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sábado, 27 de julio de 2024

3. 3. De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg.

Capítul III.

De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg.

Dos añs y mich fée que habíe tornat de la seua primera ixida, y va viure en un ay perque continuamen li escribíen y cridáen pera obres de pintura, volén tots donálay an ell en gran enveja dels pintós que hasta entonses se féen la competensia entre ells al país; y com reconeixíen la maestría de Pedro Saputo, callaben y se féen fotre. Tamé aixó sentíe ell, y pera que no patigueren nessessidat, se excusabe de la mayoría de les obres, y alguna vegada de totes per no oferís cap de mes gran empresa. Al mateix tems se li fée estret aquell sel a la seua alma tan gran; y consebín ya atres coses diferentes a les de la primera eixida, va determiná anassen a corre la España, sense limitás per tan a sol España si li veníe be.

Una vegada resolt lo viache, va comprá una mula de bona presensia y poc preu, una bona espasa (que sabíe fe aná), y lo día fixat pera la ixida, va montá y va tirá cap a Cataluña. Y sa mare, y la padrina y sa filla, Eulalia y Tereseta, que ploraren lo que vullgueren, perque per nelles no habíe ell de viure y morí an aquell racó del món.

Desmemoriada mula vella, Desideri Lombarte, Pedro Bel Caldú

No va entrá al seu plan aná a vore a les seues amigues, perque la edat les debíe aná demanán a tota pressa les raderes paraules que totes volen sentí dels homens, y ell no se trobabe an eixe cas. 

Pero passáe no mol lluñ de la aldea de les novissies, y no va pugué evitá torse allí lo camí, senne dos no podíen ficál en apuros, com sí que u faríe Morfina, que be sentíe no vórela.

Va arribá, y al entrá ixíe son pare de Juanita, que lo va coneixe; se van saludá y van aná juns a casa seua, y juns van passá después a la de Paulina, encara abans de diná, perque eren sobre les deu del matí. Com lo creíen navarro y estudián se van extrañá que viachare de aquell modo: ell, que may se quedáe parat, los va di:

- Enguañ, curs perdut. Unes vegades valen mes lletres que hassienda; atres, hassienda que lletres. Lo tems es lo que goberne; y les lletres sempre se troben; pero la hassienda pot pedres. 

Y yo me trobo ara an este segón cas. Les sagales sempre eren les mateixes, y així que lo van vore, sen va aná lo juissi de casa. Después van voldre sabé lo misteri de la seua persona, y li van di que les dos estáen demanades en matrimoni, y encara que los partits eren mol ventajosos, espessialmén lo que lograbe Juanita, li demanáen consell, ya que encara no estáen del tot obligades. 

Ell va contestá que cuan estigueren casades les diríe quí ere, ara ni u podíe di ni les conveníe sabéu. Si puguera casám en les dos (les va di), vatres siríeu les meues dones; pero la ley no u permitix, y cap voldríe vore a l'atra casada en mí. Per tan debéu casatos. Y passat lo día mol alegremen en elles, va continuá lo seu viache en son demá.

Al poc mes de dos legües va entropessá la mula desmemoriada y va caure en ell a un forat. Se va assustá de aixó y va di:

- Pos si ara me haguera trencat un bras o una cama, ¿quí me traíe de aquí y me portabe aon me curaren? Es di, que debíe portá un criat; es di, que teníe que viachá en alguna autoridat; es di, que ya no soc Pedro Saputo lo libre, lo sabut, lo sense temó, lo sense respecte a cap vanidat. Mula, mula, una me n'has fet y no men farás dos; poc valíes, y ara vals menos; ¡pren!, y tirán de la espasa la hi va embutí per lo pit hasta la empuñadura y la va dixá espiritán, y en dos potades que va pegá se va quedá morta pera sempre y carn per als corvs y llops de la comarca. Va traure de la maleteta uns tapissos, y una llibreta en blang, dos camises y un gabanet (los dinés per supost, encara que no ne va pendre cap gran cantidat de casa), va formá un paquetet en tot, va atravessá per nell la espasa, se u va ficá al muscle, y fen la siñal de la creu, va di: 

San Perico: ¡adiós, mare!; ¡adiós, amors meus!; ¡adiós, Aragó!; ¡hasta que torna!

Va arribá a Lérida, Ilerda o Lleida y va pensá en Julio César. 

Se va interná al Prinsipat, y va visitá lo famós monasteri de Montserrat, (Monserrate com lo de Fórnols) aon los flares li van contá la historia del sélebre Juan Garín en la filla del conde Jofré lo Velloso (lo pilós, pelut, Gofredo, Gottfried, Uvifredo, Wifredo, Guifredo, Guifre, etc.), y la va sentí en molta formalidat per respecte als presens. Después se va admirá de la penitensia de que parláen y del descans al que vivíen.

Va mirá les pintures que ñabíe y va passá cap abán, no parán hasta Gerona, Gerunda, Girona. Allí va voldre vore les mosques de san Narciso o Narsís; pero li van di que com la sang que chupaben dels fransesos ere sang venenosa y descombregada o excomulgada per la invicta espasa del gran Rey don Pedro, Pere, Peire III de Aragó, se van morí totes después de habeli ajudat a acabá en la canalla, a la que no li va valé portá lo estandart sagrat que diuen la Oriflama, or y flama: ni les bendissions y aigua beneita en la que los va arruixá lo papa cuan en mala hora van publicá la crusada contra lo Rey de Aragó, del que encara tenen memoria.

PEDRO III, EN LAS JUSTAS DE BURDEOS (SIGLO XIII. BURDEOS)

De allí per la costa va aná cap a la gran Barselona (Barchinona, Barcino, Barcelona, etc), y habén sabut que al port ñabíe un buque a pun de eixecá áncora o ancla y fé vela cap a Italia, va aná allá lo día y hora a la que debíe eixí; lo va vore, va envejá al mes infelís que an ell anáe, y lo va seguí en los ulls y lo cor hasta que lo va pedre de vista. Se va quedá sol mirán cap al mar, y desconsolat o desconortat, y casi plorán, va traure lo retrato de sa mare que sempre portáe damún, se va ficá de ginolls, girada la cara cap a Aragó, y va di:

- ¡Oh mare! Al teu amor y soledat oferixco este sacrifissi. Per tú no men vach a Italia; per tú no visito la siudat dels Cesars; per tú no voré la capital y siñora del món.

Seguín sempre la costa va arribá a Tarragona, y comparanla, lo que ere en lo que habíe sigut, y recordán la dominassió y poderío inmenso dels romanos, casi en ves de plorá li van doná ganes de riure considerán la vanidat y mindundi de les gran fetes humanes y dels imperis de la terra.

Va continuá y de allí va passá lo Ebro o Ebre cap a Tortosa (Dertusa, Dertosa), va entrá al regne de Valensia, va saludá a Peñíscola y va vore lo castell del papa Benedicto de Luna, XIII; va arribá a Valensia y va buscá la porta al seu muro, va vore al Rey Don Jaime fen tremolá lo seu gloriós estandart en siñal de victoria desde lo Real hasta aon estáe.
Va aná después al mateix Real, que eren palaus y jardins (ara sol jardins, solsits y enrunats aquells a la guerra de la independensia). Va visitá después lo Real primé del mateix Rey a Ruzafa, lo seu puesto ocupabe un convén de monges.

Y enrecordansen de les seues de un atre tems, va di:

- Siguéu santes les que aquí tos trobéu; pero procuréu que no penetro a dins de les reixes algún Pedro Saputo, perque li auxiliará la naturalesa que es tan poderosa, y... Perdonéu, filles del error o del espíritu de Deu, que de tot ñaurá entre vatres. Les que foreu víctimes de la violensia, del engañ o de un despit, aquí teniu un cor que tos acompañe en lo sentimén. Hau perdut lo món, y no sabéu si guañaréu lo sel; pero potsé no sirá vostra tota la culpa ni to se demanará tota la cuenta. Dites estes paraules en gran sentimén, va girá la esquena an aquell triste y melancólic edifissi, y va entrá a la siudat; a la que se va aturá prop de un añ, dedicat a la pintura, perque li van agradá los pintós valensians.


Original en castellá:

Capítulo III.

De cómo Pedro Saputo hizo otro viaje más largo.

Dos años y medio hacía que había vuelto de su primera salida, y vivió desazonado porque continuamente le escribían y llamaban para obras de pintura, queriendo todos dársela a él con grande envidia de los pintores que hasta entonces se las competían entre sí en el país; y como reconocían la maestría de Pedro Saputo, callaban y se concomían. También esto sentía él, y para que no padeciesen necesidad, se excusaba de la mayor parte de las obras, y alguna vez de todas por no ofrecerse ninguna de mayor empresa. Al mismo tiempo venía estrecho aquel cielo a su alma grande; y concibiendo ya otras cosas que la vez primera, determinó irse a correr la España cuando menos, sin limitarse por tanto a sola España si le venía a mano. Resuelto que tuvo el viaje, compró una mula de buena presencia y poco precio, una buena espada (que sabía manejar), y el día fijado para la salida, montó y echó a andar hacia Cataluña. Y su madre, y la madrina y su hija, Eulalia y Teresita, que llorasen cuanto quisiesen, porque por ellas no había él de vivir y morir en aquel rincón del mundo.

No entró en su plan ir a ver a sus amigas, porque la edad les debía ir pidiendo a toda prisa las últimas palabras que todos quieren oír de los hombres, y él no se encontraba en ese caso. Pero pasaba no muy lejos de la aldea de las novicias, y no pudo menos de torcer allí el camino, como quiera que siendo dos no podían meterle en apuro, como hiciera Morfina, aunque bien sentía no verla.

Llegó, y al entrar salía el padre de Juanita, que le conoció; se saludaron y fueron juntos a su casa, y juntos pasaron luego a la de Paulina, aún antes de comer, porque eran sobre las diez de la mañana. Como le creían navarro y estudiante extrañaron que viajase de aquel modo: él, que nunca se atajaba, les dijo: - Hogaño, curso perdido. Unas veces valen más letras que hacienda; otra hacienda que letras. El tiempo es el que gobierna; y las letras siempre se encuentran; mas la hacienda puede perderse. Y yo me hallo agora en este segundo caso. Las muchachas siempre eran las mismas, y así que le vieron, se les fue el juicio de casa. Luego después quisieron saber el misterio de su persona, y le dijeron que las dos estaban pedidas en matrimonio, y aunque los partidos eran muy ventajosos, especialmente el que lograba Juanita, le pedían consejo, puesto que aún no estaban del todo obligadas. Él les respondió que cuando fuesen casadas las diría quién era, que antes, ni se lo podía decir ni les convenía saberlo. Si pudiera casarme con las dos (les dijo), vosotras seríades mis esposas; pero la ley no lo permite, y ninguna querría ver a la otra casada conmigo. Por consiguiente debéis casaros. Y pasado el día muy alegremente con ellas, continuó su viaje el siguiente.

A poco más de dos leguas tropezó la mula y cayó con él en un hoyo. Amostazóse de esto y dijo: - Pues si ahora me hubiese roto un brazo o una pierna, ¿quién me sacaba de aquí y me llevaba adonde me curasen? Es decir, que debía llevar un criado; es decir, que debiera viajar con alguna autoridad; es decir, que ya no soy Pedro Saputo el libre, el listo, el sin miedo, el sin respeto a vanidad alguna. Mula, mula, una me has hecho y no me harás dos; poco valías, y agora vales menos; ¡toma!, y tirando de la espada se la metió por el pecho hasta el puño y se la dejó espiritando, y con dos pernadas que dio quedó muerta para siempre y pasto de los cuervos y lobos de la comarca. Sacó de la maletilla unos tapices, y un cuaderno en blanco, dos camisas y un gabancillo (el dinero por supuesto, aunque no tomó gran cantidad de casa), formó un paquetito con todo, atravesó por él la espada, se lo echó al hombro, y haciendo la señal de la cruz, dijo: san Perico: ¡adiós, madre!; ¡adiós, amores míos!; ¡adiós, Aragón!; ¡hasta la vuelta!

