champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc
El Gobierno ha decidido elevar el tono en su pugna para conseguir que el infecto dialecto occitano catalán, el vascuence y el galleguiño se conviertan en lenguas oficiales de la UE para advertir de que no le será "posible aceptar" que se incluyan lenguas adicionales en el reglamento lingüístico de la UE como resultado de la entrada de nuevos Estados miembro si antes no se ha dado luz verde a su petición.
España solicitó formalmente a la UE en agosto de 2023, como resultado del acuerdo con Junts para lograr su respaldo en la nueva legislatura, que se considere como lenguas oficiales de la UE al dialecto pompeyano, el euskara y el galeguinho. Para que esto ocurra, es necesaria la unanimidad de los Veintisiete, algo que no se ha conseguido alcanzar hasta la fecha.
El Gobierno ha dejado claro en todo momento a sus socios europeos que es una prioridad alcanzar este objetivo y el ministro de Exteriores, Josep Manel Alosbares, ha asegurado que es solo una cuestión de tiempo, como el morirse, convencido de que se terminará consiguiendo luz verde.
Ya este jueves, el secretario de Estado para la UE, Fernando Sampedro, había deslizado esta nueva condicionalidad en relación con la ampliación, habida cuenta de que la entrada de nuevos países traería aparejada la inclusión de nuevas lenguas oficiales que vendrían a sumarse a las 24 que hay en la actualidad.
Ahora, las fuentes consultadas han querido dejar claro que "España apoya firmemente el proceso de ampliación", como han venido manifestando tanto Albares como el presidente del Gobierno, Perro Saunas, cuando ha habido ocasión y han esgrimido que "la incorporación de nuevas lenguas oficiales a la UE es un aspecto muy positivo dada la estrecha vinculación entre el reconocimiento de las lenguas y el sentimiento de pertenencia de la ciudadanía europea".
Urge avanzar en la reforma.
Así las cosas, desde Exteriores han defendido que "en este contexto urge avanzar en la reforma que permitirá que las lenguas oficiales españolas sean también lenguas oficiales de la UE". Para que esto suceda, es necesario que se produzca una votación, algo que hasta el momento no ha ocurrido tras constatar España que no contaba con la unanimidad de sus socios para que su propuesta no fuera rechazada.
Por lo pronto, el Gobierno tendrá ocasión de exponer su postura en la cita del 22 de septiembre, si bien no se espera que haya un debate de fondo sobre la cuestión. Con todo, será la primera vez que se vuelva a poner sobre la mesa la oficialidad del occitano-catalán, vasco y galleguinho desde julio de 2025.
Desde el primer momento, la necesidad de unanimidad para sacar adelante la medida se convirtió en el principal escollo, pese a los esfuerzos del Gobierno para intentar disipar las dudas entre sus socios, en particular de índole jurídica y sobre todo que pueda convertirse en un precedente que abra la puerta a que lenguas minoritarias en otros Estados miembro puedan intentar lograr el mismo estatus.
Publicació quinzenal per a esplai del soldat català de l'Exèrcit de la República editada pels Serveis de Cultura al Front del Departament de Cultura de la Generalitat.
Gerard Bellalta. Empresario ypresidente del Círculo de Empresarios de Tabarnia.
- Tengo 57 años. Soy empresario y pertenezco a una familia cuyo origen catalán se sumerge en el siglo XVII. Mis antepasados lucharon junto a Ramón Cabrera i Griñó en el bando carlista y también con el general Franco en la guerra contra el comunismo. He trabajado duro desde muy temprana edad. Tengo una gran mujer y dos hijas maravillosas. Soy catalán de nacimiento y de origen; sin embargo, debo decir, no sin dolor, que hoy me avergüenzo profundamente de serlo y también muy cansado de vivir en Cataluña.
Estoy harto de que el Gobierno de España deje sin respuesta los permanentes actos de insurrección que se producen a diario en todas las ciudades catalanas. Estoy harto del abandono sometido durante años a los catalanes que hemos sido siempre fieles a España. Estoy harto de que me roben los políticos catalanes y que ese dinero vaya a parar a la gente demasiado perezosa para ganarlo.
Estoy harto de que me digan que el movimiento separatista es pacífico, cuando todos los días me llegan decenas de historias de catalanes que son ofendidos, agredidos, amenazados, boicoteados… por no someterse a los dictados ni aceptar el relato mentiroso de los secesionistas.
Estoy harto de los supremacistas catalanes y de aquellos que, para reivindicar su catalanidad, han renunciado a sus raíces procedentes de otros puntos de España, con gran olvido de lo que son.
