridad! ¡Los ecos tan familiares; las aves hijas del país, su canto acostumbrado, su vuelo sabido, sus sitios frecuentados! ¡Los árboles que vi de niño y de los cuales si desapareció alguno especial o notable siente el corazón su falta y no se consuela de no verlo! ¡Oh vana, engreída y engañosa filosofía, que este humano instinto has querido negar y trabajaste bárbara y necia en destruir esta sensibilidad, este amor a la patria, la coexistencia necesaria, precisa, natural y justa de este amor y de la vida! ¡Ay del que no llama suyo el cielo que vio nacer, que le mira con indiferencia! ¡Echadle de mi lado, pero lejos, sí, muy lejos, pues no le quiero por amigo, ni será, si puedo, mi compañero en la paz ni en la guerra!

Alborozado y con un júbilo que le sacaba de sí y arrasados los ojos de ternura vio Pedro Saputo después de esta primera ausencia de siete a ocho meses el horizonte de su lugar, el monte de edificios que levantaba a la vista, y cruzar y remontarse las alondras que parece le saludaban con su canto. No hay allí río, no hay valles, no hay fuentes, no hay otros grandes y señalados objetos particulares; pero halló el mismo amado cielo, el mismo amado suelo, la misma amada campiña, los mismos caminos, avenidas y ejidos que de niño recorría; y era, en fin, su lugar, era su pueblo, era su patria; y allí estaba su cuna y su casa donde se crió tan dulcemente; y allí sobre todo estaba su buena madre y las demás personas de su eterno primer amor, que también le amaban tiernamente y le habían de amar toda su vida.

Mas quiso entrar de noche por evitar que se amotinasen los vecinos a verle; y se fue deteniendo y haciendo tiempo, saboreando en su imaginación la sorpresa y alegría de la llegada. Y porque no era seguro encontrar a su madre en casa a aquella hora fue a la de su madrina y acertó, porque estaba allí; yéndose los dos luego que acabaron de abrazarle y enternecerse; y de cenar también, pues no les dejaron ir sin que cenasen. Preguntáronle ansiosamente dónde había estado y qué había hecho en tanto tiempo, y él respondía que correr mundo, y ver mundo, y prometiéndoles cuentos largos para más de espacio.

Visitáronle por la mañana todas las personas visibles del lugar, y antes y primero que nadie sus dos amigas Rosa y Eulalia con mucha franqueza y cordialidad; y todos se admiraban de verle tan crecido y tan hombre.

A los pocos días recibió una carta del prior del Carmen en que le daba la bienvenida y le decía que no habiendo querido que otro pintor continuase la obra de la capilla, le suplicaba viniese a concluirla, puesto que lo de fray Toribio no fue cosa de cuidado; y que en todo caso él haría que ni este fraile ni otro alguno le molestase. Con el mismo propio respondió Pedro Saputo al prior, que iría la próxima semana a verse con su paternidad o en dejando que dejase bien encaminado un remiendo que estaba haciéndose en su casa, porque quiso repararla un poco y renovarla interiormente. Con efecto así que tuvo hecho lo que más urgía, pasó a Huesca, y entendió con mucho gusto de boca del prior lo escarmentado que quedó fray Toribio, a quien sin embargo se le mandó bajo pena de santa obediencia que ni una sola vez hablase con el pintor ni entrase estando él en la capilla. Continuó, pues, su obra, lo que permitió la estación hasta que caló con fuerza el invierno, cuyos meses de más crudeza los pasó en Almudévar dedicado al estudio y a la música.

Vino la primavera: la primavera, ¡ay! estación tan apacible y deseada, estación tan placentera y amable, y que para nosotros ha desaparecido del año. El mundo físico padece al par del moral y político. ¡Oh tiempos que hemos alcanzado! ¡Qué diréis de nosotros, futuras generaciones!

Vino, como decía, la primavera; dio orden en lo que había de hacer en su casa, viviendo en tanto con su madre en la de su madrina, y fue a dar cabo a la obra de la capilla, pasando todas las semanas a ver y dirigir la suya porque no se fiaba de los albañiles.

