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jueves, 25 de julio de 2024

1. 3. De cóm Pedro Saputo se va ficá mol fort.

Capítul III.

De cóm Pedro Saputo se va ficá mol fort.

Eixecacóduls, haciendo escuela, Moncho, pedrolo, piedra, roca

A los nou añs se anáe ya arrimán, y encara no parláe de aná a la mostra. Sa mare u sentíe, pero calláe, encomanán a Deu la sort del seu fill y la seua. Les seues diversions eren corre mol, jugá a la pilota y saltá y caminá per bardes y parets, ere tan ligero y sereno, que en la mes gran fassilidat se empináe als tellats mes alts y eixíe y se ficáe dret a un caballó, y miráe al carré y no se ni anáe lo cap. Una vegada, ajudat de atres sagalets, va atravessá un tauló prim desde un tellat al atre y va passá per nell moltes vegades, y balláe al mich y corríe a la coj, coj, y fée atres mil moneríes. Tamé solíe aná en los llauradós als cams, y tot lo día estáe preguntán de les faenes, y terres, plantes y estassions. Ere mol charraire. Aixó, així com atres moltes coses, se u va traure del ventre de sa mare, igual que una careta majíssima, ulls amorosos, mirada expresiva y profunda, y un aire grassiós y noble, tots teníen ficats los ulls an ell, y ell robáe lo cor a tots, pareixíe un encantamén. Un día va arribá en gran pena a casa perque un mosset del seu tems li habíe guañat a reñí, y li va di a sa mare que li diguere per qué li habíe vensut si no ere mes alt y teníen la mateixa edat. Sa pobre mare no sabíe qué contestali; al final se li va ocurrí dili que aixó consistíe en que com l’atre pesolaga ere llauradó y fée aná les forses, se habíe endurit y encara que ere tan chiquet com ell, ere mes fort. Va quedá satisfet de esta raó; y aquell mateix día va aná a casa sa padrina, y li va rogá a son padrí (que no ere mes que lo home de sa padrina, que fée tems que se habíe casat) que li portare en lo carro sing o sis pedres mol grosses, tan grans com un arca; y lo padrí, que lo volíe com si fore fill, li va doná lo gust y va portá en dos tongades set roques, unes mes grosses, y atres menos, y una mol gran, y se les va fé entrá al corral de casa seua, lo quels va costá no pocs esforsos a micha dotsena de guañapans.

roquerols, Cristian Laborda Lombarte, Valderrobres

Desde aquell día estáe seguit regirán les pedres en una palanca y les minudes en los brassos, volcanles, cambianles de puesto, fen grans esforsos, y suán y jurán com si estiguere condenat an aquell traball del infern. Tamé va fé afilá dos destrals velles que estáen per allí, y com descans del ejercicio dels barroculs agarráe una estral y fée esclops y bades a uns trongs de carrasca que se va fé portá. No contén en aixó va demaná una massa y chafáe y machacáe la roca mes gran. Al cap de tres o cuatre mesos, pera probá les seues forses, va cridá al sagal de marres y li va di que habíen de reñí un atra vegada; lo zagal no volíe, pero ell lo va amenassá que lo arrastraríe com un gat mort, y lo va obligá y van reñí en gran passió y bravura. Va guañá Pedro Saputo, pero en tanta ventaja, que después se probáe a reñí en atres mes granets y tamé los guañáe fassilmen. Y va di a sa mare: ya hay vist, siñora mare, que me va di la verdat cuan la riña de Geronimillo, pos en lo tombá de les roques y lo ejercicio de la destral y la massa, y alguna vegada que me fico a cavá en los llauradós, me hay ficat tan fort que guaño a tots los sagals del meu tems y hasta algúns atres mol mes grans. Bon secreto me va enseñá. Yo li prometixgo que no me guañará datre a luchá ni a pegá puñades, y hasta hay de derrocá y cossejá, encara que sigue a un chagán que se atrevixque a enfrentás en mí. Y així va sé, perque entrenán mol les forses, y en la bona y perfecta complexió y salut del seu cos, va alcansá mol grans bríos, y va sé tan forsut, que después, tan per diversió com per probás agarráe dos o tres homens y jugáe en ells com si foren tochets de fe calseta.

Original en castellá:

Capítulo III.

De cómo Pedro Saputo adquirió grandes fuerzas.

A los nueve años se iba ya acercando, y aún no hablaba de ir a la escuela. Su madre lo sentía, pero callaba, encomendando a Dios la suerte de su hijo y la suya.

Sus diversiones eran correr mucho, jugar a la pelota y saltar y andar por bardas y paredes, siendo tan ligero y sereno, que con la mayor facilidad se subía a los tejados más altos y salía y se ponía derecho en el alero, y miraba a la calle y no se le desvanecía la cabeza. Una vez, ayudado de otros rapaces, atravesó un madero delgado de un tejado a otro y pasó por él muchas veces, y bailaba en medio y corría a la coj, coj, y hacía otras mil monerías. También se solía ir con los labradores a los campos, y todo el día estaba preguntando de las labores, y tierras, plantas y estaciones. Como era muy hablado, que esto así como otras muchas cosas de él se lo sacó del vientre de su madre, igualmente un rostro hermosísimo, ojos amorosos, mirada expresiva y profunda, y un aire gracioso y noble, todos tenían puestos los ojos en él, y él robado el corazón a todos, que parecía encantamiento.

Un día fue con gran sentimiento a casa porque un muchacho de su tiempo le había ganado a reñir, y le dijo a su madre que le dijese por qué le había ganado no siendo más alto y teniendo la misma edad. Su pobre madre no sabía qué responderle; al fin le ocurrió decirle que eso consistía en que como el otro muchacho era labrador y ejercitaba las fuerzas, se había endurecido y aunque tan rapaz como él, era más fuerte. Quedó satisfecho de esta razón; y aquel mismo día fue a su madrina, y rogó a su padrino (que no lo era sino marido de su madrina, la cual había tiempo que casara) que le trajese con el carro cinco o seis piedras muy gruesas, tamañas como una arca; y el padrino, que lo quería como si fuese hijo, le dio gusto y trajo en dos veces siete peñas, unas más gruesas, y otras menos, y una muy grande, y se las hizo entrar en el corral de su casa, que costó no pocos trabajos a media docena de ganapanes.

Desde este día estaba continuamente revolviendo las piedras con una palanca y las pequeñas con los brazos, volcándolas, mudándolas de sitio, haciendo grandes esfuerzos, y sudando y jurando como si estuviese condenado a aquel trabajo del infierno. También hizo dar filo a dos destrales viejas que andaban por allí, y como descanso del ejercicio de las peñas tomaba una destral y hacía muescas y degüellos en unos troncos de encina que se hizo traer igualmente. No contento con esto pidió maza y rompía y majaba la peña más grande.

Al cabo de tres o cuatro meses, para probar sus fuerzas, llamó al muchacho de marras y le dijo que habían de reñir otra vez; el muchacho no quería, pero él le amenazó que lo arrastraría como un gato muerto, y le obligó y riñeron con grande ardor y bravura. Venció Pedro Saputo, mas con tanta ventaja, que después se probara a reñir con otros mayores y también los vencía fácilmente. Y dijo a su madre: ya he visto, señora madre, que me dijiste verdad cuando la riña de Geronimillo, pues con el volcar de las peñas y el ejercicio de la destral y la maza, y alguna vez que me pongo a cavar con los labradores, me he hecho tan fuerte que gano a todos los chicos de mi tiempo y aun a otros mucho mayores. Buen secreto me enseñaste. Yo os prometo que no me venza otro a luchar ni me gane a dar puños de mancar hombros y brazos, y me he de derrocar y acocear, aunque sea un gigante, al que se atreva a tomarse conmigo. Y así fue, porque ejercitando mucho las fuerzas, y con la buena y perfecta complexión y sanidad de su cuerpo, alcanzó muy grandes bríos, y fue tan esforzado, que después, si por diversión y prueba cogía dos o tres hombres, jugaba con ellos como si fuesen palillos de randa.

jueves, 23 de mayo de 2019

JORNADA CUARTA. NOVELA SEXTA.

Andreuola vol a Gabriotto, li conte un somni que ha tingut y ell an ella un atre. De repén, ell se mor als seus brassos. Mentres ella y una criada lo porten a casa seua són capturades per la señoría. Ella conte lo que ha passat, lo podestá la vol forsá, se entere son pare y, trobánla inossén, la fa liberá. Después ella se fique a monja.
La história que Filomena habíe contat va sé mol apressiada per les siñores perque moltes vegades habíen sentit cantá aquella cansó y may habíen pogut sabé cóm y per qué habíe sigut composta. Lo rey li va maná a Pánfilo que continuare lo orden, y ell va di:
Lo contat a la passada história me done peu a contáton una a la que se parle de dos que versaben sobre coses que habíen de passá com si ya hagueren passat, y apenes habíen acabat de contáles los que les habíen vist cuan van tíndre los dos efecte. Y aixina, amoroses siñores, hau de sabé que es impresió general de tots los que viuen vore varies coses als seus somnis, y, dormín, li pareixen totes verdaderes, y a vegades resulte que moltes de elles passen de verdat. Per naixó, mols li donen tanta fe a cada somni com li donaríen a les coses que veigueren están desperts, y en estos mateixos somnis se entristíxen o se alegren segóns lo que sels ha mostrat. Y per lo contrari, ña qui no creu en cap somni, mes que después de vóres caure al perill que los habíe sigut mostrat. Ni a uns ni als atres alabo, perque no sempre són verdadés ni totes les vegades falsos. Que no són tots verdadés, moltes vegades tots natres ham tingut ocasió de vóreu, y que no tots són falsos, abáns a la história de Filomena se ha escoltat, y a la meua, com ya hay dit, tos u mostraré. Per lo que jusgo que si se viu y se obre virtuosamen, a cap somni té que tíndres temó y no dixá per nell los bons propósits; en les coses roínes y malvades, encara que los somnis pareguen favorables an elles y en visións propíssies a qui los veuen animen, dingú té que creure; y aixina, al contrari, donáls a tots completa fe. Pero aném a la história (menos mal, Boccaccio, qué cansino que eres).

