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viernes, 26 de julio de 2024

Llibre segón. Capítul I. De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món.

Llibre segón.

Capítul I.

De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món.

Que a ningú o dingú se li ocurrixque di, de esta aigua no beuré, perque pot sé que tingue que béuressela, y aixó encara que estigue térbola, y mesclada en sang humana; encara que la estiguen passán de un cuerno a un atre, com fée un grillat, lloco o loco al carré este atre día.

Lexique roman; Mania – Manjuiar

¿Cuánta aigua de cuerno per al hidalgo de la cantonada de la plassa, que vóres obligat a rendí la seua soberbia al fill de aquella pupila a qui ell va denostá en tan despressio y en paraules de tanta injuria, debénli nada menos que la vida de sa filla y no tenín pas y amor en ella si cada día no la visitabe lo que ell destinare pera comadrón y casamenté, y ademés va eixí ara, que valíe mes sén un chiquet y pobre que tots los hidalgos de la provinsia? Y encara ell va patí menos que datres en aquella humillassió, perque no ere desagraít, y l'agraimén, ¡ay, qué majo que es!, no permitix quisquilles del amor propi. Si visquere una mica mes, y veiguere encara coses mes grans, y la seua soberbia mes retirada, y la seua imprudensia mes arrepentida. Van preguntá a un sabut antic qué fée Deu, y va contestá: Recachá lo alt y eixecá lo baix.

Se ha de anotá que la Providensia done lloc a preguntes com aquelles: 

Disme, pare comú, pos eres just, an esta may se ha de dessichá mol tems lo seu cuidado de recordá al home vano, que no es res y no res pot fé de ell mateix; habénmos previngut pera que no lo extrañem, que lo que se alegre de la caiguda de un atre, de la flaquesa de l'atre, o se creu exento y segú de ella, no quedará sense cástic, no dixará de sé abandonat pera que caigue an aquella mateixa o a un atra mes miserable. 

Trobáe Pedro Saputo esta llissó y doctrina als seus llibres, y encara que lo chiquet la teníe sempre mol presén y evitabe així la vanagloria, la pressunsió, lo engreimén, ajudanli tamé sa mare que continuamén referíe a Deu totes les grassies y habilidats del seu fill.

Passáe lo tems mentrestán, y ell entráe ya als quinse añs de edat; y va di un día a sa mare:

- Yo, mare meua, voldría anamen a vore món. Hasta ara sol hay vist la siudat de Huesca y alguns atres poblets de la comarca aon m' hau portat; y aixó es com no habé eixit de Almudévar, perque no ña diferensia en les costums, ni al sel, ni a la terra y vull anamen sol y mes lluñ, perque al món ña mol que vore y mol que sabé, y a casa y per aquí sempre són los mateixos campos, los mateixos margens, ribassos, les mateixes parets, finestres y finestrons, y ni los uns diuen res, ni les atres fan mes llum que lo primé día. Conque doneume la vostra bendissió y men aniré en la vostra llissensia. 

Se va entristí sa bona mare en esta notissia, y li va di plorán: 

- ¿Cóm, fill meu, cóm sirás lo consol de ta mare si ten vas del meu costat?

- Mare meua, va contestá ell: los fills són lo consol de sons pares pero no están sempre lligats a les seues garres, sino honrats, guañanse honestamen la vida, no donanlos maldecaps, volenlos mol, y assistinlos y cuidanlos cuan u nessessiten. Ademés, no tardaré en torná, perque com sirá lo primé viache y soc encara mol sagal, no vull aná a terres apartades ni embutím a la confussió de llengües y nassions pera probá a la fortuna.

- Pos be, va di sa mare, ya que estás convensut, yo voldría que u comunicares al siñó mossen, que es home que coneix a moltes persones, y escriu y ressibix cartes del correu, pera que te dono cartes que diuen de recomanassió.

- ¡Ay mare!, va contestá ell entonses; ¡qué lluñ estéu de atiná al blang, y qué mal caléu lo meu pensamén! No vull cap lletra de recomanassió, perque ni sé aón aniré, ni dixen de sé pigüelas (esposes) que no se poden chafá sense ofensa de algú.

Ademés, ¿Qué faré? ¿Pintá? Es títul que obligue a mol, y per ventura no me se oferirá pintá un estrel. ¿De músic? No sé aón podríe portam esta habilidat si no es an algún sarao, boda o festa de convén. Pero sobre tot la libertat es lo que me fa al cas; cap respecte, cap ley inútil me convé, fora de la honradés; y lo parlá be y lo just comedimén. Esta nit anirem a casa de ma padrina y li direm que demá me se oferix un curt viache, y a ningú mes donarem cuenta, exepte si después vullgueres contálay al siñó mossen, que es tan amic nostre

- ¿Demá ya ten vols aná?, va preguntá sa mare. ¿No veus, fill, que aixó es massa de repén?

- Aixó pera vosté, va contestá ell; no pera mí, que fa mol tems que u ting pensat y resolt. Plegueume dos camises, y en esta mateixa roba y un morral al muscle ting lo menesté per al poc tems que penso caminá fora de casa.

Va habé de asseptá sa mare per mes que li ploráe lo cor; y en son demá de matinet li va besá la má y va eixí del poble eixecán los ulls al sel com pera invocá a la Providensia.

Com lo camí de Huesca ere lo mes conegut y al mateix tems lo mes curt, se ni en van aná los peus per nell y va dixá lo poble atrás, no portán mes bartuls que lo que per la nit li va di a sa mare, y deu libres jaqueses de or, no habén vullgut mes provissió, perque díe que lo que va a corre món a la aventura, lo món li ha de valé y al món ha de trobá la vida o la mort.


Original en castellá:

Libro segundo.


Capítulo I.

De cómo Pedro Saputo salió a correr el mundo.

A nadie le ocurra decir, de esta agua no beberé, porque puede ser que tenga que beberla, y eso aunque esté turbia, y mezclada con sangre humana; aunque la estén pasando actualmente de un cuerno a otro, como hacía un loco en la calle estotro día. ¿Qué más agua de cuerno para el hidalgo de la esquina de la plaza, que verse obligado a rendir su soberbia al hijo de aquella pupila a quien él denostó con tanto desprecio y con palabras de tanta injuria, debiéndole nada menos que la vida de su hija y no teniendo paz y amor con ella si cada día no la visitaba el que él destinara para comadrón y casamentero, y además salió ahora, que valía más siendo un niño y pobre que todos los hidalgos de la provincia, cuanto más él y los suyos? Y aun él padeció menos que otros en aquella humillación, porque no era ingrato, y la gratitud, ¡ay, qué hermosa es!, no permite quisquillas del amor propio. Viviera un poco más, y viera aún cosas mayores, y su soberbia más retirada, y su imprudencia más arrepentida. Preguntaron a un sabio antiguo qué hacía Dios, y respondió: abajar lo alto y levantar lo bajo. Siendo de notar que si en otras cosas su providencia da lugar a preguntas como aquéllas: Dime, padre común, pues eres justo, en ésta nunca se ha de desear mucho tiempo su cuidado de recordar fuertemente al hombre vano, que nada es y nada puede de sí mismo; habiéndonos prevenido para que no lo extrañásemos, que el que se alegra de la caída de otro, de la flaqueza de otro, o se cree exento y seguro de ella, no quedará sin castigo, no dejará de ser abandonado para que caiga en aquella misma o en otra más miserable. Encontraba Pedro Saputo esta lección y doctrina en sus libros, y aunque niño la tenía siempre muy presente y evitaba así la vanagloria, la presunción, el engreimiento, el desvanecimiento, ayudándole también su buena madre que continuamente refería a Dios todas las gracias y habilidades de su hijo.

Pasaba el tiempo entretanto, y él entraba ya en los quince años de su edad; y dijo un día a su madre: - Yo, madre mía, quisiera irme a ver mundo. Hasta ahora sólo he visto la ciudad de Huesca y algunos otros lugares de la comarca adonde me habéis llevado; y eso es no haber salido de Almudévar, porque no hay diferencia en las costumbres, ni en el cielo, ni en la tierra y quiero irme solo y más lejos, porque en el mundo hay mucho que ver y mucho que saber, y en casa y por aquí siempre son los mismos campos, las mismas paredes y ventanas, y ni los unos dicen nada, ni las otras dan más luz ni otra que el primer día. Conque dadme vuestra bendición y me iré con vuestra licencia. Contristóse su buena madre con semejante nueva, y le dijo llorando: - ¿Cómo, pues, hijo mío, cómo serás el consuelo de tu madre si te vas de mi lado? - Madre mía, respondió él: los hijos son el consuelo de sus padres no estando siempre atados de su pierna, sino honrados, ganando honestamente la vida, no dándole pesadumbres, queriéndolos mucho, y asistiéndolos y cuidándolos cuando lo necesitan. Además que no tardaré en volver, porque como será el primer viaje y soy aún muy rapaz, no quiero apartarme a luengas tierras ni lanzarme a la confusión de lenguas y naciones para prueba de mi fortuna.

- Pues bien, dijo su madre, ya que estás resuelto, yo querría que lo comunicases al señor cura, que es hombre que conoce muchas personas, y escribe y recibe cartas del correo, para que te diese letras que llaman de recomendación. - ¡Ay madre!, contestó él entonces; ¡qué lejos estáis dando del blanco, y qué mal caláis mi pensamiento! No quiero ninguna letra de recomendación, porque ni sé adonde iré, ni dejan de ser pigüelas que no se pueden romper sin ofensa de alguno. A más, ¿qué calidad queréis que me dé en ellas? ¿De pintor? Es título que obliga a mucho, y por ventura no se me ofrecerá pintar una estrella. ¿De músico? No sé a dónde podría conducirme esta habilidad si no es a algún sarao, boda o fiesta de convento. Pero sobre todo la libertad es lo que me hace al caso; ningún vano respeto, ninguna ley inútil me conviene, fuera de la honradez; y el bien hablar y el justo comedimiento. Esta noche iremos en casa de mi madrina y le diremos que mañana se me ofrece un corto viaje, y a nadie más daremos cuenta, salvo si después quisiéredes participárselo al señor cura, que es tan amigo nuestro. - ¿Que ya mañana te quieres ir?, preguntó su madre. ¿No ves, hijo, que eso es muy súbito? - Esto para vos, respondió él; no para mí, que hace mucho tiempo lo tengo pensado y resuelto. Aviadme dos camisas, y con esta misma ropa diaria y un ferreruelo al hombro tengo mi menester para el poco tiempo que pienso andar fuera de casa. Hubo de condescender su madre por más que le lloraba el corazón; y al día siguiente de mañanita le besó la mano y salió del lugar levantando los ojos al cielo como para invocar la Providencia.

