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jueves, 25 de julio de 2024

1.2 - Lo espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet.

Capítul II.

Lo espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet.


Renego de mantellines fetes aná.

¿Saps, lectó, per qué yo no vach sé mes espabilat de chiquet y u soc tan poc de gran?

Pos es perque los mantells en los que me van portá a batejá y purificá sels habíen ficat ya atres germans meus que van vindre dabán y van absorbí tota la seua virtut. Ya se veu, com sol se empleáen dos o tres vegades pera cada un duráen sempre, y en una mica de almidón y aigua de la bassa de Fórnols quedáen un atra vegada com a nous, no com anous del anogué, de la noguera, como nuevos en castellá.

¡Qué poc li va passá aixó a Pedro Saputo! Per aixó va sé tan viu y en tan ingenio. Tot lo que portáe ere nou, y tot cusit per sa mare, que va besá y bañá mil vegades en llágrimes aquelles robetes; y los besets y les llágrimes de una mare són cosa mol eficás y santa. Y li va ajudá mol lo sé donsella y mirál en ulls de casada, criánlo en lo amor consentrat de mare desamparada y sola. Aixina consevol ixiríe espabilat. No ña perqué admirás de lo que lligirás.

Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar. En chapurriau.

La mare lo portáe en brassos en molta naturalidat y grandesa, y los que la miráen cuan anaben per los carrés díen: pareix una siñora. Y u pareixíe de verdat. Tots volíen vore al chiquet, lo agarráen y soltáen; pero ell, desde que va tindre tres o cuatre mesos, no se dixáe agarrá per tots, de uns sí y datres no: y si lo anáe a besá algún home o dona de mals ulls, apartáe lo cap y giráe la cara apretanla al coll de sa mare, y no ploráe com los atres chiquets, primé gitáe (vomitáe, expulsabe) la lleit y después ploráe en tristesa y no volíe eixecá lo cap hasta que sen aniguere aquella persona. En aixó díen tots que lo chiquet de la pubilla teníe mol talento, y sa mare contestáe: be lo haurá menesté, perque ni té patrimoni ni sa mare atra esperansa, a no sé que... y de aquí no passáe.

Va creixe poc a poc y va arribá als sis añs, habíe tingut lo sarrampió y la viruela, y una y atra enfermedat van passá, com diuen, pel carré. Sa mare va escomensá a dili que anare a escola, pero ell no volíe anay, només jugá y aná bambán tot lo día. 

Una vegada li va di:

- Mira, fill meu; ya tens set añs y encara no coneixes ni una lletra; Agustinet, lo teu veinet y amic, es del mateix tems que tú y ya deletreche los dotse pares y los romansos

¿Cuán penses aná a escola

Y ell contestáe: 

- Si me reneguéu, no u sé; si no me fotéu la bronca, cuan sigue tems. Eisse Agustinet y datres com ell estudien pera burros, y yo pera montáls.

- Pero, fill meu, li va replicá sa mare: ¿Cóm no hay de renegát si a mí les persones del poble me se mingen la cara perque no te fach aná a escola?

- Mare, li va contestá ell: yo tos hay dit que si me reneguéu no sé lo que faré, y si no me importunéu, cuan arribo lo tems no caldrá que me arrastron. Y an eixes persones que tos mingen la cara enviéumeles a mí y yo los diré cuatre coses.

¿No ñaurá cap taragaña a les seues cases? Pos mentres a vosté li donen mal, que vaiguen a llimpiales y los sirá mes de profit. 

Sa mare se admirabe de estes contestassions y va dixá de molestál.

Van passá mols díes, y ell aná jugán y fen maleses, follán nius, encorrén als gossos y cassán vileros en tochets enviscats

aná jugán y fen maleses, follán nius, encorrén als gossos y cassán vileros en tochets enviscats

Si algú lo tratáe de dropo sen enríe a carcañades y dixáe en dos pams de nassos a qui lay díe; pero si li díen malcriat se ofeníe mol, y la primera pedra que topetáe per allí la agarráe y la tiráe en gran furia y forsa a la persona que lo habíe enfadat; y si los fée un boñ al cap o alguna ñafra, no ñabíe datre remey que cridá al dotó, perque lo justissia y lo retó lo volíen y amparaben, y li donáen la raó y no volíen que ningú li prenguere cuentes ya que ell a ningú molestáe ni díe paraules roínes.

En tot, sa mare se apenáe, y no podíe en la pena, un día li va di en gran passió: 

- ¡Pobre de mí, que ting un fill que ere la meua alegría y tota la meua esperansa, y vach veén que lo que puc esperá de ell són disgustos y malaventura!

Y ell li va contestá: 

- Ploréu, mare meua, be de barat, be de balde, be de Baldarrores, be de … pures ganes de plorá. Anéu, que pronte siré home o dixaré de sé chiquet, y coneixeré les lletres y lligiré milló que Agustinet. Guardéu, ¡va!, les llágrimes pera milló ocasió, pera un atra nessessidat mes gran, que no vullgue Deu que vingue, perque esta, creéume, es ocasió de mol descans y de bona y sana esperansa. Y sa mare se va consolá, y se va proposá no importunál mes sobre este pun.


Original en castellá:

Capítulo II.

Agudeza de Pedro Saputo en su niñez.

Reniego de mantillas usadas. ¿Sabes, lector, por qué yo no fui más agudo de chico y lo soy tan poco de grande? Pues no es más de que porque las mantillas con que me llevaron a bautizar y purificar se las habían puesto ya otros hermanos míos que vinieron delante y absorbieron toda su virtud. Ya se ve, como sólo se usaban dos o tres veces para cada uno duraban siempre, y con un poco de almidón y agua de fuente quedaban otra vez nuevas. ¡Qué poco le sucedió esto a Pedro Saputo! Por eso fue tan vivo y tan ingenio. Todo lo que llevaba era nuevo, y todo cosido por su madre, que es circunstancia, porque besó y mojó mil veces con lágrimas aquellas ropas; y los besos y las lágrimas de una madre son cosa muy eficaz y santa. Y todavía le ayudó mucho el ser doncella y mirarle con ojos de casada, criándole con el amor reconcentrado de madre desamparada y sola. De este modo cualquiera sería agudo. Con que no hay que admirarse de lo que se va a leer: tantas causas y tales por fuerza habían de producir grandes efectos.

La madre, como decía, le llevaba en brazos con mucha naturalidad y grandeza, y los que la miraban cuando iban por las calles decían: parece una señora. Y lo parecía de verdad. Y todos querían ver al niño y lo tomaban y dejaban; pero él, desde el punto que tuvo tres o cuatro meses, no se dejaba tomar de todos, sino de unos sí y otros no: y si le iban a besar algún hombre o mujer de malos ojos, apartaba la cabeza y volvía la cara apretándola al cuello de su madre; y si porfiaban, no lloraba como los otros niños, sino que primero vomitaba la leche y después lloraba con tristeza y no quería levantar cabeza hasta que se fuera aquella persona. Con esto decían todos que el niño de la Pupila tenía mucho talento, y su madre respondía: bien lo habrá menester, porque ni él tiene otro patrimonio ni su madre otra esperanza, a no ser que... y de aquí no pasaba.

Creció poco a poco y llegó a los seis años, y había tenido el sarampión y las viruelas, y una y otra enfermedad pasó, como dicen, por la calle. Su madre, en fin, comenzó a decirle que fuese a la escuela, mas él no quería ir, sino jugar todo el día. Una vez le dijo: - Mira, hijo mío; ya tienes siete años y aún no conoces una letra; Agustinico, tu vecino y amigo, es del mismo tiempo que tú y ya deletrea en Los doce pares y en los romances. ¿Cuándo piensas ir a la escuela? Y él respondía: - Si me reñís, no lo sé; si no me reñís, cuando sea tiempo. Ese Agustinico y otros como él estudian para jumentos, e yo para montallos. - Pero, hijo mío, le replicó su madre: ¿cómo no he de reñirte si a mí las personas del lugar se me comen la cara porque no te hago ir a la escuela? - Madre, le contestó él: yo os he dicho que si me reñís no sé lo que haré, y si no me importunáis, cuando llegue el tiempo no será menester que me arrastren. Y a esas personas que os comen la cara mandádmelas a mí e yo les diré lo que cumple a vos, a mí y a ellas. ¿No habrá alguna telaraña en sus casas? Pues mientras a vos dan pesadumbre, que vayan a limpiarlas y les será más provecho. Su madre se admiraba de estas respuestas y dejó de molestarle.

Pasaron muchos días, y él jugar y travesear, y hacer pelotas, correr a los perros y cazar gorriones. Si alguno le vituperaba de holgazán se reía a carcajadas que dejaba corrido a quien se lo decía; pero si le llamaban malcriado se ofendía mucho, y la primera piedra que topaba por allí la cogía y la tiraba con gran furia a la persona que lo había enojado; y si les hacía un bollo o algo más, no había otro arbitrio que llevarlo por Dios y llamar al cirujano, porque el justicia y el cura lo querían y amparaban, y le daban la razón y no querían que nadie le tomase cuentas puesto que él a nadie molestaba ni decía palabras necias ni descomedidas.

Con todo, su madre se afligía, y no pudiendo con su pena, otro día le dijo con gran pasión: - ¡Pobre de mí, que tengo un hijo que era mi alegría y toda mi esperanza, y voy viendo que lo que puedo esperar de él es disgustos y malaventura! Y él le contestó: - Lloráis, madre mía, bien de barato, bien de balde, bien de pura gana de llorar. Andad, que presto seré hombre o dejaré de ser niño, y conoceré las letras y leeré mejor que Agustinico. Guardad, ¡ea!, las lágrimas para mejor ocasión, para otra necesidad mayor, que no quiera Dios que venga, porque ésta, creedme, es ocasión de mucho descanso y de buena y sana esperanza. Y su madre se consoló, y propuso de no importunarle más sobre este punto.

miércoles, 3 de octubre de 2018

TERSERA JORNADA. NOVELA PRIMERA.

Masetto de Lamporecchio se fa lo mut y entre com jardiné a un convén de monges, que competíxen en gitás en ell.

