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jueves, 25 de julio de 2024

1. 4. De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats

Un dels mes grans engañs que se patixen al món es que no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats com hauríen, perque aixina no entropessaríe un en tans que pareixen un atra cosa. Si al menos los creixqueren les orelles, que es lo distintiu mes propi; pero ni aixó. ¡Oh qué bo que siríe! Pedro Saputo los coneixíe en sol mirals a la cara; y desde chiquet, com se va vore lo que li va di del veinet sa mare, que lo proposáe com a modelo de aplicassió de les lletres, pero ñan arts y siensies que moren en los seus autós; esta va sé una de elles. La que después han fundat los moderns fisonomistes dits servellistes o frenólogos, es un atra; lo que no veu res als ulls y a tot lo rostro, poc vorá al cráneo, y sobre aixó, que me torron viu.

En estos ejercicios y jocs va passá encara algún tems, cuan una nit después de sená y de estás un rato calladet y cavilán li va di a sa mare en ressolusió: 

- Mare, esta nit vull ditos algo bo: demá si tos pareix aniré a escola. 

- Sí, fill; sí que me pareix be, va contestá sa mare emosionada; sí que vull que vaigues a la mostra. ¡grassies a Deu! Bona nit me dones, fill: be u has dit: de goch no podré dormí. ¡Ay! Si sapigueres lo que hay patit cuan me díen que criaba a un dropo. Ara sí que estic contenta. Perque mira, fill, que soc ta mare, y estem los dos sols al món. 

- Y mos bastem, va contestá ell: los dos y lo de allá dal (siñalán al sel en la má) contra tot lo món si mos es contrari; que no u sirá mare, no, sino mol favorable.

- Miréu, mare meua: la escola es pa mol du y sense bones dens no se pot mossegá. M’han caigut los primés, ting tots los segons, y forts, y puc mossegá y minjá lo pa de la escola que com hay dit es mol du y estopeng, y no té que donás als chiquets mentres són tan tendres. Tots ploren, tots u senten mol, tots van capbaixos y se queden arguellats y apocadets, y no adelanten res o están en les primeres lletres tans añs, que sol per sé cosa corrén no es gran vergoña per an ells y per als maestres. Yo, la verdat, no sé be lo que són les lletres; pero me pareix que en poc tems hay de alcansá y passá an eixe Agustinet y a tots los que fa tres o cuatre añs que van a la escola. Ara anem al catre, y demá voréu al seu fill escomensá a sé home y séu mol depressa. Sa mare lo miráe y ploráe de goch, y donán grassies a Deu se va gitá y no va pugué dormí de alegría com habíe dit.

arguellat

Se va fé de día, pero mol abans la bona mare teníe la llum als ulls només de pensá en la ressolusió del seu fill. Se va eixecá, y cuan va tindre fet lo amorsá, va aná a despertá al chiquet Pedro, que li va demaná la roba dels díes de festa dién que aquell ere mol gran per an ell.

- Y pera ta mare tamé, va contestá ella. Y li va traure lo traje mes nou y milló; después de habé minjat un plat de migues y sense voldre pendre atra cosa va di a sa mare que lo acompañare pera dili al mestre que lo entregáe a la seua potestat y gobern.

Van arribá a les escoles, y la mare li va di al mestre que li portáe y presentáe a son fill Pedro; qui hasta aquell día no habíe tingut a be escomensá la escola perque volíe creixe y fes fort. Lo mestre sen va enriure y va contestá que admitíe en gust al chiquet Pedro per discípul, y que confiabe que en poc tems adependríe la paleta de la Jesús. En aixó sen va aná la mare, y ell se va quedá a la classe.

Aquell primé día y los dos siguiens no va fé mes que repetí los noms de les lletres com los anáen dién en veu alta los atres chiquets; pero lo cuart va preguntá al mestre si ñabíen mes lletres que aquelles; y com li va di que no, va torná a preguntá si als llibres que lligíen los chiquets adelantats ñabíen unes atres, y contestán lo mestre que ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro:

ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro

- Pos si es aixina en adependre yo estes lletres ya sabré tot lo que hay de sabé per ara.

- No, fill, va contestá lo mestre; perque después se han de ajuntá unes en atres pera formá les palaures.

- Pero en fin, va replicá Pedro, en estes se han de compondre totes.

- Sí, va di lo mestre.

- Pos be, va continuá lo chiquet: esta tarde me donaréu llissensia pera no vindre a escola, y demá tos demanaré un favor, que si mel feu, ni yo me trauré de está aquí cridán tantes hores matí y tarde, ni vosté tindrá que fé mes que dim lo que li pregunta. Li va otorgá lo mestre lo que demanáe; y aquella tarde va pendre una viola de sons yayos mich asclada y sense claus, la va desfé, va pegá a les dos taules per un costat un papé blang y sen va aná cap al tallé de un fusté. Li va demaná una regla, un llapis y una serreta fina, y tirán línies de dal a baix y de crusat a les taules, les va serrá les dos y va fé de vintissís a trenta tablilles cuadrades, les va ficá a la capucha del gabán, y sen va aná a amostrálesi a sa mare diénli que demá voríe en qué paráe alló.

En son demá per lo matí va aná a escola y va demaná al mestre que li escriguere a cada tablilla una lletra; después li va rogá que les embutiguere per orden a un filferro passanlo per un foradet que teníen, y fet tot per lo mestre li va doná les grassies y va di:

- Ara, siñó mestre, ya me avindré yo en estes lletres, perque les sé de corregut y ne coneixco o conec mol poques. Doneume llissensia y men vach a casa.

Dos díes va está a casa donán voltes a les tablilles y mirán de cuan en cuan una paleta del A. B. C., que teníe penjada a la paret, al cap dels dos díes li va di a sa mare: 

- Ya coneixco les lletres; vingue en mí a escola y vorá que no la engaño. Van aná a la escola, va fé lo mestre la proba y no ne va errá cap.

Va quedá espantat lo mestre; los chiquets lo miráen encantadets y sa mare estáe embargada de goch. Va corre la notissia al poble, y tots selebráen lo ingenio del chiquet Pedro de la pubilla, escomensán algúns a dili desde entonses Pedro Saputo, que al dialecto antic del país volíe di Pedro lo sabut; nom que se li va quedá com a propi y ya no va sé conegut per atre.

Lo van ficá a deletrechá; y fenlo escriure a un papé les sílabes soltes a un costat, y al atre lo vocablo que componíen, en sing díes va adependre a llichí, habense perfecsionat del tot en catorse desde lo primé en que va aná a escola.

Lo burro mort.

Original en castellá:

Capítulo IV.
De cómo Redro Saputo fue a la escuela.

Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: - Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. - Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. - Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.
- Mirad, madre mía: la escuela es pan muy duro y sin buenos dientes no se puede morder. Hanme caído los primeros, tengo todos los segundos, y fuertes, y puedo morder y comer el pan de la escuela que como he dicho es muy duro y áspero, y no debe darse a niños mientras son tan tiernos. Todos lloran, todos lo sienten mucho, todos andan acontecidos y se paran flacos, enatizos y entecos de sujeción y apocamiento, y no adelantan nada o están en las primeras letras que llaman tantos años, que sólo por ser cosa ordinaria no es gran vergüenza para ellos y para los maestros. Yo a la verdad, no sé bien lo que son las letras; pero me parece que en poco tiempo he de alcanzar y pasar a ese Agustinico y a todos los que hace tres o cuatro años que van a la escuela. Ahora vamos a dormir, y mañana veréis a tu hijo comenzar a ser hombre y serlo muy aprisa, a lo que me da el corazón. Su madre le miraba y lloraba de gozo, y dando gracias a Dios se acostó y ni pudo dormir de alegría como había dicho.
Se hizo de día, y mucho antes la buena madre tenía la luz en sus ojos con el acontecimiento de pensar en la resolución de su hijo. Levantóse, y cuando tuvo hecho el almuerzo, fue a despertar al niño Pedro, el cual le pidió la ropa de los días de fiesta diciendo que aquél era muy grande para él. - Y para tu madre también, contestó ella. Y le sacó el vestido más nuevo y mejor; después que hubo comido un plato de migas y sin querer tomar otra cosa dijo a su madre que le acompañase para decir al maestro que le entregaba a su potestad y gobierno.
Fueron a la escuela, y la madre dijo al maestro que le llevaba y presentaba su hijo Pedro; el cual hasta aquel día no había tenido a bien comenzar la escuela porque quería crecer y hacerse fuerte. El maestro se rió y respondió que admitía con gusto al niño Pedro por discípulo, y que confiaba que al poco tiempo aprendería la paleta de la Jesús. Con esto se fue la madre, y él se quedó en la escuela.
Aquel primer día y los dos siguientes no hizo sino repetir los nombres de las letras como los iban diciendo en voz alta los otros niños; pero el cuarto preguntó al maestro si había más letras que aquéllas; y como le dijese que no, tornó a preguntar si en los libros que leían los niños adelantados eran otras, y contestando el maestro que ni en aquellos libros ni en todos los del mundo había más ni otras letras que aquéllas, dijo el niño Pedro: - Pues en este caso en aprendiendo yo estas letras ya sabré todo lo que hay que saber por ahora. - No, hijo, respondió el maestro; porque después se han de juntar unas con otras para formar los vocablos. - Pero al fin, replicó Pedro, con éstas se han de componer todas. - Sí, dijo el maestro. - Pues bien, continuó el niño: esta tarde me daréis licencia para no venir a la escuela, y mañana os pediré un favor, que si me lo hacéis, ni yo me sacaré de estar aquí voceando tantas horas mañana y tarde, ni vos tendréis que hacer más que decirme lo que os pregunte. Otorgóle el maestro lo que pedía; y aquella tarde tomó una vihuela de sus abuelos medio rota y sin clavijas, la deshizo, pegó a sus dos tablas por un lado un papel blanco y se fue al taller de un carpintero. Llegado, pidió una regla, un lápiz y una sierra fina, y tirando líneas de alto a bajo y de cruzado en las tablas, aserrólas ambas e hizo de veintiséis a treinta tablillas cuadradas, echóselas en la capilla del gabán, y se fue a enseñarlas a su madre diciéndole que mañana vería en qué paraba aquello.
Al día siguiente por la mañana fuese a la escuela y pidió al maestro que le escribiese en cada tablita una letra; luego le rogó que las metiese por orden en un hilo de alambre pasándolo por un agujerito que tenía, y hecho todo por el maestro le dio las gracias y dijo: - Ahora, señor maestro, ya me avendré yo con estas letras, porque las sé de coro y conozco muy pocas. Dadme licencia y me voy a casa.
Dos días estuvo en casa dando vueltas a las tablitas y mirando de cuando en cuando en una paleta del A. B. C., que tenía colgada en la pared, al cabo de los cuales dijo a su madre: - Ya conozco las letras; venid conmigo a la escuela y veréis que no os engaño. Fueron a la escuela, hizo el maestro la prueba y no erró ninguna.
Quedó espantado el maestro; los niños le miraban elevados y la madre estaba embargada de gozo. Divulgóse la noticia en el pueblo, y todos celebraban el ingenio del niño Pedro de la Pupila, comenzando algunos a llamarle desde entonces Pedro Saputo, que en el dialecto antiguo del país quiere decir Pedro el Sabio; nombre que al fin le quedó como propio no llamándole nadie ni siendo conocido por otro.
Pusiéronle a deletrear; y haciéndole escribir en un papel las sílabas sueltas a un lado, y al otro el vocablo que componían, en cinco días aprendió a leer, habiéndose perfeccionado del todo en catorce desde el primero en que fue a la escuela.

1. 6. De cóm Pedro Saputo adepreníe tots los ofissis en un rato.

Capítul VI.

De cóm Pedro Saputo adepreníe tots los ofissis en un rato.

Iguals en lo essensial y diferens en lo acsidental va fé als homens la naturalesa. Y encara que es sert que an eixa desigualdat se contenen les causes del orden primitiu general de la sossiedat, y hasta de la condissió dels individuos en particulá, pero lo que es la autorisassió no prové de ixes causes sino de les que fan al pare digne del respecte del fill, al agüelo per al jove, y al magistrat per al siudadá; sen tot lo demés ussurpasió, pressunsió, orgull, soberbia.

Ramón Guimerá Caballé, escuela, colegio

Cap autoridat representabe lo hidalgo pera empendre a la pubilla; y la caridat, si per la caridat u haguere fet, parle y obre de un atra manera. Sobre tot pera avassallá, pera ofendre, pera insultá y afrentá al pobre, al desgrassiat, al infelís, cap ley done dret; y es lo orgull tan grave ofensa del sel, que rara vegada dixe de castigál, fenmos vore tart o pronte humillat al soberbio, així com exaltat al humilde.

Entre tan ya va castigá com va pugué lo chiquet Pedro la insolensia en que lo hidalgo va parlá a sa mare, y encara se resserváe mes gran vengansa com donáen a entendre les seues paraules.

Va arribá a casa de sa padrina, pos la trobada de la plassa no lo va distraure del seu propósit y la va trobá ocupada cusín unes teles y fen cuentes pera uns vestits que habíen de fes, ya que tindríe allí al sastre en son demá. Al sentí aixó Pedro Saputo se va alegrá y va di: - Mol be, siñora padrina, mol be me ve; perque en esta ocasió escomensaré demá a adependre lo ofissi de sastre. Matinaré y vindré abans que lo maestre pera vore totes les seues operassions. Li va pareixe be a la padrina, perque res del seu fillol li podíe pareixe mal, pero li va chocá que vullguere adependre aquell ofissi habén ella consebut coses mes altes.
Va callá, empero, temén la resposta de Pedro, que tan fassilmen confoníe a tots.

En son demá va aná a casa de la padrina mol abans que lo maestre sastre, y així que se va presentá éste y se va ficá al ofissi, va mirá en molta atensió cóm preníe la mida a la mare, cóm estenén la tela a una taula aplicán la mida y fen puns y rayes blanques y dixán siñalat lo cos, les mánegues y demés pesses; cóm después va empleá la estisora y les va tallá una a una. Va pendre enseguida la mida al home, y va aná fen lo mateix part per part. Y cuan va aná a pendre la mida a una chiqueta que teníe nau añs, va di Pedro:

- Dixeume, siñó mestre, que an esta li vull tallá yo lo vestit per la meua má. 

- Sí, fill meu, va di la padrina. Pero lo mestre espantat va di: 

- ¿Hau perdut lo entenimén, siñora? ¿voléu quedatos sense la pessa y lo mocadó? 

- No vull aixó, va contestá ella; pero si lo meu fillolet Pedro erre lo tall y me fa malbé lo vestit, ya está pagat. 

- Es verdat, va contestá lo home, que tamé volíe vore la proba. 

- Y después, va continuá la dona, ting un atra pessa al arca, y a Huesca micha dotsena de botigues a la meua disposissió y a la dels meus doblés. Conque fill meu, pren la mida a tan germaneta y tállali lo vestit segons lo teu bon juissi y entenimén. Pedro entonses mol confiat va pendre la mida, va aná fen tot lo que va vore fé al mestre; y cuan va tindre siñalades les pesses a la roba, y endressades y corregides, va di al mestre: 

- Miréu si me ha iluminat avui bona llum; ¿qué diéu de eixes rayes? 

- Dic, va contestá lo mestre, lo que vosté vullguéu y cumplix a la meua confusió Per la memoria de mon pare a qui sol vach coneixe ya mort, que eixes pesses están marcades com si les haguere dibuixat lo mateix mestre Lorda Azufre de Huesca. Venga, tira les estisores y vorem. Va tirá Pedro la estisora, va tallá les pesses amostranles al mestre y a la padrina tal com les anáe retallán, y acabada la operassió va di: ara veigam lo que es cusí. 

- No fill meu, va contestá lo mestre; ara vorem lo que es jalá; que la siñora Salvadora se ha olvidat del nostre amorsá en la contemplassió de la teua habilidat.

- Teniu raó, mestre Gafo, va di ella; y en la chiqueta y la criada va traure lo amorsá per als dos mestres y tamé van fé un mosset lo home y la chiqueta.

Acabat de amorsá, y después de enríuressen y selebrá la nova grassia del chiquet Pedro, se van assentá a cusí. Va demaná un dedal lo aprendís de mestre, y com no sabíe tindre lo dit doblegat, va passá un filet per lo dedal, y embutit al dit, va fé que li lligaren lo fil per damún. Va pessigá la agulla en una hebra y sense fé pun o nugo, anáe cusín un retall perdut y passán mol depressa la agulla; y no va fé datra cosa hasta michdía. ¡Cuán sen va enriure sa padrina! ¡Cóm sen enríe y divertíe la chiqueta! Perque en tan afán y traball no resultáe costura, pespún, bordat ni cusit.

Va arribá la hora y van minjá de mol bona gana. Eixecats de la taula, va pendre Pedro lo capotillo de la chiqueta, y va cusí primé lo cos, después, les mánegues, que sol eren miches y ubertes; después les va ajuntá de hilván pera probáu. Lay va ficá a la chiqueta, y li caíe tan be, que se van admirá lo mestre y la padrina, arribán an este tems la mare de Pedro que veníe a vore cóm son fill entráe al ofissi. La chiqueta no se va volé ya traure lo capotillo hasta que vinguere son pare; y lo que faltabe, que eren les juntes del forro, la esclavina y los vivos, u va fé lo mestre en son demá, perque Pedro no va volé continuá lo ofissi dién que no ere digne de homens cabals, sino propi de geputs, coixos, enanos y monfloritos. Sol a casa seua y per an ell y sa mare va tallá y va cusí alguna vegada los vestits.

