champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc
Chusé Inazio Nabarro (n. Tauste, 1962) es un escritor español en lengua aragonesa. Licenciado en Filología Hispánica, es desde 2004 y actualmente presidente del Consello d'a Fabla Aragonesa, miembro del Consello Asesor de l’Aragonés y vocal del Área de Lengua y Literatura del Instituto de Estudios Altoaragoneses.
Algunos de sus artículos sobre lingüística del aragonés son: "As rebindicazions lingüísticas en a poesía en aragonés" (1989), "Construzions y chiros con o berbo fer" (1999), "Sobre la sufijación apreciativa en A lueca, de Juana Coscujuela" (1990), "Biello idioma de loiras e paxarelas, de tu que se fayó? (arredol d'a koiné aragonesa)" (2000), "O rechimen preposizional de o berbo e altras peculiaridaz sintauticas en a luenga de Acordanzas de San Pelegrín" (2004), "O caso de bels femeninos irregulars u poco frecuens en a onomastica aragonesa" (2005), "Os Monegros como tema literario en a poesía en aragonés" (2008) o "Estudio lingüístico d'un capbreu de Tauste d'o sieglo XV" (2011).
Asociación que tiene como objeto la defensa, promoción, estudio y difusión de la lengua aragonesa. Surge en Zaragoza, en la primavera de 1976, merced a la actividad de un grupo de profesores, estudiantes y trabajadores, que desde años atrás sentían la necesidad de revitalizar el aragonés y potenciar su resurgimiento, en un momento en que parecía abocado a la desaparición a causa de la total desasistencia por parte de los poderes públicos, e inserto en un contexto general de renacer de la conciencia aragonesa.
Cabe distinguir dos etapas bien definidas en el proceso evolutivo del Consello: la anterior a su legalización, con centro en Zaragoza, y el posterior traslado de su centro de gravedad al Alto Aragón, coincidiendo aproximadamente con su legalización. Dentro de la primera etapa, a poco de su constitución, hace público un manifiesto en el que solicita el reconocimiento oficial y científico del aragonés como lengua, y el respeto a la realidad lingüística de Aragón.
El Consello d´a Fabla Aragonesa ha sido siempre consciente de la urgente necesidad de acelerar el proceso de normalización lingüística, y para ello planifica su actividad en dos terrenos fundamentales: la unificación lingüística y, en el plano sociológico, su difusión a través de la enseñanza y la presencia en los medios de comunicación. La unificación de la lengua no supone el acabar con las distintas variedades dialectales habladas en Aragón, sino el partir de ellas y de todos los elementos comunes que poseen para la elaboración de un instrumento común como vehículo literario, premisa fundamental para su difusión en la prensa con carácter literario. Labor que culminará con la publicación del Diccionario Aragonés, de Rafael Andolz, y la Gramática de la lengua aragonesa, de Francho Nagore, ambas obras aparecidas en 1977, y con la celebración en 1987 en Huesca del I Congreso ta ra normalización de l´aragonés, de cuya organización se hizo cargo.
En esta etapa, el Consello d´a Fabla Aragonesa participa en la elaboración, por una comisión de juristas del Colegio de Abogados de Zaragoza, del anteproyecto de Estatuto de Autonomía de Aragón, que no sería tenido en cuenta por la Asamblea de Parlamentarios, y que recoge, en su capítulo IV, artículos 21 a 23, los derechos de las minorías lingüísticas en Aragón. Al propio tiempo se elabora un plan de enseñanza continua del aragonés a través de sucesivos cursillos que se darán también por prensa y radio, en Zaragoza, y que tendrán continuidad con los organizados durante el verano por el rolde de Biescas, en esta villa pirenaica. Se editan sendos folletos que recogen la traducción o versión aragonesa de nombres propios y topónimos altoaragoneses, reivindicándose al mismo tiempo el derecho a inscribirse en el registro civil con nombres en lengua vernácula y solicitando la rotulación en carreteras y centros urbanos con los topónimos en aragonés.
Tras una etapa de fructífero trabajo en Huesca, cuyo rolde de trabajo se va ampliando con la entrada de nuevos miembros y la llegada de algunos procedentes del núcleo fundador zaragozano, y que editará el mapa de la provincia de Huesca, con los topónimos en aragonés, y la cartilla Ninos para la enseñanza de esta lengua en las escuelas, el Consello d´a Fabla Aragonesa, en febrero de 1978, es legalizado como asociación de carácter cultural en el ámbito territorial de la provincia de Huesca, cuando su presencia era ya constante en los medios de comunicación y su existencia reconocida por entidades y corporaciones aragonesas.
La primera asamblea general extraordinaria en su etapa legal, se celebra el 6 de marzo del mismo año, resultando elegido presidente de la asociación Francho Nagore Laín. De acuerdo con sus Estatutos, se dota el Consello d´a Fabla Aragonesa de una organización basada en los roldes o secciones de ámbito comarcal, coordinados por la junta directiva. Pueden ser socios del mismo todas las personas con capacidad de obrar que acrediten un amplio conocimiento de la lengua aragonesa. Seguidamente, se realiza una campaña de presentación e implantación con actos y charlas en distintas cabeceras comarcales, de tal manera que llegan a constituirse o continúan funcionando roldes en Huesca, Ayerbe, Sabiñánigo, Biescas, Aínsa, Estadilla y Zaragoza, y se mantienen contactos con los valles de Ansó, Echo, Tena, Bielsa, Chistau, Benasque, Jaca, Bolea, Barbastro, Monzón y Binéfar organizándose cursillos en algunos de estos lugares.
El Consello d´a Fabla Aragonesa publica su Alternativa al problema lingüístico de Aragón e inicia una serie de publicaciones, así como la edición de las Fuellas o boletín informativo, en el que se dan noticias y se insertan creaciones literarias en prosa y verso. Se inicia la campaña L´aragonés t´a escuela, solicitando la implantación de la enseñanza de la lengua aragonesa como asignatura en los distintos niveles de E.G.B., resaltando igualmente la urgencia de la creación de cátedras de aragonés en las Escuelas de Magisterio, especialmente dirigidas a aquellos maestros que vayan a ejercer a zonas aragoneso-parlantes.
El Consello d´a Fabla Aragonesa es miembro de la Asociación Internacional para la Defensa de las Lenguas y Culturas Amenazadas (AIDLCM), y en calidad de tal ha asistido a varios congresos internacionales de la misma, e incluso organizó en julio de 1997 en Huesca el decimoctavo. En diversos escritos y entrevistas con autoridades aragonesas, esta asociación ha pedido la cooficialidad del aragonés, al menos en los territorios donde todavía se habla o se conoce, y un estatuto personal, que permita a cualquier persona aragoneso-hablante utilizar su lengua en sus relaciones con la Administración. El Consello d´a Fabla Aragonesa convoca y otorga el premio de poesía «Ana Abarca de Bolea» al mejor libro de poemas escrito en aragonés, premiándolo con la publicación del mismo.
