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sábado, 8 de diciembre de 2018

Dicsionari chapurriau castellá, U

U – ell sabíe aón estabe lo tessoro, ell u sabíe. - HO no se pronúnsie U, sinó diríem Ume en ves de HOme, Urt per Hort, Umedes per Homedes él LO sabía (donde estaba el tesoro)
ubert, uberts, uberta, ubertes, obert, oberts, oberta, obertes abierto, abiertos, abierta, abiertas
ubertamen abiertamente
ubiart, ubert abierto
ubiarta, oberta abierta
ubiartes, obertes abiertas
ubiarts, oberts, uberts abiertos
ubicassió, ubicassións, allí aon está algú o algo ubicación, ubicaciones
ubrí, obrí, aubrí abrir
ubrire, obriguere, obrire abriera, abriese
ubrís (ell), óbri abre
ubríssen, óbrin abren
ull, ulls – güello, güellos aragonés – uèlh, uèlhs en ocsitá – eye, eyes inglés – Auge, Augen alemán ojo, ojos
ullada, ullades – ovelles que tenen lo cap blang y negre, ulleres, ulls ojeada – oveja ojinegra
ullal, ullals (de la Fenellasa o Fenellassa, Parrizal, Parrissal, Beceite, Beseit) fuente intermitente
ullera, ulleres (per a vore milló) - ulleres per a vore milló – ulleres daball dels ulls – ullera singular no se sol di gafas (para ver mejor)
ulleres, golléres anteojeras
ullerosa, ullerós, que té ulleres daball dels ulls ojeroso, ojerosa, que tiene ojeras debajo de los ojos
ullet, ullets – ojito en lo que fas ! ojito, ojitos – ojito !
úlseres, úlsera al estómec úlcera, úlceras
últimamen, raderamen últimamente
ultracorrecsió, massa correcsió ultracorrección
ultrajá, humillá ultrajar, humillar
ultrajála ultrajarla, humillarla
ultraje, ultrajes, agravio, afrenta, injúria, insulto, ofensa, escarnio, despréssio, infámia, deshonor, deshonra, humillassió ultraje, ultrajes, agravio, afrenta, injuria, insulto, ofensa, vilipendio, vejación, escarnio, desprecio, infamia, deshonor, deshonra, humillación
ultránsa (a), resoltamen, dessididamen, radicalmen a ultranza, resueltamente, decididamente, radicalmente
ultrapirenaic, mes allá dels Pirineos o Pirineus ultrapirenaico, más allá de los Pirineos
ululá (un llop), udolá, aullá aullar (un lobo), dar aullidos
umbría , latín umbra (sombra), mas de la umbría a Beseit, umbrieta (Antolí Tello) – solana es lo contrari umbría, donde no da el sol o poco – solana es el antónimo o contrario
umbriosa, ombriosa, ombriós, umbriós, umbriosa, umbrioses ombriosa, a la sombra
umplí, omplí llenar
umplíe llenaba
umplím (natros) llenamos
umplín (g) llenando
umplís, ómpli (ell, ella) llena
umplíslo, omplíxlo, ómplil (omplí, umplí) llénalo
umplisque, ómpligue (que ell) llene (que él)
umplit (omplí, umplí) lleno
umplíu (omplí, umplí) llenáis
umplix (ell ómpli, omplix) llena
umplíxen, umplíssen (omplíxen, umplíxen) llenan
un, uns, una, unes un, uno, una, unas
unánimamen, en unanimidat, tots están de acuerdo unánimamente
unanimidat unanimidad
unflá - unflo, unfles, unfle, unflém o unflám, unfléu o unfláu, únflen – unflára – unflaría – unflaré – Del castellá antic finchar, y este del latín inflare. hinchar
unflat, unflada, unflats, unflades hinchado, hinchada, hinchados, hinchadas
únfle (ell) hincha (él)
únflo (yo únflo una roda en una mancha) hincho
unfló, unflós (unflá) hinchazón,
abultamiento, hinchamiento, tumefacción, inflamación, chichón, bulto, turgencia, vanidad, presunción, engreimiento, soberbia, grandilocuencia, ampulosidad, afectación, envanecimiento, pretensiones, ínfulas
ungla , ungles, ungleta, ungletes uña, uñas
uní, ajuntá – unixco o unixgo, uníxes, unix, uním, uníu, uníxen – uniría – uniguera - uniré unir
uní, ajuntá, juñí a Valjunquera (una parella de machos o yegües) – uníxco, uníxes, uníx, uním, uníu, uníxen, - unit, unida – ajunto, ajuntes, ajunte, ajuntém o ajuntám, ajuntéu o ajuntáu, ajúnten – ajuntat, ajuntada unir, juntar
únic, únics único, únicos
única, úniques única, únicas
unidat, unidats unidad, unidades
unifamiliá, de una sola família, chalets unifamiliás unifamiliar
uniformat, uniformats, uniformada, uniformades uniformado, uniformada
uniforme, uniformes uniforme, uniformes
unínsels (an ells), unínseles (an elles) uniéndoseles
unit, unida, units, unides (vore chuní) unido, unida, unidos, unidas
univers, universo universo
universalmen universalmente
universidat, universidats Universidad, Universidades
universitari, universitaris universitario, universitarios
universitária, universitáries universitaria, universitarias
unsió (extrema) a un mol dolén antes de morís – verbo unsí unción
untá untar
untát, untat, untats, untada, untades (untá), com los alcaldes de la declarassió de Mequinensa untado, untados, untada, untadas
únten (untá) untan
urbana urbana
urbanes urbanas
urbano urbano
urbáns, urbanos urbanos
urgén, urgenta urgente
urgénsia urgencia
urgénsies urgencias
úric, ássit úric, úrica úrico, ácido
urólogo, uróloga, urología urólogo, uróloga, urología
urticán, urticáns, que pique o done picassó. urtica : ortiga urticante, que da picor, que pica
ús (usá) uso
usabe usaba
usaben usaban
usades usadas
usáen, usaben usaban
usán (g) usando
usat usado
usats usados
use (ell, ella) – usá usa
úspen ! Cola ! Vésten ! Fora ! Hale ! Hala ! Fuch ! Arréa ! Vete, largo, fuera, hala, huye, arrea !
ussura, lucro, interés, codíssia, abús, especulassió usura, lucro, interés, codicia, abuso, especulación
ussurero, ussureros usurero, usureros
ussurpassió, expoliassió, expolio, apropiassió indebuda, incautassió, abús, privassió, robo usurpación, expoliación, despojo, apropiación, incautación, abuso, privación, robo
ussurpassió, ussurpassións usurpación, usurpaciones
utensili, utensilis utensilio, utensilios
útil, útils, inútil, inútils Útil, útiles, inútil, inútiles
utilidat, utilidats utilidad, utilidades
utilisá, fé aná, yo fach aná, yo utiliso, utilises, utilise, utilisém o utilisám, utiliséu o utilisáu, utilísen – utilisat (fet aná, empleát), utilisada utilizar
utilisáen, utilisaben utilizaban
utilisat, utilisada utilizado, utilizada
útilmen útilmente

sábado, 13 de julio de 2024

Falcó, Jaime Juan. En lo dit any 1475 Divendres a 17 del mes de Nohembre


Falcó, Jaime Juan.

(Fragmén de https://librosmoncho.blogspot.com/2024/07/catalogo-manuscritos-biblioteca-universitaria-valencia-tomo-segundo.html)

N.° 948 Historia de algunas cosas más notables pertenecientes a este  Convento de Predicadores de Valencia Compuesta por el muy R. P. F. Jayme Falco Predicador General hijo de hábito de este Convento. Renuévala por orden del M. R. P. Presentado Fr. Vicente Inza Prior de dicho Convento, su más indigno súbdito el P. F. Luis Carbonell hijo de dicha Casa en el año del Señor de 1720.

842 páginas y tres hojas en blanco, a 24 líneas. - Papel 0,310 alto X 0,215 ancho: caja escritura 0,260 X 0,140. - Letra S. XVIII; con reclamos y notas marginales.

Port. (en rojo y negro). - V. en bl. - Prólogo. - Dáse (se da) breve noticia del autor.

- Texto. - De un Dietario manuscrito con letra antigua sacó sumariamente las siguientes memorias el M. R. P. Fr. Jayme Falco. 

(Pag. 807).

El extracto del Dietario es curiosísimo. Comienza en 9 de julio de 1391 y 

termina en la siguiente forma:

“En lo dit any 1475 Divendres a 17 del mes de Nohembre comença a ploure, e lo disapte fins a mig gorn (jorn), e lo Diumenge e dilluns feu bell, e lo Dilluns a 20 de Nohembre en la nit començaren les grans y espantables aygues, que tres dies e tres nits no cesa la gran pluga ultramensura, que paria que los cels fosen uberts, e que lo mon degues perir. De que vengueren los rius barranchs torrents grosos que nunca fonch vist ni hoyt dir, ponts açuts trencats y derrocats, terres arrambladas, arbres derrocats e altres mals, e danis que les aygues avien fet. E continuant no cesar les aygues e grans plutges les gents no podien igir (ixir, eixir) de ses cases, los viures comenaren (començaren) a mancar, lo poble egent (eixint) de Valencia e de tot lo Regne, e encara dels altres regnes pasen gran detriment e les aygues no mancar de dia ni de nit que nunca fonch vist tantes aygues, ni tan grans, e axi generals en lo Regne de Arago, de Valencia de Catalunya e de Castella e en altres Regnes. E lo divendres que fonch primer dia de Dehembre, lo Riu de Valencia derroca tres arcades del pont del Real, moltes cases comencaren a caure en Valencia, manaven e brollaven fons en les cases que avian asgotar, los pous venien a sobreixir y escurrir en los carrers. 

