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sábado, 27 de julio de 2024

2. 11. Aon se prosseguix lo escomensat.

Capítul XI.

Aon se prosseguix lo escomensat.

Aon se prosseguix lo escomensat.

Va arribá la hora, y abans de eixí se van asseá los estudians lo milló que van pugué. Pedro Saputo va traure la funda de la gorra, se va ficá un coll nou mol risat y va quedá fet un caballé, y per lo jove y guapo, un Amor vestit, un Adonis en traje español y de tall, y acompañats del huésped, de un cuñat, una filla de deu añs y una neboda de quinse, en alguns veíns que se van pendre la libertat de pujá mentres sopáen, se van encaminá a la casa portán detrás una gentada, mes gen que va aná may al sermó de la galtada. Van arribá, van saludá mol cortesmen an aquelles siñores y a datres que elles habíen convidat; y don Severo al vorels tan cortesans, tan atentos y ben parlats se va alegrá mol y va di en veu baixa a la dona y filla:

- ¿Veéu, gloria meua, quin porte y qué ben criats? No dirás mes que són fills de grans caballés: y alguns de ells u sirán, perque mentres seguixen los estudis ñan mols als que los agraden les aventures y libertat de esta vida a les vacassions, y cuan se reincorporen al curs repartixen los profits als compañs mes pobres. En aixó la mare y la filla los trataben en miramén, y al mateix tems los mostraben afabilidat y confiansa. La gen del poble que los habíe seguit va sé tamé admitida a dos grans sales que estáen una a cada costat de la del sarao y va di lo caballé:

- An esta rogo que dingú entro sense la meua llissensia; a les atres que s' acomodon los que puguen en orden y bons modos. Ara, siñós, cuan vullgáu, va di als estudians, podéu escomensá la música.

Primé van tocá un rato pera amostrá la seua habilidat, y después van preguntá a don Severo si se habíe tratat de que ballaren. 

Va contestá que sí, y los va suplicá que obrigueren dos de ells lo ball, pos així tamé u dessichaben aquells joves caballés. Entonses dixen los instrumens lo de la pandereta y lo del pito, y trauen a ballá lo primé a la filla de la casa, y lo segón a un atra donsella que ere cusina de Morfina, agarrán mentrestán Pedro Saputo la pandereta. La destresa y grassia que los estudians van ostentá al ball va agradá a tots, y no menos la dessensia, que sempre y en tot es importán. Ya no eren ixos estudians vestits en cuatre draps; eren uns verdadés caballés ben naixcuts, y finamen educats, de lo que s' alegrabe 

l'amo del convit y no dixáe de medíu la seua dona y atres siñores prinsipals que ñabíe. Se van retirá y van agarrá los instrumens, dixán la part del ball als joves que van vindre convidats.

Van ballá totes y tots, la festa se va correspondre en la magnifissensia que en tot se usabe a la casa. 

Lo del pito li va di al home de la casa:

- Ara, don Severo, si li pareix a vostra mersé, lo meu compañ Paquito y yo predicarem un sermó a la plebe de les antessales, los dos a un tems, y cada un a una sala desde la porta pujats a uns púlpitos que sirán dos taules.

- Está be, va di lo caballé, ¿y a tú, Mariquita?, va preguntá a la dona. Va contestá ella que sí. Y parades les taules y saltán an elles los oradós, escomensen a soltá chorros de disparates, que cada minut teníen que pará y doná tems a la rissa que a les tres sales va arrencá mil novedats als cossos ya una mica fluixos. Les dames y caballés de la del mich podíen sentí al un o al atre, no paráen de riure y apretás les barres y pegás als ginolls en les dos mans y hasta puñades a les parets. Lo mateix don Severo va pedre la seua seriedat, y va tindre que recuperala, tapanse los oíts pera pugué dils: 

- ¡Prou, siñós, prou!, que mos morirem tots. Pero ells embriagats de elocuensia ni paraben ni podíen encara que vullgueren. Hasta que van agarrá los instrumens los atres y van fé soná la música, y esta per fin va tallá l'enchís. Paren ells y pare tamé la música, y saludán los dos a les siñores y caballés en una gran cortessía, va estampí un aplausso de mans tan estrepitós y llarg, que se va comunicá a les antessales y pareixíe que anáen a sorsís.

Se van volé ficá a ballá per segona vegada, y no va sé possible. 

Be se esforsaben los musics, pero ningú podíe fé mes que riure y torná als disparates dels sermons. Se ficáen en actitut de ballá, pero algú soltáe una carcañada y ya tots se retiráen, caén a les cadires y fen pasmos y exclamassions.

Entretán corríe la nit, y mirán don Severo la hora, va vore que eren les onse y micha, y va di:

- Siñós, esta micha hora que falte hasta les dotse, perque de micha nit no passen les festes a casa meua, tots la nessessitem pera templamos y disposamos a dormí. Siñós llissensiats: ting barruntos de que vostés volen passá an este poble vuit díes per lo menos; yo per la meua part espero que lo dimecres per la nit tornon an esta casa.

- Demá, va di un jove caballé, me ha manat mon siñó pare que los rogara se dignaren vindre a la meua.

- Y a casa vostra, va contestá don Severo, tamé anirán les meues siñores dona y filla. Li va doná les grassies lo caballé, y parán los cumplimens se van oferí los estudians a les ordens de don Severo, y als peus de aquelles siñores, y se van despedí de tots los convidats.

Cada nit va sé la funsió a una casa diferenta, y tamé los estudians variaben les invensions passán los matins en ordenales, sense descuidás de visitá a les persones que mes los honraben y se u mereixíen, com don Severo. 

La nit de la segona funsió a casa de éste se va presentá Pedro Saputo disfrassat de dona y va engañá a tots, mes particularmen a Morfina, la va obligá a confessá lo seu amor guañanse lo cor y vensén la seua resserva. ¿Cóm resistiríe la infelís per advertida, per reportada, per serena, profunda y circunspecta que fore? 

No ere possible. Y així ell, lograt lo seu objectiu, va dixá caure lo disfrás, rién tots mol del engañ y selebrán la donosura de la forastera; después va continuá ya la funsió com totes les nits.

Lo radé día en lo bon pareixe de don Severo, perque tot lay comunicaben y consultaben, van fé un atra ronda pels carrés, y van fé tanta plega que casi los va pareixe massa; cosa impossible per als estudians. Daball del balcó de don Severo van pará y van cantá un rato. Per la nit van aná de tertulia a casa seua y don Severo los va doná sis escuts de or, suplicanlos que si no se apartaben mol a un atra direcsió tornaren per allí al retirás als seus estudis, y lay van prometre.

Pel matí van eixí del poble, passán aposta, encara que donáen volta, pel carré de Morfina, y a la porta se van pará a tocá lo himno de despedida. Van eissí don Severo y les seues siñores a sentils; y Pedro Saputo, que anáe previngut, va cantá en los seus compañs y mol ben acompañat de la música, unes lletres que portáe pensades, de les que la primera diebe:

Pos me dixo lo cor

¿Me emportaré un pensamén?


Morfina en mol dissimulo va fé seña que sí; y van cantá la segona, que teníe per final:


Pos te vach entregá, cor, 

¿Aón te guardarán?


Y Morfina a se va tocá y señalá lo pit en dissimulo. 

La tersera acababe:


¿Te trobaré, cor,

cuan torna, aon estarás?


Va incliná Morfina una mica lo cap y los ulls y per cántic de gloria y conclusió díen los radés versos de la radera lletra:

Pos influí ya no pot

sino be la estrella meua.


Y en aixó se va acabá lo can y se van despedí. Morfina, com se va alegrá de vorels encara un atra vegada, no va pugué evitá que se li bañaren los ulls, ixquere un suspiro, aufegat pel decoro, y corregueren per les seues rosades galtes dos llágrimes de mes valor que tot l'or que teníe son pare, al menos per al que les va vore corre y que va pugué di meues són cuan caíen y arreplegales en los seus labios y passales al cor en l'amor que les derramabe.


Original en castellá:

Capítulo XI.

Donde se prosigue lo comenzado.

A más de andar llegó la hora, y antes de salir se asearon los estudiantes lo mejor que pudieron. Pedro Saputo quitó la funda de la gorra, se puso un cuello nuevo muy rizado y quedó hecho un caballero, y por lo joven y hermoso, un Amor vestido, un Adonis en traje español y de corte, y acompañados del huésped, de un cuñado, una hija de diez años y una sobrina de quince, con algunos vecinos que se tomaron la libertad de subir mientras cenaban, se encaminaron a la casa llevando detrás, porque había acudido a la calle gran tumulto, más gente que fue nunca al sermón de la bofetada. Llegaron, saludaron muy cortésmente a aquellas señoras y a otras que ellas habían convidado; y don Severo al verlos tan cortesanos, tan atentos y bien hablados se alegró mucho y dijo en voz baja a su esposa e hija: - ¿Veis, gloria mía, qué porte y qué bien criados? No diréis sino que son hijos de grandes caballeros: y algunos de ellos lo serán, porque mientras siguen los estudios hay muchos que gustan de las aventuras y libertad de esta vida en las vacaciones, y cuando se restituyen al curso reparten los provechos en los compañeros pobres. Con esto la madre y la hija los trataban con miramiento, y al propio tiempo les mostraban afabilidad y confianza. La gente del pueblo que los había seguido fue también admitida en dos grandes salas que estaban una a cada lado de la del sarao y dijo el caballero: - En ésta ruego que nadie entre sin mi licencia; en esotras acomódense los que puedan con orden y buen modo. Agora, señores, cuando gustáredes, dijo a los estudiantes, podréis dar principio a la música.

Diéronlo al punto; y primero tocaron un rato para hacer muestra de su habilidad, y luego preguntaron a don Severo si se había tratado que bailasen. Respondió que sí, y les suplicó abriesen dos de ellos el baile, pues así también lo deseaban aquellos jóvenes caballeros. Entonces dejan los instrumentos el de la pandera y el del pito, y sacan a bailar el primero a la hija de la casa, y el segundo a otra doncella que con Morfina se hallaba de prima, tomando entretanto Pedro Saputo la pandera. La destreza y gracia que los estudiantes ostentaron en el baile gustó a todos, y no menos su decencia, que siempre y en todo es importante. Ya no eran aquellos estudiantes andrajosos de bayetas y mirando y hablando a lo tuno en puridad como en la calle; eran unos verdaderos caballeros bien nacidos, y finamente educados, de lo cual se alegraba el dueño del convite y no dejaba de ponderarlo su esposa y otras señoras principales que había. Retiráronse y tomaron los instrumentos, dejando la parte de baile a los jóvenes que vinieron convidados.

