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lunes, 29 de julio de 2024

4. 14. Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Capítul XIV.

Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Braulio Foz, Fórnoles, Matarraña, Teruel; Máximes y sentensies de Pedro Saputo.

Solíe di que preferíe enemics espabilats que amics apamplats. 

Díe que en general tots los homens són bons y tots roíns, perque no los ham de demaná lo que no poden doná, ni voldre que obron com no los convé encara que igual entenen mal esta conveniensia. 

Y en cuan a la justissia, que o no la coneixen en los casos que obren mal, o que no saben lo que val.

Li van preguntá una vegada, quins homens eren los mes perjudissials, y va contestá que los envechosos. Se van admirá de esta resposta, y van voldre sabé lo que sentíe dels lladres, assessinos y datres; y va di, que dels primés, lo envechós pegue en lladre, y per enveja escomensaben a sé roíns; que los atres són uns miserables, ignorans, soques y mal encaminats per uns atres com ells, o perduts per la mala educassió cuan eren chiquets y mossos; pero que al final, tart o pronte se fa justissia. Pero que lo envejós o la envejosa es un verdadé malsín, lo traidó per naturalesa, lo animal propiamen dit, contra qui no ña cástic a les leys ni a les costums, per al mal que cause en general y en particulá, que es mes que lo que mos ve de totes les demés classes juntes de homens perversos y malvats. Que la enveja ha causat mes trastornos al món que la codissia y la ambissió juntes, si no es que la ambissió sigue un nom dorat pera la enveja. Pero que sin embargo podíen alguna vegada, y de particulá en particulá, produí un be paregut al de les cagarrines y colics al cos humano, que si no són frecuens ni mol graves, fan al home templat y sobrio.

Tamé díe moltes vegades que la avarissia no habíe eixecat cap casa; y sí moltes lo orden y la economía.

Díe que los mes grans enemics del be del home solen sé la vanidat y la dropina. La vanidat perque gaste mes de lo que pot y se arruine o diu mes de lo que deu y cau en grans inconveniens; y la perea, la dropina, perque va detrás de les estassions al tems, de la saó als negossis, dels fets als acontessimens, dixansu vindre tot damún, hasta que li cau la casa y acabe a les seues ruines, enrunat y arruinat, o fuch espantada y no trobe aon fotres, pobra, falta de consell y aburrida.

Díe que la tontería es mal incurable (només cal vore a Carlos Rallo Badet) y códul al que sempre se entropesse; y que los tres mes grans traballs que pot passá un home són viure en imbessils, tratá en embusteros y viachá en un cobart (Julio Micolau de La Fresneda fa les tres coses, que pareix lo gos de Quintaneta).

Lo influjo de la imprenta y la aplicassió de cadaú guiada y exitada per los sabuts, díe que lo faríen home al món, perque hasta ara (al seu tems) encara no habíe eixit de chiquet.

Creíe que los homens may habíen sigut millós, sino que a uns atres tems van tindre menos leys y menos sossiedat, y així menos juissi y censura de les seues acsions; pero que la sossiedat se habíe anat constituín milló, encara que no be del tot.

Segons ell, los homens del seu tems no enteníen lo comers, la agricultura, les arts, ni les siensies, perque li pareixíe que no veíe mes que torpesa, casualidat, charlatanisme y miseria.

Cuan se va sabé la seua ressolusió de casás li van preguntá, cóm sén tan sabut caíe an esta vulgaridat. Y va contestá: no es vulgaridat casás, perque es seguí la naturalesa, sino casás mal per interés o per mera y sola raó de nom, y queixás después, o condená lo matrimoni y parlá mal de les dones.

Abans de coneixe a son pare díe que donáe grassies a Deu perque no lay habíe dixat coneixe, pos habíe vist mols chiquets de qui no li penaríe sé pare, y pocs homens de qui voldríe sé fill. 

Pero cuan va trobá a son pare, va plorá de pena de no habél conegut desde la cuna. Y sobre lo seu apellit va contestá a don Vicente, son germá de Morfina, que li va preguntá si estáe orgullós de ell: ya me pareixíe a mí que no podíe escapá de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, perque estos linajes són com los vileros que a tota vila se troben.

Com habíe tratat en flares y monges y los coneixíe mol be, díe que an aquells los faltabe un voto, y an estes nels sobraben dos. 

Pero no explicabe mes, y no sabem quins votos eren eixos.

Per tres coses (díe) donaría yo la vida: per la religió que professo, per ma mare y per lo meu poble. Li van preguntá una vegada que acababe de di aixó, si la donaríe per lo Rey; y va contestá que no enteníe la pregunta.

Solíe di que en general la primera nessessidat de les dones es parlá; la segona murmurá de atres, y la tersera, sé adulades.

La perea als jovens, la desautoridat als agüelos, la vanidat a les fees, y casá a un home baixotet en una dona alta, díe que són cuatre pecats iguals, contra natura.

Recomanán la frugalidat solíe di: carn una vegada al día, y eixa a 

l'olla o rostida. Y condenán la tacañería als plats: lo milló dols es la mel, lo milló coc, lo bon pa, lo milló licor, lo bon vi, y lo milló guiso, lo mes curtet y simple.

Díe que ñabíe cuatre coses que lo ficaben a pun de alferessía: taula menuda, llit curt, mula pesada, y navalla sense esmolá.

Cuatre que li omplíen l'alma de rissa: una agüela en flos, un home gurrumino, un predicadó de mal ejemple, y un flare o retó fenli la roda a una dama.

Y cuatre que li féen portá la má a la espasa:

engañá a un sego, feli la burla a un agüelo, un home peganli a una dona, y un fill maltratán a son pare o a sa mare.

Están a Sevilla li van brindá si volíe aná a vore a una poetisa que componíe sonetos, églogues de pastós y atres poemes; y va contestá que sí, pero que li habíen de di en tems lo día y la hora perque volíe preparás.

- ¿Quína preparamenta nessessitéu?, li van preguntá, y va di:

purgám y llimpiá be la pancha, y después péndrem un elixir que sé fé yo en gitam, mol espessial contra los vomits y la fluixera de ventre.

Entre les sentensies dels antics la que mes li agradáe ere aquella de Virgilio: Felix qui potuit rerum cognoscere causes. "dichós, felís, lo que alcanse a coneixe les causes de les coses»; aixó es, a la naturalesa.

Y de ell la sentensia mes sélebre es esta: que lo mol resá a ningú ha fet san, ni lo mol lligí sabut (només cal vore a Moncho), ni lo mol minjá ressio y fort.

Moltes atres dites y sentensies se li atribuíxen; pero o són mol vulgás, o sels vol doná autoridat en lo seu nom. Y així mateix se conten de ell diferens fets que de cap manera corresponen al consepte que lo seu gran talento y máxima prudensia mereixen.

Yo estic convensut de que així los dits com los fets que corren com si foren seus y són tan indignes de la seua discressió y sabiduría, perteneixen al fals o apócrifo Pedro Saputo, a qui los de Almudévar van fotre fora a gorrades y en raó del seu poble, tan malparat lo malparit, y que, com ham dit, ere un acsiomo, un dropo, gat, torpe, indessén, (algo paregut a Mario Sasot Escuer, lo de la revista de la franja del meu cul.)

Mario Sasot Escuer, capsot, franchista, la franja del meu cul

Lo fill de la pubilla va sé mol sobrio, mol fi, mol amable, persona de mol respecte, y tan gran en tot com se ha vist an esta verdadera historia de la seua vida.


Original en castellano:

Capítulo XIV.

Máximas y sentencias de Pedro Saputo.

Solía decir que más quería enemigos agudos que amigos tontos.

- Decía que hablando en general todos los hombres son buenos y todos malos, porque no les debemos pedir lo que no pueden dar, ni querer que obren como no les conviene aunque tal vez entiendan mal esta conveniencia. Y en cuanto a la justicia, que o no la conocen en los casos que obran mal, o que no saben lo que vale.

- Preguntáronle una vez, qué hombres eran los más perjudiciales, y respondió que los envidiosos. Admiráronse de esta respuesta, y quisieron saber lo que sentía de los ladrones, matadores y otros; y dijo, que de éstos mucha parte eran también envidiosos y por envidia comenzaban a ser malos; que otros son unos miserables, ignorantes, rudos y mal encaminados por otros como ellos, o perdidos por la mala educación en su niñez y mocedad; pero que al fin de todos ellos tarde o temprano se hace justicia. Mas que el envidioso es un verdadero malsín, el traidor por naturaleza, el animal propiamente dañino, contra el cual no hay castigo en las leyes ni en las costumbres, para el daño que causa en general y en particular, que es más que el que nos viene de todas las demás clases juntas de hombres perversos y malvados. Que la envidia ha causado más trastornos en el mundo que la codicia y la ambición juntas si no es que la ambición sea un nombre dorado de la envidia. Pero que sin embargo podían alguna vez, y de particular a particular, producir un bien parecido al de las indigestiones y cólicos en el cuerpo humano, que si no son frecuentes ni muy graves, hacen al hombre templado y sobrio.

- También decía muchas veces que la codicia no había levantado ninguna casa; y sí muchas el orden y la economía.

- Decía que los mayores enemigos del bien del hombre suelen ser la vanidad y la pereza. La vanidad porque gasta más de lo que puede y se arruina o dice más de lo que debe y cae en grandes inconvenientes; y la pereza, porque va detrás de las estaciones en el tiempo, de la sazón en los negocios, de los hechos en los acontecimientos, dejándoselo venir todo encima, hasta que se le cae la casa y acaba en sus ruinas, o huye espantada y no encuentra donde meterse, pobre, falta de consejo y aborrecida.

- Decía que la necedad es mal incurable y piedra en que siempre se tropieza; y que los tres mayores trabajos que puede pasar un hombre son vivir con necios, tratar con embusteros y viajar con un cobarde.

- El influjo de la imprenta y la aplicación de cada uno guiada y excitada por los sabios, decía que harían hombre al mundo, porque hasta ahora (en su tiempo) aún no ha salido de niño.

