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sábado, 27 de octubre de 2018
Ne eren sis que teníen set

sábado, 22 de diciembre de 2018
Tretse llibres que may van existí, Franco, prohibissió del catalá
Tretse llibres que may van existí, Franco, prohibissió del catalá.
http://www.agonfilosofia.es/index.php?option=com_content&view=article&id=383&Itemid=15
Imaches al final.
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Francisco Franco disfruta todavía de no pocos seguidores en nuestro país, algo perfectamente visible cuando uno examina el panorama político y la actitud de determinados partidos ante la Ley de Memoria Histórica impuesta por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: PSOE, IU, Podemos, PP o Ciudadanos. Todos ellos comparten una característica fundamental: se trata de partidos de izquierdas, si bien algunos como el PP son prácticamente unos recién llegados a ese lado del espectro político. Comparten, además, otra característica esencial: están muy contentos de que Franco haya sido un dictador, pues esto les permite subir nuestros impuestos con excusas tan dispares y rocambolescas como, entre otras insensateces, cambiar los nombres de “calles franquistas”, rotular en catalán o imponer una “educació en català”. Todo ello en valiente lucha contra un régimen cuyo máximo representante Franco, lleva muerto cuarenta años.
Dicen estos francófilos que Franco fue un malvado dictador. Y de derechas, para más inri. Y quien menos se parece a un dictador de derechas, sino que es más bien todo lo contrario, alguien de izquierdas, ¿no va a ser bueno? Si no les suena el argumento, les recomiendo que dejen a un lado el Manifiesto Comunista de Marx y echen un vistazo a la siempre actual Genealogía de la Moral de Nietzsche, cuya metáfora entre los corderos y el hombre débil y enfermizo surgido en el seno del cristianismo bien podría aplicarse a aquellos que hoy siguen esa religión secular llamada marxismo, una ideología que guarda enormes semejanzas con la secta de los nazarenos.
Entre las pantomimas que a todos nos han inculcado en Cataluña desde la infancia se encuentra la ficticia prohibición franquista de la lengua catalana, un agravio que se ha convertido en dogma indiscutible y cuya negación le vale a cualquiera el calificativo de franquista. No obstante, los hechos demuestran que durante la dictadura el gobierno español no sólo defendió la lengua catalana, sino que permitió que esta floreciese con absoluta libertad en el mundo de las artes. Así, durante el franquismo existieron, por ejemplo, editoriales especializadas en la tan vilipendiada lengua como Selecta (1946) o Edicions d’Aportació Catalana (1962) y productoras discográficas catalanas como Edigsa o Concèntric, además de realizarse habitualmente conciertos, películas, obras de teatro e, incluso, tesis doctorales en catalán.
Uno de los ejemplos más notables de la falsedad de la afirmación que aquí pretendemos refutar –que la lengua catalana sufrió represión durante el franquismo–, ha sido ya comentado en esta página web. Se trata de una noticia que apareció en La Vanguardia el 30 de marzo de 1969, en pleno franquismo, en referencia a la condena a Néstor Luján, director de la revista Destino, por permitir la publicación de una carta en la que se atacaba la lengua catalana. Pero el entorno en donde el catalán brilló con más fuerza fue sin duda el de la literatura. Cientos de libros fueron legalmente publicados en estos años sin que sus autores o editores sufrieran persecución alguna, como demuestra el simple hecho de que se incluyese en los mismos la dirección física de la editorial en la Ciudad Condal, Manresa o Reus, entre otras. Libros no sólo en catalán, sino también sobre lengua catalana y destinados a su enseñanza. / También hay para el mallorquín y valenciano durante la dictadura de Franco /
El hecho de que estos libros permanezcan ignorados, no sólo evidencia cuán grande es la desmemoria histórica de los catalanes, sino que constata una vez más que el verdadero enemigo de la lengua y de la cultura catalana no es Franco, sino el nacionalismo catalán. Ellos han intentado borrar de la historia de la literatura y de las artes todos estos volúmenes para así inventarse su particular “Cosa Nostra” con la que enriquecerse a costa del contribuyente. A continuación mostramos una breve galería de algunas de las muchas obras que el lector curioso podrá localizar fácilmente en cualquier biblioteca universitaria catalana. 1. Martín de Riquer (ed.). Obras de Pero Martínez. Escritor catalán del siglo XV, CSIC, Barcelona, 1946.
[Edición barcelonesa de las obras del escritor catalán Pero Martínez, prologadas en español, con texto en el catalán original del s. XV.]
2. Josep Miracle, Gramàtica catalana, Tallers Gràfics de la S. G. De P., Barcelona, 1951.
[Segunda edición de la Gramàtica catalana de Josep Miracle, publicada originalmente en febrero de 1938. En la primera página puede leerse “Tallers Gràfics de la S. G. De P., S.A. – Comte Borrell, 243-249 – Barcelona”.]
3. Antonio Badía Margarit, Gramática histórica catalana, Noguer, Barcelona, 1951.
[Gramática catalana publicada en lengua española en 1951, el mismo año de la reedición de la gramática de Josep Miracle, e impresa en Manresa. Además de reproducir un mapa lingüístico de lo que hoy se denomina “Países Catalanes”, en la pág. 10 de la introducción puede leerse lo siguiente: “Quiera Dios que la segunda mitad de este siglo que mañana empieza se caracterice por la continuación de las grandes obras que el catalán tiene entre manos”.]
4. Joan Alcover, Obres completes, Selecta, Barcelona, 1951.
[Edición de las obras completa de Joan Alcover en lengua catalana, con “prólogo de Miquel Ferrià y Joan Pons i Marquès” y “Nota bibliográfica, por Joan Pons i Marquès”. Esta obra fue impresa por “Tallers Gràfics ARIEL, S.L. – Carrer d’Aragó, 255 – BARCELONA”.]
Dos detalles del contenido del libro:
Izquierda: “Las cuestiones de lenguaje, importantes en todos los países, lo son más en Cataluña; mejor diría, en Cataluña vibran en el entorno del lenguaje cuestiones que en la mayoría de los pueblos no existen. No estamos aquí, por extraño que parezca, en posesión pacífica del órgano natural de expresión; y por eso el idioma, discutido y pleiteado, se encuentra, por así decirlo, en situación militante, y lleva espada y yelmo en defensa propia y en defensa de los derechos que representa”, en Joan Alcover, “Cultura de llenguatge” [Conferencia pronunciada el 12 de diciembre de 1916 en la Sala Mozart de Barcelona], en J. Alcover, Obres Completes, 1951, p. 244.
Derecha: “El catalán es, entre nosotros, la única expresión posible del escritor-artista”, en J. Alcover, “La llengua catalana és entre nosaltres l’única expresió possible de l’escriptor-artista” [Discurso del Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana en Barcelona, 1906], en J. Alcover, Obres Completes, 1951, p. 273. 5. Josep Miracle, La restauració dels Jocs Florals, Aymà, Barcelona, 1960.
[En 1960, diez años después de la reedición de su gramática catalana, Josep Miracle publica La restauració dels Jocs Florals en Barcelona, obra por la que le fue otorgado el “Premio Francesc Matheu del Instituto de Estudios Catalanes”.]
6. J. M.ª Arnavat, Els set pecats capitals, Arca, Barcelona, 1963.
7. J. M.ª Arnavat, Declaro pertot i enlloc. Poemes, Arca, Reus, 1963.
8. A. Bori i Fontestà, El trobador català, Millà, Barcelona, 1963.
[Primera edición de El trobador català de Bori, publicada por la Editorial Millà, sita en “Carrer de Sant Pau, 21 – Barcelona” e impresa por “Imprenta Muñoz. Constitución, 19 – BARCELONA”. Como puede verse en la imagen, la obra dispone tanto de número de registro como de depósito legal.]
9. Joseph Gulsoy, El Diccionario valenciano-castellano de Manuel Joaquín Sanelo. Edición, estudio de fuentes y lexicología, Sociedad Castellonense de Cultura, Castellón de la Plana, 1964.
[Joseph Gulsoy dedicó su tesis doctoral en 1961, bajo la dirección de Joan Corominas, al diccionario valenciano-castellano de Manuel Joaquín Sanelo, conservado en manuscrito. Su publicación en 1964 a cargo de la Sociedad Castellonense de Cultura contó con la financiación del “Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Banco de Valencia y la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón”.]
10. Francesc Torres i Lloret, Apel·les, sóc aquí…, El Llibres d’Or, Tàrrega, 1966.
[Lujosa edición con portada dorada de Apel·les, sóc aquí… de Torres i Lloret, con prólogo de Josep Miracle. Esta obra fue editada e impresa por “F. Camps Calmer, editor – Sant Eloi, 2 – Tàrrega”.]
