Mostrando las entradas para la consulta ressolusió ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta ressolusió ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de julio de 2024

1. 4. De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats

Un dels mes grans engañs que se patixen al món es que no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats com hauríen, perque aixina no entropessaríe un en tans que pareixen un atra cosa. Si al menos los creixqueren les orelles, que es lo distintiu mes propi; pero ni aixó. ¡Oh qué bo que siríe! Pedro Saputo los coneixíe en sol mirals a la cara; y desde chiquet, com se va vore lo que li va di del veinet sa mare, que lo proposáe com a modelo de aplicassió de les lletres, pero ñan arts y siensies que moren en los seus autós; esta va sé una de elles. La que después han fundat los moderns fisonomistes dits servellistes o frenólogos, es un atra; lo que no veu res als ulls y a tot lo rostro, poc vorá al cráneo, y sobre aixó, que me torron viu.

En estos ejercicios y jocs va passá encara algún tems, cuan una nit después de sená y de estás un rato calladet y cavilán li va di a sa mare en ressolusió: 

- Mare, esta nit vull ditos algo bo: demá si tos pareix aniré a escola. 

- Sí, fill; sí que me pareix be, va contestá sa mare emosionada; sí que vull que vaigues a la mostra. ¡grassies a Deu! Bona nit me dones, fill: be u has dit: de goch no podré dormí. ¡Ay! Si sapigueres lo que hay patit cuan me díen que criaba a un dropo. Ara sí que estic contenta. Perque mira, fill, que soc ta mare, y estem los dos sols al món. 

- Y mos bastem, va contestá ell: los dos y lo de allá dal (siñalán al sel en la má) contra tot lo món si mos es contrari; que no u sirá mare, no, sino mol favorable.

- Miréu, mare meua: la escola es pa mol du y sense bones dens no se pot mossegá. M’han caigut los primés, ting tots los segons, y forts, y puc mossegá y minjá lo pa de la escola que com hay dit es mol du y estopeng, y no té que donás als chiquets mentres són tan tendres. Tots ploren, tots u senten mol, tots van capbaixos y se queden arguellats y apocadets, y no adelanten res o están en les primeres lletres tans añs, que sol per sé cosa corrén no es gran vergoña per an ells y per als maestres. Yo, la verdat, no sé be lo que són les lletres; pero me pareix que en poc tems hay de alcansá y passá an eixe Agustinet y a tots los que fa tres o cuatre añs que van a la escola. Ara anem al catre, y demá voréu al seu fill escomensá a sé home y séu mol depressa. Sa mare lo miráe y ploráe de goch, y donán grassies a Deu se va gitá y no va pugué dormí de alegría com habíe dit.

arguellat

Se va fé de día, pero mol abans la bona mare teníe la llum als ulls només de pensá en la ressolusió del seu fill. Se va eixecá, y cuan va tindre fet lo amorsá, va aná a despertá al chiquet Pedro, que li va demaná la roba dels díes de festa dién que aquell ere mol gran per an ell.

- Y pera ta mare tamé, va contestá ella. Y li va traure lo traje mes nou y milló; después de habé minjat un plat de migues y sense voldre pendre atra cosa va di a sa mare que lo acompañare pera dili al mestre que lo entregáe a la seua potestat y gobern.

Van arribá a les escoles, y la mare li va di al mestre que li portáe y presentáe a son fill Pedro; qui hasta aquell día no habíe tingut a be escomensá la escola perque volíe creixe y fes fort. Lo mestre sen va enriure y va contestá que admitíe en gust al chiquet Pedro per discípul, y que confiabe que en poc tems adependríe la paleta de la Jesús. En aixó sen va aná la mare, y ell se va quedá a la classe.

Aquell primé día y los dos siguiens no va fé mes que repetí los noms de les lletres com los anáen dién en veu alta los atres chiquets; pero lo cuart va preguntá al mestre si ñabíen mes lletres que aquelles; y com li va di que no, va torná a preguntá si als llibres que lligíen los chiquets adelantats ñabíen unes atres, y contestán lo mestre que ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro:

ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro

- Pos si es aixina en adependre yo estes lletres ya sabré tot lo que hay de sabé per ara.

- No, fill, va contestá lo mestre; perque después se han de ajuntá unes en atres pera formá les palaures.

- Pero en fin, va replicá Pedro, en estes se han de compondre totes.

- Sí, va di lo mestre.

- Pos be, va continuá lo chiquet: esta tarde me donaréu llissensia pera no vindre a escola, y demá tos demanaré un favor, que si mel feu, ni yo me trauré de está aquí cridán tantes hores matí y tarde, ni vosté tindrá que fé mes que dim lo que li pregunta. Li va otorgá lo mestre lo que demanáe; y aquella tarde va pendre una viola de sons yayos mich asclada y sense claus, la va desfé, va pegá a les dos taules per un costat un papé blang y sen va aná cap al tallé de un fusté. Li va demaná una regla, un llapis y una serreta fina, y tirán línies de dal a baix y de crusat a les taules, les va serrá les dos y va fé de vintissís a trenta tablilles cuadrades, les va ficá a la capucha del gabán, y sen va aná a amostrálesi a sa mare diénli que demá voríe en qué paráe alló.

En son demá per lo matí va aná a escola y va demaná al mestre que li escriguere a cada tablilla una lletra; después li va rogá que les embutiguere per orden a un filferro passanlo per un foradet que teníen, y fet tot per lo mestre li va doná les grassies y va di:

- Ara, siñó mestre, ya me avindré yo en estes lletres, perque les sé de corregut y ne coneixco o conec mol poques. Doneume llissensia y men vach a casa.

Dos díes va está a casa donán voltes a les tablilles y mirán de cuan en cuan una paleta del A. B. C., que teníe penjada a la paret, al cap dels dos díes li va di a sa mare: 

- Ya coneixco les lletres; vingue en mí a escola y vorá que no la engaño. Van aná a la escola, va fé lo mestre la proba y no ne va errá cap.

Va quedá espantat lo mestre; los chiquets lo miráen encantadets y sa mare estáe embargada de goch. Va corre la notissia al poble, y tots selebráen lo ingenio del chiquet Pedro de la pubilla, escomensán algúns a dili desde entonses Pedro Saputo, que al dialecto antic del país volíe di Pedro lo sabut; nom que se li va quedá com a propi y ya no va sé conegut per atre.

Lo van ficá a deletrechá; y fenlo escriure a un papé les sílabes soltes a un costat, y al atre lo vocablo que componíen, en sing díes va adependre a llichí, habense perfecsionat del tot en catorse desde lo primé en que va aná a escola.

Lo burro mort.

Original en castellá:

Capítulo IV.
De cómo Redro Saputo fue a la escuela.

Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: - Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. - Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. - Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.
- Mirad, madre mía: la escuela es pan muy duro y sin buenos dientes no se puede morder. Hanme caído los primeros, tengo todos los segundos, y fuertes, y puedo morder y comer el pan de la escuela que como he dicho es muy duro y áspero, y no debe darse a niños mientras son tan tiernos. Todos lloran, todos lo sienten mucho, todos andan acontecidos y se paran flacos, enatizos y entecos de sujeción y apocamiento, y no adelantan nada o están en las primeras letras que llaman tantos años, que sólo por ser cosa ordinaria no es gran vergüenza para ellos y para los maestros. Yo a la verdad, no sé bien lo que son las letras; pero me parece que en poco tiempo he de alcanzar y pasar a ese Agustinico y a todos los que hace tres o cuatro años que van a la escuela. Ahora vamos a dormir, y mañana veréis a tu hijo comenzar a ser hombre y serlo muy aprisa, a lo que me da el corazón. Su madre le miraba y lloraba de gozo, y dando gracias a Dios se acostó y ni pudo dormir de alegría como había dicho.
Se hizo de día, y mucho antes la buena madre tenía la luz en sus ojos con el acontecimiento de pensar en la resolución de su hijo. Levantóse, y cuando tuvo hecho el almuerzo, fue a despertar al niño Pedro, el cual le pidió la ropa de los días de fiesta diciendo que aquél era muy grande para él. - Y para tu madre también, contestó ella. Y le sacó el vestido más nuevo y mejor; después que hubo comido un plato de migas y sin querer tomar otra cosa dijo a su madre que le acompañase para decir al maestro que le entregaba a su potestad y gobierno.
Fueron a la escuela, y la madre dijo al maestro que le llevaba y presentaba su hijo Pedro; el cual hasta aquel día no había tenido a bien comenzar la escuela porque quería crecer y hacerse fuerte. El maestro se rió y respondió que admitía con gusto al niño Pedro por discípulo, y que confiaba que al poco tiempo aprendería la paleta de la Jesús. Con esto se fue la madre, y él se quedó en la escuela.
Aquel primer día y los dos siguientes no hizo sino repetir los nombres de las letras como los iban diciendo en voz alta los otros niños; pero el cuarto preguntó al maestro si había más letras que aquéllas; y como le dijese que no, tornó a preguntar si en los libros que leían los niños adelantados eran otras, y contestando el maestro que ni en aquellos libros ni en todos los del mundo había más ni otras letras que aquéllas, dijo el niño Pedro: - Pues en este caso en aprendiendo yo estas letras ya sabré todo lo que hay que saber por ahora. - No, hijo, respondió el maestro; porque después se han de juntar unas con otras para formar los vocablos. - Pero al fin, replicó Pedro, con éstas se han de componer todas. - Sí, dijo el maestro. - Pues bien, continuó el niño: esta tarde me daréis licencia para no venir a la escuela, y mañana os pediré un favor, que si me lo hacéis, ni yo me sacaré de estar aquí voceando tantas horas mañana y tarde, ni vos tendréis que hacer más que decirme lo que os pregunte. Otorgóle el maestro lo que pedía; y aquella tarde tomó una vihuela de sus abuelos medio rota y sin clavijas, la deshizo, pegó a sus dos tablas por un lado un papel blanco y se fue al taller de un carpintero. Llegado, pidió una regla, un lápiz y una sierra fina, y tirando líneas de alto a bajo y de cruzado en las tablas, aserrólas ambas e hizo de veintiséis a treinta tablillas cuadradas, echóselas en la capilla del gabán, y se fue a enseñarlas a su madre diciéndole que mañana vería en qué paraba aquello.
Al día siguiente por la mañana fuese a la escuela y pidió al maestro que le escribiese en cada tablita una letra; luego le rogó que las metiese por orden en un hilo de alambre pasándolo por un agujerito que tenía, y hecho todo por el maestro le dio las gracias y dijo: - Ahora, señor maestro, ya me avendré yo con estas letras, porque las sé de coro y conozco muy pocas. Dadme licencia y me voy a casa.
Dos días estuvo en casa dando vueltas a las tablitas y mirando de cuando en cuando en una paleta del A. B. C., que tenía colgada en la pared, al cabo de los cuales dijo a su madre: - Ya conozco las letras; venid conmigo a la escuela y veréis que no os engaño. Fueron a la escuela, hizo el maestro la prueba y no erró ninguna.
Quedó espantado el maestro; los niños le miraban elevados y la madre estaba embargada de gozo. Divulgóse la noticia en el pueblo, y todos celebraban el ingenio del niño Pedro de la Pupila, comenzando algunos a llamarle desde entonces Pedro Saputo, que en el dialecto antiguo del país quiere decir Pedro el Sabio; nombre que al fin le quedó como propio no llamándole nadie ni siendo conocido por otro.
Pusiéronle a deletrear; y haciéndole escribir en un papel las sílabas sueltas a un lado, y al otro el vocablo que componían, en cinco días aprendió a leer, habiéndose perfeccionado del todo en catorce desde el primero en que fue a la escuela.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 14. Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Capítul XIV.

Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel; Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Solíe di que preferíe enemics espabilats que amics apamplats. 

Díe que en general tots los homens són bons y tots roíns, perque no los ham de demaná lo que no poden doná, ni voldre que obron com no los convé encara que igual entenen mal esta conveniensia. 

Y en cuan a la justissia, que o no la coneixen en los casos que obren mal, o que no saben lo que val.

Li van preguntá una vegada, quins homens eren los mes perjudissials, y va contestá que los envechosos. Se van admirá de esta resposta, y van voldre sabé lo que sentíe dels lladres, assessinos y datres; y va di, que dels primés, lo envechós pegue en lladre, y per enveja escomensaben a sé roíns; que los atres són uns miserables, ignorans, soques y mal encaminats per uns atres com ells, o perduts per la mala educassió cuan eren chiquets y mossos; pero que al final, tart o pronte se fa justissia. Pero que lo envejós o la envejosa es un verdadé malsín, lo traidó per naturalesa, lo animal propiamen dit, contra qui no ña cástic a les leys ni a les costums, per al mal que cause en general y en particulá, que es mes que lo que mos ve de totes les demés classes juntes de homens perversos y malvats. Que la enveja ha causat mes trastornos al món que la codissia y la ambissió juntes, si no es que la ambissió sigue un nom dorat pera la enveja. Pero que sin embargo podíen alguna vegada, y de particulá en particulá, produí un be paregut al de les cagarrines y colics al cos humano, que si no són frecuens ni mol graves, fan al home templat y sobrio.

Tamé díe moltes vegades que la avarissia no habíe eixecat cap casa; y sí moltes lo orden y la economía.

Díe que los mes grans enemics del be del home solen sé la vanidat y la dropina. La vanidat perque gaste mes de lo que pot y se arruine o diu mes de lo que deu y cau en grans inconveniens; y la perea, la dropina, perque va detrás de les estassions al tems, de la saó als negossis, dels fets als acontessimens, dixansu vindre tot damún, hasta que li cau la casa y acabe a les seues ruines, enrunat y arruinat, o fuch espantada y no trobe aon fotres, pobra, falta de consell y aburrida.

Díe que la tontería es mal incurable (només cal vore a Carlos Rallo Badet) y códul al que sempre se entropesse; y que los tres mes grans traballs que pot passá un home són viure en imbessils, tratá en embusteros y viachá en un cobart (Julio Micolau de La Fresneda fa les tres coses, que pareix lo gos de Quintaneta).

Lo influjo de la imprenta y la aplicassió de cadaú guiada y exitada per los sabuts, díe que lo faríen home al món, perque hasta ara (al seu tems) encara no habíe eixit de chiquet.

Creíe que los homens may habíen sigut millós, sino que a uns atres tems van tindre menos leys y menos sossiedat, y així menos juissi y censura de les seues acsions; pero que la sossiedat se habíe anat constituín milló, encara que no be del tot.

Segons ell, los homens del seu tems no enteníen lo comers, la agricultura, les arts, ni les siensies, perque li pareixíe que no veíe mes que torpesa, casualidat, charlatanisme y miseria.

Cuan se va sabé la seua ressolusió de casás li van preguntá, cóm sén tan sabut caíe an esta vulgaridat. Y va contestá: no es vulgaridat casás, perque es seguí la naturalesa, sino casás mal per interés o per mera y sola raó de nom, y queixás después, o condená lo matrimoni y parlá mal de les dones.

Abans de coneixe a son pare díe que donáe grassies a Deu perque no lay habíe dixat coneixe, pos habíe vist mols chiquets de qui no li penaríe sé pare, y pocs homens de qui voldríe sé fill. 

Pero cuan va trobá a son pare, va plorá de pena de no habél conegut desde la cuna. Y sobre lo seu apellit va contestá a don Vicente, son germá de Morfina, que li va preguntá si estáe orgullós de ell: ya me pareixíe a mí que no podíe escapá de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, perque estos linajes són com los vileros que a tota vila se troben.

Com habíe tratat en flares y monges y los coneixíe mol be, díe que an aquells los faltabe un voto, y an estes nels sobraben dos. 

Pero no explicabe mes, y no sabem quins votos eren eixos.

Per tres coses (díe) donaría yo la vida: per la religió que professo, per ma mare y per lo meu poble. Li van preguntá una vegada que acababe de di aixó, si la donaríe per lo Rey; y va contestá que no enteníe la pregunta.

Solíe di que en general la primera nessessidat de les dones es parlá; la segona murmurá de atres, y la tersera, sé adulades.

La perea als jovens, la desautoridat als agüelos, la vanidat a les fees, y casá a un home baixotet en una dona alta, díe que són cuatre pecats iguals, contra natura.

Recomanán la frugalidat solíe di: carn una vegada al día, y eixa a 

l'olla o rostida. Y condenán la tacañería als plats: lo milló dols es la mel, lo milló coc, lo bon pa, lo milló licor, lo bon vi, y lo milló guiso, lo mes curtet y simple.

Díe que ñabíe cuatre coses que lo ficaben a pun de alferessía: taula menuda, llit curt, mula pesada, y navalla sense esmolá.

Cuatre que li omplíen l'alma de rissa: una agüela en flos, un home gurrumino, un predicadó de mal ejemple, y un flare o retó fenli la roda a una dama.

Y cuatre que li féen portá la má a la espasa:

engañá a un sego, feli la burla a un agüelo, un home peganli a una dona, y un fill maltratán a son pare o a sa mare.

Están a Sevilla li van brindá si volíe aná a vore a una poetisa que componíe sonetos, églogues de pastós y atres poemes; y va contestá que sí, pero que li habíen de di en tems lo día y la hora perque volíe preparás.

