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miércoles, 1 de abril de 2026
Randa - Arrapar
jueves, 25 de julio de 2024
1. 6. De cóm Pedro Saputo adepreníe tots los ofissis en un rato.
Capítul VI.
De cóm Pedro Saputo adepreníe tots los ofissis en un rato.
Iguals en lo essensial y diferens en lo acsidental va fé als homens la naturalesa. Y encara que es sert que an eixa desigualdat se contenen les causes del orden primitiu general de la sossiedat, y hasta de la condissió dels individuos en particulá, pero lo que es la autorisassió no prové de ixes causes sino de les que fan al pare digne del respecte del fill, al agüelo per al jove, y al magistrat per al siudadá; sen tot lo demés ussurpasió, pressunsió, orgull, soberbia.
Cap autoridat representabe lo hidalgo pera empendre a la pubilla; y la caridat, si per la caridat u haguere fet, parle y obre de un atra manera. Sobre tot pera avassallá, pera ofendre, pera insultá y afrentá al pobre, al desgrassiat, al infelís, cap ley done dret; y es lo orgull tan grave ofensa del sel, que rara vegada dixe de castigál, fenmos vore tart o pronte humillat al soberbio, així com exaltat al humilde.
Entre tan ya va castigá com va pugué lo chiquet Pedro la insolensia en que lo hidalgo va parlá a sa mare, y encara se resserváe mes gran vengansa com donáen a entendre les seues paraules.
Va arribá a casa de sa padrina, pos la trobada de la plassa no lo va distraure del seu propósit y la va trobá ocupada cusín unes teles y fen cuentes pera uns vestits que habíen de fes, ya que tindríe allí al sastre en son demá. Al sentí aixó Pedro Saputo se va alegrá y va di: - Mol be, siñora padrina, mol be me ve; perque en esta ocasió escomensaré demá a adependre lo ofissi de sastre. Matinaré y vindré abans que lo maestre pera vore totes les seues operassions. Li va pareixe be a la padrina, perque res del seu fillol li podíe pareixe mal, pero li va chocá que vullguere adependre aquell ofissi habén ella consebut coses mes altes.
Va callá, empero, temén la resposta de Pedro, que tan fassilmen confoníe a tots.
En son demá va aná a casa de la padrina mol abans que lo maestre sastre, y així que se va presentá éste y se va ficá al ofissi, va mirá en molta atensió cóm preníe la mida a la mare, cóm estenén la tela a una taula aplicán la mida y fen puns y rayes blanques y dixán siñalat lo cos, les mánegues y demés pesses; cóm después va empleá la estisora y les va tallá una a una. Va pendre enseguida la mida al home, y va aná fen lo mateix part per part. Y cuan va aná a pendre la mida a una chiqueta que teníe nau añs, va di Pedro:
- Dixeume, siñó mestre, que an esta li vull tallá yo lo vestit per la meua má.
- Sí, fill meu, va di la padrina. Pero lo mestre espantat va di:
- ¿Hau perdut lo entenimén, siñora? ¿voléu quedatos sense la pessa y lo mocadó?
- No vull aixó, va contestá ella; pero si lo meu fillolet Pedro erre lo tall y me fa malbé lo vestit, ya está pagat.
- Es verdat, va contestá lo home, que tamé volíe vore la proba.
- Y después, va continuá la dona, ting un atra pessa al arca, y a Huesca micha dotsena de botigues a la meua disposissió y a la dels meus doblés. Conque fill meu, pren la mida a tan germaneta y tállali lo vestit segons lo teu bon juissi y entenimén. Pedro entonses mol confiat va pendre la mida, va aná fen tot lo que va vore fé al mestre; y cuan va tindre siñalades les pesses a la roba, y endressades y corregides, va di al mestre:
- Miréu si me ha iluminat avui bona llum; ¿qué diéu de eixes rayes?
- Dic, va contestá lo mestre, lo que vosté vullguéu y cumplix a la meua confusió Per la memoria de mon pare a qui sol vach coneixe ya mort, que eixes pesses están marcades com si les haguere dibuixat lo mateix mestre Lorda Azufre de Huesca. Venga, tira les estisores y vorem. Va tirá Pedro la estisora, va tallá les pesses amostranles al mestre y a la padrina tal com les anáe retallán, y acabada la operassió va di: ara veigam lo que es cusí.
- No fill meu, va contestá lo mestre; ara vorem lo que es jalá; que la siñora Salvadora se ha olvidat del nostre amorsá en la contemplassió de la teua habilidat.
