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lunes, 20 de mayo de 2019

Jaca, siglo XIII, románs

A la Jaca del siglo XIII parláen una variedat románs mol pareguda al chapurriau, valensiá, mallorquí, catalá.
Cabanes Pecourt; Repoblación jaquesa en Valencia, 1980 http://www.anubar.com/coltv/pdf/TV_48.pdf (descarga pdf)

Este romance aragonés, de acuerdo con su manifestación escrita en el Fuero de Jaca, suena así (No recurrimos a su traducción porque no la creemos necesaria para los valencianos).

7 De hom mort dints los termes de Jaca.
Si algun omne mata altre dintz los termens de Jaqua e es pres, deu dar al rey mil ss (sueldos jaqueses) per calonia e garde se dels parentz e dels amicx del mort. E si per aventura no e pres, si algunas cosas aura, sien meses en poder del rey. Mas altres omnes de la ciutat non son tenutz de dar aquel homecidi, sino aquel qui l´a feyt.

En la Jaca del s.XIII parlaven una varietat romanç molt pareguda al valencià

Recordém lo bando de Pedro IIals presentz, Osca, 1196.

Recordemos el bando de Pedro II, als presentz, en Osca, 1196

Aragonésocsitá, que englobe actualmen al provensallemosín o llemosí, gascónvivaroaupenclanguedocienne : langue d´Oc, y atres subdialectes, entre los que está lo catalá, que en molta faena y perres se va convertí en llengua y vol fótres a datres com lo valensiá mallorquí).

TARAZONA EN LA REPOBLACIÓN VALENCIANA DE 1239

http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=5953



(Ling.) Conjunto de documentos que recogen el Derecho municipal de la ciudad de Jaca Buscar voz... y posteriores compilaciones que se redactan a partir de éste y extienden por Aragón y Navarra su influencia. El primer documento es la carta de fundación dada por Sancho Ramírez Buscar voz... con ocasión de la fundación de la ciudad (año 1063). Está redactada en latín y es muy breve (se hacen constar unos veinticuatro preceptos). Sobre la base común de este fuero latino de Sancho Ramírez se redactan luego las compilaciones romances, que son, en general, versiones muy ampliadas. Éstas parten de versiones intermedias, no conocidas pero cuya existencia se deduce de las redacciones romances conservadas (aunque no es posible deducir en qué lengua estaban redactadas). Gracias a los estudios e investigaciones de Mauricio Molho, hoy se conocen siete códices de las redacciones romances del Fuero de Jaca Buscar voz.... Los nombramos convencionalmente con una letra, según la clasificación de dicho investigador:
A1 = Madrid, Biblioteca Nacional, 17801.
A2 = París, Archives Nationales, J.J.O.O.
B = París, Archives Nationales, J.J.N.N.
C = Madrid, Biblioteca Nacional, 13271.
D = Barcelona, Biblioteca de Cataluña, 1015.
E1 = Madrid, Biblioteca de Palacio, 944.
E2 = Madrid, Biblioteca de Palacio, 943.
A éstos habría que añadir algunos fragmentos:
Az = pliego de pergamino, hoy perdido, en el que estaban copiados catorce capítulos del Fuero de Jaca. Se custodiaba en el Archivo de la Basílica del Pilar (Zaragoza) y fue publicado fragmentariamente en 1870 por Manuel Lasala Buscar voz....
Ap = cuatro capítulos de los Fueros Antiguos de Jaca, contenidos en el documento X 15 del Archivo Municipal de Pamplona (carta de los Jurados de Jaca a los de Pamplona).
O1 y O2 = colección de veintiún artículos de fueros, cuyo núcleo principal lo forman unas Ordenanzas de Pedro II Buscar voz... promulgadas en las Cortes de Huesca de 1208. Aparecen copiadas después del Fuero de Jaca en A1 (O1) y en A2 (O2). (En B, C, D, E1 y E2 las disposiciones contenidas en esta Compilación se integran al Fuero de Jaca.)
Todos estos códices transmiten, según M. Molho, cuatro redacciones distintas del Fuero de Jaca, que pueden dividirse en dos grupos, según su origen: 1) las que proceden de Aragón: A1, A2, Az, O1 y O2; y 2) las que proceden de Navarra: B, C, D, E1 y E2.
Aparte quedaría Ap, que es un vestigio de una redacción aragonesa más arcaica que las versiones extensas de los siglos XIII y XIV.
Las cuatro redacciones distintas, en función de la lengua, del origen y, especialmente, del análisis de contenido, disposición de éste, y la comparación de errores comunes, serían las siguientes:
1. Redacción A: Es la primera recopilación romanceada extensa del Fuero de Jaca. Tiene su centro en Jaca y es obra de jurisconsultos aragoneses. Viene reflejada en los manuscritos A1 (ms. conservado del s. XIV, pero redacción del s. XIII, hecha por juristas de Jaca), A2 (ms. conservado del s. XIV, pero redacción del XIII hecha por juristas de Huesca) y Az (redactada en el s. XIII en Aragón, pero ni en Jaca ni en Huesca; M. Molho piensa que en Zaragoza, por haberse conservado en el Archivo del Pilar). Hay que tener en cuenta que al extenderse el Fuero de Jaca por Aragón, a medida que progresaba la reconquista se modifica el carácter local de la compilación originaria. Así, los juristas de Huesca adaptan a la región oscense los preceptos forales jaqueses. Donde A1 dice al comienzo de todo, Aquest es lo for de Jaca, A2 no dice nada; donde A1 dice De hom mort dintz los termes de Jaca, A2 dice De omne mort dintz los termes de Osca; etc. Es decir, A2 representa el Fuero de Jaca observado en Huesca, mientras que A1 es el único manuscrito que representa estrictamente la tradición jaquesa (otros que presumiblemente hubiera, se debieron de perder en el incendio de 1395 del Archivo Municipal de Jaca).
2. Redacción B: Representada por un solo manuscrito, el B (copiado en Navarra por un amanuense originario de Pamplona; letra del s. XIV). Con esta redacción aparece la primera expresión del Derecho aragonés en Pamplona. Es una refundición todavía no sistemática.
3. Redacción C: Se lleva a cabo en Navarra y se trata de una refundición sistemática aunque la sistematización es en algunos lugares superficial, e incompleta en otros. Ofrece además, la legislación en una masa compacta sin división alguna. Ha sido trasmitida por el manuscrito C (con letra de fines del XV o comienzos del XVI, aunque es evidente que refleja una versión cronológicamente anterior, prácticamente idéntica al original que sirvió para redactar D) y por el manuscrito D (versión hecha h. 1340, posiblemente por García Martínez, notario de Villafranca de Navarra).
4. Redacción E: Trasmitida por los manuscritos E1 y E2. Se trata de una última refundición del Fuero de Jaca hecha en Navarra hacia la mitad del s. XIV, de forma sistemática. Está en general más sistematizada que C y además realiza una división en libros y títulos.
Nos encontramos, por tanto, con que, exceptuando Ap (vestigio de una redacción arcaica) y O1 y O2 (reflejos de una Compilación O independiente en su origen), los demás mss. no se pueden agrupar en una familia derivada de un arquetipo común, porque las compilaciones se redactan independientemente en Jaca y en Pamplona. Son, pues, redacciones sucesivas, separadas tanto en el tiempo como en el espacio, que se pueden agrupar ampliamente en dos grupos: 1) las redacciones que son expresión del Derecho jaqués, o de influencia jaquesa al sur de la sierra de Guara (=tradición aragonesa del Fuero de Jaca: A); 2) las redacciones que son expresión del Derecho pamplonés, aunque también de origen jaqués, refundido varias veces por los juristas de Pamplona (=tradición navarra del Fuero de Jaca: B, C, E). Todas las redacciones navarras parece que se hicieron a través de un original oscense.
Independientemente de su origen, los códices están redactados en una de estas lenguas romances: o en occitano (provenzal, según M. Molho, aunque parece más idóneo emplear el término occitano), que son la mayoría; o en aragonés (o, si se quiere, navarro-aragonés, cuando la redacción proviene de Navarra). En concreto: A1, A2, O1 y O2 están redactados en occitano cispirenaico aragonés (es decir, en el occitano usual en esta parte de los Pirineos, en Aragón, principalmente en Jaca, donde las colonias de gentes occitánicas parece que emplearon dicha lengua, importada de Francia, hasta finales del s. XIII o comienzos del XIV) B, C, E1, E2 están redactados en occitano cispirenaico navarro (es decir, en el occitano usual a este lado de los Pirineos, en Navarra; téngase en cuenta que en Pamplona y en Estella, principalmente, se conservó esta lengua en algunos núcleos occitánicos hasta entrado el s. XVI); Az está en aragonés Buscar voz..., con mezcla de frases en latín; D es una versión en navarro-aragonés de C; Ap presenta una curiosa mezcla de latín, occitano y aragonés, exactamente lo que es el chapurriau, reveladora de las presiones lingüísticas que desde un principio tendían a asimilar los núcleos extraños que se iban integrando en Aragón.
Con respecto a la lengua convendría destacar algunos aspectos. En cuanto a las versiones en occitano, durante bastante tiempo se ha discutido sobre el tipo de lengua en que estaban redactadas.
Se afirmó al principio que era catalán (T. Navarro, J. Corominas), luego se matizó más: «Un lenguaje ambiguo, catalán o una especie de gascón primitivo, pero no aragonés» (J. Corominas), y por último se vino a decir que «se trata de una especie de koiné occitano-catalana con algún aragonesismo» (J. Corominas).
Pero Mauricio Molho, el más concienzudo estudioso del tema, ha afirmado siempre que se trataba de un occitano específico, propio de los burgos del Camino de Santiago Buscar voz..., que llama occitano cispirenaico o traspirenaico. Incluso ha hablado de «lenguaje híbrido en donde al fondo galo-románico importado... se sobrepone el aragonés de los autóctonos». Habrá que convenir, por tanto, en que se trata de occitano, en el que no se excluyen algunos elementos puramente catalanes, pero fundamentalmente matizado por la influencia del aragonés.
Con respecto a las versiones en aragonés, la cuestión no es menos complicada. El texto más antiguo en aragonés, Ap, incluye algunas frases en occitano (lo omezidi, los amjcx del mort, los altres, no pot estar pres...) y algunas otras en latín. Y lo redactado en aragonés, si bien presenta rasgos lingüísticos aragoneses muy claros (recebiemos, muytos, huey, trauaillo, vynclo, ditos, faziemos, proueyto, cuytiello, feyto, yeramos, tiengo...) también presenta algunos rasgos lingüísticos castellanos (eran, dezían, auedes, dudáuades, pregastes, tornáuades... y los artículos el, la, los, las). Lo mismo ocurre en los fragmentos conservados de Az, donde pueden verse castellanismos como ermano, es, etc., aunque también, raramente, aparece algún imperfecto aragonés (exiva) o algún artículo (os), sin duda por descuido del copista, que evitaría muy cuidadosamente poner por escrito rasgos tan populares. De todas formas, la comparación de Az y A2 permite ver muy claramente el carácter lingüístico aragonés del primero frente al occitano del segundo:
Az: Muytos infanzons a(n) castiellos e villas en os quals terminos...
A2: Moltz infançons an castels et uilas et altres infançons...
Az: De mulier que avra marido e fara adulterio.
A2: De muller que a marit si fara adulteri con altre.
Por lo que respecta a D, es una traducción deficiente, descuidada e improvisada, en la que aparecen numerosos errores debidos a confusiones fonéticas (de mot a mot lo traduce por de muerto a muertodor aguo por d´Aragón, etc.), desconocimiento de la conjunción occitana, etc., por lo que da la impresión de que el amanuense hizo al mismo tiempo de intérprete, traduciendo, al vuelo, lo que le dictaban. Por lo demás, aunque bastantes rasgos fonéticos del aragonés se mantienen (je, dreito, nueit, feito, multas, tienga...), aparecen otros castellanos (es, era, fija, ujeio, tajado…).
• Bibliog.: Molho, M.: El Fuero de Jaca. Edición crítica; Zaragoza, 1964. Yagüe Ferrer, M.ª I.: Jaca: documentos municipales (971-1324). Introducción y concordancia lematizada; Public. Univ. Zaragoza, Zaragoza, 1995.

https://academica-e.unavarra.es/handle/2454/27537

https://www.persee.fr/doc/ccmed_0007-9731_1972_num_15_57_2025_t1_0088_0000_2


1080 Bibliografía El Fuero de Jaca. 2 vols. 1: Edición crítica, por M. Molho. 1964, facsímil; 2: Estudios, por M. L. ARNAL PURROY, A. M. BARRERO GARCÍA, V. BIELZA DE ORY, J. DELGADO ECHEVERRÍA, M. C. GARCÍA HERRERO, M. A. MARTÍN ZORRAQUINO, M. MOLHO, F. MONGE CASAO, A. SESMA MUÑOZ. Zaragoza: El Justicia de Aragón, 2003. La historia de la edición crítica del Fuero de Jaca, primer volumen de la colección Fuentes para la historia del Pirineo dirigido por José María Lacarra (Zaragoza: CSIC, Instituto de Estudios Pirenaicos, 1964), está íntimamente ligada a Pamplona. Escrita diez años atrás por Mauricio Molho, vio la luz gracias al director de esta colección y Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, quien encomendó la revisión del original y la supervisión de la maquetación a su discípulo Ángel J. Martín Duque, Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Navarra. Esta es la razón por la que posee Depósito Legal de Navarra, correspondiente al año 1963, y aparece impresa en los talleres de la Editorial Gómez. José María Lacarra inauguraba con esta publicación un ambicioso proyecto con el que pretendía publicar las fuentes históricas pirenaicas y que, en el apartado de los fueros locales, él mismo dio continuidad editando, junto con Ángel J. Martín Duque, los hijuelos jaqueses de Estella-San Sebastián (1969) y de Pamplona (1975), en estos casos a través de la Institución Príncipe de Viana de la Diputación Foral de Navarra. En esta ocasión, El Justicia de Aragón, Defensor del Pueblo de aquella Comunidad Autónoma, ha tenido el acierto de reeditar en facsímil El Fuero de Jaca de Mauricio Molho. Esta reedición se enmarca en una destacada política editorial que está contribuyendo de manera sobresaliente a la difusión de los estudios del derecho histórico aragonés. Criterios de edición (tamaño del libro) han obligado a realizar un facsímil peculiar. Las 663 páginas y cubiertas de la edición de 1964 del libro de Molho se reproducen en su tamaño original, en un libro de dimensiones mayores. El contorno del libro original aparece remarcado por finas líneas grises, a cuyos pies se consignan la nueva paginación y la indicación de tratarse de una edición facsímil. El resultado técnico es exquisito, pues se reproducen incluso las solapas de la edición original. Sin embargo, no deja de resultar extraña la inclusión de una nueva paginación, que aunque no anula la del original, puede sembrar equívoco. La nueva paginación parece justificarse únicamente para la numeración de las cubiertas, solapas y portada de la edición original, algo que en la práctica no reporta mayor utilidad. Incluso, aunque esta edición hubiera contado con una introducción –que no es el caso–, hubiera sido lógico paginarla con números romanos, solución que podría haberse dado en las reproducciones de cubierta, solapas y portada. Parece por lo tanto que nos hallamos ante una solución imaginativa que busca adecuar la caja del original a la de la colección editorial de El Justicia de Aragón. Esta reedición ha venido acompañada de un segundo volumen dedicado a diferentes estudios elaborados para la ocasión en torno al Fuero de Jaca. Ésta es, realmente, la novedad fundamental objeto de esta reseña. Abre el libro una semblanza de Mauricio Molho a cargo de Félix Monge Casao, Catedrático de Lingüística General de la Universidad de Zaragoza, ahora jubilado. Gran conocedor de la figura y obra del descendiente de sefardíes nacido en Constantinopla en 1922, nos adentra en la trayectoria académica e intelectual de su amigo filólogo e historiador. Se trata –que sepamos–, del trabajo más completo para conocer la figura de Molho, si bien se echa en falta una relación bibliográfica final de todos sus trabajos, mayores y menores –estos últimos brillan Bibliografía 1081 por su ausencia en la biografía–, que hubiera resultado de gran utilidad para el investigador. Sigue a este trabajo la reproducción facsímil de otro estudio clásico de Mauricio Molho, en este caso su extenso artículo dedicado a la «Difusión del Derecho Pirenaico (Fuero de Jaca) en el reino de Aragón», publicado en el Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (núm. XXVIII, 1959-1960, pp. 265-352), y convertido en un auténtico clásico en la historiografía. El presente proyecto editorial de El Justicia de Aragón podía haberse circunscrito a los dos facsímiles de Molho y la semblanza introductoria de Monge Casao. Pero la voluntad del Ombudsman aragonés ha ido más allá, teniendo el acierto de incluir interesantes estudios de gran calado intelectual. Descuella por su importancia el primero de ellos, correspondiente a la única investigadora de no vinculada al mundo aragonés, Ana María Barrero García. Esta autora está, en los últimos años, derrumbando fechas de los fueros y los correspondientes mitos fundacionales de sus vidas aforadas. Podríamos aconsejar a los poderes públicos –y permítasenos esta licencia sarcástica– no invitar a la investigadora madrileña a aniversarios que, con sus tesis, vacía de contenido el evento y desautoriza, de facto, los discursos institucionales elaborados para la ocasión. No es este el caso, pero podría serlo, pues la presentación de El Justicia no refleja lo que, sin duda, es la aportación más importante de la obra. La iushistoriadora del CSIC –institución que, recordemos, fue la sede de la edición original de Molho y donde se gestó la tradición de la obra de Lacarra–, realiza una profunda revisión de las distintas redacciones del Fuero de Jaca sobre la base de la edición crítica de Molho, llegando en algunos aspectos a unas conclusiones diametralmente alejadas de aquél. Tambalea, por tanto, toda la historiografía que hasta el momento ha venido repitiendo las tesis de Molho y del tándem Lacarra Martín Duque. Con una metodología brillante que sirve de modelo para abordar cualquier fuero local, analiza la técnica seguida en las reelaboraciones del Fuero de Jaca. Evidencia la alteración de los posibles documentos originarios fruto de una actuación unitaria manifestada en diferentes instrumentos relacionados con el derecho de la villa jaquesa y estrechamente vinculados a la persona real. A través de la crítica documental, esta autora ha observado el procedimiento de reelaboración de los documentos forales a partir de la refundición de recensiones normativas de origen y naturaleza diversa, y su adecuación a una estructura formal adoptada de unos instrumentos básicos, en un proceso que pudo llevarse a efecto en la segunda década del siglo xiii. Hasta el trabajo de Ana Barrero se ha venido afirmando que el fuero estellés derivaba del de Jaca, concedido por el propio Sancho Ramírez como Rey de Aragón hacia 1077, según cronología apuntada por Ubieto. La crítica de los documentos forales de la familia jacetana ha llevado a esta investigadora a reconstruir el proceso de formación de estos fueros de la siguiente manera: Sancho Ramírez dio carta de naturaleza mediante su expreso reconocimiento a los nuevos asentamientos de población de sus dominios, a los que privilegió con la concesión de un estatuto favorable que favorecía su crecimiento. En el Camino de Santiago impulsó la creación y/o desarrollo de las villas de Sangüesa, Estella y Jaca. Sus fueros, aunque con pequeñas diferencias, contenían unas mismas normas dirigidas a establecer las condiciones del asentamiento. Mediante el análisis del contenido de estos fueros, Barrero ha observado que su concesión no se produjo de forma simultánea, sino sucesiva. Primero se habría concedido a Sangüesa, posteriormente a Estella, y finalmente a Jaca, ciudad donde se desarrolló la iniciativa regia con mayor intensidad, y donde la creación normativa se vio reflejada en una 1082 Bibliografía redacción del texto. En suma, un trabajo para leer despacio, tomar buena nota y reformular toda la historiografía tradicional. El trabajo que Jesús Delgado Echeverría, Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza, realiza en torno a las tablas de concordancias de los Fueros de Jaca y Aragón es, como lo afirma el propio autor, algo que para el primer caso ya tenía preparado el propio Molho, aunque nunca llegó a publicarlo. Preceden a las tablas una serie de consideraciones sobre las diferentes redacciones de los fueros navarro-aragoneses, recogiendo las diferentes teorías sobre el particular que, en los últimos años, han venido elaborando autores como Juan Francisco Utrilla o Jesús Morales Arrizabalaga. Las tablas las elabora en columnas, que siguen los siguientes textos: Compilación de Huesca de 1247 (Martínez Díez, 1977), Fueros de Aragón (Tilander, 1937), Fuero de Jaca (Molho, 1964), Fueros de Aragón (Ramos Loscertales, 1925), Fueros de Borja y Zaragoza (Morales Gómez y Pedraza García, 1986), Compilación Privada de Derecho Aragonés y Recopilación de los Fueros de Aragón (Ramos Loscertales, 1924 y 1928), y el manuscrito de París que contiene enmiendas y adiciones al fuero jaqués (Molho, 1964). Las conclusiones, reducidas a cuatro breves párrafos, podrían alejarse del cripticismo sintético de unas concordancias determinadas para extraer, como de hecho se puede hacer, interesantes reflexiones. Las tablas, elaboradas con meticulosidad, resultan de una utilidad evidente para ulteriores investigaciones. El Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, José Ángel Sesma Muñoz, ofrece una visión actualizada en torno a «Aragón, los aragoneses y el Fuero de Jaca». Se trata de un estudio magnífico para conocer el nacimiento y consolidación de la vida urbana en el reino aragonés, entre el siglo xi y xiii, si bien, desde el punto de vista de la Historia del Derecho, algunas de sus afirmaciones entran en colisión con las mencionadas tesis de Ana Barrero, que no las tiene en cuenta, quizás por desconocimiento previo. María Carmen García Herrero, Profesora Titular de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, nos acerca al «Universo de las relaciones familiares en el Fuero de Jaca», un trabajo muy interesante para el conocimiento del derecho civil histórico aragonés y que contribuye a poner su granito de arena en el conocimiento de esta parcela de nuestra disciplina, por lo general relegada a un plano secundario por el Derecho público. Aunque el trabajo es sustancialmente correcto, se percibe la formación no jurídica de la autora, razón por la que, probablemente, no incluye trabajos de Derecho privado histórico fundamentales que, de haberlos conocido, hubieran alumbrado interesantes conclusiones y nuevas sugerencias a esta historiadora. La revisión iushistórica anteriormente citada de Ana Barrero es nuevamente ignorada por Vicente Bielza de Ory, Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Zaragoza, quien, por otra parte, realiza un delicioso análisis de las villas aforadas y su urbanismo ortogonal. Su trabajo aporta ideas novedosas para la comprensión del urbanismo medieval. Es, por otra parte, muy de alabar el manejo que, sin ser él medievalista, hace de la bibliografía básica y especializada sobre el tema; aunque también se echan en falta algunos títulos que en los últimos años han venido a clarificar muchas de las cuestiones planteadas en el texto. Cierra el libro una «Introducción al estudio lingüístico del Fuero de Jaca», obra de María Antonia Martín Zorraquina, Catedrática de Lengua Española, y María Luisa Arnal Purroy, Titular de Lengua Española, ambas de la Universidad de Zaragoza. Nos hallamos ante dos volúmenes básicos para los historiadores del Derecho. La trascendencia histórica del denominado Fuero de Jaca ha hecho que este texto foral haya sido tratado de manera más o menos profunda por la historiografía española. Como he indicado, el trabajo de Ana María Barrero obliga a revisar todas las afirmacio- Bibliografía 1083 nes basadas en lecturas directas o indirectas de la obra clásica de Molho. Ello no resta un ápice su importancia ni es merma de su calidad científica, por lo que no deja de ser pertinente la reproducción facsímil de la edición crítica y del artículo sobre la difusión del Fuero en Aragón. Molho se convierte así en justo merecedor de este homenaje intelectual. En suma, tradición y renovación, consagración de un clásico y ruptura de esquemas y apertura de puertas para una revisión historiográfica. Roldán Jimeno Aranguren AZCÁRATE, Gumersindo de: Minuta de un testamento (Ideario del krausimo liberal), Granada, 2004, 139 pp. Dentro de la colección titulada «Crítica del Derecho» dirigida por el catedrático de la Universidad de Granada, José Luis Monereo Pérez, presenta la prestigiosa editorial Comares este volumen que hace el número 55 y que aparece dedicado a uno de los trabajos de Gumersindo de Azcárate Menéndez (1840-1917), uno de los grandes juristas españoles a caballo entre las dos pasadas centurias, que ocupó la cátedra de Legislación comparada del doctorado de la Facultad de Derecho de la Universidad Central y a quien se debe un inteligente Estudio sobre la Historia del derecho de propiedad y su estado actual en Europa que se publicó en 1879. El libro cuenta con un «Estudio Preliminar» de Elías Díaz, profundo conocedor del krausismo español, que ya en 1967, había sido publicado por la catalana Ediciones de Cultura Popular y que ahora se ha reproducido en su integridad, no desconociendo el A. la existencia de novedades en las investigaciones acerca de la influencia del pensamiento krausista en diversos países, como no podía ser de otra forma después del transcurso de treinta y siete años, por lo que en la edición de 2004 remite a bibliografía posterior a la que tuvo en cuenta en 1967 sobre la materia, lo que le hace incluir diversos libros y algún que otro artículo suyos. En dicho análisis introductorio, Díaz trata de poner al lector en disposición espiritual e intelectual, de alcanzar el profundo significado que en su opinión encierra el trabajo de Azcárate que constituye el grueso del volumen, y estructurado en tres partes, destina la primera a la exposición sucinta de los elementos descriptores del krausismo español haciendo especial hincapié en su innegable vinculación con la mentalidad liberal de ciertos sectores de nuestra burguesía decimonónica frente a los grupos más tradicionalistas e inmovilistas, destacando como nombres más representativos de esta corriente de pensamiento a las figuras de Julián Sanz del Río (1814-1869), introductor de Krause en España y de Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), al tiempo que señala como discípulos del primero, entre otros, al mismo Giner, a Nicolás Salmerón, a Laureano Figuerola y al autor de Minuta de un testamento (Ideario del krausimo liberal), Gumersindo de Azcárate, personaje en el que Elías Díaz profundiza en la segunda parte de su «Estudio Preliminar» tratando de descubrir las claves de su pensamiento social y político, que culmina con una bibliografía tanto del krausismo en general como de Azcárate en particular a todas luces anticuada por los motivos ya expuestos con anterioridad. La importante influencia del krausismo en España es explicada por Elías Díaz desde el punto de vista de su intento de apertura hacia Europa, insistiendo más en la actitud de libertad intelectual que suponía que en su consideración como sistema filosófico riguroso lo que le lleva a caracterizarlo como «espíritu de armonía, defensa de la libertad, culto a la ciencia, afirmación de la razón, moralismo, pedagogía y religiosidad» (p. XV)...

viernes, 30 de noviembre de 2018

Vida de Pietro Saputo, aragonés

Vida de Pietro Saputo
natural de Almudévar,
hijo de muger, ojos de vista clara y padre de la agudeza

Sabia naturaleza su maestra.


Braulio Foz


El texto en aragonés que se ofrece a continuación es traducción de Feliciano Martínez Tur (Estudio de Filología Aragonesa), revisada por Fernando Romanos Hernando (EFA) y Pascual Miguel Ballestín (Aestrela - Asoziazión d’Estudios y Treballos en Luenga Aragonesa), siguiendo los criterios de la “Propuesta ortográfica de l’Academia de l’Aragonés”.


Endiz

Pedro Saputo. El libro

http://saputo.es/app/download/5802306181/vida_de_pedro_saputo_aragones.pdf



Pietro Saputo, aragonés, lenga, aragonesa, Pedro Saputo, Braulio Foz, Fórnoles, Fornos, Fónols


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LIBRO PRIMERO


I. Naiximiento de Pietro Saputo

II. Agudeza de Pietro Saputo en a suya nineza
III. De cómo Pietro Saputo alquirió grans fuerzas
IV. De cómo Pietro Saputo fue t’a escuela
V. De cómo Pietro Saputo determinó d’aprender bell oficio
VI. De cómo Pietro Saputo aprendeba totz os oficios en un ratet
VII. De cómo Pietro Saputo aprendió a mosica
VIII. Humanidat e liberalidat de Pietro Saputo
IX. De cómo Pietro Saputo pintó a capiella d’a Virchen d’a Corona
X. Magnifica aplicación de Pietro Saputo

LIBRO SEGUNDO


I. De cómo Pietro Saputo marchó a correr mundo

II. D’o que li pasó en Uesca
III. Aventuras d’o camín de Balbastro
IV. Aventuras de Balbastro
V. D’o que fació Pietro Saputo ta esmoscar-se d’os aguazils
VI. Pietro Saputo en o convento
VII. Se descubre a las monchas
VIII. Marcha d’o convento
IX. De cómo Pietro Saputo se fació estudiant d’a tuna
X. Pietro Saputo escomencipia a vida estudiantina
XI. Do se contina o escomencipiau
XII. Camina ent’a suya fin a vida d’a tuna
XIII. Pietro Saputo se desepara d’os estudiants pasando antis
per o lugarón d’as novicias
XIV. Pietro Saputo torna a veyer a las suyas amigas
XV. Sabe Pietro Saputo de flai Toribio, o d’o penyazo, e se’n torna
t’o suyo lugar

LIBRO TERCERO


I. Pietro Saputo vesita qualques lugars.

En tornar-ie, se troba a la chent d’o suyo lugar fendo una gran algarada.
II. De cómo Pietro Saputo li sacó d’o tozuelo
a una mesacha as barucas de fer-se moncha
III. De cómo Pietro Saputo fació atro viache més largo
IV. De cómo Pietro Saputo se fació medico. Contina o suyo viache
V. Plega en Zaragoza; dimpués en o suyo lugar
VI. De cómo Pietro Saputo fació o miraglo d’Alcoleya
VII. De cómo Pietro Saputo racontó o suyo viache d’a vuelta a Espanya
VIII. Una carta anonima. Visita d’un caballer
IX. De do viene a mazada: A chusticia d’Almudévar
X. De cómo Pietro Saputo marchó ta Balbastro
XI. A espelunga de Santolaria
XII. D’os remeyos contra o mal de viuda que Pietro Saputo va revelar a una
XIII. D’a comisión d’os tres figos
XIV. Pietro Saputo grita a la suya mai ta las fiestas d’o Pilar.
D’una estrania aventura que li pasó en ellas
XV. D’o pleito d’o sol


LIBRO QUATRENO


I. Proposa a suya mai a Pietro Saputo que se case. Revelación important

II. De cómo Chubaneta grita a Pietro Saputo. Se descubre un gran secreto
III. Rilato d’o pai de Saputo
IV. I plega Paulina. Casorio d’os pais
V. Sale Pietro Saputo a o rechistro de novias. Sarinyena - Almudevar
VI. Testamento de tío Chil Amor
VII. Contina o rechistro de novias. Fiesta e baile d’un lugarón
VIII. D’a feria de Graus
IX. Contina o mesmo rechistro. Morfina
X. Remata o rechistro de novias. E ye o millor de tot
XI. Triga de muller. Viache d’o pai e o fillo a Zaragoza
XII. No se sabe cosa mes de Pietro Saputo. Suerte de Morfina,
d’os pais e de Rosa e Olaria
XIII. D’o natural de Pietro Saputo
XIV. Diciendas e mazadas de Pietro Saputo


LIBRO PRIMERO


Capitol I


Naiximiento de Pietro Saputo

Bendito siga Dios, que a la fin o gran Pietro Saputo ha trobau qui replegase os suyos feitos, los ordenase convenientment, e trigando o falso d’o verdader devantase con a historia acrisolada e pura d’a suya vida a digna estatua que debebanos a o suyo talento e a las suyas virtutz!
¿Qué me dará o mundo per iste servicio, per ista deuda común que pago, no tocando-me a    yo mes que a qualsiquier atro vecín? Pero, maldito siga l’interés!, no quiero atra recompensa que saber, como lo sé dende agora, que iste libro se leyerá de buen implaz per viellos e chovens, per sabios e per ignorants, en as ciudatz e en os lugarons. ¡Oh, qué buenos ratos en  as veiladas d’hibierno pasarán con ell escalfando-se en a xera u en a escalfeta! Pues no quiero mes recompensa, como digo; isto, e només que isto ye o que m’he proposau. E pues lo doi per consiguiu, cosa mes me s’ofreixe d’alvertir, ni prevenir a os míos lectors.

En a villa d’Almudevar, a tres leguas d’a famosa ciudat de Uesca, en a carretera de Zaragoza, naixió Pietro Saputo d’una virchen u doncella que i viviba solenca, perque heba quedau de quince anyos sin pai ni mai, e yera pobra, e no teneba mes bien que una caseta en a carrera d’o Furno de difuera e se manteneba con l’oficio de bugadera e o de cocinera de totz os casorios e d’as grans fiestas d’o lugar; en a suya choventut cantaba con muita gracia perque teneba una voz buena de tot e tanyeba o pandero como una chitana. Con istas habelidatz mai no li mancaba l’amenister e bell present e buen pasatiempo. Iba muit escoscada, no invidiaba res a pobres ni a ricos; totz la quereban bien e ella no quereba mal a no dengún.


Ta mayor noticia d’a persona, diremos que yera aguda, redonda de cara, no guaire fiera, encara que polida tampoc no en yera guaire, lambrenya indo ta gorda, desembozada de parolas; peito franco e ubierto, discreta o que li adubiba, honrada de casta, recatada, con buena fama en o lugar, e con tot muit amable. Con istas prendas e virtutz se puet entender que n’habría a-saber-los de pretendients, e n’habió, prou que sí, no menos en a endrecera dreita que en a endrecera tuerta, e de todas as sabors e apariencias, pero no entendeba as malas intincions de belún, e tornando as parolas siempre en a endrecera dreita, a totz respondeba o mesmo e los despachaba sin faltar-lis decindo que no quereba acomodar-se ni tener-ne d’amors. E ixo que la pretendión mozos muit pinchos e valients, e qualcuns con aixovar e hicienda, que lo hese pasau como una fidalga. E yera que quan prencipiaba a estar moza li dició una chitana que si s’acomodaba ploraría muitas glarimas, fendo-li una profecía en verso que deciba:


Si casas habrás esposo,
glarimas, pena e dolor;
concierta sola o tuyo amor
e o fruito será glorioso.


No entendeba o sentiu d’a profecía només que per dencima, pero entendió muit bien e li se fincó fundament como puncha en l’alma o de glarimas e penas, e yera prou ta que li fese miedo: asinas que zarró os uídos a toda proposa de matrimonio per mes que pasando


o tiempo plegó a cumplir os vente anyos d’edat, que en ixe sieglo quasi yera afronta, ya que dimpués e en o nuestro no siga que rezels de soledat e preixins de poc suenio.


Pero quan menos lo s’entrefilaban en o lugar amaneixió de seis meses, que per a suya gran fama d’honesta lo veyesen e no lo creyesen si ella mesma no lo hese dito; pero lo deciba e lo afirmaba con una naturalidat e planeza que con isto e o que veyeban habión a creyer-lo. Quan plegó o tiempo libró un nino muit cerenyo e poliu, e como que li demandón de quí yera,   dició: per agora de yo e de Dios, de qui semos totz. E d’astí no la podión sacar. Una miqueta s’encarranyón o chusticia e tamién o mosen perque no deciba quí yera o pai d’o nino; pero  ella remanió terne en o dito e habión d’amagar a suya curiosidat esmoscada con iste secreto.


Quan plegón a cristianar a o nino, perque mai s’heba visto un caso como aquell en o lugar  e pareixeba miraglo (que os tiempos dicen que yeran atros que os que corren agora, anque yo no lo creigo), dengún no s’ofriba a estar o suyo patrín; e o chusticia e o sendico achuntón a o concello cheneral d’o lugar e dición: «Honraus vecins d’Almudevar: per a voz que ha corriu hetz a saber que a honesta filla popila d’Antón e Chuana d’o Furno de difuera ha librau, per casolidat, un nino e no ha qui lo saque de pila. Faigamos-lo a bombet si vos pareix, e d’os tres nombres primers que surtan se’n trigará un entre totz a votos libres.»

— Bien, bien!, chiló a multitut.
E lo fación a bombet, e salión dos hombres e una muller, e pasando a votación, totz, fueras de seis, votón ta que estase matrina a muller, e que os dos hombres e o sendico l’acompan- yasen. Yera una doncella, e no mancó qui morgonió d’a suerte decindo que as doncellas no heban d’haber-se ficau en o cantaro per estar a mai d’o nino e no estar bien que la vesitasen. Pero a qui isto dició, que yera un ricacho con fachenda de fidalgo, lo se mirón con malos uellos e encara lo aburrión tot ixe día. Estió, allora, matrina a doncella, e lo sacó de pila con muito goi; e como yera d’una casa acomodada, bi habió gran baltizo, que lo dion os acompanyants e o pai d’a mesma matrina. Li metión de nombre Pietro e no se fabló en muitos días d’atra cosa en o lugar. Quan a mai amostró a o nino en publico pareixeba una conda en a formalidat e satisfacción que amostraba e en as atrapaciaduras e faldons que li calaba; e a chent la quereba encara mes que dinantes. L’aturaban totz ta mirar-se a o nino e, sin saber per qué, se feban contentos; e mesmo muitas mullers, mes que mes doncellas, quasi li teneban invidia.

Capitol II


Agudeza de Pietro Saputo en a suya nineza

Reniego de faldons emplegaus. Sabes, lector, per qué yo no estié mes agudo de chicot e en soi tant poc de gran? Pues no ye atra cosa que perque os faldons con os que me levón a cristianar e purificar los s’heban mesos ya a d’atros chirmans míos que venión debant de yo e sorbión toda a suya virtut. Ya se i veye, como només s’emplegaban que dos u tres vegadas ta cadagún duraban ta cutio, e con una miqueta d’almidón e augua de fuent quedaban atra vegada nuevos. Qué poc li pasó isto a Pietro Saputo! Per ixo fue tant vivo e tant inchenioso. Tot o que levaba yera nuevo, e tot cusiu per a suya mai, que ye circumstancia, perque besó e chupió mil vegadas con glarimas aquellas ropas; e os besichons e as glarimas d’una mai son cosa prou eficaz e santa. E encara li achudó muito estar doncella e mirar-lo-se con uellos de casada, criando-lo con l’amor reconcentrau de mai desemparada e solenca. Asinas qualsiquier habría d’estar agudo. Asinas que no cal almirar-se d’o que se va a leyer: tantas e tals causas per fuerza heban de producir grans efectos.

A mai, como deciba, lo levaba a en brazos con muita naturalidat e grandaria, e os que la veyeban quan iba per a carrera deciban: pareix una sinyora. E lo pareixeba de verdat. E totz quereban veyer a o nino e lo agafaban e lo deixaban; pero ell, dende l’inte que tenió tres u quatre meses, no se deixaba agafar per totz, soque d’uns sí e no pas d’atros e si l’iba a besar bell hombre u bella muller de malos uellos, alpartaba a cabeza e chiraba a cara pretando-la en o cuello d’a suya mai; e si encara i feban matre, no ploraba como os atros ninos, sino que antis vomecaba a leit e dimpués ploraba con tristura e no quereba devantar a cabeza dica que se’n ise aquella persona. Con isto deciban totz que o nino d’a Popila teneba muito talento, e a suya mai respondeba: prou que lo habrá a menister, perque ni ell tien atro patrimonio ni a suya mai atra esperanza, a no estar que… e d’astí no pasaba.


Creixió a monico-a monico e plegó a os seis anyos, e heba teniu o sarrapillo e as picuetas, e una e atra malotía que pasó, como se diz, per a carrera. A suya mai, a la fin, prencipió a decir-le que ise t’a escuela, pero ell no quereba ir-ie, sino chugar tot o día. Una vegada li dició:

Para cuenta, fillo mío, ya has siet anyos e encara no conoixes garra letra; Agostinico, o tuyo vecín e amigo, ye d’o mesmo tiempo que tu e ya deletreya en Os dotze pars e en os romances. Quan piensas ir t’a escuela?
E ell respondeba:
Si me carranyatz, no lo sé; si no me carranyatz, quan siga o tiempo. Ixe Agostinico e atros como ell estudean ta borricallos, e yo ta montar-los.
Pero, fillo mío, li contestó a suya mai: cómo no voi a carranyar-te si a yo as personas d’o lugar me se minchan a cara perque no te foi ir t’a escuela?
Mai, li contestó ell: yo vos he dito que si me carranyatz no sé o que feré, e si no me fetz a tana, en que siga plegau o tiempo no será menister que m’empenten. E a ixas personas que vos minchan a cara, ninviatz-las-me a yo e yo lis diré o que cumple a vusté, a yo e a ellas. No bi habrá bella tiraraina en as suyas casas? Pues mientres a vusté vos fan penar, que se’n vaigan a escoscar-las e lis ferá mes proveito. A suya mai s’almiraba d’istas respuestas e deixó d’incomodar-lo.

Pasó muitos días, e ell limpio chugar e fer picias, e fer pilotas, encorrer a os cans e cazar gurrions. Si belún li faltaba de galván se’n esmelicaba que deixaba avergonyau a qui li’n deciba; pero si lo clamaban malcriau s’afrontaba a rienda, e a primera piedra que trobaba per allí ll’agafaba e li’n arrullaba furo a la persona que lo heba feito enrabiar, e si lis feba un turón u bella cosa mes, no bi heba atro albitrio que levar-lo per Dios e trucar a o cirurchano, perque o chusticia e o mosen lo quereban e emparaban, e li daban a razón e no quereban que dengún no li tornase cuentas perque ell a dengún no li feba a santisma ni deciba hautadas ni farutadas.


Con tot e con ixo, a suya mai s’esaconhortaba, e como que no podeba con a suya pena, atro día li dició con gran pasión:

Pobra de yo, que tiengo un fillo que yera o mío goi e toda a mía esperanza, e voi veyendo que o que puedo aguardar d’ell son disgustos e malaventura!

E ell li contestó:
Ploratz, mai mía, per demés ha d’estar, bien de baldes, bien a pur de ganas de plorar. Au, que a escape he d’estar hombre u bien deixaré d’estar nino, e conoixeré as letras e leyeré millor que Agostinico. Alzatz, pues, as glarimas ta millor ocasión, t’atra necesidat mes gran, que no quiera Dios que i vienga, perque ista, m’hetz a creyer, ye ocasión de muito descanso e de buena e sana esperanza.
E a suya mai s’aconhortó e se pensó de no tabarriar-lo mes en o tocant a ixo.

Capitol III


De cómo Pietro Saputo alquirió grans fuerzas

A os nueu anyos iba ya amanando-se-ie, e encara no parlaba d’ir t’a escuela. A la suya mai li feba duelo, pero no gosaba tartir, deixando en mans de Dios a suerte d’o suyo fillo e a suya.

As suyas diversions yeran correr a rienda, chugar a pilota e blincar e caminar per bardas e paretz, e yera tant lixero e sereno que, con a mayor facilidat, se’n puyaba t’os tellaus mes altizos e saliba e se meteba de peus en o rafe e se miraba ent’a carrera, e ni a cabeza le feba figa ni l’altaria le feriaba mica. Una vegada, achudau d’atros borzaguers, metió un madero delgau d’un tellau ta l’atro e navesó per ell un burguil de vegadas, e bailaba en metat e correba a peu coixet, e feba mil estandarturas. Tamién gosaba ir-se-ne con os labradors t’os campos, e tot o día yera preguntando per as fainas d’o campo e tierras, plantas e estacions. E como yera prou bien fablau, que isto, amés d’atras muitas cosas d’ell, lo se sacó d’a fonsera d’a suya mai, igual como un rostro bien poliu, uellos amorosos, mirada expresiva e funda, e un aire gracioso e noble, totz teneban ficaus os uellos en ell, e ell furtau o corazón a totz, que pareixeba broixería.


Un día plegó con gran sentimiento en casa suya perque un mesache d’o suyo tiempo li heba ganau a renyir-se, e li dició a la suya mai que li decise per qué li heba ganau no estando mes alto e tenendo a mesma edat. A pobra d’a suya mai no sabeba qué responder-li: a la fin li s’alcurrió decir-le que ixo yera perque l’atro mesache yera labrador e adiestraba as fuerzas, s’heba enduriu e, anque tant zagal como ell, yera mes fuerte. Quedó satisfeito d’ista razón; e ixe mesmo día fue a la suya matrina e rogó a o suyo patrín (que no lo’n yera, que només yera que o mariu d’a suya matrina, a qual feba tiempo que yera acomodada) que li portiase con o carro cinco u seis cantals bien granizos, alto u baixo como una arca; e o patrín, que lo quereba como si estase un fillo, li fació o gusto e i portió en dos vegadas siet penyas, unas mes grans, e atras menos, e una graniza, e las se fació dentrar en o corral de casa suya, que costó no poc treballo a meya dotzena d’hombres prou cerenyos.


Dende iste día yera de contino remenando as piedras con un betillo e as chicotas con  os brazos, vulcando-las, cambeando-las de puesto, fendo firmes esfuerzos, e sudando e churando como si estase condenau a aquell treballo de l’infierno. Tamién fació esmolar dos astrals viellas que bi heba per astí, e como descanso de l’eixercicio d’as penyas agafaba una astral e feba oscas e tallos en unas tozas de carrasca que fació que li portiasen tamién. No contento con ixo, demandó un mallo e trencaba e mallaba a penya mes graniza.


Dimpués de tres u quatre meses, ta prebar as suyas fuerzas, gritó a o mesache en qüestión e li dició que heban de barallar-se unatra vegada; o mesache no’n quereba, pero ell lo menazó con que lo arrocegaría como a un gato muerto, e l’obligó e se chiponión con firme rasmia e con gran braveza. Venció Pietro Saputo, pero con tanta vencida que dimpués se prebase a barallar-se con atros mayors e tamién lis ganaba fácilment. E dició a la suya mai: ya he visto, sinyora mai, que me diciés verdat quan a baralla de Cheronimet, pues con o vulcar 
d’as penyas e l’eixercicio de l’astral e o mallo, e bella vegada que me meto a picar con os labradors, m’he feito tant fuerte que gano a totz os mozos d’o mío tiempo e mesmo a d’atros muito mes grans. Buen secreto m’amostrés. Yo vos prometo que no me burnie atro a luitar ni me gane a dar punyadas de no mancar huembros e brazos, e he d’arrullar en tierra e calciar, anque siga un chigant, a qui s’atriva a ficar-se con yo. E asinas estió, perque eixercitando muito as fuerzas, e con a buena e perfecta complexión e sanidat d’o suyo cuerpo, agafó muita gran rasmia, e fue tant esforzau que dimpués, si per diversión e prebatina, agafaba dos u tres hombres, chugaba con ells como si estasen tochetz de fer puntilla.

Capitol IV


De cómo Pietro Saputo fue t’a escuela


Un d’os enganyos mes grans que se padeixen en o mundo ye que no totz os borricallos levan albarda ni marchan a quatre patas e ferraus como caldría, perque asinas no entrepuzaría un con tantos que pareixen atra cosa. Si lo menos lis creixesen as orellas, que ye o sinyal mes propio; pero ni ixo. Oh, sería cosa buena! Sisquiá Pietro Saputo los conoixeba només que mirando-los-se a la cara; e dende nino, como se veyó en o que li dició d’o vecinet que a suya mai li proposaba de modelo d’aplicación a las letras, pero bi ha artes e sciencias que mueren con os suyos autors; ista estió una d’ellas. A que dimpués han establiu os nuevos fesonomistas clamaus celebristas u frenologos, ye atra; qui no en veye cosa en os uellos e en toda a cara, poc en veyerá en o crapacín, e en o tocante a isto, que me rustan vivo.


En istos eixercicios e chuegos pasó encara bell tiempo, quan una nueit, dimpués de cenar e d’estar-se un ratet sin tartir e pensaroso, dició a la suya mai con resolución:

Mai, ista nueit quiero dar-vos-la buena: maitín, si vos pareix, iré t’a escuela.
Sí, fillo, sí que me pareix, respondió a suya mai goyosa de tot; sí que quiero que i vaigas t’a escuela. Gracias a Dios! Buena nueit me das, fillo; bien lo has dito: de goi no voi a dormir. Ah! Si sabeses o que he padeixiu quan me deciban que criaba un galván, e si teneba muitas propiedatz e renda ta criar-lo como si estase un caballer. Agora sí que soi goyosa. Perque para cuenta, fillo, que soi a tuya mai, e semos os dos solencos en o mundo.
E no nos ne cal mes, contestó ell: os dos e o d’allá alto (sinyalando o ciel con a man) contra tot o mundo si nos fa contra; que no ha d’estar mai, no, soque muit favorable.
Guardatz, mai: a escuela ye un pan muit duro e sin buenas dients no se puet rosigar. Me s’han caito as primeras, tiengo todas as segundas, e fuertes, e puedo mosegar e minchar o pan d’a escuela que, como he dito, ye muit duro e aspro, e no se’n ha de dar a ninos mientres son tant tiernos. Totz ploran, a totz lis pena a rienda, totz andan tristes e se tornan estaquius, sostras, enatizos e entecaus de sochección e apocamiento, e no abanzan cosa u son tantos anyos en as primers letras que claman que només que per estar cosa ordinaria no ye gran vergonya ta ells e ta os mayestros. Yo a verdat no sé bien o que son as letras, pero me pareix que en poco tiempo he d’alcanzar e pasar a ixe Agostinico e a totz os que fa tres u quatre anyos que van ta escuela. Agora imos a dormir, e maitín veyerás a o tuyo fillo prencipiar  a estar hombre e estar-lo decamín, per o que me diz o corazón. A suya mai lo se miraba e ploraba de goi, e dando gracias a Dios se chitó e ni podió dormir de goi, como heba dito.

Se fació de días, e muito antis a buena mai teneba a luz en os suyos uellos pensando en a resolución d’o suyo fillo. Se devantó, e quan tenió feito l’almuerzo, fue a revellar a o nino Pietro, que li demandó a ropa d’os días de fiesta decindo que aquell día yera muitismo gran ta ell.

E ta la tuya mai tamién, contestó ella.
E li sacó o vestiu mes nuevo e millor; dimpués d’haber minchau un plato de migas e sin querer prener atra cosa dició a la suya mai que l’alcompanyase ta decir a o mayestro que lo entregaba a la suya potestat e gubierno.

Marchón t’a escuela, e a mai dició a o mayestro que li levaba e presentaba a o suyo fillo Pietro; que dica ixe día no heba quiesto empecipiar a escuela perque quereba creixer e enfortir-se. O mayestro se’n arriguió e contestó que almitiba de buen implaz a o nino Pietro per disciplo, e que confitaba que en poco tiempo aprendería a paleta d’a Chesús. Con isto marchó a mai, e ell se quedó en a escuela.


Ixe primer día e os dos siguients no fació atra cosa que repetir os nombres d’as letras como los iban decindo en voz altera os atros ninos; pero o quatreno preguntó a o mayestro si no bi’n heba mes de letras que ixas; e como li dició que no, tornó a preguntar si en os libros que leyeban os ninos esgarrapitos podría trobar-ne d’atras, e contestando o mayestro que ni en ixos libros ni en totz os libros d’o mundo bi’n heba mes ni atras letras que ixas, dició o nino Pietro:

Pues estando asinas, malas que aprenda yo ixas letras ya sabré tot o que cal saber-ne per agora.
No, nino, contestó o mayestro; perque dimpués s’han d’achuntar unas con atras ta farchar os vocables.
Pero a la fin, contestó Pietro, con istas han de composar-se totz.
Sí, dició o mayestro.
Pues bien, continó o nino: hue de tardis me daretz licencia ta no venir t’a escuela,    e maitín vos demandaré una favor, que si la me fetz, ni caldrá que yo siga aquí vociando tantismas horas de maitins e de tardis, ni vos habretz de fer mes que decir-me o que yo vos pregunte.
Li atorgó o mayestro o que demandaba; e ixa mesma tardi prenió una viuela d’os suyos lolos meyo trencada e sin clavillas, la va desfer, aferró a las suyas dos tablas d’un costau un papel blanco e marchó ta un fustero. En plegar-ie, demandó un regle, un lapiz e una sarra fina, e fendo linias d’alto t’abaixo e de cruzau en as tablas, las sarró as dos e fació de ventiséis a trenta tabletas quadradas, las se ficó en o capuchet d’o gambeto e marchó a amostrar-li-ne a la suya mai, decindo-li que maitín veyería en qué remataba tot ixo.
A l’atro’l día de maitins marchó t’a escuela e demandó a o mayestro que li escribise en cada tableta una letra; dimpués li rogó que las ficase per orden en un filo d’arambre pasando-lo per un foradet que teneba, e en que o mayestro lo fació tot li dio as gracias e dició:
Agora, sinyor mayestro, ya me feré yo o pre con istas letras, perque las sé de corriu e en conoixco bien poquetas. Datz-me licencia e me’n voi ta casa.
Dos días estió en casa dando vueltas a las tabletas e fendo una uelladeta de cabo quan a una paleta de l’A. B. C., que teneba penchada en a paret, a la fin d’os quals dició a la suya mai:
Ya conoixco as letras; venitz-vos con yo t’a escuela e veyeretz que no vos enganyo. Marchón t’a escuela, fació o mayestro a preba e no s’entivocó en denguna.
Quedó espantau o mayestro; os ninos lo alufraban percutius e a suya mai yera plena de goi. S’espardió a noticia en o lugar, e totz celebraban l’inchenio d’o nino Pietro d’a Popila, empecipiando belún a clamar-lo dende allora Pietro Saputo, que en o dialecto antigo d’o país quiere decir Pietro o Sabio; nombre que a la fin li quedó como propio no clamando-lo garra persona ni estando conoixiu per atro nombre.
Lo metión a deletreyar, e fendo-li escribir en un papel as silabas sueltas a un canto, e a l’atro o vocable que farchaban, en cinco días aprendió a leyer, e se perfeccionó de raso en catorce dende o primer día que marchó t’a escuela.

Capitol V


De cómo Pietro Saputo determinó d’aprender bell oficio


Leyer e limpio leyer en os libros que li deixaba o mosen e un rico d’o lugar fue o que fació en muito tiempo. D’entre totz os que mes li agradaban yeran os d’historia e as faulas d’Esopo con a vida d’iste famoso faulista: e atro libro que clamaban O Cortesano. Pero no ixuplidaba l’eixercicio d’as penyas ni o de marchar t’os campos con o primer labrador que trobaba, ni as prebas d’achilidat e lixereza.


A suya mai li dició un día:

Fillo, ya tiens dotze anyos; ya ye tiempo de que aprendas bell oficio.
E ell contestó que ta qué yeran os oficios. Son, fillo, li contestó a suya mai, ta no estar esqueferau e ganar-se a vida.
Només que ta ixo?, dició ell; pues yo vos doi parola de no estar nunca esqueferau, como veyetz que tampoco no lo’n soi agora, pues ya m’entrefilo que ye malo, encara que només siga que perque o que no fa cosa només que con ixo fa muito mal no ocupando l’entretenimiento e as mans, e en o tocante a ganar-se a vida, hetz de tener firmes esperanzas que no me’n mancará, gracias a Dios, ni a vos con yo. Que no quiero yo que vaigatz a lavar con fredo ni con calor perque ye sinyal de muita pobreza, e no vos hetz de dar tant mal orache ni vida tant nafrada. Pero si penatz perque no aprendo un oficio, decitz-me quál he d’aprender-ne.
E a suya mai li contestó que o que querese.
Pues yo, dició ell, no quiero aprender-ne denguno. Perque hetz de saber que seguntes yo he parau cuenta, os hombres son muit ignorants e no fan soque fatezas, e mazorradas obrando en tot con muita zaborrería e sin garra discurso; e o que ye una miqueta mes agudo, per un regular fa mal a os atros con malicia, e puet estar que a ell mesmo de retruque. Yo no sé si en atros puestos son diferents, perque ya sabetz que no soi saliu d’Almudevar si no ye que ta ir a veyer a os nuestros parients, e dos vegadas ta Uesca do no voi conoixer a dengún ni tracté mes personas que as mandaleixeras d’o mercau, que per cierto gastan muito d’o suyo descaro e poca vergonya. Pero si totz son o mesmo, no he a menister garra oficio ta ganar-me a vida e dar-la-vos a vusté descansada.
Fillo mío, dició allora a suya mai: muito en sabes e veigo que fablas como os flaires   que pedrican u como os hombres que andan con nuevos traches per o mundo e vienen de leixanas tierras. Fes o que quieras e Dios t’alumbre: només que no m’agradaría que estases malo.
Dica agora, mai, contestó ell, no lo’n soi estau e sisquiá he preixinau estar-lo; e qui dica os dotze anyos no ye malo, ya siempre ha d’estar bueno.
Seguntes, li contestó a suya mai: belún se’n tornará dimpués.
No puet estar, dició ell: perque yo estoi que o que ye malo d’hombre feito lo habió d’estar de nino, sino que no sabeba ni podeba executar a maldat, pero o que ye mala sangre   ya la teneba en l’alma.
Agora veigo, contestó a suya mai, que vas tenendo razón. Quí t’ha amostrau ixas cosas?
Astí adintro, contestó ell, las m’amuestran todas; e os libros que leigo e as mullers quan pleitían unas con atras. De qué coda pueden amostrar-te qualcosa as mullers, e mes pleitiando?, preguntó a suya mai muit almirada.
Pues m’amuestran a rienda, contestó ell; tot o que allora dicen ye locura e sabiduría, e o mesmo m’amuestra una cosa como l’atra. E lo aprendo d’ellas e d’os atros mozos en as suyas pleitinas, e d’os libros, lo replego aquí adintro e lo alzo, e ixo enchendra atras cosas, e istas n’enchendran dimpués d’atras; e las chunto e las rechiro e amaso todas, u las deseparo e achunto seguntes me cumple e me demandan as ocasions.

Allora a suya mai, espantada de sentir-lo fablar con tanta sabiduría, li dició:

No sé, fillo mío, cómo estando tant fata he librau un fillo tant agudo.
Fata, decitz!, contestó ell; pues yo no he alvertiu que lo’n sigatz, perque as mullers que yo he per fatas en o lugar son bofas, cantoneras, chandronas, puercas, sostras, ronyonas, noveleras, charraderas, alparceras e morgoniaderas.
Fillo, fillo, li dició allora a suya mai; ixa ye masiada malicia ta la tuya edat; deixa a las pobras mullers, que firme disprecio levan a culotas per estar mullers e per ixo son o estropallo d’o mundo.
Agora sí que veigo que sotz una miqueta fata, dició ell: perque hetz dito una muit graniza fateza. De qué coda clamatz a las mullers o estropallo d’o mundo? Qué estropallo sotz vos en a vuestra casa? Vos sotz a sinyora e yo o vuestro fillo, vos me queretz e yo vos quiero; vos me servitz agora e yo vos he de servir dimpués; vos me cudiatz e yo creixco e me foi hombre ta fer-vos honra e emparar-vos e mantener-vos. No vos clametz estropallo, per a vida mía, perque m’hetz feito una ofensa e quasi no m’atrivo a mirar-vos a la cara.

Atro día a la hora de chentar i va plegar a suya mai con gran vergonya e pasión decindo entre glarimas:

Os ricos siempre ricos e os pobres siempre hemos de callar. Mira-te, fillo, que viengo bien chascada e sefocada. O fidalgo d’a cantonada d’a plaza m’ha trobau en a carrera, e plantando-me-se bien cerqueta m’ha dito: «Bien vas criar o fillo, Popila, ya quasi ye hombre e només sabe que charrar e fer o Marco Esopo. O pago que ell vos dará per l’oficio que li hetz amostrau. Pensatz fer-lo bugadera u cocinera como vos? Au, que millor li acomodaría l’oficio de comadrón u de casamentero». Yo, en sentir parolas tant inchuriosas, m’he enronau de vergonya, a luz d’o ciel no veyeba, e quasi m’afogo d’a pena que me rinfla o peito. Qué me’n dices, fillo mío, ta o mío aconhorto?
Per agora, mai mía, només vos digo que minchetz con goi, e atro día vos diré o que fa a ista carranya que vos han dau, perque no conviene obrar ni adoptar consello quan l’acaloro d’a pasión ye en a suya fuga, como lo’n ye agora en os dos, que vos ploratz e yo a pur de carranyau e ofendiu fablo con ista templanza. E ya que ixe fidalgo se creye que puet ofender-vos perque no me datz oficio, deixemos a suya insolencia e prengamos a suya razón. Maitín, si queretz, aprenderé de teixidor, dimpués de maitín, de sastre, o lunes, de pelaire, o martes, de fuster, o miercols…
Fillo mío, lo talló a suya mai ixuplidando as glarimas e a suya afronta: qué fateza yes decindo? No sabes que cadagún d’ixos oficios cuesta muitos anyos, e tu, quiers aprender-ne un cada día?
Torno a decir e a certificar-vos, contestó ell, que cada día he d’aprender-ne un, e mes si estase menister u convenise. Dica a meyodiada lo estudiaré, de tardis eixercitaré as mans, e de nueitz quan vienga ta casa vos trayeré ya bella contrimuestra d’a mía obra. Perque yo m’he mirau a ixos hombres en os suyos obradors e sé o que me digo. Minchatz e fetz-vos contenta, que o fillo que hetz librau no va naixer ta borricallo; ni tampoco no ta estar escarneixiu per garra fidalgo ni ta sofrir que a suya mai lo’n siga de garra chent. Yo feré que en pocos días sigatz bendecida de totz e invidiada mesmo per ixe fidalgo que vos ha faltau. Pero perdon- emos-lo per a buena intinción con que lo habrá feito, encara que con poco reparo e sí muita fachenda e malos modos. Ixo ye soberbia d’o naiximiento e confitanza en as riquezas.

Ixa mesma tardi iba Pietro ta casa d’a suya matrina, como gosaba fer, e quan pasaba per a plaza veyó a o fidalgo con o mosen: se bi amanó ta ells e sin saludar se concaró con aquell e con firme rasmia dició:


Sinyor fidalgo d’a cantonada (clamando-lo asinas per disprecio): hue hetz feito plorar a la mía mai, e as suyas glarimas m’han rustiu as coradas e las alzo aquí (sinyalando-se o corazón), perque soi o suyo fillo e sé quí tiene u no tiene dreito a ofender-la. No lo ixuplidetz, que yo tampoco no lo ixuplidaré. Au.
E decindo isto marchó con a suya serenidat e cenyo severo. O mosen lo gritó a rienda vegadas e mesmo querió siguir-lo; pero calió que lo deixase estar perque ni a cara chiró ta mirar-lo-se e s’esmuyó como un lampit. Li penó a-saber-lo a o mosen aquell afer, e li penó tamién a o fidalgo, pero a cadagún d’una manera, perque a o mosen li feba duelo per amor a o nino, e l’atro de colerina e d’afronta d’as suyas parolas e atrivimiento.

Capitol VI


De cómo Pietro Saputo aprendeba totz os oficios en un ratet


Iguals en o prencipal e desiguals en o accidental fació a os hombres a naturaleza. E anque ye cierto que en ixa desigualdat se contienen as causas de l’orden primitivo cheneral d’a sociedat, e mesmo d’a condición d’os individuos per ells en particular, pero o que ye l’autor- ización no viene d’ixas causas sino d’as que fan a o pai digno de respecto ta o fillo, a o viello ta o choven, e a o machistrau ta o ciudadano; estando toda a resta usurpación, fachenda, argüello, soberbia. Garra autoridat representaba o fidalgo ta foter un ixauguadients a la Popila; e a caridat, si per a caridat lo hese feito, fabla e obra d’atra manera. mes que mes ta inchuriar, ta ofender, ta faltar e afrontar a o pobre, a o disgraciau, a l’infeliz, garra lei da dreito; e ye l’argüello tant grau afronta d’o ciel, que mai deixa de castigar-lo, fendo-nos veyer antis u dimpués rebaixau a o soberbioso, e tamién aponderau a o modesto. Entremistanto ya castigó como podió o nino Pietro a fachenda con que o fidalgo va ofender a la mai suya, e encara acubillaba venganza mes gran, como deixaban veyer as suyas parolas.


En ixas plegó en casa d’a suya matrina, pues a trobada d’a plaza no lo espisguardó d’a suya faina e la trobó muit aqueferada en parar unas telas u panyos e fer cuentas ta uns vestius que heban a fer-se e que heba de tener o sastre a l’atro’l día. En sentir isto Pietro Saputo se’n fació contento e dició: –Bien, bien, sinyora matrina, bien que me fa honra; perque asinas prencipiaré maitín a aprender l’oficio de sastre. Amaitinaré e i vendré antis que o mayestro ta veyer todas as suyas operacions. Li pareixió bien a la matrina, perque cosa d’o suyo afillau li podeba pareixer mal, pero li pareixió raro que querese aprender ixe oficio habendo ella preixinau cosas mes alteras. Pero calló perque li feba cerola a respuesta de Pietro que, como o sebo, trafucaba a totz.


A l’atro’l día marchó ta casa d’a matrina muito antis que o mayestro sastre, e malas que iste va plegar-ie e se ficó en farina, se miró fito-fito cómo preneba a mida a la mai, cómo tendeba o panyo en una mesa tot aplicando a mida e fendo puntos e rayas blancas deixaba sinyalau 
o cuerpo, as mangas e a resta d’as piezas; cómo dimpués ficó as estixeras e las talló una per una. Prenió a escape a mida a o mariu e fue fendo o mesmo de punta ta coda. E quan fue a pillar-li-ne a una nina que teneba nueu anyos, dició Pietro:
Deixatz-me, sinyor mayestro, que a ista li quiero yo tallar o vestiu per a mía man.
Sí, fillo mío, dició a matrina. Pero o mayestro, xorrontau, deciba:
Hetz perdiu l’esmo, sinyora? Queretz quedar-vos sin a prenda e sin o panyo?
No quiero ixo, contestó ella; pero si o mío afillau Pietro s’entivoca en o tallo e me malmete o panyo, ya ye pagau.
Ye verdat, contestó o mariu, que tamién quereba veyer a preba.
E dimpués, continó a muller, tiengo unatra pieza en l’arca, e en Uesca meya dotzena de botigas a la mía disposición e a la d’os míos diners. Asinas que fillo mío, prene a mida a la tuya chirmaneta e talla-li o vestiu a o tuyo buen esmo e chuicio.
Pietro bien confitau prenió a mida, fue fendo tot o que heba visto fer a o mayestro, e quan tenió sinyaladas as piezas en o panyo, e endreitadas e correchidas, dició a o mayestro:
Miratz-me si hue m’he devantau con buena luz; qué hetz a decir d’ixas rayas?
Digo, contestó o mayestro, o que vos queratz e cumple a la mía trafuca. Per a gloria d’o mío pai a qui només conoixié que de muerto, que ixas piezas son sinyaladas como si las hese rayau o mesmo mayestro Lorda Azufre de Uesca. Au, fica-ie as estixeras e veigamos.
I ficó Pietro as estixeras, talló as piezas amostrando-las a o mayestro e a la matrina conforme las iba tallando e rematada a operación dició: agora veigamos o que ye cusir.
No fillo mío, contestó o mayestro; agora veigamos o que ye minchar; que a verdat ye que a sinyora Salvadora s’ha ixuplidau d’o nuestro almuerzo en mirar-se a tuya habelidat.
Prou que tenetz razón, mayestro Gafo, dició ella;
e marchó, e con a nina e a criada sacó l’almuerzo ta os dos mayestros e los acompanyón o mariu e a nina.

Asinas que rematón d’almorzar, e arreguindo-se e celebrando a nueva gracia d’o nino Pietro, se posón a cusir. Demandó un didal o chulet mayestro, e como no sabeba tener o dido doblau, pasó un filo per o didal, e meso en o dido, fació que li ligasen o filo per dencima. Agafó l’agulla con una veta e sin fer punto u nyudo, iba cusindo unas esterzas perdidas e pasando bien presto l’agulla; e no fació atra cosa dica a meyodiada. O que se’n arriguió a suya matrina! Cómo se’n arreguiba e se’n feba contenta a nina! Perque con tanta deleria e treballo nunca en resultaba custura, prespunt ni garra cusiu.


Va plegar a hora e chentón de muita buena gana. Quan se devantón d’a mesa, agafó Pietro a capeta d’a nina, e cusió primero o cuerpo, dimpués, as mangas, que només yeran que meyas e ubiertas; dimpués las chuntó embastadas ta prebar-lo. Lo se caló a nina, e li feba tanto chuego que se’n almirón o mayestro e a matrina, e i plegó en ixe inte a mai de Pietro que veniba a veyer de segundas cómo o suyo fillo dentraba en l’oficio. A nina no querió ya sacar-se a capeta dica que i venise o suyo pai; e o que mancaba, que yeran as chuntas d’o forro, a esclavina e os cantos, lo fació o mayestro atro día, perque Pietro no querió continar l’oficio decindo que no yera propio d’hombres como cal, sino propio de cheposos, coixos, nanos e hermafroditas. Con tot e con ixo, en casa suya e ta ell e ta la mai suya talló e cusió bella vegada os vestius.


Atro día querió aprender de pelaire, e marchó ta casa d’un mayestro, e dimpués en un inte aprendió a cardar e a peinar, e antis de tot a escarpir e parar a lana. De nueitz levó a la suya mai como contrimuestra o vestiu muit untau e un poliu flocón d’estambre peinau e rematau per ell d’una dotzena que ixa mesma tardi heba feito. E de l’oficio dició que yera una miqueta dispreciau, pero sano e goyoso.


O lunes marchó ta l’obrador d’un fuster, e de nueitz levó un aro de finestra a traza de bastida ta una loseta muit polida e feito de tot d’a suya man. Pietro dició a la mai suya que ixe oficio demandaba ueito días d’estudeos e un mes de practica; e que se mirase qué atro u qué dotzena d’ells quereba que n’aprendese e quál en preferiría. A suya mai rebutiba de satisfacción per todas as suyas chugaderas, e no sabendo qué contestar li dició:


Yo no sé, fillo mío, qué quiero e qué no quiero: o que me pareix ye que només quiero que o que tu quieras; e o que tu faigas, tot, fillo mío, tot lo doi per bueno, perque ya veigo que t’endreza unatra sabiduría mes altera e unatra luz que no replego.

E dició ell continando:

Ya veyetz, mai mía, cómo en poquetas horas he aprendiu qualsiquier oficio en o que me soi embrecau. Perque hetz a saber que ixas artes e atras muitas, seguntes o que yo tiengo visto, las sabemos totz os hombres per o nuestro natural, e només manca de veyer-las e inventar as ainas propias si no son conoixidas, e dimpués fer as mans a ellas, anque a perfección siga qüestión de practica e de mes tiempo. Pero astí, en casa d’o cortante he visto uns papels con uns debuixos de puertas, finestras, mesas, aladros, edificios, ríos, selvas e montanyas e m’han agradau a rienda e me fería goi aprender l’arte d’o debuixo. Faiga-me a favor, un día que marche ta Uesca e merque-me os trastes necesarios, que estoi que son un lapicero, dos compases e os que vos digan en a botiga, que agora no han d’estar guaires.
E marchó a suya mai ta Uesca, e li portó totz ixos instrumentos; e ell se pasaba dimpués o tiempo debuixando o que li aganaba, e plenó a suya cambra de debuixos que dimpués e bien luego estión de muit cumplida primor e arte. No guaire tiempo dimpués fació o retrato d’a suya mai, dimpués o d’a suya matrina, con lapiz os dos; e yeran tant semellants, que totz en veyer-los deciban: ista ye a Popila, ista Salvadora d’Olbena.

Capitol VII


De cómo Pietro Saputo aprendió a mosica


Ola!, dirá aquí bell lector buenaz; a escape imos puyando. En primeras sastre, que ye o mes baixo que bi ha en l’artesanía, venindo a estar o ligallo e comunicación entre os oficios masculins e os femenins, como son entre o reino animal e o vechetal os zoofitos u animals plantas. Dimpués cardador pelaire, que ye qualcosa mes; dimpués fuster, que en ye muito  mes; e ta caramuello o debuixo, que perteneixe ya a l’orden superior d’as artes, anque sin excluyir-ie o sexo como en ixatras, imos a fer o ramo agora con o d’a mosica, arte que ye baixau d’o ciel e amor d’o corazón humán. Ta dó iremos a pegar? Ixo me se preguntaba! E ta qué habría replegau o nuestro nino filosofo tantas e tals dotes d’o creyador, e o don sobirano  e rarizo de saber emplegar-las? Pues para cuenta aquí o que ell fa e yo voi quaternando con no menos almiración que tu, lector amigo, sigas qui sigas. Aprendió o debuixo, como has visto; agora va a aprender mosica; e encara habrás de veyer atras marabillas. per bella cosa     li dición saputo. Si hese estau como yo u como tu, e perdona a mía franqueza, garra cosa  d’isto s’escribiría, perque garra cosa no hese pasau. Imos ta la historia: Bi heba en Almudevar un eclesiastico, organista d’a parroquia, clamau per embotada mosen Vivangüés, e o suyo nombre verdader ni se sabe ni lo hemos a menister; que se levaba qualques vegadas a o nino Pietro ta casa suya ta dar-li bell lamín. Yera hombre que en o tocante a mosico tanyeba talqual l’organo, u eixiquier e o chicotén; e en o tocante a gramatico ixolomaba bella miquina o latín d’o breviario; pero o que ye d’a misa heba preguntau tantas vegadas o que significaba o canon e demés latins, que fueras d’os introitos, as oracions, as epistolas, e os evanchelios bi heba pocas cosas que no n’entendese, e mesmo en istas berruntaba talment con sentiu. Fueras d’ixo, teneba buen corazón, yera tant innocent como un nino, e se pensaba que yera o mes habil d’o capitol que per allora yera numeroso, fueras de sinyor mosen, que diz que yera licenciau per Uesca, e a qui per ixo, teneba ell como o mes sabio. A toda a resta, gosaba decir, los me paso per a forcacha. E bi ha qui diz que si s’entivocaba yera de bien poquet.


Lo clamaban con a embotada que he dito, perque quan se foteba per o garganchón bell gotet de buen vin, que yera a sobén, entre as glarimas que li acucutaban per o recio d’o vin e a voz meyo esfugada d’o lamparazo, deciba alentando: Viva Angüés!, e remataba d’alentar. Li preguntón en primerías, e dimpués de muitas vegadas, perque feba goi, qué significaba ixo; e racontaba ista graciosa, esbarrada e orichinal historia: «Ye sabiu, sinyors, que entre os lugars d’Angüés, Casbas e Ibieca bi habió d’antis mes atros dos que se clamaban Bascués, e Foces, e os suyos habitadors yeran os mes zorruspadors d’o mundo, e os suyos terminos o millor vinyero d’Aragón, e mesmo d’Espanya si me se mete en o morro decir-lo. Istos dos lugars desapareixión: quiero decir, que per guerra, u per pasa u per atra causa, quedón sin habitadors, perque heban muerto mesmo os sacristans e os mosens. Foces va morir bell día antis e Bascués encara aguantó qualques días mes. Pero quan os dos lugars veyón que s’acotolaban sin remisión fación testamento e deixón o suyo buen taste a os lugars d’Angüés, Casbas e Ponzano, dos terceras partis a o primer e una trestallada a os atros dos. Asinas que o lugar d’Angüés tiene mes voto ell solenco, en o tocante a vins, que Casbas e Ponzano chuntos. Per ixo yo quan me zorruspo un buen gotet de buen vin, si o veire ye gran e bueno


o vin, que lo me foto siempre d’una tongada, pienso en o buen taste d’ixe lugar e digo Viva Angüés! Que ye como si decise: viva o taste d’Angüés, que ye chusto o que agora trobo yo en iste veire que remato de beber-me. U d’atra manera: rediós, que iste vin ye tant bueno  como o millor que apreban os hereus de Bascués e Foces. E per alcorzar lo digo tot en ixa exclamación tant significativa. E si no decise isto, me pareixería que o vin, per bueno que estase, no me fería buen prebo». E preguntando a os ixo escuitaban, qué vos pareix, sinyors?, rechitaba delicia d’o corazón e s’esponchaba de gloria.