Y una y otra se concluyeron a un tiempo, trayéndose las quinientas libras de la de Huesca y un buen regalo que le hizo el prior, porque en el patriarca san Elías había hecho disimuladamente su retrato.

Las dos salas que dejó pintadas en el pueblo merecieron tantos elogios de los forasteros que las veían, y algunos de ellos con inteligencia, que el buen anciano del cura quiso que también le pintase algo en su casa, y le dio gusto y lo hizo gratuitamente por el amor tan tierno que le debía. Y a otro rico pintó asimismo la sala del estrado. Prevínole Eulalia que no hiciese cosa mejor que su sala, porque se enojaría; y él le respondió: aunque quisiera no podría, porque hay en la tuya un ángel que me inspiraba.

Excusado es decir que no acudió a la cita de los estudiantes; ellos sí, y tan puntualmente que por minutos llevaban la hora. Burlados en su esperanza, visitaron a don Severo; y disimulando Morfina, y llevando recomendación del padre para traer al compañero del año pasado, torcieron a la izquierda y pasaron la vía recta a Navarra por si daban con él, creyéndole siempre navarro. Él bien supo del paso de ellos, pero se aguantó y rió; y porque sintió no volver siquiera a un buen pasagonzalo de tuna, cargó más al amor de Eulalia unos días para consolarse y resistir aquella llamada tan fuerte y retozona.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 5. De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils.

Capítul V.

De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils.

La campana de Huesca, políticos catalanes

¡Oh libertat pressiosa, 

no comparada al or

ni al be mes gran de la espassiosa terra!

¡Mes rica y mes gochosa

que lo pressiat tresor

que lo mar del Sur entre nácar amague!

En armes, sang y guerra, 

en les vides y, fama

conquistades al món;

pas dolsa, amor fondo.

Que lo mal apartes y al teu be mos crides:

a tú sola fa lo niu,

or, tessoro, pas, be, gloria y vida.


No volíe Pedro Saputo perdre este or, este tessoro, esta pas, este be, esta gloria y esta vida que tan alabe aquí lo poeta, y que en un sol nom sempre dols y amat diem libertat. No la volíe pedre, y ya estáe sense ella, perque la verdadera libertat está tan al espíritu com al cos, y ell teníe lo espíritu a les presons de la po, tan oprimit, que a cap puesto se sossegabe o acotolabe, com si en una corda elástica desde Huesca li hagueren lligat l'alma, y encara que probáe de trencá la llassa no li ere possible. No ere libre, perque en la temó de la justissia, li pareixíen tots los homens los seus ministres, no teníe pau ni descansáe, ni osáe mirá a consevol que passáe al seu costat. Com van di alguns filóssofos antics, lo home sabut y just encara a la esclavitut no dixará de sé libre, pero es innegable que a la libertat del cos no está essensialmén la del ánim, y que cuan éste no ne té, tamé li falte an aquell perque no se assegure. Aixina que patix lo home moltes esclavituts, o esclavitut de moltes maneres, que se poden reduí a una sola explicassió general, dién que es causa de esclavitut tot lo que oprimix o inquiete l'ánim. Sol pot sé verdadera y constanmén libre lo home just y animós, lo home de be y sereno, lo home de consiensia clara y pura que no té temó de res, sobre tot si se contente en la seua sort.

Aon anáe Pedro Saputo portáe les presons de la temó, com se ha dit; y probán de escapá de elles va doná en un pensamén diabólic y temerari que sol an ell se li haguere pogut ocurrí y que sol ell haguere pugut eixissen en lo servell sano.

