
http://redaragon.elperiodicodearagon.com/sociedad/otraslenguas/fabla2.asp
https://an.m.wiktionary.org/wiki/Aragonés-Español_t
champouirau, chapurriau, chapurriat, chapurreau, la franja del meu cul, parlem chapurriau, escriure en chapurriau, ortografía chapurriau, gramática chapurriau, lo chapurriau de Aguaviva o Aiguaiva, origen del chapurriau, dicsionari chapurriau, yo parlo chapurriau; chapurriau de Beseit, Matarranya, Matarraña, Litera, Llitera, Mezquín, Mesquí, Caspe, Casp, Aragó, aragonés, Frederic Mistral, Loís Alibèrt, Ribagorça, Ribagorsa, Ribagorza, astí parlem chapurriau, occitan, ocsitá, òc, och, hoc

TABANQUE. n. Poyo o macizo levantado a la altura de una vara en las puertas de algunas tiendas, sobre todo en las abacerías.
TABARDA. n. Tunda.
TABELARIO. n. Atabalero, timpanista, voz anticuada: léese también tabelerio, tabularlo y taburario.
TABLA. n. Fondos públicos, sobre todo municipales.
TABLAJERO. a. Cortador público de la carne. - a. Practicante del Hospital. - n. Caballero de los que tiraban al tablado, juego que consistía en arrojar la lanza contra unas tablas atravesadas en palos derechos o cuairones, ganando premio el que hincaba la lanza en el tablado o el que lo pasaba de claro en claro, como puede verse en las Coronaciones de Blancas, el cual cita las reglas dadas para este juego por el fuero de Huesca de 1247.
TABLERO. c. Mostrador.
TABULLO. n. Se dice del que es rechoncho, fornido y torpe en sus movimientos: otros dicen tabollo.
TACA. p. Mancha.
TAFARRA. d. Atarre.
TAFURIA. n. Género de tributo: escribíase también tafurería.
TAJADERA. a. Compuerta para detener o desviar el agua.
TAJO. n. Tarea o trabajo abundante. - n. Sitio donde se ha de trabajar, y así se dice acudir al tajo. - a. Tajada, de ahí tome V., ese es buen tajo. (ña mol tall y poca tallada)
TAGÁN. n. El resto de tronco o vástago que queda en la vid cuando se le ha arrancado una parte: es voz local.
TALA. d. Tara.
TALA-CEBOLLAS. n. Insecto de los hemípteros.
TALAR. n. Ensuciar la ropa y aun cualquiera otra cosa. (tacar, tacá)
TALEGAZO. d. Costalada. (talecada, talegada)
TALEGUERA. n. Cereza de carne más dura que la ordinaria.
TALLA. a. Tara o tarja.
TALLADOR. n. En una carta-puebla concedida por los monjes de Beruela interviene el que desempeñaba ese cargo u oficio en el monasterio, año 1238.
TAMBORINAZO. n. Tamborilazo, tamborilada, caída, golpe. (tamborinada)
TANDA. n. El arriendo de finca urbana correspondiente a seis meses desde S. Juan a Natividad o viceversa. (El orden de riego con las chapas; demaná tanda pera comprá)
TANERÍAS, TAÑERÍAS. Tenerías.
TANGO. p. Tanganillo, tángano.
TANO d. Nudo en la madera.
TAÑADO. n. Boto sin pez, de que usan los pastores. (bota)
TAÑEDERO.
n. Zanja que se hace de árbol a árbol cuando se quiere regar estos
y no todo el campo en que están plantados.
TAÑERSE. n.
Afeitarse; en algunas localidades.
TAPARA. a. Alcaparra,
alcaparrón.
TAPIA. n. Se usa en la frase sordo como una tapia, para ponderar la extremada sordera de alguien.
TAPICES
DE TIERRA. n. Alfombras, según Blancas en su Índice de vocablos
aragoneses.
TAQUINERO. a. Jugador de taba.
TARDANO. c. Tardío. (préssec tardá vs primereng o primerenc)
TARDADA. n. El fin de la tarde, el anochecer. (al tardet)
TARDE. a. Las primeras horas de la noche.
TAREA. n. La de chocolate es generalmente la cantidad de cuarenta y ocho libras, si bien puede ser mayor o menor. En Castilla tarea es la obra que ha de hacerse en tiempo dado.
TARQUÍN. c. Cieno en el fondo de las aguas estancadas. (tarquí)
TARRANCAZO. TARRANCO. TARRANCHO. d. Garrancho.
TARTIR. n. Chistar, respirar: se usa siempre con negación, p.ej “cayó al suelo sin tartir” “le reprendió de manera, que le dejó sin tartir”. / (No tartí : no pará quieto)
TARUMBA.
n. Se usa en las expresiones volverse uno tarumba etc., para
manifestar que se le ha confundido, anonadado, mareado o aturdido.
TASTAR. d. Probar, gastar, catar.
TÁSTARA. a. Hoja gruesa
del salvado.
TASTE. n. Acción de probar una cosa para conocer si gusta o está en sazón.
TASTINADO. n. Requemado, socarrado: la Academia admite la palabra tasto en sentido de mal sabor de las viandas pasadas o revenidas.
TASTURRO. n. Tostón, en la acepción quinta de la Academia.
TATO. a. El hermano menor.
TEJA DE AGUA. n. La cuarta parte de una fila, como en Navarra.
TEJEDERA. n. Insecto del orden de los hemípteros.
TEJUGO. n. Tejón. (teixó)
TELADA. n. Se dice de varias personas que son de una telada, para denotar que pertenecen a una misma banda, círculo o pandilla, o que conforman en gustos y opiniones.
TELERO. a. Cada palo en las barandas de los carros o galeras.
TEMA. n. Cuartilla de papel: es en este sentido femenino.
TEMPRANILLO. n. Fruto temprano; tempranilla uva temprana.
TENAJA. n. Tinaja: vemos usada aquella voz en Castillejo, edición de D. Ramón Fernández (que se supone ser Estala).
TENDERO. n. El que tiene tienda de aceite y vinagre y de algunos efectos comestibles y combustibles.
TENENCIA. n. Seguridad ante el juez o señor por enemigos o partes contendientes: voz anticuada.
TENTÓN (A). n. A tientas. (A paupóns, paupontes)
TERCENAL. a. Fascal de treinta haces.
TERCEROL.
n. El que se distingue en la procesión de viernes santo por su
túnica negra y su antifaz, que también usan los hermanos de la
sangre de Cristo, y sobre todo los de la Orden tercera, de donde
procede aquella palabra.
TERCIAR. c. Dar la tercera reja a la
tierra. (después de mantornar, mantorná)
TERNA. n. El ancho de la tela; y así se dice "una sábana de dos ternas, un vestido de seis ternas."
TERNASCO. d. Recental.
TERNICES.
d. Gusanillos que produce la carne cuando empieza a podrirse.
TERNO.
n. Terna.
TERRETA.
n. El país o la patria, a que uno se refiere cuando está ausente.
TERRETIEMBLO. n. Terremoto. - En Murcia terretremo, cuya palabra
también se ve usada en las Ordinaciones de Pedro IV. (terratrèmol
: terra + tremolar)
TERRIZO.
n. Lebrillo: la Academia admite ese como adjetivo equivalente a
térreo. TERUELO. a. Bolita en cuyo hueco va el nombre o número de
los que entran en suerte. (Como el redolino, rodolí,
redolí)
TERZÓN, TERZONA. a. Novillo de tres años.
