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lunes, 29 de julio de 2024

4. 14. Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Capítul XIV.

Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel; Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Solíe di que preferíe enemics espabilats que amics apamplats. 

Díe que en general tots los homens són bons y tots roíns, perque no los ham de demaná lo que no poden doná, ni voldre que obron com no los convé encara que igual entenen mal esta conveniensia. 

Y en cuan a la justissia, que o no la coneixen en los casos que obren mal, o que no saben lo que val.

Li van preguntá una vegada, quins homens eren los mes perjudissials, y va contestá que los envechosos. Se van admirá de esta resposta, y van voldre sabé lo que sentíe dels lladres, assessinos y datres; y va di, que dels primés, lo envechós pegue en lladre, y per enveja escomensaben a sé roíns; que los atres són uns miserables, ignorans, soques y mal encaminats per uns atres com ells, o perduts per la mala educassió cuan eren chiquets y mossos; pero que al final, tart o pronte se fa justissia. Pero que lo envejós o la envejosa es un verdadé malsín, lo traidó per naturalesa, lo animal propiamen dit, contra qui no ña cástic a les leys ni a les costums, per al mal que cause en general y en particulá, que es mes que lo que mos ve de totes les demés classes juntes de homens perversos y malvats. Que la enveja ha causat mes trastornos al món que la codissia y la ambissió juntes, si no es que la ambissió sigue un nom dorat pera la enveja. Pero que sin embargo podíen alguna vegada, y de particulá en particulá, produí un be paregut al de les cagarrines y colics al cos humano, que si no són frecuens ni mol graves, fan al home templat y sobrio.

Tamé díe moltes vegades que la avarissia no habíe eixecat cap casa; y sí moltes lo orden y la economía.

Díe que los mes grans enemics del be del home solen sé la vanidat y la dropina. La vanidat perque gaste mes de lo que pot y se arruine o diu mes de lo que deu y cau en grans inconveniens; y la perea, la dropina, perque va detrás de les estassions al tems, de la saó als negossis, dels fets als acontessimens, dixansu vindre tot damún, hasta que li cau la casa y acabe a les seues ruines, enrunat y arruinat, o fuch espantada y no trobe aon fotres, pobra, falta de consell y aburrida.

Díe que la tontería es mal incurable (només cal vore a Carlos Rallo Badet) y códul al que sempre se entropesse; y que los tres mes grans traballs que pot passá un home són viure en imbessils, tratá en embusteros y viachá en un cobart (Julio Micolau de La Fresneda fa les tres coses, que pareix lo gos de Quintaneta).

Lo influjo de la imprenta y la aplicassió de cadaú guiada y exitada per los sabuts, díe que lo faríen home al món, perque hasta ara (al seu tems) encara no habíe eixit de chiquet.

Creíe que los homens may habíen sigut millós, sino que a uns atres tems van tindre menos leys y menos sossiedat, y així menos juissi y censura de les seues acsions; pero que la sossiedat se habíe anat constituín milló, encara que no be del tot.

Segons ell, los homens del seu tems no enteníen lo comers, la agricultura, les arts, ni les siensies, perque li pareixíe que no veíe mes que torpesa, casualidat, charlatanisme y miseria.

Cuan se va sabé la seua ressolusió de casás li van preguntá, cóm sén tan sabut caíe an esta vulgaridat. Y va contestá: no es vulgaridat casás, perque es seguí la naturalesa, sino casás mal per interés o per mera y sola raó de nom, y queixás después, o condená lo matrimoni y parlá mal de les dones.

Abans de coneixe a son pare díe que donáe grassies a Deu perque no lay habíe dixat coneixe, pos habíe vist mols chiquets de qui no li penaríe sé pare, y pocs homens de qui voldríe sé fill. 

Pero cuan va trobá a son pare, va plorá de pena de no habél conegut desde la cuna. Y sobre lo seu apellit va contestá a don Vicente, son germá de Morfina, que li va preguntá si estáe orgullós de ell: ya me pareixíe a mí que no podíe escapá de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, perque estos linajes són com los vileros que a tota vila se troben.

Com habíe tratat en flares y monges y los coneixíe mol be, díe que an aquells los faltabe un voto, y an estes nels sobraben dos. 

Pero no explicabe mes, y no sabem quins votos eren eixos.

Per tres coses (díe) donaría yo la vida: per la religió que professo, per ma mare y per lo meu poble. Li van preguntá una vegada que acababe de di aixó, si la donaríe per lo Rey; y va contestá que no enteníe la pregunta.

Solíe di que en general la primera nessessidat de les dones es parlá; la segona murmurá de atres, y la tersera, sé adulades.

La perea als jovens, la desautoridat als agüelos, la vanidat a les fees, y casá a un home baixotet en una dona alta, díe que són cuatre pecats iguals, contra natura.

Recomanán la frugalidat solíe di: carn una vegada al día, y eixa a 

l'olla o rostida. Y condenán la tacañería als plats: lo milló dols es la mel, lo milló coc, lo bon pa, lo milló licor, lo bon vi, y lo milló guiso, lo mes curtet y simple.

Díe que ñabíe cuatre coses que lo ficaben a pun de alferessía: taula menuda, llit curt, mula pesada, y navalla sense esmolá.

Cuatre que li omplíen l'alma de rissa: una agüela en flos, un home gurrumino, un predicadó de mal ejemple, y un flare o retó fenli la roda a una dama.

Y cuatre que li féen portá la má a la espasa:

engañá a un sego, feli la burla a un agüelo, un home peganli a una dona, y un fill maltratán a son pare o a sa mare.

Están a Sevilla li van brindá si volíe aná a vore a una poetisa que componíe sonetos, églogues de pastós y atres poemes; y va contestá que sí, pero que li habíen de di en tems lo día y la hora perque volíe preparás.

- ¿Quína preparamenta nessessitéu?, li van preguntá, y va di:

purgám y llimpiá be la pancha, y después péndrem un elixir que sé fé yo en gitam, mol espessial contra los vomits y la fluixera de ventre.

Entre les sentensies dels antics la que mes li agradáe ere aquella de Virgilio: Felix qui potuit rerum cognoscere causes. "dichós, felís, lo que alcanse a coneixe les causes de les coses»; aixó es, a la naturalesa.

Y de ell la sentensia mes sélebre es esta: que lo mol resá a ningú ha fet san, ni lo mol lligí sabut (només cal vore a Moncho), ni lo mol minjá ressio y fort.

Moltes atres dites y sentensies se li atribuíxen; pero o són mol vulgás, o sels vol doná autoridat en lo seu nom. Y així mateix se conten de ell diferens fets que de cap manera corresponen al consepte que lo seu gran talento y máxima prudensia mereixen.

Yo estic convensut de que així los dits com los fets que corren com si foren seus y són tan indignes de la seua discressió y sabiduría, perteneixen al fals o apócrifo Pedro Saputo, a qui los de Almudévar van fotre fora a gorrades y en raó del seu poble, tan malparat lo malparit, y que, com ham dit, ere un acsiomo, un dropo, gat, torpe, indessén, (algo paregut a Mario Sasot Escuer, lo de la revista de la franja del meu cul.)

Mario Sasot Escuer, capsot, franchista, la franja del meu cul

Lo fill de la pubilla va sé mol sobrio, mol fi, mol amable, persona de mol respecte, y tan gran en tot com se ha vist an esta verdadera historia de la seua vida.


Original en castellano:

Capítulo XIV.

Máximas y sentencias de Pedro Saputo.

Solía decir que más quería enemigos agudos que amigos tontos.

- Decía que hablando en general todos los hombres son buenos y todos malos, porque no les debemos pedir lo que no pueden dar, ni querer que obren como no les conviene aunque tal vez entiendan mal esta conveniencia. Y en cuanto a la justicia, que o no la conocen en los casos que obran mal, o que no saben lo que vale.

- Preguntáronle una vez, qué hombres eran los más perjudiciales, y respondió que los envidiosos. Admiráronse de esta respuesta, y quisieron saber lo que sentía de los ladrones, matadores y otros; y dijo, que de éstos mucha parte eran también envidiosos y por envidia comenzaban a ser malos; que otros son unos miserables, ignorantes, rudos y mal encaminados por otros como ellos, o perdidos por la mala educación en su niñez y mocedad; pero que al fin de todos ellos tarde o temprano se hace justicia. Mas que el envidioso es un verdadero malsín, el traidor por naturaleza, el animal propiamente dañino, contra el cual no hay castigo en las leyes ni en las costumbres, para el daño que causa en general y en particular, que es más que el que nos viene de todas las demás clases juntas de hombres perversos y malvados. Que la envidia ha causado más trastornos en el mundo que la codicia y la ambición juntas si no es que la ambición sea un nombre dorado de la envidia. Pero que sin embargo podían alguna vez, y de particular a particular, producir un bien parecido al de las indigestiones y cólicos en el cuerpo humano, que si no son frecuentes ni muy graves, hacen al hombre templado y sobrio.

- También decía muchas veces que la codicia no había levantado ninguna casa; y sí muchas el orden y la economía.

- Decía que los mayores enemigos del bien del hombre suelen ser la vanidad y la pereza. La vanidad porque gasta más de lo que puede y se arruina o dice más de lo que debe y cae en grandes inconvenientes; y la pereza, porque va detrás de las estaciones en el tiempo, de la sazón en los negocios, de los hechos en los acontecimientos, dejándoselo venir todo encima, hasta que se le cae la casa y acaba en sus ruinas, o huye espantada y no encuentra donde meterse, pobre, falta de consejo y aborrecida.

- Decía que la necedad es mal incurable y piedra en que siempre se tropieza; y que los tres mayores trabajos que puede pasar un hombre son vivir con necios, tratar con embusteros y viajar con un cobarde.

- El influjo de la imprenta y la aplicación de cada uno guiada y excitada por los sabios, decía que harían hombre al mundo, porque hasta ahora (en su tiempo) aún no ha salido de niño.

- Creía que los hombres nunca habían sido mejores, sino que en algunos tiempos tuvieron menos leyes y menos sociedad, y así menos juicio y censura de sus acciones; pero que la sociedad había estado mejor constituida, aunque no bien del todo.

- Según él, los hombres de su tiempo no entendían el comercio, la agricultura, las artes, ni las ciencias, porque le parecía que no veía sino torpeza, casualidad, charlatanismo y miseria.

- Cuando se supo su resolución de casarse le preguntaron, cómo siendo tan sabio caía en esta vulgaridad. Y respondió: no es vulgaridad casarse, porque es seguir la naturaleza, sino casar mal por interés o por mera y sola razón de nombre, y quejarse después, o condenar el matrimonio y hablar mal de las mujeres.

- Antes de conocer a su padre decía que daba gracias a Dios porque no se lo había dejado conocer, pues había visto muchos niños de quien no le pesaría ser padre, y pocos hombres de quien quisiera ser hijo. Mas cuando encontró a su padre, lloró de pena de no haberle conocido desde la cuna. Y acerca de su apellido respondió a don Vicente, el hermano de Morfina que le preguntó si estaba muy vano de él: ya me parecía a mí que no podía escapar de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, porque estos linajes son como los gorriones que en todo poblado se encuentran.

- Como había tratado con frailes y monjas y los conocía muy bien, decía que a aquéllos les faltaba un voto, y a éstas les sobraban dos. Pero no explicaba más, y no sabemos qué votos eran éstos.

- Por tres cosas (decía) daría yo la vida: por la religión que profeso, por mi madre y por mi pueblo. Preguntáronle una vez que acababa de decir esto, si la daría por el rey; y respondió que no entendía la pregunta.

- Solía decir que en general la primera necesidad de las mujeres es hablar; la segunda murmurar de otras, y la tercera, ser aduladas.

- La pereza en los jóvenes, la desautoridad en los viejos, la vanidad en las feas, y casar hombre pequeño con mujer alta, decía que son cuatro pecados iguales contra natura.

- Recomendando la frugalidad solía decir: carne una vez al día, y ésa en la olla o asada. Y condenando la prolijidad en los platos: el mejor dulce es la miel, el mejor bizcocho, el buen pan, el mejor licor, el buen vino, y el mejor guiso, el más corto y simple.

- Decía que había cuatro cosas que le ponían a punto de alferecía: mesa pequeña, cama corta, mula pesada, y navaja sin filo. Cuatro que le regaban el alma de risa: una vieja con flores, un marido gurrumino, un predicador de mal ejemplo, y un fraile o clérigo haciendo la rueda a una dama. Y cuatro que le hacían llevar la mano a la espada: engañar a un ciego, burlarse de un viejo, un hombre pegando a una mujer, y un hijo maltratando a su padre o a su madre.

- Estando en Sevilla le brindaron si quería ir a ver una poetisa que componía sonetos, églogas de pastores y otras poesías; y respondió que sí, pero que le habían de decir con tiempo el día y la hora porque quería prepararse. 

- ¿Qué preparación necesitáis?, le preguntaron, y dijo, purgarme y limpiar bien el estómago, y luego tomar un elixir que sé yo hacer muy especial contra las náuseas y la flojedad del vientre.

