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lunes, 2 de febrero de 2026

LO PALAU ENCANTAT. Pere d'Alcàntara Penya y Nicolau

PERE PENYA. Pere d'Alcàntara Penya y Nicolau. LO PALAU ENCANTAT.

Pere d'Alcàntara Penya y Nicolau. LO PALAU ENCANTAT.


Palma lo viu naxer el dia 19 d'octubre de 1823. De molt jove se dedicá a la literatura, y los periódichs insertaren ses primeres composicions, que escrigué en castellá.

Cursá la jurisprudencia en l'Universitat de Barcelona; y aprés, per sos conexements especials, fou nombrat p'el Govern mestre de fortificacions y edificis militars de l'illa.

Ha pres bona part en lo renaxement de les lletres catalanes, y obtengut dos accéssits en los Jochs florals de 1867, el premi extraordinari d'un brot de taronger florit d'argent en los de 1868 per son romanç Lo Palau encantat, y mes tart altres accéssits.

Palau, Beceite, vista posterior, delantera, eras, dibujo antiguo

LO PALAU ENCANTAT.


Fugint s'en va la regina

Per garrigues e pinars,

Contristada e consirosa,

La nuyt derrera de l'any.


La nuyt que n'es fosca e neyra

Com lo temps qu'esdevindrá,

Car de l'argentada luna

N'ha finit lo veyl minvant.


No mostra lo cel esteles,

Qu'enterbolides les han

Les núus de pols que levaven

De irades hosts mantz cavayls.


EL PALACIO ENCANTADO.

Acongojada y pensativa va huyendo la reina por selvas y pinares la noche última de diciembre.

Y fue aquella noche lóbrega y triste, símbolo del tiempo que sobrevendrá, pues hubo fin el viejo menguante de la plateada luna de Mahoma.

No brillaron en la bóveda celeste las estrellas, ocultó su resplandor la polvareda que levantó la caballería aragonesa.


Del cor de la beyla n'ixen

D'angoxa sospirs amarchs;

Perles de sos uyls ne cauhen,

De sos uyls de viu esguart.


N'ha motiu d'aytal tristança,

N'ha rahó de dol aytal;

Jorns de joy hagué, mas ara

Los vinents jorns son de plant.


Que n'ha estat fort trist per eyla

Açeyl jorn malavirat,

Que n'ha perduda Maylorques

Ab lo xech e son infant;


E ha vist feresta matança

De sarrhins e chrestians

Dins sa maysó que guardaven

Los guerrers pus esforçats.


Per ço futx sense pus companya

Que ses esclaues leyals,

E los pochs esclaus que pogren

Escapar d'un greu trespás.

___


- ¿Perqué tant ploratz, regina? -

L' hi claman tuyt los esclaus,

Esvahida es l'illa vostra,

Obs n'es ja qu'el briu eus salv.


Amargos suspiros se exhalan del pecho de la hermosa agarena, perlas destilan sus ojos, lágrimas que anublan su ardiente mirada.

No es sin razón su tristeza, justo es por demás su dolor: sí gozó días de ventura, de duelo serán los que le restan;

Que ha sido bien triste para ella aquel en que perdiera a un tiempo el reino de Mallorca, el Jeque su esposo y el hijo de sus entrañas.

Y desde su mansión, guardada por los más valientes guerreros, ha presenciado la horrible matanza de sarracenos y cristianos.

Por eso huye sin mas compañía que la de sus leales esclavos, los pocos leales que lograron escapar a una muerte cruel.

____

- ¿Por qué así lloráis, o reina? le preguntan sus esclavos. Conquistada la isla, sólo puede salvaros vuestro brío.


- Ay! no plor, no, mon reyalme

N'el captiuatje d'en Sayd,

Que plor la mort que li espera

A mon fiyl, lo douç infant;


Tramés l'han de l'Almudayna,

Pres a mans d'un rey estrany:

¡Mal verí que occís en Jacme!

¡Sa corona fongue un lamp! -


¡Trista! la mora camina

Per vinyes e oliverás,

Ab lo pit las que respira

De greu dol ultrapassat.


Es ja l'alba y no 's detura;

Luny de la ciutat s'en va;

Perdudes ha ses armilles,

Trossetjat son manteyl blanch.


Vola al vent sa cabeylera,

N' ha los peus ensanchnentats,

Y en la terra ses petjades

Hi lexan sagell de sanch.


Corren los chrestians tras eyla,

Via dreta a haverla van,

Que saben que la regina

N'es rica e gentil de faç;


- No lloro, no, mi reino perdido, ni el cautiverio de Said; lloro la muerte que amenaza a mi hijo, al dulce hijo de mi amor.

Arrancado le han de la Almudayna; preso queda en manos de un rey extranjero:
¡Mal veneno hubiese muerto a Jaime! ¡Derrita el rayo su corona! -

Triste avanza la mora por viñedos y olivares, con pena respira su pecho, traspasado por el dolor.

Despunta ya el alba, y sin detenerse, huye alejándose siempre de la ciudad. Perdió ya sus almillas, hecho jirones lleva el blanco velo.

Ondea al viento su cabellera, y el delicado pie, fijándose perezoso en las guijas del sendero, deja en ellas rastro de sangre.

Persíguenla sus enemigos, vía recta corren tras ella; demasiado saben que es rica y que es hermosa.


E lá al Capdepeyra dien

Qu'eyla n'ha encantat palau,

Tot ple d'aur e de riquea,

Abscondut enfre penyals. (entre)


Debades corretz, debades;

Gents d'Aragó, cathalans;

No hauretz aur, de la regina

No veuretz, no, lo palau.


Que es fada la noble fembra,

E sols la via eyla sap

Del palau, e per aubrirlho

Les paraules del encant.


Bataylers, liuratzvos d'eyla,

Liuratzvos de sos mals arts,

Qu'iratjós son cor respira

Venjament de los chrestians.

_____

Ja s'acosta la regina,

A la mes lunyana vall;

Ja del albor la lum rotja

Guarneix les núus de levant:


Enfre los pins qu'escomouen

Les ones è lo mestral

Appar lo viarany que mena

A son palau encantat.


Y dicen que escondido entre altísimas peñas, posee más allá de Capdepera un palacio encantado, en donde por todas partes brillan el oro y los diamantes.

En vano corréis, los de Aragón; en vano corréis los catalanes: no os será dado arrebatarle su oro, ni alcanzaréis siquiera ver su palacio.

Es hada la noble mora; sólo ella conoce la senda de su morada, sólo ella sabe las palabras misteriosas a cuyo sonido se abren sus puertas.