TESTARRAZO. n. Trompazo, golpe: en Castilla testarada golpe con
la cabeza.
TESTARRO. n. Mueble u objeto que, por estar viejo o
incompleto, no tiene utilidad alguna. - n. Persona enfermiza o inútil
que no está para ninguna empresa.
TESTIFICATA. a. Testimonio
legalizado por escribano en que se da fé de alguna cosa.
TETAR. n.
Mamar: en Castilla significa, al contrario, dar el pecho, lo mismo
que atetar. - Raynouard cita estos versos tomados de un poema a la
Magdalena:
Vi l' enfant estar
á la costa de sa maire,
e
las tetinas tetar.
TETI-CIEGA. n. Se dice de la oveja u otra res
inútil de una teta. (mamia)
TIBERIO.
n. Bulla, escándalo, confusión, desorden.
TIEMBLO. n. Rama de
cierto árbol, a propósito para los aros de los cuévanos.
TIERRA-BLANCA. n. La de sembradura, de cereales y toda la que no es
de arbolado.
TIERRA-MORIEGA. a. La que perteneció a los moros.
TIMBA. n. Juguesca, comilona o cualquiera diversión tumultuosa:
hemos leído esa voz en algún autor castellano contemporáneo.
TINTAR. n. Tomar tinta, mojar la pluma en tinta.
TINGLADO. d.
Tablado que se arma alto y a la ligera.
TIÑA. n. Buena suerte,
principalmente en el juego: voz familiar como su derivado tiñoso.
TIORBA. n. Vasija para recibir las aguas mayores y menores de los
enfermos que no pueden incorporarse en la cama.
TIPITEAR. n.
Andarse en dimes y diretes, barajarse de palabras: poco usado.
TIRETA. a. Tira de piel sobada que sirve para ajustar algunas
prendas del traje. TITADA. d. Monería, acción afeminada, remedo
impertinente.
TITO. n. Sillico.
TOBA. n. Cueva rasgada entre
peñascos: viene a significar lo que la voz soba del Diccionario de
Peralta.
TOBO. d. Hueco, mullido. (tou, tous, tova,
toves)
TOCAPARTE. n. La porción que corresponde a cada uno de
varios perceptores o habientes-derecho. - n. a la toca parte, modo
adverbial que significa a prorrata o a partes iguales, según los
casos.
TOCAR. n. Empezar a rastrear el galgo.
TOCATA. n.
Sonata. -n. Tunda.
TOCINO. n. Cerdo, puerco.
TOCHAR. a.
Cerrar la puerta con un palo redondo. (tocho : palo)
TOCHO.
a. Cachiporra.
TOLLAGA. n. Planta, erizo: llámase también
toyaga.
TONGADA.
c. Capa de tierra. - d. Paja alternada con fruto. - n. en una
tongada, de una vez.
TONI. n. Estúpido, tonto, insustancial.
TONTÍN-TONTEANDO. n. Haciendo la desecha, afectando bonhomía,
obrando a lo simple. - Hay maneras parecidas en otros verbos, como
cogín-cogeando, malín-maleando, a cuyo aire hemos leído en
francés, “clopin clopant, cahin caha, etc."
TONTÓN. n.
Aumentativo de tonto, que no incluye la Academia y que leemos en las
décimas contra el P. Isla (Véase asnada), en donde se dice
que
no es lo mismo tontón,
que no es lo mismo panarra,
satirizar
a Navarra,
que predicar a Aragón.
TONTUSCO. n. Despectivo de
tonto.
TOÑA. d. Pan grande.
TOÑINA. n. Paliza, zurra,
tunda.
TOQUITEAR. n. Diminutivo o atenuante de tocar, aunque a
veces tiene carácter de frecuentativo. (Dejad de toquitiar o
toquitear a la moza)
TORMO. d. Terrón de tierra o azúcar.
(Piedra muy grande, Valdeltormo)
TORNIZO. n. Castrón,
mardano o padre mal castrado.
TORNO. n. El que sirve en los
carruajes para dificultar su movimiento en las bajadas.
TORRE. p.
Quinta, granja, carmen, casa de recreo en el campo.
TORTA CAÑADA. n. Panecillo. (cañada : guitarra a Beseit, pa en oli de oliva)
TORTERA. n. Vasija de barro en que se sirve la sopa, los asados y aun las verduras y otras viandas: en Castilla tiene significación mucho más concreta. (hortera, ortera)
TORZALILLO. n. Torzal delgado, torzadillo.
TOZA. a. Chueca o trozo que queda a la raíz del tronco.
TOZAL. a. Monte, collado, lugar algo eminente. (tossal del rey, dels tres reys)
TOZAR. a. Topar, o dar el carnero con la cabeza. - a. Porfiar neciamente. (tossá; tosso, tosses, tosse, tossem o tossam, tosséu o tossáu, tossen)
TOZOLADA, c. Tozolón, golpe en la cabeza. (tossolada; estossolás, tossoló)
TOZUDO. c. Testarudo, terco, obstinado, tenaz. (tossut, tossuda)
TRAGACANTOS. n. Alquitira, tragacanta.
TRALLO. d. Cuartón.
TRANCADA. a. Trancazo.
TRANCO.
n. Se usa en la frase a trancos o barrancos, que significa
lentamente, con trabajo, con dificultad, echando mano de todo
arbitrio. (a trancas y barrancas)
TRANZA. a. Trance o
remate en lo vendido a pública licitación.
TRANZAR. a. Rematar.
TRAPAL. d. Paño tendido al pie del olivo para recoger en él la aceituna que se arranca. (borrassa, borrasses)
TRAPALETA.
n. Diminutivo de trápala. - n. Persona que charla demasiado.
TRAPERA. n. Herida de más anchura que peligro.
TRASCA. d. Pellejo grande de buey.
TRASCOLAR. d. Trasegar. (trascolá, trassegá; beure vi)
TRASCÓN. d. Pescuño, o cuña para apretar la reja, la esteva y el dental. TRASMUDAR. a. Trasegar. (trasbalsá)
TRASPONTINES, a. Colchones: usa entre otros esta palabra Fabio Climente en sus Escarmientos de Jacinto.
TRATADORES. n. Los Diputados nombrados por cada brazo para conferenciar entre sí y con el rey sobre los puntos allí tratados y que habían de recibir su aprobación y sanción definitiva.
TRASMUDADOR. n. El que se dedica al oficio de trasegar.
TRASMUDAR. a. Trasegar.
TRASNOCHAR. n. Hurtar.
TRAVIESA. n. Paradero de tablas, estacas, cañas etc. para contener o desviar el agua.
TRAZAS. n. Sustantivo aplicado, siempre en plural, al hazañero que es todo apariencias: úsase también en sus diminutivos trazillas y tracetas.
TRAZO. n. Despojo de res perdida.
TRECÉN.
n. Se dice del madero que tiene 26 palmos o poco más de longitud.
(13+13)
TREMEDAL. d. Páramo, montes despoblados. (Orihuela del Tremedal, Teruel)
TREMONCILLO. d. Tomillo. (timó)
TRENA. d. Trenza. - a. Bollo o pan de esa figura. - n. meter en trena, sujetar a uno, reducirle a razón. (trena de Almudévar; trena, trenes de pel)
TRENCHA. d. Pretina.
