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domingo, 28 de julio de 2024

3. 10. De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro.

Capítul X.

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro.

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro. Virgen del Puch

Habíe sentit que los de Barbastro reedificaben o ampliaben la capella del Puch, y va aná cap allá a oferí lo seu pinsell si trataben de pintala. Y apenes va arribá, va tindre curiosidat de vore la fon de Matacroc y va eixí cap al riu. Be va está an aquella siudat en los estudians, y com no se separáen may pera aná ell a soles, ara va refé les seues antigues passes.

¡Cuán se va alegrá de vore aquella fon y aquelles grades aon va passá la nit, y se va minjá lo pastel de magre y la llenguañissa de la engañada mosseta de la rondalla! Y sen va enrecordá tamé de la sagala que lo va despertá y lo va portá a casa seua de ofissial de sastre, y va di: pos vach a vórela.

No li va sé gens difíssil trobá la casa, perque com aventura tan singular se va imprimí tota mol be a la seua memoria, y va sabé seguí lo carré y reconeixe la porta. Va cridá y va pujá escala amún. La sagala, ya se veu, ere la mateixa, la va trobá sola y pentinanse. Una mica se va turbá al vores dabán de un caballé, pos no frecuentaben casa seua persones de tanta clase; en tot li va torná lo cumplit en bastanta naturalidat.

- ¿No me coneixéu, Antonina?, li va preguntá. Lo va mirá ella y va contestá, que no mes que pera servíl.

- Pos yo tos dic que me coneixéu, així com yo tos conec. Dieume: fa sis o siat añs, ¿no vau topá un matí a la fon de Matacroc en un sagal y lo vau portá a casa perque tos va di que ere sastre? Pos aquell mateix sagal es lo home que ara tos está parlán. Se va alegrá la sagala, y va mostrá mes confiansa y va parlá en mes libertat. 

- Per sert, va di, que mos vau dixá plantades ananton per la tarde y no tornán. 

- Men vach aná a pendre lo oreo an aquella hora, vach pedre lo tino dels carrés y no vach assertá a torná al meu ofissi. En son demá vach sentí lo que va passá a la iglesia Majó y vach tindre temó que lo sel castigare an esta siudat y me embolicare a mí al cástic.

- ¿Y quína culpa teníem los demés?, va contestá Antonina; be u van pagá ixos desdichats, que un atre mort se va eixecá del sepulcro y los va ferí no se sap cóm, y se van morí los dos en tres díes sense que la justissia tinguere nessessidat de ficáls la má damún. 

La familia del jove, que eren plateros, sen va habé de aná per lo món y no se ha sabut mes de ells. Ya tot está olvidat.

- Com totes les coses que passen al món, va di Pedro Saputo; y com deu está olvidat per part de vosté lo sastret de la fon. 

- No siñó, va contestá ella, encara que be u mereixíe, pos tan poc cas va fé de natres y dels vestits que mos dixáe tallats. Ell va sé lo que mos va olvidá, que yo ben presén lo vach tindre mol tems; y lo que es del tot encara hasta avui no lo había olvidat. No podría encara que vullguera, perque tots los díes vach a la fon y sempre me pareix que lo vech allí, com lo Doncel de Sigüenza, com lo vach trobá aquell matí. Van passá después a datres explicassions y van quedá entesos.

- Pero vosté no ereu sastre, va di ella, perque poca pinta teníu ara de fé tal ofissi.

- No, Antonina; de chiquet vach sé mol carnús y pesolaga, y algo atrevidet, y per sagalería anaba a tots los tallés, y cusía en lo sastre, llimaba en lo ferré, asserraba en lo fusté, cardaba en lo pelaire, borrajeaba en lo pintó, y día missa en lo mossen. ¿No vas vore aquell mateix estiu uns estudians que van passá per aquí y van está vuit díes?

- Sí que men recordo; y que un de ells ere mol gran predicadó, y pujabe als muscles dels seus compañs en la fassilidat de un gat. 

- Pos aquell era yo; feu memoria, que a casa de N. aon vas assistí al ball, vach di entre atres coses, que les Petres eren tontes dossiletes o beates, y les Antonines resservades y grassioses.

- Es verdat, y men vach enriure mol.

- Pos u vach di per tú y te miraba al mateix tems.

- Men enrecordo, es verdat; pero ¿cóm había yo de figurám que ereu lo sagal de la fon y lo sastre dels meus vestits? ¿Per qué no me vau di algo?

- No podía aná a vóretos, ya que ere costum que cap de natros se separare a coses particulás.

Antonina lo miráe tan embelesada, y ell estáe tan olvidat de la seua pintura, que se habíen fet les nou del maití, y los van doná les deu y les onse, les dotse, la una y les dos y les tres, sense donassen cuenta y pareixenlos que no fée mes de micha hora que estáen parlán. Ella li va di que sa mare estáe a la verdat fée ya tres añs; que son pare, sempre delicat de salut, ixíe al campo ben entrat lo día, que un germá de devuit añs sen anáe de matí en lo jou a llaurá, alguna vegada tamé a polligana; y que, en fin, ella no se habíe casat per no dixá a son pare hasta que se casare lo germá, que ere lo que debíe quedás a casa. Li va alabá Pedro Saputo lo propósit y confirmat lo antic amor a satisfacsió dels dos, y se va despedí hasta l’atre día.

Después de minjá va aná al santuari, y sen va enrecordá pel camí del penitén reconeixén lo puesto del encuentro, de la trobada. 

Va arribá al Puch y va trobá un regidó que cuidabe la obra. Después van vindre un atre regidó, un canonge y un caballé, componens de la junta o comisió de la obra; y los va preguntá si al seu tems se pintaríe la capella. Va pendre la paraula lo canonge y va di que pensabe pintala, y que volíen buscá un pintó de nota.

- De nota, sí siñó, va di un regidó chato, sellut, baixet y rechonchet; un pintó famós, un pintó que no ñague al món datre igual; extrangé, per supost, perque a España no ñan mes que asclapinsells; o andalús, que es mes que extrangé.

- Pos siñós, va di Pedro Saputo, yo soc pintó, pero no de gran nota, y español pera la meua desgrassia an este cas. Sé lo que ña a Andalusía; la escola sevillana es bona, té professós aventajats, pero sense tanta vanidat de homens y gastos se podríe pintá be la capella.

- No siñó, no home, va contestá lo nassutet; y si vosté sou lo pintó, feu cuenta que no hau vist a dingú. 

- La fach, siñó decano o degá, la fach, y tan, que ara mateix vech aquí cuatre homens y me pareix que no ne vech cap.

- Taimadet sou, va di lo canonge; y yo crec que mos estáu insultán. 

- Yo no tos insulto, sol contesto al gust y sentit del caballé decano, que me ha manat fé cuenta de que no había vist a ningú; y repetixgo que me fach ixa cuenta y que crec, veénlos als cuatre, que no vech a ningú. Encomaneume tos rogo, a la Virgen, y a Deu. 

Los va girá la esquena dit aixó, va montá a la seua mula, y en ves de aná cap a la siudat va tirá cap al peu de la serra, donanli a Antonina lo chasco de no torná a vórela y fenla passá un mal día.

Va sabé lo poble después que Pedro Saputo habíe vingut a pintá la capella del Puch, y sentín que lo despressiaren, se va amotiná y acantalejá les cases dels regidós y del canonge; y al caballé lo van empendre al carré, sense que los valguere di que no lo coneixíen. 

Li van enviá una embaixada costa aball als pocs díes, y ell va contestá, que de Barbastro ni lo sel, mentres lo gobernaren sabocs, chatos y surdos y homens tan ababols com los que ell va vore al Santuari.


Original en castellá:

Capítulo X.

De cómo Pedro Saputo fue a Barbastro.

Había oído que los de Barbastro reedificaban o amplificaban la capilla del Pueyo, y fue allá a ofrecer su pincel si tratasen de pintarla. Y apenas llegó, tuvo curiosidad de ver la fuente de marras y salió al río. Bien estuvo en aquella ciudad con los estudiantes; pero no separándose nunca ninguno para ir a solas, no pudo andar sus antiguos pasos.

¡Cuánto se alegró de ver aquella fuente y aquellas gradas donde pasó la noche, y se comió la torta y la longaniza de la engañada moza de la rondalla! Y se acordó también de la muchacha que le despertó y llevó a su casa de oficial de sastre, y dijo: pues voy a vella.