Guárdaos de ella, guerreros; guardaos de sus malas artes, que su corazón herido respira sediento de venganza.

__

Ya se aproxima la reina al valle más apartado, ya esmalta las nubes de oriente la luz rojiza del alba.

Por entre los pinos que se conmueven al bramido de las olas y del viento, serpentea el sendero que conduce al encantado albergue.


Los árbres semblan fantasmes

Que 's levan dels arenals,

E 'l xeloch que los enclina

Dona 'ls formes de gegant.


Enfre un badaluch de roques

Veuse lo pregon portal

De 'l palau, e les arpeyles

A esbarts hi volan denant.


¡Oh, qué beyla arquitectura!

¡Oh, qué richs filigranats!

¡Qué n'está de ben guarnida

La porta de lo palau!


Barons, que de la montanya

Anatz baxant vers lo pla,

Corretz tuyt, passatz cuytosos

Les fredes aygues del prat.


Si voletz soptar riquees

Al som tenitzles ja lá;

N'es lassa ades la regina

Si d' haverla ne sotz gays.


La regina clama y s'obre

Lo gentil, lo beyl portal.

Torna clamar la regina

E s'enlumina lo ermás.


Los árboles semejan fantasmas que se elevan en medio de los arenales; doblega el huracán sus ramas y les da formas gigantescas.

Ábrese el profundo dintel entre escabrosos peñascos; entorno vuelan a bandadas los milanos que tienen su nido en las rocas.

Oh! ¡qué bella arquitectura! ¡Cuánta riqueza de filigranas! ¡Cuán delicadas esculturas en las puertas del palacio!

Barones que de la montaña vais bajando hacia la llanura, corred, pasad presurosos las frías aguas del prado.

En vuestras manos están estas riquezas si de ellas tenéis deseo; abatida está la reina si es que anheláis alcanzarla.

Llama la reina y se abren las cinceladas puertas; vuelve a llamar y se ilumina el palacio misteriosamente.


Per les roques ja s'endreçan

A ferfoylons los chrestians,

Donant clams de gran follia,

Vesent maraveyla aytal;


Tras de la regina corren;

Nengú d'eyls l'atenyerá,

Car de lo sol a l'exida

Ha arribat a son palau.
___


Fora los esclaus ne restan

Ab açagayes armats,

Les esclaues dins les sales

Cuydan los tresors que hi ha.


A mils de pilars maçisos

D'aur, d'argent e de crestayl,

E ganfanons e senyeres,

Armes, escuts e turbants.


A betsef joyels e robes,

Paveylons, coxins broidats

Ab margarides e peyres

De gran preu dessus sendat.


Mantz drap-rasos, alcatifes,

Taules d'ivori e corayl,

Safilis e belles perles,

E caramulls de diamants.


A centenares los cristianos van trepando por las rocas y exhalan frenéticos clamores al descubrir tal prodigio de belleza.

Todos corren tras de la reina; ninguno de ellos logrará alcanzarla, porque llegó ya a su alcázar a la salida del sol.

Fuera quedan los siervos armados de azagayas; las siervas en las salas cuidan de los encantados tesoros.

Millares de columnas de oro macizo, de plata y de cristal, y banderas y pendones, armas, escudos y turbantes.

Alhajas de valor inestimable, pabellones de telas magníficas y cojines bordados de margaritas y piedras preciosas sobre finísimo cendal.

Cortinas de raso, alfombras, mesas de coral y de marfil, perlas y zafiros y montones de diamantes.


Ja hi arriban, ja hi arriban

Los chrestians agosarats:

Los esclaus volen occiure,

Les espahes van brandant.


Esvahir la porta volen

Com a barons esforçats,

Mas fortment lluytan e feren

De la regina 'ls esclaus.


Ja es levada la cortina

De la gran cambra reyal,

Ont s'hi ouen sons melodiosos

E d'oçells estranys lo cant.


Ja 'n va a passar la regina

A darlot son rich lindau,

Quant òu lo brugit de lançes

E de colteyls guerretjant.


Sos esclaus veu que cedexen

P'els chrestians environats.

¡Ay! ¡còm sent la gentil fada

No poder fadar chrestians!


No 'l' cal intentarho ab ira,

No n'ha força ton esguart:

Oli sant senyá lurs testes,

E crotz roijes lurs pits han.


Ya se acercan animosos los cristianos; ya esgrimen sus espadas amenazando de muerte a los esclavos.

Intentan forzar la puerta como buenos y valientes, mas los siervos de la reina resisten con fiereza.

Álzase ya la cortina de la cámara real; óyese en sus salones el melodioso canto de aves mil traídas de extrañas regiones.

A pasar va ya la reina el magnífico dintel, cuando se oye el crujir de los hierros y el clamor de los combatientes.

Conoce que ceden por fin sus servidores estrechados por los de Aragón; y ¡cómo siente la gentil hada que no puedan sus artes contra los cristianos!

No vale que lo intente en su enojo, no tiene fuerza contra ellos su mirada; óleo sagrado ungió sus frentes y cruces rojas defienden sus pechos.


Mas tost clama la smarrida

Regina - “Per fat e fat

Que me encomaná ma mare

Que ver diga e veritats,


E un punt mes. Que 's torn de màrbre

Tot mon encantat palau,

De màrbre 'ls tresors que acluca,

De màrbre tuyt mos esclaus.” -


Dix, e dessots la cortina,

Que cau feta màrbre ja,

Despareix la noble fembra

De tristança sanglotant.


Encercantla van cuytosos

Los chrestians desperançats;

Peyres e mes peyres troban

Dins totes les sales grans;


Son de guix les alcatifes,

Les senyeres son de sal,

Codols son perles e joyes,

E los coxins son de fanch.


Los mil pilars d'aur son roques,

Munts de grava los brillants,

Mes tot ha forma e semblança

De lo que fonch pauch temps ans.


Mas luego prorrumpe la afligida mora: - En virtud del poder que me legó mi madre, y mayor aún si fuere necesario, dispongan los hados que resulte verdadero y se cumpla lo que voy a decir:

Conviértase en mármol mi encantado alcázar, de mármol sean los tesoros que encierra, y séanlo también mis siervos todos (9).” -

Dijo, y detrás de la cortina, que cae convertida en piedra, desaparece la noble dama, sollozando llena de mortal angustia.

Buscándola van sus enemigos, afanosos y desesperanzados; en todas las salas encuentran solamente piedras y más piedras.

Son de yeso las alfombras, las señeras son de sal, guijas son perlas y joyas, y de arcilla los ricos almohadones.

Los pilares de oro son rocas, montones de greda los diamantes, mas todo conserva la figura misma de lo que fue antes.


