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jueves, 20 de diciembre de 2018

Estudies una carrera, Laura Luelmo

Estudies una carrera.
Fas unes opossisións.
Per a conseguí les teues metes te dixes la sang, suó, llágrimes, mil hores de son y alguna que atra dioptría.
Te criden per a cubrí una baixa a un poble que ni saps situá al mapa.
Es sol per a una sustitussió temporal y te agarre mol llun.
Pero es una bona notíssia.
¿Qué collóns? ¡Es una gran notíssia!
Y ton pare obri una botella de vi per a selebráu.
Y ta mare escomense a tráure la roba de hivern.
Y tú tens una miqueta de temó perque eixí de la teua zona de confort y la teua terreta sempre acollone, pero tens cla que tens que anáy, que nessessites escomensá a adquirí experiénsia professional, traballá "de lo teu", llaurát un futuro, "embutí lo cap" an algún puesto.
Trobarás a faltá al teu novio, pero ell entén que tens que anáten per a créixe professionalmen y te apoye per a que u fáigues, encara que sap que te añorará mol.
Bueno, no passe res, tos voréu los caps de semana, tos abrassaréu en mes ganes y la verdat, te fa ilusió conéixe lo teu nou destino per a enseñálay cuan víngue a vóret.
Y lo día que ten vas ta mare te fique fiambreres a una bossa, insistíx en que no íxques de casa sense bufanda y te diu bastantes vegades que la cridos cada día.
Y a ton padre li cau una llagrimeta mentres veu cóm sen va de casa la
seua chiqueta per a guañás les llentíes. Y ta yaya te done un billet mol ben doblegadet com si fore de
contrabando.
"Venga, yaya, no fáe falta".
"A callá, prénlo, sagaleta!".
Y ten vas.
Poble nou.
Pis nou.
Traball nou.
Compañs nous.
"Hola, soc Laura, encantada".
Descubríxes aon está lo forn de pa mes prop de casa. Als teus veíns los escomense a soná la teua cara. Crides a la teua família cada día per a contáls les teues noves aventures y adornes la nevera en una foto aon lo teu chic te está donán un beset a la galta.
Y una tarde consevol íxes a fé deport y te cruses en un psicópata, un degenerat, un depredadó sexual, un assessino, un sádic...
Y un desconegut acabe en lo mes valiós que teníes: la teua vida. Y perdénla u perts absolutamen tot.
Lo teu novio no ballará en tú a la vostra boda.
Tons pares no sirán los yayos de tons fills.
Les teues amigues no podrán paí este sensesentit.
Ta yaya no se perdonará may habé viscut mes que tú.
Y tots passarán lo que los quede de vida preguntánse per qué no te van impedí que asseptares eixe traball, per qué te van animá a anáten al puesto aon te han tret la vida.
Sisquera que may mes dingú tingue que aná pel carré en temó, mirán cap atrás, aligerán lo pas perque algún extrañ ronde prop.
Ojalá no te haguere passat aixó, Laura.
Ni a tú ni a dingú.
Descansa en pau ...

Estudies una carrera, Laura Luelmo
Laura Luelmo



Original en castellá, no sé lo autó:

“Estudias una carrera.
Haces unas oposiciones.
En tus metas te dejas sangre, sudor, lágrimas, mil horas de sueño y alguna que otra dioptría.
Te llaman para cubrir una baja en un pueblo que ni siquiera sabes situar en el mapa.
Es sólo para una sustitución temporal y te pilla bastante lejos.
Pero es una buena noticia.
¿Qué coño?
¡Es una gran noticia!
Y tu padre abre una botella de vino para celebrarlo.
Y tu madre empieza a sacarte la ropa de invierno del altillo.
Y tú tienes un poco de miedo porque salir de tu zona de confort siempre acojona, pero tienes claro que te quieres ir, que te tienes que ir, que necesitas empezar a adquirir experiencia profesional, trabajar "de lo tuyo", labrarte un futuro, "meter la cabeza" en algún sitio.
Vas a echar de menos a tu novio, pero él entiende que tienes que irte para crecer profesionalmente y te apoya para que lo hagas, pese a que sabe que va a añorarte muchísimo.
Bueno, no pasa nada, os veréis los fines de semana, os cogeréis con más ganas y a decir verdad te hace ilusión conocer tu nuevo destino para enseñárselo cuando vaya a verte.
Y el día que te vas tu madre te mete tuppers en una bolsa e insiste en que no salgas de casa sin bufanda y la llames cada día.
Y a tu padre se le cae una lágrima mientras ve cómo su niña se va de casa para ganarse las lentejas.
Y tu abuela te da un billete muy bien dobladito como si fuera de contrabando. "Anda ya, abuela, no hace falta". "Te callas y lo coges, niña".
Y te vas.
Pueblo nuevo.
Piso nuevo.
Trabajo nuevo.
Compañeros nuevos.
"Hola, soy Laura, encantada".
Descubres dónde está la panadería más cercana, a tus vecinos les empieza a sonar tu cara, llamas a tu familia cada día para contarles tus nuevas aventuras y adornas el frigorífico con una foto en la que tu chico te está dando un beso en la mejilla.
Y una tarde cualquiera sales a hacer deporte y te cruzas con un psicópata, un degenerado, un depredador sexual, un asesino, un sádico ...
Y un desconocido pone fin a lo más valioso que tenías: tu vida.
Y perdiéndola a ella lo pierdes absolutamente todo.
Tu novio no bailará contigo en vuestra boda.
Tus padres no serán abuelos de tus hijos.
Tus amigas serán incapaces de procesar este sinsentido.
Tu abuela no se perdonará jamás haberte sobrevivido.
Y todos pasarán el resto de sus días preguntándose por qué no te impidieron que aceptaras ese trabajo, por qué te animaron a irte al sitio donde te quitaron la vida.
Ojalá nunca nadie tuviera que ir por la calle con miedo, mirando hacia atrás, aligerando el paso por la cercanía de un extraño.
Ojalá no te hubiera pasado esto, Laura.
A ti ni a nadie.

sábado, 27 de julio de 2024

3. 4. De cóm Pedro Saputo se va fé dotó. Seguix lo seu viache.

Capítul IV.

De cóm Pedro Saputo se va fé dotó. Seguix lo seu viache.

3. 4. De cóm Pedro Saputo se va fé dotó. Seguix lo seu viache.


Deu mos libro dels tontos: amén. Perque tratá en ells es lo mateix que entrá de nit y sense llum a una casa en tot escampat aon no se ha estat may. Pero tamé tíndreles en homens tan espabilats es traball y demane sing dotsenes de sentits. Y si són antojadisos o garchos de intensió, no són ya homens sino dimonis.

Lo nostre héroe no coneixíe lo mal pera guardás. Ara se li va antojá fes meche; sí, siñós, dotó, sense mes ni mes, meche, siñó, com qui no diu res.

Totes les professions haguere ell volgut coneixe ejersínles per la seua cuenta; pero com es tan curta la vida del home, li va pareixe impossible. Fora de que algunes teníen per an ell poc atractiu.

Ne teníe mol gran entre datres la de soldat; pero va habé de renunsiá an este gust per la obligassió y cariño de sa mare.

De mossen de almes no podíe ordenás y ejersí lo ofissi una temporada; perque lo sacerdossi es un llas mes fort encara que lo del matrimoni, y lo que una vegada se arribe a ordená, ordenat se quede in eternum. Flare, ya podíe di que u habíe sigut habén sigut monja, y habén estat mich añ al Carmen de Huesca aon va coneixe mol be lo flarisme. De la professió de lletrat se contentabe en la siensia. Lo que va di don Severo, de anassen en los gitanos, va sé una veu que ell mateix va soltá y va fé corre pera omplí lo buit del seu eclipse al convén. Encara que be u dessichare; perque, ¿quína vida com la del gitano o la del sossiollingüista? Pero lo tiráe cap atrás lo habé de sé lladre per forsa y engañadó, de perdre tota la vergoña y acomodás a tota la brutissia y gorrinada. Envejo la vida de eixos filóssofos judaicossinics, díe; pero no ting estómec per an aixó. La seua curiosidat habíe de escomensá o mes be seguí de algún modo y probá alguna nova professió u ofissi, va volé inissiás a la de meche.

Passán de Valensia a Mursia va sentí parlá de un meche famós que ñabíe a una vila prinsipal, uns diuen que ere Alberique, datres que Elche, atres Cullera; y va di: bona ocasió; allá que vach, y assento plassa de practicán. Dit y fet. Va y se presente al Esculapio de aquella terra, al que li díen lo siñó meche y li va di que habíe estudiat a la Sertoriana de Huesca y que anáe de siudat en siudat, de regne en regne buscán un mestre que u fore digne de ell; no per lo talento que Deu li habíe donat, que no ere mes del nessessari, sino per la aplicassió en que pensabe está penjat de les seues paraules y portá después la recomanassió de la seua escola; que la seua bona estrella li habíe fet sabé de la seua molta sabiduría; y li rogáe que lo admitiguere entre los seus dissipuls. Me dic, va afechí, Juan de Jaca, soc aragonés, fill de bons pares y natural del poble de Tretas, a la montaña.

Jaca, siglo XIII, romans

Li va agradá al dotó lo empaque y desparpajo de Pedro Saputo, y per vía de examen li va preguntá en latín qué es calentura, qué es pols, y qué es meche. Ell, que per passatems habíe lligit alguns llibres de medissina y teníe tan bona memoria, li va contestá tamé en latín, parlán micha llarguíssima llengua, a la que va regirá, ajuntá, concordá, y casá a Hipócrates, Galeno, Andrés Piquer, Raimundo Lulio o Ramón Lull y lo Mestre de les sentensies; a Aristófanes, Varrón y Paracelso, en Plinio, Averroes, Nebrija y Pico de la Mirándula; afegín de ell reflexions tan propies y adecuades, que ni Piquer después va parlá milló de calentures, ni Solano de Luque del pols, cuan van vindre al món a enseñá als meches lo que encara no sabíen. Tamé va pujá a la lluna y de allí mes a dal, y va nomená mes planetes y constelassions de les que va coneixe don Diego de Torres, y va parlá maravilles de la astrología médica y de la influensia dels astres (dels sastres no) al cos humano; va fingí una fe que no teníe.

