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jueves, 25 de julio de 2024

1. 4. De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats

Un dels mes grans engañs que se patixen al món es que no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats com hauríen, perque aixina no entropessaríe un en tans que pareixen un atra cosa. Si al menos los creixqueren les orelles, que es lo distintiu mes propi; pero ni aixó. ¡Oh qué bo que siríe! Pedro Saputo los coneixíe en sol mirals a la cara; y desde chiquet, com se va vore lo que li va di del veinet sa mare, que lo proposáe com a modelo de aplicassió de les lletres, pero ñan arts y siensies que moren en los seus autós; esta va sé una de elles. La que después han fundat los moderns fisonomistes dits servellistes o frenólogos, es un atra; lo que no veu res als ulls y a tot lo rostro, poc vorá al cráneo, y sobre aixó, que me torron viu.

En estos ejercicios y jocs va passá encara algún tems, cuan una nit después de sená y de estás un rato calladet y cavilán li va di a sa mare en ressolusió: 

- Mare, esta nit vull ditos algo bo: demá si tos pareix aniré a escola. 

- Sí, fill; sí que me pareix be, va contestá sa mare emosionada; sí que vull que vaigues a la mostra. ¡grassies a Deu! Bona nit me dones, fill: be u has dit: de goch no podré dormí. ¡Ay! Si sapigueres lo que hay patit cuan me díen que criaba a un dropo. Ara sí que estic contenta. Perque mira, fill, que soc ta mare, y estem los dos sols al món. 

- Y mos bastem, va contestá ell: los dos y lo de allá dal (siñalán al sel en la má) contra tot lo món si mos es contrari; que no u sirá mare, no, sino mol favorable.

- Miréu, mare meua: la escola es pa mol du y sense bones dens no se pot mossegá. M’han caigut los primés, ting tots los segons, y forts, y puc mossegá y minjá lo pa de la escola que com hay dit es mol du y estopeng, y no té que donás als chiquets mentres són tan tendres. Tots ploren, tots u senten mol, tots van capbaixos y se queden arguellats y apocadets, y no adelanten res o están en les primeres lletres tans añs, que sol per sé cosa corrén no es gran vergoña per an ells y per als maestres. Yo, la verdat, no sé be lo que són les lletres; pero me pareix que en poc tems hay de alcansá y passá an eixe Agustinet y a tots los que fa tres o cuatre añs que van a la escola. Ara anem al catre, y demá voréu al seu fill escomensá a sé home y séu mol depressa. Sa mare lo miráe y ploráe de goch, y donán grassies a Deu se va gitá y no va pugué dormí de alegría com habíe dit.

arguellat

Se va fé de día, pero mol abans la bona mare teníe la llum als ulls només de pensá en la ressolusió del seu fill. Se va eixecá, y cuan va tindre fet lo amorsá, va aná a despertá al chiquet Pedro, que li va demaná la roba dels díes de festa dién que aquell ere mol gran per an ell.

- Y pera ta mare tamé, va contestá ella. Y li va traure lo traje mes nou y milló; después de habé minjat un plat de migues y sense voldre pendre atra cosa va di a sa mare que lo acompañare pera dili al mestre que lo entregáe a la seua potestat y gobern.

Van arribá a les escoles, y la mare li va di al mestre que li portáe y presentáe a son fill Pedro; qui hasta aquell día no habíe tingut a be escomensá la escola perque volíe creixe y fes fort. Lo mestre sen va enriure y va contestá que admitíe en gust al chiquet Pedro per discípul, y que confiabe que en poc tems adependríe la paleta de la Jesús. En aixó sen va aná la mare, y ell se va quedá a la classe.

Aquell primé día y los dos siguiens no va fé mes que repetí los noms de les lletres com los anáen dién en veu alta los atres chiquets; pero lo cuart va preguntá al mestre si ñabíen mes lletres que aquelles; y com li va di que no, va torná a preguntá si als llibres que lligíen los chiquets adelantats ñabíen unes atres, y contestán lo mestre que ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro:

ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro

- Pos si es aixina en adependre yo estes lletres ya sabré tot lo que hay de sabé per ara.

- No, fill, va contestá lo mestre; perque después se han de ajuntá unes en atres pera formá les palaures.

- Pero en fin, va replicá Pedro, en estes se han de compondre totes.

- Sí, va di lo mestre.

- Pos be, va continuá lo chiquet: esta tarde me donaréu llissensia pera no vindre a escola, y demá tos demanaré un favor, que si mel feu, ni yo me trauré de está aquí cridán tantes hores matí y tarde, ni vosté tindrá que fé mes que dim lo que li pregunta. Li va otorgá lo mestre lo que demanáe; y aquella tarde va pendre una viola de sons yayos mich asclada y sense claus, la va desfé, va pegá a les dos taules per un costat un papé blang y sen va aná cap al tallé de un fusté. Li va demaná una regla, un llapis y una serreta fina, y tirán línies de dal a baix y de crusat a les taules, les va serrá les dos y va fé de vintissís a trenta tablilles cuadrades, les va ficá a la capucha del gabán, y sen va aná a amostrálesi a sa mare diénli que demá voríe en qué paráe alló.

En son demá per lo matí va aná a escola y va demaná al mestre que li escriguere a cada tablilla una lletra; después li va rogá que les embutiguere per orden a un filferro passanlo per un foradet que teníen, y fet tot per lo mestre li va doná les grassies y va di:

- Ara, siñó mestre, ya me avindré yo en estes lletres, perque les sé de corregut y ne coneixco o conec mol poques. Doneume llissensia y men vach a casa.

Dos díes va está a casa donán voltes a les tablilles y mirán de cuan en cuan una paleta del A. B. C., que teníe penjada a la paret, al cap dels dos díes li va di a sa mare: 

- Ya coneixco les lletres; vingue en mí a escola y vorá que no la engaño. Van aná a la escola, va fé lo mestre la proba y no ne va errá cap.

Va quedá espantat lo mestre; los chiquets lo miráen encantadets y sa mare estáe embargada de goch. Va corre la notissia al poble, y tots selebráen lo ingenio del chiquet Pedro de la pubilla, escomensán algúns a dili desde entonses Pedro Saputo, que al dialecto antic del país volíe di Pedro lo sabut; nom que se li va quedá com a propi y ya no va sé conegut per atre.

Lo van ficá a deletrechá; y fenlo escriure a un papé les sílabes soltes a un costat, y al atre lo vocablo que componíen, en sing díes va adependre a llichí, habense perfecsionat del tot en catorse desde lo primé en que va aná a escola.

Lo burro mort.

Original en castellá:

Capítulo IV.
De cómo Redro Saputo fue a la escuela.

Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: - Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. - Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. - Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.
- Mirad, madre mía: la escuela es pan muy duro y sin buenos dientes no se puede morder. Hanme caído los primeros, tengo todos los segundos, y fuertes, y puedo morder y comer el pan de la escuela que como he dicho es muy duro y áspero, y no debe darse a niños mientras son tan tiernos. Todos lloran, todos lo sienten mucho, todos andan acontecidos y se paran flacos, enatizos y entecos de sujeción y apocamiento, y no adelantan nada o están en las primeras letras que llaman tantos años, que sólo por ser cosa ordinaria no es gran vergüenza para ellos y para los maestros. Yo a la verdad, no sé bien lo que son las letras; pero me parece que en poco tiempo he de alcanzar y pasar a ese Agustinico y a todos los que hace tres o cuatro años que van a la escuela. Ahora vamos a dormir, y mañana veréis a tu hijo comenzar a ser hombre y serlo muy aprisa, a lo que me da el corazón. Su madre le miraba y lloraba de gozo, y dando gracias a Dios se acostó y ni pudo dormir de alegría como había dicho.
Se hizo de día, y mucho antes la buena madre tenía la luz en sus ojos con el acontecimiento de pensar en la resolución de su hijo. Levantóse, y cuando tuvo hecho el almuerzo, fue a despertar al niño Pedro, el cual le pidió la ropa de los días de fiesta diciendo que aquél era muy grande para él. - Y para tu madre también, contestó ella. Y le sacó el vestido más nuevo y mejor; después que hubo comido un plato de migas y sin querer tomar otra cosa dijo a su madre que le acompañase para decir al maestro que le entregaba a su potestad y gobierno.
Fueron a la escuela, y la madre dijo al maestro que le llevaba y presentaba su hijo Pedro; el cual hasta aquel día no había tenido a bien comenzar la escuela porque quería crecer y hacerse fuerte. El maestro se rió y respondió que admitía con gusto al niño Pedro por discípulo, y que confiaba que al poco tiempo aprendería la paleta de la Jesús. Con esto se fue la madre, y él se quedó en la escuela.
Aquel primer día y los dos siguientes no hizo sino repetir los nombres de las letras como los iban diciendo en voz alta los otros niños; pero el cuarto preguntó al maestro si había más letras que aquéllas; y como le dijese que no, tornó a preguntar si en los libros que leían los niños adelantados eran otras, y contestando el maestro que ni en aquellos libros ni en todos los del mundo había más ni otras letras que aquéllas, dijo el niño Pedro: - Pues en este caso en aprendiendo yo estas letras ya sabré todo lo que hay que saber por ahora. - No, hijo, respondió el maestro; porque después se han de juntar unas con otras para formar los vocablos. - Pero al fin, replicó Pedro, con éstas se han de componer todas. - Sí, dijo el maestro. - Pues bien, continuó el niño: esta tarde me daréis licencia para no venir a la escuela, y mañana os pediré un favor, que si me lo hacéis, ni yo me sacaré de estar aquí voceando tantas horas mañana y tarde, ni vos tendréis que hacer más que decirme lo que os pregunte. Otorgóle el maestro lo que pedía; y aquella tarde tomó una vihuela de sus abuelos medio rota y sin clavijas, la deshizo, pegó a sus dos tablas por un lado un papel blanco y se fue al taller de un carpintero. Llegado, pidió una regla, un lápiz y una sierra fina, y tirando líneas de alto a bajo y de cruzado en las tablas, aserrólas ambas e hizo de veintiséis a treinta tablillas cuadradas, echóselas en la capilla del gabán, y se fue a enseñarlas a su madre diciéndole que mañana vería en qué paraba aquello.
Al día siguiente por la mañana fuese a la escuela y pidió al maestro que le escribiese en cada tablita una letra; luego le rogó que las metiese por orden en un hilo de alambre pasándolo por un agujerito que tenía, y hecho todo por el maestro le dio las gracias y dijo: - Ahora, señor maestro, ya me avendré yo con estas letras, porque las sé de coro y conozco muy pocas. Dadme licencia y me voy a casa.
Dos días estuvo en casa dando vueltas a las tablitas y mirando de cuando en cuando en una paleta del A. B. C., que tenía colgada en la pared, al cabo de los cuales dijo a su madre: - Ya conozco las letras; venid conmigo a la escuela y veréis que no os engaño. Fueron a la escuela, hizo el maestro la prueba y no erró ninguna.
Quedó espantado el maestro; los niños le miraban elevados y la madre estaba embargada de gozo. Divulgóse la noticia en el pueblo, y todos celebraban el ingenio del niño Pedro de la Pupila, comenzando algunos a llamarle desde entonces Pedro Saputo, que en el dialecto antiguo del país quiere decir Pedro el Sabio; nombre que al fin le quedó como propio no llamándole nadie ni siendo conocido por otro.
Pusiéronle a deletrear; y haciéndole escribir en un papel las sílabas sueltas a un lado, y al otro el vocablo que componían, en cinco días aprendió a leer, habiéndose perfeccionado del todo en catorce desde el primero en que fue a la escuela.

lunes, 1 de octubre de 2018

TERSERA JORNADA

Escomense la tersera jornada del Decamerón, a la que se parle, gobernán Neifile, sobre algú que haguere conseguit en habilidat alguna cosa mol dessichada o haguere recuperat alguna pérduda.

La aurora escomensabe ya a passá de coloradaa ataronjada per la aproximassió del sol cuan lo domenge, eixecada la Reina y feta eixecá tota la compañía, y habénli manat al senescal que preparare lo que ere menesté, rápidamen se van fé carregá totes los demés coses, com si de allí llevantaren lo campo, y sen van aná en los bagaches, dixán als criats en les Siñores y los Siñós. La Reina, en pas lento, acompañada y seguida per les seues dames y los tres joves, guiada per los cántics de unes vin cagarneres o cardelines y atres tans muixóns, per una senda en poc tráfec y plena de verdes herbetes y de flos que al sol que les siñalabe totes escomensaben a obrís, va agarrá lo camí cap a ocsidén, y charrán y fen bromes y rién en la seua compañía, sense habé caminat mes de dos mil passes, bastán abáns de que estiguere a miges la horade tersia, los van portá a una hermossíssima y rica mansió una mica eixecada a un collet. Una vegada a dins y navegán per tot arreu, y habén vist les grans sales, les llimpies y adornades habitassións en tot lo que a una alcoba li correspón, mol la van alabá y reputá al seu amo per magnífica; después, baixán, y veén lo amplíssim y alegre pati, les bodegues plenes de mols carretells en bons vins y un aigua fresquíssima y abundán que de allí manabe, tota per als bous y les vaques, mes encara lo van alabá. Allí se van assentá, voltats de flos y de abrets, y va vindre lo senescal en exquisites dolsaines y mol bons vins. Después van fé obrí un jardí pegat al palau, que estabe voltat per una tápia o muro, van entrá allí, y van aná mirán la seua maravillosa bellesa. Teníe per la vora y pel mich passeos amplíssims, rectes com una flecha y cuberts de parres de moscatell en pinta de doná mols raíms; y tot florit, escampabe tan bona auló que, mesclada en la de mols atres aromes del jardí, los pareixíe está entre totes les fragánsies de lo Orién. Per les vores dels passeos ñabíen rosés en roses blanques y roiges y jazmíns, y no ya de matí sino cuan lo sol estáe mes alt, daball de umbrietes (sombres), sense sé tocat per Lorenzo, se podíe caminá per elles. Cuántes plantes tan ben ordenades ñabíen an aquell puesto! No ne faltabe cap que al nostre clima se adaptare.

Tamé ñabíe un prat de herba tan verda que casi pareixíe negra, pintat tot en mil variedats de flos, vallat per verdíssims y ufanosos tarongés, sipresos y cedros, que donaben sombra y féen mol bona auloreta, una mescla de azahar y sementeri. Al mich de este prat ñabíe una fon de mármol blanquíssim y maravilloses figures picades en pedra natural; allí dins ñabíe una estatua, no sé si de pedra natural o artifissial dels Estechi, damún de una columna, y aviábe tanta aigua tan alt cap al sel (y después tornáe a caure a la claríssima fon) que haguere fet moure lo menos un molí. L´aigua que sen eixíe de la fon per un canal amagat sen ixíe del pradet y a fora se fée manifesta en canalets o reguerets que brilláen al sol; se arreplegabe tota a una bassa o safarech y desde allí, baixán claríssima cap a lo pla, abáns de arribá an ell, en grandíssima forsa y en molta utilidat per al seu amo, fée girá seguit dos molíns, un de ells, lo de Lillo. Al vore este jardí, lo seu orden, les plantes y la fon en los reguerets, tan los va agradá a tots que van afirmá que, si se puguere fé un paraísso a la terra, no sabríen quin atra forma hauríe de tindre, mes que aquella del jardí, y no sabíen qué mes se li podíe afegí. Passechán, pos, contentíssims per allí, fénse bellíssimes guirnaldes (corones) de rametes de ábres, sentín sempre uns vin cans de muixóns diferéns, com si competiguéren los uns en los atres en lo cantá, se van acatá de una bellesa que encara no habíen vist: lo jardí estabe plenet de mes de sen classes de hermosos animals. De una part eixíen conillsy cachapets, de un atra liebres (llébres), cabridets, ciervos, y moltes atres espéssies de animals inofensius y mansos, com si estaren domesticats.
Pero después de caminá mol, veén ara aixó ara alló, habén fet ficá les taules al voltán de la hermosa fon, y cantán allí primé sis cansonetes y dansán algúns balls, cuan va maná la Reina se van ficá a minjá, y servits en bones y delicades viandes, mes alegres se van eixecá y a les tonades y als cántics y als balls van torná, hasta que a la Reina, com ya fée caló, li va paréixe hora de que, qui vullguere, sen aniguere a gitás a fé la michdiada. Algúns sen van aná y uns atres, enchisats per la bellesa del puesto, no van volé anássen, se van quedá allí a llichí llibres de caballeríes, o jugá al ajedrez o a les dames, mentres los atres dormíen.
Después, tots se van eixecá y, habénse refrescat la cara a la fresca aigua, al prat, la Reina va aná prop de la fon, y se va assentá segóns la manera acostumbrada, y se van ficá a contá les históries sobre la materia proposada per la Reina.

Lo primé a qui la Reina va doná lo encárrec va sé Filostrato, que va escomensá aixina:


domingo, 28 de julio de 2024

3. 11. La cova de Santolaria.

Capítul XI.

La cova de Santolaria.

La cova de Santolaria.

Teníe Pedro Saputo una tía, germana de son yayo per part de mare y de poca mes edat que sa mare, al poble de Santolaria la Mayor, aon va aná a pará desde Barbastro y aon desde chiquet solíe aná los estius a passá algunes temporades. Lo volíe mol sa tía y tota la familia, que ere numerosa y no tan pobre pera que no lo pugueren convidá al seu gust. Al poble lo idolatraben y sentíen que no fore de allí dién cada vegada que lo veíen: llástima que haigue naixcut a Almudévar.

Li agradáe mol lo sel de Santolaria, y solíe di que sol faltabe an aquell poble una calzada o refalda que formare replá hasta la seua mitat o tersera part del lloc pera criás allí los millós entenimens y les mes glorioses imaginassions del mon. Perque lo mirá sempre aon se fiquen los peus, díe que embote los ingenios y fa les almes raquítiques, apocades y terrenes.

Sen anabe moltes vegades a dreta y esquerra de la serra, atres al nort y per lo sentro a recorre aquelles atalayes, aquelles quebrades, esplugues o espelunques y barrangs, ya en la flauta, ya en la escopeta, y sempre en la llapissera y algún llibre, encara que rara vegá lo obríe, perque li arrebataben la imaginassió aquelles magnífiques, sublimes y silensioses soledats. Allí ere poeta, ere pintó, ere filóssofo. Tan pronte se 'l veíe a la corona de un alta peña inacsessible, com al peu de aquelles eternes impotens muralles y torreons, calculán libremen los siglos de la seua fundassió y elevanse a la contemplassió de la eternidat y del poder y grandesa del creadó que tot u va traure del no res.

