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viernes, 26 de julio de 2024

2. 8. Ix del convén.

Capítul VIII.

Ix del convén.

Pedro Saputo ix del convén.

Se va corre la veu que sen anáe Geminita, y va ñabé una consternassió general a la comunidat. La coixa, o sigue la organista, va di, que después que la habíe escomensat a desburrá (¡una coixa desrucá a Pedro Saputo!) la fotíen fora del convén pera que aniguere a un atre a lluí la seua habilidat; afegín en lo seu desenfado natural que mes valdríe que se morigueren la mitat de les monges y hasta lo mateix pare confessó a que sen aniguere Geminita. Una agüela de nom sor Bonifacia, que habíe sigut mol viva y conserváe encara la valentía de la seua verda edat, se va presentá a la priora y li va di: ¿Qué feu, mare priora? ¿Cóm dixéu anassen, si es que no la fotéu fora, an ixa pressiosa sagala, cuan la tindríem que conservá com a una reliquia? Desde que está al convén han parat los odios y les riñes que abans ñabíe; perque veénla an ella a totes mo se amansabe lo pit y se templabe la saña. Be sabéu que sor Venancia y sor Tolomea mos teníen fartes y apenades en les seues batalles, y que fa pocs díes están al claustre nou se van enganchá (arrifá) de modo que se van fé fils los vels, y se van agarrá de les toques, y se les van arrencá, y van passá al que yo men dono vergoña de di; y presentanse allí de improvís ixa sagala, o ángel o lo que sigue, que anáe a les seues obligassions, y paranse a mirales com demananles lo pas passífic, se va aturá lo combat com per encán, y sense res mes que di en aquella grassia tan atractiva, en aquell to y veu que derretix les pedres:

¡Ay, siñores, que aixó no su creuríe la gen del siglo de persones tan virtuoses! Se van aplacá y separá, y ara ya se parlen si no com amigues al menos no com enemigues. Miréu per Deu que no fotegáu fora de casa an ixa sagala, perque feu cuenta que aventéu del convén la pau y la alegría.

Y díe be la mare Bonifacia, perque al menos este be sí que lay debíe la comunidat; tal ere l'enchís de les seues paraules, y hasta de la seua sola presensia. Així es que pera tot la buscaben. Geminita u ha dit; Geminita u ha fet; Geminita es; Geminita entre; Geminita ix; Geminita puje; Geminita baixe; Geminita va; Geminita ve.

Y en raó tot, y mes y mol mes que faigueren. Perque si se oferíe a retallá alguna pessa de roba, encara que foren uns cansonsillos de flare, portáe molta ventaja en fassilidat y perfecsió a la mateixa sor Mercedes, que ere la milló estisora de la comunidat; si cusíe, dixáe mols puns atrás a sor Ángeles, que ere tamé la milló agulla del convén; si bordáe, lo seu primor fée ajupís a totes; si vestíe alguna imache, alló ere encantás de vóreu; si contáe cuentos, pera cada un que se sabíen les mes sabudes, ne sabíe Geminita una dotsena. 

Y ¡qué grassiosos!, pero al mateix tems mol dessens, com se supose, no com alguns de Lo Decamerón en chapurriau

¡Cóm no habíen de sentí que sen anare! U sentíen mol, y no va ñabé monja ixos díes que no la abrassare, que no la besare, que no li suplicare, que no li apretare la má, si be diuen que moltes teníen tanta enveja com cariño.

A la coixa, que de un arrebato de espíritu y de una avinguda de amor li va doná un día una dotsena de besos, perque ere de genio fogós, no va tindre per convenién dili la causa per qué sen anáe pareixenli perillós descubrís perque ere malissiosa, y sobre tot fássil y resoluta. Ni creuríe tampoc la seua transformassió, al seu cas ñabíe que dili la verdat o inventá una historia mol calificada que se puguere admití y no portare a sospeches contra cap monja o contra les novissies.

Per fin va arribá lo día; res teníe ya que previndre a les dos sagales; y pera que no malpensaren la priora y sor Mercedes, no va voldre les raderes nits dormí al novissiat, sino a una segona cámara que se comunicabe en la de la priora, intermija en la de la amiga; pero passán tots los ratos libres del día en les seues caríssimes (estimades, encariñades) novissies; ratos als que vée lo ressel en que lo volíen tindre sempre al seu costat la una o l'atra de aquelles dos tendres amigues.

Va tocá un matí les sis lo rellonge del poble; y mentres la comunidat estáe al coro, va eixí vestit de dona y en un feix lo traje de home del bras, y van plorá al cap de uns minuts la seua aussensia totes les mares, espessialmén les dos que tan lo volíen y tan se regaláen en ell los radés quinse díes. Les simpletes novissies ploráen, pero se van consolá después en la esperansa de eixí a la libertat del siglo.

Va quedá viuda la comunidat; als claustres reinabe lo silensio; les parets se cubríen de dol; lo minjadó estáe desganat, y lo coro, picat y enfadat. Van tindre consell aquella nit les dos consabudes mares, van suspirá, van plorá, y van proposá de manali que tornare; pero ya ere tart; s'habíe allargat mol y no sabíen la direcsió que portáe. Van torná a suspirá, van torná a sentí la pena, y al seu cor passáe mol mes de lo que manifestaben, portanles lo sentimén casi a desesperás. Be mo se está, va di sor Mercedes; a la nostra má estáe; ¡y lo vam dixá anassen! ¿Quína nessessidat ñabíe mentres no passare algo mes? Consoleutos ara si podéu, moríu en esta tristesa. Va contestá an aixó la priora en un gran suspiro y dién:

Teniu raó, pero ya no ña remey. Y ere verdat, perque ell encara no habíe caminat dos mil passes cuan se va traure les faldes de dona y se va ficá lo traje, enfotensen per una part de la inossensia de aquelles monges, y sentín per l'atra la falta de repén de la seua acostumbrada veu y compañía, y del amor tan natural y dols de dos angelicals novissies.


Original en castellá:

Capítulo VIII.

Sale del convento.

Divulgóse la voz que se iba Geminita, y hubo una consternación general en la comunidad. La coja, o sea la organista, dijo, que después que la había comenzado a desasnar (¡una coja desasnar a Pedro Saputo!) la echaban del convento para que fuese a otro a lucir su habilidad; añadiendo con su desenfado natural que más valdría se muriesen la mitad de las monjas y aun el mismo padre confesor, que no se fuese Geminita. Una vieja llamada sor Bonifacia, que había sido muy viva y conservaba aún la valentía de su verde edad, se presentó a la priora y le dijo: ¿qué hacéis, madre priora? ¿Cómo dejáis ir, si es que no la echáis, a esa preciosa muchacha, cuando la deberíamos conservar como una reliquia? Desde que está en el convento han cesado los odios y las discordias que antes había; porque en viéndola a ella a todas se nos amansaba el pecho y se templaba la saña. Bien sabéis que sor Venancia y sor Tolomea nos tenían afligidas con sus batallas, y que hace pocos días encontrándose en el claustro nuevo se arrifaron de modo que se hicieron pedazos los velos, y se asieron de las tocas, y se arrancaron, y pasaron a lo que yo me doy vergüenza de decir; y presentándose allí de improviso esa muchacha, o ángel o lo que sea, que iba a sus obligaciones, y parándose a mirallas como pidiéndoles el paso pacífico, cesó el combate como por encanto, y sin más que decilles con aquella su gracia tan atractiva, con aquel tono y voz que derrite las piedras. ¡Ay, señoras, que eso no lo creerían las gentes del siglo de personas tan virtuosas!, se aplacaron y separaron, y agora se hablan ya si no como amigas al menos como enemigas. Mirad por Dios que no echéis de casa a esa muchacha, porque haced cuenta que echáis del convento la paz y la alegría.

Y decía bien la madre Bonifacia, porque a lo menos este bien sí que se lo debía la comunidad; tal era el poder de sus palabras, y aun de su sola presencia. Así es que para todo la buscaban. Geminita lo ha dicho; Geminita lo ha hecho; Geminita es; Geminita entra; Geminita sale; Geminita sube; Geminita baja; Geminita va; Geminita viene. Y con razón todo, y más y mucho más que hicieran. Porque si se ofrecía cortar alguna prenda de ropa, aunque fuesen unos calzoncillos de fraile, llevaba mucha ventaja en facilidad y perfección a la misma sor Mercedes, que era la mejor tijera de la comunidad; si coser, dejaba muchos puntos atrás a sor Ángeles, que era también la mejor aguja del convento; si bordar, su primor hacía encoger a todas; si vestir alguna imagen, aquello era encantarse de verlo; si contar cuentos, para cada uno que sabían las más decidoras, sabía Geminita una docena. Y ¡qué graciosos!, pero al mismo tiempo muy decentes, como se supone. ¡Y no sentirían que se fuese!, lo sentían, y no hubo monja aquellos días que no la abrazase, que no la besase, que no le suplicase, que no le apretase la mano, si bien dicen que en muchas tanto era envidia como cariño.

A la coja, que un arrebato de espíritu y de una avenida de amor le dio un día una docena de besos, porque era de genio fogoso, no tuvo por conveniente decirla la causa por qué se iba pareciéndole peligroso descubrírsele porque era maliciosa, y sobre todo fácil y resoluta. Ni creyera tampoco en su transformación, en cuyo caso había que decirle la verdad o inventar una historia muy calificada que se pudiese admitir y no indujese sospechas contra ninguna monja o contra las novicias.

