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domingo, 21 de noviembre de 2021

DVA, Gerónimo Borao, introducción, 2

II.


A este examen vamos a dedicar el resto de nuestra tarea, procurando señalar la procedencia de algunas palabras, legitimando en lo posible su uso, probando que a su invención ha precedido instintivamente el mejor juicio, y manifestando que no son barbarismos de gente inculta, sino a veces primores que el idioma castellano debiera prohijar (53)
o no haber abandonado. Entiéndase que para la formación de este discurso, así como para la del Diccionario que le sigue, hemos de servirnos, en cuanto nos sea dable, de escritores aragoneses, de anuncios e inscripciones oficiales, de avisos impresos, de la conversación de personas cultas, y sólo en donde todo esto no alcance, del habla común de los aragoneses. No abultaremos, pues, el vocabulario ni la crítica con palabras de las que frecuentemente se improvisan pero no se extienden ni se hacen permanentes: tampoco no lo haremos con las locuciones latinas usadas por nuestros foristas como ne pendente apellatione, artículo de toliforciam, sentencia de lite pendente, neutram y otras, pues aunque sabemos que la Academia incluye algunas locuciones latinas, de antiguo castellanizadas, no le hace, y esto con su habitual prudencia, sino cuando son del dominio general y no del tecnicismo de una ciencia; ni tenemos por verdaderamente aragonesas, aunque de uso particular de nuestros escritores, algunas libertades derivadas del idioma castellano, como tierra baja para denotar cierta comarca de la derecha del Ebro y alto Aragón para denotar la de la izquierda, turbante en sentido del que turba, comisante por el que comisa y adminiculado de adminicular, voces usadas por Larripa; adrezar que dice Blancas; catedrero que consignan los Gestis de la Universidad de Zaragoza; consimile por semejante; reforme por reforma y tisiquez por tisis, que hemos leído en otra parte; caminos circunstantes que también hemos visto usado; membranáceo que dice no mal, en lugar de membranoso, el racionero Latassa; comisarios (54), cercenadores, lugar tenientes y otros cargos que no puede especificar el Diccionario de la lengua y que sin embargo son corrientes en los tratados de legislación aragonesa.

Procedemos en este punto con tal cautela y tan desapasionadamente, que ni damos cabida a algunas palabras (55) por el solo hecho de hallarse en nuestros autores y no en el Diccionario de la Academia; ni incluimos otras que son explicadas como aragonesas por algunos escritores pero que en el Diccionario oficial figuran como castellanas, tales son universidades, gramalla, pedreñal y otras varias; ni acrecemos mucho nuestro Vocabulario con otras cuya definición académica no tiene el alcance de los textos aragoneses como en aquellas hermosas palabras de la Unión “porque non querrian, si Deus e el seynor rey quissies, tener ni seguir otra carrera que la suya;”
ni aun reputamos como aragonesa la palabra dosel usada en las coronaciones de Blancas y calificada como esencialmente aragonesa por él y su comentador el cronista Andrés, el cual para su mejor inteligencia se refiere, bien inoportunamente por cierto, al Tesoro de Covarrubias y al Comento del Polifemo, escrito por García Coronel, cuyos autores no le dejan muy airoso con sus declaraciones.

Lo mismo hemos practicado con algunas palabras puramente lemosinas o catalanas como mateix, res, tantost, apres, nueyt, muyto, destrenyer (acosar), los adverbios en ment o mientre, y con mucha más razón cercar por buscar que usa el Códice de los Privilegios de la Unión, y environar por cercar que dijo el rey D. Martín en la famosa oración con que abrió las cortes de 1398. Hemos también omitido algunos de los muchos tributos o pechas que en documentos latinos aparecen, pero que no creemos del todo aragoneses, como plantáticum que se pagaba por echar el ancla, plateaticum por pasar las plazas, porcagium por los cerdos, salinaticum por la sal, portulaticum y tavitáticum por las naves, etc.; y también algunos de los oficios de la casa real, como subbotellerius, subfornarius, sobrecoch (jefe de la cocina) (Koch, alemán “koj”: cocinero; inglés cook “kuk”) y otros varios, si bien con esta ocasión enumeraremos los que se hallan discernidos en las Ordinaciones de la Real casa de Aragón, compiladas por Pedro IV en idioma lemosín el año 1344, (están en historia-aragon.blogspot.com , son parte de la colección de los Bofarull) traducidas al castellano en 1562 por el protonotario (protonario en el original; prothonotari en un texto del Ceremonioso: https://historia-aragon.blogspot.com/2019/12/offici-sagelladors-scrivania.html )
D. Miguel Climente de orden del príncipe D. Carlos y dadas a la estampa en Zaragoza año de 1853 por D. Manuel Lasala, cuyos oficios (que decíamos) son, dejando a un lado los de uso y nombre más conocidos, los de botilleros mayores y comunes, aguador de la botilleria, panaderos mayores y comunes, escuderos trinchantes, argentarios o ayudantes de cocina, menucier o repartidor, escuderos que traen los manjares, comprador, cazadores o perreros, sobreacemilero y sotacemilero, tañedores, escuderos y ayudantes de cámara, guarda de las tiendas, costurera y su ayudante, especiero, barrendero y lavador de la plata, hombres del oficio del alguacil (jusmetidos a él para aprender criminosos), mensajeros de vara o vergueros, escalentador de la cera para los sellos pendientes, selladores de la escribanía, promovedores, enderezadores de la conciencia, sotaporteros; servidor de la limosna
(almoyna) y escribano de ración que era a manera de contador o tenedor de libros.

Con igual economía hemos obrado al examinar el Índice donde se declaran algunos vocablos aragoneses antiguos, el cual, aunque trabajado por el insigne Blancas; si bien contiene doscientas nueve voces, pero trae muy pocas rigurosamente aragonesas; y aun por eso no hemos incluido de entre ellas sino diez, habiendo despreciado las que nos han parecido castellanas antiguas, que son las más, y habiendo renunciado no sin pena a algunas otras que no dejan de tener semblante aragonés, como son aconsegüexca alcance, bellos ricos, boticayx bofetada, camisot alba, caxo mejilla, desconexenza ingratitud, esguart cuenta, guarda-corps sayo, las oras entonces, lunense apártense (luny, lluny, alunyar, allunyar; chap. llun), meyancera medianía, ont por esto, pertesca parta o tome, pertaña toma, rengas riendas, sines sin, vaxiellos vasos, umplie llenó, izca salga (ixca, ixir, eixir; exitus).

Esa misma parsimonia, pero mucho más fundada, nos ha guiado en cuanto a las palabras castellanas que Ducange define en su Glosario (56), apoyado en documentos aragoneses, cuales son, entre otras, acémila, albarda, alodial, arada, armador, azcona, bandosidad, cabezalero, cahiz, corredor, escombrar, espera, fincar, jurista, malatia, maleta, mayoral, mezclarse, parral, pérdida, perdidoso, quilate, quitación, rastro, realengo, renegado, saca, salva, sesmero, sobreseimiento, soldada, sollo, tapial, taza, timbre, tornadizo y trepado (57). Y si contra este nuestro sistema de conceder a Castilla cuanto la Academia le atribuye (sea cual fuere el verdadero origen de las voces), damos cabida a las ciento o algunas más académicas que Peralta incluye en su Ensayo de un Diccionario aragonés castellano, es, no tanto por ser ellas de más uso, si ya no de procedencia aragonesa, cuanto por respetar, como base de nuestro Vocabulario, el primer trabajo que se hizo en ese género; mas, así y todo, las señalamos, para descargo de nuestra responsabilidad literaria, con una letra particular que las distinga, y esto nos permite marcar asimismo las que como aragonesas o provinciales incluye la Academia y las que se deben exclusivamente a nuestra tal cual diligencia.

Pero no hacemos tanto, antes las excluimos por completo, con muchas de las voces que en sus respectivas obras de historia natural escribieron dos insignes botánicos, Bernardo Cienfuegos en los primeros años del siglo XVII y D. Ignacio de Asso (zaragozano) en los últimos del XVIII. Este, sobre todo, a quien se deben muy curiosos y eruditos tratados sobre las producciones, las ciencias, las leyes, la economía política y aun la literatura de Aragón, tuvo la advertencia de consignar, lo mismo en su Synopsis stirpium indigenarum Aragoniae (1779), que en su Introductio ad Oryctographiam et zoologiam Aragoniæ (1784), las voces puramente aragonesas con que se designaban y todavía se designan en el país (que recorrió herborizando y estudiando su suelo y los animales que le pueblan) los objetos sometidos a su descripción. En consecuencia de su plan, calificó unas veces con la palabra vernaculé o provincial de Aragón, otras con la más expresiva de nostratibus, las palabras que tenía por exclusivamente aragonesas, distinguiéndolas de todas las restantes con la anteposición de la palabra hispanis; y por si pudiera dudarse de que designaba con aquellos antepuestos los vocablos aragoneses, él mismo lo declara, ora en el prólogo diciendo Adjunxi etiam vernacula provintiæ nostræ nomina, ora en el índice que titula Nomina hispánica et vernacula Aragoniæ.
Y decimos todo esto, porque parece después muy extraño que persona tan competente en todo aquello que emprendía, calificara de aragonesas palabras que pasan por castellanas, como asnallo, balsamina, cadillo, camomila, cebadilla, ginesta (
plantagenet; parecida a la aliaga, argilaga), margarita, regaliz (regalíssia), sosa, tuca, anadón, andario, becada, calandria, chorlito, dogo, gavilán, lechuza (chuta, ólipa), pajarel, perdiguero, picaraza (garsa en Beceite), polla de agua (focha), pulgón (puó), saboga, tordo (tord o tort en Beceite; tordus), triguero, verderol y otras. Colocónos (nos colocó) esto en la difícil alternativa, o de aceptar por aragonesas bajo la fé de quien, puesto que filólogo, al cabo no se distinguió como etimologista, palabras que no sólo la Academia pero aun los hablistas castellanos han considerado de uso general entre los españoles (también chófer, y no es castellana, a ver si adivinas de dónde viene; o aspirina); o de desairar, sinó, el voto calificado de un literato dedicado con ardor a las ciencias naturales y conocedor por sí mismo de los nombres con que la ciencia y el vulgo designan cada cual los objetos de la naturaleza. Pero nuestra imparcial elección ha estado en favor del habla común española, no sólo por el mayor crédito que nos merecen las muchas y buenas autoridades que contradicen la absoluta de Asso, sino por otra consideración que, favorable como lo es a Aragón, no podemos excusarnos de aducirla.

De esas voces, hoy todas castellanas, supuesto el admitirlas como tales la Academia, las hay, como balsamina, cadillo, calandria, cebadilla, chorlito, dogo, gavilán, ginesta, perdiguero, pulgón, regaliz, saboga y sosa, que ya se hallaban incluidas en la edición príncipe del Diccionario publicada en 1726 por aquella corporación literaria, y no se concibe cómo pudo desentenderse de esta autoridad el naturalista de Asso: pero hay otras, y a la fé muy bellas, como andario, asnallo, camomila, margarita, pajel,

picaraza, polla de agua, tordo, tuca y verderol, que no tenían cabida en aquella edición (58), que en Aragón eran ya muy usuales, y que hoy han pasado al fondo común de la Academia, sin que de nuestra parte quepa contra esto reclamación alguna,
(
como pasan casi todas las palabras aragonesas, mallorquinas, valencianas al DCVB y las consideran catalanas. Sólo hace falta revisar un poco Lou tresor dóu Felibrige para ver su procedencia occitana) como quiera que todos los idiomas viven de esos cambios mutuos, principalmente cuando la lengua de una nación prevalece (como su política) sobre los dialectos (o lenguas documentadas) de las provincias que vienen a constituirla.

Pero hay que considerar como aragonesas algunas palabras que, si bien incluidas como castellanas en el Diccionario general de la lengua, no puede negarse que son de uso constante, popular, y, por decirlo así, privilegiado en Aragón, mientras lo tienen muy raro o ninguno fuera de él, pudiendo asegurarse desde ahora que, pasado algún tiempo, y cuando ya la Academia forme la convicción en que nosotros nos hallamos, habrá de conservarlas en su Diccionario con el carácter exclusivo de provinciales de Aragón (59). Aquí, en efecto, se dice suplicaciones por barquillos como en el Desden con el desden; no marra por no falla como en las farsas de Lucas Fernández; aturar, como en Berceo «Abrán con el diablo siempre a aturar, y como en Lorenzo de Segura «Anda cuemo ruda que no quiere aturar,» amanta, amprar, arguello, arramblar, caño, malmeter, masar, paridera, punchar, rematado, vencejo, y otras varias (60) que se usan frecuentemente entre nosotros, y de las cuales y otras ya notó Capmany que algunas, como aturar, cal, dita, malmeter, ostal y pudor, eran a un tiempo de Cataluña y de Castilla.