- ¿Quína preparamenta nessessitéu?, li van preguntá, y va di:

purgám y llimpiá be la pancha, y después péndrem un elixir que sé fé yo en gitam, mol espessial contra los vomits y la fluixera de ventre.

Entre les sentensies dels antics la que mes li agradáe ere aquella de Virgilio: Felix qui potuit rerum cognoscere causes. "dichós, felís, lo que alcanse a coneixe les causes de les coses»; aixó es, a la naturalesa.

Y de ell la sentensia mes sélebre es esta: que lo mol resá a ningú ha fet san, ni lo mol lligí sabut (només cal vore a Moncho), ni lo mol minjá ressio y fort.

Moltes atres dites y sentensies se li atribuíxen; pero o són mol vulgás, o sels vol doná autoridat en lo seu nom. Y així mateix se conten de ell diferens fets que de cap manera corresponen al consepte que lo seu gran talento y máxima prudensia mereixen.

Yo estic convensut de que així los dits com los fets que corren com si foren seus y són tan indignes de la seua discressió y sabiduría, perteneixen al fals o apócrifo Pedro Saputo, a qui los de Almudévar van fotre fora a gorrades y en raó del seu poble, tan malparat lo malparit, y que, com ham dit, ere un acsiomo, un dropo, gat, torpe, indessén, (algo paregut a Mario Sasot Escuer, lo de la revista de la franja del meu cul.)

Mario Sasot Escuer, capsot, franchista, la franja del meu cul

Lo fill de la pubilla va sé mol sobrio, mol fi, mol amable, persona de mol respecte, y tan gran en tot com se ha vist an esta verdadera historia de la seua vida.


Original en castellano:

Capítulo XIV.

Máximas y sentencias de Pedro Saputo.

Solía decir que más quería enemigos agudos que amigos tontos.

- Decía que hablando en general todos los hombres son buenos y todos malos, porque no les debemos pedir lo que no pueden dar, ni querer que obren como no les conviene aunque tal vez entiendan mal esta conveniencia. Y en cuanto a la justicia, que o no la conocen en los casos que obran mal, o que no saben lo que vale.

- Preguntáronle una vez, qué hombres eran los más perjudiciales, y respondió que los envidiosos. Admiráronse de esta respuesta, y quisieron saber lo que sentía de los ladrones, matadores y otros; y dijo, que de éstos mucha parte eran también envidiosos y por envidia comenzaban a ser malos; que otros son unos miserables, ignorantes, rudos y mal encaminados por otros como ellos, o perdidos por la mala educación en su niñez y mocedad; pero que al fin de todos ellos tarde o temprano se hace justicia. Mas que el envidioso es un verdadero malsín, el traidor por naturaleza, el animal propiamente dañino, contra el cual no hay castigo en las leyes ni en las costumbres, para el daño que causa en general y en particular, que es más que el que nos viene de todas las demás clases juntas de hombres perversos y malvados. Que la envidia ha causado más trastornos en el mundo que la codicia y la ambición juntas si no es que la ambición sea un nombre dorado de la envidia. Pero que sin embargo podían alguna vez, y de particular a particular, producir un bien parecido al de las indigestiones y cólicos en el cuerpo humano, que si no son frecuentes ni muy graves, hacen al hombre templado y sobrio.

- También decía muchas veces que la codicia no había levantado ninguna casa; y sí muchas el orden y la economía.

- Decía que los mayores enemigos del bien del hombre suelen ser la vanidad y la pereza. La vanidad porque gasta más de lo que puede y se arruina o dice más de lo que debe y cae en grandes inconvenientes; y la pereza, porque va detrás de las estaciones en el tiempo, de la sazón en los negocios, de los hechos en los acontecimientos, dejándoselo venir todo encima, hasta que se le cae la casa y acaba en sus ruinas, o huye espantada y no encuentra donde meterse, pobre, falta de consejo y aborrecida.

- Decía que la necedad es mal incurable y piedra en que siempre se tropieza; y que los tres mayores trabajos que puede pasar un hombre son vivir con necios, tratar con embusteros y viajar con un cobarde.

- El influjo de la imprenta y la aplicación de cada uno guiada y excitada por los sabios, decía que harían hombre al mundo, porque hasta ahora (en su tiempo) aún no ha salido de niño.

- Creía que los hombres nunca habían sido mejores, sino que en algunos tiempos tuvieron menos leyes y menos sociedad, y así menos juicio y censura de sus acciones; pero que la sociedad había estado mejor constituida, aunque no bien del todo.

- Según él, los hombres de su tiempo no entendían el comercio, la agricultura, las artes, ni las ciencias, porque le parecía que no veía sino torpeza, casualidad, charlatanismo y miseria.

- Cuando se supo su resolución de casarse le preguntaron, cómo siendo tan sabio caía en esta vulgaridad. Y respondió: no es vulgaridad casarse, porque es seguir la naturaleza, sino casar mal por interés o por mera y sola razón de nombre, y quejarse después, o condenar el matrimonio y hablar mal de las mujeres.

- Antes de conocer a su padre decía que daba gracias a Dios porque no se lo había dejado conocer, pues había visto muchos niños de quien no le pesaría ser padre, y pocos hombres de quien quisiera ser hijo. Mas cuando encontró a su padre, lloró de pena de no haberle conocido desde la cuna. Y acerca de su apellido respondió a don Vicente, el hermano de Morfina que le preguntó si estaba muy vano de él: ya me parecía a mí que no podía escapar de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, porque estos linajes son como los gorriones que en todo poblado se encuentran.

- Como había tratado con frailes y monjas y los conocía muy bien, decía que a aquéllos les faltaba un voto, y a éstas les sobraban dos. Pero no explicaba más, y no sabemos qué votos eran éstos.

- Por tres cosas (decía) daría yo la vida: por la religión que profeso, por mi madre y por mi pueblo. Preguntáronle una vez que acababa de decir esto, si la daría por el rey; y respondió que no entendía la pregunta.

- Solía decir que en general la primera necesidad de las mujeres es hablar; la segunda murmurar de otras, y la tercera, ser aduladas.

- La pereza en los jóvenes, la desautoridad en los viejos, la vanidad en las feas, y casar hombre pequeño con mujer alta, decía que son cuatro pecados iguales contra natura.

- Recomendando la frugalidad solía decir: carne una vez al día, y ésa en la olla o asada. Y condenando la prolijidad en los platos: el mejor dulce es la miel, el mejor bizcocho, el buen pan, el mejor licor, el buen vino, y el mejor guiso, el más corto y simple.

- Decía que había cuatro cosas que le ponían a punto de alferecía: mesa pequeña, cama corta, mula pesada, y navaja sin filo. Cuatro que le regaban el alma de risa: una vieja con flores, un marido gurrumino, un predicador de mal ejemplo, y un fraile o clérigo haciendo la rueda a una dama. Y cuatro que le hacían llevar la mano a la espada: engañar a un ciego, burlarse de un viejo, un hombre pegando a una mujer, y un hijo maltratando a su padre o a su madre.

- Estando en Sevilla le brindaron si quería ir a ver una poetisa que componía sonetos, églogas de pastores y otras poesías; y respondió que sí, pero que le habían de decir con tiempo el día y la hora porque quería prepararse. 

- ¿Qué preparación necesitáis?, le preguntaron, y dijo, purgarme y limpiar bien el estómago, y luego tomar un elixir que sé yo hacer muy especial contra las náuseas y la flojedad del vientre.

- Entre las sentencias de los antiguos la que más le gustaba era aquella de Virgilio, Felix qui potuit rerum cognoscere causas. «Dichoso el que alcanza a conocer las causas de las cosas»; esto es, a la naturaleza.

- Y de él la sentencia que más se celebra es ésta: que el mucho rezar a nadie ha hecho santo, ni el mucho leer sabio, ni el mucho comer robusto y fuerte.

Muchos otros dichos y sentencias se le atribuyen; pero o son muy vulgares, o se les quiere dar autoridad con su nombre. Y asimismo se refieren de él varios hechos que de ningún modo corresponden al concepto que su gran talento y suma prudencia le ha merecido. Yo me persuado que así los dichos como los hechos que corren como los suyos y son tan indignos de su discreción y sabiduría, pertenecen al falso Pedro Saputo, a quien los de Almudévar echaron con razón de su pueblo tan malparado, y que, como hemos dicho, era un mentecato, un vago y un borracho torpe e indecente. El hijo de la Pupila fue muy sobrio, muy fino, muy amable, persona de mucho respeto, y tan grande en todo como se ha visto en esta verdadera historia de su vida.

miércoles, 1 de abril de 2026

Randa - Arrapar

Randa, s. f., fermeté, résolution, hardiesse, violence.

