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jueves, 25 de julio de 2024

Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo. (+ Índice)

Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo.

Blogspot de Pedro Saputo

Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar: Autó: Braulio Foz, Fórnols, Matarraña, Teruel, Aragó / Llibre primé. Capítul I. Naiximén de Pedro Saputo.
Disponible a Amazon

¡Beneít sigue Deu, que al final lo gran Pedro Saputo ha trobat qui aplegare los seus fets, los ordenare convenienmén, y separán lo fals de lo verdadé eixecare a la historia acresolada y pura de la seua vida la digna estatua que debíem al seu talento y a les seues virtuts

¿Qué me donará lo món per este servissi, per este deute comú que pago, tocanme a mí en ves de a consevol atre veí? Pero ¡a cascala lo interés! No vull datra recompensa que sabé, com u sé desde ara, que este llibre se lligirá en gust per agüelos y joves, per sabuts y per ignorans, a les siudats y a les aldees. 

¡Oh, cuans bons ratos a les velades de hivern passarán en ell escofanse al foc o al brasé! Pos no vull mes recompensa, com dic; aixó, y aixó sol es lo que me hay proposat. Y pos u dono per conseguit, res mes me se oferix advertí, ni previndre als meus lectós y lectores.

A la vila de Almudévar, a tres legües de la famosa siudat de Huesca, a la carretera de Saragossa, va naixe Pedro Saputo de una huérfana donsella que vivíe sola perque se habíe quedat als quinse añs sense pare ni mare, y ere pobra, no teníe mes bens que una caseta a la carrera del forn de fora, y manteninse en lo ofissi de rentadora y lo de cuinera de totes les bodes y de les grans festes del lloc; a la seua juventut cantáe en molta grassia perque teníe una veu extremada y tocáe lo pandero com una gitana. En estes habilidats may li faltáe lo menesté, y algún regalo y bons passatems. Sempre anáe mol pincha y asseada; no envecháe res, ni a pobres ni a rics; tots la volíen be, y ella no volíe mal a ningú.

pera mes gran notissia de la persona direm que ere espabilada, redona de cara, no fea, pero tampoc guapa, primeta de cara tirán a grossa, desembossada de paraules; pit ple y ubert, discreta, honrada de casta, recatada, en bona fama al poble, y en tot mol afable. En estes virtuts entendre se pot que tindríe mols pretendens, y los va tindre, en efecte, no menos en linea recta que en la linea torsuda, y de tots los gustos y apariensies; pero no se donáe per entesa de la mala intensió de algúns, y agarrán les paraules sempre a la dreta, a tots responíe lo mateix y los despedíe sense ofendrels dién que no volíe casás ni tindre amors. Y aixó que la van marejá mossos mol fanfarrons y valens, y algúns en ajuar y pegujar, que la hagueren convertit en una hidalga. Cuan escomensáe a sé mosseta li va di una gitana en lo romeret a la boca que si se casáe ploraríe moltes llágrimes, fenli una professía en vers que diebe:

Si te cases tindrás home, 

llágrimes, pena y doló;

conserta sola lo teu amor

y lo fruit sirá gloriós.

No enteníe lo sentit general de la professía y poessía, pero va entendre mol be y se li va enclavá ben fondo com puncha al alma lo de llágrimes y penes, y ere prou pera que tinguere po: conque se va tapá los oíts a tota proposta de matrimoni per mes que passán lo tems va arribá a cumplí los vin añs de edat, que an aquell siglo casi ere afrenta está soltera.

Antes de que sen acataren al poble, ya teníe una pancha de sis mesos, y encara que teníe gran opinió de honesta no su hagueren cregut si ella no u diu; pero u díe y u afirmáe en tanta naturalidat que van tindre que creureu. Cuan va arribá lo tems va parí un chiquet mol fortot y majo, y preguntanli de quí ere, va di: Per ara meu y de Deu. Y de aquí no la van pugué traure. Una mica se van mosquejá lo justissia y tamé lo siñó retó perque no díe quí ere lo pare del chiquet; pero ella se va mantindre en lo dit y van habé de frená la curiosidat y se va mantindre lo secreto.

Cuan van batechá al chiquet, may un cas com aquell se habíe vist al poble y pareixíe un milagre (que los tems diuen que eren atres diferens dels que corren ara, encara que yo no u crec), dingú se oferíe a sé lo seu padrí; y lo justissia y lo síndic van ajuntá consell general del poble y van di: "honrats veíns de Almudévar: per la veu que ha corregut debéu sabé que la honesta filla pupila o pubilla de Antonio y Juana del forn de fora ha parit casualmén un chiquet, y no té qui lo porto a la pila. Femu a sorts si tos pareix, y dels tres noms que ixquen sen triará un per vots libres de tots.» 

- ¡Be, be!, va cridá lo gentío. Y van eixí dos homens y una dona; y passán a votassió, tots menos sis van votá que fore padrina la dona, y que los dos homens y lo síndic la acompañaren. Ere una donsella, y no va faltá qui remugare dién que les donselles no teníen que habés presentat per séu la mare del chiquet y no estáe be que la visitaren. Pero a qui aixó va di, que ere un ricacho en vanidat de hidalgo, lo van mirá mal de reúll y lo van aburrí tot aquell día. Va sé, pos, padrina la donsella, y lo va traure de pila mol contenta; y com ere de una casa acomodada va ñabé gran batech y alifara, que la van doná los acompañans y son pare de la mateixa padrina. 

Li van ficá de nom Pedro, y no se va parlá en mols díes de atra cosa al lloc. Cuan la mare va traure al chiquet al públic pareixíe una conda en la formalidat y satisfacsió que mostráe y als dijes y mantilla que li ficáe; y la gen la volíe encara mes que abans. La paráen tots pera mirá al chiquet, y sense sabé per qué se alegráen; y moltes dones, espessialmén les donselles, casi li teníen enveja.

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Índice (o Index):

Primé llibre:

espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet

com Pedro Saputo se va ficá mol fort

de com Pedro Saputo va aná a escola

de com Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi

com Pedro Saputo adepreníe ofissis en un rato

com Pedro Saputo va adependre música

Humanidat y caridat de Pedro Saputo

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona

Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo


Llibre segón:

De cóm Pedro Saputo va eixí a corre lo món

De lo que li va passá a Huesca

Aventures del camí de Barbastro

Aventures de Barbastro

De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils

Pedro Saputo al convén

Se descubrix a les monges

Ix del convén

De cóm Pedro Saputo se va fé estudián de la tuna

Pedro Saputo escomense la vida de estudián

Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies

Pedro Saputo va a vore a les seues amigues

Sap Pedro Saputo de fray Toribio, lo del códul, y se quede al seu poble


Llibre tersé:

Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble

De cóm Pedro Saputo li va traure lo monjío del cap a una sagala

De cóm Pedro Saputo va fé un atre viache mes llarg

De cóm Pedro Saputo se va fé dotó. Seguix lo seu viache

Arribe a Saragossa. Después al seu poble

De cóm Pedro Saputo va fé lo milagre de Alcolea

De cóm Pedro Saputo va doná cuenta del seu viache de la volta a España

Una carta anónima. Visita de un caballé

De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar

De cóm Pedro Saputo va aná a Barbastro

La cova de Santolaria

Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo

De la comisió de les tres figues

Pedro Saputo cride a sa mare a les festes del Pilá

Del pleite al sol

Llibre cuart:

Li propose sa mare a Pedro Saputo que se caso

De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo

Relassió del pare de Saputo

Arribe Paulina. Casamén dels pares

Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar

Testamén del tío Gil Amor

Seguix lo registre de les novies. Festa y ball a una aldea

De la fira de Graus

Seguix lo mateix registre. Morfina

Acabe lo registre de novies. Y es lo milló de tot

Elecsió de dona. Viache del pare y lo fill a Saragossa

No se sap res mes de Pedro Saputo. Sort de Morfina, dels pares y de Rosa y Eulalia

Del natural de Pedro Saputo

Máximes y sentensies de Pedro Saputo


Original en castellá:


Capítulo I.

Nacimiento de Pedro Saputo.


¡Bendito sea Dios, que al fin el gran Pedro Saputo ha encontrado quien recogiese sus hechos, los ordenase convenientemente, y separando lo falso de lo verdadero levantase con la historia acrisolada y pura de su vida la digna estatua que debíamos a su talento y a sus virtudes! ¿Qué me dará el mundo por este servicio, por esta deuda común que pago, no tocándome a mí más que a cualquier otro vecino? Pero ¡maldito sea el interés!, no quiero otra recompensa que saber, como lo sé desde ahora, que este libro se leerá con gusto por viejos y jóvenes, por sabios y por ignorantes, en las ciudades y en las aldeas. ¡Oh, cuántos buenos ratos en las veladas de invierno pasarán con él calentándose a la lumbre o al brasero! Pues no quiero más recompensa, como digo; esto, y esto sólo es lo que me he propuesto. Y pues lo doy por conseguido, nada más se me ofrece advertir, ni prevenir a mis lectores.

En la villa de Almudévar, tres leguas de la famosa ciudad de Huesca, en la carretera de Zaragoza, nació Pedro Saputo de una virgen o doncella que vivía sola porque había quedado de quince años sin padre ni madre, y era pobre, no teniendo más bienes que una casita en la calle del Horno de afuera, y manteniéndose con el oficio de lavandera y el de cocinera de todas las bodas y de las grandes fiestas del lugar; en su juventud cantaba con mucha gracia porque tenía una voz extremada y tocaba el pandero como una gitana. Con estas habilidades nunca le faltaba lo necesario, y algún regalo y buen pasatiempo. Iba muy aseada; no envidiaba nada a pobres ni a ricos; todos la querían bien, y ella no quería mal a nadie.