A un de estos filossofics passeos an aquells palaus y alcassars de la naturalesa, se va assentá al peu de una peña a pendre la fresca, y dixanse caure cap atrás va repará que una mica mes amún ñabíe una boca o forat que tapaben casi del tot unes herbes naixcudes a la mateixa peña. Va sentí al cor un fort dessich de pujá a vore lo que ere y hasta embutís a dins, si cabíe; y agarrán unes pedres va fé un poyet desde aon va llimpiá la entrada de herbes, se va ajupí y va embutí lo cap, perque lo boquete ere mes ample de lo que pareixíe. Aquella entrada se anabe eixamplín al pas que adelantabe per nella, que ere mol poquet a poquet y tremolán, perque se acababe la llum de la boca y la cova teníe trassa de sé mol fonda. Se girabe a mirá cap a la zaga cada tres o cuatre passes; y mentres allá lluñ se atinabe algo de claridat de la llum de la porta, va aná entrán per aquella regió fosca y paorosa y reconeixén aquell ventre amagat de la peña. Lo enterra an algunes parts ere arenós, com a sauló, a datres pedregós, atres llimpio y sec; la cova, en general, de cuatre a sing peus de altura, de sis a siat lo mes alt, y un poc menos ampla aon no ñabíen colses. Va patejá a una vora una cosa dura, va tentá en la má y ere un martell de ferro sense mánec, lo que li va pareixe una troballa de gran preu y un indissi de habé entrat atres antes que ell; y hasta va pensá lo que se diu a España, que no ña cova retirada que no se cregue que fore albergue dels moros y depósit de les seues riqueses cuan anaben perdén la terra y no desconfiaben de recobrala o recuperala en milló fortuna, amaganse mentrestán an elles moltes families y vivín amagades, engañán en disfrás de cristianos si ixíen a pendre llengua de lo que passabe y a provís de lo menesté. Pedro Saputo va dixá allí lo martell com a siñal de hasta aon habíe arribat, y en ánimo de torná un atre día mes prontet, pos ere ya algo tard, sen va eixí de la cova y va torná al poble.

Va matiná en son demá; se va emportá un chisquero o mechero de mecha pera ensendre, una llinterna de cristals y un atra de papé, dos bujíes, un siri de dos a tres pams, un gabiñet de monte y un arcabús, y espoleján a la mula y apeanse cuan veníe mal camí, va arribá al puesto en menos de dos hores. Va millorá lo poyet, va tirá a dins los instrumens, va entrá com un gat, a marramiaus, y dixán una bujía aon se acababe la claridat de la porta y una llanterna un poc mes a dins va aná en lo siri a la má mirán y penetrán la cova. Va arribá al martell, y a poques passes mes se va trobá a una sala que podíe dís espassiosa, pos teníe uns deu passos de ampla en diámetro y com a set peus de alta; y seguín a la dreta un forigó que continuabe mes estret que lo de la entrada, va topá en un cadáver tombat pancha per aball, pero girada la cara a un costat y los brassos amples, sense mes roba que la camisa y un corpiño a la antiga; tot ell sansé estáe tan ben conservat que encara que estiguere de coló negre y passat pareixíe que acababe de morís o que estabe dormín. Li va doná tan horror a la vista, que se li van esturrufá los pels y li penabe habé entrat. Lo va tocá en lo peu y se va desfé en pols tota una cama. Lo va dixá aixina, y sén lo mateix pera la temó torná cap atrás que tirá cap abán, va volé acabá lo reconeiximén.

A uns sis passos mes a dins y damún de una colcha o camilla an terra va topá un atre mort, pero dona, no menos sansera y ben conservada, mich tapada en una manta o cosa que u pareixíe, y a la llum del cresol brillaben com a foc les riques pedres de un collá que portáe ficat y de les arracades, y l'or de una cadena pressiosa que en una joya de gran valor caíe per un costat. Se va esglayá; les cames li flaquejaben y l'alma se li perdíe al cos. Volíe agarrá aquelles joyes y no se atrevíe. Al final, pera recobrá l'ánim y vense cara a cara a la po se va assentá entre los dos cadavers, y mirán ya al un, ya a l'atre se va ficá a discurrí lo que alló podríe habé sigut, cuan va repará en uns instrumens de guiarra que ñabíe a la voreta del primé cadáver contra la paret, y alguns caiguts an terra. Va aná a examináls y eren dos alfanjes, dos espases, tres gabiñets, una daga, un peto, un morrión, y per allí escampats alguns pedernals, trossos de asser, dos o tres llimes, dos parells de mordasses curtes, tres botelles de vidre, alguns pots, una alcuza y datres utensilis; un salé, dos o tres culleres de plata, atres tantes de fusta de boix, relíquies de pa o al menos u pareixíe, carbó y un foc an terra en sendra, ossos y atres coses que no se coneixíe lo que eren, tot a un racó o ángul que formabe la peña. Ñabíen tamé algunes robes que al tocales se desféen en pols, menos la seda de alguna y los bordats.

Un poc mes tranquil y sereno al examen de estos objectes, va aná seguín aquell negre y horrorós claustro hasta unes dotse passes mes allá dels cadavers, aon se acababe. Y com va advertí que lo remat estabe fet a pic, y que acababe com a una tronera, va examiná esta y va vore que u ere en efecte; una enchumenera o respiradero que se tancabe en una pedra mol ajustada, la va soltá sense massa dificultat, va vore la llum del sol y los montes y peñes de enfrente, pero no teníe de diámetro mes que sing o sis pulgades. Com entrabe algo de ven y perilláen les llums la va tancá y va doná per acabat lo registre de la cova.

Va arribá hasta los cadavers, y miranlos va di: esta es dona y aquell, home; sense duda va sé un bandolero y ella la seua dona o la seua querida, que se albergaben an esta cova y van morí sense auxili humano; o van sé dos amans que aquí se van amagá en tota esta prevensió de armes y provisions que, pareix, no van consumí, al menos per radera vegada, morín potsé entabuchats y aufegats pel fum, com pareix per la seua separassió y actitut y per estes siñals de foc. Siguéu qui vullguéu, joves desgrassiats, lo món tos va olvidá mol pronte, pos ni tradissió ha quedat de la vostra desaparissió ni de la vostra existensia, si no ereu de paísos mes apartats. Descanséu en pas, y no portéu a mal que yo arreplega estes joyes que tos adornaben y vau portá en vatros pera gala y honor de les vostres persones, y tamé sense duda pera auxilio y reparo de la sort. Y dién aixó va espabilá la llum, y a un foradet natural que ñabíe a la peña a modo de armari va vore una arqueta que, peganli en lo gabiñet un parell de cops, va saltá en ascles minudes y casi tot en pols, y va dixá vore al seu seno lo tessoro de aquells infelisos, ara seu per dret de ocupassió o de natural herensia. Al vórel va di: no ha sigut mal empleat lo viache: encara que sense aixó lo donaría tamé per bo. Eren monedes de or y plata en abundansia unes y atres y mes les primeres, y brillaben moltes pedres engastades a collás de or, arracades, brincos, joyes, adornos del cap, ajorcas y una empuñadura de espasa sembrada de carreres de diamans y perles finíssimes y la roseta, de brillans. Va traure lo tessoro; y miranlo y calculán lo seu valor, per lo que fa a les monedes u va jusgá per lo pes y comparassió en les actuals, pos les mes ressentes no baixaben de sen a sen sincuanta añs de antigüedat; li va pareixe que tot jun y lo que la dona portáe damún podríe valé de nou a deu mil escuts. 

Y giranse cap als cadavers va di: No tos conec les señes, no són clares, pero sí sospechoses, perque es molta riquesa pera dos simples amans. Diéu: ¿de aón u vau traure? ¿Quí sou? Eixequeutos y contestéu. ¿Sol l'amor tos va portá y va fé viure an esta sepultura? ¿Van sé les vostres mans inossentes de tot atre delit? Lo silensio que seguíe an estes preguntes y la quietut eterna dels cadavers lo va horrorisá y tornáe a eixecás la temó al cor; conque va arreplegá lo tessoro, mes lo que portáe ficat la dona, y al tráurelay se li va desfé lo cap y part del pit, y tota una má aon portabe dos o tres anells riquissims, y sen va eixí emportanse un alfanje, una espasa y un gabiñet. Y pera que un atre que fore tan curiós com ell trobare algún premio de valor, va dixá al armari del cofret algunes monedes, un dengue, unes arracades y un collaret de no massa valor, de modo que tot jun y les armes que quedaben li va pareixe que vindríe a valé de uns tressens a tressens sincuanta escuts.

Va arribá a la boca de la cova, se va descarregá, y arribat abaix se va assentá, va respirá fondo y va descansá sense pugué eixecás, de baldat y esglayat, en un bon rato. Va desfé lo poyet después y va assolá y escampá los barroculs pera que no quedare rastre ni sospecha de la seua visita a la cova, y que si algú habíe de pujá an ella fore per la seua espontánea curiosidat y no seguín lo ejemple del que donaríen indissis aquelles pedrotes.

Va carregá la mula, va montá, y com encara no ere michdía, va aná per montes y peñascals y costeján serres y passán fondonades espantoses, a visitá la famosa cova de la Tova, no perque esperare trobá an ella algo de valor, sino per dissimulá lo seu viache y fé creure per les mostres de les armes que no podíe ni volíe amagá, y de algunes monedes que pensabe enseñá, que a la Tova ñabíen grans tessoros com díe y creíe lo vulgo, y com diu y creu encara al nostre tems.

En efecte, va entrá an ella una mica, va vore que nessessitabe mes ferramentes y aparells y si auncás tamé compañía; y com la curiosidat de aquell día habíe quedat satisfeta a la cova dels dos amans, se va assentá a la porta, se va minjá un pa en tomata y magre de espaleta que portabe, y donanli ya lo sol mol de ple y de esquena al camí, sen va entorná a Santolaria aon va arribá prop de les nou de la nit.

En lo que veíen que va portá Pedro Saputo (que sol eren les armes y algunes monedes a modo de medalles, perque lo tessoro lo va guardá ben guardadet), va creixe la fama per la montaña y peu de la serra, y dure encara, que a la Tova ña molta riquesa amagada; si be ell parláe sempre de aixó en misteri, ocultán la verdat y dixán pensá a cadaú lo que vullguere.

Roganli después moltes vegades coneguts y no coneguts que aniguere en ells a la Tova, contestabe que ell pera aná a traure tessoros no volíe compañía per no partí en ningú; y que lo que fore temorico no teníe que aná aon se nessessitabe cor y no llengua

Los parlabe de calaveres, de encantats, de simes y passadissos. 

- Imagineutos, díe, lagos o estañs negres, en sapos y serps que eixequen lo cap una vara per damún del aigua, que fotén uns grans chulits y sacsán la cresta tos van seguín per la vora y amenassán. Aquí toparéu en un mort que pareix viu, o en un viu que pareix mort; allá tos ixen dos agüeles en barbes y mantos blangs; mes abán topetéu en un home o una dona convertits en estatues de sintura per aball; a un atre costat entropesséu en una comunidat de flares de la Mersé; a lo milló sentíu suspiros y queixes que no se entenen y tos gelen la sang a les venes; o igual tos ve una volada de muixons en rostros humanos pegán bufits acollonans y de una aletada tos estamordixen y derriben an terra sense sentit. Pos ¿qué, cuan de repén se sén allá lluñ un estrapalussi y cridanera com si fore un ejérsit que aclame al seu general, a un príncipe? Miréu allá aon per supost no veéu res, y sentíu a la vostra esquena una carcañada que tos assuste y tos fa pixá damún. ¿Quí es lo guapo que tan valor té y no cau mort sen vegades?

En estos y datres disparates que se le ocurríen los fée mes temó a tots, y no se sap que ningú haigue reconegut encara del tot aquella cova que asseguren que es grandíssima y mol fonda. Mols, sí, parlen de ella y hasta de fes rics sol arribán y ficán les dos mans hasta los colses; pero les tinalles de or y plata encara se están allí com lo primé día. Perque si va algú, entre pocs passos, li agarre diarrea o cagarrines, se escagarse y sen entorne dixanla tota per registrá, o al menos les parts mes amagades y enrevessades, que es pressisamen aon han de está los tessoros.


Original en castellá:

Capítulo XI.

La cueva de Santolaria.

Tenía Pedro Saputo una tía, hermana de su abuelo materno y de poca más edad que su madre, en el pueblo de Santolaria la Mayor, adonde fue a parar de Barbastro y a donde desde niño solía ir los veranos a pasar algunas temporadas. Queríale mucho su tía y toda su familia, que era numerosa y no tan pobre que no le pudiesen agasajar a su gusto. En el pueblo idolatraban en él y no acababan de sentir que no fuese de allí diciendo cada vez que le veían que era lástima que hubiese nacido en Almudévar.

Gustaba mucho del cielo de Santolaria, y solía decir que sólo faltaba a aquel pueblo una calzada o refalda que formase rellano hasta su mitad o tercera parte del lugar para criarse allí los mejores entendimientos y las más gloriosas imaginaciones del mundo. Porque el mirar siempre dónde se ponen los pies, decía que hace los ingenios botos y las almas raquíticas, apocadas y terrenas.

Íbase muchas veces a derecha e izquierda de la sierra, otras al norte y por el centro a recorrer aquellas atalayas, aquellas quebradas, senos y barrancos, ya con la flauta, ya con la escopeta, y siempre con el lapicero y algún libro, aunque rara vez le abría, porque le arrebataban la imaginación aquellas magníficas, sublimes y silenciosas soledades. Allí era poeta, era pintor, era filósofo. Tan pronto se le veía en la corona de un alto peñasco inaccesible, como al pie de aquellas eternas impotentes murallas y torreones, calculando libremente los siglos de su fundación y elevándose a la contemplación de la eternidad y del poder y grandeza del criador que todo lo sacó de la nada.

En uno de estos filosóficos paseos a aquellos palacios y alcázares de la naturaleza, se sentó al pie de una peña a tomar el fresco, y dejándose caer supino reparó a poco más de un estado de elevación en una boca o agujero que cerraban casi del todo unas yerbas nacidas en la misma peña. Sintió en su corazón un deseo vehemente de subir a él y ver lo que era y aun meterse dentro si cabía; y recogiendo piedras hizo un poyo desde el cual limpió la entrada de yerbas y se encaramó y metió la cabeza, porque el boquete era más capaz de lo que parecía. Íbase aquella entrada ensanchando al paso que adelantaba por ella, que era muy poco a poco y temblando, porque se acababa la luz de la boca y la cueva tenía traza de ser profunda. Volvíase a mirar atrás cada tres o cuatro pasos; y mientras a lo lejos pudo ver alguna claridad de la luz de la puerta, fue entrando por aquella región oscura y pavorosa y reconociendo aquel vientre oculto de la peña. El suelo en unas partes era arenoso, en otras pedregoso, en otras limpio y seco; la concavidad, en general, de cuatro a cinco pies de altura, y de seis a siete por lo más, y un poco menos ancha donde no había recodos. Pisó a un lado una cosa dura, tentó con la mano y era un martillo de hierro sin mango, el que tuvo por hallazgo de gran precio y por indicio de haber entrado otros antes que él; y aun pensó de lo que se dice en España, que no hay cueva retirada que no se crea fue albergue de los moros y depósito de sus riquezas cuando iban perdiendo la tierra y no desconfiaban de cobrarla con mejor fortuna, escondiéndose entre tanto en ellas muchas familias y viviendo ocultas, engañando con disfraz de cristianos si salían a tomar lengua de lo que pasaba y a proveerse de lo necesario. Pedro Saputo dejó allí el martillo por señal de donde había llegado, y con ánimo de volver otro día más temprano, pues era ya la tarde, se salió de la cueva y tomó la vuelta del pueblo.

Madrugó al día siguiente; llevóse recado de encender, una linterna de cristales y otra de papel, dos bujías, un blandón de dos a tres palmos, un cuchillo de monte y un arcabuz, y espoleando la mula y apeándose en el mal camino, llegó al sitio en menos de dos horas. Mejoró el poyo, tiró dentro los instrumentos, se entró como un gato, y dejando una bujía donde se acababa la claridad de la puerta y una linterna un poco más adentro fue con el blandón en la mano mirando y penetrando la cueva. Llegó al martillo, y a pocos pasos más se encontró en una sala que para allí podía decirse espaciosa, pues tenía unos diez pasos de ancha en un diámetro y como siete pies de alta; y siguiendo a la derecha un boquerón y nuevo seno en que se continuaba más estrecho que el de entrada, dio con un cadáver tendido boca abajo, aunque vuelta la cara a un lado y los brazos anchos, sin más ropa que la camisa y un corpiño a la antigua; todo él entero y tan perfecto que fuera de color negruzco y pasado parecía que acababa de morir o que estaba durmiendo. Cogióle tal horror a su vista, que se le erizaron los cabellos y le pesaba de haber entrado. Tocólo empero con el pie y se deshizo en polvo toda una pierna. Le dejó así, y puesto ya en aquel paso y siendo lo mismo para el miedo volver atrás que ir adelante, quiso acabar el reconocimiento.

A unos seis pasos más dentro y encima de una colcha o camilla en tierra topó otro cadáver, pero de mujer, no menos entero y bien conservado, medio rebujado con una manta o cosa que lo parecía, del cual con la luz del blandón brillaban como fuego las ricas piedras de un collar que traía puesto y de los pendientes, y el oro de una cadena preciosísima que con una joya de gran valor le caía en tierra por un lado. Llenóse nuevamente de horror; las piernas le flaqueaban y el alma se le perdía en el cuerpo. Quisiera tomar aquellas prendas y no se atrevía. Al fin para cobrar el ánimo y vencer cara a cara el miedo se sentó entre los dos cadáveres, y mirando ya al uno, ya al otro se puso a discurrir lo que aquello podría haber sido: cuando repara en unos instrumentos de guerra que había al lado del primer cadáver contra la pared, y algunos caídos en el suelo. Fue a examinarlos y eran dos alfanges, dos espadas, tres cuchillos, una daga, un peto, un morrión, y por allí esparcidos algunos pedernales, trozos de acero, dos o tres limas, dos pares de tenazas cortas, tres botellas de vidrio, algunos tarros, una alcuza y otros utensilios; un salero, dos o tres cucharas de plata, otras tantas de palo, reliquias de pan o al menos que lo parecía, carbón y un hogar con ceniza, huesos y otras cosas que no se conocía lo que eran, todo en un rincón o ángulo que formaba la peña. Había también algunas ropas que al tocarlas se resolvían en polvo, si no es la seda de alguna y los bordados.

Un poco más cobrado y sereno con el examen de estos objetos, fue siguiendo aquel negro horroroso claustro hasta unos doce pasos más allá de los cadáveres, donde se acababa. Y como advirtiese que en el remate estaba mucha parte de él hecha a pico, y que terminaba como en una tronera, examinó ésta y vio que lo era con efecto; esto es una ventanilla o respiradero que se cerraba con una piedra muy ajustada, la cual, quitada con poca dificultad, vio la luz del sol y los montes y peñas de enfrente, puesto que no tuviese de diámetro más de cinco o seis pulgadas. Mas como entrase algo de viento y peligrasen las luces la cerró y dio por terminado el registro de la cueva.

