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sábado, 27 de julio de 2024

2. 13. Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies.

Capítul XIII.

Pedro Saputo se separe dels estudians passán abans per la aldea de les novissies.

La Aldea, Valjunquera, Valljunquera, Vallchunquera

Difíssil ere vóreles y mantindre lo incógnit; pero la compañía que portáe li ficáe freno, y va determiná passá pel poble pera sabé si habíen eixit del convén, y torná a vóreles sol y desplay. Lo que es conéixel elles ere impossible, perque ademés de está mes prim y mol moreno pel sol, mes alt y del tot diferén per an elles, portáe bigot y un traje mes distinguit, y se habíe esquilat com un escolástic.

A les deu del matí del segón día van arribá al poble; y mentres amorsaben y minjáen a la primera casa que van trobá uberta y aon se van fé prepará l'amorsá (paganlo), se presente un home a suplicáls que anigueren a casa seua. Eixecats los mantels van trobá la casa y van vore que ere son pare de la Juanita, estáen esperanlos ella, sa mare y una cuñada. Encara no habíen acabat de saludá y ya estáe allí la Paulina en un atra sagala veína y los pares que les acompañaben. Al momén se va tratá de ball y lo van dixá aplassat pera mes tart. Se van repartí entre sing cases, y ell va preferí la de Paulina per no sé tan sospechosa com Juanita. Pero ¡oh lo que va patí!, ¡lo que se va tindre que esforsá pera aguantás!, pera no di: ¡yo soc, tendríssima Paulina! Va passá lo día, va passá lo ball, va passá la velada, y va passá la nit, y va sé home de valor; no se va dixá coneixe. Hassaña mes gran que la de cremá les naves de Cortés, que la de passá Julio César lo Rubicón, Aníbal los Pirineus y los Alpes, Alejandro los Estrets del Parrissal y después los montes de Cilicia. En tot, al anassen va entregá a Paulina un billet tancat pera Juanita a dins de un sobre (pera que aquélla no lo obriguere abans), aon los díe a les dos: ¡Traidores! ¡Ya no me coneixéu! ¡No m'hau conegut!

Va corre a portál, y cuan lo van obrí, se van quedá mudes y com un estaquirot pel seu contingut. Perque les paraules eren de Geminita; pero, ¿quí la trobará entre ixos estudians? Loques se tornáen cavilán quí podríe sé lo que així les parláe, lo que així se queixabe de elles. Perque ell, aposta, habíe empleat mols latins en sons pares y en lo mossen del poble, y va tocá lo violín y la vihuela. Ademés Geminita ere mol blanca y los sing estudians eren ¡tan negres com un teó! 

- Vaya, vaya, va di Juanita; tú no coneixes cap estudián ni yo tampoc; si algo teníe que dimos, que se haguere explicat. 

Y u van dixá aixina pera no perdre l'entenimén.

Ya haurá guipat lo lectó que en la trassa que les va doná Pedro Saputo sen van eissí del convén. Y encara que no van di que no tornaríen, y son pare de Juanita pensabe que sa filla teníe una vocassió mol forta al claustre, elles sen enríen, y díen entre sí y a soles cuan s' ajuntaben: primé mortes que monges.

Los estudians van continuá lo seu viache; y al vore la direcsió que lo segón día preníe la marcha van vore la intensió de Pedro Saputo, perque ere lo que solíe guiá sempre. En efecte, los portáe a la serra y al mateix puesto de la floresta aon lo van trobá dormín; y una vegada allí van fé un alt, van traure les güeñes, formache, llenguañissa com la de Graus y butifarres que portáen de la radera aldea aon van tocá y les van aná aligerán. Satisfeta la gana los va di Pedro Saputo: "Amics, compañs y siñós meus: an este puesto me vau pendre a la vostra compañía, y an éste me dixéu, o mes be tos dixo yo, pos de aquí no puc passá. Mol tos dec; lo vostre trate y la vida que ham portat ha sigut pera mí una escola que me ha amostrat mes que pugueren les de tots los filóssofos de Grecia. 

Si un atre añ an este mateix puesto, y lo mateix día y hora passareu per aquí, pot sé que tos estiga aguardán, o vinga a trobatos; y si ni lo un ni l’atre passare, sirá siñal que no me ha sigut possible vindre. No tos dono mes señes de la meua persona; y de les vostres ting les que me fan falta, perque sou honrats y generosos, que són les que yo solgo preferí dels homens. Aneuton de aquí ya y arranquéu a caminá, que la vostra jornada no done pera mes entretenimens. Adiós, compañs, adéu; lo cor me sen va en vatres.» 

Y dit aixó los va abrassá, y se van emossioná tots, contestanli después un de ells:

"Qui vullgue que sigues, amic y compañ, pera natros has sigut verdaderamén l'ángel conductó guián les nostres passes y dirigín la nostra ignoransia. Y si escola pot esta dis, vosté hau sigut lo maestre y la llum de ella. Tornarem, si Deu vol, l’añ que ve, mos obligue la vostra molta discressió y la vostra amistat y trate.» 

Y se van torná a abrassá, se van separá y se van doná les espales en molta pena, com fan los de Fondespala, caminán ells al michdía serra amún, y ell al nort serra aball.

Lo Camí, traduít per Ramón Guimerá Lorente, autó, Miguel Delibes

Tendra y llagrimosa va sé la despedida, perque se volíen de verdat, fen de tots sing la amistat un sol cor y una sola alma. Per lo demés, les gallines y pollastres que se van minjá, los cuixots y conserves que los van regalá, les diablures y carnussades que van fé, les donselles que van alegrá, les casades que van desenfadá, les viudes que van consolá, y los abatuts a qui van humillá, no tenen número; ni vida mes ligera, alegre, plena de goch y descuidada la va passá ningú en tots los siglos y edats del món.

Barrabassades y maleses no ne van fé cap. Los van acusá al cap de algún tems que se habíen emportat disfrassada de home a una donsella de Sieso, filla de un escribén mol ric, de solá antic, que va morí com un san perque escoltáe missa tots los díes y guardáe dijú los divendres y dissaptes, se confessáe y combregáe tots los primés domenches de mes y va casá y dotá en diferentes vegades a sis donselles pobres. Hasta que va enviudá una de elles y va escomensá a enríuressen de la santidat del escribén; y después un atra que fée lo mateix. Díe la primera: "Y, ¿qué li fot a ningú?, yo vull di; bon home vach tindre, y en lo meu me quedo.» Y la segona: "mal conten del hivern de aquell añ; no dic yo mes que: ¡hala amún!, que vach tratá en bons, y dossens escuts ninguna va dixá de agarráls a no sé que fore boba.» Pero a la filla no la van pugué sonsacá. Ella, portada per la seua imaginassió, als dos díes que van passá per allí va fé la picardía de vestís de home, péndreli dinés a son pare, y aná a trobáls a pedra Pertusa, aon los va di que volíe anassen y corre món en ells. Va caminá en ells vuit díes y entonses Pedro Saputo la va podé convense, la va restituí y acompañá hasta lo seu poble. Y va di a son pare pera que veiguere lo mol honor y consiensia de ells que ni un maravedí la habíen dixat gastá de les perres que portáe. En tot cas conveníe casala contra antes milló; y que de aquell antojo de tornás estudián y corre tan libres aventures, com ere una chiquillada, a tots importabe callá, y no fé soroll. Lo escribén apretán los puñs y mirán al sel, va bramá per dolgut, y s'anáe a abalansá sobre sa filla pera apalissala, esbatussala o matala; pero lo va calmá y assossegá Pedro Saputo en la seua elocuensia, y reconsilianlo del tot en sa filla, va torná a buscá als seus compañs. Después se va casá la sagala, y ben casada, perque es gran capa una bona dote, y se amolden les persones a la auló de les riqueses.

Los estudians sen van aná sense sabé quí ere Pedro Saputo, discurrín y pareixenlos per la seua educassió, desinterés y noblesa, que deuríe sé fill de algún gran caballé, y que per alguna travessura sen hauríe anat de casa de sons pares, y li anabe milló aquella vida solta y alegre, que la apretada y formal del orden en lo que se hauríe criat. Tamé van dudá sempre si ere aragonés, castellá o navarro, inclinanse per aixó radé sol perque se dixáe cridá navarro; pero per l'acento podíe sé de consevol provinsia de España, perque un día lo teníe de una manera y l'atre de un atra, fen de lo seu parlá y trasses lo que volíe.


Original en castellá:

Capítulo XIII.

Pedro Saputo se separa de los estudiantes pasando antes por la aldea de las novicias.

Difícil era verlas y mantener el incógnito; pero la compañía que llevaba le ponía freno, y determinó pasar el lugar para saber si habían salido del convento, y volver a verlas solo y espacio. Lo que es conocerle ellas era imposible, porque demás de estar más delgado y muy tostado del sol, más alto y al todo diferente para ellas, traía los bigotes y un traje más distinguido, y se había cortado el pelo entera y legítimamente a lo escolástico.