- Entre las sentencias de los antiguos la que más le gustaba era aquella de Virgilio, Felix qui potuit rerum cognoscere causas. «Dichoso el que alcanza a conocer las causas de las cosas»; esto es, a la naturaleza.

- Y de él la sentencia que más se celebra es ésta: que el mucho rezar a nadie ha hecho santo, ni el mucho leer sabio, ni el mucho comer robusto y fuerte.

Muchos otros dichos y sentencias se le atribuyen; pero o son muy vulgares, o se les quiere dar autoridad con su nombre. Y asimismo se refieren de él varios hechos que de ningún modo corresponden al concepto que su gran talento y suma prudencia le ha merecido. Yo me persuado que así los dichos como los hechos que corren como los suyos y son tan indignos de su discreción y sabiduría, pertenecen al falso Pedro Saputo, a quien los de Almudévar echaron con razón de su pueblo tan malparado, y que, como hemos dicho, era un mentecato, un vago y un borracho torpe e indecente. El hijo de la Pupila fue muy sobrio, muy fino, muy amable, persona de mucho respeto, y tan grande en todo como se ha visto en esta verdadera historia de su vida.

domingo, 28 de julio de 2024

4. 2. De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo. Se descubrix un gran secret.

Capítul II.

De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo. Se descubrix un gran secret.

De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo. Se descubrix un gran secret.

Pos siñó, aixó porte lo seu camí, pero mol depressa, a escape, a tota mecha. Per supost que lo lectó sempre haurá pensat que lo llibre se teníe que acabá; pos be, u séntigue o no, corre cap al seu final, y sen va a ressibí y tancá l'arco; y si un atre portal es, lo veu ya doblegat y buscanse los dos caps pera tocás y quedá fet un sírcul perfecte. O de un atre modo, aquí lo tossal y aquí lo escomensamén de la baixada.

Están un día senán Pedro Saputo va arribá un criat de Juanita en una carta a la que li suplicabe aniguere cap allá inmediatamen, pos li fée falta, y que procurare arribá entre les nou y onse del matí. Ere lo primé favor, la primera mersé, la primera grassia y firmesa que li demanáe aquella vella amiga, a la que com a Paulina, ya sap lo lectó que no podíe ell negá res, pero cridanlo tan a propósit y en tanta urgensia, del sementeri se haguere eixecat pera servila. Sen va aná cap allá, pos, y va prepará la jornada de modo que va arribá a la hora prevista. Va trobá a Juanita vestida de dol, encara que al semblán va vore que ere per los vius y no per lo mort. Y en efecte, li va di que qui se habíe mort pera descans de tots, de un benéfic tabardillo, ere la seua bona y gloriossíssima sogra, dona (va afegí) de la rassa de les arpíes o germana de les furies, a qui de dret li tocáe per home un gos o can Cerbero, y se va emportá un ángel, si es que ñan entre los homens casats. Be que va tindre la culpa un descuido. En fin, s'ha mort, no li rosseguem los ossos; Deu la haigue perdonat, tanta pau se emporto com descans dixe; y anem al cas abans de que vingue lo meu sogre.

- Te hay cridat perque te nessessito. Yo hay viscut en una sogra y antes me frechirán viva que ne patiré un atra. ¡Ay si sapigueres lo que hay patit en ella! Tres mesos fa que la va diñá, y tres mesos fa que se descanse y viu an esta casa; perque no patía yo sola, sino tots; y sort de la prudensia y amabilidat del meu sogre, si no, yo al menos ya me haguera secat y mort. Lo meu home no té lo talento de son pare. Pos be, ting barruntos de que este home, no escarmentat encara de una dona, trate de casás. ¡Me cago en los homens y les dones! Y desde que hay sabut la seua idea ha perdut mol a la meua opinió, perque no es de sabuts casás dos vegades tenín fills y casa; fills bons, vull di, com natros que besam la terra que ell poteche, de amor y respecte que li tenim; y la casa plena a cormull de totes les bendissions del sel. Yo crec que u trate en lo mossen del poble, que no li aconsellará mes que lo mateix que ell proposo y vullgue, perque sap mes lo meu sogre que lo retó, y cuan lo mossen eixeque lo peu, ell ya ha anat y tornat dos vegades. Yo li diré que te vach coneixe de estudián después de passá pel meu poble, y que te vam vore tamé a Saragossa. ¿Li dic quí eres? 

- Per ara no, va contestá Pedro Saputo.

- Be, va di Juanita; y si te rogue que te estigues demá y mes díes no sigues melindrós. Ell te portará a vore los seus bancals, les seues finques, margens en coruñes y ribassos de romé, y tú l'has de disuadí del casamén, aprofitán be la ocasió y parlanli com se parle a qui no nessessite consells. La ocasió, si es verdat que té eixe maldit pensamén, ell mateix te la donará sabén guañali la voluntat, que u farás, perque no ha de sé ell una exepsió al món.

En aixó va arribá un jornalé de casa en lo recado de que no aguardaren a minjá al amo perque habíe passat al poble de N. y no vindríe hasta 'l tart. Ere lo poble de Paulina, y va di Juanita: men alegro; estarem sols, perque lo meu home no ve hasta la nit. Has de sabé que com mos va tocá la sort de casamos prop, no mes de dos legües de distansia, mos visitam assobín, y natres ham fet amics als sogres y a les families. Paulina té sogres y cuñades; pero una bona gen que la idolatren, y es la verdadera siñora de la casa. 

- ¿Saps, Juanita, li va di Pedro Saputo, que te has tornat una chicharra? Si no acabes, ¿qué hay de dit yo del propósit en lo que me crides? Ara es la meua, escóltam. No me pene habé vingut, perque ting lo gust de vóret, y después aniré a vore tamé a Paulina. Pero yo no sé si sirá assertat parlali a ton sogre encara que ell me dono peu, que no es normal perque de eixes coses no se parle mes que en persones mol conegudes, en amics en una paraula, y encara aixina no en tots. Pero no te apuros. Si ton sogre té la idea de casás, creu que no li estará mal ni an ell ni a vatres. Perque no pot dixá de sabé que la vostra compañía no la milloraríe una dona forastera y nova, y perdre la vostra per la de ella siríe imprudensia que homens com ell no cometixen.

- Una mica me calme ixa reflexió, va contestá Juanita; pero sempre ting aquí dins un pes y tristesa que no sé lo que me anunsie. Per sí o per no, aprofita la ocasió si te la done y trauli ixa manía del cap; anem al segú.

En tot lo día sol van parlá de lo mateix, y no va pugué Pedro Saputo assossegá del tot a Juanita, no perque an ell li faltaren raons sino perque ella ere dona. Per la tarde tampoc va vindre lo sogre, va torná en son demá per lo matí. Li va di Juanita cóm teníe un huésped que habíe conegut a casa de Paulina a un atre tems, y que esperabe que se alegraríe de vórel, pero que encara no se habíe alsat.

Al poc rato ya estáe Juanita al apossento de Pedro Saputo y li va di: 

- Mon sogre acabe de arribá y pareix que vol entrá a vóret; yo voldría que anigueres tú al seu cuarto y acompañát. Perque, encara que en rigor an ell li tocáe visitát primé, eres tú mes jove, estás a casa desde ahí y així li donarás a vore que no eres un ignorán.

Van entrá, en efecte, a vore al sogre, que se entreteníe mirán uns papés; se va girá al sentí la porta, y veén a Pedro Saputo se li va escomensá a cambiá lo semblán, contestán en poca atensió a les seues paraules cuan lo saludabe; y sense apartá la vista de la seua cara, se va assentá y va fé seña als dos que s' assentaren. Juanita, sense sabé per qué, se va ficá a tremolá veén tan formal y serio al seu sogre. Pedro Saputo no estáe tampoc sereno al seu interió perque no esperáen aquell ressibimén.

Al cap de un bon minut de silensio li va preguntá: 

- ¿De aón sou?, y ell va contestá:

- De Almudévar.

- ¿De quí sou fill?

- De una dona.

- ¿Y lo vostre pare?

- No lo hay conegut.

- ¿Quí es la vostra mare?

- Una infelís y honrada pubilla que va sé pobre a la seua juventut y de un engañ en que la van seduí va tindre un fill que ha sapigut fela rica y exaltala a un estat dessén y a la estima y respecte públic.

- ¿Quína edat teniu?

- Vach als vinticuatre añs.

- ¿Cóm tos diéu?

- La gen me diu Pedro Saputo...

Va callá una mica lo caballé, va torná a mirá a Pedro Saputo, y tussín y aclarinse la gola, va di mes sossegat y en veu natural, encara que reprimín lo afecte de la expresió:

- ¡Sou mon fill...!, ¡Yo soc ton pare! 

Al acabá de pronunsiá estes paraules y veén a Pedro Saputo enrochit de cara y eixecanse del seu assiento, se va eixecá ell tamé, y se van abrassá en gran amor y sense sentís mes paraules que la exclamassió de Pedro Saputo cuan va di: 

- ¡Pare meu...!

Juanita se va trastorná del tot, y plena de imaginassions, avergoñida, acalorada, blanca y casi sense llum als ulls sen va eixí fora y va pendre un glopet de aigua, y sen va aná y se va dixá caure al llit; va suspirá, va suá, va entressuá, se va assossegá una mica y va di:

- ¡Pedro Saputo fill de mon sogre! ¡Pedro Saputo germá del meu home! ¡Y cuñat meu! ¡Paulina! ¡Qué dirás cuan u sápigues! Va torná a suspirá, una y un atra vegada, y va fixá lo pensamén en Paulina, se va eixecá, va escriure mol depressa dos línies aon li díe que a casa seua estáen passán acontessimens mol serios, no tots de bon agüero, y que per Deu vinguere corrén; va cridá a un criat, lo va enviá cap allá aposta, y sen va entorná cap al cuarto de la gran escena.

Va mirá entonses al fill y al pare, y no fen cas de lo que parláen va di exclamán: ¡tan que s'assemellen, y no había caigut! Van riure los dos, y lo pare li va preguntá si habíe enviat recado al seu home; ella va di que no hi habíe pensat, pero que sen anáe a enviál, com en efecte u va fé y va torná a vore y aguaitá milló an aquells dos homens que se teníe que coneixe abans de tindre tancats los ulls pera sempre.

Va vindre lo fill, se van alegrá mol, van selebrá lo día, y después de la michdiada va cridá lo pare als tres, va ajuntá la porta y los va fé una llarga relassió de la seua vida que tocáe al cas presén. Pero aixó demane un atre capítul. Advertixgo que en lo nom del caballé tenim les nostres dudes; yo per lo que ting averiguat lo hay anomenat sempre don Alfonso López de Lúsera: y lo fill mes gran, lo home de Juanita, se díe don Jaime.


Original en castellá:

Capítulo II.

De cómo Juanita llamó a Pedro Saputo. Descúbrese un gran secreto.


Pues señor, esto va su camino, pero muy aprisa, a escape, a las cuatro sucias. Por supuesto que el lector siempre habrá creído que el libro se había de acabar; pues bien, que lo sienta o no corre a su fin, y se va a recibir y cerrar al arco; y si otro arco es, mírale ya doblado y buscándose los dos cabos para tocarse y quedar hecho un círculo perfecto. O de otro modo, aquí la cumbre y aquí el principio del descenso.

Estando un día cenando Pedro Saputo llegó un criado de Juanita con una carta en que le suplicaba fuese allá inmediatamente, pues le necesitaba, y que procurase llegar entre las nueve y once de la mañana. Era el primer favor, la primera merced, la primera gracia y firmeza que le pedía aquella vieja amiga, a la cual como asimismo a Paulina, ya conoce el lector que no podía él negar nada, pero llamándole tan adrede y con tal urgencia, del cementerio se hubiese levantado para servirla. Partió allá, pues, y dispuso la jornada de modo que llegó a la hora prevenida. Encontró a Juanita vestida de luto, aunque en el semblante vio que era por los vivos y no por el muerto. Y en efecto, le dijo que quien se había muerto para descanso de todos, de un benéfico tabardillo, era su buena gloriosísima suegra, mujer (añadió) de la raza de las harpías o hermana de las furias, a quien de derecho tocaba por marido un cancerbero, y se llevó un ángel, si los hay entre los hombres casados. Bien que tuvo culpa un descuido. En fin, ha muerto, no le roamos los huesos; Dios la haya perdonado; y vamos al caso antes que venga mi suegro.

