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viernes, 26 de julio de 2024

1. 8. Humanidat y caridat de Pedro Saputo.

Capítul VIII.

Humanidat y liberalidat (caridat) de Pedro Saputo.

Fort es sempre lo bon ejemplo, y mes cuan ve de persones de autoridat o de mol favor al poble, o mol volgudes o de compañs. Pero cuan som chiquets tot u fem per imitassió perque mos falte lo auxilio de la reflexió y de la experiensia, y se vol fé tot lo que se veu, sen per atra part la nostra espessie natural y essensialmén imitadora. Lo perillós ejemple que Pedro Saputo donáe als sagals del poble puján als tellats y parets va sé caussa de algunes desgrassies, sense que les pugueren evitá en prevensions ni castics ni los pares mes selosos. Als chiquets en passá de cuatre o sing añs ningú los guarde, una vegá la han cavilat ya han fet una travessura o malesa, y ningú pot tampoc previndre ni adiviná los perills als que se exposen aon y com menos se pense.

Estáen un domenche per la tarde codoleján gossos a les eres uns cuans sagals, entre ells Pedro Saputo, y ñabíe una turba de sagales cantán y triscán a un atra era; cuan de repén se va pará tot aquell estrapalussi y se va vore escapá a les sagales cap al poble, no sentinse cap gos ni cap veu mes que los plos de una criada del hidalgo de la plassa (lo de la cantonera). Ella, desesperada y toquiñanse los pels, cridáe demanán auxilio. Van aná allá los sagals, y una filla del hidalgo de uns nau o deu añs de edat, mol traviessa o carnussa y arriesgada, s´habíe estossolat caén del tellat de una pallissa, y pegán en lo cap a unes pedres s´habíe quedat morta de la caiguda. En cuan van sentí 'está morta', van arrencá tots los sagals a corre dixán sol a Pedro en la criada que invocabe a tots los sans y virgens del sel, no tan pera que tornaren a la vida a la chiqueta, com pera que la liberaren de vore lo semblán rigurós y vengatiu dels seus amos.

Pedro va fé en la sagala lo que habíe vist fé atres vegades pera recuperá als que patíen algún desmayo, pos va vore que sol estáe estamordida, y poc a poc va aná tornán en sí. Escomensáe la pobra a queixás en tals crits, que la criada va pensá que teníe chafats tots los ossos del seu cos: y plorán y dessichanli la mort sen va aná cap a casa de sons pares (que eren del poble) y se va quedá ell sol en la chiqueta... No teníe asclats tots los ossos del seu cos, ni la mitat, pero sí un bras, aboñat y ubert lo cap, queixoses atres moltes parts. Lo compasiu Pedro la va aná tentán pera alsala, y al final en sumo tiento y suavidat la va agarrá y se la va emportá a casa seua entre molta gen que per curiosidat y llástima lo van seguí pels carrés. No estáen sons pares a casa, que habíen eixit a passejá per un atre camí; pero lo ven los va portá la notissia y al momén estáen al costat de sa filla y en ells lo facultatiu. Va ñabé mols ays y plos, va ñabé desmayos; al final a dures penes y crits pelats que partíen lo cor, va quedá curada, emparchada y apedassada, y se van assossegá tots pera plorá mes desahogadamén y informás de les sircunstansies de la desgrassia y del descuido de la criada a qui habíen encomanat a la chiqueta. En tot va fé Pedro lo milló que va pugué: y com lo hidalgo va vore que en mich de la relassió se li bañáen los ulls, va dixá ell corre libremen les seues llágrimes, y juntamén en la seua dona li va doná les grassies per aquell bon ofissi que habíe fet a sa filla, oferinli casa y favor, y roganli que no olvidare a la pobreta de Eulalia, que la vinguere a vore pera donali forses y consolals a tots. Pedro estáe tendre y se rentáe la sang que portáe a les mans y a la roba. La mateixa siñora de casa va di entre llágrimes, ¡ay sang de la meua filla!, ¡ay sang de la meua filla!, se va despedí cortés y afablemen perque ere ya tart, y sen va aná a casa de sa padrina aon sa mare habíe dit que vinguere.

Mentres la chiqueta Eulalia (que així se díe) va está al llit la visitabe tots los díes; pero cuan ya se eixecáe, cuan ya estáe mol adelantada la seua cura, que en poc tems va quedá perfectamen sana, fora de alguna dificultat (que tamé se va corregí después) al bras pera serts movimens, va pará de aná a vórela, perque les seues visites eren de sola humanidat y a part de cumplimén. Als tres o cuatre díes va enviá lo hidalgo a una criada a preguntá si teníe novedat, y sabén que no, va aná ell mateix a casa de Pedro Saputo, y com si tratare en un home de mes edat y de algún respecte li va torná a doná les grassies per lo que habíe fet en sa filla, y de part de ella, de la seua dona y de la seua li va rogá se serviguere honráls en la seua visita.

Y va afegí, tocán lo pun mes delicat, que si a sa mare li habíe fet a un atre tems una advertensia, creguere que va sé per dessich de vórel home de profit, ignorán entonses que u fore de tan. An esta satisfacsió y comedimén va contestá Pedro en un atra milló, dién al hidalgo, que lo que habíe fet en sa filla no mereixíe tantes grassies, y que ben pagat estáe en la honra que aquella humilde casa ressibíe habense ell dignat a vindre an ella. Van passá encara atres cumplimens entre ells; y pel matí en son demá va aná Pedro a visitá a Eulalia, continuán ya desde entonses; se habíe engendrat entre los dos una amistat tan íntima que en lo tems va sé un atra cosa, y ni ells ni dingú va pugué remediáu.

Pero lo que mes brilláe al chiquet Pedro Saputo ere la caridat. Tots los del poble u sabíen; y si al carré li demanáen algo los atres sagals ya se u habíen repartit tot; y a vegades sense demanáu. Als pobres los donáe cuan podíe ñabé, y hasta la roba que portáe si los veíe fets un acsiomo y fée fret. Ell mateix cuan va arribá a la edat de mes coneiximén va habé de corregí lo vissi de la seua solidaridat. Se va atreví una vegada sa mare a renegál; y ell en molta grassia li va contestá: 

- Aixó es siñal de rics; lo fill de una rentadora no té que sé agarrat ni viure en l´alma arrugada. L´agarramén, siñora mare, no dixe vore la hermosura del sol ni la grandesa de la terra. Lo preto no coneix a Deu, ni Deu encara que vullgue li pot fé mersé, perque es incapás dels seus benefissis. Sense cante pera portá l´aigua, ¿a qué aniríe a la fon? ¿Sabéu mare, a quí penso yo que aburriríen los angels si pugueren despressiá an algú? Pos es als pussilánimes y als desconfiats. La rogo mol de veres que sigáu magnánima de cor, no estorbéu la generosidat del vol en que yo abarco lo món, y encara me pareix menut.

Amor als sesanta (Luis Arrufat)


Original en castellá:

Capítulo VIII.

Humanidad y liberalidad de Pedro Saputo.

