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viernes, 26 de julio de 2024

2. 5. De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils.

Capítul V.

De lo que va fé Pedro Saputo pera librás dels alguasils.

La campana de Huesca, políticos catalanes

¡Oh libertat pressiosa

no comparada al or

ni al be mes gran de la espassiosa terra!

¡Mes rica y mes gochosa

que lo pressiat tresor

que lo mar del Sur entre nácar amague!

En armes, sang y guerra

en les vides y, fama

conquistades al món;

pas dolsa, amor fondo.

Que lo mal apartes y al teu be mos crides:

a tú sola fa lo niu,

or, tessoro, pas, be, gloria y vida.


No volíe Pedro Saputo perdre este or, este tessoro, esta pas, este be, esta gloria y esta vida que tan alabe aquí lo poeta, y que en un sol nom sempre dols y amat diem libertat. No la volíe pedre, y ya estáe sense ella, perque la verdadera libertat está tan al espíritu com al cos, y ell teníe lo espíritu a les presons de la po, tan oprimit, que a cap puesto se sossegabe o acotolabe, com si en una corda elástica desde Huesca li hagueren lligat l'alma, y encara que probáe de trencá la llassa no li ere possible. No ere libre, perque en la temó de la justissia, li pareixíen tots los homens los seus ministres, no teníe pau ni descansáe, ni osáe mirá a consevol que passáe al seu costat. Com van di alguns filóssofos antics, lo home sabut y just encara a la esclavitut no dixará de sé libre, pero es innegable que a la libertat del cos no está essensialmén la del ánim, y que cuan éste no ne té, tamé li falte an aquell perque no se assegure. Aixina que patix lo home moltes esclavituts, o esclavitut de moltes maneres, que se poden reduí a una sola explicassió general, dién que es causa de esclavitut tot lo que oprimix o inquiete l'ánim. Sol pot sé verdadera y constanmén libre lo home just y animós, lo home de be y sereno, lo home de consiensia clara y pura que no té temó de res, sobre tot si se contente en la seua sort.

Aon anáe Pedro Saputo portáe les presons de la temó, com se ha dit; y probán de escapá de elles va doná en un pensamén diabólic y temerari que sol an ell se li haguere pogut ocurrí y que sol ell haguere pugut eixissen en lo servell sano.

Estáe, pos, a la capella de la iglesia regirán lo seu proyecte y preveén los casos y dificultats que aon fore pugueren eixecás; y passa a passa y sense ell moures va aná vinín lo día. Se van obrí les portes, va entrá la gen, y cuan li va pareixe va eixí al carré y va aná a les botigues o tendes y va comprá tela, fil, seda; se va emportá un pa y unes salchiches, y fet un fardellet de tot sen va aná de la siudat riu amún. Va arribá a un puesto retirat y amagat; va plantá los seus reals y se va ficá a tallá y después a cusí un vestit de dona tan ben parit, que cuan sel va ficá, ell mateix se vée com una dona real y com si tal haguere naixcut. Se va arreglá tamé lo pel, lo teníe negre y llarg; y adressat, atildat y pulit va quedá convertit en la sagala mes denguera de tota la terra, tan satisfet y alegre que va dudá si tornaríe a portá lo traje y pensamens de home. Se va minchá enseguida lo pa y les salchiches, ere ya hora perque lo sol caíe ya a amagás a la serra dels Monegros, va beure del riu, va torná a mirá y esperá una mica, va fé dos o tres zalameríes de donsella requebrada, va tirá pelets al aire, y despullanse y arrepetán a un mocadó lo traje de dona va aná a passá la nit aon lo guiaren los peus y la bona ventura.

Com va vore al eixí del barrang una aldea, empinada als primés montes, se va adressá cap allá reposán a la primera casa que va trobá uberta. Va sopá be y se va fartá, va pagá be a la casera, que ere una pobre mare de cuatre fills y sense home perque traballáe a un atre poble, va dormí a una cadiera o escaño en una manta a la cuina (com a casa Rano), y al arribá lo nou día se va despedí de aquella humilde fonda y sen va aná del poble dién: mameula, alguasils. Y dit aixó se va allargá com lo ven, no l'haguere acassat ni en la vista lo mes rápit andarín del món.

