jueves, 25 de julio de 2024

1. 5. De cóm Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi.

Capítul V.

De cóm Pedro Saputo va determiná adependre algún ofissi.


Llichí y mes lligí als llibres que li dixáe lo retó y un ric del poble va sé lo que va fé en mol tems. Entre tots los que mes li agradáen eren los de historia y les fábules de Esopo en la vida de este gran fabulista: y un atre llibre al que li dieben Lo Cortesano. Pero no olvidáe lo ejercicio de les roques ni lo aná als campos en lo primé llauradó que entopetabe o topetabe, ni les probes de agilidat.

Un día li va di sa mare: 

- Fill, ya tens dotse añs; ya es tems de que adeprengues algún ofissi. Y ell va contestá que pera qué eren los ofissis. Són, fill, li va contestá sa mare, pera no está bambán y guañás la vida. 

- ¿Només que per an aixó?, va di ell; pos yo tos dono paraula de no está may bambán, com veéu que tampoc no u estic ara, pos ya vech que es roín, encara que sol sigue perque lo que no fa res, ya en aixó fa mol mal no ocupán lo entretenimén y les mans, y en cuan a guañás la vida tingue firme esperansa que no me faltará, si Deu vol, ni a vosté en mí. Que no vull yo que vaigue a rentá en fret y en caló perque es siñal de molta pobresa, y no ha de passá tans mals ratos. Pero si tos entristix que no adeprenga un ofissi, digueume quin hay de adependre. Y sa mare li va contestá que lo que vullguere. 

- Pos yo, va di ell, no ne vull adependre cap. Perque hau de sabé que segons yo hay advertit, los homens són mol ignorans y no fan mes que disparates, obrán en tot en molta torpesa y sense cap discurs; y encara mes, generalmen fan mal als atres en malissia, y potsé an ell mateix per rechás. Yo no sé si a datres puestos són diferens, perque ya sabeu que no hay eixit de Almudévar mes que pera aná a vore als nostres parens, y dos vegades a Huesca aon a ningú vach coneixe ni vach tratá mes persones que les recaderes del mercat, que per sert gasten mol desenfado y poca vergoña. Pero si tots són lo mateix, no nessessito cap ofissi pera guañám la vida y félay a vosté descansada.

- Fill meu, va di entonses sa mare: mol saps y vech que parles com los flares que prediquen o com los homens que van en nous trajes per lo món y vénen de lluñanes terres. Fes lo que vullgues y Deu te ilumino: sol no vullguera que fores roín.

- Hasta ara, mare, va contestá ell, no u hay sigut ni hay probat de séu; y lo que hasta los dotse añs no es roín, ya sempre sirá bo. 

- Segons, li va replicá sa mare: algúns s' hi tornen después. 

- No pot sé, va di ell: perque yo sé que lo que es roín de home fet ya u ere de chiquet, pero no sabíe ni podíe empleá la maldat, pero lo que es mala inclinassió ya la teníe al alma.

- Ara vech, va contestá sa mare, que vas tenín raó. 

¿Quí t’ha amostrat estes coses?

- Aquí dins, va contestá ell, me les amostren totes; y los llibres que llechisgo o llixgo, y les dones cuan riñen unes en atres. 

- ¿Cóm poden enseñát o amostrát res les dones y mes reñín?, 

va preguntá sa mare mol admirada.

- Pos me enseñen mol, va contestá ell; tot lo que entonses diuen es locura y sabiduría, y lo mateix me enseñe la un que l’atre. Y u adepreng de elles y dels atres chics a les seues enganchades, y dels llibres, u aplego aquí dins y u guardo, y alló engendre atres coses, y estes engendren después atres; y les junto y les regiro y amasso totes, o les separo y compong segons me demanen les ocasions.

Entonses sa mare, esbarrada de sentíl parlá en tanta sabiduría, li va di: 

- No sé, fill meu, cóm sen yo tan tonta vach parí un fill tan espabilat.