Hermossíssimes Siñores, bastáns homes y dones ñan que són tan burros com per a créures que cuan a una jove se li fiquen al cap les toques blanques y damún dels muscles se li avíe la cogulla negra, díxe de sé dona y ya no sentíx la cridada de la carn, com si se la haguere convertit en pedra al féla monja; y si per cassualidat algo sénten contra eixa creénsia seua, tan se enfaden com si se haguere cometut un grandíssim y criminal pecat contra natura, no pensán ni tenínse en considerassió an elles mateixes, a qui la plena libertat de fé lo que vullguen no pot sassiá, ni tampoc al gran podé de la soledat y lo tíndre tems. Y ñan encara mols que se creuen que la cavegueta, la pala y los bons minjás y les incomodidats trauen del tot als llauradós la ganeta de cardá y los fan amples de inteligénsia y espabil. Pero cuán engañats están los que aixina creuen tos u demostraré en una historieta.

An esta comarca nostra ñabíe y encara ña un convén de nones, mol famós per la seua santidat, que no nombraré per a no disminuí gens la seua fama; allí, no fa mol tems, ñabén entonses sol vuit monges y una abadesa, y totes joves, y un bon homenet jardiné de un vergéseu que, no contentánse en lo jornal, demanán la cuenta al mayordomo de les monges, a Lamporecchio, de aon ere, sen va entorná. Allí, entre los demés que alegremen lo van ressibí, ñabíe un jove llauradó fort y valén, y per a sé villano guapo de cara, de nom Masetto, y li va preguntá al jardiné aón habíe estat tan tems. Lo bon home, que se díe Nuto, lay va di, y Masetto li va preguntá qué fée al monasteri. A lo que Nuto va contestá:

- Yo traballaba a un jardí mol hermós y gran, y ademés de aixó, anaba alguna vegada al bosque a per lleña, portaba aigua y féa atres servíssis; pero les Siñores me donaben tan poc jornal que apenes podía pagám les sabates. Y ademés de aixó, són totes joves y pareix que tenen lo dimoni a dins, aixina, cuan yo traballaba alguna vegada al hort, una diebe: «Fica aixó aquí», y l’atra: «Fica astí alló» y un atra me preníe la eixadella de la má y diebe: «Aixó no está be»; y me fée tanta rabia que dixaba la faena y men anaba del hort, aixina que, entre una cosa y l’atra, no vach volé estáy mes y hay tornat. Y me va demaná lo seu mayordomo, cuan men vach aná, que si tenía an algú a má que puguere fé la meua faena, que lo enviara, y lay vach prometre, pero aixina li guardo Déu los riñóns que ni buscaré ni li enviaré a dingú.
A Masetto, sentín les paraules de Nuto, li va vindre al ánimo un dessich tan gran de está en estes monges que se derretíe veén per les paraules de Nuto que podríe conseguí algo del que volíe. Y considerán que no u conseguiríe si li diebe algo a Nuto, li va di:

- ¡Ah, qué be has fet de torná! ¿Qué es un home entre dones? Milló estaríe en diables: de sat vegades, sis no saben lo que elles mateixes volen.

Pero después, acabada la conversa, Masetto va escomensá a pensá quin camí empendríe per a pugué está en elles; y com sabíe fé be les faenes que Nuto fée, no va tindre temó de pédre este treball per aixó, pero se pensabe que no siríe admitit perque ere massa jove y guapo. Pel que, donánli voltes, va pensá:
«Lo puesto está bastán llun de aquí y dingú me coneix allí, si sé fé vore que soc mut, segú que me admitirán».
Y en aquell pensamén, sense dili a dingú aón anabe, com un home pobre sen va aná al convén. Una vegada allí, va entrá a dins y va trobá al mayordomo al pati, a qui, fénli gestos com fan los muts, li va explicá que demanabe de minjá per amor de Déu y que ell, si lo nessessitabe, li asclaríe la lleña. Lo mayordomo li va doná de minjá de bona gana, y después lo va ficá dabán de uns trongs que Nuto no habíe pogut asclá, pero éste, que ere mol mes fort, en un momén los va estronchiná.

Lo mayordomo, que nessessitabe aná al bosque, lo va portá en ell y allí li va fé tallá lleña; después, ficánli lo burret dabán, per señes li va doná a enténdre que lo portare al convén. Ell u va fé mol be, y lo mayordomo, fénlo fé sertes faenes, mes díes va volé tíndrel. Un de estos díes la abadesa lo va vore, y li va preguntá al mayordomo quí ere. Este va di:
- Siñora, es un pobre home sort y mut (sordomut), que va vindre fa uns díes a per limosna, aixina que li hay fet un favor y tamé li hay fet fé bastantes coses que mos féen falta. Si sapiguere llaurá un hort y vullguere quedás, crec que estaríem ben servits, perque ell u nessessite y está fort y se podríe fé de ell lo que se vullguere; y ademés de aixó no tindríeu que preocupatos de que gastare bromes a les vostres joves.

A lo que va di la abadesa:

- Per Déu que dius la verdat: entérat de si sap llaurá y procura retíndrel; dónali un parell de albarques, algún tabardo vell, y dónali be de minjá. Lo mayordomo va di que u faríe.

Masetto no estabe mol lluñ, y fen vore que agranáe lo pati, sentíe totes estes paraules y se diebe:

«Si me fiquéu ahí dins, tos llauraré lo hortet tan be com may tos se ha llaurat.»
Habén vist lo mayordomo que sabíe llaurá mol be y preguntánli per señes si volíe quedás allí, y éste per señes contestán que faríe lo que ell vullguere, habénlo admitit, li va maná que llaurare lo hort y li va enseñá lo que teníe que fé; después sen va aná a datres assuntos del monasteri y lo va dixá. Ell, llaurán un día detrás de l´atre, les monges van escomensá a marejál y a ficál en cansóns, com moltes vegades passe que datres fan als muts, y li díen les paraules mes roínes del món creén que ell no les sentíe; y la abadesa, que potsé creíe que ell teníe tanta poca coa com veu y oít, de alló poc o gens se preocupabe. Pero va passá que habén traballat un día mol y están descansán, dos monges que caminaben pel jardí se van arrimá aon estabe, y van escomensá a mirál mentres ell fee vore que dormíe. Pel que una de elles, que ere algo mes dessidida, li va di a l’atra:

- Si me hagueres de guardá lo secreto te diría un pensamén que hay tingut moltes vegades, que potsé a tú tamé podríe agradát.
L’atra va contestá:
- Parla en confiansa, que no lay diré may a dingú.

Entonses la mes valenta va escomensá:

- No sé si has pensat lo estrictamen que vivím y que aquí may ha entrat un home mes que lo mayordomo, que es agüelo, y este mut. Y moltes vegades hay sentit di a moltes dones que han vingut a vóremos que totes les dolsaines del món són una broma comparades en la dolsó de ajuntás la dona al home. Pel que moltes vegades me han entrat ganes, y ya que en datre no puc, u probaría en este mut si es verdat, y éste es lo mes indicat del món per an aixó perque, encara que vullguere, no u podríe ni sabríe contáu; ya veus que es un mosso tontot, mes creixcut de cames que de juissi. En gust escoltaré qué te pareix aixó.

- ¡Ay! - va di l’atra- , ¿qué dius? ¿No saps que ham prometut la nostra virginidat a Déu?

- ¡Oh! - va di ella- , ¡cuántes coses se li prometixen tots los díes y no sen cumplix cap! ¡Si lay ham prometut, que sigue un atra o atres les que cumplíxquen la promesa!

A lo que la germana va di:

- Y si mos quedárem preñades, ¿qué passaríe?
Entonses aquella va di:

- Escomenses pensán en lo mal abáns de que te arribo; si passare, entonses ya hi pensarém: podríen fes mil coses de manera que may se sápigue, sempre que natros mateixes no u charrém. Esta, sentín aixó, tenín encara mes ganes que l’atra de probá cóm ere l'home, va di:

- Pos be, ¿qué farém?

- Veus que pronte sirá nona(la hora novena), les tres de la tarde; crec que les atres monges están dormín menos natros; mirém pel hort a vore si ña algú, y si no ña dingú, ¿qué farém mes que agarrál de la má y portál a la barraqueta aon se amague cuan plou, y allí una se quede a dins en ell y l’atra fa guardia? Es tan saboquet que se acomodará a lo que volém.
Masetto escoltabe tot este raonamén, y disposat a obeí, no esperabe mes que vinguéren a agarrál. Elles, mirán be per tot arreu y veén que desde cap puesto podíen sé enchampades, arrimánse la que habíe escomensat la conversa a Masetto, lo va despertá y ell se va ficá de peu; ella en gestos afalagadós lo va agarrá de la má, y ell pegán unes carcañades de tontet, lo va portá a la barraca, aon Masetto, sense fes mol rogá va fé lo que ella volíe. Ella, habén obtingut lo que volíe, li va dixá lo puesto a l’atra, y Masetto, sempre fen vore que ere un saboc, fée lo que elles volíen; pel que abáns de anássen de allí, mes de una vegada va volé cada una probá cóm cabalgabe lo mut, y después, parlán entre elles moltes vegades, díen que en verdat alló ere tan dols com habíen sentit, inclús mes y tot, y buscán los moméns conveniéns, en lo mut anaben a jugá.
Va passá un día que una germana seua, desde una finestra de la seua alcobeta sen va doná cuenta del tejemaneje y lo va amostrá a unes atres dos;
primé van pensá en acusáles a la abadesa, pero después, cambián de paréixe y ficades de acuerdo en les dos primeres, se van ajuntá per a tombás a Masetto, y an estes se van sumá les atres tres que sen van aná enterán.

Al final, la abadesa, que encara no sen habíe donat cuenta de estes coses, passeján un día sola pel jardí, sén gran la calina, se va trobá a Masetto (que en poca faena ya se cansabe durán lo día per massa cabalgá) que se habíe adormit tombat a la sombra de un armelé, y habénli eixecat les robes lo airet que bufáe, estabe en tot al descubert. Veén aixó la abadesa y trobánse sola, va caure a la mateixa gana que les seues mongetes, y despertán a Masetto, a la seua alcoba sel va emportá, aon uns cuans díes, en grans queixes de les monges perque lo jardiné no veníe a llaurá lo hortet, lo va tindre, probán y tornán a probá aquella dolsó que abáns solíe censurá a les atres. Al final, enviánlo a la habitassió de ell y requerínlo en molta frecuénsia, no podén Masetto satisfé a tantes, va pensá que de fes lo mut podríe víndreli un gran mal si durabe mes tems; y per naixó una nit, están en la abadesa, va escomensá a di:

- Siñora, hay sentit que un gall pot en deu gallines, pero que deu homes ben just poden contentá a una dona, y yo ting que cumplí en nou, per res del món podré aguantáu, ya no puc fé ni poc ni mol; y per naixó, o me dixéu anámen en Déu o li trobéu un arreglo an aixó.