Como el camino de Huesca era el más conocido y así mismo el más corto en la imaginación, se le fueron los pies por él y dejó el lugar atrás, no llevándose más equipaje que el que por la noche dijo a su madre, y diez libras jaquesas en oro, no habiendo querido mayor provisión, porque decía que el que va a correr mundo a la ventura, el mundo le ha de valer y en el mundo hallar la vida o la muerte.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 8. De la fira de Graus.

Capítul VIII.

De la fira de Graus.

¿Es una lengua el ribagorzano?

Va visitá encara per allá alguns atres pobles, y se va arrimá al Cinca passán per Barbastro, aon sol va visitá a la sempre amable Antonina, encara que portabe cuatre donselles a la llista, no per despressio de elles, sino perque de Barbastro no volíe amistat ni deutes. Va incliná la seua direcsió cap al orién y amún pera pujá a la Ribagorsa, y va arribá a la Pobla de Castro, aon va pará al messón, sense portá registre de aquell poble. Ere lo taberné charraire, alegre, franc y mol atén. Als postres va demaná llissensia y va entrá al cuarto de Pedro Saputo, y li va di que si volíe matiná una mica li podíe serví, perque pensabe aná a la fira de Graus a divertís un rato, y en veu baixa va afegí: y emportám una criada pera ama de claus, perque me se case la que ting, y la cuinera no val mes que per als topins y los teons.

Va arribá en aixó un llauradó, y lo va fé entrá dién:

- Este home, siñó caballé, es cuñat meu, germá de la meua dona que en pas descanso. Me vach casá fa setse añs, y mos van doná a mí una finca y an ella un atra; y entre les dos, que les vach sembrá aquell añ, vach arreplegá dos cafisos y mich de morcacho, una mica de pipirigallo y ya me va parí la dona. Yo vach escomensá a dím: pos vas be, Juan Simón; no tens aon sembrá enguañ, y la Felipa te parirá totes les pascues. Mal, Juan Simón, perque no ñaurá pa.

¿No ne ñaurá?, vach di, pos n'ha de ñabé, a discurrí. Y cavilán y no dormín me se va ocurrí un espessífic que algún san me va ficá al cap. Y li vach di a la meua dona: cariño, ya hay discurrit un modo pera que no mos falto pa; ya pots criá sense temó. 

Mira, Felipa, an este món sol són deshonra tres coses:

Sé pobre, no tindre dinés y portán.

- De aixó radé ya te libraré yo, va di ella.

- Calla boba, li vach contestá yo; no va per tú, que ya sé que no penses ficamels. Pos sí siñó, li vach di; aixó sol es deshonra an este món, y no atra cosa.

- Anem, Juan Simón, va di lo cuñat, que datres coses ñan. 

- Ya u sé, va replicá lo parlán; pero la verdat es la verdat, y en lo demés no se repare. Díxam parlá y no me golfejos les paraules. 

La meua Felipa se va alegrá mol y yo vach di: ya veus que an este poble ningú vol sé tendé o botigué, ni messoné, perque u tenen per afrenta, y los arrieros y viachans no saben aón pará, y van demanán favor y u paguen mes car y están mal servits. Lo comprá y vendre, ¿pot sé afrenta?; lo doná fonda al que no té aón embutís, ¿pot sé afrenta? Cornut siga si aixó no es mentira. Yo hay pensat, pos, comprá oli, vi, pa, arrós, abadejo, sardines, guardiassivils de cubo, tossino salat, cansalada, magre, espessies y datres coses, y tindre abacería de botiga y fem messoné; ¿te pareix be, cariño? 

Y me va contestá:

- Com diuen que venim de bons...

- Calla, tonta, an este món cap pobre es bo; tots los miren de reúll y així com de gairó. Disme que sí, y en dos paletes te fach rica, y tamé mes hermosa, perque les riques totes u són, encara que no u siguen. ¡Qué guapa, y qué refilada los díes de festa cuan vaigues a missa, y tornos, y a cada cosa que remogues o regiros al arca sonon per allí los doblons! Encara no n'has vist cap, encara no saps cóm són; ya vorás después. Y en aixó la vach ficá contenta, y me vach eixecá, que ere encara de matí y estabem a la márfega. Y aquell mateix día, agarro y veng los dos terrenos, lo meu y lo de la meua dona. 

Aquí está mon cuñat que no me dixará di mentires.

¡Qué lloco, díe la gen, qué perdut! Lo que ven, acabe. 

Y tú tamé, Silvestre, u díes, y ton pare mes, que va vindre y me se va volé minjá, y va fé plorá a la Felipa. Pero yo chitón y a la meua. Conque vach y me compro un ruc (en perdó de vostra mersé), y ¡qué tieso que ere!, y baixo a Basbastro y lo torno en les banastes carregades a cormull pera la botigueta. Y a la hora que solen vindre los arrieros vach eixí a la plassa y los vach di: a casa meua, que soc messoné. Ya fa de aixó catorse añs, prop de quinse, y cuatre que me se va morí la dona, ben rica, y en mes carneta que vatres me la vau doná, cuñat, en tota la vostra sopopeya (prosopopeya), que al final, en que veniu de bons, tens una somera, y roína y guita, que si te se mor te quedes tan a peu que no has de montá ya mai datra cabalgadura que la cavegueta, si yo no te dixo alguna bestia de les meues. Yo ting un parell de mules, una está ya algo desmemoriada, y campos y terra, finques, faixes, gayes, freginals, y olivás plens de olivés y olives, y un jaco que se beu y talle lo ven, y grassies a Deu que no sé aón ficáls; y per aixó tan de bons ving ara com cuan me vach casá y era pobre. Los meus fills van a llaurá, y no ne ñan de mes garridos, pinchos, pitos y envejats al poble. 

¡Ay, habés mort sa mare!

En mol gust sentíe Pedro Saputo la relassió del messoné, y preguntanli per la fira, va di:

- An ixa fira, siñó caballé, no se ven lo que de ordinari se ven a totes, encara que no falte res, sino que es fira de criats y criades. Allí acudixen de tota la Ribagorsa los mossos y mosses, en cuadra o sense cuadra, que volen afirmás, ells pera mossos de llauransa o  muleros, y tamé pera pastós o un atre ofissi, y elles pera criades, niñeres, caseres de mossens, lo que ixque y segons la persona. 

Y ¡qué guapes algunes! ¡Qué fresques y espabilades! Yo no me la pergo may; y dos criades que ting y tres que me se han casat, dos al tems de la meua dona y una después, totes les hay portat de allí, y totes bones, perque ting bon ull y no me engañen. Es verdat que bon amo fa bon criat, y com les trato be...

- Massa, va di lo cuñat.

- ¿Veéu?, ya ha caigut a la malissia. Siñó caballé, la enveja es mol roína, perque no cregáu que es atra cosa. Be pareix que me les trauen, que no dirán sino que lo serví a casa meua, y aixó messoné, sigue concilianda de novios, que sempre les sobre per damún del cap. Sense armonía y bona voluntat, ¿cóm habíe de ñabé pau a casa? Y viure sense pau y sense gust cap ley u mane. 

¿Ting raó, siñó caballé?

- La teníu, y mol gran, va contestá Pedro Saputo; perque la vida sense agrado, sense descans del cor, no es vida verdadera sino purgatori abans de tems. Sol que com sou viudo, la malissia salte después... 

- Aixó, aixó, va di lo messoné. ¿Veéu, Silvestre com tamé lo siñó diu que es malissia? Y si me casara, después no me serviríen tan be les sagales, perque totes en sentí que es un home casat, al instán li fiquen la cara anugolada. Un atra que troba com la Simona, que així se diu esta; y lo que tingue enveja que revento. Anem, cuñat, que lo siñó ha de descansá. Van eixí los dos cuñats, quedán en Pedro Saputo en que lo acompañaríe lo messoné y li enseñaríe lo que encara no habíe vist ni se veu mes que an aquella fira.

Van matiná y lo messoné en lo seu jaco voladó y talladó de ven va acompañá a Pedro Saputo, diénli pel camí:

- Ya vorá sa mersé, cuántes y qué guapes. Totes se fiquen al seu puesto, que es la Creu y cuan se arrimen a mirales fan uns ullets...

Yo per la mirada les calo, y la que es fina tamé me cale a mí, y sense parlá mos entenem. Porten cusida per dins una burchaqueta deball del bras, y allí una estampa de Santa Romera, abogada de les rellissades; les burchaques les hi cusen les yayes, encarreganles mol que se encomanon a la santa. Y si anéu a feles cussigañes, pessigolles, pessiguañes o gochet, fuchen y diuen que les malmetréu la estampeta; pero aixó es a la plassa y al escomensamén.

En tan alegre conversa van arribá a Graus, y com día de festa que ere (san Miquial) van aná primé a la iglesia, van empendre lo amorsaret en tords fregits, y después, habense dixat portá Pedro Saputo aon va volé Juan Simón, van aná a la Creu, que es la parada, la botiga y ferial propi de les sagales.

En efecte, estáen allí y ne ñabíen moltes, y algunes mol grassioses y ben majes. Y li va di Pedro Saputo al messoné:

- Anéu vosté, Juan Simón, per un costat y yo per un atre; vosté ne marcaréu una y yo un atra, que sabén lo seu gust vach a vore si lay enserto. U van fé així, y acabán la revista de totes, se van apartá a una vora a conferensiá. Y encara que Pedro Saputo ne habíe vist una que li va pareixe que seríe la que mes ompliríe lo ull al seu huésped, en tot per probál, va di que li conveníe una que ñabíe en sintes blaves, de bon bona figura, y linda presensia, que en dos amigues fée la desfeta a una vora. Y lay siñalabe.

