champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc
(N. E. Sol edito lo que vech que es una errata, dixo les paraules que Luis escriu desde fa tems a la seua manera.)
Cuan era menut, encara no ñabíe tv, ni siquiera radio, depreniem les cansóns en la Gramola de la sala de ball de la carretera.
Estáe de moda, entre atres, lo Dúo Dinámico. M’enrecordo que una de les seues cansóns ere “Quince años tiene mi amor”. La van tocá un domenche per de tarde que es cuan faen ball, y, al atre día, cullín olives, yo tot lo rato estaba chulán eisa cansó, un camí, un atre, ere la música de moda. Hasta que algú per damún de mi a la olivera va di:
– Ya val, cansat, ¿No veus que los quinse añs ya se han fet dosens?
Chitón. Hasta micha hora dispués que, sense donamen cuenta, la boca va escomensá a chulá atre camí. Un ruido de golpe del gancho contra una branca, a la boreta de la meua esquena, me va fe entendre que se habíe acabat la música.
Asó ve a cuento a que estos díes han posat a La Comarca un treball del Chapurriau y enseguida han saltat los de sempre, en lo matéis sonsonete:
El catalán llegó al Matarraña y al Mezquín hace aproximadamente 800 años con una mayoría de repobladores venidos del Pallars y del Urgell. Solo deben mirar la inmensa cantidad de apellidos toponímicos catalanes que hay entre los vecinos del Matarraña y del Mezquín desde la edad media y hasta día de hoy.”
¡¡¡Cansats!!!
Y natres: acoquinats, acotets.
Si u diuen ells, tindrán raó. Acachem lo cap y ells lo apuchen més. U saben tot. Sempre les mateises escuses: los notaris, la repoblasió. Y no tenen que demostrá res. O, com a mol, mos trauen a rellui que aisó u diuen los enterats y natres seguim callán.
Aisí no mos aclarirem mai. Ells tenen la teoría, natres la práctica, ells estudien la llengua, natres la parlam.
Y se van creisén. Com se han enterat que han trobat señals de la nostra llengua més a dintre del terreno y ya casi a la bora de Navarra, apuren la cosa:
Sí, home, per generasió espontánea, les mateises palaures separaes a kilómetros en la mateisa pronunsiasió y lo matéis significat. ¡Venga!. (¿Se note que estic escaldat?). Estic fart de llichí sempre lo matéis.
Y entonses aparéis un agüelo, sense estudios, sol discurrín y discurrín en lo seu cap ple de serrín y pense estes coses.
Als nostres pobles chuguem al guiñot y se diu que mentres ña cartes en choc, ña partida. Ells pareisen que van guañán la primera ma, que ya ne tenen de bones, pero falten les tornes y yo hay guañat partides en trenta de roines. La sort está a la bosa, a ver qui trau la boleta negra.
Hay tratat de buscá eisa repoblasió. No la hay trobat. Soc torpe. Lo Jaime me diu que fa uns vuitsens añs. Hay buscat y per eisos añs la historia mos parle del rei aragonés Alfonso I el batallador.
Te una historia mol ampla, es interesán llichila. Conte coses com que les tiarres que anáe conquistán les encarregae als seus “tenéns” y estos les repartien entre la chen que li acompañae a la guiarra y los nomene navarros, castellanos, vinguts del atre costat de la frontera fransesa, de la tiarra OCCITANA, aón teníe bons amics y en los que s’enteníe mol be (la dona de Ramiro II ere de allí, Poitou, Poitiers). Y tamé disae que los moros que se volíen quedá tingueren la seua part, entre ells los meus abanpasats y aquí estem.
Es lo que se fae sempre, al meu terreno, cuan les ordens militars, tamé van reparti la tiarra conquistada entres los seus soldats, algúns dells, retos.
Tenim un cas mol cla. Jaime I va repartí Valensia entre los seus soldats y u va disá escrit al “Llibre del repartimén” que estae guardat al Archivo de la Corona. Com a eise llibre no ñabíe prau cataláns pa chustificá que eisa ere la manera en que habíen dut lo catalá a Valensia y entonces los valensiáns no teníen la seua llengua. Lo encarregat del Archivo “Próspero de Bofarull” va falsificá aquell llibre, cambián los noms dels soldats, per noms cataláns. Pero lo van descubrí y se va demostrá que de la chen que duye Jaime I, sol un dos per sen eren cataláns. En tan pocs no se podíe chustificá que habíen portat la llengua catalana a Valensia. Lo Bofarull, no sol va fe aisó, mentres estáe encarregat del Archivo, va desapareise lo testamén del Rey, aón, según conten, se esclarien unes atres coses. Pensareu que a este home desleal lo van castigá, no siñó, no, pa Cataluña y los amics del catalá, va sé tot un modelo y, pa que no se olvido, sol entrá al Archivo, allí está la seua figura donante la benvinguda.
Bueno a lo que anaem. An aquells tems los condats de la Marca Hispánica, no estáen tan chunits com mos volen fe creure, hasta reñien entre ells.
Sobira ere de Urgell y Jussá ere de ARAGÓ, chun en Arán.
Chen de Jussá y Arán, anáen luchán en Alfonso y éste al repartí les tiarres conquistades nels donáe igual que als atres soldats.
¿Estáen repoblán? Com los demés, ¿disáen los apellits? com los demés, ¿imposáen la seua llengua? NO, aportáen palaures com tota la demés chen, pero es que ñabíe mols occitáns que parláen casi com ells, llugo éstos disarien més palaures que, per lo que paréis ara algú vol se l’amo. Penso que la chen del terreno tindríe la seua manera de parlá y los “repobladós” disaríen alguna palaura, normal. Com normal ha degut se que los mils y mils de aragonesos que han “repoblat” Cataluña, hasquen dut tamé alguna palaura, pero desde llugo, com tampoc los de Pallars, han cambiat la manera de parlá del terreno.
Ñauríe que pensá. ¿Cuánta chen de Pallars acompañaríe al rey? Perque si se dedicáen a repoblá, disán chen a tots los pobles que guañáen, pronte se quedaríe sense res. An aquells tems los terrenos no teníen tanta chen com ara y ademés algú se haurie quedat pa treballá la tiarra.
A camíns tamé los de Urgell, entre ells Sobirá, anáe en Alfonso, pero anáen com soldats dell, o sigue lo que faren, igual que lo que faen los de Jussá u farien en nom del rey de Aragó. Que no vinguen ara reclamán coses rares.
No tos olvido que los de Jussá eren part del Reinat nostre o sigue que faren lo que faren en apellits, en llengua en lo que vullguen ere del reinat de Aragó.
Per un atra part
“A finales de 1117 la ciudad de Zaragoza quedó tras la muerte del gobernador interinamente en manos del gobernador de Murcia que inspeccionó la plaza pero esperaría el nombramiento de una nueva autoridad, generando un vacío de poder que Alfonso aprovechó. En preparación de un sitio contra una plaza fortificada, recurrió a sus alianzas transpirenaicas. Alfonso había mantenido importantes relaciones con Gastón IV, vizconde de Bearne. Gastón era un veterano occitano de las Cruzadas en Tierra Santa, de costumbres guerreras y religiosas similares al aragonés y señor de un vizcondado de fuerzas parejas a las de Aragón. Era además experto en armas de asedio como había demostrado en la toma de Jerusalén de 1099, cuando luchaba bajo Raimundo IV de Tolosa, con lo que acumulaba una experiencia en sitios de ciudades que podía ser vital para el rey Alfonso. No se sabe mucho de cómo nació su buena relación, probablemente basada en sus experiencias vitales similares forjadas en la guerra contra el musulmán, pero llegaron a ser amigos íntimos. Puede que ya estuvieran colaborando antes de 1117: el vizconde de Bearne aparece como tenente de Barbastro en 1113, sin que se sepa la razón, y estaba casado con la prima de Alfonso. Entre 1117 y 1118 en un concilio en Bearne se firmó un compromiso de colaboración con Aragón.