Bailado que hubieron todas y todos, salió el agasajo, el cual correspondió a la magnificencia que en todo se usaba en la casa. Y así que tomaron lo que pareció y supo mejor a cada uno, fue el del pito al dueño y le dijo: - Agora, don Severo, si parece a vuesa merced, mi compañero Paquito e yo predicaremos un sermón a la plebe de las antesalas, ambos a un tiempo, y cada uno a su sala desde la puerta subidos por púlpitos en sendas mesas.- Que me place, dijo el caballero, ¿y a ti, Mariquita?, preguntó a su esposa. Respondió ella lo mismo. Y puestas las mesas y saltando a ellas los oradores, principian a soltar chorros de disparates, que cada minuto tenían que parar y dar lugar a la risa que en las tres salas causó mil novedades en los cuerpos un poco flojos. Las damas y caballeros de la del centro ya atendían al uno ya al otro, no parando de reír y apretarse las ijadas y arrimarse y pegarse a las paredes. El mismo don Severo perdió su gravedad, y hubo de volver en sí, y taparse los oídos para decirles: - ¡Basta, señores, basta!, que nos morimos todos. Pero ellos embriagados de elocuencia ni paraban ni podían aunque quisieran. Hasta que tomados los instrumentos los otros hicieron sonar la música, y ésta por fin cortó el encanto. Cesan ellos y cesa también la música, y saludando los dos a las señoras y caballeros con una gran cortesía, estalló un aplauso de manos tan estrepitoso y largo, que se comunicó a las antesalas y parecía que iban a hundirse.

Quisiéronse poner a bailar segunda vez, y no fue posible. Bien se esforzaban los músicos de su parte, pero nadie podía sino reír y volver a los disparates de los sermones. Poníanse en actitud de bailar, y soltaban la carcajada y se retiraban cayéndose en las sillas y haciendo pasmos y exclamaciones.

Entretanto corría la noche, y mirando don Severo la hora, vio que eran las once y media, y dijo: - Señores, esta media hora que falta hasta las doce, porque de media noche no gusto que pasen las fiestas de mi casa, todos la necesitamos para templarnos y disponernos al sueño. Señores licenciados: tengo barruntos de que vuesas mercedes van a pasar en este pueblo ocho días por lo menos; yo por mi parte espero que el miércoles por la noche serán servidos de volver a esta casa. - Mañana, dijo un joven caballero, me ha mandado mi señor padre rogase a vuesas mercedes se dignasen venir a la mía. - Y a vuestra casa, respondió don Severo, también irán mis señoras esposa e hija. Diole las gracias el caballero, y cesando los cumplimientos se ofrecieron los estudiantes a las órdenes de don Severo, y a los pies de aquellas señoras, y se despidieron con todos los convidados.

Cada día era la función en otra casa, y también los estudiantes variaban las invenciones pasando las mañanas en ordenarlas, sin descuidarse de visitar a las personas que más los honraban y se lo merecían, como don Severo y alguna otra. La noche de la segunda función en casa de éste se presentó Pedro Saputo disfrazado de mujer y engañó a todos, logrando un gran rato a su intento, que fue el de hablar más particularmente a Morfina y obligarla a confesar su amor ganándole el corazón y venciendo su reserva. ¿Cómo resistiría la infeliz por advertida, por reportada, por serena, profunda y circunspecta que fuese? No era posible. Y así él, logrado su objeto, abatió el disfraz, riendo todos mucho del engaño y celebrando la donosura de la forastera; después continuó ya la función como todas las noches.

El último día con el buen parecer de don Severo, porque todo se lo comunicaban y consultaban, hicieron otra ronda por las calles, y recogieron tanto dinero que casi les pareció mucho; cosa imposible a estudiantes. Debajo del balcón de don Severo pararon y cantaron un rato. Por la noche fueron de tertulia a su casa y don Severo les dio seis escudos de oro, suplicándoles que si no se apartaban mucho en otra dirección volviesen por allí al retirarse a sus estudios, y se lo prometieron.

Por la mañana salieron del pueblo, pasando de propósito, aunque rodeaban, por la calle de Morfina, a cuya puerta se pararon a tocar el himno de despedida. Salieron don Severo y sus señoras a oírlos; y Pedro Saputo, que iba prevenido, cantó con sus compañeros y muy bien acompañado de la música, unas letras que llevaba pensadas, de las cuales la primera concluía;

Pues me dejo el corazón

¿Me llevaré un pensamiento?

Morfina con mucho disimulo hizo seña que sí; y cantaron la segunda, que tenía por final:

Pues te entregué, corazón,

¿En dónde te guardarán?

Y Morfina a la deshecha se tocó y señaló el pecho ligeramente. La tercera acababa:

¿Te encontraré, corazón

Cuando vuelva donde estás?

Inclinó Morfina un poco la cabeza y los ojos y por cántico de gloria y conclusión decían los últimos versos de la última letra:

Pues influir ya no puede

Sino bien la estrella mía.

Y con esto se acabó el canto y se despidieron. Morfina, puesto que se alegró de verlos todavía otra vez, no pudo menos de mostrar los ojos un poco preñados, que a un suspiro, ahogado del decoro, hubieran de reventar, y corrieron por sus rosadas mejillas dos lágrimas de más precio que todo el oro que tenía su padre, a lo menos para el que las vio correr y que a estar a tiro pudiera decir, mías son, y recogerlas con sus labios y pasarlas al corazón con el amor que las derramaba.

jueves, 25 de febrero de 2021

JORNADA DÉSSIMA. NOVELA OCTAVA.

JORNADA DÉSSIMA. NOVELA OCTAVA.

Sofronia, creén sé la dona de Gisippo, u es de Tito Quinto Fulvio y en ell sen va a Roma; aon Gisippo arribe en pobre estat, y creén que Tito lo despressie, afirme, pera morí, que ha matat a un home. Tito, reconeixénlo, diu, pera salvál, quel ha matat ell, y veénu qui u habíe fet, se inculpe an ell mateix; per naixó son ficats en libertat per Octavio, y Tito a Gisippo li done a san germana per dona y se repartix en ell tots los seus bens.

Filomena, per orde del rey, habén callat Pampínea y habén ya totes elles alabat al rey Pedro, y mes gibelina que los atres, va escomensá:

Magnífiques siñores, ¿quí no sap que los reys poden, cuan volen, fé les mes altes coses y que ademés an ells los cumplix espessialíssimamen lo sé magnífics? Quí fa lo que té que fé, fa be; pero no ña que maravillás tan ni alsáu tan alt en alabanses com convendríe a datre que u faiguere, que, tenín menos possibles de ell menos se esperare. Y per naixó, si en tantes paraules les obres del rey exaltéu y tos pareixen bones, mol mes tos han de agradá les dels nostres iguals cuan se assemellen a les del rey o són encara millós; per lo que una admirable y magnífica obra feta per dos siudadáns amics me hay proposat contátos en una historia.
Al tems de Octavio César, no encara com Augusto, sino desde lo triunvirato, regíe lo imperi de Roma, va ñabé a Roma un home noble de nom Publio Quinto Fulvio que teníe un fill de nom Tito Quinto Fulvio, de maravellós ingenio, lo va maná a Atenas a adependre filossofía, y lo va recomaná a un home noble de la siudat de nom Cremetes, un antic amic seu. Per lo que Tito va viure a la seua propia casa, en compañía de un fill seu de nom Gisippo; y los dos van estudiá en un filósofo de nom Aristippo. Y frecuentánse mol los dos joves, tan van arribá a assemellás en les costums que una fraternidat y amistat tan gran va naixe entre ells que may después va sé destruida mes que per la mort; y cap dells se trobabe be si no estáen juns. Habíen escomensat los estudis, y los dos dotats de altissim ingenio, pujaben a la gloriosa altura de la filossofía en passes iguals y en maravillosa alabansa; y en esta vida (en grandíssim plaé de Cremetes, que casi consideraba als dos com a fills seus) van está al menos tres añs. Después, com passe en totes les coses, va passá que Cremetes, ya agüelo, va tancá los ulls an esta vida, de lo que los dos van sentí igual doló, y ni los amics ni los paréns de Cremetes veíen a quín dels dos se habíe de consolá mes. Va passá, después de uns cuans mesos, que los amics de Gisippo y los paréns van está en ell y jun en Tito lo van animá a pendre dona, y li van trobá una jove de maravillosa hermosura y de nobilíssims paréns y siudadana de Atenas, de nom Sofronia, de uns quinse añs de edat. Y arrimánse lo momén de les futures bodes, Gisippo li va demaná a Tito un día que anare en ell a vórela, que encara no la habíe vist; y arribats a casa della, y están ella entre los dos, Tito, veén la hermosura de la novia del seu amic la va escomensá a remirá en molta atensió, y agradánli per tot arreu, sense donáu a coneixe, se va inflamá per nella. Pero después de está allí un tems, despedínse, sen van entorná a casa. Allí, Tito, entrán sol a la seu alcoba, en la jove que li habíe agradat va escomensá a pensá, y se va aná enamorán mes contra mes pensabe en ella, y va escomensá a dís: - ¡Ay! ¡Miserable vida la teua, Tito! ¿aón fiques lo teu ánim y lo teu amor y la teua esperansa? ¿Pos no saps de quí sirá esta dona? Pensa en los honors de Cremetes y la seua familia, y en la verdadera amistat que ña entre tú y Gisippo; an esta jove te convé tíndreli la reverensia que se li té a una germana. ¿Cóm es que la vols? ¿aón te dixes portá per lo engañós amor?, ¿aón per la lissonjera esperansa? Obri los ulls del intelecto y conéixte a tú mateix; díxali pas a la raó, refrena la gana, calma lo dessich y adressa a un atra part los teus pensaméns; fésli frente an este escomensamén de la lujuria, y vensíxte a tú mateix cuan encara estás a tems. Lo que vols no te convé, no es honesto; lo que te disposes a seguí, encara que fore segú que u alcansares, que no u es, hauríes de evitáu si mirares alló que la verdadera amistat te demane. ¿Qué farás, pos, Tito? Abandonarás lo amor indegut, si vols fé lo que es degut.

Y después, enrecordánsen de Sofronia, tornán cap atrás, tot lo dit u condenabe, diénse: - les leys del Amor són mes poderoses que cap atra; trenquen no sol les de la amistat sino les divines. ¿cuántes vegades ha volgut lo pare a la filla, lo germá a la germana, la padrina al fillol? Coses mes monstruoses que un amic vullgue a la dona del atre han passat mil vegades. Ademés de aixó, yo soc jove, y la juventut está sometuda a les leys del amor. La hermosura della mereix sé volguda per tots; y si yo la vull, que soc jove, ¿quí podrá empéndrem en raó? No la vull perque sigue de Gisippo, la vull tan com la voldría fore de qui fore; peque aquí la fortuna que lay ha consedit al meu amic Gisippo en ves de a un atre. Y si té que sé volguda per la seua hermosura mereixcudamen, mes contén té que está Gisippo, al sabéu, de que la vullga que un atre.

