Mostrando las entradas para la consulta sucarrat ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta sucarrat ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 22 de diciembre de 2020

Lo corv. Edgar Allan Poe.

Lo corv.

Edgar Allan Poe.

Traducsió de Ramón Guimerá Lorente (Moncho).


Lo corv. Edgar Allan Poe. Traducsió de Ramón Guimerá Lorente, Moncho

Traducsió de una versió trobada a internet
que no té res a vore en la original de Edgaret "The Raven".
Carlos Arturo Torres.


I

Una nit pavorosa, ñirviós
relligía un mamotreto gros
cuan vach creure escoltá
un extrañ soroll, de repén
com si algú tocare suavemén
a la meua porta: «Visita impertinén
es, vach di, y res mes».

II

¡Ah! Men enrecordo mol be; ere al ivern,
impassién yo medía lo tems etern
cansat de buscá
als llibres la calma tranquilisadora
al doló de la morta Leonora
que habite en los ángels ara
¡pera sempre mes!

III

Vach sentí los cruixits y l´elástic
rosá de les cortines, un fantástic
terror, com may sentit había
y vach volé aquell soroll explicám,
lo meu espíritu oprimit calmá per fin:
«Un viaché perdut es,
vach di, y res mes».

IV

Ya en mes calma: «Caballé
vach cridá, o dama, suplicátos vull
tos servigáu excusá
pero la meua atensió no estabe ben desperta
y va sé la vostra cridada tan inserta...»
Vach obrí allabonses de gom a gom la porta:
oscurina, y res mes.

V

Miro al no res, exploro la tiniebla
y séntigo entonses que la meua mén
se ompli de idees com cap atre mortal
les va tindre abáns,
y escolto en oíts anhelans
«Leonora » unes veus sussurrans
murmurá, y res mes.

VI

Torno a la meua estansia en temó
y torno a escoltá mes fort fotre cops;
«algo, me dic, toque a la finestra,
compendre vull la siñal arcana
y calmá esta angustia sobrehumana»:
¡lo ven, y res mes!

VII

La finestra vach obrí: revolán
vach vore entonses un corv aleteján
com un muixó de un atra edat;
sense mes seremonia va entrá a la sala
en gesto siñorial y negres ales
y damún de un busto, al dintel de Palas,
se va posá, y res mes.

VIII

Miro al muixó negre, sonrién
dabán del seu grave y serio continén
y li escomenso a parlá,
no sense intensió irónica:
«Oh corv, oh venerable ave anacrónica,
¿quín es lo teu nom a la regió plutónica?»
Va di lo corv: «May mes».

IX

En este cas tan raro
me vach extraña de escoltá tan cla
tal nom pronunsiá
y ting que confessá que me vach assustá
pos dingú, crec, va tindre lo gust
de un corv vore, posat damún de un busto
en tal nom: «May mes».

X

Com si haguera volcat l´alma,
va callá lo muixó y ni un momén
les plomes va sorollá,
«datres de mí han fugit y yo me crec
que ell sen anirá demá sense tardá
com ya m´ha abandonat la esperansa»;
va di lo corv: «¡May mes! »

XI

Una resposta al escoltá directa
me vach di, no sense inquietut secreta,
«Es aixó y res mes.
Tot lo que va adependre de un amo desgrassiat,
al que tossut ha perseguit la fortuna
y sol este estribillo ha conservat
¡eixe may mes, may mes!»

XII

Vach girá l´assiento hasta quedám enfrente
de la porta, del busto y del vidén corv
y entonses ya, reclinat a la blana cadira
en somnis fantastics me afonaba,
pensán sempre en qué volíe di
aquell may mes, may mes.

XIII

Mol tems me vach quedá aixina ensomián,
y aquell extrañ muixó
sense pará mirán;
ocupabe lo diván
de vellut, aon juns mos assentabem
y en lo meu dol, pensaba que Ella,
may mes ocuparíe esta habitassió.

XIV

Entonses me va pareixe l´aire denso
com una auló de sucarrat incienso
de un invissible altá;
y escolto veus repetí:
«Olvida a Leonor, béute lo nepenthes
beu l´olvido a les seues fons»;
va di lo corv: «¡May mes! »

XV

«Profeta, vach di, augur de atres edats
que van aventá les negres tempestats
aquí peral meu mal,
huésped de esta morada de tristesa,
dísme, oscur engendre de la nit de paó,
si una mel ñaurá per a la meua amargó»:
va di lo corv: «¡May mes!»

XVI

«Profeta, vach di, o dimoni, tú, corv,
per Deu, per mí, per la meua gran doló,
per lo teu poder fatal
dísme si alguna vegada a Leonora
tornaré a vore a la eternal aurora
aon está felís en los querubins»;
va di lo corv: «¡May mes! »

XVII

«Que sigue esta paraula la radera,
torna a la plutónica rivera»,
vach cridá: «¡No tornos mes,
no dixos ni potades, ni una ploma
y lo meu espíritu, rodejat de densa broma
libera del pes que té!»
Va di lo corv: «¡May mes! »

XVIII

Y lo corv parat, fúnebre y adusto
seguix sempre de Palas posat al busto
y en la llum del meu cresol,
proyecte una taca umbría a la alfombra
y la seua mirada de demoni assombre...
¡Ay! ¿La meua alma en dol
de la seua sombra se podrá apartá?
¡May mes!

https://narrativabreve.com/2017/02/el-cuervo-allan-poe-en-estado-puro.html

Aquí os ofrezco la traducción de Julio Cortázar y, tras esta, la versión original (The Raven).

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

//


Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`’Tis some visitor,’ I muttered, `tapping at my chamber door –
Only this, and nothing more.’

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; – vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow – sorrow for the lost Lenore –
For the rare and radiant maiden whom the angels named Lenore –
Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me – filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
`’Tis some visitor entreating entrance at my chamber door –
Some late visitor entreating entrance at my chamber door; –
This it is, and nothing more,’

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
`Sir,’ said I, `or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you’ – here I opened wide the door; –
Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the darkness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, `Lenore!’
This I whispered, and an echo murmured back the word, `Lenore!’
Merely this and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
`Surely,’ said I, `surely that is something at my window lattice;
Let me see then, what thereat is, and this mystery explore –
Let my heart be still a moment and this mystery explore; –
‘Tis the wind and nothing more!’

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore.
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door –
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door –
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
`Though thy crest be shorn and shaven, thou,’ I said, `art sure no craven.
Ghastly grim and ancient raven wandering from the nightly shore –
Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning – little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door –
Bird or beast above the sculptured bust above his chamber door,
With such name as `Nevermore.’

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only,
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered – not a feather then he fluttered –
Till I scarcely more than muttered `Other friends have flown before –
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.’
Then the bird said, `Nevermore.’

