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viernes, 19 de diciembre de 2025

Dichosa repoblasió (agüelo Sebeta, Luis Arrufat Jarque)

Dichosa repoblasió.

(N. E. Sol edito lo que vech que es una errata, dixo les paraules que Luis escriu desde fa tems a la seua manera.)

Dichosa repoblasió (agüelo Sebeta, Luis Arrufat Jarque), gramola

 
Cuan era menut, encara no ñabíe tv, ni siquiera radio, depreniem les cansóns en la Gramola de la sala de ball de la carretera.
Estáe de moda, entre atres, lo Dúo Dinámico. M’enrecordo que una de les seues cansóns ere “Quince años tiene mi amor”. La van tocá un domenche per de tarde que es cuan faen ball, y, al atre día, cullín olives, yo tot lo rato estaba chulán eisa cansó, un camí, un atre, ere la música de moda. Hasta que algú per damún de mi a la olivera va di:

– Ya val, cansat, ¿No veus que los quinse añs ya se han fet dosens?
Chitón. Hasta micha hora dispués que, sense donamen cuenta, la boca va escomensá a chulá atre camí. Un ruido de golpe del gancho contra una branca, a la boreta de la meua esquena, me va fe entendre que se habíe acabat la música.
Asó ve a cuento a que estos díes han posat a La Comarca un treball del Chapurriau y enseguida han saltat los de sempre, en lo matéis sonsonete:

“Jaime Guimerá López
30 Ene 2024 16:35

El catalán llegó al Matarraña y al Mezquín hace aproximadamente 800 años con una mayoría de repobladores venidos del Pallars y del Urgell. Solo deben mirar la inmensa cantidad de apellidos toponímicos catalanes que hay entre los vecinos del Matarraña y del Mezquín desde la edad media y hasta día de hoy.”

¡¡¡Cansats!!!
Y natres: acoquinats, acotets.
Si u diuen ells, tindrán raó. Acachem lo cap y ells lo apuchen més.
U saben tot. Sempre les mateises escuses: los notaris, la repoblasió.
Y no tenen que demostrá res. O, com a mol, mos trauen a rellui que aisó u diuen los enterats y natres seguim callán.
Aisí no mos aclarirem mai. Ells tenen la teoría, natres la práctica, ells estudien la llengua, natres la parlam.
Y se van creisén. Com se han enterat que han trobat señals de la nostra llengua més a dintre del terreno y ya casi a la bora de Navarra, apuren la cosa:

30 Ene 2024 13:11
No entiendo la manía de no admitir el hermanamiento con Cataluña.
La lengua en la franja es la misma. Antiguamente se extendía más al interior. En fin el divide y vencerás parece infalible.”

Aso u diu ésta, mentres que un amic meu, mol estudiat, al no podem contestá de la aparisió de eises palaures a uns atres puestos, me diu:
“– Es casualidat, com tots venim del llatí, pos ña voltes en que les mateises palaures apareisen a uns atres puestos.”
Sí, home, per generasió espontánea, les mateises palaures separaes a kilómetros en la mateisa pronunsiasió y lo matéis significat. ¡Venga!. (¿Se note que estic escaldat?). Estic fart de llichí sempre lo matéis.
Y entonses aparéis un agüelo, sense estudios, sol discurrín y discurrín en lo seu cap ple de serrín y pense estes coses.
Als nostres pobles chuguem al guiñot y se diu que mentres ña cartes en choc, ña partida. Ells pareisen que van guañán la primera ma, que ya ne tenen de bones, pero falten les tornes y yo hay guañat partides en trenta de roines. La sort está a la bosa, a ver qui trau la boleta negra.
Hay tratat de buscá eisa repoblasió. No la hay trobat. Soc torpe. Lo Jaime me diu que fa uns vuitsens añs. Hay buscat y per eisos añs la historia mos parle del rei aragonés Alfonso I el batallador.
Te una historia mol ampla, es interesán llichila. Conte coses com que les tiarres que anáe conquistán les encarregae als seus “tenéns” y estos les repartien entre la chen que li acompañae a la guiarra y los nomene navarros, castellanos, vinguts del atre costat de la frontera fransesa, de la tiarra OCCITANA, aón teníe bons amics y en los que s’enteníe mol be (la dona de Ramiro II ere de allí, PoitouPoitiers).
Y tamé disae que los moros que se volíen quedá tingueren la seua part, entre ells los meus abanpasats y aquí estem.
Es lo que se fae sempre, al meu terreno, cuan les ordens militars, tamé van reparti la tiarra conquistada entres los seus soldats, algúns dells, retos.
Tenim un cas mol cla. Jaime I va repartí Valensia entre los seus soldats y u va disá escrit al “Llibre del repartimén” que estae guardat al Archivo de la Corona. Com a eise llibre no ñabíe prau cataláns pa chustificá que eisa ere la manera en que habíen dut lo catalá a Valensia y entonces los valensiáns no teníen la seua llengua. Lo encarregat del Archivo “Próspero de Bofarull” va falsificá aquell llibre, cambián los noms dels soldats, per noms cataláns. Pero lo van descubrí y se va demostrá que de la chen que duye Jaime I, sol un dos per sen eren cataláns. En tan pocs no se podíe chustificá que habíen portat la llengua catalana a Valensia.
Lo Bofarull, no sol va fe aisó, mentres estáe encarregat del Archivo, va desapareise lo testamén del Rey, aón, según conten, se esclarien unes atres coses. Pensareu que a este home desleal lo van castigá, no siñó, no, pa Cataluña y los amics del catalá, va sé tot un modelo y, pa que no se olvido, sol entrá al Archivo, allí está la seua figura donante la benvinguda.

Lo encarregat del Archivo “Próspero de Bofarull” va falsificá aquell llibre,

Bueno a lo que anaem. An aquells tems los condats de la Marca Hispánica, no estáen tan chunits com mos volen fe creure, hasta reñien entre ells.
Al 1134, per ahí deu aná l’añ que diu Jaime, ¡sorpresa! Lo condat de Pallars estáe dividit en Jussá y Sobira.
Sobira ere de Urgell y Jussá ere de ARAGÓ, chun en Arán.
Chen de Jussá y Arán, anáen luchán en Alfonso y éste al repartí les tiarres conquistades nels donáe igual que als atres soldats.
¿Estáen repoblán? Com los demés, ¿disáen los apellits? com los demés, ¿imposáen la seua llengua? NO, aportáen palaures com tota la demés chen, pero es que ñabíe mols occitáns que parláen casi com ells, llugo éstos disarien més palaures que, per lo que paréis ara algú vol se l’amo. Penso que la chen del terreno tindríe la seua manera de parlá y los “repobladós” disaríen alguna palaura, normal. Com normal ha degut se que los mils y mils de aragonesos que han “repoblat” Cataluña, hasquen dut tamé alguna palaura, pero desde llugo, com tampoc los de Pallars, han cambiat la manera de parlá del terreno.
Ñauríe que pensá. ¿Cuánta chen de Pallars acompañaríe al rey? Perque si se dedicáen a repoblá, disán chen a tots los pobles que guañáen, pronte se quedaríe sense res. An aquells tems los terrenos no teníen tanta chen com ara y ademés algú se haurie quedat pa treballá la tiarra.
camíns tamé los de Urgell, entre ells Sobirá, anáe en Alfonso, pero anáen com soldats dell, o sigue lo que faren, igual que lo que faen los de Jussá u farien en nom del rey de Aragó. Que no vinguen ara reclamán coses rares.
No tos olvido que los de Jussá eren part del Reinat nostre o sigue que faren lo que faren en apellits, en llengua en lo que vullguen ere del reinat de Aragó.
Per un atra part
“A finales de 1117 la ciudad de Zaragoza quedó tras la muerte del gobernador interinamente en manos del gobernador de Murcia que inspeccionó la plaza pero esperaría el nombramiento de una nueva autoridad, generando un vacío de poder que Alfonso aprovechó.​ En preparación de un sitio contra una plaza fortificada, recurrió a sus alianzas transpirenaicas. Alfonso había mantenido importantes relaciones con Gastón IV, vizconde de Bearne. Gastón era un veterano occitano de las Cruzadas en Tierra Santa, de costumbres guerreras y religiosas similares al aragonés y señor de un vizcondado de fuerzas parejas a las de Aragón. Era además experto en armas de asedio como había demostrado en la toma de Jerusalén de 1099, cuando luchaba bajo Raimundo IV de Tolosa, con lo que acumulaba una experiencia en sitios de ciudades que podía ser vital para el rey Alfonso. No se sabe mucho de cómo nació su buena relación, probablemente basada en sus experiencias vitales similares forjadas en la guerra contra el musulmán, pero llegaron a ser amigos íntimos. Puede que ya estuvieran colaborando antes de 1117: el vizconde de Bearne aparece como tenente de Barbastro en 1113, sin que se sepa la razón,​ y estaba casado con la prima de Alfonso. Entre 1117 y 1118 en un concilio en Bearne se firmó un compromiso de colaboración con Aragón.
Tampoco se sabe si Gastón de Bearne influyó en otros nobles occitanos, pero con el respaldo del papa, que otorgó bula de cruzada y los beneficios religiosos asociados, muchos se sumaron a la campaña contra Zaragoza, a pesar del recuerdo de la derrota en 778 de Carlomagno, presente en las leyendas a través del Cantar de Roldán. Una bula de Gelasio II ratificó el Concilio de Toulouse de febrero de 1118 y reafirmó al ejército que se estaba congregando para conquistar la ciudad blanca.
En marzo de 1118, se congregó un gran número de caballeros y señores franceses y gascones en Ayerbe, bajo el mando de Alfonso. La lista incluye, además de Gastón, a su hermano Céntulo de Bigorra, a Bernard de Comminges, Guillermo IX de Aquitania y Bernard Atón de Beziers, con sus huestes y vasallos. Acudieron asimismo fuerzas del también aliado condado de Urgel, de Pallars, 292​ ya que el conde Bernardo Ramón fue feudatario de Alfonso I de Aragón, 293​ así como de la propia Ribagorza como era el caso de las tenencias ribagorzanas de Bernardo Ramón o de los tenentes locales Ramón Pedro, Pedro Gauzpert, Berenguer Gombal, Pedro Mir de Entenza o Ramón Amat."