E lo dijous en la nit a 7 de Dehembre vespra de la Concepcio de la Verge Maria foch tanta e tan gran pluja que era cosa de molt gran espant e de gran terror: e ala (a la) mija nit en la gran plaja trona, lampa, caygue pedra e terratremol tot en una hora de que tota Valencia tremola, que paria que Valencia degues perir. E en aquella hora lo lamp feri en lo Monestyr del (dels) Frares Preycadors e leva lo Capell del caragol de la capella del Rey e lança les pedres per tota la placa (plaça) e a la casa de mossen Jordi entra pedra que tota la casa atrona, e lo penel que estava alt en lo capel lanca (lança) a la plaça dels ams.

En aquella nit y hora caygue la torre nova de Mossen Pere Exarch que havia obrat sobre lo portal, e moltes cases, parets foren caygudes en Valencia en aquella nit: E tantes cases foren somogudes que no y bastaven obres de Vila per poder pigar, que en veritat apenes se podia anar per Valencia per los alberchs pigats (.) E si mal en Valencia molt mes en los llochs de fora axi dels deles (de les) montanyes, com dels llochs dels plans.

E lo disapte a 9 de Dehembre fonch ordenat que fesen professo a la Verge Maria de Gracia, e que tot hom dejunas, e los que dejunarien a pa y aygua guanyasen quaranta dies de perdo. fonch ordenat que en la Seu e en cascuna Esglesia de Valencia ans de la Misa sia feta professo al altar de la Verge Maria ab llums en les mans e aqui fos dita la lletania dels set 

Psalms solemnament, ab oracions de serenitat. E mes que fossen dites set misses dels set goigs de la Verge Maria (ab llums en les mans) solemnament e les pluges tot tems durar e no mancar les gents y animals perien, torres, cases caure en Valencia, lo Palau del Bisbe pigat, la casa del bisconte de Chelva, la Den Pellicer, la Den Mompalau, la Den Çaera, la Den Perellos, Den Jaume de Fochs, de Mossen Jaume Pelegri, de mossen Franci Amalrrich, la del Artiacha de Xativa, la Abadia de
S. Berthomeu e moltes altres cases pigades, e caygudes en Valencia e de fora Valencia, que casi les gents e bens y animals perien, que del diluvi 

de Noe ença nos llig aver fet tant de mal ni tants aygues com ara. Les aygues no mancar”.

Fray Jaime Juan, hijo de D. Jaime Falcó, nacido en Valencia a 18 de octubre de 1565, ingresó en el Convento de Santo Domingo, contando 17 años, y obtuvo los cargos de Superior, Vicario, Maestro de novicios, Archivero, Predicador general y Baile de la encomienda de Perpungent en la Orden de Montesa. Falleció en 9 de marzo de 1641.

sábado, 27 de julio de 2024

2. 14. Pedro Saputo va a vore a les seues amigues.

Capítul XIV.

Pedro Saputo va a vore a les seues amigues.

Triste y pensatiu camináe después de aquella dolorosa separassió, y no assertabe a caminá ni sabíe aón volíe aná. Pero lo seu cor lo portáe cap a la aldea de les seues novissies, a la que va entrá pera estáy dos díes, procurán arribá tart y fen vore que estáe coix, pera descansá be aquella nit. Se va embutí a la primera casa que va trobá uberta, va sená y se va gitá queixanse del baldamén y de la coixera.

Pel matí cuan se estáe traén los bigots postissos y rentán van entrá los pares de les dos sagales, y al vórel ocupat en lo asseo lo van saludá y sen van eissí cap a la cuina. Rentat, mudat y asseat va eixí mol alegre fen sempre lo coix, lo van agarrá y sel van emportá a casa de la Paulina aon se faríe la minjada; y com la coixera ere gran segons camináe, lo van dixá allí y sen van aná cada un a les seues obligassions. Va pugué parlá una mica a soles en la Paulina, y li va di:

- ¿Vau entendre lo meu papé?

- No, siñó, va contestá ella.

- Be, pos, día que ya me hau olvidat. ¡Mentiroses! ¡Desagraídes! 

Lo va mirá entonses ella, y com ya no portáe los bigots y la perilla que ere lo que mes lo fée pareixe un atre, lo va aná reconeixén, y se li va cambiá lo coló, y ya assertáe ya, cuan li va di ell: 

- Sí, soc yo; ¡lo mateix!, ¡no te engañes!; lo vostre compañ y amán del novissiat. Obri ella entonses mes los ulls, lo reconeix, y sense podés aguantá s'avíe cap an ell en los brassos uberts. 

- Ves, li va di, y dóna la notissia a la Juanita. Pero siguéu prudentes. Se desfée ella de amor, y neguitosa y anhelosa va aná a dílay a la Juanita. La va cridá apart y apretanli la má li va di: ¡Ay, amiga, que lo estudián del billet ere Geminita, y es ell qui está ara a casa meua y no lo vam coneixe! Juanita va creure que la seua amiga habíe perdut lo cap o delirabe; pero va aná cap allá y va habé de desengañás, y creure lo que van vore los seus ulls y va sentí lo seu cor al vórel y sentí aquella veu tan acostumbrada.

Cuatre díes va durá la coixera, y no va durá mes perque va tindre temó de que sospecharen o caure an algún descuido. Va minjá un día a cada casa de les dos y en los instrumens que ñabíe al puesto se divertíen alguns ratos, y uns atres los empleabe en los seus amors en aquelles amabilíssimes sagales.

Per al día que sen va aná li van brindá una mula, y va di que un estudián no pot aná a caball mes que del seu poble a la siudat aon té los seus estudis, y que ell encara no habíe arribat a Navarra. Perque habenlo cregut tots navarro va dixá corre eixa opinió, que mes be lo afavoríe que lo perjudicabe.

Va seguí lo seu camí, y va arribá al poble de Morfina, al que va entrá encara mes tart, pos eren ya les vuit, y a un tems que no passe de les siat la posta de sol; y sen va aná al messón, gitanse enseguida, y encarregán a la messonera que vinguere qui vinguere no lo cridare. Pel matí va sabé que habíen anat a vórel algunes persones, don Vicente entre elles; y se va vestí y asseá, pera lo que se había previngut fen rentá la roba a un atra aldea aon se va aturá un día. Va eixí de casa en direcsió a la de don Severo; y abans de arribá va topetá en don Vicente que veníe a buscál, y que lo va renegá mol de la seua part y de la dels siñós pares perque los habíe fet lo despressio y ofensa de anassen a la fonda pública. 

- A sopá y dormí esta nit a casa meua, va contestá don Vicente, y no sé yo si tamé demá, no passaréu de llarg, amic meu; perque esta nit, a porta tancada, y sol una persona de fora de casa, hau de tocá lo violín igual que vau tocá l’atre día, de lo que encara estem alusinats.

- No ting cap instrumén.

- No ten faltará. Man germana diu que mes voldríe sentí alló que vores reina de España; perque es afissionada a la música y la paladege o saborege mol si es bona.

Van arribá en aixó a la casa. ¡Quin ressibimén! ¡Quin afecte! ¡Quin amor li van mostrá tots! ¡En quina naturalidat y confiansa li parláe Morfina! A tiro de ballesta se coneixíe que la criada li habíe dit lo que va sentí a son pare y va contá a Pedro Saputo. Va minjá allí, van passejá per la tarde, y al tardet no habense avisat mes que a la persona que va di don Vicente, que ere la seua dama, va tocá Pedro Saputo lo mateix que l'atra vegada, y encara en mes primor y reflexió. Estáe ell mes felís encara en les noves dels seus amors.

Pero a la matinada li va doná don Severo un mal rato. Li va preguntá a seques si habíe sentit parlá de Pedro Saputo; va contestá ell que una mica, pero que no podíe doná notissies del fulano. 

Sense notíssies de Gurb, traducsió (repassat)

- Pos amic, va di don Severo, vach arribá ahí del Semontano y allí me van parlá de eixe portento. Es un sagal que diuen no té mes de dotse a catorse añs, criat a Almudévar, y a la seua edat es lo mes gran sabut que se coneix: com que aixó mateix vol di Saputo. Es tamé pintó, músic, pero famós, potsé tan com vosté, don Paquito; un filóssofo consumat, tan inteligén en les seues respostes, que tenen temó de ficás a tiro los homens de mes barbes de la terra. Ell sap tots los ofissis. En dotse díes va adependre a lligí y escriure ell mateix; en un rato a pintá, en un atre a tocá tots los instrumens; y es tan tratable y ben parlat que a tots encante. No té pare, perque es fill de una pupila que ere pobre y ell la ha feta ya rica guañán tots los dinés que vol. Diuen que desapareix de casa y torne carregat d'or que guañe per ahí en la seua habilidat, o lay done alguna persona que d' amagatontes lo afavorix per encárrec de son pare, no se sap si se trate de un gran siñó de la Cort que va passá per allí, o de un príncipe que anáe disfrassat. Aixina, don Paquito, que no se parle de atra cosa; vaigues aon vullgues, tots te parlen d'ell, tots te pregunten y lo selebren. Y lo mes grassiós es que ningú lo veu may, mes que a les temporades que está al seu poble, com si portare en ell l'anell de Giges o lo heliotropo, que lo fa invissible. Diuen que unes vegades se disfrasse, y se cambie la cara; atres creuen que sen va en los gitanos.