11. Josep Miracle, Diccionari català-castellà castellà-català, EDHASA, Barcelona, 1969.
12. Rosa Maria Arquimbau, La Pau és un interval, Pòrtic, Barcelona, 1970.
[La pau és un interval, de Rosa Maria Arquimbau, apareció en su primera edición en catalán en 1970, dentro de la colección de libro de bolsillo de la Editorial Pòrtic y fue impreso por “Talleres Gráficos Ibero-Americanos, S.A. – Provença, 86”].
13. Rosa Maria Arquimbau, Quaranta anys perduts, Club Editor, Barcelona, 1971.
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2017


























miércoles, 6 de enero de 2021
Lo Camí, traduít per Ramón Guimerá Lorente, autó, Miguel Delibes
Lo Camí a Amazon (tapa blana)
I.
Les
coses podíen habé passat de consevol atra manera y, sin embargo,
van passá aixina. Daniel, lo Mussol, desde lo fondo dels seus onse
añs, lamentabe lo curs dels acontessimens, encara que u acatare com
una realidat inevitable y fatal. Después de tot, que son pare
aspirare a fé dell algo mes que un formaché ere un fet que honrabe a son pare. Pero per lo que an ell li afectabe... son pare enteníe
que aixó ere progressá;
Daniel, lo Mussol, no u sabíe
exactamen. Que ell estudiare lo Bachillerat a la siudat podíe sé, a
la llarga, efectivamen, un progrés.
Ramón, lo fill del
boticari, estudiabe ya pera abogat a la siudat, y cuan los visitabe,
durán les vacassións, veníe tot pujat com un pavo real y los
mirabe a tots per damún del muscle; inclús al eixí de missa los
domenges y festes de guardá, se permitíe corregí les paraules que
don José, lo mossen, que ere un gran san, pronunsiare desde lo
púlpito.
Si aixó ere progressá, lo anássen a la siudat a
escomensá lo Bachillerat, constituíe, sense cap duda, la basse de
este progrés.
Pero
a Daniel, lo Mussol, li bullíen moltes dudes al cap en este
respecte. Ell creíe sabé tot
lo que pot sabé un home. Lligíe de correguda, escribíe pera fés
entendre y coneixíe y sabíe aplicá les cuatre regles. Ben mirat,
poques coses mes cabíen a un servell normalmen dessarrollat. No
obstán, a la siudat, los estudis de Bachillerat constaben, segóns
díen, de set añs y, después, los estudis superiós, a la
Universidat, de uns atres tans añs, per lo menos. ¿Podríe ñabé
algo al món que nessessitare catorse añs de esfors, tres mes dels
que ara teníe Daniel? Seguramen, a la siudat se pert mol lo tems -
pensabe lo Mussol - y, a fin de cuentes, ñaurá qui, al cap de
catorse añs de estudi, no pugue diferensiá un vilero de una
cardelina o una boñiga de un cagalló. La vida ere aixina de rara,
absurda y caprichosa. Lo cas ere traballá y afanás en les coses
inútils o poc práctiques.
Daniel,
lo Mussol, se va girá al llit y les molles del seu somier de ferro
van chirriá desagradablemen. Que ell recordare, esta ere la primera
vegada que no se adormíe només caure al catre. Pero esta nit teníe
moltes coses en qué pensá. Demá, pot sé, ya seríe tart. Pel
matí, a les nou en pun, agarraríe lo rápit cap amún y se
despediríe del poble hasta Nadal. Tres mesos tancat a un internat. A
Daniel, lo Mussol, li va pareixe que li faltabe aire y va respirá en
ansia dos o tres vegades. Va pressentí la escena de la partida y va
pensá que no sabríe aguantás les llágrimes, per mes que lo seu
amic Roque o Roc, lo Moñigo, li diguere que un home ben home no té
que plorá encara que se li mórigue son pare. Y lo Moñigo tampoc
ere consevol cosa, encara que tinguere dos añs mes que ell
y encara no haguere escomensat lo Bachillerat. Ni lo escomensaríe
may, tampoc.
Paco, lo ferré, no aspirabe a que lo seu fill
progressare; se conformabe en que fore ferré com ell y tinguere prou
habilidat pera moldejá lo ferro al seu capricho. ¡Éixe sí que ere
un ofissi majo! Y pera sé ferré no fée falta estudiá catorse añs,
ni tretse, ni dotse, ni deu, ni nou, ni cap. Y se podíe sé un home
fort y gigán, com u ere son pare del Moñigo.
Daniel,
lo Mussol, no se cansabe may de vore a Paco, lo ferré, dominán lo
ferro a la forja. Lo embelessaben aquells antebrassos grossos com a
branques de olivé, cuberts de pel espés y roijot, musculosos y
plens de ñirvis. Seguramen Paco, lo ferré, eixecaríe la cómoda de
la seua habitassió en un sol dels seus imponéns brassos y sense
ressentís.
Y de la seua pitralera, ¿qué? assobín lo ferré
traballabe en samarreta y lo seu pitral de Hércules pujabe y
baixabe, al respirá, com si fore lo de un elefán ferit. Aixó ere
un home, y no Ramón, lo fill del apotecari, arguellat, tiesso y
blang com una mossa mórbida y presumida. Si aixó ere progrés, ell,
dessididamen, no volíe progressá.
Per
la seua part, se conformabe en tindre una parella de vaques, una
formachería menuda y lo insignificán vergé de detrás de la seua
casa. No demanabe mes. Los díes laborables fabricaríe formaches,
com son pare, y los domenges se entretindríe en la escopeta, o sen
aniríe al riu a peixcá truches o a fé una partida al corro de
birles.
La
idea de marchá li empreníe lo cor a Daniel, lo Mussol. Per la bada
de enterra se filtrabe la llum de la planta baixa y esta llum se
fixabe al techo de una manera obsessiva. Hauríe de passá tres mesos
sense vore aquell fil fosforessén y sense escoltá los moviméns
silensiosos de sa mare en les faenes doméstiques; o los gruñits
aspres y secs de son pare, sempre malhumorat; o sense respirá
aquella atmósfera densa, que
entrabe ara per la finestra uberta, feta de aromes de fenás ressién
segat y de boñigues seques. Deu meu, qué llargs eren tres mesos!
Podíe habés rebelat contra la idea de marchá, pero ara ya ere
tart. Sa mare ploriquejabe unes hores abáns, al fé juns lo
inventari de la seua roba.
-
Mira, Danielet, fill, estos són los teus llansols. Van marcats en
les teues inissials. Y estes són les teues camisetes. Y estos los
teus cansonsillos. Y los teus calsetíns. Tot va marcat en les teues
lletres. Al colegio ne siréu mols y de un atre modo es possible que
se perguen.
Daniel,
lo Mussol, notabe a la gola com un nugo, un cos extrañ. Sa mare se
va passá lo envés de la ma per la punta del nas arremangada y se va
torcá los mocs.
"Lo momén té que sé mol espessial cuan la
mare fa assó que atres vegades me prohibix fé a mí", va pensá
lo Mussol. Y va sentí uns sinsés y apremiáns dessichos de plorá.
La
mare va seguí: - Cuídat y cuida de la roba, fill. Saps be lo que a
ton pare li ha costat tot aixó. Som pobres. Pero ton pare vol que
sigues algo a la vida. No vol que traballos y patixques com ell. Tú
- lo va mirá un momén de frente - pots sé algo gran, algo mol gran
a la vida, Danielet; ton pare y yo ham volgut que per natros no
quedo. Se va ensumá los mocs y se va quedá en silensio. Lo Mussol
se va repetí:
"Algo mol gran a la vida, Danielet", y
va moure convulsivamen lo cap. No assertabe a compendre cóm podríe
arribá a sé algo mol gran a la vida. Y se esforsabe, tossudamen, en
compendreu. Pera nell, algo mol gran ere Paco, lo ferré, en lo seu
tórax inabarcable, en la seua esquena massisa y lo seu pel roch
abundán; en lo seu aspecte salvache y du com lo de un Deu primitiu.