Hay posat tot este tros per dos coses: la primera pa demostrá que lo nostre rey teníe mol bona amistat en los ocsitans, per lo que lo parlá de allí tamé se li pegaríe y eise pegamén ya lo portem desde la copia del Fuero de Jaca de 1077.
 
Y l’atra, la Marca Hispánica, de la que formaen part los condats de Barselona, Pallars, etc. Estaé manada per Fransa, per la part aón se parláe lo occsitá, nom que moltes voltes se li va doná al catalá del prinsipi. O sigue que los de Pallars debien parlá igual o mol paregut als amics del rey. Entonses quí mos va portá més influansia a la llengua uns pocs de Pallars o un mun de ocsitáns.
Tiarres de la actual Cataluña van está dintre del reinat de Aragó lo ball de Tortosa ere la Jota. Lérida va enviá los seus representáns a les Cortes de Daroca. Y moltes més coses que ya me canso de repetiles.
 
“El Tratado de Corbeil fue un acuerdo firmado el 11 de mayo de 1258, ​​​ entre Luis IX de Francia y el Rey de Aragón Jaime I el Conquistador con el fin de llegar a una paz duradera, conformando unas fronteras estables, entre la corona de Aragón y el reino de Francia. En él los condados de la Marca Hispánica pasaban a depender de Jaime y sus posesiones francesas del rey francés.”

Mireu si, desde fa tems, arriben mils y mils de africáns a España, no hay vist que diguen que mos volen posá la seua llengua, encara que, pasán lo tems algúns dels seus apellits se mesclarán en los nostres.
Chen de moltes nasións s’envan aná a viure a América, cada u teníe la seua llengua ¿Han cambiat lo inglés que se parle allí? Ah! Claro! Es que Cataluña y lo catalá es un atra cosa, son més grans y més importáns.
Un atra cosa que mos posen per dabán los amics del catalá es la opinió dels filólogos y maestres de la Cátedra de Catalá de la Universidat de Saragosa.
Cuan se va crea, la machoría dels maestres van vindre de Cataluña, ¿pa qué? Pa enseñá Catalá, no les modalidats de aragonés, NO veníen a lo que veníen, a enseñá Catalá y aisó es lo que han enseñat y los estudiáns que han eisit de eisa escola, ¿cóm han eisit preparats? en Catalá.
¿Qué voleu que enseñon ara? Lo que han deprés. Y ¿Qué voleu que estudion y que defenguen a cualquier puesto o llibre? Lo Catalá. Pan ells tot es catalá.
Yo, algún camí los diría que en ve de ficá lo catalá com a modelo y lo Aragonés com a derivat, que u faren al ravés, ¿A ver que eisie?

“Sobre 1400 se realizó un tratado entre Castilla y Aragón, la versión aragonesa se redactó al mismo tiempo que la castellana a finales de abril de 1409, pero lo seguro es que en aquel momento solo la segunda se registró en la Real Cancillería.
Todo apunta a que también se realizó una traducción al catalán.
En la versión en aragonés, el traductor era un escribano de lengua catalana, eso derivó en constantes interferencias lingüísticas. o, tiene la virtud de mostrar los rasgos que desde el exterior se atribuían a la lengua aragonesa.

El elevado número de elementos tomados del catalán es el aspecto más llamativo del texto respecto a escritos coetáneos en aragonés. Es bien sabido que ambos idiomas se influyeron constantemente durante la Edad Media, como consecuencia inevitable de su convivencia dentro del mismo Estado.
Así, el texto muestra la tensión inevitable entre el catalán, con seguridad la lengua materna y de trabajo del traductor, y el aragonés cancilleresco en que se esforzaba en redactar. La lengua en que estaba redactado era inequívocamente la aragonesa.
Se puede comprobar en los innumerables textos que se conservan de esta lengua y también en los dialectos actuales que agonizan en el tercio septentrional de Aragón.”

Y ara, dispués de asó, que cada u penso lo que vullgue.
Yo, podré está equivocat, pero u ting mol cla.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 6. Testamén del tío Gil Amor.

Capítul VI.

Testamén del tío Gil Amor.

Testamén del tío Gil Amor. Ayerbe

Moltes coses grassioses o extraordinaries ha vist lo lectó hasta ara; pero cap mes que la que va passá aquells mateixos díes en uns consultós de Ayerbe. Eren un agüelo, una agüela y una sagala de uns vin añs, bastán donosa, encara que una mica morena, y mol ben vestida, formán contraste en les gales dels agüelos, que ya no podíen mes de cansats; y los tres en un tuf a dol mol espés y ressién, be que sense cap siñal de habé plorat. Los acompañabe un sagal del poble en lo que igual s'habíen topetat al carré y lo van agarrá per guía, ere aprenén de barbé, de uns catorse añs de edat, nova generassió que ya no coneixíe Pedro Saputo. Li va preguntá de quí ere, y va di que ere fill de la Suspira, y que sa mare díe que encara eren en ell algo parens.

- Home, mira lo que dius: conec a ton pare y a ta mare, y no sé res de mescles en ells. A vore cóm u endilgues.

- Sí, siñó, va replicá lo aprendís mol confiat; perque ma mare es cusina tersera de la tía Simona de Tuteubusques, que es cusina germana de Ramón Portodós, y Ramón Portodós va sé en la seua primera dona gendre carnal de la mare de Juan Brams, que está casat en la filla de Tornavoltes, que es cuñat de la sogra del germá del home de Salvadora Olvena, sa padrina de vosté. Va soltá aquí Pedro Saputo una gran carcañada, se va fé sis miches creus de admirassió, va torná a enríuressen, y va di:

- En efecte, tot aixó es verdat; pero sumats tots eixos parentescos, afinidats y consanguinidats, podríes di, com diríe Bart Simpson: multiplícat per cero. Li va caure tan en grassia aquell método de trobá les families, que después cuan sentíe de parentescos lluñans que se buscáen per interés, per vanidat, o per afissió y amor a les persones, al pun sen enrecordáe y díe. Lo entronque de la Suspira. Hasta los agüelos de la consulta sen van enriure en tot lo dol y la temó que portáen. Li va di al sagal que teníe que parlá y tratá en los forastés, que sen podíe aná, pero que tornare un atre día mes desplayet a fé una nova mostra de la seua bona memoria.

Va pendre entonses la paraula lo vell, y va di:

- Natros, siñó, venim a presentatos an esta chica, ya la veéu, que es mol pobra, y vosté si voléu la podéu fé rica.

- ¿Yo?, va di Pedro Saputo; ya tos explicaréu.

- Sí, siñó, ya mos explicarem, va continuá lo agüelo. Pos, com anaba dién, es filla de un gendre que vam tindre, y de una filla que se va morí fa sis añs. Ell la va matá, ell, sí siñó, perque ere una mala testa, gos, dropo, gastadó en dones roínes, que, siñó, a tot arreu ne ñan. Conque segons aixó, esta sagala es neta nostra. Pero com son pare se va fotre lo que li van doná y li vam doná, sempre los vam tindre que portá a cascarrulles mentres va viure la nostra filla, y después de tot mo sen van aná acabán; y ara les passem no de almoyna, perque no es verdat, pero sí com Deu vol. En fin, que la chica sigue felís, que a natros de poc ya mos pot engañá lo món. 

Pos siñó, yo tenía un germá que ere ric, no ric ric que diguem, perque atres u són mes; pero sí, siñó, ric de verdat per al que ell ere. Perque ademés que mons pares (¡cuáns añs fa!) li van doná mes que a mí, ell va sé mes tratán y ambulán, y la seua dona mes aspra y roína que una serba verda. Y van tindre bons añs y no mals fills, ni bons ni roíns, perque no ne van tindre cap. En mules y bueys y bestiá de tota classe de pel va guañá lo que ell se sap. Mort ara fa sing díes, dixe hereua a la nostra neta Ninila (Petronila), que es única a casa seua y a la meua, en pacte y condissions que se ha de casá dins de un añ y que sigue en la aprobassió y a gust de Pedro Saputo de Almudévar, que es vostra mersé. Y lo que ha dixat són sing mil libres en dinés y atres tantes que valen les seues possessions a casa. Miro ara vostra mersé si está a la seua má, com dieba, fé rica o pobra a Ninila, perque diu lo testamén que si passe del añ o no es a gust de la vostra mersé, tot u dixe pera les almes del purgatori y del atre món.

No se va admirá Pedro Saputo de este testamén, perque lo testadó (que al momén va adiviná quí ere) lo coneixíe y volíe mol, entráe a vórel sempre que passáe per Almudévar, de sol sentíl parlá ploráe de goch, y li díe moltes vegades: Después de Deu, Pedro Saputo; y li va oferí moltes vegades tots los seus bens y buscali novia en ells. Paraules que enteníe mol be Pedro Saputo, perque ara teníe en ell a la neboda.

- Segons la vostra explicassió, va contestá al vellet, eixe germá seu ere lo meu bon amic, lo tío Gil Amor.

- Lo mateix, sí, siñó, - va di lo agüelet.

- Que en pas descanso, va continuá Saputo. Séntigo no habél vist a les seues raderes hores; alguna vegada lo vach fe quedá a minjá juns. Pero yo voldría vore lo testamén.

- Aquí lo porto, va di lo paissano; y lay va traure; y en efecte, ficáe a la sagala les dos condissions. Li va preguntá an ella si teníe galans o pretendens.

- ¿Que si ne té?, va contestá la yaya; aixina, aixina. Y menejabe los dits de la má cap a dal.

- Pero natros, va di lo vellet, n'hi tenim buscat un; aquell sí que es bo, ric, sí siñó, de una casa mol bona. Una mica torsut porte lo coll del cap, y no li agrade mol an esta sagala; pero ya li diem que aixó ve después; lo que importe es que sigue ric.