Tampoco se sabe si Gastón de Bearne influyó en otros nobles occitanos, pero con el respaldo del papa, que otorgó bula de cruzada y los beneficios religiosos asociados, muchos se sumaron a la campaña contra Zaragoza, a pesar del recuerdo de la derrota en 778 de Carlomagno, presente en las leyendas a través del Cantar de Roldán. Una bula de Gelasio II ratificó el Concilio de Toulouse de febrero de 1118 y reafirmó al ejército que se estaba congregando para conquistar la ciudad blanca.
En marzo de 1118, se congregó un gran número de caballeros y señores franceses y gascones en Ayerbe, bajo el mando de Alfonso. La lista incluye, además de Gastón, a su hermano Céntulo de Bigorra, a Bernard de Comminges, Guillermo IX de Aquitania y Bernard Atón de Beziers, con sus huestes y vasallos. Acudieron asimismo fuerzas del también aliado condado de Urgel, de Pallars, 292 ya que el conde Bernardo Ramón fue feudatario de Alfonso I de Aragón, 293 así como de la propia Ribagorza como era el caso de las tenencias ribagorzanas de Bernardo Ramón o de los tenentes locales Ramón Pedro, Pedro Gauzpert, Berenguer Gombal, Pedro Mir de Entenza o Ramón Amat."
Hay posat tot este tros per dos coses: la primera pa demostrá que lo nostre rey teníe mol bona amistat en los ocsitans, per lo que lo parlá de allí tamé se li pegaríe y eise pegamén ya lo portem desde la copia del Fuero de Jaca de 1077.
Y l’atra, la Marca Hispánica, de la que formaen part los condats de Barselona, Pallars, etc. Estaé manada per Fransa, per la part aón se parláe lo occsitá, nom que moltes voltes se li va doná al catalá del prinsipi. O sigue que los de Pallars debien parlá igual o mol paregut als amics del rey. Entonses quí mos va portá més influansia a la llengua uns pocs de Pallars o un mun de ocsitáns.
Tiarres de la actual Cataluña van está dintre del reinat de Aragó lo ball de Tortosa ere la Jota. Lérida va enviá los seus representáns a les Cortes de Daroca. Y moltes més coses que ya me canso de repetiles.
“El Tratado de Corbeil fue un acuerdo firmado el 11 de mayo de 1258, entre Luis IX de Francia y el Rey de Aragón Jaime I el Conquistador con el fin de llegar a una paz duradera, conformando unas fronteras estables, entre la corona de Aragón y el reino de Francia. En él los condados de la Marca Hispánica pasaban a depender de Jaime y sus posesiones francesas del rey francés.”
Mireu si, desde fa tems, arriben mils y mils de africáns a España, no hay vist que diguen que mos volen posá la seua llengua, encara que, pasán lo tems algúns dels seus apellits se mesclarán en los nostres.
Chen de moltes nasións s’envan aná a viure a América, cada u teníe la seua llengua ¿Han cambiat lo inglés que se parle allí? Ah! Claro! Es que Cataluña y lo catalá es un atra cosa, son més grans y més importáns.
Un atra cosa que mos posen per dabán los amics del catalá es la opinió dels filólogos y maestres de la Cátedra de Catalá de la Universidat de Saragosa.
Cuan se va crea, la machoría dels maestres van vindre de Cataluña, ¿pa qué? Pa enseñá Catalá, no les modalidats de aragonés, NO veníen a lo que veníen, a enseñá Catalá y aisó es lo que han enseñat y los estudiáns que han eisit de eisa escola, ¿cóm han eisit preparats? en Catalá. ¿Qué voleu que enseñon ara? Lo que han deprés. Y ¿Qué voleu que estudion y que defenguen a cualquier puesto o llibre? Lo Catalá. Pan ells tot es catalá.
Yo, algún camí los diría que en ve de ficá lo catalá com a modelo y lo Aragonés com a derivat, que u faren al ravés, ¿A ver que eisie?
“Sobre 1400 se realizó un tratado entre Castilla y Aragón, la versión aragonesa se redactó al mismo tiempo que la castellana a finales de abril de 1409, pero lo seguro es que en aquel momento solo la segunda se registró en la Real Cancillería.
Todo apunta a que también se realizó una traducción al catalán.
En la versión en aragonés, el traductor era un escribano de lengua catalana, eso derivó en constantes interferencias lingüísticas. o, tiene la virtud de mostrar los rasgos que desde el exterior se atribuían a la lengua aragonesa.
El elevado número de elementos tomados del catalán es el aspecto más llamativo del texto respecto a escritos coetáneos en aragonés. Es bien sabido que ambos idiomas se influyeron constantemente durante la Edad Media, como consecuencia inevitable de su convivencia dentro del mismo Estado.
Así, el texto muestra la tensión inevitable entre el catalán, con seguridad la lengua materna y de trabajo del traductor, y el aragonés cancilleresco en que se esforzaba en redactar. La lengua en que estaba redactado era inequívocamente la aragonesa.
Se puede comprobar en los innumerables textos que se conservan de esta lengua y también en los dialectos actuales que agonizan en el tercio septentrional de Aragón.”
Y ara, dispués de asó, que cada u penso lo que vullgue. Yo, podré está equivocat, pero u ting mol cla.
De cóm Juanita va cridá a Pedro Saputo. Se descubrix un gran secret.
Pos siñó, aixó porte lo seu camí, pero mol depressa, a escape, a tota mecha. Per supost que lo lectó sempre haurá pensat que lo llibre se teníe que acabá; pos be, u séntigue o no, corre cap al seu final, y sen va a ressibí y tancá l'arco; y si un atre portal es, lo veu ya doblegat y buscanse los dos caps pera tocás y quedá fet un sírcul perfecte. O de un atre modo, aquí lo tossal y aquí lo escomensamén de la baixada.
Están un día senán Pedro Saputo va arribá un criat de Juanita en una carta a la que li suplicabe aniguere cap allá inmediatamen, pos li fée falta, y que procurare arribá entre les nou y onse del matí. Ere lo primé favor, la primera mersé, la primera grassia y firmesa que li demanáe aquella vella amiga, a la que com a Paulina, ya sap lo lectó que no podíe ell negá res, pero cridanlo tan a propósit y en tanta urgensia, del sementeri se haguere eixecat pera servila. Sen va aná cap allá, pos, y va prepará la jornada de modo que va arribá a la hora prevista. Va trobá a Juanita vestida de dol, encara que al semblán va vore que ere per los vius y no per lo mort. Y en efecte, li va di que qui se habíe mort pera descans de tots, de un benéfic tabardillo, ere la seua bona y gloriossíssima sogra, dona (va afegí) de la rassa de les arpíes o germana de les furies, a qui de dret li tocáe per home un gos o can Cerbero, y se va emportá un ángel, si es que ñan entre los homens casats. Be que va tindre la culpa un descuido. En fin, s'ha mort, no li rosseguem los ossos; Deu la haigue perdonat, tanta pau se emporto com descans dixe; y anem al cas abans de que vingue lo meu sogre.