Fuerte es siempre el buen ejemplo, y más cuando viene de personas de autoridad o de mucho favor en el pueblo, o muy queridas o de compañeros. Pero en la niñez todo lo hacemos por imitación porque falta el auxilio de la reflexión y de la experiencia, y si se quiere hacer todo lo que se ve, siendo por otra parte nuestra especie natural y esencialmente imitadora. El peligroso ejemplo que Pedro Saputo daba a los muchachos del pueblo subiendo tejados y paredes fue causa de algunas desgracias, sin que las pudiesen evitar con prevenciones ni castigos aun los padres más celosos. A los niños en pasando de cuatro o cinco años nadie los guarda, porque a una vuelta de cabeza han concebido y hecho una travesura, y nadie puede tampoco precaver ni adivinar los peligros en que se ponen donde y como menos se piensa.

Estaban un domingo por la tarde tirando al canto en las eras unos cuantos muchachos, entre ellos Pedro Saputo, y había una turba de muchachas cantando y triscando en otra era; cuando de repente cesó todo aquel bullicio y se vio huir a las muchachas hacia el pueblo, no oyéndose más canto ni voz que los lamentos de una criada del hidalgo de la plaza (el de la reconvención a la madre de Pedro Saputo), la cual desesperada y mesándose los cabellos, daba grandes voces pidiendo auxilio. Fueron allá los muchachos, y una hija del hidalgo de unos nueve o diez años de edad, muy traviesa y arriscada, se había caído del tejado de un pajar, y dando de cabeza en unas piedras que había quedado muerta de la caída. Lo mismo fue oír de muerta, echaron a correr todos aquellos rapaces dejando solo a Pedro con la criada que invocaba a todos los santos y vírgenes del cielo, no tanto para que volviesen a la vida a la niña, como para que librasen de ver el semblante riguroso y vengativo de sus amos. Pedro hizo con la muchacha lo que había visto hacer otras veces para recordar a los que padecían algún desmayo, pues conoció que sólo estaba aturdida, y poco a poco fue volviendo en sí, comenzaba la pobre a quejarse con tales gritos, que la criada pensó que tenía rotos los huesos de su cuerpo: y llorando y deseándole la muerte se fue a casa de sus padres (que era del pueblo) y quedó él solo con la niña... No tenía rotos todos los huesos de su cuerpo, ni la mitad, pero sí un brazo, abollada y abierta la cabeza, quejosas otras muchas partes. El compasivo Pedro la fue tentando para levantarla, y al fin con sumo tiento y suavidad y formándole andas con las manos la tomó y llevó a su casa entre muchas gentes que por curiosidad y lástima le siguieron en las calles. No estaban los padres en casa, que habían salido a pasear por otro camino; pero el viento les llevó la noticia y al punto estuvieron al lado de su hija y con ellos el facultativo. Hubo muchos ayes y lloros, hubo desmayos; al fin a malas penas y vivos gritos que partían el corazón, quedó curada, emparchada y bizmada, y se sosegaron todos para llorar más desahogadamente e informarse de las circunstancias de la desgracia y del descuido de la criada a quien encomendaron la niña. A todo satisfizo Pedro lo mejor que pudo: y como el hidalgo viese que en medio de la relación se le arrasaban los ojos, dejó él correr libremente sus lágrimas, y juntamente con su esposa le dio gracias por aquel buen oficio que había hecho a su hija, ofreciéndole casa y favor, y rogándole que no olvidase a la pobrecilla de Eulalia, sino que la viniese a ver para dalle esfuerzo y consolallos a todos. Pedro, enternecido y lavándose de la sangre que había recibido en las manos y vestido, en cuyo oficio le sirvió la misma señora de casa diciendo con muchas lágrimas, ¡ay sangre de mi hija!, ¡ay sangre de mi hija!, se despidió cortés y afablemente porque era ya tarde, y se fue a casa de su madrina adonde su madre había dicho que viniese.

Mientras la niña Eulalia (que así se llamaba) estuvo en cama y de cuidado la visitaba todos los días; mas cuando ya se levantaba, cuando ya estuvo muy adelantada en su curación, que en poco tiempo quedó perfectamente sana, fuera de alguna dificultad (que también se corrigió después) en el brazo para ciertos movimientos, cesó de ir a verla, porque sus visitas eran de sola humanidad y en parte de cumplimiento. A los tres o cuatro días mandó el hidalgo una criada a preguntar si tenía novedad, y sabiendo que no, fue él mismo a casa de Pedro Saputo, y como si tratase con hombre de más edad y de algún respeto le dio de nuevo las gracias por lo que hiciera con su hija, y de parte de ella, de su esposa y suya le rogó se sirviese honrallos con su visita. Y añadió, tocando el punto más delicado, que si a su madre le habían hecho en otro tiempo una advertencia, creyese que fue por deseo de verle hombre de provecho, ignorándose entonces todavía que lo fuese de tanto. A esta satisfacción y comedimiento respondió Pedro con otro mejor, diciendo al hidalgo, que lo que hiciera con su hija no merecía tantas gracias, y que harto pagado estaba con la honra que aquella humilde casa recibía habiéndose él dignado de venir a ella. Pasaron aún otros cumplimientos entre ellos; y por la mañana al día siguiente fue Pedro a visitar a Eulalia, continuando ya siempre en adelante; de que se engendró entre los dos una amistad tan íntima que con el tiempo fue otra cosa, y ni ellos ni nadie pudo remediarlo.

Pero lo que más brillaba en el niño Pedro Saputo era la liberalidad. Regalábanle a porfía todos los del pueblo; y como en la calle le pidiesen algo otros muchachos ya se lo había repartido todo; y a veces sin pedírselo. A los pobres les daba cuanto podía haber, y aun la ropa de encima si los veía desarropados y hacía frío. Él mismo cuando llegó a edad de más conocimiento hubo de corregir el vicio de su dadivosidad, y con estudio y discreción ejercitar una virtud en que también cabe demasía y vicio verdadero. Atrevióse una vez su madre a reprendérselo; y él con mucha gracia le contestó: - Eso es señal de ricos; el hijo de una lavandera no debe ser escaso ni vivir con el alma arrugada. El encogimiento, señora madre, no deja ver la hermosura del sol ni la grandeza de la tierra. El encogido no conoce a Dios, ni Dios casi aunque quiera le puede hacer merced, porque es incapaz de sus beneficios. Sin vaso para llevar el agua, ¿a qué iría a la fuente? ¿Sabéis madre, a quién pienso yo que aborrecerían los ángeles si pudiesen aborrecer a alguno? Pues es a los pusilánimes y a los desconfiados. Ruégoos muy de veras que seáis magnánima de corazón, si no vais a acuitar mi vida, o a estorbar la generosidad del vuelo con que yo abarco el universo mundo, y aun me parece pequeño.

sábado, 27 de julio de 2024

3. 1. Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble.

Llibre tersé.

Capítul I.

Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble.

¡Venerable antigüedat, amor del cor, encanto de la imaginassió, dessich del tems presén, gloria y honor dels pobles, de les nassions y de la humanidat, ajuntán sempre lo sel en la terra, als deus en los homens! ¡Salve! Tamé yo me alimento de la teua memoria, me exalto de les teues maravilles, magnifico a los teus héroes y contemplo estátic y ansiós lo mágic resplandó dels teus nugols arrebolats.