- Es verdat, va di la velleta; y yo encara hay pensat en un atre milló que eixe, perque es mes ric, y tampoc no li agrade perque es garcho, tort de un ull, y li falte lo dit gros de una má.

¿Quína culpa té lo pobre mosso?

Volíe Pedro Saputo preguntali a la sagala, y los agüelos, parla que parlarás y torna a charrá, y no la dixáen contestá, adelantánseli sempre y reñín casi los dos per quí habíe de portá la paraula. 

Al final va di lo yayo:

- Val, mira, lo que natros volem es que sa mersé mos dono un papé escrit pel seu puñ que digue que li pareix be y aprobe lo casamén que natros faigam.

- ¿Conque només es aixó?, los va preguntá ell.

- Sí, siñó, van contestá los dos; no volem res mes, que después ya u lligarem natros tot ben lligadet.

- Pos be, va di Pedro Saputo; pera fé este papé vull preguntá algunes coses a Ninila, pero a soles.

- Tot lo que vullgue, va di lo vellet; ahí la té; lo que vullgue; la chica es mol aquell, y sinó... ¡ojito!... (va di miranla en ulls amenassadós).
Natros mon anem a la fonda.

- No sirá tan rato, va di Pedro Saputo, només caldrá que ixquen un rato a la cuina. Y sen van eissí.

- Mira, li va di a la sagala; per lo que vech, traten de casát en qui tú no vols, y yo, al contrari, dessicho que te casos al teu gust. 

Disme: ¿tens algún amán, algún mosso que te vullgue y te agrado? Párlam en llibertat, perque ya vech que está la teua sort a la meua má.

- Yo crec, va contestá ella, que ñan tres que me volen be, pero un mes perque fa dos o tres añs que me festeche. Y dels atres dos, si en aquell no pot sé, tamé me casaría en consevol de ells. 

Li va preguntá entonses (ya sol per curiosidat) si son tío Gil Amor li habíe parlat de ell alguna vegada; y va contestá que moltes, y que díe que sol dessichabe una cosa an este món.

- ¿Y va di quína cosa ere? Se li van ensendre les galtes a la sagala en esta pregunta, y plena de vergoña va contestá, que portál an ell de gendre a casa. Entonses Pedro Saputo se va ficá a escriure una carta en contestassió a un atra que li van portá del mossen, y acabada, va cridá en veu grossa y forta, van entrá los agüelets, los va entregá la carta y va di que estáen despachats.

- Pos ¿y la chica?, va preguntá lo vell.

- Uspen los tres de dabán de mí, los va contestá en aspró, si no volen que los agarra del bras y los faiga rodá escales aball. 

- ¡Siñó!

- Fora de casa meua, tos dic; ¡Au!

Los pobrets, tremolán, esglayats y no atinán casi en les portes, sen van aná plorán, sense sabé qué passáe.

Los van vore Rosa y sa mare y los va fe compassió; pero al arribá a la porta del carré y abans de eixí van sentí que lo vell li díe a la sagala:

 - Tú tens la culpa, sí, tú; que no li haurás volgut doná gust.

- Ah, tunanta, va di la vella: te hay de desfé a bufetades y pessics. ¡Per no donali gust! ¡Y la herensia qué! ¡Carnussa, que mos has perdut!

- ¡Per Deu!, díe plorán la sagala. ¿Qué gust ni qué disgust li hay pogut doná yo si no me ha dit res?

- ¡No te ha dit res! Eixes coses se fan sense dís. Tú ten enrecordarás del día de avui. Y la amenassabe en lo puñ preto. La sagala juráe que res li habíe dit ni demanat; y sinó, va di, tornem a pujá.

- A pujá, va di s'agüelo, a que mos agarro en un feix y mos faigue volá per la finestra. Anem, anem, que ya te passarem la cuenta.

Van escoltá tamé tot aixó la mare y la filla, lay van contá a Pedro Saputo, extrañanles mol aquella duresa y crueldat. Pero ell les va di que ñabíe una raó pa tot alló, y que pronte aquelles llágrimes se convertiríen en goch y alegría.

 - Veigáu lo que pot lo interés, pos tan sentíen los dos perdre la herensia per no habé acatat la sagala lo que malissiosamen discurríen que yo li había demanat, creén que per naixó hay volgut quedám a soles en ella. Y lo que éstos han fet, no dudéu que de cada sen u faríen noranta nou, trobanse al mateix cas.

Y aquell únic potsé u aprobaríe dels atres.

Van arribá los agüelos a Ayerbe y apenes se va sabé lo mal recado que portáen se van espantá los pretendens de la sagala y la van dixá com los muixons cuan en gran sarabastall acudixen al caure lo día, que si va algú y tire en forsa un códul escampen tots calladets y fan una revolada cap a un atra part. Pero lo mossen, lo prior de Santo Domingo y atres persones prinsipals van prometre intersedí en Pedro Saputo, y en efecte li van enviá micha dotsena de cartes, y ell los va despachá sense contestán cap; en lo que se van reafirmá en que Pedro Saputo volíe los bens del tío Gil Amor pera les almes del atre món, y ya lo mateix mossen y lo prior dels flares sels repartíen caritativamen en esperansa.

Sis díes fée que estáe a Almudévar cuan van arribá los agüelos del testamén, y ne va está vuit mes consedinlos al cariño de Eulalia y Rosa, y ne haguere consedit mol mes de bona gana. Les va dixá, pero en tan sentimén que casi va plorá en elles; y va aná cap a Ayerbe aon tamé ne portabe una apuntada.

Apenes va arribá, va cridá a Ninila y en molta afabilidat li va preguntá quins galans li habíen quedat de tans com van di que ne teníe. Ella, enrecordansen del mal trate dels agüelos, y veén que tamé la habíe entrat a un cuarto a soles, dudán, en les galtes colorades, mirán an terra, sofocada, y luchán en la vergoña, va contestá:

- Encara que sé que no soc prou hermosa... sin embargo... ningú me ha tocat encara... lo que vostra mersé vullgue fé de mí... 

Pedro Saputo, al sentí aixó, se va portá la má al fron enrabiat; y la ira per una part, la compassió per un atra, pensán en la malissia dels agüelos, y en lo candor y inossensia de la sagala, va está un rato neguitós y apamplat sense sabé cóm rompre. 

Al remat va eixecá lo cap y li va di entre severo y afable:

- Yo lo que dessicho es la teua felissidat, y lo que te demano es que me digues si dels pretendens que teníes ten ha quedat algún fiel después de sabé que yo no te volía doná la herensia.

- Un, va di ella, tota avergoñida, suán y tragán saliva dels ñirvis.

- ¿Es lo que tú creíes que te volíe mes?

- No, siñó, ara vech que me volíe mes que aquell, perque me ha dit que tan li fotíe si yo era pobra.

- Pos ves y que me lo porton aquí tons yayos; tornarás tú tamé en ells.

Se van presentá en lo mosso; va vore Pedro Saputo que ere ben pincho, galanet com un pintó de Arnes, gallet, no massa ardén y fogós, pero de un cor com un Alejandro. Li va pareixe be y va maná cridá a un escribén y se va fé la declarassió en forma, aprobán la boda de Ninila en aquell noble y desinteressat jove. Acabat aixó, va fé quedá als agüelos y a la sagala, y an ells los va empendre aspramen lo seu mal propósit y villana sospecha, y an ella li va encarregá mol la virtut y la fidelidat al home.

En cuan a la enregistrada de aquell poble la va vore dos vegades y sempre per casualidat: ere tiessa, jarifa, collerguida, pantorrilluda y ben plantada, en aire de ficás en jarres, descocada y capás de aventali un mentíu al fill del sol; y va di: Llástima que yo no siga tot un tersio de soldats pera emportámela de vivandera.


Original en castellá:


Capítulo VI.

Testamento del tío Gil Amor.

Muchas cosas graciosas o extraordinarias ha visto el lector hasta ahora; pero ninguna más que la que sucedió aquellos mismos días con unos consultores de Ayerbe. Eran un viejo, una vieja y una muchacha de unos veinte años, bastante donosa, aunque un poco morena, y muy bien vestida, formando contraste con las galas de los viejos, que ya no podían más de cansados; y los tres apestando con un luto muy espeso y reciente, bien que sin maldita la señal de haber llorado. Acompañábalos un muchacho del lugar que acaso toparon en la calle y le tomaron por guía, el cual aprendía de barbero, de hasta catorce años de edad, nueva generación que ya no conocía Pedro Saputo. Preguntóle de quién era, y dijo que era hijo de la Suspira, y que su madre decía que aún eran con él algo parientes. - Hombre, mira lo que dices: conozco a tu padre y a tu madre, y no sé tener mezclas con ellos. A ver cómo lo endilgas. - Sí, señor, replicó el aprendicillo muy confiado; porque mi madre es prima tercera de la tía Simona de Tutelobuscas, que es prima hermana de Ramón Llevodos, y Ramón Llevodos fue con su primera mujer yerno carnal de la madre de Juan Bramidos, que está casado con la hija de Tornavueltas, que es cuñado de la suegra del hermano del marido de Salvadora Olvena, su madrina de usted. Soltó aquí Pedro Saputo una gran carcajada, se hizo seis medias cruces de admiración, volvió a reírse, y dijo: - Con efecto, todo eso es verdad; pero sumados todos esos parentescos, afinidades y consanguinidades, podrías decir: cero y llevo cero. No obstante le cayó tan en gracia aquel método de encontrar las familias, que después cuando oía de parentescos lejanos que se traían por interés, por vanidad, o por afición y amor a las personas, al punto se acordaba y decía. El entronque de la Suspira. Hasta los viejos de la consulta se rieron con todo su luto y los temores que traían. Dijo al fin al muchacho que teniendo que hablar y tratar con los forasteros, se podía ir, pero que volviese otro día más de espacio a hacer una nueva muestra de su buena memoria. Fuese, y Pedro Saputo quedó consigo en favorecerle por el despejo que mostró en la relación de tan extraño rodeo, que no era aún parar a él o a su madre, sino al marido de su madrina.