No le fue en absoluto difícil encontrar la casa, porque como aventura tan singular se imprimió toda muy bien en su memoria, y supo seguir la calle y conocer la puerta. Llamó y se subió escalera arriba. La muchacha, ya se ve, era la misma, hallóla sola y peinándose. Un poco se turbó al verse delante de un caballero, pues no frecuentaban su casa personas de tanta clase; con todo le volvió el cumplido con bastante naturalidad. - ¿No me conocéis, Antonina?, le preguntó. Miróle ella y respondió, que no más que para servirle. - Pues yo os digo que me conocéis, así como yo os conozco a vos. Decid: hace seis o siete años, ¿no topasteis una mañana en la fuente un muchacho y le trajisteis a casa porque os dijo que era sastre? Pues aquel mesmo muchacho es el hombre que agora os está hablando. Alegróse la muchacha, y mostró más confianza y habló con más libertad. - Por cierto, dijo, que nos dejasteis plantadas yéndoos por la tarde y no volviendo. - Fuime a tomar el oreo de aquella hora, perdí el tino de las calles y no acerté a volver a punto de mi oficio. Al día siguiente oí lo que pasara en la iglesia mayor y tuve miedo que el cielo castigase esta ciudad y me envolviese a mí en el castigo: - ¿Y qué culpa teníamos los demás?, respondió Antonina; harto lo pagaron aquellos desdichados, que otro muerto se levantó del sepulcro y los hirió no se sabe cómo, y murieron los dos en tres días sin que la justicia tuviese necesidad de poner la mano. La familia del joven, que eran plateros, se hubieron de ir por el mundo y no se ha sabido más de ellos. Ya todo está olvidado. - Como todas las cosas que pasan en el mundo, dijo Pedro Saputo; y como debe de estar olvidado de vos el sastrecito de la fuente. - No señor, respondió ella, aunque bien lo merecía, pues tan poco caso hizo de nosotras y de los vestidos que nos dejaba cortados. Él fue el que nos olvidó, que yo harto presente le tuve mucho tiempo; y lo que es del todo aún hasta hoy no le había olvidado. No podía aunque quisiera, porque todos los días voy a la fuente y siempre me parece que le veo allí dormido como lo encontré aquella mañana. Pasaron después a otras explicaciones y quedaron entendidos.

- Pero vos no erais sastre, dijo ella, porque malas trazas tenéis agora de hacer semejante oficio. - No, Antonina; sino que de niño fui travieso y algo atrevidillo, y por niñería iba a todos los talleres, y cosía con el sastre, limaba con el herrero, aserraba con el carpintero, cardaba con el pelaire, borrajeaba con el pintor, y decía misa con el cura. ¿No viste aquel mismo verano unos estudiantes que pasaron por aquí y estuvieron ocho días? - Sí me acuerdo; y que uno de ellos era muy grande predicador y se subía en los hombros de sus compañeros que parecía un gato. - Pues aquél era yo; y si no, acordaos que en casa de N. donde asististe al baile, dije entre otras cosas, que las Petras eran tontas docilillas o beatas, y las Antoninas reservadas y graciosas. - Es verdad, y me reí mucho. - Pues lo dije por ti y te miraba al mismo tiempo. - Me acuerdo, me acuerdo; pero ¿cómo había yo de figurarme que erais el muchacho de la fuente y el sastre de mis vestidos? ¿Por qué no me decíais algo? - No podía porque no había de ir a veros, no siendo costumbre que ninguno de nosotros se parase a cosas particulares.

Antonina le miraba tan embelesada, y él estaba tan olvidado de su pintura, que eran las nueve de la mañana cuando fue, y les dieron las doce sin recordar y pareciéndoles que no hacía más de media hora que estaban hablando. Ella le dijo que su madre estaba en la verdad hacía tres años; que su padre, siempre delicado de salud, salía al campo entrado ya bien el día, que un hermano de dieciocho años se iba de mañana con la yunta; y que, en fin, ella no se había casado por no dejar a su padre hasta que casase el hermano, que era el que debía quedar en casa. Alabóle Pedro Saputo el propósito y confirmado el antiguo amor a satisfacción de ambos, se despidió hasta el otro día.

Luego después de comer fue al santuario, y se acordó en el camino del penitente reconociendo el sitio del encuentro. Llegó a Pueyo y encontró un regidor que cuidaba la obra. Después vinieron otro regidor, un canónigo y un caballero, componentes de la junta o comisión de la obra con el primero; y les preguntó si a su tiempo entendían pintar la capilla. Tomó la palabra el canónigo y dijo que pensaba pintalla, y que querían buscar un pintor de nota. - De nota, sí señor, dijo un regidor chato, cejudo, bajo y rechonchuelo; un pintor famoso, un pintor que no lo haya en el mundo; extranjero, por supuesto, porque en España no hay más que cascabrochas; o andaluz, que es más que extranjero. - Pues señores, dijo Pedro Saputo, yo soy pintor, pero no de gran nota, y español por mi desgracia en este caso. Sé lo que hay en Andalucía; la escuela sevillana es buena, tiene profesores aventajados, pero sin tanta vanidad de hombres y gastos se podría pintar bien la capilla. - No señor, no señor, respondió el narigueta; y si vos sois el pintor, haced cuenta que no habéis visto a nadie. - La hago, señor decano, la hago, y tanto, que agora mismo veo aquí cuatro hombres y me parece que no veo ninguno. - Taimado sois, dijo el canónigo; y yo creo que nos estáis insultando. - Yo no os insulto, sino que respondo al gusto y sentido del caballero decano, que me ha mandado hacer cuenta que no había visto a nadie; y repito que me hago esa cuenta y que creo, viéndoos a los cuatro, que no veo a nadie. Encomendadme os ruego, a la Virgen, y a Dios. Volvióles la espalda con esto, montó en su mula, y en vez de ir a la ciudad guió hacia el pie de la sierra, dando a Antonina el chasco de no volver a verla y haciéndola pasar un mal día.

Supo el pueblo después que Pedro Saputo había venido a pintar la capilla del Pueyo, y sintiendo que le despreciasen, se amotinó y apedreó las casas de los regidores y del canónigo; y al caballero le ultrajó en la calle, sin que les valiese decir que no le conocían. Mandáronle una embajada a los pocos días, y él respondió, que de Barbastro ni el cielo, mientras le gobernasen tontos, chatos y zurdos y hombres tan baladíes como los que él vido en el Santuario.

sábado, 27 de julio de 2024

2. 13. Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies.

Capítul XIII.

Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies.

La Aldea, Valjunquera, Valljunquera, Vallchunquera

Difíssil ere vóreles y mantindre lo incógnit; pero la compañía que portáe li ficáe freno, y va determiná passá pel poble pera sabé si habíen eixit del convén, y torná a vóreles sol y desplay. Lo que es conéixel elles ere impossible, perque ademés de está mes prim y mol moreno pel sol, mes alt y del tot diferén per an elles, portáe bigot y un traje mes distinguit, y se habíe esquilat com un escolástic.

A les deu del matí del segón día van arribá al poble; y mentres amorsaben y minjáen a la primera casa que van trobá uberta y aon se van fé prepará l'amorsá (paganlo), se presente un home a suplicáls que anigueren a casa seua. Eixecats los mantels van trobá la casa y van vore que ere son pare de la Juanita, estáen esperanlos ella, sa mare y una cuñada. Encara no habíen acabat de saludá y ya estáe allí la Paulina en un atra sagala veína y los pares que les acompañaben. Al momén se va tratá de ball y lo van dixá aplassat pera mes tart. Se van repartí entre sing cases, y ell va preferí la de Paulina per no sé tan sospechosa com Juanita. Pero ¡oh lo que va patí!, ¡lo que se va tindre que esforsá pera aguantás!, pera no di: ¡yo soc, tendríssima Paulina! Va passá lo día, va passá lo ball, va passá la velada, y va passá la nit, y va sé home de valor; no se va dixá coneixe. Hassaña mes gran que la de cremá les naves de Cortés, que la de passá Julio César lo Rubicón, Aníbal los Pirineus y los Alpes, Alejandro los Estrets del Parrissal y después los montes de Cilicia. En tot, al anassen va entregá a Paulina un billet tancat pera Juanita a dins de un sobre (pera que aquélla no lo obriguere abans), aon los díe a les dos: ¡Traidores! ¡Ya no me coneixéu! ¡No m'hau conegut!

Va corre a portál, y cuan lo van obrí, se van quedá mudes y com un estaquirot pel seu contingut. Perque les paraules eren de Geminita; pero, ¿quí la trobará entre ixos estudians? Loques se tornáen cavilán quí podríe sé lo que així les parláe, lo que així se queixabe de elles. Perque ell, aposta, habíe empleat mols latins en sons pares y en lo mossen del poble, y va tocá lo violín y la vihuela. Ademés Geminita ere mol blanca y los sing estudians eren ¡tan negres com un teó! 

- Vaya, vaya, va di Juanita; tú no coneixes cap estudián ni yo tampoc; si algo teníe que dimos, que se haguere explicat. 

Y u van dixá aixina pera no perdre l'entenimén.

Ya haurá guipat lo lectó que en la trassa que les va doná Pedro Saputo sen van eissí del convén. Y encara que no van di que no tornaríen, y son pare de Juanita pensabe que sa filla teníe una vocassió mol forta al claustre, elles sen enríen, y díen entre sí y a soles cuan s' ajuntaben: primé mortes que monges.