La definissió del dotó la va reduí a dos paraules, dién que es Lucifer de la salut. Pero después la va extendre y la va ampliá donán mes de vin definissions del meche a modo de letanía.

Se omplíe de goch lo mestre al vore que un home tan consumat veníe a sé discípul, y se va creure lo mateix Esculapio en gayata y gorra a la moderna. Ben serio li va di: Recte, fili; in discipulum te coopto; et spero fore ut intra paucos menses par sis magistro, et mihi in schola succedere possis. Que vol di: "Mol be, fill; te admitixgo com a dissípul, y espero que en pocs mesos me igualos com a maestre y pugues relevám a la escola.»

Va escomensá, pos, la práctica, les práctiques, y lo mestre cada día mes enamorat de ell, distinguínlo mol entre los discipuls, que ne eren de dotse a quinse. Los van ressibí mal un día a una casa, y encara van ofendre de paraula al mestre; y mostranse mol sentit Pedro Saputo, li va di:

- Gustosa la siensia, fill, pero odiosa la professió. Porte mols disgustos, desazones, sinsabores, corcovos, singlots y tamé indigestions ; pero tamé alguna bendissió y favor y sobre tot es mol socorrida. Per lo demés ya sabrás los secrets del art. Pero no te arredros, no te faigues cap atrás. Ya saps que al home se li va di:

in sudore vultus tui (a la suó del teu fron); pos per al dotó se mude a P la S, afán y traball; roins díes y pijós nits es la condissió del home en general; dos díes de tristesa, y un repartit entre la alegría y les distracsions del doló; y aixó cuan li va be; pero lo meche...

En fin, ya sabrás, repetixgo, los secretos de la professió, lo segón arte del dotó. Perque a tú sol, fill, a tú sol vull revelatu.

Faríe uns tres mesos que practicabe cuan lo seu mestre va ressibí una carta del consell de Villajoyosa, a la que li demanáen un meche de la seua escola; y si no lo teníe cumplit o de la seua satisfacsió a má, los enviare un dels seus discipuls mes adelantats.

Li va pareixe cridáls a tots, los va lligí la carta, y los va proposá que ya que cap de ells habíe cumplit la práctica, designaren al que en mes confiansa podríe enviá, ya que entre ells teníen que coneixes. Tots al sentí aixó se van girá cap a Pedro Saputo y va di lo mestre:

- Enteng, siñós, enteng; tamé yo me inclinaba per Juan de Jaca; pero en lo vostre testimoni se assegure mes lo meu. Hi anirá Juan de Jaca, y repelará y furgará los morbos que afligixen a la poblassió, y tallará la tabe que la infecte. (Perque an aquella siudat se estáen patín unes calentures podrides de pus que díen que se apegaben una mica a la roba, y hasta a la carn.)

Sápigue Juan de Jaca, lo meu mol dilecte discípul, que Villajoyosa es teatro de proba pera un dotó. Mols marinés, com a port de mar; caló a la sang, afrodisis als alimens, pubertat y amors primerengs, passions tiranes y vellea antissipada. Sangría, vomitoris y purgues als jovens; vomitius, purgues y sangría a les persones de micha edat; purgues, sangría y vomitines als agüelos com lo Sebeta; después sudorifics a tots, tintures analéptiques y dieta amoressén. Pero sobre tot tingues presén que la sang es lo mes gran enemic del home; después entre lo amor. Per aixó an ixa vila ña lo que ña, com porto dit. Y bons que los tingues, y als que te consulton, dieta y separatio toriabsoluta desde san Miquial de Mach a san Miquel de Setembre. Aixó ya se véu que no u farán, se extenuarán, caurán, morirán; pero lo meche ya sen va eixí per la seua porta.

Que se mórigue en hora bona lo que vullgue morís. ¿Va pagá les visites?, pos requiescat in pace. Dirán, parlarán: requiescat in pace. Lo dotó lo ha matat; requiescat in pace. Fora de que, fill meu, tots segons lo poeta, sedem properamus ad unam (caminem a una cap al atre món). Y fet com cal lo nostre ofissi, que lo dolén o dolenta se mórigue del mal o de la medissina, lo tímpano dels coribantes (que es tocá la zambomba y fé soroll). Si te se oferix algún cas fort, audaces fortuna juvat (als audasos, valens, osats, ajude la fortuna): sang y mes sang, que, com vach di, es lo nostre mes gran enemic; y después, passo lo que vullgue passá, lo tímpano damún dit, y si lo dolén se mor, que en pas descanso, requiescat in pace, R. I. P.

Estire la garra lo folclorista Carrégalo

Acabada esta famosa llissó, lo va abrassá tendramen, y va escriure y li va entregá la carta de autoridat y persona. Ell, compranse una mula en bona memoria, va tirá cap a Villajoyosa montán an ella, en lo que se va acreditá mol, pos ya abans de ejersí la professió cabalgabe en mula, que an aquell tems ere distintiu y siñal de exelensia entre los dotós. Y es sert, desde que van baixá de la mula la professió va per enterra y no se veuen mes que mechets. Portáe tamé una gran gorra negra, un gabán coló de palla en forro morat, y una gayata llarga en empuñadura de plata a la que figurabe una serp enrollada a la fusta com símbol de la medissina o farmassia.

Perque Esculapio, que ere lo Deu dels meches y dels boticaris entre los gentils, va vindre de Grecia a Roma transformat en serpota a petissió y honor del senat que va enviá a buscá los tres embaixadós en un hermós buque de la república (res publica).

Va arribá, va presentá les seues cartes de recomanassió; y com an elles lo seu mestre lo va ficá per damún dels cuernos de la lluna y lo va anivellá en los estels, no van repará en la seua curta edat.

Ni van repará tampoc en les calentures ni la tabe o lo que fore, pos encara que resseptabe a paupontes, allí aon apuntáe, la ensertáe, la passia declinabe, en quinse díes se va quedá sense dolens, passiens y cliens, curats tots felismen en los purgans, les sangríes y los suorans o fessuás; exepte sis monges, dos capellans, vuit marinés, tres buhoneros y algún atre, que entre tots no arribáen a sen; en atres tans flares y un Argos que lo enfadabe selán a una nebodeta que per la seua molta bellesa díe ell que se habíe escapat del Olimpo y baixat a la terra. Va morí la tía esta perque va arribá la seua hora, y se supose; pero es sert que Pedro Saputo (casi tremolo al díu) va tindre gran tentassió de ajudala. ¡Ay!, la ocasió pot mol. 

Deu faigue san al meu meche.

Com discurríe y sabíe fé aplicassions per analogía y consecuensia, encara va formá una espessie de sistema, reformán la doctrina del seu mestre y de les práctiques que entonses se seguíen, va curá entre atres a un epiléptic (mal del cor), a un en gota y a un maniátic; al primé en un parche de cerato fort y revulsiu a la boca del estómec; al segón en fregues seques los matins abans de alsás, per lo esquinás y totes les juntes o articulassions; y al tersé en sangríes sense vi (Deu mos libro), purgues y música, fenli adependre la música y la poesía. Les sagales se ficáen dolentes sol per lo gust de que ell les visitare. Y hasta ne va ñabé dos que van fé vore que les habíe picat una tarántula; ell va reconeixe lo mal, elles lay van confessá, y va obrá lo milagre de la seua curassió en gran crédit y no menos profit, habén sigut mol ben pagat per los pares.

Anáe, pos, assombrosamen fen la seua práctica; lo seu mestre li escribíe continues enhorabones; tots lo miráen com al orácul de Delfos, y los marinés de Villajoyosa portáen la seua fama a les cuatre parts del món. Pero ell en ell mateix; ¡quín cachondeo cuan tornáe de visitá y se embutíe al seu cuarto! Allí se vée lo eixecá los muscles y soltá la carcañada, lo pegá puñades a la taula, lo fé pasmos y no acabá de admirás y enríuressen de lo que veíe y tocáe, que ere la tontería de la gen y los doblers que guañabe, en los mol rics regalos que li féen, si haguere estat allí un añ s'haguere pugut comprá un coche (si ne hagueren ñagut). Villajoyosa es un poble entonat y los seus naturals generosos y agraíts. Ademés ixíe als pobles de la roglada y se emportáe mol bon or y riques propines. Pero se li va acabá la nova consiensia, y als cuatre mesos de ejersissi li va pegá per una ocasió que igual haurán tingut mols atres y no lo haurán imitat.

Lo van cridá pera un arriero de Carcagente o Carcaixent que al passá en la seua recua un barranquet que ña prop de Villajoyosa, creixcut per l'aiguat de la tarde anterió, va doná un pas en fals lo seu burret y va caure en la cárrega. Eren les deu del matí al mes de juliol; fée molta caló, y lo arriero amerat de un mar de suó va tindre que aviás al aigua casi gelada, y va traure de ella y en lo burro una enfermedat que lo va acompañá mol tems. Lo va visitá lo nostre Galeno, y se va di per an ell: esta es la ocasió de probá lo remey de Quinto Curcio. Lo mateix li va passá a Alejandro, y lo seu meche li va propiná un mejunje en lo que lo va fé dormí tres díes, y después va rompre a suá com un carboné y aixó lo va saná, en vuit díes estáe sano. Grassies, pos, al remey. Y en efecte se va ficá mans a la obra. Pero com lo amic Quinto Curcio no diu de qué se componíe, se va ficá Pedro Saputo a adiviná, y li va pareixe que teníe que mesclá los narcotics y los fesmessuá; y així u va fé. Pero va carregá massa la má dels primés; y sí que va dormí lo dolén dos díes, pero después al tems de rompre a suá fort, cosa favorable y esperada, tamé li van vindre les basques de la mort, o mes be quedás geladet al llit, pos ni basques va tindre lo pobret. Y encara díe la gen: ¡Quín meche! 

