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martes, 10 de octubre de 2017

Les mentires del nassionalisme catalá

Les mentires del nassionalisme catalá.

Este video (ne ñan mols a Youtube) hauríe de aná una mica mes aball, cuan la solidaridad catalana. Es un andalús que los diu als catalans que no se independison, que ell porte 5 añs sense treballá, está a Andalusía y no li falte res.


https://listas.20minutos.es/lista/las-mentiras-del-nacionalismo-catalan-348471/

La historia no perdona mitos

Contra el separatismo, una bandera, España / Les mentires del nassionalisme catalá
 
Publicada el 24.11.2012 a las 21:12h.
 
En el imaginario colectivo catalán se han instalado una serie de mitos sobre las relaciones entre Cataluña y el resto de España, debidos al adoctrinamiento que llevan viviendo desde hace algunas décadas, y que han permitido que el nacionalismo avance electoralmente. Unos son distorsiones o inventos en el terreno histórico. Otros se refieren a un «expolio», por utilizar su terminología, que si no existiera haría que Cataluña fuera tan rica, dicho con ironía, como «las siete ciudades de oro de... Cíbola».

El traspaso de las competencias de Educación ha servido para que se haya dado una visión sesgada tanto de la Historia como de la realidad de las relaciones de Cataluña con el resto de España. A pesar de ello, existe una mayoría silenciosa que se expresa en las urnas y que no quiere el independentismo. Nunca me ha gustado que se las quiera sustituir por las manifestaciones o las encuestas. Es cierto que la crisis radicaliza las posiciones y el señuelo del pacto fiscal puede resultar muy atractivo para votantes de todos los partidos. El argumento es tan simple como eficaz, porque asegura que la crisis no afectaría a Cataluña si se cambiara el sistema de financiación actual por ese nuevo modelo que limitaría la solidaridad de los catalanes con el resto de comunidades.
 
La independencia no tiene ningún fundamento histórico y sería un desastre para Cataluña, que tendría que salir de la Unión Europea. España ha sido históricamente un gran mercado para Cataluña, que con tanta habilidad defendieron empresarios y políticos catalanes. El nacionalismo siempre ha aprovechado los momentos de debilidad de España. El proceso actual le sirve para esconder la mala gestión tanto del Gobierno tripartido como del actual, que prefiere cerrar hospitales o geriátricos en vez de cerrar embajadas.

He aquí una pequeña muestra de algunas patrañas y manipulaciones de la Historia en las que el nacionalismo catalán basa su discurso victimista. 

¡Viva España! ¡Viva El Rey! ¡Viva la Iglesia Católica! ¡Viva el Ejército! 


1
«Cataluña fue un reino independiente en el pasado».


FALSO: Hablar de banderas o de reyes catalanes no tiene ningún sentido. Nunca hubo ningún rey catalán ni ningún Estado catalán. Los únicos reyes de los que se puede hablar son los reyes de Aragón. La casa condal de Barcelona, que no representa la actual Cataluña porque esta estaba formada por más condados, primero fue vasalla de los reyes francos, y luego perteneció al reino de Aragón, pero nunca fue independiente.

2
«Cataluña es la que más aporta al Estado y es la que menos recibe». 
FALSO: La región que más dinero aporta al Estado por habitante es, con diferencia, Madrid. También Baleares contribuye en mayor medida que Cataluña por habitante al esfuerzo fiscal.

Hay otras Comunidades que también aportan más de lo que reciben, como La Rioja, pero en ninguna de ellas ha habido protestas, pues todo el mundo entiende que las regiones menos favorecidas deben recibir más de lo que aportan por un principio básico de solidaridad. Solo el nacionalismo catalán (victimista, acomplejado y gorrón) ha expresado sus quejas al respecto. 

 3
«Cataluña es una nación histórica». 
FALSO: Todo lo contrario, el nacionalismo catalán tuvo que ver con el auge industrial y económico de la segunda mitad del siglo XIX en Cataluña, además de con la crisis de 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas.

Fíjense lo que dijo Joan Estelrich, diputado de la Lliga Regionalista, el partido de Prat de la Riba y de Cambó, en las cortes de 1931: "Lo que nosotros queremos es que todo español se acostumbre a dejar de considerar lo catalán como hostil; que lo considere como auténticamente español; que ya de una vez para siempre se sepa y se acepte que la manera que tenemos nosotros de ser españoles es conservándonos catalanes, (...) que no nos desespañolizamos ni un ápice manteniéndonos muy catalanes; en fin, que la garantía de ser nosotros muy españoles consiste en ser muy catalanes, porque lo contrario es ir contra la naturaleza y, por lo tanto, debe acostumbrarse la gente a considerar ese fenómeno del catalanismo no cómo un fenómeno antiespañol, sino como un fenómeno españolísimo".

 4
«Cataluña genera más riqueza que cualquier otra región de España». 
FALSO: Navarra o Baleares tienen una renta per cápita mayor que Cataluña, y Madrid, la obsesión de los catalanistas, supera a Barcelona en comercio e inversión industrial. Además, el potencial económico de Cataluña sería mucho menor sin el mercado, los capitales y la mano de obra españolas

nacional catalana contra el imperialismo castellano». 

5. La Diada nacional de Cataluña es símbolo de resistencia nacional catalana contra el imperialismo castellano.


FALSO: Según el nacionalismo catalán, "el centralismo y el espíritu colonizador de Castilla hacia Cataluña se fue intensificando hasta que en 1714, durante la Guerra de Sucesión, Castilla y Francia, aliadas, vencieron a Cataluña, Inglaterra y Austria". En realidad, el 11 de septiembre de 1714 lo que ocurrió fue la entrada de las tropas de Felipe V a Barcelona que estaba bajo dominio francés. En el asedio a Barcelona participaron miles de catalanes integrando el ejército borbón. Otros miles de catalanes sitiados en Barcelona lucharon para la que estimaban como legítima dinastía española y por la libertad de toda España.

No solo eso, sino que un siglo después en la Guerra de la Convención los catalanes participaron con entusiasmo en defensa de la Religión, España y El Rey contra los revolucionarios franceses. De hecho se puede leer en el Diario de Barcelona del 1 de octubre de 1792 un soneto catalán / no es soneto / celebrando la toma de la localidad rosellonesa de Bellaguarda: 

Vallesir, Rosseló, la França entera 
del valor espanyol lo excés admira: 
Ya espera resistir, ya desespera: 
ya brama contra el Cel, però delira
que lo cel es qui vol que torne a Espanya 
lo Rosselló, Navarra y la Cerdenya. 

http://chapurriau.blogspot.com/2017/10/diario-de-barcelona-1-octubre-1792.html 

no está este poema, hay otro, tres páginas.

 6
«El castellano lo impuso Felipe V en Cataluña tras la Guerra de Sucesión (1713)».

FALSO: Existen documentos escritos que demuestran que el castellano ya se hablaba en el actual territorio catalán en el siglo XV, como mínimo.
En Barcelona se editaban más libros en castellano que en catalán.

7. El origen de la bandera cuatribarrada que comparten Aragón, Valencia, Baleares y Cataluña es catalana.

FALSO: A pesar de que José Luis Carod Rovira dijera "La Unió catalano-aragonesa adoptà l'ensenya catalana de les quatre barres vermelles", el origen de la bandera es aragonés. Representaba a la casa real de Aragón. El primer rey aragonés en usarla fue Alfonso II. Todos los autores catalanes del medievo entre ellos Muntaner llamaron a la bandera cuatribarrada la "señal real d'Aragó".

Además en la bandera cuatribarrada se encuentra el origen de la bandera nacional de España. La bandera de la Marina Real en tiempo de Carlos III todavía blanca se cambió por otra que se distinguiese mejor en altamar. Se pensó en la del reino de Aragón, pero tampoco se distinguía bien por ser las barras muy estrechas, así en imitación a esta se ensancharon las franjas y la amarilla se hizo doble que las rojas.

8. Existió una corona catalano-aragonesa.

FALSO: Nunca hubo tal corona, siempre se denominó Reino de Aragón.
El conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que se casó con la reina aragonesa Petronila, nunca se tituló rey de Cataluña y Aragón.
No solo eso, sino que se reconoció vasallo del rey toledano Alfonso VII (rey de León), su cuñado, que se titulaba «Hyspaniae Imperator». Además, por aquella época no existía todavía el nombre "Cataluña" ni el gentilicio "catalán".

9
«Cataluña, históricamente, se opuso siempre a España y se rebeló contra ella». 

FALSO: Tras la invasión napoleónica en 1808, los catalanes se levantaron heroicamente contra los franceses y lucharon a muerte por la libertad de España. De hecho, la heroica defensora de Zaragoza, Agustina de Aragón, fue barcelonesa de padres leridanos y, realmente, se llamaba Agustina Raimunda Saragossa Doménech. Por otra parte, igual que hubo catalanes luchando en otras partes de España, también hubo españoles de otras provincias que lucharon en tierras catalanas.

10. El gran catalanista que nació en Teruel. En la wikipedia pone que nació en Cambrils.
Josep Lluïs Carod Rovira, José Luis, Pepelu.

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Josep-Lluís_Carod-Rovira

 
Una imagen de archivo en la que José Luis Carod Rovira guarda un sobre $o$pecho$o en el bolsillo interior de su chaqueta. (Será un 3% ?)

Durán y Lérida (Duran i Lleida) también es aragonés, de Alcampell.

José Antonio Durán Lérida, Duran i Lleida
 
Marta Ferrusola Lladós tiene ascendencia aragonesa
 
Marta Ferrusola, Jordi Pujol,

jueves, 2 de mayo de 2019

Cuarta jornada. Novela segona.