Mol tems fáe que Pedro Saputo dessichabe visitá los pobles historics del nostre regne; y libre ara de tota preocupassió y abans de que lo cridare alguna nova obra, va determiná satisfé la seua curiosidat. 

Va visitá, pos, los antics forts dels cristians, que eren Marcuello, que al seu tems encara se conserváe, Loharre, Montearagón y Alquézar (al qsar), que tan sélebres y nomenats són a les nostres histories.

A Alquézar habíe estat en los estudians, pero no va examiná les seues antigüedats, y va volé torná mol aposta a vóreles, y mes les pintures de la iglesia. Va vore unes opossisions de segón violín de aquella capelleta de música; aon van concursá sis opossitós. Per sert que al vore la parsialidat en la que se va jusgá la habilidat comparativa dels musics, va di: "Pamema de pamemes y tot pamemes es aixó de les opossisions; una cortina que cubrix una farsa; lo cumplimén de una ley lo seu espíritu no entre a la consiensia o se quede allí y no ix als efectes. Van competí aquí les mitres y les faldes, y van guañá les faldes.» Va sabé que ñabíe recomanassions de dos siñós obispos y de una siñora de títul, habense emportat la plassa lo recomanat per esta. Per lo demés, lo milló de ells li va pareixe sol mijanot. Y encara que en gust haguere agarrat lo violín y ficat en ridícul a tots, no va volé féu pera evitá la vanidat.

De Alquézar, per está tan prop y habé volgut sempre, va puchá a la serra de Guara. Va pujá, y una vegada a la punta va mirá infinidat de pobles que se veuen, sobre tot an aquell pressiós lienzo o llansol estés desde la falda al que diuen lo Semontano. Y va di: ¿ñaurá un atre paraís a la terra? Sol falte que u entenguen y valoron los que hi viuen.

Va mirá después cap al seu lloc (poble, vila), y va saludá a sa mare, a sa padrina, a san germaneta Rosa y a Eulalia; va bachá un atra vegada al poble, y va visitá lo alcázar de aon agarre lo nom aquella mol antiga y mol noble vila.

De ahí va pujá al Sobrarbe, y va visitá la seua capital, la famosa vila de Aínsa, poble entonses de singsens veíns y ara de poc mes de sen, habén sigut cremat a la guiarra de sucessió, y enrunats fée poc los seus valens forts; sén, sin embargo, una plassa que si tinguerem gobern siríe mes respetable y forta que la de Jaca y no menos importán y nessessaria.

Va pujá tamé a San Victorián; va visitá la antiga cova dels monjos, o sigue del san; va adorá lo cos de éste pensán en Alcoraz; va venerá lo sepulcre de don Gonzalo, y dudán del de Arista, va baixá y sen va aná a Jaca, desde aon va pujá a San Juan de la Peña.

251. NACIMIENTO DE SAN JUAN DE LA PEÑA (SIGLO VII. SAN JUAN DE LA PEÑA)

¡Oh, en quin respecte y amor va venerá les sendres dels nostres reys allí enterrats, y dels héroes que al seu costat dormen an aquell antic panteón y cova aon están les memories y tota la gloria de lo nostre regne!

Va sentí lo del vol del caball o lo salt al aire just al canto de aquella altíssima peña; va vore, meneján lo cap, les columnes, altera Troja, de que mos parle lo bon pare Briz Martínez, y al sabé de les rentes del monasteri y veén qué poc les nessessitáen los monjos, se va di per an ell: eixes rentes han de pedrels, primé pedrán a Deu, después pedrán lo món.

Tamé va pujá a la cova mes alta del monte Oruel; y después de respirá fondo va baixá per lo camí real cap a Almudévar, pero passán per Riglos, perque va volé vore los Mallos, aquelles peñes que pareixen malls o martells en renglera, en lo mánec embutit a la montaña. S’hi va atansá, y los va vore, y va pujá an ells, y en un gabiñet va escriure lo seu nom al fron del que mes erguit y solt té lo cap.

Cuan arribáe prop del seu lloc va vore una gran gentada a la part de fora, se sentíe un gran estrapalussi, brogit, crits y veus com de mando. Y ¿qué ere? No u haguere volgut vore; sego haguere vullgut está. Habíe caigut un rayo a la torre de la iglesia y la habíe inclinat una mica cap a un costat desde lo radé cos; y lligada en redol una maroma passán per damún dels edifissis de les cases hasta lo campo, estáen tots agarrats an ella y estirán pera adressala.

Així que lo van vore y van coneixe se van alegrá mol y lo van cridá, perque esperáen que en lo seu bon discurs se inventaríe alguna trassa pera animá lo intento, y li van di lo que passáe, que prou veíe ell y sentíe. Pero va dissimulá y va maná portá mes cordes y lligales a la maroma de la que estiráen; va repartí la forsa entre totes, y va di que lo llas de la torre no estáe ben ficat; y que abans de fé lo gran estiró volíe ell compóndrel. Va escalá la torre com un gat, y en una navalla va retallá la maroma sense dixali mes que una veta sana, pera que al menos puguere atribuí la desgrassia al poble. Va fé desde la teulada de la iglesia la siñal convenida, y a una veu que va doná lo encarregat de la direcsió de les forses, van estirá tots en tanta forsa y tan rápit que se va trencá la maroma y van caure tots de cul a enterra; estáe mol humida y blana y va quedá un forat mol gran, tardán tots no poc en alsás, ya que no podíen desapegás del fang. Va ploure per la tarde y tota la nit y se va umplí lo forat de aigua, y pel matí se van trobá en una bassa feta y dreta que encara al nostre tems, después de tans añs desde lo fet, se diu la bassa de la culada (que es mol pareguda a la de Fórnols, lo poble del autó).


Original en castellá:

Libro tercero

Capítulo I.

Pedro Saputo visita algunos pueblos. Encuentra al volver en un grande empeño a los de su lugar.

¡Venerable antigüedad, amor del corazón, encanto de la imaginación, deseo del tiempo presente, gloria y honor de los pueblos, de las naciones y de la humanidad, juntando siempre el cielo con la tierra, los dioses con los hombres! ¡Salve! También yo me alimento con tu memoria, me exalto con tus maravillas, magnifico a tus héroes y contemplo estático y ansioso el mágico resplandor de tus nubes arreboladas.

Mucho tiempo hacía que Pedro Saputo deseaba visitar los pueblos históricos de nuestro reino; y libre ahora de todo cuidado y antes que le llamase alguna nueva obra, determinó satisfacer su curiosidad. Visitó, pues, los antiguos fuertes de los cristianos, que eran Marcuello, el cual en su tiempo aún se conservaba, Loharre, Montearagón y Alquézar, que tan célebres son en nuestras historias.