De entre las palabras verdaderamente aragonesas aunque de apariencia castellana, de entre las palabras que, a cambio de otras citadas y consentidas como castellanas, tenemos que revindicar como nuestras y sólo nuestras, citaremos más detenidamente, por ser de las más vulgares en nuestro pueblo llano y sólo en él, la famosa expresión impersonal no me cal (no te cal, no le cal) en significación de no me importa, no me conviene, no me es menester, no me cumple, no tengo que etc., cuya frase, que no traen ni Covarrubias, ni la Academia en su Diccionario grande, ni el jesuita Terreros, ni Rosal en su Diccionario manuscrito, se halla autorizada en nuestros días como castellana por la Academia de la lengua, pero usada como aragonesa por sólo nuestros labriegos. (Yo soy filólogo de literatura inglesa y la uso en mi pueblo, Beceite) - En el poema del Cid hablando este de los Infantes sus yernos dice Curiellos quiquier ca dellos poco min' cal, y más atrás Si el rey me lo quisiere tomar, a mi non minchal: en el Poema de Alejandro se lee non te cal ca se vencires non te menguarán vasallos, y en otra parte Mas quequier que él diga a mi poco me cala: en las poesías atribuidas (61) a D. Alonso el Sabio también encontramos

E si vos veis este fuego

non vos otras cosas calen;

en el Laberinto de Juan de Mena

Mas al presente hablar no me cale;

Verdad lo permite, temor lo devieda;

en las poesías de A. Alvárez Villasandino:

Ya non me cal

pensar en al; (chap. ya no me cal pensá en datra cosa)

en las farsas o cuasi-comedias de Lucas Fernández n' os cale desemular; y, lo que es mucho más notable, en las epístolas del obispo Guevara, predicador de Carlos I, «no le cale vivir en Italia el que no tiene privanza de rey para se defender.»


Pero aunque las autoridades que llevamos citadas han podido influir en la Academia para la admisión de esa voz, que sin embargo no vemos incluida en el gran Diccionario de autoridades de aquella corporación, ni tampoco en el de Terreros publicado en 1786, debemos advertir que quienes la han conservado sin interrupción son los aragoneses, desde que (a nuestro parecer) la tomaron de los provenzales, en cuya poesía se halla usada repetidas veces, así como la tienen el idioma italiano en calere, el francés antiguo en chaloir, el catalan en caldrér, y, aun forzando un poco la analogía, el latín en calescere, agitarse, moverse, pudiéndose decir no me mueve, no me agita, no me domina, no me da cuidado, no me importa. Del uso lemosín no puede dudarse al leer en una canción de Pedro III no m' calgra no me sería necesario, y en un poema anterior (62) perteneciente a los primeros años del siglo XIII y publicado y traducido recientemente por Fauriel

Per Dieu, n’ Ugs, ditz lo coms, nons clametx que nous cal.

Por Dios, D. Hugo, dijo el Conde, no os quejéis, que no os conviene.

y más adelante al verso 4844

A la meridiana quel soleilhs pren lombral

el baro de la vila estan á no men cal.

esto es “al mediodía, cuando el sol penetra en todo sombrío y los defensores de la ciudad están descuidados”, o “no están sobre las armas,” como viene a decir Fauriel, o “están en un no me importa,” si fuera posible traducir así aquella expresión que de todos modos indica el abandono.

Y finalmente, verso 4913

Mas non aia Belcaires temensa que nolh cal.
que Fauriel traduce “Mais que Beaucaire n'ait plus de crainte; il n'en doit pas avoir" y que en castellano se puede expresar diciendo “Pero no tema Beaucaire, pues no debe, pues no le corresponde, pues no tiene motivo, pues no tiene por qué.”

Haciendo punto en esta digresión, ya demasiado extensa pero no inútil a nuestro propósito, y anudando el pensamiento de donde ha partido, tócanos manifestar que, señaladas las palabras usadas por autores aragoneses mas no por eso aragonesas, e indicadas también las que a toda luz son de Aragón aunque todavía calificadas como castellanas; pudieran añadirse ciertas otras generalmente usadas en Aragón y que, a pesar de serlo en Castilla por escritores de nota, no tienen cabida como castellanas en el Diccionario de la lengua; tales son haldeta que usa Moratín en aquel verso de sus Navés de Cortés.

de azul y negro las haldetas de ante;

esmangamazos, que, sin el prepuesto privativo, leemos en aquellos versos del Cancionero de Baena

A ty mangamazo syo otra tonsura.

por mi serà dada muy gran penitencia;

(págs. 447 y 481.)
laminero, que tanto divierte a los castellanos cuando lo oyen a algún aragonés y que, sin embargo, no sólo es muy natural derivado de lamer, y muy parecido a lamistero y lamiscado, sino que se ve usado en el arcipreste de Hita,

La golosina tienes goloso laminero;
a placer, que vemos en aquel romance

en corte del rey Alfonso

Bernardo a placer vivía;

pintar, que usan nuestros pastores por tallar, aunque justo es decir que la Academia lo hace sinónimo de escribir, explicando bien ambas versiones aquellos versos encantadores de Gil Polo

mas serate cosa triste

ver tu nombre allí pintado (señalado en mil robles)

…..

no creo yo que te asombre

tanto el verte allí pintada etc.;

mueso, o bocado, (mos; mossegá) que derivado de morsus (de donde después almuerzo) (amorsá, almorsá) se halla como provincial de Aragón y, no obstante, lo encontramos en el Poema del Cid.

Nol' pueden facer comer un mueso de pan,

y en el de Alejandro aunque con varia lección, y en los poetas del Cancionero de Baena

E luego será del todo vengado

el mueso podrido que dió el escorpion
….

Mas freno sin mueso é chapa

vos daria aun emprestado;

peñora (pignorare) y caritatero que explican Berganza y Merino, dando a pennora el significado de multa y prenda, y a caritas el de refección de bebida tras la colación y lección espiritual; tastar, (taste inglés: probar) que si bien se halla en sentido de tocar, derivado de tactus, también tiene en Berceo el de probar o morder en aquel verso

Que de meior boccado non podriedes tastar;
macelo, cuyo derivado macelario no incluye la Academia pero sí en sus vocabularios los eruditos PP. Berganza y Merino; vencejo, de vinculum, (
vencill, bensill, etc; para atar una garba de paja, alfalfa) que, aunque admitido por la Academia en significación de ligadura, sobre todo para atar las haces (feix, feixos) de las mieses, lo declara
D. Tomás Antonio Sánchez privativo de Aragón al explicar el verso de Berceo

Alzáronlo de tierra con un duro venceio;

cútio, que en Aragón significa constante, diario, no interrumpido, conforme con su elimología quotidie, quotidianus, y que la Academia escribe y explica de otro modo, poniendo cutío, trabajo material, y omitiendo absolutamente en su Diccionario el adjetivo cutiano (quotidiano) (cotidiano) que leemos en el poema de Alejandro

Un pasarïello que echaba un grant grito

andaba cutiano redor de la tienda fito

y en Berceo

facie Dios por los omes miraclos cutiano

y en el célebre Villasandino

Pues memento mey cutiano disanto.

de, partícula expletiva que se usa en la frase me dijo de antes su parecer, y en otras parecidas, y que también usan nuestros clásicos como Cervantes, “tan bien barbado y tan sano como de antes,“ y el obispo Guevara “y sus pueblos quedaron como de antes perdidos.“

Añadiríamos a estas algunas otras palabras y frases que, siendo muy familiares en Aragón, y no teniendo nada de exóticas ni nuevas, están excluidas, no obstante, del Diccionario de la Academia, por donde oficialmente resultan no ser castellanas, mientras son positivamente, ya que no aragonesas, de uso aragonés; pero atribuyendo este silencio, no a decisión magistral sino a descuido inevitable de aquel sabio cuerpo literario, no adicionaremos el anterior catálogo ni aun con las dos que por ahora nos ocurren. Es la una llevar la corriente, frase que hemos oído a castellanos puros y que usa el Duque de Rivas (poeta cordobés) en el romance último de su Moro Expósito

“, le acaricia, le lleva la corriente”

La otra es la voz medicina que no se define por la Academia sino como “ciencia de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano,” y que en sentido de medicamento (63) es en Aragón vulgarísima, se usa mucho por los facultativos y se lee con frecuencia en las Ordinaciones del Hospital de Zaragoza 1656, siendo además común a la lengua italiana y al dialecto catalán, pero que no puede formar parte de nuestro Diccionario cuando la vemos usada en todos los más distinguidos escritores castellanos, desde Cervantes a Espronceda, desde Quevedo hasta el poeta popular Trueba, y lo mismo en fr. Luis de Granada que dice sin los tormentos de los médicos y las medicinas, en Mexía como el buen medico sus medicinas, en Guevara y lo poco que las medicinas le han aprovechado, en Rhúa que sana la herida con medicinas lenitivas.

Pasando ahora a uno de los más notables grupos en que pueden dividirse las palabras aragonesas, digamos en honor suyo que este pueblo ha conservado un gran número de las que constituyeron el habla antigua castellana, siendo ya consideradas como arcaísmos fuera de uso algunas y no pocas, que acá nos son del todo familiares, y que en parte componen el más usual vocabulario de la gente inculta, cuyos modismos excitan hasta cierto punto la compasión de quien los oye, ignorándose, aun por nosotros mismos, que así hablaron los padres del común idioma castellano.

Sería, en efecto, un trabajo muy curioso el de reunir las voces, incorrectísimas hoy, de las clases últimas del pueblo, y observar su perfecta identidad, no ya con las que se emplearon en los siglos primeros del habla, sino aun con muchas de los escritores que florecieron en el siglo XVI (64). Llegarían esas semejanzas hasta el punto de ser fácil componer todo un discurso, y aun todo un libro, con palabras tomadas del antiguo castellano, que sin embargo serían exactamente las que usa con predilección el pueblo aragonés; bien que muchas de ellas no dejan de ser comunes con el ya bárbaro dialecto que todavía conserva el estado llano en toda España. Sean ejemplo de esta observación, sin que por eso abultemos con ellas nuestro Diccionario, las palabras niervo; omecida, gomitar, buticario, reconvinió, *prolvengan, filicidad, tuviendo, entreviniendo, abellota, quisiendo, *previdencia, risistir, pidir, dicir, recebir, vieda (veda), siguidilla, ambrolla, crocodilo, (latino puro) virificar, ogepción, asasinar, etc. Séanlo también mesmo, trujo (65), agora, escuro, enantes, dende, que los poetas dicen con frecuencia. Séanlo igualmente estentinos, malmeter y rancar, que usa Juan Lorenzo de Segura; emparar que se lee en Berceo; bulra, estoria, estruir y mandurria que emplea el arcipreste de Hita ; churizo (66), (choricer en Alcañiz, jueves lardero y chorizo) previlegio y rétulo, que nos dice Covarrubias; rabaño y aspárrago que conforman más con la etimología hebrea y latina; pedricado, que dice el rabí D. Santob; cantacio, estentino y otras muchas que se ven en el Cancionero de Baena; empués, que dice Marcuello (pero también Berceo); agüelo y cudicia Aldrete; acontentar el autor del Diálogo de las lenguas; inconvinientes, encorporar y muchas otras Zurita; riguridad Tirso de Molina; mesmamente el P. Isla.

Pero estas palabras no son otra cosa, aunque saludadas con el nombre de barbarismos, sino ligeras desviaciones enfónicas de otras verdaderamente castellanas: las hay que siendo notadas en Castilla como arcaísmos, son en Aragón bastante corrientes, y de ellas citaremos (aunque no hagamos uso de todas en el Diccionario) abejera, aconsolar, afigir, afirmar, almuestas, aplegar, apoticario, árcaz, asin, asisia, asumir, azarolla, bahurrero, batifulla, batimiento, bogeta, buco, cadillo, calendata, cablieva, canso, capacear, casada, cocote, coda, espedo, fajo, fendilla, ferial, fosal, interese, marzapán, mayordombría, mida, mueso, nano, ostaleros, otri, pasturar, peñorar, pigre, tardano, tributación etc.; de cuyo catálogo, que pudiéramos no sin dificultad engrandecer, se deduce lo que ya hemos indicado, es a saber, la religiosidad con que el pueblo ha guardado la antigua manera de hablar, haciendo en él la ignorancia las veces del respeto.