TRENQUE. n. Postigo: así hemos visto explicada la etimología de la calle que conserva aquel nombre en Zaragoza.
TRENZADERA. a. Cinta de hilo.
TREUDERO. n. Lo que está sujeto al pago de algún treudo o canon.
TREUDO. n. Pensión anual, de suyo irredimible, en reconocimiento directo de una cosa dada en tributación o enfiteusis. La Academia, que en 1822 le daba equivocadamente la significación de catastro, en las últimas ediciones define mejor, aunque no del todo bien, tributo o canon enfitéutico. (treuda)
TREZNAR, a. Atresnalar.
TRÍA.
n. Huella o carril que abren en los caminos las ruedas de los
carruajes.
TRIADO. n. El camino que tiene trías. - n. Camino muy
frecuentado. - n. Asunto o materia que se han desenvuelto muchas
veces, y en este sentido es sinónimo de trillado. (camí mol
trillat)
TRIAR. n. Formar carril o tría. - n. triarse, torcerse o agriarse algún plato de leche.
TRIBUNAL. n. El de los diez y siete, formado del seno de los cuatro brazos, juzgaba a los lugartenientes y curiales.
TRIBUTACIÓN. a. Enajenación de bienes raíces que transfiere el dominio útil, pagándose por el directo cierto treudo. - d. Reconocimiento de los límites concedidos a la mesta.
TRIBUTAR. a. Poner mojones en los límites señalados a la mesta.
TRIBUTO. a. Catastro.
TRIFULCA. n. Gran bulla, diversión, contienda, inquietud o movimiento.
TRINCAR. a. Saltar, correr, dar muestras de contento.
TRÍNGOLA. d. Campanilla de cabestro.
TRÍPLICA. a. Réplica a la segunda contradicción de la parte contraria.
TRIPLICAR. a. Responder en juicio a la dúplica o segunda contradicción. TROMPICHÓN. d. Perinola. (trompina)
TRONADOR. n. Juguete de los muchachos, que consiste en un pliego de papel cuyos pliegues se sueltan de pronto y producen una detonación. (troná : tronar)
TRONZADO.
Cansado, tullido, a consecuencia de una marcha penosa. (tronsat)
TRONZARSE. n. Resentirse, fatigarse por el demasiado ejercicio.
(tronsás)
TRUCAR. d. Golpear a la puerta. (En catalán también se usa para llamar por teléfono)
TRUCO. n. Úsase en la frase como si dijeras truco y en sus equivalentes, para indicar que una persona no consigue nada de otra. - n. Esquilón quo se pone al macho cabrío de mejor apariencia, para que sirva, con los que llevan los cañones, como guía del rebaño.
TRUJAL. a. Lagar. (Lo trull, los trulls)
TRUJALETA. a. Vasija para recibir el vino del lagar o las cubas.
TRUQUETA. n. Esquila o truco de menor volumen, que suele ponerse a algunas ovejas.
TÚBERAS, TÚFERAS. d. Especie de criadillas de tierra. (trunfa, trunfes; trufa, trufas)
TULLINA. n. Tunda, Tollina.
TUMBARRO. n. En unas apasionadas octavas contra las Conclusiones de Economía política, sostenidas en 1785 bajo los auspicios de la Sociedad aragonesa, se lee "Genovesi el tumbarro y otros tales" en significación de mandria u otra parecida.
TURRA.
n. Ave que frecuenta la laguna de Gallocanta y que Asso llama
desconocida.
Capítul VII.
De com Pedro Saputo va adependre la música.
¡Aik!, dirá aquí algún lectó; brumín anem puján. Primé sastre, que es lo mes pla que ña a la artesanía, vinín a formá lo llas y comunicassió entre los ofissis masculins y los femenins, com lo formen entre lo regne animal y lo vegetal los zoófitos o animals - plantes. Después cardadó o pelaire, que es algo mes; después fusté, que es mol mes; y no contem en lo dibuix, que perteneix ya al orden superió de les arts, be que sense exclusió de sexo com estes atres, lo anem ara a adorná en lo de la música, art baixat del sel y amor del cor humano. ¿Aón anirem a pará? ¡aixó me se pregunte! ¿Y pera qué hauríe ressibit lo nostre chiquet filóssofo tantes y tals dotes del creadó, y lo don soberano y raríssim de sabé empleales? Pos aquí vorás lo que ell fa y yo vach escribín en no menos admirassió que tú, lectó o lectora, sigues qui sigues.
Va adependre lo dibuix, com has vist; ara adependrá música; y encara vorás atres maravilles. Per algo lo van nombrá Saputo. Si haguere sigut com yo o com tú, y perdona la meua franquesa, res de aixó se escriuríe, perque res haguere passat. Anem a la historia.
Ñabíe a Almudévar un eclesiástic, organista de la parroquia, cridat per mote Vivangüés, y lo seu nom verdadé ni se sap ni lo nessessitem; este mossen se emportáe algunes vegades al chiquet Pedro a casa seua pera donali alguna golosina. Ere un home que en cuan a músic tocáe mijanamen be lo órgano, lo clave y lo salterio; y en cuan a gramátic auloráe una miqueta lo latín del breviari; pero lo que es de la missa habíe preguntat tantes vegades lo que significáe lo canon y demés latins, que fora dels introitos, les orassions, les epístoles, y los evangelios ñabíe poques coses que no entenguere, y encara aixina a vegades se barruntáe lo seu sentit. Per lo demés teníe bon cor, ere tan candorós com un chiquet, y se creíe lo mes hábil del capítul, que ere numerós, exeptuán al siñó mossen, que diuen ere llissensiat per Huesca, y a qui per aixó respetabe ell com mes sabut. A tots los demés los passáe per deball de la cama. Y ña qui diu que si errabe lo tiro ere de poc tros.
Lo cridáen en lo apodo que hay dit, perque cuan se fotíe entre esquena y pit algún gotet de bon vi, que ere en frecuensia, entre les llágrimes que li apuntaben de la fortó del vi y la veu mich cobrada del bon trago, díe respirán: ¡viva Angüés!, y acababe de respirá. Li van preguntá al prinsipi, y después de moltes vegades per gust qué significabe alló; y contabe esta grassiosa, disparatada y original historia: "Es sabut, siñós, que entre los pobles de Angüés, Casbas, y Ybieca ne van ñabé antigamén uns atres dos que se díen Bascués, y Foces, y los seus habitans eren los mes grans afissionats a la mamera del món, y los seus termes la milló viña de Aragó, y potsé de España si me apetix diu. Estos dos pobles van morí: vull di, que sigue per guerra, per epidemia, o per un atra caussa, se van quedá sense habitans, habén mort hasta los sacristans y los mossens Foces va morí uns díes abans y Bascués va aguantá uns díes mes. Pero cuan los dos pobles van vore que s´acabáen sense remey, van fé testamén y van dixá lo seu bon gust als pobles de Angüés, Casbas y Ponzano, dos terseres parts al primé y una repartida entre los atres dos. Aixina que lo poble de Angüés té mes saque ell sol en materia de vins, que Casbas y Ponzano juns. Per aixó yo cuan me bec un gotet de bon vi, si la tassa es gran y lo vi bo, que lo trascolo sempre de una atacada, penso en aquell poble y dic ¡viva Angüés! Que es com si diguera: viva lo gust de Angüés, que es lo que ara trobo yo an este gotet que acabo de trascolam. O de atre modo: botovadéu, que este vi es tan bo com lo milló que proben los hereus de Bascués y Foces. pera abreviá u dic tot an ixa exclamassió tan significativa. Y si no diguera aixó, me pareixeríe que lo vi per bo que fore no me faríe profit.» Y preguntán als que escoltáen, ¿qué tos pareix, siñós?, brotabe delissia del cor y se esponjáe de gloria.