- Te hay cridat perque te nessessito. Yo hay viscut en una sogra y antes me frechirán viva que ne patiré un atra. ¡Ay si sapigueres lo que hay patit en ella! Tres mesos fa que la va diñá, y tres mesos fa que se descanse y viu an esta casa; perque no patía yo sola, sino tots; y sort de la prudensia y amabilidat del meu sogre, si no, yo al menos ya me haguera secat y mort. Lo meu home no té lo talento de son pare. Pos be, ting barruntos de que este home, no escarmentat encara de una dona, trate de casás. ¡Me cago en los homens y les dones! Y desde que hay sabut la seua idea ha perdut mol a la meua opinió, perque no es de sabuts casás dos vegades tenín fills y casa; fills bons, vull di, com natros que besam la terra que ell poteche, de amor y respecte que li tenim; y la casa plena a cormull de totes les bendissions del sel. Yo crec que u trate en lo mossen del poble, que no li aconsellará mes que lo mateix que ell proposo y vullgue, perque sap mes lo meu sogre que lo retó, y cuan lo mossen eixeque lo peu, ell ya ha anat y tornat dos vegades. Yo li diré que te vach coneixe de estudián después de passá pel meu poble, y que te vam vore tamé a Saragossa. ¿Li dic quí eres?
- Per ara no, va contestá Pedro Saputo.
- Be, va di Juanita; y si te rogue que te estigues demá y mes díes no sigues melindrós. Ell te portará a vore los seus bancals, les seues finques, margens en coruñes y ribassos de romé, y tú l'has de disuadí del casamén, aprofitán be la ocasió y parlanli com se parle a qui no nessessite consells. La ocasió, si es verdat que té eixe maldit pensamén, ell mateix te la donará sabén guañali la voluntat, que u farás, perque no ha de sé ell una exepsió al món.
En aixó va arribá un jornalé de casa en lo recado de que no aguardaren a minjá al amo perque habíe passat al poble de N. y no vindríe hasta 'l tart. Ere lo poble de Paulina, y va di Juanita: men alegro; estarem sols, perque lo meu home no ve hasta la nit. Has de sabé que com mos va tocá la sort de casamos prop, no mes de dos legües de distansia, mos visitam assobín, y natres ham fet amics als sogres y a les families. Paulina té sogres y cuñades; pero una bona gen que la idolatren, y es la verdadera siñora de la casa.
- ¿Saps, Juanita, li va di Pedro Saputo, que te has tornat una chicharra? Si no acabes, ¿qué hay de dit yo del propósit en lo que me crides? Ara es la meua, escóltam. No me pene habé vingut, perque ting lo gust de vóret, y después aniré a vore tamé a Paulina. Pero yo no sé si sirá assertat parlali a ton sogre encara que ell me dono peu, que no es normal perque de eixes coses no se parle mes que en persones mol conegudes, en amics en una paraula, y encara aixina no en tots. Pero no te apuros. Si ton sogre té la idea de casás, creu que no li estará mal ni an ell ni a vatres. Perque no pot dixá de sabé que la vostra compañía no la milloraríe una dona forastera y nova, y perdre la vostra per la de ella siríe imprudensia que homens com ell no cometixen.
- Una mica me calme ixa reflexió, va contestá Juanita; pero sempre ting aquí dins un pes y tristesa que no sé lo que me anunsie. Per sí o per no, aprofita la ocasió si te la done y trauli ixa manía del cap; anem al segú.
En tot lo día sol van parlá de lo mateix, y no va pugué Pedro Saputo assossegá del tot a Juanita, no perque an ell li faltaren raons sino perque ella ere dona. Per la tarde tampoc va vindre lo sogre, va torná en son demá per lo matí. Li va di Juanita cóm teníe un huésped que habíe conegut a casa de Paulina a un atre tems, y que esperabe que se alegraríe de vórel, pero que encara no se habíe alsat.
Al poc rato ya estáe Juanita al apossento de Pedro Saputo y li va di:
- Mon sogre acabe de arribá y pareix que vol entrá a vóret; yo voldría que anigueres tú al seu cuarto y acompañát. Perque, encara que en rigor an ell li tocáe visitát primé, eres tú mes jove, estás a casa desde ahí y així li donarás a vore que no eres un ignorán.
Van entrá, en efecte, a vore al sogre, que se entreteníe mirán uns papés; se va girá al sentí la porta, y veén a Pedro Saputo se li va escomensá a cambiá lo semblán, contestán en poca atensió a les seues paraules cuan lo saludabe; y sense apartá la vista de la seua cara, se va assentá y va fé seña als dos que s' assentaren. Juanita, sense sabé per qué, se va ficá a tremolá veén tan formal y serio al seu sogre. Pedro Saputo no estáe tampoc sereno al seu interió perque no esperáen aquell ressibimén.
Al cap de un bon minut de silensio li va preguntá:
- ¿De aón sou?, y ell va contestá:
- De Almudévar.
- ¿De quí sou fill?
- De una dona.
- ¿Y lo vostre pare?
- No lo hay conegut.
- ¿Quí es la vostra mare?
- Una infelís y honrada pubilla que va sé pobre a la seua juventut y de un engañ en que la van seduí va tindre un fill que ha sapigut fela rica y exaltala a un estat dessén y a la estima y respecte públic.
- ¿Quína edat teniu?
- Vach als vinticuatre añs.
- ¿Cóm tos diéu?
- La gen me diu Pedro Saputo...
Va callá una mica lo caballé, va torná a mirá a Pedro Saputo, y tussín y aclarinse la gola, va di mes sossegat y en veu natural, encara que reprimín lo afecte de la expresió:
- ¡Sou mon fill...!, ¡Yo soc ton pare!
Al acabá de pronunsiá estes paraules y veén a Pedro Saputo enrochit de cara y eixecanse del seu assiento, se va eixecá ell tamé, y se van abrassá en gran amor y sense sentís mes paraules que la exclamassió de Pedro Saputo cuan va di:
- ¡Pare meu...!
Juanita se va trastorná del tot, y plena de imaginassions, avergoñida, acalorada, blanca y casi sense llum als ulls sen va eixí fora y va pendre un glopet de aigua, y sen va aná y se va dixá caure al llit; va suspirá, va suá, va entressuá, se va assossegá una mica y va di:
- ¡Pedro Saputo fill de mon sogre! ¡Pedro Saputo germá del meu home! ¡Y cuñat meu! ¡Paulina! ¡Qué dirás cuan u sápigues! Va torná a suspirá, una y un atra vegada, y va fixá lo pensamén en Paulina, se va eixecá, va escriure mol depressa dos línies aon li díe que a casa seua estáen passán acontessimens mol serios, no tots de bon agüero, y que per Deu vinguere corrén; va cridá a un criat, lo va enviá cap allá aposta, y sen va entorná cap al cuarto de la gran escena.