Va ñabé a la siudat de Brescia un gentilhome de nom micer Negre de Pontecarrato, que, entre atres mols fills, teníe una filla, de nom Andreuola, mol jove y hermosa y sense casá. Ella se va enamorá de un veí seu de nom Gabriotto, home de baixa condissió encara que ple de loables costums, hermós y amable; y en la intervensió y ajuda de la nodrissa de la casa Cabriotto no sol va sabé que Andreuola lo volíe, sino que lo van portá a subín a un hermós jardí del pare de ella, y moltes vegades van disfrutá del seu amor. Per a que cap raó mes que la mort puguere separá lo seu amor, home y dona se van fé en secreto. Y del mateix modo, furtivamén, confirmán los seus ajuntaméns, va passá que a la jove una nit, dormín, li va pareixe vore en somnis que estabe al seu jardí en Gabriotto y que lo teníe entre los seus brassos en grandíssim plaé, y mentres aixina estaben li va pareixe vore eixí del cos de ell una cosa oscura y terrible en una forma que ella no podíe reconéixe, y li pareixíe que esta cosa agarráe a Gabriotto y contra la seua voluntat en espantosa forsa la hi arrancáe dels brassos y en ell se amagáe a dins de la terra y no podíe vórel mes. Com mol gran doló sentíe, se va despertá, y una vegada desperta, encara que vee que no habíe passat res del que habíe ensomiat, no va dixá de tíndre po per culpa de este somni. Gabriotto volíe aná aon ella la nit siguién, pero ella no volíe, se va esforsá en que no vinguere per la nit allí. Pero veén la seua voluntat, per a que no sospechare algo raro, la siguién nit lo va ressibí al jardí. En moltes roses blanques y roiges, perque ere tems de roses, en ell a la voreta de una bellísima fon de aigua clara que al jardí ñabíe, se van gitá, y allí, después de una llarga festa que van disfrutá juns, Gabriotto li va preguntá quina ere la raó per la que li habíe prohibit víndre la nit abáns.
La jove, contánli lo somni de abansanit y la temó que li habíe agarrat, lay va explicá. Gabriotto, al sentíla, sen va enriure y va di que gran bobada ere creure en somnis perque tots veníen per massa minjá o per tíndre lo pap forro, y después va di:
- Si yo haguera vullgut fé cas de somnis no hauría vingut aquí, no tan per lo teu sino per un que tamé vach tíndre la nit passada. Me pareixíe está a una hermosa y deleitosa selva per la que anaba cassán, y había enchampat una cabreta tan maja com la milló que se haigue vist; y me pareixíe que ere mes blanca que la neu y en poc rato se va fé tan amiga meua que en cap momén se separabe de mí. Y me pareixíe que la volía tan que per a que no se separare de mí li había ficat al coll un collá de or y en una cadena tamé de or la sujetaba entre les mans. Y después de aixó me pareixíe que, descansán esta quirrina una vegada y tenín lo seu cap a la faldeta, va eixí de no sé aón una gossa negra com lo carbó, mol famolenca y espantosa en apariénsia, y va víndre cap a mí, contra la que cap resisténsia me pareixíe fé; per lo que me pareixíe que me ficáe lo morro a dins del costat esquerro, y tan lo rossegabe que arribabe al cor, pareixíe que me´l arrancabe per a emportássel. Sentía tal doló que me vach despertá, y despert, en la ma en seguida vach paupá a vore si tenía algo al costat; pero com no me vach trobá cap mal me vach burlá de mí mateix per habéu fet. Pero ¿qué vol di aixó? tals y mes espantosos ne hay tingut mes vegades y no per naixó me ha passat res mes ni res menos; y per naixó olvídat del somni y pensém en chalá. La jove, acollonida pel somni, al sentí aixó encara se va esglayá mol mes, pero per a no fé enfadá a Gabriotto, va ocultá la temó, pero lo abrassáe y besáe mol, y mentres ell la apretáe y besabe, temerosa y no sabén de qué, mes de lo normal moltes vegades lo mirabe a la cara y mirabe per lo jardí per si alguna cosa negra vinguere de alguna part.
Y están de esta manera, Cabriotto, en un gran suspiro, la va abrassá y li va di:
- ¡Ay de mí, alma meua, ajúdam que me mórigo!
Y dit aixó, va caure an terra com un taco damún de la herba del pradet. Veénlo la jove caigut com estabe, apoyánsel a la faldeta, casi plorán li va di:
- Oh, dols siñó meu, ¿qué te passe?
Gabriotto no va contestá, respirán fort y tot suat, después de no mol tems, sen va aná als atres, a la sombra allargada dels sipresos.
Aixó va sé mol du y dolorós per a la jove, que mes que an ella mateixa lo volíe, cada una té que imagináu. Ella lo va plorá mol, y moltes vegades lo va cridá en vano, pero después de que donássen cuenta de que estabe mort, habénlo tocat per totes les parts del cos y trobánles totes gelades, no sabén qué fé ni qué di, plorosa com estabe y plena de angustia, sen va aná a cridá a la seua nodrissa, que de este amor ere cómplice, y la seua miseria y doló li va amostrá. Y después de plorá juntes sobre lo mort Cabriotto, va di la jove a la nodrissa:
- Ya que Déu me´l ha tret, no vull seguí yo en vida, pero en ves de matám, voldría que buscárem una manera convenién de protegí lo meu honor y lo amor secreto que ha ñagut entre natros, y que se enterro lo cos com toque. A lo que la nodrissa va di:
- Filla meua, no parlos de vóldre matát, perque si lo has perdut, matánte tamé lo pedríes al atre món perque aniríes al infern, aon estic segura de que la seua alma no ha anat perque bo ha segut. Mol milló sirá que te consolos y pensos en ajudá en orassións o en atres bones obres a la seua alma, per si per algún pecat cometut té nessessidat de aixó. Sepultál es mol fássil, an este jardí mateix, dingú u sabrá may perque dingú sap que ell haigue vingut aquí, y si no u vols aixina, traémlo fora del jardí y dixémlo, demá pel matí lo trobarán y portánlo a casa seua sirá enterrat per los seus paréns.
La jove, encara que estiguere plena de amargura y plorare continuamén, escoltáe sin embargo los consells de la nodrissa, y no están de acuerdo en la primera part, va contestá a la segona, dién: - No vullgue Déu que un jove tan bo y tan volgut per mí y home meu patixgue lo sé enterrat com un gos o dixat an terra al carré. Ha ressibit les meues llágrimes y, tal com puga, ressibirá les dels seus paréns, y ya me ve al ánimo lo que ham de fé. Y rápidamen la va enviá a per una pessa de seda que teníe a la seua arca, y portada aquella y extenénla an terra, damún van ficá lo cos de Gabriotto, y ficánli lo cap a un cuixí y tancánli en moltes llágrimes los ulls y la boca, y fén una guirnalda de roses y escampán los pétalos de les roses que habíen agarrat juns, li va di a la nodrissa:
- De aquí a la porta de casa seua ña poc camí, y per naixó tú y yo, aixina com lo ham arreglat, lo portarém dabán de casa seua. No tardará mol en fés de día y lo arreplegarán, y encara que per als seus no sigue aixó cap consol, per a mí, ya que als meus brassos
s´ha mort, sirá un descans.
Y dit aixó, va torná a inclinás sobre ell y en abundantíssimes llágrimes lo va está plorán, pero mol requerida per la criada, perque veníe l´alba, se va ficá dreta, se va traure del dit
l´anell en lo que se habíe casat en Gabriotto, lay va ficá al seu dit, dién entre plos:
- Volgut siñó meu, si la teua alma veu les meues llágrimes y algún coneiximén o sentimén después de la seua partida quede als cossos, ressibix benignamen lo radé don de esta a qui vivín vas vóldre tan. Y dit aixó, desmayada, va caure damún de ell, y después de un tems se va reviscolá y se va ficá de peu, y en la criada van agarrá la tela aon estabe lo cos, y en ell van eixí del jardí cap a casa de ell.
Y anán aixina, va passá per casualidat los guardies del podestá, que anaben an aquella hora an algún assunto, les van topetá y les van arrestá. Andreuola, volén antes morí que viure, reconeguts los guardes de la señoría, francamen los va di:
- Sé quí sou y que vóldre fugí de res me valdríe; estic disposada a aná en vatros dabán la señoría, y contá lo que ha passat; pero que ningú se atrevixque a tocám, si tos fach cas, ni a robá res de lo que porte este cos si no vol que yo lo acusa.
Per lo que, sense que ningú la tocare, en lo cos de Gabriotto sen van aná tots cap al palau. Avisat lo podestá, se va eixecá, y fénla víndre a la alcoba, se va fé informá de lo que habíe passat, y habén fet mirá per algúns meches si en veneno o de un atra manera habíe sigut assessinat lo bon home, tots van afirmá que no, sino que li habíe petat lo cor y se habíe aufegat. Y ell, sentit aixó y que aquella en poca cosa ere culpable, se les va ingeniá en pareixe que li donabe lo que no podíe véndreli, y va di que si ella fée la seua voluntat, la liberaríe. Pero no servínli les paraules, va volé contra tota conveniénsia fé aná la forsa; pero Andreuola, ensesa pel desdén y traén forses de aon no les teníe, se va deféndre com un home, rechassánlo en injurioses y altives paraules. Pero arribat lo día cla y sénli contades estes coses a micer Negre, mortalmen dolgut sen va aná en mols dels seus amics al palau y allí, informat de tot per lo podestá, va demaná que li tornaren a la seua filla. Lo podestá se va acusá de habéla volgut forsá, antes de sé acusat per nella, va alabá a la jove y la seua constánsia. Veénla de tanta firmesa, li va di a son pare que si an ell li pareixíe be, y an ella, pesse habé tingut un home de baixa condissió, de bon grado la pendríe com a dona. Aixina com ells dos parlaben, Andreuola se li va tirá als peus de son pare y li va di:
- Pare meu, no crec que faigue falta que tos conta la história del meu atrevimén y de la meua desgrássia, que estic segura de que ya la hau sentit y la sabéu. Tos demano perdó per la meua falta, aixó es, de habé, sense vosté sabéu, pres per home al que mes me agradabe; y este perdó no tol demano per a que me sigue perdonada la vida sino per a morí com filla vostra y no com enemiga vostra.
Micer Negre, que ya ere vellet y home bo y amorós per naturalesa, al sentí estes paraules va escomensá a plorá, y plorán va alsá a la seua filla tendramen, y li va di:
- Filla meua, mol me haguere agradat que hagueres tingut tal home com segóns lo meu pareixe te conveníe; y si lo hagueres pres tal com a tú t´agradare tamé m´habíe de agradá; pero lo habéu amagat me fa dóldrem de la teua poca confiansa, y mes encara, veén que lo has perdut abáns de sábreu yo. Pero ya que aixina está fet, lo que per a contentát, vivín ell, hauría fet en gust, aixó es, honrál com a gendre se li fará ara que está mort.
Y giránse cap als seus fills y als seus paréns los va maná que prepararen per a Gabriotto exequies grans y honorables. Mentrestán habíen acudit los pares y datres paréns del jove, que se habíen enterat de la mala notíssia, y casi tantes dones y tans homes com ñabíe a la siudat. Colocat al mich del pati lo cadáver sobre la tela y en totes les roses, allí va sé plorat per tots, y públicamen per casi totes les dones de la siudat y per mols homes, y no com un plebeyo sino com un siñó tret de la plassa pública a muscles de los mes nobles siudadáns, en grandíssim honor va sé portat a la sepultura. Y al cap de uns díes, insistín lo podestá en lo que habíe demanat, preguntánlay micer Negre a la seua filla, ésta res de aixó va vóldre sentí, pero volén donáli una satisfacsió a son pare, a un monasteri mol famós per la seua santidat, ella y la nodrissa monges se van fé, y van viure allí honradamen durán mol tems.

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jueves, 25 de julio de 2024

1.2 - Lo espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet.