Este home, pos, tan sensill y tan beneít, se va emportá un día a casa seua al chiquet Pedro Saputo pera donali unes avellanetes que li habíen portat: y com lo chiquet va vore ubert lo clave li va rogá que tocare algo. Pot sé que no fore clave, sino un atre instrumén de tecles: poc importe. Li va vindre en gana, y va tocá una pessa tan alegre y espolejadora que Pedro no podíe tartí (estás quieto), meneján tot lo cos y dién: ¡va, va! Va pará lo músic, y va preguntá qué ere alló, y li va contestá lo capellá:
- Aixó es una cosa nova; fa poc tems que la han ficat en solfa los compositós; y es tan fecunda a caprichos, que sense eixissen del tema pot un tocá tres díes seguits y tot sirá sempre lo mateix pero tot diferén. Es un ball al que li diuen lo Gitano.
- Sol per sabé aixó, va di Pedro, adependría de solfa de bona gana.
- ¡Ay, chiquet, chiquet!, va contestá lo capellá; no saps lo que dius. ¡Adependre la solfa!
- ¿Pos qué, va rechistá lo chiquet, tan difíssil es?
- Mol, mol, moltíssim y mes que moltíssim, li va contestá lo mossen en los ulls tancats: ¿vols que te u diga? Mira: una vegada los dimonis estáen de tertulia al palau de Lucifer, tot lo edifissi es de flames de sofre, dispután sobre la solfa y la gramática y defenén uns que ere mes difíssil la una y los atres que l´atra, u van volé probá dos diablets joves mol presumidets, y van eixí al món, ficanse, lo un a infantillo a casa de un mestre de capella, y l’atre a estudián a una escola de gramática. Van passá tres mesos, y lo músic va preguntá al gramátic de qué anáe, y va contestá que de fum y tiniebles; pos yo, va di l’atre, ni fum vech perque no vech res. Allí me fan una manopla que als nugos dels dits té escrits los noms de la solfa, que pareixen agarrats de alguns de natres; y puján y baixán y corrén les juntes dels dits; y después en la mateixa obra a un papé que no diu res, me van ya jorobán y rematán la passiensia. Perque a cada marro de la veu cau una bufetada, y plora si vols plorá y plorán o rién canta lo día sansé perque eixe es lo teu ofissi.
- Yo, va di lo gramátic, si no fore per la rechifla que mos faríen los compañs de allá baix, ya haguera enviat a cascala lo estudi y al foc en los llibres y les seues musses y mussos, que així los enteng com tú eres lo fill de Deu mes vullgut. Pero continuém algún tems mes si te pareix, perque tan pronte seríe mengua dixáu. En efecte, van seguí durán sis mesos mes, al cap dels cuals se van torná a ajuntá; y lo músic va di que encara que los compañs lo soflamaren eternamén, estáe determinat a abandoná la empresa y torná al infern.
- ¿Sí?, va contestá lo gramátic; pos no ten anirás sol, que tamé vull acompañat; y aixina van quedá la solfa y la gramática pera patimén dels fills dels homens. Y sense mes deliberassió van tancá los ulls al sol, van fotre un percut y se van aviá de cap als inferns. Conque mira tú, fill meu, Pedro, si te empeñes en adependre solfa, cuan los diables sen dimonis no ne van pugué eixí.
Pedro Saputo sentíe al capellá contá un cas tan estupendo; li va preguntá al clérigo si ell habíe adeprés la solfa. Va contestá que sí:
- ¿No veus que soc organista? Dotse añs entre infante y capillero vach está a la catedral de Huesca, y sempre estudián solfa.
- Pero al fin y a la postre vostra mersé la va adependre, y en menos añs, perque diu que va sé capillero y entonses ya la sabíe.
- Sí, va contestá mossen Fallata.
- ¿Y la gramática?, va preguntá lo chiquet.
- Tamé, va contestá lo bon home, sabén que mentíe: ¿no veus que soc mossen?
- Pos en eixe cas, va di lo chiquet Pedro, vostra mersé té mes ingenio y es mes sabut que dos diables juns. Sen va enriure lo capellá, no sense ficás una mica colorat de vergoña, perque li va pareixe que ñabíe algo de ironía o malissia a la charrada del chiquet. Éste va volé vore la manopla o má de la solfa, y va vore que los noms que ñabíe als nugos (va sé menesté que los u enseñare lo músic) ere:
A - la - mi - re, B - fa - b - mi, C - sol - fa - ut, D - La - sol - re, Y - la - mi, F - fa - ut, G - sol - re - Ut.
- Be teníe raó, que pareixen noms de dimonis, va di Pedro, perque de alguns de ells a Belcebub no ña molta distansia. Pero, ¿pera qué se adeprén aixó a la má? ¿Ha de escriures la solfa a la má o cantá miranla? An estes preguntes no va sabé respondre lo del ingenio y agudesa de dos diables, y se va acabá la plática per falta de paraules, o de suc an elles, que es lo mateix; y lo chiquet Pedro, que no podíe tindre la atensió distreta un momén, li va di adiós y va agarrá la escala.
Al eixí al carré va sentí lo violín a dal. Se va pará; lo capellá se divertíe en lo diapassón per tots los seus puns (be que aixó vol di diapassón), ya per terseres, quintes; ya al tono mes alt, ya al mes baix: va ferí lo oít de Pedro; escolte, persibix, sen y admitix aquella ley y verdat primordial de la música, aquella verdat general, aquella proposta elemental de puns o sonidos; y torne a pujá y rogue al capellá que li enseño alló al instrumén.
- No, va di lo músic; al violín no pot sé ni a datre instrumén; primé u has de adependre en la boca y a la solfa, y pera naixó s´ha de fe aná la má o manopla.
- No, siñó, va replicá lo chiquet; ya no vull adependreu en la boca, sino en lo violín, perque així u adependré de una vegada. Sobre tot, lo que es la manopla, ni vórela. aixó es lo que yo vull y no atra cosa; y no men vach de la vostra casa hasta que no me la haigáu amostrat, encara que me costo una semana. Lo capellá sen enríe y li fée compassió vore lo error del sagal que sense la má y alguns mesos y hasta añs de solfeo volíe escomensá a tocá instrumens; impossible tan gran per an ell com que dixare de sé verdat lo que habíe lligit aquell día al evangelio de la missa, siguere lo que siguere, ya que no u habíe entés. Pero se les teníe en un atre mes fort; va apretá tan lo chiquet, que va tindre que enseñali a ficá los dits a les cordes y feriles en lo arco, fen gruñí lo diapassón durán un hora. Va torná per la tarde y va está hasta la nit fotenli al diapassón y a les terseres y quintes. Y lo mateix va fé dos díes seguits; y preguntán al capellá lo que li pareixíe essensial y habén entés lo que va creure que ere prou per entonses se va emportá lo instrumén a casa.