Realiza anualmente cursos de iniciación y de perfeccionamiento de lengua aragonesa, cursillos y seminarios más específicos (como el realizado en junio de 1983 sobre normalización y planificación lingüísticas) y, con frecuencia, diversas charlas, conferencias y presentaciones de libros. En diciembre de 1983 colaboró con el Instituto de Estudios Altoaragoneses en la organización de las V Chornadas de Cultura Altoaragonesa, en el marco de las cuales se realizó una exposición de publicaciones en aragonés (que reunió, entre libros y folletos, cuarenta y cinco -revistas aparte-).
Convoca cada tres años -desde 1987- el Premio Internacional de novela corta en aragonés (al que se ha dado el nombre de Chusé Coarasa, en homenaje al gran escritor en cheso), publicando después los libros ganadores por medio de su editorial, Publicazions d´o Consello d´a Fabla Aragonesa , en la cual se han publicado más de ochenta libros, en su mayor parte de creación literaria y tanto en aragonés común como en diversas modalidades dialectales (aragonés común, ribagorzano, cheso, chistabino, y somontanés). Otros premios convocados son «O Gua» de narración corta para niños y niñas y «A carracla». Igualmente ha publicado un disco en aragonés, Fendo camín (1983), de Mario Garcés. Colabora con varios ayuntamientos y asociaciones en premios literarios en aragonés («Val d´Echo», «Guayén », «Naya », «Lo Grau » y «Billa de Sietemo»). Su publicación bimestral en aragonés Fuellas alcanzó en diciembre de 1999 su número 134 (en 1985 se publicó un especial que conmemoraba los cincuenta números). Por otra parte, su programa de radio «Charramos » se ha mantenido en antena desde el comienzo de su emisión en 1980. Durante el curso 84-85 se encargó (por medio de un concierto económico con la DGA) de coordinar y desarrollar la enseñanza del aragonés en el último trimestre del curso en las escuelas de Ayerbe, Bolea y Tierrantona y en el Instituto de Barbastro. En mayo de 1986, una delegación del Consello representó a la lengua aragonesa en el II Congrés Internacional de la Llengua Catalana.
Ha creado la nueva revista de estudio y documentación Luenga & fablas y nuevas colecciones de libros siempre dentro de Publicazións d´o Consello d´a Fabla Aragonesa, editorial que participa habitualmente en las Ferias del Libro.
De abril a junio de 1994 celebró una serie de actos conmemorativos de sus 18 años de existencia. Se encarga de la secretaría para el aragonés en la Plataforma para la defensa de las lenguas minoritarias de Aragón. En febrero de 1997 colabora con el Instituto de Estudios Altoaragoneses en la organización de la I Trobada d’Estudios y Rechiras arredol de l´aragonés , que tuvo su segunda edición los días 18-20 de noviembre de 1999, con 90 personas inscritas, de las cuales 40 presentaron comunicación. Institucionaliza la celebración a finales de mayo de la Fiesta de l´Amostranza de l´Aragonés, como terminación de los cursos anuales, celebrándose en diferentes localidades (Sta. Cruz de As Serors, Alquezra, Agüero, Fañanars, ...).
En 1998 el Consello inicia los «Cursez Internazionals d´estiu de lengua aragonesa». En 1999 se crea la «Beca de rechira lesicografica Mosen Rafael Andolz Canela», para dar continuidad a la obra del gran lexicógrafo aragonés, fomentando nuevas recopilaciones de vocabulario aragonés.
Obras editadas por Publicazions d´o Consello d´a Fabla Aragonesa en sus múltiples colecciones (Serie cheneral en Aragonés, Puens enta ra parola, A tefla de cuatro fuellas, A tuca, Os fustez, Charrín charrány O gua). Revistas:Luenga & Fablas.
2.27. LA RECONQUISTA DE EJEA POR LOS SOLDADOS FRANCESES (1095)
(SIGLO XI. EJEA DE LOS CABALLEROS)
En tiempos en los que regía los destinos de Aragón el rey Sancho Ramírez, el ejército cristiano aragonéstrató una y otra vez de conquistar por la fuerza de las armas la ciudad de Ejeasin éxito alguno, pues tanto la enorme valía y la bizarría de los soldados musulmanes como la situación privilegiada de la que gozaba el enclave de la murada plaza impedían un asalto definitivo con ciertas garantías.
Afortunadamente, cuando los soldados aragoneses estaban a punto de perder toda esperanza de victoria, llegaron de Gascuñael conde de Bigorra, don Gastón de Espés y otros muchos nobles y caballeros franceses con sus propias huestes perfectamente armadas. Éstos, una vez se hubieron percatado de la situación real —muy difícil por cierto—, aconsejaron humilde y sabiamente al rey que hiciera una promesa a san Geraldo, santo del que eran muy devotos los guerreros franceses. De esta manera, le hablaron pormenorizadamente al rey aragonés del monasterio de Selvamayor, situado en plena Gascuña, donde se guardan los restos de tan venerado santo, bien conocido y aclamado por su demostrado poder milagroso. (Abbaye de La Sauve-Majeure)
Sancho Ramírez, deseoso de tomar Ejea a toda costa para proseguir el avance reconquistadoren otros frentes, prometió que, en caso de obtener la fortaleza, entregaría al santo las primicias de pan, vino, olivas, lino y de todas las riquezas de la tierra. Así es que el ejército aragonés, confiado en el poder intercesor de san Geraldo ante Dios y en el apoyo de los franceses, se dispuso para la batalla final lleno de fe en la victoria. La lucha por la hasta entonces inexpugnable Ejea —que sin duda hubo de ser muy intensa— terminó con la muerte de todos los infieles a manos cristianas, con lo que la población cayó y quedó en poder del monarca aragonés.
La calma se hizo en el campamento del gozoso rey Sancho Ramírez, quien, fiel a la palabra que había empeñado ante los murosejeanos, satisfizo la promesa que le hiciera al santo y para ello mandó construir dentro ya de la ciudad tomada una iglesia, casa y cementerio (lo que se denominó en adelante como «Abadía de Ejea»), donde se recogerían y guardarían desde entonces los frutos de las primicias prometidas.
[Ferrer y Racax, Joseph F., Idea de Exea, págs. 62-66.]
Ejea de los Caballeros (Exeya d'os Caballers en aragonés) es una villa y un municipio español, de la provincia de Zaragoza y la comunidad autónoma de Aragón, situado en la comarca de las Cinco Villas en el partido judicial homónimo. Dista 72 km de la capital provincial, Zaragoza, y 43 km de Tudela (Navarra).