No son menos recomendables, pues son igualmente puras y perfectamente conformes con la índole o genio del idioma, las palabras compuestas que ostenta el aragonés.
No hay para qué decir la belleza y el número que de los compuestos resulta; ni la facilidad con que la lengua española los admite, merced a sus terminaciones vocales y a la buena proporción en que entran estas letras; ni la condensación que producen, economizando circumloquios y partículas; ni el uso que de ellos hicieron las lenguas antiguas, principalmente la griega: todo es demasiado conocido para necesitar
esplanarlo, y mucho menos aquí en donde por otra parte no tiene su principal asiento. Pues bien: de estas composiciones que deben tomarse, sino es en las ciencias, del fondo que ofrece el propio idioma (según lo insinuó Mayans con acierto, tomando cabalmente por ejemplo una voz aragonesa) hay algunas, entre las muchas que a cada

paso inventa la conversación, como aguacibera, aguallevado, aguatiello, ajoarriero, ajolio, alicáncano, alicortado, antecoger, antípoca, apañacuencos, arquimesa, arrancasiega, babazorro, botinflado, cabecequia, carasol, casamuda, cazamoscas, contrayerba, entrecavar, escondecucas, gallipuente (gallipont, gallipons), habarroz, hurtadineros, malbusca, matacabra, matacan, miramar, paniquesa, rabiojo, sobrebueno, sobrecielo, tragacantos, zabacequias.


Y si de los compuestos pasamos a los derivados, que son una parte tan principal, y por ventura la más numerosa de los idiomas, ¿cuántos no encontraremos en Aragón, cuya mayor parte debieran adoptarse por la Academia? Permítasenos ofrecer de ellos una muestra, la cual, contribuyendo a esclarecer este punto, dejará también probado que en la conservación tenaz de sus modos de hablar, generalmente proceden los aragoneses con una lógica instintiva, muy ajena de la especie de extrañeza depresiva con que son saludados sus provincialismos. Véanse, sino, las palabras aceitero, adinerar, afascalar, agramar, aguachinar, agüera, ahojar, aladrada, alaica, anzoleto, añero, apabilado, apenar, aquebrazarse, arrancadero, arrobero, asolarse, azutero (azud, assut), bajero, boalage, bolsear, brazal, cabecero, cabezudo, cabreo, calorina, callizo, canalera, cantal, capolado, capucete, casera, comprero, collete, cresarse, crujida, cuaternado, culturar, cunar, chorrada, defenecer, dentera, desbravar, descodar, desgana, encerrona, engafetar, enzurizar, esbafar, escorchón, escorredero, estribera, frontinazo, galgueado, helera, huevatero, jetazo, juguesca, lavacio, manifacero, mañanada, maseta, matacía, mitadenco, molada, ocheno, oleaza, parejo, pastenco, peduco, picoleta, plantero, pulgarillas, racimar, repaso, saquera, simoso, sondormir, sudadero, tardada, ternasco, vendería, volandero.

Hay otras muchas palabras que difieren muy poco de las correspondientes castellanas, resultado necesario de la varia eufonía de las provincias, a veces de la mayor o menor fidelidad etimológica, y no pocas del simple decurso de los tiempos, que refinan o adulteran, pero no para todos, el idioma. Vocablos hay que varían la terminación, como abejero por abejaruco, ancheza por anchura, apuñadar por apuñear (puño, puñada; puñetazo), azanoriate por zanahoria, balsete por balsilla, blanquero por blanqueador, capaza (capazo) por capacho, cargadal por cargazón, corrinche por corrincho, chaparrazo por chaparrón, dalla por dalle (guadaña), exigidero por exigible, friolenco por friolento (friolero, friolera), perera por peral, pescatero por pescadero, picor por picazón, rocador por rocadero. Unos se han sincopado en Aragón, como abrío por averío, albada por alborada, (auba Mallorca, alba) cartuario por cartulario, censalista por censualista, cobar por cobijar, chapear por chapotear, mida por medida, zanguilón por zangarullón: otros, al contrario, se han alargado por epéntesis, como alirón por alón, bienza por binza, cadiera por cadira, carracla por carraca, empedrear por empedrar, hilarza por hilaza, jarapotear por jaropear, marrega por marga, panso por paso, valentor por valor. Unos suprimen por aféresis la sílaba inicial, como caparra por alcaparra (también garrapata), dula por adula, jada por azada, jambrar por enjambrar, pedrada por apedreada, zafrán por azafrán (safrá; saffron): otros la toman por prótesis, como amerar por merar, asesteadero por sesteadero, atrazar por trazar. Unos pierden la final por apócope, como alum, brócul, caparrós, espinai, por alumbre, bróculi, (brócoli) caparrosa y espinaca: otros la toman, como rondalla por ronda. Algunos duplican una letra, como acerolla, sarrampión, por acerola, sarampión: otros son anagramáticos, como amorgonar y arraclan, (arraclau, arreclau) por amugronar y alacrán: otros obedecen más al origen latino, como bufonería, calonia, concello, curto, gramen por buhonería, caloña, concejo, corto, grama (lo gram en Beceite): otros padecen la leve alteración que algunos gramáticos llaman antítesis, (metátesis) como sucede en achacarse, albellón, alcorzar, almadia, anganillas, aradro, bofo, boteja, cogullada, ensundia, furrufalla, garufo, gayata, jijallo, lezna, mandurria, panolla, (mazorca) restrojera, rujiada, tamborinazo y vendema, cuyas equivalencias castellanas no es necesario enumerar (para la gente poco versada es necesario). Otros, finalmente, se distinguen por su sílaba inicial es, que en Aragón suele preceder como privativa en lugar del antepuesto des, y aun aumentarse a la voz castellana, como se ve en esbafar, escañarse, escrismar, esgarrar, espatarrarse, estral, estrévedes (67) y esvarar, bien que la lengua castellana es también abundante en esas voces, la mayor parte anticuadas (y esto prueba nuevamente en favor de Aragón lo que a la página 71 llevamos dicho) como escañar, esfogar, esfriar, espabilar, espalmar, espavorido, espedirse, espejar, espeluzar, esperezarse, espolvorear, esposado y estajo.

También son de citar, y merecerían una interesante explicación individual, algunas palabras y modismos, que, sin separarse del idioma común, tienen valor nuevo en Aragón, por estar tomadas graciosamente en sentido figurado o translaticio, cuya manera de hablar es uno de los más altos primores de una lengua. Notaremos como ejemplo, acantalear, ajustarse, albarrano, andaderas, anieblado, armarse fandango, asnillo, bandearse, barbaridad, brazo de S. Valero (68), caballón, cárcavo, carmenar, crujida, chaparrudo, echar la barredera (69), echar la ley, encabezado, encanarse, dar carrete, florecer la almendrera, garras, gorrino, guitón, gusanera, herejía (heregia), indignarse la llaga, julepe, jusepico, lucero, lucidario, macerar, mazada, morir a loseta, mostacilla, nazareno, pinganetas, salida de pavana, tiorba y otras.
A este grupo corresponden igualmente la palabra tocino en que los aragoneses toman la parte por el todo; las palabras azulejo, elástico, y esponjado, que toman pie de la cualidad sobresaliente del objeto para darle nombre; también talegazo y titada, cuya analogía con costalada y monería no deja de ser curiosa; igualmente bigardo, que aplicándose primeramente a unos frailes de la orden de S. Francisco condenados por herejes en Alemania e Italia, se extendió después a los de mala vida, concluyendo por significar en Aragón el mancebo de grandes medros y de buena apariencia para el trabajo pero que hace vida inútil y ociosa; y finalmente las antonomásticas florín que así se llamó por ser usual en Florencia, según Merino; frederical, con motivo del manto que usaron algunos Fadriques de Sicilia, según la explicación de Blancas; con D. Antón te topes, a guisa de maldición, en recuerdo de D. Antonio de Luna que asesinó al arzobispo de Zaragoza en los disturbios promovidos por el conde de Urgel; más listo que Cardona, con alusión al vizconde de ese título que, aterrado por el miedo cuando su grande amigo el infante D. Fernando fue mandado matar en 1363 por el rey su hermano, huyó precipitadamente desde Castellón a Cardona pasando el Ebro, por Amposta; ya se murió el rey D. Juan, frase proverbial alusiva al pródigo D. Juan II y dirigida contra los ambiciosos de mercedes; que viene Vargas, expresión con que se asusta a los niños desde la jornada funesta en que aquel mandó prender y decapitar a Lanuza de orden de Felipe II; zaforas, voz moderna, suponemos que ocasionada por el longista Zaforas en cuya casa se dice que sirvió como criado el famoso Cabarrús; piculín, en recuerdo de un famoso volteador de aquel nombre que, procedente de Castellón de la Plana, trabajó en Zaragoza muy a gusto de todos desde 1803 a. 1815, según Casamayor (70), bien así como en Castilla ejecutó sus habilidades en el siglo XVI el italiano Buratin, de donde tomaron ese nombre los volatines en general, según lo hemos leído en algún trabajo etimológico y aun nos parece recordar que en alguna comedia de Lope, por más que en el Diccionario de la Academia no hayamos hallado esa palabra.

Viniendo ahora a las etimologías, por demás está que repitamos lo que ya hemos indicado en este punto, ocioso es que digamos de nuevo lo que por otra parte de todos es sabido: las lenguas se forman por aluvión y por derivación, de lo cual nace su división en familias, el parentesco estrecho que a muchas liga entre sí, la riqueza misma que ostentan, como se ve en la griega con la acumulación de sus dialectos, en la latina con su imitación griega, en las germánicas y neolatinas con la asimilación de sus afines y con el contacto de los pueblos conquistados y conquistadores, aliados y enemigos. Pero si es un gran mérito filial, como lo es a nuestros ojos, la conservación cariñosa de las raíces o voces matrices, supuesta la necesaria y aun oportuna reforma de la sintaxis, en Aragón hay por qué envanecerse en este punto, pues son muchas las voces provinciales que derivan inmediatamente del idioma del Lacio (71).

Unas han conservado toda su estructura latina, como lumen-domus, articulata, calendata, portata, testificata, exhibita, cancelata, extracta, intramarino, ultramarino, cisterno, forideclinatorio, paciscente, y bonavero que, aunque tiene por su terminación aire español, procede de la frase antigua Bona vero quæ demandantur sunt hæc, y expresa hoy como entonces la lista de los bienes a que se refiere la demanda.
Otras son idénticas, o no han variado sino la desinencia o la ortografía, como ápoca, apoticario, ordio, cicures, brisa, ligona, uva, lucidario, sansa, comanda, excrex, convenido, pigre y motilar. Otras, aunque un poco más desemejantes, conservan muy visible su procedencia, como cuaderna, adimplemento, la Seo, coda, falenciales, oleaza, túberas, fiemo (
fem; humus; estiércol), macelo, farinetas (farina : harina), batifulla, fabear, zaborra y fabolines. Otras, en fin, aunque no de tan incuestionable etimología, la tienen bastante lógica, y desde luego mucho menos violenta de lo que suelen buscarla muchos etimólogos, a quienes, por lo mismo de no poseer nosotros su caudal, no los imitaremos ciertamente en disiparlo: tales son geta, gitar y jetar, de getare (y no de jacere, como otros suponen) (gitar : acostar sí es de jacere; gitar : expulsar, echar; foragitar); besque de viscus (pasta de muérdago viscosa, pegajosa, para atrapar pájaros); fajo (y aun fascal) de fax, origen de haz, (fasces; feix) hacinar etc.; huebra derivado de opera, que debió pasar por opra, obra y uebra, acabando por recibir entre nosotros un sentido genérico o trópico; aturar que Rosal (72) deriva de obturare; emberar acaso de ver, primavera, por empezar a colorear entonces algunas frutas, como se dice agostar al marchitarse de las plantas (agosto); exárico de exaro; concieto, de conceptus deseo concebido; muñido de monere, avisar, citar, obligar a comparecer; vellutero, de vellus, lana (vellut : terciopelo); trincar, de trincare, silvar, beber, dar muestras de recocijo; encante de in cantu; amosta, de amba manu hausta, según Monlau; tastar de tactus; mueso, de morsus; vencejo de vinculus; rufo, tal vez de rufus, rubio (rubeo : rojo); teruelo acaso de textula, tejuela con que en lo antiguo se votaba; caritatero, probablemente de charitas, a juzgar por el objeto de aquel cargo que suponemos equivalente al de limosnero; baste, quizá de bastaga, transporte, o de basterna, litera; calamonar, no muy extraño a calamenthum yerba; bando, que puede provenir de pando, siendo tan conformes las dos letras labiales en que se diferencian ambas voces; luquete, a luce como dice Rosal, aunque esa palabra no la incluye la Academia como aragonesa sino como castellana.