Los estudians van continuá lo seu viache; y al vore la direcsió que lo segón día preníe la marcha van vore la intensió de Pedro Saputo, perque ere lo que solíe guiá sempre. En efecte, los portáe a la serra y al mateix puesto de la floresta aon lo van trobá dormín; y una vegada allí van fé un alt, van traure les güeñes, formache, llenguañissa com la de Graus y butifarres que portáen de la radera aldea aon van tocá y les van aná aligerán. Satisfeta la gana los va di Pedro Saputo: "Amics, compañs y siñós meus: an este puesto me vau pendre a la vostra compañía, y an éste me dixéu, o mes be tos dixo yo, pos de aquí no puc passá. Mol tos dec; lo vostre trate y la vida que ham portat ha sigut pera mí una escola que me ha amostrat mes que pugueren les de tots los filóssofos de Grecia. 

Si un atre añ an este mateix puesto, y lo mateix día y hora passareu per aquí, pot sé que tos estiga aguardán, o vinga a trobatos; y si ni lo un ni l’atre passare, sirá siñal que no me ha sigut possible vindre. No tos dono mes señes de la meua persona; y de les vostres ting les que me fan falta, perque sou honrats y generosos, que són les que yo solgo preferí dels homens. Aneuton de aquí ya y arranquéu a caminá, que la vostra jornada no done pera mes entretenimens. Adiós, compañs, adéu; lo cor me sen va en vatres.» 

Y dit aixó los va abrassá, y se van emossioná tots, contestanli después un de ells:

"Qui vullgue que sigues, amic y compañ, pera natros has sigut verdaderamén l'ángel conductó guián les nostres passes y dirigín la nostra ignoransia. Y si escola pot esta dis, vosté hau sigut lo maestre y la llum de ella. Tornarem, si Deu vol, l’añ que ve, mos obligue la vostra molta discressió y la vostra amistat y trate.» 

Y se van torná a abrassá, se van separá y se van doná les espales en molta pena, com fan los de Fondespala, caminán ells al michdía serra amún, y ell al nort serra aball.

Lo Camí, traduít per Ramón Guimerá Lorente, autó, Miguel Delibes

Tendra y llagrimosa va sé la despedida, perque se volíen de verdat, fen de tots sing la amistat un sol cor y una sola alma. Per lo demés, les gallines y pollastres que se van minjá, los cuixots y conserves que los van regalá, les diablures y carnussades que van fé, les donselles que van alegrá, les casades que van desenfadá, les viudes que van consolá, y los abatuts a qui van humillá, no tenen número; ni vida mes ligera, alegre, plena de goch y descuidada la va passá ningú en tots los siglos y edats del món.

Barrabassades y maleses no ne van fé cap. Los van acusá al cap de algún tems que se habíen emportat disfrassada de home a una donsella de Sieso, filla de un escribén mol ric, de solá antic, que va morí com un san perque escoltáe missa tots los díes y guardáe dijú los divendres y dissaptes, se confessáe y combregáe tots los primés domenches de mes y va casá y dotá en diferentes vegades a sis donselles pobres. Hasta que va enviudá una de elles y va escomensá a enríuressen de la santidat del escribén; y después un atra que fée lo mateix. Díe la primera: "Y, ¿qué li fot a ningú?, yo vull di; bon home vach tindre, y en lo meu me quedo.» Y la segona: "mal conten del hivern de aquell añ; no dic yo mes que: ¡hala amún!, que vach tratá en bons, y dossens escuts ninguna va dixá de agarráls a no sé que fore boba.» Pero a la filla no la van pugué sonsacá. Ella, portada per la seua imaginassió, als dos díes que van passá per allí va fé la picardía de vestís de home, péndreli dinés a son pare, y aná a trobáls a pedra Pertusa, aon los va di que volíe anassen y corre món en ells. Va caminá en ells vuit díes y entonses Pedro Saputo la va podé convense, la va restituí y acompañá hasta lo seu poble. Y va di a son pare pera que veiguere lo mol honor y consiensia de ells que ni un maravedí la habíen dixat gastá de les perres que portáe. En tot cas conveníe casala contra antes milló; y que de aquell antojo de tornás estudián y corre tan libres aventures, com ere una chiquillada, a tots importabe callá, y no fé soroll. Lo escribén apretán los puñs y mirán al sel, va bramá per dolgut, y s'anáe a abalansá sobre sa filla pera apalissala, esbatussala o matala; pero lo va calmá y assossegá Pedro Saputo en la seua elocuensia, y reconsilianlo del tot en sa filla, va torná a buscá als seus compañs. Después se va casá la sagala, y ben casada, perque es gran capa una bona dote, y se amolden les persones a la auló de les riqueses.

Los estudians sen van aná sense sabé quí ere Pedro Saputo, discurrín y pareixenlos per la seua educassió, desinterés y noblesa, que deuríe sé fill de algún gran caballé, y que per alguna travessura sen hauríe anat de casa de sons pares, y li anabe milló aquella vida solta y alegre, que la apretada y formal del orden en lo que se hauríe criat. Tamé van dudá sempre si ere aragonés, castellá o navarro, inclinanse per aixó radé sol perque se dixáe cridá navarro; pero per l'acento podíe sé de consevol provinsia de España, perque un día lo teníe de una manera y l'atre de un atra, fen de lo seu parlá y trasses lo que volíe.


Original en castellá:

Capítulo XIII.

Pedro Saputo se separa de los estudiantes pasando antes por la aldea de las novicias.

Difícil era verlas y mantener el incógnito; pero la compañía que llevaba le ponía freno, y determinó pasar el lugar para saber si habían salido del convento, y volver a verlas solo y espacio. Lo que es conocerle ellas era imposible, porque demás de estar más delgado y muy tostado del sol, más alto y al todo diferente para ellas, traía los bigotes y un traje más distinguido, y se había cortado el pelo entera y legítimamente a lo escolástico.

A las diez de la mañana del segundo día llegaron al lugar; y mientras almorzaban y comían en la primera casa que encontraron abierta adonde se hicieron preparar el almuerzo (pagándolo), se presenta un hombre bien portado a suplicarles viniesen a su casa. Levantados los manteles dieron con él y se encontró con que era el padre de Juanita, y a ella que por su madre y con una cuñada los recibía. Aún casi no habían acabado de saludar ya estaba allí Paulina con otra muchacha vecina y los padres que las acompañaban. Al momento se trató de baile y le dejaron aplazado para más tarde. Repartiéronse en cinco casas, y él prefirió la de Paulina por no ser tan sospechosa como Juanita. Pero ¡oh lo que padeció!, ¡lo que se hubo de esforzar para contenerse!, para no decir: ¡yo soy, tiernísima Paulina! Pasó empero el día, pasó el baile, pasó la velada, y pasó en fin, la noche, y fue hombre de valor; no se dio por conocido. Hazaña mayor que la de quemar las naves de Cortés, que la de pasar Julio César el Rubicón, Aníbal el Pirineo y los Alpes, Alejandro el Estrecho y después los montes de Cilicia. Con todo, al irse entregó a Paulina un billete cerrado para Juanita en el sobre (a fin de que aquélla no lo abriese tan pronto), en que les decía hablando con las dos: ¡Traidoras! ¡Ya no me conocéis! ¡No me habéis conocido!

Corrió a llevárselo, y cuando le abrieron, quedaron mudas y estáticas de su contenido. Porque las palabras eran de Geminita; pero, ¿quién le encontrará en aquellos estudiantes? Locas se volvían discurriendo quién podría ser el que así les hablaba, el que así se quejaba de ellas. Porque él, de propósito, había usado muchos latines con sus padres y con el cura del pueblo, y tocó el violín y la vihuela. Además Geminita era blanco y hermosísimo, y los cinco estudiantes eran ¡tan negros! - Vaya, vaya, dijo al fin Juanita; tú no conoces ningún estudiante ni yo tampoco; si algo tenía que decirnos, que se hubiese explicado. Y lo dejaron así por no perder el juicio.

Ya habrá inferido el lector que con la traza que les dio Pedro Saputo se salieron del convento. Y aunque no dijeron que no volverían, y el padre de Juanita pensaba que su hija tenía una vocación furiosa al claustro, ellas se reían, y decían entre sí y a solas cuando se juntaban: primero muertas que monjas.

Los estudiantes continuaron su viaje; y al ver la dirección que el segundo día tomaba la marcha conocieron la intención de Pedro Saputo, porque era el que solía guiar siempre. Con efecto, los llevaba a la sierra y al mismo sitio y floresta donde le encontraron durmiendo; y llegados allí hicieron alto, sacaron la provisión que traían de la última aldea que tocaron y la fueron aligerando. Satisfecho el apetito les dijo Pedro Saputo: «Amigos, compañeros y señores míos: en este sitio me tomasteis en vuestra compañía, y en éste me dejáis, o más bien os dejo yo, pues de aquí no puedo pasar. Mucho os debo; vuestro trato y la vida que hemos llevado ha sido para mí una escuela que me ha enseñado más que pudieran las de todos los filósofos de Grecia. Si otro año en este mismo sitio, y el mismo día y hora os quisiéredes hallar, puede ser que os esté aguardando, o venga a encontraros; y si ni lo uno ni lo otro sucediera, será señal que no me ha sido posible venir. No os doy más señas de mi persona; y de las vuestras tengo las que me bastan, porque sois honrados y generosos, que son las que yo suelo tomar de los hombres. Alzad de aquí ya y echad a andar, que vuestra jornada no da lugar a más entretenimientos. Adiós, compañeros; el corazón se me va con vosotros.» Y dicho esto los abrazó, y se enternecieron todos, contestándole después uno de ellos: «Quien quiera que seáis, amigo y compañero, para nosotros habéis sido verdaderamente el ángel conductor guiando nuestros pasos y dirigiendo nuestra ignorancia. Y si escuela puede ésta llamarse, vos habéis sido el maestro y la luz de ella. Volveremos, sí, Dios mediante, el año que viene, obligándonos vuestra mucha discreción y vuestra apacibilísima amistad y trato.» Y se tornaron a abrazar, se separaron y dieron por fin la espalda esforzadamente, caminando ellos al mediodía sierra arriba, y él al norte sierra abajo.