Para mayor noticia de la persona diremos que era lista, redonda de cara, no fea, aunque tampoco bonita, delgada caminando a gruesa, desembozada de palabras; pecho franco y abierto, discreta lo que le bastaba, honrada de casta, recatada con buena fama en el pueblo, y al todo muy afable. Con cuyas prendas y virtudes entender se deja que tendría muchos pretendientes, y los tuvo, en efecto, no menos en línea recta que en la línea torcida, y de todos sabores y apariencias; pero no se daba por entendida de la mala intención de algunos, y tomando las palabras siempre a la derecha, a todos respondía lo mismo y los despedía sin ofenderlos diciendo que no quería casarse ni tener amores. Y eso que la recuestaron mozos muy engreídos y valientes, y algunos con ajuar y pegujar, que lo hubiera pasado como una hidalga. Y era que cuando comenzaba a ser moza le dijo una gitana que si se casaba lloraría muchas lágrimas, haciéndole una profecía en verso que decía:


Si casas habrás esposo,

Lágrimas pena y dolor;

Concierta sola tu amor

y el fruto será glorioso.


No alcanzaba el sentido de la profecía sino así por mayor, pero entendió muy bien y se le hincó hondamente como púa en el alma lo de lágrimas y penas, y era bastante para que temiese: conque cerró los oídos a toda proposición de matrimonio por más que andando el tiempo llegó a cumplir los veinte años de edad, que en aquel siglo casi era afrenta, puesto que después y en el nuestro no sea más que recelos de soledad y pensamientos de poco sueño.

Empero cuando menos se cataban en el lugar amaneció de seis meses, que por su gran opinión de honesta lo vieran y no lo creyeran si ella no lo dijese; pero lo decía y lo afirmaba con tanta naturalidad y llaneza que con esto y lo que veían hubieron de creerlo. Cuando llegó el tiempo dio a luz un niño muy robusto y hermoso, y preguntándole de quién era, dijo: Por ahora mío y de Dios, cuyos somos todos. Y de aquí no la pudieron sacar. Un poco se amostazó el justicia y también el señor cura porque no decía quién era el padre del niño; pero ella se mantuvo en lo dicho y hubieron de tascar el freno de su curiosidad burlada en este secreto.

Cuando llegaron a bautizar el niño, porque nunca un caso como aquel se había visto en el lugar y parecía milagro (que los tiempos dicen que eran otros que los que corren ahora, aunque yo no lo creo), ninguno se ofrecía a ser su padrino; y el justicia y el síndico ayuntaron concejo general del pueblo y dijeron: «Honrados vecinos de Almudévar: por la voz que ha corrido debéis saber que la honesta hija pupila de Antonio y Juana del Horno de afuera ha parido casualmente un niño, y no tiene quién lo saque de pila. Echemos suertes si os parece, y de los tres nombres primeros que salgan se elegirá uno a votos libres de todos.» - ¡Bien, bien!, gritó la multitud. Y echaron suertes, y salieron dos hombres y una mujer; y pasando a votación, todos menos seis votaron porque fuese madrina la mujer, y que los dos hombres y el síndico la acompañasen. Era una doncella, y no faltó quien murmuró de la suerte diciendo que las doncellas no debían haberse puesto en cántaro por serlo la madre del niño y no estar bien que la visitasen. Pero al que esto dijo, que era un ricacho con vanidad de hidalgo, le miraron de mal de ojo y aun le aborrecieron todo aquel día. Fue, pues, madrina la doncella, y lo sacó de pila con mucho contento; y como era de una casa acomodada hubo gran bateo, que lo dieron los acompañantes y el padre de la misma madrina. Pusiéronle por nombre Pedro, y no se habló en muchos días de otra cosa en el lugar. Cuando la madre sacó al niño públicamente parecía una conda en la formalidad y satisfacción que mostraba y en los dijes y mantillas que le ponía; y las gentes la querían aún más que de denantes. Parábanla todos a mirar al niño, y sin saber por qué se alegraban; y aun muchas mujeres, especialmente doncellas, casi le tenían envidia.

martes, 5 de enero de 2021

NOVENA JORNADA. NOVELA PRIMERA.

NOVENA JORNADA.

ESCOMENSE LA NOVENA JORNADA DEL DECAMERÓN, A LA QUE, DABALL DEL GOBERN DE EMILIA, NARRE CADAÚ SOBRE LO QUE MES LI AGRADE.

La llum en lo seu esplendó ahuyentabe a la nit, y se habíe ya vestit lo octavo sel de coló blau, y escomensaben per los prats a alsás les floretes, cuan Emilia, eixecánse, va fé cridá als seus compañs; arribán y ficanse en camí detrás de les lentes passes de la reina, cap a un bosquet no mol lluñ de la villa van aná, y entrán an ell, van vore que los animals com cabridets, ciervos y datres, que no teníen temó de la cassera per la existén pestilensia, los esperaben com si foren domestics. Y ara an este, ara an aquell se arrimaben, fenlos corre y saltá; pero puján ya lo sol, a tots los va pareixe be torná.
Anáen tots engalanats en guirnaldes de carrasca, en les mans plenes de herbes de bona auloreta y flos; y qui sels haguere trobat sol haguere pogut di:
«O estos no sirán per la mort vensuts o los matará alegres». Aixina pos, pas a pas venín, cantán y bromeján, van arribá a la villa, aon totes les coses ordenadamen dispostes y a los seus criats alegres y festius van trobá. Allí, descansán un rato, no se van assentá a la taula antes de que sis cansonetes (la una milló que l’atra) foren cantades per los joves y les siñores; después de estes, rentánse les mans, a tots los va colocá lo mayordomo a la taula segóns lo gust de la reina. Allí, portades les viandes, tots alegres van minjá; y eixecánse después, a carolá y a tocá los seus instruméns se van ficá; y después, manánu la reina, qui va volé sen va aná a descansá. Pero arribada la hora acostumbrada, tots se van ajuntá per a contá les seues histories, y la reina, mirán a Filomena, li va di que escomensare les histories del presén día; ella, sonrién, va escomensá de esta guisa:

JORNADA NOVENA. NOVELA PRIMERA.

Doña Francesca, volguda per un tal Rinuccio y un tal Alessandro, y sense voldren a cap, ne fa entrá a un com si estare mort a una sepultura y al atre lo fa traure, y no podén ells arribá a fé lo manat, sels trau de damún.

Siñora, mol me agrade sé la que córregue la primera lid an este campo ubert y libre del novelá al que la vostra magnifisensia mos ha ficat; lo que si yo u fach be, no dudo de que los que vindrán después no u faiguen be o milló.

Moltes vegades, encantadores siñores, se ha mostrat als nostres raonaméns cuántes y quínes són les forses del Amor, pero no crec que plenamen se haiguen dit, y no se diríen si estiguerem parlán desde ara hasta daquí un añ; y com ell no sol porte als amáns a diversos perills de mort, sino tamé a entrá a les cases dels morts per a traure als morts, tos parlaré de aixó en una historia (ademés de les que ya han sigut contades), a la que lo poder de Amor no sol compendréu, sino que tamé lo talento de una valerosa Siñora aplicat a tráures de damún a dos homens que contra lo seu gust la volíen.

Dic, pos, que a la siudat de Pistoya va ñabé una majíssima Siñora viuda a la que dos dels nostres florentíns que per está desterrats de Florencia vivíen a Pistoya, Rinuccio Palermini y Alessandro Chiarmontesi, sense sabé la un del atre, per azar prendats della, mol la volíen, fen cuidadosamen cadaú lo que podíe per a conquistá lo seu amor. Y sen esta noble Siñora, Francesca de los Lázzari, assobín solissitada per embajades y per rogs de cada un de estos, y habénlos poc discretamen escoltat moltes vegades, y volén discretamen dixá de féu y no puguén, li va vindre un pensamén per a tráures de damún la seua importunidat: y va sé demanáls que li faigueren un servissi que va pensá que ningú podríe féli per mol possible que fore, per a que, al no féu, tinguere ella honrosa y creíble raó per a no voldre escoltá mes les seues embajades; y lo pensamén va sé lo siguién. Habíe, lo día en que li va vindre este pensamén, mort a Pistoya un que, per mol nobles que hagueren sigut los seus antepassats, ere reputat com lo pijó home que ñaguere no ya a Pistoya, sino a tot lo món; y ademés de aixó, ere tan contrafet y de cara tan desfigurada que qui no lo haguere conegut al vórel per primera vegada haguere tingut temó; y habíe sigut enterrat a un sepulcro fora de la iglesia de los flares menors.
Lo que va pensá ella que podríe sé de gran ajuda per al seu propósit; per naixó li va di a una criada seua:- Saps be lo aburrimén y les molesties que ressibixco tots los díes en les embaixades de estos dos florentíns, Rinuccio y Alessandro; ara be, no estic disposada a donáls lo meu amor y per a tráuremels de damún me ha vingut al pensamén ficáls a proba (per los grans oferiméns que me fan) en algo de lo que estic segura de que no farán, y tráurem aixina de damún la seua importunidat; y escolta cóm. Saps que este matí han enterrat aon los flares menors al Degolladéu (aixina se díe aquell mal home del que ham parlat abáns) del que, no ya mort, sino viu, los hómens mes valéns de esta siudat, al vórel, se escagarsaben; y per naixó ten anirás secretamen aon Alessandro y li dirás: «Doña Francesca me mane dít que ha arribat lo momén en lo que pots tíndre lo seu amor, lo que has dessichat tan, y si vols, sirá de esta manera. A casa seua (per una raó que tú sabrás mes tart) té que sé portat esta nit lo cadáver de Degolladéu que ha segut enterrat este matí; per lo que te rogue, com a gran servissi, aná esta nit a la hora de la primera son y entrá a la sepultura aon Degolladéu está enterrat, y ficát la seua roba y quedát quieto com si fores ell hasta que vinguen a buscát, y sense fé res ni di cap paraula dixát portá a casa seua, aon ella te ressibirá, y estarás en ella». Si diu que no u fará, disli de part meua que no aparegue mes aon estiga yo, y que si se estime la vida que se guardo de enviám mensajeros o embaixadós. Y después de aixó anirás aon Rinuccio Palermini y li dirás: «Doña Francesca diu que está dessidida a fé lo teu gust si li fas an ella un gran servissi, que es este: esta nit cap a la mijanit has de aná a la sepultura aon está enterrat Degolladéu y, sense di res de lo que veigues, séntigues o escoltos, lay portos a casa;
allí vorás per a qué lo vol y conseguirás lo teu plaé; y si no vols fé aixó te mane desde ara que no li envíos mes mensajeros ni embaixades». La criada va aná a les dos cases, y, segóns li va sé manat, va parlá; a la que van contestá lo dos que no sol a una sepultura, sino al infern entraríen si ella volíe. La criada li va torná la resposta a la Siñora, que va esperá a vore si estaben tan locos de féu. Arribada, pos, la nit y sén ya la hora de la primera son, Alessandro Chiarmontesi, quedánse en jubón, va eixí de casa per a aná a suplantá al Degolladéu a la sepultura; y pel camí li va vindre al ánim un pensamén, y va escomensá a dís:

- ¡Ah!, ¡qué animal que soc! ¿aón vach?, ¿y qué me sé yo si los paréns de ésta, potsé percatats de que la vull, creén lo que no es li han fet fé aixó per a matám a la sepultura eixa? Lo que, si passare, yo siría qui u pagaría y may arribaríe a sabés res que los perjudicare. ¿O qué me sé yo si potsé algún enemic meu me ha procurat aixó, al que potsé ella, volénlo, vol serví? Y después díe:

- Pero suposem que no sigue cap de estes coses, y que los seus paréns me porton a casa seua: ting que creure que lo cadáver de Degolladéu no lo volen per a tindrel en brassos ni per a ficál als della; aixina que ting que creure que volen fé en ell consevol destrossa, com de algú que en alguna cosa los va fé mal. Ella diu que per res que séntiga diga cap paraula. ¿Y si eixos me tragueren los ulls, o me arrancaren les dens, o me mutilaren les mans o men faigueren alguna datra pareguda, qué siríe de mí? ¿cóm me podría quedá coto? ¿Y si parlo y me coneixen y entonses me fan mal?; pero encara que no men faiguen, no conseguiré res perque no me dixarán en la Siñora; y la Siñora dirá después que hay desobeít la seua orden y may fará res que me contento. Y aixina dién, casi sen va entorná cap a casa; pero lo gran amor lo va espentá cap a abán en arguméns contraris an estos y de tanta forsa que lo van guiá hasta la sepultura; la va obrí, y entrán a dins y despullán a Degolladéu y ficánse la seua roba, y tancán la sepultura y ficánse al puesto de Degolladéu, li va escomensá a doná voltes al cap sobre quí habíe sigut este y les coses que habíe sentit di que habíen passat de nit no sol a la sepultura de los morts, sino tamé a datres parts: y tots los pels se li van ficá de punta, y de rato en rato li pareixíe que Degolladéu se alsaríe y lo degollaríe an ell allí. Pero ajudat per lo ardén amor, estos y atres pensaméns de paó vensén, estánse com si estiguere mort, se va ficá a esperá lo que siríe dell. Rinuccio, al aproximás la mijanit, va eixí de casa per a fé alló que li habíe sigut manat per la seua Siñora; y mentres hi anabe, va entrá en mols y diversos pensaméns sobre les coses que podríen passáli, tals com vindre a les mans de la señoría en lo cadáver de Degolladéu a cascarrulles o acostes y sé condenat a la foguera per bruixo, o que si aixó se sabíe, se procuraríe lo odio dels seus paréns y de atres tals, per los que casi se va pará. Pero después, recuperánse, va di:

- ¡Ah!, ¿diré que no a la primera cosa que esta noble Siñora, a la que tan hay vullgut y vull, me ha demanat, y espessialmén debén conquistá la seua grássia? Encara que tinguera que morí, no puc dixá de fé lo que li hay prometut.

Y continuán lo seu camí, va arribá a la sepultura y la va obrí fássilmen. Alessandro, al sentíla obrís, encara que molta temó tinguere, se va está cotet. Rinuccio, entrán a dins, creén pendre lo cadáver de Degolladéu va agarrá a Alessandro per los peus y lo va traure fora, y colocánsel damún dels muscles, cap a casa de la noble Siñora va escomensá a caminá; y anán aixina sense cap considerassió dell, moltes vegades li fotíe cops, ara a un costat, ara al atre, contra los pedrissos apegats a les cases; y la nit ere tan fosca que no podíe vore per aón anabe. Y están ya Rinuccio a la porta de la noble Siñora, que estabe a la finestra en la seua criada per a vore si Rinuccio portabe a Alessandro, ya preparada per a féls anássen als dos, va passá que la guardia de la siñoría, vigilán per aquell barri a vore si enchampaben algún bandido, al sentí lo soroll que Rinuccio fée al caminá, van traure una llum per a vore qué ere y aón estabe, y prenén los escuts y les llanses, van cridá:- ¿Quí va?

Sentínu Rinuccio, sense tems de pensá res, va dixá caure a Alessandro y va corre cametes ajudeume tot lo que va pugué. Alessandro, eixecánse a escape, encara que portare les robes del mort, que eren mol llargues, tamé va arrencá a corre.
La Siñora, en la llum ensesa per los guardies habíe vist a Rinuccio en Alessandro damún dels muscles, y del mateix modo habíe reconegut a Alessandro vestit en les robes de Degolladéu; y se va maravillá mol del gran valor de los dos, pero en tot lo seu assombro mol sen va enriure al vore aviá an terra a Alessandro y vórel después fugí. Y alegránse mol en aquell cas y donán grássies a Deu que del fastidio de estos dos la habíe tret, sen va entorná a dins y sen va aná al llit, afirmán, en la seua criada, que sense cap duda aquells dos la volíen mol, ya que habíen fet alló que los habíe manat, tal com se habíe vist.
Rinuccio, tristot y maldién la seua desventura, no sen va entorná cap a casa, sino que, al anássen de aquell barri la guardia, va torná allí aon habíe aviát a Alessandro, y va escomensá, a paupóns, a vore si lo trobabe, per a cumplí lo que li habíe sigut requerit; pero, al no trobál, pensán que la guardia sel hauríe emportat de allí, sen va aná cap a casa. Alessandro, no sabén qué fé, sense habé reconegut al que lo habíe portat, dolgut per esta desdicha, tamé sen va aná cap a casa. Per lo matí, trobada uberta la sepultura de Degolladéu y no veénlo a dins perque Alessandro lo habíe embutit cap al fondo, tota Pistoya se va omplí de parladuríes, pensán los tontos que sel habíen emportat los demonis. No va dixá cada un dels enamorats de féli sabé a la dama lo que habíen fet y lo que habíe passat, y en alló, excusánse per no habé cumplit del tot lo seu manamén, la seua grássia y lo seu amor demanaben. Ella, fen vore que no su creíe, en la tallán resposta de que no faríe may res per nells, ya que ells no habíen fet lo que los habíe demanat, sels va traure de damún.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 13. Del natural de Pedro Saputo.

Capítul XIII.

Del natural de Pedro Saputo.

No se va sabé mes de ell. Als coranta o sincuanta añs de la seua desaparissió se va presentá a Almudévar un mendigo de ixa edat poc mes o menos, vull di, de uns sincuanta añs, dién que ere Pedro Saputo, cuan éste haguere tingut allabonses, si visquere, setanta cuatre o setanta sing añs. Pero per burla y en mol despressio li van preguntá per casa seua y no va sabé di quina ere; ni contestá a mil atres preguntes que li van fé. Li van demaná que pintare, y tocare algún instrumén; y va contestá mol entonat y serio: l'áliga no casse mosques. Y repetíe y jurabe que ere fill de Almudévar y lo verdadé Pedro Saputo. Com ere safio, baixet, gort, y un borrachín mol torpot, los de Almudévar se van ofendre y lo van entregá als sagals, que lo van colgá de fang y en gran ignominia y algassara lo van arrastrá o arrossegá per los carrés y lo van traure del poble a gorrades, puntapéus, y ben apalissat (com hauríen de traure an alguns del lloc de La Codoñera: Tomás Bosque, José Miguel Gracia Zapater, lo lladre catalá Arturo Quintana Font y algún mes.
Y de atres pobles, lo mateix).

codoñ, codony, membrillo, cydonia oblonga, dulce de membrillo, codoñat

Ell se va eixecá, y mirán al poble, va di en tono profétic: pronte sirá que lo sel vengo esta ingratitut y mala obra. ¡Poble de Almudévar!, no saps lo que has fet: ya u sabrás cuan caigue sobre tú lo cástic y vingue a tú la calamidat del teu pecat. Los del poble sen van enriure, y hasta ara no ha vengat res lo sel, ni los ha sobrevingut cap calamidat en cástic de habé tratat an aquell asquerós com se mereixíe. Pero ell sen va aná a datres pobles, caminán mol per lo peu de la serra y per lo Semontano, dién que ere Pedro Saputo.

Y com parláe en seriedat y díe moltes sentensies, encara que la mayoría de elles mol disparatades, se habíen atribuít algunes al verdadé Pedro Saputo; pero no a Almudévar ni per ningú dels que van coneixe al gran fill de la pupila.

Com lo lectó u está veén desde lo prinsipi de la historia de la seua vida, no va ñabé home al seu tems ni después se ha conegut que lo igualare en espabil, talento, discressió, habilidat pera tot, ajuntán a tan exelentes dotes una amabilidat que robabe lo cor a cuans li parláen, un aire de molta dignidat, una presensia gallarda y hermosíssima, y una grassia incomparable en tot lo que díe y fée; 

y may se 'l va vore unflat ni se va vanagloriá de res. 

En la mateixa naturalidat y fassilidat tratabe en los grans que en los menuts, sense faltá al respecte que se debíe a cada un y al decoro de les persones y de les coses. No se fée menut en uns, ni gran en atres; ni pujadet o desdeñós en estos, ni baix o servil en aquells.

Va ressibí algunes ofenses, y no ne va vengá cap, donán sempre venjansa al seu tems los mateixos que lo van ofendre, perque la seua virtut y la estimassió pública, y sobre tot la seua generosidat, confoníen mol pronte als seus enemics.