Y algo gran ere tamé son pare, que tres estius atrás va fé baixá
un milá de dos metros de envergadura... Pero sa mare no se referíe
an esta classe de grandesa cuan li parlabe. Potsé sa mare dessichabe
una grandesa al estil de la de don Moissés, lo maestre, o com la de
don Ramón, lo apotecari, al que fée uns mesos que habíen fet
alcalde. Seguramen algo de aixó volíen sons pares pera nell. Pero,
a Daniel, lo Mussol, no li fascinaben estes grandeses. En tot cas,
preferíe no sé gran, ni progressá. Va pegá una volta al llit y se
va colocá pancha per aball, tratán de amortiguá la sensassió de
ansiedat que desde fée un rato li mossegabe al estómec. Aixina se
trobabe milló; dominabe, en serta manera, lo seu ñirviossisme. De
totes formes, pancha per amún o per aball, ressultabe inevitable que
a les nou del matí agarrare lo rápit cap a la siudat. Y adiós o
adéu tot, entonses. Si auncás... Pero ya ere tart. Fée mols añs
que son pare acarissiabe aquell proyecte y ell no podíe arriesgás a
desféu tot en un momén, pel seu capricho. Lo que son pare no va
pugué sé, volíe ara séu en ell. Cuestió de capricho. Los grans
teníen, a vegades, caprichos mes tossuts y absurds que los dels
chiquets. Passabe que a Daniel, lo Mussol, li habíe agradat, mesos
atrás, la idea de cambiá de vida. Y sin embargo, ara, esta idea lo
atormentabe. Fée casi sis añs que va sabé les aspirassións de son
pare respecte an ell. Don José, lo mossen, que ere un gran san, díe,
assobín, que ere un pecat espiá les conversassións dels demés. No
obstán, Daniel, lo Mussol, escoltabe assobín les converses de sons
pares al pis baix, durán la nit, cuan ell se gitabe. Per la esgella
del entarimat divisabe lo fogaril, la taula de pi, les banquetes, lo
sofá y tots los útils de la formachería. Daniel, lo Mussol, com un
cachap contra enterra, espiabe les conversassións desde allí. Ere
pan ell una costum. En lo murmull de les converses, pujabe de la
planta baixa la agrinosa auló de la collada y les esterilles brutes.
Li agradabe aquella auló de lleit fermentada, que punchabe al nas y
ere casi humana.
Son
pare estabe tombat al sofá aquella nit, mentres sa mare arrepetabe
la taula y les sobres del sopá. Fée ya casi sis añs que Daniel, lo
Mussol, habíe sorprés esta escena, pero estabe tan sólidamen
vinculada a la seua vida que la recordabe ara en tots los detalls.
-
No, lo mosso sirá un atra cosa. No u dudos - díe son pare -. No se
passará la vida lligat an este bang com un esclavo. Bueno, com un
esclau y com yo. Y, al di aixó, va soltá una palabrota y va fotre
una puñada. Aparentabe está enfadat en algú, encara que Daniel,
lo Mussol, no assertabe a sabé en quí. Entonses Daniel no sabíe
que los homens se enfaden a vegades en la vida y contra un orde de
coses que consideren irritán y desigual. A Daniel, lo Mussol, li
agradabe vore enfurruñat a son pare perque los seus ulls traíen
chispes y los músculs de la cara se li enduríen y, entonses teníe
una retirada a Paco, lo ferré.
-
Pero no podem separámos dell - va di la mare -. Es lo nostre únic
fill. Si encara tinguerem
una chiqueta. Pero lo meu ventre está sec, tú u saps. Ya no podrem
tindre una filla. Don Ricardo va di, la radera vegada, que me hay
quedat estéril o erma com la de Lorca después del aborto. Son pare
va fé despenjás algúns sans del sel, entre dens. Después, sense
moures de la seua postura, va afegí:
-
Díxau; aixó ya no té remey. No escarbos a les coses que ya no
tenen remey.
La
mare va suspirá, mentres arreplegabe a un pot rovellat les molles de
pa abandonades damún de la taula. Encara va insistí débilmen:
-
A lo milló lo chic no val pera estudiá. Tot aixó es prematuro. Y
un chic a la siudat coste mols dinés. Aixó pot féu Ramón, lo
boticari, o lo siñó juez. Natros no podem féu. No tenim
perres. Son pare va escomensá a donáli voltes nervioses a un
cacharro que teníe entre les mans. Daniel, lo Mussol, va compendre
que son pare se dominabe pera no aumentá lo doló de la seua dona.
Al cap de un rato va afegí:
-
Assó anirá a la meua cuenta. En cuan a si lo chic val o no val pera
estudiá depén de si té doblers o no los té. Tú me compréns. Se
va ficá de peu y en lo gancho del fogaril va escampá los calius que
encara relluíen al foc baix. Sa mare se habíe assentat, en les mans
acribassades desmayades a la faldeta. De repén se sentíe baldada y
nula, absurdamen buida, indefensa. Lo pare se dirigíe an ella:
-
Es cosa dessidida. No me faigues parlá mes de aixó. En cuan lo chic
cumplixque onse añs marchará a la siudat a escomensá lo grado.
La
mare va suspirá, rendida. No va di res. Daniel, lo Mussol, se va
gitá y se va adormí fen conjetures
sobre qué volíe di sa mare en alló de que teníe lo ventre sec y
que se habíe quedat erma después del aborto.
Seguix al II.
Lo Camí, II.
Lo Camí a Amazon (tapa blana)
II.
Ara,
Daniel, lo Mussol, ya sabíe lo que ere tindre lo ventre sec y lo que
ere malparí o un aborto. Va pensá en Roc, lo Moñigo. Potsé si no
haguere conegut a Roc, lo Moñigo, seguiríe, an estes altures, sense
sabé lo que ere un ventre sec y lo que ere un aborto. Pero Roc, lo
Moñigo, sabíe mol de tot "assó". Sa mare li díe que no
se ajuntare en Roc, perque lo Moñigo se habíe criat sense mare y
sen sabíe moltes. Tamé les Guindillas (Pestetes de aquí abán)
li díen assobín que per ajuntás en lo Moñigo ya ere lo mateix que
ell, un golfo y un dropo. Daniel, lo Mussol, sempre eixíe en defensa
de Roc, lo Moñigo.
La gen del poble no lo compreníe o no volíe
compéndrel. Que Roc sapiguere mol de "assó" no
significabe que fore un golfo y un dropo. Que fore forsut com un bou
y com son pare, lo ferré, no volíe di que fore roín. Que son pare,
lo ferré, tinguere sempre a la forja una bota de vi y la empinare de
cuan en cuan no equivalíe a sé un borracho empedernit, ni podíe
afirmás, en bona ley, que Roc, lo Moñigo, fore com son pare, perque
ya se sabíe que de tal tocho tal ascla. Tot aixó constituíe una
sarta de infamies, y Daniel, lo Mussol, u sabíe de sobres perque
coneixíe com dingú al Moñigo y a son pare.
De
que la dona de Paco, lo ferré, se moriguere al parí al Moñigo,
dingú teníe la culpa.
Ni tampoc teníe la culpa dingú de la
falta de capassidat educadora de san germana Sara, massa brusca y
recta pera sé dona.
La Sara va portá lo pes de la casa desde la
mort de sa mare. Teníe lo pel roch y acaragolat, y ere corpulenta y
massisa com son pare y son germá. A vegades, Daniel, lo Mussol,
imaginabe que la mort de sa mare de Roc, lo Moñigo, va sé per no
tindre aquella lo pel roch. Lo pel roch podíe sé, en efecte, un
motiu de llarga vida o longevidat, per lo menos, una espessie de
amuleto protectó. Fore per una raó o un atra, lo sert es que sa
mare del Moñigo se va morí al naixe ell y que san germana Sara,
tretse añs mes gran, lo va tratá desde entonses com si fore un
assessino sense salvassió. Claro que la Sara teníe poca passiensia
y sol sabíe renegá. Daniel, lo Mussol, la habíe conegut corrén
detrás de son germá escales aball, cridán desaforadamen:
- ¡Animal, mes que animal, que ya abáns de naixe eres un animal! Después la va sentí repetí este estribillo sentenás y hasta milenás de vegades; pero a Roc, lo Moñigo, li entrabe per una orella y li eixíe pel atra. Seguramen lo que mes va avinagrá lo carácter de la Sara va sé lo fracás redó del seu sistema educatiu. Desde mol chiquet, lo Moñigo va sé refractari al Coco, al home del sac y al Tío Camuñas. Segú que va sé la seua solidés física la que li va inspirá este olímpic despressio cap a tot lo que no foren homens reals, en ossos, músculs y sang daball de la pell. Lo sert es que cuan la Sara amenassabe a son germá, diénli: "Que ve lo Coco, Roc, no faigues tal cosa", lo Moñigo sonreíe
en malissia, com desafiánlo: "Hale, que vingue, aquí l´aguardo". Entonses lo Moñigo apenes teníe tres añs y encara no parlabe casi gens. A la Sara se la emportaben los dimonis al constatá la inutilidat de la seua amenassa en la indiferensia burlona del sagalet. Poc a poc, lo Moñigo va aná creixén y san germana Sara va apelá a datres prossediméns. Solíe tancá a Roc a la pallissa si fée alguna malesa, y después li lligíe, desde fora, lentamen y en veu ombriosa y cavernosa, les recomendassións del alma.
Daniel, lo Mussol, encara sen enrecordabe de una de les primeres visites a casa del seu amic. La porta del carré estabe entreuberta y, a dins no se veíe a dingú, ni se sentíe res, com si la casa estiguere deshabitada. La escala que portabe al pis alt se alsabe insitán dabán dell, pero ell la va mirá, va tocá lo passamáns, pero no se va atreví a pujá.