Tierna y lagrimosa fue la despedida, porque realmente se querían, haciendo de todos cinco la amistad un solo corazón y una sola alma. Por lo demás, las gallinas y pollos que se comieron, los jamones y conservas con que los regalaron, las diabluras que hicieron, las doncellas que alegraron, las casadas que desenfadaron, las viudas que consolaron, y los bobos a quienes ejecutaron, no tienen número; ni vida más ligera, alegre, gozosa y descuidada la pasó nadie en todos los siglos y edades del mundo.

Travesuras mayor no hicieron ninguna. Achacáronles no obstante de ahí a algún tiempo que se habían llevado disfrazada de hombre una doncella de Sieso, hija de un escribano muy rico, de solar antiguo, que murió en opinión de santo porque oía misa todos los días y ayunaba los viernes y sábados, se confesaba y comulgaba todos los primeros domingos de mes y casó y dotó en diferentes veces seis doncellas pobres. Hasta que enviudó una de ellas y comenzó a reírse de la santidad del escribano; y luego otra, y hacía lo mismo. Diciendo la primera: «Y, ¿qué se le dará a nadie?, yo lo quiero decir; buen marido me tuve, y con lo mío me quedo.» Y la segunda: «mal cuentan del invierno de aquel año; no digo yo sino bien: ¡anda arriba!, que traté con buenos, y doscientos escudos ninguna dejó de tomallos si no fue boba.» Pero la hija no fue sonsacada por los estudiantes, sino que ella de su propio motivo y llevada de su imaginación, a los dos días que pasaron por allí hizo la desenvoltura de vestirse de hombre, tomar dinero a su padre, y los ir a encontrar a Piedra Pertusa, en donde les declaró que quería irse y correr con ellos. Anduvo en efecto, y corrió ocho días; al cabo de los cuales Pedro Saputo, que más particularmente le debía aquella locura, la pudo persuadir, y la restituyó y acompañó a su pueblo. Y dijo a su padre que viese en esta acción y en que ni un maravedí le habían permitido gastar del dinero que traía, el mucho honor y conciencia de ellos; que en todo caso convenía casalla cuanto antes; y que de aquel antojo de tornarse estudiante y correr tan libres aventuras, puesto que fuese una niñería, a todos importaba callar, y no dalle cuerpo ni hacer ruido. El escribano apretando los puños y mirando al cielo, rugió de dolor, y se iba a lanzar sobre su hija para matarla; pero le templó y sosegó Pedro Saputo con su mucha elocuencia, y reconciliándole del todo con la hija, volvió a buscar a sus compañeros. Luego casó la muchacha, y bien, a pesar de aquella liviandad. Que es gran capa un buen dote, y dan de sí y de las personas muy bueno y largo olor las riquezas.

Los estudiantes se fueron sin saber quién era Pedro Saputo, discurriendo y pareciéndoles por su crianza, por su desinterés y su nobleza, que debería ser hijo de algún gran caballero, y que por alguna travesura se habría ido de casa de sus padres, y le acomodaba más aquella vida suelta y alegre, que la sujeta y formal del orden en que se criara. También dudaron siempre si era aragonés, castellano o navarro, inclinándose a esto último sólo porque se lo dejaba llamar; bien que pudiendo por el acento ser de cualquiera provincia de España, que un día le tenía de una y otro de otra, haciendo de su habla y trazas lo que quería.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 4. Aventures de Barbastro.

Capítul IV.

Aventures de Barbastro.


Va arribá a la siudat prop de les onse de la nit; y sentín una rondalla sen va aná cap allá y se va agregá a la turba. Passada una carrera se van prepará pera cantali dabán de una casa a una sagala que per lo nom que repetíen a les lletres se diebe Lorenza.

Va vore Pedro Saputo que un dels de la ronda mentres los atres cantaben se va arrimá y va brincá a una reixa no mol alta, va fé 'sht'! tres vegades, y se van entreobrí los finestrons. Se va ficá a escoltá dissimuladamen, y va sentí que lo mosso, un sabaté en molta grassia, díe:

- Mira, Lorenza, no ploros, pos un atra vegada te juro que no ha sigut mes que una rascada en algo de sang. Se veu que ha ficat lo peu a una puta pedra que ere com un bolo redó de riu y s'ha futut de cap contra la paret de la iglesia.

iglesia, San Bartolomé, plaza, Beceite, Beseit, puerta pintada













Lo Gafed y Ressuello han anat en ell, y a mí me han encarregat que te u diguera. Conque después lo tindrás aquí. No te gitos. Adiós.

Y va baixá. Va aná a la ronda, y Pedro Saputo pera divertís y passá lo tems, ya que no sabíe qué fé aquella nit, se va ajustá un drap al cap y va aná cap a la reixa, va fé la seña, van obrí la finestra, va escalá y va di la mosseta al vórel: ¡Ay, Conched meu!, va di mol abalotada; ya pensaba que no te voría mes. ¿Conque no es cosa de perill? Y dién aixó li agarráe les mans y les hi apretabe. Ell li va di: Me fa una mica mal lo cap, pero per vóret... Es di, que esta nit, va di ella en sentimén, ya no entrarás pel corral.

- No, va contestá ell; y prou me pene.

- Passiensia, va contestá ella donán un suspiro, y van cuatre nits. Com ha de sé; ya mos u cobrarem. Ara vesten a casa, que no te faigue mal la rasca de la nit; pren este pastel, magre y esta llenguañissa cruga. Adiós, amor meu; vesten, y demá no ixques de casa.

- No ixiré, va di ell; adiós, alma meua. Y va baixá de la reixa y se va apartá en lo ven, no fore que la trampa portare allí a Conched mes pronte de lo que ere menesté y passare una calamidat.

Y li va vindre be lo agassajala o convoyala, perque mes be li féen lo pastel de magre y la llenguañissa que los suspiros y les carissies de la mosseta; com que en tot lo día no habíe minjat mes que un parell de ous que va robá a un molí; y dinán y senán a un tems anáe de carré en carrera. Va pará al riu, y va di: tot me va be. Ara que teníe sed en lo regustet salat del magre, se trobe al riu. Pero no podíe baixá al aigua, y veén un pon se va embutí per nell y al atre costat un chorro perenne de aigua, un burs com lo bras. Aixó es una fon, va di: y arrimanse y baixán en mol tiento unes grades, perque no se veíe mes que a una bossa de avaro, va arribá al chorro que sentíe y va beure mol a gust. Se va assentá a un escaló, se va acabá lo magre y va empendre la llenguañissa; va torná a beure, se va gitá a dormí y encara mastegán los radés bossins se va quedá adormit a la vora de la fon del tío Matacroc.

Abans de día cla, perque la gen de Barbastro es mol matinera y templada, bullíe pels carrés y per la vora de la fon, y Pedro Saputo no despertabe; hasta que va arribá una sagala a omplí aigua. 

Ell, una mica sobressaltat, pero dissimulán, li va preguntá si coneixíe algún mestre sastre que lo puguere pendre com a aprendís; y va contestá la mossa:

- A casa nostra ha de cusí avui lo nostre, que per naixó hay matinat una mica mes de lo ordinari. Si voléu vindre, allí podréu parlali. 

Va asseptá Pedro Saputo y va seguí a la seua grassiosa guía.

Van arribá a la casa y dit al pare y a la mare lo que habíe passat, y afegín Saputo lo que li va pareixe mentí, y satisfén les preguntes impertinens, encara que fassils que li van fé, los va enviá lo sastre un recado dién que perdonaren, que aquell día no podíe vindre, perque la seua dona no se trobáe be.

- No importe, va di ell; yo retallaré y cusiré los vestits. Y contra antes milló, siñores meues; venga ixa tela o lo que sigue, y que sápiga yo a quí hay de pendre la mida. Lo que me falte són estisores y les demés ferramentes del ofissi; pero les supliré en lo que ñague per casa; perque an este món sol ñan dos coses que no se poden suplí, que són, lo pa, y la bona dona. Va fé después assentás a la seua vora a la sagala pera enseñali, y lo pare sen va aná mol pagat y a la mare se li ablaníe lo cor de gust. Y se va passá lo día sense novedat que digna de contá sigue, lo únic que ell va vore que la sagala se li afissionabe clara y determinadamen, y an ell sense sabé per qué, li agradáe tamé tíndrela prop y mirala; encara que ere llauradora, teníe molta grassia en tot y parláe y sentíe en gran amabilidat. Fea u podríe sé sa mare, pero ella ere mol maja, guapa, y una rosa del amor al obrí lo capullo.