- Te he llamado porque te necesito. Yo he vivido con una suegra y primero me freirían viva que sufra otra. ¡Ay si supieras lo que he padecido con ella! Tres meses que murió, y otros tantos hace que se descansa y vive en esta casa; porque no padecía yo sola, sino todos; y válganos la prudencia y amabilidad de mi suegro, si no, yo al menos ya me hubiese secado y muerto. Mi marido no tiene el talento de su padre. Pues bien, tengo barruntos de que este hombre, no escarmentado aún de mujer, trata de casarse. ¡Malditos sean los hombres y las mujeres! Y desde que he conocido su idea ha perdido mucho en mi opinión, porque no es de sabios casarse dos veces teniendo hijos y casa; hijos buenos, quiero decir, como nosotros que besamos la tierra que él pisa, de amor y respeto que le tenemos; y casa llena de todas las bendiciones del cielo. Yo creo que lo trata con el cura del pueblo, que no le aconsejará sino lo mismo que él proponga y quiera, porque sabe más mi suegro, y cuando el cura levanta el pie, ya él ha ido y vuelto dos veces. Yo le diré que te conocí de estudiante después de paso en mi pueblo, y que te vimos también en Zaragoza. ¿Le diré quién eres? - Hasta ahora no, respondió Pedro Saputo. - Bien, dijo Juanita; y si te ruega que te estés mañana y más días no seas melindroso. Él te llevará a ver sus campos, y tú le has de disuadir del casamiento, cogiendo bien la ocasión y hablándole como se habla a quien no necesita consejos. La ocasión, si es verdad que tiene ese maldito pensamiento, él mismo te la dará sabiendo ganalle la voluntad, que sí harás, porque no ha de ser él una excepción en el mundo.

En esto llegó un jornalero de casa con el recado de que no aguardasen a comer al amo porque había pasado al pueblo de N. y no vendría hasta la tarde. Era el lugar de Paulina, y dijo Juanita: me alegro; estaremos solos, porque mi marido no viene hasta la noche. Has de saber que como nos tocó la suerte de casarnos cerca, no más de dos leguas de distancia, nos visitamos a menudo, y nosotros hemos hecho amigos a los suegros y las familias. Paulina tiene suegros y cuñadas; pero una buena gente que idolatran en ella, y es la verdadera señora de la casa.

- ¿Sabes, Juanita, le dijo Pedro Saputo, que te has vuelto cigarra? Si no acabas, ¿qué he de decirte yo del propósito con que me llamas? Sea mi vez, y escúchame. No me pesa de haber venido, porque tengo el gusto de verte, y después iré a ver también a Paulina. Pero yo no sé si será acertado hablar a tu suegro aunque él me dé pie, que no es regular porque de esas cosas no se hablan sino con personas muy conocidas, con amigos en una palabra, y aun no con todos. Pero no te apures. Si tu suegro tiene la idea de casarse, cree que no estará mal ni a él ni a vosotros. Porque no puede dejar de conocer que vuestra compañía no la mejoraría una mujer extraña y nueva, y perder la vuestra por la de ella sería imprudencia que hombres como él no cometen. - Algún tanto me calma esa reflexión, respondió Juanita; pero siempre tengo aquí dentro una tristeza que no sé lo que me anuncia. Por sí o por no, aprovecha la ocasión si te la da y quítale esa manía de la cabeza; lo seguro es lo seguro.

En todo el día no dijeron sino siempre lo mismo, y no pudo Pedro Saputo sosegar del todo a Juanita, no porque a él le faltasen razones sino porque ella era mujer. Por la tarde no vino tampoco el suegro, sino al día siguiente por la mañana. Díjole Juanita cómo tenía un huésped que había conocido en casa de Paulina en otro tiempo, y que esperaba se alegraría de verlo, pero que aún no se había levantado.

A poco rato fue Juanita al aposento de Pedro Saputo y le dijo: mi suegro acaba de llegar y parece quiere entrar a verte; yo quisiera que fueses tú a su cuarto y acompañarte. Porque, aunque en rigor a él le tocaba visitarte primero, al cabo eres más joven, estás en casa desde ayer y así le harás ver que no sigues una etiqueta vulgar como los hombres vanos e ignorantes.

Entraron, con efecto, a ver al suegro, el cual se entretenía en mirar unos papeles; volvióse al oír la puerta, y viendo a Pedro Saputo se le comenzó a demudar el semblante, contestando con poca atención a sus palabras cuando le saludaba; y sin apartar la vista de su rostro, se sentó e hizo seña a los dos que se sentasen. Juanita sin saber por qué se puso a temblar viendo tan formal y grave a su suegro. Pedro Saputo no estaba tampoco sereno en su interior porque no esperaba aquel recibimiento.

Al cabo de un buen minuto de silencio le preguntó: - ¿De dónde sois?, y él respondió: - De Almudévar. - ¿De quién sois hijo? - De una mujer. - ¿Y vuestro padre? - No lo he conocido. - ¿Quién es vuestra madre? - Una infeliz y honrada pupila que fue pobre en su juventud y de un engaño con que la sedujeron tuvo un hijo que ha sabido hacella rica y exaltalla a un estado decente y a la estimación y respeto público. - ¿Qué edad tenéis? - Voy a los veinticuatro años. - ¿Cómo os llamáis? - Las gentes me llaman Pedro Saputo... Calló un poco el caballero, miró de nuevo a Pedro Saputo, y tosiendo y escombrando la garganta, dijo sosegado y en voz natural, aunque reprimiendo el afecto de la expresión: - ¡Sois mi hijo...!, ¡yo soy tu padre! Al concluir de pronunciar estas palabras y viendo a Pedro Saputo inflamado el rostro y levantándose de su asiento, se levantó él también, y se abrazaron con grande amor y sin oírse más palabras que la exclamación de Pedro Saputo cuando dijo: ¡padre mío...!

Juanita se trastornó enteramente, y llena de imaginaciones, turbada, bascosa, pálida y casi sin luz en los ojos se salió fuera y tomó un sorbo de agua, y fue y se dejó caer en la cama; suspiró, sudó, trasudó, se sosegó un poco y dijo: - ¡Pedro Saputo hijo de mi suegro! ¡Pedro Saputo hermano de mi marido! ¡Y cuñado mío! ¡Paulina! ¡Qué dirás cuando lo sepas! Suspiró de nuevo otra y otra vez, y fijó el pensamiento en Paulina, se levantó, escribió muy aprisa dos líneas en que le decía que en su casa estaban pasando muy graves acontecimientos, no todos de buen agüero, y que por Dios viniese corriendo; llamó a un criado, le envió allá de propio, y se volvió al cuarto de la grande escena.

Miró entonces al hijo y al padre, y no haciendo caso de lo que hablaban dijo exclamando: ¡tanto que se parecen, y no haber caído! Riéronse los dos, y el padre le preguntó si había mandado recado a su marido; ella dijo que no había pensado, pero que se iba a mandar, como en efecto lo hizo y volvió a ver y mirar mejor a aquellos dos hombres que debiera haber conocido antes a no tener cerrados los ojos.

Vino el hijo, se alegraron mucho, celebraron el día, y después de la siesta llamó el padre a los tres, cerró la puerta y les hizo una larga relación de su vida en lo que tocaba al caso presente. Pero esto pide otro capítulo. Advierto, que en el nombre del caballero hay sus dudas; yo por lo que tengo averiguado le he llamado siempre don Alfonso López de Lúsera: y su hijo mayor, el marido de Juanita, se llamaba don Jaime.

jueves, 27 de septiembre de 2018

SEGONA JORNADA. NOVELA SÉPTIMA.

Lo sultán de Babilonia envíe a una filla seua a casás en lo rey del Algarve, Portugal, la que, per diverses calamidats, en cuatre añs arribe a les máns de nou homes a diferéns puestos. Al final, restituida al pare com a donsella, torne a la voreta del rey del Algarve com a dona, a lo que anabe primé.

Potsé no se hauríe extés mol mes la história de Emilia sense que la compassió per madama Beritola no los haguere conduít a derramá llágrimes. Pero después de que an aquella história se va ficá fin, li va apetí a la Reina que Pánfilo continuare, contán la seua; per lo que ell, que ere mol ben cregudet, va escomensá:
Difíssilmen, amables Siñores, pot sé sabut per natros lo que mos convé, pel que, com moltes vegades se ha pogut vore, ne han ñagut mols que, estimán que si se faigueren rics podríen viure sense preocupassións y segús, u van demaná a Déu no sol en orassións sino en obres, no rehusán cap pena ni perill per a intentá conseguíu: y cuan u habíen lograt, van trobá que per dessich de tan gran herénsia van aná a matáls los que abáns de que se faigueren rics dessichaben que visqueren. Atres, de baix estat pujats a les altures dels reinos per mich de mil perilloses batalles, per la sang de sons germáns y dels seus amics, creén está an elles la suma felissidat, van vore (no sense la seua mort) que a l´or de les taules reals se bebíe lo veneno. Mols ñabíe que la forsa del cos y la bellesa, y serts ornaméns (adornos) en moltes ganes van dessichá, y no se van percatá de habé dessichat mal hasta que aquelles coses no los van sé ocasió de mort o de dolorosa vida.
Y per a no parlá un per un de tots los dessichos dels humáns, afirmo que no ña ningú que en tota la precaussió, segú dels azars o dessignios de la fortuna pugue sé triat per los vius. Si volém obrá be, a péndre y arramblá hauríem de disposamos lo que mos dono aquell Déu que sap lo que mos fa falta y lo que mos pot doná. Pero si los homes pequen per dessichá varies coses, vatres, grassioses Siñores, mol pecáu per una cosa, que es per dessichá sé mes hermoses, hasta lo pun de que, no bastántos los encáns que per la naturalesa tos han sigut consedits, encara en maravillós arte busquéu aumentáls.
Tos contaré lo hermosa que va sé una mora (sarracena) que, en uns cuatre añs, va tindre que casás nou vegades. Ya ha passat mol tems desde que va ñabé un sultán a Babilonia que va tindre per nom Beminedab, al que als seus díes moltes coses al seu gust li van passá. Teníe éste, entre mols fills mascles y femelles, una filla cridada Alatiel que, pel que tots los que la véen díen, ere la dona mes hermosa que se haguere vist en aquells tems al món.

Lo rey del Algarve li habíe ajudat a Beminedab a guañá una escabechina que habíe caussat moltes baixes a una caterva de árabes que li habíen caigut damún. Lo rey li habíe demanat com una grássia espessial a la filla, y ell lay habíe donat per dona; y en honrada compañía de homes y de dones y en mols nobles y un ric ajuar la va fé montá a una nave ben armada y ben provista, y enviánlay, la va encomaná a Déu. Los marinés, cuan van vore la bonansa del mar, van eixecá al ven les veles y del port de Alejandría van eixí y mols díes van navegá felísmen; y habén passat Cerdeña, se van eixecá un día contraris vens, impetuosos, y lo mar va sacsá tan la nave aon anabe la Siñora y los marinés que moltes vegades se van tindre per perduts. Pero, com eren homes valéns, fen aná tot lo seu arte y tota la seua forsa, sén combatits y esbatussats pel infinito mar, van ressistí durán dos díes; y escomensán ya la tersera nit desde que la tempestat habíe escomensat, y no parán ésta sino que encara creixíe, no sabén aón estaben ni podén calculáu tampoc per la vista, perque lo sel estabe tapat de núgols negres y tenebrosa nit, están no mol mes allá de Mallorca, van sentí que cruixíe la nave. Pel que, no veén reméi per a la seua salvassió, van aviá a la mar una chalupa, y confián mes en ella que en la nave esbadocada, allí se van aviá los patróns, y después de ells tots los homes que ñabíe a la nave, y creén fugí de la mort se la van trobá de cara: perque no podén en aquell mal tems aguantán a tans, se va afoná la chalupa y se van aufegá tots.
Y la nave, que per lo impetuós ven ere espentada, encara que tota badada estiguere y ya casi plena de aigua - no habénse quedat an ella dingú mes que la Siñora y les seues dones, y totes per la tempestat del mar y per la temó vensudes, estáen tombades a bordo com si estaren mortes - navegán mol rápidamen, va aná a varás a una playa de la isla de Mallorca, en tan ímpetu que se va empotrá casi sansera a la arena, a un tiro de pedra de la vora; y allí, batuda pel mar, sense podé sé moguda pel ven, se va quedá durán la nit. Arribat lo día cla y algo apassiguada la tronada, la Siñora, que estabe mich morta, va alsá lo cap y, tan fluixeta com estabe va escomensá a cridá a la seua servidumbre, pero en vano cridabe: los criats cridats estaben massa lluñ.
Com no contestabe dingú ni vée a dingú, se va assustá mol y va tindre molta temó; y com milló va pugué, eixecánse, a les dames que eren la seua compañía y a les atres dones va vore tombades, y les va aná sacsán, después de mol cridá a poques va trobá en vida, perque se habíen mort per lo estómec revolt y escagarsades per la gran temó: pel que la po de la Siñora se va fé encara mes gran. Pero apretánli la nessessidat de dessidí algo, ya que allí sola se veíe (y sense sabé aón estabe), tan va animá a les que vives estaben que les va fé eixecás; y veén que no sabíen aón habíen anat los homes, la nave varada an terra y plena de aigua, totes elles van escomensá a plorá. Y va arribá la hora de nona abáns de que a dingú veigueren, ni per la vora ni a cap atra part, a qui pugueren despertá la piedat y les ajudare.
Arribat michdía, per sort, tornán de una terra seua va passá per allí un gentilhome de nom Pericón de Visalgo, en mols criats a caball; éste, veén la nave, se va imaginá lo que ere y va enviá a un dels criats cap an ella per a que li contare lo que ñabíe.