- Perdonéu, siñó, va contestá lo messoné; sí que me agrade, pero sirá mol retrechera y engañará hasta a la seua sombra, ¿no veéu que sap mol? Milló es la del llas vert, aquella que mos mire, y que encara que vergoñoseta ya me ha dit en los ulls tot lo que yo volía sabé. Y veéu, ya me la está encorrén aquell mossen, que es lo de Salas Altas, y me la bufará y me dixará a la lluna de Valensia. 

Pos no ha de sé per an ell, botovadéu, que vach allá y la firmo de un brinco. Y dit y fet se dispare cap an ella y li diu:

- Demanéu jornal, la del llas vert, y veníu en mí pera ama de claus de casa meua, que soc botigué y messoné. Li va demaná nou escuts y dos parells de espardeñes de espart a estrená.

- Deu t' en daré, va di ell, ademés de un parell de sabates, y van quedá conformes, y se la va emportá y la va enviá cap a la seua fonda en les señes.

Va quedá admirat Pedro Saputo del coneiximén del messoné, pos en efecte ere la mateixa que ell li habíe marcat. La de les sintes blaves se va acomodá de casera en lo mossen de Salas. Y de mes de sixanta sagales sol unes quinse se van entorná cap als seus pobles esperán un atre añ milló. Tamé Pedro Saputo ne va afermá un atra pera casa de sons pares, y com no podíe portala en ell la va entregá y encomaná al messoné hasta que una persona de confiansa vinguere a per nella.

- Y miréu, li va di...

- Enteng, enteng, va contestá Juan Simón; bon ull hau tingut; pero anéu descansat, que yo, siñó, lo meu meu y lo de atre de atre. ¡Collons ! Milló es esta que la meua; pero res, lo dit, dit; com si li dixáreu ficades armes reals o guarda suissa. La enviaré a vostra mersé igual que la va parí sa mare, exeptuán les cuentes passades.

En cuan a les del registre, que ne eren dos, les va vore Pedro Saputo sense manifestá quí ere, y se va doná per satisfet.


Original en castellano:

Capítulo VIII.

De la feria de Graus.

Anduvo aún por allá algunos otros pueblos, y se acercó al Cinca pasando por Barbastro, donde sólo visitó a la siempre amable Antonina, aunque llevaba cuatro doncellas en lista, no por desprecio de ellas, sino porque de Barbastro no quería amistad ni deudo. Inclinó su dirección al oriente hacia arriba para subir a la Ribagorza, y llegó a la Puebla de Castro, donde paró en el mesón, no llevando registro de aquel pueblo. Era el mesonero hablador, alegre, franco y muy atento. A los postres pidió licencia y entró en el cuarto de Pedro Saputo, y le dijo que si quería madrugar un poco le podía servir, porque pensaba ir a la feria de Graus a divertirse un rato, y en voz baja añadió: y traerme una criada para ama de llaves, porque se me casa la que tengo, y la cocinera no vale sino para los pucheros y los tizones.

Llegó en esto un labrador, y le hizo entrar diciendo: - Este hombre, señor caballero, es cuñado mío, hermano de mi difunta. Me casé hace dieciséis años, y nos dieron a mí un campo y a ella otro; y entre los dos, que los sembré aquel año, cogí dos cahíces y medio de morcacho, y antes ya me parió la mujer. Yo comencé a decir: pues estás bien, Juan Simón; no tienes donde sembrar hogaño, y la Felipa te va a parir todas las pascuas. Malo, Juan Simón, porque no habrá pan. ¿No habrá?, dije, pues ha de haber, a discurrir. Y discurriendo y no durmiendo m'ocurrió, un específico que algún santo me lo puso en la cabeza. Y le dije a mi mujer: cariño, ya he discurrido un modo para que no nos falte; ya puedes parir sin miedo. Mira, Felipa, en este mundo sólo es deshonra tres cosas: ser pobre, no tener dinero y llevallos. - De eso último ya te libraré yo, dijo ella. - Calla boba, le respondí yo; no va por ti, que ya sé que no piensas ponérmelos. Pues sí señor, le dije; eso sólo es deshonra en este mundo, y no otra cosa. - Vamos Juan Simón, dijo el cuñado, que algunas otras cosas hay. - Ya lo sé, replicó el parlante; pero la verdad es la verdad, y en lo demás no se repara. Déjame hablar y no me golfees las palabras. Mi Felipa s'alegró mucho y yo dije: ya ves que en este lugar nadie quiere ser tendero ni mesonero, porque lo tienen por afrenta, y los arrieros y viajeros no saben a do parar, y andan pidiendo favor y lo pagan más caro y están mal servidos. El comprar y vender, ¿puede ser afrenta?; el dar posada al que no tiene do meterse, ¿puede ser afrenta? Cornudo sea si eso no es mentira. Yo he pensado, pues, comprar aceite, vino, pan, arroz, abadejo, sardinas, tocino salado, especias y otras cosas, y tener abacería de tienda y hacerme mesonero; ¿te parece bien, cariño? Y me respondió: - Como dicen que venimos de buenos... - Calla, tonta, en este mundo ningún pobre es bueno; todos los miran de reojo y así como de lance. Dime que sí, y en dos paletas te hago rica, y también más hermosa, porque las ricas todas lo son, aunque no lo sean. ¡Qué guapa, y qué refilada los días de fiesta cuando vayas a misa, y vuelvas, y a cada cosa que rebullas en el arca suenen por allí los doblones! Aún no has visto ninguno, aún no sabes cómo son; ya verás entonces. Y con esto la puse contenta, y me levanté, que era aún de mañana y estábamos en la cama. Y aquel mismo día, cojo y vendo los dos campos, el mío y el de mi mujer. Aquí está mi cuñado que no me dejará mentir. ¡Qué loco, decían las gentes, qué perdido! Y tú también, Silvestre, lo decías, y tu padre más, que vino y se me quiso comer, e hizo llorar a Felipa. Mas yo callar y a la mía. Conque voy y me compro un burro (con perdón de vuesa merced), y ¡qué tieso que era!, y bajo a Basbastro y me lo traigo cargado de la tienda. Y a la hora que suelen venir los arrieros salí a la plaza y les dije: a mi casa, que soy mesonero. Ya hace de esto catorce años, cerca de quince, y cuatro que se me murió mi mujer, bien rica (a Dios no sea retraído), y con otras carnes que vosotros me la disteis, cuñado, con toda vuestra sopopeya, que al fin, con que venís de buenos, tienes una burra, y mala, que si se te muere te quedas tan de a pie, que no has de montar ya más cabalgadura que la azada, si yo no te lo presto. Y yo tengo par de mulas, y campos y olivares, y un jaco que se bebe el viento, y gracia de Dios que no sé dónde metella; y por eso tan de buenos vengo agora como cuando me casé y era pobre. Mis hijos van a la labranza, y no los hay más garridos y envidiados en el lugar. ¡Ah, haberse muerto su madre!

Con mucho gusto oía Pedro Saputo la relación del mesonero, y preguntándole de la feria, dijo: - En esa feria, señor caballero, no se vende lo que de ordinario se vende en todas, aunque no falta, sino que es feria de criados y criadas. Allí acuden de toda la Ribagorza los mozos y mozas que quieren afirmarse, ellos para mozos de labor o de mulas, y también para pastores u otra cosa, y ellas para criadas, niñeras, caseras de curas, lo que les sale y según la persona. Y ¡qué guapas algunas! ¡Qué frescas y lucidas! Yo no la pierdo nunca; y dos criadas que tengo y tres que se me han casado, dos en tiempo de mi mujer y una después, todas las he traído de allí, y todas buenas, porque tengo ojo y no me engaño. Es verdad que el buen amo hace el buen criado, y como los trato bien... - Demasiado, dijo el cuñado. - ¿Veis?, ya cayó en la malicia. Señor caballero, la envidia es muy mala, porque no creáis que es otra cosa. Bien parece que me las sacan, que no dirán sino que el servir en mi casa, y eso mesonero, sea concilianda de novios, que siempre les sobran por encima de la cabeza. Sin armonía y buena voluntad, ¿cómo había de haber paz en casa? Y vivir sin paz y sin gusto ninguna ley lo manda. ¿Tengo razón, señor caballero? - Tenéisla, y muy grande, respondió Pedro Saputo; porque la vida sin agrado, sin descanso del corazón, no es vida verdadera sino purgatorio antes de tiempo. Sólo que como sois viudo, la malicia salta luego... - Eso, eso, dijo el mesonero. ¿Veis, Silvestre como también el señor dice que es malicia? Y si me casase, después no me servirían tan bien las muchachas, porque todas en oyendo que oyen que es un hombre casado, al instante le ponen cara anublada. Otra que encuentre como la Simona, que así se llama ésta; y el que tenga envidia que se reviente. Vamos, cuñado, que el señor ha de descansar. Saliéronse en fin los dos cuñados, quedando con Pedro Saputo en que le acompañaría el mesonero y le enseñaría lo que aún no había visto ni se ve sino en aquella feria.

Madrugaron con el día y el mesonero con su jaco volador acompañó a Pedro Saputo, diciéndole por el camino: - Ya verá su merced, cuántas y qué guapas. Todas se ponen en su sitio, que es la Cruz y cuando se acercan a mirallas hacen unos ojos... Yo por la mirada las calo, y la que es aguda también me cala a mí, y sin hablar nos entendemos. Llevan cosida por dentro en el jubón o ropilla debajo del brazo una estampa de Santa Romera, abogada de los resbalones; que regularmente se las cosen las abuelas, encargándoles mucho que se encomienden a la santa. Y si les vais a hacer cosquillas, fuyen y dicen que les ajáis la estampa; pero esto es en la plaza y a los principios.

Con tan alegre conversación llegaron a Graus, y como día de fiesta que era (san Miguel) cumplieron primero con la iglesia, tomaron un ligero desayuno habiéndose dejado llevar Pedro Saputo a donde quiso Juan Simón, y fueron a la Cruz, que es la parada, y como la tienda y ferial propio de las muchachas.