Casi de nit o entre sol y cresol, hora a la que los jornalés se solen pendre un rato de descans pera vuidá la bufeta de lo que conté y lo ventre de flatos, los va di que en la seua llissensia ixiríe un ratet al carré a oreás. Y va eixí, pero en ánim y propósit de no torná, perque no podíe assossegás ni está pel ofissi, encara li pareixíe poc disfrás, se assustáe tot lo día cuan sentíe cridá, no foren los corchetes que veníen a péndrel.

famós enterro que se encaminabe a la catedral

Donán voltes per los carrés se va trobá al mich de un famós enterro que se encaminabe a la catedral, y en la gen lo va seguí y se va embutí a la iglesia. Van tocá moltes sinfoníes a la morta, que ere una donsella de uns devuit o vin añs de edat, filla de una casa prinsipal, plena de dijes mol pressiosos y un vestit de molta riquesa, en un vel solt galonejat de or, y al cap una diadema de valor mol alt segons brillaben les pedres. Van durá hasta ben entrades les deu les sinfoníes y los cantics, y después van pará y van ficá a la morta a una capella, la van rodejá de veles y llums y sen va aná tot lo món, menos Pedro Saputo, que se va di:

¿Yo aón hay de aná an estes hores? Aquí podré passá la nit, y no ña perill que me buscon los flares; demá ixirá lo sol y voré lo que me convé fé. Y dién aixó se va acomodá a un arca o bang de l'atra capella d'enfrente de la morta, va encomaná a Deu lo seu cos y alma, y se va tombá a dormí.

Se va adormí pronte, li fée falta desde la nit passada; pero la son ere tan ligera com dura la fusta a la que descansáe, y va sentí a deshora un soroll que li va fé eixecá lo cap. Ere lo chirrit de una porta. Y después va vore entrá (perque la llum y resplandó de les antorches que cremáen en honor de la difunta omplíe la iglesia) dos homens que se van dirigí cap a la capella de la depositada. 

Van arribá, y la un, que ere un mosso de uns vinticuatre a vintissís añs de edat, va escomensá a tráureli los dijes y diadema, y al mateix tems li anáe colocán uns atres que ell portáe mol pareguts an aquells. Los de la morta eren fins y los que li ficáen falsos y de pichó vista. Van acabá de fotre lo cambiasso, y donán lo jove al atre una bossa li va di: hasta aquí a partí, lo demés es sol meu: ahí tens los trenta escuts del pacte y vesten a la sacristía. Lo mosso se va arrimá a la morta, la va abrassá y li va doná mols besets, y pareixíe aná mes allá, cuan Pedro Saputo no puguén soportáu, y escandalisat, va pendre del altá de la seua capella un candelabro michanet de bronce y lo va embestí en tota la seua forsa. Li va assertá al mosso al muscle y al pit, se va plegá an terra pegán un bram espantós. 

Va acudí lo sacristá o ajudán, lo va vore desmayat, se va assustá, va corre a per aigua, la hi va tirá a la cara, va torná lo mosso en sí, se va reviscolá, lo va eixecá, y sense coló y tancán los ulls de po y casi tan mort com la difunta sel va emportá l’atre mich caminán mich arrastrán o arrossegán. Va agarrá Pedro Saputo un atre candelabro y fen abans un caragol en les mans contra la fusta del altá, va pegá un rugit tan fort que va pareixe que caíen les columnes de la iglesia atronánse tota y amenassán les seues altes bóvedes; y después disparán lo candelabro en tota la seua forsa, que ere terrible, li va fotre al sacristán a la esquena y lo va fé caure an terra com un taco, juns en lo mosso que ya casi expirabe. Li va faltá tamé an ell l'ánim entonses, y pareixíe que los dos s'anáen a quedá allí morts de esglay y del susto. No parláen, y después de esforsás mol rato y de está entre basques y entressuó freda, en una respirassió agonisán, van podé arribá a la porta per aon van entrá, y la van tancá, y se van sentí encara unes atres mes interiós. Y tot sossegat y volta al silensio majestuós y solemne, se va embolicá Pedro Saputo en los mantellets del altá de la seua capella, per si algú lo puguere vore, fore com fore, y va passá a la de la morta. La va mirá a la cara, y pareixíe en la seua serenidat y pau que li donáe les grassies de tan bon ofissi y defensa com li habíe fet. Y pateján o calsigán en los peus alguna cosa, va vore que ere la roba que li habíen tret a la morta.

La va agarrá tota, y ficanla en gran respecte al llit y recomponén mol be lo vel y lo vestit, li va ficá a les mans un paperet doblegat, escrit en un llapis que portáe, aon díe:

"Esta nit entre les dotse y la una dos homens infames y descombregats o excomulgats han cambiat los dijes y adornos de esta donsella per los que portáen ells. Passá volíen a ultrajalla; pero un atre mort que invissiblemen la guardabe la ha defengut del ultraje y profanassió que anáe a patí, y ha arreplegat la roba robada. Si se vol sabé quí són los desalmats que tan gran maldat van acometre, que se miro quín del sirviens de esta iglesia está ben futut de la esquena, éste es un de ells y sap del atre.»

Fet aixó y al retirás va vore una cosa blanca a enterra, la va alsá y va vore que ere la bossa dels trenta escuts que lo perdut del jove habíe donat al sacristán y habíe éste dixat caure sense preocupás de replegala. Meus són, va di; perque encara que los faiga pregoná, segú que no vindrá l'amo a demanáls. Y en aixó se va retirá a la capella, tornán los candelabros al seu puesto, una mica boñats, y se va tombá al arca.

Pero de la escena que habíe vist li va escomensá a naixe al ánim tan gran horror, que se li van esturrufá los pels del cap, y se ni anáe la forsa de les cames y la vida del cor. Al final, pensán en la obra tan caritativa y tan heroica y santa que habíe fet se va aná assossegán y va aguardá lo día.

Se va ficá después a pensá en lo seu estat, y después de vores mil vegades a les mans dels alguasils de Huesca y de escapás unes atres tantes per casualidat y ben justet, tot a la seua imaginassió, va determiná fé la mes atrevida y grassiosa travessura que cap home ha imaginat may, com se vorá al capítul siguién.


Original en castellá:

Capítulo IV.

Aventuras de Barbastro.

Llegó a la ciudad cerca de las once de la noche; y oyendo una rondalla fue para allá y se agregó a la turba. Pasada una calle se prepararon a cantar delante de una casa a una muchacha que por el nombre que repetían en las letras se llamaba Lorenza. Vio Pedro Saputo que uno de los de la ronda mientras los otros cantaban se acercó y encaramó a una reja no muy alta, hizo st! tres veces, y se entreabrió la ventana. Púsose a escuchar disimuladamente, y oyó que el mozo decía: - Mirad, Lorenza, que no lloréis, pues otra vez te juro que no ha sido más que un raspazo con algo de sangre. Ya se ve, ha puesto el pie en la maldita piedra que era como una bola redonda y ha dado con la cabeza en la pared de la iglesia. El Gafed y Resuello han ido con él, y a mí me han encargado que te lo dijese. Conque luego le tendrás aquí. No te acuestes. Adiós. Y se bajó. Fuese la ronda, y Pedro Saputo por divertirse y pasar el tiempo, que no sabía qué hacerse aquella noche, se ciñó un lienzo a la cabeza y volvió de ahí un rato a la reja, hizo la seña, abrieron la ventana, se encaramó y la moza al verle: ¡ay, Conched Mío!, dijo muy alborozada; ya pensaba que no te vería. ¿Conque no es cosa de cuidado? Y diciendo esto tomaba las manos y se las apretaba. Él le dijo: un poco me duele la cabeza, pero por verte... Es decir, que esta noche, dijo ella con sentimiento, ya no entrarás por el corral. - No, respondió él; y harto me pesa. - Paciencia, contestó ella dando un suspiro, y van cuatro noches. Cómo ha de ser; ya nos desquitaremos. Agora vete a casa, no te dañe el frío de la noche; toma este pastel de magras y este pastel de longaniza. Adiós, querido; vete, y mañana no salgas de casa. - No saldré, dijo él; adiós, alma mía. Y se bajó de la reja y se apartó con el viento, no fuese que la trampa llevase allí a Conched más pronto de lo que era menester y aconteciese una barbarie.