A las diez de la mañana del segundo día llegaron al lugar; y mientras almorzaban y comían en la primera casa que encontraron abierta adonde se hicieron preparar el almuerzo (pagándolo), se presenta un hombre bien portado a suplicarles viniesen a su casa. Levantados los manteles dieron con él y se encontró con que era el padre de Juanita, y a ella que por su madre y con una cuñada los recibía. Aún casi no habían acabado de saludar ya estaba allí Paulina con otra muchacha vecina y los padres que las acompañaban. Al momento se trató de baile y le dejaron aplazado para más tarde. Repartiéronse en cinco casas, y él prefirió la de Paulina por no ser tan sospechosa como Juanita. Pero ¡oh lo que padeció!, ¡lo que se hubo de esforzar para contenerse!, para no decir: ¡yo soy, tiernísima Paulina! Pasó empero el día, pasó el baile, pasó la velada, y pasó en fin, la noche, y fue hombre de valor; no se dio por conocido. Hazaña mayor que la de quemar las naves de Cortés, que la de pasar Julio César el Rubicón, Aníbal el Pirineo y los Alpes, Alejandro el Estrecho y después los montes de Cilicia. Con todo, al irse entregó a Paulina un billete cerrado para Juanita en el sobre (a fin de que aquélla no lo abriese tan pronto), en que les decía hablando con las dos: ¡Traidoras! ¡Ya no me conocéis! ¡No me habéis conocido!

Corrió a llevárselo, y cuando le abrieron, quedaron mudas y estáticas de su contenido. Porque las palabras eran de Geminita; pero, ¿quién le encontrará en aquellos estudiantes? Locas se volvían discurriendo quién podría ser el que así les hablaba, el que así se quejaba de ellas. Porque él, de propósito, había usado muchos latines con sus padres y con el cura del pueblo, y tocó el violín y la vihuela. Además Geminita era blanco y hermosísimo, y los cinco estudiantes eran ¡tan negros! - Vaya, vaya, dijo al fin Juanita; tú no conoces ningún estudiante ni yo tampoco; si algo tenía que decirnos, que se hubiese explicado. Y lo dejaron así por no perder el juicio.

Ya habrá inferido el lector que con la traza que les dio Pedro Saputo se salieron del convento. Y aunque no dijeron que no volverían, y el padre de Juanita pensaba que su hija tenía una vocación furiosa al claustro, ellas se reían, y decían entre sí y a solas cuando se juntaban: primero muertas que monjas.

Los estudiantes continuaron su viaje; y al ver la dirección que el segundo día tomaba la marcha conocieron la intención de Pedro Saputo, porque era el que solía guiar siempre. Con efecto, los llevaba a la sierra y al mismo sitio y floresta donde le encontraron durmiendo; y llegados allí hicieron alto, sacaron la provisión que traían de la última aldea que tocaron y la fueron aligerando. Satisfecho el apetito les dijo Pedro Saputo: «Amigos, compañeros y señores míos: en este sitio me tomasteis en vuestra compañía, y en éste me dejáis, o más bien os dejo yo, pues de aquí no puedo pasar. Mucho os debo; vuestro trato y la vida que hemos llevado ha sido para mí una escuela que me ha enseñado más que pudieran las de todos los filósofos de Grecia. Si otro año en este mismo sitio, y el mismo día y hora os quisiéredes hallar, puede ser que os esté aguardando, o venga a encontraros; y si ni lo uno ni lo otro sucediera, será señal que no me ha sido posible venir. No os doy más señas de mi persona; y de las vuestras tengo las que me bastan, porque sois honrados y generosos, que son las que yo suelo tomar de los hombres. Alzad de aquí ya y echad a andar, que vuestra jornada no da lugar a más entretenimientos. Adiós, compañeros; el corazón se me va con vosotros.» Y dicho esto los abrazó, y se enternecieron todos, contestándole después uno de ellos: «Quien quiera que seáis, amigo y compañero, para nosotros habéis sido verdaderamente el ángel conductor guiando nuestros pasos y dirigiendo nuestra ignorancia. Y si escuela puede ésta llamarse, vos habéis sido el maestro y la luz de ella. Volveremos, sí, Dios mediante, el año que viene, obligándonos vuestra mucha discreción y vuestra apacibilísima amistad y trato.» Y se tornaron a abrazar, se separaron y dieron por fin la espalda esforzadamente, caminando ellos al mediodía sierra arriba, y él al norte sierra abajo.

Tierna y lagrimosa fue la despedida, porque realmente se querían, haciendo de todos cinco la amistad un solo corazón y una sola alma. Por lo demás, las gallinas y pollos que se comieron, los jamones y conservas con que los regalaron, las diabluras que hicieron, las doncellas que alegraron, las casadas que desenfadaron, las viudas que consolaron, y los bobos a quienes ejecutaron, no tienen número; ni vida más ligera, alegre, gozosa y descuidada la pasó nadie en todos los siglos y edades del mundo.

Travesuras mayor no hicieron ninguna. Achacáronles no obstante de ahí a algún tiempo que se habían llevado disfrazada de hombre una doncella de Sieso, hija de un escribano muy rico, de solar antiguo, que murió en opinión de santo porque oía misa todos los días y ayunaba los viernes y sábados, se confesaba y comulgaba todos los primeros domingos de mes y casó y dotó en diferentes veces seis doncellas pobres. Hasta que enviudó una de ellas y comenzó a reírse de la santidad del escribano; y luego otra, y hacía lo mismo. Diciendo la primera: «Y, ¿qué se le dará a nadie?, yo lo quiero decir; buen marido me tuve, y con lo mío me quedo.» Y la segunda: «mal cuentan del invierno de aquel año; no digo yo sino bien: ¡anda arriba!, que traté con buenos, y doscientos escudos ninguna dejó de tomallos si no fue boba.» Pero la hija no fue sonsacada por los estudiantes, sino que ella de su propio motivo y llevada de su imaginación, a los dos días que pasaron por allí hizo la desenvoltura de vestirse de hombre, tomar dinero a su padre, y los ir a encontrar a Piedra Pertusa, en donde les declaró que quería irse y correr con ellos. Anduvo en efecto, y corrió ocho días; al cabo de los cuales Pedro Saputo, que más particularmente le debía aquella locura, la pudo persuadir, y la restituyó y acompañó a su pueblo. Y dijo a su padre que viese en esta acción y en que ni un maravedí le habían permitido gastar del dinero que traía, el mucho honor y conciencia de ellos; que en todo caso convenía casalla cuanto antes; y que de aquel antojo de tornarse estudiante y correr tan libres aventuras, puesto que fuese una niñería, a todos importaba callar, y no dalle cuerpo ni hacer ruido. El escribano apretando los puños y mirando al cielo, rugió de dolor, y se iba a lanzar sobre su hija para matarla; pero le templó y sosegó Pedro Saputo con su mucha elocuencia, y reconciliándole del todo con la hija, volvió a buscar a sus compañeros. Luego casó la muchacha, y bien, a pesar de aquella liviandad. Que es gran capa un buen dote, y dan de sí y de las personas muy bueno y largo olor las riquezas.

Los estudiantes se fueron sin saber quién era Pedro Saputo, discurriendo y pareciéndoles por su crianza, por su desinterés y su nobleza, que debería ser hijo de algún gran caballero, y que por alguna travesura se habría ido de casa de sus padres, y le acomodaba más aquella vida suelta y alegre, que la sujeta y formal del orden en que se criara. También dudaron siempre si era aragonés, castellano o navarro, inclinándose a esto último sólo porque se lo dejaba llamar; bien que pudiendo por el acento ser de cualquiera provincia de España, que un día le tenía de una y otro de otra, haciendo de su habla y trazas lo que quería.

jueves, 9 de mayo de 2019

LA PÉRDIDA MUSULMANA DE LANAJA

2.55. LA PÉRDIDA MUSULMANA DE LANAJA (SIGLO XII. LANAJA)
 
Tras la derrota de Fraga sufrida por Alfonso I el Batallador, algunas de las tierras tan trabajosamente ganadas a los musulmanes en los valles del Cinca y del Alcanadre volvieron a perderse, lo que significó un momentáneo retroceso y hubo que volver a empezar. Por eso, unos años después, en 1142, una vez repuestos de la derrota, los cristianos se disponían a reconquistar varias de estas plazas, entre ellas Lanaja, en plenos Monegros.
 
LA PÉRDIDA MUSULMANA DE LANAJA (SIGLO XII. LANAJA)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En estos momentos, las escaramuzas armadas entre cristianos y moros eran constantes, pero también se daban ciertas relaciones amistosas producidas por el trato casi continuo que mantenían en los últimos años. Por lo tanto, no es de extrañar en absoluto que uno de los caballeros cristianos aragoneses se enamorara perdidamente de la hija del alcaide musulmán de Lanaja, aunque ésta no compartiera con él el mismo sentimiento.
Una vez decidida la reconquista de Lanaja, las tropas cristianas entraron en la población, que apenas se pudo defender, y nuestro caballero se lanzó a la búsqueda de la joven agarena. La encontró donde sospechaba, orando en la mezquita, pero ella no sólo volvió a rechazarle una vez más, sino que huyó precipitadamente a través de los pasadizos subterráneos que llevaban desde la mezquita al palacio. El joven la persiguió.
Cuando el guerrero cristiano estaba a punto de alcanzar a la bella mora, sucedió algo increíble: ésta se convirtió repentinamente en un toro amenazante y feroz, que pasó a perseguirle de manera enconada hasta que, a duras penas, se pudo poner a salvo.
 
Toro, Lanaja, Huesca
 
 
Mientras la situación en la calle era ya desesperada para los moros, su alcaide, enrocado en su palacio, buscaba a su hija desesperadamente sin hallarla. De pronto, oyó unos mugidos que le condujeron hasta el toro, comprendiendo el encantamiento de su hija. Cuando intentaban encontrar la manera de desencantarla, volvió a suceder otro prodigio: el toro no sólo quedó paralizado, sino que se convirtió repentinamente en oro. Antes de capitular y entregar la plaza, el alcaide escondió el toro dorado en lugar tan seguro que, aun a sabiendas de que existe, nadie ha podido encontrarlo todavía.
[Andolz, Rafael, «Dichos y hechos del Altoaragón. La leyenda de Lanaja», Folletón del Altoaragón, 59 (28 de marzo de 1982), pág. VIII.]
 
