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viernes, 23 de febrero de 2024

El día que los argentinos pudieron hablar en catalán.

El día que los argentinos pudieron hablar en catalán.

Rafael del Moral

El día que los argentinos pudieron hablar en catalán.

 

Tenemos cinco ejemplos, que no son los únicos, de grandes lenguas que arrinconaron a otras sin que nadie las impusiera.

En orden cronológico, el primero fue el griego, que se instaló en los grandes imperios de su época y algunos más tras la campaña de Alejandro Magno.

LITERATURA GRIEGA, ESTO ES,  SU HISTORIA, SUS ESCRITORES Y JUICIO CRÍTICO DE SUS PRINCIPALES OBRAS, POR DON BRAULIO FOZ.

El segundo fue el latín, que se extendió por el vasto Imperio como lengua cultural tan poderosa como el ejército que la llevó, y eclipsó a las otras, a todas las que se hablaban en dominios bañados por el mediterráneo.

El tercero fue el árabe, lengua del Corán que acompañó al islamismo y desplazó al latín del norte de África y Oriente Medio, pero no al latín de Hispania, que ya empezaba a ser hablado en dialectos.
España, que estuvo ocupada ocho siglos por el Islam, podría hablar árabe, y el árabe, hecho más improbable pero posible, haber viajado en las carabelas de Colón. A aquellos marineros no les habría importado porque lo sustancial no es el nombre de la lengua, sino disponer de una, la necesaria en cada momento. 

separatismo baturro, Echenique, Podemos, podemita; El día que los argentinos pudieron hablar en catalán.

Los árabes fueron vistos como invasores por los cristianos que deseaban recuperar el reino de los visigodos, y la Reconquista impuso las lenguas que eran la evolución natural del latín.

El árabe no estuvo ocho siglos en España. Tal vez solo en el reino de Granada, pero nunca como lengua única. En el norte, donde nacieron las lenguas románicas, estuvo poco tiempo. Habría que añadir que quienes ocuparon la península fueron siempre una minoría que se mantuvo distante del resto de la población y no hablaba la lengua local, el mozárabe, heredera del latín, que desapareció con la Reconquista. Convivían con nativos que solían ser esclavos, ya fueran españoles del norte, o traídos de Francia, o Alemania. Por eso los árabes fueron vistos como invasores por los cristianos que deseaban recuperar el reino de los visigodos, y la Reconquista impuso las lenguas que eran la evolución natural del latín.

El castellano, cuarto ejemplo, se instaló en América porque los españoles llevaron la educación y repoblaron los territorios. Las primeras universidades de América fueron creadas por españoles. Y la independencia de América no fue una guerra entre indios y españoles, sino entre unos españoles y otros para dominar los territorios. La lengua vehicular de todos ellos fue el español, aunque no la más hablada hasta que las nuevas naciones la establecieron como oficial una vez que la población autóctona, mezclada con los españoles, se adaptó al uso del castellano.

América es el continente de las tres lenguas, español, inglés y portugués. Y algunas más, pero esencialmente estas, pues incluso quienes hablan otras conocen alguna de estas tres. Si la historia se hubiera desarrollado de otro modo y hubiera sido la corona portuguesa la que le proporcionara las tres carabelas a Colón, hablaría tan sólo portugués; o incluso italiano, si un Marco Polo cualquiera se hubiera atrevido, o también holandés, pues fueron grandes marineros… quién sabe… y, por qué no, si la expedición sale del puerto de Barcelona por mecenazgo catalán y con marineros catalanófonos, tal vez Argentina hablaría hoy catalán sin que nadie se rasgara las vestiduras.

Y el quinto ejemplo es el del inglés. Estados Unidos, enorme nación, la tercera del mundo en extensión tras Rusia y Canadá (países mucho menos poblados) y el segundo en población (tras China y la India) no tiene lengua oficial. Fueron los repobladores quienes eligieron la más útil. Todo lo contrario de lo que sucede en el trigésimo segundo país del mundo en población, que cuenta con cinco lenguas (español, catalán, valenciano, gallego, vasco, asturiano) oficiales o cooficiales.
¡La libertad guiando al pueblo!

Las fronteras de la Historia.

También el catalán podría hablarse en todo el Mediterráneo si un tarraconense aguerrido, pongamos por caso, hubiera emprendido una campaña expansionista con miles de soldados catalanófonos, tipo Napoleón.

falangiste, fasciste, franquiste, Fuster, Jordi Pujol

Quiere esto decir que la distribución actual de las fronteras del Mundo, así como los dominios monolingües (español, francés, italiano), ambilingües (catalán y español, galés e inglés; occitano y francés; véneto e italiano) o políglotas: (aranés, catalán y español o tamazight, árabe y francés) son resultado del azar, o si se prefiere del desarrollo histórico. Es sabido que la historia traza fronteras políticas y lingüísticas, y las lenguas, siempre al servicio de los hablantes, se acomodan a las circunstancias.

jueves, 26 de mayo de 2022

CARTA XIII. De la fiesta del milagro de S. Cristóbal.

CARTA XIII. 

De la fiesta del milagro de S. Cristóbal. 

De la fiesta del milagro de S. Cristóbal.

Mi querido hermano: Una de las cosas notables que ofrecen los breviarios de esta iglesia es la fiesta del milagro de S. Cristóbal en el día 10 de Julio. Las lecciones del impreso en 1533 refieren la historia de este modo. 

Ejus festum Valentia X Julii celebratur, propter miraculosam ejusdem ecclesiae dedicationem. Cùm enim ecclesia, quae nunc est monialium sancti Christophori, tunc synagoga esset judaeorum, et judaei, ut fertur, ter (aquí falta algo) Christophori voce divinitùs moniti Christi fidem accipere renuissent; contigit ut dominicae nocte IX Julii anno MCCCXCl puerorum tumultu à populo interemptis judaeorum multis, reliqui ad sedem confugientes baptismum expostularint. Quare posteram die, quae Julii X fuit, ab episcopo, et omni clero, magno applausu populi, sinagoga in ecclesiam dicata fuit S. Christophori: cujus lampadarum lumine divinitùs accenso, oleo succrescente, eoque perunctis multis infirmis et sanatis, baptizati fuerunt judaeorum ad septem millia. 

En este hecho convienen cuantos han escrito del monasterio de religiosas agustinas de S. Cristóbal, que viven en dicha sinagoga desde el año 1409, trasladadas desde el segundo convento que fundaron en Alcira el año 1394: pues las establecidas por el rey don Jayme el I el año 1273 fueron transportadas cuarenta y tres años después a Xátiva al monasterio de Monsant, con el título de santa María Magdalena, como dije en mi primera carta. He visto y copiado la relación que hicieron los jurados de Valencia en el libro manual de consejos núm XIX. fol. 242, escrita el día 10 inmediato a la supuesta matanza de los judíos; y algunas cartas fechas en los días siguientes, donde dichos jurados hablan como testigos (a: Algunos de estos documentos se publicarán en el apéndice bajo el número VI.).

De estos documentos tan auténticos resulta: lo 1.° que (1) no se oyeron las supuestas voces de S. Cristóbal, de las cuales, como de un hecho tan señalado, hubieran hecho mención los jurados, así como refieren la aparición del santo mártir a un judío solo, y la visión del crucifijo a otro. 

2.° Que no fueron siete mil los muertos de los judíos, sino unos ciento, y que a esta matanza no dieron ocasión las voces de S. Cristóbal, ni menos el motín de los niños; sino el haber irritado los judíos a los cristianos con la muerte de uno de ellos.

3.° Que los judíos que había en esta ciudad, a excepción de muy pocos, corrieron ansiosos al bautismo con su rabino, y el noble Samuel Abravalla, que se llamó después Alfonso Ferrández de Vilanova (persona, entre ellos, de quien hasta ahora no he hallado más noticia); y que siguieron su ejemplo los de Xátiva, Alcira, Gandía, Liria, Cullera, Orihuela, Murviedro y Castellón de la Plana.

4.° Que con la prisa y multitud de los que se bautizaron faltó el crisma en la catedral y en las iglesias parroquiales de esta ciudad el día 13 de Julio de dicho año a la hora de comer; y que después por la tarde hallaron llenas las crismeras, aun las antiguas y deterioradas, que estaban sin uso había más de tres años.

5.° Que (2) de esta milagrosa renovación se hizo averiguación judicial por el oficial eclesiástico, y se formalizaron instrumentos públicos, deponiendo los jurados como testigos oculares. Sucedieron además nuevos milagros en confirmación del primero, que como el juez eclesiástico para examinar si era verdadero crisma el que se halló en la parroquia de santa Catalina, le vaciase en una vasija nueva, al volverle a la crismera, le halló tan multiplicado, que no pudo caber en ella. En la de san Andrés, burlándose un clérigo extranjero de la credulidad de los que tenían por crisma milagroso aquel licor, tal vez puesto con fraude, en el momento se vio seca y vacía la crismera, la cual volvió repentinamente a llenarse como antes, luego que el clérigo postrado pidió perdón de su ligereza. Iguales prodigios se vieron en Murviedro y Castellón de la Plana.

6.° Que las lámparas nuevas de la iglesia de S. Cristóbal se encendieron por sí mismas, sin que nadie llegase (sens ma humanál), aumentándose su aceite sin disminución, con el cual, ungidos los enfermos, experimentaban milagrosas curaciones. 

7.° Que dicha iglesia pudo intitularse de S. Cristóbal, porque un judío al principio del motín (3) vio en lo alto de la sinagoga un hombre muy corpulento y robusto (4) con un niño en los hombros, a semejanza de como pintan a S. Cristóbal (veu sobre la sumitat de la sinagoga un hom fort, gran e soberch, ab una creatura en lo coll, á semblans que hom pinta à sent Cristófol). Por lo demás, dicen, no podemos hallar quien le dio este título ni por qué causa (no podem trobar qui fó entitulador, ne perque). Y cierto no hablaran así, si hubiera dicho S. Cristóbal repetidas veces: judíos, salid de mi casa. Con esto se ve lo que hay de verdadero y de incierto en las lecciones de dicho breviario de 1533, y en Escolano y otros historiadores de este suceso, cuya variedad en la relación de sus circunstancias, y la falta de documentos, dio ocasión a los editores de las actas de los santos a que pusiesen en duda la verdad de esta historia: majorem pro historiam hujus apparitionis firmitatem desiderari, ut credi possit tamquam vera (act. ss. 25 Jul. comm. praev. in vit. S. Cristoph. § IV. n. 37).