Con una superficie de 609,92 km², es el segundo municipio más extenso de Aragón. Tenía una población de 16 605 habitantes (INE 2018), lo que le convierte en el cuarto más poblado de la provincia.
Actualmente, el municipio de Ejea de los Caballeros comprende las siguientes localidades:3 Bardenas, El Bayo, Ejea de los Caballeros, Farasdués, Pinsoro, El Sabinar, Rivas, Santa Anastasia y Valareña.
Por su extensión se trata de uno de los municipios españoles más extensos, siendo su superficie de 609,92 km2.
El término municipal incluye los núcleos habitados de Farasdués y Rivas, junto con los pueblos de colonización de Pinsoro, El Bayo, Bardenas, Valareña, Santa Anastasia y El Sabinar. Limita al norte con Sádaba, Biota, Luesia y Asín; al este, con Orés, Luna y Castejón de Valdejasa; al sur, con Tauste; y al oeste, con las Bardenas Reales, en Navarra.
El origen geológico del territorio que hoy ocupa Ejea de los Caballeros se remonta al comienzo de la Era Terciaria, en lo que los especialistas han llamado el «paroxismo alpino».
Justo en la zona donde en la actualidad se sitúa Ejea, se produjo un hundimiento, que se cubrió con posterioridad con materiales miocénicos (margas, arcillas, arenisca y calizas) de una antigüedad en torno a los 22 millones de años. La fineza de esos materiales facilitó la acción de la erosión diferencial, que a lo largo de miles de años configuró este territorio con unas formas dominadas por la planitud del terreno.
Así pues, Ejea se ubicó en el centro de una depresión cubierta después por sedimentos cuaternarios, de hace un millón de años, que tiene relación con el sistema fluvial de terrazas Arbas-Riguel. Como consecuencia de todo ello, el relieve ejeano es predominantemente llano, salteado tan sólo por suaves elevaciones. Ejea se encuentra a 320 msnm, altitud baja si se compara con los 525 msnm de la vecina villa de Luna o con los 745 msnm de la Sierra de Erla y los Montes de Sora.
Ejea tiene un clima de tipo continental, aunque suavizado con ligeros matices del clima mediterráneo. Se caracteriza por sus temperaturas extremas, la escasez e irregularidad de las precipitaciones y la limpieza atmosférica gracias a los vientos. El clima es de los más duros de España, con temperaturas muy bajas en invierno que pueden alcanzar los 18 °C bajo cero y temperaturas superiores a los 40 °C en verano.
La temperatura media anual es de 14 °C. Los meses más fríos son enero y febrero con medias menores de 5 °C, aunque se dan baremos absolutos que descienden por debajo de 0 °C, sobre todo en invierno. La media de temperatura de noviembre a enero es inferior a los 10 °C, pero se producen con frecuencia heladas hasta bien entrado el mes de mayo.
Los meses más calurosos son julio y agosto, aunque ya desde finales de junio se produce un aumento notable de las temperaturas. La media en el verano es de 23 °C, sin descartar los días en que el termómetro alcanza los 40 °C. Esta rigurosidad térmica se suaviza en otoño.
La media de lluvias de Ejea es de 468 mm anuales, siendo mayo el mes más lluvioso seguido de la estación otoñal, en forma de gota fría. Por el contrario, el verano es el periodo más seco, humedecido sólo con esporádicas tormentas de origen térmico.
Río Arba de Biel a su paso por Ejea.
El viento es un meteoro muy característico de la zona. El viento del norte encajonado en el valle del Ebro origina el llamado «cierzo», que llega a alcanzar grandes velocidades y provoca una sensación térmica muy fría en invierno pero refrescante en verano. En verano, sobre todo, sopla el viento del sureste, el llamado «bochorno», que contribuye al aumento de las temperaturas.
Tanto el relieve como el clima hacen que el régimen hidrográfico sea un tanto irregular, con una pertinaz sequía en verano, sólo rota por las riadas provocadas por las tormentas y con un aumento del caudal en primavera y otoño. Todas estas peculiaridades se reflejan en los ríos que atraviesan el término municipal de Ejea de los Caballeros: Riguel, Arba de Luesia y Arba de Biel. Estos dos últimos se unen en un solo río Arba ya cerca del casco urbano de Ejea.
En el territorio de Ejea de los Caballeros se dan bastantes casos de endorreísmo como consecuencia de la impermeabilidad del suelo, sobre todo en zonas donde se concentra material calizo. Hay una buena muestra de estancas, lagunas y balsas, dotadas de diversas dimensiones y peculiaridades: el lagunazo de El Moncayuelo, el de Bolaso, la estanca de El Gancho y El Sabinar, y el pantano de San Bartolomé, además de otros núcleos de menor entidad.
También existen algunos manantiales. El más famoso de ellos es el de Bañera, aunque en el extenso término municipal encontramos numerosas fuentes.
A pesar de la intervención del hombre modificando el terreno, aún quedan en Ejea algunos restos de la vegetación original. Existe abundante monte bajo (coscojo, tomillo, romero) y algunas manchas espesas de arbolado, sobre todo pino carrasco (en la Bardena). En los márgenes de los ríos hallamos tamarices en las zonas de inundación, además de sauces y chopos.
No obstante, la construcción del embalse de Yesa y del canal de las Bardenas, que convirtió en regadío la mayor parte del término estepario de Ejea, terminó con la mayor parte del medio natural no humanizado.
Los arqueólogos han encontrado en estas tierras indicios de épocas tan pretéritas como la Edad del Bronce, el periodo Calcolítico o incluso el Neolítico. Se han descubierto huellas de la actividad humana desde el 8000 a. C. En concreto, se han hallado restos en el yacimiento arqueológico existente en la parte alta de la villa, localizado ante la iglesia de Santa María, en pleno barrio de la Corona.
Edad Antigua
Sin embargo, los primeros datos históricos relativos a Ejea aparecen con la presencia en el lugar de los suesetanos, un pueblo de lengua celta relacionado con la gran tribu belga de los suesones, y que da a Ejea el primer nombre que nos es conocido, Segia, del que deriva el nombre actual. Sin embargo, los historiadores no tienen clara la importancia de la población de Segia dentro del territorio suesetano, desconociéndose por el momento si se trataba de su capital, de una ciudad importante o de un núcleo menor.
En este sentido, se ha defendido la identificación de Segia con la capital de los suesetanos, Corbio, que fue arrasada por un Ejército romano al mando del cónsul Terencio Varrón en el año 184 a. C., tras lo cual el territorio suesetano fue cedido a los vascones.