Un atre día va volé adependre de pelaire, y va aná a casa de un mestre, y va adependre a cardá y a pentiná, y abans y primé de tot a abatollá y prepará la llana. Per la nit li va portá a sa mare per mostra un vestit mol untat y un copo de estambre pentinat y acabat per nell de una dotsena que aquella tarde habíe fet. Y del ofissi va di que ere una mica despressiat, pero sano y alegre.

Lo dilluns va aná al taller de un fusté, y per la nit li va portá un marc de finestra a modo de bastidó en un enserat mol pulit y fet tot de la seua má. Pero va di a sa mare que aquell ofissi requeríe vuit díes de estudis y un mes de práctica; y que veiguere quin atre o quina dotsena de ells volíe que adeprenguere y quin preferiríe. Sa mare estáe contenta, pero no sabíe qué contestali: 

- Yo no sé, fill meu, lo que vull y lo que no vull: lo que me pareix es que sol vull lo que tú voldrás; y lo que tú faigues, tot, fill meu, tot u dono per bo, perque ya vech que te guíe una sabiduría mes alta y una llum que no arribo a entendre. Y va di ell: 

- Ya veéu, mare, cóm en poques hores hay adeprés consevol ofissi que me hay proposat. Perque hau de sabé que eixes arts y atres moltes, segons lo que yo ting observat, les sabem tots los homens naturalmén, y sol fa falta vóreles y inventá los instrumens propis si no són coneguts, y después amoldá les mans an ells, be que la perfecsió sigue cosa de la práctica y de mes tems. Pero ahí, a casa del carnissé vach vore uns papés en uns dibuixos de portes, finestrons, taules, aladres, masades, rius, bosques y montañes y me han agradat mol y voldría adependre lo art del dibuix. Si podeu aneu un día a Huesca y compreume los instrumens que fan falta, que me pareix són un llapis, dos compasos, y lo que tos diguen a la tenda, que no sirá molta cosa. Y va aná sa mare a Huesca, y li va portá tots aquells instrumens; y ell passáe después lo tems dibuixán lo que li fée goch, y va omplí lo seu cuarto de dibuixos. Después de un tems va fé lo retrato de sa mare, después lo de sa padrina, al llapis los dos; y eren tan pareguts, que tots al vorels díen: esta es la pupila, la Salvadora de Olbena.

Original en castellá:

Capítulo VI.

De cómo Pedro Saputo aprendía todos los oficios en un rato.

Iguales en lo esencial y desiguales en lo accidental hizo a los hombres la naturaleza. Y aunque es cierto que en esa desigualdad se contienen las causas del orden primitivo general de la sociedad, y aun de la condición de los individuos por sí en particular, pero lo que es la autorización no procede de esas causas sino de las que hacen al padre digno de respeto para el hijo, al anciano para el joven, y al magistrado para el ciudadano; siendo todo lo demás usurpación, presunción, orgullo, soberbia. Ninguna autoridad representaba el hidalgo para reprender a la Pupila; y la caridad, si por la caridad lo hubiera hecho, habla y obra de otra manera. Sobre todo para denostar, para ultrajar, para insultar y afrentar al pobre, al desgraciado, al infeliz, ninguna ley da derecho; y es el orgullo tan grave ofensa del cielo, que rara vez deja de castigarlo, haciéndonos ver tarde o temprano humillado al soberbio, así como exaltado al humilde. Entre tanto ya castigó como pudo el niño Pedro la insolencia con que el hidalgo baldonó a su madre, y aún se reservaba mayor venganza como daban a entender sus palabras.

Llegó en tanto a casa de su madrina, pues el encuentro de la plaza no le distrajo de su propósito y cabalmente la encontró ocupada en prevenir unas telas o paños y echar cuentas para unos vestidos que habían de hacerse, debiendo tener el sastre al otro día. Al oír esto Pedro Saputo se alegró y dijo: - Muy bien, señora madrina, muy bien me viene; porque con esta ocasión comenzaré mañana a aprender el oficio de sastre. Madrugaré y vendré antes que el maestro para ver todas sus operaciones. Pareció bien a la madrina, porque nada de su ahijado le podía parecer mal, pero extrañó que quisiera aprender aquel oficio habiendo ella concebido cosas más altas. Calló, empero, temiendo la respuesta de Pedro, que tan fácilmente confundía a todos.

Al día siguiente fue a casa de la madrina mucho antes que el maestro sastre, y así que se presentó éste y se puso al oficio, miró con mucha atención cómo tomaba la medida a la madre, cómo tendiendo el paño en una mesa aplicando la medida y haciendo puntos y rayas blancas y dejando señalado el cuerpo, las mangas y demás piezas; cómo luego echó la tijera y las cortó una a una. Tomó enseguida la medida al marido, y fue haciendo lo mismo parte por parte. Y cuando fue a tomar a una niña que tenía nueve años, dijo Pedro: - Dejad, señor maestro, que a ésta le quiero yo cortar el vestido por mi mano. - Sí, hijo mío, dijo la madrina. Pero el maestro espantado decía: - ¿Habéis perdido el juicio, señora? ¿Queréis quedaros sin prenda y el paño? - No quiero eso, respondió ella; pero si mi ahijado Pedro yerra el corte y me pierde el paño, ya está pagado. - Es verdad, respondió el marido, que también quería ver la prueba. - Y después, continuó la mujer, tengo otra pieza en el arca, y en Huesca media docena de tiendas a mi disposición y a la de mis dineros. Conque hijo mío, toma la medida a tu hermanita y córtale el vestido a tu buen juicio y entendimiento. Pedro entonces muy confiado tomó la medida, fue haciéndolo todo lo que vio hacer al maestro; y cuando tuvo señaladas las piezas en el paño, y enderezadas y corregidas, dijo al maestro: - Mirad cuerpo de mí si me ha despuntado hoy buena luz; ¿qué decís de esas rayas? - Digo, respondió el maestro, lo que vos queráis y cumple a mi confusión. Por el siglo de mi padre a quien sólo conocí de muerto, que esas piezas están señaladas como si las hubiese rayado el mismo maestro Lorda Azufre de Huesca. Ea, echa la tijera y veamos. Echó Pedro la tijera, cortó las piezas mostrándolas al maestro y a la madrina como las iba cortando, y concluida la operación dijo: ahora veamos lo que es coser. - No hijo mío, respondió el maestro; agora veamos lo que es yantar; que en verdad que la señora Salvadora se ha olvidado del nuestro desayuno con la contemplación de tu habilidad. - Tenéis razón, maestro Gafo, dijo ella; y fuese y con la niña y la criada sacó el desayuno para los dos maestros a quienes acompañaron el marido y la niña.

Almorzado que hubieron, y reído y celebrado la nueva gracia del niño Pedro, se sentaron a coser. Pidió un dedal el aprendiz maestro, y como no supiese tener el dedo doblado, pasó un hilo por el dedal, y metido en el dedo, hizo que le atasen el hilo por encima. Tomó la aguja con una hebra y sin hacer punto o nudo, iba cosiendo un retal perdido y pasando muy aprisa la aguja; y no hizo otra cosa hasta el mediodía. ¡Cuánto se rió su madrina! ¡Cómo se reía y divertía la niña! Porque con tanto afán y trabajo nunca resultaba costura, pespunte ni cosido alguno.

Llegó la hora y comieron de muy buena gana. Levantados de la mesa, tomó Pedro el capotillo de la niña, y cosió primero el cuerpo, después, las mangas, que sólo eran medias y abiertas; luego las unió de hilván para probarlo. Púsoselo la niña, y le caía tan bien, que se admiraron el maestro y la madrina, llegando a este tiempo la madre de Pedro que venía a ver segunda vez cómo su hijo entraba en el oficio. La niña no se quiso ya quitar el capotillo hasta que viniese su padre; y lo que faltaba, que eran las junturas del forro, la esclavina y los vivos, hízolo el maestro otro día, porque Pedro no quiso continuar el oficio diciendo que no era digno de hombres cabales, sino propio de jorobados, cojos, enanos y hermafroditas. Con todo, en su casa y para él y su madre cortó y cosió alguna vez los vestidos.

Otro día quiso aprender de pelaire, y fue a casa de un maestro, y luego en un punto aprendió a cardar y a peinar, y antes y primero que todo a varear y preparar la lana. Por la noche llevó a su madre por muestra el vestido muy untado y un hermoso copo de estambre peinado y concluido por él de una docena que aquella tarde había hecho. Y del oficio dijo que era un poco despreciado, pero sano y alegre.