¿Aón arribaríe si no paráe?, y aixó que no anáe per camins, sino sempre al dret y per dresseres, y no tot ere pla y recte. Va pará a minjá a un poble, y a passá lo tems a un bosque, después a un collet, después a un riu aon se va vestí de dona y va esgarrá y escampá lo vestit de home; y al tardet se va trobá prop de una poblassió granada, va apareixe un edifissi gran y distinguit que per algunes siñals va sabé que ere un convén de monges. 

¡Aixó es lo que buscaba, va di; aquí se vorá lo meu ingenio; aquí tota la versucia y tacañería que me va doná mon pare y la pupila de Almudévar! Ahí es aon yo hay de entrá, perque així u ordenen la nessessidat y la temó que aquí són una sola persona.

¿Quína vida deuen portá estes dones que fugen del món sense sabé per qué? Ahí viuen tancades miranse y girán sobre elles mateixes com aigua divina de la seua corrén, com peix a la sistella, com serp tapada al seu cau. Ahí viuen soles, dones soles, dones sempre y sol dones entretingudes resán latinajos que així los entenen com yo sé si fray Toribio lo del códul va quedá viu o mort a la capella. Pos ahí se ha de penetrá, y va entrá Pedro Saputo, y ahí hay de viure lo que puga, a la moda de les dones hasta que traga de tino a micha dotsena de elles, o yo lo perga y tinga que eixí fugín y torná an este món que ara yo vach a dixá sense despedím ni dili: mira que tramonto.

Dites estes paraules se va fé un gran estrep al vestit, se va descomposá una mica lo tocat y los pels, se va fotre dos o tres esgarraps a la cara y una bona bufetada a una galta, se va enfangá una mica les calses y se va afeá entre atres desmans; representán una sagala escapada per milagre de les mans de uns insolens y gossos arrieros que van volé violala. Va traure lo coló de tristesa y compunsió, se va bañá y refregá los ulls en saliva y una poca de terra, y aixina va arribá a la porta y va tocá la campaneta; va contestá una veu gangosa en lo Ave María de costum, y ell donán grans suspiros y sense di paraula va arrencá a plorá com desahoganse o desfoganse de un gran pes que li inundabe lo pit y lo aufegabe. Al remat va pugué parlá, y a les sen preguntes que li va fé la gangosa mare, va pugué di que ere una sagala que arribáe morta de temó per culpa de uns homens dels que s'habíe librat grassies a Deu per dos vegades aquell día anán al poble de una tía pobre y dolenta pera cuidala, aon la portáe un tío, germá de son pare a qui uns lladres van lligá de peus y mans. ¡Mare de Deu lo que va inventá y va di allí de repén pera que per caridat y hasta sabé de son tío y avisá a un germá teixidó que teníe a la terra baixa la admitigueren al convén! ¡Lo que va suspirá y plorá y fingí y di mentires de punta, de pla, a estall y del revés en un momén! La moja va aná a avisá a la priora, a la que va escomensá a referili, sempre ploriqueján, les mateixes y atres sen (100) patrañes, y plorán y desatinán de modo que fée compassió, y en calidat de criada per alguns díes, si atra cosa no se repensáe, la va admití al final y li van obrí la porta.


Original en castellá:

Capítulo V.

De lo que hizo Pedro Saputo para librarse de los alguaciles.


¡Oh libertad preciosa,

no comparada al oro

ni al bien mayor de la espaciosa tierra!

¡Más rica y más gozosa

que el preciado tesoro

que el mar del Sur entre su nácar cierra!

Con armas, sangre y guerra,

con las vidas y, famas

conquistadas en el mundo;

paz dulce, amor profundo.

Que el mal apartas y a tu bien nos llamas:

en ti sola se anida

oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida.