Cuarta Jornada. Novela segona.

Fray Alberto convens a una dona de que lo arcángel Gabriel está enamorat de ella y, com si fore ell, moltes vegades se gite en ella, después, per temó als paréns de ella fugín de casa seua se refugie a casa de un home pobre, lo que, com a un home salvache, al día siguién a la plassa lo porte; aon, reconegut, los seus flares li foten ma y lo fiquen a la presó.

pon Rialto de Venecia
pon Rialto de Venecia

La historia contada per Fiameta habíe fet saltá les llágrimes a les seues compañes moltes vegades, pero están ya completa, lo rey en inconmovible gesto va di:

- Poc preu me pareixeríe doná la meua vida per la mitat de la chalera que en Guiscardo va gosá Ghismunda, y cap de vatres té que maravillás, que yo, vivín, a cada pas mil morts vech, y per totes elles no me es donada ni una part de esta chalera. Pero dixán está los meus assuntos de momén, vull que sobre casos dus, y en part als meus acsidens semellans, continúo parlán Pampínea, y si u fá com ha escomensat Fiameta, sense duda alguna rosada escomensaré a sentí caure damún de les meues flames.

Pampínea, sentín que aquella orden ere per an ella, va vore lo ánimo del rey mes per la emossió de les seues compañes que les paraules del rey y per naixó, mes disposada a recreáles un poc que a tíndre que contentá al rey, se va ficá a contá una historia que sense eixíssen de lo proposat, los faiguere riure, y va escomensá:

Acostume lo poble a di lo proverbio siguién: «Lo que es malvat y per bo tingut, pot fé lo mal y no es cregut», lo que done per a demostrá cuánta y quina es la hipocresía de los religiosos, los que en les robes llargues y amples y en les cares artifissialmen pálides y en les veus humildes y manses per a demaná a datres, y altanerissims y aspres al empendre als atres los seus mateixos vissis y en mostráls que ells per agarrá y los demés per a donáls an ells conseguixen la salvassió, y ademés de aixó, no com homes que lo paraísso tinguen que guañás com natros sino casi com a siñós y posseedós de ell donán a cadaú que se mor, segóns la cantidat de dinés que los dixe, un puesto mes o menos exelén, en aixó primé a sí mateixos, si aixina u creuen, y después a qui a a les seues paraules donen fe se esforsen en engañá. Sobre los que, si cuan los convé me fore permitit demostrá, pronte los aclararía a mols simples lo que en les seues capes amplíssimes tenen amagat. Pero vullgue Déu que en totes les seues mentires a tots los passare lo que a un flare menor, de aquells que per mes grans santons eren tinguts a Venecia; sobre lo que tos parlaré per a potsé aliviá una mica en risa y en plaé los vostres ánimos plens de compassió per la mort de Ghismunda.

Va ñabé, pos, valeroses siñores, a Imola, un home de malvada y corrupta vida de nom Berto de la Massa. Les seues vituperables acsións eren mol conegudes per los imolenses, y a tan lo van portá que ni les mentires ni les verdats se les creíen los de Imola. Per lo que, acatánsen de que allí ya les seues artimañes no li servíen, se va mudá a Venecia, resseptácul de tota la inmundissia, y allí va aná cavilán en trobá la manera per a mal obrá com u habíe fet a un atra part. Y com si li rossegare la consiensia per les malvades acsións cometudes per nell en lo tems passat, mostránse embargat per suma humildat y convertit en milló católico que cap atre home, va sé y se va fé flare menor y se va fé cridá fray Alberto de Imola; y en tal hábit va escomensá a fé en apariensia una vida sacrificada y a alabá mol la peniténsia y la abstinensia, y may minjáe carn ni bebíe vi cuan no ñabíe lo que li agradabe.

Y sense donássen cuenta casi dingú, de lladre, de rufián, de fals, de homissida, súbitamen se va convertí en un gran predicadó sense habé per naixó abandonat los vissis cuan de amagatóns puguere ficáls en obra. Y ademés de aixó, fénse mossen, sempre al altá, cuan selebrabe, si mols lo veíen, plorabe per la passió del Siñó com a qui poc li costaben les llágrimes cuan volíe. Y en poc tems, entre les seues predicassions y les seues llágrimes, va sabé de tal manera engatussá als venessians que casi de tot testamén que allí se fée ere fideicomissari y depositari, y guardadó de los dinés de mols, confessó y consellé casi de la mayoría de los homes y de les dones; y obrán aixina, de llop se habíe convertit en pastó, y ere la seua fama de santidat an aquelles parts mol mes gran que may habíe sigut la de San Francisco de Asís. Ara, va passá que una dona jove, badoca y sompa que se díe doña Lisetta de en cá Quirini casada en un ric mercadé que habíe anat en les seues galeres a Flandes, va aná en atres dones a confessás en este san flare; y están als seus peus, com venessiana que ere, que són tots unos vanidosos, habén dit una part de los seus assuntos, va sé preguntada per fray Alberto si teníe algún amán. Y en mal gesto li va contestá:

- Ay, siñó flare, ¿no teníu ulls a la cara? ¿Tos pareixen los meus encans fets com los de eixes atres? Massa amans tindría, si vullguera; pero no són los meus encans per a dixá que los vullgue consevol.
¿A cuántes veéu que los seus encans siguen com los meus, yo que siría hermosa hasta al paraísso? Y ademés de aixó va di tantes coses de esta hermosura seua que fastidiabe sentíla. Fray Alberto va vore que aquélla putíe a tonta, y pareixénli terra per al seu aladre, de ella enseguida y en desmesura se va enamorá; pero guardán les alabanses per a un momén mes cómodo, per a mostrás san aquella vegada, va escomensá a empéndrela y a díli que alló ere vanagloria, y atres de les seues histories; per lo que la dona li va di que ere un animal y que no sabíe que ñabíe hermosures mes grans que atres, per lo que fray Alberto, no volén enfadála massa, acabada la confessió, la va dixá anássen en les demés. Y unos díes después, agarrán un fiel compañ, sen va aná a casa de doña Lisetta y, retiránse apart a una sala en ella y sense pugué sé vist per atres, se li va aginollá dabán y va di:

- Siñora, tos rogo per Déu que me perdonéu de lo que lo domenge, parlánme vos de la vostra hermosura, tos vach di, per lo que tan fieramen vach sé castigat la nit siguién que no hay pogut eixecám del llit hasta avui.

Va di entonses doña Trulla:

-¿Y quí tos va castigá de esta manera?

Va di fray Alberto:

- Tos u diré: están en orassió durán la nit, com solgo está sempre, vach vore de repén a la meua selda una gran llumenaria, y abáns de que puguera girám per a vore lo que ere, me vach vore damún un jove hermossíssim en una gayata grossa a la ma, que, agarránme per la capa y fénme eixecá, tan me va blandí que me va dixá cruixit. Li vach preguntá después per qué me habíe fet alló, y va contestá:

«Perque avui te has atrevit a rependre los selestials encans de doña Lisetta, a la que vull, Déu apart, sobre totes les coses». Y yo entonses li vach preguntá:

«¿Quí sou vos?».

A lo que va contestá ell que ere lo arcángel Gabriel.

«Oh, siñó meu, tos rogo que me perdonéu», vach di yo.

Y ell va di entonses:
«Te perdono en la condissió de que anirás a vórela en cuan pugues, y demánali perdó; y si no te perdone, yo tornaré aquí y te fotré tantes gayatades que u sentirás mentres visques».

Lo que me va di después no me atrevixco a dítosu si no me perdonáu primé.

Doña Carbassa de ven, que ere un sí es no es dols de sal, se esponjabe sentín estes paraules y totes se les creíe com a mol verdaderes, y después de un rato va di:

- Be tos día yo, fray Alberto, que los meus encans eren selestials; pero aixina Déu me ajudo, que ting llástima de vos, y ara, per a que no tos faiguen mes mal, tos perdono, si me diéu lo que lo ángel tos va di después.

Fray Alberto va di:

- Siñora, ya que me hau perdonat, tos u diré de bon grado, pero una cosa tos recordo, que lo que yo tos diga tos guardaréu de contáu a dingú del món, si no voléu fé malbé los vostres assuntos, que sou la mes afortunada dona que ña avui en tot lo món. Este ángel Gabriel me va di que tos diguera que li agradéu tan que moltes vegades hauríe vingut a está per la nit en vos si no haguere sigut per no assustatos. Ara, tos envíe di per mí que vol vindre una nit a vóretos y quedás en vos un bon rato; y perque com es un ángel y vinín en forma de ángel no lo podríeu tocá, diu que per a disfrute vostre vol vindre en figura de home, y per naixó diu que li diguéu cuán voléu que vingue y en quina forma, y que u fará; per lo que vos, mes que cap dona viva, tos podréu tíndre per felís.

Doña Bachillera va di entonses que mol li agradabe que lo ángel Gabriel la amare, perque ella lo volíe be, y may passaríe que una vela de un matapán no li ensenguere dabán de aon lo veiguere pintat; y que cuan vullguere vindre an ella ere benvingut, que la trobaríe sola a la seua alcoba; pero en lo pacte de que no la dixaríe per la Virgen María, que li habíen dit que la volíe mol, y tamé lay pareixíe aixina perque a consevol puesto que lo vee estabe aginollat dabán de ella; y ademés de aixó, que ere cosa seua vindre en la forma que vullguere, sempre que no la assustare. Entonces va di fray Alberto:

- Siñora, parleu sabiamen, y yo arreglaré be en ell lo que me diéu. Pero podéu fem un gran favor, y no tos costará res y lo favor es éste: que vullgáu que vingue en este cos meu. Y escoltéu per qué me faréu un favor: me traurá l´alma del cos y la ficará al paraísso mentres ell estigue en vos.