La Siñora, sentín parlá an este a qui teníe per mut, se va esbarrá, y va di:

- ¿Qué es aixó? creía que eres mut.

- Siñora - va di Masetto -, sí que u era pero no de naiximén, sino per una enfermedat que me va dixá mut, y per primera vegada esta nit séntigo que me torne la veu, pel que alabo a Déu tot lo que puc.

La Siñora su va creure y li va preguntá qué volíe di alló de que a nou teníe que serví. Masetto li va di lo que passabe, lo que sentín la abadesa, sen va doná cuenta de que no ñabíe cap monja que no fore mol mes sabia que ella; pel que, sense dixá anássen a Masetto, se va disposá a arribá en les seues monges a un acuerdo en estos assuntos, per a que per culpa de lo que passáe en Masetto no fore criticat lo convén.

Aquells díes va morí lo mayordomo, y de común acuerdo, fénse manifest lo que a esquenes de totes se habíe estat fen, van fé creure a la gen de la roglada que grássies a les orassións y los mérits del san al que estabe dedicat lo convén, a Masetto, que habíe sigut mut mol tems, li habíe tornat la veu, y lo van fé mayordomo; y de tal manera se van repartí les faenes que ell va pugué aguantáu. Y en elles bastáns monaguillos va engendrá pero en tanta discressió que res se va sabé hasta después de la mort de la abadesa, sén ya Masetto agüelo y volén torná ric a casa seua.

Aixina, pos, Masetto, vell, pare y ric, sense tindre la faenada de alimentá als seus fills ni pagá los seus gastos, grássies al seu espabil, al poble de aon habíe eixit sense res, va torná, afirmán que aixina tratabe Cristo a qui li ficabe los cuernos damún de la corona.

SEGONA

sábado, 29 de septiembre de 2018

SEGONA JORNADA. NOVELA NOVENA.

Bernabó de Génova, engañat per Ambruogiuolo, perd lo seu y mane matá a la seua dona, inossén; ésta se salve y, en hábit de home, servix al sultán; trobe al engañadó y porte a Bernabó a Alejandría aon, castigat lo estafadó, tornán a ficás vestits de dona, jun en lo home, rics tornen a Génova

Habén Elisa en la seua triste história cumplit lo seu deber, la Reina Filomena, que hermosa y alta de estatura ere, mes que cap atra amable y sonrién de rostro, va di:

- Lo pacte fet en Dioneo té que sé respetat y, aixina, no quedán mes que ell y que yo per novelá, diré yo la meua história primé y ell, com u va demaná per mersé, sirá lo radé que la digue. Y dit aixó, aixina va escomensá:
Ñabíen a París, a un albergue, uns cuans importantíssims mercadés italiáns, uns per un assunto y atres per uns atres. Habén sopat una nit tots, van escomensá a parlá de diferentes coses, y passán de una conversa a un atra, van arribá a parlá de les seues dones, que habíen dixat a les seues cases; y fen bromes va escomensá a di un:

- Yo no sé lo que fará la meua, pero sí sé be que, cuan aquí me se fique per dabán alguna joveneta que me agrade, dixo a una vora l´amor que li ting a la meua dona y trac de ella lo plaé que puc.
Un atre va contestá:
- Y yo fach lo mateix, perque si crec que la meua dona té alguna aventura, la té, y si no u crec, tamé la té; y per naixó, lo que se fa que se faigue: lo que lo burro fot contra la paret, ixo ressibix.

Lo tersé va arribá a la mateixa opinió, y a tots los pareixíe que estáen de acuerdo en que les dones dixades per nells no perdíen lo tems.
Sol un, que teníe per nom Bernabó Lomellin de Génova, va di lo contrari, afirmán que ell, per espessial grássia de Déu, teníe per cónyuge a la dona mes cumplida en totes aquelles virtuts que dona o caballé o donsella pot tindre, que potsé a Italia no ñaguere datra igual: perque ere hermosa de cos y encara bastán jove, y templada y forta, y res ñabíe propi de dona, com bordá
laboresde seda, fé calseta y coses paregudes, que no faiguere milló que cap. Ademés de aixó no se podíe trobá cap escudero, o criat si volém cridál aixina, que puguere serví milló la taula de un siñó del que ella servíe, sabíe mol y ere discreta. Ademés de aixó, sabíe montá a caball, goberná un falcó, llichí y escriure y contá una história milló que si fore un mercadé; y de aixó, después de moltes atres alabanses, va arribá a lo que se parlabe allí, afirmán en juramén que cap atra mes honesta ni mes casta se podíe trobá que ella; pel que creíe ell que, si deu añs o per sempre estiguere fora de casa, ella no se entendríe en datre home en tals assuntos. Ñabíe entre estos mercadés que aixina parlaben un jove de nom Ambruogiuolo de Piacenza, que an esta radera alabansa que Bernabó habíe fet de la seua dona va escomensá a fótre les mes grans carcañades del món, y li va preguntá si lo emperadó li habíe consedit aquell privilegio sobre tots los demés homes. Bernabó, una mica mosquejat, va di que no lo emperadó sino Déu, qui teníe algo mes de podé que lo emperadó, li habíe consedit aquella grássia. Entonses va di Ambruogiuolo:
- Bernabó, yo no dudo de que creus di la verdat, pero segóns me pareix, has mirat poc la naturalesa de les coses, perque si la hagueres mirat, no te crec de tan torpe ingenio que no hagueres vist an ella coses que te faríen parlá en mes cautela sobre este assunto. Y per a que no cregues que natros, que mol libremen ham parlat de les nostres dones, cregám tindre una dona feta de un atra pasta que la teua y ham parlat aixina per un espabil natural, vull charrá una mica en tú sobre esta materia. Sempre hay entés que lo home es lo animal mes noble que va sé creát per Déu entre los mortals, y después la dona; pero lo home, tal com generalmén se creu y veu en les obres, es mes perfecte, y tenín mes perfecsió, sense falta té que tindre mes gran firmesa, y la té perque universalmen les dones són mes caprichoses y volubles (
ladonna é mobile), y lo perqué se podríe en moltes raóns naturals demostrá, pero ara u dixaré a una vora. Si lo home, que es de mes gran firmesa, no pot ressistís, no diguém ya a una que lay rogo, sino a no dessichá an alguna que an ell li faigue tilín, y ademés de dessichála faigue tot lo que pugue per a está en ella, y alló no una vegada al mes sino mil al día li passe, ¿qué esperes que una dona, naturalmén caprichosa, pugue fé dabán dels rogs, los piropos y mil atres trucos que fa aná un home que la ame? ¿creus que podrá ressistís? Sértamen, encara que u afirmos no crec que u cregues; la teua dona es de carn y ós, com u són totes les demés. Es possible, encara que sigue honestíssima, que faigue lo que fan les atres: y no es possible negá res tan absolutamen ni afirmá lo contrari, com u fas tú.
A lo que Bernabó va contestá y va di:
- Yo soc mercadé y no filósofo, y com a mercadé contestaré; y dic que sé que lo que dius los pot passá a les néssies, que no tenen cap pudor; pero aquelles que sábies són tenen tanta solissitut per lo seu honor que se fan mes fortes que los homes, y de éstes es la meua.

Va di entonses Ambruogiuolo:

- Verdaderamen si per cada vegada que sediguéren a tals assuntos los creixquére un cuerno (baña) al fron, que donare testimoni del que habíen fet, crec yo que poques ñauríe que se dixáren engatussá, pero com lo cuerno no naix y no sels note, cuan poden los fiquen de amagatóns. Pots tindre aixó per sert, que sol es casta la que no ha sigut festejada per dingú, o si va festejá ella, la que no va sé escoltada. Y encara que yo sápiga per naturals y diverses raóns que les coses són aixina, no parlaría tan cumplidamen com u fach si no ne haguera ficat a proba moltes vegades a moltes dones; y te dic que si yo estiguera a la vora de la teua dona santíssima, crec que en poc tems la portaría a lo que ya hay portat a datres.

Bernabó, enfadat com un mico o macaco, va contestá:
- Lo debatí en paraules podríe allargás massa: tú diríes y yo diría, y al final no serviríe de res. Pero ya que dius que totes se pleguen tan fássilmen y que lo teu ingenio es tan, per a que te asseguros de la honestidat de la meua dona estic disposat a que me tallon lo cap si may pots conduíla al llit; y si no pots, no vull mes que pérgues mil floríns de or.

Ambruogiuolo, acalorat sobre lo assunto, va contestá:

- Bernabó, no sé qué faría en la teua sang si te guañara; pero si vols tindre una proba del que te hay explicat, aposta sing mil floríns de or dels teus, que tenen que sét menos volguts que esta calibóssia tan dura, contra mil dels meus, y men aniré a Génova y abáns de tres mesos desde que men hayga anat, hauré fet la meua voluntat en la teua dona, y en siñal de alló portaré en mí algunes de les seues coses mes pressiades, y tals y tans indissis que tú mateix conféssos que es verdat, en la condissió de que me dónos la teua paraula de no vindre a Génova abáns de este tems ni li escriurás res sobre este assunto.

Bernabó va asseptá la aposta, y encara que los atres mercadés que allí estaben van probá de estorbá aquell fet, veén que un gran mal podíe víndres, estaben sin embargo tan ensésos los ánims dels dos mercadés que, contra la voluntat dels atres, se van comprométre la un en l´atre y van firmá dos escrits. Y fet lo compromís, Bernabó se va quedá y Ambruogiuolo tan pronte com va pugué sen va aná cap a Génova.
Y quedánse allí algúns díes y en molta cautela informánse del nom del barri y de les costums de la Siñora, va sentí de ella lo que li habíe sentit a Bernabó; pel que li va paréixe habé emprés una néssia empresa. Pero sin embargo, habén conegut a una pobre dona que mol anabe a casa seua y a la que la Siñora volíe mol, la va corrómpre en dinés (soborná) y a dins de un baúl construít per al seu propósit, se va fé portá no sol a la casa sino a la alcoba de la noble Siñora: y allí, com si an alguna part vullguere anássen la pobre dona, segóns les órdens donades per Ambruogiuolo, li va demaná que la guardare algúns díes.