Iste hombre, pues, yera tant sencillo e tant bendito, se levó un día ta casa suya a o nino Pietro Saputo ta dar-li unas avillanetas que li heban portau: e como o nino veyó ubierto l’eixiquier li rogó que tanyese qualque coseta. Talment no estase eixiquier, sino atro instrumento de teclas: ixo rai. Li dio gusto, e tanyó una mosica tant alegre e movideta que Pietro no podeba aturar quieto, esbulligando-se con tot o cuerpo e decindo: ea, ea! Aturó o mosico, e preguntó qué yera ixo, e li respondió o mosen:

Isto ye una cosa nueva; digo, que fa poco tiempo que l’han mesa en solfa os compositors; e ye tant fecunda en capricci que, en no salindo-se d’o tema, un puet tanyer tres días a l’arreu e tot será siempre o mesmo e tot diferent. Ye un dance que li dicen o Chitano.
Només que per saber ixo, dició Pietro, aprendería solfa de buen implaz..
Oh, nino, nino!, contestó o mosen, no sabes o que te dices. Aprender solfa!
Pues qué?, contestó o nino, tant difícil ye?
Muito, muito, muitismo e mes que muitismo, li contestó o mosen como ceprenando con os uellos zarraus: quiers que lo te diga? Para cuenta: una vegada os diaples fendo a charradeta en o palacio de Lucifer, que tot l’edificio ye feito de flamas d’ixufre, pleitiando sobre a solfa e a gramatica e esfendendo uns que yera de pior fer la un e atros que l’atra, querión prebar-lo dos diaples chovenastros muit pinchos, e salión t’o mundo, metendo-se, la un d’escolano en casa d’un mayestro de capiella, e l’atro d’estudiant en una escuela de gramatica. Pasón tres meses, e o mosico preguntó a o gramatico que cómo l’iba, e contestó que de fumo e tiniebras; pues yo, dició l’atro, sisquiá fumo no’n veigo perque no veigo zarrapita ni meya. Allí me fan una manopla que en as chunturas d’os didos tien escritos os nombres d’a solfa, que pareixen agafaus de belún de nusatros; e puyando e baixando e correndo as chunturas, e dimpués con a mesma obra en un papel que no diz pon, ya me son florendo e espacenciando. Perque con cada entivocación d’a voz caye un lapo, e plora si quiers plorar e plorando u arreguin- do-te-ne canta o día entero perque íxe ye o tuyo oficio. –Yo, dició o gramatico, si no estase per a mofla que nos ferían os companyers d’allá baixo, ya hese fotiu a escaparrar l’estudeo e hese arrullau t’o fuego totz os libros con todas as suyas musas e totz os suyos musos, que asinas los entiendo tanto como si tu estases o fillo mes quiesto de Dios. Manimenos, imos a continar bell tiempo mes si te pareix, perque deixar-lo tant luego sería deshonra. Asinas que i continón, e per seis meses per si estase poco, a la fin d’os quals se tornón a achuntar; e o mosico dició, que anque os companyers li fesen a tana ta cutio, yera determinau d’alban- donar ixe afer e tornar-se-ne d’ixe trango ta l’infierno.
Sí?, contestó o gramatico, pues no te’n irás solenco, que yo me’n voi con tu; e queden a solfa e a gramatica ta turmento d’os fillos d’os hombres, ya que si no ye iste, que vale per muitos, no padeixen denguno igual a os nuestros. E sin mes deliberación zarrón os uellos a o sol, fotión un esclatiu e se capuzón en os infiernos. Con que mira-te tu, fillo mío, Pietro, si t’ibas a ficar en buen contornillo con a solfa, quan os diaples estando diaples no podión salir-se-ne.

Arrapau e sin sangre en a pocha yera Pietro Saputo sentindo contar a o mosen un caso tant estupendo; e ya reviscolau preguntó a o cleigo si heba aprendiu a solfa. Contestó que sí:

No veyes que soi organista? Dotze anyos entre infante e capillero estié en a seo de Uesca, e siempre estudiando solfa.
Pero manimenos a vuestra mercé l’aprendió, e en menos anyos, perque diz que estió capillero e allora ya la sabeba.
Sí, contestó mosen Organos.
E a gramatica?, preguntó o nino.
Tamién, respondió o buen hombre, sabendo que mentiba: no veyes que soi sacerdote?
Pues estando asinas, remató o nino, a vuestra mercé tiene mes inchenio e ye mes sabio que dos diaples chuntos.
Se’n arriguió o mosen, no sin meter-se una miqueta colorau de vergonya, perque li pareixió que bi heba qualcosa d’ironía u de malicia en a conclusión d’o nino. Iste querió veyer a manopla u a man d’a solfa, e veyó que os nombres que bi heba en as chunturas (e encara estió menister que los se decise o mosico) yeran: A-la-mi-re, B-fa-b-mi, C-sol-fa-ut, D-la-sol-re, E-la-mi, F-fa-ut, G-sol-re-ut.
Prou que teneba razón, que pareixen nombres de diaples, dició Pietro, perque de belún d’ells a Belcebub no bi ha guaire distancia. Pero, ta qué s’aprende ixo en a man? Ha d’escribir-se a solfa en a man u cantar-se mirando-se ta ella?
A istas preguntas no sabió contestar o de l’inchenio e agudeza de dos diaples, e se remató a charrada per manca de parolas, u de suco en ellas, que ye o mesmo; e o nino Pietro, que no podeba deixar quieto l’esmo ni un inte, li dició adiós e marchó escala t’abaixo.

Marchó escala t’abaixo; pero tot salindo t’a carrera sintió o vigulín allá alto. S’aturó; o mosen se divertiba en fer o diapasón ya per totz os suyos puntos (que ixo mesmo quiere decir diapasón), ya per terceras, cinquenas; ya en o tono mayor, ya en o menor: nafró l’udito de Pietro; escuita, percibe, siente adintro d’ell mesmo e almite ixa lei e verdat primordial d’a mosica; ixa verdat cheneral, ixa proposición alazetal de puntos u sons que asinas la satisfeba; e torna a puyar-ie e ruega a o mosen que li amuestre ixo en o instrumento.

No, dició o mosico; en o vigulín no puet estar, ni en garra instrumento; en primerías lo has d’aprender con a boca e en a solfa, e ta ixo cal acudir ta la man u a manopla, como hue la hemos clamada.
No, sinyor, contestó o nino; ya no quiero aprender-lo con a boca, sino con o vigulín, perque asinas lo aprenderé d’una vegada, e no d’ixatra manera, que caldrá fer nuevo aprendizache. mes que mes, o que ye a manopla, ni veyer-la. Ixo ye o que yo quiero e no atra cosa; e no marcharé de casa vuestra dica que no la m’haigatz amostrada, anque me cueste una semana.
O mosen se’n arreguiba e li feba duelo veyer a entivocación d’o mesache que sin a man e qualques meses e mesmo anyos de solfeyo quereba meter-se a manipoliar instrumentos; tant imposible ta ell como o feito que deixase d’estar verdat o que heba leito ixe día en l’evanchelio d’a misa, estase o que estase, ya que no lo heba entendiu. Pero las se chugaba con atro mes fuerte; pretó tanto o nino, que habió d’amostrar-li a meter os didos en as cuerdas e tanyer-las con l’arco, fendo-li ronyar o diapasón per espacio d’una hora. I tornó de tardis e se bi estió dica o lusco fotendo-li a o diapasón e a las terceras e a las cinquenas. E o mesmo fació dos días a l’arreu; e demandando a o mosen o que li pareixeba principal e habendo entendiu o que se pensó que yera prou en primerías, se levó l’instrumento ta casa suya.

Trancaba as finestras d’a suya cambra ta que no en salise o leco; e pasada una semana en a que cada día emplegaba de seis a siet horas maniando l’instrumento, debuixando bell rato ta descansar, marchó ta casa de l’organista e tanyó per lición, prou bien e muit afinau, tot o que o vulgo gosaba cantar en ixe tiempo. E dició o cleigo almirau:

Sin garra dubda, Perico, adintro de tu levas de familiar bell diaple mes habil que os dos que salión a estudear a solfa e a gramatica e se’n aburrión.
Decitz-me, dició Pietro Saputo, qué significan ixos puntos con codas e cruces que tenetz en ixos quadernos e en clamatz solfa e mosica.
Li’n explicó l’hombre. Ell agafó apuntación per escrito d’o mes prencipal, demandó que con o vigulín li fese una lición practica, e entendiu o que yera se levó un quaderno de primers licions e pasó atros ueito días estudeando e tanyendo l’instrumento. Demandó nuevas explicacions, pasó dica venticinco u trenta días exercitando-se con gran aplicación e ficanzia, a la fin d’os quals se prenió dos meses mes amprau o vigulín prometendo tornar-lo e entregar-li-ne a o mayestro. E cumplió a suya parola, decindo o bueno d’o mosen en veyer-lo tanyer:
Me desenganyo; quatre anyos si no estión cinco me costó a yo ixo e lis cuesta a totz; no veyeremos que miraglos: se metión a tanyer os dos una sonata, e la un con o vigulín e l’atro con l’eixiquier u o que estase, e no bi heba mes que sentir.

Continó Pietro estudeando mes e mes a solfa e o suyo instrumento, e dimpués de bell mes  li dició l’organista:

Yes, Pietro, o millor arco d’a tierra, perque lo has muit fino, alto, sonoro, valient, expresivo e firme. Puetz ir a tanyer en a mesma capiella de Toledo.

O capellán, amés, tanyeba, anque poco e mal, a viuela e a flauta, e querió Pietro que li amostrase tamién istos instrumentos.

Fillo, li contestó; o que ye amostrar-te no m’atrivo, perque en sé bien poco d’ells. Pero para cuenta, a prima d’a viuela suelta u a l’aire ye mi mayor en a clau de G-sol-re-ut; busca a resta de puntos, harmonías e posturas e os tonos, que ya lo trobarás; e o punto mes baixo d’a flauta ye re per a mesma clau. E anque veyes que només tien que seis foraus e o que tapa a clau que ye re susteniu, pero dando bell esprito a l’aliento u bufada ta os agudos e graus, e tapando iste u ixe, os dos u mes, de vez, se fan dos ueitenas, e mesmo dos e meya qui en sabe. Marcha con Dios e fes-me veyer atro miraglo.

Marchó o mesache con os instrumentos; e a os quince días avisón a o mosen, a o chusticia, a la matrina, e a la suya nina mes gran e belatra persona d’o lugar (nunca no a o fidalgo d’a cantonada), e os dos mosicos dion un concierto que li pareixió a ixa chent a capiella d’o Vaticano, u lo menos a d’a Seo de Uesca, que yera a que totz heban sentiu. O mosen, plen de goi, rogó a l’organista que amprase os instrumentos a o nino Pietro dica que ell se i fese trayer os millors que se’n trobasen. Prou que escribió a Barcelona e Zaragoza, e i plegón dos de cada clase, a-saber-lo de buenos. Ta estrenar-los bi habió unatra reunión mes numerosa en casa d’a matrina, do se i fació unatro concierto; e ella, que yera esplendida e quereba entranyablement a o suyo afillau, se lució a rienda homenaixando a os convidaus con un gran refresco. Tanyón dimpués, entre d’atras cosas o canario, baile que allora s’emplegaba muito; e o chitano, que empecipiaba a emplegar-se; as mosicas d’ixos bailes, de variedat en variedat e de nombre en nombre, son venius a estar e clamar-se en o nuestro tiempo, o primer a ixota e o segundo o fandango.


Pasada a veilada e en despedir-se, ta sosprender-los con mes efecto, sacó a matrina mesos en una tabla dos bustos chicorrons e blancos representando as dos mesmas personas pintadas en os retratos que fació en primerías con o lapiz; e dició:


Isto ha feito o mío fillo Pietro. Yeran muit parellanos, viviban, fablaban, si tenesen uellos e colors. Se quedón sin sangre en a pocha e tot estión norabuenas a la mai de Pietro; que no feba que plorar, e a matrina o mesmo e o mosen e atras personas. En qué rematará iste nino?, deciban. E plens d’asombro marchón bendecindo a Dios e deseyando vivir ta veyer a l’hombre que ixas contrimuestras nunciaban e prometeban. E cierto que tantas habelidatz chuntas en un nino de tretze anyos, e d’ixa manera aprendidas, bien mereixeban ixa almiración e ixos extremos; mes que mes en qui pensase que yera fillo d’una popila pobrillona, e naixiu solenco e sin protección a la luz d’o mundo.

Os retratos u bustos yeran de cheso, e ell lis heba dau un simple banyo de calso con augua de vesque perque encara no sabeba fer d’ixo que se’n diz estuco.


Capitol VIII


Humanidat e liberalidat de Pietro Saputo


Firme ye siempre o buen eixemplo, e mes quan plega de personas d’autoridat u de muita favor en o lugar, u muit quiestas u de companyers. Pero en a nineza tot lo femos per imitación perque manca l’achuda d’a reflexión e d’a experiencia, e si se quiere fer tot o que se veye, estando d’atra man a nuestra especie per o suyo natural mes que mes imitadora. O perigloso eixemplo que Pietro Saputo yera ta os mesaches d’o lugar puyando tellaus e paretz estió causa de bella disgracia, sin que las podesen privar con prevencions ni castigos mesmo os pais mes cosiradors. A os ninos, malas que blincaban d’os quatre u cinco anyos, dengún no los cosira, perque en que chiras a cabeza han preixinau e feito qualque dreza, e dengún tampoco no puet precaver ni dovinar os periglos an que se i fican, per an pegan e que lo fan como menos gosa entrefilar-se un.


Yeran un domingo de tardis aventando pedretas en as eras qualques mesaches, entre ells Pietro Saputo, e bi heba un ixambre de mesachas cantando e guitoniando en atra era; quan de sopetón remató tot ixe estrapalucio e as mesachas pretón a fuyir a las quatre suelas ent’o lugar, no sentindo-se mes canto ni voz que os chemecos d’una criada d’o fidalgo d’a plaza (ixe que repropió a la mai de Pietro Saputo), que yera desesperada e estirazando-se d’os pels, fotendo firmes bocinazos demandando auxilio. Se bi amanón os mesaches, e una filla d’o fidalgo, de bells nueu u diez anyos, muit trazona e garrispa, s’heba caito d’o tellau d’un pallar e s’heba estalapizau de morros en unas piedras que heba quedau muerta d’a caita. Tot sentindo ixo de muerta, pretón a correr totz ixos borzaguers deixando solenco a Pietro con a criada que clamaba a totz os santos e virchens d’o ciel, no pas tanto ta que tornasen a la vida a la nina, como ta que la librasen de veyer o rostro riguroso e vengativo d’os suyos amos. Pietro fació con a mesacha o que heba visto fer atras vegadas ta reviscolar a os que heban sufierto bella desgana, pues paró cuenta que només yera que esturdida, e a monico-a monico fue refendo-se, comencipiaba a pobrichona a queixar-se con uns chilos que a criada se pensó que teneba trencada toda a gosaralla d’o suyo cuerpo: e plorando e deseyando-li a muerte marchó ta casa d’os suyos pais (que yera d’o lugar) e quedó ell solenco con a nina… no teneba trencada toda a carcanada d’o suyo cuerpo, ni a metat, pero sí teneba un brazo, turoniada e ubierta a cabeza e queixosas atras muitas partis. O compasivo Pietro la fue palpiando ta devantar-la, e a la fin con muita ficancia e suaveza e fendo-li anchuelas con as mans l’agarrapizó e la levó ta casa suya entre muita chent que per curiosidat e lastima lo siguió per as carreras. Os pais no yeran en casa, que yeran marchaus a fer-se una gambadeta per atro camín; pero l’aire lis levó a noticia e a escape estión a o canto d’a suya filla e con ells o medico. Bi habió muitos ais e ploros, tamién bi habió desganas; a la fin a malas penas e firmes chilos que escruixinaban o corazón, quedó curada, tamada e pilmada, e se susegón totz ta plorar mes desfogadament e informar-se d’as circumstancias d’a disgracia e d’o escudio d’a criada a qui heban deixau a nina. A tot satisfació Pietro o millor que podió: e como o fidalgo veyó que en metat d’o rilato li ploraban os uellos, deixó ell correr librement as suyas glarimas e de conchunta con a suya muller li dio gracias per ixe buen oficio que heba feito a la suya filla, ofrindo-li casa e favor, e rogando-li que no ixuplidase a la pobreta d’Olaria, e que la venise a veyer ta dar-li animos 
e aconhortar-los a totz. Pietro, enterneciu e lavando-se a sangre que levaba en as mans e en a ropa, que en ixa fayena l’achudó a mesma duenya tot decindo con muitas glarimas, ai, sangre d’a mía filla!, ai, sangre d’a mía filla!, se despidió cortés e afablement perque ya yera tardi, e marchó ta casa d’a suya matrina, an que a suya mai heba dito que i venise.

Mientres a nina Olaria (que asinas se clamaba) estió en o leito e habió a menister cudiaus la vesitaba día par d’atro; pero quan ya se devantaba, quan ya yera muit abanzada en a suya curación, que en poquet tiempo quedó sana de tot, fueras de bella engulema (que tamién s’apanyó dimpués) en o brazo ta bell movimiento, deixó d’ir a veyer-la, perque as suyas vesitas yeran només que d’humanidat e de cumpliu. Heban pasau tres u quatre días quan  o fidalgo mandó una criada a preguntar si bi heba bella novedat, e en saber que no, fue ell mesmo ta casa de Pietro Saputo, e como si tractase con hombre de mes edat e de bell respecto li dio as gracias unatra vegada per o que heba feito con a suya filla, e de parti d’ella, d’a suya muller e d’ell mesmo li rogó que los honrase con a suya vesita. E encara adhibió, tocando o punto mes delicau, que si a la suya mai li heban feito en atro tiempo una alvertencia, que se pensase que estió per deseyo de veyer-lo hombre de proveito, ignorando allora encara que lo estase de tanto. A ista satisfacción e prudencia contestó Pietro con atra millor, decindo a o fidalgo que o que heba feito con a suya filla no mereixeba tantas gracias, e que prou pagau yera con a honra que aquella humil casa recibiba habendo-se dignau ell de venir-ie. Pasón dimpués atros cumplius entre ells; e de maitins a l’atro’l día marchó Pietro a vesitar a Olaria, continando-ie ya de cutio; asinas estió que naixió entre os dos una amistanza tant preta que con o tiempo estió belatra cosa, e ni ells ni dengún no podió privar-lo.


Pero o que mes brilaba en o nino Pietro Saputo yera a liberalidat. Li feban presents a embute totz os d’o lugar; e como en a carrera li demandasen qualcosa atros mesaches ya lis n’heba repartiu tot; e de cabo quan sin demandar-li-ne. A os pobres lis daba tot ixo que podeba tener, e mesmo a ropa que levaba mesa si los veyeba d’aforro e feba fredo. Ell mesmo quan plegó en edat de mes conoiximiento habió d’endreitar o vicio d’a suya chenerosidat, e con estudeo e discreción exercitar una virtut en a que tamién i culle exceso e vicio verdader. S’atrivió una vegada a suya mai a repropiar-li-ne; e ell con muita gracia li contestó:


Ixo ye sinyal de ricos; o fillo d’una bugadera no ha d’estar preto ni vivir con l’alma corrucada. A contricción, sinyora mai, no deixa veyer a polideza d’o sol ni a grandaria d’a tierra. O contrito no conoix a Dios, ni Dios quasi, anque quiera, li puet fer mercé, perque ye incapable d’os suyos beneficios. Sin vaso gran ta portar l’augua, ta fer qué irá ta la fuent? Sabetz mai, a quí pienso yo que aburrirían os anchels si podesen aburrir a belún? Pues ye a os agladiaus e a os desconfitaus. Vos ruego de verdat que sigatz bogal de corazón, si no meteretz a mía vida en un contornillo, u a estorbar a chenerosidat d’a vuela ubierta con o que yo abraco l’universo mundo enlá, e encara me pareix chicot.
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Capitol IX

De cómo Pietro Saputo pintó a capiella d’a Virchen d’a Corona



Almudévar, ermita, virgen de la Corona, Virchen d’a Corona


U lo he soniau u lo he visto; yo creigo que ye o segundo. E en qué ocasión e cómo la veyé! Encara me bulle a sangre e me s’enciende o corache de pensar-ie. Gavacho! Allí habié de morir, allí habié de rematar, que ista estió a suya intinción u o suyo esturdimiento. Pero me salvó l’anchel viello de Pietro Saputo perque sabeba que con o paso d’o tiempo heba de tener a inspiración d’escribir a suya vida. Agradeixco a suya protección, e cumplo l’encargo d’a Providencia.


Tienen os d’Almudévar, en a parti d’o lugar que mira cara ta Zaragoza, un santuario e capiella d’a Nuestra Sinyora d’a Corona en un pueyo u tozal an que d’antis mes bi estió o castiello d’os moros. E como la heban esviellada d’a suya viellera e enronas querión tamién pintar-la, mirando ta ixa obra un pintor muit afamau de Uesca clamau Raimundo Artigas, hombre malinconico, repreto de chenio, bilioso de color, arguellau de carnes, largo de cuello e claro de barbas; que demandó trecientas libras chaquesas per o suyo treballo con a condición que ell metería as colors e l’augua limpia.


Lo sabió o nino Pietro Saputo e se’n fació contento a rienda perque quereba saber de pintura, e li mancaba, entre atras cosas, veyer a composición e mezcla d’as colors, perque en o debuixo yera plegau a l’extremo de primor e facilidat. S’encarretó ta do o mayestro Artigas e li dició que lo agafase ta estar o suyo chulet e criau; e a primer vegada no va querer. Continó Pietro terne que terne, rogó, suplicó, e veyendo-lo siempre duro li dició una miqueta carranyau pero templau.


Miratz-vos, pues, sinyor mayestro Artigas, que queratz que no queratz yo he d’estar o vuestro disciplo; e si no, o vuestro mayestro.
Lo se miró allora o mayestro Artigas: batió a cabeza e respondió:
Yo vos almito, nino Pietro, perque me ye imposible atra cosa e m’obliga una fuerza secreta que no sé qué ye; pero has d’entender que serás o mío disciplo mientres sabeses menos que yo e mai o mío mayestro encara que plegues a pintar millor que Miguel Anchel, perque ta ixo han de pasar muitos anyos e yo ya soi viello, que en tiengo sixanta-nueu, e quan ixa hora siga plegada que me viengan a escar per o mundo enlá.
E totz s’almirón de que o mayestro Artigas li hese respondiu tant fino, perque yera de condición muit aspra, de voluntat absoluta e d’opinión fuerte e ixuta.

Prencipión, pues, a pintar; e o primer que o mayestro li amostró estió a moler as colors; e Pietro li preguntaba muitas vegadas cómo se mezclaban e qué diferencia bi heba entre as que levaban olio e as que no en levaban, con atras cosas de l’arte. O mayestro Artigas s’incomodaba, pero qualques vegadas de buena gana, e belatra de mala, satisfeba a o disciplo; e beluna tamién li se quedaba muto u li foteba un lapo per respuesta. Pero ell no se’n aburriba ni reblaba; per contras, per cada día precuraba servir-lo con mes afición e tornaba ta las preguntas.


Heban demandau os d’o concello a o mayestro Artigas que en primerías pintase parreras e muixons e dimpués o que li aganase; e pintó en a faixa de l’altar a man dreita un arbol con una parrera e muitos muixons en ella espicociando as ugas; e en a punta d’un xarmiento que feba salir per un costau pintó una corvachina. Li dició allora Pietro:

Sinyor mayestro Artigas, si me datz licencia diré una coseta que veigo en ista pintura. Li’n dio, e dició:
Astí hetz pintau una corvachina en a parrera, e as corvachinas mes van t’os ballons que t’as vinyas.
S’empitó o mayestro Artigas per l’atrivimiento d’o disciplo, e li mandó que callase e no salise d’a suya moltura d’as colors. Pasó un ratet, e unatra vegada dició Pietro Saputo:
Pues agún encara si me dasetz licencia diría belatra coseta, sinyor, mayestro mío.
No te’n doi, respondió iste muit devantada de punto a voz.
Ye una coseta de poca importancia, contestó o mesache: quereba decir a la vuestra mercé que a corvachina ha de pesar tanto como una pirina u poco menos; e per un regular heba de fer doblar ixe xarmiento suelto, e a vuestra mercé l’ha pintau tant dreito como si estase d’acero u a corvachina estase bofa.
En sentir isto estió tant gran a carranya d’o mayestro Artigas, que como no podeba encertar con as parolas acudió ta o cocharro d’as colors que teneba entre as mans e li’n arrulló con muita rasmia, esmicazando-se en trocetz chicorrons malas que tocó en tierra, perque o nino furtó o cuerpo a o tiro, e dició:
No quiero pintar mes, perque yes un labrador, un descarau, un respuler, un emprenyo, un guitón granizo.
E marchó d’ixe afer e gritó a o pueblo, e quan estió reuniu en a plaza dició que, entrem- istanto tenesen en o lugar a l’atriviu e fachendoso de Pietro Saputo, no quereba pintar a capiella. Allora Pietro Saputo demandó licencia ta fablar e racontó o que heba pasau con o suyo mayestro; e li dion a razón e lo aprebón e no querión que marchase d’o lugar.
Pues marcharé yo, respondió muit carranyoso o mayestro Artigas.
Marchatz norabuena, chilón totz; anque no se pinte a capiella.
E Pietro Saputo devantando a voz dende una piedra li dició a o pueblo:
Si o mayestro Artigas se’n va, e vusatros queretz, yo pintaré a capiella.
Que la pinte, que la pinte!, chiló a chent.
E o chusticia e o concello con os hombres mes prencipals d’o lugar encargón a pintura a Pietro Saputo. Ell allora muit goyoso dició:
Agora miratz-vos, pueblo d’Almudevar; yo pintaré a capiella d’a Nuestra Sinyora d’a Corona, pero m’hetz de dar o mesmo que li dabatz a o mayestro Artigas. E li’n prometión. Lis preguntó qué quereban que pintase, e no sabeban qué decir-le. E tornó a preguntar-lis:
Queretz que pinte o que veyetz u o que no veyetz? E respondión totz:
O que no veyemos.
Pues yo, dició ell, lo pintaré, e ha d’agradar-vos per a mía cuenta.

Decamín marchó ta la capiella e borró o que heba pintau o mayestro Artigas, que encara yera poco e no guaire en o suyo puesto. Tres meses estió pintando, e remató a obra e dició a o pueblo en a plaza:

A pintura ye rematada. Agora quiero que l’armita siga ueito días ubierta ta que i vaigan a veyer-la totz os d’o lugar, grans e chicotz, sabios e ignorants, e que si belún i troba defectos en a pintura los me diga t’apanyar-los.
E se bi amanón totz a veyer-la e dengún no i trobó garra falta, per cuentras lo aponderaban muito e en deciban:
Cómo sabe fer isto o fillo d’a Popila, que ye un nino e dengún no li’n ha amostrau? Pero li dición que no entendeban as scenas que heba pintau ni a intinción d’ixos quadros.

E ell lis dició:

Sentitz-me, fillos d’Almudevar: yo vos pregunté si heba de pintar o que veyetz u o que no veyetz, e me respondietz que pintase o que no veyetz. Pues bien, seguntes ixa parola, yo vos he pintau en un lienzo dos quadros; la un ye un olivar, e l’atro una vinya, que son cosas que ta veyer-las hetz de marchar ta Uesca e t’o Semontano; pero o que ye en o vuestro lugar no las veyetz per a vuestra propia desiria e falsedat, que en tenetz a embute. En l’atro lienzo bi ha atros dos quadros; la un ye una muller de casa suya muit escoscada e alinyosa, muit atenta, modesta e aplicada en os suyos quefers e a la intelichencia d’as cosas d’o gubierno casaliquero, e l’arrodían dos ninos e una nina, fillos d’ella muit graciosos, limpios e bien vestius e criaus; que tamién ye cosa que no veyetz en o vuestro lugar. En l’atro bi ha una suegra e una choven minchando as dos en un plato con muita concordia, amigas e bien animadas entre ellas: cosa que tampoco no veyetz en o lugar. Per aquí arredol e per l’aire bi ha selvas, fieras e muixonetz, boiras, e atras cosas seguntes me gosaba entrefilar, que estasen istas u atras no se’n daba guaire. E alto en o revoltón u ciel d’a capiella he pintau a María Santisma con as mans zarradas perque no bi ha en iste lugar qui las s’ubra con oracions devotas e plenas d’humildat, e la obligue a ubrir-las ta deixar cayer dencima de vusatros as bendicions d’as que las ha plenas.

En sentir ista explicación quedón totz xorrontaus d’a sabiduría d’as pinturas, e chilón muito rato con gran rasmia e goi:


— Ye verdat!, ye verdat! Viva Pietro Saputo! Viva o fillo d’a Popila! Viva a honra d’Almudevar! E lo agafón e lo levón a colletas ta casa suya aponderando-lo e decindo cantas en a suya gloria e lo presentón a mai la suya e li dición que yera a muller mes goyosa d’o mundo. 

Ella 
lo recibió plorando de goi, e lis dio a totz as gracias per ixa favor que feban a o suyo fillo.

Capitol X


Magnifica aplicación de Pietro Saputo


Fatos os pais, fatos os mayestros, fatos os vecins e fato o sieglo, millor hese estau no naixer, u no estudear pon e vivir solenco u ir-se-ne t’os monts si un sabese que allí heba de trobar una companyera de tracto confortant e recreyativo. Goyoso de Pietro Saputo, que anque trobó muitos fatos sabió librar-se d’ells e fer-lis a figa. Yo, fueras d’o mío pai… No quiero decir a resta. Sobre que tiengo amigos e amigas de l’alma que soi en tener-los per fatos, como en creyer hombres de pro a os bambosos, charraires, embabucadors e hipocritas que se fan pasar per Licurgos gritaus per a providencia ta remeyar a Espanya e reformar o mundo.


Heba sentiu fablar o nuestro nino pintor a o mayestro Artigas d’autors e libros de l’arte, e li rogó a sinyor mosen que li fese trayer totz os libros que d’ells se’n trobasen; e en dos u tres meses en tenió a mayor parti d’os que allora se conoixeban. Se metió a estudear-los terne e con anglucia d’aprender, e de maitins e en as veiladas pasaba quasi tot o tiempo en ixo, sin ixuplidar de vez e en qualques días os atros eixercicios, entrecalando-ie dimpués o treballo per horas e mesmo per días seguntes li petaba u li aganaba, perque teneba per prencipio no violentar-se nunca ni escamallar-se en un eixercicio. Asinas que estudeaba, debuixaba, pintaba, esculpiba, torniaba, repasaba a solfa e tanyeba os instrumentos que sabeba. A la suya mai li dició que no ise mes a lavar as ropas d’otri, sólo que de buen implaz servise en casa a las personas de millor posición d’o lugar en o que li pareixese, e se barruntaba que mesmo isto duraría poco tiempo, e entremistanto se’n ise tractando con bella cosa mes d’estima e decencia.


Per un concieto pintó en una tabla un niedo d’engrinetas en l’inte de plegar-ie a mai con o cibo, ya prencipiando a plumiar os fillesnos, e la clavó de nueitz dende una finestra en un quairón d’os que farchaban o rafe d’o tellau, que no yera alto; e de maitins bien luego lo yeran apedregando os mesaches d’a carrera espacenciando-se perque sisquiá podeban fer fuyir a la mai, e clamando-la maldita perque heba feito allí o niedo sin veyer-lo ells. Lo sintió Pietro Saputo, e salió e sacó a tabla, quedando os mesaches avergonyaus d’una man, e d’atra arreguindo-se-ne d’ells mesmos. S’espardió o feito e i venió a veyer a pintura un ixambre de chent pero ell lis dició que no podeba veyer-se de cerca, sino en o rafe e dende a carrera; e asinas la tornó a ficar en o suyo puesto, e toda a chent se bi amanaba a veyer ixe prodichio d’un nino de catorce anyos. Que si no se perdese en a suya muerte, talment hese estau atro Yalisso, que fue un can pintau en un quadro con tal perfección, que pareixeba que lo representaba rabioso, e se fación guerras per tener-lo, e a la fin, dimpués de muito tiempo, fue traito dende l’Asia ta Roma e consagrau per Augusto Cesar en o Capitolio.


Pintó en ixe anyo dos salas, la un d’un cleigo rico, e l’atra d’o fidalgo pai d’Olaria, que ta rematar de borrar a memoria d’as parolas que dició a la mai de Pietro Saputo, li feba mes favor que dengún atro en o lugar. E en verdat, anque o nino yera tant bogal, no podeba ixuplidar de tot as dos zaguers exprisions que va emplegar contra ell e a suya mai, e ixo que no entendeba agún toda a malicia que conteneban. Va morir disgraciadament o fidalgo quan yera pintando o zaguer lienzo d’a suya sala, que con tot e con ixo la remató, pero bi adhibió alto dos anchels con o cenyo d’ixemenar, per dencima d’o quadro un velo blanco de crespón


con orla negra. E mesmo astí fació unatra marabilla; e estió que en ixos anchels fació o retrato d’Olaria e o suyo, quedando tant bien que pareixaba que lis hesen tallau as cabezas e las hesen apegalladas a os cuerpos espullaus d’os anchels.


Como ya seguiba os regles de l’arte e sabeba composar-los con a naturaleza, e ista e aquellas con o suyo gusto, alvirtió allora a-saber-los de defectos en as pinturas d’a capiella d’a Corona; e demandó licencia ta meter-ie un retulo do se i declarase quí las heba feitas e a edat que teneba. Pero a millor obra, a obra de mes merito, e lo dició ell quan ya no podeba entivocar-se, estió siempre o niedo d’engrinetas, que belún li’n querió mercar, e mesmo bi habió qui li mandó per ell dica quaranta escudos d’oro, que ta os conoixedors que podeba haber en un lugar como Almudevar, ye platero que ye muito. Se tresbatió, como he dito, en a suya muerte, asinas como atras cosas de muito incanto e valgua que bi heba en casa suya.


Entre os libros de pintura i veniban tamién dos en latín e un en italiano, e dició: pues yo he d’aprender istas luengas. E con prou gana se metió a estudear a latina, e en dos semanas n’aprendió os nominativos e as conchugacions, perque a suya memoria yera graniza. Pero no li deixón continar iste estudeo as dos obras de pintura que tenió en o lugar.


A suya buena mai remeraba agora muitas vegadas a profecía d’a chitana, pero no tartiba per no decir l’enganyo con o que li heban feito ixes, exposando-se amés a que no la creyesen, perque a suya honestidat e muito chuicio li feban tranya ta tot o que querese decir en a suya esfensa. Pero dimpués de bien pensau lo deixaba, e resumiba todas as suyas reflexions en istas cristianas parolas: Dios me perdone ixa entivocación e no me dé tot o bien en ista vida.



LIBRO SEGUNDO


Capitol I


De cómo Pietro Saputo marchó a correr mundo


A dengún no li s’alcurra decir, d’ista augua no en beberé, perque puet estar que haiga de beber-ne, e ixo anque siga fosca, e mezclada con sangre humana; anque la sigan trescolando actualment d’un escopulón ta l’atro, como feba un barrenau en a carrera ixatro día. Qué mes augua de cuerno ta o fidalgo d’a cantonada d’a plaza que veyer-se obligau a reblar en a suya soberbia debant d’o fillo d’aquella popila, a qui ell va carranyar con tanto disprecio e con parolas de tanta inchuria, tot debendo-li ni mes ni menos que a vida d’a suya filla e no habendo paz e amor con ella si cada día no la vesitaba ixe que ell destinase ta comadrón e casamenter, e amés salió agora, que valeba mes estando un nino e pobre que totz os fidalgos d’a provincia, cuentra mes ell e os suyos? E con tot e con ixo ell padeixió menos que atros en aquella rebaixada, perque no yera ingrato, e a gratitut, ah, que en ye de polida!, no premite reparos de l’amor propio. Si hese viviu una miqueta mes hese visto encara cosas mes grans, e encara hese reblau mes en a suya soberbia, e s’hese repentiu mes d’a suya imprudencia. Li preguntón a un sabio antigo qué feba Dios, e contestó: abaixar o que ye alto e devantar o baixo. Tot estando notorio que si en atras cosas a suya providencia prevoca preguntas como ixas: Decitz-me, pai de totz, pues yes chusto, en ista nunca no s’ha de deseyar guaire tiempo o suyo cudiau de remerar terne a l’hombre hauto, que cosa en ye e cosa puet d’ell mesmo; tot habendo-nos apreveniu ta que no lo sospirasenos, que qui se fa contento con a cayedura d’otri, d’a febleza d’otri, u se piensa que ye eximiu e seguro d’ella, no ha de quedar sin castigo, no deixará d’estar albandonau ta que caiga en ixa mesma u en atra mes miseriosa. Trobaba Pietro Saputo ista lición e doctrina en os suyos libros, e encara que yera nino la teneba siempre muit present e excusaba d’ista manera a bamba, a balloquería, a fachenda, a desgana, achudando-li tamién en ixo a suya buena mai que de contino racontaba a Dios todas as gracias e habelidatz d’o suyo fillo.


Entremistanto pasaba o tiempo, e ell dentraba ya en os quince anyos d’a suya edat, e dició un día a la suya mai: –Yo, mai mía, quiero marchar a veyer mundo. Dica agora només he visto que a ciudat de Uesca e belatro lugar d’a redolada do m’hetz levau; e ixo ye no haber saliu brenca d’Almudevar, perque no bi ha garra diferencia en os costumbres, ni en o ciel, ni en a tierra e quiero marchar campasolo e mes luen, perque en o mundo bi ha muito que veyer e muito que saber, e en casa nuestra e per aquí siempre son os mesmos campos, as mesmas paretz e finestras, e ni uns dicen pon, ni as atras fan mes luz ni atra que o primer día. Asinas que datz-me a vuestra bendición e marcharé con a vuestra licencia. Se fació triste a suya buena mai con ixa noticia, e li preguntó plorando:

Cómo, pues, fillo mío, cómo has d’estar l’aconhorto d’a tuya mai si te’n vas d’o mío costau?
Mai mía, contestó ell: os fillos son l’aconhorto d’os suyos pais no estando siempre ligaus a las suyas garras, sino estando honraus, ganando-se como ye de lei a vida, no dando-lis trebulacions, amando-los a rienda, e servindo-los e cosirando-los quan han menister. Amés que no he de tardar a tornar-ie, perque como será o primer viache e soi encara muit choven, no quiero marchar ta leixanas tierras ni foter-me en a barafunda de luengas e nacions ta fer prebatinas con a mía fortuna.

Pues bien, dició a suya mai, ya que yes decidiu, yo querría que li’n decises a sinyor mosen, que ye hombre que conoix a muitas personas, e escribe e replega cartas d’o correu, ta que te dase letras que claman de recomendación.
Ai, mai!, contestó ell allora, qué desatinada que sotz, e qué mal conoixetz os míos preixinallos! No quiero garra letra de recomendación, perque ni sé dó iré, ni deixan d’estar ligallos que no se pueden trencar sin afrontar a belún. Amés, qué mena de recomendación queretz que leve en ellas? De pintor? Ye titol que obliga a muito, e per ventura no me s’ofrirá pintar una estrela. De mosico? No sé dó podría menar-me ista habelidat si no ye ta bell embordiello, casorio u fiesta de convento. Pero mes que mes ye a libertat o que me fa buen prebo; garra vuedo respecto, garra lei inutil me conviene, fueras d’a honradez; e o bien fablar e a chusta prudencia. De nueitz marcharemos ta casa d’a mía matrina e li diremos que maitín me s’ofre un curto viache, e a dengún mes li’n diremos, fueras de si dimpués quereses comunicar-li-ne a sinyor mosen, que ye tant amigo de nusatros.
Que ya quiers marchar maitín?, preguntó a suya mai. No veyes, fillo, que ixo ye masiau rapedo?
Ixo ye ta vos, contestó ell; no pas ta yo, que fa muito tiempo que lo tiengo pensau e decidiu. Paratz-me dos camisas, e con ista mesma ropa cutiana e una capa a o huembro he o mío menister ta o poc tiempo que pienso andar difuera de casa.
Habió de trasquir a mai d’ell per mes que li plorase o corazón; e a l’atro’l día de maitins li besó a man e marchó d’o lugar devantando os uellos ta o ciel como ta invocar a la Providencia.

Como o camín de Uesca yera o mes conoixiu e amés o mes curto en os suyos preixins, lo menón os pietz per ell e deixó o lugar dezaga, no levando-se mes tricamalla que o que de nueitz dició a la suya mai, e diez libras chaquesas en oro, que no querió mes provisión, perque deciba que qui va a correr mundo a la ventura, o mundo li ha de valer e en o mundo trobará a vida u a muerte.


Capitol II


D’o que li pasó en Uesca


Fachendoso, goyoso, argüelloso, confitau e tant lixero de peus e de cuerpo andaba o nuestro hombre garrispo en demanda de nuevas mugas e nuevas tierras, hombres, opinions e costumbres, que no deixaba sisquiá galochas en o polvo d’o camín, como si marchase per l’aire u volase con o suyo pensamiento. O sol d’as siet d’o maitín a metat d’o mes de marzo, bien pura l’atmosfera, claro l’horizont, calmo o viento e agradable o día, empliba de goi a humeda tierra que se reviscolaba ya d’a suya calor amiga e despuntando a primavera, li hese ofierto a naturaleza tot esviellando a suya vida en a estación mes pacible de l’anyo, si as campineras que esnavesaba, despulladas, aburridas e tristes, ofrisen d’un costau e de l’atro a la vista buena cosa de verdes extensions de campos de trigo, e debant a fosca sierra de Gratal que feba d’estribera a o leixano e encara blanco Perineu que pareix que haiga de recullir o revoltón d’o ciel ta deixar-lo cayer ta l’atro costau, que ya sabeba que yera o reino de Francia. Plegó aventau en as Canteras, i veyó abaixo platera e prencipiando dende a mesma val a fosca e tinebrosa selva de Pebredo extendillando-se en un amplo termino con as suyas carrascas de quan o diluvio e habitada encara per as primeras fieras que la poblón. La esnavesó insensiblement, descubrió os famosos plans de l’Alcoraz, plegó en Sant Chorche, e dició: Ya soi en Uesca. E no yeran encara as nueu.


Muito antis se trobaba ya a suya pobra mai en casa d’a matrina, a qui marchó a decir con angunia preta:

Ya se’n ye iu!
E fación as dos firme planto, alcompanyando-las tamién a nina Rosa per imitación e bell sentimiento que de qualque manera tamién li acucutaba, pues a la fin teneba ya dotze anyos, e no yera fata e amaba muito a o suyo chirmanet Pietro.

Ell, entremistanto, yera ya en as avenidas d’a ciudat, do i topó con un flaire motilón d’o Carmen Calzau, e fendo parola con ell, entendió que en o suyo convento yeran tractando de pintar a capiella d’a Virchen; pero que o mayestro Artigas yera muit chudío, que lis demandaba cincocientas libras e ells li’n daban trecientas cinquanta e no quereba.

Yo, pues, contestó Pietro Saputo, veyeré ixa capiella, e puet estar que trobe un pintor ta ella.
Si ye de Zaragoza, dició o motilón, excusada ye a dilichencia, perque si os pintarraqui- aires de Uesca en demandan tanto, qué no ha d’estar os famosos pintors de Zaragoza?
E en ixas que i plegón en a ciudat e s’endrezón chuntos ent’o convento.

I veyó Pietro Saputo a capiella, e se’n puyó t’a celda d’o prior e li dició que si o mayestro Artigas no heba de tener queixa, ell buscaría un pintor que talment rebaixaría bella mica d’o que ixatro en demandaba. Contestó o prior que o mayestro Artigas no podeba fer atra cosa que prener nota, perque isto de todas maneras lo fería; pero que no teneba razón ta queixar-se, perque ya dimpués d’ell heban tractau con atro pintor e tampoc no s’heban achustau. Que podeba decir quí yera o pintor que proposaba.

Yo, contestó Pietro Saputo.
Vos, sí, vos hetz de decir quí ye?

No digo ixo, sino que soi yo o pintor que ha de pintar a capiella.

Vos!
Yo, sí, pai prior; yo mesmo.
Fetz-me a favor, dició allora o prior con disprecio, d’ir-vos-ne ta la Cruz de Sant Martín a mercar unas birlas e marchatz a chugar per ixas carreras, u a replegar piedras e zaborros en  a vuestra capa t’acantaliar a os cans per as cantonadas e plazas.
Pues en verdat, pai reverendo, contestó Pietro Saputo, que encara que vos carranyetz he de decir-vos que as vuestras parolas vos desdicen d’a vuestra gran compostura. En qué libro hetz trobau, en qué autor leyiu, a qué sabio hetz sentiu en a vuestra vida, que no bi habió mai en o mundo hombre d’a mía edat que no podese pintar una capiella de flaires? Si hesetz preguntau cómo me clamo, si ya sabesetz quí soi, si vos hesetz informau qué tiengo u qué no tiengo pas feito en o mío arte, allora podríatz fablar como vos petase, e ixe disprecio, churo per as ordens que tenetz, que no lo podeba esperar de qualsiquier atro hombre mes prudent. Asinas que, podetz encomendar e dar a vuestra obra a qui queratz, que per o que veigo no semos feitos ta fer pacha. Quedatz con Dios e con a vuestra capiella, que a yo no m’agana de tractar con hombres de tant mala razón e conveniencia.
E tot decindo-lo e fendo-lo, chiró a espalda a o prior e agafaba a puerta. Pero o prior, que en as parolas de Pietro heba puesto notar a suya muita discreción e prudencia, lo gritó e salió t’aturar-lo, e dentrando-ie atra vegada con ell li dició con voz mes atenta que no estraniase que li hese fablau d’ixas trazas, parando cuenta que os mesaches d’a suya edat mes gosaban embolicar-se en ixos entretenimientos que en obras tant grans e de tanta dificultat. Pero que si heba confitanza en surtir-ne bien parau, que podeba decir quí yera e que tractarían d’achustar. Perque o flaire ya s’heba entrefilau con quí yera parlando, e que heba teniu noticias d’ell per a fama d’o suyo nombre. Alavez contestó o mocet:
Yo me digo Pietro Saputo; soi…
Prou, prou, prou, fillo mío, dició con gran exclamación o prior en sentir o suyo nombre.
E devantando-se lo acarrazó con muita voluntat, e lo fació posar-se a o suyo costau, e a la fin li dició:
Catatz, Pietro Saputo; ya que Dios nos ha feito o servicio de trayer-vos ta ista santa casa, yo lo feré con vos ta que no vos pene d’estar veniu. Pro a fes vos marco como vuestra una celda atrapaciada de tot buen servicio; vos sinyalo posiento en o refectorio con os pais mes venerables; e vos daré as cincocientas libras chaquesas que demandaba o mayestro Artigas. Yo sé que hetz pintau l’armita d’a Corona en o vuestro lugar, e en zaguerías dos salas mes; e personas intelichents que vos han visto m’han certificau que bi hetz meso mes incantos que nunca no ha pintau en toda a suya vida l’esvalguau d’o mayestro Artigas. E si no m’emprenyasen per ell qualques flaires e dos caballers d’a ciudat que li fan favor, ya vos hese escrito que i venisetz a fer a nuestra obra. La feretz, a la fin, e yo me’n foi contento. A vos l’arte d’a pintura, iste arte divín que entienden pocos e que encara mes pocos lo consiguen, vos l’ha amostrau a mesma naturaleza, e per ixo, fillo mío, sotz tant aventallau. No vos demando atra cosa que no vos tornetz un fachendoso, perque chent con mes humildat hemos d’estar quant mayors e mes magnificos son os presents que replegamos de Dios o nuestro Sinyor, e as mercés que a suya gran misericordia e bondat infinita nos fa de pura gracia. No ixuplidetz que rebaixa a os soberbiosos, a os bufiners e fachendosos, e devanta a os mes humils. Una malotía puet sacar-vos l’esmo, una caita malmeter-vos e deixar-vos inutil ta o vuestro arte e ta toda obra de proveito, e dando-vos luenga vida obligar-vos a pituliar de puerta en puerta que vos emparen e vos den sustento, estando allora muit infeliz e dispreciau, en cuentas d’a gloria e d’as riquezas que podetz esperar consiguir con a vuestra muita habelidat e talento; habelidat e talento que yo bendigo malas que puedo, e con o corazón ficau en ixa sinfinidat de bondat e omnipotencia d’o Sinyor, li ruego que endrece ta la suya mayor honra e gloria, e ta o tuyo proveito e descanso d’as personas con qui haigas obligación e correspondencia. Agora marcharetz a descansar dica a hora de chentar, e dimpués vos iretz parando ta la vuestra obra.

En ixas i dentró un flaire Lector, hombre d’ixos que sin gritar-los per tot se i fican e s’amanan a totz e pretan a orella per totz os foraus, e tot lo quieren saber e manipoliar, que s’esbellugan de l’aire, e mesmo d’o fato e d’a suya mesma mobilidat, que tot habendo sentiu qualcosa d’a persona que yera en a celda d’o prior, li se metió de farol e compai. Preguntó alavez Pietro Saputo qué yera o que heba de pintar en a capiella ta ir farchando a ideya (dició), atrapaciar-la e perfeccionar-la. Prenendo a parola o flaire Lector contestó e dició (en que marchó o prior d’a celda ta dar orden que parasen a que destinaba ta Pietro Saputo):


Yo ya sé o que quiere o pai prior. Catatz: o primer que hetz a pintar ye l’infierno, e en a boca u dentrada en a parti de difuera a Nuestra Sinyora d’o Carmen esbarrando d’o foricón a qualques devotos que quieren dentrar-ie, aguardando-los un burguil de diaples, e con a man d’a suya Machestat de María Santisma lis sinyalará atro camín, que estará o d’o purgatorio, e ells lo agafarán muit goyosos. Dimpués hetz a pintar o purgatorio e a Nuestra Sinyora d’o Carmen sacando d’ell a totz os suyos devotos con l’escapulario. Dimpués hetz a pintar o ciel, e a la mesma Sinyora muit gloriosa arrodiada de sinfinitos devotos suyos; e mes altero que totz ixos e mes cerqueta d’o suyo corroncho a o N. P. S. Elías con muitos e muitismos flaires acubillaus en a suya uembra. E dimpués, per as cantonadas u do vos pareixca millor pintatz bella dotzena de miraglos, os mes inauditos que podesetz preixinar.
Pero ixos miraglos, dició Pietro Saputo, los m’habretz a racontar, u amostrar-me o libro do se i quaternan, perque yo no en sé dengún.
Tampoc yo no en sé dengún en particular, contestó o flaire Lector, no bi’n ha garra libro que yo saba, anque he sentiu que son escribindo-ne un. Per ixo he dito que vos mesmo los hetz a preixinar.
E han d’estar-ne muitos?, contestó Pietro Saputo.
En ixa materia, dició o flaire Lector, hetz de parar cuenta que nunca podetz pecar a sobrefaixo; cuentra mes estasen e mes sobrebuenos, mes abanzau será o pintor e mes credito ta la orden carmelitana.
Pues a fe, dició Pietro Saputo, que no n’hetz a quedar descontentos a comunidat ni a orden, perque, guarda qué miraglos que allí vos voi a pintar que no ha de dentrar hombre con vista en a capiella, que no se’n xorronte.
Pues ixo precisamos e no atra cosa, remató o flaire Lector, perque asinas s’unfla a caridat d’os fidels e o pueblo deixa chanfles en o convento.

Una miqueta sospeitosa li pareixió a Pietro Saputo a relichión, u a filosofía, millor dito, d’o flaire Lector; pero como garra cosa cayeba en a suya consciencia, fació as suyas cuentas e alcorzó per o camín d’a liberalidat a tuixo pleno decindo, a suya alma en a suya palma. E a l’atro’l día empecipió a parar as paretz d’a capiella e a guarnir-se de ixopos, pinzels e colors. Pintó una semana, e o pintor e totz os flaires no s’adubiban de mirar-se a pintura, d’aponderar a o pintor disciplo d’a naturaleza, como li deciban. Tamién d’o lugar iban a veyer-lo muitos refitolers (nunca no o mayestro Artigas), distinguindo-se per cutianos e 
aficionaus –quí lo heba a decir?– un canonche e un peiner, d’os que, deciba Pietro Saputo, que la un n’entendeba bella miquina perque n’heba visto muito, e que si l’atro en cuentas de fer peines s’hese adedicau de choven a fer atra cosa, hese puesto estar o suyo companyer; e lo quereba muito e se fación amigos.

Pintó dos semanas; e a o tercer lunes habió de deixar a obra e hopar d’a ciudat mes aventau d’o que bi yera dentrau. Bi heba en o convento un flaire d’os que lis dicen de misa e olla, perque a pur de mazorrils no saben fer atra cosa que decir misa e acudir t’o refectorio; e que día par d’atro día s’amanaba ta la capiella ta dar ferrete a Pietro Saputo, tot fendo-li siempre as mesmas preguntas, que yeran: Cómo se clama o pintor? De qué lugar ye o pintor? Cómo se claman os pais d’o pintor? Ya o mocet se’n heba queixau a o pai prior e rogando-li que no deixase ir a o flaire ta la capiella; e o prior, hombre sin malicia, li contestó que como yera un flaire de no guaires luces no caleba fer caso d’as suyas fatezas. Pero enullaba tanto a Pietro Saputo, que ixe mesmo día, conforme lo veyó dentrar-ie, li s’encendió o rostro, e de desasusiego malmetió a cabeza d’un anchel que yera pintando. Empecipió o flaire a preguntar-li terne que terne o mesmo que siempre, cómo se clama o pintor d’a nuestra santa capiella. E Pietro Saputo, con un esclatiu de carranya, li respulió: –Hue o pintor se clama Pietro Zaborro, Pietro Cocharros; e tot decindo isto li arrulló con firme rasmia un zaborro que teneba a man tant gran como o punyo, li fotió en o peito e lo escatumbó en tierra, e continó con os ixopos e os cocharros d’as colors, blincó d’o tarabidau, e per si o flaire se moriba, que no s’esbulligaba ni se queixaba mes que con un ixalfego afogau e roncalloso, sin despedir-se de no dengún, marchó escopetiau. Quiero decir, que deixó o convento fuyindo que pareixeba que teneba o diaple entre as garras, que en dos minutos ya deixaba dezaga d’ell o Pueyo de don Sancho (agora tozal d’os martirs u fosal), e en no guaires mes ya puyaba e esnavesaba l’estreito de Quinto dica perder de vista a ciudat e a suya Foya. Se clama costera u estreito de Quinto a puyada d’o río Flumen ent’os tozals e sardas do luego empicipia ya o Semontano.


Capitol III


Aventuras d’o camín de Balbastro


No iba per o camín real u trillau perque li feba miedo que o flaire hese muerto e lo engalzasen, sino per carrerons e campos ulorando a cerola que lo menaba; e se trobó con un labrador que, achudau de dos mozos fillos d’ell, yera fendo unas clotas como fuesas e li preguntó ta qué las feban. Li contestón que ta plantar una vinya, e que en cada clot i ficaban dos faixuelos. Se miró ell un ratet e dició:

Buenos labradors, no estaría millor que en cuentas d’ixas clotas fer una rasa igual como a tirada d’a vinya, e la feríatz con mes facilidat, e dimpués d’ixoriada e solaniada i ficabatz os vuestros faixuelos travesaus e los apedecabatz con a tierra ya curada que en saquetz antis?
E dició o mes mozo d’os fillos:
Yo creigo, pai, que iste mesache ha razón. Pero o pai contestó:
Ni tu ni ell en tenetz; asinas m’amostró o vuestro lolo a plantar a vinya, e asinas vos amuestro yo a vusatros.
E no en datz atra razón, buen hombre?, li dició Pietro Saputo.
Asinas que moro o mío pai e moro he de morir yo? Pues en verdat que si nunca no fesenos atra cosa que o que fación os nuestros pais e lo fación ya os antigos, siempre o mundo estase en o primer día, e todas as cosas en o suyo primer natural. E decitz-me, quán ferá fruito ixatra vinya vuestra? Ixa, contestó o labrador, se plantó l’anyada pasada e agún ha de tardar en fer fruito, perque agora creixe e s’enradiga, dimpués se briva raso u degüella, ta privar-la d’a puixanza inutil, e dimpués torna a fer chitons e son ya os faixuelos que han de formar a cepa; e en a quatrena anyada de plantada fa o primer fruito. Se miró Pietro Saputo ta la vinya d’a o canto, se’n miró atras e se chiró ent’o labrador e li dició:
Yo creigo que deixar rechitar librement a o vitau ha de sacar-li fuerzas ta que enradigue bien, e que sería millor brivar-la seguntes siga menister a primera anyada, u lo menos limpiar-la muit bien, e brivar-la o segundo anyo, perque ya habría de dar bell rampallo. Perque…
No bi ha per qué ni per quán, lo curtó raso tot decindo o labrador: sotz un zagalón que encara puditz a la leit de l’ama, e i venitz t’aquí dando licions e me queretz convencer de nuevas modas? Marchatz, fillo’i puta, e continatz o vuestro camín, si ye que sabetz ta do itz, que per cierto no vos he gritau.
Marcho, sí, marcho, contestó Pietro Saputo, perque asinas me cumple; pero vos digo, hombre falso, e trencaré cient lanzas en o tocante a ixo, que o vitau que no fa fruito e bueno, anque no guaire abundancioso en a segunda anyada, u no naixió ta vitau u ye fillo’i somera.
Hetz sentiu o que diz o respulero?, dició o labrador a os suyos fillos; e os mozos enristión cuentra ell tot devantando as suyas ixadas.
Ell iba ya a prebar unatra vegada o tino d’o suyo brazo con un par de cantals cuentra os mozos, quan, remerando-se d’o flaire, antis querió de sopetón e botivoleyo aventar-lis-ne a os peus; pero se plantó luego e se chiró cuentra o primer que i veniba, e tot agafando-lo de vislai enguilió o trucazo d’a ixada e li blincó dencima e lo escatumbó en tierra, tanimientres i plegó l’atro e fació con ell o mesmo. Esbategaban per devantar-se, e ell los sobateba como o mixín a o churi, dica que ta rematar li fotió una punyada a o mes gran en o huembro e li xancó un brazo, e a o mes chicot d’una calz li eschafarnó o naso tot fendo-li brollar un río de sangre; e li dició a o pai que enrestiba cuentra ell muit furo:

Veigo canas en a vuestra cabeza e no quiero meter as mans en vos, alma de zuro, que si no tenetz mes goi en atras cosas que en librar fillos valients, paratz cuenta qué cenyo fan. Bien desventurau hetz d’estar en toda a vuestra suerte. Escoscatz a morgallada a ixe mozo que li empuerca a cara e a chambra, e a ixatro pilmatz-lo si en sabetz, que bien lo ha a menister, e datz memorias d’a mía parti a l’albeitar d’o lugar.

E con isto los deixó e continó t’adebant.

Navesando plans, e baixando e puyando clamors fondizas, pasando ríos e no tocando garra lugar, perque se’n esbarraba de totz, plegó a nueit e no sabeba a on yera, mes de que con gran afanyo e perdiu o tino en dos u tres horas de nueit e d’escamallo, i trobó un tozal coronau d’un edificio, que lo veyó mirando-se ent’o ciel perque yera muita a escurina; e a la suya man dreita, leixos, sentiba qualques campanas. Iste cabezo e iste edificio, dició, bien podría estar l’armita famosa d’a Nuestra Sinyora d’o Pueyo, e ixas campanas que siento serían d’a ciudat de Balbastro. E asinas yera a verdat. E aturando-se e tot aguaitando ta l’armita deciba: astí bi ha d’haber lo menos un mosen con a suya casera; pero ye hora sospeitosa, e antis responderán os muertos d’os fosals e se devantarán t’o chuicio de Dios que respondan ixos campasolos agora e m’ubran a puerta. A ciudat, seguntes o leco d’as campanas, no puet estar guaire luen e i veigo una faixa blanca que ha d’estar o camín. Dormitz en paz, cosiradors d’o santuario; no quiero meter entrepuces a o vuestro descanso ni foter-vos una percutida de baldes. E decindo isto agafó o camín d’a ciudat.


Bien cerqueta e entre o preto d’un gran boscache que feba fosco de tot o puesto d’un costau ta l’atro d’o camín, sintió morgoniar, e dimpués se trobó con un hombre que li preguntó xorrontau:

Quí va?, sotz cosa d’iste mundo u de l’atro?
D’iste e de l’atro, respondió Pietro Saputo; e vos, quí sotz?
Yo, dició l’hombre con voz tremolosa, soi un penitent, e todas as nueitz salgo d’a ciudat a las nueu, e a peus descalzos e rezando o rosario viengo ta l’armita, rezo achenullau en a puerta siet credos e tres salves, e me’n torno ta casa. De nueu días me’n mancan tres, sin contar con o día de hue perque ye o seiseno.
E qué pecau hetz feito, li preguntó Pietro Saputo, ta fer ixa extrania penitencia? E respondió l’hombre:
Un domingo que marchó a-saber-la de chent t’o Pueyo, bi estié yo un ratet per ixas costeras d’o mont con qualques mozas e voi enrestir a una d’ellas.
Pues, amigo, dició Pietro Saputo, si totz os que enristen doncellas en os santuarios u i van ta regalar-se con os suyos amors, seguntes tiengo sentiu e pedrican per astí os flaires, hesen de fer a penitencia que vos fetz, estoi que todas as armitas d’o mundo heban d’estar mes vesitadas de nueitz que de días.
Ye que yo, dició o penitent, li die parola, e agora ye prenyada de cinco meses cumplius e no quiero casar-me con ella sino con unatra.
Ola!, dició Pietro Saputo, ixa ye mes negra que parda. Pero hetz d’entender, mozo entivocau, que con a vuestra penitencia no satisfetz a la moza, perque ella tot confitando con   a parola que li dies s’entregó a la vuestra voluntat, e n’hetz feito burla. A deuda d’a vuestra parola siempre ye viva; ixa deuda siempre ye a mesma; o dreito ye d’ella e només que d’ella, e si no rebla, a vuestra persona no ye de vos, que ye d’ella. Qué fetz con as vuestras gambadetas nocturnas ta l’armita, e con os vuestros credos e salves? Encara que i venisetz toda a vuestra

vida, con que conta tu nueu nueitz, no correchiríatz o mal que li facietz ni li tornaretz a honra que li hetz furtada, ni redimiretz a obligación que tenetz con ella. No itz bien, mozo, no itz bien; e o confesor que vos ha mandau ixa penitencia ye un ignorant que vos mena ent’a perdición con ixe enganyo que queretz fer a Dios e hetz feito a o mundo e a la mesacha. Yo vos lo digo e m’hetz de creyer: si queretz vivir con a vuestra alma en paz, e no estar disgraciau en iste mundo e condemnau en l’atro, cumplitz en primeras a penitencia, ya que vos l’han mandada, e dimpués a parola a ixa simpla e innocent moza. Prou que yo sé que ella vos quiere, e con tot perque la vatz enganyar, cada día demanda a Dios que vos castigue. E vos castigará!... E agora mesmo! Aquí mesmo e per a mía man!... si no vos ne repentitz decamín e marchatz maitín mesmo a demandar-li perdón e ofrir-le a vuestra man. Lo entendetz?...

Dició istas parolas con gran fuerza e severidat; e o mozo yera ya tant escagazau, que en sentir-las cayó en tierra achenullau e dició tot tremolando e plorando:
Lo feré, sinyor anchel, lo feré; no me matetz!, no me matetz, per Dios!
Sí que lo feré!
Ah, sinyor!, deixatz-me marchar a demandar perdón a la Virchen Santisma!...
Marchatz norabuena, dició Pietro Saputo con a mesma severidat; pero paratz cuenta que si no cumplitz, que si maitín mesmo no itz ta casa d’a moza, e quedatz conforme, vos sacaré a vida d’un trucazo con una espada invisible que levo con yo. Perque ixo només ha que un nombre, villano!
Sinyor, sinyor!, chiló o mozo meyo muerto.
Marchatz, malaventurau; continatz o vuestro camín e maitín nos veyeremos aquí u en atra parti.
E tot decindo isto lo agafó d’o brazo e d’una sobatida lo devantó e lo arrulló camín t’adebant con tal rasmia que a o pobrichón li se fació que o remate sería que li s’ubrise a tierra dichós d’os peus e cayer en o mes fundo abiso de l’infierno. Caminó diez u dotze trangos a trepuzons e exclamando:
Virchen Santisma, perdón!, perdón!,
e morindo-se d’horror e de miedo de que de sopetón lo se levasen os dimonios. En ixas a escurina los deseparó, e en plegar o mozo en a puerta d’a capiella fació a-saber-los d’actos de contrición e bi estió dos horas allí con a boca ixuta tot demandando misericordia a Dios e a María Santisma. E a l’atro’l día de maitins marchó a veyer a ixa d’os cinco, li dició que ya quereba casar-se con ella, e levó t’adebant o negocio con tanta actividat que antis d’un mes ya yeran acomodaus, e muit goyoso ell de poder ir t’o ciel con una muller que bien vista yera tant buena como l’atra, fueras d’haber-se regalau con ella, que ixo trampis.

Capitol IV


Aventuras de Balbastro


Plegó en a ciudat cerqueta d’as once d’a nueit; e tot sentindo una rondalla se bi amanó e s’achuntó a la chent. Pasada una carrera s’aturón ta cantar debant d’una casa a una mesacha que per o nombre que repetiban en as letras se deciba Lorienta. Veyó Pietro Saputo que un d’os d’a ronda entremistanto os atros cantaban se bi amanó e s’arrepincholó en una reixa no guaire alta, va fer st! tres vegadas, e s’ubrió una miqueta a finestra. Se metió a fer orella con desimulo, e sintió que o mozo deciba:

Paratz cuenta, Lorienta, que no ploretz, pues atra vegada te churo que no ye estau que un eslardón con bella mica de sangre. Pareix estar que ha meso o peu en a maldita piedra que yera como una bola redonda e s’ha fotiu con o tozuelo cuentra a paret d’a ilesia. O Gafet e Resuello son ius con ell, e a yo m’han encargau que lo te decise. Con que bien luego lo habrás aquí. No te chites. Adiós.
E se’n baixó. Marchó a ronda, e Pietro Saputo per divertir-se e pasar o rato, que no sabeba qué fer ixa nueit, s’anyudó un lienzo en a cabeza e se’n tornó en un ratet atra vegada ta la reixa, fació o cenyo, ubrión a finestra, se bi arrepincholó e a moza en veyer-lo: Ai, Conchet mío!, dició muit goyosa; ya me pensaba que no te veyería. Con que no ye cosa de cudiau? E tot decindo isto li agafaba as mans e li’n pretaba. Ell li dició: una miqueta me fa mal a cabeza, pero només que per veyer-te… Conque ista nueit, dició ella con sentimiento, ya no i dentrarás per o corral.
No, contestó ell; e ya me pena, ya.
Paciencia, contestó ella fotendo un sospiro, e van quatre nueitz. Como ha d’estar; ya nos resquitaremos. Agora marcha ta casa; no te faiga mal a chelor d’a nueit; tiene iste pastel de magras e iste pastel de longaniza. Adiós, quiesto mío; marcha, e maitín no salgas de casa.
No en saldré, dició ell; adiós, alma mía.
E se’n baixó d’a reixa e s’alpartó aventau, no estase que a trapaza levase t’allá a Conchet mes luego d’o que yera menister e esdevenise una barbaridat.

E li fació honra o present, perque mes a o caso li veniban as magras e a longaniza que os sospiros e as morisquetas d’a moza; como que en tot o día no heba minchau que un par de uegos que agafó en un molino; e chentando e cenando de vez s’andaba a la bimbola de carrera en carrera. Remató a la fin en o río, e dició: tot me va bien. Agora que teneba set con ixe regustet d’as magras que, anque tiernas e delicadas, son una miqueta saladas, cata que soi en o río. Pero no podeba baixar ta l’augua, e tot veyendo un puent per ell se i va ficar, e de l’atro costau un churro perén d’augua. Isto ye una fuent, dició: e amanando-se-ie e baixando-ie con muito cudiau uns gradons, perque yera fosco como boca de lupo, plegó en o churro que sentiba e en bebió de muit buen implaz. Se posó en un escalerón, remató as magras e se capuzó con a longaniza; tornó a beber, se chiró ta dormir e fotendo-se os zaguers muesos s’adurmió.


Antis que i plegase o día e con o día mesmo, perque a chent de Balbastro ye prou fainera, en bulliba per as carreras e per dencima e per dezaga d’a fuent, e Pietro Saputo no se revellaba; dica que i plegó una mesacha a escar augua. Ell, una miqueta esbrunciu, pero desimulau, li preguntó si conoixeba bell mayestro sastre que lo podese afirmar de chulet; e contestó a


moza: –En casa nuestra ha de cusir hue o nuestro, que per ixo yo he amaitinau una miqueta mes. Si queretz venir-ie, allí podretz fablar-li. Acceptó Pietro Saputo e siguió a la suya graciosa guida. Plegón en a casa, que bi yera en o vico, e malas que lis racontó a o pai e a la mai o que heba pasau, e adhibindo-ie Saputo as mentiras que li pareixió, e tot satisfendo as preguntas impertinents, anque sencillas que li fación, lis va fer plegar o sastre un mandau que deciba que perdonasen, que ixe día no podeba ir-ie, perque a suya muller teneba lemos. –Ixo rai, dició ell; yo tallaré e cusiré os vestius. E antis con antis millor, sinyoras duenyas mías; vienga ixa tela u panyo u o que siga, e a mirar a quí he de prener yo as midas. O que me manca son estixeras e a resta de ferramenta de l’oficio; pero m’apanyaré con o que bi haiga en casa; perque en iste mundo només que bi ha dos cosas que no se pueden suplir, que son, o pan e a buena muller. Fació dimpués posar-se a o suyo costau a la mesacha t’amostar-li-ne, asinas que o pai marchó a-saber-lo de goyoso e a la mai li se sotobaba o corazón de gusto. E se pasó o día sin atra novedat digna d’estar quaternada, si no ye que ell conoixió que a mesacha li s’aficionaba platera e determinadament, e ell sin saber per qué tamién se feba contento de tener-la cerca e mirar-la-se; que anque labradora, teneba a-saber-la de gracia en tot e charraba e escuitaba con gran amabilidat. Pues fiera, lo podría estar a suya mai, que ella yera bien polida, e una rosa de l’amor en ubrir o cocullet.


Ya quasi de nueitz u entre lusco e lusco, hora en a que ixos chornalers gosan prener-se un ratet de descanso ta deixar lasa a vuixiga d’o suyo conteniu e a fonsera d’os gases, lis dició que con a suya buena licencia marcharía un ratet ta la carrera ta ixoriar-se. E se’n salió, pero con animo e proposito de no tornar-ie, perque no podeba estar tranquilo con o quieto de l’oficio que agún li pareixeba poc disbraz, e s’esbrunciaba tot o día en que sentiba trucar, no estase a chusticia que i veniba t’agafar-lo.


Dondiaba per as carreras un famoso entierro que s’endrezaba ent’a seo, e con a chent lo siguió e se ficó en a ilesia. Tanyón a-saber-las de sinfonías ta o muerto, que yera una doncella de alto u baixo deciueito u vente anyos d’edat, filla d’una casa prencipal, plena d’adornos  muit polius e un vestiu de muita riqueza, con un velo suelto guarniu d’oro, e en cabeza una diadema de muita valgua seguntes brilaban as piedras. Durón quasi dica as diez as sinfonías e o canto, e dimpués rematón e ficón a muerta en una capiella, l’arrodión de luces e marchón totz, fueras de Pietro Saputo, que dició ta os suyos adintros: Yo ta dó he de marchar? Aquí podré fer nueit, e no cal parar cuenta de que me busquen os flaires; maitín Dios tornará a fer o día e veyeremos qué conviene fer. E tot decindo isto s’acofló en un arca u banco d’atra capiella debant d’a muerta, encomendó a Dios o suyo cuerpo e alma, e se paró ta dormir si ye que o suenio no li feba fuineta, pues lo sentiba venir a escape.


S’adurmió bien luego, que ya n’heba menister dende a nueit pasada; pero ye de dar que o suenio yera tant lixero como dura a tabla en a que descansaba, pues sintió a deshora un reganyo que li fació devantar a cabeza. Yera o rudio d’una puerta. E dimpués veyó dentrar-ie (perque a luz e luminaria d’os cirios que cremaban en honor d’a defunta empliban a ilesia)  dos hombres que s’endrezaban ta la capiella d’a depositada. I plegan, e la un d’ells, que yera un mozo d’alto u baixo ventiquatre u ventiséis anyos d’edat, prencipia a despullar-la d’as suyas alfayas e diadema, e de vez iba calando-li atros que ell portaba prou parellanos a ixatros. D’ixo podió entrefilar-se que os d’a muerta yeran finos e que os que li calaban falsos e només que ta la vista. Rematón de despullar-la, e dando o choven a l’atro una pocheta li dició:


dica aquí ta partir, a resta ye només que de yo: astí has os trenta escudos d’o pacto e marcha ta la sacristía.

En ixas que marchó, e o mozo s’amanó ta la muerta e l’acarrazó e li fació a-saber-los de besichons, e pareixeba que iba dillá, quan Pietro Saputo sin poder-lo sufrir, e xorrontau, agafó de l’altar d’a suya capiella un candeler meyano de bronze e enrestindo-lo con toda a suya fuerza encertó a o mozo en o huembro e en o peito, e cayó en tierra fotendo un chilo que feba miedo de sentir-lo. Bi acudió o sacristán u achudant, lo veyó desmayau, s’espanta, corre a escar augua, li’n arrulla en o rostro, se reviscola o mozo, lo devanta, e esbufaliu e zarrando os uellos d’a horror e tant muerto como a mesma defunta lo se levaba l’atro meyo caminando meyo arrocegando-lo; en ixas que preneba Pietro Saputo atro candeler e fendo antis caragol con as mans e chirau cuentra a fusta de l’altar, fotió un gramiu tant furo que pareixió que s’esboldregaban as columnas d’a ilesia tot ixordando-se toda e menazando os suyos alters revoltons; e dimpués arrullando o candeler con rasmia, li fotió a o sacristán en a espalda e lo estalapizó en tierra con o mozo que ya quasi yera en as tres pedretas. Allora li mancó tamién a ell l’animo, e pareixeba que os dos iban a quedar-se allí muertos d’horror e de l’espanto. Pero no fablaban; e dimpuesas d’esforzar-se e de sacar entre niervols e mortals angunias e sudors fredas un aliento que pareixeba o d’as bocadas, podión plegar en a puerta per do i dentrón, e la trancón, e se sintión dimpués atras mes interiors. E ya tot susegau e tornau en un silencio machestuoso e solemne, s’embolicó Pietro Saputo con os mantels de l’altar d’a suya capiella, per si belún lo podese veyer, estase como estase, e se pasó a ixatra d’a depositada. La se miró ta o rostro, e pareixeba con a suya serenidat e apacibilidat que li daba as gracias per tant buena acción e esfensa como li debeba. E chafando con os peus qualcosa, veyó que yeran as prendas que li heban sacau a la muerta. Las replegó todas, e calando-li-ne con gran respecto en o peito e apanyando-li muit bien o velo e o vestiu, li ficó en as mans un papelet doblau que deciba, tot escribindo-lo con un lapiz que portaba con ell:

«Hue de nueitz, entre as dotze e la una, dos hombres malachent, e descomulgaus han cambeau as alfayas e adornos d’ista doncella e se’n levaban os que portaba ella. Quereban pasar a profanar-la; pero atro muerto que invisiblement la cosiraba l’ha esfendida d’a ofensa que iban a fer-li, e ha replegau as prendas furtadas. Si se quiere saber quí son os desalmaus que tant gran maldat preixinón, se pare cuenta en quál d’os sirvients d’ista ilesia ye graument estronfinau d’a espalda, e ell en ye un e en sabe de l’atro». Feito isto e quan marchaba veyó una cosa blanca en tierra, la replegó e trobó que yera a pocheta d’os trenta escudos que o rebordenco d’o choven heba dau a o sacristán e que iste heba deixau cayer sin aturar-se a replegar-la. De yo son, dició; perque anque los faiga vociar a o pregoner, de seguras que no i vendrá o suyo amo ta demandar-los. E con isto se retiró ta la suya capiella, tornó os candelers en o suyo puesto, e se repuntó en l’arca.


Pero d’a scena que heba visto li empecipió a naixer en l’animo un espanto tant granizo que li se metión os pels d’a cabeza punchunudos e li fuyiba a fuerza d’os miembros e a vida d’o corazón. A la fin, pensando en ixa acción tant caritativa, e tant heroica e santa que heba feito se’n fue asusegando e aguardó o día.


Se metió a pensar en o suyo estau, e dimpués de veyer-se a rienda vegadas en poder d’os aguazils de Uesca e d’esmuyir-se-ne atras tantas de casolidat, e a malas penas, tot ixo en os suyos preixinallos, determinó de fer a mes arriscada e graciosa chanada que garra hombre   mai no ha preixinau, como se veyerá en o capitol venient.


Capitol V


D’o que fació Pietro Saputo ta esmoscar- se d’os aguazils


¡Oh, libertat preciosa, no igualada a l’oro

ni a o bien mayor de l’amplisma tiarra!
¡Mes rica e mes goyosa que o preciau tresoro
que o mar d’o Sud n’o suyo nacar zarra! con armas, sangre e guerra,
con as vidas e famas conqueridas en o mundo; paz dulce, e amor fundo.
Que o mal alpartas e enta tu nos clamas Solo que en tu s’anida
oro, tresoro, paz, bien, gloria e vida.