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
`Doubtless,’ said I, `what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore –
Till the dirges of his hope that melancholy burden bore
Of “Never-nevermore.”‘

But the raven still beguiling all my sad soul into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore –
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
Meant in croaking `Nevermore.’

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion’s velvet lining that the lamp-light gloated o’er,
But whose velvet violet lining with the lamp-light gloating o’er,
She shall press, ah, nevermore!

Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
`Wretch,’ I cried, `thy God hath lent thee – by these angels he has sent thee
Respite – respite and nepenthe from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

`Prophet!’ said I, `thing of evil! – prophet still, if bird or devil! –
Whether tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted –
On this home by horror haunted – tell me truly, I implore –
Is there – is there balm in Gilead? – tell me – tell me, I implore!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

`Prophet!’ said I, `thing of evil! – prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us – by that God we both adore –
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels named Lenore –
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels named Lenore?’
Quoth the raven, `Nevermore.’

`Be that word our sign of parting, bird or fiend!’ I shrieked upstarting –
`Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! – quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!’
Quoth the raven, `Nevermore.’

And the raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted – nevermore!

sábado, 22 de agosto de 2020

JORNADA SEXTA. NOVELA OCTAVA. Fresco, neboda, espill

JORNADA SEXTA. NOVELA OCTAVA.

Fresco li aconselle a la seua neboda que, si tan li moleste la gen, no se miro al espill.

Fresco aconselle a la seua neboda que, si tan li moleste la gen, no se miro al espill.

 

La historia contada per Filostrato primé va fé saltá la vergoña als cors de les siñores que escoltaben, sels va ficá la cara roija y aixina sels va notá; y después, miránse la una a l’atra, apenes puguén contindre la rissa, la van escoltá enriénsen de amagatons. Pero después de acabás, la reina, giránse cap a Emilia, li va maná que continuare, y ella, com si se acabare de eixecá del llit, suspirán, va escomensá:

Atractives jovenetes; com un llarg pensamén me ha tingut un bon rato lluñ de aquí, per a obeí a la nostra reina, tos contaré una curta historia, aon se conte cóm corregix un tío a una neboda un error, en unes ingenioses paraules, pero que ella no va entendre be.

Ñabíe un tal Fresco de Celático que teníe una neboda, de nom cariñós Cesca; esta, encara que siguere mol pita y mol guapa de cara, sin embargo no ere de aquelles angelicals que moltes vegades veém, pero tan maja y noble se reputabe que habíe pres per costum censurá als homens y a les dones y totes les coses que veíe sense mirás an ella mateixa, que ere mes fastidiosa, cansina y enfadosa que cap atra, perque al seu gust no se podíe fé res; y tan pujadeta ere, ademés de tot aixó, que si haguere sigut filla del rey de Fransa encara u haguere sigut massa. Y cuan anabe pel carré tan li putíe a sucarrat que no fée mes que fé mala cara, com si li arribare la pudina de aquells als que vee o se trobáe. Dixán datres moltes costums seues desagradables y fastidioses, va passá un día que, habén tornat a casa, aon estáe son tío Fresco, y sentánse frente an ell, no fée mes que suspirá, per lo que Fresco li va preguntá:

- Cesca, ¿qué es aixó, que sén avui festa has tornat tan pronte a casa?
Y ella, melindrosa, li va contestá:

- Es verdat que men hay entornat pronte perque no crec que may an esta siudat haiguen sigut los homens y les dones tan fastidiosos y pudens com avui, y no ña dingú al carré que no me desagrado com la mala ventura; y no crec que ñague cap dona al món a qui mes fastidio vore a la gen desagradable que a mí, y per no vórela men hay entornat tan pronte.

Fresco, a qui li desagradáen mol les maneres de la neboda, va di:
- Filla, si tan te molesten los fastidiosos com dius, si vols viure contenta, no te miros may al espill.

Pero ella, mes toba que una caña y pensánse que se igualáe a Salomón en inteligensia, igual que si fore un borrego va entendre les assertades paraules de Fresco; va contestá que li agradáe mirás al espill, com als demés; y aixina va seguí en la seua ignoransia, y encara porte la mateixa seguida.

jueves, 7 de enero de 2021

Lo Camí, XVIII. 18, la Pesteta gran

XVIII.

Lo camí, Delibes, Moncho, Ramón Guimerá Lorente

Com atres moltes dones, la Pesteta gran va despressiá lo amor mentres cap home li va proposá voldre y sé volguda. A vegades, la Pesteta sen enríe de que lo únic amor de la seua vida haguere naixcut pressisamén del seu zel moralisadó. Sense lo seu afán de recorre los montes durán los crepusculs dels domenges no haguere enfadat a los mossos del poble, y, sense enfadá als mossos del poble, no li haguere donat a Quino, lo Manco, la oportunidat de deféndrela y sense esta oportunidat, may se haguere ubert lo sec cor de la Pesteta gran, massa señit y tancat entre les costelles. Ere, la del seu primé y únic amor, una cadena de causalidat y casualidat que si pensabe en ella la abrumabe.

Són infinitos los camíns del siñó. Los amors de la Pesteta y Quino, lo Manco, van tardá en sabés al poble. Ademés, van progressá en lentitut. Ere un pas definitiu.
Quino, lo Manco, ya habíe pensat en ella, en la Pesteta, antes del insidén en los mossos. La Pesteta no ere jove y ell tampoc. Per un atre costat, la Pesteta ere seca y prima y teníe un negossi en marcha; y un evidén talento comersial. Pressisamén lo que ell no teníe. Raderamen, Quino estabe asfixiat per les hipoteques. Ben mirat, propiedat dell, lo que se diu dell, no quedabe ni lo gram del hort. Ademés, la Pesteta ere prima y teníe los musculs reblanits. Bueno, u pareixíe. Naturalmen, ni ell ni dingú li van vore may los musculs a la Pesteta. En fin, la Pesteta gran constituíe pera nell una solusió congruén y pintiparada, ni feta aposta.

