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domingo, 28 de julio de 2024

3. 10. De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro.

Capítul X.

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro.

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro. Virgen del Puch

Habíe sentit que los de Barbastro reedificaben o ampliaben la capella del Puch, y va aná cap allá a oferí lo seu pinsell si trataben de pintala. Y apenes va arribá, va tindre curiosidat de vore la fon de Matacroc y va eixí cap al riu. Be va está an aquella siudat en los estudians, y com no se separáen may pera aná ell a soles, ara va refé les seues antigues passes.

¡Cuán se va alegrá de vore aquella fon y aquelles grades aon va passá la nit, y se va minjá lo pastel de magre y la llenguañissa de la engañada mosseta de la rondalla! Y sen va enrecordá tamé de la sagala que lo va despertá y lo va portá a casa seua de ofissial de sastre, y va di: pos vach a vórela.

No li va sé gens difíssil trobá la casa, perque com aventura tan singular se va imprimí tota mol be a la seua memoria, y va sabé seguí lo carré y reconeixe la porta. Va cridá y va pujá escala amún. La sagala, ya se veu, ere la mateixa, la va trobá sola y pentinanse. Una mica se va turbá al vores dabán de un caballé, pos no frecuentaben casa seua persones de tanta clase; en tot li va torná lo cumplit en bastanta naturalidat.

- ¿No me coneixéu, Antonina?, li va preguntá. Lo va mirá ella y va contestá, que no mes que pera servíl.

- Pos yo tos dic que me coneixéu, així com yo tos conec. Dieume: fa sis o siat añs, ¿no vau topá un matí a la fon de Matacroc en un sagal y lo vau portá a casa perque tos va di que ere sastre? Pos aquell mateix sagal es lo home que ara tos está parlán. Se va alegrá la sagala, y va mostrá mes confiansa y va parlá en mes libertat. 

- Per sert, va di, que mos vau dixá plantades ananton per la tarde y no tornán. 

- Men vach aná a pendre lo oreo an aquella hora, vach pedre lo tino dels carrés y no vach assertá a torná al meu ofissi. En son demá vach sentí lo que va passá a la iglesia Majó y vach tindre temó que lo sel castigare an esta siudat y me embolicare a mí al cástic.

- ¿Y quína culpa teníem los demés?, va contestá Antonina; be u van pagá ixos desdichats, que un atre mort se va eixecá del sepulcro y los va ferí no se sap cóm, y se van morí los dos en tres díes sense que la justissia tinguere nessessidat de ficáls la má damún. 

La familia del jove, que eren plateros, sen va habé de aná per lo món y no se ha sabut mes de ells. Ya tot está olvidat.

- Com totes les coses que passen al món, va di Pedro Saputo; y com deu está olvidat per part de vosté lo sastret de la fon. 

- No siñó, va contestá ella, encara que be u mereixíe, pos tan poc cas va fé de natres y dels vestits que mos dixáe tallats. Ell va sé lo que mos va olvidá, que yo ben presén lo vach tindre mol tems; y lo que es del tot encara hasta avui no lo había olvidat. No podría encara que vullguera, perque tots los díes vach a la fon y sempre me pareix que lo vech allí, com lo Doncel de Sigüenza, com lo vach trobá aquell matí. Van passá después a datres explicassions y van quedá entesos.

- Pero vosté no ereu sastre, va di ella, perque poca pinta teníu ara de fé tal ofissi.

- No, Antonina; de chiquet vach sé mol carnús y pesolaga, y algo atrevidet, y per sagalería anaba a tots los tallés, y cusía en lo sastre, llimaba en lo ferré, asserraba en lo fusté, cardaba en lo pelaire, borrajeaba en lo pintó, y día missa en lo mossen. ¿No vas vore aquell mateix estiu uns estudians que van passá per aquí y van está vuit díes?

- Sí que men recordo; y que un de ells ere mol gran predicadó, y pujabe als muscles dels seus compañs en la fassilidat de un gat. 

- Pos aquell era yo; feu memoria, que a casa de N. aon vas assistí al ball, vach di entre atres coses, que les Petres eren tontes dossiletes o beates, y les Antonines resservades y grassioses.

- Es verdat, y men vach enriure mol.

- Pos u vach di per tú y te miraba al mateix tems.

- Men enrecordo, es verdat; pero ¿cóm había yo de figurám que ereu lo sagal de la fon y lo sastre dels meus vestits? ¿Per qué no me vau di algo?

- No podía aná a vóretos, ya que ere costum que cap de natros se separare a coses particulás.

Antonina lo miráe tan embelesada, y ell estáe tan olvidat de la seua pintura, que se habíen fet les nou del maití, y los van doná les deu y les onse, les dotse, la una y les dos y les tres, sense donassen cuenta y pareixenlos que no fée mes de micha hora que estáen parlán. Ella li va di que sa mare estáe a la verdat fée ya tres añs; que son pare, sempre delicat de salut, ixíe al campo ben entrat lo día, que un germá de devuit añs sen anáe de matí en lo jou a llaurá, alguna vegada tamé a polligana; y que, en fin, ella no se habíe casat per no dixá a son pare hasta que se casare lo germá, que ere lo que debíe quedás a casa. Li va alabá Pedro Saputo lo propósit y confirmat lo antic amor a satisfacsió dels dos, y se va despedí hasta l’atre día.

Después de minjá va aná al santuari, y sen va enrecordá pel camí del penitén reconeixén lo puesto del encuentro, de la trobada. 

Va arribá al Puch y va trobá un regidó que cuidabe la obra. Después van vindre un atre regidó, un canonge y un caballé, componens de la junta o comisió de la obra; y los va preguntá si al seu tems se pintaríe la capella. Va pendre la paraula lo canonge y va di que pensabe pintala, y que volíen buscá un pintó de nota.

- De nota, sí siñó, va di un regidó chato, sellut, baixet y rechonchet; un pintó famós, un pintó que no ñague al món datre igual; extrangé, per supost, perque a España no ñan mes que asclapinsells; o andalús, que es mes que extrangé.

- Pos siñós, va di Pedro Saputo, yo soc pintó, pero no de gran nota, y español pera la meua desgrassia an este cas. Sé lo que ña a Andalusía; la escola sevillana es bona, té professós aventajats, pero sense tanta vanidat de homens y gastos se podríe pintá be la capella.

- No siñó, no home, va contestá lo nassutet; y si vosté sou lo pintó, feu cuenta que no hau vist a dingú. 

- La fach, siñó decano o degá, la fach, y tan, que ara mateix vech aquí cuatre homens y me pareix que no ne vech cap.

- Taimadet sou, va di lo canonge; y yo crec que mos estáu insultán. 

- Yo no tos insulto, sol contesto al gust y sentit del caballé decano, que me ha manat fé cuenta de que no había vist a ningú; y repetixgo que me fach ixa cuenta y que crec, veénlos als cuatre, que no vech a ningú. Encomaneume tos rogo, a la Virgen, y a Deu. 

Los va girá la esquena dit aixó, va montá a la seua mula, y en ves de aná cap a la siudat va tirá cap al peu de la serra, donanli a Antonina lo chasco de no torná a vórela y fenla passá un mal día.

Va sabé lo poble después que Pedro Saputo habíe vingut a pintá la capella del Puch, y sentín que lo despressiaren, se va amotiná y acantalejá les cases dels regidós y del canonge; y al caballé lo van empendre al carré, sense que los valguere di que no lo coneixíen. 

Li van enviá una embaixada costa aball als pocs díes, y ell va contestá, que de Barbastro ni lo sel, mentres lo gobernaren sabocs, chatos y surdos y homens tan ababols com los que ell va vore al Santuari.


Original en castellá:

Capítulo X.

De cómo Pedro Saputo fue a Barbastro.

Había oído que los de Barbastro reedificaban o amplificaban la capilla del Pueyo, y fue allá a ofrecer su pincel si tratasen de pintarla. Y apenas llegó, tuvo curiosidad de ver la fuente de marras y salió al río. Bien estuvo en aquella ciudad con los estudiantes; pero no separándose nunca ninguno para ir a solas, no pudo andar sus antiguos pasos.

¡Cuánto se alegró de ver aquella fuente y aquellas gradas donde pasó la noche, y se comió la torta y la longaniza de la engañada moza de la rondalla! Y se acordó también de la muchacha que le despertó y llevó a su casa de oficial de sastre, y dijo: pues voy a vella.