No quereba Pietro Saputo tresbatir iste oro, iste tresoro, ista paz, iste bien, ista gloria e ista vida que tanto apondera aquí o poeta, e que con només que un nombre siempre dulce e amau clamamos libertat. No la quereba perder, e ya yera sin ella, perque a verdadera libertat ye igual en l’esprito como en o cuerpo, e ell teneba l’esprito tant oprimiu per a garchola d’o miedo, que en garra puesto s’asusegaba e de garra manera se feba contento, como si con una cuerda elastica dende Uesca li hesen ligau l’alma, e ell luitaba per trencar os ligallos, e no podeba. Feba d’o suyo cuerpo o que quereba, e con tot e con ixo no yera libre, perque con a cerola d’a chusticia e de que totz os hombres li pareixeban menistros d’ella, no teneba paz ni descansaba, ni gosaba mirar-se a qualsiquier que pasaba per o suyo costau. E si estió muito aponderamiento decir, como lo dició bell filosofo antigo, que l’hombre sabio e chusto mesmo en a esclavitut no deixará d’estar libre, pero sacando una miqueta d’ixe extremo a ista opinión sistematica e metendo-la en l’atro termino, ye innegable que en a libertat d’o cuerpo no bi ye o suco de l’animo, e que quan iste ye mancau d’ella, tamién li manca a aquell perque no s’asegura. Asinas que padeix l’hombre muitas esclavitutz, u esclavitut de muitas maneras, que se pueden reducir només que a una explicación cheneral, decindo que ye causa d’esclavitut tot ixo que oprime u inquieta l’animo, e que per consiguient només puet estar verdadera e siempre libre, l’hombre chusto e animoso, l’hombre de bien e sereno, l’hombre de consciencia clara e pura que cosa teme, mes que mes si s’aconhorta con a suya suerte, e no li causa desusiego ni lo deshora l’anglucia u belatra pasión chitada a os suyos amalvezaus terminos. Do quiera que iba Pietro Saputo portaba con ell a garchola d’o miedo, como s’ha dito; e fendo un poder per trencar-la dio en un preixinallo diabolico e se ficó en una temeridat que només que ell podeba entrefilar-se e d’a que només que ell podeba salir-se-ne con l’esmo sano.


Yera, pues, en a suya capiella d’a ilesia rechirando o suyo prochecto tot aprevenindo os casos e dificultatz que do quiera podesen devantar-se; e a monico-a monico e sin ell bochar-se fue plegando o día. S’ubrión as puertas, i dentró a chent, e quan li pareixió se’n salió t’a carrera e fue ta las botigas e mercó tela, filo, seda e tot o que li caleba; se levó un pan e unas salchichas, e feito un balotet con tot marchó d’a ciudat río entalto. Plegó en un puesto retirau e amagau; se posó e prencipió a tallar e dimpués a cusir un vestiu de muller tant poliu, que quan lo se caló ell mesmo se pensó que yera realment una muller e como si d’ixa condición hese naixiu. S’acotració tamién o pelo que lo teneba negro e largo; e apanyau, poliu e escoscau quedó convertiu en a mesacha mes monyonya de toda a tierra, tant satisfeito e goyoso que dubdó si tornaría qualque vegada en a suya vida t’o vestuache e pensamientos d’hombre. A escape se minchó o pan e as salchichas, que ya yera hora perque o sol yera ya amagando-se en a sierra de Monegros, bebió d’o río, tornó a aguaitar e a aguardar una miqueta, zalamió como si estase una doncella afalagada, remató e tot despullando-se e embolicando o vestiu de muller marchó a fer nueit do lo menasen os peus e a suya buena ventura.


Como veyó en salir d’a clamor un lugarón, arrepincholau en os primers monts, s’endrezó t’allá aloixando-se en a primer casa que i trobó ubierta. Cenó muito e sabroso, pagó bien  a la duenya, que yera una pobra mai de quatre fillos e sin mariu perque treballaba en atro lugar, adurmió en una cadiera con una manta en a cocina, e con o día se despidió d’ixa humil posada e marchó d’o lugar e dició: a cascar-la, aguazils. E dito isto hopó d’allá tant aventau que no lo podese encorrer sisquiá con a vista o mes lixero andarín d’o mundo.


Ta dó plegaría ell en un día si no s’aturase?, e ixo que no iba per camins, siempre campo a traviés, que no tot yera plan e de paso dreito. S’aturó a minchar en un lugar, e a vulcar o tiempo en un bosque, dimpués en un tozal, dimpués en un río a on se vistió de muller e esgarró e aventó o vestiu d’hombre; e quan plegó a tardada se trobó amán d’una población prencipal, do bi heba en un costau un edificio granizo e distinguiu que per bell sinyal conoixió que yera un convento de monchas. Ixo ye o que yo buscaba, dició: ai d’o mío inchenio, ai de toda a estrucia e rabosería que me dion o mío pai e a Popila d’Almudevar! Astí ye do yo he de dentrar-ie, perque asinas l’ordenan a necesidat e o miedo que en iste caso son només que una sola persona. E, qué vida ha d’estar a d’ixas mullers que fuyen d’o mundo sin saber per qué e que o mundo lis bufe a pocha? Astí viven trancadas mirando-se e satisfeitas d’ellas mesmas como augua divina d’a suya corrient, como peix en peixera, como cullebra tapada en o suyo forau. Astí viven solencas, mullers solas, mullers siempre e només que mullers entretenidas en rezar latins que asinas los entienden como yo sé si flai Toribio o d’o penyazo quedó vivo u muerto en a capiella. Pues astí s’ha de ficar, e ha de dentrar-ie Pietro Saputo, e astí he de vivir o que pueda, a la moda amullerada dica que torne barrenadas a meya dotzena d’ellas u yo me’n torne e haiga de salir fuyindo e tornar-me-ne ta iste mundo que agora yo voi a deixar sin despedir-me ni decir-le: para cuenta que hopo.


Ditas istas parolas se fació un buen xalapón en o vestiu, se desacotració una miqueta o tocau e o cabello, se dio dos u tres esgarranyazos en a cara e un fuerte lapo en un costau, s’embardó una miqueta una calza e se metió fiero con belatra trapaza; tot representando una mesacha fuyida de miraglo d’as mans d’uns desvergonyaus e cans de trachiners que querión violar-la. Sacó a color de tristura e desaconhorto, se mulló e s’estregó os uellos con diez ixalivas e una miqueta de tierra, e asinas parau plegó en o torno e trucó o cimbel; respondió


una voz naricosa con l’Ave María de costumbre, e ell tot fotendo firmes sospiros e sin tartir pretó a plorar como desfogando-se d’una gran angunia que li rebutiba d’o peito e lo afogaba. A la fin podió fablar, e a las cient preguntas que li fació a naricosa mai, podió decir que yera una mesacha que i plegaba muerta de miedo d’os hombres, que Dios la heba salvada d’as suyas mans dos vegadas ixe día, quan iba t’o lugar d’una tía pobra e malauda ta cudiar-la, ta do la levaba un tío, chirmán d’o suyo pai a qui uns ladrons ligón de peus e mans. A revelle     o diaple, o que podió inventar e dició allí de sopetón ta que per caridat e dica saber d’o suyo tío e gritar a un chirmán que teneba que yera teller u pelaire en tierra plana l’almitisen en o convento! O que sospiró e ploró e fació o papel de punta, de plano, de costau e de revés en   un inte! A tornera condescendió en avisar e clamar a la priora, a qui prencipió de nuevas a racontar-li, siempre chemecando, as mesmas e atras cient falorias, e a plorar e a esbarrar ta  que de compasión e como criada per qualques días la prenese, si ye que no se pensase atra cosa, a la fin l’almitió e li ubrión a puerta.


Capitol VI


Pietro Saputo en o convento


No prenió l’habito de moncha, como quiere decir belún e creye o vulgo ignorant, que mesmo han plegau a afirmar que profesó e vivió tres anyos en o monesterio. Tot ye falso, tot invención e chanza d’hombres charraires e chuzons. E ta qué? Ta rematar con una faloria absurda, infame e fastiosa que fa ansias e vergonya. Res d’indecent, cosa de negro ni de mulato pasó en ixe convento; de gracioso e amable, sí, a rienda, perque no culliba atra cosa en a edat e reparo de Pietro Saputo, ni en l’amabilidat e virtut d’ixas sinyoras.


Malas que ya l’heban almeso, e ya adintro d’as reixas, que allora no yeran tant niquitosas ni tant fuertes ni pretas como dimpués se tornón en totz os conventos como coticia necesaria contra a floixera humana que adintro s’acubilla, e tot decindo-lis que se clamaba Cheminita, la destinón en primeras t’achudar en a cocina, e la van fer achudanta de cocina. Li resultó aspro, fastioso e afrontoso; pero ta la suya suerte, en tres u quatre días li preguntó a mai priora si en sabeba de cusir, e dició que bell poquet a la moda e implaz d’a chent d’o sieglo; e ta prebar li dio ta cusir dos pars de zaragüelles d’un reverendo que yera estau guardia que malas luengas en deciban que yera estau e encara yera l’amor mes tierno d’una chirmana d’a priora, acomodada en o lugar e alavez ya vidua; e ixo, como puet veyer o lector, maldita a gracia que li feba a la bienaventurada moncha.


Bien luego conoixió a priora que Cheminita cusiba con mes primor que as mes reputadas entre ellas, e amostró a labor a atras monchas, e lis va pareixer tant bien a todas, que per alcuerdo unanime u mes que mes per aclamación la quitón d’a cocina e la declarón a doncella de labor d’a comunidat, tractando-la con a-saber-la amorosidat, e precurando as mes d’ellas amostrar-li-se muit suyas, perque bien lo mereixeba a suya modestia, a suya afabilidat e buena gracia.


S’encarretón d’ell muit especialment dos novicias que bi heba quasi d’a suya mesma edat. La un perque de chicorrona s’esmorró en o fuego d’o fogaril e se vulcó dencima una olla d’augua borbullent e s’heba cremau o cuello e tot un peito, os suyos pais se pensón que heba quedau inutil ta o mundo e dende ixe inte la influyón ta que estase moncha, deixando-se ella influyir e a la fin decir que sí, prou innocentment, a tot o que li proposaban, igual si quereba como si no. E l’atra, vecina e amiga d’ella, la siguió pocos días dimpués, només que per fer o mesmo; e levaban allora de seis a siet meses d’habito.


Istas dos mesachas, pues, li amostrón mes amorosidat, per estar d’a suya mesma edat, ya que a mes gran, que yera a cremada, teneba setze anyos e bell mes; e l’atra no mes d’ixos meses menos. Ta vivir-ie e fablar-se e tractar-se mes librement rogón a la mayestra de novicias que demandase a la mai priora a gracia de deixar dormir a Cheminita en o noviciau, a mayestra yera de natural indulchent, e li fabló ixe mesmo día a la priora, que per fer contentas a las quatre lis concedió o suyo deseyo, e isto va pasar a las dos semanas chustas de que hese dentrau ell en o convento.


Parando a mayor ficancia en tot iba ell ta no descubrir-se; fablaba poc e de cutio con oportunidat e agudeza, pero sencillament e como si estase cosa natural e sin alvertencia. Asinas que només que con as suyas parolas e buenos modos s’heba de ficar en o corazón e en as coradas de todas ellas, e asinas pasaba, mesmo e tot acarrazar-lo e fer-li besichons as viellas e as chovens quan lo sentiban parlar con tanta discreción e sabiduría. Pro a fes, ell se deixaba acarrazar e besar, ta que no malfiasen, pero per un regular no gosaba tornar istas morisquetas. Como que li se queixaban con amor d’o suyo refús e insensibilidat. As que mes se queixaban yeran as dos novicias, perque tamién yeran as que mes lo afalagaban. Se clamaban ellas la un Chubaneta e l’atra Paulina. Chubaneta yera a d’o peito cremau.


A Paulina li heban feito a-saber-la cerola os muertos e os folletz, e agún li’n feban; per ixo yera que a mayestra de novicias lis permitiba qualque vegada dormir chuntas, cosa que no se feba ni aprebaba o regle. Apolargón ista libertat dimpués que i dentrase Cheminita, e bella vegada dormiban as tres chuntas, deixando ell correr siempre a ignorancia d’ixas mesachas.

A la fin s’habió de descubrir e un día lis dició que yera muit trista perque li pareixeba que se yera tornando hombre. Se’n arriguión ixas innocents ninas; e ell terne en que yera verdat, e ellas limpio arreguir-se-ne e no fer-ne caso. Pero como per ixo no deixaban de clamar-lo como antis, lo habión de creyer, pero sin sospeitar l’enganyo e lo prenión només que como un caso prou rarizo e quasi miragloso. Perque dubdar que i dentró muller sisquiá entre- filar-lo-se podeban. Asinas que pasón quasi dos meses d’ista manera con a mayor normalidat e naturalidat d’o mundo e sin garra escruplo ni reparo.

O periglo mes gran que siempre corrió o suyo disbraz estió que ixuplidase o papel que feba e descubrise que sabeba leyer, e prou que i paraba cuenta, no agafando garra libro en as mans per mes que los veyeba en todas as mesas, bien que achiquius a breviarios, diurnos e devocions cristianas; e si qualque vegada n’ubriba belún lo se miraba un ratet e deciba: isto ye o… e ista, ele, e nombraba tres u quatre letras, siempre as mesmas, d’o que se’n arreguiban a rienda as novicias e as atras monchas. E dengún no s’alcordaba d’a suya familia ni se prebó d’escribir a o suyo lugar.


Encara fació unatra chanada. A organista yera una coixa, que fueras d’ista falta e a d’un dient, yera prou graciosa e a mes aguda e atrivida d’a comunidat; de casa pobra, e a qui bi almitión per o suyo oficio. En pasar un día Cheminita per a suya celda i dentró e va veyer que amagaba de sopetón un papel puerco e li dició:

Perdonatz seror Nazaria, pero ixe papel, si ye escrito yo no he de leyer-lo, e escrito u no, ha d’untar tot o que toque seguntes he visto.
Encara que unte, contestó a moncha, lo fico aquí bien cerqueta d’o corazón perque ye d’una persona a qui tiengo fincada en metat d’a mía corada; e lo te digo perque yes discreta. Siente o que contiene: «Dulcisma e graciosisma paloma mía: me fan ir a pedricar tres sermons, e tardaré dos sieglos a tornar-ie, que dos sieglos e mes han d’estar ta o mío malaudo corazón dos semanas que he d’estar sin veyer os tuyos uellos amorosos, sin sentir a tuya voz incanta- nadera, sin alufrar o tuyo rostro henchicero, sin dar-te ni replegar ixos quiestos acarrazos de tu e de yo només conoixius. Si puedo, bi iré a despedir-me; pero per si un caso escribe-me hue de tardis, e preta-li a o papel una dotzena de besos como yo li’n preto a iste ta que tu los replegues. Prenda mía! Duenya mía! A tuya imachen, que siempre tiengo present, ha d’estar o mío idolo en ista ausencia, asinas como tu, ausent e present, yes a mía vida e a mía alma. Tuyo N.»

Tierno e inamorau ye o subchecto, dició Cheminita; pero o suyo papel mereixeba atro cudiau, que a la fin dirán que hetz escoscau con ell a lampa u embolicau una morciella rustida.

Ye, dició a moncha, que lo m’ha ninviau adintro d’un palomet cueto e farsiu. Tamién yo li ninvío os míos en dulces, bizcochos, en o que puedo.
E, qué en sacatz, decitz-me, li preguntó, d’ixos amors si no podetz veyer que de luen e siempre con una reixa en metat, ni tractar-vos que per escrito? Qué gusto pueden tener uns besos que vienen embolicaus con tot un palomet guisau, que fa ulor d’especias e tant envescaus?
No lo entiendes, contestó a moncha; si no estase per isto nos moriríanos todas a pur de badallar e aburridas. Perque has de saber que fueras de beluna de gusto prou soberbioso, como a priora e seror Mercedes, todas tenemos cadaguna o nuestro cadagún, e unas tractamos con un flaire, atras con un cleigo, atras con atro que li s’agana, e asinas, filla mía, tenemos aqueferau o corazón e entreteniu o pensamiento. E si ixos hombres podesen dentrar-ie… E no ye dificil, perque yo ya sé de qué manera e per a on; pero o de yo ye flaire e se sabría, que si no… Pues, como deciba, si podesen dentrar-ie, todas nos malmeteríanos, perque tot sería a rebullo. O nuestro amor ye mes violento que si estase en a libertat d’o sieglo. Yo me’n alcuerdo que querié bien a un choven antis de venir-ie, perque i venié ya de vente anyos e en fa nueu que i soi, e ixe amor no me feba garra desespero, como iste de vegadas me’n fa, e como yo sé que lis pasa a atras con os suyos. Perque aquí o que ye de cara ta difuera, muita humildat e mansedumbre, muita paz e tranquilidat; pero cara t’adintro i son as barallas e as furors, e l’abraixar-te, e sulsir-te o fuego, e l’esclatiu e a remor d’as flamas que t’acarrazan e te creman toda. Mesmo a mai priora ha teniu as suyas trafucas, e talment encara hue en tien, pero prou que lo amaga u talment per a edat no siente ya con braveza. E seror Mercedes, si no en tien, ye perque diz que qui li ha d’agradar e mereixer o suyo amor ha d’estar muit superlativo, e amés muit prudent ta saber sufrir e callar,  e no andar fendo-se l’inamorau   e o sospiroso, e menos decindo ninadas fendo-se tranya per todas as chunturas. Cadagún tenemos o nuestro gusto e as nuestras aprensions.

Yo me pensaba, dició Pietro Saputo tot fendo-se l’esminchau, que as monchas yeran todas santas.

E lo semos, contestó ella; pero falsas e que fan a momenta: d’as verdaderas ya no en queda. Mira-te: dicen que o mundo, o diaple e a carne son os enemigos de l’alma; pues yo t’aseguro que en garra puesto la se levan tant de baldes como en os claustros. Ye verdat que
o mundo no nos s’ufre per plazas e palacios, no nos enlucerna con a suya grandaria e simias apariencias; ni se pareix en l’estau e vida que seguimos; pero plega en as nuestras reixas e nos dentra per ellas con todas as suyas borrustacas, e nos taca agún mes que a ixos que lo composan. Aquí se pregunta e s’averigua tot o que pasa en o lugar, e o que gastan ixe e ixatra, e d’a on e cómo, e o que fabla e tracta e s’escudia a doncella, e o que enganya a casada, e o que folgó a vidua; conoixendo per días e mesmo per horas a vida d’o cleigo, d’o facultativo, d’o caballer, d’o villano, de totz en una parola, grans, meyanos e chicotz; e lo pensamos, e lo rechiramos e lo morgoniamos, e a invidia, o chuicio temerario, u a mes refinada perversidat, nos deixa sulsius, nos fa contentas e da venganza. Pues entre nusatras (e aquí i dentra o diaple), palometas sin fiel, torterillas ayoyaderas d’a soledat, oh, qué tela, dició o sastre!; oh, qué innocent, dició o novio!; tot ye faltar-nos, criticar-nos, calumniar-nos, espelletar-nos; tot ye soberbia, pasions, solfas, quimeras, bandos, tricoloteos, zelos, rancors, invidias, barucas, e

terne con ista ficción e hipocresía, clamando a o mundo perdiu e relaxau, e fendo que damos gracias a Dios per haber-nos liberau d’os suyos periglos.


O diaple d’a bamba, que si atra cosa no en trobase se foterá con una vorruga, nos tien mes afocinadas e esclavizadas que a las mullers mes fatas e profanas d’o sieglo. Mái no nos claman ta o locutorio, no siga que nos pasemos revistas e faigamos masiada pacha con o mirallo, ta que o velo caiga asinas, vuele asinetas, chugue d’ixa traza, descanse d’ixatra; e que a toca, e os plegues, e a correya e a cadena e l’escapulario digan qualcosa a qui nos se mira, como si per muito que nos escosquemos podesenos deixar d’estar mullers visions e polidezas de gosario, cuentra mes que os flaires deixar de pudir a sobaquina.


Pues en o tocante a la carne, ya t’he dito o que nos pasa, perque tant esbarrada ye aquí, e bella vegada tant mal avezada, como allá difuera, e siempre mes carranyosa, u a lo menos mes facil e rebelde, encara que menos libre e satisfeita. Pero yo, Cheminita, me miro todas istas cosas como si estasen l’aire d’un ventallo e te digo e aseguro que si diez vegadas naixese, diez vegadas me metería moncha, dau que estase ta pasar aquí l’infierno e allá o purgatorio; u a la contra, e me surtiba un pan como unas hostias. No sabe, no, a chent d’o mundo o que pasa en os claustros, ni lo podrían entender sin veyer-lo ni experimentar-lo. Oh, qué diferent lo chuzgan e lo creyen totz, igual como yo mesma lo creyeba, que aquí adintro m’entrefilaba yo a innocencia e a vida d’o paradiso.


Muit enganyada, pues, viviba yo, contestó Pietro Saputo; e encara que en os días que fa que i soi qualque cosa he visto, pero no tanto como tot ixo.

Perque sotz muit nina e no tenetz malicia, dició a coixa; creixetz, creixetz, cambeatz   ixe habito per ixatro nuestro, fetz a cruz e o nyudo gordiano d’os votos, e allora lo veyeretz     e lo me racontaretz si queretz decir a verdat. Mira-te, pues, qué punto iste d’a verdat. Aquí, Cheminita, se miente mes que en una feria, mes que en a botiga d’un mercader sin consciencia; e a que diz a verdat, de seguras que li cayen dencima a mofla e o disprecio de todas. E para cuenta en confitar con beluna, perque no se sabe o que ye a leyaltat, e d’a caridat només se’n conoix que o nombre.

Con tot e con ixo, contestó Pietro Saputo, creigo que hetz aponderau una miqueta muitos defectos prou lixeros, e que hetz monts en a plana.Yo no los me miro con veires d’augmento ni d’a color d’as pasions; yo i veigo caridat, indulchencia e buen esprito, e no i trobo ixa discordia de l’infierno que tot lo leva, seguntes decitz, a punta de luenga e fizón de gripia. Perque, qué son qualques esbarres, qualque pleitina, bella chicota contradicción? Entre chirmans se’n vei, e mesmo entre pais e fillos, e no per ixo deixan d’estar o que son, e dimpués lis s’ixuplida e tornan a tractar-se e fer-se confitanza como si garra cosa hese pasau.

Pero deixando tot isto, si vos pareix, no querebatz amostrar-me a leyer e a tanyer l’organo?
Si a mai priora quiere e te deixa, respondió a moncha, per yo de buen implaz. Demanda-li a gracia; sí, sí, demanda-li-ne e feremos buena pacha.
De resultas d’ixo, li’n fabló a la priora e li atorgó a gracia, tot entrefilando-se que si a la mesacha la podeban sacar una miqueta letrada e organista, se i quedaría de segunda e la profesarían de moncha d’obediencia. E prencipió o suyo estudeo aprendendo a paleta d’a Chesús e tecleyando de contino en un instrumento que teneba a coixa en a suya celda.

Querió ista amostrar-li tamién a solfa, e ell dició que o que importaba yeran as letras e as teclas, que ixatro i plegaría mes t’adebant; e en ueito días fació que aprendeba e conoixeba todas as letras d’a primer ringlera d’a paleta dica l’H, d’o que en yera prou tova a coixa. E bell ratet cusindo, atros tecleyando e servindo tamién a la priora e a belatra moncha d’as prencipals, e trazoniando belatro ratet con as novicias, se daba prou buena vida.


Capitol VII


Se descubre a las monchas


Poc dimpués de dos meses li pareixió que a borrina d’o morro li s’iba pretando decamín, e dició a las dos suyas inamoradas novicias que ya yera hora de pensar en o que heban de fer. Perque si ella (ell) remaniba hombre, como levaba trazas d’estar-lo toda a suya vida, allí no   se i podeba estar, e si as mais lo sabeban, bi habría firme sonada d’estrapalucio e aparatos.

Pues si tu te’n vas, li respondión, nos moriremos as dos de pena.
Callatz, dició ell, que ya trobaré yo a traza ta que vos ne vaigatz vusatras tamién e nos veigamos as tres difuera d’ista garchola, e nos amemos e busquemos e tractemos a nuestra libertat e goyo. Qué, no queretz tornar ta casa vuestra e a l’estau libre que tenebatz?
Sí, sí, dición as dos a-saber-lo de goyosas; pero cómo lo feremos?
Yo ya lo tiengo pensau, dició ell, e vos lo comunicaré quan siga plegada a hora. Agora entendetz que yo no puedo menos que manifestar a la mai priora o que me pasa, e preixi- naatz-vos ya o que en resultará; no puet deixar d’estar a mía salida d’o convento. Pero antis ha de quedar prou ordenau o que toca a vusatras.
Sentiban ellas isto e lis blincaba o corazón de goi perque s’heban ubierto os suyos uellos e veyeban que ixe estau no lis conveniba.

Pareix estar que con muita royura e con bella miqueta de cerola marchó ell ta la celda d’a mai priora e li dició (demandando-li antis perdón e suplicando-li que no la estomaciase),     que seguntes heba alvertiu, feba qualques días que se yera tornando hombre; e que lo yera     ya quasi de tot e cumplidament. A priora en sentir parellana e tant graniza tintoina, que ixo yera ta ella, pretó a esmelicar-se-ne, la se miró fito-fito, e dimpués d’un ratet dició:

Tu, Cheminita, yes barrenada. Qué te pasa, pobrona?, qué ye isto?, tiens carinyos d’a tuya tierra?, u ye que yes en a tuya mala semana e ixo t’atabala l’esmo? No te’n faigas, gritaré a seror Mercedes, que ye a mía amiga intima, e tamién te quiere a-saber-lo, e veyeremos o  que s’ha de fer con tu. Agora marcha t’o coro e reza nueu Pai de nusatros e nueu Salves a o santo d’o día, a o nuestro beato patriarca e a la Virchen d’a tuya devoción; e a las siet horadas  i tornarás e ya veyeremos. Con isto lo prenió d’a man con bondat e lo besó en a frent. Gritó     a seror Mercedes, li racontó o que bi heba, e se’n arriguió tamién muitismo e lo tenió per barucas, quedando ta rematar, en tornar-ie a la hora ya dita.

Marchó, prou que sí, t’o coro Pietro Saputo e rezó o que li mandó a priora, no ta que   os santos que invocaba li tornasen l’esmo que no heba perdiu, que yera ta que, pues iba a salir-se-ne d’ixa seguranza e asilo, d’ixa fosquera e retiro, lo cosirasen d’os aguazils de Uesca. Entremistanto plegó a hora e se presentó en a celda d’a priora do lo aguardaban as dos amigas.

Me pareix, sinyoras e mais mías, lis dició, que a oración d’o coro m’ha rematau de convertir en hombre, no només que perque lo’n soi ya de tot en o mío cuerpo, tamién perque me siento unas fuerzas extraordinarias, e un gran deseyo d’agafar espadas e arcabuces, e d’amontar e correr caballos; e mesmo e tot o rostro m’ha cambeau.
E tot decindo isto esvolastriaba os brazos e pretaba os punyos, e feba a cara fuerte e devantada. E ta preba, dició, catatz e perdonatz (e pilló a seror Mercedes e chugó con ella como si estase una monya, e dimpués a la priora, anque mes gorda); e se’n almirón as buenas monchas, e creyón que en veras yera ya hombre u heba de rematar d’estar-lo bien luego. A

scena fue prou goyosa, os risos grans, e dimpués l’almiración e a impresión d’ixas dos benditas mullers, sin rematar de creyer-se o que veyeban, ni tampoc no deixar de creyer-lo. Ta rematar alcordón no decir-ne pon a la comunidat e dar ueito días de tiempo a Cheminita ta que se reconoixese millor e podese afirmar e ratificar o que remataba de declarar-lis. Las persuadiba muito l’esfuerzo de que heba baladriau, e mesmo a cara que de sopetón lis se feba mes cerenya e que amostraba sinyals d’hombre, quan dica ixe día lis heba pareixiu muller. Tamién lis se representaba mes altero d’estatura, e o suyo cuerpo mes dreito e plano. E bi estión charrando-ne bien dos horetas, rematando-se o consello con a resolución (tanimientres ell yera ya chugando con as suyas dos novicias) de forachitar toda preba que afrontase a pudor u repugnase a Cheminita; encara que estando todas mullers (dició a priora) no habría d’estar tanta a vergonya.


D’a mesma manera proposó a priora consultar a o pai confesor; e a seror Mercedes, que yera mes aguda e cuerda, no li pareixió bien per muitas razons e atros tantos motivos que exposó amplament, resumindo-se en que per a suya parti ni se consultaría a garra chent, ni s’afrontaría a la mesacha, ni quereba tener escruplos; e s’aconhortó a priora.


En ixos ueito días tenión as dos monchas buena cosa de charradas, e siempre quedaban en o mesmo, pero amagando-se la un a l’atra, a penar d’a suya intimidat, que as dos se miraban a Cheminita con atros uellos que la s’heban mirada dica allora, e que la quereban tamién mes e con atro gusto.


No lis n’amagó ell a las suyas quiestas novicias muito tiempo, sino que per si pasaus os ueito días se veyeba obligau a salir-se-ne d’o convento, las n’aprevenió e dició: –Ya veyetz, quiestas mías, que iste estau e ista vida no vos conviene; enganyadas i venietz, u ignorants millor dito e sin saber o que vos febatz. E pues me decitz que vos moribatz as dos en poquetz días si aquí vos i quedasetz, voi a dar-vos a traza que hetz d’inventar e seguir ta salir-vos-ne    e tornar ta casa vuestra. La un ferá que ye malauda e l’atra muit trista. A mai priora habrá d’escribir a os pais d’a malauda; i vendrán, lis demandaretz que vos saquen qualques días, e  ya no i tornatz. A traza como hetz de fer isto…

No cal cansar-se, dició atrivida Chubaneta; ya t’hemos entendiu; yo soi a malauda e Paulina a trista. A os dos meses que te’n sigas marchau, que ya mancará poc ta la nuestra profesión, se fa l’enganyo, e te prometo que surtirá prou bien, quiera que no quiera. Yo remanir aquí? Antis m’arrullo per a finestra mes altera.
E yo, respondió Paulina, m’agafaré d’as tuyas faldas e cayeremos chuntas.
Ta finchir-te malauda, continaba Pietro Saputo…
Que t’encerrinas en estar matután!, lo talló Chubaneta. He dito e repito que ixo ya ye estraliau. Con deixar de veyer-te me s’ha d’esbarrar l’animo d’unas trazas que cayeré malauda tant de verdat, que puet estar que dimpués me cueste meyo anyo de retornanza; e si quiero un anyo. Pero, nos das parola de venir a veyer-nos?
Sí, respondió Pietro Saputo; e vusatras, la me datz a yo de querer-me siempre como agora? Sí, e mes encara, li dición as dos.
E quedón en ixo.

Pasaus os ueito días tornó a presentar-se a las mais, e confirmó e ratificó o que lis heba dito, asegurando-lis que sin remeyo yera hombre, e hombre de tot, e només que hombre; que


li feban fastio os oficios de muller, e que ya li avergonyaban o trache e persona de muller, que per ixo conoixeba que no pobeba continar en o convento; que li feba muito duelo, pero que ya veyeban que Dios en os suyos chucios inapelables e imposibles d’alufrar, heba disposau atra cosa. Oh, quí lo decise!, s’enterneción ixas dos sensibles e apreciables sinyoras. E ell que lo alvirtió, continó decindo:

Yo dica agora he mereixiu d’a bondat de qualques mais, d’as vuestras mercés mes que mes, bella contrimuestra de carinyo que talment ya no m’atriviré a tornar-las-vos igual que antis; e ye atra preba mes d’a mía entera transformación, perque la veigo e la siento en l’amistanza d’unas personas de qui tanta favor e talment estima he mereixiu.
A ixo pon contestaban ellas, se miraban només, e lis pareixeba que Cheminita fablaba mes doctament, e como si dende que yera hombre tenese fincau o saber e l’autoridat. A priora, a   la fin, li dició:
Pues bien, quan quieras, en que te pareixca, determinarás a tuya salida d’o convento; tot deixando platero que nusatras no te forachitaremos; en a tuya prudencia e voluntat lo deixamos.
Yo, lis contestó, no marcharía mai; no, sinyoras, que a-saber-las glarimas veigo que ha de costar-me.
Tamién a nusatras, dició a priora; e dende agora te demandamos que nos mandes noticias de tu, te pase o que te pase. E mientres sigas en o convento has d’estar prudent e no decir-ne cosa a no dengún, mes que mes a las novicias.

Alcordau isto e sin tartir Pietro Saputo sobre o que bi heba en atra parti, lis demandó que li facilitasen ropa, estase a que estase, ta fer-se un vestiu d’hombre. Viene-te-ne maitín, li dición, e l’habrás parada. Ta parar-la recurrión a qualques tunicas e mantetz de santo, perque no en teneban garra atra cosa amán, e ta gorra una tuniqueta de tierzopel morau d’un Nino Chesús Nazareno, guarnida con galons d’oro; e en tres días se fació tot o trache. Cosa en dició a las novicias, e a nueit que lo tenió rematau lo se caló e tot achuntando-las antis en a celda de Paulina se i presentó vestiu d’hombre e con una pluma prou pincha que va ficar en o chapulote, que yera una de pavo reyal que teneba a priora. En que ellas lo veyón, pensón trucar-se d’amor, e en meya hora no rematón de mirar-lo-se, ni mesmo en una, ni en dos, ni en toda a nueit, d’amostrar-li o suyo carinyo apasionau e fer-se contentas con ell e emplir-le de goi o corazón e l’alma.


A l’atro’l día proposó e li pareixió bien a la priora, que de nueitz, dimpués de cenar, se vestiría en a suya celda ta que lo veyesen ella e seror Mercedes. Se bi achuntón, e ell ta que fese mayor efecto lis rogó que lo peinasen e lo acotraciasen como un hombre e caballer, e ellas lo fación de muit buen implaz. Dentró en a cambra, se vistió, se caló o chapelote una miqueta decantau, e con una gracia e guallardía capables de fer esbulligar-se a una santa pintada, sale e s’atura difuera d’as cortinas tot mirando-se afable e enrisallau a las monchas, que en veyer-lo creyón que yera una visión d’o ciel. tant rufo yera, tanta yera a suya polideza, tanto o suyo aire e a suya guallardía. Asinas que las se miró una miqueta, e sonrisando-se con una ternura que regalaba a nieu, e con os uellos enrasaus de glarimas, corrió ent’a priora con os brazos batalers, e dimpués enta seror Mercedes, e ellas lo recibión con o mayor implaz que podión perque ni la un ni l’atra sabeban o que lis pasaba; e només lis se feba que ni Cheminita yera Cheminita, que yera l’anchel de l’amor, ni ellas seror Fulena e seror Zutena, que yeran atras dos mullers a qui un fuego como un follet interior que nunca no heban sentiu lis yera esmicazando o corazón e lis yera furtando a razón e os sentius.



A l’atro’l día lo gritó seror Mercedes en a suya celda, e tot trancando a puerta dició: –Dende o primer día que nos charrés d’o que dices que te pasaba, he estau pensando cómo podeba estar; e a la fin, Cheminita, he puesto entender, e creigo que soi convencida, e dengún no me ferá creyer atra cosa, que tant hombre yeras quan i veniés t’o convento, como agora, perque ixa transformación habría estau un miraglo muitismo gran, e tant gracioso como gran, e no lo heba de fer Dios asinas ta vulcar o tiempo e chuego. Pero siga o que siga, no t’obligaré a que me descubras o misterio d’a tuya persona e ixe d’a tuya arribada en ista casa, perque misterio en ye e no chicorrón per mes que t’encerrines en desimular-lo. Ni tu yes tant fato como fas veyer, ni tant sencillo como quers fer-nos creyer, ni te clamas Cheminita, ni veigo en tu atra cosa que un fundo secreto que bien ferás en no amostrar a no dengún perque asinas ha d’estar mes seguro. Asinas como yo res he dito d’ista sospeita a la mai superiora, perque ye bella miqueta niquitosa e podría trencar per do no sería o caso. A tuya uellada, entre meyas d’a tuya conoixida virtut e serenidat, me diz que ye verdat tot o que soi decindo. Pero yes canso de vivir entre nusatras e quiers ir-te-ne; u has satisfeito ya a tuya curiosidat e

o tuyo gusto. Marcha norabuena, encara que per yo te churo que no te’n irías; e si m’estase posible tamién te seguiría. Perque i venié muit enganyada, e enganyada vistié iste habito,        e mrs que enganyada profesé e acarrazé un estau que si no me fa tant infeliz como a atras, perque no tiengo a imprudencia d’encerrinar-me en luitar cuentra o destín, e m’aconhorto   con a mazada d’o vulgo e d’a resignación animosa, que diz: con os bueis chunyius, a labrar u  a fer uebra; con tot e con ixo confieso que me fa vivir sin vida. Pero d’aquí en adebant, no sé cómo m’irá, perque a tuya presencia e polidisma fegura no me s’ha d’esborrar d’a memoria de qualsiquier traza; no, choven apreciable. E marchas! Te’n  vas agora que t’hemos conoixiu!,    e sin saber quí yes!, sin saber quí ye o que en una edat tant chovenarda tanta discreción ha teniu vivindo entre nusatras, tant suelto ha feito as cosas, tanto amor e incanto ha espardiu en ista casa…! Desimula e que istas glarimas no te se faigan raras… te quiero, choven amable! Sí, ai! te quiero… només te demando… que fables a la fin… e… que m’aconhortes…! E tot decindo isto e plorando li s’acarrazó.

Atro día a priora, encara que con bella retolica e menos franqueza, li venió a decir o mesmo, e tamién deixó escorrer una glarima e li s’eslampó bell sospiro; tot mes templau, u per o suyo caracter, u per a suya edat, perque d’anyos en teneba quaranta-cinco, entre que seror Mercedes en teneba només que trenta-un, e anque d’esprito rasmiudo, yera mes delicada e amorosa.


No sabeban estar-se sin ell ixos días que indefinidament continaba en o convento; e ell per gratitut e per afecto, perque yera imposible deixar de tornar tantas favors, las se miraba con tanta sensibilidat como podeba.


Capitol VIII


Marcha d’o convento


S’espardió que marchaba Cheminita, e bi habió una trebulación cheneral en a comunidat. A coixa, u siga a organista, dició, que dimpués que heba empecipiau a esburriciar-la (una coixa esburriciar a Pietro Saputo!) la forachitaban d’o convento ta que marchase t’atro puesto a lucir a suya habelidat; adhibindo-ie con a suya barra natural que mes valdría que se morisen a metat d’as monchas, e mesmo o pai confesor, que no que se’n ise Cheminita. Una viella clamada seror Bonifacia, que heba estau muit aguda e conservaba encara a valentor d’a suya edat chovenarda, se presentó a la priora e li dició: qué fetz, mai priora? Cómo ye que deixatz marchar, si ye que no la fetz fuera, a ixa polida mesacha, quan l’habríanos de conservar como si estase una reliquia? Dende que ye en o convento han rematau as quimeras e as discordias que antis bi heba; perque en veyendo-la a ella a todas nos s’amansaba o peito e se templaba a rabior. Bien sabetz que seror Venancia e seror Tolomeua nos teneban acoquinadas con as suyas barallas, e que no fa guaires días en trepuzar-se en o claustro nuevo, s’enristión como gripias, que mesmo que se fación xalapons os velos, e s’agafón d’as tocas, e las se rancón, e pasón a ixo que a yo me fa vergonya de decir; e presentando-se allí de sopetón ixa mesacha, l’anchel u o que siga, que iba t’os suyos quefers, e tot aturando-se a mirar-las-se como deman- dando-lis o paso pacifico, remató o combate como per encante, e sin decir-les garra cosa mes con ixa gracia suya tant atractiva, con ixe tono e voz que regala as piedras. Ah, sinyoras, que ixo no lo creyería a chent d’o sieglo de personas tant virtuosas!, s’asusegón e se deseparón, e agora ya se fablan, si no como amigas lo menos como no enemigas. Paratz cuenta per Dios que no faigatz blincar de casa a ixa mesacha, perque fetz-vos cuenta que aventatz d’o convento a paz e o goi.


E deciba bien a mai Bonifacia, perque a lo menos iste bien sí que li’n debeba a comunidat; asinas de gran yera o poder d’as suyas parolas, e mesmo d’a suya sola presencia. Asinas ye que ta tot la buscaban. Cheminita lo ha dito; Cheminita lo ha feito; Cheminita bi ye; Cheminita i dentra; Cheminita sale; Cheminita i puya; Cheminita i baixa; Cheminita i va; Cheminita se’n torna. E tot ixo con razón, e mes e muito mes que fesen. perque si s’ofriba ta curtar bella prenda de ropa, encara que estasen uns zaragüelles de flaire, levaba muita avantalla en facilidat e perfección a la mesma seror Mercedes, que yera as millors estixeras d’a comunidat; si cusiba, deixaba muitos puntos per dezaga a seror Anchels, que yera tamién a millor agulla d’o convento; si bordaba, a suya primor las deixaba mocadas a todas; si vestiba bella imachen, ixo yera ta encantanar-se de veyer-lo; si racontaba falorias, ta cadaguna que en sabeban as mes charraires, en sabeba Cheminita una dotzena. E qué graciosas!, pero de vez muit decents, como ye de dar. E no lis heba de fer duelo que se’n ise!, lis ne feba, e no bi habió moncha ixos días que no lo acarrazase, que no lo besase, que no li suplicase, que no li pretase a man, encara que dicen que en muitas tanto bi’n heba d’invidia como de carinyo.


A la coixa, que una turruntela de l’esprito e d’una borrumbada d’amor li fotió un día una dotzena de besos, perque yera de chenio fogoso, e no creyó convenient decir-le a causa de per qué marchaba e perque li se feba perigloso escubrir-le-ne perque yera maliciosa, e mes que mes facil e rasmiuda. Tampoc no heba a creyer en a suya transformación, e allora caldría 
decir-le a verdat u inventar una historia bien callada que se podese almitir e que no li fese sospeitar cuentra garra moncha u cuentra as novicias.

A la fin plegó o día; garra cosa teneba ya que aprevenir a las dos ninas; e ta que no esmali- ciasen a priora e seror Mercedes, no querió as zagueras nueitz dormir en o noviciau sino en una segunda celda que se comunicaba con a d’a priora, entremeya con a de l’amiga; pero pasando totz os ratos libres d’o día con as suyas bien quiestas novicias; ratos que lo abraixaba muito a medrana con a que alvirtió que lo quereban tener siempre a o suyo costau la un u l’atra d’ixas dos tiernas amigas.


Dio un maitín as seis o reloch d’o lugar; e mientres a comunidat yera en o coro, va salir-se-ne vestiu de muller con o suyo bulligón d’o vestuache d’hombre en o brazo, plorando en breus minutos a suya ausencia todas as mais, mes que mes as dos que tanto lo quereban e tant contentas se fación con ell os zaguers quince días, perque no estión menos os que lo aturón dimpués de tener feito o vestiu. As simpletas novicias ploraban en primeras, pero s’aconhortón bien luego con a essperanza de salir ta la libertat d’o mundo. Quedó a la fin vidua la comunidat; en os claustros reinaba o silencio; as paretz se cubriban de luto; o refectorio yera desagradable, e o coro, inquiesto e carranyoso. Tenión consello ixa mesma nueit as dos consabidas mais, sospirón, plorón, e proposón de fer-lo tornar; pero ya yera tardi; de seguras que ya se’n habría aleixau muito e no sabeban t’a on marchaba. Tornón a sospirar, sintión atra vegada a pena, e en o suyo corazón pasaba muito mes d’o que manifestaban, e a tristura quasi las levaba a desesperar-se. Bien nos s’está, dició seror Mercedes; en a nuestra man bi yera; e lo deixemos marchar! Qué necesidat bi heba mientres mes no pasase? Aconhortatz-vos agora si podetz, moritz en ista tristura. Respondió a isto a priora con un gran sospiro e tot decindo: tenetz razón, pero ya no bi ha remeyo. E yera verdat, perque ell agún no heba feito que dos mil trangos quan se sacó as faldas de muller e se vistió o suyo vestuache, arreguindo-se-ne d’una man d’a innocencia d’ixas monchas, e d’atra sentindo a mancanza que de sopetón  li venió d’a suya cutiana voz e companyía, e de l’amor tant natural e dulce d’as suyas dos anchelicals novicias.


Capitol IX


De cómo Pietro Saputo se fació estudiant d’a tuna


Recobré o mío sexo, dició; u lo menos a suya dignidat e o suyo decoro; ixe ye o sol: a toda a tierra fa luz, e toda a tierra ye de yo. Perdone a mía mai, no i torno per agora ta o suyo carinyo. E tot decindo isto pretaba o paso e caminaba con una nueva sapia e goyoso pareix- endo-li que yera a primer vegada que emplegaba a suya achilidat. No sabeba t’a on iba, e només paraba cuenta en marchar de culas a la suya tierra, i venise o que i venise. Pero veyó no guaire luen una serralada toda vestida d’arbols e muit atapida, e se i endrezó ta navesar-la con a ideya d’almorzar en o cobalto e mirar-se ta dezaga e ta debant ta veyer o país e o ciel que deixaba e o que iba a quaternar en primeras d’o suyo viache. Pretó a puyar a costera, e veyendo d’un costau un congosto con un boscarral preto preto, marchó t’allá, e como que o puesto yera prou agradable, se i posó, e dimpués sacando a suya virolla, cortesía de seror Mercedes e a mai priora, minchó ta tot o día, perque en que se devantase d’allí no pensaba aturar-se que ta beber d’a primer augua que trobase; e se metió a preixinar en a temerosidat d’haber-se ficau en o convento e li pareixió alavez cosa de tant gran pitera, que tremolaba només que de pensar-ie. Heba dormiu poc a nueit pasada; e trobando-se bien acoflau e refirmau sobre un terreno s’adurmió.


No feba encara una hora que dormiba, quan s’encertó que pasaban per allí cerqueta uns estudiants que iban de motus, que como chovens e de peus lixeros s’estimaban os alcorces encara que no bi’n hese, solo que per o gusto de no ir per o camín. Lo veyón e se bi amanón; lo se mirón un inte, e ell limpio dormir. A suya tranquilidat, a suya choventut, a suya cara polida polida, ixe negro cabello suelto que tant chuego li heba feito de muller, e agora feba goyo de veyer, incantuchón a os estudiants, e un d’ells dició:

Qué li manca a iste mozo ta estar un anchel? Qué no daría ta fer-li de pai o mesmo rei d’Espanya e Indias? –Imos a deixar-lo estar, dició atro.
No, contestó atro, que lo hemos de revellar e levar con nusatros.

Fabló o quatreno (pues no’n yeran mes) e dició o mesmo, e como que lis pareixió bien a os dos primers lo revellón tot chilando un d’ells: expergiscere, frater, et surge, (que quiere dicir: revella-te chirmán e devanta-te). Prou que se revelló, no per a fuerza d’o latín, que ell no n’entendeba, que estió per o son d’as parolas que dentrón en os suyos uditos; e en veyer-se debant d’os quatre licenciaus, se pensó en primeras si serían aguazils; pero lis veyó qualques instrumentos mosicals e parando cuenta en o vestuache dovinó o que yeran.

Noli turbari, dició omesmo, escolastici enimsumus, et temiramuretamore prosequimur, (quiere decir: no te xorrontes, que semos estudiants e t’aluframos almiraus e te queremos).
Sinyors, dició ell ya devantau: si as vuestras mercés no me fablan en a mía luenga, no entenderé res d’o que me dicen.
Non licet nobis, dició siempre o mesmo, alio sermone uti quam latino, (nos ye vedau u no podemos fablar que en latín).
Sinyors, dició ell una miqueta aspro; si as vuestras mercés me fan a mofla, lo me digan en luenga que lo pueda entender, e yo ya me miraré o que me conviene.

Callatz, per a vuestra vida, dició un d’ells a o latino; o mozo tien razón. Que hetz  de fablar-li en latín? Sabetz, choven excelent, que vos hemos trobau de casolidat e nos hetz pareixiu prou bien. Nos fa duelo que no sigatz d’a profesión, perque vos venibatz con nusatros, e vos certifico per a experiencia que d’ixo en tiengo, que vos pasaríatz a vida mes goyosa que hetz de conoixer en o mundo.

A profesión, sinyors, dició ell allora, no me pareix a yo cosa necesaria; ixe latín ye o que me mete bell entrepuz a o paso, perque caldrá fablar-lo qualque vegada e descubriré a mía falsa ropa. –Yo vos lo amostraré, dició un d’ells, en quince días.
Pues yo, contestó Saputo, vos doi parola d’aprender-lo en ueito, e vos ne sobran siet ta mirar-vos e remirar-vos a obra que habretz feito.
Estió tant gran o goi que lis fació a os quatre ista respuesta, que lo acarrazón de muit buen implaz tractando-lo ya de companyer.
A primera dificultat, dició ell, ye en o vestiu, perque no tiengo una capa.
Ixo ye o que no vos n’habrá de mancar, respondió atro; a mía ye zancera. Vienga una novalla u estixeras e la partiremos.
E tot dicindo-lo e fendo-lo, agafón entre dos a capa, la tallón de punta ta coda, repasón os nuevos ribetz només que embastaus, l’agafó Pietro Saputo, e calando-la-se e fendo con ella tres u quatre posturas, quedó ordenau d’estudiant. Dimpués d’un retallo d’atra capa vistión de luto o chapelote con una funda, e pretan a caminar, tot bendecindo antis un d’ells con muitas cruces as nuevas prendas e a persona d’o nuevo companyer.

Per o camín e antis de salir d’o boscache u selva lis dició:

Yo no dubdo, sinyors, que as vuestras mercés en sabrán a rienda d’habelidatz; yo prebaré tamién d’adhibir-ie belatra mía. Per eixemplo: agafatz firme (li dició a un d’ells), e calando-se o troz de capa de bislai, dimpués deixando-lo cayer, fa una curseta de tres trangos e li blinca  en os huembros.
Caminatz, companyer, li dició, que yo voi aquí tant formal e seguro como en a suya litera una matrona romana.
Caminó l’estudiant bell trango, e Pietro Saputo fació l’aliga, o mono, o tocino, o tornavoz, l’ama que cría, o sastre, o zapatero, e d’atras cosas e feguras, todas con a-saber-la d’almiración d’os companyers, que dición que només que con ixo se pensaban ganar o rento d’un canonche de Toledo ixe estiu.
Sabetz, companyer, dició o portiador, que me pareix que sotz esprito seguntes o poc que pesatz?
Pues, agora, dició Pietro Saputo, fetz un corroldo; lo fación e feba a vuelta per os huembros e mesmo per as cabezas de totz.

Lis fació farchar a pedricadera, e ligando entre ells as mans en metat, e tapando a cabeza a totz con a suya capa fueras d’o que veyeba t’adebant, dició con voz de pedricador que ixe yera l’anchel guida que lo menaba a fer misión ta o mundo perdiu. E prencipia de sopetón un sermón burlenco tant esbarrau, que con as riallas no podión mantener o ligallo os companyers e cayón totz largos arreguindo-se-ne meyo quarto d’hora.

Agora pues, lis dició, quiero fer-vos veyer si soi esprito, como decitz, companyer, u si tiengo uesos e musclos. Venitz aquí, e no sigatz apatusco. Lo fa meter dreito a o suyo costau, li fote a man en o cul e devantando-lo de tierra e bandiando-lo como un barrón, lo fote a diez trangos d’ell como si estase un monyaco de palla u d’atra mes lixera materia. Lo se mirón

allora os estudiants, e s’alcordón d’a rasmia con que lis preguntó si li feban a mofla en o suyo latín que no entendeba. Con tot e con ixo lis agradó a preba, e ta perfeccionar-la querión que la fese muitas vegadas con totz ells, perque podría venir a o caso bella vegada ta deixar almirada a una sala. A verdat ye que dengún d’ells no pesaba diez arrobas, ni a metat, e totz yeran entre os setze e os vente anyos; pero un en particular, o mes gracioso chustament, que como mosico yera chiflo, se podría decir que heba deixau en casa suya as carnes e que ta o viache se levó con ell només que os uesos e a pelleta; e a iste lo agafó qualques vegadas e lo arrullaba a-saber-los trangos, e ell s’eixercitaba en cayer dreito como una estatua, u d’atras muitas maneras, rechirando-se muit bien de vez, e pareixeba, seguntes moveba os miembros, que los teneba mal apegaus a o cuerpo.


Redios, dició un d’ells, que vos, companyer, sotz dende hue mesmo o protagonista, o mayestro e cabeza d’a companyía. Decitz quí sotz, de d’a on e cómo vos clamatz; perque res li heban preguntau encara.

E ell respondió:
O que soi, sinyors ya lo veyetz; de d’a on viengo, me se ye ixuplidando a escape e ya no podría decir-lo; o mío nombre, o que queresetz, perque tantas vueltas li he dau a o que gosaba tener, que per todas as suyas letras se va desfendo. No embudietz en tornar-me a baltizar e meter-me o nombre que vos pareixca millor, encara que siga de muller, perque quan menos lo vos preixinetz vos trobaretz con una mesacha mes graciosa que una chitana e mes guallarda que un sinyal de rechimiento; u a la contra, mes modesta e monyonya que una beata. O que vos aseguro ye que o vuestro nuevo companyer ye honrau e viene de buenos, e que no se troba feito un sostras per o present. Si bell día manca a providencia tunenca, traigo aquí a santa companyía de vente a trenta escudos en oro e archent que no bi ha cosa mes sana e pura en os tozals d’America ni per o que son ni per os meyos que se troban en o mío poder e dependencia.

Os estudiants en sentir tantas discrecions e en veyer tantismas gracias e ixa nobleza no deixaban d’almirar-se-ne e de manifestar o goi que teneban, li metión nombre; e perque no estase dificil fer-lo masculín e femenín aprebón per unanimidat o de Franchet. No querió ell fer de mairal d’a companya con a desincusa de que yera o zaguer que bi yera plegau e con  que en realidat no yera estudiant. Pero con istos chuegos e ixuplius no parón cuenta en que     o día heba corriu muito, e tot fendo-se-ne memoria minchón d’os repuis de Pietro Saputo e  d’o que ells portaban, que no yera atra cosa que pan e vin, perque tamién levaba una bota de quartet e metat; encara que totz quereban augua, ixutos como yeran per o muito charrar e d’a calor d’o día, que no estió poca, a la fin salión d’a sierra e continón o suyo camín.


Capitol X


Pietro Saputo escomencipia a vida estudiantina


Ixa nueit plegón en un lugarón de mes de sixanta-ueito casas, e arribaus entre tusco e lusco e aturando-se en a plaza, tanyón una miqueta os instrumentos ta fer-se sentir. Bien luego estión arrodiaus de chent deixando muitos a cullara en o plato t’amanar-se a sentir-los. Franchet con un cenyo los fació formar a pedricadera, blinca e diz en ton oratorio e grau:

«Fillos e sinyors d’ista ciudat: no vos pensetz que istos cinco estudiants i venimos ta deman-dar-vos o pan que vos hetz de minchar ni os diners que tenetz condemnaus a muerte, perque semos prou ricos ta no precisar res d’o que n’haigatz mes menister e mancanza. Encara   menos i venimos a saber o que as vuestras mullers han feito hue u fación ahiere; encara que si queresenos bien vos sabríanos decir o que ferán maitín. Ni menos i venimos ta fer-vos ricos, perque ixa faina e pensamiento l’alzamos ta nusatros; pero tampoc no pobres, anque hue nos tiengatz virolla e leito e maitín o que queramos. A o que i venimos ye a sacar-vos preixinallos e estalviar-vos de ciento setze vesitas d’o vuestro medico si ye que en tenetz; anque seguntes yo m’entrefilo, u no en tenetz, u li pagatz e no vos vesita». E yera a verdat, perque yeran achustaus con o medico d’atro lugar mes gran e enta iste mai no i veniba si no lo gritaban, si no yera que ta sinyar os documentos e ta cobrar a conducta.

Bien encantuchada lo sentiba ixa chent, se’n arreguiban como ababols, e ell de vez que se ficaba en farina se soltaba en chanadas e maliciosas alusions, pero atrapaciando muito a ideya ta que a dengún no lo avergonyasen; e remató preguntando si os escolasticos heban de dormir en a plaza e cenar rayos de luna e luminarias d’as estrelas. Dimpués se bi amanó un hombre bien repoliniau que dició estar l’alcalde e va demandar-ne dos ta la suya casa; e atro de buenas maneras demandó a os tres que mancaban; e atro de no piors sinyals demandó a os cinc; e per buena composición e tot prenendo a iniciativa Franchet, perque agún n’heba d’atros que quereban levar-los-se, s’alcordó que cenarían en cinco casas, un en cadaguna, e dormirían en dos que estasen o mes cerca que se podese ta deseparar-se menos. Pero que antis, ta fer contentos a tant nobles vecins, ferían una pasavilla per o lugar tanyendo os instrumentos, que yeran una viuela, un vigulín, una pandereta e o chiflo. Feba rota Franchet quatre u seis trangos t’adebant terne charrar e fendo arreguir-se-ne a la chent que quasi no se sentiba a mosica d’os risos e carcalladas. Dengún no se deseparaba d’ells; e parando-ne cuenta, aturó, mandó callar a os mosicos, e dició:

Si pensatz, sinyoras mullers, que hue en ista ciudat s’ha de cenar aire e harmonía d’uditos, sotz a-saber-lo d’esbarradas. Sabetz, mes que mes, que ista primer mosica ye només que ta os hombres, l’atra será ta vusatras. Pero hopatz d’aquí decamín a atrapaciar a cena, u   se mata a mosica e no la revilcatz anque vos tornetz todas broixas as que no’n sigatz ya agora.
Prou de razón que en tien, chilón os hombres; ta casa as mullers.
E ellas avergonyadas de miedo d’atra retolica mes despuntada, s’iban desgallando d’a revoltina e esmoscando-se ta casa. Fación, pues, a pasavilla, e se repartión ta cenar como heban quedau.

Reunius dimpués en casa de l’alcalde con os hombres prencipals d’o lugar, decidión que, per tener mes puesto, se fese o baile en a sala d’as casas d’o lugar; e a os estudiants lis dición que no demandasen cosa perque entre os prencipals e os mes chenerosos lis replegarían una buena estrena. E asinas lo cumplión como honraus que en yeran.


O baile duró dica meya nueit, e bi habió a embute de buen vin blanco, farinosos e garronería. A l’atro’l día se despidión como caballers d’as personas que mes los heban honrau e afalagau, e d’o lugar con una mosica rasgada que los menaba cara ta difuera d’o lugar, e los seguiban totz con gran afición e goi. Deixón de tanyer en a salida e devantón os instrumentos en sinyal de besamans, e dimpués con os chapelotes se despidión mes a las trazas d’o vulgo.


En o mesmo lugar se fación con un Arte viello que demandón a un posader, e prenendo-lo Pietro Saputo, en un ratet repasó os nominativos, en atro as conchugacions, sin decir que las hese aprendidas; aprendió de memoria escribindo-las en un papel as partis indeclinables de mes emplego, e en poquetz días en surtió un latín talqual, mancando poc d’o que prometese quan dició que aprendería o latín en ueito días. Perque con l’eixercicio de parlar de cutio en latín entre ells, bien luego igualó a os suyos companyers, e dimpués en casa suya lo remató d’aprender con mes conoiximiento. Os estudiants no se creyeban que no en sabese, que fació o papel como que n’estudiaba e que no los entendeba. Perque amés en as qüestions de filosofía e mesmo d’atras sciencias, d’as que fablaban, s’explicotiaba tant bien e millor que ells, e razonaba prou sabiament en todas. E lo se mirón con respecto creyendo-lo d’alto naiximiento, encara que desimulau con ixe disbraz, pues encara lis dio atras e encara mes prebas que los confirmón en ista sospeita.


Dimpués que ya bi estión difuera d’o lugar e bella mica leixos, lis demandó que li fesen a mercé de leyer-li u decir-le as ordinacions, emplegos e estilos que gosaban levar; e li respondión:

En sabetz ya igual de bien como nusatros, perque todas se reducen a dos, a estar honrau e a fer de conchunta con leyaltat o treballo e o proveito.
Prou que las sé, como decitz, contestó ell, perque son as leis d’a razón e d’a buena e chusta sociedat.
E fablando e prochectando scenas, chuegos e picias, s’entretenión tamién quasi tot o día, e plegón a las cinco d’a tardi en un lugar de dica trecientos u quatrecientos vecins, e i dentrón tanyendo un vivo pasavillas, adhibiu ya un nuevo instrumento a la orquesta: perque Pietro Saputo, fendo-se o mondiu de que de mosicas en sabeba prou, heba mandau fer a o ferrero d’o primer lugarón un trianglo de fierro delgau e bien martellau ta que resultase bien sonoro.

Qui tanyeba o chiflo, que yera ixuto e muit fiero, e, como totz os fieros gosan estar, charraire e gracioso, feba o papel de tuno, que siempre se da a o mes tozoludo e esquericau d’a companyía. E anque dende que sintió a vispra a Franchet se creyeba muit inferior a ell, manimenos conservó l’autoridat que teneba. O chiflo, d’atra man, yera instrumento prou manotero e no ye que no li estorbaba, e que feba poca falta a la orquesta, per ixo lo tanyeba u no seguntes li petaba u conveniba.


Como i dentrón ya tanyendo se bi abotinó buen comezón de chent, e dimpués o tuno tot devantando o chiflo en alto, dició:


Sinyors, a o mío chiflo, a o mío chiflo, que a dengún no li fa falta como veyetz, solo que a la viuela e a pandereta. A o mío chiflo, digo; ixa meya peceta, ixa peceta, ixe escudo, ixa dobleta tallada d’una barra d’oro diez vegadas mayor que o mío chiflo. E lo amostraba, e tanyeba dos u tres carreras, e i tornaba: a o mío chiflo, sinyors, que tien a virtut d’espantar as broixas, xorrontar a os folletz, curar a histeria, fer dormir a os muertos, revellar a os vivos, fer contento a o que li agane, e prener o pelo a os ciegos, a vista a os calvos, l’udito a os coixos, e l’anyo bisiesto a o calandario. Aquí lo veyetz, aquí lo tenetz, aquí bi ye a la mía disposición e a la vuestra. Pero per agora atra cosa li fa mes a o caso. A mirar, digo, ixa meya peceta, ixa peceta que son en porgatorio e deseyan salir de penas.

E tot decindo isto fote o chapelote debant e lo iba pasando per o corroncho sin deixar de charrutiar como una carracla; e cayeban allá monedas de todas as edatz e tallas, figuras e colors como si plevese.

Entremistanto, iban pasando per a carrera, e a on veyeban buenos panyos e buenas caras en os miradors s’aturaban bella miqueta en a suya honor,  e replegaban o que i cayeba a la polideza d’as voces d’o tuno. I cayó d’un mirador un escudo d’oro (que valeba novanta sueldos chaqueses, u, alto u baixo, 85 reals de vellón); e malas que lo veyó Pietro Saputo blincó en os huembros d’un companyer e besó mil vegadas as mans e os peus a una nina de decisiet a deciueito anyos d’edat, tierna como una flor en salir d’o caliz, polida como denguna atra en a tierra, amable de mirar-la-se, e muit embelecadera e graciosament vestida. Yera a mesma de l’escudo, que li’n entregó o suyo pai en o mesmo mirador e a la vista de totz, ta que d’a suya man estase millor replegau. La se miró fito-fito Pietro Saputo, de vez que li yera decindo os aponderamientos que levaba en a suya dignidat e polideza, e demandaba a ocasión, e ella, encara que vergonyosa, lo se miró tamién a ell con a libertat desimulada d’ixa publica e inesperada fiesta. Se’n baixó e tot preguntando cómo se clamaba ixa deidat e como li dició que Rufina, li cambeó o nombre en Morfina, li cantón meya dotzena de letras en as que la declaraban (sin fer-li garra favor) a mes polida, a mes amable e soberana d’a tierra, e s’ofriban totz ells ta esclaus suyos, quedando-se ta cutio en a suya mesma casa e en o lugar o nuevo nombre de Morfina, perque a totz lis agradó mes que o verdader.


Pasón t’adebant, e estando tanyendo en una crucillata, pretos d’a chent que los seguiba, e circulaba prou o chapelote d’o tuno ta no aguardar mes d’a concurrencia, de vez que feba movimiento ta marchar t’atra parti, prencipió a luitar per salir-se-ne d’a botinada de chent, que yera en metat, una muller de cinquanta a sixanta anyos d’edat, mal vestida e con bella mica d’estandartura, e parando-ne cuenta o tuno e en as firmes empentas que foteba ta salir-ie, li dició: –Buena muller, per qué salitz de casa con ixa nariz tant mal farchada? Yera o caso que ell la teneba mes fiera encara; pero ella s’escalfó e dició una bestieza. Se bi amanó Pietro Saputo e li dició:

Acá, reina mía, que he de dicir-te qualcosa a la orella.
En atra parti lo me diríatz (e la nombró), respondió ella, o muit burlón e pelafustán.
Adiós, pues, reina, tornó a decir-le. E ella sin chirar-se:
Bien podríatz levar bell gato u mona ta divertir-vos, o muit fillo’i puta.
E se’n saliba e se trobaba ya libre en a carrera. Allora Franchet (Pietro Saputo), tot fotendo un blinco, se mete en os huembros d’un companyero, e endrezando-se ta la muller que s’aluenyaba morgoniando, li soltó iste gorgollón d’inchurias arrullando-li-ne a zarpadas con as dos mans:

Vaiga con Dios ixa muller, perrecallo envescau, cagallón, arguellada, chulla arrocegada, tía arraclana, tía franchota, tía chuanota, tía focina, tía sumarriada, penchirigallo, estropallo, zarallo, trapicallo, burricallo, zancallo, espantallo, escopallo, zarrampallo, zarzallo, morgallo, perello de rabosa, fuina, cagabardoma, chirolifas, pum, pum!, antullosa, algariosa, cegallosa, morgallosa, laganyosa, estopallosa, apegallosa, lardosa, muergosa, bafurosa, uellipuerca, malmesa, culiparda, pudenca, alparceruda, abarcuda, cerruda, uesuda, garruda, morruda, lanuda, barracuda, diapla, troixabodiellos, fogón amortau, plato esportillau, to-to-to-ot- torrrrr… culona, cagona, qüescona, samugona, zamandungona, zancarrona, chandrona, albarderona, aldraguerona, baruquerona, careterona, gata sumarrada, rata pelada, morcón esbotau, follet d’o vico, baldragas esfachatada, ababol enfabau, pendaixo de Zugarramurdi, crapaza, morpión, bombolona, caparra, mandarra, zapo esvolustrau, mona escaldada, cantonera, zorrón, taborniza, capagallos, bufaplumas…

E remató tant alta e contina tamborinada de vetuperios, perque a pobracha s’esmuyó d’a vista esbarrando-se per atra carrera, fotendo flamas per a suya cara, e sudando e morindo-se de vergonya. Sisquiá en toda a tardi hese rematau ell con a suya barrancada d’embefias seguntes afluyiba, si a cantonada que chiró no hese emparau a la pobrillona. A chent se’n arriguió tanto e yera tant embelecada, que dengún no pensaba en ir-se-ne ta casa, per cuentras, e per minutos, creixeba a concurrencia e a favor d’o pueblo.

En metat d’ista distracción e estrapalucio, un mesache que se i coló per dentre as garras e faldas presentó a o tuno un libro en latín, si lo quereba crompar. Agafó o libro e lo se miró e veyó que yera de medicina, e dició: creyés que crompabanos libros?, errasti, fillo d’a tuya mai. Aguaita, os dients nos s’han ixugau d’estudear (e li’n amostraba). E chusto istos días hemos tractau seriosament l’afer e yo e o mío chiflo imos a deixar a carrera e embarcar-nos enta Xauxa u a fer de donaus de monchas capuchinas. Per o Nino d’a bola, que ha estau impertinencia a tuya. Marcha con Dios e con o tuyo libro a qui t’ha librau. E se’n tornó ta o suyo recau.


A monico-a monico, a la fin, habió de plegar a nueit, mes per boiras que per tiniebras, que no yeran mes d’as ueito; aturón a ronda e preguntón per o mesón u posada publica ta retirar-se. Qué ye posada?, chiló un que los siguió dende a primer carrera, aquí, sinyors licenciaus, o mesón e a posada ta las vuestras mercés, o palacio e o guariche, ye casa mía. Imos t’allá, que ya he mandau decir a la mía muller que faiga qualcosa mes de cena. Pues yo, vecín, dició atro, he mandau decir atro tanto a la mía; pero vos hetz fablau primero, i vaigan t’allá ista nueit; maitín, sinyors licenciaus, son as vuestras mercés os míos hueespes tot o día.


Marchón t’allá e cenón. Pero ya mientres cenaban s’heba tractau entre os d’o lugar de fer chunta e baile; quan i plega o pai d’a nina que dio l’escudo d’oro, e lis dició:

Sinyors licenciaus, me fa duelo haber de molestar-vos; pero soi mariu e pai, e quiero, en cosas de razón, dar gusto a la mía muller e no sacar-li-ne a una filla unica d’o suyo sexo que Dios m’ha dau. Yo deseyaría que dimpués de cenar as vuestras mercés se’n venisen ta casa mía con os instrumentos un ratet.
A la vuestra nobleza, sinyor caballer, contestó Pietro Saputo, garra cosa podemos ni queremos negar: semos muit servidors d’a vuestra mercé e agradeixemos e metemos en o suyo chusto punto a cortesía e dignidat d’estar veniu en persona, quan un simple mandau en yera prou ta ir-ie a meter-nos a la vuestra disposición e a o respecto e ordens d’ixas sinyoras.

Pues vos los acompanyaretz amigo, dició a l’ahuespador.


Lis dio as gracias, tot saludando-los e marchó, no permitindo que se devantasen d’a mesa.

Ye hombre muit rico, dició l’ahuespador, e sabe gastar-lo. Tien una filla (ya la hetz vista) que li dicen o sol d’Aragón; e d’Espanya e d’o mundo lo podría estar, si ixo diz a la  suya polideza. Cada día plegan pretendients en o lugar, e dentre ells bell sinyor de titol; e totz prometen respuesta, e la dan sin dubda, pero dengún no i torna, perque o pai quiere que a filla s’acomode de buen implaz, e a nina a lo que pareix, no s’inamora asinas en un tres e no res, que, anque choven, ye tant discreta como polida. Prou bien vos ha d’ir allá. Un escudo d’oro cayó d’o mirador? D’atros en vendrán dimpués, ya lo digo yo, perque ye don Severo muit noblizo.
Pues rematemos ya, dició o d’o chiflo, e imos-ie.
No, sinyors, no, respondió l’anfitrión; no cal blincar per dencima d’os platos; agora va   a cenar e mandar parar l’afalago; bien que en a suya casa siempre ye parau.

Pero ells igual en a cena como dimpués en casa d’o caballer, van estar prou templaus, perque a tercer lei d’as suyas ordinacions yera que s’heba de mantener a formalidat ta no deshonrar l’habito u cayer en falta.


Capitol XI


Do se contina o escomencipiau


Bien luego plegó a hora, e antis de salir s’escoscón os estudiants o millor que podión.  Pietro Saputo sacó a funda d’o chapelote, se caló un cuello nuevo muit encaragolau e quedó feito un caballer, e per o choven e poliu que yera, un Amor vestiu, un Adonis en trache espanyol e de curte, e acompanyaus de l’ahuespador, d’un cunyau, una filla de diez anyos e una sobrina de quince, con bell vecín que se prenió a libertat de puyar-ie mientres cenaban, s’endrezón t’a casa levando dezaga, perque se’n yera amanada t’a carrera, una botinada de chent, muita mes d’a que mai no se bi amanó t’o sermón d’a chapada. I plegón, saludón con muita cortesía a aquellas sinyoras e a d’atras que ellas heban convidau; e don Severo en veyer-los tant cortesans, tant buenos modos e bien fablaus se’n va fer prou contento e dició     a escuitetas a la suya muller e filla:

Veyetz, gloria mía, qué bien farchaus e qué bien criaus? No diríatz atra cosa que son fillos de grans caballers: e belaún d’ells n’ha d’estar-lo, perque mientres fan os estudeos bi’n ha muitos d’atros que se fan contentos con as aventuras e libertat d’ista vida en as vacanzas, e malas que tornan t’o curso reparten os profeitos con os companyers pobres.
Con isto a mai e a filla los tractaban con miramiento, e de vez lis amostraban afabilidat e confitanza. A chent d’o lugar que los heba seguiu fue tamién almitida en dos grans salas que yeran una a cada costau d’a d’o bureo e dició o caballer
–En ista ruego que no i dentre dengún sin a mía licencia; en ixatras acomoden-se os que puedan con orden e de buena traza. Agora, sinyors, en que queratz, dició a os estudiants, podetz prencipiar con a mosica.

Prencipión decamín; e primer de tot tanyón un ratet ta contrimostrar a suya habelidat, e dimpués preguntón a don Severo si s’heba tractau que bailasen. Respondió que sí, e lis rogó que prencipiasen dos d’ells o baile, pues asinas lo deseyaban tamién ixos chovens caballers. Allora deixan os instrumentos o d’a pandereta e o d’o chiflo, e sacan a bailar en primeras a la filla d’a casa, e contino a atra doncella que yera prima de Morfina, tot prenendo entremistanto Pietro Saputo a pandereta. A manya e gracia que os estudiants amostrón en o baile lis agradó a totz, e no menos a suya decencia, que siempre e en tot ye important. Ya no yeran  ixos estudiants que arrocegaban trafallons e mirando-se e curtando raso como os tunos en a carrera; yeran verdaders caballers bien naixius, e ta forro’i bota buenos modos, e ixo li feba goi a l’amo d’o convite e no deixaba d’emponderar-lo a suya muller e atras sinyoras prencipals que bi heba. S’alpartón e agafón os instrumentos, tot deixando a parti de baile ta   os chovens que i venión convidaus.


En que heban bailau todas e totz, salió a virolla, que feba chuego con a magnificencia que en tot s’emplegaba en a casa. E en que minchón o que lis aganó e sabió millor a cadagún, fue o d’o chiflo a l’amo e li dició:

Agora, don Severo, si vos pareix, o mío companyer Franchet e yo pedricaremos un sermón ta la chent d’as atras salas, os dos de vez, e cadagún a la suya sala dende a puerta puyaus cadagún en una mesa que ferá de pedricadera.
Me fa goi, dició o caballer, e a tu, Marieta?, preguntó a la suya muller.

Respondió ella o mesmo. E paradas as mesas e blincando dencima d’ellas os oradors, prencipian a soltar gorgollons de bestiezas, que a cada minuto heban d’aturar e deixar paso a os risos que en as tres salas causó a-saber-las de sospresas en os cuerpos bella miqueta floixos. As damas e caballers d’a sala d’o centro se miraban la un a l’atro, e no podeban aturar d’esmelicar-se-ne e pretar-se as inlladas e arrimar-se e refirmar-se en as paretz. O mesmo don Severo perdió a suya farcha grau, e habió de reviscolar-se, e tapar-se os uditos ta decir-les:

Prou, sinyors, prou!, que crabutamos totz.
Pero ells, zorros d’eloqüencia ni aturaban ni podeban encara que queresen. Dica que os atros prenión os instrumentos e fación sonar a mosica, e ista a la fin talló l’incantamiento. Rematan ells e remata tamién a mosica, e saludando os dos a las sinyoras e caballers con una gran cortesía, esclató un aplauso de mans tant furo e largo, que se transmitió a las atras salas que pareixeba que iban a espaldar-se.

Querión que a chent bailase unatra vegada, e no podió estar. Bien s’esfugaban os mosicos per a suya parti, pero dengún no podeba fer atra cosa que arreguir-se-ne e tornar en as bestiezas d’os sermons. Se meteban en actitut de bailar, e soltaban as riallas e marchaban cayendo-se en as sillas e fendo almiracions e exclamacions. Entremistanto correba a nueit, e mirando-se don Severo a hora, paró cuenta que yera a meya ta las dotze, e dició:

Sinyors, ista meya hora que manca dica as dotze, perque d’a meya nueit no me fa goi que pasen as fiestas de casa mía, totz la precisamos ta templar-nos e parar-nos ta o suenio. Sinyors licenciaus: me barrunto que as vuestras mercés van a pasar en iste lugar ueito días como poc; yo per a mía parti aguardo que o miercols de nueitz se sirvan de tornar en ista casa.
Maitín, dició un choven caballer, m’ha mandau o mío sinyor pai que ruegue a las vuestras mercés que se dignasen en venir ta casa nuestra.
E ta casa vuestra, respondió don Severo, tamién bi irán as mías sinyoras esposa e filla.
Li dio as gracias o caballer, e tot rematando os cumplimientos quedón os estudiants a las ordens de don Severo, e a os peus d’ixas sinyoras, e se despidión con totz os convidaus.

Cada día yera a función en atra casa, e tamién os estudiants cambeaban as invencions pasando os maitins en atrapaciar-las, sin ixuplidar-se de vesitar a las personas que mes los honraban e lo se mereixeban, como don Severo e belatra. A nueit d’a segunda función en casa d’iste se presentó Pietro Saputo disbrazau de muller e los enganyó a totz, e logró un gran rato a o suyo proposito, que fue o de fablar mes particularment a Morfina e obligar-la a confesar o suyo amor ganando-li o corazón e espaldando a suya reserva. De qué coda se resistiría a pobracha per alvertida, per recatada, per serena, reflexiva e mesurada que estase? No yera posible. E d’ista manera ell, lograu o suyo obchectivo, se sacó o disbraz, arreguindo-se-ne totz a-saber-lo de l’enganyo e celebrando a gracia d’a forana; dimpués continó ya a función como todas as nueitz.


O zaguer día con o permiso de don Severo, perque tot li’n deciban e consultaban, fación atro redoldín per as carreras, e replegón tantos diners que quasi lis pareixión masiaus; qualcosa imposible ta os estudiants. Debaixo d’o mirador de don Severo se bi aturón e cantón un ratet. De nueitz marchón a fer a charradeta en a suya casa e don Severo lis dio seis escudos d’oro, e lis rogó que, si no s’alpartaban guaire en atra endrecera, i tornasen per allí en que se retirasen ta os suyos estudeos, e li’n prometión.