Capítul II.

Lo espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet.


Renego de mantellines fetes aná.

¿Saps, lectó, per qué yo no vach sé mes espabilat de chiquet y u soc tan poc de gran?

Pos es perque los mantells en los que me van portá a batejá y purificá sels habíen ficat ya atres germans meus que van vindre dabán y van absorbí tota la seua virtut. Ya se veu, com sol se empleáen dos o tres vegades pera cada un duráen sempre, y en una mica de almidón y aigua de la bassa de Fórnols quedáen un atra vegada com a nous, no com anous del anogué, de la noguera, como nuevos en castellá.

¡Qué poc li va passá aixó a Pedro Saputo! Per aixó va sé tan viu y en tan ingenio. Tot lo que portáe ere nou, y tot cusit per sa mare, que va besá y bañá mil vegades en llágrimes aquelles robetes; y los besets y les llágrimes de una mare són cosa mol eficás y santa. Y li va ajudá mol lo sé donsella y mirál en ulls de casada, criánlo en lo amor consentrat de mare desamparada y sola. Aixina consevol ixiríe espabilat. No ña perqué admirás de lo que lligirás.

Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar. En chapurriau.

La mare lo portáe en brassos en molta naturalidat y grandesa, y los que la miráen cuan anaben per los carrés díen: pareix una siñora. Y u pareixíe de verdat. Tots volíen vore al chiquet, lo agarráen y soltáen; pero ell, desde que va tindre tres o cuatre mesos, no se dixáe agarrá per tots, de uns sí y datres no: y si lo anáe a besá algún home o dona de mals ulls, apartáe lo cap y giráe la cara apretanla al coll de sa mare, y no ploráe com los atres chiquets, primé gitáe (vomitáe, expulsabe) la lleit y después ploráe en tristesa y no volíe eixecá lo cap hasta que sen aniguere aquella persona. En aixó díen tots que lo chiquet de la pubilla teníe mol talento, y sa mare contestáe: be lo haurá menesté, perque ni té patrimoni ni sa mare atra esperansa, a no sé que... y de aquí no passáe.

Va creixe poc a poc y va arribá als sis añs, habíe tingut lo sarrampió y la viruela, y una y atra enfermedat van passá, com diuen, pel carré. Sa mare va escomensá a dili que anare a escola, pero ell no volíe anay, només jugá y aná bambán tot lo día. 

Una vegada li va di:

- Mira, fill meu; ya tens set añs y encara no coneixes ni una lletra; Agustinet, lo teu veinet y amic, es del mateix tems que tú y ya deletreche los dotse pares y los romansos

¿Cuán penses aná a escola

Y ell contestáe: 

- Si me reneguéu, no u sé; si no me fotéu la bronca, cuan sigue tems. Eisse Agustinet y datres com ell estudien pera burros, y yo pera montáls.

- Pero, fill meu, li va replicá sa mare: ¿Cóm no hay de renegát si a mí les persones del poble me se mingen la cara perque no te fach aná a escola?

- Mare, li va contestá ell: yo tos hay dit que si me reneguéu no sé lo que faré, y si no me importunéu, cuan arribo lo tems no caldrá que me arrastron. Y an eixes persones que tos mingen la cara enviéumeles a mí y yo los diré cuatre coses.

¿No ñaurá cap taragaña a les seues cases? Pos mentres a vosté li donen mal, que vaiguen a llimpiales y los sirá mes de profit. 

Sa mare se admirabe de estes contestassions y va dixá de molestál.

Van passá mols díes, y ell aná jugán y fen maleses, follán nius, encorrén als gossos y cassán vileros en tochets enviscats

aná jugán y fen maleses, follán nius, encorrén als gossos y cassán vileros en tochets enviscats

Si algú lo tratáe de dropo sen enríe a carcañades y dixáe en dos pams de nassos a qui lay díe; pero si li díen malcriat se ofeníe mol, y la primera pedra que topetáe per allí la agarráe y la tiráe en gran furia y forsa a la persona que lo habíe enfadat; y si los fée un boñ al cap o alguna ñafra, no ñabíe datre remey que cridá al dotó, perque lo justissia y lo retó lo volíen y amparaben, y li donáen la raó y no volíen que ningú li prenguere cuentes ya que ell a ningú molestáe ni díe paraules roínes.

En tot, sa mare se apenáe, y no podíe en la pena, un día li va di en gran passió: 

- ¡Pobre de mí, que ting un fill que ere la meua alegría y tota la meua esperansa, y vach veén que lo que puc esperá de ell són disgustos y malaventura!

Y ell li va contestá: 

- Ploréu, mare meua, be de barat, be de balde, be de Baldarrores, be de … pures ganes de plorá. Anéu, que pronte siré home o dixaré de sé chiquet, y coneixeré les lletres y lligiré milló que Agustinet. Guardéu, ¡va!, les llágrimes pera milló ocasió, pera un atra nessessidat mes gran, que no vullgue Deu que vingue, perque esta, creéume, es ocasió de mol descans y de bona y sana esperansa. Y sa mare se va consolá, y se va proposá no importunál mes sobre este pun.


Original en castellá:

Capítulo II.

Agudeza de Pedro Saputo en su niñez.

Reniego de mantillas usadas. ¿Sabes, lector, por qué yo no fui más agudo de chico y lo soy tan poco de grande? Pues no es más de que porque las mantillas con que me llevaron a bautizar y purificar se las habían puesto ya otros hermanos míos que vinieron delante y absorbieron toda su virtud. Ya se ve, como sólo se usaban dos o tres veces para cada uno duraban siempre, y con un poco de almidón y agua de fuente quedaban otra vez nuevas. ¡Qué poco le sucedió esto a Pedro Saputo! Por eso fue tan vivo y tan ingenio. Todo lo que llevaba era nuevo, y todo cosido por su madre, que es circunstancia, porque besó y mojó mil veces con lágrimas aquellas ropas; y los besos y las lágrimas de una madre son cosa muy eficaz y santa. Y todavía le ayudó mucho el ser doncella y mirarle con ojos de casada, criándole con el amor reconcentrado de madre desamparada y sola. De este modo cualquiera sería agudo. Con que no hay que admirarse de lo que se va a leer: tantas causas y tales por fuerza habían de producir grandes efectos.

La madre, como decía, le llevaba en brazos con mucha naturalidad y grandeza, y los que la miraban cuando iban por las calles decían: parece una señora. Y lo parecía de verdad. Y todos querían ver al niño y lo tomaban y dejaban; pero él, desde el punto que tuvo tres o cuatro meses, no se dejaba tomar de todos, sino de unos sí y otros no: y si le iban a besar algún hombre o mujer de malos ojos, apartaba la cabeza y volvía la cara apretándola al cuello de su madre; y si porfiaban, no lloraba como los otros niños, sino que primero vomitaba la leche y después lloraba con tristeza y no quería levantar cabeza hasta que se fuera aquella persona. Con esto decían todos que el niño de la Pupila tenía mucho talento, y su madre respondía: bien lo habrá menester, porque ni él tiene otro patrimonio ni su madre otra esperanza, a no ser que... y de aquí no pasaba.

Creció poco a poco y llegó a los seis años, y había tenido el sarampión y las viruelas, y una y otra enfermedad pasó, como dicen, por la calle. Su madre, en fin, comenzó a decirle que fuese a la escuela, mas él no quería ir, sino jugar todo el día. Una vez le dijo: - Mira, hijo mío; ya tienes siete años y aún no conoces una letra; Agustinico, tu vecino y amigo, es del mismo tiempo que tú y ya deletrea en Los doce pares y en los romances. ¿Cuándo piensas ir a la escuela? Y él respondía: - Si me reñís, no lo sé; si no me reñís, cuando sea tiempo. Ese Agustinico y otros como él estudian para jumentos, e yo para montallos. - Pero, hijo mío, le replicó su madre: ¿cómo no he de reñirte si a mí las personas del lugar se me comen la cara porque no te hago ir a la escuela? - Madre, le contestó él: yo os he dicho que si me reñís no sé lo que haré, y si no me importunáis, cuando llegue el tiempo no será menester que me arrastren. Y a esas personas que os comen la cara mandádmelas a mí e yo les diré lo que cumple a vos, a mí y a ellas. ¿No habrá alguna telaraña en sus casas? Pues mientras a vos dan pesadumbre, que vayan a limpiarlas y les será más provecho. Su madre se admiraba de estas respuestas y dejó de molestarle.

Pasaron muchos días, y él jugar y travesear, y hacer pelotas, correr a los perros y cazar gorriones. Si alguno le vituperaba de holgazán se reía a carcajadas que dejaba corrido a quien se lo decía; pero si le llamaban malcriado se ofendía mucho, y la primera piedra que topaba por allí la cogía y la tiraba con gran furia a la persona que lo había enojado; y si les hacía un bollo o algo más, no había otro arbitrio que llevarlo por Dios y llamar al cirujano, porque el justicia y el cura lo querían y amparaban, y le daban la razón y no querían que nadie le tomase cuentas puesto que él a nadie molestaba ni decía palabras necias ni descomedidas.

Con todo, su madre se afligía, y no pudiendo con su pena, otro día le dijo con gran pasión: - ¡Pobre de mí, que tengo un hijo que era mi alegría y toda mi esperanza, y voy viendo que lo que puedo esperar de él es disgustos y malaventura! Y él le contestó: - Lloráis, madre mía, bien de barato, bien de balde, bien de pura gana de llorar. Andad, que presto seré hombre o dejaré de ser niño, y conoceré las letras y leeré mejor que Agustinico. Guardad, ¡ea!, las lágrimas para mejor ocasión, para otra necesidad mayor, que no quiera Dios que venga, porque ésta, creedme, es ocasión de mucho descanso y de buena y sana esperanza. Y su madre se consoló, y propuso de no importunarle más sobre este punto.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los sans inossens, llibre quinto.

Llibre quinto.

Lo acsidén.