Y vínole bien el agasajo, porque más al caso le hacían las magras y la longaniza que los suspiros y las caricias de la moza; como que en todo el día no había comido más de un par de huevos que tomó en un molino; y comiendo y cenando a un tiempo se andaba de calle en calle. Vino al fin a parar al río, y dijo: todo me va bien. Ahora que tenía sed con este gustillo de las magras, que aunque tiernas y regaladas están un tantillo sabrosas, cata que me encuentro en el río. Pero no podía bajar al agua, y viendo un puente se metió por él y al otro lado un chorro perenne de agua. Esto es una fuente, dijo: y acercándose y bajando con mucho tiento unas gradas, porque no se veía más que una bolsa de avaro, llegó al chorro que oía y bebió muy a su sabor. Sentóse en una grada, dio cabo de las magras y se tomó con la longaniza; volvió a beber, se tornó a dormir y comiendo los últimos bocados se quedó dormido.

Antes del día y con el día, porque la gente de Barbastro es hacendosa, bullía por las calles y por encima y a espalda de la fuente, y Pedro Saputo no despertaba; hasta que llegó una muchacha por agua. Él, un poco sobresaltado, pero disimulando, le preguntó si conocía algún maestro sastre que le pudiera tomar para mancebo; y respondió la moza: - En nuestra casa ha de coser hoy el nuestro, que por eso he yo madrugado un poco más de lo ordinario. Si queréis venir, allí podréis hablalle. Aceptó Pedro Saputo y siguió a su graciosa guía.

Llegaron a la casa, que estaba en el barrio, y dicho al padre y a la madre lo que había pasado, y añadiendo Saputo lo que le pareció mentir, y satisfaciendo a las preguntas impertinentes, aunque sencillas que le hicieron, les mandó el sastre un recado diciendo que perdonasen, que por aquel día no podía ir, porque su mujer tenía flujo. - No importa, dijo él; yo cortaré y coseré los vestidos. Y cuanto antes mejor, señoras huéspedas mías; venga esa tela o paño o lo que sea, y sepa yo a quién he de tomar la medida. Lo que me falta son tijeras y las demás herramientas del oficio; pero las supliré con lo que haya en casa; porque en este mundo sólo hay dos cosas que no se pueden suplir, que son, el pan, y la buena mujer. Hizo después sentar a su lado a la muchacha para enseñarla, con que el padre se fue muy pagado y a la madre se le ablandaba el corazón de gusto. Y pasóse el día sin novedad que digna de contar sea, más de que él conoció que la muchacha se le aficionaba clara y determinadamente, y él sin saber por qué, gustaba también de tenerla cerca y mirarla; que aunque labradora, tenía mucha gracia en todo y hablaba y sentía con gran amabilidad. Pues fea, pudiéralo ser su madre, que ella no era sino muy linda, y una rosa del amor al abrir el capullo.

Anochecido casi o entre sol y candil, hora en que los tales jornaleros se suelen tomar un rato de asueto para vaciar la vejiga de lo que contiene y el vientre de flatos, díjoles que con su buena licencia se saldría un poco a la calle a orearse. Y se salió, pero con ánimo y propósito de no volver, porque no podía sosegar en la quietud del oficio que todavía le parecía poco disfraz, sobresaltándose todo el día cuando oía llamar, no fuesen los corchetes que iban a prenderle.

Dando vueltas por las calles un famoso entierro que se encaminaba a la catedral, y con la gente le siguió y se metió en la iglesia. Tocaron muchas sinfonías al muerto, que era una doncella de hasta dieciocho o veinte años de edad, hija de una casa principal, llena de dijes muy preciosos y un vestido de mucha riqueza, con un velo suelto galoneado de oro, y en la cabeza una diadema de valor muy subido según brillaban las piedras. Duraron bien hasta las diez las sinfonías y el canto, y luego cesaron y metieron la muerta en una capilla, la rodearon de luces y se fue todo el mundo, menos Pedro Saputo, que dijo entre sí: ¿Yo adónde he de ir? Aquí podré pasar la noche, y no hay cuidado que me busquen los frailes; mañana amanecerá Dios y veremos lo que conviene hacer. Y diciendo esto se acomodó en un arca o banco de otra capilla enfrente de la muerta, encomendó a Dios su cuerpo y alma, y se dispuso a dormir si el sueño no le hiciese novillos, pues le sentía venir aprisa.

Durmióse pronto con efecto, que tenía necesidad desde la noche pasada; pero sin duda el sueño era tan ligero como dura la tabla en que descansaba, pues oyó a deshora un rechino que le hizo levantar la cabeza. Era el ronquido de una puerta. Y luego vio entrar (porque la luz y resplandor de las hachas que ardían en honor de la difunta llenaba la iglesia) dos hombres y dirigirse a la capilla de la depositada. Llegan, y el uno de ellos, que era un mozo de unos veinticuatro a veintiséis años de edad, principia a despojarla de sus dijes y diadema, y al mismo tiempo le iba poniendo otros que él traía muy parecidos a aquéllos. De que infirió que los de la muerta eran finos y los que le ponían falsos y de sola vista. Concluyéronla de despojar, y dando el joven al otro un bolsillo le dijo: hasta aquí a partir, lo demás es sólo mío: ahí tienes los treinta escudos del pacto y vete a la sacristía. Fuese en efecto, y el mozo se llegó a la muerta y la abrazó y dio muchos besos, y parecía ir más allá, cuando Pedro Saputo no pudiéndolo sufrir, y escandalizado, tomó del altar de su capilla un candelero mediano de bronce y embistiéndole con toda su fuerza acertó al mozo en el hombro y en el pecho, de que cayó en el suelo dando un grito espantoso. Acudió el sacristán o ayudante, violo desmayado, se asusta, corre a por agua, se la echa al rostro, vuelve el mozo en sí, le levanta, y sin color y cerrando los ojos de horror y tan muerto como la difunta se lo llevaba el otro medio andando medio arrastrando; cuando tomando Pedro Saputo otro candelero y haciendo antes caracol con las manos y vuelto contra la madera del altar, dio un rugido tan bravo que pareció que caían las columnas de la iglesia atronándose toda y amenazando sus altas bóvedas; y luego disparando el candelero con todo su brío, dio al sacristán en la espalda y le hizo caer en tierra con el mozo que ya casi expiraba. Faltóle también a él el ánimo entonces, y parecía que los dos iban a quedar allí muertos de horror y susto. No hablaban empero; y después de esforzarse mucho rato y de sacar entre bascas y mortales congojas trasudores fríos una respiración agonizante, pudieron llegar a la puerta por donde entraron, y la cerraron, y se oyeron luego otras más interiores. Y todo sosegado y vuelto a quedar en un silencio majestuoso y solemne, se envolvió Pedro Saputo con los manteles del altar de su capilla, por si alguien le pudiese ver, fuese como fuese, y pasó a la de la depositada. Miróle al rostro, y parecía con su serenidad y apacibilidad que le daba las gracias de tan buen oficio y defensa como le debía. Y pisando con los pies alguna cosa, vio que eran las prendas que habían quitado a la muerta. Recogiólas todas, y poniéndolas con gran respeto en el pecho y componiendo muy bien el velo y el vestido, le puso en las manos un papelcito doblado que decía, escribiéndolo con lápiz que traía consigo:

«Esta noche entre las doce y la una dos hombres infames y descomulgados han cambiado los dijes y adornos de esta doncella y se llevaban los que traía puestos. Pasar querían a ultrajalla; mas otro muerto que invisiblemente la guardaba hala defendido del ultraje y profanación que iba a padecer, y recogido las prendas robadas. Si se quiere saber quiénes son los desalmados que tan gran maldad acometieron, véase quién de los sirvientes de esta iglesia está gravemente contuso de la espalda, y él es uno de ellos y sabe del otro.» Hecho esto y al retirarse vio una cosa blanca en el suelo, alzóla y se halló que era el bolsillo de los treinta escudos que el perdido del joven había dado al sacristán y se había éste dejado caer sin cuidar de recogerle. Míos son, dijo; porque aunque los haga vocear al pregonero, seguro es que no vendrá su dueño a pedillos. Y con esto se retiró a su capilla, volviendo los candeleros a su lugar, y se recostó en el arca.

Mas de la escena que había visto le comenzó a nacer en el ánimo tan grande horror, que se le levantaron los pelos de la cabeza, y se le iba la fuerza de los miembros y la vida del corazón. Al fin, pensado en la obra tan caritativa, y tan heroica y santa que había hecho se fue sosegando y aguardó el día.

Púsose luego a pensar en su estado, y después de verse mil veces en poder de los alguaciles de Huesca y de escapárseles otras tantas por casualidad, y a malas penas, todo en su imaginación, determinó hacer la más atrevida y graciosa travesura que hombre jamás ha imaginado, como se verá en el capítulo siguiente.

miércoles, 3 de julio de 2024

Mos - Mostruos, Mounstruos


Mos, adj., mousse, émoussé, épointé.

Trop son espes denan, 

E mos deves lo trenchan.

Bertrand de Born: Greu m'es. Var. 

Sont trop épais devant, et émoussés devers le tranchant.

Mort m' agratz, s'il lansa no fos mossa.

Guillaume de Berguedan: Amics. 

Vous m'auriez tué, si la lance ne fût émoussée.

ANC. FR.

D'une flèche trop mousse Amour vous a blessé. 

Premières Œuvres de Desportes, p. 191. 