Tomó entonces la palabra el viejo, y dijo: - Nosotros, señor, venimos a presentaros esta chica, ya le veis, que es muy pobre, y vos si queréis la podéis hacer rica. - ¿Yo?, dijo Pedro Saputo; ya os iréis explicando. - Sí, señor, ya nos explicaremos, continuó el viejo. Pues, como iba diciendo, es hija de un yerno que tuvimos, y de una hija que se murió hace seis años. Él la mató, él, sí, señor, porque era una mala testa, holgazán, pendenciero, gastador con mujeres malas, que, señor, en todas partes las hay. Conque según eso, esta zagala es nieta nuestra. Pero como su padre acabó lo que le dieron y le dimos, siempre los tuvimos que llevar a cuestas mientras vivió nuestra hija, y después de todo se nos fue acabando y dio fin de día en día, y nos quedamos per istam; y agora los pasamos no de limosna, porque no es verdad, pero sí como Dios quiere. En fin, que la chica sea feliz, que a nosotros de poco ya nos puede engañar el mundo. Pues señor, yo tenía un hermano que era rico, no rico rico que digamos, porque otros lo son más; pero sí, señor, rico de verdad para lo que él era. Porque además que mis padres (¡cuántos años hace!) le dieron más que a mí, él fue más tratante y ambulante, y su mujer más ingrata y ruin que una azarolla verde. Y tuvieron buenos años y no malos hijos; bien que hijos, ni buenos ni malos, porque no tuvieron ninguno. Con mulas y bueyes y ganados de todo pelo ganó lo que él se sabe. Hase muerto ahora cinco días, y deja heredera a nuestra nieta Ninila (Petronila), que es única en su casa y en la mía, con pacto y condiciones que se ha de casar dentro de un año y que sea con la aprobación y a gusto de Pedro Saputo de Almudévar, que es vuesa merced. Y lo que ha dejado es cinco mil libras en dinero y otras tantas que vienen a valer sus posesiones con la casa. Mire ahora vuesa merced si está en su mano, como decía, hacer rica o pobre a Ninila, porque dice el testamento que si pasa del año o no es a gusto de su merced, de vuesa merced, todo lo deja para las almas del purgatorio y del otro mundo.

No se admiró Pedro Saputo de este testamento, porque el testador (que al momento adivinó quién era) le conocía y quería mucho, entraba a verle siempre que pasaba por Almudévar, de sólo oírle hablar lloraba de gozo, y le decía muchas veces: Después de Dios, Pedro Saputo; y le ofreció muchas veces todos sus bienes y buscarle novia con ellos. Palabras que entendía muy bien Pedro Saputo, porque aquél se tenía consigo a la sobrina.

- Según vuestra explicación, respondió al viejo, ese hermano era mi buen amigo el tío Gil Amor. - El mismo, sí, señor, dijo el viejo. - En paz descanse, continuó Saputo. Siento no haberle visto en sus últimas horas; alguna vez le he hecho quedar a comer conmigo. Mas yo desearía ver el testamento. - Aquí lo traigo, dijo el paisano; y le sacó; y en efecto, ponía a la muchacha las dos condiciones. Preguntóle a ella si tenía galanes o pretendientes. - ¿Si tiene?, respondió la abuela; así, así. Y meneaba los dedos levantando la mano. - Pero nosotros, dijo el viejo, le tenemos buscado uno; aquél sí que es bueno, rico, sí, señor, de una casa muy buena. Un poco torcido lleva el cuello de la cabeza, y no le gusta mucho a esta rapaza; pero ya le decimos que eso viene después; lo que importa es que sea rico. - Es verdad, dijo la vieja; y aun yo le he pensado otro mejor que ése, porque es más rico, y tampoco no le gusta porque es tuerto de un ojo y le falta el dedo pulgar en la una mano. ¿Qué culpa tiene el pobre mozo?

Quería Pedro Saputo preguntarle a la muchacha, y los viejos, hablar y darle, y no dejarla responder, adelantándosele siempre y riñendo casi los dos por quien había de llevar la palabra. Al fin dijo el abuelo: - Vaya, mira, lo que nosotros queremos es que su mercé de vuesa merced nos dé un papel escrito de su puño que diga que le parece bien y aprueba el casamiento que nosotros hagamos. - ¿Conque no más es eso?, les preguntó él. - No, señor, respondieron los dos; no queremos más, que después ya lo endilgaremos nosotros. - Pues bien, dijo Pedro Saputo; para hacer este papel quiero preguntar algunas cosas a Ninila, pero a solas. - Todo lo que quiera, dijo el viejo; ahí la tiene; lo que quiera; apuradamente la chica es muy aquél, y si no... ¡cuidado!... (dijo mirándola con amenaza). Nosotros nos vamos a la posada. - No tanto, dijo Pedro Saputo, bastará que salgan un rato a la cocina. Y se salieron.

- Mira, le dijo a la muchacha; a lo que veo, tratan de casarte con quien tú no quieres, y yo, al contrario, deseo que te cases a tu gusto. Dime: ¿tienes algún amante, algún mozo que te quiera y te guste? Háblame con libertad, porque ya veo que está tu suerte en mi mano. - Yo creo, respondió ella, que hay tres que me quieren bien, pero uno más porque hace dos o tres años que me festeja. Y los otros dos, si con aquél no puede ser, también me casaría con cualquiera de ellos. Preguntóle entonces (ya por sola curiosidad) si su tío Gil Amor le había hablado de él alguna vez; y respondió que muchas, y que decía que sólo deseaba una cosa en este mundo. - ¿Y dijo qué cosa era? Encendiósele el rostro a la muchacha a esta pregunta, y llena de vergüenza respondió, que traérselo de joven a casa (de amo joven, de yerno). Entonces Pedro Saputo se puso a escribir una carta en contestación a otra que le trajeron del cura, y concluida, llamó con voz grave, entraron los abuelos, entrególes la carta y dijo que estaban despachados. - Pues ¿y la chica?, preguntó el viejo. - Sálganse los tres de delante, les respondió con aspereza, si no quieren que los tome del brazo y les haga rodar la escalera. - ¡Señor! - Fuera de mi casa, digo; ¡ea! Los infelices, temblando, asustados y no atinando casi con las puertas, se fueron llorando, sin saber lo que les pasaba.

Viéronlos Rosa y su madre y les dieron compasión; pero al llegar a la puerta de la calle y antes de salir oyeron que el viejo decía a la muchacha: - Tú tienes la culpa, sí, tú; que no le habrás querido dar gusto. - Ah, tunanta, dijo la vieja: te he de deshacer a bofetadas y pellizcos. ¡Por no dalle gusto! ¡Y la herencia! ¡Bribona, que nos has perdido! - ¡Por Dios!, decía llorando la muchacha. ¿Qué gusto ni qué disgusto le he podido dar yo si no me ha dicho nada? - ¡No te ha dicho nada! Esas cosas se hacen sin decirse. Tú te acordarás del día de hoy. Y la amenazaba con el puño. La muchacha juraba que nada le había dicho ni pedido; y si no, dijo, volvamos a subir. - A subir, dijo el viejo, a que nos coja y nos vuele por la ventana. Vamos, vamos, que ya te ajustaremos la cuenta.

Oyeron también todo esto la madre y la hija, y se lo contaron a Pedro Saputo, extrañando mucho aquella dureza y crueldad. Pero él les dijo que había su fin en ello, y que pronto aquellas lágrimas se convertirían en gozo y alegría. - Y ved, les dijo, lo que puede el interés, pues tanto sentían los dos perder la herencia por no haber condescendido la muchacha a lo que maliciosamente discurrían le había yo pedido, creyendo que por eso he querido quedarme a solas con ella. Y lo que éstos han hecho, no dudéis que de cada ciento lo harían noventa y nueve, hallándose en el mismo caso. Y aquel único lo aprobaría quizás en los otros.

Llegaron los viejos a Ayerbe y apenas se supo el mal recado que traían se espantaron los pretendientes de la muchacha y la dejaron como los pájaros cuando con gran bullicio acuden al caer el día, que si va alguien y tira con fuerza una piedra huyen todos callados y vuelan a otra parte. Mas el cura, el prior de Santo Domingo y otras personas principales les prometieron interceder con Pedro Saputo, y con efecto le mandaron con un propio media docena de cartas, y él les despachó sin contestar a ninguna; con que se afirmaron más y más en que Pedro Saputo quería los bienes del tío Gil Amor para las almas del otro mundo, y ya el mismo cura y el prior de los frailes se los repartían caritativamente en esperanza.

Seis días hacía que estaba en Almudévar cuando llegaron los viejos del testamento, y estuvo ocho más concediéndolos al cariño de Eulalia y Rosa, a quien hubiera concedido mucho más de buena gana. Dejólas en fin, pero con tanto sentimiento que casi lloró con ellas; y fue a Ayerbe donde también llevaba una registrada.

Apenas llegó, llamó a Ninila y con mucha afabilidad le preguntó qué galanes le habían quedado de tantos como le dijeron que tenía. Ella, acordándose de los malos tratamientos de los abuelos, y viendo que también la había entrado en un cuarto a solas, dudando, ruborosa, mirando a tierra, sofocada, y luchando con la vergüenza, respondió: - Aunque conozco que no soy bastante hermosa... sin embargo... nadie me ha tocado aún... lo que vuesa merced quiera hacer de mí... Pedro Saputo, al oír esto, dejó caer la frente en la mano sobre la mesa; y la ira por una parte, la compasión por otra, pensando ya en la malicia de los viejos, ya en el candor e inocencia de la muchacha, le tuvieron un rato desazonado y perplejo no sabiendo cómo romper. Al fin levantó la cabeza y le dijo entre severo y afable: - Yo lo que deseo es tu felicidad, y lo que te pido es que me digas si de los pretendientes que tenías te ha quedado alguno fiel después que han sabido que yo no te quería dar la herencia. - Uno, dijo ella, toda avergonzada y sudando y tragando saliva de congoja. - ¿Es el que tú creías que te quería más? - No, señor, sino que agora veo que me quería más que aquél, porque me ha dicho que no se le daba nada de que yo fuese pobre. - Pues anda y que me le traigan aquí tus abuelos; volverás tú también con ellos.