No le fue en absoluto difícil encontrar la casa, porque como aventura tan singular se imprimió toda muy bien en su memoria, y supo seguir la calle y conocer la puerta. Llamó y se subió escalera arriba. La muchacha, ya se ve, era la misma, hallóla sola y peinándose. Un poco se turbó al verse delante de un caballero, pues no frecuentaban su casa personas de tanta clase; con todo le volvió el cumplido con bastante naturalidad. - ¿No me conocéis, Antonina?, le preguntó. Miróle ella y respondió, que no más que para servirle. - Pues yo os digo que me conocéis, así como yo os conozco a vos. Decid: hace seis o siete años, ¿no topasteis una mañana en la fuente un muchacho y le trajisteis a casa porque os dijo que era sastre? Pues aquel mesmo muchacho es el hombre que agora os está hablando. Alegróse la muchacha, y mostró más confianza y habló con más libertad. - Por cierto, dijo, que nos dejasteis plantadas yéndoos por la tarde y no volviendo. - Fuime a tomar el oreo de aquella hora, perdí el tino de las calles y no acerté a volver a punto de mi oficio. Al día siguiente oí lo que pasara en la iglesia mayor y tuve miedo que el cielo castigase esta ciudad y me envolviese a mí en el castigo: - ¿Y qué culpa teníamos los demás?, respondió Antonina; harto lo pagaron aquellos desdichados, que otro muerto se levantó del sepulcro y los hirió no se sabe cómo, y murieron los dos en tres días sin que la justicia tuviese necesidad de poner la mano. La familia del joven, que eran plateros, se hubieron de ir por el mundo y no se ha sabido más de ellos. Ya todo está olvidado. - Como todas las cosas que pasan en el mundo, dijo Pedro Saputo; y como debe de estar olvidado de vos el sastrecito de la fuente. - No señor, respondió ella, aunque bien lo merecía, pues tan poco caso hizo de nosotras y de los vestidos que nos dejaba cortados. Él fue el que nos olvidó, que yo harto presente le tuve mucho tiempo; y lo que es del todo aún hasta hoy no le había olvidado. No podía aunque quisiera, porque todos los días voy a la fuente y siempre me parece que le veo allí dormido como lo encontré aquella mañana. Pasaron después a otras explicaciones y quedaron entendidos.

- Pero vos no erais sastre, dijo ella, porque malas trazas tenéis agora de hacer semejante oficio. - No, Antonina; sino que de niño fui travieso y algo atrevidillo, y por niñería iba a todos los talleres, y cosía con el sastre, limaba con el herrero, aserraba con el carpintero, cardaba con el pelaire, borrajeaba con el pintor, y decía misa con el cura. ¿No viste aquel mismo verano unos estudiantes que pasaron por aquí y estuvieron ocho días? - Sí me acuerdo; y que uno de ellos era muy grande predicador y se subía en los hombros de sus compañeros que parecía un gato. - Pues aquél era yo; y si no, acordaos que en casa de N. donde asististe al baile, dije entre otras cosas, que las Petras eran tontas docilillas o beatas, y las Antoninas reservadas y graciosas. - Es verdad, y me reí mucho. - Pues lo dije por ti y te miraba al mismo tiempo. - Me acuerdo, me acuerdo; pero ¿cómo había yo de figurarme que erais el muchacho de la fuente y el sastre de mis vestidos? ¿Por qué no me decíais algo? - No podía porque no había de ir a veros, no siendo costumbre que ninguno de nosotros se parase a cosas particulares.

Antonina le miraba tan embelesada, y él estaba tan olvidado de su pintura, que eran las nueve de la mañana cuando fue, y les dieron las doce sin recordar y pareciéndoles que no hacía más de media hora que estaban hablando. Ella le dijo que su madre estaba en la verdad hacía tres años; que su padre, siempre delicado de salud, salía al campo entrado ya bien el día, que un hermano de dieciocho años se iba de mañana con la yunta; y que, en fin, ella no se había casado por no dejar a su padre hasta que casase el hermano, que era el que debía quedar en casa. Alabóle Pedro Saputo el propósito y confirmado el antiguo amor a satisfacción de ambos, se despidió hasta el otro día.

Luego después de comer fue al santuario, y se acordó en el camino del penitente reconociendo el sitio del encuentro. Llegó a Pueyo y encontró un regidor que cuidaba la obra. Después vinieron otro regidor, un canónigo y un caballero, componentes de la junta o comisión de la obra con el primero; y les preguntó si a su tiempo entendían pintar la capilla. Tomó la palabra el canónigo y dijo que pensaba pintalla, y que querían buscar un pintor de nota. - De nota, sí señor, dijo un regidor chato, cejudo, bajo y rechonchuelo; un pintor famoso, un pintor que no lo haya en el mundo; extranjero, por supuesto, porque en España no hay más que cascabrochas; o andaluz, que es más que extranjero. - Pues señores, dijo Pedro Saputo, yo soy pintor, pero no de gran nota, y español por mi desgracia en este caso. Sé lo que hay en Andalucía; la escuela sevillana es buena, tiene profesores aventajados, pero sin tanta vanidad de hombres y gastos se podría pintar bien la capilla. - No señor, no señor, respondió el narigueta; y si vos sois el pintor, haced cuenta que no habéis visto a nadie. - La hago, señor decano, la hago, y tanto, que agora mismo veo aquí cuatro hombres y me parece que no veo ninguno. - Taimado sois, dijo el canónigo; y yo creo que nos estáis insultando. - Yo no os insulto, sino que respondo al gusto y sentido del caballero decano, que me ha mandado hacer cuenta que no había visto a nadie; y repito que me hago esa cuenta y que creo, viéndoos a los cuatro, que no veo a nadie. Encomendadme os ruego, a la Virgen, y a Dios. Volvióles la espalda con esto, montó en su mula, y en vez de ir a la ciudad guió hacia el pie de la sierra, dando a Antonina el chasco de no volver a verla y haciéndola pasar un mal día.

Supo el pueblo después que Pedro Saputo había venido a pintar la capilla del Pueyo, y sintiendo que le despreciasen, se amotinó y apedreó las casas de los regidores y del canónigo; y al caballero le ultrajó en la calle, sin que les valiese decir que no le conocían. Mandáronle una embajada a los pocos días, y él respondió, que de Barbastro ni el cielo, mientras le gobernasen tontos, chatos y zurdos y hombres tan baladíes como los que él vido en el Santuario.

3. 9. De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar.

Capítul IX.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.


Mol al seu gust vivíe Pedro Saputo an aquell tems, volgut de tots, requerit, buscat, cridat y selebrat, próspero (com Bufa al ull, Bofarull) y ric, mes be per la seua modestia y filossofía que per les riqueses, encara que ya ere tal lo seu estat, que sa mare lluñ de serví a datres ere ella servida, pos teníe criades y se veíe estimada y respetada al poble per lo seu fill, y per nella mateixa tamé, que sabíe tratá en los grans y en los minuts sense adulá an aquells ni afoná als atres. Pedro Saputo estudiabe, cassabe, y donáe los ratos libres a les seues dos enamorades Rosa y Eulalia, que en les lecsions y trate de un home com ell habíen millorat mol lo seu bo natural, y reflejaben la seua amabilidat y la seua grandesa de ánimo, discretes, enteses, ben parlades y naturals, en tot amabilíssimes. Al poble y casa de don Severo pesse a la carta y amor de Morfina y de la promesa a son pare no pensabe anáy tan pronte per raons que ell teníe y que al seu tems declarará a qui correspongue. Y no va dixá de sentí esta contradicsió de la sort, perque encara no van passá dos mesos, cuan va sabé que habíe mort don Severo; y ni en este motiu se va atreví a aná a vore a Morfina. La sala en aixó ya no se pintaríe; y se quedaríe al seu puesto. Ixíe a pintá per alguns pobles; encara que sén totes obres de poca monta, eren les aussensies curtes y servíen sol pera renová lo gust de aquella dolsíssima vida. Pero va ocurrí al cap de un tems un cas que lo va entristí de gran manera, casi no ne teníe prou en tota la seua filossofía pera no renegá del seu poble, y agarrá a sa mare y anassen a viure a un atre.

Lo ferré un día se va cabrejá en la seua dona perque li habíe portat lo amorsá gelat; y agarrán un ferro ruén que estáe calentanse a la forja lay va embutí per la boca hasta lo garganchó, expirán la infelís al cap de un ratet. Ere lo ferré home mol estrafalari, bossal, may segú y de mol males bromes, perque es de advertí que tot u fée enriénsen. La pobre dona passáe molta pena en ell, si li apetíe fótreli lleña, lay fotíe; si acarissiali lo pel, lay acarissiáe; fela dormí a enterra despullada y sense roba al hivern, la fée dormí o gitás aixina; si li oferíe com per cariño un mosset en la cullera, al tems que obríe la boca lay tiráe a la cara o al pit. Atres vegades agarrabe un gabiñet, y fenla estirás y ficanli lo peu al coll jugabe a degollá al cordé o al gorrino, o acabáe eixecán lo bras dién: quí com Deu. 

Atres li lligabe los brassos al cos y después les cames, y la fée rodá per lo cuarto y alguna vegada per la escala. Pero esta burla que va volé fé en lo ferro de la forja va superá a totes, pos va dixá a la pobre dona sense vida en menos de cuatre minuts.

Lo van prendre inmediatamen, y ficat a la presó en moltes cadenes al coll y grillets als peus, lo van jusgá aquell mateix día y lo van condená a mort; la sentensia la ejecutaríen un atre día. Ya estáe la forca eixecada y tot lo poble a la plassa aguardán la ejecussió; ya lo traíen y portáen al patíbul, cuan puján un del poble baixotet damún dels muscles de un atre poc mes alt, va di:

"¿Qué faréu, fills de Almudévar? ¿Conque enforcaréu o penjaréu al ferré, que sol ne tenim un? Y ¿qué farem después sense ferrero? ¿Quí mos luciará les relles? ¿Quí ferrará les nostres mules desmemoriades? miréu lo que passe. En ves de penjá al ferré que mos fará después muita falta, perque ye sol, enforquem un teixidó que ne tenim set al poble y per un menos o mes no ham de aná sense camisa».