- ¡Tonta, diéu!, va contestá ell; pos yo no hay advertit que u siguéu, perque les dones que yo ting per tontes al poble són vanes, cantoneres, gorrines, desastrades, rezongueres, noveleres, picudes, chismoses y bachilleres

8M Valderrobres , si natros o natres mos aturem

- Fill, fill, li va di entonses sa mare; eixa es massa malissia pera la teua edat; dixa a les pobres dones, que tan despressio porten a costes per sé dones y per ende lo espart del món.

- Ara sí que vech que sou una mica tonta, va di ell: perque hau dit una tontada mol gran. ¿Cóm diéu que les dones són lo espart del món? ¿Quin espart sou vosté a la vostra casa? Vosté sou la siñora y yo lo vostre fill, vosté me voléu y yo la vull; vosté me servís ara y yo la serviré después; vosté me cuidéu y yo creixco y me fach home pera donali honra y amparala y mantíndrela. No tos digáu espart, perque me hau afrentat y casi no puc mirala a la cara.

Un atre día a la hora de minjá va arribá sa mare en gran sofoco dién entre llágrimes:

- Los rics sempre rics y los pobres sempre ham de callá. Mira, fill, que ving acalorada. Lo hidalgo de la cantonada de la plassa me ha topetat al carré, y plantanse a cuatre passes me ha dit: "Be críe lo fill, la pubilla; ya casi es home y sol sap parlá y fé lo Marc Esopo. 

La paga que ell tos donará per lo ofissi que li habéu amostrat. ¿Pensáu fél rentadora o cuinera com vosté? Milló li cuadraríe lo ofissi de comare o de casamenté.» Yo, al sentí paraules tan ofenedores, me hay mort de vergoña, la llum del sel no la veía; y casi me aufego de la pena que me unfle lo pit. ¿Qué me dius, fill meu, per al meu consol?

- Per ara, mare meua, sol tos dic que mingéu en gust, y demá tos diré lo que faré en este enfado que tos han donat perque no convé obrá ni adoptá consell cuan la caló de la passió está al mes alt pun, com u está ara als dos, vosté plore pero yo encara que estic ofés parlo en esta templansa. Ya que eixe hidalgo creu que pot oféndrela perque no me donéu ofissi, dixem la seua insolensia y agarrem la raó. Demá, si voléu, adependré de teixidó, después demá, de sastre, lo dilluns, de pelaire, lo dimats, de fusté, lo dimecres... 

casa el sastre, turismo rural, Beceite

- Fill meu, lo va tallá sa mare olvidán les llágrimes y la afrenta:

¿quín disparate estás dién? ¿No saps que cada un de eixos ofissis coste mols añs de adependre, y tú, vols adependren un cada día? 

- Torno a di, y sertifico, va contestá ell, que cada día hay de adependre un ofissi, y mes si es menesté o convé. Hasta mich día lo estudiaré, per la tarde entrenaré les mans, y a la nit cuan vinga a casa li portaré ya alguna mostra de la meua obra. Perque yo hay mirat a ixos homens als seus tallés y sé lo que me dic. Mínjo y alégros, que lo fill que hau parit no va naixe pera burret o ruquet, com Carlos Rallo Badet; ni tampoc pera sé humillat per cap fill d' algo ni pera patí que sa mare u sigue per ningú.
Yo faré que dins de pocs díes sigáu beneída per tots, y envechada potsé de eixe mateix hidalgo que tos ha insultat. Perdonemlo empero per la bona intensió en que u haurá fet, encara que en poc miramén y sobrada fanfarronería y mals modos. aixó es soberbia de naiximén y confiansa en les riqueses.

Aquella tarde anáe Pedro a casa de sa padrina, com solíe, y al passá per la plassa va vore al hidalgo en lo mossen: se va arrimá an ells y sense saludá se va encará en aquell y en gran aplom li va di: 

sa padrina, Ángeles Gil Guimerá

- Siñó fill d'algo de la cantonada (cridanlo aixina per despressio): avui hau fet plorá a ma mare, y les seues llágrimes me han abrasat les entrañes y les guardo aquí (siñalán lo cor), perque soc lo seu fill y sé quí té o no té dret a oféndrela. No u olvidéu, que tampoc yo u olvidaré. Adiós. Y dién aixó sen va aná en tota serenidat y mirada severa.
Lo mossen lo va cridá moltes vegades y hasta va volé seguil; pero lo va tindre que dixá perque ni la cara va girá pera mirál y va colá com un rellámpec. Va sentí mol lo mossen aquell cas, y u va sentí tamé lo hidalgo, pero de manera diferén, perque lo mossen u sentíe per amor al chiquet, y l’atre de ira y de rencor de les seues paraules y atrevimén.


