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lunes, 29 de julio de 2024

4. 14. Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Capítul XIV.

Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel; Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Solíe di que preferíe enemics espabilats que amics apamplats. 

Díe que en general tots los homens són bons y tots roíns, perque no los ham de demaná lo que no poden doná, ni voldre que obron com no los convé encara que igual entenen mal esta conveniensia. 

Y en cuan a la justissia, que o no la coneixen en los casos que obren mal, o que no saben lo que val.

Li van preguntá una vegada, quins homens eren los mes perjudissials, y va contestá que los envechosos. Se van admirá de esta resposta, y van voldre sabé lo que sentíe dels lladres, assessinos y datres; y va di, que dels primés, lo envechós pegue en lladre, y per enveja escomensaben a sé roíns; que los atres són uns miserables, ignorans, soques y mal encaminats per uns atres com ells, o perduts per la mala educassió cuan eren chiquets y mossos; pero que al final, tart o pronte se fa justissia. Pero que lo envejós o la envejosa es un verdadé malsín, lo traidó per naturalesa, lo animal propiamen dit, contra qui no ña cástic a les leys ni a les costums, per al mal que cause en general y en particulá, que es mes que lo que mos ve de totes les demés classes juntes de homens perversos y malvats. Que la enveja ha causat mes trastornos al món que la codissia y la ambissió juntes, si no es que la ambissió sigue un nom dorat pera la enveja. Pero que sin embargo podíen alguna vegada, y de particulá en particulá, produí un be paregut al de les cagarrines y colics al cos humano, que si no són frecuens ni mol graves, fan al home templat y sobrio.

Tamé díe moltes vegades que la avarissia no habíe eixecat cap casa; y sí moltes lo orden y la economía.

Díe que los mes grans enemics del be del home solen sé la vanidat y la dropina. La vanidat perque gaste mes de lo que pot y se arruine o diu mes de lo que deu y cau en grans inconveniens; y la perea, la dropina, perque va detrás de les estassions al tems, de la saó als negossis, dels fets als acontessimens, dixansu vindre tot damún, hasta que li cau la casa y acabe a les seues ruines, enrunat y arruinat, o fuch espantada y no trobe aon fotres, pobra, falta de consell y aburrida.

Díe que la tontería es mal incurable (només cal vore a Carlos Rallo Badet) y códul al que sempre se entropesse; y que los tres mes grans traballs que pot passá un home són viure en imbessils, tratá en embusteros y viachá en un cobart (Julio Micolau de La Fresneda fa les tres coses, que pareix lo gos de Quintaneta).

Lo influjo de la imprenta y la aplicassió de cadaú guiada y exitada per los sabuts, díe que lo faríen home al món, perque hasta ara (al seu tems) encara no habíe eixit de chiquet.

Creíe que los homens may habíen sigut millós, sino que a uns atres tems van tindre menos leys y menos sossiedat, y així menos juissi y censura de les seues acsions; pero que la sossiedat se habíe anat constituín milló, encara que no be del tot.

Segons ell, los homens del seu tems no enteníen lo comers, la agricultura, les arts, ni les siensies, perque li pareixíe que no veíe mes que torpesa, casualidat, charlatanisme y miseria.

Cuan se va sabé la seua ressolusió de casás li van preguntá, cóm sén tan sabut caíe an esta vulgaridat. Y va contestá: no es vulgaridat casás, perque es seguí la naturalesa, sino casás mal per interés o per mera y sola raó de nom, y queixás después, o condená lo matrimoni y parlá mal de les dones.

Abans de coneixe a son pare díe que donáe grassies a Deu perque no lay habíe dixat coneixe, pos habíe vist mols chiquets de qui no li penaríe sé pare, y pocs homens de qui voldríe sé fill. 

Pero cuan va trobá a son pare, va plorá de pena de no habél conegut desde la cuna. Y sobre lo seu apellit va contestá a don Vicente, son germá de Morfina, que li va preguntá si estáe orgullós de ell: ya me pareixíe a mí que no podíe escapá de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, perque estos linajes són com los vileros que a tota vila se troben.

Com habíe tratat en flares y monges y los coneixíe mol be, díe que an aquells los faltabe un voto, y an estes nels sobraben dos. 

Pero no explicabe mes, y no sabem quins votos eren eixos.

Per tres coses (díe) donaría yo la vida: per la religió que professo, per ma mare y per lo meu poble. Li van preguntá una vegada que acababe de di aixó, si la donaríe per lo Rey; y va contestá que no enteníe la pregunta.

Solíe di que en general la primera nessessidat de les dones es parlá; la segona murmurá de atres, y la tersera, sé adulades.

La perea als jovens, la desautoridat als agüelos, la vanidat a les fees, y casá a un home baixotet en una dona alta, díe que són cuatre pecats iguals, contra natura.

Recomanán la frugalidat solíe di: carn una vegada al día, y eixa a 

l'olla o rostida. Y condenán la tacañería als plats: lo milló dols es la mel, lo milló coc, lo bon pa, lo milló licor, lo bon vi, y lo milló guiso, lo mes curtet y simple.

Díe que ñabíe cuatre coses que lo ficaben a pun de alferessía: taula menuda, llit curt, mula pesada, y navalla sense esmolá.

Cuatre que li omplíen l'alma de rissa: una agüela en flos, un home gurrumino, un predicadó de mal ejemple, y un flare o retó fenli la roda a una dama.

Y cuatre que li féen portá la má a la espasa:

engañá a un sego, feli la burla a un agüelo, un home peganli a una dona, y un fill maltratán a son pare o a sa mare.

Están a Sevilla li van brindá si volíe aná a vore a una poetisa que componíe sonetos, églogues de pastós y atres poemes; y va contestá que sí, pero que li habíen de di en tems lo día y la hora perque volíe preparás.

- ¿Quína preparamenta nessessitéu?, li van preguntá, y va di:

purgám y llimpiá be la pancha, y después péndrem un elixir que sé fé yo en gitam, mol espessial contra los vomits y la fluixera de ventre.

Entre les sentensies dels antics la que mes li agradáe ere aquella de Virgilio: Felix qui potuit rerum cognoscere causes. "dichós, felís, lo que alcanse a coneixe les causes de les coses»; aixó es, a la naturalesa.

Y de ell la sentensia mes sélebre es esta: que lo mol resá a ningú ha fet san, ni lo mol lligí sabut (només cal vore a Moncho), ni lo mol minjá ressio y fort.

Moltes atres dites y sentensies se li atribuíxen; pero o són mol vulgás, o sels vol doná autoridat en lo seu nom. Y així mateix se conten de ell diferens fets que de cap manera corresponen al consepte que lo seu gran talento y máxima prudensia mereixen.

Yo estic convensut de que així los dits com los fets que corren com si foren seus y són tan indignes de la seua discressió y sabiduría, perteneixen al fals o apócrifo Pedro Saputo, a qui los de Almudévar van fotre fora a gorrades y en raó del seu poble, tan malparat lo malparit, y que, com ham dit, ere un acsiomo, un dropo, gat, torpe, indessén, (algo paregut a Mario Sasot Escuer, lo de la revista de la franja del meu cul.)

Mario Sasot Escuer, capsot, franchista, la franja del meu cul

Lo fill de la pubilla va sé mol sobrio, mol fi, mol amable, persona de mol respecte, y tan gran en tot com se ha vist an esta verdadera historia de la seua vida.


Original en castellano:

Capítulo XIV.

Máximas y sentencias de Pedro Saputo.

Solía decir que más quería enemigos agudos que amigos tontos.

- Decía que hablando en general todos los hombres son buenos y todos malos, porque no les debemos pedir lo que no pueden dar, ni querer que obren como no les conviene aunque tal vez entiendan mal esta conveniencia. Y en cuanto a la justicia, que o no la conocen en los casos que obran mal, o que no saben lo que vale.