Por fin llegó el día; nada tenía ya que prevenir a las dos niñas; y para que no maliciasen la priora y sor Mercedes, no quiso las últimas noches dormir en el noviciado sino en una segunda celda que se comunicaba con la de la priora, intermedia con la de la amiga; pero pasando todos los ratos libres del día con sus carísimas novicias; ratos que le cercenaba mucho el recelo con que advirtió le querían tener siempre a su lado la una o la otra de aquellas dos tiernas amigas.

Dio una mañana las seis el reloj del pueblo; y mientras la comunidad estaba en el coro, salió vestido de mujer con su bulto del traje de hombre del brazo, llorando a breves minutos su ausencia todas las madres, especialmente las dos que tanto le querían y tanto se regalaron con él los últimos quince días, pues no fueron menos los que le detuvieron después de tener hecho el vestido. Las simplecillas novicias lloraban por de pronto, mas se consolaron luego con la esperanza de salir a la libertad del siglo. Quedó en fin viuda la comunidad; en los claustros reinaba el silencio; las paredes se cubrían de luto; el refectorio era desabrido, y el coro, molesto y enfadoso. Tuvieron consejo aquella noche las dos consabidas madres, suspiraron, lloraron, y propusieron si le mandarían volver; pero ya era tarde; habríase alongado mucho y no sabían la dirección que llevaba. Tornaron a suspirar, sintieron de nuevo la pena, y en su corazón pasaba mucho más de lo que manifestaban, llevándolas el sentimiento casi a desesperarse. Bien se nos está, dijo sor Mercedes; en nuestra mano estaba; ¡y lo dejamos ir! ¿Qué necesidad había mientras más no sucediese? Consolaos agora si podéis, morid en esta tristeza. Respondió a esto la priora con un gran suspiro y diciendo: Tenéis razón, pero ya no hay remedio. Y era verdad, porque él aún no había andado dos mil pasos cuando se quitó las faldas de mujer y se vistió su traje, riéndose por una parte de la inocencia de aquellas monjas, y sintiendo por otra la falta repentina de su acostumbrada voz y compañía, y del amor tan natural y dulce de dos angelicales novicias.

jueves, 25 de julio de 2024

1. 4. De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats

Un dels mes grans engañs que se patixen al món es que no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats com hauríen, perque aixina no entropessaríe un en tans que pareixen un atra cosa. Si al menos los creixqueren les orelles, que es lo distintiu mes propi; pero ni aixó. ¡Oh qué bo que siríe! Pedro Saputo los coneixíe en sol mirals a la cara; y desde chiquet, com se va vore lo que li va di del veinet sa mare, que lo proposáe com a modelo de aplicassió de les lletres, pero ñan arts y siensies que moren en los seus autós; esta va sé una de elles. La que después han fundat los moderns fisonomistes dits servellistes o frenólogos, es un atra; lo que no veu res als ulls y a tot lo rostro, poc vorá al cráneo, y sobre aixó, que me torron viu.

En estos ejercicios y jocs va passá encara algún tems, cuan una nit después de sená y de estás un rato calladet y cavilán li va di a sa mare en ressolusió: 

- Mare, esta nit vull ditos algo bo: demá si tos pareix aniré a escola. 

- Sí, fill; sí que me pareix be, va contestá sa mare emosionada; sí que vull que vaigues a la mostra. ¡grassies a Deu! Bona nit me dones, fill: be u has dit: de goch no podré dormí. ¡Ay! Si sapigueres lo que hay patit cuan me díen que criaba a un dropo. Ara sí que estic contenta. Perque mira, fill, que soc ta mare, y estem los dos sols al món. 

- Y mos bastem, va contestá ell: los dos y lo de allá dal (siñalán al sel en la má) contra tot lo món si mos es contrari; que no u sirá mare, no, sino mol favorable.

- Miréu, mare meua: la escola es pa mol du y sense bones dens no se pot mossegá. M’han caigut los primés, ting tots los segons, y forts, y puc mossegá y minjá lo pa de la escola que com hay dit es mol du y estopeng, y no té que donás als chiquets mentres són tan tendres. Tots ploren, tots u senten mol, tots van capbaixos y se queden arguellats y apocadets, y no adelanten res o están en les primeres lletres tans añs, que sol per sé cosa corrén no es gran vergoña per an ells y per als maestres. Yo, la verdat, no sé be lo que són les lletres; pero me pareix que en poc tems hay de alcansá y passá an eixe Agustinet y a tots los que fa tres o cuatre añs que van a la escola. Ara anem al catre, y demá voréu al seu fill escomensá a sé home y séu mol depressa. Sa mare lo miráe y ploráe de goch, y donán grassies a Deu se va gitá y no va pugué dormí de alegría com habíe dit.

arguellat

Se va fé de día, pero mol abans la bona mare teníe la llum als ulls només de pensá en la ressolusió del seu fill. Se va eixecá, y cuan va tindre fet lo amorsá, va aná a despertá al chiquet Pedro, que li va demaná la roba dels díes de festa dién que aquell ere mol gran per an ell.

- Y pera ta mare tamé, va contestá ella. Y li va traure lo traje mes nou y milló; después de habé minjat un plat de migues y sense voldre pendre atra cosa va di a sa mare que lo acompañare pera dili al mestre que lo entregáe a la seua potestat y gobern.

Van arribá a les escoles, y la mare li va di al mestre que li portáe y presentáe a son fill Pedro; qui hasta aquell día no habíe tingut a be escomensá la escola perque volíe creixe y fes fort. Lo mestre sen va enriure y va contestá que admitíe en gust al chiquet Pedro per discípul, y que confiabe que en poc tems adependríe la paleta de la Jesús. En aixó sen va aná la mare, y ell se va quedá a la classe.

Aquell primé día y los dos siguiens no va fé mes que repetí los noms de les lletres com los anáen dién en veu alta los atres chiquets; pero lo cuart va preguntá al mestre si ñabíen mes lletres que aquelles; y com li va di que no, va torná a preguntá si als llibres que lligíen los chiquets adelantats ñabíen unes atres, y contestán lo mestre que ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro:

ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro

- Pos si es aixina en adependre yo estes lletres ya sabré tot lo que hay de sabé per ara.

- No, fill, va contestá lo mestre; perque después se han de ajuntá unes en atres pera formá les palaures.

- Pero en fin, va replicá Pedro, en estes se han de compondre totes.

- Sí, va di lo mestre.

- Pos be, va continuá lo chiquet: esta tarde me donaréu llissensia pera no vindre a escola, y demá tos demanaré un favor, que si mel feu, ni yo me trauré de está aquí cridán tantes hores matí y tarde, ni vosté tindrá que fé mes que dim lo que li pregunta. Li va otorgá lo mestre lo que demanáe; y aquella tarde va pendre una viola de sons yayos mich asclada y sense claus, la va desfé, va pegá a les dos taules per un costat un papé blang y sen va aná cap al tallé de un fusté. Li va demaná una regla, un llapis y una serreta fina, y tirán línies de dal a baix y de crusat a les taules, les va serrá les dos y va fé de vintissís a trenta tablilles cuadrades, les va ficá a la capucha del gabán, y sen va aná a amostrálesi a sa mare diénli que demá voríe en qué paráe alló.

En son demá per lo matí va aná a escola y va demaná al mestre que li escriguere a cada tablilla una lletra; después li va rogá que les embutiguere per orden a un filferro passanlo per un foradet que teníen, y fet tot per lo mestre li va doná les grassies y va di:

- Ara, siñó mestre, ya me avindré yo en estes lletres, perque les sé de corregut y ne coneixco o conec mol poques. Doneume llissensia y men vach a casa.

Dos díes va está a casa donán voltes a les tablilles y mirán de cuan en cuan una paleta del A. B. C., que teníe penjada a la paret, al cap dels dos díes li va di a sa mare: 

- Ya coneixco les lletres; vingue en mí a escola y vorá que no la engaño. Van aná a la escola, va fé lo mestre la proba y no ne va errá cap.

Va quedá espantat lo mestre; los chiquets lo miráen encantadets y sa mare estáe embargada de goch. Va corre la notissia al poble, y tots selebráen lo ingenio del chiquet Pedro de la pubilla, escomensán algúns a dili desde entonses Pedro Saputo, que al dialecto antic del país volíe di Pedro lo sabut; nom que se li va quedá com a propi y ya no va sé conegut per atre.

Lo van ficá a deletrechá; y fenlo escriure a un papé les sílabes soltes a un costat, y al atre lo vocablo que componíen, en sing díes va adependre a llichí, habense perfecsionat del tot en catorse desde lo primé en que va aná a escola.

Lo burro mort.

Original en castellá:

Capítulo IV.
De cómo Redro Saputo fue a la escuela.

Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: - Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. - Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. - Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.
- Mirad, madre mía: la escuela es pan muy duro y sin buenos dientes no se puede morder. Hanme caído los primeros, tengo todos los segundos, y fuertes, y puedo morder y comer el pan de la escuela que como he dicho es muy duro y áspero, y no debe darse a niños mientras son tan tiernos. Todos lloran, todos lo sienten mucho, todos andan acontecidos y se paran flacos, enatizos y entecos de sujeción y apocamiento, y no adelantan nada o están en las primeras letras que llaman tantos años, que sólo por ser cosa ordinaria no es gran vergüenza para ellos y para los maestros. Yo a la verdad, no sé bien lo que son las letras; pero me parece que en poco tiempo he de alcanzar y pasar a ese Agustinico y a todos los que hace tres o cuatro años que van a la escuela. Ahora vamos a dormir, y mañana veréis a tu hijo comenzar a ser hombre y serlo muy aprisa, a lo que me da el corazón. Su madre le miraba y lloraba de gozo, y dando gracias a Dios se acostó y ni pudo dormir de alegría como había dicho.
Se hizo de día, y mucho antes la buena madre tenía la luz en sus ojos con el acontecimiento de pensar en la resolución de su hijo. Levantóse, y cuando tuvo hecho el almuerzo, fue a despertar al niño Pedro, el cual le pidió la ropa de los días de fiesta diciendo que aquél era muy grande para él. - Y para tu madre también, contestó ella. Y le sacó el vestido más nuevo y mejor; después que hubo comido un plato de migas y sin querer tomar otra cosa dijo a su madre que le acompañase para decir al maestro que le entregaba a su potestad y gobierno.
Fueron a la escuela, y la madre dijo al maestro que le llevaba y presentaba su hijo Pedro; el cual hasta aquel día no había tenido a bien comenzar la escuela porque quería crecer y hacerse fuerte. El maestro se rió y respondió que admitía con gusto al niño Pedro por discípulo, y que confiaba que al poco tiempo aprendería la paleta de la Jesús. Con esto se fue la madre, y él se quedó en la escuela.
Aquel primer día y los dos siguientes no hizo sino repetir los nombres de las letras como los iban diciendo en voz alta los otros niños; pero el cuarto preguntó al maestro si había más letras que aquéllas; y como le dijese que no, tornó a preguntar si en los libros que leían los niños adelantados eran otras, y contestando el maestro que ni en aquellos libros ni en todos los del mundo había más ni otras letras que aquéllas, dijo el niño Pedro: - Pues en este caso en aprendiendo yo estas letras ya sabré todo lo que hay que saber por ahora. - No, hijo, respondió el maestro; porque después se han de juntar unas con otras para formar los vocablos. - Pero al fin, replicó Pedro, con éstas se han de componer todas. - Sí, dijo el maestro. - Pues bien, continuó el niño: esta tarde me daréis licencia para no venir a la escuela, y mañana os pediré un favor, que si me lo hacéis, ni yo me sacaré de estar aquí voceando tantas horas mañana y tarde, ni vos tendréis que hacer más que decirme lo que os pregunte. Otorgóle el maestro lo que pedía; y aquella tarde tomó una vihuela de sus abuelos medio rota y sin clavijas, la deshizo, pegó a sus dos tablas por un lado un papel blanco y se fue al taller de un carpintero. Llegado, pidió una regla, un lápiz y una sierra fina, y tirando líneas de alto a bajo y de cruzado en las tablas, aserrólas ambas e hizo de veintiséis a treinta tablillas cuadradas, echóselas en la capilla del gabán, y se fue a enseñarlas a su madre diciéndole que mañana vería en qué paraba aquello.
Al día siguiente por la mañana fuese a la escuela y pidió al maestro que le escribiese en cada tablita una letra; luego le rogó que las metiese por orden en un hilo de alambre pasándolo por un agujerito que tenía, y hecho todo por el maestro le dio las gracias y dijo: - Ahora, señor maestro, ya me avendré yo con estas letras, porque las sé de coro y conozco muy pocas. Dadme licencia y me voy a casa.
Dos días estuvo en casa dando vueltas a las tablitas y mirando de cuando en cuando en una paleta del A. B. C., que tenía colgada en la pared, al cabo de los cuales dijo a su madre: - Ya conozco las letras; venid conmigo a la escuela y veréis que no os engaño. Fueron a la escuela, hizo el maestro la prueba y no erró ninguna.
Quedó espantado el maestro; los niños le miraban elevados y la madre estaba embargada de gozo. Divulgóse la noticia en el pueblo, y todos celebraban el ingenio del niño Pedro de la Pupila, comenzando algunos a llamarle desde entonces Pedro Saputo, que en el dialecto antiguo del país quiere decir Pedro el Sabio; nombre que al fin le quedó como propio no llamándole nadie ni siendo conocido por otro.
Pusiéronle a deletrear; y haciéndole escribir en un papel las sílabas sueltas a un lado, y al otro el vocablo que componían, en cinco días aprendió a leer, habiéndose perfeccionado del todo en catorce desde el primero en que fue a la escuela.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 12. Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo.

Capítul XII.

Dels remeys contra lo mal de viuda que li va revelá a una Pedro Saputo.

¡Ay de la honra!, díe en veu chafada una vella pateján an terra y meneján lo cap. ¡Botovadéu, si aixó haguere passat al meu tems! ¡Les desollades! Y, ¿qué ere? Que va vore a una mosseta parlán en un mosso a la porta del carré a plena llum del día, y a vista y toleransia de sons pares y de tot lo barri; y al seu tems, si habíen de parlá en ells, teníen que amagáls per corrals, cuartos y sótanos, y obríls de nit, y fels saltá bardes, teulades, baranes y finestres, mentres elles los aguardaben igual al llit, o ixíen a ressibíls descalses, y de puntetes y mal tapades, y hasta los donaben la má pera ajudáls. Aixó, sin embargo, pera aquella envejosa agüela no ere res, y lo parlá al carré de día o a la porta de casa (en honra y cortessía, com diuen elles) ere mol y cosa de desesperás qui u veíe. ¡Cuán tros ña dels setanta als vin!

Se va introduí esta moda als puestos que frecuentabe Pedro Saputo per una ocasió mol sensilla. Ell no podíe ni volíe aná a totes les cases; y totes les dones, igual agüeles que joves, solteres que casades, volíen vórel de prop y parlali; y per an aixó, cuan lo véen vindre, baixaben dissimuladamen a la porta del carré, y al passá ell les saludabe, se solíe pará alguna vegada y parlaben un rato. Y de aquí va passá a sé costum a Almudévar y Santolaria, y después a atres mols pobles, passán dels uns als atres la moda. Y ere lo que no podíen vore les agüeles; ¡una cosa tan inossén!, ¡y mes a les aldees!, y lo que elles faen, que tot ere casi infamia, sol perque se guardaben de sé vistes, com la agüela del vissillo, ere lo bo y lo sano. Y lo que es per parlá en Pedro Saputo no sol baixaben a la porta, sino que tot ere buscá excuses en los que aná a les cases aon estabe. ¡Ere tan guapo! ¡Parlabe tan be! ¡Teníe uns ulls! Pero entre les que lo van aná a vore mereix espessial mensió una de Santolaria.

Estabe un día minján a casa de sa tía, y se va presentá una viuda carregada de bayetes, llagrimosa, ullerosa, doblegada y suspirán; y después de llimpiás los ulls y sonanse los nassos, y una vegada saludat a tots en grans ímpetus de plorera, va exclamá donán un mol fondo suspiro:

- ¡Ay, Eugenia, qué dichosa sou de tindre a casa a un home tan sabut! Miréu, aquí ving sol pera desahogám y que me digue algo pera vore si me console un poc y descanse lo meu cor, perque tot lo san día no fach mes que plorá, y a la nit encara mes, y si me adórmigo algún ratet, ensomio y me assusto; y estic... estic mol apenada, mol, y mol desconsolada! Y dién assó va rompre a plorá tan aposta que un atra vegada se va anegá de llágrimes y mocs.

Se va llimpiá, va aubrí y tancá los ulls tres o cuatre vegades, se va torná a llimpiá y soná, y va doná un suspiro tan fondo y fort, que va pareixe que se habíe reventat per lo melic, o que se li escapabe l'alma per la boca; y desde la seua cadira aon sol teníe un racó de la molla hasta la franja com de humilde o vergoñosa, mirabe a Pedro Saputo esperán la resposta y consell que buscabe.

Ell, naturalmen compassiu y mes en les dones, li va di:

- Lo milló meche de lo vostre mal es lo tems, sense dili res de la raó, perque igual mo sen va de casa. Pero, se pot fé mol en la ajuda de atres remeys. Fa dos mesos...

- Y onse díes justos, va di.

- Pos sí, va continuá Pedro Saputo, dos mesos y eixos díes que va morí lo vostre home; y encara que podría ditos mol sobre esta desgrassia, vull aná al gra. Teníu dos criats per al monte y una criada pera casa, y per ara no nessessitéu mes homens ni mes parens al vostre costat. Lo únic que la criada la hau de cambiá perque es mol jove, y (aquí entre natres) no podéu mirala en bons ulls, ara encara menos que cuan teníeu home; y debéu buscá una dona de juissi.

- Me pareix be, va di ella, perque aquella mossa sol pense en devaneos y orenetes.

Oronetes, chapurriau, José Taronjí, Gustavo Adolfo Bécquer

- Pos, ya u día yo, va continuá Pedro Saputo; ixo, lo primé. Después no hau de plorá cuan tos vingue en gana; hau de tindre unes hores dedicades per an eisse ofissi, que per ara sirán dos cada día, una pel matí y un atra per la tarde, ploranla sansera sense pará mes que lo tems de resá un Parenostre y una Ave María en réquiem al mich y al final de cada una. Y después de la plorera del matí hau de rentatos, pentinatos, asseatos y adorná lo cap y tota la vostra persona com si fore un día de festa y miratos al espill. 

¿Estéu en aixó, bona Gertrudis?

- Sí que u estic, va contestá ella; pero yo no sé per qué hay de mirám al espill si no es pera espantám de vórem tan desastrosa y horrorosa.

