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viernes, 5 de junio de 2026

Método tijera o cizalla para la creación de nombres propios en el dialecto occitano catalán.

Método tijera o cizalla para la creación de nombres propios en el dialecto occitano catalán.

Método tijera para creación de nombres propios en dialecto occitano catalán

1. El "Método Tijera" (Cortar por la O y listos)

Al quitarles la O final, muchos nombres se quedan con una terminación tan abrupta que parece que se les ha cortado la respiración a mitad de frase.

sissalla, sissalles, cizalla, cizallas

 

 

 

 

 

 

 

 

2. La evolución con solera (ejemplos: Armengol, Cugat").

Frente a la tijera moderna, están esos nombres que cambiaron en la Edad Media de forma orgánica, transformándose en palabras con personalidad propia, donde no solo se cae la "O", sino que mutan las consonantes por el habla popular de la época.

Hermenegildo - Armengol (como muchos condes de Urgel, Urgell).

Gervasio - Gervasi (tijera) frente al histórico Gelmar o Gervais (según la zona).

Raimundo - / Ramón (aquí la evolución simplificó el diptongo con fuerza). Raimón; Raimond; Junto con Ranimiro, Ramiro. Ramoncho, Ramonchu, Moncho.

Moncho, piedra, pedra, eixecacoduls

Esteban - Esteve (aquí hay mutación de la b a la v, no solo corte); Estienne, Étienne; Stephanus, Stephan, Steve Urkel no era del Urgel, etc.

San Esteban, protomártir, el primer mártir, Sant Esteve, Stephanus

Lorenzo - Llorenç (la L inicial se palataliza y la z se convierte en esa ç tan característica).

Baudilio - Boi (¡este es el rey del cambio! De Baudilio a Sant Boi o Boy (Sanboy) va un abismo que ni la mejor tijera).

Baudilio, restaurante, Valderrobres, Fabiana Arévalo

De Medardo pasamos a Sant Medir, una evolución fonética de las de antes).

Cucufato o Cucufate (Cucuphati) - Cugat (otro cambio drástico de la raíz latina medieval, nada de cortar solo la última letra).

//

Alejandro Alejandr

Alonso Alons / Alfonso; Amfos; Alfons;

Alvaro o Álvaro - Alvar o Álvar (al bar)

Ambrocio Ambroci

Ambrosio Ambrosi

Anacleto Anaclet

Anastasio Anastasi

Anselmo Anselm

Antonio Antoni (Toni)

Apolonio Apoloni

Arévalo, Aréval

Arnaldo Arnald (Arnaut, Arnaud, Arnau)

Otegi, EH, Bildu, Barcelona

Arturo Artur

Artur Quintana Font, barretina, boina de gairó


Atilano Atilan

Atilio Atili

Augusto August

Augustino Augustin

Aurelio Aureli

Basilio Basili

Benito Benit (Benet; Benezeg; Benoît) (Benedicto, Benedictus, etc.)

Bernardo Bernard (Bernatz, Bernat)

Bonifacio Bonifaci

Calixto Calixt

Camilo Camil (sin embargo, el aragonés catalanista Ignacio Sorolla Vidal no le llama Camil.)

Cándido Cándid

Casimiro Casimir

Cecilio Cecili

Celestino Celestin

Celso Cels

Cesáreo Cesáre

Ciro Cir

Ciriaco Ciriac

Cirilo Ciril

Claudio Claudi

Clodoveo Clodove (Clovis)

Cornelio Corneli

Crisanto Crisant

Cristiano Cristian


Dacio Daci

Dámaso Dámas

Damián Damiá

Danilo Danil

Darío Darí

Demetrio Demetri

Desiderio Desideri

Desideri Lombarte parlabe chapurriau

Diego Dieg (Didac; Didacus)

Diodoro Diodor

Dionisio Dionisi

Domingo Doming

Donato Donat

Doroteo Dorote

Duilio Duili


Edmundo Edmund

Eduardo Eduard

Egidio Egidi

Eladio Eladi

Eleuterio Eleuteri

Eligio Eligi

Eliseo Elise

Emilio Emili

Enzo Enz

Epifanio Epifani

Erasmo Erasm

Ernesto Ernest

Esmeregildo Esmeregild

Eufemio Eufemi

Eugenio Eugeni

Eulogio Eulogi

Eusebio Eusebi

Eustaquio Eustaqui

Eutiquio Eutiqui

Evaristo Evarist


Fabio Fabi

Fabiano Fabian

Fabricio Fabrici

Fausto Faust

Federico Federic

Felicio Felici (Félix; Feliu)

Feliciano Felician

Fernando Fernand (Ferran; Ferrand; Ferdinando, Ferdinandus)

Fidencio Fidenci

Filiberto Filibert

Filomeno Filomen

Flavio Flavi

Florencio Florenci

Florentino Florentin

Fortunato Fortunat (y Jacinto, Jacint)

Francisco Francisc (Francesc; Cesc; Cisco; Franciscus)

Fulgencio Fulgenci


Gelasio Gelasi

Gerardo Gerard

Germano German (Germán; Germain)

Gerónimo Gerónim
Jerónimo Jerónim

Gervasio Gervasi

Giraldo Girald (Giralt; Geralt; Gerald)

Godefredo Godefred

Gonzalo Gonzal

Gregorio Gregori

Gualterio Gualteri

Guido Guid

Guillermo Guillerm

Gundemaro Gundemar

Gustavo Gustav

Heberto Hebert

Heliodoro Heliodor

Heraclio Heracli

Heriberto Heribert

Hermenegildo Hermenegild (Armengol)

Herminio Hermini

Higinio Higini

Hilario Hilari

Hipólito Hipólit (Pólit de la Ascuma; San Pólit de Areñs de Lledó)

Homero Homer

Honorio Honori

Horacio Horaci

Humberto Humbert

Ignacio Ignaci (Nacho, como Sorolla Vidal.)