- ¡Té raó!, ¡té raó!, van cridá tots; ¡penjarem a un sastre!, ¡un teixidó!... ¡un sastre!... Y sense mes que esta veu y crit agarren al primé de ells que van topetá per allí, lo porten a la forca, lo pujen y lo penchen, y fiquen en libertat al ferré.

Va sabé aixó Pedro Saputo, que no va volé aná a la ejecussió ni habíe eixit de casa, y va aná corrén a escape a la plassa a vore si podíe impedí aquella animalada injusta; pero va arribá tart perque ya estáe garreján lo infelís del sastre. Se va umplí de horror de tan gran barbaridat, y sen va entorná cap a casa seua mut de paraules y gelat lo cor, pareixenli que lo sel y la terra se habíen cambiat lo puesto.

Per la tarde los va di als prinsipals del poble que van aná a vórel:

- Calléu al menos, siñós; que aixó no se sápigue; que aixó no ixque dels nostres muros; perque, ¿qué se dirá de natres? Si aixó arribe a sabés, y se sabrá, no dudéu que mentres lo món seguixque sen món se sitará y recordará en etern baldón del nom de Almudévar. 

Pero ells se van excusá dién que no van podé convense a la multitut irrassional, ni fes sentí en aquell momén.

Y se va consumá la barbaridat mes gran que van vore los siglos.

Pedro Saputo va sentí tan disgust, que pera distraures va agarrá la espasa y una mula de son padrí y sen va aná a passá uns díes fora.


Original en castellá:

Capítulo IX.

De donde viene el dicho: La justicia de Almudévar.

Muy a su gusto vivía Pedro Saputo en aquel tiempo, querido de todos, buscado, llamado y celebrado, próspero y rico, más bien por su modestia y filosofía que por las riquezas, aunque ya era tal su estado, que su madre lejos de servir a otros era ella servida, pues tenía criadas y se veía estimada y respetada en el pueblo por su hijo, y por ella misma también, que sabía tratar con los grandes y con los pequeños sin adular a aquéllos ni confundir a éstos. Pedro Saputo estudiaba, cazaba, y daba los ratos libres a sus dos enamoradas Rosa y Eulalia, que con las lecciones y trato de un hombre como él habían mejorado mucho su buen natural, y reflejaban su amabilidad y su grandeza de ánimo, discretas, entendidas, bien habladas y naturales en todo amabilísimas. Al pueblo y casa de don Severo a pesar de la carta y amor de Morfina y de la promesa de su padre no pensaba ir tan pronto por razones que se tenía y que a su tiempo declarará a quien corresponda. Y no dejó de sentir esta contradicción de la suerte, porque aún no pasaron dos meses, cuando supo que había muerto don Severo; y ni con este motivo se atrevió a ir a ver a Morfina. Sobre que la sala con esto ya no se pintaría; y permanecería en su lugar. Salía a pintar a algunos pueblos; aunque siendo todas obras de poco momento, eran las ausencias cortas y servían sólo de renovar el gusto de aquella dulcísima vida. Pero ocurrió de ahí a algún tiempo un caso que le afligió en gran manera, no bastando casi toda la filosofía para no maldecir de su pueblo, y coger a su madre e irse a vivir a otro.

El herrero un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca y la garganta, expirando la infeliz en brevísimo rato. Era el herrero hombre muy estrafalario, bozal, nunca seguro y de muy malas chanzas, porque es de advertir que todo lo hacía riendo. La pobre mujer pasaba mucho trabajo con él porque sin más causa ni motivo que antojársele darle palos, le daba; mesarle los cabellos, se los mesaba; hacerla dormir en el suelo desnuda y sin ropa en invierno, la hacía dormir o acostarse así por lo menos; ofrecerle como por cariño un bocado con la cuchara, se lo ofrecía y al tiempo que abría la boca se lo tiraba a la cara o en el seno. Otras veces cogía un cuchillo, y haciéndola echar y poniéndole el pie en el cuello jugaba a degollar el carnero o el cochino, o concluía levantando el brazo diciendo: quién como Dios. Otras la ataba los brazos al cuerpo y luego las piernas en uno, y la hacía rodar por el cuarto y tal vez por la escalera. Pero esta burla que quiso hacer con el hierro de la fragua superó a todas, pues dejó a la pobre mujer sin vida en menos de cuatro minutos.

Prendiéronle inmediatamente, y puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies, le juzgaron aquel mismo día y le condenaron a muerte; cuya sentencia iban a ejecutar otro día. Ya estaba la horca levantada y todo el pueblo en la plaza aguardando la ejecución; ya le sacaban y llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro dijo: «¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque esforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as rellas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa». - ¡Tiene razón!, ¡tiene razón!, gritaron todos; ¡enforcar un teisidor!, ¡un teisidor!... ¡un teisidor!... Y sin más que esta voz y grito cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero.

Supo esto Pedro Saputo, que no quiso ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia; pero llegó tarde porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad, y se volvió a su casa mudo de palabras y frío del corazón pareciéndole que el cielo y la tierra se habían mudado.

Por la tarde dijo a los principales del pueblo que fueron a verle: - Cállese al menos, señores; que esto no se sepa; que esto no salga de nuestros muros; porque, ¿qué se ha de decir de nosotros? Si esto llega a saberse, y se sabrá, no dudéis que mientras el mundo sea mundo se citará y recordará con eterno baldón del nombre de Almudévar. Mas ellos se excusaron diciendo que no pudieron persuadir a la multitud irracional, ni aun hacerse oír en aquel momento. Y se consumó la barbarie más inicua que vieron los siglos.

Pedro Saputo sintió tanto disgusto, que por distraerse tomó la espada y una mula de su padrino y se fue a pasar unos días fuera.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 10. Pedro Saputo escomense la vida de estudián.

Capítul X.

Pedro Saputo escomense la vida de estudián.

bizcochos, cocs rapits, cocs en anous; Pedro Saputo escomense la vida de estudián.

Aquella nit van arribá a una aldea de mes de sixanta y vuit cases, y parats entre dos llums y fen alto a la plassa van tocá una mica los instrumens pera cridá la atensió. Pronte se van trobá voltats de gen dixanse mols la cullera al plat pera vindre a sentils. Paquito en una seña los va fé formá lo púlpito, va saltá an ell y va di en tono de oratoria y en veu grossa:

"Fills y siñós de esta siudat: no penséu que estos sing estudians venim a demanatos lo pa que tos hau de minjá, ni les perres que teníu condenades a mort, perque som bastán rics pera no nessessitá res de lo que tingáu mes menesté y falta. Mol menos venim a sabé lo que les vostres dones han fet avui o van fé ahí; encara que si vullguerem be tos sabríem di lo que farán demá. Ni tampoc venim a fetos rics, perque esta operassió y pensamén la guardem pera natres; pero tampoc pobres, encara que avui mos donéu de sená y llit y demá lo que pugáu. A lo que venim es a tráuretos cavilassions y aforratos sen setse visites del vostre meche, si ne teníu; encara que segons yo crec, o no ne teníu, o li paguéu y no tos visite.»

Y ere la verdat, perque se habíen consertat en lo dotó de un atre poble mes gran y may anáe an éste si no lo cridáen, mes que a firmá la escritura y cobrá los seus honoraris.

Lo escoltáe embelesada aquella gen, sen enríen com a baubos, y ell al pas que se internabe a la materia anáe soltán chistes y malissioses alusions, pero sense provocá vergoña ni faltá a dingú; y va preguntá si los escolastics habíen de dormí a la plassa y sená rayos de lluna y resplandós de les estrelles o dels estels.

En aixó se va arrimá un home de bon talante pero una mica severo que va di que ere l'alcalde y ne va demaná dos pera casa seua; y un atre de bones trasses va demaná los tres que quedáen; y un atre de no pichós indissis va demaná los sing; y per bona compossisió y eixecanli la má Paquito, perque encara ñabíe datres que volíen emportassels, se va acordá que soparíen a sing cases, un a cada una, y dormiríen a dos, les mes veínes entre elles, pera separás lo menos possible. Pero que abans, pera alegrá a tan nobles veíns, donaríen una volta per lo poble tocán los instrumens, que eren una vihuela, un violín, una pandereta y lo pito. 

Aubríe camí Paquito cuatre o sis passes dabán, parlán sense pará y fen riure a la gen, tan que apenes se sentíe la música per damún de les risses y carcañades. Ningú se descusíe de ells; y va di:

- Si pensáu, siñores dones, que avui an esta siudat se ha de sená ven y armonía de oíts, estéu mol equivocades. Sabéu, sobre tot, que esta primera música es sol per als homens, l'atra sirá pera vatres les dones. Anéu inmediatamen a prepará la sena, o de lo contrari mor la música y no la ressussitaréu encara que tos tornéu totes bruixes, les que no u siguéu ya.

- Té raó, van cridá los homens; cap a casa les dones. 

Y elles avergoñides y en temó de un atra jaculatoria mes picán, se anáen desfén del motín y enfiláen cap a les seues cases. 

Van doná, pos, la volta al poble, y se van repartí pera sená.