Quedánse, pos, lo baúl a la habitassió y arribada la nit, cuan Ambruogiuolo va pensá que la Siñora dormíe, obrínla en sertes ferramentes que portabe, va eixí a la alcoba en silénsio, a la que ñabíe una llum ensesa. Va escomensá a mirá y a guardás a la memória la decorassió de la cámara, les pintures y totes les demés coses notables que an ella ñabíe. Después, arrimánse al llit y veén que la Siñora y una sagaleta que en ella estabe dormíen com a socs, desplayet la va destapá tota y va vore que ere tan hermosa despullada com vestida, y cap siñal (marca) per a podé contála li va vore fora de una que teníe a la mamella esquerra, que ere una peca y en rogle uns pelets rubios com l´or; y vist aixó, en cuidadet la va torná a tapá, encara que, veénla tan hermosa, li van entrá ganes de aventurá la seua vida y gitásseli al costat.
Pero com habíe sentit que ere tan rigurosa y fura en aquells assuntos no se va arriesgá y, quedánse la mayoría de la nit per la alcoba ben a gust, una bossa y una saya va traure de un cofre seu, y uns anells y una correcha (un sinto), y ficán tot alló a la seua arca, ell tamé se va embutí a dins, y la va tancá tal com estabe abáns: y lo mateix va fé dos nits sense que la Siñora sen donare cuenta de res. Arribat lo tersé día, segóns la orden donada, la bona dona va torná a per l´arca, y se la va emportá; eixín de ella Ambruogiuolo y recompensán a la dona segóns li habíe prometut, lo mes pronte que va pugué en aquelles coses sen va entorná a París abáns del plasso que se habíen ficat. Allí, cridán als mercadés que habíen estat preséns a les paraules y a la aposta, están presén Bernabó va di que habíe guañat la aposta que habíe fet, ya que habíe conseguit alló que habíen apostat: y de que alló ere verdat, primé va dibuixá la forma de la alcoba y les pintures que an ella ñabíe, y después va enseñá les coses de ella que se habíe emportat, afirmán que les hi habíe donat. Va confessá Bernabó que aixina ere la cámara com ell diebe y que, ademés, reconeixíe que aquelles coses verdaderamen habíen sigut de la seua dona; pero va di que habíe pogut per algúns dels criats de la casa sabé les característiques de la alcoba y del mateix modo habé conseguit les coses; pel que, si no diebe res mes, no li pareixíe que en alló ñaguere prou per a donás per guañat. Pel que Ambruogiuolo va di:

- En verdat que en aixó tindríe que ñabé prou, pero com vols que diga algo mes, u diré. Te dic que la Siñora Zinevra, la teua dona, té daball de la mamella esquerra una peca grandeta, y al voltán uns pelets rubios com l´or.
Cuan Bernabó va sentí aixó, li va paréixe que li habíen enclavat un gaviñet al cor, tan doló va sentí, y en la cara cambiada, sense di cap paraula, va doná siñals manifestes de sé verdat lo que Ambruogiuolo diebe; y después de un ratet va di:

- Siñós, lo que diu Ambruogiuolo es verdat, y per naixó, habén guañat, que vingue cuan vullgue y se li pagará.
Y aixina se li va pagá al día siguién, y Bernabó, eixín de París, en cruels intensións contra la seua dona, cap a Génova sen va aná. Y arrimánse allí, no va volé entrá a la siudat, sino que se va quedá a unes vin milles a una de les seues possesións; y a un criat seu, del que mol se fiabe, en dos caballs y en les seues cartes va enviá a Génova, escribínli a la Siñora que habíe tornat y que vinguere a trobál. Al criat li va maná que, cuan estiguere en la Siñora, allí aon milló li pareguere, la matare y tornare aon estabe ell. Arribat, pos, lo criat a Génova y entregades les cartes y feta la seua embajada, va sé ressibit per la Siñora en gran alegría; y ella al matí siguién, montán en lo criat a caball, cap a la seua possessió se va ficá en camí; y caminán juns y parlán de diferentes coses, van arribá a una valleta mol fonda y solitaria y rodejada (voltada) per altes roques y ábres; y pareixénli al criat un puesto aon podíe en seguridat cumplí la órden del seu siñó, traén lo gaviñet y agarrán a la Siñora pel bras va di:
- Siñora, encomanéu la vostra alma a Déu, no aniréu mes abán, es nessessari que morigáu.

La Siñora, veén lo gaviñet y sentín les paraules, tota espantada, va di:

- ¡Mersé, per Déu! Abáns de que me matos dísme en qué te hay ofés per a que tingues que matám.

- Siñora - va di lo criat - , a mí no me hau ofés en res, pero en qué hau ofés al vostre home yo no u sé, ell me va maná que, sense tíndretos cap misericórdia, an este camí tos matara: y si no u fach me va amenassá en fém penjá. Sabéu be qué obligat li estic y que no puc díli que no a consevol cosa que ell me ordeno: sap Déu que per vos séntigo compassió, pero no puc fé datra cosa.

A lo que la Siñora, plorán, va di:

- ¡Ay, mersé per Déu!, no vullgues convertít en assessino de qui no te ha ofés per serví a un atre. Déu, que tot u sap, sap que no hay fet may res pel que tinga que ressibí tal pago de lo meu home. Pero dixém ara aixó; pots, si vols, a la vegada agradá a Déu, al teu siñó y a mí, fému de esta manera: agarra estes robes meues, y dónam lo teu jubón (jaqueteta) y una capa, y en elles torna al teu siñó y lo meu y disli que me has matat; y te juro que men aniré an algún puesto aon may ni a tú ni an ell tos arribo cap notíssia meua. Lo criat, que contra lo seu gust la teníe que matá, fássilmen se va apiadá; pel que va agarrá les seues robes y li va doná una jaqueteta seua y una capa en capucha, y algúns dinés, y li va rogá que de aquelles comarques se alluñare, la va dixá a peu a la vall y sen va aná aon lo seu siñó, al que li va di que no sol la seua orden habíe sigut cumplida, sino que lo cos de ella lo habíe aviát a uns llops. Bernabó, después de un tems, sen va entorná a Génova y, cuan se va sabé lo que habíe fet, va sé mol recriminat.
La Siñora, quedánse sola y desconsolada, al vindre la nit, disfrassánse tan be com va pugué va aná a una aldeaprop de allí y li va comprá a una agüeleta lo que nessessitabe, va arreglá la jaqueta a la seua medida, y la va acursá, y se va fé en la camisa un parell de miges y se va tallá lo pel. Com si fore un mariné, cap al mar sen va aná, aon per ventura va trobá a un noblecatalá de nom señer en Cararh, que de una nave seua, que estabe algo alluñada de allí, habíe baixat a refrescás a una fon de Alba; entrán en ell en conversa, la va contratá per criat, y va pujá en ell a la nave, fénse cridá Sicurán de Finale. Allí, en millós robes vestit en indumentária de gentilhome, lo va escomensá a serví tan be que mol li va agradá.
No va passá mol tems desde entonses que este catalá en la seua cárrega va navegá cap a Alejandría y li va portá al sultán uns falcóns peregrinos, pareguts als esparvés, y los hi va regalá; y habénlo lo sultán invitat a minjá alguna vegada y vistes les maneres de Sicurán que sempre anabe a aténdrel, y agradánli, lay va demaná al catalá, y éste, encara que du li va paréixe separás de ell (ella), lay va dixá. Sicurán en poc tems tamé la grássia y l´amor del sultán va conquistá en lo seu esmero, pel que en lo pas del tems va passá que, tenínse que fé a serta época del añ una gran reunió de mercadés cristianos y mussulmáns, com una fira, a Acre, que estabe al Señorío del sultán, y per a que los mercadés y les mercansíes segures estigueren, sempre habíe acostumbrat lo sultán a enviá allí, ademés de als atres ofissials, algúns dels seus dignataris en gen que atenguere a la guardia. Per an esta fira, arribat lo tems, va enviá a Sicurán, que ya coneixíe mol be la llengua.

Están, pos, Sicurán a Acre com siñó y capitá de la guardia dels mercadés y les mercansíes, y desempeñán allí be lo que tocabe pel seu ofissi, y donán voltes vigilán, veén a mols mercadés sicilianos y pissanos y genovesos y venessiáns y atres italiáns, en ells de bon grado se entreteníe, recordán la seua terra.
Ara, va passá una vegada que, habén ell un día desmontat a un almassén de mercadés venessiáns, va vore entre atres joyes una bossa y una correcha que enseguida va reconéixe com que habíen sigut seues. Sense fé cap gesto, amablemen va preguntá de quí eren y si les veníen. Habíe vingut allí Ambruogiuolo de Piacenza en moltes mercansíes en una nave de venessiáns, y al sentí que lo capitán de la guardia preguntabe de quí eren, va doná unes passes cap abán y, enriénsen, va di:
- Micer, les coses són meues, y no les veng, pero si tos agraden to les (donaré) daré en gust. Sicurán, veénlo riure, va sospechá que l´habíe reconegut en algún gesto; pero, ficán la cara seria, va di:
- Ten enríus potsé perque me veus a mí, home de armes, aná preguntán sobre estes coses de dones. Va di Ambruogiuolo:
- Micer, no men enric de aixó, sino del modo en que les vach conseguí. A lo que Sicurán va di:

- ¡Ah, aixina Déu te dóno bona ventura, si te apetix, dísme cóm les vas conseguí!