Al sentí aixó no va pugué aguantás Pedro Saputo, va arrencá a enríuressen y va di:

- Raro humor seríe lo de eixe sagal.

- Sí, siñó, mol raro, va di don Severo, ya se veu, un home tan extraordinari per forsa u ha de sé en tot. Hasta la mare diuen que sense sabé cóm se ha tornat una verdadera siñora, com si haguere naixcut a un alta cuna, sol per la nova educassió que li ha donat son fill. Pero no está pujadeta ni soberbia sino mol plana, y tots la volen y respeten mol. No sé, amic don Paquito, cóm de Almudévar ha pogut eixí un elemén com éste. Perque hau de sabé (y perdónom la crítica) que es un poblacho feo a la vista y mes feo encara al tacte; y la gen d'allí no són dels mes espabilats que se digue. Yo estic determinat a anáy cuan sápiga sert que hi está, perque pera anáy en vano me penaríe lo viache.

- Faréu be, va di Pedro Saputo; encara que yo crec que no tot es vero lo que sone al pandero y que la fama aumente mol o potsé u aporte tot. De un sagal de la meua terra me contaben tamé maravilles y ell cuan u va sabé, sen enríe y va di: pos si yo soc home gran, ¿qué sirán los demés? Y agarrán lo violín se va ficá a tocá y va distraure a don Severo de la seua manía.

Al amor ningú l'engañe; l'amor tot u sospeche, tot u pense, tot u adivine. Mentres don Severo se tornáe llengua selebrán a Pedro Saputo, per lo que de ell habíe sentit, estáe Morfina miranlo enamorada y cavilán y medín cuan habíe vist al seu amán y sentit de ell als estudians, y se díe per an ella:

O no ña tal Pedro Saputo o es éste; perque es tan guapo com diuen, y tan sabut, y tan gran músic, y tan amable y tan diferén dels atres homens. Y pensán aixó lo miráe y li saltabe lo cor, y se li enseníe la cara, y se moríe de dessich de vores a soles y dili, tú eres. 

Ell la observabe, y va sospechá lo que estáe imaginán, y lográn un momén de libertat li va di: 

- Sí, Morfina, u has ensertat, yo soc; pero calla; y si ara que saps quí soc no te pene habem conegut... Se va quedá ella parada com un estaquirot durán un rato, pero después va rompre y va di acalorada y mol aventada:

- Morí primé que voldre ni mirá a datre home. Ya no ña remey; está tirada la sort; teua, teua soc. La meua passió y la meua raó u volen. Te vach vore, te vach coneixe, y no puc menos que vóldret, y me costaríe la vida si no me vullgueres. Perque tú sol (después de mons pares) estás pera mí al món. No tenía homens pera mí hasta ara, no los tindré mes abán. Pero ¡ay!, no me engaños, perque me moriré; no me digues que me vols si no me vols tan com dius y tan com yo crec. Perdona, amán meu, este desahogo, esta franquesa y mes encara la libertat que dono al teu amor y se pren lo meu cariño. No haguere acabat la elocuén y apasionada Morfina, si la veu de son pare que pujáe no la tornare al puesto de aquell rapto amorós.

Ell li va assegurá tot lo que podíe dessichá; y después de minjá se va despedí y sen va aná acompañat de don Vicente, que lo va dixá después pera aná a una finca aon teníe alguns jornalés.


Original en castellá:

Capítulo XIV.

Pedro Saputo vuelve a ver a sus amigas.


Triste y pensativo caminaba después de aquella dolorosa separación, y no acertaba a andar ni sabía a dónde quería ir. Pero su corazón le llevaba hacia la aldea de sus novicias, en la cual entró el segundo día, procurando llegar tarde y fingiéndose cojo, lo uno para descansar libremente aquella noche, lo otro para tener pretexto y causa de detenerse un día o más si conviniese. Metióse en la primera casa que encontró abierta, cenó y se acostó quejándose del cansancio y de la cojera.

Por la mañana cuando se estaba quitando los postizos bigotes y lavando entraron los padres de las dos muchachas, y al verle ocupado en su aseo le saludaron no más y se salieron a la cocina. Lavado, mudado y aseado que estuvo, salió muy alegre haciendo siempre el cojo, le tomaron y se le llevaron a casa de Paulina donde se disponía la comida; y porque la cojera era grande según andaba, le dejaron allí y se fueron cada uno a sus querencias. Pudo hablar un poco a solas con Paulina, y le dijo: - ¿Entendisteis mi papel? - No, señor, respondió ella. - Bien, pues, dije yo, que ya me habéis olvidado. ¡Fementidas! ¡Ingratas! Miróle entonces ella, y como ya no llevaba los bigotes y la perilla que era lo que más le hacía parecer otro, lo iba reconociendo, y se le mudaba el color, y acertaba ya, cuando le decía él: - Sí, soy yo; ¡el mismo!, ¡no te engañas!; vuestro compañero y amante del noviciado. Abre ella entonces más los ojos, le conoce, y sin poderse contener se arroja a él con brazos abiertos. - Ve, le dijo, y da la noticia a Juanita. Pero sed prudentes. Se deshacía ella de amor, y agitada y anhelosa fue a decírselo a Juanita. Llamóla aparte y apretándole la mano le dijo: ¡Ay, amiga, que el estudiante del billete era Geminita, y es él que está ahora en mi casa y no le conocimos! Juanita creyó que su amiga había perdido la cabeza o deliraba; pero fue allá y hubo de desengañarse, y creer lo que vieron sus ojos y sintió su corazón al verle y oír aquella voz tan acostumbrada.

Cuatro días duró la cojera, y no duró más porque temió se sospechase o caer en algún descuido. Comió un día en cada casa de las dos y con los instrumentos que había en el lugar se divertían algunos ratos, logrando otros para sus amores con aquellas amabilísimas niñas.

En el día que se fue le brindaron con mula, y dijo que un estudiante no puede ir a caballo sino de su pueblo a la ciudad donde tiene sus estudios, y que él todavía no había llegado a Navarra. Porque habiéndole creído todos navarro dejó correr esta opinión, que más bien le favorecía que le perjudicaba.

Siguió su camino, y llegó al pueblo de Morfina, en el cual entró aún más tarde, pues eran ya las ocho, y en un tiempo que no pasa de las siete el crepúsculo; y se fue al mesón, acostándose enseguida, y encargando a la mesonera que viniese quien viniese no le llamase. Por la mañana supo que habían ido a verle algunas personas, don Vicente entre ellas; y se vistió y aseó muy prolijamente para lo cual se previno haciendo lavar la ropa en otra aldea donde se detuvo un día. Salió de casa en dirección de la de don Severo; y antes de llegar dio con don Vicente que venía a buscarle, y que le riñó mucho de su parte y de la de los señores padres porque les había hecho el desaire y ofensa de irse a la posada pública. Excusóse él fácilmente y concluyó diciendo que iba a hacelles una visita y pasaba de largo en comiendo. - En cenando y durmiendo esta noche, respondió don Vicente, y aún no sé yo si será lo mismo mañana, pasaréis de largo, amigo mío; porque esta noche, a puerta cerrada, y sólo una persona de fuera de casa, habéis de tocar el violín lo mismo que tocasteis el otro día, de que todavía estamos elevados. - No tengo instrumento. - No faltará. Mi hermana dice que más quiere oír aquello que verse reina de España; porque es aficionada a la música y la saborea mucho si es buena.

Llegaron en esto a la casa. ¡Qué recibimiento! ¡Qué afecto! ¡Qué amor le mostraron todos! ¡Con qué naturalidad y confianza le hablaba Morfina! A tiro de ballesta se conocía que la criada le había dicho lo que oyó a su padre y dijo a Pedro Saputo. Comió allí, pasearon por la tarde, y en la velada no habiéndose avisado sino a la persona que dijo don Vicente, que era su dama, tocó Pedro Saputo lo mismo que la otra vez, y aun con más primor y reflexión, cuanto era él más feliz con las nuevas de sus amores.