- Per naixó mateix, va di Pedro Saputo, tos ressepto lo ejersissi del espill, perque aixines voréu lo mal que li estéu fen al vostre rostro, que lo hau desfet de modo que no tos conec, sén que antes no ñabíe jove mes maja an este poble, encara que casada. Y si no tos u vach di, va sé per aixó mateix, perque estáeu casada, y este estat lo respeto yo mol. Pero ara, si me donéu llissensia, aniré a vóretos alguna vegada, encara que sol sigue pera tráuretos eixa tristesa de la vida.

- Sempre que vullguéu, va saltá ella mol espabilada.

- Assepto la vostra cortessía, va di Pedro Saputo; aniré a vóretos, y quede aixó aixina, ya que estam conformes. Pero miréu que tos troba com hay dit.

- Aixó no sé si podrá sé, va contestá ella, acabán de assentás a la cadira en la franja ara al mich.

- Sí podrá sé, va di ell, y sirá, amable Gertrudis; perque en fin, encara estáu lluñ dels coranta.

- Trenta y dos añs vach fe al mars, va contestá ella, pero este cop ... - Dixéu la sacsada, va di Pedro Saputo, y miréu de restituí lo coló y la grassia an eisse rostro que malmetéu infelismen, y la vitalidat y la tendresa an eixos ulls afonats y apagats. Pero no hay acabat encara. Demá, sense mes diferíu, enviéu un criat a Huesca y que tos porto ápit, rabanetes y mostassa, y mingéu ápit en ensiam pera postre, pera diná y sopá, rabanetes en sal pera berená, y la carn del topí en mostassa que adobaréu mol be, com suposo sabéu fé. 

Se va avergoñí aquí un poc la viuda y casi va vindre a ofendres, agarranu com a pulla; pero se va reprimí y va di:

- Aixó, si yo be u alcanso, mes pareix un remey pera una donsella desganada que pera una viuda apenada.

- No u entenéu, Gertrudis, no u comprenéu, va replicá Pedro Saputo. No dic que lo remey no convingue a qui diéu, pero no dixe de sé mol propi y eficás al nostre cas. Féu y tos anirá be; en la inteligensia que si no u faiguereu, no adelantaríeu gens en la vostra milloría, ni yo podré aná a visitatos. Creéume, Gertrudis; lo mal de viuda sen va per la orina. Conque quedem en lo dit. Plorá primé una hora, después molta pinta y mol espill, y lo demés que tos encarrego. 

Y si dudéu de la virtut del remey, yo aniré a vóretos después demá per la tarde, y me diréu lo que vullguéu; pero tos u prometixgo en la condissió que hau de fé tot lo que acabo de manatos per al vostre be y lo de la vostra casa y amics, entre los que, si tos dignéu admitím, hermosa Gertrudis, me conto yo desde este día.

- Sí, siñó, sí, siñó, va di ella; en lo cor y l'alma.

Sen va aná en aixó, y ¡oh poder de les paraules de un home sabut! Sen va aná en la mitat de la pena que habíe portat y conforme en fé tot lo que li va maná Pedro Saputo. De sort que cuan éste va aná a vórela passats los dos díes ya ere un atra; perque anabe mol asseada, los seus drapets mol ben estesos, lo parlá solt y natural, lo semblán viu, y los ulls afables y hasta casi amorosos.

Va sabé Pedro Saputo que no plorabe les dos hores sanseres, y li va aliviá los plos reduínlos a un cuart de hora pel matí. Y encara li va acabá de explicá lo que lo primé día no li habíe explicat del tot per ñabé testigos. Va vore tamé que la casa estabe mol ben agranada, llimpios y relluens los mobles y tot en bon orden com a una vespra de festa. Y en ves de tuf de sementeri se notabe una fragán auló de timó y espígol, que consolabe.

timó, tomillo

Va continuá Pedro Saputo les seues visites diaries. Als cuatre díes li va aliviá del tot los plos, no permitinla plorá mes que los domenges per la tarde. A los vuit díes ya ere la mateixa de antes y mes, perque lo seu rostro ere tot un abril, restituít lo coló y la antiga vivassidat y alegría; a un chiquet de sing añs y a una chiqueta de tres que teníe los besabe en lo mateix amor que solíe demostrá a un atre tems; lo dol lo penjabe en molta soltura; y lo cor lo teníe sansé lo nou meche del seu mal, habenli confessat, pressisamen lo día vuit desde la seua primera visita, que se teníe per dichosa de habé enviudat pera coneixe y tratá a un home com ell, ya que lo seu anterió estat la privabe de esta gloria. Y en aixó va vindre a pará lo seu sentimén, les seues llágrimes y lo seu desconsol.

Per lo demés, ya se sap que les viudes han perdut la temó a los homens, no perque siguen viudes, sino perque van está casades. 

Si me diuen que no totes són unes ni una es totes, contestaré que es verdat, pero aixó no veníe al cas, perque ni yo les hay insultat, ni dixo de tíndreles compassió, ni crec de elles mes que lo que se té que creure en bona raó y dret.

Li van privá a la viuda Gertrudis de no poques visites de Pedro Saputo los consultós de diferens pobles que veníen a demanali consell, a plantejali dudes y consiliá pretensions enfrentades, a concluí pactes y concordies. En un día van arribá de Ayerbe, de Lanaja y Poliñino, Berbegal, Alquézar, valle de Nocito, valle de Sarrablo, Jaca, Biescas, Estadilla y San Esteban de Litera. Y va arribá tamé lo síndic de Almudévar a suplicali que baixare pera un assunto de importansia; y pera serví al seu poble va baixá inmediatamen.


Original en castellá:

Capítulo XII.

De los remedios contra el mal de viuda que reveló a una Pedro Saputo.

¡Ah de la honra!, decía con voz rota una vieja pateando el suelo y meneando la cabeza. ¡Oh válgame Dios, si esto hubiera pasado en mi tiempo! ¡Las desolladas! Y, ¿qué era? Que vio una moza hablando con un mozo en la puerta de la calle a la luz del día, y a vista y tolerancia de sus padres y de todo el barrio; y en su tiempo, si habían de hablar con ellos, tenían que esconderlos por corrales, cuartos y sótanos, y abrirles de noche, y hacerlos saltar bardas, tejados y ventanas, mientras ellas los aguardaban tal vez en la cama, o salían a recibirlos descalzas, y de puntillas y mal rebujadas, y aun les daban la mano para ayudarles. Esto, sin embargo, para aquella envidiosa maldita vieja no era nada, y el hablar en la calle de día o a la puerta de casa (con honra y cortesía, como dicen ellas) era mucho y cosa de desesperarse el que lo veía. ¡Cuánto distan los setenta de los veinte!

Introdújose esta moda en los lugares que frecuentaba Pedro Saputo por una ocasión muy sencilla. Él no podía ni quería ir a todas las casas; y todas las mujeres, lo mismo viejas que jóvenes, solteras que casadas, querían verle de cerca y hablarle; y para esto, cuando le veían venir, se bajaban disimuladamente a la puerta de la calle, y al pasar él las saludaba, se solía parar alguna vez y hablaban un rato. Y de aquí pasó a ser uso y costumbre en Almudévar y Santolaria, y después en otros muchos, pasando de unos a otros la moda. Y era lo que no podían sufrir las viejas; ¡una cosa tan inocente!, ¡y más en las aldeas!, y lo que ellas hacían, que todo era casi infamia, sólo porque se guardaban de ser vistas, era lo bueno y lo sano. Y lo que es por hablar con Pedro Saputo no sólo bajaban a la puerta, sino que todo era buscar achaques con que ir a las casas donde estaba. ¡Era tan guapo! ¡Hablaba tan bien! ¡Tenía unos ojos! Pero entre las que lo fueron a ver merece especial mención una de Santolaria.

Estaba un día comiendo en casa de su tía, y se presentó una viuda cargada de bayetas, lagrimosa, ojerosa, encogida y suspirando; y después de limpiarse los ojos y sonándose las narices, y saludado que hubo a todos con grandes ímpetus de llanto, exclamó dando un muy hondo suspiro: - ¡Ay, Eugenia, qué dichosa sois de tener en casa un hombre tan sabio! Mirad, aquí vengo sólo por desahogarme y que me diga algo para ver si me consuela un poco y descansa mi corazón, porque todo el santo día no hago sino llorar, y la noche más, y si me duermo algún ratico, sueño y me asusto; y estoy... estoy muy afligida, mucho, y muy desconsolada! Y diciendo esto rompió a llorar tan adrede que otra vez se anegó de lágrimas y mocos. Limpióse, abrió y cerró los ojos tres o cuatro veces, se tornó a limpiar y sonar, y dio un suspiro tan de abajo y relleno, que pareció se había reventado por el ombligo, o que se le escapaba el alma por la boca; y desde su silla en que sólo hincaba una esquina de nalga como de puro humilde o vergonzosa, miraba a Pedro Saputo esperando la respuesta y consejo que buscaba.