Y en este raonamén, burlánse an ell mateix, tornán al contrari, y de este an aquell y de aquell an este, no sol aquell día y la nit siguién, sino moltes atres, hastal pun de que, perduts la gana y la son, per debilidat va tindre que gitás. Gisippo, que mols díes lo habíe vist cavilán y ara lo veíe dolén, mol se dolíe, y se esforsabe en consolál, y en moltes instansies li preguntabe la raó dels seus pensaméns y de la enfermedat. Pero habénli moltes vegades Tito contestat en mentires y habénsen donat cuenta Gisippo, sentínse, sin embargo, Tito obligat, en ploreres y en suspiros li va contestá de esta guisa:

- Gisippo, si los deus hagueren volgut, a mí me siríe mol mes grata la mort que seguí vivín, pensán que la fortuna me ha portat a un puesto al que me ha convingut probá la meua virtut, y en grandíssima vergoña meua la trobo vensuda; pero per sert que espero pronte la recompensa que mereixco, es a di, la mort, la preferixco a viure en lo record de la meua vilesa; com a tú no puc ni ting que amagát res, en gran vergoña te la manifestaré. Y li va descubrí la raó dels seus pensaméns y la batalla de estos, y al remat de quí ere la victoria y que se moríe per l´amor de Sofronia, afirmán que, coneixén cuán li conveníe an ell alló, com a penitencia se habíe imposat lo morí, y creíe que pronte u conseguiríe. Gisippo, al sentí aixó y vore les seues ploreres, va reflexioná, com si de la bellesa de la jove estare mes tibiamen prendat; pero enseguida va deliberá que la vida del seu amic teníe que séli mes volguda que Sofronia, y aixina, apegánseli les llágrimes dell, li va contestá plorán: - Tito, si no estigueres tan nessessitat de consol com u estás, me queixaría de que haigues violat la nostra amistat tenínme tan tems amagada la teua gravíssima passió. Y encara que no paregue honesta, no ña per naixó que seláli al amic les coses deshonestes, perque lo qui es un bon amic, aixina com en les honestes coses sen alegre en lo amic, en les deshonestes se esforse per apartá de elles lo ánimo del amic. Pero abstenínme al presén, vindré a lo que vech que mes nessessites. Si en ardó vols a Sofronia, prometuda en mí, no me extraño, me extrañaríe que no fore aixina, veén la seua hermosura y la noblesa del teu ánim. Y com vols a Sofronia, tan te queixes injustamen de la fortuna, encara que no u digues, que a mí me la ha consedit, pareixénte que vóldrela tú siríe honesto si haguere sigut de un atre que no fora yo. Pero si eres discret com sols, ¿a quí podíe consedíla la fortuna, de qui mes grassies pugueres donáli, si no me la haguere consedit a mí? Consevol atre que la haguere tingut, per mol honesto que siguere lo teu amor, la hauríe volgut an ella mes que a tú, lo que de mí, si per tan amic me tens com soc, no tens que esperáu, y la raó es esta:
no men enrecordo, desde que som amics, de que yo tinguera res que no fore tan teu com meu; lo que, si tan lluñ hagueren anat les coses que no puguere sé de un atra manera, aixina faría en esta com en les atres; pero encara estam a tems de fé que sigue sol teua, y assó faré. Es verdat que a Sofronia la vull mol y en gran alegría esperaba les bodes en ella, pero com tú la vols en mes ardó, pots viure segú que sirá la teua dona a la meua alcoba. Y per naixó, aparta la melancolía, recupera la salut perduda y lo consol y la alegría, y espera contén lo premio del teu amor.
Tito, al sentí parlá aixina a Gisippo, encara que mol plaé li donare la esperansa de tíndrela, se avegoñíe y li pareixíe mal asseptála. Plorán, li va contestá:
- Gisippo, la teua liberal y verdadera amistat mol cla me amostre lo que a la meua amistat li convé fé. No vullgue Deu que aquella que te han donat a tú la ressibixca yo per meua. Pren, pos, contén, lo que has triat y te han donat, y a mí díxam consumím en llágrimes.

A lo que Gisippo va di:

- Tito, la nostra amistat me done llissensia pera forsát a seguí esta dessisió meua, y si tú no fas cas als meus rogs, en la forsa que té que fés en be del amic faré que Sofronia sigue teua. Sé cuánta forsa té l´Amor y que moltes vegades ha portat a una infelís mort als amáns; y te vech tan prop de aixó que no podrás vense les llágrimes y caurás a la dalla; y yo, sense cap duda, pronte te seguiría. Sirá, pos, teua Sofronia, perque fássilmen no trobaríes a datra que tan te agradare, y yo en fassilidat podré contentámos a tú y a mí. Potsé no siría tan liberal si les dones se trobaren en la mateixa dificultat que se troben los bons amics; per naixó, podén yo mol fássilmen trobá un atra dona pero no un atre amic com tú, vull per naixó (no vull di pédrela, que no la pedré donántela a tú) de be a milló transferíla, antes que pédret. Y per naixó te demano que ixques de esta aflicsió, y mos consolos als dos, y en esperansa del be, vivín te dispongues a la alegría quel teu amor dessiche de la dona volguda.
Encara que Tito se avergoñíre de consentí que Sofronia siguere la seua dona, espentánlo per una part l´amor y per latra insitánlo los ánimos que li donabe Gisippo, va di:

- Prou, Gisippo, faré lo que tú me dius, ya que la teua generosidat es tanta que li guañe a la meua vergoña. Pero u fach perque no sol ressibixco de tú la dona volguda, sino en ella la meua vida. Ojalá Deu puga alguna vegada mostrát cuán apressio lo que fas per mí. Después de estes paraules, va di Gisippo:

- Tito, en aixó, pera que tingue efecte, me pareix que ham de fé aixó: com saps, después de llargues negossiassións entre los meus paréns y los de Sofronia, ella se ha convertit en la meua prometuda; y per naixó, si yo ara dic que no la vull per dona, se montaríe un gran avalot y escándol, y se enfadaríen los meus paréns y los seus; potsé que si la abandono, los seus paréns la donon enseguida a un atre, y alomilló no sirás tú. Y per naixó me pareix, si te pareix be, que continúa lo que hay escomensat, y com dona meua la portaré a casa y selebraré les bodes; y después tú, de amagatóns, com u prepararém, en ella te gitarás com a dona teua; después, al seu puesto y al seu tems manifestarém lo assunto, y si los agrade, be estará, y si no los agrade, de totes formes ya estará fet y no podén tirá cap atrás, tindrán que contentás en alló per forsa.
Tito va está de acord, y Gisippo la va ressibí com a dona seua a casa. Están ya Tito curat y en bona salut; y fen una gran festa, al arribá la nit, les dones van dixá a la nova dona a la alcoba del seu home y sen van aná.
Estabe la alcoba de Tito apegada a la de Gisippo, y desde una se podíe entrá al atra. Están Gisippo a la seua alcoba, una vegada apagades totes les llums, sen va aná en cuidadet cap aon estabe Tito y li va di que ya podíe aná a gitás en la seua dona.
Tito, al sentí aixó, mort de vergoña, va voldre fés atrás y no hi volíe aná; pero Gisippo, lo va fé entrá allí. Al arrimás al llit, agarrán a la jove, com fen broma, en veu baixa li va preguntá si volíe sé la seua dona. Ella, creénse que ere Gisippo, li va contestá que sí, y ell, ficánli un anell al dit, li va di: - Y yo vull sé lo teu home.

