martes, 18 de diciembre de 2018

Las Navas de Tolosa, 1212

A la crussial batalla de Las Navas de Tolosa (1212) conste que van partissipá los reys Alfonso VIII de CastillaPedro II de Aragó y Sancho VII de Navarra pero cap "rey de Cataluña".
¿Se va pedre pel camí?

¿Tos preguntéu cóm se enteníen estos tres reys entre ells? 
¿Directamen en lo seu romans, o féen aná traductós de aragonés, ocsitánavarro y castellá?

https://es.wikipedia.org/wiki/Fuero_General_de_Navarra 1238

http://revistadefilologiaespañola.revistas.csic.es/index.php/rfe/article/viewFile/780/905

¿Por qué unos fueros escritos en lengua romance?

http://www.zarrakaztelu.eus/romance-navarro/

https://es.wikipedia.org/wiki/Fueros_de_Arag%C3%B3n  1247

Los Fueros de Aragón. Una versión romance de mediados del siglo XIII

Vidal Mayor, fueros de Aragón
Vidal Mayor, fueros de Aragón




Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón, Sancho VII de Navarra (el fuerte)

 

Las Navas de Tolosa (1212)
 
Por un momento, los cristianos olvidaron sus disensiones de linaje, sus peleas territoriales y tuvieron un objetivo común y por fin vencieron a los musulmanes.
El 16 de julio de 1212, la coalición cristiana formada por unos 70.000 soldados , encabezada por Castilla, derrotó a los 120.000 musulmanes del imperio almohades en el norte de la provincia de Jaén, junto a Despeñaperros. Aquella victoria marcó el declive musulmán e inicio de la fase final de la Reconquista.
La guerra nos acerca a la gloria tanto como la tragedia; sobre el campo de batalla, miles de cuerpos sembraban y teñían de sangre los campos de las Navas de Tolosa.
Es la tarde del 16 de julio de 1212, Alfonso VIII junto al Arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada , recorren impávidos el campo del horror, la batalla había apenas durado unas horas y todo era ya desolación y muerte.
En efecto la Batalla de las Navas de Tolosa fue la hecatombe para el imperio Almohade en la Península Ibérica. Con esta histórica victoria de la alianza cristiana se había iniciado el declive del dominio musulmán de España. La Batalla de las Navas de Tolosa, fue sin duda, la batalla más importante de la Reconquista.
 

Ficha de la Batalla de las Navas de Tolosa

 

Antecedentes Históricos de la Batalla de Las Navas de Tolosa

Los Musulmanes Invaden España

Los musulmanes, las tropas de Alá, mantuvieron 780 años de presencia activa en nuestra Península Ibérica. Primero llegaron los Omeya de Damasco y se creó el Emirato dependiente de Damasco. Era el año 711, pero en el 756, la tremenda masacre producida por los Omeyas sobre los Abasidas de Bagdad, provocó que el Príncipe de los errantes, el gran Abderramán I llegara al-Ándalus y se creara el Emirato Independiente. Del Emirato, pasaríamos con Abderramán III al Califato de Córdoba.
Pasó el Sultanado y empezaron a llegar sucesivas hordas fanáticas del Magreb. En 1085 llegaron los Almorávides y un siglo más tarde llegaron los Almohades, un imperio Bereber norteafricano. Los almohades fueron unos defensores férreos de la Fé. Contra ellos combatieron los reinos cristianos del norte penínsulas. En 1195, las tropas castellanas de Alfonso VIII sufrían una gravísima derrota a manos de los almohades, era el Alarcos, la última gran victoria musulmana en España, Alfonso VIII estuvo a punto de morir en la batalla; pero afortunadamente consiguió escapar con de leales y preparó la venganza, preparó la contraofensiva. La pérdida de Alarcos, extendió el dominio musulmán hasta los Montes de Toledo y el Valle del Tajo amenazando a la propia ciudad de Toledo.
En 1211,el almohade Muhammad Al-Nasir, llamado por los cristianos "El Miramamolin", preparó un gran ejército amenazando a los reinos cristianos. Ambicionaba ocupar completamente la Península Ibérica.
El califa logró reunir un ejército de 125.000 soldados bien pertrechados y muy fanatizados. La caída de Salvatierra en manos de los Almohades, alarmó a toda Europa.
 
Los cristianos andaban envueltos en guerra civiles, guerras fratricidas por problemas de fronteras entre ellos.

Había 5 reinos (cristianos) en la Península Ibérica.

Pedro II, Aragón, als presentz
Pedro II, Aragón, als presentz
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Corona de Aragón con su rey Pedro II.
- Reino de Castilla con su rey Alfonso VIII.
- Reino de Navarra con Sancho VII.
- Reino de León permanecía con su rey Alfonso IX.
- Reino de Portugal, independizado desde 1140.

El Papa Inocencio III Convoca Santa Cruzada

La amenaza almohade recomendaba la unión de los 5 reinos para luchar o sucumbir ante el dominio de Al-Nasir. En 1212, el rey Alfonso VIII, convenció al Papa Inocencio III para que proclamara Santa Cruzada para parar el impulso almohade en la Península Ibérica.
El Papa instó a los Reyes cristianos que olvidaran sus rencillas so pena de excomunión. El Arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada, estuvo predicando la cruzada por Francia y en las iglesias de toda Europa que animó a los creyentes a alistarse.
Llegaron a España miles de cruzados procedentes de Italia, Francia y Alemania y a su frente los obispos de Narbona, Nantes y Burdeos
Los Reyes de Portugal y de León, no acudieron a la llamada; pero sí los reyes de Aragón y de Navarra.