Él, naturalmente compasivo y más con las mujeres, le dijo: - El mejor médico de vuestro mal es el tiempo, no diciéndoos nada de la razón, porque tal vez se nos va de casa. No obstante, se puede hacer mucho con el auxilio de otros remedios. Hace dos meses... - Y once días justos, dijo. - Pues sí, continuó Pedro Saputo, dos meses y esos días que murió vuestro marido; y aunque podría deciros mucho sobre esta desgracia, no quiero sino ir al grano. Tenéis dos criados para el campo y una criada para casa, y por ahora no necesitáis más hombres ni más parientes a vuestro lado. Sólo que la criada la habéis de mudar porque es muy joven, y (aquí para entre nosotros) no podéis mirarla con buenos ojos, agora aún menos que cuando teníades marido; y debéis buscar una mujer de juicio. - Y me parece bien, dijo ella, porque aquella moza sólo piensa en devaneos y golondrinas. - Pues, ya lo decía yo, continuó Pedro Saputo; eso, lo primero. Después no habéis de llorar cada y cuando se os antoje; sino tener horas deputadas para ese oficio, que por agora serán dos cada día, una por la mañana y otra por la tarde, llorándola entera sin parar más que el tiempo de rezar un pater noster y una ave maría con requiem en medio y al fin de cada una. Y después del llanto de la mañana habéis de lavaros, peinaros, asear y atildar la cabeza y toda vuestra persona como día de fiesta y mirándoos al espejo. ¿Estáis en esto, buena Gertrudis? - Sí estoy, respondió ella; mas yo no sé por qué he de mirarme al espejo si no es para espantarme de verme tan desastrosa y horrífica. - Por eso mismo, dijo Pedro Saputo, os receto el ejercicio del espejo, porque así veréis el daño que estáis haciendo a vuestro rostro, el cual habéis destruido de modo que no os conozco, siendo así que antes no había joven más linda en el lugar, aunque casada. Y si no os lo dije, fue por eso mismo, porque érades casada, cuyo estado respeto yo mucho. Mas agora, si me dais licencia, iré a veros alguna vez, aunque sólo sea para quitaros ese tedio de la vida. - Siempre que queráis, saltó ella muy despabilada. - Acepto vuestra cortesía, dijo Pedro Saputo; iré a veros, y quede esto así, ya que estamos conformes. Pero mirad que os encuentre como he dicho. - Eso no sé si podrá ser, contestó ella, acabando de sentarse en la silla. - Sí podrá ser, dijo él, y será, amable Gertrudis; porque en fin, aún estáis lejos de los cuarenta. - Treinta y dos años hice al marzo, respondió ella, sino que este golpe... - Dejad el golpe ya, dijo Pedro Saputo, y ved de restituir el color y la gracia a ese rostro que denostáis infelizmente, y la vivieza y la ternura a esos ojos hundidos y apagados. Pero no he acabado todavía. Mañana, sin más diferillo, enviad un criado a Huesca y que os traiga apio, rábanos y mostaza, y comed apio en ensalada para postre en la comida y cena, rábanos con sal para merendar, y la carne del puchero con mostaza que adobaréis muy bien, como supongo sabéis hacello. Avergonzóse aquí un poco la viuda y aun vino así como a ofenderse, teniéndolo por pulla; mas se reprimió y dijo: - Eso, si yo bien lo alcanzo, más parece remedio para una doncella opilada que para una viuda afligida. - No lo entendéis, Gertrudis, no lo entendéis, replicó Pedro Saputo. No digo que el remedio no convenga a quien decís, pero por eso no deja de ser muy propio y eficaz en nuestro caso. Hacedlo y os irá bien; en la inteligencia que si no lo hiciéredes, no adelantaréis nada en vuestra mejoría, ni yo podré ir a visitaros. Creedme, Gertrudis; el mal de viuda se va por la orina. Conque quedamos en lo dicho. Llorar primero una hora, después mucho peine y mucho espejo, y lo demás que os encargo. Y si dudáis de la virtud del remedio, yo iré pasado mañana por la tarde, y me diréis lo que quisiéredes; pero os lo prometo con la condición que habéis de poner por obra cuanto acabo de ordenaros para vuestro bien y el de vuestra casa y amigos, entre los cuales, si os dignáis admitirme, hermosa Gertrudis, me cuento yo desde este día. - Sí, señor, sí, señor, dijo ella; con el corazón y el alma.

Fuese con esto, y ¡oh poder de las palabras de un hombre sabio! Fuese con la mitad de la aflicción menos que había traído y conforme en hacer todo lo que le ordenó Pedro Saputo. De suerte que cuando éste fue a verla pasados los dos días ya era otra; porque iba muy aseada, sus paños muy bien prendidos, el habla suelta y natural, el semblante vivo, y los ojos afables y aun casi amorosos. Conoció Pedro Saputo que no lloraba llenas las dos horas, y le alivió el llanto reduciéndolo a un cuarto de hora por la mañana. Y aun le acabó de explicar lo que el primer día no le explicó del todo por haber testigos. Reparó también que la casa estaba muy barrida, limpios los muebles y todo en buen orden como en víspera de fiesta. Y en vez de tufo de cementerio se percibía un suave olor lejano de tomillo y espliego, que consolaba.

Continuó Pedro Saputo sus visitas diarias. A los cuatro días le alivió del todo el llanto, no permitiéndole llorar sino los domingos por la tarde. A los ocho días ya era la misma que antes y más, porque su rostro era todo un abril, restituido el color y la antigua viveza y alegría; a un niño de cinco años y a una niña de tres que tenía los besaba con el mismo amor que solía en otro tiempo; el luto se lo prendía con mucha prolijidad; y el corazón poseíale entero el nuevo médico de su mal, habiéndole confesado, precisamente el día octavo de su primera visita, que se tenía por dichosa de haber enviudado por conocer y tratar a un hombre como él, puesto que su anterior estado le privaba de esta gloria. Y en esto vino a parar su sentimiento, sus lágrimas y su desconsuelo.

Por lo demás, ya se sabe que las viudas han perdido el miedo a los hombres, no porque sean viudas, sino porque fueron casadas. Si me dicen que no todas son unas ni una es todas, responderé que es verdad, pero esto no venía al caso, porque ni yo las he vituperado, ni dejo de tenerles compasión, ni creo de ellas sino lo que se debe creer en buena razón y derecho.

Privaron a la viuda Gertrudis de no pocas visitas de Pedro Saputo los consultores de diferentes pueblos que venían a pedirle consejo, a proponerle dudas y conciliar pretensiones encontradas, a concluir pactos y concordias. En un día llegaron de Ayerbe, de Lanaja y Poliñino, Berbegal, Alquézar, valle de Nocito, valle de Sarrablo, Jaca, Biescas, Estadilla y San Esteban de Litera. Y llegó también el síndico de Almudévar a suplicarle que bajase para un asunto de importancia; y por servir a su pueblo se bajó inmediatamente.

jueves, 25 de julio de 2024

1.2 - Lo espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet.

Capítul II.

Lo espabil de Pedro Saputo cuan ere chiquet.


Renego de mantellines fetes aná.

¿Saps, lectó, per qué yo no vach sé mes espabilat de chiquet y u soc tan poc de gran?

Pos es perque los mantells en los que me van portá a batejá y purificá sels habíen ficat ya atres germans meus que van vindre dabán y van absorbí tota la seua virtut. Ya se veu, com sol se empleáen dos o tres vegades pera cada un duráen sempre, y en una mica de almidón y aigua de la bassa de Fórnols quedáen un atra vegada com a nous, no com anous del anogué, de la noguera, como nuevos en castellá.

¡Qué poc li va passá aixó a Pedro Saputo! Per aixó va sé tan viu y en tan ingenio. Tot lo que portáe ere nou, y tot cusit per sa mare, que va besá y bañá mil vegades en llágrimes aquelles robetes; y los besets y les llágrimes de una mare són cosa mol eficás y santa. Y li va ajudá mol lo sé donsella y mirál en ulls de casada, criánlo en lo amor consentrat de mare desamparada y sola. Aixina consevol ixiríe espabilat. No ña perqué admirás de lo que lligirás.

Vida de Pedro Saputo natural de Almudévar. En chapurriau.

La mare lo portáe en brassos en molta naturalidat y grandesa, y los que la miráen cuan anaben per los carrés díen: pareix una siñora. Y u pareixíe de verdat. Tots volíen vore al chiquet, lo agarráen y soltáen; pero ell, desde que va tindre tres o cuatre mesos, no se dixáe agarrá per tots, de uns sí y datres no: y si lo anáe a besá algún home o dona de mals ulls, apartáe lo cap y giráe la cara apretanla al coll de sa mare, y no ploráe com los atres chiquets, primé gitáe (vomitáe, expulsabe) la lleit y después ploráe en tristesa y no volíe eixecá lo cap hasta que sen aniguere aquella persona. En aixó díen tots que lo chiquet de la pubilla teníe mol talento, y sa mare contestáe: be lo haurá menesté, perque ni té patrimoni ni sa mare atra esperansa, a no sé que... y de aquí no passáe.

Va creixe poc a poc y va arribá als sis añs, habíe tingut lo sarrampió y la viruela, y una y atra enfermedat van passá, com diuen, pel carré. Sa mare va escomensá a dili que anare a escola, pero ell no volíe anay, només jugá y aná bambán tot lo día. 

Una vegada li va di:

- Mira, fill meu; ya tens set añs y encara no coneixes ni una lletra; Agustinet, lo teu veinet y amic, es del mateix tems que tú y ya deletreche los dotse pares y los romansos

¿Cuán penses aná a escola

Y ell contestáe: 

- Si me reneguéu, no u sé; si no me fotéu la bronca, cuan sigue tems. Eisse Agustinet y datres com ell estudien pera burros, y yo pera montáls.