- Creía que los hombres nunca habían sido mejores, sino que en algunos tiempos tuvieron menos leyes y menos sociedad, y así menos juicio y censura de sus acciones; pero que la sociedad había estado mejor constituida, aunque no bien del todo.

- Según él, los hombres de su tiempo no entendían el comercio, la agricultura, las artes, ni las ciencias, porque le parecía que no veía sino torpeza, casualidad, charlatanismo y miseria.

- Cuando se supo su resolución de casarse le preguntaron, cómo siendo tan sabio caía en esta vulgaridad. Y respondió: no es vulgaridad casarse, porque es seguir la naturaleza, sino casar mal por interés o por mera y sola razón de nombre, y quejarse después, o condenar el matrimonio y hablar mal de las mujeres.

- Antes de conocer a su padre decía que daba gracias a Dios porque no se lo había dejado conocer, pues había visto muchos niños de quien no le pesaría ser padre, y pocos hombres de quien quisiera ser hijo. Mas cuando encontró a su padre, lloró de pena de no haberle conocido desde la cuna. Y acerca de su apellido respondió a don Vicente, el hermano de Morfina que le preguntó si estaba muy vano de él: ya me parecía a mí que no podía escapar de un López, de un Pérez, de un Martínez, Jiménez, Sánchez, o Fernández, porque estos linajes son como los gorriones que en todo poblado se encuentran.

- Como había tratado con frailes y monjas y los conocía muy bien, decía que a aquéllos les faltaba un voto, y a éstas les sobraban dos. Pero no explicaba más, y no sabemos qué votos eran éstos.

- Por tres cosas (decía) daría yo la vida: por la religión que profeso, por mi madre y por mi pueblo. Preguntáronle una vez que acababa de decir esto, si la daría por el rey; y respondió que no entendía la pregunta.

- Solía decir que en general la primera necesidad de las mujeres es hablar; la segunda murmurar de otras, y la tercera, ser aduladas.

- La pereza en los jóvenes, la desautoridad en los viejos, la vanidad en las feas, y casar hombre pequeño con mujer alta, decía que son cuatro pecados iguales contra natura.

- Recomendando la frugalidad solía decir: carne una vez al día, y ésa en la olla o asada. Y condenando la prolijidad en los platos: el mejor dulce es la miel, el mejor bizcocho, el buen pan, el mejor licor, el buen vino, y el mejor guiso, el más corto y simple.

- Decía que había cuatro cosas que le ponían a punto de alferecía: mesa pequeña, cama corta, mula pesada, y navaja sin filo. Cuatro que le regaban el alma de risa: una vieja con flores, un marido gurrumino, un predicador de mal ejemplo, y un fraile o clérigo haciendo la rueda a una dama. Y cuatro que le hacían llevar la mano a la espada: engañar a un ciego, burlarse de un viejo, un hombre pegando a una mujer, y un hijo maltratando a su padre o a su madre.

- Estando en Sevilla le brindaron si quería ir a ver una poetisa que componía sonetos, églogas de pastores y otras poesías; y respondió que sí, pero que le habían de decir con tiempo el día y la hora porque quería prepararse. 

- ¿Qué preparación necesitáis?, le preguntaron, y dijo, purgarme y limpiar bien el estómago, y luego tomar un elixir que sé yo hacer muy especial contra las náuseas y la flojedad del vientre.

- Entre las sentencias de los antiguos la que más le gustaba era aquella de Virgilio, Felix qui potuit rerum cognoscere causas. «Dichoso el que alcanza a conocer las causas de las cosas»; esto es, a la naturaleza.

- Y de él la sentencia que más se celebra es ésta: que el mucho rezar a nadie ha hecho santo, ni el mucho leer sabio, ni el mucho comer robusto y fuerte.

Muchos otros dichos y sentencias se le atribuyen; pero o son muy vulgares, o se les quiere dar autoridad con su nombre. Y asimismo se refieren de él varios hechos que de ningún modo corresponden al concepto que su gran talento y suma prudencia le ha merecido. Yo me persuado que así los dichos como los hechos que corren como los suyos y son tan indignos de su discreción y sabiduría, pertenecen al falso Pedro Saputo, a quien los de Almudévar echaron con razón de su pueblo tan malparado, y que, como hemos dicho, era un mentecato, un vago y un borracho torpe e indecente. El hijo de la Pupila fue muy sobrio, muy fino, muy amable, persona de mucho respeto, y tan grande en todo como se ha visto en esta verdadera historia de su vida.

jueves, 2 de mayo de 2019

Cuarta jornada

CUARTA JORNADA

Escomense la cuarta jornada del decamerón, en lo gobern de Filostrato, aon se raóne sobre aquells que van tindre un final infelís en los seus amors.
Mol volgudes siñores, tan per les paraules escoltades als homes sabios com per les coses que hay vist y lligit moltes vegades, jusgaba yo que lo impetuós ven y ardó de la enveja sol habíe de amenassá les altes torres y les mes eixecades puntes dels ábres; pero en la meua opinió me trobo sobremanera engañat. Perque fugín yo, y habénme sempre ingeniat en fugí del fiero ímpetu de eixe rabiós espíritu, no sol per los plans sino tamé per les profundíssimes valletes, callat y amagat, me hay ingeniat en caminá; lo que pot pareixe ben cla a qui les presentes noveletes llich, que no sol en florentino vulgar y en prosa están escrites per mí y sense títul sino tamé en estil humildíssim y baix tan com se pot, y no per tot aixó hay pogut dixá de sé fieramen atacat per aquell ven (hasta casi desarrailat) y de sé ferit per los mossos de la enveja; per lo que puc compéndre que es verdat lo que solen di los sabios: que només la miseria dixe de sé envejada an este món presén. Pos ha ñagut qui, discretes siñores, lligín estes noveletes, han dit que vatres me agradéu massa y que no es cosa honesta que yo tan me complaga en agradatos y consolatos y algúns encara han dit algo pijó: en alabatos com u fach. Atres, mostrán vóldre parlá mes reflexivamén, han dit que a la meua edat ya no está be perseguí estes coses: parlá de dones y convoyáles.
Y mols, mostránse mol preocupats per la meua fama, diuen que milló faré en está en les musses al Parnaso o Parnasso que en estes charrades mesclám en vatres. Y ñan algunes, mes despechades que parlán en sabiduría, que han dit que faría milló en pensá aón podría guañám lo pa que aná paupán lo ven. Y algúns atres diuen que les coses que tos conto han passat de un atra manera, y se les ingenien en demostráu. Aixina que, per tantes y tals bufades, per tan afilades dens, valeroses siñores, mentres milito al vostre servissi, estic afuetát, molestat y, en fin, crussificat en viu. Estes coses en tranquil ánim, u sap Déu, escolto y séntigo, y sense replicá en alguna bona resposta me les trac dels oíts. Pero antes de que escoménsa a contestá an algú, voldría contá una part de una história.
A la nostra siudat, fa ya mol tems, va ñabé un home de nom Filippo Balducci, home de condissió bastán modesta, pero ric y ben despachat y tan hábil en les coses que lo seu estat requeríe. Teníe a una Siñora per dona a qui tendramen volíe, y ella an ell, y juns portaben una vida felís, sense ficá tan afán en datra cosa mes que en agradás la un al atre. Va passá que, com passe a tots, la bona Siñora se va morí y no va dixá res seu a Filippo, mes que un fill únic consebit de ell, de uns dos añets. Filippo, per la mort de la seua dona se va quedá tan desconsolat com may se habíe quedat dingú al pédre a una persona volguda; y veénse sol sense la seua compañía, se va dessidí a dedicás al servissi de Déu, y fé lo mateix del seu fill minut. Per lo que, donán totes les seues coses per lo amor de Déu, sense tardá sen va aná cap a la punta del Monte Sinerio (Senario) y allí se van embutí los dos a una selda minudeta, y vivíen de almoines, féen dijú y resáen. Se guardabe de parlá de cap cosa temporal ni de dixáli vore cap de elles a son fillet, per a que no lo apartaren del servissi al Siñó, y sempre li parlabe de la glória de la vida eterna y de Déu y de los sans, sense enseñáli datra cosa mes que les santes orassións. Y en esta vida mols añs lo va tíndre, sense dixál eixí de la selda ni amostráli res mes que la vida de devossió a Deu. Acostumbrabe lo bon home a aná alguna vegada a Florencia, y de allí, segóns les seues nessessidats ajudat per los amics de Déu, a la selda sen entornabe. Va passá que tenín lo jove devuit añs, y sén Filippo agüelet, un día li va preguntá que aón anabe. Filippo lay va di; a lo que va contestá lo mosso:
- Pare, vosté ya es agüelo y mal pot soportá los patiméns; ¿per qué no me portéu una vegada a Florencia, per a que, dixánme conéixe als amics de Déu y vostres, yo, que soc jove y ting mes forses que vosté, puga después aná a Florencia a tratá los vostres assuntos cuan u vullguéu, y vosté pugue quedás aquí?
Lo bon home, pensán que son fill ya ere prou gran, y estabe tan aveat al servissi de Déu que difíssilmen les coses del món podríen atráurel, se va di: «Be diu éste».
Per lo que, tenín que aná a Florencia, sel va emportá en ell. Allí lo jove, veén los edifissis, les cases, les iglesies y totes les demés coses de la siudat, com qui no sen enrecordabe de habéles vist, va escomensá a maravillás mol, y li fée moltes preguntes a son pare, qué es aixó, cóm se diu. Lo pare lay díe y ell, quedánse contén de sentíu, li preguntabe un atra cosa. Y preguntán de esta manera lo fill y contestán lo pare, per ventura se van topetá en un grupo de belles mossetes emperifollades veníen de un convit de bodes. En cuan les va vore lo jove, li va preguntá a son pare qué ere alló.
Lo pare li va di:
- Fill meu, acacha la vista, no les miros, que són cosa roína.
Va di entonses lo fill:
- Pero ¿cóm se diu aixó?
Lo pare, per a no despertá lo poc convenién dessich carnal del jove, no va volé nombráles pel seu propi nom, es di, «dones», sino que va di:
- Se diuen ganses.
¡Maravillosa cosa de sentí! Aquell que may a la seua vida ne habíe vist cap, sense preocupás de los palaus, ni del buey, ni del caball, ni del burro, ni de los dinés ni de atra cosa que haguere vist aquell día, va di:
- Pare, yo vull tíndre una de estes ganses.
- ¡Ay, fill meu! - va di lo pare -, calla, que són una cosa mol roína.
Lo jove, preguntánli, li va di:
- ¿Aixina són les coses roínes?
- Sí - va di lo pare.
Y ell va di entonses:
- No sé lo que diéu, ni per qué éstes són coses roínes: al meu respecte, no me ha paregut hasta ara vore may res tan majo y agradable com elles. Són mes majes que los cordés pintats que me hau enseñat moltes vegades. ¡Ay!, si tos importo algo, feu que mon emportém una allá dal y yo la portaré a pasturá.
Va di lo pare:
- No u vull; ¡no saps tú aón pasturen!
Y va vore que la naturalesa ere mes forta que lo seu ingenio, y se va arrepentí de habél portat a Florencia.