Va fugí de tindre envechosos, dissimulán en lo possible la seua gran superioridat; y en tot, a Andalusía se diu que va tindre un lance en dos émulos als que va combatí a un tems y va desarmá, fotenlos después bones bufetades per despressio, y com notanlos de infamia per habé fet aná en ell una villanía y acometenlo alevosamen cuan ixíen al campo.

Tamé se assegure que habense fet de ell un gran elogio a serta tertulia de Huesca, va tindre un caballeret, mol enfotedó y faltón, la imprudensia de di, mogut per la enveja: pero sol es un bort. 

No ere aixó sertamen una injuria; pero ademés va nomená a la pupila de Almudévar en una calificassió prou fea. U va sabé Pedro Saputo y lo domenche inmediat per lo matí se va atansá a la siudat, y per la tarde a la hora que la gen prinsipal ixíe a recreás a serts puns, va aná aon mes gen ñabíe, y va vore en un atre y una siñora an aquell desdichat. Se li va arrimá, y demanán permís a la siñora y al caballé li va di:

- Yo soc Pedro Saputo; ¿qué es lo que vau di de ma mare lo dijous a casa de N.? 

Se va turbá; y ell li va di en severidat: de aquí a tres díes hay de sabé yo que hau anat a la mateixa casa y hau declarat a les persones que estáen allí presens, que no sabíeu lo que díeu perque no estabeu mol cristiano. ¿U faréu? Rossegat l’atre per la consiensia y com sabíe del valor y forsa de Pedro Saputo, va contestá que sí. Pos en siñal de amistat, y que no sen parlo mes, doneume la má. Lay va doná; y ell lay va apretá de tal manera que li va cruixí los dits, refreganlos uns en los atres; se va quedá lissiat pera sempre después de está mol tems visitán cirujanos y curanderos; va gañolá mol lo miserable y va cridá la atensió del passeo; pero Pedro Saputo li va di: de viu a mort es inmensa la distansia, y aixó no es res; una llissoneta de prudensia, y una memoria del día que mos vam vore an este passeo. Y mol sereno, y saludán als coneguts, sen va aná caminán a la siudat, y sen va entorná cap a Almudévar. 

Y solíe di que les seues particulás injuries totes les perdonaríe; pero que les que digueren o faigueren contra sa mare, li trauríen la son an ell, y la son y algo mes als seus autós. Se va parlá a Huesca de este lance, y tots lo van aprobá com obra de un verdadé fill que torne per la honra de sons pares.

Portáe sempre en ell lo Manual de Epicteto, y díe que per mes que llixguere, sempre lo obríe en gust y profit. Y solíe di que este llibre es lo testamén de la rassa humana, així com lo Evangelio es lo testamén de la sabiduría increada, conduín la un (a lo possible) a la pas de la vida y l’atre a la pau de la vida y a la felisidat eterna.

LITERATURA GRIEGA, ESTO ES,  SU HISTORIA, SUS ESCRITORES Y JUICIO CRÍTICO DE SUS PRINCIPALES OBRAS, POR DON BRAULIO FOZ.

Yo voldría podé traure de la historia de la seua vida algunes maleses que va fé de sagal, en espessial la de disfrassás de dona y embutís al convén; pero se té que considerá la seua curta edat, los motius perque u va fé, y no jusgál per naixó. No va sé una calaverada; va sé sol per culpa de la temó, per mes que a un atre no se li haguere ocurrit. Tamé an alguns los pareixerá que siríe milló habé olvidat después an aquelles dos compañes del novissiat, o que les haguere tratat ya en menos familiaridat. Pero, ¿ere aixó possible per an ell y per an elles? Si cuantes dones lo veíen y trataben una mica, lo que es per elles, se donáen después per perdudes, ¿qué les passaríe an aquelles dos que van naixe en ell a la llum y coneiximén de la malissia? ¿Y de un modo tan singulá y may vist?

Desde lo momén en que se va reconeixe an ell mateix y va vore qué fassilmen podíe sé ric si volíe, que va sé cuan va torná del gran viache per España, li va di a sa mare estes paraules tan majes:

"Ya, bona mare y siñora meua, tenim un estat dessén, si Deu vol y yo ting salut no ha de faltamos res. Yo tos rogo, pos, que a cap pobre, agüelo, dolén o desvalit, y mes si es dona, dixéu que l'agarro la nit sense pa si no sabéu que algú atre li ajude. Enrecordeuton cuan u ereu vosté, y yo encara chiquet, enrecórdossen de lo que sentíe cuan alguna persona la saludabe en afabilidat y li donáe algo pera mí o en pretexte y veu que ere pera mí, y se trobáe en un día bo teninme en brassos o assentadet a la faldeta, a la vostra vora. Aquell goch que entonses sentíe lo pot renová y tindre sempre que vullgue, en la ventaja de sé vosté mateixa la autora de la seua felisidat, donán als que no tenen. Perque si felisidat ña an este món, es la consiensia dels benefissis que se fan.» 

Y ell, per la seua part, encara que generalmen valense de terseres persones, socorríe moltes nessessidats. ¿Quí en aixó no lo voldríe, encara que no ñaguere datra causa? Veén tal caridat, li va di una vegada un eclesiástic virtuós, que no podíe dixá de sé la seua vida mol felís y próspera; y ell, generós y magnánim (com Alfonso V de Aragó), va contestá: eixa no es cuenta meua.

ALFONSO V NACE ENTRE TERREMOTOS Y ESPANTO  (SIGLO XIV. VALENCIA)

Se pot discutí si va sé un be o un mal de cara an ell lo habé trobat a son pare. Perque los seus bens no los nessessitáe; lo seu favor tampoc, ni la dignidat de la familia; fora de si se volíe casá en una dona que se deshonrare de un home sense linaje. Pero com ell no la haguere vullgut en esta vanidat, no se pot considerá com un favor de la fortuna lo adornál después en un tan ilustre apellit.

Lo de Saputo que ha mereixcut y portabe ere mol mes gran.

Y en cuan a dona digna de ell se habíe previngut a la hermosa y discreta Morfina, que naixcuda en un entenimén mol cla, un juissi fondo y recte, y un pit nobilíssim, va preferí entre tots los seus unflats pretendens un home de dudosa cuna, pero en ilustre dictat de sabut, que portabe sense vanidat, sense afectassió.

Dignes eren tamé de ell san germaneta y Eulalia, tan apressiables la una com l'atra, cada una per lo seu.

Pera res, pos, nessessitáe a son pare ni lo seu apellit. 

Se va alegrá mol de conéixel, encara que per sa mare prinsipalmen. May ell habíe cregut liviandad ni desenvoltura lo fet de sa mare, perque, sobre doná crédit a la seua relassió, la coneixíe prou be pera no dudá de la seua virtut, sense tindre en cuenta lo que sentíe a tots de la seua molta honestidat y recato; pero la infelís no podíe está satisfeta en la seua bona opinió, y mes creénse engañada.

Per lo demés, pareix que la sort va volé amostrali an ell que los homens que naixen de la seua cuenta no tenen que procurá sé fills mes que de ells mateixos, de la seua aplicassió y de les seues obres, pos li va ocultá al món, sigue en mort, sigue d'un atra manera, después que va trobá un pare que li donare estat. No ere lo que li conveníe; y per naixó y perque ya habíe perdut a l’atre, que ere lo legítim a la seua condissió, va dixá de sé son fill, y se va pedre la llum y la gloria en que an ell va volé iluminá y adorná lo món.

Sobre lo final que va tindre res se pot afirmá. Se va sospechá per alguns y hasta se va volé assegurá, que la carta y cridada a la Cort va sé traissió dels cortesans, que veén al Rey en dessichos de fél vindre y mostrán alegría algunes dames de les prinsipals y mes hermoses, se van omplí de enveja y van discurrí esta maldat pera desfés de ell, valense después de assessinos que li van traure la vida al camí, juntamen en lo seu criat. 

Aixó es lo que se va sospechá y va di, y lo que yo hay cregut sempre; pero de sert no pot sabés.

De tots modos, be va exclamá lo poeta aragonés (Lupercio Leonardo de Argensola): “¡Oh Cort, oh, confussió! quí te dessiche.”


Original en castellá:

Capítulo XIII.

Del natural de Pedro Saputo.

No se supo más de él. A los cuarenta o cincuenta años de su desaparición se presentó en Almudévar un mendigo de esa edad poco más o menos, quiero decir, de unos cincuenta años, diciendo que era Pedro Saputo, cuando éste debiera tener entonces, si viviera, setenta y cuatro o setenta y cinco. Pero por burla y con mucho desprecio le preguntaron de su casa y no supo decir cuál era; ni satisfacer a mil otras preguntas que le hicieron. Pidiéronle que pintase, y tocase algún instrumento; y respondió muy entonado y grave: el águila no caza moscas. Y repetía y juraba que era hijo de Almudévar y el verdadero Pedro Saputo. Como era zafio, bajo, grueso, y un borrachín torpísimo, los de Almudévar se ofendieron y le entregaron a los muchachos, que llenándolo de barro y con grande ignominia y algazara le arrastraron por las calles y sacaron del lugar medio muerto. Él se levantó, y mirando al lugar, dijo en tono profético: presto será que el cielo vengue esta ingratitud y mala obra. ¡Pueblo de Almudévar!, no sabes lo que has hecho: ya lo sabrás cuando venga sobre ti el castigo y caiga en ti la calamidad de tu pecado. Los del pueblo rieron, y hasta ahora no ha vengado nada el cielo, ni les ha sobrevenido ninguna calamidad en castigo de haber tratado a aquel asqueroso como merecía. Mas él se fue a otros pueblos, andando mucho por el pie de la Sierra y por el Semontano, llamándose Pedro Saputo. Y como hablaba con gravedad y decía muchas sentencias, aunque las más de ellas muy disparatadas, se habían atribuido algunas al verdadero Pedro Saputo; pero no en Almudévar ni por nadie de los que conocieron al grande hijo de la Pupila.

