La dona de Vilanova.
Aquesta canso dictet la dona de Vilanova, l'an M. CCCC. LXXXXVI. (1496)
e que tenen lo florit mes de may,
vos uffrizetz a manh dictator gay
del gay saber las flors molt agradivas.
Reyna d'amors, poderosa Clamensa,
a vos me clam per trobar lo repaus,
que si de vos mos dictatz an un laus,
aurey la flor que de vos pren naysensa.
Jotz lo mantel d'una verges sagrada
la flor nasquet per nostre salvamen;
dosseta flor, don lo governamen (dolseta flo, de aon lo gobernamén)
nos portara la patz que molt agrada.
Baysar la flor, fons de tota noblessa,
sera tostems mon sobira desir,
e se del cel podi me far ausir,
mitigara del peccat la rudessa.
Maires del Christ, que sus totas etz pura,
donatz, si us platz, poder d'estre fizel;
gitatz nos len del gran serpen cruzel,
e mostras nos lo cami de dreytura.
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Nota historiográfica: El origen de un fraude filológico.
El texto de esta composición, fechado de forma tan precisa en 1496, esconde un fascinante enigma literario que conecta directamente con la erudición del siglo XIX. Aunque el libro de 1904 que estamos editando da la pieza por completamente auténtica, la crítica moderna ha demostrado que nos encontramos ante uno de los fraudes filológicos más célebres de la literatura occitana.
La cadena de este "engaño" se fraguó entre autores contemporáneos que se validaron los unos a los otros:
• El inventor: El poema no pertenece al siglo XV, sino que fue alterado y difundido en la década de 1820 por el erudito tolosano Alexandre Du Mège, con el fin de agigantar el mito romántico de Clamensa Isaura y los Juegos Florales de Toulouse.
• El contagio erudito: Du Mège publicó estas supuestas piezas medievales en obras como su Voyage littéraire (1828). Al ser una novedad tan atractiva, la máxima autoridad filológica de la época, François-Just-Marie Raynouard, confió en él y lo incluyó como fuente en su monumental Lexique Roman (donde Du Mège aparece explícitamente citado en la tabla de autores).
• La consagración académica: Dado que Raynouard era el referente indiscutible, los filólogos posteriores no dudaron del hallazgo. El alemán Karl Bartsch copió el texto directamente de estas fuentes francesas para su célebre Chrestomathie provençale, estructurando cronológicamente el poema bajo el año 1496 porque así constaba en el encabezado apócrifo.
De esta manera, el pastiche decimonónico de Du Mège se convirtió en verdad académica durante casi un siglo, colándose con total naturalidad en los manuales de estudio hasta llegar a las publicaciones de principios del siglo XX, como nuestro libro de 1904.
Este no es un caso aislado. En la próxima entrada veremos cómo se repitió exactamente el mismo patrón y el mismo origen apócrifo con la Canso de nostra dona de Bertran de Roaix (1498), donde la ortografía de Clamença (con cedilla) vuelve a jugar un papel clave en la falsificación.

