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jueves, 13 de febrero de 2020

historia, castellano

http://revistamito.com/historia-de-la-lengua-espanola-lexico/

Esbozo de la historia externa de un idioma.

A la lengua española, como a todas, la crean sus hablantes. Por eso resulta imprescindible conocer las relaciones sociohistóricas que tuvieron aquellos antiguos dueños de nuestro idioma con visigodos, árabes, franceses, indios americanos y anglófonos. La mejor prueba de ese ir y venir por los cruces de caminos que es la historia de una lengua quedó plasmada en parte del vocabulario actual.

Como es bien sabido, los orígenes del español se remontan al latín, aquella lengua que hablaban los romanos en lo que en su época podría considerarse casi medio mundo.
Allá por el año 19 a.C. puede entenderse que termina la conquista romana de Hispania, con la incorporación al Imperio de los pueblos norteños más rebeldes.
Se entiende que, a partir de ese momento, los habitantes de la antigua Iberia –que así era conocida entre los griegos– hablaban una lengua más o menos común a toda la Romania –como se conoce a todo el territorio conquistado por los romanos–: el latín clásico.
Con el paso de los siglos, como es natural en todas las lenguas, este latín oral se fue alejando de la lengua que se hablaba en el Imperio del siglo I d.C. hasta dar lugar a una variedad común a toda la Romania: el latín vulgar.
A esta fragmentación diacrónica –en el tiempo– cabe añadir una fragmentación diatópica –en el espacio–, típica de los diversos avatares históricos que sufrieron los distintos pueblos que se encontraban bajo el yugo romano y que se acentuaría tras la desaparición de este.
En efecto, del año 476 d.C. se entiende como canónica la caída del Imperio Romano de Occidente (el de Oriente duró hasta 1453, que es cuando tuvo lugar la llegada otomana a Constantinopla, antigua Bizancio, actual Estambul), lo que conlleva una fragmentación política de sus territorios.
En Hispania entonces toman fuerza diversos pueblos germanos –vándalos, suevos y alanos– que habían llegado hacia el 409 d.C. y que pronto son sustituidos por los visigodos, también germanos, que se hacen con el poder de Toledo hacia el 507 d.C.
https://es.wikipedia.org/wiki/Invasiones_germ%C3%A1nicas_en_la_pen%C3%ADnsula_ib%C3%A9rica
Todos estos pueblos, especialmente los segundos, habían sido considerablemente romanizados, sobre todo aquellos que vivían en las grandes urbes de la Romania. No puede entonces sorprender que la lengua que hablasen fuese ya cierto latín vulgar, es decir, un latín clásico modificado por algunos cambios fonéticos y morfosintácticos que hacían que se pareciese muy poco a la lengua de Cicerón.
La huella más clara que dejaron los visigodos en nuestro idioma se plasma en el léxico, es decir, el vocabulario.
Palabras como guerraguiaryelmorobar o tregua pasaron a formar parte del protorromance de esa época. Hoy son denominados ‘germanismos’.
La crisis sociopolítica del Reino Visigodo permitió, en cierto modo, que Hispania rompiera lazos de comunicación con el resto de la Romania, lo que lingüísticamente se plasmaría en una serie de cambios que iban a ser típicos de las variantes habladas aquí y no en cualquier otra zona del antiguo Imperio Romano.
Linguistic_map_Southwestern_Europe
DE RISA la expansión del catalán JA JA JA !
La que se puede considerar la siguiente fase en la historia de la lengua comienza con la llegada de los musulmanes a la Península (711), cuyo asentamiento durante ocho siglos (hasta 1492), aparte de influir enormemente en la creación de una identidad común cristiana, abanderada política y económicamente por el proceso de la Reconquista, facilitará el enriquecimiento de la lengua castellana con la aportación de numerosos arabismos como, por ejemplo:
alfombraalcaldealmacénalcázararrozazúcarazafrán o algodón.