Llegó hasta los cadáveres, y mirándolos dijo: ésta es mujer y aquél, hombre; sin duda fue un bandolero y ella su mujer o su querida, que se albergaba en esta cueva y murieron sin auxilio humano; o fueron dos amantes que aquí se escondieron con toda esta prevención de armas y provisiones que, al parecer, no consumieron, al menos por última vez, muriendo quizá ahogados del humo, como se parece por su separación y actitud y por estas señales de lumbre. Seáis quien queráis, jóvenes desgraciados, el mundo os olvidó muy pronto, pues ni aun tradición ha quedado de vuestra desaparición ni de vuestra existencia, si no érades de países más lejanos. Descansad en paz, y no llevéis a mal que yo recoja estas joyas que os adornaban y trujisteis con vosotros para gala y honor de vuestras personas, y también sin duda para auxilio y reparo de la suerte. Y diciendo así despabiló la luz, y en un hueco natural que había en la peña a modo de armario vio una arquilla que, dándole con el cuchillo un par de golpes, saltó en astillas menudas y lo más de ella en polvo, y dejó ver en su seno el tesoro de aquellos infelices, ahora suyo por derecho de ocupación o de natural herencia. Al verle dijo: no he perdido el viaje: aunque sin esto le diera por bien empleado. Porque eran monedas de oro y plata en abundancia unas y otras y más las primeras, y brillaban muchas piedras engastadas en collares de oro, arracadas, brincos, joyas, adornos de la cabeza, ajorcas y un puño de espada sembrado a carreras de diamantes y perlas finísimas y la roseta, de brillantes. Sacó el tesoro; y mirándolo y calculando su valor, aunque por lo que hace a las monedas lo juzgó por el peso y comparación con las actuales, pues las más recientes no bajaban de ciento a ciento cincuenta años de antigüedad; le pareció que todo junto y lo que la mujer traía encima podría valer de nueve a diez mil escudos. Y volviéndose a los cadáveres dijo: No os conozco las señas, no son claras, pero sí sospechosas, porque es mucha riqueza para dos simples amantes. Decid: ¿de dónde los hubisteis? ¿Quiénes sois? Levantaos y responded. ¿Sólo el amor os trajo e hizo vivir en esta sepultura? ¿Fueron vuestras manos inocentes de todo otro delito? El silencio que seguía a estas preguntas y la quietud eterna de los cadáveres le horrorizó de nuevo y volvía a levantarse el miedo en el corazón; conque recogió el tesoro, con más lo que traía puesto la mujer, que al quitárselo se deshizo la cabeza y parte del pecho, y toda una mano donde llevaba dos o tres anillos riquísimos, y se salió llevándose un alfange, una espada y un cuchillo. Y para que otro que fuese tan curioso como él encontrase algún premio de su valor, dejó en el armario del cofrecillo algunas monedas, un dengue, unos pendientes y un collarcito de no mucho valor, de modo que todo junto y las armas que quedaban le pareció que vendría a valer de unos trescientos a trescientos cincuenta escudos. Llegó a la boca de la cueva, descargóse, y llegado abajo se sentó, respiró y descansó no pudiendo levantarse, de cortado, en un buen rato. Deshizo el poyo después y derrumbó y esparció las piedras a fin de que no quedase rastro ni sospecha de su visita a la cueva, y que si alguno había de subir a ella fuese por su espontánea curiosidad y no siguiendo el ejemplo de que dieran indicios aquellas piedras.

Cargó su mula, montó, y porque aún no era mediodía, fue por montes y peñascales y costeando sierras y pasando profundidades espantosas, a visitar la famosa cueva llamada la Tova, no porque esperase encontrar en ella algo de valor, sino por disimular su viaje y hacer creer por las muestras de las armas que no podía ni quería ocultar, y de algunas monedas que pensaba enseñar, que en la Tova había grandes tesoros como decía y creía el vulgo, y como dice y cree aún en nuestro tiempo.

Con efecto, estuvo en ella, entró un poco adentro, vio que necesitaba más aparejos y acaso compañía; y como la curiosidad de aquel día había quedado satisfecha en la cueva de los dos amantes, se sentó a la puerta, se comió un pan y unas magras de tocino que llevaba, y dándole ya el sol muy de llano y de espaldas en el camino se volvió a Santolaria adonde llegó cerca de las nueve de la noche.

Con lo que veían que trajo Pedro Saputo (que eran las armas no más y algunas monedas a modo de medallas, porque el tesoro lo guardó muy callado), creció la fama por la montaña y pie de la sierra, y dura aún en el día, que en la Tova hay mucha riqueza escondida; si bien él hablaba siempre de esto con misterio ocultando la verdad y dejando pensar a cada uno lo que quisiese.

Rogándole después muchas veces conocidos y no conocidos que fuese con ellos a la Tova, y respondía que él para ir a sacar tesoros no quería compañía por no partir con nadie; y que el que fuese cobarde no debía de ir adonde se necesitaba corazón y no lengua. Hablábales de calaveras, de encantados, de simas y boquerones. - Imaginaos, decía, lagos negros, con sapos y culebras que levantan la cabeza una vara encima del agua, y dando silbidos y sacudiendo la cresta os van siguiendo a la orilla y amenazando. Aquí toparéis con un muerto que parece vivo, o con un vivo que parece muerto; allá os salen dos viejas con barbas y mantos blancos; más allá dais con un hombre o una mujer convertidos en estatuas de medio abajo; a otro lado tropezáis con una comunidad de frailes de la Merced; a lo mejor oís suspiros y quejas que no se entienden y os paran la sangre en las venas; ya sobreviene una bandada de aves con rostros humanos dando bufidos temerosos y que de un aletazo os aturdirán y derribarán en tierra sin sentido. Pues ¿qué, cuando de repente se oye a lo lejos una gritería como de un ejército que aclama a su general, a un príncipe? Miráis allá adonde por supuesto no veis nada, y sentís a vuestra espalda una carcajada que os aturde y deja corrido. ¿Quién es el guapo que tanto valor tiene y no se cae muerto cien veces?

Con estos y otros disparates que se le antojaba decir ponía más miedo a todos, y no se sabe que nadie haya reconocido aún del todo aquella cueva que aseguran que es vastísima y muy profunda. Muchos, sí, hablan de ella y aun de hacerse ricos sin más que llegar y meter ambas las dos manos hasta los codos; pero conversación: los tinajones de oro y plata aún se están allí como el primer día. Porque si va alguno, entra pocos pasos, le da diarrea y se vuelve a salir dejándola toda por registrar, o al menos las partes más recónditas, que es precisamente donde han de estar los tesoros.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Réquiem per un llauradó español.

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Réquiem per un llauradó español. Traduít per Ramón Guimerá Lorente.  Autó: Ramón José Sender.

Réquiem per un llauradó español.
Traduít per Ramón Guimerá Lorente.
Autó: Ramón José Sender.

Prólogo de Enrique Mújica o Múgica al final.

A Jesús Vived Mairal.

Lo mossen se esperabe assentat a un sillón en lo cap inclinat damún de la cassulla de los ofissis de réquiem. La sacristía fée auló a incienso. A un racó ñabíe un feix de rametes de olivé u olivera de les que habíen sobrat lo Domenge de Rams. Les fulles estaben mol seques, y pareixíen de metal. Al passá prop, Mossen Millán evitabe rosáles perque se despreníen y caíen a enterra. Anabe y veníe lo escolanet en lo seu roquete blang.

Anabe y veníe lo escolanet en lo seu roquete blang.

La sacristía teníe dos finestres que donaben al hortet menut o vergé de la abadía. Arribaben del atre costat de los vidres rumós humildes. Algú agranabe furiosamen, y se sentíe la granera seca contra les pedres, y una veu que cridáe: - María.... Marieta.... prop de la finestra entreuberta un saltamontes o llangosto pessigat entre les rametes de un abret tratabe de escapá, y se movíe desesperadamen. Mes lluñ, cap a la plassa, relinchabe un potro. "Éixe té que sé - va pensá Mossen Millán - lo potro de Paco lo del Molí, que va, com sempre, solt per lo poble. Lo retó seguíe pensán que aquell potro, per los carrés, ere una alusió constán a Paco y al record de la seua mort. En los colses als brassos del sillón y les mans crusades sobre la cassulla negra bordada de or, seguíe resán. Sincuanta un añs repetín aquelles orassions les habíe fet automátiques y podíe ficá lo pensamén a un atra part sense dixá de resá. Y la seua imaginassió vagabe per lo poble. Esperabe que los parens del difún acudiríen. Estabe segú de que vindríen - no podíen faltá - tratánse de una missa de réquiem, encara que la díe sense que dingú lay haguere encarregat. Tamé esperabe Mossen Millán que vingueren los amics del difún. Pero aixó fée dudá al retó. Casi tota la aldea habíe sigut amiga de Paco, menos les dos families mes adinerades: don Valeriano y don Gumersindo. La tersera familia rica, la del siñó Cástulo Pérez, no ere ni amiga ni enemiga. Lo escolanet entrabe, agarrabe una campaneta que ñabíe a un racó y, aguantán lo batall pera que no sonare, anabe a eixí cuan Mossen Millán li va preguntá:

- ¿Han vingut los parens?

- ¿Quíns parens? - va preguntá lo escolanet.

- No sigues sompo. ¿No ten enrecordes de Paco lo del Molí?

- Ah, sí, siñó. Pero no se veu a dingú a la iglesia, encara.

Lo chic va eixí un atra vegada al presbiterio pensán en Paco lo del Molí. ¿No habíe de recordál? Lo va vore morí, y después de la seua mort la gen va traure un romans. Lo escolanet sen sabíe algúns trossos: assó de plorá no ere verdat, perque lo escolanet va vore a Paco, y no plorabe. "Lo vach vore" se díe en los atres desde lo coche del siñó Cástulo, yo portaba la bossa en la extremaunsió pera que Mossen Millán los ficare als morts lo sanoli al peu. Lo escolanet anabe y veníe en lo romans de Paco a les dens.

Sense donassen cuenta acomodabe les seues passes al compás de la cansó: assó del senturió li pareixíe al escolanet mes be cosa de Semana Santa y de los passos de la orassió del hort de Getsemaní o dels olivés. Per les finestres de la sacristía arribabe ara una auló de herbes cremades, y Mossen Millán, sense dixá de resá, sentíe en eixa auló les añoranses de la seua propia juventut. Ere vell, y estabe arribán - se díe - an eixa edat a la que la sal ha perdut lo seu gust, com diu la Biblia. Resáe entre dens en lo cap apoyat an aquell puesto del muro aon a través del tems se habíe format una taca fosca.

Ahí va Paco del Molí,

que ya ha sigut sentensiat,

plore per la seua vida

pel caminet del fossá ...
y cuan arribe a la tapia

lo senturió´l va pará...

Entrabe y eixíe lo escolanet en la pértiga de ensendre los siris, les vinagreres y lo missal.

- ¿Ña gen a la iglesia? - preguntabe un atra vegada lo mossen.

- No, siñó.

Mossen Millán se díe: es pronte. Ademés, los llauradós no han acabat les faenes de la trilla. Pero la familia del difún no podíe faltá. Seguíen sonán les campanes que als funerals eren lentes, distansiades y graves. Mossen Millán estirabe les cames. Les puntes de les seues sabates assomaben deball del alba y damún de la estera de espart. L´alba estabe desfilagarchada per lo remat. Les sabates teníen lo cuero esgarrat per lo puesto aon se doblegaben al caminá, y lo mossen va pensá: tindré que enviáles a apañá. Lo sabaté ere nou a la aldea. Lo anterió no anabe a missa, pero traballabe pera lo mossen en mol esmero, y li cobrabe menos. Aquell sabaté y Paco lo del Molí habíen sigut mol amics. Recordabe Mossen Millán lo día que va batejá a Paco an aquella mateixa iglesia. Lo matí del batech se va presentá gelat y dorat, un de eixos matíns en que la grava del riu que habíen ficat a la plassa durán lo Corpus, cruixíe de fred daball dels peus. Anabe lo chiquet en brassos de la padrina, embolicat en un ric mantellet, y cubert per un manto de rasso blang, bordat en seda blanca, tamé. Los lujos de los llauradós són pera los actes sacramentals. Cuan los del batech entraben a la iglesia, les campanes menudes doblaben alegremen. Se podíe sabé si anaben a batejá a un chiquet o a una chiqueta. Si ere chiquet, les campanes - una en un to mes alt que l´atra - díen: no es nena, que es nen; no es nena, que es nen. Si ere chiqueta cambiaben un poc, y díen: no es nen, que es nena; no es nen, que es nena. La aldea estabe prop de la raya de Lérida - Lleida - Leyda - Ilerda, y los llauradós féen aná a vegades paraules del dicsionari lleidatà - català. Al arribá los del batech se va sentí a la plassa un abalot de chiquets, com sempre. Lo padrí portáe una bossa de papé de la que traíe peladilles y caramelos. Sabíe que, de no féu, los chics ressibiríen als del batech cridán a coro frasses pera lo ressién naixcut, aludín als seus bolqués o pañals y a si estaben secs o amerats.

Se sentíen rebotá les peladilles contra les portes y finestres y a vegades contra los caps de los mateixos sagals, que no perdíen lo tems queixánse. A la torre les campanes menudes seguíen tocán: no es nena, que es nen, y los llauradós entraben a la iglesia, aon esperabe Mossen Millán ya revestit. Recordabe lo retó aquell acte entre sentenás de atres perque habíe sigut lo batech de Paco lo del Molí. Ñabíen varies persones vestides de dol, de negre, y series. Les dones en mantilla o mantón negre, los homens en camisa. A la capella bautismal la pila sugeríe misteris antics.

Mossen Millán habíe sigut invitat al diná en la familia. No van ñabé grans extrems perque les festes del ivern solíen sé mes fluixes que les del estiu. Recordabe Mossen Millán que damún de una taula ñabíe un paquet de veles risades y adornades, y que a un extrem de la habitassió estabe la cuneta del chiquet. Al seu costat, la mare, de cap menut y pit unflat, en eixa serenidat majestuosa de les que acaben de parí. Lo pare ateníe als amics. Un dells se arrimabe a la cuna, y preguntabe: - ¿Es ton fill? - Home, no u sé - va di lo pare acusán en una tranquila sorna lo obvio de la pregunta - . Al menos, de la meua dona sí que u es. Después va soltá la carcañada. Mossen Millán, que estabe lligín lo seu grimorio, va alsá lo cap: - Home, no sigues bruto. ¿Qué traus en eixes bromes?

Les dones sen enríen tamé, espessialmén la Jerónima - comadrona y saludadora -, que en aquell momén li portáe a la mare un caldo de gallina vella y una tassa de moscatell. Después destapáe al chiquet, y se ficáe a cambiáli lo vendaje del meliquet.

- Vaya, sagal. Segú que no te fotrán fora del ball - díe aludín al volumen de los seus atributs masculíns. La padrina repetíe que durán lo batech lo chiquet habíe tret la llengua pera replegá la sal, y de aixó deduíe que tindríe grássia y atractiu en les dones. Lo pare del chiquet anabe y veníe, y se parabe a vegades pera mirá al ressién naixcut: "¡Quína cosa es la vida! Hasta que va naixe este crío, yo era sol lo fill de mon pare. Ara soc, ademés, lo pare de mon fill". - Lo món es redó, y rode - va di en veu alta.
Estabe segú Mossen Millán de que serviríen al banquete perdiu adobada. An aquella casa ne solíen tíndre. Cuan va sentí la seua auló al aire, se va eixecá, se va arrimá a la cuna, y va traure del seu breviari un escapulari menudet que va dixá deball del cuixí del chiquet. Mirabe lo mossen al chiquet sense dixá de resá: ad perpetuam rei memoriam... Lo chiquet pareixíe donássen cuenta de que ere lo sentro de aquella selebrasió, y sonreíe adormidet. Mossen Millán se apartabe pensán: "¿De qué pot sonriure?". U va di en veu alta, y la

Jerónima va comentá:

- Es que ensomie en rius de lleiteta calenteta. Los diminutius de lleit y calenta resultaben una mica extrañs, pero tot lo que díe la Jerónima ere sempre aixina.

Cuan van arribá los que faltaben, va escomensá lo diná. Un dels capsals lo va ocupá lo felís pare. La yaya va di al indicáli al retó lo costat contrari: - Aquí l´atre pare, Mossen Millán. Lo mossen li va doná la raó a la agüela: lo chic habíe naixcut dos vegades, una al món y l´atra a la iglesia. De este segón naiximén lo pare ere lo mossen de la parroquia. Mossen Millán se servíe poc minjá, reservánse pera les perdius.

Vintissís añs después sen enrecordabe de aquelles perdius, y en dijú, antes de la missa, persibíe les aulós de all, vinagre y oli de oliva. Revestit y sentín les campanes, dixáe que per un momén lo record se extinguire. Mirabe al escolanet. Éste no sabíe tot lo románs de Paco, y se quedabe a la porta en un dit doblegat entre les dens tratán de recordá:
... ya los porten, ya los porten, lligats los tres bras en bras.

Lo escolanet teníe presén la escena, que va sé sangrienta y plena de estampits.

Tornáe a recordá lo mossen la festa del batech mentres lo escolanet per di algo repetíe:

- No sé qué passe avui que no ve dingú a la iglesia, Mossen Millán.
Lo mossen habíe ficat la crisma al clatellet de Paco, a la seua tendra nuca que formabe dos arruguetes contra la esquena. "ara - pensabe - está ya aquell clatell daball de terra, pols al pols". Tots habíen mirat al chiquet aquell matí, sobre tot lo pare, felisos, pero en serta terbolina a la expresió. Res mes misteriós que un ressién naixcut.

Mossen Millán recordabe que aquella familia no habíe sigut may mol devota, pero cumplíe en la parroquia y conservabe la costum de fé a la iglesia dos regalos cada añ, un de llana y l´atre de blat o formén, al agost. "U féen mes per tradissió que per devossió - pensabe Mossen Millán -, pero u faien." En cuan a la Jerónima, ella sabíe que lo mossen no la veíe en bons ulls. A vegades la Jerónima, pel seu ofissi y les seues charrades - o dichos, com ella díe -, revolussionabe una mica les aigües manses de la aldea. Solíe resá la Jerónima extrañes orassións pera esbarrá les pedregades y evitá les inundassións, y en aquella que acababe dién: San just, san fort, san inmortal - guárdamos, siñó, de tot mal, afegíe una frasse latina que sonabe com una obsenidat, y lo seu verdadé sentit no lo va pugué may dessifrá lo mossen. Ella u fée inossenmen, y cuan lo mossen li preguntabe de aón habíe tret aquell latinajo, díe que lo habíe heredat de sa yaya. Estabe segú Mossen Millán de que si anabe al bressol del chiquet, y eixecabe lo cuixí, trobaríe algún amuleto. Solíe la Jerónima ficá cuan se tratabe de chiquets una estisora menuda uberta en creu pera protegíls de ferida de ferro - de saña de fiarro, díe ella -, y si se tratabe de chiquetes, una rosa que ella mateixa habíe secat a la llum de la lluna pera donáles hermosura y evitáles les menstruassións difíssils.

Va ñabé un insidén que va produí serta alegría secreta a Mossen Millán. Lo meche de la aldea, un home jove, va arribá, va doná los bons díes, se va traure les ulleres pera llimpiáles - se li habíen empañat al entrá -, y se va arrimá a la cuna. Después de reconeixe al crío li va di serio a la Jerónima que no tornare a tocá lo melic del ressién naixcut ni a cambiáli la faixeta. U va di secamen, y lo que ere pijó, dabán de tots. Lo van sentí hasta los que estaben a la cuina. Com ere de suposá, al marchá lo dotó, la Jerónima va escomensá a desahogás. Va di que en los meches vells may habíe tingut paraules, y que aquell jovenet creíe que sol la seua siénsia valíe, pero dísme de lo que presumixes, y te diré lo que te falte. Aquell dotoret teníe mes fums y maneres que siénsia. Va tratá de malquistá al meche en los homens casats. ¿No habíen vist cóm entrabe per les cases de rondón, y sense cridá, y sen anabe directe cap a la alcoba, encara que la femella de la familia estiguere allí vestinse? Mes de una habíe sigut sorprenguda en cubrecorsé o en enagües. ¿Y qué féen les pobres? pos res. Cridá y corre cap a un atre cuarto. ¿Eren maneres aquelles de entrá a una casa un home solté y sense parella? Eixe ere lo meche. Seguíe parlán la Jerónima, pero los homens ya no la escoltaben. Mossen Millán va intervindre: - Calla, Jerónima - va di -. Un meche es un meche. - La culpa - va di algú - no es de la Jerónima, sino de la engerra.