- Preguntáronle una vez, qué hombres eran los más perjudiciales, y respondió que los envidiosos. Admiráronse de esta respuesta, y quisieron saber lo que sentía de los ladrones, matadores y otros; y dijo, que de éstos mucha parte eran también envidiosos y por envidia comenzaban a ser malos; que otros son unos miserables, ignorantes, rudos y mal encaminados por otros como ellos, o perdidos por la mala educación en su niñez y mocedad; pero que al fin de todos ellos tarde o temprano se hace justicia. Mas que el envidioso es un verdadero malsín, el traidor por naturaleza, el animal propiamente dañino, contra el cual no hay castigo en las leyes ni en las costumbres, para el daño que causa en general y en particular, que es más que el que nos viene de todas las demás clases juntas de hombres perversos y malvados. Que la envidia ha causado más trastornos en el mundo que la codicia y la ambición juntas si no es que la ambición sea un nombre dorado de la envidia. Pero que sin embargo podían alguna vez, y de particular a particular, producir un bien parecido al de las indigestiones y cólicos en el cuerpo humano, que si no son frecuentes ni muy graves, hacen al hombre templado y sobrio.

- También decía muchas veces que la codicia no había levantado ninguna casa; y sí muchas el orden y la economía.

- Decía que los mayores enemigos del bien del hombre suelen ser la vanidad y la pereza. La vanidad porque gasta más de lo que puede y se arruina o dice más de lo que debe y cae en grandes inconvenientes; y la pereza, porque va detrás de las estaciones en el tiempo, de la sazón en los negocios, de los hechos en los acontecimientos, dejándoselo venir todo encima, hasta que se le cae la casa y acaba en sus ruinas, o huye espantada y no encuentra donde meterse, pobre, falta de consejo y aborrecida.

- Decía que la necedad es mal incurable y piedra en que siempre se tropieza; y que los tres mayores trabajos que puede pasar un hombre son vivir con necios, tratar con embusteros y viajar con un cobarde.

- El influjo de la imprenta y la aplicación de cada uno guiada y excitada por los sabios, decía que harían hombre al mundo, porque hasta ahora (en su tiempo) aún no ha salido de niño.

- Creía que los hombres nunca habían sido mejores, sino que en algunos tiempos tuvieron menos leyes y menos sociedad, y así menos juicio y censura de sus acciones; pero que la sociedad había estado mejor constituida, aunque no bien del todo.

- Según él, los hombres de su tiempo no entendían el comercio, la agricultura, las artes, ni las ciencias, porque le parecía que no veía sino torpeza, casualidad, charlatanismo y miseria.

- Cuando se supo su resolución de casarse le preguntaron, cómo siendo tan sabio caía en esta vulgaridad. Y respondió: no es vulgaridad casarse, porque es seguir la naturaleza, sino casar mal por interés o por mera y sola razón de nombre, y quejarse después, o condenar el matrimonio y hablar mal de las mujeres.

- Antes de conocer a su padre decía que daba gracias a Dios porque no se lo había dejado conocer, pues había visto muchos niños de quien no le pesaría ser padre, y pocos hombres de quien quisiera ser hijo. Mas cuando encontró a su padre, lloró de pena de no haberle conocido desde la cuna. Y acerca de su apellido respondió a don Vicente, el hermano de Morfina que le preguntó si estaba muy vano de él: ya me parecía a mí que no podía escapar de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, porque estos linajes son como los gorriones que en todo poblado se encuentran.

- Como había tratado con frailes y monjas y los conocía muy bien, decía que a aquéllos les faltaba un voto, y a éstas les sobraban dos. Pero no explicaba más, y no sabemos qué votos eran éstos.

- Por tres cosas (decía) daría yo la vida: por la religión que profeso, por mi madre y por mi pueblo. Preguntáronle una vez que acababa de decir esto, si la daría por el rey; y respondió que no entendía la pregunta.

- Solía decir que en general la primera necesidad de las mujeres es hablar; la segunda murmurar de otras, y la tercera, ser aduladas.

- La pereza en los jóvenes, la desautoridad en los viejos, la vanidad en las feas, y casar hombre pequeño con mujer alta, decía que son cuatro pecados iguales contra natura.

- Recomendando la frugalidad solía decir: carne una vez al día, y ésa en la olla o asada. Y condenando la prolijidad en los platos: el mejor dulce es la miel, el mejor bizcocho, el buen pan, el mejor licor, el buen vino, y el mejor guiso, el más corto y simple.

- Decía que había cuatro cosas que le ponían a punto de alferecía: mesa pequeña, cama corta, mula pesada, y navaja sin filo. Cuatro que le regaban el alma de risa: una vieja con flores, un marido gurrumino, un predicador de mal ejemplo, y un fraile o clérigo haciendo la rueda a una dama. Y cuatro que le hacían llevar la mano a la espada: engañar a un ciego, burlarse de un viejo, un hombre pegando a una mujer, y un hijo maltratando a su padre o a su madre.

- Estando en Sevilla le brindaron si quería ir a ver una poetisa que componía sonetos, églogas de pastores y otras poesías; y respondió que sí, pero que le habían de decir con tiempo el día y la hora porque quería prepararse. 

- ¿Qué preparación necesitáis?, le preguntaron, y dijo, purgarme y limpiar bien el estómago, y luego tomar un elixir que sé yo hacer muy especial contra las náuseas y la flojedad del vientre.

- Entre las sentencias de los antiguos la que más le gustaba era aquella de Virgilio, Felix qui potuit rerum cognoscere causas. «Dichoso el que alcanza a conocer las causas de las cosas»; esto es, a la naturaleza.

- Y de él la sentencia que más se celebra es ésta: que el mucho rezar a nadie ha hecho santo, ni el mucho leer sabio, ni el mucho comer robusto y fuerte.

Muchos otros dichos y sentencias se le atribuyen; pero o son muy vulgares, o se les quiere dar autoridad con su nombre. Y asimismo se refieren de él varios hechos que de ningún modo corresponden al concepto que su gran talento y suma prudencia le ha merecido. Yo me persuado que así los dichos como los hechos que corren como los suyos y son tan indignos de su discreción y sabiduría, pertenecen al falso Pedro Saputo, a quien los de Almudévar echaron con razón de su pueblo tan malparado, y que, como hemos dicho, era un mentecato, un vago y un borracho torpe e indecente. El hijo de la Pupila fue muy sobrio, muy fino, muy amable, persona de mucho respeto, y tan grande en todo como se ha visto en esta verdadera historia de su vida.

viernes, 26 de julio de 2024

1. 9. De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona.

Capítul IX.

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona.

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona.

O u hay ensomiat o u hay vist; yo crec que es lo segón. ¡Y en quina ocasió y cóm u vach vore! Encara me bull la sang y me se ensén lo coraje de pensáu. ¡Cobart! Allí debía morí, allí debía acabá, que esta va sé la seua intensió o lo seu aturdimén. Pero me va salvá l'ángel antic de Pedro Saputo perque sabíe que passán lo tems había de tindre la inspirassió de escriure la seua vida. Agraíxco la seua protecsió, y cumplixco lo encárrec de la Providensia.  