No quería Pedro Saputo perder este oro, este tesoro, esta paz, este bien, esta gloria y esta vida que tanto encarece aquí el poeta, y que con un solo nombre siempre dulce y amado llamamos libertad. No la quería perder, y ya estaba sin ella, porque la verdadera libertad tanto está en el espíritu como en el cuerpo, y él tenía el espíritu con las prisiones del miedo tan oprimido, que en ninguna parte sosegaba y de ningún modo se gozaba, como si con una cuerda elástica desde Huesca le hubiesen atado el alma, y él pugnaba por romper la ligadura y sujeción, y no le era posible. Hacía de su cuerpo lo que quería, y con todo no era libre, porque con el temor de la justicia cuyos ministros le parecían todos los hombres, no tenía paz ni descansaba, ni osaba mirar a cualquiera que pasaba a su lado. Y si fue mucho encarecimiento decir, como lo dijeron algunos filósofos antiguos, que el hombre sabio y justo aun en la esclavitud no dejará de ser libre, pero quitando un poco de ese extremo a esta opinión sistemática y poniéndola en el otro término, es innegable que en la libertad del cuerpo no está esencialmente la del ánimo, y que cuando éste carece de ella, también le falta a aquél porque no se asegura. Así que padece el hombre muchas esclavitudes, o esclavitud de muchas maneras, las cuales se pueden reducir a una sola explicación general, diciendo que es causa de esclavitud todo lo que oprime o inquieta el ánimo, y que por consiguiente sólo puede ser verdadera y constantemente libre, el hombre justo y animoso, el hombre de bien y sereno, el hombre de conciencia clara y pura que nada teme, sobre todo si se contenta con su suerte, y no le trae inquieto y desvelado la ambición, la codicia u otra pasión lanzada a sus viciosos términos.

Adonde quiera que iba Pedro Saputo llevaba las prisiones del miedo, como se ha dicho; y trabajándose por romperlas dio en un pensamiento diabólico y se arrojó a una temeridad que sólo a él pudiera ocurrir y de que sólo él pudiera salir con la cabeza sana.

Estaba, pues, en su capilla de la iglesia revolviendo su proyecto y previniendo los casos y dificultades que donde quiera pudieran levantarse; y paso a paso y sin él moverse fue viniendo el día. Se abrieron las puertas, entraron las gentes, y cuando le pareció se salió a la calle y fue a las tiendas y compró tela, hilo, seda y demás cuenta; se llevó un pan y unas salchichas, y hecho un fardito de todo se fue de la ciudad río arriba. Llegó a un sitio retirado y oculto; plantó sus reales y se puso a cortar y luego a coser un vestido de mujer tan retrechero, que cuando se lo puso, él a sí mismo se parecía mujer real y verdaderamente como si tal hubiese nacido. Compúsose también el pelo que le tenía negro y largo; y aderezado, atildado y pulido quedó convertido en la muchacha más denguera de toda la tierra, tan satisfecho y alegre que dudó si volvería en su vida al traje y pensamientos de hombre. Comióse enseguida el pan y las salchichas, que era ya hora porque el sol caía ya a ocultarse en la sierra de Monegros, bebió del río, volvió a mirar y esperar un poco, hizo dos o tres zalamerías de doncella requebrada, echó pelillos al aire, y desnudándose y recogiendo en un pañuelo el traje de mujer se fue a pasar la noche a donde le guiasen los pies y su buena ventura.

Como viese al salir del barranco una aldea, empinada en los primeros montes, se dirigió allá posando en la primera casa que encontró abierta. Cenó largo y sabroso, pagó bien a la huéspeda, que era una pobre madre de cuatro hijos y sin marido porque trabajaba en otro pueblo, durmió en una cadiera o escaño con una manta en la cocina, y con el día se despidió de aquella humilde posada y se salió del lugar y dijo: mamola, alguaciles. Y dicho esto se arrojó de pechos al agua tomando un viento que no le siguiera aun con la vista el más ligero andarín del mundo.