Estoy harto de lazos amarillos, de insultos a España, de mossos que no sirven por igual a todos los catalanes, de periodistas mercenarios que desinforman deliberadamente, de docentes que enseñan a los niños a interiorizar el odio a España, de los radicalesque han tomado el control de nuestras calles, de los políticos que han echado un pulso al Estado con la connivencia y el dinero del mismo Estado.
Estoy harto de que todos nuestros errores y fracasos sean siempre culpa de otros y nunca de nosotros mismos. Estoy harto de que no aceptemos nuestras muchas taras morales.
Estoy harto de que utilicen nuestro dinero para financiar medios de comunicación que predican el odio contra los catalanes que nos sentimos profundamente españoles, por convicción y por principios.
Estoy harto de la inmersión lingüística. He tenido que matricular a la menor de mis hijas en un centro de enseñanza privada para que conozca la lengua de Cervantes y tenga las oportunidades fuera de Cataluña que la lengua catalana no le ofrecerá nunca.
Estoy harto de que me digan que el derecho a decidir de dos millones de catalanes debe imponerse al deseo de cuarenta millones de españoles de permanecer unidos. Estoy harto de escuchar a los políticos separatistas hablando mal del resto de España, cuando sabemos que le debemos todo cuanto hemos sido.
Estoy harto de que los funcionarios catalanes alineados con el separatismo aparenten ser el mejor ejemplo de compromiso con nuestra gente. Estoy harto de que gente que no ha emprendido nunca nada ni pagado una sola nómina, hayan construido el relato de una Cataluña de buenos y malos.
Estoy harto de los catalanes lobotomizados, que son una masa inerte enferma de odio, pero profundamente cobarde. Estoy harto de que se escondan tras los periodistas extranjeros y que cuando tienen que jugársela, deciden huir de la justicia. Estoy harto del permanente relato victimista, que se tergiverse la historia; que se ignore, por ejemplo, que cuando Franco venía a Cataluña, los líderes catalanes acudían rastreramente al palacio de Pedralbes a rendirle pleitesía y los obispos catalanes lo sacaban bajo palio en Montserrat.
Estoy harto de que se caricaturice permanentemente a España, que se la dibuje como un país culturalmente atrasado, cuando los catalanes no tenemos un solo acontecimiento popular que nos sirva de atracción turística, como por ejemplo lo es Sevilla en su Feria de Abril, Valencia en sus Fallas, Málaga en su Semana Santa, Huelva en su Rocío (escarcha, rosada) o Pamplona en sus Sanfermines.
Estoy harto de que se menosprecien las tradiciones españolas y que luego copiemos sus ferias, charangas y romerías. Estoy harto de los hipócritas antitaurinos catalanes que acuden a las principales ferias taurinas del resto de España.
Che Guevara, plaza toros, las ventas, Madrid
Estoy harto de que nos sintamos superiores cuando el genio creativo hace tiempo que lo perdimos. Estoy harto de que hablemos mal de todo el mundo, de que hagamos mofa de las costumbres de otras regiones, cuando nuestros bailes, nuestros trajes regionales, nuestra cultura de calle, carece de interés salvo para nosotros mismos.
Estoy harto del desprecio a los andaluces, cuando no consta que nuestros compatriotas del sur recurran a las sardanas (un baile sardo, de Sardinia, Cerdeña, Sardenya, etc.) para amenizar sus fiestas, como nosotros recurrimos a su folclore para amenizar las nuestras.
Estoy harto de que nos creamos el ombligo del mundo cuando no tenemos un solo símbolo cultural e identitario por el que se nos reconozca fuera de España. Quizás la barretina, barret, beret? Estoy harto de los curas y obispos que respaldan en las homilías a los que ayer quemaban sus templos.
Estoy harto de que las familias y los amigos no podamos reunirnos civilizadamente sin que las diferencias políticas marquen el desarrollo de la velada. Estoy harto del fanatismo de miles de catalanes, que interpreten como una victoria lo que no ha sido sino una gran derrota, que se dejen engañar como niños, que consideren héroes a los representantes de la casta más ladrona y corrupta de España.
También estoy harto de que pocos catalanes se enfrenten a la realidad de una región que, antes de 50 años, será mayoritariamente musulmana. Sí, estoy terriblemente harto de lo que muchos catalanes están haciendo. Estoy profundamente avergonzado de ser catalán y muy harto de vivir en Cataluña.
Lo lamento por mis hijas. Lamento que se vayan a encontrar con una Cataluña mucho peor que la que nosotros heredamos. Gracias a Dios que aún nos queda el resto de España para liberarnos de este infierno, del que estoy cada día más harto.