Como el lector lo está viendo desde el principio de la historia de su vida, no hubo hombre en su tiempo ni después se ha conocido que le igualase en agudeza, en talento, en discreción, en habilidad para todo, juntando a tan excelentes dotes una amabilidad que robaba el corazón a cuantos le hablaban, un aire de mucha dignidad, una presencia gallarda y hermosísima, y una gracia incomparable en todo lo que decía y hacía; y jamás se le vio hinchado ni se vanaglorió de nada. Con la misma naturalidad y facilidad trataba con los grandes que con los pequeños, sin faltar al respeto que se debía a cada uno y al decoro de las personas y de las cosas. No se hacía pequeño con unos, ni grande con otros; ni alto o desdeñoso con éstos, y bajo o servil con aquéllos.

Recibió algunas ofensas, y no vengó ninguna, dándole siempre venganza a su tiempo los mismos que le ofendieron, porque su virtud y la estimación pública, y sobre todo su generosidad, confundían muy pronto a sus enemigos.

Huyó de tener envidiosos, disimulando en lo posible su gran superioridad; y con todo en Andalucía se dice que tuvo un lance con dos émulos a quienes combatió a un tiempo y desarmó, dándoles después de bofetones por desprecio, y como notándolos de infamia por haber usado con él una villanía y acometiéndole alevosamente cuando salían al campo.

También se asegura que habiéndose hecho de él un grande elogio en cierta tertulia de Huesca, tuvo un caballerete, muy jactancioso y vano, la imprudencia de decir movido de la envidia: pero al fin es un borde. No era esto ciertamente una injuria; pero además nombró a la Pupila de Almudévar con una calificación harto fea. Súpolo Pedro Saputo y el domingo inmediato por la mañana se dirigió a la ciudad, y por la tarde a la hora que la gente principal salía a recrearse a ciertos puntos, fue al más concurrido, y vio con otro y una señora a aquel desdichado. Acercósele, y pidiendo permiso a la señora y al caballero le dijo: - Yo soy Pedro Saputo; ¿qué es lo que dijiste de mi madre el jueves en casa de N.? Turbóse el cuitado; y él le dijo con severidad: dentro de tres días he de saber yo que habéis ido a la misma casa y habéis declarado a las personas que se hallaron presentes, que no sabíais lo que decíais porque no estabais en vuestro acuerdo. ¿Lo haréis? Acusado el otro de su conciencia y con la noticia de que tenía del valor y esfuerzo de Pedro Saputo, respondió que sí. Pues en señal de amistad, y que en esto no se hablará más, dadme la mano. Diósela; y él se la apretó de modo que le magulló los dedos, estrujándoselos unos con otros; de que quedó lisiado para siempre después de estar mucho tiempo en poder de cirujanos; dio altos ayes el miserable y llamó la atención del paseo; mas Pedro Saputo le dijo: de vivo a muerto es inmensa la distancia, y eso no es nada; una leccioncita de prudencia, y una memoria del día que nos vimos en este paseo. Y muy sereno, con gentil continente, y saludando a los conocidos, se fue andando a la ciudad, y se volvió a Almudévar. Y solía decir que sus particulares injurias todas las perdonaría; pero que las que dijesen o hiciesen de su madre, le quitarían el sueño a él, y el sueño y algo más a sus autores. Se habló en Huesca de este lance, y todos le aprobaron como obra de un verdadero hijo que vuelve por la honra de sus padres.

Traía siempre consigo el Manual de Epicteto, y decía que no le podía leer tanto, que no le abriese siempre con gusto y provecho. Y solía decir que este libro es el testamento de la raza humana, así como el Evangelio es el testamento de la sabiduría increada, conduciendo el uno (en lo posible) a la paz de la vida y el otro a la paz de la vida y a la felicidad eterna.

Yo quisiera poder quitar de la historia de su vida algunas travesuras que hizo de muchacho, en especial la de disfrazarse de mujer y meterse en el convento; pero debe considerarse su poca edad, los motivos porque lo hizo, y no juzgarle con disfavor. No fue una calaverada; fue sólo discurso del miedo, por más que a otro no le hubiese ocurrido. También a algunos parecerá que fuera mejor haber olvidado después a aquellas dos compañeras del noviciado, o que las hubiese tratado ya con menos familiaridad. Pero, ¿era esto muy posible a él ni a ellas? Si cuantas mujeres le veían y trataban un poco, lo que es por ellas, se daban luego por perdidas, ¿qué sucedería a aquellas dos que nacieron con él a la luz y conocimiento de la malicia? ¿Y de un modo tan singular y no visto?

Desde el momento que se reconoció a sí mismo y vio cuan fácilmente podía ser rico si quería, que fue cuando volvió del gran viaje por España, dijo a su madre estas hermosas palabras: «Ya, buena madre y señora mía, tenemos un estado decente, el cual Dios mediante y yo con salud no ha de faltarnos. Yo os ruego, pues, que a ningún pobre, anciano, enfermo o desvalido, y más si es mujer, dejéis que le coja la noche sin pan si no sabéis que otro le acude. Acordaos cuando lo érades vos e yo niño, acordaos de lo que sentíades cuando alguna persona os saludaba con afabilidad y os daba algo para mí o con pretexto y voz que era para mí, y os encontrábades con un día bueno tomándome en brazos o sentándome a vuestro lado. Aquel gozo que entonces sentíades le podéis renovar y tener siempre que quisiéredes, con la ventaja de ser vos misma la autora de vuestra felicidad, dando con que le sientan otros infelices. Porque si felicidad hay en este mundo, es la conciencia de los beneficios que se hacen.» Y él por su parte, aunque generalmente valiéndose de terceras personas, socorría muchas necesidades. ¿Quién con esto no le amaría, aunque no hubiese otra causa? Viendo tal caridad, le dijo una vez un eclesiástico virtuoso, que no podía dejar de ser su vida muy feliz y próspera; y él, generoso y magnánimo, respondió: ésa no es cuenta mía.

Puédese disputar si fue un bien o un mal, mirando a su sola persona, el haber encontrado a su padre. Porque sus bienes no los necesitaba; su favor tampoco, ni la dignidad de la familia; fuera de si quería casar con mujer que se deshonrase de un hombre sin linaje. Pero como él no la hubiese querido con esta vanidad, no se puede considerar como un favor de la fortuna el adornarle después con un tan ilustre apellido. El de sabio que ha merecido y llevaba era mucho más grande. Y en cuanto a mujer y esposa digna de él habíasele prevenido en la hermosa y discreta Morfina, que nacida con un entendimiento muy claro, un juicio profundo y recto, y un pecho nobilísimo, prefirió a todos sus hinchados pretendientes un hombre de dudosa cuna, pero con ilustre dictado de sabio, que llevaba sin vanidad, sin afectación ni ceño. Dignas eran también de él su hermanita y Eulalia, tan apreciables una y otra, cada una por su término.

Para nada, pues, necesitaba a su padre ni de su apellido. Con todo, se alegró mucho de conocerle, aunque por su madre principalmente. Nunca él había creído liviandad ni desenvoltura el hecho de su madre, porque, sobre dar entero crédito a su relación, le conocía bastante para no dudar de su virtud, sin lo que oía a todos de su mucha honestidad y recato; pero la infeliz no podía estar satisfecha con su buena opinión, y más creyéndose engañada.

Por lo demás, parece que la suerte quiso mostrar en él que los hombres que nacen de su cuenta no deben procurar ser hijos sino de sí mismos, de su aplicación y de sus obras, pues le ocultó al mundo, sea con muerte, sea de otra manera, luego que encontró un padre que le diese estado. No era sin duda éste el que le convenía; y por eso y porque ya había perdido el otro, que era el legítimo en su condición, dejó de ser su hijo, y se perdió la luz y la gloria con que en él quiso iluminar y adornar el mundo.

Acerca del fin que tuvo nada se puede afirmar. Sospechóse por algunos y aun se quiso asegurar, que la carta y llamada a la corte fue traición de los cortesanos, que viendo al rey con deseos de hacerle venir y mostrando alegría algunas damas de las principales y más hermosas, se llenaron de envidia y discurrieron esta maldad para deshacerse de él, valiéndose luego de asesinos que le quitaron la vida en el camino, juntamente con el criado. Esto es lo que se sospechó y dijo, y lo que yo he creído siempre; pero de cierto no puede saberse. De todos modos, bien exclamó el poeta aragonés: ¡Oh corte, quién te desea!

viernes, 24 de agosto de 2018

Pedro Saputo en chapurriau


Tos adelanto lo primé capítul del llibre de Braulio Foz, de Fórnols, Matarraña, Teruel, Aragó, España. Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar. En chapurriau.

Aquí está tot lo texto per a traduí al valensiá, mallorquí, catalá de Pompeyo, o consevol atre idioma:

https://chapurriau.blogspot.com/2018/11/pedro-saputo-en-chapurriau.html


Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar. En chapurriau.


VIDA DE PEDRO SAPUTO

En castellá aquí :
y milló aquí, en formato pdf, doc, epub, etc

Al original en castellá voreu lo estil narratiu, está escrit al 1844, per lo que pot resultá pesat. Si no hau lligit antes en chapurriau, escomenseu per estos atres llibres :

Llibre primé
Capítul I
Naiximén de Pedro Saputo.

Pedro Saputo, Almudévar, ermita, virgen de la Corona
Almudévar, ermita, virgen de la Corona

¡Beneít sigue Deu, que al final lo gran Pedro Saputo ha trobat qui aplegare los seus fets, los ordenare convenienmén, y separán lo fals de lo verdadé eixecare a la história
acrisolada y pura de la seua vida la digna estátua que debíem al seu talento y a les séues virtuts!

¿Qué me donará lo món per este servissi, per este deute comú que pago, tocánme a mí
en ves de a consevol atre veí? Pero ¡a cascala lo interés! No vull datra recompensa que sabé, com u sé desde ara, que este llibre se lligirá en gust per agüelos y joves, per sabuts y per ignoráns, a les siudats y a les aldees.
¡Oh, cuáns bons ratos a les velades de hivern passarán en ell escofanse al foc o al brasé! Pos no vull mes recompensa, com dic; aixó, y aixó sol es lo que me hay proposat. Y pos u dono per conseguit, res mes me se oferix advertí, ni previndre als meus lectós y lectores.