- Micer - va di Ambruogiuolo - , me les va doná en alguna atra cosa una noble Siñora de Génova, Zinevra, dona de Bernabó Lomellin, una nit que me vach gitá en ella, y me va rogá que pel seu amor les guardara. Ara, men enric perque me hay enrecordat de la tontina de Bernabó, que va está tan loco de apostá sing mil floríns de or contra mil meus a que la seua dona no se rendíe a la meua voluntat; cosa que vach fé yo y vach guañá la aposta; y ell, a qui se tendríe que castigá per la seua brutalidat en ves de an ella per habé fet lo que totes les dones fan, tornán de París a Génova, segóns u hay sentit, la va fé matá. Sicurán, al sentí aixó, va compéndre quina habíe sigut la raó de la ira de Bernabó contra nella y va vore que éste ere lo culpable de tot lo seu mal; y va dessidí al seu interió no dixál seguí impune. Va fé vore, pos, Sicurán que li habíe agradat mol esta história y va trabá en ell una estreta familiaridat, tanta que, per los seus consells, Ambruogiuolo, acabada la fira, en ell y en totes les seues coses sen va aná a Alejandría, aon Sicurán li va encarregá un negossi y li va dixá en depósit bastáns dels seus dinés, pel que ell, veénse traure gran profit, se quedabe de bona gana. Sicurán, preocupat de demostráli la seua inossénsia a Bernabó, no va descansá hasta que, en ajuda de algúns grans mercadés genovesos que a Alejandría estaben, trobán extrañes raóns, lo va fé vindre; y están éste en pobre estat, per algún amic seu lo va fé ressibí de amagatontes hasta lo momén que li va pareixe adecuat per a fé lo que cavilabe. Habíe ya Sicurán fet contáli a Ambruogiuolo la história dabán del sultán, y al sultán li va agradá, pero después de vore allí a Bernabó, pensán que no teníe que doná llargues a la faena, buscán lo momén adecuat, li va demaná al sultán que cridare a Ambruogiuolo y a Bernabó, y que en presénsia de Bernabó, si no podíe fes fássilmen, en severidat se li arrancare a Ambruogiuolo la verdat de cóm habíe sigut alló del que ell vassilabe o fanfarronejabe.
Arribán Ambruogiuolo y Bernabó dabán del sultán, en presénsia de mols, en cara seria, a Ambruogiuolo li va maná que diguere la verdat de cóm habíe guañat a Bernabó sing mil floríns de or; y estabe presén allí Sicurán, en qui confiabe mol Ambruogiuolo, y ell en la cara mol mes enfurruñada lo amenassabe en tortures si no diebe la verdat. Pel que Ambruogiuolo, acollonit y obligat, en presénsia de Bernabó y de mols atres, no esperán mes castic que torná los sing mil floríns de or y les coses, cóm habíe anat lo assunto va contá. Y habénu contat Ambruogiuolo, Sicurán, com delegat del sultán en alló, giránse cap a Bernabó, li va di:
- ¿Y tú, qué li vas fé per esta mentira a la teua dona?
A lo que Bernabó va contestá:
- Yo, portat de la ira per la pérdua dels meus dinés y de la vergoña pel deshonor que me pareixíe habé ressibit de la meua dona, vach fé que un criat meu la matare, y segóns lo que ell me va contá, pronte va sé engullida per mols llops.
Dites totes estes coses en presénsia del sultán y per nell sentides y enteses totes, no sabén ell encara aón volíe arribá Sicurán (que aixó li habíe demanat), li va di Sicurán:

- Siñó meu, claramen podéu vore cuán aquella bona Siñora podíe gloriás del amán y del home; perque lo amán la prive del honor tacán en mentires la seua fama y aparte de ella al home; y lo home, mes cregut de les falsedats de atres que de la verdat que ell per llarga experiénsia podíe sabé, la fa matá y destripá per los llops y ademés de aixó, es tan poc lo cariño y l´amor que tan l´amic com l´home li tenen que, están mol tems en ella, ningú la coneix. Si se pot castigá al estafadó y perdoná al estafat, faré que vingue ella dabán la vostra presénsia. Lo sultán, disposat en este assunto a contentá a Sicurán en tot, va di que sí, que faiguere vindre a la dona. Se maravillabe mol Bernabó, que firmemen la creíe morta; y Ambruogiuolo, veén vindre lo mal, no sol teníe temó ara de torná los dinés. Feta, pos, la consesió pel sultán a Sicurán, éste, plorán y aginollánse dabán del sultán, va abandoná la veu de home y va di en la seua veu natural:
- Siñó meu, yo soc la misserable y desventurada Zinevra, y porto sis añs voltán disfrassada de home pel món, per culpa de este traidó Ambruogiuolo, y per este infame y cruel home entregada a la mort a máns del seu criat y a sé despellotada per los llops. Y esgarránse los vestits y mostrán les dos cantrelles, va fé evidén que ere dona al sultán y a tots los demés; giránse después a Ambruogiuolo, preguntánli en insultos cuán, segóns fanfarronejáe, se habíe gitat en ella. Ell, reconeixénla y mut de vergoña, no diebe res. Lo sultán, que sempre per home la habíe tingut, veén y sentín aixó, tan se va maravillá que se pensabe que alló ere un somni. Pero después de passásseli lo encantamén, veén la verdat, va loá (alabá) en máxima alabansa la vida y la constánsia y les costums y la virtut de Zinevra, hasta entonses cridada Sicurán. Y fen portá riquíssims vestits de dona y dames que li faiguéren compañía segóns la petissió feta per nella, a Bernabó li va perdoná lo habéla fet matá, y ell se li va aviá als peus plorán y li va demaná perdó moltes vegades, y ella benignamen lo va perdoná, lo va fé eixecás y lo va abrassá com al seu home.
Lo sultán después va maná que Ambruogiuolo an algún puesto de la siudat fore lligat al sol a un poste y enviscat o en mel, y que de allí no lo traguéren hasta que caiguere; y aixina se va fé. Después de aixó, va maná que lo que habíe sigut de Ambruogiuolo se li donare a la Siñora, que no ere menos de deu mil doblas: y ell, fen prepará una hermossíssima festa, va honrá a Bernabó com a home de la Siñora Zinevra, y a la Siñora Zinevra com mol valenta dona, y li va doná, tan en joyes com en vajilla de or y de plata com en dinés, un atre tan, que valíe unes deu mil doblas.
Y fen prepará un barco per an ells, después de acabás la festa que los fée, los va doná llisénsia per a torná a Génova, aon forrats y en gran alegría van torná, y en máxim honor van sé ressibits, espessialmen la Siñora Zinevra, a qui tots creíen morta; y sempre va sé reputada de gran virtut mentres va viure.

Ambruogiuolo, lo mateix día que va sé lligat al piló y enviscat en mel, en grandíssim estorbo per les mosques, avespes, formigues y tabáns, dels que aquell país está plenet, va morí y va sé rossegat hasta los óssos. Estos, blangs y penján dels tendóns, durán mol tems, sense sé tocats de allí, de la seua maldat van sé testimoni a consevol que los vée. Y aixina lo burladó va sé burlat.


Déssima



lunes, 29 de julio de 2024

4. 13. Del natural de Pedro Saputo.

Capítul XIII.

Del natural de Pedro Saputo.

No se va sabé mes de ell. Als coranta o sincuanta añs de la seua desaparissió se va presentá a Almudévar un mendigo de ixa edat poc mes o menos, vull di, de uns sincuanta añs, dién que ere Pedro Saputo, cuan éste haguere tingut allabonses, si visquere, setanta cuatre o setanta sing añs. Pero per burla y en mol despressio li van preguntá per casa seua y no va sabé di quina ere; ni contestá a mil atres preguntes que li van fé. Li van demaná que pintare, y tocare algún instrumén; y va contestá mol entonat y serio: l'áliga no casse mosques. Y repetíe y jurabe que ere fill de Almudévar y lo verdadé Pedro Saputo. Com ere safio, baixet, gort, y un borrachín mol torpot, los de Almudévar se van ofendre y lo van entregá als sagals, que lo van colgá de fang y en gran ignominia y algassara lo van arrastrá o arrossegá per los carrés y lo van traure del poble a gorrades, puntapéus, y ben apalissat (com hauríen de traure an alguns del lloc de La Codoñera: Tomás Bosque, José Miguel Gracia Zapater, lo lladre catalá Arturo Quintana Font y algún mes.
Y de atres pobles, lo mateix).

codoñ, codony, membrillo, cydonia oblonga, dulce de membrillo, codoñat

Ell se va eixecá, y mirán al poble, va di en tono profétic: pronte sirá que lo sel vengo esta ingratitut y mala obra. ¡Poble de Almudévar!, no saps lo que has fet: ya u sabrás cuan caigue sobre tú lo cástic y vingue a tú la calamidat del teu pecat. Los del poble sen van enriure, y hasta ara no ha vengat res lo sel, ni los ha sobrevingut cap calamidat en cástic de habé tratat an aquell asquerós com se mereixíe. Pero ell sen va aná a datres pobles, caminán mol per lo peu de la serra y per lo Semontano, dién que ere Pedro Saputo.

Y com parláe en seriedat y díe moltes sentensies, encara que la mayoría de elles mol disparatades, se habíen atribuít algunes al verdadé Pedro Saputo; pero no a Almudévar ni per ningú dels que van coneixe al gran fill de la pupila.

Com lo lectó u está veén desde lo prinsipi de la historia de la seua vida, no va ñabé home al seu tems ni después se ha conegut que lo igualare en espabil, talento, discressió, habilidat pera tot, ajuntán a tan exelentes dotes una amabilidat que robabe lo cor a cuans li parláen, un aire de molta dignidat, una presensia gallarda y hermosíssima, y una grassia incomparable en tot lo que díe y fée; 

y may se 'l va vore unflat ni se va vanagloriá de res. 

En la mateixa naturalidat y fassilidat tratabe en los grans que en los menuts, sense faltá al respecte que se debíe a cada un y al decoro de les persones y de les coses. No se fée menut en uns, ni gran en atres; ni pujadet o desdeñós en estos, ni baix o servil en aquells.

Va ressibí algunes ofenses, y no ne va vengá cap, donán sempre venjansa al seu tems los mateixos que lo van ofendre, perque la seua virtut y la estimassió pública, y sobre tot la seua generosidat, confoníen mol pronte als seus enemics.

Va fugí de tindre envechosos, dissimulán en lo possible la seua gran superioridat; y en tot, a Andalusía se diu que va tindre un lance en dos émulos als que va combatí a un tems y va desarmá, fotenlos después bones bufetades per despressio, y com notanlos de infamia per habé fet aná en ell una villanía y acometenlo alevosamen cuan ixíen al campo.

Tamé se assegure que habense fet de ell un gran elogio a serta tertulia de Huesca, va tindre un caballeret, mol enfotedó y faltón, la imprudensia de di, mogut per la enveja: pero sol es un bort. 

No ere aixó sertamen una injuria; pero ademés va nomená a la pupila de Almudévar en una calificassió prou fea. U va sabé Pedro Saputo y lo domenche inmediat per lo matí se va atansá a la siudat, y per la tarde a la hora que la gen prinsipal ixíe a recreás a serts puns, va aná aon mes gen ñabíe, y va vore en un atre y una siñora an aquell desdichat. Se li va arrimá, y demanán permís a la siñora y al caballé li va di:

- Yo soc Pedro Saputo; ¿qué es lo que vau di de ma mare lo dijous a casa de N.? 