Al arribá lo pas dels coloms, lo siñoret Iván se instalabe al cortijo durán dos semanes, pera nestes feches, Paco, lo Baixet, ya teníe preparats los coloms y los arreos y habíe engrassat lo balansí, de modo que tan pronte com se personabe lo siñoret, corríen en lo Land Rover de un puesto a un atre, de carril en carril, reconeixén les carrasques y les bellotes, pero tal com passáen los añs a Paco, lo Baixet, se li anabe fén mes difíssil pujá a les carrasques y lo siñoret Iván, al vórel abrassat torpemen a les soques, sen enríe, la edat no perdone, Paco, lo cul escomense a pesát, es ley de vida, pero Paco, lo Baixet, per amor propi, per no doná lo seu bras a torse, pujáe al alcornoque o a la carrasca, ajudanse de una maroma, encara que se pelare les mans y lligáe lo reclam a la part mes vissible del abre, a sé possible a la copa, y desde dal, enfocabe altivamen cap al siñoret Iván los grans forats del seu nas chato, com si mirare en ells, encara valgo, siñoret, ¿no li pareix? cridabe eufóric, y, a caball de un simal, ben assentat, estiráe del cordell amarrat al balansí pera que lo colom, al fallali les cames y pedre lo equilibri, aletejare, mentres lo siñoret Iván, amagat al esperadó, escudriñabe atentamen lo sel, los desplassamens dels bandos y li advertíe, dos dotsenes de surites, templa, Paco, o be una junta de turcassos, quédat cotet, Paco, o be, les bravíes están en dansa, ojo, Paco, y Paco, lo Baixet, pos a templá, o a pará, o a ficá lo ull a les bravíes, pero lo siñoret Iván rara vegada se quedabe conforme, mes suavet, maricón, ¿no veus que en eixos estiróns me les espantes? y Paco, lo Baixet, pos mes suavet, en mes tiento, hasta que, de pronte, mija dotsena de coloms se separaben del bando y lo siñoret Iván preparáe la escopeta y dolsificáe la veu, ojo, ya doblen, y, en estos casos, los estironets de Paco, lo Baixet, se féen secs, ritmics, per a que lo colom se moguere sense desplegá del tot les ales y, conforme se aproximaben planeján los atres coloms, lo siñoret Iván se armabe, agarráe los puns y ¡pim-pam!, ¡dos, la parella! se alegráe Paco entre les rames, y lo siñoret Iván, calla la boca, tú, ¡pam-pim! ¡atres dos! chillabe Paco a dal sense pugué aguantás, y lo siñoret Iván, tanca lo pic, tú, y ¡pom-pum! ¡una que sen va a criá! se lamentabe Paco, y lo siñoret Iván, ¿no pots dixá quieta la llengua, tros de maricón? pero, entre pim-pam y pam-pim, a Paco, lo Baixet, se li adormíen les cames enganchades damún del simal y al baixá del abre, u habíe de fé a pols perque moltes vegades no sentíe los peus y, si los sentíe, notáe com formigues y cusigañes, com si foren de gaseosa, absolutamen irresponsables, pero lo siñoret Iván no reparabe en alló y lo apremiabe pera buscá una nova atalaya, pos li agradáe cambiá de puesto cuatre o sing vegades per día, de forma que, al acabá la jornada, a Paco, lo Baixet, li féen mal los muscles, y li coíen les mans pelades, y notáe agulles a les garres y teníe tot lo cos baldat, de les agujetes, a vore, que sentíe los membres com a descojuntats fora del puesto, pero, en son demá, tórnay, que lo siñoret Iván ere insassiable en los coloms, una cosa fora de serie, que li apetíe este tipo de cassera tan o mes que la de perdius en batuda, o la de
gangas a la espera, al aiguamoll, o la de turcassos a la Guita y lo cascabell, que no se fartáe lo home y, de matinet, entre dos llums, ya estabe en dansa, ¿estás cansat, Paco? sonreíe malissiosamen y afegíe, la edat no perdone, Paco, quí te u habíe de di a tú, en lo que tú has sigut, y a Paco, lo Baixet, li picabe lo orgull y pujabe als abres casi mes rápit que la vespra, encara en perill de desnucás, y amarrabe lo reclam a la copa de la carrasca o lo alcornoque, al pun mes alt, pero si los bandos se mostraben resselosos o desconfiats, pos aball, a un atra querensia, y de este modo, de abre en abre, Paco, lo Baixet, anabe agotán les seues energíes, pero dabán del siñoret Iván, que escomensabe a resselás de ell, ñabíe que fingí forsa y escaláe de pressa y cuan ya estabe casi a dal, lo siñoret Iván, ahí no, Paco, collóns, esta carrasca es mol menuda, ¿es que no u veus?, busca la atalaya com sempre has fet, no me sigues dropo, y Paco, lo Baixet, baixáe, buscabe la atalaya y un atra vegada cap a dal, hasta la copa, lo reclam a la ma, pero un matí, ara sí que la ham futut, siñoret Iván, me hay olvidat los capirots a casa, y lo siñoret Iván, que estáe aquell día llaminé, que lo sel negrejabe de coloms damún del carrascal de les Planes, va di imperiosamen, pos sega al reclam y no pergam mes tems, y Paco, lo Baixet, ¿lo sego, siñoret Iván, o li fach un capirot en lo mocadó? y lo siñoret Iván, ¿no me has sentit? y Paco, lo Baixet, sense fes de rogá, se va apretá al simal, va desplegá la navalla y en un dos per tres li va buidá los ulls al reclam y lo colom, veénse de repén sego, fée uns movimens torpes y destronats, pero eficasos, pos doblaben mes muixóns que de costum y lo siñoret Iván no se parabe en barres, Paco, has de segá a tots los coloms, ¿sens? en los dichosos capirots entre la llum y los animals no cumplixen, y aixina un día y un atre hasta que una tarde, después de semana y mija de eixí al monte, segóns baixáe Paco, lo Baixet, de una carrasca monumental, li va fallá la cama adormida y va caure, espatarrat, com un sac ple de coduls, dos metros dabán del siñoret Iván, y lo siñoret Iván, alarmat, va fotre un bot y va cridá, ¡sirás maricón, casi me aplanes! pero Paco, se retorsíe an terra, y lo siñoret Iván se va arrimá an ell y li va aguantá lo cap, ¿te has fet mal, Paco? pero Paco, lo Baixet, ni podíe contestá, que lo cop al pit lo habíe dixat sense esma, y sol se siñalabe la cama dreta en insistensia, ¡Ah, bueno, si no es mes que aixó...!, díe lo siñoret Iván, y tratabe de ajudá a Paco, lo Baixet, a ficás de peu, pero Paco, lo Baixet, cuan, al final va pugué articulá alguna paraula, va di, apoyat al trong de la carrasca, la cama esta no me aguante, siñoret Iván está com atontada, y lo siñoret Iván, ¿que no te aguante? ¡veus!, no me sigues ploramiques, Paco, si la dixes arrefredá sirá pijó, pero Paco, lo Baixet, va intentá fé una passa y va caure, no puc, siñoret, está trencada, yo mateix hay sentit cóm se tronsáe l´os, y lo siñoret Iván, tamé es mariconada, collóns y ¿quí me amarrará lo reclam ara en la junta de turcassos que ñan a les Planes? y Paco, lo Baixet, desde enterra, sentínse íntimamen culpable, va sugerí pera aplacál, igual lo Quirce, lo meu mosso, ell es habilidós, siñoret Iván, una mica tarugo pero pot servíli, y fée momos pel doló de la cama y lo siñoret Iván va doná unes passes en lo cap cacho, dudán, pero finalmen, se va arrimá una mica al cortijo, va fé bocina en les mans y va bramá una, dos, tres vegades, cada vegada mes fort, mes impassién, mes repodrit, y, com no acudíe dingú a les veus, se li va soltá la llengua y se va ficá a jurá y al remat, se va girá cap a Paco, lo Baixet, ¿segú que no te pots valdre, Paco? y Paco, lo Baixet, apoyat al trong de la carrasca, mal u vech, siñoret Iván, y, de repén, va assomá lo mosso gran de Facundo per la tanca de la corralada y lo siñoret Iván va traure de la burchaca un mocadó blang y lo va ventejá repetidamen y lo mosso de Facundo va contestá movén los brassos com aspes de molí y al cap de un cuart de hora, ya estabe bufán aon ells, que cuan lo siñoret Iván cridabe, ñabíe que donás pressa, ya se sabíe, sobre tot si anáe en la escopeta, y lo siñoret Iván li va ficá les mans als muscles y li va apretá pera que veiguere la importánsia de la seua misió y li va di, que ne vinguen dos, ¿sens?, los que siguen, pera ajudá a Paco que se ha fet mal, y lo Quirce pera acompañám a mí ¿u has entés? y segóns parlabe, lo mosso, de ulls vius y pell renegrida, assentíe y lo siñoret Iván va indicá en la barbilla a Paco, lo Baixet, y va di a modo de aclarassió, lo maricón dell se ha futut una costellada, ya veus qué oportú, y, al rato, ne van acudí dos del cortijo y se van emportá a Paco estés a una camilla y lo siñoret Iván se va embutí pel carrascal en lo Quirce, tratán de conectá en ell, pero lo Quirce, chitón, sí, no, pot sé, a lo milló, furo, reconsentrat, hermétic, que mes pareixíe mut pero, a cambi, lo tío teníe maña en lo reclam, que ere un virtuós, que sol calíe díli, fort, suavet, templa, sec, pera que acatare rigurosamen la orden, y los seus movimens eren tan pressisos, que les turcassos doblaben sense desconfiansa damún del reclam y lo siñoret Iván, ¡pim-pam!, ¡pam-pim!, disparáe sense pará, que no donabe abast, pero errabe una y un atra vegada y, a cada errada, soltáe sapos y serps per la boca, pero lo que mes li enrabiabe ere que, en justissia, no podíe fótreli les culpes a dingú y, ademés de aixó, li fastidiabe que lo Quirce fore testigo de les seues errades y li díe, lo cas de ton pare me ha ficat ñirviós, sagal, en tota la vida no hay fallat tan com avui y lo Quirce, camuflat entre les fulles, contestáe indiferén, pot sé, y lo siñoret Iván se desfée, no es que puga o dixa de pugué, collóns, es una verdat com un templo, lo que te estic dién va a missa, y ¡pim-pam! ¡pam-pim! ¡pom-pum!, ¡un atre maricón a criá! bramáe lo siñoret Iván, y lo Quirce, a dal, en silénsio, cotet y parat, com si no anare en ell y, en cuan van torná al cortijo, lo siñoret Iván va passá per casa de Paco, ¿cóm anem, Paco? ¿cóm te trobes? y Paco, lo Baixet, tirán, siñoret Iván, teníe la cama estesa damún de un taburet y lo turmell gros, unflat, com un bot, es una ferida roína, ¿no va sentí esbadocás l´os? pero lo siñoret Iván anáe a lo seu, en tota la vida no hay errat mes coloms que este matí, Paco, ¡quínes coses!, pareixía un prinsipián, ¿qué haurá pensat lo teu sagal? y Paco, lo Baixet, a