Estáe, pos, a la capella de la iglesia regirán lo seu proyecte y preveén los casos y dificultats que aon fore pugueren eixecás; y passa a passa y sense ell moures va aná vinín lo día. Se van obrí les portes, va entrá la gen, y cuan li va pareixe va eixí al carré y va aná a les botigues o tendes y va comprá tela, fil, seda; se va emportá un pa y unes salchiches, y fet un fardellet de tot sen va aná de la siudat riu amún. Va arribá a un puesto retirat y amagat; va plantá los seus reals y se va ficá a tallá y después a cusí un vestit de dona tan ben parit, que cuan sel va ficá, ell mateix se vée com una dona real y com si tal haguere naixcut. Se va arreglá tamé lo pel, lo teníe negre y llarg; y adressat, atildat y pulit va quedá convertit en la sagala mes denguera de tota la terra, tan satisfet y alegre que va dudá si tornaríe a portá lo traje y pensamens de home. Se va minchá enseguida lo pa y les salchiches, ere ya hora perque lo sol caíe ya a amagás a la serra dels Monegros, va beure del riu, va torná a mirá y esperá una mica, va fé dos o tres zalameríes de donsella requebrada, va tirá pelets al aire, y despullanse y arrepetán a un mocadó lo traje de dona va aná a passá la nit aon lo guiaren los peus y la bona ventura.

Com va vore al eixí del barrang una aldea, empinada als primés montes, se va adressá cap allá reposán a la primera casa que va trobá uberta. Va sopá be y se va fartá, va pagá be a la casera, que ere una pobre mare de cuatre fills y sense home perque traballáe a un atre poble, va dormí a una cadiera o escaño en una manta a la cuina (com a casa Rano), y al arribá lo nou día se va despedí de aquella humilde fonda y sen va aná del poble dién: mameula, alguasils. Y dit aixó se va allargá com lo ven, no l'haguere acassat ni en la vista lo mes rápit andarín del món.

¿Aón arribaríe si no paráe?, y aixó que no anáe per camins, sino sempre al dret y per dresseres, y no tot ere pla y recte. Va pará a minjá a un poble, y a passá lo tems a un bosque, después a un collet, después a un riu aon se va vestí de dona y va esgarrá y escampá lo vestit de home; y al tardet se va trobá prop de una poblassió granada, va apareixe un edifissi gran y distinguit que per algunes siñals va sabé que ere un convén de monges. 

¡Aixó es lo que buscaba, va di; aquí se vorá lo meu ingenio; aquí tota la versucia y tacañería que me va doná mon pare y la pupila de Almudévar! Ahí es aon yo hay de entrá, perque així u ordenen la nessessidat y la temó que aquí són una sola persona.

¿Quína vida deuen portá estes dones que fugen del món sense sabé per qué? Ahí viuen tancades miranse y girán sobre elles mateixes com aigua divina de la seua corrén, com peix a la sistella, com serp tapada al seu cau. Ahí viuen soles, dones soles, dones sempre y sol dones entretingudes resán latinajos que així los entenen com yo sé si fray Toribio lo del códul va quedá viu o mort a la capella. Pos ahí se ha de penetrá, y va entrá Pedro Saputo, y ahí hay de viure lo que puga, a la moda de les dones hasta que traga de tino a micha dotsena de elles, o yo lo perga y tinga que eixí fugín y torná an este món que ara yo vach a dixá sense despedím ni dili: mira que tramonto.

Dites estes paraules se va fé un gran estrep al vestit, se va descomposá una mica lo tocat y los pels, se va fotre dos o tres esgarraps a la cara y una bona bufetada a una galta, se va enfangá una mica les calses y se va afeá entre atres desmans; representán una sagala escapada per milagre de les mans de uns insolens y gossos arrieros que van volé violala. Va traure lo coló de tristesa y compunsió, se va bañá y refregá los ulls en saliva y una poca de terra, y aixina va arribá a la porta y va tocá la campaneta; va contestá una veu gangosa en lo Ave María de costum, y ell donán grans suspiros y sense di paraula va arrencá a plorá com desahoganse o desfoganse de un gran pes que li inundabe lo pit y lo aufegabe. Al remat va pugué parlá, y a les sen preguntes que li va fé la gangosa mare, va pugué di que ere una sagala que arribáe morta de temó per culpa de uns homens dels que s'habíe librat grassies a Deu per dos vegades aquell día anán al poble de una tía pobre y dolenta pera cuidala, aon la portáe un tío, germá de son pare a qui uns lladres van lligá de peus y mans. ¡Mare de Deu lo que va inventá y va di allí de repén pera que per caridat y hasta sabé de son tío y avisá a un germá teixidó que teníe a la terra baixa la admitigueren al convén! ¡Lo que va suspirá y plorá y fingí y di mentires de punta, de pla, a estall y del revés en un momén! La moja va aná a avisá a la priora, a la que va escomensá a referili, sempre ploriqueján, les mateixes y atres sen (100) patrañes, y plorán y desatinán de modo que fée compassió, y en calidat de criada per alguns díes, si atra cosa no se repensáe, la va admití al final y li van obrí la porta.