El lunes fue al taller de un carpintero, y por la noche llevó un marco de ventana a modo de bastidor para un encerado muy pulido y hecho todo de su mano. Pero dijo a su madre que aquel oficio requería ocho días de estudios y un mes de práctica; y que mirase qué otro o qué docena de ellos quería que aprendiese y cuál preferiría. Su madre rebosaba satisfacción por todas sus coyunturas, y no sabiendo qué responder le dijo: - Yo no sé, hijo mío, lo que quiero y lo que no quiero: lo que me parece es que sólo quiero lo que tú querrás; y lo que tú hagas, todo, hijo mío, todo lo doy por bien, porque ya veo que te guía otra sabiduría más alta y otra luz que no alcanzo. Y dijo él continuando: - Ya veis, madre mía, cómo en pocas horas he aprendido cualquier oficio a que me he puesto. Porque habéis de saber que esas artes y otras muchas, según lo que yo tengo observado, las sabemos todos los hombres naturalmente, y sólo falta verlas e inventar los instrumentos propios si no son conocidos, y luego adestrar las manos a ellos, bien que la perfección sea cosa de la práctica y de más tiempo. Mas ahí, en casa del carnicero he visto unos papeles con unos dibujos de puertas, ventanas, mesas, arados, edificios, ríos, bosques y montañas y me han gustado mucho y quisiera aprender el arte del dibujo. Por vida vuestra que vayáis un día a Huesca y compradme los instrumentos necesarios, que me parece son un lapicero, dos compases, y los que os digan en la tienda, que ahora no serán muchos. Y fue su madre a Huesca, y le trajo todos aquellos instrumentos; y él pasaba después el tiempo dibujando lo que se le antojaba, y llenó su cuarto de dibujos que luego y prestísimo fueron de muy cumplido primor y arte. De ahí a algún tiempo hizo el retrato de su madre, después el de su madrina, al lápiz los dos; y eran tan parecidos, que todos al verlos decían: ésta es la Pupila, ésta Salvadora de Olbena.

viernes, 26 de julio de 2024

Llibre segón. Capítul I. De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món.

Llibre segón.

Capítul I.

De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món.

Que a ningú o dingú se li ocurrixque di, de esta aigua no beuré, perque pot sé que tingue que béuressela, y aixó encara que estigue térbola, y mesclada en sang humana; encara que la estiguen passán de un cuerno a un atre, com fée un grillat, lloco o loco al carré este atre día.

Lexique roman; Mania – Manjuiar

¿Cuánta aigua de cuerno per al hidalgo de la cantonada de la plassa, que vóres obligat a rendí la seua soberbia al fill de aquella pupila a qui ell va denostá en tan despressio y en paraules de tanta injuria, debénli nada menos que la vida de sa filla y no tenín pas y amor en ella si cada día no la visitabe lo que ell destinare pera comadrón y casamenté, y ademés va eixí ara, que valíe mes sén un chiquet y pobre que tots los hidalgos de la provinsia? Y encara ell va patí menos que datres en aquella humillassió, perque no ere desagraít, y l'agraimén, ¡ay, qué majo que es!, no permitix quisquilles del amor propi. Si visquere una mica mes, y veiguere encara coses mes grans, y la seua soberbia mes retirada, y la seua imprudensia mes arrepentida. Van preguntá a un sabut antic qué fée Deu, y va contestá: Recachá lo alt y eixecá lo baix.

Se ha de anotá que la Providensia done lloc a preguntes com aquelles: 

Disme, pare comú, pos eres just, an esta may se ha de dessichá mol tems lo seu cuidado de recordá al home vano, que no es res y no res pot fé de ell mateix; habénmos previngut pera que no lo extrañem, que lo que se alegre de la caiguda de un atre, de la flaquesa de l'atre, o se creu exento y segú de ella, no quedará sense cástic, no dixará de sé abandonat pera que caigue an aquella mateixa o a un atra mes miserable. 

Trobáe Pedro Saputo esta llissó y doctrina als seus llibres, y encara que lo chiquet la teníe sempre mol presén y evitabe així la vanagloria, la pressunsió, lo engreimén, ajudanli tamé sa mare que continuamén referíe a Deu totes les grassies y habilidats del seu fill.

Passáe lo tems mentrestán, y ell entráe ya als quinse añs de edat; y va di un día a sa mare:

- Yo, mare meua, voldría anamen a vore món. Hasta ara sol hay vist la siudat de Huesca y alguns atres poblets de la comarca aon m' hau portat; y aixó es com no habé eixit de Almudévar, perque no ña diferensia en les costums, ni al sel, ni a la terra y vull anamen sol y mes lluñ, perque al món ña mol que vore y mol que sabé, y a casa y per aquí sempre són los mateixos campos, los mateixos margens, ribassos, les mateixes parets, finestres y finestrons, y ni los uns diuen res, ni les atres fan mes llum que lo primé día. Conque doneume la vostra bendissió y men aniré en la vostra llissensia. 

Se va entristí sa bona mare en esta notissia, y li va di plorán: 

- ¿Cóm, fill meu, cóm sirás lo consol de ta mare si ten vas del meu costat?

- Mare meua, va contestá ell: los fills són lo consol de sons pares pero no están sempre lligats a les seues garres, sino honrats, guañanse honestamen la vida, no donanlos maldecaps, volenlos mol, y assistinlos y cuidanlos cuan u nessessiten. Ademés, no tardaré en torná, perque com sirá lo primé viache y soc encara mol sagal, no vull aná a terres apartades ni embutím a la confussió de llengües y nassions pera probá a la fortuna.

- Pos be, va di sa mare, ya que estás convensut, yo voldría que u comunicares al siñó mossen, que es home que coneix a moltes persones, y escriu y ressibix cartes del correu, pera que te dono cartes que diuen de recomanassió.

- ¡Ay mare!, va contestá ell entonses; ¡qué lluñ estéu de atiná al blang, y qué mal caléu lo meu pensamén! No vull cap lletra de recomanassió, perque ni sé aón aniré, ni dixen de sé pigüelas (esposes) que no se poden chafá sense ofensa de algú.

Ademés, ¿Qué faré? ¿Pintá? Es títul que obligue a mol, y per ventura no me se oferirá pintá un estrel. ¿De músic? No sé aón podríe portam esta habilidat si no es an algún sarao, boda o festa de convén. Pero sobre tot la libertat es lo que me fa al cas; cap respecte, cap ley inútil me convé, fora de la honradés; y lo parlá be y lo just comedimén. Esta nit anirem a casa de ma padrina y li direm que demá me se oferix un curt viache, y a ningú mes donarem cuenta, exepte si después vullgueres contálay al siñó mossen, que es tan amic nostre

- ¿Demá ya ten vols aná?, va preguntá sa mare. ¿No veus, fill, que aixó es massa de repén?

- Aixó pera vosté, va contestá ell; no pera mí, que fa mol tems que u ting pensat y resolt. Plegueume dos camises, y en esta mateixa roba y un morral al muscle ting lo menesté per al poc tems que penso caminá fora de casa.

Va habé de asseptá sa mare per mes que li ploráe lo cor; y en son demá de matinet li va besá la má y va eixí del poble eixecán los ulls al sel com pera invocá a la Providensia.

Com lo camí de Huesca ere lo mes conegut y al mateix tems lo mes curt, se ni en van aná los peus per nell y va dixá lo poble atrás, no portán mes bartuls que lo que per la nit li va di a sa mare, y deu libres jaqueses de or, no habén vullgut mes provissió, perque díe que lo que va a corre món a la aventura, lo món li ha de valé y al món ha de trobá la vida o la mort.


Original en castellá:

Libro segundo.


Capítulo I.

De cómo Pedro Saputo salió a correr el mundo.

A nadie le ocurra decir, de esta agua no beberé, porque puede ser que tenga que beberla, y eso aunque esté turbia, y mezclada con sangre humana; aunque la estén pasando actualmente de un cuerno a otro, como hacía un loco en la calle estotro día. ¿Qué más agua de cuerno para el hidalgo de la esquina de la plaza, que verse obligado a rendir su soberbia al hijo de aquella pupila a quien él denostó con tanto desprecio y con palabras de tanta injuria, debiéndole nada menos que la vida de su hija y no teniendo paz y amor con ella si cada día no la visitaba el que él destinara para comadrón y casamentero, y además salió ahora, que valía más siendo un niño y pobre que todos los hidalgos de la provincia, cuanto más él y los suyos? Y aun él padeció menos que otros en aquella humillación, porque no era ingrato, y la gratitud, ¡ay, qué hermosa es!, no permite quisquillas del amor propio. Viviera un poco más, y viera aún cosas mayores, y su soberbia más retirada, y su imprudencia más arrepentida. Preguntaron a un sabio antiguo qué hacía Dios, y respondió: abajar lo alto y levantar lo bajo. Siendo de notar que si en otras cosas su providencia da lugar a preguntas como aquéllas: Dime, padre común, pues eres justo, en ésta nunca se ha de desear mucho tiempo su cuidado de recordar fuertemente al hombre vano, que nada es y nada puede de sí mismo; habiéndonos prevenido para que no lo extrañásemos, que el que se alegra de la caída de otro, de la flaqueza de otro, o se cree exento y seguro de ella, no quedará sin castigo, no dejará de ser abandonado para que caiga en aquella misma o en otra más miserable. Encontraba Pedro Saputo esta lección y doctrina en sus libros, y aunque niño la tenía siempre muy presente y evitaba así la vanagloria, la presunción, el engreimiento, el desvanecimiento, ayudándole también su buena madre que continuamente refería a Dios todas las gracias y habilidades de su hijo.