Otra de las más copiosas fuentes de donde el idioma español ha tomado un gran número de palabras, es la lengua árabe que, correspondiendo a una civilización muy adelantada sobre todas las de Europa, hubo de forzarnos a admitir, con sus raros conocimientos en las ciencias y artes, las voces que servían a desarrollarlos. No se habló en Aragón aquel idioma como en otras provincias, y es que tampoco no fue tan larga la dominación árabe, reconquistada Zaragoza en 1188 y Valencia (por D. Jaime) en 1238; pero fuélo todavía lo bastante para imprimirnos su influencia; y sobre todo nos impusieron los árabes en adelante, aun después de sometidos, ese suave yugo que, por lo mismo de no ser impuesto a la violencia sino en el seno de la paz, es, no sólo más duradero, pero aun tan honroso a los conquistados como a los conquistadores. Todavía subsisten, sobre todo en Valencia, pero también en Aragón y aun en Navarra, y claro es que en muchos otros puntos de España aun sin contar la Andalucía, prácticas agrícolas, costumbres indelebles, restos, del traje calles y barrios, y principalmente muchos vocablos de la lengua árabe con que la nuestra ha venido a enriquecerse.

Sobre las voces que son generales a toda España, y que Marina enumera cuidadosamente hasta formar un catálogo de cerca de mil quinientas, si bien algunas de origen griego u oriental pero siempre transmitidas a nosotros por los árabes, tiene Aragón otras propias de las cuales citaremos ajada, ajadón, alamín, alberge, albarán, alcohol, alfarda, algorín, almenara, almud, almudí, amelgar, antibo (de anteba, hincharse), arcaz, arguello, arna, aturar (73), badal, bailío, barreño, bocal, boto, bucarán, eraje, gaya, gafete, jauto, jebe, jeto, jimenzar, lapo, márfega, márraga, mossen, rafalla, rafe, sirga y zafrán; a las cuales no dudamos en agregar las investigadas a ruego nuestro por un competente amigo nuestro (74), de entre los cuales son incuestionablemente árabes, según sus informes razonados, alguaza, alquinio, antosta, badina, bahurrero, cabidar, capleta, charada, fardacho, fizón, maigar, tabarda, tría, zaborra y zalear; muy verosímiles alfarrazar, alacet, arcén, buega, cija, libón, y liza, y algún tanto dudosas abollón, *aribol, batueco, bistreta, boira, caramullo, cibiaca, cocón, cospillo, cudujón, fejudo, fres, güellas, jasco, lillas, pardina y pocho.
(
En el glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental, de Leopoldo De Eguilaz y Yanguas he encontrado algo: Baden, badina. La zanja que dejan hecha las corrientes de las aguas. Charca. De * bátin, "rebajado, hundido (suelo terreno) en Kaz. "the low or depressed tract of land, of the plain, where water rests and stagnates" en Lane. Alix. (badina, badines, a Beseit, la badina negra al Parrissal). // ALACET. Voz aragonesa que significa fundamento de un edificio. Borao. Es la arábiga alist o alicet, que, entre otras acepciones, tiene la de fundamento en Kazimirski. Tráela R. Martín bajo la forma *ar alast o alacet, según la pronunciación vulgar, aunque con significado distinto. Acaso alacet no sea más que la contracción de *ar alisését, pl. de alisés, fundamentum en R. Martín, la base o cimiento de un edificio.)

En cuanto a la influencia provenzal, (ver Lou tresor dóu Felibrige, Mistral) con decir que se sintió más o menos aun en Castilla, no puede sorprender que en Aragón fuese extraordinaria, y lo admirable es, pero no menos cierto, que aquí no resultase un dialecto como el catalán o valenciano, y que alcanzara a conservarse el idioma español, nacido como en Castilla pero independientemente de Castilla, y perfeccionado lentamente no sin alguna intervención castellana, pero desde luego con más y mejores aunque no muy aprovechados elementos. Haciendo fondo común de las voces puramente lemosinas y de las catalanas, tenemos, principalmente de estas, un buen número, siéndonos perfectamente comunes amosta, baga, banova, barral, botiga, braga, bresca, corcar, embafar, empentar, escalfeta, escalibar esclafar, esgarrifarse, falca, fuina, gallofa, garba, garraspa, ginjol, gosar, greuge, madrilla, mas, máscara, porguesas, pudor, purna, quera, a ran, sirga, taca, tastar, tongada, trena, trucar, veguero, veta, y, según puede verse en Raynouard (75), adobar, aturar, borda, getar, rosigar, tetar y alguna otra; así como también son comunes al aragonés y al catalán, aunque aquel les ha dado desinencia o pronunciación castellanas, ajordar, calage, calibo, fitero, guito, manifacero, masobero, tinelo, trespontin etc. y lo son también, o por su raíz o por su semejanza, argadillo, cuquera, espenjador, fosqueta, garrampa, milocha y alguna otra.

Algunas de estas palabras pertenecen también a los otros idiomas neo-latinos, no siendo fácil decidir si fueron elaboradas a un mismo tiempo, ni en caso contrario de qué parte estuvo la precedencia; pero de todos modos es lo cierto que tastar, por ejemplo, es común a los idiomas aragonés, catalán, francés e italiano, (e inglés, taste) que botiga, y gingol (jíngol, gínjol), traspontín y aun falordia lo son a los tres primeros, que fuina, muir, taca y aun escalfeta lo son al aragonés, al catalán y al italiano. En cuanto a las semejanzas del aragonés con el francés o el italiano pueden citarse, respecto a este, gratar, chemecar, falaguera (de follegiare), y aun badal y picota; y respecto a aquel acoplar, aguaitar (de guetter), alberge, argent, (Ag, argentum, plata) becardon, chapelete, empachar, esparvel (de épervier) (esparver, esparvé), fuina, guipar (de gûepe abispa), manchar, mazonero, niquitoso (de nique mueca), planzón, pocha, pochada y algunas otras como gallón que la Academia escribe gasón tal vez por aproximarla al gazón francés, y mascarar que, desusado hoy por ellos más no por nosotros, usó sin embargo Rabelais en “Gargantúa) se mascaroyt le nez.”

Expuesto ya, si bien concisamente y sin extendernos a observaciones, panegíricas, lo más preciso de saber para la inteligencia del habla aragonesa en lo tocante a su historia, su etimología, su propiedad y aun sus ventajas, seguramente que completaría en gran parte nuestro trabajo la exposición de los modismos, frases o refranes peculiares de Aragón; pero nos ha retraído de esta idea, no sólo la dificultad de llevarla a cabo con algún acierto, sino la consideración de que aquellas maneras usuales de decir no alteran en nada el idioma castellano, ni difieren (sino es en los pueblos del Somontano (76)) de la sintaxis común, ni marcan ninguna genialidad aragonesa, ni son otra cosa que combinaciones de las sin número que permite un idioma, y que todos los días crea el gusto o la improvisación individual. Ni las construcciones poderse asumir a bolsa de caballero y llevar mujeres a ganancia, que usan nuestros fueros, tienen nada de repugnante con el idioma castellano; ni ofrecen originalidad de alguna monta las frases campar por sus respetos, no le hace por no importa, conducir por Ebro vez de vez de conducir por el Ebro, jugar a pelota (creo que en Navarra y País Vasco se usa también) por a la pelota, parar fuerte por mantenerse sano, vagar te puede por ancho te viene, hacer duelo por dar lástima, (sobre todo en la comida: me hace duelo dejármelo: me fa dol dixámeu; no te cale : no te cal : explicado más arriba) el Juan y la Isabel por Juan e Isabel (77), (el artículo delante del nombre propio se usa en toda España, pese a lo que diga la gramática; la Yoli, la Jeni, el Jonatan, etc) sin parar por al momento, tal cual por al punto y otras como estas; ni tampoco los decires familiares o proverbiales pan de mi alforja, hasta las pulgas toman tabaco, a sopas hechas, ir atrás como el soguero, peor que Geta, más malo que Piván, más feo que Tito, peor que Fierrabrás (Fier-à-bras) (Fierabrás), más célebre que Barceló por la mar (con alusión al famoso marino mallorquín del siglo pasado), sabe más que Briján (Bricán nigromante o hechicero, como Merlín, según Milá), tiene más que Zaporta (cuya esplendidez se conserva en Zaragoza en el palacio monumental de su nombre que después se llamó de la Infanta por haberlo habitado la esposa del infante D. Luis), con la faldeta remangada, priétate la frente, para cuestas arriba quiero mi mulo, como los perros en misa, el que a su enemigo plañe en sus manos muere, más vale sudar que estornudar, más caro que el salmón de Alagón, que se pasa el asado, serio como bragueta de ciego, viejo como las bragas de fr. Pedro, sabido como el chiste de Saputo (78), qué trenzadera o qué alpargata lleva (embriaguez o (borrachera), donde Cristo dio las tres voces (en paraje extraviado), irse por Val-de-Gurriana (desviarse del camino natural aunque sea en la conversación, en el juego etc.), costar un sentido, ya viene Martinico (para decir a los niños que les entra el sueño), más duro que el pie de Cristo, llamar a Cachano con dos tejas (querer un imposible, apelar a quien no puede socorrernos) y otros de ese carácter ; ni encontraríamos cosa alguna reparable sino en muy contadas locuciones que en cierto modo alteran el idioma y se presentan en él como verdaderos solecismos, según lo vemos en ir viaje o estar viaje por ir de viaje o estar de viaje, se lo dé V. por déselo V., es tu que no llueve usado por la gente vulgar en forma interrogativa en vez de ¿cuánto va que no llueve?, lo qué? por qué?, en puesto de y en igual de por en vez de (locus : lugar, puesto, lloch, lloc, loc, loch; en lloch de, en lloc de, en puesto de, en ves de), hasta de ahora por hasta ahora, con otras que pudieran añadirse y que nosotros omitimos rebuscar.

En lo que sí queremos detenernos algún tanto es en el gracioso diminutivo en ico, que consideramos más bien como un modismo que como una palabra, y que, si bien es manera de hablar muy castellana y aún no considerada como arcaísmo por el Diccionario de la lengua, pero es desusada y aun ridícula entre los castellanos, al paso que muy general en todas las clases sociales de Aragón y de Navarra (y Murcia).
Y decimos que muy general, porque hemos de confesar que un gran número de palabras de las que hemos citado como aragonesas, y por ventura las más interesantes, como cal, aturar, amprar y muchísimas otras, ya no se conservan sino entre las clases ínfimas del pueblo; que también
acá (acá se conserva más en Sudamérica, en España ven p'acá, p'aquí) ha cundido entre las personas cultas el desdén hacia nuestras bellezas provinciales; pero el diminutivo de que hablamos es universal, y ya no depende de la educación sino del nacimiento.

El idioma español, rico en los diminutivos cual ningún otro, y desde luego muchísimo más que el hebreo, el árabe, el griego y aun el latín y el italiano, como que reúne más de treinta diversas terminaciones (79), habiendo palabra que permite ella sola doce desinencias, claro es que no aplica todas esas variantes o aumentos de final a todas las palabras, antes se conforma con lo que cada una permite (80); mas en medio de ser esto cierto, las en ico, en illo y en ito son terminaciones generales que se aplican indistintamente a casi todos los nombres, habiendo entre ellas una verdadera sinonimia.