- Teniu raó, mestre Gafo, va di ella; y en la chiqueta y la criada va traure lo amorsá per als dos mestres y tamé van fé un mosset lo home y la chiqueta.
Acabat de amorsá, y después de enríuressen y selebrá la nova grassia del chiquet Pedro, se van assentá a cusí. Va demaná un dedal lo aprendís de mestre, y com no sabíe tindre lo dit doblegat, va passá un filet per lo dedal, y embutit al dit, va fé que li lligaren lo fil per damún. Va pessigá la agulla en una hebra y sense fé pun o nugo, anáe cusín un retall perdut y passán mol depressa la agulla; y no va fé datra cosa hasta michdía. ¡Cuán sen va enriure sa padrina! ¡Cóm sen enríe y divertíe la chiqueta! Perque en tan afán y traball no resultáe costura, pespún, bordat ni cusit.
Va arribá la hora y van minjá de mol bona gana. Eixecats de la taula, va pendre Pedro lo capotillo de la chiqueta, y va cusí primé lo cos, después, les mánegues, que sol eren miches y ubertes; después les va ajuntá de hilván pera probáu. Lay va ficá a la chiqueta, y li caíe tan be, que se van admirá lo mestre y la padrina, arribán an este tems la mare de Pedro que veníe a vore cóm son fill entráe al ofissi. La chiqueta no se va volé ya traure lo capotillo hasta que vinguere son pare; y lo que faltabe, que eren les juntes del forro, la esclavina y los vivos, u va fé lo mestre en son demá, perque Pedro no va volé continuá lo ofissi dién que no ere digne de homens cabals, sino propi de geputs, coixos, enanos y monfloritos. Sol a casa seua y per an ell y sa mare va tallá y va cusí alguna vegada los vestits.
Un atre día va volé adependre de pelaire, y va aná a casa de un mestre, y va adependre a cardá y a pentiná, y abans y primé de tot a abatollá y prepará la llana. Per la nit li va portá a sa mare per mostra un vestit mol untat y un copo de estambre pentinat y acabat per nell de una dotsena que aquella tarde habíe fet. Y del ofissi va di que ere una mica despressiat, pero sano y alegre.
Lo dilluns va aná al taller de un fusté, y per la nit li va portá un marc de finestra a modo de bastidó en un enserat mol pulit y fet tot de la seua má. Pero va di a sa mare que aquell ofissi requeríe vuit díes de estudis y un mes de práctica; y que veiguere quin atre o quina dotsena de ells volíe que adeprenguere y quin preferiríe. Sa mare estáe contenta, pero no sabíe qué contestali:
- Yo no sé, fill meu, lo que vull y lo que no vull: lo que me pareix es que sol vull lo que tú voldrás; y lo que tú faigues, tot, fill meu, tot u dono per bo, perque ya vech que te guíe una sabiduría mes alta y una llum que no arribo a entendre. Y va di ell:
- Ya veéu, mare, cóm en poques hores hay adeprés consevol ofissi que me hay proposat. Perque hau de sabé que eixes arts y atres moltes, segons lo que yo ting observat, les sabem tots los homens naturalmén, y sol fa falta vóreles y inventá los instrumens propis si no són coneguts, y después amoldá les mans an ells, be que la perfecsió sigue cosa de la práctica y de mes tems. Pero ahí, a casa del carnissé vach vore uns papés en uns dibuixos de portes, finestrons, taules, aladres, masades, rius, bosques y montañes y me han agradat mol y voldría adependre lo art del dibuix. Si podeu aneu un día a Huesca y compreume los instrumens que fan falta, que me pareix són un llapis, dos compasos, y lo que tos diguen a la tenda, que no sirá molta cosa. Y va aná sa mare a Huesca, y li va portá tots aquells instrumens; y ell passáe después lo tems dibuixán lo que li fée goch, y va omplí lo seu cuarto de dibuixos. Después de un tems va fé lo retrato de sa mare, después lo de sa padrina, al llapis los dos; y eren tan pareguts, que tots al vorels díen: esta es la pupila, la Salvadora de Olbena.
Original en castellá:
Capítulo VI.
De cómo Pedro Saputo aprendía todos los oficios en un rato.