A modo de curiosidad, el hecho de que la inmensa mayoría de ellos comiencen por al– (ال) se debe a que esta es la forma del artículo determinado en árabe (invariable en género y número). Si comienza sólo por a– es porque en árabe se asimila el artículo (es decir, se pierde la l) ante palabras que empiezan por consonante sibilante (como la s), dental (como la t o la d) o vibrante (como la r), que se pronuncian geminadas (es decir, dobladas). Por ejemplo, no se diría *altaúd sino attaúd (> ataúd). Y, como el amable lector habrá observado, la utilización actual es, efectivamente, redundante, ya que al decir el arroz, estamos diciendo, literalmente, ‘el el roz’, lo que se trata de un fenómeno comprensible, dada la pérdida de la transparencia (el hablante de romance medieval no tiene por qué saber que al– es el artículo y usa la palabra con él) y su natural reinterpretación (al incorporar la palabra a la morfosintaxis romance, se necesita añadir el artículo, como sucede con cualquier otro nombre).
Esbocemos, pues, un mapa lingüístico medieval de la Península. En el oeste, el gallego-portugués rige la vida gallega en convivencia con el astur-leonés. En el centro, el castellano se abre paso poco a poco, conviviendo con el riojano, el navarro-aragonés y el euskera (vasco, vascuence, eúskaro, que le prestó palabras como chatarralegañapestañapizarra o izquierda). En la costa este, la principal población habla esencialmente catalán. JA JA JA !
En el sur, los cristianos que viven en Al-Ándalus hablan un idioma romance (el llamado ‘mozárabe’ o, para mayor precisión, el ‘romanandalusí’ o ‘latino’, que era como se denominaban a sí mismos) que, escrito en ocasiones de forma aljamiada –es decir, utilizando el alifato, que es lo mismo que el alfabeto árabe–, desaparece a finales del siglo X. También aquí se hablan árabe y ciertas lenguas bereberes procedentes de los almorávides y almohades a los que a lo largo de la Edad Media los musulmanes pidieron ayuda y que, sin duda, se quedaron en la Península creando probablemente más de una situación de bilingüismo.
Pero volvamos a la perspectiva histórica. Al siglo XIII pertenecen muchos de los galicismos palabras de origen francés– que tiene hoy el español, gracias en parte al intercambio cultural que supuso el camino de Santiagohomenajelinajebailarrimabotíndamajardín o galán.
Tres siglos después, con el descubrimiento de América, los españoles de la época tuvieron que adoptar su idioma a las nuevas realidades, adaptando múltiples palabras de lenguas indígenas. Así, de la lengua taína o arahuaca, que era la que hablaban los pobladores de las Antillas a la llegada de Cristóbal Colón, (que era catalán, Cristòfor Colom) tomaron caciquecanoacaníbal caribe, que significaba, esta última, ‘antropófago’, probablemente por desplazamiento semántico a partir de la asociación con el pueblo caribe, que causaba horror entre los taínos porque, vecino al suyo, era caníbal.
De la lengua náhuatl, la lengua hablada por los aztecas, se incorporaron al español palabras tan comunes como cacaocacahueteaguacatechiclechocolatetomate o tiza, mientras que de la lengua quechua, la lengua de comunicación del Imperio Inca, se introdujo, entre otras, carpa y, tal vez, pumapapa y llama, que bien pudieran ser de origen aimara.
De la lengua guaraní, finalmente, se tomaron prestadas, por ejemplo, pirañabucanero ‘pirata’, jaguar y tiburón.
La última fase de préstamos lingüísticos reseñable puede encontrarse perfectamente en la actualidad, cuando aparecen constantemente anglicismos palabras provenientes del inglés– en el español, tales como CDpopplaybackradarrobotrolhallfilmmonitormitinvídeoespray o estrés, y otras muchas (no siempre inútiles) que el lector conoce sin duda muy bien.
Vemos, por tanto, cómo influyen los devenires sociohistóricos en la configuración de la lengua española, especialmente en su léxico. Cuando los pueblos que se acercan a la Península utilizan el castellano (o el latín vulgar o el protorromance o el español, que nadie sabe, diacrónicamente, dónde poner el límite entre uno y otro), están a su vez conformándolo, al aportar su propia idiosincrasia a la configuración de un idioma que, aún hoy, sigue forjándose. O, por mejor decir, están contribuyendo firmemente a la constante construcción de una lengua que hoy, como en cada época, la crean sus hablantes.
Para saber más…
Echenique Elizondo, Mª T.; y Martínez Alcalde, Mª J. (2011): Diacronía y gramática histórica de la lengua española, Valencia: Tirant.
Torrens Álvarez, Mª J. (2007): Evolución e historia de la lengua española, Madrid: Arco/Libros.

http://revistamito.com/historia-de-la-lengua-espanola-ii-fonetica-y-morfosintaxis/

Esbozo de la historia interna de un idioma.