De maitins salión d’o lugar, pasando de propio, anque arrodiaban, per a carrera de Morfina, e en a puerta se bi aturón ta tanyer l’himno de despedida. Salión don Severo e a suyas sinyoras ta sentir-los; e Pietro Saputo, que iba bien parau, cantó con os suyos companyers e prou bien acompanyau d’a mosica, unas letras que levaba preixinadas, d’as que a primera remataba:


Pues me deixo o corazón, me levaré un pensamiento?


Morfina con muito desimulo fació cenyo que sí; e cantón a segunda, que teneba per remate:


Pues t’entregué, corazón, En dó t’alzarán?


E Morfina, con desimulo se tocó e sinyaló o peito leument. A tercera remataba:


Te trobaré, corazón, Quan torne do tu bi yes?


Enclinó Morfina una miqueta a cabeza e os uellos e per cantico de gloria e remate deciban os zaguers versos d’a zaguer letra:


Pues influyir ya no puetz Sino bien a estrela mía.


E con isto se remató o canto e se despidión. Morfina, perque se fació contenta de veyer-los encara unatra vegada, no podió menos que amostrar os uellos una miqueta plorosos, que a un sospiro, afogau per o decoro, rematón d’esclatar, e corrión per os suyos rosaus tuixos dos glarimas de mes pre que tot l’oro que teneba o suyo pai, lo menos ta qui las veyó correr e que d’estar cerca hese puesto decir, de yo son, e replegar-las con os suyos labios e pasar-las ta o corazón con l’amor que las redamaba.


Capitol XII


Camina ent’a suya fin a vida d’a tuna


Muito duelo nos puet fer, quiesto lector, que en ixe tiempo no s’emplegasen os taquigrafos, ixos que escriben tant de prisa como se fabla, ta que belaún hese escrito os sermons d’os nuestros dos pedricadors, pues d’ixa manera nos plegarían a nusatros e podríanos chuzgar o gusto d’ixa chent, e si teneban razón u no d’arreguir-se-ne tanto: perque en uns tiempos tienen gracia unas cosas e en atros unatras. Encara que ditas per Pietro Saputo, quál no en tendría? Yo només que per a tradición de casa de Morfina he puesto averiguar que en o primer sermón tocó, dentre atros, istos puntos a-saber-lo de graus: si una muller coixa puet estar graciosa, si puet pareixer bien una tuerta; e si una chibosa puet tener buen chenio; e quál d’as tres, estando iguals en a resta, puet invidiar a suya suerte a las atras. En o segundo sermón    diz que fabló d’os preixinallos d’a muller en l’estau de cunyada, d’ama choven e de suegra; encara que iste afer me pareix que no podió realizar-lo bien per estar tant chovenastro, e que li caleba mes edat e mes experiencia. Pero como lo m’han vendiu lo vendo; o lector creiga o que quiera; e continemos.


No fación agún a metat d’o plan que heban preixinau, perque as suyas habelidatz yeran tantas, e tanta a suya prudencia e buena crianza, que no vesitaban un lugar que ta ir-se-ne no hesem a pleitiar, u lo menos andar incomodaus con os ahuespadors, e talment con o vulgo. Con ixo, l’aire lis veniba de cara e l’estau prosperaba. E como que plegaba o tiempo d’os estudeos, prebón de prener o camín d’a suya universidat, e pasar, si se podeba, per casa d’os suyos pais a qui deseyaban e quereban veyer antis de perder-se atra vegada en a confusión d’as escuelas.


Tenión consello t’alcordar o que caleba fer, e decidión tornar-se-ne cara t’o sud e no ranzoniar. Se proposó a qüestión de si vesitaban o lugar de don Severo; e anque arrodiaban bella legua alcordón d’ir-ie, e formón a l’inte l’itinerario, que li feba muita honra a Pietro Saputo encara que, con tot e con ixo, deixó a resolución a os companyers, no deixando-se atra cosa que determinar o día e punto ta deseparar-se. Examinón o tresoro, e yeran mes ricos d’o que se pensaban, como que lis pertocó a ciento trenta-seis libras chaquesas ta cadagún, perque heban trobau personas encara mes bogals que don Severo. Lis dició Pietro Saputo que anque de casa rica no’n yera, no precisaba ixa miseria, e que d’ixa manera o mes necesitau la prenese. No lo entendetz, li contestó un d’ells; ixos diners son os mes falagons que n’habretz en a vuestra vida. Agafatz-los, que yo sé que han d’estar os zaguers que en gastetz, e que puet estar que vos tornetz un preto per l’afecto que tendrán a la casa e a la vuestra pocha. Se’n arriguió Pietro Saputo; e rematando que caleba precurar, dica plegar en a suya tierra, només que ta o gasto regular de cada día, enfilón dreito a tornada cara t’o meidía.


Ixe mesmo día de maitins lis dició Pietro Saputo en o camín que no quereba deixar-los sin prebar-se en o vigulín e a viuela; que en ixos instrumentos veyeba que levaba muita avantalla  a os estudiants. Lis heba amillorau muitismo a orquesta dende l’empecipiallo amostrando a o d’a pandereta a fer os platillos, o baixo contino, os forte e os piano, e atras cosas que ell feba mes rapedo e con mes propiedat. Tamién a o d’o vigulín e a o d’a viuela dio muitas buenas licions; pero no heba quiesto tanyer mai perque no caleba a suya habelidat especial, ni lis


hese dau mes utilidat, que yera a o que s’iba. E tot prenendo o vigulín, e esbarrando-se bella mica d’o camín enta una clamor, amostró a os suyos almiraus companyers una marabilla que mai no veyón en atro hombre; e no lis n’amostró menos con a viuela.


Entre lusco e musco plegón en o lugar de Morfina; e en pasar os primers pallers sintión rudio d’espadas.

Imos t’allá, dició Pietro Saputo.
I fuon e van trobar a dos caballers soldaus que se renyiban, e con una rasmia que no paraban cuenta en os que teneban ya a o suyo costau. Prenió Pietro Saputo a un companyer o tocho, perque a dos d’ells lis agradaba ista companya; e amanando-se t’os combatients dició:
Sinyors, per a honor de l’habito que trayen lis ruego que deixen de chiponiar-se un inte.
Aturón en sentir-lo, e mes en veyer allí cinco hombres apareixius tant de sopetón; e continó:
As vuestras mercés luitan muit mal en l’orden, pues a suya valentor los ha levau a barallar-se como as fieras, quiero decir, de nueitz, sin testigos d’a suya valentor, ni chueces de chusticia. Yo soi hombre de letras, pero entiendo as leis d’o duelo, e per as circumstancias que he nombrau declaro ilegal e nulo iste campo. Creyetz-me, sinyors, a honor de caballers vos vieda continar e vos manda condemnar o feito. Pero si no queresetz envainar, o que s’amuestre resistent, devante atra vegada a espada, vienga l’atra e con yo ha o pleito; ell luitaría per a suya ferocidat, e yo en esfensa d’a lei e d’a chusticia.
Yo no puedo reblar perque soi o retau.
Reblo per agora, dició l’atro, per respecto a iste sinyor licenciau, e perque as suyas parolas m’han convenciu. Maitín nos veyeremos.
Vos ruego, pues, a os dos, dició Pietro Saputo, que dentretz con nusatros en iste lugar.

I dentrón de buen implaz con ells, e de vez racontón ixos rivals que a baralla yera per quí heba de servir a una belleza que a dengún d’ells no quereba, perque si a la un li feba carada, a l’atro mai no li daba a cara, amostrando-se importunada per os suyos presents. Se’n arriguió alavez Pietro Saputo e dició:

Pues sinyors, si tampoc o vencedor no heba d’estar almeso, de qué coda ixa baralla?
Ye, dició un d’ells, perque os dos queremos ir ta casa suya e que no i vaiga l’atro; perque ye tanta a polideza d’a doncella, que a os dos nos afronta que la se miren atros uellos e la sientan fablar atros uditos. Ye, sinyor licenciau, ta que lo sapiatz, un sol mil vegadas mes poliu que o d’o ciel; una luna mil vegadas mes serena que ixa que se devanta; una estrela que fa tornar-se foscas a la resta; un anchel de soberanía e de gloria, que no se va veyer mai atro en a tierra, que ye imposible que en faiga d’atro a naturaleza.
Se’n arriguió tamién Pietro Saputo d’istos emponderamientos, e d’o tono e fuerza con que los deciba o soldau, e no dubdó que ixe sol, ixa luna, ixa estrela, ixe anchel yera Morfina. Pero calló, perque dentraban ya en o lugar, e os soldaus marchón ta o suyo aloix e os estudiants ta la posada publica.

Bi heba allí un sinyal u companyía de soldaus feba ueito días, e per isto, u perque de todas maneras no quereban fer parada d’a suya orquesta, i dentrón cutio-cutio. Pero los conoixión, e antis de cenar teneban buena cosa de chent en a carrera, e replegón un mandau de don Severo, que no li sacasen o goi de levar-los-se ta casa suya. No conoixión a Saputo dica que fabló, perque yera negro per o sol, mes lambrenyo e alto, e mes hombre tamién, con bigot


e perilla, que se la heba mesa como lo feban os estudiants mes extremaus, en a soledat d’a expedición, d’a coda d’un gataz negro. Mesmo a ropa yera atra, que con a calor se fació un vestiu mes lixero e tamién muito mes airoso. Dubdó a mesma Morfina que tant bien retratau lo teneba en o corazón e tant present en a suya memoria. Per consideración, a la fin la un de l’atro, don Severo e l’ahuespador, se convenió que os dos que yeran venius allí cenarían en casa d’o primer, e os atros en casa d’o segundo, e dormirían totz en do dormión l’atra vegada.


Qué goi ta Morfina! Qué gloria ta Pietro Saputo! Bi yera allora en casa un chirmán d’ella mayor d’edat, e se fació a-saber-lo de contento de veyer a os estudiants de qui tanto n’heba sentiu a fablar e no bi yera en o lugar quan i pasón a empecipiallos d’estiu. A escape fabló    de baile; pero Pietro Saputo tot alcordando-se d’os soldaus li dició que, per una causa que     en primeras yera secreta, anque de difuera de casa, no podría haber-ne de baile, només que veilada de mosica. E a o pueblo li fación entender que no s’ubriría a puerta, e que només se     i almitirían que a las personas convidadas u que lis cumplise. Se i presentón dentre ellas, la   un dezaga l’atro, os dos caballers soldaus d’a baralla. E... firme estió a suya sospresa quan veyón a Morfina muit amable e particular con o licenciau d’o suyo duelo! E en veyer a don Severo tractar-lo con familiaridat e confitanza! Se’n avergonyón, callón, respectón o que i veyeban e no entendeban, e se’n fación entre ells amigos tot declarando a Pietro Saputo que yera solucionada a competencia con retirar-se os dos de do tant buen puesto ocupaban atros, de seguras mes dignos: mes que mes perque heban d’ir-se-ne en tres días.


En pasar d’o cenador ta l’entablau, e plegaus en a puerta, fació Pietro Saputo a don Severo un cenyo, e quedando-se allí con os suyos companyers que ya yeran venius, los fue aventando un a l’arreu de l’atro como barrons u monyacos mes de metat d’a sala. Acción que veyón ya  os oficials e os mes d’os convidaus, e totz en quedón percutius. O chirmán de Morfina fació aparatos d’almiración e dició con rasmia: –Pues sinyor, lo he visto e no lo creigo, e a qui només que per ista vegada gosase afirmar-lo, li diré que miente. Se’n arriguión totz a rienda; don Severo se’n feba contento, Morfina se regalaba, e a suya mai exclamaba:

Chesús, Chesús, ixe mozo ha d’estar d’acero templau.
Allora Pietro Saputo se’n tornó ta la puerta con os suyos companyers, e devantaus pretos a las sillas caballers e sinyoras arredol d’a sala, tornó a aventar-los d’a mesma manera, pero muito mes troz; e como o tuno que estió o zaguer se rechiró con muita gracia e aparatos, bi habió un aplauso muit preto.
Agora ya lo creigo, dició don Vicent; pero sin garra dubda istos sinyors licenciaus tienen alas secretas; agafatz-me a mirar a yo, don Franchet, que no sé volar si no ye que largo en tierra.
Lo agafó, e en que lo paraba ta l’empentón, veyendo-se levar como una bolisa, dició:
—Prou, prou!, me doi per satisfeito.
E tornando a mirar-lo-se, li tocó e palpió os brazos per si yeran d’a materia que dició a suya mai.

Pasau iste ratet tant buenizo s’ordenó a reunión convenientment, e feito silencio, agafó Pietro Saputo o vigulín descansando antis una miqueta ta que baixase a calorada de l’esfuerzo que heba feito, e aprevenida Morfina dende antis de cenar, que per honrar-la, e només que per ella, tanyería ixe día o vigulín per primer vegada en toda a expedición, e que tot o que tanyese s’endrezaría ta o suyo amor, u millor, que habría d’estar a historia d’os suyos amors,


distinguindo-ne as partis prencipals, como a vista a primer vegada, a suya charrada a primer nueit que se conoixión, a despedida, o sentimiento con o que ella quedó e ell marchó, e o goi d’a nueva vesita. Oh, cómo entendió ella o luengache d’ixa mosica tant expresiva! Sin pensar-ie e allenada ploró de pena en sentir a despedida, e tornó a o mesmo sentimiento quan expresó a dolor con a que la veyó percutir-se e marchó ella ta la suya cambra. A resta d’a sala sentiba tamién, e en bell inte pareixeba chunta de muertos d’o silencio e embeleco con que escuitaban. Agafó dimpués a viuela e tanyó tamién qualques sonatas que ell s’heba inventau. Pero dimpués, e deixando que s’esfogase l’aplauso e almiración que prevocó a suya no conoixida habelidat, prenión os instrumentos os suyos companyers, ell abandonó a orquesta, se ficó en o corroncho e se pasó a veilada.


Quereban os estudiants despedir-se ixa nueit, pero no almitió don Severo a despedida, e muito menos don Vicent, e se dion a buena nueit dica maitín.


Encara no pensaban ells en marchar de casa, mesmo ni quasi en devantar-se de maitins, ya bi yera allí don Vicent, e lis rogó e suplicó con tanta falaguera que no se’n isen ixe día, que habión de fer-ne aprecio. Ni lis penó a dengún d’ells, e menos a Pietro Saputo, como ye de  dar. Con ista enchaquia se desdechunón lixerament, perque l’ahuespador no querió reblar en l’obsequio d’a chenta. E ta la nueit van parar un baile en casa de don Severo t’afalagar a don Vicent, que lo querió t’afalagar de vez a una mesacha a qui amaba.


Qui ganó en tot isto estió Pietro Saputo, pues li vagó de fablar a Morfina e rematar de ganar-la-se si ye que bella cosa i mancaba, cenó a o suyo costau, bailó con ella e cosa li quedó que deseyar ta o suyo goi. E mes que li dició una criada que heba sentiu decir a o suyo sinyor parlando con a suya sinyora:

Si iste mozo estase bien naixiu como pareix, encara que en tienga poc, li hebanos de dar a filla; perque, has parau cuenta que ella lo se mira con buenos uellos?
A monico e con ficancia fabló isto don Severo, no creyó que dengún no lo podese sentir, pero lo sintió o diaple d’a criada, a qui iste present li valió dos escudos d’archent. Con buenos uellos, deciba! Qualcosa mes en yera; sí, qualcosa mes, patriota don Severo.

A la fin se despidión ya en o mesmo baile, e amaitinando a l’atro maitín marchón d’ixe lugar do a totz lis se feba que yera entre os suyos u en una isla incantada.


Capitol XIII


Pietro Saputo se desepara d’os estudiants pasando antis per o lugarón d’as novicias


Prou dificil yera veyer-las e mantener l’incognito; pero a companyía que levaba lo frenaba, e determinó pasar per o lugar ta saber si se’n yeran salidas d’o convento e tornar-ie a veyer-las solenco e a monico. O que ye conoixer-lo ellas yera imposible, perque amés d’estar mes lambrenyo e bien negro per o sol, mes alto e de tot diferent ta ellas, levaba o bigot e un vestiu mes distinguiu, e s’heba tallau o pelo de tot e lechitimament como os escolasticos.


A las diez d’o maitín d’o segundo día plegón en o lugar, e mientres almorzaban e chentaban en a primer casa que i trobón ubierta, an que se fación parar l’almuerzo (pagando-lo), se i presenta un hombre bien farchau a suplicar-lis que isen ta casa suya. En que rematón de minchar lo trobón e conoixió que yera o pai de Chubaneta, e a ella que per a suya mai e con una cunyada los recibiba. Encara quasi no heban rematau de saludar que allí ya i yera Paulina con atra mesacha vecina e os pais, que las acompanyaban. A l’inte se tractó d’o baile e lo deixón prolargau ta mes tardi. Se repartión en cinco casas, e ell s’estimó mes a de Paulina per no estar tant sospeitosa como a de Chubaneta. Pero, oh, o que habió de patir!, l’esfuerzo que li calió fer ta no decir: soi yo, tiernisma Paulina! Pero pasó o día, pasó o baile, pasó a veilada, e pasó, a la fin, a nueit, e estió hombre de valor; no se dio per conoixiu. Feito mayor que o de cremar as naus de Cortés, que o de pasar Chulio Cesar o Rubicón, Anibal o Pirineu e os Alpes, Aleixandre l’Estreito e dimpués os monts de Cilicia. Con tot e con ixo, en marchar entregó a Paulina un billet zarrau en o sobre ta Chubaneta (ta que aquella no lo ubrise tant luego), do lis deciba, tot fablando con as dos: Traidureras! Ya no me conoixetz! No m’hetz conoixiu!


Corrió a levar-li-ne e, malas que lo ubrión, quedón mutas e pantas d’o suyo conteniu. Perque as parolas yeran de Cheminita; pero, quí lo heba a conoixer dentre ixos estudiants? Barrenadas se tornaban tot preixinando quí podría estar qui asinas lis fablaba, qui asinas se queixaba d’ellas. Perque ell, a exprés, heba emplegau muitos latins con os suyos pais e con o mosen d’o lugar, e tanyó o vigulín e a viuela. Antimés, Cheminita yera blanco e poliu de tot, e os cinco estudiants yeran... tant negros!

Bai, bai, dició a la fin Chubaneta, tu no conoixes garra estudiant ni yo tampoc no;   si qualcosa n’heba a decir-nos, que s’hese explicau. E asinas lo deixón estar per no perder l’esmo.

Ya s’habrá entrefilau o lector que con o plan que lis dio Pietro Saputo se’n salión d’o convento. E anque no dición que no i tornarían, e o pai de Chubaneta se pensaba que a suya filla teneba una vocación fura ent’o claustro, ellas se’n arreguiban, e deciban entre ellas e a solas quan s’achuntaban: antis muertas que monchas.


Os estudiants continón o suyo viache, e en veyer a endrecera que o segundo día preneba a marcha, conoixión a intinción de Pietro Saputo, perque yera o que gosaba menar-los siempre. Prou que sí!, los levaba ent’a sierra e t’o mesmo puesto e boscache an que lo trobón adormiu;


e quan van plegar-ie s’aturón, sacón l’azamallo que trayeban d’o zaguer lugarón do bi estión e lo fuon achiquindo. Satisfeita a fambre, lis dició Pietro Saputo:

«Amigos, companyers e sinyors míos: en iste puesto me prenietz en a vuestra companya, e en iste me deixatz, u millor, vos deixo yo, pues d’aquí no puedo pasar. A rienda vos debo; o vuestro tracto e a vida que hemos levau ha estau ta yo una escuela que m’ha amostrau mes que no podesen as de totz os filosofos de Grecia. Si belatro anyo en iste mesmo puesto, e o mesmo día e hora vos queresetz tornar a trobar, puet estar que vos siga aguardando, u que i vienga a trobar-vos; e si ni una cosa ni l’atra pasase, sería sinyal que no he puesto venir-ie. No vos doi mes sinyals d’a mía persona; e d’as vuestras només en tiengo que as que preciso, perque sotz honraus e bogals, que son os sinyals que yo goso prener-ne d’os hombres. Devan- tatz-vos d’aquí ya e empecipiatz a andar, que a vuestra chornada no deixa puesto ta mes chugardina. Adiós, companyers; o corazón me se’n va con vusatros».

E dito isto los acarrazó, e s’entristión totz, e li contestó dimpués un d’ells: «Qui quiera que sigatz, amigo e companyer, ta nusatros sotz estau verdaderament l’anchel conductor menando os nuestros pasos e endreitando a nuestra ignorancia. E si escuela puet ista clamar-se, vos sotz estau o mayestro e a luz d’ella. I tornaremos, sí, si Dios quiere, l’anyo venient, obligan- do-nos a vuestra muita discreción e a vuestra dulcisma amistat e tracto». E se tornón a acarrazar, se deseparón e se dion a la fin o cul con prou esfuerzo, tot caminando ells cara t’o sud sierra entalto, e ell cara t’o norte sierra t’abaixo.

Tierna e glarimosa estió a despedida, perque se quereban de verdat, fendo de totz os cinco l’amistat només que un corazón e només que una alma. Per a resta, as pirinas e pirins que se minchón, os pernils e conservas con que los obsequión, as picias que fación, as doncellas que goyosas van quedar, as casadas que fación contentas, as viduas que aconhortón, e os zamuecos ta qui tanyón, no han numero; ni vida mes lixera, feliz, goyosa e descudiada la pasó no dengún en totz os sieglos e edatz d’o mundo.


Santantonadas mes grans no fación denguna. Manimenos, lis acumulón d’aquí en bell tiempo que s’heban levau disbrazada d’hombre una doncella de Sieso, filla d’un escribano muit rico, de linache noble e antigo, que va morir con fama de santo perque sentiba misa totz os días e dechunaba os viernes e sabados, se confesaba e comulgaba totz os primers domingos de mes e casó e adoptó en diferents vegadas a seis doncellas pobres. Dica que una d’ellas enviduó e prencipió a arreguir-se-ne d’a santidat de l’escribano; e dimpués atra, e feba o mesmo. E deciba a primera:

«E qué se li dará a la chent?, yo lo quiero decir; buen mariu que en tenié, e con o de yo me quedo».
E a segunda:
«malo se diz de l’hibierno d’ixe anyo; no’n digo yo sino bien; rediós!, que tracté con buenos, e docientos escudos denguna no deixó d’agafar-los si no estió fata».
Pero a filla no estió furtada per os estudiants, que ella librement e levada d’os suyos preixinallos, a os dos días que pasón per allá fació a chanada de vestir-se d’hombre, furtar perras a o suyo pai e marchar a trobar-los ta Piedra Pertusa, en do lis declaró que quereba ir-se-ne e correr con ells. E ye verdat que marchó, e corrió ueito días, a la fin d’os que Pietro Saputo, a qui mes particularment li debeba ixa lunada, la podió persuadir, e l’acompanyó e se’n tornó t’o suyo lugar. E dició a o suyo pai que veyese en ista acción e en que ni un maravedí li heban deixau gastar d’os diners que levaba, a muita honor e consciencia d’ells; que, si alcaso,

conveniba acomodar-la antis con antis; e que d’ixe concieto de fer-se estudiant e correr tant libres aventuras, como que yera cosa de zagals, a totz conveniba callar, e no aparatar ni fer-ne estrapalucio. L’escribano, pretando os punyos e mirando-se t’o ciel, gramó de dolor, e s’iba a arrullar dencima d’a suya filla ta matar-la; pero lo templó e asusegó Pietro Saputo con a suya muita explicativa, e fendo-lo venir a plego de tot con a filla, se’n tornó a trobar a os suyos companyers. Dimpués se casó a mesacha, e bien, a penar d’ixa zapatiesta. Que ye gran capa un buen dote, e dan d’ellas e d’as personas muit buena e firme ulor as riquezas.


Os estudiants marchón sin saber quí yera Pietro Saputo, pensando e entrefilando-se per a suya crianza, per o suyo desinterés e a suya nobleza, que habría a estar fillo de bell gran caballer, e que per qualque picia se’n yera iu de casa d’os suyos pais, e li agradaba mes ixa vida suelta e goyosa, que ixatra atada curta e formal de l’orden an que yera estau criau. Tamién dubdón siempre si yera aragonés, castellán u navarro, e se van decidir per isto zaguer, només perque lo se deixaba clamar; anque per l’accento podese estar de qualsiquier atra provincia d’Espanya, que un día pensaban que yera naixiu d’una e l’atro d’unatra, perque feba con o suyo parlache e trazas o que quereba.


Capitol XIV


Pietro Saputo torna a veyer a las suyas amigas


Triste e pensaroso caminaba dimpués d’ixa deseparación, e no encertaba a caminar ni sabeba ta dó quereba ir. Pero o suyo corazón lo menaba ent’o lugarón d’as suyas novicias, en o que i dentró o segundo día, tot precurando plegar-ie tardi e fendo-se pasar per coixo, una cosa ta descansar librement ixa nueit, e atra ta tener desincusa e causa t’aturar-se-ie un día u mes si convenise. Se ficó en a primer casa que i trobó ubierta, cenó e se chitó tot queixan- do-se de l’escamallo e d’a coixera.


De maitins, quan se yera sacando os bigotz apegaus e lavando-se, i dentrón os pais d’as   dos mesachas, e en veyer-lo aqueferau en a suya hichiene només lo saludón e se’n salión ta la cocina. En que estió lavau, mudau e atrapaciau, salió muit goyoso fendo-se siempre o coixo,  lo agafón e lo se levón ta casa de Paulina do yera parada a chenta; e perque a coixera yera gran, seguntes caminaba, lo deixón allí e marchón cadagún t’os suyos afers. Podió parlar una miqueta a solas con Paulina, e li dició:

Entendietz o mío papel?
No, sinyor, contestó ella.
Bien, pues, i deciba yo que ya m’hetz ixuplidau. Mentirolas! Ingratas!
Lo se miró allora ella, e como ya no levaba a mostachera e a barbazoqueta que yera o que mes li feba pareixer unatro, lo iba reconoixendo, e li se mudaba a color, e ya no en dubdaba, quan li deciba ell:
Sí, soi yo; o mesmo!, no t’enganyas!; o vuestro companyer e amant d’o noviciau.
Allora ella con os uellos como caparras, lo conoix, e sin poder contener-se s’arrulla ta ell con os brazos ubiertos.
Marcha, li dició, e da a noticia a Chubaneta. Pero paratz cuenta.
Se desfeba ella d’amor, e percutida e afanyosa fue a decir-le-ne a Chubaneta. La gritó aparti e pretando-li a man li dició: Ai, amiga, que l’estudiant d’o billet yera Cheminita, e ye ell qui agora en casa mía bi ye e no lo conoixiemos! Chubaneta se pensó que a suya amiga heba perdiu l’esmo u que esbaruquiaba; pero fue t’allá e habió de desenganyar-se, e creyer o que     i veyón os suyos uellos e sintió o suyo corazón en veyer-lo e sentir ixa voz tant conoixida.

Quatre días duró a coixera, e no en duró mes perque temió que se’n sospeitase u cayer en bell escudio. Chentó un día en cada casa d’as dos mesachas e con os instrumentos que bi heba en o lugar se fación contentos bell ratet, logrando-ne d’atros ta os suyos amors con aquellas amabilismas ninas.


O día que se’n fue li ofrión una azembla, e dició que un estudiant no puet ir a caballo, fueras que d’o suyo lugar ta la ciudat do i tien os suyos estudeos, e que ell encara no yera plegau en Navarra, perque lo creyeban totz navarro, deixó correr ista opinión, que mes li favoreixeba que li feba esperchuicio.


Continó o suyo camín, e plegó en o lugar de Morfina, an que i dentró agún mes tardi, pues yeran ya as ueito, e ixo en un tiempo que o lusco no pasa d’as siet; e marchó t’o mesón, se chitó a escape, e encargó a la mesonera que, i venise qui i venise, no lo gritase. De maitins sabió que yeran idas a veyer-lo qualques personas, don Vicent entre ellas¸ e se vistió e escoscó con muito tiento ta o que s’heba parau, fendo-se lavar a ropa en atro lugarón do se bi aturó un día. Salió de casa e s’endrezó ent’a de don Severo; e antis de plegar-ie se trobó con don Vicent que veniba a escar-lo, e que li carranyó a rienda d’a suya parti e d’a d’os sinyors pais perque lis heba feito a carada e l’afronta d’ir-se-ne ta la posada publica. Se’n desincusó ell con facilidat e remató decindo que iba a fer-lis una vesita e que en chentar marcharía.

En cenando e dormindo ista nueit, contestó don Vicent, e agún no sé yo si será o mesmo maitín, marcharetz, amigo mío; perque ista nueit, a puerta trancada, e només que una persona de difuera de casa, hetz a tanyer o vigulín igual que lo vatz tanyer ixatro día, d’o que encara semos almiraus.
No tiengo instrumento.
No te’n mancará. A mía chirmana diz que mes s’estima sentir ixo que veyer-se reina d’Espanya; perque ye aficionada a la mosica e li fa muita honra si ye buena.

Con ixo plegón en a casa. Qué biemplegada! Qué afecto! Qué amor li amostrón totz! Con qué naturalidat e confitanza li fablaba Morfina! Bien se conoixeba que a criada li heba dito o que sintió a o suyo pai e li’n dició a Pietro Saputo. Chentó allí, fación una gambadeta de tardis, e en a veilada, no estando avisada soque a persona que dició don Vicent, que yera  a suya dama, tanyó Pietro Saputo o mesmo que l’atra vegada, e agún con mes incanto e reflexión, parando cuenta que yera ell mes feliz con as noticias d’os suyos amors.


Pero a l’atro maitín li dio don Severo un mal rato. Li preguntó de sopetón si heba sentiu fablar de Pietro Saputo; contestó ell que bella miqueta, pero que no podeba dar noticias d’ixe fuleno.

Pues amigo, dició don Severo, plegué ahiere d’o Semontano e me fablón d’ixe portento. Ye un mesache que diz que no ha mes de dotze a catorce anyos, naixiu d’Almudevar, e a la suya edat ye o mayor sabio que se conoix: como que ixo mesmo quiere decir Saputo.  Ye tamién pintor, mosico, pero famoso, talment igual como vos, don Franchet; de tot un filosofo, tant fundo en as suyas respuestas, que a os hombres de mes barba d’a tierra lis fa cerola de meter-se debant d’ell ta pleitiar. Ell sabe totz os oficios. En dotze días aprendió a leyer e a escribir ell mesmo; en un ratet a pintar, en atro a tanyer totz os instrumentos; e ye tant rocero e bien fablau que a totz incanta.. No tien pai, perque ye fillo d’una popila que yera pobra e ell l’ha feita ya rica ganando totz os diners que quiere. Diz que hopa de casa e que se’n torna plen d’oro que gana en atros puestos con a suya habelidat, u que li’n da bella persona que en secreto lo favoreix per mandau d’o suyo pai, que diz que si ye un gran sinyor d’a cort que pasó per allí, u d’un prencipe que iba disbrazau. A la finitiva, don Franchet, que no se fabla d’atra cosa, marchetz ta do marchetz, totz vos parlan d’ell, totz preguntan e lo celebran. E o mes curioso ye que dengún no lo veye mai fueras d’as temporadetas que ye en o suyo lugar, como si levase con ell l’aniello de Gyges, que tornaba invisible. A isto diz que unas vegadas se disbraza d’o suyo natural, e se cambea a cara; atras vegadas se creye que se’n va con os chitanos.
En sentir ixo no podió adubir-se Pietro Saputo, pretó a arreguir-se-ne e dició:
Rara condición sería a d’ixe mesache.

Sí, sinyor, prou rara, dició don Severo, pareix estar que un hombre tant extraordinario per fuerza ha d’estar-lo en tot. Mesmo a mai dicen que sin saber de qué coda se’n ye tornada una verdadera sinyora, como si estase naixida de buena casa, només que per a nueva educación que li ha dau o suyo fillo. En paratz cuenta? A nueva educación que li ha dau o suyo fillo; e que con tot e con ixo no ye fachendosa ni soberbiosa, sino muit sencilla e totz la quieren e respectan a-saber-lo. No sé, amigo don Franchet, de qué coda d’Almudevar ha puesto salir un personache como iste. Perque hetz a saber (e me perdone o vetuperio) que ye un lugarón prou fiero de vista e mes fiero agún de tacto; e a suya chent pasa per... Fote!, que no son d’os mes agudos. Yo m’he pensau d’ir-ie quan sapia que de seguras bi ye, perque ir-ie de baldes me penaría de verdat o viache.

Feretz bien, dició Pietro Saputo; anque yo estoi que no ye verdat tot o que tanye o pandero e que a fama apondera muito u ya puet estar que lo’n siga tot. D’un mesache d’a tierra mía me racontaban tamién marabillas e ell, quan lo sabió, se’n arreguiba e dició: pues si yo soi hombre gran, qué han a estar a resta?
E prenendo o vigulín se metió a tanyer e fació que Don Severo s’espiguardase d’a suya basemia.

A l’amor dengún no lo enganya; l’amor tot lo se barrunta, tot lo piensa, tot lo dovina. Mientres que don Severo se desfeba aponderando a Pietro Saputo, per o que d’ell heba sentiu, yera Morfina mirando-lo-se inamorada e achuntando e valurando tot o que heba visto a o suyo amant e sentiu d’ell a os estudiants, e deciba t’os suyos adintros: u no bi’n ha de Pietro Saputo u ye iste; perque ye tant poliu como dicen, e tant sabio, e tant gran mosico, e tant amable e tant diferent d’os hombres cutianos. E pensando-ie lo se miraba e li blincaba o corazón, e li s’alumbraba a cara, e se moriba de deseyo de veyer-lo a solas e decir-le: yes tu. Ell l’aguaitaba, e s’entrefiló o que yera preixinando, e logrando un inte de libertat li dició: –Sí, Morfina, lo has dovinau, soi yo; pero no en digas cosa; e si agora que sabes quí soi no te pena d’haber-me conoixiu...
Remanió ella empensada un ratet, pero dimpués esbotó e dició con calor e prou resuelta:

Morir antis que amar e mirar-me a atro hombre. Ya no bi ha remeyo; a o feito, costodias; de tu, de tu soi. A mía pasión e a mía razón lo quieren. Te veyé, te conoixié, e no puedo deixar d’amar-te, e a vida me costase si no m’heses correspondiu. perque tu solo (dimpués de os míos pais) yes ta yo en o mundo. No bi heba hombres ta yo dica agora, e no bi’n habrá mes t’adebant. Pero, ah!, no m’enganyes, perque me moriré, no me digas que me quiers si ye que no me quiers tanto como dices e tanto como yo lo creigo. Perdona, quiesto mío, que asinas m’esfogue, ista franqueza e mes agún a libertat que doi a o tuyo amor e se’n prene o mío carinyo.
No hese rematau a eloqüent apasionada Morfina, si a voz d’o suyo pai que i puyaba no la hese tornada en ella d’ixa furnada amorosa. Ell l’aseguró de tot ixo que podese deseyar; e dimpués de chentar se despidió e marchó acompanyau de don Vicent, que lo deixó luego ta ir ta un campo do i teneba qualques chornalers.

Capitol XV


Sabe Pietro Saputo de flai Toribio, o d’o penyazo, e se’n torna t’o suyo lugar


Malas que deixó de veyer o lugar de Morfina, li tornó ta l’esmo a baruca d’os aguazils, només de pensar que s’endrezaba ent’o suyo lugar an que sin garra dubda yeran aguardando t’agafar-lo. Con tot e con ixo l’iba dando a cucha asinas como per instinto, e si no se’n alpartaba tampoc no se bi amanaba; amés d’haber abanzau poquet-poquet en os tres días que levaba de marcha dende a despedida d’os suyos companyers, perque tot yera esbarrar-se e garimboliar.


A l’atro maitín pretó o paso con a intinción ni mes ni menos que de ficar-se en os monts de sierra Guara e navesar, si yera menister, o Pirineu; quan a ixo d’as nueu alto u baixo veyó amanar-se-ie per atro camín a man dreita una botinada de chent que per as trazas yera una procesión u romería. T’allá van e t’allá voi yo tamién; un estudiant do quiera que siga ye bien recibiu, e iste vestuache m’amaga de percutidas. Deixó pasar a procesión e se bi amanó a chuntar-se con os rezagaus, que yeran chovens que a relichión d’a fiesta lis bufaba a pocha,    e mocetas muit goyosas que tamién se trobaban millor con ixa companya que con os que marchaban debant rezando rosarios e retolicas. Se fació memoria d’o penitent de Balbastro e dició: quántos ferán hue penitencia en ixas envueltas!


Querión fer mofla d’ell como chent de poc seso; pero as suyas respuestas yeran tant agudas e curtaba tant raso, que bien luego li se declarón amigos, e tres d’ells lo convidón a chentar d’o suyo recau.

Si nos han de fer companyía istas mesachas, dició ell, voi de convidau, no pas si no. Ya sabetz que a muller ye a gracia d’a vida e a gloria d’a fortuna, sin ellas ye muerto o mundo e a fortuna ye quasi igual prospera u contraria.
Per cada vegada que fablaba s’incantaban mes con ell ixos mozos.

Un d’ells poc dimpués dició:

Agora pienso yo que o caballer Roldán, que blincó ixas penyas dende una ta l’atra (yera mirando-se-las de frent), heba d’estar prou blincador e lixero.
Yo estié una vegada allí, dició atro, dende Santolarieta; e lo menos que bi ha dende la  un ta l’atra ye un tiro de bomba largo.
E sabetz vusatros, dició Pietro Saputo, o que pasó dimpués de foter o caballo ixe blinco?
Nusatros, respondión, no sabemos mes que Roldán blincó ixas penyas fuyindo d’Olivier de Castiella.
Oh!, dició Pietro Saputo, yo vos diré a resta. O caballo raventó en cayer en l’atro costau, e Roldán pretó a correr a peu, e en plegando de penya en penya t’o Uego de Sant Cosme, se’n puyó en o cobalto, e a Olivier, que quedó en atra penya mirando-lo-se sin sangre en a pocha, li fació docientas sixanta-ueito figas e quatrecientas novanta-siet butifarras. Lo sabebatz ixo vusatros?
No, li respondión.
Pues tampoc no sabretz, continó ell, atra cosa que pasó encara mes rara que o blinco.

A o caballo, quan iba per l’aire, li se cayón os cagallons en o río Flumen per arte e mal de ficio d’un bruixot; o Flumen los levó ent’a Isuela, a Isuela enta l’Alcanadre, l’Alcanadre ent’a Cinca, a Cinca ent’o Segre, o Segre enta l’Ebro, l’Ebro ent’o mar, o mar s’abrabonó e d’ola en ola fuon as piezas a aturar-se en a ribera d’Africa entre dos figueras salvachinas, e allí naixió una matullera que fació tres flors bien polidas, una blanca, atra negra e unatra morada; e i va plegar una yegua calient e se minchó as flors e a matullera, e libró dimpués tres caballos d’as mesmas colors, cadagún d’una flor; ixos caballos fuon tant veloces, que correban e blincaban trenta-dos vegadas mes que o pardo mes lixero d’a sierra d’Ontinyena.


Encantuchaus, esbarafundiaus, extasiaus, felalos per adintro e per difuera yeran ixos chovens e mocetas sentindo racontar a o moflón de Pietro Saputo ixa marabillosa faloria; e sin sentir lis s’amanó a ermita e i plegón. Descansón una miqueta, e fotendo-se una punta de magras de tocino, se prencipión os oficios, u siga, a misa.


Yera Pietro Saputo en a ilesia con os suyos nuevos amigos, e veyó puyar a o pedricador t’a pedricadera. Oh, casolidat! S’espantó a rienda malas que lo veyó e lo conoxió! Yera o mesmo pai prior d’os carmelitas de Uesca, o que heba achustau a pintura d’a capiella. Pero pensó en os suyo disbraz d’estudiant e, con ixo, poc miedo.


Plegó a hora de chentar e fue t’o suyo rolde, en o que reinó a franqueza e o goi, e tamién talment bell exceso de libertat. Duró tanto o minchar e o beber, e l’arreguir-se-ne, que pasó que un tío d’un d’ixos mozos que heba chentau en a mesa d’o pedricador, s’amanó ta do ells  bi yeran e lis contó una dicienda muit graciosa que heba racontau a suya paternidat mientres chentaban. E lis conta punto per agulla l’afer de Pietro Saputo con a pintura d’a capiella e a rasmia e traza con que zarró a boca a o flaire que totz os días iba a enzurizar-lo. Per un mes,  bi adhibió, diz que habió de curar flai Toribio, plen de pilmas e faixas. E o pai pedricador diz que se’n arreguiba a rienda contando-lo, e que només li feba duelo que no i tornase Saputo     ta continar a pintura, perque no quereba que atro i ficase as mans. En que sintió o que sintió Pietro Saputo, dició t’os suyos adintros: pues s’esmuyó o flaire, puedo marchar seguro t’o mío lugar, e seguro dentrar en Uesca e mesmo vesitar a o pai prior si ye que viene a man.


Atardeixeba a escape; e replegada a chent espardida, farchón a procesión e marchón. Pietro Saputo se despidió d’os suyos amigos e s’esbarró ent’o suyo lugar con firme deseyo de veyer a la suya mai e entregar-li os diners que heba replegau. Pero ta que no se sabese que marchó de tuna con os estudiants, perque quereba amagar ista parti d’as suyas aventuras per estar masiau chuntas con a d’o convento, pasó per Uesca, se fació un vestiu nuevo de caballer, e s’endrezó e plegó en o suyo lugar per o mesmo camín que yera saliu. T’o suyo lugar! E encara quasi nino! E tanto tiempo desasentau!


Oh, monts d’o mío lugar! Oh, penyas, fuents, vals, río, ambient, ciel, boiras e arranyals conoixius! Oh, sol e luna que fa propios l’horizont, e banyatz os mesmos obchectos d’a suya mesma linia, as mesmas colladas e costeras, os mesmos edificios, a mesma tierra, e siempre d’a mesma manera! Ah, tot aquí me conoix e m’acarraza, tot ye amor reciproco, tot carinyo, dulzura, descanso, paz, confitanza e seguridat! Os lecos tant familiars; as aves fillas d’o país, o suyo canto cutiano, o suyo vuelo conoixiu, os suyos puestos freqüentaus! Os arbols que veyé de nino e d’os que si en desapareixió belún especial u notable siente o corazón a suya


manca e no s’aconhorta de no veyer-lo! Oh, simia, fachendosa e enganyosa filosofía, que iste humán instinto has quiesto negar e treballés zaborrera e patarieca en nastar ista sensibilidat, iste amor a la patria, a coexistencia necesaria, precisa, natural e chusta d’iste amor e d’a vida! Ah de qui diz que no ye d’ell o ciel que lo veyó naixer, que lo se mira con indiferencia! Forachitatz-lo d’o mío costau, pero leixos, sí, muit leixos, perque no lo quiero per amigo, ni ha d’estar, si ye que puedo, o mío companyer en a paz e en a guerra!


Goyoso e con una tobera que lo trestucaba e li enrasaba os uellos de ternura veyó Pietro Saputo dimpuesas d’ista primer ausencia de siet u ueito meses l’horizont d’o suyo lugar, o mont d’edificios que se devantaba a l’anvista, e navesar e tornar a puyar as alodas que pareixeba que lo saludaban con o suyo canto. No bi ha allí río, no bi’n ha de vals, no bi ha fuents, no bi’n ha d’atros grans e sinyalaus obchectos particulars; pero va trobar-ie o mesmo quiesto ciel, a mesma quiesta tierra, a mesma quiesta campinera, os mesmos camins, avenidas e campos d’alero que de nino navesaba; e yera, a la finitiva, o suyo puesto, yera o suyo lugar, yera a suya patria; e allí bi yera a suya cuna e a suya casa an que se i crió con tanta dulzura; e allí, mes que mes, bi yera a suya buena mai e a resta de personas d’o suyo eterno primer amor, que tamién lo amaban tiernament e lo heban d’amar toda a suya vida.


Pero querió dentrar-ie de nueitz ta privar que s’abotinasen os vecins ta veyer-lo; e fue aturando-se e ranzoniando, saboriando en os suyos preixinallos a sospresa e goi d’a suya plegada. E perque no yera seguro trobar a la suya mai en casa a ixas horas, marchó t’a d’a suya matrina, e atinó, perque allí bi yera; e marchón os dos malas que rematón d’acarrazar-lo e enternecer-se; e de cenar tamién, perque no los deixón ir-se-ne sin que cenasen. Li preguntón con anglucia a on yera estau e qué heba feito en tot ixe tiempo, e ell respondeba que ir per o mundo enlá e veyer mundo, e lis prometió largas historias ta mes adebant e a moniquet.

De maitins lo vesitón todas as personas prencipals d’o lugar, e primer, e antis que no dengún, as suyas dos amigas Rosa e Olaria con a-saber-la franqueza e cordialidat; e totz s’almiraban de veyer-lo tant creixiu e tant hombre.

A os pocos días va replegar una carta d’o prior d’o Carmen en a que li daba a biemplegada e li deciba que como no heba quiesto que atro pintor continase a obra d’a capiella, li rogaba que i venise ta rematar-la, perque ixo de flai Toribio no estió guaire grau; e que a una mala ell fería que ni iste flaire ni dengún atro lo incomodase. Con o mesmo mandaleixer respondió Pietro Saputo a o prior, que se bi amanaría a venient semana ta veyer-se con a suya paternidat u malas que rematase de deixar bien endrezau un apanyo que yera fendo-se en casa suya, perque querió arrepetazar-la e atrapaciar-la per adintro. En que habió feito o que mes aprecisaba, marchó ta Uesca, e sintió de muit buen implaz de boca d’o prior o escudillau que quedó flai Toribio, a qui manimenos li se mandó, chus pena de santa obediencia, que ni una sola vegada fablase con o pintor ni que i dentrase estando ell en a capiella. Asinas que continó a suya obra, o que permitió a estación dica que plegó con fuerza l’hibierno, e os meses mes pretos los pasó en Almudevar adedicau a l’estudeo e a la mosica.


Plegó a primavera; a primavera, ah! estación tant agradable e deseyada, estación tant goyosa e amable, e que ta nusatros ye desapareixida de l’anyo. O mundo fisico padeixe de vez que o moral e politico. Oh, tiempos en os que i semos plegaus! Qué diretz de nusatros, futuras cheneracions?


Plegó, como deciba, a primavera; dio orden de tot o que caleba fer en casa suya, vivindo entremistanto con a suya mai en a d’a suya matrina e se’n fue a rematar a obra d’a capiella, pasando todas as semanas a veyer e menar a suya, perque no feba guaire confitanza con os pareters.


E la un e l’atra se rematón de vez, e se trayó as cincientas libras d’a de Uesca e un buen present que li va fer o prior, perque en o patriarca Sant Elías heba feito desimuladament o suyo retrato.

As dos salas que deixó pintadas en o lugar mereixión tantos aponderamientos d’os foranos que las veyeban, e belaún d’ells con esmo, que o buen mosen querió que tamién li pintase qualcosa en a suya casa, e lo satisfació e lo pintó de baldes per l’amor tant tierno que li debeba. E a atro rico li pintó tamién a sala buena. Li alvirtió Olaria que no fese res millor que a suya sala, perque s’encarranyaría; e ell li respondió: anque querese no podría, perque bi ha en a tuya un anchel que m’inspiraba.
Ye per demés decir que no va acudir ta la cita con os estudiants; ells sí, e tant cumplius que per minutos levaban a hora. Burlaus en a suya esperanza, vesitón a don Severo; e desimulando Morfina, e levando d’o pai o mandau de trayer a o companyer de l’anyo pasau, s’esbarrón t’a cucha e s’enfilón dreitos ta Navarra ta mirar de trobar-lo, perque siempre lo creyón navarro. Ell bien sabió d’o suyo paso, pero s’aguantó e se’n arriguió; e perque li penó no tornar sisquiá a fer una miqueta d’estrapalucio con a tuna, cargó encara mes en l’amor d’Olaria qualques días t’aconhortar-se e no reblar debant d’ixa clamada tant fura e trazona.


LIBRO TERCERO


Capitol I


Pietro Saputo vesita qualques lugars. En tornar-ie, se troba a la chent d’o suyo lugar fendo una gran algarada.


Venerable antigüedat, amor d’o corazón, embeleco d’os preixinallos, deseyo d’o tiempo present, gloria e honor d’os pueblos, d’as nacions e d’a humanidat, chunindo siempre o ciel con a tierra, os dioses con os hombres! Salve! Tamién yo m’alimento con a tuya memoria, m’apasiono con as tuyas maravillas, magnifico a os tuyos heroes e alufro estatico e ansioso a machica luz d’as tuyas boiras royencas.


Prou tiempo feba que Pietro Saputo deseyaba vesitar os lugars historicos d’o nuestro reino; e libre agora de tot cudiau e antis que lo demandase qualque nueva obra, determinó de satisfer a suya curiosidat. Vesitó, pues, os antigos fuertes d’os cristians, que yeran Marcuello, que en ixe tiempo agún se conservaba, Lobarre, Montearagón e Alquezra, que tant celebres son en as nuestras historias.



Lobarre, Montearagón e Alquezra

Montearagón

castillo, Alquézar, Alquezra, alcázar, al-qasr


En Alquezra bi yera estau con os estudiants, pero no paró cuenta en as suyas antigüedatz, e querió tornar-ie muit a exprés ta veyer-las, e mes que mes as pinturas d’a ilesia. Presenció de casolidat unas oposicions de segundo vigulín d’ixa capiella de mosica, do se i van presentar seis opositors. Per cierto, que en veyer a parcialidat con que se chuzgó l’habelidat e se fación as comparanzas d’os mosicos, dició: «Estopencia d’estopencias e de tot estopencias ye isto d’as oposicions; una cortina que amaga una farsa; o complimiento d’una lei que o suyo esprito no dentra en a consciencia u i remane e no fa efecto. Compitión aquí as mitras e as faldas, e van ganar as faldas.» Perque sabió que bi heba recomendacions de dos sinyors bispes e d’una sinyora de titol, e se levó a plaza o recomendau per ista. D’atra man, agún o millor d’ells li pareixió només que meyano. E anque de buen implaz hese agafau o vigulín e lis hese faltau a totz, no va querer per tal de privar a fachenda.


D’Alquezra, per trobar-se-ie tant cerqueta e siempre haber-lo deseyau, querió puyar-se-ne ta la sierra de Guara. Se’n puyó e, plegau en a tuca, alufró a-saber-los de lugars que se descubren, mes que mes en ixe tapiz tant poliu de tot extendillau dende a suya estribera que claman o Semontano. E dició: Bi habrá atro paradiso en a tierra? Només manca que lo entiendan e li correspondan os suyos habitadors.



querió puyar-se-ne ta la sierra de Guara


Se miró dimpués t’o suyo lugar, e saludó a la suya mai. E a la suya matrina e a la suya chirmaneta Rosa e a Olaria; e se’n baixó atra vegada t’o lugar, e vesitó l’alcazar de do s’ha malmeso o nombre que leva ixa immemorial e muit noble villa.


D’aquí se’n puyó ta Sobrarbe, e va vesitar a suya capital, a famosa villa de l’Aínsa, lugar allora de cincientos vecins e agora de poc mes de cient, e que estió cremau en a guerra de Succesión, e que s’enronón no fa guaire os suyos polius fuertes; e que ye, manimenos, una plaza que si tenesenos gubierno estaría mes respectable e fuerte que a de Chaca e no 
menos important e precisa. Se’n puyó tamién ta Sant Veturián; vesitó l’antiga espelunga d’os monches, u siga, a d’o santo; adoró o cuerpo d’iste tot pensando en Alcoraz; veneró a fuesa de don Gonzalo e, tot dubdando, d’o d’Arista, se’n baixó e marchó ta Chaca, d’an que se’n puyó ta Sant Chuan d’a Penya.


d’an que se’n puyó ta Sant Chuan d’a Penya.


Oh, con qué respecto e amor veneró as cenisas d’os nuestros reis allí apedecaus, e as d’os heroes que a o suyo costau chacen en ixe antigo pantión e espelunga do bi son as memorias e toda a gloria d’o nuestro reino! Sintió, cargando-se de huembros, o d’a volada d’o caballo e o suyo blinco a l’aire en o canto d’ixa altiza penya; i veyó, bochando a cabeza, as columnas, altera Troja, d’as que nos fabla o buen pai Briz Martínez e, en saber d’as rendas d’o monesterio e en veyer qué poc las precisaban os monches, dició t’os suyos adintros: ixas rendas han de perder-las, primer de tot con Dios, dimpuesas con o mundo.


Tamién se’n puyó ta la espelunga mes altera d’o mont Oruel; e atipando d’aire o suyo anglucioso peito se’n baixó per o camín reyal enta Almudevar, pero pasando per Riglos, perque querió veyer os Mallos, ixas penyas que pareixen martiellos en ringlera, con a coda fincada en a montanya. E i fue, e los veyó, e se i va arrepincholar, e con un cotiello escribió o suyo nombre en a frent d’o que mes retepellau e ampla tien a cabeza.



pasando per Riglos, perque querió veyer os Mallos, ixas penyas que pareixen martiellos en ringlera, con a coda fincada en a montanya


Malas que va plegar amán d’o suyo lugar i veyó una botinada de chent en a parti de difuera, e va sentir a-saber-los de gorgumentos, e chilos e voces a traza de mando. E, qué yera? No lo hese quiesto veyer; ciego hese quiesto estar. Heba caito un rayo en a torre d’a ilesia e la va decantar una miqueta ta un costau dende o zaguer cuerpo; e ligada arredol una baguera fuerte e pasando-la per dencima d’os edificios d’as casas dica o campo, allí bi yeran totz agafaus d’ella e estirazando ta endrezar-la. En que lo veyón e lo conoixión se’n fación prou contentos e lo gritón, perque aguardaban que con o suyo buen esmo lis inventaría bella traza ta lograr o suyo intento, e li dición o que pasaba, que prou que lo veyeba ell e li penaba. Pero desimuló e mandó que portiasen mes bagueras e mandó que las ligasen a la unica de do estirazaban; trestalló a fuerza entre todas, e dició que o ligallo que abracaba a torre no yera bien feito; e que antis de foter a estirada quereba ell composar-lo. Fue t’allá, s’arrepincholó en a torre igual que un gato, e con una novalla la talló desimuladament deixando-li només que un ramal sano, ta que, a la fin, podese acumular-li a la disgracia que o pueblo no hese puesto surtir-se-ne con bien d’ixa faina. Fació dende o tellau d’a ilesia o sinyal conveniu, e d’una voz que li va fer a l’encargau de dirichir as fuerzas, estirazón totz con tal rasmia e tant de sopetón que se trencó a baguera e cayón totz de cul en tierra; que yera a-saber-lo de toba e chupida per as plevias e se fació un forau muit gran, e tardón buen rato en devantar-se, perque no podeban librar-se d’o bardo. Plevió de tardis e toda a nueit e se fuo emplindo o forau d’augua, e de maitins i trobón una basa a-saber-lo de pincha e polida que encara hue, dimpués de tantos anyos d’o suceso, la clamón, e la claman agún agora, a basa d’a culada.


Capitol II


De cómo Pietro Saputo li sacó d’o tozuelo a una mesacha as barucas de fer-se moncha


Bienaventuraus os mansos de temperamento, perque d’ells ye a minchadera en iste mundo, e en l’atro, o ciel d’os que mueren sin laminar a sal de sinyor mosen! Benditos, buenazos, pacificos e goyosos sin saber qué ye a bondat, fortuna e goi; sin amor ni odio ta garra cosa; a borrufalla, a palla d’o tracto civil, que no sé cómo han a menister atro alimento que a ells mesmos.


A os pocos días d’estar plegau, fue a vesitar-lo un ricacho d’o lugar, a qui li deciban Chuan de l’Alto, e per embotada e malnombre, Sisenando; iste li dició que veniba ta demandar-li consello sobre qué podría fer con a suya filla Tereseta, mesacha de decinueu anyos d’edat, que yera ida a veyer l’anyo pasau a una tía moncha en as descalzas de Uesca e que heba pasau cinco u seis meses en o convento t’aprender qualques estopencias de l’agulla, e que fue a escar-la e tenió prou fainas en tornar-la ta casa, perque dició que quereba fer-se moncha.

Yo, adhibió o buen hombre, heba pensau acomodar-la con un fillo de Pietro Pérez de Tardienta, buen amigo e companyer de yo, e con qui dende fa muitos anyos teneba meyo achustau iste casorio.
Prou bien, dició Pietro Saputo; pero vos, qué ye o que queretz?, que li saque a vocación d’o claustro u que la convenza de que s’acomode con ixe Pietro Pérez?
A yo, respondió o de l’Alto, me ferían goi as dos cosas, pero si no puet estar,  me       feré contento con una d’ellas. Perque como a la mayor la tiengo ya acomodada en Lobarre, m’agradaría fer a ixatra hereva, ya que Dios no m’ha dau que mozas, e portar-me o choven ta casa.
Preciso, pues, dició Pietro Saputo, que me deixetz vesitar-la con qualque freqüencia e fablar-li a solas e con qualcosa de libertat.
Ixo?, contestó o pobracho: anque queratz venir-ie ni dos ni tres vegadas en o día, e estar-vos-ie dende que amaneixe en o ciel dica que de nueitz se mata a zaguer luz de casa nuestra. Yo ya lo tiengo fablau con a mía muller, e d’ixa manera lo entendemos os dos.
Pues marchatz en paz, sinyor Chuan, dició Pietro Saputo, que maitín con a enchaquia   de tornar-vos a vesita, he a fer a primera a la vuestra filla. e paratz cuenta que a intinción no la sapia ella ni garra atra persona. Pues ye de dar, respondió Sisenando; e marchó a-saber-lo de goyoso.

Yera a casa de sinyor Chuan Alto u de l’Alto, d’as que mai gosaba freqüentar Pietro Saputo, perque no li agradaba tractar con fatos, e en yera Sisenando con anglucia, e no guaire aguda a suya muller, a qui tamién heban cristianau con a embotada d’a Pintiparada. e yera que teneban un arca de bell peso en os suyos bodiellos, e se’n yeran tornaus encara mes fatos d’o que naixión, e a filla se crió concietera e despotica per a fachenda que li heban amostrau e a poca autoridat d’os pais. Patarieca como ells no en yera, e d’a suya persona, prou bien feita,


anque no polida; pero teneba uns uellos que li’n compensaban tot, negros, vivos e pensadors; a voz muit dulza, a suya conversa sucosa, e o suyo tracto aficionau e amable, si ye que no se foteba zancarrona e cayeba en os malos modos; pocas vegadas las emplegaba si no yera que con personas d’a-saber-la franqueza, como yeran os parients e qualques amigas.

Prou que la va correchir Pietro Saputo d’istos defectos; pero agún li quedó bell bayo que no li’n podión curar de tot, ni ye facil curar d’ell a no dengún si no son personas de muito talento, de muita reflexión e capables d’una filosofía que s’amuestra poc e se practica encara menos en o mundo. Ixe bayo que li quedó yera només que ta que no se decise que feba qualcosa per consello d’otri, u que a opinión d’otri yera mes funda u se sobreixeba d’a suya, tot querendo siempre quedar per dencima, no almitiba alvertencia ni consello, agún en as cosas de menos importancia, como son calar-se una flor de mes u de menos en a guirnalda, una veta en o vestiu, una agulla en o tocau; u cambear u revocar una disposición no bien encertada en o gubierno d’a casa; fer antis u dimpuesas, u fer u no fer bella cosa a la fin, estase a que estase; yera prou que li’n decisen ta fer o contrario. Li feba duelo a Pietro Saputo, e li’n dició oportunament muitas vegadas, tot deixando-la a la fin e amagando-li ista miseria que almite con atras muitas l’animo feble d’a muller per una simia balloquería d’excelencia en a que se ciba o suyo argüello. Pero ye o caso que la padeixen tamién qualques hombres, e totz per as mesmas causas; que son, mala crianza a primera, e dimpués argüello, soberbia e quixotismo, que tot de conchunta ye només que pobreza d’animo e irracionalidat.

I plegó Pietro Saputo, e a mai li fotió per dencima toda a tamborinada d’ofreiximientos e no li quedó res per decir ni qué ofreixer. No asinas a mesacha, que lo recibió con goi e prou. Se’n tornó a l’atro’l día e la mai los deixó solencos un ratet. Ell, manimenos, fabló de cosas chenerals, e ixo mesmo fació quatre u cinco días, pero precurando con desimulo e eficacia plegar t’o suyo corazón, e quaternando tot o que ella sin pensar-ie ni querer iba manifestando. Un día, a la fin, dimpués d’estar seguro d’a disposición de Tereseta per qualques sinyals infalibles, dició, estando-ie a mai, que quereba fer un viache per bell mes. Malas que sintió ixo a mai, blincó:


Cómo?; vos n’itz agora que prencipiabanos a estimar-vos tanto?
Cómo?, dició, tamién yo, respondió ell; agora prencipiabatz a estimar-me, quan yo pensaba que siempre m’hebatz estimau? Enganyau vivié, caso en dena. As que vos quereban antis, u siempre, como decitz, dició a mesacha, teneban con vos ista obligación; nusatras no la tenebanos dica agora.
Entendió Pietro Saputo l’alusión que, d’atra man, yera prou platera, pero a mesacha ya heba amostrau estar bien desaconhortada per a noticia, encara que querió desimular-lo. E dició ell sonrisando-se Yo, quiesta Tereseta, correspondo a qui lo mereix, e en o chusto grau que lo mereix. E no fuon dillá en ista primer explicación que tot lo deixaba en o mesmo estau, pero con a ferida sinyalada e quasi ubierta.

I tornó de tardis, e a mai como yera costumbre tamién los deixó solencos. –Per un regular, dició a Tereseta, i tornaré nomésque ta despedir-me, perque soi cometendo una imprudencia en a que dica hue no n’heba parau cuenta. Vos hetz a estar moncha, e ni a vos ni a yo nos están bien tant cutianas vesitas; a vos perque talment dirán que vos agradan as conversacions mundanas, e a yo perque o tiempo que paso en ista casa lo podría emplegar millor en atras an que no piensan en desapareixer d’os míos uellos ta cutio.

E vos fería a rienda duelo a vos, dició ella. Decitz millor que vos pena de venir a

veyer-me, u que tenetz zelosías, e no li’n acumuletz a las barucas de moncha.

No tiengo zelosías, respondió ell; pero sí que me pena de venir-ie ta veyer-vos, perque a qui no quiere a os hombres, per qué heba a querer-la dengún?
Si me deixasen amar a qui yo quiero, contestó ella, no pensaría en o claustro.
Pero l’amor, Tereseta, ye libre, e si amasetz a belún, podetz estar segura de que dengún no vos lo podría privar; e si fetz disprecio d’ixe hombre que vos proposan, dengún tampoc  no vos forzará a amar-lo. Fablatz, explicatz-vos, decitz-me o que bi ha en o vuestro corazón, e yo m’ofreixco a librar-vos de todas ixas molestias que vos incomodan.
Debant d’ixas parolas ella s’estremoleció, lo se miró a ell con vergonya e con ternura, se metió roya, sospiró, e dició:
Ya lo veyetz, no puedo decir-vos-ne mes; e prou que lo hesetz puesto conoixer mientres istos días a penar d`o mío cudiau.
Sí, quiesta Tereseta, dició ell, sí que lo he conoixiu... Vive tranquila e segura, que yo tiengo confitanza con que no te parlarán mes d’o fillo de Pietro Pérez ni d’o triste e desesperau claustro.
Pues yo, dició ella aventando toda reserva, perque ya no i culliba, t’he amau siempre, e tu no venibas a veyer-me! No teneba, no, vocación de moncha, en tu e només que en tu pensaba siempre, e isto, e veyendo que o mío pai s’encerrinaba con ixe matraco de Tardienta, me desaconhortaba e dicié: pues moncha, antis moncha per despeito, moncha per venganza... Maldecindo a mía suerte e a tu e a totz con ella. Perque, ah, tant tuya que yera, e tu sisquiá saber-lo querebas! Tant poc valeva dica hue a os tuyos uellos. Ah, o que he patiu!
Valebas muito, Teresa, valebas muito, li dició ell; pero ya rematarás de conoixer-me e entenderás per qué me privaba d’o tuyo tracto u, millor, venir t’a tuya casa. Pero, rematará dende hue toda a tuya pena?
Ya ha rematau, respondió; ya, sí, ya ha rematau, ya soi feliz. He puesto decir que yera tuyo o mío corazón, e tu lo has almeso. A resta corre tot per a tuya cuenta.
(Y corrió, prou que sí, dica a honor d’ella mesma.)

A l’atro’l día dició ell a o pai, que ya Tereseta heba desistiu d’a suya baruca de fer-se moncha, pero que yera millor no fablar-li-ne per agora; e a la suya tía escribir-le que como se tracta de cosa de tanta conseqüencia caleba pensar-lo muito, e que l’avisarían. En o tocante a o casorio que teneban preixinau, que no la incomodasen guaire, perque heba ell conoixiu que ni a la un ni a l’atro lis conveniba. E asinas lo fación e li quedó muito agradeixiu per o servicio l’alma bofa de Sisenando.


Perigloso ye l’examen d’a vocación e bella mica exposada a preba; pero de tellas t’abaixo iste examen ye o mes lechitimo, e ista preba a de menos enganyos. Lo menos ye cosa conoixida que a vocación a la vida d’o claustro ye muit rara, asinas como son muit raras as personas a qui lis agrade mes l’estau dreito e natural d’o matrimonio que o violento e antinatural d’o ceribato perén. D’a mesma traza ye sabiu que as chovens que creyen, e se creye que no saben amar, ye perque no han trobau l’hombre d’o suyo corazón; en que lo troben, a l’inte amarán, a l’inte las se veyerá sensibles e apasionadas. E si en o branquil d’o convento lo troban e lis fan un cenyo, d’o branquil d’o convento se’n tornarán ta dezaga, e lo seguirán, e buscarán o suyo descanso e felicidat en os brazos d’ixe hombre. Yo, testigo.


Capitol III


De cómo Pietro Saputo fació atro viache més largo


Dos anyos e meyo feba que yera tornau d’a suya primer salida, e vivió desaconhortau perque de contino li escribiban e lo gritaban ta obras de pintura, perque totz quereban dar-li-ne a ell ta gran invidia d’os pintors que dica allora gosaban fer-se competencia en o país; e como que reconoixeban a estrucia de Pietro Saputo, no gosaban tartir e se sulsiban. Tamién isto li feba duelo a ell, e ta que no habesen cosa a menister, se desincusaba d’a-saber-los treballos, e bella vegada de todas, perque no li ufriban denguna de més gran. De vez, a suya gran alma yera restrenyida en ixe troz de ciel tant chicorrón; e preixinando ya en atras cosas que a primer vegada, determinó d’ir-se-ne a correr Espanya lo menos, sin amugar-se només que a Espanya si li vagaba. En que tenió parau o viache, mercó una azembla de buena presencia e poc pre, una buena espada (que sabeba maniar), e o día fixau ta la salida, amontó e pretó a caminar enta Catalunya. E a suya mai, e a matrina e a suya filla, Olaria e Tereseta, que plorasen tot o que queresen, perque per ellas no heba ell a vivir e morir en ixe cantón d’o mundo.


No yera o suyo plan marchar ta ir a veyer a las suyas amigas, perque a edat lis heba d’ir demandando a escape as zagueras parolas que totz quieren sentir d’os hombres, e ell no yera encara en ixe caso. Pero pasaba no guaire luen d’o lugarón d’as novicias, e no podió menos que esbarrar-se cara t’allá, perque en estando dos no podeban embolicar-lo en un contornillo, igual como fació Morfina, anque li fese duelo no veyer-la.


I plegó, e de vez que ell dentraba i saliba o pai de Chubaneta, que lo conoixió; se saludón e marchón chuntos ta casa suya, e chuntos pasón dimpués ta la de Paulina, agún antis de chentar, perque yeran alto u baixo as diez d’o maitín. Como lo creyeban navarro e estudiant lis se fació rarizo que viachase d’ixas trazas: ell, que siempre cortaba raso, lis dició:


–Estianyo, curso perdiu. De cabo quan valen més letras que hicienda; atras hicienda que letras. O tiempo ye qui gubierna; e as letras siempre se troban; pero a hicienda puet perder-se. E yo soi agora en iste segundo caso. As mesachas siempre yeran as mesmas, e malas que lo veyón, l’esmo lis marchó de casa. Dimpués querión conoixer o misterio d’a suya persona, e li dición que as dos yeran demandadas en matrimonio, e anque os partius yeran prou buenos, més que més ixe que lograba Chubaneta, li demandón consello, perque encara no yeran de tot obligadas. Ell lis respondió que en que estasen acomodadas lis confesaría quí yera, que antis, ni lis ne podría decir ni lis conveniba saber-lo. Si podese casar-me con as dos (lis dició), vusatras seríatz as mías mullers; pero a lei lo vieda, e a denguna no li fería goi veyer a l’atra casada con yo. Ye per ixo que hetz a acomodar-vos. E pasau o día, prou goyoso, con ellas, a l’atro, continó o suyo viache.

A poc més de dos leguas trepuzó l’azembla e cayó con ell en un clot. Se carranyó con ixo e dició: –Pues si agora m’hese trencau un brazo u una garra, quí m’habría de sacar d’aquí e me levase ta do me curasen? Ye decir, que caleba levar un criau; ye decir, que li caleba viachar con bella autoridat; ye decir; que ya no soi Pietro Saputo o libre, l’agudo, ixe que no ha medrana, ixe que no ha respecto enta garra fachenda. Azembla, azembla, una me’n 
has feita e no me’n ferás dos; no valebas guaire, e agora vales menos; tiene!, e tot agafando a espada li’n fotió per o peito dica o punyo e la deixó fendo as bocadas, e en que esgarradió dos vegadas quedó muerta ta cutio e minchuza t’as corvachinas e lupos d’a redolada. Sacó de l’alforcha qualques tapices, e un quaderno en blanco, dos chambras e un gambetet (os diners pro a fes, encara que no n’agafó guaires de casa), fació un balotet con tot, pasó per ell a espada, lo se metió en o huembro, e fendo o sinyal d’a cruz, dició: sant Perico: adiós, mai!; adiós, amors míos!; adiós, Aragón!; dica tornar-ie!

Plegó en Leida e pensó en Chulio Cesar. Dentró en o Prencipau, e allí vesitó o famoso monesterio de Monserrat, an que os monches li racontón a historia d’o celebre Chuan Garín con a filla d’o conde Jofré el Pilós (Guifredo u Uifredo o Cerrudo), e la sintió con muita formalidat per respecto a os presents. Dimpués s’almiró d’a penitencia de que fablaban e o bien que i viviban. Se miró as pinturas que bi heba e pasó t’adebant, e no s’aturó dica plegar en Cherona. Allí querió veyer as moscas de Sant Narciso; pero li dición que como a sangre que laminaban d’os franceses yera sangre verenosa e escomulgada per a invencible espada d’o gran rei don Pietro III d’Aragón, crabutón todas dimpués d’haber-li aduyau a rematar con ixa chentota, a la que no li valió ta cosa portar o sinyal sagrau que clamaban l’Oriflama; ni as bendicions ni augua bendita que lis fotió o papa malas que publicón a cruzada cuentra o rei d’Aragón, de qui encara se’n remeran.


D’allí, per a costa, plegó en a gran Barcelona, e en que sabió que en o puerto bi heba un buque que yera en momentos de devantar anclas e endrezar as velas enta Italia, fuo t’allá o diya e hora en que heba a salir; lo veyó, invidió a o més pobracho que en ell iba, e lo siguió con os uellos e con o corazón dica que lo perdió de vista. Se i quedó solenco mirando-se ent’o mar, e desaconhortau e quasi plorando, sacó o retrato d’a suya mai que siempre portaba con ell, s’achenulló, chirada a cara ent’Aragón, e dició:

Oh, mai! A o tuyo amor e soledat ufro iste sacrificio. Per tu no marcho ta Italia; per tu no vesito a ciudat d’os Cesars; per tu no he a veyer a capital e sinyora d’o mundo.

Seguindo siempre a costa va plegar en Tarragona, e contimparando-la en o que agora yera con o que n’heba estau, e remerando a dominación e gran poderío d’os romans, quasi  que per cuentas de plorar li aganó d’arreguir-se-ne considerando a fachenda e a insignifi- cancia d’as grandarias humanas e d’os imperios d’a tierra.


Continó d’allí, pasó l’Ebro en Tortosa, dentró en o reino de Valencia, saludó a Penyiscola e l’alma santa d’o papa Benedicto de Luna, plegó en Valencia e buscó a puerta e o muro an que o rei Don Chaime veyó tremolar a suya gloriosa bandera en sinyal de victoria dende o suyo Reyal, en do bi yera. Marchó dimpués t’o mesmo Reyal, que yeran palacios e chardins (agora només que chardins, enronaus aquellos en a guerra d’a Independencia). Vesitó dimpués o primer Reyal d’o mesmo rei en Ruzafa, que agora o suyo puesto yera ocupau per un convento de monchas. E alcordando-se-ne d’as suyas d’atro tiempo, dició:

Setz santas ixas que astí i sotz; pero paratz cuenta que no vos dentre dillá d’as reixas bell Pietro Saputo, perque lo habrá a aduyar a naturaleza que ye tant poderosa, y... Perdonatz, fillas d’a entivocación u de l’esprito de Dios, que de tot ye fuerza que bi’n haiga entre vusatras. As que estietz victimas d’a violencia, de l’enganyo u d’un despeito, aquí tenetz un corazón que se compadeixe de vusatras. Hetz perdiu o mundo, e no sabetz si ganaretz o ciel; pero

talment no será de vusatras toda a culpa ni vos s’ha d’acumular a vusatras.

Ditas istas parolas con gran sentimiento, li chiró a espalda a ixe triste e melanconioso edificio, e dentró en a ciudat; do se bi aturó quasi un anyo adedicau a la pintura, perque li agradón a-saber-lo os pintors valencians.

Capitol IV


De cómo Pietro Saputo se fació medico. Contina o suyo viache


Dios nos ne libre de fatos: amén. Perque tractar con ells ye o mesmo que dentrar lobatiando de nueitz en una casa esbarrachada an que no se bi ye estau mai. Pero tamién haber-las-se con hombres tant agudos ye prou faina e demanda cinco dotzenas de sentius. E si son concieters u tuertos d’intinción, no son ya hombres sino dimonios. Per fortuna, o nuestro no conoixeba o mal sino ta cudiar-se-ne. Agora li s’anturrulló fer-se medico; sí, sinyors, medico sin més ni més, medico, sinyor, como qui no diz pon.


Todas as profesions hese quiesto ell conoixer e eixercer-las per ell mesmo e per a suya cuenta; pero como ye tant curta a vida de l’hombre, li pareixió imposible. Fueras que beluna teneba ta ell poc atractivo. Lo teneba prou gran, entre atras, la de soldau; pero habió a renunciar a iste gusto per a obligación e carinyo d’a suya mai. De mosen d’almas no podeba ordenar-se e eixercer-ne l’oficio mientres una temporada; perque o sacerdocio ye un ligallo encara més fuerte encara que o d’o matrimonio, ixe que una vegada plega a ordenar-se, ordenau remane ta in eternum. Flaire, ya podeba decir que n’heba estau en estar moncha, e en estar per meyo anyo en o Carmen de Uesca an que i conoixió prou bien o flairismo. D’a profesión de letrau se feba contento con a sciencia. O que dició don Severo, d’ir-se-ne con os chitans, fuo voz que ell mesmo soltó e fació cundir ta plenar o vueito d’o suyo eclipse en o convento. Anque prou que lo deseyaba; perque, qué vida como ixa d’o chitán? Pero li feba miedo haber d’estar per fuerza furtaire e enganyador, de perder toda a vergonya e acoflar-se en a vasura e en o fiemo. Invidió a vida d’ixos filosofos chudaicocinicos, deciba; pero no tiengo estamaco ta ixo. A la fin, e como quiera que a suya curiosidat heba a prencipiar u millor continar de bella traza e prebar belatra nueva profesión, querió prencipiar con a de medico.


En pasar de Valencia ta Murcia sintió a fablar d’un medico famoso que bi heba en una villa prencipal, que uns dicen que yera Alberique, atros Elx, atros Cullera; e dició: buena ocasión; cara t’allá que voi e agafo plaza de practicant. Dito e feito. I va e se presenta a l’Esculapio d’ixa tierra, que li deciban o só metche Omella (sinyor medico Omella), e li dició que heba estudeau en a Sertoriana de Uesca e que iba de ciudat en ciudat, de reino en reino buscando un mayestro que estase digno d’ell; no per o talento que Dios li heba dau, que no yera més d’o que yera menister, sino per l’aplicación con que pensaba estar penchau d’as suyas parolas e levar dimpués a recomendación d’a suya escuela; que a suya buena estrela li heba feito saber d’a suya muita sabiduría; e li rogaba que lo almitise entre os suyos disciplos. Me clamo, adhibió, Juan de Jaca, soi aragonés, fillo de buenos pais e naixiu d’o lugar de Tretas, en a montanya.