Iguales en lo esencial y desiguales en lo accidental hizo a los hombres la naturaleza. Y aunque es cierto que en esa desigualdad se contienen las causas del orden primitivo general de la sociedad, y aun de la condición de los individuos por sí en particular, pero lo que es la autorización no procede de esas causas sino de las que hacen al padre digno de respeto para el hijo, al anciano para el joven, y al magistrado para el ciudadano; siendo todo lo demás usurpación, presunción, orgullo, soberbia. Ninguna autoridad representaba el hidalgo para reprender a la Pupila; y la caridad, si por la caridad lo hubiera hecho, habla y obra de otra manera. Sobre todo para denostar, para ultrajar, para insultar y afrentar al pobre, al desgraciado, al infeliz, ninguna ley da derecho; y es el orgullo tan grave ofensa del cielo, que rara vez deja de castigarlo, haciéndonos ver tarde o temprano humillado al soberbio, así como exaltado al humilde. Entre tanto ya castigó como pudo el niño Pedro la insolencia con que el hidalgo baldonó a su madre, y aún se reservaba mayor venganza como daban a entender sus palabras.
Llegó en tanto a casa de su madrina, pues el encuentro de la plaza no le distrajo de su propósito y cabalmente la encontró ocupada en prevenir unas telas o paños y echar cuentas para unos vestidos que habían de hacerse, debiendo tener el sastre al otro día. Al oír esto Pedro Saputo se alegró y dijo: - Muy bien, señora madrina, muy bien me viene; porque con esta ocasión comenzaré mañana a aprender el oficio de sastre. Madrugaré y vendré antes que el maestro para ver todas sus operaciones. Pareció bien a la madrina, porque nada de su ahijado le podía parecer mal, pero extrañó que quisiera aprender aquel oficio habiendo ella concebido cosas más altas. Calló, empero, temiendo la respuesta de Pedro, que tan fácilmente confundía a todos.
Al día siguiente fue a casa de la madrina mucho antes que el maestro sastre, y así que se presentó éste y se puso al oficio, miró con mucha atención cómo tomaba la medida a la madre, cómo tendiendo el paño en una mesa aplicando la medida y haciendo puntos y rayas blancas y dejando señalado el cuerpo, las mangas y demás piezas; cómo luego echó la tijera y las cortó una a una. Tomó enseguida la medida al marido, y fue haciendo lo mismo parte por parte. Y cuando fue a tomar a una niña que tenía nueve años, dijo Pedro: - Dejad, señor maestro, que a ésta le quiero yo cortar el vestido por mi mano. - Sí, hijo mío, dijo la madrina. Pero el maestro espantado decía: - ¿Habéis perdido el juicio, señora? ¿Queréis quedaros sin prenda y el paño? - No quiero eso, respondió ella; pero si mi ahijado Pedro yerra el corte y me pierde el paño, ya está pagado. - Es verdad, respondió el marido, que también quería ver la prueba. - Y después, continuó la mujer, tengo otra pieza en el arca, y en Huesca media docena de tiendas a mi disposición y a la de mis dineros. Conque hijo mío, toma la medida a tu hermanita y córtale el vestido a tu buen juicio y entendimiento. Pedro entonces muy confiado tomó la medida, fue haciéndolo todo lo que vio hacer al maestro; y cuando tuvo señaladas las piezas en el paño, y enderezadas y corregidas, dijo al maestro: - Mirad cuerpo de mí si me ha despuntado hoy buena luz; ¿qué decís de esas rayas? - Digo, respondió el maestro, lo que vos queráis y cumple a mi confusión. Por el siglo de mi padre a quien sólo conocí de muerto, que esas piezas están señaladas como si las hubiese rayado el mismo maestro Lorda Azufre de Huesca. Ea, echa la tijera y veamos. Echó Pedro la tijera, cortó las piezas mostrándolas al maestro y a la madrina como las iba cortando, y concluida la operación dijo: ahora veamos lo que es coser. - No hijo mío, respondió el maestro; agora veamos lo que es yantar; que en verdad que la señora Salvadora se ha olvidado del nuestro desayuno con la contemplación de tu habilidad. - Tenéis razón, maestro Gafo, dijo ella; y fuese y con la niña y la criada sacó el desayuno para los dos maestros a quienes acompañaron el marido y la niña.
Almorzado que hubieron, y reído y celebrado la nueva gracia del niño Pedro, se sentaron a coser. Pidió un dedal el aprendiz maestro, y como no supiese tener el dedo doblado, pasó un hilo por el dedal, y metido en el dedo, hizo que le atasen el hilo por encima. Tomó la aguja con una hebra y sin hacer punto o nudo, iba cosiendo un retal perdido y pasando muy aprisa la aguja; y no hizo otra cosa hasta el mediodía. ¡Cuánto se rió su madrina! ¡Cómo se reía y divertía la niña! Porque con tanto afán y trabajo nunca resultaba costura, pespunte ni cosido alguno.