Va mirá entonses al fill y al pare, y no fen cas de lo que parláen va di exclamán: ¡tan que s'assemellen, y no había caigut! Van riure los dos, y lo pare li va preguntá si habíe enviat recado al seu home; ella va di que no hi habíe pensat, pero que sen anáe a enviál, com en efecte u va fé y va torná a vore y aguaitá milló an aquells dos homens que se teníe que coneixe abans de tindre tancats los ulls pera sempre.
Va vindre lo fill, se van alegrá mol, van selebrá lo día, y después de la michdiada va cridá lo pare als tres, va ajuntá la porta y los va fé una llarga relassió de la seua vida que tocáe al cas presén. Pero aixó demane un atre capítul. Advertixgo que en lo nom del caballé tenim les nostres dudes; yo per lo que ting averiguat lo hay anomenat sempre don Alfonso López de Lúsera: y lo fill mes gran, lo home de Juanita, se díe don Jaime.
Original en castellá:
Capítulo II.
De cómo Juanita llamó a Pedro Saputo. Descúbrese un gran secreto.
Pues señor, esto va su camino, pero muy aprisa, a escape, a las cuatro sucias. Por supuesto que el lector siempre habrá creído que el libro se había de acabar; pues bien, que lo sienta o no corre a su fin, y se va a recibir y cerrar al arco; y si otro arco es, mírale ya doblado y buscándose los dos cabos para tocarse y quedar hecho un círculo perfecto. O de otro modo, aquí la cumbre y aquí el principio del descenso.
Estando un día cenando Pedro Saputo llegó un criado de Juanita con una carta en que le suplicaba fuese allá inmediatamente, pues le necesitaba, y que procurase llegar entre las nueve y once de la mañana. Era el primer favor, la primera merced, la primera gracia y firmeza que le pedía aquella vieja amiga, a la cual como asimismo a Paulina, ya conoce el lector que no podía él negar nada, pero llamándole tan adrede y con tal urgencia, del cementerio se hubiese levantado para servirla. Partió allá, pues, y dispuso la jornada de modo que llegó a la hora prevenida. Encontró a Juanita vestida de luto, aunque en el semblante vio que era por los vivos y no por el muerto. Y en efecto, le dijo que quien se había muerto para descanso de todos, de un benéfico tabardillo, era su buena gloriosísima suegra, mujer (añadió) de la raza de las harpías o hermana de las furias, a quien de derecho tocaba por marido un cancerbero, y se llevó un ángel, si los hay entre los hombres casados. Bien que tuvo culpa un descuido. En fin, ha muerto, no le roamos los huesos; Dios la haya perdonado; y vamos al caso antes que venga mi suegro.
- Te he llamado porque te necesito. Yo he vivido con una suegra y primero me freirían viva que sufra otra. ¡Ay si supieras lo que he padecido con ella! Tres meses que murió, y otros tantos hace que se descansa y vive en esta casa; porque no padecía yo sola, sino todos; y válganos la prudencia y amabilidad de mi suegro, si no, yo al menos ya me hubiese secado y muerto. Mi marido no tiene el talento de su padre. Pues bien, tengo barruntos de que este hombre, no escarmentado aún de mujer, trata de casarse. ¡Malditos sean los hombres y las mujeres! Y desde que he conocido su idea ha perdido mucho en mi opinión, porque no es de sabios casarse dos veces teniendo hijos y casa; hijos buenos, quiero decir, como nosotros que besamos la tierra que él pisa, de amor y respeto que le tenemos; y casa llena de todas las bendiciones del cielo. Yo creo que lo trata con el cura del pueblo, que no le aconsejará sino lo mismo que él proponga y quiera, porque sabe más mi suegro, y cuando el cura levanta el pie, ya él ha ido y vuelto dos veces. Yo le diré que te conocí de estudiante después de paso en mi pueblo, y que te vimos también en Zaragoza. ¿Le diré quién eres? - Hasta ahora no, respondió Pedro Saputo. - Bien, dijo Juanita; y si te ruega que te estés mañana y más días no seas melindroso. Él te llevará a ver sus campos, y tú le has de disuadir del casamiento, cogiendo bien la ocasión y hablándole como se habla a quien no necesita consejos. La ocasión, si es verdad que tiene ese maldito pensamiento, él mismo te la dará sabiendo ganalle la voluntad, que sí harás, porque no ha de ser él una excepción en el mundo.
En esto llegó un jornalero de casa con el recado de que no aguardasen a comer al amo porque había pasado al pueblo de N. y no vendría hasta la tarde. Era el lugar de Paulina, y dijo Juanita: me alegro; estaremos solos, porque mi marido no viene hasta la noche. Has de saber que como nos tocó la suerte de casarnos cerca, no más de dos leguas de distancia, nos visitamos a menudo, y nosotros hemos hecho amigos a los suegros y las familias. Paulina tiene suegros y cuñadas; pero una buena gente que idolatran en ella, y es la verdadera señora de la casa.
- ¿Sabes, Juanita, le dijo Pedro Saputo, que te has vuelto cigarra? Si no acabas, ¿qué he de decirte yo del propósito con que me llamas? Sea mi vez, y escúchame. No me pesa de haber venido, porque tengo el gusto de verte, y después iré a ver también a Paulina. Pero yo no sé si será acertado hablar a tu suegro aunque él me dé pie, que no es regular porque de esas cosas no se hablan sino con personas muy conocidas, con amigos en una palabra, y aun no con todos. Pero no te apures. Si tu suegro tiene la idea de casarse, cree que no estará mal ni a él ni a vosotros. Porque no puede dejar de conocer que vuestra compañía no la mejoraría una mujer extraña y nueva, y perder la vuestra por la de ella sería imprudencia que hombres como él no cometen. - Algún tanto me calma esa reflexión, respondió Juanita; pero siempre tengo aquí dentro una tristeza que no sé lo que me anuncia. Por sí o por no, aprovecha la ocasión si te la da y quítale esa manía de la cabeza; lo seguro es lo seguro.
En todo el día no dijeron sino siempre lo mismo, y no pudo Pedro Saputo sosegar del todo a Juanita, no porque a él le faltasen razones sino porque ella era mujer. Por la tarde no vino tampoco el suegro, sino al día siguiente por la mañana. Díjole Juanita cómo tenía un huésped que había conocido en casa de Paulina en otro tiempo, y que esperaba se alegraría de verlo, pero que aún no se había levantado.
A poco rato fue Juanita al aposento de Pedro Saputo y le dijo: mi suegro acaba de llegar y parece quiere entrar a verte; yo quisiera que fueses tú a su cuarto y acompañarte. Porque, aunque en rigor a él le tocaba visitarte primero, al cabo eres más joven, estás en casa desde ayer y así le harás ver que no sigues una etiqueta vulgar como los hombres vanos e ignorantes.
Entraron, con efecto, a ver al suegro, el cual se entretenía en mirar unos papeles; volvióse al oír la puerta, y viendo a Pedro Saputo se le comenzó a demudar el semblante, contestando con poca atención a sus palabras cuando le saludaba; y sin apartar la vista de su rostro, se sentó e hizo seña a los dos que se sentasen. Juanita sin saber por qué se puso a temblar viendo tan formal y grave a su suegro. Pedro Saputo no estaba tampoco sereno en su interior porque no esperaba aquel recibimiento.