Cuan Quino, lo Manco, la va defendre dels mossos al pon no u va fé en mires egoístes.
U va fé perque ere un home noble y digne y detestabe la violensia, sobre tot en les dones. ¿Que después se va embolicá la cosa y la Pesteta lo va mirá de este o datre modo, y li va besá ardorosamen lo muñó y ell, al besál, va sentí com a cussigañes o una rampa o calambre pel bras y se va conmoure? Be.
Eslabons de una mateixa cadena. Insidensies nessessaries pera abordá un propósit ineluctable. Dessignios de Deu. Lo bes a la carn retortigada del muñó va serví tamé pera que Quino, lo Manco, constatare que encara existíe al seu cos la forsa y la eficassia de la virilidat. Encara no estabe neutralisat com a sexo; encara contabe. Y se va ficá a pensá en eventualidats susceptibles de sé portades a la práctica. Y aixina va naixe la idea de embutíli o coláli una flo cada matí a la Pesteta, per deball de la porta de la tenda, antes de que lo poble se despertare.
Quino, lo Manco, sabíe que en esta ocasió teníe que aná en peus de plom. Lo poble aburríe a la Pesteta y la Pesteta ere una puritana y l´atra Pesteta un gat escaldat (o sucarrat en una lupa). Teníe que actuá, pos, en cautela, sigilo y discressió. Cambiabe de flo cada día y si la flo ere gran embutíe sol un pétalo. Quino, lo Manco, no ignorabe que una flo sense intensió se la emporte lo ven y una flo intensionada té mes forsa persuassiva que un filó de or. Sabíe tamé que la assiduidat y la constansia acaben mellán lo ferro (lo gat pesat se emporte lo ratolí o la rata). Ademés, tot este caudal de ternures va acabá sabénlo, com no podíe sé de un atra manera, don José, lo mossen, que ere un gran san.

Li va di la Pesteta:

- Don José, ¿es pecat dessichá desmayás als brassos de un home?

- Depén de la intensió - va di lo mossen.

- Sense mes intensió que desmayás, don José.

- Pero, filla, ¿als teus añs?

- Qué vol, siñó retó. Dingú sap cuán li arribará la hora. Lo amor y la mort, a traissió.

Y si es pecat dessichá desmayás als brassos de un home, yo vic en pecat, don José, lay advertixco. Y lo meu no té remey. Yo no podré voldre datra cosa encara que vosté me digue que eixe es lo pecat mes gran del món. Eixe dessich pot mes que yo. Y plorabe.

Don José movíe lo cap de un costat al atre maquinalmen, com un péndul.

- Es Quino, ¿verdat? - va di.

La pell de la Pesteta gran se va enroijí.

- Sí, ell es, don José.

- Es un bon home, filla; pero es una calamidat - va di lo mossen.

- No importe, don José. Tot té remey.

- ¿Qué diu tan germana?

- No sap res encara. Pero ella no té forsa moral pera parlám. Siríe inútil que me donare consells.

Irene, la Pesteta menuda, sen va enterá al final.

- Pareix mentira, Lola. ¿Has perdut lo señ? - va di.

- ¿Per qué me dius aixó?

- ¿No u saps?

- No. Pero tú tampoc ignores que a casa nessessitam un home.

- Cuan lo meu en Dimas no ne nessessitabem cap.

- Es diferén, germana.

- Ara la que ha perdut lo oremus has sigut tú; no ña cap diferensia.

- Quino té vergoña.

- Tamé Dimas pareixíe que ne teníe.

- Anabe a per los teus doblers (com diuen en mallorquí). Dimas va durá tan com les sing mil pessetes. Tú u vas di.

- ¿Es que te creus que Quino se arrime per la teua persona?

La Pesteta gran va saltá, ofenguda:

- ¿Quíns motius tens pera dudáu?

La Pesteta menuda va di:

- A la vista, no cap, desde luego.

- Ademés, yo no me hay de amagá com tú. Yo sometiré lo meu cariño a la ley de Deu.

Li brillaben los ulls a la Pesteta menuda:

- No me parlos de alló; te u demano per la beneída memoria dels nostres pares.

Encara al poble no se barruntabe res del festech. Va sé pressís que la Pesteta y Quino, lo Manco, recorregueren los carrés emparellats, un domenge per la tarde, pera que lo poble sen enterare al final. Y contra lo que Quino, lo Manco, suposabe, no se van semá los geranios als balcóns, ni se van sorollá les vaques als seus corrals, ni se va badá la terra, ni se van desmoroná les montañes al difundís la notissia. Apenes unes sonrissetes incissives y unes insinuassións en doble sentit. Menos no podíe esperás.

Dos semanes después, la Pesteta gran va aná a vore a don José.

- Siñó retó, ¿es pecat dessichá que un home me beso a la boca y me apreto entre los seus brassos en tota la seua forsa, hasta cruixím?

- Es pecat.

- Pos yo no puc remediáu, don José. Peco a cada minut de la meua vida.

- Tú y Quino tos hau de casá - va di lo mossen.

Irene, la Pesteta menuda, va ficá lo crit al sel al sabé la sentensia de don José:

- Li portes deu añs, Lola; y tú ya ne tens sincuanta. Has de sé sensata, reflexiona.
Per l´amor de Deu, torna en tú abáns de que sigue tart.

La Pesteta gran acababe de descubrí que ñabíe una bellesa al sol amagánse detrás dels montes y al chirrit de una carreta o un carro plena de fenás, y al vol tranquil dels miláns al sel llimpio de agost, y hasta al mero y simple fet de viure. No podíe renunsiá an ella ara que acababe de descubríla.

- Estic dessidida, germana. Tú tens la porta uberta pera anáten cuan vullgues - va di.

La Pesteta menuda va arrencá a plorá, después li va fotre un patatús pels ñirvis, y se va gitá en fiebre. Aixina va está una semana. Lo domenge habíe desaparegut la calentura. La Pesteta gran va entrá a la habitassió de puntetes y va escorre les cortines en alegría.

- Venga, maña, eixécat - va di -. Don José lligirá avui, a missa, la meua primera amonestassió. Avui té que sé pera tú y pera mí un día inolvidable. La Pesteta menuda se va alsá sense di ni chut, se va arreglá y sen va aná en san germana gran a escoltá la primera amonestassió. De tornada, ya a casa, la Lola va di:

- Anímat, germana, tú sirás la meua padrina.

Y, efectivamen, la Pesteta menuda va fé de padrina a la boda. Tot alló sense rechistá.
Als pocs mesos de casada, la Pesteta gran, extrañada de la sumissió y de que Irene no parlare, va maná cridá a don Ricardo, lo meche.

- Esta chica ha patit una impressió massa forta. No raóne. De totes maneres no es perillosa. Lo seu trastorno no done cap mostra de violensia - va di lo meche. Después li va resseptá unes inyecsións y va marchá. La Pesteta gran se va ficá a plorá apenada.

Pero a Daniel, lo Mussol, res de aixó li va causá cap sorpresa. Escomensabe a donássen cuenta de que la vida es pródiga en fets que antes de passá pareixen mentira, són inverossímils, y después, cuan passen, sen acate un de que no tenen res de inextricables ni de sorprendéns. Son tan naturals com que lo sol se assomo cada matí, o com les plogudes, o com la nit, o com lo ven als oróns. Ell va seguí la marcha de les relassións de la Pesteta y Quino, lo Manco, per la Uca-uca. Va sé un fet curiós que tan pronte com va sabé estes relassións, va sentí que se ni anabe totalmen lo seu antic aburrimén per la chiqueta. Y al seu puesto brotabe com un vago impuls de compassió.

