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viernes, 24 de abril de 2026

Ren, Re, riñó, riñons

Ren, Re, s. f., lat. renes, rein.

Si vostr' ausel en ren a mal. 

Cant auzel a mal en las res.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Si votre oiseau a mal au rein.

Quand l'oiseau a mal dans les reins.

ANC. CAT. Ren. ANC. ESP. Rene. ESP. MOD. (rinon) Riñón. PORT. Rins.
IT. Rene.

(chap. Riñó, riñons; riñonada, riñonades.)

Riñó, riñons; riñonada, riñonades; Ren, Re, s. f., lat. renes, rein.


2. Desrenar, Deregnar, v., éreinter.

Fort lo prendo a demandar

Per aucir e per deregnar.

Trad. de l'Évangile de Nicodème.

Ils prennent fort à le demander pour occire et pour éreinter.

Part. pas. Cant auretz auzel desrenat.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Quand vous aurez oiseau éreinté.

ESP. Derrengar. PORT. Derrear. (chap. Desriñoná, desriñonás : yo me desriñono, desriñones, desriñone, desriñonem o desriñonam, desriñonéu o desriñonáu, desriñonen; desriñonat, desriñonats, desriñonada, desriñonades; batut, mol cansat, espentolat, etc., sobre tot si es caván, asclán lleña, cullín o arreplegán les pataques.)

Arreplegán les pataques  t´hay vist les bragues, y no sé si eren negres  o ne ne portáes.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 9. De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar.

Capítul IX.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.


Mol al seu gust vivíe Pedro Saputo an aquell tems, volgut de tots, requerit, buscat, cridat y selebrat, próspero (com Bufa al ull, Bofarull) y ric, mes be per la seua modestia y filossofía que per les riqueses, encara que ya ere tal lo seu estat, que sa mare lluñ de serví a datres ere ella servida, pos teníe criades y se veíe estimada y respetada al poble per lo seu fill, y per nella mateixa tamé, que sabíe tratá en los grans y en los minuts sense adulá an aquells ni afoná als atres. Pedro Saputo estudiabe, cassabe, y donáe los ratos libres a les seues dos enamorades Rosa y Eulalia, que en les lecsions y trate de un home com ell habíen millorat mol lo seu bo natural, y reflejaben la seua amabilidat y la seua grandesa de ánimo, discretes, enteses, ben parlades y naturals, en tot amabilíssimes. Al poble y casa de don Severo pesse a la carta y amor de Morfina y de la promesa a son pare no pensabe anáy tan pronte per raons que ell teníe y que al seu tems declarará a qui correspongue. Y no va dixá de sentí esta contradicsió de la sort, perque encara no van passá dos mesos, cuan va sabé que habíe mort don Severo; y ni en este motiu se va atreví a aná a vore a Morfina. La sala en aixó ya no se pintaríe; y se quedaríe al seu puesto. Ixíe a pintá per alguns pobles; encara que sén totes obres de poca monta, eren les aussensies curtes y servíen sol pera renová lo gust de aquella dolsíssima vida. Pero va ocurrí al cap de un tems un cas que lo va entristí de gran manera, casi no ne teníe prou en tota la seua filossofía pera no renegá del seu poble, y agarrá a sa mare y anassen a viure a un atre.

Lo ferré un día se va cabrejá en la seua dona perque li habíe portat lo amorsá gelat; y agarrán un ferro ruén que estáe calentanse a la forja lay va embutí per la boca hasta lo garganchó, expirán la infelís al cap de un ratet. Ere lo ferré home mol estrafalari, bossal, may segú y de mol males bromes, perque es de advertí que tot u fée enriénsen. La pobre dona passáe molta pena en ell, si li apetíe fótreli lleña, lay fotíe; si acarissiali lo pel, lay acarissiáe; fela dormí a enterra despullada y sense roba al hivern, la fée dormí o gitás aixina; si li oferíe com per cariño un mosset en la cullera, al tems que obríe la boca lay tiráe a la cara o al pit. Atres vegades agarrabe un gabiñet, y fenla estirás y ficanli lo peu al coll jugabe a degollá al cordé o al gorrino, o acabáe eixecán lo bras dién: quí com Deu. 

Atres li lligabe los brassos al cos y después les cames, y la fée rodá per lo cuarto y alguna vegada per la escala. Pero esta burla que va volé fé en lo ferro de la forja va superá a totes, pos va dixá a la pobre dona sense vida en menos de cuatre minuts.

Lo van prendre inmediatamen, y ficat a la presó en moltes cadenes al coll y grillets als peus, lo van jusgá aquell mateix día y lo van condená a mort; la sentensia la ejecutaríen un atre día. Ya estáe la forca eixecada y tot lo poble a la plassa aguardán la ejecussió; ya lo traíen y portáen al patíbul, cuan puján un del poble baixotet damún dels muscles de un atre poc mes alt, va di:

"¿Qué faréu, fills de Almudévar? ¿Conque enforcaréu o penjaréu al ferré, que sol ne tenim un? Y ¿qué farem después sense ferrero? ¿Quí mos luciará les relles? ¿Quí ferrará les nostres mules desmemoriades? miréu lo que passe. En ves de penjá al ferré que mos fará después muita falta, perque ye sol, enforquem un teixidó que ne tenim set al poble y per un menos o mes no ham de aná sense camisa».

- ¡Té raó!, ¡té raó!, van cridá tots; ¡penjarem a un sastre!, ¡un teixidó!... ¡un sastre!... Y sense mes que esta veu y crit agarren al primé de ells que van topetá per allí, lo porten a la forca, lo pujen y lo penchen, y fiquen en libertat al ferré.

Va sabé aixó Pedro Saputo, que no va volé aná a la ejecussió ni habíe eixit de casa, y va aná corrén a escape a la plassa a vore si podíe impedí aquella animalada injusta; pero va arribá tart perque ya estáe garreján lo infelís del sastre. Se va umplí de horror de tan gran barbaridat, y sen va entorná cap a casa seua mut de paraules y gelat lo cor, pareixenli que lo sel y la terra se habíen cambiat lo puesto.

Per la tarde los va di als prinsipals del poble que van aná a vórel:

- Calléu al menos, siñós; que aixó no se sápigue; que aixó no ixque dels nostres muros; perque, ¿qué se dirá de natres? Si aixó arribe a sabés, y se sabrá, no dudéu que mentres lo món seguixque sen món se sitará y recordará en etern baldón del nom de Almudévar. 

Pero ells se van excusá dién que no van podé convense a la multitut irrassional, ni fes sentí en aquell momén.

Y se va consumá la barbaridat mes gran que van vore los siglos.

Pedro Saputo va sentí tan disgust, que pera distraures va agarrá la espasa y una mula de son padrí y sen va aná a passá uns díes fora.


Original en castellá:

Capítulo IX.

De donde viene el dicho: La justicia de Almudévar.

Muy a su gusto vivía Pedro Saputo en aquel tiempo, querido de todos, buscado, llamado y celebrado, próspero y rico, más bien por su modestia y filosofía que por las riquezas, aunque ya era tal su estado, que su madre lejos de servir a otros era ella servida, pues tenía criadas y se veía estimada y respetada en el pueblo por su hijo, y por ella misma también, que sabía tratar con los grandes y con los pequeños sin adular a aquéllos ni confundir a éstos. Pedro Saputo estudiaba, cazaba, y daba los ratos libres a sus dos enamoradas Rosa y Eulalia, que con las lecciones y trato de un hombre como él habían mejorado mucho su buen natural, y reflejaban su amabilidad y su grandeza de ánimo, discretas, entendidas, bien habladas y naturales en todo amabilísimas. Al pueblo y casa de don Severo a pesar de la carta y amor de Morfina y de la promesa de su padre no pensaba ir tan pronto por razones que se tenía y que a su tiempo declarará a quien corresponda. Y no dejó de sentir esta contradicción de la suerte, porque aún no pasaron dos meses, cuando supo que había muerto don Severo; y ni con este motivo se atrevió a ir a ver a Morfina. Sobre que la sala con esto ya no se pintaría; y permanecería en su lugar. Salía a pintar a algunos pueblos; aunque siendo todas obras de poco momento, eran las ausencias cortas y servían sólo de renovar el gusto de aquella dulcísima vida. Pero ocurrió de ahí a algún tiempo un caso que le afligió en gran manera, no bastando casi toda la filosofía para no maldecir de su pueblo, y coger a su madre e irse a vivir a otro.