Me val en lo que hasta aquí hay contat de la presén novela. Diuen, pos, algúns dels que me censuren que fach mal, oh joves dames, esforsánme massa en agradatos; y que vatres massa me agradéu. Aixó u confesso; me agradéu y me esforso en agradatos; y los pregunto si de aixó se maravillen considerán no ya lo habé conegut lo besás y lo abrasás y los plassentés ajuntaméns que en vatres, dolsíssimes siñores, se tenen moltes vegades, sino sol lo habé vist y vore continuamen les corteses costums y la atractiva hermosura y la cortés gallardía y ademés de tot aixó, la vostra señoril honestidat: cuan aquell que nutrit, criat, creixcut a un monte salvache y solitari, dins de los límits de una minuda selda, sense datra compañía que son pare, al vóretos, vau sé dessichades per nell, y seguides en afecte.
¿Hauríen de empéndrem, de amonestám, de castigám éstos si yo, que ting un cos que lo sel va fé per a amatos, y yo desde la meua infánsia l´alma tos vach dedicá al sentí lo poder de la llum de los vostres ulls, la suavidat de les vostres paraules y les flames enseses per los vostres suspiros, si me agradéu y si yo en agradatos me esforso; y espessialmen tenín en cuenta que antes que res vau agradá a un ermitañet, a un jovenet sense sentit, casi a un animal salvache? Per sert que qui no tos vol y per vatros no dessiche sé amat, com persona que ni los plaés ni la virtut de la natural afecsió sentix ni coneix me reprén: y poc me preocupo per naixó. Y qui contra la meua edat va parlán muestre que mal coneix que encara que lo gos té lo cap blang, la coa la té verda; als que, dixán a una vora les bromes, contesto que may reputaré vergoñós per a mí hasta lo final de la meua vida lo convoyá an aquelles coses a les que Guido Cavalcanti y Dante Alighieri ya agüelos, y micer Gino de Pistoia mol agüelet van tindre en honor, y van buscá lo seu plaé.
Y si no fore que siríe eixímen del modo en que se acostumbre a parlá, portaría aquí al mich la história, y la mostraría plena de homes vells y valéns que als seus añs mes madús mol se van esforsá en convoyá a les dames, lo que si ells no u saben, que vaiguen y u adeprénguen. Que se quedon en les musses al Parnaso, afirmo que es un bon consell: pero no sempre podem quedámos en les musses ni elles en natros. Les musses són dones, y encara que les dones no valguen lo que valen les musses, tenen en lo primé aspecte semellansa en elles, aixina que encara que per un atra cosa no me agradaren, només per naixó hauríen de agradám; sense contá en que les dones ya van sé per a mí ocasió de compóndre mil versos. Elles me van ajudá be y me van mostrá cóm escriure aquells mil; y potsé per a escriure estes coses, encara que humildíssimes siguen, tamé han vingut algunes vegades a está en mí, en servissi potsé y en honor de la semellansa que les dones tenen en elles; per lo que ni del Monte Parnaso ni de les musses me separo tan com mols creuen.
Pero ¿qué los direm an aquells que de la meua fama tenen tanta compassió que me aconsellen que me busca lo pa? Sertamen no u sé, pero, volén pensá quina siríe la seua resposta si per nessessidat los u demanara an ells, penso que diríen: «¡Búscateu a les teues fábules!». Mes han trobat entre les seues fábules los poetes que mols rics entre los seus tessoros, y mols ne han ñagut que anán detrás de les seues fábules van fé florí la seua edat, mentres per lo contrari, mols al buscá mes pa del que nessessitaben, se van morí sense madurá. ¿Qué diré mes? Si me sobrevinguere la nessessidat yo sé, segóns lo Apóstol, viure tan a la abundánsia com patí la miseria; y per naixó dingú se té que preocupá de mí mes que yo. Y los que diuen que estes coses no han passat aixina com les conto, me agradaríe mol que trobaren les originals, que si no concordáren en les que yo escric, justa diré que es la seua reprimenda y en corregím yo mateix me les ingeniaré; pero mentres no aparegue res mes que paraules, los dixaré en la seua opinió, seguín la meua, dién de ells lo que ells diuen de mí. Y com ya hay contestat prou per esta vegada, dic que en la ajuda de Déu y la vostra, gentilíssimes siñores, en qui espero, armat y en bona passiénsia, en aixó tiraré cap abán, girán la esquena an este ven y dixánlo bufá, perque no vech que pugue passám a mí datra cosa mes que lo que li passe al polset, que, bufán lo torbellino, o de la terra no lo mou, o si lo mou lo porte cap amún y moltes vegades damún del cap de los homes, sobre les corones de los reys y de los emperadós, y a vegades damún dels alts palaus y sobre les eixecades torres lo deposite; de los que, si cau, mes aball no pot arribá del puesto aon va sé portat. Y si alguna vegada en tota la meua forsa me vach disposá a complaítos en algo, ara mes que may u faré, perque sé que datra cosa dingú podrá di en raó, que los demés y yo, que tos volem, naturalmén obrem; y per a vóldres oposá a les leys de la naturalesa se nessessiten moltes grans forses y moltes vegades no sol en vano sino en grandíssim mal del que se afane se fiquen en obra. Estes forses, confesso que ni les ting ni dessicho tíndreles en aixó, y si les tinguera, antes a datres les hi dixaría prestades que les faría aná per a mí. Per naixó, que cállon los criticadós y criticadores, y si calentás no poden, que viguen carpits, y que se quedon en los seus plaés (bastán corruptes), y a mí que me dixon en los meus, an esta curta vida que mo se done, y que me dixon tranquil. Pero ham de torná, perque ya ham divagat prou, oh hermoses siñores, allá de aon vam eixí, y ham de seguí lo orden escomensat.
Lo sol ya habíe fet amagás a tots los estels y la terra humida y en sombra de la nit se anáe eixugán, cuan Filostrato, eixecánse, a tota la seua compañía va fé alsá, y anán cap al hermós jardí, per allí van escomensá a passejás; y arribada la hora de minjá, van amorsá allí aon habíen sopat la nit passada. Y cuan se van eixecá de la michdiada, están lo sol al cenit, de la manera acostumbrada prop de la fresqueta fon se van assentá o gitá, y entonses Filostrato a Fiameta li va maná que escomensare en les históries, y ella va escomensá aixina:


domingo, 16 de abril de 2017

Rosegá

Rosegá

murmurar

ROSEGAR (i dial.roegar). v. tr.

|| 1. Dividir una cosa sòlida en petites parts per l'acció de les dents, mossegant-la; cast. roer. Tot bestiar qui roech ni mallmenarà plansons doc. segle XIV (RLR, xv, 41). La rayl del dit arbre royen continuament dues rates... e hauien ja tant rosegat de la rayl... que en poch staua de trencar, Eximplis, ii, 164. Com los calaixos de guardar la roba estiguen rouegats [sic] de rates, doc. a. 1595 (Hist. Sóller, ii, 828). Respongué l'altre rosegant-se els pèls aspres del bigoti, Víct. Cat., Ombr. 32.
|| 2. Menjar cosa sòlida, especialment fora de les menjades principals; cast. roer, comer. «Tot lo dia rosega»: es diu d'una persona que menja molt sovint. Per rosegar-hi uns borreguets i remullar-s'hi la gargamella,Pons Com an. 204. Ja anireu a viure, voltros, sense roegar!, Alcover Cont. 10.
|| 3. Gratar, esmicar una cosa o llevar-ne petits fragments amb un instrument, una pressió, etc.; cast. corroer. Deuen haver los combatents un instrument gran de ferro fet a manera de falç o de ganxo..., poden lo dit mur rosegar e dissipar poch a poch fins que l'hajen trocat, Eximenis Dotzè del Crestià, c. 293 (ap. Congr. Cor. Ar. 809). I cent destrals roseguen com mastins, Atlàntida introd. S'aygo comensà a roegar-li y dur-se'n s'empedrat, Roq. 31.
|| 4. Penetrar dins una cosa gastant-la lentament; cast. corroer. Per sa agudesa rosegua e macula dita pell, Albert G., Ques. 50 vo. Lo cranc d'un pecat negre va rosegant-li el pit, Atlàntida ii. La malaltia roega avui son cos sense vigor, Colom Juv. 167. Sa vida ciutadana menja y roega com sa llima sorda des ferrer, Pons Llar 103.
|| 5. Afligir, turmentar interiorment i continuadament; cast. roer. La tristesa rosega la ànima, Lacavalleria Gazoph. La dolor enuejosa que'l rosegaua,Villena Vita Chr., c. 70. A l'envejós continuament lo rosega la enveja, Isop Faules 20.
|| 6. Murmurar, malfamar; cast. morder, murmurar. «Ja sé que tu me rosegues; ¿per què no m'ho dius cara a cara?»No rosechs la vida de ton proisme, Canals Carta, c. 34. Los presumptuosos... jutgen e roseguen les obres dels altres, Villena Vita Chr., c. 12.
    Loc.—a) Rosegar l'os: fer la feina més feixuga o desagradable; copsar la part de menys profit.—b) Rosegar-se els punys: estar en gran desesperació per impotència o remordiment.—c) Rosegar altars o Rosegar sants: fer falses o excessives devocions.—d) Fer rosegar una cosa a algú: declarar-l'hi sense eufemismes, fer-l'hi sentir.
    Refr.—a) «Qui es menja la carn, que rosegui els ossos» (or., occ.); «Qui es menja la molla, que rosegue l'os» (Maestrat); «Al que menja lo madur, fes-li rosegar lo dur» (Val.); «Qui s'ha menjada sa carn, que roegui ets ossos» (Mall.): significa que és just que els qui han tingut els beneficis d'una empresa o d'una altra cosa en tinguin també els inconvenients o perjudicis.—b) «Rosega més l'enveja que la tinya».
    Fon.: ruzəɣá (pir-or., or., eiv.); rozeɣá (occ.); rozeɣáɾ (Cast., Al.); roseɣáɾ (Val.); ruzaɣá (alg.); ruəɣá (or., men.); roəɣá, rovəɣá (mall.); ruɣəɣá (Cotlliure).
    Sinòn.: roure, mastegar.
    Etim.: del llatí *rodĭcare, mat. sign.
2. ROSEGAR v.:
V. rossegar.