Tampoco parece muy averiguado que la consagración de la iglesia se hiciese el día 10 de Julio de dicho año por el obispo; porque don Jayme de Aragón, que lo era entonces, estaba en la corte del papa desde el año 1388, en la cual permanecía aún en 2 de Septiembre de 1391, como se ve por la carta que los jurados le escribieron ese día, haciéndole relación de lo ocurrido, y suplicándole que volviese luego a su iglesia por el peligro en que estaban sus ovejas, o si esto no podía, procurase a lo menos que fuesen socorridas con la presencia de un correspondiente pastor (fer, le dicen, que de qualque convinent pastor sien prestament provehides); con las cuales palabras no parece poderse componer, como algunos quieren, que por ese tiempo se hallase en esta Diócesis don fr. Jayme de Formentera, del orden de S. Agustín, obispo Christopolitano, y auxiliar de esta Diócesis.

Como quiera, es difícil señalar por que tiempo empezó a celebrarse en esta iglesia la fiesta de aquel milagro. En casi todos sus misales, así MSS., como impresos, se halla al día 10 de Julio la fiesta de S. Cristóbal con misa y oraciones comunes, que nada indican de tal historia, de la cual verosímilmente hubieran compuesto parte a lo menos de los responsorios, alleluia, ofertorio y comunión, como se ve practicado en la de S. Lázaro, S. Onofre y otros con menos motivo. En el breviario MS. el año 1464, que se conserva en este archivo y en la parroquia de los santos Juanes, hay seis lecciones propias y breves al estiló de aquel tiempo, en las cuales se cuenta la vida y martirio de S. Cristóbal; pero se omite el milagro de la sinagoga, cuya primera mención es del breviario de 1533, cuando pasados 142 años, por no haberse tenido presentes los documentos donde se refiere el hecho con exactitud, pudo haber en él mezcla de algunas circunstancias inciertas, y silencio de otras ciertas y muy substanciales, cual es el aumento del aceite de las lámparas, de que hablan los jurados como testigos.

Quisiera oír tu dictamen sobre estos puntos, y sobre lo que tiempos pasados hablamos de las actas de S. Cristóbal, que han dado motivo a mutuas contestaciones de varios católicos y a impugnaciones de algunos contra los herejes, que con falta de piedad y de crítica (5), pretenden negar la existencia de este santo mártir; del cual acaso volveré a hablar otro día, si me resuelvo a decir de algunas reliquias de esta ciudad. Bueno sería poder sacar alguna copia de las más insignes: y esto espero para decidirme del todo. Valencia 30 de Enero de 1803. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Que no se oyeron las supuestas voces. Mientras que no se presenten otros documentos, parece que deben tenerse por inciertas las voces de S. Cristóbal a los judíos, repetidas, como dicen, hasta tercera vez, por guardar acerca de ellas uniforme silencio, no sólo los jurados que cuentan hasta las más menudas circunstancias del suceso, sino aun los mismos judíos convertidos, que no hubieran callado este milagro para gloria de Dios, así como publicaron otros con que se acreditaba el poder de la gracia, y justificaban ellos su prudencia en haber recibido el bautismo. En las palabras también que se ponen en boca del santo mártir hallo la expresión de que llevó en sus hombros a Cristo, cosa puesta en duda con harta razón por los editores de sus actas, como veremos luego. Escolano dio a estas voces de S. Cristóbal mayor extensión; sus palabras son estas: "estando algunos rabinos (pone rabines) y sacerdotes dentro de ella (la sinagoga) sintieron súbitamente una espantosa voz, que salía de debajo las gradas que agora son del altar mayor y les dijo: judíos, dejaos ya de ofender a Dios en seguir vuestros caminos errados, pues hasta las oraciones que aquí estáis ofreciéndole, se convierten en culpas contra vosotros, y en ruina de vuestras almas y vidas. Yo soy Cristóbal, uno de los siervos de Jesucristo, gran Rey de la gloria, que le llevé en mis hombros: convertíos a él, y doleos de vuestro obstinado error. Recibid el bautismo y desocupadme esta casa, que el Señor ordena que se dedique a mi nombre, y de su parte os amonesto que si ponéis en duda mis palabras descargará sobre todos un nublado de persecuciones, y yo derribaré vuestra sinagoga sobre vosotros. (Escolano hist. de Val. lib. V. cap. 10).

(2) De esta milagrosa renovación se hizo averiguación judicial. Entiendo que esta multiplicación (de que hay innumerables ejemplos en la Escritura e historia eclesiástica) pudo hacerse, como de otros casos semejantes juzga santo Tomás, no criando Dios nueva materia, sino convirtiendo una materia en otra, a la manera que dice san Agustín haber alimentado Cristo con cinco panes a cinco mil hombres, del modo que con pocos granos produce muchas mieses, lo cual hace no criando nueva materia, sino disponiendo el jugo de la tierra y las demás substancias que concurren a la formación del grano para que pueda servir de alimento. Y así extraña Benedicto XIV que en la Rota se hubiese tenido por de santo Tomás, y por más probable la sentencia que exige nueva creación de materia para las multiplicaciones milagrosas. (Bened. XIV. de beatif. et beator. canoniz. lib. IV. p. I. cap. 12). 

En la prueba de este milagro hallo las condiciones prudentes que ahora exige la silla apostólica, para no aventurar su juicio en materia tan delicada. 

1.° Consta que existía determinada cantidad de crisma dentro de cada ampolla: 2.° que llegó a consumirse todo este crisma en las ceremonias del bautismo solemne de los muchos conversos: 3.° que se multiplicó lo bastante para volver a llenar las ampollas luego que se vaciaron: 

4.° no aparece sospecha de fraude en este hecho, así por ser muchas las crismeras que se hallaron llenas, como por haber sucedido esta multiplicación en distintas partes y a la misma hora, y a vista de las personas principales de la ciudad, eclesiásticos y seglares: 

5.° añádese el fin de esta maravilla, que fue santo, ordenado a completar la obra de tan milagrosa conversión.

Siendo cierto este milagro, entiendo que es verdadero crisma el que se halló en las redomas, y que pudo servir para las ceremonias bautismales, como el consagrado por el obispo. Si no fuera este verdadero crisma, en vano hubiera obrado Dios esta maravilla, dirigida a que no faltase el crisma para los fines porque lo establece la Iglesia. A Dios le es fácil suplir milagrosamente por sí mismo con su bendición todo lo que necesita una materia para servir a los ministerios eclesiásticos.

(3) Vio en lo alto de la sinagoga un hombre fuerte &c. Semejante a esta es la aparición de S. Cristóbal a la virgen Friderunda que cuenta Leibnitz (de scriptoribus brunsvicensibus t. 1. pág. 580), diciendo: praestantissimum egregiae formae miraeque longitudinis gloriosissimum Christi martyrem S. Christophorum... aspexit. Ni de aquí se infiere que realmente hubiese sido gigante S. Cristóbal, que de esto hablaremos después. Suele Dios acomodarse a las opiniones del pueblo en lo que no es contra la verdad, y no lo es que S. Cristóbal hubiese sido gigante en el espíritu, esto es, en la fortaleza y las demás virtudes, que es lo que quiso manifestar al que vio esta visión, caso que fuese cierta. No son nuevas estas figuras simbólicas en las apariciones. S. Gregorio M. cuenta que S. Benito vio subir al cielo a santa Escolástica en forma de paloma, y a S. Germán, obispo de Capua, en un globo de fuego, y dos de sus monjes le vieron a él en su muerte subir por un camino muy adornado e iluminado con lámparas. Pudiéramos añadir la aparición simbólica de Benedicto IX, que da por cierta Baronio con la autoridad de Humberto y de S. Pedro Damiano. (Baron. ad ann. 1054), y la de Inocencio III a santa Lutgarda, atestiguada por Spondano (ad ann. 1216): Pagi (vit. Innoc. III n. 110): Fleury (hist. eccl. lib. LXXVII), y 

otros críticos; pero no es de nuestro propósito entrar en estas contestaciones (V. acta ss. 16 Junii vita S. Lutgardis, et Jac. Sicommar. not. XXV vitae S. Bartholom. IV. abb. Cryptae ferratae ex vet. cod. edit.) 

Traigo esto para probar que en las apariciones caben símbolos, y que de ellas nada puede deducirse sobre la inteligencia literal de todas sus circunstancias. ¿Qué hubiera de verdad en la visión de Daniel, si entendiésemos materialmente la descripción que hace la santa Escritura de aquel varón que se le apareció vestido de lino, y ceñido con un cinturón de oro? Otro tanto digo de los ángeles que en figura humana aparecieron a Lot, a Abraham y a Tobías. 

(4) Con un niño en los hombros. Molano y Solerio tienen por fábula el diálogo que se cuenta en la leyenda de oro, entre S. Cristóbal y el ermitaño que le exhortó a que pasase los caminantes por un río, con cuya ocasión mereció llevar sobre sus hombros a Cristo en figura de un niño pasajero.

Añade Molano que esta es una representación simbólica ad significandum quod sicut homine, sic et re fuerit verus Christophorus, sive Christiferus: y Vidas dice: Christophoro, infixum quod eum usque in corde gerebas. 

- Pictores Christum dant tibi ferre humeris.

Otros creen que este paso no fue por río, sino por el mar, lo que es de todo punto inverosímil: y el obispo Vidas atribuye a esta opinión el haber supuesto en S. Cristóbal la estatura gigantesca.