Tenen los de Almudévar, a la part del poble que mire cap a Saragossa, un santuari y capella de la nostra Siñora de la Corona a un puch o eixecada aon a un atre tems estáe lo castell dels moros

Y com la habíen renovat de la seua dixadesa y ruines van volé tamé pintala, buscán pera la obra un pintó mol afamat de Huesca, Raimundo Artigas, home melancólic, estreñit de genio, coló de fel, sec de carn, llarc de coll y cla de barbes; éste va demaná tressentes libres jaqueses per lo seu traball en la condissió que ell ficaríe los colós y l'aigua llimpia.

un pintó mol afamat de Huesca, Raimundo Artigas, home melancólic, estreñit de genio, coló de fel, sec de carn, llarc de coll y cla de barbes

U va sabé lo chiquet Pedro Saputo y se va alegrá mol perque volíe sabé de pintura, faltanli entre atres coses vore la compossisió y mescla dels colós, ya que al dibuix habíe arribat al extrem de primor y fassilidat. Va aná al mestre Artigas y li va di que lo prenguere com aprendís y criat; y la primera vegada no va volé. Pedro va rogá, suplicá, y veénlo sempre du li va di una mica enfadat pero templadamén:

- Miréu, pos, siñó mestre Artigas, que vullguéu o no vullgáu yo hay de sé lo vostre discípul; y si no, lo vostre mestre. 

Lo va mirá entonses lo mestre Artigas, va menejá lo cap y va contestá: 

- Yo tos admitixgo, chiquet Pedro, perque me es impossible fé un atra cosa obliganme una forsa secreta que no sé lo que es; pero entén que sirás lo meu discípul mentres sápigues menos que yo y may lo meu mestre encara que arribos a pintá milló que Miguel Ángel, perque per an aixó han de passá mols añs y yo soc ya vell, que ting sixanta y nou añs, y an ixa hora que me buscon al món. 

Y tots se van admirá de que lo mestre Artigas li haguere contestat tan blanamen, perque ere de condissió mol aspra, de voluntat absoluta y de opinió forta y asserada.

Van escomensá, pos, a pintá; y lo primé que lo mestre li va enseñá va sé a moldre los colós; y Pedro li preguntáe moltes vegades cóm se mesclaben y quina diferensia ñabíe dels que portáen oli als que no ne dúen, en atres coses del art. Lo mestre Artigas se importunabe, pero unes vegades de bona gana, y atres de mala, satisfée al discípul; y alguna tamé se quedabe mut o li allargáe una clatellada per resposta. Pero ell no se aburríe ni arredráe, sino que cada día procuráe servil en mes afissió y tornáe a les preguntes.

Habíen demanat los del consell al mestre Artigas que primé pintare parres y muixons y después lo que vullguere; y va pintá a la faixa del altá a la má dreta un abre en una parra y mols muixons an ella picán los raíms; y a la punta de un sarmén que fée eixí per un costat va pintá un corv. Li va di entonses Pedro: 

- Siñó mestre Artigas, si me done llissensia li diré una cosa que observo an esta pintura. La hi va doná, y va di:

Lo corv. Edgar Allan Poe.

- Astí hau pintat un corv a la parra, y los corvs mes van als muladás que a les viñes. Una garsa quedaríe milló. Se va assombrá lo mestre Artigas per l'atrevimén del discípul, y li va maná que callare y no sen ixquere de moldre los colós. Va passá un rato, y un atra vegada va di Pedro Saputo:

- Pos encara si me donáreu llissensia diría un atra cosa, siñó, mestre meu. 

- No te la dono, va contestá éste mol alsada la veu. 

- Es una cosa sense importansia, va replicá lo sagal: volía di a vostra mersé que lo corv té que pesá tan com una gallina o poc menos; y de raó hauríe de fé inclinás eixe sarmén solt, y la vostra mersé lo ha pintat tan tiesso com si fore de asser o lo corv estiguere fofo. Al sentí aixó va sé tan gran la rabia del mestre Artigas, que no podén atiná en les paraules va acudí al cacharro dels colós que teníe entre les mans y la hi va aviá en molta furia, chafanse en trossets contra enterra perque lo chiquet va esquivá lo tiro, y va di:

- No vull pintá mes, perque eres un llauradó, un descarat, un insolén, un perillán, un grandíssim bellaco. Y va cridá al poble, y ajuntanlos a la plassa los va di, que mentres tingueren al poble al atrevit de Pedro Saputo, no pintaríe la capella. Entonses Pedro Saputo va demaná llissensia pera parlá y va contá lo que habíe passat en lo seu mestre; y li van doná la raó y lo van aprobá, y no van volé que sen aniguere del poble.

- Pos men aniré yo, va contestá mol emborrascat lo mestre Artigas. 

- Anéu en hora bona, van cridá tots; pero que no se pinto la capella. Y Pedro Saputo eixecán la veu desde una pedra va di al poble: 

- Si lo mestre Artigas sen va y vatres voléu yo pintaré la capella. 

- ¡Que la pinto, que la pinto!, va cridá lo gentío. Y lo justissia y lo consell en los prohomens del poble van encarregá la pintura a Pedro Saputo. Ell entonses mol contén va di:

- Ara miréu, poble de Almudévar; yo pintaré la capella de la nostra Siñora de la Corona, pero me hau de doná lo mateix que li donáeu al mestre Artigas. Y lay van prometre. Los va preguntá qué volíen que pintare, y no sabíen qué dili. Y va torná a preguntáls: 

- ¿Voléu que pinta lo que veéu o lo que no veéu? 

Y van contestá tots: 

- Lo que no veém. 

- Pos yo, va di ell, u pintaré, y tos ha de agradá.

Inmediatamen sen va aná cap a la capella y va borrá lo que habíe pintat lo mestre Artigas, que ere poca cosa. Tres mesos va está pintán, y va acabá l' obra y va di al poble a la plassa: 

- La pintura está acabada. Ara vull que la ermita estigue vuit díes uberta pera que vaiguen a vórela tots los del poble, grans y minuts, sabuts y ignorans, y que si algú trobe defectes a la pintura me los digue pera enmendáls. Y van aná tots a vórela y ningú va trobá cap falta, sino al contrari, lo alabáen mol y díen: 

- ¿Cóm sap fé aixó lo fill de la pupila, que es un chiquet y ningú la hi ha amostrat? Pero li van di que no enteníen les escenes que habíe pintat ni la intensió de ixos cuadros. Y ell los va di: 

- Escolteume, fills de Almudévar: yo tos vach preguntá si había de pintá lo que veéu o lo que no veéu, y me vau contestá que pintara lo que no veéu. Pos be: segons ixa paraula, yo tos hay pintat a un lienzo dos cuadros; la un es un olivá, y l’atre una viña, que són coses que pera vore teniu que aná a Huesca y al Semontano; pero lo que es al vostre lloc no les veéu per dixats y dropos

Al atre lienzo ñan dos cuadros mes; la un es una dona de casa seua mol asseada y cuidada, mol atenta, modesta y aplicada a la seua faena y a la inteligensia de les coses del gobern doméstic, la volten dos chiquets y una chiqueta, fills seus mol grassiosos, llimpios, asseats, ben vestits y criats; que tamé es cosa que no veéu al vostre poble. Al atre ña una sogra y una nora minchán les dos a un plat mol concordes, amigues y ben animades entre elles: cosa que tampoc veéu a la aldea. Per lo voltán y per l'aire ñan bosques, fieres y muixons, nugols, y atres coses segons me s'anáen ocurrín, importabe poc que foren estes o datres. Y a dal a la bóveda o sel de la capella hay pintat a María Santíssima en les mans tancades perque no ña an este poble qui les óbrigue en orassions devotes y sinseres, y la obligo a obriles pera dixá caure damún de vatres les bendissions de que les porte plenes.

Al sentí esta explicassió se van quedá tots espantats de la sabiduría de les pintures, y van cridá mol rato en gran ardó y jubileu: 

- ¡Es verdat!, ¡es verdat! ¡Viva Pedro Saputo! ¡Viva lo fill de la pupila! ¡Viva la honra de Almudévar! Y lo van agarrá y lo van portá a muscles a casa seua alabanlo y cantán a la seua gloria y lo van presentá a sa mare y li van di que ere la dona mes dichosa del món. Ella lo va ressibí plorán de goch, y va doná a tots les grassies per aquell favor que mostraben a son fill.