Mas la mañana siguiente le dio don Severo un mal rato. Preguntóle a secas si había oído hablar de Pedro Saputo; respondió él que un poco, pero que no podía dar noticias del sujeto. - Pues amigo, dijo don Severo, llegué ayer del Semontano y me hablaron de ese portento. Es un muchacho que dicen no tiene más de doce a catorce años, natural de Almudévar, y a su edad es el mayor sabio que se conoce: como que eso mismo quiere decir Saputo. Es también pintor, músico, pero famoso, quizá tanto como vos, don Paquito; un filósofo consumado, tan profundo en sus respuestas, que temen de ponérsele a tiro los hombres de más barbas de la tierra. Él sabe todos los oficios. En doce días aprendió a leer y escribir él mismo; en un rato a pintar, en otro a tocar todos los instrumentos; y es tan tratable y bien hablado que a todos encanta. No tiene padre, porque es hijo de una pupila que era pobre y él le ha hecho ya rica ganando todos los dineros que quiere. A lo mejor dicen que desaparece de la casa y vuelve lleno de oro que gana por ahí con su habilidad, o que le da alguna persona que en secreto le favorece por encargo de su padre, que dicen si es o no un gran señor de la corte que pasó por allí, o de un príncipe que iba disfrazado. Ello es, don Paquito, que no se habla de otra cosa; id a donde queráis, todos os hablan de él, todos preguntan y lo celebran. Y lo más gracioso es que nadie le ve nunca sino las temporadas que está en su lugar, como si trajese consigo el anillo de Giges, que hacía invisible. A esto dicen que unas veces se disfraza de nación, y se muda el rostro; otras creen que se va con los gitanos. Al oír esto no pudo contenerse Pedro Saputo, se echó a reír y dijo: - Raro humor sería el de ese muchacho. - Sí, señor, muy raro, dijo don Severo, ya se ve, un hombre tan extraordinario por fuerza lo ha de ser en todo. Hasta la madre dicen que sin saber cómo se ha vuelto una verdadera señora, como si hubiese nacido en alta cuna, sólo por la nueva educación que le ha dado su hijo. ¿Estáis en el golpe? La nueva educación que le ha dado su hijo; y que con esto no es engreída ni soberbia sino muy llana, aunque todos la quieren y respetan mucho. No sé, amigo don Paquito, cómo de Almudévar ha podido salir un elemento como éste. Porque habéis de saber (y perdóneme la ausencia) que es un lugarón feo de vista y más feo aún de tacto; y la gente de él pasa por... Vamos, no son de los más agudos. Yo estoy determinado de ir cuando sepa de cierto que está, porque ir en vano me pesaría en verdad el viaje. - Haréis bien, dijo Pedro Saputo; aunque yo creo que todo no es vero lo que suena el pandero y que la fama aumenta mucho o quizá lo pone todo. De un muchacho de mi tierra me contaban también maravillas y él cuando lo supo, se reía y dijo: pues si yo soy hombre grande, ¿qué serán los demás? Y tomando el violín se puso a tocar y distrajo a don Severo de su manía.

Al amor nadie le engaña; el amor todo lo sospecha, todo lo piensa, todo lo adivina. Mientras don Severo se volvía lenguas celebrando a Pedro Saputo, por lo que de él había oído, estaba Morfina mirándole enamorada y reuniendo y ponderando cuanto había visto a su amante y oído de él a los estudiantes, y decía en sí misma: o no hay tal Pedro Saputo o es éste; porque es tan hermoso como dicen, y tan sabio, y tan gran músico, y tan amable y tan diferente de los hombres que se usan. Y pensando esto le miraba y le saltaba el corazón, y se le encendía el rostro, y se moría de deseo de verse a solas y decirle, tú eres. Él la observaba, y sospechó lo que estaba imaginando, y logrando un momento de libertad le dijo: - Sí, Morfina, has adivinado, yo soy; pero cállalo; y si ahora que sabes quién soy no te pesa de haberme conocido... Quedó ella suspensa un rato, pero luego prorrumpió y dijo con calor y muy arrojada: - Morir primero que amar ni mirar a otro hombre. Ya no hay remedio; está echada la suerte; tuya, tuya soy. Mi pasión y mi razón lo quieren. Te vi, te conocí, y no puedo menos de amarte, y me costara la vida si no me hubieses correspondido. Porque tú solo (después de mis padres) estás para mí en el mundo. No tenía hombres para mí hasta ahora, no los tendré en adelante. Pero ¡ay!, no me engañes, porque me moriré; no me digas que me quieres si no me quieres tanto como dices y tanto como yo creo. Perdona, amante mío, este desahogo, esta franqueza y más aún la libertad que doy a tu amor y se toma mi cariño. No acabara la elocuente apasionada Morfina, si la voz de su padre que subía no la volviera en sí de aquel rapto amoroso. Él la seguró de cuanto pudiera desear; y después de comer se despidió y se fue acompañado de don Vicente, que le dejó luego para ir a un campo donde tenía algunos jornaleros.

miércoles, 6 de enero de 2021

Lo Camí, III.

Lo Camí a Amazon (tapa blana)


III.

La vall... aquella vall significabe mol pera Daniel, lo Mussol. Ben mirat, u significabe tot pera nell. A la valleta habíe naixcut y, en onse añs, may va crusá la cadena de altes montañes que la voltaben y tancaben. Ni va experimentá la nessessidat de féu.

A vegades, Daniel, lo Mussol, pensabe que son pare, y lo mossen, y lo maestre, teníen raó, que la seua vall ere com una gran olla independén, absolutamén aislada del exterió. Y, sin embargo, no ere aixina; la vall teníe lo seu cordó del melic, un doble cordó umbilical, milló dit, que la vitalisabe: la vía de ferro: lo carril de ferro: ferrocarril y la carretera. Les dos víes atravessaben la vall de sur a nort, proveníen dels pardos y ressecs plans de Castilla y buscaben lo pla blau del mar. Constituíen, pos, lo enllás de dos inmensos móns contraposats. Al seu trayecte per la vall, la vía, la carretera y lo riu - que se ajuntabe en elles después de aviás per un frenessí de rapits y torrenteres desde la punta del Pic Rando - se entrecrusaben una y mil vegades, creán una inquieta topografía de pons, tunels, passos a nivell y viaductes.

A la primavera y estiu, Roc, lo Moñigo, y Daniel, lo Mussol, solíen assentás, al caure la tarde, a consevol miradó y desde allí ataullaben, agobiats per una unsió casi religiosa, la inmensa amplada de la vall. La vía del tren y la carretera dibuixaben, al fondo, violéns y frecuéns zigzags; a vegades se buscaben, datres se repelíen, pero sempre, en aquella perspectiva, eren com dos blangs estels uberts entre la verdó compacta dels prats y los panissals. A la distansia, los trens, los automóvils y les blanques masades teníen proporsións de figures chicotetes del naiximén o Belén, increíblemen lluñanes y, al mateix tems, incomprensiblemen próximes y manejables. A vegades se divisaben dos y tres trens simultáneamen, cada un en lo seu negre penacho de fum penjat de la atmósfera, trencán la uniformidat vegetal dels prats. ¡Fée goch vore eixí les locomotores de les boques dels túnels! Ixíen com los grills cuan lo Moñigo o ell pixaben, hasta ameráls y inundáls, los caus dels pobres bichos. Locomotora y grill evidensiaben, al eixí de los seus forigóns, una mateixa expresió de esglay y ofec. Li agradabe al Mussol sentí la quietut serena y reposada de la vall, contemplá lo conglomerat de prats, dividits en parseles, parades, bancals, faixes, y com esquichats de masades desperdigolades. Y, alguna vegada, les taques fosques y espesses dels bosques de castañés o la tonalidat clara y mate de les aglomerassións de eucaliptos. Allá de allá, per tot arreu, les montañes, que, segóns la estassió y lo orache, cambiaben la seua contextura, passán de una extraña ingravidés vegetal a una solidés densa, mineral y plomisa dels díes entaragañats.

Al Mussol li agradabe alló mes que res, potsé, tamé, perque no coneixíe datra cosa.
Li agradabe constatá lo paralisat estupor dels campos y la verdó frenética de la vall y les raches de soroll y velossidat que la sivilissassió enviabe de cuan en cuan, en una exactitut casi cronométrica. Moltes tardes, dabán de la inmovilidat y lo silensio de la Naturalesa, perdíen la nossió del tems y la nit sels fotíe damún. La bóveda del sel anabe poblanse de estrels, y Roc, lo Moñigo, se acolloníe per una espessie de temó astral.
Ere en estos casos, de nit y lluñ del món, cuan a Roc, lo Moñigo, se li ocurríen idees inverossímils, pensaméns que normalmen no lo inquietaben. Va di una vegada:

- Mussol, ¿Es possible que si caiguere un estel de eixos no arribo may al fondo?

Daniel, lo Mussol, va mirá al seu amic, sense enténdrel.

- No sé lo que me vols di - va contestá.

Lo Moñigo luchabe en la seua defissiensia de expresió. Va gesticulá repetidamen en les mans, y, al final, va di:

- Los estrels están al aire, ¿no es assó?

- Assó es.

- Y la terra está al aire tamé, com un estrel, ¿verdat? - va afegí.

- Sí; al menos aixó diu lo maestre.

- Bueno, pos es lo que te dic. Si un estrel se despenje y no choque ni en la terra ni en datre estrel, ¿no arribe may al fondo? ¿Es que eixe aire que los volte no se acabe may?

Daniel, lo Mussol, se va quedá pensán un momén. Escomensabe a dominál tamé an ell un indefinible dessassosec cósmic. La veu va eixí de la seua gola indessisa y aguda com un gañit.

- Moñigo.

- ¿Qué?

- No me faigues eixes preguntes; me marejo.

- ¿Te marejes o te assustes?

- Pot sé les dos coses - va admití.

Sen va enriure lo Moñigo.

- Te diré una cosa - va di después.

- ¿Qué?

- Tamé a mí me fan temó los estels y totes eixes coses que no se abarquen o no se acaben may. Pero no lay digues a dingú, ¿sens? per res del món voldría que sen enterare de aixó man germana Sara.

Lo Moñigo triabe sempre estos moméns de repós solitari pera les seues confidensies.
Les altíssimes montañes, en les seues ressies crestes retallades damún del horizonte, li donaben al Moñigo una irritán impresió de insignificansia. Si la Sara, pensabe Daniel, lo Mussol, sapiguere lo pun flaco del Moñigo, podríe, fássilmen, apretál a un puñ. Pero, naturalmen, per la seua part, no u sabríe may. Sara ere una mossa antipática y cruel, y Roc lo seu milló amic. ¡Que adivinare ella la po indefinible que al Moñigo li inspiraben los estrels!