Natxo Sorolla, rog, roch, roig, Peñarroya de Tastavins

Ildefonso Ildefons

Inocencio Inocenci

Ireneo Irene

Isauro Isaur

Isidoro Isidor

Isidro Isidr


Jacinto Jacint

Jacobo Jacob

Josefo Josef

Julio Juli

Justo Just

Ladislao Ladisla

Laureano Laurean

Lázaro Lázar

Leandro Leandr

Leocadio Leocadi

Leonardo Leonard

Leoncio Leonci

Leopoldo Leopold

Liberato Liberat

Liborio Libori

Lino Lin

Livio Livi

Lorenzo Lorenz

Lucio Luci

Luciano Lucian

Ludovico Ludovic (Louis, Luis, Lluís, y muchas variantes como Hludovico)

Lluis Companys, Fossar, Pedrera, mausoleo


Macario Macari

Macedonio Macedoni

Magno Magn

Mamerto Mamert

Manolo Manol (Manel, de Manuel)

Marco Marc

Marcelo Marcel

Marcelino Marcelin

Marciano Marcian

Mario Mari

Mariano Marian

Martino Martin (Martín, Martí)

Mateo Mate

Mauro Maur

Mauricio Maurici

Máximo Máxim

Maximiano Maximian

Maximiliano Maximilian

Maximino Maximin

Modesto Modest

Narciso Narcis

Nazario Nazari

Nemesio Nemesi

Nicasio Nicasi

Nicodemo Nicodem

Nilo Nil

Nino Nin

Norberto Norbert


Octavio Octavi

Octavio Serret, Valderrobres


Olegario Olegari / Olaguer

Olimpio Olimpi

Oliverio Oliveri

Onésimo Onésim

Orencio Orenci

Orfelio Orfeli

Orlando Orland

Oswaldo Oswald

Oto Ot (de Moncada)

Otilio Otili

Ovidio Ovidi

Pablo Pabl

Pancracio Pancraci

Paolo Paol

Patricio Patrici

Paulino Paulin

Pedro Pedr (Pere, Pedrito, Perico, Peret,  de Petrus)

Pelayo Pelay

Perfecto Perfect

Petronio Petroni

Pío Pí

Plácido Plácid

Plutarco Plutarc

Policarpo Policarp

Pompeyo Pompey

Pompeyo Fabra, gramática de la lengua catalana; llengua valenciana

Ponciano Poncian

Porfirio Porfiri

Primitivo Primitiv

Procopio Procopi

Prudencio Prudenci

Quinto Quint

Quirino Quirin

Rafaello Rafaell

Raimundo Raimund
Ramiro Ramir
Raymundo Raymund

Regino Regin

Régulo Régul (la Régula)

Remigio Remigi

Renato Renat

Reynaldo Reynald

Ricardo Ricard

Roberto Robert

Rocco Rocc

Rodrigo Rodrig

Rogelio Rogeli

Rolando Roland

Romualdo Romuald

Rómulo Rómul (y Remo, Rem)

Rosendo Rosend

Rufino Rufin

Ruperto Rupert

Rústico Rústic

Sabino Sabin

Sacramento Sacrament

Sancho Sanch

Santiago Santiag

Santino Santin

Saturnino Saturnin (Sadurní)

Saulo Saul (: Saúl)

Segismundo Segismund

Segundo Segund

Sergio Sergi

Severo Sever

Severiano Severian

Severino Severin

Silverio Silveri

Silvio Silvi

Simplicio Simplici

Sinesio Sinesi

Sinforiano Sinforian

Sixto Sixt

Sotero Soter

Tadeo Tade

Tarsicio Tarsici

Teodolfo Teodolf

Teodoro Teodor

Teodosio Teodosi

Teófilo Teófil

Teótimo Teótim

Terencio Terenci (Moix)

Tiberio Tiberi

Tiburcio Tiburci

Timoteo Timote

Tito Tit

Toribio Toribi


Ubaldo Ubald

Urbano Urban

Valerio Valeri

Valeriano Valerian

Vasco Vasc

Venceslao Vencesla

Victorio Victori

Victoriano Victorian (San Victorián)

Victorino Victorin

Virgilio Virgili

JM Virgili i Ortiga, morts, carretera, Espanya, C14, autovía, catanazi

Vito Vit

Wenceslao Wencesla

Wilfredo o Wifredo Wilfred o Wifred (Guifre, lo pelut, piloso, pilós)

Yago Yag (= Jaume, Jaime, Jayme, Iavmes; Santiago, Thiago, etc.)

Zeno Zen

Zofio Zofi

Zósimo Zósim

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CARTA CXVII.

Historia del monasterio de Alaón, o de la O. con el catálogo de sus Abades, y algunas curiosidades del mismo.
 
Mi querido hermano: Este antiguo monasterio de la orden de San Benito, no ha tenido la felicidad de conservar las escrituras de sus primeros siglos, como las han conservado casi todos los de esta provincia. De ellas no tienen sino copias en un libro del siglo XVI, y copias tan malas que no me atreví a tomar siquiera una nota de su contenido. El Cardenal Aguirre publicó en la colección de concilios, la escritura de su fundación, o sea el precepto con que Carlos el Calvo la confirmó año V de su reinado, el cual redujo dicho escritor al año 832 de Cristo, equivocación notable, porque Carlos no entró a reinar hasta que murió su padre Ludovico Pío en 840.
 
Y como en esto se engañó ¿quién sabe si habrá otros yerros en el contenido de la escritura? En fin, por ella consta que Vandregisilo Conde, y su esposa María habían edificado este monasterio diez años antes, con consentimiento de sus hijos, entre los cuales cuenta a Atón y su mujer Einzelina, Condes de Pallás, estableciendo en él la regla de San Benito y sujetándola al monasterio de San Pedro de Cires (Siraciense), y que lo habían dedicado Bartolomé, Arzobispo de Narbona y Sisebota (Sisebuto), Obispo de Urgel, a cuya diócesi pertenecía. Hoy es de la diócesi de Lérida. Confirma, pues, el Rey todas las donaciones que se habían hecho a la nueva casa y a su perpetuo Abad Obbonio (a: De esta escritura hablan largamente analizándola muy detenidamente los historiadores de Languedoc, tom. I al año 844.).
 
En este documento se da a este lugar el nombre de Alacoon. Otras escrituras antiguas le llaman Alagón y Alaón. Este último parece haber prevalecido, y de él por corrupción se llama el monasterio de La O; no como dicen vulgarmente, porque el estrecho barranco donde corre la Noguera de Ribagorza forme la figura de una O, que si esto valiera, mejor debiera llamarse de la L, ni tampoco de la advocación de nuestra Señora de la O, cosa muy moderna respecto de la antigüedad de la casa.
 
En un privilegio que concedió Bernardo Conde de Pallás a esta casa y su Abad Frugello (Vid. Marca Hisp. Ap. núm. XXXIII), y en otros documentos posteriores suena dedicada a Santa María y San Pedro y situada in pago Palliarense in valle Urritense.
 
Que este monasterio se edificase hacia el 834, se confirma por el testamento del Obispo de Urgel Sisebuto II hecho el año 839, en el cual deja la siguiente manda: Do et concedo similiter domum domnae meae Virginis Mariae, monasterium Alaone, Bibliotecam (libro así llamado).
 