Época romana
Después de que Roma asumiese el control directo del territorio vascón, tenemos constancia de un documento, el llamado «Bronce de Ascoli», en el que, en el marco de la guerra social —de 91 a. C. a 89 a. C.—, Cneo Pompeyo Estrabón concedió la ciudadanía romana a nueve jinetes suesetanos o vascones de Segia, integrados en la llamada «Turma salluitana», como premio a sus actividades militares en dicha guerra.4
Tanto bajo la República romana como bajo el Imperio romano, Segia y otras localidades de las Cinco Villas, como Tarraca —posiblemente Los Bañales de Uncastillo—, fueron objeto de una intensa romanización, motivada además por el hecho del intensivo cultivo en los llanos de la zona de trigo y otros cereales. La calzada Caesaraugusta (Zaragoza)-Pompelo (Pamplona) constituyó la columna vertebral de las comunicaciones que atravesaban sus tierras. Asimismo, los romanos extendieron una red de vías secundarias que daban acceso a las villas y los asentamientos de la población.
Cabe suponer que Ejea se viese afectada por las revueltas de los bagaudas en el siglo V, aunque carecemos de citas documentales al respecto, ya que los disturbios y enfrentamientos producidos se centraron en Hispania en el valle del Ebro, en especial en sus zonas alta y media —saqueos de Tarazona y Zaragoza, por ejemplo.
Edad Media
La caída del Imperio Romano supuso para Ejea un periodo de decadencia. A partir del año 545, su territorio entró en un proceso de despoblación y de disminución de la vida socioeconómica. En este contexto, el área de Ejea quedó bajo el dominio de un terrateniente hispanorromano, el Conde Casio.
Los visigodos hispanorromanos llamaron a la ciudad Egessa, denominación que aparece en algunas monedas.
Representación de Sancho Ramírez, quien intentó, sin éxito, reconquistar la villa en 1091.
La llegada de los musulmanes a la zona se produjo en 714, tres años después de su desembarco en la Península Ibérica. Aplicando una política de conversión, los musulmanes llegaron a un pacto con el Conde Casio: éste se convirtió al Islam, manteniendo todas sus posesiones pero rindiendo pleitesía al nuevo poder. De este modo, nació la dinastía muladí de los Banu Qasi. Bajo la dominación musulmana, la ciudad recibió el nombre de Siya.
En el posterior marco de la Reconquista, el rey de Pamplona Sancho Garcés I quiso arrebatar Siya a los musulmanes en los años 907-908, lo mismo que Sancho Ramírez en 1091, en ambos casos sin éxito. No sería hasta el año 1105 que Alfonso I el Batallador recuperase la villa para los reinos cristianos, pasando a denominarse Exea.
El historiador Jerónimo Zurita, en sus Anales de la Corona de Aragón, refiere que Alfonso I «lo primero que se acometió fue poner cerco sobre la villa de Ejea, lugar principal a la frontera de Navarradentro de los límites de la región antigua de los vascones, y ganóla a los moros... Y allí se afirma que en aquél lugar tomó el título de emperador». Además de los pobladores cristianos, Exea se nutrió con la llegada de los judíos, cuya presencia aparece reflejada en las crónicas de la época. Por ejemplo, en el año 1208, Pedro II de Aragón les concedió el Castillo de Ortes para su repoblación.
Entre los edificios medievales más importantes destacan la iglesia de Santa María, edificada en 1174, y la de San Salvador, consagrada en 1222 y que durante un tiempo fue la base de uno de los prioratosque tuvo la orden de la Selva Mayor en Aragón. En 1265 Jaime I el Conquistador convocó Cortes en Ejea, en las cuales se acabó de modelar la figura del Justicia Mayor de Aragón, quien debía dirimir las disputas entre la monarquía y la nobleza.
Edad Moderna y Contemporánea:
En la Guerra de Sucesión, Ejea se había pronunciado por el archiduque de Austria, por lo que fue sitiada por el ejército de Felipe de Anjou. Comandadas por el Marqués de Saluzo, las tropas saquearon e incendiaron la ciudad.
Los habitantes de Ejea de los Caballeros contribuyeron a la lucha contra los franceses durante la Guerra de la Independencia, formando algunas guerrillas, que acudieron a combatir a Tudela. Era natural de Ejea una de las heroínas del primer Sitio de Zaragoza, Juliana Larena y Fenollé.
Ya en el siglo XX, el movimiento obrero tuvo una presencia importante en Ejea y su comarca, hallándose fuertemente implantada la Unión General de Trabajadores. Los socialistas de las Cinco Villas estuvieron implicados en la sublevación de Jaca y el diputado socialista por Zaragoza, José Algora, había recomendado a Fermín Galánque, desde Jaca, dirigiera sus tropas hacia Zaragozaatravesando las Cinco Villas, que les eran afectas.
A nivel económico, la ciudad se vio fuertemente modernizada a principios del siglo XX. Accedió al transporte en ferrocarril con la construcción del Ferrocarril de Sádaba a Gallur en 1915, lo que permitió el transporte barato de los productos de la comarca, cuya producción iba a aumentar con las sucesivas ampliaciones del regadío. La construcción del Pantano de Yesay del Canal de las Bardenas, ambos consecuencia directa del Plan Aragón, permitió aumentar drásticamente la producción de cereal y remolacha y motivar la implantación de algunas industrias agroalimentarias. El proyecto del canal es de 1924 y el del pantano de 1926. En 1959 se inauguraron las dos infraestructuras y se construyeron los seis pueblos de colonización de Ejea.
5. LA PÉRDIDA Y DESPOBLAMIENTO DE NOVILLAS (SIGLO VIII. MALLÉN)
Ante las noticias que llegaban con insistencia cada vez mayor, los habitantes del pequeño pueblo de Novillas, situado en la orilla derecha del río Ebro, dudaban acerca de qué determinación tomar.
Una tarde, llegó presuroso y alarmante el anuncio de que las banderas de la media luna, victoriosas ante el importante enclave de Tudela, se preparaban para marchar contra Zaragoza, considerada como la llave del valle del Ebro. En rápida asamblea reunida frente a la iglesia, decidieron en común abandonar sus casas aquella misma noche, dirigiéndose hacia la población de Tauste, donde esperaban encontrar cobijo. Novillas quedó totalmente desierto.
A la mañana siguiente, conocedores de esta huida masiva y precipitada los cristianos de Mallén, población que todavía permanecía libre, organizaron una expedición compuesta por veinticuatro vecinos, quienes — con el sacerdote al frente y sin mostrar ningún miedo a los moros que estaban ya acampados ante su vista — se dirigieron a Novillas. Naturalmente, las calles estaban absolutamente desiertas y las casas vacías.
Con sigilo, se dirigieron a la iglesia. Dentro, en una hornacina del altar mayor, vieron lo que buscaban. Era la talla de una venerada imagen de la Virgen. La cogieron, la envolvieron entre unos paños y comenzaron el camino de regreso a Mallén sin que tuvieran contratiempo alguno.