Pasaba el tiempo entretanto, y él entraba ya en los quince años de su edad; y dijo un día a su madre: - Yo, madre mía, quisiera irme a ver mundo. Hasta ahora sólo he visto la ciudad de Huesca y algunos otros lugares de la comarca adonde me habéis llevado; y eso es no haber salido de Almudévar, porque no hay diferencia en las costumbres, ni en el cielo, ni en la tierra y quiero irme solo y más lejos, porque en el mundo hay mucho que ver y mucho que saber, y en casa y por aquí siempre son los mismos campos, las mismas paredes y ventanas, y ni los unos dicen nada, ni las otras dan más luz ni otra que el primer día. Conque dadme vuestra bendición y me iré con vuestra licencia. Contristóse su buena madre con semejante nueva, y le dijo llorando: - ¿Cómo, pues, hijo mío, cómo serás el consuelo de tu madre si te vas de mi lado? - Madre mía, respondió él: los hijos son el consuelo de sus padres no estando siempre atados de su pierna, sino honrados, ganando honestamente la vida, no dándole pesadumbres, queriéndolos mucho, y asistiéndolos y cuidándolos cuando lo necesitan. Además que no tardaré en volver, porque como será el primer viaje y soy aún muy rapaz, no quiero apartarme a luengas tierras ni lanzarme a la confusión de lenguas y naciones para prueba de mi fortuna.

- Pues bien, dijo su madre, ya que estás resuelto, yo querría que lo comunicases al señor cura, que es hombre que conoce muchas personas, y escribe y recibe cartas del correo, para que te diese letras que llaman de recomendación. - ¡Ay madre!, contestó él entonces; ¡qué lejos estáis dando del blanco, y qué mal caláis mi pensamiento! No quiero ninguna letra de recomendación, porque ni sé adonde iré, ni dejan de ser pigüelas que no se pueden romper sin ofensa de alguno. A más, ¿qué calidad queréis que me dé en ellas? ¿De pintor? Es título que obliga a mucho, y por ventura no se me ofrecerá pintar una estrella. ¿De músico? No sé a dónde podría conducirme esta habilidad si no es a algún sarao, boda o fiesta de convento. Pero sobre todo la libertad es lo que me hace al caso; ningún vano respeto, ninguna ley inútil me conviene, fuera de la honradez; y el bien hablar y el justo comedimiento. Esta noche iremos en casa de mi madrina y le diremos que mañana se me ofrece un corto viaje, y a nadie más daremos cuenta, salvo si después quisiéredes participárselo al señor cura, que es tan amigo nuestro. - ¿Que ya mañana te quieres ir?, preguntó su madre. ¿No ves, hijo, que eso es muy súbito? - Esto para vos, respondió él; no para mí, que hace mucho tiempo lo tengo pensado y resuelto. Aviadme dos camisas, y con esta misma ropa diaria y un ferreruelo al hombro tengo mi menester para el poco tiempo que pienso andar fuera de casa. Hubo de condescender su madre por más que le lloraba el corazón; y al día siguiente de mañanita le besó la mano y salió del lugar levantando los ojos al cielo como para invocar la Providencia.

Como el camino de Huesca era el más conocido y así mismo el más corto en la imaginación, se le fueron los pies por él y dejó el lugar atrás, no llevándose más equipaje que el que por la noche dijo a su madre, y diez libras jaquesas en oro, no habiendo querido mayor provisión, porque decía que el que va a correr mundo a la ventura, el mundo le ha de valer y en el mundo hallar la vida o la muerte.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA DÉSSIMA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA DÉSSIMA.

Dos sienesos volen a una dona comare de un dells. Mor lo compare y torne a visitá al compañ, segóns la promesa y juramén que se habíen fet, y li conte cóm se está al atre món.

Dos sienesos volen a una dona comare de un dells. Mor lo compare y torne a visitá al compañ, segóns la promesa y juramén que se habíen fet, y li conte cóm se está al atre món.

Quedabe sol lo rey per novelá, y después de vore a les siñores calmades (que se dolíen de la perera escamochada, que no habíe tingut cap culpa), va escomensá:
Manifestíssima cosa es que tot just rey té que sé primé guardadó de les leys fetes per nell, y si datra cosa fa, com a criat digne de cástic y no com a rey té que jusgás. Y yo, que vostre soc lo vostre rey, com estic obligat per fuero, me toque caure a la vostra justíssia. Ahír vach doná yo orde y manamén de que los nostres raonaméns de avui, en intensió de no voldre fé aná lo meu privilegi, y raoná sobre alló que tots hau raonat; pero no sol ha sigut contat tot alló sobre lo que yo creía que parlaría, sino que han sigut dites tantes coses millós, que yo, en cuan a mí, per mol que a la memória busca, recordá no puc ni sé que sobre la materia algo puga di que pugue comparás a les históries ya contades. Y per naixó, debén contravíndre a la ley per mí mateix donada, com soc digne de cástic, a tota reparassió que me sigue ordenada me declaro aparellat, y al meu acostumat privilegi tornaré. Tos dic que la história dita per Elisa sobre lo compare y la comare, y tamé la idiotés dels sienesos, tenen tanta forsa, caríssimes siñores que, dixán les burles que a los seus homens nessios fan les dones discretes, me porten a contátos una historieta sobre ells, que, encara que en sí tingue mol de lo que no té que créures, no menos sirá en part plassentera de escoltá.

Va ñabé, pos, a Siena, dos jovens de poble, la un se díe Tingoccio Mini y lo atre Meuccio de Tura; y casi may estaben la un sense lo atre, y per lo que pareixíe se volíen mol.
Y anán, com van los hómens, a la iglesia y als sermóns, moltes vegades habíen sentit la glória y la miséria que a les almes o ánimes dels que moríen ere segóns los seus mérits, consedida al atre món; dessichán sabé algo segú de estes coses, y no trobán lo modo, se van prometre la un al atre que lo que primé de ells se moriguere, al que quedare viu tornaríe si podíe y li donaríe notíssia de lo que volíen sabé; y aixó u van confirmá en juramén dabán los cuatre evangelis. Habénse fet esta promesa y continuán juns, com se ha dit, va passá que Tingoccio va emparentá com a compare en un tal Ambruoggio Anselmini, que estabe a Camporeggi. Este teníe un fill de la seua dona, de nom doña Mita. Tingoccio, jun en Meuccio visitán alguna vegada an esta comare seua, que ere una majíssima y atractiva dona, no obstán lo sé compares se va enamorá de ella; y Meuccio igualmen, de tan sentíla alabá per Tingoccio, se va encaprichá de ella. Y en este amor la un se amagabe del atre, pero no per la mateixa raó: Tingoccio se guardabe de descubrílay a Meuccio per la maldat que an ell mateix li pareixíe que ere lo vóldre a la seua comare, y se hauríe avergoñit de que algú u sapiquere. Meuccio no se guardabe per naixó, sino perque ya sen habíe acatat de que li agradáe a Tingoccio, per lo que se díe:
«Si yo li descubrixgo aixó, pendrá sels de mí, y puguenli parlá tan com vol, com a compare de ella, en lo que pugue la fará odiám, y aixina may res de lo que vull obtindré de ella». Ara, va passá que Tingoccio, al que li ere mes fássil pugué obríli a la dona tots los seus dessichos, tan va sabé fé en actes y en paraules que va conseguí de ella lo seu gust; de lo que Meuccio be que sen va acatá, y encara que mol li desagradare, sin embargo, esperán alguna vegada arribá al objecte del seu dessich, per a que Tingoccio no tinguere manera ni ocasió de estorbá o impedí algún assunto seu, fée vore que no sabíe res. Va passá que, trobán Tingoccio a les terres de la comare lo terreno blan, perque ñabíen aiguamolls, tan va llaurá y cavá que li va víndre una enfermedat per la humitat, y esta después de uns díes se va agravá tan que va passá a neumonía, y no podén soportála, sen va aná al atre món. Y ya difún, tres díes después, que potsé primé no habíe pogut, va torná, segóns la promesa feta, una nit a la alcoba de Meuccio, que dormíe com un soc, y lo va cridá. Meuccio, despertánse assustat, va di: - ¿Quí eres tú?

A lo que va contestá:

- Soc Tingoccio que, segóns la promesa que te vach fé, hay tornat a donát notíssies del atre món. Se va espantá Meuccio al vórel, pero tranquilisánse después va di: - ¡Sigues benvingut, germá meu!

Y después li va preguntá si se habíe perdut; a lo que Tingoccio va contestá: - Perdudes están les coses que no se troben: ¿cóm hay de está yo perdut si estic aquí dabán de tú?

- ¡Ah! - va di Meuccio- , yo no vull dí aixó: te pregunto si estás entre les ánimes condenades al foc etern del infern.