Randa, s. f., fermeté, résolution, hardiesse, violence


Er auiatz la randa
Col pres de la bela N' Alvira.
R. Vidal de Bezaudun: Unas novas.
Maintenant écoutez la hardiesse comme il la prit de la belle dame Alvire. 
Adv. comp. 
Aissi viu a randa,
A liurazon, a comte et a guaranda.
Bertrand de Born: D'un sirventes.
Ainsi il vit entièrement à ration, à crédit et à promesse.
Faitz es lo vers tot a randa.
B. de Ventadour: Lanquan vei.
Le vers est fait tout d'emblée.
Ilh m'a presentat a randa
Tot so qu' anava queren.
Matfre Ermengaud: Dregz de natura.
Elle m'a présenté aussitôt tout ce que j'allais cherchant.
Tan que s'an colcar a rranda 
De si dons.
T. de Folquet et de Giraud: Guirautz.
Tant qu'il s'aille coucher côte à côte de sa dame.
IT. Quivi fermammo i piedi a randa a randa. Dante, Inf., XIV.
CAT. Arranc. ESP. Arranque. (chap. Arranc, arrancs; arrancada, arrancades;  ressolusió, valentía, violensia.)
2. Randon, s. m., impétuosité, effort, traite, élan.
A batalha rengada vengron d' aital randon.
Guillaume de Tudela.
En bataille rangée ils vinrent de telle impétuosité.
Cant ac nadat un gran randon. V. de S. Honorat.
Quand il eut nagé une grande traite.
Adv. comp. Quan retornetz e 'ls feris a rando,
Pueis vos dopteron mais que grua falco.
Rambaud de Vaqueiras: Senher marques.
Quand vous vous retournâtes et les frappâtes tout à coup, puis ils vous redoutèrent plus que la grue le faucon.
Las regnas romp a un randon,
E vai derocar lo guarzon.
V. de S. Honorat.
Les rênes il rompt tout d'un coup, et va renverser le garçon.
Pueis gitatz la aut de rando. Deudes de Prades, Auz. cass.
Puis jetez la haut impétueusement.
Denfra son oratori s'en intret de randon.
V. de S. Honorat.
Dedans son oratoire il s'en entra subitement.
Grans IIII leguas duro en un rando.
Roman de Gerard de Rossillon, fol. 24.
Quatre grandes lieues ils durent d'une seule traite.
ANC. FR. D'un randon en tua plus de XL et VI.
Poëme d'Hugues Capet, fol. 22.
Le Franceiz point de grant randon. Roman de Rou, v. 9194.
Le sanc li saut à grant randon. Roman du Renart, t. 1, p. 239.
L'ESP. ne possède que l'adv. comp. de randon (randón). 
L'IT. fait aussi usage de cet adv. comp., et dit di randone.
3. Randonar, v., randonner, courir, s'empresser, aller avec impétuosité,
prendre un grand élan.
Drutz que s randona 
Ni es trop cochatz.
Giraud de Borneil: La flors.
Galant qui s'empresse et est trop hâté.
Part. pas. Fatz coma esparviers
Que s laissa quant a randonnat.
Bertrand de Born: Fuilhetas.
Tu fais comme l'épervier qui se désiste quand il a pris un grand élan.
S' el es randonat solamen,
E recueill sa presa soven.
Deudes de Prades, Auz. cass. 
S'il est randonné seulement, et recueille sa proie souvent.
ANC. FR. Tant com cheval lor porent randoner.
Roman de Gérard de Vienne, v. 689.
Si vout esperonant
As portes de Roen là vindrent randonant.
Roman de Rou, v. 3975.
Et Renart s' en vet randonant
Parmi les prez à grant esploit.
Roman du Renart, t. III, p. 193.
4. Randonada, s. f., randonnée, impétuosité, rapidité, vitesse.
Adv. comp.
Ar intreron payas una gran randonada. 
A la cambra el venc de tan gran randonada.
Roman de Fierabras, v. 4418 et 2785.
Alors entrèrent les païens (avec) une grande impétuosité.
Il vint à la chambre de si grande impétuosité.
ANC. FF. Diex! com cil qui le porte vient de grant randonnée.
Roman de Fierabras en vers français.

Randar, v., arranger, disposer, ajuster, préparer, border.
Quan caval non trai del pas
Ni calsas de fer non randa.
Bertrand de Born: Gent fai.
Quand il ne tire pas cheval du pas et n'arrange pas chausses de fer.
En ESP. randa signifie filet, et randado; orné de filet. Le verbe n'est pas 
2. Arandar, v., ajuster, disposer, préparer, arranger, border.
Agulh' e sed' e fil
Com se pusc' arandar.
Amanieu des Escas: En aquel mes.
Aiguille et soie et fil comment il se puisse ajuster.

Ranson, s. m., troupe, compagnie, bande, société.
Non es mieus lo senhal ni 'l ranson,
E non puesc luenh osteiar ses aver.
Bertrand de Born: Non estarai.
N'est mien l'étendard ni la troupe, et je ne puis guerroyer loin sans avoir.
CAT. Ranxo. ESP. Rancho. (chap. Lo rancho es lo minjá, per ejemple, de una compañía, tropa, banda, sossiedat. Juaquín Monclús está sempre preparat per al rancho.)

Joaquim Montclús, Joaquín Monclús, gordo, seboso, gort, gras, craso

Ranula, s. f., lat. ranula, ranule, sorte de tumeur qui vient sous la langue.
Extraccio de ranula de jos la lengua. Trad. d'Albucasis, fol. 22.
Extraction de ranule dessous la langue.
ESP. PORT. Ranula. (chap. Ranula, ranules : tumor, tumors, gaburro, gaburros que se fan daball de la llengua.)

Rap, s. m., lat. raptus, rapt, enlèvement, butin.
Fan raubador traina e rap.
En fai rap o tragina. 
Roman de Gerard de Rossillon, fol. 72 et 7.
Les voleurs font pillage et rapt.
Il en fait rapt et pillage.
CAT. ESP. PORT. Rapto. IT. Ratto. (chap. Rapte, raptes.) 
2. Rapina, s. f., lat. rapina, rapine, ravage.
Si cum es de furt e de rapina. Trad. du Code de Justinien, fol. 4.
Ainsi comme est de vol et de rapine.
Auzels de rapina. Eluc. de las propr., fol. 51.
(chap. Muixons de rapiña, cassadós, com los del llibre de Deudes de Prades.)