Depuis qu'il s'affoiblit et se lasche, le sentiment en devient aussi mousse, pesant et terrestre. 

Amyot, Trad. de Plutarque. Morales, t. I, p. 48.

(chap. Esmossat, esmossats, esmossada, esmossades; v. esmossá: esmosso, esmosses, esmosse, esmossem o esmossam, esmosséu o esmossáu, esmossen. Contrari: esmolat, afilat.)


Mosca, s. f., lat. musca, mouche. 

Plus suau ponh qu' una mosca.

Marcabrus: Dirai vos. 

Pique plus doucement qu'une mouche. 

Moscas, formitz e gan re d'autras bestias. Liv. de Sydrac, fol. 11.

Mouches, fourmis et beaucoup d'autres bêtes. 

ANC. FR. E tel plenté de mosques crut...

Et des mosques fu grant mervelle. Roman de Brut, t. I, p. 101.

CAT. ESP. PORT. IT. Mosca. (chap. Mosca, mosques; mosqueta, mosquetes.)

2. Moscalhos, s. m., moucheron. 

Soen volon entre nos 

Aici espes cum moscalhos. Brev. d'amor, fol. 24.

Souvent ils volent entre nous aussi épais comme moucherons.

CAT. Mosquit. ESP. PORT. Mosquito. IT. Moscherino. (chap. mosquit, mosquits; mosquitet, mosquitets.)

3. Moscail, s. m., émouchoir, éventail.

Tenc en la man, per lo caut,

Un moscail ab que s' adus vent.

Roman de Jaufre, fol. 60.

Tint à la main, à cause du chaud, un émouchoir avec quoi elle s'amène vent.

ANC. FR. Continuellement émouche de son mouschet. 

Rabelais, liv. II, ch. 15.

(chap. Abanico, abanicos. Tamé se fa aná per a espantá les mosques y los mosquits cuan se está al monte un grapat o manoll de brosquill, un tros de bocha, etc. Julio Micolau de La Fresneda lo fée aná cuan ere pastó y no lo gos de Quintaneta que es ara.)

4. Mosqueiar, v., émoucher, chasser, attraper les mouches.

Ades en l' aer mosqueia. 

Deudes de Prades, Poëme sur les Vertus.

Incessamment attrape les mouches dans l'air. 

ESP. Mosquear. (chap. Mosquejá : cassá mosques; mosquejás : enfadás, com cuan tens una mosca detrás de la orella. Yo me mosquejo, mosqueges, mosquege, mosquegem o mosquejam, mosquegéu o mosquejáu, mosquegen; mosquejat, mosquejats, mosquejada, mosquejades.) 


Mosclar, s. m., nasse.

En ayssi pot hom pendre a ssa volontat d'aquel peys sens mosclar ni sens filat. Lett. du preste Jean à Frédéric, fol. 29. 

De la sorte on peut prendre à sa volonté de ce poisson sans nasse et sans filet.

(chap. La nassa, les nasses: ret, rets en forma de banasta per a peixcá.)

mosclar, nasse, nassa, nasses, ret, rets, peixcá

Mosquet, s. m., lat. muscetus, émouchet, sorte d'oiseau de proie.

Esparvier novel e mosquet

Deu hom ab petit auzelet 

Afaitar al comensamen. 

Esparvier e mosquet mudat 

A hom plus leumen adobat.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Jeune épervier et émouchet on doit avec petits oiseaux affaiter au commencement.

Épervier et émouchet mué on a plus facilement disposé.

IT. Moscardo.

2. Mosqueta, s. f., émouchette, femelle de l'émouchet.

Mosqueta es tant rabineira, 

C' ab so que pren vai sa carreira. 

Deudes de Prades, Auz. cass. 

L' émouchette est si pétulante, qu'avec ce qu'elle prend, elle poursuit sa carrière.


Mossa, s. f., lat. muscus, mousse. 

Vestitz de mossa d' aybres. Eluc. de las propr., fol. 171.

(chap. Vestits de musgo d'abres.)

Vêtus de mousse d'arbres.

Prov. Car qui sovent sa rauba trossa, 

Jamais non cuyllera mossa. 

Trad. d'un Évangile apocryphe.

Car qui trousse souvent sa robe, jamais ne cueillera mousse.

ESP. Musco, musgo. PORT. Musgo. IT. Musco, muschio. (chap. Musgo.)


Most, s. m., lat. mustum, moût.

Vi novel es dit most. Eluc. de las propr., fol. 227.

(chap. Vi nou es dit most o mosto.)

Vin nouveau est dit moût.

Fom plus sorna la piscina

Non es most en trueyll o en tina.

Trad. d'un Évangile apocryphe.

Fut plus trouble la piscine que n'est moût en treuil ou en tine.

(chap. Most o mosto, del que se fa lo mostillo; mon cuñat es de mote mostillé, de Valderrobres; pistina; trull; tina.)

trull, pistina, tina

CAT. Most. ESP. PORT. IT. Mosto.

2. Mostarda, s. f., moutarde.

Lo gras de la mostarda es motz petitz. V. et Vert., fol. 55.

(chap. Lo gra de la mostassa es mol menut.)

Le grain de la moutarde est moult petit. 

ANC. FR. Car aquerre, s'il n' i a garde,

Ne vaut pas ung grain de mostarde. 

Roman de la Rose, v. 14658.

CAT. Mostassa, mostalla. ESP. Mostaza. PORT. IT. Mostarda.

(chap. Mostassa, mostasses, la de Dijon es la mes coneguda y se fa en los grans sansés. A Alemania ne minjo a vegades en Bratwurst, que es una llenguañissa o salchicha rostida.)

Mostela, s. f., lat. mustella, belette.

Can la mostela a son mostelon qu' es natz, ela 'l muda per paor c' om no lo y emble. Naturas d'alcunas bestias. 

(chap. Cuan la mustela té son mustelet que ha naixcut, ella lo mude (cambie) per paó, po, temó que hom no la hi emblo, prengue).

Lexique roman; Faina – Falgueira

Quand la belette a son beletton qui est né, elle le déplace par crainte qu'on ne le lui enlève.

CAT. Mostela, mustela. ANC. ESP. Mustela. (MOD. Comadreja)

IT. Mustella. (chap. Mustela, musteles; de la familia són: vissó o vissónarmiño, marta, fagina, furó.)

- Machine de guerre.

Ung engin apellat mostella.

Chronique des Albigeois, col. 73.

Une machine appelée belette.

2. Mostelon, s. m., beletton, petit de la belette. 

Can la mostela a son mostelon qu'es natz. Naturas d'alcunas bestias.

Quand la belette a son beletton qui est né.

(chap. Mustelet, mustelets, musteleta, musteletes : cría, críes de la mustela.)


Mostrar, v., lat. monstrare, montrer, indiquer, faire voir.

Mostrar la veritat.

Nat de Mons: Al bon rey. 

Montrer la vérité.

Vuelh ieu esser chantaire, 

Et en luec mon saber mostrar.

(N. E. Esto le viene al pelo al catalanista aragonés cantautor Tomás Bosque Peñarroya, el más membrillo de La Codoñera, con permiso de José Miguel Gracia Zapater, que también está hecho un membrillazo de aúpa. Junto con Arturico Quintana Font, que es de Barcelona, forman las tres desgracias del pueblo del Mezquín. Si Rubens viviese los pintaría.)

Pons Fabre d'Uzes: Luecs es.

Je veux être chanteur, et montrer à propos mon savoir.

Si m' ajut selh que s mostret en colomba.

(N. E. Esta frase supongo que la entenderá el ignorante Óscar Adamuz, del Moviment franjolí per la llengua catalana, de Santa Coloma de Gramanet, Gramenet, pueblo al que el erudito lobotomizado llama Gramanet de Besòs.)

Óscar Adamuz, moviment franjolí, franja, català

A. Daniel: Si m fos Amor.

Si m'aide celui qui se montra en colombe.

- Enseigner, apprendre.

Del segle mostrarai, 

Com se deu captener 

Qui vol bon laus aver.

Arnaud de Marueil: Razos es. 

Touchant le siècle, j' enseignerai comment se doit conduire (celui) qui veut avoir bonne louange. 

Tot quant ieu fauc ni dic que m sia honrat 

Me mostr' Amors.

Arnaud de Mareuil (Marueil): Tot quant. 

Amour m'enseigne tout ce que je fais et dis qui me soit honorable.

Loc. A totas gens mostrar ad uelh 

La dicha naissensa d'Amors.

Brev. d'amor, fol. 3. 

A toutes gens montrer à l'oeil ladite naissance d'Amour. 

CAT. ESP. PORT. Mostrar. IT. Mostrare. 

(chap. Amostrá, mostrá: mostro, mostres, mostre, mostrem o mostram, mostréu o mostráu, mostren; mostrat, mostrats, mostrada, mostrades; amostrat, amostrats, amostrada, amostrades.)

2. Mostra, s. f., montre, apparence, exposition.

Los autres compron blat en herba e lo vi en flor, cant las vinhas fan bella mostra. V. et Vert., fol. 14. 