Llegó la hora y comieron de muy buena gana. Levantados de la mesa, tomó Pedro el capotillo de la niña, y cosió primero el cuerpo, después, las mangas, que sólo eran medias y abiertas; luego las unió de hilván para probarlo. Púsoselo la niña, y le caía tan bien, que se admiraron el maestro y la madrina, llegando a este tiempo la madre de Pedro que venía a ver segunda vez cómo su hijo entraba en el oficio. La niña no se quiso ya quitar el capotillo hasta que viniese su padre; y lo que faltaba, que eran las junturas del forro, la esclavina y los vivos, hízolo el maestro otro día, porque Pedro no quiso continuar el oficio diciendo que no era digno de hombres cabales, sino propio de jorobados, cojos, enanos y hermafroditas. Con todo, en su casa y para él y su madre cortó y cosió alguna vez los vestidos.
Otro día quiso aprender de pelaire, y fue a casa de un maestro, y luego en un punto aprendió a cardar y a peinar, y antes y primero que todo a varear y preparar la lana. Por la noche llevó a su madre por muestra el vestido muy untado y un hermoso copo de estambre peinado y concluido por él de una docena que aquella tarde había hecho. Y del oficio dijo que era un poco despreciado, pero sano y alegre.
El lunes fue al taller de un carpintero, y por la noche llevó un marco de ventana a modo de bastidor para un encerado muy pulido y hecho todo de su mano. Pero dijo a su madre que aquel oficio requería ocho días de estudios y un mes de práctica; y que mirase qué otro o qué docena de ellos quería que aprendiese y cuál preferiría. Su madre rebosaba satisfacción por todas sus coyunturas, y no sabiendo qué responder le dijo: - Yo no sé, hijo mío, lo que quiero y lo que no quiero: lo que me parece es que sólo quiero lo que tú querrás; y lo que tú hagas, todo, hijo mío, todo lo doy por bien, porque ya veo que te guía otra sabiduría más alta y otra luz que no alcanzo. Y dijo él continuando: - Ya veis, madre mía, cómo en pocas horas he aprendido cualquier oficio a que me he puesto. Porque habéis de saber que esas artes y otras muchas, según lo que yo tengo observado, las sabemos todos los hombres naturalmente, y sólo falta verlas e inventar los instrumentos propios si no son conocidos, y luego adestrar las manos a ellos, bien que la perfección sea cosa de la práctica y de más tiempo. Mas ahí, en casa del carnicero he visto unos papeles con unos dibujos de puertas, ventanas, mesas, arados, edificios, ríos, bosques y montañas y me han gustado mucho y quisiera aprender el arte del dibujo. Por vida vuestra que vayáis un día a Huesca y compradme los instrumentos necesarios, que me parece son un lapicero, dos compases, y los que os digan en la tienda, que ahora no serán muchos. Y fue su madre a Huesca, y le trajo todos aquellos instrumentos; y él pasaba después el tiempo dibujando lo que se le antojaba, y llenó su cuarto de dibujos que luego y prestísimo fueron de muy cumplido primor y arte. De ahí a algún tiempo hizo el retrato de su madre, después el de su madrina, al lápiz los dos; y eran tan parecidos, que todos al verlos decían: ésta es la Pupila, ésta Salvadora de Olbena.
martes, 25 de agosto de 2020
JORNADA SÉPTIMA. NOVELA PRIMERA.
JORNADA SÉPTIMA. NOVELA PRIMERA.
Gianni Lotteringhi sen cridá de nit a la porta; desperte a la seua dona y ella li fa creure que es un fantasma; lo van a conjurá en una orassió y les cridades paren.
Siñó meu, me haguere agradat moltíssim, si a vos tos haguere vingut be, que un atra persona en ves de yo haguere escomensat tan bona materia com es esta de la que parlarem avui; pero ya que voleu que siga yo qui a los demés anima, u faré de bona gana. Me les ingeniaré, caríssimes siñores, en contátos algo que tos pugue sé útil en un futur, perque si les demés són com yo, totes som temoriques, y mes de los fantasmes, que Deu sabrá que són, yo no u sé, ni hay trobat hasta ara a dingú que u sapiguere, y tots los tenim temó; y per a fels marchá cuan vinguen a vatres, prenén bona nota de la meua história, adependréu una santa y bona orassió, y que va mol be per an estos casos.