Lo criat, encara que fénu en dificultat, allí va pujá y va trobá a la noble jove y la poca compañía que teníe, daball de la punta de la proa, tota tímida, amagada. Y elles, al vórel, plorán van demaná missericórdia moltes vegades, pero donánse cuenta de que no les enteníen y de que elles no los enteníen, per señes se van ingeniá en amostráli la seua desgrássia. Lo criat, com milló va pugué mirán totes les coses, va contá a Pericón lo que allí ñabíe, y éste va fé portá a les dones y les coses mes pressioses que allí ñabíe y que van podé agarrá, y en elles sen va aná a un castell seu; y allí en minjá, beure y repós reconfortades les Siñores, va compéndre, per lo ric ajuar, que la dona que habíe trobat teníe que sé una gran y noble Siñora, y va sabé quina ere al vore los honors que les atres li féen an ella. Y encara que estabe blanca y desarreglada per les penes del mar, les seues facsións li van paréixe bellíssimes a Pericón, per lo que va deliberá que si no tinguere home la voldríe per dona, y si per dona no puguere tíndrela, la voldríe tindre per amiga.
Ere Pericón home de fiero aspecte y mol robusto; y habén fet serví mol be durán algúns díes a la Siñora, y están ella tota reconfortada, veénla ell hermossíssima, apenat per no podé enténdrela ni ella an ell, y aixina no podé sabé quí ere, pero no per naixó menos prendat de la seua bellesa, en obres amables y amoroses va intentá convénsela per a pugué cumplí lo su plaé sense oposás. Pero ere en vano: ella no volíe la seua familiaridat, y mes se inflamabe lo ardó de Pericón. La dona, com ya portaben uns díes allí y sen donáe cuenta per les costums de que entre cristianos estabe, y a un puesto aon, si haguere sabut féu, lo donás a conéixe de poca cosa li servíe, pensán que a la llarga o per la forsa o per amor tindríe que satisfé los gustos de Pericón, se va proposá calsigá la miséria de la seua fortuna, y a les seues dones, que mes de tres no ni habíen quedat, va maná que a dingú manifestaren quí eren, salvo si an algún puesto se trobaren aon veiguéren que podríen trobá una ajuda per a la seua libertat. Ademés de aixó, animánles mol a conservá la seua castidat, va afirmá que ella se habíe proposat que may dingú gosaríe de ella mes que lo seu home. Les seues dones la van alabá per naixó, y li van di que observaríen tan com puguéren la seua órden.
Pericón, inflamánse mes de día en día, y mes cuan vee de prop la cosa dessichada y moltes vegades li ere negada, y veén que los seus piropos no li valíen, va prepará tot lo seu ingenio y arte, reservánse la forsa per al final. Sen va doná cuenta que a la Siñora li agradae lo vi, y com no estabe acostumbrada a beure, en ell, com ministre de Venus va pensá que podíe conseguíla, y, aparentán no preocupás de que ella se mostrare fura, va fé una nit un magnífic sopá, a la que va acudí la Siñora; y en ella, sén per moltes coses alegrada lo sopá, va maná al que la servíe que en uns cuans vins mesclats li donare de beure. Lo sommelier u va fé, y ella, que de alló no se guardabe, una mica acalentada per la beguda, va afluixá la seua honestidat; pel que, olvidán totes les adverténsies passades, se va ficá alegre, y veén an algunes dones ballá a la moda de Mallorca, ella a la manera alejandrina va ballá. Veénu Pericón, está prop li va paréixe del que dessichabe, y continuán lo sopá en mes abundánsia de minjás y de begudes, va aná allargán la velada. Al final, anánsen los convidats, sol en la Siñora va entrá a la seua alcoba; ella, mes calenta pel vi que templada per la honestidat, com si Pericón haguere sigut una de les seues dones, sense cap contensió de vergoña se va ficá descorcholí (despullá) en presénsia de ell y se va ficá al llit. Pericón no va dudá en seguíla, y apagán totes les llums, a l’atra part se va gitá jun an ella, y agarránla en brassos sense cap ressisténsia, en ella va escomensá amorosamen a voltá y girá. Después de habéu probat, no habén sentit may abáns en quina forsa espenten los homes de verdat, casi arrepentida de no habé acsedit abáns a les insinuassións de Pericón, sense esperá a sé invitada a tan dolses nits, moltes vegades se invitabe ella mateixa, no en paraules, en les que no se sabíe fé enténdre, sino en obres. An este gran plaé de Pericón y de ella, no están la fortuna contenta en habéla fet en ves de dona de un rey amiga de un castellano, va passá lo siguién:
Teníe Pericón un germá de vintissing añs de edat, guapo y fresc com una rosa, de nom Marato; éste, habénla vist y habénli agradat mol, pareixénli que segóns les seues acsións li agradabe, com Pericón la guardabe seguit, va cavilá una maldat: y al pensamén va seguí sense tregua lo criminal efecte.

Estabe entonses, per casualidat, al port de la siudat, una nave carregada de mercansía per a aná a Clarentza, a Romania, de la que eren patróns dos joves genovesos, y teníe ya la vela eixecada per a anássen en cuan bon ven bufare; en éstos se va conchabá Marato, y van arreglá que la nit siguién siríe ressibit en la dona. Y fet aixó, al fes de nit, va aná en algúns de los seus fidelíssims compañs a casa de Pericón, secretamen, habíe demanat ajuda per a lo que pensabe fé, y a la casa, segóns lo que habíen acordat, se va amagá. Y después de passá una part de la nit, habén ubert als seus compañs, allá aon Pericón en la dona dormíe sen va aná, y obrín la cámara, van assessiná a Pericón mentres dormíe y a la dona, desperta y gañolán, amenassánla de mort si fée algún soroll, se la van emportá; y tamé gran cantidat de les coses mes pressioses de Pericón, sense que dingú los haguere sentit, sen van aná al port, y allí sense tardá van pujá a la nave Marato y la dona, y los seus compañs se van doná la volta y van colá.


Los marinés, tenín ven favorable y fresc, se van fé a la mar. La dona, amargamen de la seua primera desgrássia y de ésta se va dóldre mol; pero Marato, en lo San-Crescencio-en-máque Déu li habíe donat va escomensá a consolála de tal manera que ella, ya familiarissánse en ell, va olvidá a Pericón; y ya li pareixíe trobás be cuan la fortuna li va portá noves tristeses, com si no estiguere contenta en les passades. Sén ella hermossíssima de aspecte, com ya ham dit moltes vegades, y de maneres mol dignes de alabansa, tan ardénmen de ella los dos patróns de la nave se van enchochá que, olvidánse de consevol atra cosa, sol a servíla y a agradála se aplicaben, tenín cuidado sempre de que Marato no sen donare cuenta de la seua intensió. Habénsen donat cuenta la un del amor del atre, van tindre una secreta conversa y van convindre en guañás aquell amor común, com si Amor se puguere partí com se fa en les mercansíes y les ganánsies. Y veénla mol custodiada per Marato, y per naixó impedit lo seu propósit, anán un día la nave a molta velossidat, en mes nugos que la fusta de sabina, y Marato están a la popa y mirán al mar, no sospechán res de ells, sen van aná an ell de común acuerdo y, agarránlo rápit per detrás lo van aventá al mar; y ya estaben mes de una milla náutica alluñats abáns de que dingú sen haguere donat cuenta de que Marato habíe caigut al mar; lo que sentín la dona y no veén manera de podél recobrá, nou dol va escomensá a tindre. Y al seu consol los dos amáns van vindre, y en dolses paraules y grandíssimes promeses, encara que ella poc los entenguere, an ella, que no tan pel perdut Marato com per la seua desventura plorae, se ingeniaben en tranquilisá. Y después de llargues considerassións una y un atra vegada dirigides an ella, pareixénlos que la habíen consolat, va vindre la hora de discutí entre ells quí se la emportaríe primé al catre. Y volén los dos sé lo primé y no podén arribá a cap acuerdo entre los dos, primé en paraules series y dures van escomensá un altercat y ensenénse en ira van fótre má als gaviñets, y furiosamen se van aviá la un damún de l´atre; y mols cops, no podén los que a la nave estaben separáls, se van doná un al atre, y un d'ells va caure mort, y l´atre gravemen ferit, pero va quedá en vida; aixó va desagradá mol a la dona, y com se veíe sola, sense ajuda ni consell, mol se temíe que contra nella se girare la ira dels paréns y dels amics dels dos patróns; pero los rogs del ferit y la arribada a Clarentza del perill de mort la van librá. Allí, jun en lo ferit, van baixá a terra firme, y están en ell a un albergue, va córre la fama de la seua gran bellesa per la siudat, y als oíts del príncipe de Morea, que entonses estabe a Clarentza, va arribá: pel que va voldre vórela, y veénla, y mes del que la fama diebe pareixénli hermosa, tan ardénmen se va enamorá de ella que en atra cosa no podíe pensá. Y habén sentit com habíe arribat allí, se va proposá conseguíla per an ell, y buscánli la volta y sabénu los paréns del ferit, sense esperá mes lay van enviá rápidamen; al príncipe li va agradá mol y a la dona tamé, perque fora de un gran perill li va paréixe está. Lo príncipe, veénla ademés de per la bellesa adornada en trajes reals, no podén de atra manera sabé quí ere ella, va estimá que siríe noble Siñora, y va doblá lo seu amor per nella; y tenínla mol honradamen, no com amiga sino com a dona la tratabe. Considerán la dona los passats mals y pareixénli está bastán be, tan consolada y alegre estabe mentres los seus encantos floríen que de res mes pareixíe que se tinguere que parlá a Romania.
Lo duque de Atenas, jove y guapo y arrogán, amic y parén del príncipe, va volé vórela: y fen com que viníe a visitál, com acostumbrabe a fé de Pascues a Rams, en bona y honorable compañía va aná cap a Clarentza, aon va sé honradamen ressibit en gran festa. Después de algúns díes, parlán los encantats dels encantos de aquella dona encantadora, va preguntá lo duque si eren cosa tan admirable com se diebe; a lo que lo príncipe va contestá:

- Mol mes; pero de aixó no les meues paraules sino los teus ulls vull que dónon fe.

A lo que, invitán al duque, juns van aná cap aon ella estabe; ella, mol cortésmen y en alegre cara, sabén ya de la seua vinguda, los va ressibí. La van fé sentá entre ells, pero no se va pugué parlá en ella perque poc o gens de aquella llengua enteníe; los dos la miraben com a cosa maravillosa, y mes lo duque, que apenes podíe creure que fore cosa mortal, y sense donás cuenta, al mirála, en lo amorós veneno que dels ulls bebíe, creén que lo seu gust satisfée miránla, se va enviscá an ell mateix, enamoránse de ella completamen. Y después de anássen y están sol pensán, pensabe que lo príncipe ere lo home mes felís a la terra, y después de mols pensaméns, pesán mes lo seu fogós amor que la seua honra, va determiná, passare lo que passare, privá al príncipe de aquella felissidat y fes felís en ella an ell mateix si puguere. Y, tenín al ánimo donás pressa, dixán tota raó y tota justíssia apart, als engañs va disposá tot lo seu entenimén; y un día, segóns lo plan cavilat, en un secretíssim camarero del príncipe que teníe per nom Ciuriaci, tots los seus caballs y les seues coses va fé prepará per a anássen, y venín la nit, en un compañ, ben armats, Ciuriaci lo va portá a la alcoba del príncipe de amagatóns y en silénsio. Lo va vore tot despullat perque fée molta caló. Mentres dormíe la dona, ell estabe a una finestra uberta al port, prenén la briseta que de aquella part bufáe. Habén abáns informat del que faríe als seus compañs, silensiosamén va caminá per la cámara hasta la finestra, y allí en un gaviñet, ferín al príncipe a la riñonada, lo va traspassá de part a part, y agarránlo rápidamen, lo va aventá per la finestra aball.


Estabe lo palau a la vora del acantilat y mol alt, y aquella finestra a la que estabe entonses lo príncipe donabe a unes cases que habíen sigut assolades pel ímpetu del mar, a les que poques vegades o may hi anabe dingú; pel que va passá, tal com lo duque u habíe previst, que la caiguda del cos del príncipe no va sé sentida per dingú. Lo compañ del duque, veén que alló estabe fet, va agarrá rápidamen un cabestro (brida, corda) que portabe per an alló, y fingín féli caríssies a Ciuriaci, li va fé una lligassa a la gola y va estirá estrangulánlo, de manera que Ciuriaci no va pugué fé cap soroll; y reunínse en ell lo duque, lo van acabá de asfixiá, y aon lo príncipe estabe, lo van aviá an ell tamé. Y fet aixó, veén que no los habíen sentit ni la dona ni dingú, va agarrá lo duque una llum a la má y la va eixecá sobre lo llit, y silensiosamén va destapá a la dona sansereta, que dormíe profúndamen; y miránla la va apressiá mol, y si vestida li habíe agradat sense comparassió li va agradá despullada. Pel que, inflamánse en mes gran dessich, sense está espantat pel ressién pecat cometut, en les máns encara ensangrentades, jun an ella se va gitá y están ella mich adormida, creén que ere lo príncipe, van fornicá. Después de está en ella un bon rato en grandíssim plaé, eixecánse y fen vindre allí an algúns del seus compañs, va fé agarrá a la dona de manera que no puguere fé soroll, y per una porta falsa, per aon habíe entrat ell, emportánsela y ficánla a caball, lo mes silensiosamén que van pugué, en tots los seus se va ficá en camí y sen van entorná cap a Atenas. Pero com teníe dona, no a Atenas sino a un puesto seu mol majo a les afores de la siudat jun al mar, va dixá a la mes dolorosa de les dones, tenínla allí amagada y fénla serví honradamen de tot lo que nessessitabe.