miércoles, 6 de enero de 2021

Lo Camí, V.

Lo Camí a Amazon (tapa blana)

V.

Es verdat que la Pesteta gran se habíe guañat lo seu mote per la seua careta redona y coloradeta y lo seu carácter picán y agre com lo aiguardén. Per afegit ere una bachillera. Y a les bachilleres no los ve mal tot lo que los caigue damún. No teníe cap dret de tratá de dominá al poble. Lo poble volíe sé libre, independén, y an ella ni li anabe ni li veníe, ni li fotíe res, a final de cuentes, si Pancho creíe o no creíe en Deu, si Paco, lo ferré, ere abstemio o bebíe vi, o si son pare de Daniel, lo Mussol, fée lo formache en les mans llimpies o en les ungles brutes. Si aixó li fée escrúpol, que no se minjare lo seu formache y assunto acabat. Daniel, lo Mussol, no creíe que lo que la Pesteta gran fée sigueren actes de una bona dona. Los bons eren los demés que li aguantaben les seues impertinensies y hasta la van nombrá pressidenta de varies assossiassións piadoses.
La Pesteta gran ere un esperpento y un escursó. Antonio, lo Buche, teníe tota la raó al di aixó, encara que lo Buche pensabe mes, al fallá aixina, en la competensia comersial que li fée la Pesteta, que en los seus defectes físics y morals. La Pesteta gran, no obstán lo coló roch de la seua pell, ere alta y seca com una cucaña, encara que no tinguere, com esta, sing duros a la punta. Total, que la Pesteta no teníe res, apart de uns nassos mol dessarrollats, un afán inmoderat o sense cap moderassió de fótres a la vida dels demés y un variat y sempre renovat repertori de escrúpols de consiensia.
A don José, lo mossen, que ere un gran san, lo portabe de vólit.

- Miro vosté, don José - li díe, consevol día, un minut abáns de escomensá la missa -,  anit no vach pugué dormí pensán que si Cristo al Monte dels Olivés se va quedá sol y los apóstols se van adormí, ¿quí va vore que lo Redentó suáe sang?

Don José ajuntabe los ullets, penetráns com agulles de cap:

- Tranquilisa la teua consiensia, filla; eixes coses les coneixem per revelassió.

La Pesteta gran ploriquejabe y fen cuatre pucheros, díe:

- ¿Creu vosté, don José, que podré combregá tranquila habén pensat eixes coses?

Don José, lo mossen, teníe que traure tota la passiensia de Job pera soportála:

- Si no tens datres faltes pots féu.

Y aixina un día y un atre.

- Don José, anit no vach pegá l´ull donánli voltes al assunto de Pancho.
¿Cóm pot ressibí este home lo sacramén del matrimoni si no creu en Deu?

Y unes hores después:

- Don José, no sé si me podrá absoldre vosté. Ahir domenge vach lligí un llibre pecaminós que parlabe de les religións de Inglaterra. Los protestáns están allí en franca majoría. ¿Creu vosté, don José, que si yo haguera naixcut a Inglaterra, haguera sigut protestán?

Don José, lo mossen, tragabe saliva:

- No siríe difíssil, filla.

- Entonses me acuso, pare, de que podría sé protestán de habé naixcut a Inglaterra.

Doña Lola, la Pesteta gran, teníe trenta nou añs cuan Daniel, lo Mussol, va naixe.
Tres añs después, lo siñó la va castigá en lo que mes podíe dóldreli. Pero no es menos sert que la Pesteta gran se va imposá al seu doló en la rigidés y destemplansa en que solíe imposás als seus conveíns. Lo fet de que a doña Lola se la coneguere per la Pesteta gran ya fa pensá que ñagueren datres Pestetes mes menudes. Y aixina ere; les Pestetes ne habíen sigut tres, encara que ara sol ne quedaren dos: la gran y la menuda; les dos Pestetes. Eren filles de un guardia sivil, durán mols añs jefe al poble. Al morí lo guardia, que, segóns les males llengües, que may ne falten, se va morí de pena per no tindre un fill mascle, va dixá uns ahorrets en los que les seues filles van obrí una tenda.
Lo sargento va morí a un tems al que un subofissial de la Guardia Sivil podíe, en lo seu jornal, viure discretamen y encara aforrá una mica. Desde la mort del guardia - la seua dona ya se habíe mort fée añs - Lola, la Pesteta gran, se va fé cárrec de les riendes de la casa. Se va imposá a san germanes per edat y per estatura.

Daniel, lo Mussol, sol va coneixe a dos Pestetes, pero segóns habíe sentit di al poble, la tersera va sé un mun de ossos com elles y, a la seua época, va resultá un problema difíssil diferensiáles sense efectuá, previamen, un minussiós análisis. Res de assó desmentix que les dos Pestetes menudes li faigueren passá, en vida, a san germana gran un verdadé purgatori. La del mich ere dixada y dropa y lo seu carácter y manera de sé trassendíe al poble que, per los crits y estridéns rebomboris que a tota hora eixíen de la trastenda y de la casa de les Pestetes, seguíe la roína, y tirán a pijó, situassió de les relassións fraternals. Assó sí, díen al poble y debíe sé verdat perque u díen tots, que mentres les tres Pestetes van viure juntes may se les va vore faltá un día a la missa de vuit que don José, lo mossen, que ere un gran san, díe a la parroquia, dabán del altá de San Roc. Cap allí caminaben, tiesses y pites, les tres, faiguere fred, ploguere a cabassades o tronare. Ademés marchaben acompassades, marcán lo pas, perque son pare, apart dels ahorrets, les va dixá a les filles en herensia un mol despert y pressís sentit del ritmo militá y atres virtuts castrenses.

Un-dos, un-dos, un-dos; cap a missa marchaben les tres Pestetes, en los seus pits secs, les seues caderes esmirriades y la seua soberbia estatura o alsada, camí de la iglesia, en los vels lligats en un nugo deball de la barbilla y lo breviari deball de un bras.
Un ivern, la del mich, Elena, se va morí. Se va apagá un matí fosc y plovinós de desembre. Cuan la gen va acudí a donáls lo péssame a les dos germanes superviviéns, la Pesteta gran se santiguabe y repetíe:

- Deu u sap tot y es just en les seues dessisións; se ha emportat lo mes inútil de la familia. Donémli grassies. Ya al sementeriet tocán a la iglesia, cuan tapaben en dos tarrossos de terra lo cos descarnat de la Elena - la Pesteta del mich -, unes plañideres o ploradores van escomensá a gañolá.
La Pesteta gran se va encará en elles, aspra y digna y destemplada:

- No la ploréu - va di -; s´ha mort de dessidia.

Y, desde entonses, lo trío se va convertí en dúo y a la missa de vuit que don José, lo mossen, que ere un gran san, resabe dabán del altá de San Roc, se trobabe a faltá lo afilat y justet volumen de la Pesteta difunta. Pero va sé encara pijó lo que li va passá a la Pesteta menuda. A fin de cuentes lo de la del mich va sé dessignio de Deu, mentres que lo de l´atra va sé una fluixesa de la carn y per tan degut al seu libre y despreocupat albedrío. Allabonses se va establí al poble la sucursaleta del bang que ara rematabe un dels costats de la plassa. En lo directó va arribá tamé un ofissialet ben plantat y ben vestit al que sol per vóreli la cara de prop, a través de la finestreta, li portaben los ahorros les veínes del carré. Va sé un bon cuquet lo que va fé aná lo bang pera pessigá esta clientela a la ratera. Un prossedimén que consevol finansié de talla no haguere asseptat, pero que al poble va rendí uns ressultats formidables. Tan va sé que Ramón, lo fill del apotecari, que escomensabe entonses los seus estudis jurídics, se va lamentá no está en condissións encara de elaborá la seua tessis doctoral, que haguere fet mol a gust sobre lo original tema "La influensia de un personal escrupulosamen triat a les economíes de un poble". En lo de "economíes" se referíe a "ahorros" y en lo de "poble", concretamen, a la seua "aldeeta". Lo que passabe es que sonabe mol be alló de "economía de un poble" y li donabe al seu hipotétic treball, y encara que ell u díe en broma, mes altura y un alcáns mol mes ample. En la arribada de Dimas, lo ofissialet del bang, los pares y los mossos vells del poble se van ficá en guardia.
Don José, lo mossen, que ere un gran san, va parlá moltes vegades en don Dimas, apuntánli les grans consecuénsies que lo seu bigot podríe portáli al poble, pera be o pera mal. La assiduidat o frecuensia en la que lo mossen y don Dimas se entrevistaben va menguá bastán lo ressel dels pares y mossos vells y hasta la Pesteta menuda va considerá que no ere imprudén ni irreligiós dixás acompañá, de cuan en cuan, per don Dimas, encara que san germana gran, extremán la prudensia, la censurare a crits en "lo teu libertinaje y descoco són notoris". Lo sert es que a la Pesteta menuda, que hasta entonses li pareixíe aquella vall una presó vuida y sense llum, se li va obrí de repén lo horizonte, la línia que ajunte la terra y lo sel, y sen va acatá, per primera vegada a la seua vida, de la bellesa de les montañes abruptes, tallades a destral, y de la poessía de la verda campiña y de lo sugestiu que ressultabe escoltá esgarrás la nit de la valleta per lo estridén chulit de un tren. Bobades, pero bobades que porten una afilada trassendensia cuan se té lo cor unflat.
Una tarde, la Pesteta menuda va torná del seu acostumat passeo abalotada:

- Maña - va di -. No sé de aón te ve eixa inquina contra Dimas. Es lo milló home que hay conegut may. Avui li hay parlat dels nostres dinés y ell me ha donat en seguida cuatre idees pera colocáls be. Li hay dit que los teníem a un bang de la siudat y que parlaríem tú y yo abáns de dessidí res.