Original en castellá:

Capítulo IX.

De cómo Pedro Saputo pintó la capilla de la Virgen de la Corona.

O lo he soñado o lo he visto; yo creo que es lo segundo. ¡Y en qué ocasión y cómo la vide! Aún me hierve la sangre y se me enciende el coraje de pensarlo. ¡Cobarde! Allí debí morir, allí debí acabar, que ésta fue su intención o su aturdimiento. Pero me salvó el ángel antiguo de Pedro Saputo porque sabía que andando el tiempo había de tener la inspiración de escribir su vida. Agradezco su protección, y cumplo el encargo de la Providencia.

Tienen los de Almudévar, a la parte del pueblo que mira a Zaragoza, un santuario y capilla de Nuestra Señora de la Corona en un pueyo o montecillo donde en otro tiempo estuvo el castillo de los moros. Y como la hubiesen renovado de su vetustad y ruinas quisieron también pintarla, buscando para la obra un pintor muy afamado de Huesca llamado Raimundo Artigas, hombre melancólico, estreñido de genio, bilioso de color, seco de carnes, largo de cuello y claro de barbas; el cual pidió trescientas libras jaquesas por su trabajo con la condición que él pondría los colores y el agua limpia.

Súpolo el niño Pedro Saputo y se alegró mucho porque quería saber de pintura, faltándole entre otras cosas ver la composición y mezcla de los colores, puesto que el dibujo había llegado al extremo de primor y facilidad. Fue al maestro Artigas y le dijo le tomase por su aprendiz y criado; y la primera vez no quiso. Porfió Pedro, rogó, suplicó, y viéndole siempre duro le dijo un poco despechado pero templadamente. - Mirad, pues, señor maestro Artigas, que queráis que no queráis yo he de ser vuestro discípulo; y si no, vuestro maestro. Miróle entonces el maestro Artigas: meneó la cabeza y respondió: - Yo os admito, niño Pedro, porque me es imposible otra cosa obligándome una fuerza secreta que no sé lo que es; pero entended que seréis mi discípulo mientras supiéredes menos que yo y nunca mi maestro aunque lleguéis a pintar mejor que Miguel Ángel, porque para eso han de pasar muchos años e yo soy ya viejo, que tengo sesenta y nueve, y a esa hora que me busquen en el mundo. Y todos se admiraron de que el maestro Artigas le hubiese respondido tan blandamente, porque era de condición muy áspera, de voluntad absoluta y de opinión fuerte y acerada.

Comenzaron, pues, a pintar; y lo primero que el maestro le enseñó fue a moler los colores; y Pedro le preguntaba muchas veces cómo se mezclaban y qué diferencia había de los que llevaban aceite a los que no llevaban, con otras cosas del arte. El maestro Artigas se importunaba, pero unas veces de buena gana, y otras de mala, satisfacía al discípulo; y alguna también se le quedaba mudo o le alargaba un pescozón por respuesta. Mas él no se aburría ni arredraba, sino que cada día procuraba servirle con más afición y tornaba a las preguntas.

Habían pedido los del concejo al maestro Artigas que primero pintase parras y pájaros y después lo que quisiese; y pintó en la faja del altar a la mano derecha un árbol con una parra y muchos pájaros en ella picando las uvas; y en la punta de un sarmiento que hacía salir por un lado pintó un cuervo. Díjole entonces Pedro: - Señor maestro Artigas, si me dais licencia diré una cosa que observo en esta pintura. Diósela, y dijo: - Ahí habéis pintado un cuervo en la parra, y los cuervos más van a los muladares que a las viñas. Asombróse el maestro Artigas por el atrevimiento del discípulo, y le mandó que callase y no saliese de su molimiento de los colores. Pasó un rato, y otra vez dijo Pedro Saputo: - Pues aun todavía si me dieseis licencia diría alguna otra cosa, señor, maestro mío. - No te la doy, respondió éste muy alzada la voz de punto. - Es una friolerilla, replicó el muchacho: quería decir a vuestra merced que el cuervo debe pesar tanto como una gallina o poco menos; y de razón había de hacer inclinar ese sarmiento suelto, y vuestra merced le ha pintado tan tieso como si fuese de acero o el cuervo estuviese fofo. Al oír esto fue tan grande la ira del maestro Artigas, que no pudiendo atinar con las palabras acudió al cacharro de los colores que tenía entre las manos y se lo tiró con mucha furia, rompiéndose en menudos pedazos contra el suelo porque el niño hurtó el cuerpo al tiro, y dijo: - No quiero pintar más, porque eres un labrador, un descarado, un insolente, un malsín, un grandísimo bellaco. Y se fue de aquel paso y llamó al pueblo, y ayuntado en la plaza dijo, que mientras tuviesen en el lugar al atrevido y vano de Pedro Saputo, no quería pintar la capilla. Entonces Pedro Saputo pidió licencia para hablar y contó lo que había pasado con su maestro; y le dieron la razón y lo aprobaron, y no quisieron que se fuese del lugar. - Pues me iré yo, respondió muy aborrascado el maestro Artigas. - Idos enhorabuena, gritaron todos; mas que no se pinte la capilla. Y Pedro Saputo levantando la voz desde una piedra dijo al pueblo: - Si el maestro Artigas se va y vosotros queréis yo pintaré la capilla. - ¡Que la pinte, que la pinte!, gritó la multitud. Y el justicia y el concejo con los prohombres del pueblo encargaron la pintura a Pedro Saputo. Él entonces muy contento dijo: - Agora mirad, pueblo de Almudévar; yo pintaré la capilla de Nuestra Señora de la Corona, pero me habéis de dar lo mismo que dabais al maestro Artigas. Y se lo prometieron. Preguntóles qué querían que pintase, y no sabían qué decirle. Y tornó a preguntarles: - ¿Queréis que pinte lo que veis o lo que no veis? Y respondieron todos: - Lo que no vemos. - Pues yo, dijo él, lo pintaré, y gustaros ha por mi cuenta.

Inmediatamente se fue a la capilla y borró lo que había pintado el maestro Artigas, que era aún poco y no muy en su lugar. Tres meses estuvo pintando, y concluyó la obra y dijo al pueblo en la plaza: - La pintura está acabada. Agora quiero que la ermita esté ocho días abierta para que vayan a verla todos los del lugar, grandes y chicos, sabios e ignorantes, y que si alguno encuentra defectos en la pintura me los diga para enmendallos. Y fueron todos a verla y nadie halló falta alguna, sino al contrario le alababan mucho y decían: - ¿Cómo sabe hacer esto el hijo de la Pupila, que es un niño y nadie le ha enseñado? Pero le dijeron que no entendían las escenas que había pintado ni la intención de aquellos cuadros. Y él les dijo: - Oídme, hijos de Almudévar: yo os pregunté si había de pintar lo que veis o lo que no veis, y me respondisteis que pintase lo que no veis. Pues bien: según esa palabra, yo os he pintado en un lienzo dos cuadros; el uno es un olivar, y el otro una viña, que son cosas que para ver tenéis que ir a Huesca y al Semontano; pero lo que es en vuestro lugar no las veis por vuestra mucha desidia y cobardía. En el otro lienzo hay otros dos cuadros; el uno es una mujer de su casa muy aseada y cuidadosa, muy atenta, modesta y aplicada a su labor y a la inteligencia de las cosas del gobierno doméstico, rodeándola dos niños y una niña, hijos suyos muy graciosos, limpios y bien vestidos y criados; que también es cosa que no veis en vuestro lugar. En el otro hay una suegra y una nuera comiendo las dos en un plato muy concordes, amigas y bien animadas entre sí: cosa que tampoco no veis en el lugar. Por ahí alrededor y por el aire hay bosques, fieras y pájaros, nubes, y otras cosas según me iban ocurriendo, como quiera que importaba poco fuesen éstas u otras. Y arriba en la bóveda o cielo de la capilla he pintado a María Santísima con las manos cerradas porque no hay en este pueblo quien se las abra con oraciones devotas y humildes, y la obligue a abrirlas para dejar caer sobre vosotros las bendiciones de que las trae llenas.

