Capítul XV.
Del pleite al sol.
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Este capítul, discreto lectó, no voldría que lo llixgueres, perque dirás: trufa, trufa: y ya veus que aixó es contra lo meu crédit y la estimassió del llibre. Be me hay dit a mí mateix, que no debía escríureu; pero me hay contestat, que yo no ting la culpa de que la tradissió haigue conservat este fet. Y pera descárrec de la meua consiensia ting que manifestá que yo, u crega o no u crega, si ha passat, potsé no va sé a Almudévar, pos ña qui u atribuíx a datres pobles. Anem al cas.
Diuen, pos, que mentres Pedro Saputo va está a la Cort, van ficá los del seu poble un pleite al sol, y que cuan va arribá de Saragossa y después que lo van saludá tots, lo van cridá un día a la plassa aon estáe ajuntat lo poble, y li va di un del consell:
- En mol dessich, oh fill, lo nostre Pedro Saputo, esperabem la teua vinguda a la vila pera donát cuenta de una cosa que ham fet y que tú en la teua molta agudesa y sabiduría mos has de ajudá a portá a bon terme y final cumplimén. Has de sabé que fará un mes vam ficá un pleite al sol... tal com va sentí aixó Pedro Saputo, va di:
- ¡Pleite al sol! Y va contestá un de la plassa:
- Pleite al sol, sí, pleite al sol; perque sempre mos ferix de frente al camí de Huesca. ¿Anem cap allá? Mos ferix la cara; ¿Tornem de allá?, mos torne a ferí la cara. Y l’atre día a Simaco Pérez y a Calisto Espuendas los va passá que de tan feríls lo sol se van quedá segos; y com aixó ya ha passat atres vegades no volem que mos passo a tots, avui un, demá dos, perque después los de atres pobles mos farán momos y mos dirán ullets, garchos y guiñosos. Per naixó ham ficat un pleite al sol, y hasta que lo guañem y no mos ferixque mes de cara al camí de Huesca, no ham de pará. Y ya pots, tú que eres tan espabilat y tan aquell, mirá de fé que aixó no se pergue y traballá en los juches y lletrats, que be los paguem, que yo vach doná l’atre día una ovella mamia que me va tocá per als gastos.
- Pero, siñós, va di Pedro Saputo: ¿es possible que haigáu caigut a la mengua que estáu dién? ¿Pleite al sol hau ficat? ¿Qué dirán los atres pobles?
- Que diguen lo que vullguen, va contestá un atre bárbaro de la gentada; mes val que diguen aixó que no tornamos cèlios com aquell de Tortosa que cante en lo noi y lo mut de Ferreríes, y después no valgam pera res mes que fé bona música y fandangos, y mos faiguen la figa y no u veigam. Y ya pots traballá, sinó a volá d'icho puesto, que pareix que desde que has estat a la Cort del Rey ya no te coneixem. Y an estes paraules ne van seguí datres mes altes, acaloranse la gen de modo que Pedro Saputo va habé de sedí, y fen siñal de volé parlá, se van assossegá y van callá, y ell los va di:
- Yo tos dono paraula que lo pleite se acabará pronte, que no durará ni una semana, y que lo guañarem.
- ¡Be! ¡Be! ¡Viva Pedro Saputo! Y se va desfé la junta. Va preguntá quí ere lo lletrat que defeníe a Almudévar, y va aná a vores en ell y les demés pesses de aquell ajedrez.
Lo lletrat, despert com un mussol, li va di que efectivamen li habíen demanat los de Almudévar que los escriguere una demanda y querella contra lo sol, perque los feríe de cara cuan veníen cap a Huesca y cuan sen entornáen al poble, y que li volíen ficá un pleite; que primé los va di que ere un disparate, pero que no va pugué disuadíls; que después los va volé acolloná en los gastos que vindríen, y que an aixó habíen contestat que no faltaríen dinés; y que en efecte después habíe sapigut que se escotaben y reuníen una cantidat mol considerable. Per esta relassió va vore Pedro Saputo que no ñabíe estafa o malissia; sen va enriure en lo lletrat, y se va está passeján per allí dos díes, y al tersé per la tarde sen va entorná cap a Almudévar discurrín lo modo de eixí del pas, dixán als del seu poble per sabocs hasta la consumassió dels siglos.