Original en castellá:

Capítulo V.

De cómo Pedro Saputo determinó aprender algún oficio.

Leer y más leer en los libros que le dejaba el cura y un rico del pueblo fue lo que hizo en mucho tiempo. Entre todos los que más le gustaban eran los de historia y las fábulas de Esopo con la vida de este gran fabulista: y otro libro que llamaban El Cortesano. Pero no olvidaba el ejercicio de las peñas ni el ir a los campos con el primer labrador que encontraba, ni las pruebas de agilidad y ligereza.

Un día le dijo su madre: - Hijo, ya tienes doce años; ya es tiempo de que aprendas algún oficio. Y él respondió que para qué eran los oficios. Son, hijo, le respondió su madre, para no estar ocioso y ganar la vida. - ¿No más que para eso?, dijo él; pues yo os doy palabra de no estar nunca ocioso, como veis que tampoco no lo estoy ahora, pues ya se me alcanza que es malo, aunque sólo sea porque el que no hace nada, ya con eso hace mucho mal no ocupando el entretenimiento y las manos, y en cuanto a ganar la vida tened firme esperanza que no me faltará, Dios mediante, ni a vos conmigo. Que no quiero yo que vayáis a lavar con frío y con calor porque es señal de mucha pobreza, y no os habéis de dar tan mal tiempo ni vida tan lacerada. Pero si os afligís porque no aprendo un oficio, decidme cuál he de aprender. Y su madre le respondió que el que quisiera. - Pues yo, dijo él, no quiero aprender ninguno. Porque habéis de saber que según yo he advertido, los hombres son muy ignorantes y no hacen sino disparates, y rudezas obrando en todo con mucha torpeza y sin ningún discurso; y el que es un poco más avisado, generalmente hace daño a los otros con malicia, y tal vez a sí mismo por reverbero. Yo no sé si en otras partes son diferentes, porque ya sabéis que no he salido de Almudévar sino que para ir a ver a nuestros parientes, y dos veces a Huesca en donde a nadie conocí ni traté más personas que las recaderas del mercado, que por cierto gastan largo de su desenfado y poca vergüenza. Pero si todos son lo mismo, no necesito ningún oficio para ganar la vida y dárosla a vos descansada. - Hijo mío, dijo entonces su madre: mucho sabes y veo que hablas como los flaires que predican o como los hombres que andan con nuevos trajes por el mundo y vienen de luengas tierras. Haz lo que quieras y Dios te ilumine: sólo que no querría que fueses malo. - Hasta ahora, madre, respondió él, no lo he sido ni entendido serlo; y el que hasta los doce años no es malo, ya siempre será bueno. - Según, le replicó su madre: algunos se tornarán después. - No puede ser, dijo él: porque yo conozco que el que es malo de hombre hecho lo hubo de ser de niño, sino que no sabía ni podía ejecutar la maldad, pero lo que es mala inclinación ya la tenía en el alma.

- Agora veo, contestó su madre, que vas teniendo razón. ¿Quién te ha enseñado esas cosas? - Aquí dentro, respondió él, me las enseñan todas; y los libros que leo y las mujeres cuando riñen unas con otras. - ¿Cómo pueden enseñarte nada las mujeres y más riñendo?, preguntó su madre muy admirada. - Pues me enseñan mucho, respondió él; todo lo que entonces dicen es locura y sabiduría, y lo mismo me enseña lo uno que lo otro. Y lo aprendo de ellas y de los otros chicos en sus contiendas, y de los libros, lo recojo aquí dentro y lo guardo, y aquello engendra otras cosas, y éstas engendran luego otras; y las junto y las revuelvo y amaso todas, o las separo y compongo según me cumple y piden las ocasiones.