Un matí la va trobá furgán per la malea, a la riba del riu.

- Ajúdam, Mussol. Se ha amagat aquí una gribeta que casi no vole.

Ell se va afaná per a enchampá al muixó. Al final u va conseguí, pero lo animalet, probán de escapá, se va pressipitá insensatamen al riu y se va aufegá en un momén. Entonses la Mariuca-uca se va assentá a la vora, en los peus sumergits a la corrén. Lo Mussol se va assentá al seu costat. Als dos los entristíe la mort del muixonet. Después, la tristesa se va dissipá.

- ¿Es verdat que ton pare se casará en la Pesteta? - va di lo Mussol.

- Assó diuen.

- ¿Quí u diu?

- Ells.

- ¿Tú qué dius?

- Res.

- Ton pare, ¿qué diu?

- Que se case pera que yo tinga una mare.

- Ni pintada voldría yo una mare com la Pesteta - va di lo Mussol.

- Lo pare diu que ella me rentará la cara y me pentinará les trenes.

Va torná a insistí lo Mussol:

- Y tú, ¿qué dius?

- Res.

Daniel, lo Mussol, pressentíe la pena inexpresada de la menuda, lo valor heroic del seu hermetisme, tan dignamen soportat.

La chiqueta va preguntá:

- ¿Es sert que tú ten vas a la siudat?

- De aquí tres mesos. Hay cumplit ya onse añs. Mon pare vol que progressa.

- Y tú, ¿qué dius?

- Res.

Después de parlá sen va doná cuenta lo Mussol de que se habíen cambiat les tornes; de que ere ell, ara, lo que no díe res. Y va compendre que entre ell y la Uca-uca eixíe de repén un pun comú de rara afinidat. Y que no su passabe mal charrán en la chiqueta, y que los dos se assemellaben en que teníen que acatá lo que mes los conveníe a sons pares sense que an ells sels demanare opinió. Y va advertí tamé que están aixina, charrán de unes coses y atres, se estabe be y no sen enrecordabe pera res de la Mica.

Y, sobre tot, que la idea de marchá a la siudat a progressá, tornabe a fésseli difíssil, insoportable. Cuan tornare de la siudat de progressá, la Mica, seguramen, hauríe perdut lo cutis y tindríe, en cambi, una dotsena de chiquets. Ara se trobabe en la Uca-uca mes assobín y ya no la esquivabe com u fée abáns.

- Uca-uca, ¿cuán es la boda?

- Peral juliol.

- Y tú, ¿qué dius?

- Res.

- Y ella, ¿qué diu?

- Que me portará a la siudat, cuan sigue ma mare, pera que me traguen les peques.

- Y tú, ¿u vols?

La Uca-uca acachabe los ulls:

- Claro.

Lo día de la boda, Mariuca-uca no va apareixe per cap puesto. Al fes de nit, Quino, lo Manco, se va olvidá de la Pesteta gran y de tot y va di que se habíe de buscá a la chiqueta costare lo que costare. Daniel, lo Mussol, observabe fascinat los preparatius. Los homens en tochos, cresols y llinternes, en los peus calsats en grosses botes en claus que feen un soroll chirrián per la carretera. Daniel, lo Mussol, al vore que passabe lo tems sense que los homens tornaren de les montañes, se va aná omplín de ansiedat.
Sa mare plorabe a la seua vora y no parabe de di: "Pobre criatura". Per lo vist no ere partidaria de donáli a la Uca-uca una mare postisa. Cuan Rafaela, la Chancha, la dona del Cuco, lo factó, va passá a la formachería dién que ere probable que a la chiqueta la haguere devorat un llop, Daniel, lo Mussol, va tindre ganes de cridá en tota la seua alma. Y va sé en eixe momén cuan se va confessá que si a la Uca-uca li traíen les peques, li trauríen la grassia y que ell no volíe que a la Uca-uca li tragueren les peques y tampoc que la destripare y minjare un llop. A les dos de la matinada van torná los homens en los tochos, les llanternes y los farols y la Mariuca-uca al mich, mol blanca y desgreñada, despelussada, en lo pel esturrufat.
Tots van corre cap a casa de Quino, lo Manco, a vore arribá a la chiqueta y a besála y a apretála y a selebrá la aparissió. Pero la Pesteta se va adelantá a tots y va ressibí a la Uca-uca en dos galtades, una a cada galta. Quino, lo Manco, apenes va pugué aguantá una blasfemia, pero li va cridá la atensió a la Pesteta y li va di que no li agradabe que li pegaren a la chiqueta y doña Lola li va contestá irritada que "desdel matí ere ya sa mare y teníe que educála". Entonses Quino, lo Manco, se va assentá a una banqueta de la tasca y se va dixá caure de morros damún del bras que apoyabe a la taula, com si plorare, o com si acabare de sobrevíndreli una gran desgrassia.

Lo Camí, XIV.

XIV.

Lo Camí, XIV. Lupa, gat, Pesteta, pestetes


Podíen di lo que vullgueren; assó no los u impediríe dingú. Pero lo que díen dells no se ajustabe a la verdat. Ni Roc, lo Moñigo, teníe tota la culpa, ni ells féen datra cosa que procurá passá lo tems de la milló forma possible. Que a la Pesteta gran, al formaché, o a don Moissés, lo maestre, no los agradare la forma que ells teníen de passá lo tems ere una cosa mol diferenta. Pero ¿quí pot assegurá que alló no fore una manía de la Pesteta, lo formaché y lo Peó y no una perversidat diabólica per la seua part?

La gen en seguida emprén als chiquets, encara que moltes vegades lo enfado dels homens prové del seu natural irritable y suspicás y no de les travessures o maleses de aquells. Ahí estabe Paco, lo ferré. Ell los compreníe perque teníe salut y bon estómec, y si lo Peó no fée lo mateix ere per los seus assits y per la seua cara y lo seu feche retortigats. Y son pare mateix, lo formaché, perque afanós de estauviá no podíe vore les coses en lo aspecte optimista y alegre que generalmen oferixen. Y la Pesteta gran, perque ella ere l´ama del gat y lo volíe com si fore una consecuensia irrassional del seu ventre eixut. Pero tampoc ells teníen cap culpa de que la Pesteta gran sentiguere aquell afecte entrañable y desordenat per lo animalet, ni de que lo gat saltare al escaparate en cuan lo sol, aprofitán consevol descuido de los nugols, assomabe a la vall la seua cara congestionada y rubia. De aixó no ne teníe la culpa dingú, eixa es la verdat. Pero Daniel, lo Mussol, intuíe que los chiquets tenen ineluctablemen la culpa de totes aquelles coses de les que no té dingú la culpa. Lo del gat tampoc va sé una hazaña del atre dijous. Si lo gat haguere sigut de Antonio, lo Buche, o de les mateixes Llebres, no haguere passat res. Pero la Lola, la Pesteta gran, ere una escandalosa y lo seu amor per lo gat una inclinassió evidenmen maniática y anormal. Perque, anem a vore, si la trastada haguere sigut grave o ligeramen pecaminosa, ¿sen haguere enrit don José, lo mossen, en aquelles carcañades cuan lay van contá? Seguramen que no. Ademés, ¡qué dimoni!, lo bicho se u buscabe per eixí al escaparate a pendre lo sol. Claro que esta costum, per un atra part, representabe pera Daniel, lo Mussol, y los seus amics, una estimable ventaja económica. Si volíen un real de galletes torrades, a la tenda de les Pestetes, la gran díe:

- ¿De les de la caixa o de les que ha tocat lo gat?