Pel matí siguién, los cortessáns del príncipe habíen esperat hasta la hora de nona a que lo príncipe se eixecare; pero com no sentíen res, espentán les portes de la cámara que estaben entreubertes, y no trobán allí a dingú, pensán que sen habíe anat an alguna part per a está sols ben a gust en aquella hermosa dona, no se van preocupá mes. Va passá que, al día siguién, un loco, entrán per les ruines aon estaben lo cos del príncipe y lo de Ciuriaci, en la maroma va arrastrá afora a Ciuriaci, y lo anabe arrossegán detrás de ell. Aixó va sé vist per mols, y se van fé portá pel loco allí aon lo habíe trobat, y en grandíssim doló de tota la siudat, van trobá lo cos del príncipe, y lo van sepultá; y van investigá este gran crimen, y veén que lo duque de Atenas no estabe, y que sen habíe anat furtivamen, van creure, com ere, que ell debíe habé fet alló y se habíe emportat a la dona. Van sustituí al príncipe per un germá del mort, y lo van insitá en tot lo seu poder a la vengansa; éste, per moltes atres coses confirmat después que habíe sigut tal com u habíen pensat, cridán a amics y paréns y criats de diverses parts, va reuní una gran, bona y poderosa hueste, y se van adressá a féli la guerra al duque de Atenas. Lo duque, sentín estes coses, com a defensa va aparellá tot lo seu ejérsit, y van vindre a ajudál mols Siñós, entre los que, enviats pel emperadó de Constantinopla, estaben Costanzo, lo seu fill, y Manovello, lo seu nebot, en atres grans hómens, que van sé ressibits honradamen pel duque, y mes per la duquesa, perque ere san germana. Están la guerra mes prop cada día, la duquesa, va fé vindre als dos a la seua cámara, y allí entre llágrimes y en moltes paraules tota la história los va contá, contánlos los motius de la guerra y la ofensa feta contra nella pel duque en la dona a la que teníe de amagatóns; y dolénse mol de alló, los va rogá que al honor del duque y al consol de ella oferigueren la reparassió que cregueren milló.
Sabíen los joves cóm habíe sigut tot aquell fet y, per naixó, sense preguntá massa, van confortá a la duquesa lo milló que van sabé y la van plená de bona esperansa, y informats per nella de aón estabe la dona, sen van aná.
Com habíen sentit moltes vegades parlá de la dona maravillosa, van volé vórela y al duque li van demaná que los hi mostrare; recordán lo que al príncipe li habíe passat per habélay enseñat an ell, va prométre féu: y fet aparellá a un bellíssim jardí, al puesto aon estabe la dona, un magnífic diná, al día siguién, an ells y algúns atres compañs a minjá en ella los va portá. Y están assentat Costanzo en ella, la va escomensá a mirá ple de maravilla, diénse que may habíe vist res tan hermós, y que sertamen per excusat podíe tíndres al duque y a consevol que per a tindre una cosa tan hermosa cometiguere traissió o consevol atra acsió deshonesta: y una vegada y atra miránla, y selebránla cada vegada mes, li va passá an ell lo que li habíe passat al duque. Pel que, anánsen enamorat de ella, abandonat tot lo pensamén de guerra, se va ficá a pensá cóm lay podríe péndre al duque. Pero mentres ell se inflamabe en este foc, va arribá lo tems de eixí contra lo príncipe que ya se arrimabe a les terres del duque; lo duque y Costanzo y tots los atres, segóns lo plan fet a Atenas, van aná a luchá a les fronteres, per a que no puguere abansá lo príncipe. Y estánse allí mols díes, tenín sempre Costanzo al ánimo y al pensamén an aquella dona, imaginán que, ara que lo duque no estabe en ella, mol be podríe conseguí lo que volíe. Com a excusa per a torná a Atenas va fingí está mol dolén, y en permís del duque, delegat tot lo seu poder a Manovello, cap a Atenas va aná a la vora de la germana, y allí, después de algúns díes, fénla parlá sobre la ofensa que del duque li pareixíe ressibí per la dona que teníe, li va di que, si ella volíe, ell la ajudaríe, traénla y emportánsela de allí aon estabe. La duquesa, creén que Costanzo per amor an ella y no pel de la dona u fée, va di que li agradaríe mol sempre que se faiguere de manera que lo duque may sapiguere que ella habíe consentit alló. Costanzo lay va prométre, la duquesa va consentí que ell u faiguere com milló li pareguere.

Costanzo, de amagatóns, va fé armá una barca ligera, y aquella nit la van amagá prop del jardí aon vivíe la dona, informats los seus que en ella estaben del que habíen de fé, y en uns atres van aná cap al palau aon estabe la dona, aon va sé alegremen ressibit per aquells que allí al servissi de ella estaben, y tamé per la dona; y en ésta, acompañada per los seus criats y per los compañs de Costanzo van aná al jardí. Y com si a la dona de part del duque vullguere parláli, en ella, cap a una porta que donabe al mar, sols sen van aná; están ya la porta uberta per un del seus compañs, y allí en la siñal convinguda cridada la barca, fénla agarrá y ficá a la barca, giránse cap als seus criats, los va di:
- Que dingú se mogue ni digue cap paraula, si no vol morí, perque no li robo al duque la seua dona, me emporto la vergoña que li fa a man germana.
An aixó dingú se va atreví a contestá; pel que Costanzo, ya a la barca y arrimánse a la dona que plorae, va maná que ficaren los remos al aigua y sen anigueren; estos, no bogán (remán) sino volán, casi al alba del día siguién van arribá a Egina. Baixán aquí a terra firme y descansán Costanzo en la dona, que la seua desventurada hermosura plorae, se va tranquilisá; y después van torná a pujá a la barca, y en pocs díes van arribá a Quíos, y allí, per temó als renecs y a la bronca de son pare y per a que la dona robada no li siguere arrebatada, li va apetí a Costanzo com quedás allí, aon mols díes la dona va plorá la seua desventura, pero después, consolada per Costanzo, com les atres vegades habíe fet, va escomensá a agarráli lo gustet a lo que la fortuna li deparabe.

Mentres estes coses anaben de esta manera, Osbech, entonses rey dels turcos, que estabe en continua guerra en lo emperadó, va vindre per casualidat a Esmirna, y sentín allí que Costanzo estabe a Quíos en una dona seua que habíe robat, y sense cap precaussió, sen va aná cap allí en unes barquetes armades una nit y de amagatontes en la seua gen va entrá a la siudat, ne va pessigá mols als seus llits abáns de que sen donaren cuenta de que los enemics habíen arribat; y an algúns que, despertánse, habíen corregut a les armes, los van matá, y, botánli foc a tota la siudat, lo botín y los prissioneros (presonés) ficats a les naves, cap a Esmirna sen van entorná. Arribats allí, trobán Osbech, que ere home jove, al revisá lo botín, a la hermosa dona, y coneixén que aquella ere la que en Costanzo habíe sigut pessigada al llit, se va ficá mol contén de vórela; y sense tardá la va fé la seua dona y va selebrá les bodes, y en ella se va gitá contén mols mesos.
Lo emperadó, que abáns de que estes coses passaren habíe tingut trates en Basano, rey de Capadocia, per a que contra Osbech baixare per una part en les seues forses y ell en les seues lo assaltare per l’atra, y no habíe pogut cumplíu encara del tot perque algunes coses que Basano demanabe, com eren menos conveniéns no habíe pogut féles, sentín lo que a son fill li habíe passat, triste se va ficá. Va fé sense tardá lo que lo rey de Capadocia li demanabe, y va solisitá que baixare contra Osbech, preparánse ell a l’atra part per a fótresseli damún. Osbech, al sabé aixó, reunit lo seu ejérsit, abáns de sé agarrat al mich per los dos poderosos Siñós, va aná contra lo rey de Capadocia, dixán a Esmirna al cuidado de un fiel familiá y amic a la seua bella dona; y enfrentánse en lo rey de Capadocia después de algún tems va trobá la mort a la batalla y lo seu ejérsit va sé vensut y dispersat. Basano, victoriós, va aná cap a Esmirna, y al arribá, tota la gen com a vensedó lo obeíe. Lo familiá de Osbech, de nom Antíoco, que teníe a la hermosa dona a cárrec, per tranquil que fore, veénla tan bella, sense observá lealtat al seu amic y siñó, de ella se va enamorá; y com sabíe la seua llengua, y an ella aixó mol li agradabe, perque uns cuans añs com sorda y muda habíe tingut que viure, per no habéla entés dingú y ella no habé entés a dingú, insitat per l´amor, va escomensá a péndre tanta familiaridat en ella en pocs díes y no tenín cap considerassió al seu siñó que en armes y en guerra estabe, van fé un trate no sol amistós sino amorós, trobán tan la un com l´atre maravillós plaé daball dels llansols. Sentín que Osbech estabe vensut y mort, y que Basano veníe de pillaje, van dessidí no esperál allí y agarrán molta part de les coses de mes valor que allí teníe Osbech, juns y de amagatóns, sen van aná a Rodas; y no habíen viscut allí mol tems cuan Antíoco va enfermá de mort.

Están allí un mercadé chipriota mol amat per nell y mol amic seu, sentínse passá als atres, va pensá que li dixaríe an ell les seues coses y a la seua dona.
Y ya afilán la dalla de la mort, los va cridá als dos, diénlos:
- Vech que men vach sense reméi; lo que me dol, perque may tan me va agradá viure com ara me agradabe. Y sert es que de una cosa me mórigo contentíssim, perque, tenín que morí, me vech morí als brassos de les dos persones a qui vull mes que a cap atra que ñague al món, als teus, mol vullgut amic, y als de esta dona a qui mes que a mí mateix hay estimat desde que la vach conéixe. Es verdat que dolorós me es sabé que se quede forastera y sense ajuda ni consell, al morím yo; y mes dolorós me siríe encara si no te veiguera a tú que crec que tindrás cuidado de ella pel meu amor com lo tindríes de mi mateix; y per naixó, te rogo que, si me mórigo, que les meues coses y ella se quedon al teu cuidado, y de les unes y de l’atra fes lo que cregues que sirá lo consol de la meua alma. Y a tú, mol volguda dona, te rogo que después de la meua mort no me olvidos, per a que yo allá puga vassilá de que soc amat aquí per la mes hermosa dona que may va sé formada per la naturalesa. Si de estes dos coses me donáreu segura esperansa, sense cap duda men aniré consolat. Lo amic mercadé y la dona, al sentí estes paraules, ploraben; y habén callat ell, lo van confortá y li van prometre pel seu honor fé lo que los demanabe, si ell se moríe; y poc después va expirá y per nells va sé sepultat honorablemen. Después de pocs díes, habén despachat lo mercadé chipriota tots los seus negossis a Rodas y volén torná a Chipre en una coca(barquet) de cataláns que allí ñabíe, va preguntá a la hermosa dona qué volíe fé, ya que an ell li conveníe torná a Chipre.
La dona va contestá que aniríe en ell, si li apetiguere, de bona gana, esperán que per l´amor de Antíoco siríe tratada y mirada per nell com una germana. Lo mercadé va contestá que lo que an ella li agradare se faríe: y, per a deféndrela de consevol ofensa que puguere sobrevíndreli abáns de que arribaren a Chipre, va di que ere la seua dona. Van pujá a la nave, y habénlos donat un camarote a la popa, per a que les obres no pareguéren contráries a les paraules, en ella dormíe a una litera (llitera) bastán minuda. Pel que va passá lo que encara no habíe sigut acordat al partí de Rodas; es di que, insitánlos la oscurina, la comodidat y la caldoreta del llit, olvidada la amistat y l´amor per Antíoco mort, moguts per les ganes, van escomensá a burchás la un al atre, y abáns de que a Pafos arribaren, de aon ere lo chipriota, se habíen fet paréns; y una vegada a Pafos, mol tems va está en lo mercadé.
Va passá que a Pafos va arribá per algún assunto seu un gentilhome de nom Antígono, en mols añs y juissi encara mes gran, pero poques les riqueses, perque habénse enfangat en moltes coses al servissi del rey de Chipre, la fortuna li habíe sigut contraria. Este, passán un día per dabán de la casa aon la hermosa dona vivíe, habén anat lo mercadé chipriota en la seua mercansía cap a Armenia, li va passá per ventura vore a una finestra de la casa an esta dona. Com ere hermossíssima, va escomensá a mirála fíxamen, y volíe enrecordássen de aon la habíe vist atres vegades, pero de cap manera li veníe al cap.
La hermosa dona, que mol tems habíe sigut un juguet de la fortuna, arrimánse al final dels seus mals, al vore a Antígono se va enrecordá de habél vist a Alejandría al servissi de son pare, en no baixa condissió; pel que, consebín una esperansa de podé torná al estat real en los seus consells, sense pensá en lo mercadé, va fé cridá a Antígono. Vingut an ella, en timidés li va preguntá si ell ere Antígono de Famagusta, com creíe. Antígono va contestá que sí, y ademés de alló va di:
- Siñora, a mí me pareix conéixetos, pero no puc enrecordám de aón tos hay vist abáns; pel que tos rogo, si no tos es engorrós, que me faigáu memória de quí sou. La dona, veén que ere ell, plorán mol li va ficá los brassos al coll, y, después de una mica, an ell, que mol se maravillabe, li va preguntá si la habíe vist a Alejandría. Sentín Antígono esta pregunta la va reconéixe, ere aquella Alatiel, la filla del sultán que se creíe morta al mar, y va volé féli reverénsia; pero ella no lo va dixá, y li va rogá que en ella se assentáre una mica. Li va preguntá cóm y cuán y desde aón habíe arribat allí, ya que se creíe per tota la terra de Egipto que se habíe aufegat al mar, fée ya algúns añs.
A lo que va di la dona:
- Mes me valdríe que haguere sigut aixina en ves de habé tingut la vida que hay portat, y crec que mon pare voldríe lo mateix, si u sapiguere.
Y dit aixó, va torná a plorá; Antígono li va di:

- Siñora, no tos desconsoléu. Contéume les vostres calamidats y quina vida hau portat; per ventura los vostres assuntos podrán encaminás de un atra manera, en ajuda de Déu.
- Antígono - va di la hermosa dona - , me va paréixe vore a mon pare al vóret a tú, y moguda per l´amor y la ternura que an ell li hay tingut, podénme amagá me hay manifestat a tú; y per naixó, lo que durán la meua mala fortuna sempre hay tingut amagat, a tú com si fores mon pare tu descubriré. Si veus que pots fém torná de algún modo a la meua condissió, te rogo que u fáigues; si no u veus cla, te rogo que may a dingú li digues que me has vist o que has sentit algo de mí.
Y dit aixó, sempre plorán, lo que li habíe passat desde que va naufragá a Mallorca hasta aquell pun li va contá; Antígono, mogut per la Piedat, va escomensá a plorá, y después de pensá un rato, va di:

- Siñora, ya que amagat ha estat quí sou, sense falta tos tornaré mes volguda que may al vostre pare, y después com dona al rey del Algarve. Y preguntat per nella que cóm, lo que habíe de fé li va di; y sense pédre tems, sen va entorná Antígono cap a Famagusta y sen va aná a trobá al rey, al que li va di:
- Siñó meu, podéu al mateix tems fétos grandíssim honor a vos, y a mí (que soc pobre per vos) gran profit sense que tos costo mol.
Lo rey li va preguntá cóm. Antígono entonses va di:

- A Pafos ha arribat la hermosa jove filla del sultán, de la que ha corregut tan la fama de que se habíe aufegat; y, per a presservá la seua honestidat, grandíssimes privassións ha patit mol tems, y ara se trobe en pobre estat y dessiche torná a son pare. Si a vos tos apetix enviálay en la meua custodia, siríe un gran honor per a vos, y un gran be per a mí; y no crec que may tal servissi se li olvidare al sultán.
Lo rey, mogut per real magnanimidat, va contestá que sí: y envián a per nella, a Fainagusta la va fé vindre, aon per nell y per la Reina en incontable festa y en magnífic honor va sé ressibida; después, lo rey y la Reina li van preguntá per les seues calamidats, y segóns los consells donáts per Antígono va contestá y u va contá tot. Y pocs díes después, demanánu ella, lo rey, en bona y honorable compañía de homes y de dones, en la custodia de Antígono la va torná al sultán; si va sé selebrada la seua tornada dingú u pregunte, tots u saben be, y lo mateix en Antígono en tota la seua compañía. Después de descansá una miqueta, va volé lo sultán sabé cóm ere que estabe viva, y aón se habíe aturat tan tems sense may habéli fet sabé res sobre la seua condissió.
La jove, que habíe adeprés be les enseñanses de Antígono, a son pare aixina li va escomensá a parlá:
- Pare meu, después de vin díes de anámen del vostre costat, per una fiera tempestat la nostra nave se va esguellá, va encallá a sertes playes allá al Ocsidén, prop de un puesto que se diu Aigüesmortes, una nit, y qué va passá en los homes que a la nostra nave anaben no u sé ni u vach sabé may; de lo que men enrecordo es de que, arribat lo día y yo casi tornán de la mort a la vida, habén sigut ya la nave vista per los llauradós, van córre a robála desde tota la comarca, y yo y dos de les meues dones vam sé ficades a la vora primé, y después agarrades per los joves que van escomensá a fugí, un en una y los atres en les atres pobretes. Qué va sé de elles no u vach sabé may; pero habénme agarrat a mí, que me ressistía esgarrañánlos, entre dos joves y arrastránme per los pels, plorán yo, va passá que, passán los que me arrastraben per un caminet per a entrá a un bosque grandíssim de carrasques, cuatre homes en aquell momén van aparéixe per allí a caball, y los que me arrossegáen me van soltá y sen van aná pitán. Los cuatre homes, que per lo seu semblán me pareixíen de autoridat, vist alló, van córre aon yo estaba y mol me van preguntá, y yo mol vach di, pero ni me van entendre ni an ells los vach compéndre. Ells, después de llarga consulta, pujánme a un dels seus caballs, me van portá a un monasteri de nones (monges), y vach sé allí ressibida y sempre honrada, y en gran devossió jun en elles hay servit desde entonses a San-Crescencio-a-la-cova, a qui les dones de aquell país adoren. Pero después de está un tems en elles, y habén adeprés ya algo de la seva llengo, preguntánme quí era y de aón, y sabén yo aón estaba y tenín temó de, si día la verdat, sé perseguida com enemiga de la seua religió, vach contestá que era filla de un gran gentilhome de Chipre, que me habíe enviat a Creta per a casám, y per azar allí habíem sigut portats al naufragá. Y moltes vegades en moltes coses, per temó a lo pijó, vach acatá les seues costums; y preguntánme la mes gran de aquelles Siñores, a la que díen «abadesa», si a Chipre me agradaríe torná, vach contestá que res dessichaba mes; pero ella, procurán pel meu honor, may me va volé confiá a dingú que cap a Chipre vinguere hasta que fa uns dos mesos, cuan van arribá allí serts homes bons de Fransa en les seues dones, entre los que algún parén teníe la abadesa, y sentín ella que a Jerusalén anaben a visitá lo sepulcro aon aquell a qui tenen per Déu va sé enterrat después de sé matat per los judíos a la Creu, an ells me va encomaná, y los va rogá que a Chipre vullgueren entregám a mon pare. Cuán me van honrá estos gentilhomes y alegremen me van ressibí jun a les seues dones, llarga história siríe de contá. Embarcats, pos, a una nave, después de mols díes vam arribá a Pafos; y allí, sense conéixem dingú ni sabé qué tenía que di als gentilhomes que a mon pare me volíen entregá, segóns los habíe sigut manat per la venerable Siñora, me va portá Déu, a qui potsé donaba llástima, a Antígono a la mateixa hora que natros desembarcáem a Pafos; lo vach cridá y en la nostra llengua, per a no sé entesa per los gentilhomes ni les Siñores, li vach di que com a filla me ressibiguere. Ell me va entendre enseguida; y fénme gran festa, an aquells gentilhomes y an aquelles Siñores segóns les seues pobres possibilidats va honrá, y me va portá al rey de Chipre, que en honor me va ressibí y aquí a vos me ha enviat. Si algo per di quede, que u conto Antígono, que moltes vegades me ha sentit esta peripéssia. Antígono, entonses, giránse cap al sultán, va di:

- Siñó meu, tal com me u ha contat moltes vegades y com aquells gentilhómens en los que va vindre me van contá, tos u ha contat; sol una part ha dixat per dítos: cuán me van parlá de la honesta vida que en les Siñores religioses habíe portat y de la seua virtut y de les seues loables costums, y de les llágrimes y dels plos que van fé les Siñores y los gentilhomes cuan, tornánmela, se van separá de ella. De estes coses si yo vullguera di lo que ells me van di, no en este día sino en tota la nit que ve no ne tindríem prou; segóns les seues paraules mostraben y lo que yo hay pogut vore, podéu está orgullós de tindre la mes hermosa filla y la mes honrada y la mes valenta que datre siñó que porto corona pugue tindre.
Estes coses va selebrá lo sultán y moltes vegades va rogá a Déu que li donare la grássia de recompensá a consevol que haguere honrat a la seua filla, y mes al rey de Chipre per qui honradamen li habíe sigut tornada; y después de uns díes, habén fet prepará grandíssims regalos per a Antígono, li va doná llisénsia de torná a Chipre, donánli al rey en cartes y en embaixadós espessials grandíssimes grássies pel que li habíe fet a sa filla. Y después de aixó, volén que lo que habíe sigut escomensat se faiguere, es a di, que ella fore la dona del rey del Algarve, an éste tot lay va fé sabé, escribínli y diénli que si li apetíe tíndrela per dona, que enviare an algú per nella. Mol va selebrá aixó lo rey del Algarve y, envián honorablemen a per nella, alegremen la va ressibí. Y ella, que en uns atres vuit homes unes deu mil vegades se habíe gitat, a la seua vora se va gitá com si fore virgen, y li va fé creure que u ere, y, Reina, en ell alegremen mol tems va viure después. Y per naixó se diu:

«Boca besada no pert la fortuna, que se renove com la lluna».


OCTAVA

lunes, 29 de julio de 2024

4. 9. Seguix lo mateix registre. Morfina.

Capítul IX.

Seguix lo mateix registre. Morfina.

Morfina, Pedro Saputo


De Graus va passá a Benabarre, va doná una volta per la Llitera, va baixá a Monzón, Monsó, Monçó, de allí va pujá a Fontz o Fonz y Estadilla, va pensá en dirigí lo rumbo cap a casa seua, penanli no podé torná a Benabarre, perque va sé aon va vore mes cares majes, y pits mes uberts, (y caps mes grillats, com lo de Manuel Riu Fillat,) y olvidán en pena alguns amors que se va dixá allá desperdigats.

- Pero prou, va di; hay donat gust a mon pare y me l'hay pres yo tamé, y no poc.

Li faltáen micha dotsena de pobles, entre atres lo de Morfina; y donán los demés per vistos, se va atansá al de aquell nobilíssim primé amor que no sabíe cóm trobaríe ni cóm se habíe de presentá, ni en quina cara después de tans añs. Y dudán, y bateganli fort lo cor, y en no menos temó que dessich, va arribá al poble y se va encaminá a casa seua.

Habíe mort lo pare fée dos añs, com vam di, aquell don Severo tan bo y tan generós; y lo fill fée cuatre que estáe casat. 

Morfina, cumplits ya los vintissing añs, sense pare, sa mare pensán sol en misses y rosaris, y lo germá en poca autoridat a casa seua, se miráe an ella mateixa com la sombra de la casa; lo que jun en lo chasco tan cruel que li va doná lo home del seu amor y a qui li va fiá mes que lo seu cor (que chasco se pot di tan llarga suspensió de la seua esperansa), y sempre en una passió que no teníe sol ni día al añ, habíe perdut aquella alegría que tan brilláe a un atre tems al seu bellíssim rostro, y sense está esguellada se coneixíe que se habíe semat la lozanía dels seus pensamens, entregada a una ressignassió penosa, que de sé ella menos animosa o de temple menos fi, la haguere consumit del tot. ¡Ah!, dels vin als vintissing passe una época, una edat sansera, y la mes forta y de mes gran mudansa a les donselles. Pero a Morfina ademés se li ajuntáe la causa espessial de que habíe amat y amabe encara al únic home que va arribá al seu cor y éste ¡fée set añs que la teníe olvidada!, mentres ella ere insensible pera tots, resignada a morí an aquell estat antes que doná la seua má a datre.

Va arribá Pedro Saputo y sol ella lo va coneixe abans de parlá; pero tots se van alegrá, hasta la cuñada. Buscán una ocasió li va preguntá a Morfina qué ere de lo seu antic amor y cariño. 

Ella li va contestá que no sabíe en quí parláe.

- En lo teu amán, va di ell.

- No tos conec per tal, va contestá ella; pero sí tos diré que ne vach tindre un, y que si me se presentare se trobaríe com la primera vegada, y com la segona, y com la tersera que mos vam vore.

- Pos yo soc, va di ell; dónam la teua queixa, pero dispósat a sentí la meua contesta.