Los llauradós parlaben de coses referéns al treball. Lo blat apuntabe be, los plantés y llaós de les hortalises anaben creixén, y a la primavera siríe un goch sembrá los melonás, lo ensiam y la esquirola. Mossen Millán, cuan va vore que la conversasió afluixabe, se va ficá a parlá contra les superstisións. La Jerónima escoltabe en silénsio. Parlabe lo mossen de les coses mes graves en giros de la terra. Díe que la Iglesia se alegrabe tan

de aquell naiximén com los mateixos pares, y que se habíe de alluñá del chiquet les superstisións, que són cosa del dimoni, y que podríen féli mal lo día de demá. Va afegí que lo chic siríe auncás un nou Saulo pera la Cristiandat. - Lo que vull yo es que adeprengue a ajustás los calsonsillos, y que sigue un bon mayoral pa llaurá - va di lo pare. Va riure la Jerónima pera molestá al retó. Después va di: - Lo chic sirá lo que tingue que sé. Consevol cosa, menos retó -. Mossen Millán la va mirá extrañat: - Qué bruta eres, Jerónima. - En aquell momén va arribá algú buscán a la ensalmadora. Cuan ésta habíe eixit, Mossen Millán se va dirigí al bressol del chiquet, va alsá lo cuixí, y va trobá deball un clau o tacha y una claueta formán una creu. Los va traure, los hi va entregá al pare, y va di: "¿Vosté veu?". Después va resá una orassió. Va repetí que lo menut Paco, encara que fore un día mayoral, ere fill espiritual seu, y debíe cuidá de la seua alma. Ya sabíe que la Jerónima, en les seues superstisións, no podíe fé mol mal, pero tampoc fée cap be. Mol mes tart, cuan Paquito va sé Paco, y va eixí de quintes, y cuan va morí, y cuan Mossen Millán tratabe de di la missa de aniversari, vivíe encara la Jerónima, encara que ere tan agüeleta, que sol díe tonteríes, chochejabe y no li féen cas. Lo escolanet de Mossen Millán estabe a la porta de la sacristía, y assomabe lo nas de cuan en cuan pera bachillejá per la iglesia, y díli al retó:

- Encara no ha vingut dingú.

Alsabe les selles lo mossen pensán: "No u compreng". Tota la aldea volíe a Paco. Menos don Gumersindo, don Valeriano y pot sé lo siñó Cástulo Pérez. Pero de los sentiméns de este radé dingú podíe está segú. Lo escolanet tamé se parlabe an ell mateix diénse lo románs de Paco.
Les llums anaben pe'l monte

y les sombres per lo saso....
Mossen Millán va tancá los ulls, y va esperá. Recordabe algúns detalls nous de la infánsia de Paco. Volíe al mosso, y lo chiquet lo volíe an ell tamé. Los chics y los animals volen a qui los vol. Als sis añs fée fuineta, es di, se escapabe ya de casa, y se ajuntáe en datres sagals. Entrabe y eixíe per les cuines de los veíns. Los llauradós seguixen lo vell proverbi: al fill del teu veí llímpiali los nassos y embutixlo a casa teua. Tindríe Paco algo mes de sis añs cuan va aná per primera vegada a escola. La casa del retó estabe prop, y lo chic anabe de tarde en tarde a vórel. Lo fet de que fore per

voluntat propia conmovíe al retó. Li donabe al mosso estampes de colós. Si al eixí de casa del retó lo chic se trobabe en lo sabaté, éste li díe:

- Ya vech que eres mol amic de Mossen Millán.

- ¿Y vosté no? - preguntabe lo chic.

- ¡Oh! - díe lo sabaté, evasiu -. Los mossens són la gen que treballe mes al món pera no traballá. Pero Mossen Millán es un san. Aixó radé u díe en una venerassió exagerada pera que dingú puguere pensá que parlabe en serio. Lo menut Paco anabe fen los seus descubriméns a la vida. Va trobá un día al retó a la abadía cambiánse de sotana, y al vore que deball portáe pantalóns, se va quedá extrañat y sense sabé qué pensá. Cuan veíe Mossen Millán al pare de Paco li preguntabe per lo chiquet fen aná una expresió afalagadora: - ¿Aón está lo hereu?

Teníe son pare de Paco un gos arguellat y malcarat, que se díe Komtú. Los llauradós traten als seus cans en indiferénsia y crueldat, y es, sense cap duda, la raó per la que eixos animals los adoren.
A vegades lo gos acompañabe al chic a la escola. Caminabe al seu costat sense féli alifares y sense alegría, protegínlo en la seua presénsia. Paco anáe per entonses mol atrafegat tratán de convense al gos de que lo gat de la casa tamé teníe dret a la vida.
Lo gos no u enteníe aixina, y lo pobre gat va tindre que escapás al monte. Cuan Paco va voldre recuperál, son pare li va di que ere inútil perque les alimañes salvaches lo hauríen matat ya.

Los ducs, búhos reals, no solen tolerá que ñague al monte datres animals que puguen vore a la oscurina, com ells. Perseguíen als gats, los mataben y sels minjaben. Desde que va sabé assó, la nit ere pera Paco misteriosa y fae po, y cuan se gitabe parabe be la orella volén escoltá los sorolls de fora. Si la nit ere de los mussols, ducs, caros, chutes u ólipes, lo día perteneixíe als chics, y Paco, als set añs, ere bastán revoltós. Les seues preocupassións y temós durán la nit no li impedíen reñí al eixí de escola. Ere ya per entonses una espéssie de escolanet auxiliá o suplén. Entre los tessoros de los chics de la aldea ñabíe un vell revólver en lo que especulaben de tal modo, que may estabe mes de una semana a les mateixes mans. Cuan per alguna raó - per habél guañat an algún joc o cambalaches - lo teníe Paco, no se separabe de ell, y mentres ajudabe a missa lo portáe a la sintura daball del roquete. Una vegada, al cambiá lo missal y fé la genuflexió, va rellissá l´arma, y va caure a la tarima en una sorollina mol gran. Un momén se va quedá allí, y los dos escolanets se van aviá damún della. Paco va espentá al atre, y va agarrá lo seu revólver. Se va arremangá la sotana, sel va guardá a la sintura, y va contestá al mossen: - Et cum spiritu tuo. - Va acabá la missa, y Mossen Millán va cridá a capítul a Paco, lo va renegá y li va demaná lo revólver. Entonses ya Paco lo habíe amagat detrás del altá. Mossen Millán va registrá al chic, y no li va trobá res. Paco se limitabe a negá, y no lo hagueren tret de les seues negatives tots los verdugos de la antiga Inquissisió. Al final, Mossen Millán se va doná per vensut, pero li va preguntá: 

- ¿Pera qué vols eixe revólver, Paco? ¿A quí vols matá? - A dingú. - Va afegí que lo portáe pera evitá que lo faigueren aná datres chics pijós que ell. Esta eixida va assombrá al retó. Mossen Millán se interessabe per Paco pensán que sons pares eren poc religiosos. Creíe lo mossen que atraén al fill, igual atrauríe als demés de la familia. Teníe Paco set añs cuan va arribá lo obispo, y va confirmá als chics de la aldea. La figura del prelat, que ere un agüelo de pel blang y alta estatura, va impressioná a Paco. En la seua mitra, la seua capa pluvial y lo báculo dorat, li donabe al chiquet la idea aproximada de lo que teníe que sé Deu als sels. Después de la confirmassió va parlá lo obispo en Paco a la sacristía. Lo obispo li díe galopín. May habíe sentit Paco aquella paraula. La conversa va sé aixina:

- ¿Quí es este galopín? -

- Paco, pera serví a Deu y a la seua ilustríssima. -

Lo chic habíe sigut alecsionat. Lo obispo, mol afable, seguíe preguntánli:

- ¿Qué vols sé tú de gran? ¿retó?

- No, siñó.

- ¿General?

- No, siñó, tampoc. Vull sé llauradó, com mon pare.

Lo obispo sen enríe. Veén Paco que teníe éxit, va seguí parlán:

- Y tindre tres parells de mules, y eixí en elles per lo carré majó dién: ¡Tordillaaa Capitanaaa, oxiqué me ca....!

Mossen Millán se va assustá, y li va fé en la ma un gesto indicán que callare. Lo obispo sen enríe. Aprofitán la emossió de aquella visita del obispo, Mossen Millán va escomensá a prepará a Paco y a datres mossets pera la primera comunió, y al mateix tems va dessidí que ere milló fes cómplice de les picardietes de los sagals que censuráls. Sabíe que Paco teníe lo revólver, y no habíe tornat a parláli de ell. Se sentíe Paco segú a la vida. Lo sabaté lo mirabe a vegades en serta ironía - ¿per qué? -, y lo meche, cuan anabe a casa seua, li díe: - Hola, Cabarrús.

Casi tots los veíns y amics de la familia li guardaben a Paco algún secreto: la notíssia del revólver, un vidre trencat a una finestra, lo furt de algunes aumostades de sireres a un hort. Lo mes importán encubrimén ere lo de Mossen Millán. Un día va parlá lo mossen en Paco de coses difíssils perque Mossen Millán li enseñabe a fé examen de consiénsia desde lo primé manamén hasta lo déssim. Al arribá al sexto, lo mossen va dudá un momén, y va di, per fí: - Pással per alt, perque tú no tens pecats de eixa classe encara.

Paco va está cavilán, y va suposá que se deuríe referí a la relassió entre homens y dones. Anabe Paco assobín a la iglesia, encara que sol ajudabe a missa cuan féen falta dos escolanets. A la época de Semana Santa va descubrí grans coses. Durán aquells díes tot cambiabe al templo. Les imaches les tapaben en draps coló violeta, lo altá majó quedabe tapat tamé detrás de una enorme tela malva, y una de les naves ere transformada en un extrañ puesto ple de misteri. Ere lo monumén. La part anterió teníe acsés per una ampla escalinata cuberta de alfombra negra. Al peu de eixes escales, sobre un cuixí gran y blang de rasso estabe gitat un crucifijo de metal cubert en tela violeta, que formabe una figura romboidal sobre los extrems de la creu. Per deball del rombo assomabe la basse, treballada. Los fiels se arrimaben, se aginollaben, y la besaben. Al costat una gran bandeja en dos o tres monedes de plata y moltes mes de cobre. A les sombres de la iglesia aquell puesto silensiós e iluminat, en les escales plenes de candelabros y siris ensesos, li donabe a Paco una impresió de misteri. Deball del monumén, a un puesto invissible, dos homens tocaben en flautes de caña una melodía mol trista. La melodía ere curta y se repetíe hasta lo infinito durán tot lo día. Paco teníe sensassións contradictories mol fortes. Durán lo Dijous y lo Divendres San no sonaben les campanes de la torre. En ves de campanes se sentíen les matraques y carraus. A la bóveda del campanari ñabíen dos enormes silindros de fusta cuberts de fileres de masses. Al girá lo silindro, les masses matraquejaben la fusta. Tota aquella maquinaria estabe damún de les campanes, y teníe un eje empotrat a los dos muros del campanari, y engrassat en pez. Eixes matraques gigáns produíen un soroll de ossos sacsats. Los escolanets teníen dos matraquetes de ma, y les féen soná a la missa. Paco mirabe y sentíe tot alló maravillat. Lo intrigaben sobre tot les estatues que se veíen als dos costats del monumén. Éste pareixíe lo interió de una inmensa cámara fotográfica en lo fuelle estés. La turbassió de Paco prossedíe del fet de habé vist aquelles imaches plenes de pols y desnassades a una esgorfa del templo aon amuntonaben los trastes vells. Ñabíen tamé allí cames de cristos desapegades dels cossos, estatues de mártirs despullats patín. Caps de ecce homos llagrimosos, draps de veróniques penjats del muro, trípodes fets en llistóns de fusta que teníen un busto de dona a dal, y que, cuberts per un manto en forma cónica, se convertíen en Nostra Siñora de los Desamparats. Lo atre escolanet - cuan estaben los dos a la algorfa - exagerabe la seua familiaridat en aquelles figures. Se ficáe a caball de un de los apóstols, y li fotíe cops al cap en los nuguets o nudillos pera vore - díe - si ñabíen ratolíns; li ficabe a un atre un paperet enrollat a la boca com si estiguere fumán o pipán, anabe al costat de San Sebastián, y li arrencabe los dardos del pit pera tornálsi a ficá, cruelmen. Y a un racó se veíe lo túmulo funeral o que se fée aná a les misses de difúns, cubert de draps negres gotejats de sera, mostrabe als cuatre costats una calavera y dos tibies crusades. Ere un puesto a dins del que se amagabe l´atre escolanet, a vegades, y cantabe coses irreveréns. Lo Dissapte de Gloria, per lo matí, los chics anaben a la iglesia portán massetes de fusta que teníen guardades tot lo añ pera aquell fí. Anaben - quí podríe suposáu - a matá judíos. Pera evitá que trencaren los bangs, Mossen Millán fée ficá lo día anterió tres llargs taulóns tombats prop del atrio. Se suponíe o suposabe que los judíos estaben a dins, lo que no ere pera les imaginassións infantils massa suposá. Los chics se assentaben detrás y esperaben. Al di lo mossen als ofissis la paraula resurrexit, escomensaben a fotre cops y se fee una tabalina tremenda, que durabe hasta lo canto del aleluya y lo primé volteo de campanes. Eixíe Paco de la Semana Santa com convalessién de una enfermedat. Los ofissis habíen sigut sensassionals, y teníen noms extrañs: les tiniebles o tenebres, lo sermó de les set paraules, y del beset de Judas, lo de los vels esgarrats. Lo Dissapte de Gloria solíe sé com la reconquista de la llum y la alegría. Mentres doblaben les campanes a la torre - después del silénsio de tres díes - la Jerónima agarrabe pedretes de la glera del riu perque díe que ficánseles a la boca aliviaríen lo mal de quixals.

Paco anabe entonses a casa del retó en atres chics, que se preparaben tamé pera la primera comunió. Lo mossen los instruíe y los aconsellabe que an aquells díes no faigueren maleses. No teníen que reñí ni aná al llavadó públic, lo carassol, aon les dones parlaben massa libremen. Los chics sentíen desde entonses una curiosidat mes viva, y si passaben prop dels rentadós paraben be la orella. Parlán los chics entre ells de la comunió, inventaben perills extrañs y díen que al combregá ere nessessari obrí mol la boca, perque si la hostia consagrada tocabe les dens, lo combregadó caíe mort, y sen anabe dret cap al infern. Un día, Mossen Millán li va demaná al escolanet que lo acompañare a portá la extremaunsió a un dolén grave. Van aná a les afores del poble, aon ya no ñabíen cases, y la gen vivíe a unes coves ubertes a la roca. Se entrabe an elles per un forat rectangulá que teníe al voltán una senefa encalada.

Paco portáe penjada del muscle una bossa de vellut aon lo mossen habíe ficat los objectes litúrgics. Van entrá acachán lo cap y pateján en cuidado. Ñabíe a dins dos cuartos en lo terra de lloses de pedra mal ajustades. Estabe ya oscurín, y al cuarto primé no ñabíe llum. Al segón se veíe sol un cresolet de oli. Una agüeleta, vestida en draps, los va ressibí en un cap de vela ensés. Lo techo de roca ere mol baixet, y encara que se podíe está de peu, lo mossen acacháe lo cap per precaussió. No ñabíe datra ventilassió que la de la porta de fora. La agüela teníe los ulls secs y una expresió de fatiga y de espán gelat. A un racó ñabíe un camastro de taules, y an ell estabe lo dolén. Lo mossen no va di res, la dona tampoc. Sol se sentíe un ronquit acompassat, bronco y persistén, que eixíe del pit del dolén. Paco va obrí la bossa, y lo mossen, después de ficás la estola, va aná traén trossets de estopa y una engerreta en oli, y va escomensá a resá en latín.
La agüela escoltabe en la vista cacha an terra y lo cap de vela a la ma. La silueta del dolén - que teníe lo pit mol eixecat y lo cap mol cacho - se proyectabe al muro, y consevol movimentet del siri fée moures a la sombra. Va descubrí lo mossen los peus del dolén. Eren grans, secs, en cribasses, peus de llauradó. Después va aná al capsal. Se veíe que lo agonisán ficabe tota la energía que li quedabe en aquella horrible faena de respirá. Los estertós eren mes broncos y mes frecuéns. Paco veíe dos o tres mosques que 
revolotejaben per la cara del dolén, y que a la llum teníen reflejos de metal. Mossen Millán va fé les unsións als ulls, al nas, als peus. Lo dolén no sen donabe cuenta. Cuan va acabá lo mossen, li va di a la dona: - Deu lo ressibixque al seu costat. -

La agüela callabe. Li tremolabe a vegades la barbilla, y en aquella tremoló se persibíe lo os de la mandíbula o barra deball de la seua pell arguellada. Paco seguíe mirán per tot arreu. No ñabíe llum, ni aigua, ni foc. Mossen Millán teníe pressa de eixí, pero u dissimulabe perque aquella pressa li pareixíe poc cristiana. Cuan van eixí, la dona los va acompañá hasta la porta en lo siri ensés. No se veíen per allí mes mobles que una cadira desnivellada apoyada contra lo muro. Al cuartet de fora, a un racó y an terra ñabíen tres pedres afumades y un poc de sendra freda. A una estaca clavada al muro, una jaqueta vella. Lo mossen pareixíe aná a di algo, pero va callá. Van eixí. Ere ya de nit, y allá dal se veíen les estrelles o los estels o estrels. Paco va preguntá:

- ¿Eixa gen es pobra, Mossen Millán?

- Sí, fill.

- ¿Mol pobra?

- Mol.

- ¿La mes pobra del poble?

- Quí sap, pero ñan coses pijós que la pobresa. Són desgrassiats per atres raóns.

Lo escolanet veíe que lo mossen contestabe en desgana.

- ¿Per qué? - va preguntá.

- Tenen un fill que podríe ajudáls, pero hay sentit di que está a la gábia o presó.

- ¿Ha matat an algú?

- Yo no u sé, pero no me extrañaríe.

Paco no podíe está callat. Caminabe a fosques per terreno desigual. Recordán al dolén lo escolanet va di:

- Se está morín perque no pot alená. Y ara mon anem, y se quede allí sol.

Caminaben. Mossen Millán pareixíe mol cansat. Paco va afegí - Bueno, en la seua dona. Menos mal.

Hasta les primeres cases ñabíe un bon tros. Mossen Millán li va di al chic que la seua compasió ere virtuosa y que teníe bon cor. Lo chic va preguntá encara si no anabe dingú a vórels perque eren pobres o perque teníen un fill a la presó y Mossen Millán volén tallá lo diálogo interrogatori va assegurá que de un momén al atre lo agonisán se moriríe y pujaríe al sel aon siríe felís. Lo chic va mirá los estels.

- Son fill no té que sé mol roín, pare Millán.

- ¿Per qué?

- Si fore roín, sons pares tindríen dinés. Robaríe.

Lo mossen no va voldre contestá. Y seguíen caminán.

Paco se sentíe felís anán en lo mossen. Sé lo seu amic li donabe autoridat encara que no podríe di de quína forma. Van seguí caminán sense torná a parlá, pero al arribá a la iglesia Paco va repetí una vegada mes:

- ¿Per qué no va a vórel dingú, Mossen Millán?

- ¿Qué importe assó, Paco? Lo que se mor, ric o pobre, sempre está sol encara que vaiguen los demés a vórel. La vida es aixina y Deu que la ha fet sap per qué.