- De les que ha tocat lo gat - contestaben ells, sempre.

Les que "habíe tocat lo gat" eren les mostres del escaparate y, de estes, la Pesteta gran ne donabe cuatre per un real, y dos, per lo mateix preu, de les de la caixa. An ells no los importabe mol que les galletes estigueren tocades per lo gat. A vegades estaben algo mes que tocades per lo gat, pero tampoc entonses los importabe massa. Sempre, en consevol condissió, siríen preferibles cuatre galletes que dos.

En lo consernén a la lupa, va sé Germán, lo Tiñós, qui la va portá a escola un matí de primavera. Son pare la guardabe al taller pera examiná lo calsé, pero Andrés, "lo home que de perfil no se veu", apenes la fée aná perque teníe bona vista. La haguere empleat si les lupes tingueren la virtut de eixecá una mica les sayes de les dones, pero lo que ell díe: "pera vore les pantorrilles mes grosses y acsidentades de lo que realmen són, no val la pena empleá artefactes". En la lupa de Germán, lo Tiñós, van fé aquell matí tota classe de experimentos. Roc, lo Moñigo, y Daniel, lo Mussol, van ensendre, consentrán en ella los rayos del sol, dos defectuosos sigarros de fulles de pataquera. Después se van analisá minussiosamen les sicatrius que, ampliades per lo vidre, assumíen una topografía irregulá y monstruosa. Después, se van mirá los ulls, la llengua y les orelles y después se van cansá de la lupa y de les extrañes imaches que ella provocabe. Va sé al crusá lo poble cap a les seues cases, de tornada de la escola, cuan van vore al gat de les Pestetes, enroscat damún del plat de galletes, a una punta de la vitrina. Lo animal ronronejabe, en la seua negra y peluda pancha al sol, chalán de les delissies de la caldoreta. Al arrimás ells, va obrí, desconfiat, un redó y terrible ull verd, pero al constatá la protecsió de la lluna del escaparate, va torná a tancál y se va quedá coto, dolsamen adormit.

Dingú es capás de siñalá lo puesto del servell aon se generen les grans idees. Ni Daniel, lo Mussol, podríe di, sense mentí, a quín recóndito plec va naixe la ocurrensia de interposá la lupa entre lo sol y la negra pancha del animalet, la idea va eixí dell espontanea y naturalmen. Algo paregut a com naix l´aigua de un manantial o fon.
Lo sert es que durán uns segóns los rayos del sol se van consentrá al cos del gat formán sobre lo seu negre pel un pun brillán. Los tres amics observaben expectans lo prossés físic. Van vore com los pels mes superfissials chisporrotejaben sense que lo gat modificare la seua postura. Lo rogle de llum y foc estabe enfocat sobre la seua pancha negra com un teó. De repén va eixí de allí una mica de fum y lo gat de les Pestetes va fotre, simultáneamen, un acrobátic bot acompañat de rabiosos maulits:
- ¡¡Marramiauuuu!! ¡¡Miauuuuuuuu!!

Los maulits aguts y llastimosos se diluíen, poc a poc, al fondo del establimén.
Sense acord previ, los tres amics van arrencá a corre. Pero la Pesteta va sé mes rápida que ells y la seua cara descomposta se va assomá a la porta antes de que los tres sagals se pergueren costa aball.
La Pesteta eixecabe lo puñ al aire y plorabe de rabia y impotensia:

- ¡Carnussos! ¡poquesvergoñes! ¡vatros teníeu que sé! ¡Me hau sucarrat al gat!
¡Pero ya tos agarraré yo! ¡Ton enrecordaréu de esta!
Y, efectivamen, sen van enrecordá, ya que va sé mes fort lo que don Moissés, lo Peó, va fé en ells que lo que ells habíen fet en lo gat. Aixina y tot, en ells se va pará la cadena de escarmens. Y Daniel, lo Mussol, se preguntabe:
"¿per qué si cremam una mica a un gat mos foten a natros una dotsena de regletades a cada ma, y mos tenen tot un día aguantán en lo bras eixecat lo mamotreto de la Historia Sagrada, en mes de sen grabats a tot coló, y al que a natros mos sometix an esta caprichosa tortura no ña dingú que li imposo una sansió, consecuenmen mes dura, y aixina, de sansió en sansió, no mos plantem a la pena de mort?".
Pero, no. Encara que lo raonamén no ere desatinat, lo cástic se va acabá en ells. Este ere lo orden pedagógic establit y se teníe que acatá en sumissió. Ere la caprichosa, ilógica y desigual justissia dels homens. Daniel, lo Mussol, pensabe, mentres passaben desplay los minuts y li féen mal los ginolls y li tremolabe y sentíe punchades nervioses al bras eixecat en la Historia Sagrada a la punta, que lo únic negossi a la vida ere dixá de sé chiquet lo antes possible y transformás en un home. Entonses se podíe sucarrá tranquilamen a un gat en una lupa sense que se mogueren los solamens sossials del poble y sense que don Moissés, lo mestre, abusare impúnemen de les seues atribussions.

¿Y lo del túnel? Perque encara en lo de la lupa va ñabé una víctima inossén: lo gat; pero en lo del túnel no van ñabé víctimes y si ne hagueren ñagut, hagueren sigut ells y damún venga regletades a la punta dels dits y venga hores aginollats, en lo bras eixecat en la Historia Sagrada sobrepassán sempre lo nivell del cap. Aixó ere inhumano, un evidén abús de autoridat, ya que, en ressumides cuentes, ¿no haguere descansat don Moissés, lo Peó, si lo rápit sels haguere emportat per debán als tres aquella tarde ? Y, si ere aixina, ¿per qué sels castigabe? ¿pot sé perque lo rápit no sels va emportá per dabán?