Lo pavelló de la cambra

De la fada es màrbre blanch,

E 'ls chrestians qu'entrar hi volen

Ja no lo poden levar.


Absconduda la regina

No 's lexa de planyer may,

Cobejant lo jorn que a moros

Maylorques regne retrá.


Sis setgles n'ha fet que plora.

¡Qué n'es de trist lo seu plant!

Jo l'he sentit e 's levaren

Mos cabeyls dessus lo cap.


Per los murs e les arcades

Del palau vessantne están

Les lágremes de la fada

Qu'anyora son fill aymat.


E enquer huy los que penetren

Entro ceyl loch de trespás,

Aytanta beylea esguardan

Dins son encantat palau.


Los esclaus e esclaues toquen

E les perles e diamants

Convertits en peyra viva

Que 's diu la cova d'Artá.


El camarín de la reina es de níveo mármol; no pueden siquiera alzar las cortinas los cristianos que intentan penetrar en él.

Retirada allí la reina, nunca deja de llorar, anhelando que llegue el día en que el reino de Mallorca se restituya a los sarracenos.

Seis siglos hace que llora su desconsuelo y ¡cuán triste es su llanto! erizáronse al oírle mis cabellos.

Por los muros y las bóvedas van destilando las lágrimas de la infeliz princesa, que suspira por su hijo amado.

Y Todavía los que hoy penetran en aquel albergue de delicias, admiran los portentos de belleza del encantado palacio.

Tocar pueden los esclavos y las esclavas, las perlas y los diamantes, que convertidos en peña viva, vénse agrupados en el maravilloso asilo que llaman la Cueva de Artá.


//

REDOBLE I MARXA DELS TAMBORERS DE LA SALA

(Un)

Llàtzer, Tòfol, Nofre, Bruno,
Tano, Gori. Venga, hala!
Batle és ara dalt la Sala
don Jeroni Sanceloni.
Toca Toni, toca Toni.
Da-li, Pere, toca, sona,
sona, sona enhorabona.
Trota, apreta la maceta,
la maceta i pesseteta,
pesseteta te daran.

(Tots)

- D'on són? - D'on!
de la Sala. - Bons sons són.
- Tambors
que fan honors
als senyors Regidors.

- Soldats fats
dins l'entrada estan formats,
pintats
i desfressats de rat-penats.

Manteu blau.
Vius de grana en trena i trau
mostrant,
i mentrestant pregonant van clamant.

Elet net
per decret de dret estret,
que em mat
si per Ciutat no ha estat nombrat.

Cada any guany,
sense dany ni afany estrany,
el floc
color de foc, retxat de groc.

La gent sent
que és valent, i el gran talent,
ja ho sap,
i no l'alab, que el treu del drap.

Ja el blat nat
veu ventat, porgat, pastat;
i el pa
per noltros va prou car, si n'hi ha.

Tenim prim
el saïm, patim de llim;
beguem
i si porem tornarem, tocarem.

Son frac pag.
Dins un sac, tabac; i un mac
valent
mos dón rabent d'aiguardent ben ardent.

Tot groc roc
per Sant Roc un poc de lloc
al foc
perquè tampoc el xaloc no me toc.

Passam fam
i aquí entram, tocam i estam...
Gros mos
vos gos que pos a un tros sense os.

Don Hug Lluc
ja no puc, poruc, fer truc;
som ruc
i el duc retruc i l'esbuc sense suc.

Gran clam dam
son corbam goitam cercam.
Bum bum,
aquest perfum, que l'ensum que no és fum.

Tocau, dau
lo que en pau guardant estau.
Tirau
part d'aquell mau que amb clau tancau.

Renou nou
s'ou d'un sou que plou. No és prou.
És poc;
que mos tir groc, que no em moc que no et toc.

Bon so! D'or.
Vaja un cor més bo. Ah, idò!
Meiam com
mos ho partim. Tant per hom per tothom.


//

WIKItroles en dialecte occità catalá:

Pere d'Alcàntara Penya y Nicolau (Palma,1823-1906) va ser un home polifacètic que va exercir d'advocat, pintor, delineant, periodista, professor de matemàtiques, músic, mestre de fortificacions militars, urbanista, astrònom, cartògraf i escriptor, entre d'altres dedicacions, resultat dels seus múltiples interessos.

Després d'estudiar Dret a Barcelona i Madrid, on es llicencià el 1849, tornà a Mallorca, on desplegà una intensa activitat professional, intel·lectual i artística.

Intervingué al llarg de molts anys en la vida pública i cultural de Mallorca: El 1856 ingressà a l'Acadèmia Provincial de Belles Arts, on impartí classes. El 1862, fundà l'Ateneu Industrial, per difondre l'ensenyament tècnic entre el sector obrer. El 1869 l'Ajuntament de Palma el nomenà cronista general de Mallorca. Col·laborà en tota mena de publicacions, com la Revista Balear, el Museo Balear, El Palmesano, La Roqueta i L'Ignorància, que dirigí entre 1881 i 1883. Col·laborà amb Antoni M. Alcover, a qui donà suport en el projecte i gestació del Diccionari.[3] Fou membre de la Societat Astronòmica de París i establí relació amb l'astrònom francès Camille Flammarion, a qui transmetia les observacions fetes des de l'observatori instal·lat al colomar de casa seva.[4] Formà part de la Societat Arqueològica Lul·liana, que contribuí a fundar i que actualment conserva el seu llegat.

En la vessant tècnica, dissenyà un pla d'eixample de Palma, que s'executà parcialment a la barriada de Santa Catalina, un projecte de ferrocarril de Felanitx a Portocolom, elaborà un bon nombre de plànols topogràfics de Palma i parcel·laris cadastrals d'alguns municipis de Mallorca -com Artà, Manacor, Montuïri i Petra-, projectà i dirigí per a l'exèrcit la construcció a Palma del Quarter d'Intendència al solar de l'antic Convent dels Agustins, del Quarter del Carme (1885) i de l'Hospital militar de Santa Margalida (1878), així com l'Hospital de Felanitx (1900) o les esglésies de Sant Alfons de Felanitx (1878) i Sant Felip Neri de Porreres (1886).

llengua més arcaïtzant


Pel que fa a la literatura, fou el millor dramaturg mallorquí de la Renaixença: El cordó de la vila i La pesta groga són les seves obres més conegudes. En poesia conreà generalment el costumisme dialectal, però també la lírica intimista i també el floralisme romàntic en una llengua més arcaïtzant: la seva obra més coneguda i divulgada és el poema Sa Colcada, amb què obtingué un accèssit als Jocs Florals de Barcelona (1862), certamen en què fou premiat també els anys 1867, 1868, 1871 i 1872. En l'àmbit de la narrativa, els seus Cuentos mallorquins són considerats un precedent de les Rondaies Mallorquines d'en Jordi des Racó. La seva és una literatura popular feta d'ingenuïtat i senzillesa, amb un instint còmic apacible, que recull la llengua del país i la dignifica. I és capaç de superar una visió de la llengua inicialment localista, pròpia del seu temps.