¿A dónde fuera él en un día si no parara?, y eso que no iba por caminos, sino siempre a campo traviesa, que no todo era tirado y de paso recto. Paró a comer en un pueblo, y a dar tiempo al día en un bosque, luego en un cerro, después en un río donde se vistió de mujer y rasgó y esparció el vestido de hombre; y al caer de la tarde se encontró cerca de una población granada, pareciéndose a un lado un edificio grande y distinguido que por algunas señales conoció que era convento de monjas. ¡Esto es lo que buscaba, dijo; aquí de mi ingenio; aquí de toda la versucia y tacañería que me dio mi padre y la Pupila de Almudévar! Ahí es donde yo he de entrar, porque así lo ordenan la necesidad y el miedo que aquí son una sola persona. Y ¿qué vida debe ser la de estas mujeres que huyen del mundo sin saber por qué y sin que el mundo se le dé ni se le quite de ellas? Ahí viven encerradas mirándose y revolviéndose sobre sí mismas como agua divina de su corriente, como pez en redoma, como culebra tapada en su agujero. Ahí viven solas, mujeres solas, mujeres siempre y sólo mujeres entretenidas en rezar latines que así los entienden como yo sé si fray Toribio el del guijarro quedó vivo o muerto en la capilla. Pues ahí se ha de penetrar, y entrar Pedro Saputo, y ahí de vivir lo que pueda, a la moda mujeril hasta que saque de tino media docena de ellas, o yo le pierda y haya de salir huyendo y volver a este mundo que ahora yo voy a dejar sin despedirme ni decille: mira que tramonto.

Dichas estas palabras hízose un gran rasgón en el vestido, se descompuso un poco el tocado y el cabello, se dio dos o tres arañazos en la cara y un recio bofetón a un lado, embarró un poco una media y se afeó con otros desmanes; representando una muchacha escapada por milagro de las manos de unos insolentes y perros de arrieros que quisieron violarla. Sacó el color de tristeza y compunción, se mojó y refregó los ojos con diez salivas y una poca de tierra, y así parado se llegó al torno y tocó la campanilla; respondióle una voz gangosa con el Ave María de costumbre, y él dando grandes suspiros y sin decir palabra prorrumpió en llorar como desahogándose de una gran congoja que le inundaba el pecho y le ahogaba. Al fin pudo hablar, y a las cien preguntas que le hizo la gangosa madre, pudo decir que era una muchacha que llegaba muerta de miedo de los hombres de cuyas manos le había librado Dios por dos veces aquel día yendo al pueblo de una tía pobre y enferma para cuidalla, a donde la llevaba un tío, hermano de su padre a quien unos ladrones ataron de pies y manos. ¡Oh válgame Dios lo que inventó y dijo allí de repente para que por caridad y hasta saber de su tío y avisar a un hermano que tenía tejero o pelaire en la tierra baja la admitiesen en el convento! ¡Lo que suspiró y lloró y fingió y mintió de punta, de llano, de tajo y de revés en un instante! La tornera condescendió en avisar y llamar a la priora, a la cual comenzó de nuevo a referirle, siempre sollozando, las mismas y otras cien patrañas, y a llorar y desatinar de modo que de compasión y en clase de criada por algunos días, si otra cosa no se pensase, la admitió al fin y la abrieron la puerta.

jueves, 25 de julio de 2024

1. 5. De cóm Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi.

Capítul V.

De cóm Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi.


Llichí y mes lligí als llibres que li dixáe lo retó y un ric del poble va sé lo que va fé en mol tems. Entre tots los que mes li agradáen eren los de historia y les fábules de Esopo en la vida de este gran fabulista: y un atre llibre al que li dieben Lo Cortesano. Pero no olvidáe lo ejercicio de les roques ni lo aná als campos en lo primé llauradó que entopetabe o topetabe, ni les probes de agilidat.

Un día li va di sa mare: 

- Fill, ya tens dotse añs; ya es tems de que adeprengues algún ofissi. Y ell va contestá que pera qué eren los ofissis. Són, fill, li va contestá sa mare, pera no está bambán y guañás la vida. 