Al oír esta explicación quedaron todos espantados de la sabiduría de las pinturas, y gritaron mucho rato con grande ardor y júbilo: - ¡Es verdad!, ¡es verdad! ¡Viva Pedro Saputo! ¡Viva el hijo de la Pupila! ¡Viva la honra de Almudévar! Y le tomaron y le llevaron en hombros a su casa alabándole y diciendo cantares en su gloria y lo presentaron a su madre y le dijeron que era la mujer más dichosa del mundo. Ella le recibió llorando de gozo, y dio a todos las gracias por aquel favor que mostraban a su hijo.

domingo, 21 de enero de 2024

Climax - Coart

Climax, s. f., lat. climax, gradation, figure de rhétorique.

Climax est gradatio cum ab eo verbo quo sensus superior terminatur, inferior incipit, ac dehinc quasi per gradus dicendi ordo servatur, ut est illud Africani: Ex innocentia nascitur dignitas; ex dignitate honor; ex honore imperium; ex imperio libertas.

Isidor. Orig., II, 21.

Climax es gradatios so es cant hom procezish de gra en gra.

Leys d'amors, fol. 130.

Climax est gradation, c'est-à-dire quand on procède de degré en degré.

Climax, s. f., lat. climax, gradation, figure de rhétorique.

Clin, adj., lat. clinatus, incliné, courbé.

S'us paupres hom emblava un lansol,

Laires seria, et iria cap cli.

P. Cardinal: Prop a guerra.

Si un pauvre homme volait un linceul, il serait voleur, et irait tête courbée.

Vau de talan embroncx e clis,

Si que chans ni flors d'albespis

No m valon plus qu'iverns gelatz.

G. Rudel: Lanquan li jorn.

Je vais triste et courbé de désir, tellement que ni chant ni fleur d'aubépines ne me valent plus qu'hiver gelé.

IT. Chino.

2. Clinar, v., lat. clinare, courber, baisser.

Aquelh orguelh li te tro qu'el cap clina,

Que ve sos pes.

Rambaud de Vaqueiras: No puesc saber.

Cet orgueil lui tient jusqu'à ce qu'il baisse la tête; de manière qu'il voit ses pieds.

Si clinava cent vetz

De ginolz al sepulcre on sans Caprasis es.

V. de S. Honorat.

Il se courbait cent fois à genoux au sépulcre où est saint Capraise.

ANC. FR. Qant vint au leu ses cornes cline.

Roman du Renart, t. 1, p. 238.

Qu'il s'aprestent des murs miner

Pour tout faire à terre cliner.

G. Guiart, t. 1, p. 49.

Tuit clinoient sur les arçons.

Fabl. et cont. anc., t. I, p. 197.

Mais je clinai vers l'amour à parfin.

Forcadel, p. 116.

ANC. IT. Clinare. IT. MOD. Chinare.

3. Aclis, adj., lat. acclinis, soumis, enclin.

Qu'ieu me rancur d'amor e de m'amia

A cui aurai loncx temps estat aclis.

Pons de la Garde: Sitot non ai.

Que je me plains d'amour et de mon amie à qui j'aurai été long-temps soumis.

Pero mos cors es aclis

Vas lieys on qu'ieu sia.

Peyrols: Quoras que.

Pourtant mon coeur est enclin vers elle où que je sois.

Paratges es vas amors aclis.

Arnaud de Marueil: Anc vos.

Noblesse est soumise à l'amour.

ANC. FR. Car tous cis mons vous est aclins.

Roman du comte de Poitiers, v. 40.

Li esquier me sunt aclin.

G. Gaimar, poëme d'Haveloc, v. 279.

4. Aclinamen, s. m., lat. clinamen, soumission.

Cui tug l'ome del mon feron aclinamens.

P. de Corbiac: El nom de.

A qui tous les hommes du monde firent soumission.

5. Aclinar, v., lat. acclinare, incliner, rendre hommage.

Mas Fransa, Peitau e Beriu

Aclin' a un sol seignoriu.

Marcabrus: Emperaire.

Mais France, Poitou et Berri rend hommage à une seule domination.

Pois tota genz l'aclina.

G. de Berguedan: Quan vei lo.

Puisque toute gent lui rend hommage.

Qu'a cel qu'a Deu s'aclina.

B. Zorgi: Ben es adreigz.

Qu'à celui qui rend hommage à Dieu.

ANC. FR.

Un poi s'est aclinée, car le chief avoit vuit.

Roman de Berte, p. 54.

6. Enclin, adj., lat. inclinis, enclin, courbé, soumis.

Ara vauc embroncs et enclis.

Aimeri de Bellinoi: Ara m'agr'ops.

Maintenant je vais triste et incliné.

Adoncx lo prosoms cay enclins,

E requer li mot humilment.

V. de S. Honorat.

Alors le prud'homme tombe incliné, et le requiert très humblement.

ANC. ESP. Presentó la al rey con el inoio enclino. (N. E. inoio : genoll, ginoll, genoill, etc, genus : rodilla, de rótula.)

Poema de Alexandro, cop. 2449.

ANC. CAT. Enclin.

7. Enclinamen, Inclinament, s. m., lat. inclinamentum, inclination, penchant.

Cors benignes sobremunta e vens totas malas costumas e mals vicis e mals inclinamens. V. et Vert., fol. 58.

Coeur bénin surmonte et vainc toutes mauvaises habitudes et mauvais vices et mauvais penchants.

A far mal dona inclinament.

Eluc. de las propr., fol. 227.

Il donne inclination à mal faire.

ANC. CAT. Enclinament. IT. Inchinamento.

8. Enclinacio, Inclinatio, s. f., lat. inclinatio, penchant, inclination, inclinaison.

Pes non es mas inclinacio de tota res a son natural loc si movent.

Eluc. de las propr., fol. 281.

Le poids n'est que le penchant de toute chose se mouvant vers son lieu naturel. (N. E. Me pregunto si Isaac Newton leyó esto, escrito varios siglos antes de su nacimiento.)

Segon la enclinacio carnal.

L'Arbre de Batalhas, fol. 72.

Selon le penchant charnel.

Contra sa natural enclinacio.

Eluc. de las propr., fol. 1.

Contre son penchant naturel.

Et aquest accens vol tostemps estar entre doas o motas depressios o enclinatios.

Leys d'amors, fol. 9.

Et cet accent veut toujours être entre deux ou plusieurs dépressions ou inclinaisons.

CAT. Inclinació. ESP. Inclinación. PORT. Inclinação. IT. Inclinazione. (chap. inclinassió, inclinassions)

9. Enclesis, s. f., enclésis, transposition de l'accent, terme de grammaire.

Enclesis so es enclinatios que fai enclinar e mudar l'accen de son loc.

Leys d'amors, fol. 11.

Enclésis, c'est une inclinaison qui fait incliner et changer l'accent de sa place.

10. Enclinar, Inclinar, v., lat. inclinare, incliner, courber, abaisser.

Lo cap enclinet e mori.

Passio de Maria.

Il inclina la tête et mourut.

Coma l'arbre qu'es plantatz, de qualque part que lo vens venha, lo fa inclinar. Liv. de Sydrac, fol. 87.