Li agradón a o doctor as trazas e a naturalidat de Pietro Saputo, e a traza d’examen li preguntó en latín qué ye calentura, qué ye pulso, e qué ye medico. Ell, que per pasar o tiempo heba leyiu qualques libros de medicina e teneba tant buena memoria, li respondió tamién en latín, fablando meya larguisma luenga, en que rechiró, chuntó, concordó, e casó a Hipocrates 
e Galeno con Raimundo Lulio e o Mayestro d’as sentencias; a Aristofanes, Varrón e Paracelso, con Plinio, Averroes, Nebrixa e Pico d’a Mirandula; adhibindo-ie de suyo reflexions tant propias e adequadas, que ni Piquer fabló millor dimpués de calenturas, ni Solano de Luque d’o pulso, dimpués que venisen t’o mundo t’amostrar a os medicos o que no en sabeban. Tamién se’n puyó ta la luna e d’allá més entalto, e nombró més planetas e constelacions que conoixió don Diego de Torres, e fabló maravillas de l’astrolochía medica e d’a influyencia d’os astros en o cuerpo humán; ya que va finchir una fe que no i teneba. A definición d’o medico l’achiquió només que a dos parolas, tot decindo que ye Lucifer d’a salut (Lucifer quiere decir lucero). Pero dimpués la extendilló e la ixampló dando més de vente definicions d’o medico a traza de ledanía.

Rebutiba de goi o mayestro en veyer que un hombre tant sabio i veniba a estar disciplo, e se creyó o mesmo Esculapio con gayata e gorra a la muderna. A la fin, sin perder a compostura li dició: recte, fili; in discipulum te coopto; et spero fore ut intra paucos menses par sis magistro, et mihi in schola succedere possis. Que quiere decir: “Prou bien, fillo; t’admito per disciplo, e aguardo que en qualques meses m’iguales e puedas suceder-me en a escuela.”


Prencipió, pues, a practica, e o mayestro cada día més inamorau d’ell, aponderando-lo a-saber-lo entre os disciplos, que en yeran de dotze a quince. Un día los recibión de malas trazas en una casa, e mesmo faltón de parola a o mayestro; e tot amostrando-se a rienda afrontau Pietro Saputo, li dició ixatro:

Gustosa a sciencia, fillo, pero odiosa a profesión. Leva a-saber-los disgustos con ella, safoquinas, trebulacions, pintacodas, sanluc e torzons; pero tamién bella bendición e favor e, més que més, ye a-saber-lo d’útil. D’atra man, ya conoixerás os secretos de l’arte. Pero no rebles. Ya sabes que a l’hombre li dición: in sudore vultus tui (en a sudor d’o tuyo rostro)¸ pues t’o medico cambea en P a S. Afanyo e treballo; malos días e piors nueitz ye a condición de l’hombre en cheneral; dos días de tristura, e un trestallau entre o goi e distrayer a dolor; e tot ixo quan li va bien; pero o medico... A la finitiva, ya sabrás, repito, os secretos d’a profesión, l’arte segundo d’o medico. Perque a tu només, fillo, a tu només quiero revelar-lo.

Fería tres meses alto u baixo que practicaba quan o suyo mayestro replegó una carta  d’o concello d’a Vila-Joiosa, en a que li demandaban un medico d’a suya escuela; e que si no en teneba dengún que li fese honra amán, li ninviase qualcún d’os suyos disciplos més avanzaus. Los gritó a totz, lis leyó a carta, e lis proposó que, como no bi’n heba dengún que hese rematau as practicas, designasen a o que con més confitanza podría mandar-ie, ya que entre ells sí que heban a conoixer-se. En sentir ixo totz se chirón ta mirar-se a Pietro Saputo e dició o mayestro:

Entiendo, sinyors, entiendo; tamién yo m’inclinaba per Juan de Jaca; pero con o vuestro testimonio s’afinca més o mío. Bi irá Juan de Jaca, e detectará e forachitará os morbos que desaconhortan a la población, e tallará a tabe que l’infiere a postema. (Perque en ixa ciudat se patiban unas calenturetas pudridiscas que deciban que s’apegallaban bella miqueta en a ropa, e agún en a carne.) Pero has de saber, Juan de Jaca, muit dilecto disciplo mío, que a Vila-Joiosa ye scenario de prebas ta un medico. Muitos marins, como puerto de mar que en ye; calor en a sangre, afrodisis en os alimentos, pubertat prematura, amors tempraners, pasions pretas e viellera anticipada. Sangonera, vomecatizos e porgas a os chovens; vomecatizos,

porgas e sangonera a las personas de meya edat; porgas, sangonera e vomecatizos a os viellos; dimpués sudorificos ta totz, tinturas analepticas e dieta amorescent. Pero més que més para cuenta que a sangre ye o mayor enemigo de l’hombre; dimpués i dentra l’amor. Per ixo en ixa villa bi ha o que bi ha, como he dito. E buenos que los haigas, e ta  os que te consulten, dieta   e separatio tori de tot dende sant Miguel de Mayo dica sant Miguel de Setiembre. Isto, ye de dar, no lo ferán, s’escamallarán, cayerán, morirán; pero o medico ya marchó per a suya puerta. Se muera norabuena ixe que quiera morir-se. Pagó as vesitas?, pues requiescat in pace. Dirán, fablarán: requiescat in pace. O medico lo ha muerto; requiesca in pace. Fueras de que, fillo mío, seguntes o poeta, sedem properamus ad unam (caminamos ta l’atro mundo). E feito  como cal o nuestro oficio, que o malaudo se muera d’o mal u d’a merecina, o timpano d’os coribants (que ye tanyer a zambomba e fer estrapalucio). Si te s’ufre bell caso fuerte, audaces fortuna juvat (a os bragaus lis aduya la fortuna): sangre e més sangre que, como dicié, ye o nuestro mayor enemigo, e dimpués pase o que pase, o timpano debantdito, e si o malaudo muere, requiescat in pace.


Rematada ista famosa lición, lo acarrazó con ternura, e escribió e li entregó a carta d’autoridat e persona. Ell se mercó una azembla e marchó ta la Vila-Joiosa puyau en ella, o que li valió gran credito, pues ya antis d’eixercer a profesión cabalgaba en azembla, que en ixe tiempo yera distintivo e como sinyal d’excelencia entre os doctors. E cierto, dende que deixón l’azembla va a profesión per tierra e no se i veyen atra cosa que mediquetz. Levaba tamién a suya gran gorra negra, un gambeto soro con forro morau, e una gayata altiza con punyo de plata en o que feguraba una cullebra encaragolada en o palo como simbolo d’a medicina. Perque Esculapio, que yera o dios d’os medicos e d’os boticarios entre os chentils, i plegó dende Grecia ta Roma transformau en cullebra a demanda e honor d’o senau que ninvió a escar a os tres embaixadors con un poliu buque d’a republica.


Va plegar-ie, presentó as suyas letras de creyenza, e como en ellas o suyo mayestro lo metese dencima d’os cuernos d’a luna e lo contimparase con as estrelas, no parón cuenta en a suya poca edat. Ni tampoc no parón cuenta en as calenturas ni as tabe u lo que estasen, pues anque recetaba a tentón, dase an que dase, siga que atinó, siga que a pasa iba funindo, en quince días se quedó sin malaudos, curaus totz venturosament con os vomecatizos, as sangoneras e os sudorificos; e fueras de qualque dotzena d’ells, seis monchas, dos mosens, ueito marins, tres quinquilaires e belatro, que con tot no i plegan a cient; con atros tantos flaires e un Argos de tía catén que lo encarranyaba cosirando e amagando a una sobrineta que per a suya muita polideza deciba ell que s’eslampó de l’Olimpo e se’n baixó ta la tierra. Murió ixa tía perque a suya hora yera plegada, e yera de suposar; pero ye cierto que Pietro Saputo (quasi tremolo en decir-lo) tenió gran tentación d’aduyar-la. Ah!, la ocasión puet muito. Dios faiga santo a o mío medico.


Manimenos, como pensaba e sabeba fer aplicacions per analochía e conseqüencia, agún plegó a formar-se una mena de sistema, en virtut d’o qual, e refendo a doctrina d’o suyo mayestro e d’os sabios que per allora se seguiban, curó entre d’atros a un malaudo d’alferecía (malotía d’o corazón), a un gotoso e a un manioso; a o primer con un pegau fuerte de cera e olio e revulsivos en a boca de l’estamaco; a o segundo con esfriegas ixutas de maitins, antis de devantar-se, per l’esquinazo e todas as chunturas d’os miembros; e a o tercero con sangoneras (Dios nos ne libre), porgas e mosica, isto ye, fendo-li aprender a mosica e a


poesía. As mesachas cayeban malaudas només que per o goi de que ell las visitase. E mesmo bi’n habió dos que fación a momenata d’estar fizadas d’a tarantuela; ell lis conoixió o mal, ellas li’n confesón, e fació o miraglo d’a suya curación con gran credito e no menos proveito, pues estió prou bien pagau per os pais.


Iba, pues, de maravilla en a suya practica; o suyo mayestro li escribiba continas norabuenas; totz lo se miraban como si estase un oraclo, e os mariners d’a Villa-Joiosa levaban a suya fama per per o mundo enlá. Pero ell quan yera solenco, qué comeya quan tornaba de visitar e se ficaba en a suya cambra! Allí tot yera corrucar os huembros e esmelicar-se-ne, foter punyadas en a mesa, fer cenyos e no rematar d’almirar-se e arreguir-se-ne de tot o que i veyeba e tocaba, que yera a fatera d’a chent e as pecetas que i ganaba, con os muitos ricos presents que li feban, como que si se bi estase un anyo podría mercar-se un coche. Que a Vila-Joiosa ye un lugar prou fachendoso e os suyos naturals chenerosos e agradeixius. Amés saliba per os lugars d’a redolada e se’n trayeba prou buen oro e ricas alfayas. Pero li se remató a nueva conscencia,     e a os quatre meses d’eixercicio lo deixó per una ocasión que talment l’habrán tenida d’atros muitos e no lo habrán imitau.


Lo gritón ta un trachiner de Carcaixent que en pasar con a suya reata una riera que       bi ha amán d’a Vila-Joiosa, creixida con as plevias d’a tardi d’antis, dio un trango en falso      a suya somera e s’estalapizó con a carga. Yeran as diez d’o maitín en o mes de chulio; feba muita calor,  e o trachiner chupiu en un mar de sudor tenió que capuzar-se en l’augua, e       se’n sacó, con a somera, una malotía que lo teneba en as tres pedretas. Lo vesitó o nuestro medico, e dició ta os suyos aintros: ista ye a ocasión de prebar o remeyo de Quinto Curcio.    O mesmo li pasó a Aleixandre, e o suyo medico li dio un brevallo que lo fació dormir tres días, e dimpués prencipió con sudor a embute que lo deixó libre e en ueito días estió bueno.   A fer, pues, o remeyo. Efectivament prencipió a treballar. Pero como l’amigo Quinto Curcio no diz de qué yera composau, pretó Pietro Saputo a dovinar, e a la fin li pareixió que heba a  fer un mezclallo con totz os narcoticos e os sudorificos, e asinas lo fació. Pero cargó masiau    a man d’os primers; e sí que durmió o malaudo dos días, pero dimpués per cuentas d’empe- cipiar con a sudor que tanto bien li feba e aguardaba, comencipió a dar as bocadas, u millor     a quedar-se fredo en o leito, pues ni agún bocadas en tenió o pobracho. E encara deciba a chent: qué medico! Tres días li ha apolargau a vida; atro lo hese deixau morir decamín.


No guaire satisfeito Pietro Saputo d’ell mesmo, e demandando premiso a o concello marchó a veyer-se con o suyo mayestro. Li racontó o caso, e li respondió: no desaprebo o feito, pero atra vegada, e perdona excelso Juan de Jaca, experimentum fac in anima vili (Fes a preba en persona que no valga guaire).

Pues, qué anima més vil podeba haber trobau?, dició Pietro Saputo.
Prou enganyau yes, fillo, li respondió o mayestro; anque a culpa ye de yo, que no te’n aprevenié. Anima vil ye un flaire, un cleigo, una moncha; e o més, e ixo en caso de nesecidat, una doncella viella; una acomodada machorra, una vidua sin fillos, pero no un pobre trachiner, e més que més pai de familia. En aquellas, més que més en monchas e flaires, se fan ixas prebas, que no li pueden fer mal a no dengún e calen més en l’atro mundo que en iste. Torna-te-ne t’o tuyo partiu, e per un mes u dos, perque agora soi aqueferau, mira-te de deixar-te veyer més a sobén, ta revelar-te os secretos d’a profesión e a composición d’a persona d’o medico.

Besó Pietro Saputo as mans a o suyo mayestro e se despidió d’os suyos condisciplos. Pero espantau d’a suya temeridat e con a conscencia remordida, no querió tornar-se-ne ta la Vila-Joiosa, sino que s’esbarró ta Murcia, do vendió l’azembla e se’n tornó t’o suyo oficio de pintor garrispo.


Fació en a Vila-Joiosa muito duelo que desapareixese, e més que més a las doncellas, que se pensón todas popilas e albandonadas d’a providencia. Quantas lo plorón! Quantas lo soniaban de días e lo sospiraban de nueitz! De qué traza se retorcigaban as mans invocando o suyo nombre desaconhortadas! Qué ixagrín! Deciban: Juan de Jaca de l’alma mía! E cal alvertir que dende allora saben as mesachas d’a Vila-Joiosa prenunciar a i larga, que s’esforzón en ista gutural ta clamar-lo bien e no afrontar-lo en cambear o suyo apelliu en una parola fiera e malsonant.


Pasó dimpués ta Murcia e d’allí ta Granada. A suya curiosidat se cibó sin fin en as memorias d’a gran ciudat d’os arabes, d’a gran ciudat d’os Reis Catolicos, d’a ciudat d’os Vegas,  Mendozas e Gonzalos; d’a Troya,  a la finitiva, d’a Europa muderna. Vesitó  dimpués  a de Santafé e d’allí marchó ta Sevilla, do se bi aturó un anyo per a mesma razón que en Valencia. Se’n puyó ta Cordoba e saludó a la mai d’as sciencias en os nuevos sieglos quan a resta de nacions d’Europa yeran agún meyo irracionals e s’alimentaban (u no guaire més) con as glans d’a primitiva ignorancia.


D’allí pasó ta Castiella, estando a primer ciudat que allí vesitó a imperial Toledo, e veyó que quasi no podeba sostener a grandaria d’o suyo nombre. De Toledo marchó ta Salamanca, l’Atenas d’Espanya, e s’almiró d’o rudio d’as escuelas, d’o numero d’ellas e d’estudiants, e en que dentraba a examinar a doctrina paró cuenta que no se correspondeba con a opinión ni a l’esfuerzo e concurso d’os estudeos. Pasó ta Valladolid; i veyó a suya seo; e canso de curiosidatz s’endrezó ta la corte, que per allora yera en Madrid, un lugarón en atro tiempo, e agora una d’as més polidas poblacions d’Europa, anque sin memorias antigas, sin glorias d’os sieglos pasaus. No querió cansar-se guaire en examinar-la perque sabeba o que yera, e d’atra man a ulor que saliba d’os palacios e ofecinas li esturdió a cabeza e lo obligó a salir d’allí antis con antis sin poder veyer més que bella cosa, que siempre n’ha tenidas de buenas; e prenió o camín de Burgos. Ista antiga corte de Castiella, ista primer capital de l’antiga Castiella, dició en plegar-ie, no pude como ixatra. Íxe ye o palacio, de buen implaz lo veyería tot; ixa a seo, polida, magnifica, digna d’a suya famosa antiguidat. Pero yera furo e triste, o suyo corazón se desaconhortaba con una ausencia tant larga, e pensando en a suya mai, remató o suyo viache e cortó raso tornando-se-ne t’Aragón, enta Zaragoza.


As alas d’o pensamiento li metió o deseyo en os pietz dende l’inte que determinó de tornar-se-ne ta la suya tierra. Agún no remataba de salir de Burgos, per decir-lo asinas, que ya yera en Calatayud e plegó en L’Almunia. Fuo t’o mesón, e encara no feba meya hora que yera plegau que lo venión a escar un hombre e una muller preguntando-li si yera medico.

Sí, lis dició, bella cosa entiendo de medecina, en qué puedo aduyar-lis?
Catatz, dición; o medico d’o lugar marchó ta Ricla a una consulta, e chugando en una casa pleitió con l’albeitar a radiz d’una chugada, e l’albeitar a ell li rancó a nariz d’un mueso; e ell a l’albéitar li fació blincar un uello, e allá i son os dos en poder d’o suyo mal e d’atros ciruixanos. Un tío de nusatros, ya muit viello, s’estozoló ahiere de nueitz per a escalera; no

se fació guaire mal; només que se quedó adormiu u meyo esturdiu; lo chitemos en o leito, e agún ye a hora que no ha reviscolau; e dicen que asinas durmindo e alentando puet marchar   ta l’atro mundo e quedar-nos nusatros sin tastar as perras de l’herencio si no fa testamento u desfá ixe que ya tiene feito.

Entendió Pietro Saputo o que yera; fuo t’allá e veyó un hombre d’alto u baixo setanta anyos d’edat chitau en o leito, a color natural, una miqueta encendiu e, como en un suenio, a-saber-lo d’escansau; li heban ya aplicau lavativas, fierro rusient, li pecigón mil vegadas, e pon, limpio dormir. Li prenió as pulsacions e dició:
Iste hombre habió a estar sangrau dimpués d’o tozolón; pero li s’aplicará atro remeyo.
Me porten una miqueta de polvora, dencima d’un par d’onzas.
Li’n trayón, e ficada en una escudiella con bella cosa d’humedat, prencipió a rechirar-la e masar-la, e dimpués fació con ella dos flairetz u monyas, e mandando que se’n salisen totz d’a cambra, fueras de dos hombres que yeran os que més interés amostraban en a salut d’o malaudo, los fa meter a iste cara t’abaixo e d’un costau; e en que lo tenió asinas, li fote un flairet en o boforón e li preta fuego. Crema a polvora, espurna, s’aferra, s’amorta, e o malaudo terne dormir. Li fote l’atro, e fació més esferra, pues prencipió a esbotar-li sangre en tal abundancia, que se formaba un basón en o leito. E a poc prencipió a mover os pietz, dimpués a chemecar e foter bell chilo, e a la fin a reviscolar de tot.

Pietro Saputo deixó salir muita sangre, e en que li pareixió prou, mandó que lo lavasen con olio e auguardient batiu e li aplicasen dimpués betas chupidas en o mesmo dica l’atro’l día que lis dició o que heban a fer ta curar a nafra. Li dion una dobleta, marchó de maitins e quedó en o país o prodichioso remeyo ta cutio. Bi ha qui diz que no fuo isto en L’Almunia, sino en o Frasno, e d’atros que en Epila. Ixo rai, yo de L’Almunia lo trobé escrito.


Ixo rai, yo de L’Almunia lo trobé escrito.


Capitol V


Plega en Zaragoza; dimpués en o suyo lugar


No tornó a veyer a o malaudo, e a la suya familia li bufó a pocha en que tenión o que deseyaban; o viello tío podeba morir-se en querer, e si estase antis con antis millor.


Veyó, a la fin, as torres de Zaragoza; se bi amanó mes, las alufró con mes claridat, se fació contento d’una traza que nunca no heba experimentau; e dició: persona, ciudat ilustre, mai mía, igual que de totz os que son naixius baixo iste gran ciel d’Aragón. Yo he visitau atras capitals, quasi todas as d’Espanya, e as mes famosas; e no t’he visitau a tu, que habiés d’haber estau a primera e que ta nusatros vales per todas. Ixa machestat tant bien alazetada, ixa grandaria que se devanta en a esmachinación e a memoria; o tuyo nombre que tot ye amor, tot sublimidat, tot gloria e heroismo: Oh, ciudat! Oh, Zaragoza! Replega-me en o tuyo sino, an que ixuplidaré todas as grandezas que m’han percutiu, toda a nobleza e dignidat que a os míos uellos almiraus s’han ufierto. E decindo isto marchó t’adebant e plegó en os muros e querió dentrar-ie e i dentró per a puerta de Santa Engracia. Pasó t’o Coso, e malas que veyó ista polida carrera, pasó per a de Sant Chil e cruzó a ciudat dica o puent, dende o que, visto l’Ebro, se miró ent’o suyo lugar e o corazón li fotió un blinco tot pensando en a suya mai. Dentró en a ciudat, e veyendo a man cucha una ilesia e a puerta batalera fuo t’allá e se i trobó con o suntuoso, magnifico e soberano templo d’a Seo. I tornaré, dició, que isto demanda mes tiempo. E preguntando per o Pilar, e entrefilando-se que no yera leixos, visitó a la Nuestra Sinyora e marchó ta una posada.


Diez días s’aturó en Zaragoza, e diez meses se bi hese aturau si ye que l’amor d’a suya mai no li fese patir. Veyó o que podió e no o que querió ni como querió, e con o proposito de portar-ie a la suya mai atra vegada salió t’o suyo lugar con o mesmo paramento que sacó de casa suya, pero con un cincho de monedas de buena color que las heba ganadas pintando, e que en o suyo corazón e en o pensamiento las heba ufiertas a la suya mai.


Caminaba, pues, muit goyoso como soldau garrispo que torna d’a guerra amillorau, rico e glorioso, quan, en plegando t’o plan d’a Violada, veye allá leixos una botinada u companyía de chent que forniguiaba e s’esbulligaban como si treballase. Fuo amanando-se-ie, i plegó a tiro d’a voz e d’a vista, e conoixió a os suyos paisanos vecins d’Almudévar que yeran cavando en dos u tres puestos.

Qué ye isto, sinyors e paisanos míos?, lis preguntó.
Lo conoixión ells, e se’n fación contentos e lo recibión con gran goi, decindo con o mes gran afecto:
Ah, que fa mes de dos anyos que marchés e garra cosa sabebanos de tu e a tuya buena mai firme plorar! Pero la trobarás buena, e tamién a la tuya matrina; e a la tuya chirmaneta, e a totz os tuyos amigos e amigas. Sigas muit biemplegau. Per astí anda o tuyo patrín. E veteme que o suyo patrín lo acarraza per dezaga, e con ell Sisenando, u siga sinyor Chuan de l’Alto. Qué goyo! Qué goyo e entusiasmo! Qué trazas de pereguntar-li! Totz quereban veyer-lo de cerca e fablar-li sisquiá una vegada u només que estase una parola. En ixas que i plega un

rechidor e li diz:

Norabuena, Pietro Saputo, e tamién ta totz nusatros. I plegatz tant en buena hora que con o vuestro singular discurso podretz fer-nos muita honra en ista faina que Dios sabe si d’ell dará gloria u trafuca a o concello e a tot o lugar. Veyetz ixas fuesas granizas que semos ubrindo? Pues no son atra cosa que foraus e prebas que femos ta buscar ricos tresoros que bi ha per astí u astí allá enterrecaus dende o tiempo d’os moros.

Se metió Pietro Saputo en sentir ixo a pensar bella miqueta ta os suyos aintros; e dició a o concellero e a os que lo yeran escuitando:

Que en iste plan e d’iste costau, milla alto u milla abaixo, bi habió d’antismés un lugar, quasi que no podemos dubdar-ne; pero que per haber habiu un lugar bi haiga d’haber per fuerza tresoros ricos ni pobres, yo per a mía parti no lo creigo. Ye posible que en remanise belún enterrecau, perque os hombres gosan amagar os diners debaixo d’a tierra, anque no      lis manquen caixas ta tener-los prou bien alzaus, e puertas en as suyas casas e d’armas ta esfender-los; pero a posibilidat no ye un feito. E antis de tot cal determinar o puesto que bi ocupó, o lugar u pueblo que se creye que bi habió en iste plan. E se’n vos son dadas as prebas e determinau iste puesto? Decitz-me: quí vos ha feito venir t’astí a fer-vos ubrir de traza tant gosada istos foraus?
Malas que sintión ista pregunta se chirón ta mirar-se como ta buscar a l’individuo, e lo gritaban e no bi amaneixeba. An ye? An ye?, deciban. Pero l’hombre lis heba feito burro falso; perque en que veyó e sintió nombrar a Pietro Saputo se dio per perdiu, e s’esmuyó e marchó aventau. Se mirón enta totz os costaus e veyón a un hombre que fuyiba a garras templadas ent’a sierra e o boscarral tant atarrantau de foter-se en ixe boscache que en un relampado de  no cosa s’arrulló en ellas e se perdió toda posibilidat de tornar-lo a veyer e d’agazapiar-lo.

-E agora?, dició Pietro Saputo. Encara creyeretz que aquí bi ha un tresoro?

Ah!, respondión; si lo hesenos pillau! O muit carnuz! Nos ha enganyau, e s’eslampa con cinquanta escudos de plata que li diemos o domingo a cuentas de cincocientos que achustemos de dar-li si ye que trobabanos os tresoros.
Ya lis dicié yo, dició Sisenando, que no estasen tant ababols.
Pero podetz aconhortar-vos, dició Pietro Saputo, perque, con tot, cinquanta escudos son un maravedí entre totz. Cómo ye que sotz tant tovos d’opinión? Cómo ye que escuitatz a o primer embabucador, fachendoso e encantuchador que vos enlucerna?
Pues ixe lo’n yera, dición; e bruixot. ¡Oh, si vos, Pietro Saputo, lo hesetz visto aquí mirando-se en tierra e fendo cenyos e cheribeques e como contando as ollas, si no as piezas una per una, e as alfayas d’oro e plata que bi ha, seguntes ell, en grans truechos e tenallas enterrecadas! E qué de ríos e marabillas veyeba en o centro d’a tierra!
En o centro d’a vuestra nineza e fatera, habríatz a decir, contestó Pietro Saputo. No me racontetz, per favor, mes pachuchadas perque m’encarranyo de sentir-las. Sotz d’o mío lugar, vos quiero a saber-lo e me fa vergonya que de vusatros se diga que sotz tant ninos e docils. Perdonatz, pero asinas sotz, e no hetz a cambear anque vos dasen mil e mes de mil desenganyos. Ista, a la fin, no vos ha costau guaire cara; quiera Dios que no en vienga d’atra. E imos-ne, sinyors, si vos pareix, caminando ent’o lugar, que a tardada corre apriesa.
Dito isto pretó a andar e totz lo siguión.

No van esfer o feito; e asinas duran encara e se i veyen d’un costau d’o camín reyal os grans foraus que ubrión a traza de fuesas u rasas, con o nombre de fuesas de Pietro Saputo. Pero, con tot e con ixo, mal clamadas, perque no estió ell qui las mandó ubrir, sino que, per contras, estió ell qui fació albandonar a obra que de traza tant zamueca e fata heban encetau os d’o suyo lugar.


Capitol VI


De cómo Pietro Saputo fació o miraglo d’Alcoleya


En que plegó en o lugar con tot l’acompanyamiento de chent que treballaba en as malditas fuesas, dezaga d’os carros de virolla e ferramenta, li fación gran fiesta os amigos, que lo’n yeran totz, e mes agún, anque con menos estrapalucio, as amigas, que como se sabe en     yeran dos prencipalment: Olaria, a d’o tozolón, e a conoixida e desmadeixada Tereseta, no  tant aguda e rabalera como ixatra, pero saputa e funda. Yera acomodada feba només que quatre meses, pensando que no veyería mes a Pietro Saputo e per fer contentos a os suyos  pais, que li dion prou ferrete; no con o de Tardienta, sino con un mozo bien guallardo de Boleya. Yera de dar, o novio cerrín, o pai fato, a mai de morros, Pietro Saputo desasentau mes de dos anyos, e ella que blincaba os vente, qué heba de pasar? Pero, oh, quiénto li penó en  que veyó tornar-ie a Saputo! A pocas si se muere, e no fació poc en no aburrir a o mariu ni nafrar-li o corazón a pur de sospeitas; bien que d’aguantaderas en teneba e no lo afrontaban razons e con totz se feba contento. Pietro Saputo con prudencia e ternura la fuo animando, aconhortando, e alegrando, e a monico e con buen peu li va fer entender e persuadió de que     a muller acomodada podeba morir,  pero mai no faltar a las suyas obligacions con o mariu,      e tractando-la con dulzura, no amostrando-li despeito ni severidat, e no afrontando o suyo chenio, la tornó a la fin prudent e virtuosa, e tornó a paz a o suyo corazón, a o suyo peito a serenidat, e a o suyo rostro e tracto l’apacibilidat que per un regular gosaba gastar. Encara se i trobó con belatra novedat que no aguardaba; atra amiga en qui nunca bi hese pensau: e estió Rosa, a filla d’a suya matrina, ixa que ell clamaba e clamó siempre chirmaneta, mesacha prou polida e que paró cuenta que lo quereba con atro amor que ixe d’antis. Pero ell, con a mesma familiaridat e innocencia con que la tractaba, la feba contenta con facilidat.


Agún no feba seis días que bi yera plegau, agún no heba rematau a suya mai de mirar-lo-se, e d’alegrar-se de veyer-lo, agún no yeran cansos os d’o lugar de saludar-lo, que li se presentan dos ricachos d’Alcoleya de Cinca decindo-li que bi yeran venius ta demandar-li consello e traza ta vender un vin que lis s’acetaba; perque ya dentrau setiembre e estando as vinyas cargadas de fruita, no bi heba traza ni esperanza d’espachar-lo. Lis preguntó cuánto en yera,   e li dición que alto u baixo setze mil cantaros. E qué me’n daretz a truca?, lis preguntó allora. E ells respondión: a quatrena parti d’o que valga, seguntes se venda.


Puet encara beber-se per vin e no per vinagre?

Per agora encara ye vin e no malo, perque no ha feito sino prencipiar a acetar-se.
Pues m’hetz a dar ixa quatrena parti d’a suya valgua a dos rials de plata que ye o pre mes baixo a o que lo venderetz; e yo vos lo doi per vendiu. Si en dubdatz, si no se vende, u no pas tot, vos tornaré o que siga a rechetón.
No en tenemos tants de diners.
Buscatz-los: sin as mías perras en as mans ye per demés que me’n fabletz mes de l’afer.
S’aconformón con ixe tracto, marchón t’Alcoleya a escar as perras e li’n trayón e li’n dion  a Pietro Saputo.

Allora ell lis dició...

Pues agora marchatz, e fetz-me pregonar en Uesca, en Balbastro, en tot o Semontán, en a Litera e Ribagorza, que Pietro Saputo blincará ta las Ripas d’Alcoleya o día de Sant Miguel; que os que quieran veyer o miraglo que i vaigan t’allá ixe día e no lis costará mes treballo que devantar a vista ta mirar-lo-se. Qué dubdatz?
Pero...
Marchatz, vos digo, u d’o dito ni zarrapita ni brenca ni meya ni pon e agún me quedo con istas perras.
Ells, en que lo veyón tant resuelto, marchón tot decindo:
A suya alma en a suya palma; ell se ferá o pre; ell en sabe asinas como lo promete.
Nusatros vendamos o nuestro vin, que ixo ye o que nos importa.
E marchón e fación publicar ixe pregón per tot, e aguardaron en qué remataría tot ixo.

Son as Ripas d’Alcoleya una muralla natural muit altiza, formada sobre a Cinca, d’uns monts plans que corren a suya ribera dreita deseparando-la de l’Alcanadre, con o que tiene confluyencia una miqueta mes t’abaixo, tallaus perpendicularment per ixa parti que bien puet estar un quarto de legua. En primeras pareix que o río pasase d’antismés per o suyo piet, e que escomendo-se o mont iste s’eslurtase t’abaixo e arramplando as auguas con o que s’ha espenchau, e remanió ixa marabilla a os uellos d’o viachero a qui de largo trango suspende e atura en o suyo camín. Visteras tamién de cerca per a suya altaria e a variedat uniforme d’a suya magnifica frontera, adornando-las antimés en o suyo tercio d’altaria, as polidas faixas de l’Arco de Sant Chuan, que de leixos no se i columbran. Allá i cría, i vive, canta e s’esvolarcia de contino muixons d’a-saber-las especies, totz en paz e cadagún con o suyo instinto, troban- do-se-ie sin fer-se mal dende l’aliga dica o gurrión, os esparvers con as palomas, e os mes contrarios e que menos gosan apachar-se difuera d’allá. E dende allí alto heba a blincar Pietro Saputo, que, cierto ye que yera blinco digno de veyer-se, e que si belún agora lo querese foter yo i marcharía dos chornadas, que soi luen d’ixa ripa. Perque anque no yera blincar fablando con propiedat, sino deixar-se cayer, pero a chanada yera que no pensaba fer-se mal, e asinas lo creyeba e aguardaba la chent.

A vispra de Sant Miguel o lugar yera plen de foranos, e mes encara que hese estau   mes gran, pues se’n saliban t’o campo e lo deixón a rebutir d’azemblas, tiendas e personas    de todas as edatz e condicions, e mesmo bi ha qui diz que bi heba quaranta mil almas, despobladas quasi de tot as ciudatz, villas, lugars e lugarons dende Ayerbe dica l’Albelda, e dende Burcharaloz dica as vals d’o Pirineu. Tamién i plegó Pietro Saputo, e yera graniza a curiosidat per veyer-lo, e s’ahuespó en casa d’o mes rico e a qui mes l’importaba o miraglo per estar ell qui mes vin en teneba.

Salió o sol o día de Sant Miguel, se dició una misa a o piet d’as Ripas, que sintió a chent como podió, e remanión totz en gran espectación d’ixe blinco u volito que ni s’heba visto en os sieglos pasaus ni s’heba a veyer en os esdeveniders; e allá a las once d’o maitín alto u baixo salió Pietro Saputo e dició, fendo-lo pregonar per o campo, que sinyor mosen li heba alvertiu que a suya vida yera en periglo en a preba que iba a fer, e que no podeba, como buen cristián, deixar de confesar-se e comulgar; e que per ixo no podeba blincar ixe día perque heba de parar-se.


A l’atro’l día fació decir e pregonar que sinyor mosen quereba que a confesión estase cheneral e que un hombre d’o mundo no podeba fer l’examen mientres se friye un uego como una moncha que se confiesa todas as semanas e dentró en o convento antis de mudar as dients. E ixa nueit preguntó a o suyo huespe cómo iba o despacho d’o vin.

Como os atros días, li respondió, se vende mesmo as cerinagas e habrán de beber-las perque no bi habrá unatra cosa. Pues ixe día, dició ell, ya lo hemos ganau. Fetz pregonar que maitín a las dos d’a tardi feré o blinco e o goi de totz.

Pasó a nueit, plegó o día, plegó a hora, e Pietro Saputo se’n puyó ta las Ripas, fació a vuelta per o norte d’o lugar; se presentó en a mes altera e con gran voz preguntó a la moltitut:

Asinas que blincaré dende ista ripa?
Sí, li respondión totz, resonando o chilo un quarto d’hora per as mesma ripas e o río.
E ya per a percutida, ya per os preixinallos, albortón cinco mullers, que estió prou faina     ta os marius, parients e amigos. Per qué bi iban si heban d’espantar-se?, dirá belún; e yo li respondo, que i fuon perque de no ir-ie s’hesen muerto de ganas; e mes vale albortar que crabutar. Tornó a decir-les Pietro Saputo:
Fetz-vos cuenta que no bi haiga entre vusatros qui lo contradiga, perque només un que bi’n haiga que s’opose e diga que no, ya no puedo blincar.
E li respondión: Sí!, sí!, sí!, con un chilo cheneral e de vez. E dició ell allora:
Pues allá voi... allá voi!... que voi!... que blinco!... (tot fendo grans remangos e cenyos), pero per si a una mala e perque astí bi ha un que diz que no, astí va o mío gambeto, miratz-vos cómo vuela.
E de vez lo arrulló con fuerza, e pretó a correr enta o monesterio de Sixena do bi heba inmunidat e salvaguarda, e deixó a ixa botinada de chent, mes credula agún e docil que os d’o suyo lugar, mirando-se uns a atros e mesurando-se as narices que a totz lis quedón tant largas como estió o volito d’o gambeto; entremistanto o suyo amo se’n esmelicaba, agún aventau como iba ta escar puesto seguro, Pero no se’n dion per afrontaus d’a mofla, antis lis cayó en gracia, e se’n tornón a-saber-lo de goyosos enta as suyas casas.

A os ueito días salió d’o monesterio ent’o suyo lugar, e dició a qualques amigos que de buen implaz s’hese deixau incantar entre ixas titulosas monchas, perque fueras d’o noble linache d’a orden e d’as suyas familias, yeran de charrada facil, amables beluna d’ella, admitiban visitas particulars, e no en yeran de gatamusas ni patiban os escrupols que tanto enfarragaban en atras. Dende o primer día tenió amigas, dende o segundo amants, a resta, favors a boticiegas, e o zaguer tot a escaparrar, perque dició que quereba ir-se-ne, e no lo podión aturar con ruegos, glarimas, afalagos ni ternezas; e ixo que con ell no se confirmaba a mazada: amor de moncha e cuesco de flaire, tot ye aire, e només que un día mes lis concedió, estando-ne nueu en total os que se quedó entre ellas.


Capitol VII


De cómo Pietro Saputo racontó o suyo viache d’a vuelta a Espanya


Tornau ya en casa suya, no lo deixaban retantir preguntando-li per o suyo gran viache; e per satisfer-los a totz de vez fació pregonar que acudisen ta la plaza; bi acudión, e dende o mirador dició:

«Si hese a racontar-vos punto per agulla tot o que he visto e tot o que m’ha pasau, en un mes no en remataría. Pero qualques cosas particulars las iré racontando a os amigos, e ells las racontarán a otri, e asinas las sabretz totz. D’atras no lis ne diré ni a ells ni a dengún, perque no demandé licencia ta publicar-las e o mundo ye muit mal pensau.

»Hetz a saber pues, amigos e compaqnyers míos, que per tot he trobau hombres agudos, e tamién hombres fatos; d’istos mes que d’ixatros; hombres que creyerán o que se diz a os ninos, que o ciel ye de cebolla e que los feríatz comulgar con ruedas de molín. Lo vos digo ta que veigatz con qué razón podrán decir per ixos lugars vecins que sotz os mes fatos d’o mundo. Cuántos lo serán mes que no vusatros!, perque anque ye verdat que marchetz t’o plan d’a Violada a picar ixos foraus mirando tresors amagaus, pero ixo lo han feito e lo fan muitos atros que se tienen per muit agudos, e troban o mesmo que vusatros, que ye a tierra fresca e a frent sudada. Pero garra persona d’Almudevar ye ida a veyer-me foter o blinco d’Alcoleya, perque ya vos entrefiletz que yera chanza, e mes que son ius muitos doctors d’a Universidat de Uesca, e agún alumnos de Santiago e de Sant Vicent, bell canonche, a-saber-los de caballers e damas prencipals, e todas as cinco pes d’a copla. De Balbastro, pues, no digo cosa, i fuon de tres partis dos, e fuon os que con mes largas narices quedón en veyer volar l’aliga d’o mío gambeto dende a Ripa. E en nombrar-se a Uesca e Balbastro, no cal fer mención de Fraga, Monzón, Binefar, Tamarit e toda a Litera, Graus, Benavarri, Fonz, Estadilla, Sarinyena, Ayerbe, Lobarre, Boleya, ni os lugars d’a Foya, que se bi amanón mes que t’o chubileu de l’anyo santo; igual como d’o Semontán e Sobrarbe. Asinas que bien podetz aconhortar-vos e no creyer-vos mes fatos que atros, perque no lo’n sotz, como sotz sentindo.


»Pues en o tocante a o mío viache, hetz a saber que he corriu o prencipau de Catalunya, o reino de Valencia, os quatre d’Andalucía e as Castiellas; e a la fin he visto tot o que vusatros veyetz sin salir-vos-ne de casa vuestra, fueras d’os ríos, monts, ciudatz e atras cosas que en zaguerías e tot tamién son alto u baixo como as que vusatros hetz visto de leixos u de cerca. D’a mesma traza per tot o sol sale de maitins e s’amaga de tardis; e siempre a luna alumbra   de nueitz e a las dotze ye a meyodiada si no ye en a cort, que a meyodiada ye a las quatre d’a tardi, e meya nueit ye a las seis d’o maitín. Perque en as tierras que ye de días quan aquí ye   de nueitz, hibierno quan estiu, e estiu quan hibierno, yo no i soi estau, perque cal andar muit t’adebant u ta dezaga, t’a dreita u t’a cucha.


»D’os costumbres d’os pueblos bi ha muito que fablar-ne. Pero paratz cuenta; que leven a chambra mes u menos larga, inaguas per cuentas de balons, montera u gorra per cuentas de chapeu; que almuercen figos u pansas, u migas u sopetas d’olio, u brenden gazpacho u


bien pan e queso; a la fin hombres e mullers son totz, e totz igual que vusatros se matan per ellas e per os diners; e per tot bi ha ricos e pobres, e o mes fato ye l’alcalde e o mes ciego qui los mena. D’atra man, en Catalunya me veyé un poquet aprecisau; en Valencia las tenié todas prou bien; e en Andalucía gané chanfles a rimallos, e dicié e facié o que querié, e tot lo creyón e tot lo daban per bueno sin demandar-me-ne prebas. En Catalunya veyé comerciants e mariners; en Valencia artistas, piculiners e gaiters; en Andalucía comais e peciners mes fembras agún que as comais. A chent en Castiella son d’unas trazas que pareix estar que agora haigan sacau os peus de l’alforcha e que encara no haigan ubierto os uellos.


»En o tocante a o mío gusto, marcharía ta Castiella per fuerza, t’Andalucía per curiosidat, en Barcelona i viviría tres meses, en Valencia un anyo, e en Zaragoza toda a vida. E ixo que Valencia ye un mundo chicorrón, perque qui ha visto tot o mundo e qui ha visto només que Valencia, igual ha visto la un que l’atro, e agún mes talment o segundo que o primer.»


En ixo que prencipió a plevidiar, e dició: “L’orache no quiere que remate o mío rilato, que manimenos vos foi sisquiá que breument, como he dito, e ya yera prou abanzau. Una cosa quiero que entendatz mes que mes; e ye que, do quiera que voi, precuro fer honra a la mía patria. Perque vos foi saber que en o mío corazón bi ha dos grans amors, íxe d’a mía buena mai e o de vusatros, e m’alcuerdo d’o muito que per ella e per yo hetz feito dende o mío naiximiento”. Viva Pietro Saputo!, chiló o pueblo: Viva o nuestro fillo e vecín! Viva a gloria d’Almudevar! E s’esparricó a moltitut aponderando e bendecindo a Dios, que tanto saber e tanta virtut heba dau a o fillo d’a Popila.


Aintro, en a sala, bi yeran o chusticia, os churaus e os prencipals d’o lugar, e o buen Sisenando, que babiaba de gusto. Allí lo afalagón con un refresco e dimpués con una gran cena que quasi lis pilló o día.


Capitol VIII


Una carta anonima. Visita d’un caballer


Per ixos días replegó una carta sin calendata e sin sinyar, con o sobre: «Ta  Pietro Saputo,  en Almudevar.» E aintro, Fa quatre anyos. No se’n fació guaire e no se dovanó, como se gosa decir, os sesos escurrindo de quí poderba estar; lo s’entrefiló a escape. E agafando a pluma, n’escribió atra contestando només que ista parola: Pacencia. E d’a mesma traza sin calendata ni firma la endrezó a don Severo Manuel d’Estada, no dubdando que o recosiro yera de Morfina.


En que o caballer veyó ista carta perdió l’esmo perque no podeba atinar (yo lo creigo) o que quereba decir ni de quí podría estar. Li’n consultaba a la suya muller, a o suyo fillo, a l’ama choven, a la filla; li’n amostraba a os suyos amigos, a totz; e dengún no atinaba (cómo podeba estar?), desimulando Morfina e fendo veyer que se’n almiraba o mesmo que totz. E dició a la fin o suyo pai:

Agora sí que voi a veyer a Pietro Saputo, pues dicen que ye en o suyo lugar, que con a suya muita sabiduría puet estar que encierte. Quí i vendrá con yo?
Don Vicent pro a fes que s’ofreixió, e l’ama choven tamién, e Morfina dició que si la deixasen marchar t’allá, que no li demandaría a o suyo pai atra gracia en a suya vida. A lo que sintió isto o suyo pai se’n fació contento e a pocas la satisfació e quasi la levó con ell. Pero dició que antis quereba ir-ie solenco, e que dimpués en parlarían. E asinas lo fació.

Plegó en Almudevar, e malas que deixó l’azembla en o mesón marchó ta casa de Pietro Saputo. Iste lo conoixió a l’inte; pero entrefilando-se l’afer, li pareixió millor no tartir entrem- istanto l’atro no lo conoixese. E li preguntó cómo se clamaba. Dició don Severo o suyo nombre e apelliu; e allora gritó ell a la suya mai e li dició:

Ninviatz a criada t’o mesón e que o criau d’iste caballer li faiga trayer l’azembla e l’equipache.
Don Severo no quereba, e ell, prou resuelto, li dició: u en casa mía u marchatz de casa mía. No ye digna d’a posición de tant prencipal caballer, pero ye millor que o mesón, e mes que mes seretz servius con buena voluntat. S’aconhortó don Severo, e no s’atrevió a fablar-li d’a carta dica dimpués d’a meyodiada.

A la fin li’n amostró, e li preguntó si sabría decir-le qué podría estar, e que la heba replegada sin mes per correu. Agafó Pietro Saputo a carta, la se miró, e pensando una miqueta (per desimular) dició:

Ista carta ye contestación d’unatra.
No puet estar, respondió don Severo, perque de todas as que he escrito he replegau contestación; e amés no he fablau a garra chent con parolas que propiciasen ista respuesta: ni os míos fillos tampoc no en saben pon, ni os míos amigos.
Pues contestación en ye.
Perdonatz, pero no lo puedo creyer.
Que lo creigatz u no, ye unatra cosa; pero ye o que vos digo. Bi ha suenios, sinyor don Severo, que son realidatz, e realidatz que pareixen suenios. Decitz-me, tenetz almas en o purgatorio?

Beluna bi’n habrá talment de tantas como marchón t’allá entre pais e lolos.

Pues prebatz de sacar-las; e si son almas d’iste mundo, encara mes, perque astí se sabe e se veye o que padeixen, e allá ye cosa d’a fe e d’os preixinallos. Tenetz parients pobres?
Un u dos.
Pues aduyatz-los. Tenetz fillas acomodadas en casa de suegra?
No, sinyor.
E maciellas?
Una.
Pues casatz-la.
No quiere casar-se.
Yo vos digo que sí que quiere.
Yo vos digo que no.
Yo vos digo que sí.
Lo m’aseguratz?
U yo soi l’hombre mes fato e ababol d’o mundo.
Pues yo vos churo que la casaré bien luego quiera u no quiera.
Matatz-la millor.
No m’hetz dito...?
A o suyo implaz.
No quiere a dengún; no li fa goi garra hombre.
Imposible.
En fe de caballer. ¿Hetz ya agafau o corazón d’a vuestra filla en a man e vos hetz mirau totz os suyos foradiecos? ¿Hetz feito a preba de portar-la ta un convento, e obligar-la a vestir-se de moncha?
No quiere ixo; ni tien vocación t’o claustro.
Pues ixo ye que tiende t’atro estau; t’o matrimonio. E dencima de tot ixo meto a mía honor, o mío nombre e agún a vida.
Soi enturrullau. Qué he de fer en plegar en casa mía?
Pon, sacar almas d’o purgatorio.
Veniz-vos-ie t’aduyar-me. ¿Qué, no vos preneríatz a molestia de venir-vos-ne e me pintaríatz una sala?
De buen implaz.
Pues ya torno a alentar, ya descanso, ya me’n iré goyoso. Pero paratz cuenta que no vos enganyetz, perque a mía filla, e perdonatz que vos l’apondere tanto, ye muit saputa, muit discreta e prou prudent. Dicen que ye a-saber-lo de polida, e estoi que lo’n ye si no m’enganyan os uellos de pai, e per ixo digo o que lis pareix a totz; pero en ixatra cosa la puedo chuzgar con menos pasión; e vos digo que en os secretos que amaga o suyo peito no i dentra ni o rayo mes subtil e puro d’o sol; e bien podese estar que fese mofla de nusatros.
Ye mes subtil o pensamiento de l’hombre e o conoiximiento d’o corazón humán. Yo vos prometo que a os pocos días que la tracte hemos a saber si ye alma triste d’o purgatorio, u alma bienaventurada d’a gloria. E en o tocante a la carta, feré tals prebas que no ha de quedar-vos ni a dubda mes chicorrona de tot o que he dito. Yo pintaré e alufraré; vos callaretz, e tot irá bien e nos desenganyaremos de tot.

Prou satisfeito quedó don Severo d’as razons de Pietro Saputo, e encara mes d’a suya promesa. A os dos días se disposaba a marchar e li dició ixatro:


Os antigos, sinyor don Severo, quan replegaban bell huespe, l’obsequiaban, lo afalagaban e lo deixaban tres días sin preguntar-li per a suya persona; en que pasaban ixos tres días, e    no antis, li preguntaban quí yera, cómo se clamaba, d’án veniba e t’a on iba. Iste costumbre e formula s’ha perdiu per a gran priesa que hemos per saber quí ye o huespe que nos plega, e talment per ixa encara mes gran per despachar-lo de casa. Yo m’acomodo a o nuevo emplego en o primer,  e deixo o segundo t’os focins. Si no trobatz a faltar a comodidat e o goi de      casa vuestra, vos ruego que vos i aturetz os tres días d’a lei per vos e per yo, e encara un     mes per l’alma d’o purgatorio que m’ha proporcionau a satifacción de tener en casa mía a   tant prencipal e amable caballer. E pues os antigos daban tamién a o huespe de vez que lo despediban ixo que ells clamaban presents d’aloix, que yeran qualque ropa bien polida, bella espada, escudo d’armas, u bell caballo, e garra cosa d’istas hetz a menister ni agora bi ha a mesma razón que allora ta iste costumbre, fetz una golladeta a tot o que en casa mía bi haiga   e no siga en a vuestra, e si qualcosa i trobasetz d’o vuestro implaz, levatz-vos-la en sinyal d’a nuestra amistat. Sotz aficionau a os libros? Lo’n sotz a os quadros? Aquí tenetz libros, e astí tenetz quadros.

E si en prenese ixo que no debo?
Ixo no puet estar, perque ta vos cosa vos ye vedada, con vos cosa m’alzo.

Ya don Severo heba pasau bell rato leyendo a Consolatio philosophae de Boecio, traducida e comentada per Pietro Saputo, anque manuscrita; e l’alpartó como libro que quereba levar-se. Se miró os quadros, e s’aturaba a rienda vegadas debant d’o suyo retrato e o d’a suya mai, feitos os dos ixe mesmo anyo; e dició:

Si istos dos retratos vuestros no estasen tant parti d’o vuestro corazón...
Lo’n son e prou gran, respondió Pietro Saputo; pero per o mesmo los vos ofreixco...
Ah!, dició don Severo; yo lis meteré lampa en casa mía.
Li dio Pietro Saputo as gracias per a favor, e li entregó os quadros e o libro tot decindo:
A otri en o mundo no li’n daría; pero don Severo Manuel d’Estada tien privilechios en casa de Pietro Saputo.

Marchó, a la fin, don Severo, plegó en casa suya, e fuon a muller e os fillos a pregun- tar-li igual como si i plegase d’una pelegrinación ta l’atro hemisferio. Ell lis dició:

Me fa duelo, Mariquita, me fa duelo, fillos míos, no haber-vos levau a totz. Ah, qué hombre! Ah, qué hombre tant sabio e tant amable! Muito diz a suya fama pero en ye muito mes d’o que se diz. Quatre días m’ha feito estar-me, pero en casa suya, en a mesma casa d’ell, perque ye a-saber-lo de bogal, e pareix estar que rico. Qué bien que soi estau! Ye l’hombre mes natural que he conoixiu: a-saber-lo de caballer, ixo sí, pero de vez tant chalanguero e amable que agarrapiza a o corazón como un fierro a l’atro en a fraugua. Qué afalago! Qué servicio tant cumpliu e sencillo! Qué facilidat en tot! Ixo, fillos, ye vivir goyoso. Pues, e a suya mai? A suya mai ye toda una sinyora. No dirá garra chent, no, que ye estau pobre e teniu oficio tant humilde como o de bugadera.
Pero d’a carta, preguntó don Vicent, qué vos n’ha dito?
D’a carta, respondió, n’ha dito muitas cosas (Morfina muit a l’aguaite); pero como i vendrá luego...
Aquí?, preguntó o fillo.
Aquí, aquí, en ista casa nuestra, respondió don Severo. E ya podetz disposar-vos totz a recibir-lo como un amigo, pero tamién como un hombre tant sabio, e no faigatz bestiezas u estandarturas perque os suyos uellos se fincan dica l’alma, e conoix o que un ye pensando en que lo se mira.
Asinas que i vendrá?, tornó a preguntar don Vicent.
Sí, fillos, sí, ya lo he dito: e pintará a sala de l’estrau.
Me fa goi, me fa goi, dició don Vicent tot fotendo grans palmadas; lo conoixeremos, lo conoixeremos.
Antis lo podetz conoixer, dició o suyo pai, pues li demandé e me dio o suyo retrato e o d’a suya mai, que son istos.

Només fuo que sacar os retratos, que os quatre s’amuntonón dencima d’ells e no los se podeban mirar a o suyo implaz. Los penchó, a la fin, don Vicent en dos claus alteros e asinas los se mirón a monico. Pero dimpués dició don Vicent:

¿Sabetz pai, que Pietro Saputo, asinas en primeras, tiene bella semellanza con ixe estudiant navarro a o que clamaban don Franchet?
Calla zote, li contestó o suyo pai; ¿qué tien que veyer don Franchet ni totz os Franchetz d’o mundo con ixe retrato? Don Franchet yera un estudiant, agudo sí, e prou esquericau; pero un quidam, un no dengún, contimparau con Pietro Saputo. Ixo rai, ya lo veyeretz e ya vos ne desenganyaretz; entremistanto no digatz bestiezas.
Morfina se feba a-saber-lo de contenta con todas as scenas, e s’almiraba d’o que podeba o fastio en o suyo pai, pues estando un mesmo don Franchet e Pietro Saputo, ni lo conoixió allá ni reconoixeba a semellanza, u millor a identidat en o retrato. E només que per fer atra preba, dició:
Pues tamién a yo me pareix d’iste retrato o mesmo que a Vicent. ¿No veyetz, pai, que tien os uellos e tot l’aire de don Franchet?
Os uellos e l’aire d’a mía cinquena broixa de lola, sí que tien, respondió o suyo pai carranyoso, matutans que en sotz totz. No me nombretz mes a don Franchet; perque ye contimparar a nueit con o día, un escabortón con o sol, un pigmeo con un chigant. Pues, digo, si lo sentisetz a tocar o violín! Don Franchet grataba as cuerdas; pero ixo ye sentir a os mesmos anchels d’o ciel.
Bien vos vale pai, dició don Vicent, que ha de venir-ie, si no maitín mesmo muntaba a caballo e me’n iba a veyer-lo. E para cuenta tu, sinyora chirmana mía, que no sigas con ell tant aspra e tant impenetrable como en yes estada con totz os que aquí son venius ta veyer-te.
Yo te doi parola, respondió ella, de no estar-lo con ell, sino a o contrario, prou tova  e penetrable, per decir-lo en as tuyas trazas. Qué heba a decir un hombre tant sabio si me veyese seriosa, indiferent e callada?
Pues ya veyeremos, dició o suyo chirmán, cómo lo cumples.
Per cumpliu lo puetz dar, contestó ella.

E ye verdat que lo deciba de corazón, como puet suposar o lector, que conoix o misterio d’o suyo amor con Pietro Saputo, e o secreto d’a carta.


Capitol IX


De do viene a mazada: A chusticia d’Almudevar


En ixe tiempo viviba Pietro Saputo a o suyo buen implaz, bien quiesto de totz, buscau, gritau e celebrau, prospero e rico, mes bien per a suya modestia e filosofía que per as riquezas, anque yera ya tal o suyo estau que a suya mai, leixos de servir a otri, yera ella servida, pues teneba criadas e se sentiba estimada e respectada en o lugar, per o suyo fillo, e per ella mesma tamién, que sabeba tractar con os grans e con os chicotz sin fer a rosca a ixos ni avergonyar a ixatros. Pietro Saputo estudiaba, cazaba e deixaba o suyo tiempo libre ta las suyas dos inamoradas Rosa e Olaria, que con as licions e tracto d’un hombre como ell heban amillorau a-saber-lo o suyo buen natural, e refleixaban a suya amabilidat e a suya grandeza d’animo, discretas, entendidas, bien fabladas e de tot amables e naturals. T’o lugar de don Severo, a penar d’a carta e amor de Morfina e d’a promesa d’o suyo pai, no pensaba tornar-ie tant luego, per as suyas propias razons e per as razons que, quan a hora siga plegada, li’n declarará a qui pertoque. E no deixó de sentir ista contradicción d’a suerte, perque encara no heban pasau dos meses, que sabió que heba muerto don Severo; e ni con ista enchaquia s’atrivió a ir-ie ta veyer a Morfina. Amés de que con isto a sala ya no s’habría de pintar; e se quedaría en o suyo lugar. Marchaba a pintar ta qualques lugars; anque todas yeran obras de no guaire tiempo, yeran as ausencias curtas e valeban només que ta esviellar o gusto per ixa vida tant dulce. Pero una miqueta mes t’adebant pasó un caso que lo desaconhortó en gran mida, e que toda a filosofía quasi no en fuo prou ta no maldecir a o suyo pueblo, e agafar a la suya mai e marchar a vivir en unatro.


Un día o ferrero se carranyó con a suya muller perque li levó l’almuerzo fredo; e pillando d’a forga un fierro rusient li’n fotió per a boca e o garganchón, dando as bocadas a pobracha a l’inte. Yera o ferrero hombre a-saber-lo d’estrafalario, qualcosa patarieco, desconfitau, inseguro e de muit malas chanzas, perque cal alvertir que tot lo feba arreguin- do-se-ne. A pobra muller pasaba muito treballo con ell perque sin atra causa ni enchaquia que anturrullar-li-se d’abatanar-la, lo feba; estirazar-li d’os pelos, li estirazaba; fer-la dormir d’hibierno en tierra d’aforro e sin ropa, la feba dormir, u lo menos chitar-se asinas; ofrir-le como per carinyo un mueso con a cullara, li’n ofriba e de vez que ubriba a boca li’n foteba per a cara u en o peito. Atras vegadas agafaba un cotiello, e fendo que se chitase e fotendo-li o peu en o garganchón chugaba a degollar o mardano u o tocino, u remataba devantando o brazo e decindo: quí como Dios. D’atras li ligaba os brazos a o cuerpo e dimpués as garras tot en un, e la feba redolar per a cambra e talment per a escalera. Pero ista chanza que querió fer con o fierro d’a forga superó a todas, pues deixó a la pobra muller sin vida en una minuta.


Lo agafón de camín, e lo ficón en a garchola con muitas cadenas en o cuello e cepos en os peus, lo chuzgón ixe mesmo día e lo condenón a muerte, quedando ixa sentencia ta estar executada a l’atro’l día. Ya yera a forca parada e tot o pueblo en a plaza aguardando a execución; ya lo sacaban e lo levaban t’o patibul, quan agarrapinchando-se un d’o lugar a cotenas d’un atro dició:

«Qué itz a fer, fillos d’Almudevar? De qué coda enforcatz a o ferrero que només en tenemos

que un? E, qué feremos dimpués sin ferrero? Quí nos esmolará as rellas? Quí ferrará os nuestros machos? Miratz-vos o que me s’escurre. Enguís d’enforcar a o ferrero, que dimpués lo habremos muito a menister, perque només en tenemos que un, enforquemos a un teixidor, que en tenemos siet en o lugar e, encara que nos ne manque un, no hemos d’ir sin camisa». Tien razón!, tien razón!, chilón totz; enforcatz a un teixidor!, un teixidor!... un teixidor!...

E sin atra voz e chilo que íxe agafan a o primer d’ells que per allá i troban, lo levan ta la forca, lo i puyan e lo enforcan, e meten en libertat a o ferrero.

Sabió isto Pietro Saputo, que no querió ir a la execución ni salió de casa, e pretó a correr ta la plaza ta prebar de privar ixa sinconisión e inchusticia; pero i plegó tardi perque ya yera despachau o pobre teixidor. Ixa barbaridat tant graniza lo implió d’horror, e se’n tornó ta casa suya muto de parolas e fredo de corazón perque li pareixeba que o ciel e a tierra heban cambeau.


De tardis dició a os prencipals d’o lugar que fuon a veyer-lo:

Lo menos que s’amague, sinyors; que iste feito no se conoixca; que isto no vaiga dillá d’os nuestros muros¸ perque, qué s’ha de decir de nusatros? Si isto plega a saber-se, e se  sabrá, no dubdetz que mientres o mundo siga mundo se racontará e se remerará con eterna vergonya d’o nombre d’Almudevar.
Pero ells se desincusón tot decindo que no se podión salir con a boirada de chent irracional, ni agún fer-se sentir en ixe inte. E se remató a barbaridat mes cruel que han visto os sieglos.

Pietro Saputo sintió un solimán tant gran que, per ixuplidar-se-ne, agafó a espada e una azembla d’o suyo patrín e marchó a pasar bell día leixos d’o lugar.


Capitol X


De cómo Pietro Saputo marchó ta Balbastro


Heba sentiu a parlar de que os de Balbastro refeban u ixamplaban a capiella d’o Pueyo, e marchó t’allá a ofrir o suyo pincel si ye que quereban pintar-la. E en que i plegó tenió curiosidat per veyer a famosa fuent e marchó t’o río. Ye verdat que bi estió en ixa ciudat con os estudiants; pero dengún nunca no se deseparó ta ir solenco e no podió andar os suyos antigos pasos.


Quiénto contento se fació de veyer ixa fuent e ixos gradons do i pasó a nueit, e se minchó a torta e a longaniza d’a enganyada moza d’a rondalla! E se’n alcordó tamién d’a mesacha que lo revelló e lo levó ta casa suya d’oficial de sastre, e dició: pues voi a veyer-la.


No estió de mal trobar a casa, perque como feta prou singular se fincó toda prou bien en a suya memoria, e sabió trobar a carrera e conoixer a puerta. Trucó e se’n puyó escalera entalto. A mesacha, pro a fes, yera a mesma, la trobó sola e peinando-se. Bell poquet s’estranió de trobar-se debant d’un caballer, pues no gosaba freqüentar a suya casa personas de tanta clase; con tot e con ixo li tornó l’afalago con muita naturalidat.

No me conoixetz, Antonina?, li preguntó.
Lo se miró ella fito-fito e respondió, que només que ta servir-lo.
Pues yo vos digo que me conoixetz, igual como yo vos conoixco a vos. Decitz, fa seis u siet anyos, no trobetz en a fuent un mesache e lo trayetz ta casa vuestra perque vos dició que yera sastre? Pues ixe mesmo mesache ye l’hombre que agora vos ye fablando.
Se’n fació contenta a mesacha e amostró mes confitanza e fabló con mes libertat.
Per cierto, dició, que nos deixetz plantadas indo-vos-ne de tardis e no tornando-ie.
Marché a ixoriar-me una miqueta, me perdié per ixas carreras e no encerté a tornar-ie a tiempo ta o mío oficio. A l’atro’l día sintié o que pasó en a ilesia mayor e me fació miedo que o ciel castigase a ista ciudat e m’embolicase a yo tamién en o castigo:
E qué culpa tenebanos a resta?, respondió Antonina; prou que apeitón ixos pobrachos, que atro muerto se devantó d’o fundón e los nafró no se sabe de qué traza, e crabutón os dos en tres días sin que a chusticia hese menister de ficar-ie a man. A familia d’o choven, que yeran platers, habió de marchar per o mundo e no se’n ha sabiu res mes. Agora ya ye tot ixuplidau.
Igual que todas as cosas que pasan en o mundo, dició Pietro Saputo; e como ha d’estar ixuplidau per vos o sastreret d’a fuent.
No sinyor, respondió ella, anque bien que lo mereixeba, pues tant poc caso fació de nusatras e d’os vestius que nos deixaba tallaus. Estió ell qui nos ixuplidó, que yo prou present que lo tenié a-saber-lo de tiempo; e mesmo dica agora no lo heba ixuplidau de tot. No podeba encara que querese, perque cada día voi ta la fuent e siempre me pareix que lo veigo allá adormiu como lo trobé ixe maitín.
Pasón dimpués a atras explicacions e quedón entendius.

Pero vos no yeratz sastre, dició ella, perque malas trazas en tenetz agora de fer parellano 
oficio.
No, Antonina; sino que de nino estié muit trazón e bell poquet bragau, e per trazoniar me ficaba per totz os obradors, e i cusiba con o sastre, escofinaba con o ferrero, sarraba con o fustero, cardaba con o pelaire, pintarraquiaba con o pintor, e deciba misa con o mosen. No veyés ixe mesmo estiu qualques estudiants que pasón per aquí e se bi estión ueito días?
Sí me’n alcuerdo; e que un d’ells yera muit buen pedricador e se’n puyaba en os huembros d’os suyos companyers que pareixeba un gato.
Pues ixe yera yo, e si no, fetz-vos memoria que en casa de N. do i fues ta o baile, dicié, entre d’atrás, cosas, que as Petras yeran fatas dociletas u biatas, e as Antoninas discretas e graciosas.
Ye verdat, e me’n arreguié a-saber-lo. Pues lo dicié per tu e me miraba enta tu de vez.
Me’n alcuerdo, me’n alcuerdo; pero, de qué coda iba yo a entrefilar-me que vos yeratz o mesache d’a fuent e o sastre d’os míos vestius? Per qué no me decibatz qualcosa?
No podeba perque no heba d’ir a veyer-vos, perque no yera costumbre que dengún de nusatros paixariquiase con afers particulars.

Antonina lo se miraba tant incantada, e ell yera tant ixuplidau d’a suya pintura, que yeran as nueu d’o maitín quan i plegó, e lis se fación as dotze sin pensar-ie e lis pareixió que no feba mes de meya hora que yeran charrando. Ella li dició que a suya mai yera en as tres pedretas feba tres anyos; que o suyo pai, siempre carramaloso de salut, marchaba t’o campo ya bien dentrau o día, que un chirmán de deciueito anyos se’n iba de maitins con a chunta; e que, a la fin, ella no s’acomodó per no deixar a o suyo pai dica que s’acomodase o chirmán, que yera o que heba de remanir en casa d’ells. Li aponderó Pietro Saputo o proposito e esviellau l’antigo amor a l’implaz d’os dos, se despidió dica l’atro’l día.


Dimpués de chentar marchó t’o santuario, e s’alcordó en o camín d’o penitent e reconoixió o puesto d’a trobada. Plegó en Pueyo e se i trobó un rechidor que cosiraba a obra. Dimpués i venión atro rechidor, un canonche e un caballer, components totz d’a chunta u comisión d’a obra con o primer; e lis preguntó si bell día quereban pintar a capiella. Prenió a parola o canonche e dició que pensaba pintar-la, e que quereban buscar un pintor de fama.

De fama, sí sinyor, dició un rechidor chato, celludo e recachudo; un pintor famoso, un pintor como no bi’n haiga atro en o mundo; extranchero, pro a fes, perque en Espanya no bi ha mes que petabrochas; u andaluz, que ye mes que extranchero.
Pues sinyors, dició Pietro Saputo, yo soi pintor, pero no de gran fama, e espanyol ta la mía desgracia en iste caso. Sé o que bi ha en Andalucía; a escuela sevillana ye buena, tien profesors aventallaus, pero sin tanta fachenda d’hombres e gastos se podría pintar bien a capiella.
No sinyor, no sinyor, respondió o naricetas; e si vos sotz o pintor, fetz-vos cuenta que no n’hetz visto a dengún.
Ya la me foi, sinyor decano, ya la me foi, e tanto ye asinas que agora mesmo veigo astí quatre hombres e me pareix que no en veigo garra.
En sotz de somarda, dició o canonche; e yo estoi que nos sotz faltando.
Yo no vos falto, sino que respondo a l’implaz e a l’esmo d’o caballer decano, que m’ha mandau fer-me as cuentas de que no heba visto a garra persona; e repito que me foi ixas cuentas, e que creigo, asinas como vos veigo a os quatre, que no en veigo a no dengún.

Encomendatz-me, vos ruego, a la Virchen, e a Dios. Con isto lis chiró a espalda, muntó en a suya azembla e, per cuentas de marchar ta la ciudat, s’esbarró enta o peu d’a sierra, fendo-li a Antonina a chanada de no tornar-ie a veyer-la e fendo-li pasar un día prou malo.


Sabió o pueblo dimpués que Pietro Saputo yera veniu ta pintar a capiella d’o Pueyo, e malas que sabió que lo heban dispreciau, s’amotinó e zaborrió as casas d’os rechidors e d’o canonche; e a o caballer li fotión bella embecia en a carrera, e no lis valió decir que no lo conoixeban. A os poquetz días li ninvión una embaixada, e ell respondió que de Balbastro ni o ciel, entremistanto estase gubernau per fatos, pampafigos, chatos e zurdos e hombres tant simplotz como ixos que ell heba visto en o santuario.


Capitol XI


A espelunga de Santolaria


Teneba Pietro Saputo una tía, chirmana d’o suyo lolo materno, e de no guaire mes edat que a suya mai, en o lugar de Santolaria la Mayor, do i fuo dende Balbastro e an que dende ninón gosaba ir-ie totz os estius ta pasar qualques temporadetas. Lo quereban a-saber-lo a suya tía e toda a suya familia, que yera graniza e no tant pobra que no lo podesen afalagar a o suyo implaz. En o lugar lo idolatraban e lis feba prou duelo que no estase d’allí e deciban por cada vegada que lo veyeban que yera lastima que estase naixiu d’Almudevar.


Li agradaba a rienda o ciel de Santolaria, e gosaba decir-ne que només li mancaba a ixe lugar que una rullada u carrerón que fese faixa dica a suya metat u tercera parti d’o lugar ta criar-se allí os millors entendimientos e os mes gloriosos preixins d’o mundo. perque meter ficancia siempre ta do se i fican os peus, deciba que torna os inchenios macatrullos e as almas arguelladas, apampladas e terrenals.


Marchaba muitas vegadas t’a dreita e t’a cucha d’a sierra, d’atras t’o norte e per o centro a recorrer ixas tucas, ixos congostos, foricons e clamors, bien con o fabirol, bien con a escopeta, e siempre con o lapicero e bell libro, anque quasi nunca lo ubriba, perque li furtaban os preixins ixas magnificas, extraordinarias e cutias soledatz. Allí yera poeta, yera pintor, yera filosofo. Igual li se veyeba en a tuca d’una altiza penya, como a o peu d’ixas eternas imponents murallas e turrions, calculando librement os sieglos d’a suya fundación e extasiando-se alufrando a eternidat e o poder e grandaria d’o criador que tot lo fació d’o no res.


En una d’ixas filosoficas gambadetas ta ixos palacios e alcazars d’a naturaleza, se posó a o peu d’una penya ta prener a fresca, e tot deixando-se cayer de memoria paró cuenta en una farabieca u forau que bi heba no guaire alto e que zarraban quasi de tot qualques hierbas que naixeban en a mesma penya. Sintió en o suyo corazón un deseyo furo de puyar-ie e veyer o que yera e agún ficar-se-ie aintro si ye que i culliba, e replegando piedras fació un pueyo dende o que escoscó a dentrada de hierbas e s’arrepincholó e i ficó a cabeza, perque o forau yera mes gran d’o que pareixeba. Ixa dentrada se feba mes ampla de vez que abanzaba, que yera muit a moniquet e tremolando, perque a luz d’a farabieca s’amortaba e a espelunga teneba trazas d’estar funda. Se chiraba a mirar-se ta dezaga cada tres u quatre trangos; e mientres dillá podió veyer una miqueta de claredat d’a luz d’a puerta, fuo dentando-ie per ixa rechión fosquiza e esturrufadera de vez que reconoixeba ixa fonsera amagada d’a penya. O suel en unas partis yera arenoso, en atras un mallacán, en atras limpio e ixuto; a cadolla, en cheneral, de quatre a cinco peus d’altaria, e de seis a siet como muito, e una miqueta menos ampla allá a on no bi heba cantons. Chafó d’un costau qualcosa dura, palpió con a man e yera un martiello de fierro sin mango; pensó que li fería prou honra e que li sería de muita valgua e lo tenió per sinyal de que atros ya bi yeran dentraus antis que no ell; e agún pensó en ixo que se diz en Espanya, que no bi ha espelunga amagada que no se creiga que estió alberde d’os moros e alburín d’as suyas riquezas quan iban perdendo a tierra e no desconfitaban con tornar-ie con millor fortuna, amagando-se entremistanto en ellas muitas familias e vivindo-ie muit amagadas, enganyando con disbraz de cristians si ye que saliban ta saber o que pasaba


e ta fer amiro d’o que estase menister. Pietro Saputo deixó allí o martiello per sinyal de dica do yera plegau, e con animo de tornar-ie atro día mes luego, pues ya yera a tardada, se’n salió d’a espelunga e se’n tornó t’o lugar.


A l’atro’l día amaitinó, se levó tot o que li caleba ta encender, una lampa de veires  e unatra de papel, dos buixigas, una tieda de dos a tres palmos, un cotiello de mont e un arcabuz e tot agulloniando l’azembla e baixando-se-ne en o mal camín, i plegó en o puesto en menos de dos horas. Fació millor o pueyo, i ficó aintro o ferramentamen, i dentró como un gato, e deixando una buixiga allá an que remataba a claredat d’a puerta e una lampa una miqueta mes aintro marchó con a tieda en a man alufrando e ficando-se en a espelunga. Plegó a on yera o martiello, e bell trango dillá dentró en una sala que, ta ixe puesto, podeba decir-se que yera prou ampla, pues feba alto u baixo diez pasos d’ampla en un diametro, e como siet peus d’alta; e continando ent’a dreita un foricón e atra cadolla que se tornaba mes estreita que a d’a dentrada, se trobó con un calavre largo cara t’abaixo, encara que con a cara chirada enta un costau e os brazos libres, sin mes ropa que a chambra e un chustillo a l’antiga; tot ell tant zancero e perfecto que, fueras d’a color negrenca e pasada, pareixeba que chusto feba poc que heba muerto u que yera adormiu. Malas que lo veyó li agafó tal horror que li s’esturrufón os cabellos e li penaba d’estar-ie dentrau. Lo tocó con o peu e se desfació en polvo toda una garra. Lo deixó asinas, e ya ficau en ixe paso e estando o mesmo ta o miedo tornar-se-ne ta dezaga que tirar t’adebant, querió rematar o reconoiximiento d’a espelunga.


A qualques seis trangos mes t’aintro e dencima d’un cobertor u escanyo en tierra trobó atro calavre, pero de muller, no menos zancero e bien conservau, meyo enrebullau con una manta u qualcosa que lo pareixeba, e d’o que con a luz d’a tieda brilaban como fuego as ricas piedras d’os pendients e d’un collar que levaba calaus e l’oro d’una cadena bien polida que con una alfaya de gran valgua li cayeba en tierra per un costau. Se’n horrorizó atra vegada;    as garras li feban figa e l’alma li s’afogaba en o cuerpo. Quereba prener ixas piedras e no s’atriviva. A la fin, ta reviscolar-se e vencer fito fito o miedo se posó entre os dos calavres,     e mirando-se ya la un, ya l’atro prencipió a preixinar o que ixo podría haber estau: en ixas   que para cuenta en uns instrumentos de guerra que bi heba a o canto d’o primer calavres refirmaus en a paret, e belún mes caíto en tierra. Se bi amanó a veyer-los e yeran dos alfanxes, dos espadas, tres cotiellos, una daga, un hielmo, e, per allí espardius, qualques pedrenyas, trozos d’acero, dos u tres escofinas, dos pars d’estenazas curtas, tres botellas de veire, bell pote, una aceitera e d’atros trastes; un salinero, dos u tres cullaras de plata, atras tantas de fusta, repuis de pan u que lo pareixeba, carbón e un fogar con cenisa, uesos e d’atras cosas  que no se conoixeba o que yeran, tot en un cantón u anglo que formaba a penya. Bi heba tamién qualques ropas que en tocar-las se desfeban en polvo, fueras d’a seda de beluna e bell bordau.


En que se reviscoló una miqueta mes, e ya sereno con o reconoiximiento d’istos obchectos, continó per ixe fosco e fierizo claustro dica qualques dotze trangos dillá d’os calavres, do se remataba. E como que parase cuenta en que o remate yera feito en buena mida a pico, e que remataba como en una lucaneta la se miró e veyó que, efectivament, lo’n yera; isto ye una finestreta u trapal que se trancaba con una piedra muit achustada, a que, quan la sacó con no guaire dificultat, podió veyer només que a luz d’o sol e os monts e penyas


de debant, perque no feba mes de cinco u seis pulgadas de diametro. Pero como i dentrase qualcosa de viento e periglaban as luces la trancó e remató d’ixulufrar a espelunga.