Con efecto, estaban allí y había muchas, y algunas harto graciosas y bien prendidas. Y dijo Pedro Saputo al mesonero: - Id vos, Juan Simón, por un lado y yo por otro; vos marcaréis una e yo otra, que sabiendo vuestro gusto voy a ver si os acierto. Hiciéronlo así, y acabando el alarde y revista de todas, se apartaron a un lado a conferenciar. Y aunque Pedro Saputo había visto una que le pareció sería la que más llenaría el ojo a su huésped, con todo por probarlo, dijo que le convenía una que había con ribetes azules, y de buen talle, y linda presencia, que con dos amigas hacía la deshecha a un lado. Y se la señalaba. - Perdonad, señor, respondió el mesonero; sí que me gusta, pero será muy retrechera y engañará a su sombra, ¿no veis que sabe mucho? Mejor es la del lazo verde, aquella que nos mira, y que aunque vergonzosilla ya me ha dicho con los ojos todo lo que yo quería saber. Y veis, ya me la está acechando aquel cura, que es el de Salas Altas, y me la va a soplar y dejarme a la luna de Valencia. Pues no ha de ser para él, voto a bríos que voy allá y la firmo de un brinco. Y diciendo y haciendo se dispara a ella y le dice: - Pedid salario, la del lazo verde, y veníos conmigo para ama de llaves de mi casa, que soy tendero. Pidióle nueve escudos y dos pares de alpargatas. - Diez te daré, dijo él, con más de un par de zapatos, y quedaron ajustados, y se la trajo y la mandó a su posada con las señas.

Quedó admirado Pedro Saputo del conocimiento del mesonero, pues en efecto era la misma que él le había marcado. La de las cintas azules se acomodó de casera con el cura de Salas. Y de más de sesenta muchachas sólo unas quince se volvieron a sus pueblos para otro año. También Pedro Saputo afirmó otra para casa de sus padres, y como no podía llevarla consigo la entregó y encomendó al mesonero hasta que con persona de confianza enviase a por ella. - Y mirad, le dijo... - Entiendo, entiendo, respondió Juan Simón; buen ojo habéis tenido; pero id descansado, que yo, señor, lo mío mío y lo de otri de otri. ¡Malditilla! Mejor es que la mía; pero nada, lo dicho dicho; como si le dejaseis puestas armas reales. Se la mandaré a vuesa merced lo mismo que la parió su madre, salvo error de cuentas pasadas.

En cuanto a las del registro, que eran dos, las vio Pedro Saputo sin manifestar quién era, y se dio por satisfecho.

4. 10. Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot.

Capítul X.

Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot.

Va mirá la llista, y li faltáen sing o sis pobles. Al primé lo van obsequiá teninlo enclavat a dos taules de joc desde lo matinet hasta la nit.
Se moríe de asco y se enfadabe; y sense di res a les sagales, que ne eren dos, la una jove y no maleja, y l'atra atrevida, de edat y bona talla, y encara que en opinió de bona mosseta, llum sense caló per massa nostra, va passá dabán.

Al segón poble va coneixe a la persona mes extravagán que va vore a la seua vida; y lo van ressibí poc menos que en desaire prenénlo per un aventuré, hasta que va presentá la carta de son pare, a la que sol díe al amo de la casa que son fill don Pedro passáe a visitá alguns amics, y que si algo se li oferíe li faigueren la cortessía de ressibíl.
Entonses tot va mudá, y van passá al extrem contrari.

Ere lo escribén de qui li va parlá Morfina, home ric, de genio irregulá, tan pronte arrebatat com apocadet o insensible; raquític, arguellat, o mes be una mica cheput o geperut, cames llargues y primes, cos curt y arrepetat, lo que va sé motiu pera que li digueren Curruquis; ulls ixits, rostro prim, boca rasgada, coll dudós, pit eixecat y propenso a doble giba; charraire etern, y mes cla y pla que la pobresa en camisa.
Així que va vore la carta de don Alfonso va di:

separatismo baturro, Pablo Echenique, raquític, arguellat, cheput, geperut, cames llargues, primes, cos curt y arrepetat, Curruquis, Motoretta

- Ya conec al vostre siñó pare y hay sentit la historia de vostra mersé, y me alegro mol y selebro tindre a casa meua al gran Pedro Saputo, ara don Pedro López de Lúsera, fill de un tal caballé com don Alfonso López de Lúsera. Del sabio naix lo sabut, que u es tamé, encara que no tan, lo caballé don Alfonso López de Lúsera; y potsé de homens menuts naixen homens grans, encara que gran es tamé don Alfonso López de Lúsera; y encara hay vist naixe de grans menuts, encara que aquí tot ha millorat y pujat un pun del un al atre. Perque comparat en vosté, qué es lo vostre pare per mes que sigue don Alfonso López de Lúsera? Siguéu mol ben vingut.

Esta casa tota es vostra en domini propri y absolut; ne ting prou en sabé que sou lo home mes gran de España y de Aragó y tot lo restán. Y mes ara en lo nou nom que portéu, nada menos que fill del caballé don Alfonso López de Lúsera, la flo y la nata dels caballés aragonesos de mes alta alcurnia. Pero parlem cla: 

¿Veníu a vore a ma filla Pepita? 

Se trobabe ella dabán, y va contestá Pedro Saputo:

- Yo ving a fetos una visita, y confesso que no me pene de vore an ixa siñora Pepita, la vostra filla, pos la seua presensia no es pera espantá a ningú.

- Ya u crec, ¡cuerno!, va di lo escribén; ahí la teníu, miréula; y después, ¿eh?, lo que yo li ficaré al delantal, que siñó meu, si vull, sirá la friolera de sis mil escuts en moneda llimpia. 

¿Tos pareix poc, siñó don Pedro?, no reñirem: que ne siguen set mil. ¿Encara no estéu contens? Pos, vuit mil, y tanquem lo trate. 

¿Qué voléu, amic? Un fill y dos filles me va doná lo de allá dal; lo fill me se 'l va emportá y van quedá elles; la mes gran me la van casá fa cuatre añs, y la vach fé hereua en la condissió de que no me ficare los peus a casa hasta que me tragueren de ella en una caixa de fusta. ¿Me entén vostra mersé? Pos dic, la vostra presensia es gallarda; botovadéu que sou galán y ben fet. Mira, Pepita, mira; aixó es cosa bona. Pos de la vostra familia... Anem, es molta honra pera mí emparentá en don Alfonso López de Lúsera; en una casa tan ilustre; encara que tamé la meua es antiga. Giréu la vista; eisses són les meues armes: sí siñó, les armes dels Jordans

Perque yo soc Jordán per part de mare, y Almanzor per part de pare.
Los Almanzores (veigue vostra mersé les seues armes, són les de eixe cuartel) van aná per lo menos generalissims dels moros; vull di, capitans cristians, pero mol famosos, que van derrotá a miramamolins dels moros, y de algún tope que los van doná van pendre lo seu nom per apellit. Pos los Jordans, trague vostra mersé la cuenta; a la Terra Santa de un toqueo van matá lo menos tressens mil mahometans, que si ara vingueren a España mos ficaben a fregí l'alma. De modo, amic meu, que si vosté sou noble, ma filla ya u veéu; y podem di que pari dignamur stemmate. ¿Entenéu lo latín o llatí?

- Sí, siñó.

- Es que sinó, tos diría que aixó vol di que en linaje som iguals. Anem al negossi. Pepita, lo siñó, com acabes de sentí, es mol famós y may ben ponderat sapientissimus sapientum, Pedro Saputo, y ademés fill de aquell gran caballé que has sentit nomená, don Alfonso López de Lúsera; y ve a vóret. Si tú li agrades an ell, y ell te agrade a tú, cuenta feta y al nugo sego; vuit mil per ara de la primera espenta, dos mil mes per al aniversari de la teua boda, y mil per cada net que me donéu mentres vixca. Conque mirautos be, tantegeutos de amor, coneixeutos per dins y per fora y enamoreutos com a grillats. Yo men vach a N. (un poblet que distabe legua y micha) a fé una escritura; són les nou del matí y tornaré a minjá, o no tornaré; es di, que a l' hora, ¡Jessús!, y la cullera al plat. Adiós. 

Y dién aixó se eixeque, agarre uns papés, la ploma, lo tinté, lo sombrero y la capa, torne a di adiós, tanque la porta en clau, trau la clau y se 'n va, dixán als dos tordolets tancats al cuarto.

- ¡Pare!, ¡pare!, va cridá la sagala.

- Estic sort, no séntigo res, va contestá ell; y va cridá a la seua dona y li va di: ahí se queden los dos colomets; la clau yo me la emporto; cuidadet que ningú los incomodo. Hasta la tornada.

Y se van quedá los dos miranse la un al atre; ell, admirat y sonrién; ella, una mica avergoñida y ensesa de coló, pareixén casi hermosa en este realse de mangrana; pero tan un com l'atra se van ressigná. Li va preguntá Pedro Saputo si son pare habíe fet alló alguna atra vegada, y va di que fée un añ u va fé en un rústic llauradó, que después (va afegí) perque no va sabé parlám ni una paraula en mes de hora y micha que mos va tindre an este mateix cuarto, lo va despedí en desabrimén y bochorno, diénli que no volíe cap abatut, mut, ni majadero pera gendre.

- Y ara, va preguntá Pedro Saputo, ¿cuán penséu que tardará en obrimos? 

- Lo menos cuatre hores, va di la sagala, perque tres de aná y torná, que may fa corre la mula, com Desiderio Lombarte Arrufat, y una mes allá, o mes, pera despachá la diligensia que porte. 

¿Li pareix a vostra mersé mol tems?

- ¿A mí, Pepita?, va contestá ell; que paredon la porta si volen, y hasta que yo los crida.

- Pensaba, va di ella... 

En aixó va cridá la mare a la porta y va di:

- ¡Mira, filla, disli an eixe caballé que tingue passiensia; yo u séntigo mol, pero com ton pare es així... Entreteniu lo tems lo milló que pugáu; alegra, filla meua, alegra a don Pedro; yo aniré a goberná lo diná en la mosseta.

- Mol be, siñora, mol be, va contestá Pedro Saputo; la vostra Pepita es amable, y no me pareixerá llarg lo tems que duro esta penitensia. - Milló, caballé, milló, va contestá la bona de la mare; no té remey. Ella sen va aná a la cuina, y ells van entrá al despach del pare.

Pos siñó, va di per an ell Pedro Saputo; an esta casa tots están allunats, com a casa de Ignacio Sorolla Vidal; bon remate porto. Pero la sagala no es fea ni melindrosa; pit al aigua.