Presentáronse con el mozo; vio Pedro Saputo que era bien dispuesto, galancete, un si no es ardiente y fogoso, pero de un corazón como un Alejandro. Parecióle bien y mandó llamar un escribano y se hizo la declaración en forma, aprobando el casamiento de Ninila con aquel noble y desinteresado joven. Concluido, hizo quedar a los abuelos y a la muchacha, y a ellos les reprendió ásperamente su mal propósito y villana sospecha, y a ella le encargó mucho la virtud y la fidelidad al marido.

En cuanto a la enregistrada de aquel lugar la vio dos veces y siempre por casualidad: era tiesa, jarifa, cuellierguida, pantorrilluda y bien plantada, aire de ponerse en jarras, descocada y capaz de arrojar un mentís al hijo del sol; y dijo: Lástima que yo no sea todo un tercio de soldados para llevármela de vivandera.

4. 5. Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Capítul V.

Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Jaime II de Aragón, el Justo, Ix Pedro Saputo al registre de novies. Sariñena – Almudévar.

Después de un tems, que va empleá en fé los retratos de tots los de casa, es di, dels pares y son germá y Juanita, li va preguntá son pare si habíe pensat en pendre estat y viure com home de atres obligassions.
Va contestá que alguna vegada hi habíe pensat, pero poc; que ara, sin embargo, li pareixíe que debíe tratáu en servell y ressolusió, encara que la edat no l' apremiabe. Li va manifestá entonses son pare que així ell com sa mare dessichaben vórel casat; y cuan u determinare, va di, aquí ting encara la lista que vach fe pera ton germá de totes les donselles que a la terra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me va pareixe que ñabíen. Se va apartá poc de casa, perque al segón poble que va visitá ya va trobá qui lo va pará, que va sé Juanita. Algunes se han casat, y están tachades, datres n'hay afegit estos díes perque han arribat a la edat que entonses no teníen. Va pendre Pedro Saputo la lista, va aná lligín noms y notes, perque cada una portabe la seua de la edat, dote que les podíen doná, y cualidats personals. Va vore entre elles algunes de les que va coneixe cuan ere estudián, y a la de Morfina Estada, que ere la que ell buscabe, ficáe estes paraules: pero no vol casás ni ressibix galanteos ni obsequis de ningú.

Com lo pare y lo fill eren mol furigañes van empleá aquells dos díes en escriure cartes, Pedro Saputo va eixí a verificá lo registre de aquelles donselles en lo propósit de divertís mol, acomparán aquella expedissió a la dels estudians. Per de pronte y abans de voren a cap, eren tres les que li ocupaben lo pensamén: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera teníe lo mérit de habél vullgut en molta constansia, y de habé dit mil vegades publicamen que per Pedro Saputo despressiaríe al mes gran príncipe del món en lo seu cetro y la seua corona real. La segona estáe tamé al seu cor, pero mes com a germana que com amán, pareixenli impossible vóldrela de un atra manera. Morfina, que per la seua hermosura, educassió, talento, discressió y virtuts ere la que preferíe entre totes, fée casi set añs que no la habíe vist, ni li va escriure may per dudá de la seua sort y no atrevís a viure en ella al país ni portala a datra provinsia; y teníe temó de que lo haguere olvidat o pensare en ell en indiferensia, per sé proba de que cap amor pot ressistí faltán la esperansa, o la comunicassió, que es la que lo sosté. Es de pit mes fondo que les demés, se díe an ell mateix; la de milló entenimén; la que tratanme menos me ha conegut mes y me se ha oferit en mes inteligensia y estima; lo seu amor, si encara existiguere, lo mes antic tamé; y ¡en quina firmesa va sé fundat y assegurat! ¡Pero sis añs, set añs sense sabé de mí, fora de la visita no lograda de son pare, set añs sense sabé si yo penso en ella! Ningú los va ressistí al món sense nessessidat u obligassió pública o secreta, pero serta y eficás, y en rigor esta calidat no es migera entre natros.

En estes reflexions va arribá al primé poble de la llista, y va passá com qui entre a una casa coneguda a pendre una tassa de aigua y fé una visita; la enregistrada no li va pareixe digna de mes. 

Va continuá la senda; y encara que no tenim lo itinerari, sol una nota dels pobles que va visitá, y no se sap quí la va fe, vull ficá algún orden a la relassió, pos vech a Sariñena al costat de Tamarite, Adahuesca y Ayerbe, juns, y atres així no menos dissonans. 

Vull escomensá per Sariñena, ya que la hay nomenat primé.

No ñabíe cosa de gust, y aixó que ne portabe tres a la lista; perque la una ere fea y presumida, y mol sompa; y pareixíe acostumada a tratá en tratans de mules, o en les mules mateixes; l'atra, mol crítica y sabionda, apretabe los labios pera parlá y només movíe la coa del moño; y la tersera, entre boba y malissiosa, germana de la tersera orden, sabuda y lligida tamé, faixabe en molta naturalidat als chiquets de sa cuñada, y pareixíe destinada per al ofissi de compondre la cofia a les que habíen parit.

Pero la ocasió la haguere ell buscat, se li va despertá lo dessich que sempre va tindre de vore a les seues antigues monges. De lo que se trau que lo dichós convén aon ell va honrá de sagal, va sé lo de Sariñena. Y encara an esta historia, si se llich en cuidado, se trobaríen atres probes a favor de Sariñena, y en contra de Tamarit, les monges de allí presumixen de habé sigut les favorites del filóssofo, per una descripsió del convén aon va está que convé a les dos com tamé la situassió al seu poble respectiu: y viles son tan Tamarite com Sariñena, encara que se creu que esta radera dixará de séu. Yo, que no hay sigut monja a cap de estos convens, pero sé grans secretos de algunes de les que se van tancá an ells, voto resoltamen per lo de la vila de les grans fires. Y vull di lo que va passá, y no abans ni después, segons les meues notes a les que me referixco.

Se va encaminá, pos, cap al convén. Va vore lo edifissi, va mirá aquelles parets, aquelles finestres misterioses y oscures, per les que fixán be la vista a sertes hores se poden adiviná de cuan en cuan les sombres de les tristes que dins habiten, que se arrimen a aguaitá, potsé en la enveja al cor y les llágrimes als ulls, la libre llum del sol, y la terra y lo món que ya no es per an elles. Y va di: dins están: ¿cóm les trobaré después de tans añs? ¡Cóm han de aguardá esta visita! ¿Qué passará cuan me veiguen? Estáe ya prop de la porta y va aturá lo pas. Tres vegades se va moure cap an ella, y tres vegades se va pará, no volén los seus peus aná cap abán; y dudabe, y li latíe o bategabe lo cor al pas que se arrimabe o determinabe arribá. Pareixíe que acabare de lligí lo falso billet de Juanita a Saragossa. Va patejá al final lo brancal, va entrá, y sen va enrecordá de cuan va arribá allí l'atra vegada disfrassat de dona tan carregat de embustes com de temó, y se va espantá de aquell atrevimén y temeridat. Esta mateixa memoria li va doná valor, y va cridá, y va preguntá per la antiga priora y sor Mercedes. Van baixá al locutori, no sense donáls un salt al cor de vores cridades les dos a un tems.

Les va saludá en naturalidat y les va entregá un papé que díe: 

"Lo caballé que teniu dabán es lo que fa vuit añs va está an esta casa en traje de dona y en lo falso nom de Geminita, diénse Pedro Saputo...» Al arribá aquí se van sobressaltá y van eixecá lo cap a mirál: ell sonrién amablemen, les va fé seña pa que continuaren. Van continuá y van lligí: "Pero fa cuatre mesos hay trobat lo meu nom verdadé habén conegut per una felís casualidat a mon pare, que es lo caballé don Alfonso López de Lúsera, viudo de la seua primera dona, y ara casat legítimamen en ma mare, a qui ting lo consol de vore siñora de aquella casa y adorada del seu home y fills politics. Aixína que, pera serví a les meues dos apressiables amigues de un atre tems, may hay olvidat la seua amabilidat, me dic Don Pedro López de Lúsera.»

Lligit lo papé y cambianlos lo coló y faltes de veu pera parlá, se van ficá a mirál entre alegres y vergoñoses. Sels caíen los ulls an terra, y no sabíen qué fé ni qué di. Ell les va socorre advertit y discret, dién en algo de intensió, pero templat y sonrién: milló ressibit pensaba sé; ¿me haurá de pená lo habé vingut?... ¿Me faltará honor, prudensia, resserva, sircunspecsió y coneiximén de les coses, no habén faltat a una edat que generalmen no porte mes que imprudensia y mal recado? Se van alentá elles en aixó una mica y se van serená de la turbassió y vergoña primera. Pero ¡oh, lo que aquell ratet van patí! Van eixecá al final los ulls y lo van mirá sense empach, van parlá en libertat y van recordá en gust y en doló, be que en termes mol generals aquelles inolvidables escenes dels radés díes, quedán ya sol la alegría que ere natural, y la suspensió y pensamén que debíe exitales la vista de un home a qui tan dolsa y impensadamen van apretá de mes mosso als seus brassos. 

Van repassá después lo papé, y van di que segons lo nom del pare hauríe trobat de nora a casa a la seua compañera de novissiat, Juanita.

- Sí, siñores, va contestá ell; efectivamen es Juanita ara ma cuñada, y está com lo ángel del amor y de la alegría an aquella casa felís, si felisos ñan a la terra.

Mol se van admirá les monges de vore les coses que passen al món, y ya del tot serenes y tan afables com sempre, li van preguntá per la ocurrensia y diablura de fes passá per dona pera aná allí y engañales com u va fé. Ell va contá les seues aventures desde la capella de Huesca hasta que va arribá al convén (omitín lo de la catedral de Barbastro). 