Va di entonses doña Estirada:

- Be me pareix; vull que per les gayatades que tos va fotre per la meua culpa, que tingáu este consol. Entonces va di fray Alberto:

- Aixina, faréu que esta nit trobo ell la porta de casa vostra uberta, de manera que pugue entrá, perque venín en cos humano com vindrá, no podrá entrá mes que per la porta. La dona va contestá que u faríe. Fray Alberto sen va aná y ella se va quedá en tan gran alegría que no li entrabe la camisa al cos, mil añs pareixénli hasta que lo arcángel Gabriel vinguere a vórela. Fray Alberto, pensán que caballé y no ángel teníe que sé per la nit, en confits y atres bones coses va escomensá a agarrá forses, per a que no puguere sé aviát fássilmen del caball; y conseguit lo permís, en un compañ, al fes de nit, sen va aná cap a casa de una amiga seua de aon un atra vegada habíe arrancat cuan anabe corrén les yegües, y de allí, cuan li va pareixe be, disfrassat, sen va aná a casa de la dona y, entrán allí, en los perifollos que habíe portat, en ángel se va transfigurá, y puján a dal, va entrá a la cámara de la dona. Ella, cuan va vore aquella cosa tan blanca, se li va aginollá dabán, y lo ángel la va beneí y la va fé ficás dreta, y li va fé siñal de que sen aniguere al llit; lo que ella, dessichosa de féli cas, va fé rápidamen, y lo ángel después se va gitá en la seu devota. Ere fray Alberto majo de cos y fort, y mol ben plantat; per lo que trobánse en doña Lisetta, que ere fresca y cachonda, moltes vegades aquella nit va volá sense ales, de lo que ella mol contenta se va quedá; y ademés de alló, moltes coses li va di de la gloria selestial. Después, arrimánse lo día, organisán la retirada, en los seus arnesos fora sen va eixí y va torná aon estabe lo compañ, al que, per a que no tinguere temó dormín sol, la bona dona de la casa li habíe fet amigable compañía. La dona, en cuan va amorsá, prenén als seus acompañans, sen va aná a fray Alberto y li va doná notíssies del ángel Gabriel y de lo que li habíe contat de la gloria y la vida eterna, y cóm ere ell, afegín ademés an aixó, maravilloses fábules.

A la que fray Alberto va di:

- Siñora, yo no sé cóm tos va aná en ell; lo que sé be es que esta nit, venín ell a mí y habénli yo donat la vostra embajada, me se va emportá de repén l´alma entre tantes flos y tantes roses que may se han vist tantes aquí, y vach está a un de los puestos mes agradables aon may hay estat hasta este matí a maitines: lo que va pasá del meu cos, no u sé.

- ¿No tos u dic yo? - va di la Siñora -. Lo vostre cos va está tota la nit als meus brassos en lo ángel Gabriel, y si no me creéu miréutos daball de la mamella esquerra, aon li vach chupá al ángel, allí tindréu la siñal uns cuans díes.

Va di entonses fray Alberto:

- Avui faré algo que no hay fet en mol tems, me despullaré per a vore si me diéu la verdat.

Y después de mol charrá, la dona sen va entorná a casa, aon en figura de ángel fray Alberto va torná después moltes vegades sense trobá cap obstácul. Pero va passá un día que, están doña Lisetta en una comare seua y juntes parlán sobre la hermosura, per a ficá la seua dabán de cap atra, com qui poca sal teníe a la carbassa, va di:

- Si sapiguéreu a quí li agrade la meua hermosura, en verdat que no parlaríeu de les demés. La comare, dessichosa de sentíla, com be la coneixíe, va di:

- Siñora, podréu di verdat; pero no sabén quí es ell, no pot una desdís tan ligeramen.

Entonses la dona, que poc magín teníe, va di:

- Comare, no pot dís, pero en qui me enteng es en lo ángel Gabriel, que mes que an ell mateix me vol com a la dona mes hermosa, per lo que ell me diu, que ñague al món o a la marisma.

A la comare li van entrá ganes de enríuressen, pero se va aguantá per a féla parlá mes, y va di: - A fe, Siñora, que si lo ángel Gabriel se entén en vos y tos diu aixó té que sé aixina, pero no creía yo que los ángels féen estes coses.

Va di la dona:

- Comare, estéu equivocada, per les llagues de Déu: u fa milló que lo meu home, y me diu que tamé se fa allá dal; pero perque li pareixco mes hermosa que cap de les que ñan al sel se ha enamorat de mí y ve a está en mí moltes vegades; ¿Está cla? La comare, en cuan sen va aná doña Lisetta, se li van fé mil añs hasta que va está a un puesto aon pugué contá estes coses; y reunínse en una gran compañía de dones, ordenadamen los contá la história. Estes dones los u van di als seus homes y a datres dones, y éstes a datres, y aixina en menos de dos díes tota Venecia anabe plena de aixó. Pero entre aquells als que los va arribá, estaben los cuñats de ella, que, sense di res, se van proposá trobá aquell arcángel y vore si sabíe volá: y moltes nits van está apostats esperánlo.

Va passá que de este anunsi alguna notissiota va arribá a oíts de fray Alberto, que, per a empendre a la dona anán una nit, apenes se habíe despullat cuan los cuñats de ella, que lo habíen vist vindre, ya estáen a la porta de la alcoba per a obríla. Sentínu fray Alberto, y entenén lo que ere, eixecánse y no veén datre refugi, va obrí una finestra que donabe al gran canal y desde allí se va aviá al aigua. La fondaria ere gran y ell sabíe nadá aixina que cap mal se va fé; y nadán hasta l’atra vora del canal, a una casa que ñabíe uberta se va embutí a escape, rogán a un bon home que ñabíe a dins que per amor de Déu li salvare la vida, contán fábules de per qué estabe allí an aquella hora y despullat. Lo bon home, compadegut, com teníe que eixí a fé los seus assuntos, lo va ficá al seu llit y li va di que se estiguere allí hasta que tornare; y tancánlo a dins, sen va aná a les seues coses. Los cuñats de la dona, entrán a la alcoba, se van trobá que lo ángel Gabriel, habén dixat allí les alas, habíe volat, y van renegá mol a la dona, y per fin desconsoladíssima la van dixá en pas y sen van entorná a casa seua en los arnesos del arcángel. Mentrestán, clareján lo día, están lo bon home a Rialto, va sentí contá cóm lo ángel Gabriel habíe anat per la nit a gitás en doña Lisetta, y, trobat per los cuñats, se habíe aviát al canal per temó y no se sabíe qué habíe sigut de ell; per lo que rápidamen va pensá que aquell que teníe a casa teníe que sé ell; y tornán allí y reconeixénlo, después de moltes histories, va arribá en ell al acuerdo de que si no volíe que lo entregare als cuñats, li donare sincuanta ducados; y aixina u va fé. Y después de aixó, dessichán fray Alberto eixí de allí, li va di lo bon home:

- No vech datra manera de que ixque sense sé reconegut. Avui fem natros una festa a la que un porte un disfrás de oso y un atre va a guisa de home salvache y aixina un disfrassat de una cosa y un atre de un atra, y a la plassa de San Marcos se fa una cassería o cassera, y acabada se acabe la festa; y después cadaú sen va en qui ha portat aon mes li agrado; si voléu, antes de que pugue descubrís que estéu aquí, yo tos portaré disfrassat de alguna de estes maneres, y tos podré portá aon vullgáu; de un atre modo, no vech cóm podréu ixí sense sé reconegut; y los cuñats de la Siñora, pensán que an algún puesto de aquí dins estéu, han ficat per tot arreu guardies per a enchampátos.

Encara que mal li pareguere a fray Alberto aná de tal guisa, u va tíndre que fé per la temó que teníe als paréns de la dona, y li va di an aquell aón teníe que portál. Este, habénlo embadurnat tot en mel y recubert de plomes minudetes, en una cadena al coll y una máscara a la cara, y una gran gayata a una ma y a l’atra dos grans gossos que habíe portat del matadero, va maná a un a Rialto a que pregonare que si algú volíe vore al ángel Gabriel pujare a la plassa de San Marcos. Y va sé lealtat venessiana ésta.

Y fet aixó, después de un rato, lo va traure fora y lo va ficá dabán de ell, y caminán detrás aguantánlo per la cadena, no sense gran abalot de mols, que díen tots: «¿Qué es aixó? ¿Qué es aixó?», lo va portá hasta la plassa aon, entre los que habíen vingut detrás y tamé los que, al sentí lo pregó, se habíen arrimat desde Rialto, ñabíe una caterva de gen.

Venecia, puente Rialto

Este, arribat allí, a un puesto destacat y alt, va lligá al seu home salvache a una columna, fen vore que esperabe la cassa, al que les mosques y los tabans, perque estabe enviscat de mel, lo molestaben mol.