El 31 de desembre de 1910 és declarat fill il·lustre de Palma, en un acte en què Joan Alcover pronuncia el discurs de lloança.

El març de 1928, el cicle «El Teatre dels poetes», organitzat a l'Ateneu Barcelonès, dedicà la seva 21a sessió a Pere d'Alcàntara Penya NicolauMiquel Ferrà en feu la dissertació en una conferència, que s'acompanyà de la lectura de la seva poesia.

Els mesos de març i abril del 2007, el Centre d'Estudis i Documentació Contemporània [CEDOC] i el Centre d'Estudis Baleàrics, en col·laboració amb Sa Nostra, organitzaren unes jornades d'estudi i homenatge a Pere d'Alcàntara Penya, en què participaren historiadors i filòlegs.

Vària

Consideraciones sobre el levantamiento de los comuneros de Mallorca llamados agermanats (1870)

Antiguos recintos fortificados de la ciudad de Palma (1882)

Guía manual de las Baleares (1891)

La industria mallorquina (1884)

La cuina mallorquina (1886)

Obra literària

Poesia

Records i esperances (1885)

Poesies en mallorquí popular (1892)

Teatre

El cordó de la vila (1866). Estrenada el 21 d'abril de 1866 al Teatre Principal de Palma. Companyia Miquel Sabater.

Por no entenderse (1881). Estrenada el 12 de desembre de 1869 al Teatre de La Tertulia de Palma.

La pesta groga (1890). Estrenada el 30 maig de 1886 al Cercle d'Obrers Catòlics de Palma.

Catalina Tomàs (1890)

La mort i glorificació de Sant Vicenç de Paül (1890)

Un criat nou (1892). Estrenada el gener de 1894 al Cercle d'Obrers Catòlics de Palma.

Mestre Fornari (redactada el 1892; publicada el 1900). Estrenada la temporada 1896-1897 al Cercle d'Obrers Catòlics de Palma.[11]

Narrativa

Cuentos mallorquins (1884)

La gota d'aigo (1893) [novel·la]

http://www.mallorcaweb.com/magpoesia/poemes-solts/penya.html


  1.  «Pere d'Alcàntara Peña i Nicolau». enciclopèdia.cat. Gran Enciclopèdia Catalana..
  2. «PEÑA I NICOLAU, PERE D'ALCÀNTARA». Visat. PEN Català. [Consulta: març 2019].
  3. Josep, Massot i Muntaner. «Pere d'Alcàntara Penya i la llengua catalana». A: Miscel·lània Antoni M. Badia i Margarit, Volum 1. L'Abadia de Montserrat, 1984, p. 139-160. ISBN 9788472026803.
  4.  «Pere d'Alcàntara Penya i Nicolau». poesia.cat. [Consulta: març 2019].
  5. Ferrà, Miquel «En Pere d'A. Penya». La Nostra Terra, núm. 3, març 1928, pàg. 78-82.
  6.  «Cronologia de les Illes Balears del segle xx. La restauració borbònica 1901-1923». UIB. Universitat de les Illes Balears. [Consulta: març 2019].
  7.  Alcover i Maspons, Joan. Don Pedro de Alcántara Peña, hijo ilustre de Mallorca: discurso leído en la sala de sesiones del Excmo. Ayuntamiento de Palma el 31 de diciembre de 1910. Palma: Impr. de J. Tous, 1911.
  8.  «Sessió del "Teatre dels Poetes" a l'Ateneu Barcelonès, dedicada a En Pere d'Alcàntara Penya». La Publicitat, 02-03-1928, pàg. 6.
  9.  Lladó i Rotger, Francesc «Pere d'Alcàntara Penya al Teatre dels Poetes». S'esclop. Quadern cultural, núm 25, 2006, pàg. 30-33.
  10.  «Memòria Activitats 2007». UIB. Universitat de les Illes Balears, 31-12-2007. [Consulta: març 2019].
  11. Mas i Vives, Joan. Diccionari del teatre a les Illes Balears, Volum 2. L'Abadia de Montserrat, 2003. ISBN 9788484158325.
  12. «Pere d'Alcàntara Peña Nicolau». A: Dolç i Dolç, Miquel (coord.). Gran Enciclopèdia de Mallorca. Volum 13. Palma: Promomallorca, p. 44-46. ISBN 84-8661702-2.
  13. Miralles i Monserrat, Joan. Antologia de textos de les Illes Balears: Segle XIX. L'Abadia de Montserrat, 2007.
  14. Font Poquet, Miquel dels Sants. Pere d'Alcàntara Penya (1823-1906): vida i obra. Palma: Miquel Font Editor, 2006 (Evast e Aloma, 26). ISBN 9788479671143.
  15. Serra I Busquets, Sebastià; Pujals I Mas, Margalida. L'obra de Pere d'Alcàntara Penya i Nicolau. Edicions Cort, 2001 (Els ullals). ISBN 9788475355016.
  16. PONS PASTOR, Antoni. Don Pere d'Alcàntara Penya. Palma: Documenta Balear, 2009. ISBN 9788492703005
  17.  Mas i Vives, Joan. «Pere d'Alcàntara Penya». Institut del Teatre. Diputació de Barcelona. [Consulta: març 2019].

lunes, 29 de julio de 2024

4. 6. Testamén del tío Gil Amor.

Capítul VI.

Testamén del tío Gil Amor.

Testamén del tío Gil Amor. Ayerbe

Moltes coses grassioses o extraordinaries ha vist lo lectó hasta ara; pero cap mes que la que va passá aquells mateixos díes en uns consultós de Ayerbe. Eren un agüelo, una agüela y una sagala de uns vin añs, bastán donosa, encara que una mica morena, y mol ben vestida, formán contraste en les gales dels agüelos, que ya no podíen mes de cansats; y los tres en un tuf a dol mol espés y ressién, be que sense cap siñal de habé plorat. Los acompañabe un sagal del poble en lo que igual s'habíen topetat al carré y lo van agarrá per guía, ere aprenén de barbé, de uns catorse añs de edat, nova generassió que ya no coneixíe Pedro Saputo. Li va preguntá de quí ere, y va di que ere fill de la Suspira, y que sa mare díe que encara eren en ell algo parens.