vore, los ñirvis, natural, y lo siñoret Iván, natural, natural, no buscos excuses, ¿de verdat te pareix natural, Paco, en les hores de vol que yo ting, errá una surita atravessada, de aquí al geranio? ¿eh? dis, Paco, ¿es que me has vist errá alguna vegada un colom atravessat de aquí al geranio?, y lo Quirce detrás dell, encantat, aburrit, lo ram de coloms a una ma y la escopeta enfundada al atra, sompo, silensiós, y, en éstes, va apareixe a la porta de la casa, daball del emparrat, lo Azarías, descals, los peus bruts, los pantalóns caiguts, sonrién en les genives, remugán com un cachorro, y Paco, una mica alterat, lo va señalá en un dit formulariamen, aquí, lo meu cuñat, va di, y lo siñoret Iván va analisá atentamen al Azarías, sí que tens una familia apañada, va comentá, pero lo Azarías, com atragut per una forsa magnética, se anabe arrimán a la percha y mirabe golut cap als coloms morts y de pronte, los va tocá, y los examinabe un per un, los furgabe les potes y lo pic, pera comprobá si eren jóvens, o vells, mascles o femelles, y, al cap de un rato, va eixecá los seus ulls adormilats y los va encará en los del siñoret Iván, ¿vol que los hi desploma? va preguntá expectán, y lo siñoret Iván, ¿es que saps desplomá coloms? y va di Paco, lo Baixet, home, no ne ha de sabé, si en tota la vida no ha fet datra cosa, y, sense mes explicassións, lo siñoret Iván, va pendre la percha de mans del Quirce y lay va doná al Azarías, tin, va di, y, cuan los tingues, los hi portes a doña Purita, de la meua part, ¿ten enrecordarás?, en cuan a tú, Paco, dónat pressa, mon anem a Cordovilla, aon lo meche, no me agrade eixa cama y lo 22 tenim batuda, y entre lo siñoret Iván, lo Quirce y la Régula, van acomodá a Paco, lo Baixet, al Land Rover y, una vegada a Cordovilla, don Manuel, lo dotó, li va paupá lo turmell, va intentá móurel, li va fé dos radiografíes y, al acabá, va enarcá les selles, ni nessessito vóreles, lo peroné, va di, y lo siñoret Iván, ¿qué?, está tronsat, pero lo siñoret Iván, se resistíe a admití les paraules del meche, no me fótegues, Manolo, lo 22 tenim batuda a la finca, yo no puc pressindí de ell, y don Manuel, que teníe los ulls mol negres, mol juns y mol penetrans, com los de un inquisidó, y lo clatell recte, com si lay hagueren allisat en una plana, va alsá los muscles, yo te dic lo que ña, Iván, después tú fas lo que te dono la gana, tú eres lo amo de la burra y lo siñoret Iván va torse la boca, contrariat, no es aixó, Manolo, y lo dotó, de momén no puc fé datra cosa que ficáli una férula, aixó está mol inflamat y escayolán no adelantaríem res, dins de una semana lo tornes a portá aquí, y Paco, lo Baixet, callabe y mirabe ladinamen a un y al atre, estes fractures de maléolo no son graves, pero donen guerra, u séntigo, Vanet, pero tindrás que agensiát un atre secretari, y lo siñoret Iván, después de uns instans de encantamén, menuda mariconada, escolta, y lo cas es que encara estic de sort, va caure aixina de prop de mí, indicabe la vora de la alfombra, lo maricón no me ha desnucat de milagre, y, al cap de uns minuts de conversa, van torná al cortijo y, passada una semana, lo siñoret Iván va passá a replegá a Paco, lo Baixet, en lo Land Rover y van torná a Cordovilla, y antes de que lo dotó li traguere la férula, lo siñoret Iván li va di, ¿no podríes ingeniáteles, Manolo, pera que lo 22 puguere váldres?, pero lo dotó movíe enérgicamen lo seu clatell aplanat, negán, pero si lo 22 es después demá com qui diu, Iván, y este home té que está coranta sing díes en lo alchés, aixó sí, pots comprali un parell de gayates o muletes pera que dins de una semana escomenso a moures per dins de casa, y una vegada acabat lo engessá, Paco, lo Baixet, y lo siñoret Iván van empendre la tornada cap al cortijo y anaben en silensio, distansiats, com si algún llas fundamental acabare de trencás entre ells, y de cuan en cuan, Paco, lo Baixet, suspirabe, sentínse responsable de aquella quebra y intentabe diluí la tensió, créguem, que mes u séntigo yo, siñoret Iván, pero lo siñoret Iván, los ulls fixos mes allá del vidre del parabrises, conduíe en les selles caches, sense di paraula, y Paco, lo Baixet, sonreíe, y fée un esfors pera moure la cama, ya pese este chisme, ya, afegíe, pero lo siñoret Iván seguíe inmóvil, pensatiu, sorteján los grasons y baches, hasta que a la cuarta tentativa de Paco, lo Baixet, se va dispará, mira, Paco, los meches poden di missa, pero lo que tú tens que fé, es no dixát, esforsát, caminá, ma yaya, que gloria tingue, se va dixá, y tú u saps, coixa pera sempre, en estos casos, en gayates o sense gayates, ña que móures, eixí al campo, encara que faigue mal, si te dixes ya estás sentensiat, te u dic yo, y, al franquejá la tanca del cortijo, se van topá al pati en lo Azarías, la gralleta al muscle, y lo Azarías, al escoltá lo motor, se va girá cap an ells y se va arrimá a la ventanilla o finestreta de dabán del Land Rover y sen enríe mostrán les genives, babeján, no va volé anássen en les milanes, ¿verdat, Quirce? díe, acarissián a la gralleta, pero lo Quirce callabe, mirán al siñoret Iván en les seues nines fosques, redones, com les de una pitorra, y lo siñoret Iván se va apeá del coche fascinat per lo muixó negre posat damún del muscle del Azarías, ¿es que tamé saps amaestrá muixóns? va preguntá, y va estendre lo bras en lo propósit de agarrá la gralleta, pero la muixona va soltá un «quiá» de temó y va volá hasta lo alero de la capella y lo Azarías sen enríe, movén cap als costats les barres, se acobarde, va di, y lo siñoret Iván, normal, soc extrañ, no me coneix, y eixecabe los ulls cap al muixó, y ¿ya no baixe de ahí? va inquirí, y lo Azarías, que no baixe, atento, y la seua gola va modulá un «quiá» avellutat, untuós, y la gralla va pendulejá uns instans, inquieta, damún de les seues potes, va ataullá la corralada y, finalmen, se va llansá al buit, les ales ubertes, planeján, describín dos sirculs al voltán del automóvil, se va posá damún del muscle del Azarías, y se va ficá a escarbá al seu clatell, embutín lo pic entre lo seu pel canós, com si lo despollare, y lo siñoret Iván, assombrat, aixó es collonut, vole y no cole, y Paco, lo Baixet se va arrimá renqueján cap al grupo y va di, dirigínse al siñoret Iván, a vore, la ha criat ell y está enseñada, vosté vorá, y lo siñoret Iván, cada vegada mes interessat y ¿qué fa este bicho durán lo día? y Paco, lo Baixet, miro, lo que tots, trau suro dels alcornoques, busque vidres o cristals, se afile lo bec a la pedra del abeuradó, fa una michdiada al oró, lo animalet passe lo tems com pot, y, conforme parlabe Paco, lo siñoret Iván observabe al Azarías, y, al cap de un rato, va mirá a Paco, lo Baixet, y li va di a mija veu, dixán rellissá les paraules per lo muscle, com si parlare en ell mateix, dic, Paco, que en estes mañes que se gaste, ¿no siríe ton cuñat un bon secretari? pero Paco, lo Baixet, va negá en lo cap, va descansá lo cos damún del peu esquerro pera siñalás la pulsera en la ma dreta y va di en lo colom podríe sé, pera la perdiu es curtet, y, a partí de eixe día, lo siñoret Iván visitabe cada matí a Paco, lo Baixet y lo insitabe, Paco, moute, collóns, no te dixos, que mes pareixes un paralític, no olvidos lo que te vach di, pero Paco, lo Baixet, lo mirabe en los seus melancólics ulls de perdigué dolentet, qué fássil se diu, siñoret Iván, y lo siñoret Iván, mira que lo 22 está damún, y Paco, lo Baixet, y ¿qué li ham de fé?, mes u séntigo yo, siñoret Iván, y lo siñoret Iván, mes u séntigo yo, mes u séntigo yo, mentira podrida, lo home es voluntat, Paco, collóns, que no vols enténdreu y, aon no ña voluntat, no ña home, Paco, desengáñat, que has de esforsát encara que te faigue mal, si no no farás may vida de tú, te quedarás inútil pera sempre, ¿sens?, y lo instabe, lo apremiabe, lo urgíe lo siñoret Iván, hasta que Paco, lo Baixet, farfullabe entre plos, en cuan apoyo lo peu es com si mel serraren en un serrucho, no veigue quín doló, siñoret Iván, y lo siñoret Iván, aprensións, Paco, aprensións, ¿es que no pots ajudát en les muletes? y Paco, lo Baixet, ya veu, a pas lento y per lo pla, pero va vindre lo día 22 y lo siñoret Iván, erre que erre, se va presentá al alba a la porta de Paco, lo Baixet, en lo Land Rover marrón, venga, amún, Paco, ya caminarem en cuidado, tú no te preocupos, y Paco, lo Baixet, que se va arrimá an ell en serta retissénsia, en cuan va aulorá lo sebo de les botes y lo timó y lo espígol dels baixos dels pantalóns del siñoret, se va olvidá de la seua cama y va montá al coche mentres la Régula ploriquejabe, a vore si aixó mos donará que parlá, siñoret Iván, y lo siñoret Iván, tranquila, Régula, tel tornaré sansé, y a la Casa Gran, exultaben los siñorets de Madrid en los preparatius, y lo siñó Ministre, y lo siñó Conde o Comte, y la siñoreta Miriam, que tamé li agradabe lo tiro en batuda, y tots, fumaben y eixecaben la veu mentres amorsaben café en migues y, conforme va entrá Paco al minjadó va pujá la euforia, que Paco, lo Baixet, pareixíe polarisá lo interés de la batuda, y cada un per lo seu costat, ¡home, Paco! ¿cóm va sé pera caure, Paco, collóns? claro que pijó haguere sigut trencát los nassos, y lo Embaixadó tratabe de exposá a mija veu al siñó Ministre les virtuts cinegétiques de Paco, lo Baixet, y Paco procurabe atendre a uns y als atres y subrayabe adelantán les muletes, com ficanles per testigos, disculpon que no me descubrixca, y ells, faltaríe mes, Paco, y la siñoreta Miriam, sonrién en aquella sonrissa uberta y lluén, ¿tindrem bon día, Paco? y dabán de la inminensia del vatissini, se va obrí un silénsio entre los invitats y Paco, lo Baixet, va sentensiá, diriginse a tots, lo matí está ras si les coses no se torsen