Al torná, ya de nit, al poble, se fée mes notoria y perseptible la vibrassió vital de la vall.

Los trens pitaben a les estassións escampades y los seus chulits esgarraben la atmósfera com a navallades. La terra exhalabe un agradable braf de humitat y fem de vaca. Tamé faie auló, en mes o menos forsa, la herba segóns lo estat del sel o la frecuensia de les plogudes.

A Daniel, lo Mussol, li enchisaben estes aulós, com li agradabe escoltá a la quietut de la nit lo muuu de una vaca o lo lamén chirrián de una carreta de bueys avansán a trompicóns.

Al estiu, en lo cambi de hora, tornaben al poble encara de día. Solíen caminá per damún del túnel, trián la hora del pas del tranvía interprovinsial. Tombats damún del roquissal, assomán lo nas al single, los dos mossos aguardaben impassiéns la arribada del tren.
La vuida ressonansia de la vall los portabe als oíts, en molta antelassió, la proximidat del convoy. Y, cuan lo tren eixíe del túnel, voltat per un núgol de fum denso, los fée estornudá y riure en espasmódiques carcañades. Y lo tren se desllissabe daball dels seus ulls, lento y traqueteján, monótono, casi al alcáns de la ma. Desde allí, per una sendeta de cabres, baixaben hasta la carretera. Lo riu passabe per daball del pon, en un brogit de catarata. Ere una corrén de montaña que baixabe en molta forsa entre grans roques reassies a la erosió. Lo soroll de les aigües se remansabe, vin metros mes aball, al Toll o Badina del Inglés, aon ells se bañaben a les tardes de samorda, bascoses, del estiu.

A la confluensia del riu y la carretera, a un kilómetro aball del poble, estabe la taberna de Quino, lo Manco.


Daniel, lo Mussol, recordabe los bons tems, los tems de les transacsións fássils y barates. Entonses, lo Manco, per una perra chica los servíe una tassada de sidra de barril y, damún los donabe conversa. Pero los tems habíen cambiat als radés añs, y ara, Quino, lo Manco, per sing séntims, sol charrabe. La tasca de Quino, lo Manco, estabe casi sempre forra. Lo Manco ere generós hasta la prodigalidat y als tems que corríen ressultabe arriesgat sé generós. A la taberna de Quino, per unes raóns o datres, sol se despachabe ya un vi negre rascadó en lo que mataben la sed los obrés y empleades de la fábrica de taches y claus, que estabe singséns metros riu aball. Mes allá de la taberna, a la esquerra, doblán la radera curva, estabe la formachería de son pare del Mussol.
Enfrente, una mica adentrada als prats, la estassió y, apegada an ella, la caseta alegre, blanca y roija de Cuco, lo factó, encarregat de la ressepsió dels equipaches y del movimén de gen y mercansíes. Después, en plena costa amún, escomensabe lo poble propiamen dit. Ere, lo seu, un poblet menut, retirat y vulgar. Les cases eren de pedra, en galeríes ubertes y penjáns de fusta, generalmen pintades de blau. Esta tonalidat contrastabe, a la primavera y estiu, en lo verd y roch dels geranios que infestaben galeríes y balcóns. La primera casa, a la ma zurda, ere la botica. Anexes o apegades estaben les cuadres, les magnífiques cuadres de don Ramón, lo boticari-alcalde, plenes de gordes, passiéns y majetones vaques. A la porta de la farmassia ñabíe una campaneta, y lo seu repiqueteo distraíe a don Ramón dels seus afáns munissipals pera reintegrál, durán uns minuts, a la seua faena y professió. Seguín costa amún, se topabe un en lo palau de don Antonino, lo marqués, guardat per un muro mol alt de pedra, llisa, inexpugnable; lo talleret del sabaté; l´ajuntamén, en un arcaic escut a la frontera o fachada; la tenda o botiga de les Pestetes y lo seu escaparate mol ben parat y variat; la fonda, en una famosa galería de vidres flanquejabe dos de les cares del edifissi; a la dreta de esta, la plassa cuberta de boñigues y grava y en una fon pública, de dos cañs o chorros, al sentro; tancán la plassa, per l´atre costat, estabe lo edifissi del bang o banc, y, después, tres cases de veíns en los seus jardinets a la part de dabán. Per la dreta, enfrente de la apoteca, estabe la finca de Gerardo, lo Indiano, los seus abres produíen les millós fruites de la comarca; lo corral de Pancho, lo Sensedéu (Sindiós), aon un tems va está instalat lo sine; la taberna del Chano; la forja de Paco, lo ferré, la ferrería; les ofissines de Teléfonos, que regentaben les Llebres; lo bazar de Antonio, lo Buche, y la casa de don José, lo mossen, que teníe la rectoría a la planta baixa. Tresséns metros mes allá, costa aball, estabe la iglesia, tamé de pedra, sense cap estil definit, y en un campanari estirat y pito. Enfrente los nous edifissis de les escoles, pintats en cals o encalats y en les finestres pintades de verd o vert, y la caseta de don Moissés, lo mestre o maestre. Vist aixina, a la ligera, lo poble no se diferensiabe de mols atres. Pero pera Daniel, lo Mussol, tot lo del seu poble ere mol diferén a lo dels demés. Los problemes no eren vulgars, lo seu régim de vida revelabe talento y de casi tots los seus actes emanabe una positiva trassendensia. Un atra cosa es que los demés no vullgueren reconéixeu. Assobín, Daniel, lo Mussol, se parabe a contemplá los sinuosos carreróns, la plassa plena de pasterades y graveta, los penosos edifissis, construits sol en un sentit utilitari. Pero aixó no lo entristíe gens. Los carrés, la plassa y los edifissis no féen un poble, ni li donaben fissonomía. Un poble lo féen los seus habitáns, veíns, pobladós, y la seua historia. Y Daniel, lo Mussol, sabíe que per aquelles carreres cubertes de pastoses boñigues y per les cases que les flanquejaben, van passá homens honorables, que avui eren sombres, pero que li van doná al poble y a la vall un sentit, una armonía, unes costums, un ritmo, un modo propi y peculiá de viure.

¿Que lo poble ere ferosmén individualista y que una corporassió pública tinguere poc que fé, com díe don Ramón, lo alcalde? Be. Lo Mussol no n´enteníe de individualisme, ni de corporassións públiques y no teníe raóns pera negáu. Pero, si ere aixina, los mals consiguiéns no rebassaben lo poble y, después de tot, ells mateixos pagaben los seus propis pecats. ¿Que preferíen no asfaltá la plassa per a que no los pujaren los arbitris? Be. Per aixó la sang no arribaríe al riu, costa aball. "La cosa pública, la res publica, es un desastre", cridabe don Ramón. "Cadaú mire massa lo propi y olvide que ñan coses que són de tots y que se tenen que cuidá", afegíe. Y no ñabíe qui li ficare al cap que eixe egoísme ere flo o puncha, o vissi o virtut de tota una rassa.

Pero, ni per aixó, ni per res, podíen regatejásseli al poble les seues cualidats de efissiensia, seriedat y discressió. Cadaú a lo seu, pero los dropos no son gossos perque no vullguen traballá en les coses dels demés. Lo poble, sense cap duda, ere de una eficássia sobria y de una discressió edificán.
¿Que la Pesteta gran y lo Cuco, lo factó, no eren discrets? Be. A cap pell li falte una piga. Y, en cuan al individualisme del poble, ¿Qué feen los mossos y les mosses los dissaptes per la tarde y los domenges? Don José, lo mossen, que ere un gran san, solíe manifestá, en tristesa: "Es llástima que vigam un a un pera totes les coses y nessessitem emparellámos pera ofendre al siñó". Pero tampoc don José, lo mossen, volíe entendre que eixa sensualidat ere flo o espina, o vissi o pecat de tota una rassa.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 9. Seguix lo mateix registre. Morfina.

Capítul IX.

Seguix lo mateix registre. Morfina.

Morfina, Pedro Saputo


De Graus va passá a Benabarre, va doná una volta per la Llitera, va baixá a Monzón, Monsó, Monçó, de allí va pujá a Fontz o Fonz y Estadilla, va pensá en dirigí lo rumbo cap a casa seua, penanli no podé torná a Benabarre, perque va sé aon va vore mes cares majes, y pits mes uberts, (y caps mes grillats, com lo de Manuel Riu Fillat,) y olvidán en pena alguns amors que se va dixá allá desperdigats.

- Pero prou, va di; hay donat gust a mon pare y me l'hay pres yo tamé, y no poc.

Li faltáen micha dotsena de pobles, entre atres lo de Morfina; y donán los demés per vistos, se va atansá al de aquell nobilíssim primé amor que no sabíe cóm trobaríe ni cóm se habíe de presentá, ni en quina cara después de tans añs. Y dudán, y bateganli fort lo cor, y en no menos temó que dessich, va arribá al poble y se va encaminá a casa seua.

Habíe mort lo pare fée dos añs, com vam di, aquell don Severo tan bo y tan generós; y lo fill fée cuatre que estáe casat. 