A la claridad con que consta que en este monasterio se mandó profesar y se profesó efectivamente la regla de San Benito con Abad propio e independiente, cuya elección era propia de los monjes, no se opone lo que decía en el año 1092 de Cristo, dotando a la catedral de Roda su Obispo Raimundo Dalmacio: Abaciam Alaonis insuper eis trado (a los canónigos), et precipio ut semper monachorum conventus ibi maneat; Abas vero qui ibi erit, ab Episcopo et canonicis Sancti Vicentii (de Roda) eligatur, et semper sit eis subditus. Porque de estas palabras no se infiere, que Alaón variase de regla o perdiese el derecho de nombrarse su Abad: sólo aluden a la jurisdicción episcopal, que debían reconocer en Roda, como en su matriz; y así eligatur no es preciso tomarlo por elección, sino tan sólo por confirmación del electo. A esta sujeción era consiguiente el derecho de que ya entonces estaba en posesión el Abad de asistir a la elección del Obispo Rotense junto con los canónigos, como consta que lo verificó Abbo en la del Obispo Borrell en 1017.
 
Fáltales aquí el catálogo de sus Abades. Diré de algunos, cuyas memorias he hallado e ido apuntando en varias partes.
 
Existencia.
 
Obbonio, fundador 834. 844. (Obboni)
 
Brandila 861
 
Centullo 882 (Centull)
 
Trugello 925 (Trugell)
 
Oriulfo 973 (Oriulf)
 
Eximino 1002 (Eximin)
 
Ponce 1015
 
Abbo 1017 (Abb)
 
Velasco 1032 (Velasc)
 
Alhelmo 1039 (Alhelm)
 
Bernardo 1077 (Bernard, este es muy usado, Bernatz, Bernat)
 
A este Abad y su monasterio dio en este año el Obispo de Zaragoza Julián, la iglesia de Suriana, que era de su diócesi: va copiada del original (a: Ap. núm. XXXVIII.).
 
Álvaro. (Álvar)
 
Altemiro. (Altemir, que visitó las cuevas de Altamira.)
 
Enego. (Eneg; Eneco, Íñigo, Ignacio, Nacho, etc.)
 
Evarardo. (Evarard)
 
Estos cuatro Abades se nombran como ya difuntos en la contestación de este monasterio a la encíclica en que el de Ripoll le participó en el año 1102 la muerte de su Abad Bernardo.
 
Arnaldo 1104. (Arnald; Arnaud; Arnau)
 
Don Pedro I de Aragón dio a este Abad la iglesia de San Bartolomé, que acababa de construir en el castillo de Calasanz, para que le ayudasen a dar gracias a Dios por los beneficios recibidos de su mano, particularmente en la expugnación y toma del dicho lugar y su castillo, el cual dice que conquistó el día 23 de agosto en 1102. Va copia (b: Ap. núm. XXXIX.).
 
Bernardo 1125.
 
Va copia de una donación que le hizo ese año (era 1163) la Reina Doña Berta, mujer de Don Pedro I de Aragón (c: Ap. núm. XL.).
 
Ponce 1125. 1155.
 
Pedro Ramón 1158.
 
Ponce 1170. 1192.
 
Bernardo 1199. 1204.
 
Berenguer de Cornudella 1210. 1216.
 
Ramón de Montfromid 1227.
 
Guillermo de Cornudella 1233. 1249.
 
Bernardo de la Piedra 1255.
 
Guillermo de Claramunt 1259. (Guillerm; Guillem, Guilhem, etc.)
 
Ferrer 1272. 1295.
 
Guillermo de Villaflor 1336. 1345.
 
Pedro 1359.
 
Guillermo de Vilamur 1414.
 
Amalrico 1428 (Amalric)
 
Antonio de Mur 1487. 1490.
 
Martín de Sese (Sesé) 1540.
 
El archivo es poca cosa, según ya insinué. De códices manuscritos no vi ninguno, sino es un Breviario de la orden de San Benito de mitad del siglo XIV. Y es fama que los había muy apreciables por su antigüedad, pero tuve el sentimiento de no hallarlos, porque los había extraído de allí el Sr. Abad y Lasierra, que después fue Arzobispo de Selimbria e Inquisidor general. De estos robos literarios podía poner un largo catálogo. Mas ¿qué haré con referirlos si lejos de castigarlos el gobierno, tal vez premia a sus autores enriquecidos con la hacienda común?
 
La iglesia parece ser obra de hacia el siglo XII: está blanqueada y desfigurada con adornos y altares de mal gusto. En los claustros hay una piedra con este letrero: Ermengaudus et Ermesen. uxor eius hunc porticum fecerunt facere, et hic notatur locus sepulturae eorum.
 
No puedo acomodarme a creer que estos fuesen Condes de Urgel, como allí me quisieron persuadir, puesto que lo calla la piedra, donde quedó lugar para decirlo y mucho más.
 
Dios te guarde, etc.
 

// Harán lo mismo con nombres femeninos los pixapins?

domingo, 28 de julio de 2024

3. 13. De la comisió de les tres figues.

Capítul XIII.

De la comisió de les tres figues.

De la comisió de les tres figues.


¡Oy!, ¡cuántes classes, espessies y géneros de lladres ñan al món! Uns en trajes de caballé, atres en lo de pillos. Uns roben desde casa seua, a peu firme y a lance segú; atres al carré, al campo, als camins; ñabenne a tot arreu y pera tot, y están tan poc segús de ells los palaus y hasta les mateixes corones dels reys, com la mes solitaria aldea y la fruita mes roína del abre que creix sol al desert com lo dels Monegros. Pero en tanta variedat y diferensies de lladres, cuatreros y tahurs, cap de ells són mes serenos y rematats que los historiadós; y encara presumín mol de honrats sol perque no roben o furten per an ells. Pero per aixó lo furt no dixe de séu, y la despulla. A fé que si los despullats no estigueren morts, generalmen, que no sempre, los estiguere be lo seu atrevimén.

Ha de sabé lo lectó, que un autó extrangé (de La Portellada no) li ha tret a Pedro Saputo lo fet y comissió de este capítul, pera donálay a un personache arrapiezo que may ha existit, y a qui fingix una vida y aventures tan enatizas com la persona, pera entretindre a gen, musics, mossos de botiga, pajes, lacayos y chiquets de escola

Y después vol dissimulá y realsá la baixesa de la seua invensió en alegoríes de aquell tems, que així medren als meus enemics com diuen a la fábula y lo seu puro significat. Sempre han fet aixó los extranjés; espessialmen los italians y los fransesos, habén casi arribat a di aquells que lo Gran Capitán va adependre a montá a caball de un padrone que va tindre a la Calabria; y éstos, que Cervantes va naixe a la botiga de un barbé de Versalles. 

¿Qué extrañ es, pos, que homens de tan poc aquell (vergoña anaba a di) se haiguen propassat traénli a Pedro Saputo la gloria del fet que referim?