Quem gestans quoniam multa es perpessus amara 

Te pedibus faciunt ire per alta maris, 

Id quia non poteras nisi vasti corporis usu, 

Dant membra immanis, quanta gigantis erant. 

(5) Pretenden negar la existencia de este santo mártir. Chamiero (epist. jesuit. p. 46), Stigelio (carm. de S. Christoph.), y Chytreo (in onom.) y otros sectarios tienen por fábula, no sólo cuanto se refiere de la vida y martirio de S. Cristóbal, sino también de la existencia del santo, dando por cierto que la ignorancia del pueblo y la desidia de los pastores ha dado lugar a que este, que ellos llaman sagrado emblema, se transforme en imagen de un santo mártir, distinguido con el nombre de S. Cristóbal (Christophorus), con que debió significarse en alguna pintura jeroglífica un valeroso y esforzado predicador, o un intrépido confesor de la fe. A cuya sentencia parece haber inclinado Juan Pierio en sus jeroglíficos (lib. XV, in fin.)

Esta duda de la existencia de S. Cristóbal es infundada y temeraria, constando por testimonios de muy remota antigüedad el culto de este santo mártir en la Iglesia de oriente y occidente. A pesar de esto, no podemos menos de confesar la gran variedad con que de su vida y martirio hablan los escritores antiguos y modernos. Los griegos, que hacen su fiesta a 9 de Mayo, dicen que fue bautizado por S. Babilas, el antioqueno, y que padeció en la persecución de Decio. Los antiguos martirologios geronimianos, Floro, Usuardo y Adón, y otros del siglo IX, ponen su fiesta a 25 de Julio en Lycia, otros en Sicilia, otros en Samón o Amón, Salmón o Salmos, que Adón y Usuardo dicen pertenecer a Lycia, y Tillemont llama ciudad desconocida, y por ventura es el famoso pueblo de Grecia, junto a la Calabria ulterior, que ahora llaman Creepacuore, o la isla de este nombre en el mar Egeo, vulgarmente llamada Samandrachi, o tal vez la otra isla de Samos enfrente de Efeso, en el mar Icario o de Nicaria, conocida con el título de Samos Junonia, por el culto que en ella se daba a Juno. Aun pone de peor condición esta controversia la credulidad de nuestro Bivar, que engañado por el supuesto cronicón de Máximo, y dando por cierto que el Samos de S. Cristóbal es lo mismo que Solima, dice, que del nombre de aquella ciudad se llamaron solimos sus moradores; cuyo sueño desvaneció Solerio con el testimonio de Homero y de Strabon (Estrabón) (act. ss. 25 Jul. diss. praev. laud. §. VII, núm. 78. 79). Mombricio, Pedro de Natalibus, Surio, Vicelio están muy discordes en los hechos de este santo mártir.

Tillemont, por unas actas MSS., que dice haber leído de nuestro santo, juzga que hay en ellas mezcla de fábulas. Bolando fue del mismo parecer. Solerio lo demuestra por el cotejo de grandes contradicciones que halló en los varios códices de ellas que pudo haber a la mano (diss. laud. §. 10. 11.), y Baronio añade que nada halló mejor sobre S. Cristóbal que lo que se lee en el oficio mozárabe. Pero esta corrupción de las actas de S. Cristóbal en nada perjudica a la verdad de su existencia. ¿Cuántas falsedades se han mezclado en las vidas, no diré de san Pantaleón, de S. Jorge, de santa Catarina, de santa Margarita, de santa Cristina y de otros santos de los primeros tiempos; sino aun de S. Isidoro y de sus santos hermanos, y aun de S. Vicente Ferrer? Serario dejó sólidamente establecida esta verdad. 

Belarmino, tratando este punto (de ss. beatitudine lib. I, cap. 20.) contra los herejes, dice: sanctorum quorundam historias apocryphas quidem et incertas esse, non tamen propterea sanctos ipsos numquam fuisse. 

La estatura gigantesca de S. Cristóbal nada tiene de inverosímil, si damos por cosa sentada, como lo es, la existencia de los gigantes antiguos, y aun de personas de extremada altura entre gentes de estatura regular. La estatura agigantada de Og, rey de Basan, puede colegirse de su cama, que tenía nueve codos de largo, como está escrito en el Deuteronomio. Solus quippe Og rex Basan resisterat, de stirpe gigantum. Monstratur lectus ejus ferreus qui est in Rabbath filiorum Ammon, novem cubitos habens longitudinis, et quatuor latitudinis, ad mensuram cubiti virilis manus (Deuter. III. II). San Agustín (de civ. Dei lib. XV. cap. 9) dice: antiquorum magnitudinis corporum, inventa plerumque ossa, quoniam diuturna sunt, etiam multò posterioribus saeculis produnt. 

(Aquí me viene a la memoria San Balandrán, y el gigante de la película vasca Handia, además del valle de Baztán : rey Og de Basan)

El mismo santo doctor (ib. cap. XXIII.) dice que en Roma poco antes de la invasión de los godos hubo una mujer corpore quodam modo giganteo... ad quam visendam mirabiles fierent mortalium conventus. 

Nicéforo (hist. eccl. lib. XXIV. cap. 37.) cuenta que en el imperio de Teodosio nació en la Siria un gigante que tenía de alto cinco codos y un palmo, y que se llamaba Antonio: y que en su tiempo vivió, y que también le vio, un hombre de semejante estatura. Y esto sin retroceder a Heródoto (lib. I), que del cadáver de Orestes dice que tenía siete codos: ni a Plinio (hist. nat. lib. VII. cap. 16), que asegura que en Creta se halló otro cadáver de 46 codos; y que en el imperio de Claudio se trajo de Arabia otros de más de cuatro brazas; ni a Julio Salino (polyhistor. c. V. et XIV), y Apolonio Tyaneo (ap. Philostrat. lib. V), que aseguran haberse hallado otros tales cadáveres en varios sepulcros.

Gerónimo Magio (diss. de gigantib.), dice: Melchior Guilandinus Borussus.... mihi narravit se, cùm anno à Christo nato 1559 in Africam captivus esset perductus, Juliae Caesareae calvariam gigantis mirae magnitudinis vidisse, quam hispani duo identidem captivi, dum aratro terram prosciderent, exarassent... Hujus autem calvariae ambitum spithamarum fuisse undecim idem retulit, seque ab hispanis illis, cum mox diligentius de re percunctaretur, audivisse eodem loco, quo calvaria illa reperta esset, reliqua etiam cadaveris ossa mirae, ut symmetriae ratio exposcebat, magnitudinis superfuisse. Y poco después. Venetiis in cruciferorum ecclesiam asservatur os femoris divi Christophori, licet parte ex altera comminutum, tantae magnitudinis, ut eorum quae de viri hujus proceritate legimus, fides visu adstrui possit. Y luego. Nostram etiam aetate Paulum III pont. max. ossa quaedam humana monstrosae magnitudinis habuisse, non obscurae fidei aulici mihi narrarunt. Pero aún esta estatura de S. Cristóbal y las demás 

circunstancias con que se le pinta, no había inconveniente en que las tuviésemos por simbólicas, para denotar la alteza y fortaleza de espíritu con que este santo varón llevó a Cristo en su cuerpo por entre las aguas de las tribulaciones y calamidades presentes, como lo notó Vidas en su himno.

A Jesucristo mismo es muy común en el lenguaje de los PP. y DD. llamarle gigante, tomando este nombre de la comparación simbólica de David, exultavit ut gigas, para significar la fortaleza de su omnipotencia en la protección y salvación de los suyos, en cuyo sentido le llama un himno antiguo suae gigas ecclesiae (ap. Clyctoveum elucid. p. I. in hymn. Fit porta), o para denotar la unión de las dos naturalezas en la persona del Verbo. Así le llama S. Ambrosio gigantem.... biformis geminaeque naturae, cuya autoridad alega el sínodo de Francfort, recordando a los obispos de España un himno de la natividad del Señor, en que aquel padre vuelve a llamar a Cristo: geminae gigas substantiae (V. Teophil. Rayn. de Christo lib. I. n. 13. seq.) De esta especie de símbolos, respecto de los santos, quedan aún mayores vestigios en la antigüedad eclesiástica, no ya en los escritos, sino en estatuas y pinturas: tal es, por ejemplo, la imagen del dragón hollado y alanceado, y arrojado al mar por Constantino y sus tropas, que dice haber visto por sus ojos Eusebio Cesariense (de vitam Constant. lib. III. cap. 3). Símbolo del triunfo que con su conversión consiguió él de satanás, llamado serpiente y basilisco y dragón en la divina Escritura. Tal es el otro cuadro dado por una persona desconocida a Senodo, subdiácono de la iglesia de Uzala, en que estaba pintado S. Esteban en ademán de llamar a la puerta de la ciudad con el ástil de la santa cruz, y de arrojar de ella y de oprimir debajo de sus pies un dragón de fuego, que el día anterior se había visto en el aire (Evod. episc. Uzal. de miraculis S. Stephani libro II. c. 4). 

Semejante a estas es la pintura de S. Jorge a caballo, alanceando a un dragón, y librando de sus garras a una humilde doncella; símbolo que no perjudicando en nada a la verdad de la existencia de este santo mártir, como dicen Serario (litan. lib. III. q. 20), y Teophilo Raynaudo (simbol. antonian. §. I.) contra Lutero, Melanton y otros herejes, denota su patrocinio respecto de alguna región que le implora, como juzga Baronio (martyr. 23 April.), o la defensa que presta la Iglesia contra el dragón infernal, que es la opinión de Villavicencio (de ratione stud. theol. c. VII).