- Pero, fill meu, li va replicá sa mare: ¿Cóm no hay de renegát si a mí les persones del poble me se mingen la cara perque no te fach aná a escola?

- Mare, li va contestá ell: yo tos hay dit que si me reneguéu no sé lo que faré, y si no me importunéu, cuan arribo lo tems no caldrá que me arrastron. Y an eixes persones que tos mingen la cara enviéumeles a mí y yo los diré cuatre coses.

¿No ñaurá cap taragaña a les seues cases? Pos mentres a vosté li donen mal, que vaiguen a llimpiales y los sirá mes de profit. 

Sa mare se admirabe de estes contestassions y va dixá de molestál.

Van passá mols díes, y ell aná jugán y fen maleses, follán nius, encorrén als gossos y cassán vileros en tochets enviscats

aná jugán y fen maleses, follán nius, encorrén als gossos y cassán vileros en tochets enviscats

Si algú lo tratáe de dropo sen enríe a carcañades y dixáe en dos pams de nassos a qui lay díe; pero si li díen malcriat se ofeníe mol, y la primera pedra que topetáe per allí la agarráe y la tiráe en gran furia y forsa a la persona que lo habíe enfadat; y si los fée un boñ al cap o alguna ñafra, no ñabíe datre remey que cridá al dotó, perque lo justissia y lo retó lo volíen y amparaben, y li donáen la raó y no volíen que ningú li prenguere cuentes ya que ell a ningú molestáe ni díe paraules roínes.

En tot, sa mare se apenáe, y no podíe en la pena, un día li va di en gran passió: 

- ¡Pobre de mí, que ting un fill que ere la meua alegría y tota la meua esperansa, y vach veén que lo que puc esperá de ell són disgustos y malaventura!

Y ell li va contestá: 

- Ploréu, mare meua, be de barat, be de balde, be de Baldarrores, be de … pures ganes de plorá. Anéu, que pronte siré home o dixaré de sé chiquet, y coneixeré les lletres y lligiré milló que Agustinet. Guardéu, ¡va!, les llágrimes pera milló ocasió, pera un atra nessessidat mes gran, que no vullgue Deu que vingue, perque esta, creéume, es ocasió de mol descans y de bona y sana esperansa. Y sa mare se va consolá, y se va proposá no importunál mes sobre este pun.


Original en castellá:

Capítulo II.

Agudeza de Pedro Saputo en su niñez.

Reniego de mantillas usadas. ¿Sabes, lector, por qué yo no fui más agudo de chico y lo soy tan poco de grande? Pues no es más de que porque las mantillas con que me llevaron a bautizar y purificar se las habían puesto ya otros hermanos míos que vinieron delante y absorbieron toda su virtud. Ya se ve, como sólo se usaban dos o tres veces para cada uno duraban siempre, y con un poco de almidón y agua de fuente quedaban otra vez nuevas. ¡Qué poco le sucedió esto a Pedro Saputo! Por eso fue tan vivo y tan ingenio. Todo lo que llevaba era nuevo, y todo cosido por su madre, que es circunstancia, porque besó y mojó mil veces con lágrimas aquellas ropas; y los besos y las lágrimas de una madre son cosa muy eficaz y santa. Y todavía le ayudó mucho el ser doncella y mirarle con ojos de casada, criándole con el amor reconcentrado de madre desamparada y sola. De este modo cualquiera sería agudo. Con que no hay que admirarse de lo que se va a leer: tantas causas y tales por fuerza habían de producir grandes efectos.

La madre, como decía, le llevaba en brazos con mucha naturalidad y grandeza, y los que la miraban cuando iban por las calles decían: parece una señora. Y lo parecía de verdad. Y todos querían ver al niño y lo tomaban y dejaban; pero él, desde el punto que tuvo tres o cuatro meses, no se dejaba tomar de todos, sino de unos sí y otros no: y si le iban a besar algún hombre o mujer de malos ojos, apartaba la cabeza y volvía la cara apretándola al cuello de su madre; y si porfiaban, no lloraba como los otros niños, sino que primero vomitaba la leche y después lloraba con tristeza y no quería levantar cabeza hasta que se fuera aquella persona. Con esto decían todos que el niño de la Pupila tenía mucho talento, y su madre respondía: bien lo habrá menester, porque ni él tiene otro patrimonio ni su madre otra esperanza, a no ser que... y de aquí no pasaba.

Creció poco a poco y llegó a los seis años, y había tenido el sarampión y las viruelas, y una y otra enfermedad pasó, como dicen, por la calle. Su madre, en fin, comenzó a decirle que fuese a la escuela, mas él no quería ir, sino jugar todo el día. Una vez le dijo: - Mira, hijo mío; ya tienes siete años y aún no conoces una letra; Agustinico, tu vecino y amigo, es del mismo tiempo que tú y ya deletrea en Los doce pares y en los romances. ¿Cuándo piensas ir a la escuela? Y él respondía: - Si me reñís, no lo sé; si no me reñís, cuando sea tiempo. Ese Agustinico y otros como él estudian para jumentos, e yo para montallos. - Pero, hijo mío, le replicó su madre: ¿cómo no he de reñirte si a mí las personas del lugar se me comen la cara porque no te hago ir a la escuela? - Madre, le contestó él: yo os he dicho que si me reñís no sé lo que haré, y si no me importunáis, cuando llegue el tiempo no será menester que me arrastren. Y a esas personas que os comen la cara mandádmelas a mí e yo les diré lo que cumple a vos, a mí y a ellas. ¿No habrá alguna telaraña en sus casas? Pues mientras a vos dan pesadumbre, que vayan a limpiarlas y les será más provecho. Su madre se admiraba de estas respuestas y dejó de molestarle.

Pasaron muchos días, y él jugar y travesear, y hacer pelotas, correr a los perros y cazar gorriones. Si alguno le vituperaba de holgazán se reía a carcajadas que dejaba corrido a quien se lo decía; pero si le llamaban malcriado se ofendía mucho, y la primera piedra que topaba por allí la cogía y la tiraba con gran furia a la persona que lo había enojado; y si les hacía un bollo o algo más, no había otro arbitrio que llevarlo por Dios y llamar al cirujano, porque el justicia y el cura lo querían y amparaban, y le daban la razón y no querían que nadie le tomase cuentas puesto que él a nadie molestaba ni decía palabras necias ni descomedidas.

Con todo, su madre se afligía, y no pudiendo con su pena, otro día le dijo con gran pasión: - ¡Pobre de mí, que tengo un hijo que era mi alegría y toda mi esperanza, y voy viendo que lo que puedo esperar de él es disgustos y malaventura! Y él le contestó: - Lloráis, madre mía, bien de barato, bien de balde, bien de pura gana de llorar. Andad, que presto seré hombre o dejaré de ser niño, y conoceré las letras y leeré mejor que Agustinico. Guardad, ¡ea!, las lágrimas para mejor ocasión, para otra necesidad mayor, que no quiera Dios que venga, porque ésta, creedme, es ocasión de mucho descanso y de buena y sana esperanza. Y su madre se consoló, y propuso de no importunarle más sobre este punto.

viernes, 14 de diciembre de 2018

JORNADA TERSERA. NOVELA QUINTA. Assicalat, Francesco Vergellesi

Lo Assicalat li regale a micer Francesco Vergellesi un palafrén seu, y per naixó li parle a la seua dona en lo seu permís; y com ella calle, ell conteste com si fore ella, y a la seua resposta li seguix lo efecte consiguién.

JORNADA TERSERA. NOVELA QUINTA. Assicalat, Francesco Vergellesi



Habíe Pánfilo acabat la história del germá Puccio, no sense risses de les Siñores, cuan la Reina li va maná a Elisa que continuare, y ella aixina va escomensá a parlá:
Mols que mol saben, se creuen que los atres no saben res, y ells, moltes vegades, creuen que engañen als atres, pero después veuen que han sigut ells los engañats; per naixó reputo gran locura la del que se fique sense nessessidat de probá les forses del ingenio de un atre. Pero com potsé no tindríen tots la meua opinió, tos contaré lo que li va passá a un caballé pistoyés:
Va ñabé a Pistoya, a la família dels Vergellesi, un caballé de nom micer Francesco, home mol ric y sabut y ademés cautelós, pero mol agarrat; este, tenín que aná a Milán en lo cárrec de podestà, de totes les coses oportunes per a anáy honradamen se habíe provist, menos de un palafrén que fore prou bo per al seu rango; y no trobánne cap que li agradare, estabe preocupat per naixó.
Ñabíe entonses un jove a Pistoya de nom Ricciardo, de baix naiximén pero mol ric, que tan adornat y pulit anabe, que lo cridaben lvo Assicalat; y durán mol tems habíe amat y festejat en vano a la dona de micer Francesco, que ere hermossíssima y mol honesta.
 
Pos éste teníe un dels palafrens mes majos de tota la Toscana, y lo teníe en mol apressio per la seua hermosura; y sén públic a tot lo món que festejabe a la dona de micer Francesco, va habíe ñabé qui li va di que si ell lay demanare lo obtindríe per l´amor que lo tal Assicalat li teníe a la seua dona. Micer Francesco, portat per la avarissia, fen cridá al Assicalat li va demaná que venguere lo seu palafrén, per a que lo Assicalat lay oferiguere de regalo. Lo Assicalat, al sentí alló, se va ficá contén, y va contestá al caballé:
 
- Micer, si me donáreu tot lo que teniu al món no podríeu comprám lo palafrén; pero tol donaría en esta condissió: que yo, abáns de que lo prengáu, puga, en la vostra venia y en la vostra presensia a la casa, dili unes paraules a la vostra dona, sense la presensia de ningú, mes que ella y yo.
 