Morfina, cumplits ya los vintissing añs, sense pare, sa mare pensán sol en misses y rosaris, y lo germá en poca autoridat a casa seua, se miráe an ella mateixa com la sombra de la casa; lo que jun en lo chasco tan cruel que li va doná lo home del seu amor y a qui li va fiá mes que lo seu cor (que chasco se pot di tan llarga suspensió de la seua esperansa), y sempre en una passió que no teníe sol ni día al añ, habíe perdut aquella alegría que tan brilláe a un atre tems al seu bellíssim rostro, y sense está esguellada se coneixíe que se habíe semat la lozanía dels seus pensamens, entregada a una ressignassió penosa, que de sé ella menos animosa o de temple menos fi, la haguere consumit del tot. ¡Ah!, dels vin als vintissing passe una época, una edat sansera, y la mes forta y de mes gran mudansa a les donselles. Pero a Morfina ademés se li ajuntáe la causa espessial de que habíe amat y amabe encara al únic home que va arribá al seu cor y éste ¡fée set añs que la teníe olvidada!, mentres ella ere insensible pera tots, resignada a morí an aquell estat antes que doná la seua má a datre.

Va arribá Pedro Saputo y sol ella lo va coneixe abans de parlá; pero tots se van alegrá, hasta la cuñada. Buscán una ocasió li va preguntá a Morfina qué ere de lo seu antic amor y cariño. 

Ella li va contestá que no sabíe en quí parláe.

- En lo teu amán, va di ell.

- No tos conec per tal, va contestá ella; pero sí tos diré que ne vach tindre un, y que si me se presentare se trobaríe com la primera vegada, y com la segona, y com la tersera que mos vam vore.

- Pos yo soc, va di ell; dónam la teua queixa, pero dispósat a sentí la meua contesta.

- No trobo cap satisfacsió, va di ella; y si tots los grans homens són com vosté, si tal prossedí es inseparable de la seua exelensia, ben infelises són les que los volen. Yo tos vach volé sense sabé quí ereu, perque vach vore lo que ereu; vach vore que la idea de perfecsió que yo me había format de un home cabal, de un home digne de mí omplíe vosté cumplidamen, y mes si mes puguere sé, encara que tan jove. Después vach sabé que ereu Pedro Saputo, y sol vach tindre que ajuntá a la persona la fama del nom; y al sentí del vostre naiximén vach doná grassies a la meua estrella perque me fassilitabe fé algo per vosté y per lo meu amor; pos encara que de la fortuna fores poc afavorit, teníes un alma mol sublime. Yo tenía que heredá de mon pare, lo just pera no tindre temó que per esta causa fore mes poca la nostra felissidat. Y desde aquell momén passe un añ, ne passen dos, y cuatre y sing y sis, y cap notissia ressibixco de vosté. ¿Tos escric y qué me contestéu? Va aná a vóretos mon pare, vau prometre vindre, y tos vau burlá de la vostra paraula. 

¿Debía yo creure, dec ara creure, que me hau vullgut?

Se case mon germá, mor mon pare, quedo del vostre amor abandonada y sola; passen los añs, ni veniu, ni teniu la cortessía de escríurem una carta, o de enviám un simple recado. Sé per la fama que estéu per la vostra terra; y al mateix silensio sempre. 

¿Debía creure, ting que creure ara, que me volíeu o que me haigáu volgut may? Lo meu amor es sempre lo mateix, u confesso, perque es la meua mateixa vida, soc yo mateixa; ¿qué me diréu vosté del vostre? ¿Qué me diréu pera que a mí no me sigue fassilidat, imprudensia y error voluntari créuretos y fiám de les vostres paraules? Y encara abans de sentí la vostra resposta, vull sertificatos que no me ha penat ni me penará habetos vullgut, encara que ara mateix sense contestá a la meua queixa me aviéu una mirada de despressio, y me giréu la esquena y desapareguéu, y sápiga después que tos hau casat en un atra. Es mes fort que tot aixó lo amor que tos hay tingut, y la alta aprobassió que lo meu cor li ha donat sempre. Y encara aixina, sacrifissi per vosté no ne hay fet cap; may faré aná esta paraula, tos vach doná lo cor, allí estáe tot.

Va sentí Pedro Saputo la seua justa y sentida queixa sense interrumpila o interrómprela, y miranla afablemen, li va contestá:

- La sort y no la meua voluntat te ha privat de la satisfacsió que lo teu amor nessessitáe y lo meu ploráe per no podét doná. 

No admitixgo, pos, no admitixco contra mí la teua queixa, perque no ha estat a la meua má lo naixe de pare conegut, la seua desgrassia ha sigut la causa general y particulá de la forsa de moltes sircunstansies, ben tristes, per sert, después de conéixet, de diverses époques de la meua vida. Pensarás tú, enhorabona, en tota la noblesa que dius y vach vore per los meus ulls; pero yo debía tindre datres miramens en tú y en lo nostre amor, que no habíe de sé de un sol día, ni gosás a la soledat y fora del trate humano. Talento tens, y no nessessites que te explica estes reflexions. 

Per un atra part, a la teua edat y al meu dessich ya no cabíe entretindre la esperansa en plassos indefinits, pijós mil vegades que lo absolut silensio que hay guardat, perque éste podrá matá un amor vulgar, pero no traure lo temple ni embotá un amor verdadé a cors com los nostres. Una mirada de la fortuna que ningú sap encara, me va fassilitá lo podét proposá condissions que mos permitíen pressindí de lo que tú me oferíes en los bens de ton pare. Y cuan me disposaba a vindre a vóret, va ocurrí un cas que ha arretrasat esta visita hasta ara, com te diré cuan me haigues declarat la teua ressolusió. Estam al día; avui es, dolsa y encantadora Morfina. 

Mira lo sel; y si encara eres la mateixa pera mí, dónali les grassies al teu cor, y vine pera sempre als brassos del teu volgut, als brassos del teu home...

Va di estes raderes paraules en tan afecte, que no va pugué Morfina aguantás; y abalotada, tendra y resolta lo va abrassá ben preto exclamán: 

- ¡Amor meu! ¡Home meu!

- Pos ara, li va di ell, sabrás pera la teua satisfacsió y la de la teua familia, que ya no soc Pedro Saputo, fill de aquella pupila de Almudévar, sino que soc fill de ella y del caballé don Alfonso López de Lúsera, en qui se va casá ma mare fa cuatre mesos, habenme ell conegut per casualidat y trobanse viudo de la seua primera dona.

- ¡Fill eres, va di Morfina espantada, de don Alfonso López de Lúsera! Lo conec de nom y de vista, perque añs atrás va passá per aquí dos o tres vegades y se tratáe de amic en mon pare. Sí que eres son fill, sí; men enrecordo, te li assemelles. Be díe la fama que eres fill de un gran caballé. ¡Don Alfonso, ton pare! Tamé, pos, haurás ya conegut a la seua nora, ara ta cuñada, aquella Juanita que diuen que es tan discreta, y la mes selebrada de tota esta terra.

- Sí, va contestá ell, y la vach coneixe ya de estudián, en la seua amiga Paulina...

- Són inseparables, va di Morfina; y tamé diuen de ixa Paulina que es mol grassiosa.

- Ara vindrás tú, va di Pedro Saputo, a aumentá lo número de les persones que unix aquella amistat y la sang, mes discreta que Juanita, mes amable que Paulina, mes hermosa y digna que les dos, y la verdadera gloria meua y de la meua familia. Mira sinó lo consepte que li mereixes a mon pare. Y li va enseñá la llista de les donselles en la nota que teníen totes. La va mirá Morfina; estáe ella la cuarta habenles ficat son pare per orden de distansia dels pobles; y sen va enriure de lo que afegíe al final sobre no voldre sentí parlá de amors ni casás.

- ¿Cóm, va di, haguere pogut lo bon don Alfonso imaginá, que si yo no volía sentí de amors, ere perque amaba a son fill? Pareix, pos, que ya les has vist a totes, si aixó signifique la creu que porten los seus noms.

- Ixa creu, va contestá ell, la vach fé a totes lo primé día, donanles per vistes; pero pera feli cas a mon pare y passá uns díes de curiosidat que me recordáen una mica la vida de estudián, hay estat an alguns pobles, y sert que men hay enrit.

- ¿Tamé has vist a la filla del escribén Curruquis?, va preguntá Morfina.

- ¿Quí es lo escribén Curruquis?

- Este (siñalán en lo dit); y si no hi has estat, mira de anay encara que faigues volta, perque vorás a un pare y a una filla mol originals. Y de pas podrás vore estes dos que formen la sombra del cuadro.

Va arribá en aixó la cuñada, y van continuá la charrada, y tamé dabán del germá que va vindre después, y de sa mare; que va sé la declarassió de Pedro Saputo a la familia, pos tratán a Morfina en tanta familiaridat, van entendre que ñabíe algún secretet ya no secret entre ells.

- Este caballé, va di Morfina, es fill de don Alfonso López de Lúsera.

- ¿Cóm?, va di lo germá; ¿pos no es Pedro Saputo?

- Sí, don Vicente, va contestá ell, pero tamé soc fill de don Alfonso, encara que hasta fa poc tems no se sabíe; com fa poc tamé que va enviudá de la seua primera dona y se ha casat en ma mare. Y en lo nou nom y en lo antic hay vingut a vore a Morfina y ditos a tots, que desde estudián mos volem y teníem tratat, o entés al menos entre los dos, lo nostre casamén.

- ¡Oy, sel san, si visquere mon pare!, va exclamá don Vicente. ¡Vosté, Pedro Saputo, fill de don Alfonso López de Lúsera! ¡miréu si u vach di yo cuan vach vore lo retrato! ¿Quí está, pos, a casa nostra?