Coneixíe ya a la Sara de referénsies y aquell increíble silensio li inspirabe una mica de respecte o mes be temó. Se va entretindre un rato acassán una sargantana que intentabe escabullís per les lloses de la entrada. De repén va sentí una retahíla de furiosos improperis, allá dal, seguits de una gran portada. Se va dessidí a cridá, un poc acollonit:
- ¡Moñigo! ¡Moñigo!
Al instán se va derramá damún dell un diluvio de frasses agressives. Daniel se va ajupí.
- ¿Quí es lo bruto que cride aixina? ¡Aquí no ña cap Moñigo! Tots an esta casa portem lo nom de un san. ¡Hale, vésten!
Daniel, lo Mussol, may va sabé per qué an aquella ocasió se va quedá com enclavat an terra com si fore una estatua. Lo cas es que se va quedá com un estaquirot y mut, casi sense respirá. Entonses va sentí parlá a dal a la Sara y va pará la orella. Per lo forat de la escala se desgranaben les seues frasses:
- Cuan los meus peus, perdén lo seu movimén, me advertixquen que la meua carrera an este món está próxima al seu final... Y, detrás, sonabe la veu del Moñigo, opaca y sorda, com si ixquere del fondo de un pou: - Jesús misericordiós, tin compassió de mí.
Un atra vegada les inflexións de la Sara:
- Cuan los meus ulls vidriosos y fora de les cassoletes per lo horror de la inminén mort, fixon en vos les seues mirades lánguides y moribundes...
- Jesús misericordiós, apiádat de mí.
Se
anabe apoderán de Daniel, lo Mussol, una temó gelada y impalpable.
Aquella tétrica letanía li fée cusigañes al moll dels ossos. Sin
embargo, no se va moure del puesto.
L´agullonabe una difusa y
impersonal curiossidat.
- Cuan perduts los sentits - continuabe, monótona, la Sara - tot lo món desaparegue de la meua vista y gemega yo entre les angusties de la radera agonía y los afáns de la mort...
Un atra vegada la veu amodorrada y sorda y tranquila del Moñigo, desde la pallissa:
- Jesús misericordiós, teníu compassió de mí.
Al acabá la Sara lo seu correctiu verbal, se va fé impassién la veu de Roc:
- ¿Has acabat?
- Sí - va di la Sara.
- Hale, pos obri.
La interrogassió siguién de la Sara portabe un despecho mal reprimit:
- ¿Has escarmentat?
- ¡No!
- Entonses no te óbrigo.
- Obri o tiro la porta. Lo cástic ya se ha acabat.
Y la Sara li va obrí. Lo Moñigo li va di al passá pel seu costat:
- Me has fet menos temó que atres díes, Sara.
La germana se abalotabe, furiosa:
- ¡Calla, gorrino! Un día... un día te partiré los nassos o no sé lo que te faré.
- Assó no; no me tocarás, Sara. Encara no ha naixcut lo que me fico la ma damún, ya u saps - va di lo Moñigo.
Daniel, lo Mussol, va esperá a vore si escoltáe lo estampit de la bufetada, pero la Sara su va pensá milló y lo estampit previst no se va produí. Va escoltá Daniel, en cambi, les potades firmes del seu amic al baixá los escalóns, y mogut per un pudorós instín de discressió, va eixí per la porta ajuntada y lo va esperá al carré. Ya al seu costat, lo Moñigo va di: - ¿Has sentit a la Sara?
Daniel, lo Mussol, no se va atreví a mentí:
- La hay sentit - va di.
- Ten haurás fixat en que es una pamplinera.
- A mí me ha fet agarrá temó, la verdat - va confessá lo Mussol.
- ¡Bah!, no faigues cas. Tot assó dels ulls vidriosos y los peus que no se mouen són pamplines. Mon pare diu que cuan estires la garra no ten enteres de res.
Va moure lo Mussol, dudán, lo cap.
- ¿Cóm u sap ton pare? - va di.
A Roc, lo Moñigo, no se li habíe ocurrit pensá en assó. Va dudá un momén, pero en seguida va aclarí:
- ¡Qué me sé yo! Lay diríe ma mare al morís. Yo no men puc enrecordá de assó.
Desde
aquell día, Daniel, lo Mussol, va alsá mentalmen al Moñigo a un
altá de admirassió. Lo Moñigo no ere listo, pero, ¡vaya tío
mantenínles tiesses en los grans!
Roc, a ratos, pareixíe un
home per lo seu aplom y gravedat. No admitíe imposissións ni tampoc
una justíssia cambián y caprichosa. Una justíssia doméstica, se
sobreentén.
Per la seua part, san germana lo respetabe. La
voluntat del Moñigo no ere un cero a la esquerra com la seua; valíe
per la voluntat de un home; se la teníe en cuenta a casa seua y al
carré. Lo Moñigo teníe personalidat. Y, tal com transcurríe lo
tems, va aná aumentán la admirassió de Daniel per lo Moñigo. Este
se pegabe o reñíe assobín en los sagals de la valleta y sempre
eixíe victoriós y sense cap ñafra o esgarrap. Una tarde, a una
romería, Daniel va vore al Moñigo esbatussá hasta fartás al que
tocabe lo timbal. Cuan se va cansá de fótreli cops li va empastrá
lo tambor al cap y se li va quedá de sombrero.
La gen sen enríe
mol. Lo músic ere un home ya de casi vin añs y lo Moñigo sol ne
teníe onse. Pera entonses, lo Mussol habíe entés que Roc ere un
bon abre aon arrimás y se van fé inseparables, encara que la
amistat del Moñigo lo forsabe, a vegades, a extremá la seua ossadía
y lo implicabe an alguna regletada de don Moissés, lo maestre. Pero,
en compensassió, lo Moñigo li habíe servit en mes de una ocasió
de escut y paracops.
Sa
mare de Daniel, don José lo mossen, don Moissés lo maestre, la
Pesteta gran y les Lepóridas: les Llebres,
no teníen motius pera afirmá que Roc, lo Moñigo, fore un golfo y
un dropo.
Si lo Moñigo reñíe en algú ere sempre per una causa
justa o perque procurabe la consecussió de algún fí utilitari y
práctic. May u va fé per fum de palla o per lo plaé de fotre cops.
Y un atre tan passabe en son pare, lo ferré. Paco, lo ferré,
traballabe com lo que mes y guañabe bastáns dinés. Claro que pera
la Pesteta gran y les Llebres no existíen mes que dos extrems al
poble: los que guañaben pocs dinés y de estos díen que eren uns
dropos y uns ganduls, y los que guañaben mols dinés, dels que
afirmaben que si treballaben ere sol pera gastássels en vi. Les
Llebres y la Pesteta gran exigíen un pun de equilibri mol raro y
difíssil de conseguí. Pero la verdat es que Paco, lo ferré, bebíe
per nessessidat. Daniel, lo Mussol, u sabíe, perque coneixíe a Paco
milló que dingú. Y si no bebíe, la forja no carburabe. Paco, lo
ferré, u díe moltes vegades: "Tampoc los autos van sense
gasolina". Y se embutíe un trago cap al garganchó.
Después del trago traballabe en mes forsa. Aixó, pos, a final de cuentes, redundabe en benefissi del poble. Pero lo poble no lay agraíe y li díe pocavergoña y gat. Menos mal que lo ferré teníe correcha, com lo seu fill, y aquells insults no li feen mal. Daniel, lo Mussol, pensabe que lo día que Paco, lo ferré, se enfadare no quedaríe al poble pedra sobre pedra; u arrassaríe tot com un huracán. No ere tampoc cosa de tráureli en cara al ferré que piropejare a les mosses que passaben per dabán de la ferrería y les invitare a assentás un rato en ell a charrá y a fé un traguet. En realidat, ere viudo y estabe encara en edat de mereixe. Ademés, la seua exuberansia física ere un bon insentiu pera les dones. A fí de cuentes, don Antonino, lo marqués, se habíe casat tres vegades y no per naixó la gen dixáe de díli don Antonino y seguíe traénse la boina al crusás en ell, pera saludál. Y continuabe sén lo marqués. Después de tot, si Paco, lo ferré, no se casabe u fée per a no donáls cap madrastra als seus fills y no per tindre mes dinés disponibles pera vi com insinuaben en malíssia la Pesteta gran y les Llebres.
Los
domenges y díes de festa, Paco, lo ferré, se engatinabe a casa del
Chano hasta la incoherensia. Al menos assó díen la Pesteta gran y
les Llebres. Pero si u fée aixina, les seues raóns tindríe lo
ferré, y una de elles, y no desdeñable, ere la de olvidás dels
radés sis díes de treball y de la inminensia de uns atres sis en
los que tampoc descansaríe. La vida ere aixina de exigén y
despiadada en los homens. A vegades, Paco, al que lo temperamén se
li exaltabe en lo alcohol, armabe a la taberna del Chano trifulques
considerables. Aixó sí, may tirabe de navalla encara que los seus
adversaris u faigueren. Encara aixina, les Llebres y la Pesteta gran
díen dell – de ell, que reñíe sempre a pit descubert y en la
noblesa mes gran consebible - que ere un asquerós matón. En
realidat, lo que los mortificabe a la Pesteta gran, a les Llebres, al
mestre, al ama de don Antonino, a sa mare de Daniel, lo Mussol, y a
don José, lo mossen, eren los músculs abultats del ferré; la seua
personalidat irreductible; la seua hegemonía física.
