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domingo, 28 de julio de 2024

3. 15. Del pleite al sol.

Capítul XV.

Del pleite al sol.

Mas de Torubio, pozo, pou, finca, Cretas, Queretes, viña, viñedo


Este capítul, discreto lectó, no voldría que lo llixgueres, perque dirás: trufa, trufa: y ya veus que aixó es contra lo meu crédit y la estimassió del llibre. Be me hay dit a mí mateix, que no debía escríureu; pero me hay contestat, que yo no ting la culpa de que la tradissió haigue conservat este fet. Y pera descárrec de la meua consiensia ting que manifestá que yo, u crega o no u crega, si ha passat, potsé no va sé a Almudévar, pos ña qui u atribuíx a datres pobles. Anem al cas.

Diuen, pos, que mentres Pedro Saputo va está a la Cort, van ficá los del seu poble un pleite al sol, y que cuan va arribá de Saragossa y después que lo van saludá tots, lo van cridá un día a la plassa aon estáe ajuntat lo poble, y li va di un del consell:

- En mol dessich, oh fill, lo nostre Pedro Saputo, esperabem la teua vinguda a la vila pera donát cuenta de una cosa que ham fet y que tú en la teua molta agudesa y sabiduría mos has de ajudá a portá a bon terme y final cumplimén. Has de sabé que fará un mes vam ficá un pleite al sol... tal com va sentí aixó Pedro Saputo, va di:

- ¡Pleite al sol! Y va contestá un de la plassa: 

- Pleite al sol, sí, pleite al sol; perque sempre mos ferix de frente al camí de Huesca. ¿Anem cap allá? Mos ferix la cara; ¿Tornem de allá?, mos torne a ferí la cara. Y l’atre día a Simaco Pérez y a Calisto Espuendas los va passá que de tan feríls lo sol se van quedá segos; y com aixó ya ha passat atres vegades no volem que mos passo a tots, avui un, demá dos, perque después los de atres pobles mos farán momos y mos dirán ullets, garchos y guiñosos. Per naixó ham ficat un pleite al sol, y hasta que lo guañem y no mos ferixque mes de cara al camí de Huesca, no ham de pará. Y ya pots, tú que eres tan espabilat y tan aquell, mirá de fé que aixó no se pergue y traballá en los juches y lletrats, que be los paguem, que yo vach doná l’atre día una ovella mamia que me va tocá per als gastos.

- Pero, siñós, va di Pedro Saputo: ¿es possible que haigáu caigut a la mengua que estáu dién? ¿Pleite al sol hau ficat? ¿Qué dirán los atres pobles?

- Que diguen lo que vullguen, va contestá un atre bárbaro de la gentada; mes val que diguen aixó que no tornamos cèlios com aquell de Tortosa que cante en lo noi y lo mut de Ferreríes, y después no valgam pera res mes que fé bona música y fandangos, y mos faiguen la figa y no u veigam. Y ya pots traballá, sinó a volá d'icho puesto, que pareix que desde que has estat a la Cort del Rey ya no te coneixem. Y an estes paraules ne van seguí datres mes altes, acaloranse la gen de modo que Pedro Saputo va habé de sedí, y fen siñal de volé parlá, se van assossegá y van callá, y ell los va di:

- Yo tos dono paraula que lo pleite se acabará pronte, que no durará ni una semana, y que lo guañarem.

- ¡Be! ¡Be! ¡Viva Pedro Saputo! Y se va desfé la junta. Va preguntá quí ere lo lletrat que defeníe a Almudévar, y va aná a vores en ell y les demés pesses de aquell ajedrez.

Lo lletrat, despert com un mussol, li va di que efectivamen li habíen demanat los de Almudévar que los escriguere una demanda y querella contra lo sol, perque los feríe de cara cuan veníen cap a Huesca y cuan sen entornáen al poble, y que li volíen ficá un pleite; que primé los va di que ere un disparate, pero que no va pugué disuadíls; que después los va volé acolloná en los gastos que vindríen, y que an aixó habíen contestat que no faltaríen dinés; y que en efecte después habíe sapigut que se escotaben y reuníen una cantidat mol considerable. Per esta relassió va vore Pedro Saputo que no ñabíe estafa o malissia; sen va enriure en lo lletrat, y se va está passeján per allí dos díes, y al tersé per la tarde sen va entorná cap a Almudévar discurrín lo modo de eixí del pas, dixán als del seu poble per sabocs hasta la consumassió dels siglos.