Los Cruzados Salen de Toledo

Toledo, mayo de 1212, lugar y fecha elegida por Alfonso VIII para reunir a la Santa Cruzada. Para evitar roces y problemas con la población civil de Toledo, Alfonso intentó acuartelar a los cruzados extranjeros fuera del casco de Toledo; pero no fue posible. Los tramontanos, acostumbrados a las cruzadas de oriente, asaltaron la judería toledana provocando una masacre y rapiñando el botín.
Alfonso, forzado por la necesidad de estos cruzados para la alianza cristiana, hizo la vista gorda por el bien de la empresa.
20 de julio de 1212; las tropas cristianas salen de Toledo hacia el frente de batalla. El ejército estaba formado por unos 85.000 soldados, al frente con los cruzados extranjeros, don Diego López de Haro, el señor de Vizcaya. Esta era la tropa de choque contra los almohades, la vanguardia del ejército cristiano.
A los pocos día llegaron a la fortaleza de Malagón. Los musulmanes ofrecieron la rendición a cambio de la supervivencia. Pero los cruzados extranjeros negaron cualquier tipo de acuerdo y pasaron a cuchillo y degollaron a los habitantes de Malagón. El rey Alfonso VIII llegó dos días más tarde a la fortaleza y contemplo horrorizado el espectáculo dejado por los tramontanos. Esa no era la batalla que quería el rey de Castilla, había que negociar de otra manera. Empezaron los roces entre los cristianos españoles y los extranjeros.
Días más tarde llegaron a la fortaleza de Calatrava, aquella que habían perdido los Templarios. En esta ocasión Alfonso llegó a tiempo de negociar con los musulmanes y le permitió salir a cambio de no combatir. Esto fue la gota que colmó el vaso y los cruzados tramontanos decidieron abandonar la cruzada y marcharse, los hispanos nos quedamos solos ante el poder almohade.
La deserción de los cruzados extranjeros fue importante para la moral del ejército cristiano, la sombra de Alarcos se le apareció otra vez a Alfonso VIII. Aproximadamente se marcharon un 27 % del total, quedando constituido finalmente, el ejército cristiano, por unos 60.000 hombres. Afortunadamente, al ejército cristiano se incorporó el gran Pedro II de Aragón, el gran amigo de Alfonso VIII. Aragón aportó a la empresa, unos 3.000 caballeros y unos 2.000 soldados. Los reyes cristianos decidieron continuar y combatir.
Al-Nasir esperaba tranquilamente en la estribaciones de Sierra Morena, con fuerzas preparadas para la emboscada en los peligrosos pasos de Despeñaperros. Esperaba que los cruzados se cansaran por el duro caminar por la sierra.
Sierra morena era un difícil obstáculo para los cruzados cristianos. El ejército era numeroso y atravesarla no iba a resultar sencillo. Además en los únicos pasos disponibles, estaban emboscados los almohades. Los exploradores de los cristianos trataban de encontrar pasos francos que permitiera el movimiento de tropas sin riesgos.
 

El milagro de Pastor o de San Isidro Labrador

Entonces, dice la leyenda, se produjo el milagro. San Isidro Labrador o un humilde pastor se apareció a las tropas cristianas y les dijo que él conocía un paso. El avanzado de don Diego López de Haro comprobó que el paso existía y que el pastor no les había engañado. Se dieron las indicaciones oportunas a los reyes y las tropas se dirigieron hacia el paso descubierto. Para entonces ya se había incorporado Sancho VII el rey de Navarra con 200 caballeros y unos 2.000 peones. El paso les condujo hacia un lugar llamado la Mesa del Rey, donde se estableció el campamento cristiano.
Al-Nasir al comprobar que los cristianos habían pasado los pasos serranos, dio la orden de formar a su ejército. Al-Nasir mandó algunas vanguardias de jinetes y arqueros para provocarles y cansarles aún más.
El 15 de julio de 1212, los dos ejércitos estaban frente a frente. Fueron 24 horas de tensión e incertidumbre, se estaban midiendo las fuerzas del adversario mediante pequeña avanzadillas. En la madrugada del 16 de julio las tropas están dispuestas para el combate.
En esa madrugada los cristianos se prepararon para vencer o morir. Al amanecer se dio la comunión a las tropas cristianas, los soldados encomendaron su alma al cielo y se prepararon para la batalla. Se iban a enfrentar dos ideologías totalmente diferentes, la Espada contra el Alfanje y la Cruz contra la Media Luna.
 

Despliegue de los Ejércitos en de Las Navas de Tolosa

Los Cristianos

En el ejército cristiano, unos 70.000 hombres divididos en 3 Cuerpos .
En el centro la caballería castellana, en su vanguardia el abanderado de Castilla, el vasco, don Diego López II de Haro; el nuevo Alférez de Castilla, don Álvaro Núñez de Lara. Situado en el centro de la retaguardia del cuerpo central, estaba el Rey de Castilla Alfonso VIII y el Arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada.
En el ala derecha, junto con los 200 caballeros y peones navarros, el rey Sancho VII “El Fuerte”.
En el ala izquierda los aragoneses con su Rey Pedro II.
En la retaguardia las milicias urbanas castellanas de Ávila, Segovia y Medina del Campo que auxiliaban a un flanco y al otro. También en esta tercera fila de retaguardia estaban integradas las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Templarios y Hospitalarios.
La financiación de la empresa, en un 66 % estuvo a cargo del tesoro castellano y el resto por parte de la Iglesia. De todo el reino llegaron a Toledo armas, caballos y provisiones.

Los Almohades

Los 120.000 musulmanes instalaron su campamento en el Cerro de los Olivares o de las Viñas con un despliegue clásico de la época. La infantería al frente y la caballería ligera en los flancos.
En primera línea, el cuerpo que debía recibir el choque frontal de la caballería cristiana. Era las tropas más fanatizadas por el Islam, los que entendían que estaban en una cruzada santa contra los infieles cristianos. Tropas ligeras y útiles para descabalgar y para las escaramuzas. Pero no fuertes en el cuerpo a cuerpo.
En segunda línea el gran grupo de fuerzas almohade. En esta segunda línea estaba constituida por tropas de voluntarios, posiblemente eran tropas procedentes del imperio almohade, procedían del Magreb, también había andalusíes. En tercera línea, las mejores tropas, era el cuerpo de élite almohade.
En Tercera línea, en la retaguardia la caballería pesada guardando la inmensa tienda de campaña del califa al-Nasir. Era una tienda roja, vistosa, no se ocultaba a nadie. Estaba rodeada de fortificaciones y de la terrible Guardia Negra. Esta guardia eran hombres absolutamente fanáticos, hombres dispuestos a morir por el islam, por el califa al-Nasir. Esta guardia personal estaba constituida por los imesebelen, una tropa escogida especialmente por su bravura que se enterraban en el suelo o se anclaban con cadenas para mostrar que no iban a huir.