Comme l'arbre qui est planté, de quelque part que le vent vienne, il le fait incliner.

Nos non podem relevar aquelhs que son cazutz, si nos non inclinam vas els. V. et Vert., fol. 61.

Nous ne pouvons relever ceux qui sont tombés, si nous ne nous courbons vers eux.

Fay enclinar e mudar l'accent de son loc.

Part. prés. Las dichas encleticas enclinant a se, so es sobre lor meteysshas, l'accent principal.

Leys d'amors, fol. 11.

Fait incliner et changer l'accent de son lieu.

Lesdites enclétiques inclinant à elles, c'est-à-dire sur elles-mêmes, l'accent principal.

Fig. Ni per pregarias non si deu enclinar.

L'Arbre de Batalhas, fol. 262.

Ni ne se doit abaisser par prières.

Mon regne e ma terra, tot cant a mi s'enclina.

V. de S. Honorat.

Mon royaume et ma terre, tout ce qui s'abaisse devant moi.

Loc. Inclina t'aurelia al paubre.

Trad. de Bède, fol. 66.

(chap. Inclina la teua : ta: orella al pobre.)

Incline ton oreille vers le pauvre.

ANC. FR. Li vilains l'en a encliné.

Fabl. et cont. anc., t. IV, p. 387.

Et n'ay encore résolu quelle part je doibve encliner.

Rabelais, liv. IV, nouv. prol.

ANC. CAT. Enclinar. ESP. PORT. Inclinar. IT. Inchinare. (chap. incliná, inclinás: yo me inclino, inclines, incline, inclinem o inclinam, inclinéu o inclináu, inclinen.)

11. Decli, s. m., déclin, décadence.

Desviat de son cami

Jovens que torn a decli.

Marcabrus: Dirai.

L'amabilité déviée de son chemin qui tourne en décadence.

E tornet amor en decli.

Raimond de Miraval: Ben aia 'l.

Et tourna amour en décadence.

IT. Dichino.

12. Declinamen,  s. m., inclinaison.

Del declinamen del firmamen ela si remuda la montansa d'una palma.

Liv. de Sydrac, fol. 72.

De l'inclinaison du firmament elle se remue le montant d'une palme.

IT. Dechinamento.

13. Declinatio, Declinazo, s. f., lat. declinatio, déclinaison.

Segon romans nos no havem declinatio.

Leys d'amors, fol. 57.

Selon le roman nous n'avons pas de déclinaison.

Tres declinazos sun. Gram. Prov.

Trois déclinaisons sont.

CAT. Declinació. ESP. Declinación. PORT. Declinação. IT. Declinazione. (chap. Declinassió, declinassions, v. decliná: declino, declines, decline, declinem o declinam, declinéu o declináu, declinen.)

14. Declinable, adj., lat. declinabilis, déclinable.

Las autras IV partz no declinablas. Leys d'amors, fol. 43.

Les autres quatre parties non déclinables.

CAT. ESP. (chap.) Declinable. IT. Declinabile.

15. Declinatori, adj., déclinatoire.

Exception declinatoria non ha loc.

Fors de Bearn, p. 1082.

L'exception déclinatoire n'a pas lieu.

PORT. IT. Declinatorio. (ESP. Declinatoria, declinatorio, término legal.)

16. Declinar, v., lat. declinare, t. de grammaire, décliner.

Per grammatica sai parlar latinamens, declinar e construire.

(chap. literal: Per la gramática sé parlá latín o llatí, decliná y construí.)

P. de Corbiac: El nom de.

Je sais parler latin, décliner et construire par grammaire.

- Indiquer.

Cel qui de mon chan devina

So que chascus moz declina. (N. E. moz : motz : mots : paraulas)

Marcabrus: Per savi 'l tenc.

Celui qui devine de mon chant ce que chaque mot indique.

- Abaisser, incliner.

Si declina de l'autra part de la montansa d'una palma.

Liv. de Sydrac, fol. 72.

S'abaisse de l'autre côté du montant d'une palme.

Part. prés. Apostema a negror declinant.

Trad. d'Albucasis, fol. 28.

Apostème inclinant à noirceur.

ANC. FR. Ausi est de la meschine

Qui de sa beauté se décline.

Fabl. et cont. anc., t. IV, p. 356.

Ils fuyent et déclinent ceux-là comme gens de mauvais affaire.

Amyot, Trad. de Plutarque, Mor., t. II, p.313.

CAT. ESP. PORT. Declinar. IT. Declinare.

17. Reclinar, v., lat. reclinare, reposer, incliner.

Mas, ieu non ay luoc, ses duptar,

On puesca mon cap reclinar.

(chap. literal: Pero, yo no ting cap puesto, lloc, sense dudá, aon puga mon : lo meu cap recliná. v. recliná: reclino, reclines, recline, reclinem o reclinam, reclinéu o reclináu, reclinen.)

Brev. d'amor, fol. 85.

Mais, sans douter, je n'ai lieu où je puisse reposer ma tête.

ANC. FR. Puis l'enveloppe avec linges honnestes

Le reclinant où repaissent les bestes.

Fouqué, Vie de J.-C, p. 52.

CAT. ESP. PORT. Reclinar. IT. Reclinare.

 

Clipse, Eclipsis, Esclipses, s. m., lat. eclipsis, éclipse.

De que veno li clipse? - Dieus establi tres manieras de clipses.

En cela ora ve lo clipses de la lhuna.

Liv. de Sydrac, fol. 51 et 52.

De quoi viennent les éclipses? - Dieu créa trois sortes d'éclipses.

En cette heure vient l'éclipse de la lune.

Aquest defalhimens deriers,

Segon los naturals escrigz,

Eclipsis del soleilh es digz.

Brev. d'amor. fol. 31.

Cette défection dernière, selon les écrits naturels, est dite éclipse de soleil.

Esclipses de solelh es... que lo solelhs ane e la via de la lhuna.

Liv. de Sydrac, fol. 52.

Éclipse de soleil est... que le soleil aille en la voie de la lune.

ANC. CAT. Eclipsis. CAT. MOD. ESP. PORT. (chap.) Eclipse. IT. Eclisse.

- Ellipse, figure de grammaire.

Eclypsis est defectus dictionis, in quo necessaria verba desunt, ut: 

Cui pharetra ex auro; deest enim erat. Isidor., Orig, I., 33.

Et aysso pot se far per una figura appelada eclipsis.

Eclipsis vol dire defalhimens de paraulas necessarias lasquals son entendudas, jaciaysso que no sian dichas ni expressadas.

Leys d'amors, fol. 72 et 107.

Et ceci peut se faire par une figure appelée ellipse.

Ellipse veut dire manque de paroles nécessaires, lesquelles sont entendues, quoiqu'elles ne soient dites ni exprimées.

CAT. Elipsis. ESP. Elipse (elipsis). PORT. Ellipse. IT. Ellissi.

2. Eclipsar, Eclipciar, v., éclipser.

Per interpozicio de la terra entre si e'l solelh, la luna eclipsa.

(chap. Per interpossisió de la terra entre sí (ella mateixa) y 'l sol, la lluna eclipse.) 

Eluc. de las propr., fol. 117.

Par interposition de la terre entre elle et le soleil, la lune éclipse.

Part. pas. Lo solelh fo eclipciatz o escurzitz.

Cat. dels apost. de Roma, fol. 160.

Le soleil fut éclipsé ou obscurci.

CAT. ESP. PORT. Eclipsar. IT. Ecclissare.

3. Eclipsatiu, adj., éclipsatif, ayant vertu d'éclipser.

Per sa interpozicio entre nos e 'l solelh es del solelh eclipsativa.

Eluc. de las propr., fol. 117.

Par son interposition entre nous et le soleil elle est éclipsative du soleil.