Reunits después a casa del alcalde en los prohomens del poble (alguna manáen mes que lo propi alcalde) van deliberá que, pera que cabiguere mes gen, fore lo ball a la sala de les cases consistorials; y als estudians los van di que no demanaren res perque entre los prinsipals y mes generosos los arreplegaríen una bona propina. Y així u van cumplí com honrats que eren.

Lo ball va durá hasta les dotse de la nit, y va corre lo bon vi blang, los bizcochos, cocs rapits, cocs en anous y la galantería.

En son demá se van despedí de les persones que mes los habíen honrat y afavorit, y del poble en una música rasgada que sempre sonáe be y los anáe portán fora del poble, seguinlos tots en gran afissió y mol contens, com a Hamelín o Hameln. Van pará de tocá a la eixida y van alsá los instrumens en siñal de besamans, y después en les gorres se van despedí mes a la manera y a la inteligensia del vulgo.

Al mateix poble se van fé en un llibre antic de latín que van demaná a un huésped, y agarranlo Pedro Saputo, en un rato va repassá los nominatius, en un atre les conjugassions, callán que les haguere adeprés; va adependre de memoria escribín a un papé les parts indeclinables que mes se fan aná, y en pocs díes va resultá sé un mich latino, faltán poc de lo que va prometre o prometí cuan va di que adependríe lo latín en vuit díes. Perque en lo ejercicio de parlá sempre en latín entre ells, mol pronte va igualá als seus compañsy después a casa seua lo va acabá de adependre en mes fundamén. Los estudians no van volé creure que no sapiguere latín, pensáen que fée vore que lo estudiabe y que no los enteníe, tot teatro (al contrari que después fará Ignacio Sorolla Vidal, que an estes hores encara no sap lligí ni una frasse sansera en latín, aixó sén doctor en sossiollingüística).

Perque ademés a les cuestions de filossofía y hasta de atres siensies, parláe tan be o milló que ells, y discurríe mol sabiamen a totes.

Y lo van mirá en respecte creénlo de gran naiximén, encara que dissimulat en aquell disfrás, pos encara los va doná atres probes que los van confirmá esta sospecha.

Una vegada fora del poble y algo apartats, los va demaná que li faigueren la mersé de lligili o ressitali les ordenanses, usos y estils que guardaben; y li van contestá:

- U sabéu ya tan be com natros perque totes se reduíxen a dos: 

a sé honrat y fé lealmen lo traball y lo profit.

- U són, en efecte, com diéu, va contestá ell, perque són les leys de la raó y de la bona y justa sossiedat. Y parlán y proyectán escenes, jocs y diablures, se van entretindre tamé lo que quedáe del día, y van arribá a les sing de la tarde a un poblet de uns tressens o cuatressens veíns, y van entrá tocán un viu passacarré o pasacalle, afegit ya un nou instrumén a la orquesta: perque Pedro Saputo habíe manat fé al ferré de la primera aldea, apellidat Dilla, un triángul de ferro primet y ben amartellat pera que sonare mol.

Lo que tocáe lo pito, que estáe arguellat y ere mol feo, y, com tots los feos solen sé, charraire y grassiós, teníe lo papé de tuno, que sempre se done al mes matraca y espabilat de la compañía (com lo cantán de Los Draps de Peñarroija, Ignacio Romero Rivases).

Y encara que desde que va sentí la vespra a Paquito se creíe mol inferió an ell, va conservá la autoridat ordinaria. Lo pito per atra part ere un instrumén que no lo incomodabe, fée poca falta a la orquesta, y lo tocáe o no, segons li apetíe o conveníe.

Com van entrá ya tocán se va formá un clapé de gen voltanlos, y después lo tuno alsán lo pito, va di:

- Siñós, al meu pito, al meu pito, que a ningú li fa falta, com veéu.

Al meu pito, dic; ixa micha pesseta, ixa pesseta, eixe escut, eixe doblón tallat de una barra de or deu vegades mes gran que lo meu pito. Y lo enseñabe, y tocáe per dos o tres carrés, y tornáe: al meu pito, siñós, que té la virtut de espantá a les bruixes, esbarrá los duendes, curá lo mal de mare, adormí als morts, despertá als vius, alegrá al que té ganes, y torná lo pel als segos, la vista als calvoslo oít als coixos y l’añ bissiesto al calendari.

Botiga Ascuma

Aquí lo veéu, aquí lo teniu, aquí está a la meua disposissió y a la vostra. A vore, dic ixa micha pesseta, ixa pesseta que está al purgatori y vol eixissen de penes. Y dién aixó tiráe la gorra abán y la anáe passán per lo corro sense pará de parlá com un energúmeno; y caíen allí monedes de totes les edats y talles, figures y colós com si ploguere.

Mentrestán anáen adelantán pel carré, y aon veíen bones robes y bones cares als balcons se paraben o aturaben una mica a obsequiáls, y féen plega de lo que caíe al atractiu de les veus del tuno. Va caure de un balcó un escut de or (que valíe noranta sueldos jaquesos, o uns 85 reals de vellón); y al vóreu Pedro Saputo va saltá als muscles de un compañ y va besá mil vegades la má y los peus a una chiqueta de dessat a devuit añs de edat, tendra com una flo al eixí del cáliz, hermosa com cap atra a la terra, amabilíssima de mirá, y mol rica y grassiosamen vestida. Ere la del escut, la hi habíe entregat son pare al mateix balcó y a vista de tots, pera que de la seua má fore mes asseptat. La va mirá mol Pedro Saputo, al mateix tems que li estáe dién les alabanses a la seua dignidat y bellesa, y requeríe la ocasió; y ella, encara que vergoñosa, lo va mirá tamé an ell en la libertat disimulada de aquella pública inesperada festa.

Va baixá, y preguntán cóm se díe aquella deidat y diénli que Rufina, li va mudá lo nom a Morfina, li van cantá micha dotsena de lletres en les que la declaraben (sense feli favor) la mes hermosa, la mes amable y soberana de la terra, y se oferíen tots ells com los seus esclavos, quedanse pera sempre hasta a casa seua y al poble lo nou nom de Morfina, perque a tots va agradá mes que lo verdadé.

Van tirá cap abán; y estáen tocán a un cruse, apretats de tanta gen que los seguíe y voltáe, y corríe la gorra del tuno prou pera no esperá mes del concurs, al tems de probá de ixissen de la turbamulta.

Al sentro se habíe ficat una dona de sincuanta a sixanta añs de edat, mal vestida y en alguna extravagansia, y reparán lo tuno en ella y les espentes que fotíe pera eixí, li va di:

- Bona dona, ¿per qué ixíu de casa en ixe nas y tan mal farjada?

Ere lo cas que lo teníe encara mes feo; pero ella se va picá y va contestá un disparate. Va acudí Pedro Saputo y li va di:

- Aquí, reina meua, que ting que ditos algo al oít.

- A un atra part me u diréu - (y la va nomená y siñalá), va contestá ella, - burlón y bellaco.

- Adiós, pos, reina, va torná a dili. Y ella sense girás:

- Be podríes portá algún gat o mona pera divertitos, mol fill de puta.

Entonses Paquito (Pedro Saputo), pegán un brinco, salte als muscles de un compañ, y diriginse a la dona que se allargáe remugán y refunfuñán, li va dispará este borbollón de insults tiranlos a aumostades en les dos mans:

- Vaigue en Deu la piltrafa pringada, zurrapa, gitada, vomitada, aubarda arrastrada, tía curtna, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, espart, zarandajo, drapot, cullerot, ranacuajo, zancajo, espantall, granerot, escarbat, escarabicha, gargall, moc, mocajo, pell de rabosa, fuina, cagachurre, mocarra, pum, pum, callosa, cazcarrosa, chinchosa, mocosa, legañosa, estoposa, mohosa, sebosa, muermosa, asquerosa, ojisucia, ullbruta, podrida, culiparda, hedionda, pudenta, la gran pudina, picuda, getuda, greñuda, juanetuda, patuda, hocicuda, morruda, llanuda, zancuda, diabla, puncha tripes, fogó apagat, caldero aboñat, to - to - to - ottorrrrr... culona, cagona, zullona, moscona, trotona, ratona, chochona, garrullona, sopona, tostona, chanflona, gata chamuscada, gossa parida, morcó reventat, trasgo del barri, tarasca, estafermo, pendón de Zugarramurdi, chirigaita, ladilla, verruga, caparra, sapo revolcat, jimia escaldada, cantonera, mochilera, cerrera, capagalls...

Y va pará tan perenne temporal de vituperis, perque la infelís va desapareixe de la vista habén torsut per un atre carré, traén flames de la cara, y suán y morinse de vergoña.

No haguere acabat ell en tota la tarde la ploguda de insults si la cantonada que va girá no la haguere amparat. La gen sen va enriure tan y estáe tan embelesada, que ningú pensabe anassen, per minuts creixíe lo concurs y lo favor del poble.

Al mich de esta distracsió y jaleo, un sagal que se va colá per entre les garres y faldes va presentá al tuno un llibre en latín per si lay volíe comprá. Va pendre lo llibre y lo va mirá y va vore que ere de medissina, y va di: ¿Llibres creíes que compraríem? Errasti, fill de ta mare. Mira, les dens mo se han escantellat y corcat de tan estudiá (y los hi enseñabe). Estos díes ham tratat seriamen del cas y yo y lo meu pito dixarem la carrera y mos embarcarem cap a Jauja, o mos ficarem a monges capuchines. Per lo Chiquet de la bola, que ha sigut impertinensia la teua. Ves en Deu y en lo teu llibre a qui t'ha parit. 