Al cabo de un buen minuto de silencio le preguntó: - ¿De dónde sois?, y él respondió: - De Almudévar. - ¿De quién sois hijo? - De una mujer. - ¿Y vuestro padre? - No lo he conocido. - ¿Quién es vuestra madre? - Una infeliz y honrada pupila que fue pobre en su juventud y de un engaño con que la sedujeron tuvo un hijo que ha sabido hacella rica y exaltalla a un estado decente y a la estimación y respeto público. - ¿Qué edad tenéis? - Voy a los veinticuatro años. - ¿Cómo os llamáis? - Las gentes me llaman Pedro Saputo... Calló un poco el caballero, miró de nuevo a Pedro Saputo, y tosiendo y escombrando la garganta, dijo sosegado y en voz natural, aunque reprimiendo el afecto de la expresión: - ¡Sois mi hijo...!, ¡yo soy tu padre! Al concluir de pronunciar estas palabras y viendo a Pedro Saputo inflamado el rostro y levantándose de su asiento, se levantó él también, y se abrazaron con grande amor y sin oírse más palabras que la exclamación de Pedro Saputo cuando dijo: ¡padre mío...!
Juanita se trastornó enteramente, y llena de imaginaciones, turbada, bascosa, pálida y casi sin luz en los ojos se salió fuera y tomó un sorbo de agua, y fue y se dejó caer en la cama; suspiró, sudó, trasudó, se sosegó un poco y dijo: - ¡Pedro Saputo hijo de mi suegro! ¡Pedro Saputo hermano de mi marido! ¡Y cuñado mío! ¡Paulina! ¡Qué dirás cuando lo sepas! Suspiró de nuevo otra y otra vez, y fijó el pensamiento en Paulina, se levantó, escribió muy aprisa dos líneas en que le decía que en su casa estaban pasando muy graves acontecimientos, no todos de buen agüero, y que por Dios viniese corriendo; llamó a un criado, le envió allá de propio, y se volvió al cuarto de la grande escena.
Miró entonces al hijo y al padre, y no haciendo caso de lo que hablaban dijo exclamando: ¡tanto que se parecen, y no haber caído! Riéronse los dos, y el padre le preguntó si había mandado recado a su marido; ella dijo que no había pensado, pero que se iba a mandar, como en efecto lo hizo y volvió a ver y mirar mejor a aquellos dos hombres que debiera haber conocido antes a no tener cerrados los ojos.
Vino el hijo, se alegraron mucho, celebraron el día, y después de la siesta llamó el padre a los tres, cerró la puerta y les hizo una larga relación de su vida en lo que tocaba al caso presente. Pero esto pide otro capítulo. Advierto, que en el nombre del caballero hay sus dudas; yo por lo que tengo averiguado le he llamado siempre don Alfonso López de Lúsera: y su hijo mayor, el marido de Juanita, se llamaba don Jaime.
Triste y pensatiu camináe después de aquella dolorosa separassió, y no assertabe a caminá ni sabíe aón volíe aná. Pero lo seu cor lo portáe cap a la aldea de les seues novissies, a la que va entrá pera estáy dos díes, procurán arribá tart y fen vore que estáe coix, pera descansá be aquella nit. Se va embutí a la primera casa que va trobá uberta, va sená y se va gitá queixanse del baldamén y de la coixera.
Pel matí cuan se estáe traén los bigots postissos y rentán van entrá los pares de les dos sagales, y al vórel ocupat en lo asseo lo van saludá y sen van eissí cap a la cuina. Rentat, mudat y asseat va eixí mol alegre fen sempre lo coix, lo van agarrá y sel van emportá a casa de la Paulina aon se faríe la minjada; y com la coixera ere gran segons camináe, lo van dixá allí y sen van aná cada un a les seues obligassions. Va pugué parlá una mica a soles en la Paulina, y li va di:
- ¿Vau entendre lo meu papé?
- No, siñó, va contestá ella.
- Be, pos, día que ya me hau olvidat. ¡Mentiroses! ¡Desagraídes!
Lo va mirá entonses ella, y com ya no portáe los bigots y la perilla que ere lo que mes lo fée pareixe un atre, lo va aná reconeixén, y se li va cambiá lo coló, y ya assertáe ya, cuan li va di ell:
- Sí, soc yo; ¡lo mateix!, ¡no te engañes!; lo vostre compañ y amán del novissiat. Obri ella entonses mes los ulls, lo reconeix, y sense podés aguantá s'avíe cap an ell en los brassos uberts.
- Ves, li va di, y dóna la notissia a la Juanita. Pero siguéu prudentes. Se desfée ella de amor, y neguitosa y anhelosa va aná a dílay a la Juanita. La va cridá apart y apretanli la má li va di: ¡Ay, amiga, que lo estudián del billet ere Geminita, y es ell qui está ara a casa meua y no lo vam coneixe! Juanita va creure que la seua amiga habíe perdut lo cap o delirabe; pero va aná cap allá y va habé de desengañás, y creure lo que van vore los seus ulls y va sentí lo seu cor al vórel y sentí aquella veu tan acostumbrada.
Cuatre díes va durá la coixera, y no va durá mes perque va tindre temó de que sospecharen o caure an algún descuido. Va minjá un día a cada casa de les dos y en los instrumens que ñabíe al puesto se divertíen alguns ratos, y uns atres los empleabe en los seus amors en aquelles amabilíssimes sagales.
Per al día que sen va aná li van brindá una mula, y va di que un estudián no pot aná a caball mes que del seu poble a la siudat aon té los seus estudis, y que ell encara no habíe arribat a Navarra. Perque habenlo cregut tots navarro va dixá corre eixa opinió, que mes be lo afavoríe que lo perjudicabe.
Va seguí lo seu camí, y va arribá al poble de Morfina, al que va entrá encara mes tart, pos eren ya les vuit, y a un tems que no passe de les siat la posta de sol; y sen va aná al messón, gitanse enseguida, y encarregán a la messonera que vinguere qui vinguere no lo cridare. Pel matí va sabé que habíen anat a vórel algunes persones, don Vicente entre elles; y se va vestí y asseá, pera lo que se había previngut fen rentá la roba a un atra aldea aon se va aturá un día. Va eixí de casa en direcsió a la de don Severo; y abans de arribá va topetá en don Vicente que veníe a buscál, y que lo va renegá mol de la seua part y de la dels siñós pares perque los habíe fet lo despressio y ofensa de anassen a la fonda pública.
- A sopá y dormí esta nit a casa meua, va contestá don Vicente, y no sé yo si tamé demá, no passaréu de llarg, amic meu; perque esta nit, a porta tancada, y sol una persona de fora de casa, hau de tocá lo violín igual que vau tocá l’atre día, de lo que encara estem alusinats.
- No ting cap instrumén.
- No ten faltará. Man germana diu que mes voldríe sentí alló que vores reina de España; perque es afissionada a la música y la paladege o saborege mol si es bona.
Van arribá en aixó a la casa. ¡Quin ressibimén! ¡Quin afecte! ¡Quin amor li van mostrá tots! ¡En quina naturalidat y confiansa li parláe Morfina! A tiro de ballesta se coneixíe que la criada li habíe dit lo que va sentí a son pare y va contá a Pedro Saputo. Va minjá allí, van passejá per la tarde, y al tardet no habense avisat mes que a la persona que va di don Vicente, que ere la seua dama, va tocá Pedro Saputo lo mateix que l'atra vegada, y encara en mes primor y reflexió. Estáe ell mes felís encara en les noves dels seus amors.