En Alquézar había estado con los estudiantes, pero no examinó sus antigüedades, y quiso volver muy adrede a verlas, y más las pinturas de la iglesia. Presenció acaso unas oposiciones de segundo violín de aquella capilla de música; adonde concurrieron seis opositores. Por cierto que al ver la parcialidad con que se juzgó la habilidad comparativa de los músicos, dijo: «Pamema de pamemas y todo pamemas es esto de las oposiciones; una cortina que cubre una farsa; el cumplimiento de una ley cuyo espíritu no entra en la conciencia o se queda allí y no sale a los efectos. Compitieron aquí las mitras y las faldas, y vencieron las faldas.» Porque supo que había recomendaciones de dos señores obispos y de una señora de título, habiéndose llevado la plaza el comendado por ésta. Por lo demás, aun el mejor de ellos le pareció sólo mediano. Y aunque con gusto hubiera tomado el violín y ajado a todos, no quiso por evitar la vanidad.

De Alquézar, por hallarse tan cerca y haberlo siempre deseado, quiso subir a la sierra de Guara. Subió, y puesto en la cumbre miró infinidad de pueblos que se descubren, especialmente en aquel hermosísimo lienzo tendido desde su falda que llaman el Somontano. Y dijo: ¿habrá otro paraíso en la tierra? Sólo falta que lo entiendan y correspondan sus moradores.

Miró después su lugar, y saludó a su madre, y a su madrina y a su hermanita Rosa y a Eulalia; y se bajó otra vez al pueblo, y visitó el alcázar de donde se ha corrompido el nombre que lleva aquella antiquísima y nobilísima villa.

De ahí subió a Sobrarbe, y visitó su capital, la famosa villa de Aínsa, pueblo entonces de quinientos vecinos y ahora de poco más de ciento, habiendo sido quemado en la guerra de Sucesión, y arruinándose poco ha sus hermosos fuertes; siendo, sin embargo, una plaza que si tuviéramos gobierno sería más respetable y fuerte que la de Jaca y no menos importante y necesaria. Subió también a San Victorián; visitó la antigua cueva de los monjes, o sea del santo; adoró el cuerpo de éste pensando en Alcoraz; veneró el sepulcro de don Gonzalo, y dudando del de Arista, se bajó y fue a Jaca, de donde subió a San Juan de la Peña.

¡Oh, con qué respeto y amor veneró las cenizas de nuestros reyes allí enterrados, y de los héroes que a su lado yacen en aquel antiguo panteón y cueva donde están las memorias y toda la gloria de nuestro reino! Oyó encogiéndose de hombros lo del vuelo del caballo o su salto al aire en el canto de aquella altísima peña; vio, meneando la cabeza, las columnas, altera Troja, de que nos habla el buen padre Briz Martínez, y al saber de las rentas del monasterio y viendo cuán poco las necesitaban los monjes, dijo entre sí: esas rentas han de perdellos, primero con Dios, después con el mundo.

También subió a la cueva más alta del monte Oruel; y saciando su ávido pecho se bajó por el camino real hacia Almudévar, pero pasando por Riglos, porque quiso ver los Mallos, aquellas peñas que parecen martillos en fila, con el mango metido en la montaña. Y fue, y los vio, y subió a ellos, y con un cuchillo escribió su nombre en la frente del que más erguida y suelta tiene la cabeza.

Cuando llegaba cerca de su lugar vio una gran multitud de gente a la parte de afuera, oyéndose un grande murmullo, y gritos y voces como de mando. Y ¿qué era? No lo hubiese querido ver; ciego quisiera haber sido. Había caído un rayo en la torre de la iglesia e inclinándola un poco a un lado desde el último cuerpo; y atada alrededor una cuerda valiente y pasándola por encima de los edificios de las casas hasta el campo, estaban todos asidos de ella y tirando para enderezarla. Así que lo vieron y conocieron se alegraron mucho y le llamaron, porque esperaban que con su buen discurso les inventaría alguna traza para lograr su intento, y le dijeron lo que pasaba, que harto veía él y sentía. Pero disimuló y mandó traer más cuerdas y atarlas a la única de donde tiraban; repartió la fuerza en todas, y dijo que el lazo abrazador de la torre no estaba bien puesto; y que antes de hacer el tirón quería él componerlo. Fue allá, se encaramó a la torre como un gato, y con una navaja cortó disimuladamente la cuerda sin dejarle más que un ramal sano, para que al menos pudiera atribuir a desgracia el no haber salido el pueblo con la empresa. Hizo desde el tejado de la iglesia la señal convenida, y a una voz que dio el encargado de la dirección de las fuerzas, tiraron todos con tal y tan súbito esfuerzo que se rompió la cuerda y cayeron todos de culo en tierra; la cual estaba muy llovida y blanda y quedó hecho un hoyo muy grande, tardando no poco en levantarse, no pudiendo desasirse del lodo. Llovió por la tarde y toda la noche se llenó el hoyo de agua, y por la mañana se encontraron con una hermosa balsa hecha y derecha que todavía en nuestro tiempo, después de tantos años y del suceso, la llamaron y se llama aún ahora la balsa de la culada.


viernes, 30 de noviembre de 2018

Vida de Pietro Saputo, aragonés

Vida de Pietro Saputo
natural de Almudévar,
hijo de muger, ojos de vista clara y padre de la agudeza.

Sabia naturaleza su maestra.

Braulio Foz Burges. (Burgés, Burgués)

 
Saputo.es, mensaje

He enviado un mensaje a la web saputo.es para ver si quiere publicar mi traducción de la novela al chapurriau. Estoy esperando sentado.


Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar. En chapurriau.

//

El texto en aragonés que se ofrece a continuación es traducción de Feliciano Martínez Tur (Estudio de Filología Aragonesa), revisada por Fernando Romanos Hernando (EFA) y Pascual Miguel Ballestín (Aestrela - Asoziazión d’Estudios y Treballos en Luenga Aragonesa), siguiendo los criterios de la “Propuesta ortográfica de l’Academia de l’Aragonés”.

http://saputo.es/app/download/5802306181/vida_de_pedro_saputo_aragones.pdf

LIBRO PRIMERO:

I. Naiximiento de Pietro Saputo
II. Agudeza de Pietro Saputo en a suya nineza
III. De cómo Pietro Saputo alquirió grans fuerzas
IV. De cómo Pietro Saputo fue t’a escuela
V. De cómo Pietro Saputo determinó d’aprender bell oficio
VI. De cómo Pietro Saputo aprendeba totz os oficios en un ratet
VII. De cómo Pietro Saputo aprendió a mosica
VIII. Humanidat e liberalidat de Pietro Saputo
IX. De cómo Pietro Saputo pintó a capiella d’a Virchen d’a Corona
X. Magnifica aplicación de Pietro Saputo

LIBRO SEGUNDO:

I. De cómo Pietro Saputo marchó a correr mundo
II. D’o que li pasó en Uesca
III. Aventuras d’o camín de Balbastro
IV. Aventuras de Balbastro
V. D’o que fació Pietro Saputo ta esmoscar-se d’os aguazils
VI. Pietro Saputo en o convento
VII. Se descubre a las monchas
VIII. Marcha d’o convento
IX. De cómo Pietro Saputo se fació estudiant d’a tuna
X. Pietro Saputo escomencipia a vida estudiantina
XI. Do se contina o escomencipiau
XII. Camina ent’a suya fin a vida d’a tuna
XIII. Pietro Saputo se desepara d’os estudiants pasando antis per o lugarón d’as novicias
XIV. Pietro Saputo torna a veyer a las suyas amigas
XV. Sabe Pietro Saputo de flai Toribio, o d’o penyazo, e se’n torna t’o suyo lugar