 
Lanaja es un municipio de la provincia de Huesca (Aragón, España). Además del núcleo urbano, comprende las entidades de población de Cantalobos y Orillena. Su población es de 1.324 habitantes (INE 2014).
 
Lanaja está situada al norte de la depresión del Ebro, junto al barranco de los Paúles, afluente del Flumen, a 369 msnm. Forma parte de la comarca de Los Monegros, estando a 17 km de Sariñena, la capital comarcal, y a 61 km de Zaragoza.
 
Su temperatura media anual es de 14 °C y su precipitación anual de 475 mm.
 
En la localidad se encuentran los yacimientos de Val de Lupo, Valderrey, Peñalveta,
La Malena y Aldea del Correo. Todos ellos indican que el poblamiento de esta zona abarca desde el Neo-Eneolítico hasta el imperio romano. En Aldea del Correo, yacimiento perteneciente a la época romana, se han advertido restos de construcción que debieron pertenecer a un establecimiento rústico de la época.
 
Pero quizás el yacimiento de mayor interés sea el de La Malena, en el barranco de Valonguera, cuyos restos —con abundantes materiales y estructuras de filiación ibérica— muestran que se trata de un poblado indígena posteriormente romanizado. Se ha encontrado material cerámico de la primera Edad del Hierro (700-450 a. C.), cerámica ibérica, cerámica campaniense y restos de terra sigillata hispánica lisa. También se ha hallado una piedra de molino con orificio central y un importante grupo de monedas romanas de algunos emperadores romanos, además de monedas hispano-latinas de Caesaraugusta, Celsa y Osca.
 
El topónimo Lanaja es de origen árabe. En el siglo X, varias mesnadas de Abderramán III fueron en auxilio del rey de Zaragoza Abu Yahya, al mando de Nadja, antiguo esclavo que llegó a ser el primer general del Califato. Una hipótesis es que se dio el nombre de Al Nadja a este poblado en honor a Umm Kuraish al Nadja, hermana del general Nadja, favorita de la esposa del califa.
 
Jerónimo Zurita, historiador del siglo XVI, cree que fueron los guerreros franceses, al servicio de Alfonso I el Batallador, quienes se apoderaron de todas estas tierras entre 1114 y 1118, señalando expresamente que tomaron Sariñena y otros lugares donde hasta entonces los moros se habían defendido en sus castillos. Por tanto, se puede situar la reconquista cristiana de Lanaja en torno a 1115.
 
Posteriormente, Jaime I entregó Lanaja a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, con sede en el Monasterio de Sigena, y de dicho monasterio dependía en todos los aspectos al ser feudo donado por el Rey. Se pagaban los tributos a los clérigos del monasterio en una dependencia construida al efecto y conocida como «el granero de la diezma», donde se entregaba la décima parte de las cosechas de cereales, aceite y vino. Cuando en el siglo XVI éste resultó pequeño, se construyó uno nuevo junto a la iglesia de la Asunción. La dependencia del monasterio perduró hasta mediados del siglo XVIII, momento en el que Lanaja comenzó su vida como municipio independiente, coincidiendo sus límites con los que Alfonso I había establecido al hacer entrega a la Orden Sanjuanista.
 
En 1507, se establecieron los Cartujos de San Bruno en lo que hoy es la Cartuja de la Virgen de Las Fuentes. Con la desamortización de Mendizábal, la Cartuja pasó a manos de sus actuales dueños, la casa de Bastaras, quienes al adquirirla, registraron la propiedad en la vecina Sariñena al ser los impuestos más baratos en dicho municipio.
 
En el siglo XIX, Lanaja sufrió las correrías de los carlistas y de varias partidas de bandoleros, que operaban en la comarca desde sus refugios en la cercana sierra de Alcubierre. Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, señala que Lanaja «tiene 216 casas, de las cuales, las dos terceras partes solo tienen un piso, y las restantes dos, ofreciendo por consiguiente pocas ó ninguna comodidad; están unidas formando 2 plazas y diferentes calles sin empedrar».
 
El término municipal de Lanaja fue escenario de la muerte del legendario bandolero Mariano Gavín Suñén «el Cucaracha», acaecida el 28 de febrero de 1875, según el extracto de partidas de defunción de Lanaja en ese año. Fue tiroteado por la Guardia Civil tras haber sido envenenado junto con cuatro compañeros más de su banda en la aldea de Peñalbeta. Tenía fama de generoso, pues robaba a los ricos para dar a los pobres, persiguiendo y vejando a los caciques de la región.
 
La Guerra Civil fue especialmente cruenta en Lanaja. En los primeros días de la sublevación militar de 1936, fue rechazada una primera incursión de falangistas provenientes de Zaragoza; todavía se conserva en lo alto del Saso un monolito, conocido por el «Monolito de los falangistas», que recuerda la muerte de un alférez y seis falangistas cuando intentaron entrar el 24 de julio de 1936. Al día siguiente, la iglesia parroquial fue saqueada, siendo destruidas las obras de arte que había en su interior, así como la documentación existente.​ Ese mismo día, una fuerza militar procedente de Zaragoza ocupó el pueblo, pero tuvo luego que replegarse por la cercanía de columnas de milicianos catalanes. Varios vecinos y trabajadores fueron llevados a Alcubierre y allí fusilados por falangistas. Los milicianos catalanes no hicieron nada malo. Finalmente, la villa fue ocupada a finales de julio por la columna Arquer-Piquer del POUM.
 
Lanaja permaneció leal al gobierno de la República hasta la caída del frente de Aragón en marzo de 1938, por lo que sufrió intensos bombardeos por parte de la aviación del ejército de Franco. La ruptura del frente provocó el éxodo de una parte de la población hacia Cataluña. Al ser definitivamente ocupada la villa por las tropas franquistas, se desencadenó una fuerte represión que produjo un número indeterminado de víctimas.
 
La iglesia parroquial de la Asunción parece que fue construida sobre la mezquita musulmana y ésta, a su vez, sobre la primitiva iglesia visigoda de la localidad. Consta de dos naves diferentes. La del norte, más antigua, responde al estilo gótico cisterciense, probablemente de la segunda mitad del siglo XIII y tiene tres tramos abovedados en forma de cañón apuntado. El ábside del lado norte tiene siete paños y dos ventanas apuntadas, decoradas con las acostumbradas puntas de diamante o columnillas, dovelas y chambrana.
 
La nave sur es algo más larga y consta de cuatro tramos de cañón apuntado. Se comunica con la nave antigua por un gran arco del mismo perfil pero muy achatado. En su muro se abre una hermosa puerta abocinada, enmarcada por dos contrafuertes, decididamente gótico; la portada parece ya de los siglos XIV o XV, lo que permite inferir en que fecha tuvo lugar la ampliación del templo.
 
La Ermita de San Sebastián, situada en el «Saso» —montículo desde el cual se domina todo el pueblo— se edificó en el lugar que en tiempos pasados estuvo el Castillo de Montoro, del cual apenas perviven los restos de una muralla. Es una construcción del siglo XVIII de estilo barroco popular.
 
La Ermita de Santa Bárbara, a 1 km del casco urbano, se encuentra en ruinas desde la Guerra Civil.
 
El Pozo de hielo, la nevera, situado en el Saso, se usaba para conservar el hielo recogido en invierno para usarlo en verano. Es un aljibe cilíndrico, cubierto superiormente con una cúpula de gruesos muros de mampostería. Tiene 6 m de diámetro y más de 11 m de altura.
 
Por su parte, el Caño es una construcción subterránea de unos 400 m que se encuentra en al parte norte la población. Por el tipo de construcción se puede pensar que es de época árabe.
 
De la Guerra Civil se conserva, en la carretera de Cantalobos, un emplazamiento para ametralladoras o también para fusil ametrallador. Fue proyectado y construido por ingenieros y soldados republicanos. Esta estructura de hormigón armado protegía como fortín y observatorio a un vasto territorio en dirección noroeste y noreste, dentro de un conjunto defensivo hoy prácticamente inexistente, enmarcado en la denominada «línea Lenin» de defensa.
 
En 2009 fue inaugurado en Lanaja, en el edificio del siglo XVI llamado el Granero de la Diezma, el Museo Barbie, dedicado a la conocida muñeca de Mattel. La colección contaba con más de mil piezas, entre ellas más de 700 «barbies» y 200 trajes confeccionados por su propietaria. El museo cerró en 2011 y se prevé su traslado a Cuba.
 
El 20 de enero es la festividad de San Sebastián, en la actualidad las fiestas pequeñas.
La víspera se encienden las tradicionales hogueras.
El 5 de febrero se celebra Santa Águeda, organizada por las mujeres de la localidad.
El 19 de marzo, San José, aquí llamada Fiesta de Quintos, se organiza una fiesta para los jóvenes que cumplen 20 años.
En la festividad de San Isidro, el 15 de mayo, las mujeres suelen ir por la mañana andado hasta el Monasterio de Nuestra Señora de la Fuentes. En la antigüedad este día servía para ir a pedir agua a la Virgen de las Fuentes.
Las fiestas mayores de Lanaja, en honor a San Mateo, tienen lugar entre el 20 y el 24 de septiembre. Cabe destacar el día 20 el desfile de carrozas, y el 21 la procesión y la representación del «dance». Éste es de los clásicos de pastorada, con mayoral, rabadán y dieciséis danzantes en grupos de cuatro.
Una de las tradiciones más arraigadas entre los vecinos de Lanaja es la del tesoro del Castillo de Montoro. Se cuenta que durante la dominación musulmana, uno de sus reyezuelos mandó fundir el oro recaudado a los habitantes del poblado, dándole la forma de un toro. Ocultó el toro de oro en el pasadizo que conducía desde el castillo a la mezquita y, de acuerdo a la tradición, permanece todavía enterrado.
 