- Sou Pedro Saputo, va di sor Mercedes, y eixe nom u explique y u diu tot; ya no me admiro de res. Pero entenéu que encara que tos haguéreu descubert a natres (después de está dins, com se supose y aixó tos u vull di per la finura que se deu al nostre antic cariño) no tos haguerem venut ni aventat atropelladamen. Ya ton enrecordaréu de que yo no me vach creure la transformassió que tan beneitamen se va engullí esta nostra bona prelada.

- Es verdat, va contestá ella; yo ya se veu que mu vach tragá... 

Tan be va sabé lo siñó fingíu ...

- Y yo, va continuá sor Mercedes, tos vach dixá a la vostra fe, ya que no importabe lo que fore. Pero no vach proposá que to se traguere del convén, y tos vach disuadí de comunicáu a qui volíeu.

Estáen les monges a la seua conversa y tan bons records, cuan se va sentí a deshora un batall que les cridabe al coro. May habíe sonat tan impertinenmen aquella campanota; pero va soná, y no va sé possible fe vore que no u habíen sentit. Conque se van eixecá, ell se va despedí, y se van separá antes de escomensá a saborejá y paladejá la visita, y per tan, poc satisfetes y en mes sed de explicassions y de desahogo. Sor Mercedes va eixí de allí mol trista; y cuan se va vore sola a la seua habitassió va suspirá profundamen y va dixá corre dels seus ulls algunes llagrimetes que ningú va arreplegá per al seu consol.

Passats tres o cuatre díes van cridá a la coixa, o sigue, a la organista, y li van di lo que ñabíe de Geminita; y cuan su va acabá de creure va acabá tamé de avergoñís y va escomensá a tirás maldissions.

- ¡Desburrá a Pedro Saputo!, li díen les atres en sorna y una caidica que la cremáe. Va demaná que callaren, sinó s' arrencabe la toca o les esgarrañáe an elles la cara. Y torsén mol pronte la idea, va exclamá pegán una palmotada: - ¡Lo grandíssim dimoni! ¡Conque ere home! ¡Mira per qué yo lo volía y me agradáe tan! ¡Ah, no habéu sabut! ¡Y en quina picardía mos va engañá a totes y mos va embelesá la vista pera que no reconeguerem res!... Sí que es verdat; home, home ere; ara me ve al cap. ¡Ah, tonta de mí! ¡Tantes ocasions que vach tindre!... Pero no tos perdono, siñores mares, lo no habem cridat pera vórel. ¡Qué pincho, pito, majo, quin caballé deu está fet! Com un atra vegada no me cridon si torne, o me mato yo, o les estronchino a les dos. Mol sen van enriure les dos amigues de sentí desatiná a la coixa. Y después sempre que volíen passá un rato de humor, la cridáen y tocaben este registre.

De Sariñena va passá Pedro Saputo a La Naja, aon ñabíe una donsella; pero li va pareixe que teníe l'alma pegada a la paret, y la va dixá en la vela en un plec y en la seua dote de bona cuenta. 

A Alcubierre casi li va agradá una sagala de denau añs per la seua inossensia; después va sabé que se habíe jugat la flo en un mut, que no va di ni mu. Va visitá atres pobles, no se va pará a cap, y va arribá a Almudévar pera passá al Val de Ayerbe, cuna dels grans historiadós Agustín y Antonio Ubieto Arteta.

Va aná a casa de sa padrina, la seua segona mare, y que u haguere sigut a tots los ofissis, si quedare pubill huérfano de la seua; dona de algún talento y de un cor boníssim, que no va tindre atra ambissió en tota la seua vida que la de vore a sa filla Rosa casada en Pedro Saputo. Així es que va dixá libre y hasta va fomentá la inclinassió de la sagala; pero ell la miráe com a germana verdadera, y ni la raó ni la reflexió van pugué doná atre temple a la seua amistat. Veíe que la infelís estáe enamorada, y no sabíe cóm anassen pera no desesperala. 

Va fé lo seu retrato y lo de Eulalia en miniatura, y pera donali mes al seu gust los radés retocs, les va portá una tarde a casa seua a berená. Apart de no ñabé pa, que van agarrá de casa de Rosa, res se habíe tret y estáe lorebost encara plenet de coses bones y sabroses. 

Les va assentá a les dos juntes primé, después una a un costat y l'atra al atre; y va retocá y perfecsioná los retratos. Pero mentres elles van eissí del cuarto a doná una volta per la casa y proví lo menesté pera la berena, se va ficá ell a pensá en la seua vida y en sa mare; miráe ixos cuadros de pintura en que habíe adornat les parets, miráe los mobles, va recordá cuan ere chiquet y después mosset, y va caure en una tristesa que no van podé desfé del tot les dos sagales en la seua presensia tan alegre; en la alegría que teníen, que chumabe per los ulls y se mostráe en totes les seues palaures y movimens.

- ¿Qué tens?, li va preguntá Eulalia al cap de un rato veénlo pensatiu.

- Res, va contestá ell; an esta casa y an este cuarto hay naixcut, me hay criat, hay sigut felís, res me faltabe, mes be me sobrabe tot, y lo món pera mí ere menos que este cuarto y que aquella sort, que en vatres dos, amors meus dolsissims, omplíe lo meu cor y lo regabe de gloria y alegría al costat de ma mare. 

- ¿Y qué penses tú, va di ella, qué has fet en aixó? ¡Pos mo se has mort, sí, mo s'has mort! Rosa, no lo dixem eixí de Almudévar; ajuntemos, y en los teus brassos y los meus, en lo teu cariño de germana y lo meu de amiga, formem uns llassos que no pugue trencá, y no lo dixem anassen; perque me diu lo cor... 

¡No lo dixem aná, Rosa meua!

- Prou, va di ell; prou; no ham vingut aquí a plorá. Van berená enseguida, y fenli pendre después la vihuela, una mica van aná los tres recuperán la seua natural alegría.


Original en castellá:

Capítulo V.

Sale Pedro Saputo al registro de novias. Sariñena.- Almudévar.

De ahí a algún tiempo, que empleó en hacer los retratos de todos los de casa, es decir, de los padres y su hermano y Juanita, le preguntó su padre si había pensado en tomar estado y vivir como hombre de otras obligaciones. Respondió que alguna vez había pensado, pero ligeramente; que ahora, sin embargo, le parecía que debía tratarlo con seso y resolución, aunque la edad no le apremiaba. Manifestóle entonces su padre que así él como su madre deseaban verle casado; y cuando lo determines, dijo, aquí tengo todavía la lista que formé para tu hermano de todas las doncellas que en tierra de Huesca y Barbastro y la próxima Montaña me pareció que había a propósito. Apartóse poco de casa, porque en el segundo pueblo que visitó encontró ya quien le paró, que fue Juanita. Algunas se han casado, y están borradas, otras he añadido estos días porque han llegado a la edad que entonces no tenían. Tomó Pedro Saputo la lista, fue leyendo nombres y notas, porque cada una llevaba la suya de la edad, dote que les podían dar, y cualidades personales. Vio entre ellas algunas de las que conoció de estudiante, y a Morfina Estada, que era la que él buscaba, con un elogio que ninguna otra le igualaba; y al fin estas palabras: pero no quiere casarse ni recibe galanteos ni obsequios de nadie.

Como el padre y el hijo eran muy activos empleó aquél dos días en escribir cartas, dióselas a Pedro Saputo y salió éste a verificar el registro de aquellas doncellas con presupuesto de divertirse mucho y comparando aquella expedición a la de los estudiantes. Por de pronto y antes de ver a ninguna, eran tres las que le ocupaban el pensamiento: Eulalia, Rosa y Morfina. La primera tenía el mérito de haberle amado con mucha constancia, y de haber dicho mil veces públicamente que por Pedro Saputo despreciaría al mayor príncipe del mundo con su cetro y su corona real. La segunda estaba también en su corazón, pero más como hermana que como amante, pareciéndole imposible amarla de otra manera. Morfina, que por su hermosura, educación, talento, discreción y virtudes era la que prefería entre todas, hacía cerca de siete años que no la había visto, ni le escribió nunca por dudar de su suerte y no atreverse a vivir con ella en el país ni llevarla a la ventura a otra provincia; y temía que le hubiese olvidado o pensase en él con indiferencia, por ser prueba a que ningún amor puede resistir faltando la esperanza, o la comunicación, que es la que le sostiene. Es de pecho más profundo que todas, se decía a sí mismo; la de mejor entendimiento; la que tratándome menos me ha conocido más y ofreciéndoseme con más inteligencia y estimación de mí y de su persona; su amor, si todavía existiese, el más antiguo también; y ¡con qué firmeza y prendas fue fundado y asegurado! ¡Pero seis años, siete años sin saber de mí, fuera de la visita no lograda de su padre, siete años sin saber si yo pienso en ella! Nadie los resistió en el mundo no mediando necesidad u obligación pública o secreta, pero cierta y eficaz, y en rigor no media de esta calidad entre nosotros.

Con estas reflexiones llegó al primer pueblo de la lista, y pasó como quien entra en una casa conocida a tomar un vaso de agua y hacer una visita; la enregistrada no le pareció digna de más. Continuó la vereda; y aunque no se tiene el itinerario sino una nota de los pueblos que visitó, que no se sabe quién la ha formado, quiero poner algún orden en la relación, pues veo a Sariñena al lado de Tamarite, Adahuesca y Ayerbe, juntos, y otros así no menos disonantes. Y llegase en un día o en dos, o en tres, o en más o menos, quiero comenzar por Sariñena, ya que la hemos nombrado.

No había cosa de gusto, y eso que llevaba tres en la lista; porque la una era fea y presumida, que es decir necia; y parecía acostumbrada a tratar con mercaderes de mulas, o con las mulas mismas; la otra, muy crítica y sabijonda (sabihonda), apretaba los labios para hablar y coleaba con el moño; y la tercera, entre boba y maliciosa, hermana de la tercera orden, supida y leída también, fajaba con mucha naturalidad a los niños de su cuñada, y parecía destinada para el oficio de componer la cofia a las paridas.