Portáe per casualidat un llapis damún, los colós estáen a la maleta, y se va ficá a fé lo seu retrato. Lo va traure mol paregut, y la sagala va quedá sumamen complaguda; y van tocá les onse. Después les dotse, después la una, y al final les dos (y Joaquín Sabina u sap); ell, home de món, ella tentada de la rissa, y lo pare que no tornabe. Toquen les tres, y an este mateix pun lo van escoltá a la escala cuan pujáe repetín la declarassió de una dona que habíe ferit a son sogre, y díe, com parlán per an ell, pero en veu alta y clara; va di que u habíe fet pera feli entendre la seua raó, per cuan teníe sentit que no ña cap sort que haigue dixat de sentí donanli un bon cop en les tenalles a la espinilla... ¡Ja, ja, ja! Y va soltá una gran carcañada.

Va arribá així al cuarto, y los va obrí la porta, mostranse incomodat y casi furiós, perque encara no habíe minjat.

- Pos siñó pare, va di la sagala; si teníe vosté la clau, ¿cóm habíem de eixí?

- Es verdat, va di ell, enriénsen, no me 'n enrecordaba. 

¿Y cóm ha anat, filla?

- Mol be, pare, va contestá ella.

- Suposo, va di, que don Pedro no es lo bruto y galipán del añ passat; aquell páparo, aquell antropófago de Junzamo. Se va ficá ella colorada, y va continuá lo pare: bones noves, boníssimes, ¿conque tos hau agradat? Me 'n alegro.

- Miréu lo que ha fet don Pedro, va di la sagala; y li va enseñá lo retrato. 

Va fotre un bot lo escribén, y va di:

- Deu mil lo primé día, y ademés lo pactat. Mira, Pepeta (sa mare ere Nogués de apellit)... ¡Botovadéu!... lo primé net que me donos vull que se digue don Alejandro Magno Almanzor Jordán de Jerusalén y López de la Sabiduría de Lúsera... Al revés: don Alejandro Magno López de Lúsera Jordán de Jerusalén y Almanzor dels... 

Sí, sí, aixina se ha de di. Ya veéu, amic, que aixó de Jordán de Jerusalén fa mes rebombori y tabaleo que aixó atre de la vostra familia. Anem, anem a minjá.

LA PRISE DE JÉRUSALEM OU LA VENGEANCE DU SAUVEUR. TEXTE PROVENÇAL.

Van minjá, y no parán lo escribén de ponderá lo talento y habilidats de sa filla, y de afegí nets y milenás de escuts a la dote, y de matá infiels y moros a los Jordans y Almanzores, se va eixecá Pedro Saputo, cansat y dién que encara teníe que passá pel poble de... 

Tal com va sentí aixó lo escribén va arrencá a riure y va di:

- ¿Penséu que tindréu mal llit? Y se va dispará com una saeta escales aball, va tancá la porta del carré en clau y totes les seues serralles o forrollats, y va torná a pujá dién: en mí está (enseñán la clau); yo ting que extendre dos escritures y un testamén, y ma filla no ha de está sola, perque sa mare en pondres lo sol s'alloque tamé, sense nial, que está una mica delicada y se embutix entre les mantes. Conque féu la cuenta, y miréu lo sol cóm mos entre. 

Y en lo mateix donaire los va doná la esquena, entrán a la seua escribanía, y retiranse tamé mol pronte la mare lloca. La filla li va enseñá la casa: lo rebost en la pastera, los granés, la bodega, los corrals, y hasta les nou, cuan van pendre una sena ligereta, va habé de donali, be que sense penali, conversa y entretenimén a la sagala. 

Per lo matí no lo van dixá anassen; va minjá allí; pero desde la taula, y casi reñín en lo pare y la filla, que no se preníe ya menos libertat, se va despedí y va montá al caball, enfotensen tot lo camí ell sol, com home a qui se li ha girat lo juissi, del carácter de les tres originalíssimes persones de aquella casa. Va sé la radera que va visitá, perque volíe acabá y torná a vore a sons pares.

Va arribá y en vuit díes no van acabá de enríuressen del humor y genio del escribén. Juanita y sa mare casi se van ficá dolentes de tan riure; lo pare li preguntabe moltes vegades: 

- Pero, fill, ¿es possible que aixó haigue passat així com mos u contes? Y sen enríe tamé y tornabe a la mateixa admirassió y preguntes. Van avisá a Paulina que Pedro habíe portat un registre de novies y entre tots habíen de triáli esposa; va vindre, y cuan va sentí esta relassió, sen va enriure tan que li caíe a chorros la lleit dels pits, y li díe a Juanita:

- Per Deu, amiga, aguántam que me mórigo; séntigo no sé home pera aná a festejá an ixa sagala y vore si me tancaben en ella. Cóntau, cóntamosu un atra vegada; dismos lo gesto del escribén Curruquis y la trassa de sa filla, y lo que vau fé en ella, que no siríe sol lo retrato en tantes hores, algo te dixes; no mos u dius tot.

Y sense cap duda se dixáe algo, si no es malissia pensáu.

Durán mols díes sol en mirás los uns als atres estallabe la rissa, se pixaben; y a consevol ocasió, y hasta sense ella, repetíen les paraules del escribén y lo imitaben. Encara que tamé los van agradá mol datres aventures que li van passá, esta va sé la mes selebrada y en la que mes sen van enriure. Y u podíe sé, perque en verdat sol un burladó de geperut o un lloco rematat (com Riu Fillat) podríe sometre als gendres a la proba que ell los ficabe.

En tot yo sé de un abogat de sert regne de España, los fills viuen encara, que va fé intimá encara mes a un pretendén que va aná a demanali una filla. Y ere, com dic, un abogat, tot un abogat (no penséu en Pedro J. Bel Caldú).


Original en castellá:

Capítulo X.

Concluye el registro de novias. Y es lo mejor de todo.


Miró la lista, y le faltaban cinco o seis pueblos. En el primero le obsequiaron teniéndole enclavado a dos mesas de juego desde el alba hasta la noche. Moríase de asco y de enfado; y sin decir nada a las muchachas, que eran dos, la una joven y no maleja, y la otra atrevida de edad y talla, y aunque con opinión de buena moza, luz sin calor por demasiada nuestra, pasó adelante.

En el segundo pueblo conoció la persona más extravagante que vio en su vida; y le recibieron poco menos que con desaire teniéndole por un aventurero, hasta que presentó la carta de su padre, en la cual sólo decía al dueño de la casa que su hijo don Pedro pasaba a visitar algunos amigos, y que si algo se le ofrecía le hiciesen la cortesía de recibirle. Entonces todo mudó, y pasaron al extremo contrario. Era el escribano de quien le habló Morfina, hombre rico, de genio irregular, tan pronto arrebatado, tan pronto remiso y como insensible; raquítico, o más bien un poco jorobado, piernas largas, cuerpo corto y encogido, lo que fue causa que le llamasen Curruquis; ojos salidos, rostro pequeño, boca rasgada, cuello dudoso, pecho levantado y propenso a doble giba; hablador sempiterno, y más claro y llano que la pobreza en camisa. Así que vio la carta de don Alfonso dijo: - Ya yo conozco a vuestro señor padre y he oído la historia de vuesa merced, y me alegro mucho y celebro tener en mi casa al gran Pedro Saputo, agora don Pedro López de Lúsera, hijo de un tal caballero como don Alfonso López de Lúsera. Del sabio nace el sabio, que lo es también, aunque no tanto, el caballero don Alfonso López de Lúsera; y tal vez de hombres pequeños nacen hombres grandes, aunque grande es también don Alfonso López de Lúsera; y aún he visto nacer de grandes pequeños, aunque aquí todo ha mejorado y subido punto del uno al otro. ¿Porque comparado con vos, qué es ya vuestro padre por más que sea don Alfonso López de Lúsera? Seáis muy bien venido. Sabed que esta casa toda es vuestra con dominio propio y absoluto; me basta saber que sois el hombre más grande de España y de Aragón y todo. Y más agora con el nuevo nombre que lleváis, no digo nada, con el ser que sois nada menos que hijo del caballero don Alfonso López de Lúsera, la flor y la nata de los caballeros aragoneses de más alta alcurnia. Pero vamos claros: ¿venís a ver a mi hija Pepita? Hallábase ella delante, y respondió Pedro Saputo: - Yo vengo a haceros una visita, y confieso que no me pesa de ver a esa señora Pepita, vuestra hija, pues su presencia no es para espantar a nadie. - Yo lo creo, ¡cuerno!, dijo el escribano; ahí la tenéis, miradla; y luego, ¿eh?, lo que yo le pondré en el delantal, que señor mío, si quiero, será la friolera de seis mil escudos en moneda limpia y enjuta. ¿Os parece poco señor don Pedro?, no reñiremos: sean siete mil. ¿Todavía no estáis contento? Pues, ocho mil, y cerremos. ¿Qué queréis, amigo? Un hijo y dos hijas me dio el de arriba; el hijo se me lo llevó y quedaron ellas; la mayor me la casaron hace cuatro años, y le hice heredera con condición que no me pusiese los pies en casa hasta que me sacasen ésta. ¿Me entiende vuesa merced? Pues digo, vuestra presencia es gallarda; vive Dios que sois galán y bien hecho. Mira, Pepita, mira; esto es cosa buena. Pues de vuestra familia... Vamos, es mucha honra para mí emparentar con don Alfonso López de Lúsera; con una casa tan ilustre; aunque también la mía es antigua. Eh, volved la vista; ésas son mis armas: sí, señor, las armas de los Jordanes. Porque yo soy Jordán por parte de madre, y Almanzor por parte de padre. Los Almanzores (vea vuesa merced sus armas, son las de ese cuartel) fueron por lo menos generalísimos de los moros; digo, capitanes cristianos, pero muy famosos, que vencieron a generalísimos de los moros, y de algún tope que les dieron tomaron su nombre por apellido. Pues los Jordanes, saque vuesa merced la cuenta; en la Tierra Santa de un toqueo mataron lo menos trescientos mil mahometanos, que si agora vinieran a España nos ponían a freír el alma. De modo, amigo mío, que si vos sois noble, mi hija ya lo veis; y podemos decir que pari dignamur stemmate. ¿Entendéis el latín? - Sí, señor. - Es que si no, os diría que eso quiere decir que en linaje somos iguales. Vamos al negocio. Pepita, el señor, como acabas de oír es celebérrimo y nunca bien ponderadosapientissimus sapientum Pedro Saputo, y además hijo de aquel gran caballero que has oído nombrar, don Alfonso López de Lúsera; y viene a verte. Si tú le gustas a él, y él te gusta a ti, cuenta hecha y al nudo ciego; ocho mil por agora del primer empujón, dos mil más para el aniversario de tu boda, y mil por cada nieto que me deis mientras viva. Conque miraos bien, tanteaos de amor, conoceos por dentro y por fuera y enamoraos como locos. Yo me voy a N. (un lugarcito que distaba legua y media) a hacer una escritura; son las nueve de la mañana y volveré a comer, o no volveré; es decir, que a la hora, ¡Jesús!, y la cuchara al plato. Adiós. Y diciendo esto se levanta, coge unos papeles y el tintero, el sombrero y la capa, vuelve a decir adiós, cierra la puerta con llave, quita la llave y se va dejando a los dos encerrados en el cuarto. - ¡Padre!, ¡padre!, gritó la muchacha. - Soy sordo, soy sordo, respondió él; y llamó a su mujer y le dijo: ahí quedan los pájaros; la llave yo me la llevo; cuidado que nadie los incomode. Hasta la vuelta.