 
Personajes ilustres:

Camilo Labrador Vicuña (n. 1807). Político y científico español.
Cristina Grande (n. 1962). Fotógrafa y escritora española.
José María Javierre Ortás (1924 - 2009). Periodista, sacerdote católico y escritor español.

lunes, 29 de julio de 2024

4. 7. Seguix lo registre de les novies. Festa y ball a una aldea.

Capítul VII.

Seguix lo registre de les novies. Festa y ball a una aldea.

De Ayerbe va aná cap a Loarre, (Alerre al llibre de aon hay traduít)
aon ne portabe un atra, pero la va trobá en un genio com un barrócul, pareixíe picada de les peñes de la serra veína.

Alerre, De Ayerbe va aná cap a Alharre

A Bolea ne ñabíen dos, la una, beata, absoluta y novelera, l'atra, filla de un lletrat y tan docta com son pare. A la primera li va fé la creu; la segona va volé enseñáli a parlá, dién mol remilgada al cas de nomená a sa yaya, no la vach coneixe; y sobre viure a la siudat o a l'aldea, que enteníe la diferensia.

Se li va tallá l'estómec a Pedro Saputo, y en tres minuts va vomitá o gitá cuatre vegades. Tans vomits li va doná sentíla.

Va seguí al peu de la serra aon va vore algunes flos desfullades. Y al passá per Lierta va mirá cap a Gratal y li va apetí, se li va antojá pujá a la seua picosa. Lo día convidabe, ere apassible y sereno al mes de setembre, que alguna vegada es tan amable com lo mach. Va cridá, pos, a un paissano del poble, perque ni ell ni lo seu criat se sabíen lo camí; va fé que se portare bon minjá a la delissiosa fon del prat del Solaz, y va empendre la pujada. Una vegada a dal, ¡quín goch al cor! ¡quín airet tan puro! ¡quín sol y quín sel al michdía! ¡quíns plans hasta Saragossa! ¡cuáns pobles sembrats an aquella noble y grassiosa vega! Y a la esquena y als costats, ¡cuántes puntes! Pero fixán la vista a Huesca, va di: "¡Qué ben assentada estás, siudat alta y composta, siudat de les sen torres als teus muros! ¡Qué maja la teua catedral soberana en lo seu edifissi y tan vistosa en les seues agulles al ven! ¡En quín señorío y grandesa reines a la teua Hoya, amor que vas sé y Corona de Aragó als teus siglos passats, siudat libre y gloriosa per los Sanchos, per los Pedros y los Alfonsos! ¡Cuántes y qué hermosures vas amagá sempre, brilláes, vas sé la enveja de Palos y de Citera! ¡Y no hay de vóreles ara, an este radé viache dels meus amors! Pero així u ordenen los hados. Y encara... encara... Pero no; está ahí tancada la meua sort per un pare a qui venero.

Y no vull patí lo cacarech de les vostres maldites agüeles trilingües.» Y en aixó va girá la esquena, y se va aviá com qui diu a redolá monte aball. Díe trilingües a les agüeles de Huesca no perque parlaren o sapigueren tres idiomes, que may ne van sabé mes que lo seu, sino perque teníen tres llengües pera parlá y parláen en les tres a un tems. ¡Quínes agüeles aquelles! Va passá felismen la seua generassió; y ya después, agüeles y joves, segons informes que se han ressibit, sol tenen una llengua, expeditilla, sí, pero una sola.

Va passá dabán y va arribá al Abadiat

- Se sen cantá, va di als de Montearagón, y se note al flat lo incienso que allí cremen. Anem cap abán. Conque va pujá a Santolaria a vore als seus parens y a la viuda de marres, y se va aviá cap al Semontano. Yo empero no haguera passat tan de volada, perque lo sel particulá del Abadiat, encara que menut, es amable, lo país joyós, lo terreno fássil y bo, y sol criá algunes plantes espessials.

Al Semontano va fé moltes equis y esses anán de uns pobles als atres, perque ya se veu, no estáen tots alineats y va passá una llarga revista de donselles contanles casi per dotsenes, encara que no totes eren adotsenades.

¿A quína valleta no naixen distinguides, perfumades y majes flos, al voltán de les fees, vanes y vulgás?

Ñabíe, pos, de tot; y si abundabe la roba de almassén, la quincalla de cantonada y los cuadros de almoneda y hasta de sobres, tamé sen trobabe alguna que atra que foren mol bon descans de consevol peregrinassió. Y yo fío, de no está preocupat de atres amors, allí me haguera quedat prendat de ells, si ñabíe entonses donselles com algunes que conec al nostre tems, sin embargo del sin embargo.

No les produíx aquell país arteres, falses, astutes, ni fingides; y si alguna s'hi torne es perque les obliguen en engañs los que les traten.

Se va trobá a la festa de un poble, y es cosa de contás. Va arribá a una aldea, y a la casa aon se va hospedá ñabíe una filla y una neboda que sol aguardaben a eixecás de la taula a michdía pera anassen a la festa de un atre poble, que uns diuen que ere Colungo, atres Casbas, atres Abiego; y ña qui afirme que va sé Adahuesca. Pero yo que u sé be dic que va sé Colungo. Portáe carta per al pare de la filla, que ere tamé de les de la llista, y li van proposá que anare en elles. Va asseptá y agarrán a cascarrulles a la seua Helena (que Helena se díe), ya que podíe mol be portán la maleta lo criat en una mula, van aná al atre poble, aon no se sap si ne teníe alguna al seu registre.

Per la nit y al hora primera de la velada van acudí mes de sen persones a la casa a vore als forastés, y mes veus, crits, chillits y rissotades que a una plassa de bous. Van cridá a la taula, y se va amontoná la gen de manera que estáen a micha vara, y cada cadira ere un mun de cossos, brassos y caps, perque en ves de sis huespeds convidats ne van vindre sis sisos. Lo sopá, abundán, pero mal acondissionat y gossamen servit. Encara estáen als postres cuan va sobrevindre una ola de sagales acompañades de uns mossos, que donanse espentes, chillán, entropessán y agarrades dels brassos y serpenteján van di que veníen a buscá a les chiques pera aná al ball de casa de N.

- Sí, sí, va di lo pare; ya van, y ya elles se habíen eixecat y s'agarráen a les atres. Pero no sen anaben, estáen mirán com si les faltare algo.

- Anem, don Pedro, li va di lo huésped. Vostra Mersé se servirá acompañales y suposo que ballará en Helena.

- ¡Home!, va contestá una de les de la casa, zurda, mofletuda y de pit eixecat; aixó faltaríe, que don Pedro no vinguere al ball. Lo sel li va caure damún al sentí aixó; y advertín lo capellá la seua perplejidat, va di que hi aniríe tamé, ya que no podíe excusás. 

Va baixá entonses lo cap, sabén que no evitaríe que se l' emportaren, encara que se empeñare una comisió sansera.

Ya están a la casa del ball. ¡Quína confusió! ¡Quín jaleo! ¡Quína bahorrina! Ere gran la sala, pero estáen com a sardines a un cubo o guardiassivils. Va escomensá, o mes be va continuá la música, que se reduíe a un mal violín, a una pijó viola, y a una pandereta, tan desafinats los dos instrumens de corda, que féen mal als oíts y per ells se ficáe dolenta l'alma. Va habé de ballá sense remey, habén ballat la radera vegada a la Cort cuan ere estudián de tuna. 

Se va retirá después a una cadira que li van oferí, y cuan se ficáe a observá lo que veíe, se li foten damún disparatades y corrén dos forasteres y les atres dos sagales del seu huésped, y en la mes gran desenvoltura se li assente la creguda privilegiada als ginolls, y les atres dos damún y dabán de aquella cul en falda, servín ell de fundamén o solamén a tota la batería.

- ¿Qué feu, Helena, qué feu?, li va preguntá admirat. 

- ¡Un atra!, va contestá ella, en mol desenfado, que ya per sí pecabe mes per afable que per fura; lo que fan totes (cosa fan tutti), después de un canari, de una chacona o un mal tros de un atre ball, anaben a sentás als ginolls dels mossos. Teníe prop al capellá, y li va di:

- ¿Pero es possible que sigue costum aixó?

- Sí, siñó, va contestá lo bo del benefissiat; aquí se fa y ningú fique cap reparo.