Entonces su madre, espantada de oírle hablar con tanta sabiduría, le dijo: - No sé, hijo mío, cómo siendo tan tonta he parido un hijo tan agudo. - ¡Tonta, decís!, contestó él; pues yo no he advertido que lo seáis, porque las mujeres que yo tengo notadas por tontas en el lugar son vanas, cantoneras, puercas, desastradas, rezongueras, noveleras, picudas, chismosas y murmuradoras. - Hijo, hijo, le dijo entonces su madre; ésa es demasiada malicia para tu edad; deja a las pobres mujeres, que harto desprecio llevan a cuestas con ser mujeres y por ende el estropajo del mundo. - Ahora sí que veo que sois un poco tonta, dijo él: porque habéis dicho una muy grandísima necedad. ¿Cómo llamáis a las mujeres el estropajo del mundo? ¿Qué estropajo sois vos en vuestra casa? Vos sois la señora e yo vuestro hijo, vos me queréis e yo os quiero; vos me servís agora e yo os serviré después; vos me cuidáis e yo crezco y me hago hombre para daros honra y ampararos y manteneros. No os llaméis estropajo, por vida mía, porque me habéis afrentado y casi no oso miraros a la cara.

Otro día a la hora de comer llegó su madre con gran bochorno y pasión diciendo entre lágrimas: - Los ricos siempre ricos y los pobres siempre hemos de callar. Mira, hijo, que vengo llena de calor y corrimiento. El hidalgo de la esquina de la plaza me ha topado en la calle, y plantándoseme a cuatro pasos me ha dicho: «Bien criades el hijo, la Pupila; ya casi es hombre y sólo sabe parlar y hacer el Marco Esopo. El pago que él os dará por el oficio que le habéis enseñado. ¿Pensáis hacelle lavandera o cocinera como vos? Andad, que mejor le cuadraría el oficio de comadrón o de casamentero.» Yo, al oír palabras tan injuriosas, me he cubierto de vergüenza, la luz del cielo no veía; y casi me ahogo de la pena que me hinche el pecho. ¿Qué me dices, hijo mío, para mi consuelo? - Por ahora, madre mía, sólo os digo que comáis con gusto, y otro día os diré lo que hace a este enojo que os han dado porque no conviene obrar ni adoptar consejo cuando el calor de la pasión está en su mayor punto, como lo está ahora en los dos, que vos lloráis e yo de puro levantado y ofendido hablo con esta templanza. Y ya que ese hidalgo cree que puede ultrajaros porque no me dais oficio, dejemos su insolencia y tomemos su razón. Mañana, si queréis, aprenderé de tejedor, después de mañana, de sastre, el lunes, de peraile, el martes, de carpintero, el miércoles... - Hijo mío, le atajó su madre olvidando las lágrimas y su afrenta: ¿qué disparate estás diciendo? ¿No sabes que cada uno de esos oficios cuesta muchos años, y tú, quieres aprender uno cada día? - Torno a decir y certificaros, contestó él, que cada día he de aprender un oficio, y más si es menester o conviniera. Hasta medio día lo estudiaré, por la tarde ejercitaré las manos, y a la noche cuando venga a casa os traeré ya alguna muestra de mi obra. Porque yo he mirado a esos hombres en sus talleres y sé lo que me digo. Comed y alegraros, que el hijo que habéis parido no nació para jumento; ni tampoco para ser escarnecido de ningún hidalgo ni para sufrir que su madre lo sea de nadie. Yo haré que dentro de pocos días seáis bendecida de todos, y envidiada quizá de ese mismo hidalgo que os ha insultado. Perdonémosle empero por la buena intención con que lo habrá hecho, aunque con poco miramiento y sobrada altivez y mal modo. Eso es soberbia del nacimiento y confianza en las riquezas.

Aquella tarde iba Pedro a casa de su madrina, como solía, y al pasar por la plaza vio al hidalgo con el cura: acercóse a ellos y sin saludar se encaró con aquél y con grande entereza dijo: - Señor hidalgo de la esquina (llamándole así por desprecio): hoy habéis hecho llorar a mi madre, y sus lágrimas me han abrasado las entrañas y las guardo aquí (señalando el corazón), porque soy su hijo y sé quién tiene o no tiene derecho a ultrajalla. No lo olvidéis, que tampoco yo lo olvidaré. Adiós. Y diciendo esto se fue con su serenidad y mirada severa. El cura le llamó muchas veces y aun quiso seguirle; mas lo hubo de dejar porque ni aun la cara volvió a mirarle y traspuso como un relámpago. Sintió mucho el cura aquel caso, y lo sintió también el hidalgo, pero diferentemente, porque el cura lo sentía de amor al niño, y el otro de ira y de mancilla de sus palabras y atrevimiento.