LIBRO TERCERO:

I. Pietro Saputo vesita qualques lugars. En tornar-ie, se troba a la chent d’o suyo lugar fendo una gran algarada.
II. De cómo Pietro Saputo li sacó d’o tozuelo
a una mesacha as barucas de fer-se moncha
III. De cómo Pietro Saputo fació atro viache més largo
IV. De cómo Pietro Saputo se fació medico. Contina o suyo viache
V. Plega en Zaragoza; dimpués en o suyo lugar
VI. De cómo Pietro Saputo fació o miraglo d’Alcoleya
VII. De cómo Pietro Saputo racontó o suyo viache d’a vuelta a Espanya
VIII. Una carta anonima. Visita d’un caballer
IX. De do viene a mazada: A chusticia d’Almudévar
X. De cómo Pietro Saputo marchó ta Balbastro
XI. A espelunga de Santolaria
XII. D’os remeyos contra o mal de viuda que Pietro Saputo va revelar a una
XIII. D’a comisión d’os tres figos
XIV. Pietro Saputo grita a la suya mai ta las fiestas d’o Pilar.
D’una estrania aventura que li pasó en ellas
XV. D’o pleito d’o sol

LIBRO QUATRENO:

I. Proposa a suya mai a Pietro Saputo que se case. Revelación important
II. De cómo Chubaneta grita a Pietro Saputo. Se descubre un gran secreto
III. Rilato d’o pai de Saputo
IV. I plega Paulina. Casorio d’os pais
V. Sale Pietro Saputo a o rechistro de novias. Sarinyena - Almudevar
VI. Testamento de tío Chil Amor
VII. Contina o rechistro de novias. Fiesta e baile d’un lugarón
VIII. D’a feria de Graus
IX. Contina o mesmo rechistro. Morfina
X. Remata o rechistro de novias. E ye o millor de tot
XI. Triga de muller. Viache d’o pai e o fillo a Zaragoza
XII. No se sabe cosa mes de Pietro Saputo. Suerte de Morfina, d’os pais e de Rosa e Olaria
XIII. D’o natural de Pietro Saputo
XIV. Diciendas e mazadas de Pietro Saputo

jueves, 25 de julio de 2024

Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo. (+ Índice)

Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo.

Blogspot de Pedro Saputo

Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar: Autó: Braulio Foz, Fórnols, Matarraña, Teruel, Aragó / Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo.
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¡Beneít sigue Deu, que al final lo gran Pedro Saputo ha trobat qui aplegare los seus fets, los ordenare convenienmén, y separán lo fals de lo verdadé eixecare a la historia acresolada y pura de la seua vida la digna estatua que debíem al seu talento y a les seues virtuts

¿Qué me donará lo món per este servissi, per este deute comú que pago, tocanme a mí en ves de a consevol atre veí? Pero ¡a cascala lo interés! No vull datra recompensa que sabé, com u sé desde ara, que este llibre se lligirá en gust per agüelos y joves, per sabuts y per ignorans, a les siudats y a les aldees. 

¡Oh, cuans bons ratos a les velades de hivern passarán en ell escofanse al foc o al brasé! Pos no vull mes recompensa, com dic; aixó, y aixó sol es lo que me hay proposat. Y pos u dono per conseguit, res mes me se oferix advertí, ni previndre als meus lectós y lectores.

A la vila de Almudévar, a tres legües de la famosa siudat de Huesca, a la carretera de Saragossa, va naixe Pedro Saputo de una huérfana donsella que vivíe sola perque se habíe quedat als quinse añs sense pare ni mare, y ere pobra, no teníe mes bens que una caseta a la carrera del forn de fora, y manteninse en lo ofissi de rentadora y lo de cuinera de totes les bodes y de les grans festes del lloc; a la seua juventut cantáe en molta grassia perque teníe una veu extremada y tocáe lo pandero com una gitana. En estes habilidats may li faltáe lo menesté, y algún regalo y bons passatems. Sempre anáe mol pincha y asseada; no envecháe res, ni a pobres ni a rics; tots la volíen be, y ella no volíe mal a ningú.

pera mes gran notissia de la persona direm que ere espabilada, redona de cara, no fea, pero tampoc guapa, primeta de cara tirán a grossa, desembossada de paraules; pit ple y ubert, discreta, honrada de casta, recatada, en bona fama al poble, y en tot mol afable. En estes virtuts entendre se pot que tindríe mols pretendens, y los va tindre, en efecte, no menos en linea recta que en la linea torsuda, y de tots los gustos y apariensies; pero no se donáe per entesa de la mala intensió de algúns, y agarrán les paraules sempre a la dreta, a tots responíe lo mateix y los despedíe sense ofendrels dién que no volíe casás ni tindre amors. Y aixó que la van marejá mossos mol fanfarrons y valens, y algúns en ajuar y pegujar, que la hagueren convertit en una hidalga. Cuan escomensáe a sé mosseta li va di una gitana en lo romeret a la boca que si se casáe ploraríe moltes llágrimes, fenli una professía en vers que diebe:

Si te cases tindrás home, 

llágrimes, pena y doló;

conserta sola lo teu amor

y lo fruit sirá gloriós.

No enteníe lo sentit general de la professía y poessía, pero va entendre mol be y se li va enclavá ben fondo com puncha al alma lo de llágrimes y penes, y ere prou pera que tinguere po: conque se va tapá los oíts a tota proposta de matrimoni per mes que passán lo tems va arribá a cumplí los vin añs de edat, que an aquell siglo casi ere afrenta está soltera.

Antes de que sen acataren al poble, ya teníe una pancha de sis mesos, y encara que teníe gran opinió de honesta no su hagueren cregut si ella no u diu; pero u díe y u afirmáe en tanta naturalidat que van tindre que creureu. Cuan va arribá lo tems va parí un chiquet mol fortot y majo, y preguntanli de quí ere, va di: Per ara meu y de Deu. Y de aquí no la van pugué traure. Una mica se van mosquejá lo justissia y tamé lo siñó retó perque no díe quí ere lo pare del chiquet; pero ella se va mantindre en lo dit y van habé de frená la curiosidat y se va mantindre lo secreto.

Cuan van batechá al chiquet, may un cas com aquell se habíe vist al poble y pareixíe un milagre (que los tems diuen que eren atres diferens dels que corren ara, encara que yo no u crec), dingú se oferíe a sé lo seu padrí; y lo justissia y lo síndic van ajuntá consell general del poble y van di: "honrats veíns de Almudévar: per la veu que ha corregut debéu sabé que la honesta filla pupila o pubilla de Antonio y Juana del forn de fora ha parit casualmén un chiquet, y no té qui lo porto a la pila. Femu a sorts si tos pareix, y dels tres noms que ixquen sen triará un per vots libres de tots.» 