Lo van liberá pronte de aquell pes perque van traure a ballá a les cuatre chiques, y ell se va ficá a mirá la sala. Ñabíe per allí algunes mares que pareixíen habé anat a cuidá de les seues filles y de atres, y ere en lo que menos pensaben. Sentades an terra y per aquelles arques unes se contaben los partos que habíen tingut y los mesos que la veína va pugué doná lleit al primé chiquet; atres les lleits que va mamá lo seu; atres s'adormíen a un racó; atres animaben a les sagales tímides; hasta que van traure una canasta vestida de gala en molta roba pera fé calseta y plena de tortelles de oli mes estopenques y dures que una mula sorda. An este mateix pun estáe ell discurrín una treta pera no ballá mes, pos ya li habíen intimat les chiques que volíen ballá en ell; y li va eixí perfectamen. Li van presentá lo canastet, va agarrá una tortella y se va eixecá pera repartíla a les sagales, que acababen de ballá; pero va fé vore que se li retortigáe un turmell y com estáe tan espessa la sala, va dixá incliná lo cos y va caure damún de una pobre dona que veénsel caure a plom va tirá lo cos cap atrás y van caure los dos: ella pancha per amún, y ell de esquena y de costat, saltánli la tortella cap aon ella va volé aná. Sen van enriure tots mol; se va eixecá coixeján que ere una llástima, y agarrat del bras del capellá sen va aná a la cuina aon se va bañá lo peu en aigua freda, pera dissimulá, y així se va librá de torná al ball dién que encara no podíe caminá.

En tot, sobre les onse va eixí a la sala, va demaná lo violín, lo va afiná, y va preguntá si sabíen ballá lo gitano. Van di que be o mal tamé lo ballaben.

- Que ixque, pos, una parella, o dos si volen, va di ell. Y fen callá al de la viola, y advertín al del pandero que donare sol alguns cops y lo acompañare en soroll baix continuo, va escomensá a tocá lo fandango mes rabiós que se va sentí de mans de músic: unes vegades alt y estrepitós; atres blan y suavet; unes picat y mordén, atres ligat y pla; ya com un riu ple y desmadrat que arrastre lo que trobe; ya com una corrén apassible que se remanse y pareix que se amague a la chopera hasta que fa un remolino, y arribe y cau despeñat en gran brogit y estruendo a la vall y montes veíns. Tots se van abalotá per les vibrassions de ixos ecos tan provocadós. 

Al prinsipi, sol balláen dos parelles; mol pronte ne va eixí un atra, después un atra, después ya totes; y hasta les agüeles que s'adormíen y les comares que parláen se van ficá de peu y féen meneos en lo cos y en lo cap, y no podíen tartí, y se derretíen y disfrutáen o chaláen. La rissa escomensáe, creixíe, cundíe, se va fé general; y entre lo violín, y les castañoles, y tal bullí y saltá, y tan arrope y jadeo; y lo foc que se habíe ensés a tots, igual agüelos que joves se va soltá la corda, y tots per los ulls y per la boca y per tot lo cos flamejaben. Los miráe Pedro Saputo, y espessialmen se divertíe al vore lo meneo y gestos de les agüeles, cuan pareixenli ya massa perillós lo efecte de la seua endemoniada música, va pegá una gran gabiñetada al violín, y en un gorjeo de oronetes se va tallá aquell insendi y estrago, dixanse caure los bailarins, ballarins o balladós per aquelles cadires y per aon podíen, fets tots un volcán, y procurán en una gran rissa dissimulá una mica lo que los passáe, elles en molta vergoña y no menos desfissi, ells perdut lo tino, desmandats casi a vistes y no assertán una paraula a dretes. 

¡Ah mares, les que voléu librá de perills a les vostres filles! 

En quinse díes no van torná les pobres sagales al seu temple ordinari; en sol pensá en lo ball se tornáen a destemplá o destrempá y s'enseníen. Pero lo que es la memoria va durá sempre. Ya eren mares, ya yayes, y hasta rebisyayes, si no habíen mort les que habíen assistit, encara parláen y nomenáen lo gitano de aquell añ.

Y per aquella nit, ¿quí estáe ya pera mes obra ni ball? 

Pera desbraváu del tot, va pendre un atra vegada lo violín y va di: vach a tocá una cosa que vach compondre al doló y llágrimes de ma mare, habenli dit un traidó que yo había mort a Cataluña.

Y va tocá una compossisió mol triste y patética, sense tindre mol en cuenta les regles del art perque va sé una idea repentina y suposat lo motiu; per de pronte se van calmá aquells jovens y va torná tot al orden. Van escoltá en maravillós silensio, no va ñabé qui no se dixare penetrá y ficás tendre de una música tan afectuosa; y algunes dones hasta van plorá, perque va esforsá ell mol lo sentit del doló y del desconsol (o lo desconort de Ramon Lull).

obras rimadas Ramon Lull, Gerónimo Rosselló, idioma catalan-provenzal, Raimundo Lulio

Va acabá, van tocá les mares a retirás, y se van retirá tots. Pero a casa de Pedro Saputo se va abalansá tal batería de sagales y en tanta algassara, que no cabíen per la escala, y va pensá que veníen fugín de alguna emboscada o cam de batalla, o que volíen acabá de vore en qué parabe la locura y desenfreno de aquell día; pero se va assossegá cuan va sentí que veníen a dormí en les forasteres y les huéspedes. Cóm se gobernaríe lo dormitori pera tantes no u enteníe; ell va tindre que anassen al seu llit en lo capellá y no va pegá los ulls. Conque va matiná, y despedinse casi en mala cara, perque volíen que se estare totes les festes, y dixán desconsolades a les sagales y mes a Helena, va montá a caball y sen va aná, respirán així que se va vore al monte, com los de una cuina plena de fumarrina de gom a gom al hivern ixen a respirá y recuperá l'alé a una sala o a la finestra.


Original en castellá:

Capítulo VII.

Sigue el registro de las novias. Fiesta y baile de una aldea.

De Ayerbe fue a Loharre, donde llevaba otra, pero la halló tan berroqueña de genio, que parecía cortada de las peñas de la sierra vecina.

EL CONDE DON JULIÁN, PRISIONERO Y MUERTO EN LOARRE, castillo

En Bolea había dos, la una, beata, absoluta y novelera, la otra, hija de un letrado y tan doctora como su padre. A la primera le hizo la cruz; la segunda quiso enseñarle a hablar, diciendo muy remilgada con motivo de nombrar a su abuela, no le conocí; y sobre vivir en ciudad o en aldea, que entendía la diferiencia. Alterósele el estómago a Pedro Saputo, y en tres minutos vomitó cuatro veces. Tales náuseas le dio de oírla.

Siguió al pie de la sierra donde vio algunas flores deshojadas. Y al pasar por Lierta miró a Gratal y se le antojó subir a su picota. El día por otra parte convidaba, claro, apacible y sereno, en el mes de septiembre que alguna vez es tan amable como el mayo. Llamó, pues, un paisano del pueblo, porque él ni su criado no sabían el camino; dispuso que se llevase buena comida a la deliciosa fuente del prado del Solaz, y tomó a pechos la subida. Llegado arriba, ¡qué gozo en el corazón! ¡Qué oreo tan puro! ¡Qué sol y qué cielo al mediodía! ¡Qué llanos hasta Zaragoza! ¡Cuántos pueblos sembrados en aquella noble y graciosa vega! Y a la espalda y a los lados, ¡cuántas cumbres humildes! Pero fijando su vista en Huesca, dijo: «¡Qué bien sentada estás, ciudad alta y compuesta, ciudad de las cien torres en tus muros! ¡Cuál descuella tu catedral soberana con su edificio y vistosa con sus agujas al viento! ¡Con qué señorío y grandeza reinas en tu Hoya, amor que fuiste y corona de Aragón en tus siglos, ciudad libre y gloriosa por los Sanchos, por los Pedros y los Alfonsos! ¡Cuántas y cuáles bellezas encerraste siempre, brillaron en ti siempre, fueron en ti siempre la envidia de Palos y de Citera! ¡Y no he de verlas ahora, en este postrer viaje de mis amores! Mas así lo ordenan los hados. Perdonad las que en mí no habéis echado menos el traje de vuestros favores, pues lo he merecido con otro. Y aún... aún... Pero no; está ahí cerrada mi suerte por un padre a quien venero. Y para de tan de paso y en los puntos ya extremos de mi libertad, no quiero sufrir el cacareo de vuestras malditas viejas trilingües.» Y con esto volvió la espalda, y se echó como quien dice a rodar monte abajo. Llamaba trilingües a las viejas de Huesca no porque hablasen o supiesen tres idiomas, que nunca supieron más que el suyo, sino porque tenían tres lenguas para hablar y hablaban con las tres a un tiempo. ¡Qué viejas aquéllas! Pasó felizmente su generación; y ya después, viejas y jóvenes, según informes que se han recibido, sólo tienen una lengua, expeditilla, sí, pero una sola.

Pasó adelante y llegó al Abadiado. - Se oye cantar, dijo a los de Montearagón, y se percibe el incienso que allí queman. Vamos adelante. Conque subió a Santolaria a ver a sus parientes y a la viuda de marras, y se lanzó en el Semontano. Yo empero no hubiese pasado tan de vuelo, porque el cielo particular del Abadiado, aunque pequeño, es amable, el país jocoso, el suelo fácil y bueno, y suele criar algunas plantas especiales.

En el Semontano hizo muchas equis y eses yendo de unos pueblos a otros, porque ya se ve, no estaban todos en línea, y pasó una larga revista de doncellas contándolas casi por docenas, aunque no todas eran adocenadas. ¿En qué vega no nacen distinguidas, olorosas y lindas flores, a vueltas de las feas, vanas y vulgares? Había, pues, de todo; y si abundaba la ropa de almacén, la quincalla de esquina y los cuadros de almoneda y aun de deshecho, también se encontraba alguna que otra que fueran muy buen descanso de cualquiera peregrinación. Y yo fío a no estar preocupado de otros amores, allí quedara preso de ellos, si había entonces doncellas como algunas que conozco en nuestro tiempo, sin embargo del sin embargo. No las produce aquel país arteras, falsas, astutas, ni fingidas; y si alguna se torna es porque las obligan malamente con su doblez y engaños los que las tratan.