El herrero un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca y la garganta, expirando la infeliz en brevísimo rato. Era el herrero hombre muy estrafalario, bozal, nunca seguro y de muy malas chanzas, porque es de advertir que todo lo hacía riendo. La pobre mujer pasaba mucho trabajo con él porque sin más causa ni motivo que antojársele darle palos, le daba; mesarle los cabellos, se los mesaba; hacerla dormir en el suelo desnuda y sin ropa en invierno, la hacía dormir o acostarse así por lo menos; ofrecerle como por cariño un bocado con la cuchara, se lo ofrecía y al tiempo que abría la boca se lo tiraba a la cara o en el seno. Otras veces cogía un cuchillo, y haciéndola echar y poniéndole el pie en el cuello jugaba a degollar el carnero o el cochino, o concluía levantando el brazo diciendo: quién como Dios. Otras la ataba los brazos al cuerpo y luego las piernas en uno, y la hacía rodar por el cuarto y tal vez por la escalera. Pero esta burla que quiso hacer con el hierro de la fragua superó a todas, pues dejó a la pobre mujer sin vida en menos de cuatro minutos.

Prendiéronle inmediatamente, y puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies, le juzgaron aquel mismo día y le condenaron a muerte; cuya sentencia iban a ejecutar otro día. Ya estaba la horca levantada y todo el pueblo en la plaza aguardando la ejecución; ya le sacaban y llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro dijo: «¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque esforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as rellas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa». - ¡Tiene razón!, ¡tiene razón!, gritaron todos; ¡enforcar un teisidor!, ¡un teisidor!... ¡un teisidor!... Y sin más que esta voz y grito cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero.

Supo esto Pedro Saputo, que no quiso ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia; pero llegó tarde porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad, y se volvió a su casa mudo de palabras y frío del corazón pareciéndole que el cielo y la tierra se habían mudado.

Por la tarde dijo a los principales del pueblo que fueron a verle: - Cállese al menos, señores; que esto no se sepa; que esto no salga de nuestros muros; porque, ¿qué se ha de decir de nosotros? Si esto llega a saberse, y se sabrá, no dudéis que mientras el mundo sea mundo se citará y recordará con eterno baldón del nombre de Almudévar. Mas ellos se excusaron diciendo que no pudieron persuadir a la multitud irracional, ni aun hacerse oír en aquel momento. Y se consumó la barbarie más inicua que vieron los siglos.

Pedro Saputo sintió tanto disgusto, que por distraerse tomó la espada y una mula de su padrino y se fue a pasar unos días fuera.

viernes, 26 de julio de 2024

2. 6. Pedro Saputo al convén.

Capítul VI.

Pedro Saputo al convén.

Pedro Saputo al convén.


No va pendre lo hábit de monja, com volen di alguns y creu lo vulgo ignorán, que hasta han arribat a afirmá que va professá y va viure tres añs al convén. Tot es fals, tot inventos y donaire de homens destalentats, burlons y faltons. ¿Y pera qué? pera acabá en un cuento absurd, infame y asquerós que fa vómit y vergoña. Res de indessén, res de negre ni de mulato va passá an aquell convén; de grassiós y amable, sí, mol, perque no cabíe datra cosa a la edat y miramén de Pedro Saputo, ni a la amabilidat y virtut de aquelles siñores.

Admitixgo, pos, dins de reixes, que entonses no eren tan quisquilloses ni tan fortes ni espesses com después se van torná a tots los convens com precaussió nessessaria contra la fragilidat humana que a dins se refugie, y diénles que se díe Geminita, la van destiná per de pronte de ajudanta a la cuina, fenla sotacuinera. Pesat li va resultá, repugnán y afrentós; pero per sort, als tres o cuatre díes li va preguntá la mare priora si sabíe cusí, y va di que una mica a la moda y gust de les gens del siglo; y pera probala li va doná a cusí dos parells de cansonsillos de un reverendo ex guardián que males llengües díen que habíe sigut y ere encara lo amor mes amartellat de una germana de la priora, casada al poble y ya viuda.

Al poc rato va vore la priora que Geminita cusíe en mes primor que les mes reputades entre elles, y va amostrá la labor a les atres monges, los va pareixe tan be a totes, que per acuerdo unánime o mes be per aclamassió la van traure de la cuina y la van declará la donsella de labor de la comunidat, tratanla en mol cariño, y procurán la mayoría de elles mostrás mol seues, ya que u mereixíe tot la seua modestia, afabilidat y bona grassia.

Se van prendá de ell mol espessialmén dos novissies que ñabíe casi de la seua mateixa edat. La una perque de chiqueta caén de morros al foc ubert de lleña se va volcá damún una olla de aigua bullín y se habíe escaldat lo coll y tot un pit, van creure sons pares que siríe inútil per al món y la van incliná a sé monja, dixanse ella incliná y portá, volén o no, mol inossenmen a tot lo que li proposaben. 

Y l'atra, veína y amiga seua, la va seguí pocs díes después sol per fé lo mateix; y portáen entonses de sis a set mesos de hábit.

Estes dos sagales, pos, li van manifestá prou cariño per sé de la mateixa edat, ya que la mes gran, que ere la cremada, teníe setse añs y alguns mesets; y l'atra no mes de ixos mesos menos. 

Pera viure y parlás y tratás mes libremen van demaná a la mestra de novissies que li demanare a la mare priora la grassia de dixá dormí a Geminita al novissiat, la maestra ere blaneta, y li va parlá aquell mateix día a la priora, que pera contentá a les cuatre va consedí lo seu dessich, passán aixó a les dos semanes de está ell al convén.

En cuidadet anáe ell en tot pera no descubrís; parláe poc y sempre en oportunidat y agudesa, pero sensillamén y com si fore cosa natural y sense advertensia. De sort que sol en les seues paraules y bons modos se habíe de embutí al cor y al moll del os de totes elles; y així passáe, hasta abrassál y donali besos jovenetes y agüelotes cuan lo sentíen parlá en tanta discressió y sabiduría. Per supost, ell se dixáe abrassá y besá, pera no eixecá sospeches, pero no solíe torná estes carissies, rara vegada u feie. Se li queixáen amorosamen de sé massa aspra y fura. Les que mes se queixaben eren les dos novissies, perque tamé eren les que mes cariños li féen. Se díen elles la una Juanita, y l'atra Paulina. La Juanita ere la del pit escaldat.

Habíe tingut Paulina molta temó als morts y als duendes, y encara li durabe; aixina que la maestra de novissies les permitíe alguna vegada dormí juntes, cosa que no se usabe ni aprobabe la regla. 

Van allargá esta libertat después de entrá allí Geminita, y alguna vegada dormíen les tres juntes, dixán ell corre sempre la ignoransia de aquelles sagales.

Al final se va tindre que descubrí diénles un día, que estáe mol apenada perque al seu pareixe se tornáe home. Sen van enriure aquelles inossentes mossetes; ell va insistí en que ere verdat, y elles encara sen enríen mes y no faen cas. Su van tindre que creure, pero sense sospechá lo engañ y teninlo sol com un cas mol raro y casi milagrós. Perque dudá de que va entrá dona al convén ni sels podíe ocurrí. Conque van passá prop de dos mesos de esta manera en la mes gran sensillés y naturalidat del món, y sense cap escrúpol ni reparo.

Lo mes gran perill que va corre lo seu disfrás constanmen va sé que olvidat del papé que fée descubriguere que sabíe lligí, y anáe sobre aixó parán molta cuenta, no agarrán may cap llibre a les mans per mes que los veíe a totes les taules, be que reduíts a breviaris, diurnos y devossions cristianes; y si alguna vegada ne obríe algún lo miráe un rato y díe: aixó es o..., y esta, ele, y nombrabe tres o cuatre lletres, sempre les mateixes, de lo que sen enríen mol les novissies y les atres monges. Y ningú sen recordáe de la seua familia ni se va tratá de escriure al seu poble.

Encara va fé un atra inossentada. La organista ere una coixa, que fora de esta falta y la de una den, ere bastán grassiosa y la mes lista, pincha y atrevida de la comunidat; pobres a casa seua, la van admití per lo ofissi. Passán un día Geminita per la seua cámara va entrá y va vore que amagáe mol depressa un papé brut, y li va di: 

- Perdonéu sor Nazaria; pero eixe papé, si está escrit yo no hay de lligíl, y escrit o no, ha de mascará tot lo que toco segons hay vist.