Va aullá, escaldada, la Pesteta gran: - ¿Y ya li has dit que sol són mil duros?

Va sonriure la Pesteta menuda pel menospreu que san germana li fée del seu flat:
- No, naturalmen. De la sifra no li hay dit res - va di.

Lola, la Pesteta gran, va alsá los seus muscles ossuts en ademán de impotensia. Después va cridá, dixán rellissá les paraules, com per un tobogán, pel seu llarg y esmolat nas: - ¿Saps lo que te dic? Que eixe home es un truhán que sen está enfotén de tú.
¿No veus que tot lo poble u comente y sen enriu de la teua tontería? Sirás tú la única que no sen acato, germana. - Va cambiá de repén lo to de la seua veu, suavisánlo -:
tens trenta sis añs, Irene; casi podríes sé la mare de eixe mosso. Pénsatu be.
Irene, la Pesteta menuda, va adoptá una actitut de llevantada, de mar abalotada.

- Me dolen los teus ressels, Lola, pera que u sápigues - va di -. Me fastidien les teues insinuassións. No té res de particulá, crec yo, que se entenguen un home y una dona.
Y no signifique res que se porton uns añs. Lo que passe es que totes les del poble, escomensán per tú, me teníu enveja. ¡Aixó es tot!
Les dos Pestetes se van separá en los nassos pujats. A la tarde siguién, Cuco, lo factó, va anunsiá al poble que doña Irene, la Pesteta menuda, y don Dimas, lo del bang, habíen agarrat lo mixto cap a la siudat. A la Pesteta gran, al enterássen, li va pujá la sang a la cara y li va enterbolí la raó. Se va desmayá. Va tardá mes de sing minuts en recuperá lo sentit. Cuan u va fé, va traure de un apolillat baúl lo traje negre que encara conservabe desde la mort de son pare, se va embuchá en ell, y va marchá a pas ligero cap a la rectoría.

- Don José, Deu meu, quína desgrassia mes gran - va di al entrá.

- Assosségat, serénat, filla.

Se va assentá la Pesteta a una cadira de vime, jun a la taula del retó.
Va interrogá a don José en la mirada.

- Sí, ya u sé; lo Cuco me u ha contat tot - va contestá lo mossen.

Ella va respirá fort y les seues costelles van ressoná com si entrechocaren. Seguidamen se va llimpiá una llágrima, redona y apretada com una gota de aigua que cau de un abre.

- Escóltom en atensió, don José - va di -, ting una horrible duda. Una duda que me rossegue les entrañes. Irene, man germana, es ya una puta, ¿no es aixó?

Lo mossen se va ficá una mica colorat: - Calla, filla. No digues animalades.

Va tancá lo mossen lo breviari que estabe lligín y se va aclarí la gola, pero la seua veu va eixí, no obstán, empañada per una sorda gangossidat.

- Escolta - va di -, no es una prostituta la dona que se entregue a un home per amor.
La ramera es la que fa de lo seu cos y de les grassies que Deu li ha donat un comers ilíssit; la que se entregue a tots los homens per dinés. ¿Compréns la diferensia?

La Pesteta va eixecá lo pit, inexorable: - Pare, de totes maneres lo que ha fet la Irene es un gravíssim pecat, un asquerós pecat, ¿no es sert?
- U es, filla - va contestá lo mossen -, pero no irreparable. Crec que conec a don Dimas y no me pareix mal mosso. Se casarán.

La Pesteta gran se va tapá los ulls en los dits descarnats y va reprimí a miges un gemec:

- Pare, pare, pero encara ña un atra cosa - va di -. A man germana la ha fet caure lo ardó de la sang. Es la seua sang la que ha pecat. Y la meua sang es la mateixa que la della. Yo podría habé fet lo mateix. Pare, pare, me acuso de aixó. De tot cor, horriblemen apenada, me arrepentixgo de aixó.

Se va eixecá don José, lo mossen, que ere un gran san, y li va tocá lo cap en los dits:

- Ves, filla. Vésten cap a casa y tranquilísat. Tú no tens la culpa de res. Lo de la Irene, ya u arreglarem.
Lola, la Pesteta gran, va abandoná la rectoría. En serta manera estabe mes consolada. Per lo camí se va repetí mil vegades que estabe obligada a expresá lo seu doló y vergoña de manera ostensible, ya que pedre la honra sempre es una desgrassia mes gran que pedre la vida. Influída per esta idea, al arribá a casa, va retallá un cartonet de una caixa de sabates, va agarrá un pinsell y en lletres nervioses va escriure: "Tancat per deshonra". Va baixá al carré y lo va enclavá a la porta de la tenda. La botiga, segóns li van contá a Daniel, lo Mussol, va está tancada deu díes en les seues deu nits consecutives.

lunes, 10 de junio de 2019

Tomo I, texto XXXI, sards jovens et de bona talla


XXXI.
Reg. 2237, fol. 36 de la 2.a fol. 13 de agosto de 1409.

Lo Rey. - Mossen P. Sabuda per una nau la qual arriba en la plaja daquesta ciutat dicmenge a IV del present mes dagost on venia lo vescomte de Castellbo la molt dolorosa mort del rey de Sicilia nostre primogenit de gran et loabla memoria de la qual havem hauda inmensa et trascendent mesticiade dolor loans nostre Senyor Deus la ma del qual axi greument ha volgut toquar les intimes de nostre cor: havem delliberat que fetes les exequies del dit rey entenam ab sobirana diligencia et cura en trametre aquí prestament gran esforç de gents darmes e monedes necessaries per continuar prosseguir e acabar la execucio e recuperacio daqueix regne de Sardenya. Perqueus manam et encarregam axi afectuosament et estricta com podem que seguint ço que vos et los altres ja fins açi en la batalla et victoria que aqui en gloria e exaltacio de nostra corona lo dit rey ab ajuda et servey de vos et dels altres ha hauda havets fet: entenats ab tot vostre cor ab tota vostra pensa et ab extrem de poder ensemps ab los barons nobles cavallers et gentils homens que aqui son ab continua execucio reyal a recuperacio e reduccio total del dit regne a nostra obediencia axi que vos envers vostra munificencia reyal et de nostres succeidors siats digne de pleneres remuneracio et laor. Noresmenys havem deliberat et acordat que apres que haurem trames aqui lo dit esforç. Lo qual sera fort prest passem et passarem Deus volent personalment en lo dit regne ab gran poder per continuar e dar conclusio a la execucio et conquesta de aquell et partints apres daqui visitarem lo regne de Sicilia et proveirem en lestament dabdoses los dits regnes segons se pertanyera a nostra honor: certificantsvos que nos havem ja trames en lo dit regne de Sicilia mossen Jacme Roure per lo qual havem scrit a la reyna nostra molt cara filla a la qual havem tramesa confirmacio de tot aquell poder que havia del dit rey nostre primogenit. Part aço havem escrit molt carregosament a mossen Bernat de Cabrera e a mossen Sanxo Roiç et a tots los altres barons axi cathalans com sicilians del dit regne manantslos que obeesquen a les ordinacions et manaments de la dita reina axi com si lo dit rey visques et que entenen en lo bon stament del dit regne remogudes totes quexes et discordies que sien entre ells certificantslos que nos serem en lo dit regne prestament menants ab nos don Frederichnostre net. E per tal que havem sabut que alguns de aquells qui ab sou nostre eren aquí passats ab vos sen son tornats amagadament en les parts deça no curant servir lo temps del dit sou havem fet pendre tots aquells quis son poguts trobar e havem feta fer crida que sots pena de cors et daver sen dejen tornar no contant en lo sou lo temps que hauran mes en venir e tornar. Aximateix havem manat recullir mossen Guillem Ramon de Muncada ab C roçins lo qual segons letres que de present ne havem haudes deu esser ja a la hora dara recullit a Portfangos: e puix sien venguts lo comte de Cardona et lo governador Darago los quals segons som certificats eren en partir daqui ab una galea e oida lur relacio proveirem prestament en totes les coses que seran aqui a vosaltres necessaries. En lendemes manamvos quens certifiquets continuament de la successio dels fets de la guerra et del stament daqueix regne. Dada en la nostra casa de Bellesguart sots nostre segell secret a XIII dies dagost del any MCCCCIX - REX MARTINUS. - Noresmenys vos manam quens trametats XX sards jovens et de bona talla pera la obra daquesta nostra casa de Bellesguard e en aço no haja falla. Dada axi com dessus. - Johannes secretarius. - Dominus rex mandavit michi - Johanni de Tudela.