Aviats estaben entonses; la disyuntiva ere crúa: o morí trinchats als ejes de un tren o tres díes a ginollóns en la Historia Sagrada y los seus mes de sen grabats a tot coló, eixecada per damún del cap. Tampoc Roc, lo Moñigo, assertaríe a explicás a quína regió del seu servell se va generá la idea estrambótica de esperá al rápit a dins del túnel en los cansonsillos baixats. Datres vegades habíen aguantat al túnel lo pas del mixto o del tranvía interprovinsial. Pero estos trens passaben lentos y lo seu pas, a la foscó del forat, apenes los produíe ya cap emossió. Ere pressís renovás. Y Roc, lo Moñigo, los va exigí este nou experimento: aguardá al rápit dins del túnel y fé los tres, al mateix tems, de ventre, cuan lo tren passare. Daniel, lo Mussol, antes de asseptá, va apuntá algúns sensats inconveniens.

- ¿Y lo que no ne tingue ganes? - va di.

Lo Moñigo va argüí, contundén:

- Ya ni entrarán en cuan séntigue arrimás la locomotora.

Lo detall que van descuidá va sé lo depósit dels cansonsillos. De habé lligat esta punta, res se haguere descubert. Com no haguere passat res tampoc si lo día que lo Tiñós va portá la lupa a la escola no se haguere assomat lo sol. Pero existixen, flotán constanmen al aire, uns entes diabolics que chalen enredán los actes inosséns dels chiquets, complicánlos les situassions mes normals y simples.

¿Quí se habíe de pensá, en aquell momén, que en la sort dels cansonsillos estabe en joc la propia sort? ¿Se preocupe lo torero de la capa cuan té los cuernos a dos pams de la ingle? Y encara que al torero li esgarro lo bou lo capote no li renegue sa mare, ni li aguarde un maestre cabrejat que li fótegue dos dotsenes de regletades y lo fico de ginolls en la Historia Sagrada eixecada per damún del cap. Y, ademés, al torero li paguen mols dinés. Ells se arriesgaben sense esperá cap recompensa o aplausso (a no sé que fore a les dos galtes), ni la enchumenera ni una roda del tren. Trataben únicamen de autoconvénses de la seua propia valentía. ¿Mereix esta proba un suplissi tan refinat?

Lo rápit va entrá al túnel chulán, bufán, traén chispes, fen tremolá la montaña, sorollán les pedres. Los tres sagals estaben blangs, ajupidets, en los culets destapats a mich metro de la vía. Daniel, lo Mussol, va sentí que lo món se dislocabe daball dels seus peus, se desintegrabe sense remey y, mentalmen, se va santiguá. La locomotora va passá bufán al seu costat y una brafada calenta de vapor los va llepá lo cul. Van tremolá les parets del túnel, que se va omplí de un sarabastall de ferro. Per damún del fragor del ferro y la velossidat encaixonada, va arribá als seus oíts la advertensia del Moñigo:

- ¡Agarreutos dels ginolls!

Y se van agarrá, perque u manabe lo jefe y perque la atracsió del convoy ere casi irressistible. Se va agarrá dels ginolls, va tancá los ulls y va apretá la pancha. Va sé felís al constatá que habíe cumplit ce per be lo que Roc los habíe exigit. Se van sentí les risses sofocades dels tres amics al acabá de desfilá lo tren. Lo Tiñós se va alsá y va escomensá a tussí fart de fum. Después va tussí lo Mussol y, al remat, lo Moñigo. Lo Moñigo may arrencabe a tussí lo primé, encara que tinguere ganes de féu. Sobre estos extrems existíe sempre una competensia inexpresada. Sen enríen encara cuan Roc, lo Moñigo, va doná la veu de alarma.

- No trobo los pantalons - va di.

Van pará les risses instantáneamen.

- Tenen que está per ahí - va corroborá lo Mussol, tanteján a la escurina.

Lo Tiñós va di: - Teníu cuidadet, no patejéu...

Lo Moñigo se va olvidá, per un momén, dels pantalons.

- ¿U hau fet? - va preguntá.

Se van fondre a la tenebrosa oscurina del túnel les afirmassions satisfetes del Mussol y lo Tiñós.

- ¡Sí!

- Tamé yo - va confesá Roc, lo Moñigo; y sen va enriure al comprobá la rara unanimidat de les seues vísceres.

Los pantalons seguíen sense apareixe. A paupons van arribá a la boca del túnel. Teníen los culs esquichats de carbonilla y la temó per habé perdut los pantalons y cansonsillos portabe a les seues cares una grassiosa expresió de sorpresa. Cap dells se va atreví a riure. Lo pressentimén de uns pares y un maestre enfadats y implacables no dixáe mol puesto a la alegría. De repén, cuatre metros mes abán, al mich de la sendeta que crusáe la vía, van vore un drap informe, desformat y negrot. Lo va arreplegá Roc, lo Moñigo, y los tres lo van examiná en detenimén. Sol Daniel, lo Mussol, va pugué di:

- Es un tros dels meus pantalons - va di en un fil de veu.

La demés roba va aná apareixén, escampada a pedassos, per la senda. La onda de la velossidat habíe fet volá la roba, y lo tren la va desfé entre los seues ferros com una fiera fura. De no sé per este inesperat contratems dingú sen haguere enterat de la aventura. Pero eixos entes siniestros que constanmen floten al aire, los van embolicá lo assunto una vegada mes. Claro que, ni encara sospesán la travessura en tota la seua dimensió, se justificabe lo cástic que los va imposá don Moissés, lo mestre. Lo Peó sempre se passabe tres pobles. Ademés, lo castigá als alumnos pareixíe procuráli un goch indefinible o, per lo menos, la comisura dreta de la seua boca se estirabe, en eixos casos, hasta casi mossegá la negra pulsera de Curro Jiménez, Panchampla o lo Tempranillo.

¿Que habíen escandalisat al poble entran sense cansonsillos? ¡Pos claro! Pero ¿quína atra cosa podíen fé en aquell cas? ¿Se té que extremá lo pudor hasta lo pun de no torná al poble per lo fet de habé perdut los cansonsillos?
Ressultabe tremendo pera Daniel, lo Mussol; Roc, lo Moñigo, y Germán, lo Tiñós, tindre que dessidí sempre entre unes disjuntives tan penoses. Y ere encara mes mortificán lo que produíen en don Moissés, lo maestre, les seues coses, unes coses que ni de prop, ni de lluñ, li fotíen res.

domingo, 12 de abril de 2026

Rauc, rauch - Razimar

Rauc, rauch, adj., lat. raucus, rauque, enroué.

Be m' enueia, per sant Salvaire,

D' ome raucx, que s fassa chantaire.

Le moine de Montaudon: Be m' enueia.

Bien il m'ennuie, par le saint Sauveur, d'homme rauque, qu'il se fasse chanteur.

La Codoñera, Tomás Bosque Peñarroya, Be m' enueia, per sant Salvaire,  D' ome raucx, que s fassa chantaire.


Raucha vos don cridatz en chantant.

Bertrand de Born: Fuilhetas.

Voix enrouée dont vous criez en chantant.

Ieu sui del castiar raucx.