Tres díes li ha allargat la vida; un atre l'haguere dixat morís.

Poc satisfet Pedro Saputo de sí mateix, y demanán la venia al consell va aná a vore al seu mestre. Li va contá lo cas, y lo mestre li va contestá: no desaprobo lo fet, pero un atra vegada, y com díe Juan de Jaca, esperimentum fac in anima vili (fes la proba o experimén a persona que valgue poc).

- Pos ¿quína ánima mes vil podía habé trobat?, va di Pedro Saputo.

- Mol engañat estás, fill, li va contestá lo mestre; encara que la culpa es meua que no te vach previndre. Alma vil es un flare, un benefissiat, una monja; y en cas de nessessidat, una donsella vella; una casada estéril, un catalanet filólogo com Arturo Quintana Font, una viuda sense fills, pero no un pobre arriero, y mes pare de familia. An aquelles, particularmén a monges y flares, se fan eixes probes, que no li poden doldre a ningú y fan mes falta al atre món que an éste. Torna al teu partit, a la teua vila joyosa, y de aquí a un mes o dos, perque ara estic afaenat, mira de dixát vore mes, pera revelát los secretos de la professió y la compossisió de la persona del meche. Va besá Pedro Saputo les mans al seu mestre y se va despedí dels seus condiscipuls. Pero espantat de la seua temeridat y corcat per la consiensia, no va volé torná a Villajoyosa, aixina que va pará a Mursia, aon va vendre la mula y va torná al seu ofissi de pintó aventurero.

Van sentí mol la seua desaparissió a Villajoyosa, y mes les donselletes, creénse totes huérfanes y abandonades de la providensia. ¡Cuántes lo van plorá! ¡Cuántes lo ensomiaben de día y lo suspiraben de nit! ¡Cóm se torsíen les mans invocán lo seu nom desesperades! ¡Quína amargó! Díen: ¡Juan de Jaca de la meua alma! Y es de advertí que desde entonses saben les sagales de Villajoyosa pronunsiá la jota com natros, habense esforsat an esta gutural pera cridál be y no oféndrel convertín lo seu apellit en una paraula fea y malsonán. (Xuan de Xaca, Chuan de Chaca.)

Va passá después a Mursia y de allí a Granada. La seua curiosidat se va sebá sense terme a les memories de la gran siudat dels árabes, de la gran siudat dels Reys Catolics, de la siudat dels Vegas, Mendozas y Gonzalos: de la Troya de la Europa moderna.

Va visitá después la de Santafé y de allí va aná a Sevilla, aon se va aturá un añ per la mateixa raó que a Valensia. Va pujá a Córdoba y va saludá a la mare de les siensies, después de nous siglos, cuan les demés nassions de Europa eren encara semirrassionals y se alimentaben (o poc menos) de les bellotes de la primitiva ignoransia.

Lexique roman; Girgo – Esglandar

De allí va passá a Castilla, sen la primera siudat que va visitá la imperial Toledo, y va vore que ben just podíe aguantá la grandesa del seu nom. De Toledo va aná a Salamanca, la Atenas de España, y se va admirá del sarabastall a les escoles, del número de elles y de estudians, y entrán a examiná la doctrina va vore que no corresponíe a la opinió ni al afán y concurs dels estudis.

Va passá a Valladolid, la vall de Olit u Olite; va vore la seua catedral; y cansat de curiosidats se va adressá cap a la Cort que entonses estáe a Madrid o Madrit, un poblacho a un atre tems, y ara una de les mes hermoses poblassions de Europa, encara que sense memories antigues, sense glories dels siglos passats. No se va volé cansá mol en examinala perque sabíe lo que ere; y per un atra part la auló que ixíe dels palaus y ofissines li va entabuchá lo cap y lo va obligá a eixí de allí lo mes pronte milló sense vore mes que algunes coses que sempre ha tingut com a bones; y va empendre lo camí de Burgos. Esta antiga Cort de Castilla, esta primera capital de la antiga Castilla, va di al arribá, no put y corrom com l'atra. Eixe es lo palau, en gust lo voría tot; eixa la catedral, hermosa, magnífica, digna de la seua famosa antigüedat. Pero estáe desabrit, se añoráe, lo seu cor se dolíe de una aussensia tan llarga, y pensán en sa mare, va estretí lo sírcul del seu viache y va adressá al dret voltán cap a Aragó per Saragossa.

lo camí, Miguel Delibes, Moncho, chapurriau

Les ales del pensamén li van ficá lo dessich als peus desde lo momén en que va determiná entornassen cap a la seua terra.

Encara no acababe de eixí de Burgos, per díu així, y ya estáe a Calatayud y va arribá a La Almunia. Va aná al messón, y apenes fée micha hora que habíe arribat que lo van vindre a buscá un home y una dona preguntán si ere meche.

- Sí, los va di, enteng algo de medissina, ¿qué se oferix?

- Miréu, van di; lo meche del poble va aná a Ricla a una consulta, y jugán a una casa va reñí en lo albéitar, menescal o veterinari per una jugada, y lo menescal an ell li va arrencá lo nas de una mossegada; y ell al veterinari li va fé saltá un ull, y allá que van los dos en lo seu mal y los cirujanos.

Un tío nostre, ya mol agüelet, va caure anit per la escala; no se va fé cap mal; sol se va quedá adormit o estamordit; lo vam gitá, y an esta hora encara no se ha despertat; y diuen que així dormín y respirán sen pot aná a l'atra banda y quedamos a copes de la herensia si no fa testamén o desfá lo que té fet.

Va entendre Pedro Saputo lo que ere; va aná cap allá y va vore a un home de uns setanta añs de edat llarc al llit, en lo coló natural, una mica ensés, y com en una son mol descansada; ya li habíen aplicat candeletes, ferro ruén, lo habíen pessigat mil vegades, y res, dorm que dormirás.

Va di: - Este home se va tindre que sangrá después de la caiguda; pero se li aplicará un atre remey. Que me porton una mica de pólvora, algo mes de un parell de onses de pes. Lay van portá, y ficada a una escudella en una mica de aigua, va escomensá a remóurela o regirala y pastala, y después va fé en ella dos flarets (petardos, cohets) y manán eixí a tots de la alcoba, exepte a dos homens que eren los que mes dessich mostraben de la salut del dolén, lo va ficá pancha per aball y de un costat; y cuan lo va tindre així, li va aplicá un flaret al cul y li va botá foc.

Se ensén la pólvora, chispege, se agarre, se consumix, y lo dolén adormit com un soc. Li va embutí l’atre, y va fé mes estrago, pos va escomensá a chumali sang en tanta abundansia, que se formabe un charco al llit. Y al poc rato va escomensá a menejá los peus, después a queixás y fotre algún bram, y va torná del tot a la vida.

Pedro Saputo va dixá eixí molta sang, y cuan li va pareixe prou, va maná que lo rentaren en oli y aiguardén batut y li aplicaren después compreses empapades o amerades y un atre día los va di lo que habíen de fé pera curá la llaga. Li van doná un doblón, sen va aná pel matí y va quedá al país lo prodigiós remey pera sempre.

Ña qui diu que no va sé aixó a La Almunia, sino al Frasno, y atres que a Épila. Poc importe; yo de La Almunia de Doña Godina u vach trobá escrit.




Original en castellá:

Capítulo IV.

De cómo Pedro Saputo se hizo médico. Sigue su viaje.

Dios nos libre de tontos: amén. Porque tratar con ellos es lo mismo que entrar de noche y sin luz en una casa revuelta donde no se ha estado nunca. Pero también haberlas con hombres tan agudos es trabajo y pide cinco docenas de sentidos. Y si son antojadizos o bizcos de intención, no son ya hombres sino demonios. A bien que el nuestro no conocía el mal sino para guardarse. Ahora se le antojó hacerse médico; sí, señores, médico sin más ni más, médico, señor, como quien no dice nada.

Todas las profesiones hubiera él querido conocer ejerciéndolas por sí y de su cuenta; pero como es tan corta la vida del hombre, le pareció imposible. Fuera de que algunas tenían para él poco atractivo. Teníalo muy grande entre otras la de soldado; pero hubo de renunciar a este gusto por la obligación y cariño de su madre. De cura de almas no podía ordenarse y ejercer el oficio una temporada; porque el sacerdocio es un lazo más fuerte aún que el del matrimonio, y el que una vez se llega a ordenar, ordenado se queda para in eternum. Fraile, ya podía decir que lo había sido habiendo sido monja, y estado medio año en el Carmen de Huesca donde conoció muy bien el frailismo. De la profesión de letrado se contentaba con la ciencia. Lo que dijo don Severo, de irse con los gitanos, fue voz que él mismo soltó e hizo cundir para llenar el vacío de su eclipse en el convento. Aunque bien lo deseara; porque, ¿qué vida como la del gitano? Pero le arredraba el haber forzosamente de ser ladrón y engañador, de perder toda vergüenza y acomodarse a toda suciedad e inmundicia. Envidio la vida de esos filósofos judaicocínicos, decía; pero no tengo estómago para ello. Al cabo y como quiera que su curiosidad había de empezar o más bien seguir de algún modo y probar alguna nueva profesión, quiso iniciarse en la de médico.

Pasando de Valencia a Murcia oyó hablar de un médico famoso que había en una villa principal, que unos dicen era Alberique, otros Elche, otros Cullera; y dijo: buena ocasión; allá voy, y siento plaza de practicante. Dicho y hecho. Va y se presenta al Esculapio de aquella tierra, que le llamaban el só metche Omella (el señor médico Omella), y le dijo que había estudiado en la Sertoriana de Huesca y que iba de ciudad en ciudad, de reino en reino buscando un maestro que lo fuera digno de él; no por el talento que Dios le había dado, que no era más del necesario, sino por la aplicación con que pensaba estar colgado de sus palabras y llevar después la recomendación de su escuela; que su buena estrella le había hecho saber de su mucha sabiduría; y le rogaba le admitiese entre sus discípulos. Llámome, añadió, Juan de Jaca, soy aragonés, hijo de buenos padres y natural del lugar de Tretas, en la montaña.