Llegó a Lérida y pensó en Julio César. Se internó en el Principado, y visitó el famoso monasterio de Monserrate, donde los monjes le contaron la historia del célebre Juan Garín con la hija del conde Jofré el Velloso (Gofredo o Uvifredo), y la oyó con mucha formalidad por respeto a los presentes. Después se admiró de la penitencia de que hablaban y del regalo con que vivían. Miró las pinturas que había y pasó adelante, no parando hasta Gerona. Allí quiso ver las moscas de san Narciso; pero le dijeron que como la sangre que chupaban de los franceses era sangre ponzoñosa y descomulgada por la invicta espada del gran rey don Pedro III de Aragón, murieron todas después de haberle ayudado a acabar con la canalla, a la cual no le valió traer el estandarte sagrado que llaman el Oriflama: ni las bendiciones y agua bendita que les echó el papa cuando en mala hora publicaron la cruzada contra el rey de Aragón, de que todavía tienen memoria.

De allí por la costa vino a la gran Barcelona, y habiendo sabido que en el puerto había un buque a punto de levantar áncora y hacer vela para Italia, fue allá el día y hora en que debía salir; viole, envidió al más infeliz que en él iba, y le siguió con los ojos y el corazón hasta que le perdió de vista. Quedó solo mirando hacia el mar, y desconsolado y casi llorando, sacó el retrato de su madre que siempre traía consigo, se postró de rodillas, vuelta la cara a Aragón, y dijo: - ¡Oh madre! A tu amor y soledad ofrezco este sacrificio. Por ti no me voy a Italia; por ti no visito la ciudad de los Césares; por ti no veré la capital y señora del mundo.

Siguiendo siempre la costa llegó a Tarragona, y comparándola en lo que era con lo que había sido, y recordando la dominación y poderío inmenso de los romanos, casi en vez de llorar le dio ganas de reír considerando la vanidad y pequeñez de las grandezas humanas y de los imperios de la tierra.

Continuó de allí, pasó el Ebro en Tortosa, entróse en el reino de Valencia, saludó a Peñíscola y los manes santos del papa Benedicto de Luna; llegó a Valencia y buscó la puerta en cuyo muro vio el rey Don Jaime tremolar su glorioso estandarte en señal de victoria desde su Real en donde estaba. Fue luego al mismo Real, que eran palacios y jardines (ahora sólo jardines, arruinados aquéllos en la guerra de la Independencia). Visitó después el Real primero del mismo rey en Ruzafa, cuyo sitio ocupaba un convento de monjas. Y acordándose de las suyas de otro tiempo, dijo: - Sed santas las que aquí os hallades; pero mirad que no penetre dentro de las rejas algún Pedro Saputo, porque le auxiliará la naturaleza que es tan poderosa, y... Perdonad, hijas del error o del espíritu de Dios, que de todo habrá entre vosotras. Las que fuéredes víctimas de la violencia, del engaño o de un despecho, aquí tenéis un corazón que se compadece de vosotras. Habéis perdido el mundo, y no sabéis si ganaréis el cielo; pero tal vez no será vuestra toda la culpa ni se os pedirá toda la cuenta. Dichas estas palabras con gran sentimiento, volvió la espalda a aquel triste y melancólico edificio, y se entró en la ciudad; en la cual se detuvo cerca de un año dedicado a la pintura, porque le gustaron los pintores valencianos.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 10. Pedro Saputo escomense la vida de estudián.

Capítul X.

Pedro Saputo escomense la vida de estudián.

bizcochos, cocs rapits, cocs en anous; Pedro Saputo escomense la vida de estudián.

Aquella nit van arribá a una aldea de mes de sixanta y vuit cases, y parats entre dos llums y fen alto a la plassa van tocá una mica los instrumens pera cridá la atensió. Pronte se van trobá voltats de gen dixanse mols la cullera al plat pera vindre a sentils. Paquito en una seña los va fé formá lo púlpito, va saltá an ell y va di en tono de oratoria y en veu grossa:

"Fills y siñós de esta siudat: no penséu que estos sing estudians venim a demanatos lo pa que tos hau de minjá, ni les perres que teníu condenades a mort, perque som bastán rics pera no nessessitá res de lo que tingáu mes menesté y falta. Mol menos venim a sabé lo que les vostres dones han fet avui o van fé ahí; encara que si vullguerem be tos sabríem di lo que farán demá. Ni tampoc venim a fetos rics, perque esta operassió y pensamén la guardem pera natres; pero tampoc pobres, encara que avui mos donéu de sená y llit y demá lo que pugáu. A lo que venim es a tráuretos cavilassions y aforratos sen setse visites del vostre meche, si ne teníu; encara que segons yo crec, o no ne teníu, o li paguéu y no tos visite.»

Y ere la verdat, perque se habíen consertat en lo dotó de un atre poble mes gran y may anáe an éste si no lo cridáen, mes que a firmá la escritura y cobrá los seus honoraris.

Lo escoltáe embelesada aquella gen, sen enríen com a baubos, y ell al pas que se internabe a la materia anáe soltán chistes y malissioses alusions, pero sense provocá vergoña ni faltá a dingú; y va preguntá si los escolastics habíen de dormí a la plassa y sená rayos de lluna y resplandós de les estrelles o dels estels.

En aixó se va arrimá un home de bon talante pero una mica severo que va di que ere l'alcalde y ne va demaná dos pera casa seua; y un atre de bones trasses va demaná los tres que quedáen; y un atre de no pichós indissis va demaná los sing; y per bona compossisió y eixecanli la má Paquito, perque encara ñabíe datres que volíen emportassels, se va acordá que soparíen a sing cases, un a cada una, y dormiríen a dos, les mes veínes entre elles, pera separás lo menos possible. Pero que abans, pera alegrá a tan nobles veíns, donaríen una volta per lo poble tocán los instrumens, que eren una vihuela, un violín, una pandereta y lo pito. 

Aubríe camí Paquito cuatre o sis passes dabán, parlán sense pará y fen riure a la gen, tan que apenes se sentíe la música per damún de les risses y carcañades. Ningú se descusíe de ells; y va di:

- Si pensáu, siñores dones, que avui an esta siudat se ha de sená ven y armonía de oíts, estéu mol equivocades. Sabéu, sobre tot, que esta primera música es sol per als homens, l'atra sirá pera vatres les dones. Anéu inmediatamen a prepará la sena, o de lo contrari mor la música y no la ressussitaréu encara que tos tornéu totes bruixes, les que no u siguéu ya.

- Té raó, van cridá los homens; cap a casa les dones. 

Y elles avergoñides y en temó de un atra jaculatoria mes picán, se anáen desfén del motín y enfiláen cap a les seues cases. 

Van doná, pos, la volta al poble, y se van repartí pera sená.

Reunits después a casa del alcalde en los prohomens del poble (alguna manáen mes que lo propi alcalde) van deliberá que, pera que cabiguere mes gen, fore lo ball a la sala de les cases consistorials; y als estudians los van di que no demanaren res perque entre los prinsipals y mes generosos los arreplegaríen una bona propina. Y així u van cumplí com honrats que eren.

Lo ball va durá hasta les dotse de la nit, y va corre lo bon vi blang, los bizcochos, cocs rapits, cocs en anous y la galantería.

En son demá se van despedí de les persones que mes los habíen honrat y afavorit, y del poble en una música rasgada que sempre sonáe be y los anáe portán fora del poble, seguinlos tots en gran afissió y mol contens, com a Hamelín o Hameln. Van pará de tocá a la eixida y van alsá los instrumens en siñal de besamans, y después en les gorres se van despedí mes a la manera y a la inteligensia del vulgo.

Al mateix poble se van fé en un llibre antic de latín que van demaná a un huésped, y agarranlo Pedro Saputo, en un rato va repassá los nominatius, en un atre les conjugassions, callán que les haguere adeprés; va adependre de memoria escribín a un papé les parts indeclinables que mes se fan aná, y en pocs díes va resultá sé un mich latino, faltán poc de lo que va prometre o prometí cuan va di que adependríe lo latín en vuit díes. Perque en lo ejercicio de parlá sempre en latín entre ells, mol pronte va igualá als seus compañs, y después a casa seua lo va acabá de adependre en mes fundamén. Los estudians no van volé creure que no sapiguere latín, pensáen que fée vore que lo estudiabe y que no los enteníe, tot teatro (al contrari que después fará Ignacio Sorolla Vidal, que an estes hores encara no sap lligí ni una frasse sansera en latín, aixó sén doctor en sossiollingüística).

Perque ademés a les cuestions de filossofía y hasta de atres siensies, parláe tan be o milló que ells, y discurríe mol sabiamen a totes.

Y lo van mirá en respecte creénlo de gran naiximén, encara que dissimulat en aquell disfrás, pos encara los va doná atres probes que los van confirmá esta sospecha.

Una vegada fora del poble y algo apartats, los va demaná que li faigueren la mersé de lligili o ressitali les ordenanses, usos y estils que guardaben; y li van contestá:

- U sabéu ya tan be com natros perque totes se reduíxen a dos: 

a sé honrat y fé lealmen lo traball y lo profit.

- U són, en efecte, com diéu, va contestá ell, perque són les leys de la raó y de la bona y justa sossiedat. Y parlán y proyectán escenes, jocs y diablures, se van entretindre tamé lo que quedáe del día, y van arribá a les sing de la tarde a un poblet de uns tressens o cuatressens veíns, y van entrá tocán un viu passacarré o pasacalle, afegit ya un nou instrumén a la orquesta: perque Pedro Saputo habíe manat fé al ferré de la primera aldea, apellidat Dilla, un triángul de ferro primet y ben amartellat pera que sonare mol.

Lo que tocáe lo pito, que estáe arguellat y ere mol feo, y, com tots los feos solen sé, charraire y grassiós, teníe lo papé de tuno, que sempre se done al mes matraca y espabilat de la compañía (com lo cantán de Los Draps de Peñarroija, Ignacio Romero Rivases).

Y encara que desde que va sentí la vespra a Paquito se creíe mol inferió an ell, va conservá la autoridat ordinaria. Lo pito per atra part ere un instrumén que no lo incomodabe, fée poca falta a la orquesta, y lo tocáe o no, segons li apetíe o conveníe.

Com van entrá ya tocán se va formá un clapé de gen voltanlos, y después lo tuno alsán lo pito, va di:

- Siñós, al meu pito, al meu pito, que a ningú li fa falta, com veéu.

Al meu pito, dic; ixa micha pesseta, ixa pesseta, eixe escut, eixe doblón tallat de una barra de or deu vegades mes gran que lo meu pito. Y lo enseñabe, y tocáe per dos o tres carrés, y tornáe: al meu pito, siñós, que té la virtut de espantá a les bruixes, esbarrá los duendes, curá lo mal de mare, adormí als morts, despertá als vius, alegrá al que té ganes, y torná lo pel als segos, la vista als calvoslo oít als coixos y l’añ bissiesto al calendari.

Botiga Ascuma

Aquí lo veéu, aquí lo teniu, aquí está a la meua disposissió y a la vostra. A vore, dic ixa micha pesseta, ixa pesseta que está al purgatori y vol eixissen de penes. Y dién aixó tiráe la gorra abán y la anáe passán per lo corro sense pará de parlá com un energúmeno; y caíen allí monedes de totes les edats y talles, figures y colós com si ploguere.