Comienza la Batalla de Las Navas de Tolosa

 
El primero que dio la orden de combatir fue Alfonso VIII.
Después de una larga operación de lanzamientos de flechas, “la clásica preparación artillera de la época”, atacó la caballería pesada castellana.
El abanderado de castilla, el vizcaíno López de Haro, atacó frontalmente con miles de jinetes . El choque fue absolutamente brutal, y el golpe hizo daño en la vanguardia almohade. Esta operación obligó a un primero movimiento de retirada de las vanguardias musulmanas; pero más tarde los infantes musulmanes desorganizaban el ataque de la caballería y descabalgaban a los jinetes castellanos. Los alfanjes degollaban a los cristianos, entonces al-Nasir ordenó el contraataque con el grueso del ejército musulmán lo que obligó a retroceder a los Cristianos .
La segunda línea con la caballería ligera almohade, equipada con arcos y alfanjes, atacó con gran eficiencia produciendo un gran desgaste a las tropas de López de Haro. La segunda línea cristiana se adelantó y entró en combate para suplir las abundantes bajas sufridas. La situación fue crítica para los cristianos, muchos se retiraron, exceptuando López de Haro, su hijo, Núñez de Lara y las órdenes militares, que se mantienen heroicamente en combate cerrado.
Al ver retroceder a los cristianos, los musulmanes rompieron su formación cerrada para perseguirles, lo que fue un grave error táctico. Esta peligrosa maniobra de los musulmanes, debilitó el centro del ejército almohade.

La Carga de los Tres Reyes

Algo había que hacer. Alfonso VIII se miró con los obispos que le rodeaban, se miró con sus amigos, los reyes de Aragón y de Navarra
y tomó la última decisión. Esa decisión que provoca que una batalla se pueda ganar, se pueda vencer. Se lanzó la última y desesperada carga, la que se consideró como la carga de los tres reyes.

Pedro II, Alfonso VIII y Sancho VII se pusieron al frente de sus hombres y de las órdenes militares; era el último aliento de los cruzados. Los cristianos se lanzaron al campo de batalla con todo lo que tenían. Era vencer o morir, vencer o ser invadidos por los almohades.
Los cristianos rebasaron la segunda y la tercera línea almohade. Una acción heroica de sancho VII de Navarra, provocó que las tropas navarras se presentaran delante de la majestuosa tienda roja de campaña de al-Nasir para aplastar a la guardia personal del Miramamolin.

El Califa sólo tuvo tiempo para huir junto con un grupo de leales. La guardia negra se había quedado para defender la tienda. Los hombres de Sancho fueron matando uno a uno a los miembros de la guardia y rompieron las cadenas que circundaban la tienda. Esta cadenas pasarían posteriormente a se la parte fundamental del escudo de Navarra.

Miles de hombres cayeron, pero finalmente la victoria se decantó del lado cristiano. El Califa Miramamolín escapó huyendo a toda prisa una vez perdida ya la batalla. Esa noche se refugió en Baeza.
Los muertos musulmanes 90.000 y 5.000 los cristianos.
Finalizada batalla, Rada, el Arzobispo de Toledo rezó en el campo de batalla con el ejercito castellano, un "Te Deum" de agradecimiento a Dios.
 
El rey Alfonso VIII mandó una carta al Papa Inocencio III anunciando la gran victoria de los cristianos. La Cruzada había sido un éxito.
Los navarros y aragoneses perseguían en su huida a los Almohades. En su huida, Al-Nasir perdió sus tesoros y los cristianos consiguieron un colosal botín de guerra. De este botín se conserva el Pendón de Las Navas en el Monasterio de Las Huelgas en Burgos.
 

Y qué fue de los comandantes de los ejércitos

Al-Nasir nunca se repuso del desastre de las Navas. Abdicó en su hijo, se encerró en su palacio de Marraquech, en la gran capital imperial y se entregó a los placeres y al vino. Murió a los pocos meses de su derrota.
Alfonso VIII de Castilla extendió sus conquistas por Andalucía consolidando su frontera sur . Murió a los dos años (1214) escasos de la victoria.
Pedro II de Aragón murió al año siguiente (1213) en la batalla de Muret, combatiendo a don Simón de Monfort, que estaba al frente de los cruzados que Inocencio III contra los herejes cátaros. 
Pedro II era el feudatario de los cátaros y tuvo que defenderlos, muriendo en el intento. Con esto también Aragón perdía su presencia en el sur de Francia.
Sancho VII el Fuerte de Navarra sobrevivió veintidós años a la batalla. Al final de su vida, atacado de alguna especie de neurastenia "a causa de su mucha grossura y de la poca salud que tenía", se recluyó en su palacio de Tudela, donde permaneció encerrado hasta su muerte en 1234 cuando tenía 80 años.
 

El Pendón de la Batalla de Las Navas de Tolosa

Este es el famoso Pendón de las Navas de Tolosa, fue un trofeo arrebatado al ejército almohade durante la batalla. El pendón, posiblemente colocado en la tienda del sultán Miramamolín, se encuentra en la actualidad en el monasterio de las Huelgas Reales.

Los Im-Esebelen

 
La guardia pretoriana del Al-Nasir “El Miramamolín”, no eran esclavos negros encadenados para evitar su huida. Eran fanáticos voluntarios, llamados "imesebelen" (desposados /esposados?/), juramentados para ofrecer sus vidas en defensa del Islam. Se ataban por las rodillas con cadenas para que el enemigo viera que vencerían o morirían; pero que nunca retrocederían. Eran negros y su uniforme también de color negro.