Gustó al doctor el empaque y desparpajo de Pedro Saputo, y por vía de examen le preguntó en latín qué es calentura, qué es pulso, y qué es médico. Él, que por pasatiempo había leído algunos libros de medicina y tenía tan buena memoria, le respondió también en latín, hablando media larguísima lengua, en que revolvió, juntó, concordó, y casó a Hipócrates y Galeno con Raimundo Lulio y el Maestro de las sentencias; a Aristófanes, Varrón y Paracelso, con Plinio, Averroes, Nebrija y Pico de la Mirándula; añadiendo de suyo reflexiones tan propias y adecuadas, que ni Piquer después habló mejor de calenturas, ni Solano de Luque del pulso, cuando vinieron al mundo a enseñar a los médicos lo que no sabían. También subió a la luna y de allí más arriba, y nombró más planetas y constelaciones que conoció don Diego de Torres, y habló maravillas de la astrología médica y de la influencia de los astros en el cuerpo humano; puesto que fingió una fe que no tenía. La definición del médico la redujo a dos palabras, diciendo que es Lucifer de la salud (Lucifer quiere decir lucero). Pero después la extendió y la amplió dando más de veinte definiciones del médico a modo de letanía.

Rebosábale el gozo al maestro al ver que un hombre tan consumado venía a ser discípulo, y se creyó el mismo Esculapio con bastón y gorra a la moderna. Al fin, sin perder la gravedad le dijo: recte, fili; in discipulum te coopto; et spero fore ut intra paucos menses par sis magistro, et mihi in schola succedere possis. Que quiere decir: «Muy bien, hijo; te admito por discípulo, y espero que dentro de pocos meses me iguales y puedas sucederme en la escuela.»

Comenzó, pues, la práctica, y el maestro cada día más enamorado de él, distinguiéndolo mucho entre los discípulos, que eran de doce a quince. Recibiéronlos mal un día en una casa, y aun ultrajaron de palabra al maestro; y mostrándose muy sentido Pedro Saputo, le dijo aquél: - Gustosa la ciencia, hijo, pero odiosa la profesión. Lleva muchos disgustos consigo, desazones, sinsabores, corcovos, hipos e indigestiones; pero también alguna bendición y favor y sobre todo es muy socorrida. Por lo demás ya sabrás los secretos del arte. Pero no te arredres. Ya sabes que al hombre se le dijo: in sudore vultus tui (en el sudor de tu rostro); pues para el médico se muda en P la S, Afán y trabajo; malos días y peores noches es la condición del hombre en general; dos días de tristeza, y uno repartido entre la alegría y las distracciones del dolor; y esto cuando le va bien; pero el médico... En fin, ya sabrás, repito, los secretos de la profesión, el arte segundo del médico. Porque a ti solo, hijo, a ti solo quiero revelarlo.

Haría unos tres meses que practicaba cuando su maestro recibió una carta del concejo de Villajoyosa, en que le pedían un médico de su escuela; y si no le tenía cumplido o de su satisfacción a mano, le enviase uno de sus discípulos más adelantados. Parecióle llamar a todos, leyóles la carta, y les propuso que supuesto no había ninguno cumplido de práctica, designasen el que con más confianza podría mandar, ya que entre sí debían conocerse. Todos al oír esto se volvieron a mirar a Pedro Saputo y dijo el maestro: - Entiendo, señores, entiendo; también yo me inclinaba a Juan de Jaca; pero con vuestro testimonio se asegura más el mío. Irá Juan de Jaca, y depelará y fugará los morbos que afligen la población, y cortará la tabe que la inficiona. (Porque en aquélla se padecían unas calenturillas pútridas que decían que se pegaban un poco a la ropa, y aun a la carne.) Pero sabe, Juan de Jaca, mi muy dilecto discípulo, que Villajoyosa es teatro de prueba para un médico. Muchos marinos, como puerto de mar; calor en la sangre, afrodisis en los alimentos, pubertad precoz, amores tempranos, pasiones tirantes y vejez anticipada. Sangría, vomitorios y purgas a los jóvenes; vomitorios, purgas y sangría a las personas de media edad; purgas, sangría y vomitorios a los viejos; luego sudoríficos a todos, tinturas analépticas y dieta amorescente. Pero sobre todo ten presente que la sangre es el mayor enemigo del hombre; después entra el amor. Por eso en esa villa hay lo que hay, como llevo dicho. Y buenos que los tengas, y a los que te consulten, dieta yseparatio tori absoluta desde san Miguel de Mayo a san Miguel de Septiembre. Esto, ya se ve, no lo harán, se extenuarán, caerán, morirán; pero el médico ya se salió por su puerta. Muérase en hora buena el que morirse quiera. ¿Pagó las visitas?, pues requiescat in pace. Dirán, hablarán: requiescat in pace. El médico lo ha muerto; requiescat in pace. Fuera de que, hijo mío, todos según el poeta, sedem properamus ad unam (caminamos al otro mundo). Y hecho debidamente nuestro oficio, que el enfermo se muera del mal o de la medicina, el tímpano de los coribantes (que es tocar la zambomba y hacer ruido). Si se te ofrece algún caso fuerte, audaces fortuna juvat (a los osados ayuda la fortuna): sangre y más sangre, que, como dije, es nuestro mayor enemigo; y después, suceda lo que suceda, el tímpano susodicho, y si el enfermo muere, requiescat in pace.

Acabada esta famosa lección, le abrazó tiernamente, y escribió y le entregó la carta de autoridad y persona. Él, comprándose una mula, partió para Villajoyosa montando en ella, con que se acreditó mucho, pues ya antes de ejercer la profesión cabalgaba en mula, que en aquel tiempo era distintivo y como señal de excelencia entre los doctores. Y cierto, desde que dejaron la mula va la profesión por tierra y no se ven sino mediquines. Llevaba también su gran gorra negra, un gabán pajizo con forro morado, y un alto bastón con puño de plata en el cual figuraba una culebra rollada al palo como símbolo de la medicina. Porque Esculapio, que era el dios de los médicos y de los boticarios entre los gentiles, vino de la Grecia a Roma transformado en culebra a petición y honor del senado que envió a buscar los tres embajadores con un hermoso buque de la república.

Llegó, presentó sus letras de yo soy; y como en ellas su maestro le pusiera encima de los cuernos de la luna y le hiciese frisar con las estrellas, no repararon en su poca edad. Ni repararon tampoco las calenturas ni la tabe o lo que fuese, pues aunque recetaba a tientas, dé donde diere, sea que acertó, sea que el contagio declinaba, en quince días se quedó sin enfermos, curados todos felizmente con los vomitorios, las sangrías y los sudoríficos; y excepto cualque docena de ellos, seis monjas, dos capellanes, ocho marinos, tres buhoneros y algún otro, que al todo no llegan a ciento; con otros tantos frailes y un Argos de tía importuna que le enfadaba celando una sobrinita que por su mucha belleza decía él se había escapado del Olimpo y bajado a la tierra. Murió la dicha tía porque llegó su hora, y se supone; pero es cierto que Pedro Saputo (casi tiemblo al decirlo) tuvo gran tentación de ayudarle. ¡Ah!, la ocasión puede mucho. Dios haga santo a mi médico.

No obstante, como discurría y sabía hacer aplicaciones por analogía y consecuencia, aún se llegó a formar un como sistema, en virtud del cual y reformando la doctrina de su maestro y de los prácticos que entonces se seguían, curó entre otros a un epiléptico (mal del corazón), un gotoso y un maniático; al primero con un parche de cerato fuerte y revulsivo a la boca del estómago; al segundo con friegas secas las mañanas antes de levantarse, por el espinazo y todas las junturas de los miembros; y al tercero con sangrías (Dios nos libre), purgas y música, esto es, haciéndole aprender la música y la poesía. Las muchachas enfermaban sólo por el gusto de que él las visitase. Y hasta hubo dos que se fingieron picadas de la tarántula; él les conoció el mal, ellas se lo confesaron, y obró el milagro de su curación con gran crédito y no menos provecho, habiendo sido muy bien pagado por los padres.

Iba, pues, asombrosamente en su práctica; su maestro le escribía continuas enhorabuenas; todos le miraban como un oráculo, y los marinos de Villajoyosa llevaban su fama a las cuatro partes del mundo. Pero él consigo mismo; ¡qué comedia cuando volvía a visitar y se metía en su cuarto! Allí era el encogerse de hombros y soltar la carcajada, el dar puños en la mesa, el hacer pasmos y no acabar de admirarse y reírse de lo que veía y tocaba, que era la tontería de las gentes y las pesetas que ganaba, con los muchos ricos regalos que le hacían, como que si está un año puede poner coche. Que es Villajoyosa pueblo entonado y sus naturales generosos y agradecidos. Además salía a los lugares circunvecinos y se traía muy buen oro y ricas preseas. Pero se le acabó la nueva conciencia, y a los cuatro meses de ejercicio le dio de mano por una ocasión que acaso habrán tenido otros muchos y no le habrán imitado.

Llamáronle para un arriero de Carcagente que al pasar con su recua un riachuelo que hay cerca de Villajoyosa, crecido con las lluvias de la tarde anterior, dio un paso en falso su jumento y se cayó con la carga. Eran las diez de la mañana en el mes de julio; hacía mucho calor, y el arriero cubierto de un mar de sudor tuvo que lanzarse al agua, y sacó de ella con el burro una enfermedad que le llevaba por la posta. Visitóle nuestro médico, y dijo entre sí: ésta es la ocasión de probar el remedio de Quinto Curcio. Lo mismo sucedió a Alejandro, y su médico le propinó un brebaje con que le hizo dormir tres días, y luego romper en sudor copioso que le dejó libre y en ocho días estuvo bueno. A hacer, pues, el remedio. Y en efecto puso manos a la obra. Mas como el amigo Quinto Curcio no dice de qué se componía, se echó Pedro Saputo a adivinar, y al fin le pareció que debía de mezclar los narcóticos y los sudoríficos; y así lo hizo. Pero cargó demasiado la mano de los primeros; y sí que durmió el enfermo dos días, pero después en vez de romper en el sudor copioso y favorable que esperaba, rompió en las bascas de la muerte, o más bien en quedar frío en la cama, pues ni aun bascas tuvo el pobrecillo. Y aún decía la gente: ¡qué médico! Tres días le ha alargado la vida; otro se lo hubiese dejado morir de voleo.