Se va turbá; y ell li va di en severidat: de aquí a tres díes hay de sabé yo que hau anat a la mateixa casa y hau declarat a les persones que estáen allí presens, que no sabíeu lo que díeu perque no estabeu mol cristiano. ¿U faréu? Rossegat l’atre per la consiensia y com sabíe del valor y forsa de Pedro Saputo, va contestá que sí. Pos en siñal de amistat, y que no sen parlo mes, doneume la má. Lay va doná; y ell lay va apretá de tal manera que li va cruixí los dits, refreganlos uns en los atres; se va quedá lissiat pera sempre después de está mol tems visitán cirujanos y curanderos; va gañolá mol lo miserable y va cridá la atensió del passeo; pero Pedro Saputo li va di: de viu a mort es inmensa la distansia, y aixó no es res; una llissoneta de prudensia, y una memoria del día que mos vam vore an este passeo. Y mol sereno, y saludán als coneguts, sen va aná caminán a la siudat, y sen va entorná cap a Almudévar. 

Y solíe di que les seues particulás injuries totes les perdonaríe; pero que les que digueren o faigueren contra sa mare, li trauríen la son an ell, y la son y algo mes als seus autós. Se va parlá a Huesca de este lance, y tots lo van aprobá com obra de un verdadé fill que torne per la honra de sons pares.

Portáe sempre en ell lo Manual de Epicteto, y díe que per mes que llixguere, sempre lo obríe en gust y profit. Y solíe di que este llibre es lo testamén de la rassa humana, així com lo Evangelio es lo testamén de la sabiduría increada, conduín la un (a lo possible) a la pas de la vida y l’atre a la pau de la vida y a la felisidat eterna.

LITERATURA GRIEGA, ESTO ES,  SU HISTORIA, SUS ESCRITORES Y JUICIO CRÍTICO DE SUS PRINCIPALES OBRAS, POR DON BRAULIO FOZ.

Yo voldría podé traure de la historia de la seua vida algunes maleses que va fé de sagal, en espessial la de disfrassás de dona y embutís al convén; pero se té que considerá la seua curta edat, los motius perque u va fé, y no jusgál per naixó. No va sé una calaverada; va sé sol per culpa de la temó, per mes que a un atre no se li haguere ocurrit. Tamé an alguns los pareixerá que siríe milló habé olvidat después an aquelles dos compañes del novissiat, o que les haguere tratat ya en menos familiaridat. Pero, ¿ere aixó possible per an ell y per an elles? Si cuantes dones lo veíen y trataben una mica, lo que es per elles, se donáen después per perdudes, ¿qué les passaríe an aquelles dos que van naixe en ell a la llum y coneiximén de la malissia? ¿Y de un modo tan singulá y may vist?

Desde lo momén en que se va reconeixe an ell mateix y va vore qué fassilmen podíe sé ric si volíe, que va sé cuan va torná del gran viache per España, li va di a sa mare estes paraules tan majes:

"Ya, bona mare y siñora meua, tenim un estat dessén, si Deu vol y yo ting salut no ha de faltamos res. Yo tos rogo, pos, que a cap pobre, agüelo, dolén o desvalit, y mes si es dona, dixéu que l'agarro la nit sense pa si no sabéu que algú atre li ajude. Enrecordeuton cuan u ereu vosté, y yo encara chiquet, enrecórdossen de lo que sentíe cuan alguna persona la saludabe en afabilidat y li donáe algo pera mí o en pretexte y veu que ere pera mí, y se trobáe en un día bo teninme en brassos o assentadet a la faldeta, a la vostra vora. Aquell goch que entonses sentíe lo pot renová y tindre sempre que vullgue, en la ventaja de sé vosté mateixa la autora de la seua felisidat, donán als que no tenen. Perque si felisidat ña an este món, es la consiensia dels benefissis que se fan.» 

Y ell, per la seua part, encara que generalmen valense de terseres persones, socorríe moltes nessessidats. ¿Quí en aixó no lo voldríe, encara que no ñaguere datra causa? Veén tal caridat, li va di una vegada un eclesiástic virtuós, que no podíe dixá de sé la seua vida mol felís y próspera; y ell, generós y magnánim (com Alfonso V de Aragó), va contestá: eixa no es cuenta meua.

ALFONSO V NACE ENTRE TERREMOTOS Y ESPANTO  (SIGLO XIV. VALENCIA)

Se pot discutí si va sé un be o un mal de cara an ell lo habé trobat a son pare. Perque los seus bens no los nessessitáe; lo seu favor tampoc, ni la dignidat de la familia; fora de si se volíe casá en una dona que se deshonrare de un home sense linaje. Pero com ell no la haguere vullgut en esta vanidat, no se pot considerá com un favor de la fortuna lo adornál después en un tan ilustre apellit.

Lo de Saputo que ha mereixcut y portabe ere mol mes gran.

Y en cuan a dona digna de ell se habíe previngut a la hermosa y discreta Morfina, que naixcuda en un entenimén mol cla, un juissi fondo y recte, y un pit nobilíssim, va preferí entre tots los seus unflats pretendens un home de dudosa cuna, pero en ilustre dictat de sabut, que portabe sense vanidat, sense afectassió.

Dignes eren tamé de ell san germaneta y Eulalia, tan apressiables la una com l'atra, cada una per lo seu.

Pera res, pos, nessessitáe a son pare ni lo seu apellit. 

Se va alegrá mol de conéixel, encara que per sa mare prinsipalmen. May ell habíe cregut liviandad ni desenvoltura lo fet de sa mare, perque, sobre doná crédit a la seua relassió, la coneixíe prou be pera no dudá de la seua virtut, sense tindre en cuenta lo que sentíe a tots de la seua molta honestidat y recato; pero la infelís no podíe está satisfeta en la seua bona opinió, y mes creénse engañada.

Per lo demés, pareix que la sort va volé amostrali an ell que los homens que naixen de la seua cuenta no tenen que procurá sé fills mes que de ells mateixos, de la seua aplicassió y de les seues obres, pos li va ocultá al món, sigue en mort, sigue d'un atra manera, después que va trobá un pare que li donare estat. No ere lo que li conveníe; y per naixó y perque ya habíe perdut a l’atre, que ere lo legítim a la seua condissió, va dixá de sé son fill, y se va pedre la llum y la gloria en que an ell va volé iluminá y adorná lo món.

Sobre lo final que va tindre res se pot afirmá. Se va sospechá per alguns y hasta se va volé assegurá, que la carta y cridada a la Cort va sé traissió dels cortesans, que veén al Rey en dessichos de fél vindre y mostrán alegría algunes dames de les prinsipals y mes hermoses, se van omplí de enveja y van discurrí esta maldat pera desfés de ell, valense después de assessinos que li van traure la vida al camí, juntamen en lo seu criat. 

Aixó es lo que se va sospechá y va di, y lo que yo hay cregut sempre; pero de sert no pot sabés.

De tots modos, be va exclamá lo poeta aragonés (Lupercio Leonardo de Argensola): “¡Oh Cort, oh, confussió! quí te dessiche.”


Original en castellá:

Capítulo XIII.

Del natural de Pedro Saputo.

No se supo más de él. A los cuarenta o cincuenta años de su desaparición se presentó en Almudévar un mendigo de esa edad poco más o menos, quiero decir, de unos cincuenta años, diciendo que era Pedro Saputo, cuando éste debiera tener entonces, si viviera, setenta y cuatro o setenta y cinco. Pero por burla y con mucho desprecio le preguntaron de su casa y no supo decir cuál era; ni satisfacer a mil otras preguntas que le hicieron. Pidiéronle que pintase, y tocase algún instrumento; y respondió muy entonado y grave: el águila no caza moscas. Y repetía y juraba que era hijo de Almudévar y el verdadero Pedro Saputo. Como era zafio, bajo, grueso, y un borrachín torpísimo, los de Almudévar se ofendieron y le entregaron a los muchachos, que llenándolo de barro y con grande ignominia y algazara le arrastraron por las calles y sacaron del lugar medio muerto. Él se levantó, y mirando al lugar, dijo en tono profético: presto será que el cielo vengue esta ingratitud y mala obra. ¡Pueblo de Almudévar!, no sabes lo que has hecho: ya lo sabrás cuando venga sobre ti el castigo y caiga en ti la calamidad de tu pecado. Los del pueblo rieron, y hasta ahora no ha vengado nada el cielo, ni les ha sobrevenido ninguna calamidad en castigo de haber tratado a aquel asqueroso como merecía. Mas él se fue a otros pueblos, andando mucho por el pie de la Sierra y por el Semontano, llamándose Pedro Saputo. Y como hablaba con gravedad y decía muchas sentencias, aunque las más de ellas muy disparatadas, se habían atribuido algunas al verdadero Pedro Saputo; pero no en Almudévar ni por nadie de los que conocieron al grande hijo de la Pupila.

Como el lector lo está viendo desde el principio de la historia de su vida, no hubo hombre en su tiempo ni después se ha conocido que le igualase en agudeza, en talento, en discreción, en habilidad para todo, juntando a tan excelentes dotes una amabilidad que robaba el corazón a cuantos le hablaban, un aire de mucha dignidad, una presencia gallarda y hermosísima, y una gracia incomparable en todo lo que decía y hacía; y jamás se le vio hinchado ni se vanaglorió de nada. Con la misma naturalidad y facilidad trataba con los grandes que con los pequeños, sin faltar al respeto que se debía a cada uno y al decoro de las personas y de las cosas. No se hacía pequeño con unos, ni grande con otros; ni alto o desdeñoso con éstos, y bajo o servil con aquéllos.

Recibió algunas ofensas, y no vengó ninguna, dándole siempre venganza a su tiempo los mismos que le ofendieron, porque su virtud y la estimación pública, y sobre todo su generosidad, confundían muy pronto a sus enemigos.

Huyó de tener envidiosos, disimulando en lo posible su gran superioridad; y con todo en Andalucía se dice que tuvo un lance con dos émulos a quienes combatió a un tiempo y desarmó, dándoles después de bofetones por desprecio, y como notándolos de infamia por haber usado con él una villanía y acometiéndole alevosamente cuando salían al campo.