Consecuencias de la Batalla de Las Navas de Tolosa

 
Desde 1212 los almohades dejaron de ser una fuerza combativa. Los musulmanes de la Península Ibérica nunca más se recuperaron de esta derrota. Esta victoria expandió los territorios cristianos consolidando el avance definitivo de la Reconquista.
Esta batalla estableció el inicio de la superioridad militar, económica y política de los reinos cristianos iniciándose la decadencia de la civilización árabe en la Península Ibérica. Se inició el desmembramiento de al-Ándalus en reinos de Taifas, lo que favoreció el avance del empuje cristiano, hasta quedar al último vestigio musulmán el reino de Granada (Granada, Málaga y Almería), gobernado por la dinastía nazarí.
El reino de Granada sobreviviría precariamente hasta que Boabdil “el Chico”, último rey musulmán español, entregó las llaves del reino a los Reyes Católicos y se retiró a África desde Albuñol (Granada) .
Era el 2 de febrero de 1492 el proyecto de la Reconquista había concluido pero el empuje social y militar logrado se prolongó durante muchos años más en un nuevo proyecto:
El Descubrimiento del Nuevo Mundo.

Crónicas Contemporáneas de la Batalla de Las Navas de Tolosa

Testimonio de don Rodrigo Jiménez de Rada (Arzobispo de Toledo), en Historia de los Hechos de España

Alrededor de la medianoche del día siguiente estalló el grito de júbilo y de la confesión en las tiendas cristianas, y la voz del pregonero ordenó que todos se aprestaran para el combate del Señor. Y así, celebrados los misterios de la Pasión del Señor, hecha confesión, recibidos los sacramentos, y tomadas las armas, salieron a la batalla campal; y desplegadas las líneas tal como se había convencido con antelación, entre los príncipes castellanos Diego López con los suyos mandó la vanguardia; el conde Gonzalo Núñez de Lara con los frailes del Temple, del Hospital, de Uclés y de Calatrava, el núcleo central; su flanco, lo mandó Rodrigo Díaz de los Cameros y su hermano Álvaro Díaz y Juan González y otros nobles con ellos; en la retaguardia, el noble rey Alfonso y junto a él, el arzobispo Rodrigo de Toledo y los otros obispos mencionados.

De entre los barones, Gonzalo Ruiz y sus hermanos, Rodrigo Pérez de Villalobos, Suero Téllez, Fernando García y otros. En cada una de estas columnas se hallaban las milicias de las ciudades, tal y como se había dispuesto. Por su parte el valeroso rey Pedro de Aragón, desplegó su ejército en otras tantas líneas; García Romero mandó la vanguardia; la segunda línea, Jimeno Coronel y Aznar Pardo; en la última, él mismo, con otros nobles de su reino; y de forma semejante, encomendó su flancos a otros nobles suyos.
Además, llevó consigo algunas fuerzas de las milicias de las ciudades de Castilla. El rey Sancho de Navarra, notable por la gran fama de su valentía, marchaba con los suyos a la derecha del noble rey, y en su columna se encontraban las milicias de las ciudades de Segovia, Ávila y Medina.
Desplegadas así las líneas, alzadas las manos al cielo, puesta la mirada en Dios, dispuestos los corazones al martirio, desplegados los estandartes de la fe e invocando el nombre del Señor, llegaron todos como un solo hombre al punto decisivo del combate. Los primeros en entrar en lid en la formación de Diego López de Haro, fueron su hijo y sus sobrinos ya citados, valerosos y decididos. Por su parte, los agarenos levantaron en la cima un reducto parecido a un palenque con los escriños de las flechas, dentro del cual estaban apostados infantes escogidos; y allí se sentó su rey teniendo a su alcance la espada, vistiendo la capa negra que había pertenecido a Abdelmón, el que dio origen a los almohades, y además, con el libro de Mahoma, que se llama Alcorán. / El Corán /
Por fuera del palenque había también otras líneas de infantes, algunos de los cuales, tanto los de dentro como los de fuera, con las piernas atadas entre ellos para que tuvieran por imposible el recurso de la huida, soportaban con entereza la cercanía de la batalla..., luego supimos por los agarenos que eran ochenta mil jinetes...
Los agarenos, aguantando casi sin moverse del lugar, comenzaron a rechazar a los primeros de los nuestros que subían por lugares bastante desventajosos para el combate, y en estos choques algunos de nuestros combatientes, agotados por la dificultad de la subida, se demoraron un rato. Entonces, algunos de las columnas centrales de Castilla y Aragón llegaron en un solo grupo hasta la vanguardia, y se produjo allí un gran desconcierto y el desenlace no se veía claro...
El noble Alfonso, al darse cuenta de ello y al observar que algunos, con villana cobardía, no atendían a la conveniencia, dijo delante de todos al arzobispo de Toledo: "Arzobispo, muramos aquí yo y vos"... Y en todo esto doy fe ante Dios, el noble rey no alteró su rostro ni su expresión habitual, ni su compostura, sino que más bien, tan bravo y resuelto como un león impertérrito, estaba decidido a morir o vencer. Y no siendo capaz de soportar por más tiempo el peligro de las primeras líneas, apresurado el paso las enseñas de los estandartes llegaron jubilosamente hasta el palenque de los agarenos por disposición del Señor.
La cruz del Señor, que solía tremolar delante del arzobispo de Toledo, pasó milagrosamente entre las filas de los agarenos llevada por el canónigo de Toledo Domingo Pascasio, y allí, tal como quiso el Señor, permaneció hasta el final de la batalla sin que su portador, solo, sufriera daño alguno... Mientras tanto, fueron muertos muchos miles de agarenos ante la presión simultánea de los aragoneses, los castellanos y los navarros por sus frentes respectivos...