Mentrestán anáen adelantán pel carré, y aon veíen bones robes y bones cares als balcons se paraben o aturaben una mica a obsequiáls, y féen plega de lo que caíe al atractiu de les veus del tuno. Va caure de un balcó un escut de or (que valíe noranta sueldos jaquesos, o uns 85 reals de vellón); y al vóreu Pedro Saputo va saltá als muscles de un compañ y va besá mil vegades la má y los peus a una chiqueta de dessat a devuit añs de edat, tendra com una flo al eixí del cáliz, hermosa com cap atra a la terra, amabilíssima de mirá, y mol rica y grassiosamen vestida. Ere la del escut, la hi habíe entregat son pare al mateix balcó y a vista de tots, pera que de la seua má fore mes asseptat. La va mirá mol Pedro Saputo, al mateix tems que li estáe dién les alabanses a la seua dignidat y bellesa, y requeríe la ocasió; y ella, encara que vergoñosa, lo va mirá tamé an ell en la libertat disimulada de aquella pública inesperada festa.

Va baixá, y preguntán cóm se díe aquella deidat y diénli que Rufina, li va mudá lo nom a Morfina, li van cantá micha dotsena de lletres en les que la declaraben (sense feli favor) la mes hermosa, la mes amable y soberana de la terra, y se oferíen tots ells com los seus esclavos, quedanse pera sempre hasta a casa seua y al poble lo nou nom de Morfina, perque a tots va agradá mes que lo verdadé.

Van tirá cap abán; y estáen tocán a un cruse, apretats de tanta gen que los seguíe y voltáe, y corríe la gorra del tuno prou pera no esperá mes del concurs, al tems de probá de ixissen de la turbamulta.

Al sentro se habíe ficat una dona de sincuanta a sixanta añs de edat, mal vestida y en alguna extravagansia, y reparán lo tuno en ella y les espentes que fotíe pera eixí, li va di:

- Bona dona, ¿per qué ixíu de casa en ixe nas y tan mal farjada?

Ere lo cas que lo teníe encara mes feo; pero ella se va picá y va contestá un disparate. Va acudí Pedro Saputo y li va di:

- Aquí, reina meua, que ting que ditos algo al oít.

- A un atra part me u diréu - (y la va nomená y siñalá), va contestá ella, - burlón y bellaco.

- Adiós, pos, reina, va torná a dili. Y ella sense girás:

- Be podríes portá algún gat o mona pera divertitos, mol fill de puta.

Entonses Paquito (Pedro Saputo), pegán un brinco, salte als muscles de un compañ, y diriginse a la dona que se allargáe remugán y refunfuñán, li va dispará este borbollón de insults tiranlos a aumostades en les dos mans:

- Vaigue en Deu la piltrafa pringada, zurrapa, gitada, vomitada, aubarda arrastrada, tía curtna, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, espart, zarandajo, drapot, cullerot, ranacuajo, zancajo, espantall, granerot, escarbat, escarabicha, gargall, moc, mocajo, pell de rabosa, fuina, cagachurre, mocarra, pum, pum, callosa, cazcarrosa, chinchosa, mocosa, legañosa, estoposa, mohosa, sebosa, muermosa, asquerosa, ojisucia, ullbruta, podrida, culiparda, hedionda, pudenta, la gran pudina, picuda, getuda, greñuda, juanetuda, patuda, hocicuda, morruda, llanuda, zancuda, diabla, puncha tripes, fogó apagat, caldero aboñat, to - to - to - ottorrrrr... culona, cagona, zullona, moscona, trotona, ratona, chochona, garrullona, sopona, tostona, chanflona, gata chamuscada, gossa parida, morcó reventat, trasgo del barri, tarasca, estafermo, pendón de Zugarramurdi, chirigaita, ladilla, verruga, caparra, sapo revolcat, jimia escaldada, cantonera, mochilera, cerrera, capagalls...

Y va pará tan perenne temporal de vituperis, perque la infelís va desapareixe de la vista habén torsut per un atre carré, traén flames de la cara, y suán y morinse de vergoña.

No haguere acabat ell en tota la tarde la ploguda de insults si la cantonada que va girá no la haguere amparat. La gen sen va enriure tan y estáe tan embelesada, que ningú pensabe anassen, per minuts creixíe lo concurs y lo favor del poble.

Al mich de esta distracsió y jaleo, un sagal que se va colá per entre les garres y faldes va presentá al tuno un llibre en latín per si lay volíe comprá. Va pendre lo llibre y lo va mirá y va vore que ere de medissina, y va di: ¿Llibres creíes que compraríem? Errasti, fill de ta mare. Mira, les dens mo se han escantellat y corcat de tan estudiá (y los hi enseñabe). Estos díes ham tratat seriamen del cas y yo y lo meu pito dixarem la carrera y mos embarcarem cap a Jauja, o mos ficarem a monges capuchines. Per lo Chiquet de la bola, que ha sigut impertinensia la teua. Ves en Deu y en lo teu llibre a qui t'ha parit. 

Y va torná a la seua.

Poc a poc va arribá la nit, mes per nugols que per la paora o les tiniebles, que no eren mes de les vuit y parán la ronda van preguntá per lo messón o fonda pública pera retirás.

¿Cóm que una fonda?, va cridá un dels que los seguíe desde lo primé carré; aquí, siñós llissensiats, lo messón pera vostra mersé, lo palau y la barraca, es casa meua. Anem cap allá, que ya hay avisat a la meua dona que aumento algo la sena.

Pos yo, veí, va di l'atre, había manat un atra cosa; pero vosté hau parlat primé, vaiguen allá esta nit; demá, siñós llissensiats, són vostres mersés los meus convidats tot lo día.

Van aná cap allá y van sopá. Pero ya mentres senaben se habíe tratat entre los del poble de reunió y ball; cuan arribe lo pare de la chiqueta que va doná lo escut de or, y los va di:

- Siñós llissensiats, séntigo habé de molestá, pero soc home y pare, y vull doná gust a la meua dona y no tráurel a una filla única que Deu me ha donat. Yo dessicharía que después de sená se servigueren vostres mersés vindre a casa meua en los instrumens un rato.

- A la vostra noblesa, siñó caballé, va contestá Pedro Saputo, res podem ni volem negá: som mol criats de vostra mersé, y agraím y fiquem al seu pun la cortessía de habé vingut en persona, cuan un simple recado mos valíe pera aná a ficamos a la vostra disposissió y al respecte y ordens de aquelles siñores.

- Pos vosté los acompañaréu amic, va di al nou huésped. 

Los va doná les grassies, saludanlos y sen va aná sense permití que se eixecaren de la taula.

- Es un home mol ric, va di lo huésped, y sap gastá.

Té una filla (ya la hau vist) a la que li diuen lo sol de Aragó; y de España y del món u podríe sé, per la seua hermosura.

Cada día arriben pretendens, y entre ells alguns siñós de títul; y tots prometixen resposta, y la donen sense dudá, pero cap de ells torne, perque lo pare vol que la filla se caso en tot lo seu gust, y la chiqueta no se enamore al vol, que, encara que es jove, es tan discreta com hermosa. Mol be tos ha de aná allá. 

¿Un escut de or va caure del balcó? Atres seguirán an aquell, yo tos u fío, perque es don Severo mol nobilíssim.

- Pos despachem, va di lo del pito, y anem.

- No, siñós, no, va replicá lo huésped; no ña per qué saltá per damún dels plats; ara a sená y después lo festejá.

Pero ells tan al sopá com después a casa del caballé van está mol templats, perque la tersera ley de les seues ordenanses ere que se habíe de guardá sobriedat pera no deshonrá lo hábit o caure a mengua.


Original en castellá:

Capítulo X.

Pedro Saputo da principio a la vida estudiantina.

Aquella noche dieron consigo en una aldea de más de sesenta y ocho casas, y llegados entre dos luces y haciendo alto en la plaza tocaron un poco los instrumentos para llamar la atención. Pronto estuvieron rodeados de gente dejando muchos la cuchara en el plato por venir a oírlos. Paquito a una seña les hizo formar el púlpito, salta en él y dice en tono oratorio y grave: «Hijos y señores de esta ciudad: no penséis que estos cinco estudiantes venimos a pediros el pan que os habéis de comer ni los dineros que tenéis condenados a muerte, porque somos bastante ricos para no necesitar nada de lo que tengáis más menester y falta. Mucho menos venimos a saber lo que vuestras mujeres han hecho hoy o hicieron ayer; aunque si quisiéramos bien os sabríamos decir lo que harán mañana. Ni menos venimos a haceros ricos, porque esta operación y pensamiento la guardamos para nosotros; pero tampoco pobres, aunque hoy nos deis de cenar y cama y mañana lo que nos cumpla. A lo que venimos es a quitaros cavilaciones y ahorraros de ciento dieciséis visitas de vuestro médico si lo tenéis; aunque según yo conjeturo o no tenéis, o le pagáis y no os visita.» Y era la verdad, porque se habían concertado con el médico de otro lugar mayor y nunca iba a éste si no le llamaban, salvo a firmar la escritura y cobrar su cuanto.

Oíale embelesada aquella gente, se reían como bobos, y él al paso que se internaba en la materia se soltaba en chistes y maliciosas alusiones, pero arrebozando mucho la idea para que a nadie causasen rubor; y concluyó preguntando si los escolásticos habían de dormir en la plaza y cenar rayos de luna y resplandores de las estrellas. Luego se acercó un hombre de buen talante que dijo ser el alcalde y pidió dos para su casa; y otro de buenas trazas pidió los tres restantes; y otro de no peores indicios pidió los cinco; y por buena composición y tomando la mano Paquito, porque aún había otros que querían llevárselos, se acordó que cenarían en cinco casas, uno en cada una, y dormirían en dos las más vecinas entre sí para separarse menos. Pero que antes, para alegrar a tan nobles vecinos, darían una vuelta por el lugar tocando los instrumentos, que eran una vihuela, un violín, una pandera y el pito. Abría camino Paquito cuatro o seis pasos adelante hablando sin parar y haciendo reír a la gente que apenas se oía la música por encima de las risas y carcajadas. Nadie se descosía de ellos; y dijo: - Si pensáis, señoras mujeres, que hoy en esta ciudad se ha de cenar viento y armonía de oídos, estáis muy equivocadas. Sabed, sobre todo, que esta primera música es sólo para los hombres, la otra será para vosotras. Pero id de aquí inmediatamente a aderezar la cena, o de lo contrario muere la música y no la resucitáis aunque os tornéis todas brujas las que no lo fuéredes ya ahora. - Tiene razón, gritaron los hombres; a casa las mujeres. Y ellas avergonzadas de temor de otra jaculatoria más picante, se iban deshaciendo del motín y escurriéndose a sus casas. Dieron, pues, la vuelta al lugar, y se repartieron a cenar.

Reunidos después en casa del alcalde con los prohombres del pueblo deliberaron que, por más capaz, fuese el baile en la sala de las casas consistoriales; y a los estudiantes les dijeron que no pidiesen nada porque entre los principales y más generosos les recogerían una buena propina. Y así lo cumplieron como honrados.

El baile duró hasta las doce de la noche, y anduvo por alto el buen vino blanco, los bizcochos y la galantería. Al día siguiente se despidieron muy a lo caballero de las personas que más los habían honrado y favorecido, y del pueblo con una música rasgada que los iba llevando fuera del lugar, siguiéndolos todos con grande afición y contento. Pararon de tocar a la salida y alzaron los instrumentos en señal de besamanos, y después con las gorras se despidieron más en forma y a la inteligencia del vulgo.