- No trobo cap satisfacsió, va di ella; y si tots los grans homens són com vosté, si tal prossedí es inseparable de la seua exelensia, ben infelises són les que los volen. Yo tos vach volé sense sabé quí ereu, perque vach vore lo que ereu; vach vore que la idea de perfecsió que yo me había format de un home cabal, de un home digne de mí omplíe vosté cumplidamen, y mes si mes puguere sé, encara que tan jove. Después vach sabé que ereu Pedro Saputo, y sol vach tindre que ajuntá a la persona la fama del nom; y al sentí del vostre naiximén vach doná grassies a la meua estrella perque me fassilitabe fé algo per vosté y per lo meu amor; pos encara que de la fortuna fores poc afavorit, teníes un alma mol sublime. Yo tenía que heredá de mon pare, lo just pera no tindre temó que per esta causa fore mes poca la nostra felissidat. Y desde aquell momén passe un añ, ne passen dos, y cuatre y sing y sis, y cap notissia ressibixco de vosté. ¿Tos escric y qué me contestéu? Va aná a vóretos mon pare, vau prometre vindre, y tos vau burlá de la vostra paraula. 

¿Debía yo creure, dec ara creure, que me hau vullgut?

Se case mon germá, mor mon pare, quedo del vostre amor abandonada y sola; passen los añs, ni veniu, ni teniu la cortessía de escríurem una carta, o de enviám un simple recado. Sé per la fama que estéu per la vostra terra; y al mateix silensio sempre. 

¿Debía creure, ting que creure ara, que me volíeu o que me haigáu volgut may? Lo meu amor es sempre lo mateix, u confesso, perque es la meua mateixa vida, soc yo mateixa; ¿qué me diréu vosté del vostre? ¿Qué me diréu pera que a mí no me sigue fassilidat, imprudensia y error voluntari créuretos y fiám de les vostres paraules? Y encara abans de sentí la vostra resposta, vull sertificatos que no me ha penat ni me penará habetos vullgut, encara que ara mateix sense contestá a la meua queixa me aviéu una mirada de despressio, y me giréu la esquena y desapareguéu, y sápiga después que tos hau casat en un atra. Es mes fort que tot aixó lo amor que tos hay tingut, y la alta aprobassió que lo meu cor li ha donat sempre. Y encara aixina, sacrifissi per vosté no ne hay fet cap; may faré aná esta paraula, tos vach doná lo cor, allí estáe tot.

Va sentí Pedro Saputo la seua justa y sentida queixa sense interrumpila o interrómprela, y miranla afablemen, li va contestá:

- La sort y no la meua voluntat te ha privat de la satisfacsió que lo teu amor nessessitáe y lo meu ploráe per no podét doná. 

No admitixgo, pos, no admitixco contra mí la teua queixa, perque no ha estat a la meua má lo naixe de pare conegut, la seua desgrassia ha sigut la causa general y particulá de la forsa de moltes sircunstansies, ben tristes, per sert, después de conéixet, de diverses époques de la meua vida. Pensarás tú, enhorabona, en tota la noblesa que dius y vach vore per los meus ulls; pero yo debía tindre datres miramens en tú y en lo nostre amor, que no habíe de sé de un sol día, ni gosás a la soledat y fora del trate humano. Talento tens, y no nessessites que te explica estes reflexions. 

Per un atra part, a la teua edat y al meu dessich ya no cabíe entretindre la esperansa en plassos indefinits, pijós mil vegades que lo absolut silensio que hay guardat, perque éste podrá matá un amor vulgar, pero no traure lo temple ni embotá un amor verdadé a cors com los nostres. Una mirada de la fortuna que ningú sap encara, me va fassilitá lo podét proposá condissions que mos permitíen pressindí de lo que tú me oferíes en los bens de ton pare. Y cuan me disposaba a vindre a vóret, va ocurrí un cas que ha arretrasat esta visita hasta ara, com te diré cuan me haigues declarat la teua ressolusió. Estam al día; avui es, dolsa y encantadora Morfina. 

Mira lo sel; y si encara eres la mateixa pera mí, dónali les grassies al teu cor, y vine pera sempre als brassos del teu volgut, als brassos del teu home...

Va di estes raderes paraules en tan afecte, que no va pugué Morfina aguantás; y abalotada, tendra y resolta lo va abrassá ben preto exclamán: 

- ¡Amor meu! ¡Home meu!

- Pos ara, li va di ell, sabrás pera la teua satisfacsió y la de la teua familia, que ya no soc Pedro Saputo, fill de aquella pupila de Almudévar, sino que soc fill de ella y del caballé don Alfonso López de Lúsera, en qui se va casá ma mare fa cuatre mesos, habenme ell conegut per casualidat y trobanse viudo de la seua primera dona.

- ¡Fill eres, va di Morfina espantada, de don Alfonso López de Lúsera! Lo conec de nom y de vista, perque añs atrás va passá per aquí dos o tres vegades y se tratáe de amic en mon pare. Sí que eres son fill, sí; men enrecordo, te li assemelles. Be díe la fama que eres fill de un gran caballé. ¡Don Alfonso, ton pare! Tamé, pos, haurás ya conegut a la seua nora, ara ta cuñada, aquella Juanita que diuen que es tan discreta, y la mes selebrada de tota esta terra.

- Sí, va contestá ell, y la vach coneixe ya de estudián, en la seua amiga Paulina...

- Són inseparables, va di Morfina; y tamé diuen de ixa Paulina que es mol grassiosa.

- Ara vindrás tú, va di Pedro Saputo, a aumentá lo número de les persones que unix aquella amistat y la sang, mes discreta que Juanita, mes amable que Paulina, mes hermosa y digna que les dos, y la verdadera gloria meua y de la meua familia. Mira sinó lo consepte que li mereixes a mon pare. Y li va enseñá la llista de les donselles en la nota que teníen totes. La va mirá Morfina; estáe ella la cuarta habenles ficat son pare per orden de distansia dels pobles; y sen va enriure de lo que afegíe al final sobre no voldre sentí parlá de amors ni casás.

- ¿Cóm, va di, haguere pogut lo bon don Alfonso imaginá, que si yo no volía sentí de amors, ere perque amaba a son fill? Pareix, pos, que ya les has vist a totes, si aixó signifique la creu que porten los seus noms.

- Ixa creu, va contestá ell, la vach fé a totes lo primé día, donanles per vistes; pero pera feli cas a mon pare y passá uns díes de curiosidat que me recordáen una mica la vida de estudián, hay estat an alguns pobles, y sert que men hay enrit.

- ¿Tamé has vist a la filla del escribén Curruquis?, va preguntá Morfina.

- ¿Quí es lo escribén Curruquis?

- Este (siñalán en lo dit); y si no hi has estat, mira de anay encara que faigues volta, perque vorás a un pare y a una filla mol originals. Y de pas podrás vore estes dos que formen la sombra del cuadro.

Va arribá en aixó la cuñada, y van continuá la charrada, y tamé dabán del germá que va vindre después, y de sa mare; que va sé la declarassió de Pedro Saputo a la familia, pos tratán a Morfina en tanta familiaridat, van entendre que ñabíe algún secretet ya no secret entre ells.

- Este caballé, va di Morfina, es fill de don Alfonso López de Lúsera.

- ¿Cóm?, va di lo germá; ¿pos no es Pedro Saputo?

- Sí, don Vicente, va contestá ell, pero tamé soc fill de don Alfonso, encara que hasta fa poc tems no se sabíe; com fa poc tamé que va enviudá de la seua primera dona y se ha casat en ma mare. Y en lo nou nom y en lo antic hay vingut a vore a Morfina y ditos a tots, que desde estudián mos volem y teníem tratat, o entés al menos entre los dos, lo nostre casamén.

- ¡Oy, sel san, si visquere mon pare!, va exclamá don Vicente. ¡Vosté, Pedro Saputo, fill de don Alfonso López de Lúsera! ¡miréu si u vach di yo cuan vach vore lo retrato! ¿Quí está, pos, a casa nostra?

- Un amán de Morfina, va di ell; un fill polític vostre, siñora (diriginse a la mare), y un germá vostre, don Vicente, si Pedro Saputo primé, 

y ara don Pedro López de Lúsera es digne de tan honor, així com es amo fa tans añs del cor de la vostra germana.

- Miréu, va di don Vicente a sa mare, miréu a la que no volíe casás. 

- ¿Y cóm había de voldre a datre, va contestá Morfina, volén ya desde sagala a don Pedro? Sí, germá, desde entonses lo vull y mos volem, y ni vull ni voldré a datre home, ni lo podría voldre, encara que don Pedro haguere mort. Y perdonéu, siñora mare, que sén donsella y están vosté presén me atrevixca a parlá de esta manera. 

- Filla, va contestá sa mare: ya saps que ploraba de vóret reassia y perque no volíes casát; ara ploro de goch de sentí lo que me dius y de vore a don Pedro a la nostra casa; ya no ting res mes que demaná a Deu an este món. ¡Ay, si vixquere ton pare! ¡Tan que parláe de Pedro Saputo, y no sabé que tots lo coneixíem! 

Pero tú, filla meua, ya u sabíes.

- Sí, mare; pero no me atrevía a díu.

- Pos siñó, va di don Vicente; ara sí que no ton aniréu al cap de un mes, ni may; ham de cassá, amic, ham de aná de cassera, y hau de tocá lo violín, anem, aquelles coses tan bones que sabéu fé. 

¡Conque Pedro Saputo! Y tú, Morfina, u sabíes tot, y qué calladet que u has tingut.

- No tan cassá, amic don Vicente, perque vull fé lo retrato de la vostra germana. - Y lo de la meua dona, va di don Vicente.

- Be, tamé lo farem.

- Y lo meu.

- Pos tamé, ya que mos hi fiquem. Después ting que contali a Morfina coses importans de la meua vida, y preguntán moltes atres. 

- Ahí la teniu, va di don Vicente; ya no es chiqueta; vostra es 

¿no es verdat, mare?

- Sí, fill, sí, va di la bona siñora. Deu los beneíxque com yo los beneíxco de la meua part. La nora, sin embargo, se coneixíe que pensabe alguna vegada en lo patrimoni que significabe Morfina, a la que teníe destinada al seu cap com a tía mol volguda dels seus fills. Li habíe dixat son pare un patrimoni que pujáe uns mil dossens escuts al añ; y sentíe la nora que ixquere de casa seua. 

Lo germá ere mes noble.

Pedro Saputo va enviá al criat a son pare, escribinli que estáe a casa del difún don Severo Estada, una familia que coneixíe mol desde estudián, y lo aturaben alguns díes pera fé los seus retratos.

Pero Morfina en la gran satisfacsió de tindre al seu amán y en la seguridat del seu amor que tans suspiros y llágrimes li habíe costat, y en la libertat de confessáu y manifestáu, va recobrá la seua antiga bellesa, la energía dels afectes, la alegría del seu cor; y serena, contenta, ufana y gloriosa brilláe en totes les grassies y encans de la incomparable hermosura que li debíe a la naturalesa.

Mes y mich se va pará allí Pedro Saputo, fen los retratos, cassán tamé algún día, y gosán de la felissidat suprema del amor en la seua amabilíssima y dolsíssima enamorada, Morfina. 

Don Vicente, veénlo tan hermós, pincho, caballé, cabal y perfecte en tot y en tantes grassies y habilidats li va preguntá un día a la taula: 

- La verdat, don Pedro; ¿cuántes dones hau tornat loques an este món? ¿Totes les que hau vist?

- Y mes, va contestá Morfina, perque algunes se haurán enamorat de ell per la fama.

- No, per sert, va contestá ell; perque algo diríe ixa mateixa fama, y res hau sentit. Aixó, Morfina, signifique sol que vach naixe pera vosté, així com vosté hau naixcut pera mí; y don Vicente, que me vol com amic y com a germá, está sense cap duda encara mes sego que tú, y per aixó delire tan.

Al remat va arribá lo día de separás: día anugolat y tristot; día que may haguere tingut que portá lo sel en les seues voltes; y dixá casi sense vida an aquella infelís.

¡Gloria de este món! ¡Felisidats de esta vida!


Original en castellá:

Capítulo IX.

Sigue el mismo registro. Morfina.

De Graus pasó a Benabarre, dio vuelta por la Litera, bajó a Monzón, de allí subió a Fontz y Estadilla, pensó en dirigir el rumbo hacia su casa, doliéndose de no poder volver a Benabarre, porque fue donde vio más lindas caras, y pechos más abiertos, y olvidando con pena algunos amores que se dejó allá perdigados. - Pero basta, dijo; he dado gusto a mi padre y me lo he tomado yo también no pequeño.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel

Faltábanle empero una media docena de pueblos, entre otros el de Morfina; y dando los demás por vistos, se dirigió al de aquel nobilísimo primer amor que no sabía cómo encontraría ni cómo se había de presentar, ni con qué cara después de tantos años. Y dudando, y latiéndole fuertemente el corazón, y con no menos temor que deseo, llegó al pueblo y se encaminó a su casa.