Libre de caça. Libre de animals de casar; esparver, esparvé, esparbé, Sperber

Fig. Selh amor viu de rapina. Marcabrus: Dirai vos.
Cet amour vit de rapine.
Loc. Ela sap trop de rapina.
T. de Bernard et de Gaucelm: Gausselm.
Elle sait trop de rapine.
CAT. ESP. (rapiña) PORT. IT. Rapina. (chap. rapiña, rapiñes; v. rapiñá : rapiño, rapiñes, rapiñe, rapiñem o rapiñam, rapiñéu o rapiñáu, rapiñen; rapiñat, rapiñats, rapiñada, rapiñades; rapiñaré; rapiñaría; si yo rapiñara.)
3. Rapatz, adj., lat. rapax, rapace, avide.
Ribautz rapatz que fan vilmens
Totz faitz, cant an loc e sazos.
Nat de Mons: Al bon rey.
Ribauds rapaces qui font vilainement toutes actions, quand ils ont lieu et saisons.
Lop... bestia es mot rapacia. Eluc. de las propr., fol. 254.
(chap. Lo llop es una bestia mol rapás : cassadora.)
Le loup... est bête moult rapace.
ESP. Rapaz. IT. Rapace. (chap. Rapás, rapassos.)
4. Raptor, s. m., lat. raptor, ravisseur.
Dona al raptor espaci de fugir. Eluc. de las propr., fol. 260.
Donne au ravisseur espace de fuir.
CAT. ESP. PORT. Raptor. IT. Rattore, rapitore. (chap. Raptor, raptors; raptó, raptós, raptora, raptores.)
5. Rapayre, s. m., ravisseur.
Esparvie dit autrament... accipiter en lati, que vol dire rapayre.
Eluc. de las propr., fol. 141. 
Épervier dit autrement... accipiter en latin, qui veut dire ravisseur.
6. Rapacitat, s. f., lat. rapacitatem, rapacité.
Vostra cautela sia major que la vostra rapacitat. Trad. d'Albucasis, fol. 12.
Que votre finesse soit plus grande que la votre rapacité.
CAT. Rapacitat. ESP. Rapacidad. PORT. Rapacidade. IT. Rapacità, rapacitate, rapacitade. (chap. Rapassidat, rapassidats.)
7. Rapar, v., lat. rapere, ravir, prendre, saisir, enlever.
Aygla ha... unglas mot agudas per sa preza forment rapar.
Eluc. de las propr., fol. 141.
L'aigle a... ongles moult aigus pour sa proie fortement saisir.
Qu' el diables no m rape. Leys d'amors, fol. 142.
Que le diable ne m'enlève pas.
Fig. Que naturals vicis no t rape. Leys d'amors, fol. 27.
Que naturel vice ne te saisisse pas.
Substantiv. Per lo rapar que fan. Leys d'amors, fol. 128.
Pour le ravir qu'ils font.
Part. prés. subst. Coloms... quan vezo los rapans en l'ayre, si apauzo en terra.
(chap. Los coloms... cuan veuen los rapassos al aire, se posen anterra.)
Eluc. de las propr., fol. 139.
Les colombes..… quand elles voient les ravissants en l'air, se posent à terre.
Part. pas. Per ela so rapadas et devoradas. Eluc. de las propr., fol. 256.
Par elle sont saisies et dévorées.
CAT. ESP. PORT. Rapar. IT. Rapire. (chap. Rapá : atrapá, pessigá, agarrá, pendre o prendre.)
8. Rabina, s. f., ardeur, impétuosité, rapidité.
Mosqueta es tant rabineira,
C' ab so que pren vai la carreira,
E pert se pueis per sa rabina.
Deudes de Prades, Auz. cass.
L'émouchette est si pétulante, qu'avec ce qu'elle prend elle poursuit sa carrière, et se perd après par son ardeur.
ANC. FR. Et li jaians par tel ravine
Le fiert.
Roman de la Violette, p. 229.
Les larmes de son cuer corrent de tel ravine 
Que ses mantiaux en muelle et ses blianz d'ermine.
Un Trouvère Anonyme: Un novel. Ms. 1989, c. 63.
9. Rabinaire, adj., emporté, ardent, impétueux.
Qui fort es rabinaire
No sap ni no s pot estraire
Qu' ans termini non repaus.
Giraud de Borneil: S' es cantars.
Qui fort est emporté ne sait ni ne peut s'empêcher qu'avant terme il ne repose. 
10. Rabinier, adj., impétueux, rapide, emporté, pétulant.
Per bosc deve rabinier,
E per boissos deve ratier.
Deudes de Prades, Auz. cass.
Dans le bois il devient impétueux, et dans les buissons il devient capricieux. 
L' aiga qu' est rabineira n' a negat. Guillaume de Tudela.
L'eau qui est impétueuse en a noyé.
11. Rabeg, Rabey, Rabeh, s. m., courant, torrent, rapidité.
Lo peysso que se bagna e se noyriss el rabeg de las aygas.
V. et Vert., fol. 66.
Le poisson qui se baigne et se nourrit au courant des eaux. 
Oltra Saina, l' aigua, latz lo rabeh... anetz.
Roman de Gerard de Rossillon, fol. 19.
Au delà l'eau (la rivière) de Seine, à côté du courant... il alla.
Lo sanc de gran rabey ne chay e mieg lo prat.
Roman de Fierabras, v. 1647.
Le sang avec grande rapidité en tombe au milieu du pré.
12. Arrap, s. m., déchirure, égratignure.
Fig. S' ieu de mi dons aic ren d' arrap,
No 'l vuelh tortz ni drey contendre.
Raimond de Miraval: Selh cuy.
Si de ma dame j'eus rien d'égratignure, je ne lui veux tort ni droit débattre.
13. Arrapar, Arapar, Arrabar, Arabar, v., lat. arripere, enlever, arracher, 
saisir, prendre.
Me sove que tot cant es arrapa. Leys d'amors, fol. 20.
Il me souvient que tout ce qui est il arrache.
Si bufaran tan aspramens
Que los arbres arabaran.
Trad. de l'Évangile de Nicodème.
Ils souffleront si rudement que les arbres ils arracheront.
Arabon li las vielhas plumas. Naturas d'alcus ausels.
Lui arrachent les vieilles plumes.
Lau que la lenga l' arap
Que mais fol motz no ill escap.
Rambaud d'Orange: A mos vers.
J'approuve que la langue il lui arrache (afin) que davantage mot extravagant ne lui échappe.
Encaras mens pot venir a bon cap,
Ab vil femna, que tot ben no l' arrap.
Serveri de Girone: A greu pot.
Encore moins peut-il venir à bonne fin, avec femme vile, de manière que tout bien elle ne lui enlève.
Fig. Arrabon del cor... IIII malas razitz de horguelh. V. et Vert., fol. 50.
(chap. Arrenquen del cor... cuatre males arraíls d'orgull.) 
Arrachent du coeur... quatre mauvaises racines d'orgueil.
ANC. FR. Le suppliant arapa ledit Pierre au col et lui donna de la canivete ou coustel qu'il tenoit en sa main.
Lett. de rém. de 1456. Carpentier, t. 1, col. 306.
- Attraper.
Aissi tendon lur trapa
Ab falses trudetz,
Ab que quascus s' arrapa.
Germonde de Montpellier: Greu m' es.
Ils tendent leurs trappes avec de faux piéges, avec quoi chacun s'attrape. 
CAT. ANC. ESP. Arrapar. (ESP. MOD. atrapar) IT. Arrappare.
(chap. Atrapá, pessigá, agarrá, pendre o prendre, capturá a una ratera o trampa com la lloseta y la culla: atrapo, atrapes, atrape, atrapem o atrapam, atrapéu o atrapáu, atrapen; atrapat, atrapats, atrapada, atrapades; atraparé; atraparía; si yo atrapara.)

lunes, 29 de julio de 2024

4. 5. Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Capítul V.

Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Jaime II de Aragón, el Justo, Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Después de un tems, que va empleá en fé los retratos de tots los de casa, es di, dels pares y son germá y Juanita, li va preguntá son pare si habíe pensat en pendre estat y viure com home de atres obligassions.
Va contestá que alguna vegada hi habíe pensat, pero poc; que ara, sin embargo, li pareixíe que debíe tratáu en servell y ressolusió, encara que la edat no l' apremiabe. Li va manifestá entonses son pare que així ell com sa mare dessichaben vórel casat; y cuan u determinare, va di, aquí ting encara la lista que vach fe pera ton germá de totes les donselles que a la terra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me va pareixe que ñabíen. Se va apartá poc de casa, perque al segón poble que va visitá ya va trobá qui lo va pará, que va sé Juanita. Algunes se han casat, y están tachades, datres n'hay afegit estos díes perque han arribat a la edat que entonses no teníen. Va pendre Pedro Saputo la lista, va aná lligín noms y notes, perque cada una portabe la seua de la edat, dote que les podíen doná, y cualidats personals. Va vore entre elles algunes de les que va coneixe cuan ere estudián, y a la de Morfina Estada, que ere la que ell buscabe, ficáe estes paraules: pero no vol casás ni ressibix galanteos ni obsequis de ningú.

Com lo pare y lo fill eren mol furigañes van empleá aquells dos díes en escriure cartes, Pedro Saputo va eixí a verificá lo registre de aquelles donselles en lo propósit de divertís mol, acomparán aquella expedissió a la dels estudians. Per de pronte y abans de voren a cap, eren tres les que li ocupaben lo pensamén: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera teníe lo mérit de habél vullgut en molta constansia, y de habé dit mil vegades publicamen que per Pedro Saputo despressiaríe al mes gran príncipe del món en lo seu cetro y la seua corona real. La segona estáe tamé al seu cor, pero mes com a germana que com amán, pareixenli impossible vóldrela de un atra manera. Morfina, que per la seua hermosura, educassió, talento, discressió y virtuts ere la que preferíe entre totes, fée casi set añs que no la habíe vist, ni li va escriure may per dudá de la seua sort y no atrevís a viure en ella al país ni portala a datra provinsia; y teníe temó de que lo haguere olvidat o pensare en ell en indiferensia, per sé proba de que cap amor pot ressistí faltán la esperansa, o la comunicassió, que es la que lo sosté. Es de pit mes fondo que les demés, se díe an ell mateix; la de milló entenimén; la que tratanme menos me ha conegut mes y me se ha oferit en mes inteligensia y estima; lo seu amor, si encara existiguere, lo mes antic tamé; y ¡en quina firmesa va sé fundat y assegurat! ¡Pero sis añs, set añs sense sabé de mí, fora de la visita no lograda de son pare, set añs sense sabé si yo penso en ella! Ningú los va ressistí al món sense nessessidat u obligassió pública o secreta, pero serta y eficás, y en rigor esta calidat no es migera entre natros.

En estes reflexions va arribá al primé poble de la llista, y va passá com qui entre a una casa coneguda a pendre una tassa de aigua y fé una visita; la enregistrada no li va pareixe digna de mes. 