En el mismo pueblo se hicieron con un Arte viejo que pidieron a un huésped, y tomándole Pedro Saputo, en un rato repasó los nominativos, en otro las conjugaciones, callando que las hubiese aprendido; tomó de memoria escribiéndolas en un papel las partes indeclinables de más uso, y en pocos días salió un mediano latino faltando poco de lo que prometiera cuando dijo que aprendería el latín en ocho días. Porque con el ejercicio de hablar siempre en latín entre ellos, muy pronto igualó a sus compañeros, y después en su casa le acabó de aprender con más fundamento. Los estudiantes no quisieron creer que no supiese latín, sino que hizo que lo estudiaba y que no los entendía, todo pamema. Porque además en las cuestiones de filosofía y aun de otras ciencias, que se movían, hablaba tan bien y mejor que ellos, y discurría muy sabiamente en todas. Y le miraron con respeto creyéndole de alto nacimiento, aunque disimulado con aquel disfraz, pues todavía les dio otras y otras pruebas que los confirmaron en esta sospecha.

Luego que estuvieron fuera del pueblo y algo distantes, les pidió que le hiciesen la merced de leerle o decirle las ordenanzas, usos y estilos que guardaban; y le respondieron: - Sabéis ya tan bien como nosotros porque todas se reducen a dos, a ser honrado y hacer común lealmente el trabajo y el provecho. - Sélas en efecto, como decís, contestó él, porque son las leyes de la razón y de la buena y justa sociedad. Y parlando y proyectando escenas, juegos y diabluras, se entretuvieron también lo más del día, y llegaron a las cinco de la tarde a un lugar de hasta trescientos o cuatrocientos vecinos, y entraron tocando un vivo pasacalle, añadido ya un nuevo instrumento a la orquesta: porque Pedro Saputo, habían mandado hacer al herrero de la primera aldea un triángulo de hierro delgado y bien martillado para que fuese muy sonoro.

El que tocaba el pito, que era seco y muy feo, y, como todos los feos suelen ser, decidor y gracioso, tenía el papel de tuno, que siempre se da al más matraca y despabilado de la compañía. Y aunque desde que oyó la víspera a Paquito se creía muy inferior a él, no obstante conservó la autoridad ordinaria. El pito por otra parte era instrumento muy mañero y no sólo no le incomodaba, sino que hacía poca falta a la orquesta, y le tocaba o no según se le antojaba o convenía.

Como entraron ya tocando se agolpó un gran gentío sobre ellos, y luego el tuno alzando el pito en alto, dijo: - Señores, a mi pito, a mi pito, que a nadie hace falta como veis sino a la vihuela y la pandera. A mi pito, digo; esa media peseta, esa peseta, ese escudo, ese doblón cortado de una barra de oro diez veces mayor que mi pito. Y le enseñaba, y tocaba dos o tres carreras, y volvía: a mi pito, señores, que tiene la virtud de espantar las brujas, ahuyentar los duendes, curar el mal de madre, adormir los muertos, despertar a los vivos, alegrar al que tiene ganas, y volver el pelo a los ciegos, la vista a los calvos, el oído a los cojos y el año bisiesto al calendario. Aquí le veis, aquí le tenéis, aquí está a mi disposición y a la vuestra. Mas por ahora otra cosa le haría más falta al caso. A ver, digo esa media peseta, esa peseta que está en purgatorio y desea salir de penas. Y diciendo esto echa la gorra delante y la iba pasando por el corro sin parar de hablar como un energúmeno; y caía allí moneda de todas las edades y tallas, figuras y colores como si lloviera.

Entretanto iban adelantando por la calle, y donde veían buenos paños y buenas caras en los balcones se paraban un poco en su obsequio, y recogían lo que caía al atractivo de las voces del tuno. Cayó de un balcón un escudo de oro (que valía noventa sueldos jaqueses, o unos 85 reales de vellón); y al verlo Pedro Saputo saltó en los hombros a un compañero y besó mil veces la mano y los pies a una niña de diecisiete a dieciocho años de edad, tierna como una flor al salir del cáliz, hermosa si la había en la tierra, amabilísima de mirar, y muy rica y graciosamente vestida. Era la del escudo, que se lo entregó su padre en el mismo balcón y a vista de todos, para que de su mano fuese más acepto. Miróla mucho Pedro Saputo, al propio tiempo que le estaba diciendo las alabanzas que llevaba en su dignidad y belleza, y requería la ocasión; y ella, aunque vergonzosa, le miró también a él con la libertad disimulada de aquella pública inesperada fiesta. Bajóse y preguntando cómo se llamaba aquella deidad y diciéndole que Rufina, le mudó el nombre en Morfina, le cantaron media docena de letras en que la declaraban (sin hacerle favor) la más hermosa, la más amable y soberana de la tierra, y se ofrecían todos ellos por sus esclavos, quedándose para siempre en su misma casa y en el pueblo el nuevo nombre de Morfina, porque a todos gustó más que el verdadero.

Pasaron adelante; y estando tocando en una encrucijada, apretados de la gente que los seguía, y circulaba la gorra del tuno lo bastante para no esperar más del concurso, al tiempo de hacer movimiento para ir a otra parte, comenzó a pugnar por salirse de la turba, en cuyo centro se había metido, una mujer de cincuenta a sesenta años de edad, mal vestida y con alguna extravagancia, y reparando el tuno en ella y en los desaforados empujones que daba para salir, le dijo: - Buena mujer, ¿por qué salís de casa con esa nariz tan mal fachada? Era el caso que la tenía aún más fea; pero ella se quemó y respondió un disparate. Acudió Pedro Saputo y le dijo: - Acá, reina mía, que tengo que deciros algo al oído. - A otra parte me lo diredes (y la nombró), respondió ella, el muy burlón y bellaco. - Adiós, pues, reina, tornó a decirle. Y ella sin volverse: - Bien pudierais llevar algún gato o mona para divertiros, el muy hijo de puta. Y se salía y se hallaba ya en franquía en la calle. Entonces Paquito (Pedro Saputo), dando un brinco, salta en los hombros de un compañero, y dirigiéndose a la mujer que se alongaba refunfuñando, le disparó este borbollón de injurias tirándoselas a puñados con las dos manos:

- Vaya con Dios la ella, piltrafa pringada, zurrapa, vomitada, albarda arrastrada, tía cortona, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, estropajo, zarandajo, trapajo, ranacuajo, zancajo, espantajo, escobajo, escarabajo, gargajo, mocajo, piel de zorra, fuina, cagachurre, mocarra, ipum, pum!, callosa, cazcarrosa, chinchosa, mocosa, legañosa, estoposa, mohosa, sebosa, muermosa, asquerosa, ojisucia, podrida, culiparda, hedionda, picuda, getuda, greñuda, juanetuda, patuda, hocicuda, lanuda, zancuda, diabla, pincha tripas, fogón apagado, caldero abollado, to- to- to- ottorrrrr... culona, cagona, zullona, moscona, trotona, ratona, chochona, garrullona, sopona, tostona, chanflona, gata chamuscada, perra parida, morcón reventado, trasgo del barrio, tarasca, estafermo, pendón de Zugarramurdi, chirigaita, ladilla, verruga, caparra, sapo revolcado, jimia escaldada, cantonera, mochilera, cerrera, capagallos...

Y cesó tan alto y perenne temporal de vituperios, porque la infeliz desapareció de la vista habiendo torcido por otra calle, echando llamas de su rostro, y sudando y muriéndose de vergüenza. Ni acabara él en toda la tarde con su diluvión de ultrajes según era afluente, si la esquina que dobló no hubiese amparado a la cuitada. La gente rió tanto y estaba tan embelesada, que nadie pensaba en irse, antes por minutos crecía el concurso y el favor del pueblo.

En medio de esta distracción y bullicio, un muchacho que se coló por entre las piernas y faldas presentó al tuno un libro en latín si le quería comprar. Tomó el libro y le miró y vio que era de medicina, y dijo: ¿libros creíste que compraríamos?, errasti, hijo de tu madre. Mira, los dientes se nos han secado de estudiar (y se los enseñaba). Y a punto estos días hemos tratado seriamente del caso e yo y mi pito vamos a dejar la carrera y embarcarnos para Jauja, o meternos a donados de monjas capuchinas. Por el Niño de la bola, que ha sido impertinencia la tuya. Anda con Dios y con tu libro a quien te ha parido. Y volvió a su recado.

Poco a poco, en fin, hubo de venir la noche, más por nubes que por tinieblas, que no eran más de las ocho y parando la ronda preguntaron por el mesón o posada pública para retirarse. ¿Qué es posada?, gritó uno que los siguió desde la primera calle; aquí, señores licenciados, el mesón y la posada para vuesas mercedes, el palacio y la choza, es mi casa. Vamos allá, que ya he mandado aviso a mi mujer que aumente algo a la cena. Pues yo, vecino, dijo otro, he mandado decir otro tanto a la mía; pero vos habéis hablado primero, vayan allá esta noche; mañana, señores licenciados, son vuesas mercedes mis huéspedes todo el día.

Fueron allá y cenaron. Pero ya mientras cenaban se había tratado entre los del pueblo de reunión y baile; cuando llega el padre de la niña que dio el escudo de oro, y les dijo: - Señores licenciados, siento haber de molestar a vuesas mercedes; pero soy esposo y padre, y quiero, en cosas de razón, dar gusto a mi esposa y no quitallo a una hija única de su sexo que Dios me ha dado. Yo desearía que después de cenar se sirviesen vuesas mercedes venir a mi casa con los instrumentos un rato. - A vuestra nobleza, señor caballero, contestó Pedro Saputo, nada podemos ni queremos negar: somos muy criados de vuesa merced, y agradecemos y ponemos en su debido punto la cortesía y dignación de haber venido en persona, cuando un simple recado nos bastaba para ir a ponernos a vuestra disposición y al respeto y órdenes de aquellas señoras. - Pues vos les acompañaréis amigo, dijo al huésped. Dioles las gracias, saludándoles y se fue no permitiendo que se levantaran de la mesa. - Es hombre muy rico, dijo el huésped, y sabe gastallo. Tiene una hija (ya la habéis visto) que la llaman el sol de Aragón; y de España y del mundo lo podría ser, si eso dice a su hermosura. Cada día llegan pretendientes, y entre ellos algunos señores de título; y todos prometen respuesta, y la dan sin duda, mas ninguno vuelve, porque el padre quiere que la hija case a todo su gusto, y la niña a lo que parece, no se enamora al vuelo, que, aunque joven, es tan discreta como hermosa. Muy bien os ha de ir allá. ¿Un escudo de oro cayó del balcón? Otros seguirán a aquél, yo lo fío, por que es don Severo muy nobilísimo. - Pues despachemos, dijo el del pito, y vamos. - No, señores, no, replicó el huésped; no hay para qué saltar por encima de los platos; agora va a cenar y mandar prevenir el agasajo; bien que en su casa siempre está prevenido. Mas ellos así en la cena como después en casa del caballero anduvieron muy templados, porque la tercera ley de sus ordenanzas era que se había de guardar sobriedad para no deshonrar el hábito o caer en mengua.

2. 7. Se descubrix a les monges.

Capítul VII.

Se descubrix a les monges.

Héctor Moret Coso se descubrix a les monges.

Al cap de poc mes de dos mesos li va pareixe que lo bigot se li anáe espessín, y va di a les seues dos enamorades novissies, que ere ya tems de pensá en lo que teníen que fé. Perque si ella (ell) se quedabe home com portáe trassa de séu per lo que li quedáe de vida, allí no podíe está; y si les mares u sabíen, ñauríe una gran tronada de escándol y aspavens.

- Pos si tú ten vas, li van contestá, mos morirem les dos de pena. 

- Calléu, va di ell, que ya ne cavilaré yo alguna pera que ton aniguéu tamé vatres dos y mos veigam les tres fora de esta presó, y mos amem y busquem y tratem en libertat y gust.

¿Qué, no voléu torná a les vostres cases y al estat libre que teníeu?

- Sí, sí, van di les dos mol contentes; ¿pero cóm u farem? 

- Ya u ting pensat, va di ell, y tos u comunicaré al seu tems. 