- ¿Només que per an aixó?, va di ell; pos yo tos dono paraula de no está may bambán, com veéu que tampoc no u estic ara, pos ya vech que es roín, encara que sol sigue perque lo que no fa res, ya en aixó fa mol mal no ocupán lo entretenimén y les mans, y en cuan a guañás la vida tingue firme esperansa que no me faltará, si Deu vol, ni a vosté en mí. Que no vull yo que vaigue a rentá en fret y en caló perque es siñal de molta pobresa, y no ha de passá tans mals ratos. Pero si tos entristix que no adeprenga un ofissi, digueume quin hay de adependre. Y sa mare li va contestá que lo que vullguere. 

- Pos yo, va di ell, no ne vull adependre cap. Perque hau de sabé que segons yo hay advertit, los homens són mol ignorans y no fan mes que disparates, obrán en tot en molta torpesa y sense cap discurs; y encara mes, generalmen fan mal als atres en malissia, y potsé an ell mateix per rechás. Yo no sé si a datres puestos són diferens, perque ya sabeu que no hay eixit de Almudévar mes que pera aná a vore als nostres parens, y dos vegades a Huesca aon a ningú vach coneixe ni vach tratá mes persones que les recaderes del mercat, que per sert gasten mol desenfado y poca vergoña. Pero si tots són lo mateix, no nessessito cap ofissi pera guañám la vida y félay a vosté descansada.

- Fill meu, va di entonses sa mare: mol saps y vech que parles com los flares que prediquen o com los homens que van en nous trajes per lo món y vénen de lluñanes terres. Fes lo que vullgues y Deu te ilumino: sol no vullguera que fores roín.

- Hasta ara, mare, va contestá ell, no u hay sigut ni hay probat de séu; y lo que hasta los dotse añs no es roín, ya sempre sirá bo. 

- Segons, li va replicá sa mare: algúns s' hi tornen después. 

- No pot sé, va di ell: perque yo sé que lo que es roín de home fet ya u ere de chiquet, pero no sabíe ni podíe empleá la maldat, pero lo que es mala inclinassió ya la teníe al alma.

- Ara vech, va contestá sa mare, que vas tenín raó. 

¿Quí t’ha amostrat estes coses?

- Aquí dins, va contestá ell, me les amostren totes; y los llibres que llechisgo o llixgo, y les dones cuan riñen unes en atres. 

- ¿Cóm poden enseñát o amostrát res les dones y mes reñín?, 

va preguntá sa mare mol admirada.

- Pos me enseñen mol, va contestá ell; tot lo que entonses diuen es locura y sabiduría, y lo mateix me enseñe la un que l’atre. Y u adepreng de elles y dels atres chics a les seues enganchades, y dels llibres, u aplego aquí dins y u guardo, y alló engendre atres coses, y estes engendren después atres; y les junto y les regiro y amasso totes, o les separo y compong segons me demanen les ocasions.

Entonses sa mare, esbarrada de sentíl parlá en tanta sabiduría, li va di: 

- No sé, fill meu, cóm sen yo tan tonta vach parí un fill tan espabilat.

- ¡Tonta, diéu!, va contestá ell; pos yo no hay advertit que u siguéu, perque les dones que yo ting per tontes al poble són vanes, cantoneres, gorrines, desastrades, rezongueres, noveleres, picudes, chismoses y bachilleres

8M Valderrobres , si natros o natres mos aturem

- Fill, fill, li va di entonses sa mare; eixa es massa malissia pera la teua edat; dixa a les pobres dones, que tan despressio porten a costes per sé dones y per ende lo espart del món.

- Ara sí que vech que sou una mica tonta, va di ell: perque hau dit una tontada mol gran. ¿Cóm diéu que les dones són lo espart del món? ¿Quin espart sou vosté a la vostra casa? Vosté sou la siñora y yo lo vostre fill, vosté me voléu y yo la vull; vosté me servís ara y yo la serviré después; vosté me cuidéu y yo creixco y me fach home pera donali honra y amparala y mantíndrela. No tos digáu espart, perque me hau afrentat y casi no puc mirala a la cara.