Lo que yo mes séntigo es que lay haiguen atribuít a un fulano de tan poc valor, ridícul y carregat de despressio, aixó ha corromput la grassia, ha malmetut lo coló y revocat la dignidat de la acsió al héroe de Almudévar. Pero tindrá lo seu mérit, original y primitiu, mal que li peso al menguat biógrafo que va adorná en ella la vida del seu arrugat y monstruós engendro.

A la esplanadeta del collet de la Corona ñabíe una figuera que may habíe donat fruit, y aquell añ va doná tres figues tan hermoses, redones y extraordinaries, que lo consell va determiná enviales de regalo a S. M., y van nombrá a Pedro Saputo per al encárrec y comissió de portales. Van maná fé una sistelleta mol pulida a un sistellé de Huesca, lo mes famós que ñabíe a la siudat, trunfero per afissió, en tres compartimens pera ficá les figues separades. Y una vegada fet tot y ficades les figues ben tobetes, li van doná a Pedro Saputo la sistella, li van doná perres per al viache, y va empendre lo camí de la Cort.

Al poc tros va escomensá a dís per an ell; aixó que fan los del meu poble es una grandíssima burrada, y no sé yo cóm dissimulala pera que no u paregue. Suposat que arribo allá: y ¿qué dic? ¿Qué diré an aquelles raboses descoades dels cortesans? Y ¿qué dirán cuan veiguen que desde Almudévar, a Aragó, porten tres figues a S. M. y demano audiensia y les vull presentá e insistixco en alló? A mí no me importe aná a la Cort; ha de vóretos y ressibitos lo Rey o yo no soc Pedro Saputo. Pero ¿cóm mu faré yo pera que esta ignoransia y sagalería redundo en estimassió y crédit dels del meu poble? 

Y així discurrín va aná caminán la seua jornada, y lo cuart día va arribá a Alcalá de Henares, enrecordansen del gran Miguel de Cervantes Saavedra y del poble de Horna, aon naix lo riu. Ya estic prop, va di; y per al que ting cavilat, lo mateix són dos figues que tres; men minjo una. Y se la va minjá y va tirá cap abán. Arribat al puesto que diuen la venta del Espíritu San, va di: per al que hay tornat a pensá, lo mateix es una figa que dos; men minjo un atra, y se la va empassá o cruspí y va tirá cap abán. Va arribá al Bon Retiro aon ressidíe lo Rey y tota la real familia; y com tot u portáe mol discurrit, compost y considerat, va entrá a palacio mol confiat y sereno.

Ere entonses lo que privabe a palau, per sé lo gust dominán, les bufonades y chocarreríes. De modo que la grassia y mérit de la bona conversa y trate cortessano consistíe en chistes, equívocos, conceptillos y agudeses mes que menos indessentes, passán tot de bona ley a títul de discressió y galantería. Va sabé aixó Pedro Saputo cuan va passá l'atra vegada per la Cort; per sert que se va avergoñí de vore tanta baixesa al mateix tems que majestat y dignidat que corresponíe a un imperi tan gloriós, a una Cort com la de España, siñora de tans mons. Pero ara li va pareixe que aixó mateix li fassilitáe la seua comissió, y esperabe eixissen de ella airós.

En efecte, va arribá a palau, y fen lo pas del baubo va demaná vore a S. M., a qui portáe un ofissi de la Vila de Almudévar y en ell un regalo que seríe contat als anals del regne per la cosa mes estupenda que s'haguere vist. Li van preguntá al pun los cortesans qué ere lo que portáe, y va contestá que primé u habíe de sabé 

Sa Majestat, que ells u voríen pero no u cataríen. Y que no lo entretingueren mol perque ere home de poca passiensia y se embutiríe a la cámara y hasta al llit de S. M. digueren lo que digueren. Ells van volé divertís, y lo paraben insistín pera vore lo que portáe a la sistella. Ell los va di, sempre fense lo simplet com Rallo Badet:

- Miréu, polilles, que si me cabrejo, arrenco o apreto a corre cap ahí dins, despenjo la espasa de S. M. y tos conjuro en ella y tos envío a per almes de alquiler si ña a la Cort qui les alquilo, perque tos hau de quedá sense la vostra.

- ¿Hau vist, va di un de ells, un lloco mes grassiós? Portemlo a S. M. que, per San Jorge, li agradará mol sentíl. Y lo van ficá entre mich de tots fen un rogle y lo van entrá a la cámara de S. M.

Arribat a la presensia del Rey en lo ofissi o plec a la má y la sistella a l'atra, li va demaná llissensia pera presentali un ofissi escrit del ajuntamén del seu poble, y S. M. lo va admití en agrado, y lligit lo que ñabíe, va di:

- ¿Conque me portes tres figues?

- Sí, siñó, aquí están, an esta sistelleta. Y lay entregue a S. M. 

La va obrí lo Rey, y no veén mes que una figa va di:

- Aquí sol ña una figa.

- Pos una, va contestá Saputo.

- Pero lo ofissi rese tres, va di lo Rey.

- Pos tres, va contestá lo bribón.

- Home, va di lo Rey; lo ofissi diu que me envíes tres figues y aquí sol ne vech una.

- Aixó, siñó Rey, consistix en que abans de arribá m'hay minjat yo les atres dos.

- ¡Te les has minjat! ¿Y com has pogut féu?, va preguntá lo Rey. 

- Aixina mateix, va contestá Pedro Saputo, y agarranli al Rey la figa de la má se la va fotre en molta grassia y desenvoltura. 

Los cortesans que u van vore van selebrá mol lo ingenio, van di que chiste com aquell no se habíe vist; y hasta S. M. se va alegrá y u va selebrá tamé, y va afavorí a Pedro Saputo. Així u habíe ell esperat y no se va engañá, coneixén la sagalería y cachondeo de la corte desde l’atre viache. Li va maná lo Rey que no ixquere del palau sense la seua orden, y als cortesans y caballés de casa seua que lo atengueren y mimaren.

Un día li va di lo Rey:

- Ya que has vist la meua taula, ¿te pareix si ñaurá algún príncipe al món que sense portá res de fora dels seus estats la tingue tan aufanosa? Y va contestá:

- Me pareix que no, perque no ña cap regne al món que produíxque tanta variedat de productes y tan exelens per al regalo de la vida. Pero ne falten moltes, siñó, a la taula de V. M., y yo sén lo que soc les ting cuan vull, mol mes exquissites, o me les mincho, que es lo mateix.

Perque Vostra Majestat no minge pa de Huesca ni de Andorra.

- No. - Pos yo, sí.

V. M. no se minge los corderets dels Monegros.

- No. - Pos yo, sí.

V. M. no se minge les truches del Cinca ni del riu de Troncedo. 

- No. - Pos yo, sí.