Paco sen enrecordabe de que lo dolén no díe res. La dona tampoc. Ademés lo dolén teníe los peus de fusta com los de les creus trencades y abandonades al perchi de la iglesia.

Lo mossen guardabe la bossa de los óleos u olis. Paco va di que anabe a avisá als veíns pera que anaren a vore al dolén y ajudá a la seua dona. Aniríe de part de Mossen Millán y aixina dingú se negaríe. Lo mossen li va advertí que lo milló que podíe fé ere anássen a casa seua. "Cuan Deu permitix la pobresa y lo doló - va di - es per algo."

- ¿Qué pots fé tú? - va afegí -. Eixes covaches que has vist són misserables pero ne ñan de pijós a datres pobles. Mich convensut, Paco sen va aná cap a casa seua, pero durán lo sopá va parlá dos o tres vegades mes del agonisán y va di que a la seua covacha no teníen ni una mica de lleña pera fé foc. Los pares callaben. La mare anabe y veníe. Paco díe que lo pobre home que se moríe no teníe ni un madalap ni márfega y que estabe gitat damún de unes taules. Lo pare va dixá de tallá pa y lo va mirá. - Es la radera vegada - va di - que vas en Mossen Millán a doná la unsió a dingú. Encara lo chic va parlá de que lo dolén teníe un fill presidiari, pero que no ere culpa del pare. - Ni del fill tampoc.

Paco va está esperán a que lo pare diguere algo mes, pero se va ficá a parlá de atres coses. Com a totes les aldees, ñabíe un puesto a les afores que los llauradós díen lo carassol, a la basse de una cortina de roques que donaben al michdía. Ere calentet al ivern y fresquet al estiu. Allí anaben les dones mes pobres - generalmen ya agüeles - y cusíen, filaben, charráen de lo que passáe al món.

Durán lo ivern aquell puesto estabe sempre de gom a gom. Alguna agüela pentinabe a la seua neta. La Jerónima, al carassol, estabe sempre alegre, y la seua alegría se contagiabe o apegabe a les atres. A vegades, sense mes ni mes, y cuan lo carassol estabe aburrit, se ficabe ella a ballá sola, seguín lo compás de les campanes de la iglesia.

Va sé ella qui va portá la notíssia de la piedat de Paco per la familia agonisán, y va parlá de la ressisténsia de Mossen Millán a donáls ajuda - aixó mol exagerat pera fé efecte - y de la prohibissió del pare del chic. Segóns ella, lo pare habíe dit a Mossen Millán:

- ¿Quí es vosté pera emportás al chic a doná la unsió?

Ere mentira, pero al carassol se creíen tot lo que la Jerónima díe. Ésta parlabe en respecte de molta gen, pero no de les famílies de don Valeriano y de don Gumersindo.

Vintintrés añs después, Mossen Millán recordabe aquells fets, y suspirabe daball de les seues robes, esperán en lo cap apoyat al muro - al puesto de la taca fosca - lo momén de escomensá la missa. Pensabe que aquella visita de Paco a la cova va influí mol en tot lo que habíe de passáli después. "Y va vindre en mí. Yo lo vach portá", afegíe un poc apocadet. Lo escolanet entrabe a la sacristía y díe:

- Encara no ha vingut dingú, Mossen Millán.

U va repetí perque en los ulls tancats, lo mossen pareixíe no sentíl. Y ressitabe pera nell lo escolanet atres parts del románs tal com les recordabe:
... Lo buscaben per los montes,

encara no l´han trobat;

a casa seua anaben en gossos

pera que prengueren lo flat;

ya ventejen, ya ensumen

les robes velles de Paco.

Se sentíen encara les campanes. Mossen Millán tornabe a recordá a Paco. "Pareix que ere ahí cuan va pendre la primera comunió. "Poc después lo chic se va ficá a creixe, y en tres o cuatre añs se va fé casi tan gran com son pare. La gen, que hasta entonses lo cridáe Paquito, va escomensá a díli Paco lo del Molí. Son rebisyayo habíe tingut un molí que ya no molíe, y que empleaben pera almassén de gra, com lo molí de Lillo a La Fresneda, Teruel. Teníe tamé allí un ramadet de cabres. Una vegada, cuan van criá les cabres, casi totes bessoneres, Paco li va portá a Mossen Millán un cabridet o chotet, que se va quedá triscán per lo hort de la abadía.

Poc a poc sen va aná alluñán lo mosso de Mossen Millán. Casi may sel trobabe per la carrera, y no teníe tems pera aná ex profeso o aposta a vórel. Los domenges anabe a missa - al estiu faltabe alguna vegada -, y pera Pascua se confessabe y combregabe, cada añ.

Encara que imberbe encara, lo chic imitabe les maneres de los adultos. No sol anabe al llavadó y escoltabe les converses de les mosses, sino que a vegades elles li díen picardíes y alguna cosa crúa, y ell responíe en bravura. Lo puesto aon anaben a rentá les mosses se díe la plassa del aigua, y ere, efectivamen, una gran plassa ocupada en dos terseres parts per una bassa bastán fonda. A les tardes calentes del estiu algúns mossos anaben a nadá allí completamen en pilota, despullats. Les rentadores féen vore que se escandalissáen, pero sol de labios cap afora. Los seus crits, les seues risses y les frasses que intercambiaben en los mossos mentres a la alta torre crotoraben les sigüeñes, revelaben una alegría primitiva. Paco lo del Molí va aná una tarde allí, y durán mes de dos hores se va exhibí a gust entre les bromes de les rentadores. Li díen paraules provocatives, insults de femella en intensió afalagadora, y alló va sé com la inissiassió a la vida de los mossos soltés. Después de aquell insidén, sons pares li dixaben eixí de nit y torná cuan ya estaben gitats. A vegades Paco parlabe en son pare sobre cuestións de hacienda familiá. Un día van tindre una conversa sobre una materia tan importán com són los arrendaméns de pastures al monte y lo que eixos arriendos los costaben. Pagaben cada añ una suma a un vell duc que may habíe estat a la aldea, y que persibíe aquelles rentes de los llauradós de sing pobles veíns. Paco creíe que alló no ere cabal.

- Si es cabal o no, pregúntalay a Mossen Millán, que es amic de don Valeriano, lo administradó del duc. Ves y vorás en lo que te ix. Ingenuamen Paco lay va preguntá al retó, y éste li va di: - ¡Qué te importe a tú aixó, Paco!

Paco se va atreví a díli - lay habíe sentit a son pare - que ñabíe gen al poble que vivíe pijó que los animals, y que se podíe fé algo pera remediá aquella miseria.

- ¿Quína miseria? - va di Mossen Millán -. Encara ña mes miseria a datres puestos que aquí. Después lo va empendre per aná a nadá a la plassa del aigua dabán de les rentadores. En assó Paco va tindre que callá. Lo mosso anabe adquirín gravedat y solidés. Los domenges per la tarde, en los pantalóns nous de pana, la camisa blanca y lo chaleco ramejat y florit, anabe a jugá a les birles. Desde la abadía, Mossen Millán, lligín lo seu breviari, sentíe lo soroll de les birles chocán entre elles y les monedes de cobre caén an terra, aon les dixaben los mossos pera les apostes. A vegades se assomabe al balcó. Veíe a Paco tan creixcut, y se díe: "Ahí está. Pareix que va sé ahir cuan lo vach batejá". Pensabe lo mossen en tristesa que cuan aquells chics creixíen, se alluñáen de la iglesia, pero tornáen a arrimás al arribá a la vellesa per la amenassa de la mort. En lo cas de Paco la mort va arribá mol abáns que la vellesa, y Mossen Millán lo recordabe a la sacristía profundamen distret mentres esperabe lo momén de escomensá la missa. Sonaben encara les campanes a la torre. Lo escolanet va di:

- Mossen Millán, acabe de entrá a la iglesia don Valeriano. Lo mossen seguíe en los ulls tancats y lo cap apoyat al muro. Lo escolanet recordabe encara lo románs:
... a les pardines del monte
a Paco allí van trobá;
dónat, dónat a la justíssia,
o aquí mateix te matam.

Pero don Valeriano se assomabe ya a la sacristía. "En permís", va di. Vestíe com los siñós de la siudat, pero al chaleco portáe mes botóns que de ordinari, y una grossa cadena de or en varios dijes o relicaris penján que sonaben al caminá. Teníe don Valeriano lo fron estret y los ulls com si fugiren. Lo bigot o mostacho caíe per los costats, de modo que cubríe les comisures de la boca. Cuan parlabe de doná dinés fée aná la paraula dessembolso, que li pareixíe distinguida. Al vore que Mossen Millán seguíe en los ulls tancats sense féli cas, se va assentá y va di: - Mossen Millán, lo radé domenge va di vosté al púlpito que se teníe que olvidá. Olvidá no es fássil, pero aquí estic lo primé.

Lo mossen va afirmá en lo cap sense obrí los ulls. Don Valeriano, dixán lo sombrero a una cadira, va afegí: - Yo la pago, la missa. Díguem lo que val.

Va negá lo mossen en lo cap y va seguí en los ulls tancats. Recordabe que don Valeriano va sé un de los que mes van influí en lo desgrassiat final de Paco. Ere administradó del duc, y, ademés, teníe terres propies. Don Valeriano, satisfet de ell mateix, com sempre, tornabe a parlá:

- Ya dic, fora malquerénsies. En aixó soc com lo meu difún pare.

Mossen Millán sentíe al seu record la veu de Paco. Pensabe en lo día que se va casá. No se va casá Paco a segues, com atres mossos, en una explosió primerenca de dessich. Les coses se van fé desplay y be. Lo primé, la familia de Paco estabe preocupada per les quintes. La probabilidat de que, traén un número baix, tinguere que aná a la mili, los desvelabe a tots. Sa mare de Paco va parlá en lo mossen, y éste li va aconsellá demaná lo favor a Deu y meréixel en actes edificáns.

La mare va proposá a son fill que al arribá la Semana Santa anare a la professó del Divendres en un hábit de penitén, com féen atres, arrastrán als peus descalsos dos cadenes lligades als turmells. Paco se va negá. En añs anteriós habíe vist an aquells peniténs. Les cadenes que portaben lligades als peus teníen, al menos, sis metros de llarg, y sonaben damún de les lloses o la terra apissonada de una manera bronca y terrible. Algúns expiaben aixina quí sap quíns pecats, y portaben la cara descuberta per orde del retó, pera que tots los veigueren. Datres anaben simplemen a demaná algún don, y preferíen cubrís o tapás la cara. Cuan la professó tornabe a la iglesia, al tardet, los peniténs sanguejaben per los calcañás, y al fé avansá cada peu apoyaben lo cos sobre lo costat contrari y se belcaben com a besties baldades. Les cansóns de les beates en aquell rumor de ferros produíen un contraste mol raro. Y cuan los peniténs entraben al templo lo soroll de les cadenes ressonabe mes, daball de les bóvedes. Mentrestán, a la torre sonaben les matraques. Paco recordabe que los peniténs vells portaben sempre la cara descuberta. Les donotes, al vórels passá, díen en veu baixa coses tremendes.

- Mira - díe la Jerónima -. Ahí va Juan lo del carreró de Santa Ana, lo que va robá a la viuda del sastre. Lo penitén suábe y arrastrabe les seues cadenes. Atres dones se portaben la ma a la boca, y díen: - Éixe, Juan lo de les vaques, es lo que li va ficá a sa mare polvos de solimán pa heredála.

Son pare de Paco, tan indiferén a les coses de religió, habíe dessidit lligás les cadenes als turmells. Se va tapá en lo hábit negre y la capucha y se va señí a la sintura lo cordó blang. Mossen Millán no podíe compéndreu, y li va di a Paco:

- No té mérit lo de ton pare perque u fa pera no tindre que apalabrá o aparaulá un mayoral en lo cas de que tú tingues que anáten al servissi militar.

Paco li va repetí aquelles paraules a son pare, y ell, que encara se curabe en sal y vinagre les ñafres de los calcañás, va di: - vech que a Mossen Millán li agrade parlá mes de la cuenta. Per una raó u atra, lo fet va sé que Paco va traure al sorteo un dels números mes alts, y que la alegría desbordabe per casa, y teníen que dissimulála al carré pera no ferí en ella als que habíen tret números baixos.
Lo milló de la novia de Paco, segóns los aldeáns, ere lo treballadora que ere. Durán dos añs abáns de sé novios, Paco habíe passat día tras día al aná al campo frente a la casa de la chica. Encara que fore la primera hora del alba, la roba del llit ya estabe penjada a les finestres, y lo carré no sol agranat y llimpio, sino arruixat o regat y fresquet al estiu. A vegades veíe tamé Paco a la mossa. La saludabe al passá, y ella responíe. En estos dos añs lo saludo va aná fense un poc mes expresiu. Después van intercambiá paraules sobre coses del campo. Al febré, per ejemple, ella preguntabe:
- ¿Has vist ya les cogullades? - No, pero no tardarán - contestabe Paco - perque ya escomense a florí la argilaga.

¿Has vist ya les cogullades? - No, pero no tardarán - contestabe Paco - perque ya escomense a florí la argilaga.


ya escomense a florí la argilaga, archilaga, aliaga

Algún día, en la temó de no trobála a la porta o a la finestra abáns de arribá, se fée Paco presén cridán a les mules y, si alló no ere prou, cantán. Cap a la mitat del segón añ, ella - que se díe Águeda - lo mirabe ya de frente, y li sonreíe. Cuan ñabíe ball anabe en sa mare y sol ballabe en Paco. Mes tart va ñabé un insidén bastán sonat. Una nit lo alcalde va prohibí rondá al sabé que ñabíen tres rondalles diferentes y rivals, y que podríen saltá chispes y violénsia. A pesá de la prohibissió va eixí Paco en los seus, y la parella de la guardia sivil va disoldre la ronda, y lo va detindre an ell. Lo portaben a dormí a la presó, pero Paco va fotre ma als fussils de los guardies y los hi va pendre. La verdat ere que los guardies no se podíen esperá de Paco - amic de ells - una eixida com esta. Paco sen va aná en los dos rifles cap a casa. Al día siguién tot lo poble sabíe lo que habíe passat, y Mossen Millán va aná a vore al mosso, y li va di que lo fet ere grave, y no sol pera nell, sino pera tot lo veinat. - ¿Per qué? - preguntabe Paco.
Recordabe Mossen Millán que habíe ñagut un cas paregut a un atre poble, y que lo Gobern va condená al munissipi a está sense guardia sivil durán deu añs.

- ¿Ten dones cuenta? - Li díe lo mossen, esgleyat.

- A mí no me importe está sense guardia sivil.

- No sigues borinot.

- Dic la verdat, Mossen Millán.

- ¿Pero tú creus que sense guardia sivil se podríe aguantá a la gen? Ña molta maldat al món.

- No u crec.

- ¿Y la gen de les coves? - En ves de portá guardia sivil, se podíen traure les coves, Mossen Millán.

- Iluso. Eres un ensomiadó.

Entre bromes y veres lo alcalde va recuperá los fussils y va colgá de terra l´assunto. Aquell insidén li va doná a Paco serta fama de mosso atrevit. A Águeda li agradabe, pero li donabe una inseguridat y algo de po.

Per fí, Águeda y Paco se van doná paraula de matrimoni. La novia teníe mes ñirvi que la sogra, y encara que se mostrabe humilde y respetuosa, no se enteníen be. Solíe di la mare de Paco: - Aigua mansa. Ojito, fill, cuidadet, que es aigua mansa.

Pero Paco su preníe a broma. Sels de mare. Com tots los novios, va rondá lo carré per la nit, y la vespra de San Juan va omplí de flos y rams verds les finestres, la porta, la teulada y hasta la enchumenera de la casa de la novia.

La boda va sé com tots esperaben. Gran diná, música y ball. Antes de la seremónia moltes camises blanques estaben ya tacades de vi al emperrás los llauradós en beure en bota. Les dones protestaben, y ells díen rién que se habíen de emborrachá les camises pera donáles después als pobres. En eixa expresió - donáles als pobres - se féen la ilusió de que ells no u eren.

Durán la seremónia, Mossen Millán va fé als novios una plática. Li va recordá a Paco que lo habíe batejat y confirmat, y donat la primera comunió. Sabén que los dos novios eren tibios en materia de religió, los recordabe tamé que la iglesia ere la mare comú y la fon, no sol de la vida temporal, sino de la vida eterna. Com sempre, a les bodes algunes dones ploraben y se sonaben o mocaben fen soroll. Mossen Millán va di atres moltes coses, y la radera va sé la siguién: "Este humilde ministre del siñó ha beneít lo vostre bressol, y beneíx en este momén lo vostre llit nupsial - va fé al aire la siñal de la creu -, y beneirá lo vostre catre mortal, si Deu u dispose aixina. In nomine Patris et Filii.... ". Assó del catre mortal li va pareixe a Paco que no veníe al cas. Va recordá un instán los estertós de aquell pobre home al que va portá la unsió sén un chiquet (ere lo únic catre mortal que habíe vist.) Pero lo día no ere pera tristeses. Acabada la seremónia van eixí. A la porta los esperabe una rondalla de mes de quinse músics en guitarres, bandurries, requintos, ferros y panderetes, que va escomensá a tocá rabiosamen. A la torre, lo simbal mes menut voltae y doblae hasta encanás y parás lo soroll. Una mosseta díe veén passá la boda, en un cante apoyat a la cuixa:

- ¡Totes se casen, y yo, mira!

La comitiva va aná a la casa del novio. Les consogres anaben ploriqueján encara. Mossen Millán, a la sacristía, se va desvestí de pressa pera aná lo antes possible a partissipá de la festa. Prop de la casa del novio va trobá al sabaté, vestit de gala. Ere menut, y com casi tots los del ofissi, teníe caderes amples. Mossen Millán, que tutejabe a tot lo món, lo tratabe an ell de vosté. Li va preguntá si habíe estat a la casa de Deu.

- Miro, Mossen Millán. Si alló es la casa de Deu, yo no mereixco está allí, y si no u es, ¿pera qué? Lo sabaté va trobá encara antes de separás del retó un momén pera díli algo extravagán de verdat. Li va di que sabíe de bona tinta que a Madrid lo rey se tambalejabe, y que si caíe, moltes coses cauríen en ell. Com lo sabaté fée auló a vi, lo mossen no li va fé mol cas. Lo sabaté repetíe en una rara alegría: - A Madrid pinten bastos, siñó retó.

Podíe ñabé algo de verdat, pero lo sabaté parlabe fássilmen. Sol ñabíe una persona que en assó se li puguere igualá: la Jerónima. Ere lo sabaté com un gat vell, ni amic ni enemic de dingú, y en tots parlabe. Mossen Millán recordabe que lo periódic o diari de la capital de la provínsia no dissimulabe la seua alarma dabán de lo que passabe a Madrit. Y no sabíe qué pensá. Veíe lo mossen als novios solemnes, als invitats jovens abalotats, y als vells discretamen alegres. Pero no dixáe de pensá en les paraules del sabaté. Éste se habíe ficat, segóns va di, lo traje que va portá a la seua boda, y per assó fée auló a alcanfor. Al seu voltán se agrupaben sis o vuit invitats, los menos adictes y assiduos a la parroquia. "Debíe de está parlánlos - pensabe Mossen Millán - de la próxima caiguda del rey y de que a Madrid pintaben bastos."