Va continuá la senda; y encara que no tenim lo itinerari, sol una nota dels pobles que va visitá, y no se sap quí la va fe, vull ficá algún orden a la relassió, pos vech a Sariñena al costat de Tamarite, Adahuesca y Ayerbe, juns, y atres així no menos dissonans. 

Vull escomensá per Sariñena, ya que la hay nomenat primé.

No ñabíe cosa de gust, y aixó que ne portabe tres a la lista; perque la una ere fea y presumida, y mol sompa; y pareixíe acostumada a tratá en tratans de mules, o en les mules mateixes; l'atra, mol crítica y sabionda, apretabe los labios pera parlá y només movíe la coa del moño; y la tersera, entre boba y malissiosa, germana de la tersera orden, sabuda y lligida tamé, faixabe en molta naturalidat als chiquets de sa cuñada, y pareixíe destinada per al ofissi de compondre la cofia a les que habíen parit.

Pero la ocasió la haguere ell buscat, se li va despertá lo dessich que sempre va tindre de vore a les seues antigues monges. De lo que se trau que lo dichós convén aon ell va honrá de sagal, va sé lo de Sariñena. Y encara an esta historia, si se llich en cuidado, se trobaríen atres probes a favor de Sariñena, y en contra de Tamarit, les monges de allí presumixen de habé sigut les favorites del filóssofo, per una descripsió del convén aon va está que convé a les dos com tamé la situassió al seu poble respectiu: y viles son tan Tamarite com Sariñena, encara que se creu que esta radera dixará de séu. Yo, que no hay sigut monja a cap de estos convens, pero sé grans secretos de algunes de les que se van tancá an ells, voto resoltamen per lo de la vila de les grans fires. Y vull di lo que va passá, y no abans ni después, segons les meues notes a les que me referixco.

Se va encaminá, pos, cap al convén. Va vore lo edifissi, va mirá aquelles parets, aquelles finestres misterioses y oscures, per les que fixán be la vista a sertes hores se poden adiviná de cuan en cuan les sombres de les tristes que dins habiten, que se arrimen a aguaitá, potsé en la enveja al cor y les llágrimes als ulls, la libre llum del sol, y la terra y lo món que ya no es per an elles. Y va di: dins están: ¿cóm les trobaré después de tans añs? ¡Cóm han de aguardá esta visita! ¿Qué passará cuan me veiguen? Estáe ya prop de la porta y va aturá lo pas. Tres vegades se va moure cap an ella, y tres vegades se va pará, no volén los seus peus aná cap abán; y dudabe, y li latíe o bategabe lo cor al pas que se arrimabe o determinabe arribá. Pareixíe que acabare de lligí lo falso billet de Juanita a Saragossa. Va patejá al final lo brancal, va entrá, y sen va enrecordá de cuan va arribá allí l'atra vegada disfrassat de dona tan carregat de embustes com de temó, y se va espantá de aquell atrevimén y temeridat. Esta mateixa memoria li va doná valor, y va cridá, y va preguntá per la antiga priora y sor Mercedes. Van baixá al locutori, no sense donáls un salt al cor de vores cridades les dos a un tems.

Les va saludá en naturalidat y les va entregá un papé que díe: 

"Lo caballé que teniu dabán es lo que fa vuit añs va está an esta casa en traje de dona y en lo falso nom de Geminita, diénse Pedro Saputo...» Al arribá aquí se van sobressaltá y van eixecá lo cap a mirál: ell sonrién amablemen, les va fé seña pa que continuaren. Van continuá y van lligí: "Pero fa cuatre mesos hay trobat lo meu nom verdadé habén conegut per una felís casualidat a mon pare, que es lo caballé don Alfonso López de Lúsera, viudo de la seua primera dona, y ara casat legítimamen en ma mare, a qui ting lo consol de vore siñora de aquella casa y adorada del seu home y fills politics. Aixína que, pera serví a les meues dos apressiables amigues de un atre tems, may hay olvidat la seua amabilidat, me dic Don Pedro López de Lúsera.»

Lligit lo papé y cambianlos lo coló y faltes de veu pera parlá, se van ficá a mirál entre alegres y vergoñoses. Sels caíen los ulls an terra, y no sabíen qué fé ni qué di. Ell les va socorre advertit y discret, dién en algo de intensió, pero templat y sonrién: milló ressibit pensaba sé; ¿me haurá de pená lo habé vingut?... ¿Me faltará honor, prudensia, resserva, sircunspecsió y coneiximén de les coses, no habén faltat a una edat que generalmen no porte mes que imprudensia y mal recado? Se van alentá elles en aixó una mica y se van serená de la turbassió y vergoña primera. Pero ¡oh, lo que aquell ratet van patí! Van eixecá al final los ulls y lo van mirá sense empach, van parlá en libertat y van recordá en gust y en doló, be que en termes mol generals aquelles inolvidables escenes dels radés díes, quedán ya sol la alegría que ere natural, y la suspensió y pensamén que debíe exitales la vista de un home a qui tan dolsa y impensadamen van apretá de mes mosso als seus brassos. 

Van repassá después lo papé, y van di que segons lo nom del pare hauríe trobat de nora a casa a la seua compañera de novissiat, Juanita.

- Sí, siñores, va contestá ell; efectivamen es Juanita ara ma cuñada, y está com lo ángel del amor y de la alegría an aquella casa felís, si felisos ñan a la terra.

Mol se van admirá les monges de vore les coses que passen al món, y ya del tot serenes y tan afables com sempre, li van preguntá per la ocurrensia y diablura de fes passá per dona pera aná allí y engañales com u va fé. Ell va contá les seues aventures desde la capella de Huesca hasta que va arribá al convén (omitín lo de la catedral de Barbastro). 

- Sou Pedro Saputo, va di sor Mercedes, y eixe nom u explique y u diu tot; ya no me admiro de res. Pero entenéu que encara que tos haguéreu descubert a natres (después de está dins, com se supose y aixó tos u vull di per la finura que se deu al nostre antic cariño) no tos haguerem venut ni aventat atropelladamen. Ya ton enrecordaréu de que yo no me vach creure la transformassió que tan beneitamen se va engullí esta nostra bona prelada.

- Es verdat, va contestá ella; yo ya se veu que mu vach tragá... 

Tan be va sabé lo siñó fingíu ...

- Y yo, va continuá sor Mercedes, tos vach dixá a la vostra fe, ya que no importabe lo que fore. Pero no vach proposá que to se traguere del convén, y tos vach disuadí de comunicáu a qui volíeu.

Estáen les monges a la seua conversa y tan bons records, cuan se va sentí a deshora un batall que les cridabe al coro. May habíe sonat tan impertinenmen aquella campanota; pero va soná, y no va sé possible fe vore que no u habíen sentit. Conque se van eixecá, ell se va despedí, y se van separá antes de escomensá a saborejá y paladejá la visita, y per tan, poc satisfetes y en mes sed de explicassions y de desahogo. Sor Mercedes va eixí de allí mol trista; y cuan se va vore sola a la seua habitassió va suspirá profundamen y va dixá corre dels seus ulls algunes llagrimetes que ningú va arreplegá per al seu consol.

Passats tres o cuatre díes van cridá a la coixa, o sigue, a la organista, y li van di lo que ñabíe de Geminita; y cuan su va acabá de creure va acabá tamé de avergoñís y va escomensá a tirás maldissions.

- ¡Desburrá a Pedro Saputo!, li díen les atres en sorna y una caidica que la cremáe. Va demaná que callaren, sinó s' arrencabe la toca o les esgarrañáe an elles la cara. Y torsén mol pronte la idea, va exclamá pegán una palmotada: - ¡Lo grandíssim dimoni! ¡Conque ere home! ¡Mira per qué yo lo volía y me agradáe tan! ¡Ah, no habéu sabut! ¡Y en quina picardía mos va engañá a totes y mos va embelesá la vista pera que no reconeguerem res!... Sí que es verdat; home, home ere; ara me ve al cap. ¡Ah, tonta de mí! ¡Tantes ocasions que vach tindre!... Pero no tos perdono, siñores mares, lo no habem cridat pera vórel. ¡Qué pincho, pito, majo, quin caballé deu está fet! Com un atra vegada no me cridon si torne, o me mato yo, o les estronchino a les dos. Mol sen van enriure les dos amigues de sentí desatiná a la coixa. Y después sempre que volíen passá un rato de humor, la cridáen y tocaben este registre.

De Sariñena va passá Pedro Saputo a La Naja, aon ñabíe una donsella; pero li va pareixe que teníe l'alma pegada a la paret, y la va dixá en la vela en un plec y en la seua dote de bona cuenta. 