(chap. Los atres compren blat en herba y lo vi en flo, cuan les viñes fan bona o bella mostra.)

Les autres achètent le blé en herbe et le vin en fleur, quand les vignes font belle apparence.

- Revue de troupes.

Se obligua aver en son poder C homes d' armas; apres, quan se ve a la mostra, el los presenta. Arbre de Batalhas, fol. 129.

S'oblige à avoir en son pouvoir cent hommes d'armes; après, quand se vient à la montre, il les présente.

Proverb. Ses bo mot pauc val la mostra. Leys d'amors, fol. 24. 

Sans bon mot peu vaut la montre. 

ANC. FR. La monstre de touz le triumphe fut départie en trois jours. Amyot, Trad. de Plutarque. Vie de Paul Émile.

CAT. Mostra. ESP. Muestra. PORT, IT. Mostra. (chap. Mostra, mostres.)

3. Monstranssa, s. f., démonstration, preuve.

Aquesta monstranssa fo facha. Docum. de 1409, ville de Bergerac.

Cette démonstration fut faite.

ANC. ESP. IT. Mostranza. (chap. Mostransa, demostrassió, proba.)

4. Mostramen, s. m., preuve, démonstration.

Sors de Jhesum Crist lo premiers mostramens. 

P. de Corbiac: El nom de. 

La première preuve surgit de Jésus-Christ. 

ANC. FR. Le mostrement, l' appareissance. 

B. de Sainte-Maure, Chron. de Norm., fol. 23.

ANC. CAT. Mostrament. IT. Mostramento. 

(chap. Mostramén, mostramens.)

5. Mostraire, Mostrador, s. m., démonstrateur, indicateur.

L' amor, don ieu sui mostraire, 

Nasquet en un gentil aire.

Marcabrus: Al son desviat. 

L'amour, dont je suis indicateur, naquit en une gentille demeure.

Portador e mostrador d' aquest public estrument.

Tit. de 1281. Arch. du Roy., J. 330. 

Porteur et indicateur de cet instrument public. 

ESP. PORT. Mostrador. IT. Mostratore. (chap. Mostradó : qui mostre; que mostre una mercansía, com a una tenda, bar, etc. Tamé se li diu al escot, que mostre la pitralera. Mostradós, mostradora, mostradores.)

6. Amostrar, v., montrer, enseigner, apprendre.

Que tu m denhes amostrar, en aquesta art de planetas, la causa qu'ieu quier a saber de ela. Liv. de Sydrac, fol. 138. 

Que tu me daignes apprendre, dans cet art des planètes, la cause que je cherche à savoir de lui. 

ANC. ESP.

Amostran los tedores escontra nos entrada. 

Poema de Alexandro, cop. 1515.

CAT. PORT. Amostrar. (chap. Amostrá: amostro, amostres, amostre, amostrem o amostram, amostréu o amostráu, amostren. Fa ya un grapat d'añs, los de la Penya Pork de Fórnols van fé un rosco del Pasapalabra aon ficabe: Vols (adependre o) dependre lo chapurriau?

Natros te l' amostrem. Enseñem.)

Vols dependre chapurriau ? , natros te l'amostrem, penya porc, peña porc
An este cap de soca de Calaseit, Pininfarinetes, li fa bona falta adependre lo chapurriau:

Carlos Rallo Badet, Calaceite, Calaseit, Calaceit, Calasseit, Kalat Zeyd, aragonés, catalanista, tonto útil, catalufo, baturro, cachirulo

7. Demostrar, v., lat. demonstrare, montrer, démontrer, désigner, représenter.

Volguist demostrar miracle tan apert. V. de S. Honorat. 

Tu voulus montrer miracle si manifeste. 

Demostron substantia visibil. Gramm. provençal.

(chap. Demostren, dessignen, representen sustansia vissible.)

Désignent substance visible.

Per demostrar que est' amors 

Tramet als fizels aymadors

Totz los bos noirimens.

Brev. d'amor, fol. 118. 

Pour démontrer que cet amour transmet aux amants fidèles toutes les bonnes nourritures. 

Segon que la sortz demostrava. V. de S. Honorat. 

Selon que le sort désignait. 

Part. pas. Tro qu' es en faits o en digz demostratz.

Bernard d'Auriac: S'ieu agues tan. 

Jusqu'à ce qu'il est démontré en faits ou en paroles.

La semblansa de la cara de Jhesu Crist que era demostrada en aquelha toalha. Abr. de l'A. et du N.-T., fol. 35. 

La ressemblance de la figure de Jésus-Christ qui était représentée sur cette touaille. 

CAT. Demostrar. ANC. ESP. Demonstrar. ESP. MOD. Demostrar. 

PORT. Demonstrar. IT. Dimostrare. (chap. Demostrá: demostro, demostres, demostre, demostrem o demostram, demostréu o demostráu, demostren; demostrat, demostrats, demostrada, demostrades.)

8. Demostransa, Demonstransa, s. f., démonstration, preuve.

Fils es d' avols creatura

Qui fai avol demostransa.

Pierre d'Auvergne: Bel m' es quan. 

Est fils de mauvaise créature qui fait mauvaise démonstration. 

Leials demonstransa d'aquela causa dont es doptes.

Trad. du Code de Justinien, fol. 27. 

Loyale preuve de cette chose dont il est doute. 

ANC. FR. Ses fais en font la démonstrance. Charles d'Orléans, p. 89.

ANC. CAT. Demostrança. ANC. ESP. Demonstranza. IT. Dimostranza.

(chap. Demostransa, demostranses : demostrassió, proba.) 

9. Demonstrament, s. m., présentation, manifestation.

Entro als jorns de son demostrament ad Israel.

Trad. du N.-Test., S. Luc, ch. 1. 

Jusques aux jours de sa manifestation à Israël.

- Preuve, démonstration.

La taula Dionisi que es demostramen. 

Pierre de Corbiac: El nom de. 

La table de Denis qui est démonstration. 

ANC. CAT. Demonstrament. ANC. ESP. Demonstramiento. ESP. MOD. Demostramiento. IT. Dimostramento. 

(chap. Demostramén, demostramens, com lo de Jessús a les bodes de Caná de Galilea, o a Jerusalén; manifestassió, manifestassions (sia manifesta cosa); presentassió, presentassions.)

10. Demostratio, s. f. lat. demonstatio, démonstration, description.

Demostratio, es cant hom recomta e recita alqu negoci qu' es faytz.

Leys d'amors, fol. 148. 

Description, c'est quand on raconte et rapporte aucune affaire qui est faite.

CAT. Demostració. ANC. ESP. Demostración. ESP. MOD. Demonstración (N. E. Se ha vuelto a lo antiguo). PORT. Demonstração, demostração. 

IT. Dimostrazione, dimostragione. (chap. Demostrassió, demostrassions.)

11. Demostratiu, adj., lat. demonstrativus, démonstratif. 

Sun apelat pronom demostratiu, quar demostron certa persona.

Gramm. provençal. 

Sont appelés pronoms démonstratifs, car ils désignent certaine personne.

Demostrativas, coma: Veus. Leys d'amors, fol. 100.

(chap. Demostratives, com: Veus.)

Démonstratives, comme: Voilà.

CAT. Demostratiu. ESP. Demostrativo. PORT. Demonstrativo. 

IT. Dimostrativo. (chap. Demostratiu, demostratius, demostrativa, demostratives.)


Mostre, s. m., lat. monstrum, monstre.

Serena es 1 mostre en mar, et ha cors de femna e coa de peysso.

V. et Vert., fol. 23.

(chap. La sirena es un monstruo (al) del mar, y té cos de femella y coa de peix.)

La sirène est un monstre en mer, et elle a corps de femme et queue de poisson. 

CAT. (N. E. Monstre no lo encontró Raynouard) ESP. Monstruo.

PORT. Monstro. IT. Mostro. (chap. Monstruo, monstruos.)

2. Mostruozitat, s. f., monstruosité.

Aquesta mostruozitat o defayssonament s' endeve per superfluitat de materia. Eluc. de las propr., fol. 33. 

Cette monstruosité ou difformité se produit par superfluité de matière.

CAT. Monstruositat. ESP. Monstruosidad. PORT. Monstruosidade. 

IT. Mostrosità, mostruosità, mostruositate, mostruositade.

(chap. Monstruosidat, monstruosidats.)

3. Mostruos, Mounstruos, adj., lat. monstruosus, monstrueux. 

A vegadas mostruos et desfayssonat. Eluc. de las propr., fol. 139.

Parfois monstrueux et déformé. 

Bestias que son dichas mounstruosas.

Lett. de Preste Jean à Frédéric, fol. 29.

Bêtes qui sont dites monstrueuses. 

Fig. Es cauza de diversas passios estranhas et mostruozas.

Eluc. de las propr., fol. 64.

Est cause de diverses passions étranges et monstrueuses.

CAT. Monstruos. ESP. PORT. Monstruoso. IT. Mostroso, mostruoso.

(chap. Monstruós, monstruosos, monstruosa, monstruoses.)