4. Ecliptic, adj., lat. eclipticus, écliptique.

En la linha dita ecliptica. Eluc. de las propr., fol. 117.

(chap. A la línia dita eclíptica.)

En la ligne dite écliptique.

ESP. (eclíptico, eclíptica.) PORT. Ecliptico.

 

Clisteri, s. m., lat. clysterium, clystère.

Et si pacient ha dur ventre, prenga clisteri.

Coll. de recet. de médecine en prov. 

Et si le malade a le ventre dur, qu'il prenne un clystère.

Clisteri ministrar.

Eluc. de las propr., fol. 81.

Administrer un clystère.

ESP. Clister. PORT. Clistel. IT. Clistero.

2. Cristeri, s. m., clystère.

Li fo aministratz I cristeri, mas el era tot verenos.

Cat. dels apost. de Roma, fol. 190.

Il lui fut administré un clystère, mais il était tout empoisonné.

CAT. Cristeri. ESP. Crister. PORT. Cristel. IT. Cristero.

3. Clisterizacio, s. f., clystérisation, action de clystériser.

Clisterizacio de la vessica.

(chap. vejiga : bufeta; clisterisassió seríe en chapurriau.)

Trad. d'Albucasis, fol. 31.

Clystérisation de la vessie.

 

Cloca, s. f., bas lat. cloca, cloche.

On lit dans un capitulaire de Charlemagne, sous l'an 789, art. 18:

Ut clocas non baptizent.

Baluze. Capit. reg. Fr., t. I, col. 244.

Mais il paraît que ce mot venait des langues du Nord: dans l'anglo-saxon, clugga; dans la langue galloise, cloch, signifient cloche. (alemán actual Glocke, antiguo Glogge y más variantes, ver https://de.wiktionary.org/wiki/Glocke. De ahí viene EN. Clock; reloj.)

Voyez Vossius, de Vit. Serm., p. 5, 230, 806. Leibnitz, p. 108.

A la gleysa s'en van...

Sonan clocas e sens.

V. de S. Honorat.

S'en vont à l'église... sonnent les cloches et les seings.

Fig. - Appel, invitation.

Tant en dona a sos homes com far so dec 

Que anc puis us a sa clocha no lhi falhec.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 12.

Il en donne à ses hommes autant qu'il dut le faire, de manière qu'oncques depuis un seul ne lui manqua à son appel.

2. Clos, s. m., cloche.

Dels clochiers art lo fust, e cha lo clos.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 73.

Brûle le bois des clochers, et la cloche tombe.

3. Cloquier, Clochier, Cluchier, s. m., clocher, donjon.

Gran tempesta que met a terra los grans albres per los boscatges e derroca las tors e los cloquiers e los grans pons.

(chap. Gran tronada que tire anterra los grans abres per los bosques y derroque, tombe, les torres y los campanaris y los grans pons. En provensal a vegades ya no se escribíe la t de pont, ponts, pon, pons, com passe en datres paraules, fon, fons.)

V. et Vert., fol. 9.

Grande tempête qui met à terre les grands arbres dans les bois et renverse les tours et les clochers et les grands ponts.

Lhivratz lhi cluchiers e murs e tors.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 4-

Livrez-lui donjons et murs et tours.

Loc. En vostre clochier

Par que aia columbier.

(chap. Al vostre campanari pareix que ñague un colomá)

T. de Bonnefoi et de Blacas: Seign 'En.

En votre donjon il paraît qu'il y ait colombier.

4. Cloquar, v., sonner.

Cloquar la campana per venir a la dicha messa.

Tit. de 1433, Hist. de Nîmes, t. III, pr., p. 238.

Sonner la cloche pour venir à ladite messe.

 

Cloquiar, v., glousser.

Cloquian et rauquian; amor, tant cum pot, lor mostra.

Part. prés. Votz de gallina cloquian.

Eluc. de las propr., fol. 146.

Elles gloussent et crient d'un cri rauque; l'amour leur montre, autant qu'il peut.

Voix de poule gloussant.

CAT. ESP. Cloqueiar. (ESP. Cloquear, dicho de la gallina clueca, hacer cloc-cloc.)

 

Clot, s. m., creux, enfoncement.

Las solas dels pes, e 'ls clotz de las mas.

(chap. Les plantes (soles) dels peus, y los clots de les mans.)

Eluc. de las propr., fol. 81.

Les plantes des pieds, et les creux des mains.

CAT. (chap.) Clot. (N. E. ¿Cómo se decía y escribía en catalán pre Pompeyo Fabra “Las solas dels pes, e 'ls clotz de las mas.”?

Las solas (plantas) dels peus, e – y griega - 'ls clots de las mans.)

 

Clueys, s. m., bluet.

Joseph anet cuyllir de clueys

Et un serpent fez li enueys

Qu'el mordet.

Trad. d'un Évangile apocryphe.

Joseph alla cueillir des bluets et un serpent qui le mordit lui fit chagrins.

 

Coa, Coda, Coza, s. f., lat. cauda, queue.

Per la coa 'l pres N'Ermessen,

E tira 'l cat escoyssen.

Le Comte de Poitiers: En Alvernhe.

Dame Ermessinde le prend par la queue, et tire le chat qui écorche.

Ha cors de femma e coda de peysso. V. et Vert., fol. 23.

(chap. Té cos de femella y coa, coga, de peix.)

A corps de femme et queue de poisson.

Liatz a la coza d'un taur,

Degr' esser frustatz.

(chap. literal: Lligat a la coa de un bou (buey, bovis, no, sino taurus), deuríe : hauríe de sé despedassat, espentolat, etc.) 

P. Vidal: Pois ubert.

Lié à la queue d'un taureau, il devrait être mis en pièces.

Tela que aia cap e coha. (N. E. cap e coha : cap i cua, capicúa. 

La i latina como nexo no abunda en los documentos antiguos, como los cartularios de Montpellier; se encuentra más a menudo e, et, incluso la y griega. Capicúa se considera una palabra catalana, son 3, pero la lengua que se hablaba y escribía en Monpeslier, Montpeller, y variantes era la occitana, provenzal, plana lengua romana, rústica romana, rusticae romanae. Los primeros monumentos de esta lengua son del año 842, siglo IX, 9, nueve, para que lo entiendan los catalanistas víctimas del tomàtic.)

Cartulaire de Montpellier, fol. 39.

(chap. Tela que tingue cap y coa, coga)

Toile qui ait chef et queue.

Loc. Deves la coa ill vir lo fre.

Giraud de Borneil: En sonet.

Je lui tourne le frein vers la queue.

Loc. fig. Pero siei dig parscon ses coa ni ses cap.

P. Bremon Ricas Novas: En la mar.

Pourtant ses paroles paroissent sans queue et sans tête.

Trop ai estatz sotz coa de mouton,

Que non chantei de ma dompna Na sogra.

G. de Berguedan: Trop ai.

(N. E. En Berguedà, Berguedán, como ya sabréis algunos, se hablaba y escribía la lengua occitana: oc, hoc, och, òc : sí.)

J'ai trop été sous la queue de mouton, que je ne chantai de ma dame ma belle-soeur.

ANC. FR. Bec, eles et coe vos faut

Pour vous faire voler en haut.

Fabl. et cont. anc., t. IV, p. 272.

CAT. Coa, cua. ANC. ESP. Coa. PORT. Cauda. IT. Coda. (chap. coa, coga)

2. Coeta, s. f., nuque. (ESP. Cogote, nuca; chap. clatell, nuca.)

Entro al notz de la coeta.

Trad. d'Albucasis, fol. 39.

Jusques au noeud de la nuque.

3. Caudat, adj., à queue, plat, en parlant des vers qui riment deux à deux.

Li primier quatre verset son crozat e li derrier caudat.