Ara entenéu que yo no puc dixá de manifestá a la mare priora lo que me passe, y figureutos ya lo que resultará; no pot dixá de sé la meua eixida del convén. Pero abans quedará mol ben ordenat lo que toque a vatres. Sentíen elles aixó y los saltáe lo cor de jubileu perque se habíen ubert los seus ulls y veíen que aquell estat no los conveníe.

En molta vergoña y en temó va aná ell a la cámara de la mare priora y li va di (demananli abans perdó y suplicanli que no la maltratare), que segons habíe advertit, fée alguns díes que se estáe tornán un home; y que ya u ere casi del tot.

La priora, al sentí tal charrada, va arrencá a riure, la va mirá a la cara, y después de un rato va di:

- Tú, Geminita, no estás be del cap. ¿Qué te passe, pobreta?, ¿qué es aixó?, ¿T'añores de la teua terra?, ¿Tens la semaneta y aixó te gire lo juissi? No te preocupos; cridaré a sor Mercedes, que es íntima amiga meua, y te vol tamé mol, y vorem lo que se ha de fé en tú. Ara vesten al coro y resa nou Padrenuestros o Parenostres y nou Salves al san del día, San Estés, al nostre beato patriarca y a la Virgen de la teua devossió; y a les set tornarás y ya vorem. En aixó lo va agarrá de la má en bondat y li va besá al fron. Va cridá a sor Mercedes, li va di lo que ñabíe, y sen va enriure tamé mol y u va tindre per imaginassió, y van quedá en que tornare al cap de un hora.

Va aná, per supost, al coro Pedro Saputo y va resá lo que li va maná la priora, no pera que los sans que invocabe li tornaren lo entenimén que no habíe perdut, sino pera que, pos ya que eixiríe de aquella seguridat y asilo, de aquella oscurina y retiro, lo libraren dels alguasils de Huesca. Y va arribá la hora entre tan y se va presentá a la cámara de la priora aon lo aguardaben les dos amigues.

- Me pareix, siñores y mares meues, va di, que la orassió del coro me ha acabat de convertí en home, no sol perque ya u soc perfecte en cos, sino perque me séntigo en unes forses extraordinaries, y un gran dessich de blandí espases y arcabusos, y de montá y bufáls deball de la coa als caballs; y hasta la cara me s'ha mudat. Y dién aixó brassejabe y apretabe los puñs, y ficáe lo semblán fort y marcat. Y pera proba, va di, miréu y perdonéu, y va agarrá a sor Mercedes y la va fé voltá com a una nina, y después a la priora, encara que ere mes grossota, y se van admirá les bones monges, y van pensá que efectivamen ere ya un home o u acabaríe de sé mol depressa. La escena va sé divertida, la rissa gran, y después la admirassió y lo pasmo de aquelles dos beneídes dones, sense podé creure del tot lo que veíen, ni tampoc dixá de creureu. En conclusió van acordá no di res a la comunidat y doná vuit díes de tems a Geminita pera que se reconeguere milló y puguere afirmá y ratificá lo que acababe de declará. La forseguera de que va fé alarde, y hasta lo semblán que ara sels figuráe mes reforsat y que tirabe a señes de home, cuan hasta aquell día les habíe paregut dona. Tamé sels representabe mes alt de estatura, y lo seu cos mes dret y musculós. Y van está parlán dos hores bones, acabanse lo consell en la ressolusió (mentres ell estáe ya jugán en les seues novissies) de repudiá tota proba que ofenguere lo pudor o repugnare a Geminita; encara que sén totes dones (va di la priora) no tindríe que sé tan gran l'empach.

Va proposá tamé la priora consultá al pare confessó; y a sor Mercedes, que ere mes avisada, no li va pareixe be per moltes raons y atres tans motius que va exposá, resumín que per la seua part no se teníe que consultá a ningú, ni se atropellaríe a la sagala, ni volíe tindre escrupols; y se va conformá la priora.

En ixos vuit díes van tindre les dos monges mols coloquis, y sempre quedaben en lo mateix, amaganse empero la una a l'atra, que les dos miráen a Geminita en uns atres ulls dels que la habíen mirat hasta entonses, y que la volíen tamé mes y en un atre gust.

No va tindre ell a les seues volgudes novissies mol tems en suspense, si passats los vuit díes se veíe obligat a eixí del convén, les va previndre y va di:

- Ya veéu, amigues meues, que este estat y esta vida no tos convé; engañades vau vindre, o ignorans mes be y sense sabé lo que tos feieu. Y com me diéu que tos moriríeu les dos en pocs díes si aquí tos quedáreu, vach a donatos la trassa que hau de inventá y seguí pera eixí de aquí y torná a les vostres cases. La una fará vore que está dolenta y l'atra mol trista. La mare priora haurá de escriure als pares de la dolenta; vindrán, los demanaréu que tos traguen uns díes, y ya no tornaréu. La manera de fé aixó...

- No ña per qué cansás, va di Juanita; ya t'ham entés; yo soc la dolenta y Paulina la triste. Als dos mesos que tú ten haigues anat, ya faltará poc pera la nostra professió, se fa lo embeleco, y te prometixgo que ixirá be, vullgue o no vullgue. ¿Yo quedám aquí? Primé me tiraré de la finestra mes alta.

- Y yo, va contestá Paulina, me agarraré a les teues faldes y caurem juntes.

- Pera fé vore que estás dolenta, continuabe Pedro Saputo...

- ¡Qué pesadet! Lo va interrompre o interrumpí Juanita. Hay dit y repetixgo que está calat. En dixá de vóret me ficaré dolenta tan de veres, que pot sé que después me costo mich añ recuperám; y si vull un añ. Pero, ¿mos dones paraula de vindre a vóremos?

- Sí, va contestá Pedro Saputo; y vatres, ¿me la donéu a mí de vóldrem sempre com ara?

- Sí, y mes encara, li van di les dos. Y van quedá en aixó.

Passats los vuit díes se va torná a presentá a les mares, y va confirmá y ratificá lo que habíe dit, assegurán que sense remey ere home, y home del tot, y sol home; que ya no li chauchaben los ofissis de dona, y ya li fée nosa lo vestit y personalidat de dona, que en consecuensia veíe que no podíe está mes al convén; que u sentíe mol, pero que ya veíen que Deu als seus inexcrutables y inapelables juissis habíe disposat un atra cosa.

¡Oh, quí u habíe de di! Se van ficá tendres aquelles dos sensibilíssimes y apressiabilíssimes siñores. Y ell que u va guipá, va continuá dién:

- Yo hasta ara hay mereixcut de la bondat de algunes mares, de vostra mersé espessialmén, algunes mostres de cariño que potsé ya no me atreviré a torná com abans; y es un atra proba mes de la meua sansera transformassió, pos la vech y u séntigo per la amistat de unes persones de qui tan favor y potsé amor hay mereixcut.

An aixó elles sense tartí, sense di ni mu, miráen com un mussol de Fórnols, y los pareixíe que Geminita parláe mes doctamen, com si desde que ere home tinguere lo sabé y la autoridat. La priora, per fin, li va di:

- Pos be, cuan vullgues, cuan te paregue determinarás la teua eixida del convén; natres no te traurem; a la teua prudensia y voluntat u dixem.

- Yo, los va contestá, no men aniría may; no, siñores; que moltes llágrimes vech que haurá de costám.

- Tamé a natros, va di la priora; y desde ara te demanem que mos donos noves teues, te passo lo que te passo. Y mentres estigues al convén sigues prudén y no digues res a ningú; sobre tot a les novissies.

Acordat aixó y mosseganse Pedro Saputo los labios sobre lo que ñabíe a l'atra part, los va demaná que li fassilitaren roba, la que fore, pera fes un vestit de home. Vindrás demá, li van di, y la tindrás preparada. En efecte van acudí an algunes túniques y mantellets de san, perque no teníen datra cosa a má, y com a gorra una tuniqueta de vellut blavós tirán a violeta de un chiquet Jesús Nazareno, adornada en galons de or; y en tres díes se va fé tot lo traje. 

Res va di a les novissies, la nit que lo va tindre acabat, sel va ficá y ajuntanles a la cámara de Paulina sels va presentá vestit de home y en una pluma mol pincha a la gorra que se va acomodá de una de pavo real que teníe la priora. Cuan elles lo van vore, van pensá que se tornáen loques de amor, y en micha hora no van acabá de mirál, ni en una, ni en dos, ni en tota la nit, de fé extrems y regalás en ell y regalali lo cor y l'alma.

En son demá va proposá y li va pareixe be a la priora, que per la nit, después de sená, se vestiríe a la seua cámara pera que lo veigueren ella y sor Mercedes. Se van reuní, y ell va demaná que lo pentinaren com a un home y caballé, y u van fé elles de boníssima gana. 

Va entrá a la alcoba, se va vestí, se va ajustá la gorra una miqueta inclinada cap a un costat, y en una grassia y bizarría capás de marejá a una santa pintada, ix cap a fora de les cortines mirán afablemen y sonrién a les monges, que al vórel van creure que ere una visió del sel. Tan galán estáe, tanta ere la seua hermosura, tal lo seu donaire y gallardía. Miranles en una tendresa que derretiríe la neu, y enterbolits los ulls de llágrimes va corre cap a la priora en los brassos uberts, y después cap a sor Mercedes, y elles lo van ressibí en lo mes gran apressio que van pugué perque ni la una ni l'atra sabíen lo que les passáe; y sol les pareixíe que Geminita no ere Geminita sino l'ángel del amor, ni elles sor Fulana y sor Zutana, sino dos dones a qui un foc interió que may habíen sentit les estáe desfén lo cor y turbáe la raó y los sentits.

En son demá lo va cridá sor Mercedes a la seua cámara, y tancán la porta va di:

- Desde lo primé día que mos vas parlá de lo que dius que te estáe passán, hay estat pensán cóm podíe sé; y en fin, Geminita, me dono a entendre, y crec que estic covensuda, y no me fará ningú creure un atra cosa, que tan home eres cuan vas vindre al convén, com ara, perque ixa transformassió siríe un milagre mol gran, y tan de rissa com gran, y no u habíe de fé Deu aixina per passatems y joc. Pero sigue lo que vullgue, no te obligaré a que me descubrixques lo misteri de la teua persona y de la teua vinguda an esta casa, perque misteri es y no menut per mes que u dissimulos. Ni tú eres tan ignorán com fas vore, ni tan sensill com aparentes, ni te dius Geminita, sol vech en tú un gran secreto que farás be de no revelá a ningú perque així estarás mes segú. Així com yo res hay dit de esta sospecha a la mare superiora, perque es algo aprensiva y podríe rompre per aon no vinguere al cas. La teua mirada continguda y serena me diu que es verdat tot lo que estic dién. Pero te has cansat de viure en natres y vols anáten; o has satisfet ya la teua curiosidat y gust. Vesten en hora bona, encara que per mí te juro que no ten aniríes; y si me fore possible tamé te seguiría. Perque vach vindre mol engañada, y engañada me vach ficá este hábit, y mes que engañada vach professá y abrassá un estat que si no me fa tan infelís com a les atres, perque no ting la imprudensia de fotre cosses contra lo fisó, y me conformo en lo dit del vulgo y de la ressignassió animosa, que diuen al fet, pit; en tot confesso que me fa viure sense vida. Cap abán empero, no sé cóm me anirá, perque la teua presensia y bellíssima figura no se borrará de la memoria fassilmen; no, jove apressiable. ¡Y ten vas! ¡Ten vas ara que t'ham conegut!, 

¡y sense sabé quí eres!, ¡sense sabé quí es lo que a una edat tan de chiquet tanta discressió ha tingut vivín entre natres, tal desenvoltura, tan amor y encán ha escampat an esta casa...! Dissimula y no extraños estes llágrimes... ¡te vull, jove amable

Sí, ¡ay! te vull... sol te demano... que parlos... y... que me consolos...! Y dién aixó y plorán se va aviá als seus brassos.