1. 4. De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo va aná a escola.

no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats

Un dels mes grans engañs que se patixen al món es que no tots los burros porten albarda ni caminen a cuatre potes y ferrats com hauríen, perque aixina no entropessaríe un en tans que pareixen un atra cosa. Si al menos los creixqueren les orelles, que es lo distintiu mes propi; pero ni aixó. ¡Oh qué bo que siríe! Pedro Saputo los coneixíe en sol mirals a la cara; y desde chiquet, com se va vore lo que li va di del veinet sa mare, que lo proposáe com a modelo de aplicassió de les lletres, pero ñan arts y siensies que moren en los seus autós; esta va sé una de elles. La que después han fundat los moderns fisonomistes dits servellistes o frenólogos, es un atra; lo que no veu res als ulls y a tot lo rostro, poc vorá al cráneo, y sobre aixó, que me torron viu.

En estos ejercicios y jocs va passá encara algún tems, cuan una nit después de sená y de estás un rato calladet y cavilán li va di a sa mare en ressolusió: 

- Mare, esta nit vull ditos algo bo: demá si tos pareix aniré a escola. 

- Sí, fill; sí que me pareix be, va contestá sa mare emosionada; sí que vull que vaigues a la mostra. ¡grassies a Deu! Bona nit me dones, fill: be u has dit: de goch no podré dormí. ¡Ay! Si sapigueres lo que hay patit cuan me díen que criaba a un dropo. Ara sí que estic contenta. Perque mira, fill, que soc ta mare, y estem los dos sols al món. 

- Y mos bastem, va contestá ell: los dos y lo de allá dal (siñalán al sel en la má) contra tot lo món si mos es contrari; que no u sirá mare, no, sino mol favorable.

- Miréu, mare meua: la escola es pa mol du y sense bones dens no se pot mossegá. M’han caigut los primés, ting tots los segons, y forts, y puc mossegá y minjá lo pa de la escola que com hay dit es mol du y estopeng, y no té que donás als chiquets mentres són tan tendres. Tots ploren, tots u senten mol, tots van capbaixos y se queden arguellats y apocadets, y no adelanten res o están en les primeres lletres tans añs, que sol per sé cosa corrén no es gran vergoña per an ells y per als maestres. Yo, la verdat, no sé be lo que són les lletres; pero me pareix que en poc tems hay de alcansá y passá an eixe Agustinet y a tots los que fa tres o cuatre añs que van a la escola. Ara anem al catre, y demá voréu al seu fill escomensá a sé home y séu mol depressa. Sa mare lo miráe y ploráe de goch, y donán grassies a Deu se va gitá y no va pugué dormí de alegría com habíe dit.

arguellat

Se va fé de día, pero mol abans la bona mare teníe la llum als ulls només de pensá en la ressolusió del seu fill. Se va eixecá, y cuan va tindre fet lo amorsá, va aná a despertá al chiquet Pedro, que li va demaná la roba dels díes de festa dién que aquell ere mol gran per an ell.

- Y pera ta mare tamé, va contestá ella. Y li va traure lo traje mes nou y milló; después de habé minjat un plat de migues y sense voldre pendre atra cosa va di a sa mare que lo acompañare pera dili al mestre que lo entregáe a la seua potestat y gobern.

Van arribá a les escoles, y la mare li va di al mestre que li portáe y presentáe a son fill Pedro; qui hasta aquell día no habíe tingut a be escomensá la escola perque volíe creixe y fes fort. Lo mestre sen va enriure y va contestá que admitíe en gust al chiquet Pedro per discípul, y que confiabe que en poc tems adependríe la paleta de la Jesús. En aixó sen va aná la mare, y ell se va quedá a la classe.