- Home, mira lo que dius: conec a ton pare y a ta mare, y no sé res de mescles en ells. A vore cóm u endilgues.

- Sí, siñó, va replicá lo aprendís mol confiat; perque ma mare es cusina tersera de la tía Simona de Tuteubusques, que es cusina germana de Ramón Portodós, y Ramón Portodós va sé en la seua primera dona gendre carnal de la mare de Juan Brams, que está casat en la filla de Tornavoltes, que es cuñat de la sogra del germá del home de Salvadora Olvena, sa padrina de vosté. Va soltá aquí Pedro Saputo una gran carcañada, se va fé sis miches creus de admirassió, va torná a enríuressen, y va di:

- En efecte, tot aixó es verdat; pero sumats tots eixos parentescos, afinidats y consanguinidats, podríes di, com diríe Bart Simpson: multiplícat per cero. Li va caure tan en grassia aquell método de trobá les families, que después cuan sentíe de parentescos lluñans que se buscáen per interés, per vanidat, o per afissió y amor a les persones, al pun sen enrecordáe y díe. Lo entronque de la Suspira. Hasta los agüelos de la consulta sen van enriure en tot lo dol y la temó que portáen. Li va di al sagal que teníe que parlá y tratá en los forastés, que sen podíe aná, pero que tornare un atre día mes desplayet a fé una nova mostra de la seua bona memoria.

Va pendre entonses la paraula lo vell, y va di:

- Natros, siñó, venim a presentatos an esta chica, ya la veéu, que es mol pobra, y vosté si voléu la podéu fé rica.

- ¿Yo?, va di Pedro Saputo; ya tos explicaréu.

- Sí, siñó, ya mos explicarem, va continuá lo agüelo. Pos, com anaba dién, es filla de un gendre que vam tindre, y de una filla que se va morí fa sis añs. Ell la va matá, ell, sí siñó, perque ere una mala testa, gos, dropo, gastadó en dones roínes, que, siñó, a tot arreu ne ñan. Conque segons aixó, esta sagala es neta nostra. Pero com son pare se va fotre lo que li van doná y li vam doná, sempre los vam tindre que portá a cascarrulles mentres va viure la nostra filla, y después de tot mo sen van aná acabán; y ara les passem no de almoyna, perque no es verdat, pero sí com Deu vol. En fin, que la chica sigue felís, que a natros de poc ya mos pot engañá lo món. 

Pos siñó, yo tenía un germá que ere ric, no ric ric que diguem, perque atres u són mes; pero sí, siñó, ric de verdat per al que ell ere. Perque ademés que mons pares (¡cuáns añs fa!) li van doná mes que a mí, ell va sé mes tratán y ambulán, y la seua dona mes aspra y roína que una serba verda. Y van tindre bons añs y no mals fills, ni bons ni roíns, perque no ne van tindre cap. En mules y bueys y bestiá de tota classe de pel va guañá lo que ell se sap. Mort ara fa sing díes, dixe hereua a la nostra neta Ninila (Petronila), que es única a casa seua y a la meua, en pacte y condissions que se ha de casá dins de un añ y que sigue en la aprobassió y a gust de Pedro Saputo de Almudévar, que es vostra mersé. Y lo que ha dixat són sing mil libres en dinés y atres tantes que valen les seues possessions a casa. Miro ara vostra mersé si está a la seua má, com dieba, fé rica o pobra a Ninila, perque diu lo testamén que si passe del añ o no es a gust de la vostra mersé, tot u dixe pera les almes del purgatori y del atre món.

No se va admirá Pedro Saputo de este testamén, perque lo testadó (que al momén va adiviná quí ere) lo coneixíe y volíe mol, entráe a vórel sempre que passáe per Almudévar, de sol sentíl parlá ploráe de goch, y li díe moltes vegades: Después de Deu, Pedro Saputo; y li va oferí moltes vegades tots los seus bens y buscali novia en ells. Paraules que enteníe mol be Pedro Saputo, perque ara teníe en ell a la neboda.

- Segons la vostra explicassió, va contestá al vellet, eixe germá seu ere lo meu bon amic, lo tío Gil Amor.

- Lo mateix, sí, siñó, - va di lo agüelet.

- Que en pas descanso, va continuá Saputo. Séntigo no habél vist a les seues raderes hores; alguna vegada lo vach fe quedá a minjá juns. Pero yo voldría vore lo testamén.

- Aquí lo porto, va di lo paissano; y lay va traure; y en efecte, ficáe a la sagala les dos condissions. Li va preguntá an ella si teníe galans o pretendens.

- ¿Que si ne té?, va contestá la yaya; aixina, aixina. Y menejabe los dits de la má cap a dal.

- Pero natros, va di lo vellet, n'hi tenim buscat un; aquell sí que es bo, ric, sí siñó, de una casa mol bona. Una mica torsut porte lo coll del cap, y no li agrade mol an esta sagala; pero ya li diem que aixó ve después; lo que importe es que sigue ric.

- Es verdat, va di la velleta; y yo encara hay pensat en un atre milló que eixe, perque es mes ric, y tampoc no li agrade perque es garcho, tort de un ull, y li falte lo dit gros de una má.

¿Quína culpa té lo pobre mosso?

Volíe Pedro Saputo preguntali a la sagala, y los agüelos, parla que parlarás y torna a charrá, y no la dixáen contestá, adelantánseli sempre y reñín casi los dos per quí habíe de portá la paraula. 

Al final va di lo yayo:

- Val, mira, lo que natros volem es que sa mersé mos dono un papé escrit pel seu puñ que digue que li pareix be y aprobe lo casamén que natros faigam.

- ¿Conque només es aixó?, los va preguntá ell.

- Sí, siñó, van contestá los dos; no volem res mes, que después ya u lligarem natros tot ben lligadet.

- Pos be, va di Pedro Saputo; pera fé este papé vull preguntá algunes coses a Ninila, pero a soles.

- Tot lo que vullgue, va di lo vellet; ahí la té; lo que vullgue; la chica es mol aquell, y sinó... ¡ojito!... (va di miranla en ulls amenassadós).
Natros mon anem a la fonda.

- No sirá tan rato, va di Pedro Saputo, només caldrá que ixquen un rato a la cuina. Y sen van eissí.

- Mira, li va di a la sagala; per lo que vech, traten de casát en qui tú no vols, y yo, al contrari, dessicho que te casos al teu gust. 

Disme: ¿tens algún amán, algún mosso que te vullgue y te agrado? Párlam en llibertat, perque ya vech que está la teua sort a la meua má.