Testimonio del cronista Ibn Abi Zar

"Al oír Alfonso que Al-Nasir había tomado a Salvatierra, se dirigió contra El con todos los reyes cristianos que le acompañaban y con sus ejércitos. Al saberlo Al-Nasir, le salió al encuentro con las tropas musulmanas: avistáronse los combatientes en el sitio llamado Hisn al'Iqab, (Castillo de la Cuesta, hoy Castro Ferral); allí se dio la batalla.
Se plantó la tienda roja, dispuesta para el combate en la cumbre de una colina, Al-Nasir vino a ocuparla y se sentó sobre su escudo con el caballo al lado; los negros rodearon la tienda por todas partes con armas y pertrechos. La zaga, con las banderas y tambores, se puso delante de la guardia negra con el visir Abu Said ben Djami. Se dirigió contra ellos el ejército cristiano. En filas, como nubes de langostas; los voluntarios les salieron al encuentro y cargaron sobre ellos en número de 160.000, pero desaparecieron entre las filas de los cristianos, quienes los cubrieron y combatieron terriblemente. Los musulmanes resistieron heroicos, todos los voluntarios murieron mártires, sin dejar uno; las tropas almohades, árabes y andaluzas los miraban sin moverse. Cuando los cristianos acabaron con los voluntarios, cargaron sobre los almohades y sobre los árabes con inaudito empuje; mas al entablarse el combate huyeron los caídes andaluces con sus tropas por el odio que había dirigido Ibn Djimi al despedirlos.
Cuando los almohades, los árabes y las cábilas bereberes vieron que los voluntarios habían sido exterminados, que los andaluces huían, que el combate arreciaba contra los que quedaban, y que cada vez los cristianos eran más numerosos, se desbandaron y abandonaron a Al-Nasir. Los infieles los persiguieron espada en mano, hasta llegar al círculo de negros y guardias que rodeaban a Al-Nasir; pero los encontraron que formaban como un sólido muro, y no pudieron abrir brecha; entonces volvieron las grupas de sus caballos acorazados contra las lanzas de los negros, dirigidas contra ellos, y entraron en sus filas.
Al-Nasir seguía sentado sobre su escudo, delante de su tienda, y decía "Dios dijo la verdad y el demonio mintió", sin moverse de su sitio, hasta que llegaron los cristianos junto a él. Murieron a su alrededor más de 10.000 de los que formaban su guardia; un árabe entonces, montado en una yegua, llegose a él y le dijo: "Hasta cuándo vas a seguir sentado?, ¡Oh, Príncipe de los Creyentes!, se ha realizado el juicio de Dios, se ha cumplido su voluntad y han perecido los musulmanes." Entonces se levantó para montar el veloz corcel que tenía al lado; pero el árabe, descabalgando de su yegua le dijo:
"Monta en esta que es de pura sangra y no sufre ignominia, quizás Dios te salve con ella, porque en tu salvación está nuestro bien." Montó Al-Nasir en la yegua, y el árabe en su caballo le precedía, rodeados ambos por un fuerte destacamento de negros, a cuyos alcances iban los cristianos. El degüello de musulmanes duró hasta la noche, y las espadas de los infieles se cebaron en ellos y los exterminaron completamente, tanto que no se saló uno de mil. Los heraldos de Alfonso gritaban: "Matad y no apresad, el que traiga un prisionero será muerto con él". Así que no hizo el enemigo un solo cautivo este día.
Fue esta terrible calamidad el lunes 15 de safar del 609 (16 de julio de 1212), comenzó a decaer el poder de los musulmanes en al-Ándalus, desde esta derrota, y no alcanzaron ya victorias sus banderas; el enemigo se extendió por ella y se apoderó de sus castillos y de la mayoría de sus tierras, y aún no hubiera llegado a conquistarla toda, si Dios no le hubiese concedido el socorro del emir de los musulmanes Abu Yusuf ben Abd al-Haqq, que restauró sus ruinas, reedificó sus alminares y devastó en sus expediciones el país de los infieles.
De vuelta de Hisn al-Iqab fue Alfonso contra la ciudad de Úbeda, y la ganó a los musulmanes por asalto, matando a sus habitantes, grandes y pequeños, y así siguió conquistando al-Ándalus, ciudad tras ciudad, hasta apoderarse de todas las capitales, no quedando en manos de los musulmanes sino muy poco poder. Sólo le impidió apoderarse de este resto de botín la protección divina por medio de la dinastía de los benimerines. Dícese que todos los reyes cristianos que asistieron a la batalla de Hisn al-Iqab, y que entraron en Úbeda, no hubo uno que no muriese aquel año."

TERSERA JORNADA. NOVELA OCTAVA

Ferondo, habénse pres serts polsets, es enterrat com a mort. Lo abad, que se benefissie a la seua dona, lo fa traure de la tumba y lo fiquen a la presó. Persuadit de que está al purgatori, y después, ressusitat, com a seu críe a un fill engendrat pel abad en la seua dona.

Arribat lo final de la llarga história de Emilia, que a dingú habíe desagradat per la seua extensió, sino que considerada per tots com ben narrada, tenín en cuenta la cantidat y la variedat dels casos contats an ella; la Reina, mostránli a Laureta en un sol gesto lo seu dessich, li va doná ocasió de escomensá aixina:
mol volgudes Siñores, me se fique dabán com digna de sé contada una verdat que té, mol mes del que va sé, aspecte de mentira, y me ha vingut al cap al sentí contá que un va sé plorat y sepultat pres per un atre.

Contaré, pos, cóm un viu va sé sepultat pres per mort, y cóm después ell mateix y mols atres van creure que, ressussitat, habíe eixit de la tumba, sén per naixó venerat com un san qui mes be com a culpable habíe de sé condenat.

Ñabíe a la Toscana una abadía (y encara hi está) situada, com ne veém moltes, a un puesto no massa frecuentat per la gen, de la que va sé abad un flare que en totes les coses ere santíssim, menos en los assuntos de dones, y estos los sabíe fé tan de amagatontes que casi dingú los coneixíe ni los sospechaben, per lo que santíssim y just se pensabe que ere en tot. 