V. M. no minche churuvíes montañeses y de Mainar, ni les penques de carchofera ni la esquirola de Alcañís. 

- No. - Pos yo sí.

V. M. no minche formache de Tronchón, oli de Fórnols, fesols de Beseit, raím de Ráfels, sireres de Monsó, bresquilles de Torre del Compte, figues de Maella, ni les mangranes o los mullareros de Fraga. 

mullarero

- No. - Pos yo sí.

V. M. no minche cap oliva negra, ni maurada, ni moragues de empeltre del Baix Aragó.

- No. - Pos yo sí.

V. M. no beu aigua del Gállego o del Cinca.

- No. - Pos yo, sí.

- ¿Tan bona es?, va preguntá lo Rey.

- Es tan bona, siñó, va contestá, que ademés de sé mol ligera, fássil y suave, pura com la llum, mol primeta y la mes llimpia que corre damún de la terra, no patixen de gota ni apoplejíes o embolies los que la beuen; en espessial de les seues correns.

- No me has nomenat cap vi, li va di lo Rey.

- Siñó, no ne falten de mol espessials, pero per ara són millós los de les provinsies de Andalusía, que si los meus paissanos los aragonesos no tingueren lo talento de fé de bon raím vi roín, manaríe V. M. portán del Campo de Cariñena y atres, y los compararíen en los millós.

- Men alegro, li va di lo Rey, de que lo meu regne de Aragó sigue un paraís a la terra per los seus fruits naturals. Alguns ya yo los había sentit nombrá, atres ya venen a la meua taula y hasta alguns que tú no has nombrat, com la borraina y los crespells; y atres habíen arribat a la meua notissia. Pero, en efecte, yo crec que vas una mica massa exagerat al pun de exelensia.

- Siñó, va replicá ell, a Aragó tot está a un nivell, la exelensia dels fruits de la terra, y la noblesa dels cors dels seus naturals pera estimá al seu Rey, y la lealtat dels seus pits pera defendre la seua corona.

Esta conclusió va dixá al Rey mol pagat, y mes que va parlá Pedro Saputo en gran ahínco y firmesa, com home que sabíe lo que díe.

Tots los díes solíe cridál lo Rey a la seua cámara y folgabe mol de la seua discressió y dites fines; encara que no va tardá en vore que Pedro Saputo ere home pera mes que pera fé riure com un bufón sense cadiera ni mollera. Hasta lo va cridá alguna vegada cuan deliberabe en lo ministre, y li va arribá a demaná lo seu pareixe en gravissims, mol serios, negossis del estat. Per fin se va atreví Pedro Saputo a declarali a S. M. que la comissió y regalo de les figues, com lo papé de baubo que estáe fen, habíe sigut achaque pera introduís, y tot pera tindre ocasió de dili a S. M. lo que habíe observat al regne.

Les dames de palau lo volíen mol, y jugaben y sen enríen en ell per simple y sense malissia, y ell se dixáe marejá y anáe jugán, y traíe tot lo partit que podíe, que no ere poc de tots modos. Pero algunes van adiviná mol pronte que la seua simplissidat ere fingida, y lo trataben de un atra manera y lo afavoríen mes, y se enteníen en ell pera burlás de alguns caballés que se teníen per discrets.

Sen va cansá de está a la Cort y de vore al Rey seguidamen engañat per los seus ministres y consellés; y no atrevinse a combatí sol una batalla tan ressia com la que hauríe de doná a tans y tals enemics del Rey y del regne, va di un día a S. M.:

- Siñó, si V. M. me done llissensia, yo voldría torná a Aragó, perque ting que cumplí este añ un voto a la Virgen del Pilá, y se arrimen les festes. U va sentí lo Rey, perque li habíe agradat lo seu bon entenimén, y voldríe tíndrel sempre al seu costat. 

En tot li va contestá: 

- No te privaré de cumplí la teua bona obra; y sápigues que ting enveja als aragonesos que tan prop están de aquella siñora y mare de tots. Ves, pos, a la teua terra. Pero cuan estigues a pun de anaten, entrarás, que has de portá unes lletres meues y un encárrec de paraula an aquell lo meu virrey y Capitán General. 

- Siñó, va di Pedro Saputo; yo ya men aniría demá, si V. M. no me ha de menesté mes tems a la corte.

- Ten anirás, pos, demá, va contestá lo Rey; y entén que si vols torná, sempre te voré en gust y si algo me demanes no te u negará lo teu Rey.

En efecte, lo van despedí aquell mateix día; ell va besá la má del Rey, se va despedí de les seues amigues y dels seus amics, y carregat de regalos de elles, va eixí de la Cort y va empendre lo camí de Saragossa.


Original en castellá:

Capítulo XIII.

De la comisión de los tres higos.

¡Oh!, ¡cuántas clases, especies y géneros de ladrones hay en el mundo! Unos con trajes de caballero, otros con el de pillos. Unos roban desde su casa, a pie firme y a lance seguro; otros en la calle, en el campo, en los caminos; habiéndolos en todas partes y para todo, y estando tan poco libres de ellos los palacios y aun las mismas coronas de los reyes, como la más solitaria aldea y la fruta más ruin del árbol que crece solo en el desierto. Pero en tanta variedad y diferencias de ladrones, cuatreros y tahúres, ningunos más serenos y rematados que los historiadores; y aun presumiendo mucho de honrados sólo porque no hurtan para ellos. Pero por eso el hurto no deja de ser hurto, y el despojo, despojo. A fe, a fe que si los despojados no fueran muertos, generalmente, que no siempre les estuviera bien su atrevimiento.

Ha de saber el lector, que un autor extranjero ha quitado a Pedro Saputo el hecho y comisión de este capítulo, para darlo a un personaje arrapiezo que jamás ha existido, y a quien finge una vida y aventuras tan enatizas como la persona, para entretener a gente música, a mozos de tienda; pajes, lacayos y niños de la escuela. Y luego quiere disimular y realzar la bajeza de su invención con alegorías del tiempo de entonces, que así medren mis enemigos como dicen a la fábula y su puro significado. Siempre han hecho esto los extranjeros; especialmente los italianos y los franceses, habiendo casi llegado a decir aquéllos que el Gran Capitán aprendió a montar a caballo de un padrone que tuvo en la Calabria; y éstos, que Cervantes nació en la tienda de un barbero de Versalles. ¿Qué extraño es, pues, que hombres de tan poco aquel (vergüenza iba a decir) se hayan propasado a quitar a Pedro Saputo la gloria del hecho que referimos? Lo que yo más siento es que lo hayan atribuido a un sujeto de tan poco valor, y cuya ridiculez y desprecio ha corrompido la gracia, ajado el color y revocado la dignidad de la acción en el héroe almudévano.
Pero tendrá su mérito propio, original y primitivo, mal que le pese al menguado biógrafo que adornó con ella la vida de su arrugado monstruoso engendro.