Tancáe les finestres del seu cuarto pera que no ixquere lo eco; y passada una semana en que cada día empleabe de sis a set hores ensayán en lo instrumén, dibuixán algún rato pera descansá, va aná a casa del organista y va tocá per llissó bastán be y mol afinat, tot lo que lo vulgo solíe cantá an aquell tems. Y va di lo clérigo admirat:
- Sense duda, Perico, dins de tú portes de familiá algún demoni mes templat que los dos que van eixí a estudiá la solfa y la gramática y les van aburrí.
- Dieume, va di Pedro Saputo, qué signifiquen ixos puns en cogues y creus que teniu an ixos cuaderns y a lo que diéu solfa y música. La hi va explicá lo home. Ell va pendre apuns per escrit de lo mes importán, va demaná que en lo violín li donare una llissó práctica, y entés lo que ere se va emportá un cuadern de primeres lecsions y va passá uns atres vuit díes estudián y fotenli al instrumén. Va demaná noves explicassions, va passá hasta vintissing o trenta díes ensayán en gran aplicassió y cuidado, y después va pendre dos mesos lo violín prometín tornál y entregál al mestre. Y va cumplí la seua paraula, dién lo bo del capellá al vórel tocá:
- Me desengaño; cuatre añs si no van sé sing me va costá a mí aixó y coste a tots; no vorem mes que milagres: se van ficá a tocá los dos una sonata, lo un en lo violín y l’atre en lo clave o lo que fore, y no ñabíe mes que sentí.
Va continuá Pedro estudián mes y mes la solfa y lo seu instrumén, y al cap de alguns mesos li va di lo organista:
- Eres, Pedro, lo milló arco de la terra, perque lo tens mol fi, alt, sonoro, valén, expresiu y firme. Pots aná a tocá a la mateixa capella de Toledo.
Lo capellá, ademés, tocae, encara que poc y mal, la vihuela y la flauta, y va volé Pedro que li enseñare tamé estos instrumens.
- Fill, li va contestá; lo que es enseñat no me atrevixco, perque ne sé mol poc. Pero mira, la prima de la vihuela solta o al aire es mi mayor a la clave de G - sol - re - ut; busca los demés puns, armoníes y postures y los tonos, que ya u trobarás; y lo pun mes baix de la flauta es re per la mateixa clave. Y encara que veus que sol té sis foradets y lo que tape la clau que es re sostenido, pero donán sert espíritu al alé o bufera per als aguts y graves, y tapán éste o aquell, o dos o mes, a un tems, se fan dos octaves, y hasta dos y micha lo que ne sap. Ves en Deu y fesme vore un atre milagre.
Sen va aná lo sagal en los instrumens; y als quinse díes van avisá al mossen, al justissia, a la padrina, y a la seua chiqueta mes gran y algunes atres persones del poble (may al hidalgo de la cantonada), y los dos musics van doná un consert que los va pareixe an aquella gen la capella del Vaticano, o per lo menos la de la Catedral de Huesca, que ere la que tots habíen sentit. Lo mossen, ple de goch, va rogá al organista que li dixare los instrumens al chiquet Pedro hasta que ell faiguere portá los millós que se trobaren. En efecte, va escriure a Barcelona (Barchinona, Barcino antigamén) y Saragossa, y ne van vindre dos de cada clase, mol bons. pera entrenáls va ñabé un atra reunió mes numerosa a casa de la padrina, aon se va doná un atre consert; y ella, que ere espléndida y volíe entrañablemén a son fillol, se va lluí mol agassaján als convidats en un gran refresco. Van tocá después entre atres coses lo canari, ball que entonses se usabe mol; y lo gitano, que escomensáe a fes aná; estos balls, de variedat en variedat y de nom a nom, han vingut a sé y dis al nostre tems, lo primé la jota y lo segundo o segón, lo fandango.
Passada la velada y al despedís, pera sorprendrels en mes efecte, va traure la padrina ficats a una taula dos bustos minuts y blangs representán les dos mateixes persones dels retratos que va fé primé en la llapissera; y va di:
- Aixó ha fet lo meu fillol Pedro. Eren mol pareguts, viuríen, parlaríen, si hagueren tingut ulls y colós. Tot va sé pasmos, tot enhorabones a la mare de Pedro, que no fée mes que plorá, y la padrina lo mateix y lo mossen y atres persones. ¿En qué parará este chiquet?, díen. Y plens de assombro sen van aná beneín a Deu y dessichán viure pera vore al home que aquelles mostres anunsiaben y prometíen. Y sert que tantes habilidats juntes en un chiquet de tretse añs, y de aquell modo adepreses, be mereixíen aquella admirassió y aquells extrems; sobre tot a qui pensare que ere fill de una pupila infelís, y naixcut sol y sense protecsió a la llum del món.
Los retratos o bustos eren de alchés, y ell los habíe donat un simple bañet de cals en aigua de cola perque encara no sabíe fé lo que diuen estuco.
Capítul III.
Relassió del pare de Saputo.
Yo, fills meus (va di), vach tindre a la meua juventut uns fums que me han costat mol cars, pos me van traure la felissidat de la vida, sense traure de ella per contrapés datra utilidat que desengañám de la virtut de les dones. Pero no cregáu per naixó que les condeno o que penso mal de elles; no poden sé de atra manera. Encara mes:
ni convendríe que u foren si no se cambie del tot la inclinassió que se tenen los dos sexos. Tamé admitiré exepsions si me se demanen; o al menos dixaré en la seua opinió al que les defengue.
Habíe arribat lo final dels meus libres entretenimens, sin embargo, no vach montá cap escándol ni vach doná peu a mals rumós; pensaba en casám, pero cap de les joves que había tratat o coneixía me van pareixe dignes de sé la meua dona. Mon pare me habíe dit que lo seu, es a di, mon yayo, a qui li van pesá los collons en romanes y sense contá la llana pesáen mes que lo cap de Pelayo, va sé home mol sabut y que li va parlá moltes vegades de la condissió dels caballés, de la diferensia dels tems, de la mudansa de les costums, del oblit dels usos antics, tot per caussa que ya no estáe en mans dels homens aturá, y los seus efectes siríen encara mes grans per sí mateixos y per lo sol abansá de les coses, perque en un siglo habíe corregut mol lo món y habíe cambiat tan que ya no se reconeixíe. Que per tan lo home que sabíe apartás del vulgo chusgán les coses, y teníe valor pera obrá conforme a la raó vensén les falses opinions ressibides, no debíe fé los solamens de la felissidat en causes d'atres y potsé contraries al orden y fin de la naturalesa. Y entre atres moltes consecuensies que de estes reflexions traíe, aplicanles al estat particulá de cada un, díe que a la dona no se li teníe que buscá mes que dos coses, talento y agrado; y del naiximén díe que sense despressiál de cap modo, no ere de les primeres raons que contribuíen a feles mes o menos dignes. Així es que mon pare imbuít de estes sabies máximes se va casá en una llauradora filla de una familia honrada, sí, pero casi pobre, y va sé mol felís en ella; y u vam sé los seus fills tamé, perque ere una dona mol amable, y solísita, fée tot lo que li demanáes, y advertida de tot. Y a mí me díe que si me pareixíe be una dona plebeya, no reparara en preferila a un atra de naiximén, com si per la seua roba no fore tan digna com aquella.