- Pos que mascaro, va contestá la monja; lo embutixco aquí prop del cor perque es de una persona que ting apossentada al mich de les entrañes; y te u descubrixco perque eres discreta. Escolta lo que diu: "Dolsa y grassiosa colometa meua: me fan aná a predicá tres sermons, y tardaré dos siglos en torná, que dos siglos o mes significarán pera mí tindre dolén lo cor les dos semanes que estaré sense vore los teus ulls amorosos, sense sentí la teua veu encantadora, sense contemplá lo teu rostro encantadó, sense donat y ressibí aquells apassionats abrassos entesos sol per tú y per mí.

Si puc, vindré a despedím; pero per si auncás escriume esta tarde, y aplica al papé una dotsena de besets com yo los dono an éste pera que tú los arreplegos. ¡Prenda meua! ¡Ama meua! La teua imache, que sempre ting presén, sirá lo meu ídolo en esta aussensia, així com tú, aussén y presén, eres la meua vida y la meua alma. Teu. N.»

- Tendre y enamorat está fulano, va di Geminita; pero lo seu papé mereixíe mes cuidado, pareix que hau llimpiat en ell lo cresol o embolicat una butifarra de sang rostida al caliu.

- Es que, va di la monja, me l'ha enviat a dins de un pichonet guisat y farsit. Tamé yo li envío los meus en dolsaines, bizcochos, en lo que puc.

- Y, ¿qué traéu, diéume, li va preguntá, de ixos amors, no se poden vore mes que de lluñ y sempre reixa pel mich, ni tratás mes que per escrit? ¿Quín gust poden tindre uns besets que venen embolicats en un colomet guisat, fen auló a espessies y tan pringosos?

- No u entenéu, va contestá la monja; si no fore per naixó mos moriríem totes badallán. Perque has de sabé que fora de algunes de gust mol soberbio, com la priora y sor Mercedes, totes tenim cada una lo seu cada un, y tratem la una en un flare, l'atra en un benefissiat, y així, filla meua, tenim ocupat lo cor y entretingut lo pensamén. Y si ixos homens pugueren entrá... Y no es difíssil, perque yo sé cóm y per aón; pero lo meu es flare y se sabríe, que si no... Pos, com día, si pugueren entrá, totes mos pedríem, perque tot aniríe al ample. Lo nostre amor es mes violén que fora a la libertat del siglo que corre. Yo men enrecordo de que vach voldre be a un jove abans de entrá, perque vach vindre ya en vin añs y ya ne fa nou que hi estic, y aquell amor a cap desesperassió me portáe, com éste me porte a vegades, y com yo sé que los passe a les atres en los seus. Perque aquí lo que es al exterió, molta humildat y mansuetut, molta pas y tranquilidat; pero interiormen y a soles són les batalles y furors, y la brasa a les entrañes, y lo avivás lo foc, y lo estampit y cruixí de les flames que rodegen y u abrasen tot. Hasta la mare priora ha tingut los seus mals de cap, y potsé los té encara, pero u dissimule mol o per la edat ya no u sentix en tanta forsa.

Y sor Mercedes, si no los té, es perque diu que lo que ha de agradali y mereixe lo seu amor ha de sé mol superlatiu, y después mol prudén pera sabé patí y callá, y no caminá fen lo enamorat y lo suspirós, y menos dién chiquillades per tot arreu. Cada una tenim lo nostre gust y les nostres aprensions.

- Yo creía, va di Pedro Saputo fense lo simple, que les monges eren totes santes.

- Y u som, va contestá ella; pero hechizas y de botarga: de les verdaderes va passá ya lo tems. Mira: diuen que lo món, lo demoni y la carn són los enemics del alma; pos yo te asseguro que a cap puesto se troben tan a gust com als claustros. Es sert que lo món no mo se oferix per plasses y palaus, no mos deslumbre en la seua pompa y vanes apariensies; ni s'apareix al estat y vida que seguim; pero ve a les nostres reixes y mos entre per nelles en totes les seues inmundissies, y mos taque encara mes que als mateixos que los porten. Aquí se pregunte y averigüe tot lo que passe al poble, y lo que gasten aquell y aquella, y de aón y cóm; y lo que parle y trate y se descuide la donsella, y lo que engañe la casada, y se desenfade la viuda; se sap per díes y hasta per hores la vida del mossen, del dotó, del caballé, del villano, de tots en una paraula, grans, michans, y menuts; y u pensam, u regiram y murmuram, y ya la enveja, ya lo juissi temerari, ya la mes refinada malissia mos consumix, mos contente y cobre venjansa. Pos entre natros (y aquí entre lo demoni), colometes sense fel, tórdoles arrulladores de la soledat, ¡ay, quina tela, va di lo sastre! ¡ah, qué carneta, va di lo carnissé! ¡ay, qué inossén, va di lo novio!; tot es motejamos, criticamos, calumniamos, ficamos a pelá; tot soberbia, passions, chismes, parladuríes, odio, bandos, riñes, sels, despiques, enveches, reconcomios; y a vegades de esta ficsió y hipocressía, dién al món perdut y relajat, donem grassies a Deu per habemos librat dels seus perills.

- Lo dimoni de la vanidat mos té mes rendides y esclavisades que a les dones mes tontes y profanes del siglo. May mos criden al locutori sense antes passamos revista y donamos tres mans al espill, pera que lo vel caigue així, volo aixá, jugo de esta manera, descanso de l'atra; y que la toca, y la correcha y la cadena y lo escapulari diguen algo al que mos mire, com si per mol que mos atildem pugam dixá de sé dones visions y hermosures de carnerari, ni mes ni menos que los flares dixá de fé pudó a sobaquina.

- Pos en cuan a la carn, ya te hay dit lo que mos passe, perque tan mal inclinada está aquí, y alguna vegada tan aveada, com allá fora, y sempre mes irritada, o al menos mes fássil y rebelde, be que menos libre y satisfeta. Pero yo, Geminita, miro totes estes coses com oreo de abanico y te dic y asseguro que si deu vegades naixquera, deu vegades me ficaría a monja, encara que fore pera passá aquí lo infern y allá lo purgatori; o al revés, y me ixíen los pans de pintadó hosties. No saben, no, les gens del món lo que passe als claustres, ni u podríen entendre sense vóreu ni experimentáu. ¡Oh, qué diferén u jusguen y u creuen tots, com u creía yo mateixa, que me imaginaba aquí la inossensia y la vida del paraís!

- Mol engañada, pos, vivía yo, va contestá Pedro Saputo; y encara que en los díes que fa que estic hay vist algo, no veía tan com tot aixó.

- Perque sou mol chiqueta y no teniu malissia, va di la coixa; creixéu, creixéu, creixéu, mudáu eixe hábit al nostre, feu la creu y nugo gordiano dels votos, y entonses voréu, y ya mu diréu si voléu di la verdat. Mira, pos, quin pun éste de la verdat. Aquí, Geminita, se mentix mes que a una fira, mes que a la tenda de un mercadé sense consiensia; y la que va en la verdat obté damún la burla y lo despressio de totes. Y ojito de fiáten de alguna, perque no se sap lo que es la lealtat, y de la caridat sol se coneix lo nom.

- En tot, va replicá Pedro Saputo, al meu pareixe hau exagerat una mica massa mols defectes ben minuts, eixecán montes al pla, com lo puch de Puigmoreno, y valletes al secá, com a Valmuel. Yo no los miro en vidres de aumén ni del coló de les passions; y vech caridat, indulgensia y bon espíritu, y no trobo ixa discordia del infern que tot segons diéu u porte a punta de llengua y dardo de escursó. Perque, ¿qué són alguns desvíos, alguna enganchada, algunes contradicsionetes? Entre germans se troben, y hasta entre pare y fills, y no per aixó dixen de sé lo que són, y después se 'ls olvide y tornen a tratás y confiás com si res haguere passat.

- Pero dixán tot aixó, si tos pareix, ¿no voldríeu enseñám a lligí y tocá lo órgano de Turull?