Y consumán aixina lo matrimoni, mol rato y en mol plaé va chalá en ella, sense que ni ella ni dingú sen acataren de que no ere Gisippo lo que se gitabe en ella. Están, pos, en estos termes lo matrimoni de Sofronia y de Tito, Publio, son pare va tancá los ulls an esta vida, per lo que li van escriure que sense tardá tornare a Roma a velá pels seus assuntos. Y per naixó, va parlá en Gisippo de anássen y emportássen a Sofronia, lo que no se podíe fé sense manifiestá cóm estaben les coses; un día, cridánla a la alcoba, li van explicá tot lo assunto, y Tito li va doná probes. Ella, después de mirássels als dos ben enfadada, va escomensá a desfés en llágrimes, queixánse del engañ de Gisippo; y abans de que a casa de Gisippo ni una paraula se diguere de alló, sen va aná a casa de son pare, y allí an ell y a sa mare los va contá lo engañ de Gisippo, afirmán que ere la dona de Tito y no de Gisippo com ells creíen. Aixó va sé mol du pera son pare de Sofronia y en los seus paréns y en los de Gisippo van ñabé llargues y grans lamentassións, y van sé los comadreos y los enfados mols y grans. Gisippo va despertá lo odio dels seus y dels de Sofronia, y tots díen que no sol ere digne de reprobassió, sino de un aspre cástic. Pero ell afirmabe que habíe fet una cosa honesta, y que sons pares de Sofronia teníen que donáli les grassies perque la habíe casat en algú milló que ell mateix. Tito, per un atra part, de tot sen enterabe y en gran traball u soportabe; y coneixén que ere costum dels griegos exitás en los renecs y les amenasses hasta que trobaben algú que los responguere, y que entonses no sol humildes, sino mol cobarts se tornáen, va pensá que los seus discursos no se podíen aguantá mes sense contestáls; y tenín ell ánimo romano y pensamén ateniense, de una manera mol oportuna va ajuntá als paréns de Gisippo y los de Sofronia a un templo, y entrán allí acompañat sol per Gisippo, aixina los va parlá als que esperaben:
- Creuen mols filóssofos que lo que los passe als mortals es dispossisió y providensia dels deus inmortals; y per naixó creuen algúns que es inevitable tot lo que mos passe o mos passará alguna vegada, encara que ñan algúns que esta inevitabilidat atribuixen sol a lo que ya ha passat. Estes opinións, si en perspicassia són mirades, se vorá mol ubertamen que lo rependre algo que no pot cambiás no es mes que voldre demostrás mes sabut que los deus, dels que ham de creure que en eterna ley y sense cap error gobernen y disposen de natros y de les demés coses; per lo que, cuán loca y bestial presunsió siríe voldre corregí la seua obra, mol fássilmen u podéu vore, y encara cuántes y quínes cadenes mereixen aquells que se dixen aná a tal atrevimén. Entre los que, segóns lo meu juissi, tos trobau tots, si es verdat lo que hau dit y dieu continuamen, que Sofronia es la meua dona, cuan lay hau entregat a Gisippo, sense vore que estabe disposat que no fore la dona de Gisippo, sino la meua, com podeu vore al presén.
Pero com lo parlá de la secreta providensia y la intensió dels deus los pareix a mols du y difíssil de compendre, presuposán que ells de cap de les nostres acsións sen ocupen, baixaré als raonaméns dels homens, parlán dels que me convindrá fé dos coses mol contraries a les meues costums: la una, alabám a mí mateix y latra parlá mal de atres o humilláls; pero com no me apartaré de la verdat ni en una cosa ni en latra, y la presén materia u demane, u faré. Les vostres queixes, mes insitades per la rabia que per la raó, en continues protestes, aixina com abalots, ofenen, reprenen y condenen a Gisippo perque me ha donat per dona, per dessisió seua, a qui vatros an ell per la vostra habíeu donat, en lo que yo crec que té que sé mol de alabá; y les raóns són estes: la primera, perque ha fet lo que té que fé un amic; la segona perque ha obrat mes en coneiximén de lo que u habíeu fet vatros. Lo que les santes leys de la amistat volen que un amic faigue per un atre, no es la meua intensió explicátos al presén, contentánme sol en habétos recordat delles que los llassos de la amistat mol mes ajunten que los de la sang o la parentela; tenim los amics que triem y los paréns que mos done la fortuna. Y per naixó, si Gisippo va voldre mes la meua vida que la vostra benevolensia, sén yo amic seu com me ting, dingú té que maravillás. Pero anem a la segona raó (a la que en mes insistensia mos convé aturámos): lo habé sigut ell mes sabut que vatros u sou, com me pareix que de la providencia dels deus poc ne entenéu, y mol menos que sapigáu los efectes de la amistat. Dic que lo vostre escomensamén, lo vostre consell y la vostra deliberassió li habíen donat Sofronia a Gisippo, jove y filósofo; Gisippo lay ha donat a un atre jove y filósofo; lo vostre consell la va doná a un ateniense, Gisippo a un romano; lo vostre a un jove noble, Gisippo a un encara mes noble; lo vostre a un jove ric, Gisippo a un mol ric; lo vostre a un jove que no sol no la volíe, sino que apenes la coneixíe, Gisippo a un jove que per damún de la seua felissidat y mes que a la propia vida la volíe. Y que lo que dic es verdat, y mes de alabá que lo que habíeu fet vatros, miréu pun per pun. Que yo jove y filósofo soc, com Gisippo, la meua cara y los meus estudis, sense cap discurs mes llarg poden explicáu. La mateixa edat es la seua y la meua, y en les mateixes passes sempre ham estudiat avansán. Es verdat que ell es ateniense y yo romano. Si de la gloria de la siudat disputem, diré que yo soc de una siudat libre y ell de una tributaria; diré que yo soc de una siudat Siñora de tot lo món y ell de una siudat obedienta a la meua; diré que soc de siudat florida en armes, imperi y estudis, mentres ell no podrá alabá a la seua mes que en los estudis. Ademés de aixó, encara que me veigáu com un escolá humilde aquí entre vatros, no hay naixcut dels fems del populacho de Roma; los meus palaus y los puestos públics de Roma están plens de antigues imaches dels meus antepassats, y los anals romanos se troben plens de mols triunfos lograts per los Quinto sobre lo Capitolio romano; y no está per la vellesa semada, sino que avui mes que may florix la gloria del nostre nom. Callo, per vergoña, les meues riqueses, tenín a la memoria que la pobresa honrada es lo antic y copiós patrimoni dels nobles siudadáns romanos; la que, si per la opinió del vulgo es condenada, y són alabats los tessoros, soc en ells, no com avarissiós, sino com amat de la fortuna, abundán. Y mol be sé que tos ere mol apressiat tindre per parén a Gisippo; pero yo no tos ting que sé, per cap raó, menos apressiat a Roma, considerán que allí tindréu en mí a un óptim huésped; y un útil y solíssit y poderós protectó tan en les oportunidats públiques com en les nessessidats privades.
¿Quí, pos, dixán apart la passió, y mirán en justissia, alabará mes les vostres dessisións que los del meu amic Gisippo? Sertamen, dingú. Está, pos, Sofronia ben casada en Tito Quinto Fulvio, noble, antic y ric siudadá de Roma y amic de Gisippo; per lo que qui de aixó se dol o se queixe no fa lo que té que fé ni sap lo que fa. Ñaurán potsé algúns que diguen no doldres de que Sofronia sigue la dona de Tito, pero se doldrán del modo en que se ha convertit en la seua dona: a amagatontes, engañánla, sense que cap amic ni parén sapiguere res. Y aixó no es cap milagre ni cosa que passo per primera vegada. Dixo de bona gana a una vora an aquelles que contra la voluntat del pare han pres home y an aquelles que han fugit en los seus amáns y primé han sigut amigues que esposes, y an aquelles que abans han descubert en embarassos y partos los seus matrimonis que en la llengua, y la nessessidat ha fet consentíu, cosa que no li ha passat a Sofronia; sino que ordenada, discreta y honestamen ha sigut donada per Gisippo a Tito. Y dirán atres que la ha casat aquell a qui casála no incumbíe. ¡Nessies lamentassións són estes y típiques de dones, y prossedéns de la poca considerassió! No fa aná ara la fortuna per primera vegada diferéns camíns y instruméns nous pera induí les coses a determinats efectes. ¿Qué pot importám a mí que lo sabaté al puesto del filósofo haigue expresat lo seu juissi sobre un fet meu (amagat o públic) si lo fin es bo? Ting que cuidám, si lo sabaté no es discret, de no dixáli prosseguí, y agraíli lo fet. Si Gisippo ha casat be a Sofronia, aná queixánse de la manera y dell es una bobada superflua; si no confiéu en lo seu juissi, cuidéutos de que no pugue casá a dingú mes y agraíuli aixó. Tamé hau de sabé que yo no vach buscá ni en astussia ni en fraude tacá la honestidat y la claridat de la vostra sang en la persona de Sofronia; y encara que de amagatontes la haiga pres per dona no vach vindre com un raptó a tráureli la seua virginidat ni com a enemic vach vullgué tíndrela deshonestamen, rechassán emparentá en vatros; sino que en ardó enchisat per la seua cautivadora hermosura y de la seua virtut, veía que si en lo orden que potsé voléu di que tenía que habéla procurat, sén mol amada per vos, per temó a que a Roma me la emportara, no la haguera obtingut. Vach empleá, pos, la manera oculta que ara to se pot manifestá, y vach fé que Gisippo consentiguere en lo meu nom en alló que ell no estabe disposat; y después, encara que yo en ardó la vullguera, no com amán, sino com home, vach buscá lo ajuntamén en ella (com pot ella mateixa en verdat testimoniá), diénli les degudes paraules y ficánli lo anell de desposada, preguntánli si me volíe per home; a lo que ella va contestá que sí. Si li pareix que ha sigut engañada, no mu hau de espetá a mí, sino an ella, que no me va preguntá quí ere. Este es, pos, lo gran mal, lo gran pecat, la gran falta cometuda per lo Gisippo, amic, y per mí, amán; que Sofronia se haigue de amagatóns convertit en dona de Tito Quinto; per naixó, lo feríu, lo amenasséu y lo insidiéu. ¿Y qué mes faríeu si lay haguere donat a un villano, a un vagabundo, a un criat? ¿Quínes cadenes, quína presó, quínes creus tos bastaríen? Pero dixem ara aixó; ha arribat lo tems que yo encara no esperaba de que mon pare se ha mort y me vech obligat torná a Roma. Per lo que, volén emportám a Sofronia en mí, tos hay descubert lo que pot sé encara tos seguiría amagán; lo que, si foreu sabuts, alegremen u soportaríeu, perque si engañátos o insultátos haguera volgut, podía dixátola; pero no vullgue Deu que en a espíritu romano se pugue albergá tanta vilesa. Ella, pos, es a di, Sofronia, per consentimén dels deus y per vigor de les leys humanes y per lo loable juissi del meu amic Gisippo y per la meua astussia, es meua, aixina que vatros (teníntos en mes que los deus y los demés homens sabuts) bestialmen, en dos maneres mol odioses pera mí, mostréu que tos equivoquéu: una es tenín a Sofronia, sobre la que no teníu cap dret; y latra es tratá a Gisippo, al que estáu obligats justamen, com a enemic. Y no tos explicaré lo mal que feu, sino com amic tos aconsellaré que apartéu la rabia y que Sofronia me sigue restituida pera que yo alegremen men vaiga com a parén vostre: segús de aixó, que, tos agrado o no, lo que está fet, si voleu obrá de un atre modo, tos pendré a Gisippo y sense faltá, si arribo a Roma, recuperaré a la que es mereixcudamen meua, per mol que tos disgusto; y tos faré vore lo que pot la rabia dels romanos, hostigántos sempre.
Después de que Tito va dí aixó, ficánse de peu en la cara tota enfadada, prenén a Gisippo de la ma, mostrán que tan li fotíe que ñaguere gen al templo, movén lo cap y amenassánlos, va eixí. Los que se van quedá a dins, en part induits per les paraules de Tito de amistat y parentela, y en part assustats per les seues raderes paraules, de comú acuerdo van deliberá que milló siríe tindre a Tito com a parén, ya que Gisippo no habíe volgut séu, que pedre a Gisippo y tindre a Tito com enemic; per naixó, ixín, van aná a buscá a Tito y li van di que los pareixíe be que Sofronia fore seua, tindrel an ell com a parén y a Gisippo com a bon amic; y fen juns una festa en familia, sen van aná y li van enviá a Sofronia, la que, com a discreta, fen de la nessessidat virtut, l´amor que teníe per Gisippo rápidamen lay va entregá a Tito y en ell sen va aná cap a Roma, aon en gran honor van sé ressibits. Gisippo, quedánse a Atenes, después de no mol tems, per unes cuestións sivils, en tots los de casa seua, pobre y mesquí va sé aviát de Atenas y condenat a perpetuo exili. Están aixina Gisippo, habén arribat a sé no sol pobre sino pidolán, com va pugué va arribá a Roma a probá si Tito sen enrecordabe dell; y enterat de que estabe viu y volgut per tots los romanos, preguntán quína ere casa seua, dabán della se va colocá hasta que Tito va arribá. Per la miseria en la que estabe no se va atreví a dirigíli la paraula. Per lo que, passán Tito abán y pareixénli a Gisippo que lo habíe vist y esquivat, enrecordánsen de lo que ell habíe fet per nell, enfadat y desesperat sen va aná; y sén ya de nit y están ell en dijú y sense cap perra, sense sabé aón aná, mes dessichós de morí que dingú, va arribá a un puesto mol salvache de la siudat, aon, veén una gran cova, a dins va entrá pera arrasserás aquella nit, y damún de la terra despullat y mal vestit, vensut per les llágrimes, se va adormí. An esta cova, dos que habíen estat robán aquella nit, en lo furt fet van apareixe a la matinada, y reñín los dos, la un, que ere mes fort, va matá al atre y va colá. Habénu vist y sentit Gisippo tot, li va pareixe que habíe trobat lo camí a la mort que dessichabe, sense matás ell mateix; y per naixó, sense anássen, se va quedá allí hasta que los esbirros del tribunal, que ya sen habíen enterat del cas, van acudí y se van emportá a Gisippo detengut. Y ell, interrogat, va confesá que lo habíe matat y que no habíe pogut anássen de la cova, per lo que lo pretor, que se díe Marco Varrón, lo va condená a mort crussificat, tal com allacuanta ere costum. Habíe Tito, per casualidat, arribat al pretori en aquell momén y, mirán al pobre condenat y habén escoltat lo perqué, de repén va reconeixe a Gisippo, y se va extrañá de la seua miserable fortuna y de cóm habíe caigut tan baix, y volén ajudál y no veén cap atra vía pera la seua salvassió, mes que acusás an ell mateix y excusál an ell, rápidamen se va adelantá y va cridá: - Marco Varrón, fes cridá al pobre home al que has condenat perque es inossén; bastán hay ofés yo als deus en una culpa matán an aquell al que los teus esbirros van trobá este matí mort com pera ara encara oféndrels en la mort de un atre inossén.
Varrón se va extrañá y li va doldre que tot lo pretori lo haguere sentit, y no podén retraures de fé lo que li manaben les leys, va fé torná a Gisippo, y en presensia de Tito li va di:

- ¿Cóm has sigut tan loco de confessá lo que no has fet, jugánte la vida? Me has dit que tú habíes matat esta nit an aquell home, y este ve ara y diu que ha sigut ell.