Un atre día a la hora de minjá va arribá sa mare en gran sofoco dién entre llágrimes:

- Los rics sempre rics y los pobres sempre ham de callá. Mira, fill, que ving acalorada. Lo hidalgo de la cantonada de la plassa me ha topetat al carré, y plantanse a cuatre passes me ha dit: "Be críe lo fill, la pubilla; ya casi es home y sol sap parlá y fé lo Marc Esopo. 

La paga que ell tos donará per lo ofissi que li habéu amostrat. ¿Pensáu fél rentadora o cuinera com vosté? Milló li cuadraríe lo ofissi de comare o de casamenté.» Yo, al sentí paraules tan ofenedores, me hay mort de vergoña, la llum del sel no la veía; y casi me aufego de la pena que me unfle lo pit. ¿Qué me dius, fill meu, per al meu consol?

- Per ara, mare meua, sol tos dic que mingéu en gust, y demá tos diré lo que faré en este enfado que tos han donat perque no convé obrá ni adoptá consell cuan la caló de la passió está al mes alt pun, com u está ara als dos, vosté plore pero yo encara que estic ofés parlo en esta templansa. Ya que eixe hidalgo creu que pot oféndrela perque no me donéu ofissi, dixem la seua insolensia y agarrem la raó. Demá, si voléu, adependré de teixidó, después demá, de sastre, lo dilluns, de pelaire, lo dimats, de fusté, lo dimecres... 

casa el sastre, turismo rural, Beceite

- Fill meu, lo va tallá sa mare olvidán les llágrimes y la afrenta:

¿quín disparate estás dién? ¿No saps que cada un de eixos ofissis coste mols añs de adependre, y tú, vols adependren un cada día? 

- Torno a di, y sertifico, va contestá ell, que cada día hay de adependre un ofissi, y mes si es menesté o convé. Hasta mich día lo estudiaré, per la tarde entrenaré les mans, y a la nit cuan vinga a casa li portaré ya alguna mostra de la meua obra. Perque yo hay mirat a ixos homens als seus tallés y sé lo que me dic. Mínjo y alégros, que lo fill que hau parit no va naixe pera burret o ruquet, com Carlos Rallo Badet; ni tampoc pera sé humillat per cap fill d' algo ni pera patí que sa mare u sigue per ningú.
Yo faré que dins de pocs díes sigáu beneída per tots, y envechada potsé de eixe mateix hidalgo que tos ha insultat. Perdonemlo empero per la bona intensió en que u haurá fet, encara que en poc miramén y sobrada fanfarronería y mals modos. aixó es soberbia de naiximén y confiansa en les riqueses.

Aquella tarde anáe Pedro a casa de sa padrina, com solíe, y al passá per la plassa va vore al hidalgo en lo mossen: se va arrimá an ells y sense saludá se va encará en aquell y en gran aplom li va di: 

sa padrina, Ángeles Gil Guimerá

- Siñó fill d'algo de la cantonada (cridanlo aixina per despressio): avui hau fet plorá a ma mare, y les seues llágrimes me han abrasat les entrañes y les guardo aquí (siñalán lo cor), perque soc lo seu fill y sé quí té o no té dret a oféndrela. No u olvidéu, que tampoc yo u olvidaré. Adiós. Y dién aixó sen va aná en tota serenidat y mirada severa.
Lo mossen lo va cridá moltes vegades y hasta va volé seguil; pero lo va tindre que dixá perque ni la cara va girá pera mirál y va colá com un rellámpec. Va sentí mol lo mossen aquell cas, y u va sentí tamé lo hidalgo, pero de manera diferén, perque lo mossen u sentíe per amor al chiquet, y l’atre de ira y de rencor de les seues paraules y atrevimén.


Original en castellá:

Capítulo V.

De cómo Pedro Saputo determinó aprender algún oficio.

Leer y más leer en los libros que le dejaba el cura y un rico del pueblo fue lo que hizo en mucho tiempo. Entre todos los que más le gustaban eran los de historia y las fábulas de Esopo con la vida de este gran fabulista: y otro libro que llamaban El Cortesano. Pero no olvidaba el ejercicio de las peñas ni el ir a los campos con el primer labrador que encontraba, ni las pruebas de agilidad y ligereza.