Pero el diminutivo en ico tiene dos ventajas incontestables, el uso preferente que de él hicieron los padres de la lengua, y su significación especial e intrínsecamente distinta de los de otras terminaciones. En los escritores de nuestros orígenes, sobre cuyos sencillos versos parece que vagaba, como una fresca brisa sobre las plantas silvestres, el ambiente de la naturalidad, era el diminutivo en ico el que dominaba en la expresión de los afectos o las apreciaciones, y por eso es tan general en la poesía popular y en la familiar de posteriores tiempos. ¡Qué bien dicho está en una farsa de Lucas Fernéndez

¡Oh, pastorcico serrano!

¿viste, hermano,

un caballero pasar?

y en un romance sobre el moro Calainos

Bien vengáis, el francesico

de Francia la natural?

¡Cuán propio es de la poesía de Castillejo, último trovador de los amores y la sátira, paladín de la poesía nacional contra los petrarquistas, contra los luteranos como él decía, cuán propios son de aquella poesía fácil y sentida aquellos versos, ya pertenecientes a una época muy adelantada, en que se pinta con gracia inimitable a un vizcaíno borracho metamorfoseado en mosquito
tuvo con esto a la par

una risica donosa,

las piernas se le mudaron

en unas zanquitas chicas,

los brazos en dos alicas,

dos cornecicos por cejas!

¡Qué bien sienta en Rodrigo de Cota o Juan de Mena, o quien quiera que escribiese la primitiva Celestina (que nosotros no hemos de desatar nuestras dudas como el editor de Barcelona que atribuyó a aquellos dos tan admirable obra); qué bien sienta aquella aglomeración graciosa de diminutivos «Nezuelo, loquito, angelico, perlica, simplecico, lobitos en tal gestico, llégate acá putico etc.»! ¡Qué encanto hay en aquellas deleitables fontecicas de filosofía, que nos dice Fernando de Rojas! (autor de la Celestina)
¡Qué espontaneidad tan amorosa en Fr. Luis de Granada el pollico que nace luego se pone debajo de las alas de la gallina... y lo mismo hace el corderico; en Mendoza las mañanicas del verano a refrescar y almorzar; en Santa Teresa al primer airecico de persecución se pierden estas florecicas; en Guevara lo demás que callandico me pedistes en la oreja etc.; en Ávila cuando aconseja conservar esta centellica del celestial fuego; en Lope para quien la constelación de S. Telmo era una estrellica como un diamante! (81) ¡Qué difíciles son de enmendar aquellas tajadicas subtiles de carne de membrillo con que se atendía a la voracidad plebeya de Sancho el Gobernador, aquellos zapaticos para sus hijos que echaba de menos su mujer, y, entre muchos pasajes de la GITANILLA DE MADRID, aquel «Preciosica, canta el romance que aquí va porque es muy bueno”! y ¡cuán superior es en la misma novela aquel cabo de romance (82) «Gitanica que de hermosa te pueden dar parabienes» sobre el que le sigue «Hermosita, hermosita, la de las manos de plata!» ¡Qué tono de familiaridad en aquella carta de Caballero de la Tenaza «Ahora es, y aun no acabo de santiguarme de la nota del billetico de esta mañana!" (83) Y viniendo todavía más a nuestros tiempos, cuando la lengua y la poesía tocaban el último grado de la perfección, el principio ya de su inminente decadencia, léanse nuestros grandes poetas dramáticos y líricos, y veremos que, cuando el asunto les consiente cierta familiaridad, prefieren el ico para denotarla más fielmente, como en los versos de Calderón

La ropilla ancha de espaldas,

derribadica de hombros,

y redondica de falda;

como en Moreto, en quien todavía resulta más terminantemente nuestro aserto cuando entre sus personajes de TRAMPA ADELANTE pone a Jusepico y Manuelico pajes,

a la manera de Quevedo que llama Pablicos al héroe de su novela el Buscón (84).

Tan admitido era entre los más serios escritores aquel diminutivo, que en el testamento (verdadero o falso) del Brocense, el cual inserta e impugna con su exquisito natural buen juicio el Sr. marqués de Morante en la excelente vida de aquel humanista publicada como apéndice al tomo V de su Catálogo, hay una cláusula que dice «Item, Mando a Antonita mi nieta el mi lignum crucis con su cristalico у las seis esmeraldas de que está cercado»; y, lo que es más reparable, Covarrubias, cuyo lenguaje didáctico parece que había de excluir todo diminutivo, dice al explicar (bien ridículamente por cierto) la etimología del gavilán «cuasi cavilan por la astucia y sutileza con que hace presa en las avecicas,» cuya frase le copia y prohija la Academia en la primera y más completa impresión de su Diccionario (85).

Y para que se vea con otro género de prueba la importancia que tuvo ese diminutivo, obsérvese que hay palabras de que no ha quedado, según la Academia, sino el diminutivo en ico, por ejemplo bolsico, calecico, doselico, farandulica, sonetico, fuellecico y zamarrico, a las cuales pueden añadirse las locuciones y refranes veranico de S. Martín, mañanicas de abril buenas son de dormir, Romero ahíto saca zatico etc.: hay algunas que no admiten otro que él, como Perico, borrico, gemidicos y lloramicos; (ploramiques, els pluramicas catalanistas) otras que han venido a determinar una nueva significación perdiendo absolutamente la diminutiva, como acerico, pellico, velico, villancico, farolico, (en sentido de yerba), frailecico (en el doble de ave y pieza del torno de la seda), besicos de monja (en el de planta), (teticas o tetillas de monja, el dulce o pasta, o algo delicioso; mamelleta de monja) palmadica (en el de baile), y tal vez espacico sinónimo de aciago en los antiguos escritores. (despacico conmigo, que tiro de chirla y te echo las tripas en un canasto. José Mota, de un lugar de La Mancha)

La segunda ventaja que abona el uso del diminutivo en ico es su particular significación, (decimos ahora significado) pues aunque parecen sinónimos los en ico, illo e ito, que la Academia agrupa concediendo la elección al buen gusto del escritor, es lo cierto que el diminutivo aragonés (permítasenos esta frase) tiene dos diferencias con aquellos otros, una que podemos llaman gramatical y otra moral, una que se resuelve como todas las cuestiones de sinónimos, otra que tiene relación con el carácter del país en que principalmente se conserva generalizado aquel diminutivo. La diferencia gramatical, a la verdad no muy marcada desde que la supresión del diminutivo en ico ha refundido en los otros su verdadero significado, consiste en que la terminación en illo tiende visiblemente al desprecio, al achicamiento voluntario de un objeto, por ejemplo, chiquillo, capitancillo; la en ito tiene algunas veces carácter depresivo y no pocas denota cierta repugnante hipocresía, como se observa por ejemplo en las frases ¡ tiene una risita! ¡la mosquita muerta!; la en ico demuestra cariño o predilección, siendo a lo menos un aditamento inofensivo, como nos lo declara prácticamente el ejemplo que llevamos citado de la CELESTINA, en el cual se ve que prepondera aquella expresiva terminación para la alabanza, angelico, perlica, simplecica, gestico, y se reservan otras para lo que puede indicar detracción, como nezuelo, loquito y lobitos. En cuanto a la diferencia moral, estriba en que el diminutivo en ico representa el lenguaje de la familiaridad, de la conversación, de la intimidad, y por decirlo así, de la buena fé, fuera del cual apunta en cierta manera el estudio, el disimulo, la desconfianza, la reserva, la falta de espontaneidad.

Hemos expuesto, sucintamente algunas veces, y otras con mayor difusión, los caracteres esenciales del idioma aragonés, mal apreciado en general, tan poco estudiado aún por los mismos aragoneses, pero tan digno de un examen todavía más lato que el que le hemos consagrado. Las fuentes de donde procede, que son las más puras; la respetuosa conservación de voces latinas, y sobre todo de españolas antiguas; la asimilación que se ha procurado parca y atinadamente con las arábigas y lemosinas; la suma de sus palabras técnicas, compuestas, derivadas y aun onomatópicas, en todo conformes con el carácter de la lengua española; la expresión genial, candorosa y fácil que distingue a muchos de sus vocablos y a no pocos de sus modismos; todo contribuye a darle un conjunto inexplicable de belleza que, si no se ha beneficiado todo lo posible, consiste en que la sumisión aragonesa y la tiranía castellana puede decirse que han concurrido a eliminar de la literatura los elementos más útiles del idioma aragonés, que viene a ser una variante cuando no un complemento del impropiamente llamado castellano.

De las ventajas que a este mismo lleva, algo es lo que ya tenemos indicado, pero todavía podemos añadir tal cual observación que se compadece muy bien con nuestro objeto. Hay palabras, como ababol, que, no desmereciendo en suavidad de sus respectivas castellanas, obedecen más a su etimología: hay otras, como abortín, que conforman mejor con el genio de la lengua, si bien ya sabemos que por uno de los muchos secretos de la española los diminutivos tienen a veces desinencia aumentativa (a la hebrea y griega) como sucede en anadón y liebratón, verdadera antítesis de otros, como tordella que es aumentativo: hay otras, como remoldar, que son más concretas, pues en ese mismo ejemplo vemos que Castilla hace sinónimos a remoldar y podar, mientras en Aragón lo uno se refiere a los árboles y lo otro a las vides (esporgá, expurgar, pera los abres; podá la viña, desullá, etc.): hay otras, como cortada y huevatera, muy superiores a sus análogas corte y huevera, que en castellano son ambiguas y confusas por sus diversas significaciones: otras que tienen más conformidad con la lengua madre, como uva, que responde en Cicerón y en Fedro, como entre los aragoneses, a la idea castellana de racimo, que en Columela todavía expresa el que forman de sus propios cuerpos las abejas, y que en Virgilio tiene la más general significación de cepa o vid, fert uva racemos: hay otras sutilísimas, como respetudo y gobernudo, que denotan, no ya la idea despectiva propia de esa terminación, sino una especie de falsa importancia, pues respetudo quiere decir el que inspira cierto infundado respeto, no por lo que es en sí, sino por su edad, su figura y su entonación oraculosa; y gobernudo, no el que es realmente metódico y ordenado, sino el que bulle mucho y parece estar en todo, aunque positivamente no tenga tanto gobierno como agilidad y movimiento: hay otras dotadas de gran propiedad y de muy buenas condiciones eufónicas, como agüera, alud, asnada, brisa, caloyo, eraje, jugadero, mejana, lloradera, redolino, ternasco (86) y vulturino: hay otras de excelente composición, como aguacibera, aguallevado, ajo-arriero, ajolio (ally oli, allioli; allium oleum), alicortado, botinflado, cabecequia, malbusca, matacabra y matacán, que no puede rehusar ningún gramático: hay otras perfectamente significativas y en igual grado concisas y aun irreemplazables, como los verbos alfarrazar, amprar, antecojer, atreudar, bolsear, ceprenar, chemecar, entrecavar, favear, malvar y otras que son de composición castellana con cierta libertad francesa.

A todas las cuales, que de suyo no tienen equivalencia en castellano, hay que añadir, porque tampoco no la tienen exacta, las palabras alfarda, almenara, amelgar, amosta, antípoca, antor, apercazar, apuradamente, atrazo, axobar, bimardo, borroso, boto, brazal, cabecero, capacear, capleta, *cenero, cerpa, convenido, correntía, crujida, cudujón, chorrada, emberar, empeltre, encabezado, fádiga, hablada, lorza, mantornar, mañanada, marraga, masobero, modoso, oleaza, panicero, picotear, racimo, rafe, ruello, saso, tardada, taste, teruelo, terrón, tinglado, vellutero, venora, zaborra y zancochar, todas o casi todas las cuales, y otras que aquí no citamos ni definimos para prueba, como quiera que lo están en nuestro Diccionario, debieran adoptarse como propias en el idioma español, e igualmente las que se citan en la ENCICLOPEDIA ESPAÑOLA (87), artículo de España lingüística, en cuya obra, que no debe parecer sospechosa de provincialismo, se defiende resueltamente al idioma aragonés y se inculpa gravemente a los castellanos por el exclusivismo con que proceden en materias de lenguaje, prefiriendo en muchos casos ostentar su pobreza más bien que adoptar de los dialectos españoles aquello en que estos les superan.