Algadir Amposta Badia dels Alfacs Ballesté barraca de la sal Batalla de les Goles de l'Ebre Bonastre Bordissal Camarles caveros Cens de 1916 Cognoms Corona d'Aragó expulsió moriscos Galdós Hortets Jesús i Maria L'Enveja La Cava La guerra civil la Ràpita Les Reials Salines malaria Naufragis Paludisme Partida de dalt Pirates Port Fangós Primera Guerra Mundial Puntagrossa regalèssia Sant Jaume sosa Torre del Carregador Torre del Codonyol Torre de Sant Cristòfol Torre de Sant Joan Torres de defensa Tortosa Trabucador

viernes, 26 de julio de 2024

2. 6. Pedro Saputo al convén.

Capítul VI.

Pedro Saputo al convén.

Pedro Saputo al convén.


No va pendre lo hábit de monja, com volen di alguns y creu lo vulgo ignorán, que hasta han arribat a afirmá que va professá y va viure tres añs al convén. Tot es fals, tot inventos y donaire de homens destalentats, burlons y faltons. ¿Y pera qué? pera acabá en un cuento absurd, infame y asquerós que fa vómit y vergoña. Res de indessén, res de negre ni de mulato va passá an aquell convén; de grassiós y amable, sí, mol, perque no cabíe datra cosa a la edat y miramén de Pedro Saputo, ni a la amabilidat y virtut de aquelles siñores.

Admitixgo, pos, dins de reixes, que entonses no eren tan quisquilloses ni tan fortes ni espesses com después se van torná a tots los convens com precaussió nessessaria contra la fragilidat humana que a dins se refugie, y diénles que se díe Geminita, la van destiná per de pronte de ajudanta a la cuina, fenla sotacuinera. Pesat li va resultá, repugnán y afrentós; pero per sort, als tres o cuatre díes li va preguntá la mare priora si sabíe cusí, y va di que una mica a la moda y gust de les gens del siglo; y pera probala li va doná a cusí dos parells de cansonsillos de un reverendo ex guardián que males llengües díen que habíe sigut y ere encara lo amor mes amartellat de una germana de la priora, casada al poble y ya viuda.

Al poc rato va vore la priora que Geminita cusíe en mes primor que les mes reputades entre elles, y va amostrá la labor a les atres monges, los va pareixe tan be a totes, que per acuerdo unánime o mes be per aclamassió la van traure de la cuina y la van declará la donsella de labor de la comunidat, tratanla en mol cariño, y procurán la mayoría de elles mostrás mol seues, ya que u mereixíe tot la seua modestia, afabilidat y bona grassia.

Se van prendá de ell mol espessialmén dos novissies que ñabíe casi de la seua mateixa edat. La una perque de chiqueta caén de morros al foc ubert de lleña se va volcá damún una olla de aigua bullín y se habíe escaldat lo coll y tot un pit, van creure sons pares que siríe inútil per al món y la van incliná a sé monja, dixanse ella incliná y portá, volén o no, mol inossenmen a tot lo que li proposaben. 

Y l'atra, veína y amiga seua, la va seguí pocs díes después sol per fé lo mateix; y portáen entonses de sis a set mesos de hábit.

Estes dos sagales, pos, li van manifestá prou cariño per sé de la mateixa edat, ya que la mes gran, que ere la cremada, teníe setse añs y alguns mesets; y l'atra no mes de ixos mesos menos. 

Pera viure y parlás y tratás mes libremen van demaná a la mestra de novissies que li demanare a la mare priora la grassia de dixá dormí a Geminita al novissiat, la maestra ere blaneta, y li va parlá aquell mateix día a la priora, que pera contentá a les cuatre va consedí lo seu dessich, passán aixó a les dos semanes de está ell al convén.

En cuidadet anáe ell en tot pera no descubrís; parláe poc y sempre en oportunidat y agudesa, pero sensillamén y com si fore cosa natural y sense advertensia. De sort que sol en les seues paraules y bons modos se habíe de embutí al cor y al moll del os de totes elles; y així passáe, hasta abrassál y donali besos jovenetes y agüelotes cuan lo sentíen parlá en tanta discressió y sabiduría. Per supost, ell se dixáe abrassá y besá, pera no eixecá sospeches, pero no solíe torná estes carissies, rara vegada u feie. Se li queixáen amorosamen de sé massa aspra y fura. Les que mes se queixaben eren les dos novissies, perque tamé eren les que mes cariños li féen. Se díen elles la una Juanita, y l'atra Paulina. La Juanita ere la del pit escaldat.

Habíe tingut Paulina molta temó als morts y als duendes, y encara li durabe; aixina que la maestra de novissies les permitíe alguna vegada dormí juntes, cosa que no se usabe ni aprobabe la regla. 

Van allargá esta libertat después de entrá allí Geminita, y alguna vegada dormíen les tres juntes, dixán ell corre sempre la ignoransia de aquelles sagales.

Al final se va tindre que descubrí diénles un día, que estáe mol apenada perque al seu pareixe se tornáe home. Sen van enriure aquelles inossentes mossetes; ell va insistí en que ere verdat, y elles encara sen enríen mes y no faen cas. Su van tindre que creure, pero sense sospechá lo engañ y teninlo sol com un cas mol raro y casi milagrós. Perque dudá de que va entrá dona al convén ni sels podíe ocurrí. Conque van passá prop de dos mesos de esta manera en la mes gran sensillés y naturalidat del món, y sense cap escrúpol ni reparo.

Lo mes gran perill que va corre lo seu disfrás constanmen va sé que olvidat del papé que fée descubriguere que sabíe lligí, y anáe sobre aixó parán molta cuenta, no agarrán may cap llibre a les mans per mes que los veíe a totes les taules, be que reduíts a breviaris, diurnos y devossions cristianes; y si alguna vegada ne obríe algún lo miráe un rato y díe: aixó es o..., y esta, ele, y nombrabe tres o cuatre lletres, sempre les mateixes, de lo que sen enríen mol les novissies y les atres monges. Y ningú sen recordáe de la seua familia ni se va tratá de escriure al seu poble.

Encara va fé un atra inossentada. La organista ere una coixa, que fora de esta falta y la de una den, ere bastán grassiosa y la mes lista, pincha y atrevida de la comunidat; pobres a casa seua, la van admití per lo ofissi. Passán un día Geminita per la seua cámara va entrá y va vore que amagáe mol depressa un papé brut, y li va di: 

- Perdonéu sor Nazaria; pero eixe papé, si está escrit yo no hay de lligíl, y escrit o no, ha de mascará tot lo que toco segons hay vist.

- Pos que mascaro, va contestá la monja; lo embutixco aquí prop del cor perque es de una persona que ting apossentada al mich de les entrañes; y te u descubrixco perque eres discreta. Escolta lo que diu: "Dolsa y grassiosa colometa meua: me fan aná a predicá tres sermons, y tardaré dos siglos en torná, que dos siglos o mes significarán pera mí tindre dolén lo cor les dos semanes que estaré sense vore los teus ulls amorosos, sense sentí la teua veu encantadora, sense contemplá lo teu rostro encantadó, sense donat y ressibí aquells apassionats abrassos entesos sol per tú y per mí.

Si puc, vindré a despedím; pero per si auncás escriume esta tarde, y aplica al papé una dotsena de besets com yo los dono an éste pera que tú los arreplegos. ¡Prenda meua! ¡Ama meua! La teua imache, que sempre ting presén, sirá lo meu ídolo en esta aussensia, així com tú, aussén y presén, eres la meua vida y la meua alma. Teu. N.»

- Tendre y enamorat está fulano, va di Geminita; pero lo seu papé mereixíe mes cuidado, pareix que hau llimpiat en ell lo cresol o embolicat una butifarra de sang rostida al caliu.

- Es que, va di la monja, me l'ha enviat a dins de un pichonet guisat y farsit. Tamé yo li envío los meus en dolsaines, bizcochos, en lo que puc.

- Y, ¿qué traéu, diéume, li va preguntá, de ixos amors, no se poden vore mes que de lluñ y sempre reixa pel mich, ni tratás mes que per escrit? ¿Quín gust poden tindre uns besets que venen embolicats en un colomet guisat, fen auló a espessies y tan pringosos?

- No u entenéu, va contestá la monja; si no fore per naixó mos moriríem totes badallán. Perque has de sabé que fora de algunes de gust mol soberbio, com la priora y sor Mercedes, totes tenim cada una lo seu cada un, y tratem la una en un flare, l'atra en un benefissiat, y així, filla meua, tenim ocupat lo cor y entretingut lo pensamén. Y si ixos homens pugueren entrá... Y no es difíssil, perque yo sé cóm y per aón; pero lo meu es flare y se sabríe, que si no... Pos, com día, si pugueren entrá, totes mos pedríem, perque tot aniríe al ample. Lo nostre amor es mes violén que fora a la libertat del siglo que corre. Yo men enrecordo de que vach voldre be a un jove abans de entrá, perque vach vindre ya en vin añs y ya ne fa nou que hi estic, y aquell amor a cap desesperassió me portáe, com éste me porte a vegades, y com yo sé que los passe a les atres en los seus. Perque aquí lo que es al exterió, molta humildat y mansuetut, molta pas y tranquilidat; pero interiormen y a soles són les batalles y furors, y la brasa a les entrañes, y lo avivás lo foc, y lo estampit y cruixí de les flames que rodegen y u abrasen tot. Hasta la mare priora ha tingut los seus mals de cap, y potsé los té encara, pero u dissimule mol o per la edat ya no u sentix en tanta forsa.

Y sor Mercedes, si no los té, es perque diu que lo que ha de agradali y mereixe lo seu amor ha de sé mol superlatiu, y después mol prudén pera sabé patí y callá, y no caminá fen lo enamorat y lo suspirós, y menos dién chiquillades per tot arreu. Cada una tenim lo nostre gust y les nostres aprensions.

- Yo creía, va di Pedro Saputo fense lo simple, que les monges eren totes santes.