Otro tanto debe decirse de la pintura del arcángel san Miguel pisando un dragón con espada desenvainada en la mano derecha, y un peso en la izquierda, cuyos símbolos, conformes a la verdad de la religión, explicó Teophilo Raynaudo (de Christo lib. V. sect. 4. c. 7. et symbol. anton. §. I. n. 4.), desvaneciendo los recelos de Molano (hist. imag. lib. III. c. 39), y la equivocación con que nuestro Blas Viegas (in Apocalyps. c. XII. comm. I. sect. XVIII. n. 7.) colige de esta pintura que S. Miguel ejerce el juicio particular. Tal es la pintura de un león en los cuadros de san Gerónimo, bien sea para denotar su amor a la soledad, como juzgan Molano (de imagin. lib. III. cap. 42) y Petreyo (ad cronic. carthusiens. Dorlandi lib. III. §. 5), o su generoso esfuerzo e intrepidez contra los luciferianos, pelagianos y otros herejes, como juzga Baronio (annal. ad an. 420). Otro tanto puede decirse del fuego y del puerco que suelen añadirse en los cuadros de S. Antonio abad, denotando el puerco sus victorias contra el demonio, atestiguadas por S. Atanasio; y el fuego su fervor en la práctica de las virtudes, o su experimentado patrocinio contra la enfermedad del fuego sacro, llamada después vulgarmente fuego de S. Antón, y más conocida con el nombre griego herpes, o contra la llama de la lujuria, como cree Gerson (p. IV. serm. de S. Anton. consid. 3), o contra los ardores del infierno, que es la sentencia de santo Tomás (in 4. dist. 45. que. 3. art. 2. ad 2); bien que aun esto lo entiende Raynaudo de la erupción cutánea de las herpes, a la cual en un himno de S. Antonio se la llama infernalis herpes, y contra cuyo estrago, que en algunos reinos de Europa fue horrible, especialmente en los siglos XI y XII, invocó la Iglesia la intercesión de este santo abad, diciéndole en una de sus oraciones: Deus, qui concedis obtentu beati Antonii morbidum ignem extingui, et membris aegris refrigeria praestari.

Por estas muestras se ve que estando autorizada por la Iglesia la práctica, no sólo de mostrar con expresiones simbólicas las virtudes de los santos, sino de adornar con símbolos y jeroglíficos sus mismas imágenes; no fuera extraño que hubiera seguido esta costumbre en las estatuas y cuadros de S. Cristóbal. A pesar de estas tan sólidas reflexiones intentó Serario probar que sin este recurso a los símbolos usados por la antigüedad eclesiástica, puede darse por cierta la estatura agigantada de S. Cristóbal, en lo cual apenas hay quien le siga. Imposible no es, ni aun inverosímil; pero no es cosa averiguada. Nuestro Interián de Ayala establece sólidamente esta exposición simbólica de la supuesta estatura de S. Cristóbal, y alega unos versos latinos de la catedral de Sevilla, escritos en el siglo XVI, por donde se ve que esta era opinión recibida en España (pict. christ. lib. VII. cap. 2). 

catedral de Sevilla

domingo, 15 de mayo de 2022

CARTA 9. Imposición de la penitencia canónica. Bendición de los Ramos, etc.

CARTA 9. 

Imposición de la penitencia canónica. Bendición de los ramos. Origen de los monumentos. Otros ritos singulares del Jueves Viernes y Sábado santo. Reclusión de las mujeres públicas en la semana santa. Ceremonia actual en la vigilia de la Ascensión y otra ya abolida en el día de Pentecostés. 

Mi querido hermano: No sé si en lo venidero podré satisfacer el deseo que muestras de que mis cartas sean más frecuentes. Aun con la dilación de que te quejas me veo precisado a no extenderme en ellas, contando siempre con dejar algo para los correos siguientes. Harto es esto para quien pasa el día en el penoso escrutinio de códices viejos. Muchos de ellos, escritos en el siglo XV (1), conservan aún la imposición de la penitencia pública, en la feria IV Cinerum, con un rito harto parecido al del pontifical romano (par. III.); pero con esta diferencia, entre otras, que los penitentes no eran arrojados de la Iglesia hasta después de haber asistido a la misa en las gradas del altar mayor a la parte exterior de las rejas. No se halla mención de los grados de penitencia; pero la prolijidad en señalar las circunstancias locales de esta ceremonia, muestra que su uso no quedaba al arbitrio de los obispos, sino que se practicaba en aquellos tiempos, conforme a lo mandado en los cánones. Corresponde a esta ceremonia la reconciliación de los mismos penitentes en la feria V in coena Domini.

Están también conformes todos los códices en el rito del Domingo de Ramos, que verás en la semana santa que posees de esta Iglesia impresa en 1494, es a saber, que (2) en ninguna parroquia se bendigan los ramos antes que en la Iglesia catedral; y que en esta no se diga otra misa sino la mayor, a fin de que todos, así eclesiásticos como legos, concurran a esta solemnidad. De lo primero queda todavía algún vestigio, concurriendo los cleros de las parroquias a esta bendición de ramos. La cual, hasta muy pocos años ha, se hacía fuera de la Iglesia en la plaza dicha de la Seo, donde también se predicaba el sermón, que aún hoy llaman de la Palma. Igualmente se ha abolido la rúbrica que mandan aquellos códices, de que al llegar la procesión a la puerta de la Iglesia, (3) cuatro niños, puestos en el campanario o atrio de la iglesia, cantasen los vv. Gloria laus etc. Aunque de estas variantes y otras muy singulares en las ceremonias y preces de esta función se hablará en nuestra obra. En todas las ferias de Cuaresma hasta la Dom. in Passione no hay otro tracto que el Dne. non secundum peccata etc. repartidos sus tres versículos según el orden de las ferias. También es digna de atención la ceremonia establecida en algunos de estos misales para guardar el cuerpo del Señor desde el jueves santo hasta el día siguiente. Mandan que sea llevado in sacrarium, y alguno para quitar la duda dice, in sacristiam, por manos de un diácono o subdiácono, quedando el celebrante, aunque no sea el Obispo, en el altar. El misal de 1509 todavía supone que se guardaba in sacrario: mas como la semana santa citada, ya dice que sia reservat lo corpus Domini en lo sacrari, ó casa que aparellat hauran; podemos conjeturar que el uso de los altares adornados, que llaman monumentos, para depositar en ellos la sagrada Eucaristía, se hallaba ya introducido y autorizado en esta iglesia a fines del siglo XV.

Aún a mediados del mismo, a saber, en 1459, consta por el Diario tantas veces citado, que el Rey D. Juan II y su mujer Doña Juana visitaron cada uno de por sí las iglesias de esta ciudad en la noche del jueves santo. Y en el año 1469, hablando del jubileo concedido a la catedral para la fiesta de la Asunción de nuestra Señora, dice que el Papa concedió la misma gracia para el jueves santo desde la hora de poner el Señor en el monumento hasta el día de Pascua (a). Por donde se ve que el uso de los monumentos no es aquí tan reciente, como algunos creen. 

(a) Las palabras originales del Diario son las siguientes: "en lany 1459 lo Digous Sant en la nit lo Senyor Rey e Senyora Reyna cercaren les Eglesies cascu per sí; e encontrárense en Sent Joan del Mercat. E lo dit Senyor e Senyora estagueren parlant huna estona (un breve rato) ab molt gran amor.”... “Lany 1469 lo Papa a atorgat la dita perdonança a la Seu del Digous Sant, posat lo corpus en lo moniment fins lo dia de Pascua.” 

Por otra parte no ha faltado quien haya querido persuadirme que es anterior la época de este rito, asegurando que en un consejo de esta ciudad de 17 de Marzo de 1385, se permite que salgan a visitar los monumentos las malas mujeres encerradas toda la semana santa en la casa que llamaban de las Arrepentidas. Desconfiando yo de este hecho (4) busqué el documento original cuya copia incluyo, donde sólo se manda que las malas mujeres el martes santo sean recogidas y encerradas en la casa de la penitencia, donde permanezcan hasta la tarde del sábado próximo, señalándoles para su sustento diario veinte y cuatro maravedís. Ni en ese año ni en los siguientes hay memoria de la supuesta visita de monumentos; sólo constan las deliberaciones anuales para socorrerlas con dicha limosna.

En esta Metropolitana, en las parroquias de la ciudad y aun en algunos monasterios es ahora tan suntuoso el aparato de estos altares u oratorios, que no parece sino que el clero y el pueblo se han propuesto con santa emulación desagraviar al Señor de las injurias que recibió de los judíos y de los herejes de los últimos siglos. Mucho pudo influir en este buen espíritu el ejemplo del santo patriarca Juan de Ribera, devotísimo del augusto Sacramento del altar. El misal de 1509 manda que en las tres primeras ferias de la semana santa se diga la misa con ornamentos negros, y también en el jueves santo, cuando en ella no se consagra el crisma: circunstancia que hacía igualmente omitir Gloria, Credo e Ite missa est. Un códice de principios del siglo XV previene que en el viernes santo se use de ornamentos blancos, y que después de la adoración de la Cruz y de haber mostrado al pueblo la santa espina, se tomen negros. El citado misal de 1509, sin hacer mención de la espina, manda que se vistan entonces ornamentos blancos: calla igualmente la elevación de la hostia. En ambos días se decían las vísperas dentro de la misa: y en solo el jueves santo se bendecía el fuego.