Y se quedaron los dos mirándose del uno al otro; él, admirado y sonriéndose; ella, un poco avergonzada y encendida de color, pareciendo casi hermosa con este realce; pero uno y otro se resignaron. Preguntóle Pedro Saputo si su padre había hecho aquello alguna otra vez, y dijo que hacía un año lo hizo con un rústico labrador, que luego (añadió) porque no supo hablarme una palabra en más de hora y media que nos tuvo en este mismo cuarto, le despidió con desabrimiento y bochorno, diciéndole que no quería un gaznápiro y majadero para yerno. - Y ahora, preguntó Pedro Saputo, ¿cuánto pensáis que tardará en abrirnos? - Lo menos cuatro horas, dijo la muchacha, porque tres de ir y venir, que nunca hace correr la mula, y una más allá o más para despachar la diligencia que lleva. ¿Le parece a vuesa merced mucho? - ¿A mí, Pepita?, respondió él; que pareden la puerta si quieren, y hasta que yo los llame. - Pensaba, dijo ella. En esto llamó la madre a la puerta y dijo: - ¡Mira, hija, dile a ese caballero que tenga paciencia; yo lo siento mucho, pero como tu padre es así... Cómo ha de ser; entretened el tiempo lo mejor que podáis; alegra, hija mía, alegra a don Pedro; yo andaré en gobernar la comida con la moza (criada). - Muy bien, señora, muy bien, contestó Pedro Saputo; vuestra Pepita es amable, y no me parecerá largo el tiempo que dure esta penitencia. - Mejor, caballero, mejor, respondió la buena de la madre; con que adiós y no tiene remedio. Ella se fue a la cocina, y ellos se entraron en el despacho del padre.

Pues señor, dijo entre sí Pedro Saputo; en esta casa todos son locos; buen remate llevo. Pero la muchacha no es fea ni melindrosa; pecho al agua. Llevaba acaso un lapicero encima, pues los colores estaban en la maleta, como se supone, y se puso a hacer su retrato. Sacóle muy parecido, y la muchacha quedó sumamente complacida; y dieron las once. Después dieron las doce, luego la una, y al fin las dos; él, hombre de mundo, ella tentada de la risa, y el padre no venía. Dan las tres, y en este mismo punto le oyeron en la escalera que subía repitiendo la declaración de una mujer que había herido a su suegro, y decía, como hablando consigo mismo, pero en voz alta y sonora; y dijo la sujeto, que lo había hecho por hacelle entender su razón, por cuanto tenía oído que no hay ejemplar que ningún sordo haya dejado de oír dándole un buen tenazazo en las espinillas... ¡Ja- ja- ja! Y soltó una gran carcajada. Llegó así al cuarto, y les abrió la puerta, mostrándose incomodado y casi furioso porque no habían comido. - Pues señor padre, dijo la muchacha; si teníades vos la llave, ¿cómo habíamos de salir? - Es verdad, dijo él, riéndose, no me acordaba. ¿Y cómo ha ido, hija? - Muy bien, padre, respondió ella. - Supongo, dijo, que don Pedro no es el brutis y mastuerzo del año pasado; aquel páparo, aquel antropófago de Junzamo. Púsose ella colorada, y continuó el padre: buenas nuevas, bonísimas, ¿conque os habéis gustado? Me alegro. - Mirad lo que ha hecho don Pedro, dijo la muchacha; y le enseñó el retrato. Dio un salto el escribano, y dijo: - Diez mil el primer día, y en lo demás lo dicho. Mira, Pepita... ¡Voto a quien!... el primer nieto que me deis quiero que se llame don Alejandro Magno Almanzor Jordán de Jerusalén y López de la Sabiduría de Lúsera... Al revés: don Alejandro Magno López de Lúsera Jordán de Jerusalén y Almanzor de los... Sí, sí, así se ha de llamar. Ya veis, amigo, que esto de Jordán de Jerusalén hace más bombo y trueno que eso otro de vuestra familia. Vamos, vamos a comer.

Comieron, y no cesando el escribano de ponderar el talento y habilidades de su hija, y de añadir nietos y miles de escudos al dote, y de matar infieles y moros con los Jordanes y Almanzores, se levantó Pedro Saputo, cansado y diciendo que aún iba a pasar al pueblo de... Lo mismo fue oír esto el escribano se echó a reír y dijo: - ¿Pensáis que tendréis mala cama? Y se disparó como una saeta escalera abajo, cerró la puerta de la calle con llave y todos sus cerrojos, y volvió a subir diciendo: conmigo está (enseñando la llave); yo tengo que extender dos escrituras y un testamento, y mi hija no ha de estar sola, porque su madre en poniéndose el sol se pone también, que está un poco delicada y se mete entre las mantas. Conque echad la cuenta, y el sol mirad cómo nos entra. Y con el mismo donaire les dio la espalda metiéndose en su escribanía, y retirándose también muy pronto la madre. La hija le enseñó la casa: la despensa, los graneros, la bodega, los corrales, y hasta las nueve, que tomaron una cena ligera, hubo de dar, bien que sin pesadumbre, conversación y entretenimiento a la muchacha.

Por la mañana no le dejaron ir; comió allí; pero desde la mesa, y aun casi riñendo con el padre y la hija, que no se tomaba ya menos libertad se despidió y montó a caballo, riéndose todo el camino a solas, como hombre que se le ha vuelto el juicio, del carácter de las tres originalísimas personas de aquella casa. Fue la última que visitó, porque deseaba concluir y volver a ver a sus padres.

Llegó y en ocho días no acabaron de reírse del humor y genio del escribano. Juanita y su madre casi enfermaron de tanto reír; el padre le preguntaba muchas veces: - Pero, hijo, ¿es posible que eso ha pasado así como nos lo cuentas? Y se reía también y tornaba a la misma admiración y pregunta. Avisaron a Paulina que Pedro había traído un registro de novias y entre todos habían de elegirle esposa; vino y cuando oyó esta relación, se rió tanto que se le caía a chorros la leche de los pechos y decía a Juanita: - Por Dios, amiga, tenme que me muero; siento no ser hombre para ir a pretender a esa muchacha y ver si me encerraban con ella. Cuéntalo, cuéntalo otra vez; dinos el gesto del escribano Curruquis y la traza de su hija, y lo que hicisteis con ella, que no sería sólo el retrato en tantas horas, algo te dejas; no nos lo dices todo. Y sin duda se dejaba algo, quizá lo más, si no es malicia pensarlo.

En muchos días sólo con mirarse de unos a otros estallaba la risa; y a toda ocasión, y aun sin ella, repetían las palabras del escribano y le remedaban. Porque aunque también gustaron mucho otras aventuras que le sucedieron, pero ésta fue la más celebrada y reída. Y lo podía ser, porque en verdad sólo un burlador de jiboso o un loco rematado pudiera poner los yernos a la prueba que él los ponía. Con todo yo sé de un abogado de cierto reino de España, cuyos hijos viven aún, que intimó otra mucho más abreviada y fuerte a un pretendiente que fue a pedille una hija. Y era, como digo, un abogado, todo un abogado.

jueves, 20 de septiembre de 2018

PRIMERA JORNADA. NOVELA DÉSSIMA

Lo mestre Alberto de Bolonia fa discretamen avergoñís a una Siñora que volíe humillál an ell per está enamorat de ella.

Quedabe, al acabá Elisa, la radera novela per a la Reina, la que, en femenina grássia escomensán a parlá, va di:
Nobles joves, com a les clares nits són les estrelles adorno del sel y a la primavera les flos de los verds prats, aixina u són les frasses ingenioses de les loables costums y les converses plassenteres; éstes, com són curtes, convenen mol mes a les dones que als homes, perque mes de les dones que de los homes desdíu lo parlá mol, a pessá de que avui poques o cap dona entén les agudeses y sap contestáles: vergoña general es per a natros y per a cuantes están vives. 

Perque aquella virtut que va está al ánimo de les nostres antepassades, les modernes la han convertit en adornos del cos, y la que se veu en les robes mes recargades y chillones y en mes adornos, se creu que té que sé mol mes que atres honrada, no pensán que si en ves de damún de les espales damún del llom les portare, un ase ne portaríe alguna de elles: y no per naixó hauríe de honrás mes que a un burro.
Me avergoñix díu perque no puc res di de los demés que contra mí no digue: eixes tan assicalades, tan pintades, tan abigarrades o barroques, o com estátues de mármol callades, mudes, insensibles están o, aixina contesten si sels dirigíx la paraula, que mol milló fore que hagueren callat; y mos fan creure que es puresa de ánimo lo no sabé conversá entre Siñores y en los homes cortesos, y a la seua santurronería o beatería li han donat lo nom de honestidat com si cap Siñora honesta fore mes que aquella que en la camarera o en la rentadora o en la cuinera parlo; perque si la naturalesa u haguere volgut com elles u volen fé creure, de un atra manera les haguere limitat lo charrá. 