- Y u som, va contestá ella; pero hechizas y de botarga: de les verdaderes va passá ya lo tems. Mira: diuen que lo món, lo demoni y la carn són los enemics del alma; pos yo te asseguro que a cap puesto se troben tan a gust com als claustros. Es sert que lo món no mo se oferix per plasses y palaus, no mos deslumbre en la seua pompa y vanes apariensies; ni s'apareix al estat y vida que seguim; pero ve a les nostres reixes y mos entre per nelles en totes les seues inmundissies, y mos taque encara mes que als mateixos que los porten. Aquí se pregunte y averigüe tot lo que passe al poble, y lo que gasten aquell y aquella, y de aón y cóm; y lo que parle y trate y se descuide la donsella, y lo que engañe la casada, y se desenfade la viuda; se sap per díes y hasta per hores la vida del mossen, del dotó, del caballé, del villano, de tots en una paraula, grans, michans, y menuts; y u pensam, u regiram y murmuram, y ya la enveja, ya lo juissi temerari, ya la mes refinada malissia mos consumix, mos contente y cobre venjansa. Pos entre natros (y aquí entre lo demoni), colometes sense fel, tórdoles arrulladores de la soledat, ¡ay, quina tela, va di lo sastre! ¡ah, qué carneta, va di lo carnissé! ¡ay, qué inossén, va di lo novio!; tot es motejamos, criticamos, calumniamos, ficamos a pelá; tot soberbia, passions, chismes, parladuríes, odio, bandos, riñes, sels, despiques, enveches, reconcomios; y a vegades de esta ficsió y hipocressía, dién al món perdut y relajat, donem grassies a Deu per habemos librat dels seus perills.

- Lo dimoni de la vanidat mos té mes rendides y esclavisades que a les dones mes tontes y profanes del siglo. May mos criden al locutori sense antes passamos revista y donamos tres mans al espill, pera que lo vel caigue així, volo aixá, jugo de esta manera, descanso de l'atra; y que la toca, y la correcha y la cadena y lo escapulari diguen algo al que mos mire, com si per mol que mos atildem pugam dixá de sé dones visions y hermosures de carnerari, ni mes ni menos que los flares dixá de fé pudó a sobaquina.

- Pos en cuan a la carn, ya te hay dit lo que mos passe, perque tan mal inclinada está aquí, y alguna vegada tan aveada, com allá fora, y sempre mes irritada, o al menos mes fássil y rebelde, be que menos libre y satisfeta. Pero yo, Geminita, miro totes estes coses com oreo de abanico y te dic y asseguro que si deu vegades naixquera, deu vegades me ficaría a monja, encara que fore pera passá aquí lo infern y allá lo purgatori; o al revés, y me ixíen los pans de pintadó hosties. No saben, no, les gens del món lo que passe als claustres, ni u podríen entendre sense vóreu ni experimentáu. ¡Oh, qué diferén u jusguen y u creuen tots, com u creía yo mateixa, que me imaginaba aquí la inossensia y la vida del paraís!

- Mol engañada, pos, vivía yo, va contestá Pedro Saputo; y encara que en los díes que fa que estic hay vist algo, no veía tan com tot aixó.

- Perque sou mol chiqueta y no teniu malissia, va di la coixa; creixéu, creixéu, creixéu, mudáu eixe hábit al nostre, feu la creu y nugo gordiano dels votos, y entonses voréu, y ya mu diréu si voléu di la verdat. Mira, pos, quin pun éste de la verdat. Aquí, Geminita, se mentix mes que a una fira, mes que a la tenda de un mercadé sense consiensia; y la que va en la verdat obté damún la burla y lo despressio de totes. Y ojito de fiáten de alguna, perque no se sap lo que es la lealtat, y de la caridat sol se coneix lo nom.

- En tot, va replicá Pedro Saputo, al meu pareixe hau exagerat una mica massa mols defectes ben minuts, eixecán montes al pla, com lo puch de Puigmoreno, y valletes al secá, com a Valmuel. Yo no los miro en vidres de aumén ni del coló de les passions; y vech caridat, indulgensia y bon espíritu, y no trobo ixa discordia del infern que tot segons diéu u porte a punta de llengua y dardo de escursó. Perque, ¿qué són alguns desvíos, alguna enganchada, algunes contradicsionetes? Entre germans se troben, y hasta entre pare y fills, y no per aixó dixen de sé lo que són, y después se 'ls olvide y tornen a tratás y confiás com si res haguere passat.

- Pero dixán tot aixó, si tos pareix, ¿no voldríeu enseñám a lligí y tocá lo órgano de Turull?

- Si la mare priora vol y te dixe, va contestá la monja, per mí en mol gust. Demánali la grassia; sí, sí, demánalay y sirem bones amigues. En efecte, va parlá a la priora y li va otorgá la grassia, discurrín que si a la sagala la podíen traure una mica lletrada y organista, se quedaríe de segona y la professaríen de monja de obediensia. Y va escomensá lo seu estudi adeprenén la paleta de la Jesús y teclechán contínuamen a un instrumén que teníe la coixa a la seua cámara, paregut al de Fondespala, al Matarraña. Va volé esta enseñali tamé la solfa, y ell va di que lo que importabe eren les lletres y les tecles, que aixó vindríe mes abán; y en vuit díes va fé vore que adepreníe y coneixíe totes les lletres de la primera linea de la paleta hasta la H, de lo que estáe mol orgullosa la coixa. Y uns ratos cusín, atres tecleján, y servín tamé a la priora y an alguna atra monja de les de copete, y fen lo pesolaga algún rato en les novissies, se pegáe mol bona vida.


Original en castellá:

Capítulo VI.

Pedro Saputo en el convento.


No tomó el hábito de monja, como quieren decir algunos y cree el vulgo ignorante, que hasta han llegado a afirmar que profesó y vivió tres años en el monasterio. Todo es falso, todo inventación y donaire de hombres desatentados y burlones. ¿Y para qué? Para concluir con un cuento absurdo, infame y asqueroso que da náuseas y vergüenza. Nada de indecente, nada de negro ni de mulato pasó en aquel convento; de gracioso y amable, sí, mucho, porque no cabía otra cosa en la edad y miramiento de Pedro Saputo, ni en la amabilidad y virtud de aquellas señoras.

Admito, pues, dentro de rejas, que entonces no eran tan quisquillosas ni tan fuertes ni espesas como después se hicieron en todos los conventos como precaución necesaria contra la fragilidad humana que dentro se refugia, y diciéndoles que se llamaba Geminita, le destinaron por de pronto de ayudanta a la cocina, haciéndole sotacocinera. Duro le fue, repugnante y afrentoso; pero a dicha, de ahí a tres o cuatro días le preguntó la madre priora si sabía coser, y dijo que un poco a la moda y gusto de las gentes del siglo; y por prueba le dio a coser dos pares de calzoncillos de un reverendo exguardián que malas lenguas decían había sido y era en el día el amor más amartelado de una hermana de la priora, casada en el pueblo y ya viuda a la sazón; lo cual, como ve el lector, maldita la cosa que tocaban a la bienaventurada monja.

A poco rato conoció la priora que Geminita cosía con más primor que las más reputadas entre ellas, y mostró la labor a otras monjas, pareciendo tan bien a todas, que por acuerdo unánime o más bien por aclamación le sacaron de la cocina y declararon la doncella de labor de la comunidad, tratándole con mucho cariño, y procurando las más de ellas mostrársele muy suyas, mereciéndolo todo su modestia, su afabilidad y buena gracia.

Prendáronse de él muy especialmente dos novicias que había casi de su misma edad. La una porque de chiquita cayéndose de bruces en el fuego del hogar se volcó encima una olla de agua hirviendo y se había quemado el cuello y todo un pecho, creyeron sus padres que sería inútil para el mundo y la inclinaron desde luego a monja, dejándose ella inclinar y llevar al fin, si querer si no querer, más de decir que sí muy inocentemente a todo lo que le proponían. Y la otra, vecina y amiga suya, la siguió pocos días después sólo por hacer lo mismo; y llevaban entonces de seis a siete meses de hábito.

Estas dos muchachas, pues, le manifestaron mas cariño por ser de su misma edad, puesto que la mayor, que era la quemada, tenía dieciséis años y meses; y la otra no más de esos meses menos. Para vivir y hablarse y tratarse más libremente rogaron a la maestra de novicias que pidiese a la madre priora la gracia de dejar dormir a Geminita en el noviciado, la maestra era de suyo indulgente, y habló aquel mismo día a la priora, la cual por contentar a todas cuatro concedió con su deseo, sucediendo esto a las dos semanas cabales que él estaba en el convento.

Con el mayor cuidado iba él en todo para no descubrirse; hablaba poco y siempre con oportunidad y agudeza, pero sencillamente y como si fuese cosa natural y sin advertencia. De suerte que sólo con sus palabras y buen modo se había de meter en el corazón y en los tuétanos de todas ellas; y así sucedía, hasta abrazarlo y darle de besos jóvenes y viejas cuando le oían hablar con tanta discreción y sabiduría. Por supuesto, él se dejaba abrazar y besar, por no dar sospecha, pero no solía volver estas caricias sino rara vez. Como que se le quejaban amorosamente de su esquivez e insensibilidad. Las que más se quejaban eran las dos novicias, porque también eran las que mas cariños le hacían. Llamábanse ellas la una Juanita, y la otra Paulina. La Juanita era la del pecho quemado.

Había tenido Paulina mucho miedo a los muertos y a los duendes, y aún le duraba; como que la maestra de novicias les permitía alguna vez dormir juntas, cosa que no se usaba ni aprobaba la regla. Alargaron esta libertad luego que estuvo allí Geminita, y alguna vez dormían las tres juntas, dejando él correr siempre la ignorancia de aquellas muchachas.

Al cabo se hubo de descubrir diciéndoles un día, que estaba muy triste porque a su parecer se volvía hombre. Riéronse aquellas inocentes niñas; él insistió en que era verdad, y ellas en reírse y no hacer caso. Pero como por eso no dejaban de llamarle como antes, lo hubieron de creer, pero sin sospechar el engaño y teniéndolo solamente por un caso muy raro y casi milagroso. Porque dudar que entró mujer en el convento ni aun ocurrirles podía. Conque pasaron cerca de dos meses de esta manera con la mayor sencillez y naturalidad del mundo, y sin el menor escrúpulo ni reparo.