- Si la mare priora vol y te dixe, va contestá la monja, per mí en mol gust. Demánali la grassia; sí, sí, demánalay y sirem bones amigues. En efecte, va parlá a la priora y li va otorgá la grassia, discurrín que si a la sagala la podíen traure una mica lletrada y organista, se quedaríe de segona y la professaríen de monja de obediensia. Y va escomensá lo seu estudi adeprenén la paleta de la Jesús y teclechán contínuamen a un instrumén que teníe la coixa a la seua cámara, paregut al de Fondespala, al Matarraña. Va volé esta enseñali tamé la solfa, y ell va di que lo que importabe eren les lletres y les tecles, que aixó vindríe mes abán; y en vuit díes va fé vore que adepreníe y coneixíe totes les lletres de la primera linea de la paleta hasta la H, de lo que estáe mol orgullosa la coixa. Y uns ratos cusín, atres tecleján, y servín tamé a la priora y an alguna atra monja de les de copete, y fen lo pesolaga algún rato en les novissies, se pegáe mol bona vida.


Original en castellá:

Capítulo VI.

Pedro Saputo en el convento.


No tomó el hábito de monja, como quieren decir algunos y cree el vulgo ignorante, que hasta han llegado a afirmar que profesó y vivió tres años en el monasterio. Todo es falso, todo inventación y donaire de hombres desatentados y burlones. ¿Y para qué? Para concluir con un cuento absurdo, infame y asqueroso que da náuseas y vergüenza. Nada de indecente, nada de negro ni de mulato pasó en aquel convento; de gracioso y amable, sí, mucho, porque no cabía otra cosa en la edad y miramiento de Pedro Saputo, ni en la amabilidad y virtud de aquellas señoras.

Admito, pues, dentro de rejas, que entonces no eran tan quisquillosas ni tan fuertes ni espesas como después se hicieron en todos los conventos como precaución necesaria contra la fragilidad humana que dentro se refugia, y diciéndoles que se llamaba Geminita, le destinaron por de pronto de ayudanta a la cocina, haciéndole sotacocinera. Duro le fue, repugnante y afrentoso; pero a dicha, de ahí a tres o cuatro días le preguntó la madre priora si sabía coser, y dijo que un poco a la moda y gusto de las gentes del siglo; y por prueba le dio a coser dos pares de calzoncillos de un reverendo exguardián que malas lenguas decían había sido y era en el día el amor más amartelado de una hermana de la priora, casada en el pueblo y ya viuda a la sazón; lo cual, como ve el lector, maldita la cosa que tocaban a la bienaventurada monja.

A poco rato conoció la priora que Geminita cosía con más primor que las más reputadas entre ellas, y mostró la labor a otras monjas, pareciendo tan bien a todas, que por acuerdo unánime o más bien por aclamación le sacaron de la cocina y declararon la doncella de labor de la comunidad, tratándole con mucho cariño, y procurando las más de ellas mostrársele muy suyas, mereciéndolo todo su modestia, su afabilidad y buena gracia.

Prendáronse de él muy especialmente dos novicias que había casi de su misma edad. La una porque de chiquita cayéndose de bruces en el fuego del hogar se volcó encima una olla de agua hirviendo y se había quemado el cuello y todo un pecho, creyeron sus padres que sería inútil para el mundo y la inclinaron desde luego a monja, dejándose ella inclinar y llevar al fin, si querer si no querer, más de decir que sí muy inocentemente a todo lo que le proponían. Y la otra, vecina y amiga suya, la siguió pocos días después sólo por hacer lo mismo; y llevaban entonces de seis a siete meses de hábito.

Estas dos muchachas, pues, le manifestaron mas cariño por ser de su misma edad, puesto que la mayor, que era la quemada, tenía dieciséis años y meses; y la otra no más de esos meses menos. Para vivir y hablarse y tratarse más libremente rogaron a la maestra de novicias que pidiese a la madre priora la gracia de dejar dormir a Geminita en el noviciado, la maestra era de suyo indulgente, y habló aquel mismo día a la priora, la cual por contentar a todas cuatro concedió con su deseo, sucediendo esto a las dos semanas cabales que él estaba en el convento.

Con el mayor cuidado iba él en todo para no descubrirse; hablaba poco y siempre con oportunidad y agudeza, pero sencillamente y como si fuese cosa natural y sin advertencia. De suerte que sólo con sus palabras y buen modo se había de meter en el corazón y en los tuétanos de todas ellas; y así sucedía, hasta abrazarlo y darle de besos jóvenes y viejas cuando le oían hablar con tanta discreción y sabiduría. Por supuesto, él se dejaba abrazar y besar, por no dar sospecha, pero no solía volver estas caricias sino rara vez. Como que se le quejaban amorosamente de su esquivez e insensibilidad. Las que más se quejaban eran las dos novicias, porque también eran las que mas cariños le hacían. Llamábanse ellas la una Juanita, y la otra Paulina. La Juanita era la del pecho quemado.

Había tenido Paulina mucho miedo a los muertos y a los duendes, y aún le duraba; como que la maestra de novicias les permitía alguna vez dormir juntas, cosa que no se usaba ni aprobaba la regla. Alargaron esta libertad luego que estuvo allí Geminita, y alguna vez dormían las tres juntas, dejando él correr siempre la ignorancia de aquellas muchachas.

Al cabo se hubo de descubrir diciéndoles un día, que estaba muy triste porque a su parecer se volvía hombre. Riéronse aquellas inocentes niñas; él insistió en que era verdad, y ellas en reírse y no hacer caso. Pero como por eso no dejaban de llamarle como antes, lo hubieron de creer, pero sin sospechar el engaño y teniéndolo solamente por un caso muy raro y casi milagroso. Porque dudar que entró mujer en el convento ni aun ocurrirles podía. Conque pasaron cerca de dos meses de esta manera con la mayor sencillez y naturalidad del mundo, y sin el menor escrúpulo ni reparo.

El mayor peligro que corrió su disfraz constantemente fue el que olvidado del papel que hacía descubriese que sabía leer, y andaba sobre esto muy advertido, no tomando nunca ningún libro en las manos por más que los veía en todas las mesas, bien que reducidos a breviarios, diurnos y devociones cristianas; y si alguna vez abría alguno lo miraba un rato y decía: esto es o..., y ésta, ele, y nombraba tres o cuatro letras, siempre las mismas, de lo que se reían mucho las novicias y las otras monjas. Y nadie se acordaba de su familia ni se trató de escribir a su pueblo.

Aún hizo otra inocentada. La organista era una coja, que fuera de esta falta y la de un diente, era bastante graciosa y la más lista y atrevida de la comunidad; pobre de su casa, y a quien admitieron por el oficio. Pasando un día Geminita por su celda entró y vio que ocultaba muy aprisa un papel sucio, y le dijo: - Perdonad sor Nazaria; pero ese papel, si está escrito yo no he de leerle, y escrito o no, ha de untar todo lo que toque según he visto. - Mas que unte, respondió la monja; le meto aquí cerca del corazón porque es de una persona a quien tengo aposentada en medio de mis entrañas; y te lo descubro porque eres discreta. Oye lo que contiene: «Dulcísima y graciosísima paloma mía: me hacen ir a predicar tres sermones, y tardaré dos siglos a volver, que dos siglos y más serán para mi enfermo corazón dos semanas que estaré sin ver tus ojos amorosos, sin oír tu voz encantadora, sin contemplar tu rostro hechicero, sin darte y recibir aquellos aspirados abrazos de ti y de mí solos entendidos. Si puedo, iré a despedirme; pero por si acaso escríbeme esta tarde, y aplica al papel una docena de besos como yo los doy a éste para que tú los recojas. ¡Prenda mía! ¡Dueño mío! Tu imagen, que siempre tengo presente, será mi ídolo en esta ausencia, así como tú, ausente y presente, eres mi vida y mi alma. Tuyo N.» - Tierno y enamorado está el sujeto, dijo Geminita; pero su papel merecía otro cuidado, que no dirán sino que habéis limpiado con él la lámpara o envuelto una morcilla asada. - Es, dijo la monja, que me lo ha enviado dentro de un pichón cocido y relleno. También yo le mando los míos en dulces, en bizcochos, en lo que puedo. - Y, ¿qué sacáis, decidme, le preguntó, de esos amores no pudiendo ver sino de lejos y siempre reja en medio, ni trataros sino por escrito? ¿Qué gusto pueden tener unos besos que vienen envueltos con todo un pichón guisado, oliendo a especias y tan pringosos? - No lo entiendes, respondió la monja; si no fuera esto nos moriríamos todas de bostezos y encharcamiento. Porque has de saber que fuera de algunas de gusto muy soberbio, como la priora y sor Mercedes, todas tenemos cada una su cada uno, y tratamos cuál con un fraile, cuál con un beneficiado, cuál con otro que se le previene, y así, hija mía, tenemos ocupado el corazón y entretenido el pensamiento. Y si esos hombres pudieran entrar... Y no es difícil, porque ya yo sé cómo y por dónde; pero el mío es fraile y se sabría, que si no... Pues, como decía, si pudiesen entrar, todas nos perderíamos, porque todo iría a barrisco. Nuestro amor es más violento que fuera en la libertad del siglo. Yo me acuerdo que quise bien a un joven antes de venir, porque vine ya de veinte años y hace nueve que estoy, y aquel amor en ninguna desesperación me ponía, como éste me pone a veces, y como yo conozco que les sucede a otras con los suyos. Porque aquí lo que es al exterior, mucha humildad y mansedumbre, mucha paz y tranquilidad; pero interiormente y a solas son las batallas y furores, y el arder de las entrañas, y el consumirse el fuego, y el estallido y rumor de las llamas que envuelven y abrasan todo. Aun la madre priora ha tenido sus quebraderos de cabeza, y quizá los tiene en el día, pero lo disimula mucho o por la edad no siente ya con braveza. Y sor Mercedes, si no los tiene, es porque dice que el que ha de gustalle y merecer su amor ha de ser muy superlativo, y después muy prudente para saber sufrir y callar, y no andar haciendo el enamorado y el suspiroso, y menos diciendo niñerías trasminándose por todas las junturas. Cada una tenemos nuestro gusto y nuestras aprensiones.