Confesso que esta filossofía de mon pare y de mon yayo me pareixíe una mica irregulá; pero observán lo que passáe a mols matrimonis veía que ere la verdadera; y entonses me fáe escrúpol, y hasta casi m'haguere deshonrat vóreu a casa meua. Me va apetí en aixó un viache a Saragossa, y de allí passá a Huesca, a Casbas y atres pobles, y no tenín a Almudévar cap conegut y acassanme lo fret vach demaná fonda a la primera persona que vach trobá al carré. Ere una sagala de una presensia agradable que entráe a una caseta que me va pareixe que pegáe en lo traje y aire modesto de la persona. Volía sol passá un rato; pero la veu de aquella jove, les seues respostes y paraules, sempre naturals, sempre atentes y hasta discretes, me reteníen y me féen contá les hores per minuts. Se va passá lo día; en son demá va continuá lo mal orache, y me vach alegrá per dins, y li vach di que si no li había de fe nosa no men aniría en aquell temporal. Ella, en una grassia que va acabá de prendám, va contestá: "lo mal tems, siñó, lo té vostra mersé a casa meua; y no al monte o per los camins; pero vostra mersé mane. No lay pareix, lo mateix sirá engañás que está be en realidat. Ya li vach di ahí que sol séntigo no podé hospedál com dessicharía; lo demés es cuenta de vostra mersé que u patix”. Esta resposta, com dic, me va encantá de tal manera, que vach passá tot lo día observán los seus ademans; y enrecordanmen del consell de mon pare vach di pera mí: an esta sagala en dos mesos la educo yo y la eixeco a la dignidat del porte que li correspón a casa meua; es discreta, mansa, naturalmén grassiosa y afabilíssima; honrada tamé y pel que puc jusgá, me pareix que no me engañe, es honesta y recatada. Lo seu apellit ha tingut lustre a Aragó, y no fará dissonansia en lo meu.
Esta es, pos, la meua sort; seguiré la filossofía dels meus bons pares y yayo. Y per algo tamé me ha portat la Providensia an esta casa.
La vach cridá entonses, y fenli primé algunes preguntes, li vach di: no tinguéu temó, soc caballé; la vostra virtut mereix un premio, y vach a donatos lo mes gran que puc. Soc libre, miraume; y si no tos pareixco mal, doneume la má y siréu la meua dona. Ella se va esbarrá, com ere natural, y tremoláe; yo li vach agarrá la má, la hi vach apretá y li vach preguntá: ¿me la donéu com yo to la demano?, y va contestá plena de neguit y sense pugué casi pronunsiá les paraules: sí, siñó. Me vach aturá aquell día y part del siguién, y vach continuá lo meu viache.
Vach eixí de casa seua, felís, gloriós, com si fora un atre home. No vach voldre aná a Huesca, vach torná vía recta cap a casa a dili a mon pare lo que había fet; cuan al arribá me entregue una lletra que fée dos díes que me aguardabe, a la que la pobreta me díe:
"Ting notissia que has tornat a Saragossa, y ya me moría de pena, y mes pensán que fa sis mesos que no te has dignat vindre a vórem. Que sápigues que la teua radera visita me ha ficat en un estat que ya no puc amagá. Si dins de tres díes no vens, u descubriré tot a mons pares que ya su están barruntán; o me tallo lo coll o fach alguna malesa, perque estic desesperada y no puc dissimulá mes, no fach mes que plorá y doná a entendre la meua desgrassia.»
Figureutos lo que me va passá en esta nova tan a deshora. Mon pare, al vórem sense coló y sense veu me va preguntá qué ere, y yo li vach doná a lligí la carta. La va lligí y me va di: Séntigo lo teu disgust y lo de aquella familia; pero tot té remey, si no es mala elecsió la que has fet, perque lo carácter de ixa sagala li donará mal genio y sirá poc amable, al no domala desde lo primé día. Ha tingut una educassió mol roína, o milló dit, no ne ha tingut cap; la han criat a la soberbia y sol sap sé soberana, impertinén y sompa, com si tinguere sang blava; y lo no sé fea no compense estos defectes.
- Pera humillá la seua soberbia, vach di entonses, la vach volé enamorá de esta manera sense está yo enamorat de ella.
- Pos has sigut ignorán, me va contestá mon pare; la soberbia del carácter, la fanfarronería del genio, la vanidat y lo orgull, no tenen que vore en la sensibilidat del cor, si ña honor al home no ha de mostrá aquella flaquesa. Per la meua part estic ressignat a vórela de nora a casa meua, encara que tindrem faena en ella.
Vach arreá aquell mateix día; y a poc mes de la mitat del camí vach topetá en un germá de ella que veníe a buscám. Me se va plantá dabán y mol serio me va preguntá:
- ¿Aón anéu, don Alfonso?
- A casa vostra, li vach contestá.
- ¿Sabéu lo que passe an ella?
- U sé y an aixó vach.
- Pos anem. Y sense tartí, sense chistá en tot lo camí, vam arribá. Son pare, home una mica furo y aspre, perque la soberbia ere innata an aquella familia, me va ressibí en seriedat, me va portá al cuarto aon estáe sa filla plorán, y sense preguntám res, sense dim res, me va pendre del bras, me va presentá an ella y va di:
- Aquí tens a la teua dona; dónali la má. Yo li vach allargá la má, ella me va doná la seua, y va di lo pare: ya s'ha acabat tan plorá, o al menos plórali al que ha de consolát y no a mí. Yo al vórela tan humilde, tan apocadeta y avergoñida, li vach di:
- Has de tindre bon ánimo, Vissenteta; esta má es teua, y este bras lo teu escut. Avui hay de minjá en tú a la taula, y no hay de vore despenjás mes llágrimes de eixos ulls. Pera abreviá; aquella mateixa nit se va arreglá tot, y als sis díes caminabem ya cap an esta casa units legitimamen.
Yo, sin embargo, no podía olvidá a ta mare; sempre estáe allá lo pensamén; pero cuan vach sabé que habíe parit un chiquet, vach pensá en doná al traste en la meua ressignassió y aviá lo carro pel pedregal. Vach tindre que conformám en lo que no teníe remey, y pretextán no sé qué vach aná a Huesca, me vach presentá al siñó obispo y li vach di lo que passáe, pera suplicali que en gran recato y mol secreto, y valense del mossen del poble a qui res se li habíe de revelá y sí encarregá no diguere per qué ni aón, procurare assistí a ta mare y al fill, sense má llarga que despertare la curiosidat dels bachillés del poble, o de un modo dissimulat, en prudensia, y fen vore que ere un favor que ella y lo chiquet mereixíen; en ocasió de una festa, en públic, li vach dixá mil escuts de plata, y ne vach enviá uns atres mil después de sing añs. Així se va fé hasta que tú vas escomensá a volá; y ten anáes y entornáes del niu per la teua cuenta, y campabes al ample; que va sé cuan vas acabá de pintá la capella del Carmen. Per lo siñó obispo vach sabé que la pintabes, y vach aná a vóret y vach está a la capella com un mes de tans visitans. Me va pareixe conéixet, y no vach dudá de que fores tú, disfrassat de estudián, están de casualidat a Berbegal cuan vau passá, y be podrás enrecordaten que de una sola má vau arreplegá trenta sis escuts de plata, y no vau sabé de quí veníen.