El mayor peligro que corrió su disfraz constantemente fue el que olvidado del papel que hacía descubriese que sabía leer, y andaba sobre esto muy advertido, no tomando nunca ningún libro en las manos por más que los veía en todas las mesas, bien que reducidos a breviarios, diurnos y devociones cristianas; y si alguna vez abría alguno lo miraba un rato y decía: esto es o..., y ésta, ele, y nombraba tres o cuatro letras, siempre las mismas, de lo que se reían mucho las novicias y las otras monjas. Y nadie se acordaba de su familia ni se trató de escribir a su pueblo.

Aún hizo otra inocentada. La organista era una coja, que fuera de esta falta y la de un diente, era bastante graciosa y la más lista y atrevida de la comunidad; pobre de su casa, y a quien admitieron por el oficio. Pasando un día Geminita por su celda entró y vio que ocultaba muy aprisa un papel sucio, y le dijo: - Perdonad sor Nazaria; pero ese papel, si está escrito yo no he de leerle, y escrito o no, ha de untar todo lo que toque según he visto. - Mas que unte, respondió la monja; le meto aquí cerca del corazón porque es de una persona a quien tengo aposentada en medio de mis entrañas; y te lo descubro porque eres discreta. Oye lo que contiene: «Dulcísima y graciosísima paloma mía: me hacen ir a predicar tres sermones, y tardaré dos siglos a volver, que dos siglos y más serán para mi enfermo corazón dos semanas que estaré sin ver tus ojos amorosos, sin oír tu voz encantadora, sin contemplar tu rostro hechicero, sin darte y recibir aquellos aspirados abrazos de ti y de mí solos entendidos. Si puedo, iré a despedirme; pero por si acaso escríbeme esta tarde, y aplica al papel una docena de besos como yo los doy a éste para que tú los recojas. ¡Prenda mía! ¡Dueño mío! Tu imagen, que siempre tengo presente, será mi ídolo en esta ausencia, así como tú, ausente y presente, eres mi vida y mi alma. Tuyo N.» - Tierno y enamorado está el sujeto, dijo Geminita; pero su papel merecía otro cuidado, que no dirán sino que habéis limpiado con él la lámpara o envuelto una morcilla asada. - Es, dijo la monja, que me lo ha enviado dentro de un pichón cocido y relleno. También yo le mando los míos en dulces, en bizcochos, en lo que puedo. - Y, ¿qué sacáis, decidme, le preguntó, de esos amores no pudiendo ver sino de lejos y siempre reja en medio, ni trataros sino por escrito? ¿Qué gusto pueden tener unos besos que vienen envueltos con todo un pichón guisado, oliendo a especias y tan pringosos? - No lo entiendes, respondió la monja; si no fuera esto nos moriríamos todas de bostezos y encharcamiento. Porque has de saber que fuera de algunas de gusto muy soberbio, como la priora y sor Mercedes, todas tenemos cada una su cada uno, y tratamos cuál con un fraile, cuál con un beneficiado, cuál con otro que se le previene, y así, hija mía, tenemos ocupado el corazón y entretenido el pensamiento. Y si esos hombres pudieran entrar... Y no es difícil, porque ya yo sé cómo y por dónde; pero el mío es fraile y se sabría, que si no... Pues, como decía, si pudiesen entrar, todas nos perderíamos, porque todo iría a barrisco. Nuestro amor es más violento que fuera en la libertad del siglo. Yo me acuerdo que quise bien a un joven antes de venir, porque vine ya de veinte años y hace nueve que estoy, y aquel amor en ninguna desesperación me ponía, como éste me pone a veces, y como yo conozco que les sucede a otras con los suyos. Porque aquí lo que es al exterior, mucha humildad y mansedumbre, mucha paz y tranquilidad; pero interiormente y a solas son las batallas y furores, y el arder de las entrañas, y el consumirse el fuego, y el estallido y rumor de las llamas que envuelven y abrasan todo. Aun la madre priora ha tenido sus quebraderos de cabeza, y quizá los tiene en el día, pero lo disimula mucho o por la edad no siente ya con braveza. Y sor Mercedes, si no los tiene, es porque dice que el que ha de gustalle y merecer su amor ha de ser muy superlativo, y después muy prudente para saber sufrir y callar, y no andar haciendo el enamorado y el suspiroso, y menos diciendo niñerías trasminándose por todas las junturas. Cada una tenemos nuestro gusto y nuestras aprensiones.

- Yo creía, dijo Pedro Saputo haciendo el simple, que las monjas eran todas santas. - Y lo somos, respondió ella; pero hechizas y de botarga: de las verdaderas pasó ya el tiempo. Mira: dicen que el mundo, el demonio y la carne son los enemigos del alma; pues yo te aseguro que en ninguna parte se la llevan tan de calle como en los claustros. Es cierto que el mundo no se nos ofrece por plazas y palacios, no nos deslumbra con su pompa y vanas apariencias; ni se parece en el estado y vida que seguimos; pero viene a nuestras rejas y se nos entra por ellas con todas sus inmundicias, y nos mancha aún más que a los mismos que le componen. Aquí se pregunta y averigua cuanto pasa en el lugar, y lo que gastan aquél y aquélla, y de dónde y cómo; y lo que habla y trata y se descuida la doncella, y lo que engaña la casada, y se desenfada la viuda; sabiendo por días y aun por horas la vida del clérigo, del facultativo, del caballero, del villano, de todos en una palabra, grandes, medianos, y chicos; y lo pensamos, y lo revolvemos y murmuramos, y ya la envidia, ya el juicio temerario, ya la más refinada malicia nos consume, nos contenta y da venganza. Pues entre nosotras (y aquí entra el demonio), palomitas sin hiel, tórtolas arrulladoras de la soledad, ¡ay, qué tela, dijo el sastre!; ¡ay, qué inocente, dijo el novio!; todo es motejarnos, criticarnos, calumniarnos, desollarnos; todo soberbia, pasiones, chismes, odio, bandos, riñas, celos, despiques, envidias, reconcomios; y a vueltas de esta ficción e hipocresía, llamando al mundo perdido y relajado, y haciendo que damos gracias a Dios por habernos librado de sus peligros.

- El demonio de la vanidad, que si otra cosa no topase pegará a una verruga, nos tiene más rendidas y esclavillas que a las mujeres más tontas y profanas del siglo. Nunca nos llaman al locutorio, que no nos pasemos revistas y demos tres manos en el espejo, para que el velo caiga así, vuele asá, juegue de esta manera, descanse de la otra; y que la toca, y la correa y la cadena y el escapulario digan algo al que nos mira, como si por mucho que nos atildemos podemos dejar de ser mujeres visiones y bellezas de carnerario, ni más ni menos que los frailes dejar de heder a sobaquina.

- Pues en cuanto a la carne, ya te he dicho lo que nos sucede, porque tan mal inclinada está aquí, y alguna vez tan avezada, como allí fuera, y siempre más irritada, o al menos más fácil y rebelde, bien que menos libre y satisfecha. Mas yo, Geminita, miro todas estas cosas como oreo de abanico y te digo y aseguro que si diez veces naciera, diez veces me pondría a monja, dado que fuese para pasar aquí el infierno y allá el purgatorio; o al revés, y me salían las hogazas hostias. No saben, no, las gentes del mundo lo que pasa en los claustros, ni lo podrían entender sin vello ni esperimentallo. ¡Oh, qué diferente lo juzgan y lo creen todos, como lo creía yo misma, que me imaginaba aquí la inocencia y la vida del paraíso!

- Muy engañada, pues, vivía yo, respondió Pedro Saputo; y aunque en los días que hace que estoy he visto algo, pero no tanto como todo eso. - Porque sois muy niña y no tenéis malicia, dijo la coja; creced, creced, creced, mudad ese hábito en el nuestro, haced la cruz y nudo gordiano de los votos, y entonces veréis y me lo diréis si queréis decir la verdad. Mira, pues, qué punto éste de la verdad. Aquí, Geminita, se miente más que en una feria, más que en la tienda de un mercader sin conciencia; y la que trata verdad, segura tiene encima la burla y el desprecio de todas. Y cuidado de fiarte de alguna, porque no se sabe lo que es la lealtad, y de la caridad sólo se conoce el nombre.

- Con todo, replicó Pedro Saputo, a mi parecer habéis ponderado un poco muchos defectos harto ligeros, levantando montes en el llano. Yo no los miro con vidrios de aumento ni del color de las pasiones; y veo caridad, indulgencia y buen espíritu, y no encuentro esa discordia del infierno que todo según decís lo lleva a punta de lengua y dardo de víbora. Porque, ¿qué son algunos desvíos, alguna contienda, algunas contradiccioncillas? Entre hermanos se ven, y aun entre padre e hijos, y no por eso dejan de ser lo que son, y luego se les olvida y vuelven a tratarse y confiarse como si nada hubiera pasado.

- Mas dejando todo esto, si os parece, ¿no queríades enseñarme a leer y tocar el órgano? - Si la madre priora quiere y te deja, respondió la monja, por mí con mucho gusto. Pídele la gracia; sí, sí, pídesela y seremos buenas amigas. Con efecto, habló a la priora y le otorgó la gracia, discurriendo que si a la muchacha la podían sacar un poco letrada y organista, se quedara de segunda y la profesarían de monja de obediencia. Y dio principio a su estudio aprendiendo la paleta de la Jesús y tecleando continuamente en un instrumento que tenía la coja en su celda. Quiso ésta enseñarle también la solfa, y él dijo que lo que importaba eran las letras y las teclas, que eso vendría más adelante; y en ocho días hizo que aprendía y conocía todas las letras de la primera línea de la paleta hasta la H, de que estaba muy vana la coja. Y unos ratos cosiendo, otros tecleando, y sirviendo también a la priora y a alguna otra monja de las de copete, y traveseando algún rato con las novicias, se daba muy buena vida.