Va passá que, habén fet gran amistat en lo abad un riquíssim habitán de la vila que teníe per nom Ferondo, home ignorán y mes curt que les mánegues de un chaleco, (y per naixó li agradabe al abad tratál, per les carcañades que a vegades li arrancabe la seua simplesa), en esta amistat sen va doná cuenta lo abad de que Ferondo teníe per cónyuge a una dona hermossíssima, de la que se va enamorá tan que no pensabe en datra cosa ni de día ni de nit; pero sentín que, per mol simple y nessio que fore en totes les demés coses, ere sapientíssim en amá y protegí an esta dona, casi desesperabe. Pero, com lo abad ere mol viu, va domesticá tan a Ferondo que éste en la seua dona veníen alguna vegada a passejás pel jardí de la seua abadía; y allí, en ell, sobre la felissidat de la vida eterna y sobre les santíssimes acsións de mols homens y dones ya morts los parlabe en gran modestia, tan que a la Siñora li van doná dessichos de confesás en ell y li va demaná llissensia a Ferondo y la va obtindre.
Va aná, pos, a confesás en lo abad, en grandíssim plaé de éste y ficánse als seus peus, va escomensá: 

- Siñó, si Déu me haguere donat un home o no mel haguere donat, potsé me siríe mes fássil en la vostra enseñansa entrá al camí del que me hau parlat, que porte a datres a la vida eterna, pero yo, considerán quí es Ferondo y la seua idiotés, me puc considerá viuda y, sin embargo, soc casada, pero mentres visque ell, datre home no puc péndre, y ell, encara que es tan saboc, es tan selós que per naixó no puc viure en ell mes que en pena y desgrássia. Per naixó, abáns de vindre a datra confessió, lo mes humildemen que puc tos rogo que sobre aixó vullgáu donám algún consell, perque si desde ara no escomenso a procurá pel meu be, confessám o fé alguna atra bona obra de poc me servirá.
Este discurs va proporsioná gran plaé al alma del abad, y li va paréixe que la fortuna habíe ubert camí al seu mes gran dessich; y va di:
 
- Filla meua, crec que gran incordio té que sé per a una hermosa y delicada dona com sou vos, tíndre per home a un sompo, pero mol mes gran crec que es tíndre a un selós; pel que, tenín vos les dos coses, fássilmen me crec lo que de la vostra pena me diéu. Pero en alló, per díu en poques paraules, no vech datre consell ni reméi apart de un, que es que Ferondo se curo de estos sels. La medissina per a curál sé yo mol be cóm féla, sempre que vos tinguéu la voluntat de guardá en secreto lo que vach a dítos.
 
La dona va di:
 
- Pare meu, no u dudéu, perque me dixaré abáns morí que díli a dingú algo que vos me diguéreu que no diguera, ¿pero cóm se podrá fé?
 
Va contestá lo abad:
 
- Es nessessari que primé mórigue, y aixina passará, y cuan haygue patit tans cástics que ya estigue arrepentit dels seus sels, natros, en sertes orassións, rogarém a Déu que lo torno an esta vida, y aixina u fará.
 
- Pos - va di la dona- , ¿hay de quedám viuda?
 
- Sí - va contestá lo abad- , durán un tems, y mol debéu guardátos de que dingú se caso en vos, perque a Déu li pareixeríe mal, y al torná Ferondo tindríeu que torná en ell y siríe mes selós que may.
 
La dona va di:
 
- Sempre que se curo de esta desgrássia, que no tinga que está yo sempre com a una presó, estic contenta; féu com vullgáu.
 
Va di entonses lo abad:
 
- Aixina u faré: pero ¿quína recompensa obtindré de vos per tal servissi?
- Pare meu - va di la Siñora- , lo que dessichéu si está a la meua ma, pero ¿qué pot oferíli algú com yo que sigue apropiat a tal home com vos sou?
 
Lo abad li va di:
 
- Siñora, vos podéu fé per mí igual que lo que yo me empeño en fé per vos perque aixina com me disposo a fé alló que té que sé lo consol vostre, aixina podéu fé vos lo que sirá salut y salvassió de la meua vida.
 
Va di entonses la Siñora:
 
- Sí es aixina, estic disposada.
 
- Pos - va di lo abad -, me donaréu lo vostre amor y lo plaé de tíndretos, perque per vos me enséng y me enarbolo.
 
La dona, al sentí aixó, tota parada, va contestá:
 
- ¡Ay, pare meu!, ¿qué es lo que me demanéu? Yo creía que éreu un san:
¿y los cuadre als sans requerí a les dones que los demanen consell per a tals assuntos? 

Lo abad li va di:
 
- Alma meua hermosa, no tos maravilléu, que per naixó la santidat no disminuíx, perque está a l´alma y lo que yo tos demano es un pecat del cos. Pero sigue com sigue, tanta forsa ha tingut la vostra atractiva bellesa que Amor me obligue a fé aixó, y tos dic que de la vostra hermosura mes que datres dones podéu gloriátos al pensá que agrade als sans, que están tan acostumbrats als del sel; y ademés de aixó, encara que siga yo abad seguixco sén un home com los demés y, com veéu, encara no soc vell. Y aixó no té que sétos penós de fé, sino que podéu dessicháu perque mentres Ferondo estigue al purgatori, yo tos donaré, féntos compañía per la nit, lo consol que hauríe de donátos ell, y dingú sen donará cuenta de alló, ya que tots creuen que soc un san. No digáu que no a la grássia que Déu tos mane, que moltes són les que dessichen lo que vos podéu tíndre y tindréu, si prudénmen seguíu lo meu consell. Ademés, ting hermoses joyes valioses, que no sirán de datra persona mes que vostres. Féu, pos, dolsa esperansa meua, lo que yo fach per vos de bona gana. La dona teníe lo rostro inclinat, y no sabíe cóm negálay, y consedílay no li pareixíe be, pel que lo abad, veén que lo habíe escoltat y donabe llargues a la resposta, pareixénli habéla convensut a miges, en moltes atres paraules continuán les primeres, abáns de que callare li habíe embutit al cap que alló estabe ben fet; pel que va di que estabe disposada a lo que manare, pero que abáns de que Ferondo haguere anat al purgatori no podíe sé. 

Lo abad contentíssim li va di:
 
- Farém que allí sen vaigue; féu que demá o al día siguién vingue a trobás aquí en mí.
 