Pero después de vore la plassa a cormull de gen, fen com que volíe deslligá al seu salvache, li va traure la máscara a fray Alberto, dién:

- Siñós, com lo jabalí no ve a la cassera, y no pot fes, per a que no haigáu vingut en vano vull que veigáu al arcángel Gabriel, que del sel baixe a la terra per les nits per a consolá a les dones venessianes.
Al tráureli la máscara fray Alberto va sé reconegut per tots enseguida y contra nell se van eixecá los crits de tots, diénli tots los insultos que sabíen y la infamia mes gran que may se va di a cap bribón, y, ademés de aixó, aventánli a la cara los uns una gorrinada y los atres un atra, aixina lo van tíndre durán mol tems, hasta que va arribá la notissia als seus flares, y sis de ells se van ficá en camí y van arribá allí, y, tiránli una capa damún y desencadenánlo, no sense grandíssim abalot detrás hasta casa lo van portá, aon lo van empresoná, y después de viure a la miseria se creu que va morí. Aixina éste, tingut per bo y obrán mal, sense sé cregut, se va atreví a fé de arcángel Gabriel; y de ell convertit en home salvache, en lo tems, com u habíe mereixcut, sense profit va plorá los pecats cometuts.
Vullgue Deu que a tots los demés los passo lo mateix.

jornada cuarta novela tersera

sábado, 6 de diciembre de 2025

Fuster, Jordi Pujol

El català era una barreja de dialectes del provençal: ampurdanés, lleidetá, gerundi, barceloní… fins que en 1906 l'ingenier analfabet en llingüística Pompeyo Fabra va agarrar el dialecte barceloní i li va afegir valencià arcaic, galicismes, mallorquí, vasc

De Fuster no diuen més que afalacs, se'ls oblida contar que era molt mal escritor i que va tindre que passar de ser un falangiste fasciste i franquiste a donar-se-les d'esquerriste inventant mentires a les ordenes d'eixe ultra dreta que és Jordi Pujol… Fuster era un facha.

Abans de la guerra civil els de esquerres eren valencianistes, els catalanistes que des de molt abans eren d'extrema dreta, des de Prat de la Riba fins a Jordi Pujol i els següents... nos fan creure que ser valencianiste és ser de dretes i catalanista d'esquerres…

Ser valencianiste no es ser de esquerres o dretes... es ser valencià.

falangiste, fasciste, franquiste, Fuster, Jordi Pujol

jueves, 5 de diciembre de 2019

Fuster, Jordi Pujol

El català era una barreja de dialectes del provençal: ampurdanés, lleidetá, gerundi, barceloní… fins que en 1906 l'ingenier analfabet en llingüística Pompeyo Fabra va agarrar el dialecte barceloní i li va afegir valencià arcaic, galicismes, mallorquí, vasc…
De Fuster no diuen més que afalacs, se'ls oblida contar que era molt mal escritor i que va tindre que passar de ser un falangiste fasciste i franquiste a donar-se-les d'esquerriste inventant mentires a les ordenes d'eixe ultra dreta que és Jordi Pujol… Fuster era un facha.

Abans de la guerra civil els de esquerres eren valencianistes, els catalanistes que des de molt abans eren d'extrema dreta, des de Prat de la Riba fins a Jordi Pujol i els següents... nos fan creure que ser valencianiste és ser de dretes i catalanista d'esquerres

Ser valencianiste no es ser de esquerres o dretes... es ser valencià.


falangiste, fasciste, franquiste, Fuster, Jordi Pujol

lunes, 29 de julio de 2024

4. 8. De la fira de Graus.

Capítul VIII.

De la fira de Graus.

¿Es una lengua el ribagorzano?

Va visitá encara per allá alguns atres pobles, y se va arrimá al Cinca passán per Barbastro, aon sol va visitá a la sempre amable Antonina, encara que portabe cuatre donselles a la llista, no per despressio de elles, sino perque de Barbastro no volíe amistat ni deutes. Va incliná la seua direcsió cap al orién y amún pera pujá a la Ribagorsa, y va arribá a la Pobla de Castro, aon va pará al messón, sense portá registre de aquell poble. Ere lo taberné charraire, alegre, franc y mol atén. Als postres va demaná llissensia y va entrá al cuarto de Pedro Saputo, y li va di que si volíe matiná una mica li podíe serví, perque pensabe aná a la fira de Graus a divertís un rato, y en veu baixa va afegí: y emportám una criada pera ama de claus, perque me se case la que ting, y la cuinera no val mes que per als topins y los teons.

Va arribá en aixó un llauradó, y lo va fé entrá dién:

- Este home, siñó caballé, es cuñat meu, germá de la meua dona que en pas descanso. Me vach casá fa setse añs, y mos van doná a mí una finca y an ella un atra; y entre les dos, que les vach sembrá aquell añ, vach arreplegá dos cafisos y mich de morcacho, una mica de pipirigallo y ya me va parí la dona. Yo vach escomensá a dím: pos vas be, Juan Simón; no tens aon sembrá enguañ, y la Felipa te parirá totes les pascues. Mal, Juan Simón, perque no ñaurá pa.

¿No ne ñaurá?, vach di, pos n'ha de ñabé, a discurrí. Y cavilán y no dormín me se va ocurrí un espessífic que algún san me va ficá al cap. Y li vach di a la meua dona: cariño, ya hay discurrit un modo pera que no mos falto pa; ya pots criá sense temó. 

Mira, Felipa, an este món sol són deshonra tres coses:

Sé pobre, no tindre dinés y portán.

- De aixó radé ya te libraré yo, va di ella.

- Calla boba, li vach contestá yo; no va per tú, que ya sé que no penses ficamels. Pos sí siñó, li vach di; aixó sol es deshonra an este món, y no atra cosa.

- Anem, Juan Simón, va di lo cuñat, que datres coses ñan. 

- Ya u sé, va replicá lo parlán; pero la verdat es la verdat, y en lo demés no se repare. Díxam parlá y no me golfejos les paraules. 

La meua Felipa se va alegrá mol y yo vach di: ya veus que an este poble ningú vol sé tendé o botigué, ni messoné, perque u tenen per afrenta, y los arrieros y viachans no saben aón pará, y van demanán favor y u paguen mes car y están mal servits. Lo comprá y vendre, ¿pot sé afrenta?; lo doná fonda al que no té aón embutís, ¿pot sé afrenta? Cornut siga si aixó no es mentira. Yo hay pensat, pos, comprá oli, vi, pa, arrós, abadejo, sardines, guardiassivils de cubo, tossino salat, cansalada, magre, espessies y datres coses, y tindre abacería de botiga y fem messoné; ¿te pareix be, cariño? 

Y me va contestá:

- Com diuen que venim de bons...

- Calla, tonta, an este món cap pobre es bo; tots los miren de reúll y així com de gairó. Disme que sí, y en dos paletes te fach rica, y tamé mes hermosa, perque les riques totes u són, encara que no u siguen. ¡Qué guapa, y qué refilada los díes de festa cuan vaigues a missa, y tornos, y a cada cosa que remogues o regiros al arca sonon per allí los doblons! Encara no n'has vist cap, encara no saps cóm són; ya vorás después. Y en aixó la vach ficá contenta, y me vach eixecá, que ere encara de matí y estabem a la márfega. Y aquell mateix día, agarro y veng los dos terrenos, lo meu y lo de la meua dona. 

Aquí está mon cuñat que no me dixará di mentires.

¡Qué lloco, díe la gen, qué perdut! Lo que ven, acabe. 

Y tú tamé, Silvestre, u díes, y ton pare mes, que va vindre y me se va volé minjá, y va fé plorá a la Felipa. Pero yo chitón y a la meua. Conque vach y me compro un ruc (en perdó de vostra mersé), y ¡qué tieso que ere!, y baixo a Basbastro y lo torno en les banastes carregades a cormull pera la botigueta. Y a la hora que solen vindre los arrieros vach eixí a la plassa y los vach di: a casa meua, que soc messoné. Ya fa de aixó catorse añs, prop de quinse, y cuatre que me se va morí la dona, ben rica, y en mes carneta que vatres me la vau doná, cuñat, en tota la vostra sopopeya (prosopopeya), que al final, en que veniu de bons, tens una somera, y roína y guita, que si te se mor te quedes tan a peu que no has de montá ya mai datra cabalgadura que la cavegueta, si yo no te dixo alguna bestia de les meues. Yo ting un parell de mules, una está ya algo desmemoriada, y campos y terra, finques, faixes, gayes, freginals, y olivás plens de olivés y olives, y un jaco que se beu y talle lo ven, y grassies a Deu que no sé aón ficáls; y per aixó tan de bons ving ara com cuan me vach casá y era pobre. Los meus fills van a llaurá, y no ne ñan de mes garridos, pinchos, pitos y envejats al poble. 

¡Ay, habés mort sa mare!

En mol gust sentíe Pedro Saputo la relassió del messoné, y preguntanli per la fira, va di:

- An ixa fira, siñó caballé, no se ven lo que de ordinari se ven a totes, encara que no falte res, sino que es fira de criats y criades. Allí acudixen de tota la Ribagorsa los mossos y mosses, en cuadra o sense cuadra, que volen afirmás, ells pera mossos de llauransa o  muleros, y tamé pera pastós o un atre ofissi, y elles pera criades, niñeres, caseres de mossens, lo que ixque y segons la persona. 

Y ¡qué guapes algunes! ¡Qué fresques y espabilades! Yo no me la pergo may; y dos criades que ting y tres que me se han casat, dos al tems de la meua dona y una después, totes les hay portat de allí, y totes bones, perque ting bon ull y no me engañen. Es verdat que bon amo fa bon criat, y com les trato be...

- Massa, va di lo cuñat.

- ¿Veéu?, ya ha caigut a la malissia. Siñó caballé, la enveja es mol roína, perque no cregáu que es atra cosa. Be pareix que me les trauen, que no dirán sino que lo serví a casa meua, y aixó messoné, sigue concilianda de novios, que sempre les sobre per damún del cap. Sense armonía y bona voluntat, ¿cóm habíe de ñabé pau a casa? Y viure sense pau y sense gust cap ley u mane. 