En previsión de que los musulmanes pudieran atentar contra la imagen si entraban y tomaban Mallén, la escondieron hasta que llegaran tiempos mejores. En efecto, Mallén fue conquistado y durante cuatro siglos estuvo en poder moro. Buena parte de la población cristiana, al contrario que en el caso de Novillas, que fue arrasado, permaneció en sus hogares.
Cuando Alfonso I el Batallador reconquistó tanto Mallén como Novillas, los liberados cristianos de Mallén desenterraron la imagen y no teniendo a quién devolvérsela, puesto que Novillas había quedado totalmente desierta y así permaneció durante cuatrocientos años, decidieron depositarla en su iglesia parroquial, donde todavía se venera cada día 8 de septiembre.
[Datos proporcionados por Gemma Lalaguna, Colegio «Manlia». Mallén. Córdoba y Franco, Francisco J., Manlia y Mallén..., págs. 35-37.]
LA RECONQUISTA ARAGONESA, AGUSTÍN UBIETO ARTETA. 15.1. VICISITUDES DE LOS TERRITORIOS MUSULMANES DEL SUR. Cuando en 1031 desaparece el último califa de Córdoba, al-Andalus se nos muestra dividido en más de cien reinos de taifas, división que tiene lugar cuatro años antes de que nazca el reino de Aragón (1035). «Al formarse los reinos de taifas cristalizaba definitivamente el ansia de individualismo de que habían hecho gala los musulmanes aragoneses durante generaciones. Recuérdese, si no, a la familia de los Banu Qasi y los intentos de los Tuyibíes hasta que Mundir ibn Yahya consiguió independizarse y formar el reino de Zaragoza» (J. BOSCH).
— La inestabilidad fronteriza fue una constante en el valle del Ebro musulmán, de modo que los repartos sucesivos del reino Hudí acabaron por debilitar la taifa sarakustí. Por otra parte, los musulmanes zaragozanos financiaron y enriquecieron a los territorios cristianos del norte, sobreviviendo, más de lo que cabía esperar de sus fuerzas reales, merced al oro que entregaban a los reyes cristianos para comprarles la paz. Con el fruto de estos tributos, las parias, todos los reyes cristianos, los aragoneses entre ellos, pagaron los servicios militares y espirituales de nobles y clérigos, lo que originó una concentración de la tierra y, por tanto, del poder en sus manos, hecho que será importante para comprender la historia futura.
En la segunda mitad del siglo XI y primeros años del XII, se está jugando el futuro del valle del Ebro. El valle del Ebro fue considerado por todos los gobernantes cristianos como zona expansiva, de ahí que lucharan entre sí y buscaran alianzas de conveniencia con los musulmanes sarakustanos. Las presiones más fuertes eran las de Castilla y Aragón-Pamplona. Alfonso VI no tomó Zaragoza para Castilla en 1086 porque la llegada de los almorávides y su victoria en Sagrajas (1086) frenó su avance al tener que ir a cortarles el paso, cambiando así el curso de la reconquista.
Al-Mustain II (1085-1110) se salvó, pues, de los castellanos y logró también mantener su reino independiente de los almorávides, que habían sometido bajo su «protectorado» al resto de al-Andalus, pero no pudo evitar la pérdida de importantes poblaciones en la frontera con el reino de Aragón: Estada (1087), Monzón (1089), Naval (1095), Huesca (1096), Barbastro (1100), Tamarite (1104) y Ejea (1105-1106). Sarakusta estaba siendo cercada. A al-Mustain II le sucedió su hijo Abd-al-Malik (1110), pero para entonces los zaragozanos estaban divididos en dos bandos ante la solución a adoptar, y uno de ellos llamó a los almorávides que, tras tomar la ciudad, terminaban con la dinastía hudí y con el último reino de taifas. — Por otra parte, durante la desmembración del Emirato en el siglo IX, la familia berberisca de los Beni Razin había logrado, como tantas otras, independizar la antigua «cora» de Sahla respecto a Córdoba. Con Abderrahmán III, Sahla (Albarracín) tuvo que volver a la unidad, pero la familia Aben Razin subsistió para renacer con el reparto taifal (1031). «Los Beni Razín... saldrán adelante y seguirán su marcha, al igual que los Beni Hud de Zaragoza, y se mantendrán a flote, como islotes en un mar revuelto, hasta el último momento en que los almorávides —verdadero simún procedente del Sahara— acabarán con ellos». (J. BOSCH). — En definitiva, la toma de Toledo (1085) por Alfonso VI movió al rey de la taifa de Sevilla, al-Mutamid (1068-1091), a solicitar ayuda a los almorávides quienes, tras atravesar el Estrecho, vencieron en Sagrajas al rey castellano (1086). Tiene lugar ahora un fanático proceso de «africanización» y centralización de los reinos de taifas que, uno a uno, van cayendo bajo su poder. Ante este hecho, el señorío constituido por el Cid en Valencia había servido de tapón ante los almorávides. Sarakusta y Sahla tuvieron las espaldas cubiertas. Pero una vez muerto el Campeador (1099), Valencia no tardó en caer en manos de aquéllos (1102). Todos los reinos de taifas peninsulares habían pasado a manos almorávides excepto Sahla y Sarakusta, que ahora quedaban desamparados. Y, efectivamente, Albarracín caía en 1104, mientras que Sarakusta lo hacía en 1110. No obstante, el dominio almorávide en el valle del Ebro estaba sentenciado, asimismo. La toma por los reyes aragoneses de Ejea, Ayerbe, Huesca, Barbastro y Tamarite, como se ha indicado, suponía un jaque constante a Zaragoza y Lérida, independientemente de que el gobierno musulmán estuviera en manos taifales o almorávides. En efecto, el reino moro de Zaragoza, una vez perdida su capital en 1118, se deshizo como la espuma. Los valles del Jalón, Jiloca, Huerva, Martín, Guadalope y Matarraña, por el sur, y los bajos valles del Aragón, Gállego y Cinca (menos Fraga), por el norte, cayeron entre 1118 y 1127, y aunque los almorávides recuperaron una gran parte al vencer a Alfonso I en Fraga (1134), está pérdida aragonesa será pasajera. De cualquier modo, Sarakusta permanecerá en manos aragonesas definitivamente, y Fraga y Lérida serán reconquistadas en 1149. El Bajo Aragón almorávide estaba condenado al jaque-mate. Este imperio almorávide, aglutinado por tribus berberiscas del norte de Africa, alcanzó en la Península una vida efímera, desde 1086 hasta 1147; en el valle del Ebro, mucho menos. Sus sucesores, los almohades, también oriundos del Magreb, les sustituirán entre 1147 y 1214, pero el territorio aragonés se verá ya poco afectado por ellos, pues tan sólo sometieron los reinos taifales almorávides del sur, este y sudeste, para finalizar deshaciéndose, asimismo, en otras taifas, ahora almohades, tras ser vencidos en las Navas de Tolosa (1212) por un ejército compuesto por combatientes de todos los reinos cristianos peninsulares. Las tierras musulmanas convertidas en aragonesas tan rápidamente se vieron sumidas en una tarea múltiple: organizarse, repoblarse y asimilar a los musulmanes que quedaron en las ciudades reconquistadas, es decir, los «mudéjares», que van a representar un fundamental papel en el futuro de Aragón. 