Plegó dica os calavres, e mirando-los-se dició: ista ye muller e ixatro, hombre; sin dubda habió d’estar un bandoler e ella a suya muller u a suya amant, que s’acubillaban en ista espelunga e van morir sin auxilio humán; u estión dos amants que aquí se bi amagón con toda ista disposición d’armas e virolla que, pareix estar, no se minchón, lo menos per zaguera vegada, morindo talment afogaus per o fumo, como pareix per a suya deseparación e actitut e per istos sinyals de xera. Sigatz qui sigatz, chovens disgraciaus, o mundo vos ixuplidó bien luego, pues sisquiá memoria ha quedau d’a vuestra desaparixión ni d’a vuestra existencia, si no yeratz de países mes leixanos. Descansatz en paz, e no vos carranyetz si yo replego istas alfayas que vos adornaban e portatz con vusatros ta gala e honor d’as vuestras personas, e tamién sin garra dubda t’auxilio e remeyo d’a suerte. e tot decindo isto escatizó a luz, e en un forau natural que bi heba en a penya a traza d’almario veyó una arqueta que, fotendo-li con o cotiello un par de trucazos, s’esmicazó en asclas chicorronas e o mes d’ella en polvo, e deixó veyer en o suyo sino o tresoro d’ixos pobrichons, agora d’ell per dreito d’ocupación u de natural herencio. En veyer-lo dició: no i soi veniu de baldes: encara que sin isto tamién lo hese dau per bien emplegau. Perque yera una ripa de monedas d’oro e plata unas e atras e mes as primeras. E brilaban muitas piedras enganchadas en collars d’oro, pendients, xoyetas, alfayas, adornos t’a cabeza, pulseras e un punyo de plata sembrau a ringleras de diamants e perlas muit finas e a roseta, de brilants. Sacó o tresoro, e mirando-lo-se e calculando-ne a valgua, anque en o tocante a las dobletas lo chuzgó per o peso e contimparanza con as actuals, pues as mes recients no baixaban de cient u ciento cinquanta anyos d’antiguidat; li pareixió que tot de conchunta e o que a muller portaba dencima podría valer de nueu a diez mil escudos. E chirando-se t’os calavres dició: No vos conoixco os sinyals, no son plateros, pero sí sospeitosas, perque ye muita riqueza ta dos simples amants. Decitz: D’a ón los quitetz? Quí sotz? Devantatz-vos e contestatz. Només que l’amor vos i trayó e vos fació vivir en iste fondón? Estión as vuestras mans innocents de qualsiquier atro delito? O silencio que seguiba a istas preguntas e a quietut eterna d’os calavres l’horrorizó atra vegada e li tornaba o miedo t’o corazón; asinas que replegó o tresoro, mes que mes o que levaba meso a muller, que en sacar-li-ne se desfació a cabeza e parti d’o peito, e toda una man do levaba dos u tres aniellos prou ricos, e se’n salió levando-se un alfanxe, una espada e un cotiello. E ta que atro que estase tant curioso como ell i trobase bell premio a la suya valentor, deixó en l’almario d’a caixeta qualques monedas, una manteleta, uns pendients e un collaret de no guaire valgua, e que tot de conchunta e as armas que i quedaban li pareixión que heban de valer, alto u baixo, trecientos u trecientos cinquanta escudos. Plegó en a dentrada d’a espelunga, s’escargó, e en que plegó abaixo se posó, alentó e descansó perque no podeba devantar-se, de percutiu que en yera, en prou rato. Desfació o pueyo dimpués e escatumbó e espardió as piedras ta que no en quedase ni un sacre ni sospeita d’a suya visita en a espelunga, e que si belún heba de puyar-ie estase per a suya espontania curiosidat e no menaus per l’eixemplo de que dasen sinyal ixas piedras.


Cargó a suya azembla, amontó, e como que encara no yera meyodía, fuo per monts e tarteras rodiando sierras e pasando fonduras espantosas, a visitar a famosa espluga que li dicen a Tova, no perque aguardase trobar-ie qualcosa de valgua, sino ta disimular o suyo viache e fer creyer, per as muestras d’as armas, que no podeba ni queraba amagar, e de


qualques monedas que pensaba amostrar, que en a Tova bi heba grans tresors como deciba e creyeba o vulgo e como se diz e se creye agún en o nuestro tiempo.


Prou que sí, bi estió en a espelunga, i dentró una miqueta t’aintro, paró cuenta que precisaba mes ainas e, talment, companyía; e como que a curiosidat d’ixe día heba quedau satisfeita en a espelunga d’os amants, se posó en a puerta, se minchó un pan e unas magras de tocino que portaba, e ya en o camín con o rustil d’o sol en a espalda se’n tornó ta Santolaria  do plegó quan ya quasi yeran as nueu d’a nueit.


Con o que veyeban que trayó Pietro Saputo d’a covarcha (que yeran as armas només e bella moneda a traza de medalla, perque o tresoro lo alzó sin decir-ne meya), creixió a fama per a montanya e peu d’a sierra, e agún dura encara, que en a Tova bi ha a-saber-la riqueza amagada; encara que ell fablaba siempre d’isto con misterio amagando a verdat e deixando que cadagún s’esmachinase o que querese.


Li rogón dimpués a rienda vegadas conoixius e no conoixius que los levase ta la Tova, e lis respondeba que ell ta ir-ie a sacar tresors no quereba companyía per no troixar-los con no dengún; e que o que estase gavacho no heba d’ir-ie do yera menister corazón e no pas luenga. Lis fablaba de crapacins, d’espirituaus, de fundrachos e foricons.

Preixinatz-vos, deciba, ibons negros, con zapos e cullebras que sacan a cabeza una vara per dencima l’augua e fotendo chiflius e secutindo a cresta vos encorren ta la ripa de vez que vos fan remango. Astí vos trobaretz con un muerto que pareix vivo, u con un vivo que pareix muerto; allá vos salen dos viellas con barbas e mantos blancos; dillá i trobatz un hombre u una muller convertius en estatuas de metat t’abaixo; en atro costau trepuzatz con una comunidat de flaires d’a Mercé; talment i sentitz sospiros e chemecos que no s’entienden e que vos chelan a sangre en as venas; ya se i presenta una banda d’aus con rostros humans tot fotendo bufius que te fan tremolar e que d’un trucazo d’ala vos deixarán estremordius e vos zabucarán en tierra esturdius. Pues ¿qué, en que de sopetón se siente allá leixos un tremiu como d’un exercito que aclama a o suyo cheneral, a un principe? Miratz-vos allá do, pro a fes, no i veyetz pon, e sentitz en a vuestra espalda un riso que vos esturde e vos deixa avergonyaus. Quí ye o pincho que tanta valentor tien e no caye muerto cient vegadas?

Con istas e atras animaladas que li s’anturrullaba decir lis feba encara mes miedo a totz, e no se sabe que garra chent no haiga reconoixiu agún de tot ixa espelunga que aseguran que ye graniza e muit funda. Muitos, sí, fablan d’ella e agún de fer-se ricos només que de plegar-ie e ficar as dos mans dica os ancons; pero només que limpio fablar: as tanallas d’oro e plata encara i remanen como o primer día. perque si belún i va, e i dentra poquetz trangos, li agafa un torzón e torna a salir-se-ne deixando-la toda per rechirar, u como poc as partis mes amagadas, que ye precisament a on han d’estar os tresoros.


Capitol XII


D’os remeyos contra o mal de viuda que Pietro Saputo va revelar a una


Ah, d’a honra!, deciba con voz trencada una viella patiando en tierra e batendo a cabeza. Oh, Dios m’aduye, si isto hese pasau en o mío tiempo! Guarda que yeran malcaradas e desvergonyadas! E, qué yera? Que veyó una moza fablando con un mozo en a puerta d’a carrera a la luz d’o día, e a vista e implaz d’os suyos pais e de tot o vico; e en o suyo tiempo, si heban a fablar con ells, heban d’amagar-los per corrals, cambras e sotarranyos, e ubrir-les de nueitz, e fer-los blincar bardas, tellaus e finestras, entremistanto ellas los aguardaban talment en o leito, u saliban a recibir-los descalzas, e de puntetas e mal repolinadas, e agún lis daban   a man t’aduyar-los. Manimenos, ixo rai ta ixa invidiosa e maldita viella, e fablar en a carrera de días u en a puerta de casa (con honra e cortesía, como dicen ellas), yera muito e cosa de espacenciar-se qui lo veyeba. Quiénto leixos son os setanta d’os vente!


Se fincó ista moda en os lugars que freqüentaba Pietro Saputo per una circumstancia prou simple. Ell no podeba ni quereba ir a todas as casas; e todas as mullers, igual viellas que chovens, maciellas que acomodadas, quereban veyer-lo de cerca e fablar-li; e ta isto, en que lo veyeban venir, se’n baixaban con desimulo ta la puerta d’a carrera, e quan i pasaba ell las saludaba, gosaba aturar-se-ie bella vegada e charraban un ratet. E d’astí pasó a estar habito e costumbre en Almudevar e Santolaria, e dimpués en atros muitos puestos, pasando d’uns ta os atros a moda. E isto yera o que no podeban trasquir as viellas; una cosa tant innocent!, e encara mes en os lugarons!, e o que ellas feban, que tot yera quasi infamia, només perque paraban prou ficancia en no estar vistas, yera o bueno e o sano. E en o tocante a fablar con Pietro Saputo no només que baixaban ta la puerta, sino que tot yera buscar enchaquias ta ir ta las casas an que bi yera. Yera tant guapo! Fablaba tant bien! Teneba uns uellos! Pero entre as que i fuon a veyer-lo mereixe especial mención una de Santolaria.


Yera un día chentando en casa d’a suya tía, e se i presentó una viuda cargada de trapicallos, glarimosa, gollerosa, entrecullida e sospirando; e dimpués de limpiar-se os uellos e mocando-se o naso, e en que saludó a totz esbotando a plorar, exclamó, tot fotendo un sospiro muit fundo: ¡Ah, Uxena, qué bienplacida que sotz d’haber en casa un hombre tant sabio! Paratz cuenta, viengo t’aquí només que per esfogar-me e que me diga qualcosa a mirar si m’aconhorta bell poquet e descansa o mío corazón, perque tot o santo día no foi que plorar, e de nueitz encara mes, e si m’aduermo qualque ratet, suenio e m’espanto; e soi... soi muit aflixida, muito, e muit desaconhortada! E dito isto esbotó a plorar tant aldredes que atra vegada s’afogó de glarimas e de mocos. Se limpió, ubrió e zarró os uellos tres u quatre vegadas, tornó a limpiar-se e a mocar-se, e fotió un sospiro tant fundo e tant sonoro, que pareixió que heba esclatau per o melico, u que li s’eslampaba l’alma per a boca; e dende  a suya silla en a que només se posaba que con un cantón d’o cul como a pur d’humilde e vergonyosa, se miraba a Pietro Saputo aguardando a respuesta e consello que buscaba.


Ell, de natural compasivo e mes que mes con as mullers, li dició:

O millor medico t’o vuestro mal ye o tiempo, e no vos digo pon en o tocante a la razón,

perque talment nos se’n va de casa. Manimenos, se puet fer a-saber-lo con l’auxilio d’atros remeyos. Fa dos meses...

e once días chustos, dició.
Pues sí, continó Pietro Saputo, dos meses e ixos días que va morir o vuestro mariu, e anque podría decir-vos muito sobre ista disgracia, no quiero atra cosa que curtar raso. Tenetz dos criaus t’o campo e una criada ta casa, e per agora no hetz a menister mes hombres ni mes parentalla a o vuestro costau. Només que hetz a cambear a criada perque ye muit choven, e (aquí entre nusatros) no podetz mirar-vos-la con buenos uellos, agora agún menos que quan tenebatz mariu; e hetz a buscar una muller d’esmo.
E me pareix bien, dició ella, perque ixa moza només piensa que en fateras e chuflainas.
Pues, ya lo deciba yo, continó Pietro Saputo; ixo, antis que cosa. Dimpués no hetz a plorar quan vos pete, sino que hetz de tener horas sinyaladas ta ixe menister, que per agora han d’estar dos per cada día, una de maitins e atra de tardis, plorando-la de tot sin aturar-vos només que o tiempo de rezar un pater noster e una ave maría con requiem en metat e a la fin de cadaguna. E dimpués d’o planto d’o maitín hetz de lavar-vos, peinar-vos, escoscar-vos e acotraciar a cabeza e toda a vuestra persona como si estase día de fiesta e mirando-vos en o mirallo. Sotz d’alcuerdo, buena Chertrudes?
Sí en soi, respondió ella; pero yo no sé per qué he de mirar-me en o mirallo si no ye ta espantar-me de veyer-me tant sostras e fiera.
Per ixo mesmo, dició Pietro Saputo, vos receto l’eixercicio de l’espiello, perque d’ixa traza veyeretz o mal que li sotz fendo a o vuestro rostro, a o que li hetz feito tal ixarrota que no vos conoixco, perque antis no bi heba choven mes polida en o lugar, anque casada. E si no vos lo dicié, fuo per ixo mesmo, perque ya yeratz acomodada, e ixe estau lo respecto yo a-saber-lo. Pero agora, si me datz licencia, iré a veyer-vos bella vegada, encara que només siga que ta sacar-vos ixe aburrimiento d’a vida.
Siempre que queratz, blincó ella prou pita.
Accepto a vuestra cortesía, dició Pietro Saputo; iré a veyer-vos, e quede isto asinas, ya que i semos conformes. Pero paratz cuenta que vos trobe como he dito.
Ixo no sé si podrá estar, contestó ella, en que remataba de posar-se en a silla.
Sí que podrá estar, dició ell, e lo estará, amable Chertrudes; perque encara sotz leixos d’os quaranta.
Trenta-dos en facié en marzo, respondió ella, pero ye que iste trago...
Deixatz o trago ya, dició Pietro Saputo, e fetz un poder ta tornar a color e a gracia a ixe rostro que tanto aborrecetz sin garra motivo, e a viveza e a ternura a ixos uellos afundaus e amortaus. Pero no he rematau encara. Maitín, sin falta, ninviatz un criau ta Uesca e que vos porte apios, rabanetas e mostaza, e minchatz apio en ensalada ta postres en a chenta e en a cena, rabanetas con sal ta brendar, e a pizca d’o puchero con mostaza que adobaretz prou bien, como estoi que lo sabetz fer.

S’avergonyó bell poquet en iste punto a viuda e agún fació cenyo d’afrontar-se, perque se prenió ixas parolas per una chanza; pero s’adubió e dició:

Ixo, si yo bien lo entiendo, mes pareix remeyo ta una doncella machorra que ta una viuda aflixida.
No lo entendetz, Chertrudes, no lo entendetz, contestó Pietro Saputo. No digo que o remeyo no convenga a qui decitz, pero per ixo mesmo no deixa d’estar muit propio e eficaz en o nuestro caso. Fetz-lo e vos irá prou bien; en a certeza de que, si no lo fesetz, no abanzaretz

cosa en a vuestra millora, ni yo podré ir a visitar-vos. Creyetz-me, Chertrudes, o mal de viuda se’n va per os pixaus. Asinas que quedamos en o que hemos dito. Ploratz antis una hora, dimpués a rienda peine e a-saber-lo d’espiello, e a resta que vos mando. E si dubdatz d’a  virtut d’o remeyo, yo bi iré dimpués de maitín de tardis, e me diretz o que queratz; pero vos   lo prometo con a condición de que hetz a fer tot o que remato d’ordenar-vos ta o vuestro bien e o d’a vuestra casa e amigos, entre os que, si vos dignatz a almitir-me, polida Chertrudes, me cuento yo dende huei.

Sí, sinyor, sí, sinyor, dició ella; con o corazón e con l’alma.

Con isto marchó, e, oh, poder d’as parolas d’un hombre sabio! Marchó con a metat menos d’o desaconhorto que heba portau e conforme en fer tot o que li ordenó Pietro Saputo. De tal traza que quan iste fuo a veyer-la pasaus os dos días ya yera unatra; perque iba prou bien repolinada, as suyas ropas prou bien acotraciadas, a fabla suelta e natural, o rostro vivo e os uellos afables e agún quasi falagons. Li conoixió Pietro Saputo que no ploraba de tot as dos horas, e li alivió o planto deixando-lo en un quarto d’hora de maitins. e agún li remató d’explicar ixo que o primer día no li explicó de tot perque bi heba testigos. Paró cuenta tamién en que a casa yera muit escobada, limpios os muebles e tot en buen orden como en vispras de fiesta. E per cuentas de pudor de fosal se sentiba una suave uloreta leixana de tremoncillo e espigol, que corrobraba.


Continó Pietro Saputo as suyas visitas cutianas. A os quatre días li sacó de tot o planto, no premitindo-li plorar que os domingos de tardis. A os ueito días ya yera a mesma d’antis e mes agún, perque o suyo rostro yera tot un abril, tornada a color e o goi e tant capiscoleta como d’antis; a un nino de cinco anyos e a una nina de tres que teneba los besaba con o mesmo amor que gosaba fer-lo en atro tiempo; o luto lo se ficaba con tiento; e o suyo corazón yera de tot ta o nuevo medico d’o suyo mal; e li confesó, precisament o día ueiteno d’a suya primer visita, que se feba contenta d’haber enviudau e de conoixer e tractar a un hombre como ell, perque o suyo anterior estau la privaba d’ista gloria. E en isto se tornó o suyo sentimiento, as suyas glarimas e o suyo desaconhorto.


D’atra man, ya se sabe que as viudas han perdiu o miedo a os hombres, no perque sigan viudas, sino perque van estar acomodadas. Si me dicen que no todas son unas ni una en ye todas, contestaré que ye verdat, pero ixo trampis, perque ni yo lis he faltau, ni deixan de fer-me duelo, ni creigo d’ellas sino o que s’ha de creyer en buena razón e dreito.

Privón  a  la  viuda  Chertrudes  de  muitas  visitas  de  Pietro  Saputo  os  consultors   de diferents lugars que i veniban a demandar-li consello, a exposar-li dubdas e conciliar pretensions contrarias, a rematar pactos e concordias. En un día i plegón d’Ayerbe, d’A Nacha e Polinyino, Berbegal, Alquezra, val de Nocito, val de Sarrablo, Chaca, Biescas, Estadilla e Santisteban de Llitera. E i plegó tamién o sendico d’Almudevar ta suplicar-li que i baixase ta un afer d’importancia; e ta servir a o suyo lugar se’n baixó de camín.

Capitol XIII


D’a comisión d’os tres figos


Oh, cuántas clases, especies e cheneros de furtaires bi ha en o mundo! Uns con trache de caballer, atros con o de perillán. Uns furtan dende a suya casa, a peu firme e a chugada segura, atros en a carrera, en o campo, en os camins; e bi’n ha per tot e ta tot, e son tant poc libres d’ells os palacios, e agún as mesmas coronas d’os reis, como o mes solenco lugarón e a fruita mes miserable de l’arbol que creixe solo que en o disierto. Pero en tanta variedat e diferencia de furtaires, chenebricers e trampalandans, dengún d’ells mes calmudo e rematau que os historiadors; e agún bamburriando a rienda d’honraus només que perque no furtan ta ells. Pero per ixo o furto no deixa d’estar furto, e o ladronicio, ladronicio. A fe, a fe que si os despullaus no estasen muertos, per un regular, que no siempre lis estase bien o suyo atrivimiento.


Ha de saber o lector que un autor estrancher ha privau a Pietro Saputo d’o feito e comisión d’iste capitol, ta dar-li-ne a un personache troberas que nunca no ha existiu, e a qui inventa una vida e fetas tant enatizas como a persona, ta entretener a chent mosica, a mozos de botiga, paches, lacais e ninos d’escuela. E dimpués quiere desimular e aponderar a baixeza d’a suya invención con alegorías d’o tiempo d’allora, que asinas medren os míos enemigos como dicen a la fabula e o suyo puro significau. Siempre han feito isto os estranchers; mes que mes os italians e os franceses, e quasi han plegau a decir aquells que o Gran Capitán aprendió a amontar a caballo d’un padrone que tenió en a Calabria; e istos que Cervantes naixió en a botiga d’un barber de Versalles. ¿Qué raro que ye, pues, que hombres de tant poc d’ixo (vergonya iba a decir) s’haigan proposau de privar a Pietro Saputo d’a gloria d’o feito que racontamos? O que yo mes siento ye que li’n haigan acumulau a un individuo de tant poqueta valgua, e que a suya ridiculez e disprecio ha malmeso a gracia, machurriu a color, arguellau a dignidat de l’acción en o heroe almudevarino. Pero tendrá o suyo merito propio, orichinal e primitivo, encara que li pene a l’enatizo biografo que adornó con ella a vida d’o suyo sumancio e monstruoso enchendro.


En a planeta d’o cabezo d’a Corona bi heba una figuera que mai no heba dau fruita, e ixe anyo fació tres figos tant polius, gordos e extraordinarios, que o concello determinó de ninviar-li-ne como present a la S. M., e nombrón a Pietro Saputo ta l’encargo e comisión de portar-li-ne. Mandón fer una panera bien polida a un paneraire de Uesca, o mes famoso que bi heba en a ciudat, con tres trestallos ta ficar-ie os figos deseparaus. e feito tot ixo e ficaus os figos e bien sotobaus, li entregón a Pietro Saputo a panera, li dion diners ta o viache e prenió o camín d’a cort.


A poc troz prencipió a decir entre ell: isto que fan os d’o mío lugar ye una fatera graniza, e no sé yo de qué traza encaixar-la ta que no lo pareixca. Preixino que i plego: e, qué digo? Qué he de decir a ixas rabosas escodadas d’os cortesans? ¿E, qué dirán en que veigan que dende Almudevar, en Aragón, li portan tres figos a la S. M. e demando audencia e quiero presentar-li-ne e m’encerrino en ixo? A yo, ye verdat, no me pena ir ta la cort; e u bien yo no soi Pietro Saputo u os figos ha de veyer-los e replegar-los o rei. Pero… cómo he de fer yo ta


que ista ignorancia e puerilidat se torne en estima e credito d’os d’o mío lugar? E pensando d’ista traza fuo andando a suya chornada, e o quatreno día plegó en Alcalá de Henares.


Ya i soi cerca, dició; e ta o que he preixinau, igual son dos figos que tres; me’n mincho un. E lo se minchó e continó t’adebant. En que plegó en o puesto que claman a venta de l’Esprito Santo, dició: ta o que he tornau a preixinar, igual ye un figo que dos; me’n mincho, pues, unatro, e lo se fotió e tiró t’adebant. Plegó, a la fin, en o Buen Retiro an que allora i viviba o rei e toda a reyal familia; e como tot lo levase prou pensau, composau e considerau, dentró en palacio prou confitau e sereno.


Yera allora o que privaba en palacio, porque yera o gusto dominant, as bufonadas e a brocería. De traza que a gracia e o merito d’a buena parola e tracto cortesán pendeba en chanadas, entivocos, mazadetas e agudezas talment indecents, e tot ixo pasaba, como si estase de buena lei, a titol de discreción e d’elegancia. Sabió isto Pietro Saputo en que pasó l’atra vegada per a cort; per cierto que s’avergonyó de veyer tanta baixeza per cuentas d’a machestat e dignidat que pertocaba a un imperio tant glorioso, a una cort como a d’Espanya, sinyora de tantos mundos. Pero agora li pareixió que ixo mesmo li facilitaba a suya comisión, e aguardaba per ixe meyo salir-se-ne airoso.


Efectivament, plegó en palacio, e fendo-se o fato demandó veyer a la S. M., ta qui portaba un oficio d’o concello d’Almudevar e con ell un present que habría d’estar racontau en as cronicas d’o reino per a cosa mes extraordinaria nunca no vista. Li preguntón de camín os cortesans qué yera o que i portaba, e respondió que antis lo heba de saber a S. M. , que ells lo veyerían e no lo tastarían. E que no lo aturasen guaire perque yera hombre de no guaire paciencia e que se ficaría en a cambra e agún en o leito d’a S. M. a tamas de totz. Ells querión arreguir-se-ne d’ell, e limpio aturar-lo per veyer o que portaba en a panera. Ell lis dició, siempre fendo-se l’ababol:

Paratz cuenta, palometas, que si me’encarranyo, preto a correr t’astí aintro, despencho   a espada d’a S. M. e vos conchuro con ella e vos mando a escar almas de loguero si ye que bi ha en a cort qui las logue, perque itz a quedar sin a vuestra.
Hetz visto, dició un d’ells, bell barrenau mes gracioso? Portemos-lo a la S. M. que, per Sant Chorche, ha de fer-se a-saber-lo de contento en sentir-lo.
E lo ficón en metat de totz e lo dentrón en a cambra d’a S. M.

Plegau en presencia d’o rei con l’oficio u plego en a man e a panereta en l’atra, li demandó licencia ta presentar-li un oficio escrito d’o concello d’o suyo lugar, e a S. M. lo almitió con goi, e en que lo leyó dició:

Asinas que me trayes tres figos?
Sí, sinyor, aquí i son en ista panera.
E li’n entregó a la S. M. La ubrió o rei, e como no i veyó mes que un figo dició:
Aquí només bi ha que un figo.
Pues un, respondió Saputo.
Pero l’oficio diz que tres, dició o rei.
Pues tres, respondió o perillán.
Hombre, dició o rei; l’oficio diz que me mandan tres figos e aquí només en veigo que un.

Ixo, sinyor rei, ye (dició Pietro Saputo) que per o camín antis de plegar-ie m’he minchau yo os atros dos.

Los t’has minchau! E cómo has feito ixo?, preguntó o rei.
Asinas, respondió Pietro Saputo, e agafando-li a o rei o figo d’a man lo se minchó con muita gracia e prou simpaticoso.
Os cortesans que lo veyón se’n arriguión a rienda con l’agudeza, dición que chanada como ixa no se’n heban visto; e agún a S. M. se’n fació bien contento e lo celebró tamién, e favoreixió a Pietro Saputo. D’ista manera lo heba ell aguardau e no s’enganyó, perque conoixeba a puerilidat e indignidat d’a cort dende l’atro viache. Li mandó o rei que no marchase de palacio sin a suya orden, e a os cortesans e caballers d’a suya casa que lo atendesen e lo afalagasen.

Un día li dició o rei:

Suposadament que ya has visto a mía mesa, ¿te pareix si bi habrá bell prencipe en o mundo que sin tener res de d’os suyos estaus enlá la tienga tant regalada?
E contestó:
Cal que no, perque no bi ha garra reino en o mundo que produzca tanta variedat de  cosas e tant excelents ta l’afalago d’a vida. Pero en manca muitas, sinyor, en a mesa d’a V. M., e yo, estando o que son, las tiengo en querer a-saber-lo mes d’exquisitas, u las me mincho,  que ye o mesmo. Pero a Vuestra Machestat no se mincha o pan de Uesca ni d’Andorra.
No.
Pues yo sí. A V. M. no se mincha o mardán de Monegros.
No.
Pues yo sí. A V. M. no se mincha as truitas d’a Cinca ni d’o río de Troncedo.
No.
Pues yo sí. A V. M. no mincha os napos montanyeses e de Mainar, ni o cardo ni a esquerola d’Alcanyiz.
No.
Pues yo sí. A V. M. no mincha o queso de Tronchón, l’olio de Fornos, as ugas de Rafals, as ciresas de Monzón e Torrelconte, os figos de Maella ni as minglanas de Fraga.
No.
Pues yo sí. A V. M. no mincha a oliva negra e curada d’a Tierra Baixa.
No.
Pues yo sí. A V. M. no bebe l’augua d’o Galligo.
No.
Pues yo sí.
Tant buena en ye?, preguntó o rei.
Ye tant buena, sinyor, respondió, que amés d’estar prou lixera, facil e suau, igual que a luz, muit fina e a mes limpia que corre per a tierra, os que la beben no padeixen de gota ni d’alferecías; e mes que mes d’as suyas corrients.
No m’has nombrau garra vin, li dició o rei.
Sinyor, no en manca de muit especials, pero per agora son millors os d’as provincias d’Andalucía, que si os míos paisans, os aragoneses, no hesen o talento de fer de buenas ugas mal vin, a V. M. lo fería trayer d’o campo de Carinyena e d’atros, e en farían comparanzas con os millors.
Me fa goi, li dició o rei, que o mío reino d’Aragón siga un paradiso d’a tierra per os suyos frutos naturals. De belún ya n’heba sentiu a fablar, d’atros ya son en a mía mesa e

agún d’os que tu no has nombrau e d’atros ya teneba noticia. Pero, prou que sí, yo estoi que exacheras bell poquet en o tocante a la excelencia.

Sinyor, respondió ell, en Aragón tot ye a ran, a excelencia d’os frutos d’a tierra e a nobleza d’os corazons d’os suyos naturals t’aimar a o suyo rei, e a leyaltat d’os suyos peitos  ta defender a suya corona.
Ista rematanza deixó a o rei prou satisfeito, e mes agún que fabló Pietro Saputo con gran deleria e firmeza, como hombre que sabeba o que deciba.

Totz os días gosaba clamar-lo o rei t’a suya cambra e li agradaban a-saber-lo a suya discreción e as suyas mazadas tant agudas; anque no tardó en conoixer que Pietro Saputo yera hombre ta mes que ta fer chanza como un bufón sin esmo ni sesera. Mesmo lo gritó bella vegada quan deliberaba con o menistro, e plegó a demandar-li o suyo pareixer en afers prou graus de l’estau. A la fin, s’atrivió Pietro Saputo a declarar a la S. M. que a comisión e present d’os figos, como o papel de fato que yera fendo, heba estau una enchaquia ta ficar-se en palacio, e tot ta tener ocasión de decir-le a la S. M. tot o que heba visto en o reino.


As damas de palacio lo quereban muito, e chugaban e s’arreguiban con ell per ababol   e simplot, e ell deixaba que se’n arreguisen e que chugasen, e d’ixo se’n aproveitaba tot o   que podeba, que manimenos no en yera poc. Pero qualcunas parón cuenta bien luego que   feba a momenaza, e lo tractaban d’atra traza e lo favoreixeban mes, e feban pachas con ell ta moflar-se de bell caballer que se teneba per discreto.


Pero se cansó d’estar en a cort e de veyer de contino a o rei enganyau per os suyos menistros e consellers; e como no s’atriviba a luitar solenco una batalla tant fura como a que habría de dar a tantos e tals enemigos d’o rei e d’o reino, dició un día a la S. M.:

Sinyor, si a V. M. me da licencia, a yo m’agradaría tornar-me-ne t’Aragón, perque he de cumplir estianyo un voto a la Virchen d’o Pilar, e as fiestas ya son bien cerqueta.
Li penó a o rei, perque s’heba regalau con o suyo esmo, e hese quiesto tener-lo siempre a o suyo costau. Con tot e con ixo li respondió:
No te privaré de cumplir a tuya buena obra; e has a saber que tiengo invidia d’os aragoneses que tant de cerca pueden visitar a ixa sinyora e mai de totz. Marcha, pues, ent’a tuya tierra. Pero en que sigas presto ta ir-te-ne, dentra en palacio, que has a portar-ie unas letras de yo e un encargo de parola ta ixe o mío virrei e capitán cheneral.
Sinyor, dició Pietro Saputo, yo ya me’n iría maitín, si ye que a V. M. no m’ha a menister mes tiempo en a cort.
Te’n irás, pues, maitín, respondió o rei; e has de saber que si quieres tornar-ie, siempre t’he de recibir de buen implaz e que si qualcosa me demandas no la t’ha de negar o tuyo rei.

Efectivament, lo despachón ixe mesmo día; ell besó a man d’o rei, se despidió d’as suyas amigas e amigos, e cargau de presents d’ellas, salió d’a cort e agafó o camín de Zaragoza.


Capitol XIV


Pietro Saputo grita a la suya mai ta las fiestas d’o Pilar. D’una estrania aventura que li pasó en ellas


Dende a cort heba escrito a o concello d’Almudevar racontando-li a suya comisión e decindo-li que a S. M. agradeixeba o present, pero que lis encargaba que no en decisen pon dica a suya tornada, per qualque razón que ya lis explicaría. E en que plegó en Zaragoza li escribió a la suya mai rogando-li que i venise a veyer as fiestas e visitar a la Nuestra Sinyora d’o Pilar. Se’n fació a-saber-lo de contenta a suya mai, e a respuesta fuo presentar-se-ie con una familia honrada d’o suyo lugar e se i levó con ella a la filla d’a suya matrina, que querión marchar ta Zaragoza, e con tant buena companyía e d’a man d’una persona como a Popila no lis podeban negar tant natural e chusto deseyo.


Pietro Saputo li entregó o plego a o capitán cheneral e li dició ixo que de parola li encargón a S. M. e o menistro. Li aconsellaban en as suyas letras que recibise muit bien a o portiador e mensachero e que no dispreciase os suyos consellos. Con isto, o virrei lo convidó a chentar qualques vegadas e querió veyer-lo totz os días. A suya mai, como lo veyeba tractar con personas tant prencipals, a ormino en daba gracias a Dios e no sabeba salir-se-ne d’o Pilar, e prou treballo que lis costaba a las pobras ninas sacar-la ta que continase e asinas poder veyer a ciudat.


Plegón as fiestas, e o virrei lo convidó a veyer a corrida en o suyo mirador, estando allora o Coso a on se correban os toros. Dimpués se refrescón, e en que iban ya a despedir-se replegó un billet en un sobre que deciba: Ta o caballer que ista tardi ye estau a la cucha de sinyor virrei veyendo os toros, e levaba una veta verde en o peito. E aintro leyó:

«Maitín a las dos horadas d’a tardi vos aguarda en a casa que a suya puerta ye a segunda a man dreita en a carrera de don Chuan d’Aragón dentrando-ie per a Mayor. –A triste María Mercedes Orante, u seror Mercedes que va estar en o convento de Cheminita.»

O fredo d’a muerte sintió en a suya corada en que veyó iste mandau; estió a noticia que mes funda e prencipalment lo va percutir e estremoleció en a suya vida. Marchó aventau d’a casa e visita tot decindo que lo gritaban, e plen de barucas e quasi sin poder alentar, iba decindo entre ell: qué ye ixo? Ye suenio u ye verdat? Seror Mercedes difuera d’o convento! A sensible e tierna seror Mercedes! De qué coda? Qué li habría puesto pasar a la pobracha? E en tantos anyos no he sabiu...! Secreto granizo ha d’haber estau! Prou que ella no sabría quí yera yo. E agora ya lo entiendo; m’habrá visto, e m’ha conoixiu! Fetz, ciels, tranya, e aquí me tenetz ta o sacrificio que l’afer pueda demandar. E fació qualques gambadas per as carreras ta calmar-se una miqueta, precurando con esfuerzo e valor disimular as suyas barucas e tristura ta no desaconhortar a la suya buena mai e ta que as dos mesachas no en sabesen cosa.


Qué nueit ixa! Qué día siguient! Qué esbufaliu se veyó en o mirrallo! Li pareixió que no yera o mesmo; e entre mil preixinallos a-saber-lo d’embolicaus pasó o día e sintió


as tres d’a tardi; asinas que se disposó a marchar ta la casa d’a cita. O corazón li tracatiaba, as garras li feban figa, a espada li estorbaba, e mesmo o cuerpo li quereba fuyir e continaba arrocegando a intinción d’os pasos. Plegó en a carrera, e sin querer se trobó en a puerta. I dentró, trucó, ubrión, i puyó e en un replán u solareta d’a escalera s’ubrió per ella mesma una puerta; i dentró per ella e a cada trango o corazón li parrabandiaba mes fuerte e con mes angunia, cada vegada mes trestucau. Veyó a una sinyora muit bien vestida en a puerta d’una sala, que pareixeba aguardar-lo; s’endrezó ta ella, pero a sinyora fuo dentrando per a sala a o mesmo paso que ell abanzaba enta ella. Siente pasos dezaga, se chira ta mirar-se con una mica de cerola en o cuerpo, e i veye unatra sinyora no menos bien vestida e misteriosa. Fuo dezaga d’a primera sin saber si heba de saludar-las u callar, perque denguna d’ellas fablaba e no podeba veyer-lis o rostro per a poca luz que deixaban pasar unas cortinas de damasco en as vidrieras, que tampoc no yeran de tot ubiertas. A que iba debant plegó dica a finestra e s’aturó; a que veniba dezaga s’aturó tamién, e ell, en metat d’as dos, no podeba dovinar en qué remataría tot ixo ni podeba conoixer cuál d’as dos sería seror Mercedes. Entremistanto se miraba ya ta la un ya ta l’atra, ellas alzando o mesmo silencio, fuon abanzando cadaguna per a suya parti dica chuntar-se debant d’ell entre dos cambras que bi heba e i quedón a seis pasos, alto u baixo, como dos estatuas. Asinas estión mirando-lo-se una miqueta e ell a ellas; e dimpués a que i venió debant dició meyo en verso, pero en tono grau e disimulando a voz, perque se conoixeba:


Sotz veniu en o terrer

Y bien enganyau, per Dios; No un corazón, sino dos N’amenistatz, caballer.

Ell, salise o que salise, pero alquirindo l’esmo cortesán, respondió con serenidat e presteza:


Si d’amor ye o terrer,

Uno me’n ye prou, per Dios; Que bien puet servir ta dos, Si calese, un caballer.

Y atra vegada quedón mirando-se. Allora a mesma d’os versos dició en a suya voz natural  e con muita confitanza e algaria: Ah, ciego!, e corrión as dos a acarrazar-lo, recibindo-las ell dubdando bella miqueta, trestucau siempre con a suerte e disgracia de seror Mercedes. A la  fin las remató de conoixer, e exclamó: Fillas mías! Perque yeran... Quí habría d’entrefilar-se ixo? Yeran Chubaneta e Paulina, que lo conoixión en o mirador d’o virrei e preixinón ixa feta ta foter-li un tremiu e fer chanza con a suya ceguera e basemia. No remataban d’alegrar-se, de mirar-lo-se, de satisfer e susegar o corazón plen d’amor e de ternura. E agafando-li as mans   lo fación dentrar en a cambra.


Querión explicar-se, pero preguntón tantas cosas e tant de corriu, que per cuentas de responder-lis, perque asinas yera imposible, lis capuzó ell tamién firme gorgollón de preguntas. A monico se fuon calmando, e li fuon racontando que yeran casadas e que yeran venidas en as fiestas con os suyos marius; que Paulina teneba un nino de dos anyos, e a


Chubaneta li s’heba muerto una nina d’un anyo feba tres meses; que os marius, con una criada ta las dos, con l’ahuespador e d’atros foranos se’n yeran ius a os toros e d’allá marcharían ta las fiestas d’o Pilar dica as nueu d’a nueit, indo de vez a refrescar-se a unatra casa; que en que lo conoixión ahiere en o mirador d’o virrei heban alcordau de gritar-lo d’ixa mesma manera que lo fación; e quedar-se huei en casa con qualsiquier enchaquia, que mai no lis ne mancan   a las mullers; ta veyer-lo e decir-le que ellas siempre yeran as mesmas.


Lis preguntó si yeran goyosas con a suya suerte, e dición que no lis penaba haber-se acomodau; que Chubaneta plantaba bien e mal, bien per a casa e o mariu, perque a casa yera a-saber-lo de rica e o mariu un buenaz, e mes que mes per o suyo suegro, que yera un hombre prou sabio e amable; pero que no plantaba guaire firme per a suya suegra, perque con o suyo chenio yera tres vegadas suegra, igual ta la resta que ta ella. Que Paulina heba trobau a chent sencilla e pacifica fueras d’estar o suyo suegro bell poquet aspro e enatizo, anque de buena razón per un regular.


–Pero, ye posible, dició dimpués Chubaneta, que en veyer-te haigamos de tornar-nos siempre ninas atra vegada? E ye posible que no hemos de saber quí yes dimpués de tantos anyos? Pero o día ye plegau; en que sigatz acomodadas, diciés. Ya lo’n semos, cumple a tuya parola.

La voi a cumplir, dició ell; no vos lo feré deseyar mes, perque prou que lo mereixetz.
N’hetz sentiu a parlar de Pietro Saputo?
En sentir iste nombre se quedón percutidas, mutas, mirando-se la un a l’atra, miran- do-lo-se a ell, e como recorrendo en a suya memoria a historia d’as suyas fetas con ell dende o noviciau.

A la fin, espetó a mesma Chubaneta:

Tu, Pietro Saputo! U Cheminita, l’estudiant, o caballer, agora o cortesán e hombre de palacio! Tu, Pietro Saputo! No podeba estar atro! Ya no m’almiro d’o tuyo gran saber, d’a tuya muita agudeza, ni de cosa de tot o que hemos visto dende que te conoixiemos. ¡Qué estranio que a todas nos enganyases en o convento fendo a momenaza que yeras muller, fendo o que faciés e que nos incantases d’ixas trazas! Pero, rai, a tu te debemos no haber remaniu allí enterrecadas ta toda a vida, a tu te debemos... Prou que sí, Paulina, prou que nos podemos perdonar os desatinos e as locuras que con ell hemos feito. Quí se resiste a las tuyas parolas? Quí puet con ixa gracia? ¿Quí no creye trunfar quan, sin reflexión ni esmo, se deixa levar per l’embeleco d’as tuyas miradas e tien per suya tanta perfección e guallardía?
Yes barrenada, Chubaneta?, li dició ell. Rematas ya e pasamos t’atro afer?
Qué ye rematar?, dició Paulina. Quí rematará d’almirar-se? Pietro Saputo, o nuestro antigo e primer amant! Oh!, sí que lo’n yes, sí, no en dubdamos, si no yes qualque diablico de l’infierno. E tant ciegas nusatras, Chubaneta! E tanto como hemos sentiu o tuyo nombre, no dovinar que només tu lo podebas estar! Hombre e diaple, de dó yes saliu? Ah, cuántas torres serán caitas a os tuyos pietz! Cuántas fortalezas habrán reblau debant de tu! Cuántas pobrichonas han de pensar en tu en iste mesmo inte, e plorar e desaconhortar-se, entrem- istanto tu yes aquí con nusatras. Pero yes nuestro, e de dengún mes; sí, de nusatras, encara que siga crimen decir-lo. Per qué t’habiemos a conoixer?

Fació callar tamién a Paulina, e asinas fablando e tornando siempre en o mesmo se pasó o tiempo dica as nueu; a ixa hora se devantó e marchó ta la posada, decindo-lis que no podría tornar a veyer-las; pero lis prometió ir t’os suyos lugars.


Se rematón as fiestas; descansón tres u quatre días e ellas marchón con os suyos marius t’os suyos lugars, e ell, t’Almudevar con a suya mai e as ninas. Malas que i plegó lo visitón en persona os d’o concello, dimpués d’as formalidatz e con l’afecto cutiano, os dos fidalgos e metat que bi heba en o lugar e os tres caballers que feban veyer que lo’n yeran per tener caballo e portar espada os días festivos. A os d’o concello lis encargó que no fablasen guaire d’os tres figos, e lis dició que ta librar-se d’a mofla e a embefia que lis ferían atros lugars, que no tenesen reparos en acumular-li a ell a ideya e a obra, e asinas creyerían que bi habió en ella bell misterio, como quiera que, manimenos, misterio heba teniu a suya presencia en a cort e a suya asistencia a palacio.


Pero d’haber-lo visto familiar e amigo d’o virrei, e d’atros personaches no s’almiraban, perque, anque chent d’un lugarón e sin mundo, bien conoixeban que Pietro Saputo yera hombre ta ixo e ta muito mes, ni agún de que d’a Suya Machestat hese mereixiu tanta favor.   E totz se creyeban honraus con a fama e gran persona d’ixe fillo d’o suyo lugar.


Capitol XV


D’o pleito d’o sol


Iste capitol, discreto lector, no m’agradaría a yo que lo leyeses, perque vas a decir: faloria, faloria: e ya veyes que isto ye cuentra o mío credito e a estima d’o libro. Prou que m’he dito   a yo mesmo que no heba a escribir-lo; pero m’he respondiu que yo no tiengo a culpa de que    a tradición haiga alzau iste feito. E ta descargo d’a mía conciencia he de manifestar que yo lo creigo u no lo creigo pas; e que si ha pasau, talment no estió en Almudevar, pues bi ha qui lo acumula a atro lugar, e agún a d’atros. Imos t’o caso.


Diz, pues, que mientres Pietro Saputo estió en a cort, li fotión os d’o suyo lugar un pleito a o sol, e que en que plegó en Zaragoza e dimpués que totz lo habión saludau, lo gritón un día ta la plaza do bi yera tot o lugar achuntau, e li dició un d’o concello:

Con muita zocega, oh fillo nuestro Pietro Saputo, aguardabanos a tuya plegada en o lugar ta contar-te una cosa que hemos feito e que tu con a tuya muita agudeza e sabiduría nos has d’aduyar a levar a buen cabo e zaguer complimiento. Has de saber que ferá un mes li fotiemos un pleito a o sol...
En que sintió isto Pietro Saputo, dició:
Pleito a o sol!
E respondió un d’a plaza:
Pleito a o sol, sí, pletio a o sol; perque siempre nos fiere de frent en o camín de Uesca. Imos t’allá? Nos fiere a cara; venimos d’allá?, nos torna a ferir a cara. e l’atro día a Simaco Pérez e a Calixto Espuendas lis pasó que de asinas ferir-los o sol se tornón cegallosos; e como isto lis pasó ya a atros en atras ocasions pasadas no queremos que nos pase a totz, huei un, maitín dos, perque dimpués os d’atros lugars nos ferán a mofla e nos clamarán golletz e cheribeuqers. Per ixo li hemos meso pleito a o sol, e dica que lo ganemos e no nos fiera mes de cara en o camín de Uesca, no hemos d’aturar. E ya puetz tu que yes tant agudo e tant pincho, precurar e fer que isto no se pierda e treballar con os chueces e letraus, que a la fin bien que los pagamos, que yo die l’atro día una uella que me pertocó ta os gastos.

–Pero, sinyors, dició Pietro Saputo: ye posible que sigatz cayius en l’animalada que sotz decindo? Pleito a o sol n’hetz meso? Qué en dirán os atros lugars?

Que digan o que lis agane, respondió atro barbaro d’a boirada de chent; millor que digan ixo que no tornar-nos cegallosos e dimpués no aproveitemos ta cosa, e nos fagan a figa e no lo veigamos. E ya puetz traballar e si no a volar d’icho lugar, que pareix que dende que yes estau en a cort d’o rei ya no te conoixemos.
E a istas parolas en siguión atras mes furas, carranyando-se a chent de manera que Pietro Saputo habió a reblar, e fendo cenyo de querer fablar, se susegón e s’aguantón, e ell lis dició:
Yo vos doi parola que o pleito se rematará luego, que no ha de durar sisquiá una semana, e que lo ganaremos.
Bien! Bien! Viva Pietro Saputo!
E se desfació a chunta. Preguntó quí yera o letrau que esfendeba a Almudevar, e marchó a veyer-se con ell e a resta de piezas d’ixe chuego.

O letrau li dició que prou que li heban demandau os d’Almudevar que lis escribise una demanda e querella cuentra o sol, perque lis daba en a cara quan iban ta Uesca e quan se’n tornaban t’o lugar, e que li quereban foter pleito; que primer lis dició que yera una fateza, pero que no podió salir-se-ne con ells; que dimpués los querió fer reblar con os gastos que en resultarían, e que a ixo li heban respondiu que de perras no habrían de mancar-ne; e que, efectivament, dimpués heba sabiu que feban un rechetón e que n’achuntaban una cantidat prou considerable. Per iste rilato veyó Pietro Saputo que no bi heba o que ell s’heba entrefilau como un encule e malicia; se’n arriguió con o letrau, s’estió dos días fendo-se unas gambadetas, e a o tercero de tardis se’n tornó t’Almudevar, pensando-se antis a manera de salir-se-ne d’o trango, deixando a os d’o suyo lugar per fatos dica la rematanza d’os sieglos.


Convocó a o pueblo de maitins, e li dició dende unas piedras que heban estau alazetz e peu d’una cruz:

Fillos d’Almudevar, vos participo que hemos ganau o pleito a o sol... No vos atabaletz; sentitz, ya no vos tornaretz cegallosos, ni vos podrán decir golletz e cheribequers, perque      no lo en seretz pas. A cosa ha pasau asinas. Dimpués de veyer as alegacions d’a nuestra parti  e o que contestó a contraria, me’n fue t’o chuez e li fablé a rienda d’a quimera que nos ha o sol, e d’a suya torrumbera e siempre limpio ferir-nos de cara; e en fuerza d’as mías reflexions ha sentenciau en a nuestra favor, e yo agafé una copia d’a sentencia e la me fiqué en iste amagatón d’o mío gambeto, e diz asinas (cómo devantón a cabeza e ubriban a boca ta sentir- la!): «En a ciudat de Uesca, a os siete días d’o mes de noviembre de l’anyo a Nativitate mil     e tantos diez catorce, yo l’infrascripto chuez, alcalde, correchidor, tribunal e definidor de causas, pleitos e querellas d’a tierra e os planetas d’o ciel; en a instancia que se sigue per o consello e villa d’Almudevar cuentra o precurador Benito Gómez nomine e de parti d’o sol d’Espanya; atento a o que per as dos partis s’ha alegau, e remitindo-me a o proceso en tot  caso tam in praesens quam in futurum, declaro e fallo en chusticia, lei, conciencia, e razón,     e en nombre e voz d’a catolica machestat d’o rei o nuestro sinyor (que Dios cosire), que o concello e Villa d’Almudevar no demanda garra fineza ni, como se diz, fote o trillo per as lapizas, sino o que fa ya muitos anyos e agún sieglos que podión demandar con o mesmo dreito e chusticia que agora, e que o sol d’aquí en adebant no gose ferir-los de cara en que i viengan de Uesca e se’n tornen de maitins...»
Astí no podió contener-se ya o bulligón, e fotión os chapers ta l’aire chilando: Viva Almudevar! Viva Pietro Saputo! Y agún duró un rato a pitra e o goi per a victoria.

En que s’esfogón, continó Pietro Saputo e lis dició:

Agora d’ixos diners que n’hetz replegaus, que seguntes he calculau pasa de mil libras chaquesas, se podría fer un pozo de piedra ta tener augua en abundancia e buena en tot tiempo, con una basa a o canto, d’a que se podría pasar l’augua de plevia dimpués de clarificada.
No, no!, chiló una voz d’a zarracatralla. Augua dices? Agún a d’o ciel nos fa catericia. Si heses dito una fuent u bell pozo manatizo de vin, allora sí que heses encertau; pero d’augua, bienemplegadas perras! En atras cosas las podemos gastar. Sentitz o que me s’ocurre: per astí se son espaldando os muros e enronando-se a tot estrús, e día e nueit hemos o lugar bataler, composemos os muros e fagamos unas puertas bien cerenyas ta zarrar de nueitz e que no i dentren os furtaires e no torne a pasar o fecho d’a semana pasada, que i dentrón a meya nueit, matón cans, espantón a la comai e a o furnero viello e se levón a la filla de Chorche Resmello, a Remella, pues ya la conoixebas; e la tornarán, sí, pa luego, u la deixarán que no valdrá ta

cosa. Isto, ye o que hemos de fer con ixas perras.

E aplaudión totz a o que ixo dició; e Pietro Saputo calló, se cargó de huembros, e marchó ta casa suya, pensando en a inconstancia e facilidat d’o vulgo que en una hora muda d’afectos, aclamando con vivas e menazando de muerte.

Pero, prou que sí, o lector ha d’atener-se a o que huei he dito a l’empecipiallo: a saber, que iste feito ye pura faloria, perque tanta fateza, tant gran animalada, no culle en hombres  que andan con dos peus e que tienen os uellos en a cara. Bi ha qui asegura que estión os de Lobarre os d’o pleito d’o sol; digo o mesmo. E tamién lo he sentiu d’un lugar de Galicia e de dos d’Andalucía. Pero d’istos e de totz, o que ye dito, dito ye. Asinas que o lector se servirá tener iste capitol per no escrito; u, per contras, dende aquí li digo que ye un pezolaga e lo acuso de moflón e d’enemigo d’a paz d’os pueblos.



LIBRO QUATRENO


Capitol I


Proposa a suya mai a Pietro Saputo que se case. Revelación important


Qué pena que Pietro Saputo pasase d’os decisiet u deciueito anyos agún d’a edat que teneba quan salió d’o convento! Qué cosas tant amables habría en a suya vida! Perque o que ye ell no precisaba mes barbas, mes templanza ni chuicio: yera un gran mosico, un buen pintor, literato, filosofo, prou cerenyo e esforzau, hombre perfecto, hombre completo e feito de tot. Ye verdat que como que a resta s’hesen iu fendo viellos, no hese puesto tener siempre os mesmos amors, e se veyó obligau a deixar os que blincaban de cierta edat, e prener os que isen plegando. Pero ixo a ell, qué li podeba dar?; qualcosa, ya lo veigo; perque ni o corazón de l’hombre ye ixe ni bi ha verdader amor sin estimas, ni estima sin virtut, e a virtut en todas as edatz bi ye. Pior sería agún si bi hese fillos, perque istos creixerían, lis naixería a barba e se ferían hombres, e o pai se quedaría dezaga d’ells e mesache siempre. U siga, que no puet estar, no estaría bien, ye una fateza pernsar-ie; millor ye o que agora hemos per costumbre.


D’atra man, estar siempre choven! No pasar nunca d’os vente anyos! Ah, qué bueno que sería, diría aquí qualque mesacha pasada ya d’ixa edat u acucutando-ie! Ah, qué bueno! Pues para cuenta, lector, di-le-ne a ixa mesacha, u entiende-lo tu que leyes, a choven d’os quatre lustros, u os que en tiengas, que si en a mía man estase nunca no seríatz viellas, sin que ixo siga afalago pareixetz mes guallardas e nos agradatz mes de chovens. E en que i plegasetz en l’aspecto meyo e de transito que vos dan os trenta-quatre u trenta-cinco a la muller, vos bi aturaría e no seríatz mes fieras. Sí que ye pasada ya a choventut e marchó a color de rosa, e a viveza d’os uellos, e a lisura d’a cara, e l’aire e l’amabilidat d’os anyos d’as gracias. Pero encara no sotz fieras. Qué mes queresetz? Fablatz-ne quan haigatz diez anyos mes e diretz: ah, si ixos estasen! Pero no me s’ha dau parellano encargo; me fa duelo; e mes agún no poder-lo remeyar. Asinas que almititz a voluntat u datz-me licencia ta servir-vos.


Semos plegaus en o libro quatreno d’a vida de Pietro Saputo, en o que ye ya hombre de mes seriosos pensamientos, ya no feba pudor de faldons, e ya no mancaría qui bien luego lo aturase e li decise: ola mozo; para cuenta que ya yes hombre. Sino que ye o caso que yo, como tanto lo quiero e yera ell de mesache tant agudo como un diaple, me fa duelo que no lo’n siga siempre e haigamos de tractar de cosas tant formals como han d’estar as que apuntan e continan. Con tot e con ixo, ell ye o mesmo, e yo tamién, e asinas ni ell deixará d’obrar como qui yera, ni yo d’escribir como he escrito dica agora. Asinas que, hopa, tristura!, au d’astí, penars de l’alma! Buen animo e continemos.


Ixe hibierno lo pasó Pietro Saputo en o suyo lugar, adedicando-se a l’estudio mes que mes e no ixuplidando a pintura e a mosica. Os ratetz esvagaraus descansaba fendo a charradeta con Olaria, que con tant buen mayestro plegó a estar a mesacha mes discreta e amable d’a tierra. No deixaba de creyer-se digna d’a mesma favor a filla d’a suya matrina, perque yera tamién prou amable, bien graciosa, polida, guallarda, entendida, encara que innocent, e un verdader diamant labrau, e labrau per tals mans; e tamién lo quereba a-saber-lo, perque a suya mesma mai la heba encarretau enta l’amor de Pietro Saputo con o proposito de que l’amistanza d’os


pais plegase a pretar-se de tot con a chunión d’os fillos e quedasen as dos casas feitas només que una. Ell, que conoixeba isto, alufraba e feba contenta a la suya chirmaneta, pero a parti prencipal siempre yera ta Olaria.


A suya mai, a la fin, dimpuesas d’haber-lo pensau un rabanyo de vegadas e retaculau atras tantas per miedo d’a suya respuesta, se determinó d’espuntar-li que o suyo deseyo sería veyer-lo acomodau e en l’estau que ya a la suya edat li pertocaba mes que no atra cosa. E adhibió que en o lugar mesmo podeba casar-se muit bien, perque prou que o que s’acomoda en o suyo lugar ni enganya ni lo enganyan. Yo sé, dició, que bi ha qui te quiere e piensa en tu mes d’o que tu encertaras a preixinar-te. D’Olaria tu sabrás a qué ye disposada, perque ha dito siempre en a suya familia e publicament que t’estimaría tanto que nunca no s’estimaría mes a atro hombre, perque no podría haber-ne ya unatro digno d’ella dimpués d’haber-te conoixiu a tu e mereixiu o tuyo amor. Gala, sí, fillo mío, gala ye fendo-ne, d’estar filla d’un fidalgo que tu sabes prou bien o fachendoso que yera, de l’amor con que te quiere e diz que tu li correspondes. E encara mes, dengún no gosa tartir d’ella sino que agún pareix que totz la quieren mes per ista resolución e desvergonya. D’a resta d’o lugar, grans, chiquetas e meyanas, talment te costaría mes demandar-las que alcanzar o sí d’ellas e d’os pais; perque yo sé de qué trazas me saludan, yo sé o que me favoreixen, tractando-me como a suya igual agún as mes fachendosas, vesitando-me e fendo-se contentas quan yo las visito. No sé o que ye; pero mesmo ta criadas me s’han ofierto mesachas de casas muit decents. Pero d’entre todas me pareix que a qui te puetz endrezar ye a la filla d’a tuya matrina, a la tuya chirmaneta, a ixa Rosa que lo’n ye de verdat e a qui a suya mai ha criau como a exprés ta tu, e ella se mereix un hombre como tu, perque ye un anchel como veyes de polida e amable, siempre goyosa e natural, aguda, docil e graciosa, escalicueta, siempre levando a gloria en os suyos uellos e en ixe rostro que no sé si lo t’habrás mirau bien, pero que sin fablar en diz prou, con un corazón puro e tierno, e un pensamiento tant riscadoler, que bien goyoso será, fillo mío, bien goyoso a qui ella ubra o suyo peito e li s’entregue de tot.


Pietro Saputo li contestó:

Cosa natural ye que vos, sinyora mai, m’haigatz proposau que prenga estau. Manimenos, a yo me pareix que encara soi choven. Qué son ventiquatre anyos ta un hombre, e agún no cumplius? E ta yo en son menos que t’atros. Tamién creigo que conoixetz bien poquet o corazón humán si ye que prenetz per qualcosa mes que una simpla norabuena os presents que vos fan en as casas prencipals d’o lugar, no prebaré yo si son atra cosa. E entre tantas mesachas como vos me trobatz, no gosaría fablar de casorio sino que a dos, la un perque ye prou conoixiu o buen deseyo d’a suya familia, que ye a mía chirmaneta Rosa; l’atra, Olaria, perque trencaría con totz os barraches e fería disprecio d’a contradición d’os suyos. Pero no nos enganyemos, buena mai e sinyora mía; yo como Pietro Saputo soi bien recibiu do quiero, e as chovens, per o que lis pertoca, no paraban guaire cuenta en una fachenda u soberbia que no fa pacha con o corazón; pero tienen pais, tienen deudos que no pueden deixar de pensar seguntes o costumbre d’o tiempo; e sin una valentor bella miqueta indiscreta m’atrivo a decir que agún d’ixas mesmas, si no ye Rosa, habría qualque dificultat ta veyer ama choven en casa vuestra. E a paz dimpués duraría u no pas, e o mesmo o goi. O mundo se gubierna per intereses e no pas per a razón; e cal decir tamién que bi ha barucas necesarias, qualcunas lo’n son en un tiempo, d’atras en atros, e belatra convenient en totz, perque tocan a l’alma mesma d’a sociedat. Asinas pues, sinyora e mai mía, e ta curtar raso: me sobra hicienda, u lo menos

en tiengo prou e puedo augmentar-la con facilidat; pero me manca nombre e familia, e no hemos de tener tanta barra de mirar caradas u solimans que nos faigan mal e nos afronten. De Rosa en fablaré mes en particular quan pertoque.


A suya mai lo entendió e dició:

Fablas, fillo mío, como o que yes e te clama o mundo. Ye verdat, tiens razón, ta la tuya desgracia e a mía...
E en ixas pretó a plorar e no podió decir cosa mes.
No ploretz, mai, li dició ell; paratz cuenta que res vos manca, e que tenetz un fillo que vos adora e cosa troba a faltar en a suya condición.
Sí, fillo, sí, ya lo veigo, respondió ella; pero ya que n’hemos fablau, e yes tant prudent, quiero que conoixcas o que dica agora no heba gosau decir-te:
Yo dentraba en casa una tardi d’hibierno muito freda e que tempestiaba, e de vez atinó a dentrar en o lugar e a pasar-ie un caballer, me se miró fito-fito, aturó o caballo, e como paró cuenta que yo m’avergonyaba e iba a trancar a puerta, me gritó e me demandó posada ta un ratet, pues encara quereba pasar d’o lugar ixe mesmo día, només que calentar-nos, dició, e fer un mueso. Yo li dicié que se’n baixase e que dentrase en casa mía si li aganaba, pero que me penaba estar tant poc digna de parellano huespe ni como heba menister en l’estau que lo veyeba; perque i veniba enchelebriu e balbo de fredo. Ell se’n baixó, i puyó, s’escalfó, minchó qualcosa, e mandaba a o criau sacar o caballo; e mirando-se per a finestra veyó l’orache cruel e dició: a vida e a hicienda, rai, sinyora ahuespadera mía, yo a dengún no conoixco ni a garra chent he a veyer en iste lugar, si no vos he d’estar molesto, me quedaría aquí ista nueit. Yo, trestucada per o mío mal aixovar, li dicié que parase cuenta en o que feba; que no yera casa do se i podese estar a o suyo implaz e comodament, perque a buena voluntat con que yo lo serviría no habría d’estar a truca d’atras mancanzas.
E se’n amostró prou satisfeito e goyoso.

A l’atro’l día va nevar e ventisquió sin aturar e no salió de casa. En l’atro fació una airera que feba volar os tellaus e una rabior que no se i podeba vivir sino dencima d’o calivo; ninvió a o suyo criau a escar augua, perque no quereba que yo bi ise, e me dició:

Asinas pues que sotz popila?
Sí, sinyor.
E maciella?
Sí, sinyor.
E honrada?
Ya lo veyetz.
Pues yo, dició allora, soi mozo e caballer, popilo tamién de mai, e voi a seguir o consello d’o mío pai, que ye un hombre a-saber-lo de sabio. Queretz venir-vos con yo?
No, sinyor, e perdonatz, li respondí yo.
No me feretz pas de criada, sino d’ama de casa mía.
Vos doi as gracias, li dicié tot tremolando, pero os míos pais m’encargón a rienda a honestidat e no me deixón atros biens.
No vos ne faigatz, digna doncella, me dició allora grau e amoroso. Dios m’ha feito dentrar en ista casa gritando-me con a vuestra modestia e a nobleza de corazón que veyé en a vuestra uellada e parolas. Os lazos mes amagaus que m’han ligau a o vuestro costau son prou fuertes, creyetz-me, e quiero que sigan visteros e mes fuertes agún d’atra manera; lo’n son d’o corazón, e quiero que lo’n sigan tamién d’a lei. Datz-me a man.

E tot decindo isto m’agafó a man e dició:

Sotz a mía muller. Yo me quedé tant sin sangre en a pocha que no podeba fablar e no li contestaba.
E ell me dició:
Fablatz u lo menos pretatz-me a man. Almititz a mía? Yo li’n preté e creigo que dicié
«sinyor». Allora m’acarrazó, e me pensé, fillo mío, me pensé estar a suya muller...
Astí tornó a plorar a infeliz, e dimpués continó decindo: e con isto se bi aturó un día mes, e estié a tuya mai!... No podió continar a pobrichona, e o suyo fillo la deixó plorar una miqueta, e dimpués l’aconhortó e dició, con muito amor, que rematase a suya historia, perque la sentiba de muit buen implaz.
No he mes a decir, respondió a suya mai, sino que o caballer me deixó quaranta escudos e marchó prometendo-me que i tornaría en un mes, pero sin decir-me cómo se clamaba ni d’a on yera. Tot, fillo mío, me pareix un suenio; e si tu no heses naixiu, per suenio lo habría. Perque si no, de qué coda un hombre tant formal e virtuoso habría d’enganyar d’ixas trazas a una pobracha en pago d’haber-lo recibiu en casa mía? E en yes tant pareixiu!

I pensó una miqueta Pietro Saputo e dició:

No vos desaconhortetz; ixe caballer no vos enganyó, no podeba enganyar-vos, sino que u murió u li plegó qualque desgracia, siga d’a manera que siga, que li ha privau de tornar- se-ne t’os brazos d’una muller que tant librement e con tanta reflexión prenió d’a forma que hetz racontau. No ploretz, no i pensetz mes; aconhortatz-vos e setz feliz como dica agora. Deixatz-lo tot, e alegratz os vuestros preixinallos con o bien e con l’estau present, que tantas atras invidian, como vos mesma podetz veyer. E en o tocante a o mío casorio, no vos ne faigatz, que ya iré yo pensando-ie, e veyeremos o que nos ferá mes chuego, perque no bi ha garra cosa que nos aprecise.

S’aconhortó a suya mai, e no se’n fabló mes de l’afer. S’alcordó en verdat Pietro Saputo d’o que heba sentiu a parlar d’o pai que li daban, que mesmo prencipe e tot lo creyeba belún; e de buena gana li hese feito qualques preguntas a la suya mai; pero li pareixió millor no continar una curiosidat talment per demés e no de tot bien vista en un fillo con la mai d’ell.


Capitol II


De cómo Chubaneta grita a Pietro Saputo. Se descubre un gran secreto


Pues sinyor, isto va t’adebant, pero muit aprisa, a escape, aventau. Pro a fes que o lector siempre habrá creito que o libro s’heba de rematar,  pues bien, que lo sienta u no, corre      ent’a suya fin, e se va a recibir e zarrar l’arco; e si atro arco en ye, mira-lo-te ya doplau e buscando-se os dos cabos ta tocar-se e quedar feito un cerclo perfecto. U d’atra manera, aquí  a tuca e aquí l’empecipiallo d’a baixada.


Un día que yera cenando Pietro Saputo en casa suya, i plegó un criau de Chubaneta con una carta en a que li suplicaba que marchase t’allá de camín, pues lo amenistaba, e que precurase plegar-ie entre as nueu e as once d’o maitín. Yera a primera favor, a primera mercé, a primera gracia e preba d’a suya leyaltat amorosa que li demandaba ixa viella amiga, a la que, igual como a Paulina, ya conoix o lector que no li podeba ell negar cosa, pero gritando-lo tant aldredes e con tal urchencia, d’o fosal s’hese devantau ta servir-la. Marchó t’allá, pues, e disposó a chornada de manera que i plegó en a hora convenida. I trobó a Chubaneta vestida de luto, anque en a cara li veyó que yera per os vivos e no pas per o muerto. E li dició que qui heba muerto ta descanso de totz, de un benefico tabardillo, yera a suya buena e muit gloriosa suegra, muller (va adhibir) d’a raza d’as arpías u chirmana d’as furias, a qui de dreito li pertocaba per mariu un cancerbero, e se levó un anchel, si ye que bi’n ha entre os hombres casaus. Prou que tenió a culpa un descudio. A la finitiva, ha muerto, no li rosiguemos os uesos; Dios l’haiga perdonada; e imos t’o caso antis que no i plegue o mío suegro.


T’he gritau perque t’he a menister. Yo he viviu con una suegra e antis m’heban a friyir viva que no haiga de patir-ne unatra. Ah, si sabeses o que he sofierto con ella! Tres meses que crabutó, e atros tantos ne fa que s’ha coflau e vive en ista casa; perque no patiba yo solenca, sino totz; e gracias a la prudencia e amabilidat d’o mío suegro, si no, a lo menos yo ya m’hese sulsiu e muerto. O mío mariu no ha o talento d’a suya parti. Pues bien, tiengo barruntos         de que iste hombre, no escarmentau agún de muller,  tracta d’acomodar-se. Malditos sigan     os hombres e as mullers! E dende que he conoixiu a suya ideya ha perdiu muito en a mía opinión, perque no ye cosa de sabio casar-se dos vegadas tenendo fillos e casa; fillos buenos, quiero decir, como nusatros que besamos a tierra que ell chafa, d’amor e respecto que li hemos; e casa plena de todas as bendicions d’o ciel. Yo creigo que lo tracta con o mosen d’o lugar, que no li aconsellará sino o mesmo que ell propose e quiera, perque en sabe mes o mío suegro, e quan o mosen quiere devantar o peu, ya ell ye iu e tornau dos vegadas. Yo  li diré  que te conoixié d’estudiant dimpués de pasada en o mío lugar, e que te veyemos tamién en Zaragoza. Li diré quí yes?

Dica agora no, respondió Pietro Saputo.
Bien, dició Chubaneta; e si te demanda que te bi estés maitín e mes días no sigas niquitoso. Ell te levará a veyer os suyos campos, e tu li has de sacar d’o tozuelo o casorio, trigando bien a ocasión e fablando-li como li se fabla a qui no ha menister de consellos.   A enchaquia, si ye verdat que tien ixe maldito pensamiento, ell mesmo la te dará si sabes ganar-li a voluntat, que sí sabrás, perque no ha d’estar ell una excepción en o mundo.


En istas i plegó un chornaler de casa con o mandau de que no aguardasen a chentar a l’amo perque s’heba pasau t’o lugar de N. e no i tornaría dica a tardada. Yera o lugar de Paulina, e dició Chubaneta: me fa goi; i seremos solencos, perque o mío mariu no i torna dica a nueit. Has de saber que como nos tocó a suerte de casar-nos cerca, no mes de dos leguas de distancia, nos vesitamos a ormino, e nusatros hemos feito amigos a os suegros e as familias. Paulina tien suegros e cunyadas; pero son una buena chent que la idolatran, e d’a casa ella en ye a verdadera sinyora.


Sabes, Chubaneta, li dició Pietro Saputo, que t’has tornau ferfet? Si no rematas, qué he de decir-te yo d’o proposito con que me gritas? Soi fablando yo, e siente. No me fa duelo d’estar veniu, perque m’agrada veyer-te, e dimpués iré tamién a veyer a Paulina. Pero yo no sé si será encertau fablar-li a o tuyo suegro encara que ell me dé carrete, que no ye normal perque ixas cosas no se fablan sino con personas muit conoixidas, con amigos, en una parola, e agún no pas con totz. Pero no te’n faigas. Si o tuyo suegro tien a ideya de casar-se, creye-te que no li habrá d’estar mal ni a ell ni a vusatros. Perque no puet deixar de saber que a vuestra companyía no l’amillorará una muller extrania e nueva, e perder a vuestra per a d’ella sería una imprudencia que hombres como ell no fan.

Bella miqueta m’aconhorta ixa reflexión, respondió Chubaneta; pero siempre tiengo aquí adintro una tristura que no sé o que m’anuncia. Per sí u per no, aproveita a enchaquia si ye que la te da e saca-li ixa basemia d’o tozuelo; o seguro ye o seguro.

En tot o día no dición sino siempre o mesmo, e no podió Pietro Saputo asusegar de tot a Chubaneta, no perque a ell li mancasen razons sino perque ella yera muller. De tardis tampoc no i venió o suegro, sino a l’atro’l día de maitins. Li dició Chubaneta que bi heba un huespe que heba conoixiu en casa de Paulina en atro tiempo, e que esperaba que se fese contento de veyer-lo, pero que encara no se yera devantau.


Una miqueta dimpués plegó Chubaneta t’o posiento de Pietro Saputo e li dició: o mío suegro remata d’arribar en casa e pareix que quiere dentrar-ie a veyer-te; a yo m’agradaría  que marchases tu ta la suya cambra e ir-ie yo con tu. Perque, anque en rigor ye a ell a qui li pertoca vesitar-te antis, tu yes mes choven, yes en casa dende ahiere e asinas li ferás veyer  que no sigues una etiqueta vulgar como os hombres simios e ignorants.


I dentrón, prou que sí, a veyer a o suegro, que s’entreteneba en mirar-se qualques papels; se chiró en sentir a puerta, e malas que veyó a Pietro Saputo li s’empecipió a tresmudar o semblant, parando poca ficancia en as suyas parolas quan lo saludaba; e mirando-lo-se fito-fito, se posó e fació cenyo a os dos que se posasen tamién. Chubaneta sin saber per qué se fotió a tremolar veyendo tant formal e grau a o suyo suegro. Pietro Saputo tampoc no yera sereno en o suyo interior perque no aguardaba ixe recibimiento.


Dimpués d’un minuto largo de silencio li preguntó:

D’án sotz?
E ell li respondió:
D’Almudevar.
De quí sotz fillo?

D’una muller.

E o vuestro pai?
No lo he conoixiu.
Quí ye a vuestra mai?
Una pobrillona e honrada popila que estió pobra en a suya choventut e d’un enganyo con que la van chugatiar e tenió un fillo que ha sabiu fer-la rica e puyar-la en un estau prou decnt e fer-la digna d’a estima e respecto publico.
Qué edat tenetz?
Voi cara t’os ventiquatre anyos.
Cómo vos clamatz?
A chent me diz Pietro Saputo...
Calló una miqeuta o caballer, se miró atra vegada a Pietro Saputo, e tusindo e garras- piando, dició asusegau e con voz natural, anque amagando a ternura d’a expresión:
Sotz o mío fillo...! yo soi o tuyo pai!
En rematar de prenunciar istas parolas e veyendo a Pietro Saputo rinflando o rostro e devantando-se d’o suyo posiento, se devantó ell tamién, e s’acarrazón con gran amor e sin sentir-se mes parolas que a exclamación de Pietro Saputo quan dició: pai mío...!

Chubaneta se trestucó de tot, e plena de preixinallos, percutida, anguniosa, esbufalida e quasi sin luz en os uellos se’n salió difuera e prenió un gotet d’augua, e fue e se chitó en o leito; sospiró, sudó, traspeló, s’asusegó bell poquet e dició:

Pietro Saputo fillo d’o mío suegro! Pietro Saputo chirmán d’o mío mariu! E cunyau de yo! Paulina! Qué dirás quan te’n enteres!
Sospiró mil vegadas, e ficó o pensamiento en Paulina, se devantó, escribió muit aprisa dos ringleras do li deciba que en casa suya yeran pasando fetas a-saber-lo de graus, beluna de mala astrogancia, e que per Dios se’n venise aventada; gritó a un criau, lo ninvió allá a exprés e se’n tornó ta la cambra d’a gran scena.

Se miró allora a o fillo e a o pai, e no fendo caso d’o que fablaban dició exclamando: tanto que se pareixen, e no haber-ne parau cuenta! Se’n arriguión os dos, e o pai li preguntó si heba ninviau bell mandau a o suyo mariu; ella dició que no bi heba pensau, pero que li’n ninviaba de camín, e regular que lo fació e tornó a veyer e mirar-se millor a ixos dos hombres que hese d’haber conoixiu antis si no hese teniu os uellos zarraus.


I venió o fillo, se’n fación a-saber-lo de contentos, celebrón o día, e dimpués d’a meidiada gritó o pai a os tres, trancó a puerta e lis fació un largo rilato d’a suya vida en o tocante a o caso present. Pero isto demanda atro capitol. Alvierto que en o nombre d’o caballer bi ha bella dubda; yo, per o que en sé, lo he clamau siempre don Alifonso López de Lúsera; e o suyo fillo gran, o mariu de Chubaneta, se deciba don Chaime.


Capitol III


Rilato d’o pai de Saputo


Yo, fillos míos (dició), tenié en a mía choventut una fachenda que m’ha costau prou cara, pues me furtó a felicidat d’a vida, sin sacar d’ella per contrapeso atra utilidat que desengan- yar-me d’a virtut d’as mullers. Pero no hetz a creyer per ixo que las condeno u que siento mal d’ellas, ye que no pueden estar d’atra manera. Agún mes: ni convendría que lo estasen si no se mudase eternament l’orden d’as causas en l’atracción que se tienen os dos sexos. Tamién almitiré excepcions si ye que me se demandan; u lo menos deixaré en a suya opinión a qui las defienda.