¿Ting raó, siñó caballé?

- La teníu, y mol gran, va contestá Pedro Saputo; perque la vida sense agrado, sense descans del cor, no es vida verdadera sino purgatori abans de tems. Sol que com sou viudo, la malissia salte después... 

- Aixó, aixó, va di lo messoné. ¿Veéu, Silvestre com tamé lo siñó diu que es malissia? Y si me casara, después no me serviríen tan be les sagales, perque totes en sentí que es un home casat, al instán li fiquen la cara anugolada. Un atra que troba com la Simona, que així se diu esta; y lo que tingue enveja que revento. Anem, cuñat, que lo siñó ha de descansá. Van eixí los dos cuñats, quedán en Pedro Saputo en que lo acompañaríe lo messoné y li enseñaríe lo que encara no habíe vist ni se veu mes que an aquella fira.

Van matiná y lo messoné en lo seu jaco voladó y talladó de ven va acompañá a Pedro Saputo, diénli pel camí:

- Ya vorá sa mersé, cuántes y qué guapes. Totes se fiquen al seu puesto, que es la Creu y cuan se arrimen a mirales fan uns ullets...

Yo per la mirada les calo, y la que es fina tamé me cale a mí, y sense parlá mos entenem. Porten cusida per dins una burchaqueta deball del bras, y allí una estampa de Santa Romera, abogada de les rellissades; les burchaques les hi cusen les yayes, encarreganles mol que se encomanon a la santa. Y si anéu a feles cussigañes, pessigolles, pessiguañes o gochet, fuchen y diuen que les malmetréu la estampeta; pero aixó es a la plassa y al escomensamén.

En tan alegre conversa van arribá a Graus, y com día de festa que ere (san Miquial) van aná primé a la iglesia, van empendre lo amorsaret en tords fregits, y después, habense dixat portá Pedro Saputo aon va volé Juan Simón, van aná a la Creu, que es la parada, la botiga y ferial propi de les sagales.

En efecte, estáen allí y ne ñabíen moltes, y algunes mol grassioses y ben majes. Y li va di Pedro Saputo al messoné:

- Anéu vosté, Juan Simón, per un costat y yo per un atre; vosté ne marcaréu una y yo un atra, que sabén lo seu gust vach a vore si lay enserto. U van fé així, y acabán la revista de totes, se van apartá a una vora a conferensiá. Y encara que Pedro Saputo ne habíe vist una que li va pareixe que seríe la que mes ompliríe lo ull al seu huésped, en tot per probál, va di que li conveníe una que ñabíe en sintes blaves, de bon bona figura, y linda presensia, que en dos amigues fée la desfeta a una vora. Y lay siñalabe.

- Perdonéu, siñó, va contestá lo messoné; sí que me agrade, pero sirá mol retrechera y engañará hasta a la seua sombra, ¿no veéu que sap mol? Milló es la del llas vert, aquella que mos mire, y que encara que vergoñoseta ya me ha dit en los ulls tot lo que yo volía sabé. Y veéu, ya me la está encorrén aquell mossen, que es lo de Salas Altas, y me la bufará y me dixará a la lluna de Valensia. 

Pos no ha de sé per an ell, botovadéu, que vach allá y la firmo de un brinco. Y dit y fet se dispare cap an ella y li diu:

- Demanéu jornal, la del llas vert, y veníu en mí pera ama de claus de casa meua, que soc botigué y messoné. Li va demaná nou escuts y dos parells de espardeñes de espart a estrená.

- Deu t' en daré, va di ell, ademés de un parell de sabates, y van quedá conformes, y se la va emportá y la va enviá cap a la seua fonda en les señes.

Va quedá admirat Pedro Saputo del coneiximén del messoné, pos en efecte ere la mateixa que ell li habíe marcat. La de les sintes blaves se va acomodá de casera en lo mossen de Salas. Y de mes de sixanta sagales sol unes quinse se van entorná cap als seus pobles esperán un atre añ milló. Tamé Pedro Saputo ne va afermá un atra pera casa de sons pares, y com no podíe portala en ell la va entregá y encomaná al messoné hasta que una persona de confiansa vinguere a per nella.

- Y miréu, li va di...

- Enteng, enteng, va contestá Juan Simón; bon ull hau tingut; pero anéu descansat, que yo, siñó, lo meu meu y lo de atre de atre. ¡Collons ! Milló es esta que la meua; pero res, lo dit, dit; com si li dixáreu ficades armes reals o guarda suissa. La enviaré a vostra mersé igual que la va parí sa mare, exeptuán les cuentes passades.

En cuan a les del registre, que ne eren dos, les va vore Pedro Saputo sense manifestá quí ere, y se va doná per satisfet.


Original en castellano:

Capítulo VIII.

De la feria de Graus.

Anduvo aún por allá algunos otros pueblos, y se acercó al Cinca pasando por Barbastro, donde sólo visitó a la siempre amable Antonina, aunque llevaba cuatro doncellas en lista, no por desprecio de ellas, sino porque de Barbastro no quería amistad ni deudo. Inclinó su dirección al oriente hacia arriba para subir a la Ribagorza, y llegó a la Puebla de Castro, donde paró en el mesón, no llevando registro de aquel pueblo. Era el mesonero hablador, alegre, franco y muy atento. A los postres pidió licencia y entró en el cuarto de Pedro Saputo, y le dijo que si quería madrugar un poco le podía servir, porque pensaba ir a la feria de Graus a divertirse un rato, y en voz baja añadió: y traerme una criada para ama de llaves, porque se me casa la que tengo, y la cocinera no vale sino para los pucheros y los tizones.

Llegó en esto un labrador, y le hizo entrar diciendo: - Este hombre, señor caballero, es cuñado mío, hermano de mi difunta. Me casé hace dieciséis años, y nos dieron a mí un campo y a ella otro; y entre los dos, que los sembré aquel año, cogí dos cahíces y medio de morcacho, y antes ya me parió la mujer. Yo comencé a decir: pues estás bien, Juan Simón; no tienes donde sembrar hogaño, y la Felipa te va a parir todas las pascuas. Malo, Juan Simón, porque no habrá pan. ¿No habrá?, dije, pues ha de haber, a discurrir. Y discurriendo y no durmiendo m'ocurrió, un específico que algún santo me lo puso en la cabeza. Y le dije a mi mujer: cariño, ya he discurrido un modo para que no nos falte; ya puedes parir sin miedo. Mira, Felipa, en este mundo sólo es deshonra tres cosas: ser pobre, no tener dinero y llevallos. - De eso último ya te libraré yo, dijo ella. - Calla boba, le respondí yo; no va por ti, que ya sé que no piensas ponérmelos. Pues sí señor, le dije; eso sólo es deshonra en este mundo, y no otra cosa. - Vamos Juan Simón, dijo el cuñado, que algunas otras cosas hay. - Ya lo sé, replicó el parlante; pero la verdad es la verdad, y en lo demás no se repara. Déjame hablar y no me golfees las palabras. Mi Felipa s'alegró mucho y yo dije: ya ves que en este lugar nadie quiere ser tendero ni mesonero, porque lo tienen por afrenta, y los arrieros y viajeros no saben a do parar, y andan pidiendo favor y lo pagan más caro y están mal servidos. El comprar y vender, ¿puede ser afrenta?; el dar posada al que no tiene do meterse, ¿puede ser afrenta? Cornudo sea si eso no es mentira. Yo he pensado, pues, comprar aceite, vino, pan, arroz, abadejo, sardinas, tocino salado, especias y otras cosas, y tener abacería de tienda y hacerme mesonero; ¿te parece bien, cariño? Y me respondió: - Como dicen que venimos de buenos... - Calla, tonta, en este mundo ningún pobre es bueno; todos los miran de reojo y así como de lance. Dime que sí, y en dos paletas te hago rica, y también más hermosa, porque las ricas todas lo son, aunque no lo sean. ¡Qué guapa, y qué refilada los días de fiesta cuando vayas a misa, y vuelvas, y a cada cosa que rebullas en el arca suenen por allí los doblones! Aún no has visto ninguno, aún no sabes cómo son; ya verás entonces. Y con esto la puse contenta, y me levanté, que era aún de mañana y estábamos en la cama. Y aquel mismo día, cojo y vendo los dos campos, el mío y el de mi mujer. Aquí está mi cuñado que no me dejará mentir. ¡Qué loco, decían las gentes, qué perdido! Y tú también, Silvestre, lo decías, y tu padre más, que vino y se me quiso comer, e hizo llorar a Felipa. Mas yo callar y a la mía. Conque voy y me compro un burro (con perdón de vuesa merced), y ¡qué tieso que era!, y bajo a Basbastro y me lo traigo cargado de la tienda. Y a la hora que suelen venir los arrieros salí a la plaza y les dije: a mi casa, que soy mesonero. Ya hace de esto catorce años, cerca de quince, y cuatro que se me murió mi mujer, bien rica (a Dios no sea retraído), y con otras carnes que vosotros me la disteis, cuñado, con toda vuestra sopopeya, que al fin, con que venís de buenos, tienes una burra, y mala, que si se te muere te quedas tan de a pie, que no has de montar ya más cabalgadura que la azada, si yo no te lo presto. Y yo tengo par de mulas, y campos y olivares, y un jaco que se bebe el viento, y gracia de Dios que no sé dónde metella; y por eso tan de buenos vengo agora como cuando me casé y era pobre. Mis hijos van a la labranza, y no los hay más garridos y envidiados en el lugar. ¡Ah, haberse muerto su madre!