- Un amán de Morfina, va di ell; un fill polític vostre, siñora (diriginse a la mare), y un germá vostre, don Vicente, si Pedro Saputo primé, 

y ara don Pedro López de Lúsera es digne de tan honor, així com es amo fa tans añs del cor de la vostra germana.

- Miréu, va di don Vicente a sa mare, miréu a la que no volíe casás. 

- ¿Y cóm había de voldre a datre, va contestá Morfina, volén ya desde sagala a don Pedro? Sí, germá, desde entonses lo vull y mos volem, y ni vull ni voldré a datre home, ni lo podría voldre, encara que don Pedro haguere mort. Y perdonéu, siñora mare, que sén donsella y están vosté presén me atrevixca a parlá de esta manera. 

- Filla, va contestá sa mare: ya saps que ploraba de vóret reassia y perque no volíes casát; ara ploro de goch de sentí lo que me dius y de vore a don Pedro a la nostra casa; ya no ting res mes que demaná a Deu an este món. ¡Ay, si vixquere ton pare! ¡Tan que parláe de Pedro Saputo, y no sabé que tots lo coneixíem! 

Pero tú, filla meua, ya u sabíes.

- Sí, mare; pero no me atrevía a díu.

- Pos siñó, va di don Vicente; ara sí que no ton aniréu al cap de un mes, ni may; ham de cassá, amic, ham de aná de cassera, y hau de tocá lo violín, anem, aquelles coses tan bones que sabéu fé. 

¡Conque Pedro Saputo! Y tú, Morfina, u sabíes tot, y qué calladet que u has tingut.

- No tan cassá, amic don Vicente, perque vull fé lo retrato de la vostra germana. - Y lo de la meua dona, va di don Vicente.

- Be, tamé lo farem.

- Y lo meu.

- Pos tamé, ya que mos hi fiquem. Después ting que contali a Morfina coses importans de la meua vida, y preguntán moltes atres. 

- Ahí la teniu, va di don Vicente; ya no es chiqueta; vostra es 

¿no es verdat, mare?

- Sí, fill, sí, va di la bona siñora. Deu los beneíxque com yo los beneíxco de la meua part. La nora, sin embargo, se coneixíe que pensabe alguna vegada en lo patrimoni que significabe Morfina, a la que teníe destinada al seu cap com a tía mol volguda dels seus fills. Li habíe dixat son pare un patrimoni que pujáe uns mil dossens escuts al añ; y sentíe la nora que ixquere de casa seua. 

Lo germá ere mes noble.

Pedro Saputo va enviá al criat a son pare, escribinli que estáe a casa del difún don Severo Estada, una familia que coneixíe mol desde estudián, y lo aturaben alguns díes pera fé los seus retratos.

Pero Morfina en la gran satisfacsió de tindre al seu amán y en la seguridat del seu amor que tans suspiros y llágrimes li habíe costat, y en la libertat de confessáu y manifestáu, va recobrá la seua antiga bellesa, la energía dels afectes, la alegría del seu cor; y serena, contenta, ufana y gloriosa brilláe en totes les grassies y encans de la incomparable hermosura que li debíe a la naturalesa.

Mes y mich se va pará allí Pedro Saputo, fen los retratos, cassán tamé algún día, y gosán de la felissidat suprema del amor en la seua amabilíssima y dolsíssima enamorada, Morfina. 

Don Vicente, veénlo tan hermós, pincho, caballé, cabal y perfecte en tot y en tantes grassies y habilidats li va preguntá un día a la taula: 

- La verdat, don Pedro; ¿cuántes dones hau tornat loques an este món? ¿Totes les que hau vist?

- Y mes, va contestá Morfina, perque algunes se haurán enamorat de ell per la fama.

- No, per sert, va contestá ell; perque algo diríe ixa mateixa fama, y res hau sentit. Aixó, Morfina, signifique sol que vach naixe pera vosté, així com vosté hau naixcut pera mí; y don Vicente, que me vol com amic y com a germá, está sense cap duda encara mes sego que tú, y per aixó delire tan.

Al remat va arribá lo día de separás: día anugolat y tristot; día que may haguere tingut que portá lo sel en les seues voltes; y dixá casi sense vida an aquella infelís.

¡Gloria de este món! ¡Felisidats de esta vida!


Original en castellá:

Capítulo IX.

Sigue el mismo registro. Morfina.

De Graus pasó a Benabarre, dio vuelta por la Litera, bajó a Monzón, de allí subió a Fontz y Estadilla, pensó en dirigir el rumbo hacia su casa, doliéndose de no poder volver a Benabarre, porque fue donde vio más lindas caras, y pechos más abiertos, y olvidando con pena algunos amores que se dejó allá perdigados. - Pero basta, dijo; he dado gusto a mi padre y me lo he tomado yo también no pequeño.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel

Faltábanle empero una media docena de pueblos, entre otros el de Morfina; y dando los demás por vistos, se dirigió al de aquel nobilísimo primer amor que no sabía cómo encontraría ni cómo se había de presentar, ni con qué cara después de tantos años. Y dudando, y latiéndole fuertemente el corazón, y con no menos temor que deseo, llegó al pueblo y se encaminó a su casa.

Había muerto el padre hacía dos años, como dijimos en otra parte, aquel don Severo tan bueno y tan generoso; y el hijo hacía cuatro que era casado. Morfina, cumplidos ya los veinticinco años, sin padre, su madre pensando sólo en misas y rosarios, y el hermano de poca autoridad con su mujer, se miraba a sí misma como la sombra de la casa; lo cual junto con el chasco tan cruel que le dio el hombre de su amor y de quien fió más que su corazón (que chasco se puede llamar tan larga suspensión de su esperanza), y a las manos siempre a pesar de todo con una pasión que no tenía sol ni día en el año, había perdido aquella alegría que tanto brillaba en otro tiempo en su bellísimo rostro, y sin estar ajada se conocía que se había marchitado la lozanía de sus pensamientos, entregada a una resignación penosísima, que a ser ella menos animosa o de temple menos fino, la consumiera del todo. ¡Ah!, de los veinte a los veinticinco pasa una época, una edad entera, y la más fuerte y de mayor mudanza en las doncellas. Pero en Morfina además obraba la causa especial de que había amado y amaba aún al único hombre que llegó a su corazón y éste ¡hacía siete años que la tenía olvidada!, mientras ella era insensible para todos, resignada a morir en aquel estado primero de dar su mano a otro.

Llegó Pedro Saputo y sólo ella lo conoció antes de hablar; pero todos se alegraron, hasta la cuñada. El primer día no quiso ser, aun para la misma Morfina, sino Pedro Saputo, porque les dijo desde luego que él era; y buscando una ocasión preguntó a Morfina qué era de su antiguo amor y cariño. Respondióle que no sabía con quién hablaba. - Con tu amante, dijo él. - No os conozco por tal, contestó ella; pero sí os diré que tuve uno en otro tiempo, y que si se me presentase me encontraría como la primera vez, y como la segunda, y como la tercera que nos vimos. - Pues yo soy, dijo él; dame tu queja, pero disponiéndote a oír mi respuesta. - No cabe satisfacción, dijo ella; y si todos los hombres grandes son como vos, si tal proceder es inseparable de su excelencia, bien infelices son las que los aman. Yo os quise sin saber quién érades, porque vi lo que érades; vi que la idea de perfección que yo me había formado de un hombre cabal, de un hombre digno de mí llenábades vos cumplidamente, y más si más pudiera ser, aunque tan joven. Después supe que érades Pedro Saputo, y sólo tuve que unir a la persona la fama del nombre; y al oír de vuestro nacimiento di gracias a mi estrella porque me facilitaba el hacer algo por vos y por mi amor; pues si de la fortuna fuésedes poco favorecido en otros bienes y nada más teníades que aquella alma tan sublime, yo los debía heredar de mi padre suficientes para no temer que por esta causa fuese menor nuestra felicidad. Y desde este momento pasa un año, pasan dos, y cuatro y cinco y seis, y ninguna noticia recibo de vos. ¿Os escribo y qué me respondéis? Va a veros mi padre, prometéis venir, y os burláis de vuestra palabra. ¿Debía yo creer, debo ahora creer, que me habéis querido? Cásase mi hermano, muere mi padre, quedo con vuestro amor abandonada y sola en medio de mi familia; pasan años, ni venís, no tenéis la cortesía de escribirme una letra, de mandarme un simple recado. Sé por la fama que andáis por vuestra tierra; y en el mismo silencio siempre. ¿Debía creer, debo creer ahora, que me queríades o me hayades querido nunca? Mi amor es siempre el mismo, lo confieso, porque es mi misma vida, soy yo misma; ¿qué me diréis vos del vuestro? ¿Qué me diréis para que en mí no sea facilidad, imprudencia y error voluntario creeros y fiar de vuestras palabras? Y aun antes de oír vuestra respuesta, quiero certificaros que no me ha pesado ni me pesará de haberos querido, aunque ahora mismo sin responder a mi queja me echéis una mirada de desprecio, y me volváis la espalda y desaparezcáis, y sepa luego que os habéis casado con otra. Es más fuerte que todo eso el amor que os he tenido, y la alta aprobación que mi corazón le ha dado siempre. Y no obstante, sacrificios por vos no he hecho ninguno; jamás usaré esta palabra, os di el corazón, allí estaba todo.