Yera plegada a fin d’as mías libres chugardinas, e en ixa edat, manimenos, no facié garra estrapalucio ni prevoqué fieras diciendas; pensaba en casar-me; pero denguna d’as chovens que heba tractau u que conoixeba me pareixió digna de decir-se a mía muller. O mío pai m’heba dito que o suyo, ye decir, o mío lolo, fue hombre a-saber-lo de sabio e que li fabló muitas vegadas d’a condición d’os caballers, d’a diferencia d’os tiempos, d’a mudanza d’os costumbres, de l’olvido d’as usanzas d’antismés, tot perque ya no yera en mans d’os hombres aturar, e os suyos efectos serían agún mes grans d’ells mesmos e només que per o curso d’as cosas, perque en un sieglo heba corriu muito o mundo e heba cambeau de manera que ya no se conoixeba. Que per ixo l’hombre que sabeba desligar-se d’o vulgo chuzgando as cosas de buena fin, e teneba valentor ta obrar conforme a la razón superando as falsas opinions replegadas, no heba de fer os alazetz d’a suya felicidat en causas allenas e talment contrarias a l’orden e fin d’a naturaleza. E d’entre atras muitas conseqüencias que d’istas reflexions en tiraba, aplicando-las a l’estau particular de cadagún, deciba que en a muller ta casar-se no s’heba a mirar sino dos cosas, talento e incanto; e deciba d’o naiximiento que sin espernir-lo de garra manera, no yera d’as primers causas que contribuyen a fer-las mes dignas u menos. Asinas ye que o mío pai acomanau d’istas sabias mazadas se casó con una labradora filla d’una familia honrada, sí, pero quasi pobra, e estió muit feliz con ella, e lo’n estiemos tamién os suyos fillos, perque yera una muller muit amable, e bogal e discreta en tot. E a yo me deciba que si me pareixeba bien una muller plebeya, no reparase en estimar-la mes antis que a atra de naiximiento, si solo per as suyas virtutz e només que per os suyos incantos personals no estase tant digna como ixatra.


Confieso que ista filosofía d’o mío pai e d’o mío lolo me pareixeba una miqueta irregular, pero parando cuenta en o que pasaba en muitos matrimonios veyeba que yera a verdadera; e con tot e con ixo me feba fastio, e mesmo quasi me deshonraba, de veyer-la en casa mía. En istas que me va ofrir un viache ta Zaragoza, e d’allí pasar ta Uesca, ta Casbas e t’atros lugars, e como que no teneba en Almudevar garra conoixiu e como que m’enrestiba o fredo, demandé posada a la primera persona que trobé en a carrera. Yera una mesacha d’una presencia que feba goi e que dentraba en una caseta que me pareixió que feba chuego con o vestiu e con l’aire modesto d’a persona. Quereba només que pasar un ratet; pero a voz d’ixa choven, as suyas respuestas e parolas, siempre naturals, siempre atentas e mesmo discretas, m’aturaba e me feban contar as horas per minutos. Va pasar o día; a l’atro maitín continó a borrasquiada, e me’n facié bien contento interiorment, e li dicié que si no li feba estorbo que no me’n iría con ixe mal orache. Ella, con una gracia que remató de prendar-me, respondió:


«o mal orache, sinyor, lo ha vusté en casa mía; e no pas en o campo u per os camins; pero  pues a la vuestra mercé... no li’n pareix, a mesma cosa ha d’estar enganyar-se que plantar   bien en realidat. Ya li dicié a la vuestra mercé ahiere que només me fa duelo que no poder-lo ahuespar como a yo m’agradaría; a resta ye cuenta d’a vuestra mercé que lo sufre». Ista respuesta, como digo, me fació tanto goi que pasé tot o día alufrando os suyos cenyos e, fendo-me memoria d’o consello d’o mío pai, dicié ta yo: a ista mesacha en dos meses la educo yo e li doi a dignidat e a farcha que li pertoca en a mía casa; ye discreta, docil, graciosa de manera natural e muit afable; honrada tamién e estoi que, e me pareix que no m’enganyo, honesta e prudent. O suyo apelliu ha teniu lustre en Aragón, e no ferá disonancia con o      mío. Ista ye, pues, a mía suerte, sigo a filosofía d’os míos buenos pais e lolo. E per qualcosa m’ha portau a Providencia ta ista casa. La grité allora e, fendo-li antis bella pregunta, li dicié: no vos ne faigatz, soi caballer; a vuestra virtut mereix un premio, e voi a dar-vos-ne o mes gran que puedo. Soi libre, miratz-vos-me; e si no vos pareixco mal, datz-me a man e setz a  mía muller.  Ella s’estremoleció, como yera de dar,  e tremolaba; yo li agafé a man, li’n preté   e li pregunté: la me datz como yo vos la demando?, e respondió percutida e quasi sin poder prenunciar as parolas: sí, sinyor. I remanié ixe día e parti de l’atro, e dimpués continé o mío viache.


Salié de casa suya, goyoso, glorioso, e mudau en atro hombre. No querié marchar ta Uesca, sino que me’n torné dreito ta casa a decir a o mío pai o que heba feito, pero en plegar en     casa m’entrega una carta que feba dos días que m’aguardaba, en a que a defunta me deciba:

«He noticia que yes tornau en Zaragoza, e ya me moriba de pena, e mes agún pensando que fa seis meses que no t’has dignau de venir a veyer-me. Has a saber que a tuya zaguera vesita m’ha meso en un estau que yo no puedo amagar. Si en tres días no i viens, lis ne racontaré tot a os míos pais, que qualcosa ya s’entrefilan; u me tallo o garganchón u foi un desenfín, perque soi desesperada e no puedo desimular mes; e no foi atra cosa que plorar e fer veyer a mía disgracia.»

Preixinatz-vos o que pasaría en yo con ista noticia tant a deshora plegada. O mío pai en veyer-me sin color e sin voz me preguntó qué yera, e yo li deixé leyer a carta. La leyó e me dició: me fa duelo o tuyo disgusto e o d’ixa familia; pero ta tot bi ha remeyo, si no ye mala triga a que has feito, perque o caracter d’ixa mesacha li dará ronya e ha d’estar poc amable de cerca, si ye que no l’adomas dende o primer día. Ha teniu prou mala educación, u ta millor decir, no’n ha tenida garra; l’ha criada a soberbia e només sabe que estar soberbiosa, que en ye, respulera e patarieca; e o feito de no estar fiera no cubica con ixatros defectos.

Per achiquir a suya soberbia, dicié allora, la querié yo inamorar d’ista manera sin estar yo inamorau d’ella.
Pues yes estau fato, me respondió o mío pai; a soberbia d’o caracter, os fueros d’o chenio, a fachenda e l’argüello, no han res que veyer con a sensibilidat d’o corazón, si bi ha honor en l’hombre e no ha de publicar ixa falsera. Disposa-te a marchar t’allá; per o que a yo me pertoca soi aconhortau a veyer-la d’ama choven en casa mía, encara que habremos faina a rienda con ella.

Marché ixe mesmo día; e a poc mes d’a metat d’o camín me trobé con un chirmán d’ella que veniba a escar-me. S’aturó debant de yo e muit grau me pregunta:


T’a on itz, don Alifonso?

Ta casa vuestra, li respondí.
Ya sabetz o que pasa en ella?
Lo sé e per ixo i voi.
Pues imos-ie.

E sin decir garra atra parola en tot o camín i pleguemos. O suyo pai, hombre raspio e aspro, perque a soberbia yera innata en ixa familia, me recibió con seriosidat, me levó ent’a cambra do i yera a suya filla plorando, e sin preguntar-me pon, sin aprevenir-me ni decir-me perreque, m’agafó d’o brazo, me presentó a ella e dició: –Astí has a la tuya muller; da-li   a man. Yo li’n ofrié; ella me dio a suya, e dició o pai: prou de plantos, u a lo menos plora con qui ha d’aconhortar-te, e no pas con yo. Yo en veyer-la tant humilde, tant trestucada e avergonyada, li dicié:

Aconhorta-te, Vicenteta, ista man ye de tu, e iste brazo o tuyo escudo. Hue he de chentar con tu en a mesa, e no he de veyer correr mes glarimas d’ixos uellos.
Per curtar raso; ixa mesma nueit s’acotració tot, e a os seis días chustos marchabanos ya enta ista casa chunius lechitimament.

Yo, manimenos, no podeba ixuplidar a la mai tuya; siempre yera allá o pensamiento; pero malas que sabié que heba librau un nino, pensé mandar a muir cardelinas a mía aconhortanza e foter-lo tot a cascar-la. Pero habié a trasquir con o que ya no teneba remeyo e con quemisió qué enchaquia marché ta Uesca, me presenté a sinyor bispe e li dicié o que me pasaba, ta suplicar-li a la fin, como lo facié, que fendo gran ficancia e no menos secreto, e con l’achuda d’o mosen d’o lugar, a qui cosa li s’heba de revelar e sí encargar que no decise ni de qué coda ni a on, precurase asistir a la tuya mai e a o fillo, no con tanta chenerosidat que a chent podese entrefilar-se qualcosa, u d’una manera poc desimulada, sino cutio e con prudencia, e fendo veyer que yera favor que ella e o nino mereixeban; u con a enchaquia de qualque fiesta; de bell afer publico, d’as gracias mesmas d’o nino. E li deixé mil escudos de plata, mandan- do-lis atros mil a os cinco anyos. Asinas se fació e asinas procediemos dica que tu sabiés fer-te o pre; e te’n ibas e te’n tornabas d’o niedo seguntes t’aganaba, e campabas asinas como te petaba; que estió quan rematés de pintar a capiella d’o Carmen. Per sinyor bispe sabié que la pintabas, e me i amané a veyer-te e bi estié en a capiella como un de tantos refitolers. Asinas ye que me pareixió conoixer-te, e a la fin no embudié que yeras tu, disbrazau d’estudiant, trobando-me per casolidat en Berbegal quan i pasetz, e prou que podrás alcordarte-te que de nomás que d’una man habesetz trenta-seis escudos de plata, e no sabietz de quí vos plegaban.


Me’n alcuerdo, me’n alcuerdo, respondió Pietro Saputo, d’ixe rasgo de liberalidat; pero estié bien leixos d’entrefilar-me que estase d’o mío pai. –Yo  pues, continó don Alifonso, en que    te veyé tant aventallau e agudo, e que dende que yeras nino te deciban Pietro o Sabio, dicié: iste ya no m’ha mes a menister; ni yo he de fer mes per agora; en que calga ya ha d’estar atra cosa. E dende allora (no ixuplidando nunca o tuyo dreito) te deixé en mans d’a providencia,    e només que precuré saber si mai e fillo yeratz vivos, o que a fama d’o tuyo nombre lo me deciba. Agora he quedau libre e pro a fes que he de cumplir con a mía obligación con a tuya mai e con tu, e a ixo me disposaba quan no sé de qué coda te yes presentau aquí t’aclarir o camín a iste afer, en o que, Chubaneta e tu, Chaime, creigo que no m’hetz a negar a vuestra aprebación e consello.


Yo, respondió Chubaneta, almito, replego e acarrazo de corazón a iste nuevo chirmán que me trobo, e a la suya mai como si estase de yo e per sinyora en ista casa, d’a mesma manera confieso que si hesetz pensau en dar-me-ne unatra, talment me fería mes duelo d’o que podese sofrir de buen implaz. O suyo mariu (o fillo mes gran de don Alifonso) dició o mesmo, e adhibió que en a resta o pai fese o que li aganase, aprebando-lo e dando-lo tot per bien feito dende ixe inte.

O pai allora sobreixiu d’amor e aconhorto d’o corazón, los acarrazó a os tres; e en que pasón as primeras contrimuestras e goi de tant rarizo caso, dició o pai a Pietro Saputo:
Agora, fillo, te toca a tu. Quiero que en atro u atros ratetz me racontes a monico e punto per agulla a tuya vida, as tuyas drezas, as tuyas fetas, que estoi que serán a rienda e prou singulars.
Estoi que sí, dició Chubaneta, dignas han d’estar de saber-se, perque seguntes a fama,    e agún no ha de decir-lo tot, obligau que habrá d’haber-ie cosas a-saber-lo d’extraordinarias    e que han de fer muito goi de sentir-las en a vida d’o vuestro fillo e chirmán nuestro. Pero ta ixo, tiempo bi’n habrá; e aguarda, que siento un caballo u azembla en a puerta, e me berrunto que ye a mía amiga Paulina, a qui he escrito que se’n venise. Marcho a recibir-la.
Paratz cuenta chirmán, dició a Pietro Saputo, que no hetz a contar o que yo tiengo curiosidat en sentir, e dople faina en tendríatz. No precisaba ell ista alvertencia, que entendió prou bien, e conoixió o pensamiento de Chubaneta, pues no heba ell a racontar as picardías d’o noviciau ni atras dimpués d’ixas.

Capitol IV


I plega Paulina. Casorio d’os pais


Un reparo soi veyendo que meterán qualcuns a ista tant ilustre historia u biografía (no pinturesca, per Dios, que malditos sigan toda a botinada de faramallas pinturescas d’a nuestra edat, pues dica o zaguer sacramento d’a Ilesia con os suyos ministerios han d’estar, a la fin, pinturescos); digo que un reparo, si ye que en iste libro i cullen, soi temendo que me fiquen, e lo quiero satisfer ta cabidar falorias. Per ventura lis pareixerá a belún que Pietro Saputo trobaba muit docil e afable a o poliu sexo. A ixo no he de responder yo per estar parti apasionada; sino que quiero que en respondan per yo as mullers d’ista era, que son as mesmas d’allora, pero con una miqueta mes de recato, e agún de virtut si m’aprecisan; verdader recato digno e verdadera virtut; pues estando mes libres ta deixar-se fablar e tractar d’os hombres, no las veigo mes apatrusquiadas. Perque hetz a saber que en ixe tiempo isto d’as vesitas e charradas no s’emplegaba tanto e bi heba mes etiqueta; e mes que mes un rabanyo de reixas e zelosías, a rienda recullimiento, a-saber-las d’amas e no guaire veyer a carrera. Per ixo as doncellas se criaban mes cerolas e niquitosas; e os chovens heban de tornar-se bruixotz ta tractar os suyos amors con ellas. Pero manimenos, perque en iste mundo no bi ha cosa que no l’haiga (si no, heba de morir-se de carranya) cuentra as duenyas, as reixas, e o retiro, bi yeran as alcagüetas, as Celestinas, os chardins e os tringoleos almitius; e talment as mesmas duenyas serviban en l’oficio. E igual que os mesmos ligallos que soixetaban a las ninas mes arrisgadas, yeran as ocasions mes fuertes, e las excavan con tot o periglo e ceguera d’as pasions, malas que s’inamoraban d’un hombre que creyeban de confitanza (y l’amor los creye a totz!), entregan- do-se només que a la suya solenca honor e parola. De qué ye causa a mancanza? D’exceso en l’emplego d’a libertat en que se logra, e d’os obchectos d’os que nos se priva. Pues agora que bi aplique o lector o refrán, e pare cuenta si o que ha leyiu en iste libro ye conforme u no a ell e a la verdat d’a experiencia.


Amés d’isto cal tener present que Pietro Saputo yera muit galán, a-saber-lo de gracioso e seductor, amable, discreto e bien fablau. E no ye verosimil tanta favor en as mullers? A que sí, per vida mía! Manimenos no abusó d’ista favor, como se veye en atras ocasions en que li  se va ofrir conquistau e en a man. Queda satisfeito o reparo? Pues imos t’adebant.


Qui i plegó (como yera decindo) estió Paulina, que con gran temor e angunia e sin garra mes companyía que un criau viello de casa suya marchó t’allá en que replegó a carta. E li dició a la suya amiga en saludar-se a o peu d’a escalera:

Conta-me o que bi ha, perque no foi atra cosa que preixinar desgracias tot o camín, e en que soi plegada e en veyer a casa m’ha fotiu un blinco o corazón e me traquetia como si lo tenese esbandariciau.
No tanto, no tanto, respondió Chubaneta; asusega-te; o que pasa ye que astí adintro bi ye o nuestro amigo Pietro Saputo; pero, Dios mío! Quan lo te diga!
E en ixas rematón de puyar-ie e dentrón en una cambra.
No me faigas penar, dició Paulina, perque soi plena de trafuca e desventura.
E yo t’he dito que t’asusegues, respondió Chubaneta; res d’o que te piensas; no ye      ixo o que pasa. Chesús, qué cosas! Soi anieblada, no sé o que me digo ni o que me foi; s’ha descubierto que ye chirmán de yo.

Chirmán tuyo!, dició Paulina muit espantada.

No de tot chirmán mío, continó Chubaneta, sino d’o mío mariu, que ye o mesmo;  ye fillo d’o mío suegro, sí; qué te pareix? E no haber parau cuenta nusatras nunca en a semellanza! Perque ya veyerás que se pareixen muito. Qué ciegas hemos estau! (e li racontó a historia d’o suyo suegro).
En que rematón d’aparatar e de fer almiracions dentrón en a cambra, e con a plegada de Paulina se fació mes gran o goi d’ixe día.

Pero se’n fue a l’atro’l día e prometió tornar-ie con o suyo mariu. O pai gritó atra vegada a os suyos fillos e lis dició de qué manera pensaba portar ta casa a la suya nueva e primera muller, cumplindo con as leis en o tocante a las formalidatz publicas e os costumbres d’a Ilesia: que a Pietro, como fillo primero que en yera, li destinaba os biens libres e qualques diners ta dar-li casa; e que sin aguardar mes, si lis pareixeba bien, heba determinau de marchar con Pietro Saputo t’Almudevar a veyer a la suya sinyora. Tot lis pareixió bien a os fillos; e Pietro li dició que a fortuna li yera estada favorable, pues os feitos que veyería en o rilato d’a suya vida li heban precurau un patrimonio de diez a dotze mil escudos; e que per ixo no caleba trestallar u achiquir de manera tant notable o patrimonio.

Ixo, respondió o suyo pai, no li’n debes a no dengún, e yo tiengo obligacions que cumplir con tu. Pro a fes que lis ne quedará prou a os tuyos chirmans. E pues dices que no li s’ha d’avisar a la tuya mai, perque nunca no lo has feito, imos a veyer-la que ye o mes urchent.

Marchón e prebón de plegar en Almudevar entre tusco e lusco. A mai, en sentir caballos en a puerta, baixó como gosaba fer a recibir a o suyo fillo pensando que sería ell con bell amigo. La saludó e acarrazó Pietro Saputo, e demandando una luz ta o criau d’os caballos, se’n puyó con a suya mai d’a maneta, e dezaga los seguiba o nuevo huespe sin tartir dimpués d’haber-la saludau breument. En que i puyón, dentrón con una vela en a cambra, e devantando Pietro Saputo a luz entre os dos, dició a la suya mai:

Miratz-vos, sinyora mai, a iste caballer.
Heba precurau don Alifonso vestir un trache igual en o posible a ixe que levaba quan estió allí e se casó con ella; e lo se miraba, e pareixeba que rechiraba en a suya memoria, e lo iba reconoixendo; e quan don Alifonso paró cuenta que lo heba conoixiu quasi de tot, per os niervols que deixaba veyer o suyo rostro, dició:
Sí, soi yo; e remató de conoixer-lo, e cayó desganada, emparando-la o suyo fillo e achudando-la don Alifonso.
Fación que se reviscolase fendo-li beber una miqueta d’augua; e li dició Pietro Saputo:
Tranqulizatz-vos, sinyora mai; don Alifonso López de Lúsera, o mío pai e sinyor, i torna ta rematar con a vuestra larga angunia e desaconhorto.
Sí, sinyora, continó don Alifonso; yo soi qui se casó con vos en ista mesma cambra; que a la fin he puesto cumplir o mío deseyo d’acarrazar a o mío fillo Pietro e a vos dimpués de tanto tiempo. Mes a monico vos diría o vuestro fillo e mío, pues li he racontau a historia, e yo vos la repetiré goyoso tantas vegadas como queratz, de qué manera m’ha estau imposible dica agora contrimostrar-vos e acreditar-vos que no vos enganyé en tot ixo que yera en a mía man. Tranqulizatz-vos, per Dios; miratz-vos que semos o vuestro mariu e o vuestro fillo.

A tot ixo garra cosa respondeba a pobrichona, emparada per o goi que afogaba o suyo petio. E temendo-se o fillo qualque funesto accident li fació beber augua atra vegada e la va


distrayer tot decindo:

Ea, agafatz a man d’o mío sinyor pai. E no ixuplidetz que venimos fambrudos e aguardando una buena cena.
Abaixó bell poquet a cabeza d’a suya mai e, dimpués de pretar a man a o suyo mariu, s’arrulló en os brazos d’o fillo limpio plorar e chemecar como si estase a zaguer hora d’a suya vida. Se fación contentos os dos de que esbotase d’ixa manera, pues heba venciu a opresión forachitando-la d’o peito con ixas glarimas e chemecos. La tornón a posar mes aconhortada e devantando a cabeza ta mirar-se a don Alifonso dició:
Venticinco anyos!, e ploró atra vegada.
Prou bien, prou bien, dició Pietro Saputo; esfogatz a vuestra angunia. Venticinco anyos!, tornó a exclamar. Ah, don Alifonso, que agún o nombre no me dicietz!
Pero os tres semos vivos, respondió o fillo; datz gracias a Dios, que nos hemos trobau e conoixiu. E per agora, yo como fillo vos ruego, pais e sinyors míos, que rematen as glarimas e as remeranzas, e mes as queixas per falagosas que sigan, perque tiempo vos ne queda ta ellas; e agora no son ya d’o caso.

A poquet ya s’iban aconhortando, e don Alifonso quedó prou satisfeito de veyer a ixa pobra e humilde popila d’atro tiempo en un estau de tanta estima. A cambra, anque a mesma do bi estió, pareixeba d’una persona prencipal per os muebles e as pinturas que l’adornaban; de manera que no li feba duelo que bi estasen presents o suyo fillo gran e Chubaneta.


En dos días marchón pai e fillo ta Uesca e se’n tornón con os papels d’a curia eclesi- astica, encara que ixas dilichencias no yeran tant niquitosas como agora, ni menos pleitiaban os ordinarios per si a novia u o novio son tuyos u de yo. Se celebró en forma o casorio, e o segundo día de tardis se i presentón de sopetón Chubaneta e o suyo mariu e querión veyer a os pais en a suya casa d’Almudevar, e fación mes gran o goi de totz. Chubaneta se fació muit amiga d’Olaria, e a Rosa l’acarrazaba con tot l’afalago de chirmana. Se’n tornón a os tres días ta parar o recibimiento.


Una semana dimpués los siguión os pais con Pietro Saputo e se levón ta qualques días a Rosa, e quedó Olaria popila d’amors e morisquetas e tant triste como ye de dar veyendo cambeau o suyo ciel. Los acompanyó toda a chent d’o lugar a la salida, e no remataban os vivas, sinyals de goi e de dar a norabuena a la virtuosa e de tantas maneras goyosa popila, que a la fin recobraba a suya honra e se trobaba acobaltada a la clase de sinyora acomodando-se con tant noble caballer. Don Alifonso veyeba con un goi inexplicable ixe amor que o pueblo manifestaba a la suya muller e fillo, e s’empliba d’aconhorto, agradeixendo tanta favor con parolas muit corteses e falagonas. Avisaus Chubaneta e o fillo gran d’o día e hora en que i plegaban, heba disposau ella un recibimiento digno d’a suya discreción e como ye de dar no i mancó Paulina en una ocasión tant solemne.


Quaternar o goi e gloria d’ixa casa ye imposible; tantas e tals yeran as personas que se bi achuntón, e per tantos e tals casos de fortuna que se chuniban e formaban només que una familia. O segundo día en a veilada querió Pietro Saputo dar-lis un buen ratet. E amostrar a     o suyo pai tot ixo que sabeba fer en a mosica. Agafó o vigulín e dició:

Historia de mai la mía; a suya vida antis de veyer a o mío pai.
E tanyó con estilo prou sencillo, e fendo-li sentir de forma platera a suya vida e fainas, a suya

natural alegría, o suyo perén proposito de no casar-se tot decindo no a totz os pretendients. Dimpués dició: vesita d’un caballer... o mío sinyor pai: plegó dimpués o suyo desaconhorto creyendo-se enganyada, e o que pasó en o suyo naiximiento. E per no apolargar-se pasó d’astí a o casorio fendo plorar atra vegada a o suyo pai, e mesmo a la mai, de ternura, quan dició: a scena d’a cambra, en a que s’entretenió mes perque querió expresar-lo tot. E remató con a plegada e recullida d’a vispra, que ya entendión millor os que lo sentiban.


Percutiu se quedó o suyo pai quan veyó tanta habelidat, tant sublimes ideyas e frases tant enternecederas; un parlache, a la fin, completo per meyo d’os tonos e a forma d’os sons (si ye que asinas se puet decir), con l’harmonía e a expresión tant perfecta d’as pasions e d’os afectos. E como que sabeba que dengún no li heba amostrau, lo se miraba e no remataba de creyer o que i veyeba; e agún a la resta, encara que con menos intelichencia, lis pasaba o mesmo. Rosa, a simpleta Rosa, yera incantada escuitando ixa mosica, e ni sentiba ni paraba cuenta en atra cosa, ni sentiba a vida sino en l’uido e en o corazón. Totz parón cuenta en ella; e no deixó Paulina de pensar en qualque malicia, pues dició a pleret a Chubaneta:

Agora sí que veigo que rematón os nuestros amors. Ixa polida amable nina, talment sin parar-ne cuenta, ye inamorada de qui clama o suyo chirmán. Veyes que no se mira sino siempre enta ell, que con a vista sigue totz os suyos movimientos, e en que se’n sale ell t’atra parti, no s’asusega? Qué candorosa! Qué pura! Qué incantadora! Pero qué apasionada que ye a pobreta!
Pues agún bi’n ha d’atra en Almudevar, li respondió Chubaneta, mes capable que ixatra de ganar-vos o chuego si per chugar estase; perque ista només que inamora, e ixatra inamora  e domina. Yo os días que bi estié quereba a las dos, pero l’atra m’aficionó a o suyo tracto de manera que si no la heba con yo me pareixeba que tot me mancaba.

Un mes tenión allí a ixa nina tant polida, sin que ella quasi no tenese recosiros d’Almudevar, pero i plegó o suyo pai a escar-la, perque a suya mai yera amanada a librar,        e atra chirmana que teneba no yera capable d’o gubierno d’a casa. Ploró a pobrillona quan veyeba atrapaciar o suyo viache, e dengún no lo trobaba raro perque sabeban o que quereba    a Pietro Saputo e a la suya mai; ni ella tampoc no se reprimiba ni feba o papel. Dició a la fin ya una miqueta mes serena:

Yo me pensaba que yera en casa mía.
Pues en casa tuya bi yes, li dición totz; sí, sí, en casa tuya e en a tuya familia.
Pues en tiengo dos, contestó ella con muita gracia, e agora m’han mes a menister en l’atra.
Bien, filla, bien, dició don Alifonso.
E Chubaneta corrió e l’acarrazó con muito afecto. Pero Pietro Saputo, que sabeba millor que dengún a verdadera causa d’as suyas glarimas, se devantó e dició:
Mira-te si yes d’ista casa e familia, que ta que no te desepares de tot d’ella en o posible, u veigas que n’arrocegas una parti con tu, te feré companyía yo dica Almudevar.

Oh, qué goi li fació a noticia! A suya alma s’implió de goi e banyó o suyo rostro d’un esplendor que la deixó mes polida e amable. L’alcompanyó, prou que si, e se bi estió ueito días.


Capitol V


Sale Pietro Saputo a o rechistro de novias. Sarinyena.-Almudevar


D’astí en bell tiempo, que emplegó en fer os retratos de totz os de casa, ye decir, d’os pais e o suyo chirmán e Chubaneta, li preguntó o suyo pai si heba pensau en acomodar-se e vivir como hombre d’atras obligacions. Respondió que bella vegada bi heba pensau, pero no guaire; que agora, manimenos, li pareixeba que heba a tractar-lo con seso e resolución, encara que a edat no lo aprecisaba. Li manifestó allora o suyo pai que tanto ell como a suya mai deseyaban veyer-lo casau; e en que lo determines, dició, aquí tiengo encara a lista que facié ta o tuyo chirmán de todas as doncellas que en tierra de Uesca, Balbastro e a Montanya que ye amán me pareixió que n’heba ta iste proposito. S’alpartó poquet de casa, perque en o segundo lugar que visitó i trobó ya qui lo aturó, que estió Chubaneta. Beluna ya s’ha casau e en son borradas, istos días n’he adhibiu d’atras perque son plegadas en a edat que alavez no’n heban. Agafó Pietro Saputo a lista, fue leyendo nombres e notas, perque cadaguna levaba a suya sobre a edat, o dote que lis podeban dar e as qualidatz personals. Entre ellas i veyó beluna que conoixió d’estudiant, e a Morfina Estada, que yera a que ell buscaba, con un aponderamiento que garra atra la igualaba; e a la fin istas parolas: pero no quiere casar-se ni replegar festellos ni afalagos de no dengún.


Como que o pai e o fillo yeran muit activos, emplegó don Alifonso os dos primers días en escribir cartas, li’n dio a Pietro Saputo e salió iste a confirmar o rechistro d’ixas doncellas con a intinción de divertir-se una burguilada e contimparar ixa expedición con ixatra d’os estudiants. Ta empecipiar, e antis de veyer-ne a denguna, en yeran tres as que li ocupaban o pensamiento: Olaria, Rosa e Morfina. A primera teneba o merito d’haber-lo amau con muito empenyo, e d’haber dito mil vegadas publicament que per Pietro Saputo heba de dispreciar a o mes gran prencipe d’o mundo con o suyo cetro e a suya corona reyal. A segunda yera tamién en o suyo corazón, pero mes como chirmana que como amant, e li pareixeba imposible de tot amar-la d’atra manera. Morfina, que per a suya polideza, modos, talento, discreción e virtutz yera a que s’estimaba mes d’entre todas, feba quasi siet anyos que no la heba vista, ni li escribió mai per dubdar d’a suya suerte e perque no s’atriviba a vivir con ella en o país ni levar-la a la ventura t’atra provincia; e li feba miedo que lo hese ixuplidau u que pensase en ell con indiferencia, per estar ixa una preba a la que garra amor puet resistir quan li manca a esperanza, u a comunicación, que ye qui lo empara. Ye de peito mes fundo que todas, se deciba ta ell mesmo; a de millor entendimiento; a que tractando-me menos m’ha conoixiu mes e me s’ha ofierto con mes intelichencia e estima de yo e d’a suya persona; o suyo amor, si ye que encara remanise, o mes antigo tamién; e con qué firmeza e prendas fue fundau e afincau! Pero seis anyos, siet anyos sin saber zarrapita de yo, fueras d’a vesita no satisfeita d’o suyo pai, siet anyos sin saber si yo pienso en ella! Dengún no lo resistió en o mundo a no estar per nesecidat u obligación publica u secreta, pero cierta e eficaz, e en rigor ixa qualidat no meya entre nusatros.


Con istos preixins plegó en o primer lugar d’a lista, e i pasó como qui dentra en una casa conoixida ta beber un gotet d’augua e fer una vesita; a enrechistrada no li pareixió digna de


mes. Continó o camín; e anque no tenemos l’itinerario, sino una nota d’os lugars que visitó, que no se sabe quí la fació, quiero meter bell orden en a rilación, pues i veigo Sarinyena a o canto de Tamarit, Adauesca e Ayerbe chuntos, e d’atros d’ixas trazas no menos disonants. E i plegase en un día u en dos, u en tres, u en mes u en menos, quiero prencipiar per Sarinyena,  ya que la hemos nombrada.


No bi heba cosa que li fese goi, e ixo que levaba tres nombres en a lista; perque la un yera fiera e zurriviella, que ye o mesmo que decir fata; e pareixeba avezada a tractar con mercaders d’azemblas u con as azemblas mesmas; l’atra, masiau critica e saputa, pretaba os morros ta fablar e codatiaba con o monyo; e a tercera, entre ababol e esmaliciada, chirmana d’a tercera orden, saputa e leyida tamién, faixaba con muita naturalidat a os ninos d’a suya cunyada, e pareixeba feita ta l’oficio de composar a cofia a las paridas.


Pero a enchaquia, que, si no s’ofrise de propio, la hese ell mirada, lo enristió o deseyo que siempre tenió de veyer a las suyas antigas monchas. D’o que podemos entrefilar-nos que o convento que ell honró de mesache, estió o de Sarinyena. E encara en ista historia, si se leye con ficancia, se i podrían trobar atras prebas a favor de Sarinyena, e per ixo mesmo cuentra Tamarit, a on as monchas bambiaban d’haber estau as favoreixidas d’o filosofo, per una descripción d’o convento do bi estió que lis conviene a os dos como asinas mesmo a situación en o suyo lugar respectivo; e villa tamién en ye Tamarit como Sarinyena, anque se creye que ista deixará d’estar-lo. Yo a lo menos, que si no soi estau moncha en garra d’istos conventos, conoixco secretos granizos de beluna que en ells se i trancó, voto decididament per o d’a villa d’as grans ferias. E quiero decir o que agora pasó, e no antis ni dimpués, seguntes as mías notas a que foi referencia.


S’endrezó, pues, ent’o convento. Veyó l’edificio, se miró ixas paretz, ixas finestras misteriosas e foscas, per as que mirando-las-te fito-fito a ciertas horas se i vei, de cabo quan, pasar como uembras as pobrillonas e tristes que adintro habitan, e amanar-se-ie a alufrar, talment con a invidia en o corazón e as glarimas en os uellos, a libre luz d’o sol, e a tierra e o mundo que ya no ye ta ellas. E dició: adintro i son: cómo las he de trobar dimpués de tantos anyos? Mira-te tu si aguardarán parellana vesita! Qué ferán quan me veigan? Yera ya cerqueta d’a puerta e aturó o paso. Tres vegadas enfiló enta ella, e tres vegadas s’aturó, perque no quereban os peus tirar t’adebant; e en dubdaba, e li traquitiaba o corazón de vez que se bi amanaba u determinaba de plegar-ie. Pareixeba que remataba de leyer o falso billet de Chubaneta en Zaragoza. A la fin plegó en o branquil, i dentró, e se fació memoria de quan i plegó atra vegada disbrazau de muller tant cargau de mentiras como de cerola, e s’espantó d’ixa valentor e temeridat. Pero ista mesma memoria li dio valor, e trucó, e preguntó per l’antiga priora e seror Mercedes. Baixón t’o locutorio, no sin foter-lis un blinco o corazón de veyer-se gritadas as dos de vez.


Las saludó con naturalidat e lis entregó un papel que deciba: «O caballer que tenetz debant ye qui fa ueito anyos estió en ista casa con vestiu de muller e con o suposau nombre de Cheminita, clamando-se Pietro Saputo...» En que plegón en iste punto se fotión firme tremiu e devantón a cabeza ta mirar-lo-se: ell fendo una amable riseta, lis fació cenyo que continasen. Continón e leyón: «Pero fa quatre meses que he trobau o mío verdader nombre perque he conoixiu per una feliz casolidat a pai o mío, que ye o cabeller don Alifonso López


de Lúsera, viduo d’a suya primera muller, e agora casau lechitimament con a mía mai, a qui tiengo l’aconhorto de veyer sinyora d’ixa casa e adorada d’o suyo mariu e fillos politicos. Asinas que, e ta servir a las mías apreciables amigas d’antismés, e perque a suya amabilidat mai no la he ixuplidada, me digo Don Pietro López de Lúsera.»


Leito o papel e mudando-lis a color e a manca de voz ta fablar, prencipión a mirar-lo-se entre goyosas e vergonyosas. Ficón a uellada en tierra, e no sabeban qué fer ni qué decir. Las aduyó ell, agudo e discreto, decindo-lis con qualcosa d’intición, pero templau e ristolero: millor recibiu pensaba estar; m’ha de penar estar veniu?... S’ha de temer que en yo i manque honor, prudencia, esmo, mesura e conoiximiento d’as cosas, no habendo-ne mancau en edat que per un regular no porta sino imprudencia e sinconisión? Podión ellas alentar bell poquet con ixo e se reviscolón d’a percutida e vergonya primera. Pero, oh, o que en ixe breu ratet heban puesto sufrir! A la fin devantón os uellos e lo se mirón sin vergonya, fablón con libertat e li remerón con goi e con dolor, bien que con terminos muit chenerals, ixas inolvidables scenas d’os zaguers días, quedando-lis-ne ya només que o goi que yera natural, e os preixins e pensamientos que heban d’alegrar-lis a vista d’un hombre a qui tant dulcement e sin malicia acarrazón de mes mozo. Tornón a mirar-se o papel, e dición que, seguntes o nombre d’o pai, habió a trobar o mesache d’ama choven en casa a la suya companyera de noviciau, Chubaneta. –Sí, sinyoras, respondió ell; regular que ye Chubaneta agora a mía cunyada, e ye como l’anchel de l’amor e d’o goi en ixa casa feliz, si ye que bi ha de felices en a tierra.


Muito s’almirón as monchas de veyer as cosas que pasan en o mundo, e ya de tot serenas    e tant afables como siempre, li preguntón per l’alcurrencia e a chanada de fer-se pasar per muller ta ir-ie e enganyar-las como lo fació. Ell lis contó as suyas fetas dende a capiella de Uesca dica plegar en o convento (amagando ixo d’a seo de Balbastro).

Sotz Pietro Saputo, dició seror Mercedes, e ixe nombre lo explica e lo diz tot; ya no m’almiro de res. Pero hetz a entender que encara que vos hesetz descubierto con nusatras (dimpuesas d’estar adintro, como se suposa e isto vos lo quiero decir per una fineza que li deberetz a o nuestro antigo carinyo) no vos hesenos vendiu ni aventau d’ixas trazas. Ya vos n’alcordaretz que yo no creyé en a transformación que tant innocentment se trasquió ista a nuestra buena prelada.
Ye verdat, confesó ella; yo, ya se puet veyer, lo creyé... E ye que guarda que no sabió o nuestro sinyoret fer a momenta...! E yo, continó seror Mercedes, vos deixé en a vuestra fe per no ficar-vos en vergonya, perque o que estase, tampis. Pero no vos proposé que lo aventasenos d’o convento, e vos persuadié de comunicar-li-ne a qui decibatz.

Ficadas yeran as monchas en a suya rufierta e muit goyosas remeranzas, d’as que sospiraban en o centro mes vivo de l’alma, quan se sintió a deshora una campana que las gritaba t’o coro. Nunca no sonó de manera tant carranyosa; pero sonó, e no fue posible deixar de dar-se per enteradas. Asinas que se devantón, ell se despidió, e se deseparón només que prencipió a agradar-lis o sabor d’a vesita, e per ixo no guaire satisfeitas e agún con mes anglucia d’expli- cacions e d’esplai. Pero seror Mercedes salió d’allí a-saber-lo de triste; e quan se veyó solenca en a suya celda sospiró fundament e deixó correr d’os suyos uellos qualques glarimas que dengún no replegó t’aconhortar-la.


Pasaus tres u quatre días gritón a la coixa, u siga, a la organista, e li dición o que pasó con Cheminita; e malas que remató de creyer-lo remató tamién d’avergonyar-se-ne e prencipió a foter-se maldicions.

Desasnar a Pietro Saputo!, li deciban repindongas as atras e con una sorna que la cremaba.
Lis demandó que callasen, e si no se rancaba a toca u lis esgarranyaba a ellas a cara. E cambeando a escape d’ideya, exclamó fotendo una palmada:
Troz de diaple! Asinas que yera hombre! Mira-te per qué yo lo quereba e m’agradaba tanto! Ah, no haber-lo sabiu! E de qué traza nos enganyó a todas como ababols e nos incantó a vista ta que no en conoixesenos ni meya!... Sí que ye verdat; hombre, hombre en yera; agora me’n alcuerdo. Ah, fata e mes que fata! Tantas ocasions que en tenié!... Pero no vos perdono, sinyoras mais, que no m’haigatz gritau ta veyer-lo. Qué poliu, e qué caballer ha d’estar! Como atra vegada no me griten si ye que i torna, u me mato u vos mato a las dos.
Muito se’n arriguión as dos amigas de sentir desatinar a la coixa. E dimpués siempre que quereban pasar un ratet d’humor, la gritaban e tocaban iste feito.

De Sarinyena pasó Pietro Saputo t’A Nacha, do bi heba una doncella, pero li pareixió que teneba l’alma atarranchada a la paret, e la deixó con a suya vela replegada e con o suyo dote de buena cuenta. En Alcubierre quasi li agradó una mesacha de decinueu anyos per a suya innocencia; e dimpués sabió que s’ heba chugau a flor con un muto. Visitó atros lugars, no se bi aturó en dengún d’ells, e marchó t’Almudevar ta pasar ta la Val d’Ayerbe.


Ye per demés decir que fue a prener posada en casa d’a suya matrina, a suya segunda mai, e que hese estau en tot o que estase menister, si ye que hese quedau popilo d’a suya; muller de bell talento e d’un corazón buenaz, que no tenió garra atra anglucia en toda a suya vida que ixa de veyer a la suya filla Rosa casada con Pietro Saputo. Asinas ye que deixó libre e agún escatizó que a mesacha s’encarretase enta ell; pero ell la se miraba como chirmana verdadera, e ni a razón ni a reflexión podión dar atro camín a la suya amistanza. Veyeba que a pobrona yera inamorada, e no sabeba cómo marchar ta no desesperar-la. Fació o suyo retrato e o d’Olaria en miniatura, e ta fer mes a o suyo implaz os zaguers retoques, las levó una tardi en casa suya a brendar, pues fueras de no haber-ie pan, que n’agafón de casa de Rosa, cosa se’n heba sacada e yera o reposte agún a rebutir de cosas buenas e delicadas. Las posó a las dos chuntas en primerías, dimpuesas la un d’un costau e l’atra de l’atro; e retocó e perfeccionó os retratos. Pero entremistanto que ellas se’n salión d’a cambra a fer una uelladeta per a casa e portar o que yera menister ta la brenda, se metió ell a pensar en a suya vida e en a suya mai; se miraba ixos quadros de pintura con os que heba adornau as paretz, se miraba os muebles, se fació memoria d’a suya nineza e a suya primera mocedat, e cayó en una tristura que no podión esvandir de tot as dos mesachas con a suya presencia tant alegre; con o goi que teneban que lis rebutiba per os uellos e s’amostraba en todas as suyas parolas e movimientos.

Qué tiens?, li preguntó Olaria d’astí en un rato veyendo-lo pensaroso.
Cosa, respondió ell, sino que en ista casa e en ista cambra soi naixiu, m’he criau, soi estau feliz, cosa me mancaba, antis bien me sobraba tot, e o mundo ta yo yera menos que iste posiento e que ixa suerte, que con vusatras dos, amors míos tant dulces, empliba o mío corazón e lo regaba de gloria e de goi a o canto de mai la mía.
E qué piensas tu, dició ella, que has feito con isto? Pues nos has muerto, sí, nos has muerto! Rosa, no lo deixaremos marchar d’Almudevar; achuntemos-nos, e con os tuyos

brazos e os míos, con o tuyo carinyo de chirmana e o mío d’amiga, formemos tals ligallos que no los pueda trencar, e no li deixemos ir-se-ne, perque me diz o corazón... No li deixemos marchar, Rosa mía!

Prou, dició ell, prou; no semos venius aquí ta plorar.

Brendón luego, e fendo-li prener dimpués a viuela, fuon os tres reviscolando-se e tornando a monico t’o suyo natural goi.


Capitol VI


Testamento de tío Chil Amor


Muitas cosas graciosas u extraordinarias ha visto o lector dica agora; pero denguna mes que a que pasó ixos mesmos días con uns consultors d’Ayerbe. Yeran un viello, una viella e una mesacha de vente anyos u per astí, prou guallarda, anque una miqueta morena, e prou bien vestida, fendo contraste con as galas d’os viellos, que ya no podeban mes d’esca- mallaus que yeran; e os tres pudindo con un luto muit preto e recient, bien que maldito o sinyal d’haber plorau. Los alcompanyaba un mesache d’o lugar que per casolidat trobón en a carrera e lo agafón como guida, e que feba de chulet de barbero, de no mes de catorce anyos d’edat, nueva cheneración que ya no conoixeba Pietro Saputo. Li preguntó de quí yera, e dició que yera fillo d’a Sospira, e que a suya mai deciba que agún yeran con ell qualcosa parients. –Hombre, para cuenta en o que dices: conoixco a o tuyo pai e a la tuya mai, e no sé de qué coda podemos estar familia. A mirar de qué manera lo filas. Sí, sinyor, respondió o chulet muit confitau; perque mai la mía ye prima tercera d’a tía Simona de Tulotebuscas, que ye prima chirmana de Ramón Menlevodós, e Ramón Menlevodós fue con a suya primera muller choven carnal d’a mai de Chuan Gramius, que ye acomodau con a filla de Tornavu- eltas, que ye cunyau d’a suegra d’o chirmán d’o mariu de Salvadora Olvena, a suya matrina de vusté. Fotió astí Pietro saputo un gran riso, se fació seis meyas cruces d’almiración, tornó a arreguir-se-ne, e dició:

Prou que sí, tot ixo ye verdat; pero sumada toda ixa parentalla, afinidatz e consan- guinidatz, podrías decir: zero e me’n levo zero.

Manimenos li cayó tant en gracia ixe metodo de trobar as familias, que dimpués quan sentiba fablar de parentescos leixanos que s’amanaban per interés, per fachenda, u per afición e amor a las personas, a escape se’n alcordaba e deciba: l’entronque d’a Sospira. Mesmo e tot os viellos d’a consulta se’n arriguión con tot o suyo luto e os miedos que portaban. Dició a la fin a o mesache que como que heba de fablar e tractar con os foranos, que podeba ir-se-ne, pero que i tornase atro día mes a monico ta fer una nueva contrimuestra d’a suya buena memoria. Marchó, e Pietro Saputo pensó en favoreixer-lo per o talento que heba amostrau     en o rilato de tant estrania mangada, que no yera ya ir a parar a ell u a la suya mai, sino a o mariu d’a suya matrina.


Agafó alavez a parola o viello, e dició:

Nusatros, sinyor, venimos a presentar-vos a ista moceta, ya la veyetz, que ye bien pobra, e vos si queretz la podetz fer prou rica.
Yo?, dició Pietro Saputo; ya vos explicaretz.
Sí, sinyor, ya nos explicaremos, continó o viello. Pues como iba decindo, ye filla d’un choven que teniemos, e d’una filla que se va morir fa seis anyos. Ell la va matar, ell, sí, sinyor, perque yera un estalentau, chandro, pecinero, malfurriador con mullers malas, que, sinyor, en todas partis bi’n ha. Conque seguntes ixo, ista zagala ye filla nuestra. Pero como o suyo pai acotoló tot o que li dion e li diemos, siempre los habiemos a mantener mientres vivió a nuestra filla, e dimpués a la fin fue acotolando-se e dio fin de día en día, e nos quedemos per istam; e agora los pasamos no limosna, perque no ye verdat, pero sí como Dios quiere. Ta rematar, que a moza siga feliz, que a nusatros de poc ya nos puet enganyar o mundo. Pues

sinyor, yo heba un chirmán que yera rico, no rico rico que digamos, perque d’atros en son  mes; pero sí, sinyor,  rico de verdat ta o que ell yera. perque a mes a mes que os míos pais   pais (qué d’anyos que en fa!) li dion mes que a yo, ell fue mes trachiner e marchant, e a suya muller mes ingrata e enatiza que una acerolla verde. E tenión buenas anyadas, e no malos fillos; perque fillos, ni de buenos ni de malos, perque no en tenión garra. Con azemblas e  bueis e bistiar de toda mena ganó o que només que ell sabe. S’ha muerto agora fa cinco días,  e deixa d’hereua a la nuestra nieta Ninila (Petronila), que ye unica en a suya casa e en a mía, con o pacto e condicions que s’ha de casar en o plazo d’un anyo e que siga con l’aprebación   e l’implaz de Pietro Saputo d’Almudevar, que ye a vuestra mercé. E lo que ha deixau son cinco mil libras en diners e atras tantas que han de valer as suyas posesions con a casa. Pare cuenta agora vusté si ye en a suya man, como deciba, fer rica u pobra a Ninila, perque diz       o testamento que si pasa de l’anyo u no ye a l’implaz de vusté, tot lo deixa ta las almas d’o purgatorio e de l’atro mundo.


No s’estranió Pietro Saputo d’iste testamento, perque o testador (que a l’inte dovinó quí yera) lo conoixeba e quereba a-saber-lo, dentraba en casa suya siempre que pasaba per Almudevar, només que de sentir-lo fablar ploraba de goi, e li deciba muitas vegadas: Dimpués de Dios, Pietro Saputo; e li ofrió a rienda vegadas totz os suyos biens e mirar-li novia con ells. Parolas que entendeba prou bien Pietro Saputo, perque ixatro teneba con ell a la sobrina.


Seguntes a vuestra explicación, li respondió a o viello, ixe chirmán vuestro yera o mío buen amigo tío Chil Amor.

O mesmo, sí, sinyor, dició o viello.
En paz descanse, continó Saputo. Me fa duelo no haber-lo visto en as suyas zaguers horas; bella vegada li he feito quedar a chentar con yo. Pero a yo quiero veyer o testamento.
Aquí lo porto, dició o paisano; e lo sacó; e regular que meteba a la mesacha as dos condicions.
Li preguntó a ella si teneba galans u pretendients.
Si en tien?, respondió a lola, asinas, asinas, e moveba os didos devantando a man.
Pero nusatros, dició o viello, n’hemos trobau un; ixe sí que ye bueno, rico, sí, sinyor, de casa a-saber-lo de buena. Una miqueta tuerto leva o cuello d’a cabeza, e no li agrada guaire a ista bordegota; pero ya li decimos que ixo ya plegará dimpués; o que importa ye que siga rico.
Ye verdat, dició a viella; e agún yo n’he pensau unatro millor que ixatro, perque ye mes rico, e tampoc no li fa goi perque ye virolo d’un uello e li manca o dido gran en una man. Qué culpa en tien o pobre mozo?

Quereba Pietro Saputo preguntar-li a la mesacha, e os viellos, limpio charrutiar, e no deixar-la responder, fablando siempre antis e pleitiando quasi os dos per quí heba de ficar-ie a cullera. A la fin dició o lolo:

Fote, aguaita, o que nusatros queremos ye que a vuestra mercé de vusté nos dé un papel escrito d’a suya propia man an que diga que li pareix bien e apreba o casorio que nusatros faigamos.
Només que ye ixo?, lis preguntó ell.
No, sinyor, contestón os dos; no queremos res mes, que dimpués ya lo atrapaciaremos nusatros.

Pues bien, dició Pietro Saputo; ta fer iste papel quiero preguntar-li qualques cosetas a Nunila, pero a solas.

Tot o que quiera vusté, dició o viello; astí la tien; o que quiera; tasament a moza ye muit suyiza, e si no... para cuenta...! (dició mirando-la-se e menazando-la). Nusatros marchamos ta la posada.
No cal, dició Pietro Saputo, será prou que se’n vaigan un ratet ta la cocina. E se’n salión.

Mira-te, li dició a la mesacha; pareix estar que se miran de casar-te con qui tu no quieres, e yo, per contras, quiero que te cases a o tuyo implaz. Dice-me: tiens bell amant, qualque mozo que te quiera e t’agrade? Fabla-me con libertat, perque veigo que a tuya suerte ye en as mías mans.

Yo creigo, respondió ella, que bi’n ha tres que me quieren bien, pero la un mes perque fa dos u tres anyos que me ye tringolotiando. E os atros dos, si con ixatro no puet estar, tamién m’acomodaría con qualsiquier d’ixos. Li preguntó allora (ya només que per curiosidat) si o suyo tío Chil Amor li heba fablau d’ell bella vegada; e li respondió que una parrafiquera de vegadas, e que deciba que només que deseyaba una cosa en iste mundo.
E dició qué cosa yera? li se fació luz en a cara a la mesacha con ista pregunta, e plena de vergonya respondió que portar-lo-se de choven ta casa (d’amo choven). Alavez Pietro Saputo prencipió a escribir una carta en respuesta a atra que li trayón d’o mosen, e rematada, gritó con voz grau, i dentrón os lolos, lis entregó a carta e dició que podeban ir-se-ne.
Pues, e a mesacha?, preguntó o viello. Se’n vaigan os tres de debant de yo, lis respondió con asprura, si no quieren que los agafe d’o brazo e los fota a redolons per a escalera.
Sinyor!
Hopatz de casa mía, digo, ea! Os pobrachos, tremolando, espantaus e no atinando guaire con as puertas, marchón plorando, sin saber qué lis pasaba.

Los veyón Rosa e a suya mai e lis fación compasión; pero en que plegón en a puerta d’a carrera e antis de salir sintión que o viello deciba a la mesacha:

Tu has a culpa, sí, tu; que no li habrás quiesto dar gusto.
Ah, raposeta, dició a viella; t’he de desfer a pur de lapos e pecigos. Per no dar-li gusto!
E l’herencio! Pezolaga, que nos has perdiu!
Por Dios!, deciba ploriconiando a mesacha. Qué gusto ni qué disgusto li he puesto dar yo si no me’n ha dito pon?
No te’n ha dito pon! Ixas cosa se fan sin decir-se. Tu t’has d’alcordar d’o día de hue.
E la menazaba con o punyo. A mesacha churaba que res li’n heba dito ni preguntau; e si no, tornemos a puyar-ie.
A puyar-ie, dició o viello, ta que nos pille e nos fota per a finestra. Marcha, tira t’adebant, que ya t’achustaremos as cuentas.

Sintión tamién tot isto a mai e a filla, e li’n racontón a Pietro Saputo, perque lis se feba rariza tamién ixa dureza e crueldat. Pero ell lis dició que bi heba o suyo per qué en ixo, e que bien luego ixas glarimas se chirarían en goi e alegría.

Y paratz cuenta, lis dició, o que puet l’interés, pues tanto duelo lis feba a os dos perder l’herencio per no haber acceptau a mesacha o que esmaliciadament preixinaban que yo li heba demandau, creyendo ells que per ixo he quiesto yo quedar-me a solas con ella. E o

que istos han feito, no hetz a dubdar que de cada cient lo ferían novanta-nueu, si ye que se i trobasen en o mesmo caso. E ixatro que remaniría solenco talment lo aprebaría en os atros.


Plegón os viellos en Ayerbe e malas que se sabió o mal mandau que trayeban s’espantón os pretendients d’a mesacha e la deixón como os muixons quan vienen con gran estrapalucio en cayer o día, que si belún fote con rasmia una piedra fuyen totz cutios e vuelan t’atra parti. Pero o mosen, o prior de Santo Domingo e atras personas prencipals lis prometión interceder con Pietro Saputo e regular que li ninvión con un mandaleixer meya dotzena de cartas, e ell los despachó sin contestar-ne denguna; asinas que cada vegada mes s’entrefilaban que Pietro Saputo quereba os biens de tío Chil Amor ta las almas de l’atro mundo, e ya o mesmo mosen e o prior d’os flaires los se troixaban caritativament en esperanza.


Seis días feba que yera en Almudevar quan i plegón os viellos d’o testamento, e se bi estió ueito días mes adedicando-los a o carinyo d’Olaria e Rosa, a qui lis hese concediu muito mes de buen implaz. Las deixó a la fin, pero con tanto sentimiento que quasi va plorar con ellas; e marchó t’Ayerbe, do tamién en teneba una de rechistrada.


En que i plegó, gritó a Ninila e con muita afabilidat li preguntó qué mozos li heban quedau de tantos como li dición que en teneba. Ella, alcordando-se d’o mal que la heban tractada os lolos, e veyendo que tamién la fació dentrar en una cambra a solas, embudiando, roya de tot, mirando-se en tierra, sefocada, e luitando cuentra a vergonya, respondió:

Encara que sé que no soi guaire polida... manimenos... dengún no m’ha tocau encara... o que vusté quiera fer de yo...
Pietro Saputo, en sentir isto, deixó cayer a frent en a man dencima d’a mesa; e a carranya d’un costau, a compasión de l’atro, pensando ya en a malicia d’os viellos, ya en a candor e innocencia d’a mesacha, lo tenión un ratet desaconhortau e pensaroso e no sabeba de qué manera trencar. A la fin devantó a cabeza e li dició metat sereno metat afable:
Yo o que quiero ye a tuya felicidat, e o que te demando ye que me digas si d’os preten- dients que tenebas te’n ha quedau belún encara fidel dimpués que han sabiu que yo no  quereba dar-te l’herencio.
Un, dició ella, toda avergonyada e sudando e trasquindo ixaliva d’angunia.
Ye o mesmo que tu creyebas que te quereba mes? –No, sinyor,  sino que agora veigo  que me quereba mes que ixatro, perque m’ha dito que li bufaba a pocha que yo estase pobra.
Pues marcha e que lo me porten os tuyos lolos; tu tamién i tornarás con ells.

Se i presentón con o mozo; paró cuenta Pietro Saputo que yera bien guallardo, bella miqueta galán, que no teneba guaires furnadas ni falagueras, pero d’un corazón igual como un Aleixandre. Li pareixió bien e mandó gritar a un escribano e se fació a declaración en forma, aprebando o casorio de Ninila con ixe noble e desinteresau choven. En que remató, fació remanir-ie a os lolos e a la mesacha, e a ells lis respondió con asprura o suyo mal proposito e villana sospeita, e a ella li encargó a rienda a virtut e fidelidat a o mariu.


En o tocante a la enrechistrada d’ixe lugar la veyó dos vegadas e siempre per casolidat, tant pita, guallarda, polida, cuellitiesa, garrichonfla e bien plantada, aire de foter-se en charras, respulera e capable de foter-li un mentitz a o fillo d’o sol; e dició: Pena que yo no siga tot un tercio de soldau ta portar-la-me de furnidera.


Capitol VII


Contina o rechistro de novias. Fiesta e baile d’un lugarón


Dende Ayerbe marchó ta Lobarre, a on en levaba unatra, pero la trobó tant raspia de chenio, que mes pareixeba tallada d’as penyas d’a sierra vecina.


En Boleya bi’n heba dos, la un, biata, autoritaria e novelera, l’atra, filla d’un letrau e tant doctora como o suyo pai. A la primera li fació a cruz, a segunda querió amostrar-li a fablar, decindo muit remilgosa con a enchaquia de nombrar a la suya lola, no li conocié; e sobre vivir en ciudat u en lugarón que n’entendeba a diferiencia. Li se chirón os bodiellos a Pietro Saputo, e en una minuta vomegó quatre vegadas. Tals ansias li venión de sentir-la.


Siguió a o peu d’a sierra do i veyó qualques flors despulladas. E quan pasaba per Lierta se miró ta Gratal e tenió concieto de puyar-se-ne ent’a tuca. O día d’atra man i convidaba, espazau, placible e sereno, en o mes de setiembre que bella vegada ye tant amable como mayo. Gritó, pues, a un paisano d’o lugar, perque ni ell ni o suyo criau no conoixeban o camín; disposó que se levase buen recau a la delicada fuent d’o prau d’o Solaz, e prencipió a puyar-ie con deleria. En que i plegó, qué goi en o corazón! Qué ixoreyo tant puro! Qué sol e qué ciel en o meidía! Qué planas dica Zaragoza! Qué de lugars sembraus en ixa noble e graciosa vega! E a la espalda e a os costaus, cuántas tucas humildes! Pero mirando-se fitero enta Uesca, dició: «Qué bien afincada que yes, ciudat altera e composada, ciudat d’as cient torres en os tuyos muros! Cómo resalta a tuya seo soberana con o suyo edificio e vistera con as suyas agullas t’o viento! Con qué senyorío e grandaria reinas en a tuya Foya, amor que estiés e corona d’Aragón en os tuyos sieglos, ciudat libre e gloriosa per os Sanchos, per os Pietros e os Alifonsos! Cuántas e qué polidezas has amagau siempre, brilón en tu siempre, en tu siempre a invidia de Pafos e de Citera! E no he de veyer-las agora, en iste zaguer viache d’os míos amors! Pero asinas l’ordenan os fados. Perdonatz as que en yo no bi hetz meso menos o trache d’as vuestras favors, pues lo he mereixiu con atro. E agún... agún... Pero no: aquí bi ye trancada a mía suerte per un pai a qui idolatro. E ya tant de paso e en os puntos ya extremos d’a mía libertat, no quiero sufrir l’escacilo d’as vuestra malditas viellas trilingües.» E con isto chiró a espalda e se fotió como qui diz a redolons mont cara t’abaixo. Lis deciba trilingües a las viellas de Uesca no perque fablasen o sabesen tres idiomas, que nunca no en sabión mes que o suyo, sino perque teneban tres luengas ta fablar e fablaban con as tres de vez. Qué viellas ixas! Pasó per suerte a suya cheneración; e ya dimpués, viellas e chovens, seguntes informes que s’han replegau, només que tienen una luenga, d’esparto, sí, pero només que una.


Tiró t’adebant e plegó en l’Abadiau.

Se siente cantar, dició, a os de Montearagón, e s’ulora l’incienso que allí fan cremar.
Imos t’adebant.
Asinas que se’n puyó ta Santolaria a veyer a la suya parentalla e a la vidua ya prou conoixida, e se capuzó en o Semontano. Pero yo no hese pasau tant de corriu, perque o ciel particular

de l’Abadiau, encara que chicorrón, ye amable, o país poliu, a tierra facil e buena, e gosa criar qualques plantas especials.


En o Semontano va fer a-saber-las de ciriguatas indo d’uns lugars t’atros, perque ye de dar que no bi yeran totz en ringlera, e pasó una larga revisión de doncellas contando-las quasi como fabas, anque no todas yeran enfabadas. En qué vega no naixen distinguidas, ulorosas e polidas flors, per contras d’as fieras, patariecas e vulgars? Bi’n heba, pues, de tot; e si ye que abunda a ropa d’almagazén, a quincalla de cantonada e os quadros d’ofierta e agún t’aventar-los, tamién se’n trobaba beluna que feba goi e que bien podese estar alberde ta qualsiquier pelegrinación. E yo estoi que si no estase trestucau d’atros amors, que allí i remanise preso d’ells, si ye que, manimenos, bi heba allora doncellas como beluna que en conoixco en o nuestro tiempo. No las fa ixe país maliciosas, falsas, trapaceras ni raboseras; e si beluna se i torna ye perque las obligan de malas trazas con a suya estrucia e trapaza os que las tractan.


Se trobó en a fiesta d’un lugar, e en ye qualcosa digna de contar-se. Va plegar en un lugarón, e en a casa an que s’ahuespó bi heba una filla e una sobrina que només aguardaban a devantar-se d’a mesa de meidía que ta marchar ta la fiesta d’atro lugar, que uns dicen que yera Colungo, d’atros Casbas, d’atros Abiego; e bi ha qui afirma que estió Adauesca. Pero yo que lo sé bien digo que estió Colungo. Trayeba carta t’o pai d’a filla, que yera tamién d’as d’a lista, e li proposón que ise con ellas. Acceptó e, prenendo a cotenas a la suya Helena (que Helena li deciban), perque podeba prou bien levando a maleta o criau con un macho, marchón ta l’atro lugar, do no se sabe si en teneba belatra en o suyo rechistro.


Quan ya heba caito a nueit, e a primera hora d’a veilada, bi habió mes de cient personas ta veyer a os foranos, e mes voces, chilos, escacilos e risos que en una plaza de toros. Gritón a la mesa, e se bi abotinó toda a chent de manera que bi yeran a meya vara, e cada silla yera un grupo de cuerpos, brazos e cabezas, perque per cuentas de seis huespes convidaus se bi amanón seis seises. A cena, abundanciosa, pero mal atrapaciada e pior servida. Agún yeran en os postres quan i plegó una ixambrada de mesachas alcompanyadas d’atros tantos mozos, que fotendo-se empentons, chilando, entrepuzando e, agarrapizadas d’os brazos e fendo cullebretas, dición que i veniban a escar a las sinyoretas ta marchar t’o baile de casa de N.

Sí, sí, dició o pai, van a escape, e ya ellas s’heban devantau e agafau d’as atras. Pero no se’n iban e yeran mirando-se como si lis mancase qualcosa.
Imo-nos-ne don Pietro, dició l’ahuespador. Vusté se servirá d’alcompanyar-las e suposo que bailará con Helena.
Fote!, respondió una d’as d’a casa, zurda, monfletuda e peito pito; no mancaba mes sino que don Pietro no venise t’o baile.
O ciel li cayó dencima en sentir ixo, e parando cuenta o mosen en a suya contariedat, dició que ell tamién bi iría perque no podeba desincusar-se-ne. Baixó allora a cabeza, conoixendo, d’atra man, que no deixarían de levar-lo, encara que s’encerrinase una comisión entera.

Ya i son en a casa d’o baile. Qué estrapalucio! Qué de focins! Prou que yera graniza a sala, pero bi yeran como sardinetas en una garcholeta. Prencipió, u mes bien continó a mosica, que no’n yera mes que un mal vigulín, una pior viuela, e una pandereta, tant desafinaus os dos instrumentos de cuerda que feban mal a l’uído e per ells a l’alma mesma. Habió de bailar


sin remeyo, no habendo bailau sino atra vegada en a cort dende que estió estudiant de tuna. S’alpartó dimpués ta un posiento que li ofrión, e en que se disposaba a alufrar o que i veyeba, li se fotión dencima correndo e fatiando as suyas dos foranas e as atras dos mesachas d’o suyo anfitrión, e con a mes gran desvergonya li se posa en os chenullos ixa que se creyeba privi- lechiada, e as atras dos dencima e debant d’ixatra cul con falda, servindo ell d’alazet a tot o tarabidau.

Qué fetz, Helena, qué fetz?, li preguntó almirau.
Ola!, respondió ella, con muita barra que ya de propio pecaba mes per afable que per moregona; o que fan todas, dimpués d’un canario, una chacona u bell mal troz d’atro baile, ir a posar-se en os chenullos d’os mozos.
O mosen yera cerqueta, e li dició:
Pero ye posible que siga costumbre ista vulgaridat?
Sí, sinyor, respondió o buen beneficiau; aquí se fa e no se i para cuenta.

Lo librón luego d’ixe peso perque quitón a bailar a las quatre, e ell se metió a mirar-se a sala. Bi heba per allí qualques mais que pareixeban que i yeran idas a cosirar as suyas fillas e d’atras, e yera en o que menos i pensaban. Posadas en tierra e per aquellas arcas, unas se contaban os partos que heban teniu e os meses que a vecina podió dar de popar a o primer nino; d’atras as leitz que tetó o suyo; d’atras s’adormiban en una cantonada; d’atras enzurizaban a las mesachas modolonas; dica que van sacar un canastón vestiu de gala con muitas vetas e plen de tortas d’olio mes tristes que una azembla ixorda. En iste mesmo inte bi yera ell preixinando una lilaina ta no bailar mes, pues ya li heban dito as sinyoretas que quereban bailar con ell; e li salió de pistón. Li presentón o canastón, agafó una torta se devantó ta repartir-lis-ne a las mesachas, que remataban de bailar; pero fació que li s’estorceba un peu e como yera tant preta a sala, deixó inclinar o cuerpo e a la fin cayó dencima d’una pobra muller que en veyendo-lo-se venir dencima en peso fació o cuerpo ta dezaga e s’estalapizón de tot: ella de memoria, e ell dencima d’espaldas e de costau e blincando-li a torta ta do ella querió ir. Se’n arriguión totz a rienda; se devantó, coixiaba que yera una pena, e agafau d’o brazo d’o mosen marchó ta la cocina an que se mulló o peu con augua freda, per fer o papel, e asinas s’esmuyó de tornar t’o baile decindo que sisquiá podeba andar.


Con tot e con ixo, a las once alto u baixo salió ta la sala, demandó o vigulín, lo templó, e preguntó si sabeban bailar o chitano. Dición que a una mala tamién lo bailaban. –Que salga, pues, una parella, u dos si quieren, dició ell. E fendo callar a o d’a viuela, e alvertindo a o d’o pandero que dase con solemnidat tres trucazos e lo alcompanyase con soniu cutio contino, prencipió a tanyer o fandango mes rabioso que se sintió de mans de mosico; unas vegadas alto e tramitoso; d’atras a monico e suau; unas pizzicato e mordente, d’atras legato e plano; ya como un río creixiu que arrociega tot o que troba; ya como una corrient placible que s’abadina e pareix que s’amaga en l’arbolera dica que trenca un gorgollo, e i plega e caye en un salto con gran tramit d’a val e d’os monts vecins.


Totz fación tabolera e s’estremoleción con as vibracions d’ixos sons tant prevocadors. En primeras, només que bailaban dos parellas; bien luego en salió unatra, dimpués unatra, dimpués todas; e mesmo as viellas que s’adormiban e as comais que libraban se fotión dreitas e moveban o cuerpo e a cabeza, e no podeban aturar, como incantadas, e se regalaban. Os risos prencipiaban, creixeban, cundiban, se fación chenerals; e entre o vigulín e as castanyetas, e


tanto bullir e blincar, e tanto poncho e ixalfiego; e o fuego que los heba encendius a totz, mesmo viellos que chovens, se soltó e totz per uellos e per boca e per tot o cuerpo foteban flamas que los trafucaban entre ells e los cremaban. Lo se miraba Pietro Saputo, e mes que mes li feba goi de veyer o movimiento e os cenyos d’as viellas. E quan li pareixió que ya yera masiau perigloso l’efecto d’a suya endiaplada mosica, li fotió una gran cotellada a o vigulín,   e con una gran piulada d’engrinetas s’amortó ixe incendio e esferra, deixando-se cayer os danzaires per as sillas e per do podeban, feitos cadagún un volcán, e precurando con os grans esmeligues amagar e disimular, encara que estase només que per difuera, o que lis pasaba, ellas con muita vergonya e no menos desusiego, ells desatinaus, desmandaus quasi a vistas     e no encertando con parola dreita. Ah, mais, as que queretz salvar de periglos a las vuestras fillas! En quince días no tornón as pobras mesachas en o suyo natural cutiano; només que de pensar en o baile se tornaban a destemplar e cremar atra vegada. Pero o que ye a memoria i remanió siempre. Ya yeran mais, ya lolas, e mesmo mais de maye, si ye que no se van morir  as que bi yeran idas, e agún fablaban e nombraban o chitano d’ixe anyo.


E per ixa nueit, quí yera ya ta mes uebra ni baile? T’amansir de tot a inspiración que teneban os preixins en parellana sinconisión, agafó atra vegada o vigulín e dició: voi a tanyer una cosa que composé a la dolor e glarimas de mai la mía, quan li dició un traidoraz que yo heba muerto en Catalunya. E tanyó una composición a-saber-lo de triste e patetica, sin parar guaire cuenta con os regles de l’arte perque a ideya li venió de sopetón e a enchaquia yera suposada; con o que se calmón ixos chovenastros e tot tornó a l’orden. Escuitón con marabilloso silencio, no bi habió qui no se deixaixe percutir e estremolecer per una mosica tant afectuosa; e qualques mullers mesmo plorón, perque marcó muito o sentiu d’a dolor  e d’o desaconhorto. A la fin remató, as mais gritón a replegar, e marchón totz. Pero ta la casa de Pietro Saputo i fue tal botinada de mesachas e con tanta pitra, que no i culliban per a escalera, e pensó si i veniban fuyindo de qualque emboscada u campo de batalla, u que quereban rematar de veyer en qué paraba a locura e o desorden d’ixe día; pero s’asusegó quan sintió que i veniban a dormir con as foranas e as ahuespadoras. Cómo s’acotraciaría o posiento ta tantas no lo entendeba; ell habió a compartir o leito con o mosen e no podió zarrar un uello. Asinas que amaitinó, e despedindo-se quasi de mal implaz, perque quereban que se i quedase mientres durasen as fiestas, e deixando desaconhortadas a las mesachas e mes agún a Helena, amontó a caballo e se’n fue, alentando malas que se veyó en o campo, como ixos que son d’hibierno en una cocina zafumada e se’n salen a recreyar u alentar t’atra sala u ta la finestra.


Capitol VIII


D’a feria de Graus


Bi estió allí encara per belatro lugar, e s’amanó ta la Cinca pasando per Balbastro, an que només visitó que a la siempre amable Antonina, encara que levaba quatre doncellas en a lista, no ta dispreciar-las, sino perque de Balbastro no quereba ni amistanzas ni parients. S’esbarró ta l’orient entalto ta puyar-se-ne ta la Ribagorza, e plegó en a Puebla de Castro, do se bi aturó en o mesón, no levando rechistro d’ixe lugar. Yera o mesoner hombre charraire, goyoso, franco e muit atento. A os postres demandó licencia e dentró en a cambra de Pietro Saputo, e li dició que si quereba amaitinar una miqueta li podeba servir, perque pensaba ir ta la feria de Graus a divertir-se un ratet. E a pleret adhibió: y portar-me una criada ta ama de claus, perque se me casa la que tiengo, y la cocinera no vale soque ta cazolera y ta tizoniar.


En ixas que i plegó un labrador, e lo fació dentrar-ie decindo:

Iste home, sinyor caballero, é cunyau mío, chermano de la mía defunta. Me va casar fa ara deciséis anyos, y mos van donar a yo un campo y a ella unatro; y entre es dos, que los va sembrar ixe mesmo anyo, va agafar dos cafices y metat de morcacho, y antes ya me va parir la muller. Yo va prencipiar a dir: pos apanyau vas, Chuan Simón; no tiens a on sembrar estianyo, y la Felipa te va a parir todas las pasquas. Y pensand-ie y no dormind se me va ocurrir, un especifico que bell santo me va ficar a’l tozuelo. Y le va dir a la mía muller: monina, ya he escurriu una manera ta que no mos manque; ya puetz librar sin miedo. Aguaita, Felipa, en iste mundo només son deshonra que tres cosas: ser pobre, no tenir diners y portar-los.
D’ixo zaguero ya te’n libraré yo, va dir ella.
Calla sansela, le va responder yo: no va per tu, que ya sé que no pensas foter-me-los.
Pos sí sinyor, le va dir; només que ixo é deshonra en iste mundo, y no atra cosa.
Fote, Chuan Simón, dició o cunyau, que belatras n’i habrá.
Ya lo sé, contestó el charraire; pero la verdat é la verdat, y en a resta no se i para cuenta. Deixa-me parllar y no me trafuques las parolas. A mía Felipa se’n va alegrar a-saber-lo y yo le va dir: ya veyes que en iste llugar degún no quiere estar botiguero ni mesonero, perque lo tienen per afronta, y es trachiners y es viachers no saben ta on ir, y andan demanand favor y lo pagan mes caro y son mal servius. Comprar y vender, puet estar afronta?; donar posada a qui no tien a on ficar-se, puet estar afronta? Cornudo siga yo si ixo no é mentira. Yo m’he pensau, pos, comprar aceite, vino, pan, arroz, abadeixo, sardinetas, tocino, especias y d’atras cosas, y tenir botiga y fer-me mesonero; te pareix bien, monina?
Y me va responder:
Como dicen que venim de buenos...
Calla, fata, en iste mundo garra pobre no é bueno; totz se los miran de renagüello y així como prevocand. Di-me que sí, y en un verbo te foi rica, y tamé mes bonica, perque las ricas todas en son, encara que no’n sigan. Qué guapa y qué pincha es días de fiesta quan vaigas ta misa, y i tornes, y a cada cosa que rechires en l’arca resonen per allá es dobllons! Encara no n’has visto res, encara no sabes cómo son, ya lo veyerás alavegada. Y con isto la va fer contenta, y me va devantar, que encara heba de maitino y hebam a’l lleito. Y ixe mesmo día, agafo y vendo es dos campos, el de yo y el de la mía muller. Aquí i é el mío cunyau que no me deixará mentir. Qué lloco, deciba la chent, qué perdiu! Y tu tamé, Silvestre, lo dibas, y el tuyo pare mes, que va venir y se me va querir minchar, y va fer pllorar a Felipa. Pero yo

llimpio callar y a la mía. Aixina que voi y me compro un burro (con perdón de la vuestra mercé), y qué pito que heba!, y me’n baixo ta Balbastro y me’l porto cargau de la botiga. Y a la hora que gosan arribar-ie es trachiners me’n va sallir ta la pllaza y les va dir: ta casa mía, que soi mesonero. Ya en fa d’ixo catorce anyos, quasi quince, y quatre que se me va morir la mía muller, prou rica (no le’n acumulem a Dios), y con atras carnes que vusatros me la vatz donar, cunyau, con toda la vuestra sopopeya, que a la fin, con que i venitz de buenos, tiens una somera, y mala, que si se te muere, te quedas tant de a peu, que no has de amontar ya mes cabalgadura que l’aixada, si é que yo no te l’ampro. Y yo tiengo un par de machos, y campos, y oliveras, y un caballo que se bebe el viento, y gracias a Dios que no sé a on ficar-las, y per ixo tant de buenos viengo ara como quan me va acomodar y heba pobre. Es míos fillos van ta la labranza, y no n’i hai de mes pinchos y invidiaus a’l llugar. Ah, haber-se muerto la suya mare!