Va convocá al poble per lo matí, y los va di desde unes pedres que habíen sigut los solamens y lo peu de una creu:
- Fills de Almudévar, tos partissipo que ham guañat lo pleite al sol... No tos abalotéu; escoltéu: ya no tos tornaréu segos, ni tos podrán di ullets o garchos, perque no u siréu mai mes. La cosa ha passat de esta manera. Después de vore lo que se va alegá de la nostra part y lo que va contestá la contraria, vach aná a la justissia y li vach parlá llárgamen de la tirria que mos té lo sol, de lo tossut que es, mos ferix sempre de cara; y a forsa de les meues reflexions ha sentensiat al nostre favor; y yo, agarrán una copia de la sentensia, me la vach ficá an esta burchaqueta secreta del meu gabán, y diu aixó:
(¡Cóm van eixecá lo cap y obríen la boca pera sentíu!):
"A la siudat de Huesca, als set díes del mes de novembre del añ a Nativitate mil y tans deu catorse, yo la justissia, alcalde, corregidó, tribunal y definidó de causes, pleites y querelles de la terra y los planetes del sel; a la instansia que se seguix per lo consell y vila de Almudévar contra lo procuradó Benito Camela nomine y de part del sol de España; atento al que per les dos parts se ha alegat, y remitínme al prossés en tot cas tam in preses quam in futurum, declaro y fallo a justissia, ley, consiensia, y raó, y a nom y veu de la católica Majestat del Rey lo nostre Siñó (que Deu lo guardo), que lo consell y vila de Almudévar no demane cap gollería ni lo que diuen cotufas al golfo, peres al olm, sino lo que fa mols añs y hasta siglos que van pugué demaná en lo mateix dret y justissia que ara, y que lo sol de dabán no sigue osat de feríls de cara cuan vaiguen cap a Huesca y cuan sen entornon per lo matí...»
Aquí no va pugué ya aguantás la multitut, y van tirá los sombreros al aire cridán: ¡Viva Almudévar! ¡Viva Pedro Saputo! Y va durá un rato la alifara y selebrasió de la victoria.
Així que se habíen desfogat, va continuá Pedro Saputo y los va di:
- Ara de eixes perres que hau arreplegat, que segons hay calculat passe de mil libres jaqueses, se podríe fé un pou de pedra pera tindre aigua abundán y bona a tot hora y tems, en una bassa, de la que se podríe passá l'aigua del sel después de aclarida y desenterbolida, com al Mas de Torubio de Queretes.
- ¡No, no!, va cridá una veu de la turba. ¿Aigua dius? Hasta la del sel mos fa nosa. Si hagueres dit una fon o un pou manantial de vi, entonses sí que hagueres assertat; pero d'aigua, ¡mal empleades perres!
En un atra cosa u podem empleá. Escoltéu lo que passe: per ahí se están sorsín los muros y arruinanse a tota pressa, y día y nit tenim lo poble ubert; que se reforson los muros y faiguem unes portes ben fortes pera tancá de nit pera que no entron los lladres y no torno a passá lo fet de la semana passada, que van entrá a micha nit, van matá gossos, van assustá a la comare y al forné vell, y se van emportá a la filla de Jorge Resmello, a la Resmella, pos ya la coneixíeu; y la tornarán, sí, gora un rasco, o la dixarán que no valdrá pera res. Aixó es lo que ham de fé en eixes perres. Y van aplaudí tots al que aixó va di; y Pedro Saputo va callá, va eixecá los muscles, y sen va aná cap a casa seua, imaginán la ligeresa y fassilidat del vulgo, que igual aclamáe en vives com amenassáe de mort.
Pero, en efecte, lo lectó té que atindres al que hay dit al prinsipi:
a sabé, que este fet es puro cuento, perque tanta simplissidat, tanta gran tontería, no cap a homens que caminen en dos peus y tenen los ulls a la cara. Ña qui assegure que van sé los de Loharre los del pleite al sol, uns atres diuen que los de Beseit, al Matarraña; yo dic lo mateix. Y tamé u hay sentit de un poble de Galissia y de dos de Andalusía. Pero de éstos y de tots, lo dit, dit. Conque lo lectó se servirá tindre este capítul per no escrit; de lo contrari lo acuso de roín y burlón y enemic de la pas dels pobles.