Van escomensá a serví vi. A una taula ñabíen primentóns en adobo, feche de pollastre y rabanetes en vinagre pera fé entrá gana. Lo sabaté se servíe mentres triabe entre les botelles que teníe al costat. La mare del novio li va di indicánni una: - Este vi es de los que rasquen.

A la sala del costat estaben les taules parades. A la cuina, la Jerónima arrastrabe la seua pota reumática. Ere ya vella, pero fée riure a la gen jove: - No me dixen eixí de la cuina - díe - perque tenen temó de que en lo meu aliento avinagra o pica lo vi. Pero me done igual o tan me fot. A la cuina está lo bo. Yo tamé sé viure. No me vach casá, pero per detrás de la iglesia vach tindre tots los homens que me apetíen. Solterona, soltera, pero en la clau a la gatera. Les chiques sen enríen escandalisades. Entrabe a la casa lo siñó Cástulo Pérez. La seua presénsia va causá sensassió perque no lo esperaben. Veníe en dos floreros de porcelana embolicats en papé y cuidadosamen lligats en una sinta. "No sé qué es aixó - va di donánloshi a la mare de la novia -. Coses de l´ama." Al vore al retó se li va arrimá: - Mossen Millán, pareix que a Madrid li donarán la volta a la truita.

Del sabaté se podíe dudá, pero confirmat per lo siñó Cástulo, no. Y éste, que ere home prudén, buscabe, al pareixe, lo arrimo de Paco lo del Molí. ¿Per a qué? Habíe sentit lo mossen parlá de elecsións.

A les preguntes del retó, lo siñó Cástulo díe evasiu: "Un runrún que corre". Después, dirigínse al pare del novio, va cridá en alegría: - Lo importán no es si fiquen o trauen al rey, sino sabé si la rosada manté lo tempero de les viñes. Y si no, que u digue Paco.

- Sí que li importen a Paco les viñes en un día com avui - va di algú. En la seua apariénsia simple, lo siñó Cástulo teníe un carácter fort. Se veíe als seus ulls freds y escrutadós.
Al dirigís al retó, antes de di lo que se proposáe, fée un preámbul: "en los respectes deguts....". Pero se veíe que eixos respectes no ne eren mols. Anaben arribán nous invitats y pareixíen está ya tots. Sense donássen cuenta habíen anat colocánse per jerarquíes sossials. Tots de peu, menos lo mossen, se aliniaben contra la paret, al voltán de la sala. La importánsia de cadaú - segóns les propiedats que teníe - determinabe la seua proximidat o alluñamén de la capsalera del cuarto aon ñabíen dos gronsadós y una vitrina en mantóns de Manila y abanicos de nácar, de los que la familia estabe orgullosa. Al costat, a un gronsadó, Mossen Millán. Prop los novios, de peu, ressibín les enhorabones de los que arribaben, y tratán en l´amo del únic automóvil de alquilé que ñabíe a la aldea lo preu del viache hasta la estassió del carril de ferro, ferrocarril, o tren.
L´amo del coche, que teníe la contrata del servissi de correus, díe que li prohibíen portá al mateix tems mes de dos viachés, y ne teníe un apalabrat o aparaulat, de modo que ne seríen tres si portáe als novios. Lo siñó Cástulo va intervindre, y va oferí portáls en lo seu automóvil. Al escoltá este oferimén, lo mossen va ficá atensió. No creíe que Cástulo fore tan amic de la casa. Aprofitán les anades y vingudes de les mosses que servíen, la Jerónima li enviabe algún mensaje al sabaté, y éste los explicabe als mes próxims:

- La Jerónima y yo tenim un telégrafo amorós. En aquell momén una rondalla escomensáe a tocá al carré. Algú va cantá:

A les nines de los novios

relluíen dos brasés;

ella es la flo de la ontina,

y ell es la flo del romé.

La segona cansó después de un llarg espay de alegre jota de ball tornabe a aludí a la boda, com ere natural. La rondalla va seguí en la energía en la que solen tocá los llauradós de mans fortes y cor calén. Cuan van creure que ya habíen tocat bastán, van aná entrán. Van formá un grupo al costat contrari de la capsalera del salón, y van está bebén y charrán. Después van passá tots al minjadó. A la presidénsia se van instalá los novios, los padríns, Mossen Millán, lo siñó Cástulo y algúns atres llauradós acomodats. Lo mossen parlabe de la infánsia de Paco y contabe les seues chiquillades y maleses, pero tamé la seua inquina contra los ducs que mataben per la nit als gats extraviats, y lo seu dessich de obligá a tot lo poble a visitá als pobres de les coves y a ajudáls. Parlán de aixó va vore als ulls de Paco una seriedat plena de dramátiques reserves, y entonses lo mossen va cambiá de tema, y va recordá en benevolénsia lo insidén del revólver, y hasta les seues aventures a la plassa del aigua. No va faltá al diná la perdiu adobada ni la trucha al forn, ni lo capón relleno o farsit. Corríen de ma en ma los porróns, botes, botelles, en vins de diferentes cullites, parades y classes de raím. La notíssia de la boda va arribá al carassol, aon les agüeletes filadores van beure a la salut dels novios lo vi que van portá la Jerónima y lo sabaté. Éste se mostrabe mes alegre y libre de paraula que atres vegades, y díe que los mossens són les úniques persones als que tot lo món diu pare, menos sons fills, que los diuen tíos. Les agüeles aludíen als ressién casats:

- Fresques están ya les nits.

- Lo propi pera dormí en compañía.

Una díe que cuan ella se va casá ñabíe neu hastal ginoll.

- Roín peral novio - va di un atra.

- ¿Per qué?

- Perque tindríe les seues nobleses amagades als riñóns, en la gelada.

- Eh, tú, cul de fanega, cuan enviudos, fícam un parte - va cridá la Jerónima.

Lo sabaté, en mes dessichos de fé riure a la gen que de insultá a la Jerónima, va aná diénli una verdadera letanía de desvergoñes: - Calla, penca del dimoni, pata de afilador, albarda, zurupeta, tía chamusca, estropajo. Calla, que te porto una bona notíssia: la seua Majestat lo rey va envidat y sel emporte la trampa.

- ¿Y a mí qué?

- Que a la república no emplumen a les bruixes.

Ella díe de ella mateixa que volabe en una granera, pero no permitíe que lay digueren los demés. Anabe a contestá cuan lo sabaté va continuá:

- Te u dic a tú, zurrapa, trotona, chirigaita, mochilera, trasgo, pendón, zancajo, pinchatripas, ojisucia, mocarra, fuina....

(Nota: Pedro Saputo, de Braulio Foz, de Fórnols, llibre traduít per mí: - Vaigue en Deu la piltrafa pringada, zurrapa, gitada, vomitada, aubarda arrastrada, tía curtna, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, espart, zarandajo, drapot, cullerot, renacuajo, zancajo, espantall, granerot, escarbat, escarabicha, gargall, moc, mocajo, pell de rabosa, fuina, cagachurre, mocarra, pum, pum, callosa, cazcarrosa, chinchosa, mocosa, legañosa, estoposa, mohosa, sebosa, muermosa, asquerosa, ojisucia, ullbruta, podrida, culiparda, hedionda, pudina, picuda, getuda, greñuda, juanetuda, patuda, hocicuda, llanuda, zancuda, diabla, puncha tripes, fogó apagat, caldero aboñat, to - to - to - ottorrrrr... culona, cagona, zullona, moscona, trotona, ratona, chochona, garrullona, sopona, tostona, chanflona, gata chamuscada, gossa parida, morcón reventat, trasgo del barrio, tarasca, estafermo, pendón de Zugarramurdi, chirigaita, ladilla, verruga, caparra, sapo revolcat, jimia escaldada, cantonera, mochilera, cerrera, capagalls... )

La ensalmadora se apartabe mentres ell seguíe en los seus dicharachos. Les velles del carassol se pixaben de riure, y antes de que arribaren les reacsións de la Jerónima, que estabe confosa, va dessidí lo sabaté retirás victoriós. Per lo camí estirabe les orelles a vore lo que díen per detrás. Se sentíe la veu de la Jerónima:

- ¿Quí me anabe a di que eixe monicaco teníe tantes dites al estómec?

Y tornaben a parlá dels novios. Paco ere lo mosso mes pito del poble, y se habíe emportat la novia que mereixíe. Tornaben a aludí a la nit de novios en expresións pujadetes.
Set añs después, Mossen Millán sen enrecordabe de la boda assentat al vell sillón de la sacristía. No obríe los ulls pera evitás la molestia de parlá en don Valeriano, lo alcalde. Sempre li habíe sigut difíssil enténdres en ell perque aquell home no escoltabe may.

Se sentíen a la iglesia les cachusques de don Gumersindo. No ñabíen a la aldea datres botes com aquelles, y Mossen Millán va sabé que ere ell mol abáns de arribá a la sacristía. Anabe vestit de negre, y al vore al retó en los ulls tancats, va parlá en veu baixa pera saludá a don Valeriano. Va demaná permís pera fumá o pipá, y va traure la petaca o sigarrera. Entonses, Mossen Millán va obrí los ulls.

- ¿Ha vingut algú mes?- va preguntá.

- No, siñó - va di don Gumersindo disculpánse com si tinguere ell la culpa -. No hay vist com qui diu un alma a la iglesia. Mossen Millán pareixíe mol cansat, y va torná a tancá los ulls y a apoyá lo cap al muro. En aquell momén va entrá
l´escolanet, y don Gumersindo li va preguntá:

- Eh, sagal. ¿Saps per quí es la missa?

Lo chic va recorre al románs en ves de contestá:
Viva Paco lo del Molí

y Águeda la del bon garbo,

que ahir sol eren novios,

y ara están ya desposats.

- No lo digues tot, sagal, perque aquí, lo alcalde, te portará a la presó.

Lo escolanet va mirá a don Valeriano, assustat. Éste, en la vista perduda al techo, va di:

- Cada broma vol lo seu tems y puesto.

Se va fé un silénsio penós. Mossen Millán va obrí los ulls un atra vegada, y se va trobá en los de don Gumersindo, que murmurabe: - La verdat es que no sé si molestám en lo que diu. Lo mossen va intervindre dién que no ñabíe cap raó pera molestás. Después va maná al escolanet que ixquere a la plassa a vore si ñabíe gen esperán pera la missa. Solíe quedás allí algún grupet hasta que les campanes acababen de tocá. Pero lo mossen volíe evitá que lo escolanet diguere la part del románs a la que se parlabe dell:
Ya lo porten costa amún

pel caminet del fossá...

aquell quel va batejá,

Mossen Millán lo retó,

en confessió desdel coche

li escoltabe los pecats.

Estabe don Gumersindo sempre parlán de la seua propia bondat - com qui diu - y de la gen desagraída que li tornáe mal per be. Assó li pareixíe espessialmén adecuat dabán del retó y de don Valeriano en aquell momén. Va tindre un arrang generós:

- Mossen Millán. ¿Me sen, siñó retó? Aquí ñan dos duros pera la missa de avui.

Lo mossen va obrí los ulls, mich adormit, y va advertí que lo mateix oferimén habíe fet don Valeriano, pero que li agradabe di la missa sense que dingú la pagare. Va ñabé un llarg silénsio. Don Valeriano enrollabe la seua cadeneta al dit índice y después la dixáe rellissá. Les chapetes sonaben. La una teníe un ris de pel de la seua difunta dona. L´atre, una reliquia del san pare Claret heredada de son rebisyayo. Parlabe en veu baixa de los preus de la llana y del cuero, sense que dingú li contestare. Mossen Millán, en los ulls tancats, recordabe encara lo día de la boda de Paco. Al minjadó, una siñora habíe perdut una arracada, y dos homens anaben a cuatre potes buscánla. Mossen Millán pensabe que a les bodes sempre ña una dona a la que li cau una arracada, y la busque, y no la trobe. La novia, perduda la blancó de la primera hora del matí - per lo insomnio de la nit anterió -, habíe recuperat los seus colós. De cuan en cuan li preguntabe al novio (ya home) quína hora es. Y a mija tarde sen van aná a la estassió portats per lo siñó Cástulo.

La majó part de los invitats habíen eixit al carré a despedí als novios en vives y bromes. Mols desde allí van torná a les seues cases. Los mes jovens encara sen van aná al ball. Se entreteníe Mossen Millán en aquelles memories pera evitá escoltá lo que díen don Gumersindo y don Valeriano, que parlaben, com sempre, sense escoltás la un al atre.

Tres semanes después de la boda van torná Paco y la seua dona, y lo domenge siguién se van selebrá elecsións. Los nous consejals eren jovens, y en la exepsió de algúns, segóns don Valeriano, gen baixa. Son pare de Paco va vore que tots los que en ell habíen eixit elegits se consideraben contraris al duc y contraris al sistema de arrendaméns de les pastures. Al sabé aixó Paco lo del Molí, se va sentí felís, y va creure per primera vegada que la política valíe pera algo. "Li traurem la herba al duc", repetíe.

Lo resultat de les elecsións va dixá a tots una mica extrañats. Lo mossen estabe en la boca uberta. Ni un sol de los consejals se podíe di que fore home de costums religioses. Va cridá a Paco y li va preguntá:
- ¿Qué es assó que me han dit de los montes del duc?

- Res - va di Paco -. La verdat. Venen tems nous, Mossen Millán.

- ¿Quínes novedats són eixes?

- Pos que lo rey sen va en la música a un atra part, y lo que yo dic: bon viache.

Pensabe Paco que lo mossen li parlabe an ell perque no se atrevíe a parláli de alló a son pare. Va afegí:

- Digue la verdat, Mossen Millán. Desde aquell día que vam aná a les coves a portá lo san oli sap vosté que yo y datres cavilem pera remediá eixa vergoña. Y mes ara que se ha presentat la ocasió.

- ¿Quína ocasió? Assó se fa en dinés. ¿De aón los traureu?

- Del duc. Pareix que als ducs los ha arribat lo seu San Martín o Martí.

- Calla, Paco. Yo no dic que lo duc tingue sempre raó. Es un ser humano tan falible com los demés, pero se té que aná en eixes coses en peus de plom, y no abalotá a la gen ni remoure les baixes passións.

Les paraules del jove van sé comentades al carassol. Díen que Paco li habíe dit al retó:
"Als reys, als ducs y als mossens los passarem a gaviñet, com als gorrinos pera San Martín". Al carassol sempre se exagerabe. Se va sabé que lo rey habíe fugit de España (com al 2020 lo ex rey emérit Juan Carlos I). La notíssia va sé tremenda pera don Valeriano y pera lo mossen. Don Gumersindo no volíe créuressu, y díe que eren coses del sabaté. Mossen Millán va está dos semanes sense eixí de la abadía, anán a la iglesia per la porta del hort y evitán parlá en dingú. Lo primé domenge va aná molta gen a missa esperán la reacsió de Mossen Millán, pero lo mossen no va fé cap alusió. En vista de aixó lo domenge siguién estáe lo templo forro o buit. Paco buscabe al sabaté, y lo trobabe serio y reservat. Mentrestán, la bandera tricoló flotabe al aire al balcó de la casa consistorial, ajuntamén o casa de la vila, y damún de la porta de les escoles. Don Valeriano y don Gumersindo no apareixíen per cap puesto, y Cástulo buscabe a Paco, y se exhibíe en ell, pero jugabe en dos baralles, y cuan veíe al retó li díe en veu baixa:

- ¿Aón pararem, Mossen Millán?

Se van tindre que repetí les elecsións a la aldea perque habíe ñagut insidéns que, a juissi de don Valeriano, la van fé ilegal. A la segona tanda son pare de Paco li va sedí lo puesto a son fill. Lo mosso va sé elegit.

A Madrid van suprimí los bens de señorío, de origen medieval y los van incorporá als munissipis. Encara que lo duc alegabe que los seus montes no entraben an aquella clasificassió, les sing aldees van acordá, per inissiativa de Paco, no pagá mentres los tribunals dessidíen. Cuan Paco va aná a dílay a don Valeriano, éste se va quedá un rato mirán al techo y jugán en lo guardapel de la difunta. Per fí se va negá a donás per enterat, y va demaná que lo munissipi lay comunicare per escrit.

La notíssia va sirculá pel poble. Al carassol se díe que Paco habíe amenassat a don Valeriano. Atribuíen a Paco totes les arrogánsies y desplantes als que no se atrevíen los demés. Volíen al carassol a la familia de Paco y a datres, que encara que teníen terres, traballaben de sol a sol. Les dones del carassol anaben a missa, pero se divertíen mol en la Jerónima cuan cantabe aquella cansó que escomensabe:
Lo mossen li va di al ama
que se li gitare als peus...

No se sabíe exactamen lo que planejabe l´ajuntamén "en favor de los que vivíen a les coves", pero la imaginassió de cadaú treballabe, y les esperanses de la gen pobra creixíen. Paco se habíe pres mol en serio lo problema, y los plenos del munissipi no trataben de atra cosa. Paco va enviá a don Valeriano l´acord del munissipi, y lo administradó lo va transmití al seu amo. La resposta telegráfica del duc va sé la siguién: Dono orde als meus guardes de que vigilon los meus montes, y disparon sobre consevol animal o persona que entro an ells. Lo munissipi té que féu pregoná pera evitá la pérdua de bens o de vides humanes.
Al lligí esta resposta, Paco va proposá al alcalde que los guardes foren destituíts, y que los donaren un cárrec milló retribuít al sindicat de riegos, a l´horta. Estos guardes no ne eren mes que tres, y van asseptá conténs. Les seues carabines van aná a pará a un racó del salón de plenos, y los ramats de bestiá del poble entraben als montes del duc sense cap dificultat. Don Valeriano, después de consultá varies vegades en Mossen Millán, se va arriesgá a cridá a Paco, que va acudí a casa seua. Ere la de don Valeriano gran y siñorial, en balcóns volats y porta de cochera. Don Valeriano se habíe proposat sé consiliadó y raonable, y lo va invitá a berená. Li va parlá del duc de una manera familiá y ligera. Sabíe que Paco solíe acusál de no habé estat may a la aldea, y assó no ere verdat. Tres vegades habíe vingut en los radés añs a vore les sues propiedats, pero no va fé nit an aquell poble, sino al del costat. Y encara sen enrecordabe don Valeriano de que cuan lo siñó duc y la siñora duquesa parlaben en lo guarda mes agüelo, y éste escoltabe en lo sombrero a la ma, va passá una anécdota memorable. La siñora duquesa li preguntabe al guarda per cada una de les persones de la seua familia, y al preguntáli per lo fill gran, don Valeriano sen enrecordabe de les mateixes paraules del guarda, y les repetíe:

- ¿Quí, Miquel?- va di lo guarda -. ¡Tócoli vuecencia los collóns a Miguelico, que está a Barchinona guañán nou pessetes diaries!

Don Valeriano sen enríe. Tamé va riure Paco, encara que de sopetó se va ficá serio, y va di:

- La duquesa pot sé bona persona, y en assó no me fico. Del duc hay sentit coses de mes y de menos. Pero res té que vore en lo nostre assunto.

- Assó es verdat. Pos be, anán al gra, pareix que lo siñó duc está disposat a negossiá en

vosté - va di don Valeriano.

- ¿Sobre lo monte? - don Valeriano va afirmá en lo gesto -. No ña res a negossiá, mes que acachá lo cap.

Don Valeriano no díe res, y Paco se va atreví a afegí:

- Pareix que lo duc temple mol al antic.
Seguíe don Valeriano en silénsio, mirán cap al techo.

- Un atra jota cantem per aquí - va afegí Paco.

