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jueves, 15 de julio de 2021

Oronetes, chapurriau, José Taronjí, Gustavo Adolfo Bécquer

Originals al final.


Oronetes van y venen, oronetes venen, van; enlocades de alegría, del seu vol no paren may.  Revolten los oms fullosos, volen per l´antic casal, y baixen a la fonteta, y pujen als campanás...  Oronetes, mes amigues, que la estiuada alegrau, ¡Oh! ¡quí puguere com vatres viure a plaé an esta Vall.


José Taronjí, Les oronelles, Lo Trovador Mallorquí.
Gustavo Adolfo Bécquer, rima LIII.

ORONETES.

Oronetes van y venen,
orenetes venen, van;
enloquides de alegría,
del seu vol no paren may.

Revolten los oms fullosos,
volen per l'antic casal,
y baixen a la fonteta,
y pujen als campanás...

Oronetes, mes amigues,
que la estiuada alegrau,
¡Oh! ¡quí puguere com vatres
viure a plaé an esta Vall.

Juny de 1875.


Gustavo Adolfo Bécquer. Rima LIII, 53.

Tornarán les oscures oronetes
al teu balcó los seus nius a penjá,
y un atra vegada en l´ala als seus vidres
jugán te cridarán.

Pero aquelles que lo seu vol refrenaben

ta hermosura y la meua dicha a contemplá,

aquelles que van adependre los nostres noms....

eixes... ¡no tornarán!


Tornará la tupida maresselva

del teu jardí les tapies a escalá

y per la tarde encara mes hermoses

les flos reventarán.

Pero aquelles collades de rosada

que les gotes mirabem tremolá

y caure com a llágrimes del día....

eixes... ¡no tornarán!

Tornarán del amor als teus oíts

les paraules ardéns a ressoná,

lo teu cor del seu profundo somni

pot sé despertará.

Pero mut, encantat y de ginolls

com se adore a Deu dabán l´altá,

com yo te hay vullgut..., desengáñat,

aixina... ¡no te voldrán!


Original de José Taronjí:

X
LES ORONELLES.

Oronelles van y vénen,
Oronelles vénen, van;
Enlocades d´alegría
De son vol no paran may.

Revoltan los oms fullosos,
Rodan per l´antich casal,
Devallan á la fonteta,
Se´n pujan als campanars...

Oronelles, mes amigues,
Que l´estiuada alegrau,
¡Oh! ¡quí pogués com vosaltres
Viure á pler en esta Vall.

Juny de 1875.


X
LAS GOLONDRINAS.

Las golondrinas van y vienen, las golondrinas vienen y van; locas de alegría, no paran un punto su vuelo.

Dan vueltas al rededor de los tupidos olmos, giran por el viejo caseron, bajan á la fuentecilla, suben á los campanarios...

Golondrinas, amigas mías, que alegráis la estacion veraniega; ¡ah! ¡quién pudiese como vosotras vivir sin cuidados en este Valle de lágrimas!


Original de Gustavo Adolfo Bécquer:

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.


Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres....

ésas... ¡no volverán!


Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.


Pero aquellas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día....

ésas... ¡no volverán!


Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar,

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.


Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido..., desengáñate,

así... ¡no te querrán!

//

Tamé podéu lligí algo sobre un niu de oronetes pintat per Pedro Saputo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

LA MUERTE DEL ÚLTIMO SEÑOR MORO DE MOMAGASTRE

2.32. LA MUERTE DEL ÚLTIMO SEÑOR MORO DE MOMAGASTRE
(SIGLO XI. PERALTA DE LA SAL)

A lo largo del siglo XI, la reconquista cristiana del territorio aragonés, aunque de manera lenta y con altibajos, fue progresando hacia el sur, empujando poco a poco a los musulmanes hacia el río Ebro, que constituía una auténtica barrera natural. No obstante, tanto en tierras del Sobrarbe como de la Ribagorza todavía quedaban algunos pequeños enclaves moros que se resistían de manera enconada, cual era el caso, entre otros varios, del señor musulmán de la fortaleza de Momagastre.

torre del homenaje, castillo de la Mora, Monmagastre, Peralta de la Sal


No obstante, también este caudillo agareno, cada vez más aislado de sus correligionarios, se vio forzado como tantos otros a desalojar su fortificado y estratégico enclave, desde el que sus antecesores habían dominado durante más de trescientos cincuenta años la comarca circundante. Por lo tanto, no es de extrañar que lo hiciera no sólo entristecido sino también malhumorado, lo que le llevó a apoderarse por ira y despecho, durante la huida, de la imagen de la Virgen que presidía el altar principal de la cercana ermita de Peralta de la Sal.



Mico, Laborda, Valderrobres, piedra, pedrolo, roca, eixecacóduls, rabosí


En su forzado camino hacía el exilio, aún no se había distanciado mucho de la ermita que acababa de expoliar cuando una enorme piedra desprendida de la montaña, no se sabe si empujada o no por los cristianos, lo derribó de su cabalgadura, quedando sepultado bajo su enorme mole y causándole la muerte en el acto; otra piedra algo menor de tamaño hizo lo propio con su hermoso caballo.

Moncho, Ramón Guimerá Lorente, piedra, pedrolo, roca, eixecacóduls, roquerol

La imagen de la Virgen, sin embargo, de manera inexplicable quedó absolutamente intacta y fue devuelta a su propia ermita por los cristianos que, desde entonces, dieron en llamarla «Virgen de la Mora».


Alejandro Zorrilla, piedra, pedrolo, roca, eixecacóduls, roquerol


Las dos piedras —la grande conocida todavía hoy como la «Piedra del Moro»— pueden verse aún, y es costumbre viva que quienes pasan junto a ambas, en señal de desaprobación, lancen una piedra contra la mayor, aquella que acabó con la vida del último señor moro del castillo de Momagastre, que no se resignaba a tener que abandonar la tierra de sus ancestros.

[Andolz, Rafael, «La piedra del Moro», Cuadernos Altoaragoneses, 103 (1989).]