Original en castellá:
Capítulo XV.
Del pleito del sol.
Este capítulo, discreto lector, no quisiera que lo leyeses, porque vas a decir: trufa, trufa: y ya ves que esto es contra mi crédito y la estimación del libro. Bien me he dicho a mí mismo, que no debía escribirlo; pero me he respondido, que yo no tengo la culpa de que la tradición haya conservado este hecho. Y para descargo de mi conciencia debo manifestar que yo lo creo o no lo creo; y que si ha sucedido, quizá no fue en Almudévar, pues hay quien lo atribuye a otro pueblo, y aun a otros. Vamos al caso.
Dicen, pues, que mientras Pedro Saputo estuvo en la corte, pusieron los de su lugar pleito al sol, y que cuando llegó a Zaragoza y después que le hubieron saludado todos, le llamaron un día a la plaza en donde estaba ayuntado el pueblo, y le dijo uno del concejo: - Con mucho deseo, oh hijo nuestro Pedro Saputo, esperábamos tu venida al lugar para darte cuenta de una cosa que hemos hecho y que tú con tu mucha agudeza y sabiduría nos has de ayudar a llevar a buen cabo y final cumplimiento. Has de saber que habrá un mes pusimos un pleito al sol... Apenas oyó esto Pedro Saputo, dijo: - ¡Pleito al sol! Y respondió uno de la plaza: - Pleito al sol, sí, pleito al sol; porque siempre nos fiere de frente en el camino de Huesca. ¿Vamos allá? Nos fiere la cara; ¿venimos de allá?, nos torna a ferir la cara. Y el otro día a Simaco Pérez y a Calisto Espuendas les sucedió que de así ferirles el sol se tornaron cegatos; y como esto aconteció ya a otros en otras ocasiones pasadas no queremos que nos acontezca a todos, hoy uno, mañana dos, porque después los de otros lugares nos farán mueca y nos llamarán ojitos y guiñosos. Por eso hemos puesto pleito al sol, y hasta que le ganemos y no nos fiera más de cara en el camino de Huesca, no hemos de parar. Y ya puedes tú que eres tan agudo y tan aquel, mirar y fer que esto no se pierda y trabajar con los jueces y letrados, que al fin bien los pagamos, que yo dié el otro día una ovella que me tocó para los gastos.
- Pero, señores, dijo Pedro Saputo: ¿es posible que habéis caído en la mengua que estáis diciendo? ¿Pleito al sol habéis puesto? ¿Qué dirán los otros pueblos? - Que digan lo que quieran, respondió otro bárbaro de la turba; más vale que digan eso que no tornarnos cegatos y después no valgamos para cosa, y nos fagan la figa y no lo veigamos. Y ya puedes traballar si no a volar a d'icho lugar, que parece que desde que has estado en la corte del rey ya no te conocemos. Y a estas palabras siguieron otras más altas, acalorándose la gente de modo que Pedro Saputo hubo de ceder, y haciendo señal de querer hablar, se sosegaron y callaron, y él les dijo: - Yo os doy palabra que el pleito se acabará en breve, que no durará una semana, y que lo ganaremos. - ¡Bien! ¡Bien! ¡Viva Pedro Saputo! Y se deshizo la junta. Preguntó quién era el letrado que defendía a Almudévar, y fue a verse con él y las demás piezas de aquel juego.
El letrado le dijo que efectivamente le habían pedido los de Almudévar que les escribiese una demanda y querella contra el sol, porque les daba de cara cuando venían a Huesca y cuando se volvían al lugar, y que le querían poner pleito; que primero les dijo que era un disparate, pero que no pudo disuadirles; que después los quiso arredrar con los gastos que ocurrirían, y que a esto habían respondido que no faltaría dinero; y que en efecto después había sabido que se escotaban y reunían una cantidad muy considerable. Por esta relación vio Pedro Saputo que no había lo que él sospechara de estafas y malicia; se rió con el letrado, se estuvo paseando por allí dos días, y al tercero por la tarde se volvió a Almudévar discurriendo antes el modo de salir del paso, dejando a los de su lugar por tontos hasta la consumación de los siglos.