Aquell primé día y los dos siguiens no va fé mes que repetí los noms de les lletres com los anáen dién en veu alta los atres chiquets; pero lo cuart va preguntá al mestre si ñabíen mes lletres que aquelles; y com li va di que no, va torná a preguntá si als llibres que lligíen los chiquets adelantats ñabíen unes atres, y contestán lo mestre que ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro:

ni a ixos llibres ni a tots los del món ñabíen mes lletres que aquelles, va di lo chiquet Pedro

- Pos si es aixina en adependre yo estes lletres ya sabré tot lo que hay de sabé per ara.

- No, fill, va contestá lo mestre; perque después se han de ajuntá unes en atres pera formá les palaures.

- Pero en fin, va replicá Pedro, en estes se han de compondre totes.

- Sí, va di lo mestre.

- Pos be, va continuá lo chiquet: esta tarde me donaréu llissensia pera no vindre a escola, y demá tos demanaré un favor, que si mel feu, ni yo me trauré de está aquí cridán tantes hores matí y tarde, ni vosté tindrá que fé mes que dim lo que li pregunta. Li va otorgá lo mestre lo que demanáe; y aquella tarde va pendre una viola de sons yayos mich asclada y sense claus, la va desfé, va pegá a les dos taules per un costat un papé blang y sen va aná cap al tallé de un fusté. Li va demaná una regla, un llapis y una serreta fina, y tirán línies de dal a baix y de crusat a les taules, les va serrá les dos y va fé de vintissís a trenta tablilles cuadrades, les va ficá a la capucha del gabán, y sen va aná a amostrálesi a sa mare diénli que demá voríe en qué paráe alló.

En son demá per lo matí va aná a escola y va demaná al mestre que li escriguere a cada tablilla una lletra; después li va rogá que les embutiguere per orden a un filferro passanlo per un foradet que teníen, y fet tot per lo mestre li va doná les grassies y va di:

- Ara, siñó mestre, ya me avindré yo en estes lletres, perque les sé de corregut y ne coneixco o conec mol poques. Doneume llissensia y men vach a casa.

Dos díes va está a casa donán voltes a les tablilles y mirán de cuan en cuan una paleta del A. B. C., que teníe penjada a la paret, al cap dels dos díes li va di a sa mare: 

- Ya coneixco les lletres; vingue en mí a escola y vorá que no la engaño. Van aná a la escola, va fé lo mestre la proba y no ne va errá cap.

Va quedá espantat lo mestre; los chiquets lo miráen encantadets y sa mare estáe embargada de goch. Va corre la notissia al poble, y tots selebráen lo ingenio del chiquet Pedro de la pubilla, escomensán algúns a dili desde entonses Pedro Saputo, que al dialecto antic del país volíe di Pedro lo sabut; nom que se li va quedá com a propi y ya no va sé conegut per atre.

Lo van ficá a deletrechá; y fenlo escriure a un papé les sílabes soltes a un costat, y al atre lo vocablo que componíen, en sing díes va adependre a llichí, habense perfecsionat del tot en catorse desde lo primé en que va aná a escola.

Lo burro mort.

Original en castellá:

Capítulo IV.
De cómo Redro Saputo fue a la escuela.

Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: - Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. - Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. - Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.
- Mirad, madre mía: la escuela es pan muy duro y sin buenos dientes no se puede morder. Hanme caído los primeros, tengo todos los segundos, y fuertes, y puedo morder y comer el pan de la escuela que como he dicho es muy duro y áspero, y no debe darse a niños mientras son tan tiernos. Todos lloran, todos lo sienten mucho, todos andan acontecidos y se paran flacos, enatizos y entecos de sujeción y apocamiento, y no adelantan nada o están en las primeras letras que llaman tantos años, que sólo por ser cosa ordinaria no es gran vergüenza para ellos y para los maestros. Yo a la verdad, no sé bien lo que son las letras; pero me parece que en poco tiempo he de alcanzar y pasar a ese Agustinico y a todos los que hace tres o cuatro años que van a la escuela. Ahora vamos a dormir, y mañana veréis a tu hijo comenzar a ser hombre y serlo muy aprisa, a lo que me da el corazón. Su madre le miraba y lloraba de gozo, y dando gracias a Dios se acostó y ni pudo dormir de alegría como había dicho.
Se hizo de día, y mucho antes la buena madre tenía la luz en sus ojos con el acontecimiento de pensar en la resolución de su hijo. Levantóse, y cuando tuvo hecho el almuerzo, fue a despertar al niño Pedro, el cual le pidió la ropa de los días de fiesta diciendo que aquél era muy grande para él. - Y para tu madre también, contestó ella. Y le sacó el vestido más nuevo y mejor; después que hubo comido un plato de migas y sin querer tomar otra cosa dijo a su madre que le acompañase para decir al maestro que le entregaba a su potestad y gobierno.
Fueron a la escuela, y la madre dijo al maestro que le llevaba y presentaba su hijo Pedro; el cual hasta aquel día no había tenido a bien comenzar la escuela porque quería crecer y hacerse fuerte. El maestro se rió y respondió que admitía con gusto al niño Pedro por discípulo, y que confiaba que al poco tiempo aprendería la paleta de la Jesús. Con esto se fue la madre, y él se quedó en la escuela.
Aquel primer día y los dos siguientes no hizo sino repetir los nombres de las letras como los iban diciendo en voz alta los otros niños; pero el cuarto preguntó al maestro si había más letras que aquéllas; y como le dijese que no, tornó a preguntar si en los libros que leían los niños adelantados eran otras, y contestando el maestro que ni en aquellos libros ni en todos los del mundo había más ni otras letras que aquéllas, dijo el niño Pedro: - Pues en este caso en aprendiendo yo estas letras ya sabré todo lo que hay que saber por ahora. - No, hijo, respondió el maestro; porque después se han de juntar unas con otras para formar los vocablos. - Pero al fin, replicó Pedro, con éstas se han de componer todas. - Sí, dijo el maestro. - Pues bien, continuó el niño: esta tarde me daréis licencia para no venir a la escuela, y mañana os pediré un favor, que si me lo hacéis, ni yo me sacaré de estar aquí voceando tantas horas mañana y tarde, ni vos tendréis que hacer más que decirme lo que os pregunte. Otorgóle el maestro lo que pedía; y aquella tarde tomó una vihuela de sus abuelos medio rota y sin clavijas, la deshizo, pegó a sus dos tablas por un lado un papel blanco y se fue al taller de un carpintero. Llegado, pidió una regla, un lápiz y una sierra fina, y tirando líneas de alto a bajo y de cruzado en las tablas, aserrólas ambas e hizo de veintiséis a treinta tablillas cuadradas, echóselas en la capilla del gabán, y se fue a enseñarlas a su madre diciéndole que mañana vería en qué paraba aquello.
Al día siguiente por la mañana fuese a la escuela y pidió al maestro que le escribiese en cada tablita una letra; luego le rogó que las metiese por orden en un hilo de alambre pasándolo por un agujerito que tenía, y hecho todo por el maestro le dio las gracias y dijo: - Ahora, señor maestro, ya me avendré yo con estas letras, porque las sé de coro y conozco muy pocas. Dadme licencia y me voy a casa.
Dos días estuvo en casa dando vueltas a las tablitas y mirando de cuando en cuando en una paleta del A. B. C., que tenía colgada en la pared, al cabo de los cuales dijo a su madre: - Ya conozco las letras; venid conmigo a la escuela y veréis que no os engaño. Fueron a la escuela, hizo el maestro la prueba y no erró ninguna.
Quedó espantado el maestro; los niños le miraban elevados y la madre estaba embargada de gozo. Divulgóse la noticia en el pueblo, y todos celebraban el ingenio del niño Pedro de la Pupila, comenzando algunos a llamarle desde entonces Pedro Saputo, que en el dialecto antiguo del país quiere decir Pedro el Sabio; nombre que al fin le quedó como propio no llamándole nadie ni siendo conocido por otro.
Pusiéronle a deletrear; y haciéndole escribir en un papel las sílabas sueltas a un lado, y al otro el vocablo que componían, en cinco días aprendió a leer, habiéndose perfeccionado del todo en catorce desde el primero en que fue a la escuela.