Y va torná a la seua.

Poc a poc va arribá la nit, mes per nugols que per la paora o les tiniebles, que no eren mes de les vuit y parán la ronda van preguntá per lo messón o fonda pública pera retirás.

¿Cóm que una fonda?, va cridá un dels que los seguíe desde lo primé carré; aquí, siñós llissensiats, lo messón pera vostra mersé, lo palau y la barraca, es casa meua. Anem cap allá, que ya hay avisat a la meua dona que aumento algo la sena.

Pos yo, veí, va di l'atre, había manat un atra cosa; pero vosté hau parlat primé, vaiguen allá esta nit; demá, siñós llissensiats, són vostres mersés los meus convidats tot lo día.

Van aná cap allá y van sopá. Pero ya mentres senaben se habíe tratat entre los del poble de reunió y ball; cuan arribe lo pare de la chiqueta que va doná lo escut de or, y los va di:

- Siñós llissensiats, séntigo habé de molestá, pero soc home y pare, y vull doná gust a la meua dona y no tráurel a una filla única que Deu me ha donat. Yo dessicharía que después de sená se servigueren vostres mersés vindre a casa meua en los instrumens un rato.

- A la vostra noblesa, siñó caballé, va contestá Pedro Saputo, res podem ni volem negá: som mol criats de vostra mersé, y agraím y fiquem al seu pun la cortessía de habé vingut en persona, cuan un simple recado mos valíe pera aná a ficamos a la vostra disposissió y al respecte y ordens de aquelles siñores.

- Pos vosté los acompañaréu amic, va di al nou huésped. 

Los va doná les grassies, saludanlos y sen va aná sense permití que se eixecaren de la taula.

- Es un home mol ric, va di lo huésped, y sap gastá.

Té una filla (ya la hau vist) a la que li diuen lo sol de Aragó; y de España y del món u podríe sé, per la seua hermosura.

Cada día arriben pretendens, y entre ells alguns siñós de títul; y tots prometixen resposta, y la donen sense dudá, pero cap de ells torne, perque lo pare vol que la filla se caso en tot lo seu gust, y la chiqueta no se enamore al vol, que, encara que es jove, es tan discreta com hermosa. Mol be tos ha de aná allá. 

¿Un escut de or va caure del balcó? Atres seguirán an aquell, yo tos u fío, perque es don Severo mol nobilíssim.

- Pos despachem, va di lo del pito, y anem.

- No, siñós, no, va replicá lo huésped; no ña per qué saltá per damún dels plats; ara a sená y después lo festejá.

Pero ells tan al sopá com después a casa del caballé van está mol templats, perque la tersera ley de les seues ordenanses ere que se habíe de guardá sobriedat pera no deshonrá lo hábit o caure a mengua.


Original en castellá:

Capítulo X.

Pedro Saputo da principio a la vida estudiantina.

Aquella noche dieron consigo en una aldea de más de sesenta y ocho casas, y llegados entre dos luces y haciendo alto en la plaza tocaron un poco los instrumentos para llamar la atención. Pronto estuvieron rodeados de gente dejando muchos la cuchara en el plato por venir a oírlos. Paquito a una seña les hizo formar el púlpito, salta en él y dice en tono oratorio y grave: «Hijos y señores de esta ciudad: no penséis que estos cinco estudiantes venimos a pediros el pan que os habéis de comer ni los dineros que tenéis condenados a muerte, porque somos bastante ricos para no necesitar nada de lo que tengáis más menester y falta. Mucho menos venimos a saber lo que vuestras mujeres han hecho hoy o hicieron ayer; aunque si quisiéramos bien os sabríamos decir lo que harán mañana. Ni menos venimos a haceros ricos, porque esta operación y pensamiento la guardamos para nosotros; pero tampoco pobres, aunque hoy nos deis de cenar y cama y mañana lo que nos cumpla. A lo que venimos es a quitaros cavilaciones y ahorraros de ciento dieciséis visitas de vuestro médico si lo tenéis; aunque según yo conjeturo o no tenéis, o le pagáis y no os visita.» Y era la verdad, porque se habían concertado con el médico de otro lugar mayor y nunca iba a éste si no le llamaban, salvo a firmar la escritura y cobrar su cuanto.

Oíale embelesada aquella gente, se reían como bobos, y él al paso que se internaba en la materia se soltaba en chistes y maliciosas alusiones, pero arrebozando mucho la idea para que a nadie causasen rubor; y concluyó preguntando si los escolásticos habían de dormir en la plaza y cenar rayos de luna y resplandores de las estrellas. Luego se acercó un hombre de buen talante que dijo ser el alcalde y pidió dos para su casa; y otro de buenas trazas pidió los tres restantes; y otro de no peores indicios pidió los cinco; y por buena composición y tomando la mano Paquito, porque aún había otros que querían llevárselos, se acordó que cenarían en cinco casas, uno en cada una, y dormirían en dos las más vecinas entre sí para separarse menos. Pero que antes, para alegrar a tan nobles vecinos, darían una vuelta por el lugar tocando los instrumentos, que eran una vihuela, un violín, una pandera y el pito. Abría camino Paquito cuatro o seis pasos adelante hablando sin parar y haciendo reír a la gente que apenas se oía la música por encima de las risas y carcajadas. Nadie se descosía de ellos; y dijo: - Si pensáis, señoras mujeres, que hoy en esta ciudad se ha de cenar viento y armonía de oídos, estáis muy equivocadas. Sabed, sobre todo, que esta primera música es sólo para los hombres, la otra será para vosotras. Pero id de aquí inmediatamente a aderezar la cena, o de lo contrario muere la música y no la resucitáis aunque os tornéis todas brujas las que no lo fuéredes ya ahora. - Tiene razón, gritaron los hombres; a casa las mujeres. Y ellas avergonzadas de temor de otra jaculatoria más picante, se iban deshaciendo del motín y escurriéndose a sus casas. Dieron, pues, la vuelta al lugar, y se repartieron a cenar.

Reunidos después en casa del alcalde con los prohombres del pueblo deliberaron que, por más capaz, fuese el baile en la sala de las casas consistoriales; y a los estudiantes les dijeron que no pidiesen nada porque entre los principales y más generosos les recogerían una buena propina. Y así lo cumplieron como honrados.

El baile duró hasta las doce de la noche, y anduvo por alto el buen vino blanco, los bizcochos y la galantería. Al día siguiente se despidieron muy a lo caballero de las personas que más los habían honrado y favorecido, y del pueblo con una música rasgada que los iba llevando fuera del lugar, siguiéndolos todos con grande afición y contento. Pararon de tocar a la salida y alzaron los instrumentos en señal de besamanos, y después con las gorras se despidieron más en forma y a la inteligencia del vulgo.

En el mismo pueblo se hicieron con un Arte viejo que pidieron a un huésped, y tomándole Pedro Saputo, en un rato repasó los nominativos, en otro las conjugaciones, callando que las hubiese aprendido; tomó de memoria escribiéndolas en un papel las partes indeclinables de más uso, y en pocos días salió un mediano latino faltando poco de lo que prometiera cuando dijo que aprendería el latín en ocho días. Porque con el ejercicio de hablar siempre en latín entre ellos, muy pronto igualó a sus compañeros, y después en su casa le acabó de aprender con más fundamento. Los estudiantes no quisieron creer que no supiese latín, sino que hizo que lo estudiaba y que no los entendía, todo pamema. Porque además en las cuestiones de filosofía y aun de otras ciencias, que se movían, hablaba tan bien y mejor que ellos, y discurría muy sabiamente en todas. Y le miraron con respeto creyéndole de alto nacimiento, aunque disimulado con aquel disfraz, pues todavía les dio otras y otras pruebas que los confirmaron en esta sospecha.

Luego que estuvieron fuera del pueblo y algo distantes, les pidió que le hiciesen la merced de leerle o decirle las ordenanzas, usos y estilos que guardaban; y le respondieron: - Sabéis ya tan bien como nosotros porque todas se reducen a dos, a ser honrado y hacer común lealmente el trabajo y el provecho. - Sélas en efecto, como decís, contestó él, porque son las leyes de la razón y de la buena y justa sociedad. Y parlando y proyectando escenas, juegos y diabluras, se entretuvieron también lo más del día, y llegaron a las cinco de la tarde a un lugar de hasta trescientos o cuatrocientos vecinos, y entraron tocando un vivo pasacalle, añadido ya un nuevo instrumento a la orquesta: porque Pedro Saputo, habían mandado hacer al herrero de la primera aldea un triángulo de hierro delgado y bien martillado para que fuese muy sonoro.

El que tocaba el pito, que era seco y muy feo, y, como todos los feos suelen ser, decidor y gracioso, tenía el papel de tuno, que siempre se da al más matraca y despabilado de la compañía. Y aunque desde que oyó la víspera a Paquito se creía muy inferior a él, no obstante conservó la autoridad ordinaria. El pito por otra parte era instrumento muy mañero y no sólo no le incomodaba, sino que hacía poca falta a la orquesta, y le tocaba o no según se le antojaba o convenía.