- Yo creía, dijo Pedro Saputo haciendo el simple, que las monjas eran todas santas. - Y lo somos, respondió ella; pero hechizas y de botarga: de las verdaderas pasó ya el tiempo. Mira: dicen que el mundo, el demonio y la carne son los enemigos del alma; pues yo te aseguro que en ninguna parte se la llevan tan de calle como en los claustros. Es cierto que el mundo no se nos ofrece por plazas y palacios, no nos deslumbra con su pompa y vanas apariencias; ni se parece en el estado y vida que seguimos; pero viene a nuestras rejas y se nos entra por ellas con todas sus inmundicias, y nos mancha aún más que a los mismos que le componen. Aquí se pregunta y averigua cuanto pasa en el lugar, y lo que gastan aquél y aquélla, y de dónde y cómo; y lo que habla y trata y se descuida la doncella, y lo que engaña la casada, y se desenfada la viuda; sabiendo por días y aun por horas la vida del clérigo, del facultativo, del caballero, del villano, de todos en una palabra, grandes, medianos, y chicos; y lo pensamos, y lo revolvemos y murmuramos, y ya la envidia, ya el juicio temerario, ya la más refinada malicia nos consume, nos contenta y da venganza. Pues entre nosotras (y aquí entra el demonio), palomitas sin hiel, tórtolas arrulladoras de la soledad, ¡ay, qué tela, dijo el sastre!; ¡ay, qué inocente, dijo el novio!; todo es motejarnos, criticarnos, calumniarnos, desollarnos; todo soberbia, pasiones, chismes, odio, bandos, riñas, celos, despiques, envidias, reconcomios; y a vueltas de esta ficción e hipocresía, llamando al mundo perdido y relajado, y haciendo que damos gracias a Dios por habernos librado de sus peligros.

- El demonio de la vanidad, que si otra cosa no topase pegará a una verruga, nos tiene más rendidas y esclavillas que a las mujeres más tontas y profanas del siglo. Nunca nos llaman al locutorio, que no nos pasemos revistas y demos tres manos en el espejo, para que el velo caiga así, vuele asá, juegue de esta manera, descanse de la otra; y que la toca, y la correa y la cadena y el escapulario digan algo al que nos mira, como si por mucho que nos atildemos podemos dejar de ser mujeres visiones y bellezas de carnerario, ni más ni menos que los frailes dejar de heder a sobaquina.

- Pues en cuanto a la carne, ya te he dicho lo que nos sucede, porque tan mal inclinada está aquí, y alguna vez tan avezada, como allí fuera, y siempre más irritada, o al menos más fácil y rebelde, bien que menos libre y satisfecha. Mas yo, Geminita, miro todas estas cosas como oreo de abanico y te digo y aseguro que si diez veces naciera, diez veces me pondría a monja, dado que fuese para pasar aquí el infierno y allá el purgatorio; o al revés, y me salían las hogazas hostias. No saben, no, las gentes del mundo lo que pasa en los claustros, ni lo podrían entender sin vello ni esperimentallo. ¡Oh, qué diferente lo juzgan y lo creen todos, como lo creía yo misma, que me imaginaba aquí la inocencia y la vida del paraíso!

- Muy engañada, pues, vivía yo, respondió Pedro Saputo; y aunque en los días que hace que estoy he visto algo, pero no tanto como todo eso. - Porque sois muy niña y no tenéis malicia, dijo la coja; creced, creced, creced, mudad ese hábito en el nuestro, haced la cruz y nudo gordiano de los votos, y entonces veréis y me lo diréis si queréis decir la verdad. Mira, pues, qué punto éste de la verdad. Aquí, Geminita, se miente más que en una feria, más que en la tienda de un mercader sin conciencia; y la que trata verdad, segura tiene encima la burla y el desprecio de todas. Y cuidado de fiarte de alguna, porque no se sabe lo que es la lealtad, y de la caridad sólo se conoce el nombre.

- Con todo, replicó Pedro Saputo, a mi parecer habéis ponderado un poco muchos defectos harto ligeros, levantando montes en el llano. Yo no los miro con vidrios de aumento ni del color de las pasiones; y veo caridad, indulgencia y buen espíritu, y no encuentro esa discordia del infierno que todo según decís lo lleva a punta de lengua y dardo de víbora. Porque, ¿qué son algunos desvíos, alguna contienda, algunas contradiccioncillas? Entre hermanos se ven, y aun entre padre e hijos, y no por eso dejan de ser lo que son, y luego se les olvida y vuelven a tratarse y confiarse como si nada hubiera pasado.

- Mas dejando todo esto, si os parece, ¿no queríades enseñarme a leer y tocar el órgano? - Si la madre priora quiere y te deja, respondió la monja, por mí con mucho gusto. Pídele la gracia; sí, sí, pídesela y seremos buenas amigas. Con efecto, habló a la priora y le otorgó la gracia, discurriendo que si a la muchacha la podían sacar un poco letrada y organista, se quedara de segunda y la profesarían de monja de obediencia. Y dio principio a su estudio aprendiendo la paleta de la Jesús y tecleando continuamente en un instrumento que tenía la coja en su celda. Quiso ésta enseñarle también la solfa, y él dijo que lo que importaba eran las letras y las teclas, que eso vendría más adelante; y en ocho días hizo que aprendía y conocía todas las letras de la primera línea de la paleta hasta la H, de que estaba muy vana la coja. Y unos ratos cosiendo, otros tecleando, y sirviendo también a la priora y a alguna otra monja de las de copete, y traveseando algún rato con las novicias, se daba muy buena vida.

jueves, 6 de junio de 2024

Lexique roman; Mens, Menhs, Menz, Meins, Meynhs, Meyns


Mens, Menhs, Menz, Meins, Meynhs, Meyns, adv. de quantité, lat. minus, moins. 

Voyez Denina, t. I, p. 169. 

Si comensa alcuna bona obra ab alcuna fervor, lendema n'a mens, lo ters jorn mens, e lo quart cays non re. V. et Vert., fol. 13.

S'il commence aucune bonne oeuvre avec quelque ardeur, le lendemain il en a moins, le troisième jour moins, et le quatrième quasi rien. 

Adv. de compar.

Plus m' esfors, e meyns me val.

Deudes de Prades: Ab cor leial. 

Plus je m' efforce, et moins me vaut. 

Aquel que meins amam, meins sofertam. Trad. de Bède, fol. 22.

Celui que moins nous aimons, moins nous supportons. 

Car pot esser C milia ans, o plus o menhs.

Liv. de Sydrac, fol. 30.