La lengua española, como todas las lenguas, cambia cada día y se forja constantemente a sí misma. Esos cambios se ven con total claridad en su fonética y en su gramática, que es donde quizá se encuentre la esencia del idioma desde una perspectiva interna. Por eso aquí se pretende mostrar algunos cambios que tuvieron lugar del latín al español a lo largo de los siglos y que afectaron, fundamentalmente, a la fonética y a la morfosintaxis.
De los sos oios tan fuertemientre lorando
tornava la cabeça e estava los catando ...


Cantar del Mio Cid, De los sos oios tan fuertemientre lorando  tornava la cabeça e estava los catando
Cantar del Mio Cid
Así comienza el que probablemente sea el fragmento más famoso de una de las primeras obras literarias escritas en castellano: el Poema de Mio Cid.
Más allá de polémicas sobre si fue escrita en el siglo XII o en el XIII [1], de lo que no puede dudarse es de que este fragmento ni es latín ni es español actual, por motivos fonéticos y gramaticales.
No es latín, por ejemplo, porque en la palabra oio (hoy ojo) ya no se reconoce el antiguo sonido [kl] del que procede la palatal, es decir, el sonido que hoy representamos por la letra –ll– o la letra –y– entre vocales y que hacia el siglo XV se convirtió en el sonido representado por la letra jota (velar fricativo sordo):oculu(m) > *oc’lo > oio > ojo [‘oxo].
Asimismo, la palabra cabeça, de la que hablamos más adelante con detalle, ha sufrido un cambio importante: la sonorización de la sorda intervocálica, ya que viene de capitia y en esta palabra la consonante –p-, que es sorda porque al pronunciarla no vibran las cuerdas vocales, se ha hecho sonora, de manera que ha asimilado el rasgo de sonoridad típico de la a y de la e, que la rodean.
No debería sorprendernos un cambio así, porque se da también en otras consonantes oclusivas sordas, como la [t] y la [k] (escrita o q), que se convierten, respectivamente, en –d– y –g– cuando están entre vocales: catena > cadenaaqua > agua (en rumano apua, como en quattuor - patru). 
Pero volvamos a nuestro texto. Tampoco es latín porque hay una categoría morfológica que en esta lengua no existía: el artículo determinado que aparece en los sos oios y en la cabeça. También hay una preposición en el sintagma de los sos oios, que probablemente un romano de la época de Cicerón no habría usado.
Y, sin embargo, no podemos decir que sea español moderno, porque en la actualidad no pondríamos el posesivo después del artículo determinado (algo que se hizo prácticamente solo durante el siglo XIII), ni utilizaríamos la forma sos (lo que duró aproximadamente hasta principios del XIV), es decir, diríamos de sus ojos y no de los sos oios, haciendo efectivo de una manera diferente el pleonasmo [2] (no se puede llorar con ojos de otro ni con otros sentidos que no sean los ojos) con el que empieza el fragmento.
Tampoco diríamos, probablemente, tornava la cabeça, sino volvía la cabeza, ya que el verbo tornar, que significa ‘volver’, comenzó a dejar de usarse en el siglo XVII; ni estava los catando, sino estaba mirándolos: en la perífrasis verbal estar + gerundio, el pronombre de complemento directo los dejó de insertarse entre el auxiliar (estar) y la forma no personal (el gerundio catando) en el siglo XIV, mientras que el verbo catar, del latín captare ‘captar (por los sentidos)’, que significaba en la Edad Media ‘mirar’, y después se especializó en ‘probar con el sentido del gusto’ (como seguimos usando hoy para hablar, por ejemplo, de la cata de vinos), no llegó hasta el siglo XX.
Tornemos ahora a la palabra cabeça ( < capitia), donde la ç representaba el sonido dorso-dental o dento-alveolar africado sordo (se diría cabetsa), inexistente en español actual; y recordemos también oios (<oculu[m]), pronunciado oshos pero haciendo la –sh– sonora, como el sonido representado por la letra –j– en la palabra francesa jouer (prepalatal fricativo sonoro).