15.2. LA RECONQUISTA PROPIAMENTE ARAGONESA. El particularismo montañés frente a los musulmanes no hubiera cristalizado durante tres siglos y medio (del VIII a mediados del XI) sin la doble ayuda franca y pamplonesa. Pues bien, Ramiro I (1035-1062) comenzó a sacudirse toda dependencia, aunque las ansias reconquistadoras aragonesas van a encontrar gran oposición por parte de pamploneses y castellanos, que también aspiraban a dominar y anexionarse las tierras musulmanas del Ebro, abiertas a cualquier ejército. Ahora, desde mediados del siglo XI, sin la suma de una serie de circunstancias favorables, Ramiro I y sus inmediatos sucesores no hubieran podido sobrepasar, quizás, la línea fortificada por Sancho III el Mayor. Gracias a esas circunstancias, Sancho Ramírez (1062-1094) y Pedro I (1094-1104) se van a quedar con sus ejércitos a las puertas de Tudela, Ejea, Zaragoza, Tamarite, Fraga y Lérida y, por vez primera, serán capaces de reconquistar por las armas dos posiciones musulmanas de relevante importancia: Huesca (1096) y Barbastro (1100). Había comenzado la toma del llano que conduce a Zaragoza. ¿Cuáles son esas circunstancias? — En primer lugar, uno de los principales problemas de la dinastía inaugurada por Ramiro I era el de su propia legitimidad. Pues, bien, su hijo Sancho Ramírez, entre 1073 y 1074, puso al joven reino en manos «de Dios y de San Pedro», es decir, de la Santa Sede, dirigida ahora por Gregorio VII, vasallaje que sería confirmado por Urbano II en 1089 y renovado en 1095, reinando ya Pedro I. El Papa, con su acrecentada autoridad temporal y espiritual, se convirtió en instrumento legitimador de la nueva dinastía. Aragón, así auspiciado y amparado, entró a formar parte, por derecho propio, del concierto de los estados occidentales. — Por otro lado, en 1076, el monarca pamplonés Sancho el de Peñalén era asesinado y los pamploneses elegían como rey al aragonés Sancho Ramírez, quien llegó a un acuerdo con Alfonso VI para repartirse el territorio navarro. Aragón se vio favorecido con la zona fronteriza con los musulmanes y con la montaña, aparte del denominado condado de Pamplona (que incluía la capital y Estella), por el que el rey aragonés se vio obligado a prestar vasallaje al castellano. Además de titularse «rey por la gracia de Dios de aragoneses y pamploneses», Sancho Ramírez dobló el territorio, lo que conllevaba una gran aportación en hombres y en recursos económicos. — La fragmentación taifal de los musulmanes debilitó militarmente a éstos, que ahora tendrán que comprar la paz con oro. El reino aragonés participó de ese reparto y las iglesias románicas del Pirineo, por ejemplo, van a ser uno de los frutos tangibles del renacimiento económico que ahora tiene lugar. — Aragón y la parte pamplonesa que le correspondió se convierten en ruta obligada de los mercaderes que pusieron en contacto dos economías bien distintas: la agraria del occidente europeo y la industrial de al- Andalus. Pamplona y Canfranc-Jaca contaron, desde tiempos de Sancho III el Mayor, con un arancel aduanero bien revelador del importante comercio que controlaban. — El afianzamiento, por último, de la ruta que penetraba por Roncesvalles y Somport propició la europeización de Aragón. Se cambió el rito eclesiástico indígena, el mozárabe, por el romano; se abandonó la ininteligible letra visigótica por la Carolina, origen de la actual; se extendió por todo el Reino el arte románico; se romanizó la Iglesia y nuevas órdenes religiosas de origen europeo sustituyeron a las locales; comenzó, en fin, toda una serie de alianzas matrimoniales con casas importantes del otro lado del Pirineo que rendirán pronto sus frutos en forma de ayuda militar, política, humana y técnica para la guerra. Todo cuanto llevamos dicho facilita, por un lado, la restauración urbana —que se concretará en el resurgimiento de Jaca, ahora capital del reino —, así como la espiritual; y, por otra parte, va a permitir progresar en la reconquista de las tierras bajas, a pesar de la oposición del rey castellano y de los musulmanes sarakustíes. El fuero otorgado a Jaca en 1076 servirá de modelo a muchas poblaciones cercanas al Camino de Santiago, tanto aragonesas como pamplonesas. Hasta alcanzar los límites del Aragón actual, aún quedan casi ciento cincuenta años de reconquista; aún quedan por incorporar otros muchos Aragones: el Aragón de la Tierra llana; el «regnum Caesaraugustanum»; la Extremadura aragonesa (asiento de las comunidades de Calatayud, Daroca, Albarracín y Teruel); las tierras del llamado Bajo Aragón, incluso un irredento Aragón de playas mediterráneas. 15.3. SIGNIFICADO DE LA OBRA DE ALFONSO I. En 1035 nacía el reino cristiano de Aragón, en el norte; en 1039, el reino de Sarakusta pasaba a manos de la dinastía Beni Hud, en el sur. Mientras el primero luchaba por sobrevivir, el segundo atravesó un momento esplendoroso. Luego, tras unos compases de equilibrio, simbolizado, respectivamente, por la catedral de Jaca y por la Aljafería, obras coetáneas, la tendencia se invierte. Tras las toma armada de Huesca (1096) y Barbastro (1100), ahora se plantea la posesión de las ciudades de la misma línea del Ebro, frente a las que Sancho Ramírez y Pedro I todo lo más que pudieron hacer fue instalar posiciones de vigilancia y hostigamiento, como había ocurrido frente a Huesca con el famoso Pueyo de Sancho (hoy ermita de San Jorge) y Montearagón. Así, frente a Tudela, habían fortificado Arguedas (1084) y Milagro —«Miráculo, Mirador»— (1098); frente a Zaragoza, El Castellar (1091) y Juslibol (1101); ante Fraga, Velilla de Cinca (1109); frente a Lérida, Almenar (1093). Pero ahí había quedado todo. El reino que heredó Alfonso I (1104-1134) adolecía de poder militar efectivo. Estaba bastante bien preparado para la defensa del Aragón montañoso, pero no para acometer con éxito la reconquista del llano: faltaban fuerzas de caballería para oponerse a la caballería musulmana; carecía de efectivos humanos; no disponía de máquinas guerreras con las que abatir los muros que rodeaban a las ciudades sarakustíes; la nobleza, en fin, no estaba especialmente interesada en la reconquista. Alfonso I propició una táctica nueva: conceder privilegios y exenciones ventajosas a quienes colaboraron con él en la reconquista del sur; crear cuerpos de caballería no nobiliaria, es decir, de villanos, incluso fundando una especie de orden militar en Belchite; fundamentar una nueva legislación jurídica distinta de los fueros de Jaca o de Sobrarbe, totalmente desfasados ante las nuevas necesidades; convocar a los hombres del otro lado del Pirineo, en virtud de los lazos de amistad y parentesco que le unían con distintas casas condales francesas; adquirir en Franciaingenios bélicos para batir y asaltar murallas; conseguir del papa una «bula de cruzada» que atrajera hombres para tratar de incorporar Zaragoza, la auténtica llave del Ebro medio. A pesar del intento almorávide de defender el «Regnum Caesaraugustanum» (de cuya capital se habían apoderado en 1110, deponiendo al último Beni Hud) y el actual Bajo Aragón, Alfonso I reconquistó las tierras cuyo perímetro delimitan Tamarite (1107), Ejea (1105-1106), Zaragoza (1118), Tudela (1119), Soria (1120), Calatayud (1120), Molina de Aragón (1128), Celia (1128), Morella (1117), Mequinenza (1133) y Fraga (1134). En menos de treinta años incorporó un territorio casi cuatro veces mayor que el heredado de su hermano Pedro I.