- ¡Be, be!, va cridá lo gentío. Y van eixí dos homens y una dona; y passán a votassió, tots menos sis van votá que fore padrina la dona, y que los dos homens y lo síndic la acompañaren. Ere una donsella, y no va faltá qui remugare dién que les donselles no teníen que habés presentat per séu la mare del chiquet y no estáe be que la visitaren. Pero a qui aixó va di, que ere un ricacho en vanidat de hidalgo, lo van mirá mal de reúll y lo van aburrí tot aquell día. Va sé, pos, padrina la donsella, y lo va traure de pila mol contenta; y com ere de una casa acomodada va ñabé gran batech y alifara, que la van doná los acompañans y son pare de la mateixa padrina. 

Li van ficá de nom Pedro, y no se va parlá en mols díes de atra cosa al lloc. Cuan la mare va traure al chiquet al públic pareixíe una conda en la formalidat y satisfacsió que mostráe y als dijes y mantilla que li ficáe; y la gen la volíe encara mes que abans. La paráen tots pera mirá al chiquet, y sense sabé per qué se alegráen; y moltes dones, espessialmén les donselles, casi li teníen enveja.

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Índice (o Index):

Primé llibre:

espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet

com Pedro Saputo se va ficá mol fort

de com Pedro Saputo va aná a escola

de com Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi

com Pedro Saputo adepreníe ofissis en un rato

com Pedro Saputo va adependre música

Humanidat y caridat de Pedro Saputo

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona

Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo


Llibre segón:

De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món

De lo que li va passá a Huesca

Aventures del camí de Barbastro

Aventures de Barbastro

De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils

Pedro Saputo al convén

Se descubrix a les monges

Ix del convén

De cóm Pedro Saputo se va fé estudián de la tuna

Pedro Saputo escomense la vida de estudián

Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies

Pedro Saputo va a vore a les seues amigues

Sap Pedro Saputo de fray Toribio, lo del códul, y se quede al seu poble


Llibre tersé:

Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble

De cóm Pedro Saputo li va traure lo monjío del cap a una sagala

De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg

De cóm Pedro Saputo se va fé dotó. Seguix lo seu viache

Arribe a Saragossa. Después al seu poble

De cóm Pedro Saputo va fé lo milagre de Alcolea

De cóm Pedro Saputo va doná cuenta del seu viache de la volta a España

Una carta anónima. Visita de un caballé

De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro

La cova de Santolaria

Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo

De la comisió de les tres figues

Pedro Saputo cride a sa mare a les festes del Pilá

Del pleite al sol

Llibre cuart:

Li propose sa mare a Pedro Saputo que se caso

De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo

Relassió del pare de Saputo

Arribe Paulina. Casamén dels pares

Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar

Testamén del tío Gil Amor

Seguix lo registre de les novies. Festa y ball a una aldea

De la fira de Graus

Seguix lo mateix registre. Morfina

Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot

Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa

No se sap res mes de Pedro Saputo. Sort de Morfina, dels pares y de Rosa y Eulalia

Del natural de Pedro Saputo

Máximes y sentensies de Pedro Saputo


Original en castellá:


Capítulo I.

Nacimiento de Pedro Saputo.


¡Bendito sea Dios, que al fin el gran Pedro Saputo ha encontrado quien recogiese sus hechos, los ordenase convenientemente, y separando lo falso de lo verdadero levantase con la historia acrisolada y pura de su vida la digna estatua que debíamos a su talento y a sus virtudes! ¿Qué me dará el mundo por este servicio, por esta deuda común que pago, no tocándome a mí más que a cualquier otro vecino? Pero ¡maldito sea el interés!, no quiero otra recompensa que saber, como lo sé desde ahora, que este libro se leerá con gusto por viejos y jóvenes, por sabios y por ignorantes, en las ciudades y en las aldeas. ¡Oh, cuántos buenos ratos en las veladas de invierno pasarán con él calentándose a la lumbre o al brasero! Pues no quiero más recompensa, como digo; esto, y esto sólo es lo que me he propuesto. Y pues lo doy por conseguido, nada más se me ofrece advertir, ni prevenir a mis lectores.

En la villa de Almudévar, tres leguas de la famosa ciudad de Huesca, en la carretera de Zaragoza, nació Pedro Saputo de una virgen o doncella que vivía sola porque había quedado de quince años sin padre ni madre, y era pobre, no teniendo más bienes que una casita en la calle del Horno de afuera, y manteniéndose con el oficio de lavandera y el de cocinera de todas las bodas y de las grandes fiestas del lugar; en su juventud cantaba con mucha gracia porque tenía una voz extremada y tocaba el pandero como una gitana. Con estas habilidades nunca le faltaba lo necesario, y algún regalo y buen pasatiempo. Iba muy aseada; no envidiaba nada a pobres ni a ricos; todos la querían bien, y ella no quería mal a nadie.

Para mayor noticia de la persona diremos que era lista, redonda de cara, no fea, aunque tampoco bonita, delgada caminando a gruesa, desembozada de palabras; pecho franco y abierto, discreta lo que le bastaba, honrada de casta, recatada con buena fama en el pueblo, y al todo muy afable. Con cuyas prendas y virtudes entender se deja que tendría muchos pretendientes, y los tuvo, en efecto, no menos en línea recta que en la línea torcida, y de todos sabores y apariencias; pero no se daba por entendida de la mala intención de algunos, y tomando las palabras siempre a la derecha, a todos respondía lo mismo y los despedía sin ofenderlos diciendo que no quería casarse ni tener amores. Y eso que la recuestaron mozos muy engreídos y valientes, y algunos con ajuar y pegujar, que lo hubiera pasado como una hidalga. Y era que cuando comenzaba a ser moza le dijo una gitana que si se casaba lloraría muchas lágrimas, haciéndole una profecía en verso que decía:


Si casas habrás esposo,

Lágrimas pena y dolor;

Concierta sola tu amor

y el fruto será glorioso.


No alcanzaba el sentido de la profecía sino así por mayor, pero entendió muy bien y se le hincó hondamente como púa en el alma lo de lágrimas y penas, y era bastante para que temiese: conque cerró los oídos a toda proposición de matrimonio por más que andando el tiempo llegó a cumplir los veinte años de edad, que en aquel siglo casi era afrenta, puesto que después y en el nuestro no sea más que recelos de soledad y pensamientos de poco sueño.

Empero cuando menos se cataban en el lugar amaneció de seis meses, que por su gran opinión de honesta lo vieran y no lo creyeran si ella no lo dijese; pero lo decía y lo afirmaba con tanta naturalidad y llaneza que con esto y lo que veían hubieron de creerlo. Cuando llegó el tiempo dio a luz un niño muy robusto y hermoso, y preguntándole de quién era, dijo: Por ahora mío y de Dios, cuyos somos todos. Y de aquí no la pudieron sacar. Un poco se amostazó el justicia y también el señor cura porque no decía quién era el padre del niño; pero ella se mantuvo en lo dicho y hubieron de tascar el freno de su curiosidad burlada en este secreto.