Oyó Pedro Saputo su justa sentida queja sin interrumpirla, y mirándola afablemente, le contestó: - La suerte y no mi voluntad te ha privado de la satisfacción que tu amor necesitaba y el mío lloraba de no poderte dar. No admito, pues, no admito contra mí tu queja, porque no ha estado en mi mano el nacer de padre conocido, cuya desgracia ha sido la causa general y particular de la fuerza de muchas circunstancias, bien tristes, por cierto, después de conocerte, de diversas épocas de mi vida. Pensarás tú, en hora buena, con toda la nobleza que dices y vi tan por mis ojos; pero yo debía tener otros miramientos contigo y con nuestro amor, el cual no había de ser de un sólo día, ni gozarse en la soledad y fuera del trato humano. Talento tienes, y no necesitas que te explique estas reflexiones. Por otra parte en tu edad y en mi deseo ya no cabía entretener la esperanza con plazos indefinidos, peores mil veces que el absoluto silencio que he guardado, porque éste podrá matar un amor vulgar, pero no quitar el temple ni embotar un amor verdadero en corazones como los nuestros. Una mirada de la fortuna que nadie sabe aún, me facilitó el poderte proponer condiciones de tanta libertad en nuestra suerte, que nos permiten prescindir de la que tú me ofrecías con los bienes de tu padre. Y cuando me disponía a venir a verte, sucedió un caso que ha retardado esta visita hasta ahora, como te diré cuando me hayas declarado tu resolución. Estamos en el día; hoy es, dulce y encantadora Morfina. Mira el cielo; y si aún eres la misma para mí, dale las gracias en tu corazón, y ven para siempre a los brazos de tu amante, a los brazos de tu esposo... Dijo estas últimas palabras con tanto afecto, que no pudo Morfina consigo; y agitada, tierna y resuelta le abrazó estrechamente exclamando: - ¡Amor mío! ¡Esposo mío!

- Pues ahora, le dijo él, sabe para tu satisfacción y la de tu familia, que ya no soy Pedro Saputo, hijo de aquella pupila de Almudévar, sino que soy hijo de ella y del caballero don Alfonso López de Lúsera, con quien casó mi madre hace cuatro meses, habiéndome él conocido por casualidad y hallándose viudo de su primera mujer. - ¡Hijo eres, dijo Morfina espantada, de don Alfonso López de Lúsera! Le conozco de nombre y de vista, porque años atrás pasó por aquí dos o tres veces y se decía de amigo con mi padre. Sí que eres su hijo, sí; me acuerdo, te le pareces. Bien decía la fama que eras hijo de un gran caballero. ¡Don Alfonso, tu padre! También, pues, habrás ya conocido a su nuera, ahora tu cuñada, aquella Juanita que dicen que es tan discreta, y la más celebrada de toda esta tierra. - Sí, respondió él, y la conocí ya de estudiante, con su amiga Paulina... - Son inseparables, dijo Morfina; y también dicen de esa Paulina que es graciosísima. - Ahora vendrás tú, dijo Pedro Saputo, a aumentar el número de las personas que une aquella amistad y la sangre, más discreta que Juanita, más amable que Paulina, más hermosa y digna que las dos, y la verdadera gloria mía y de mi familia. Mira si no el concepto que mereces a mi padre. Y le enseñó la lista de las doncellas con la nota que tenían todas. Miróla Morfina; estaba ella la cuarta habiéndolas puesto su padre por orden de distancia de los pueblos; y se rió de lo que añadía al fin sobre no querer oír hablar de amores ni casarse. - ¿Cómo, dijo, pudiera el buen don Alfonso imaginar, que si yo no quería amar ni oír de amores, era porque amaba a su hijo? Parece, pues, que ya las has visto a todas, si eso significa la cruz que llevan sus nombres. - Esa cruz, respondió él, la hice ya a todas el primer día, dándolas por vistas; sino que por complacer a mi padre y pasar unos días de curiosidad que me recordaban un poco la vida estudiantina, he estado en algunos pueblos, y cierto que me he reído. - ¿También has visto a la hija del escribano Curruquis?, preguntó Morfina. - ¿Quién es el escribano Curruquis? - Éste (señalando con el dedo); y si no has estado, mira de ir por allá aunque rodees, porque verás un padre y una hija muy originales. Y de paso podrás ver estas dos que forman la sombra del cuadro.

Llegó en esto la cuñada, y continuaron la plática, y asimismo delante del hermano que vino luego, y también de su madre; que fue la declaración de Pedro Saputo a la familia, pues tratando a Morfina con tanta llaneza, entendieron que había algún secreto ya no secreto entre ellos. - Este caballero, dijo Morfina, es hijo de don Alfonso López de Lúsera. - ¿Cómo?, dijo el hermano; ¿pues no es Pedro Saputo? - Sí, don Vicente, respondió él, pero también soy hijo de don Alfonso, aunque hasta hace poco tiempo no se sabía; como hace poco también que enviudó de su primera mujer y ha casado con mi madre. Y con el nuevo nombre y con el antiguo he venido a ver a Morfina y deciros a todos, que desde estudiante nos queremos y teníamos tratado, o entendido al menos entre los dos, nuestro casamiento. - ¡Oh, cielo santo, si viviese mi padre!, exclamó don Vicente. ¡Vos, Pedro Saputo, hijo de don Alfonso López de Lúsera! ¡Mirad si lo dije yo cuando vi el retrato! ¿Quién está, pues, en nuestra casa? - Un amante de Morfina, dijo él; un hijo político vuestro, señora (dirigiéndose a la madre), y un hermano vuestro, don Vicente, si Pedro Saputo primero, y ahora don Pedro López de Lúsera es digno de tanto honor, así como es dueño hace tantos años del corazón de vuestra hermana. - Mirad, dijo don Vicente a su madre, mirad, cuerpo de mí, la que no quería casarse. - ¿Y cómo había de querer a otro, respondió Morfina, queriendo ya desde niña a don Pedro? Sí, hermano, desde entonces le quiero y nos queremos, y ni quiero ni querré a otro hombre, ni le podía querer, aunque don Pedro hubiese muerto. Y perdonad, señora madre, que siendo doncella y estando vos presente me atreva a hablar de esta manera. - Hija, respondió su madre: ya sabes que lloraba de verte reacia y que no querías casarte; agora lloro de gozo de saber lo que me dices y de ver a don Pedro en nuestra casa; ya no tengo qué pedir a Dios en este mundo. ¡Ay, si viviera tu padre! ¡Tanto que hablaba de Pedro Saputo, y no saber que todos le conocíamos! Pero tú, hija mía, ya lo sabrías. - Sí, madre; pero no me atrevía a decillo. - Pues señor, dijo don Vicente; ahora sí que no os vais en un mes, o nunca; hemos de cazar, amigo, hemos de cazar, y habéis de tocar el violín, vamos, aquellas cosas tan buenas que sabéis. ¡Conque Pedro Saputo! Y tú, Morfina, lo sabías y has callado. - No tanto cazar, amigo don Vicente, porque quiero hacer el retrato de vuestra hermana. - Y el de mi mujer, dijo don Vicente. - Bien, le haremos. - Y el mío. - También, ya que nos ponemos. Después tengo que contar a Morfina cosas importantes de mi vida, y consultar muchas otras. - Ahí la tenéis, dijo don Vicente; ya no es niña; vuestra es, componeos; ¿no es verdad, madre? - Sí, hijo, sí, dijo la buena señora. Dios los bendiga como yo los bendigo de mi parte. La nuera, sin embargo, se conocía que pensaba alguna vez en el patrimonio que se llevaba Morfina, a quien tenía destinada en su mente para tía muy querida de sus hijos. Habíale dejado su padre un patrimonio que daba unos mil doscientos escudos anuales; y aunque no de más monta, sentía la nuera que saliese de su casa. El hermano era más noble.

Pedro Saputo envió el criado a su padre escribiéndole que estaba en casa del difunto don Severo Estada, cuya familia conocía mucho desde estudiante, y le detenían algunos días para hacer sus retratos. Pero Morfina con la gran satisfacción de tener a su amante y con la seguridad de su amor que tantos suspiros y lágrimas le había costado, y con la libertad de confesarlo y manifestarlo, volvió a cobrar su antigua belleza, la energía de los afectos, la alegría de su corazón; y serena, contenta, ufana y gloriosa brillaba con todas las gracias y encantos de la incomparable hermosura que debiera a la naturaleza.

Mes y medio se detuvo allí Pedro Saputo, haciendo los retratos, cazando también algún día, y gozando de la felicidad suprema del amor con su amabilísima y dulcísima enamorada, Morfina. Don Vicente, viéndole tan hermoso, tan caballero, tan cabal y perfecto en todo y con tantas gracias y habilidades le preguntó un día en la mesa: - La verdad, don Pedro; ¿cuántas mujeres habéis vuelto locas en este mundo? ¿Todas las que habéis visto? - Y más, respondió Morfina, porque algunas se habrán enamorado de él por la fama. - No por cierto, respondió él; porque algo diría esa misma fama, y nada habéis oído. Esto, Morfina, significa solamente que nací para vos, así como vos habéis nacido para mí; y don Vicente, que me quiere como amigo y como hermano, está sin duda aún más ciego que tú, y por eso delira tanto.

Al fin hubo de llegar el día de separarse: día anublado y triste; día que jamás debiera traer el cielo con sus vueltas; porque dejar sin vida a aquella infeliz, que sólo aquéllos pudo decir que había vivido. ¡Gloria de este mundo! ¡Felicidades de esta vida!