A la vila de Almudévar, a tres legües de la famosa siudat de Huesca, a la carretera de Saragossa, va náisse Pedro Saputo de una huérfana donsella que vivíe sola perque se habíe quedat als quinse añs sense pare ni mare, y ere pobra, no teníe mes bens que una caseta a la carrera del forn de fora, y manteninse en lo ofissi de rentadora y lo de cuinera de totes les bodes y de les grans festes del lloc; a la seua juventut cantae en molta grássia perque teníe una veu extremada y tocae lo pandero com una gitana. En estes habilidats may li faltae lo menesté, y algún regalo y bons passatems. Sempre anáe mol pincha y asseada; no envechae res, ni a pobres ni a rics; tots la volíen be, y ella no volíe mal a ningú.
Per a mes gran notíssia de la persona dirém que ere espabilada, redona de cara, no fea, pero tampoc guapa, primeta de cara tirán a grossa, desembossada de paraules; pit ple y ubert, discreta, honrada de casta, recatada, en bona fama al poble, y en tot mol afable. En estes virtuts entendre se pot que tindríe mols pretendéns, y los va tindre, en efecte, no menos en línea recta que en la línea torsuda, y de tots los gustos y apariénsies; pero no se donae per entesa de la mala intensió de algúns, y agarrán les paraules sempre a la dreta, a tots responíe lo mateix y los despedíe sense oféndrels dién que no volíe casás ni tindre amors. Y aissó que la van marejá mossos mol fanfarróns y valéns, y algúns en ajuar y pegujar, que la hagueren convertit en una hidalga. Cuan escomensae a sé mosseta li va di una gitana en lo romeret a la boca que si se casae ploraríe moltes llágrimes, fenli una professía en vers que diebe:
Si te cases tindrás home,
llágrimes, pena y doló;
conserta sola lo teu amor
y lo fruit sirá gloriós.
No enteníe lo sentit general de la professía y poesía, pero va entendre mol be y se li va enclavá ben fondo com puncha al alma lo de llágrimes y penes, y ere prou per a que tinguere po: conque se va tapá los oíts a tota proposta de matrimoni per mes que passán lo tems va arribá a cumplí los vin añs de edat, que an aquell siglo casi ere afrenta está soltera.
Antes de que sen acataren al poble, ya teníe una pancha de sis mesos, y encara que teníe gran opinió de honesta no su hagueren cregut si ella no u diu; pero u díe y u afirmae en tanta naturalidat que van tindre que créureu. Cuan va arribá lo tems va parí un chiquet mol fortot y majo, y preguntánli de quí ere, va di: Per ara meu y de Deu. Y de aquí no la van pugué traure. Una mica se van mosquejá lo justíssia y tamé lo siñó retó perque no díe quí ere lo pare del chiquet; pero ella se va mantindre en lo dit y van habé de frená la curiosidat y se va mantindre lo secreto.
Cuan van batechá al chiquet, may un cas com aquell se habíe vist al poble y pareixíe un milagre (que los tems diuen que eren atres diferéns de los que corren ara, encara que yo no u crec), dingú se oferíe a sé lo seu padrí; y lo justíssia y lo síndic van ajuntá consell general del poble y van di: «honrats veíns de Almudévar: per la veu que ha corregut debeu sabé que la honesta filla pupila de Antonio y Juana del forn de fora ha parit casualmén un chiquet, y no té qui lo porto a la pila. Fému a sorts si tos pareix, y de los tres noms que ixquen sen triará un per vots libres de tots.»

- ¡Be, be!, va cridá lo gentío. Y van eixí dos hómens y una dona; y passán a votassió, tots menos sis van votá que fore padrina la dona, y que los dos homes y lo síndic la acompañaren. Ere una donsella, y no va faltá qui remugare dién que les donselles no teníen que habés
presentát per séu la mare del chiquet y no estae be que la visitaren. Pero a qui aixó va di, que ere un ricacho en vanidat de hidalgo, lo van mirá mal de reúll y lo van aburrí tot aquell día. Va sé, pos, padrina la donsella, y lo va traure de pila mol contenta; y com ere de una casa acomodada va ñabé gran batech y alifara, que la van doná los acompañáns y son pare de la mateixa padrina.
Li van ficá de nom Pedro, y no se va parlá en mols díes de atra cosa al lloc. Cuan la mare va traure al chiquet al públic pareixíe una conda en la formalidat y satisfacsió que mostrae y als dijes y mantilla que li ficae; y la gen la volíe encara mes que abáns. La paráen tots per a mirá al chiquet, y sense sabé per qué se alegraen; y moltes dones, espessialmén les donselles, casi li teníen enveja.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los sans inosséns, llibre tersé.

Llibre tersé.

La milana.