Poco satisfecho Pedro Saputo de sí mismo, y pidiendo la venia al concejo fue a verse con su maestro. Contóle el caso, y le respondió: no desapruebo lo hecho, pero otra vez, y perdona eximio Juan de Jaca, esperimentum fac in anima vili (Haz la prueba en persona que poco valga). - Pues ¿qué ánima más vil podía haber hallado?, dijo Pedro Saputo. - Muy engañado estás, hijo, le respondió el maestro; aunque la culpa es mía que no te previne. Ánima vil es un fraile, un beneficiado, una monja; y lo más y eso en caso de necesidad, una doncella vieja; una casada estéril, una viuda sin hijos, pero no un pobre arriero, y más padre de familia. En aquéllas, particularmente en monjas y frailes, se hacen esas pruebas, que no pueden doler a nadie y hacen más falta en el otro mundo que en éste. Vuelve a tu partido, y de aquí a un mes o dos, porque ahora estoy ocupado, mira de dejarte ver más de espacio, para revelarte los arcanes de la profesión y la composición de la persona del médico. Besó Pedro Saputo las manos a su maestro y se despidió de sus condiscípulos. Pero espantado de su temeridad y remordido de la conciencia, no quiso volver a Villajoyosa, sino que picó para Murcia, donde vendió la mula y tornó a su oficio de pintor aventurero.

Sintieron mucho su desaparición en Villajoyosa, y más las doncellitas, creyéndose todas huérfanas y abandonadas de la providencia. ¡Cuántas lo lloraron! ¡Cuántas lo soñaban de día y lo suspiraban de noche! ¡Cómo se torcían las manos invocando su nombre desesperadas! ¡Qué amargura! Decían: ¡Juan de Jaca de mi alma! Y es de advertir que desde entonces saben las muchachas de Villajoyosa pronunciar la jota como nosotros, habiéndose esforzado en esta gutural para llamarle bien y no ofenderle convirtiendo su apellido en una palabra fea y malsonante.

Pasó después a Murcia y de allí a Granada. Su curiosidad se cebó sin término en las memorias de la gran ciudad de los árabes, de la gran ciudad de los Reyes Católicos, de la ciudad de los Vegas, Mendozas y Gonzalos: de la Troya, en fin, de la Europa moderna. Visitó después la de Santafé y de allí fue a Sevilla, en donde se detuvo un año por la misma causa que en Valencia. Subió a Córdoba y saludó la madre de las ciencias en los nuevos siglos allá cuando las demás naciones de Europa eran aún semirracionales y se alimentaban (o poco menos) con las bellotas de la primitiva ignorancia.

De allí pasó a Castilla, siendo la primera ciudad que visitó la imperial Toledo, y vio que apenas podía sostener la grandeza de su nombre. De Toledo fue a Salamanca, la Atenas de España, y se admiró del ruido de las escuelas, del número de ellas y de estudiantes, y entrando a examinar la doctrina vio que no correspondía a la opinión ni al afán y concurso de los estudios. Pasó a Valladolid; vio su catedral; y cansado de curiosidades se dirigió a la corte que a la sazón estaba en Madrid, un villorrio en otro tiempo, y ahora una de las más hermosas poblaciones de Europa, aunque sin memorias antiguas, sin glorias de los siglos pasados. No se quiso cansar mucho en examinarla porque sabía lo que era; y por otra parte el olor que salía de los palacios y oficinas le encalabrinó la cabeza y obligó a salir de allí cuanto antes sin ver más que algunas cosas que siempre ha tenido buenas; y tomó el camino de Burgos. Esta antigua corte de Castilla, esta primera capital de la antigua Castilla, dijo al llegar, no hiede como la otra. Ése es el palacio, con gusto lo vería todo; ésa la catedral, hermosa, magnífica, digna de su famosa antigüedad. Pero estaba desabrido, su corazón se dolía de una ausencia tan larga, y pensando en su madre, estrechó el círculo de su viaje y cortó derecho tomando la vuelta de Aragón para Zaragoza.

Las alas del pensamiento le puso el deseo en los pies desde el momento que determinó volverse a su tierra. Aún no acababa de salir de Burgos, por decirlo así, ya estaba en Calatayud y llegó a La Almunia. Fue al mesón, y apenas hacía media hora que había llegado le vinieron a buscar un hombre y una mujer preguntando si era médico. - Sí, les dijo, entiendo algo de medicina, ¿qué se ofrece? - Mirad, dijeron; el médico del pueblo fue a Ricla a una consulta, y jugando en una casa riñó con el albéitar sobre una jugada, y el albéitar a él le quitó la nariz de un bocado; y él al albéitar le hizo saltar un ojo, y allá están los dos en poder de su mal y de otros cirujanos. Un tío nuestro, ya muy anciano, cayó anoche por la escalera; no se hizo ningún daño; sólo se quedó dormido o atontecido; le acostamos, y ésta es la hora que no se ha despertado; y dicen que así durmiendo y respirando se puede ir a la otra banda y quedarnos a copas de la herencia si no hace testamento o deshace el que tiene hecho. Entendió Pedro Saputo lo que era; fue allá y vio un hombre de unos setenta años de edad tendido en la cama, el color natural, un poco encendido, y como en un sueño muy descansado; habíanle ya aplicado candelillas, hierro candente, pellizcándole mil veces, y nada, dormir que dormirás. Pulsóse y dijo: - Este hombre debió sangrarse luego de la caída; pero se le aplicará otro remedio. Tráiganme un poco de pólvora, sobre un par de onzas. Se la trajeron, y puesta en una escudilla con algo de humedad, comenzó a revolverla y amasarla, y luego hizo con ella dos frailecitos o muñecas, y mandando salir a todos de la alcoba, excepto dos hombres que eran los que más deseo mostraban de la salud del enfermo, les hace poner a éste boca abajo y de un lado; y cuando le tuvo así, le aplica un frailecito al ano y le pega fuego. Arde la pólvora, chispea, se agarra, consúmese, y el enfermo dormido y más dormido. Aplícale el otro, e hizo más estrago, pues comenzó a fluirle sangre en tal abundancia, que se formaba un charco en la cama. Y a poco rato comenzó a menear los pies, luego quejarse y dar algún grito, y en fin volver del todo a la vida. Pedro Saputo dejó salir mucha sangre, y cuando le pareció bastante, mandó que le lavasen con aceite y aguardiente batido y le aplicasen después hilas empapadas en lo mismo hasta otro día que les dijo lo que habían de hacer para curar la llaga. Diéronle un doblón, fuese por la mañana y quedó en el país el prodigioso remedio para siempre. Hay quien dice que no fue esto en La Almunia, sino en el Frasno, y otros que en Épila. Poco importa; yo de La Almunia lo hallé escrito.

domingo, 28 de julio de 2024

3. 14. Pedro Saputo cride a sa mare a les festes del Pilá.

Capítul XIV.

Pedro Saputo cride a sa mare a les festes del Pilá. De una extraña aventura que los va passá an elles.

Pedro Saputo cride a sa mare a les festes del Pilá.

Desde la Cort habíe escrit al consell de Almudévar donanli cuenta de la seua comisió y diénlos que S. M. agraíe lo regalo, pero encarreganlos que u tingueren callat hasta la seua tornada, per serta raó que los diríe. Y arribat a Saragossa va escriure a sa mare roganli que vinguere a vore les festes y visitá a Nostra Siñora del Pilá.

Se va alegrá mol sa mare, y la resposta va sé presentás en una familia honrada de lo seu poble y emportanse en ella a la filla de sa padrina, que van vullgué aná a Saragossa y en tan bona compañía y al costat de una persona com la pupila no sels podíe negá tan natural y just dessich.

Pedro Saputo va entregá lo plec al Capitá General y li va di lo que de paraula li van encarregá S. M. y lo ministre. Lo preveníen a les seues lletres que ressibiguere mol be al portadó y missaché y que no despressiare los seus consells. En aixó lo virrey lo va convidá a minjá algunes vegades y lo va volé vore tots los díes. Sa mare, veénlo tratá en tan altes persones, donáe seguit grassies a Deu y no sabíe eixí del Pilá, costanlos traball a les pobres sagales tráurela pera fela seguí y vore la siudat.

Van arribá les festes, y lo virrey lo va convidá a vore la correguda de bous al seu balcó, sen entonses lo Cosso aon se corríen y torejáen los bous. Después se van refrescá, y cuan anáe ya a despedís va ressibí un billet. Lo seu sobre díe:

Per al caballé que esta tarde ha estat a la zurda del siñó virrey veén los bous, y portabe una sinta verda al pit. Y a dins va lligí:

"Demá a les dos de la tarde en pun tos aguarde a una casa, la porta es la segona a la dreta al carré de don Juan de Aragó entrán pel Carré Majó. 

- La triste María Mercedes Orante, o sor Mercedes que va está al convén en Geminita

Lo fret de la mort va sentí a les seues entrañes al vore este recado; va sé la nova que mes profunda y cardinalmen lo va sobressaltá y va conmossioná la seua vida. Sen va aná inmediatamen de la casa y visita dién que lo cridáen, y ple de confusió sense podé casi fé eixí la respirassió del pit, anáe diénse:

¿Qué es aixó? ¿Ensomio o es verdat? ¡Sor Mercedes fora del convén! ¡La sensible y tendra sor Mercedes! ¿Qué li passaríe? ¿Qué li ocurriríe a la infelís? ¡Y en tans añs no habé sabut de ella! ¡Secreto gran seríe! Be que ella no sabríe quí era yo. Y ara ya u enteng; ¡me haurá vist, y me ha conegut! Obríu, sels, lo camí de San Pedro, y aquí estic per al sacrifissi que lo cas pugue demaná. Y va doná algunes voltes per los carrés pera calmás una mica, procurán en esfors y valor dissimulá la seua profunda cavilassió y tristesa pera no apená a la seua bona mare ni doná a entendre res a les dos sagales.