A lo que Tingoccio va contestá:

- Assó no, pero sí que estic, per los pecats cometuts per mí, en penes gravíssimes y mol angustioses. Li va preguntá entonses Meuccio particularmen a Tingoccio quines penes se donaben allá per cada un de los pecats que aquí se fan; y Tingoccio les hi va dí totes. Después li va preguntá Meuccio si ell podíe an este món fé per nell alguna cosa; a lo que Tingoccio li va contestá que sí, y ere que faiguere cantá misses, resá orassións y doná almoynes, perque estes coses mol ajuden als de allá de allá. A lo que Meuccio va di que u faríe de bona gana; y separánse Tingoccio de ell, Meuccio sen va enrecordá de la comare, y eixecán una mica lo cap, va di:

- Ara que men enrecordo, Tingoccio: ¿per la comare en la que te gitabes cuan estabes aquí, quína pena te han donat allá dal?

A lo que Tingoccio va contestá.

- Germá meu, cuan vach arribá allá dal, ñabíe un que pareixíe coneixe tots los meus pecats, y sels sabíe de memória. Este me va maná que aniguera an aquell puesto (aon vach plorá en gran pena les meues culpes), aon vach trobá a mols amics condenats a la mateixa pena que yo; y están yo entre ells, y enrecordánmen de lo que había fet en la comare, y esperán per naixó una pena mol mes gran de la que me habíe sigut dada, encara que estiguera al mich de una gran foguera mol ardén, com si fore de lleña de melis, tremolaba de paó. Veén aixó un que ñabíe al meu costat, me va di: «¿Qué tens mes que los demés que aquí están que tremoles están al foc?». «¡Oh! - vach di yo- , amic meu, ting gran po del juissi que espero de un gran pecat que hay fet.» Aquell me va preguntá entonses quín pecat ere aquell; y li vach di: «lo pecat va sé tal, que me tombaba a una comare meua: y tan me vach girá y tombá que me vach despellotá». Y ell entonses, burlánse de alló, me va di: «Ala, tontet, no tingues temó, que aquí no se porte cap cuenta de les comares», lo que sentínu yo, me vach tranquilisá.

Y dit aixó, arrimánse lo día, va di:

- Meuccio, quédat en Deu, que yo no puc quedám mes tems en tú - y de repén se va esfumá. Meuccio, habén sentit que cap cuenta se portabe de les comares, va escomensá a fé burla de la seua castidat, pos ya ne habíe dixat passá unes cuantes; per lo que, abandonán la seua ignoránsia, en alló mes abán va sé sabut. Estes coses, si fray Rinaldo les haguere sabut, no hauríe tingut cap nessessidat de empleá silogismos cuan va persuadí a fé lo seu gust a la seua bona comare.
Estabe Céfiro sén alsat per lo sol que al ponén se arrimabe cuan lo rey, acabada la seua história y no quedánli res per di, traénse la corona del cap, al cap de Laureta la va ficá, dién:

- Siñora, tos corono reina de la nostra compañía; alló que de ara en abán cregáu que sirá plaé y consol de tots, com a Siñora manaréu -. Y se va torná a assentás. Laureta, feta reina, va fé cridá al senescal, al que li va maná que se pararen les taules an aquella valleta una mica abans de lo acostumat, per a que después en tems se puguere torná a la casa; y después, lo que teníe que fé mentres durare lo seu gobern, li va explicá. Después, dirigínse a la compañía, va di:

- Dioneo va voldre ahí que avui se parlare de les burles que les dones fan als seus marits u hómens; y si no fore que yo no vull mostrá sé de casta de gos gruñidó, que incontinenti vol vengás, manaría yo que demá se raonare sobre les burles que los hómens fan a les seues dones. Pero dixán aixó, dic que cadaú penso en contá burles de eixes que tots los díes o la dona al home o lo home a la dona, o un home a un atre home se fan. Y dit aixó, ficánse de peu, hasta la hora del sopá va doná lissensia a la compañía. Eixecánse, pos, les siñores y los hómens, algúns de ells, descalsos, van caminá per l´aigua clara y atres entre los drets ábres del prat se anaben entretenín. Dioneo y Fiameta un bon rato van cantá juns sobre Arcita y Palemón; y aixina van passá lo tems hasta la hora de la sena. A la vora de les taules, un milená de muixóns cantáen, y lo airet fresquet que baixabe de aquelles montañetes espantáe les mosques y mosquits, aixina que van sopá en molta alegría y ben tranquils. Y alsats los mantels, después de fé una volta per aquella valleta, están lo sol encara alt pero anán de baixada, cuan va voldre la reina, cap a la seua acostumada morada a pas lento se van adressá, bromeján y charrán de mil coses, tan de les que durán lo día se habíe parlat com de atres. Van arribá a la villa al tardet, y allí van beure vins fresquíssims y van minjá dolsaines y pastes, descansán de la curta caminata, y al voltán de la fon van ballá, unes vegades al só de la cornamusa de Tíndaro y atres cantán caroles y romanses. La reina li va maná a Filomena que cantare una cansó, que díe aixina.

¡Ay de la meua infelís vida!

¿Alguna vegada podría torná

al lloch del que vach sé desposeída?

No estic segura, y es tan ardén

lo afán del meu pit

per torná aon viure solía,

oh lo meu be, oh únic descáns,

que me té maltratada.

¡Ah, disme tú, que no preguntaría

a datre, ni sabría!

Ah, siñó meu, fésmu esperá,

que es lo consol de la meua alma afligida.

No sé be repetí cuán va sé lo plaé

que me té inflamada

sense pugué descansá nit ni día,

perque lo sentí, lo escoltá y lo vore,

en forsa desusada,

cada un a la seua foguera me enseníe,

aon cremo encara:

y sol tú me pots animá

y tornám la virtut perduda.

¡Ah, disme tú si passará algún día

que te troba potsé

aon los ulls que causen lo meu dol;

dísmu, be volgut, dolsa alma meua,

disme cuán vindrás,

que al di «Pronte» ya me dones consol;

passe lo tems en un vol

que hay de esperát, y llarg sigue la teua estada,

per a curám, que es gran la ferida!

Si passare que alguna vegada te tinga

no sé si siré tan loca

com antes vach sé y te dixaré anáten,

te retindré, y que vingue lo que vingue,

pos de la dolsa boca

lo meu dessich se té que be nutrí;

només vull di;

aixina, víne pronte, víne ya a abrasám,

que en sol pensáu la cansó cobre vida.

En esta cansó tota la compañía va pensá que un nou amor assediabe a Filomena; y com per les seues paraules pareixíe que sol ne habíe probat de ell en la vista, tenínla per mol felís, enveja li van tíndre algúns de los que allí estaben. Pero después de acabá la cansó, enrecordánsen la reina de que en son demá ere diviandres, aixina los va di:
- Sabéu, nobilíssimes siñores, y vatros jovens, que demá es lo día consagrat a la passió de nostre Siñó, lo que, si be ton enrecordáe, devotamen vam selebrá sén reina Neifile; y les entretingudes narrassións vam suspendre; y lo mateix vam fé lo dissapte siguién. Per lo que, volén seguí lo bon ejemple donat per Neifile, crec que honesta cosa sirá que demá y después demá, mos abstinguem del nostre novelá, portán a la memória lo que en tals díes per a la salvassió de les nostres almes va passá. Tots van está de acuerdo, y habén ya passat un bon tros de la nit, la reina los va doná lisénsia y tots sen van aná a descansá.

ACABE LA SÉPTIMA JORNADA.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 3. Aventures del camí de Barbastro.

Capítul III.

Aventures del camí de Barbastro.

Aventures del camí de Barbastro.


No anáe per lo camí real o triscat temén que lo flare s'haguere mort y lo estigueren acassán, sino per sendes y voreres per culpa de la temó que lo guiabe.

Se va topetá en un llauradó que ajudat de dos mossos fills seus estáe fen uns forats com a fosses y li va preguntá pera qué los faien. Li van contestá que pera plantá una viña, y que a cada forat ficáen dos sarmens. Va mirá ell un rato y va di:

plantá una viña

- Bons llauradós, ¿no siríe milló en ves de ixos forats obrí una sanja tan llarga com la tira de viña, y u faríeu en mes fassilidat, y después de orejada y solejada ficáreu los sarmens atravessats y los enterráreu en la terra ya curada que vau traure primé? 

Y va di lo mes mosso dels fills:

- Yo crec, pare, que este sagal té raó.

Pero lo pare va contestá:

- Ni tú ni ell la teniu; aixina me va enseñá lo vostre yayo, mon pare, a plantá la viña, y aixina tos u enseño yo a vatres.

- Y ¿no donaréu datra raó, bon home?, li va di Pedro Saputo. ¿Conque moro mon pare y moro hay de morí yo? Pos en verdat que si sempre faiguerem lo que van fé los nostres pares y allacuanta féen ya los antics, sempre lo món estaríe com al primé día. 

Y dieume, ¿Cuán donará fruit aquella atra viña?

- Eixa, va contestá lo llauradó, se va plantá l’añ passat y encara tardará a doná fruit, perque ara creix y arraíle, después se pode a ran, degolle o escamoche, pera tráureli los chupons inutils, y después torne a rechitá, llansá, y són ya los sarmens que han de formá lo sep; y al cuart añ de plantada fa lo primé raím.