A l'atre día la priora, encara que en algún rodeo y menos franquesa, li va di lo mateix, y tamé va dixá corre una llágrima y se li van escapá alguns suspiros; tots mes templadamén ya pel seu carácter, ya per la seua edat, pos teníe coranta y sing añs, cuan sor Mercedes ne teníe sol trenta y un, y encara que de espíritu eixecat ere mes delicada y amán.

No sabíen está sense ell aquells díes que indefinidamen se quedáe al convén; y ell per gratitut y per afecte, perque ere impossible dixá de correspondre a tans favors, les contemplabe lo mes sensiblemen que podíe.

Se descubrix a les monges. Convén. Sigena, Sijena, Sexena

Original en castellá:

Capítulo VII.

Descúbrese a las monjas.

Al cabo de poco más de dos meses le pareció que el bozo del labio se le iba espesando a más andar, y dijo a sus dos enamoradas novicias, que era ya tiempo de pensar en lo que debían de hacer. Porque si ella (él) se quedaba hombre como llevaba trazas de serlo toda su vida, allí no podía estar; y si las madres lo sabían, habría gran tempestad de escándalo y aspavientos. - Pues si tú te vas, le respondieron, nos moriremos las dos de pena. - Callad, dijo él, que ya daré yo traza para que os vayáis también vosotras y nos veamos las tres fuera de esta prisión, y nos amemos y busquemos y tratemos a nuestra libertad y gusto. ¿Qué, no queréis volver a vuestras casas y al estado libre que teníades? - Sí, sí, dijeron las dos muy contentas; ¿pero cómo haremos? - Ya yo lo tengo pensado, dijo él, y os lo comunicaré a su tiempo. Agora entended que yo no puedo menos de manifestar a la madre priora lo que me pasa, y figuraos ya lo que resultará; no puede dejar de ser mi salida del convento. Pero antes quedará muy bien ordenado lo que toca a vosotras. Oían ellas esto y les saltaba el corazón de júbilo porque se habían abierto sus ojos y veían que aquel estado no les convenía.

Con mucho rubor al parecer y con algún miedo realmente fue él a la celda de la madre priora y le dijo (pidiéndole antes perdón y suplicándole no la maltratase), que según había advertido, hacía algunos días que se tornaba hombre; y que lo era ya casi entera y cumplidamente. La priora al oír tal disparate, que disparate y grande era para ella, se echó a reír, le miró a la cara, y después de un rato dijo: - Tú, Geminita, estás de la cabeza. ¿Qué te sucede, pobrecilla?, ¿qué es esto?, ¿tienes cariños de tu tierra?, ¿o estás en tu mala semana y eso te turba el juicio? No te aflijas; llamaré a sor Mercedes, que es mi íntima amiga, y te quiere también mucho, y veremos lo que se ha de hacer contigo. Agora vete al coro y reza nueve Padrenuestros y nueve Salves al santo del día, a nuestro beato patriarca y a la Virgen de tu devoción; y a las siete volverás y veremos. Con esto le tomó de la mano con bondad y le besó en la frente. Llamó a sor Mercedes, díjole lo que había, y se rió también mucho y lo tuvo por imaginación, quedando por último, en volver a la hora citada.

Fue, por supuesto, al coro Pedro Saputo y rezó lo que le mandó la priora, no para que los santos que invocaba le volviesen el juicio que no había perdido, sino para que, pues iba a salir de aquella seguridad y asilo, de aquella oscuridad y retiro, le librasen de los alguaciles de Huesca. Y llegó la hora entre tanto y se presentó en la celda de la priora donde le aguardaban las dos amigas. - Paréceme, señoras y madres mías, les dijo, que la oración de coro me ha acabado de convertir en hombre, no sólo porque lo soy ya perfecto en mi cuerpo, sino porque me siento unas fuerzas extraordinarias, y un gran deseo de manejar espadas y arcabuces, y de montar y correr caballos; y hasta el rostro se me ha mudado. Y diciendo esto braceaba y apretaba los puños, y ponía el semblante fuerte y levantado. Y aun para prueba, dijo, mirad y perdonad (y tomó a sor Mercedes y la jugó como a una muñeca, y luego a la priora, aunque más gruesa); y se admiraron las buenas monjas, y creyeron que efectivamente era ya hombre o lo iba a acabar de ser muy aprisa. La escena fue divertida, la risa grande, y después la admiración y el pasmo de aquellas dos benditas mujeres, sin poder resolverse del todo a creer lo que veían, ni tampoco dejar de creerlo. En conclusión acordaron no decir nada a la comunidad y dar ocho días de tiempo a Geminita para que se reconociese mejor y pudiera afirmar y ratificar lo que acababa de declararles. Inclinábalas mucho el esfuerzo de que hizo alarde, y aun el semblante que de golpe se les figuró más robusto y que tiraba a señas de hombre, cuando hasta aquel día les había parecido mujer. También se les representaba más alto de estatura, y su cuerpo más derecho y liso. Y estuvieron hablando bien dos horas, terminándose el consejo con la resolución (mientras él estaba ya jugando con sus novicias) de desechar toda prueba que ofendiese el pudor o repugnase a Geminita; aunque siendo todas mujeres (dijo la priora) no debería ser tanto el empacho.

Propuso asimismo la priora consultar al padre confesor; y a sor Mercedes, que era más avisada y cuerda, no le pareció bien por muchas razones y otros tantos motivos que expuso largamente, resumiéndose en que por su parte ni se consultaría a nadie, ni se atropellaría a la muchacha, ni quería tener escrúpulos; y se conformó la priora.

En aquellos ocho días tuvieron las dos monjas muchos coloquios, y siempre quedaban en lo mismo, ocultándose empero la una a la otra, a pesar de su intimidad, que las dos miraban a Geminita con otros ojos que la habían mirado hasta entonces, y que la querían también más y con otro gusto.

No tuvo él a sus carísimas novicias mucho tiempo suspensas, sino que por si pasados los ocho días se veía obligado a salir del convento, les previno y dijo: - Ya veis, queridas mías, que este estado y esta vida no os conviene; engañadas vinisteis, o ignorantes más bien y sin saber lo que os hacíais. Y pues me decís que os moriríades las dos en pocos días si aquí os quedásedes, voy a daros la traza, que habéis de inventar y seguir para saliros y volver a vuestras casas. La una se fingirá enferma y la otra muy triste. La madre priora habrá de escribir a los padres de la enferma; vendrán, le pediréis que os saquen unos días, y ya no volvéis. El modo como habéis de hacer esto... - No hay para qué cansarse, dijo denodada Juanita; ya te hemos entendido; yo soy la enferma y Paulina la triste. A los dos meses que tú hayas ido, que ya faltará poco para nuestra profesión, se hace el embeleco, y te prometo que saldrá bien, quiera que no quiera. ¿Yo quedarme aquí? Primero me tiraré de la ventana más alta. - Y yo, respondió Paulina, me asiré de tus faldas y caeremos juntas. - Para fingirte enferma, continuaba Pedro Saputo... - ¡Que das en ser porfiado!, le interrumpió Juanita. He dicho y repito que está calado. Con dejar de verte y derrengarme un poco de ánimo enfermaré yo tan de veras, que puede ser que después me cueste medio año de convalecer; y si quiero un año. Pero, ¿nos das palabra de venir a vernos? - Sí, respondió Pedro Saputo; y vosotras, ¿me la dais a mí de quererme siempre como agora? - Sí, y más aún, le dijeron las dos. Y quedaron en esto.

Pasados los ocho días se volvió a presentar a las madres, y confirmó y ratificó lo que les había dicho, asegurándoles que sin remedio era hombre, y hombre del todo, y sólo hombre; que le repugnaban los oficios de mujer, y se afrentaba ya del traje y persona de mujer, que en su consecuencia conocía que no podía estar más en el convento; que lo sentía mucho, pero que ya veían que Dios en sus inexcrutables e inapelables juicios había dispuesto otra cosa. ¡Oh, quién lo dijera!, se enternecieron aquellas dos sensibilísimas y apreciabilísimas señoras. Y él que lo advirtió, continuó diciendo: - Yo hasta ahora he merecido de la bondad de algunas madres, de vuesas mercedes especialmente, algunas muestras de cariño que quizá ya no me atreveré a devolver como antes; y es otra prueba más de mi entera transformación, pues la veo y siento en la amistad de unas personas a quien tanto favor y quizá amor he merecido. A esto nada contestaban ellas, miraban solamente, y les parecía que Geminita hablaba más doctamente, y como si desde que era hombre tuviera infuso el saber y la autoridad. La priora, por fin, le dijo: - Pues bien, cuando quieras, cuando te parezca determinarás tu salida del convento; en la inteligencia que nosotras no te echaremos; a tu prudencia y voluntad lo dejamos. - Yo, les contestó, no me iría nunca; no, señoras; que muchas lágrimas veo habrá de costarme. - También a nosotras, dijo la priora; y desde agora te pedimos nos des nuevas de ti, sucédate lo que te suceda. Y mientras estés en el convento sé prudente y no digas nada a nadie; sobre todo a las novicias.

Acordado esto y mordiéndose Pedro Saputo los labios sobre lo que había en otra parte, les pidió que le facilitasen ropa, cualquiera que fuese, para hacerse un vestido de hombre. Vendrás mañana, le dijeron, y la tendrás prevenida. Con efecto acudieron a algunas túnicas y mantitos de santo, porque no tenían otra cosa a mano, y para gorra una tuniquilla de terciopelo morado de un niño Jesús Nazareno, guarnecida con galones de oro; y en tres días se hizo todo el traje. Nada dijo a las novicias, sino que la noche que lo tuvo concluido, se lo puso y reuniéndolas de antemano en la celda de Paulina se les presentó vestido de hombre y con una airosa pluma en la gorra que se acomodó de una de pavo real que tenía la priora. Cuando ellas le vieron, pensaron volverse locas de amor, y en media hora no acabaron de mirarle, ni en una, ni dos, ni en toda la noche, de hacer extremos y regalarse con él y regalarle el corazón y el alma.

Al día siguiente propuso y pareció bien a la priora, que por la noche, después de cenar, se vestiría en su celda para que le viesen ella y sor Mercedes. Reuniéronse con efecto, y él para causarle mayor las rogó que le peinasen y tocasen a lo hombre y caballero, que lo hicieron ellas de bonísima gana. Entróse en la alcoba, vistióse, púsose la gorra un poquito inclinada a un lado, y con una gracia y bizarría capaz de marear a una santa pintada, sale y se para fuera de las cortinas mirando afable y risueño a las monjas, las cuales al verle creyeron que era una visión del cielo. Tan galano estaba, tanta era su hermosura, tal su aire y gallardía. Mirádolas que hubo un poco, y sonriéndose con una ternura que derritiera la nieve, y preñándosele los ojos de lágrimas corrió a la priora con los brazos abiertos, y luego a sor Mercedes, y ellas le recibieron con el mayor regalo que pudieron porque ni la una ni la otra sabían lo que les pasaba; y sólo les parecía que ni Geminita era Geminita, sino el ángel del amor, ni ellas sor Fulana y sor Zutana, sino otras dos mujeres a quienes un fuego súbito interior que jamás sintieran les estaba deshaciendo el corazón y turbaba la razón y los sentidos.