- Yo crec, va contestá ella, que ñan tres que me volen be, pero un mes perque fa dos o tres añs que me festeche. Y dels atres dos, si en aquell no pot sé, tamé me casaría en consevol de ells. 

Li va preguntá entonses (ya sol per curiosidat) si son tío Gil Amor li habíe parlat de ell alguna vegada; y va contestá que moltes, y que díe que sol dessichabe una cosa an este món.

- ¿Y va di quína cosa ere? Se li van ensendre les galtes a la sagala en esta pregunta, y plena de vergoña va contestá, que portál an ell de gendre a casa. Entonses Pedro Saputo se va ficá a escriure una carta en contestassió a un atra que li van portá del mossen, y acabada, va cridá en veu grossa y forta, van entrá los agüelets, los va entregá la carta y va di que estáen despachats.

- Pos ¿y la chica?, va preguntá lo vell.

- Uspen los tres de dabán de mí, los va contestá en aspró, si no volen que los agarra del bras y los faiga rodá escales aball. 

- ¡Siñó!

- Fora de casa meua, tos dic; ¡Au!

Los pobrets, tremolán, esglayats y no atinán casi en les portes, sen van aná plorán, sense sabé qué passáe.

Los van vore Rosa y sa mare y los va fe compassió; pero al arribá a la porta del carré y abans de eixí van sentí que lo vell li díe a la sagala:

 - Tú tens la culpa, sí, tú; que no li haurás volgut doná gust.

- Ah, tunanta, va di la vella: te hay de desfé a bufetades y pessics. ¡Per no donali gust! ¡Y la herensia qué! ¡Carnussa, que mos has perdut!

- ¡Per Deu!, díe plorán la sagala. ¿Qué gust ni qué disgust li hay pogut doná yo si no me ha dit res?

- ¡No te ha dit res! Eixes coses se fan sense dís. Tú ten enrecordarás del día de avui. Y la amenassabe en lo puñ preto. La sagala juráe que res li habíe dit ni demanat; y sinó, va di, tornem a pujá.

- A pujá, va di s'agüelo, a que mos agarro en un feix y mos faigue volá per la finestra. Anem, anem, que ya te passarem la cuenta.

Van escoltá tamé tot aixó la mare y la filla, lay van contá a Pedro Saputo, extrañanles mol aquella duresa y crueldat. Pero ell les va di que ñabíe una raó pa tot alló, y que pronte aquelles llágrimes se convertiríen en goch y alegría.

 - Veigáu lo que pot lo interés, pos tan sentíen los dos perdre la herensia per no habé acatat la sagala lo que malissiosamen discurríen que yo li había demanat, creén que per naixó hay volgut quedám a soles en ella. Y lo que éstos han fet, no dudéu que de cada sen u faríen noranta nou, trobanse al mateix cas.

Y aquell únic potsé u aprobaríe dels atres.

Van arribá los agüelos a Ayerbe y apenes se va sabé lo mal recado que portáen se van espantá los pretendens de la sagala y la van dixá com los muixons cuan en gran sarabastall acudixen al caure lo día, que si va algú y tire en forsa un códul escampen tots calladets y fan una revolada cap a un atra part. Pero lo mossen, lo prior de Santo Domingo y atres persones prinsipals van prometre intersedí en Pedro Saputo, y en efecte li van enviá micha dotsena de cartes, y ell los va despachá sense contestán cap; en lo que se van reafirmá en que Pedro Saputo volíe los bens del tío Gil Amor pera les almes del atre món, y ya lo mateix mossen y lo prior dels flares sels repartíen caritativamen en esperansa.

Sis díes fée que estáe a Almudévar cuan van arribá los agüelos del testamén, y ne va está vuit mes consedinlos al cariño de Eulalia y Rosa, y ne haguere consedit mol mes de bona gana. Les va dixá, pero en tan sentimén que casi va plorá en elles; y va aná cap a Ayerbe aon tamé ne portabe una apuntada.

Apenes va arribá, va cridá a Ninila y en molta afabilidat li va preguntá quins galans li habíen quedat de tans com van di que ne teníe. Ella, enrecordansen del mal trate dels agüelos, y veén que tamé la habíe entrat a un cuarto a soles, dudán, en les galtes colorades, mirán an terra, sofocada, y luchán en la vergoña, va contestá:

- Encara que sé que no soc prou hermosa... sin embargo... ningú me ha tocat encara... lo que vostra mersé vullgue fé de mí... 

Pedro Saputo, al sentí aixó, se va portá la má al fron enrabiat; y la ira per una part, la compassió per un atra, pensán en la malissia dels agüelos, y en lo candor y inossensia de la sagala, va está un rato neguitós y apamplat sense sabé cóm rompre. 

Al remat va eixecá lo cap y li va di entre severo y afable:

- Yo lo que dessicho es la teua felissidat, y lo que te demano es que me digues si dels pretendens que teníes ten ha quedat algún fiel después de sabé que yo no te volía doná la herensia.

- Un, va di ella, tota avergoñida, suán y tragán saliva dels ñirvis.

- ¿Es lo que tú creíes que te volíe mes?

- No, siñó, ara vech que me volíe mes que aquell, perque me ha dit que tan li fotíe si yo era pobra.

- Pos ves y que me lo porton aquí tons yayos; tornarás tú tamé en ells.

Se van presentá en lo mosso; va vore Pedro Saputo que ere ben pincho, galanet com un pintó de Arnes, gallet, no massa ardén y fogós, pero de un cor com un Alejandro. Li va pareixe be y va maná cridá a un escribén y se va fé la declarassió en forma, aprobán la boda de Ninila en aquell noble y desinteressat jove. Acabat aixó, va fé quedá als agüelos y a la sagala, y an ells los va empendre aspramen lo seu mal propósit y villana sospecha, y an ella li va encarregá mol la virtut y la fidelidat al home.

En cuan a la enregistrada de aquell poble la va vore dos vegades y sempre per casualidat: ere tiessa, jarifa, collerguida, pantorrilluda y ben plantada, en aire de ficás en jarres, descocada y capás de aventali un mentíu al fill del sol; y va di: Llástima que yo no siga tot un tersio de soldats pera emportámela de vivandera.


Original en castellá:


Capítulo VI.

Testamento del tío Gil Amor.