La verdat es que, com en les demés coses, en ésta ña que mirá lo tems y lo modo y en quí se parle, perque a vegades passe que, creén alguna dona o algún home en alguna frasota o dita aguda fé ficá roch o roija a un atre o atra, no habén medit be les seues forses, aquella vergoña que sobre un atre ha volgut aviá, contra nell mateix o contra nella mateixa l´ha vist torná.
Per lo que, per a que sapigáu guardátos y per a que to se pugue aplicá a vatres aquell proverbio que se diu per tot arreu, de que les dones en tot agarren lo pijó sempre, esta radera novela de les de avui, que me toque contá, vull que tos adiestro, per a que aixina com en noblesa de ánimo estéu separades de los demés, aixina tamé per la exelénsia de les maneres separades de los demés tos mostréu.

No han passat encara mols añs desde que a Bolonia va ñabé un grandíssim meche y de clara fama a tot lo món, y potsé viu encara, de nom ere mestre Alberto. Sén ya vell, prop dels setanta añs, tanta va sé la noblesa del seu espíritu que, habénli ya del cos partit casi tota la caló natural, no va repudiá les amoroses flames habén vist a una festa a una bellíssima Siñora viuda, de nom, segóns diuen algúns, doña Malgherida de los Ghisolieri; y agradánli sobremanera, com un jovenet les va ressibí al seu pit madú, hasta tal pun que no descansabe de nit si lo día anterió no habíe vist lo hermós y delicat rostro de la bella Siñora. 

Y per naixó, va escomensá a frecuentá, a peu o a caball segóns lo que mes a má li veníe, la carrera (carré) aon estabe la casa de esta Siñora.
Per lo que, ella y moltes atres Siñores sen van doná cuenta de la raó de la seua visita y moltes vegades van fé bromes entre elles al vore a un home tan agüelo, de añs y de juissi, enamorat, com si cregueren que esta passió tan plassentera del amor sol als néssios ánims de los joves y no a datra part entrare y se quedare.

Per lo que, continuán lo aná amún y aball pel carré, va passá que un día de festa, están esta Siñora en atres moltes Siñores assentada dabán de la seua porta, y habén vist de lluñ vindre al mestre Alberto cap an elles, totes en ella se van proposá ressibíl y honrál y después gastáli bromes per lo seu enamoramén; y aixina u van fé.
Eixecánse totes lo van invitá a passá dins, lo van portá a un pati fresquet aon van maná portá finíssims vins y dolsaines; y al final, en paraules ingenioses li van preguntá cóm podíe sé alló de está ell enamorat de esta hermosa Siñora sabén que ere amada per mols hermosos, nobles y cortesos joves.
Lo mestre, encara que sentínse atossigat, va ficá alegre gesto y va contestá:

- Siñora, que yo la vullga no té que maravillá a cap sabio, y espessialmen a vos, perque tos u mereixéu. Y encara que als homes vells los haygue tret la naturalesa les forses que se requeríxen per als ejercicios amorosos, no los ha tret la bona voluntat ni lo sabé qué es l´amor, sino que naturalmén lo coneixen milló perque tenen mes coneiximén que los joves. La esperansa que me mou a amátos, yo agüelo a vos amada per mols joves, es ésta:

moltes vegades hay estat a puestos aon hay vist a les dones berenán y minján altramússos, (com les guíxes) y porros; y encara que de los porros res es bo, es menos roín y mes agradable a la boca lo cap, la cabóssa, pero vatres, generalmén guiades per gust equivocat, tos quedáu en lo cap a la má y tos mingéu les fulles, que no sol no valen res sino que tenen mal gust. ¿Y qué sé yo, Siñora, si al triá los amáns no féu lo mateix? Y si u faiguéreu, yo siría lo que siríe triat per vos, y los atres despachats.
La noble Siñora, igual que les atres, avergoñínse una mica, va di:

- Mestre, be y cortésmen mos hau recriminat de la nostra presuntuosa empresa; en tot, lo vostre amor me es volgut, com de home sabio y de pro té que séu, y per naixó, salvaguardán la meua honestidat, diguéume tots los vostres gustos en confiansa. Lo mestre, eixecánse en los seus compañs, va agraí a la Siñora lo ratet passat y despedínse de ella rién y fen festes, sen va aná.
Aixina, la Siñora, sense sabé de quí sen volíe enfotre y fé chánsa, creén guañá va sé vensuda; del que vatres, si sou prudentes, mol be tos guardaréu.

Ya estabe lo sol inclinat cap al ocasso y disminuída en gran part la caló, cuan les narrassións de los joves y de les jovenetes van arribá al final; per lo que, la seua Reina va di: 

- Ara ya, volgudes compañes y compañs, res li falte al meu gobern durán la presén jornada mes que donátos una nova Reina que, segóns lo seu juissi, la seua vida y la nostra gobernará. Y per naixó, en reverénsia an aquell per qui totes les coses viuen y es lo nostre consol, an esta segona jornada Filomena, jove discretíssima, com Reina guiará lo nostre reino. 

Y dit aixó, ficánse de peu y traénse la corona de lloré, en reverénsia an ella se la va ficá, y ella primé y después tots los demés la van saludá com a Reina, y al seu señorío en complassénsia se van sometre. 

Filomena, una mica abochornada de vergoña, veénse coronada en aquell reino y enrecordánse de les paraules poc abáns dites per Pampínea, per a no paréixe mojigata, recobrada la ossadía, primé va confirmá los cárrecs donáts per Pampínea y va disposá lo que per al matí siguién y per al sopá debíe fes, y quedánse allí aon estaben, va escomensá a parlá aixina.

- Mol volguda compañía, encara que Pampínea, per la seua cortessía mes que per la meua virtut, me haygue fet Reina de tots vatros, no me séntigo yo disposada a seguí sol lo meu juissi sobre la forma de viure, y per a que lo que a mí me pareix fé sapiguéu, y pugáu afegí o disminuí al vostre gust, en poques paraules tos u mostraré. Si avui hay reparat be, los modos seguits per Pampínea me pareix que han sigut tots igualmén loables y deleitosos; y per naixó, hasta que, o per massa repetissió o per un atra raó, no mos pórton aburrimén, no penso cambiáls. 

Habén ya, pos, escomensat les órdens del que ham de fé, mos eixecarém, mon anirém a passejá o rondá un rato, y cuan lo sol estigue ponénse soparém a la fresca y, después de algunes cansonetes y atres entreteniméns, mon anirém a dormí. Demá, alsánmos a la fresca, anirém a voltá per aon cadaú vullgue, y com avui ham fet, a la hora vindrém a minjá; ballarém, y cuan mos eixequém de la michdiada, aquí aon avui ham estat tornarém a novelá. Y lo que Pampínea no ha pogut fé, per habé sigut ya tart triada per al gobern, vull yo escomensá a féu, es a di, a restringí dins de algúns límits alló sobre lo que pugám novelá, per a que cadaú tingue tems de podé pensá en alguna bona história sobre lo assunto proposat per a puguéla contá; lo que, si tos agrade, sirá esta vegada que, ya que desde lo prinsipi del món los homes han sigut espentats per la fortuna a casos diferéns, y u sirán hasta lo final, tots ham de contá algo sobre alló: sobre algú que, perseguit per diverses disgustos o dessepsións, haygue arribat contra tota esperansa a bon port. Les dones y los homes, tots per igual, van alabá esta orden y van aprobá que se faiguere; sol Dioneo, tots los atres habén callat ya, va di:

- Siñora meua, com tots éstos han dit, tamé dic yo que es mol plassentera y encomiable la orden per vos donada; pero com grássia espessial tos demano un don, que vull que me sigue confirmat mentres la nostra compañía duro, y es éste: que yo no siga obligat per esta ley de tindre que contá una história segóns un assunto proposat si no vull, sino sobre alló que mes m´agrado contá. Y per a que dingú penso que vull esta grássia com home que no tingue a má prou históries, desde ara me contentaré en sé lo radé que novelo.
La Reina, que lo coneixíe com home divertit, va compendre que no u demanabe mes que per a podé alegrá a la compañía en alguna história divertida si estigueren cansats de tanta narrassió, y en consentimén de los demés, li va consedí la grássia; y eixecánse tots, cap a un regueret de aigua claríssima que de una montañeta baixabe a una vall ombriosa, a la sombra de mols ábres, entre pedres llises, bolos, y verdes herbetes, en pas tranquil sen van aná.

Allí descalsos y ficán los brassos despullats a l'aigua, van escomensá a divertís entre ells de varies maneres. Y al arrimás la hora del sopá van torná cap a la masada y van sená en bona gana y ben a gust; después del sopá, fets portá los instruméns, va maná la Reina que se escomensare una dansa, Emilia va cantá una cansó, acompañada per lo laúd de Dioneo:
Tan me enchise la meua hermosura
que en un atre amor may
ni pensaré ni buscaré la ternura.
En ella vech sempre al espill
lo be que satisfá al intelecto
y ni acsidén nou o pensá vell
lo be me traurá que me es predilecto
pos ¿quin atre amable objecte
podré mirá may
que dóno al meu cor nova ternura?
No se escape este be cuan dessicho,
per sentí un consol, contemplál,
pos lo meu plaé apoye, y lo meu recreo
de tan suave manera, que expresáu
no podría, ni podría experimentáu
cap mortal may
que no haguere abrassat tal tendresa.
Y yo, que a cada instán mes me enséng,
cuan mes en ell fixo la mirada,
tota me entrego an ell, tota me oferixco
gustán ya de la seua promesa amada;
y tanta alegría espero a la meua arribada
a la voreta d´ell, que may
ha sentit aquí dingú tal ternura.

Acabada esta balada, que tots habíen corejat alegremen, encara que a mols los faiguere cavilá la seu lletra, después de algunes caroles, habén passat ya una part de la nit, li va apetí a la Reina finiquitá la primera jornada, y manán enséndre les antorches y cresols, va maná que tots sen anigueren a descansá hasta la matinada; per lo que, cadaú, giránse cap a la seua cámara, aixina u va fé.


ACABE LA PRIMERA JORNADA

SEGONA

viernes, 9 de marzo de 2018

Que ve lo llop

Avui la charrada es més llarga, pero no podía partila, teníe que vindre aisí. Vatres u entendreu.

Les aventures del agüelo “Sebeta”: ¡Que ve lo llop!!!.