Si Paco y
son fill hagueren sigut uns arguellats, al poble no li importaríe
que foren borrachos o camorristes; en consevol momén podíen tombáls
de una galtada. Dabán de aquella inaudita corpulensia, la cosa
cambiabe; habíen de conformás en fótrels verds per la esquena. Be
díe Andrés, lo sabaté: "cuan a la gen li falte músculs als
brassos, los sobre en la llengua". Don José, lo mossen, que ere
un gran san, encara que li censurabe ubertamen a Paco, lo ferré, les
seues eixides, sentíe per nell una secreta simpatía.
Per mol
que tronare no podríe olvidá may lo día de la Virgen, aquell añ
en lo que Tomás se va ficá mol dolén y no va pugué portá lo
soport per a la imache. Julián, un atre dels habituals portadós de
la virgen, va tindre que eixí del lloch en un viache urgén. La cosa
se ficabe fea. No eixíen sustituts. Don José, lo mossen, va pensá,
inclús, en suspendre la professó. Va sé entonses cuan se va
presentá, humilmen, a la iglesia Paco, lo ferré.
- Siñó retó, si vosté vol, yo puc passejá la Virgen per lo poble. Pero ha de sé en la condissió de que me la dixon portá a mí sol - va di.
Don José li va sonriure en picardía al ferré.
- Fill, te agraíxco la teua voluntat y no dudo de les teues forses. Pero la imache pese mes de dosséns kilos - va di. Paco, lo ferré, va acachá los ulls, una mica avergoñit de la seua enorme forseguera.
- Podría portá damún sen kilos mes, siñó retó. No siríe la primera vegada...- va insistí.
Y la Virgen va voltá lo poble damún dels muscles de Paco, lo ferré, a pas lento y
fen
cuatre parades: a la plassa, dabán del ajuntamén, enfrente de
Teléfonos y, de tornada, al atrio de la iglesia, aon se va entoná,
com ere costum, una Salve populá.
Al acabá la professó, los
chiquets van voltá admirats a Paco, lo ferré. Y este, ficán una
sonrissa de chiquet, los obligabe a paupáli la camisa al pit, a la
esquena, als sobacos.
- Tentéu, toquéu - los díe -; no estic suat; no hay suat ni una gota.
La Pesteta gran y les Llebres li van criticá a don José, lo mossen, que haguere autorisat a ficá la imache de la Virgen damún dels muscles mes pecadós del poble. Y van jusgá lo acte de mérit de Paco, lo ferré, com una ostentassió evidenmen pecaminosa. Pero Daniel, lo Mussol, estabe en lo sert: lo que no podíe perdonásseli a Paco, lo ferré, ere la seua complexió y sé lo home mes vigorós de la vall, de tota la vall.
lunes, 28 de diciembre de 2020
Los sans inossens, llibre cuart
Llibre cuart.
Lo
secretari.
A mijans de juñ, lo Quirce va escomensá a soltá lo bestiá de merines o palomes cada tarde, y, al pondres lo sol, sel sentíe tocá la armónica delicadamen de la part de la serra, mentres son germá Rogelio, no parabe, lo home, en lo jeep cap a dal, en lo tractó cap aball, sempre navegán de aquí cap allá, este carburadó pert, se enganche lo pedal del embrague, estes coses, y lo siñoret Iván, sense donáli importánsia, cada vegada que visitabe lo cortijo, observabe als dos, al Quirce y al Rogelio, cridáe al Crespo a un apart y li díe confidensialmen, Crespo, no me dixos de la ma an estos sagals, Paco, lo Baixet, ya va pera agüelo y yo no puc quedám sense secretari, pero ni lo Quirce ni lo Rogelio teníen lo prodigiós flat de son pare, que son pare, lo Paco, ere un cas de estudi, ¡Deu meu!, desde chiquet, que no es un di, li soltaben una perdiu en un ala trencada al monte y ell se ficáe a cuatre potes y seguíe lo rastre en lo seu nas chato pegat an terra sense vassilá, y passán lo tems, va arribá a distinguí les pistes velles de les ressiens, lo rastre del mascle del de la femella, que lo siñoret Iván se fée creus, ajuntáe los seus ulls verds y li preguntabe, pero ¿a qué dimonis fa auló la cassa, Paco, maricón? y Paco, lo Baixet, ¿de verdat que no la sén vosté, siñoret? y lo siñoret Iván, si la aulorara no te u preguntaría, y Paco, lo Baixet, ¡quínes coses que té lo siñoret Iván! y a la época en que lo siñoret Iván ere lo Ivanet, que, de chiquet, Paco li díe lo Ivanet al siñoret Iván, la mateixa copla, ¿a qué fa auló la cassa, Paco? y Paco, lo Baixet, solíssit, ¿es sert que tú no la aulores, majo? y lo Ivanet, pos no, te u juro per los meus morts, a mí la cassa no me fa auló de res, y Paco, ya te acostumarás, majo, ya vorás cuan tingues mes añs, perque lo Paco, lo Baixet, no va apressiá les seues cualidats hasta que va comprobá que los demés no eren capassos de fé lo que ell fée y de ahí les seues converses en lo Ivanet, que lo chiquet va escomensá ben tendre en la cassera, una chaladura, gangues al juliol, a la bassa o los revolcadós, codorniu al agost, al rostoll, tórdoles al setembre, de retirada, als passos dels carrascals, perdius al octubre als sembrats y al monte baix, blavets al febré, al Lucio del Teatino y, entre mich, la cassa majó, lo cabirol y lo venado, sempre en lo rifle o la escopeta a la ma, sempre, pimpam, pam-pim, pim-pam que está grillat este sagal, díe la Siñora, y de día y de nit, al ivern o al estiu, a esbarrá, al salt o en batuda, pim-pam, pam-pim, pum-pom, lo Ivanet en lo rifle o la escopeta, al monte o per los sembrats y lo añ 43, al ojeo inaugural del Día de la Raza, dabán del pasmo general en tretse añs mal cumplits, lo Ivanet entre los tres primés, a vuit muixóns de Teba, lo may vist, que ñabíe moméns en que teníe cuatre muixóns morts al aire, algo increíble, que ere cosa de vóres, un mosset de chupeta colsejanse en les millós escopetes de Madrit y ya desde eixe día, lo Ivanet se va acostumbrá a la compañía de Paco, lo Baixet, y a traure partit del seu olfato o flat y la seua afissió y va pensá en pulíl, pos Paco, lo Baixet, flaquejabe carregán y lo Ivanet li va doná un día dos cartuchos y una escopeta vella y li va di, cada nit, abáns de gitát, embutix y trau los cartuchos dels cañons hasta sen vegades, Paco, hasta que te cansos, y va afegí después de una paussa, si conseguixes sé lo mes rápit de tots, entre aixó y los vens que Deu te ha donat y la teua retentiva, no ñaurá al món qui te potejo com a secretari, te u dic yo, y Paco, lo Baixet, que ere servissial per naturalesa, cada nit, abáns de gitás, ris-ras, obrí y tancá la escopeta, ris-ras, embutí y traure los cartuchos als cañons, que la Régula ae, ¿estás tonto, Paco? y Paco, lo Baixet, lo Ivanet diu que puc sé lo milló, y, al cap de un mes, Ivanet, majo, en un amén te fico y te trac los cartuchos de la escopeta, y lo Ivanet, aixó ña que vóreu, Paco, no sigues farolero, y Paco va exhibí la seua destresa dabán del mosso y, aixó marche, Paco, no u dixos, seguix aixina, va di lo Ivanet después de la demostrassió y de este modo, Ivanet per aquí, Ivanet per allá, ni advertíe Paco que passabe lo tems, hasta que un matí va passá lo que teníe que passá, o sigue Paco, lo Baixet, li va di en la milló voluntat, Ivanet, ojo, la barra per la dreta, y lo Ivanet se va armá en silensio, va pendre los puns y, en un di Jesús, va despenjá dos perdius per dabán y dos per detrás, y no habíe arribat la primera an terra, cuan va girá los ulls cap a Paco y li va di en gesto arrogán, de avui en abán, Paco, de vosté y siñoret Iván, ya no soc un mosset, que pera entonses ya habíe cumplit lo Ivanet setse añs y Paco, lo Baixet, li va demaná perdó y de entonses abán siñoret Iván per aquí, siñoret Iván per allá, perque ben mirat, ya anáe pera mosso y ere de raó, pero, en lo tems, les ansies cinegétiques li van aná creixén al pit al siñoret Iván y ere cosa sabuda que a cada batuda, no sol ere lo que mes matabe, sino tamé, qui tombáe la perdiu mes alta, la mes llarga y la mes forta, que en eixe terreno no admitíe competénsia, y ficáe a Paco per testigo, llarga diu lo Ministre, Paco, escolta ¿a quína distánsia hay tirat yo, per aproximassió, al muixó aquell de la primera batuda, lo del roquissal, lo que se va repujá cap als núgols, aquell que va aná a pará a la Charca dels Galápagos, ten enrecordes? y Paco, lo Baixet, obríe uns ulls mol grans, eixecáe la barbilla