Aún más entrado el siglo XVI proseguía esta que ahora nos parece extravagancia. El ordinario de 1527, y el misal de 1528 mandan que en el sábado santo todos los asistentes al altar vistan ornamentos negros hasta concluida la letanía y bendición de la fuente bautismal, y que antes de comenzar la misa induant vestes solemnes. Exceptúan de esta regla al diácono que canta la Angélica, el cual desde el principio va con dalmática blanca. En la bendición del cirio pascual se halla la comparación de María santísima con la abeja; cuando después de las palabras: apis mater eduxit, añaden: ò vere beata et mirabilis apis, cujus nec sexum masculi violant, foetus non cassant, nec filii destruunt castitatem! Sic sancta concepit virgo Maria, virgo peperit, et virgo permansit. Y esto es común en todos los códices, como creo que lo fue en toda España hasta la corrección de San Pío V. Los maitines de Resurrección se decían antes a las dos y media de la mañana, y comenzaban por el R. Christus resurgens etc. Fr. Guillermo Anglés en el tratado de Expositione missae, que se conserva MS. en el archivo de esta santa iglesia, dice que (5) a principios del siglo XIV había en algunas partes la costumbre de decirse la misa de este día a media noche, como la de Navidad. Desde Pascua hasta la Trinidad no tenían los maitines sino un solo nocturno. En la misa de la vigilia de la Ascensión del Señor conserva esta Iglesia una costumbre antigua, cuyo origen no he podido averiguar. Pónese un barreño con agua al lado derecho del crucero, y juntamente una espuerta llena de silbatos de caña para distribuir a los niños que acuden como a son de campana. El sonido de estos sencillos instrumentos llenos de agua remeda el canto de los pájaros, cuya alegría en día de tanto gozo para todo el mundo, parece que quisieron recordar los autores de este uso. Permanecen los niños tocando sus silbatos todo el tiempo que dura la misa, y no más. Tampoco he podido hallar el origen de otra ceremonia usada ya en esta iglesia los días de Pentecostés a mediados del siglo XIV. Para representar la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles (6), bajaban a la hora de misa y de vísperas una paloma en una máquina, al mismo tiempo que el pueblo arrojaba truenos con ballestas, que bien sería alguna cosa parecida a nuestros cohetes. El obispo D. Vidal de Blanes, que lo fue desde el año 1356 hasta el de 1368 (7), prohibió los dichos truenos por el daño que acarreaban al cimborio. Mas, o sea que no fuese obedecido en esta parte, o que con otros fuegos artificiales acompañasen esta ceremonia que se hacía en el presbiterio o cerca de él, lo cierto es que en el año 1469, pegándose algunas chispas al marco o adorno del altar mayor que era ya entonces de plata, se derritió todo con el voraz incendio, que no pudo atajarse (a). 

(a) Da cuenta de este suceso el Diario MS. del capellán de D. Alonso V, por estas palabras: "Diu menge a XXI de Maig dia de Pascua de cinquagesima (Pentecostés) any 1469 lo dit dia fonch feta palometa en la Seu de Valencia; e en la nit a XI hores se mes fosch (foch, foc; fuego) en laltar major de la dita Seu, hon se cremá tot lo retaule que era de argent.” 

Esto es: "el domingo 21 de Mayo día de Pascua de Pentecostés del año 1469 se hizo la ceremonia de la paloma en la Catedral de Valencia; y a las once de la noche se prendió fuego en el altar mayor de la dicha Catedral, de donde resultó quemarse todo el retablo que era de plata.” 

Acaso tan costosa experiencia hizo abandonar esta devota representación, de la cual extraño no haber hallado algún vestigio en los códices del siglo XV. Loables ingenios de la piedad para dejar más impresa en los ánimos la memoria de los sagrados misterios. Nada perdió de su reputación el ilustrado siglo XVI por haber conservado y recomendado la ceremonia de soltar el celebrante en esta misma fiesta dos palomas al entonar el coro el v. de la Alleluia; de lo cual veremos a su tiempo algunas muestras en la Iglesia de España. Tú conoces mejor que yo la sabia prudencia de la Esposa de Jesucristo en esto y en todo. A Dios. Valencia 13 de Diciembre de 1802. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Conservan aún la imposición de la penitencia pública en la feria IV Cinerum. Es gran recomendación, así de esta Diócesis, como de otras de nuestra Península el fervor con que en el siglo XIV conservaban la práctica de la penitencia pública, amortiguada y casi de todo punto abolida en otras de Europa desde principios del siglo VIII. De la decadencia de la disciplina en este punto hablaba ya Roberto de Flamesburg, que murió siendo penitenciario de la de París y canónigo de S. Víctor el año 1224 (Poenitencial. p. V.); el cual después de haber dado exacta razón del método que guardaba él en la administración de la penitencia, y recomendado como sabio y piadoso las penas canónicas, doliéndose ya de la tibieza y frialdad de los penitentes, para aviso de los confesores prosigue diciendo: vix aliquem invenies qui suprascriptas, quia graves sunt et austerae, suscipiat poenitentias. Tu igitur paulatim, et paulatim eas mitigabis, ut aliquam habeat poenitens poenitentiam. Y luego añade: sanum igitur mihi videtur consilium, ut quantumcumque potes, poenitentem inducas, ut canonicam et autenticam suscipiat poenitentiam, et sic tibi, et ei bene erit. Quod si obtinere non poteris, dicas ei: frater, oportet te vel in hac vita puniri vel in purgatorio... Elige igitur tibi vel in hac vita sufficienter secundum poenitentias canonicas vel autenticas puniri, vel purgatorium acceptare. Quod si elegerit poenitens, ad petitionem ejus, et libitum et arbitrium tuum poteris canonicas mitigare poenitentias. Por el mismo tiempo, esto es, hacia los años 1215 escribió también su penitencial Pedro Pictaviense, por donde consta cuan decaído estaba ya el fervor de la penitencia respecto de los antiguos cánones, quedando su imposición al juicio de los confesores; porque dice (Poenit. fol. 3.): pro hujusmodi peccatis contra naturam... et pro adulteriis, et incestibus, et consimilibus solent injungi jejunia in pane et aqua, secundum tempus quo moratus est in peccato, et secundum alias circunstantias, vel compenset. Pro simplici fornicatione simplicia jejunia, nisi personae vel alia circunstantiae occurrant, et etiam cum ovis ei casseis. Y luego: cetera remedia, imò omnia pendent ex discretione confessorum, Y más adelante (fol. 9.): sicut moderni physici temperant antiquarum violentiam potionum; sic et nos plerumque antiquorum rigorem canonum poenitentialium; quia non possumus sustinere censuram illius temporis, quando et corpora et merita defecerunt. Tunc enim in amore Christi ferventiores erant fideles, quando recens erat corpus Christi. Ideoque et valebant et volebant, non patienter solum, sed et libenter pro Christo custodire vias duras.

Aún es más claro, si cabe, y más breve sobre este punto el testimonio de Guillermo el Obispo de París, que murió hacia la mitad del siglo XIII (lib. de Poenit. cap. penult.). Estas son sus palabras: facta autem confessione ad integrum poenitentiae arbitrariae erunt. Y en otra parte dice: cum in arbitrio confessoris et voluntate poenitentialem satisfactionem positam esse dicamus, dicimus consequenter quod in bona fide ipsius hoc positum est.

Llegó ya desde entonces a hacerse tan general esta persuasión de la arbitrariedad de las penitencias, que vino a ser axioma entre casi todos los confesores, como dice Alexandro de Hales (Summ. p, IV. q. 21. membr. 3. art. I.); quidam dicunt et ferè omnes confessores, quod omnes poenitentiae sunt arbitrariae, idest, in voluntate sacerdotis; et potest dare plus vel minus, pro voluntate suam, nec peccat: et hoc ex vi clavium. 

Esta opinión y el abuso que de ella se había hecho parece haber intentado moderar nuestro San Raymundo (Summ. lib. III, cap. de Poenit. et remiss.) coetáneo de Guillermo Parisiense, explicando la verdadera inteligencia que debe darse a la expresión in arbitrio confessoris. Nec debes, sacerdos, dice, à forma praedicta (poenitentialium canonum) recedere nisi propter causam. Et in hoc consistit ejus arbitrium, scilicet, pro qua vel pro quibus circumstantiis, et quantum et quando possit augeri vel minui poena canonica. (V. Morin. de Administ. Sacr. Poen. lib. X. c. 23. seq.) 

Estas palabras de S. Raymundo eran entonces como la voz común de la iglesia de España, cuyos sínodos y prelados en aquel siglo y en los siguientes, han clamado por la restauración de los cánones penitenciales, no en el sentido de la proposición de Pedro de Osma justamente condenada por Sixto IV: non peractam poenitentiam confitentes absolvi non debere; sino conforme al espíritu de la santa Iglesia, declarado en las palabras del concilio III de Toledo: secundum formam canonum antiquorum dentur poenitentiae, como lo demuestra el cardenal de Aguirre en su disertación sobre los cánones XI y XII del dicho concilio (excurs. II. n. 166. seq.), y que fue la práctica tan recomendada por S. Francisco Xavier (Turselin. vit. S. Franc. Xav. lib. VI. cap. 17.), y Santo Tomás de Villanueva (Serm. in fer. VI. post Dom. IV. Quadr.). De donde nació que en España se haya tenido por tan necesario al clero el estudio de estos cánones penitenciales, que llegó a decir uno de los obispos de Ciudad Rodrigo, anteriores al concilio de Trento (Andr. Hisp. Episc. Civit. mod. confit. edit. Argentinae 1508): qui canones poenitenciales ignorat, vix meretur dici sacerdos; siendo una de las glorias de nuestra Iglesia la parte que tuvo el celo de sus obispos en aquel solemne mandato de este santo concilio (Sess. XXV. decr. de ref.): sciant universi sacratissimos canones, exactè ab omnibus, et quoad ejus fieri poterit, indistinctè observandos. Merecen leerse también las reflexiones del cardenal de Aguirre sobre la deposición de Potamio, obispo de Braga, por el X concilio de Toledo, y sobre lo mandado por el XI en el capítulo IV (de disciplina antigua eccl. speciatim Hispaniae... circa lapsos in peccatum carnis, excurs. XII. seq.) 