Hallóse en la fiesta de un lugar, y es cosa de contarse. Llegó a una aldea, y en la casa donde se hospedó había una hija y una sobrina que sólo aguardaban a levantarse de la mesa a medio día para irse a la fiesta de otro pueblo, que unos dicen era Colungo, otros Casbas, otros Abiego; y hay quien afirma que fue Adahuesca. Pero yo que lo sé bien digo que fue Colungo. Traía carta para el padre de la hija, la cual era también de las de la lista, y le propusieron que fuese con ellas. Aceptó y tomando en ancas a su Helena (que Helena se llamaba), puesto que podía muy bien llevando la maleta el criado con un mulo, fueron al otro pueblo, donde no se sabe si tenía alguna en su registro.

Por la noche y hora primera de la velada hubo más de cien personas en la casa a ver a los forasteros, y más voces, gritos, chillidos y risotadas que en una plaza de toros. Llamaron a la mesa, y se amontonó la gente de modo en ella, que estaban a media vara, y cada silla era un grupo de cuerpos, brazos y cabezas, porque en vez de seis huéspedes convidados vinieron seis seises. La cena, abundante, pero mal acondicionada y perramente servida. Aún estaban a los postres cuando sobrevino una ola de muchachas acompañadas de otros tantos mozos, que dándose empellones, chillando, tropezando y asidas de los brazos y culebreando dijeron que venían a buscar a las chicas para ir al baile de casa de N. - Sí, sí, dijo el padre; van al momento, y ya ellas se habían levantado y agarrándose de las otras. Pero no se iban, y estaban mirando como si les faltase algo. - Vamos, don Pedro, le dijo el huésped. Vuesa Merced se servirá acompañarlas y supongo bailará con Helena. - ¡Vaya!, respondió una de las de la casa, zurda, mofletuda y pecho alto; no faltaba más sino que don Pedro no viniera al baile. El cielo se le cayó encima al oír esto; y advirtiendo el capellán su perplejidad, dijo que iría también, como quiera que no podía excusarse. Bajó entonces la cabeza, conociendo por otra parte que no dejarían de llevarle, aunque se empeñara una comisión entera.

Ya están en la casa de baile. ¡Qué confusión! ¡Qué bahorrina! Bien era grande la sala, pero estaban como sardinas en cesto. Principió, o más bien continuó la música, la cual se reducía a un mal violín, a una peor vihuela, y a una pandereta, tan desafinados los dos instrumentos de cuerda, que hacían enfermar los oídos y por ellos el alma. Hubo de bailar sin remedio, no habiendo bailado sino otra vez en la corte desde que fue estudiante de tuna. Retiróse luego a una silla que le ofrecieron, y cuando se ponía a observar lo que veía, se le vienen topando encima disparatadas y corriendo sus dos forasteras y las otras dos muchachas de su huésped, y con la mayor desenvoltura se le sienta la creída privilegiada en las rodillas, y las otras dos encima y delante de aquélla culo con falda, sirviendo él de fundamento a toda la batería. - ¿Qué hacéis, Helena, qué hacéis?, le preguntó admirado. - ¡Otra!, respondió ella, con mucho desenfado que ya de suyo pecaba más por afable que por esquiva; lo que hacen todas, después de un canario, de una chacona o un mal trozo de otro baile, iban a sentarse en las rodillas de los mozos. Tenía cerca al capellán, y le dijo: - ¿Pero es posible que sea costumbre esta llaneza? - Sí, señor, respondió el bueno del beneficiado; aquí se hace y no se repara.

Libráronle pronto de aquel peso porque sacaron a bailar a las cuatro chicas, y él se puso a mirar la sala. Había por allí algunas madres que parecían habían ido a cuidar de sus hijas y de otras, y era en lo que menos pensaban. Sentadas en el suelo y por aquellas arcas unas se contaban los partos que habían tenido y los meses que la vecina pudo dar leche al primer niño; otras las leches que mamó el suyo; otras se dormían en un rincón; otras animaban a las muchachas tímidas; hasta que sacaron un canastillo vestido de gala con muchas randas y lleno de tortas de aceite más mohínas que una mula sorda. En este mismo punto estaba él discurriendo una treta para no bailar más, pues ya le habían intimado las chicas que querían bailar con él; y le salió perfectamente. Presentáronle el canastillo, tomó una torta se levantó para repartirla a las muchachas, que acababan de bailar; pero hizo que se le torcía un pie y como estaba tan espesa la sala, dejó inclinar el cuerpo y al fin caer encima de una pobre mujer que viéndoselo venir en peso hizo el cuerpo atrás y cayeron del todo: ella boca arriba, y él de espaldas y de lado encima saltándole la torta a donde ella quiso ir. Riéronse todos mucho; levantóse, cojeaba que era una lástima, y asido del brazo del capellán se fue a la cocina donde se mojó el pie con agua fría, por disimular, y así se libró de volver al baile diciendo que aun andar no podía.

Con todo, sobre las once salió a la sala, pidió el violín, le templó, y preguntó si sabían bailar el gitano. Dijeron que bien o mal también lo bailaban. - Salga, pues, una pareja, o dos si quieren, dijo él. Y haciendo callar al de la vihuela, y advirtiendo al del pandero que diese solamente algunos golpes y le acompañase con ruido bajo continuo, principió a tocar el fandango más rabioso que se oyó de manos de músico: unas veces alto y estrepitoso; otras blando y suave; unas picado y mordente, otras ligado y llano; ya como un río lleno y arrebatado que arrastra cuanto encuentra; ya como una corriente apacible que se remansa y parece que se oculta en la arboleda hasta que rompe un remolino, y llega y cae despeñado con grande estruendo del valle y montes vecinos. Todos se alborotaron y desasosegaron a las vibraciones de aquellos ecos tan provocadores. Al principio, sólo bailaban dos parejas; muy pronto salió otra, luego otra, luego todas; y hasta las viejas que se dormían y las comadres que parteaban se pusieron en pie y hacían meneos con el cuerpo y con la cabeza, y no podían parar, como azogadas, y se derretían y regalaban. La risa comenzaba, crecía, cundía, se hizo general; y entre el violín, y las castañuelas, y tal bullir y saltar, y tanto arrope y jadeo; y el fuego que se había encendido a todos, lo mismo viejos que jóvenes se soltó la cuerda, y todos por ojos y por boca y por todo el cuerpo echaban llamas que confundían entre sí y los abrasaban. Mirábalo Pedro Saputo, y especialmente se divertía de ver el meneo y gestos de las viejas cuando pareciéndole ya demasiado peligroso el efecto de su endemoniada música, dio una gran cuchillada al violín, y con un gorjeo de golondrinas se cortó aquel incendio y estrago, dejándose caer los bailantes por aquellas sillas y por donde podían, hechos cada uno un volcán, y procurando con la gran risa en que exteriormente cuando menos encubrían los efectos disimular algún tanto lo que les pasaba, ellas con mucha vergüenza y no menos desasosiego, ellos perdido el tino, desmandados casi a vistas y no acertando con palabra derecha. ¡Ah madres, las que queréis librar de peligros a vuestras hijas! En quince días no volvieron las pobres muchachas a su temple ordinario; con sólo pensar en el baile se volvían a destemplar y arder de nuevo. Pero lo que es la memoria duró siempre. Ya eran madres, ya abuelas, y aun bisabuelas, si no murieron las que habían asistido, y aún hablaban y nombraban el gitano de aquel año.

Y por aquella noche, ¿quién estaba ya para más obra ni baile? Para desbravar del todo el estro que tenía en tal desafuero las imaginaciones, tomó otra vez el violín y dijo: voy a tocar una cosa que compuse al dolor y lágrimas de mi madre, habiéndole dicho un traidor que yo había muerto en Cataluña. Y tocó una composición muy triste y patética, sin tener mucha cuenta con las reglas del arte porque fue idea repentina y supuesto el motivo; con lo cual por de pronto se calmaron aquellos jóvenes y volvió todo al orden. Escucharon con maravilloso silencio, no hubo quien no se dejase penetrar y enternecer de una música tan afectuosa; y algunas mujeres hasta lloraron, porque esforzó él mucho el sentido del dolor y del desconsuelo. Concluyó en fin, tocaron las madres a recoger, y se retiraron todos. Mas a la casa de Pedro Saputo se lanzó tal batería de muchachas y con tanta algazara, que no cabían por la escalera, y pensó si venían huyendo de alguna emboscada o campo de batalla, o que querían acabar de ver en qué paraba la locura y desenfreno de aquel día; pero se sosegó oyendo que venían a dormir con las forasteras y las huéspedas. Cómo se gobernaría el dormitorio para tantas no lo entendía; él hubo de partir su cama con el capellán y no pegó los ojos. Conque pudo madrugar, y despidiéndose casi a mala cara, porque querían que se detuviese todas las fiestas, y dejando inconsolables a las muchachas y más a Helena, montó a caballo y se fue, respirando así que se vio en el campo, como los de una cocina humosa en invierno se salen a recrear y tornar aliento a una sala o a la ventana.

sábado, 27 de julio de 2024

2. 14. Pedro Saputo va a vore a les seues amigues.

Capítul XIV.

Pedro Saputo va a vore a les seues amigues.

Triste y pensatiu camináe después de aquella dolorosa separassió, y no assertabe a caminá ni sabíe aón volíe aná. Pero lo seu cor lo portáe cap a la aldea de les seues novissies, a la que va entrá pera estáy dos díes, procurán arribá tart y fen vore que estáe coix, pera descansá be aquella nit. Se va embutí a la primera casa que va trobá uberta, va sená y se va gitá queixanse del baldamén y de la coixera.