Pero a la matinada li va doná don Severo un mal rato. Li va preguntá a seques si habíe sentit parlá de Pedro Saputo; va contestá ell que una mica, pero que no podíe doná notissies del fulano.
- Pos amic, va di don Severo, vach arribá ahí del Semontano y allí me van parlá de eixe portento. Es un sagal que diuen no té mes de dotse a catorse añs, criat a Almudévar, y a la seua edat es lo mes gran sabut que se coneix: com que aixó mateix vol di Saputo. Es tamé pintó, músic, pero famós, potsé tan com vosté, don Paquito; un filóssofo consumat, tan inteligén en les seues respostes, que tenen temó de ficás a tiro los homens de mes barbes de la terra. Ell sap tots los ofissis. En dotse díes va adependre a lligí y escriure ell mateix; en un rato a pintá, en un atre a tocá tots los instrumens; y es tan tratable y ben parlat que a tots encante. No té pare, perque es fill de una pupila que ere pobre y ell la ha feta ya rica guañán tots los dinés que vol. Diuen que desapareix de casa y torne carregat d'or que guañe per ahí en la seua habilidat, o lay done alguna persona que d' amagatontes lo afavorix per encárrec de son pare, no se sap si se trate de un gran siñó de la Cort que va passá per allí, o de un príncipe que anáe disfrassat. Aixina, don Paquito, que no se parle de atra cosa; vaigues aon vullgues, tots te parlen d'ell, tots te pregunten y lo selebren. Y lo mes grassiós es que ningú lo veu may, mes que a les temporades que está al seu poble, com si portare en ell l'anell de Giges o lo heliotropo, que lo fa invissible. Diuen que unes vegades se disfrasse, y se cambie la cara; atres creuen que sen va en los gitanos.
Al sentí aixó no va pugué aguantás Pedro Saputo, va arrencá a enríuressen y va di:
- Raro humor seríe lo de eixe sagal.
- Sí, siñó, mol raro, va di don Severo, ya se veu, un home tan extraordinari per forsa u ha de sé en tot. Hasta la mare diuen que sense sabé cóm se ha tornat una verdadera siñora, com si haguere naixcut a un alta cuna, sol per la nova educassió que li ha donat son fill. Pero no está pujadeta ni soberbia sino mol plana, y tots la volen y respeten mol. No sé, amic don Paquito, cóm de Almudévar ha pogut eixí un elemén com éste. Perque hau de sabé (y perdónom la crítica) que es un poblacho feo a la vista y mes feo encara al tacte; y la gen d'allí no són dels mes espabilats que se digue. Yo estic determinat a anáy cuan sápiga sert que hi está, perque pera anáy en vano me penaríe lo viache.
- Faréu be, va di Pedro Saputo; encara que yo crec que no tot es vero lo que sone al pandero y que la fama aumente mol o potsé u aporte tot. De un sagal de la meua terra me contaben tamé maravilles y ell cuan u va sabé, sen enríe y va di: pos si yo soc home gran, ¿qué sirán los demés? Y agarrán lo violín se va ficá a tocá y va distraure a don Severo de la seua manía.
Al amor ningú l'engañe; l'amor tot u sospeche, tot u pense, tot u adivine. Mentres don Severo se tornáe llengua selebrán a Pedro Saputo, per lo que de ell habíe sentit, estáe Morfina miranlo enamorada y cavilán y medín cuan habíe vist al seu amán y sentit de ell als estudians, y se díe per an ella:
O no ña tal Pedro Saputo o es éste; perque es tan guapo com diuen, y tan sabut, y tan gran músic, y tan amable y tan diferén dels atres homens. Y pensán aixó lo miráe y li saltabe lo cor, y se li enseníe la cara, y se moríe de dessich de vores a soles y dili, tú eres.
Ell la observabe, y va sospechá lo que estáe imaginán, y lográn un momén de libertat li va di:
- Sí, Morfina, u has ensertat, yo soc; pero calla; y si ara que saps quí soc no te pene habem conegut... Se va quedá ella parada com un estaquirot durán un rato, pero después va rompre y va di acalorada y mol aventada:
- Morí primé que voldre ni mirá a datre home. Ya no ña remey; está tirada la sort; teua, teua soc. La meua passió y la meua raó u volen. Te vach vore, te vach coneixe, y no puc menos que vóldret, y me costaríe la vida si no me vullgueres. Perque tú sol (después de mons pares) estás pera mí al món. No tenía homens pera mí hasta ara, no los tindré mes abán. Pero ¡ay!, no me engaños, perque me moriré; no me digues que me vols si no me vols tan com dius y tan com yo crec. Perdona, amán meu, este desahogo, esta franquesa y mes encara la libertat que dono al teu amor y se pren lo meu cariño. No haguere acabat la elocuén y apasionada Morfina, si la veu de son pare que pujáe no la tornare al puesto de aquell rapto amorós.
Ell li va assegurá tot lo que podíe dessichá; y después de minjá se va despedí y sen va aná acompañat de don Vicente, que lo va dixá después pera aná a una finca aon teníe alguns jornalés.
Original en castellá:
Capítulo XIV.
Pedro Saputo vuelve a ver a sus amigas.
Triste y pensativo caminaba después de aquella dolorosa separación, y no acertaba a andar ni sabía a dónde quería ir. Pero su corazón le llevaba hacia la aldea de sus novicias, en la cual entró el segundo día, procurando llegar tarde y fingiéndose cojo, lo uno para descansar libremente aquella noche, lo otro para tener pretexto y causa de detenerse un día o más si conviniese. Metióse en la primera casa que encontró abierta, cenó y se acostó quejándose del cansancio y de la cojera.
Por la mañana cuando se estaba quitando los postizos bigotes y lavando entraron los padres de las dos muchachas, y al verle ocupado en su aseo le saludaron no más y se salieron a la cocina. Lavado, mudado y aseado que estuvo, salió muy alegre haciendo siempre el cojo, le tomaron y se le llevaron a casa de Paulina donde se disponía la comida; y porque la cojera era grande según andaba, le dejaron allí y se fueron cada uno a sus querencias. Pudo hablar un poco a solas con Paulina, y le dijo: - ¿Entendisteis mi papel? - No, señor, respondió ella. - Bien, pues, dije yo, que ya me habéis olvidado. ¡Fementidas! ¡Ingratas! Miróle entonces ella, y como ya no llevaba los bigotes y la perilla que era lo que más le hacía parecer otro, lo iba reconociendo, y se le mudaba el color, y acertaba ya, cuando le decía él: - Sí, soy yo; ¡el mismo!, ¡no te engañas!; vuestro compañero y amante del noviciado. Abre ella entonces más los ojos, le conoce, y sin poderse contener se arroja a él con brazos abiertos. - Ve, le dijo, y da la noticia a Juanita. Pero sed prudentes. Se deshacía ella de amor, y agitada y anhelosa fue a decírselo a Juanita. Llamóla aparte y apretándole la mano le dijo: ¡Ay, amiga, que el estudiante del billete era Geminita, y es él que está ahora en mi casa y no le conocimos! Juanita creyó que su amiga había perdido la cabeza o deliraba; pero fue allá y hubo de desengañarse, y creer lo que vieron sus ojos y sintió su corazón al verle y oír aquella voz tan acostumbrada.