Per fí va parlá don Valeriano:

- Parles de acachá lo cap. ¿Quí l´ha de acachá? Sol l´acachen los cabestros.

- Y los homens honrats cuan ña una ley.

- Ya u vech, pero lo abogat del siñó duc pense de un atra manera. Y ñan leys y leys.

Paco se va serví vi dién entre dens: en permís. Esta menuda libertat va ofendre a don Valeriano, que va sonriure, y va di: servíxques, cuan Paco ya habíe omplit la seua tassa o lo seu gotet.

Va torná Paco a preguntá:

- ¿De quína manera negossiará lo duc? No fa falta mes que dixá los montes, y no torná a pensá en lo assunto.

Don Valeriano mirabe la tassa de Paco, y se atussabe desplay los bigots, que estaben tan llepats y redons, que pareixíen postissos. Paco va murmurá:

- Ñauríe que vore quíns papés té lo duc sobre eixos montes. ¡Si es que ne té algún!

Don Valeriano estabe irritat:

- Tamé en assó te equivoques. Son mols siglos de usansa, y assó té forsa. No se desfá en un día lo que se ha fet en cuatressens añs. Los montes no son botelletes de vi - va afegí veén que Paco tornabe a servís -, sino fuero (fur, for, forum). Fuero de reys (de Aragó).

- Lo que van fé los homens, los homens u desfán, crec yo.

- Sí, pero de home a home ña algo.

Paco negabe en lo cap.

- Sobre este assunto - va di bebénse lo segón gotet y chascán la llengua - dígueli al duc que si té tans drets, pot víndre a deféndrels ell mateix, pero que porto un rifle nou, perque los de los guardes los tenim natros.

- Paco, pareix mentira. ¿Quí anabe a pensá que un home en un jaral y un parell de mules tinguere alé pera parlá aixina? Después de aixó no me quede res mes que vore al món.

Acabada la entrevista, don Valeriano li va comunicá los termes al duc, éste va torná a enviá ordens, y lo administradó, pessigat entre dos focs, no sabíe qué fé, y va acabá per anássen del poble después de vore a Mossen Millán, contáli a la seua manera lo passat y díli que lo poble se gobernabe per les parladuríes del carassol. Atribuíe a Paco amenasses y insults, y insistíe mol en aquell detall de la botella y lo gotet. Lo mossen unes vegades lo escoltabe y datres no.
Mossen Millán movíe lo cap en llástima recordán tot alló desde la seua sacristía. Tornabe lo escolanet a apoyás a la porta, y com no podíe estás cotet, fregabe una bota contra
l´atra, y mirán al retó recordabe encara lo románs:
Entre cuatre lo portaben

cap a dins del sementeri,

mares, les que teníu fills,

Deu tos los conservo sanos,

y lo san Ángel de la Guarda....
Lo románs parlabe después de atres reos que van morí tamé allavonses, pero lo escolanet no sen enrecordabe dels noms. Tots habíen sigut assessinats aquells mateixos díes. Encara que lo románs no díe assó, sino ejecutats.

Mossen Millán recordabe. Als radés tems la fe religiosa de don Valeriano se habíe debilitat bastán. Solíe di que un Deu que permitíe lo que estabe passán, no mereixíe tans miraméns. Lo mossen lo escoltabe fatigat. Don Valeriano habíe regalat añs atrás una reixa de ferro de forja pera la capella del Cristo, y lo duc habíe pagat los gastos de reparassió de la bóveda de la iglesia dos vegades. Mossen Millán no coneixíe lo vissi de la ingratitut. Al carassol se díe que en lo llogué de les pastures, dinés que anaben a pará al munissipi, se féen plans pera millorá la vida de la aldea. Beneíen a Paco lo del Molí, y lo elogio mes frecuén entre aquelles agüeletes del carassol ere di que los teníe ben ficats.

Al poble del costat estaben canalissán l´aigua potable y portánla hasta la plassa. Paco lo del Molí teníe un atre plan - lo seu poble no nessessitabe ya aquella millora -, y pensabe en les coves, y se imaginabe als seus habitáns sempre agonisán entre estertós, sense llum, ni foc, ni aigua, ni aire que respirá.

Als terrenos del duc ñabíe una ermita y la festividat se selebráe un día de estiu, en romería.

Los romeros féen eixe día regalos al mossen, y lo munissipi li pagabe la missa. Aquell añ se va desentendre l´alcalde, y los llauradós van seguí lo seu ejemple. Mossen Millán va cridá a Paco, que li va di que tot obeíe a un acord del ajuntamén.

- ¿L´ajuntamén, dius? ¿Y qué es l´ajuntamén? - preguntabe lo mossen, enrabiat.

Paco sentíe vore a Mossen Millán tan abalotat, y li va di que com aquells terrenos de la ermita habíen sigut del duc, y la gen estabe en contra dell, se compreníe la geló del poble en la romería. Mossen Millán va di en un momén de passió:

- ¿Y quí eres tú pera díli al duc que si ve als montes no donará mes de tres passes perque lo esperarás en la carabina de un dels guardes? ¿No saps que assó es una amenassa criminal?

Paco no habíe dit res de alló. Don Valeriano mentíe. Pero lo mossen no volíe escoltá les raóns de Paco.

En aquells díes lo sabaté estabe ñirviós y desorientat, una cosa destronada. Cuan li preguntaben, díe:

- Ting barruntos.

Sen enfotíen de ell al cárcol, pero lo sabaté díe:

- Si la cantrella trobe la pedra, o la pedra trobe a la pichella, mal pera la barrala.

Eixes paraules misterioses no aclaríen gran cosa la situassió. Lo sabaté se habíe passat la vida esperán alló, y al vóreu arribá, no sabíe qué pensá ni qué fé. Algúns consejals li van oferí lo cárrec de sobresequié - pera resoldre los problemes de competénsia en les aigües de la séquia majó o prinsipal.

- Grássies - va di ell -, pero yo me ateng al refrán que diu: sabaté a les teues sabates.

Poc a poc se va aná arrimán al retó. Lo sabaté teníe que está en contra del que manabe, no importabe la doctrina o lo coló. Don Gumersindo sen habíe anat tamé a la capital de la provínsia, lo que molestabe bastán al retó. Éste díe:

- Tots sen van, pero yo, encara que puguera, no men aniría. Es una dessersió.

A vegades lo mossen pareixíe tratá de entendre a Paco, pero de pronte escomensabe a parlá de la falta de respiate (paraula del agüelo sebeta) de la poblassió y del seu propi martiri. Les seues discusións en Paco sempre acababen en assó: en oferís com a víctima. Paco sen enríe: - Pero si dingú vol matál, Mossen Millán.

La rissa de Paco ficáe al retó frenétic, y ben just podíe dominá los seus nervis.

Cuan la gen escomensabe a olvidás de don Valeriano y don Gumersindo, éstos van torná a la aldea. Pareixíen segús de ells mateixos, y selebraben conferénsies en lo mossen, a diari. Lo siñó Cástulo se arrimabe, curiós, pero no podíe averiguá res. No sen fiaben dell. Un día del mes de juliol la guardia sivil de la aldea sen va aná en ordens de consentrás - segóns díen - an algún puesto aon acudíen les forses de tot lo districte. Los consejals sentíen alguna amenassa al aire, pero no podíen concretála.

Va arribá a la aldea un grupet de siñorets en vergues y pistoles, algúns fotíen veus histériques. May habíen vist gen tan pocavergoña. Normalmen an aquells tíos afeitats y fins com a dones los díen al carassol pijaitos, pijos. Lo primé que van fé va sé fótreli una palissa tremenda al sabaté, sense que li valguere pera res la seua neutralidat. Después van matá a sis llauradós - entre ells cuatre de los que vivíen a les coves - y van dixá los seus cossos a les cunetes de la carretera entre lo poble y lo carassol. Com los gossos acudíen a llepá la sang, van ficá a un dels ex guardes del duc de vigilánsia pera esbarráls. Dingú preguntabe. Dingú compreníe. No ñabíen guardies sivils que ixqueren al pas de los forastés.

A la iglesia, Mossen Millán va anunsiá que estaríe lo Santíssim exposat día y nit, y después va protestá dabán don Valeriano - al que los siñorets habíen fet alcalde - de que hagueren matat als sis llauradós sense donáls tems de confessás. Lo mossen se passabe lo día y part de la nit resán. Lo poble estabe assustat, y dingú sabíe qué fé. La Jerónima anabe y veníe, menos charradora que de costum. Pero al carassol insultabe als siñorets forastés, y demanabe pera nells tremendos cástics. Aixó no ere obstácul pera que cuan veíe al sabaté li parlare de lleña, de bandeo, de vares de medí y de atres coses que aludíen al varandel. Preguntabe per Paco, y dingú sabíe donáli raó. Habíe desaparegut, y lo buscaben, assó ere tot.

Al día siguién de habéssen enfotut la Jerónima del sabaté, éste va apareixe mort al camí del carassol en dos tiros al cap. La pobre dona va aná a ficáli damún un llansol, y después se va tancá a casa, y va está tres díes sense eixí. Después va torná a assomás al carré poc a poc, y hasta se va arrimá al carassol, aon la van ressibí en renecs y insults. La Jerónima plorabe (dingú la habíe vist plorá may), y díe que se mereixíe que la mataren a codolades, com a una serp. Pocs díes mes tart, al carassol, la Jerónima tornabe a les seues bufonades mesclánles en juraméns y amenasses. Dingú sabíe cuán mataben a la gen. Es a di, u sabíen, pero dingú los veíe. U féen per la nit, y durán lo día lo poble pareixíe en calma. Entre la aldea y lo carassol habíen aparegut abandonats cuatre cadávers mes, los cuatre de consejals. Mols de los habitáns estaben fora de la aldea segán. Les seues dones seguíen anán al carassol, y repetíen los noms de los que anaben caén. A vegades resáen, pero después se ficaben a insultá en veu resselosa a les dones de los rics, espessialmén a la Valeriana y a la Gumersinda. La Jerónima díe que la pijó de totes ere la dona de Cástulo, y que per nella habíen matat al sabaté.

- No es verdat - va di algú -. Es perque lo sabaté diuen que ere agén de Russia.

Dingú sabíe qué ere la Russia, y tots pensaben en la yegua roija de la taberna, que se díe aixina.

Pero alló no teníe cap sentit. Tampoc u teníe res de lo que passabe al poble. Sense atrevís a eixecá la veu escomensaben en les sues charradotes:

- La Cástula es una verruga peluda.

- Una estaferma.

La Jerónima no se quedabe curta:

- Un arreclau cebollero.

- Una liendre sebosa.

- A casa seua - afegíe la Jerónima - fa pudó a fogaril pixat.

Habíe sentit di que aquells siñorets de la siudat mataríen a tots los que habíen votat contra lo rey. La Jerónima, al mich de la catástrofe, persibíe algo mágic y sobrenatural, y sentíe per tot arreu la auló metálica de sang. Sin embargo, cuan desde lo carassol sentíe les campanes y a vegades lo yunque del ferré fen contrapún, no podíe evitá algún meneo de sayes. Después maldíe un atra vegada, y li díe potes guarres a la Gumersinda. Tratabe de averiguá qué habíe sigut de Paco lo del Molí, pero dingú sabíe res mes, sol que lo buscaben. La Jerónima se donabe per enterada, y díe:

- An eixe bon mosso no lo enchamparán aixina com aixina.

Aludíe un atra vegada a les coses que habíe vist cuan de chiquet li cambiabe los pañals o bolqués.

Desde la sacristía, Mossen Millán recordabe la horrible confusió de aquells díes, y se sentíe pesarós y confundit. Disparos per la nit, sang, males passións, parladuríes, barrabassades de aquella gen forastera, que, sin embargo, pareixíe educada. Y don Valeriano se lamentabe de lo que passáe y al mateix tems espentabe als siñorets de la siudat a matá mes gen. Pensabe lo mossen en Paco. Son pare estabe aquells díes a casa. Cástulo Pérez lo habíe garantisat dién que ere blat llimpio. Los atres rics no se atrevíen a fé res contra nell esperán fótreli la ma damún al fill.

Dingú mes que son pare de Paco sabíe aón estabe son fill. Mossen Millán va aná a casa seua. - Lo que está passán al poble - va di - es una calamidat y no té nom.

Son pare de Paco lo escoltabe sense contestá, una mica blancot. Lo mossen va seguí parlán. Va vore aná y víndre a la jove dona com una sombra, sense riure ni plorá. Dingú plorabe y dingú sen enríe al poble. Mossen Millán pensabe que sense rissa y sense plos la vida podíe sé horrible com un malsón. Per un de eixos moviméns en los que la amistat té a vegades nessessidat de mostrás de mérit, Mossen Millán va doná la impresió de que sabíe aón estabe amagat Paco. Donán a entendre que u sabíe, lo pare y la mare teníen que agraíli lo seu silénsio. No va di lo mossen concretamen que u sapiguere, pero u va dixá caure. La ironía de la vida va voldre que son pare de Paco caiguere an aquella lloseta, ratera, visc, trampa. Va mirá al retó pensán pressisamén lo que Mossen Millán volíe que pensare: 

"Si u sap, y no u ha descubert, es un home honrat y sansé". Esta reflexió li va fé sentís milló. Al llarg de la conversa son pare de Paco va revelá lo amagatall del fill, creén que no li díe res nou al retó. Al sentíl, Mossen Millán va ressibí una tremenda impresió.
"Ah - se va di -, mes valdríe que no me u haguere dit. ¿Per qué hay de sabé yo que Paco está amagat a les Pardines?" Mossen Millán teníe temó, y no sabíe concretamen de qué. Sen va aná pronte, y estabe dessichán vores dabán dels forastés de les pistoles pera demostrás an ell mateix la seua lealtat a Paco y lo seu aplom. Aixina va sé. En vano van está lo senturió y los seus amics parlán en ell tota la tarde. Aquella nit Mossen Millán va resá y va dormí en una calma que fée tems que no coneixíe.

En son demá de matí va ñabé una reunió a la casa de la vila, y los forastés van fé discursos y van doná grans veus. Después van cremá la bandera tricoló y van obligá a acudí a tots los veíns del poble y a saludá eixecán lo bras cuan u manabe lo senturió. Éste ere un home en cara de bondat y portabe ulleres fosques. Ere difíssil imaginá an aquell home matán a dingú. Los llauradós creíen que aquells homens que féen gestos innessessaris y fotíen taconades y pegaben crits estaben mal del cap, pero veén a Mossen Millán y a don Valeriano assentats a puestos de honor, no sabíen qué pensá. Ademés de los assessinatos, lo únic que aquells homens habíen fet al poble ere tornáli los montes al duc. Dos díes después don Valeriano estabe a la abadía frente al retó. En los dits grossos a les sises del chaleco - lo que lo fée pareixe mes importán - mirabe al mossen als ulls.

- Yo no li vull mal a dingú, com qui diu, pero ¿no es Paco un dels que mes se han siñalat? Es lo que yo dic, siñó retó: per menos ne han caigut datres.

Mossen Millán díe: - Díxol en pas. ¿Pera qué escampá mes sang?

Y li agradabe, sin embargo, doná a entendre que sabíe aón estabe amagat. De eixe modo li mostrabe al alcalde que ere capás de noblesa y lealtat. La verdat ere que buscaben a Paco frenéticamen. Habíen portat a casa seua gossos de cassera que van ensumá les seues robes y sabates velles. Lo senturió de la cara bondadosa y les ulleres fosques va arribá en aquell momén en dos mes, y habén sentit les paraules del retó, va di: - No volem reblanits mentals. Estem llimpián lo poble, y lo que no está en natros está en contra.

- ¿Vostés creuen - va di Mossen Millán - que soc un reblanit mental?

Entonses tots se van ficá raonables.

- Les raderes ejecussions - díe lo senturió - se han fet sense privá als reos de res. Han tingut hasta la extremaunsió. ¿De qué se queixe vosté? Mossen Millán parlabe de algúns homens honrats que habíen caigut, y de que ere nessessari acabá en aquella grilladura.

- Digue vosté la verdat - va di lo senturió traén la pistola y ficánla damún de la taula -. Vosté sap aón se amague Paco lo del Molí. Mossen Millán pensabe si lo senturió hauríe tret la pistola pera amenassál o sol pera aliviá lo seu sinto de aquell pes. Ere un movimén que li habíe vist fé atres vegades. Y pensabe en Paco, al que va batejá, al que va casá. Recordabe en aquell momén detalls, com los mussols de la nit cassán gats y la auló de les perdius en escabeche. Potsé de aquella resposta depenguere la vida de Paco. Lo volíe mol, pero los seus afectes no eren per l'home en si mateix, sino per Deu. Ere lo seu un cariño per damún de la mort y de la vida. Y no podíe di mentires o mentides.

- ¿Sap vosté aón se amague? - Li preguntaben a un tems los cuatre.

Mossen Millán va contestá baixán lo cap. Ere una afirmassió. Podíe sé una afirmassió. Cuan sen va doná cuenta ere tart. Entonses va demaná que li prometigueren que no lo mataríen. Podríen jusgál, y si ere culpable de algo, tancál a la presó, pero no cometre un crimen mes. Lo senturió de la expresió bondadosa va prometre. Entonses Mossen Millán va revelá lo amagatall de Paco. Va voldre fé después atres salvedats en lo seu favor, pero ya no lo escoltaben. Van eixí en tropel, y lo mossen se va quedá sol. Espantat de ell mateix, y al mateix tems en un sentimén de liberassió, se va ficá a resá.

Mija hora después arribabe lo siñó Cástulo dién que lo carassol se habíe acabat perque los siñorets de la siudat habíen fet dos arruixades de ametralladora, y algunes dones van caure, y les atres van eixí chillán y dixán un rastre de sang, com una volada de muixons después de una perdigonada. Entre les que se van salvá estabe la Jerónima, y al díu, Cástulo va afegí: Ya se sap. Mala herba...

Lo mossen, veén riure a Cástulo, se va portá les mans al cap, blang com un papé. Y, sin embargo, aquell home no habíe denunsiat, pot sé, lo amagatall de dingú. ¿De qué se escandalisabe? - se preguntabe lo mossen en horror -. Va torná a resá. Cástulo seguíe parlán y díe que ñabíen onse o dotse dones ferides, ademés de les que habíen mort al mateix carassol. Com lo meche estabe a la presó, no ere fássil que se salvaren totes.

Al día siguién lo senturió va torná sense Paco. Estabe cabrejat. Va di que al aná a entrá a les Pardines lo fugitiu los habíe ressibit a tiros. Teníe una carabina de les de los guardes de montes, y arrimás a les Pardines ere arriesgá la vida. Demanabe al retó que anare a parlamentá en Paco. Ñabíen dos homens de la senturia ferits, y no volíe que sen arriesgare cap mes.
Un añ después Mossen Millán recordabe aquells epissodios com si los haguere viscut lo día de abáns. Veén entrá a la sacristía al siñó Cástulo - lo que un añ abáns sen enríe de los crimens del carassol - va torná a tancá los ulls y a dís an ell mateix:
"Yo vach denunsiá lo puesto aon Paco se amagabe (amagatall). Yo vach aná a parlamentá en ell. Y ara....". Va obrí los ulls, y va vore als tres homens assentats enfrente. Lo del mich, 
don Gumersindo, ere un poc mes alt que los atres. Les tres cares miraben impassibles a Mossen Millán. Les campanes de la torre van dixá de tocá en tres cops finals graves y separats, y la seua vibrassió se va quedá al aire un bon rato.
Lo siñó Cástulo va di:

- En lo respecte degut. Yo voldría pagá la missa, Mossen Millán. U díe ficán la ma a la burchaca. Lo mossen va negá, y li va torná a maná al escolanet que ixquere a vore si ñabíe gen. Lo chic va eixí, com sempre, en lo romans al seu record:

A les romigueres del camí

lo mocadó se ha dixat,

los muixons passen depressa,

los nugols passen desplay....