También se asegura que habiéndose hecho de él un grande elogio en cierta tertulia de Huesca, tuvo un caballerete, muy jactancioso y vano, la imprudencia de decir movido de la envidia: pero al fin es un borde. No era esto ciertamente una injuria; pero además nombró a la Pupila de Almudévar con una calificación harto fea. Súpolo Pedro Saputo y el domingo inmediato por la mañana se dirigió a la ciudad, y por la tarde a la hora que la gente principal salía a recrearse a ciertos puntos, fue al más concurrido, y vio con otro y una señora a aquel desdichado. Acercósele, y pidiendo permiso a la señora y al caballero le dijo: - Yo soy Pedro Saputo; ¿qué es lo que dijiste de mi madre el jueves en casa de N.? Turbóse el cuitado; y él le dijo con severidad: dentro de tres días he de saber yo que habéis ido a la misma casa y habéis declarado a las personas que se hallaron presentes, que no sabíais lo que decíais porque no estabais en vuestro acuerdo. ¿Lo haréis? Acusado el otro de su conciencia y con la noticia de que tenía del valor y esfuerzo de Pedro Saputo, respondió que sí. Pues en señal de amistad, y que en esto no se hablará más, dadme la mano. Diósela; y él se la apretó de modo que le magulló los dedos, estrujándoselos unos con otros; de que quedó lisiado para siempre después de estar mucho tiempo en poder de cirujanos; dio altos ayes el miserable y llamó la atención del paseo; mas Pedro Saputo le dijo: de vivo a muerto es inmensa la distancia, y eso no es nada; una leccioncita de prudencia, y una memoria del día que nos vimos en este paseo. Y muy sereno, con gentil continente, y saludando a los conocidos, se fue andando a la ciudad, y se volvió a Almudévar. Y solía decir que sus particulares injurias todas las perdonaría; pero que las que dijesen o hiciesen de su madre, le quitarían el sueño a él, y el sueño y algo más a sus autores. Se habló en Huesca de este lance, y todos le aprobaron como obra de un verdadero hijo que vuelve por la honra de sus padres.

Traía siempre consigo el Manual de Epicteto, y decía que no le podía leer tanto, que no le abriese siempre con gusto y provecho. Y solía decir que este libro es el testamento de la raza humana, así como el Evangelio es el testamento de la sabiduría increada, conduciendo el uno (en lo posible) a la paz de la vida y el otro a la paz de la vida y a la felicidad eterna.

Yo quisiera poder quitar de la historia de su vida algunas travesuras que hizo de muchacho, en especial la de disfrazarse de mujer y meterse en el convento; pero debe considerarse su poca edad, los motivos porque lo hizo, y no juzgarle con disfavor. No fue una calaverada; fue sólo discurso del miedo, por más que a otro no le hubiese ocurrido. También a algunos parecerá que fuera mejor haber olvidado después a aquellas dos compañeras del noviciado, o que las hubiese tratado ya con menos familiaridad. Pero, ¿era esto muy posible a él ni a ellas? Si cuantas mujeres le veían y trataban un poco, lo que es por ellas, se daban luego por perdidas, ¿qué sucedería a aquellas dos que nacieron con él a la luz y conocimiento de la malicia? ¿Y de un modo tan singular y no visto?

Desde el momento que se reconoció a sí mismo y vio cuan fácilmente podía ser rico si quería, que fue cuando volvió del gran viaje por España, dijo a su madre estas hermosas palabras: «Ya, buena madre y señora mía, tenemos un estado decente, el cual Dios mediante y yo con salud no ha de faltarnos. Yo os ruego, pues, que a ningún pobre, anciano, enfermo o desvalido, y más si es mujer, dejéis que le coja la noche sin pan si no sabéis que otro le acude. Acordaos cuando lo érades vos e yo niño, acordaos de lo que sentíades cuando alguna persona os saludaba con afabilidad y os daba algo para mí o con pretexto y voz que era para mí, y os encontrábades con un día bueno tomándome en brazos o sentándome a vuestro lado. Aquel gozo que entonces sentíades le podéis renovar y tener siempre que quisiéredes, con la ventaja de ser vos misma la autora de vuestra felicidad, dando con que le sientan otros infelices. Porque si felicidad hay en este mundo, es la conciencia de los beneficios que se hacen.» Y él por su parte, aunque generalmente valiéndose de terceras personas, socorría muchas necesidades. ¿Quién con esto no le amaría, aunque no hubiese otra causa? Viendo tal caridad, le dijo una vez un eclesiástico virtuoso, que no podía dejar de ser su vida muy feliz y próspera; y él, generoso y magnánimo, respondió: ésa no es cuenta mía.

Puédese disputar si fue un bien o un mal, mirando a su sola persona, el haber encontrado a su padre. Porque sus bienes no los necesitaba; su favor tampoco, ni la dignidad de la familia; fuera de si quería casar con mujer que se deshonrase de un hombre sin linaje. Pero como él no la hubiese querido con esta vanidad, no se puede considerar como un favor de la fortuna el adornarle después con un tan ilustre apellido. El de sabio que ha merecido y llevaba era mucho más grande. Y en cuanto a mujer y esposa digna de él habíasele prevenido en la hermosa y discreta Morfina, que nacida con un entendimiento muy claro, un juicio profundo y recto, y un pecho nobilísimo, prefirió a todos sus hinchados pretendientes un hombre de dudosa cuna, pero con ilustre dictado de sabio, que llevaba sin vanidad, sin afectación ni ceño. Dignas eran también de él su hermanita y Eulalia, tan apreciables una y otra, cada una por su término.

Para nada, pues, necesitaba a su padre ni de su apellido. Con todo, se alegró mucho de conocerle, aunque por su madre principalmente. Nunca él había creído liviandad ni desenvoltura el hecho de su madre, porque, sobre dar entero crédito a su relación, le conocía bastante para no dudar de su virtud, sin lo que oía a todos de su mucha honestidad y recato; pero la infeliz no podía estar satisfecha con su buena opinión, y más creyéndose engañada.

Por lo demás, parece que la suerte quiso mostrar en él que los hombres que nacen de su cuenta no deben procurar ser hijos sino de sí mismos, de su aplicación y de sus obras, pues le ocultó al mundo, sea con muerte, sea de otra manera, luego que encontró un padre que le diese estado. No era sin duda éste el que le convenía; y por eso y porque ya había perdido el otro, que era el legítimo en su condición, dejó de ser su hijo, y se perdió la luz y la gloria con que en él quiso iluminar y adornar el mundo.

Acerca del fin que tuvo nada se puede afirmar. Sospechóse por algunos y aun se quiso asegurar, que la carta y llamada a la corte fue traición de los cortesanos, que viendo al rey con deseos de hacerle venir y mostrando alegría algunas damas de las principales y más hermosas, se llenaron de envidia y discurrieron esta maldad para deshacerse de él, valiéndose luego de asesinos que le quitaron la vida en el camino, juntamente con el criado. Esto es lo que se sospechó y dijo, y lo que yo he creído siempre; pero de cierto no puede saberse. De todos modos, bien exclamó el poeta aragonés: ¡Oh corte, quién te desea!

miércoles, 16 de agosto de 2017

espéfia

espéfia: 
lo mes paregut: picardía, picardíes; espabil.

Cuan un chiquet, chiqueta está mol espabilat, espabilada, qué (o quín, quína) espéfia está fet, feta!

Valderrobres , Pilar Blasco, la doble de Mari Cruz Corral 😂

 
Esta paraula NO está al DCVB
 

jueves, 25 de julio de 2024

Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo. (+ Índice)

Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo.

Blogspot de Pedro Saputo

Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar: Autó: Braulio Foz, Fórnols, Matarraña, Teruel, Aragó / Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo.
Disponible a Amazon

¡Beneít sigue Deu, que al final lo gran Pedro Saputo ha trobat qui aplegare los seus fets, los ordenare convenienmén, y separán lo fals de lo verdadé eixecare a la historia acresolada y pura de la seua vida la digna estatua que debíem al seu talento y a les seues virtuts

¿Qué me donará lo món per este servissi, per este deute comú que pago, tocanme a mí en ves de a consevol atre veí? Pero ¡a cascala lo interés! No vull datra recompensa que sabé, com u sé desde ara, que este llibre se lligirá en gust per agüelos y joves, per sabuts y per ignorans, a les siudats y a les aldees. 

¡Oh, cuans bons ratos a les velades de hivern passarán en ell escofanse al foc o al brasé! Pos no vull mes recompensa, com dic; aixó, y aixó sol es lo que me hay proposat. Y pos u dono per conseguit, res mes me se oferix advertí, ni previndre als meus lectós y lectores.

A la vila de Almudévar, a tres legües de la famosa siudat de Huesca, a la carretera de Saragossa, va naixe Pedro Saputo de una huérfana donsella que vivíe sola perque se habíe quedat als quinse añs sense pare ni mare, y ere pobra, no teníe mes bens que una caseta a la carrera del forn de fora, y manteninse en lo ofissi de rentadora y lo de cuinera de totes les bodes y de les grans festes del lloc; a la seua juventut cantáe en molta grassia perque teníe una veu extremada y tocáe lo pandero com una gitana. En estes habilidats may li faltáe lo menesté, y algún regalo y bons passatems. Sempre anáe mol pincha y asseada; no envecháe res, ni a pobres ni a rics; tots la volíen be, y ella no volíe mal a ningú.

pera mes gran notissia de la persona direm que ere espabilada, redona de cara, no fea, pero tampoc guapa, primeta de cara tirán a grossa, desembossada de paraules; pit ple y ubert, discreta, honrada de casta, recatada, en bona fama al poble, y en tot mol afable. En estes virtuts entendre se pot que tindríe mols pretendens, y los va tindre, en efecte, no menos en linea recta que en la linea torsuda, y de tots los gustos y apariensies; pero no se donáe per entesa de la mala intensió de algúns, y agarrán les paraules sempre a la dreta, a tots responíe lo mateix y los despedíe sense ofendrels dién que no volíe casás ni tindre amors. Y aixó que la van marejá mossos mol fanfarrons y valens, y algúns en ajuar y pegujar, que la hagueren convertit en una hidalga. Cuan escomensáe a sé mosseta li va di una gitana en lo romeret a la boca que si se casáe ploraríe moltes llágrimes, fenli una professía en vers que diebe:

Si te cases tindrás home, 

llágrimes, pena y doló;

conserta sola lo teu amor

y lo fruit sirá gloriós.