Ambos fonemas (los representados por las letras ç de cabeça e de oios) formaban parte, en el castellano medieval, de un sistema más amplio que se revolucionó a finales de la Edad Media y dio lugar a los tres sistemas que tenemos en la actualidad: el del ceceo, el del seseo y el de la distinción s/z.
El sonido representado por la ç de cabeça tenía una pareja sonora, que se pronunciaba –dz– (dorso-dental o dento-alveolar africado sonoro), como en hazer.
También el sonido representado por la i de oios tenía una pareja sorda, como en dixo (dijo), que se pronunciaba como hoy decimos en inglés el grupo dígrafo –sh– de la palabra she (sonido prepalatal fricativo sordo).
Pero además de estos cuatro fonemas, había dos más: una –s– como la que tenemos en la actualidad en palabras como mensaje (alveolar fricativa sorda) y una –s– sonora, que en la actualidad sólo se muestra cuando va antes de consonante sonora, por ejemplo, en los mismos (alveolar fricativa sonora), pero que en castellano medieval era comúnmente representada por una –s– intervocálica como en casa.
Quizá ya en el siglo XIV, las consonantes sonoras empezaron a ensordecerse, igualándose así a sus parejas sordas, lo que creó una considerable confusión, a la que cabía añadir la pérdida del elemento oclusivo en los fonemas africados (es decir, la t de –ts- y la de -dz-), lo que ocasionó que estos se neutralizasen con las alveolares fricativas (las dos –s-).  
Para distinguir las palabras, la misma lengua originó la solución, creando dos fonemas nuevos de los que triunfaría solamente uno en toda la zona hispanohablante: el sonido representado gráficamente por la letra j (velar fricativo sordo). El otro fue el que representa la letra zeta (interdental fricativo sordo), que tuvo mayoritariamente cabida en el centro y norte peninsular.
En el sur se adoptaron otras normas, bien ceceantes, bien seseantes, que en seguida se trasladaron a América. Hoy en día la RAE parece considerar prestigioso tanto el sistema distinguidor s/z como el seseo, el cual existe también en algunas zonas de Galicia, País Vasco, Valencia, Cataluña y Mallorca (y en Aragón, Mezquín, La Codoñera).
Para que el paciente lector se pueda hacer una idea global del proceso, se muestra sintetizado en una tabla con las pronunciaciones esperables en cada caso, siguiendo reglas ortográficas de conocimiento común:
Tenemos, por un lado, varios cambios fonéticos como la sonorización de las oclusivas intervocálicas (catena > cadenaaqua > agua), la revolución de las sibilantes y la palatalización del grupo inicial pl-, que se convierte en ll (aunque no se escriba así hasta la reforma de Alfonso X)como sucede en la palabra lorando (lorar < plorare) de nuestro texto inicial, que se diría llorando desde época muy temprana.
Y por otro lado, tenemos algunos cambios gramaticales como los ya mencionados: la aparición de los artículos (los sos oios), inexistentes en latín; la multiplicación de preposiciones, que en latín se usaban menos porque había un sistema muy complejo de casos (nominativo, vocativo, acusativo, dativo, genitivo, ablativo) que aclaraba la función sintáctica de cada elemento; y el cambio de orden en la oración, que pasó de ser sujeto-objeto-verbo (sí, en latín el verbo se ponía al final de la frase, como en Alea iacta est) a ser sujeto-verbo-objeto (al perderse la libertad de orden sintáctico que daban los casos, la oración consiguió una estructura un poco más rígida, como en La suerte está echada).
Vemos, por tanto, que la lengua española se trata de un ente vivo que se modifica constantemente, al que es necesario conocer en sus distintos estadios diacrónicos para poder comprender su presente y conseguir, así, profundizar en esa parte de nuestra identidad hispanohablante común.
Para saber más…
Lloyd, P. M. (1993): Del latín al español. I. Fonología y morfología históricas de la lengua española, Madrid: Gredos.
Menéndez Pidal, R. (1987): Gramática histórica del español, Madrid: Espasa-Calpe.
https://filologiaunlp.files.wordpress.com/2013/06/41297427-manual-de-gramatica-historica-espanola-menendez-pidal.pdf
Torrens Álvarez, Mª J. (2007): Evolución e historia de la lengua española, Madrid: Arco/Libros.