- Men enrecordo, ya u crec que men enrecordo, va contestá Pedro Saputo, de eixe gesto de soltura; pero vach está ben lluñ de imaginá que fore de mon pare. - Yo pos, va continuá don Alfonso, cuan te vach vore tan aventajat y listo, y que desde chiquet te díen Pedro lo Sabut, vach di: éste ya no me nessessite; ni yo ting que fé mes per ara; al seu tems sirá un atra cosa. Y desde entonses (no olvidán may lo teu dret) te vach encomaná a la Providensia, y sol vach procurá sabé si mare y fill vivíeu, la mateixa fama del teu nom me u díe. Ara hay quedat libre y determino cumplí la meua obligassió en ta mare y en tú; y an aixó me disposaba cuan no sé cóm te has presentat aquí pera obrí mes fássil lo camí an este trate, per al que, Juanita y tú, Jaime, espero no me negaréu la vostra aprobassió y consell.
- Yo, va contestá Juanita, admitixco, ressibixco y abrasso de cor an este nou germá que me trobo, y a sa mare per meua y per siñora an esta casa. Lo seu home (lo fill mes gran de don Alfonso) va di lo mateix, y va afegí que ademés lo pare faríe lo que vullguere, aprobanu y donanu tot per be desde aquell pun. Lo pare entonses ple de amor y consol del cor, va abrassá als tres; y passades les demostrassions y satisfacsions primeres de aquell cas tan gran, va di lo pare a Pedro Saputo:
- Ara, fill, te toque a tú. Vull que un atre rato, o atres, me contos mol detalladamen y ben desplay la teua vida, les teues travessures, aventures, que no dudo ne sirán moltes y mol bones.
- Crec que sí, va di Juanita; dignes sirán de sabés, perque segons la fama, y encara no u deu di tot, ha de ñabé coses mol extraordinaries de sentí de la vida del vostre fill y lo nostre germá. Pero per an aixó, tems ñaurá; calléu, que séntigo un caball o mula a la porta, y me diu lo cor que es la meua amiga Paulina a qui vach escriure que vinguere. Vach a ressibila. Mira germá, va di a Pedro Saputo, de no contá lo que yo tamé vull sentí, que tindrás doble faena. No nessessitáe ell esta advertensia, que va entendre mol be lo pensamén de Juanita, pos no anáe a contá les pesolagades del novissiat ni unes atres después de aquelles.
Original en castellá:
Capítulo III.
Relación del padre de Saputo.
Yo, hijos míos (dijo), tuve en mi juventud una vanidad que me ha costado muy cara, pues me quitó la felicidad de la vida, sin sacar de ella por contrapeso otra utilidad que desengañarme de la virtud de las mujeres. Mas no creáis por eso que las condeno o que siento mal de ellas; no pueden ser de otra manera. Aun más: ni convendría que lo fuesen si no se mudaba enteramente el orden de causas en la inclinación que se tienen los dos sexos. También admitiré excepciones si se me piden; o al menos dejaré en su opinión al que las defienda.
Había llegado el término de mis libres entretenimientos en cuya edad, sin embargo, no causé ningún escándalo ni di lugar a feos rumores; pensaba en tomar estado; mas ninguna de las jóvenes que había tratado o conocía me pareció digna de llamarse mi esposa. Mi padre me había dicho que el suyo, es decir, mi abuelo, fue hombre muy sabio y que le habló muchas veces de la condición de los caballeros, de la diferencia de los tiempos, de la mudanza de las costumbres, del olvido de los usos antiguos, todo por causa que ya no estaba en manos de los hombres detener, y cuyos efectos serían aún mayores de sí mismos y por el solo curso de las cosas, porque en un siglo había corrido mucho el mundo y mudándose de modo que no se conocía. Que por consiguiente el hombre que sabía descostarse del vulgo juzgando sanamente de las cosas, y tenía valor para obrar conforme a la razón venciendo las falsas opiniones recibidas, no debía fundar la felicidad en causas ajenas y tal vez contrarias al orden y fin de la naturaleza. Y entre otras muchas consecuencias que de estas reflexiones sacaba, aplicándolas al estado particular de cada uno, decía que en la mujer para casarse no se debía buscar sino dos cosas, talento y agrado; y del nacimiento decía que sin despreciallo de ningún modo, no era de las primeras causas que contribuyen a hacellas más o menos dignas. Así es que mi padre imbuido de estas sabias máximas se casó con una labradora hija de una familia honrada, sí, pero casi pobre, y fue muy feliz con ella; y lo fuimos sus hijos también, porque era mujer muy amable, y solícita y advertida en todo. Y a mí me decía que si me parecía bien una mujer plebeya, no reparase en preferilla a otra de nacimiento, si por sus prendas solas y puramente personales no fuese tan digna como aquélla.
Confieso que esta filosofía de mi padre y de mi abuelo me parecía un poco irregular; pero observando lo que pasaba en muchos matrimonios veía que era la verdadera; y con todo me repugnaba, y aun casi me deshonraba, de vella en mi casa. Ofreciéndoseme en esto un viaje a Zaragoza, y de allí pasar a Huesca, a Casbas y otros pueblos, y no teniendo en Almudévar ningún conocido y acosándome el frío pedí posada a la primera persona que encontré en la calle. Era una muchacha de una presencia agradable que entraba en una casita que me pareció convenía al traje y aire modesto de la persona. Quería sólo pasar un rato; pero la voz de aquella joven, sus respuestas y palabras, siempre naturales, siempre atentas y aun discretas, me detenía y me hacían contar las horas por minutos. Pasóse el día; la mañana siguiente continuó el temporal, y me alegré interiormente, y le dije que si no le era molesto no me iría con aquel mal tiempo. Ella, con una gracia que acabó de prendarme, respondió: «el mal tiempo, señor, le tiene vuestra merced en mi casa; y no en el campo o por los caminos; pero pues a vuestra merced... no se lo parece, lo mismo será engañarse que estar bien en realidad. Ya dije a vuestra merced ayer, que sólo siento no podelle hospedar como desearía; lo demás es cuenta de vuestra merced que lo padece». Esta respuesta, como digo, me encantó de manera, que pasé todo el día observando sus ademanes; y acordándome del consejo de mi padre dije entre mí: a esta muchacha en dos meses la educo yo y levanto a la dignidad del porte que le corresponde en mi casa; es discreta, dócil, naturalmente graciosa y afabilísima; honrada también y cuanto puedo juzgar, y me parece que no me engaño, honesta y recatada. Su apellido ha tenido lustre en Aragón, y no hará disonancia al mío. Ésta es, pues, mi suerte; sigo la filosofía de mis buenos padres y abuelo. Y por algo también me ha traído la Providencia a esta casa. Llaméla entonces, y haciéndole primero algunas preguntas, le dije: no temáis, soy caballero; vuestra virtud merece un premio, y voy a daros el mayor que puedo. Soy libre, miradme; y si no os parezco mal, dadme la mano y sed mi esposa. Ella se turbó, como era natural, y temblaba; yo le tomé la mano, se la apreté y le pregunté: ¿me la dais como yo os la pido?, y respondió llena de agitación y sin poder casi pronunciar las palabras: sí, señor. Me detuve aquel día y parte del siguiente, y continué mi viaje.