Había muerto el padre hacía dos años, como dijimos en otra parte, aquel don Severo tan bueno y tan generoso; y el hijo hacía cuatro que era casado. Morfina, cumplidos ya los veinticinco años, sin padre, su madre pensando sólo en misas y rosarios, y el hermano de poca autoridad con su mujer, se miraba a sí misma como la sombra de la casa; lo cual junto con el chasco tan cruel que le dio el hombre de su amor y de quien fió más que su corazón (que chasco se puede llamar tan larga suspensión de su esperanza), y a las manos siempre a pesar de todo con una pasión que no tenía sol ni día en el año, había perdido aquella alegría que tanto brillaba en otro tiempo en su bellísimo rostro, y sin estar ajada se conocía que se había marchitado la lozanía de sus pensamientos, entregada a una resignación penosísima, que a ser ella menos animosa o de temple menos fino, la consumiera del todo. ¡Ah!, de los veinte a los veinticinco pasa una época, una edad entera, y la más fuerte y de mayor mudanza en las doncellas. Pero en Morfina además obraba la causa especial de que había amado y amaba aún al único hombre que llegó a su corazón y éste ¡hacía siete años que la tenía olvidada!, mientras ella era insensible para todos, resignada a morir en aquel estado primero de dar su mano a otro.

Llegó Pedro Saputo y sólo ella lo conoció antes de hablar; pero todos se alegraron, hasta la cuñada. El primer día no quiso ser, aun para la misma Morfina, sino Pedro Saputo, porque les dijo desde luego que él era; y buscando una ocasión preguntó a Morfina qué era de su antiguo amor y cariño. Respondióle que no sabía con quién hablaba. - Con tu amante, dijo él. - No os conozco por tal, contestó ella; pero sí os diré que tuve uno en otro tiempo, y que si se me presentase me encontraría como la primera vez, y como la segunda, y como la tercera que nos vimos. - Pues yo soy, dijo él; dame tu queja, pero disponiéndote a oír mi respuesta. - No cabe satisfacción, dijo ella; y si todos los hombres grandes son como vos, si tal proceder es inseparable de su excelencia, bien infelices son las que los aman. Yo os quise sin saber quién érades, porque vi lo que érades; vi que la idea de perfección que yo me había formado de un hombre cabal, de un hombre digno de mí llenábades vos cumplidamente, y más si más pudiera ser, aunque tan joven. Después supe que érades Pedro Saputo, y sólo tuve que unir a la persona la fama del nombre; y al oír de vuestro nacimiento di gracias a mi estrella porque me facilitaba el hacer algo por vos y por mi amor; pues si de la fortuna fuésedes poco favorecido en otros bienes y nada más teníades que aquella alma tan sublime, yo los debía heredar de mi padre suficientes para no temer que por esta causa fuese menor nuestra felicidad. Y desde este momento pasa un año, pasan dos, y cuatro y cinco y seis, y ninguna noticia recibo de vos. ¿Os escribo y qué me respondéis? Va a veros mi padre, prometéis venir, y os burláis de vuestra palabra. ¿Debía yo creer, debo ahora creer, que me habéis querido? Cásase mi hermano, muere mi padre, quedo con vuestro amor abandonada y sola en medio de mi familia; pasan años, ni venís, no tenéis la cortesía de escribirme una letra, de mandarme un simple recado. Sé por la fama que andáis por vuestra tierra; y en el mismo silencio siempre. ¿Debía creer, debo creer ahora, que me queríades o me hayades querido nunca? Mi amor es siempre el mismo, lo confieso, porque es mi misma vida, soy yo misma; ¿qué me diréis vos del vuestro? ¿Qué me diréis para que en mí no sea facilidad, imprudencia y error voluntario creeros y fiar de vuestras palabras? Y aun antes de oír vuestra respuesta, quiero certificaros que no me ha pesado ni me pesará de haberos querido, aunque ahora mismo sin responder a mi queja me echéis una mirada de desprecio, y me volváis la espalda y desaparezcáis, y sepa luego que os habéis casado con otra. Es más fuerte que todo eso el amor que os he tenido, y la alta aprobación que mi corazón le ha dado siempre. Y no obstante, sacrificios por vos no he hecho ninguno; jamás usaré esta palabra, os di el corazón, allí estaba todo.

Oyó Pedro Saputo su justa sentida queja sin interrumpirla, y mirándola afablemente, le contestó: - La suerte y no mi voluntad te ha privado de la satisfacción que tu amor necesitaba y el mío lloraba de no poderte dar. No admito, pues, no admito contra mí tu queja, porque no ha estado en mi mano el nacer de padre conocido, cuya desgracia ha sido la causa general y particular de la fuerza de muchas circunstancias, bien tristes, por cierto, después de conocerte, de diversas épocas de mi vida. Pensarás tú, en hora buena, con toda la nobleza que dices y vi tan por mis ojos; pero yo debía tener otros miramientos contigo y con nuestro amor, el cual no había de ser de un sólo día, ni gozarse en la soledad y fuera del trato humano. Talento tienes, y no necesitas que te explique estas reflexiones. Por otra parte en tu edad y en mi deseo ya no cabía entretener la esperanza con plazos indefinidos, peores mil veces que el absoluto silencio que he guardado, porque éste podrá matar un amor vulgar, pero no quitar el temple ni embotar un amor verdadero en corazones como los nuestros. Una mirada de la fortuna que nadie sabe aún, me facilitó el poderte proponer condiciones de tanta libertad en nuestra suerte, que nos permiten prescindir de la que tú me ofrecías con los bienes de tu padre. Y cuando me disponía a venir a verte, sucedió un caso que ha retardado esta visita hasta ahora, como te diré cuando me hayas declarado tu resolución. Estamos en el día; hoy es, dulce y encantadora Morfina. Mira el cielo; y si aún eres la misma para mí, dale las gracias en tu corazón, y ven para siempre a los brazos de tu amante, a los brazos de tu esposo... Dijo estas últimas palabras con tanto afecto, que no pudo Morfina consigo; y agitada, tierna y resuelta le abrazó estrechamente exclamando: - ¡Amor mío! ¡Esposo mío!

- Pues ahora, le dijo él, sabe para tu satisfacción y la de tu familia, que ya no soy Pedro Saputo, hijo de aquella pupila de Almudévar, sino que soy hijo de ella y del caballero don Alfonso López de Lúsera, con quien casó mi madre hace cuatro meses, habiéndome él conocido por casualidad y hallándose viudo de su primera mujer. - ¡Hijo eres, dijo Morfina espantada, de don Alfonso López de Lúsera! Le conozco de nombre y de vista, porque años atrás pasó por aquí dos o tres veces y se decía de amigo con mi padre. Sí que eres su hijo, sí; me acuerdo, te le pareces. Bien decía la fama que eras hijo de un gran caballero. ¡Don Alfonso, tu padre! También, pues, habrás ya conocido a su nuera, ahora tu cuñada, aquella Juanita que dicen que es tan discreta, y la más celebrada de toda esta tierra. - Sí, respondió él, y la conocí ya de estudiante, con su amiga Paulina... - Son inseparables, dijo Morfina; y también dicen de esa Paulina que es graciosísima. - Ahora vendrás tú, dijo Pedro Saputo, a aumentar el número de las personas que une aquella amistad y la sangre, más discreta que Juanita, más amable que Paulina, más hermosa y digna que las dos, y la verdadera gloria mía y de mi familia. Mira si no el concepto que mereces a mi padre. Y le enseñó la lista de las doncellas con la nota que tenían todas. Miróla Morfina; estaba ella la cuarta habiéndolas puesto su padre por orden de distancia de los pueblos; y se rió de lo que añadía al fin sobre no querer oír hablar de amores ni casarse. - ¿Cómo, dijo, pudiera el buen don Alfonso imaginar, que si yo no quería amar ni oír de amores, era porque amaba a su hijo? Parece, pues, que ya las has visto a todas, si eso significa la cruz que llevan sus nombres. - Esa cruz, respondió él, la hice ya a todas el primer día, dándolas por vistas; sino que por complacer a mi padre y pasar unos días de curiosidad que me recordaban un poco la vida estudiantina, he estado en algunos pueblos, y cierto que me he reído. - ¿También has visto a la hija del escribano Curruquis?, preguntó Morfina. - ¿Quién es el escribano Curruquis? - Éste (señalando con el dedo); y si no has estado, mira de ir por allá aunque rodees, porque verás un padre y una hija muy originales. Y de paso podrás ver estas dos que forman la sombra del cuadro.

Llegó en esto la cuñada, y continuaron la plática, y asimismo delante del hermano que vino luego, y también de su madre; que fue la declaración de Pedro Saputo a la familia, pues tratando a Morfina con tanta llaneza, entendieron que había algún secreto ya no secreto entre ellos. - Este caballero, dijo Morfina, es hijo de don Alfonso López de Lúsera. - ¿Cómo?, dijo el hermano; ¿pues no es Pedro Saputo? - Sí, don Vicente, respondió él, pero también soy hijo de don Alfonso, aunque hasta hace poco tiempo no se sabía; como hace poco también que enviudó de su primera mujer y ha casado con mi madre. Y con el nuevo nombre y con el antiguo he venido a ver a Morfina y deciros a todos, que desde estudiante nos queremos y teníamos tratado, o entendido al menos entre los dos, nuestro casamiento. - ¡Oh, cielo santo, si viviese mi padre!, exclamó don Vicente. ¡Vos, Pedro Saputo, hijo de don Alfonso López de Lúsera! ¡Mirad si lo dije yo cuando vi el retrato! ¿Quién está, pues, en nuestra casa? - Un amante de Morfina, dijo él; un hijo político vuestro, señora (dirigiéndose a la madre), y un hermano vuestro, don Vicente, si Pedro Saputo primero, y ahora don Pedro López de Lúsera es digno de tanto honor, así como es dueño hace tantos años del corazón de vuestra hermana. - Mirad, dijo don Vicente a su madre, mirad, cuerpo de mí, la que no quería casarse. - ¿Y cómo había de querer a otro, respondió Morfina, queriendo ya desde niña a don Pedro? Sí, hermano, desde entonces le quiero y nos queremos, y ni quiero ni querré a otro hombre, ni le podía querer, aunque don Pedro hubiese muerto. Y perdonad, señora madre, que siendo doncella y estando vos presente me atreva a hablar de esta manera. - Hija, respondió su madre: ya sabes que lloraba de verte reacia y que no querías casarte; agora lloro de gozo de saber lo que me dices y de ver a don Pedro en nuestra casa; ya no tengo qué pedir a Dios en este mundo. ¡Ay, si viviera tu padre! ¡Tanto que hablaba de Pedro Saputo, y no saber que todos le conocíamos! Pero tú, hija mía, ya lo sabrías. - Sí, madre; pero no me atrevía a decillo. - Pues señor, dijo don Vicente; ahora sí que no os vais en un mes, o nunca; hemos de cazar, amigo, hemos de cazar, y habéis de tocar el violín, vamos, aquellas cosas tan buenas que sabéis. ¡Conque Pedro Saputo! Y tú, Morfina, lo sabías y has callado. - No tanto cazar, amigo don Vicente, porque quiero hacer el retrato de vuestra hermana. - Y el de mi mujer, dijo don Vicente. - Bien, le haremos. - Y el mío. - También, ya que nos ponemos. Después tengo que contar a Morfina cosas importantes de mi vida, y consultar muchas otras. - Ahí la tenéis, dijo don Vicente; ya no es niña; vuestra es, componeos; ¿no es verdad, madre? - Sí, hijo, sí, dijo la buena señora. Dios los bendiga como yo los bendigo de mi parte. La nuera, sin embargo, se conocía que pensaba alguna vez en el patrimonio que se llevaba Morfina, a quien tenía destinada en su mente para tía muy querida de sus hijos. Habíale dejado su padre un patrimonio que daba unos mil doscientos escudos anuales; y aunque no de más monta, sentía la nuera que saliese de su casa. El hermano era más noble.

Pedro Saputo envió el criado a su padre escribiéndole que estaba en casa del difunto don Severo Estada, cuya familia conocía mucho desde estudiante, y le detenían algunos días para hacer sus retratos. Pero Morfina con la gran satisfacción de tener a su amante y con la seguridad de su amor que tantos suspiros y lágrimas le había costado, y con la libertad de confesarlo y manifestarlo, volvió a cobrar su antigua belleza, la energía de los afectos, la alegría de su corazón; y serena, contenta, ufana y gloriosa brillaba con todas las gracias y encantos de la incomparable hermosura que debiera a la naturaleza.

Mes y medio se detuvo allí Pedro Saputo, haciendo los retratos, cazando también algún día, y gozando de la felicidad suprema del amor con su amabilísima y dulcísima enamorada, Morfina. Don Vicente, viéndole tan hermoso, tan caballero, tan cabal y perfecto en todo y con tantas gracias y habilidades le preguntó un día en la mesa: - La verdad, don Pedro; ¿cuántas mujeres habéis vuelto locas en este mundo? ¿Todas las que habéis visto? - Y más, respondió Morfina, porque algunas se habrán enamorado de él por la fama. - No por cierto, respondió él; porque algo diría esa misma fama, y nada habéis oído. Esto, Morfina, significa solamente que nací para vos, así como vos habéis nacido para mí; y don Vicente, que me quiere como amigo y como hermano, está sin duda aún más ciego que tú, y por eso delira tanto.

Al fin hubo de llegar el día de separarse: día anublado y triste; día que jamás debiera traer el cielo con sus vueltas; porque dejar sin vida a aquella infeliz, que sólo aquéllos pudo decir que había vivido. ¡Gloria de este mundo! ¡Felicidades de esta vida!