[1] Los últimos versos del poema dicen como sigue:
Quien escrivió este libro, ¡dél’ Dios paraíso, amén!
Per Abbat le escrivió en el mes de mayo
en era de mil e CC XLV años
 La cuestión es que algunos investigadores piensan que entre la segunda C y la X faltaría otra C, lo que implicaría que el año de redacción habría sido el 1345 de la era hispánica, correspondiente con el 1307 de la era cristiana (la nuestra). Sin embargo, parece que no hubo nunca una C en ese hueco, lo que retrasaría un siglo la redacción del texto, hasta el año 1207 de nuestra era, que coincidiría con la propaganda política que se habría hecho por esas fechas, culminada en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Tampoco hay que descartar que ya en vida del mismo Rodrigo Díaz de Vivar (que muere, recordémoslo, en el año 1099, más de un siglo antes de dicha fecha) circulasen oralmente algunas de sus historias hechas leyenda. No se puede afirmar nada con total seguridad: la fecha de elaboración y de redacción del poema siguen siendo, en gran parte, un misterio.  
[2] El pleonasmo es una figura retórica que consiste en la adición de elementos a la oración que añaden énfasis pero son innecesarios para entenderla por completo. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), el pleonasmo es “Figura de construcción, que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho; p. ej., lo vi con mis propios ojos.

lunes, 4 de febrero de 2019

romans mallorquí

es racó mallorquí es romans mallorquí segons mossen Alcover

Toni Ballester

Una de ses meves passions ès empapar-me de sa vertadera història des nostro antiquíssim poble, dedicació que me du a cercar i a trescar pes diferents llibres i documents on a lo llarg des sigles ets autors han dexat plasmat es seu parer i saviesa sobre sa nostra mil.lenària terra. Però aquesta vegada, i com a cosa extraordinària, m'han cridat s'atenció ses declaracions fetes per s'erudit Mossèn Antoni Maria Alcover en es seu llibre publicat a 1930 "Las Fuentes Históricas de la Reconquista de Mallorca". 

Las Fuentes Históricas de la Reconquista de Mallorca

Dins dit llibre, més concretament a ses pàgines 13 i 14, Mn. Alcover reconex s'existència d'un romans insular a Mallorca abans de sa conquista duita a terme a 1229 pes jove guerrer Jaume I es Conquistador. Com ès lògic obviaré lo que diu referent a sa repoblació per catalans, ja que aquest ès un tema que du molta coa i no ès lo que realment cercam en aquest article d'avui. 

Peò axò no acaba aquí, ja que aquest bon samarità ademés de reconèxer un romans insular, o sigui un romans mallorquí, també diu que es catalans mos dugueren un dialecte que anomena romans, talment com es que teniem es mallorquins des de feia sigles amb s'anterior dominació romana. Lo que en cristià vol dir que tant mallorquins com catalans provenin d'un matex tronc lingüístic, es llatí, però cadascuna d'elles evolucionada de diferent manera, i més a Mallorca essent una illa

romance insular, romans mallorquí


Ja per acabar mos diu que de sa fusió des romans mallorquí amb so romans duit p'en Jaume I resultà s'idioma mallorquí actual. Afirmació que mos dona sa raó a sa tan extesa teoria de que quan en Jaume I va arribar a sa Palomera no hagué de mester cap traductor per xerrar amb n'Ali de sa Palomera, un jove natiu que li va donar ses noves sobre ses tropes des Wali, es rei moro de Mallorca, oferint-li s'ajuda per conquistar Mallorca.

mallorquí, mallorquín, Alcover,


Analisades aquestes afirmacions de Mn. Alcover sa pregunta ès, ¿si es catalans anomenen català a sa seva llengo, i si es valencians anomenen valencià a sa seva, per què noltros, es balears, li hem de dir catalana a sa nostra

miércoles, 4 de abril de 2018

cuado un catalanista te recrimina defender al idioma valenciano

Es curioso cuando un catalanista te recrimina defender al idioma valenciano en español pero él hace lo contrario en dialecto catalán fabrino.