Va ñabé a Florencia, al barri de San Brancazio, un comersián que se díe Gianni Lotteringhi, home mes afortunat al seu arte que sabut en atres coses, perque tenín algo de simplet, ere mol sobín capitá de los cantadós del laude de Santa María la Nova, y teníe que ocupás del coro, y teníe datres ocupassións que lo teníen entretengut. En aixó ell se teníe en mol; y alló li passáe perque mol assobín, com home ben acomodat, los donáe bons minjás als flares. Estos, com la un unes calses, l´atre una capa y datre un escapulari li traíen sobín, li enseñaben bones orassións y li resáen lo parenostre en vulgar, y la cansó de San Alejo y lo lamén de San Bernardo y les alabanses de doña Matelda y atres tonteríes tals, que ell teníe en gran apressio y totes per la salvassió de la seua alma les díe mol diligenmen. Teníe este Gianni una dona majíssima y atractiva, de nom doña Tessa y ere filla de Mannuccio de la Cuculia, mol sabuda y previsora; ella, veén la simplesa del home, com estáe enamorada de Federigo de los Neri Pegolotti, que ere mol hermós y pincho, y ell estáe enamorat de ella, va arreglá en una criada seua que Federigo vinguere a parláli a una possesió mol maja que lo dit Gianni teníe a Camerata, aon ella passáe tot lo estiu; y Gianni alguna vegada allí acudíe per la tarde a sopá y a dormí, y pel matí sen entornáe a la tenda y a vegades als seus laudes. Federigo, que mol u dessichabe, aprofitán la ocasió, un día que li va sé manat, al fes de nit, allá que sen va aná, y com no habíe vingut Gianni, per la nit, en mol plaé y tems, va sopá y va dormí en la Siñora, y ella, están als seus brassos, li va enseñá prop de sis dels laudes del seu home. Pero no volén que aquella fore la radera vegada, per a que la criada no tinguere que aná a buscál cada vegada, van arreglá juns esta seguida: que ell, tots los díes, cuan aniguere o tornare de una possesió seua que una mica mes aball estabe, se fixare en una viña que ñabíe prop de la casa de ella, y voríe una calavera de burro damún de un sep de viña. Cuan la veiguere en lo morro girat cap a Florencia, sense falta, per la nit, que acudiguere aon ella, y si no trobabe la porta uberta, que cridare tres vegades, y ella li obriríe; y cuan veiguere lo morro del ruc girat cap a Fiésole, que no vinguere, perque Gianni estaríe allí. Y fénu de esta manera, moltes vegades juns van está. Entre tantes vegades ne va ñabé una a la que, tenín que sopá Federigo en doña Tessa, habén ella fet guisá dos capóns mol gorts, va passá que Gianni, que no teníe que víndre, va arribá mol tart. La Siñora u va sentí mol, y ell y ella van sopá una mica de carn salada o cansalada que habíe fet adobá apart; y la criada va fé portá, en un mantel blang, los dos capóns guisats y mols ous ressién postos aquella tarde, y un canti de bon vi a un jardí seu al que podíe entrás sense aná per la casa y aon ella acostumbrabe a sopá en Federigo alguna vegada, y li va di que ficare aquelles coses al peu de un pressegué que estabe a un pradet; y tan enfadada estáe, que no sen va enrecordá de díli a la criada que se esperare hasta que Federigo vinguere, y li diguere que Gianni estabe allí y que agarrare aquelles coses del hort. Per lo que, anánsen al catre Gianni y ella, y tamé la criada, no va passá mol rato hasta que Federigo va arribá y va cridá una vegada a la porta, que estabe tan prop de la alcoba, que Gianni u va sentí al momén, y tamé la dona; pero per a que Gianni no puguere sospechá de ella, va fé vore que dormíe.
Y, esperán un poc, Federigo va quirdá per segona vegada; de lo que maravillánse Gianni, li va pessigá fluixet a la dona y li va di:
- Tessa, ¿Sens lo que yo séntigo? pareix que criden a la nostra porta. La dona, que mol milló que ell u habíe sentit, va fé vore que se despertabe, y va di: - ¿Qué dius, eh?
- Dic - va di Gianni - que pareix que criden a la nostra porta.