Fresco aconselle a la seua neboda que, si tan li moleste la gen, no se miro al espill.

Mas la ocasión, que, si no se ofreciera de suyo, la hubiera él buscado, le despertó el deseo que siempre tuvo de ver a sus antiguas monjas. De que se infiere que el dichoso convento que él honró de muchacho, fue el de Sariñena. Y todavía en esta historia, si se lee con cuidado, se encontrarían otras pruebas a favor de Sariñena, y contra Tamarite por consiguiente, cuyas monjas presumen haber sido las favorecidas del filósofo, por una descripción del convento donde estuvo que conviene a las dos como asimismo la situación en su pueblo respectivo: y villa también es Tamarite como Sariñena, aunque se cree que ésta dejará de serlo. Yo por lo menos, que si no he sido monja en ninguno de estos conventos, sé grandes secretos de algunas de las que se encerraron en ellos, voto resueltamente por el de la villa de las grandes ferias. Y quiero decir lo que ahora sucedió, y no antes ni después, según mis notas a que me refiero.

Encaminóse, pues, al convento. Vio el edificio, miró aquellas paredes, aquellas ventanas misteriosas y oscuras, por las cuales fijando bien la vista a ciertas horas se ven de cuando en cuando pasar como sombras las tristes que dentro habitan, y acercarse a mirar, tal vez con la envidia en el corazón y las lágrimas en los ojos, la libre luz del sol, y la tierra y el mundo que ya no es para ellas. Y dijo: dentro están: ¿cómo las encontraré después de tantos años? ¡Si aguardarán semejante visita! ¿Qué les sucederá cuando me vean? Estaba ya cerca de la puerta y detuvo el paso. Tres veces movió hacia ella, y tres veces se paró, no queriendo los pies ir adelante; y dudaba, y le latía el corazón al paso que se acercaba o determinaba llegar. Parecía que acabase de leer el falso billete de Juanita en Zaragoza. Pisó en fin el umbral, entró, y se acordó de cuando llegó allí otra vez disfrazado de mujer tan cargado de embustes como de miedo, y se espantó de aquel arrojo y temeridad. Pero esta misma memoria le dio valor, y llamó, y preguntó por la antigua priora y sor Mercedes. Bajaron al locutorio, no sin darles un salto el corazón de verse llamadas las dos a un tiempo.

Saludólas con naturalidad y les entregó un papel que decía: «El caballero que tenéis delante es el que hace ocho años estuvo en esta casa en traje de mujer y con el supuesto nombre de Geminita, llamándose Pedro Saputo...» Al llegar aquí se sobresaltaron y levantaron la cabeza a mirarle: él sonriéndose amablemente, les hizo seña que continuasen. Continuaron y leyeron: «Pero hace cuatro meses he encontrado mi verdadero nombre habiendo conocido por una feliz causalidad a mi padre, que es el caballero don Alfonso López de Lúsera, viudo de su primera mujer, y ahora casado legítimamente con mi madre, la cual tengo el consuelo de ver señora de aquella casa y adorada de su esposo e hijos políticos. Así que, y para servir a mis dos apreciables amigas de otro tiempo, cuya amabilidad jamás he olvidado, me llamo Don Pedro López de Lúsera.»

Leído el papel y mudándoseles el color y las faltas de voz para hablar, se pusieron a mirarle entre alegres y vergonzosas. Caíanseles los ojos a tierra, y no sabían qué hacer ni qué decir. Socorriólas él advertido y discreto, diciéndoles con algo de intención, pero templado y risueño: mejor recibido pensaba ser; ¿me habrá de pesar el haber venido?... ¿Se temerá que en mí falte honor, prudencia, reserva, circunspección y conocimiento de las cosas, no habiendo faltado en edad que generalmente no conlleva sino imprudencia y mal recado? Alentáronse ellas con esto un poco y se serenaron de la turbación y vergüenza primera. Pero ¡oh, lo que en aquel breve rato padecieron! Levantaron al fin los ojos y le miraron sin empacho, hablaron con libertad y recordaron con gusto y con dolor, bien que en términos muy generales aquellas inolvidables escenas de los últimos días, quedándoles ya sólo el alborozo que era natural, y la suspensión y pensamiento que debía excitarles la vista de un hombre a quien tan dulce e impensadamente estrecharon de más mozo en sus brazos. Miraron después el papel de nuevo, y dijeron que según el nombre del padre debió encontrar el joven de nuera en casa a su compañera de noviciado, Juanita. - Sí, señoras, respondió él; efectivamente es Juanita agora mi cuñada, y está como el ángel del amor y de la alegría en aquella casa feliz, si felices hay en la tierra.

Mucho se admiraron las monjas de ver las cosas que pasan en el mundo, y ya del todo serenas y tan afables como siempre, le preguntaron de la ocurrencia y diablura de fingirse mujer para ir allí y engañarlas como lo hizo. Él les contó sus aventuras desde la capilla de Huesca hasta que llegó al convento (omitiendo lo de la catedral de Barbastro). - Sois Pedro Saputo, dijo sor Mercedes, y ese nombre lo explica y lo dice todo; ya no me admiro de nada. Pero entended que aunque os hubiésedes descubierto con nosotras (después de estar dentro, como se supone y esto os lo quiero decir por una fineza que deberéis a nuestro antiguo cariño) no os hubiésemos vendido ni echado atropelladamente. Ya os acordaréis que yo no creí en la transformación que tan benditamente engulló esta nuestra buena prelada. - Es verdad, contestó ella; yo ya se ve, lo creí... Tan bien supo el señor fingilla de un modo... - E yo, continuó sor Mercedes, os dejé en vuestra fe por no meternos en aprensión, puesto que no importaba lo que fuese. Pero no os propuse que se echase del convento, y os disuadí de comunicallo a quien decíades.

Lanzadas estaban las monjas en su conversación y gratísimos recuerdos, de que suspiraban en el centro más vivo del alma, cuando se oyó a deshora una campana que las llamaba al coro. Jamás sonó tan impertinentemente; pero sonó, y no fue posible dejar de darse por entendidas. Conque se levantaron, él se despidió, y se separaron comenzando sólo a gustar el sabor de la visita, y por consiguiente poco satisfechas y con más sed de explicaciones y de desahogo. Pero sor Mercedes salió de allí muy triste; y cuando se vio sola en su celda suspiró profundamente y dejó correr de sus ojos algunas lágrimas que nadie recogió para consuelo.

Pasados tres o cuatro días llamaron a la coja, o sea, a la organista, y le dijeron lo que había de Geminita; y cuando acabó de creerlo acabó también de avergonzarse y principió a echarse maldiciones. - ¡Desasnar a Pedro Saputo!, le decían las otras con sorna y una caidica que la quemaba. Les pidió que callasen, si no se arrancaba la toca o las arañaba a ellas la cara. Y torciendo muy pronto la idea, exclamó dando una palmada: - ¡El grandísimo demonio! ¡Conque era hombre! ¡Mira por qué yo lo quería y me gustaba tanto! ¡Ah, no haberlo sabido! ¡Y con qué gazmoñería nos engañó a todas y nos embelesó la vista para que no conociésemos nada!... Sí que es verdad; hombre, hombre era; agora me acuerdo. ¡Ah, tonta de mí! ¡Tantas ocasiones que tuve!... Pero no os perdono, señoras madres, el no haberme llamado para velle. ¡Qué hermoso, y qué caballero debe de estar! Como otra vez no me llamen si vuelve, o me mato, o mato a las dos. Mucho se rieron las dos amigas de oír desatinar a la coja. Y después siempre que querían pasar un rato de humor, la llamaban y tocaban este registro.

De Sariñena pasó Pedro Saputo a La Naja, donde había una doncella; pero le pareció que tenía el alma pegada a la pared, y la dejó con su vela recogida y con su dote de buena cuenta. En Alcubierre casi le gustó una muchacha de diecinueve años por su inocencia; y después supo que se había jugado la flor con un mudo. Visitó otros pueblos, no se detuvo en ninguno, y fue a Almudévar para pasar al Val de Ayerbe.

Dicho se está que fue a posar en casa de su madrina, su segunda madre, y que lo hubiera sido en todos los oficios, si quedara pupilo de la suya; mujer de algún talento y de un corazón bonísimo, que no tuvo otra ambición toda su vida que la de ver a su hija Rosa casada con Pedro Saputo. Así es que dejó libre y aun fomentó la inclinación de la muchacha; pero él la miraba como hermana verdadera, y ni la razón ni la reflexión pudieron dar otro temple a su amistad. Veía que la infeliz estaba enamorada, y no sabía cómo partir para no desesperarla. Hizo su retrato y el de Eulalia en miniatura, y para darles más a su gusto los últimos retoques, las llevó una tarde a su casa a merendar, pues fuera de no haber pan, que tomaron de casa de Rosa, nada se había sacado y estaba la despensa aún repuesta de cosas buenas y regaladas. Sentólas a las dos juntas primero, después una a un lado y otra a otro; y retocó y perfeccionó los retratos. Mas mientras ellas salieron del cuarto a dar una vuelta por la casa y traer lo necesario para la merienda, se puso él a pensar en su vida y en su madre; miraba aquellos cuadros de pintura con que había adornado las paredes, miraba los muebles, recordó su niñez y primera mocedad, y cayó en una tristeza que no pudieron desvanecer del todo las dos muchachas con su presencia tan alegre; con el contento que tenían y les rebosaba por los ojos y se mostraba en todas sus palabras y movimientos. - ¿Qué tienes?, le preguntó Eulalia de ahí a un rato viéndole pensativo. - Nada, respondió él; sino que en esta casa y en este cuarto he nacido, me he criado, he sido feliz, nada me faltaba, antes bien me sobraba todo, y el mundo para mí era menos que este cuarto y que aquella suerte, que con vosotras dos, amores míos dulcísimos, llenaba mi corazón y lo regaba de gloria y alegría al lado de mi madre. - ¿Y qué piensas tú, dijo ella, que has hecho con esto? ¡Pues nos has muerto, sí, nos has muerto! Rosa, no le dejemos salir de Almudévar; unámonos, y con tus brazos y los míos, con tu cariño de hermana y el mío de amiga, formemos unos lazos que no pueda romper, y no le dejemos ir; porque me dice el corazón... ¡No le dejemos ir, Rosa mía! - Basta, dijo él; basta; no hemos venido aquí a llorar. Merendaron enseguida, y haciéndole tomar después la vihuela, un poco fueron los tres cobrando su natural alegría.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 9. De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar.