(2) Que en ninguna parroquia se bendigan los ramos antes que en la Iglesia catedral. La rúbrica conforme está en la semana santa que poseo de 1494, intitulada Hores de la semana santa segons lo us del archibisbat de Valencia (Horas de la semana santa conforme a la práctica del arzobispado de Valencia), dice así, p. XXXI. b. en lo diumenge de rams en la sglesia cathedral nos diga altra missa sino tan solament la misa maior. E per les sglesies parrochials nos fasa la benedictio del rams fins atant que en la sglesia cathedral de aquells hajen fet la benedictio: a fi que axi ecclesiastichs com lechs sien a la proceso general, e al sermo del reverent Bisbe. Esto es: 

"el domingo de Ramos no se diga en la Iglesia catedral otra misa sino la mayor. Y en las iglesias parroquia les no se haga la bendición de los ramos hasta que se haya concluido en la catedral; para que así los eclesiásticos como los seglares asistan a la procesión general y al sermón del reverendo Obispo.” Los códices Valentinos de principio de este siglo XV previenen que la bendición de los ramos se haga sólo en la catedral, y por ningún caso en las parroquias; cuya práctica observaban otras diócesis de Occidente desde el siglo IX, en que Teodulfo, el obispo de Orleans, compuso el himno Gloria, laus et honor: pues en las estrofas de él, que hoy no se cantan, porque pertenecían sólo a la ciudad de Angers, donde se compuso, describe aquel prelado la magnífica procesión que hacían con los ramos benditos todas las parroquias y monasterios, y varias personas seculares yendo a la catedral, (V. Grancol. comm. sur le Brev. rom. part. II. c. 53.) 

Otra cosa muy señalada previene esta rúbrica acerca de la bendición de los ramos: sia feta la benedictio dels rams per lo Bisbe ò per lo sacerdot girada la cara al orient, è tenint tostems la ma stesa sobre lo poble (pág. XXXII. b. Esto es: "la bendición de los ramos hágala el obispo o el sacerdote vuelto el rostro hacia oriente, y teniendo entretanto la mano extendida sobre el pueblo.” 

(3). Cuatro niños puestos en el campanario o atrio de la Iglesia cantasen los vv. Gloria, laus &c. Este rito es tomado del misal mozárabe, donde se previene que al llegar la procesión de ramos ante januam veniae... pueri stent supra dictam portam, et cantent hunc versum &c. 

Aún después de introducido el rito romano se conservó en muchas diócesis de España, de donde pudieron haberle tomado otras de Europa, aunque con alguna variedad. El antiguo ritual de Turon dice: pueri de choro... 

ascendunt super muros portarum civitatis: et tunc clauduntur portae. Deinde incipit cantor: Gloria, laus. Respondent pueri: Israel es tu. 

El de Roven (Rouen): cum autem processio ad portam civitatis ornatam venerit, sex pueri turrim ascendant, et hos versus festive cantent Gloria, laus et honor &c.

Un misal MS. de la Iglesia de Saresbury (Salisbury), sufragánea de Cantorberi (Canterbury): septem pueri in loco eminentiori simul cantent v. Gloria, laus.

Basten estas muestras. Pudo haber dado origen a este rito la estrofa Coetus in excelsis te laudat &c.

(4) Busqué el documento original. En el volumen de deliberaciones del consejo general, entre varias del día 17 de Marzo de 1385, se lee lo siguiente: "è fò acordat è proveit concordantment en è per lo dit consell que en lo present any en la prop vinent sentmana sancta, ço es, lo dimarts per lo mati de aquella sentmana, les fembres pecadores publiques de la dita ciutat sien meses e encloses dins la casa de les dones de penitencia, e estien aqui tro al dissabte seguent en hora de vespres, et sien dats de la pecunia comuna de la dita ciutat per lo clavari d'aquella á cascuna de les dites fembres, et per cascun jorn que alli estaran, pera sa provisio XII diners.” Esto es: y fue unánimemente acordado y proveído en y por el dicho consejo que en el presente año en la próxima semana santa, a saber, el martes de ella por la mañana, las mujeres pecadoras públicas de la dicha ciudad sean puestas y encerradas en la casa de las mujeres de la penitencia, donde permanezcan hasta el sábado siguiente a la hora de vísperas: y que del tesoro común de la dicha ciudad se den por el mayordomo de ella a cada una de las dichas mujeres doce dineros para su manutención cada día de los que allí estuvieren. 

(5) A principios del siglo XIV había en algunas partes la costumbre de decirse la misa de este día (de Pascua) a media noche &c. Esta misa era probablemente la del sábado santo, que antes no se celebraba durante el día, como ni en Roma el viernes santo, para declarar la tristeza de la Iglesia (S. Braul. ep. XIV. Flor. t. XXX. p. 338): hoc biduo sacramenta non celebrantur, decía Inocenc. I (epist. ad Decent. Eugubin. Episc.) Desde fines del siglo XIV comenzó a anticiparse (consuetud. monast, Cassan. an. 1387.), por justas causas, que para ello ocurrieron. Del rito antiquísimo de celebrar esta misa del sábado por la noche queda aún vestigio en las expresiones que decimos en ella: hac potissimum nocte, hanc sacratissimam noctem. De su observancia en España, y de su origen hace memoria San Braulio (loc. laud.) diciendo: ipsam nocte eo usque celebrantur festa, quoadusque nox transeat media, qua hora et nos credimus resurrecturos, et Dominum vivos et mortuos judicatorum. De esto daremos a su tiempo varias pruebas tomadas de nuestros misales y rituales antiguos. 

(6) Bajaban... una paloma en una máquina &c. Por aquel mismo tiempo era rito común en varias Iglesias de occidente soltar palomas en la misa mayor al cantar la secuencia. Lucas cusentino añade también el rito de las lenguas de fuego, que eran pequeñas estopas encendidas: particulae subtilissimae stuppae succensae. De los truenos que acompañaban en Valencia a este rito, no he visto ejemplos en los editores de monumentos litúrgicos, mas no desconfío hallarlos en los códices de nuestras diócesis. 

(7) Prohibió los dichos truenos. La constitución del Obispo D. Vidal, en que manda que esta Ceremonia de la paloma sólo se haga en el primer día de Pentecostés con todas las circunstancias acostumbradas, a excepción de los truenos, se halla en la colección de Constituciones Valentinas, impresa en 1546 en folio. Dice así: 

Vitalis Episcopus, et capitulum.... ordinarunt quod amodo in festis Pentecostes non fiat repraesentatio emissionis Sancti Spiritus, nisi in primo festo bis, scilicet, horis missae, et vesperorum. Volentes quod horis eisdem quibus fiet repraesentatio supradicta, non fiant tonitrua cum ballistis; sed simpliciter fiat eadem repraesentatio cum universis circumstantiis suis, exceptis tonitruis, quae damnum non modicum inferunt çambario (cimborio) dictae Sedis. Alioquin si secus factum fuerit, Nos Episcopus supradictus, in laicos illos qui tonitrua facere attemptabunt, nunc pro tunc, et è contra in his scriptis excommunicationis sententiam promulgamus. Volentes nihilominus quod presbyteri seu clerici qui consenserint in praedictis, in poenam incidant, quavis vice, decem morabatinorum applicandorum operi dictae Sedis.

sábado, 14 de mayo de 2022

CARTA 5. Códices litúrgicos que se conservan en la Biblioteca de la santa Iglesia Metropolitana de Valencia.

CARTA 5. 

Códices litúrgicos que se conservan en la Biblioteca de la santa Iglesia Metropolitana de Valencia. 

Mi querido hermano: He comenzado estos días el examen de los códices litúrgicos que se conservan en esta santa Iglesia de Valencia, cuya razón voy a darte con la posible brevedad, pues lo he prometido. 

Primero hablaré de los que pertenecen a otras Iglesias, entre los cuales me han llamado la atención tres ejemplares de un misal inglés, todos en vitela, de diversos tamaños, escritos a fines del siglo XIII, o principios del XIV. 

Consta que son ingleses, no sólo por la multitud de Santos de aquella nación que celebra la mayor parte con octava, y por estar en la lengua de aquel país la fórmula de los esponsales; sino principalmente porque en un rasgo de la pluma del escritor al fin de uno de ellos, se lee que era de (1) Westminster (pone West-minster), acaso de la famosa y antiquísima Abadía de Benedictinos. Lo más notable que hay en ellos es la (2) secuencia para cada Domingo de Adviento: (3) cosa que sabes cuan rara es respecto de un tiempo en que por lo común cesa toda señal de alegría. Y aun echo de ver que estas son diferentes de los pocos ejemplares de esta excepción que cita Martene. (4) También tienen prosas para todas las fiestas de los Santos; y para que no falte a ninguna de ellas esta solemnidad, (5) las ponen en las misas comunes. A la oración secreta llaman secretum a diferencia de los nuestros antiguos, que unos la llaman sacra otros sacranda. En lo demás son harto conformes al romano. 

Hay también un misal escrito por un Bertrando Daynnier, loci de Flamnaco Dioecesis Ruthenensis (de Rodez) anno 1469. Otro también MS. en vitela en 4.° de la Iglesia de Roma, que fue del uso del Ven. D. Miguel Amigó, Presbítero valenciano: es de fines del siglo XV.

Item, Missale Ord. Minor. Venetiis edit. ab Octav. Scoto 1482 en 4.° 

Se halla también un breviario de la Iglesia de Cartagena MS. en 4.° en muy buen papel, pero diminuto. Carece de salterio: de los himnos sólo nota el primer verso, y de las lecciones la primera cláusula: pone en algunas fiestas dos añas, ad Magnificat: el Santoral comienza por la fiesta de S. Juan ante portam Latinam, y acaba con la de la Invención de la Cruz. La primera lección principia casi siempre por la del Martirologio. No se halla en él fiesta alguna posterior al siglo XII, ni aun de la del Corpus hace mención, sino por incidencia, hablando de los tiempos en que se debe decir el oficio de la Virgen. También parece favorecer mucho a la antigüedad de este códice la rúbrica del día de la Natividad del Señor, en la cual previene que las misas del gallo y de la aurora no se terminen con Ite missa est, sino con Benedicamus Domino; nè populus, dice, licenciatus ab Ecclesiam ad missam majorem non redeat. Palabras que manifiestan mucha proximidad al siglo XI, en el cual se escribió el libro intitulado Micrologus de observ. Eccles., en cuyo capítulo XXXIV hallo lo siguiente: Finitis nocturnalibus vigiliis, missa Dominus dixit ante matutinales laudes cum Benedicamus Domino, non cum Ite missa est completur, ne populo quasi licentiam abeundi infra matutinales laudes dedisse videamur, quas statim post missam, iterum concrepantibus signis, incipere solemus. Sin embargo, creo que este códice se escribió en el siglo XV, como lo manifiesta el carácter uniforme con las notas que puso algún curioso en las primeras y últimas hojas por los años 1460.