Hemos terminado con eso la tarea que nos habíamos impuesto, a la cual vamos a dar cima con una sola observación. Puesto que se ha perdido literariamente, aun en las márgenes del Ebro, el habla aragonesa; puesto que lejos de perfeccionarse ni aun conservarse estos dialectos, amenazan confundirse poco a poco en el idioma general; bueno fuera que la lengua conquistadora utilizara en beneficio común esos restos lingüísticos que de otro modo han de perderse, y entonces, ya que el vocabulario aragonés ni se conservara sino en libros como este u otros de mejor desempeño, ni sirviera sino como una curiosidad filológica; contribuiría por lo menos a enriquecer el acerbo común de la sin par lengua española, y, a cambio de tantas glorias abdicadas en favor de la unidad ibérica, conservaría el Aragón la de haber mejorado con su hermoso dialecto el habla rica de Cervantes.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Léxico aragonés , A

Ver Gerónimo o Jerónimo BORAO (editado comparando el original)

ABABOL, p. Amapola.  (2) adj, n bobo, lelo, simplón / amapola, ruella, roella


ABADIA. p. Casa del cura en algunos pueblos: en las últimas ediciones de la Academia está como voz castellana.


ABADIADO. a. Territorio de la abadía.


ABARATAR. n. Se usa en la frase a abarata canciones para denotar a vil precio, a bajo precio.


ABASTAR, n. Abarcar.


ABASTO (dar), n. Bastar, ser bastante o suficiente a alguna cosa, por ejemplo, tres amanuenses no daban abasto a copiar lo que él escribía, no daba abasto a cortarle pan.


ABATOJAR, n. Agramar o machacar alubias u otras legumbres para que suelten el grano de la vaina; apalear las nueces para que caigan del árbol. 


ABATOLLAR, n. La misma significación. / se usa una batolla, barra o vara de madera, rama larga de árbol, hoy en día hay de plástico. 


ABDICAR. a. Revocar, voz forense.


ABEJERA, a. Colmenar, voz anticuada que la Academia consigna como castellana en su última edición: úsase también en Navarra. / abellá


ABEJERO. a. Abejaruco.  / abellerol al dcvb ,  merops apiaster , 




ABLENTAR, p. Aventar: en Navarra ablendar. / aventá, de ven, o aviá


ABOLORIO. c. Abolengo o retracto gentilicio.


ABOLLON. a Botón de vides y plantas.


ABOLLONAR, a. Brotar de las vides el botón.


ABONICO, n. Bajito, con tiento.


ABORRECER. n. Molestar, cansar, importunar. y así se dice' «le aborreció con tantas preguntas:»  también como reflexivo, p. ej. «ya me aborrezco con tanto limpiar la casa. / aburrí an algú, aburrí les sopes de all, yo me aburrixco, aburrixes, aburrix, aburrim, aburriu, aburrixen


ABORTIN. n. Abortón, feto de las reses.


ABRAHONAR, c. Ceñir por los brahones.


ABREVADOR. c Abrevadero.


ABRIGO. n. Abrigado, y así suele decirse estar abrigo por ir abrigado.


ABRIO. D. Bestia: la Academia escribe averio, y en autores aragoneses se lee avería como también en los ff. de Aragón.


ABROJOS. p. Planta, centaurea calcitrapa.


ABRUJARSE, n. Componerse, llevarse uno: se usa en la espresión abrújese V. como pueda.


ACACHARSE. d. Agacharse.  / acachás, acachar-se , yo me acacho, acaches, acache, acachem o acacham, acacheu o acachau, acachen


ACALORO. n. Acaloramiento, sofocación.  / sofoco, yo m'hay sofocat, yo me sofoco, sofoques, sofoque, sofoquem, sofoqueu o sofocau, sofoquen, 


ACAMPO. c. Dehesa.


ACANTALEAR. c. Caer granizo grueso— n. Llover mucho, diluviar. Cantal, piedra.


ACAPIZARSE. d. Asirse por las greñas.


ACARRAZARSE. n. Echarse sobre uno asiéndole fuertemente: tiene conexión con el verbo anterior y con el castellano agarrafar aunque es de mas enérgica significación: se usa en el participio pasivo y se aplica a las personas y animales y sobre todo al gato.


ACEITERO. n. Se aplica como adjetivo a los molinos en que se estruja la oliva, mientras en Castilla es sustantivo que significa el que vende aceite y el cuerno en que lo guardan los pastores. / molí de oli, molí d'oli , almazara


ACERARSE. n. Dícese de los dientes cuando padecen la sensación llamada dentera. 


ACERE. n. Planta, acer campestre. La academia incluyó esta palabra como castellana en su edición de 1822 en significación de árbol .

ACEROLA. p. Serba.
ACEROLO. p. Serbal.
ACEROLLA. n. Acerola.

ACITARA . n. Parece significar cama en la traducción que taco Briz del testamento de Ramiro I, como puede verse en nuestra Introducción. 


ACLOCARSE. n. clocarse. Aclocás una cloca, lloca, gallina ponedora


ACOPLAR. a. Uncir bestias a carro o arado.  / juñí


ACORTADIZOS, d. Cortaduras o desperdicios de papel, guantes, etc.


ACORZAR, c. Acortar.  / acursá , fé curt


ACOTOLAR, d. Aniquilar, acabar con alguna cosa, especialmente con los animales o frutos de la tierra. / acotolá , yo acotolo, acotoles, acotole, acotolám o acotolém, acotoláu o acotoléu, acotólen, ya u ham acotolat tot.


ACTUAR. n. Llevar, seguir, tramitar o actuar en los procesos como notario o escribano. 


ACTOS. n. Véase autos.


ACUBILAR, n. Cubilar.


ACURCULLARSE. n. Ponerse encogido como un ovillo. Acurrucás.


ADEMPRIBRIAR, n. Acotar o fijar los términos de pastos comunes. Úsalo, entre otros, Cuenca en sus Ricos hombres.


ADEMPRIO. d. Egido o término común de pastos.


ADIMPLEMENTO. n. Cumplimiento de la condición contenida en alguna escritura. sentencia etc.


ADINERAR. n. Reducir a dinero los efectos o créditos: hacer efectivos los valores.


ADOBA. n. Adobe.


ADOBAR. n. Preparar, ofrecer algún objeto en ciertos ceremoniales, como se ve en Blancas hablando de la coronación de Pedro IV, «al menos el arzobispo le adobase o adrezase la corona. " En castellano aderezaré guisar y aun reparar o componer. / adobá es ficá en adobo, carn en oli, per ejemple, actualmén llom embuchat, adobat.


ADOR, d. Turno en el riego.


ADOTE, n. Dote.


ADULA. c. Hato de ganado mayor.— c. Terreno que no tiene riego destinado. — n. Cada una de las siete suertes de tierra que riega la acequia de la Almotilla, término de Zaragoza, en cada día de la semana, y así se dice se vende un campo en la adula del miércoles: tiene significación análoga en algunos pueblos de Navarra, como puede verse en el curioso Diccionario de Antigüedades de Navarra.


ADVENTAJA. a. Mejora que el cónyuge sobreviviente saca de los bienes del consorcio antes de su división.


ADUSTO. n. Tieso, inflexible (antiguamente se decía tiesse y hoy dice la plebe lierco.)


AFANO. a. Afán o fatiga.


AFASCALAR, a. Formar hacinas o fascales de treinta Laces.


AFIGIR, a. Fijar, anticuado.


AFIRMAMENTO. a. Ajuste que se hacia a los criados: ant.


AFIRMAR. a. Habitar o residir: ant.


AFIRMARSE. d. Ajustarse o contratarse los criados.


AFRECHO. p. Salvado: se usa en Andalucía y Estremadura según la Academia.


AGRAMAR. c. Machacar lino, cáñamo u otra planta.


AGRAMIZA. n. Agramadera.


AGUA. n. Estar agua al cuello, hallarse en grande aprieto: equivale a la frase de la Academia estar agua a la garganta. — n. Echar el agua de S. Gregorio, reprender alguno con toda li sura y aun impertinencia. — n. Sacar polvo del agua, fr. equivalente a sacar agua de las piedras.


AGUACIBERA. a. Tierra sembrada en seco y regada después.


AGUACHINAR, a. Enguazar o llenar de agua las tierras.— n. Se dice del estómago cuando está descompuesto por sobra de líquidos no digeridos, de las patatas cuando no tienen carácter farináceo sino cristalino , y en general de varios comestibles cuando tienen propiedades análogas.


AGUAITAR. c. Acechar: la Academia coloca esta voz entre las que, ya anticuadas, son hoy de uso de la gente vulgar. En documentos antiguos de Navarra se ve usado el verbo goaitar y aun el sustantivo goai vigilante.


AGUA-LLEVADO. n. Limpia en los canales o acequias, que se practica removiendo la tierra que ha cargado al fondo y sollando el agua para que la arrastre en su corriente.


AGUATIELLO. d. Abertura practicada en la pared para des pedir el agua de los patios o calles.


AGÜERA, a. Zanja para encaminar el agua llevadiza a las heredades. — a. Acequia para dirigir el agua pluvial a los campos. / Aigüera, aigüeres, solen está als camíns per a traure l'aigua


AGUILON. n. Se dice del madero que pasa de 40 palmos.


AGUJA. d. Alfiler: también se llama al alfiler aguja de cabeza. — a. La púa tierna del árbol que sirve para injertar. / Agulla, agulla de cap.


AGUZAR,-a. Azuzar.


AHOJAR. a. Comer los ganados la hoja de los árboles.


AHORRADO. n. Aligerado de ropa.  / aforrat es ahorrado en castellá, pero no se sol fe aná en roba, sino en dinés. 


AHORRARSE. n. Aligerarse de ropa: se acompaña con este sustantivo. / aforrás, aforrar-se


AHUJERAR, n. Agujerear.— n. ahujerar los oídos, cansar a uno con la demasiada conversación o bulla.


AHUJERO. n. Agujero.


AJADA. n. Azada. / eixadella, cavegueta y variáns


AJOARRIERO. n. Guiso particular del bacalao que consiste en deshacerlo a menudas rajas y servirlo con ajo y especias y sin espinas.


AJO DE CULEBRA. n. Planta, allium roseum. / all de bruixa es un all bort, salvache


AJOLIO. a. Salsa de ajos y aceite, a que se pueden agregar yemas de huevo. / all y oli, allioli, all i oli


AJORDAR, a. Esforzar la voz, gritar hasta enronquecer. / cridá, bramá, 


AJUSTARSE. a. Arrimarse a alguna parte.  / arrimás, ajustás es quedá just


ALACET. d. Fundamento de un edificio. Solamén, solamens, fundamens.


ALADRADA. a. Surco abierto en la tierra con el arado. / aladre


ALADRAR. n. Arar la tierra, como en las montañas de Burgos que es a donde lo refiere la Academia. / llaurá, en aladre, rella, etc, mantorná


ALADRO, c. Arado. / Aladre  / apellido Aladrén ?


ALAICA. a. Hormiga aluda.


ALAMBRE. c. Hilo de hierro.


ALAMIN. n. Guarda de aguas: se usa en los pueblos limítrofes con Navarra, en donde es mas común esa voz, que la Academia incluye con otro significado.— n. Especie de aguacil entre los sarracenos, el cual podía terminar las causas mínimas que no escedían de dos sueldos.


ALARGADERA, n. Sarmiento amugronado o que deja de podarse para amugronarlo.


ALATÓN. a. Almez y su fruto. / Lledó, com lo poble, lladó, lladons, lledons, y variáns


ALATONERO. a. Almez / lladoné , lledoné


ALBADA, a Alborada o música de las aldeas.— a. Jabonera, planta.— n. Canto dela alborada, género de composición poética.


ALBAHACA DE MONTE n. Planta.  / aufádega


ALBAR n. Tierra blanca o de sembradura. Albus, albis, latino.


ALBARAN. a. Papel de alquiler. — a. Cédula. — a. Papel de obligación privada.— d. Papeleta que acredita el cumplimiento de parroquia.— n. Factura del peso del carbón.


ALBARRANO. n. Gitano : en Castilla albarrán el que no tiene domicilio fijo. — n. Id est quod extraneus dice Miguel del Molino en su Repertorio.


ALBELLON. a. Arbellón o arbollón.— c. Albañal.— d. Conducto subterráneo de piedra para dar salida a las aguas de los campos sin perjuicio de la labor.


ALBERGE, a. Albaricoque. / abrecoc, albrecoc, aubrecoc


ALBERGERO. a. Albaricoquero. / abrecoqué


ALBOHOL DE CASTILLA, n. Planta salsugirosa y pulverulenta.


ALBOLGA. a. Alholba, planta.