Va ajuntá una vegada mes Mossen Millán los ulls, en lo colse dret al bras del sillón y lo cap a la ma. Encara que habíe acabat les seues orassions, fée vore que seguíe en elles pera que lo dixaren en pas. Don Valeriano y don Gumersindo li explicaben a Cástulo al mateix tems y tratán cada un de cubrí la veu del atre que tamé ells habíen volgut pagá la missa. Lo escolanet tornabe mol exitat, y sense pugué di a un tems totes les notíssies que portabe:

- Ña una mula a la iglesia - va di, per fí.

- ¿Cóm?

- Cap persona, pero una mula ha entrat per alguna part, y camine entre los bangs.

Van eixí los tres, y van torná pera di que no ere una mula, sino lo potro de Paco lo del Molí, que solíe bambá solt per lo poble. Tot lo món sabíe que son pare de Paco estabe dolén, y les dones de la casa, mich loques. Los animals y la poca hassienda que los quedabe, abandonats.

- ¿Has dixat uberta la porta del atrio cuan has eixit? - preguntabe lo mossen al escolanet.

Los tres homens asseguraben que les portes estaben tancades. Sonrién agramen va afegí don Valeriano: - Aixó es una maula. Y una malquerensia. Se van ficá a cavilá quí podíe habé embutit al potro a dins de la iglesia. Cástulo díe que la Jerónima.

Mossen Millán va fé un gesto de baldamén, y los va demaná que tragueren lo animal del templo. Van eixí los tres en lo escolanet. Van formá una ampla fila, y van aná acossán al potro en los brassos uberts. Don Valeriano díe que alló ere un sacrilegio, y que se tindríe que torná a consagrá lo templo. Los atres creíen que no. Seguíen encorrén al animal. A una reixa - la de la capella del Cristo - un dimoni de forja pareixíe fé clucaines. San Juan a la seua hornacina alsabe lo dit y mostrabe lo ginoll despullat com de femella.
Don Valeriano y Cástulo, en la seua exitassió, alsaben la veu com si estigueren a un corral: - ¡Riá! ¡Má! Lo potro corríe per lo templo al seu gust. Les dones del carassol, si lo carassol existiguere, tindríen un bon tema de conversa. Cuan lo alcalde y don Gumersindo acorralaben al potro, éste brincabe entre ells y passabe al atre costat en un alegre relincho. Lo siñó Cástulo va tindre una bona idea: Obrim les fulles de la porta com se fa pera les professons. Aixina vorá lo animal que té la eixida franca.

Lo sacristá corríe a féu contra la opinió de don Valeriano que no podíe tolerá que aon estabe ell tinguere cap inissiativa lo siñó Cástulo. Cuan les grans fulles van está ubertes lo potro va mirá extrañat aquell torrén de llum. Al fondo del atrio se veíe la plassa de la aldea, deserta, en una casa pintada de groc, un atra encalada, en senefes blaves. Lo sacristá cridáe al potro pera vore si lo fée acudí cap a la eixida. Al final, convensut lo animal de que aquell no ere lo seu puesto, sen va aná.
Lo escolanet ressitabe encara entre dens:
... Les cogullades s´aturen

a la creu del sementeri...

Van tancá les portes, y lo templo va torná a quedá a la umbría. San Miquial en lo seu bras despullat alsabe la espasa damún del dragó. A un racó chisporrotejabe un cresol de oli damún del baptisterio. Don Valeriano, don Gumersindo y lo siñó Cástulo van aná a assentás al primé bang. Lo escolanet va aná al presbiterio, va fé la genuflexió al passá frente al sagrari y se va pedre a la sacristía: - Ya sen ha anat, Mossen Millán.

Lo mossen seguíe en los seus records de un añ abáns. Los forastés de les pistoles van obligá a Mossen Millán a aná en ells a les Pardines. Una vegada allí van dixá que lo mossen se arrimare sol. - Paco - va cridá en serta po -. Soc yo. ¿No veus que soc yo?

Dingú contestabe. A una finestra se veíe la boca de una carabina. Mossen Millán va torná a cridá: - Paco, no sigues lloco. Es milló que te entregos. De les sombres de la finestra va eixí una veu: - Mort, me entregaré. Apartos y que vinguen los atres si se atrevixen.

Mossen Millán donabe a la seua veu una gran sinseridat:

- Paco, per lo que mes vullgues, la teua dona, ta mare. Entrégat.

No contestabe dingú. Al final se va sentí un atra vegada la veu de Paco:

- ¿Aón están mons pares? ¿Y la meua dona?

- ¿Aón vols que estiguen? A casa.

- ¿No los ha passat res?

- No, pero, si tú seguixes aixina, ¿quí sap lo que pot passá?

An estes paraules del retó va seguí un llarg silensio. Mossen Millán cridáe a Paco per lo seu nom, pero dingú responíe. Per fí, Paco se va assomá. Portáe la carabina a les mans. Sel veíe cansat y blanquinós.

- Contéstom a lo que li pregunta, Mossen Millán.

- Sí, fill.

- ¿Vach matá ahir an algún de los que veníen a buscám?

- No.

- ¿A cap? ¿Está segú?

- Que Deu me castigo si mentixgo. A dingú.

Aixó pareixíe millorá les condissións. Lo mossen, donánsen cuenta, va afegí:

- Yo hay vingut aquí en la condissió de que no te farán res. Es di, te jusgarán - dabán de un tribunal, y si tens alguna culpa, anirás a la presó. Pero res mes.

- ¿Está segú?

Lo mossen tardabe en contestá. Per fí va di:

- Assó hay demanat yo. En tot cas, fill, pensa en la teua familia y en que no mereixen pagá per tú.

Paco mirabe al voltán, en silensio. Per fí va di:

- Be, me queden sincuanta tiros, y podría vendre la vida cara. Diguels als atres que se arrimon sense temó, que me entregaré.

De detrás de una valla se va sentí la veu del senturió:

- Que tiro la carabina per la finestra, y que ixque.

Paco va obeí.

Momens después lo habíen tret de les Pardines, y lo portaben a espentes y culatades cap al poble. Li habíen lligat les mans a la esquena. Caminabe Paco coixeján mol, y aquella coixera y la barba de quinse díes que li ensombríe la cara li donaben una apariensia diferén. Veénlo Mossen Millán li trobabe un aire culpable. Lo van tancá a la presó del munissipi. Aquella mateixa tarde los siñorets forastés van obligá a la gen a acudí a la plassa y van fé discursos que dingú va entendre, parlán del imperi y del destino inmortal y del orde y de la santa fe. Después van cantá un himno en lo bras eixecat y la ma estesa, y van maná a tots retirás a les seues cases y no torná a eixí hasta lo día siguién, amenassánlos. Cuan no quedabe dingú a la plassa, van traure (sacá a La Litera, Llitera) a Paco y a dos llauradós de la presó, y los van portá caminet del sementeri, a peu. Al arribá ere casi de nit. Quedabe detrás, a la aldea, un silensio de paó. Lo senturió, al ficáls contra lo muro, sen va enrecordá de que no se habíen confessat, y va enviá a buscá a Mossen Millán. Éste se va extrañá de vore que lo portaben en lo coche del siñó Cástulo (ell lo habíe oferit a les noves autoridats.) Lo coche va pugué abansá hasta lo puesto de la ejecussió. No se habíe atrevit Mossen Millán a preguntá res. Cuan va vore a Paco, no va sentí cap sorpresa, sino una gran pena. Se van confessá los tres. Un de ells ere un home que habíe treballat a casa de Paco. Lo pobre, sense sabé lo que fée, repetíe allunat una vegada y atra entre dens: "Yo me acuso, pare...., yo me acuso, pare....". Lo mateix coche del siñó Cástulo servíe de confessonari, en la porta uberta y lo mossen assentat a dins. Lo detingut se aginollabe al estribo. Cuan Mossen Millán díe ego te absolvo, dos homens arrencaben al penitén y tornaben a portál a la tapia. Lo radé en confessás va sé Paco.

- En mala hora lo vech a vosté - li va di al retó en una veu que Mossen Millán no li habíe sentit may -. Pero vosté me coneix, Mossen Millán. Vosté sap quí soc.

- Sí, fill.

- Vosté me va prometre que me portaríen a un tribunal y me jusgaríen.

- Me han engañat a mí tamé. ¿Qué puc fé? Pensa, fill, en la teua alma, y olvida, si pots, tot lo demés.

- ¿Per qué me maten? ¿Qué hay fet yo? Natros no ham matat a dingú. Digue vosté que yo no hay fet res. Vosté sap que soc inossén, que som inosséns los tres.

- Sí, fill. Tots sou inosséns; pero ¿qué puc fé yo?

- Si me maten per habém defengut a les Pardines, be. Pero los atres dos no han fet res.

Paco se agarrabe a la sotana de Mossen Millán, y repetíe: "No han fet res, y los van a matá. No han fet res". Mossen Millán, conmogut hasta les llágrimes, díe:

- A vegades, fill meu, Deu permitix que mórigue un inossén. U va permetre del seu propi fill, que ere inossén com vatros tres.

Paco, al escoltá estes paraules, se va quedá parat y mut. Lo mossen tampoc parlabe. Lluñ, al poble, se sentíen clapí gossos y repicabe una campana. Desde fée dos semanes no se sentíe mes que aquella campana día y nit. Paco va di en una firmesa desesperada:

- Entonses, si es verdat que no tenim salvassió, Mossen Millán, ting dona. Está esperán un fill. ¿Qué sirá de ella? ¿Y de mons pares? Parlabe com si anare a faltáli l´alé, y li contestabe Mossen Millán en la mateixa pressa alocada, entre dens. A vegades pronunsiaben les paraules de tal manera, que no se enteníen, pero ñabíe entre ells una relassió de sobrentesos. Mossen Millán parlabe atropelladamen de los designios de Deu, y al final de una llarga lamentassió va preguntá:

- ¿Te arrepentixes dels teus pecats?

Paco no u enteníe. Ere la primera expresió del retó que no enteníe. Cuan lo mossen va repetí per cuarta vegada, mecánicamen, la pregunta, Paco va contestá que sí en lo cap. En aquell momén Mossen Millán va alsá la ma, y va di: Ego te absolvo in.... Al escoltá estes paraules dos homens van pendre a Paco per los brassos y lo van portá al paredón aon estaben ya los atres dos. Paco va cridá:

- ¿Per qué maten an estos atres? Ells no han fet res. Un de ells vivíe a una cova, com aquell al que un día li vam portá la unsió. Los faros del coche - del mateix coche aon estabe Mossen Millán - se van ensendre, y la descárrega va soná casi al mateix tems sense que dingú donare ordens ni se escoltare cap veu. Los atres dos llauradós van caure, pero Paco, cubert de sang, va corre cap al coche.
- Mossen Millán, vosté me coneix - cridabe alocat. Va volé entrá, no podíe. Tot u tacabe de sang. Mossen Millán callabe, en los ulls tancats y resán. Lo senturió va ficá lo seu revólver detrás de la orella de Paco, y algú va di alarmat: - No. ¡Ahí no!
Se van emportá a Paco arrastrán. Anabe repetín en veu ronca:

- Pregunton a Mossen Millán; ell me coneix.

Se van sentí dos o tres tiros mes. Después va seguí un silensio al que encara sussurrabe Paco: "ell me va denunsiá.... Mossen Millán, Mossen Millán..."

Lo mossen seguíe al coche, en los ulls mol uberts, sentín lo seu nom sense pugué resá. Algú habíe tornat a apagá les llums del coche.

- ¿Ya? - va preguntá lo senturió.

Mossen Millán va baixá y, auxiliat per lo escolanet, va doná la extremaunsió als tres. Después un home li va doná lo rellonge de Paco - regalo de boda de la seua dona - y un mocadó de burchaca. Van torná al poble. A través de la ventanilla, Mossen Millán mirabe al sel y, recordán la nit en que van aná en Paco a doná la unsió a les coves, embolicabe lo rellonge en lo mocadó, y lo conservabe cuidadosamen en les dos mans juntes. Seguíe sense pugué resá. Van passá prop del carassol desert. Les grans roques despullades pareixíen ajuntá los caps y parlá. Pensán Mossen Millán en los llauradós morts, en les pobres dones del carassol, sentíe una espessie de desdén involuntari, que al mateix tems li fée avergoñís y sentís culpable. Cuan va arribá a la abadía, Mossen Millán va está dos semanes sense eixí mes que pera la missa. Lo poble sansé estabe callat y ombriós, com una inmensa fossa. La Jerónima habíe tornat a eixí y anabe al carassol, ella sola, parlán pera nella. Al carassol donabe veus cuan creíe que no podíen sentíla, y atres vegades callabe y se ficabe a contá a les roques los forats de les bales.

Un añ habíe passat desde tot alló, y pareixíe un siglo. La mort de Paco estabe tan fresca que Mossen Millán creíe tindre encara taques de sang a la seua roba. Va obrí los ulls y va preguntá al escolanet: - ¿Dius que ya sen ha anat lo potro? - Sí, siñó.

Y ressitabe a la seua memoria, apoyánse a un peu y después al atre:
.... y va rendí lo radé suspiro

al siñó de lo creat. - Amén.
A un caixó del armari de la sacristía estabe lo rellonge y lo mocadó de Paco. No se habíe atrevit Mossen Millán encara a portálsu als pares y a la viuda del mort. Va eixí al presbiterio y va escomensá la missa. A la iglesia no ñabíe dingú, en la exepsió de don Valeriano, don Gumersindo y lo siñó Cástulo. Mentres ressitabe Mossen Millán, introibo ad altare Dei, pensabe en Paco, y se díe: "Es verdat. Yo lo vach batejá, yo li vach doná la unsió. Al menos - Deu lo perdono - va naixe, va viure y va morí dins de los ambits de la Santa mare Iglesia". Creíe escoltá lo seu nom als labios del agonisán caigut an terra: "... Mossen Millán". Y pensabe aterrorisat y moixo al mateix tems: "Ara yo dic en sufragio de la seua alma esta missa de réquiem, que los seus enemics volen pagá".

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Prólogo:


Contabe Fernando Savater que se va convertí en un incondissional de Sender a partí de la lectura de "Mister Witt en el cantón" y de "Réquiem por un campesino español", a les que califique de "dos de les raríssimes pesses perfectes de la narrativa española moderna".

Sertamen este llibre, Réquiem per un llauradó español, que va apareixe a la seua primera edissió en lo títul de Mosén Millán, es una de eixes obres perfectes que los grans autós mos regalen a la seua madurés creadora. Tal com lo agüelo y lo mar de Hemingway, la perla de John Steinbeck, mortal y rosa de Umbral, los sans inossens de Miguel Delibes, la crónica de una mort anunsiada de Gabriel García Márquez, o lo dol de Joseph Conrad... Una gran obra maestra, encara que per la seua mida pugue pareixe menuda o curta.

Se diu que Sender va escriure lo seu Réquiem en una semana, y assó assombre en tota la verdat. Pero es igual. A la manera de la geometría, a la literatura no importe lo tems. Vull di que una obra maestra u es tan si la seua ejecussió va durá una semana o set añs - Stendhal va tardá 54 díes en fé La Cartuja de Parma. Y este Réquiem senderiano es una obra maestra, aon pareix increíble que tan pugue reunís en tan poc puesto.

En tres tems transcurrix la narrassió. En lo momén presén, cuan lo mossen se dispose a di una missa per Paco lo del Molí, lo jove llauradó al que va batejá y que después va sé lo seu escolanet, al que va casá y al que acabaríe per delatá y assistí a la seua ejecussió als díes de la guerra sivil. Un añ abáns de entonses, al record de aquells díes terribles de la delassió y arrestamén de Paco y lo seu assessinat. Y, finalmen, la rememorassió a la vella sacristía del naiximén, infansia y creiximén del llauradó que después del 14 de abril acabará en lo domini señorial de aquell duc aussén, amo de les pastures del monte, cuan Paco dirá. - Anem a tráureli la herba al duc. Y aquí está tot, díe, perque no falte res.
L´aire permanén, y latén, de la tragedia de Paco. Del chiquet condenat auncás desde aquell día infantil en que acompañe a Mossen Millán a portá la extremaunsió a un pobre moribundo habitán de les coves.
Eixe epissodio - que lo propi Ramón José Sender va confessá habé viscut cuan ere chiquet - marque la seua vida en lo afán de redimí, de liberá als que viuen a les cavernes, entre una miseria gens platónica. A la tragedia senderiana, tampoc falte lo coro que fée grans los fets a la manera clássica, cuan 
la ampla boca en la máscara servíe de megáfono. Lo coro es aquí lo "carassol", los llavadós del poble, en la Jerónima, entre ensalmadora y curandera, entre Cassandra y correvesydili, bachillera, alcavota o alcahueta. Al "carassol", los siñorets assessinos arribats de la capital, li van soltá una arruixada de bales, manera brutal de acabá en tota la opinió pública, si es que aixina u podem vore. Si volem seguí veén símbolos, cap milló que la actitut del retó, parábola acás de una Iglesia que va proclamá crusada y va beneí aixina la terrible guerra sivil. O al siñó Cástulo, entre dos aigües, lo seu coche servirá pera la boda de Paco y tamé pera la seua ejecussió. O lo leitmotiv del romans o romance populá, que mos cante per boca del escolanet la vida, passió, prendimén y mort del llauradó español.

Ahí va Paco del Molí,

que ya ha sigut sentensiat,

plore per la seua vida

pel caminet del fossá.

O lo sabaté, librepensadó a miges, que "com casi tots los del ofissi teníe amples caderes".... O lo senturió, que capitaneje la partida de los assessinos, disposat a rematá al Paco moribundo jun al mateix coche del ric siñó Cástulo, hasta que algú cride, pera evitá taques: - No. ¡Ahí no! Pero cap símbolo pot sé mes hermós que lo potro del llauradó. Lo caball que se acampe sol per los montes y que entrará a la iglesia de la aldea (un lloch del Alt Aragó "prop de la raya de Lérida, Leyda, Lleida, Ilerda"), al matí de la missa que lo mossen culpable y apenat diu per lo seu antic escolanet y que los tres rics del poble volen pagá. Dingú acudix a la missa, exepte lo potro, que mos fa enrecordá del caball blang de Emiliano Zapata, símbolo de la libertat a la película de Elia Kazan.
Tamé podem olvidamos de tots los símbolos. Es igual, podem lligí este llibre cla y emossionán, segóns u va vore Max Aub, com lo que per damún de tot y en primera instansia es, un relato extraordinari, una tragedia impressionán, en eixa forsa terrible que teníen les matraques a Semana Santa, cuan sonaben com "un rumó de ossos sacsats". Lo llibre se va di primé Mossen Millán, sentrat en lo mossen culpable. Titulál Réquiem lo fa passá a sé algo que plore per tots natros, incluít lo retó delató, que com fa poc escribíe José Carlos Mainer a la revista Turia habíe sigut "un mossen vulgar, abnegat y seguramen felís hasta que a la seua vida se li va crusá la guerra sivil y va partissipá de la innoble trampa que li va portá la mort a Paco lo del Molí".