Pel matí cuan se estáe traén los bigots postissos y rentán van entrá los pares de les dos sagales, y al vórel ocupat en lo asseo lo van saludá y sen van eissí cap a la cuina. Rentat, mudat y asseat va eixí mol alegre fen sempre lo coix, lo van agarrá y sel van emportá a casa de la Paulina aon se faríe la minjada; y com la coixera ere gran segons camináe, lo van dixá allí y sen van aná cada un a les seues obligassions. Va pugué parlá una mica a soles en la Paulina, y li va di:

- ¿Vau entendre lo meu papé?

- No, siñó, va contestá ella.

- Be, pos, día que ya me hau olvidat. ¡Mentiroses! ¡Desagraídes! 

Lo va mirá entonses ella, y com ya no portáe los bigots y la perilla que ere lo que mes lo fée pareixe un atre, lo va aná reconeixén, y se li va cambiá lo coló, y ya assertáe ya, cuan li va di ell: 

- Sí, soc yo; ¡lo mateix!, ¡no te engañes!; lo vostre compañ y amán del novissiat. Obri ella entonses mes los ulls, lo reconeix, y sense podés aguantá s'avíe cap an ell en los brassos uberts. 

- Ves, li va di, y dóna la notissia a la Juanita. Pero siguéu prudentes. Se desfée ella de amor, y neguitosa y anhelosa va aná a dílay a la Juanita. La va cridá apart y apretanli la má li va di: ¡Ay, amiga, que lo estudián del billet ere Geminita, y es ell qui está ara a casa meua y no lo vam coneixe! Juanita va creure que la seua amiga habíe perdut lo cap o delirabe; pero va aná cap allá y va habé de desengañás, y creure lo que van vore los seus ulls y va sentí lo seu cor al vórel y sentí aquella veu tan acostumbrada.

Cuatre díes va durá la coixera, y no va durá mes perque va tindre temó de que sospecharen o caure an algún descuido. Va minjá un día a cada casa de les dos y en los instrumens que ñabíe al puesto se divertíen alguns ratos, y uns atres los empleabe en los seus amors en aquelles amabilíssimes sagales.

Per al día que sen va aná li van brindá una mula, y va di que un estudián no pot aná a caball mes que del seu poble a la siudat aon té los seus estudis, y que ell encara no habíe arribat a Navarra. Perque habenlo cregut tots navarro va dixá corre eixa opinió, que mes be lo afavoríe que lo perjudicabe.

Va seguí lo seu camí, y va arribá al poble de Morfina, al que va entrá encara mes tart, pos eren ya les vuit, y a un tems que no passe de les siat la posta de sol; y sen va aná al messón, gitanse enseguida, y encarregán a la messonera que vinguere qui vinguere no lo cridare. Pel matí va sabé que habíen anat a vórel algunes persones, don Vicente entre elles; y se va vestí y asseá, pera lo que se había previngut fen rentá la roba a un atra aldea aon se va aturá un día. Va eixí de casa en direcsió a la de don Severo; y abans de arribá va topetá en don Vicente que veníe a buscál, y que lo va renegá mol de la seua part y de la dels siñós pares perque los habíe fet lo despressio y ofensa de anassen a la fonda pública. 

- A sopá y dormí esta nit a casa meua, va contestá don Vicente, y no sé yo si tamé demá, no passaréu de llarg, amic meu; perque esta nit, a porta tancada, y sol una persona de fora de casa, hau de tocá lo violín igual que vau tocá l’atre día, de lo que encara estem alusinats.

- No ting cap instrumén.

- No ten faltará. Man germana diu que mes voldríe sentí alló que vores reina de España; perque es afissionada a la música y la paladege o saborege mol si es bona.

Van arribá en aixó a la casa. ¡Quin ressibimén! ¡Quin afecte! ¡Quin amor li van mostrá tots! ¡En quina naturalidat y confiansa li parláe Morfina! A tiro de ballesta se coneixíe que la criada li habíe dit lo que va sentí a son pare y va contá a Pedro Saputo. Va minjá allí, van passejá per la tarde, y al tardet no habense avisat mes que a la persona que va di don Vicente, que ere la seua dama, va tocá Pedro Saputo lo mateix que l'atra vegada, y encara en mes primor y reflexió. Estáe ell mes felís encara en les noves dels seus amors.

Pero a la matinada li va doná don Severo un mal rato. Li va preguntá a seques si habíe sentit parlá de Pedro Saputo; va contestá ell que una mica, pero que no podíe doná notissies del fulano. 

Sense notíssies de Gurb, traducsió (repassat)

- Pos amic, va di don Severo, vach arribá ahí del Semontano y allí me van parlá de eixe portento. Es un sagal que diuen no té mes de dotse a catorse añs, criat a Almudévar, y a la seua edat es lo mes gran sabut que se coneix: com que aixó mateix vol di Saputo. Es tamé pintó, músic, pero famós, potsé tan com vosté, don Paquito; un filóssofo consumat, tan inteligén en les seues respostes, que tenen temó de ficás a tiro los homens de mes barbes de la terra. Ell sap tots los ofissis. En dotse díes va adependre a lligí y escriure ell mateix; en un rato a pintá, en un atre a tocá tots los instrumens; y es tan tratable y ben parlat que a tots encante. No té pare, perque es fill de una pupila que ere pobre y ell la ha feta ya rica guañán tots los dinés que vol. Diuen que desapareix de casa y torne carregat d'or que guañe per ahí en la seua habilidat, o lay done alguna persona que d' amagatontes lo afavorix per encárrec de son pare, no se sap si se trate de un gran siñó de la Cort que va passá per allí, o de un príncipe que anáe disfrassat. Aixina, don Paquito, que no se parle de atra cosa; vaigues aon vullgues, tots te parlen d'ell, tots te pregunten y lo selebren. Y lo mes grassiós es que ningú lo veu may, mes que a les temporades que está al seu poble, com si portare en ell l'anell de Giges o lo heliotropo, que lo fa invissible. Diuen que unes vegades se disfrasse, y se cambie la cara; atres creuen que sen va en los gitanos.

Al sentí aixó no va pugué aguantás Pedro Saputo, va arrencá a enríuressen y va di:

- Raro humor seríe lo de eixe sagal.

- Sí, siñó, mol raro, va di don Severo, ya se veu, un home tan extraordinari per forsa u ha de sé en tot. Hasta la mare diuen que sense sabé cóm se ha tornat una verdadera siñora, com si haguere naixcut a un alta cuna, sol per la nova educassió que li ha donat son fill. Pero no está pujadeta ni soberbia sino mol plana, y tots la volen y respeten mol. No sé, amic don Paquito, cóm de Almudévar ha pogut eixí un elemén com éste. Perque hau de sabé (y perdónom la crítica) que es un poblacho feo a la vista y mes feo encara al tacte; y la gen d'allí no són dels mes espabilats que se digue. Yo estic determinat a anáy cuan sápiga sert que hi está, perque pera anáy en vano me penaríe lo viache.

- Faréu be, va di Pedro Saputo; encara que yo crec que no tot es vero lo que sone al pandero y que la fama aumente mol o potsé u aporte tot. De un sagal de la meua terra me contaben tamé maravilles y ell cuan u va sabé, sen enríe y va di: pos si yo soc home gran, ¿qué sirán los demés? Y agarrán lo violín se va ficá a tocá y va distraure a don Severo de la seua manía.

Al amor ningú l'engañe; l'amor tot u sospeche, tot u pense, tot u adivine. Mentres don Severo se tornáe llengua selebrán a Pedro Saputo, per lo que de ell habíe sentit, estáe Morfina miranlo enamorada y cavilán y medín cuan habíe vist al seu amán y sentit de ell als estudians, y se díe per an ella:

O no ña tal Pedro Saputo o es éste; perque es tan guapo com diuen, y tan sabut, y tan gran músic, y tan amable y tan diferén dels atres homens. Y pensán aixó lo miráe y li saltabe lo cor, y se li enseníe la cara, y se moríe de dessich de vores a soles y dili, tú eres. 

Ell la observabe, y va sospechá lo que estáe imaginán, y lográn un momén de libertat li va di: 

- Sí, Morfina, u has ensertat, yo soc; pero calla; y si ara que saps quí soc no te pene habem conegut... Se va quedá ella parada com un estaquirot durán un rato, pero después va rompre y va di acalorada y mol aventada:

- Morí primé que voldre ni mirá a datre home. Ya no ña remey; está tirada la sort; teua, teua soc. La meua passió y la meua raó u volen. Te vach vore, te vach coneixe, y no puc menos que vóldret, y me costaríe la vida si no me vullgueres. Perque tú sol (después de mons pares) estás pera mí al món. No tenía homens pera mí hasta ara, no los tindré mes abán. Pero ¡ay!, no me engaños, perque me moriré; no me digues que me vols si no me vols tan com dius y tan com yo crec. Perdona, amán meu, este desahogo, esta franquesa y mes encara la libertat que dono al teu amor y se pren lo meu cariño. No haguere acabat la elocuén y apasionada Morfina, si la veu de son pare que pujáe no la tornare al puesto de aquell rapto amorós.

Ell li va assegurá tot lo que podíe dessichá; y después de minjá se va despedí y sen va aná acompañat de don Vicente, que lo va dixá después pera aná a una finca aon teníe alguns jornalés.


Original en castellá:

Capítulo XIV.