Lo caballé, portat per la avarissia y esperán podé burlál, va contestá que sí, cuan ell vullguere; y dixánlo a la sala del seu palau, sen va aná a la cámara de la Siñora, y cuan li habíe dit lo fássilmen que podíe guañás lo palafrén, li va maná que vinguere a sentí al Assicalat, pero que se guardare de contestáli ni poc ni mol a res del que ell li diguere. La Siñora va reprobá mol alló, pero com li conveníe donáli gust al home, va di que u faríe, y detrás del home sen va aná a la sala a sentí lo que lo Assicalat vullguere díli. Este, habén confirmat lo pacte en lo caballé, a una part de la sala bastán apartada de consevol persona se va assentá a la vora de la Siñora y li va escomensá a parlá aixina: 

- Honrada Siñora, me pareix está segú de que sou tan sabia, que mol be, fa mol tems, habréu pogut compéndre a cuán gran amor me ha portat a tíndretos la vostra hermosura, que sobrepasse a consevol atra que hayga pogut vore. Dixo a una vora les costums loables y les singulás virtuts que en vos ñan, que tindríen forsa per a apresá los ánims de consevol home; y per naixó no fa falta que tos mostra en paraules que aquell ha sigut lo mes gran que may cap home haygue sentit per cap dona, y aixina sirá sense falta mentres la meua misserable vida aguanto estes cames y brassos, y mes encara, que, si allá dal com aquí se ame, perpetuamen tos amaré. Y per naixó podéu está segura que res teniu, sigue pressiós o de poc valor, que mes vostre puguéu tíndre y en tot momén disposá de alló com de mí, pel que yo valga, y tamé de les meues coses. Y per a que tinguéu sertíssima proba de aixó, tos dic que reputaré com la mes gran grássia que consevol cosa que yo puguera fé y que tos vinguere en gana me manéu, que res ñaurá que, manánu yo, no me obeíxquen. Pel que, si soc tan vostre com sentíu que u soc, no osaré elevá los meus rogs a la vostra altesa, de la que tota la meua pas, tot lo meu be y la meua salut pot víndrem, y de cap atra part: y aixina com humildíssim criat tos rogo, volgut be meu y única esperansa de la meua alma, que esperán que lo amorós foc en vos se alimento, que la vostra benignidat sigue tanta, y aixina ablaníxque la vostra passada duresa mostrada cap a mí (que vostre soc) que yo, reconfortat en la vostra Piedat, puga di que com de la vostra hermosura me hay enamorat, per nella hay de tíndre la vida; y esta vida, si als meus rogs lo pujadet ánim vostre no se incline, sense falta se acabará y me moriré, y podréu sé cridada la meua homissida. Y dixém que la meua mort no tos faiguere honor, no dixo de creure que, tenín alguna vegada remordiméns de consiénsia no tos doldríe habéu fet, y potsé, milló disposada, en vos mateixa diríeu: 

«¡Ay!, ¡qué mal vach fé al no tindre misericordia del meu Assicalat!». 

Y no servín de res arrepentítos tos siríe ocasió de mes gran patimén; pel que, per a que no passo, ara que socórrem podéu, teníume llástima, y abáns de que me móriga tingáu misericordia de mí, perque sol vos podéu fém lo mes felís o lo mes dolorit home que vigue. Espero que sigue tanta la vostra cortessía que no patiguéu que per tan y tal amor ressibixca la mort per galardón, sino que en alegre resposta y plena de grássia reconfortéu lo meu espíritu que tot espantat tremole dabán la vostra presensia.
 
Y callánse aquí, algunes llágrimes, después de profundissims suspiros, vertides, se va ficá a esperá lo que la noble Siñora li habíe de contestá.
La Siñora, a la que lo llarg festejá, lo justá, les serenates y les atres coses paregudes an estes fetes pel Assicalat no habíen pogut conmoure, van conmoure ara les afectuoses paraules dites pel ferventíssim amán, y va escomensá a sentí lo que abáns may habíe sentit, aixó es, lo amor. Y encara que, per a obeí la orden donada pel home, callare, no va pugué per naixó dixá de amagá en algún suspiret lo que de bona gana, contestán al Assicalat, haguere manifestat.
 
Lo Assicalat, habén esperat una mica y veén que cap resposta li arribabe, se va extrañá, y enseguida va escomensá a donás cuenta de la artimaña del caballé; pero sin embargo, miránla a la cara y veén la fogossidat dels seus ulls cap an ell, y ademés de alló sentín los suspiros que en tota la forsa del seu pit dixabe eixí, va cobrá alguna esperansa y, ajudat per nella, va tíndre una rara idea; y va escomensá a parlá com si ell fore la Siñora, sentínu ella, a contestás an ell mateix de esta manera: 

- Assicalat meu, sense duda fa mol tems que me hay acatat de que lo teu amor cap a mí es grandíssim y perfecte, y ara per les teues paraules u sé, y estic contenta, com ha de sé. Pero, si dura y cruel te hay paregut, no vull que cregues al ánimo hay sigut com hay mostrat en lo gesto; pos sempre te hay amat y volgut mes que a consevol home, pero me ha convingut féu aixina per temó dels demés y per a presservá la meua fama de honestidat. Pero ara ve lo tems en que podré claramen mostrát si te vull y consedit lo galardón del amor que me has tingut y me tens; y per naixó consólat, guarda la esperansa, perque micer Francesco está per anássen dins de pocs díes a Milán com podestà, com ya saps. Per l´amor meu li has donat lo teu hermós palafrén; y cuan sen haygue anat, sense falta te dono la paraula, pel bon amor que te ting, que no passarán mols díes sense que te reuníxques en mí y al nostre amor li donem plassenté y sansé cumplimén. Y per a que no te tinga que parlá un atra vegada de esta materia, desde ara te dic que lo día en que veigues dos robetes esteses a la finestra de la meua alcoba, que done sobre lo nostre jardí, aquella nit, cuidán be de no sé vist, víne a mí per la porta del jardí: me trobarás allí esperánte y juns tindrem tota la nit festa y plaé la un en l´atre tan com dessichem.
Apenes habíe lo Assicalat parlat aixina com si fore ell la Siñora, que va escomensá a parlá en la seua veu:
 
- Volguda Siñora, está per la superabundán alegría de la vostra favorable resposta tan colmada tota la meua virtut que apenes puc formulá la resposta per a rendítos les debudes grássies, pero si puguera parlá com dessicho, cap terme es tan llarg que me bastare per a podé agraítos del tot com voldría y com me convendríe fé; y per naixó a la vostra discreta considerassió atañ sabé lo que yo, encara que u dessicho, no puc explicá en paraules. Sol tos dic que lo que me hau manat pensaré en fé sense falta, y potsé entonses, mes tranquilisat en tan gran don com me hau consedit, me imaginaré en donátos les grássies tan cuan puga. Que no quedo res per di, Siñora meua, Déu tos dono la alegría y be mes gran, a Déu tos encomano.

A tot aixó no va di la Siñora cap paraula; lo Assicalat se va ficá de peu y va escomensá a caminá cap al caballé, que, veénlo de peu, va eixí a trobál, y enriénsen li va di: 

- ¿Qué te pareix? ¿hay cumplit be la meua promesa?
 
- Micer, no - va contestá lo Assicalat-, que me vau prometre dixám parlá en la vostra dona y me hau dixat parlá en una estatua de mármol.
Estes paraules van agradá mol al caballé, que, encara que ya teníe bona opinió de la seua dona, encara la va tíndre milló per nelles; y va di: 

- Ara es meu lo palafrén que va sé teu.
 
A lo que lo Assicalat va contestá:
 
- Micer, sí, pero si yo haguera cregut traure de esta grássia ressibida de vos tal fruit com hay tret, sense demanátosla to la haguera donat; y ojalá Déu que u haguera fet, perque vos hau comprat lo palafrén y yo no l´hay venut.
Lo caballé sen va enriure de aixó, y ya provist de palafrén, al cap de pocs díes se va ficá en camí cap a Milán com a podesta. 

La dona, quedánse libre a casa, donánli voltes a les paraules del Assicalat y al amor que li teníe y al palafrén que pel seu amor habíe regalat, y veénlo desde casa seua passá en molta frecuénsia, se va di:
 
«¿Qué es lo que fach?, ¿per qué pergo la meua juventut? Éste sen ha anat a Milán y no tornará hasta de aquí sis mesos; ¿y cuán me los tornará?, ¿cuan siga vella? 

Y ademés de aixó, ¿cuán tornaré a trobá un amán com lo Assicalat? 

Estic sola, de dingú ting que tindre temó; no sé perque no agarro lo goch mentres puc; no sempre tindré la ocasió com la ting ara: aixó no u sabrá may dingú, y si tinguere que sabés, milló es fé algo y arrepentís que no féu y arrepentís.» 