Car il peut être cent mille ans, ou plus ou moins. 

Pauc m'es del dol, e menz del dan.

Bertrand de Born: Guerra e trebalh.

Peu m' importe du deuil, et moins du dommage.

Quoique seul, s'il était suivi d'un adjectif, il indiquait relation:

El faria tot son voler, 

Per meynhs bella, quar l' abellis.

Guillaume de Berguedan: Mais volgra.

Il ferait toute sa volonté, pour moins belle, parce qu'elle lui plaît.

Ordinairement la relation était indiquée par QUE ou DE:

S' ieu derenan sui siens,

A mens me tenh que Juzieus.

P. Vidal: De chantar. 

Si dorénavant je suis sien, je me tiens à moins que Juif.

Mens d' orp es selh que per estranh pays

Se fai menar ad orp qu' el vuelh aucir. 

Serveri de Girone: Del mon volgra. 

Moins qu' aveugle est celui qui par étranger pays se fait mener à aveugle qui veut l'occire. 

Loc. Qui trop s' yssaussa, mens es 

Bayssan.

B. Martin: D' entier. 

Qui trop s' exhausse, est moins en baissant. 

Res no y es menhs, mas quar merce no 'l pren 

De me.

Le Moine de Montaudon: Aissi cum selh. 

Rien n'y est moins (n'y manque), excepté que merci ne lui prend de moi.

Ab Dieu servir ve gratz et onramens, 

E, sens servir, cavayer a 'l mielhs mens. 

Serveri de Girone: Cavayers. 

Avec servir Dieu vient agrément et honneur, et, sans (le) servir, cavalier a le mieux en moins.

Substantiv. En ma dompna non tanh ni meyns ni mais.

P. Bremond Ricas Novas: Ben deu estar. 

En ma dame ne convient ni moins ni plus. 

Ops es qu' amix que ben ama 

Prenga 'l menhs, e ponh' el mays.

Giraud de Borneil: Quan brancha. 

Est nécessaire qu'ami qui aime bien prenne le moins, et tente le plus. Adv. comp. Muer ades mens cada mens.

Folquet de Marseille: Tant mov de. 

Je meurs maintenant petit à petit. 

Res mais ni meins no i cove.

B. de Ventadour: Conortz era. 

Rien plus ni moins n'y convient. 

Mas tot lo mens aitant en retendrai,

Qu' ins en mon cor l' amarai a rescos. 

Folquet de Marseille: S' al cor plagues.

Mais tout le moins autant j'en retiendrai, qu'au dedans de mon coeur je l'aimerai en secret. 

A tot lo mens m'er l' atendres honors. 

Aimeri de Sarlat: Fis e leials. 

A tout le moins me sera l' attendre honneur.

ANC. FR. Regarde à tout le moins la douleur que j'endure. 

Premières œuvres de Desportes, fol. 294. 

Que mas cansos aprenda, 

O al per mens que, si 'l plai, las entenda.

Albert de Sisteron: En amor ai. 

Qu'elle apprenne mes chansons, ou pour le moins que, s'il lui plaît, elle les entende.

Selh que plus volia mantener... 

Humilitat, orguelh ses vilania,

E 'ls bons mestiers totz ses menhs e ses mai. 

Aimeri de Peguilain: Era par ben.

Celui qui plus voulait maintenir... humilité, fierté sans vilenie, et les bons offices tous sans moins et sans plus.

Un sac li vai mostrar de deniers pauc mens plen. V. de S. Honorat. 

Un sac lui va montrer de deniers à peu près plein. 

Prép. comp. Sai que plus gen murrai, 

Et ab meinhs d'afan.

Peyrols: Atressi col signes. 

Je sais que je mourrai plus gentiment, et avec moins de peine.

Pauc val sella ab meinhs d' arzons. 

Guillaume de Berguedan: Mal o fes. 

Peu vaut selle avec moins que (sans) arçons. 

Conj. comp. En mens que non clugeras l' ueyll. V. de S. Honorat. 

(chap. En menos que no clucarás l'ull.)

En moins que tu ne cligneras l'oeil.

Précédant divers mots, auxquels il se joignait, il les modifiait:

Un verbe.

Sai n' autra que anc res no m meyns pres.

Le Moine de Montaudon: Aissi cum selh qu' es. 

J'en sais une autre qui oncques ne me moins prit (méprisa).

Un substantif. Per so n' ay temor, 

Quar conosc la mens valensa. 

T. de Bernard et de Gaucelm: Gausselm no. 

Pour cela j'en ai crainte, car je connais la moins valeur.

Il était aussi modifié lui-même, mais alors il se joignait au mot qui le modifiait.

Contra la gent que nostra lei mescre.

P. Vidal: Si col paubres. 

Contre la gent qui notre loi mécroit. 

Mos mesfaitz m'es tan greus e pesans. 

Richard de Barbezieux: Atressi cum. 

Mon méfait m'est si pénible et pesant. 

A s' arma menescabada. Contricio e penas ifernals.

A son âme perdue. 

ANC. CAT. Menys. CAT. MOD. ESP. PORT. (chap.) Menos. IT. Meno.

2. Menre, Mendre, Menor, adj. compar., lat. minor, moindre, plus petit, inférieur.

Si nulhs es de mi menre

De sen ni de sciensa.

Arnaud de Marueil: Razos es. 

Si nul est moindre que moi en sens et en science.

Ela sera menre de las autras. Livre de Sydrac, fol. 93. 

Elle sera moindre que les autres. 

Mas n' er ma dolor mendre.

Hugues de Saint-Cyr: Canson que leu. 

Mais en sera ma douleur moindre. 

Seran menre que nos. Liv. de Sydrac, fol. 93.

Seront moindres que nous. 

La ongla del det menor. V. de Guillaume de Balaun.

(chap. La ungla del dit menor, lo mes menut.)

L' ongle du doigt plus petit. 

Substantiv. Ben serai fols, s'ieu no pren, 

D' aquestz dos mals, lo menor. 

B. de Ventadour: Accosselhatz. 

Je serai bien fou, si je ne prends, de ces deux maux, le moindre. 

Mas quan lo rics sos menors acuelh gen, 

Dobla son pretz.

P. Raimond de Toulouse: Si cum seluy. 

Mais quand le puissant accueille gentiment ses inférieurs, il double son mérite.

Don te per despendre 

Un dels seus dons, e seras rics del mendre. 

T. de Blacas et de Peyrols: Peyrols pois. 

Qu'elle te donne à dépenser un des siens dons, et tu seras riche du moindre. 

ANC. FR. De Bretaine la menor sui. Marie de France, t. I, p. 72. 

Tuit li greignor e li menor 

Portoient à richece honor.

Roman de la Rose, v. 1031. 

Les occistrent tous du plus grant jusques au menor.

Chron. de Fr., Rec. des hist. de Fr., t. V, p. 293. 

Aimé sera tant du grand que du mendre. 

Cl. Marot, t. 1, p. 153. 

CAT. ESP. PORT. Menor. IT. Minore. (chap. Menó o menor, menós o menors. Mes menut, mes menuts.)

3. Menoret, adj. dim., moindre, plus petit, inférieur.

Al sieu menoret messatge 

Faria yeu mil tant d' onors 

C' al plus ric de totz mos senhors.

Raimond de Miraval: Loncx temps. 

Au sien moindre message je ferais mille fois autant d' honneurs qu'au plus puissant de tous mes seigneurs.

Substantiv. Non cre ieu

Qu'els menoretz no renhon folamen. 

Raimond de Castelnau: Mon sirventes. Var.

Je ne crois pas que les plus petits ne se gouvernent pas follement.

- Soeur-mineure.

Per on hom va de la maio de las menoretas a la glieia.

Tit. de 1203. DOAT, t. CXVIII, fol. 246.

Par où on va de la maison des soeurs-mineures à l'église.

4. Menoria, s. f., infériorité.

Menoria 

An ses eveia lhi menor.

Brev. d'amor, fol. 19. 

Infériorité ont sans envie les inférieurs.

ESP. Menoria (minoría). (chap. Minoría, minoríes.)

5. Menoretat, s. f., lat. minoritatem, minorité.

A tot benefici de menoretat. Tit. de 1258. DOAT, t. CVI, fol. 171. 

A tout bénéfice de minorité.