yo me penso que entrarán pesses, y, en éstes, lo siñoret Iván, va traure de un caixonet de la arqueta florentina lo estuche de cuero, ennegrit per lo manosseo y lo tems, en les laminetes de nácar, com si fore una pitillera o sigarrera y algú va di, ha sonat la hora de la verdat, y, un a un, seremoniosamen, com cumplín una vella seremonia van agarrá una lamineta en lo número amagat a la punta, rotarem de dos en dos, va advertí lo siñoret Iván, y lo siñó Conde va sé lo primé en comprobá la seua lamineta y va exclamá en veu forta, ¡lo nou! y, sense doná explicassións, tontamen, va escomensá a palmotejá, y en tan entusiasme se aplaudíe y tanta satisfacsió irradiabe la seua cara, que lo siñó Ministre se va arrimá an ell, ¿tan bo es lo 9, Conde? y lo siñó Conde, ¿bo?, tú me dirás, Ministre, un roquissal, a la caiguda de un collet, a la valleta, se despenjen com a tontes y cuan se volen vore ni tems los done de eixecás, 43 ne vach despenjá lo añ passat an eixe puestet, y, mentrestán, lo siñoret Iván, anabe anotán a una agenda los noms de les escopetes en los números corresponéns, y una vegada que va apuntá lo radé, va guardá la agenda a la burchaca alta del chaleco-canana, arreém, que se fa tart va apremiá, y cadaú va montá al seu Land Rover en los secretaris y lo joc de escopetes bessones y los morrals dels cartuchos, mentres Crespo, lo Guarda Majó, acomodabe als esbarradós, los cornetes, y los abanderats, als remolques dels tractós y, al final, tots se van ficá en marcha, y lo siñoret Iván mostrabe en Paco, lo Baixet, tota serie de miraméns, que no es un di, que lo arrimabe a la pantalla en lo jeep encara que no ñagueren roderes, a campo través, pel erm, inclús, si ere pressís, vadeján corréns de aigua, en tot cuidado, tú, Paco, espérat aquí, no te mogues, vach a amagá lo coche detrás de eixes carrasques, o sigue, que tot anabe be, lo únic lo cobrá, pos Paco se desenvolvíe torpemen en les muletes, se atrasabe, y los secretaris dels puestos veíns, aprofitánse de la seua lentitut, li trincaben los muixóns morts, siñoret Iván, lo Ceferino se emporte dos perdius que no son seues, se lamentabe, y lo siñoret Iván, cabrejat, Ceferino, vinguen eixes dos perdius, me cago en la mare que te va parí, a vore si lo peu de Paco ha de serví pera que ton burléu de un pobre inútil, cridabe, pero, datres vegades, ere Facundo y, datres, Ezequiel, lo Gorriné, y lo siñoret Iván no podíe contra tots, impossible luchá en eficassia a tots los frentes, y cada vegada mes fart, de pijó humor, ¿no pots mouret una mica mes depressa, Paco, collóns? pareixes una apissonadora, si te descuides te robarán hasta los cansonsillos, y Paco, lo Baixet, procurabe fé un esfors, pero los collets en rostolls dificultaben los seus moviméns, no li permitíen apoyá pla lo peu, y, en una de éstes, ¡crac!, Paco, lo Baixet, an terra, com un sapo, ¡ay siñoret Iván, que me se ha tornat a tronsá l´os, que lay sentit!, y lo siñoret Iván, que per primera vegada a la historia del cortijo, portabe a la tersera batuda sing muixóns menos que lo siñó Conde, se va arrimá an ell fora de sí, traén pestes per la boca, ¿qué te passe ara, Paco, collóns? ya es molta mariconería aixó, ¿no te pareix? pero Paco, lo Baixet, insistíe desde enterra, la cama, siñoret, se ha tornat a tronsá l´os, y los juraméns del siñoret Iván se sentíen hasta a Cordovilla, ¿es que no pots meneját? intenta, al menos, ficát de peu, home, pero Paco, lo Baixet, ni u intentabe, tombat a una bocha, se aguantabe la cama esbadocada en les dos mans, sense atendre als juraméns del siñoret Iván, per lo que, al final, lo siñoret Iván, va claudicá, de acuerdo, Paco, ara te arrime Crespo a casa, te gites y, a la tarde, cuan acabem, te portaré aon don Manuel, y, hores mes tard, don Manuel, lo meche, se va incomodá al vórel, podríe vosté ficá mes cuidado, y Paco, lo Baixet, va intentá justificás, yo... pero lo siñoret Iván teníe pressa, lo va interrompre o interrumpí, aviva Manolo, ting sol al Ministre, y lo dotó enfadat, ha tornat a fracturá, lógic, una soldadura de brot verd, inmovilidat absoluta, y lo siñoret Iván, ¿y demá? ¿qué faré demá, Manolo? no es un capricho, te u juro, y lo dotó, mentres se traíe la bata, fes lo que vullgues, Vanet, si vols desgrassiá an este home pera lo que li quede de vida, allá tú, y ya al Land Rover marrón, lo siñoret Iván, pensatiu y silensiós, enseníe sigarros y algún caliqueño tot lo tems, sense mirál, tal que si Paco, lo Baixet, u haguere fet a posta, tamé es mariconada, repetíe, entre dens, de cuan en cuan y Paco, lo Baixet, callabe, y notabe la humitat de la nova escayola a la pantorrilla, y, al crusá lo de les Tapes, van eixí aullán los mastins detrás del coche, y, en los clapits, lo siñoret Iván va pareixe eixí del seu encantamén, va sacsá lo cap com si vullguere expulsá un fantasma y li va preguntá a Paco, lo Baixet, de sopetón, ¿quín dels teus dos chics es mes espabilat? y Paco, los dos van a una, y lo siñoret Iván, lo que me va acompañá en lo reclam al colom, ¿cóm se diu?, lo Quirce, siñoret Iván, es mes de monte, y lo siñoret Iván, después de una paussa, tampoc se pot di que sigue mol parladó, y Paco, pos, no siñó, aixina les gaste, coses de la juventut, y lo siñoret Iván, mentres enseníe un atre sigarro, ¿pots dim, Paco, qué vol la juventut de ara que no está a gust a cap puesto? y, al matí siguién, lo siñoret Iván, a la pantalla, se sentíe incómodo dabán del tenso hermetisme del Quirce, de la seua olímpica indiferensia, ¿es que te aburrixes? li preguntabe, y lo Quirce, miro, ni me aburrixco ni me dixo de aburrí, y tornabe a guardá silensio, com si estare lluñ de la batuda, pero carregabe rápidamen y en seguridat les escopetes bessones y localisabe sabiamen, sense cap error, les perdius derribades, pero, a la hora de cobrales, se mostrabe fluixet, condessendén dabán de la avidés insassiable dels secretaris veíns, y lo siñoret Iván bramabe, Ceferino, maricón, no te aprofitos de que lo chic es nou ¡venga, dónali eixe muixó! y, cuberts per la pantalla, que ere una situassió casi doméstica que invitabe a la confidensia, lo siñoret Iván intentabe guañás al Quirce, insuflali una miqueta de entusiasme, pero lo mosso, sí, no, pot sé, a lo milló, miro, cada vegada mes lluñá y aspre, y lo siñoret Iván anabe carreganse com de electrissidat, y aixina que va acabá la cassera, al ample minjadó de la Casa Gran, se va desahogá o desaufegá, los jovens, dic, Ministre, no saben ni lo que volen, que en esta beneita pas que disfrutam los ha resultat tot massa fássil, una guerra los donaba yo, tú me dirás, que may han viscut com viuen avui, que a dingú li falte sing duros a la burchaca, que es lo que yo penso, que lo tindre los fa orgullosos, que ¿qué diréu que me ha fet lo sagal de Paco esta tarde?, y lo Ministre lo mirabe sense girá lo cap, en la coeta del ull, mentres devorabe en ganeta lo solomillo, sol lo milló del llom, y se passabe cuidadosamen la servilleta blanca per los labios, tú dirás, y lo siñoret Iván, mol sensill, al acabá la cassera, li allargo un billet de sen, vin durets, ¿no?, y ell, dixo, no se molesto, que yo, te prens unes copes, home, y ell, grássies, li hay dit que no, bueno, pos no va ñabé manera, ¿qué te pareix?, que yo recordo abáns, bueno, fa cuatre díes, son pare, Paco, dic, grássies, siñoret Iván, o per moltes vegades, siñoret Iván, un atre respete, que se diríe que avui als jovens los moleste asseptá una jerarquía, pero es lo que yo dic, Ministre, que a lo milló estic equivocat, pero algúns mes y datres menos tots tenim que acatá una jerarquía, uns deball y datres damún, es ley de vida, ¿no? y la concurrensia se va quedá uns minuts en suspens, mentres lo Ministre assentíe y mastegabe, sense pugué parlá, y, una vegada que va tragá lo bossí, se va torcá los labios delicadamen en la servilleta blanca y va sentensiá, la crissis de autoridat afecte avui a tots los nivells, y los minjadós van aprobá les paraules del Ministre en cabotades adulatories y frasses de assentimén, mentres la Nieves cambiabe los plats, retirabe lo brut en la ma esquerra y ficáe lo llimpio en la dreta, la mirada discreta, los labios inmóvils, y lo siñoret Iván seguíe les evolussions de la chica en atensió, y, al arribá aon ell, la va mirá de ple, descaradamen, y la mosseta se va ensendre tota y va di, entonses, lo siñoret Iván, ton germá, dic, chiqueta, lo Quirce, ¿pots dim per qué es tan furo? y la Nieves, cada vegada mes sofocada, va alsá los muscles y va sonriure, y, finalmen, li va ficá lo plat llimpio per lo costat dret en ma tremolosa, y va aná despistada tota la sena y, a la nit, a la hora de gitás, lo siñoret Iván va torná a cridala, chiqueta, estira de esta bota, ¿vols?, ara li ha donat per di que no y no ña forma de tráuremela, y la chiqueta va estirá de la bota, primé de la punta y, después, del taló, punta-taló, punta-taló, com a la jota, basculán, hasta que la bota va eixí y entonses, lo siñoret Iván va eixecá en perea la atra cama hasta la descalsadora, ara l´atra, mosseta, ya fes lo favor sansé, y cuan la Nieves va traure l´atra bota, lo siñoret Iván va descansá los peus damún de la alfombra, va sonriure imperseptiblemen y va di, mirán a la mosseta, ¿saps, chiqueta, que te has fet dona de repén y te se ha ficat una figura mol maja? y la Nieves, avergoñida, roija, en un fil de veu, si lo siñoret no nessessite datra cosa... pero lo siñoret Iván va arrencá a riure, en la seua rissa franca, cap dels fills eixiu a ton pare, a Paco dic, chiqueta, ¿es que tamé te moleste que te comboya y elogia la teua figura? y la Nieves, no es aixó, siñoret Iván, y, entonses, lo siñoret Iván va traure la sigarrera del bolsico, va pegá un cop aun sigarro contra nella y lo va ensendre,