En la explanadilla del cabezo de la Corona había una higuera que nunca jamás había dado fruto, y aquel año produjo tres higos tan hermosos, orondos y extraordinarios, que el concejo determinó enviarlos de regalo a S. M., y nombrando a Pedro Saputo para el encargo y comisión de llevarlos. Mandaron hacer una cesta muy pulida a un cestero de Huesca, el más famoso que había en la ciudad, con tres divisiones para poner los higos separados. Y hecho todo y puestos los higos con buen mullido, entregaron a Pedro Saputo la cesta, diéronle dinero para el viaje, y tomó el camino de la corte.

A poco trecho comenzó a decir entre sí: esto que hacen los de mi lugar es una grandísima sandez, y no sé yo cómo endilgalla para que no lo parezca. Supongo que llego allá: y ¿qué digo? ¿Qué diré a aquellas raposas descoladas de los cortesanos? Y ¿qué dirán cuando vean que desde Almudévar, en Aragón, llevan tres higos a S. M. y pido audiencia y se los quiero presentar y porfío en ello? A mí, es verdad, no me pesa ir a la corte; y o yo no soy Pedro Saputo o los higos ha de vellos y recibillos el rey. Pero ¿cómo haré yo para que esta ignorancia y puerilidad redunde en estimación y crédito de los de mi pueblo? Y así discurriendo fue andando su jornada, y el cuarto día llegó a Alcalá de Henares.

Ya estoy cerca, dijo; y para lo que tengo discurrido, lo mismo son dos higos que tres; me como uno. Y se lo comió y fue adelante. Llegado al sitio que llaman la venta del Espíritu Santo, dijo: para lo que de nuevo he pensado, lo mismo es un higo que dos; me como, pues, el uno, y se lo comió y fue adelante. Llegó, en fin, al Buen Retiro donde a la sazón residía el rey y toda la real familia; y como todo lo llevase muy discurrido, compuesto y considerado, se entró en palacio muy confiado y sereno.

Era entonces lo que privaba en palacio, por ser el gusto dominante, las bufonadas y chocarrerías. De modo que la gracia y mérito de la buena conversación y trato cortesano consistía en chistes, equívocos, conceptillos y agudezas tal vez indecentes, pasando todo por de buena ley a título de discreción y galantería. Supo esto Pedro Saputo cuando pasó la otra vez por la corte; por cierto que se avergonzó de ver tanta bajeza en vez de la majestad y dignidad que correspondía a un imperio tan glorioso, a una corte como la de España, señora de tantos mundos. Pero ahora le pareció que eso mismo le facilitaba su comisión, y esperaba por ese medio salir de ella airoso.

Con efecto, llegó a palacio, y haciendo del bobo pidió ver a S. M., a quien traía un oficio del concepto de Almudévar y con él un regalo que sería contado en los anales del reino por la cosa más estupenda que se habría visto. Preguntáronle al punto los cortesanos qué era lo que traía, y respondió que primero lo había de saber S. M., que ellos lo verían y no lo catarían. Y que no le detuviesen mucho porque era hombre de poca paciencia y se metería en la cámara y aun en la cama de S. M. a pesar de todos. Ellos quisieron divertirse, y deteníanle porfiando por ver lo que traía en la cesta. Él les dijo, continuando siempre en hacer el simple: - Mirad, polillas, que si se me amostazo, echo a correr ahí adentro, descuelgo la espada de S. M. y os conjuro con ella y os mando a por almas de alquiler si hay en la corte quien las alquile, porque vais a quedar sin la vuestra. - ¿Hase visto, dijo uno de ellos, un loco más gracioso? Llevémosle a S. M. que, por san Jorge, ha de gustar mucho de oílle. Y le pusieron en medio de todos y le entraron en la cámara de S. M.

Llegado a la presencia del rey con el oficio o pliego en la mano y la cesta en la otra, le pidió licencia para presentarle un oficio escrito del concepto de su lugar, y S. M. le admitió con agrado, y leído que le hubo dijo: - ¿Conque me traes tres higos? - Sí, señor, aquí están en esta cesta. Y se la entregó a S. M. Abrióla el rey, y no viendo más de un higo dijo: - Aquí sólo hay un higo. - Pues uno, respondió Saputo. - Pero el oficio reza tres, dijo el rey. - Pues tres, respondió el bribón. - Hombre, dijo el rey; el oficio dice que me mandas tres higos y aquí sólo veo uno. - Eso, señor rey, consiste (dijo Pedro Saputo) en que ahí por ahí antes de llegar me he comido yo los otros dos. - ¡Te los has comido! ¿Y cómo has hecho?, preguntó el rey. - Así, respondió Pedro Saputo, y tomándole al rey el higo de la mano se lo comió con mucha gracia y desenvoltura. Los cortesanos que lo vieron celebraron mucho la agudeza, dijeron que chiste como aquél no se había visto; y aun S. M. se alegró y lo celebró también, y favoreció a Pedro Saputo. Así lo había él esperado y no se engañó, conociendo la puerilidad e indignidad de la corte desde el otro viaje. Mandóle el rey que no saliese del palacio sin su orden, y a los cortesanos y caballeros de su casa que le atendiesen y regalasen.

Un día le dijo el rey: - Supuesto que has visto ya mi mesa, ¿te parece si habrá algún príncipe en el mundo que sin traer nada de fuera de sus estados la tenga tan regalada? Y contestó: - Me parece que no, porque no hay ningún reino en el mundo que produzca tanta variedad de cosas y tan excelentes para el regalo de la vida. Pero faltan muchas, señor, en la mesa de V. M., e yo siendo lo que son las tengo cuando quiero mucho más exquisitas, o las como, que es lo mismo. Porque Vuestra Majestad no come el pan de Huesca ni de Andorra. - No. - Pues yo, sí. V. M. no come el carnero de Monegros. - No. - Pues yo, sí. V. M. no come las truchas del Cinca ni del río de Troncedo. - No. - Pues yo, sí. V. M. no come los nabos montañeses y de Mainar, ni el cardo ni la escarola de Alcañiz. - No. - Pues yo sí. V. M. no come el queso de Tronchón, el aceite de Fornos, las uvas de Ráfales, las cerezas de Monzón y Torre del Conde, los higos de Maella, ni las granadas de Fraga. - No. - Pues yo sí. V. M. no come la aceituna negra y curada de la Tierra Baja. - No. - Pues yo sí. V. M. no bebe el agua del Gállego o del Cinca. - No. - Pues yo, sí. - ¿Que tan buena es?, pregunto el rey. - Es tan buena, señor, respondió, que además de ser muy ligera, fácil y suave, pura como la luz, delgadísima y la más limpia que corre sobre la faz de la tierra, no padecen de gota ni apoplejías los que la beben; en especial de sus corrientes. - No me has nombrado ningún vino, le dijo el rey. - Señor, no faltan muy especiales, pero por ahora son mejores los de las provincias de Andalucía, que si mis paisanos los aragoneses no tuviesen el talento de hacer de buenas uvas mal vino, mandara V. M. traer del campo de Cariñena y otros, y la hombrearían con los mejores. - Me alegro, le dijo el rey, de que mi reino de Aragón sea un paraíso de la tierra por sus frutos naturales. Algunos ya yo los había oído nombrar, otros ya vienen a mi mesa y aun de los que tú no has nombrado; y otros habían llegado a mi noticia. Pero, en efecto, yo creo que andas un tanto cuanto exagerado en el punto de excelencia. - Señor, replicó él, en Aragón todo está a un nivel, la excelencia de los frutos de la tierra, y la nobleza de los corazones de sus naturales para amar a su rey, y la lealtad de sus pechos para defender su corona. Esta conclusión dejó al rey muy pagado, y más que habló Pedro Saputo con grande ahínco y firmeza, como hombre que sabía lo que decía.