Como entraron ya tocando se agolpó un gran gentío sobre ellos, y luego el tuno alzando el pito en alto, dijo: - Señores, a mi pito, a mi pito, que a nadie hace falta como veis sino a la vihuela y la pandera. A mi pito, digo; esa media peseta, esa peseta, ese escudo, ese doblón cortado de una barra de oro diez veces mayor que mi pito. Y le enseñaba, y tocaba dos o tres carreras, y volvía: a mi pito, señores, que tiene la virtud de espantar las brujas, ahuyentar los duendes, curar el mal de madre, adormir los muertos, despertar a los vivos, alegrar al que tiene ganas, y volver el pelo a los ciegos, la vista a los calvos, el oído a los cojos y el año bisiesto al calendario. Aquí le veis, aquí le tenéis, aquí está a mi disposición y a la vuestra. Mas por ahora otra cosa le haría más falta al caso. A ver, digo esa media peseta, esa peseta que está en purgatorio y desea salir de penas. Y diciendo esto echa la gorra delante y la iba pasando por el corro sin parar de hablar como un energúmeno; y caía allí moneda de todas las edades y tallas, figuras y colores como si lloviera.

Entretanto iban adelantando por la calle, y donde veían buenos paños y buenas caras en los balcones se paraban un poco en su obsequio, y recogían lo que caía al atractivo de las voces del tuno. Cayó de un balcón un escudo de oro (que valía noventa sueldos jaqueses, o unos 85 reales de vellón); y al verlo Pedro Saputo saltó en los hombros a un compañero y besó mil veces la mano y los pies a una niña de diecisiete a dieciocho años de edad, tierna como una flor al salir del cáliz, hermosa si la había en la tierra, amabilísima de mirar, y muy rica y graciosamente vestida. Era la del escudo, que se lo entregó su padre en el mismo balcón y a vista de todos, para que de su mano fuese más acepto. Miróla mucho Pedro Saputo, al propio tiempo que le estaba diciendo las alabanzas que llevaba en su dignidad y belleza, y requería la ocasión; y ella, aunque vergonzosa, le miró también a él con la libertad disimulada de aquella pública inesperada fiesta. Bajóse y preguntando cómo se llamaba aquella deidad y diciéndole que Rufina, le mudó el nombre en Morfina, le cantaron media docena de letras en que la declaraban (sin hacerle favor) la más hermosa, la más amable y soberana de la tierra, y se ofrecían todos ellos por sus esclavos, quedándose para siempre en su misma casa y en el pueblo el nuevo nombre de Morfina, porque a todos gustó más que el verdadero.

Pasaron adelante; y estando tocando en una encrucijada, apretados de la gente que los seguía, y circulaba la gorra del tuno lo bastante para no esperar más del concurso, al tiempo de hacer movimiento para ir a otra parte, comenzó a pugnar por salirse de la turba, en cuyo centro se había metido, una mujer de cincuenta a sesenta años de edad, mal vestida y con alguna extravagancia, y reparando el tuno en ella y en los desaforados empujones que daba para salir, le dijo: - Buena mujer, ¿por qué salís de casa con esa nariz tan mal fachada? Era el caso que la tenía aún más fea; pero ella se quemó y respondió un disparate. Acudió Pedro Saputo y le dijo: - Acá, reina mía, que tengo que deciros algo al oído. - A otra parte me lo diredes (y la nombró), respondió ella, el muy burlón y bellaco. - Adiós, pues, reina, tornó a decirle. Y ella sin volverse: - Bien pudierais llevar algún gato o mona para divertiros, el muy hijo de puta. Y se salía y se hallaba ya en franquía en la calle. Entonces Paquito (Pedro Saputo), dando un brinco, salta en los hombros de un compañero, y dirigiéndose a la mujer que se alongaba refunfuñando, le disparó este borbollón de injurias tirándoselas a puñados con las dos manos:

- Vaya con Dios la ella, piltrafa pringada, zurrapa, vomitada, albarda arrastrada, tía cortona, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, estropajo, zarandajo, trapajo, ranacuajo, zancajo, espantajo, escobajo, escarabajo, gargajo, mocajo, piel de zorra, fuina, cagachurre, mocarra, ipum, pum!, callosa, cazcarrosa, chinchosa, mocosa, legañosa, estoposa, mohosa, sebosa, muermosa, asquerosa, ojisucia, podrida, culiparda, hedionda, picuda, getuda, greñuda, juanetuda, patuda, hocicuda, lanuda, zancuda, diabla, pincha tripas, fogón apagado, caldero abollado, to- to- to- ottorrrrr... culona, cagona, zullona, moscona, trotona, ratona, chochona, garrullona, sopona, tostona, chanflona, gata chamuscada, perra parida, morcón reventado, trasgo del barrio, tarasca, estafermo, pendón de Zugarramurdi, chirigaita, ladilla, verruga, caparra, sapo revolcado, jimia escaldada, cantonera, mochilera, cerrera, capagallos...

Y cesó tan alto y perenne temporal de vituperios, porque la infeliz desapareció de la vista habiendo torcido por otra calle, echando llamas de su rostro, y sudando y muriéndose de vergüenza. Ni acabara él en toda la tarde con su diluvión de ultrajes según era afluente, si la esquina que dobló no hubiese amparado a la cuitada. La gente rió tanto y estaba tan embelesada, que nadie pensaba en irse, antes por minutos crecía el concurso y el favor del pueblo.

En medio de esta distracción y bullicio, un muchacho que se coló por entre las piernas y faldas presentó al tuno un libro en latín si le quería comprar. Tomó el libro y le miró y vio que era de medicina, y dijo: ¿libros creíste que compraríamos?, errasti, hijo de tu madre. Mira, los dientes se nos han secado de estudiar (y se los enseñaba). Y a punto estos días hemos tratado seriamente del caso e yo y mi pito vamos a dejar la carrera y embarcarnos para Jauja, o meternos a donados de monjas capuchinas. Por el Niño de la bola, que ha sido impertinencia la tuya. Anda con Dios y con tu libro a quien te ha parido. Y volvió a su recado.

Poco a poco, en fin, hubo de venir la noche, más por nubes que por tinieblas, que no eran más de las ocho y parando la ronda preguntaron por el mesón o posada pública para retirarse. ¿Qué es posada?, gritó uno que los siguió desde la primera calle; aquí, señores licenciados, el mesón y la posada para vuesas mercedes, el palacio y la choza, es mi casa. Vamos allá, que ya he mandado aviso a mi mujer que aumente algo a la cena. Pues yo, vecino, dijo otro, he mandado decir otro tanto a la mía; pero vos habéis hablado primero, vayan allá esta noche; mañana, señores licenciados, son vuesas mercedes mis huéspedes todo el día.

Fueron allá y cenaron. Pero ya mientras cenaban se había tratado entre los del pueblo de reunión y baile; cuando llega el padre de la niña que dio el escudo de oro, y les dijo: - Señores licenciados, siento haber de molestar a vuesas mercedes; pero soy esposo y padre, y quiero, en cosas de razón, dar gusto a mi esposa y no quitallo a una hija única de su sexo que Dios me ha dado. Yo desearía que después de cenar se sirviesen vuesas mercedes venir a mi casa con los instrumentos un rato. - A vuestra nobleza, señor caballero, contestó Pedro Saputo, nada podemos ni queremos negar: somos muy criados de vuesa merced, y agradecemos y ponemos en su debido punto la cortesía y dignación de haber venido en persona, cuando un simple recado nos bastaba para ir a ponernos a vuestra disposición y al respeto y órdenes de aquellas señoras. - Pues vos les acompañaréis amigo, dijo al huésped. Dioles las gracias, saludándoles y se fue no permitiendo que se levantaran de la mesa. - Es hombre muy rico, dijo el huésped, y sabe gastallo. Tiene una hija (ya la habéis visto) que la llaman el sol de Aragón; y de España y del mundo lo podría ser, si eso dice a su hermosura. Cada día llegan pretendientes, y entre ellos algunos señores de título; y todos prometen respuesta, y la dan sin duda, mas ninguno vuelve, porque el padre quiere que la hija case a todo su gusto, y la niña a lo que parece, no se enamora al vuelo, que, aunque joven, es tan discreta como hermosa. Muy bien os ha de ir allá. ¿Un escudo de oro cayó del balcón? Otros seguirán a aquél, yo lo fío, por que es don Severo muy nobilísimo. - Pues despachemos, dijo el del pito, y vamos. - No, señores, no, replicó el huésped; no hay para qué saltar por encima de los platos; agora va a cenar y mandar prevenir el agasajo; bien que en su casa siempre está prevenido. Mas ellos así en la cena como después en casa del caballero anduvieron muy templados, porque la tercera ley de sus ordenanzas era que se había de guardar sobriedad para no deshonrar el hábito o caer en mengua.

domingo, 3 de marzo de 2024

Fenolh, Fenoilh, Fenoill - Feriar

Fenolh, Fenoilh, Fenoill, s. m., lat. feniculum, fenouil. 

Fenolh... sas fuelhas, gra et razitz so medicinals.

(chap. Fonoll... les seues fulles, gra y arraíls són medissinals.)

Eluc. de las propr., fol. 209.

Fenouil... ses feuilles, grain et racines sont médicinaux.

Una branca de fenoilh. Cat. dels apost. de Roma, fol. 200.

Une branche de fenouil.