¡Quina nit aquella! ¡Quin día lo siguién! ¡Qué cambiat se va vore al espill! Li pareixíe que no ere lo mateix; y entre mil embolicades imaginassions va passá lo día y va sentí tocá les tres de la tarde a la Seo; conque se va disposá a aná a la casa de la sita. Lo cor li martelláe, les cames li fallaben, la espasa lo incomodabe, y hasta lo cos li volíe fugí y seguíe arrastrán la intensió de les passes. Va arribá al carré, y sense volé se va trobá a la porta. Va entrá, va cridá, van obrí, va pujá y a un replá de la escala se va obrí una porta; va entrá per nella donanli a cada pas mes forts y mes ansiosos batecs lo cor, cada vegada mes enarbolat. Va vore a una siñora mol ben vestida a la porta de una sala, que pareixíe aguardál; se va dirigí an ella, pero la siñora sen va aná al mateix pas que ell adelantabe cap an ella. Sén passes detrás, se torne a mirá en algún ressel, y veu a un atra siñora no menos ben vestida y misteriosa. Va seguí a la primera sense sabé si debíe saludales o callá, perque cap de elles parláe y no podíe vóreles la cara per la poca llum que permitíen unes cortines de Damasco a les vidrieres, que tampoc estáen del tot ubertes. La que anáe dabán va arribá hasta la finestra y se va pará; la que veníe detrás se va aturá tamé, y ell al mich de les dos, no adivinabe en qué pararíe alló ni podíe coneixe quina de elles siríe sor Mercedes. Mentres miráe a la una y a l'atra, elles guardán lo mateix silensio, van aná adelantán cada una hasta ajuntás en frente de ell entre dos alcobes que ñabíe y se van quedá a unes sis passes com dos estatues. Lo van está mirán aixina un ratet, y ell an elles: y después la que va vindre dabán va di mich en vers, pero en tono serio y fingín la veu, perque sinó lay haguere conegut:

Hau vingut al terré

ben engañat, per Deu;

no un cor, sino dos,

nessessitéu, caballé.


Ell, ixquere lo que ixquere, pero adoptán lo sentit cortessano, va contestá en serenidat y rapidés:


Si de amor es lo terré, 

en un ne ting prou, per Deu;

be pot serví a dos,

si se oferix, un caballé.


Y un atra vegada se van quedá mirán. Entonses la mateixa dels versos va di en la seua veu natural y en molta confiansa y ahínco: 

¡Ay, cèlio!, y van corre les dos a abrassál, ressibinles ell una mica dudós, preocupat sempre de la sort y desgrassia de sor Mercedes. Les va acabá de coneixe, y va exclamá:

¡Filles meues! Perque eren... ¿Quí se u habíe de imaginá? 

Eren Juanita y Paulina, que lo van coneixe al balcó del virrey y van discurrí aquella aventura pera fótreli un bon susto y disfrutá de la seua turbassió y zozobra. No acababen de alegrás, de mirál, de satisfé y assossegá lo cor ple de amor y de tendresa. Y agarranli les mans lo van entrá al estrat.

Van vullgué explicás; pero van preguntá tantes coses y tan atropelladamen, que en ves de contestá, perque ere impossible de aquell modo, va soltá ell tamé una llarga ristra de preguntes. Se van calmá poc a poc, y li van aná dién que estáen casades y habíen vingut a les festes en los seus homens; que Paulina teníe un chiquet de dos añs, y a Juanita se li habíe mort una chiqueta de un añ fée tres mesos; que los homens en una criada pera les dos, en lo huésped y atres forastés sen habíen anat als bous y de allí aniríen a les festes del Pilá hasta les nou de la nit anán de passada a refrescás a un atra casa; que habenlo conegut ahí al balcó del virrey habíen acordat cridál del modo que u van fé; y quedás avui a casa en algún pretexto, que may ne faltaben a les dones, pera vórel y dili que elles sempre eren les mateixes.

Les va preguntá si estáen contentes en la seua sort, y van di que no les penabe habés casat; que Juanita estáe entre be y mal, be per la casa y lo home, perque la casa ere mol rica y lo home un bonachón y calsonassos; y mes que be per lo seu sogre, que ere un home mol instruít y amable, pero que estáe mal per la seua sogra, perque en lo seu genio ere tres vegades sogra, igual per als demés que per an ella. Que Paulina habíe trobat gen sensilla y passífica fora de sé lo seu sogre una mica aspre y gorito, encara que de bona raó en general.

- Pero, ¿es possible, va di después Juanita, que en vóret hagam de torná sempre a sé sagales? ¿Y es possible que no sapigam quí eres después de tans añs? Pero lo día ha arribat; cuan estiguéu casades, vas di; y ya hi estem, cumplix la teua paraula.

- La vach a cumplí, va di ell; no tos u faré dessichá mes, perque be u mereixéu. ¿Hau sentit parlá de Pedro Saputo? Al sentí este nom se van quedá estupefactes, en la boca uberta, mudes, miranse la una a l'atra, miranlo an ell, y com recorrén a la seua memoria la historia de les seues aventures en ell desde lo novissiat.

Al final, va exclamá la mateixa Juanita: 

- ¡Tú, Pedro Saputo! ¡Lo Geminita, lo estudián, lo caballé, ara lo cortessano y home de palau! ¡Tú, Pedro Saputo! ¡No podíe sé datre! Ya no me admiro de lo teu mol sabé, de la teua molta agudesa, del teu espabil, ni de res de cuan ham vist desde que te vam coneixe. ¿Qué extrañ que a totes mos vas engañá al convén finginte dona, fen lo que vas fé y que mos encantares de aquella manera?

Pero en fin, a tú te debem lo no habemos quedat allí sepultades pera tota la vida; a tú te debem...

Mira, Paulina, be mos podem perdoná los desatinos y locures que en ell ham fet. ¿Quí se resistix a les teues paraules? ¿Quí pot en ixa grassia? ¿Quí no creu triunfá cuan sense reflexió ni sentit se dixe portá del encán de les teues mirades y té tanta perfecsió y gallardía? - ¿Estás grillada, Juanita?, li va di ell. ¿Acabes y passam a un atre assunto?

- ¿Qué es concluí?, va di Paulina. ¿Quí pot acabá de admirás? 

¡Pedro Saputo, lo nostre antic y primé amán! ¡Oh!, sí que u eres, sí, no u dudem, si no eres algún dimoniet del infern. ¡Y tan segues natres, Juanita! ¡Y tan com ham sentit lo teu nom, no ensertá que sol tú podíes sé! Home y dimoni.

¿De aón has eixit? ¡Ay, cuántes torres haurán caigut als teus peus! ¡Cuántes fortaleses te s'haurán rendit! ¡Cuántes infelises deuen pensá en tú an este mateix instán, y plorá y afligís, mentres estás aquí en natres! Pero eres lo nostre, y de ningú mes; sí, lo nostre, encara que sigue un crimen díu. ¿Per qué te vam coneixe?

Va fé callá tamé a Paulina, y així parlán y tornán sempre al mateix se va passá lo tems hasta les nou; an ixa hora se va alsá y sen va aná cap a la fonda, dién que no podríe torná a vóreles; pero prometinles aná als seus pobles.

Se van acabá les festes del Pilá; van descansá tres o cuatre díes y elles sen van aná en los seus homens als seus pobles, y ell, a Almudévar en sa mare y les sagales.

A la seua arribada lo van visitá tots los del consell o ajuntamén, después de la formalidat y en lo afecte de sempre, los dos hidalgos y mich que ñabíe al poble, y los tres caballés que se donáe a entendre que u eren per tindre dos rucs y una somera y señí espasa los díes de festa. Als del consell va encarregá que parlaren poc de les tres figues, y los va di que pera librás de la baya del vejamen que los donaríen atres pobles no repararen en fótreli treballassos y cascots al simén del obra, y així creuríen que va ñabé an ella algún misteri. Y misteri habíe sigut la seua presensia a la Cort y la seua assistensia a palau.

Pero de habél vist en familiaridat y amic del virrey y de atres personajes no se admiraben, perque, encara que eren aldeans y sense món, be se 'ls alcansabe que Pedro Saputo ere home per an aixó y pera mol mes; ni tampoc se extrañáen de que Sa Majestat li haguere fet tan favor. Y tots se creíen honrats en la fama y gran persona de aquell fill del seu poble.


Original en castellá:

Capítulo XIV.

Pedro Saputo llama a su madre a las fiestas del Pilar. De una extraña aventura que le sucedió en ellas.

Desde la corte había escrito al concejo de Almudévar dándole cuenta de su comisión y diciéndole que S. M. agradecía el regalo, pero encargándoles que lo tuviesen callado hasta su vuelta, por cierta razón que les diría. Y llegado a Zaragoza escribió a su madre rogándola que viniese a ver las fiestas y visitar a Nuestra Señora del Pilar. Alegróse mucho su madre, y la respuesta fue presentarse con una familia honrada de su pueblo y trayéndose consigo a la hija de su madrina, que quisieron ir a Zaragoza y con tan buena compañía y al lado de una persona como la Pupila no se les podía negar tan natural y justo deseo.

Pedro Saputo entregó el pliego al capitán general y le dijo lo que de palabra le encargó S. M. y el ministro. Preveníanle en sus letras que recibiera muy bien al portador y mensajero y que no despreciase sus consejos. Con esto el virrey le convidó a comer algunas veces y le quiso ver todos los días. Su madre viéndole tratar con tan altas personas, daba continuas gracias a Dios y no sabía salir del Pilar, costando trabajo a las pobres niñas sacarla para hacerla seguir y ver la ciudad.