ALBOROCERA, a. Madroño, arbusto. Alborsé, sirera de alborsé


ALCACER, n. Alfalfa o alfalfe, según Cuenca: en Castilla cebada verde en yerba. 


ALCAHUETE n. Chismoso. / paregut a bachillé, bachillera


ALCAHUETEAR, n. Chismear denunciar.


ALCAIDADO. n. Alcaidía o alcaidiado: hemos visto esa palabra como cargo clerical.


ALCOBILLA, a. Chimenea para calentarse.— n. Sala en que está colocada. 


ALCORZAR, d. Acortar. / acursá, yo hay acursat la batolla, acurso, acurses, acurse, acursem o acursam, acurséu o acursáu, acursen


ALCORCE, n. Atajo. / dressera, adressera, verbo adressás, adressar-se


ALDRAGUERO. n. Chismoso, enredador, desocupado, busca ruidos: úsase principalmente en los pueblos limítrofes con Navarra.


ALEGRARSE, a. Gozar: en este sentido y como forense antiguo lo condigna la Academia entre las voces provinciales de Aragón. / alegrás (lo cos)


ALERA, a. Llanura en que se hallan las eras.— d. alera foral, pastos comunes a dos o mas pueblos con exclusión de viñas, huertos y sembrados: llámanse también pastos forales y son para pastar los ganados de sol a sol.


ALFALCE, alfalz, alfalfa

ALFALFEZ. a. Alfalfa. Aufals, alfalz, 

ALFARDA, a. Contribución por el derecho de aguas de algún término: la gente rústica dice a veces farda.-n. Tributo que pagaban algunos moros y judíos a los príncipes cristianos, según Ducange.


ALFARDERO. a. El que cobra el derecho de alfarda.


ALFARDILLA, a. Pago por la limpia de acequias menores.


ALFARDON. a. Anillo de hierro que va suelto en el eje del carro entre la clavija y la caja.— d. Arandela.


ALFARMA. a. Alhargama planta.


ALFARRAZAR. a. Ajustar por un tanto alzado el pago de diezmo de todo fruto en verde.


ALFENDOZ. n. Regaliz. / regalíssia, regalís


ALFERRAZ, n. Una de las variedades del halcón.


ALFETNA. n. Sedición, guerra intestina según Ducange apoyado en un documento de Sancho Ramírez de Pamplona, 1073, en donde se lee alfechna


ALFONDEGERO. n. Encargado de la alfóndiga.

ALFONDIGA. c. Alhóndiga.

ALGARAZO. n. Lluvia corta (rujiazo).


ALGORIN. a. Atajadizo para colocar la aceituna, con separación de clase o dueño, hasta prensarla. — d. Sitio para tener a mano la harina, cebada etc. 


ALGUARIN. a. Cuarto bajo.— a. Pilón donde cae la harina que sale de la muela.


ALGUAZA, a. Bisagra o gozne.


ALGUINIO. a. Cesto o cesta. No se halla en las últimas ediciones de la Academia.


ALICÁNCANO. n. Piojo aludo, voz familiar: en Castilla cáncano piojo.— n. Alguna cosa incómoda de que uno se liberta.


ALICORTADO. n. El que por algún contratiempo ya no se halla ni en la disposición ni con el ánimo que antes tenia.


ALIFARA, a. Convite o merienda.


ALIRON. p. Alón desplumado. Solo se halla en las últimas ediciones de la Academia.


ALJECERIA, c. Yesería. 

ALJECERO. a. Yesero.
ALJEZ, a. Yeso: en Castilla yeso en piedra. / aljez, algés, ges
ALJEZAR, c. Yesar.
ALJEZON. c. Yesón.

ALMADIA, a. Armadía o balsa de maderos.— d. Conjunto de ellos para trasportarlos por el rio.— Nombre de canoa india.


ALMARREGA. n. La manta o piel de ínfima clase con que se cubre a las bestias de carga.


ALMASTEC. a. Almaciga o almástiga, especie de resi- /falta texto/


ALMAZAQUE, i na: ant.


ALMENARA, a. Zanja que conduce al rio el agua sobrante de las acequias. 


ALMENDRERA (florecer la), a. — Encanecer prematuramente, pues ese árbol echa pronto la flor que es blanca. / florí lo amelé


ALMOGAVARES, c. Tropa irregular muy famosa en Aragón.


ALMUD, p. Medida que consiste en la dozava parte de la fanega aragonesa. 


ALMUDÍ. p. Alhóndiga.— a. Medida de 6 cahíces.

ALMUDÍN. a. Almudí en Aragón y Murcia.

ALMUERTAS, a. Impuesto sobre los granos vendidos en la Alhóndiga. 


ALMUDAINA. n. Zalmedina, o zavalmedina,*) o pretor urbano, o el mismo pretorio, según Ducange.


ALMUDATAFE, n. Fiel de pesos y medidas: también almodazafe y almudaxafe y en latín bárbaro molasafus y su oficio mos tasa fia.


ALMUNIA. n. Torre con su heredamiento. La Almunia de Doña Godina, La Almunia en Huesca, etc . 


ALMUTACAS, n. Cargo u oficio público, que, tal vez por hallarse escrito con cedilla y s larga, venga a ser el de almu- tazaf: hallase como una de las firmas en la escritura pública testificada a principios del siglo XVII por el escribano Yagüe y relativa al suceso trágico de los Amantes de Teruel.


ALMUTAFAT. / a. Almotacén o fiel de pesos y medidas y ÁLMUTAZAF.  (añadimos) perseguidor de las cosas hurtadas.


ALMUZA. n. Capillo, esclavina, o muceta que también se designaba con el diminutivo almuzella: en catalan almussa y armussa tienen la misma significación.


ALOTON. a. Almeza, fruto del almez. / lledó, lladó


ALQUEZ. c. Medida de doce cántaros de vino.


ALUD. a. Caída de la nieve de los montes a los valles en gran cantidad y con estrépito.


ALUFRAR, a. Columbrar, ver con prontitud, prever.


ALUM. a. Alumbre. / llum (luz) 


ALZADO. n. Robo, hurto y en general toda sustracción maliciosa. 


AMALVEZARSE. d. Aficionarse, cebarse.


AMALLADAR, n. Malladar.


AMANTA, c. Mucho: la Academia escribe a manta . Yo tengo novios a manta.


AMELGADO. a. La obra de amojonar la tierra.

AMELGADURA ¿??

AMELGAMIENTO.  acción y efecto de amelgar.


AMELGAR, a. Amojonar en señal de derecho o posesión: en Castilla abrir surcos para sembrar.


AMERAR, a. Merar, mezclar agua con vino u otro líquido: dícese amerar la olla cuando se echa nuevamente agua. / amerá, amerat, bañat, bañá


AMORGONAR, a. Amugronar o tender los sarmientos bajo de tierra para que arraiguen.


AMOSTA, d. Adverbio que denota lo que puede cogerse o apararse con las dos manos juntas. / Aumosta


AMPARA, a. Embargo de bienes muebles. Usase también en Navarra.


AMPARAR, a. Embargar bienes muebles.


AMPARO. n. Brizna, pizca; dícese ano hay ni un amparo de cosecha, no ha quedado ni amparo de aceite.»


AMPRADO. n. Lo que se tiene o lleva de prestado.


AMPRAR, a. Tomar prestado: la Academia y el Diccionario aragonés de Peralta añaden que significa también pedir prestado.


AMPRICIA, n. Sumaria, voz anticuada que, tomada de los fueros de Aragón, incluyó la Academia en la edición príncipe de su Diccionario.


AMPUTAR, n. Suprimir, quitar. La Academia en su Diccionario primitivo de 1726 incluye esta voz como aragonesa en sentido figurado y cita aquellas palabras de nuestros fueros «amputando los tiempos supérfluos.»


ANA. n. Se dice en algunas localidades a Ana que llegue te escribiré» que es como decir «así que llegue, o al punto que llegue, te escribiré.» Nada más llegar en castellano. Tal com arriba, te escriuré


ANCHARIA, a. Anchura: en Castilla la de las telas entre los comerciantes o mercaderes.


ANCHEZ.Y. a. Anchura, voz anticuada.


ANDADA, n. El terreno en que suele pastar un ganado, o en que pastó algún día determinado.


ANDADERAS, d. Seca, sequilla o hinchazón en las glándulas.


ANDADOR, c. Anden, calle o paseo en los jardines.


ANDALOCIO. d. Lluvia de corta duración.


ANDARÍO. n. Ave.


ANGANILLAS, n. Angarillas o aguaderas.— n. Angarillas o jamugas, en cuyo sentido emplean aquella voz los ff. de Aragón.


ANIEBLADO. n. Entontecido, alelado, asustado, suspenso. / está enterbolit, anugolat es cuan ñan núgols, se pot refería a atontat, alelat, asustat, despistat, una cosa destronada me díe mon pare de minut, perque sempre estaba pensán algo.


ANIEBLARSE. n. Hallarse en cierto estado de distracción, lelez o aturdimiento. / anugolás


AMEECOGER, a. Coger las frutas antes de su madurez. / cullí la fruita verda


ANTIBO. n. Remolino de agua a causa de detenerse en un canal para encaminarse a otro.


ANTIPOCA. a. Escritura de reconocimiento de un censo y aun de cualquiera crédito.


ANTIPOCAR, a. Reconocer un censo en instrumento público. -a. Volver a hacer una cosa obligatoria que estuvo en suspenso.


ANTOR. a. Vendedor al cual se compró de buena fé una cosa hurtada. 


ANTORCHERA. d. Velón de cobre: en Castilla candelero o araña en que se ponían las antorchas.


ANTORIA. a. Hecho de descubrir al antor o primer vendedor de una cosa hurtada.


ANTOSTA. a. Tabique: otros dicen entosta.--v\. Estiércol endurecido del ganado.


ANZOLERO. a. El que fabrica o vende anzuelos.


AÑERO. n. El artesano que se ajusta para un año: es voz generalmente usada entre los sastres, quienes denotan con ella a uno que ni es mancebo ni aprendiz.


APABILADO. n. Decaído, desmerecido, alicaído.


APABILARBE, n. Experimentar cierta congoja al sufrir la impresión de miasmas pútidos o deletéreos.


APANDAR. n. Procurar y conseguir la posición de algo: tiene significación algún tanto parecida con el accaparer (acaparar) francés que algunos han españolizado indebidamente.


APAÑA-CUENCOS. n. El que se dedica a componer vasijas de barro, para lo cual pasea las calles anunciándose a grandes gritos, de donde nace que al cantante de mucha voz , pero de mal gusto, suela designársele con ese nombre.


APAÑAR. a. Remendar o componer lo que está roto: se usa también en Murcia como la voz siguiente. / apañá, arreglá , recompondre


APAÑO. a. Remiendo, reparo o composición.


APARADOR. a. Vasar: algunos dicen parador.


APARATARSE. n. Se dice del horizonte o de la atmósfera cuando anuncian inminentemente la lluvia medra, nieve o granizo; en el mismo sentido se dice que el cielo está aparatado, vocablo que no incluimos, ya por ser un derivado, de los cuales solemos prescindir por demasiado notorios, ya por incluirlo la Academia aunque con la definición general de preparado, dispuesto. 


APARATERO. n. El que pondera con exceso la importancia de una cosa: en ocasiones es sinónimo de aparatoso, voz castellana anticuada.


APARATOS, n. Grandes extremos en cosa que no merece tanta importancia: úsase generalmente en plural.


APARTE, a. El espacio o hueco que se deja entre dos palabras.


APATUSCA, n. Juego que consiste en tomar número de or den arrojando cada cual una moneda hacia un quijarro o canto, y, apiladas aquellas, golpearlas cada uno a su turno con una piedra (cualquiera que sea la posición en que hayan quedado a cada tiro o suerte), y hacer suyas las que al golpe presenten el anverso: algunos dan ese nombre a otros juegos igualmente sencillos. —En la Faetonciada, breve poema de principios del siglo XVII, se lee: Piensas que es gobernar el carro hermoso jugar a la patusca o a la chueca?


APATUSCO, n. Voz familiar de desprecio, principalmente contra los muchachos.


APELLIDANTE, n. El que presente pedimento para incoar el juicio de Aprehensión o Inventario.


APELLIDO. a. Causa o proceso en que, por la conveniencia de su publicidad, pueden intervenir como testigos o declarantes cuantos quieran.— n. Pedimento en que se solicitan los juicios llamados de Aprehensión e Inventario.