Gisippo va mirá y va vore que aquell ere Tito y va vore que fée alló pera salvál, com agrait per lo servissi que antes li habíe fet; per lo que, plorán de piedat, va di:
- Varrón, verdaderamen lo hay matat yo, y la piedat de Tito pera salvám arribe ya massa tard. Tito, per un atra part, díe:

- Pretor, com veus, este es extrangé y desarmat lan trobat jun al mort, y ya veus que la seua miseria li done motiu pera voldre está mort; y per naixó, fícal en libertat y a mí, que u hay mereixcut, castígam.

Se va extrañá Varrón de la insistensia de aquells dos y ya se pensabe que cap dels dos ere lo culpable; y, pensán en la manera de absóldrels, en aixó que ve un jove de nom Publio Ambusto, de perdudes costums y lladre mol conegut entre tots los romanos, qui verdaderamen habíe cometut lo homissidi; y sabén que cap dels dos eren culpables de lo que se acusaben, tanta va sé la ternura o tendresa que va omplí lo seu cor per la inossensia de estos dos, que mogut per compassió va acudí dabán de Varrón y li va di:

- Pretor, los meus fets me porten a resoldre la dura discusió de estos dos, y no sé quín Deu me espoleje y me espente a manifestát lo meu pecat. Cap de estos dos es culpable de lo que se acusen. Yo soc lo que ha matat an aquell home esta matinada al apuntá lo día; y an este desgrassiat que está aquí lo vach vore que dormíe mentres yo me repartía les coses robades en aquell al que hay pelat. Tito no nessessite que yo lo excusa; la seua fama es clara per tot arreu, y ya se sap que no es home de tal condissió; aixina que libéral y castígam a mí en la pena que les leys me imposon. Habíe ya Octavio sentit estes coses y, fen vindre als tres, va voldre sentí quína raó habíe mogut a cadaú pera condenás; y ells lay van contá.
Octavio, als dos amics perque eren inosséns y al tersé per amor seu los va ficá en libertat. Tito, renegán primé a Gisippo per lo seu desapego y desconfiansa, li va fé molta festa y lo va portá a casa seua, aon Sofronia, en piadoses llágrimes lo va ressibí com amic. Y allí, confortánlo y vestínlo en la roba apropiada a la seua virtut y noblesa, va compartí en ell tots los seus tessoros y possessións, y después, a una germana joveneta que teníe Sofronia, de nom Fulvia, lay van doná per dona; y después li va di: - Gisippo, de tú depén ara, o quedát aquí en natros o entornáten a Atenas en tot lo que te hay donat.

Gisippo, obligat per lo desterro al que estabe condenat per la seua siudat y per
l´amor que li teníe a Tito, va dessidí fés romano. Y ell en la seua Fulvia, y Tito en la seua Sofronia, van viure a una gran casa, fénse mes amics cada día, si es que podíe sé.

Santíssima cosa es, pos, la amistat, y no sol digna de reverensia, sino de sé alabada perpetuamen com a mare de la magnifissensia y de la honestidat, germana de la gratitut y de la caridat, y enemiga del odio y de la avarissia; sempre, sense esperá cap rogativa, preparada per a fé per los atres lo que voldríe que per nella mateixa se faiguere; los seus sagradissims efectes raríssimes vegades se veuen avui, per culpa de la enveja y egoisme dels mortals que sol miren per nells.
¿Quín amor, quína riquesa, quína parentela li haguere fet sentí a Gisippo lo ardó, les llágrimes y los suspiros de Tito, en tanta eficassia que per nells a la hermosa dona noble y volguda la haguere fet casá en lo seu amic? ¿Quínes leys, quínes amenasses, quína temó li haguere fet abstindres a Tito dels abrassos de la hermosa jove als puestets solitaris, apartats, o al llit? ¿Quíns estats, quíns mérits, quínes ganansies li hauríen fet a Gisippo no preocupás de pedre als seus paréns y als de Sofronia, no preocupás de les deshonestes murmurassións del populacho, no preocupás de les burles per a satisfacer al seu amic? ¿Quí haguere procurat la seua mort per a salvá a un atre, podén dissimulá, y arrencál de la creu que ell mateix se procurabe?, ¿Quí haguere compartit lo seu gran patrimoni en aquell al que la fortuna lay habíe tret? ¿Quí li haguere donat per dona a la seua germana, veénlo pobrissim y en extrema miseria?
Vullguen, pos, los homens moltes consortes, caterves de germáns y gran cantidat de fills, y en los seus dinés se aumento lo número dels seus criats; y no reparon en que consevol de ells te temó de un perill propi, y no se preocupen del pare, germá o siñó, mentres que tot lo contrari veém que fa lo bon amic.

miércoles, 6 de enero de 2021

Lo Camí, traduít per Ramón Guimerá Lorente, autó, Miguel Delibes

Lo Camí a Amazon (tapa blana)


I.