Leys d'amors, fol. 31.

Les quatre premiers vers sont croisés et les derniers plats.

4. Capcaudat, Capcoat, adj., enchaîné, enlacé; s'est dit des mots rimés, qui, de la fin du précédent vers, passent au commencement du suivant.

De las coblas capcaudadas en autra maniera dichas capcoadas.

Capcaudadas, quar en aquela acordansa que la una finish comensa l'autra. Leys d'amors, fol. 30.

Des couplets enchaînés en autre manière dits enlacés.

Enchaînés, car en cet accord que l'un finit, l'autre commence.

5. Acoatar, v., unir, acointer.

Ailas! tan mal si barata

Drutz c' ab vieilla s'acoata.

Ogiers: Era quan.

Hélas! si mal trafique le galant qui s'unit à une vieille.

Qui ab amor pren barata

Ab diable s'acoata.

Marcabrus: Dirai vos.

Qui prend marché avec l'amour, s'unit au diable.

ANC. FR. Nous n'avons pas fait marché, en nous mariant, de nous tenir continuellement accoüez l'un à l'autre.

Essais de Montaigne, L. III, ch. 9.

IT. Accodare. (ESP. Coda, del italiano coda : cola. Término musical.)

6. Concoa, s. f., concubine. (chap. concubina, concubines.)

Li fil leial devon noirir aquels fils de la concoa, ad estima d'un pros hom.

Trad. du Code de Justinien, fol. 52.

Les fils légitimes doivent nourrir ces fils de la concubine, selon l'estimation d'un prud'homme.

7. Concoeira, s. f., concubine.

El sabis Salomos... fo enconpres per las concoeiras.

Non solamen las apertas putas mas las concoeiras.

Trad. de Bède, fol. 41 et 40.

Le sage Salomon... fut entrepris par les concubines.

Non seulement les prostituées publiques mais les concubines.

 

Coagulacio, s. f., lat. coagulatio, coagulation.

Coagulacio de fractura... Se acosta a la coagulacio de la carn.

Trad. d'Albucasis, fol. 56 et 58.

Coagulation de fracture... S'unit à la coagulation de la chair.

CAT. Coagulació. ESP. Coagulación. PORT. Cogulação (Coagulação). IT. Coagulazione. (chap. coagulassió, coagulassions. v. coagulá: collá, FR. cailler; de ahí la collada, cuajada en castellá; son verbos que se fan aná sobre tot en unes persones o impersonal. Se colle, se coagule. Coagulat, coagulats, coagulada, coagulades, collat, collats, collada, collades.)

2. Coagular, v., lat. coagulare, coaguler, cailler.

Part. pas. Per so que sia coagulada la extrictura... aderesca e sia coagulada.

Trad. d'Albucasis, fol. 64 et 41.

Afin que la ligature soit coagulée... s'attache et soit caillée.

CAT. ESP. PORT. Coagular. IT. Coagulare.

 

Coana, s. f., coane, panier d'osier.

Non puescan pescar ab trayssa ni ab coanas.

(chap. literal: No puguen peixcá (ni) en traílla ni en coanes.

La coana es com una sistella, canasta, de vime, vímec, com un cartó, cartró.)

Tit. de 1279. DOAT, t. CXLVII, fol. 13.

Ne puissent pêcher avec traine ni avec paniers d'osier.

Ne puissent pêcher avec traine ni avec paniers d'osier.

 

Coar, v., lat. incubare, couver.
Can la perditz a post sos huous... ven autra perditz qu'els li pana, e
'ls cobri e 'ls coa e 'ls noiritz. Naturas d'alcuns auzels.
Quand la perdrix a pondu ses oeusf (oeufs)... vient une autre perdrix qui les lui dérobe, et les couvre et les couve et les nourrit.
Par ext. Amors es com la beluga
Que coa 'l fuec en la suga.
Marcabrus: Dirai vos.
Amour est comme l'étincelle qui couve le feu dans la suie.
Loc. Autre tezaur non pretz un ov coat.
Roman de Gerard de Rossillon, fol. 204.
Je ne prise un autre trésor un oeuf couvé.
Fig. Si com dis Elimans, I trobayres, els verses de la Mort:
Levatz de vos chuflas e gabs;
Car tals me coa sotz sos draps
Que cuia esser fortz e sas.
V. et Vert., fol. 49.
Comme dit Elinand, un trouvère, dans les vers de la Mort: Otez de vous moqueries et railleries; car tel me couve sous ses draps qui croit être fort et sain.
Tot atressi col estros per natura
Que, de son huou, gardan lo fai coar.
Pierre Espagnol: Entre que.
Tout de même comme l'autruche par son naturel qui, au sujet de son oeuf, le fait couver en le regardant.
ANC. FR. Laissiez vos cifles et vos gas,
Tex me cove desos ses dras
Qui cuide estre tos fors e sains.
CAT. Covar. IT. Covare. (ESP. incubar; chap. cobá, en b, perque al latín se escriu en b, incubare: incubá : cobá: cobo, cobes, cobe, cobem o cobam, cobéu o cobáu, coben.)
2. Coador, s, m., qui couve, couveur.
De uous estranhs es coador.
(chap. De ous extrañs es cobadó; cobadora, cobadós, cobadores.)
Eluc. de las propr., fol. 146.
Il est couveur d'oeufs étrangers.
 
Coarctar, Coartar, v., lat. coarctare, comprimer, étreindre. 
Aministra sutura o coarta las labras.
Part. pas. Per ventositat coarctada.
Trad. d'Albucasis, fol. 41 et 28.
Administre suture ou comprime les lèvres.
Par ventosité comprimée.
CAT. ESP. PORT. Coartar. IT. Coartare.
2. Coartacio, s. f., lat. coarctatio, pression, resserrement.
Reduzir aquela per la coartacio... am fort coartacio.
Trad. d'Albucasis, fol. 67.
Réduire celle-là par la pression... avec fort resserrement.
ESP. Coartación. PORT. Coartação. IT. Coartazione.
 
Coart, adj., couard, lâche.
Voyez Muratori, Diss. 26 et 33; Denina, t. III, p. 18.
E s' ilh coart Engles y fan confessios.
P. Bremon Ricas Novas: Pus partit an.
Et si les lâches Anglais y font confession.
Que clama sos vezins coartz.
Pierre d'Auvergne: Chantarai.
Qui proclame ses voisins lâches.
ANC. FR. E li visquens cil de Toarz
Ne fu mie le jour coarz...
Por coart, co dist, le tiendreient.
Roman de Rou, v. 13533 et 12092.
ANC. CAT. Coart. ESP. PORT. Cobarde. IT. Codardo. (chap. cobart, cobard. v. acobardí, acobardís: yo me acobardixco o acobardixgo, acobardixes, acobardix, acobardim, acobardiu, acobardixen.)
2. Coardayre, adj., couard, lâche.
Non issic tal coardayre.
G. de Berguedan: Un trichaire.
Ne sortit tel lâche.
(N. E. coardayre, trichaire, issic, así se escribía en Berguedà)
3. Coardia, s. f., lâcheté, couardise.
Quan Dieus dira: Fals, ples de coardia,
Per vos fui mortz e batutz malamen.
(chap. literal: Cuan Deu dirá: Falsos, plens de cobardía, per vatros o vatres vach sé mort y batut malamén.)
Pons de Capdueil: Era nos sia.
Quand Dieu dira: Faux, pleins de couardise, je fus mis à mort et malement battu pour vous.
No y aia coardia fayta ni perpensada.
Roman de Fierabras, v. 4410.
Qu'il n'y ait lâcheté faite ni pourpensée.
CAT. ESP. (chap. cobardía) PORT. Cobardia. IT. Codardia.