Al día siguiente le llamó sor Mercedes a su celda, y cerrando la puerta dijo: - Desde el primer día que nos hablaste de lo que dices te sucedía, he estado pensando cómo podía ser; y al fin, Geminita, me doy a entender, y creo que estoy persuadida, y no me hará nadie creer otra cosa, que tan hombre eras cuando viniste al convento, como agora, porque esa transformación sería un milagro muy grande, y tan jocoso como grande, y no le había de hacer Dios así por pasatiempo y juego. Pero sea lo que quiera, no te estrecharé a que me descubras el misterio de tu persona y de tu venida a esta casa, porque misterio es y no pequeño por más que lo disimules. Ni tú eres tan ignorante como te finges, ni tan sencillo como aparentas, ni te llamas Geminita, ni veo en ti sino un profundo secreto que harás bien de no revelar a nadie porque así estarás más seguro. Así como yo nada he dicho de esta sospecha a la madre superiora, porque es algo aprensiva y podría romper por donde no vendría al caso. Tu mirada, en medio de tu advertido continente y serenidad, me dice que es verdad todo lo que estoy diciendo. Pero te has cansado de vivir con nosotras y quieres irte; o has satisfecho ya tu curiosidad y tu gusto. Vete en hora buena, aunque por mí te juro que no te irías; y si me fuese posible también te seguiría. Porque vine muy engañada, y engañada vestí este hábito, y más que engañada profesé y abracé un estado que si no me hace tan infeliz como a otras, porque no tengo la imprudencia de dar coces contra el aguijón, y me conformo con el dicho del vulgo y de la resignación animosa, que dicen a lo hecho, pecho; con todo confieso que me hace vivir sin vida. En adelante empero, no sé cómo me irá, porque tu presencia y bellísima figura no se borrará de la memoria fácilmente; no, joven apreciable. ¡Y te vas! ¡Te vas ahora que te hemos conocido!, ¡y sin saber quién eres!, ¡sin saber quién es el que en una edad tan de niño tanta discreción ha tenido viviendo entre nosotras, tal desenvoltura ha ejecutado, tanto amor y encanto ha esparcido en esta casa...! Disimula y no extrañes estas lágrimas... ¡te quiero, joven amable! Sí, ¡ay! te quiero... sólo te pido... que hables por fin... y... que me consueles...! Y diciendo esto y llorando se echó en sus brazos.

Otro día la priora, aunque con algún rodeo y menos franqueza, le vino a decir lo mismo, y también dejó correr una lágrima y se le escaparon algunos suspiros; todos más templadamente ya por su carácter, ya por su edad, pues contaba cuarenta y cinco años, cuando sor Mercedes tenía sólo treinta y uno, y aunque de espíritu levantado era más delicada y amante.

No sabían estar sin él aquellos días que indefinidamente permanecía en el convento; y él por gratitud y por afecto, porque era imposible dejar de corresponder a tantos favores, las contemplaba lo más sensiblemente que podía.

miércoles, 8 de mayo de 2024

Lexique roman; Lista - Deslivransa, Desliuransa, Delivransa, Deliuransa

 

Lista, s. f., bande, bordure, liteau, bord.

Voyez Denina, t. III, p. 45 et 46.

L'ancien teutonique avait liste, dont l'allemand a fait Leiste.

Le poëme sur l'expédition de Charlemagne en Espagne offre ce mot dans l'inscription gravée autour du bouclier de Roland:

Mit Guldinem bohstaven

Was an there listen ergraven.

V. 1852 et 1853.

Schilter, Thes. antiq. teut., t. III, v° Liste.

Un mantelh 

D'un drap de seda bon e belh

Que hom apela sisclato, 

Vermelh ab lista d'argen fo.

R. Vidal de Bezaudun: Unas novas.

Un manteau d'un drap de soie bon et beau qu'on appelle brocard, il fut vermeil avec bordure d'argent.

ANC. FR. Li rois fu en la sale bien painturée à liste. 

Roman de Berte, p. 125.

CAT. Llista. ESP. PORT. IT. Lista. (chap. Llistó, llistons; veta, vetes; faixa, faixes; a un escut : barra, barres; franja bordada, franges bordades.)

En la estrelleta de Cuba y les barres de Aragó

2. Listar, v., jasper, border, tracer des bandes, veiner.

Part. pas.

Vengut es a la cambra del fi marbre listat.

Roman de Fierabras, v. 2680.

Est venu à la chambre du pur marbre jaspé.

ANC. FR.

Ochirent le traytre ou hault palais listé.

Poëme de Hugues Capet, fol. 19. 

Le ban de Macidoine qui fu listé d' orfrois. 

Poëte anonyme. Du Cange, t. IV, col. 233. 

Li quatre fil Aymon sont el palais listé. 

Roman de Renaud de Montauban. 

ANC. CAT. Llistar. ANC. ESP. Listar. IT. Listare.

3. Listre, s. m., lisière, bordure.

Bons es per listre e per drap.

T. de G. Rainols d'Apt et de G. Magret: Maigret.

Il est bon par lisière et par drap.

Le PORT. et l' IT. ont listra.

4. Listrar, v., jasper, border, tracer des bandes.

Part. pas. A son col a pendut son bon escut listratz.

Roman de Fierabras, v. 1045.

A suspendu à son cou son bon écu bordé.

PORT. Listrar. (chap. Vetejá; bordá; fé barres; fé faixes; fé franges.)


Livell, s. m., lat. libella, niveau.

Tot o mena a plom et a livell et a drecha linha.

Fay tot a regla coma peyralier lo mur tot engal a livell.

V. et Vert., fol. 59.

Mène tout d'aplomb et de niveau et en droite ligne.

Fait tout à la règle comme le maçon le mur tout égal de niveau. 

ANC. CAT. Livell. PORT. Livel. IT. Livello.

2. Nivel, s. m., niveau.

Mesura tenent la corda a nivel de l'ayga. 

Trad. du Tr. de l'Arpentage, part. Ire, c. 35. 

Mesure tenant la corde au niveau de l'eau. 

CAT. MOD. Nivell. ESP. PORT. Nivel. (chap. Nivell, nivells; v. anivellá, nivellá.)


Livor, s. f., lat. livor, couleur livide, lividité.

A blancor perteno... livor o flavor.

Las autras causas de livor.

Eluc. de las propr., fol. 265 et 266.

A blancheur appartiennent... lividité ou jaune-vert.

Les autres causes de lividité. 

ESP. PORT. Livor. IT. Livore.

2. Lividitat, s. f., lividité.

Lividitat o blaveza. Eluc. de las propr., fol. 88.

Lividité ou pâleur.

3. Livenc, adj., livide.

Quan, per operacio de natura, vert o negre torna livenc.

Eluc. de las propr., fol. 266.

Quand, par opération de nature, vert ou noir devient livide.

(chap. Lívit : pálit : blanc o blang com un papé; descolorit; livits, lívida, lívides; palits, pálida, pálides. Los “indios” de Nortamérica los díen “cara pálida” als blancs.)

Artur Quintana, Arturo Quintana Font


Livre, Liure, adj., lat. liber, libre, affranchi, détaché.

Sia sers, sia livres. Trad. de Bède, fol. 74.

Soit serf, soit libre.

Fig. Es livres de peril.

C' om sia livres de mal.

Trad. de Bède, fol. 49 et 13.

Est affranchi de péril.

Qu'on soit affranchi de mal. 

CAT. Llibre. ESP. Libre. PORT. Livre. IT. Libero. (chap. Libre, libres; solt, solts, solta, soltes; afranquit, afranquits, afranquida, afranquides.)

2. Livrar, Liurar, v., lat. liberare, délivrer, sauver, débarrasser.

Lo sanh bers on Dieus fon sebelhitz

Volon liurar aissilh que de lay so.

Guillaume de Mur: D'un sirventes.

Le saint tombeau où Dieu fut enseveli veulent délivrer ceux qui de là sont.

Qui livra lo colpable de torment. Trad. de Bède, fol. 78.

Qui délivre le coupable de tourment.

- Livrer, accorder, remettre entre les mains, adonner.

De sos pres pres esmenda

Del rey, qu'els i degra liurar.

Bertrand de Born: Quan vey pels.

Pour ses prisonniers il prit rançon du roi, c'est pourquoi il devrait les lui livrer.

Livri vos lo rial gant per seynhalh e per fermetat de possessio de la calh vos meti. Philomena.

Je vous livre le gant royal pour marque et pour assurance de la possession en laquelle je vous mets.

Mi rent a lieys e m liure.

Le Comte de Poitiers: Farai chansoneta.

Je me rends et me livre à elle.

Loc. Aquest hom liurar a mort. Trad. de l'Évangile de Nicodème. 

Livrer cet homme à mort.

Los quals nos venen livrar batalha. Chronique des Albigeois, col. 97.

Lesquels nous viennent livrer bataille.

Part. pas. Qu'om sia livratz de mal. Trad. de Bède, fol. 13. 

Qu'on soit délivré de mal.

Ja non er per lui livratz cartiers.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 21.

Jamais ne sera par lui accordé quartier. 

Substantiv. Li liurat a maltraire.

G. Faidit: Fort chausa.

Les adonnés à mal agir.

CAT. Llibrar, lliurar. ESP. Librar. PORT. Livrar. ANC. IT. Livrare, liverare.

IT. MOD. Liberare. (chap. Liberá: libero, liberes, libere, liberem o liberam, liberéu o liberáu, liberen; liberat, liberats, liberada, liberades.)  

3. Livramen, Liuramen, s. m., délivrance.

Paors de Dieu es fons de vida e livramens de mort. 

Trad. de Bède, fol. 31.

La crainte de Dieu est fontaine de vie et délivrance de mort.

ANC. ESP. Libramiento. IT. Liberamento.

4. Livreza, Liureza, s. f., liberté, indépendance.

Aqui unt es l' esperiz de Deu, aqui es liureza.

Mellier es sosgeita cervituz que liureza ergolioza.

El persegra la grandeza dels peccatz per la livreza de virtut.

Trad. de Bède, fol. 74 et 50.

Là où est l'esprit de Dieu, là est liberté.

Meilleure est servitude soumise que liberté orgueilleuse.

Il poursuivra l' énormité des péchés par l' indépendance de la vertu.

5. Libert, s. m., lat. libertus, affranchi, libéré.

Lo libertz non pot clamar son patron en plait ses mandamen de la poestat. Trad. du Code de Justinien, fol. 3.

L' affranchi ne peut appeler son patron en justice sans permission de l'autorité.

CAT. Llibert. ESP. PORT. IT. Liberto. (chap. Libert : liberat; liberta : liberada; liberts : liberats : libertes : liberades. Lo pun 6 y 7 es lo mateix.)

6. Libertin, s. m., lat. libertinus, affranchi.

Lo patros non es tengutz per so libertin, ni lo libertins non es tengutz per son patron. Trad. du Code de Justinien, fol. 27.

Le patron n'est pas tenu pour son affranchi, ni l' affranchi n'est pas tenu pour son patron.

ANC. FR. C'est en vain qu'un libertin, qui a autrefois esté esclave, souhaitteroit d'estre ingénu; sa condition originelle et accidentelle y répugne. Camus de Bellay, Diversités, t. I, fol. 271.

ESP. PORT. IT. Libertino. (N. E. El término libertino, libertinos, libertina, libertinas ha sufrido un cambio importante respecto a liberto, libertos, liberta, libertas.)

7. Libertina, s. f., lat. libertina, affranchie.

Adjectiv. Sera franca, e sera libertina del vendedor.

Trad. du Code de Justinien, fol. 41. 

Sera libre, et sera affranchie du vendeur.

8. Libertat, s. f., lat. libertatem, liberté, indépendance, franchise, immunité.

Segon las libertatz sobre dichas. Charte de Gréalou, p. 114.

Selon les libertés susdites.

Recognoc l'amor que son poble li portava, et donet plusors dons e libertats. Genologia dels contes de Tholosa. 

Reconnut l'amour que son peuple lui portait, et donna plusieurs dons et libertés. 

CAT. Llibertat. ESP. Libertad. PORT. Liberdade. IT. Libertà, libertate, libertade. (chap. Libertat, llibertat; libertats, llibertats.)  

9. Liberacio, s. f., lat. liberatio, libération, délivrance.

Dels mals passatz querem perdo;

Dels presens, liberacio.

Brev. d'amor, fol. 104.

Des maux passés nous requérons pardon; des présents, délivrance.