- ¿Criden? ¡Ay, Gianni meu! ¿No saps qué es? Es lo fantasma, del que hay tingut estes nits passades la temó mes gran que may se va tindre, tanta que, alguna nit, cuan lo hay sentit, me hay tapat lo cap y no me hay atrevit a destapámel hasta que ha sigut día cla.
Va di entonses Gianni:
- Va, dona, no tingues tanta temó, si es ell, perque hay dit antes lo Te lucis y la Intemerata y moltes atres bones orassións cuan mos habíem de gitá y tamé hay persignat lo llit de racó a racó en lo nom del Pare y del Fill y del Espíritu San, y no ña que tíndre temó: que no pot, per mol poder que tingue, fémos mal.
La dona, per a que Federigo no sospechare y se enfadare en ella, va deliberá eixecás y féli sabé que Gianni estabe a dins, y li va di al home: - Mol be, tú dis les teues paraules; yo per la meua part no me tindré per salvada ni segura si no lo conjuram, ya que estás tú aquí.
Va di Gianni:
- ¿Y cóm sel conchure?
Va di la dona:
- Yo be u sé, que abansahí, cuan vach aná a Fiésole a per les indulgénsies, una de aquelles ermitañes que ñan allí, Gianni meu, la dona mes santa que Deu te al seu servissi, veénme tan atemorisada me va enseñá una santa y bona orassió, y me va di que la habíe probat moltes vegades abans de sé ermitaña y sempre li habíe servit. Pero Deu sap que sola may me hauría atrevit a probála; Pero ara que estás tú, vull que lo conjurem.
Gianni va di que mol be li pareixíe; y eixecánse, sen van aná los dos a poquetet cap a la porta; afora encara estáe Federigo, sospechánse algo, y una vegada allí, li va di la dona a Gianni: - Ara escupíña cuan yo tu diga.
Va di Gianni:
- Vale.
Y la dona va escomensá la orassió, que ere esta:
- Fantasma, fantasmot, que vas per la nit fen temó, en la coa tiessa has vingut, y en la coa tiessa ten anirás; vésten al hort aon lo pressegué, allí hay ña grassa mascarada y sen cagallóns de les meues gallines; proba del canti y vésten depressa, y no mos faigues mal ni a mí ni al meu Gianni.
Y dit aixó, li va di al home:
- ¡Escupíña, Gianni!
Y Gianni va escupiñá; y Federigo, que estabe a fora y va sentí aixó, se li van passá los sels, y encara ple de melancolía teníe tantes ganes de riure que casi petáe, y en veu baixa, cuan Gianni escupiñáe, díe: - Les dens.
La dona, después de habé conjurat tres vegades al fantasma, va torná al llit en lo seu home. Federigo, que esperabe sopá en ella, sense habé senat y habén entés be les paraules de la orassió, sen va aná al hort y va trobá a la bresquillera los dos capóns, lo vi y los ous, sels va emportá a casa y va sopá en gran gust; y después les atres vegades que se va trobá en la dona sen van enriure mol de este conjur.
Es sert que diuen algúns que la dona habíe girat lo cap pelat del burro cap a Fiésole, pero que un llauradó que passabe per la viña li habíe pegat en una gayata y lo habíe fet girá, y se habíe quedat mirán cap a Florencia, y per naixó Federigo, creén que lo cridáen, habíe vingut, y que la dona habíe dit la orassió de esta guisa: «Fantasma, fantasmot, vésten en Deu, que la calavera del burro no la hay girat yo, que un atre ha sigut, que Deu lo castigo, yo estic aquí en lo meu Gianni»; per lo que, anánsen, sense albergue y sense sopá se habíe quedat. Pero una veína meua, que es una dona mol vella, me va di que tan una com l´atra van sé verdat, segóns lo que ella de chiqueta habíe sentit, pero que la radera no li habíe passat a Gianni Lotteringhi, sino a un que se díe Gianni de Nello, que estabe a Porta San Pietro y ere tan bobo com u va sé Gianni Lotteringhi. Y per naixó, cares siñores meues, a la vostra elecsió dixo pendre la que mes tos agrado de les dos, o si voléu, les dos: tenen molta virtut per an estes coses, com per experiénsia hau sentit; adeprenéules y ojalá que tos servixquen algún día.