Y dit aixó, habénli ficat de amagatóns a la má un bellíssim anell, la va despedí.
La dona, alegre en lo regalo y esperán tindren datres, tornán en les seues compañes, maravilloses coses va escomensá a di sobre la santidat del abad. Als pocs díes sen va aná Ferondo cap a la abadía, y en cuan lo va vore lo abad va pensá en enviál al purgatori; y trobats uns polvets de maravillosa virtut que a terres de Lleván habíe obtingut de un gran príncipe que afirmabe que solíe fels aná lo Agüelo de la Montaña cuan volíe enviá an algú (fénlo dormí) al seu paraísso o tornál de allí, y que, en serta cantidat donats, sense cap lesió féen dormí a qui los preníe, y mentres durabe lo seu poder no se hauríe dit que teníe vida. Ferondo ne va pendre prou per a dormí tres díes, en un tassa de vi enterbolit, sense donássen cuenta, y en ell lo va portá al claustro y en uns atres monjos sen van escomensá a enriure de ell y de les seues tontades.
 
No van durá mol perque, fen efecte los polvos, li va vindre una gran son de repén y están de peu se va adormí. 

Lo abad, fen vore que estabe perturbat pel acsidén, lo va fé despullá y portá aigua freda y tirálay a la cara, y li van aplicá mols atres reméis per a recuperál del desmayo. Veén lo abad y los monjos que en tot alló no recobrabe lo sentit, prenénli lo pols y no trobánlo, tots van tíndre per sert que estabe mort; pel que van enviá recado a la dona y als seus paréns, que van acudí ascape. La dona en los seus paréns lo van plorá una mica, lo van vestí tal com anabe y lo abad lo va fé ficá a un nincho eixecat, sense tapá de terra.
 
La dona va torná a casa seua, y va di que no se separaríe de un mosset que habíe tingut en ell, y quedánse a casa, lo fill va escomensá a administrá la riquesa que habíe sigut de Ferondo. 

Lo abad, en un flare boloñés de qui mol sen fiabe y que aquell día habíe arribat desde Bolonia, eixecánse per la nit en silensio, van traure a Ferondo de la sepultura y lo van portá a una bodega a la que no entrabe gens de llum y que ere la presoneta dels monjos que cometíen faltes. Li van traure los vestits, lo van vestí com a un flare, lo van ficá damún de una garba de palla y lo van dixá hasta que recobrare lo sentit. Mentrestán, lo flare boloñés, informat pel abad del que teníe que fé, sense que u sapiguere dingú mes, va esperá a que Ferondo retornare. Lo abad, al día siguién, en algúns dels seus monjos, com si faiguere una visita, sen va aná a casa de la dona, a la que de negre vestida y apenada va trobá, y consolánla un rato, en veu baixa li va demaná que cumpliguere la seua promesa. La dona, veénse libre y sense lo empach de Ferondo ni de dingú, habénli vist al dit un atre anell, va di que estabe preparada y van acordá que se trobaríen de nit. Arribada la nit, lo abad, disfrassat en les robes de Ferondo y acompañat pel seu flare, se va gitá en ella hasta lo matí en grandíssim gust y plaé, y después sen va entorná cap a la abadía. Algúns lo van vore aná y vindre, pero van creure que ere Ferondo que per naquell barri fée peniténsia, y sobre alló moltes históries entre la gen vulgar de la vila van náixe, y hasta los hi van contá moltes vegades a la dona, que be sabíe lo que passabe.
 
Lo flare boloñés, cuan va torná en sí Ferondo y se va trobá allí sense sabé aón estabe, va entrá a dins de la bodega, va fótre un bram terrible, va agarrá un verdang de avellané en una má y li va fótre una bona tunda. 

Ferondo, plorán y cridán, no fée datra cosa que preguntá:
 
- ¿Aón estic?
 
Lo flare li va contestá:
 
- Estás al purgatori.
 
- ¿Cóm? - va di Ferondo-. ¿es que me hay mort?
 
Va di lo flare:
 
- Aixina es.
 
Pel que Ferondo va escomensá a plorá per nell mateix, per la seua dona y son fill, dién les coses mes rares del món. Lo flare li va portá algo de minjá y de beure, lo que veén Ferondo va di: 

- ¿Aixina que los morts mingen?
 
Va di lo flare:
 
- Si, y aixó que te porto es lo que la dona que va sé teua va enviá este matí a la iglesia per a fé di misses per la teua alma, lo que Déu vol que te sigue oferit.
Va di entonses Ferondo:
 
- ¡Dómine, beneíxla! Yo mol la volía abáns de morí, tan que la tenía tota la nit en brassos y no faia mes que besála, y tamé alguna atra cosa féem cuan me donabe la gana. Y después, com teníe molta fam, va escomensá a minjá y beure, y no pareixénli lo vi mol bo, va di:
 
- ¡Dómine, féslay pagá, pos no li va doná al mossen lo vi de la cuba arrimada al muro! Pero después de habé minjat, lo flare va torná a agarrá la mateixa vara y va torná a fótrel blau. 

Ferondo, habén cridat mol, va di:
 
- ¡Ay!, ¿per qué me fas aixó?
 
Va di lo flare:
 
- Perque aixina u ha manat Déu nostre Siñó, que cada día te sigue fet dos vegades. - ¿Y per quina raó? - va di Ferondo.
 
Va di lo flare:
 
- Perque vas sé mol selós tenín per cónyuge a la milló dona que ñabíe a la teua siudat. 

- ¡Ay! - va di Ferondo-, dius la verdat, y la mes dolsa; ere mes melosa que lo caramelo de un flan, pero no sabía yo que Déu nostre Siñó tinguere a mal que lo home fore selós, perque sinó no u hauría sigut. 

Va di lo flare:
 
- De aixó ten teníes que habé donat cuenta mentres estabes allí, y enmendát, y si passe que alguna vegada allí tornos, tindrás tan presén lo que ara te fach que may mes sirás selós. 

Va di Ferondo:
 
- ¿Pos torne alguna vegada lo que se mor?
 