Cuatro días duró la cojera, y no duró más porque temió se sospechase o caer en algún descuido. Comió un día en cada casa de las dos y con los instrumentos que había en el lugar se divertían algunos ratos, logrando otros para sus amores con aquellas amabilísimas niñas.
En el día que se fue le brindaron con mula, y dijo que un estudiante no puede ir a caballo sino de su pueblo a la ciudad donde tiene sus estudios, y que él todavía no había llegado a Navarra. Porque habiéndole creído todos navarro dejó correr esta opinión, que más bien le favorecía que le perjudicaba.
Siguió su camino, y llegó al pueblo de Morfina, en el cual entró aún más tarde, pues eran ya las ocho, y en un tiempo que no pasa de las siete el crepúsculo; y se fue al mesón, acostándose enseguida, y encargando a la mesonera que viniese quien viniese no le llamase. Por la mañana supo que habían ido a verle algunas personas, don Vicente entre ellas; y se vistió y aseó muy prolijamente para lo cual se previno haciendo lavar la ropa en otra aldea donde se detuvo un día. Salió de casa en dirección de la de don Severo; y antes de llegar dio con don Vicente que venía a buscarle, y que le riñó mucho de su parte y de la de los señores padres porque les había hecho el desaire y ofensa de irse a la posada pública. Excusóse él fácilmente y concluyó diciendo que iba a hacelles una visita y pasaba de largo en comiendo. - En cenando y durmiendo esta noche, respondió don Vicente, y aún no sé yo si será lo mismo mañana, pasaréis de largo, amigo mío; porque esta noche, a puerta cerrada, y sólo una persona de fuera de casa, habéis de tocar el violín lo mismo que tocasteis el otro día, de que todavía estamos elevados. - No tengo instrumento. - No faltará. Mi hermana dice que más quiere oír aquello que verse reina de España; porque es aficionada a la música y la saborea mucho si es buena.
Llegaron en esto a la casa. ¡Qué recibimiento! ¡Qué afecto! ¡Qué amor le mostraron todos! ¡Con qué naturalidad y confianza le hablaba Morfina! A tiro de ballesta se conocía que la criada le había dicho lo que oyó a su padre y dijo a Pedro Saputo. Comió allí, pasearon por la tarde, y en la velada no habiéndose avisado sino a la persona que dijo don Vicente, que era su dama, tocó Pedro Saputo lo mismo que la otra vez, y aun con más primor y reflexión, cuanto era él más feliz con las nuevas de sus amores.
Mas la mañana siguiente le dio don Severo un mal rato. Preguntóle a secas si había oído hablar de Pedro Saputo; respondió él que un poco, pero que no podía dar noticias del sujeto. - Pues amigo, dijo don Severo, llegué ayer del Semontano y me hablaron de ese portento. Es un muchacho que dicen no tiene más de doce a catorce años, natural de Almudévar, y a su edad es el mayor sabio que se conoce: como que eso mismo quiere decir Saputo. Es también pintor, músico, pero famoso, quizá tanto como vos, don Paquito; un filósofo consumado, tan profundo en sus respuestas, que temen de ponérsele a tiro los hombres de más barbas de la tierra. Él sabe todos los oficios. En doce días aprendió a leer y escribir él mismo; en un rato a pintar, en otro a tocar todos los instrumentos; y es tan tratable y bien hablado que a todos encanta. No tiene padre, porque es hijo de una pupila que era pobre y él le ha hecho ya rica ganando todos los dineros que quiere. A lo mejor dicen que desaparece de la casa y vuelve lleno de oro que gana por ahí con su habilidad, o que le da alguna persona que en secreto le favorece por encargo de su padre, que dicen si es o no un gran señor de la corte que pasó por allí, o de un príncipe que iba disfrazado. Ello es, don Paquito, que no se habla de otra cosa; id a donde queráis, todos os hablan de él, todos preguntan y lo celebran. Y lo más gracioso es que nadie le ve nunca sino las temporadas que está en su lugar, como si trajese consigo el anillo de Giges, que hacía invisible. A esto dicen que unas veces se disfraza de nación, y se muda el rostro; otras creen que se va con los gitanos. Al oír esto no pudo contenerse Pedro Saputo, se echó a reír y dijo: - Raro humor sería el de ese muchacho. - Sí, señor, muy raro, dijo don Severo, ya se ve, un hombre tan extraordinario por fuerza lo ha de ser en todo. Hasta la madre dicen que sin saber cómo se ha vuelto una verdadera señora, como si hubiese nacido en alta cuna, sólo por la nueva educación que le ha dado su hijo. ¿Estáis en el golpe? La nueva educación que le ha dado su hijo; y que con esto no es engreída ni soberbia sino muy llana, aunque todos la quieren y respetan mucho. No sé, amigo don Paquito, cómo de Almudévar ha podido salir un elemento como éste. Porque habéis de saber (y perdóneme la ausencia) que es un lugarón feo de vista y más feo aún de tacto; y la gente de él pasa por... Vamos, no son de los más agudos. Yo estoy determinado de ir cuando sepa de cierto que está, porque ir en vano me pesaría en verdad el viaje. - Haréis bien, dijo Pedro Saputo; aunque yo creo que todo no es vero lo que suena el pandero y que la fama aumenta mucho o quizá lo pone todo. De un muchacho de mi tierra me contaban también maravillas y él cuando lo supo, se reía y dijo: pues si yo soy hombre grande, ¿qué serán los demás? Y tomando el violín se puso a tocar y distrajo a don Severo de su manía.
Al amor nadie le engaña; el amor todo lo sospecha, todo lo piensa, todo lo adivina. Mientras don Severo se volvía lenguas celebrando a Pedro Saputo, por lo que de él había oído, estaba Morfina mirándole enamorada y reuniendo y ponderando cuanto había visto a su amante y oído de él a los estudiantes, y decía en sí misma: o no hay tal Pedro Saputo o es éste; porque es tan hermoso como dicen, y tan sabio, y tan gran músico, y tan amable y tan diferente de los hombres que se usan. Y pensando esto le miraba y le saltaba el corazón, y se le encendía el rostro, y se moría de deseo de verse a solas y decirle, tú eres. Él la observaba, y sospechó lo que estaba imaginando, y logrando un momento de libertad le dijo: - Sí, Morfina, has adivinado, yo soy; pero cállalo; y si ahora que sabes quién soy no te pesa de haberme conocido... Quedó ella suspensa un rato, pero luego prorrumpió y dijo con calor y muy arrojada: - Morir primero que amar ni mirar a otro hombre. Ya no hay remedio; está echada la suerte; tuya, tuya soy. Mi pasión y mi razón lo quieren. Te vi, te conocí, y no puedo menos de amarte, y me costara la vida si no me hubieses correspondido. Porque tú solo (después de mis padres) estás para mí en el mundo. No tenía hombres para mí hasta ahora, no los tendré en adelante. Pero ¡ay!, no me engañes, porque me moriré; no me digas que me quieres si no me quieres tanto como dices y tanto como yo creo. Perdona, amante mío, este desahogo, esta franqueza y más aún la libertad que doy a tu amor y se toma mi cariño. No acabara la elocuente apasionada Morfina, si la voz de su padre que subía no la volviera en sí de aquel rapto amoroso. Él la seguró de cuanto pudiera desear; y después de comer se despidió y se fue acompañado de don Vicente, que le dejó luego para ir a un campo donde tenía algunos jornaleros.