Desideri Lombarte
¿cuáns añs tens, chiqueta? y la Nieves, vach pera quinse, siñoret Iván, y lo siñoret Iván va apoyá lo clatell al respaldo de la butaca y va traure lo fum en tenues volutes, de esplay, recreanse, verdaderamen no ne son mols, pots retirát, va admití, pero cuan la Nieves alcansáe la porta la va cridá, ¡ah! y disli a ton germá que pera la próxima no sigue tan aspre, chiqueta, y va eixí la Nieves, pero a la cuina, fregán los cacharros, no podíe pará cota, esguelláe algún plat, va fé trossets o añicos una fon, que la Leticia, la de Cordovilla, que pujáe al cortijo en ocasió de les batudes, li preguntabe ¿se pot sabé qué te passe esta nit, chiqueta? pero la Nieves callabe, que no ixíe del seu desconsert, y cuan va acabá, tocades ya les dotse, al atravesá lo jardí, camí de casa seua, va descubrí al siñoret Iván y a doña Purita casi minjanse a la llum de la lluna daball de la pérgola del sopadó.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 4. Aventures de Barbastro.

Capítul IV.

Aventures de Barbastro.


Va arribá a la siudat prop de les onse de la nit; y sentín una rondalla sen va aná cap allá y se va agregá a la turba. Passada una carrera se van prepará pera cantali dabán de una casa a una sagala que per lo nom que repetíen a les lletres se diebe Lorenza.

Va vore Pedro Saputo que un dels de la ronda mentres los atres cantaben se va arrimá y va brincá a una reixa no mol alta, va fé 'sht'! tres vegades, y se van entreobrí los finestrons. Se va ficá a escoltá dissimuladamen, y va sentí que lo mosso, un sabaté en molta grassia, díe:

- Mira, Lorenza, no ploros, pos un atra vegada te juro que no ha sigut mes que una rascada en algo de sang. Se veu que ha ficat lo peu a una puta pedra que ere com un bolo redó de riu y s'ha futut de cap contra la paret de la iglesia.

iglesia, San Bartolomé, plaza, Beceite, Beseit, puerta pintada













Lo Gafed y Ressuello han anat en ell, y a mí me han encarregat que te u diguera. Conque después lo tindrás aquí. No te gitos. Adiós.

Y va baixá. Va aná a la ronda, y Pedro Saputo pera divertís y passá lo tems, ya que no sabíe qué fé aquella nit, se va ajustá un drap al cap y va aná cap a la reixa, va fé la seña, van obrí la finestra, va escalá y va di la mosseta al vórel: ¡Ay, Conched meu!, va di mol abalotada; ya pensaba que no te voría mes. ¿Conque no es cosa de perill? Y dién aixó li agarráe les mans y les hi apretabe. Ell li va di: Me fa una mica mal lo cap, pero per vóret... Es di, que esta nit, va di ella en sentimén, ya no entrarás pel corral.

- No, va contestá ell; y prou me pene.

- Passiensia, va contestá ella donán un suspiro, y van cuatre nits. Com ha de sé; ya mos u cobrarem. Ara vesten a casa, que no te faigue mal la rasca de la nit; pren este pastel, magre y esta llenguañissa cruga. Adiós, amor meu; vesten, y demá no ixques de casa.

- No ixiré, va di ell; adiós, alma meua. Y va baixá de la reixa y se va apartá en lo ven, no fore que la trampa portare allí a Conched mes pronte de lo que ere menesté y passare una calamidat.

Y li va vindre be lo agassajala o convoyala, perque mes be li féen lo pastel de magre y la llenguañissa que los suspiros y les carissies de la mosseta; com que en tot lo día no habíe minjat mes que un parell de ous que va robá a un molí; y dinán y senán a un tems anáe de carré en carrera. Va pará al riu, y va di: tot me va be. Ara que teníe sed en lo regustet salat del magre, se trobe al riu. Pero no podíe baixá al aigua, y veén un pon se va embutí per nell y al atre costat un chorro perenne de aigua, un burs com lo bras. Aixó es una fon, va di: y arrimanse y baixán en mol tiento unes grades, perque no se veíe mes que a una bossa de avaro, va arribá al chorro que sentíe y va beure mol a gust. Se va assentá a un escaló, se va acabá lo magre y va empendre la llenguañissa; va torná a beure, se va gitá a dormí y encara mastegán los radés bossins se va quedá adormit a la vora de la fon del tío Matacroc.

Abans de día cla, perque la gen de Barbastro es mol matinera y templada, bullíe pels carrés y per la vora de la fon, y Pedro Saputo no despertabe; hasta que va arribá una sagala a omplí aigua. 

Ell, una mica sobressaltat, pero dissimulán, li va preguntá si coneixíe algún mestre sastre que lo puguere pendre com a aprendís; y va contestá la mossa:

- A casa nostra ha de cusí avui lo nostre, que per naixó hay matinat una mica mes de lo ordinari. Si voléu vindre, allí podréu parlali. 

Va asseptá Pedro Saputo y va seguí a la seua grassiosa guía.

Van arribá a la casa y dit al pare y a la mare lo que habíe passat, y afegín Saputo lo que li va pareixe mentí, y satisfén les preguntes impertinens, encara que fassils que li van fé, los va enviá lo sastre un recado dién que perdonaren, que aquell día no podíe vindre, perque la seua dona no se trobáe be.

- No importe, va di ell; yo retallaré y cusiré los vestits. Y contra antes milló, siñores meues; venga ixa tela o lo que sigue, y que sápiga yo a quí hay de pendre la mida. Lo que me falte són estisores y les demés ferramentes del ofissi; pero les supliré en lo que ñague per casa; perque an este món sol ñan dos coses que no se poden suplí, que són, lo pa, y la bona dona. Va fé después assentás a la seua vora a la sagala pera enseñali, y lo pare sen va aná mol pagat y a la mare se li ablaníe lo cor de gust. Y se va passá lo día sense novedat que digna de contá sigue, lo únic que ell va vore que la sagala se li afissionabe clara y determinadamen, y an ell sense sabé per qué, li agradáe tamé tíndrela prop y mirala; encara que ere llauradora, teníe molta grassia en tot y parláe y sentíe en gran amabilidat. Fea u podríe sé sa mare, pero ella ere mol maja, guapa, y una rosa del amor al obrí lo capullo.

Casi de nit o entre sol y cresol, hora a la que los jornalés se solen pendre un rato de descans pera vuidá la bufeta de lo que conté y lo ventre de flatos, los va di que en la seua llissensia ixiríe un ratet al carré a oreás. Y va eixí, pero en ánim y propósit de no torná, perque no podíe assossegás ni está pel ofissi, encara li pareixíe poc disfrás, se assustáe tot lo día cuan sentíe cridá, no foren los corchetes que veníen a péndrel.

famós enterro que se encaminabe a la catedral

Donán voltes per los carrés se va trobá al mich de un famós enterro que se encaminabe a la catedral, y en la gen lo va seguí y se va embutí a la iglesia. Van tocá moltes sinfoníes a la morta, que ere una donsella de uns devuit o vin añs de edat, filla de una casa prinsipal, plena de dijes mol pressiosos y un vestit de molta riquesa, en un vel solt galonejat de or, y al cap una diadema de valor mol alt segons brillaben les pedres. Van durá hasta ben entrades les deu les sinfoníes y los cantics, y después van pará y van ficá a la morta a una capella, la van rodejá de veles y llums y sen va aná tot lo món, menos Pedro Saputo, que se va di:

¿Yo aón hay de aná an estes hores? Aquí podré passá la nit, y no ña perill que me buscon los flares; demá ixirá lo sol y voré lo que me convé fé. Y dién aixó se va acomodá a un arca o bang de l'atra capella d'enfrente de la morta, va encomaná a Deu lo seu cos y alma, y se va tombá a dormí.

Se va adormí pronte, li fée falta desde la nit passada; pero la son ere tan ligera com dura la fusta a la que descansáe, y va sentí a deshora un soroll que li va fé eixecá lo cap. Ere lo chirrit de una porta. Y después va vore entrá (perque la llum y resplandó de les antorches que cremáen en honor de la difunta omplíe la iglesia) dos homens que se van dirigí cap a la capella de la depositada. 

Van arribá, y la un, que ere un mosso de uns vinticuatre a vintissís añs de edat, va escomensá a tráureli los dijes y diadema, y al mateix tems li anáe colocán uns atres que ell portáe mol pareguts an aquells. Los de la morta eren fins y los que li ficáen falsos y de pichó vista. Van acabá de fotre lo cambiasso, y donán lo jove al atre una bossa li va di: hasta aquí a partí, lo demés es sol meu: ahí tens los trenta escuts del pacte y vesten a la sacristía. Lo mosso se va arrimá a la morta, la va abrassá y li va doná mols besets, y pareixíe aná mes allá, cuan Pedro Saputo no puguén soportáu, y escandalisat, va pendre del altá de la seua capella un candelabro michanet de bronce y lo va embestí en tota la seua forsa. Li va assertá al mosso al muscle y al pit, se va plegá an terra pegán un bram espantós. 

Va acudí lo sacristá o ajudán, lo va vore desmayat, se va assustá, va corre a per aigua, la hi va tirá a la cara, va torná lo mosso en sí, se va reviscolá, lo va eixecá, y sense coló y tancán los ulls de po y casi tan mort com la difunta sel va emportá l’atre mich caminán mich arrastrán o arrossegán. Va agarrá Pedro Saputo un atre candelabro y fen abans un caragol en les mans contra la fusta del altá, va pegá un rugit tan fort que va pareixe que caíen les columnes de la iglesia atronánse tota y amenassán les seues altes bóvedes; y después disparán lo candelabro en tota la seua forsa, que ere terrible, li va fotre al sacristán a la esquena y lo va fé caure an terra com un taco, juns en lo mosso que ya casi expirabe. Li va faltá tamé an ell l'ánim entonses, y pareixíe que los dos s'anáen a quedá allí morts de esglay y del susto. No parláen, y después de esforsás mol rato y de está entre basques y entressuó freda, en una respirassió agonisán, van podé arribá a la porta per aon van entrá, y la van tancá, y se van sentí encara unes atres mes interiós. Y tot sossegat y volta al silensio majestuós y solemne, se va embolicá Pedro Saputo en los mantellets del altá de la seua capella, per si algú lo puguere vore, fore com fore, y va passá a la de la morta. La va mirá a la cara, y pareixíe en la seua serenidat y pau que li donáe les grassies de tan bon ofissi y defensa com li habíe fet. Y pateján o calsigán en los peus alguna cosa, va vore que ere la roba que li habíen tret a la morta.

La va agarrá tota, y ficanla en gran respecte al llit y recomponén mol be lo vel y lo vestit, li va ficá a les mans un paperet doblegat, escrit en un llapis que portáe, aon díe:

"Esta nit entre les dotse y la una dos homens infames y descombregats o excomulgats han cambiat los dijes y adornos de esta donsella per los que portáen ells. Passá volíen a ultrajalla; pero un atre mort que invissiblemen la guardabe la ha defengut del ultraje y profanassió que anáe a patí, y ha arreplegat la roba robada. Si se vol sabé quí són los desalmats que tan gran maldat van acometre, que se miro quín del sirviens de esta iglesia está ben futut de la esquena, éste es un de ells y sap del atre.»

Fet aixó y al retirás va vore una cosa blanca a enterra, la va alsá y va vore que ere la bossa dels trenta escuts que lo perdut del jove habíe donat al sacristán y habíe éste dixat caure sense preocupás de replegala. Meus són, va di; perque encara que los faiga pregoná, segú que no vindrá l'amo a demanáls. Y en aixó se va retirá a la capella, tornán los candelabros al seu puesto, una mica boñats, y se va tombá al arca.

Pero de la escena que habíe vist li va escomensá a naixe al ánim tan gran horror, que se li van esturrufá los pels del cap, y se ni anáe la forsa de les cames y la vida del cor. Al final, pensán en la obra tan caritativa y tan heroica y santa que habíe fet se va aná assossegán y va aguardá lo día.

Se va ficá después a pensá en lo seu estat, y después de vores mil vegades a les mans dels alguasils de Huesca y de escapás unes atres tantes per casualidat y ben justet, tot a la seua imaginassió, va determiná fé la mes atrevida y grassiosa travessura que cap home ha imaginat may, com se vorá al capítul siguién.