Va mirá Pedro Saputo la viña de mes a prop, va mirá les atres y se va girá al llauradó y li va di:

- Yo crec que dixá llansá al seu aire a la viña ha de tráureli forses del seu arrailamén, y que siríe milló podala com lo primé añ, o al menos llimpiala mol be, y podala lo segón, cuan ya tindríe que doná alguns carrolls. Perque... 

- No ña perque ni per cuán, lo va tallá lo llauradó; sou un mosset que encara put a la lleit de sa mare, ¿y veniu donanme llissons y volén enseñám modes noves? Caminéu, fill de puta, y seguiu lo vostre camí, si es que sabéu aón está, que yo, per sert, no tos hay cridat.

- Men vach, sí, men vach, va contestá Pedro Saputo, pero tos dic, home fals, y chafaré sen llanses sobre aixó, que la viña que no done fruit y bo, encara que no mol abundán, lo segón añ, o no va naixe pera viña o es filla de burro.

- ¿L'hau sentit al insolén? Va di lo llauradó a sons fills; y los mossos van arremetre contra nell eixecán les seues caveguetes. 

Ell anáe ya a probá un atra vegada la puntería del seu bras en un parell de coduls contra los mossos, cuan, enrecordansen del flare preguntón, los va dixá caure als peus; pero se va enfrentá al primé que veníe, y agarranlo de costat va esquivá lo cop de la eixadella, li va saltá damún y lo va tombá an terra, mentrestán va arribá l’atre y va fé en ell lo mateix. Bregáen per eixecás, y ell los marejáe com un ratolí al gat, hasta que pera acabá li va fotre una puñada al mes gran al muscle y li va estamordí un bras, y al mes menut de una cossa li va empaná los nassos, fenli saltá un riu de sang; y li va di al pare que veníe cap an ell mol furién:

- Vech canes al vostre cap y no li vull ficá les mans a damún, cap de suro, que si no teníu mes dicha en atres coses que tindre fills valens, miréu la cara que porten. Torqueuli los mocs an eixe mosso que se embrute la cara y la camisa, y an eixe atre lligueulo curt, si ne sabéu, que be u ha de menesté, y donéu memories de la meua part al albéitar del poble. Y en aixó los va dixá y va tirá cap abán.

Atravessán plans, y baixán y puján barrangs, alguns mol fondos, passán rius y no tocán cap poble, perque se desviabe de tots, va vindre la nit y no sabíe aón se trobáe, habíe perdut lo tino y estáe baldat. Va trobá un collet coronat de un edifissi cuan miráe cap al sel perque ñabíe molta oscurina; y a má dreta allá lluñ sentíe algunes campanes. Este collet y este edifissi, va di, be podríe sé la ermita famosa de Nostra Siñora del Puch y eixes campanes que séntigo siríen de la siudat de Barbastro. Y així ere en verdat. Y fen alto y mirán a la ermita díe: ahí té que ñabé per lo menos un capellá en la seua casera; pero es hora sospechosa, y primé contestarán los morts dels sementeris y se eixecarán al juissi de Deu, que contestarán ixos solitaris ara y me obrirán la porta. La siudat, segons lo eco de les campanes, no pot está mol lluñ y vech una faixa blanca que deu sé lo caminet, la senda. Dormiu en pas, guardes del santuari; no vull estorbá lo vostre descans ni donatos cap susto sense profit. Y dién aixó va empendre lo camí de la siudat.

A les poques passes y entre una gran espessura de abres que faen del tot fosc lo puesto de un costat al atre del camí, va sentí remugá, y después va topetá en un home que li va preguntá sobressaltat: 

- ¿Quí va?, ¿sou cosa de este món o del atre?

- De éste y del atre, va contestá Pedro Saputo; y vosté, ¿quí sou? 

- Yo, va di lo home en veu tremolosa, soc un penitén, y totes les nits ixco de la siudat a les nou, y en los peus descalsos y resán lo rosari ving a la ermita, reso a la porta a ginollons set credos y tres salves, y men entorno cap a casa. De nou díes men falten tres, avui es lo sexto de la novena.

- ¿Y quin pecat hau cometut, li va preguntá Pedro Saputo, pera fé tan extraña penitensia? Y va contestá lo home: 

- Un domenche que va aná molta gen al Puch vach está yo un rato per eixes caigudes del monte en algunes mossetes y vach seduí a una de elles.

- Pos, amic, va di Pedro Saputo, si tots los que seduíxen donselles als santuaris o van an ells a demostrá los seus amors, segons ting sentit y prediquen per ahí los flares, hauríen de fé esta penitensia que vosté fa, me pareix a mí que totes les ermites del món hauríen de sé mes visitades de nit que de día.

- Es que yo, va di lo penitén, li vach doná paraula, y ara ha eixit de sing y no vull casám en ella, sino en un atra.

- ¡Hostia!, va di Pedro Saputo; esta ya es mes grossa. Pero has de entendre, mosso engañat, que en la teua penitensia no satisfarás a la mosseta, perque ella, creén en la paraula que li vas doná se va entregá a la teua voluntat, y la has burlat. La deuda de la teua paraula sempre estará viva; aquell deute sempre es lo mateix; lo dret es de ella y sol de ella, y si no sedix, la vostra persona tota no es la vostra, sino seua.

¿Qué feu als passeos de nitet a la ermita, y en los credos y salves? Encara que vingueres tota la teua vida, en ves de sol nou nits, no enmendaríes la mala obra que li vas fé ni li tornaríes la honra que li has pres, ni redimiríes la obligassió que tens en ella. No vas be, mosso, no vas be; y lo confessó que te ha imposat ixa penitensia es un ignorán que tos porte a la perdissió en eixe engañ que vols fé a Deu y has fet al món y a la sagala. Yo te dic, y creume: si vols viure en pas de la teua alma, y no sé desgrassiat an este món y condenat al atre, cumplix primé la penitensia, ya que te la han imposat, y después la paraula an aquella simple inossén mosseta. Yo sé que ella te vol, y com la vas engañá, cada día demane a Deu que te castigo. ¡Y te castigará!... ¡Y ara mateix! ¡Aquí mateix y per la meua má!... Si no te arrepentixes inmediatamen y vas demá a demanali perdó y oferili la teua má. ¿U entens?... Va di estes paraules en gran forsa y severidat, y lo mosso estáe ya tan acollonit, que al sentiles va caure an terra de ginolls y va di tremolán y plorán:

- U faré, siñó ángel, u faré; ¡no me matéu!, ¡no me faiguéu mal, per Deu! - ¡Sí que u faré! - ¡Ay, Siñó!, ¡Dixeume aná a demanali perdó a la Virgen Santíssima!...

- Ves en hora bona, va di Pedro Saputo en la mateixa seriedat; pero has de tindre entés que si no cumplixes, si demá mateix no vas a casa de la mosseta, y quedes conforme, te trauré la vida de repén en una espasa invissible que porto sempre en mí. Perque, ¡villano!

- ¡Siñó, siñó!, va gañolá lo mosso mich mort de po.

- Camina, malaventurat; seguix lo teu camí, y demá mos vorem aquí o a un atra part. Y dién aixó lo va agarrá del bras y de una espolsada lo va eixecá y lo va aventá camí abán en tal furia, que al infelís li va pareixe que lo remate siríe obrís la terra daball dels peus y caure al mes fondo dels abismos del infiarn. Va aná entropessán deu o dotse passes caigo o no caigo y bramán:

- Virgen Santíssima, ¡perdó!, ¡perdónam!, tot escagarsataterrorisat, en temó de que sel emportaren los dimonis. La escurina los va separá y arribán lo mosso a la porta de la capella va fé mols actes de contricsió y va está dos hores allí en la boca seca demanán misericordia a Deu y a María Santíssima. Y en son demá a la matinada va aná a vore a la dels sing (mesos), li va di que ya volíe casás en ella, y en efecte va portá cap abán lo negossi en tanta actividat que abans de acabás lo mes estáen casats, y mol contén ell de pugué aná al sel en una dona que ben mirada valíe tan com un atra, apart de habela conegut en lo sentit bíblic, que no done ni trau poca cosa.


Original en castellá:

Capítulo III.

Aventuras del camino de Barbastro.