viernes, 17 de enero de 2020
JORNADA CUARTA. NOVELA DÉSSIMA, amán narcotisat
Debéu sabé, hermosíssimes joves, que no fa mol tems va ñabé a Salerno un grandíssim meche cirujano de nom mestre Mazzeo de la Montagna, lo que, ya prop de los seus radés añs, habén pres per dona a una hermosa y noble jove de la seua siudat, li comprabe vestits rics, joyes y tot lo que a una dona pot agradáli mes. Ella estáe la mayoría del tems encatarrada, perque al llit no estabe per lo home ben cuberta. Este home, que, com micer Ricciardo de Chínzica, de qui ham parlat, a la seua li enseñabe les festes y lo dijú, éste an ella li explicabe que per una vegada que se gitabe en una dona teníe que descansá no sé cuáns díes, y datres tontades. En lo que ella vivíe mol descontenta, y com ere prudén y de ánim valén, per a aforráli faena al de la casa se va disposá a eixí al carré y desgastá an algún forasté, y habén mirat mols jovens, al final un li va arribá al alma, en lo que va ficá tota la seua esperansa y tot lo seu ánim.
Aixó, advertínu lo jove y agradánli mol, tamé cap an ella va enfocá lo seu amor. Se díe éste Ruggeri dels Aieroli, noble de naiximén pero de mala vida y de reprobable estat hasta lo pun de que ni parén ni amic li quedabe que lo vullguere vore, y per tot Salerno sel culpabe de robos y de atres maleses. De aixó poc se va preocupá la dona, ya que li agradáe per datres coses. Y en una criada seua tan be u va prepará, que van está juns; y después de chalá, la dona lo va escomensá a renegá per la seua vida passada y li va demaná que, per amor d´ella, de aquelles coses se apartare; y per a donáli ocasió de féu, va escomensá a passáli de cuan en cuan unes perretes. De esta manera, están juns mol discretamen, va passá que al meche li van ficá entre les mans un dolén que teníe futuda una de les dos cames; lo meche los va di als seus parens que, si no se li traíe un os podrit que teníe a la cama, se li tendríe que amputá tota la cama o se moriríe. Ficánse de acuerdo tots los seus parens, lay van portá. Lo meche, pensán que lo dolén sense sé narcotisat o anestessiat no soportaríe lo doló ni se dixaríe intervindre, va fé destilá de sert compost seu un aigua que debíe adormíl mentres ell lo intentabe curá. Va fé portá la anestessia a casa, y a una finestreta de la seua alcoba la va ficá, sense díli a dingú lo que ere. Cuan va arribá lo tardet, cuan teníe que aná a curá al dolén, li va arribá un missache de serts mol grans amics seus de Amalfi diénli que per res dixare de acudí allí enseguida, perque habíe ñabut una gran riña y mols habíen sigut ferits. Lo meche, dixán per a en son demá la cura de la cama del os pasat, va pujá a una barqueta y sen va aná cap a Amalfi. La dona, sabén que per la nit no tornaríe a casa, de amagatons com acostumabe, va fé vindre a Ruggeri, lo va embutí a la seua alcoba, y lo va tancá a dins hasta que les persones de la casa sen anigueren a dormí. Quedánse, pos, Ruggeri a la alcoba y esperán a la Siñora, com teníe molta sed o ressecó, va vore a la finestreta aquella garrafeta de aigua que lo meche habíe fet per al dolén, y creén que ere aigua, se la va portá a la boca y se la va beure tota. No habíe passat mol rato cuan li va entrá molta son y se va adormí com un soc.
- Eixécat, dormilón, que si volíes dormí, aon teníes que aná ere a casa teua, y no vindre aquí.
Ruggeri, espentat de esta manera, va caure an terra desde l´arcó aon estabe y no va doná cap siñal de vida, la mateixa que haguere donat un mort; en lo que la dona, una mica assustada, va escomensá a intentá eixecál y lo movíe mes fort, y lo agarrabe pel nas, y lo estirabe de la barba, pero no valíe per a res: habíe lligat lo burro a un bon clau. Per lo que la Siñora va escomensá a pensá que estáe mort, pero encara aixina lo va escomensá a pessigá y a cremál en una vela; per lo que ella, que no ere mechesa encara que meche fore lo home, va creure que estabe mort, per lo que, com lo volíe mol, si va sentí doló no ña que preguntáu, y no atrevinse a fé soroll, va escomensá a plorá damún d´ell casi en silensio.
Pero después de un rato, en temó de afegí a la deshonra esta desgrassia, va pensá que sense tardá teníe que trobá lo modo de tráurel de casa mort com estabe, y de amagatontes va cridá a la criada, y amostránli la seua desgrassia, li va demaná consell.