No enteníe lo sentit general de la professía y poessía, pero va entendre mol be y se li va enclavá ben fondo com puncha al alma lo de llágrimes y penes, y ere prou pera que tinguere po: conque se va tapá los oíts a tota proposta de matrimoni per mes que passán lo tems va arribá a cumplí los vin añs de edat, que an aquell siglo casi ere afrenta está soltera.

Antes de que sen acataren al poble, ya teníe una pancha de sis mesos, y encara que teníe gran opinió de honesta no su hagueren cregut si ella no u diu; pero u díe y u afirmáe en tanta naturalidat que van tindre que creureu. Cuan va arribá lo tems va parí un chiquet mol fortot y majo, y preguntanli de quí ere, va di: Per ara meu y de Deu. Y de aquí no la van pugué traure. Una mica se van mosquejá lo justissia y tamé lo siñó retó perque no díe quí ere lo pare del chiquet; pero ella se va mantindre en lo dit y van habé de frená la curiosidat y se va mantindre lo secreto.

Cuan van batechá al chiquet, may un cas com aquell se habíe vist al poble y pareixíe un milagre (que los tems diuen que eren atres diferens dels que corren ara, encara que yo no u crec), dingú se oferíe a sé lo seu padrí; y lo justissia y lo síndic van ajuntá consell general del poble y van di: "honrats veíns de Almudévar: per la veu que ha corregut debéu sabé que la honesta filla pupila o pubilla de Antonio y Juana del forn de fora ha parit casualmén un chiquet, y no té qui lo porto a la pila. Femu a sorts si tos pareix, y dels tres noms que ixquen sen triará un per vots libres de tots.» 

- ¡Be, be!, va cridá lo gentío. Y van eixí dos homens y una dona; y passán a votassió, tots menos sis van votá que fore padrina la dona, y que los dos homens y lo síndic la acompañaren. Ere una donsella, y no va faltá qui remugare dién que les donselles no teníen que habés presentat per séu la mare del chiquet y no estáe be que la visitaren. Pero a qui aixó va di, que ere un ricacho en vanidat de hidalgo, lo van mirá mal de reúll y lo van aburrí tot aquell día. Va sé, pos, padrina la donsella, y lo va traure de pila mol contenta; y com ere de una casa acomodada va ñabé gran batech y alifara, que la van doná los acompañans y son pare de la mateixa padrina. 

Li van ficá de nom Pedro, y no se va parlá en mols díes de atra cosa al lloc. Cuan la mare va traure al chiquet al públic pareixíe una conda en la formalidat y satisfacsió que mostráe y als dijes y mantilla que li ficáe; y la gen la volíe encara mes que abans. La paráen tots pera mirá al chiquet, y sense sabé per qué se alegráen; y moltes dones, espessialmén les donselles, casi li teníen enveja.

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Índice (o Index):

Primé llibre:

espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet

com Pedro Saputo se va ficá mol fort

de com Pedro Saputo va aná a escola

de com Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi

com Pedro Saputo adepreníe ofissis en un rato

com Pedro Saputo va adependre música

Humanidat y caridat de Pedro Saputo

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona

Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo


Llibre segón:

De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món

De lo que li va passá a Huesca

Aventures del camí de Barbastro

Aventures de Barbastro

De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils

Pedro Saputo al convén

Se descubrix a les monges

Ix del convén

De cóm Pedro Saputo se va fé estudián de la tuna

Pedro Saputo escomense la vida de estudián

Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies

Pedro Saputo va a vore a les seues amigues

Sap Pedro Saputo de fray Toribio, lo del códul, y se quede al seu poble


Llibre tersé:

Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble

De cóm Pedro Saputo li va traure lo monjío del cap a una sagala

De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg

De cóm Pedro Saputo se va fé dotó. Seguix lo seu viache

Arribe a Saragossa. Después al seu poble

De cóm Pedro Saputo va fé lo milagre de Alcolea

De cóm Pedro Saputo va doná cuenta del seu viache de la volta a España

Una carta anónima. Visita de un caballé

De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro

La cova de Santolaria

Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo

De la comisió de les tres figues

Pedro Saputo cride a sa mare a les festes del Pilá

Del pleite al sol

Llibre cuart:

Li propose sa mare a Pedro Saputo que se caso

De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo

Relassió del pare de Saputo

Arribe Paulina. Casamén dels pares

Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar

Testamén del tío Gil Amor

Seguix lo registre de les novies. Festa y ball a una aldea

De la fira de Graus

Seguix lo mateix registre. Morfina

Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot

Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa

No se sap res mes de Pedro Saputo. Sort de Morfina, dels pares y de Rosa y Eulalia

Del natural de Pedro Saputo

Máximes y sentensies de Pedro Saputo


Original en castellá:


Capítulo I.

Nacimiento de Pedro Saputo.


¡Bendito sea Dios, que al fin el gran Pedro Saputo ha encontrado quien recogiese sus hechos, los ordenase convenientemente, y separando lo falso de lo verdadero levantase con la historia acrisolada y pura de su vida la digna estatua que debíamos a su talento y a sus virtudes! ¿Qué me dará el mundo por este servicio, por esta deuda común que pago, no tocándome a mí más que a cualquier otro vecino? Pero ¡maldito sea el interés!, no quiero otra recompensa que saber, como lo sé desde ahora, que este libro se leerá con gusto por viejos y jóvenes, por sabios y por ignorantes, en las ciudades y en las aldeas. ¡Oh, cuántos buenos ratos en las veladas de invierno pasarán con él calentándose a la lumbre o al brasero! Pues no quiero más recompensa, como digo; esto, y esto sólo es lo que me he propuesto. Y pues lo doy por conseguido, nada más se me ofrece advertir, ni prevenir a mis lectores.

En la villa de Almudévar, tres leguas de la famosa ciudad de Huesca, en la carretera de Zaragoza, nació Pedro Saputo de una virgen o doncella que vivía sola porque había quedado de quince años sin padre ni madre, y era pobre, no teniendo más bienes que una casita en la calle del Horno de afuera, y manteniéndose con el oficio de lavandera y el de cocinera de todas las bodas y de las grandes fiestas del lugar; en su juventud cantaba con mucha gracia porque tenía una voz extremada y tocaba el pandero como una gitana. Con estas habilidades nunca le faltaba lo necesario, y algún regalo y buen pasatiempo. Iba muy aseada; no envidiaba nada a pobres ni a ricos; todos la querían bien, y ella no quería mal a nadie.

Para mayor noticia de la persona diremos que era lista, redonda de cara, no fea, aunque tampoco bonita, delgada caminando a gruesa, desembozada de palabras; pecho franco y abierto, discreta lo que le bastaba, honrada de casta, recatada con buena fama en el pueblo, y al todo muy afable. Con cuyas prendas y virtudes entender se deja que tendría muchos pretendientes, y los tuvo, en efecto, no menos en línea recta que en la línea torcida, y de todos sabores y apariencias; pero no se daba por entendida de la mala intención de algunos, y tomando las palabras siempre a la derecha, a todos respondía lo mismo y los despedía sin ofenderlos diciendo que no quería casarse ni tener amores. Y eso que la recuestaron mozos muy engreídos y valientes, y algunos con ajuar y pegujar, que lo hubiera pasado como una hidalga. Y era que cuando comenzaba a ser moza le dijo una gitana que si se casaba lloraría muchas lágrimas, haciéndole una profecía en verso que decía:


Si casas habrás esposo,

Lágrimas pena y dolor;

Concierta sola tu amor

y el fruto será glorioso.


No alcanzaba el sentido de la profecía sino así por mayor, pero entendió muy bien y se le hincó hondamente como púa en el alma lo de lágrimas y penas, y era bastante para que temiese: conque cerró los oídos a toda proposición de matrimonio por más que andando el tiempo llegó a cumplir los veinte años de edad, que en aquel siglo casi era afrenta, puesto que después y en el nuestro no sea más que recelos de soledad y pensamientos de poco sueño.

Empero cuando menos se cataban en el lugar amaneció de seis meses, que por su gran opinión de honesta lo vieran y no lo creyeran si ella no lo dijese; pero lo decía y lo afirmaba con tanta naturalidad y llaneza que con esto y lo que veían hubieron de creerlo. Cuando llegó el tiempo dio a luz un niño muy robusto y hermoso, y preguntándole de quién era, dijo: Por ahora mío y de Dios, cuyos somos todos. Y de aquí no la pudieron sacar. Un poco se amostazó el justicia y también el señor cura porque no decía quién era el padre del niño; pero ella se mantuvo en lo dicho y hubieron de tascar el freno de su curiosidad burlada en este secreto.

Cuando llegaron a bautizar el niño, porque nunca un caso como aquel se había visto en el lugar y parecía milagro (que los tiempos dicen que eran otros que los que corren ahora, aunque yo no lo creo), ninguno se ofrecía a ser su padrino; y el justicia y el síndico ayuntaron concejo general del pueblo y dijeron: «Honrados vecinos de Almudévar: por la voz que ha corrido debéis saber que la honesta hija pupila de Antonio y Juana del Horno de afuera ha parido casualmente un niño, y no tiene quién lo saque de pila. Echemos suertes si os parece, y de los tres nombres primeros que salgan se elegirá uno a votos libres de todos.» - ¡Bien, bien!, gritó la multitud. Y echaron suertes, y salieron dos hombres y una mujer; y pasando a votación, todos menos seis votaron porque fuese madrina la mujer, y que los dos hombres y el síndico la acompañasen. Era una doncella, y no faltó quien murmuró de la suerte diciendo que las doncellas no debían haberse puesto en cántaro por serlo la madre del niño y no estar bien que la visitasen. Pero al que esto dijo, que era un ricacho con vanidad de hidalgo, le miraron de mal de ojo y aun le aborrecieron todo aquel día. Fue, pues, madrina la doncella, y lo sacó de pila con mucho contento; y como era de una casa acomodada hubo gran bateo, que lo dieron los acompañantes y el padre de la misma madrina. Pusiéronle por nombre Pedro, y no se habló en muchos días de otra cosa en el lugar. Cuando la madre sacó al niño públicamente parecía una conda en la formalidad y satisfacción que mostraba y en los dijes y mantillas que le ponía; y las gentes la querían aún más que de denantes. Parábanla todos a mirar al niño, y sin saber por qué se alegraban; y aun muchas mujeres, especialmente doncellas, casi le tenían envidia.