CAT. Minoritat. ANC. ESP. Menoridad. ESP. MOD. Minoridad. PORT. Minoridade. IT. Minorità.

6. Menuensa, s. f., diminution.

Ta creyssensa o ta menuensa pren de mieh de las II parts, con que si parta o de lonc o de travers. 

Trad. du Traité de l'Arpentage, 1re part., c. 27.

Prends ton accroissement ou ta diminution du milieu des deux parties, comment qu'elle se partage ou de long ou de travers.

7. Minuar, v., lat. minuere, diminuer.

No puescan minuar.

No puesca creisser ni minuar.

Charte de Gréalou, p. 86 et 88.

Ne puissent diminuer.

Ne puisse croître ni diminuer. 

CAT. Minorar. ANC. ESP. Menorar. ESP. MOD. Minorar (menguar). 

IT. Minuire. (chap. Minuá : minvá, menguá, disminuí.)

8. Diminuacio, s. f., diminution. 

Nocument ni diminuacio. Trad. d'Albucasis, fol. 18. 

Dommage ni diminution.

9. Diminuar, v., diminuer.

Part. pas. Que lo pays de Lengadoch sia fort depopulat, diminuat, damneiat et depauperat, et plus que jamais non foc. 

Tit. de 1424. Hist. de Languedoc, t. IV, pr., col. 422. 

Que le pays de Languedoc soit fort dépeuplé, diminué, endommagé et appauvri, et plus que jamais il ne fût.

ANC. CAT. ANC. ESP. Diminuar (ESP. menguar, disminuir).

10. Diminutio, s. f., lat. diminutio, diminution.

Que las monedas... sian tengudas... sens alcuna diminutio.

Tit. de 1424. Hist. de Languedoc, t. IV, pr., col. 424. 

Que les monnaies... soient tenues... sans aucune diminution.

- Figure de grammaire.

Diminutios es humilitatz de sentencia.

Leys d'amors, fol. 147.

La diminution est abaissement de sentence.

CAT. Diminució. ESP. Diminucion (disminución). PORT. Diminuição. 

IT. Diminuzione. (chap. Disminussió, disminussions.)

11. Diminutiu, adj., lat. diminutivus, diminutif.

Noms diminutius, es cant diminuish o amerma lo significat d' aquel don se deriva. 

Per so los apelam quaysh diminutiu.

Leys d'amors, fol. 49 et 69. 

Nom diminutif, c'est quand il diminue ou amoindrit la signification de celui dont il se dérive.

Pour cela nous les appelons quasi diminutifs. 

Substantiv. S. Jacme apella totz los autres bes que Dieus nos dona, donatios, ayssi com diminutiu de menutz dos. V. et Vert., fol. 46. 

Saint Jacques appelle tous les autres biens que Dieu nous donne, donations, ainsi comme diminutif de menus dons. 

CAT. Diminutiu. ESP. PORT. IT. Diminutivo. 

(chap. Diminutiu, diminutius, diminutiva, diminutives.)

12. Diminuir, Demenir, v., lat. diminuere, diminuer.

Noms diminutius, es cant diminuish o amerma lo significat d' aquel don se deriva. Leys d'amors, fol. 49.

(chap. Nom diminutiu, es cuan disminuíx o merme lo significat d' aquell de aon se derive.)

Nom diminutif, c'est quand il diminue ou amoindrit la signification de celui dont il se dérive. 

Part. pas. Cant que sion demenidas,

Los budels ne deu on gitar.

Deudes de Prades, Auz. cass. 

Combien qu'elles soient diminuées, les boyaux en doit-on jeter.

CAT. Disminuir. ESP. Diminuir, disminuir. PORT. Diminuir. IT. Diminuire.

(chap. Disminuí: disminuíxco, disminuíxes, disminuíx, disminuím, disminuíu, disminuíxen; disminuít, disminuíts, disminuída, disminuídes.)

13. Amenradamen, adv., petitement. 

Que vivan amenradamen e bonamen.

Cat. dels apost. de Roma, fol. 215.

Qui vivent petitement et bonnement.

14. Menut, adj., lat. minutus, menu, petit, mince.

Ric escas non pot aver honransa

Ab menutz dos. 

T. de Rambaud, d'Adhemar et de Perdigon: Senher. 

Riche avare ne peut avoir honneur avec de menus dons.

Prendetz gran re de serps menudas.

Deudes de Prades, Auz. cass. 

Vous prenez beaucoup de petits serpents. 

Fig. Tant es avols e de menut coratge.

Lanfranc Cigala: Estiers mon. 

Tant il est vil et de mince courage. 

Plan se sos dols e sos menuz peccaz. Poëme sur Boèce. 

Il se plaint ses fautes et ses menus péchés. 

Loc. fig. Hom murtrier ni raubaire

No platz tant a Dieu lo paire, 

Ni tan non ama son frut, 

Com fai del pobol menut.

P. Cardinal: Razos es. 

Homme meurtrier et voleur ne plaît pas tant à Dieu le père, ni (Dieu) n'aime pas tant son fruit, comme il fait (celui) du menu peuple.

Per conselh de menudas gens.

Raimond de Miraval: Grans.

Par conseil de petites gens.

Subst. Remanran li menut e 'l venal.

Aimeri de Peguilain: Ara para.

Resteront les menus et les intéressés.

Li grant e li menut mandon ad Honorat. V. de S. Honorat.

Les grands et les petits mandent à Honorat.

Adverbial. E 'ls trefanetz menut vestitz.

Giraud de Borneil: En honor Dieu. 

Et les petits trompeurs menu vêtus. 

Anc pus menut ayga non ploc.

Gavaudan le Vieux: Senhors per los. 

Oncques plus menu eau ne tomba. 

Adv. comp. Que 'l tavernier venda a menut lo vin.

(chap. Que lo taberné vengue al menut lo vi : al detall, en poca cantidat.)

Cartulaire de Montpellier, du XIIIe siècle.

Que le tavernier vende en détail le vin. 

Se camjan soven e menut.

P. Vidal: Abril issic. 

Se changent souvent et fréquemment.

Contan soven et menut. V. de S. Honorat. 

Comptent souvent et minutieusement. 

CAT. Menud. ESP. Menudo. PORT. Miudo. IT. Minuto. 

(chap. Menut, menuts, menuda, menudes; algú tamé dirá minut, minuts, minuda, minudes.)

15. Menudamen, adv., petitement, menu, peu à peu, en petits morceaux.

Son auzel pais menudamen.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Son oiseau il paît peu à peu.

Els albres e las vinhas menudamens fulhar. Guillaume de Tudela.

Les arbres et les vignes peu à peu feuiller.

Lo despezon plus menudamens que hom no fay carn a mazell.

V. et Vert., fol. 25.

Ils le dépècent plus menu qu'on ne fait chair à boucherie.

CAT. Menudament. ESP. Menudamente. PORT. Miudamente.

IT. Minutamente. (chap. Menudamen, minudamen; poc a poc; en trossets.)

16. Menudet, adj. dim., tout menu, tout petit.

Paisetz lo d' ausels menudetz.

Deudes de Prades, Auz. cass. 

Paissez-le d'oiseaux tout petits.

Las dents paucas e menudetas.

Un troubadour anonyme: Seinor vos que.

Les dents petites et toutes menues.

Adverbial. De flors de lizs es coronada,

Que nais menudet en la prada. 

Un troubadour anonyme: Seinor vos que. 

Elle est couronnée de fleurs de lis, qui naît tout menu en la prairie. 

CAT. Menudet. ESP. Menudito (pequeñito). (chap. Menudet, menudets, menudeta, menudetes; minudet, minudets, minudeta, minudetes.)

17. Menudeza, s. f., ténuité, faiblesse, maigreur, délicatesse.

Primeza et menudeza de popas. Eluc. de las propr., fol. 51.

Petitesse et délicatesse de mamelles.

18. Menudier, Menuder, Menuzier, adj., menu, petit, moindre, inférieur.

E 'l ric menuzier

An cassa per sana.

B. Arnaud de Montcuc: Er can.

Et les puissants inférieurs ont chasse par marais. 

Proverbial. Il dich son gros, e il faich son menudier.

(chap. Los dits són grossos, y los fets són menuts.)

Sordel: Quan qu' ieu. 

Les dits sont gros, et les faits sont menus. 

Substantiv. De tres lairos,

Lo qual pres piez per emblar menuders. 