Original en castellá:

Capítulo V.

De lo que hizo Pedro Saputo para librarse de los alguaciles.


¡Oh libertad preciosa,

no comparada al oro

ni al bien mayor de la espaciosa tierra!

¡Más rica y más gozosa

que el preciado tesoro

que el mar del Sur entre su nácar cierra!

Con armas, sangre y guerra,

con las vidas y, famas

conquistadas en el mundo;

paz dulce, amor profundo.

Que el mal apartas y a tu bien nos llamas:

en ti sola se anida

oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida.

No quería Pedro Saputo perder este oro, este tesoro, esta paz, este bien, esta gloria y esta vida que tanto encarece aquí el poeta, y que con un solo nombre siempre dulce y amado llamamos libertad. No la quería perder, y ya estaba sin ella, porque la verdadera libertad tanto está en el espíritu como en el cuerpo, y él tenía el espíritu con las prisiones del miedo tan oprimido, que en ninguna parte sosegaba y de ningún modo se gozaba, como si con una cuerda elástica desde Huesca le hubiesen atado el alma, y él pugnaba por romper la ligadura y sujeción, y no le era posible. Hacía de su cuerpo lo que quería, y con todo no era libre, porque con el temor de la justicia cuyos ministros le parecían todos los hombres, no tenía paz ni descansaba, ni osaba mirar a cualquiera que pasaba a su lado. Y si fue mucho encarecimiento decir, como lo dijeron algunos filósofos antiguos, que el hombre sabio y justo aun en la esclavitud no dejará de ser libre, pero quitando un poco de ese extremo a esta opinión sistemática y poniéndola en el otro término, es innegable que en la libertad del cuerpo no está esencialmente la del ánimo, y que cuando éste carece de ella, también le falta a aquél porque no se asegura. Así que padece el hombre muchas esclavitudes, o esclavitud de muchas maneras, las cuales se pueden reducir a una sola explicación general, diciendo que es causa de esclavitud todo lo que oprime o inquieta el ánimo, y que por consiguiente sólo puede ser verdadera y constantemente libre, el hombre justo y animoso, el hombre de bien y sereno, el hombre de conciencia clara y pura que nada teme, sobre todo si se contenta con su suerte, y no le trae inquieto y desvelado la ambición, la codicia u otra pasión lanzada a sus viciosos términos.

Adonde quiera que iba Pedro Saputo llevaba las prisiones del miedo, como se ha dicho; y trabajándose por romperlas dio en un pensamiento diabólico y se arrojó a una temeridad que sólo a él pudiera ocurrir y de que sólo él pudiera salir con la cabeza sana.

Estaba, pues, en su capilla de la iglesia revolviendo su proyecto y previniendo los casos y dificultades que donde quiera pudieran levantarse; y paso a paso y sin él moverse fue viniendo el día. Se abrieron las puertas, entraron las gentes, y cuando le pareció se salió a la calle y fue a las tiendas y compró tela, hilo, seda y demás cuenta; se llevó un pan y unas salchichas, y hecho un fardito de todo se fue de la ciudad río arriba. Llegó a un sitio retirado y oculto; plantó sus reales y se puso a cortar y luego a coser un vestido de mujer tan retrechero, que cuando se lo puso, él a sí mismo se parecía mujer real y verdaderamente como si tal hubiese nacido. Compúsose también el pelo que le tenía negro y largo; y aderezado, atildado y pulido quedó convertido en la muchacha más denguera de toda la tierra, tan satisfecho y alegre que dudó si volvería en su vida al traje y pensamientos de hombre. Comióse enseguida el pan y las salchichas, que era ya hora porque el sol caía ya a ocultarse en la sierra de Monegros, bebió del río, volvió a mirar y esperar un poco, hizo dos o tres zalamerías de doncella requebrada, echó pelillos al aire, y desnudándose y recogiendo en un pañuelo el traje de mujer se fue a pasar la noche a donde le guiasen los pies y su buena ventura.