+Bon día, Yayo. ¿Qué pase? Lo vech cabrechat.
-Qué be me coneises, Luiset. No sé si estic cabrechat o acollonit y que me perdono si la palabra li moleste a alguna persona.
+¿Es algo que un crio pugue arregla?
-No chiquet, asó han arrivat a un pun en que no te arreglo. Farie falta que algún grapat de valens se eisecaren sense armes, sense espades, pero tenen que tindre molta forsa, molta unió, molta ilusio, chens de desánimo, chens de po, estem al terreno dels almogávars, encara que tamé los cataláns los volen fe sol dells. Pos no!, natres tamé sabem luchá o per lo menos mos sabem defendre, mos volem defendre y mos defendrem.
+Vech que la cosa es seria, mol seria, may li había vist aisina.
-Pos si Luiset, eise grapat de chen tindrá que se com la chen de don Pelayo, cuan la reconquista. Que se van fe forts, van escomensá per un troset de tiarra y después, poc a poc, van aná despertán a la demés chen dels terrenos dominats. U van sabe fe y los van pasá la seua forsa, perque sabíen que tots luchaben contra lo mateis enemic, lo que los habíe invadit, lo que se habíe aprofitat de la seua tiarra hasta disals casi sense res, a pun de desapareise.
+Hasta aquí li enteng, aisó u hay estudiat a la escola.
-Pos es lo mateis, la mateisa situasió que ara tenim natres y cuan dic natres me referisco a tots los que ham sufrit la invasió del “condat” catalá, en les seus garrames de dinés, política, llengua, y buscán a una chen nostra que se disare comprá, en una o en la atra cosa.
+Me u tindrá que esplicá un poc més, sap que soc un crio y algunes coses me coste entendreles.
-Nesesitem eise grapat de chen, chen de tots los colos, de tots los pobles, de totes les edats, de tots los trevalls, perque tot aisó mos fara falta, que tingue la forsa, la idea, la ilusio y la unió y ademés una bandera, una bandera que podríe se lo chapurriau.
+Yo vull se de eisa chen, achudom a fem un soldat més, yo vull luchá en ells. Yo confio en vuste, en lo que diu y cuan se ha posat tan serio, segur que te los seus motivos.
-Mira menut, es verdat que un gra no fa grané, pero achude al compañé; pero avui nesesitem molta més chen, no es cosa sol de un chiquet y un agüelo, avui nesesitem a tot lo mon, a totes les dones, a tots los homes y a tots los sagals, tota la chen, tots firmes als seus puestos y no rebla per res del mon y, encara aisina, no se lo que pasará. Y lo picho es que si no u fem natres, tot estará perdut. No ñaurá remei. Es lo momén; ña que saltá de un camí. Ña que di PRAU.
+”Sebeta” crec que lo enteng, pero no se si los demés lo entendrán.
-Mira pa que u entengues y sobre tot pa que me u entenguen, te vach a contá un cuento.
+Venga, venga que a mi me encanten los seus cuentos.
-A lo milló la chen se creurá que lo coneis, pero ya saps que lo agüelo es mol complicat; ña que llichili totes les palabres que escriu pa trovali lo sentit, tot lo sentit.
Ñabie un camí a la Aldea un pastoret que li dieben Javier que se creie que ere lo que més sabio, lo més presumit del poble, perque lo habíen triat, entre tots, com a pastó jefe per un añ.
+Home, yayo, quína casualidat com lo presidén de la…..
-Calla charraire, que igual es una casualidat.
A ver anaba contán: com bon jefe ell se va tría los pastisals més bons y més prop del poble, als seus amics los dels costats y als demés los de llun.
Un día lo pastoret M. que estáe als campos de la dreta del poble, va escomensá a cridá: ¡lo llop!, ¡lo llop!.
Javier no li va fe cas, estáe llun y encara que se li minchare alguna ovella, lo pobre llop teníe fam.
Va pasá una semana y cada día M. cridán: ¡lo llop!, ¡lo llop!.
Y Javier, chitat davall de un albre. Pensán que fáe be en disá que lo llop se alimentare, al fin y al cap, estáe mol llun encara.
Hasta que un día se va presentá lo ramadá (aprendis de pastó) de M. y li va contá que lo llop se habíe fet lo amo del bestiá y dels campos del seu amo. Que per allí ñabíe grapats de ovelles perdudes; que si podíe achudals.
Javier se va fe lo sort, alló estáe mol llun encara y qué més donáe uns campos més o menos.
Un poc més tart se va enterá que M. pa no morí se habíe fet amic del llop y ya no li diebe res perque anare buscán les ovelles per lo seu terreno, sempre que a ell li disare alguna cuisa pa alimentás.No va sabé entendre que aisí estáe perdén lo bestiá y lo terme.
Al poc un atre pastoret, V. li dieben, éste de un poc de davall dell, va escomensá a crida: ¡lo llop!, ¡lo llop!.
Javier ya estáe fart, sempre los mateisos crits, nol disáen dormí, nol disáen tartí. Per qué nols disáen unes ovelles pan eisos llops y tots viurien tranquils.
Un poc més tart atre camí: ¡lo llop!, ¡lo llop!.
Javier pensáe: qué chen no me disen tranquil, tindrem que conviure en eise animalet, si es tan manset, pareis un gos.
Entonses sen va enrecordá que allí a la seua dreta, tenie un pastoret CH. li dieben, que pasturáe un troset menut dels seus campos.
Se va entrevistá en los llops y van desidí quels disaríe eise troset a cambi de que lo disaren en pas, que no se ficaren en ell. Volíe seguí sen lo jefe dels pastós y volie la pau, no sen donáe cuenta que entre pastós y llops, es imposible la pau. Pero se va ficá una venda als ulls y no va voldre mirá més.
Com portaé la venda, ésta li tapáe les orelles y per aiso tampoc pa podre o no va voldre escoltá a V. que li demanáe achuda, que li estáe pasán lo mateis que a M.
Lo pastoret CH. ya habíe vist al llop, voltán per allí y tamé cridáe: ¡lo llop!, ¡lo llop!.
Javier se diebe: ¿per qué tots estos me venen a demaná a mí?.
Y ells li conestáen: enrecórdaten cuan tots erem un campo sol y un únic bestiá, lo be que estáem, hasta lo terreno del que ara baise lo llop ere nostre y allí tamé ñabíe bestiá. Pero en un tems va arribá lo llop y sen ha anat estenén, estenén, y si no mos achudes mos acotolará a tots, a tú lo radé, pero tamé caurás, vol fes en tot lo terreno que entonses ere teu.
Javier seguie a la seua, fense fotos en tot lo mon, sense importali la heransia, ni la historia, pero lo carrec sí, eise per damún de tot.
+Vaya cuento mes desastrós que me ha contat avui. Tot ha eisit mal.
-Mirá te vach a esplicá algo:
Ñabíe un camí un llop (Catalá) que estáe dormit al seu terreno, pero de momén se va despertá y li van entrá les ganes de creise, volie se lo més grán y sol u podíe se a costa de anás emportán als demés per daván.
Se vestíe en la pial del corde y se presentáe donán gra gratis a tot lo món a cambi de pasturá un poquet. Aisi va escomensá en M. (Isles Balears) cuan se van doná cuenta se habíe fet lo amo del bestiá y de tots los gosos. Encara que quedaren alguns pastorets menuts defenen los seus pastos y que los seus bestiás pugueren bialá com a ells los agradáe.
Va arriva, ha arribat un momén que pa podé pasturá an aquell terme te exigisen que sapies gruñi com un llop, pero no que u imitos en los sonidos dels llops vells del terreno, sino que tens que tindre lo carnet ofisial de “gruñidó” que te lo han de doná ells, que tel tens que traure en ells y lo exámen tame tel fan ells pa que gruñisques igual que al seu terreno, si no es aisí estás perdut. Inclus, según pa lo que vullgues trevallá, tens que conseguí lo carnet número dos, que es més difisil encara pos ademés de gruñí, tens que fe lo auuuuuu en una entonasió espesial.
A causa de aisó un mun de pastós y de gosos que estáen cuidan de les ovelles del terreno, sen han tingut que aná fora. Com es normal eisos carnets los tenen los llops del terreno C., més trevall pan ells, més paro pals atres terrenos.
Com la chugada los ha eisit be, casi al mateis tems han estirat les garres pa fe lo mateis als terrenos de V. (Valensia) ya están mol adelantats, los seus pastós a cambi de grá y alguna cuisa de cuan en cuan han sedit al invasó; més val seguí manán aisina que te tiron al carré y te quedos sense bestía y sense terreno.
Pero aquí han aparegut un mun de pastorets que defenen als seus bestiás y la seua forma de bialá. Han fet tot lo que poden fe, inclus demaná achuda als pastós dels atres termes, enseñán les garres que te lo llop. Hasta ara dingú los ha fet cas, ya están desesperats se veuen perduts, y no pasán mol tems acabarán tenín que gruñí com los de M.
La chen está asustada los llops han ficat los seus protocolos pancatalanistes, en una forma que asustaríe al més pintat.
Lo rade que han fet es fe un caldo envenenat a les escoles, amagat com si fore unes preguntes sense importansia. Pero no u son, en primé puesto los crios tenen que firmá lo papé de les preguntes. Y ara ve lo gort, les preguntes:
Si parle español o valensiá, que en realidat es catalá, ell, a seua casa, al carré y en los amics.
Si sons pares parlen en español o en lo valensiá-catalá, en ell, entre ells y en los veins.
De a on son sons pares, de a ón venen.
Después están les mentires históriques, lo valensiá no conte, tot lo que ña y ha ñagut es catalá.
Als menuts los fan parlá en catalá a tots los puestos y catalá es lo que los enseñen a la machoria de les escoles, instituts y universidats.
Tenen doblegats als mandamasos de tots los terrenos y estos, en lo cap acachat, apretat per lo chinoll del que los domine, diuen que si a tot.
Aiso es lo que li espere a Javier y al pobre pastoret CH. ¿U permitirem?  ¿Podem fe algo, encara ara? O dintre de poc ¿bialarem tamé com los llops?. Ahí tos diso eises preguntes y les demés que tos vullgau fe. Y yo tos fach la radera: ¿Sabén asó, dormireu be esta nit?.

FIN.