Es curioso cuado un catalanista te recrimina defender al idioma valenciano en español pero él hace lo contrario en catalán fabrino

Exactamén mos passe en lo chapurriau, per ejemple a la presentassió de la asociación cultural amics del chapurriau.

Video de los abucheos a Javier Adell de La Fresneda, cuan ere alcalde.



VALENCIANO Y CATALÁN.
“Catalán y valenciano difieren fonéticamente en más de un noventa por ciento”
Por Fermín Juanto Manrique (Licenciado en Románicas)
Me refiero a un artículo-encuesta en el que el consultado profesor Sanchis Guarner afirmaba que “las relaciones entre el valenciano y el catalán son las mismas que existen entre el andaluz y el castellano”.
Tal aserto lo considero falsario y lesivo para la personalidad cultural valenciana secular por las razones siguientes:
Monuments de la langue romane, depuis l' an 842 jusqu' à l' époque des troubadours.
Cualquiera medianamente entendido en filología románica sabe que las diferencias entre el tan castizo andaluz y el castellano son meramente fonéticas y, alguna vez, fonológicas, por lo que todo andaluz es fácilmente comprendido hasta en Santander, por ejemplo.
No sucede lo mismo entre un valenciano y un gerundés quienes tienen que recurrir al castellano para entenderse, la mayoría de las veces por los motivos siguientes, “Catalán y valenciano difieren fonéticamente en más de un noventa por ciento” su día ampliaré con más rigor:
Catalán y valenciano difieren fonéticamente en más de un noventa por ciento. Es fácil demostrarlo en cualquier laboratorio de lingüística.
El léxico valenciano difiere también mucho del catalán, especialmente en el vocabulario familiar y coloquial que es lo primero que se aprende al estudiar cualquier idioma. Lo sabe muy bien Sanchis Guarner por haber empleado bastantes años en señalar tales diferencias en el voluminoso “Diccionari català-valencià-balear”-
La flexión verbal –alma de toda lengua- cambia también en un tanto por ciento muy acusado, como lo atestigua precisamente la “Gramática Valenciana –agotada y no reeditada- del mismo Sanchis Guarner.
Existen además notables diferencias morfosintácticas desde los clásicos valencianos del siglo XV quienes afirmaban taxativamente que escribían en lengua valenciana, como fray Bonifaci Ferrer, quien traduce la Biblia “arromançada de lengua latina en la nostra valenciana”, frase que suprime Sanchis Guarner- nada menos que en un trabajo de investigación para la institución Alfonso el Magnánimo de Valencia (Vid. Revista Valenciana de Filología, núm. VI, págs. 2 y 3).
Ortográficamente ha tenido el valenciano sus diferencias con el vacilante catalán – a veces por influencias de arabismo y aragonesismos en léxico y fonética, como normal “préstamo lingüístico”.
Prat de la Riba
En 1932 el imperialismo político de Prat de la Riba –suele ser cíclico- logró que se impusieran varias normas generales ortográficas – artificiales para el valenciano falsamente galicistas otras- según encargo confiado al ingeniero de ascendencia cubana Pompeyo Fabra, quien, a pesar de ser uno de los generadores de unidad artificial de laboratorio para el catalán, sin embargo aconsejaba en autógrafo que poseemos, al investigador valenciano Sanchis Sivera –precisamente tío de Sanchis Guarner- que velara para no acercar el valenciano (“vostre idioma”) al catalán (“nostre català”) y siguiera a los clásicos valencianos, lo que ciertamente no se cumple en nuestra universidad ni en ciertos docentes populares en donde nuestros hijos ya no hablan como sus padres por influencia de formas catalanas. Tales normas recientes para un catalán impreciso hasta hace poco no justifican que nuestros clásicos hayan de ser corregidos en ediciones barcelonesas –en flagrante delito contra la propiedad intelectual y la diacronía y sincronía lingüísticas valencianas. Mucho peor que si la Real Academia de la Lengua corrigiera las obras de los hermanos Álvarez Quintero o desde Londres se modificara a Hemingway, por ejemplo.
voreta de la Albufera, Mariano Serrano, choguet valensiá en dos actes