lo camí, Miguel Delibes, Moncho, chapurriau

Les coses podíen habé passat de consevol atra manera y, sin embargo, van passá aixina. Daniel, lo Mussol, desde lo fondo dels seus onse añs, lamentabe lo curs dels acontessimens, encara que u acatare com una realidat inevitable y fatal. Después de tot, que son pare aspirare a fé dell algo mes que un formaché ere un fet que honrabe a son pare. Pero per lo que an ell li afectabe... son pare enteníe que aixó ere progressá;
Daniel, lo Mussol, no u sabíe exactamen. Que ell estudiare lo Bachillerat a la siudat podíe sé, a la llarga, efectivamen, un progrés.
Ramón, lo fill del boticari, estudiabe ya pera abogat a la siudat, y cuan los visitabe, durán les vacassións, veníe tot pujat com un pavo real y los mirabe a tots per damún del muscle; inclús al eixí de missa los domenges y festes de guardá, se permitíe corregí les paraules que don José, lo mossen, que ere un gran san, pronunsiare desde lo púlpito.
Si aixó ere progressá, lo anássen a la siudat a escomensá lo Bachillerat, constituíe, sense cap duda, la basse de este progrés.
Pero a Daniel, lo Mussol, li bullíen moltes dudes al cap en este respecte. Ell creíe sabé tot lo que pot sabé un home. Lligíe de correguda, escribíe pera fés entendre y coneixíe y sabíe aplicá les cuatre regles. Ben mirat, poques coses mes cabíen a un servell normalmen dessarrollat. No obstán, a la siudat, los estudis de Bachillerat constaben, segóns díen, de set añs y, después, los estudis superiós, a la Universidat, de uns atres tans añs, per lo menos. ¿Podríe ñabé algo al món que nessessitare catorse añs de esfors, tres mes dels que ara teníe Daniel? Seguramen, a la siudat se pert mol lo tems - pensabe lo Mussol - y, a fin de cuentes, ñaurá qui, al cap de catorse añs de estudi, no pugue diferensiá un vilero de una cardelina o una boñiga de un cagalló. La vida ere aixina de rara, absurda y caprichosa. Lo cas ere traballá y afanás en les coses inútils o poc práctiques.
Daniel, lo Mussol, se va girá al llit y les molles del seu somier de ferro van chirriá desagradablemen. Que ell recordare, esta ere la primera vegada que no se adormíe només caure al catre. Pero esta nit teníe moltes coses en qué pensá. Demá, pot sé, ya seríe tart. Pel matí, a les nou en pun, agarraríe lo rápit cap amún y se despediríe del poble hasta Nadal. Tres mesos tancat a un internat. A Daniel, lo Mussol, li va pareixe que li faltabe aire y va respirá en ansia dos o tres vegades. Va pressentí la escena de la partida y va pensá que no sabríe aguantás les llágrimes, per mes que lo seu amic Roque o Roc, lo Moñigo, li diguere que un home ben home no té que plorá encara que se li mórigue son pare. Y lo Moñigo tampoc ere consevol cosa, encara que tinguere dos añs mes que ell y encara no haguere escomensat lo Bachillerat. Ni lo escomensaríe may, tampoc. 
Paco, lo ferré, no aspirabe a que lo seu fill progressare; se conformabe en que fore ferré com ell y tinguere prou habilidat pera moldejá lo ferro al seu capricho. ¡Éixe sí que ere un ofissi majo! Y pera sé ferré no fée falta estudiá catorse añs, ni tretse, ni dotse, ni deu, ni nou, ni cap. Y se podíe sé un home fort y gigán, com u ere son pare del Moñigo.
Daniel, lo Mussol, no se cansabe may de vore a Paco, lo ferré, dominán lo ferro a la forja. Lo embelessaben aquells antebrassos grossos com a branques de olivé, cuberts de pel espés y roijot, musculosos y plens de ñirvis. Seguramen Paco, lo ferré, eixecaríe la cómoda de la seua habitassió en un sol dels seus imponéns brassos y sense ressentís. 
Y de la seua pitralera, ¿qué? assobín lo ferré traballabe en samarreta y lo seu pitral de Hércules pujabe y baixabe, al respirá, com si fore lo de un elefán ferit. Aixó ere un home, y no Ramón, lo fill del apotecari, arguellat, tiesso y blang com una mossa mórbida y presumida. Si aixó ere progrés, ell, dessididamen, no volíe progressá.
Per la seua part, se conformabe en tindre una parella de vaques, una formachería menuda y lo insignificán vergé de detrás de la seua casa. No demanabe mes. Los díes laborables fabricaríe formaches, com son pare, y los domenges se entretindríe en la escopeta, o sen aniríe al riu a peixcá truches o a fé una partida al corro de birles.
La idea de marchá li empreníe lo cor a Daniel, lo Mussol. Per la bada de enterra se filtrabe la llum de la planta baixa y esta llum se fixabe al techo de una manera obsessiva. Hauríe de passá tres mesos sense vore aquell fil fosforessén y sense escoltá los moviméns silensiosos de sa mare en les faenes doméstiques; o los gruñits aspres y secs de son pare, sempre malhumorat; o sense respirá aquella atmósfera densa, que entrabe ara per la finestra uberta, feta de aromes de fenás ressién segat y de boñigues seques. Deu meu, qué llargs eren tres mesos! Podíe habés rebelat contra la idea de marchá, pero ara ya ere tart. Sa mare ploriquejabe unes hores abáns, al fé juns lo inventari de la seua roba.
- Mira, Danielet, fill, estos són los teus llansols. Van marcats en les teues inissials. Y estes són les teues camisetes. Y estos los teus cansonsillos. Y los teus calsetíns. Tot va marcat en les teues lletres. Al colegio ne siréu mols y de un atre modo es possible que se perguen.
Daniel, lo Mussol, notabe a la gola com un nugo, un cos extrañ. Sa mare se va passá lo envés de la ma per la punta del nas arremangada y se va torcá los mocs.
"Lo momén té que sé mol espessial cuan la mare fa assó que atres vegades me prohibix fé a mí", va pensá lo Mussol. Y va sentí uns sinsés y apremiáns dessichos de plorá.
La mare va seguí: - Cuídat y cuida de la roba, fill. Saps be lo que a ton pare li ha costat tot aixó. Som pobres. Pero ton pare vol que sigues algo a la vida. No vol que traballos y patixques com ell. Tú - lo va mirá un momén de frente - pots sé algo gran, algo mol gran a la vida, Danielet; ton pare y yo ham volgut que per natros no quedo. Se va ensumá los mocs y se va quedá en silensio. Lo Mussol se va repetí: 
"Algo mol gran a la vida, Danielet", y va moure convulsivamen lo cap. No assertabe a compendre cóm podríe arribá a sé algo mol gran a la vida. Y se esforsabe, tossudamen, en compendreu. Pera nell, algo mol gran ere Paco, lo ferré, en lo seu tórax inabarcable, en la seua esquena massisa y lo seu pel roch abundán; en lo seu aspecte salvache y du com lo de un Deu primitiu. Y algo gran ere tamé son pare, que tres estius atrás va fé baixá un milá de dos metros de envergadura... Pero sa mare no se referíe an esta classe de grandesa cuan li parlabe. Potsé sa mare dessichabe una grandesa al estil de la de don Moissés, lo maestre, o com la de don Ramón, lo apotecari, al que fée uns mesos que habíen fet alcalde. Seguramen algo de aixó volíen sons pares pera nell. Pero, a Daniel, lo Mussol, no li fascinaben estes grandeses. En tot cas, preferíe no sé gran, ni progressá. Va pegá una volta al llit y se va colocá pancha per aball, tratán de amortiguá la sensassió de ansiedat que desde fée un rato li mossegabe al estómec. Aixina se trobabe milló; dominabe, en serta manera, lo seu ñirviossisme. De totes formes, pancha per amún o per aball, ressultabe inevitable que a les nou del matí agarrare lo rápit cap a la siudat. Y adiós o adéu tot, entonses. Si auncás... Pero ya ere tart. Fée mols añs que son pare acarissiabe aquell proyecte y ell no podíe arriesgás a desféu tot en un momén, pel seu capricho. Lo que son pare no va pugué sé, volíe ara séu en ell. Cuestió de capricho. Los grans teníen, a vegades, caprichos mes tossuts y absurds que los dels chiquets. Passabe que a Daniel, lo Mussol, li habíe agradat, mesos atrás, la idea de cambiá de vida. Y sin embargo, ara, esta idea lo atormentabe. Fée casi sis añs que va sabé les aspirassións de son pare respecte an ell. Don José, lo mossen, que ere un gran san, díe, assobín, que ere un pecat espiá les conversassións dels demés. No obstán, Daniel, lo Mussol, escoltabe assobín les converses de sons pares al pis baix, durán la nit, cuan ell se gitabe. Per la esgella del entarimat divisabe lo fogaril, la taula de pi, les banquetes, lo sofá y tots los útils de la formachería. Daniel, lo Mussol, com un cachap contra enterra, espiabe les conversassións desde allí. Ere pan ell una costum. En lo murmull de les converses, pujabe de la planta baixa la agrinosa auló de la collada y les esterilles brutes. Li agradabe aquella auló de lleit fermentada, que punchabe al nas y ere casi humana.
Son pare estabe tombat al sofá aquella nit, mentres sa mare arrepetabe la taula y les sobres del sopá. Fée ya casi sis añs que Daniel, lo Mussol, habíe sorprés esta escena, pero estabe tan sólidamen vinculada a la seua vida que la recordabe ara en tots los detalls.
- No, lo mosso sirá un atra cosa. No u dudos - díe son pare -. No se passará la vida lligat an este bang com un esclavo. Bueno, com un esclau y com yo. Y, al di aixó, va soltá una palabrota y va fotre una puñada. Aparentabe está enfadat en algú, encara que Daniel, lo Mussol, no assertabe a sabé en quí. Entonses Daniel no sabíe que los homens se enfaden a vegades en la vida y contra un orde de coses que consideren irritán y desigual. A Daniel, lo Mussol, li agradabe vore enfurruñat a son pare perque los seus ulls traíen chispes y los músculs de la cara se li enduríen y, entonses teníe una retirada a Paco, lo ferré.
- Pero no podem separámos dell - va di la mare -. Es lo nostre únic fill. Si encara tinguerem una chiqueta. Pero lo meu ventre está sec, tú u saps. Ya no podrem tindre una filla. Don Ricardo va di, la radera vegada, que me hay quedat estéril o erma com la de Lorca después del aborto. Son pare va fé despenjás algúns sans del sel, entre dens. Después, sense moures de la seua postura, va afegí:
- Díxau; aixó ya no té remey. No escarbos a les coses que ya no tenen remey.
La mare va suspirá, mentres arreplegabe a un pot rovellat les molles de pa abandonades damún de la taula. Encara va insistí débilmen:
- A lo milló lo chic no val pera estudiá. Tot aixó es prematuro. Y un chic a la siudat coste mols dinés. Aixó pot féu Ramón, lo boticari, o lo siñó juez. Natros no podem féu. No tenim perres. Son pare va escomensá a donáli voltes nervioses a un cacharro que teníe entre les mans. Daniel, lo Mussol, va compendre que son pare se dominabe pera no aumentá lo doló de la seua dona. Al cap de un rato va afegí:
- Assó anirá a la meua cuenta. En cuan a si lo chic val o no val pera estudiá depén de si té doblers o no los té. Tú me compréns. Se va ficá de peu y en lo gancho del fogaril va escampá los calius que encara relluíen al foc baix. Sa mare se habíe assentat, en les mans acribassades desmayades a la faldeta. De repén se sentíe baldada y nula, absurdamen buida, indefensa. Lo pare se dirigíe an ella:
- Es cosa dessidida. No me faigues parlá mes de aixó. En cuan lo chic cumplixque onse añs marchará a la siudat a escomensá lo grado.
La mare va suspirá, rendida. No va di res. Daniel, lo Mussol, se va gitá y se va adormí fen conjetures sobre qué volíe di sa mare en alló de que teníe lo ventre sec y que se habíe quedat erma después del aborto.

Seguix al II.

Lo Camí, traduít per Ramón Guimerá Lorente, autó, Miguel Delibes, Molledo, Cantabria

martes, 18 de septiembre de 2018

PRIMERA JORNADA. NOVELA CUARTA

Un flare, caigut en pecat digne de castic gravíssim, se libre de la pena acusán discretamen al seu abad de la mateixa culpa.

Ya calle Filomena, acabada la seua história, cuan Dioneo, que a la voreta de ella estabe assentat, sense esperá de la Reina un atra órden, sabén ya per lo orden escomensat que an ell li tocabe ara parlá, de esta manera va escomensá a di:
Amoroses Siñores, si hay entés be la intensió de totes, estém aquí per a satisfémos a natros mateixos novelán, y per naixó estimo que a cadaú té que séli permitit (y aixina va di la nostra Reina, fa poc, que siríe) contá aquella história que mes cregue que pugue divertí; per lo que, habén escoltat cóm per los bons consells de Giannotto de Civigní va salvá la seua alma lo judío Abraham y cóm per la seua prudénsia va deféndre Melquisidech les seues riqueses de la trampa de Saladino, vull contá en quina destresa se va librá un flare de un castic gravíssim.
Va ñabé a Lunigiana, poble no mol lluñ de éste, un monasteri mes abundán en santidat y en monjos del que u es avui. Allí, entre atres flares, ne ñabíe un de jove en mol vigor y vitalidat que ni lo dijú ni les vigilies podíen machacá. Este, un día cap a la vora de michdía, cuan los atres monjos dormíen tots, habén eixit sol per la roglada de la seua iglesia, que estabe a un puesto solitari, va alcansá a vore a una joveneta ben hermosa, filla potsé de algún de los llauradós de la comarca, que caminabe per los campos agarrán sertes herbes: encara no la habíe vist be cuan va sé fieramen assaltat per la incontinénsia carnal, es a di, se va fotre ruén com un caliu.
Per lo que, arrimánse, en ella va trabá conversa y tan van aná de una paraula a un atra que se van ficá de acuerdo y se la va emportá a la seua alcobeta sense que dingú sen donare cuenta. Y mentres ell, transportat per lo dessich, sense pará molta cuenta jugabe en ella, va passá que lo abad, eixecánse de dormí y passán sense fé soroll per dabán de la seua alcobeta, va sentí los gañols y l´abalot que féen los dos juns; y per a conéixe milló les veus se va arrimá a poquetet a la porta de la alcobeta a escoltá y claramen va sentí que dins ñabíe una dona, y va está tentat de fes obrí; después va pensá que convendríe tratá alló de un atra manera y va torná a la seua alcoba, va esperá a que lo flare ixquere fora. Lo flare, encara que en grandíssim plaé estiguere ensegat en aquella jove, no dixabe de tindre temó y, pareixénli habé sentit un arrastrá de peus per lo dormitori, va arrimá un ull a un foradet y va vore claríssimamen al abad escoltánlos y va compendre mol be que lo abad habíe pogut sentí que la jove estabe a la seua alcobeta. Sabén que de alló li vindríe un gran castic, se va assustá y apená mol; pero sense voldre mostrá a la jove res del seu neguit, rápidamen va imaginá moltes coses buscánne alguna que li donare salut. Y se li va ocurrí una nova malíssia, fingín que li pareixíe habé estat prou rato en aquella jove li va di:
- Vach a eixí a buscá la manera en que íxques de aquí dins sense sé vista, y per an aixó quédat en silénsio hasta que torna.
Y eixín y tancán la alcobeta en clau, sen va aná directamen a la cámara del abad, y donánlay, tal com tots los monjos féen cuan eixíen, li va di en tranquilidat:

- Siñó, yo no hay pugut este matí portá tota la lleña que había tallat, y per naixó, en la vostra llisénsia, vull aná al bosque y portála.
Lo abad, per a podé informás mes de la falta cometuda per nell, pensán que no sen habíe donat cuenta de que l´habíe sentit, se va alegrá en tal ocasió y de bona gana va agarrá la clau y li va doná llisénsia. Y después de vórel anássen va escomensá a pensá qué siríe milló fé: o en presénsia de tots los monjos obrí la alcobeta (celda) de aquell y féls vore la seua falta per a que no ñaguere ocasió de que murmuraren contra nell cuan castigare al flare, o primé sentí de ell cóm habíe ocurrit aquell assunto. Y pensán que aquella podríe sé la dona o filla de algún home a qui ell no voldríe fé passá la vergoña de mostrála a tots los monjos, va pensá que primé voríe quí ere y pendríe después partit; y anán a la celda, la va obrí, va entrá a dins, y va torná a tancá la porta. La jove, veén vindre al abad, se va ficá blanca, y tremolán va escomensá a plorá de vergoña. Lo siñó abad, que li habíe ficat la vista damún y la veíe hermosa y fresca, encara que ell fore agüelo, va sentí de repén tamé los abrassadós estímuls de la carn que habíe sentit lo seu jove flare, y per an ell se va escomensá a di:
«Bah, ¿per qué no péndre yo del plaé cuan puc, si lo desagrado y lo doló encara que no los vullga, me están esperán? Ésta es una hermosa jove, y está aquí aon dingú al món u sap; si la puc portá a donám gust no sé per qué no u hauría de fé. ¿Quí u sabrá? Dingú u sabrá may, y lo pecat tapat está mich perdonát. Un cas aixina no me passará potsé may mes. Penso que es de sabios péndre lo be que Déu mos envíe».
Y diénse aixó, y habén del tot cambiat lo propósit que allí lo habíe portat, arrimánse mes a la jove, va escomensá a consolála y a rogáli que no plorare; y anán de una paraula a un atra, va arribá a manifestáli lo seu dessich. La jove, que no ere de ferro ni de diamán, en bastanta fassilidat se va ressigná als gustos del abad: ell, después de abrassála y besála moltes vegades, puján al llit del flare, y en considerassió potsé del pes de la seua dignidat y de la tendra edat de la jove, tenín temó de oféndrela en massa pes, no se va ficá damún del pit de ella sino que la va ficá an ella sobre lo seu pit y durán un bon rato se va divertí en ella.
Lo flare, que habíe fingit anássen al bosque, habénse amagat al dormitori, com va vore al abad entrá sol a la seua alcobeta, casi del tot tranquilisat, va jusgá que la seua estratagema li ixiríe be; y, veénlo tancás a dins, u va tindre per mol sert. Y eixín de aon estabe, va aná hasta un foradet per aon va vore lo que lo abad fée y va sentí lo que díe. Pareixénli al abad que se habíe entretés prou en la joveneta, tancánla a la alcoba, sen va entorná a la seua cámara; y después de un rato, sentín al flare y creén que tornáe del bosque, va pensá en empéndrel duramen y fel encarselá per a tíndre per an ell sol la guañada presa; y fénlo cridá, duramen y en mala cara lo va repéndre, y va maná que lo portaren a la presó. Lo flare rápidamen va contestá:
- Siñó, yo no hay estat tan tems a la orden de San Benito per a que puga habé adeprés totes les seues regles; y vos encara no me habíeu enseñat que los monjos tenen que acordá tanta preferénsia a les dones com al dijú y les vigilies; pero ara que me u hau amostrat, tos prometixgo, si me perdonéu esta vegada, no pecá mes y fé sempre lo que tos hay vist fé a vos. Lo abad, que ere un home espabilat, va enténdre que aquell no sol sabíe lo que habíe fet sino que lo habíe vist, per lo que, sentín remordiméns de la seua mateixa culpa, se va avergoñí de féli al flare lo que ell tamé se mereixíe; y perdonánlo y manánli silénsio sobre lo que habíe vist, en tota la discressió van traure a la joveneta de allí, y encara se pot creure que mes vegades la van fé torná.

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jueves, 20 de septiembre de 2018

PRIMERA JORNADA. NOVELA OCTAVA

Guiglielmo Borsiere, en discretes paraules, emprén la avaríssia del siñó Herminio de los Grimaldi.

Se sentabe a la vora de Filostrato Laureta, que, después de habé sentit alabá lo ingenio de Bergamino y advertín que li corresponíe an ella contá alguna cosa, sense esperá cap órden, plassenteramen va escomensá a parlá aixina:
La novela pressedén, volgudes compañes, me porte a contá cóm un home bo, tamé cortessano y no sense fruit, va criticá la codíssia de un mercadé riquíssim; y ésta, encara que se assemelle al argumén de la passada, no tos tindrá que sé per ixo menos gustosa, pensán que va a acabá be.

Va ñabé a Génova, ya fa mol tems, un gentilhome de nom siñó Herminio de los Grimaldi que ere estimat per tots, y per les seues grandíssimes possesións y dinés, superabe en mol la riquesa de consevol atre ressidén de qui entonses se sapiguere a Italia; y tan com superabe en riquesa a consevol itálic, tamé en avaríssia y miséria destacabe sobre consevol misserable y agarrat que ñaguere al món: per lo que no sol per a honrá a datres teníe la bossa tancada, tamé en les coses nessessáries a la seua própia persona, contra la costum general de los genovesos que acostumbren a vestí noblemen, teníe ell, per no gastá, grans privassións, y del mateix modo en lo minjá y lo beure, que no minjae per no cagá.

Per lo que mereixcudamen lo seu apellit de Grimaldi li habíe sigut retirat y tots lo cridaben com Herminio Lopretto. Va passá en este tems en lo que ell, no gastán, multiplicabe lo seu, que va arribá a Génova un valén home de corte, cortés y de bones paraules, de nom Guiglielmo Borsiere, en res paregut als de avui que, no sense gran vergoña de les corruptes y vituperables costums dels qui volen avui sé cridats y reputats per nobles y per siñós, paréixen mes be burros educats a la torpesa de tota la maldat de los homes mes vils que a les cortes. Y mentres a datres tems solíe sé la seua ocupassió y consagrás lo seu cuidado a consertá pas aon ñabíe guerra o les ofenses hagueren naixcut entre homes nobles, o a consertá matrimonis, parentéles y amistat, y en paraules bones y discretes recreá los ánims de los fatigats y distraure a les cortes, y en ágres renécs, corregí los defectes de los roíns; avui en contá mal los uns dels atres, en sembrá sissaña, en di infámies, ignomínies y maldats y, lo que es pijó, en féles en presénsia de los homes, en fótres en cara los mals, les vergoñes y tristeses, verdaderes o falses, los uns als atres, y en falsos afalagaméns (halagos) fé torná los ánims nobles a les coses vils y malvades, se ingenien en passá lo tems.
Y es mes vullgut y mes honrat y exaltat en premios altíssims per los Siñós misserables y desconsiderats aquell que mes abominables paraules diu o acsións cometíx: gran vergoña y digna de reprobassió del món presén y proba mol evidén de que les virtuts, volán de aquí aball, mos han abandonat als fems del vissi.

Pero, tornán a lo que había escomensat, que lo just enfado me ha apartat mes del que pensaba, dic que Guiglielmo va sé honrat y de bona gana ressibit per tots los homes nobles de Génova y que, habénse quedat algúns díes a la siudat y habén sentit moltes coses sobre la miséria y la avaríssia del siñó Herminio, lo va volé vore. Lo siñó Herminio habíe ya sentit que este Guiglielmo Borsiere ere un home honrat y, per agarrat que fore, alguna chispeta de cortessía, en paraules amistoses y en alegre gesto lo va ressibí y va entrá en ell en mols y variats raonaméns, y conversán lo va portá en ell, jun en atres genovesos que en ell estaben, a una casa nova seua que habíe manat fé mol hermosa; y después de habélay mostrat tota, va di:

- Siñó Guiglielmo, vos que hau vist y sentit tantes coses, ¿me sabríeu mostrá alguna cosa que may haygue sigut vista, que yo puguera fé pintá a la sala de esta casa meua? A lo que Guiglielmo, sentín lo seu modo de parlá poc discret, va contestá:

- Siñó, algo que may se haygue vist no cregáu que yo puga mostrátos, si no són estornuts, pets y datres vens o coses paregudes; pero si tos agrade, be tos enseñaré una cosa que vos no crec que haigáu vist may.

Lo siñó Herminio va di:
- Tos u rogo, diéume qué es -.

A lo que Guiglielmo entonses va contestá rápidamen:
- Manéu pintá la cortessía.
Al sentí lo siñó Herminio estes paraules se va sentí invadit per una vergoña tan gran que va tindre forsa per a féli cambiá lo ánimo a tot lo contrari del que hasta aquell momén habíe sigut, y va di:

- Siñó Guiglielmo, la faré pintá de manera que may ni vos ni datre en raó puguéu dim que no la hayga vist y conegut.
Y desde entonses (en tal virtut van sé dites les paraules de Guiglielmo) va sé lo mes liberal y mes generós gentilhome y lo que va honrá als forastés y als siudadáns mes que cap atre que ñaguere a Génova al seu tems.

NOVENA

lunes, 17 de agosto de 2020

JORNADA SEXTA. NOVELA SEXTA.

JORNADA SEXTA. NOVELA SEXTA.

Probe Michele Scalza an algúns joves que los Baronci són los hómens mes nobles del món y de ultramar y se guañe una sena.

Probe Michele Scalza an algúns joves que los Baronci són los hómens mes nobles del món y de ultramar y se guañe una sena.

Encara reíen les siñores en la bona y rápida resposta de Giotto cuan la reina va maná seguí a Fiameta, la que va escomensá a parlá aixina:

Joves siñores, lo habé recordat Pánfilo als Baronci, als que potsé no haigáu conegut com ell los va coneixe, me ha portat a la memória una história a la que se mostre cuánta va sé la seua noblesa, sense desviámos del nostre propósit; y per naixó to la contaré.

No ha passat mol tems desde que a la nostra siudat va ñabé un jove de nom Michele Scalza, que ere lo mes agradable y divertit home del món, y teníe entre mans les históries mes extravagáns; per naixó los joves florentinos lo volíen mol, y cuan se ajuntáen en compañía intentáen contá en ell. Va passá un día que, están ell en algúns mes a Montughi, va escomensá entre ells una discusió sobre quíns eren los hómens mes nobles de Florencia y los mes antics; algúns díen que los Uberu y atres que los Lamberu, segóns los pareixíe. Sentínlos Scalza, va escomensá a riure sarcásticamen y va di: - Anéu per ahi, anéu, que sou uns borinots; no sabéu lo que diéu: los hómens mes nobles y los mes antics, no a Florencia sino a tot lo món y hasta a ultramar són los Baronci, y en aixó están de acuerdo tots los filósofos y tot home que los conegue com yo; y per a que no penséu que parlo de atres tos dic que són los Baronci los vostres veíns de Santa María la Majó. Cuan los joves, que esperaben que diguere un atra cosa, van sentí aixó, se van burlá de ell tots, y van di: - Vols pessigámos com a tontos, com si no coneguerem als Baronci com tú. Va di Scalza:

- No, per lo Evangelio tos juro que dic la verdat, y si aquí ña algú que vullgue apostás un sopá o una sena, yo apostaré de bona gana; encara faré mes, que me sometiré a la senténsia de qui vullgáu. Va di un, que se díe Neri Vannini:

- Yo estic disposat a guañá eixe sopá.

Y ficánse de acuerdo en tíndre per juez a Piero de los Fioretino, perque estáen a casa seua, y anán a cridál, y tots los atres detrás per a vore pédre a Scalza y enfótressen de ell, li van contá tot lo dit. Piero, que ere un jove discret, escoltada primeramen la explicassió de Neri, giránse cap a Scalza, va di:

- ¿Y cóm podrás demostrá aixó que afirmes?