Con mucho gusto oía Pedro Saputo la relación del mesonero, y preguntándole de la feria, dijo: - En esa feria, señor caballero, no se vende lo que de ordinario se vende en todas, aunque no falta, sino que es feria de criados y criadas. Allí acuden de toda la Ribagorza los mozos y mozas que quieren afirmarse, ellos para mozos de labor o de mulas, y también para pastores u otra cosa, y ellas para criadas, niñeras, caseras de curas, lo que les sale y según la persona. Y ¡qué guapas algunas! ¡Qué frescas y lucidas! Yo no la pierdo nunca; y dos criadas que tengo y tres que se me han casado, dos en tiempo de mi mujer y una después, todas las he traído de allí, y todas buenas, porque tengo ojo y no me engaño. Es verdad que el buen amo hace el buen criado, y como los trato bien... - Demasiado, dijo el cuñado. - ¿Veis?, ya cayó en la malicia. Señor caballero, la envidia es muy mala, porque no creáis que es otra cosa. Bien parece que me las sacan, que no dirán sino que el servir en mi casa, y eso mesonero, sea concilianda de novios, que siempre les sobran por encima de la cabeza. Sin armonía y buena voluntad, ¿cómo había de haber paz en casa? Y vivir sin paz y sin gusto ninguna ley lo manda. ¿Tengo razón, señor caballero? - Tenéisla, y muy grande, respondió Pedro Saputo; porque la vida sin agrado, sin descanso del corazón, no es vida verdadera sino purgatorio antes de tiempo. Sólo que como sois viudo, la malicia salta luego... - Eso, eso, dijo el mesonero. ¿Veis, Silvestre como también el señor dice que es malicia? Y si me casase, después no me servirían tan bien las muchachas, porque todas en oyendo que oyen que es un hombre casado, al instante le ponen cara anublada. Otra que encuentre como la Simona, que así se llama ésta; y el que tenga envidia que se reviente. Vamos, cuñado, que el señor ha de descansar. Saliéronse en fin los dos cuñados, quedando con Pedro Saputo en que le acompañaría el mesonero y le enseñaría lo que aún no había visto ni se ve sino en aquella feria.

Madrugaron con el día y el mesonero con su jaco volador acompañó a Pedro Saputo, diciéndole por el camino: - Ya verá su merced, cuántas y qué guapas. Todas se ponen en su sitio, que es la Cruz y cuando se acercan a mirallas hacen unos ojos... Yo por la mirada las calo, y la que es aguda también me cala a mí, y sin hablar nos entendemos. Llevan cosida por dentro en el jubón o ropilla debajo del brazo una estampa de Santa Romera, abogada de los resbalones; que regularmente se las cosen las abuelas, encargándoles mucho que se encomienden a la santa. Y si les vais a hacer cosquillas, fuyen y dicen que les ajáis la estampa; pero esto es en la plaza y a los principios.

Con tan alegre conversación llegaron a Graus, y como día de fiesta que era (san Miguel) cumplieron primero con la iglesia, tomaron un ligero desayuno habiéndose dejado llevar Pedro Saputo a donde quiso Juan Simón, y fueron a la Cruz, que es la parada, y como la tienda y ferial propio de las muchachas.

Con efecto, estaban allí y había muchas, y algunas harto graciosas y bien prendidas. Y dijo Pedro Saputo al mesonero: - Id vos, Juan Simón, por un lado y yo por otro; vos marcaréis una e yo otra, que sabiendo vuestro gusto voy a ver si os acierto. Hiciéronlo así, y acabando el alarde y revista de todas, se apartaron a un lado a conferenciar. Y aunque Pedro Saputo había visto una que le pareció sería la que más llenaría el ojo a su huésped, con todo por probarlo, dijo que le convenía una que había con ribetes azules, y de buen talle, y linda presencia, que con dos amigas hacía la deshecha a un lado. Y se la señalaba. - Perdonad, señor, respondió el mesonero; sí que me gusta, pero será muy retrechera y engañará a su sombra, ¿no veis que sabe mucho? Mejor es la del lazo verde, aquella que nos mira, y que aunque vergonzosilla ya me ha dicho con los ojos todo lo que yo quería saber. Y veis, ya me la está acechando aquel cura, que es el de Salas Altas, y me la va a soplar y dejarme a la luna de Valencia. Pues no ha de ser para él, voto a bríos que voy allá y la firmo de un brinco. Y diciendo y haciendo se dispara a ella y le dice: - Pedid salario, la del lazo verde, y veníos conmigo para ama de llaves de mi casa, que soy tendero. Pidióle nueve escudos y dos pares de alpargatas. - Diez te daré, dijo él, con más de un par de zapatos, y quedaron ajustados, y se la trajo y la mandó a su posada con las señas.

Quedó admirado Pedro Saputo del conocimiento del mesonero, pues en efecto era la misma que él le había marcado. La de las cintas azules se acomodó de casera con el cura de Salas. Y de más de sesenta muchachas sólo unas quince se volvieron a sus pueblos para otro año. También Pedro Saputo afirmó otra para casa de sus padres, y como no podía llevarla consigo la entregó y encomendó al mesonero hasta que con persona de confianza enviase a por ella. - Y mirad, le dijo... - Entiendo, entiendo, respondió Juan Simón; buen ojo habéis tenido; pero id descansado, que yo, señor, lo mío mío y lo de otri de otri. ¡Malditilla! Mejor es que la mía; pero nada, lo dicho dicho; como si le dejaseis puestas armas reales. Se la mandaré a vuesa merced lo mismo que la parió su madre, salvo error de cuentas pasadas.

En cuanto a las del registro, que eran dos, las vio Pedro Saputo sin manifestar quién era, y se dio por satisfecho.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los sans inossens. Llibre primé.

Los sans inossens. Llibre primé.