Todos los días solía llamarle el rey a su cámara y holgaba mucho de su discreción y dichos agudos; aunque no tardó en conocer que Pedro Saputo era hombre para más que para hacer reír como un bufón sin asiento ni meollo. Hasta le llamó alguna vez cuando deliberaba con el ministro, y le llegó a pedir su parecer en gravísimos negocios del estado. Por fin se atrevió Pedro Saputo a declarar a S. M. que la comisión y regalo de los higos, como el papel de bobo que estaba haciendo, había sido achaque para introducirse, y todo para tener ocasión de decir a S. M. lo que había observado en el reino.

Las damas de palacio le querían mucho, y jugaban y reían con él por simple y sin malicia, y él se dejaba reír y jugar, y sacaba todo el partido que podía, que no era poco de todos modos. Pero algunas traslucieron muy pronto que su simplicidad era fingida, y le trataban de otra manera y le favorecían más, y se entendían con él para burlarse de algunos caballeros que se tenían por discretos.

Cansóse empero de estar en la corte y de ver constantemente al rey engañado por sus ministros y consejeros; y no atreviéndose a pelear solo una batalla tan recia como la que habría que dar a tantos y tales enemigos del rey y del reino, dijo un día a S. M.: - Señor, si V. M. me da licencia, yo desearía volver a Aragón, porque tengo que cumplir este año un voto a la Virgen del Pilar, y se acercan las fiestas. Sintiólo el rey, porque se había agradado de su buen entendimiento, y quisiera tenerle siempre a su lado. Con todo le respondió: - No te privaré de cumplir tu buena obra; y sabe que tengo envidia a los aragoneses que tan de cerca pueden visitar a aquella señora y madre de todos. Ve, pues, a tu tierra. Pero cuando estés para partir, entrarás, que has de llevar unas letras mías y un encargo de palabra a aquel mi virrey y capitán general. - Señor, dijo Pedro Saputo; yo ya me iría mañana, si V. M. no me ha menester más tiempo en la corte. - Iraste, pues, mañana, respondió el rey; y entiende que si quieres volver, siempre te veré con gusto y si algo me pides no te lo negará tu rey.

Con efecto, le despacharon aquel mismo día; él besó la mano del rey, se despidió de sus amigas y amigos, y cargado de regalos de ellas, salió de la corte y tomó el camino de Zaragoza.

3. 9. De aon ve lo dit: La justissia de Almudévar.

Capítul IX.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.

De aon ve la dita: La justissia de Almudévar.


Mol al seu gust vivíe Pedro Saputo an aquell tems, volgut de tots, requerit, buscat, cridat y selebrat, próspero (com Bufa al ull, Bofarull) y ric, mes be per la seua modestia y filossofía que per les riqueses, encara que ya ere tal lo seu estat, que sa mare lluñ de serví a datres ere ella servida, pos teníe criades y se veíe estimada y respetada al poble per lo seu fill, y per nella mateixa tamé, que sabíe tratá en los grans y en los minuts sense adulá an aquells ni afoná als atres. Pedro Saputo estudiabe, cassabe, y donáe los ratos libres a les seues dos enamorades Rosa y Eulalia, que en les lecsions y trate de un home com ell habíen millorat mol lo seu bo natural, y reflejaben la seua amabilidat y la seua grandesa de ánimo, discretes, enteses, ben parlades y naturals, en tot amabilíssimes. Al poble y casa de don Severo pesse a la carta y amor de Morfina y de la promesa a son pare no pensabe anáy tan pronte per raons que ell teníe y que al seu tems declarará a qui correspongue. Y no va dixá de sentí esta contradicsió de la sort, perque encara no van passá dos mesos, cuan va sabé que habíe mort don Severo; y ni en este motiu se va atreví a aná a vore a Morfina. La sala en aixó ya no se pintaríe; y se quedaríe al seu puesto. Ixíe a pintá per alguns pobles; encara que sén totes obres de poca monta, eren les aussensies curtes y servíen sol pera renová lo gust de aquella dolsíssima vida. Pero va ocurrí al cap de un tems un cas que lo va entristí de gran manera, casi no ne teníe prou en tota la seua filossofía pera no renegá del seu poble, y agarrá a sa mare y anassen a viure a un atre.

Lo ferré un día se va cabrejá en la seua dona perque li habíe portat lo amorsá gelat; y agarrán un ferro ruén que estáe calentanse a la forja lay va embutí per la boca hasta lo garganchó, expirán la infelís al cap de un ratet. Ere lo ferré home mol estrafalari, bossal, may segú y de mol males bromes, perque es de advertí que tot u fée enriénsen. La pobre dona passáe molta pena en ell, si li apetíe fótreli lleña, lay fotíe; si acarissiali lo pel, lay acarissiáe; fela dormí a enterra despullada y sense roba al hivern, la fée dormí o gitás aixina; si li oferíe com per cariño un mosset en la cullera, al tems que obríe la boca lay tiráe a la cara o al pit. Atres vegades agarrabe un gabiñet, y fenla estirás y ficanli lo peu al coll jugabe a degollá al cordé o al gorrino, o acabáe eixecán lo bras dién: quí com Deu. 

Atres li lligabe los brassos al cos y después les cames, y la fée rodá per lo cuarto y alguna vegada per la escala. Pero esta burla que va volé fé en lo ferro de la forja va superá a totes, pos va dixá a la pobre dona sense vida en menos de cuatre minuts.