Llegaron las fiestas, y el virrey le convidó a ver la corrida en su balcón, siendo entonces el Coso donde se corrían los toros. Después refrescaron, y cuando iba ya a despedirse recibió un billete cuyo sobre decía: Para el caballero que esta tarde ha estado a la izquierda del señor virrey viendo los toros, y llevaba una cinta verde en el pecho. Y dentro leyó: «Mañana a las dos de la tarde en punto os aguarda en la casa cuya puerta es la segunda a la derecha en la calle de don Juan de Aragón entrando por la Mayor. - La triste María Mercedes Orante, o sor Mercedes que fue en el convento de Geminita.»

El frío de la muerte sintió en sus entrañas al ver este recado; fue la nueva que más profunda y cardinalmente le sobresaltó y conmovió en su vida. Fuese inmediatamente de la casa y visita diciendo que le llamaban, y lleno de confusión sin poder casi hacer salir la respiración del pecho, iba diciendo entre sí: ¿qué es esto? ¿Sueño o es verdad? ¡Sor Mercedes fuera del convento! ¡La sensible y tierna sor Mercedes! ¿Qué sucedería? ¿Qué le sucedería a la infeliz? ¡Y en tantos años no he sabido...! ¡Secreto grande sería! Bien que ella no sabría quién yo era. Y agora ya lo entiendo; ¡me habrá visto, y me ha conocido! Abrid, cielos, camino, y aquí estoy para el sacrificio que el caso pueda pedir. Y dio algunas vueltas por las calles para calmarse un poco, procurando con esfuerzo y valor disimular su profunda cavilación y tristeza para no afligir a su buena madre ni dar a entender nada a las dos muchachas.

¡Qué noche aquélla! ¡Qué día siguiente! ¡Qué demudado se vio en el espejo! Parecíale que no era el mismo; y entre mil revueltas imaginaciones pasó el día y oyó las tres de la tarde; conque se dispuso a ir a la casa de la cita. El corazón le latía, las piernas le flaqueaban, la espada le incomodaba, y hasta el cuerpo le quería huir y seguía arrastrando la intención de los pasos. Llegó a la calle, y sin querer se encontró en la puerta. Entró, llamó, abrieron, subió y en un rellano o descanso de la escalera se abrió de sí misma una puerta; entróse por ella dándole a cada paso más fuertes y más ansiosos latidos el corazón de punto en punto más alterado. Vio una señora muy bien vestida a la puerta de una sala, que parecía aguardarle; dirigióse a ella, pero la señora se fue entrando por la sala al mismo paso que él adelantaba hacia ella. Oye pasos detrás, se vuelve a mirar con algún recelo, y ve otra señora no menos bien vestida y misteriosa. Siguió a la primera sin saber si debía saludarlas o callar, porque ninguna hablaba y no podía verles el rostro por la poca luz que permitían unas cortinas de damasco en las vidrieras, que tampoco no estaban del todo abiertas. La que iba delante llegó hasta la ventana y se paró; la que venía detrás se paró también, y él en medio de las dos, no adivinaba en qué pararía aquello ni podía conocer cuál de ellas sería sor Mercedes. Mientras miraba ya a la una ya a la otra, ellas guardando el mismo silencio, fueron adelantando cada una de su punto a juntarse en frente de él entre dos alcobas que había y quedaron a unos seis pasos como dos estatuas. Estuviéronle mirando así un poco y él a ellas: y luego la que vino delante dijo medio en verso, pero en tono grave y fingiendo la voz, porque se conocía:

Habéis venido al terrero

Bien engañado, por Dios;

No un corazón, sino dos,

Necesitáis, caballero.

Él, saliese lo que saliese, pero adoptando el sentido cortesano, respondió con serenidad y presteza:

Si de amor es el terrero,

Uno me basta, por Dios;

Bien puede servir a dos,

Si se ofrece, un caballero.

Y otra vez se quedaron mirando. Entonces la misma de los versos dijo en su voz natural y con mucha confianza y ahínco: ¡Ah, ciego!, y corrieron las dos a abrazarle, recibiéndolas él un poco dudoso, preocupado siempre con la suerte y desgracia de sor Mercedes. Acabólas en fin de conocer, y exclamó: ¡Hijas mías! Porque eran... ¿Quién se lo había de imaginar? Eran Juanita y Paulina, que le conocieron en el balcón del virrey y discurrieron aquella aventura para causarle susto y gozar de su turbación y zozobra. No acababan de alegrarse, de mirarle, de satisfacer y sosegar el corazón lleno de amor y de ternura. Y tomándole las manos le entraron en el estrado.

Quisieron explicarse; pero preguntaron tantas cosas y tan de tropel, que en vez de responderles, porque era imposible de aquel modo, les soltó él también un largo borbollón de preguntas. Calmáronse poco a poco, y le fueron diciendo que eran casadas y habían venido a las fiestas con sus maridos; que Paulina tenía un niño de dos años, y a Juanita se le había muerto una niña de un año hacía tres meses; que los maridos con una criada para las dos, con el huésped y otros forasteros se habían ido a los toros y de allí irían a las fiestas del Pilar hasta las nueve de la noche yendo de paso a refrescar a otra casa; que habiéndole conocido ayer en el balcón del virrey habían acordado llamarle del modo que lo hicieron; y quedarse hoy en casa con pretextos que nunca faltaban a las mujeres, para verle y decirle que ellas siempre eran las mismas.

Preguntóles si estaban contentas con su suerte, y dijeron que no les pesaba de haberse casado; que Juanita estaban bien y mal, bien por la casa y el marido, porque la casa era muy rica y el marido un bonachón; y más que bien por su suegro, que era un hombre muy instruido y amable, pero que estaba mal por su suegra, porque con su genio era tres veces suegra lo mismo para los demás que para ella. Que Paulina había dado con gente sencilla y pacífica fuera de ser su suegro un poco áspero y gorito, aunque de buena razón generalmente.

- Pero, ¿es posible, dijo después Juanita, que en viéndote hayamos de volver siempre a niñas? ¿Y es posible que no hemos de saber quién eres después de tantos años? Pero el día ha llegado; cuando seáis casadas, dijiste; ya lo somos, cumple tu palabra. - La voy a cumplir, dijo él; no os lo haré desear más, porque bien lo merecéis. ¿Habéis oído hablar de Pedro Saputo? Al oír este nombre quedaron estupefactas, mudas, mirándose una a otra, mirándole a él, y como recorriendo en su memoria la historia de sus aventuras con él desde el noviciado.

Al fin, exclamó la misma Juanita: - ¡Tú, Pedro Saputo! ¡El Geminita, el estudiante, el caballero, ahora el cortesano y hombre de palacio! ¡Tú, Pedro Saputo! ¡No podía ser otro! Ya no me admiro de tu mucho saber, de tu mucha agudeza, ni de nada de cuanto hemos visto desde que te conocimos. ¿Qué extraño que a todas nos engañases en el convento fingiéndote mujer, haciendo lo que hiciste y que nos encantases de aquella manera? Pero en fin, a ti te debemos el no haber quedado allí sepultadas para toda la vida; a ti debemos... Mira, Paulina, bien nos podemos perdonar los desatinos y locuras que con él hemos hecho. ¿Quién resiste a tus palabras? ¿Quién puede con esa gracia? ¿Quién no cree triunfar cuando sin reflexión ni sentido se deja llevar del encanto de tus miradas y llama suya tanta perfección y gallardía? - ¿Estás loca, Juanita?, le dijo él. ¿Concluyes y pasamos a otro asunto? - ¿Qué es concluir?, dijo Paulina. ¿Quién acabará de admirarse? ¡Pedro Saputo, nuestro antiguo y primer amante! ¡Oh!, sí que lo eres, sí, no lo dudamos, si no eres algún diablico del infierno. ¡Y tan ciegas nosotras, Juanita! ¡Y tanto como hemos oído tu nombre, no dar en que tú solo podías ser! Hombre y demonio, ¿de dónde has salido? ¡Ah, cuántas torres habrán caído a tus pies! ¡Cuántas fortalezas se te habrán rendido! ¡Cuántas infelices deben pensar en ti en este mismo instante, y llorar y afligirse, mientras estás aquí con nosotras! Pero eres nuestro, y de nadie más; sí, nuestro, aunque sea crimen decillo. ¿Por qué te conocimos?

Hizo callar también a Paulina, y así hablando y volviendo siempre a lo mismo se pasó el tiempo hasta las nueve; a esa hora se levantó y se fue a la posada, diciéndoles que no podría volver a verlas; pero prometiéndoles ir a sus pueblos.

Acabáronse las fiestas; descansaron tres o cuatro días y ellas se fueron con sus maridos a sus pueblos, y él, a Almudévar con su madre y las niñas. A su llegada le visitaron en cuerpo los del concejo, luego de formalidad y con el afecto que siempre, los dos hidalgos y medio que había en el lugar y los tres caballeros que se daban a entender que lo eran por tener caballo y ceñir espada los días festivos. A los del concejo encargó mucho que hablasen poco de los tres higos, y les dijo que para librarse de la baya del vejamen que les darían otros pueblos no reparasen en echarle la idea y la obra, y así creerían que hubo en ella algún misterio, como quiera que, al cabo, misterio había tenido su presencia en la corte y su asistencia en palacio.

Mas de haberle visto familiar amigo del virrey y de otros personajes no se admiraban, porque, aunque aldeanos y sin mundo, bien se les alcanzaba que Pedro Saputo era hombre para eso y para mucho más; ni aun de que a Su Majestad hubiese merecido tanto favor. Y todos se creían honrados con la fama y gran persona de aquel hijo de su pueblo.

viernes, 26 de julio de 2024

1. 10. Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo.

Capítul X.

Extraordinaria aplicassió de Pedro Saputo.

Capsots los pares, tontos los mestres, badocs los veíns, mes valdríe no naixe, o no estudiá res y viure sol o anassen als montes si un sapiguere que allí habíe de topetá en una compañera de trate confortán y recreatiu. Dichós de Pedro Saputo, que encara que se va trobá en mols abatuts va sabé librás de ells y fels la figa. Yo, fora de mon pare... No vull di lo demés. Sobre que ting amics y amigues del alma que a pun estic de tratáls de idiotes, com a creure homens de pro als faramalles, charlatans, engañadós y hipócrites que mo se venen per Licurgos tocats per la Providensia pera remediá la España y reformá lo món.