Muerto el Batallador tras su derrota en Fraga (1134) sin haber llegado al mar, como deseaba —por la oposición del barcelonés Ramón Berenguer III, que llegó incluso a pactar con el reyezuelo de Lérida (1120)—, será precisamente por aquí por donde el contraataque almorávide estuvo a punto de recuperar todo lo ganado por Alfonso I. 15.4. LA CRISIS POLÍTICA TRAS LA MUERTE DEL BATALLADOR. La muerte de Alfonso I, aparte de las inmediatas pérdidas territoriales, abrió una grave crisis de gobierno. La propia ciudad de Zaragoza y todo el «Regnum Caesarugustanum» estuvieron en juego, como en la época de Alfonso VI. ¿Serían para Castilla, para Navarra o para Aragón? Tiene lugar ahora un drama, cuyos actores principales son: Alfonso VII de Castilla-León, García Ramírez de Navarra, Ramiro II el Monje de Aragón, el conde barcelonés Ramón Berenguer IV y las Órdenes Militares a las que Alfonso I había dejado como herederas del Reino. Nadie, excepto las Ordenes Militares interesadas, acató tan singular testamento. Navarra, que había estado unida a Aragón desde 1076, se independizó con García Ramírez «el Restaurador»; Alfonso VII el Emperador se apoderó de Zaragoza (1134-1136), donde fue recibido como libertador, e incluso entregó al monarca navarro el «Regnum Caesaraugustanum» en vasallaje; Ramiro II, hermano de Alfonso I, abandonó el monasterio donde profesaba, a petición de los barones aragoneses, para convertirse en rey y procurar una descendencia; el conde barcelonés Ramón Berenguer IV casó con la recién nacida hija de Ramiro II el Monje; las Ordenes Militares, muy a pesar suyo, accedieron al fin al incumplimiento del testamento que les era favorable, pero a cambio de determinados privilegios. El resultado de esta trama será múltiple, destacando, entre otros, los siguientes hechos: — Navarra y Aragón no volverán a tener una monarquía común hasta los Reyes Católicos. Su frontera, hasta mediados del siglo XIII, será conflictiva y movediza, aunque esta nueva Navarra se encontró ahora cercada por el sur, sin tierras que reconquistar. — Como consecuencia de las alianzas y pactos del conflicto originado en 1134, las tierras del «Regnum Caesaraugustanum», reconquistadas por el Batallador, seguirán dependiendo del rey de Aragón, ahora de manera definitiva. — Las Ordenes Militares beneficiadas por el testamento de Alfonso I, tras renunciar a él, se van a convertir en garantes y repobladoras del bajo Ebro y del Maestrazgo. — Petronila, hija de Ramiro II, fue casada, cuando sólo tenía unos meses, con el conde barcelonés Ramón Berenguer IV, (1137), dando origen a lo que, andando el tiempo se conocerá como Corona de Aragón, cuyos límites máximos estaban todavía por labrarse. 15.5. EL REINO DE ARAGÓN ALCANZA SUS LÍMITES MÁXIMOS. Una vez solucionada la crisis, Ramón Berenguer IV, como mero príncipe de Aragón, y los inmediatos sucesores de éste y de Petronila — Alfonso II, Pedro II y Jaime I — van a completar la reconquista propiamente aragonesa (diferenciada de la catalana, primero, y de la valenciana, después), incluso con territorios que hoy no son aragoneses. — Ramón Berenguer IV (1137-1162) reconquistó Chalamera (1141), Alcolea, Ontiñena (1147), Fraga, Lérida y Mequinenza (1149), Híjar, Albalate (1149), Huesa (1151), Alcañiz (1157), Monreal y Castellote, entre otras plazas, organizando en el Bajo Aragón y en el curso del Jiloca una importante línea defensiva, al estilo de la levantada en su día por Sancho III el Mayor en el Prepirineo. — Alfonso II (1162-1196), a quien su madre Petronila había transmitido el título de rey de Aragón, reconquistó todo el valle del Ebro, con Nonaspe, Gandesa, Horta de San Juan, Valderrobres (1169) y la zona costera entre Tortosa y Vinaroz, con lo que lograba para Aragón la ansiada salida al mar. Por otra parte, apoyado en la línea fortificada por su padre, reconquistó una gran parte de tierras hoy turolenses, con Montalbán, Aliaga, Cantavieja, Mora y Teruel (1170). — Pedro II (1196-1213), más atento a los intereses de la Corona de Aragón en el sur de Francia, apenas si pudo recuperar para el reino de Aragón algunas tierras al sur de Mora de Rubielos y la zona de Ademuz (1210).