Ab aitant de fenoill verdet.

Deudes de Prades, Auz. cass. Avec autant de fenouil vert. 

CAT. Fenoll. ESP. Hinojo. PORT. Funcho. IT. Finocchio. (chap. Fonoll, fonolls; fonollera, fonolleres; fonollá, fonollás. All. Fenchel; En. Fennel.)

Fenolh, Fenoilh, Fenoill, feniculum, fenouil. Fonoll, fonolls, fenoll, fenolls; fonollá, fonollás; fonollera, fonolleres; hinojo

Fenugrec, Fengrec, s. m., (lat. fenum graecum, foin grec) fénugrec, senegré, sorte de plante.

Am fenugrec coyt. Trad. d'Albucasis, fol. 36. 

Avec fénugrec cuit.

Semensa de li et de fengrec.

Rec. de recettes de médecine.

Semence de lin et de fénugrec.

(ESP. Alholva, fenogreco. CAT. MOD. Fenigrec, senigrec, alfolba.)

Fenugrec, Fengrec, s. m., (lat. fenum graecum, foin grec) fénugrec, senegré,

 

Fer, Ferr, Ferre, s. m., lat. ferrum, fer.

Eissamens cum l' azimans

Tira 'l fer e 'l fai levar.

Folquet de Marseille: Si cum selh. 

De même que l'aimant attire le fer et le fait lever. 

Armats de fust e de ferr' e d'acier.

(chap. Armats de fusta y de ferro y d' asser: acero.)

Rambaud de Vaqueiras: Ges sitot.

Armé de bois et de fer et d'acier. 

Una gran fals en guisa de fer de caval. Liv. de Sydrac, fol. 31. 

Une grande faux en forme de fer de cheval.

Fig. Non podon morir, coma si eran de fer. V. et Vert., fol. 14. 

Ne peuvent mourir, comme s'ils étaient de fer.

- Allusivement à la couronne de Lombardie.

Quan la corona del ferre 

Vendran drec... querre.

R. de Tors de Marseille: Ar es dretz. 

Quand la couronne de fer ils viendront directement... quérir.

Loc. prov. De mon mal aip conosc en ver 

Que bati fer freg ab martel. 

Deudes de Prades: En un sonet. 

Par ma mauvaise habitude je connais vraiment que je bats fer froid avec marteau.

Sel fabrega fer freg

Qui vol far ses dan son pro.

Rambaud de Vaqueiras: Guerra. 

Celui-là forge fer froid qui veut faire son profit sans dommage.

ANC. CAT. Ferre. CAT. MOD. Ferro. ANC. ESP. Fierro. ESP. MOD. Hierro. PORT. IT. Ferro.
(chap. Ferro, ferros.)

2. Ferrolh, s. m., verrou.

Ab ferrolhs de fer lo portal fo fermatz.

(chap. En forrollats de ferro lo portal va sé tancat; forrollat.)

Roman de Fierabras, v. 4000. 

Avec verroux de fer le portail fut fermé. 

ESP. Cerrojo. PORT. Ferrolho. (chap. forrollat, forrollats.)

3. Ferrament, Ferramen, s. m., lat. ferramentum, ferrement, instrument, ouvrage de fer, arme.

Fargas bonas a agusar los ferraments. Cout. de Saussignac, de 1319.

(chap. Forges bones per a esmolá, afilá los ferramens, les ferramentes. 

A la Valensia de Vicente Blasco Ibáñez encara se díe: ¿portes ferramenta? Se referíe a la navalla.)

Forges bonnes à aiguiser les ferrements.

De sirurgia no sai, ni vuel sos feramens;

Per talhar, per cozer no fui anc aprendens. 

Pierre de Corbiac: El nom de.

Je ne sais de chirurgie, ni veux ses instruments; pour tailler, pour coudre je ne fus oncques apprenant.

Piquas e palas e d'autres ferramens. Philomena. 

(chap. Piques y pales y datres ferramens, ferramentes.) 

Piques et pieux et d'autres armes.

CAT. ANC. ESP. PORT. Ferramenta. (ESP. MOD. Herramienta) 

IT. Ferramento. (chap. Ferramenta, ferramentes; ferramén, ferramens.)

4. Ferradura, s. f., ferrure. 

Una ferradura de caval.

(chap. Una ferradura de caball.)

Tit. de 1193. DOAT, t. CV, fol. 118. 

Une ferrure de cheval.

De cadu (cada) faure (favre, fabre), una ferradura de caval, cad an.

Tit. de 1246. Arch. du Roy., J. 326. 

De chaque forgeron, une ferrure de cheval, chaque année.

CAT. ANC. ESP. Ferradura. ESP. MOD. Herradura. PORT. Ferradura. 

IT. Ferratura. (chap. Ferradura, ferradures.)

5. Ferruga, s. f., limaille de fer.

Ferruga es limadura de ferr.

(chap. Ferruga (viruta) es llimadura de ferro.)

Eluc. de las propr., fol. 188.

Ferruga est limaille de fer.

6. Ferrer, s. m., ferronnier.

Ferrers e pelhisers e coirers.

Charte de Montferrand de 1248. 

Ferronniers et pelletiers et chaudronniers. 

CAT. ANC. ESP. Ferrer. ESP. MOD. Herrero. PORT. Ferreiro. (chap. Ferré, ferrés, ferrera, ferreres.)

Fardar; Farga, forja, Forges, Fraguas, herrar es humano, errar

7. Ferrater, s. m., ferronnier, marchand de fer.

Lo ferrater que aporta fer obrat.

(chap. Lo ferraté que porte ferro obrat, traballat.)

Tit. du XIVe siècle. DOAT, t. CXXXI, fol. 343.

Le ferronnier qui apporte fer travaillé.

8. Ferrenc, adj., de fer.

Peyra en color ferrenca.

(chap. Pedra de coló ferrosa.)

Eluc. de las propr., fol. 185. 

Pierre de couleur de fer.

9. Ferrador, adj., propre à ferrer. 

Lo milhier de clavells ferradors.

(chap. Lo milená de claus de ferrá, ferradós.)

Cartulaire de Montpellier, fol. 105. 

Le millier de clous à ferrer.

10. Ferrar, Ferar, v., ferrer. 

Dels quatre pes ferar. 

(chap. Ferrá dels cuatre peus : de les cuatre potes.)

Bertrand de Born: Un sirventes. 

Ferrer des quatre pieds. 

Part. pas. Es lo bossos tendutz, 

Que es be loncs e ferratz e adreitz e agutz.

Guillaume de Tudela. 

Est tendu le bélier, qui est bien long et ferré et droit et aigu.

- Garni de pierres, de cailloux. 

Ves un camin gran e ferat. Roman de Jaufre, fol. 7.

Vers un chemin grand et ferré. 

Mi geta d'aquest cami ferrat.

Roman de Fierabras, v. 1747.

Me tire de ce chemin ferré. 

ANC. FR. Avec bastons ferrats et non ferrats. 

Contes d'Eutrapel, fol. 134.

Du demourant avoient barbe rase et pieds ferrats.

Rabelais, liv. V, chap. 27.

ANC. ESP.

Ayer do me ferraba un ferrero maldito. 

Nunca en la mar entrarie con su nave ferrada.

Arcipreste de Hita, cop. 290 et 588. 

CAT. Ferrar. ESP. MOD. Herrar. PORT. Ferrar. IT. Ferrare. (chap. Ferrá: ferro, ferres, ferre, ferrem o ferram, ferréu o ferráu, ferren; ferrat, ferrats, ferrada, ferrades. Apellit Ferrer - Farrier.)

escudo de armas del apellido Ferrer

11. Desferrar, Desferriar, v., déferrer, désenchaîner.

Mi desfer 

Lo ronsin... 

Del pe dreig.

Porcier: Seigner.

(chap. Me desferre lo rossí (caball) del peu dret : de la pota dreta.)

Me déferre le roussin... du pied droit. 

Vagan a la preyon Karlle desferriar. V. de S. Honorat. 

Qu'ils aillent à la prison désenchaîner Charles. 

Part. pas. subst. E Montferrat si solon refferrar 

Li desferratz.

Ogiers: Totz temps.

Dans Montferrat les déferrés ont coutume de se referrer.

ANC. ESP.

Témense, que las arcas les han de desferrar.

Arcipreste de Hita, cop. 1513. 

CAT. Desferrar. ESP. MOD. Desherrar. PORT. Desferrar. IT. Disferrare. (chap. Desferrá: desferro, desferres, desferre, desferrem o desferram, desferréu o desferráu, desferren; desferrat, desferrats, desferrada, desferrades. Desencadená, liberá.)

12. Dezenferrar, v., désenchaîner, délivrer.

De tot si dezenferra.

Bertrand de Born: Ieu chan. 

Se délivre de tout.

13. Referrar, Refferrar, v., referrer, ferrer de nouveau, remettre dans les fers.

Per referrar de un pe lo caval. 

Tit. de 1428. Hist. de Nîmes, t. III, pr., p. 225. 

Pour referrer d'un pied le cheval. 

E Montferrat si solon refferrar 

Li desferratz.

Ogiers: Totz temps.

Dans Montferrat les déferrés ont coutume de se referrer.

IT. Riferrare. (chap. Referrá, torná a ferrá: referro, referres, referre, referrem o referram, referréu o referráu, referren; referrat, referrats, referrada, referrades.)