Vengamos ya a los códices propios de esta Iglesia, los cuales por lo general son del siglo XV, aunque alguno de ellos alcanza tal vez a los últimos años del XIV. Y es bien de admirar que entre tantos misales como se conservan, sólo haya quedado un breviario en folio MS. en vitela el año 1464, como consta de las tablas del cómputo eclesiástico. Otro ejemplar idéntico existe en la Iglesia parroquial de los Santos Juanes de esta ciudad, pero está escrito cuatro años antes. Contiene las constituciones sobre los oficios divinos, que el año 1408 formó el Obispo de esta Iglesia Don Hugo Lupia y Bagés con su Cabildo, las cuales envié el correo pasado. Aunque dejo para los siguientes la noticia de algunas costumbres de esta Iglesia, no puedo omitir hoy una cosa harto singular de este códice; y es, que en las principales festividades después del Resp. IX de maitines, pone una como prosa de seis u ocho versos, a la cual llama constantemente verbeta. Palabra usada también en algunas fiestas por un breviario del monasterio de Sixena (Sijena) que existe en la biblioteca de esta Universidad impreso en Zaragoza por Jorge Coci el año 1547; pero desconocida a los autores litúrgicos y gramáticos que he visto hasta ahora. Tal vez puede derivarse de los verbos verbicino, verbosor como si dijera: mucha, o nimia, o más alabanza. A no ser que la tengamos por lemosina en su origen, y alusiva en la significación a la voz verbet, con que los comerciantes de telas de seda de este país llaman a la tarjeta o papelillo cosido a las piezas de ropa donde apuntan su precio, varas &c. Esto (se) me ocurre ahora, no alcanzo más. De esta prosa no queda rastro alguno en los breviarios que se imprimieron; de los cuales, aunque se hicieron varias ediciones, no he hallado sino la de esta ciudad del año 1533. typis Francisci Romani; he visto de ella dos ejemplares en esta biblioteca de Santo Domingo, uno en 8.°, y otro en 12.° Coinciden en gran parte con el referido breviario MS., como también un diurno de esta Iglesia que se guarda en su archivo, y es de los principios de la imprenta, aunque carece de las primeras y últimas hojas. 

Aún a mediados del siglo XVI trabajó esta Iglesia en la reforma de su breviario, como se ve por el que dejaron MS. los eruditos valencianos Manfredo Escrivá, Gerónimo Carróz (Carroç), Luis Sabater, Tomás Real, Gerónimo Palomares, Sebastián Juan Pellicer y Miguel Sanz. Es digno de aprecio el celo y la prudencia con que estos sabios intentaron purificar los oficios eclesiásticos de ciertas nimiedades y pías representaciones antiguamente usadas, de las cuales no necesita la Iglesia para mostrar a sus hijos con todo decoro y majestad los misterios de nuestra santa Religión. No sé qué causas pudieron impedir la impresión de este códice, que se guarda en el mismo archivo, habiendo mediado tantos años desde 1544, en que le concluyeron, hasta la reforma de San Pío V. Los misales MS. de esta Iglesia son en mucho mayor número. Dos de ellos contienen únicamente las misas de las fiestas principales en que debía celebrar el Obispo. Los demás ofrecen variantes de alguna consideración, de que hablaré en los correos siguientes. En sus calendarios, que he copiado, anuncian la fiesta de S. Juan Chrisóstomo de este modo: San Joannis os auri, o aurei, Ep. et Mar. sin declinar jamás el dictado os auri, y dándole en todas las oraciones el dictado de mártir. Abundan en misas votivas y en secuencias, aunque en uno y en otro les exceden el impreso en Venecia, año 1492 fol., y mucho más el impreso allí mimo el 1509. Del primero hay dos ejemplares, uno de ellos en vitela, y nueve o diez del segundo. También se conserva otra edición de Zaragoza hecha por Coci año 1528. Otra reforma del misal emprendió esta Iglesia a mediados del siglo XVI, como se ve en el que dejaron en el archivo lleno de enmiendas, y con la añadidura de muchos prefacios propios, seis de los cuales son del Sr. D. Martín de Ayala.

Estos y otros misales prueban a mi juicio lo que algunas veces hemos hablado, que la mudanza de nuestra liturgia en el siglo XI se limitó al canon y al orden de las preces antes y después de él; mas no alteró la substancia de las oraciones que se conservaron en gran parte como en el mozárabe (pone muzárabe). Tales son las que prescriben estos códices a los Sacerdotes para vestir los ornamentos sagrados: la bendición del pan al tiempo de la oferta (ofrenda) del pueblo: la bendición in unitate Sancti Spiritus, benedicat vos Pater et Filius: la oración Aperi Domine, os meum antes del Te igitur; y otras muchas, que por lo que se halla en los códices anteriores, se ve que las conservó la tradición de los tiempos antiguos. 

No sé si merecerá toda la atención que yo creo la figura de la casulla, con que en varias letras iniciales del misal de 1509, se dibujó vestido el Sacerdote en ademán de celebrar el incruento sacrificio. Es cerrada enteramente, y doblada sobre los brazos, en todo igual a la planeta antigua. Tal vez pudiera conjeturarse que este era el uso de esta Iglesia por aquel tiempo; pero yo más bien diré que los impresores venecianos quisieron expresar la costumbre de la suya. Como quiera, se echa de ver que en una o en otra parte duraba aún en el siglo XVI (6) la casulla talar redonda, sin otra cisura que la necesaria para la cabeza. Igual figura se observa en las no despreciables y bien conservadas miniaturas de un ceremonial de Obispos. Parece del siglo XIV, y no de esta Iglesia. Los Diáconos nunca se pintan sino con túnica talar blanca cerrada del todo, con mangas hasta la muñeca. Los Obispos con planeta, y la mitra mucho más abierta que ahora, y las dos cúspides más bajas, aunque no tanto como las que se ven en el sepulcro 

del IV (4°) Obispo de esta Iglesia D. Jasperto de Botonach, que murió en 1288. La corona de Ministros más parece de los monjes de ahora que del clero secular. Se conservan también en esta Iglesia tres libros de evangelios impresos en Valencia en 1520 por Jorge Costilla, Cordobés. Otros tres de epístolas MSS. del siglo XV, y varios misales hasta el número de veinte y cinco a treinta. Hallé también un tomito en 4.° impreso en Valencia por Juan Jofre en 1529 intitulado: Forma calendarii, con tablas para un calendario perpetuo, y varias reglas para los cómputos &c. del uso de los Religiosos menores de San Francisco de la provincia de Aragón; y otro breviario en 4.° MS. en vitela del siglo XV para uso de la misma Orden. 

Se me olvidaba dar noticia de un collectario, o como llaman capitula, MS. en 8.° del mismo tiempo, en el cual se hallan algunas antiguallas. Entre otras la Benedictio sagittarum (saetas, flechas), para preservar a los que las lleven consigo de heridas de todas clases, y la Oratio pro declaratione Regis Aragonum. Juzgo que fue del uso de algún convento de Religiosos de nuestra Señora de la Merced o de los Trinitarios por las oraciones y preces que hay en las primeras y últimas hojas pro fratribus redeuntibus à redemptione captivorum, y también in captivorum advenientium receptione. 

Marcha el correo, y no puedo concluir hoy esta descripción. Algo queda para el siguiente. Dios te guarde. Valencia 20 de Noviembre de 1802. 


NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Westminster... famosa y antiquísima Abadía de Benedictinos. Este insigne monasterio no fue fundado en el primer siglo de la Iglesia por S. Pedro Apóstol, cuya invocación tiene, como aseguran algunos escritores ingleses de estos últimos siglos, sino en el VII por el monje Melito, que después fue Obispo de Londres, y adelante Arzobispo de Canterbury (pone Cantorbery), con el auxilio del Rey Sebertho, a ejemplo, y tal vez a instancia de S. Agustín el Apóstol de Hibernia, como juzga Mabillon. Tomó el nombre de Westminster de la situación occidental (west, oeste), donde se edificó, para que correspondiese a la Iglesia Catedral de S. Pablo, poco antes edificada al oriente de Londres por el Rey Ethelberto.

Deteriorada esta casa por la injuria del tiempo, hacia la mitad del siglo XI la restableció y reedificó magníficamente en diez y seis años el santo Rey Eduardo (Mabil. Annal. Bened. ad ann. 1049. t. IV. p. j510.) En su Iglesia fueron sepultados este santo Rey y su esposa Etgith, desde cuyo tiempo, en que Guillermo su sucesor le concedió también muchas posesiones, o acaso desde el reinado de Enrique III (pone Henrique, Henry), que la reedificó a principios del siglo XIII al estilo gótico, se destinó para sepultura de la Casa Real, con cuyo motivo hizo en ella Enrique VII un rico panteón para sí y sus sucesores. Del deplorable estado de este templo después de las turbaciones religiosas de aquel reino habla Ponz en su Viaje fuera de España (t. II. pág. 10 y sig.) De los célebres escritores que florecieron en este monasterio desde su fundación, y de otros señalados servicios que a sus monjes debió la religión antes de Enrique VIII, tratan S. Anselmo en sus cartas (lib. I. Ep. XIII. XVI. XXXVI.), Userio en las Antigüedades británicas (p. 128.), y Mabillon en los Anales Benedictinos (t. III. p. 546. y t. V. p. 434. 435.) 