— Jaime I (1213-1276), por fin, recuperaba el resto del Maestrazgo, en su vertiente mediterránea castellonense, antes de que se lanzara a la reconquista de lo que luego sería Reino de Valencia, independiente de Aragón. — Por fin, el señorío independiente de Albarracín de los Azagras navarros era incorporado en 1284. Ahora bien, entre 1239 y 1300 (excepto un fragmento de Ribagorza, que se perdió casi con seguridad en el siglo XIX), una buena parte de las, en esos momentos, tierras aragonesas, como se observa al considerar el sistema jurídico y administrativo aragonés, pasaron a depender del Principado de Barcelona y del Reino de Valencia, respectivamente. En este proceso desmembrador territorial aragonés, en el que se incluye la salida al mar, Jaime I, el más antiaragonés de los monarcas de la Corona de Aragón, será el máximo exponente. 15.6. DESARROLLO DE LA CORONA DE ARAGÓN. En 1137, el matrimonio de Petronila y Ramón Berenguer IV sentaba las bases de lo que, andando el tiempo, se constituyó en Corona de Aragón, aun cuando en aquel momento los territorios aliados ni siquiera estaban unidos geográficamente, puesto que los separaban ambos condados de Pallars, más el de Urgell y los almorávides de Lérida. El concepto geográfico, político e institucional de la Corona de Aragón es el doble fruto de la reconquista peninsular, de un lado, y de la expansión mediterránea, por otro. — La reconquista peninsular, a partir del siglo XII, es consecuencia del equilibrio de fuerzas entre Castilla-Corona de Aragón y Castilla- Portugal. Navarra, cuyo papel fue fundamental hasta mediados del siglo XI, quedó ahora ahogada, como se ha indicado. La frontera entre las Coronas de Castilla y de Aragón fue gestándose poco a poco, merced a sucesivos tratados entre ambas — Tudilén (1151), Cazola (1179), Almizra (1244), Campillo (1304) y Monreal (1305), entre otros — y a la dinámica interna de cada Corona. En la de Aragón, la nobleza aragonesa opuso resistencia a la expansión, en tanto que la catalana la apoyó. Lo cierto es que en 1305, con la incorporación definitiva de la zona de Villena-Alicante-Elche-Orihuela y la renuncia a la de Cartagena y mar Menor, había finalizado para la Corona de Aragón la reconquista peninsular. — La expansión mediterránea es consecuencia, entre otras causas, de la finalización de la reconquista peninsular. El Mediterráneo será la espita de escape tanto de una organización social secularmente guerrera como de la necesidad de captar nuevos mercados para el comercio, fundamentalmente catalán. De ahí que, a finales del siglo XIII, las Coronas de Castilla y de Aragón pactarán, asimismo, como lo habían hecho para la Península, las respectivas zonas de influencia en el mar común. El tratado de Monteagudo (1291) será, en adelante, la base legal de la expansión catalano-aragonesa por el Mediterráneo. — La Corona de Aragón, tan lentamente gestada, va a ser un amasijo de entidades políticas muy diversas, incorporadas en fechas distintas y con alternativas territoriales, según las épocas, de forma que el mapa es cambiante. Algunas dependieron, incluso, de súbditos catalano-aragoneses en determinados momentos, pero no de la Corona, cual es el caso de los ducados de Atenas y Neopatria, en Grecia, fruto de las correrías de catalanes y aragoneses a comienzos del siglo XIV, los almogávares, y que no pasarían a depender de la Corona propiamente dicha hasta 1381. Algunas de las entidades constitutivas de la Corona de Aragón eran reinos: Aragón, Mallorca (independiente desde la muerte de su reconquistador, Jaime I, hasta 1344), Valencia, Sicilia (entre 1282-1296 y 1409-1713), Cerdeña (entre 1322 y 1708), Córcega (cuya ocupación por parte de los reyes de Aragón fue más nominal que efectiva, y sólo en determinados momentos) y Nápoles (ocupado por Alfonso V en 1443 e integrado a la Corona hasta 1707). El conglomerado resultante incluyó, asimismo, ducados (Atenas y Neopatria, dependientes de pleno derecho sólo entre 1381 y 1385), un marquesado (Provenza, aunque de forma muy intermitente), condados (Barcelona, Urgel, y Rosellón) y un señorío, el de Montpellier. Cada una de estas entidades políticas tuvo, dentro de la Corona de Aragón, independencia administrativa, económica y jurídica. Les unía a todas la misma cabeza en calidad de rey, duque, marqués, conde y señor a la vez. 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Las tierras del Valle del Ebro, por las que avanzaba la conquista cristiana desde los enclaves pirenaicos y de Pamplona, formaron la Marca Superior de Al-Andalus a partir del año 713. Durante más o menos cuatro siglos, y en el área geográfica desde La Rioja y Ribera del Ebro hasta el Cinca (La parte Occidental de la Marca) se produjeron sintonizados sucesos políticos narrados en este libro, que, por aproximación, se titula Aragón musulmán.
Bloque 3. Historia de Aragón I , Miguel Ángel Pallarés Jiménez
Vamos a abordar la evolución histórica de nuestra comunidad autónoma, desde los tiempos previos a la romanización hasta los últimos momentos de Aragón como reino. Diferentes culturas y civilizaciones han dejado su impronta en el suelo que pisamos, y de todo ello somos herederos los aragoneses actuales. Los pueblos prerromanos de raíz indoeuropea, ibérica y vascona experimentaron el contacto, pacífico en ocasiones y conflictivo en otras, con una realidad, la romana, que se impondría en el ámbito mediterráneo. Roma impuso su ley y su cultura en un proceso en el que también recibió influencias. Tras el establecimiento visigodo, la imposición en gran parte del territorio aragonés del Islam (suministrador de un notable legado), encontró resistencia en las montañas pirenaicas.
Ahí se gestó el reino de Aragón, dotado de leyes e instituciones propias, que creció hacia el Sur y se consolidó tras la unión dinástica con la casa condal de Barcelona, adquiriendo una nueva dimensión como cabecera de la Corona de Aragón, muy influyente en la política mediterránea de la baja Edad Media.
La incorporación de Aragón a otro proyecto de mayor envergadura, la monarquía hispánica que forjó un imperio mundial durante la Edad Moderna, significó para el reino una progresiva pérdida de identidad al no poder afrontar los retos que planteaba esa nueva situación.
También puede ser de interés el libro de Agustín Ubieto Leyendas para una historia paralela del Aragón medieval (Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1998-2010), que se encuentra en libre acceso en http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/30/14/_ebook.pdf
La conquista del reyno de Nápoles, con todas las cosas que Gonçalo de Fernandes ha fecho despues que partió de España. Estudio y edición de una crónica anónima de 1505
Viaje a San Sebastián de un joven de la aristocracia madrileña y un baturro de Tauste, Pablo Peguero y Miguel Ángel
La imprenta de los incunables de Zaragoza y el comercio internacional del libro a finales del siglo XV.
Apocas de la receptoría de la inquisición en la zona nororiental de Aragón (1487-1492), con algunas otras noticias de interés sobre dicho tribunal en este reino.