Como viese al salir del barranco una aldea, empinada en los primeros montes, se dirigió allá posando en la primera casa que encontró abierta. Cenó largo y sabroso, pagó bien a la huéspeda, que era una pobre madre de cuatro hijos y sin marido porque trabajaba en otro pueblo, durmió en una cadiera o escaño con una manta en la cocina, y con el día se despidió de aquella humilde posada y se salió del lugar y dijo: mamola, alguaciles. Y dicho esto se arrojó de pechos al agua tomando un viento que no le siguiera aun con la vista el más ligero andarín del mundo.

¿A dónde fuera él en un día si no parara?, y eso que no iba por caminos, sino siempre a campo traviesa, que no todo era tirado y de paso recto. Paró a comer en un pueblo, y a dar tiempo al día en un bosque, luego en un cerro, después en un río donde se vistió de mujer y rasgó y esparció el vestido de hombre; y al caer de la tarde se encontró cerca de una población granada, pareciéndose a un lado un edificio grande y distinguido que por algunas señales conoció que era convento de monjas. ¡Esto es lo que buscaba, dijo; aquí de mi ingenio; aquí de toda la versucia y tacañería que me dio mi padre y la Pupila de Almudévar! Ahí es donde yo he de entrar, porque así lo ordenan la necesidad y el miedo que aquí son una sola persona. Y ¿qué vida debe ser la de estas mujeres que huyen del mundo sin saber por qué y sin que el mundo se le dé ni se le quite de ellas? Ahí viven encerradas mirándose y revolviéndose sobre sí mismas como agua divina de su corriente, como pez en redoma, como culebra tapada en su agujero. Ahí viven solas, mujeres solas, mujeres siempre y sólo mujeres entretenidas en rezar latines que así los entienden como yo sé si fray Toribio el del guijarro quedó vivo o muerto en la capilla. Pues ahí se ha de penetrar, y entrar Pedro Saputo, y ahí de vivir lo que pueda, a la moda mujeril hasta que saque de tino media docena de ellas, o yo le pierda y haya de salir huyendo y volver a este mundo que ahora yo voy a dejar sin despedirme ni decille: mira que tramonto.

Dichas estas palabras hízose un gran rasgón en el vestido, se descompuso un poco el tocado y el cabello, se dio dos o tres arañazos en la cara y un recio bofetón a un lado, embarró un poco una media y se afeó con otros desmanes; representando una muchacha escapada por milagro de las manos de unos insolentes y perros de arrieros que quisieron violarla. Sacó el color de tristeza y compunción, se mojó y refregó los ojos con diez salivas y una poca de tierra, y así parado se llegó al torno y tocó la campanilla; respondióle una voz gangosa con el Ave María de costumbre, y él dando grandes suspiros y sin decir palabra prorrumpió en llorar como desahogándose de una gran congoja que le inundaba el pecho y le ahogaba. Al fin pudo hablar, y a las cien preguntas que le hizo la gangosa madre, pudo decir que era una muchacha que llegaba muerta de miedo de los hombres de cuyas manos le había librado Dios por dos veces aquel día yendo al pueblo de una tía pobre y enferma para cuidalla, a donde la llevaba un tío, hermano de su padre a quien unos ladrones ataron de pies y manos. ¡Oh válgame Dios lo que inventó y dijo allí de repente para que por caridad y hasta saber de su tío y avisar a un hermano que tenía tejero o pelaire en la tierra baja la admitiesen en el convento! ¡Lo que suspiró y lloró y fingió y mintió de punta, de llano, de tajo y de revés en un instante! La tornera condescendió en avisar y llamar a la priora, a la cual comenzó de nuevo a referirle, siempre sollozando, las mismas y otras cien patrañas, y a llorar y desatinar de modo que de compasión y en clase de criada por algunos días, si otra cosa no se pensase, la admitió al fin y la abrieron la puerta.