Original en castellá:

Capítulo IV.

Aventuras de Barbastro.

Llegó a la ciudad cerca de las once de la noche; y oyendo una rondalla fue para allá y se agregó a la turba. Pasada una calle se prepararon a cantar delante de una casa a una muchacha que por el nombre que repetían en las letras se llamaba Lorenza. Vio Pedro Saputo que uno de los de la ronda mientras los otros cantaban se acercó y encaramó a una reja no muy alta, hizo st! tres veces, y se entreabrió la ventana. Púsose a escuchar disimuladamente, y oyó que el mozo decía: - Mirad, Lorenza, que no lloréis, pues otra vez te juro que no ha sido más que un raspazo con algo de sangre. Ya se ve, ha puesto el pie en la maldita piedra que era como una bola redonda y ha dado con la cabeza en la pared de la iglesia. El Gafed y Resuello han ido con él, y a mí me han encargado que te lo dijese. Conque luego le tendrás aquí. No te acuestes. Adiós. Y se bajó. Fuese la ronda, y Pedro Saputo por divertirse y pasar el tiempo, que no sabía qué hacerse aquella noche, se ciñó un lienzo a la cabeza y volvió de ahí un rato a la reja, hizo la seña, abrieron la ventana, se encaramó y la moza al verle: ¡ay, Conched Mío!, dijo muy alborozada; ya pensaba que no te vería. ¿Conque no es cosa de cuidado? Y diciendo esto tomaba las manos y se las apretaba. Él le dijo: un poco me duele la cabeza, pero por verte... Es decir, que esta noche, dijo ella con sentimiento, ya no entrarás por el corral. - No, respondió él; y harto me pesa. - Paciencia, contestó ella dando un suspiro, y van cuatro noches. Cómo ha de ser; ya nos desquitaremos. Agora vete a casa, no te dañe el frío de la noche; toma este pastel de magras y este pastel de longaniza. Adiós, querido; vete, y mañana no salgas de casa. - No saldré, dijo él; adiós, alma mía. Y se bajó de la reja y se apartó con el viento, no fuese que la trampa llevase allí a Conched más pronto de lo que era menester y aconteciese una barbarie.

Y vínole bien el agasajo, porque más al caso le hacían las magras y la longaniza que los suspiros y las caricias de la moza; como que en todo el día no había comido más de un par de huevos que tomó en un molino; y comiendo y cenando a un tiempo se andaba de calle en calle. Vino al fin a parar al río, y dijo: todo me va bien. Ahora que tenía sed con este gustillo de las magras, que aunque tiernas y regaladas están un tantillo sabrosas, cata que me encuentro en el río. Pero no podía bajar al agua, y viendo un puente se metió por él y al otro lado un chorro perenne de agua. Esto es una fuente, dijo: y acercándose y bajando con mucho tiento unas gradas, porque no se veía más que una bolsa de avaro, llegó al chorro que oía y bebió muy a su sabor. Sentóse en una grada, dio cabo de las magras y se tomó con la longaniza; volvió a beber, se tornó a dormir y comiendo los últimos bocados se quedó dormido.

Antes del día y con el día, porque la gente de Barbastro es hacendosa, bullía por las calles y por encima y a espalda de la fuente, y Pedro Saputo no despertaba; hasta que llegó una muchacha por agua. Él, un poco sobresaltado, pero disimulando, le preguntó si conocía algún maestro sastre que le pudiera tomar para mancebo; y respondió la moza: - En nuestra casa ha de coser hoy el nuestro, que por eso he yo madrugado un poco más de lo ordinario. Si queréis venir, allí podréis hablalle. Aceptó Pedro Saputo y siguió a su graciosa guía.

Llegaron a la casa, que estaba en el barrio, y dicho al padre y a la madre lo que había pasado, y añadiendo Saputo lo que le pareció mentir, y satisfaciendo a las preguntas impertinentes, aunque sencillas que le hicieron, les mandó el sastre un recado diciendo que perdonasen, que por aquel día no podía ir, porque su mujer tenía flujo. - No importa, dijo él; yo cortaré y coseré los vestidos. Y cuanto antes mejor, señoras huéspedas mías; venga esa tela o paño o lo que sea, y sepa yo a quién he de tomar la medida. Lo que me falta son tijeras y las demás herramientas del oficio; pero las supliré con lo que haya en casa; porque en este mundo sólo hay dos cosas que no se pueden suplir, que son, el pan, y la buena mujer. Hizo después sentar a su lado a la muchacha para enseñarla, con que el padre se fue muy pagado y a la madre se le ablandaba el corazón de gusto. Y pasóse el día sin novedad que digna de contar sea, más de que él conoció que la muchacha se le aficionaba clara y determinadamente, y él sin saber por qué, gustaba también de tenerla cerca y mirarla; que aunque labradora, tenía mucha gracia en todo y hablaba y sentía con gran amabilidad. Pues fea, pudiéralo ser su madre, que ella no era sino muy linda, y una rosa del amor al abrir el capullo.

Anochecido casi o entre sol y candil, hora en que los tales jornaleros se suelen tomar un rato de asueto para vaciar la vejiga de lo que contiene y el vientre de flatos, díjoles que con su buena licencia se saldría un poco a la calle a orearse. Y se salió, pero con ánimo y propósito de no volver, porque no podía sosegar en la quietud del oficio que todavía le parecía poco disfraz, sobresaltándose todo el día cuando oía llamar, no fuesen los corchetes que iban a prenderle.

Dando vueltas por las calles un famoso entierro que se encaminaba a la catedral, y con la gente le siguió y se metió en la iglesia. Tocaron muchas sinfonías al muerto, que era una doncella de hasta dieciocho o veinte años de edad, hija de una casa principal, llena de dijes muy preciosos y un vestido de mucha riqueza, con un velo suelto galoneado de oro, y en la cabeza una diadema de valor muy subido según brillaban las piedras. Duraron bien hasta las diez las sinfonías y el canto, y luego cesaron y metieron la muerta en una capilla, la rodearon de luces y se fue todo el mundo, menos Pedro Saputo, que dijo entre sí: ¿Yo adónde he de ir? Aquí podré pasar la noche, y no hay cuidado que me busquen los frailes; mañana amanecerá Dios y veremos lo que conviene hacer. Y diciendo esto se acomodó en un arca o banco de otra capilla enfrente de la muerta, encomendó a Dios su cuerpo y alma, y se dispuso a dormir si el sueño no le hiciese novillos, pues le sentía venir aprisa.

Durmióse pronto con efecto, que tenía necesidad desde la noche pasada; pero sin duda el sueño era tan ligero como dura la tabla en que descansaba, pues oyó a deshora un rechino que le hizo levantar la cabeza. Era el ronquido de una puerta. Y luego vio entrar (porque la luz y resplandor de las hachas que ardían en honor de la difunta llenaba la iglesia) dos hombres y dirigirse a la capilla de la depositada. Llegan, y el uno de ellos, que era un mozo de unos veinticuatro a veintiséis años de edad, principia a despojarla de sus dijes y diadema, y al mismo tiempo le iba poniendo otros que él traía muy parecidos a aquéllos. De que infirió que los de la muerta eran finos y los que le ponían falsos y de sola vista. Concluyéronla de despojar, y dando el joven al otro un bolsillo le dijo: hasta aquí a partir, lo demás es sólo mío: ahí tienes los treinta escudos del pacto y vete a la sacristía. Fuese en efecto, y el mozo se llegó a la muerta y la abrazó y dio muchos besos, y parecía ir más allá, cuando Pedro Saputo no pudiéndolo sufrir, y escandalizado, tomó del altar de su capilla un candelero mediano de bronce y embistiéndole con toda su fuerza acertó al mozo en el hombro y en el pecho, de que cayó en el suelo dando un grito espantoso. Acudió el sacristán o ayudante, violo desmayado, se asusta, corre a por agua, se la echa al rostro, vuelve el mozo en sí, le levanta, y sin color y cerrando los ojos de horror y tan muerto como la difunta se lo llevaba el otro medio andando medio arrastrando; cuando tomando Pedro Saputo otro candelero y haciendo antes caracol con las manos y vuelto contra la madera del altar, dio un rugido tan bravo que pareció que caían las columnas de la iglesia atronándose toda y amenazando sus altas bóvedas; y luego disparando el candelero con todo su brío, dio al sacristán en la espalda y le hizo caer en tierra con el mozo que ya casi expiraba. Faltóle también a él el ánimo entonces, y parecía que los dos iban a quedar allí muertos de horror y susto. No hablaban empero; y después de esforzarse mucho rato y de sacar entre bascas y mortales congojas trasudores fríos una respiración agonizante, pudieron llegar a la puerta por donde entraron, y la cerraron, y se oyeron luego otras más interiores. Y todo sosegado y vuelto a quedar en un silencio majestuoso y solemne, se envolvió Pedro Saputo con los manteles del altar de su capilla, por si alguien le pudiese ver, fuese como fuese, y pasó a la de la depositada. Miróle al rostro, y parecía con su serenidad y apacibilidad que le daba las gracias de tan buen oficio y defensa como le debía. Y pisando con los pies alguna cosa, vio que eran las prendas que habían quitado a la muerta. Recogiólas todas, y poniéndolas con gran respeto en el pecho y componiendo muy bien el velo y el vestido, le puso en las manos un papelcito doblado que decía, escribiéndolo con lápiz que traía consigo:

«Esta noche entre las doce y la una dos hombres infames y descomulgados han cambiado los dijes y adornos de esta doncella y se llevaban los que traía puestos. Pasar querían a ultrajalla; mas otro muerto que invisiblemente la guardaba hala defendido del ultraje y profanación que iba a padecer, y recogido las prendas robadas. Si se quiere saber quiénes son los desalmados que tan gran maldad acometieron, véase quién de los sirvientes de esta iglesia está gravemente contuso de la espalda, y él es uno de ellos y sabe del otro.» Hecho esto y al retirarse vio una cosa blanca en el suelo, alzóla y se halló que era el bolsillo de los treinta escudos que el perdido del joven había dado al sacristán y se había éste dejado caer sin cuidar de recogerle. Míos son, dijo; porque aunque los haga vocear al pregonero, seguro es que no vendrá su dueño a pedillos. Y con esto se retiró a su capilla, volviendo los candeleros a su lugar, y se recostó en el arca.

Mas de la escena que había visto le comenzó a nacer en el ánimo tan grande horror, que se le levantaron los pelos de la cabeza, y se le iba la fuerza de los miembros y la vida del corazón. Al fin, pensado en la obra tan caritativa, y tan heroica y santa que había hecho se fue sosegando y aguardó el día.

Púsose luego a pensar en su estado, y después de verse mil veces en poder de los alguaciles de Huesca y de escapárseles otras tantas por casualidad, y a malas penas, todo en su imaginación, determinó hacer la más atrevida y graciosa travesura que hombre jamás ha imaginado, como se verá en el capítulo siguiente.