Pierre d'Auvergne: Belh m' es qu' ieu.

Je suis rauque du châtier.

Canto entro so raucs (o raucz). Eluc. de las propr., fol. 32.

Chantent jusqu'à ce qu'ils sont rauques.

CAT. Ronc. ESP. Ronco. PORT. Rouco. IT. Rauco. (chap. Ronco o ronc, roncos o roncs, ronca, ronques; ronquera; está engorgossat, casi afónic, afónics, afónica, afóniques.)

2. Rauquilhos, adj., rauque, enroué.

Es rauquilhos,

E non sabes dir aut ni clar.

Marcabrus: D' un estru.

Tu es rauque, et ne sais parler haut ni clair.

3. Rauquamen, adv., rauquement.

Dis totz sos vers raucamen.

Pierre d'Auvergne: Chantarai.

Dit tous ses vers rauquement.

Parlava mot raucament. Passio de Maria.

Parlait moult rauquement.

ESP. Roncamente. (chap. parlabe mol roncamen.)

4. Rauquet, adj. dim., rauque, sourd, rude.

Adverb. Quant aug dire...

Mo sonet rauquet e clar.

Giraud de Borneil: A penas sai.

Quand j'entends dire... mon sonnet rauquement et clair.

ESP. Ronquito. (chap. Ronquet, ronquets, veu ronqueta, veus ronquetes.)

5. Rauquiar, v., crier d'un cri rauque.

Capo... finh votz de galinas cloquian..., las galinas apela rauquian.

Eluc. de las propr., fol. 146.

Chapon... il feint voix de poules en gloussant..., les poules il appelle en criant d'un cri rauque.
ESP. Ronquear. (chap. Ronquejá.)
6. Rauquiera, Rauqueria, s. f., enrouement.

Rauquiera si engendra quan la canal del pulmo es trop humida.

Rauqueria en la votz.

Trad. d'Albucasis, fol. 46 et 26.

Enrouement s'engendre quand le canal du poumon est trop humide.

Enrouement en la voix.

CAT. ESP. Ronquera. (chap. Ronquera, ronqueres; engorgossamén, engorgossamens.)
7. Rauqueza, s. f., enrouement.

Han... en la arteria trachea aspreza et rauqueza. Eluc. de las propr., fol. 100.

Ont... en la trachée-artère âpreté et enrouement.
8. Rauguelhar, v., râler.

Si 'l mals loindans li dura,

Pauc viura, qu' ades rauguelha.
P. Rogiers: Al pareissen.

Si le mal lointain lui dure, peu vivra, vu que incessamment il râle.
9. Raumat, s. m., râle, râlement.

Si vostr' auzel suefre raumatz

Per polvera o per frimatz.

Raumatz l' en ve qu' el trebola.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Si votre oiseau souffre râlements par poussière ou par frimats.

Râle lui en vient de sorte qu'il frissonne.
10. Enraumar, v., enrouer.

Part. pas. subst. Pero si m val mais d' afan

Mos sos levatz

Qu' uns enraumatz.

T. de Lignaure et de Giraud de Borneil: Ara m.

Pourtant ainsi me vaut plus de peine mon son élevé qu'un enroué.
11. Enraumezar, v., enrouer.

Part. pas. Cant auzels es enraumezatz.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Quand oiseau est enroué.

Raus, Ros, s. m., roseau.

Voyez Ihre, Diss. alt., p. 231.

Secha 'l joncx e 'l glats e 'l raus.

G. Adhemar: Quan la.

Le jonc et le glayeul et le roseau sèche.
Meiro lo fuc (: fuoc, foc) el borc cubert de ros.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 73.

Mirent le feu au bourg couvert de roseau.

Loc. En R., ab sa lansa,

Lo mes el raus.

Rambaud de Vaqueiras: El so que.

Le seigneur R., avec sa lance, le mit sur le roseau (par terre).
(ESP. Caña o junco. Chap. Caña, cañes, jung o junc, jungs o juncs. Aon ñan moltes cañes se li diu cañá; a Beseit los cañerets o los Escañerets es un tros del camí cap al assut, aon abunden les cañes que chupen de la sequia. Cañís, Cañisos o Cañissos; Alcañís. Aon ñan mols juncs se li diu junquera, chunquera a Vallchunquera, Valjunquera.)

La Aldea, Valjunquera, Valljunquera, Vallchunquera

2. Rauzel, Rauzeu, s. m., roseau.

En un vergier claus de rauzel.

P. Vidal: Lai on cobra.

En un verger clos de roseau.

Sui ieu, si la vostra lauzors

No m val, plus frevols que rauzeus.

Giraud de Borneil: Quan lo fregz.

Je suis, si votre louange ne me protége, plus faible que roseau.

ANC. FR. Lou rosel ne resembloit mie

Qui à toz venz veincre se laisse.
Nouv. rec. de fabl. et cont. ant., t. II, p. 14.

Rauzel, Rauzeu, s. m., roseau.


3. Rauza, s. f., jonchaie, roseau.

On anc no calc rausa ni sesca.

P. Vidal: Lai on cobra.

Où oncques ne foula roseau ni jonc.

El temps que fulha e flors par en la rauza.

Roman de Gerard de Rossillon, fol. 11.

Au temps que feuille et fleur paraît dans la jonchaie.

4. Rausan, Rausa, s. m., natte de roseaux.

Evolopatz d' un bell rausa

Si co fazian l' ancia.

Trad. de l'Évangile de Nicodème.

Enveloppé d'une belle natte ainsi comme faisaient les anciens.

5. Rauzier, s. m., nattier, ouvrier en roseaux.

Lo sagramental dels rauziers.

Cartulaire de Montpellier, fol. 148.

Le serment des nattiers.


Raustir, v., rôtir.

Voyez Denina, t. III, p. xviij; Muratori, Diss. 33.

Fet lo cor raustir.
(chap. Va fé rostí lo cor.)

V. de Guillaume de Cabestaing.

Fit le coeur rôtir.

Prengam mo filh e trenquem lo, e raustiscam ne 1 cartier, e mangem lo.

Roman de la Prise de Jérusalem, fol. 15.

Prenons mon fils et dépeçons-le, et rôtissons-en un quartier, et mangeons-le.

Qui prendia la lhimatz e la raustia en oli. Liv. de Sydrac, fol. 77.

Qui prendrait la limace et la rôtirait dans l'huile.

- En parlant d'un martyr.

El si fes raustir sai.

Un Troubadour Anonyme, Coblas esparsas.

Il se fit rôtir ici.

Part. pas. Cabritz raustitz. Brev. d'amor, fol. 126.
(chap. Cabrits rostits.)

Cabris rôtis.

Carns trop grassas hom no deu manjar sino raustidas.
(chap. Carns mol grasses no se deuen minjá mes que (sino) rostides.)