Va convocá al poble per lo matí, y los va di desde unes pedres que habíen sigut los solamens y lo peu de una creu: 

- Fills de Almudévar, tos partissipo que ham guañat lo pleite al sol... No tos abalotéu; escoltéu: ya no tos tornaréu segos, ni tos podrán di ullets o garchos, perque no u siréu mai mes. La cosa ha passat de esta manera. Después de vore lo que se va alegá de la nostra part y lo que va contestá la contraria, vach aná a la justissia y li vach parlá llárgamen de la tirria que mos té lo sol, de lo tossut que es, mos ferix sempre de cara; y a forsa de les meues reflexions ha sentensiat al nostre favor; y yo, agarrán una copia de la sentensia, me la vach ficá an esta burchaqueta secreta del meu gabán, y diu aixó:

(¡Cóm van eixecá lo cap y obríen la boca pera sentíu!):

"A la siudat de Huesca, als set díes del mes de novembre del añ a Nativitate mil y tans deu catorse, yo la justissia, alcalde, corregidó, tribunal y definidó de causes, pleites y querelles de la terra y los planetes del sel; a la instansia que se seguix per lo consell y vila de Almudévar contra lo procuradó Benito Camela nomine y de part del sol de España; atento al que per les dos parts se ha alegat, y remitínme al prossés en tot cas tam in preses quam in futurum, declaro y fallo a justissia, ley, consiensia, y raó, y a nom y veu de la católica Majestat del Rey lo nostre Siñó (que Deu lo guardo), que lo consell y vila de Almudévar no demane cap gollería ni lo que diuen cotufas al golfo, peres al olm, sino lo que fa mols añs y hasta siglos que van pugué demaná en lo mateix dret y justissia que ara, y que lo sol de dabán no sigue osat de feríls de cara cuan vaiguen cap a Huesca y cuan sen entornon per lo matí...»

Aquí no va pugué ya aguantás la multitut, y van tirá los sombreros al aire cridán: ¡Viva Almudévar! ¡Viva Pedro Saputo! Y va durá un rato la alifara y selebrasió de la victoria.

Així que se habíen desfogat, va continuá Pedro Saputo y los va di: 

- Ara de eixes perres que hau arreplegat, que segons hay calculat passe de mil libres jaqueses, se podríe fé un pou de pedra pera tindre aigua abundán y bona a tot hora y tems, en una bassa, de la que se podríe passá l'aigua del sel después de aclarida y desenterbolida, com al Mas de Torubio de Queretes.

- ¡No, no!, va cridá una veu de la turba. ¿Aigua dius? Hasta la del sel mos fa nosa. Si hagueres dit una fon o un pou manantial de vi, entonses sí que hagueres assertat; pero d'aigua, ¡mal empleades perres! 

En un atra cosa u podem empleá. Escoltéu lo que passe: per ahí se están sorsín los muros y arruinanse a tota pressa, y día y nit tenim lo poble ubert; que se reforson los muros y faiguem unes portes ben fortes pera tancá de nit pera que no entron los lladres y no torno a passá lo fet de la semana passada, que van entrá a micha nit, van matá gossos, van assustá a la comare y al forné vell, y se van emportá a la filla de Jorge Resmello, a la Resmella, pos ya la coneixíeu; y la tornarán, sí, gora un rasco, o la dixarán que no valdrá pera res. Aixó es lo que ham de fé en eixes perres. Y van aplaudí tots al que aixó va di; y Pedro Saputo va callá, va eixecá los muscles, y sen va aná cap a casa seua, imaginán la ligeresa y fassilidat del vulgo, que igual aclamáe en vives com amenassáe de mort.

Pero, en efecte, lo lectó té que atindres al que hay dit al prinsipi: 

a sabé, que este fet es puro cuento, perque tanta simplissidat, tanta gran tontería, no cap a homens que caminen en dos peus y tenen los ulls a la cara. Ña qui assegure que van sé los de Loharre los del pleite al sol, uns atres diuen que los de Beseit, al Matarraña; yo dic lo mateix. Y tamé u hay sentit de un poble de Galissia y de dos de Andalusía. Pero de éstos y de tots, lo dit, dit. Conque lo lectó se servirá tindre este capítul per no escrit; de lo contrari lo acuso de roín y burlón y enemic de la pas dels pobles.