- ¿Quí ña per ahí?
d´abans, pensáen que u habíen ensomiat. Y ademés de açó, del perill que corríe Ruggeri sentíe la Siñora tanta pena que casi se tornáe loca.
- ¿Qué faríeu vos, maestre, per una cosa importán, cuan per una garrafeta de aigua forra montéu tan gran abalot? ¿Es que no ne ña mes en tot lo món?
Y li va contá la raó per la que la habíe fet.
- Siñora, de Ruggeri tots parlen mal y, per lo que yo hay pogut sentí, ni amic ni parén li quede que per a ajudál se haigue eixecat o vullgue alsás; y se té per segú que demá lo magistrat lo fará penjá. Y ademés de aixó, tos contaré una cosa curiosa. Me pareix que sé cóm va arribá a casa del prestamista: be coneixéu al fusté aon estabe lo arcó aon lo vam embutí. Sel va sentí discutí en un que seguramén ere l´amo del arca, reñín com a gossos, aquell li demanáe los dinés perque l´arca no apareixíe, y lo fusté li responíe que lay habíen robat per la nit; a lo que aquell replicabe: «No es verdat, tú lay has venut als dos jovens prestamistes, que ells me u van dí cuan la vach vore a casa seua, cuan va sé detingut Ruggeri».
A lo que lo fusté va di: «Ells te han dit una mentira, no me han comprat cap arcó, pot sé que de nit me la haiguen robat ells; anem a casa seua». Y aixina si van atansá, y yo hay vingut aquí, y com podéu vore, penso que de esta manera Ruggeri va pará allí, pero cóm va ressusitá no puc enténdreu.
La Siñora, com ya habíe cavilat qué se teníe que fé, li va di a la criada que, lo primé, anare a vore al meche, y plorán, li diguere:
Va dí lo meche:
- Tú ya te has imposat una penitensia, perque vas creure que tindríes de nit a un jove que te espolsaríe lo pols, y lo que vas tindre va sé un lirón. Vésten a procurá per la salvassió del teu amán, y de ara en abán guárdat de portál a casa perque u pagarás per esta vegada y per l’atra.
Pareixénli a la criada que li habíe eixit be la charrada, tan pronte com va pugué sen va aná cap a la presó aon teníen a Ruggeri, y tan li va insistí al carselé que la va dixá parlá en Ruggeri. Ella, después de díli qué li teníe que contestá al magistrat per a salvás, tans fils va moure que va arribá dabán del magistrat.
Éste, abans de consentí en sentíla, com la veíe fresca y pita, va volé enganchá en lo gancho a la pobreta cristiana; y ella, per a sé milló escoltada, no li va fé ascos; y li va di:
Lo magistrat, veén que ere fássil comprobá si ere verdat alló, primé li va preguntá al meche si ere verdat lo del aigua per a fé dormí, y va vore que aixina habíe sigut; y después, fen cridá al fusté y a qui li habíe encarregat l´arca, y als prestamistes, después de moltes histories va vore que los prestamistes la nit de abans habíen robat l´arca y se la habíen emportat a casa. Después va maná a buscá a Ruggeri y preguntánli aón se habíe albergat la nit passada, va contestá que no sabíe aón habíe parat, pero que sen enrecordabe be que habíe anat a vore a la criada del mestre Maezzo, que habíe begut aigua perque teníe molta sed, pero aón habíe estat después no u sabíe, sol que se se va despertá a casa dels prestamistes a dins de un arca. Lo magistrat, sentín estes coses y divertínse mol en elles, a la criada y a Ruggeri y al fusté y als prestamistes los u va fé repetí moltes vegades. Al final, veén que Ruggeri ere inossén, va condená als prestamistes per robá l´arca a pagá deu onzes o unsies, va ficá en libertat a Ruggeri, que se va alegrá mol, y la seua Siñora encara mes. Ella, jun en ell y en la criada (que habíe volgut cusíl a gaviñetades), moltes vegades sen va enriure de este cas, y van continuá en lo seu amor, sempre de be a milló; com voldría que me passare a mí, pero no que me embutigueren a dins de un arcó.
- Filostrato, yo la assepto de bona gana, y per a que milló veigues lo que has fet, desde ara mano y ordeno que tots se preparon per a contá demá algo felís que li haguere passat an algún amán, después de algúns dus o desventurats acsidens.
Filostrato va contestá que de bon grado, y sense esperá va escomensá a cantá de esta manera:
quinta jornada