Blacas: En Pelissier. 

De trois larrons, lequel prit pire pour voler menues choses.

19. Menuzar, v., amoindrir, diminuer, subdiviser.

Per que no la pot menuzar. Eluc. de las propr., fol. 137.

Par quoi il ne la peut amoindrir.

Aissi van lurs pretz menuzan.

Marcabrus: Pus s' enfulleysson. 

Ainsi ils vont amoindrissant leurs mérites. 

Car jois e bon usatje 

Aissi menuza e faill.

Giraud de Borneil: Los apleitz. 

Car gaîté et bonne habitude ainsi diminue et manque. 

Per so de leu si menuza en mantas partidas.

Eluc. de las propr., fol. 132. 

Par cela promptement se subdivise en maintes parties. 

ANC. FR. Cil ki les encachent et menuient. Roman de Rou, v. 9293.

Ni rien aussi qui si fort les menuisent. Cl. Marot, t. 1, p. 287.

ANC. ESP. Menuzar. IT. Minuzzare. (chap. Menussá, desmenussá, fé menut; despedassá, fé a pedassos.)

20. Amenudar, Amenuzar, v., amoindrir, morceler, réduire.

Tot l' aur e l' argent fassam pizar e mortier de coire, e amenudar fort a menudas pessas. Roman de la Prise de Jérusalem, fol. 18.

Tout l'or et l'argent faisons piler en mortier de cuivre, et réduire fort à petites pièces.

Que las raitz amenuziscon,

E que totas evaniscon.

Deudes de Prades, Auz. cass.

Que les racines s' amoindrissent, et que toutes disparaissent.

ANC. FR. Ke du don k' il m' a fait m' alout amenuisant.  

Roman de Rou, v. 3275.

Que ja n'en seroit estreciez ne amenuisiez ne de santé ne d'onor.

Rec. des Hist. de Fr., t. VI, p. 159. 

Son mal maintes fois amenuise. Œuvres d'Alain Chartier, p. 607.

De jour en jour suivant s' amenuissoit ma vie.

Ronsard, t. 1, p. 767.

IT. Amminutare.

21. Ametniar, v., diminuer.

Elh volc que fos tos temps elh pes delh pa per tal que no 'l poguesson ametniar. Philomena.

Il voulut que le poids du pain fût toujours de telle (sorte) qu'ils ne le pussent diminuer.

22. Minim, adj., lat. minimus, moindre. 

Element, es una minima e simpla partida. Eluc. de las propr., fol. 131.

Élément, c'est une minime et simple partie.

CAT. Minim. ESP. (mínimo) PORT. IT. Minimo. (chap. Mínim, minims, mínima, mínimes.)

23. Minima, s. f., minime, terme de musique.

Han mudat lo so de dansa en so de redondel, ab lors minimas et am los semibreus de lors motetz. Leys d'amors, fol. 40.

Ont changé l'air de danse en air de rondeau, avec leurs minimes et avec les semi-brèves de leurs motets.

CAT. ESP. (mínima) PORT. IT. Minima.

24. Minimar, v., minimer, faire emploi des minimes, abréger par minimes, terme de musique. 

Part. pas. Bals ha so mays minimat e viacier, e mays apte per cantar amb esturmens. Leys d'amors, fol. 41. 

Bal a air plus minimé et rapide, et plus apte pour chanter avec instruments.

25. Mendizar, v., déprécier, affaiblir. 

Quar dos mal datz desabriza 

Valor e pretz, e 'ls mendiza. 

T. de G. de Cabanas et d' Eschileta: N Esquileta.

Car don mal donné brise valeur et mérite, et les déprécie.

26. Mermar, v., diminuer, amoindrir, décroître.

Le rei demanda: “Lo mars pot mermar?” Liv. de Sydrac, fol. 80.

Le roi demande: “La mer peut-elle diminuer?” 

S' al rey frances merma sas tenezos. 

Bernard de Rovenac: Ja no vuelh. 

Si au roi français il diminue ses tenures. 

Ni ja non mermara, ans er tos temps creissens. 

Pierre de Corbiac: El nom de. 

Ni jamais ne diminuera, mais sera toujours croissant.

Coma aur que, cant plus es el fuoc, e plus se merma, e plus es purs.

V. et Vert., fol. 66. 

Comme or qui, quand plus il est au feu, plus il s' amoindrit, et plus il est pur.

Fig. Se laissa tolre ni mermar 

Lo dreyt.

G. Figueira: Ja de far. 

Se laisse enlever et diminuer le droit.

Ni saup far semblans faus

Ni parvensa, don mermes sas bontatz. 

Arnaud de Marueil: La cortezia.  

Ni sut faire semblants faux ni apparence, dont elle amoindrit ses bontés.

- Il servait à exprimer la durée.

En estieu creisso lhi jorn, e mermo las nuehs. Liv. de Sydrac, fol. 71. 

(chap. Al estiu creixen los díes, y mermen les nits.)

En été les jours croissent, et les nuits décroissent.

- Donner moins d' intensité, de violence.

Qui vol mermar o del tot amortir lo fuoc, deu sostrayre la lenha.

(chap. Qui vol mermá o del tot esmortí (acorá) lo foc, deu (té que) traure la lleña.)

V. et Vert., fol. 99.

Qui veut diminuer ou du tout amortir le feu, doit soustraire le bois.

- Abaisser, rabaisser.

Es fols qui be no 'l merma

Quan lo vetz sobrepuiar.

Bertrand de Born: Mout mi plai. 

Est fou celui qui bien ne l' abaisse quand il le voit surélever. 

CAT. ESP. Mermar. (chap. Mermá: mermo, mermes, merme, mermem o mermam, merméu o mermáu, mermen; mermat, mermats, mermada, mermades.)

27. Mermansa, s. f., diminution, décadence.

Aisso es per la mermansa de so sanc, e per la febleza de sos runhos.

Liv. de Sydrac, fol. 78. 

Ceci est par la diminution de son sang, et par la faiblesse de ses reins.

En sa cort, on sui vengut, 

Es fams e vera mermansa.

Pierre d'Auvergne: Bel m' es qui. 

En sa cour, où je suis venu, est faim et vraie décadence.

28. Mermamen, s. m., diminution, abaissement.

E 'l sobrevers non pren nulh mermamen.

P. Cardinal: Totz lo mons.

Et le bouleversement ne prend nulle diminution.

Ells fan trops grans despessas, et en greuge de motas gens, et en mermamen de las almornas que pogran et degran far.

V. et Vert., fol. 21. 

Ils font trop grandes dépenses, et au préjudice de beaucoup de gens, et en diminution des aumônes qu'ils pourraient et devraient faire.

29. Mermaria, s. f., diminution, dépérissement.

No s ve mermaria de re. Brev. d'amor, fol. 3. 

Ne se voit diminution de rien.

30. Amermansa, s. f., diminution, dépérissement.

Sens... afolament ni... amermansa.

Tit. de 1384. Arch. du Roy., K. 52. 

Sans... détérioration ni... dépérissement.

31. Amermament, s. m., diminution, amoindrissement.

Lo paubres laborara en l' amermament del viure, que no sia sofraitos en la fi. Trad. de Bède, fol. 71.

Le pauvre travaillera à la diminution du vivre, afin qu'il ne soit pas souffreteux à la fin.

Amermament de ben. Nobla Leyczon.

Diminution de bien.

32. Amermar, v., diminuer, décroître, affaiblir.

Amerman los bes d'autres. 

Adoncs se amerma lur vida.

V. et Vert., fol. 52 et 20. 

Diminuent les biens des autres.

Alors leur vie s' affaiblit. 

Per que lo bes amerma, e lo mals es doblatz. Guillaume de Tudela.

C'est pourquoi le bien diminue, et le mal est doublé.

Part. pas. Amermatz dese m' er onor.

P. Vidal: Abril issic.

Diminué incontinent me sera le domaine.

33. Conminuir, v.. lat. comminuere, briser, fracasser. 

Part. pas. La partida conminuta e atrita. Trad. d'Albucasis, fol. 58.

La partie fracassée et triturée.

34. Comminucio, s. f., fracture, brisure. 

Dels quals la comminucio no es temuda, ni lor dissolucio.

Trad. d'Albucasis, fol. 61. 

Desquels la fracture n'est pas crainte, ni leur dissolution.