y sentensiabe, no lay hay de recordá, lo muixó perdiu aquell no volabe a menos de noranta metros, o, si se tratabe de perdius ressies, la mateixa copla, no me dixos de farol, Paco, parla, ¿cóm veníe la perdiu aquella, la de la valleta, la que me va pessigá bebén un trago de la bota...? y Paco belcabe lo cap, loíndice a la galta, reflexionán, sí, home, insistíe lo siñoret Iván, la que portáe lo ven de cul, la del alborsé, home, que tú vas di, que tú vas di... y Paco ajuntáe los ulls, ficáe los labios com pera chulá encara que no chuláe, y tamé pero ressia com un aeroplano, concluíe, y, encara que en rigor, lo siñoret Iván no sabíe la distánsia a la que l´atre li habíe tirat a la seua perdiu, y com veníe de ressia la que va tirá lo de mes allá, sempre les seues eren mes llargues y ressies y, pera demostáu, apelabe al testimoni de Paco, lo Baixet, y aixó, a Paco, lo Baixet, lo esponjáe, se jactabe del pes del seu juissi, y se vanagloriabe tamé de que lo que mes envejaren al siñoret Iván los amics del siñoret Iván, foren les seues facultats y la seua disposissió pera cobrá les pesses, ni lo gos mes fi te faríe lo servissi de este home, Iván, fíxaten en lo que te dic que no saps lo que tens li díen, y, assobín, los amics del siñoret Iván requeríen a Paco, lo Baixet, pera cobrá algún muixó perdiu de ales curtes y, en tals casos, se desenteníen de les tertulies postbatuda y de les disputes en los secretaris veíns y sen anaben detrás dell, pera vórel navegá ensumán, y, una vegada que Paco se veíe rodejat de la flo y nata de les escopetes, díe, ufanánse del seu papé, ¿aón va pegá la pilotada, anem a vore? y ells, lo Subsecretari, o lo Embaixadó, o lo Ministre, aquí tens les plomes, Paco y Paco, lo Baixet ¿quína direcsió portabe, anem a vore? y lo que fore, la del jaral, Paco, sirgada contra lo jaral, y Paco, ¿veníe sola, aparellada o en barra, anem a vore? y lo que fore, dos ne entraben, Paco, ara que u dius, la parella, y lo siñoret Iván mirabe als seus invitats en sorna y siñalabe en la barbilla a Paco, lo Baixet, com dién, ¿qué tos día yo?, y, acte seguit, Paco, lo Baixet, se ajupíe, ensumabe en insistensia lo terreno, dos metros al voltán de la pilotada y murmurabe, per aquí se va arrancá, y, seguíe lo rastre durán bastáns metros y, al remat, se incorporabe, esta direcsió portáe, llugo estará an aquell carrascot y, si no, amagada an aquelles motes, prop del alcornoque, no pot habé anat mes lluñ, y cap allá sen anabe lo grupet detrás de Paco y, si lo muixó no estáe al carrascot, amagat que estabe a les motes, a la voreta del alcornoque, no fallabe, y lo Subsecretari, o lo Embaixadó o lo Ministre, lo que fore, díe assombrat, y ¿per quína regla de tres no podíe está a un atre puesto, Paco, me u vols explicá? y Paco, lo Baixet, fee que pensáe uns segóns en arrogansia y, finalmen, díe en mal reprimit despressio, la perdiu no abandone lo solc cuan trate de amagás, y ells, se miraben entre ells y assentíen y lo siñoret Iván, los dits grossos als sobacos de la seua chaleco-canana, sonreíe ubertamen, ¿eh qué tos día yo? mol unflat, lo mateix que cuan mostrabe la repetidora americana o la Cuita, la cachorra grifona, y, de tornada als llochs, a soles en Paco, comentabe, ¿ten fixes? lo maricón del fransés no distinguix una griba de una perdiu, o be, lo maricón del Embaixadó no corre la ma esquerra ¿ten acates?, grave defecte pera un diplomátic, perque, fatalmen, pera lo siñoret Iván, tot lo qui agarrabe una escopeta ere un maricón, que la paraula eixa no se li caíe dels labios, quína manía, y, en ocasions, al ardó de la batuda, cuan les veus dels ojeadores se confoníen a la distansia y les cornetes sonáen a les puntes, esbarrán als muixóns, y les perdius se arrencaben desorientades brrrr, brrrr, brrrr, per tot arreu, y la barra entrabe rápidamen a la línia de escopetes, y lo siñoret Iván ne tombabe dos juntes aquí y atres dos allá, be de doblete, be de carambola, y sonaben estampits a esquerra y dreta, que pareixíe la guiarra, y Paco, lo Baixet, anabe contán pera adins, trenta dos, trenta cuatre, trenta sing y cambián la escopeta forra per un atra gemela carregada, hasta sing, que los cañons se ficáen al roch viu, y anotán al cap lo puesto aon cada pessa caíe, bueno, en eixos casos, Paco, lo Baixet, se ficáe calén com un perdigué, que no podíe estás coto, que ere superió a les seues forses, se assomabe ajupit al canto de la pantalla y díe, mastegán les paraules pera no espantá lo campo, ¡sóltom, siñoret, sóltom! y lo siñoret Iván, secamen, ¡para quieto, Paco! y ell, Paco, lo Baixet, ¡sóltom, per la seua mare lay demano, siñoret! cada vegada mes exitat, y lo siñoret Iván, sense pará de dispará, mira, Paco, no me faigues agarrá un cabreo, aguarda a que acabo la batuda, pero a Paco, lo Baixet, lo vore desplomás les perdius mortes dabán dels seus chatos nassos, lo descomponíe, ¡sóltom, siñoret, per Deu beneít lay demano! hasta que lo siñoret Iván se enfadabe, li fotíe un puntapéu al cul y li díe, si ixes del puesto abáns de tems, te pego un tiro, Paco, tú ya saps cóm les gasto, pero ere lo seu un enfado de passada, puramen artifissial, perque cuan, minuts después, Paco, lo Baixet, escomensáe a portali lo botín y se presentabe en sixanta cuatre dels sixanta sing muixons derribats y li díe nerviosamen, la perdiu que falte, siñoret Iván, la que va baixá vosté prop de la archilaga, me la ha afanat lo Facundo, diu que es del seu siñoret, la furia del siñoret Iván se movíe cap a Facundo, ¡Facundo! bramáe en veu poderosa, y acudíe Facundo, ¡eh, tú, listo, tingam la festa en pau!, lo muixó perdiu eixe de la argilaga es meu y mol meu, de modo que venga, esteníe la ma uberta, pero lo Facundo plegáe los muscles y ficabe los ulls plans, inexpresius, un atre ne va tombá lo meu siñoret prop de la archilaga, aixó no es ley, pero lo siñoret Iván allargabe encara mes la ma y escomensabe a notá la cremó a les puntes o yemes dels dits, mira, no me calentos la sang, Facundo, no me la calentos, ya saps que no ña cap cosa que mes me fótegue que me birlon los muixóns que yo mato, aixina que venga eixa perdiu, y, arribats an este extrem, Facundo li allargáe la perdiu, sense rechistá, la historia de sempre, que René, lo fransés, que ere un assiduo de les batudes hasta que va passá lo que va passá, se fée creus la primera vegada, ¿cóm c´est possible matá sixanta sing perdius l´Iván y arreplegá sixanta sing perdius le Paco?, mua no compro pa, díe, y Paco, lo Baixet, orgullós, se sonreíe com una rabosa de Ráfels o Valderrobres y se señalabe lo cap, les apunto ací, díe, y lo fransés obríe los ulls com un mussol de Fórnols, ¡ah, ah, les apunte a la teta! exclamabe, y Paco, lo Baixet, están al puesto, jun al siñoret Iván, la teta (testa) va di, siñoret Iván, lay juro per los meus morts, dic yo que sirá cosa del parlá del seu país, y lo siñoret Iván, mira, per una vegada has assertat, y a partí de aquell día, entre bromes y veres, lo siñoret Iván y los seus invitats cada vegada que se reuníen sense les siñores per als sorteos dels puestos o al taco, a la solana, a michdía, díen teta per cap, este cartucho es mol fort, me ha fet vindre mal de teta, o ben, lo Subse es mol tossut, si se li fique una cosa a la teta no ña qui lay trague, y, invariablemen, aixina u digueren vuitanta vegades, tots a riure, pero a riure fort, a carcañada solta, que hasta los faie mal la pancha de tanta rissa, y aixina hasta que reempreníen la cassera, y, al acabá lo quinto ojeo, ya entre dos llums, lo siñoret Iván ficáe dos dits a la burchaqueta alta del chaleco-canana y li soltáe ostentosamen a Paco un billet de vin duros, tí, Paco, y que no valgue pera vissis, que me estás eixín mol gastadó tú, y la vida está mol achuchada y Paco, lo Baixet, agarrabe furtivamen lo billet y a la faldriquera, pos, per moltes vegades, siñoret Iván, y, en son demá de matí, la Régula, marchabe