A san germana, la Régula, li contrariabe la actitut de Azarías, y lo renegáe; y ell, entonses, tornáe a la Jara, aon lo siñoret. Ella aspirabe a que los jovens se ilustraren, cosa que a son germá li pareixíe un error, que después no te valen ni pera fins ni pera bastos, pontificabe en lo seu to de veu brumós, una mica nassal, y, per contra, a la Jara, aon lo siñoret, dingú se preocupabe de si éste o l´atre sabíen lligí o escriure, de si eren alfabetos o analfabetos, o de si lo Azarías voltáe de un costat a l´atre, los pantalóns de pana apedassats caénli, la bragueta sense botons, en los peus descalsos y, inclús, si, de repén, marchabe aon san germana y lo siñoret preguntabe per nell y li responíen, está aon san germana, siñoret, lo siñoret tan tranquil, no se alterabe, si acás eixecáe imperseptiblemen un muscle, lo esquerro, pero no indagabe mes, ni comentabe la nova, y, cuan tornáe, lo Azarías ya torne a está aquí, siñoret, y lo siñoret ficáe una mija sonrissa y en pas, que al siñoret sol li exasperabe que lo Azarías afirmare que teníe un añ mes que lo siñoret, perque, en realidat, lo Azarías ya ere mosso cuan lo siñoret va naixe, pero lo Azarías ni sen enrecordabe de aixó y si, en ocasions, afirmabe que teníe un añ mes que lo siñoret, ere perque Dacio, lo Gorriné, lay va di aixina un cap d´añ que anáe una mica gat y an ell, al Azarías, se li va quedá grabat a la sessera, y tantes vegades li preguntaben, ¿cuáns añs tens, Azarías? tantes contestáe, un añ mes que lo siñoret, pero no ere per mala voluntat, ni per lo gust de di mentires, sino per pura santa inossensia y simplería, que lo siñoret fée mal en renegál per naixó y díli zascandil, ni ere just tampoc, ya que lo Azarías, a cambi de caminá per lo cortijo tot lo día de Deu com mastegán lo no res miranse atentamen les ungles de la ma dreta, llustrabe lo automóvil del siñoret en una bayeta groga, y desenroscabe los taps de les válvules als coches dels amics del siñoret pera que al siñoret no ni faltaren lo día que les coses vingueren mal dades y escassejaren y, per si aixó no fore prou, lo Azarías sen cuidabe dels gossos, del perdigué y del setter, y dels tres rabosés y si, ben de nit, lladráen al carrascal los mastins del pastó y los gossos del cortijo se abalotáen, ell, Azarías, los aplacabe en bones paraules, los rascabe insistenmen entre los ulls hasta que se apassiguaben y a dormí y, en la primera llum, ixíe al pati estiranse, despereánse, obríe la tanca y soltabe als pavos pel carrascal, detrás de les bardisses, protegits per la valla de tela metálica y, llugo, rascabe la gallinassa del galliné y, al acabá, pos a regá los geranios y l´oró y a adessentá lo cuchitril del duc y a acarissiál entre les orelles y, conforme caíe la nit, ya se sabíe, Azarías, assentat a un pilonet, prop del foc, a la desolada entrada, desplomabe les perdius, o les turcassos, o les tórdoles, o datres bichos de ploma, cobrades per lo siñoret durán la jornada y, assobín, si les pesses abundaben, lo Azarías ne resservabe una pera la milana, de forma que lo duc, cada vegada que lo veíe apareixe, lo voltáe en la seua redona mirada groga, y castañejáe en lo pic o bec, com si retossare, tot per espontani afecte, que als demés, lo siñoret incluít, los bufabe com un gat y los enseñáe les ungles, mentres que an ell, lo distinguíe, pos rara ere la nit que no lo obsequiare, a falta de un mosset mes bo, en una garsa negra y blanca, o una merla, o mija dotsena de vileros o pardals enganchats en visc a la bassa, aon les carpes, o vaigue vosté a sabé, pero, en consevol cas, Azarías li díe al Gran Duc, cada vegada que se arrimabe an ell, en veu envellutada, milana bonica, milana bonica, y li rascabe entre les selles y li sonreíe en les genives desdentegades y, si ere lo cas de amarrál pera que lo siñoret o la siñoreta o los amics del siñoret o les amigues de la siñoreta se entretingueren, disparán a les águiles o áligues o als muixons negres per la tronera, amagats, Azarías li enrollabe a la pota dreta un drapet de franela roija pera que la cadena no lo nafrare y, mentrestán lo siñoret o la siñoreta o los amics del siñoret o les amigues de la siñoreta estáen amagats y escopeteján, ell aguardabe, ajupit, daball de la atalaya, vigilánlo, tremolán com un brot vert, y, encara que estabe una mica du de orella, escoltáe los estampits secs de les detonassions y, a cada una, se esgarrifáe y tancabe los ulls y, al torná a obríls, mirabe cap al duc y al vórel indemne, alsat y desafián, fén lo escut, damún la pedra, se sentíe orgullós de ell y se díe an ell mateix, milana bonica, milana bonica, y experimentabe dessichos de rascáli entre les orelles y, aixina que lo siñoret o la siñoreta, o les amigues del siñoret, o los amics de la siñoreta, se cansaben de matá muixons y eixíen de la barraca estiránse y despereánse com si abandonaren la bocamina, ell se arrimabe movén les barres amún y aball, com si mastegare algo, al Gran Duc, y lo duc, entonses, se unflabe de satisfacsió, se esponjabe com un pavo real y lo Azarías li sonreíe, no sigues cobart, milana, li díe, y li rascabe la entressella pera premiál y al final, arreplegáe den terra, una detrás del atra, les águiles abatudes, les penjáe a la percha, desencadenabe al duc en cuidadet, lo embutíe a la gran gabia de barrots de fusta, que se tiráe al muscle, y pin, pianet, se encaminabe cap al cortijo sense esperá al siñoret, ni a la siñoreta, ni als amics del siñoret, ni a les amigues de la siñoreta que caminaben, lenta, cansinamen, per la senda, detrás d´ell, charrán de les seus coses y rién sense ton ni son y aixina que arribabe a la casa, lo Azarías penjáe la percha al barró del zaguán y en cuan se fee de nit, assentat o ajupit a la grava del pati, a la blanca llum del cresol, desplomáe un muixó consevol y sen anáe en ell a la finestra del cuchitril, y uuuuuh, fée, modulán la veu, buscán lo registre que mes temó donare, y al minut, lo duc se alsabe hasta la reixa sense fé soroll, en un revol tranquil y blanet, com de cotó, y tamé díe uuuuuh, com un eco del uuuuuh de Azarías, un eco del atre món, y enseguida, li ficáe lo muixó a les seues enormes garres y lo duc lo devorabe silensiosamen en un santiamén y lo Azarías lo mirabe minjá en la seua sonrissa babeján y musitabe, milana bonica, milana bonica, y una vegada que lo Gran Duc acabáe lo seu festín, lo Azarías se encaminabe al cobertís, aon les amigues del siñoret y los amics de la siñoreta aparcáen los seus coches, y, en passiensia, anáe desenroscán los taps de les válvules de les rodes, en torpes movimens dels seus dits grossos, y al acabá, los ajuntabe en los que guardabe a la caixa de sabates, a la cuadra, se assentáe an terra y se ficáe a contáls, un, dos, tres, cuatre, sing… y al arribá a onse, díe invariablemen, coranta tres, coranta cuatre, coranta sing…, después ixíe al corral, ya sen fosc, y a un racó se pixáe a les mans pera que no se li badaren o faigueren cribasses, y abanicabe un rato l´aire pera que se orejaren y aixina un día y un atre, un mes y un atre, un añ y un atre, tota una vida, pero a pesá de este régim metódic, algunes matinades, lo Azarías se despertabe fluix y com desfilagarchat, com si durán la nit algú li haguere tret lo esqueleto, y eixos díes, no rascabe la gallinassa, ni donáe de minjá als gossos, ni asseabe lo cuchitril del duc, sino que ixíe al monte y se gitáe al abrigo de algunes herbes altes, zahurdones, torvisca y si picabe lo sol, pos a la sombra del alborsé, lo madroño, y cuan Dacio li preguntabe, ¿qué es lo que te passe, Azarías? Ell, porto la manta, que yo dic, ting perea, y de esta forma, dixáe passá les hores mortes, y si lo siñoret se topetáe en ell y li preguntabe, ¿qué te passe, home de Deu?, Azarías lo mateix, porto la manta, que yo dic, siñoret, sense inmutás, tombat a la torvisca o al amparo del alborsé, inmóvil, replegat en les cuixes cap al ventre, los colses al pit, mastegán saliveta, com si remugare, com un cachorro o cadell en ganes de mamá, mirán fíxamen la línia blau-verdosa de la serra retallada contra lo sel, y les barraques redones dels pastós y lo coll de les corses, Cerro de las Corzas, (al atre costat ya estabe Portugal), y los roquissals en forma de tortugues jagans, y lo vol chillón y estirat de les grulles camí del pantano o laguna, y les merines, ovelles palomes, voltán en los seus corderets, y si auncás se presentabe Dámaso, lo pastó, y li díe ¿passe algo, Azarías? Ell, porto la manta, que yo dic, y de esta manera transcurríe lo tems hasta que sobreveníe lo apretó y fée de ventre prop del alborsé o a la fosca bada de algún roquissal y tal com se desahogabe, anáen tornánli paulatinamen les energíes y una vegada recuperat, la seua primera reacsió ere arrimás aon estáe lo duc y díli dolsamen a través de la reixa, milana bonica, y lo duc venga a esponjás y castañejá en lo pic curvat o belcat, hasta que Azarías li obsequiabe en un aguilucho o una cría de garsa desplomats y mentres lo devorabe, lo Azarías, pera guañá tems, se arrimáe a la cuadra, se assentáe an terra y se ficáe a contá los taps de les válvules de la caixa, un, dos, tres, cuatre, sing… hasta arribá a onse, y, entonses díe, coranta tres, coranta cuatre, coranta sing, y al acabá, tapáe la caixa en la tapa, se quedabe un llarg rato observán les ungles ratades de la seua ma dreta, movén amún y aball les mandíbules o barres y rossegán paraules ininteligibles y de repén, dessidíe, men vach aon man germana, y al porche, se encarabe en lo siñoret, tot espatarrat a la hamaca, mich adormit, men vach aon man germana, siñoret, y lo siñoret eixecáe imperseptiblemen lo muscle esquerro, vésten en Deu, Azarías, y ell marchabe cap al atre cortijo, aon san germana, y ella, la Régula, només obríli la tanca, ¿qué te s´ha perdut per aquí, si pot sabés? y Azarías ¿y los sagalets? y ella ae, a escola están, ¿aón vols que estiguen? y ell, lo Azarías, amostrabe un momén la punta de la llengua, grossa y rosada, tornáe a amagála, la paladejabe un rato y díe al final, lo mal es pera tú, llugo no te servirán ni pera fins ni pera bastos, y la Régula, ae, ¿te hay demanat yo la teua opinió? pero, tan pronte com caíe lo sol, lo Azarías se encantáe mirán les brases, mastegán lo no res y al cap de un rato, alsáe lo cap y súbitamen, díe, demá men entornaré aon lo siñoret, y antes de fes de día, tal com ixíe una raya