Y en éstes, se presente al cortijo lo Azarías, y la Régula li va doná los bons díes y li va estendre un sac de palla jun a la cuina com acostumáe, pero lo Azarías ni la mirabe, se unflabe y fée com si mastegare algo sense tindre res a la boca y san germana, ¿te passe algo, Azarías, no estarás dolén? y lo Azarías, la buida mirada al foc, gruñíe y ajuntabe les genives desdentegades, y la Régula, ae, no te se haurá mort l´atra milana que tú dius, ¿verdat, Azarías? y después de mol insistí, lo Azarías, lo siñoret me ha despedit, y la Régula, ¿lo siñoret? y lo Azarías, diu que ya soc vell, y la Régula, ae aixó no pot dítu lo siñoret, si te has fet vell, al seu costat ha sigut, y lo Azarías, yo ting un añ mes que lo siñoret, y mastegáe lo no res, assentat al taburet, en los colses a les garres, lo cap entre les mans, la mirada perduda, fixa al fogaril, pero, de repé, se va sentí lo alarit de la chiqueta Menuda y los ulls del Azarías se van iluminá, y los seus labios se van estirá en una sonrissa babeján, y li va di a san germana, arrímam a la chiqueta Menuda veus, y la Régula, ae, estará bruta y lo Azarías, alcánsam a la chiqueta Menuda, y, dabán la seua insisténsia, la Régula se va incorporá y va torná en la Charito y lo seu cos no abultabe mes que lo de una llebre y les seues cametes se doblegáen com les de una nina de drap, com si estigueren desossades, pero lo Azarías la va agarrá en los dits tremolosos, la va acomodá a la seua faldeta, li va aguantá delicadamen lo seu cabet desarticulat contra lo seu bras fort, per deball del sobaco, y va escomensá a rascála suaumen entre les selles mentres musitabe, milana bonica, milana bonica... y aixina que va torná Paco, lo Baixet, de la volta de la tarde, la Régula va eixí a trobál, ae, tenim visita, Paco, ¿a que no saps quí ha vingut? y Paco, lo Baixet, va ensumá un momén y va di, ton germá ha vingut, y ella has ensertat, pero esta vegada no per una nit, ni per dos, sino pera quedás, ell diu que lo siñoret lo ha despedit, veus a sabé, haurem de informámos, y al matí siguién, conforme se va alsá Deu, Paco, lo Baixet, va ensillá la yegua y, al galop, va franquejá la valleta, lo collet ple de carrascots y lo jaral y se va presentá, escoltat per los aullits dels mastíns, al cortijo del siñoret del Azarías, pero lo siñoret descansabe y Paco, lo Baixet, se va apeá y se va quedá un rato de charrada en la Lupe, la de Dacio, lo Gorriné, un pledepolls, aixó es lo que es, tot lo cuchitril ple de merda y, per si fore poc, se pixe a les mans, sirá desahogat, y Paco, lo Baixet, assentíe, pero, aixó no es nou, Lupe y la Lupe, nou no es, pero, a la llarga, canse, en la seua inacabable letanía de lamentassións, y aixina hasta que va apareixe lo siñoret y Paco, lo Baixet, entonses, se va ficá de peu, com ere de ley, bones, bones mos les dono Deu, siñoret, se va traure la gorra y va escomensá a donáli voltes y voltes entre les mans, com si li estorbare, y, al remat, siñoret, lo Azarías diu que vosté l´ha despedit, ya veu quínes coses, después de tans añs, que lo siñoret, a vore si mos entenem, ¿quí eres tú?, ¿quí te ha donat vela an este enterro? y Paco, lo Baixet, acobardat, perdono, lo germá polític del Azarías, lo del Piló, aon la Siñora Marquesa, un treballadó de Crespo, lo Guarda Majó, pera que me entengue, y lo siñoret del Azarías ¡ah, ya! y movíe lentamen lo cap, afirmán, los ulls tancats, com si cavilare, y al final, va admití, pos lo Azarías no diu cap mentira, que es sert que l´hay despedit, tú me dirás, un payo que se pixe a les mans, yo no puc minjám una surita que ell haigue desplomat, ¿ten dones cuenta?, ¡en les mans pixades!, aixó es una gorrinada y dísme tú, si no me pele les surites y atres muixóns ¿quín servissi me fa al cortijo un carcamal com ell que no té res aquí?, y se siñalabe lo fron, se apretabe en forsa un dit a la pulsera, lo pols, y Paco, lo Baixet, los ulls a les puntes de les seues botes, continuabe voltán la gorra entre les mans, aixina, y al remat, va ajuntá valor y raó, ben mirat, no li falte, siñoret, pero fáigues cuenta, lo meu - mon - cuñat va traure la primera den aquí, que pera San Eutiquio sixanta un añs, que se diu pronte, de chiquet, com qui diu... pero lo siñoret va moure una ma y lo va interrompre, tot lo que vullgues, tú, menos eixecám la veu, sol faltaríe, que si al teu cuñat l´ham aguantat sixanta un añs lo que mereixco es un premio, ¿sens?, que bons están los tems pera arreplegá de caridat a un anormal que se u fa tot per los racóns, y per si fore poc, se pixe les mans abáns de pelám les turcassos, una repugnansia, aixó es lo que es, y Paco, lo Baixet, sense dixá de donáli voltes a la gorra, assentíe, cada vegada mes tenuemen, si men fach cárrec, siñoret, pero ya veu, allí, a casa, dos pesses, en cuatre sagals...y lo siñoret, tot lo que vullgues, tú, pero lo meu no es un assilo y pera estes situasións está la familia, ¿o no? y Paco, lo Baixet si vosté u diu, y, passet a passet, reculabe cap a la yegua, pero cuan va ficá lo peu al estribo y va montá, al siñoret del Azarías se li van amontoná a la boca noves raóns, que ademés de lo que te porto dit, tú, lo Azarías blasfeme y los trau los taps a les rodes dels coches dels meus amics, dónaten cuenta, aixina fore lo mismíssim ministre, compendrás que yo no puc invitá a dingú pera que eixe anormal... y anáe alsán gradualmen la veu mentres Paco, lo Baixet, se alluñabe al trote de la yegua, ...li dixo los neumátics forros... ¡compendrás...! pero, ben mirat, lo Azarías ere un engorro, un atra criatura, igual que la chiqueta Menuda, ya u díe la Régula, inosséns, dos sans inosséns, aixó es lo que són, pero ni la Charito se estáe coteta, y lo Azarías ni a sol ni a sombra y, a la nit, ni pegá ull, en los seus passeos y carraspeján, y voltáe com un gos, y aixina hasta la matinada que se assomabe a la corralada, mastegán saliveta, los pantalóns caiguts, y los gorrinés y los guardes y los gañáns, sempre la mateixa copla, Azarías, ¿vas a peixcá? y ell sonreíe a lo no res, mentres rascabe los barróns del galliné, y ronronejabe ajuntán les genives, y, al acabá, agarráe dos cartóns de vime o esportes una a cada ma y díe, men vach a fé fem pera les flos, y, franquejabe la tanca, y se perdíe per la lloma, entre les jares y les carrasques, buscán a Antonio Abad, lo pastó, que per la hora que ere no podíe está mol llun, y, tal com sel topetáe, se ficáe a caminá parsimoniosamen detrás del bestiá, acachánse y arreplegán cagallóns ressién eixits hasta que omplíe los cartróns y, una vegada plens, tornáe al cortijo rossegán paraules que no se escoltáen, la blanca saliveta empastada a les comissures y tal com entrabe a la corralada, ya estabe la Pepa, o lo Abundio, o la Remedios, la del Crespo, o qui fore, ya ha vingut lo Azarías en lo abono dels geranios, y lo Azarías, sonreíe, y anabe bordeján les eretes de les flos escampán equitativamen los cagallóns entre ells, y la Pepa, o lo Abundio, o la Remedios, o lo mateix Crespo, embutix mes merda al cortijo que la que trau, y la Régula, en passiénsia, ae, no moleste a dingú y per lo menos está entretengut, pero lo Facundo, o la Remedios, o la Pepa, o lo mateix Crespo, ficaen mala cara, tú vorás cuan vingue la Siñora, pero lo Azarías ere templat y aplicat y, matí tras matí, tornáe dels carrascals en dos cartóns carregats de conguitos, de tal forma que, al cap de unes semanes, les flos de les eres apenes eixíen per damún de los muntets de cagallóns redóns, negres com volcáns menuts, y la Régula va tindre que imposás, ae, mes fem, no, Azarías, ara passéjam un rato a la chiqueta Menuda, li va di, y, a la nit, li va demaná a Paco, lo Baixet, que buscare algo que fé pera lo Azarías, pos los jardíns teníen massa abono y si sel dixáe gossejá, en seguida li entrabe la manta y li donabe per gitás entre los alborsés y dingú podíe traure res de ell, pero, per aquells díes, lo Rogelio, lo mosset, ya se apañabe sol, y anáe de aquí cap allá en lo tractó, un tractor roch, ressién importat, y sabíe armál y desarmál y cada vegada que veíe a la Régula preocupada per lo Azarías, li díe, yo me emporto al tío, mare, perque lo Rogelio ere efusiu y charradó, tot lo contrari que lo Quirce, cada día mes furo y callat, que la Régula, ¿qué li deu passá al Quirce desde fa un tems? se preguntabe, pero lo Quirce no donabe explicassións y, cada vegada que teníe dos hores libres, desapareixíe del cortijo y tornáe a la nit, una mica engatat y serio, que may sonreíe, may, menos cuan son germá Rogelio li preguntáe al Azarías, tío ¿per qué no mos conte vosté les panolles? y lo Azarías, dóssilmen, convensut per la fiebre de sé útil, se arrimabe al enorme mun de panolles, prop del silo y una, dos, tres, cuatre, sing... contabe, y, sempre, al arribá a onse, díe, coranta tres, coranta cuatre, coranta sing, y, entonses, sí, entonses lo Quirce sonreíe, en una sonrissa una mica forsada, pero pera una vegada que sonreíe, sa mare, la Régula, se ficáe pita y lo renegáe, les cames ubertes, los brassos de engerra, assuriacánlo en los ulls, ae, aixó sí que es majo, enríuressen de un agüelo inossén es ofendre a Deu, y, enfadada, sen anabe a buscá a la chiqueta Menuda, la preníe als seus brassos y lay dixáe al Azarías, tin, adormixla, ella es la única que te comprén, y lo Azarías preníe amorosamen a la chiqueta Menuda y, assentat al pedrís de la porta, la gronsáe y li díe a cada pas, en veu brumosa, ablanida per la falta de dens, milana bonica, milana bonica, hasta que los dos, casi a un mateix tems, se quedaben adormits a la solissombra de la parra de moscatell, sonrién com dos ángels, pero un matí, la Régula, mentres pentináe a la chiqueta Menuda, va trobá un poll entre les púes de la pinta y se va mosquejá y va aná aon lo Azarías, Azarías, ¿cuán tems fa que no te rentes? y lo Azarías, aixó los señoritos, y ella, la Régula, ae, los señoritos, l´aigua no coste perres, tros de marrano, y lo Azarías, sense di ni chut, va amostrá les seues mans de un costat y del atre, en la roña acumulada a les arrugues, y, finalmen va di humilmen, a modo de explicassió, me les pixo cada matí pera que no me se faiguen cribasses, y la Régula, fora de sí, ae, sirás asquerós, ¿no veus que estás crián miseria y lay apegues a la criatura? pero lo Azarías la mirabe confós o confundit, en les seues grogues nines dels ulls imploráns, lo cap cacho, gruñín cadensiosamen, com un cachorret, mastegán saliveta en les genives pelades, y la seua inossénsia y sumisió van desarmá a san germana, haragán, mes que dropo, tindré que ocupám de tú com si fores un atra criatura, y, a la tarde siguién, va pujá al remolque, jun al Rogelio y sen van aná cap a Cordovilla, aon lo Hachemita, y va comprá tres camisetes y, tornán a casa, se va encará en lo Azarías, ten fiques una cada semana, ¿me has entés? y lo Azarías assentíe y fée momos, pero passat un mes, la Régula va torná a buscál, daball del oró, ae, ¿se pot sabé aón has ficat les camisetes que te vach comprá?, va pera cuatre semanes y encara no ten hay rentat cap, y lo Azarías va baixá los ulls grocs y sangosos, hasta que san germana va pedre la passiénsia y lo va sacsá y tal com lo sacsáe per les solapes eixecades, va vore les camisetes, una damún del atra, sobreficades, les tres, y cochino, mes que marrano, que eres encara pijó que los gorrinos, tráute aixó, ¿sens?, llévat aixó, y lo Azarías, sumisamen, se va traure la parchejada jaqueta de pana parda y, después, les camisetes, una detrás del atra, les tres, y va dixá al descubert un pit