en Rogelio, en lo remolque, a Cordovilla, aon lo Hachemita, a comprás un percal o unes albarques pera los sagals, que may faltabe a casa una nessessidat, y aixina sempre, cada vegada que ñabíe batuda, y tot anabe be hasta que la radera vegada que va assistí lo fransés, se va armá una trifulca a la Casa Gran, durán lo almorsá, al di de la Nieves, per lo aquell de la cultura, que lo siñoret René va di que a Sentroeuropa teníen un atre nivell, una inconveniensia, a vore, que lo siñoret Iván, aixó te penses tú, René, pero aquí ya no ñan analfabetos, que tú te creus que estam al añ trenta sis, y de unes coses van passá a datres y van escomensá a cridás la un al atre, hasta que van perdre los modals y se van faltá al respete y com a radé recurs, lo siñoret Iván, mol atabalat, va maná cridá a Paco, lo Baixet, a la Régula y al Ceferino y, es tontería discutí, René, u vorás en los teus propis ulls, cridabe, y al personás Paco en los demés, lo siñoret Iván va adoptá lo to didáctic del siñoret Lucas pera díli al fransés, mira, René, per a di la verdat, esta gen ere analfabeta fa tems, pero ara vorás, tú, Paco, agarra lo bolígrafo y escriu lo teu nom, fes lo favor, pero ben escrit, esmérat, se obríe als seus labios una sonrissa tirán, que está en joc la dignidat nassional, y tota la taula pendén de Paco, lo home, y don Pedro lo Périt, se va mossegá la galta y va colocá la seua ma damún del antebrás de René, tu cregues o no, René, desde fa añs an este país se está fén tot lo humanamen possible pera redimí an esta gen, y lo siñoret Iván, ¡chitón!, no lo distragáu ara y Paco, lo Baixet, coacsionat per lo silensio expectán, va trassá un garabato a la part de detrás, lo reverso, de una factura groga que lo siñoret Iván li habíe estés damún del mantel, comprometén los seus sing sentits, obrín les aletes del seu nas chato, una firma tremolosa, illigible y, cuan va acabá, se va adressá y va torná lo bolígrafo al siñoret Iván y lo siñoret Iván lay va doná al Ceferino y ara tú, Ceferino, va maná, y va lo Ceferino, mol ñirviós, se va belcá damún dels mantels y va estampá la seua firma y per a acabá, lo siñoret Iván se va dirigí a la Régula, ara te toque a tú, Régula, y giránse cap al fransés, aquí no fem distinsions, René, aquí no ña discriminassió entre mascles y femelles com podrás comprobá, y la Régula, tremolanli lo pols, perque lo boli li rellissáe pel dit gros achatat, pla, sense huelles dactilás, va dibuixá penosamen lo seu nom, pero lo siñoret Iván, que estabe parlán en lo fransés, no va repará en les dificultats de la Régula y tal com ella va acabá, li va pendre la ma dreta y la va sacsá ventejanla com una bandera, assó, va di, pera que u contos a Paris, René, que los fransesos tos gasteu mol mal yogur al jusgamos, que esta dona, per si u vols sabé, hasta fa cuatre díes firmabe en lo dit gros, ¡mira! y, al di aixó, va separá lo dit aplanat de la Régula, chato com una espátula, y la Régula, la dona, confundida, se va sofocá tota com si lo siñoret Iván la mostrare en pilotes damún de la taula, pero René, no ateníe a les paraules del siñoret Iván sino que sol mirabe lo dit aplanat de la Régula, y lo siñoret Iván, al advertí lo seu assombro, va aclarí, ah, be!, ésta es un atra historia, los dits grossos o pulgars de les esparteres son aixina, René, gajes del ofissi, los dits se deformen de trensá espart y cánem, ¿comprens?, es inevitable, y sonreíe y carraspejabe o se aclaríe la gola y pera acabá en la tensa situassió, se va encará en los tres y los va di au, ya podéu llargatos, u hau fet be, y, conforme desfilaben cap a la porta, la Régula rossegáe desconsertada, ae, tamé lo siñoret Iván té cada cacho cosa, y, a la taula, tots a riure indulgenmen, paternalmen, menos René, a qui se li habíe aborrascat la mirada y no va di ni esta boca es meua, un silensio mineral, hostil, pero, en verdat, fets de esta naturalesa eren raros al cortijo pos, de ordinari, la vida discurríe plássidamen, en la única novedat de les visites periódiques de la Siñora que obligaben a la Régula a está ben atenta pera que lo coche no aguardare, que si li tocáe esperá uns minuts, ya estabe lo Maxi refunfuñán, ¿aón collons te fiques?, portem mija hora de plantón, de males maneres, aixina que ella, encara que la sorprengueren cambianli les bragues a la chiqueta Menuda, acudíe a escape al moqui moqui del claxon, a descorre lo forrallat de la tanca, sense rentás les mans sisquera y, en estos casos, la Siñora Marquesa, tan pronte baixabe del coche, arrugáe lo nas, que ere casi tan sensible de flat com Paco, lo Baixet, y díe, eixa gallinassa, Régula, fica mes cuidado, es mol desagradable esta pudina, o algo per l´estil, pero de bones maneres, sense faltá, y ella la Régula, avergoñida, amagáe les mans daball del mandil o devantal y, sí, Siñora, a maná, pera naixó estem, y la Siñora recorríe lentamen lo jardinet, los racóns de la corralada en mirada inquisitiva y, al acabá, pujáe a la Casa Gran, y anabe cridán a tots a la Sala del Espill, un per un, escomensán per don Pedro, lo Périt, y acaban per Ceferino, lo Gorriné, tots, y a cadaú li preguntabe per la seua faena y per la familia y per los seus problemes y, al despedís los sonreíe en una sonrissa groga, distán, y los entregabe en ma una relluenta moneda de deu duros, tin, pera que selebréu a casa la meua visita, menos a don Pedro, lo Périt, naturalmen, que don Pedro, lo Périt, ere com de la familia, y ells eixíen mes conténs que unes pascues, la Siñora es bona pera los pobres, díen contemplán la moneda a la palma de la ma, y, al tardet, ajuntaben los cresols a la corralada y rostíen un cabridet y lo regaben en vi y en seguida cundíe la exitassió, y lo entusiasmo y que ¡viva la Siñora Marquesa! y ¡que vixque per mols añs! y, com es de rigor, tots acababen una mica templats, pero conténs y la Siñora, desde la finestra iluminada de la seua habitassió, a contrallum, eixecabe los dos brassos, los donáe les bones nits y a dormí, y aixó ere aixina desde sempre, pero, a la seua radera visita, la Siñora, al apeás del automóvil acompañada per la siñoreta Miriam, se va topetá en lo Azarías jun a la fon y va arronsá les selles y va tirá lo cap cap a atrás, a tú no te conec, ¿de quí eres tú?, va preguntá, y la Régula, que estabe al quite, mon germá es, Siñora, acobardada, a vore, y la Siñora, ¿de aón lo has tret? va descals, y la Régula, estáe per la Jara, ya veu sixanta un añs y lo han despedit, y la Siñora, edat ya té pera dixá de treballá, ¿no estaríe milló a un sentro benéfic? y la Régula va humillá lo cap pero va di en resolusió, ae, mentres yo vixca, un fill de ma mare no se morirá a un assilo, y, en éstes, va tersiá la siñoreta Miriam, después de tot, mama, ¿quín mal fa aquí? al cortijo ña puesto pera tots, y lo Azarías, los pantalóns apedassats caén, se va mirá atentamen les ungles de la seua ma dreta, va sonriure a la siñoreta Miriam y a lo no res, y va mastegá dos vegades en les genives abáns de parlá y, li abono los geranios tots los matíns, va di brumosamen, justificánse, y la Siñora, aixó está be, y lo Azarías que, pas a pas, se anabe creixén, y al tardet ixco a la serra a corre lo caro pera que no se embutixgue al Cortijo, y la Siñora va arronsá lo fron, alt y despejat, en un suprem esfors de consentrassió, y se va incliná cap a la Régula, ¿corre lo caro? ¿pots dim de qué está parlán ton germá? y la Régula, arrupideta, ae, les seues coses, lo Azarías no es roín, Siñora, sol una miqueta inossén, pero lo Azarías continuabe, y ara estic crián una milana, va sonriure, babeján, y la siñoreta Miriam, yo crec que fa bastantes coses, mama, ¿no te pareix? y la Siñora no li traíe los ulls de damún, pero lo Azarías, de repén, en un impuls amistós, va agarrá a la siñoreta Miriam de la ma, va amostrá les genives desdentegades en un gesto de reconeiximén y va murmurá, vingue a vore la milana, siñoreta, y la siñoreta