Un día le dijo su madre: - Hijo, ya tienes doce años; ya es tiempo de que aprendas algún oficio. Y él respondió que para qué eran los oficios. Son, hijo, le respondió su madre, para no estar ocioso y ganar la vida. - ¿No más que para eso?, dijo él; pues yo os doy palabra de no estar nunca ocioso, como veis que tampoco no lo estoy ahora, pues ya se me alcanza que es malo, aunque sólo sea porque el que no hace nada, ya con eso hace mucho mal no ocupando el entretenimiento y las manos, y en cuanto a ganar la vida tened firme esperanza que no me faltará, Dios mediante, ni a vos conmigo. Que no quiero yo que vayáis a lavar con frío y con calor porque es señal de mucha pobreza, y no os habéis de dar tan mal tiempo ni vida tan lacerada. Pero si os afligís porque no aprendo un oficio, decidme cuál he de aprender. Y su madre le respondió que el que quisiera. - Pues yo, dijo él, no quiero aprender ninguno. Porque habéis de saber que según yo he advertido, los hombres son muy ignorantes y no hacen sino disparates, y rudezas obrando en todo con mucha torpeza y sin ningún discurso; y el que es un poco más avisado, generalmente hace daño a los otros con malicia, y tal vez a sí mismo por reverbero. Yo no sé si en otras partes son diferentes, porque ya sabéis que no he salido de Almudévar sino que para ir a ver a nuestros parientes, y dos veces a Huesca en donde a nadie conocí ni traté más personas que las recaderas del mercado, que por cierto gastan largo de su desenfado y poca vergüenza. Pero si todos son lo mismo, no necesito ningún oficio para ganar la vida y dárosla a vos descansada. - Hijo mío, dijo entonces su madre: mucho sabes y veo que hablas como los flaires que predican o como los hombres que andan con nuevos trajes por el mundo y vienen de luengas tierras. Haz lo que quieras y Dios te ilumine: sólo que no querría que fueses malo. - Hasta ahora, madre, respondió él, no lo he sido ni entendido serlo; y el que hasta los doce años no es malo, ya siempre será bueno. - Según, le replicó su madre: algunos se tornarán después. - No puede ser, dijo él: porque yo conozco que el que es malo de hombre hecho lo hubo de ser de niño, sino que no sabía ni podía ejecutar la maldad, pero lo que es mala inclinación ya la tenía en el alma.

- Agora veo, contestó su madre, que vas teniendo razón. ¿Quién te ha enseñado esas cosas? - Aquí dentro, respondió él, me las enseñan todas; y los libros que leo y las mujeres cuando riñen unas con otras. - ¿Cómo pueden enseñarte nada las mujeres y más riñendo?, preguntó su madre muy admirada. - Pues me enseñan mucho, respondió él; todo lo que entonces dicen es locura y sabiduría, y lo mismo me enseña lo uno que lo otro. Y lo aprendo de ellas y de los otros chicos en sus contiendas, y de los libros, lo recojo aquí dentro y lo guardo, y aquello engendra otras cosas, y éstas engendran luego otras; y las junto y las revuelvo y amaso todas, o las separo y compongo según me cumple y piden las ocasiones.

Entonces su madre, espantada de oírle hablar con tanta sabiduría, le dijo: - No sé, hijo mío, cómo siendo tan tonta he parido un hijo tan agudo. - ¡Tonta, decís!, contestó él; pues yo no he advertido que lo seáis, porque las mujeres que yo tengo notadas por tontas en el lugar son vanas, cantoneras, puercas, desastradas, rezongueras, noveleras, picudas, chismosas y murmuradoras. - Hijo, hijo, le dijo entonces su madre; ésa es demasiada malicia para tu edad; deja a las pobres mujeres, que harto desprecio llevan a cuestas con ser mujeres y por ende el estropajo del mundo. - Ahora sí que veo que sois un poco tonta, dijo él: porque habéis dicho una muy grandísima necedad. ¿Cómo llamáis a las mujeres el estropajo del mundo? ¿Qué estropajo sois vos en vuestra casa? Vos sois la señora e yo vuestro hijo, vos me queréis e yo os quiero; vos me servís agora e yo os serviré después; vos me cuidáis e yo crezco y me hago hombre para daros honra y ampararos y manteneros. No os llaméis estropajo, por vida mía, porque me habéis afrentado y casi no oso miraros a la cara.