No iba por el camino real o trillado temiendo que el fraile hubiese muerto y le siguiesen, sino por sendas y campos a la husma del miedo que le guiaba; y dio con un labrador que ayudado de dos mozos hijos suyos estaba haciendo unos hoyos como fuesas y le preguntó para qué los hacían. Respondiéronle que para plantar una viña, y que en cada hoyo ponían dos sarmientos. Miró él un rato y dijo: - Buenos labradores, ¿no sería mejor en vez de esos hoyos abrir una zanja tan larga como la tira de la viña, y las haríades con más facilidad, y después de oreada y soleada poníades vuestros sarmientos atravesados y los enterrábades con la tierra ya curada que sacastes primero? Y dijo el más mozo de los hijos: - Yo creo, padre, que este muchacho tiene razón. Mas el padre contestó: - Ni tú ni él la tenéis; así me enseñó vuestro abuelo a plantar la viña, y así os enseño yo a vosotros. - Y ¿no dais otra razón, buen hombre?, le dijo Pedro Saputo. ¿Conque moro mi padre y moro he de morir yo? Pues en verdad que si nunca hiciéramos sino lo que hicieron nuestros padres y lo hicieron ya los antiguos, siempre el mundo estuviera en el primer día, y todas las cosas en la primera rudeza. Y decidme, ¿cuándo dará fruto esotra viña vuestra? - Ésa, respondió el labrador, se plantó el año pasado y aún tardará a dar fruto, porque agora crece y se arraiga, después se poda raso o degüella, para quitarle la pujanza inútil, y luego torna a echar y son ya los sarmientos que han de formar la cepa; y al cuarto año de plantada hace el primer fruto. Miró Pedro Saputo la viña inmediata, miró otras y volvió al labrador y le dijo: - Yo creo que ese dejar brotar libremente a la vid ha de quitalle fuerzas de su arraigo, y que sería mejor podalla según arte el primer año, o al menos limpialla muy bien, y podalla el segundo, con que debería dar ya algunos racimos. Porque... - No hay porqué ni por cuándo, le atajó diciendo el labrador; sois un rapaz que aún hedéis a la leche del ama, ¿y os venís dándome lecciones y queriendo persuadir modas nuevas? Andad, hi- de- puta, y seguid vuestro camino, si es que sabéis a dó ís, que por cierto no os he llamado. - Me voy, sí, me voy, respondió Pedro Saputo, porque así me cumple; pero dígoos, hombre falso, y romperé cien lanzas sobre ello, que la viña que no da fruto y bueno, aunque no muy abundante el segundo año, o no nació para viña o es hija de burro. - ¿Lo habéis oído el insolente?, dijo el labrador a sus hijos; y los mozos arremetieron contra él levantando sus azadas. Él iba ya a probar otra vez la certeza de su brazo con un par de piedras contra los mozos, cuando, acordándose del fraile, quiso más bien remitirlo de pronto a los pies; mas hizo alto luego y revolvió contra el primero que venía, y tomándole de lado esquivó el golpe de la azada y le saltó encima y lo derribó en tierra, mientras llegó el otro e hizo con él lo mismo. Bregaban por levantarse, y él los zarandeaba como ratón al gato, hasta que por concluir dio un puño al mayor en el hombro y le tulló un brazo, y al menor de una coz le aplastó las narices haciéndole saltar un río de sangre; y dijo al padre que venía contra él muy furioso: - Veo canas en vuestra cabeza y no quiero poner las manos en vos, alma de corcho, que si no tenéis más dicha en otras cosas que en parir hijos valientes, catad qué gesto ponen. Bien cuitado habéis de ser en toda vuestra suerte. Limpiad los mocos a ese mozo que le ensucia la cara y la camisa, y a ese otro brizmadle si sabéis, que bien lo ha de menester, y dad memorias de mi parte al albéitar del lugar. Y con esto los dejó y pasó adelante.

Atravesando llanos, y bajando y subiendo barrancos profundísimos, pasando ríos y no tocando ningún pueblo, porque se desviaba de todos, vino la noche y no sabía dónde se encontraba, más de que con grande afán y perdido el tino en dos o tres horas de noche y fatiga, dio con un montecillo coronado de un edificio, que le vio mirando contra el cielo por ser mucha la oscuridad; y a su mano derecha a lo lejos oía algunas campanas. Este cabezo y este edificio, dijo, bien podría ser la ermita famosa de Nuestra Señora del Pueyo, y esas campanas que oigo serían de la ciudad de Barbastro. Y así era la verdad. Y haciendo alto y mirando a la ermita decía: ahí debe de haber por lo menos un capellán con su casera; pero es hora sospechosa, y primero responderán los muertos de los cementerios y se levantarán al juicio de Dios, que respondan esos solitarios ahora y me abran la puerta. La ciudad, según el eco de las campanas, no puede estar muy lejos y veo una faja blanca que debe ser el camino. Dormid en paz, guardadores del santuario; no quiero turbar vuestro descanso ni daros un susto sin provecho. Y diciendo así tomó el camino de la ciudad.

A pocos pasos y entre una grande espesura de árboles que del todo hacían oscuro el sitio de un lado a otro del camino, oyó murmurar, y luego topó con un hombre que le preguntó sobresaltado: - ¿Quién va?, ¿sois cosa de este mundo o del otro? - De éste y del otro, respondió Pedro Saputo; y vos, ¿quién sois? - Yo, dijo el hombre con voz trémula, soy un penitente, y todas las noches salgo de la ciudad a las nueve, y a pies descalzos y rezando el rosario vengo a la ermita, rezo a la puerta de rodillas siete credos y tres salves, y me vuelvo a casa. De nueve días me faltan tres, sin hoy porque es el sexto. - ¿Y qué pecado habéis cometido, le preguntó Pedro Saputo, para hacer tan extraña penitencia? Y respondió el hombre: - Un domingo que fue mucha gente al Pueyo me anduve yo un rato por esas caídas del monte con algunas mozas y seduje a una de ellas. - Pues, amigo, dijo Pedro Saputo, si todos los que seducen doncellas en los santuarios o van a ellos a gozar sus amores, según tengo oído y predican por ahí los frailes, hubiesen de hacer la penitencia que vos, paréceme a mí que todas las ermitas del mundo habían de ser más visitadas de noche que de día. - Es que yo, dijo el penitente, le di palabra, y agora ha salido de cinco y no quiero casarme con ella sino con otra. - ¡Hola!, dijo Pedro Saputo; ésa ya es más apostema. Pero habéis de entender, mozo engañado, que con vuestra penitencia no satisfacéis a la moza, porque ella creyendo en la palabra que le distes se entregó a tu voluntad, y la habéis burlado. La deuda de vuestra palabra siempre está viva; aquella deuda siempre es la misma; el derecho es de ella y sólo de ella, y si no cede, vuestra persona toda no es vuestra sino suya. ¿Qué hacéis con vuestros paseos nocturnos en la ermita, y con vuestros credos y salves? Aunque viniérades toda vuestra vida, cuanto más nueve noches, no enmendaríades la mala obra que le hicisteis ni le volveréis la honra que le habéis quitado, ni redimiríades la obligación que tenéis con ella. No vais bien, mozo, no vais bien; y el confesor que os ha impuesto esa penitencia es un ignorante que os lleva a la perdición con ese engaño que queréis hacer a Dios y habéis hecho al mundo y a la muchacha. Yo os lo digo y creedme: si queréis vivir en paz de vuestra alma, y no ser desgraciado en este mundo y condenado en el otro, cumplid primero la penitencia, ya que os la han impuesto, y después la palabra a aquella simple inocente moza. Demás que yo sé que ella os quiere, y con todo porque la engañaste, cada día pide a Dios que os castigue. ¡Y os castigará!... ¡Y ahora mismo! ¡Aquí mismo por mi mano!... si no os arrepentís inmediatamente y vais mañana a pedille perdón y ofrecelle vuestra mano. ¿Lo entendéis?... Dijo estas palabras con gran fuerza y severidad; y el mozo estaba ya tan bascoso, que al oírlas cayó en tierra de rodillas y dijo temblando y llorando: - Lo haré, señor ángel, lo haré; ¡no me matéis!, ¡no me matéis, por Dios! - ¡Sí que lo haré! - ¡Ay, Señor!, ¡dejadme ir a pedir perdón a la Virgen Santísima!... - Id en hora buena, dijo Pedro Saputo con la misma severidad; pero tened entendido que si no cumplís, si mañana mismo no vais a casa de la moza, y quedáis conforme, os quitaré la vida de repente con una espada invisible que traigo conmigo. Porque, ¡villano! - ¡Señor, señor!, gritó el mozo medio muerto. - Andad, malaventurado; seguid vuestro camino, y mañana nos veremos aquí o en otra parte. Y diciendo esto le tomó del brazo y de una sacudida le levantó y echó camino adelante con tal furia, que al infeliz le pareció que el remate sería abrírsele la tierra a los pies y caer en el más profundo abismo del infierno. Anduvo diez o doce pasos cayendo y no cayendo y exclamando: - Virgen Santísima, ¡perdón!, ¡perdón!, y muriéndose de horror y de miedo de que de vuelo se le llevasen los demonios. La oscuridad los separó en tanto, y llegando el mozo a la puerta de la capilla hizo muchos actos de contrición y estuvo dos horas allí con la boca seca pidiendo misericordia a Dios y a María Santísima. Y al día siguiente por la mañana fue a ver a la de los cinco, le dijo que ya quería casarse con ella, y con efecto llevó adelante el negocio con tanta actividad que antes del mes estaban casados, y muy contento él de poder ir al cielo con una mujer que bien mirada valía tanto como la otra, fuera de haberla conocido, que no da o quita poco.