Convocó al pueblo por la mañana, y le dijo desde unas piedras que habían sido cimiento y pie de una cruz: - Hijos de Almudévar, os participo que hemos ganado el pleito al sol... No os alborotéis; oíd: ya no os volveréis cegatos, ni os podrán llamar ojitos y guiñosos, porque no lo seréis. La cosa ha pasado de esta manera. Después de ver lo que se alegó de nuestra parte y lo que contestó la contraria, fui al juez y le hablé largamente de la tirria que nos tiene el sol, y de su terquedad y trece de cuenta en herirnos siempre de cara; y en fuerza de mis reflexiones ha sentenciado a nuestro favor; e yo tomando una copia de la sentencia me la puse en este secreto de mi gabán, y es del tenor siguiente (¡cómo levantaron la cabeza y abrían la boca para escucharla!): «En la ciudad de Huesca, a los siete días del mes de noviembre del año a Nativitate mil y tantos diez catorce, yo el infrascrito juez, alcalde, corregidor, tribunal y definidor de causas, pleitos y querellas de la tierra y los planetas de cielo; en la instancia que se sigue por el consejo y villa de Almudévar contra el procurador Benito Gómez nomine y de parte del sol de España; atento a lo que por ambas partes se ha alegado, y remitiéndome al proceso en todo caso tam in preses cuam in futurum, declaro y fallo en justicia, ley, conciencia, y razón, y en nombre y voz de la católica majestad del rey nuestro señor (que Dios guarde), que el concejo y Villa de Almudévar no pide ninguna gollería ni lo que dicen cotufas en el golfo, sino lo que hace muchos años y aun siglos que pudieron pedir con el mismo derecho y justicia que agora, y que el sol en adelante no sea osado de ferilles de cara cuando vengan de Huesca y se vuelvan por la mañana...» Aquí no pudo ya contenerse la multitud, y tiraron los sombreros al aire gritando: ¡Viva Almudévar! ¡Viva Pedro Saputo! Y duró un rato la algazara y jubilación de la victoria.
Así que se desfogaron, continuó Pedro Saputo y les dijo: - Agora de ese dinero que habéis recogido, que según he calculado pasa de mil libras jaquesas, se podría hacer un pozo de piedra para tener agua abundante y buena en todo tiempo, con una balsa inmediata, de la cual se podría pasar el agua lluvial después de clarificada. - ¡No, no!, gritó una voz de la turba. ¿Agua dices? Aun la del cielo nos incomoda. Si heses dicho una fuente o un pozo manantillo de vino, entonces sí que heses acertado; pero d'agua, ¡bien empleado dinero! En otra cosa lo podemos emplear. Oíd lo que m'ocurre: por ahí se están cayendo los muros y arruinándose a toda priesa, y día y noche tenemos o lugar abierto; compónganse los muros y fagamos unas puertas bien fuertes para cerrar de noche que no entren os ladrones y no vuelva a suceder o fecho de la semana pasada, que entraron a media noche, mataron perros, asustaron a la comadre y el hornero viejo, y se llevaron a filla de Jorge Resmello, a Resmella, pues ya la conocías; y la volverán, sí, gora un rasco, o la dejarán que no valdrá para cosa. Esto, es lo que hemos de fer con ese dinero. Y aplaudieron todos al que eso dijo; y Pedro Saputo calló, se encogió de hombros, y se fue a su casa, imaginando en la ligereza y facilidad del vulgo que en una hora muda de afectos, aclamando con vivas y amenazando de muerte.
Pero, en efecto, el lector debe atenerse a lo que he dicho al principio: a saber, que este hecho es puro cuento, porque tanta simplicidad, tan gran tontería, no cabe en hombres que andan con dos pies y tienen los ojos en la cara. Hay quien asegura que fueron los de Loharre los del pleito del sol; digo lo mismo. Y también lo he oído de un pueblo de Galicia y de dos de Andalucía. Pero de éstos y de todos, lo dicho, dicho. Conque el lector se servirá tener este capítulo por no escrito; o de lo contrario le mando desde aquí para malévolo y le acuso de burlón y enemigo de la paz de los pueblos.