Eluc. de las propr., fol. 233.

Chairs trop grasses on ne doit manger sinon rôties.

Fig. Fregitz e raustitz el turmen de la crotz. V. et Vert., fol. 43.
(chap. figurat: Fregit y rostit al tormén de la creu. San Lorenzo o Llorens va sé rostit a una griella.)

San Lorenzo o Llorens va sé rostit a una griella

Frit et rôti au tourment de la croix.

CAT. ANC. ESP. Rostir. (chap. Rostí: rostixco o rostixgo, rostixes, rostix, rostim, rostiu, rostixen; rostit, rostits, rostida, rostides; yo rostiría; yo rostiré; si yo rostiguera o rostira.)

Una história en final felís, cordé, mar, brasa

2. Raust, adv., rôti, brûlé, aride, roide, rude.

Zo qu' es raust aplana ben.

Deudes de Prades, Poëme sur les Vertus.

Ce qui est rude il aplanit bien.

Roca redonda,

Auta et rausta e tailant.

Vos venretz en una plaina

On a una rausta montaina.

Roman de Jaufre, fol. 3 et 55.

Roche ronde, haute et roide et escarpée.

Vous viendrez en une plaine où il y a une aride montagne.

Substantiv. Issic del ostal tan bona odor del raust, que tota la carrieyra ne flayret.
(chap. Eixíe del hostal tan bona auló del rostit (la rostifarra), que tota la carrera (lo carré) ne flairabe (ne fée auló.)

La chiqueta María teníe un corderet; rostifarra

Roman de la Prise de Jérusalem, fol. 15.

Il sortit de l'hôtel si bonne odeur du rôti, que toute la rue en fut odorante.

Causas salsas ni frichura ni raust. Eluc. de las propr., fol. 86.

Choses salées ni friture ni rôt.

ANC. CAT. Rost. (chap. Rostit, rostits; cuan es mol abundán: rostifarra, rostifarres; rostidissa, rostidisses.)

3. Rostidor, adj., rôti, frit.

Un tros de peis rostidor. Brev. d'amor, fol. 176.
(chap. Un tros de peix rostidó.)

Un tronçon de poisson rôti.
(chap. Rostidó : aon se rostix, rostidós; que está preparat pera rostí; qui rostix; rostidora, rostidores. Los de Monroch no són bons rostidós, perque u fan tot sucarrat.)


Rauza, Rausa, s. f., lie.

Ieu pretz mais ...

... Aigua fresca ab bon vi que rauza.

Rambaud de Vaqueiras: Ben sai.

Je prise davantage... eau fraîche avec bon vin que lie.

- Tartre.

Rauza, o fetz del vi en l' estrem del tonel indurzida.

Eluc. de las propr., fol. 193.

Tartre, ou lie du vin dans le fond du tonneau endurcie.
(chap. Solada, solades del vi al carretell, o del oli al tinet. La mare del vi.)
(ESP. Lía, lías, sedimentos.)


Raynart, s. m., renard.

Voyez Denina, t. III, p. 64; et Journal des Savants, octobre 1826, p. 334.

Ben pot hom dir qu' ancmais filhs de lhaupart

No s mes en crotz a guiza de raynart.

E. Cairels: Pus chai.

On peut bien dire que jamais fils de léopard ne se mit en croix à guise de renard.

- Fig. Fin, rusé, matois.

Anc non fon, En Sordel, que hom ten per raynart,

Cavaliers.

P. Bremon Ricas Novas: En la mar.

Oncques le seigneur Sordel, qu'on tient pour renard, ne fut chevalier.

Prov. La penedensa del raynart. Brev. d'amor, fol. 109.
(chap. La penitensia de la rabosa.)

La pénitence du renard.

ANC. CAT. Ranart. (chap. Rabosa, raboses. ESP. Zorro, zorra, raposa, raposas. Vore la cansó ocsitana - provensal: “Ai vist lo lop, lo rainard, la lebre”.)



Rayssar, v., scier, couper, déchirer, tourmenter.

Fig. So que tant lo cor mi rayssa.

B. Alahan de Narbonne: No puesc mudar.

Ce qui tant le coeur me tourmente.

2. Raissos, adj., tourmenté, désireux.

Tan suy d' apenre raissos

So que d' amar ai falhensa.

G. Riquier: Pus astre no.

Tant je suis tourmenté d'apprendre ce que d'aimer j'ai faute.


Raza, s. f., race.

Voyez Mayans, Orig. de la Lengua española, t. II, p. 253.

Lo coms G. vos manda, raza leial. Roman de Gerard de Rossillon, fol. 66.

Le comte Gérard vous mande, race loyale.

CAT. Rassa. ESP. Raza. PORT Raça. IT. Razza. (chap. Rassa, rasses, com la catalana y la vasca.)

Albert Moliner, Giners, los orígenes de la raza catalana, como la vasca, son anteriores al peninsular ibérico. Hay numerosos estudios que así lo atestiguan.


Razim, Rasim, Razain, s. m., lat. racemus, raisin.

Ja non creirai, qui que m' o jur,

Que vins non esca de razim.

Marcabrus: Bel m' es quant.

Jamais je ne croirai, qui que ce soit qui me le jure, que vin ne sorte pas de raisin.

Semblon razains preins en troill.
(chap. Pareixen raíms prensats al trull.)

Lantelm: Lanfran qu' ill.

Semblent raisins pressés en treuil.

Lo quintal de rasims secs.
(chap. Lo quintal de raíms secs : pansa, panses.)

Cartulaire de Montpellier, fol. 116.

Le quintal de raisins secs.

CAT. Rahim. ESP. PORT. Racimo. IT. Racemo. (chap. Carroll de raím, carrolls de raíms.)

raím, vi, racimo, carroll, vins

2. Razimet, s. m. dim., petit raisin.

Per som del ram met tal espiga

Que resembla un razimet.

Dels razimets de l' avaisa.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Au sommet du rameau met tel épi qui ressemble un petit raisin.

Des petits raisins d'avaisse.

CAT. Rahimet. ESP. Racimito. (chap. Raimet, raimets; carrollet, carrollets.)

3. Razimar, v., produire des raisins.

De bona vit, quan razima,

Deu hom amar son razim.

Gavaudan le Vieux: Lo vers deg.

De bonne vigne, quand elle produit des raisins, on doit aimer son raisin.

- Vendanger.

E 'l guartz qu' estai sotz lo banc,

Qu' apres los autres, razima.

Giraud de Calanson: Sitot l' aura.

Et le goujat qui se tient sous le banc, qui, après les autres, vendange.

Razimar... las vinhas.

Tit. du XVe siècle, entre les seigneurs et les habitants de La Roche.

Vendanger... les vignes.

ESP. Racimar. (chap. Fé carroll, fé raím; “acarrollá, arraimá”.)