La literatura valenciana tuvo más personalidad que la catalana y fue más genuina y pura hasta el siglo XVIII. Logró su “siglo de oro” en el XIV y XV mientras las figuras de algún relieve catalán figuraban incluidas en la literatura provenzal.
dialecte català, Bonas Pasquas, Iglesia Católica, dolsos, días
No puede hablarse, pues, de colonia catalana y menos calificar de una andaluzada en sentido peyorativo a una cultura valenciana que superó muy pronto en lengua y literatura al apenas balbuciente catalán del siglo XIII; catalán que para los filólogos como Friedrich Diez, Meyer-Lübke –el retenido por el mecenas Balcells en Alforja (Tarragona) para que no bajara a Valencia - Morel-Fatio, Raynouard, Bastero, Milà i Fontanals, etc., es mero dialecto del provenzal, lo que también he podido oír a los filólogos de hoy en mis estudios de la Saborna y Toulouse, quienes reconocen la mayor firmeza secular del valenciano.
La Crusca Provenzale di Antonio Bastero, 1723. Franc Catalan Provenzal.
Por ello también considero arbitrario el otro aserto de Sanchis Guarner de que “todos” los filólogos colocan al valenciano como dialecto del catalán. ¿Tendremos que citar también los estudios concretos sobre el valenciano y su personalidad que se efectúan hoy en universidades europeas y americanas?
Y, ¿habrá que considerar también a Berceo, por ejemplo, como un Espriu lejos de las ramblas porque escribía “canonge, argent, tastar, malaltia, guarir, eixida, sopear, encesa, farina, encara, vegada, ponçella, plorar, devant, festa”, etc. como con fina ironía nos ha recordado hace poco un pensador valenciano?
Jacint Verdaguer o Salvador Espriu escribían en idioma valenciano
Que razones demográficas unas, de compromiso entre colegas otras, políticas algunas, hayan logrado en el siglo XX endilgarnos “oficialmente” que el valenciano es una variante dialectal del catalán no empece para la ciencia no haya dicho todavía su última palabra en materia tan discutible, ni para que si los congresos de Lingüística hubieran tenido lugar antes del siglo XX se hubiesen llamado lengua valenciana a toda la franja costera del Mediterráneo, por razones lingüísticas, literaria y demográficas mucho más potentes que las que ahora se aducen como soberana razón de dependencia y no de igualdad por lo menos. El mismo Sanchis Guarner reconoce entonces la “forta superioridad de la Ciutat de València sobra la de Barcelona”.
ALGUNAS CONCLUSIONES
1ª. Considero aberrante, pues, llamar peyorativamente “andaluz del catalán” a la lengua valenciana, con evidente menosprecio a un legado vivo del inmenso acervo cultural en lingüística y literatura, muy superior durante cinco siglos (XIII-XVII) a un catalán provenzalizado y evolucionado posteriormente. A la ciencia no le van los decretos “oficiales”.
14.6.1461, de hoc o de no
2ª. Más aberrante juzgo aún que tengamos que soportar la machacona cantinela de “países catalanes” y que, con la excusa de la lengua nos involucren en un catalanismo alucinantemente “civil” como postulan desde Jordi Pujol hasta –digamos valencianos- como Joan Fuster, Burguera, Juan F. Mira, Vicente Mique, Eliseu Climent, y… partidillos.
baturro, aragonés, Calaseit, Calaceite, Lacoste : sargantana o fardacho
3ª. Aberrante también que para fines tan bastardos se pretenda borrar del mapa a Valencia con:
Supresión de la comarca de Valencia con el genérico: “l’Horta”.
Supresión de la expresión legal “Reino de Valencia” con la expresión geográfica “País Valenciano”, sustituyendo el nombre por adjetivos, mientras -¡oh paradoja!- se repite hasta la saciedad el artificioso y pomposo “principado” para Cataluña.
Imposición de la bandera catalana cuando ni Aragón ni Mallorca –viejos reinos también- la han aceptado.
En la estrelleta de Cuba y les barres de AragóY por último -¡oh manes del engreimiento en Derecho!- la pretensión de que la capital de tal “país valenciano” sea Játiva.
Parodiando a Napoleón podremos decir a tales engendradores de engendros:
“Desde la altura de tales aberraciones veinte siglos de valencianía os contemplan”.