Capítul IX.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.


Mol al seu gust vivíe Pedro Saputo an aquell tems, volgut de tots, requerit, buscat, cridat y selebrat, próspero (com Bufa al ull, Bofarull) y ric, mes be per la seua modestia y filossofía que per les riqueses, encara que ya ere tal lo seu estat, que sa mare lluñ de serví a datres ere ella servida, pos teníe criades y se veíe estimada y respetada al poble per lo seu fill, y per nella mateixa tamé, que sabíe tratá en los grans y en los minuts sense adulá an aquells ni afoná als atres. Pedro Saputo estudiabe, cassabe, y donáe los ratos libres a les seues dos enamorades Rosa y Eulalia, que en les lecsions y trate de un home com ell habíen millorat mol lo seu bo natural, y reflejaben la seua amabilidat y la seua grandesa de ánimo, discretes, enteses, ben parlades y naturals, en tot amabilíssimes. Al poble y casa de don Severo pesse a la carta y amor de Morfina y de la promesa a son pare no pensabe anáy tan pronte per raons que ell teníe y que al seu tems declarará a qui correspongue. Y no va dixá de sentí esta contradicsió de la sort, perque encara no van passá dos mesos, cuan va sabé que habíe mort don Severo; y ni en este motiu se va atreví a aná a vore a Morfina. La sala en aixó ya no se pintaríe; y se quedaríe al seu puesto. Ixíe a pintá per alguns pobles; encara que sén totes obres de poca monta, eren les aussensies curtes y servíen sol pera renová lo gust de aquella dolsíssima vida. Pero va ocurrí al cap de un tems un cas que lo va entristí de gran manera, casi no ne teníe prou en tota la seua filossofía pera no renegá del seu poble, y agarrá a sa mare y anassen a viure a un atre.

Lo ferré un día se va cabrejá en la seua dona perque li habíe portat lo amorsá gelat; y agarrán un ferro ruén que estáe calentanse a la forja lay va embutí per la boca hasta lo garganchó, expirán la infelís al cap de un ratet. Ere lo ferré home mol estrafalari, bossal, may segú y de mol males bromes, perque es de advertí que tot u fée enriénsen. La pobre dona passáe molta pena en ell, si li apetíe fótreli lleña, lay fotíe; si acarissiali lo pel, lay acarissiáe; fela dormí a enterra despullada y sense roba al hivern, la fée dormí o gitás aixina; si li oferíe com per cariño un mosset en la cullera, al tems que obríe la boca lay tiráe a la cara o al pit. Atres vegades agarrabe un gabiñet, y fenla estirás y ficanli lo peu al coll jugabe a degollá al cordé o al gorrino, o acabáe eixecán lo bras dién: quí com Deu. 

Atres li lligabe los brassos al cos y después les cames, y la fée rodá per lo cuarto y alguna vegada per la escala. Pero esta burla que va volé fé en lo ferro de la forja va superá a totes, pos va dixá a la pobre dona sense vida en menos de cuatre minuts.

Lo van prendre inmediatamen, y ficat a la presó en moltes cadenes al coll y grillets als peus, lo van jusgá aquell mateix día y lo van condená a mort; la sentensia la ejecutaríen un atre día. Ya estáe la forca eixecada y tot lo poble a la plassa aguardán la ejecussió; ya lo traíen y portáen al patíbul, cuan puján un del poble baixotet damún dels muscles de un atre poc mes alt, va di:

"¿Qué faréu, fills de Almudévar? ¿Conque enforcaréu o penjaréu al ferré, que sol ne tenim un? Y ¿qué farem después sense ferrero? ¿Quí mos luciará les relles? ¿Quí ferrará les nostres mules desmemoriades? miréu lo que passe. En ves de penjá al ferré que mos fará después muita falta, perque ye sol, enforquem un teixidó que ne tenim set al poble y per un menos o mes no ham de aná sense camisa».

- ¡Té raó!, ¡té raó!, van cridá tots; ¡penjarem a un sastre!, ¡un teixidó!... ¡un sastre!... Y sense mes que esta veu y crit agarren al primé de ells que van topetá per allí, lo porten a la forca, lo pujen y lo penchen, y fiquen en libertat al ferré.

Va sabé aixó Pedro Saputo, que no va volé aná a la ejecussió ni habíe eixit de casa, y va aná corrén a escape a la plassa a vore si podíe impedí aquella animalada injusta; pero va arribá tart perque ya estáe garreján lo infelís del sastre. Se va umplí de horror de tan gran barbaridat, y sen va entorná cap a casa seua mut de paraules y gelat lo cor, pareixenli que lo sel y la terra se habíen cambiat lo puesto.

Per la tarde los va di als prinsipals del poble que van aná a vórel:

- Calléu al menos, siñós; que aixó no se sápigue; que aixó no ixque dels nostres muros; perque, ¿qué se dirá de natres? Si aixó arribe a sabés, y se sabrá, no dudéu que mentres lo món seguixque sen món se sitará y recordará en etern baldón del nom de Almudévar. 

Pero ells se van excusá dién que no van podé convense a la multitut irrassional, ni fes sentí en aquell momén.

Y se va consumá la barbaridat mes gran que van vore los siglos.

Pedro Saputo va sentí tan disgust, que pera distraures va agarrá la espasa y una mula de son padrí y sen va aná a passá uns díes fora.


Original en castellá:

Capítulo IX.

De donde viene el dicho: La justicia de Almudévar.

Muy a su gusto vivía Pedro Saputo en aquel tiempo, querido de todos, buscado, llamado y celebrado, próspero y rico, más bien por su modestia y filosofía que por las riquezas, aunque ya era tal su estado, que su madre lejos de servir a otros era ella servida, pues tenía criadas y se veía estimada y respetada en el pueblo por su hijo, y por ella misma también, que sabía tratar con los grandes y con los pequeños sin adular a aquéllos ni confundir a éstos. Pedro Saputo estudiaba, cazaba, y daba los ratos libres a sus dos enamoradas Rosa y Eulalia, que con las lecciones y trato de un hombre como él habían mejorado mucho su buen natural, y reflejaban su amabilidad y su grandeza de ánimo, discretas, entendidas, bien habladas y naturales en todo amabilísimas. Al pueblo y casa de don Severo a pesar de la carta y amor de Morfina y de la promesa de su padre no pensaba ir tan pronto por razones que se tenía y que a su tiempo declarará a quien corresponda. Y no dejó de sentir esta contradicción de la suerte, porque aún no pasaron dos meses, cuando supo que había muerto don Severo; y ni con este motivo se atrevió a ir a ver a Morfina. Sobre que la sala con esto ya no se pintaría; y permanecería en su lugar. Salía a pintar a algunos pueblos; aunque siendo todas obras de poco momento, eran las ausencias cortas y servían sólo de renovar el gusto de aquella dulcísima vida. Pero ocurrió de ahí a algún tiempo un caso que le afligió en gran manera, no bastando casi toda la filosofía para no maldecir de su pueblo, y coger a su madre e irse a vivir a otro.

El herrero un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca y la garganta, expirando la infeliz en brevísimo rato. Era el herrero hombre muy estrafalario, bozal, nunca seguro y de muy malas chanzas, porque es de advertir que todo lo hacía riendo. La pobre mujer pasaba mucho trabajo con él porque sin más causa ni motivo que antojársele darle palos, le daba; mesarle los cabellos, se los mesaba; hacerla dormir en el suelo desnuda y sin ropa en invierno, la hacía dormir o acostarse así por lo menos; ofrecerle como por cariño un bocado con la cuchara, se lo ofrecía y al tiempo que abría la boca se lo tiraba a la cara o en el seno. Otras veces cogía un cuchillo, y haciéndola echar y poniéndole el pie en el cuello jugaba a degollar el carnero o el cochino, o concluía levantando el brazo diciendo: quién como Dios. Otras la ataba los brazos al cuerpo y luego las piernas en uno, y la hacía rodar por el cuarto y tal vez por la escalera. Pero esta burla que quiso hacer con el hierro de la fragua superó a todas, pues dejó a la pobre mujer sin vida en menos de cuatro minutos.

Prendiéronle inmediatamente, y puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies, le juzgaron aquel mismo día y le condenaron a muerte; cuya sentencia iban a ejecutar otro día. Ya estaba la horca levantada y todo el pueblo en la plaza aguardando la ejecución; ya le sacaban y llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro dijo: «¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque esforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as rellas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa». - ¡Tiene razón!, ¡tiene razón!, gritaron todos; ¡enforcar un teisidor!, ¡un teisidor!... ¡un teisidor!... Y sin más que esta voz y grito cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero.

Supo esto Pedro Saputo, que no quiso ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia; pero llegó tarde porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad, y se volvió a su casa mudo de palabras y frío del corazón pareciéndole que el cielo y la tierra se habían mudado.

Por la tarde dijo a los principales del pueblo que fueron a verle: - Cállese al menos, señores; que esto no se sepa; que esto no salga de nuestros muros; porque, ¿qué se ha de decir de nosotros? Si esto llega a saberse, y se sabrá, no dudéis que mientras el mundo sea mundo se citará y recordará con eterno baldón del nombre de Almudévar. Mas ellos se excusaron diciendo que no pudieron persuadir a la multitud irracional, ni aun hacerse oír en aquel momento. Y se consumó la barbarie más inicua que vieron los siglos.

Pedro Saputo sintió tanto disgusto, que por distraerse tomó la espada y una mula de su padrino y se fue a pasar unos días fuera.