Muchas cosas graciosas o extraordinarias ha visto el lector hasta ahora; pero ninguna más que la que sucedió aquellos mismos días con unos consultores de Ayerbe. Eran un viejo, una vieja y una muchacha de unos veinte años, bastante donosa, aunque un poco morena, y muy bien vestida, formando contraste con las galas de los viejos, que ya no podían más de cansados; y los tres apestando con un luto muy espeso y reciente, bien que sin maldita la señal de haber llorado. Acompañábalos un muchacho del lugar que acaso toparon en la calle y le tomaron por guía, el cual aprendía de barbero, de hasta catorce años de edad, nueva generación que ya no conocía Pedro Saputo. Preguntóle de quién era, y dijo que era hijo de la Suspira, y que su madre decía que aún eran con él algo parientes. - Hombre, mira lo que dices: conozco a tu padre y a tu madre, y no sé tener mezclas con ellos. A ver cómo lo endilgas. - Sí, señor, replicó el aprendicillo muy confiado; porque mi madre es prima tercera de la tía Simona de Tutelobuscas, que es prima hermana de Ramón Llevodos, y Ramón Llevodos fue con su primera mujer yerno carnal de la madre de Juan Bramidos, que está casado con la hija de Tornavueltas, que es cuñado de la suegra del hermano del marido de Salvadora Olvena, su madrina de usted. Soltó aquí Pedro Saputo una gran carcajada, se hizo seis medias cruces de admiración, volvió a reírse, y dijo: - Con efecto, todo eso es verdad; pero sumados todos esos parentescos, afinidades y consanguinidades, podrías decir: cero y llevo cero. No obstante le cayó tan en gracia aquel método de encontrar las familias, que después cuando oía de parentescos lejanos que se traían por interés, por vanidad, o por afición y amor a las personas, al punto se acordaba y decía. El entronque de la Suspira. Hasta los viejos de la consulta se rieron con todo su luto y los temores que traían. Dijo al fin al muchacho que teniendo que hablar y tratar con los forasteros, se podía ir, pero que volviese otro día más de espacio a hacer una nueva muestra de su buena memoria. Fuese, y Pedro Saputo quedó consigo en favorecerle por el despejo que mostró en la relación de tan extraño rodeo, que no era aún parar a él o a su madre, sino al marido de su madrina.

Tomó entonces la palabra el viejo, y dijo: - Nosotros, señor, venimos a presentaros esta chica, ya le veis, que es muy pobre, y vos si queréis la podéis hacer rica. - ¿Yo?, dijo Pedro Saputo; ya os iréis explicando. - Sí, señor, ya nos explicaremos, continuó el viejo. Pues, como iba diciendo, es hija de un yerno que tuvimos, y de una hija que se murió hace seis años. Él la mató, él, sí, señor, porque era una mala testa, holgazán, pendenciero, gastador con mujeres malas, que, señor, en todas partes las hay. Conque según eso, esta zagala es nieta nuestra. Pero como su padre acabó lo que le dieron y le dimos, siempre los tuvimos que llevar a cuestas mientras vivió nuestra hija, y después de todo se nos fue acabando y dio fin de día en día, y nos quedamos per istam; y agora los pasamos no de limosna, porque no es verdad, pero sí como Dios quiere. En fin, que la chica sea feliz, que a nosotros de poco ya nos puede engañar el mundo. Pues señor, yo tenía un hermano que era rico, no rico rico que digamos, porque otros lo son más; pero sí, señor, rico de verdad para lo que él era. Porque además que mis padres (¡cuántos años hace!) le dieron más que a mí, él fue más tratante y ambulante, y su mujer más ingrata y ruin que una azarolla verde. Y tuvieron buenos años y no malos hijos; bien que hijos, ni buenos ni malos, porque no tuvieron ninguno. Con mulas y bueyes y ganados de todo pelo ganó lo que él se sabe. Hase muerto ahora cinco días, y deja heredera a nuestra nieta Ninila (Petronila), que es única en su casa y en la mía, con pacto y condiciones que se ha de casar dentro de un año y que sea con la aprobación y a gusto de Pedro Saputo de Almudévar, que es vuesa merced. Y lo que ha dejado es cinco mil libras en dinero y otras tantas que vienen a valer sus posesiones con la casa. Mire ahora vuesa merced si está en su mano, como decía, hacer rica o pobre a Ninila, porque dice el testamento que si pasa del año o no es a gusto de su merced, de vuesa merced, todo lo deja para las almas del purgatorio y del otro mundo.

No se admiró Pedro Saputo de este testamento, porque el testador (que al momento adivinó quién era) le conocía y quería mucho, entraba a verle siempre que pasaba por Almudévar, de sólo oírle hablar lloraba de gozo, y le decía muchas veces: Después de Dios, Pedro Saputo; y le ofreció muchas veces todos sus bienes y buscarle novia con ellos. Palabras que entendía muy bien Pedro Saputo, porque aquél se tenía consigo a la sobrina.

- Según vuestra explicación, respondió al viejo, ese hermano era mi buen amigo el tío Gil Amor. - El mismo, sí, señor, dijo el viejo. - En paz descanse, continuó Saputo. Siento no haberle visto en sus últimas horas; alguna vez le he hecho quedar a comer conmigo. Mas yo desearía ver el testamento. - Aquí lo traigo, dijo el paisano; y le sacó; y en efecto, ponía a la muchacha las dos condiciones. Preguntóle a ella si tenía galanes o pretendientes. - ¿Si tiene?, respondió la abuela; así, así. Y meneaba los dedos levantando la mano. - Pero nosotros, dijo el viejo, le tenemos buscado uno; aquél sí que es bueno, rico, sí, señor, de una casa muy buena. Un poco torcido lleva el cuello de la cabeza, y no le gusta mucho a esta rapaza; pero ya le decimos que eso viene después; lo que importa es que sea rico. - Es verdad, dijo la vieja; y aun yo le he pensado otro mejor que ése, porque es más rico, y tampoco no le gusta porque es tuerto de un ojo y le falta el dedo pulgar en la una mano. ¿Qué culpa tiene el pobre mozo?

Quería Pedro Saputo preguntarle a la muchacha, y los viejos, hablar y darle, y no dejarla responder, adelantándosele siempre y riñendo casi los dos por quien había de llevar la palabra. Al fin dijo el abuelo: - Vaya, mira, lo que nosotros queremos es que su mercé de vuesa merced nos dé un papel escrito de su puño que diga que le parece bien y aprueba el casamiento que nosotros hagamos. - ¿Conque no más es eso?, les preguntó él. - No, señor, respondieron los dos; no queremos más, que después ya lo endilgaremos nosotros. - Pues bien, dijo Pedro Saputo; para hacer este papel quiero preguntar algunas cosas a Ninila, pero a solas. - Todo lo que quiera, dijo el viejo; ahí la tiene; lo que quiera; apuradamente la chica es muy aquél, y si no... ¡cuidado!... (dijo mirándola con amenaza). Nosotros nos vamos a la posada. - No tanto, dijo Pedro Saputo, bastará que salgan un rato a la cocina. Y se salieron.