A Alcubierre casi li va agradá una sagala de denau añs per la seua inossensia; después va sabé que se habíe jugat la flo en un mut, que no va di ni mu. Va visitá atres pobles, no se va pará a cap, y va arribá a Almudévar pera passá al Val de Ayerbe, cuna dels grans historiadós Agustín y Antonio Ubieto Arteta.

Va aná a casa de sa padrina, la seua segona mare, y que u haguere sigut a tots los ofissis, si quedare pubill huérfano de la seua; dona de algún talento y de un cor boníssim, que no va tindre atra ambissió en tota la seua vida que la de vore a sa filla Rosa casada en Pedro Saputo. Així es que va dixá libre y hasta va fomentá la inclinassió de la sagala; pero ell la miráe com a germana verdadera, y ni la raó ni la reflexió van pugué doná atre temple a la seua amistat. Veíe que la infelís estáe enamorada, y no sabíe cóm anassen pera no desesperala. 

Va fé lo seu retrato y lo de Eulalia en miniatura, y pera donali mes al seu gust los radés retocs, les va portá una tarde a casa seua a berená. Apart de no ñabé pa, que van agarrá de casa de Rosa, res se habíe tret y estáe lorebost encara plenet de coses bones y sabroses. 

Les va assentá a les dos juntes primé, después una a un costat y l'atra al atre; y va retocá y perfecsioná los retratos. Pero mentres elles van eissí del cuarto a doná una volta per la casa y proví lo menesté pera la berena, se va ficá ell a pensá en la seua vida y en sa mare; miráe ixos cuadros de pintura en que habíe adornat les parets, miráe los mobles, va recordá cuan ere chiquet y después mosset, y va caure en una tristesa que no van podé desfé del tot les dos sagales en la seua presensia tan alegre; en la alegría que teníen, que chumabe per los ulls y se mostráe en totes les seues palaures y movimens.

- ¿Qué tens?, li va preguntá Eulalia al cap de un rato veénlo pensatiu.

- Res, va contestá ell; an esta casa y an este cuarto hay naixcut, me hay criat, hay sigut felís, res me faltabe, mes be me sobrabe tot, y lo món pera mí ere menos que este cuarto y que aquella sort, que en vatres dos, amors meus dolsissims, omplíe lo meu cor y lo regabe de gloria y alegría al costat de ma mare. 

- ¿Y qué penses tú, va di ella, qué has fet en aixó? ¡Pos mo se has mort, sí, mo s'has mort! Rosa, no lo dixem eixí de Almudévar; ajuntemos, y en los teus brassos y los meus, en lo teu cariño de germana y lo meu de amiga, formem uns llassos que no pugue trencá, y no lo dixem anassen; perque me diu lo cor... 

¡No lo dixem aná, Rosa meua!

- Prou, va di ell; prou; no ham vingut aquí a plorá. Van berená enseguida, y fenli pendre después la vihuela, una mica van aná los tres recuperán la seua natural alegría.


Original en castellá:

Capítulo V.

Sale Pedro Saputo al registro de novias. Sariñena.- Almudévar.

De ahí a algún tiempo, que empleó en hacer los retratos de todos los de casa, es decir, de los padres y su hermano y Juanita, le preguntó su padre si había pensado en tomar estado y vivir como hombre de otras obligaciones. Respondió que alguna vez había pensado, pero ligeramente; que ahora, sin embargo, le parecía que debía tratarlo con seso y resolución, aunque la edad no le apremiaba. Manifestóle entonces su padre que así él como su madre deseaban verle casado; y cuando lo determines, dijo, aquí tengo todavía la lista que formé para tu hermano de todas las doncellas que en tierra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me pareció que había a propósito. Apartóse poco de casa, porque en el segundo pueblo que visitó encontró ya quien le paró, que fue Juanita. Algunas se han casado, y están borradas, otras he añadido estos días porque han llegado a la edad que entonces no tenían. Tomó Pedro Saputo la lista, fue leyendo nombres y notas, porque cada una llevaba la suya de la edad, dote que les podían dar, y cualidades personales. Vio entre ellas algunas de las que conoció de estudiante, y a Morfina Estada, que era la que él buscaba, con un elogio que ninguna otra le igualaba; y al fin estas palabras: pero no quiere casarse ni recibe galanteos ni obsequios de nadie.

Como el padre y el hijo eran muy activos empleó aquél dos días en escribir cartas, dióselas a Pedro Saputo y salió éste a verificar el registro de aquellas doncellas con presupuesto de divertirse mucho y comparando aquella expedición a la de los estudiantes. Por de pronto y antes de ver a ninguna, eran tres las que le ocupaban el pensamiento: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera tenía el mérito de haberle amado con mucha constancia, y de haber dicho mil veces públicamente que por Pedro Saputo despreciaría al mayor príncipe del mundo con su cetro y su corona real. La segunda estaba también en su corazón, pero más como hermana que como amante, pareciéndole imposible amarla de otra manera. Morfina, que por su hermosura, educación, talento, discreción y virtudes era la que prefería entre todas, hacía cerca de siete años que no la había visto, ni le escribió nunca por dudar de su suerte y no atreverse a vivir con ella en el país ni llevarla a la ventura a otra provincia; y temía que le hubiese olvidado o pensase en él con indiferencia, por ser prueba a que ningún amor puede resistir faltando la esperanza, o la comunicación, que es la que le sostiene. Es de pecho más profundo que todas, se decía a sí mismo; la de mejor entendimiento; la que tratándome menos me ha conocido más y ofreciéndoseme con más inteligencia y estimación de mí y de su persona; su amor, si todavía existiese, el más antiguo también; y ¡con qué firmeza y prendas fue fundado y asegurado! ¡Pero seis años, siete años sin saber de mí, fuera de la visita no lograda de su padre, siete años sin saber si yo pienso en ella! Nadie los resistió en el mundo no mediando necesidad u obligación pública o secreta, pero cierta y eficaz, y en rigor no media de esta calidad entre nosotros.

Con estas reflexiones llegó al primer pueblo de la lista, y pasó como quien entra en una casa conocida a tomar un vaso de agua y hacer una visita; la enregistrada no le pareció digna de más. Continuó la vereda; y aunque no se tiene el itinerario sino una nota de los pueblos que visitó, que no se sabe quién la ha formado, quiero poner algún orden en la relación, pues veo a Sariñena al lado de Tamarite, Adahuesca y Ayerbe, juntos, y otros así no menos disonantes. Y llegase en un día o en dos, o en tres, o en más o menos, quiero comenzar por Sariñena, ya que la hemos nombrado.

No había cosa de gusto, y eso que llevaba tres en la lista; porque la una era fea y presumida, que es decir necia; y parecía acostumbrada a tratar con mercaderes de mulas, o con las mulas mismas; la otra, muy crítica y sabijonda (sabihonda), apretaba los labios para hablar y coleaba con el moño; y la tercera, entre boba y maliciosa, hermana de la tercera orden, supida y leída también, fajaba con mucha naturalidad a los niños de su cuñada, y parecía destinada para el oficio de componer la cofia a las paridas.

Fresco aconselle a la seua neboda que, si tan li moleste la gen, no se miro al espill.

Mas la ocasión, que, si no se ofreciera de suyo, la hubiera él buscado, le despertó el deseo que siempre tuvo de ver a sus antiguas monjas. De que se infiere que el dichoso convento que él honró de muchacho, fue el de Sariñena. Y todavía en esta historia, si se lee con cuidado, se encontrarían otras pruebas a favor de Sariñena, y contra Tamarite por consiguiente, cuyas monjas presumen haber sido las favorecidas del filósofo, por una descripción del convento donde estuvo que conviene a las dos como asimismo la situación en su pueblo respectivo: y villa también es Tamarite como Sariñena, aunque se cree que ésta dejará de serlo. Yo por lo menos, que si no he sido monja en ninguno de estos conventos, sé grandes secretos de algunas de las que se encerraron en ellos, voto resueltamente por el de la villa de las grandes ferias. Y quiero decir lo que ahora sucedió, y no antes ni después, según mis notas a que me refiero.

Encaminóse, pues, al convento. Vio el edificio, miró aquellas paredes, aquellas ventanas misteriosas y oscuras, por las cuales fijando bien la vista a ciertas horas se ven de cuando en cuando pasar como sombras las tristes que dentro habitan, y acercarse a mirar, tal vez con la envidia en el corazón y las lágrimas en los ojos, la libre luz del sol, y la tierra y el mundo que ya no es para ellas. Y dijo: dentro están: ¿cómo las encontraré después de tantos años? ¡Si aguardarán semejante visita! ¿Qué les sucederá cuando me vean? Estaba ya cerca de la puerta y detuvo el paso. Tres veces movió hacia ella, y tres veces se paró, no queriendo los pies ir adelante; y dudaba, y le latía el corazón al paso que se acercaba o determinaba llegar. Parecía que acabase de leer el falso billete de Juanita en Zaragoza. Pisó en fin el umbral, entró, y se acordó de cuando llegó allí otra vez disfrazado de mujer tan cargado de embustes como de miedo, y se espantó de aquel arrojo y temeridad. Pero esta misma memoria le dio valor, y llamó, y preguntó por la antigua priora y sor Mercedes. Bajaron al locutorio, no sin darles un salto el corazón de verse llamadas las dos a un tiempo.