de Hércules, cubert de una pelusa canosa, y la Régula, ae, cuan ten tragues una te fiques l´atra, la llimpia, trau y fica, eixa es tota la siénsia, y lo Rogelio a riure, que se tapáe la boca en la seua ma gran y morena pera sofocá la rissa y no enfadá a sa mare y Paco, lo Baixet, assentat al pedrís, contemplabe la essena apoquit y baixabe lo cap, abatut, es encara pijó que la chiqueta Menuda, rossegáe, y aixina va aná corrén lo tems y, cuan va arribá la primavera, al Azarías li van vindre alusinassións, y a totes hores se li representabe son germá, lo Ireneo, de nit en blang y negre, com enmarcat a un escapulari, y de día, si se gitáe entre la torvisca, policromat, gran y totpoderós, damún del fondo blau del sel, com va vore un día a Deu-pare a un grabat y, en estos casos, lo Azarías, se eixecáe y sen anáe aon la Régula, avui ha tornat lo Ireneo, Régula, díe, y ella ae, un atra vegada, díxa al pobre Ireneo en pas y lo Azarías al sel está y ella, a vore ¿quín mal li va fé a dingú? pero les coses del Azarías en seguida trassendíen al cortijo y los gorrinés, y los pastós y los gañáns féen vore que sel trobáen y li preguntaben, ¿qué va sé del Ireneo, Azarías? y lo Azarías alsáe los muscles, se va morí, Franco lo va enviá al sel, y ells, com si fore la primera vegada que lay preguntaben y ¿cuán va sé aixó, Azarías, cuán va sé aixó? y lo Azarías movíe repetidamen los labios antes de contestá, fa mol tems, cuan los moros, y ells se pegáen en los colses y reprimíen la rissa y tornáen a di, ¿y estás segú de que Franco lo va enviá al sel, no lo enviaríe al infern? y lo Azarías negabe fort en lo cap, sonreíe, babejabe y señalabe cap amún, al blau, yo lo vech ahí dal cada vegada que me tombo entre la torvisca, aclaríe, pero lo mes grave pera Paco, lo Baixet, eren los desahogos del Azarías, ya que a consevol hora del día o de la nit, son cuñat abandonabe la casa, buscabe un racó, ben prop de la tapia, o a les eretes, o del sopadó o prop del oró, se baixabe los calsonsillos, se ajupíe y u fée, aixina que Paco, lo Baixet, cada matí, antes de la volta, ixíe al pati com un enterradó, lo cávec al muscle y tratabe de borrá les seues patades y llugo, tornaé a la Régula y se queixáe, este home té que tindre les canilles fluixes, de un atre modo no se explique, y cada dilluns y cada dimats, apareixíe al cortijo una nova pasterada y Paco, lo Baixet, venga, fóli, en la cavegueta, cávec o chapo, a tapáu, pero pesse als seus esforsos, cada vegada que ixíe de casa y obríe los forats del nas - per aon segóns díe lo siñoret Iván, los díes que estabe de bones, se li veíe lo servell - li veníe la peste o corrompina y se desesperabe, ¡ya torne a putí, Régula, ton germá no té arreglo!, y la Régula, desolada, ae, y ¿qué vols que yo li faiga? no es mala creu la que nos ha caigut damún, pero, per aquells díes, lo Azarías va escomensá a trobá en falta les carreres del caro y cada vegada que vée a son cuñat quieto, parat, se arimáe an ell, zalamero, arrímam a la serra a corre lo caro, Paco, li díe, y Paco, lo Baixet, mut, com si no fore pan ell, y lo Azarías, arrímam a la serra a corre lo caro, Paco, y Paco, lo Baixet, mut, com si no lay diguere an ell, hasta que una tarde, sense sabé cóm ni per qué, li va vindre la idea, que se va obrí pas al seu menut serebre com una llum, y entonses, sen va aná cap a son cuñat, y si te arrimo a la serra a corre lo caro, ¿u farás al monte?,¿no tornarás a fé de ventre a la corralada? y lo Azarías, si tú u dius, y, a partí de aquella fecha, Paco, lo Baixet, cada tardet, aupabe al Azarías a la grupa de la yegua y lo portáe en ell y, ya nit tancada, se apeaben a la falda de la serra, y, mentres Paco, lo Baixet, se acomodabe al roquissal, aguardán, prop del alcornoque mocho, lo Azarías se perdíe pel brosquill, entre les jares y la montera, belcat, acechán com una alimaña, obrínse pas entre la greñura y, al cap de una llarga paussa, Paco, lo Baixet, sentíe lo seu reclam, ¡eh, eh!, y acte seguit, lo silénsio, y al remat, la veu levemen nassal del Azarías, ¡eh, eh! y después de fé lo reclam tres o cuatre vegades en vano, lo caro contestáe, ¡jujujujú, jujujujú! y, entonses, lo Azarías arrencabe a corre, com un macareno, y lo caro aullabe detrás y de cuan en cuan, soltabe la seua lúgubre carcañada y Paco, lo Baixet, desde lo Canchal del Alcornoque, sentíe los cruixits de la malea al trencás y, poc después, lo aullit del caro, y, después, la seua carcañada que geláe la sang y mes después, res y, passat un cuart de hora, apareixíe lo Azarías, en la cara y les mans cubertes de ñafres, en la seua sonrissa babeján, felís, bona carrera li hay donat, Paco, y Paco, lo Baixet, a lo seu, ¿has fet de ventre? y lo Azarías, encara no, Paco, no hay tingut tems, y Paco, lo Baixet, pos, venga, dónat pressa, y lo Azarías, sense dixá de sonriure, chupánse los esgarraps de les mans, se alluñáe uns metros, se ajupíe contra alguna matissa y descarregabe, y aixina día tras día, hasta que una tarde, al acabá mach, se va presentá lo Rogelio en una gralleta ressién naixcuda entre les mans, ¡tío, miro lo que li porto! y tots van eixí de la casa y al Azarías, al vore lo muixonet tendret, se li van bañá los ulls, lo va pendre en cuidadet a les seues manotes y va musitá, milana bonica, milana bonica, y, sense pará de adulála, va entrá a la casa, la va dixá a una sistella y va eixí a buscá materials pera féli un niuet y, a la nit, li va demaná al Quirce un sac de pienso y, a una llanda rovellada, lo va mesclá en aigua y li va arrimá una pella al pic del animalet y va di, afelpán la veu, quiá, quiá, quiá y la gralleta se movíe a la palla, ¡quiá, quiá, quiá!, y ell, lo Azarías, cada vegada que la gralleta obríe lo pic, li embutíe a la boca inmensa, en lo seu brut dit del mich, un grumo de prenso compost y lo muixonet su tragabe, y, después, un atra pella y un atra, hasta que la muixoneta se fartáe, se quedabe quieta, farta, pero a la mija hora, una vegada passat lo empach sircunstansial, tornáe a reclamá y lo Azarías repetíe la operassió mentres murmurabe tendramen, milana bonica, milana bonica, en un murmullo que casi no se enteníe, pero la Régula lo vee fé y li díe confidensialmen al Rogelio, ae, mes val aixina, bona idea has tingut, y lo Azarías no se olvidabe del muixó ni de día ni de nit y en cuan li van apuntá los primés cañóns, va corre felís per la corralada, de porta en porta, una sonrissa bobalicona ballánli entre los labios, les grogues nines dilatades, la milana ya está emplomán, repetíe, y tots li donáen los parabéns o li preguntaben per lo Ireneo, menos son nebot, lo Quirce, que lo va enfocá en la seua mirada y li va di, y ¿pera qué vol a casa esta peste, tío? y lo Azarías va girá cap an ell los seus ulls atónits, assombrats, no es cap peste, es la milana, pero lo Quirce va moure obstinadamen lo cap y, después, va escupiñá, ¡qué collóns!, es un muixó negre y res bo pot portá a casa un muixó negre, y lo Azarías lo va mirá un momén desorientat y, finalmen, va posá los seus tendres ulls damún del caixó y se va olvidá del Quirce, demá li buscaré una papaterra, va di, y, al matí siguién, va escomensá a cavá afanosamen al massís sentral hasta que va trobá una papatiarra, la va agarrá en dos dits y lay va doná a la gralla y la gralleta se la va empassá en tan gust que lo Azarías babejáe de satisfacsió, ¿la has vist, Charito? ya es una mosseta, demá li buscaré un atra papaterra y cuquets, li va di a la chiqueta Menuda, y, pas a pas, la gralleta anáe creixén y emplomán dins del niu, en lo que, ara, cada vegada que Paco, lo Baixet, traíe al Azarías a corre lo caro, éste se moríe de impassiénsia, a escape, Paco, la milana me está aguardán, y Paco, lo Baixet, ¿has fet de ventre? y lo Azarías, la milana me está aguardán, Paco, y Paco, lo Baixet, inconmovible, si no fas de ventre, te ting aquí hasta que se faigue de día y la milana se mórigue de fam, y lo Azarías se afluixáe los calsonsillos, no tens que fé aixó, díe, al tems que se ajupie a la soca de un carrascot y soltáe la cárrega, pero antes de acabá, ya se alsáe, venga, Paco, rápit, se pujáe de pressa los pantalóns, la milana me está aguardán, y estiráe los labios en una humida, extraviada, sonrissa y mastegáe saliveta en mol gust y este epissodio se repetíe cada día hasta que un matí, tres semanes mes tard, tal com passejabe a la gralleta per la corralada damún del seu bras, ésta va escomensá un tímit aleteo y va escomensá a volá, en un vol curt, blanet y primerís, hasta alcansá la copa del oró, aon se va posá, y, al vórela allí, per primera vegada lluñ del seu alcáns, lo Azarías ploriquejáe, la milana me se ha escapat, Régula, y se va assomá la Régula, ae, díxala que volo, Deu li va doná ales pera volá, ¿no u compréns? pero lo Azarías, yo no vull que me se escapo la milana, Régula, y mirabe ansiosa, angustiadamen, cap a la copa del oró y la gralleta giráe los seus ulls cap a totes bandes, descubrín noves perspectives, y, después, girabe lo cap y se picotejabe lo llom, despollánse y lo Azarías, ficán a les seues paraules tota la unsió, tot lo amor de que ere capás, díe, milana bonica, milana bonica, pero lo muixó com si res, y tan pronte la Régula va arrimá al abre la escala de ma en intensió de agarrála y va pujá los dos primés escalóns, la gralleta va ficá tobes les ales, les va moure un rato al buit, y, finalmen, se va soltá de la rama, y, en un vol torpe y sense dessisió, va coroná la teulada de la capelleta y va pujá a la veleta de la torre, allá dal, y lo Azarías la mirabe en los llagrimots penjats dels ulls, com renegánla per la seua actitut, no estabe a gust en mí, díe, y, en éstes, se va presentá lo Críspulo y, después, lo Rogelio, y la Pepa, y lo Facundo, y lo Crespo, y tota la tropa, los ulls cap amún, a la veleta de la torre y la gralleta, dudán, fee balansades, y lo Rogelio sen enríe, cría corvs, tío, y lo Facundo, a vore, li agrren gust a la libertat, y porfiabe la Régula, ae, Deu los va doná ales als muixóns pera volá, y al Azarías li rellissáen los llagrimots per les galtes y ell tratabe de tráuressels a manotades y tornabe a la seua cantinela, milana bonica, milana bonica, y, tal com parlabe, se anabe apartán del grupet, arrimánse a la sombra calén del oró, los ulls a la veleta, hasta que se va quedá sol, al mich de la ampla corralada, daball del sol despiadat de juliol, la seua propia sombra com una pilota negra, als peus, fén momos y brassillades, hasta que va alsá lo cap, va afelpá la veu y va cridá, ¡quiá! y, a dal, a la veleta, la gralleta va assentuá les seues balansejades, va ataullá la corralada, se va moure ñirviosa, y se va torná a quedá parada y lo Azarías, que la observabe, va repetí entonses, ¡quiá! y la gralleta va estirá lo coll miránlo, lo va torná a plegá, torne a estirál y, en eixe momén, lo Azarías, va repetí, ¡quiá! y, de repén, va passá lo imprevist, y com si entre lo Azarías y la gralleta se haguere establit un fluit, lo muixó desde la flecha de la veleta va escomensá a grasná, ¡quiá, quiá, quiá! y a la sombra del oró se va fé un silénsio expectán y de improvís, lo muixó se va llansá cap a abán, va baixá en picat, y dabán de la mirada atónita del grupet, va fé tres amples sírculs damún de la corralada, prop de les tapies y, finalmen, se va posá damún del muscle dret del Azarías y va escomensá a picotejál insistenmen lo clatell blang com si li traguere los polls y Azarías sonreíe, sense moures, girán una mica lo cap cap an ella y musitán com una plegaria, milana bonica, milana bonica.