- Mira, le dijo a la muchacha; a lo que veo, tratan de casarte con quien tú no quieres, y yo, al contrario, deseo que te cases a tu gusto. Dime: ¿tienes algún amante, algún mozo que te quiera y te guste? Háblame con libertad, porque ya veo que está tu suerte en mi mano. - Yo creo, respondió ella, que hay tres que me quieren bien, pero uno más porque hace dos o tres años que me festeja. Y los otros dos, si con aquél no puede ser, también me casaría con cualquiera de ellos. Preguntóle entonces (ya por sola curiosidad) si su tío Gil Amor le había hablado de él alguna vez; y respondió que muchas, y que decía que sólo deseaba una cosa en este mundo. - ¿Y dijo qué cosa era? Encendiósele el rostro a la muchacha a esta pregunta, y llena de vergüenza respondió, que traérselo de joven a casa (de amo joven, de yerno). Entonces Pedro Saputo se puso a escribir una carta en contestación a otra que le trajeron del cura, y concluida, llamó con voz grave, entraron los abuelos, entrególes la carta y dijo que estaban despachados. - Pues ¿y la chica?, preguntó el viejo. - Sálganse los tres de delante, les respondió con aspereza, si no quieren que los tome del brazo y les haga rodar la escalera. - ¡Señor! - Fuera de mi casa, digo; ¡ea! Los infelices, temblando, asustados y no atinando casi con las puertas, se fueron llorando, sin saber lo que les pasaba.

Viéronlos Rosa y su madre y les dieron compasión; pero al llegar a la puerta de la calle y antes de salir oyeron que el viejo decía a la muchacha: - Tú tienes la culpa, sí, tú; que no le habrás querido dar gusto. - Ah, tunanta, dijo la vieja: te he de deshacer a bofetadas y pellizcos. ¡Por no dalle gusto! ¡Y la herencia! ¡Bribona, que nos has perdido! - ¡Por Dios!, decía llorando la muchacha. ¿Qué gusto ni qué disgusto le he podido dar yo si no me ha dicho nada? - ¡No te ha dicho nada! Esas cosas se hacen sin decirse. Tú te acordarás del día de hoy. Y la amenazaba con el puño. La muchacha juraba que nada le había dicho ni pedido; y si no, dijo, volvamos a subir. - A subir, dijo el viejo, a que nos coja y nos vuele por la ventana. Vamos, vamos, que ya te ajustaremos la cuenta.

Oyeron también todo esto la madre y la hija, y se lo contaron a Pedro Saputo, extrañando mucho aquella dureza y crueldad. Pero él les dijo que había su fin en ello, y que pronto aquellas lágrimas se convertirían en gozo y alegría. - Y ved, les dijo, lo que puede el interés, pues tanto sentían los dos perder la herencia por no haber condescendido la muchacha a lo que maliciosamente discurrían le había yo pedido, creyendo que por eso he querido quedarme a solas con ella. Y lo que éstos han hecho, no dudéis que de cada ciento lo harían noventa y nueve, hallándose en el mismo caso. Y aquel único lo aprobaría quizás en los otros.

Llegaron los viejos a Ayerbe y apenas se supo el mal recado que traían se espantaron los pretendientes de la muchacha y la dejaron como los pájaros cuando con gran bullicio acuden al caer el día, que si va alguien y tira con fuerza una piedra huyen todos callados y vuelan a otra parte. Mas el cura, el prior de Santo Domingo y otras personas principales les prometieron interceder con Pedro Saputo, y con efecto le mandaron con un propio media docena de cartas, y él les despachó sin contestar a ninguna; con que se afirmaron más y más en que Pedro Saputo quería los bienes del tío Gil Amor para las almas del otro mundo, y ya el mismo cura y el prior de los frailes se los repartían caritativamente en esperanza.

Seis días hacía que estaba en Almudévar cuando llegaron los viejos del testamento, y estuvo ocho más concediéndolos al cariño de Eulalia y Rosa, a quien hubiera concedido mucho más de buena gana. Dejólas en fin, pero con tanto sentimiento que casi lloró con ellas; y fue a Ayerbe donde también llevaba una registrada.

Apenas llegó, llamó a Ninila y con mucha afabilidad le preguntó qué galanes le habían quedado de tantos como le dijeron que tenía. Ella, acordándose de los malos tratamientos de los abuelos, y viendo que también la había entrado en un cuarto a solas, dudando, ruborosa, mirando a tierra, sofocada, y luchando con la vergüenza, respondió: - Aunque conozco que no soy bastante hermosa... sin embargo... nadie me ha tocado aún... lo que vuesa merced quiera hacer de mí... Pedro Saputo, al oír esto, dejó caer la frente en la mano sobre la mesa; y la ira por una parte, la compasión por otra, pensando ya en la malicia de los viejos, ya en el candor e inocencia de la muchacha, le tuvieron un rato desazonado y perplejo no sabiendo cómo romper. Al fin levantó la cabeza y le dijo entre severo y afable: - Yo lo que deseo es tu felicidad, y lo que te pido es que me digas si de los pretendientes que tenías te ha quedado alguno fiel después que han sabido que yo no te quería dar la herencia. - Uno, dijo ella, toda avergonzada y sudando y tragando saliva de congoja. - ¿Es el que tú creías que te quería más? - No, señor, sino que agora veo que me quería más que aquél, porque me ha dicho que no se le daba nada de que yo fuese pobre. - Pues anda y que me le traigan aquí tus abuelos; volverás tú también con ellos.

Presentáronse con el mozo; vio Pedro Saputo que era bien dispuesto, galancete, un si no es ardiente y fogoso, pero de un corazón como un Alejandro. Parecióle bien y mandó llamar un escribano y se hizo la declaración en forma, aprobando el casamiento de Ninila con aquel noble y desinteresado joven. Concluido, hizo quedar a los abuelos y a la muchacha, y a ellos les reprendió ásperamente su mal propósito y villana sospecha, y a ella le encargó mucho la virtud y la fidelidad al marido.

En cuanto a la enregistrada de aquel lugar la vio dos veces y siempre por casualidad: era tiesa, jarifa, cuellierguida, pantorrilluda y bien plantada, aire de ponerse en jarras, descocada y capaz de arrojar un mentís al hijo del sol; y dijo: Lástima que yo no sea todo un tercio de soldados para llevármela de vivandera.