Mania, s. f., lat. mania, manie, sorte de maladie.
Engendra mania.
De mania o de frenezia.
Eluc. de las propr., fol. 51 et 78.
Engendre manie.
De manie ou de frénésie.
CAT. ESP. (manía) PORT. IT. Mania. (chap. Manía, maníes. Manietes tamé se fa aná per a descriure a una persona que té tics, ñirviosa.)
2. Maniayc, Maniac, adj., lat. maniaticus, maniaque.
Dezigna maniaca passio. Eluc. de las propr., fol. 32.
(chap. Designe passió maniática.)
Désigne passion maniaque.
Substant. Cum vezem els maniaycs, frenetix. Eluc. de las propr., fol. 20.
(chap. Com veém als maníacos, frenetics.)
Comme nous voyons aux maniaques, frénétiques.
ESP. (maníaco) PORT. IT. Maniaco. (chap. maníaco o maníac, maníacos o maníacs; maníaca, maníaques. Per ejemple lo aragonés Manel Riu Fillat, que li té manía a la Facao, y datres catalanistes aragonesos.)
Manifestation, s. f., lat. manifestationem, manifestation.
La manifestation de l' execution de ley. Doctrine des Vaudois.
Manjar, v., lat. manducare, manger, dévorer, ronger.
Fes lo manjar a sa molher en semblan qu' el ne manjes.
V. de Guillaume de Cabestaing.
Le fit manger à sa femme en simulant qu'il en mangeât.
Los us fai raustir, e 'ls autres fai bulhir, segon aisso que ilh so bo a manjar. Liv. de Sydrac, fol. 17.
Les uns fait rôtir, et les autres fait bouillir, selon ce qu'ils sont bons à manger.
Fig. Senhors de terra qui fan quistas e toutas e malas accios, et escorgon e raubon e manjon lurs homes. V. et Vert., fol. 15.
Seigneurs de la terre qui font questes et toltes et méchantes actions, et écorchent et dérobent et dévorent leurs hommes.
Car autramen hom sa mort manjaria,
Qui 'l sagramen fermamen non creiria.
Matfre Ermengaud, Épître à sa soeur.
Car autrement l'homme mangerait sa mort, qui le sacrement fermement ne croirait.
Subst. Que jamais autre manjars... no 'l tolria la sabor de la boca.
V. de Guillaume de Cabestaing.
Que jamais autre manger... ne lui ôterait la saveur de la bouche.
ANC. FR. Puisque ele out mangied e beud.
Anc. trad. des Liv. des Rois, fol. 2.
Beles despensses, biaus celliers,
E buns boivres è buns meingiers.
Marie de France, t. II, p. 91.
CAT. Menjar. ESP. (comer) PORT. Manjar. IT. Mangiare.
(chap. Minjá: minjo, minges, minge, mingem o minjam, mingéu o minjáu, mingen; minjat, minjats, minjada, minjades.)
2. Manjaire, Manjador, s. m., lat. manducator, mangeur.
Es rudes e grans manjaires. Liv. de Sydrac, fol. 127.
(chap. Es bruto y gran minjadó; per ejemple, Juaquinico Monclús, presidén de la Ascuma de Calaseit, que a vegades escriu lo seu apellit Montclús perque se pense que aixina pareix mes catalá.)
Est rude et grand mangeur.
Li manjador eran V milia homes. Trad. du N.-Test., S. Marc, ch. 6.
(chap. Los minjadós eren sing mil homens.)
Les mangeurs étaient cinq mille hommes.
Ac i manjadors
Entorn V milhiers d' omes grans,
Estiers femnas e paucs efans.
Brev. d'amor, fol. 157.
Il y eut de mangeurs environ cinq mille hommes grands (faits), outre les femmes et les petits enfants.
CAT. Menjador. IT. Mangiatore. (chap. Qui ve a minjá: minjadó, minjadós, minjadora, minjadores. Tamé lo puesto aon se minge, sobre tot les ovelles, cabres, vore lo pun 4 aquí baix.)
3. Manjamen, s. m., manducation, action de manger, consommation.
Fenheran del manjamen. Brev. d'amor, fol. 130.
Feindront de la manducation.
Una quartairada de terra qu' en podon retener per ort e per manjamen.
Cartulaire du Bugue, fol. 24.
Une quartonnée de terre qu'ils en peuvent retenir pour jardin et pour consommation.
CAT. Menjament. IT. Mangiamento. (chap. lo minjá, los minjás; la minjada, les minjades.)
4. Manjadoira, s. f., mangeoire, auge.
Aqui unt non es bous, es voida la manjadoira. Trad. de Bède, fol. 54.
(chap. Allí aon no ña cap bou o buey, está buida la minjadora.)
CAT. ESP. PORT. Delegar. IT. Delegare. (chap. Delegá: delego, delegues, delegue, deleguem o delegam, deleguéu o delegáu, deleguen; delegat, delegats, delegada, delegades. Ara me ve a la memoria: cuan estaba al institut de Valderrobres, vach sé delegat de la meua classe, y alguns delegats vam aná a Mollina, Málaga, comarca de Antequera, en tren. Lo viache va sé llarg, y no mol cómodo; pero la estansia allí mol bona. Hasta va vindre a vórem una amiga de un poble de Córdoba, que se diu Cabra, que está avui a 57 kilómetros en coche. An esta amiga la vach coneixe a Bournemouth, sur d' Inglaterra, al estiu del 1995, cuan hi vach aná en una beca del ministeri de educassió. Al 1996 vach aná a Swansea, Gales. Signifique mes o menos: mar o lago dels cisnes (cygnus). Swan en inglés, Schwann, Schwäne en alemán. Prop de allí se va criá KenFollet, a Cardiff; vach visitá la siudat, entonses no había lligit cap llibre d'ell. Encara men enrecordo que allí me va “doná” un ramet de romé una gitana. Lo vach agarrá, san inossén de mí (mes que Azarías); pero cuan me va demaná alguna perra, li vach di que no ne portaba, y li vach torná lo manollet. Lo poc que vam parlá suposo que va sé en inglés, perque si ella me haguere contestat en galés o caló no men haguera enterat de res, y tampoc avui men enteraría. Desde entonses porto una maldissió, hasta que me móriga o estira la garra, o les dos.)
7. Relegar, Releguar, v., lat. relegare, reléguer, éloigner.
Part. pas. Lo layre sera relegat del loc et de la honor.
(chapurriau del 1463: lo lladre sirá relegat del lloc (locus: poble, puesto) y de la honor (domini, terres, etc.); sirá expulsat, aviat, aventat, foragitat o fora gitat, tret a gorrades, a patades, a puntapeus, etc. Aixina se hauríe de traure als lladres de avui en día.)
Ord. des R. de Fr., 1463, t. XVI, p. 128.
Le voleur sera relégué (hors) du lieu et du domaine.
ESP. Relegar. IT. Relegare. (chap. Relegá: relego, relegues, relegue, releguem o relegam, releguéu o relegáu, releguen; relegat, relegats, relegada, relegades.)