Original en castellá:

Capítulo XV.

Del pleito del sol.

Este capítulo, discreto lector, no quisiera que lo leyeses, porque vas a decir: trufa, trufa: y ya ves que esto es contra mi crédito y la estimación del libro. Bien me he dicho a mí mismo, que no debía escribirlo; pero me he respondido, que yo no tengo la culpa de que la tradición haya conservado este hecho. Y para descargo de mi conciencia debo manifestar que yo lo creo o no lo creo; y que si ha sucedido, quizá no fue en Almudévar, pues hay quien lo atribuye a otro pueblo, y aun a otros. Vamos al caso.

Dicen, pues, que mientras Pedro Saputo estuvo en la corte, pusieron los de su lugar pleito al sol, y que cuando llegó a Zaragoza y después que le hubieron saludado todos, le llamaron un día a la plaza en donde estaba ayuntado el pueblo, y le dijo uno del concejo: - Con mucho deseo, oh hijo nuestro Pedro Saputo, esperábamos tu venida al lugar para darte cuenta de una cosa que hemos hecho y que tú con tu mucha agudeza y sabiduría nos has de ayudar a llevar a buen cabo y final cumplimiento. Has de saber que habrá un mes pusimos un pleito al sol... Apenas oyó esto Pedro Saputo, dijo: - ¡Pleito al sol! Y respondió uno de la plaza: - Pleito al sol, sí, pleito al sol; porque siempre nos fiere de frente en el camino de Huesca. ¿Vamos allá? Nos fiere la cara; ¿venimos de allá?, nos torna a ferir la cara. Y el otro día a Simaco Pérez y a Calisto Espuendas les sucedió que de así ferirles el sol se tornaron cegatos; y como esto aconteció ya a otros en otras ocasiones pasadas no queremos que nos acontezca a todos, hoy uno, mañana dos, porque después los de otros lugares nos farán mueca y nos llamarán ojitos y guiñosos. Por eso hemos puesto pleito al sol, y hasta que le ganemos y no nos fiera más de cara en el camino de Huesca, no hemos de parar. Y ya puedes tú que eres tan agudo y tan aquel, mirar y fer que esto no se pierda y trabajar con los jueces y letrados, que al fin bien los pagamos, que yo dié el otro día una ovella que me tocó para los gastos.

- Pero, señores, dijo Pedro Saputo: ¿es posible que habéis caído en la mengua que estáis diciendo? ¿Pleito al sol habéis puesto? ¿Qué dirán los otros pueblos? - Que digan lo que quieran, respondió otro bárbaro de la turba; más vale que digan eso que no tornarnos cegatos y después no valgamos para cosa, y nos fagan la figa y no lo veigamos. Y ya puedes traballar si no a volar a d'icho lugar, que parece que desde que has estado en la corte del rey ya no te conocemos. Y a estas palabras siguieron otras más altas, acalorándose la gente de modo que Pedro Saputo hubo de ceder, y haciendo señal de querer hablar, se sosegaron y callaron, y él les dijo: - Yo os doy palabra que el pleito se acabará en breve, que no durará una semana, y que lo ganaremos. - ¡Bien! ¡Bien! ¡Viva Pedro Saputo! Y se deshizo la junta. Preguntó quién era el letrado que defendía a Almudévar, y fue a verse con él y las demás piezas de aquel juego.

El letrado le dijo que efectivamente le habían pedido los de Almudévar que les escribiese una demanda y querella contra el sol, porque les daba de cara cuando venían a Huesca y cuando se volvían al lugar, y que le querían poner pleito; que primero les dijo que era un disparate, pero que no pudo disuadirles; que después los quiso arredrar con los gastos que ocurrirían, y que a esto habían respondido que no faltaría dinero; y que en efecto después había sabido que se escotaban y reunían una cantidad muy considerable. Por esta relación vio Pedro Saputo que no había lo que él sospechara de estafas y malicia; se rió con el letrado, se estuvo paseando por allí dos días, y al tercero por la tarde se volvió a Almudévar discurriendo antes el modo de salir del paso, dejando a los de su lugar por tontos hasta la consumación de los siglos.