(a) Secuencia para cada Domingo de Adviento. Para muestra de estas secuencias pondremos solo la de la Dominica IV de Adviento, que dice así: 

Jubilemus omnes unà

Deo nostro qui creavit omnia,

Per quem cuncta condita sunt saecula: 

Caelum quoque plurima luce coruscat, et diversa sunt sidera

Sol mundi stema, noctium decus luna, caeteraque splendentia,

Mare, solum, alta, planaque, profunda flumina, 

Aeris alta spatia quò discurrunt aves, venti, atque pluvia, 

Haec simul cuncta tibi soli Deo Patri militant, 

Nunc et in aevum sine fine per saecula laus eorum tua gloria. 

Qui pro salute nostra prolem unicam 

Patri in terra missisti sine culpa ob nostra delicta. 

Te Trinitas, precamur, ut corpora et corda nostra 

Regas et protegas, et dones peccatorum veniam. 


(3) Cosa... rara respecto de un tiempo en que por lo común cesa toda señal de alegría. No es extraño que en los misales haya secuencias para cada Domingo de Adviento. Hállanse también ejemplares de esto en nuestros misales antiguos. Porque durante el Adviento y lo demás del año, a excepción de los ayunos y de la Quaresma (Cuaresma), por antigua tradición se cantaba en España el Alleluia (aleluya), como dice S. Isidoro (de Div. offic. lib. I. c. III), al fin de la cual solía alargarse sin palabras ni sílabas el canto con el aliento o respiración prolongada, o voz sostenida, que eso quiere decir pneuma, sonus quidam laetitia sine verbis, como dice S. Agustín (in Ps. XCIX, n. 4.), que son las notas multiplicadas sobre la última a de Alleluia, por cuya causa en algunas Iglesias la llamaban balido (V. de Vert. Expl. des cerem. de l' Eglis. p. I c. IV. t. III. p. 107.) para manifestar el gozo del alma cuando alaba a Dios, y para elevarla a la contemplación de su gloria. Dum vero, decía Ruperto, psallimus Alleluia, jubilamus magis, quàm canimus, unamque brevem digni sermonis syllabam in plures pneumas protrahimus, ut jucundo auditu mens attonita repleatur, et rapiatur illuc ubi sancti exultant in gloria (Rupert. de Offic. div. lib. I. cap. XXXV.). 

Estas neumas o expresiones de júbilo, según advierte el orden romano, se llamaron secuencias, como si dijésemos, secuelas de la Alleluia: sequitur jubilatio, quam sequentiam vocant. A algunos les pareció mejor, dice Grancolas (les Ancien. liturg. pág. 507.), suprimidas las neumas, poner en vez del simple sonido algunos cánticos, especialmente en los días solemnes; lo cual dio ocasión a que se introdujesen en la liturgia en las grandes fiestas las prosas llamadas todavía secuencias porque se siguen al Alleluia. Costumbre que parece hallarse ya establecida en tiempo de Hugo de S. Víctor, que dice: Quando sequentia dicitur, posterius Alleluia non habet pneuma, sed chorus loco ejus sequentiam concinit. (de Myster. c. VII.) 

Estas palabras ligadas de esta suerte a la neuma, quiero decir, a las notas con que se cantaba el remate de la Alleluia, presto fueron divididas en estrofas o versículos. Y como desde la introducción de esta novedad se distribuyeron las palabras por notas, de modo que a cada nota correspondiese una sílaba, quedó después silábico el cántico de las prosas. Mas adelante, experimentándose cuan difícil era guardar esta perpetua sujeción a las notas del Alleluia, se tomó de ahí motivo para introducir en las prosas otros cantos, bajo distintas notas de las que servían para cantar el final o la secuencia del Alleluia. Por eso ya en el día en nada conviene el canto de las prosas con el del Alleluia, y aun algunas de ellas rematan con Alleluia (V. de Vert. loc. laud, p. 109).

En esto se ve también la razón por que recién introducido este rito, no se decía secuencia sino en las misas cantadas que tienen Alleluia, cuyo apéndice, por decirlo así, era la secuencia. Y así notó Durando que no debía decirse prosa cuando no se dice Alleluia, porque la prosa se sustituyó a la neuma. Por eso debió decir Maldonado en su tratado MS. de las ceremonias de la misa (ap. Lebrun. Cerem. de la Mis. p. II. art. VI.): 

"colligo curiositate privata aliquorum Sacerdotum fuisse additam prosam in missis, quae pro defunctis dicuntur: ut dicant Dies illa, dies irae. Quod fit extra rationem, et antiquos missales libros qui tantum habent sequentiam in diebus laetis.” Y así el misal dominicano hecho en Salamanca el año 1576 prohibió que se cante la prosa de la misa de los difuntos por ser contra rúbrica. Adelante no haciendo alto en la institución de las prosas, ni a que en su origen fueron como una continuación de la Alleluia; mas considerándolas como himnos o deprecaciones propias de la solemnidad y del oficio, y teniéndose por solemne la misa cantada de difuntos, se permitió que se cante en ella la secuencia; y así algunos misales no la mandaban decir en las misas rezadas. Ahora se dice indistintamente en todas las misas de difuntos. 

(4) También tiene prosas para todas las fiestas de los Santos. Pondremos de estas prosas una u otra muestra. 

Dominica infraoctava Nativitatis. 

Sequentia.

Christi hodierna celebremus natalitia: 

Caelica resonent clara camenas agmina,

Nunc regis celebrando gradulanter nuptias.

Lux nova jam terras illustrat veteres pellens tenebras,

Reserat superna gratia diu clausa palatia.

Faelix Mater et sola intacta Virgo et puerpera:

Cum jam Nato stas gravida cum viri sis cubilis nescia.

Omnis caterva nostra te rogat, Domina,

Solvas ut nostra cuncta peccaminum vincula Virgo sempiterna beata. 

Digna fuisti sola tollentem crimina 

Intra uteri claustra portare, qui gubernat omnia superna, infera. 

Hunc suam laudant facta, gaudentque bona qua vivunt super essentia. 

Nos humillima turba damus debita, poscentes ejus dementiam, 

Ut nostra praestans tempora nunc quieta, 

Det placidam frui vitam, utilia donando famulis munera; 

Ac inter nos discrimina saeva solvens post funera derelicta,  

Sedem ducat mortis ac malorum ignaram; 

Ubi ad dexteram Patris almam sedet, conregnat, aeternus per omnia, 

Potenter cuncta disponendo cum eo saecula praesentia, 

Beata justis donans omnibus praemia

Praeclara qua lux vere micat, quae est salus aeterna, et nostra gloria.


In festo S. Vincentii Martyris.

Sequentia. 


Stolam jucunditatis, Alleluia.

Induit hodie Dominus militem suum Vincentium 

Solito plaudat alacriùs concio laeta fidelium.

Hodie martyr insignis hostiam Deo placentem obtulit; 

Hodie tormentum ignis graviter examinatus pertulit. 

Animatus ad certamen monitu B. senis 

Gravissimis non refugit exhibere membra poenis. 

Ante ducem accersitur, et de rebus convenitur communis Ecclesiae. 

Sed non caedit blandimentis, emolitur aut tormentis ejus avaritia.

Illuditur Diaconus, dum sustinet martyr sanus poenarum angustias.

Dat minister charitatis, hostibus exuperatis, gratiarum copias. 

Furit igitur Praefectus, et paratus ardens lectus, 

insultantis viscera crates urit aspera. 

Sudat martyr in agone, spe mercedis et coronae, quae datur fidelibus pro Christo certantibus. 

De cujus victoria caeli gaudet curia. 

Quia vicit hodie ministros nequitiae. 

Ut hunc ergo per patronum consequamur vitae donum 

In illius die festo chorus noster laetus esto. 


(5) Pone prosas en las misas comunes. Notgero, o Notkero Balbulo, Abad de S. Gal, en el siglo IX, es el primero que compuso esta clase de prosas con aprobación de Nicolao I. Algunas de estas composiciones métricas y rítmicas de Notkero dio a luz Enrique Canisio en sus antiguas lecciones. Pero ninguna de estas obras aparece en los misales antiguos, así de Roma, como de otras Diócesis. Juan Francisco de Rubeis (dissert. de Sacr. Forojul. ritib. cap. V. §. IV.) impugna sólidamente la narración de algunas circunstancias que añadió a este hecho Ekkcardo en la vida de Notkero (cap. XVI.), publicada por Goldasto (Rer. Alamannicar. t. I.) A lo primero no las tenían sino las misas de las grandes solemnidades, luego se fueron multiplicando de suerte que las había propias en todas las misas. Adam de San Víctor compuso muchas en el siglo XII, las cuales equivocadamente atribuyó Cornelio Schultingio (Biblioth. eccl. t. I. p. II. cap. VI. et VII.) a los Papas Gelasio y Gregorio, como advierte el Cardenal Bona (de Reb. liturg. lib. II, c. VI.) 

Este mismo rito de poner secuencias en todas las fiestas de los Santos se nota en el misal de Aquileya, publicado el año 1517, y en otros MS., así de aquella Iglesia, como de la Forojuliense y Salisburgense (Salisbury), que vio Juan Francisco de Rubeis (V. diss. laud., V. et XIV.) 

Llamóse prosa en contraposición del himno, que es composición métrica, sujeta a cantidad (quantidad) y determinado número de pies: porque la prosa sólo está sujeta a la rima, y a un determinado número de sílabas, y aun hay prosas que no tienen rima ni medida de sílabas, como se ve en alguna de estas muestras del misal de Westminster. 

(6) La casulla talar redonda &c. No hallo repugnancia en afirmar esto de Valencia, puesto que en Roma en ese mismo tiempo estaban en uso las casullas de esta figura, como consta por algunas pinturas de Obispos, e imágenes sepulcrales de Sacerdotes (V. Krazer de Liturgiis, sect. III. art. VI. cap. V. n. 179). Tampoco es inverosímil que sucediese lo mismo en Venecia, donde además de la proximidad a la cabeza del orbe cristiano, acaso imitaron a los griegos, que aún hoy día conservan las casullas cerradas. 

La que usó Calixto III en la canonización de S. Vicente, y se guarda en esta Iglesia de Valencia, está cerrada hasta más abajo de los codos, rematando en punta las dos alas.