Otro día a la hora de comer llegó su madre con gran bochorno y pasión diciendo entre lágrimas: - Los ricos siempre ricos y los pobres siempre hemos de callar. Mira, hijo, que vengo llena de calor y corrimiento. El hidalgo de la esquina de la plaza me ha topado en la calle, y plantándoseme a cuatro pasos me ha dicho: «Bien criades el hijo, la Pupila; ya casi es hombre y sólo sabe parlar y hacer el Marco Esopo. El pago que él os dará por el oficio que le habéis enseñado. ¿Pensáis hacelle lavandera o cocinera como vos? Andad, que mejor le cuadraría el oficio de comadrón o de casamentero.» Yo, al oír palabras tan injuriosas, me he cubierto de vergüenza, la luz del cielo no veía; y casi me ahogo de la pena que me hinche el pecho. ¿Qué me dices, hijo mío, para mi consuelo? - Por ahora, madre mía, sólo os digo que comáis con gusto, y otro día os diré lo que hace a este enojo que os han dado porque no conviene obrar ni adoptar consejo cuando el calor de la pasión está en su mayor punto, como lo está ahora en los dos, que vos lloráis e yo de puro levantado y ofendido hablo con esta templanza. Y ya que ese hidalgo cree que puede ultrajaros porque no me dais oficio, dejemos su insolencia y tomemos su razón. Mañana, si queréis, aprenderé de tejedor, después de mañana, de sastre, el lunes, de peraile, el martes, de carpintero, el miércoles... - Hijo mío, le atajó su madre olvidando las lágrimas y su afrenta: ¿qué disparate estás diciendo? ¿No sabes que cada uno de esos oficios cuesta muchos años, y tú, quieres aprender uno cada día? - Torno a decir y certificaros, contestó él, que cada día he de aprender un oficio, y más si es menester o conviniera. Hasta medio día lo estudiaré, por la tarde ejercitaré las manos, y a la noche cuando venga a casa os traeré ya alguna muestra de mi obra. Porque yo he mirado a esos hombres en sus talleres y sé lo que me digo. Comed y alegraros, que el hijo que habéis parido no nació para jumento; ni tampoco para ser escarnecido de ningún hidalgo ni para sufrir que su madre lo sea de nadie. Yo haré que dentro de pocos días seáis bendecida de todos, y envidiada quizá de ese mismo hidalgo que os ha insultado. Perdonémosle empero por la buena intención con que lo habrá hecho, aunque con poco miramiento y sobrada altivez y mal modo. Eso es soberbia del nacimiento y confianza en las riquezas.

Aquella tarde iba Pedro a casa de su madrina, como solía, y al pasar por la plaza vio al hidalgo con el cura: acercóse a ellos y sin saludar se encaró con aquél y con grande entereza dijo: - Señor hidalgo de la esquina (llamándole así por desprecio): hoy habéis hecho llorar a mi madre, y sus lágrimas me han abrasado las entrañas y las guardo aquí (señalando el corazón), porque soy su hijo y sé quién tiene o no tiene derecho a ultrajalla. No lo olvidéis, que tampoco yo lo olvidaré. Adiós. Y diciendo esto se fue con su serenidad y mirada severa. El cura le llamó muchas veces y aun quiso seguirle; mas lo hubo de dejar porque ni aun la cara volvió a mirarle y traspuso como un relámpago. Sintió mucho el cura aquel caso, y lo sintió también el hidalgo, pero diferentemente, porque el cura lo sentía de amor al niño, y el otro de ira y de mancilla de sus palabras y atrevimiento.