Va dí Scalza:

- ¿Que cóm? U mostraré en tal argumén que no sol tú sino tamé éste que u negue dirá que dic la verdat. Sabéu que, contra mes antics són los hómens, mes nobles són, y aixina díen éstos fa poc; y los Baronci són mes antics que consevol atre home, per lo que són mes nobles; y si tos u demostro hauré guañat la disputa y la sena. Hau de sabé que los Baronci van sé creats per Deu al tems en que ell habíe escomensat a adeprendre a pintá, pero los atres hómens van sé fets después de que nostre Siñó ya sabíe pintá. Y si dic la verdat en aixó, penséu en los Baronci y en los demés hómens. Mentres a tots los demés voreu en la cara ben composta y ben proporsionats, podréu vore als Baronci en la cara mol llarga y estreta, y algún que la té mes ampla de lo que hauríe de sé, y datres en lo nas mol llarg y algúns en lo nas mol curt, y datres en les barres cap a fora o masa embutides cap a dins, o en les dens com les de un burro, y ne ñan que tenen un ull mes gran que l´atre, y hasta algúns que los tenen un mes alt que l´atre, com solen sé les cares que pinten primé los chiquets que adeprenen a dibuixá; per lo que, com ya hay dit, bastán be sé que nostre Siñó los va fé cuan adepreníe a pintá, per lo que éstos són mol mes antics que los atres, y per naixó mes nobles. Piero, que ere lo jues, y Neri que se habíe apostat la sena, habén sentit lo divertit argumén de Scalza, van escomensá a soltá tals carcañades y a afirmá que Scalza teníe raó y que habíe guañat lo sopá, y que en seguridat los Baronci eren los mes nobles y mes antics que ñabíe, no ya a Florencia sino a tot lo món y a ultramar. Y per naixó, en tota la raó, Pánfilo, volén mostrá la fealdat de cara de micer Forese, va di que li hauríe resultat fea hasta a un dels Baronci.

martes, 25 de agosto de 2020

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA PRIMERA.

JORNADA SÉPTIMA. NOVELA PRIMERA.

Gianni Lotteringhi sen cridá de nit a la porta; desperte a la seua dona y ella li fa creure que es un fantasma; lo van a conjurá en una orassió y les cridades paren.

Siñó meu, me haguere agradat moltíssim, si a vos tos haguere vingut be, que un atra persona en ves de yo haguere escomensat tan bona materia com es esta de la que parlarem avui; pero ya que voleu que siga yo qui a los demés anima, u faré de bona gana. Me les ingeniaré, caríssimes siñores, en contátos algo que tos pugue sé útil en un futur, perque si les demés són com yo, totes som temoriques, y mes de los fantasmes, que Deu sabrá que són, yo no u sé, ni hay trobat hasta ara a dingú que u sapiguere, y tots los tenim temó; y per a fels marchá cuan vinguen a vatres, prenén bona nota de la meua história, adependréu una santa y bona orassió, y que va mol be per an estos casos.

Va ñabé a Florencia, al barri de San Brancazio, un comersián que se díe Gianni Lotteringhi, home mes afortunat al seu arte que sabut en atres coses, perque tenín algo de simplet, ere mol sobín capitá de los cantadós del laude de Santa María la Nova, y teníe que ocupás del coro, y teníe datres ocupassións que lo teníen entretengut. En aixó ell se teníe en mol; y alló li passáe perque mol assobín, com home ben acomodat, los donáe bons minjás als flares. Estos, com la un unes calses, l´atre una capa y datre un escapulari li traíen sobín, li enseñaben bones orassións y li resáen lo parenostre en vulgar, y la cansó de San Alejo y lo lamén de San Bernardo y les alabanses de doña Matelda y atres tonteríes tals, que ell teníe en gran apressio y totes per la salvassió de la seua alma les díe mol diligenmen. Teníe este Gianni una dona majíssima y atractiva, de nom doña Tessa y ere filla de Mannuccio de la Cuculia, mol sabuda y previsora; ella, veén la simplesa del home, com estáe enamorada de Federigo de los Neri Pegolotti, que ere mol hermós y pincho, y ell estáe enamorat de ella, va arreglá en una criada seua que Federigo vinguere a parláli a una possesió mol maja que lo dit Gianni teníe a Camerata, aon ella passáe tot lo estiu; y Gianni alguna vegada allí acudíe per la tarde a sopá y a dormí, y pel matí sen entornáe a la tenda y a vegades als seus laudes. Federigo, que mol u dessichabe, aprofitán la ocasió, un día que li va sé manat, al fes de nit, allá que sen va aná, y com no habíe vingut Gianni, per la nit, en mol plaé y tems, va sopá y va dormí en la Siñora, y ella, están als seus brassos, li va enseñá prop de sis dels laudes del seu home. Pero no volén que aquella fore la radera vegada, per a que la criada no tinguere que aná a buscál cada vegada, van arreglá juns esta seguida: que ell, tots los díes, cuan aniguere o tornare de una possesió seua que una mica mes aball estabe, se fixare en una viña que ñabíe prop de la casa de ella, y voríe una calavera de burro damún de un sep de viña. Cuan la veiguere en lo morro girat cap a Florencia, sense falta, per la nit, que acudiguere aon ella, y si no trobabe la porta uberta, que cridare tres vegades, y ella li obriríe; y cuan veiguere lo morro del ruc girat cap a Fiésole, que no vinguere, perque Gianni estaríe allí. Y fénu de esta manera, moltes vegades juns van está. Entre tantes vegades ne va ñabé una a la que, tenín que sopá Federigo en doña Tessa, habén ella fet guisá dos capóns mol gorts, va passá que Gianni, que no teníe que víndre, va arribá mol tart. La Siñora u va sentí mol, y ell y ella van sopá una mica de carn salada o cansalada que habíe fet adobá apart; y la criada va fé portá, en un mantel blang, los dos capóns guisats y mols ous ressién postos aquella tarde, y un canti de bon vi a un jardí seu al que podíe entrás sense aná per la casa y aon ella acostumbrabe a sopá en Federigo alguna vegada, y li va di que ficare aquelles coses al peu de un pressegué que estabe a un pradet; y tan enfadada estáe, que no sen va enrecordá de díli a la criada que se esperare hasta que Federigo vinguere, y li diguere que Gianni estabe allí y que agarrare aquelles coses del hort. Per lo que, anánsen al catre Gianni y ella, y tamé la criada, no va passá mol rato hasta que Federigo va arribá y va cridá una vegada a la porta, que estabe tan prop de la alcoba, que Gianni u va sentí al momén, y tamé la dona; pero per a que Gianni no puguere sospechá de ella, va fé vore que dormíe.

Y, esperán un poc, Federigo va quirdá per segona vegada; de lo que maravillánse Gianni, li va pessigá fluixet a la dona y li va di:

- Tessa, ¿Sens lo que yo séntigo? pareix que criden a la nostra porta. La dona, que mol milló que ell u habíe sentit, va fé vore que se despertabe, y va di: - ¿Qué dius, eh?

- Dic - va di Gianni - que pareix que criden a la nostra porta.
- ¿Criden? ¡Ay, Gianni meu! ¿No saps qué es? Es lo fantasma, del que hay tingut estes nits passades la temó mes gran que may se va tindre, tanta que, alguna nit, cuan lo hay sentit, me hay tapat lo cap y no me hay atrevit a destapámel hasta que ha sigut día cla.

Va di entonses Gianni:

- Va, dona, no tingues tanta temó, si es ell, perque hay dit antes lo Te lucis y la Intemerata y moltes atres bones orassións cuan mos habíem de gitá y tamé hay persignat lo llit de racó a racó en lo nom del Pare y del Fill y del Espíritu San, y no ña que tíndre temó: que no pot, per mol poder que tingue, fémos mal.

La dona, per a que Federigo no sospechare y se enfadare en ella, va deliberá eixecás y féli sabé que Gianni estabe a dins, y li va di al home: - Mol be, tú dis les teues paraules; yo per la meua part no me tindré per salvada ni segura si no lo conjuram, ya que estás tú aquí.

Va di Gianni:

- ¿Y cóm sel conchure?

Va di la dona:

- Yo be u sé, que abansahí, cuan vach aná a Fiésole a per les indulgénsies, una de aquelles ermitañes que ñan allí, Gianni meu, la dona mes santa que Deu te al seu servissi, veénme tan atemorisada me va enseñá una santa y bona orassió, y me va di que la habíe probat moltes vegades abans de sé ermitaña y sempre li habíe servit. Pero Deu sap que sola may me hauría atrevit a probála; Pero ara que estás tú, vull que lo conjurem.

Gianni va di que mol be li pareixíe; y eixecánse, sen van aná los dos a poquetet cap a la porta; afora encara estáe Federigo, sospechánse algo, y una vegada allí, li va di la dona a Gianni: - Ara escupíña cuan yo tu diga.

Va di Gianni:

- Vale.

Y la dona va escomensá la orassió, que ere esta:

- Fantasma, fantasmot, que vas per la nit fen temó, en la coa tiessa has vingut, y en la coa tiessa ten anirás; vésten al hort aon lo pressegué, allí hay ña grassa mascarada y sen cagallóns de les meues gallines; proba del canti y vésten depressa, y no mos faigues mal ni a mí ni al meu Gianni.

Y dit aixó, li va di al home:

- ¡Escupíña, Gianni!

Y Gianni va escupiñá; y Federigo, que estabe a fora y va sentí aixó, se li van passá los sels, y encara ple de melancolía teníe tantes ganes de riure que casi petáe, y en veu baixa, cuan Gianni escupiñáe, díe: - Les dens.

La dona, después de habé conjurat tres vegades al fantasma, va torná al llit en lo seu home. Federigo, que esperabe sopá en ella, sense habé senat y habén entés be les paraules de la orassió, sen va aná al hort y va trobá a la bresquillera los dos capóns, lo vi y los ous, sels va emportá a casa y va sopá en gran gust; y después les atres vegades que se va trobá en la dona sen van enriure mol de este conjur.

Es sert que diuen algúns que la dona habíe girat lo cap pelat del burro cap a Fiésole, pero que un llauradó que passabe per la viña li habíe pegat en una gayata y lo habíe fet girá, y se habíe quedat mirán cap a Florencia, y per naixó Federigo, creén que lo cridáen, habíe vingut, y que la dona habíe dit la orassió de esta guisa: «Fantasma, fantasmot, vésten en Deu, que la calavera del burro no la hay girat yo, que un atre ha sigut, que Deu lo castigo, yo estic aquí en lo meu Gianni»; per lo que, anánsen, sense albergue y sense sopá se habíe quedat. Pero una veína meua, que es una dona mol vella, me va di que tan una com l´atra van sé verdat, segóns lo que ella de chiqueta habíe sentit, pero que la radera no li habíe passat a Gianni Lotteringhi, sino a un que se díe Gianni de Nello, que estabe a Porta San Pietro y ere tan bobo com u va sé Gianni Lotteringhi. Y per naixó, cares siñores meues, a la vostra elecsió dixo pendre la que mes tos agrado de les dos, o si voléu, les dos: tenen molta virtut per an estes coses, com per experiénsia hau sentit; adeprenéules y ojalá que tos servixquen algún día.