De buen implaz sentiba Pietro Saputo o rilato d’o mesoner, e preguntando-li per a feria, dició:

En ixa feria, sinyor caballero, no se vende ixo que de cutio se vende en todas, encara  que no en manca, sino que é feria de criaus y criadas. Allí acuden de toda la Ribagorza es mozos y mozas que quieren afirmar-se, ellos ta ir ta’l campo, u como mulaters y tamé ta fer  de pastors u belatra cosa, y ellas ta criadas, mainaderas, caseras de mosens, lo que les sale y seguntes la persona. Y qué bonicas belunas! Qué frescas y fraixengazas! Yo no me la pierdo mai; y dos criadas que tiengo y tres que se m’han acomodau, dos en tiempo de la mía muller   y una dimpués, todas las he traídas d’allí, y todas buenas, perque tiengo uellos en a cara y no m’enganyo. É verdat que el buen amo fa a’l buen criau, y como que los tracto bien...
Masiau, dició o cunyau. Veyetz?, ya ha cayiu en la malicia. Sinyor caballero, la invidia  é muit mala, perque no vos pensetz que é atra cosa. Bien pareix que me las sacan, que no habrán de dir sino que servir en casa mía, y ixo mesonero, siga ta apachar novios, que siempre les sobran per dencima d’el tozuelo. Sin harmonía y buena voluntat, cómo heba d’haber paz  en casa? y vivir sin paz y sin gusto garra lei lo manda. Tiengo razón, sinyor caballero?
La tenetz, e prou gran, respondió Pietro Saputo; perque a vida sin goi, sin descanso d’o corazón, no ye vida verdadera sino purgatorio antis de tiempo. Només que como sotz viduo a malicia blinca luego...
Ixo, ixo, dició o mesoner. Paratz cuenta, Silvestre como tamé el sinyor dice que é malicia? Y si m’acomodase, dimpués no me servirían tant bien las mesachas, en sentind que sienten que é un home casau, a escape le foten cara aflichida. Unaltra que en trobe como la Simona, que així se dice ista; e qui tienga invidia que rabiente. Marchem, cunyau, que el sinyor ha de descansar.
Se’n salión a la fin os dos cunyaus, quedando con Pietro Saputo en que lo alcompanyaría o mesoner e li amostraría o que encara no heba visto ni se veye sino ye que en ixa feria.

Amaitinón con o día e o mesoner con o suyo caballo volador alcompanyó a Pietro Saputo, decindo-li per o camín:

Ya veyerá la vuestra mercé, quántas y qué bonicas. Todas se posan a’l suyo puesto, que é la Cruz y en que se i amanan a mirar-se-las fan uns uellos... Yo per la uellada las conoixco, y la que é aguda tamé me conoix a yo, y sin parllar mos entendem. Llevan cusida per aentro a’l camisolín u ropeta debaixo el brazo una estampa de Santa Romera, advogada de las ixenegadas; que per un regular les ne cusen las lolas, encargand-lis, mes que mes, que

s’encomenden a la santa. Y si les itz a fer zociguetas, fuyen y dicen que les rozatz la estampa; pero isto é en primeras y a la pllaza.


Con tant amena chafarrada plegón en Graus, e como día de fiesta que en yera (sant Miguel) cumplión antis con a ilesia, prenión un chicot almuerzo habendo-se deixau portar Pietro Saputo ta do querió Chuan Simón, e marchón ta la Cruz, que ye a parada, e que fa de botiga e ferial propio d’as mesachas.


E allí bi yeran, prou que sí, e bi’n heba a boticiegas, e beluna firme graciosa e bien atrapaciada. E dició Pietro Saputo a o mesoner:

Marchatz vos, Chuan Simón, per un costau e yo per l’atro; vos ne marcaretz una e yo unatra, que conoixendo o vuestro gusto a mirar si vos atino.
Asinas lo fación, e rematanda a desfilada e revista de todas, s’alpartón ta un costau a conferenciar. E anque Pietro Saputo n’heba visto una que li pareixió que sería a que mes chuego li fería a o suyo ahuespador, con tot encara per prebar, dició que li conveniba unatra que heba visto con vetas azuls, e de buena planta, e de buena presencia, que con dos amigas se feba o mondiu en un costau. E li’n amostraba.
Perdonatz, sinyor,  respondió o mesoner; sí que m’agrada, pero é prou bien pareixida     y ha d’enganyar mesmo a la suya uembra, no veyetz que en sabe muito? Millor é la d’el lazo verde, ixa que se nos mira, y que encara que vergonyoseta ya m’ha dito con es uellos tot lo que yo quereba saber. Y paratz cuenta, ya la está aguaitand ixe mosen, que é el de Salas Altas, y me la va a furtar y me va a deixar a la luna de Valencia. Pues no ha d’estar ta ell, rediós que voi t’allá y l’afirmo d’un blinco.
E decindo isto e fendo-lo se’n va ta ella e li diz:
Demanatz chornal, ixa del lazo verde, y venitz con yo ta ama de claus de casa mía, que soi botiguer. Li demandó nueu escudos e dos pars d’esparagatas.
Diez te’n he de donar, dició ell, con mes d’un par de zapatos. E quedón achustaus, e la se trayó e la mandó ta la suya posada con l’adreza.

Quedó almirau Pietro Saputo d’o conoiximiento d’o mesoner, pues prou que yera a mesma que ell li heba marcau. A d’as vetas azuls se metió de casera con o mosen de Salas. E de mes de sisanta mesachas només que bellas quince se’n tornón t’os suyos lugars t’atro anyo. Tamién Pietro Saputo n’achustó unatra ta casa d’os suyos pais, e como no podeba levar-la con ell, la entregó e encomendó a o mesoner dica que con persona de confitanza ninviase a escar-la.

E paratz cuenta, li dició...
Entiendo, entiendo, respondió Chuan Simón; buen uello hetz teniu; pero marchatz tranquilo, que yo, sinyor, el que é mío, mío é, y el que é d’otri d’otri é. Maldita! Millor é que la mía; pero rai, lo dito dito, como si le deixasetz posadas armas reyals. Le’n enviaré a vusté igual que la va llibrar la suya mare, fueras d’errors de cuentas pasadas.

En o tocante a ixas d’o rechistro, que bi’n heba dos, las veyó Pietro Saputo sin decir  quí yera, e se dio per satisfeito.


Capitol IX


Contina o mesmo rechistro. Morfina


De Graus pasó ta Benavarri, dio vuelta per a Llitera, baixó ta Monzón, d’allí se pasó ta Fonz e Estadilla, pensó en endrezar-se ta casa suya, e li feba duelo no poder tornar ta Benavarri, perque estió do i veyó caras mes polidas, e peitos mes ubiertos, e ixuplidando con pena bell amor que se deixó allá apatrusquiau.

Pero prou, dició; li he dau gusto a o mío pai e lo m’he preso yo tamién, e no pas chicorrón.

Pero li mancaba bella meya dotzena de lugars, entre d’atros o de Morfina; e dando a resta per vesitaus, s’endrezó enta o d’ixe muit noble primer amor que no sabeba cómo lo trobaría ni de qué manera heba de presentar-se-ie, ni con qué cara dimpués de tantos anyos. E dubdando, e traquetiando-li con fuerza o corazón, e con no menos miedo que deseyo, i plegó e s’endrezó ent’a suya casa.


Heba muerto o pai feba dos anyos, como diciemos en atra parti, ixe don Severo tant bueno e tant abundancioso; e o fillo en feba quatre que yera casau. Morfina, cumplius ya os venticinco anyos, sin pai, a suya mai pensando només que en misas e rosarios, e o chirmán de no guaire autoridat con a suya muller, se veyeba a ella mesma como a brempa d’a casa; o que de conchunta con a chanada que li fació l’hombre d’o suyo amor a qui confitó qualcosa mes que o suyo corazón (que chanada podemos decir de tant larga suspensión d’a suya esperanza), e a las mans siempre, a penar de tot, con una pasión que no teneba sol ni día en l’anyo, heba perdiu ixa risalleta que tanto brilaba en atro tiempo en o suyo rostro bien poliu, e agún sin estar machurrida, se conoixeba que se yera sulsida a frescura d’os suyos pensami- entos, entregada a una resignación a-saber-lo de penosa, que d’estar ella menos animosa u de temple no guaire fino, l’acotolaría de tot. Ah! d’os vente a os venticinco pasa una temporada, una edat entera, e a mes fuerte e de mes cambeos en as doncellas. Pero en Morfina, amés, se bi adhibiba a causa especial de que heba amau e agún amaba a l’unico hombre que plegó en o suyo corazón e iste… feba quatre anyos que la heba ixuplidada!, entremistanto ella yera insensible ta totz, resignada a morir en ixe estau antis que dar a suya man a unatro.


I plegó Pietro Saputo e només que ella lo conoixió antis de fablar, pero totz se’n fación contentos, mesmo a cunyada. O pimer día no querió estar, agún ta la mesma Morfina, sino Pietro Saputo, perque lis ne dició bien luego que yera ell; e buscando una enchaquia li preguntó a Morfina qué yera d’o suyo antigo amor e carinyo. Li respondió que no sabeba con quí fablaba.

Con o tuyo amant, dició ell.
No vos conoixco per tal, contestó ella; pero sí vos diré que en tenié un en atro tiempo, e que si me se presentase aquí me trobaría como a primera vegada, e como a segunda, e como a tercera que nos veyemos.
Pues yo soi, dició ell; da-me a tuya queixa, pero disposando-te a sentir a mía respuesta.
No i culle satisfacción, dició ella; e si totz os grans hombres han d’estar como vos, si   tal proceder no se puet desepaparar d’a suya excelencia, prou infelices han d’estar as que     los aman. Yo vos querié sin saber quí yeratz, perque veyé o que yeratz; veyé que a ideya de

perfección que yo m’heba formau d’un hombre bogal, d’un hombre digno de yo, la emplibatz vos cumplidament, e mes, si ye que puet estar, encara que estase tant choven. Dimpués sabié que yeratz Pietro Saputo, e solo habié de chunir a la persona a fama d’o nombre; e en sentir d’o vuestro naiximiento die gracias a la mía estrela perque me facilitaba que podese fer qualcosa per vos e per o mío amor; pues si d’a fortuna estasetz no guaire favoreixiu en atros biens e no tenesetz cosa mes que ixa alma tant emponderada, yo heba d’heredar-ne prou d’o mío pai ta no temer que per ista causa estase menor a nuestra felicidat. E dende iste inte pasa un anyo, en pasa dos, e tres e quatre e cinco e seis, e garra noticia en replego de vos. Vos escribo e qué me respondetz? I va a veyer-vos o mío pai, li prometetz de venir-ie, e fetz mofla d’a vuestra parola. Heba yo a creyer, he de creyer agora, que de verdat m’hetz quiesto? Se casa o mío chirmán, muere o mío pai, quedo albandonada d’o vuestro amor e solenca en metat d’a mía familia; pasan os anyos, no i veniz, sisquiá tenetz a cortesía d’escribir-me una letra, de ninviar-me un simple mandau. Sé, per a fama, que vos andatz per a vuestra tierra, e siempre en o mesmo silencio. Heba de creyer, he de creyer agora, que me querebatz u que m’haigatz quiesto nunca? O mío amor ye siempre o mesmo, lo confieso, perque ye a mía mesma vida, soi yo mesma; qué me decitz vos d’o vuestro? Qué m’hetz a decir ta que en yo no siga facilidat, imprudencia e error voluntaria creyer-vos e confitar en as vuestras parolas? E, agún antis de sentir a vuestra respuesta, quiero certificar-vos que no m’ha penau ni m’ha de penar d’haber-vos quiesto, anque agora mesmo sin responder a la mía queixa me fotatz una uellada de disprecio, e me chiretz a espalda e vos ne vaigatz, e saba dimpués que sotz acomodau con belatra. Ye mes fuerte que tot ixo l’amor que vos he teniu, e l’alta aprebación que o mío corazón li ha dau siempre. E manimenos, sacrificios per vos no’n he feito garra; nunca no he d’emplegar ista parola, vos die o corazón, allí bi yera tot.


Sintió Pietro Saputo a suya chusta e sentida queixa sin aturar-la, e mirando-la-se con afabilidat li contestó:

A suerte e no a mía voluntat t’ha privau d’a satisfacción que o tuyo amor precisaba e o mío ploraba de no poder dar-lo-te. No almito, pues, no almito cuentra yo a tuya queixa, perque no yera en a mía man naixer de pai conoixiu, e que disgracia ye estada a causa cheneral e particular d’a fuerza d’a rienda circunstancias, muit tristes, per cierto, dimpués de conoixer-te, de diferents etapas d’a mía vida. Pensarás tu, norabuena, con toda a nobleza que dices e veyé tant per os míos uellos; pero yo heba de tener atros miramientos con tu e con o nuestro amor, que no heba d’estar només que d’un día, ni fer-se contento con a soledat e dillá d’o tracto humán. Tiens talento, e no precisas que t’explique istas reflexions. D’atra man, en a tuya edat e en o mío deseyo ya no i culliba entretener a esperanza con plazos indefinius, piors mil vegadas que o silencio absoluto que he alzau, perque iste podrá matar un amor vulgar, pero no sacar o temple ni esmortecer un amor verdader en corazons como os nuestros. Una uellada d’a fortuna que dengún no sabe agún me facilitó poder-te proposar condicions de tanta libertat en a nuestra suerte, que nos deixan prescindir d’a que tu me’n ofribas con os biens d’o tuyo pai. E quan me disposaba a venir a veyer-te, pasó un caso que ha rezagau ista vesita dica agora, como te diré malas que m’haigas declarau a tuya resolución. Semos en o día; hue ye, dulce e incantadera Morfina. Mira-te o ciel; e si agún yes a mesma ta yo, da-li as gracias en o tuyo corazón, e viene-te-ne ta cutio ta os brazos d’o tuyo amant, ta os brazos d’o tuyo hombre...
Dició istas zagueras parolas con tanto afecto, que no podió Morfina con ella mesma; e estremolecida, tierna e resuelta lo acarrazó con fuerza tot exclamando:

Amor mío! Hombre mío!

–Pues agora, li dició ell, has de saber ta la tuya satisfacción e a d’a tuya familia, que   ya no soi Pietro Saputo, fillo d’ixa popila d’Almudevar, sino que soi fillo d’ella e d’o caballer don Alifonso López de Lúsera, con qui se casó a mía mai fa quatre meses, habendo-me ell conoixiu per casolidat e trobando-se viduo d’a suya primera muller.
Fillo en yes, dició Morfina espantada, de don Alifonso López de Lúsera! Lo conoixco de nombre e de vista, perque fa anyos que pasó per aquí dos u tres vegadas e se deciba d’amigo con o mío pai. Sí que yes o suyo fillo, sí; me’n alcuerdo, te i pareixes. Prou que deciba a fama que yeras fillo d’un gran caballer. Don Alifonso, o tuyo pai! Tamién, pues, habrás ya conoixiu a la suya choven, agora a tuya cunyada, ixa Chubaneta que diz que ye tant discreta, e a mes celebrada de toda ista tierra.
Sí, respondió ell, e la conoixié ya d’estudiant, con a suya amiga Paulina...
No se pueden deseparar la un de l’atra, dició Morfina; e tamién dicen d’ixa Paulina que ye muit graciosa.
Agora i vendrás tu, dició Pietro Saputo; t’agrandir o numero d’as personas que liga ixa amistanza e a sangre, mes discreta que Chubaneta, mes amable que Paulina, mes polida e digna que as dos, e a verdadera gloria mía e d’a mía familia. Mira-te tu, si no, a ideya que o mío pai en tien de tu.
E li amostró a lista d’as doncellas con a nota que teneban todas. La se miró Morfina; ella yera a quatrena d’a lista, perque o suyo pai las heba colocadas per orden de distancia d’os lugars; e se’n arriguió d’o que bi adhibida a la fin sobre no querer fablar d’amors ni d’aco- modar-se. Cómo, dició, podeba o buen don Alifonso preixinar que si yo no quereba amar ni sentir a fablar d’amors, yera perque amaba a o suyo fillo? Pareix, pues, que ya las has vistas a todas, si ixo ye o que significa a cruz que levan os suyos nombres.
Ixa cruz, respondió ell, lis ne facié ya a todas o primer día, e las die per vistas; pero per fer contento a o mío pai e pasar qualques días de curiosidat que me remeraban bell poquet a vida estudiantina, soi estau en bell lugar, e cierto ye que me’n he arreguiu.
Tamién has visto a la filla de l’escribano Curruquis?, li preguntó Morfina. Quí ye l’escribano Curruquis?
Iste (sinyalando con o dido); e si no i yes estau, mira-te d’ir-ie per allá anque rodies, perque veyerás un pai e una filla prou orichinals. E de vez podrás veyer istas dos que forman a brempa d’o quadro.

I plegó en ixas a cunyada, e continón a charrada, e d’a mesma manera debant d’o chirmán que i venió dimpués, e tamién d’a suya mai; que estió a declaración de Pietro Saputo a la familia, pues tractando a Morfina con tanta naturalidat, s’entrefilón que bi heba qualque secreto ya no guaire secreto entre ells.

Iste caballer, dició Morfina, ye fillo de don Alifonso López de Lúsera.
Cómo?, dició o chirmán; pues no ye Pietro Saputo?
Sí, don Vicent, respondió ell, pero tamién soi fillo de don Alifonso, encara que dica fa poco no se sabeba; como fa poco tamién que enviduó d’a suya primera muller e s’ha casau con a mía mai. E con o nuevo nombre e con o viello soi tornau a veyer a Morfina e decir-vos a totz que dende que yera estudiant nos querebanos e hebanos tractau, u entendiu a lo menos entre os dos, o nuestro casorio.
Oh, cielo santo, si vivise o mío pai!, exclamó don Vicent. Vos, Pietro Saputo, fillo de don Alifonso López de Lúsera! Miratz-vos si lo dicié yo malas que li veyé o retrato! Quí bi

ye, pues, en a nuestra casa?

Un amant de Morfina, dició ell; un fillo politico vuestro, sinyora (endrezando-se a la mai), e un chirmán vuestro, don Vicent, si Pietro Saputo primer, e agora don Pietro López de Lúsera ye digno de tanta honor, asinas como ye amo d’o corazón d’a vuestra chirmana.
Miratz-vos, dició don Vicent a la suya mai, paratz cuenta, cuerpo mío, ixa que no quereba acomodar-se. E de qué coda heba de querer a otri, respondió Morfina, quan amaba ya dende nina a don Pietro? Sí, chirmán, dende allora lo quiero e nos queremos, e ni amo ni amaré a garra atro hombre, ni lo podría amar, encara que don Pietro s’hese muerto. E perdonatz, sinyora mai, que estando doncella e estando vos present m’atriva a fablar d’ista manera.
Filla, respondió a suya mai; ya sabes que ploraba de veyer-te ranzoniar e que no querebas casar-te; agora ploro de goi de saber o que me dices e de veyer a don Pietro en casa nuestra; ya no he qué demandar a Dios en iste mundo. Ah, si vivise o tuyo pai! Tanto como fablaba de Pietro Saputo, e no saber que totz lo conoixebanos! Pero tu, filla mía, ya lo sabrías.
Sí, mai, pero no m’atriviba a decir-lo-vos.
Pues sinyor, dició don Vicent; agora si que no vos n’itz en un mes, u nunca; hemos de cazar, amigo, hemos de cazar, e hetz de tanyer o vigulín, ye a decir, ixas cosas tant buenas que sabetz. Asinas que Pietro Saputo!. E tu, Morfina, lo sabebas e no has tartiu.
No tanto cazar, amigo don Vicent, perque quiero fer o retratro d’a vuestra chirmana.
E o d’a mía muller, dició don Vicent.
Bien, li’n feremos.
E o de yo.
Tamién, ya que nos ficamos en farina. Dimpués he de racontar a Morfina cosas prou importants d’a mía vida, e consultar-ne muitas atras.
Astí la tenetz, dició don Vicent; ya no ye una nina; de vos ye, composatz-vos, no ye verdat, mai?
Sí, fillo, sí, dició a buena sinyora. Dios los bendiga igual que yo los bendigo d’a mía parti. A choven, manimenos, se conoixeba que pensaba qualque vegada en o patrimonio que se’n portaba Morfina, a qui teneba destinada en os suyos preixins como tía muit bienquiesta d’os suyos fillos. Li heba deixau o suyo pai un patrimonio de bells dotzecientos escudos anyals, e anque no yeran guaires, li feba duelo a la choven que salisen de casa suya. O chirmán yera mes noble.

Pietro Saputo mandó o criau a o suyo pai escribindo-li que yera en casa d’o defunto don Severo Estada, perque conoixeba a-saber-lo a la suya familia dende estudiant, e que lo feban remanir allí qualques días ta fer os suyos retratos. Pero a Morfina, con o gran goi de tener a o suyo amant e con a seguridat d’o suyo amor que tantos sospiros e glarimas li heba costau, e con a libertat de confesar-lo e manifestar-lo, li tornó a suya antiga polideza, a enerchía d’os afectos, o goi d’o suyo corazón; e serena, contenta, satisfeita e gloriosa brilaba con todas as gracias e incantos d’una guallardía que no almitiba garra comparanza e que li debese a la naturaleza mesma.


Mes e metat se bi estió Pietro Saputo, fendo os retratos, cazando tamién bell día, e fendo-se contento d’a felicidat suprema de l’amor con a suya muit amable e dulce inamorada, Morfina. Don Vicent, como lo veyeba tant guallardo, tant caballer, tant cabal e perfecto en tot e con tantas gracias e habelidatz li preguntó un día en a mesa:


A verdat, don Pietro; cuántas mullers hetz tornau barrenadas en iste mundo? Todas as que hetz visto?

E mes encara, respondió Morfina, perque beluna s’habrá inamorau d’ell per a fama.
No per cierto, respondió ell; perque qualcosa diría ixa mesma fama, e pon n’hetz sentiu. Isto, Morfina, significa que naixié només que ta vos, asinas como vos sotz naixida només que ta yo; e don Vicent, que m’estima como amigo e como chirmán, encara ye mes ciego que tu, e per ixo esbarafundia tanto.

A la fin habió de plegar o día de deseparar-se; día nuble e triste; día que nunca no  habió de trayer o ciel con as suyas vueltas; perque deixar sin vida a ixa pobrillona, que només que ixos podió decir que n’heba viviu. Gloria d’iste mundo! Goi d’ista vida!


Capitol X


Remata o rechistro de novias. E ye o millor de tot


Se miró a lista, e li mancaban cinco u seis lugars. En o primer lo afalagón clavando-lo a  dos mesas de chuego dende que rayaba l’alba dica a nueit. Se moriba de fastio e de carranya;  e sin decir perreque a las mesachas, que bi’n heba dos, la un choven e no pas mala de tot, e l’atra atrivida d’edat e talla, e anque con opinión de buena moza, luz sin calor per masiada nuestra, pasó t’adebant.


En o segundo lugar conoixió a la persona mes tozola que veyó en a suya vida; e   lo recibión poco menos que fendo-li carada prenendo-lo per persona aventurera, dica que presentó a carta d’o suyo pai, en a que només que deciba a l’amo d’a casa que o suyo fillo don Pietro se i pasaría a vesitar a qualques amigos, e que si qualcosa li s’ofriba li fese a cortesía de recibir-lo. Allora tot cambeó, e pasón ta l’extremo contrario. Yera l’escribano de qui li fabló Morfina, hombre rico, de chenio irregular, agora rasmiudo, agora repuntau e como insensible; arguellau, u mes bien una miqueta cheposo, garras largas, cuerpo curto e acurrupiu, o que estió a causa de que li decisen Curruquis; uellos salius, rostro chicorrón, qualcosa bocabarzol, cuello dubdoso, peito devantau e propenso a dople chepa; terne charraire, e mes claro e plano que a pobreza en camisa. En que veyó a carta de don Alifonso dició:

Ya yo conoixco a o vuestro sinyor pai e he sentiu a historia d’a vuestra mercé, e me foi a-saber-lo de contento de tener en casa mía a o gran Pietro Saputo, agora don Pietro López de Lúsera, fillo d’un caballer como don Alifonso López de Lúsera. D’o sabio naix o sabio, que lo en ye tamién, anque no tanto, o caballer don Alifonso López de Lúsera; e talment d’hombres chicorrons en naix d’hombres grans, anque gran en ye tamién don Alifonso López de Lúsera; e agún he visto tamién naixer-ne de grans, chicorrons; anque aquí tot ye amillorau e puyau un punto de la un a l’atro. Per qué fer comparanzas con vos, que ya ye o vuestro pai per mes que siga don Alifonso López de Lúsera? Sigatz muit bienplegau. Hetz a saber que ista casa toda ye vuestra de raso e con dominio propio; ta yo ye prou saber que sotz l’hombre mes gran d’Espanya e mesmo d’Aragón. E mes agora con o nuevo nombre que levatz, no’n digo meya, con o ser que sotz, no atra cosa que o fillo d’o caballer don Alifonso López de Lúsera, o millor d’os caballers aragoneses de mes alta estopa. Pero curtemos raso: i venitz a veyer a la mía filla Pepeta?
Ella yera debant, e respondió Pietro Saputo:
Yo i viengo a fer-vos una vesita, e confieso que no me pena de veyer a ixa sinyora Pepeta, a vuestra filla, pues a suya presencia no ye ta espantar a no dengún.
Yo lo creigo asinas, fote!, dició l’escribano; astí la tenetz, miratz-vos-la, e dimpués…, eh?, o que yo li meteré en o devantal, que sinyor mío, si quiero, no ha d’estar una futesa, sino seis mil escudos en moneda trinco-trinco. Vos pareix poco sinyor don Pietro?, no pleitiaremos:  que en sigan siet mil. Encara no sotz contento? Pues, ueito mil, e rematemos. Qué queretz, amigo? Un fillo e dos fillas me va dar ixe d’allá alto; o fillo lo me se levó e me quedón ellas; a mes gran la me casón fa quatre anyos, e la facié hereua con a condición de que no chafase con os peus a casa dica que me sacasen a ixatra. M’entiende a vuestra mercé? Pues digo, a vuestra presencia ye guallarda; rediós que en sotz de galán e bien plantau. Aguaita, Pepeta, aguaita;

isto ye cosa buena. Pues d’a vuestra familia... Bueno, que ye muita honra ta yo emparentar con don Alifonso López de Lúsera; con una casa tant ilustre; anque tamién a de yo ye antiga. Eh, miratz-vos isto; ixas son as mías armas; sí, sinyor, as armas d’os Churdans. Perque yo soi Churdán per parti de mai, e Almanzor per parti de pai. Os Almanzors (veiga a vuestra mercé as suyas armas, son as d’ixe quartel) fuon como poco cheneralismos d’os moros; digo, capitans cristians, pero muit famosos, que vención a cheneralismos d’os moros, e de qualque topetada que lis dion prenión o suyo nombre per apelliu. Pues os Churdans, saque vusté   a cuenta; en Tierra Santa d’un trucazo matón lo menos trecientos mil mahometans, que si agora venisen ta Espanya nos foteban a friyir l’alma. De manera, amigo mío, que si vos sotz noble, a mía filla ya lo veyetz; e podemos decir que pari dignamur stemmate. Entendetz o latín?

Sí, sinyor.
Ye que si no, vos diría que ixo quiere decir que en linache semos iguals. Imos t’o negocio. Pepeta, o sinyor, como has sentiu ye celebrismo e nunca no bien aponderau sapien- tissimus sapientum Pietro Saputo, e amés fillo d’ixe gran caballer que has sentiu nombrar, don Alifonso López de Lúsera; e aquí bi ye ta veyer-te. Si tu li agradas a ell, e ell t’agrada a tu, cuenta feita e nyudallo preto; ueito mil per agora d’o primer empentón, dos mil mes ta l’aniversario d’o tuyo casorio, e mil per cadagún d’os nietos que me’n detz mientres yo viva. Conque miratz-vos bien, sospesatz o vuestro amor, conoixetz-vos per adintro e per difuera e inamoratz-vos como barrenaus. Yo marcho ta N. (un lugarón que en distaba legua e meya) a fer una escritura; son as nueu d’o maitín e i tornaré a chentar, u no i tornaré; ye a decir, que a la hora, Chesús!, e a cullara en o plato. Au.
E decindo isto se devanta, agafa qualques papels e o tintero, o chapero e a capa, se chira ta decir adiós, zarra a puerta con clau e se’n va deixando a os dos trancaus en a cambra.
Pai!, pai!, chiló a mesacha.
Soi sordo, soi sordo, respondió ell; e gritó a la suya muller e li dició: astí se i quedan os muixons; a clau yo la me porto; cosira que dengún no los incomode. Dica a tornada.

Y se i quedón os dos mirando-se la un a l’atro; ell alumbrau, sin sangre en a pocha e fendo-se-ne a rialleta; ella, una miqueta avergonyada e roya como un ababol, que pareixeba quasi polida con ixe realce, pero la un e l’atro se i van resignar. Li preguntó Pietro Saputo si o suyo pai heba feito ixo belatra vegada, e dició que feba un anyo lo fació con un labrador goyat, que dimpués (va adhibir) perque no sabió fablar-me garra parola con mes d’hora e meya que nos tenió en ista mesma cambra, lo despachó con asprura de malas trazas, decindo-li que no quereba un matután e un zamueco ta choven.

E agora, li preguntó Pietro Saputo, cuánto pensatz que tardará en ubrir-nos?
Quatre horas como poco, dició a mesacha, perque tres d’ida e tornada, que mai no fa correr a l’azambla, e una mes allá, u mes, ta despachar a dilichencia que porta. Li pareix a la vuestra mercé muito?
A yo, Pepeta?, respondió ell; que empareten a puerta si quieren, e dica que yo los grite.
Ya i pensaba, dició ella.
En istas trucó a mai en a puerta e dició:
Siente, filla, li dices a ixe caballer que tienga paciencia; a yo me fa muito duelo, pero como o pai de tu ye asinas... como ha d’estar; paternostiatz o millor que podiatz; afalaga, filla, afalafa a don Pietro; yo seré acotraciando a chenta con a moza (criada).
Prou bien, sinyora, prou bien, contestó Pietro Saputo; a vuestra Pepeta ye bien amable,

e no m’ha de pareixer largo o tiempo que s’apolargue ista penitencia.

Millor, caballer, millor, li respondió a buena d’a mai; conque adiós e ya no bi ha remeyo. Ella marchó ta la cocina, e ells dentrón en l’estudiet d’o pai.

Pues sinyor, dició entre ell Pietro Saputo; en ista casa totz son barrenaus, buen remate levo. Pero a mesacha no ye fiera ni niquitosa; t’adebant pues. Levaba per casolidat un lapicero dencima, pues as pinturas yeran en a maleta, como ye de suposar, e se metió a fer o suyo retrato. Li sacó firme pareixiu, e a mesacha en quedó prou goyosa; e dion as once. Dimpués dion as dotze, dimpués a una, e a la fin as dos; ell, hombre de mundo, ella en momentos d’esmelicar-se-ne, e o pai que no i veniba. Dan as tres horadas, e en iste mesmo punto lo sintión en a escalera que i puyaba repetindo a declaración d’una muller que heba feriu a o  suyo suegro, e deciba, como fablando con ell mesmo, pero en voz altera e sonora; e dició a subchceto que lo heba feito ta fer-li entender a suya razón, perque heba sentiu que no bi ha eixemplo que garra sordo haiga deixau de sentir fotendo-li firme estanazazo en as canillas... Ha, ha, ha! E se’n esmelicaba que ta qué. Plegó asinas en a cambra, e lis ubrió a puerta, amostrando-se incomodau e quasi carranyoso perque no heban chentau.

Pues sinyor pai, dició a mesacha; si tenebatz vos a clau, de qué coda hebanos a salir- nos-ne?
Ye verdat, dició ell, arreguindo-se-ne, no me’n alcordaba. E cómo ha iu, filla?
Prou bien, pai, respondió ella.
Suposo, dició, que don Pietro no ye o brutacis e borín de l’anyo pasau; ixe matraco, ixe antropofago de Chunzano.
Se metió ella atra vegada roya, e continó o pai:
Buenas noticias, buenismas, asinas que vos hetz agradau? Me’n foi contento.
Miratz-vos o que ha feito don Pietro, dició a mesacha; e li amostró o retrato. Fotió un blinco l’escribano, e dició:
Diez mil o primer día, e en a resta o que hemos dito. Aguaita, Pepeta... Caso en dena!... O primer nieto que me detz quiero que se diga Aleixandre Magno Almanzor Churdán de Cherusalem e López d’a Sabiduría de Lúsera... A o revés: don Aleixandre Magno López de Lúsera Churdán de Cherusalem e Almanzor d’os... Sí, sí, asinas s’ha de decir. Ya lo veyetz, amigo, que isto de Churdán de Cherusalem fa mes bombo e truen que ixatro d’a vuestra familia. Imos, imos a chentar.

Chentón, e no rematando l’escribano d’aponderar o talento e habelidatz d’a suya filla,  e d’adhibir nietos e mils d’escudos a o dote, e de matar infidels e moros con os Churdans e Almanzors, se devantó Pietro Saputo, canso e decindo que agún s’iba a pasar per o lugar de... O mesmo estió sentir isto l’escribano que se fotió a esmelicar-se-ne e dició:

Pensatz que habretz mal leito?
E salió aventau escalera t’abaixo, trancó a puerta d’a carrera con clau e totz os suyos cerrullos, e tornó a puyar-se-ne tot decindo: yo la tiengo (amostrando a clau); yo he de fer dos escrituras e un testamento, e a mía filla no ha de remanir solenca, perque a suya mai malas que s’amaga o sol ella tamién s’amaga, que no planta guaire bien e se fica adintro d’as mantas. Conque fetz a cuenta, e miratz-vos cómo nos dentra o sol. E con a mesma gracia lis chiró a espalda ficando-se en a suya escribanía, e indo-se-ne tamién bien luego a mai. A filla li amostró a casa: o reposte, os graners, a bodega, os corrals, e dica as nueu, que prenión una cena lixera, li habió de dar, bien que sin que li penase, conversa e entretenimiento a la mesacha.


De maitins no li deixón marchar; chentó allí; pero dende a mesa, e agún quasi pleitiando con o pai e a filla, que no s’agafaba ya menos libertat, se despidió e montó a caballo, esmeli- cando-se-ne tot o camín ell solenco, como hombre que li s’ha chirau l’esmo, d’o caracter d’as tres personas, bien suyizas, d’ixa casa. Estió a zaguera que en va vesitar, perque quereba rematar e tornar a veyer a os suyos pais.


I plegó, e en ueito días no rematón d’esmelicar-se de l’humor e chenio de l’escribano. Chubaneta e a suya mai quasi cayón malaudas de tanto arreguir-se-ne; o pai li preguntaba muitas vegadas:

Pero, fillo, ye posible que ixo haiga pasau asinas como lo nos cuentas?
E se’n arreguiba tamién e tornaba en a mesma almiración e pregunta. Li avisón a Paulina de que Pietro heba portau un rechistro de novias e entre totz heban a trigar-li muller; i venió e en que sintió iste rilato, se’n arriguió tanto que li se cayeba a churros a leit d’as popas e li deciba a Chubaneta:
Per Dios, amiga, agafa-me que me muero; me fa duelo no estar hombre ta ir a festellar a ixa mesacha e veyer si me trancaban con ella. Raconta-lo, raconta-lo unatra vegada; conta-nos o cenyo de l’escribano Curruquis e as trazas d’a suya filla, e o que vatz fer con ella, que no sería només que o retrato en tantas horas, qualcosa te’n deixas; no lo nos dices tot.
E pro a fes que se’n deixaba qualcosa, talment a mayor parti, si ye que no ye malicia pensar-ie.

En muitos días només que de mirar-se uns a os atros esclataba l’esmeligue; e a cada ocasión, e agún sin ella, repetiban as parolas de l’escribano e lo remedaban. Perque encara que lis agradón a-saber-lo tamién atras que li pasón, ista estió a mes celebrada e con a que mes se’n arriguión. E bien que lo podeba estar, perque en verdat només que un burlador de cheposo o bell alunau de tot podeba meter a os chovens as prebas que ell lis meteba. Con tot e con ixo yo sé d’un advogau de cierto reino d’Espanya, que os suyos fillos agún son vivos, que n’exichió unatra mes abreviada e fuerte a un pretendient que i fue a demandar-li una filla. E yera, como digo, un advogau, tot un advogau.


Capitol XI


Triga de muller. Viache d’o pai e o fillo a Zaragoza


Día per día, lugar per lugar e doncella per doncella, li racontó ell punto per agulla a historia d’a suya expedición, dando singular merito a la gracia con que l’apatrusquiaba, agún en os feitos mes simples. Resumindo-se, a la fin, dimpués d’o mes particular, que ya s’ha referiu, en istas consideracions chenerals; que heba trobau en as mesachas a-saber-lo de buenos enten- dimientos, garra instrucción, agún ixa que lis está bien a las mullers e muit entivocada u de   tot albandonada a educación, que la feban consistir masiau en exterioridatz quasi d’hipocresía e en practicas relichiosas e devocions que no salen d’o corazón, ni se i afincan ni han mes radices que a imitación, ni mes autoridat que o que mandan os pais e a fuerza de l’eixemplo dende a nineza, pero simio per un regular, sin garra ensundia e incapables de dar o menor fruito de verdadera, fuerte e entendida virtut. Que en a resta li heba agradau; d’o Semontán l’epicureismo; de Graus a formalidat; de Benavarri a simplura; de Tamarit a lixereza; de Monzón a cortesanía e de Fonz e d’Estadilla l’amenidat. Li fación veyer que s’ixuplidaba de Balbastro, e contestó que de Balbastro li agradaba muito l’ausencia. E lis contó o caso d’a pintura d’o Pueyo, d’o que se’n arriguión totz, mes que mes don Alifonso, perque conoixeba   a qualcuns d’os individuos. –Pero sé, fillo, que prou que bi ha mesachas bien guallardas e menos mal criadas que en atras partis.


Pero plegaus en l’inte de trigar novia, s’achiquió a competencia a las tres que ya conoixemos, no tartindo Pietro Saputo ta sentir mes libres os votos, o que heba tractau e abanzau con Morfina, e dició només que contasen con ella, pues o suyo fastio a o matrimonio no heba estau o que se creyeba.


Rosa, l’amable Rosa, ixa pensadora, innocent e inamorada Rosa, tenió tres votos, o d’a mai, o de don Chaime e o de Paulina. Li dició Pietro Saputo que teneban razón perque yera mesacha muit polida, pero que li yera imposible mirar-la-se sino como chirmana; per mes que s’heba esforzau per dar a o suyo afecto o temple de l’amor, que mai no la podría acarrazar como amant ni como mariu, perque no podría corresponder-li sino como un chirmán. Reblón debant de tant chusto reparo, anque a suya mai con gran sentimiento, desaconhortando-se d’una manera que apuradament la podión fer asistir a la consulta.


Olaria tenió os votos de totz fueras d’o voto d’o pai, que dició:

A-saber-lo m’agrada, a rienda quiero a Olaria, e muito vale; pero do bi siga a perla, o diamant de Morfina, que callen todas as doncellas d’o mundo; ya que nos dices que has venciu o suyo fastio.
Allora prenió a parola Pietro Saputo e dició: «No he venciu o fastio de Morfina a o matrimonio, perque no n’heba; no, sinyor pai, no n’ha habiu nunca, e iste ye un d’os secretos d’a mía vida, que agora se revela. Dende nina, u dende o primer sentiu e conoiximiento d’istos afectos, no ha quiesto Morfina a un hombre, e ni antis ni dimpués ha puesto querer a otri; de manera que si con ell no hese topau, talment no en trobase unatro en o mundo capable de plegar en o suyo corazón. E ixe hombre soi yo.»

En pasar per allí d’estudiant s’inamoró de yo e yo d’ella; e s’inamoró perque la me miré e fablé con intinción fuerte e atinada d’emplir-la d’amor, e no podió resistir-se, achudando-me en iste empenyo a semellanza de sensibilidatz que bi ha en os dos, o suyo gusto delicau e o rarizo e sublime entendimiento con o que naixió dotada. Se confirmó dimpués iste amor con dos vesitas mes que li facié, la un con os estudiants de tornada, l’atra, dimpués que me deseparase d’ells, perque prenié posada en casa suya, a ruego d’o suyo pai a primera,  e d’o suyo chirmán a segunda. Pero con o tiempo sabié que heba feito una imprudencia, pues o mío naiximiento no me permitiba una anvista tant altera. Bien sabió quí yera yo a zaguera vegada, e lo dovinó per unas parolas que dició o suyo pai aponderando-me a yo, e li’n confesé e li’n dicié sin enganyo; bien me churó e prebó que o suyo amor, per ixa causa, no deixaba d’estar o mesmo e que antis bien que la acarrazaba, e continaba mes resuelta agún e inamorada; con tot e con ixo no heba tornau a veyer-la dende allora, deixando-la en libertat d’una manera indirecta, e como obligando-la a ixuplidar-me si ye que podeba, u a pensar en o que mes li convenise. Fue ella ta yo o primer amor, perque dica ixe inte heba estau muit nino e només que chuegos de nino os míos entretenimientos con atras; e yo ta ella o primer tamién, e agún mes l’unico posible, como s’ha visto. Yo, entremistanto, no soi obligau con garra atra. Perque de Rosa ya t’he dito o que bi’n ha; e Olaria, que de no haber-me prendau de Morfina e obligau con ella, la hese trigau entre todas as doncellas que conoixco, mai no m’ha insinuau cosa de casorio ni ha trobau raro que yo no li’n insinuase a ella. Talment lo ha dau per cosa feita, perque ha dito qualques vegadas que me quereba a yo antis que a totz os prencipes d’o mundo chuntos; pero isto no ye una verdadera obligación positiva ta yo; no meya promesa ni acceptación entre nusatros: ye una fineza, gran sí, muito, pero només que fineza; igual que ella me’n debe a yo d’atras que si no equivalen a ixa, a lo menos son d’a-saber-la importancia ta que nunca no me podese decir desconoixiu u ingrato. De nino chugué con ella; e quan torné ya hombre t’o lugar, ya (yo) yera d’unatra, e en a suya amistanza e tracto no he ixuplidau ista circunstancia.


»Quasi siet anyos he deixau pasar sin vesitar ni escribir a Morfina, sin fer-li entender de garra manera que en ella i pensaba, e a la fin ha pasau o que ya he dito; e ha remaniu firme, fidel, amant siempre e a mesma que quan nos declaremos a primera vegada. Encara ha acreditau d’atra forma que o suyo amor ye o mes puro e fino que culle en corazón humán. En iste tiempo ha teniu una parrafiquera de festelladors, entre ells qualques hereus de casas de titols, mozos guallardos, adornaus de proveitosas partis, e prou estimaus, e ta totz ye estada insensible, e per ixo s’ha formau e cundiu en o mundo a opinión de que no heba naixiu con a sensibilidat que ye menister t’o matrimonio, e que en ella no bi heba enclinación natural ent’os hombres. Tot ixo, qué quiere decir? En qué caso e obligación me mete, sin a que meya entre nusatros dende fa tantos anyos? No sé yo quí ha de decir-lo; a vos, pai, a vos sinyora mai, a totz vos deixo a resolución. Només demando que se tiengan per ciertas as razons que bi he meso e os motivos que he manifestau, asinas en o tocante a ella, a Olaria e a Rosa, que son as tres en qui bi ye a competencia.»


Remató de fablar Pietro Saputo, e dengún no preneba a parola. Fabló a la fin don Alifonso e dició:

Morfina Estada ye a doncella mes polida e discreta que he conoixiu. E habendo yo creyiu que de garra manera quereba casar-se, como lo creyó tamién o suyo defunto pai, con qui parlé d’ella qualques vegadas, nos trobamos agora con que yera o tuyo amor o que la feba

pareixer fuyitiva e ruixosa, u mes bien desinamorada. Prou apreciadas son, cadaguna en o que li pertoca, Rosa e Olaria; qualsiquier d’ellas te mereix, e de buen implaz las veyería d’ama choven en a familia; pero dimpuesas d’ixo que rematas de decir-nos, ya no hemos a pensar en ellas, talment, con tot e con ixo, se podría reparar en que Morfina ha quasi dos anyos mes que tu, quan millor hese estau que en teneses tu dotze mes que ella; yo no i paro cuenta.

Ni yo, dició Pietro Saputo; perque a virtut nunca no se fa viella e a discreción ha flor perén.
Pues t’adebant, dició o pai; maitín bien luego monto a caballo e marcho a veyer a Morfina e a la suya buena mai, e tu, Pietro, si te pareix, perque o tuyo esmo ye a unica cosa que en isto ha de rechir-te, podrías ir t’Almudevar a satisfer a ixas dos amables chovens d’a manera que o tuyo talento e o tuyo discurso millor t’inspire; perque Rosa no puet desimular o suyo amor, que seguntes m’entrefilo en tien poco de chirmana e a rienda d’amant; e si a mes a mes d’ixo li han dau esperanzas, ya puetz veyer que sería un trucazo de muerte ta ella, e mes que mes quedar mal con a suya mai, que ye tamién mai de tu. E a Olaria, qué no li debes? Qué no mereix? Yo veigo que a faina no ye guaire facil; pero li pertoca, fillo mío, li pertoca a la tuya honor e a la tuya reputación dar ixe trango que exiche a humanidat en l’amor d’ixas dos amables doncellas.
Marcharé, pues, t’Almudevar, dició Pietro Saputo; las veyeré, lis fablaré; e anque as mullers en istos casos han a razón en o corazón e no almiten reflexions, con tot e con ixo no confito en atra cosa que no siga deixar-las contentas, perque ye imposible no deixar-las, como poco, desesperadas ni enemigas de yo. E marcharé maitín mesmo, indo-nos-ne os dos de vez.

E asinas salión os dos a l’atro’l día, o pai a veyer a Morfina e tractar d’o casorio con a formalidat que cal, e o fillo a fer a las pobrichonas d’Almudevar a declaración convenida, que fue o contornillo mes furo en o que se i veyó ficau en a suya vida. A mai se quedó pensando en a suya Rosa, que li pareixeba a mes graciosa e amable de todas as doncellas naixidas de muller, e no feba caso d’o que deciba o suyo fillo.


Dos días feba que yera Pietro Saputo en Almudevar e encara no n’heba dito zarrapita a las mesachas, sino que tot heba estau només que fiestas e goi entre ells, quan replegó un plego d’o virrei do li deciba que se’n venise ta Zaragoza, pues heba de comunicar-li una carta d’a S.

M. Li acusó o recibo a o virrei, li dició que i marchaba de camín, e voló a veyer-se con o suyo pai. I plegó, e en veyer-lo venir tant luego se xorrontó e li preguntó qué yera o que bi heba. A Morfina, parando cuenta en que don Alifonso yera trestucau, perque ya sabeba que yera en Almudevar, anque no a razón, li fotió un blinco o corazón, e només s’asusegó que veyendo-lo sonrisar-se sin garra sinyal sospeitoso. Lis amostró o plego, e dició o suyo pai:
Marcharemos chuntos; pero malas que podió fablar librement a Pietro Saputo, li dició: m’ha trestucau ixa noticia. Yo que dimpués de tantos anyos d’aguardar e no aguardar, e de patir de contino me creyeba ya en o día d’a mía felicidat e de gloria!
S’habrá d’apolargar bell día, dició Pietro Saputo. Agora ya puetz veyer que ye a suerte  a que da e saca os gois d’a vida, a que da a luz e a uembra, a tristura e o goi, con os nuestros calculos e cuentra ells, con os nuestros deseyos e cuentra ells. Puedo yo deixar d’obedeixer a o mío rei? Puedo deixar d’ir-ie e presentar-me a escape en Zaragoza? Pues causas tant contrarias como ista e de mes fuerza agún, per o que agora se puet chuzgar, t’han privau de tener noticias de yo istos anyos, e a yo de seguir o mío deseyo de decir-las-te e vesitar-te. No plores...

No puedo deixar de plorar, respondió ella, e mes agora que puedo plorar e sentir con libertat, e decir per qué e per quí ploro. Amant mío! Mariu mío! Gloria mía!


No remataba a pobrillona d’aclamar-se d’a suya disgracia, e debant de totz ploraba e deciba que no heba recibiu o suyo corazón tant fuerte trucazo en toda a suya vida. Pero no bi habió parolas t’aturar-lo. Pai e fillo se despidión, e ella se trancó en a suya cambra ta sulsir-se e fartar-se de clamar de cruel e maliciosa a la suerte, berruntando allá, en o ciego sentimiento, foscas disgracias que no sabeba quáls podrían estar, ni cómo ni per dó heban a plegar-ie, pero que o corazón li’n anunciaba como infalibles.


Pietro Saputo e o suyo pai marchón t’o suyo lugar e sin aturar-se-ie s’endrezón ta Zaragoza. Se presentó primer a o virrei Pietro Saputo solo e li amostró aquell una carta d’a S.

M. en a que li deciba que averiguase an yera Pietro Saputo e li decise que lo heba a menister e que quereba veyer-lo; e adhibió:
Espero que no vos faigatz deseyar en Palacio.
No pas, respondió Pietro Saputo; pero i vendré a veyer-vos con o mío pai, que fa poco que lo he trobau e voi estar d’ell reconoixiu.

I fuon os dos, pro a fes que sí, chentón con o virrei, e li racontón breument a suya historia, fendo-se a-saber-lo de contento a S. E. de sentir-la. S’estión qualques días en Zaragoza, e se deseparón a la fin, indo-se-ne la un ta la cort, e l’atro t’o suyo lugarón.


Capitol XII


No se sabe cosa mes de Pietro Saputo. Suerte de Morfina, d’os pais e de Rosa e Olaria


Oh, qué infeliz ye l’hombre, que no quiere entender que o goi ye anuncio de penas, a muita prosperidat, o rostro ironico d’a disgracia e o día d’a satisfacción, a vispra d’a dolor e d’o mes gran trucazo d’a suerte! Qué infeliz qui isto no entiende u lo ixuplida! Traidurías antis que favors pareix que sigan as glorias d’iste mundo; desleyaltatz, endrominas, emboscadas d’o mal, cayendo siempre en ellas como estalentaus de manera confitada ta espantar-nos dimpués d’o cambeo e maldecir a nuestra estrela e a nuestra vida. A nuestra estrela! A qué clamamos estrela? No bi ha estrela, sino destín, ni mes suerte ni fortuna que a manifiesta soberana Providencia, que fa o que quiere de nusatros e d’as nuestras cosas, valendo-se unas vegadas d’os nuestros mesmos vicios, atras d’as nuestras virtutz; unas, d’a nuestra prudencia, atras d’a nuestra barra, e atras fendo uebra sin parar cuenta en o que nusatros semos, u femos, u metemos d’a nuestra parti. Qué familia mes goyosa e mereixidament feliz que a de don Alifonso? Qué satisfacción como a d’achuntar-se a la fin tantas personas, tant quiestas entre ellas, tant magnificas e tant dignas tamién d’ixa felicidat? Pues sienta o lector en un verbo en qué venió a parar tot ixo.


Un mes feba que Pietro Saputo yera saliu de Zaragoza, e agún no se sabeba res d’ell; ni se’n sabió en dos ni en tres mes que en pasó. O pai escribió a o virrei, iste, a o menistro; e cuál estió o suyo espanto quan replegó una carta autografa d’a S. M. en a que li deciba que siempre heba quiesto veyer a Pietro Saputo, e que pensaba gritar-lo, prou que sí, pero que cosa sabeba d’a suya gritada, no heba dau orden a no dengún ta que li fesen venir-ie! Li escribió de camín a don Alifonso; se i presentó iste en Zaragoza, e malas que veyó o que pasaba, pensó que se moriba. O virrei se xorrontó e se percutió, ya per o que li podese haber pasau a Pietro Saputo, ya perque se podría sospeitar que ell heba preso parti en l’enganyo. Animó a la fin a don Alifonso, li aconselló que marchase ta la cort e se i presentase a la S. M.; e asinas lo fació o buen caballer. Pero o rei, tant triste como ell per iste afer, afrontau e a rienda desaconhortau de que s’hese agafau o suyo nombre ta un feito tant atroz como pareixeba estar, fació practicar exquisitas e continas dilichencias per espacio de dos meses; e no s’en veyó mes l’augua clara. Allora don Alifonso rebló debant a suya disgracia, besó a man a o virrei, que ploró con ell en despedir-lo, e se’n tornó t’Aragón, ta casa suya.


Totz, con tant funesta noticia, cayón en a mesma tristura e floixera; e como en ell yera a dolor mes antiga e o suyo corazón mes fuerte tamién, encara tenió valor ta ir a veyer a Morfina. Ella, quan lo veyó que i plegaba solenco, esbufaliu e como si no las tenese todas de saludar-la dimpués de tanto tiempo que no teneba garra noticia, s’entrefiló o suyo mal e li pegó una desgana. Quan se reviscoló, la levón t’o leito e fación tot o que se fa en parellanos casos con personas bien quiestas.

Ya no lo hemos a veyer mes, deciba don Alifonso...
Ah, don Alifonso!, estimatz-me muito, que yo tamién vos estimo.

Filla, li respondeba ell, vos quiero igual que a o mío fillo.

Sí, sí, deciba ella; clamatz-me asinas, clamatz-me filla, m’hetz a tractar igual como a una filla, fablatz-me igual como un pai, perque ya no ha de sonar atra voz d’aconhorto en os míos uídos!

Ueito días se bi aturó don Alifonso, perque d’una man no sabeba deixar a Morfina, e d’atra quereba tornar-se-ne ta casa suya, do talment a suya presencia yera mes a menister.

Se’n fue pues, tot decindo a Morfina que mientres de cierto no sabesen o que li heba pasau, no heba de desconfitar, pues heba o costumbre de no escribir quan yera de viache. Morfina contestó movendo a cabeza, e fendo-li veyer con isto que no yera o mesmo agora que en atro tiempo. Prou que lo sabeba don Alifonso, e ell mesmo no lo creyeba; pero, qué heba a decir a ixa pobrillona? E tamién s’enganyaba a ell mesmo tot o que podeba.

A semana siguient fuon a veyer-la Chubaneta e o suyo mariu e se bi estión seis días. Se’n tornón e continando os correus diarios entre as dos familias, dimpués d’un mes don Alifonso li fació unatra vesita, e la se levó ta casa suya, alcompanyando-la tamién o suyo chirmán don Vicent. Qué acarrazos! Qué glarimas!


Pero, quí lo heba a decir? A mes serena de totz estió a mai; perque yera avezada a que dende nino marchase meses e anyos e a no haber noticias d’ell, e li pareixeba que tamién agora yera o mesmo, e no feba caso d’a finchida carta d’o rei, ni d’o que totz s’entrefilaban e ploraban. Bell poquet s’estremoleció en veyer-se acarrazada per Morfina, que li dio o titol de mai, e ploró tamién con ella; pero siempre yera qui menos triste yera, perque yera qui menos creyeba en a suya disgracia.


Os primers días agún pareix que s’ixuplidaba Morfina bell poquet d’a suya dolor, pero bien luego prencipió a acachuguir-se dica que, vencida de tot, un día se quedó en o leito ta no devantar-se mes. Como que totz ploraban, como que no bi heba en a familia una persona indiferent, e Paulina que i venió, creixió agún mes o desaconhorto cheneral si ye que ixo yera posible, perque no fació atra cosa que plorar, a pobra Morfina fue acotolando-se muit aprisa. E un maitín veyendo-se rodiada de totz, los se miró, zarró una miqueta os uellos, e dimpués tornando-los a ubrir, exclamó con un fundo sentimiento: e no lo hemos a veyer mes...! E li se pretó o corazón de manera que li pegó una desgana d’a que ya no se va refer mes, dando as bocadas en os brazos de don Alifonso e de Chubaneta que yera en a gosaralla a pur d’arguellada, pero en peu con una rasmia invencible, l’asistió siempre sin deseparar-se d’o suyo leito dica que la veyó morir, dica que li zarró os uellos, decindo d’ella, dimpués que la conoixió, que no hese creyiu que podese haber una muller tant perfecta en o mundo. Perque os suyos uellos, si ye que puet decir-se d’una mortal, yeran verdaderament divins, plens de sensibilidat e intelichencia, e bi heba en ells, seguntes creyeba a mesma Chubaneta, mes meditación agún e fundaria que en os de Pietro Saputo, e tamplaba as suyas uelladas con una suau ternura que i puyaba dende o corazón e regalaba e desfeba o de qui la se miraba. Os suyos movimientos, encara que naturals, teneban muita nobleza, e a suya gracia en tot yera extremada, o suyo cenyo amable e sereno, a suya fabla incantadera: en una parola, no pareixeba naixida d’a tierra.

A muerte d’ixa pobrillona fue como o sinyal e anuncio d’as que bien luego heban a seguir-se: fue Chubaneta a primera que va morir de parto a os quatre meses. A ella li siguió

don Alifonso en o mesmo anyo, d’un carbunco en o peito. A mai, sin o suyo mariu e una choven tant apreciable e amant, querió marchar t’Almudevar, perque li pareixeba que i viviría menos triste: e encara que li fació a-saber-lo de duelo a don Chaime no s’oposó a o viache d’a suya mai politica, e l’alcompanyó e la visitó dimpuesas a ormino.


En Almudevar descansó bell poquet d’a suya tristura, pues en primeras li pareixió que tornaba en o suya antigo estau de popila con o poliu e noble fillo d’o suyo amor. Pero tamién bien luego li se pasó iste enganyo d’os suyos preixins; e anque no podeba asumir a muerte   d’o suyo fillo, e per mes que Olaria e Rosa no la deixaban, esforzando-se muito en servir-la    e cosirar-la, la fue cargando a tristura, dimpués a malinconía, e a os quatre u cinco anyos va morir plorada de totz e, mes que mes, d’ixas as suyas dos fillas, como lis deciba.


Tampoco no querión ellas creyer en primeras a disgracia de Pietro Saputo; pero a la fin habión a reblar en a suya esperanza; e dimpués s’achudaban e s’esforzaban, pasando o tiempo chuntas de contino e fablando de Pietro Saputo, e ni se casón, refusando totz os partius que lis salión, ni tampoco no pensón en ficar-se en o claustro, que yera en o que alavez gosaban rematar as doncellas desenganyadas. No se fación viellas, pues van morir con un anyo de diferencia, primer Rosa, e dimpués Olaria, a os ueito d’a muerte d’a Popila, e deixando en vida, la un a la suya vidua mai, e l’atra a o suyo pai e a la suya mai, que yera a matrina, ixa matrina tant buena e tant inamorada d’o suyo afillau.


Don Chaime, o chirmán de Pietro Saputo, tornó a casar-se, e només conoixió que o que heba perdiu con a suya primera muller, quan experimetó o que yera a segunda. Prou que como hombre de menos temple que atros, s’acomodó a vivir e a no morir sino de viello. Paulina ya no tornó mai mes ta ixe lugar; e sí que fue una vegada t’Almudevar a veyer a la Popila. La vesitaba a sobén don Chaime, e la puixaba ta que i venise, pero li respondió, dende a primera vegada, que o ciel sin Dios e os santos no sería ciel; que o suyo lugarón yera estau o ciel e a tierra e que ya heba deixau d’estar-lo ta cutio; e que no se cansase en demandar-li-ne, perque no heba d’ir-ie ni agún con o pensamiento, si ye que podeba alpartar-lo d’ella. Pero ell, como que tamién sentiba a soledat en casa suya, limpio tornar en o mesmo; e siempre ta trobar a mesma respuesta.


Capitol XIII


D’o natural de Pietro Saputo


No se sabió res mes d’ell. A os quaranta u cinquanta anyos d’a suya ausencia se presentó en Almudevar un mendigo d’alto u baixo ixa edat, quiero decir, de bella cinquantena d’anyos decindo que yera Pietro Saputo, quan iste habría de tener-ne allora, si vivise, setanta-quatre u setanta-cinco. Pero ta fer-li a mofla e con a-saber-lo de disprecio li preguntón per a suya casa e no sabió decir cuál yera; ni satisfer atras mil preguntas que li fación. Li demandón que pintase, e que tanyese bell instrumento; e respondió muit entonau e grau: l’aliga no caza moscas. E repetiba e churaba que yera fillo d’Almudevar e o verdader Pietro Saputo. Como yera meyo mostillo, baixet, recachudo, e un pifolet a rienda zaforas, os d’Almudevar se carranyón e lo entregón a os mesaches, que lo embardón d’alto t’abaixo e con gran vergonya e estrapalucio lo arrocegón per as carreras e lo sacón d’o lugar meyo muerto. Ell se devantó, e mirando-se t’o lugar, dició en tono profetico: bien luego ha d’estar que o ciel faya venganza d’ista ingratitut e mala uebra. Pueblo d’Almudevar!, no sabes o que has feito: ya lo sabrás quan vienga sobre tu o castigo e caiga en tu a esferra d’o tuyo pecau. Os d’o lugar se’n arriguión, e dica agora no ha vengau cosa o ciel, ni lis ha plegau garra ixarrota en castigo d’haber tractau a ixe fastioso como se mereixeba. Pero ell marchó t’atros lugars, caminando muito per o peu d’a Sierra, e per o Semontano, decindo que se clamaba Pietro Saputo. E como que fablaba graument e deciba mazadas a rienda, encara que as mes d’ellas yeran machuchadas, li’n heban acumulau beluna a o verdader Pietro Saputo; pero no en Almudevar ni dengún d’os que conoixión a o gran fillo d’a Popila.


Como o lector lo ye veyendo dende l’empecipie d’a historia d’a suya vida, no bi habió hombre en o suyo tiempo, ni dimpués se’n ha conoixiu, que lo igualase en agudeza, en talento, en discreción, en habilidat ta tot, achuntando a tant excelents dotes una amabilidat que lis furtaba o corazón a totz os que li fablaban, un aire de muita dignidat, una presencia guallarda e bien polida e una gracia que no teneba comparanza en tot o que deciba e feba; e nunca no li se veyó fachendoso ni fanforrió de res. Con a mesma naturalidat e facilidat tractaba con os grans que con os chicotz, sin faltar a o respecto que se debeba a cadagún e a la estima d’as personas e d’as cosas. No se feba chicorrón con belún, ni gran con belatro, ni altero ni soberbioso con istos, e baixo e servil con ixatros.


Sufrió qualques embefias, e no en vengó denguna, dando-lis venganza siempre quan pertocó ixos mesmos que lo heban inchuriau, perque a suya virtut e a estima publica, e mes que mes a suya chenerosidat, trafucaban bien luego a os suyos enemigos.


S’esmuyó de tener invidiosos, desimulando en o posible a suya gran superioridat; e con tot e con ixo en Andalucía se diz que tenió una baralla con dos rivals a qui combatió de vez e desarmó, fotendo-lis dimpués de lapos per disprecio, e como acusando-los d’infamia per haber emplegau con ell una villanía e d’enrestir-lo con traiduría quan saliban t’o campo.


Tamién s’asegura que habendo-se feito d’ell un gran aponderamiento en cierta rufierta de Uesca, bi habió un caballeret, prou barbol e fato, que cometió a imprudencia de decir levau per a invidia: pero con tot ye un borde. No yera isto en verdat una ofensa; pero ye


que amés nombró a la Popila d’Almudevar con una calificación prou fiera. Lo sabió Pietro Saputo e en l’atro domingo de maitins s’endrezó ta la ciudat, e de tardis a la hora que la chent prencipal saliba a recreyar-se  enta ciertos puestos, marchó t’o mes rebutiu, e allí veyó con  atro e con una sinyora a ixe pobracho. Se bi amanó, e demandando permiso a la sinyora e a

o caballer li dició:
Yo soi Pietro Saputo; qué ye o que vas decir d’a mía mai o chueves en casa de N.
Se percutió l’infeliz; e ell li dició con severidat: en tres días he de saber yo que sotz ius a la mesma e hetz declarau a las personas que bi yeran presents, que no sabebatz o que vos decibatz, perque hebatz perdiu l’esmo. Lo feretz? Acusau l’atro d’a suya consciencia e con a noticia que teneba d’a valor e esfuerzo de Pietro Saputo, li respondió que sí. Pues en sinyal d’amistanza, e de que d’isto no se’n fablará mes, datz-me a man. Li’n dio; e ell li’n pretó de manera que li magoló os didos, abunyegando-los uns con atros; d’ixo quedó eslisiau ta cutio dimpués d’estar muito tiempo en mans de cirurchans; fotió firmes ais o muit carnuz e i paró cuenta tot o paseyo; pero Pietro Saputo li dició: de vivo a muerto ye graniza a distancia, e ixo ye poqueta cosa; una licioneta de prudencia, e una memoria d’o día que nos veyemos en iste paseyo. E prou sereno, con cortés educación, e saludando a os conoixius, se’n fue caminando ta la ciudat, e se’n tornó t’Almudevar. E gosaba decir que as suyas particulars inchurias todas las perdonaría; pero ixas que en decisen u en fesen d’a suya mai, li sacarían o suenio a ell, e o suenio e qualcosa mes a os suyos autors. Se fabló en Uesca d’iste afer, e totz l’aprebón como uebra d’un verdader fillo que defiende a honra d’os suyos pais.

Portaba siempre con ell o Manual d’Epicteto, e en deciba que no lo podeba leyer tanto, que siempre lo ubriba con implaz e profeito. E gosaba decir que iste libro ye o testamento d’a raza humana, igual como l’Evanchelio ye o testamento d’a sabiduría no creyada, menando la un (en a mida d’o posible) ta la paz d’a vida e l’atro ta la paz d’a vida e ta la felicidat eterna.

A yo m’agradaría sacar d’a historia d’a suya vida qualques drezas que fació de mozo, mes que mes ixa de disbrazar-se de muller e ficar-se en o convento; pero ha de considerar-se a suya poca edat, os motivos perque lo fació, e no chuzgar-lo con desfavor. No fue cosa d’un pezolaga; fue només que reflexión d’o miedo, per mes que a otri no li hese pasau. Tamién a belún li pareixerá que millor hese estau ixuplidar dimpués a ixas dos companyeras d’o noviciau, u que las hese tractadas ya con menos familiaridat. Pero, lis yera isto posible a ell ni a ellas? Si todas as mullers que lo veyeban e lo tractaban bell poquet, o que ye per ellas, se daban dimpués per perdidas, qué lis pasaría a ixas dos que naixión con ell a la luz e conoiximiento d’a malicia? E d’una manera tant singular e mai no vista?

Dende l’inte que se reconoixió a ell mesmo e paró cuenta con qué facilidat podeba  estar rico si quereba, que fue malas que i tornó d’o gran viache per Espanya, li dició a mai la suya istas polidas parolas: «Ya, buena mai e sinyora mía, hemos un estau decent, que si Dios quiere, e yo con salut, no ha de mancar-nos. Yo vos ruego, pues, que a garra pobre, viello, malaudo u empentizo, e mes que mes si ye muller, deixetz que lo trobe a nueit sin pan si ye que no sabetz que atro no li achuda. Alcordatz-vos de quan vos en yeratz e yo nino, alcordatz-vos d’o que sentibatz quan bella persona vos saludaba con afabilidat e vos daba qualcosa ta yo u con enchaquia u voz que yera ta yo, e vos trobabatz un buen día agafando-me en brazos u posando-me a o vuestro costau. Ixe goi que allora sentibatz lo podetz esviellar e tener-lo siempre que queratz, con a ventacha d’estar vos mesma l’autora d’a vuestra felicidat, dando con que la sientan atros infelices. Perque si felicidat bi ha en iste mundo, ye a consciencia


d’os beneficios que se fan.» E ell per a suya parti, anque per un regular servindo-se de terceras personas, auxiliaba muitas necesidatz. Quí con isto no lo amaría, encara que no bi hese atra causa? Veyendo parellana caridat li dició una vegada un eclesiastico virtuoso, que no podría deixar d’estar a suya vida muit feliz e prospera; e ell, bogal e magnanimo, li respondió: ixa no ye cuenta mía.


Se puet pleitiar sobre si fue un bien u un mal, parando cuenta només que en a suya persona, o feito d’haber trobau a o suyo pai. Perque os suyos biens no los heba a menister; a suya favor tampoco no, ni a dignidat d’a familia; fueras de si quereba casar-se con muller que se deshonrase d’un hombre sin linache. Pero como ell no la hese quiesta con ista fachenda, no se puet considerar como una favor d’a fortuna estar adornau dimpués con tant ilustre apelliu. O de sabio que ha mereixiu e levaba yera muito mes gran. E en o tocante a muller digna d’ell li s’heba apreveniu en a polida e discreta Morfina, que naixida con un entendimiento muit platero, un esmo prou fundo e dreito, e un peito noble de tot, s’estimó mes, antis que a totz os suyos fatos festelladors, a un hombre de dubdoso naiximiento, pero con ilustre fama de sabio, e que la portaba sin fachenda, sin afectación ni soberbia. Dignas yeran tamién d’ell a suya chirmaneta e Olaria, tant apreciables la un e l’atra, cadaguna per as suyas razons.


Ta cosa, pues, precisaba a o suyo pai ni d’o suyo apelliu. Con tot e con ixo, se fació a rienda contento de conoixer-lo, encara que per a suya mai mes que mes. Ell nunca no heba creito lascivia ni desvergonya o feito d’a suya mai, perque, sobre ixo de dar firme credito a la suya rilación, la conoixeba prou como ta no dubdar d’a suya virtut, sino que sentiba a totz parlar d’a suya muita honestidat e prudencia; pero a pobrichona no podeba estar satisfeita con a suya buena opinión, e mes creyendo-se enganyada.


Per a resta, pareix que a suerte querió amostrar en ell que os hombres que naixen d’a suya cuenta no han de procurar estar fillos sino d’ells mesmos, d’a suya aplicación e d’as suyas uebras, pues li’n amagó a o mundo, bien siga con muerte, bien siga d’atra manera, dimpués que trobó un pai que li dase estau. No yera iste, sin dubda, qui li conveniba; e per ixo e perque ya heba perdiu l’atro, que yera o lechitimo en a suya condición, deixó d’estar o suyo fillo, e s’amortón a luz e a gloria con as que ell querió alumbrar e adornar o mundo.


En o tocante a la fin que tenió res en podemos afirmar. Belún s’entrefiló, e agún se querió asegurar,  que a carta e clamada ta la cort fue traiduría d’os cortesans, que veyendo a  o rei con deseyos de fer-lo  venir-ie, e amostrando firme goi qualques damas d’as prencipals e mes polidas, a invidia los agulloniaba e preixinón ista maldat ta desfer-se d’ell, servindo-se dimpués d’asesinadors que li furtón a vida en o camín, de vez que a o criau. Isto ye o que se sospeitó e dició, e o mesmo que yo he creito siempre; pero de cierto no puet saber-se-ne res. En qualsiquier caso, bien exclamó o poeta aragonés: Oh, cort, quí te deseya!


Capitol XIV


Diciendas e mazadas de Pietro Saputo


Gosaba decir que s’estimaba mes enemigos agudos que amigos fatos.


-Deciba que fablando per un regular totz os hombres son buenos e totz malos, perque no lis hemos de demandar o que no pueden dar, ni querer que obren como no lis conviene, anque talment entiendan mal ista conveniencia. E en o tocante a la chusticia, que u no la conoixen en os casos que obran mal, u que no saben o que vale.


-Li preguntón una vegada, qué hombres yeran os mes perchudicials, e respondió que os invidiosos. S’almirón d’ista respuesta, e querión saber o que pensaba d’os furtaires, matadors e d’atros; e dició que d’istos buena parti yeran tamién invidiosos e que per invidia prencipiaban a estar dolents; que d’atros son uns miseriosos, ignorants, matutans e mal endrezaus per atros como ells, u perdius per a mala educación en a suya nineza e mocedat; pero que, a la fin, de totz ells tardi u luego se fa chusticia. Pero que l’invidioso ye un verdader mentirol, un traidoraz, l’animal que fa mes mal, cuentra o que no bi ha castigo en as leis, ni en os costumbres, ta o mal que fa en cheneral e en particular, que ye mes que o que nos plega de toda a resta de clases chuntas d’hombres indignos e malvaus. Que a invidia ha causau mes plagas en o mundo que l’avaricia e l’anglucia chuntas, si no ye que l’anglucia ye un nombre dorau d’a invidia. Pero que, manimenos, podeban bella vegada, e de particular a particular, producir un bien parellano a ixe d’os reparallos e torzons en o cuerpo humán, que si no son cutianos ni muit graus, fan a l’hombre templau e cerenyo.


Tamién deciba a rienda vegadas que l’anglucia no heba devantau garra casa; e sí muitas l’orden e a economía.


-Deciba que os mes grans enemigos d’o bien de l’hombre gosan estar a fachenda e a galvana. A fachenda perque gasta mes d’o que puet e nos mena ent’a fallita u diz mes d’o que ye menister e caye en grans inconvenients; e a galvana perque va dezaga d’as estacions en o tiempo, d’a ocasión en os negocios, d’os feitos en os aconteiximientos, e lo se deixa cayer tot dencima, dica que li s’espalda a casa e remata en as suyas enronas, u fuye espantada e no troba do ficar-se-ie, pobra, mancada de consello e aburrida.


-Deciba que a fatera ye mal incurable e piedra en a que siempre s’entrepuza; e que os tres treballos mes grans que puet pasar un hombre son vivir con fatos, tractar con mentirols e viachar con un gavacho.


A influyencia d’a imprenta e l’aplicación de cadagún menada e agulloniada per os sabios, deciba que fería hombre a o mundo, perque dica agora (en o suyo tiempo) encara no ha saliu de nino.


- Creyeba que os hombres mai no yeran estaus millors, sino que d’antis tenión menos leis e menos sociedat, e asinas menos chuicio e censura d’as suyas accions; pero que a sociedat yera estada millor constituyida, encara que no bien de tot.


Seguntes ell, os hombres d’o suyo tiempo no entendeban o comercio, l’agricultura, as artes, ni as sciencias, perque li pareixeba que no i veyeba atra cosa que astrosa, casolidat, charrutería e miseria.


-Malas que se sabió a suya resolución de casar-se li preguntón que de qué coda estando tant sabio cayeba en ista vulgaridat. E respondió: ixo no ye vulgaridat, perque ye seguir a naturaleza, sino casar-se mal per interés u només que per a sola razón de nombre, e queixar-se-ne dimpués, u condenar o matrimonio e escarretar d’as mullers.


-Antis de conoixer a o suyo pai deciba que li daba gracias a Dios perque no li heba deixau conoixer-lo; pues heba visto a rienda ninos de qui no li penaría estar pai, e no guaires hombres de qui querese estar fillo. Pero quan trobó a o suyo pai, ploró de pena de no haber-lo conoixiu dende a cuna. E en o tocante a o suyo apelliu li respondió a don Vicent, o chirmán de Morfina, que li preguntó si yera guaire garufo d’ell; ya me pareixeba a yo que no podeba esmuyir-me d’un López, d’un Pérez, d’un Martínez, Ximénez, Sánchez u Fernández, perque istos linaches son igual como os gurrions, que en totz os lugars se’n troba.


-Como heba tractau con flaires e monchas e los conoixeba prou bien, en deciba que a ixos lis mancaba un voto, e a ixatras lis ne sobraba dos. Pero no explicaba guaire mes, e no sabemos qué votos yeran istos.


-Per tres cosas (deciba) daría yo a vida: per a relichión que profeso, per mai a mía, e per o mío lugar. Li preguntón una vegada que remataba de decir isto, si la daría per o rei; e respondió que no entendeba a pregunta.


-Gosaba decir que, per un regular, a primera necesidat d’as mullers ye fablar; a segunda alparciar d’atras e a tercera que las afalaguen.


-A galvana en os chovens, a manca d’autoridat en os viellos, a fachenda en as fieras, e casar-se hombre chicorrón con muller altiza, en deciba que son quatre pecaus iguals contra natura.


- Tot recomendando a frugalidat, gosaba decir: pizca una vegada a o día, e ixa en o caldero u rustida. E condenando os excesos en os platos: o millor lamín ye a bresca, o millor bizcocho o buen pan, o millor licor o buen vin, e o millor guisau o mes curto e simple.


-Deciba que bi heba quatre cosas que lo foteban en momentos d’alferecía:
mesa chicorrona, leito curto, azembla pesada e navalla de mal fil.
Quatre que li empliban l’alma de risos:
una viella con flors, un mariu monyaco, un pedricador de mal eixemplo e un flaire u cleigo fendo ixes a una dama.
E quatre que li feban levar a man ta la espada: enganyar a un ciego, fer-se-ne a mofla d’un viello, un hombre estomaciando a una muller e un fillo fendo burlas a o suyo pai u a la suya mai.


-Quan yera en Sevilla li preguntón si quereba ir a veyer a una poetisa que feba sonetos, glogas de pastors e d’atras poesías; e respondió que sí, pero que li heban de decir con tiempo 
o día e a hora perque quereba parar-se
–E qué vos tendríatz que parar ta ixo?, li preguntón, e dició, porgar-me e limpiar bien l’estamaco, e dimpués prener un licor que yo sé fer bien cuentra as ansias e a zurrera. / ver gitám /

-Entre as mazadas d’os antigos, a que mes li agradaba yera ixa de Virchilio, Felix qui potuit rerum cognoscere causas. «Goyoso qui plega a conoixer as causas d’as cosas»; isto ye, a naturaleza.


-E d’ell a mazada que mes se celebra ye ista: que o muito rezar a dengún no ha feito santo, ni o muito leyer sabio, ni o muito minchar cerenyo e fuerte.


Muitas atras diciendas e mazadas li’n acumulan; pero u bien son muit vulgars, u bien lis quieren dar autoridat con o suyo nombre. E d’a mesma manera se racontan d’ell quantos feitos que de garra manera corresponden a o concepto que o suyo gran talento e gran prudencia li ha mereixiu. Yo soi convenciu que igual as diciendas como os feitos que corren como si estasen suyos, e son tant indignos d’a suya discreción e sabiduría, perteneixen a o falso Pietro Saputo, a qui os d’Almudevar forachitón d’o suyo lugar, e con razón, tant malparau, e que, como hemos dito, yera un camamilón, un pelafustán e un zorrindango broceras e indecent. O fillo d’a Popila fue bien garrispo, bien fino, bien amable, persona de muito respecto e, con tot, tant gran como s’ha visto en ista verdadera historia d’a suya vida.