ataronjada al firmamén delimitán lo contorno de la serra, lo Azarías ya navegáe, cuatre hores mes tard, suat y famoleng, en cuan sentíe a la Lupe descorre lo gran forrollat de la tanca, ya escomensáe, milana bonica, milana bonica, una y atra vegada, la seua retahíla, y a la Lupe, la Gorrinera, ni los bons díes y lo siñoret igual estáe al llit, descansán, pero aixina que apareixíe a michdía a la entrada de la casa, la Lupe li donáe lo part, lo Azarías mos ha entrat de matinet, siñoret, y lo siñoret ajuntáe los ulls legañosos, de acuerdo, díe, y alsáe lo muscle esquerro, com a resignat, o sorprengut, encara que ya se sentíe al Azarías rascán la gallinassa dels aseladeros, los barronets aon se fiquen les gallines, o llimpián lo cuchitril del Gran Duc y arrossegán la lechera de fusta, herrada, ferrata, per lo pati engravat, y de esta manera, anáen passán les semanes hasta que un bon día, al apuntá la primavera, lo Azarías se transformabe, li pujáe als labios com una sonrissa indescriptible, y, al pondres lo sol, en veus de contá los taps de les válvules, agarrabe al duc y ixíe en ell al carrascal y lo enorme muixonot, parat, erguit damún del seu antebrás, ataulláe los voltans y conforme oscuríe, eixecáe un vol blan y silensiós y tornáe, al poc rato, en un ratolí entre les ungles, o un pinsanet, y allí mateix, jun a Azarías, devorabe la seua presa, mentres ell li rascabe entre les orelles, y escoltáe los batecs de la serra, los lladrits aspres y tristos de la rabosa moguda (en sel) o lo bram dels venados del Coto de Santa Ángela, aparellánse tamé, y de cuan en cuan, li díe, la rabosa va moguda, milana, ¿sens?, y lo duc lo enfocabe en les seues redones pupiles (o nines) grogues que iluminaben la oscurina, ficáe pites les orelles y tornabe a minjá y, ara ya no, pero fa tems se sentíe tamé los fúnebres aullits dels llops al Piornal, a 1175 metros de altura, les nits de primavera pero desde que van arribá los homens de la llum y van instalá los postes de la red eléctrica al llarg de la ladera, no se van torná a escoltá, y en cambi, se sentíe cridá al caro, jujujujú, en pauses periódiques, y lo Gran Duc, en estos casos, eixecáe lo seu enorme cap y empinabe les orelles y lo Azarías venga a riure sordamen, sense fé soroll, sol en les genives, y musitabe en veu empañada, ¿te acobardes, milana?, demá ixiré a corre lo caro, y dit y fet, en son demá, al tardet, ixíe sol serra abán, obrínse pas entre la jara florida y les boches, perque lo caro li fascináe a Azarías com un abismo, una espessie de atracsió ñirviosa per la temó, de tal manera que al parás al mich del monte, escoltabe claramen los cops del seu cor y entonses esperabe un rato pera pendre alé y serená lo seu espíritu y después, cridáe ¡eh!, ¡eh!, al caro, y seguidamen, paráe la orella esperán la resposta, mentres la lluna assomabe detrás de uns nugolets y inundabe lo paissache de una irreal fosforessensia poblada de sombres, y ell, una mica amilanat, fée una bocina en les seues mans y repetíe desafián, ¡eh!, ¡eh!, hasta que, de repén, vin metros mes aball, desde una carrasca reforsuda, li arribáe lo anhelat aullit que geláe la sang, ¡jujujujú!, y, al sentíl, lo Azarías perdíe la nossió del tems, la consiensia de ell mateix, y arrencáe a corre com un loco, gruñín com un jabalí, pateján les herbes, esgarrapánse la cara en les rames mes baixes dels alborsés y los carrascots y detrás de ell, implacable, saltán blanamen de abre en abre, lo caro, aullán y carcañeján y, cada vegada que sen enríe, al Azarías se li dilataben les nines y se li ficáe la pell de gallina y sen enrecordabe de la milana a la cuadra, y apretáe encara mes lo pas y lo caro a la seua esquena tornabe a aullá y a riure y lo Azarías corríe y corríe, entropessabe, caíe y se alsabe, sense girá may lo cap y al arribá, bufán, a la dehesa, la Lupe, la Gorrinera, se santiguabe, ¿de aón vens, dísme?, y lo Azarías sonreíe una mica, com un chiquet pessigat fen alguna malesa, y díe, de corre lo caro, que yo dic, y ella comentabe, ¡Jesús quíns joguets!, te has ficat la cara com un Santo Cristo, pero ell ya camináe cap al corral, llimpiánse la sang dels esgarraps en la bayeta, cotet, escoltán los batecs del seu cor, la boca entreuberta, sonrién al buit, babeján, y al cap de un rato, ya mes sereno, se arrimáe al cuchitril de la milana, acachat, sense fé soroll, y de repén, se assomabe al finestró y faie, ¡uuuuuh!, y lo duc revolotejabe hasta la peana y lo mirabe als ulls, torsén lo cap, y entonses lo Azarías li díe mol satisfet, hay estat corrén lo caro, y lo animal adressáe les orelles y matraquejáe en lo pic, com si u selebrare, y ell, bona carrera li hay donat, y escomensáe a enríuressen en veu baixa, sisseján, sentínse protegit per les bardes o tapies del cortijo, y aixina una vegada detrás de un atra, una primavera detrás de l´atra, hasta que una nit, acabánse mach, se va arrimá als barrots del cuchitril y va di com de costum, ¡uuuuuh!, pero lo Gran Duc no va acudí al crit, y entonses, lo Azarías se va extrañá, y va torná a di, ¡uuuuuh!, pero lo Gran Duc no va acudí a la cridada del Azarías, ¡uuuuuh!, tossut, per tersera vegada, pero, dins del cuchitril, ni un soroll, aixina que lo Azarías va espentá la porta, va pendre lo cresol y se va trobá al duc apretat contra un racó y, al enseñáli la garsa desplomada, lo duc ni se va sorollá, y entonses, lo Azarías va dixá la pessa an terra y se va assentá a la voreta dell, lo va agarrá en cuidadet per les ales y lo va arrimá a la seua caló, rascánlo insistenmen a les entresselles y diénli en ternura, milana bonica, milana bonica, pero lo muixó no reacsionabe als habituals estimuls, en lo que lo Azarías lo va dixá damún de la palla, va eixí y va preguntá per lo siñoret, la milana está dolenteta, siñoret, té calentura, li va informá, y lo siñoret, ¡qué li ham de fé, Azarías! ya está mol agüeleta, ñaurá que buscá un mussolet nou, y lo Azarías, desolat, pero es la milana, siñoret, y lo siñoret, los ulls entaragañats, ¿y dísme tú, que mes te done un muixó que un atre? y lo Azarías, implorán, ¿autorise lo siñoret que li dona raó al Mago del Almendral? y lo siñoret va abansá lo seu muscle esquerro, ¿al Mago?, mol gastadó estás tú, Azarías, si per un muixó tinguerem que cridá al Mago, ¿aón aniríem a pará?, y después del seu reproche, una carcañada, com lo caro, que al Azarías se li va ficá la carn de gallina y, siñoret, no sen enrigue aixina, per los seus morts lay demano, y lo siñoret, ¿es que tampoc men puc enriure a casa meua? y un atra carcañada, com lo caro, cada vegada mes fortes, y a les seues risses tan fortes van acudí la siñoreta, la Lupe, Dacio, lo Gorriné Dámaso y les mossetes dels pastós, y tots a la entrada sen enríen a coro, com los caros, y la Lupe, pos no está plorán lo carnús de ell per eixe muixó apestós, pudén, y lo Azarías, la milana té calentura y lo siñoret no autorise a que li dona raó al Mago del Almendreral, (o ameleral) y, venga un atra carcañada, y un atra, hasta que, al final, lo Azarías, atabalat, va arrencá a corre, va eixí al pati y se va pixá a les mans y después, va entrá al corral, se va assentá an terra y se va ficá a contá en veu alta los taps de les válvules tratán de serenás, un, dos, tres, cuatre, sing, sis, sat, vuit, nou, deu, onse, coranta tres, coranta cuatre, coranta sing, hasta que se va trobá mes relajat, se va ficá un sac per cuixí y va dormí una michdiada y después se va arrimá en cuidadet a la reixa del cuchitril y va fé, ¡uuuuuh! pero dingú va contestá, y, entonses, lo Azarías va espentá la porta y va entrevore al duc al racó aon lo va dixá la vespra, pero tombat y sec, y lo Azarías se va arrimá an ell en passes curtes, lo va agarrá per la punta de un ala, se va obrí la jaqueta, la va crusá per damún del muixó y va di en veu esbadocada, milana bonica, milana bonica, pero lo Gran Duc ni obríe los ulls, ni castañejabe en lo pic, ni res, aixina que lo Azarías va atravessá lo pati, se va arrimá a la tanca y va descorre lo forrollat, y als seus chirrits, va eixí la Lupe, la de Dacio, ¿qué te s´ha ficat ara al cap, Azarías? y lo Azarías, men vach aon man germana, y sense mes, va eixí y a bon pas, sense notá les punchades de la pedriñera ni dels carts a les plantes dels peus, va passá lo carrascal, lo piornal y la valleta, apretán dolsamen lo cadáver del muixó contra lo seu pit y tal com li va ficá la vista damún, la Régula, ¿un atra vegada per aquí? y lo Azarías ¿y los sagals? y ella, a costura están, y lo Azarías, ¿es que no ña dingú mes a casa? y ella, ae, la chiqueta Menuda está, y en eixe momén, la Régula va repará en lo duc que portáe lo Azarías contra lo pit li va obrí les puntes de la jaqueta y lo cadáver del muixonot va caure damún de les reijoles roijes de argila de Peñarroija-Poblenou y ella, la Régula, va pegá un crit histéric y, ya estás traén de casa eixa carroña, ¿me sens? va di, y lo Azarías, sumisamen, va arreplegá lo muixó y lo va dixá afora, al pedrís, va torná a entrá a casa y va eixí en la chiqueta Menuda, acunánla al bras dret, y la chiqueta Menuda giráe los seus ulls extraviats sense fixáls en res, y ell, lo Azarías, va agarrá a la milana per una pota y una cavegueta a la ma esquerra, y la Régula, ¿aón vas en estes trasses? y lo Azarías, a fé lo enterro, que yo dic, al trayecte, la chiqueta Menuda va soltá un de aquells inacabables crits que donáen llástima, que geláen la sang de consevol, pero lo Azarías no se va inmutá, se va atansá hasta lo rodapeu de la ladera, va dixá a la criatura a la fresca, entre unes herbes, se va traure la jaqueta y en un ratet va cavá un forat ben fondo a la soca de un carrascot, va colocá en cuidado al muixó y, espentán la terra en la cavegueta, va tapá la fossa y se va quedá mirán lo túmulo, en los peus descalsos, los pantalóns apedassats cap aball, la boca entreuberta, y, al cap de un rato, les seues pupiles o nines se van fixá en la chiqueta Menuda, que teníe lo cap caigut cap a un costat, com desarticulat, y los seus ulls se crusáen, y miraben al buit sense fixás en res y lo Azarías se va acachá, la va pendre als seus brassos, se va assentá a la vora del talús, jun a la terra remoguda, la va apretá contra nell y va musitá, milana bonica, milana bonica, y va escomensá a rascáli insistenmen en lo índice de la ma dreta los pels del clatell, mentres la chiqueta Menuda, indiferén, se dixáe fé.