Cuando llegaron a bautizar el niño, porque nunca un caso como aquel se había visto en el lugar y parecía milagro (que los tiempos dicen que eran otros que los que corren ahora, aunque yo no lo creo), ninguno se ofrecía a ser su padrino; y el justicia y el síndico ayuntaron concejo general del pueblo y dijeron: «Honrados vecinos de Almudévar: por la voz que ha corrido debéis saber que la honesta hija pupila de Antonio y Juana del Horno de afuera ha parido casualmente un niño, y no tiene quién lo saque de pila. Echemos suertes si os parece, y de los tres nombres primeros que salgan se elegirá uno a votos libres de todos.» - ¡Bien, bien!, gritó la multitud. Y echaron suertes, y salieron dos hombres y una mujer; y pasando a votación, todos menos seis votaron porque fuese madrina la mujer, y que los dos hombres y el síndico la acompañasen. Era una doncella, y no faltó quien murmuró de la suerte diciendo que las doncellas no debían haberse puesto en cántaro por serlo la madre del niño y no estar bien que la visitasen. Pero al que esto dijo, que era un ricacho con vanidad de hidalgo, le miraron de mal de ojo y aun le aborrecieron todo aquel día. Fue, pues, madrina la doncella, y lo sacó de pila con mucho contento; y como era de una casa acomodada hubo gran bateo, que lo dieron los acompañantes y el padre de la misma madrina. Pusiéronle por nombre Pedro, y no se habló en muchos días de otra cosa en el lugar. Cuando la madre sacó al niño públicamente parecía una conda en la formalidad y satisfacción que mostraba y en los dijes y mantillas que le ponía; y las gentes la querían aún más que de denantes. Parábanla todos a mirar al niño, y sin saber por qué se alegraban; y aun muchas mujeres, especialmente doncellas, casi le tenían envidia.

domingo, 23 de septiembre de 2018

SEGONA JORNADA. NOVELA SEGONA

Rinaldo de Asti, robat, va a pará a Castel (Castell) Guiglielmo y es albergat per una Siñora viuda, y desagraviat dels seus mals, sano y salvo torne a casa seua.

De les desventures de Martellino contades per Neifile sen van enriure les dames desmedidamen, y sobre tot entre los jóvens Filostrato, a qui, com estabe assentat a la vora de Neifile, va maná la Reina que continuare en lo novelá; y sense esperá, va escomensá:
Hermoses Siñores, me séntigo inclinat a contátos una história sobre coses católiques entremesclades en calamidats y en amors, que sirá per ventura útil habéla sentit, espessialmen a qui no haygue resat lo padrenuestro de San Julián moltes vegades, encara que tingue bon llit, mal se hospede.

Ñabíe, pos, en tems del marqués Azzo de Ferrara un mercadé de nom Rinaldo de Asti que, per los seus negossis, habíe anat a Bolonia; habénlos provist y tornán a casa, li va passá que, habén eixit de Ferrara y caminán cap a Verona, se va topetá en uns que pareixíen mercadés pero eren uns malandríns y homes de mala vida y condissió.
Éstos, veénlo mercadé y jusgán que debíe portá mols dinés, van pensá que a la primera ocasió li robaríen, y per naixó, per a que no notare cap sospecha, com homes humildes y de bona condissió, sol de coses honrades y de lealtat anaben parlán en ell, mostránse tan com podíen y sabíen humildes y bons als seus ulls, pel que ell creíe que ere bona cosa habéls trobat. Anabe sol en lo seu criat y lo seu caball. Y caminán y charrán, com sol passá, van arribá a discutí sobre les orassións que los homes dirigíxen a Déu. Y un dels maleáns, que ne eren tres, li va di a Rinaldo:
- Y vos, gentilhome, ¿quina orassió acostumbréu a resá per los camíns? A lo que Rinaldo va contestá:

- En verdat yo soc home ignorán y rústic, y poques orassións ting a má, ya que vic a la antiga y conto dos sueldos per vinticuatre dinés, pero no per naixó hay dixat de tindre per costum al aná pels camíns resá pel matí, cuan ixco del albergue, un padrenuestro (parenostre, paternoster) y un avemaría per l´alma del pare y de la mare de San Julián, y después demano a Déu y an ell que a la nit tinga bon albergue. Y ya moltes vegades me hay vist, anán pels camíns, en grans perills, y escapán de tots hay estat per la nit a un bon puesto y ben albergat; pel que ting firme fe en que San Julián me haygue conseguit de Déu esta grássia; no me pareix que podríe aná be lo día, ni arribá be la nit, si no li haguera resat pel matí.
Entonses aquell, que ya sabíe lo que li passaríe, se va di per anell - «Falta te fará, perque, si no fallám, tealbergarás ben mal segóns me pareix». Y después li va di:

- Yo tamé hay viachat mol y may hay resat, encara que u hayga sentit a mols recomaná, y may me ha passat que per no resádixára de albergám be; y esta nit podréuvore quí se albergará milló, o vos que uhau fet o yo que no hay resat. Be es verdat que yo en ves de resá dic lo Dirupisti o la Intemerata o lo De Profundis que són, segóns una yaya meua solíe dím, de grandíssima virtut.
Y parlán aixina de varies coses y continuán lo seucamí, y esperán lo puesto y ocasió per al seu mal propósit, va passá que, sén ya tart, del atre costat de Castell Guiglielmo, al vadejá un riu aquells tres, veén la hora que ere y lo puesto solitari y amagat, lo van assaltá yrobá, y dixánlo a peu y en camisa, sen van aná, diénli:

- Ara mires a vore si lo teu San Julián te done esta nit bon albergue, que lo nostre be mos donará. Y, vadejánlo riu, sen van aná. Lo criat de Rinaldo, veén que lo assaltaben, no va fé res per ajudál, sino que donán la volta al caball, no se va aturá hasta Castell Guiglielmo, y entrán allí, sén ya tart, sense cap dificultat va trobá albergue. Rinaldo, que se habíe quedat en camisa y descals, sén gran lo fret y nevánencara mol, no sabén qué fé, veén arribada ya la nit, tremolán y castañejánliles dens, va escomensá a mirá al voltán en busca de algún amagatall aon puguere passála nit sense morís de fret; pero no veénnecap perque no fée mol que habíe ñabutguerra an aquella comarca y tot se habíe cremat y arrasat, espentat pel fret, se va adressá, trotán sense caball, cap a Castell Guiglielmo, sense sabé que lo seu criat habíe fugitallí, y pensán que si puguere entrá allí, algún socorro li enviaríe Déu.

Pero la nit tancada lo va agarrácasi una milla lluñdel burgo, per lo que va arribá allí tan tart que, están les portes tancadesy barrades y los ponseixecats, no va pugué entrá a dins. Plorán en doló y desconsoladamen, buscabe al voltán aón podríe embutís per a que al menos no li nevare a damún; y per sort va vore una casa sobre les murallesdel burgo com un balagosto cap a fora, y an aquell ráfec va pensá quedás hasta que fore de día; y anánsen allí y habén trobat una porta daball de aquell alero, com estabe tancada, reunín una miquetade palleta que per allí prop ñabíe, triste y en doló se va quedá, moltes vegades queixánse a San Julián, diénli que no ere digne de la fe que habíe ficaten ell. Pero San Julián, que lo volíe be, sense tardá mol li va proví un bon albergue. Ñabíe aneste burgo una Siñora viuda, bellíssima de cos com la que mes, a qui lo marqués Azzo amabe tan com a la seua vida y aquí a la seua disposissió la fée está. Y vivíela Siñora an aquella casa damún del ráfec aon Rinaldo se habíeanat a refugiá. Y lo día d´abánshabíe vingut lo marqués aquí per a gitásper la nit en ella, y a la seua casa secretamen habíe manat preparáli un bañ y un bon sopá.