Pedro Saputo vuelve a ver a sus amigas.


Triste y pensativo caminaba después de aquella dolorosa separación, y no acertaba a andar ni sabía a dónde quería ir. Pero su corazón le llevaba hacia la aldea de sus novicias, en la cual entró el segundo día, procurando llegar tarde y fingiéndose cojo, lo uno para descansar libremente aquella noche, lo otro para tener pretexto y causa de detenerse un día o más si conviniese. Metióse en la primera casa que encontró abierta, cenó y se acostó quejándose del cansancio y de la cojera.

Por la mañana cuando se estaba quitando los postizos bigotes y lavando entraron los padres de las dos muchachas, y al verle ocupado en su aseo le saludaron no más y se salieron a la cocina. Lavado, mudado y aseado que estuvo, salió muy alegre haciendo siempre el cojo, le tomaron y se le llevaron a casa de Paulina donde se disponía la comida; y porque la cojera era grande según andaba, le dejaron allí y se fueron cada uno a sus querencias. Pudo hablar un poco a solas con Paulina, y le dijo: - ¿Entendisteis mi papel? - No, señor, respondió ella. - Bien, pues, dije yo, que ya me habéis olvidado. ¡Fementidas! ¡Ingratas! Miróle entonces ella, y como ya no llevaba los bigotes y la perilla que era lo que más le hacía parecer otro, lo iba reconociendo, y se le mudaba el color, y acertaba ya, cuando le decía él: - Sí, soy yo; ¡el mismo!, ¡no te engañas!; vuestro compañero y amante del noviciado. Abre ella entonces más los ojos, le conoce, y sin poderse contener se arroja a él con brazos abiertos. - Ve, le dijo, y da la noticia a Juanita. Pero sed prudentes. Se deshacía ella de amor, y agitada y anhelosa fue a decírselo a Juanita. Llamóla aparte y apretándole la mano le dijo: ¡Ay, amiga, que el estudiante del billete era Geminita, y es él que está ahora en mi casa y no le conocimos! Juanita creyó que su amiga había perdido la cabeza o deliraba; pero fue allá y hubo de desengañarse, y creer lo que vieron sus ojos y sintió su corazón al verle y oír aquella voz tan acostumbrada.

Cuatro días duró la cojera, y no duró más porque temió se sospechase o caer en algún descuido. Comió un día en cada casa de las dos y con los instrumentos que había en el lugar se divertían algunos ratos, logrando otros para sus amores con aquellas amabilísimas niñas.

En el día que se fue le brindaron con mula, y dijo que un estudiante no puede ir a caballo sino de su pueblo a la ciudad donde tiene sus estudios, y que él todavía no había llegado a Navarra. Porque habiéndole creído todos navarro dejó correr esta opinión, que más bien le favorecía que le perjudicaba.

Siguió su camino, y llegó al pueblo de Morfina, en el cual entró aún más tarde, pues eran ya las ocho, y en un tiempo que no pasa de las siete el crepúsculo; y se fue al mesón, acostándose enseguida, y encargando a la mesonera que viniese quien viniese no le llamase. Por la mañana supo que habían ido a verle algunas personas, don Vicente entre ellas; y se vistió y aseó muy prolijamente para lo cual se previno haciendo lavar la ropa en otra aldea donde se detuvo un día. Salió de casa en dirección de la de don Severo; y antes de llegar dio con don Vicente que venía a buscarle, y que le riñó mucho de su parte y de la de los señores padres porque les había hecho el desaire y ofensa de irse a la posada pública. Excusóse él fácilmente y concluyó diciendo que iba a hacelles una visita y pasaba de largo en comiendo. - En cenando y durmiendo esta noche, respondió don Vicente, y aún no sé yo si será lo mismo mañana, pasaréis de largo, amigo mío; porque esta noche, a puerta cerrada, y sólo una persona de fuera de casa, habéis de tocar el violín lo mismo que tocasteis el otro día, de que todavía estamos elevados. - No tengo instrumento. - No faltará. Mi hermana dice que más quiere oír aquello que verse reina de España; porque es aficionada a la música y la saborea mucho si es buena.

Llegaron en esto a la casa. ¡Qué recibimiento! ¡Qué afecto! ¡Qué amor le mostraron todos! ¡Con qué naturalidad y confianza le hablaba Morfina! A tiro de ballesta se conocía que la criada le había dicho lo que oyó a su padre y dijo a Pedro Saputo. Comió allí, pasearon por la tarde, y en la velada no habiéndose avisado sino a la persona que dijo don Vicente, que era su dama, tocó Pedro Saputo lo mismo que la otra vez, y aun con más primor y reflexión, cuanto era él más feliz con las nuevas de sus amores.

Mas la mañana siguiente le dio don Severo un mal rato. Preguntóle a secas si había oído hablar de Pedro Saputo; respondió él que un poco, pero que no podía dar noticias del sujeto. - Pues amigo, dijo don Severo, llegué ayer del Semontano y me hablaron de ese portento. Es un muchacho que dicen no tiene más de doce a catorce años, natural de Almudévar, y a su edad es el mayor sabio que se conoce: como que eso mismo quiere decir Saputo. Es también pintor, músico, pero famoso, quizá tanto como vos, don Paquito; un filósofo consumado, tan profundo en sus respuestas, que temen de ponérsele a tiro los hombres de más barbas de la tierra. Él sabe todos los oficios. En doce días aprendió a leer y escribir él mismo; en un rato a pintar, en otro a tocar todos los instrumentos; y es tan tratable y bien hablado que a todos encanta. No tiene padre, porque es hijo de una pupila que era pobre y él le ha hecho ya rica ganando todos los dineros que quiere. A lo mejor dicen que desaparece de la casa y vuelve lleno de oro que gana por ahí con su habilidad, o que le da alguna persona que en secreto le favorece por encargo de su padre, que dicen si es o no un gran señor de la corte que pasó por allí, o de un príncipe que iba disfrazado. Ello es, don Paquito, que no se habla de otra cosa; id a donde queráis, todos os hablan de él, todos preguntan y lo celebran. Y lo más gracioso es que nadie le ve nunca sino las temporadas que está en su lugar, como si trajese consigo el anillo de Giges, que hacía invisible. A esto dicen que unas veces se disfraza de nación, y se muda el rostro; otras creen que se va con los gitanos. Al oír esto no pudo contenerse Pedro Saputo, se echó a reír y dijo: - Raro humor sería el de ese muchacho. - Sí, señor, muy raro, dijo don Severo, ya se ve, un hombre tan extraordinario por fuerza lo ha de ser en todo. Hasta la madre dicen que sin saber cómo se ha vuelto una verdadera señora, como si hubiese nacido en alta cuna, sólo por la nueva educación que le ha dado su hijo. ¿Estáis en el golpe? La nueva educación que le ha dado su hijo; y que con esto no es engreída ni soberbia sino muy llana, aunque todos la quieren y respetan mucho. No sé, amigo don Paquito, cómo de Almudévar ha podido salir un elemento como éste. Porque habéis de saber (y perdóneme la ausencia) que es un lugarón feo de vista y más feo aún de tacto; y la gente de él pasa por... Vamos, no son de los más agudos. Yo estoy determinado de ir cuando sepa de cierto que está, porque ir en vano me pesaría en verdad el viaje. - Haréis bien, dijo Pedro Saputo; aunque yo creo que todo no es vero lo que suena el pandero y que la fama aumenta mucho o quizá lo pone todo. De un muchacho de mi tierra me contaban también maravillas y él cuando lo supo, se reía y dijo: pues si yo soy hombre grande, ¿qué serán los demás? Y tomando el violín se puso a tocar y distrajo a don Severo de su manía.

Al amor nadie le engaña; el amor todo lo sospecha, todo lo piensa, todo lo adivina. Mientras don Severo se volvía lenguas celebrando a Pedro Saputo, por lo que de él había oído, estaba Morfina mirándole enamorada y reuniendo y ponderando cuanto había visto a su amante y oído de él a los estudiantes, y decía en sí misma: o no hay tal Pedro Saputo o es éste; porque es tan hermoso como dicen, y tan sabio, y tan gran músico, y tan amable y tan diferente de los hombres que se usan. Y pensando esto le miraba y le saltaba el corazón, y se le encendía el rostro, y se moría de deseo de verse a solas y decirle, tú eres. Él la observaba, y sospechó lo que estaba imaginando, y logrando un momento de libertad le dijo: - Sí, Morfina, has adivinado, yo soy; pero cállalo; y si ahora que sabes quién soy no te pesa de haberme conocido... Quedó ella suspensa un rato, pero luego prorrumpió y dijo con calor y muy arrojada: - Morir primero que amar ni mirar a otro hombre. Ya no hay remedio; está echada la suerte; tuya, tuya soy. Mi pasión y mi razón lo quieren. Te vi, te conocí, y no puedo menos de amarte, y me costara la vida si no me hubieses correspondido. Porque tú solo (después de mis padres) estás para mí en el mundo. No tenía hombres para mí hasta ahora, no los tendré en adelante. Pero ¡ay!, no me engañes, porque me moriré; no me digas que me quieres si no me quieres tanto como dices y tanto como yo creo. Perdona, amante mío, este desahogo, esta franqueza y más aún la libertad que doy a tu amor y se toma mi cariño. No acabara la elocuente apasionada Morfina, si la voz de su padre que subía no la volviera en sí de aquel rapto amoroso. Él la seguró de cuanto pudiera desear; y después de comer se despidió y se fue acompañado de don Vicente, que le dejó luego para ir a un campo donde tenía algunos jornaleros.