Per razo de sa liberacio. Eluc. de las propr., fol. 128. 

Par raison de sa délivrance. 

ANC. FR. Louant la clémence dudit empereur en la libération de plusieurs prisonniers qu'il avoit prins.

Monstrelet, t. II, fol. 76. 

ESP. Liberación. IT. Liberazione. (chap. Liberassió, liberassions.)

10. Liberal, adj., lat. liberalis, libre.

An perdut liberal voluntat. L'Arbre de Batalhas, fol. 26. 

Ont perdu libre volonté. 

En leial et liberal... possessio.

Tit. de 1295. DOAT, t. CXXXIX, fol. 125. 

En loyale et libre... possession.

Las causas sosmezas a liberal arbitre. Eluc. de las propr., fol. 11.

Les choses soumises à libre arbitre.

- Libéral.

Era larx a donar e liberals. 

Exercitatz en las sciensas liberals.

Cat. dels apost. de Roma, fol. 21 et 153. 

Était large et libéral à donner. 

Exercé dans les sciences libérales. 

ANC. FR. Les voluptés du boire et du manger ont un souvenir qui n'est point libéral ne digne de gens d'honneur. 

Amyot, Trad. de Plutarque. Morales, t. 1, p. 265.

CAT. Lliberal. ESP. PORT. Liberal. IT. Liberale. (chap. Liberal, liberals; lliberal, lliberals.)

11. Liberalmen, Liberalmens, adv., librement, libéralement, généreusement.

Fos liberalmen laisada als crestias. Cat. dels apost. de Roma, fol. 16. 

Fût librement laissée aux chrétiens.

Sa gracia liberalmen 

Tramet aondosamen 

Tot jorn a cels que s vol e 'l platz. 

Brev. d'amor, fol. 2. 

Sa grâce libéralement il transmet avec abondance toujours à ceux qu'il veut et (qu'il) lui plaît.

Si tu as petit d'aquo, dona liberalmens segon ton poder.

V. et Vert., fol. 81. 

Si tu as peu de cela, donne libéralement selon ton pouvoir.

CAT. Lliberalment. ESP. PORT. IT. Liberalmente. (chap. Liberalmen.)

12. Deslivre, Desliure, Deslieure, Delivre, Deliure, adj., libre, indépendant.

Negus homs non es franc ni deslivres de mala servitut, sinon en gracia de Dieu. V. et Vert., fol. 33. 

Nul homme n'est affranchi ni libre de male servitude, sinon en grâce de Dieu.

Anar s'en pot delivres ab adreitz comjatz. Guillaume de Tudela. 

Peut s'en aller libre avec de justes congés. 

Ab delivra entrada e ab delivra eissida. Cout. de Condom. 

(chap. En libre entrada y en libre eissidaeixida, issida, ixida.)

Avec libre entrée et avec libre sortie.

El regne del cel, 

On son deslieures li fizel.

Brev. d'amor, fol. 108. 

Au royaume du ciel, où sont libres les fidèles.

- Délivré, débarrassé.

Procuret si vomit, et ayshi fo delivre.

Eluc. de las propr., fol. 243. 

Se procura vomissement, et fut ainsi délivré. 

Serem deslivre del diable. V. et Vert., fol. 45. 

Nous serons délivrés du diable.

Fon deslivra

De tota malanansa.

V. de S. Honorat. 

Fut délivrée de toute maladie.

ANC. FR. Se li passages fust délivres.

Roman de la Rose, v. 490.

Non, non, ton trépas m'a rendu 

D' espoir et de crainte délivre... 

Je ne crains plus rien que de vivre. 

Bertaut, p. 227. 

Sans les emmailloter ni lier de bandes ni de langes, de sorte qu'elles les rendoient plus délivres de leurs membres.

Amyot, Trad. de Plutarque. Vie de Lycurgue.

- En termes de jurisprudence, quitte, libéré, affranchi.

El es deslieures d'aquel dan que sos sers avia fait.

Trad. du Code de Justinien, fol. 22. 

Il est quitte de ce dommage que son serf avait fait.

- Prompt, expéditif, diligent, alerte. 

El mon no sai hom tan desliure

Pogues totz mos peccatz escrieure.

Folquet de Marseille: Senher Dieus. 

Je ne sais au monde homme si expéditif qu'il pût écrire tous mes péchés. ANC. FR. Afin qu'ils allassent plus légers et plus délivres à ce voyage. Amyot, Trad. de Plutarque. Vie de Paul-Émile. 

Fig. Ben greu trob hom joi deslivre.

A. Daniel: Lancan. 

Bien difficilement on trouve joie prompte. 

Adv. comp. Quan foro totz garnitz, vengro s'en tot a deliure vais Marseli.

Philomena. 

Quand ils furent tous équipés, ils s'en vinrent tout promptement vers Marsile.

Vos est cela que a desliure 

Me podetz far morir o viure.

Roman de Jaufre, fol. 78. 

Vous êtes celle qui promptement me pouvez faire mourir ou vivre. 

ANC. FR. Miez voil estre leuz à délivre

Qu'en chaiene ricement vivre.

Marie de France, t. II, p. 177.

CAT. Deslliure, deliure.

13. Deslivramen, Desliuramen, Deslieuramen, Delivramen, Deliuramen, s. m., délivrance, absolution, liberté.

Deslieuramen de peccatz.

Aimeri de Bellinoy: Cossiros.

Absolution de péchés.

Tro Dieus e sos bos astres li det deliurament. Guillaume de Tudela.

Jusqu'à ce que Dieu et son bon astre lui donna délivrance.

ANC. CAT. Deslliurament, delivrament. ANC. ESP. Delibramiento.

14. Delivrazo, Deliurazo, s. f., délivrance.

Auzi s' ancmais dir de nulh preisonier 

Que non ames fort sa delivrazo? 

Gausseran de Saint-Leidier: Puois fin' amors. 

S' entendit-il oncques plus dire de nul prisonnier qu'il n'aimât pas fort sa délivrance?

ANC. FR. Ke il prenge conroi de lor delivraison.

Roman de Rou, v. 1631.

15. Delivratio, Deliuratio, s. f., délivrance, livraison, remise.

En la delivratio d'amont dita.

Tit. de 1419. DOAT, t. LIV, fol. 292. 

En la livraison dessus dite.

16. Deslivrar, Desliurar, Deslieurar, Delivrar, Deliurar, v., délivrer, affranchir, débarrasser, acquitter.

Rezemer e deslivrar los prezoniers. V. et Vert., fol. 80. 

Racheter et délivrer les prisonniers

Miels saup Lozoics desliurar 

Guillelme.

Bertrand de Born le fils: Quant vei lo. 

Mieux sut Louis délivrer Guillaume. 

De que si puescan deslivrar

Tanz deutes com as a pagar.

V. de S. Honorat. 

De quoi se puissent acquitter tant de dettes comme tu as à payer.

De pagans e d'avol gen 

Delivrar lo monimen.

Giraud de Borneil: Jois sia. Var. 

De païens et de méchante gent délivrer le tombeau.

Femna fai, al efantar,

Plus leugieiramen deslieurar.

Brev. d'amor, fol. 40. 

Femme, au moment d'enfanter, fait plus aisément délivrer.

ANC. FR. E nus delivret fumes.

Seient delivret li tuen ami. 

Anc. trad. du Psaut. de Corbie, ps. 123 et 59. 

La roine Frédégonde se délivra d'un fil; bauptiziez fu à Paris.

Rec. des hist. de Fr., t. III, p. 235.

- Hâter, presser.

Dis al abbat que no fes tan gran messa, e que s' en deliures. 

Que s deliuresso de far la batalla. Philomena.

Dit à l'abbé qu'il ne fît pas si longue messe, et qu'il s'en hâtât.

Qu'ils se hâtassent de livrer la bataille.

- Écarter, retirer.

C' om delivre la brasa a forza et a poder. V. de S. Honorat. 

Qu'on écarte la braise à force et à puissance. 

Subst. Qui al desliurar non cor

Greu sera per lui desliuratz.

Aimeri de Bellinoy: Cossiros. 

Qui ne court au délivrer sera difficilement délivré par lui.

Part. pas. Anc hom mais pres no fo 

No volgues esser deslivrat. 

Granet: Fin pretz.

Oncques plus homme ne fut prisonnier qui ne voulût être délivré.

Aura deslieurat Israel. Liv. de. Sydrac, fol. 119. 

Aura délivré Israël. 

CAT. Deslliurar. ANC. ESP. Delibrar. IT. Delivrare.

17. Deslivramen, Desliuramen, Delhivrament, adv., librement, indépendamment.

Obra plus apertamen 

Ades, e plus deslivramen.

Deudes de Prades, Poëme sur les Vertus. 

Agit plus ouvertement toujours, et plus librement. 

Ausel fai mudar bel e gen 

En pauc de temps desliuramen.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Fait muer bien et gentiment un oiseau en peu de temps librement.

Puesca poiar et decendre delhivrament.

Tit. de 1219. DOAT, t. CXVIII, fol. 16.

Puisse monter et descendre librement.

18. Delivrier, Deliurier, Deslieurier, s. m., délivrance, absolution, débarras.

Se ieu mueir, er mi gran deliuriers.

Bertrand de Born: Miez sirventes. 

Si je meurs, (ce) me sera grand débarras. 

Pueys ses argen no y trob om deslieurier.

B. Carbonel: Per espassar.

Puis sans argent on n'y trouve absolution.

Conquier 

Als encarceratz deslieurier.

Brev. d'amor, fol. 92. 

Conquiert délivrance aux incarcérés.

19. Allivrar, Alliurar, v., délivrer, débarrasser.

Part. pas. Allivrada jacia d'un precios enfan. V. de S. Honorat. 

Gisait délivrée d'un précieux enfant.

20. Deliberacio, s. f., lat. deliberatio, délibération, réflexion.

Saviament et ab deliberatio. V. et Vert., fol. 68.

Sagement et avec délibération.

Senes deliberacio.

Brev. d'amor, fol. 212.

Sans réflexion.

Am gran deliberatio.

Tit. de 1351. DOAT, t. CXLVI, fol. 218. 

Avec grande délibération.

CAT. Deliberació. ESP. Deliberación. PORT. Deliberação. IT. Deliberazione.

(chap. Deliberassió, deliberassions.)

21. Deliberar, v., lat. deliberare, délibérer, résoudre.

Van deliberar... de laissar et abandonnar la dita plassa.

Chronique des Albigeois, col. 18.

Vont délibérer... de laisser et abandonner ladite place.

Part. pas. Entendet que lo dit leguat venia deliberat.

Chronique des Albigeois, col. 8. 

Apprit que ledit légat venait résolu.

CAT. ESP. PORT. Deliberar. IT. Deliberare. (chap. Deliberá: delibero, deliberes, delibere, deliberem o deliberam, deliberéu o deliberáu, deliberen; deliberat, deliberats, deliberada, deliberades.)

22. Deliberadamen, adv., délibérément, résolument.

Deliberadamen et am bon conselh.

Tit. de 1389. DOAT, t. XXXIX, fol. 206.

Délibérément et avec bon conseil. 

CAT. Deliberadament. ESP. PORT. Deliberadamente. IT. Deliberatamente.

(chap. Deliberadamen, aposta, a propósit, en tota la intensió.)

23. Deslivransa, Desliuransa, Delivransa, Deliuransa, s. f., délivrance, action de livrer, livraison.

Tant que ad aquela desliuransa.

Tit. de 1270. DOAT, t. IX, fol. 67.

Tant qu'à cette livraison.

S' endevenia qu' en la deliuransa fos trobats meinhs un gras.

Tit. de 1282. DOAT, t. CXVIII, fol. 192.

S'il advenait qu'en la délivrance fût trouvé un grain de moins.

(chap. Liberassió, liberassions; entrega, entregues.)