 

Fer, adj., lat. ferus, farouche, sauvage, cruel, féroce. 

Con l'austor qu'es pres en l' aranh,

Qu' es fers tro s'es adomesjatz.

P. Vidal: Neu ni gel. 

Comme l'autour qui est pris dans le piége, qui est farouche jusqu'à ce qu'il s'est apprivoisé. 

Fin' amors m'asegura 

De la fera biza.

B. de Ventadour: Tant ai. 

Pur amour me garantit de la cruelle bise. 

Fig. Per que m'etz vos tan fers ni tan salvatges?

La Comtesse de Die: A chantar. 

Pourquoi m'êtes-vous si farouche et si sauvage? 

CAT. Fer. ESP. Fiero. PORT. Fero. IT. Fero, fiero. (chap. Furo, fiero, farruco, ferós com lo llop de la capucheta o caperucita, salvache, cruel.)

2. Feramens, adv., cruellement, durement.

Plan e sospira feramens.

Trad. de l'Évangile de Nicodème. 

Gémit et soupire cruellement.

ESP. IT. Fieramente. (chap. fieramen, furamen, farrucamen, ferosmen, salvachemen, cruelmen.)

3. Sobrefer, adj., très sauvage. 

Ja que sio sobrefers. Eluc. de las propr., fol. 259.

Quoiqu'ils soient très sauvages.

4. Fera, s. f., lat. fera, bête sauvage, bête féroce.

De serpens et autras feras habitada.

(chap. De serps y datres fieres habitada.)

Eluc. de las propr., fol. 158. 

Habitée par serpents et autres bêtes féroces.

5. Feram, s. m., animal sauvage, bête féroce.

Las bestias e 'ls ferams

Que, per set, gitavan grans brams.

(chap. Les besties y los ferams (afarams) que, per set, gitaben grans brams; gitá : expulsá, vomitá, traure, soltá, etc.)

Si del feram avez paor.

Trad. d'un Évangile apocryphe.

Les bêtes et les animaux sauvages qui, à cause de la soif, poussaient grands hurlements.

Si vous avez peur de la bête féroce.

6. Feroce, adj., lat. ferocem, féroce. 

De sancta Marta vos dic, que ven a Tarascon 

Per cassar et aucire I feroce dragon.

(chap. De Santa Marta tos dic, que va vindre a Tarascón per a cassá y matá un ferós dragó.)

V. de S. Madeleine. 

Vous dit de sainte Marthe, qu'elle vint à Tarascon pour chasser et tuer un féroce dragon.

CAT. Feros. ESP. Feroz, feroce. PORT. Feroz. IT. Feroce. (chap. ferós, ferosos, ferosa, feroses.)

7. Ferotgue, Ferogge, adj., féroce. 

Era tan grans e tan ferotgues.

Cat. dels apost. de Roma, fol. 52.

Était si grand et si féroce.

Tan grans cas et ferogges que taurs, leos, elephans et autras feroggas bestias venso.

De cara plus ferogges.

Eluc. de las propr., fol. 163 et 70.

Chiens si grands et féroces qu'ils vainquent taureaux, lions, éléphants et autres bêtes féroces.

Plus féroces de figure.

CAT. Ferotje.

8. Feron, adj., féroce.

Lo feron Amalbec.

P. Cardinal: Sel que fes. 

Le féroce Amalbec.

9. Ferocitat, s. f., lat. ferocitatem, férocité, sévérité, courroux. 

Angels... contra 'ls malignes esperitz mostro ferocitat.

Denoto indignacio de coragge et ferocitat.

Eluc. de las propr., fol. 13 et 40.

Les anges... montrent sévérité contre les malins esprits.

Dénotent indignation de coeur et courroux. 

CAT. Ferocitat. ESP. Ferocidad. PORT. Ferocidade. IT. Ferocità, ferocitate, ferocitade. (chap. Ferossidat.)

10. Feritat, Ferdat, Fertat, s. f., lat. feritatem, férocité, cruauté, sévérité. Lop.. pert sa feritat et audacia. Eluc. de las propr., fol. 254.

(chap. Lo llop... pert la seua ferossidat y audassia.)

Le loup... perd sa férocité et audace. 

Jorn de ferdat, jorn de pahor.

Contricio e penas ifernals. 

Jour de sévérité, jour de terreur. 

Ferabras d'Alichandre fo de mot gran fertat. 

Sarrazis lay avia qu' ero de gran fertat. 

Roman de Fierabras, v. 234 et 247.

Fierabras d'Alexandrie fut de moult grande cruauté. 

Il y avait là des Sarrasins qui étaient de grande férocité.

ANC. FR. Si ferit Meliatir... par telle fierté que... trencha jus.

Hist. de Gérard de Nevers, p. 84. 

Deus leons vit de grant fierté.

Lai d'Haveloc, v. 421. 

Se attaignirent par telle fierté de lances qu'elles rompirent par pièces et par esclatz. 

Hist. de Gérard de Nevers, p. 120.

11. Ferocia, s. f., lat. ferocia, naturel sauvage, sauvagerie.

Taurs de India..., ligatz a figuier, laysho... ferocia.

Eluc. de las propr., fol. 259.

Taureaux d'Inde..., attachés à figuier, laissent... naturel sauvage. 

ESP. IT. Ferocia.

12. Ferezir, v., effaroucher, effrayer. 

Part. pas. Es l'arma marrida,

Tan trista es e ferezida.

Contricio e penas ifernals. 

L'âme est marrie, tant elle est triste et effrayée.

13. Feror, s. f., férocité, fureur, frayeur.

Venc vas lhui ab sa feror.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 28.

Il vint vers lui avec sa fureur. 

Als auzens y a gran feror.

Pierre d'Auvergne: De Dieu no. 

Pour les oyants il y a grande frayeur.

- Bête féroce.

Un desert plen de leos e de serpens e de ferors.

V. et Vert., fol. 50.

Un désert plein de lions et de serpents et de bêtes féroces.

14. Fereza, s. f., frayeur.

Agron gran fereza, que a pauc no yssiro de lur sen.

Roman de la Prise de Jérusalem, fol. 16.

Ils eurent grande frayeur, que peu s'en fallut s'ils ne sortirent de leur sens.

Manel Riu Fillat, grillat; Agron gran fereza, que a pauc no yssiro de lur sen.

Si fos maritz, molt agra gran fereza. 

P. Cardinal: Ab votz. 

Si je fusse mari, j'aurais moult grande frayeur. 

CAT. Feresa.

15. Ferezos, adj., cruel, féroce. 

Lay si noyri gran temps uns ferezos dragons. V. de S. Honorat.

Là se nourrit long-temps un féroce dragon.

16. Ferienc, adj., bestial, charnel, carnassier.

Luxuria domda las ferrienchas pessas. Trad. de Bède, fol. 41. 

Luxure dompte les pensées charnelles.

17. Ferens, adj., féroce, carnassier. 

D' albanel, de gavanh, d'autres auzels ferens.

Pierre de Corbiac: El nom de. 

De hobereau, de goëland, d'autres oiseaux carnassiers.

18. Esferezir, Esferzir, v., courroucer, effrayer.

Quan l' au K. Martels, s' esferezic; 

De dol e de mal' ira totz negresic. 

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 5. 

Quand l'entend Charles Martel, se courrouça; de douleur et de mauvaise colère devint tout noir. 

Part. pas. Penedens, vergonhos, esferzitz, temeros.

G. Riquier: Si m fos. 

Repentant, honteux, effrayé, craintif. 

CAT. Esfereir.

19. Esferar, v., effrayer, effaroucher.

Mas el m' oblida, e s' esfera 

Per autra de mi.

G. Figueiras: L'autr'ier. 

Mais il m'oublie, et s'effarouche pour une autre que moi.

Fig. Tolh joven

E l' encaus e l' esfera.

Giraud de Borneil: De chantar. 

Ote gaîté et la chasse et l' effarouche.

 

Fera, s. f., lat. feria, fête, solennité.

Mil messas n'aug, e 'n proferi 

En feras lum de cera e d'oli.

A. Daniel: En est son. 

J'en entends mille messes, et j'en porte dans les fêtes lumière de cire et d'huile. 

CAT. ESP. PORT. IT. Feria. (chap. Festa, festes, día feriat, ferial, festiu.)

fiestas del Pilar, Zaragoza, jota, joteros, jotica

2. Ferial, adj., férial, de férie.

Ieu vi qu' us jorns ferials 

M'era miellers c' us Nadals.

Giraud de Borneil: Si m sentis. 

Je vis qu'un jour de férie m'était meilleur qu'un Noël.

ANC. FR. Leur fait commencer leur tragicomédie par une procession fériale.

Satyre Ménippée, p. 353. 

ESP. PORT. Ferial. IT. Feriale.

3. Feriar, v., férier, fêter. 

Part. pas. A certan jorn, en temps non feriat

Los jorns feriatz. Fors de Béarn, p. 1079 et 1097. 

A certain jour, en temps non férié. 

Les jours fériés. 

Dia feriat o no feriat.

Tit. de 1291. DOAT, t. CLXXV, fol. 210. 

Jour férié ou non férié.

ESP. Feriar. IT. Feriare. (chap. fé festa; festejá, que tamé es cortejá.)