APENAR, a. Intimar una pena ya señalada de antemano: úsase principalmente contra los que entran o hacen entrar anima les de pasto en heredad ajena. 


APEÑORADO. n. Preso, ocupado, detenido: se aplica también a los ganados, 


APERCAZAR, d. Coger con alguna dificultad.


APERO. n. Se dice ¡buen apero! por el que no sirve para el objeto a que se le llama o destina.


APESTAÑADO. n. Se aplica en lenguaje de carpintería a lo que monta o acaballa para asegurar mas el encaje o la defensa, como sucede en las puertas o en las maderas de los balcones.


APESTAÑAR, n. Vocablo derivado o sacado del anterior.


APETENCIA. c. Apetito, voz que el Diccionario de Peralta incluye como aragonesa anticuada.


APEZONAR. n. Chocar dos carruajes por el pezón.


APLASTARSE, n. Fijarse o detenerse demasiado en algún punto: es, como se ve, acepción metafórica, pero muy general.


APLEGAR, a. Arrimar o llegar una cosa a otra: en castilla es voz anticuada que significa allegar o recoger. La plega dels quintos.


APOCA, a. Recibo o carta de pago.-d. Testimonio que dan los sacerdotes por las misas de encargo que han celebrado.


APOTICARIO. a. Boticario: en Castilla se decía antes apotecario. Apotheke en alemán, farmacia, botica, rebotica. Boticari, farmássia, farmasséutic, farmasséutica, 


APREHENSION. a. Juicio de los cuatro privilegiados, que consistía en poner bajo la jurisdicción real la cosa aprehendida mientras se justificaba la verdadera pertenencia.


APUÑADAR. a. Apuñear, dar de puñadas. / fotre puñades, puñada


APURADAMENTE, n. Cabalmente, puntualmente, casual mente.


APURAR, n. Poner a alguno en apuro cualquiera dificultad o hacienda.


AQUEBRAZARSE, d. Formarse herpes o quiebras en pies o manos.


ARADRO. a. Arado o aladro. Aladre , aladres


ARAÑADA, n. Araño, arañazo.


ARAÑON. a. Endrino el árbol y endrina fruto: ciruelo silvestre.


ARBEJA, n. Planta, lathyrus aphaca.


ARBELLON. a Arbollón o desaguadero de los estanques, patios, etc.


ARCADA, n Arco u ojo de puente: el mismo nombre tenia en Navarra, como se puede ver en el Diccionario de sus antigüedades, art. Caparroso. / arcada, arcades, portal, portals


ARCAZ. a. Andas o caja en que se lleva a enterrar a los difuntos.


ARCEN. a. Brocal de pozo.


ARCIPRESTADO. ti. Arciprestazgo o Arciprestadgo.


ARGADILLO. a. Cestón de mimbres: dícese también argadijo.


ARGENT. a. Plata, voz antic. En francés aún se usa como dinero. Símbolo químico de la plata AR.


ARGENTARIO. n. Ayudante de cocina.


ARGUELLADO, c. Desmedrado físicamente. Arguellat, arguellada.


ARGUELLARSE, a. Quedar arguellado, desmejorado y enfermizo. -d. No blanquear la ropa lo que debiera, n. Desmerecer la ropa por «trema suciedad o descuido. -n. Estar cargada de censos alguna hacienda: esta acepción se halla en la primera edición del Diccionario de la Academia.


ARGUELLO. c. Desmedro. -d. Suciedad. -n. Muchedumbre y carga de censos sobre una hacienda.


ARGUELLUZ. n. Despectivo de arguellado.


ARGUIÑO. n. Espuerta de mimbres mayor que el corvillo.


ARIBAR. n. Aspar.


ARIBOL. d. Aspa.


ARIENZO. a. adarme o décima sesta parte de una onza.


ARMADIA, c. Almadia.


ARNA. a. Vaso de colmena. Arnes , da el nombre a un pueblo de Tarragona.


ARO. (echar por el), n. Comer, engullir, embaular.


ARQUIMESA, a. Papelera o escritorio: armario pequeño que se coloca sobre la mesa y tiene varias divisiones, todo bajo llave adornándole comúnmente mucha labor de embutidos etc.


ARRACLAN. n. Alacrán: en Castilla árbol. / arreclau, arraclau


ARRAMBLAR, c. Llenar de arena los arroyos o torrentes la tierra que ha cubierto en una avenida.  Llevarse uno con codicia muchas cosas o todas las de una especie.


ARRANCADERO. a. La parte mas gruesa del cañón de la escopeta. 


ARRANCASIEGA, a. Riña o quimera de palabras injuriosas.


ARRANCURA. n. Queja, pleito, litigio: es voz anticuada y tomada de documentos latinos.


ARRE, n. Caballería de monta o de tiro.


ARREAR. n. Andar, marchar, partir, p. ej. arrea a la escuela: es de uso vulgar.  Arre al animal, yo arreo, arrees, arree, arreem o arream, arreeu o arreau, arreen. 


ARREMATAR. n. Rematar, dar término o fin a alguna cosa: en la Crónica rimada del Cid v. 575 se lee «Cuantas cosas coraensares. arrematarlas con tu mano.» / rematá


ARREQUIVES. p. Adornos o atavíos.


ARRIMADILLO. n. Friso pintado en la pared, que comúnmente es veteado y alzado como una vara desde el piso: en algunas partes es la esterilla o friso arrimado o clavado a la pared.


ARROBADERA. n. robadera.


ARROBAR, n. Se usa en la frase arrobar la tierra, que significa trasladarla de un punto a otro dentro de la obra en que se trabaja.


ARROBERO. n. Cargador o mozo de cordel, principalmente para conducir aceite.


ARROBETA. n. Medida de aceite de 24 libras, a diferencia de la arroba que es de 36. 


ARTAR, a. Precisar, obligar.


ARTATIVO. n. Obligatorio : se lee en los aa. aragoneses ardativo. 


ARTICULATA. n. El conjunto de artículos o proposiciones que se asientan en la

demanda como objeto de prueba en la tramitación del proceso.

ARTIGA. c. Tierra recién roturada.


ARTO. e. Espino.


ARTOS. p. Cambronera.


ARZOLLA. a. Planta, pero distinta de otra conocida con ese nombre en Castilla. 


ASESTADERO. a. Sesteadero o lugar donde sestea el ganado.


ASESTAR. n. Sestear el ganado.


ASIN. a. Así.  Així, assí

ASINA. n. Así: en Castilla antic. Assina, aixina 

ASISIA. a. Clánsula de proceso, y principalmente la que con tiene deposición de testigos. -a. Pedimento sobre algún incidente.


ASNADA. n. Borricada, barrada. En unas décimas contra el P. Isla con motivo de la cuaresma que predicó en el Hospital de Zaragoza, año 1757, se lee 


ASOLARSE. d. Aclararse los licores, bajando al fondo las partículas mas gruesas.


ASQUILLOS. n. Este diminutivo, que no incluye la Academia, se halla usado en la 

frase hacer asquillos , que significa des deñar, no dar importancia a alguna cosa.

ASUMIR. a. Traer a sí, avocar: en Castilla tomar en sí o para sí, voz antic— n. Insacular.


ASUMPTO. n. Insaculado.


ATABLADERA. p. Tabla que, tirada por caballerías y puesta de plano, sirve para allanar la tierra ya sembrada. / taula de ataulá


ATAJO. n. Rezago del ganado mas endeble, a quien se con duce a pasto mas cercano y abundo . Liar o asegurar el contenido de un fardo o paquete: la Academia dice unir, juntar o enlazar una cosa con otra.


ATARUGADO. ~n. Encogido, falto de soltura en sus modales.


ATARUGARSE. n. Cortarse , perder la serenidad y el desembarazo. Tarugo


ATOQUE. n. Adorno, aliño, y así en un Memorial dirigido al rey por la ciudad de Zaragoza se lee «en quien se halló la verdad sencilla sin franjas ni aloques.» 


ATRAZAR, Trazar. disponer el éxito de alguna cosa.


ATRAZNALAR. a. Atresnalar, que en algunas partes es ordenar las haces en tresnales o pirámides, hasta poder llevarlas a la era.


ATRAZO. d. Persona desaseada o despreciable.


ATREUDAR, n. Dar en enfiteusis.


ATULARIOS, n. Conjunto de cosas muebles, ajuar de una persona, colección de útiles de algún oficio o profesión; y así se dice: venció la tanda y tuvo que cargar con todos los atularios, fugóse el pintor y dejó en desorden lodos sus atularios. Frecuentemente se pronuncia artularios.


ATURAR, d. Hacer parar o detener las bestias. -n. Hacer asiento en algún punto.-n. Fijarse, y por eso se dice «el que a cuarenta años no atura, a cincuenta no adivina y a sesenta desatina. -n. Durar, en cuyo sentido, que es el aceptado por Rosal, leemos en un documento navarro «et este paramiento que ature a tanto tiempo cuanto fuere la voluntad del sennor rey .-En Castilla sufrir el trabajo, tapar. Aturá , aturás , yo me aturo, atures, ature, aturem o aturam, atureu o aturau, aturen


AUGETAS. d. Albricias o gratificación que se da a los criados o a los que traen algún presente. -d. Pastel. -d. Escarola cocida, -c. Con el nombre de augetas es voz castellana y significa la propina que da al postillón el que corre la posta. 


AUTOS, n. Actos: se dice entierro de uno, dos o tres autos (o actos), según se celebra la sola misa de entierro o una o dos más de honras.


AVENTADO. n. «Así los auiamos jurado el día de nuestro bien amulado coronamiento» dice Pedro IV en el códice de las Uniones. ¿???


AVENTAJA. a. Porción que puede sacar el cónyuge super viviente antes de partir los bienes muebles.


AVERIO, a Bestia, voz usada hoy en Aragón según la Academia.


AVEZAR, c. Aficionarse, cebarse.


AVISPADO, c. Agudo, vivo, entendido, activo.


AVUGO. n. Voz conque, por el contrario', se designa en el lenguaje familiar a una persona torpe y obtusa, como con las palabras ababol, mimbrilio, y otras.


AVUTARDAS. n. Pensar en las equivale a estar distraído, o estar en babia. 


AXOBAR, n. La heredad que, además de su dote, recibía la esposa por parte de su padre o marido y era perpetuamente para ella y los suyos: llamábase antiguamente excrex.


AZANORIATE, a. Zanahoria confitada. -a. Cumplimientos y expresiones afectadas.


AZAROLLA. a. Serba o acerola, antic.


AZAROLL0. a. Serbal, árbol : voz incluida en las últimas ediciones.


AZOFRA. n. Correa ancha que sostiene sobre el sillín de la caballería de varas las del carro.- n. Zofra en los dos sentidos de esta palabra. -n. Parece ser turno de aguas según hemos deducido de algunos documentos, uno que recordamos de 1238.


AZOFRAR, n. Concurrir con su trabajo a las obras públicas que se llevan a vecinal.


AZOLLE. n. Pocilga, en las dos acepciones de la Academia: es sustantivo masculino y solo usado en algunas localidades.


AZOTA-PERROS. n. Perrero, o persona destinada en las iglesias a ahuyentar los perros.


AZUD. c. Presa para sacar agua de un rio. Árabe assad o similar. Assut , l'assut , la sut


AZUDA. c. Noria.


AZULEJO. n. Lápida o losa en que se pinta o imprime el nombre de las calles o plazas y el número de las casas: en Castilla ladrillo vidriado para frisos y otros objetos. / reijola, reijoleta


AZUT. a. Azud.


AZUTERO. a. El que cuida de la azuda.


https://an.m.wiktionary.org/wiki/Aragonés-Español_a


A, a n (letra) A, a

a art la

á, a prep a

a!, aa! interch ah

ababol (1) nm amapola | (2) adj, n bobo, lelo, simplón

abadía nf (1) abadía | (2) rectoría, casa parroquial

abella nf abeja

abiento nm diciembre

abril n abril

abríos np conjunto de aparejos de un tiro de carro

acomandar v encomendar

adoba nf adobe

afogar n ahogar

agosto n agosto

agulla n aguja

alfalz nm alfalfa

amillorar berbo mejorar

andurrial n Zona alejada poco poblada y generalmente yerma 

Antón nm Antonio

añada nf año

archila nf arcilla

asperina nf aspirina

astral nf hacha

(a)tajador nm Sacapuntas

augua tuerta n meandro