Va di lo flare:
 
- Sí, pero sol qui Déu vol.
 
- ¡Oh! - va di Ferondo-, si alguna vegada torno, siré lo milló home del món; no li pegaré may, may la insultaré, mes que pel vi que ha enviat este matí.
Y tampoc ha enviat cap vela, hay tingut que minjá a oscurines.
 
Va di lo flare:
 
- Sí que ne va enviá, pero se van cremá durán les misses.
 
- ¡Oh! - va di Ferondo-, pos sirá verdat. Si torno al atre món la dixaré fé lo que vullgue. Pero dísme: ¿quí eres tú que me fas aixó?
 
Va di lo flare:
 
- Yo tamé soc un mort, vach sé de Cerdeña, y com vach alabá mol a un siñó meu lo sé selós me ha condenat Déu an esta pena, te ting que doná minjá y beure y dixát tou hasta que Déu disposo un atra cosa de tú y de mí.
Va di Ferondo:
 
- ¿No ña aquí dingú mes que natros dos?
 
Va di lo flare:
 
- Sí, ne ñan millons, pero tú no los pots vore ni sentí, ni ells a tú. 

Va di entonses Ferondo:
 
- ¿Pos a quina distansia estém de la nostra terra?
 
- ¡Botovadéu! - va di lo flare-, estám a moltíssimes milles de casa.
- ¡Collóns, si que estém llun! - va di Ferondo-, segóns me pareix debém está fora del món, de tan lluñ.
 
En estes converses y atres paregudes, entre minjás y palisses, van tindre a Ferondo prop de deu mesos allí, durán los que lo abad en molta frecuensia y mol felísmen va visitá a la seua hermosa dona y en ella se va doná la milló vida del món.
 
Pero com passen les desgrássies, la dona se va quedá preñada, y donánsen cuenta enseguida lay va di al abad; pel que als dos los va pareixe que sense retrás Ferondo teníe que torná del purgatori a la vida y torná en ella, y díli ella que estabe embarassada de ell. 

Lo abad, pos, la nit siguién va cridá a Ferondo en una veu fingida a la seua presó y li va di: 

- Ferondo, consólat, que ha vullgut Déu que tornos al món, aon ressibirás un atre fill de la teua dona, al que cridarás Benedetto perque per les orassións de lo teu san abad y de la teua dona y per lo amor de San Benito te consedíx esta grássia.
 
Ferondo, al sentí aixó, se va ficá mol alegre, y va di:
 
- Mol contén estic. Beneít sigue Déu nostre Siñó, lo meu abad, San Benito y la meua dona gustosa melosa y sabrosa.
 
Lo abad, habénli fet doná en lo vi que li enviabe una miqueta dels polvos aquells que lo faríen dormí unes cuatre hores, se va torná a ficá la cassulla, y en lo seu monjo en cuidadet lo van torná a la sepultura aon habíe sigut enterrat.
Pel matí, només fes de día, Ferondo se va despertá y va vore per alguna bada del nincho una mica de llum, cosa que no veíe desde fée deu mesos, pel que pareixénli está viu, va escomensá a cridá:
 
- ¡Obríume, obríume! - y li va fótre en lo cap contra la tapa del sepulcro, tan fort que la va moure, perque estabe una mica fluixa aposta. Ya escomensabe a obrís cuan los monjos, que habíen resat maitines, van córre cap allí, van reconéixe la veu de Ferondo, lo van vore ya eixí del sepulcro, y esglayats tots per lo extrañ del cas, van colá cametes ajudéume y sen van aná a trobá al abad. Este, fen vore que se eixecabe de la orassió, va di:
 
- Fills, no tingáu temó; prenéu la creu y l´aigua bendita y veníu detrás de mi, y veigam lo que lo poder de Déu mos vol mostrá - y aixina u van fé.
 
Estabe Ferondo mol blang, ya que habíe estat tan tems sense vore lo sel, fora del atabut. Al vore al abad, va córre als seus peus y li va di:
 
- Pare meu, les vostres orassions, segóns me ha sigut revelat, y les de San Benito y les de la meua dona me han tret de les penes del purgatori y tornat a la vida; pel que rogo a Déu que tinguéu bons díes y bones calendes, avui y sempre.
 
Lo abad va di:
 
- Alabat sígue lo podé de Déu. Ves, pos, fill, ya que Déu aquí te ha tornat, y consola a la teua dona, que desde que ten vas aná ha estat plorán, y sigues desde avui amic y criat de Déu.
 
Va di Ferondo:
 
- Siñó, aixina ha sigut dit; dixéume fé a mí, que en cuan la troba, la besaré mol.
Lo abad, quedánse en los seus monjos, va fé cantá a tots devotamen lo miserere.

Ferondo va torná a la seua vila, aon, qui lo veíe fuchíe de ell com sol fes de les coses horribles, pero ell, cridánlo, afirmabe que habíe ressusitat.
La dona tamé teníe temó de ell, pero después de que la gen va aná prenén confiansa en ell, y, veén que estabe viu, li preguntaben sobre moltes coses; convertit en sabio, a tots contestabe y donabe notíssies de les almes dels seus paréns, y cavilabe les mes hermoses fábules del món sobre los fets del purgatori, y dabán de tot lo poble va contá la revelasió que habíe sigut feta per boca de Arañuelo Grabiel abans de que ressusitare. Per naixó, giránse cap a casa en la dona y entrat en possessió de los seus bens, la va preñá al seu pareixe, y va passá per ventura que arribat lo tems adecuat en opinió dels tontos, que creuen que la dona porte als fills pressisamen nou mesos, la dona va parí un fill mascle, que se va di Benedetto Ferondo. La tornada de Ferondo y les seues paraules, al creure casi tot lo món que habíe ressussitat, van aumentá sense límits la fama de la santidat del abad; y Ferondo, que per los seus sels habíe ressibit moltes palisses, segóns la promesa que habíe fet, va dixá de sé selós, y contenta la dona, van viure juns, encara que cuan ella podíe, de bona gana se trobabe en lo san abad que tan be la habíe servit.


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