Y aixina aconsellánse an ella mateixa, un día va ficá dos robetes a la finestra del jardí, com li habíe dit lo Assicalat; estes van sé vistes pel Assicalat, que se va ficá contentíssim, y al vindre la nit, secretamen y sol sen va aná cap a la porta del jardí de la Siñora y la va trobá uberta; y de aquí va aná a un atra porta que donabe a la entrada de la casa, aon va trobá a la noble Siñora que lo esperabe. Ella, veénlo vindre, eixecánse a trobál, en grandíssima festa lo va ressibí, y ell, abrassánla y besánla sen mil vegades, per la escala amún la va seguí; y sense tardá se van gitá, y lo seu amor van contentá. Y no va sé esta vegada la radera, perque mentres lo caballé va está a Milán, y tamé después de la seua tornada, va torná allí, en grandíssim plaé de cada una dels parts, moltes mes vegades.
 

sábado, 8 de junio de 2019

Tomo I, texto XIX, Alcami, Gualterio de Patermone


XIX.

Legajo de cartas reales n.° 107. 7 de mayo de 1409.

In Christi nomine amen. - Anno Dominice Incarnationis millesimo quatringentesimo nono decimoseptimo madii secunde indictionis in castro terre Alcami presentibus domino Gualterio de Patermone legum doctore judice magistro curie dopno Petro Delendrisarchipresbitero domino
Angelo de Sarreyra Bernardo Rabaus Aloysio de Asta phisico lumussu Antonio de Michaele Ricio Matheo Desalem et Anthonio Dilugelfuexistente judice predicte terre Anthonio Deraya. - Li capituli liquali fu facti intra la serenissima signura regina de Sicilia per nomu dilu serenissimu signuri re de Aragonaintervenienti per li parti di don Friderico figlu dilu serenissimu signuri re de Sichilia et la egregia signura donnaElienora relicta dilu inclitu quondam don Jaime de Pradesinterveniente per le parti dila nobili donna Violanti lor figla supra lu matrimoniu luquali permittente Deo si permetri et divi fari intru li predicti don Frederico et donna Violanti ad futuram memoriam per manu de mi nothariu Anthoni de Rieraregio pupblicu nothariu per tuttu lu regnu si aturganu promettinu et juranu per lu magnificu misser Aloysi de Rayatellishabenti supra zo speziali mandatu seu commandamentu de la predicta serenissima signura regina ex una parti et li predicta signura donna Elienora comu matri balea et tutrichi dila predicta nobili donna Violanti sua figla ex altera. - Imprimis la predicta serenissima signura regina de Sicilia nomine et pro parte de lu serenissimu signuri re Daragona intervenienti utras per la parti de don Friderico predictu prometti a la dicta inclita donna Elienora nomine quo supra sub pena de florini chinquantamilia ki lu predictu don Fridericu farra et firmara lu matrimoniu cun la predicta donna Violanti et acceptira et aturguira li infrascripti capituli ne tractira interim autru matrimoniu. - Item la predicta signura regina prometti a la predicta egregia donna Elienora ki lu predictu signuri re de Aragonahavi donatu et conchessu oy darra et conchedira a lu predictu don Friderico li infrascripti contati baronii et beni.Lu contatu di Lutoy li valli di Septa et di StravacelElchi et Triviley di liquali contati baroniet beni lu prefatu signuri re de Aragonafichi en farra a lu predictu don Friderico privilegii contracti insinuacioni et omni expedic acti scripturi: et e converso la dicta inclita donna Elienora prometti et sollepniter si oblica a la prefata serenissima signura regina similiter sub pena de florini chinquanta milia ki tractira et curira cun effectu ki la dicta nobili donna Violanti sua figla in lu tempu de perfeta etati zo e in lu duodecimu annu conplitu fermira et farra de presenti lu predictu matrimoniu cun lu predictu inclitu don Fridericu et interim ne tractira ne farra altru matrimoniu alcunu. - Item promitti la dita donna Elienora a la predicta serenissima signura regina ki a lu tempu de celebrari lu dictu matrimoniu dotira et donira a la dita sua figla florini de oru de Aragona trenta milia li quali la ditta donna Elienora divi rehaviri supra li beni di lu inclitu quondam don Jaymu per rayzoni de dota data et assignata pro ipsa donna Elienora mugleri a lu prefatu inclitu don Jaymu. - Item florini de oru de Aragona trenta chinque millie liquali la dicta donna Elienora divi richipiri dali nobili signuri soy matri et fratri poy de la morti dilu signuri duca deGandia so patri secundum ki preteriti promissioni et contracti dichi appariri. - Item prometi ki faran donacioni a la predicta magnifica sua figla de tutti altri beni et diriti ki havisi eu haviri putissi oy assi pertinisseru per alcuna maynera oy per successioni de patri oy matri oy fratri oy soru oy qualsivogla altra maynera. - Et de zo farra scripturi sollepni contracti cun insinuacioni et omni altra expedienti cautiza: tamen cun tali condicioni reservacioni vinculu et retempcioni videlicet ki la dicta donna Elienora in temptu de su vita naturali tanctu sia usufructuaria et tegua et posseya comu usufructuaria la metati dili suprascripti cosi liquali si conteniranu in la dotacioni et donacioni predicti di laquali metati li fructi sianu soy ki inde poza disponiri per libitum voluntatis ita quod finitu lu usufructu predictu si consolidi a la propietati et sia integraliter di la dicta donna Violanti sua figla. - Item la predicta donacioni et dotacioni serra sub tali pacto et condicione videlicet ki si la dicta donna Violanti sua figla quod absit murissi quandocumque senza figli vel cum figli liquali quod etiam absit non pervenissiru ad etati perfecta zo e de anni dechioctu in quillu casu la predicta donacioni et dotacioni si reverta et torna a la dictu donna Elienora oy ad sua hereda oy a quillu a cui illa li darra oy lassira in qual manera vogla exceptuando chinquanta milia soldi di liqualli la dicta donna Violanti poza testari et fari tutta sua volontati. - Item la predicta donna Elienora si ritiniet reserva de la predicta donacioni et dotacioni liqualli fari divi a la dita nobili sua figla florini de oru de Aragona tri milia di liquali poza testari et in altra maynera fari tutta sua voluntati: reservato tamen ki tutto zo sia in voluntati de lu serenissimu signuri re de Sicilia ita quod si a lu predictu signuri re pari voli ki minu sia deli dicta florini tri milia de Aragonatantu sia quantu ad ipsum plachira. - Item promitti la dicta inclita donna Elienora a la predicta serenissima signura regina ki in lu tempu de fari Deo duce de presenti lu predictu matrimoniu infra lu prefatu inclitu don Fridericu et la nobili donna Violanti sua figla tucti li predicti quantitati et rayzoni et beni cun conditionibus et reservationibus predictis ac etiam tutti altri beni ki pertinissiru oy putissiru spectari a la predicta nobili donna Violanti der hereditati de patri oy per qualsivoglaaltra rayzoni la ditta nobili donna Violanti dotira a lu dictu inclitu don Fridericu. - Item li predicti parti zo e la predicta serenissima signura regina nomine quo supra et la prefata inclita donna Elienora tam nomine propio comu matri quam nomine tutriciopromittinu invicem ki si lu dictu matrimoniu de jure prohibentteconsanguinitatis non si putissi perficeri senza apostolicadispensione curari cun lu sanctu patri de obtiniri et haviri la dispenzacioni sollepni ut decet. - Item promettinu li prefati parti invicem sub pena predicta ki li predicti don Fredericu et donna Violanti firmiranu li presenti sponsali sollepniter ut decet da iza ad dui anni quo tempore serranu mayuri dila infanttili etati et habili ad contrayri li presenti sponsali. - Li qual casi suprascripti et chasquedun di loro zo e la predicta signura donna Elienora et lu prefatu magnificu misser Aloyside speciali mandato serenissime domine nostre regine invicem promisserunt et sollepniter se obligarunt anterdiri et observari sub obligacioni et ypotheca di tutti loru beni burgensatichi et pheudali: renunciando expresse a lu auxilio de bellianu senatuconsultu et ad omni altru beneficiu et rayzoni per li quali contraveniri potissiru. - Et juraverunt prefata domna Elienora et dominus Lodovicus nomine quo supra corporaliter tacto libro in manibus mei predicti notarii. - Pacto adjecto quod presens contractus substantia non mutata possit ampliari clausulari sollepnizari refici et emendari semel et pluries ad consilium sapientis. - Salva collatione. - Capitula supradicta et unumquodque ipsorum in quantum dictum serenissimum dominum regem Sicilie tangunt quovismodo juxta mentem seriem et tenorem capitulorum ipsorum fuerunt firmata laudata et jurata largomodo cum extensione et appositione omnium illarum clausularum necessariarum et opportunarum ad sensum jurisperitorum predictorum inde apponi substantia tamen eorum capitulorum ut distinguitur superius non mutata per ipsum dominum regem: fueruntque ipsa capitula etiam firmata laudata et jurata in modum hujusmodi jam expressum per honorabilem Petrum Torrellesconsiliarium et camarlengum serenissimi domini regis Aragonis ut curatorem nobilis Frederici jamdicti in posse mei Petri Companyoni de Staguerlo predicti domini regis Sicilie secretarii et per totam terram et dominationem dicti domini regis Aragonis regia auctoritate notarii publici in loco de Selluri sito in regno Sardinie die nona julii anno a nativitate Domini millesimo CCCC° nono presentibus testibus nobili Giraudo de Malleo et Egidio Roderici de Lihori consiliariiset camarlengiis ac Garcia de Latras et Andrea Aguilomilitibus armorum uxeriis domini regis Sicilie supradicti et ut ab omnibus fides plenior firmis hujusmodi et aliis receptis per me ut supra distinguitur impendatur meum notariatus hic appono sig+num.