Habíe lo nostre chiquet pintó sentit parlá al mestre Artigas de autós y llibres del art, y li va suplicá al siñó mossen que li faiguere portá tots los que trobare; y en dos o tres mesos va tindre los que mes se coneixíen allabonses. Se va ficá a estudiáls en molta afissió y no menos constansia, y per los matins y les velades passáe casi tot lo tems en alló, sense olvidá al mateix tems los atres ejercicios, alternán después lo traball per hores y hasta per díes segons lo humor o la disposissió, perque teníe per máxima lo no violentás may ni cansás fen ejercicio. Conque estudiabe, dibuixabe, pintabe, esculpíe, tornejabe, repassabe la solfa, y tocáe los diferens instrumens que sabíe. A sa mare li va di que no anare mes a rentá roba de atres, sino que bonamen serviguere a casa a les persones de mes estat del poble que li pareguere; y encara aixó li díe lo cor que duraríe poc tems, y mentrestán se anare tratán en algo mes de estima y dessensia.

Lo niu

Per capricho va pintá a un taulonet un niu de oronetes al momén de arribá la mare en lo minjá, ya escomensán a traure ploma los minudets, y la va enclavá per la nit desde una finestra a una fusta de les que formáen lo ráfec de la teulada, que no ere alt; y pel matí mol prontet ya lo estáen codolechán los sagals del carré enfadanse perque no podíen sisquera fé fugí a la mare, y cridanla oreneta bruixa perque habíe fet allí lo niu sense vóreu ells. U va sentí Pedro Saputo, y va eixí y va traure lo taulonet, quedán los sagals avergoñits per una part, y per l'atra enriénsen de ells mateixos. 

Va corre la veu y van vindre a vore la pintura infinites persones; pero ell los va di que no podíe vores de prop, sino al ráfec y desde lo carré; y així la va torná a ficá al seu puesto, y tot lo poble veníe a vore aquell prodigio de un chiquet de catorse añs. 

Si no s'haguere perdut después de mort, haguere pugut sé un atre Yalisso, que va fé un goz pintat a un cuadro en tal perfecsió, que pareixíe hasta rabiós, y va costá guerres per tíndrel, y al final, después de mol tems, va sé portat del Asia a Roma y dedicat per Augusto César al Capitolio.

Va pintá aquell añ dos sales, una de un benefissiat ric, y l'atra del hidalgo pare de Eulalia, qui, pera acabá de borrá la memoria de les paraules que va di a sa mare de Pedro Saputo, li fée mes favor que ningú al poble. Y en verdat, encara que lo chiquet ere tan generós, no podíe olvidá del tot les dos raderes expresions que va fé aná contra nell y sa mare; y aixó que no compreníe encara tota la malissia que portáen. Va morí desgrassiadamen lo hidalgo cuan estáe pintán lo radé lienzo de la seua sala. La va acabá, pero afegín a dal dos angels en ademán de estendre sobre lo cuadro un vel blang de crespón en orla negra. Y va ficá encara allí un atre primor; y va sé que an aquells angels va fé lo retrato de Eulalia y lo seu, ixíen tan be que pareixíe que los hagueren tallat los caps y los hagueren apegat als cossos despullats dels angels.

Com ya seguíe les regles del art y sabíe com plasmá la naturalesa, va advertí entonses mols defectes a les pintures de la capella de la Corona; y va demaná llissensia pera ficá un rótul que declarabe quí les habíe fet y la edat que teníe. Pero la obra milló, la obra de mes mérit, y u va di ell cuan ya no podíe equivocás, va sé sempre lo niu de oronetes, que alguns van volé comprá, ñabén qui li va oferí hasta coranta escuts de or, que per als coneixedós que podíe ñabé a un poble com Almudévar, ere mol, sense duda. Se va pedre, com hay dit, a la seua mort, així com atres coses de mol primor y valor que ñabíe a casa seua.

Entre los llibres de pintura van vindre tamé dos en latín y un en italiá, y va di: pos yo estes llengües hay de adepéndreles. Y en efecte se va ficá a estudiá la latina, y en una semana va adependre los nominatius y les conjugassions, perque la seua memoria ere assombrosa. Pero no li van permetre seguí este estudi les dos obres de pintura que va tindre al poble.

Sa bona mare recordabe ara moltes vegades la professía de la gitana, pero calláe per no di lo engañ en que la habíen seduít, exposanse ademés a que no la cregueren, encara que la seua honestidat y mol juissi la abonaren per al que vullguere di en defensa seua. Pero después de ben pensat u dixáe está, y resumíe totes les seues reflexions en estes cristianes paraules: 

Deu me perdono aquell fallo y no me dono tot lo be an esta vida.


Original en castellá:

Capítulo X.

Extraordinaria aplicación de Pedro Saputo.

Zotes los padres, zotes los maestros, zotes los vecinos y zote el siglo, más valdría no nacer, o no estudiar nada y vivir solo o irse a los montes si uno supiese que allí había de topar una compañera de trato confortante y recreativo. Dichoso de Pedro Saputo, que aunque dio con muchos zotes supo librarse de ellos y hacerles la higa. Yo, fuera de mi padre... No quiero decir lo demás. Sobre que tengo amigos y amigas del alma que así estoy en mandarlos para zotes, como en creer hombres de pro a los faramallas, charlatanes, embaidores e hipócritas que se nos venden por Licurgos suscitados de la providencia para remediar la España y reformar el mundo.

Había nuestro niño pintor oído hablar al maestro Artigas de autores y libros del arte, y le suplicó al señor cura le hiciese traer cuantos de ellos se encontrasen; y en dos o tres meses tuvo los más de los que entonces se conocían. Púsose a estudiarlos con mucha afición y no menos constancia, y por las mañanas y las veladas pasaba casi todo el tiempo en ello, sin olvidar al mismo tiempo y de ahí a unos días los otros ejercicios, alternando luego el trabajo por horas y aun por días según el rumor o la disposición, porque tenía por máxima el no violentarse nunca ni cansarse en un ejercicio. Conque estudiaba, dibujaba, pintaba, esculpía, torneaba, repasaba la solfa, y tocaba los varios instrumentos que sabía. A su madre le dijo que no fuese más a lavar ropas ajenas, sino que buenamente sirviese en casa a las personas de más estado del pueblo en lo que le pareciese; y que aun esto le daba el corazón que duraría poco tiempo, y entre tanto se fuese tratando con alguna más estimación y decencia.

Por capricho pintó en una tabla un nido de golondrinas en el acto de llegar la madre con el cebo, ya comenzando a echar pluma los pequeñuelos, y la enclavó por la noche desde una ventana en un madero de los que formaban el alero del tejado, que no era alto; y por la mañana muy tempranito lo estaban apedreando los muchachos de la calle desatinándose porque no podían siquiera hacer huir a la madre, y llamándola maldita porque había hecho allí el nido sin verlo ellos. Sintiólo Pedro Saputo, y salió y quitó la tabla, quedando los muchachos corridos por una parte, y por otra riéndose de sí mismos. Corrió la voz y vinieron a ver la pintura infinitas personas; mas él les dijo que no podía verse de cerca, sino en el alero y desde la calle; y así la tornó a poner en su lugar, y todo el pueblo venía a ver aquel prodigio de un niño de catorce años. Que si no se perdiera en su muerte, quizá hubiera sido otro Yalisso, el cual fue un perro pintado en un cuadro con tal perfección, que parecía le representaba rabioso, y costó guerras por haberlo, y al fin, después de muchos tiempos, fue traído del Asia a Roma y dedicado por Augusto César en el Capitolio.

Pintó en aquel año dos salas, una de un beneficiado rico, y otra del hidalgo padre de Eulalia, el cual, para acabar de borrar la memoria de las palabras que dijo a la madre de Pedro Saputo, le hacía más favor que nadie en el lugar. Y en verdad, aunque el niño era tan generoso, no podía olvidar del todo las dos últimas expresiones que usó contra él y su madre; y eso que no comprendía aún toda la malicia que encerraban. Murió desgraciadamente el hidalgo cuando estaba pintando el último lienzo de su sala, que la concluyó no obstante; pero añadió en lo alto dos ángeles en ademán de tender sobre el cuadro un velo blanco de crespón con orla negra. Y puso aún allí otro primor; y fue que en aquellos ángeles hizo el retrato de Eulalia y el suyo saliendo tan bien, que parecía les hubiesen cortado las cabezas y pegándolas a los cuerpos desnudos de los ángeles.

Como ya seguía las reglas del arte y sabía componerlas con la naturaleza, y ésta y aquéllas con su gusto, advirtió entonces muchos defectos en las pinturas de la capilla de la Corona; y pidió licencia para poner un rótulo que declaraban quién las había hecho y la edad que tenía. Pero la obra mejor, la obra de más mérito, y lo dijo él cuando ya no podía equivocarse, fue siempre el nido de golondrinas, el cual le quisieron comprar algunos, habiendo quien le mandó por él hasta cuarenta escudos de oro, que para los conocedores que podía haber en un pueblo como Almudévar, es mucho sin duda. Perdióse, como he dicho, en su muerte, así como otras cosas de mucho primor y valor que había en su casa.

Entre los libros de pintura vinieron también dos en latín y uno en italiano, y dijo: pues yo estas lenguas he de aprendellas. Y con efecto se puso a estudiar la latina, y en una semana aprendió los nominativos y las conjugaciones, porque su memoria era asombrosa. Mas no le permitieron seguir este estudio las dos obras de pintura que tuvo en el pueblo.

Su buena madre recordaba ahora muchas veces la profecía de la gitana, pero callaba por no decir el engaño con que la habían seducido, exponiéndose además a no ser creída, puesto que su honestidad y mucho juicio la abonasen para cuanto quisiese decir en su defensa. Mas después de bien pensado lo dejaba, y resumía todas sus reflexiones en estas cristianas palabras: Dios me perdone aquel yerro y no me dé todo el bien en esta vida.