Y están tot preparat, y res mes que la arribada del marqués esperán ella, va passá que un criat va arribá a la porta, portabe notíssies al marqués per lesque va tindre que ficás en camí en seguida; pel que, manán di a la Siñora que no lo esperare, va colá rápidamen. En lo que la dona, una mica desconsolada, no sabén qué fé, va pensá en ficás al bañ preparat per al marqués, después de sopá y después sen aniríe al llit; y aixina, se va ficá a dins del bañ. Estabe este bañ prop de la porta aon lo pobre Rinaldo estabe gitat acurrucadet; pel que, están la Siñora al bañ, va sentí losplos y lo tremoláde Rinaldo, que pareixíe habés convertit en una sigüeña. Y cridán a la seuacriada, li va di:

- Ves a baixy mira fora dels muros al peu de eixa porta quí ña allí, y quí es y lo que fa. La criada hi va anáy, ajudánla la claridat del aire, va vore al que en camisa y descals estabe allí, com se ha dit, tremolán com les rames de un saúc, y li va preguntá quí ere. Y Rinaldo, tremolán tan que ben justet podíe articulá una paraula, quí ere y cóm y per qué estabe allí li va pugué di, y después va escomensá a rogálique, si fore possible, no lo dixare allí morís de fret durán la nit. La criada, sentín compassió, va torná a la Siñora y tot lay va contá; y ella, tamé sentín Piedat, sen vaenrecordá de que teníe la clau de aquella porta, que algunes vegades servíe per a les entradesde amagatontes del marqués, y va di:

- Ves y óbrili sense fé soroll; aquí está este sopá que no teníe qui sel minjare, y per a podél albergá ña puesto de sobres.
La criada, habén alabat mol la humanidat de la Siñora, hi va aná y la vaobrí; y habénlo fet entrá, veénlo carpidet y esglayadet, li va di la Siñora:

- Depressa, bon home, entra an aquell bañ, que encara está calén. Y ell, sense esperá mes invitassións, uva fé de bona gana, y reconfortat en aquella caldoreta, de la mort a la vida li va pareixe habé tornat. La Siñora li va fé prepará robes que habíen sigut del seu home, mort poc tems abáns, y una vegá ficades pareixíen fetes per an ell; y esperán a vore qué li manae la Siñora, va escomensá a doná grássies a Déu y a San Julián que de una nit tan roína com la que li esperabe lohabíen librat y a bon albergue, pel que pareixíe, conduít. Después de aixó, la Siñora, algo descansada, habén manat fé un grandíssim foc a la enchumenera de un dels salóns, va aná cap al raconet del foc y li va preguntá qué ere de aquell bon home. A lo que la criada va contestá:

- Siñora meua, se ha vestit y es un bon mosso y pareix persona de be y de bones maneres.

- Ves- va di la Siñora- , y crídal, y disli que vingue aquí al foc, y aixina sopará, que sé que no ha sopat.
Rinaldo, entrán al salón y veén a la Siñora y pareixénli prinsipal, la va saludá y li vadoná les grássies pel benefissique li habíe fet. La Siñora lo va vore y lo va escoltá, y pareixénli lo que la criada li habíe dit, lo va ressibí alegremen y en ella familiarmen lova fé assentás a la vora del foc y li va preguntá sobre la desventura que lo habíe portatallí, y Rinaldo li va narrá totes les coses pelseu orden. Habíe la Siñora sentit algo de alló cuan la arribada del criat de Rinaldo al castell, per loque se va creure lo que ell li contabe, y tamé li va di lo que del seu criat sabíe y cóm fássilmen podríe trobál pel matí.

Después de que la taula se va pará com la Siñora va volé, Rinaldo anella, rentades les máns, se va ficá a sopá. Ell ere alt de estatura, y hermós y agradable de cara y de maneres loables y grassioses, y jove de mijana edat; y la Siñora, habénli ya moltes vegades ficatlos ulls damún y apressiánlo mol, y com lo marqués ya no vindríea gitás en ella, tenín laganeta sensualdesperta al cap, después del sopá, eixecánse de la taula, a la seua criada li va preguntá si li pareixíe be que ella, ya que lo marqués la habíe burlat, disfrutare de aquell be que la fortuna li habíe enviat. La criada, veén lo dessich de la seua Siñora, la va animáa seguíl; pel que la Siñora, tornán al foc aon habíe dixat sol a Rinaldo, escomensán a mirálamorosamen, li va di:

- ¡Ay, Rinaldo!, ¿qué caviléu tan? ¿No creéu podé recuperá un caball y unes cuantesrobes que hau perdut? Confortéutos, alegréutos, estéu acasa vostra; y mes vull dítos: que, veéntos en eissesrobes damún, que van sé del meu difún home, me pareixéu vos ell mateix, me han vingut esta nit mes de sen vegades dessichos de abrassátos y de besátos, y si no haguera tingut temó de desagradátos per sert que uhauría fet.
Rinaldo, sentín estes paraules y veén rellampegáals ulls de la dona, com no ere un tontet, sen va aná a trobála en los brassos uberts y va di:

- Siñora meua, pensán que per vos puc sempre di que estic viu, y mirán alló de aon me vau tráure, gran sanguangadasiríe la meua si yo tot lo que puguerasétos agradable no me ingeniara en fé; y aixina, contentéu lo vostre dessich de abrassám y besám, que yo tos abrassaré y tos besaré bena gust. Después de aixó no van calé o cáldremes paraules. La dona, tota ruenta dedessich, se li va aventá alsbrassos; y lo va apretá mil vegades, lova besá y atres tantes vegades va sé besada per nell, eixecánse de allí sen van aná cap a la alcoba y sense esperá, gitánse, hasta que va apuntálo día, los seus dessichos van cumplí. Pero después deeixí la aurora, eixecánse, per a que alló no puguere sé sospechatper dingú, donánli algunes robes y omplínlila bossa de dinés, rogánli que tot alló guardare en secreto, habénli enseñat primé quincamí teníe que seguí per a entráal burgo a buscá alseu criat, per aquella portetaper aon habíe entrat lo va fé eixí. 


Ell, al aclarís lo día, donán mostresde vindre de mes lluñ, ubertes lesportes, va entrá an aquell burgo y va trobá al seucriat. Después, vestínseen les atresrobes que a les alforjes s´habíen quedat, y pensán en montáal caball del criat, casi per milagre de Déu va passá que los tres malandrínsque la nit anterió li habíen robat, per un atra malesafeta después, habíen sigut pessigats y portatsan aquell castell y, per confessió, li va sé restituítlo caball, les robes y los dinés y no va pédre mes que un parell de liguesde les calses (míches)de les que no sabíen los bandolerosqué habíen fet. Pel que Rinaldo, donánli grássies a Déu y a San Julián, va montá a caball, y sano y salvo va torná a casa seua; y als tres maleáns, al día siguién, los van portá a sacsálos peus al aire.

TERSERA