Miriam, arrastrada per la forsa hercúlea del home, lo seguíe entropessán, y va girá un momén lo cap pera di, vach a vore la milana, mama, no me esperos, pujo en seguida, y lo Azarías la va portá per daball del oró y, una vegada allí, se va pará, va sonriure, va alsá lo cap y va cridá firme pero dolsamen, ¡quiá! y, de improvís, dabán dels ulls atonits de la siñoreta Miriam, un muixó negre y blanet se va despenjá desde les rames mes altes y se va posá suaumen al muscle del Azarías, que va torná a agarrala de la ma y la va portá al pedrís de la finestra, y detrás de la maceta, va agarrá una pella del pot de prenso y lay va oferí al muixó y la muixoneta engullíe les pelles, una detrás del atra, y may pareixíe fartás y, mentrestán minjáe, lo Azarías ablaníe la veu, li rascabe entre los ulls y repetíe, milana bonica, milana bonica, y lo muixó, ¡quiá, quiá, quiá! demanáe mes y la siñoreta Miriam, resselosa, ¡quína gana que té! y lo Azarías embutíe una y atra vegada los grumos al seu garganchó y espentáe después en la yema del dit y cuan estáe mes entretingut en lo muixó se va sentí lo esgarrifán berrit de la chiqueta Menuda, dins de casa, y la siñoreta Miriam impressionada, y aixó, ¿qué es? va preguntá, y lo Azarías, nerviós, la chiqueta Menuda es, y va dixá lo potet damún del pedrís y lo va torná a pendre y lo va torná a dixá y anabe de un costat a un atre, desassossegat, la gralleta damún del muscle, movén amún y aball les barres, rossegán, yo no puc atendre totes les coses al mateix tems, pero, al cap de pocs segóns, va torná a soná lo bram de la chiqueta Menuda y la siñoreta Miriam, esgarrifada, ¿es sert que es una chiqueta la que fa aixó? y ell, Azarías, cada vegada mes exitat, en la gralleta mirán inquieta al voltán, se va girá cap an ella, la va torná a agarrá de la ma y vingue, va di, y van entrá juns a la casa y la siñoreta Miriam, avansabe desconfiada, com atemorida per un negre pressentimén, y al descubrí a la chiqueta a la penumbra, en les seues cametes de filferro y lo gran cap desplomat damún del cuixí, va sentí que se li ablaníen los ulls y se va portá les dos mans a la boca, ¡Deu meu! va exclamá, y lo Azarías la mirabe, sonriénli en les seues genives rosades, pero la siñoreta Miriam no podíe apartá los ulls del caixonet, que pareixíe que se haguere convertit en una estatua de sal la siñoreta Miriam, tan rígida estabe, tan blanca, y espantada, ¡Deu meu! va repetí, movén rápidamen lo cap de un costat al atre com pera esbarrá un mal pensamén, pero lo Azarías, ya habíe agarrat entre los seus brassos a la criatura y, dién paraules ininteligibles, se va assentá al taburet, va aguantá lo cabet de la chiqueta a la seua axila y agarrán la gralleta en la ma esquerra y lo dit índice de la chiqueta Menuda en la dreta, lo va aná aproximán lentamen a la entressella del animal, y una vegada que la va rosá, va apartá lo dit de repén, va riure, va apretá a la chiqueta contra lo pit y va di suaumen, en la seua veu assentuadamen nassal, ¿a que es bonica la milana, chiqueta?
sábado, 17 de junio de 2017
apitxat (apichat, llengua valenciana)

La mayoría de los autores han afirmado que este dialecto ha incorporado una serie de características lingüísticas asociadas al desarrollo de la fonética del castellano aragonés, muy presente desde la fundación del Reino de Valencia, especialmente en la zona de la capital valenciana.
A pesar de ello, el apitxat no debería considerarse un dialecto empobrecido o de menos valor, ya que conserva muchas características del valenciano clásico que se han perdido en el resto de los dialectos del valenciano, como el paradigma completo del pretérito perfecto simple (aní, anares, anà)
CaracterísticasEditar
- El nombre apitxat alude al ensordecimiento de las alveolares y palatales sonoras, como en casa (casa), tretze (trece) y metge (médico) ['kasa, 'tretse, 'metʃe]
- El área del apitxat suele coincidir con la de la neutralización de «b» y «v» en /b/ (betacismo).
- Se conservan las formas arcaicas del plural que mantienen la n original latina, como en hòmens ['ɔmens] (hombres) o jóvens ['tʃobens] (jóvenes).
Esta característica la comparte con otros dialectos del dialecto occitano catalán occidental, aunque en el apitxat se dé en mayor cantidad de palabras: ràvens, orígens (orígenes), màrgens (márgenes)... - Se conserva una forma arcaica de plural también en la palabra reixos, plural de reix (rey) derivada del latín rex y que conserva aún la x original, aunque la forma singular ha adoptado la estándar del dialecto catalán, rei (Lo Rey). Este plural se puede encontrar también en otras regiones de Valencia y Lérida.
Le confiere personalidad al apitxat el hecho de que mantenga todavía, con notable vitalidad, el uso del perfecto simple: aní en vez de vaig anar (fui), mengí en vez de vaig menjar (comí), si bien en la zona de Gandía predomina el uso del tiempo compuesto. En todo caso, la primera persona del singular (aní) tiende a perder frecuencia en toda la zona en favor del tiempo compuesto (vaig anar), conservándose mejor el resto (anares, anà, anàrem, anàreu, anaren). - Se mantienen vivas las desinencias clásicas -am y -au de las personas primera y segunda del plural del presente de subjuntivo y del imperativo en las conjugaciones segunda y tercera (batam, digau, vullgam, etc.) que en los demás dialectos se han sustituido por las formas análogas -em y -eu (batem, digueu, vullguem, etc.).
- Igual que el valenciano septentrional y el dialecto catalán occidental y el balear, perdura el uso de los pronombres débiles en forma plena: me diuen Pep, se troba malament, te portaré ara.
- Las vocales abiertas [ɔ] y [ɛ] tienen la abertura vocálica más cerrada que en el resto de dialectos valencianos. De esta manera, la abertura de estas vocales se parece más a la del dialecto catalán noroccidental.
- Hay tendencia a la diptongación de la o inicial átona (cuando se constituye en sílaba) en au: aulor [olor] (olor), aufegar [ofegar] (ahogar), aubrir [obrir] (abrir).
- La d situada entre la vocal a y otra vocal frecuentemente se hace muda: cadira > caira, abadejo > abaejo, cremada > cremà. Esta tendencia se extiende incluso entre palabras: a dormir! > a ormir!.
- La preposición a delante de palabras que empiezan con vocal se convierte en ad (a ell > ad ell), de forma similar al italiano o el dialecto catalán central, donde la preposición a pasa a amb, tal vez como hipercorrección de la característica anterior.
- Es peculiar el refuerzo vocálico de las posiciones finales, de tal forma que las palabras nit, crec y prop se articulan con una vocal final breve de tipo central ([ĕ]) y sigue una geminación de la consonante nit > ['nittĕ], crec > ['krekkĕ], prop > ['prɔppĕ].
- Presenta gran cantidad de formaciones análogas al verbo: beguent/poguent > bevent/podent, veem > veguem, veent > vegent, vivint > vixquent.
- Los pronombres plenos ens (>nos) y us (<os) se confunden con se cuando funcionan como reflexivos: se rentem (en vez de mos rentem), s'estudieu (en vez de vos estudieu).
- En la actualidad se observa el avance de diversas tendencias fonéticas, en concreto del yeísmo que hace sonar y a la ll palatal lateral: llet > [yet], vall > [bay].
- En algunas zonas se aspira la /s/ implosiva, que es realizada glótica [h], siguiendo con una geminación de la consonante anterior: vesprada > [beh'ppra], has posat > ['ah poˌsat], escolta > [ah'kolta]. Esta aspiración de /s/ parece una continuación de la misma característica de las hablas castellanas de la mitad sur de la Península. En las zonas de la Huerta sur (Silla) la /s) también se aspira entre vocales: mosatros > [mo'hatros], un fenómeno poco frecuente en castellano y que parece autóctono de estas hablas.
- Las consonantes sonoras a final de palabra se pronuncian sordas: club > clup, fred > fret, Madrid > Madrit, sang > sanc, àcid > àcit.
Ha pixat lo chiquet?