Salí de su casa, feliz, glorioso, y mudado en otro hombre. No quise ir a Huesca, sino que me vine vía recta a casa a decir a mi padre lo que había hecho; cuando al llegar me entrega una carta que hacía dos días me aguardaba, en la cual la difunta me decía: «Tengo noticia que has vuelto a Zaragoza, y ya me moría de pena, y más pensando que hace seis meses que no te has dignado venir a verme. Sabe que tu última visita me ha puesto en un estado que yo no puedo ocultar. Si dentro de tres días no vienes, lo descubriré todo a mis padres que ya andan sospechosos; o me corto el cuello o hago desatino, porque estoy desesperada y no puedo disimular más, no haciendo sino llorar y dar a entender mi desgracia.»
Figuraos lo que pasaría en mí con esta nueva tan a deshora llegada. Mi padre al verme sin color y sin voz me preguntó qué era, e yo le di a leer la carta. Leyóla y me dijo: Siento tu disgusto y el de aquella familia; pero todo tiene remedio, si no es mala elección que has hecho, porque el carácter de esa muchacha le dará mal genio y será poco amable de cerca, a no domalla desde el primer día. Ha tenido muy mala educación, o por mejor decir, no ha tenido ninguna; hanla criado a la soberbia y sólo sabe ser soberana, que es, impertinente y necia; y el no ser fea no compensa estos defectos. - Por humillar su soberbia, dije entonces, la quise enamorar de esta manera sin estar yo enamorado de ella. - Pues has sido ignorante, me respondió mi padre; la soberbia del carácter, la altivez del genio, la vanidad y el orgullo, no tienen que ver con la sensibilidad del corazón, si hay honor en el hombre y no ha de publicar aquella flaqueza. Disponte a ir allá; por mi parte estoy resignado a vella de nuera en mi casa, aunque tendremos trabajo con ella.
Partí aquel mismo día; y a poco más de la mitad del camino topé con un hermano de ella que venía a buscarme. Paróseme delante y muy grave me pregunta: - ¿Adónde vais, don Alfonso? - A vuestra casa, le respondí. - ¿Sabéis lo que pasa en ella? - Lo sé y a eso voy. - Pues vamos. Y sin hablar más palabras en todo el camino llegamos allá. Su padre, hombre un poco duro y áspero, porque la soberbia era innata en aquella familia, me recibió con seriedad, me llevó al cuarto donde estaba su hija llorando, y sin preguntarme nada, sin prevenirme ni decirme nada, me tomó del brazo, me presentó a ella y dijo: - Aquí tienes a tu esposa; dale la mano. Yo le alargué la mano, ella me dio la suya, y dijo el padre: acábense los lloros, o al menos llora con quien ha de consolarte y no conmigo. Yo al vella tan humilde, tan confusa y avergonzada, le dije: - Ten buen ánimo, Vicentita; esta mano es tuya, y este brazo tu escudo. Hoy he de comer contigo en la mesa, y no he de ver correr más lágrimas de esos ojos. Por abreviar; aquella misma noche se arregló todo, y a los seis días caminábamos ya hacia esta casa unidos legítimamente.
Yo, sin embargo, no podía olvidar a tu madre; siempre estaba allá el pensamiento; pero cuando supe que había dado a luz un niño, pensé dar al traste con mi resignación y echarlo todo a barato. Hube de conformarme empero con lo que no tenía remedio, y pretextando no sé qué fui a Huesca, me presenté al señor obispo y le dije lo que pasaba, para suplicarle al fin, como lo hice, que con gran recato y mucho secreto, y valiéndose del cura del pueblo a quien nada se le había de revelar y sí encargar no dijese por qué ni dónde, procurase asistir a tu madre y al hijo, no con mano tan larga que moviese la curiosidad del pueblo, o de un modo poco disimulado, sino con circunspección y prudencia, y haciendo que era favor que ella y el niño merecían; o tomando ocasión de una fiesta; de algún suceso público, de las gracias mismas del niño. Y le dejé mil escudos de plata, mandándoles otros mil a los cinco años. Así se hizo y así procedimos hasta que tú supiste volar; y te ibas y venías del nido a tu cuenta, y campabas por tu respeto; que fue cuando concluiste de pintar la capilla del Carmen. Por el señor obispo supe que la pintabas, y fui a verte y estuve en la capilla como uno de tantos curiosos. Así es que me pareció conocerte, y al fin no dudé que eras tú, disfrazado de estudiante, hallándome casualmente en Berbegal cuando pasasteis, y bien podrás acordarte que de una sola mano hubisteis treinta y seis escudos de plata, y no supisteis de quién venían.
- Me acuerdo, me acuerdo, respondió Pedro Saputo, de ese rasgo de liberalidad; pero estuve bien lejos de imaginar que fuese de mi padre. - Yo pues, continuó don Alfonso, cuando te vi tan aventajado y listo, y que desde niño te llamaban Pedro el Sabio, dije: éste ya no me necesita; ni yo debo hacer más por ahora; a su tiempo será otra cosa. Y desde entonces (no olvidando nunca tu derecho) te encomendé a la providencia, y sólo procuré saber si madre e hijo vivíades, lo cual la misma fama de tu nombre me lo decía. Agora he quedado libre y desde luego determino cumplir mi obligación con tu madre y contigo; y a eso me disponía cuando no sé cómo te has presentado aquí para abrir más fácil camino a este trato, en el cual, Juanita y tú, Jaime, espero no me negaréis vuestra aprobación y consejo. - Yo, respondió Juanita, admito, recibo y abrazo de corazón a este nuevo hermano que me encuentro, y a su madre por mía y por señora en esta casa, así como confieso que si hubiérades pensado en darme otra, quizá lo sintiera más de lo que podría sufrir buenamente. Su marido (el hijo mayor de don Alfonso) dijo lo mismo, y añadió que en lo demás el padre haría lo que quisiese, aprobándolo y dándolo todo por bien desde aquel punto. El padre entonces rebosando amor y consuelo del corazón, abrazó a los tres; y pasadas las demostraciones y satisfacciones primeras de aquel tan extremo caso, dijo el padre a Pedro Saputo: - Agora, hijo, te toca a ti. Quiero que otro rato u otros me cuentes muy por menor y de espacio tu vida, tus travesuras, tus aventuras, que no dudo serán muchas y peregrinas. - Creo que sí, dijo Juanita; dignas serán de saberse, porque según la fama, y aún no debe de decirlo todo, ha de haber cosas muy extraordinarias y gustosísimas de oír en la vida de vuestro hijo y nuestro hermano. Pero para eso, tiempo queda; y cata que oigo caballo o mula a la puerta, y me da el corazón que es mi amiga Paulina a quien escribí que viniese. Voy a recibilla. Mirad hermano, dijo a Pedro Saputo, que no contéis lo que yo he de tener curiosidad de oír, y habríades doble trabajo. No necesitaba él esta advertencia, que entendió muy bien, y caló el pensamiento de Juanita, pues no había de ir a contar las bellaquerías del noviciado ni otras después de aquéllas.