Convocó al pueblo por la mañana, y le dijo desde unas piedras que habían sido cimiento y pie de una cruz: - Hijos de Almudévar, os participo que hemos ganado el pleito al sol... No os alborotéis; oíd: ya no os volveréis cegatos, ni os podrán llamar ojitos y guiñosos, porque no lo seréis. La cosa ha pasado de esta manera. Después de ver lo que se alegó de nuestra parte y lo que contestó la contraria, fui al juez y le hablé largamente de la tirria que nos tiene el sol, y de su terquedad y trece de cuenta en herirnos siempre de cara; y en fuerza de mis reflexiones ha sentenciado a nuestro favor; e yo tomando una copia de la sentencia me la puse en este secreto de mi gabán, y es del tenor siguiente (¡cómo levantaron la cabeza y abrían la boca para escucharla!): «En la ciudad de Huesca, a los siete días del mes de noviembre del año a Nativitate mil y tantos diez catorce, yo el infrascrito juez, alcalde, corregidor, tribunal y definidor de causas, pleitos y querellas de la tierra y los planetas de cielo; en la instancia que se sigue por el consejo y villa de Almudévar contra el procurador Benito Gómez nomine y de parte del sol de España; atento a lo que por ambas partes se ha alegado, y remitiéndome al proceso en todo caso tam in preses cuam in futurum, declaro y fallo en justicia, ley, conciencia, y razón, y en nombre y voz de la católica majestad del rey nuestro señor (que Dios guarde), que el concejo y Villa de Almudévar no pide ninguna gollería ni lo que dicen cotufas en el golfo, sino lo que hace muchos años y aun siglos que pudieron pedir con el mismo derecho y justicia que agora, y que el sol en adelante no sea osado de ferilles de cara cuando vengan de Huesca y se vuelvan por la mañana...» Aquí no pudo ya contenerse la multitud, y tiraron los sombreros al aire gritando: ¡Viva Almudévar! ¡Viva Pedro Saputo! Y duró un rato la algazara y jubilación de la victoria.

Así que se desfogaron, continuó Pedro Saputo y les dijo: - Agora de ese dinero que habéis recogido, que según he calculado pasa de mil libras jaquesas, se podría hacer un pozo de piedra para tener agua abundante y buena en todo tiempo, con una balsa inmediata, de la cual se podría pasar el agua lluvial después de clarificada. - ¡No, no!, gritó una voz de la turba. ¿Agua dices? Aun la del cielo nos incomoda. Si heses dicho una fuente o un pozo manantillo de vino, entonces sí que heses acertado; pero d'agua, ¡bien empleado dinero! En otra cosa lo podemos emplear. Oíd lo que m'ocurre: por ahí se están cayendo los muros y arruinándose a toda priesa, y día y noche tenemos o lugar abierto; compónganse los muros y fagamos unas puertas bien fuertes para cerrar de noche que no entren os ladrones y no vuelva a suceder o fecho de la semana pasada, que entraron a media noche, mataron perros, asustaron a la comadre y el hornero viejo, y se llevaron a filla de Jorge Resmello, a Resmella, pues ya la conocías; y la volverán, sí, gora un rasco, o la dejarán que no valdrá para cosa. Esto, es lo que hemos de fer con ese dinero. Y aplaudieron todos al que eso dijo; y Pedro Saputo calló, se encogió de hombros, y se fue a su casa, imaginando en la ligereza y facilidad del vulgo que en una hora muda de afectos, aclamando con vivas y amenazando de muerte.

Pero, en efecto, el lector debe atenerse a lo que he dicho al principio: a saber, que este hecho es puro cuento, porque tanta simplicidad, tan gran tontería, no cabe en hombres que andan con dos pies y tienen los ojos en la cara. Hay quien asegura que fueron los de Loharre los del pleito del sol; digo lo mismo. Y también lo he oído de un pueblo de Galicia y de dos de Andalucía. Pero de éstos y de todos, lo dicho, dicho. Conque el lector se servirá tener este capítulo por no escrito; o de lo contrario le mando desde aquí para malévolo y le acuso de burlón y enemigo de la paz de los pueblos.