Saludólas con naturalidad y les entregó un papel que decía: «El caballero que tenéis delante es el que hace ocho años estuvo en esta casa en traje de mujer y con el supuesto nombre de Geminita, llamándose Pedro Saputo...» Al llegar aquí se sobresaltaron y levantaron la cabeza a mirarle: él sonriéndose amablemente, les hizo seña que continuasen. Continuaron y leyeron: «Pero hace cuatro meses he encontrado mi verdadero nombre habiendo conocido por una feliz causalidad a mi padre, que es el caballero don Alfonso López de Lúsera, viudo de su primera mujer, y ahora casado legítimamente con mi madre, la cual tengo el consuelo de ver señora de aquella casa y adorada de su esposo e hijos políticos. Así que, y para servir a mis dos apreciables amigas de otro tiempo, cuya amabilidad jamás he olvidado, me llamo Don Pedro López de Lúsera.»

Leído el papel y mudándoseles el color y las faltas de voz para hablar, se pusieron a mirarle entre alegres y vergonzosas. Caíanseles los ojos a tierra, y no sabían qué hacer ni qué decir. Socorriólas él advertido y discreto, diciéndoles con algo de intención, pero templado y risueño: mejor recibido pensaba ser; ¿me habrá de pesar el haber venido?... ¿Se temerá que en mí falte honor, prudencia, reserva, circunspección y conocimiento de las cosas, no habiendo faltado en edad que generalmente no conlleva sino imprudencia y mal recado? Alentáronse ellas con esto un poco y se serenaron de la turbación y vergüenza primera. Pero ¡oh, lo que en aquel breve rato padecieron! Levantaron al fin los ojos y le miraron sin empacho, hablaron con libertad y recordaron con gusto y con dolor, bien que en términos muy generales aquellas inolvidables escenas de los últimos días, quedándoles ya sólo el alborozo que era natural, y la suspensión y pensamiento que debía excitarles la vista de un hombre a quien tan dulce e impensadamente estrecharon de más mozo en sus brazos. Miraron después el papel de nuevo, y dijeron que según el nombre del padre debió encontrar el joven de nuera en casa a su compañera de noviciado, Juanita. - Sí, señoras, respondió él; efectivamente es Juanita agora mi cuñada, y está como el ángel del amor y de la alegría en aquella casa feliz, si felices hay en la tierra.

Mucho se admiraron las monjas de ver las cosas que pasan en el mundo, y ya del todo serenas y tan afables como siempre, le preguntaron de la ocurrencia y diablura de fingirse mujer para ir allí y engañarlas como lo hizo. Él les contó sus aventuras desde la capilla de Huesca hasta que llegó al convento (omitiendo lo de la catedral de Barbastro). - Sois Pedro Saputo, dijo sor Mercedes, y ese nombre lo explica y lo dice todo; ya no me admiro de nada. Pero entended que aunque os hubiésedes descubierto con nosotras (después de estar dentro, como se supone y esto os lo quiero decir por una fineza que deberéis a nuestro antiguo cariño) no os hubiésemos vendido ni echado atropelladamente. Ya os acordaréis que yo no creí en la transformación que tan benditamente engulló esta nuestra buena prelada. - Es verdad, contestó ella; yo ya se ve, lo creí... Tan bien supo el señor fingilla de un modo... - E yo, continuó sor Mercedes, os dejé en vuestra fe por no meternos en aprensión, puesto que no importaba lo que fuese. Pero no os propuse que se echase del convento, y os disuadí de comunicallo a quien decíades.

Lanzadas estaban las monjas en su conversación y gratísimos recuerdos, de que suspiraban en el centro más vivo del alma, cuando se oyó a deshora una campana que las llamaba al coro. Jamás sonó tan impertinentemente; pero sonó, y no fue posible dejar de darse por entendidas. Conque se levantaron, él se despidió, y se separaron comenzando sólo a gustar el sabor de la visita, y por consiguiente poco satisfechas y con más sed de explicaciones y de desahogo. Pero sor Mercedes salió de allí muy triste; y cuando se vio sola en su celda suspiró profundamente y dejó correr de sus ojos algunas lágrimas que nadie recogió para consuelo.

Pasados tres o cuatro días llamaron a la coja, o sea, a la organista, y le dijeron lo que había de Geminita; y cuando acabó de creerlo acabó también de avergonzarse y principió a echarse maldiciones. - ¡Desasnar a Pedro Saputo!, le decían las otras con sorna y una caidica que la quemaba. Les pidió que callasen, si no se arrancaba la toca o las arañaba a ellas la cara. Y torciendo muy pronto la idea, exclamó dando una palmada: - ¡El grandísimo demonio! ¡Conque era hombre! ¡Mira por qué yo lo quería y me gustaba tanto! ¡Ah, no haberlo sabido! ¡Y con qué gazmoñería nos engañó a todas y nos embelesó la vista para que no conociésemos nada!... Sí que es verdad; hombre, hombre era; agora me acuerdo. ¡Ah, tonta de mí! ¡Tantas ocasiones que tuve!... Pero no os perdono, señoras madres, el no haberme llamado para velle. ¡Qué hermoso, y qué caballero debe de estar! Como otra vez no me llamen si vuelve, o me mato, o mato a las dos. Mucho se rieron las dos amigas de oír desatinar a la coja. Y después siempre que querían pasar un rato de humor, la llamaban y tocaban este registro.

De Sariñena pasó Pedro Saputo a La Naja, donde había una doncella; pero le pareció que tenía el alma pegada a la pared, y la dejó con su vela recogida y con su dote de buena cuenta. En Alcubierre casi le gustó una muchacha de diecinueve años por su inocencia; y después supo que se había jugado la flor con un mudo. Visitó otros pueblos, no se detuvo en ninguno, y fue a Almudévar para pasar al Val de Ayerbe.

Dicho se está que fue a posar en casa de su madrina, su segunda madre, y que lo hubiera sido en todos los oficios, si quedara pupilo de la suya; mujer de algún talento y de un corazón bonísimo, que no tuvo otra ambición toda su vida que la de ver a su hija Rosa casada con Pedro Saputo. Así es que dejó libre y aun fomentó la inclinación de la muchacha; pero él la miraba como hermana verdadera, y ni la razón ni la reflexión pudieron dar otro temple a su amistad. Veía que la infeliz estaba enamorada, y no sabía cómo partir para no desesperarla. Hizo su retrato y el de Eulalia en miniatura, y para darles más a su gusto los últimos retoques, las llevó una tarde a su casa a merendar, pues fuera de no haber pan, que tomaron de casa de Rosa, nada se había sacado y estaba la despensa aún repuesta de cosas buenas y regaladas. Sentólas a las dos juntas primero, después una a un lado y otra a otro; y retocó y perfeccionó los retratos. Mas mientras ellas salieron del cuarto a dar una vuelta por la casa y traer lo necesario para la merienda, se puso él a pensar en su vida y en su madre; miraba aquellos cuadros de pintura con que había adornado las paredes, miraba los muebles, recordó su niñez y primera mocedad, y cayó en una tristeza que no pudieron desvanecer del todo las dos muchachas con su presencia tan alegre; con el contento que tenían y les rebosaba por los ojos y se mostraba en todas sus palabras y movimientos. - ¿Qué tienes?, le preguntó Eulalia de ahí a un rato viéndole pensativo. - Nada, respondió él; sino que en esta casa y en este cuarto he nacido, me he criado, he sido feliz, nada me faltaba, antes bien me sobraba todo, y el mundo para mí era menos que este cuarto y que aquella suerte, que con vosotras dos, amores míos dulcísimos, llenaba mi corazón y lo regaba de gloria y alegría al lado de mi madre. - ¿Y qué piensas tú, dijo ella, que has hecho con esto? ¡Pues nos has muerto, sí, nos has muerto! Rosa, no le dejemos salir de Almudévar; unámonos, y con tus brazos y los míos, con tu cariño de hermana y el mío de amiga, formemos unos lazos que no pueda romper, y no le dejemos ir; porque me dice el corazón... ¡No le dejemos ir, Rosa mía! - Basta, dijo él; basta; no hemos venido aquí a llorar. Merendaron enseguida, y haciéndole tomar después la vihuela, un poco fueron los tres cobrando su natural alegría.