Lo van prendre inmediatamen, y ficat a la presó en moltes cadenes al coll y grillets als peus, lo van jusgá aquell mateix día y lo van condená a mort; la sentensia la ejecutaríen un atre día. Ya estáe la forca eixecada y tot lo poble a la plassa aguardán la ejecussió; ya lo traíen y portáen al patíbul, cuan puján un del poble baixotet damún dels muscles de un atre poc mes alt, va di:

"¿Qué faréu, fills de Almudévar? ¿Conque enforcaréu o penjaréu al ferré, que sol ne tenim un? Y ¿qué farem después sense ferrero? ¿Quí mos luciará les relles? ¿Quí ferrará les nostres mules desmemoriades? miréu lo que passe. En ves de penjá al ferré que mos fará después muita falta, perque ye sol, enforquem un teixidó que ne tenim set al poble y per un menos o mes no ham de aná sense camisa».

- ¡Té raó!, ¡té raó!, van cridá tots; ¡penjarem a un sastre!, ¡un teixidó!... ¡un sastre!... Y sense mes que esta veu y crit agarren al primé de ells que van topetá per allí, lo porten a la forca, lo pujen y lo penchen, y fiquen en libertat al ferré.

Va sabé aixó Pedro Saputo, que no va volé aná a la ejecussió ni habíe eixit de casa, y va aná corrén a escape a la plassa a vore si podíe impedí aquella animalada injusta; pero va arribá tart perque ya estáe garreján lo infelís del sastre. Se va umplí de horror de tan gran barbaridat, y sen va entorná cap a casa seua mut de paraules y gelat lo cor, pareixenli que lo sel y la terra se habíen cambiat lo puesto.

Per la tarde los va di als prinsipals del poble que van aná a vórel:

- Calléu al menos, siñós; que aixó no se sápigue; que aixó no ixque dels nostres muros; perque, ¿qué se dirá de natres? Si aixó arribe a sabés, y se sabrá, no dudéu que mentres lo món seguixque sen món se sitará y recordará en etern baldón del nom de Almudévar. 

Pero ells se van excusá dién que no van podé convense a la multitut irrassional, ni fes sentí en aquell momén.

Y se va consumá la barbaridat mes gran que van vore los siglos.

Pedro Saputo va sentí tan disgust, que pera distraures va agarrá la espasa y una mula de son padrí y sen va aná a passá uns díes fora.


Original en castellá:

Capítulo IX.

De donde viene el dicho: La justicia de Almudévar.

Muy a su gusto vivía Pedro Saputo en aquel tiempo, querido de todos, buscado, llamado y celebrado, próspero y rico, más bien por su modestia y filosofía que por las riquezas, aunque ya era tal su estado, que su madre lejos de servir a otros era ella servida, pues tenía criadas y se veía estimada y respetada en el pueblo por su hijo, y por ella misma también, que sabía tratar con los grandes y con los pequeños sin adular a aquéllos ni confundir a éstos. Pedro Saputo estudiaba, cazaba, y daba los ratos libres a sus dos enamoradas Rosa y Eulalia, que con las lecciones y trato de un hombre como él habían mejorado mucho su buen natural, y reflejaban su amabilidad y su grandeza de ánimo, discretas, entendidas, bien habladas y naturales en todo amabilísimas. Al pueblo y casa de don Severo a pesar de la carta y amor de Morfina y de la promesa de su padre no pensaba ir tan pronto por razones que se tenía y que a su tiempo declarará a quien corresponda. Y no dejó de sentir esta contradicción de la suerte, porque aún no pasaron dos meses, cuando supo que había muerto don Severo; y ni con este motivo se atrevió a ir a ver a Morfina. Sobre que la sala con esto ya no se pintaría; y permanecería en su lugar. Salía a pintar a algunos pueblos; aunque siendo todas obras de poco momento, eran las ausencias cortas y servían sólo de renovar el gusto de aquella dulcísima vida. Pero ocurrió de ahí a algún tiempo un caso que le afligió en gran manera, no bastando casi toda la filosofía para no maldecir de su pueblo, y coger a su madre e irse a vivir a otro.

El herrero un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca y la garganta, expirando la infeliz en brevísimo rato. Era el herrero hombre muy estrafalario, bozal, nunca seguro y de muy malas chanzas, porque es de advertir que todo lo hacía riendo. La pobre mujer pasaba mucho trabajo con él porque sin más causa ni motivo que antojársele darle palos, le daba; mesarle los cabellos, se los mesaba; hacerla dormir en el suelo desnuda y sin ropa en invierno, la hacía dormir o acostarse así por lo menos; ofrecerle como por cariño un bocado con la cuchara, se lo ofrecía y al tiempo que abría la boca se lo tiraba a la cara o en el seno. Otras veces cogía un cuchillo, y haciéndola echar y poniéndole el pie en el cuello jugaba a degollar el carnero o el cochino, o concluía levantando el brazo diciendo: quién como Dios. Otras la ataba los brazos al cuerpo y luego las piernas en uno, y la hacía rodar por el cuarto y tal vez por la escalera. Pero esta burla que quiso hacer con el hierro de la fragua superó a todas, pues dejó a la pobre mujer sin vida en menos de cuatro minutos.

Prendiéronle inmediatamente, y puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies, le juzgaron aquel mismo día y le condenaron a muerte; cuya sentencia iban a ejecutar otro día. Ya estaba la horca levantada y todo el pueblo en la plaza aguardando la ejecución; ya le sacaban y llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro dijo: «¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque esforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as rellas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa». - ¡Tiene razón!, ¡tiene razón!, gritaron todos; ¡enforcar un teisidor!, ¡un teisidor!... ¡un teisidor!... Y sin más que esta voz y grito cogen al primero de ellos que toparon por allí, le llevan a la horca, le suben y le ahorcan, y ponen en libertad al herrero.

Supo esto Pedro Saputo, que no quiso ir a la ejecución ni había salido de casa, y fue corriendo a la plaza a ver de impedir aquella atrocidad e injusticia; pero llegó tarde porque ya estaba despachado el infeliz del tejedor. Llenóse de horror de tan grande barbaridad, y se volvió a su casa mudo de palabras y frío del corazón pareciéndole que el cielo y la tierra se habían mudado.

Por la tarde dijo a los principales del pueblo que fueron a verle: - Cállese al menos, señores; que esto no se sepa; que esto no salga de nuestros muros; porque, ¿qué se ha de decir de nosotros? Si esto llega a saberse, y se sabrá, no dudéis que mientras el mundo sea mundo se citará y recordará con eterno baldón del nombre de Almudévar. Mas ellos se excusaron diciendo que no pudieron persuadir a la multitud irracional, ni aun hacerse oír en aquel momento. Y se consumó la barbarie más inicua que vieron los siglos.

Pedro Saputo sintió tanto disgusto, que por distraerse tomó la espada y una mula de su padrino y se fue a pasar unos días fuera.